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ÉLITES Y DESARROLLO UN ANÁLISIS TEÓRICO QUE ATERRIZA EN LO PRÁCTICO1

Carlos Pástor Pazmiño

Andrea Bonilla Bolaños

Introducción

En este trabajo intentaremos mirar la relación entre élites y desarrollo. Para esto partimos de un
análisis teórico conceptual sobre las élites en base al pensamiento clásico de varios autores. El
segundo momento tiene el objetivo de analizar a profundidad el concepto de desarrollo en base al
pensamiento de dos tipos de intelectuales, ortodoxos y heterodoxos. Finalmente se intentará
desarrollar ambos conceptos y definir a qué tipo de desarrollo se vinculan las élites ecuatorianas
tomando como ejemplo la reforma agraria en el Ecuador.

Primer Momento

Cuando hablamos de élites pensamos en estructuras de poder, dominación, hegemonía,


interacciones económicas, políticas, sociales o en la clásica lucha entre burguesías y proletarios,
sin embargo, si pensamos un poco más profundo podemos ver a las élites como promotoras o no
del desarrollo. Generalmente una sociedad está dirigida por la llamada clase dominante que no es
sino un reducido grupo de personas que son dueños de los medios de producción, altos
funcionarios públicos, intelectuales, militares y dueños de medios de comunicación. Cada uno de
los miembros de la clase dominante esta entrelazado a nivel local, regional e incluso global, este
grupo concentra el poder económico, el poder político y direcciona a su antojo las políticas
públicas de los Estados nacionales.

Sin embargo, no podemos generalizar a las élites, ya que unas acumulan capital en base a una
renta financiera, otras en base a las divisas de la agro exportación, otras de la especulación en el
mercado bursátil y otras de la productividad de sus empresas, es decir, que sus intereses se
direccionan de acuerdo a la rama económica en la que participen y sobre todo a la cercanía que
tengan con el poder político. La alianza entre élites económicas y élites políticas logra afianzar el
control durable e indestructible del Estado.

1
Documento elaborado para el curso virtual de CLACSO: Acumulación y despojo en el Agro latinoamericano

1
Si volvemos a las fuentes teóricas del concepto de élite recuperamos a Pareto, Mosca y Michels,
estos tres autores son los padres de la teoría clásica de élites, ellos nos dicen que las élites han
Estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad y han ostentado poder y dominio.
No obstante, se debe ir más allá de las élites y mirarlas en torno a sus mecanismos de
acumulación de poder, entender que las élites se constituyen alrededor de las instituciones de la
sociedad moderna. El Estado, las empresas o corporaciones y el ejército son indispensables para
que las élites se establezcan y se ubiquen en la cúspide de la sociedad.

Charles Wright Mills afirmaba que “las élites son minorías poderosas que gobiernan las grandes
empresas, gobiernan la maquinaria del Estado y exigen sus prerrogativas, dirigen la
organización militar, ocupan los puestos de mando de la estructura social en los cuales están
centrados los medios efectivos del poder y la riqueza” (Wright Mills 20, 2013), en suma, las
élites son una minoría articulada que toma o deja de tomar decisiones sobre la dirección del
Estado.

Los canales principales por los que las élites dirigen al Estado son cuatro 1). La consulta
institucionalizada en el proceso de elaboración de políticas públicas, con frecuencia a través de
asociaciones empresariales; 2). El cabildeo ante el Congreso y el Ejecutivo; 3). La financiación
de campañas; y 4) El poder estructural como consecuencia de la movilidad internacional de la
inversión y el capital (Schneider 45, 2004), mientras que los medios son las empresas
económicas, las jerarquías del Estado y el ejército, estas relaciones somete a los sectores
subalternos a las estructuras del poder.

Para Max Weber toda estructura de poder es una formación política y se caracteriza por el deseo
de prestigio, intereses económicos directos y viven del ejercicio del poder político, “las élites son
grandes propietarios articulados en comunidades políticas que según todas la apariencias
poseen y representan el prestigio del poder” (Weber 18,19, 2001). Las élites no emergen
únicamente de la familia en la que nacen o de los lazos matrimoniales que logran sino que se
construyen en bases a relaciones. Por ejemplo, relaciones de la escuela a la que asisten de niños,
el colegio o la universidad en la que estudian, la empresa en la que trabajan, el partido político en
el que militan, el cargo que ocupan en el Estado o la disciplina que le impone el ejército.

El desarrollo de un país por lo tanto está ligado a las relaciones de poder que ejercen las élites
“las decisiones de un puñado de empresas influyen en los acontecimientos militares, políticos y

2
económicos en todo el mundo, las decisiones de la institución militar descansan sobre la vida
política así como sobre el nivel mismo de la vida económica, las decisiones que se toman en el
dominio político determinan las actividades económicas y los programas militares” (Wright
Mills 25, 2013).

Se puede decir que el Estado “es el comité ejecutivo de las élites”2; sin embargo, una mirada
profunda demuestra su compleja composición y estructura en torno no solo a intereses de clase.
Mazzuca afirma que “el Estado puede ser capturado no sólo por grupos económicos poderosos,
sino también por el propio gobierno” (Mazzuca 35,2012), es decir, surge como una expresión de
las contradicciones de la superestructura política, que no necesariamente responde como el
comité ejecutivo de la burguesía.

