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GENTE DE CAMPO

PATRlMONIOS Y DINÁMICAS RURALES EN MÉXICO

Esteban Barragán López


Editor

Volumenii

'.

El Colegio de Michoacán
REORQUESTAR LAS DISCIPLINAS
UNA INTERPRETACION SOCIOECOLOG!CA DEL MUNDO RURAL

Víctor M. Toledo*

The social construction of the disciplines as


intellectual arenas that was made in rhe l9 1h
centUly has ourlived its usefulness and is roda y
a major obsracle ro serious intellectual work

Wallerstein (2003:453)

INTRODUCC!ON

Así como los impresionantes mecanismos informáticos, tecnológicos y mercantiles de la globalidad


disuelven las fronteras nacionales, los límites de las regiones y de los territorios, y las membranas que
separan las culturas, los estamentos y las clases sociales, así también el ámbito de lo rural, como cate-
goría de análisis, sufre trasformaciones y metamorfosis que ponen en tela de juicio los fundamentos,
métodos y enfoques de quienes lo analizan o estudian.
Lo que el término "rural" calificaba o nombraba hace apenas unas cuantas décadas, se encuen-
tra hoy trastocado a consecuencia de fenómenos de gran escala que a su vez generan nuevas situacio-
nes que es necesario reinterpretar bajo nuevos enfoques. Y no se trata de arriesgarse en la búsqueda de
una definición rigurosa de lo rural, sino de considerarlo simplemente como un referente empírico en
el sentido que señala Moreno (1988), como una dimensión estratégicamente situada entre el mundo
de la naturaleza y el mundo de los artefactos (urbano-industriales).
Esta "nueva ruralidad" que parece redefinir a sus actores sociales y replantear sus fenómenos,
no sólo ha generado confusiones e interpretaciones fallidas, también ha revivido antiguas discusiones
como aquella acerca de la existencia y el futuro del campesinado, que convertido en espectro o des-
ahuciado por algunos autores (véase Kearney, 1996; Bryceson et al, 2000) retorna vigorizado según
lo indican las estadísticas recientes.
De la misma manera, la globalización del planeta (y sus actores) inaugura nuevos fenómenos
que transitan desparpajadamente por lo multiescalar (de lo local a lo global y viceversa), lo multi-
cultural (de lo "tradicional" a lo "moderno" y de regreso) y lo mulrisectorial (del mundo natural al
urbano-industrial pasando o no por lo rural, etc.), todo lo cual supone un "cambio de anteojos" entre
todos aquellos empeñados en estudiar los campos ya globalizados del mundo actual.
Dado todo lo anterior, el presente ensayo está dirigido a mostrar cómo la "nueva ruralidad"
es hoy difícilmente descifrable o interpretable desde los campos convencionales de la investigación
social (antropología, sociología rural, economía agrícola, geografía rural) o natural (agronomía, eco-

UNAM.

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f
'
k
VfcrOR M. TOLEDO

logía rural, ecogeografía), de tal suerte que se hace necesario adoptar un abordaje integral u holístico
de carácter socioecológico que reorquesta, no suprime, las disciplinas habitualmente consideradas.

RECONCEPTUALIZAR LO RURAL. LA PERSPECf!VA INTERDISC!PLINARIA

Surgida a contracorriente de la tendencia predominante en la ciencia contemporánea, la cual pro-


mueve la especialización excesiva y la parcelización del conocimiento, desde por lo menos la mitad
del siglo XX, crece y se multiplica un nuevo enfoque que busca la integración de las ciencias de la
naturaleza con las ciencias sociales y humanas. Esta "revolución conceptual", como le ha denominado
Naredo, está siendo alimentada de una nueva visión geocéntrica y por una nueva conciencia global e
intenta superar "el 'neo-oscurantismo' sin precedentes al que conduce la especialización científica en
campos inconexos ... " (1992:139).
Y es que como fue señalado por Lewis Mumford en su libro The Transformation of Man
(1972): " ... hasta ahora hemos vivido esencialmente en mundos parciales ... Ni la vaga totalidad
subjetiva adquirida por el hombre primitivo, ni al otro extremo, la objetividad fragmentaria y precisa
investigada por la ciencia, pueden rendir justicia a todas las dimensiones de la experiencia humana".
Se trata entonces de reconocer el surgimiento de un renovado aparato conceptual de la ciencia
que aparece como respuesta a los limitados análisis reduccionistas del enfoque analítico-parcelario.
Un enfoque que dentro de las ciencias sociales ha privilegiado una tendencia a crear abstracciones
desespacializadas y desnaturalizadas, y dentro de las ciencias naturales tratamientos sectoriales en total
desconexión con los fenómenos sociales y humanos.
La necesidad de trascender esta "objetividad fragmentaria" a través de una explicación mul-
tidimensional o integradora, ha motivado ya la aparición de nuevas propuestas epistemológicas y
metodológicas. Dos aportes notables son si duda el principio de complejidad de Edgar Morin (1984;
2001) y lo que Rolando García (1993) ha denominado el estudio de los sistemas complejos. "Con
el principio de complejidad se trata de superar el conocimiento en mundos separados propia de la
'ciencia clásica', [donde]. .. ni las ciencias del hombre tienen conciencia del carácter físico y biológico
de los fenómenos humanos, ni las ciencias de la naturaleza tienen conciencia de su inscripción en
una cultura, una sociedad, una historia, ni de los principios ocultos que orientan sus elaboraciones"
(Morin, 1984: 43).
De esta forma una "ciencia con concienciá' como le denomina Morin será aquella que logre
trascender (sin abolirlos) los distintos campos de las especialidades. Al fin y al cabo muchos de los pro-
blemas a resolver por los investigadores no se presentan en la realidad ya clasificados por disciplinas.
García (1993) por su parte, reconoce que ciertas situaciones donde confluyen múltiples pro-
cesos (por ejemplo del medio físico-biológico, de la producción, de la tecnología, demográficos, de la
organización social) constituyen la estructura de un sistema que funciona como una totalidad organi-
zada, a la cual denomina sistema complejo y el cual sólo es analizable desde un abordaje inrerdiscipli-
nario. Ello obliga a plantear una estrategia de investigación que no puede quedar limitada a la simple
"sumá' de los enfoques parciales de los distintos especialistas, sino que debe constituir una verdadera
interpretación sistémica que dé lugar a un diagnóstico integrado.