Las élites son realidades mucho más diversas y complejas que la simple ostentación de
acumulación de capitales, ya que desde sus albores forjan ideologías que responden a sus
objetivos. Burns, al respecto, dirá que durante el siglo pasado “las élites se afianzaron en base a
tres filosofías europeas, la ilustración, la evolución, y el positivismo” (Burns, 1990). Su idea de
desarrollo se construye, entonces, en base a estas tres corrientes de pensamiento: aquello que
forma su fuerza y le permite mantenerse en el poder es su organización y su estructura, ya que
mantienen diversos vínculos que unen entre sí a los miembros de una elite dominante3 -lazos de
parentesco, intereses comunes, vínculos culturales, etc.-. Estos lazos o vínculos aseguran a la elite
una unidad suficiente de pensamiento y la cohesión propia de grupos característicos de una
clase.4

Siguiendo a Mazzuca nos enfocaremos en el papel del Estado como un ejecutor de poder dentro
de su propia sociedad y de la capacidad de este para desarrollar sus propias sociedades 5. El
ejercicio del poder público está separado de las masas del pueblo y plasmado en instituciones
como el ejército, la policía, los tribunales de justicia, etc. Representan una parte de la dominación

2
Clásica definición marxista
3
El Estado se presenta como un stock de recursos, los cuales son manejados por distintas élites que no siempre
tienen acuerdos, lo que genera una incesante sustitución de las élites antiguas (por ejemplo terratenientes) por otras
nuevas (industriales). Es decir, hay una circulación de élites dentro de la sociedad determinada.
4
Corra Sutil ejemplifica con claridad esta relación para el caso chileno: “las principales sociedades anónimas y
bancos en Chile estaban controlados por grupos familiares que combinaban indisolublemente lazos de parentesco
con intereses económicos” (Correa Sutil, 2004).
5
El término exacto sería poder nacional, entendido como: la capacidad de controlar y transformar la sociedad que
nominalmente dominan (Mazzuca, 2012).

3
estatal, conjuntamente con un ejército de funcionarios e instituciones representativas que forman
un poder político que coordina con las élites y se coloca por encima del pueblo.

Con los recursos obtenidos por el Estado se busca el desarrollo impulsando la creación de vías,
ferrocarriles, urbanizando, etc. Generando una ecuación de desarrollo, ciencia + industria =
desarrollo6, lo que termina definiendo a las élites como un sector que cree en el libre comercio, el
mercado internacional y por lo tanto en el capitalismo, dejando a los subalternos como los objetos
a ser modernizados, “justificando la obediencia al orden estatal” (Mazzuca, 2012) y siendo
acarreados por el modelo de desarrollo.

Si miramos en este sentido a las élites podemos decir que, de cierto modo, contribuyen a la
acción histórica de una sociedad, ya sea por decisiones que toman, ya sea por las ideas, los
sentimientos o las emociones que proyectan o simbolizan. Whitehead diría que una elite que
impulsa una ola de modernización (Whitehead, 2006) en un periodo determinado tiene un peso
significativo en la totalidad del modelo de desarrollo. Como resultado de la adopción de
decisiones en el seno de una sociedad, se generan cambios sociales o resistencias7, cada actor8
busca un rol estratégico desde el cual poder mantener, defender o cambiar las relaciones de
poder.

Una referencia para este caso es cuando los grandes propietarios o los administradores de las
corporaciones toman decisiones sobre los empleos que se van a crear, el número de los mismos,
la movilidad geográfica de los empleados, los cambios técnicos en los procesos productivos, es
decir, las élites al experimentar las tendencias productivas globales, establecen libremente su
política de inversiones y su poder actúa al servicio de determinadas causas, como la libertad de
palabra9 o los derechos civiles (derecho a la propiedad privada).

6
Burns lo explica con claridad cuando estudia porque las élites se inclinan por el progreso (Burns, 1990).
7
Las resistencias pueden limitar, retrasar o en algunos casos detener el flujo de los procesos de explotación,
Bebbington describe este proceso con claridad, en las resistencias que se encuentran en Tambogrande, Huancabamba
y Ayabaca. Son casos en los que la exploración minera no ha podido progresar hacia una explotación minera debido
a los procesos de movilización social que surgen para resistir la conversión de la tierra en minería. (Bebbington,
2009)
8
Por actor entiendo la diversidad de sectores clasistas, ya sean: élites, trabajadores-obreros, campesinos-indígenas,
militares, clases medias, iglesia, o en su conjunto movimientos sociales o partidos políticos.
9
Sofía Correa Sutil ejemplifica esta relación cuando se refiere al Mercurio, que si bien se presenta como objetivo,
neutral, voz de la razón, construye al mismo tiempo un interés particular (élites) en un interés colectivo (sociedad).
(Correa Sutil, 2004).

4
El debate fundamental en esta relación es el manejo de los recursos. Quienes tienen la capacidad
para regular esta relación son las instituciones formales e informales, históricamente se han ido
constituyendo, estas instituciones por medio de la herencia rutinaria del ejercicio político. Toda
institución es manejada en última instancia por un actor determinado que se convierte en el
tomador de decisiones, cada decisión tomada implica como vemos en Bebbington un consenso o
una disputa de interés, cada institución está sujeta a los límites que le impone la estructura.

El manejo de los recursos en sí mismo es un dilema complejo, que acarrea sobre todo el debate
por el desarrollo de los países, el rumbo que toman los Estados para alcanzar el desarrollo
implica cuatro factores:

 Factores internacionales: contempla la libertad de la élites para experimentar las


tendencias productivas a nivel global, posee el convencimiento de que alcanzar la
modernización es positivo para sus interés y para los de la nación.
 Modelos de modernidad en boga: opciones que se van construyendo y legitimando a
escalas productivas, rentistas y especulativas que generan una idea afianzada del
desarrollo.
 Composición de los grupos específicos: conjunto de técnicos, expertos, con un
proyecto de país que tiene la capacidad de llevar a cabo la ola de modernización.
 Grupos de subalternos: objetos a ser modernizados

La idea de desarrollo es el afán de alcanzar y llegar a la modernidad, Whitehead dice que este
sesgo es muy particular en América latina, dado que ha sido impulsado por el poder de las élites y
su capacidad para tomar el control del Estado. Cada proceso de modernización implica una
dicotomía construcción – reconstrucción del Estado conducidas por las élites. Es decir que, si las
élites captan el Estado entonces el Estado posibilita el asentamiento del nuevo modelo de
desarrollo.

El eje común del desarrollo en América Latina ha sido la abundancia de los recursos naturales,
los cuales a través de su extracción han permitido una acumulación primaria de capital y una
economía basada en la renta ya sea minera, petrolera o agrícola. Las principales zonas de disputa
en el manejo de estos recursos son rurales. Las condiciones óptimas para alcanzar este desarrollo
son los regímenes autoritarios, por dos razones, por un lado, porque implantan la idea de

5
simplificar a los sectores que discrepen con su visión de modernización, y por otro lado, porque
dominan a la sociedad desde las instituciones tanto formales cuanto informales.

Para alcanzar el desarrollo, los Estados fijan una agenda que requiere de capacidad10 y recursos,
por lo que en la mayor parte de los países de América del Sur se conforman comisiones de
expertos, como un mecanismo nacional de planificación11 que, tal como lo afirma Thorp,
tuvieron poco éxito debido a su limitada capacidad técnica y apoyo político: “Los planes
nacionales, tuvieron poco que ver con la realidad política y a veces ni siquiera con la realidad
económica” (Thorp, 1998).

Se suele atribuir a la capacidad los cambios que se consolidan en las sociedades: la


industrialización, la urbanización, el aumento en la productividad, el desarrollo de las
comunicaciones, etc. La totalidad de la vida humana y social sufre el impacto de la capacidad del
Estado. En realidad se trata de dos capacidades: una es la que ejerce el Estado y otra la que ejerce
el régimen, pero que suele confundirse con la administración.

Mazzuca cuando habla de esta capacidad sostiene que es: “la existencia de un cuerpo de
funcionarios profesionales de gran solvencia técnica, reclutados y promovidos por criterios
estrictamente meritocráticos e imbuidos de un intenso sentido de servicio público” (Mazzuca,
2012).

La visión de los funcionarios (técnica) reconfigura el mundo rural, destruye las culturas
tradicionales agrarias (no únicamente) y abre la puerta al anhelado desarrollo que esperan las
élites desde lo económico – social hasta lo político. Estas medidas son aceptadas colectivamente
por la presión de distintos elementos, como los medios de comunicación de masas, situando al
Estado al servicio de unos intereses y al dominio de otros.

En este sentido tenemos que la unidad que aglutina a todos los factores del Estado12 en un
proceso de modernización es por antonomasia la Tierra y está sometida a los intereses de las

10
Para Sebastián Mazzuca la capacidad es el poder de llevar esa agenda a cabo, de ejecutar sus preferencias sin
interferencias.
11
Para el caso de Ecuador sería la SENPLADES
12
Me sujeto a lo que Mazzuca define como Estado: una acumulación de recursos, al gobierno, como un grupo de
actores, al régimen como un conjunto de reglas y a la administración como una mezcla, en parte reglas y en parte
actor.

6
élites. El Estado, el gobierno, el régimen y la administración hacen de la tierra el recurso
sustancial para cambiar las estructuras caducas e impulsar una era de modernización,
estandarizada y racional, que intenta ser construida de la manera más cercana posible al esquema
europeo o norteamericano.

Las élites en América se han ido configurando desde la colonia, son élites señoriales, lo que
implica que a su alrededor se concentre el poder mediante la acumulación de tierra,
constituyéndose como una aristocracia terrateniente con una notable incidencia política. Su
forma de producción poco tecnificada no es una preocupación para ellos, ya que “los
terratenientes podían obtener un ingreso elevado sin intensificar la producción” (Thorp, 1998), a
mayor concentración de tierra, mayor prestigio social y mayor incidencia política. Los intereses
de las burguesías industriales coinciden con los de las oligarquías terratenientes, por lo que
acuerdan estrategias comunes que se ejecutan desde el Estado. En este sentido Stavenhagen diría
que “lo importante no es la existencia de dos sociedades, sino las relaciones que existen entre
estos dos ‘mundos’”.

¿Cabe preguntarse entonces que es el desarrollo? A pesar de haber sido muy debatido en espacios
intelectuales, políticos y sociales, el concepto de desarrollo se encuentra aún en construcción. Al
ser inherentemente dinámico y multifacético, el término se ve imposibilitado de cualquier
homologación conceptual. Es precisamente la búsqueda de una tal homologación la que
tradicionalmente ha alimentado el debate siendo el economicista el enfoque triunfador. La Real
Academia Española marca el triunfo economicista al definir la palabra desarrollo como
la"(e)volución de una economía hacia mejores niveles de vida".13

En ese sentido, el desarrollo economicista o desarrollo económico se liga íntimamente a los


términos: crecimiento económico, progreso y modernidad. Varios intentos fallidos de destronar
ésta definición de desarrollo sucedieron la Segunda Guerra Mundial (época recurrentemente
citada como aquella en la que el sentido convencional de desarrollo se populariza), entre ellos se
destacan las críticas dependentistas – Teoría de la Dependencia (Samir Amín 1979, 1975, 1976,
John S. Saul 1974, Hamza Alavi 1965) – y las críticas ecologistas – inspiradas por el informe

13
El diccionario de la RAE proporciona, además de la económica, una definición de desarrollo relativa a la física y
la mecánica. La afirmación de que la economía ha impuesto su visión de desarrollo no es osada en la medida en que
ciencias sociales y ciencias exactas no son directamente comparables.

7
sobre Los límites del crecimiento de Meadows et al. (1972) y trascendidas en la llamada
economía ecológica (Daly y Cobb, 1993).

La esencia economicista quedó por mucho tiempo intacta a pesar del criticismo, un ejemplo de
ello es el acuerdo llegado en el seno de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo
(CMMA) – cuyo informe “Nuestro Futuro Común” introdujo el concepto de desarrollo
sostenible14 – sobre el hecho que “el desarrollo sostenible debe orientarse al crecimiento
económico” (Gudynas 2011:30).

El continente latinoamericano, junto con el africano y surasiático, ha sido categorizado como el


antípoda del desarrollo economicista convencional. El rol latinoamericano ha sido entonces el de
receptor de consejos y recetas pro-desarrollo, un desarrollo concebido por terceros hegemónicos
llamados desarrollados.

Dicho rol secundario pasa a ser protagónico a partir del siglo XX a raíz de la emergencia de
nuevas concepciones de desarrollo o “alternativas al desarrollo” donde los intelectuales
latinoamericanos se apropian del debate develando el carácter inapropiado del concepto
convencional de desarrollo.