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REORQUESTAR LAS DISCIPLINAS

Economía ambiental
Economía ecológica

(Bio) Ecología

Educación ambiental

Mas allá de los que han reflexionado éstos y otros pensadores, como los de la llamada "ciencia
posnormal" (Funtowicz & Ravetz, 1992) o los de la "ciencia sustentable" (Kates et al., 2001), en la
práctica, la superación del parcelamiento cognitivo se ha ido dando no como un proceso autocon-
ciente y generalizado, sino de una manera "espontánea'', multipolar y asincrónica, es decir, ha surgido
en diferentes momentos y en los diferentes campos o dominios del conocimiento ahí donde los pro-
blemas a resolver han inducido la creación de nuevos enfoques integradores. Entre los ejemplos más
ilustrativos de lo anterior se encuentran los problemas ambientales, regionales y por supuesto los que
atañen a lo rural.
Como respuesta a lo anterior se ha gestado un interesante fenómeno entre los diferentes
campos de conocimiento que ha dado lugar a una serie de "disciplinas híbridas" las cuales operan
como reacciones particulares al proceso general de parcelización y especialización excesiva y como
expresiones de una suerte de "ciencia de salvamento" que busca ofrecer información para detener y
remontar la crisis ambiental o ecológica. Este fenómeno ha tenido como principal "foco de infección''
a la ecología, la disciplina que ha logrado una síntesis original de los conocimientos provenientes de
las ciencias de la tierra y del mundo vivo, así como de la física y de la química.
El resultado ha sido la aparición de casi una veintena de "disciplinas híbridas" (fig. 1), es
decir, de formas interdisciplinarias de abordar la realidad, en las que el enfoque adoptado resulta de
la integración del estudio sintético de la naturaleza (la ecología) con diferentes enfoques dedicados a
estudiar el universo social o humano.
La heterogeneidad ha sido el principal rasgo de esta fertilización recíproca, de tal forma que
todo intento por considerar a estas disciplinas híbridas como fracciones de una supuesta "metacien-

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VíCTOR M. TOLEDO

cia'' resulta prematuro si no es que artificioso. Por ejemplo, los reiterados intentos de visualizar y cons-
truir una "ecología humana'' concebida como una ciencia general dedicada al estudio de la relación
entre sociedad y naturaleza se enfrenta de entrada con la enorme dificultad teórica y metodológica de
un objeto de estudio que es tan complejo que posiblemente sea inabarcable. En todo caso una cierta
dosis de cautela resulta lo más conveniente.
Visto desde una perspectiva sociológica, los factores detonadores de estas nuevas disciplinas
híbridas han sido sin duda el proceso de globalización del fenómeno humano, el desarrollo mismo
del conocimiento especializado, el despliegue de nuevas tecnologías y el incremento de la llamada
crisis ambiental o ecológica que, presente ya a una escala planetaria, se ha vuelto más frecuente, más
grave y de mayor escala en las últimas décadas. ¿Cómo abordar la nueva complejidad del mundo de
lo rural desde una perspectiva interdisciplinaria o híbrida?

EL METABOLISMO SOCIAL

La manera más adecuada para entender cabalmente el dominio de lo rural se alcanza mediante la
comprensión del fenómeno general del metabolismo entre la naturaleza y la sociedad, un poderoso
concepto cuyo uso se incrementa día con día en los abordajes socioecológicos (véase Fisher-Kowalski,
1997; Toledo & González de Molina, 2004).
El metabolismo entre la naturaleza y la sociedad comienza cuando los seres humanos social-
mente agrupados se apropian materiales y energías de la naturaleza (input) y finaliza cuando deposi-
tan desechos, emanaciones o residuos en los espacios naturales (output). Entre estos dos fenómenos
ocurren además procesos en las "entrañas" de la sociedad por medio de los cuales las energías y mate-
riales apropiados circulan, se transfOrman y terminan consumiéndose (fig. 2). Por lo anterior en el
proceso general del metabolismo social existen tres tipos de flujos de energía y materiales: los flujos de
entrada, los flujos interiores y los flujos de salida. El proceso metabólico se ve entonces representado
por cinco fenómenos que son teórica y prácticamente distinguibles: la apropiación (A), la transforma-
ción (T), la distribución (D), el consumo (C) y la excreción (E).
Al realizar estas actividades, los seres humanos consuman dos actos: por un lado "socializan"
fracciones o partes de la natu~aleza, y por el otro "naturalizan" a la sociedad al reproducir sus vínculos
con la naturaleza. Asimismo, durante este proceso general de metabolismo, se genera una situación
de determinación recíproca entre la sociedad y la naturaleza, pues "la forma en que los seres humanos
se organizan en sociedad determina la forma en que ellos transforman a la naturaleza, la cual a su vez
afecta la manera como las sociedades se configuran" (axioma socioecológico).
Las relaciones que los seres humanos establecen con la naturaleza son siempre dobles: indi-
viduales o biológicas y colectivas o sociales. En el nivel individual los seres humanos extraen de la
naturaleza cantidades suficientes de oxígeno, agua y biomasa por unidad de tiempo para sobrevivir
como organismos, y excretan calor, agua, bióxido de carbono y sustancias mineralizadas y orgánicas.
En el nivel social, el conjunto de individuos articulados a través de relaciones o nexos de diferentes
tipos se organizan para garantizar su subsistencia y reproducción y extraen también materia y energía
de la naturaleza por medio de máquinas, aparatos o artefactos, y excretan toda una gama de residuos
o desechos.

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R.EORQUESTAR LAS DISCIPLINAS

Naturaleza

Output Input
Apropiación
Excresión

Figura 2.

Estos dos niveles corresponden a lo que Margalef (1993) ha llamado energía endosomática
y energía exosomdtica. Éstos representan además los flujos de energía "biometabólicá' y "sociometa-
bólicá' respectivamente. La historia de la humanidad no es más que la historia de la expansión del
metabolismo social más allá de la suma de los metabolismos de todos sus miembros. Lo anterior
queda corroborado por el hecho de que en la actualidad en el ámbito global, la extracción de recursos
minerales (combustibles fósiles y minerales metálicos y no metálicos) medido en ronelaje, triplica la
extracción de la biomasa (los productos de la fotOsíntesis) obtenida a través de las prácticas agrícolas,
pecuarias, forestales, pesqueras y de recolección y extracción (datos para 1995 en Naredo, 2000).
Si en las sociedades social y políticamente menos complejas, dicho metabolismo es (y era)
realizado por todos los miembros de los conglomerados sociales, en las sociedades industriales con-
temporáneas, altamente jerarquizadas y diferenciadas socialmente, los intercambios con la natura-
leza son realizados exclusivamente por una sola fracción social. De esta forma es posible distinguir,
desde el punto de vista ecológico, dos secrores bien demarcados que se definen por el rol que juegan
durante el metabolismo general que tiene lugar entre la sociedad humana y la naturaleza: el rural o
primario y el urbano e industrial.

LA APROPIACION DE lA NATURALEZA

El actO de apropiación que inicia todo metabolismo entre la sociedad y la naturaleza, definido como
"el proceso por medio del cual los miembros de toda sociedad se apropian y transforman ecosistemas
para satisfacer sus necesidades y deseos" (Cook, 1973), se refiere al momento (concreto, particular y

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VfcroR M. ToLEDO

1 Urbano 1 1 Industrial 1 1 Rural 1 Natural

... ...
. .. .. .
.. .

Ec

N
Intercambio económico
¡
Intercambio ecológico
® Unidades de producción rural

Figura 3.

específico) en el que los seres humanos se articulan a la naturaleza a través del trabajo. En otro sentido,
la apropiación conforma la dimensión propiamente ecológica del proceso de producción primaria o
rural reconocido por los economistas, y conforma el fenómeno central de todo espacio rural.
El proceso de apropiación es realizado por conjuntos de individuos tales como una familia
campesina, una cooperativa pesquera, un ganadero y sus empleados, o una empresa agrícola. Ubica-
das en la membrana o en la periferia de la sociedad, las unidades de apropiación (P), operan como las
"células" encargadas de aprovechar los recursos (renovables y no renovables) ofrecidos por la natura-
leza, convirtiéndoles en un flujo de energía socialmente consumible.
La apropiación califica el acto por el cual un sujeto social hace suya una "cosa', y se aplica en
este caso a la acción por la cual los seres humanos extraen un fragmento de la naturaleza para volverlo
un elemento social. Es decir, se trata del acto por el cual los seres humanos hacen transitar un frag-
mento de materia o energía desde el espacio natural hasta el espacio social. Dado que no todo lo que
produce lo consume ni todo lo que consume lo produce, P lleva a cabo dos tipos esenciales de inter-
cambio: con la naturaleza (ecológico) y con los sectores urbanos e industriales (económico) (fig. 3).
En más de un sentido, el concepto de metabolismo que emerge desde una perspectiva ecoló-
gico-social, resulta casi equivalente al concepto de "producción" (produktion) empleado por K. Marx,
un término que ha sido recurrentemente reducido a su mera expresión economicista no obstante que
conlleva una idea de carácter holísrico: "For him, production embraced at once the changing relations
of humankind ro nature, the social relarions imo which humans enter in che course of transforming
nature, and the consequem transformations of human symbolic capability. The concept is chus not