Revisar ésta nueva contienda alrededor del término desarrollo, e identificar el rol de las élites
latinoamericanas dentro del mismo, es el objetivo de este segundo momento. No se trata de una
revisión detallada de todos y cada uno de los debates sobre el desarrollo, sino de una discusión
desde y para América Latina en torno a la diversa paleta de concepciones del término desarrollo,
y más allá del mismo. Así, se revisarán muy brevemente algunas de las concepciones de
desarrollo sobresalientes en América Latina, y se dará particular énfasis a las alternativas al
desarrollo. Los aportes identificados bajo los nombres buen vivir, etimologías del sur y
postdesarrollo constituyen la médula de la discusión aquí planteada, el rol de las élites dentro de
éstas es puesto en tela de juicio.

Segundo Momento

Desarrollo Como Símil De Crecimiento

14
Según la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo, el desarrollo sostenible sería “aquel que es capaz
de cubrir las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer
sus propias necesidades” (CMMAD, 1992)

8
“Los conceptos no son neutros. […] llevan implícitas significaciones político-ideológicas. Los
conceptos suelen volverse metafóricos. Así, cada quien entiende lo que quiere o le conviene por
un término y cada cual lo manipula a su antojo hasta transmutarlo como parte del discurso
ideológico de cualquier cuño, sea éste de derecha o de izquierda, reaccionario o revolucionario,
de ‘gente de razón’ o de pueblos originarios…” (Quintana 502, 2008)

El concepto de desarrollo convencional es fruto de un debate ideológico cuya genealogía remonta


varios siglos atrás. Desde que, a finales de los 1770s, la concepción mercantilista de acumulación
de metales preciosos fuera suplantada por la idea smithniana de flujo anual de bienes y servicios
producidos, la riqueza de una nación ha sido medida en términos de crecimiento económico. El
anhelo de las naciones por aumentar su riqueza relativa derivó en cuantiosas teorías económicas
que, aunque no mencionaban el término desarrollo de manera explícita, buscaban recetas para
aumentar la producción per cápita del Estado-nación bajo la creencia de que ésta mejoraría el
bienestar de los ciudadanos vía el aumento del consumo.

La industrialización, la productividad y el progreso económico se asentaban así como los ideales


cuyos defensores teóricos y políticos, los llamados economistas clásicos – a saber, Adam Smith,
David Ricardo, Thomas Malthus, y John Stuart Mill,15 se posicionaron en la cima del árbol
genealógico del concepto convencional de desarrollo.

La idea clásica de riqueza agregada a nivel de nación, empero, no significaba necesariamente


riqueza individual. La pobreza y miseria de la mayoría de la población inglesa de los 1800s
originó diversos tipos de pensamiento socialista,16 siendo Karl Marx el promotor de una de las
escuelas más sobresalientes. La teoría marxista de la explotación (Marx, 1867, El Capital -Tomo
1) es la primera denunciación a la idea crecimiento como equivalente de bienestar. Denunciación
vencida con la aparición del análisis marginalista neoclásico.

15
Karl Marx es algunas veces clasificado como economista clásico y otras se precisa su carácter de crítico al
pensamiento clásico. Esta reseña lo ubica dentro de otra categoría debido a que su aporte ideológico es actualmente
re-significado por corrientes neo-marxistas que sostienen propuestas alternativas a la visión economicista del
desarrollo.
16
Los tipos de socialismo son: socialismo utópico, socialismo de Estado, socialismo cristiano, socialismo marxista,
socialismo de gremios, entre otros.

9
Los pensadores neoclásicos, a saber, William Stanley Jevons, Carl Menger, Alfred Marshall,
León Walras,17 entre otros, aun cuando desarrollaron teorías de connotación más bien
microeconómica, perpetuaron el símil tácito entre crecimiento y desarrollo. Basados en el
llamado utilitarismo, o principio de la mayor felicidad, de Jeremy Bentham, los economistas
neoclásicos propusieron una batería de teorías tendientes a maximizar la utilidad, o el bienestar,
del individuo como sujeto económico. El sujeto económico maximizaba así su utilidad mediante
la maximización de su consumo, mientras que el sujeto económico firma o empresa lo hacía
mediante la maximización de sus ganancias. Ambos, consumo y ganancias, medidos en términos
de unidades monetarias.18

La idea de desarrollo, hasta ese entonces implícita, se explicita con el advenimiento del Estado
del bienestar británico de posguerras.19 El sector público (Estado) pasaba a primer plano como
responsable directo de la redistribución de la riqueza (a través de la seguridad social y asistencia
social) y de la provisión de aquellos bienes sociales que tienen un fuerte elemento redistributivo,
como la salud y la educación (Sandmo 1995).20

El Estado del bienestar británico garantizaba la protección gratuita desde el útero a la tumba: en
ideal, nadie, rico o pobre, tendría que preocuparse por la pobreza, la ignorancia, el desempleo, la
salud o la vejez. El rol del Estado para el desarrollo es legitimado por la necesidad de gasto
público para financiar políticas sociales; y, el aumento del gasto público es legitimado, a su vez,
por el rol que la teoría general de John Maynard Keynes le otorgaba en tanto que motor del
crecimiento económico.

Nuevamente, desarrollo económico y crecimiento económico iban de la mano y detentaban un


carácter doble-causal: eran, al mismo tiempo, causa y consecuencia uno del otro. El beneplácito
con que las recetas keynesianas de desarrollo se propagan propicia la re-emergencia de la

17
Jevons, Menger, Marshall y Walras son los pioneros del pensamiento neoclásico, no los únicos, su mención es más
que suficiente para los fines del presente ensayo.
18
La esencia de este aporte microeconómico constituye la base de los manuales y libros de texto utilizados en la
actualidad en los cursos básicos de economía.
19
La frase “Estado del bienestar” se utilizó por vez primera en la literatura para describir el gobierno del Partido
Laborista británico de 1945 (Briggs 1961: 221).
20
Contemporáneamente, algunos economistas usan el término Estado de bienestar en un sentido más amplio para
caracterizar las políticas económicas y sociales de un país que otorga altas prioridades a la igualdad y a la protección
individual contra riesgos sociales (Sandmo 1995).

10
21
denominada economía del desarrollo. Nuevamente triunfa el concepto economicista de
desarrollo.