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REORQUESTAR lAS DISCIPLINAS

merely economic in the srricr sense but also ecological, social, political and socio-psycbological. It is
relacional in character" (Wolf, 1982:21).
Por ejemplo mientras que en las sociedades agrarias la apropiación-producción fue (y es) el
elemento determinante, en las modernas sociedades industriales es la transformación y el consumo
quienes determinan a aquéllos. Por otra parte, desde un punto de vista meramente ecológico, la
forma que toma la apropiación, esto es, la acción por la cual los seres humanos extraen elementos
naturales, determinará los efectos que esta operación tenga sobre la naturaleza que, como sabemos, es
la base material de toda producción (social). En tal sentido, el calificativo de productor que reciben
los seres humanos desde una óptica estrictamente económica cuando estos ejecutan el proceso del tra-
bajo, se traduce en el de apropiador, cuando el acto de la producción se enfoca desde una perspectiva
primordialmente ecológica (es decir de sus relaciones con los procesos naturales).
Esto es así porque en última instancia, los seres humanos son a un mismo tiempo especie
biológica y especie social, un supuesto que se confirma por el carácter bifacético del trabajo (Scbmidt,
1976), el cual encarna tanto en intercambio ecológico (las relaciones materiales con la naturaleza)
como en intercambio económico (las relaciones materiales entre los propios seres humanos) (Toledo,
1981). Por todo lo anterior, se utiliza aquí el término de apropiación de la naturaleza de manera
diferente a como lo han utilizado otros autores, notablemente aquéllos ligados con la corriente del
estructuralismo marxista. Por ejemplo Terray (1972), quien ha empleado el término para diferenciar
formas tecnológicas de uso de la naturaleza, o Godelier (1978), quien lo utiliza en relación con las
formas jurídicas de propiedad y acceso a los recursos, o en fin Ingold (1987), quien lo emplea para
diferenciar lo humano de lo animal.
Concluyendo: la apropiación de la naturaleza constituye el primer acto del proceso metabólico
que la especie humana erigida en sociedad establece con el universo natural y constituye el acto clave
que permite distinguir lo rural de los otros dos universos (el natural de un lado y el urbano-industrial
del otro). Como hemos señalado anteriormente, estos universos considerados como espacios sociales
h:illaron una expresión territorial casi unívoca durante sus orígenes (por ejemplo la revolución agrí-
cola o neolítica dio lugar a los primeros paisajes rurales, y lo mismo sucedió con la aparición de las
ciudades y siglos después con el surgimiento de la industria).
Ocurre sin embargo que esta original nitidez de las demarcaciones territoriales tiende inexo-
rablemente a disolverse conforme nos acercamos al presente. Un presente marcado por la moderna
sociedad industrial, donde el cambio tecnológico, la transmisión de la información y de la cultura, los
nuevos medios de transporte y, en fin, el proceso general de globalización, tienden a disolver la estre-
cha correlación que existía entre aquellos tres universos y sus correspondientes territoriales.
En la actualidad, en las naciones más cercanas al modelo industrial avanzado, la apropiación
de la naturaleza puede realizarse dentro de territorios nada rurales (por ejemplo la extracción de
minerales metálicos y no metálicos) e incluso totalmente urbanos (por ejemplo la captura de energía
solar y su conversión en electricidad a nivel doméstico). De manera similar ya es un lugar común la
aparición de actividades industriales (y especialmente agroindustriales) en el seno mismo de territo-
rios que a primera vista aparecen como predominantemente rurales. Todavía más, en algunas regio-
nes de países como Holanda, en el nivel meramente perceptivo se vuelve ya prácticamente imposible
distinguir dentro del continuum paisajístico, el jardín del hogar, el parque urbano, el área agropecua-
ria y la vegetación no manejada. La aparición de las nuevas industrias dispersas aquí y allá, e incluso

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VfCTOR M. TOLEDO

camufladas en el paisaje de una naturaleza completamente humanizada terminan por trastocar, de


manera definitiva, la expresión territorial o geográfica de lo que, en esencia, continúan siendo los tres
universos ecosociales.

¿QUÉ SE APROPIAN LOS SERES HUMANOS DE LA NATURALEZA?

Todo espacio natural puede ser descompuesto en unidades con una determinada arquitectura,
composición y funcionamiento. La naturaleza es entonces una matriz heterogénea formada por un
sinnúmero de ensamblajes, los cuales presentan una misma estructura y una misma dinámica que les
permite reproducirse o renovarse a través del tiempo y cada uno de los cuales constituye un arreglo
o una combinación única de elementos vivos y no vivos, y posee una historia particular que los hace
diferentes de los otros.
Estas unidades han sido definidas como ecosistemas y una vez espacializados alcanzan su
expresión concreta en las llamadas unidades de paisaje. Mientras que el concepto de ecosistema cons-
tituye la principal aportación teórica y práctica de la ecología, las unidades de paisaje son su expresión
concreta en las diferentes escalas del espacio, una contribución de las diferentes corrientes de la eco-
geografla o ecología del paisaje (v.g. Tricart & Killian, 1982).
Al postular el concepto de ecosistema, la ecología no sólo descubrió la "estructura interna"
de la naturaleza, al lograr identificar la unidad en la compleja e intrincada diversidad de los paisajes
naturales, sino que hizo evidente que los llamados recursos naturales (el agua, el suelo, la energía
solar, los minerales y las especies de organismos) conformen elementos o componentes que aparecen
articulados e integrados los unos con los otros en conjuntos o unidades con una presencia real por las
diferentes escalas del espacio.
Esto ha tenido repercusiones inmediatas sobre los análisis dedicados a estudiar la apropiación
pues lo que en última instancia las sociedades se apropian no son elementos aislados y desarticulados,
sino conjuntos o totalidades ecosistémicas. Ello obliga a reconocer que roda teoría del manejo de los
recursos naturales, que no es sino el análisis de la apropiación como primer acto del fenómeno gene-
ral de metabolismo, sólo será efectiva cuando tome en cuenta las dinámicas, capacidades y umbrales
de los ecosistemas que forman la base material de la producción (Toledo, 2003; Holling, 2001). En
conclusión, los procesos productivos que realizan los seres humanos agrupados en sociedad suponen
la apropiación no de recursos naturales sino de ecosistemas.

LAs FORMAS BÁSICAS DE APROPIACION DE LOS ECOSISTEMAS

Los seres humanos, es decir las unidades P, realizan tres tipos básicos de intervención en los eco-
sistemas, los cuales terminan por tener una expresión territorial o paisajística. En el primer caso, la
apropiación se realiza sin provocar cambios sustanciales en la estructura, arquitectura, dinámica y
evolución de los ecosistemas que se apropian. Aquí se incluyen todas las formas conocidas de caza,
pesca, recolección, y pastoreo, así como cierras formas de extracción y de ganadería por forrajeo en las
vegetaciones originales.

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REORQUESTAR lAS DISC!PUNAS

En el segundo caso se trata de actos de apropiación donde P desarticula o desorganiza los eco-
sistemas que se apropia, para introducir conjuntos de especies domesticadas o en proceso de domes-
ticación, tal y como sucede con todas las formas de agricultura, ganadería, forestería de plantaciones
y acuacultura.
La principal diferencia entre estas dos modalidades de apropiación de la naturaleza radica
en que mientras en el primer caso los ecosistemas se apropian sin afectar su capacidad intrínseca o
natural de automantenerse, autorepararse y autoreproducirse, en el segundo los ecosistemas apropia-
dos han perdido tales habilidades y requieren a forziori de energía externa (humana, animal o fósil)
para mantenerse. En ausencia de la fuerza humana estos ecosistemas o bien se regeneran y retornan
mediante los mecanismos de restauración ecológica a las formas originales de las cuales surgieron, o
bien derivan en formas bizarras, atípicas e impredecibles. En el primer caso se trata de una "naturaleza
manejada", en el segundo de una "naturaleza domesticada".
En las últimas décadas el movimiento conservacionista que busca la preservación o protec-
ción de áreas naturales intocadas o en proceso de regeneración, ha dado lugar a una tercera forma
de apropiación en la que los ecosistemas se conservan con fines de protección de especies, patrones y
procesos, además de otros servicios tales como el mantenimiento del clima local, regional o global, la
captación de agua, la captura de carbono, el esparcimiento, la educación y la investigación científica.
Hoy existen en el mundo unas 30 000 áreas naturales protegidas con una superficie equiva-
lente a 8.8% de la superficie planetaria (World Conservation Monitoring Centre, 2000), de las cuales
440 son reservas de la biosfera. A diferencia de los dos paisajes anteriores, en esta tercera modalidad la
apropiación no supone la remoción de materiales o energías, sino solamente de lo que se han llamado
"servicios ambientales" como los antes citados.
Estas tres modalidades de apropiación de los ecosistemas, permiten distinguir en el espacio
planetario, tres grandes tipos de ambientes o megapaisajes y sus correspondientes formaciones inter-
medias: el medio ambiente natural (MAN), el medio ambiente transformado (o domesticado) (MAT)
y el medio ambiente conservado (MAC). Esras tres expresiones paisajísticas, más la presencia de espa-
cios dedicados a agrupar poblaciones humanas de carácter rural y urbano (poblados, ciudades y, en
fin, megalópolis), o al establecimiento de industrias, han terminado por configurar la topología actual
del planeta (fig. 4). Y es en estos cinco sectores (el industrial y urbano, el rural y los tres principales
tipos de medio ambiente) donde tiene lugar el metabolismo entre la sociedad humana y la naturaleza
de manera concreta y específica.

UN MODELO DE FLUJOS PARA LAS ÁREAS RURALES

La apropiación es una categoría tanto teórica como práctica, de tal suerte que dicho proceso puede
ser empíricamente reducido a flujos de materiales, energía, trabajo, servicios e información (Cook,
1973; Grünbühel, 2002). Una manera adecuada para comprender y explicar dicho proceso consiste
entonces en describir las formas como esos flujos se estructuran e integran en la realidad concreta. La
figura 4, muestra un modelo de flujos desarrollado por el autor, el cual permite el análisis interdis-
ciplinario del proceso de apropiación y conforma un marco conceptual para el estudio ecológico y
económico de dicho fenómeno.

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.:.~·· ... ····· ..... ·._i_ _ _ _M_A_~-=~c----'f .............. ·<.


L.__ __::M:..:AN.:.__---'] Foo ~ 1 MAT

Caza Pesca Recolección Pastoreo Agricultura Ganadería Forestaría Acuacu!tura

F'
F'

Nacional
Global
MAS

Figura4.