Llegar al concepto convencional de desarrollo requiere un paso adicional: la aparición del


término subdesarrollo. Usualmente se imputa el origen de la distinción entre desarrollo y
subdesarrollo al discurso, del 20 de enero de 1949, del presidente norteamericano Harry S.
Truman (Esteva 21, 2009), quien dijo:

“Debemos emprender un nuevo programa audaz que permita que los beneficios de
nuestros avances científicos y nuestro progreso industrial sirvan para la mejoría y el
crecimiento de las áreas subdesarrolladas. El viejo imperialismo – explotación para
beneficio extranjero – no tiene ya cabida en nuestros planes. Lo que pensamos es un
programa de desarrollo basado en los conceptos de un trato justo democrático”
(Truman, 1949).

La categoría subdesarrollado, así entendida, implantaba una visión dual del mundo, en la que, los
individuos, habitantes de una nación, eran clasificados acorde al grado de éxito económico del
territorio donde residían: el día del discurso de Truman, “dos mil millones de personas se
volvieron subdesarrolladas. Dejaron de ser lo que eran y se convirtieron en un espejo invertido
de la realidad de los otros… (Esteva 22, 2009)”. Se trata entonces de emular el ideal estilo de
vida occidental, los países caídos en el grupo de los subdesarrollados tendrían, desde ese
momento, un modelo de desarrollo a seguir y la esencia de la horma de desarrollo que toda
nación debería satisfacer se podía resumir en términos tales como: diversificación económica,
industrialización, fortalecimiento de los mercados, crecimiento del mercado interno y
crecimiento del producto interno bruto (PIB) per cápita.

Las recetas para llegar a ese ideal no tardarían en llegar – las etapas de crecimiento de Rostow
(1961) – y variadas serían las mediciones de eficiencia y rentabilidad económica propuestas:
modelos de crecimiento económico, basados en los aportes de Solow (1956) y Swan (1956),
serían utilizados para corroborar la posibilidad de convergencia económica (entendida como la

21
El Estado del bienestar no debe ser confundido con la economía del bienestar, esta última frase se utiliza para
referirse a los pensadores económicos cuyos aportes análisis económico buscan descubrir los principios para
maximizar el bienestar social (agregado a nivel de nación) y no solamente el bienestar del individuo como sujeto
económico. Entre los economistas del bienestar destacan: Vilfredo Pareto, Arthur Pigou, Ludwig Von Mises, Oscar
Lange, Kenneth Arrow, James M. Buchanan y Amartya Sen.

11
disminución de la brecha entre países ricos y pobres), implantando así el estándar de medir la
brecha entre desarrollados y subdesarrollados en puntos de crecimiento del PIB (Baumol 1986,
DeLong 1988, Barro y Sala-i-Martin, 1991 y 1997).

De esta manera, se ataba la idea de desarrollo al crecimiento económico y en consecuencia, se


subordinaba los aspectos de bienestar humano al considerar que la desigualdad y la pobreza se
solucionarían fundamentalmente por medios económicos (Gudynas 2011). La connotación
convencional de desarrollo se consolida, de esta manera, a mediados del siglo XX.

La Dialéctica Truncada Del Desarrollo: Planteamientos Heterodoxos Vencidos

Poco tiempo después de haber sido coronado, varios intentos de desposeer al crecimiento
económico de su rol de motor de desarrollo se sucedieron. Las investigaciones de Meadows et al.
(1972)22, Hisch (1976)23, Mishan (1983)24, Galbraith (1992)25, entre otros, cuestionaban la
dualidad crecimiento-desarrollo al denunciar los límites al crecimiento. Se evidenciaba lo
restrictiva de una idea desarrollista supeditada exclusivamente a lo económico demandando la
añadidura de aspectos sociales, culturales y ambientales al debate.

En América Latina, la estrategia de desarrollo cepalina (o estructuralismo), promovida por Raul


Prebisch, consistente en implantar progresivamente un proceso coordinado de industrialización
para la sustitución de importaciones fue duramente criticada por la llamada teoría de la
dependencia. La idea estructuralista de cerrar la brecha entre los países céntricos (desarrollados)
y los periféricos (subdesarrollados) mediante la industrialización estaba en total armonía con la
visión convencional de desarrollo.

Los dependentistas, en total desacuerdo con una tal visión dual, denunciaban su imposibilidad
argumentando que la condición de país desarrollado no es una fase posterior al subdesarrollo
sino que el subdesarrollo de algunos países es la consecuencia del desarrollo de otros, jugando el
colonialismo y el imperialismo parte preponderante en el argumento. Las diversas perspectivas
dependentistas (ver por ejemplo, inter alia, Furtado 1964, Cardoso y Faletto 1969, Gunder Frank

22
Autores del reporte “Los límites del crecimiento” solicitado por el Club de Roma. Este reporte inspiraría la
discusión de las primeras versiones del concepto desarrollo sostenible en los 1980s.
23
Reconocido aporte sobre los límites sociales del crecimiento.
24
Su aporte sobre los efectos de rebosamiento del crecimiento económico (aumento de la migración, urbanización y
parque automotor) se destacan.
25
Sobre la opulencia.

12
1970) afirmaban que la condición económica desigual entre las naciones debía ser entendida
desde un análisis histórico de las relaciones de poder, cosa que las teorías económicas de
desarrollo ignoraban.

Por su parte, la crítica ecológica al desarrollo económico convencional (iniciada con el reporte de
Meadows et al. 1972) cobra fuerza en los 1980s con la denuncia de la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN), PNUMA y WWF reflejada en el informe de la primera
“Estrategia Mundial para la Conservación”. El informe de la UICN (1980) evidencia la
imposibilidad de conjugar crecimiento sostenido en el tiempo y conservación ambiental,
evidenciando, en consecuencia, la imposibilidad de incorporar la dimensión ecológica a la
definición economicista de desarrollo.

La obsolescencia de la concepción convencional de desarrollo estimuló acalorados debates (ver


UICN, PNUMA y WWF 1981, WCED 198726, CDMAALC, 1990) que dieron origen al concepto
desarrollo sostenible entendido como aquel “capaz de cubrir las necesidades del presente sin
comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus propias
necesidades” (CMMAD, 1992).27 El intento de reconciliar las teorías económicas con las
denuncias ambientales propicia, a finales de los 1990s, el aparecimiento de la denominada
economía ecológica cuyos adeptos – entre los cuales Herman Daly destaca por su protagonismo
(Daly y Cobb, 1993) – nutren la crítica a la idea de crecimiento económico ilimitado como meta
de desarrollo.

Algunas otras corrientes se sumaron a la crítica dependentista y ecologista, entre ellas la


propuesta de otro desarrollo (Dag Hammarskjöld 1975) – el desarrollo consiste en procurar la
satisfacción de las necesidad básicas y eliminar la pobreza, para ello, el desarrollo debe ser
endógeno, es decir, propiciado desde lo local (Moreno 1985) – que, en conjunto con los aportes
de Amartya Sen sobre las capacidades o libertades substanciales (Sen 1980) – el bienestar se
deriva de la posibilidad real de una persona de elegir entre diversas opciones, es decir, de la
libertad de la que realmente disfruta – inspiraron el lanzamiento del Índice de Desarrollo

26
El informe “Our Common Future” elaborado por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo
(World Commission on Environment and Development (WCED) por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas, en
1987, es generalmente citado como el primero a definir el desarrollo sostenible. Una versión en español del reporte,
titulada “Nuestro Futuro Común” fue publicada en 1988 (CMMAD, 1988).
27
La discusión sobre la evolución del concepto de desarrollo sostenible escapa al alcance de ésta reseña.

13
Humano (IDH). En la misma línea, en América Latina, se hablaba del desarrollo a escala
humana (Marx-Neef et al. 1993). – el desarrollo se trata de personas y no de objetos.

A pesar de la dureza de estas críticas, a fin de cuentas, la esencia de la idea economista del
desarrollo resultaba ileso. En primer lugar, el caso del IDH merece ser analizado. Este índice,
creado como indicador del desarrollo humano se construye partiendo del supuesto que las
dimensiones fundamentales del desarrollo humano son tres: (i) disfrutar de una vida larga y
saludable (salud), (ii) detentar conocimientos (educación) y (iii) disfrutar de un nivel de vida
digno (riqueza). La medición de cada una de las dimensiones es capturada por (i) la esperanza de
vida al nacer, (ii) la tasa de alfabetización de adultos y la tasa bruta de matriculación primaria,
secundaria y superior, y (iii) el PIB per cápita PPA en dólares 28, respectivamente. Entonces, si
bien dos aspectos adicionales (salud y educación) son incorporados a la medición tradicional de
desarrollo (crecimiento del PIB), el cálculo del IDH asume que el desarrollo depende
significativamente del crecimiento, y en consecuencia, la estrecha relación desarrollo-crecimiento
se mantiene.

Un segundo intento truncado de destronar al crecimiento económico como motor de desarrollo


fue el de la corriente ecologista. A pesar del gran avance significado por el advenimiento del
término desarrollo sostenible, un análisis más profundo del recurrentemente citado reporte “Our
Common Future” – “Nuestro Futuro Común” conocido también como informe Brundland–
(WCED 1987) revela la convergencia del naciente término y el crecimiento económico: “el
desarrollo sostenible debe orientarse al crecimiento económico” (Gudynas 2011:30).

La crítica sobre los “límites del crecimiento” se ve desprovista de su carácter detractor con la
conversión de la relación antagónica entre ecología y economía a una relación de
complementariedad. La economía ecológica teorizará y defenderá en los años consiguientes una
tal relación complementaria revindicando así el concepto economicista de desarrollo – prueba de
ello es la generalización del concepto crecimiento sostenible.29

28
PIB per cápita PPA: Es el producto interno bruto de cada país dividido sobre el número de habitantes y convertido
a dólares internacionales usando las tasas de paridad de poder adquisitivo (PPA). La PPA se calcula como la razón
entre el índice de precios al consumidor del país de referencia y el país en estudio.
29
Las contradicciones de una conciliación economía – ecología ha sido denunciada desde varios frentes. Por
ejemplo, el informe de la segunda “Estrategia Mundial para la Conservación” (CMMAD 1992) señala la
contradicción inherente del término crecimiento sostenible: “nada físico puede crecer indefinidamente” (Gudynas
2011:30).

14
En América Latina el tema ambiental como detractor del crecimiento perdió fuerza aún antes de
los 1980s. El modelo alternativo propuesto desde la Fundación Bariloche por Amílcar O. Herrera
(1975) bajo el nombre “¿Catástrofe o Nueva Sociedad? Modelo Mundial Latinoamericano”,
surgido como respuesta a las denuncias sobre “los límites de crecimiento”, sostiene que el
problema es distributivo y sociopolítico más que físico (el planeta no soportaría un crecimiento
ilimitado); se propone como solución un modelo de sociedad capaz de regular su consumo y
utilizar la tecnología de forma tal que crecimiento y ambiente evolucionen en armonía (Herrera
1975). Este modelo defiende la necesidad de crecimiento económico para garantizar un nivel
material de vida aceptable, progreso y modernidad son percibidos como símiles de desarrollo.30

Finalmente, toda resistencia, sobretodo la crítica dependentista en América Latina, fue


deslegitimada con el triunfo del neoliberalismo, potenciado por la caída de la URSS y las crisis
económicas atribuidas a las políticas intervencionistas de tinte keynesiano, a finales de 1980. El
rol del Estado, al ser vencido por el poder auto-regulador del mercado, se redujo a su mínima
expresión. Consecuentemente, el crecimiento económico volvía a ser visto como el generador
automático de desarrollo y recetas para la superación del subdesarrollo, como el conocido
Consenso de Washington, reaparecieron triunfalmente.

Los tres intentos truncados de derrocar la supremacía del carácter economicista del desarrollo
aquí mencionados, sin ser los únicos existentes, ejemplifican de manera suficiente la evolución
truncada del término desarrollo: cualquier idea de desarrollo distinta a la economicista termina
convergiendo en esencia a la necesidad de crecimiento económico (ver esquema).

30
El modelo de la Fundación Bariloche (Herrera 1975), se asemeja en esencia al modelo neoextractivista, adoptado
por los gobiernos progresistas sudamericanos en los 2000s, que legitima el daño ambiental provocado por las
actividades extractivistas con la necesidad de financiar proyectos de desarrollo social (ver Gudynas 2009 y 2010).