El modelo incluye los intercambios que toda unidad de apropiación P establece tanto con los
tres paisajes descritos en la sección anterior (MAN, MAT y MAC), es decir sus intercambios ecológicos,
como con el resto de la sociedad (medio ambiente social o MAS), esto es, sus intercambios económicos
(Toledo, 1981). De esta forma la unidad P emplea una cierta fuerza para apropiarse bienes (materia-
les y energías) y servicios de la naturaleza en sus tres dimensiones, obteniendo tres flujos que terminan
por ser consumidos por la propia unidad P (valores de uso) o por el MAS (valores de cambio).
Los intercambios pueden cuantificarse utilizando diferentes valores y parámetros: kilocalorías,
volumen de lo producido, tien:1po en horas de trabajo, dinero. El modelo permite realizar balances de
lo intercambiado y puede hacerse tan complejo como se desee (por ejemplo incluyendo nuevas varia-
bles tales como la dinámica demográfica de P, el valor que un cierto producto alcanza en los mercados
local, regional, nacional o global, la venta y compra de fuerza de trabajo por P, y/o la transformación
que P hace de lo que produce). El modelo ha resultado de gran utilidad en diferentes estudios de
campo (v.g. Toledo & Barrera-Bassols, 1984), y permite derivar algunas conclusiones de interés teó-
rico como las consecuencias del intercambio económico desigual sobre el intercambio ecológico.

¿QUIÉNES SE APROPIAN LOS ECOSISTEMAS DEL PLANETA?

Por lo examinado anteriormente, lo rural puede definirse como aquel espacio social formado por el
conjunto de unidades de apropiación P. De acuerdo con los datos estadísticos proporcionados por la

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REORQUESTAR LAS DISCIPLINAS

w
QJ
e
Jil 4,000
"E'
e
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e
•O
·g
:¡¡ 2,000
o
CL

1950 1970 1980 1990 1999


Total 2,496 3,677 4,448 5,294 5,978
Agrícola 1,422 1,890 2,196 2,390 2,575
% 57 51 49 45 43

Figura 5.
O Agrícola
• Total

FAO, hacia 1999 más de 2 500 millones de seres humanos constituían la porción rural de la especie
(definida como aquella población que depende para su subsistencia de la agricultura, la ganadería, la
silvicultura, la caza, la recolección y la pesca), representando 43% del total de la población (fig. 5).
Los datos de las últimas décadas indican que la porción rural del planeta constituyó la mayoría de
la población humana todavía hasta 1980, y que no obstante su reducción relativa, la población
encargada de realizar la apropiación de los recursos de la naturaleza casi se duplicó al pasar de los
1 422 millones en 1950 a los 2 575 millones en 1999 (fig. 5), expresando la presión que la sociedad
humana ejerce sobre los sistemas ecológicos. Este incremento fue debido, esencialmente, al aumento
de la población de pequeños productores del tercer mundo, es decir al campesinado.
La distribución de la población rural por las principales regiones del planeta (fig. 6), revela
que la inmensa mayoría de esta se encuentra en los países del llamado tercer mundo: China, India,
Indonesia y buena parte de los países de Asia, África y América Latina. Por ello, 95% de la población
dedicada a laborar la naturaleza se encuentra en los llamados países agrarios y sólo 5o/o pertenece a los
países industriales. La explicación de este fenómeno radica en los procesos de transformación tecno-
lógica ocurridos durante el último siglo, a través de los cuales se ha ido logrando la industrialización
de la agricultura, la ganadería, la pesca y las otras prácticas de apropiación de la naturaleza.

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VfcrOR M. TOLEDO

Total 1,274 998 209 728 766 307 340 132


Agrícola 855 553 93 64 430 7 63 36
% 67 55 44 9 56 3 18 27

D Agrícola • Total

Figura 6. Población total y población agricola (1950, 1970, 1980, 1990, 1999)

Los MODOS DE APROPIACJON. UNA TIPOLOGfA SOCJOECOLOGICA


DE LOS PRODUCTORES RURALES

Si observamos el porcentaje de la población total que se identifica como rural en los países industriali-
zados y en los países del tercer mundo (figura 6), se hará evidente que mientras en los primeros oscila
entre 3% (Canadá y Estados Unidos) y 9% (Europa incluyendo a Rusia), en los segundos alcanza
a la mitad o más de la mitad de su población (China, India y los países africanos), en tanto que los
países latinoamericanos se ubican en una posición intermedia. Lo anterior está relacionado con las
modalidades que adquiere la apropiación en la actualidad, y esto es a su vez, consecuencia de procesos
históricos.
Desde el punto de vista histórico, la apropiación de la naturaleza ha tomado diferentes confi-
guraciones, como resultado de la relación general establecida entre las diferentes sociedades humanas
y sus ecosistemas. Se trata, por supuesto, de configuraciones básicas, de carácter cualitativo, deter-
minadas por tres criterios fundamentales: 1) el grado de transformación de los ecosistemas que se
apropian; 2) la fuente de energía empleada para realizar la apropiación; y 3) el tipo de manipulación
que los seres humanos efectúan sobre la estructura, los componentes y la dinámica de los ecosiste-
mas (para una argumentación detallada del concepto de modo de apropiación, véase Toledo, 1995 y
Toledo et al., 2002).
Dado lo anterior, más allá de las numerosas modalidades tecnoproductivas, concretas y espe-
cíficas, que toma la producción agrícola, pecuaria, forestal, extractiva o pesquera, es posible arribar