15
Elaboración: Propia

Cabe mencionar que un punto de coincidencia entre todas las derivaciones del término desarrollo
hacen mención, directa o indirectamente, a la idea de mejoramiento de la calidad de vida. El
fondo del debate sobre el desarrollo es el debate sobre ¿qué se entiende por calidad de vida?, las
críticas al concepto tradicional de desarrollo son también críticas a una visión simplista de
calidad de vida asociada a la mera satisfacción de necesidades materiales.

La inclusión de consideraciones tales como salud física y psicológica, educación, satisfacción


personal, entre otros, ha significado un reto para los académicos de la medición quienes han
propuesto, además del IDH (basado en el crecimiento económico), medidas de desarrollo basadas
en la auto-percepción de bienestar de los ciudadanos, por ejemplo, el índice de la felicidad.

En este sentido el trabajo sostiene que dichos avances son insuficientes para desligar al desarrollo
del crecimiento económico debido a que la percepción de satisfacción de los seres humanos
dentro de un sistema capitalista está indirectamente relacionada con factores económicos tales
como: poder de compra, empleo, nivel salarial, etc., es decir, de sus posesiones materiales, al

16
menos a corto plazo (para evidencia de ello ver, inter alia, Frey y Stutzer 2002; Stevenson y
Wolfers 2008)31

Desarrollos Alternativos Versus Alternativas Al Desarrollo

Desde la resistencia latinoamericana, varios autores han señalado la diferencia entre modelos
alternativos y alternativas a los modelos a decir de dos autores:

“…hay no solamente otras alternativas dentro de la modernidad misma, sino que hay alternativas
a la modernidad.” (Escobar 18, 2002)

“…no necesitamos alternativas, sino más bien maneras alternativas de pensamiento.” (Sousa
Santos 18, 2011)

En lo que al debate sobre desarrollo respecta, ésta diferenciación ha sido propuesta por Gudynas
(2011) quien sugiere, al identificar dentro de los enfoques heterodoxos de desarrollo, tanto
modelos de desarrollo alternativo como alternativas al desarrollo, los primeros son
insuficientes para desligar la concepción de desarrollo de la idea de crecimiento económico, es
decir, los primeros son alternativas dentro de la ideología del progreso y la modernidad mientras
que los segundos son alternativas más allá del progreso y de la modernidad.

Así, los desarrollos alternativos tienden a rectificar, reparar o modificar el desarrollo


convencional, “donde se aceptan sus bases conceptuales, tales como el crecimiento perpetuo o la
apropiación de la Naturaleza, y la discusión se enfoca en la instrumentalización de ese proceso”
(Gudynas 42, 2011). Mientras que las alternativas al desarrollo “apuntan a generar otros marcos
conceptuales a esa base ideológica [, es decir, exploran] otros ordenamientos sociales,
económicos y políticos de lo que veníamos llamando desarrollo” (Gudynas 42, 2011).

Gudynas argumenta que la naturaleza de la palabra desarrollo está viciada por su histórica
esencia economicista, por lo tanto, el término desarrollo en sí mismo es un término caduco para
expresar las alternativas propuestas desde Latinoamérica.

La coexistencia de éstos dos tipos de visiones alternativas al desarrollo puramente economicista


se entiende desde la reflexión de Sousa Santos (2011) sobre el fin de lo que no tiene fin. Por

31
A largo plazo, sin embargo, existe evidencia de una relación débil entre percepción de felicidad y crecimiento (ver
Easterlin 2013; Clark, Frijters y Shields 2008). Aunque débil, la existencia de dicha relación sostiene el argumento
aquí expuesto.

17
ejemplo, Sousa Santos, reflexionando sobre el sistema capitalista, afirma que “es tan difícil
imaginar el fin del capitalismo cuanto es difícil imaginar que el capitalismo no tenga fin” (Sousa
Santos 21, 2011).

En suma, la fractura del pensamiento crítico (heterodoxo) responde a la elección entre (i) dejarse
bloquear por la dificultad de imaginar el fin de algo (del capitalismo en el ejemplo de Sousa
Santos), lo que lleva a imaginar parches que minimicen los costos sociales de dicha opción, y (ii)
no dejarse bloquear por la dificultad (i) y vivir la dificultad de imaginar cómo sería el fin de ese
algo, y por lo tanto crear alternativas radicalmente distintas al status quo.

Siguiendo ésta reflexión, en el caso de la concepción de desarrollo, la ruptura del pensamiento


heterodoxo entre el planteamiento de desarrollos alternativos y alternativas al desarrollo
responde a la coexistencia de dos vertientes, por un lado, aquella que no puede imaginar al
desarrollo fuera del contexto económico capitalista globalizador actual y, por lo tanto, defiende
modelos de desarrollo que dejan intacta su esencia economicista (como, además de las opciones
revisadas en la sección anterior, el neoextractivismo progresista), es decir, defienden los
desarrollos alternativos.

Por otro lado, aquella vertiente que concibe al desarrollo como algo completamente
independiente del sistema económico instaurado y propone alternativas al desarrollo. En este
último caso, la dificultad radica en elegir entre alternativas pos-status quo – que imaginen al
desarrollo a partir de su concepción actual – y alternativas pre-status quo – que imaginen al
desarrollo desde antes de la misma existencia de su concepción actual, es decir alternativas pre-
capitalistas. La coexistencia de estas dos vertientes ha caracterizado el debate latinoamericano
sobre desarrollo en las últimas décadas. La Tabla 1 expone el esfuerzo clasificador de dichas
alternativas realizado por Gudynas (2011) añadiendo breves descripciones esclarecedoras.