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REORQUESTAR LAS DISCIPLINAS

Características del modo campesino y el modo agroindustrial


de uso de los recursos naturales
Campesino· Agroindustrial

Energía Uso exclusivo de energía solar Uso predominante de energía fósil

Escala Minifundio Medianas y grandes


Autosuficiencia Alta Baja
Fuerza de trabajo Familia o oomunit. Familia o asalariada
Diversidad Alta Baja
Prod. Tbjo. Baja Alta
Prod. Energ. Alta Baja
Conoc. Holístioo, ágrafo, flexible, Especializado, basado
basado en hechos y creencia en hechos objetivos
Cosmovisión Naturaleza es un ente Naturaleza es sistema
sagrado cuyas riquezas

a tres formas principales de uso de los recursos naturales, cada una de las cuales conforman modos
históricamente 4eterminados de apropiación de la naturaleza. Estos son el modo extractivo o cine-
gético, propio de las primeras sociedades nómadas de pescadores, cazadores y recolectores; el modo
campesino o agrario, que aparece hace unos 1O000 años con el inicio de la agricultura y la domesti-
cación de diversas especies animales, y que se extiende a través de los siglos con algunas innovaciones
(desde el uso de animales y de ciertos metales hasta la creación de molinos de viento y de máquinas
hidráulicas), y el agroindustrial, también llamado "moderno", que es un producto de Occidente y
de la revolución industrial y científica que tuvo lugar en Europa y otros países templados a partir del
siglo XVIII.
En el mundo contemporáneo es posible diferenciar dos modos arquetípicos de apropiación
de los ecosistemas: el modo agrario, tradicional o campesino, y el modo agroindustrial, occidental o
"moderno". Mientras que el primero realiza una apropiación a pequeña escala, con altos niveles de
productividad ecológica y basada en el uso de energía solar y biológica, el segundo funciona sobre
escalas medianas y grandes, presenta índices muy altos de productividad del trabajo y tiene como
fuente principal de energía los combustibles fósiles (petróleo y gas) los cuales utiliza directa o indi-
rectamente en diversas tecnologías (máquinas, aparatos eléctricos, fertilizantes, pesticidas y otros
diseños).
Aunque la mayor parte de la literatura sobre el tema tiende a sobredimensionar la superiori-
dad tecnológica del modo agroindustrial expresado en su gran productividad del trabajo que permite
el incremento de los rendimientos y, por consecuencia, de los volúmenes de bienes obtenidos por
unidad de tiempo o de superficie (el flujo obtenido de los ecosistemas), un abordaje socioecológico
identifica nueve características fundamentales como atributos contrastantes entre estos dos modos.
Al incluir otros criterios tales como la escala, la autosuficiencia, el tipo de fuerza de trabajo,
los sistemas de conocimiento y la cosmovisión, además de la fuente de energía y la productividad

547
VíCTOR M. TOLEDO

ecológica y del trabajo, se logra un análisis más riguroso de estos dos modos (véase el caso de México
en la fig. 8).
Bajo este nuevo enfoque, la modernización rural, el proceso de transformación del modo
agrario o campesino en modo agroindustrial o moderno que ha ocurrido bajo diferentes magnitudes,
escalas y ritmos por buena parte del mundo durante las últimas décadas, no implica solamente un
notable incremento de los excedentes productivos, también ha desencadenado profundos impactos
sociales, económicos, culturales y ecológicos. Entre estos deben citarse la expulsión de millones de
productores tradicionales, concentración de la propiedad agraria, inequidad económica, destrucción
de culturas (formas de conocimiento y visiones del mundo) y especialmente, sobreexplotación de
suelos, agua y energía, reducción de la biodiversidad, contaminación por agroquímicos y afectación
de procesos ecológicos a escala local, regional y global (Kimbrell, 2002).

LA REVISUALIZACIÓN DEL DESARROLLO RURAL

Hay, todavía, un último aspecto develado por el análisis socioecológico que resulta fundamental: la
revisualización del desarrollo y del proceso de modernización. Para el análisis sectorial o normal de
los espacios rurales la visión del desarrollo se encuentra cautiva del paradigma que impone la moder-
nización occidental, el cual establece como único referente el esquema bipolar entre "tradición" y
"modernidad", casi siempre explicado de manera simplificada en función de los aspectos productivos
y económicos (y a veces sociales y culturales). En otros términos, el desarrollo rural es concebido
como la transformación productiva, súbita o paulatina, pero ineludible y unívoca de las formas cam-
pesinas, "tradicionales" o preindustriales en modalidades agroindustriales o "modernas" tanto en su
versión estatal-socialista como en su versión de libre mercado.
Frente a esta visión unidireccional, la perspectiva interdisciplinaria erige un nuevo paradigma
en donde la sociedad y la naturaleza se conciben como entidades que forman parte de un proceso
megahistórico de carácter coevolurivo (González de Molina & Toledo, 2004) resultado de observar
el fenómeno general del metabolismo ecosocial a través del tiempo. El desarrollo rural es entonces
reconceptualizado en función del papel jugado, a lo largo de la historia por los actores rurales dentro
de este (mega)proceso metabólico. Ello obliga, por supuesto, a realizar un abordaje donde es necesa-
rio articular conceptos provenientes tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales.
La demoledora crítica realizada por la investigación ecológica desde principios de los años
sesenta a los sistemas productivos modernos de carácter agroindustrial, evidenciando su irracionali-
dad e inviabilidad a través de la acumulación de evidencias empíricas sobre el uso de suelos, recursos
hidráulicos, organismos vivos, genes y energía, junto con la revalorización de los sistemas productivos
tradicionales o campesinos realizados desde la agroecología y la ernoecología (v.g. Altieri & Hecht,
1990; Toledo, 1990; Netting, 1993), dieron lugar a una nueva visión que, rompiendo la hegemonía
impuesta por occidente, permitió vislumbrar un nuevo esquema donde la modernización es puesta
en evidencia como un proceso ilegítimo e incluso perverso.
En esta nueva perspectiva, la crisis del mundo moderno y, en especial la de su porción rural,
que en buena medida es consecuencia de la transgresión de los límites biofísicos del planeta, logra

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REORQUESTAR LAS DISCIPLINAS

resolverse mediante la superación de las limitadas maneras en que tanto los "tradicionales" como los
"modernos" se articulan entre ellos mismos y con la naturaleza.
De esta forma surgió el concepto de desarrollo sustentable, confeccionado desde diferentes
círculos académicos, avalado (casi siempre a nivel de retórica) por todos los gobiernos del mundo en
la Cumbre de Rio de Janeiro en 1992, y tomado como símbolo y programa por miles de movimien-
tos sociales de todo el planeta.
En la perspectiva de lo rural, hoy, este nuevo concepto permite visualizar una tercera alterna-
tiva al dilema aparentemente eterno entre "tradición" y "modernidad": la sociedad sustentable, cuyos
perfiles se delinean casi con la misma intensidad entre los círculos académicos y los movimientos
sociales, lo mismo que los métodos para alcanzarla (véase Toledo, 2003). Ello permite visualizar una
"modernidad alternativa'' erigida como una nueva opción tanto para las formas premodernas campe-
sinas como para las pertenecientes al mundo de lo agroindustrial, a través de un proceso de "posmo-
dernización" que visto en una perspectiva histórica de larga duración no es más que la adopción de un
nuevo modo de apropiación de la naturaleza.
Queda por último el señalar que, para el caso específico de México y de Latinoamérica, esta
vía de "posmodernización" que ha quedado abierta bajo el nuevo concepto de desarrollo sustentable,
ha ido más allá de los meros círculos académicos para volverse una realidad dentro del discurso y las
acciones políticas de innumerables movimientos sociales agrarios, tales como movimientos indígenas
de los Andes, la cuenca amazónica, centroamérica y México o los "sin tierra'' de Brasil. Dicho en
otros términos, el enfoque socioecológico no sólo ha inyectado de nuevos bríos al mundo de la aca-
demia, también ha dado elementos para construir nuevas demandas y para alimentar nuevas utopías
y nuevas esperanzas.

EL FUTURO DEL MUNDO RURAL

Desde la ideología de la civilización industrial, las áreas rurales del planeta son visualizadas como
meros reservorios de los bienes (alimentos, agua, materias primas y energía) requeridos por las ciu-
dades y la industria, los cuales hay que generar de la manera más rápida y eficiente sin importar los
impactos y consecuencias negativas, incluyendo los daños a la salud (alimentos insanos o de ·alto
riesgo). Las evidencias acumuladas en la última década por las investigaciones de carácter socioecoló-
gico de las áreas rurales muestran la inviabilidad creciente de ese proyecto. Hoy, los principales bastio-
nes del modelo agroindustrial padecen innumerables problemas ecológicos y sociales y; lo que es más
importante, ya no parecen adecuados para la modernización de las regiones tradicionales donde aún
predominan las formas campesinas de producir, es decir de apropiarse la naturaleza.
Como una respuesta a lo anterior, la investigación realizada en las últimas dos décadas desde
la agroecología, la sociología ambiental y la economía ecológica, ha derivado en muchos nuevos plan-
teamientos. Por ejemplo el número de evidencias que demuestran la mayor eficiencia y rentabilidad
ecológica y económica de la pequeña producción familiar por sobre las grandes empresas agrarias se
está volviendo un lugar común (véase Netting, 1993; Rosset, 1999 y Toledo, 2001). Lo mismo puede
decirse de las prácticas agroecológicas que resultan más eficientes, seguras y sanas que las de carácter

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VfcTOR M. TOLEDO

agroindustrial, en términos del uso de energía y de los recursos naturales, el transporte y la salud de
los consumidores.
La creciente adopción de estos principios y valores por organizaciones sociales y entidades
públicas de todo el mundo (véase el caso de la Unión Europea en van der Ploeg et al., 2002; y Mar-
sden, 2003), es quizá una muestra de la importancia teórica y práctica del enfoque impulsado desde
la perspectiva socioecológica. Quedaría todavía por deslindar, en la dimensión metodológica y episte-
mológica, la participación de las distintas disciplinas dentro de esta perspectiva integradora, es decir,
su correspondiente concurso en la orquestación de los conocimientos.

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