Tabla 1. Desarrollos alternativos versus alternativas al desarrollo (adaptado de Gudynas 2011)

I. ALTERNATIVAS DENTRO DE LA IDEOLOGÍA DEL PROGRESO Y LA MODERNIDAD


Alternativas instrumentales clásicas
Desarrollo nacional-popular (a partir de la categoría gramsciana “nacional-popular”, también

18
denominado desarrollismo o viejo desarrollismo): En América Latina, como “desarrollo
nacional-popular” o “populismo” se conoce a la configuración entre Estado y sociedad civil
donde la clase popular, en lugar de constituirse como clase obrera contraria al capitalismo, se
constituyó como pueblo cooptado por el capitalismo (Fair 2010). El objetivo del desarrollo
nacional-popular era promover el desarrollo económico. Para lograrlo tanto empresarios
industriales como burocracia y trabajadores debían unirse en la competencia internacional con el
Estado como instrumento de acción. Ej.: La industrialización mediante sustitución de
importaciones latinoamericana.
Nuevo desarrollismo: Deriva del desarrollo nacional-popular y se diferencia de éste en que ni
defiende ampliamente medidas proteccionistas ni cree en el poder regulador incondicional del
mercado, además, otorga al Estado un papel más central. Sin embargo, continúa en la dinámica
de proponer medidas para que los países subdesarrollados alcancen a las naciones más prosperas
(Bresser-Pereira 2007).
Neoextractivismo progresista: Defiende las prácticas extractivistas (apropiación masiva de la
Naturaleza, economías de enclave, inserción global subordinada) desde el Estado legitimándolas
con el argumento de que los fondos recolectados son necesarios para financiar planes de
asistencia social y reducción de la pobreza, es decir, financian el desarrollo convencional
(Gudynas 2009a).
Alternativas enfocadas en las estructuras y los procesos económicos y el papel del capital
Alternativas socialistas, estructuralismo temprano, marxistas y neomarxistas, dependentistas,
neoestructuralismo (Lebowitz 2012).
Alternativas enfocadas en la dimensión social
Límites sociales del crecimiento (Hisch 1976).
Propuestas de otro desarrollo: desarrollo endógeno-local (Dag Hammarskjöld 1975, Moreno
1985)
Otras economías: doméstica, informales, campesina, indígena (González Meyer y Richards 2012)
Alternativas reaccionarias a los impactos ambientales
Eco-desarrollo o desarrollo sostenible.
Sustentabilidad débil: admite la necesidad de innovar los procesos productivos para reducir el
impacto ambiental: “la conservación es necesaria para el crecimiento económico” (Gudynas 15,
2009).

19
Sustentabilidad fuerte: observa que, a pesar que parte de la Naturaleza puede ser vista como
Capital Natural (ej.: árbol transformado en muebles), una reversión en la que el Capital de origen
humano se transforme en Capital Natural es imposible. En consecuencia, la conservación de la
Naturaleza más allá de su uso económico se vuelve necesaria (Gydynas 2009b).32
II. ALTERNATIVAS MÁS ALLÁ DEL PROGRESO Y LA MODERNIDAD
Convivencialidad (inversa a la productividad industrial): Mientras la relación industrial es
artificial en la medida en que enfrenta a un individuo con un interlocutor anónimo, la relación
convivencial es la interacción entre personas actoras de la creación de la vida social. Así, la
convivencialidad sustituye valores técnicos por valores éticos y valores materiales por valores
realizados (Illich 2006).
Desarrollo sustentable súper-fuerte: afirma que la valoración del ambiente va más allá de la
mera valoración económica, es decir, se debe tomar en cuenta valores culturales, ecológicos,
religiosos o estéticos, entre otros (Gudynas, 2009b). El desarrollo sustentable súper-fuerte
propone una perspectiva biocéntrica.
Ecología profunda: enfoque holístico del mundo que entiende a la humanidad como parte
integrante de su entorno ambiental, es decir, cada ser humano es uno con la naturaleza: la
ecología no es algo que pasa allí fuera, sino algo de lo cual el ser humano forma parte (Naess
1989). Corriente defensora del biocentrismo.
Crítica feminista: economía del cuidado, economía no mercantil (Carrasco 2006) y
ecofeminismo (críticas al desarrollo inspiradas en Merchant 1989).
Desmaterialización de las economías: Reducción sustancial del consumo de materia y energía,
además de la reorientación de las economías a la satisfacción de necesidades humanas.
Interculturalismo, pluralismo, ontologías relacionales, ciudadanías expandidas.
Buen vivir.
Adaptado de: Gudynas (2011)

Los desarrollos alternativos, brevemente expuestos en el bloque I A de la Tabla 1, tienen en


común su visión no contestataria a la esencia economista del desarrollo, todas ellas, en diversos

32
Tanto la sustentabilidad débil como fuerte tienen una perspectiva antropocéntrica (contraria al biocentrismo),
donde la meta de desarrollo es el crecimiento económico, por ésta razón ambos tipos de sustentabilidad aparecen
dentro de los desarrollos alternativos.

20
grados, defienden la necesidad de progreso económico y modernidad para el desarrollo. El
objetivo aquí no es repasar cada una de ellas sino, como se argumentará en la tercera parte de éste
trabajo, revelar el rol preponderante de las élites económicas como impulsoras de éste tipo de
desarrollo.

Las alternativas al desarrollo, expuestas en la parte II de la Tabla 1, por su parte, al ser


concepciones radicalmente distintas al paradigma progresista dominante, es decir, al
corresponder a cosmovisiones distintas a la eurocéntrica y antropocéntrica, ponen en tela de
juicio el rol de las élites económicas. Se argumenta, en consecuencia, que el rol de estas élites
económicas, dentro de las alternativas al desarrollo, es insignificante, por no decir inexistente. La
discusión se basará en tres aportes alternativos conocidos bajo las denominaciones:
postdesarrollo, epistemologías del sur y buen vivir.

A excepción del buen vivir, éstas contribuciones no se mencionan explícitamente en la


clasificación de Gudynas (2011) – Tabla 1, panel II –, a pesar de ello, estos aportes constituyen
visiones alternativas del desarrollo íntimamente relacionadas con la clasificación anterior. Su
elección responde a la necesidad de enfocarnos en ideologías y paradigmas más que en
propuestas específicas, cada una de ellas se revisa a continuación.

Postdesarrollo, Epistemologías Del Sur Y Buen Vivir

El término postdesarrollo aparece a inicios de los años 1990s como reacción a la publicación, en
1992, del Diccionario del Desarrollo (Sach 1992) afirmando, en su primera página, que: “Los
últimos cuarenta años pueden denominarse la era del desarrollo. Esta época se acerca a su fin.
Es el momento indicado de redactar su esquela de defunción” (Sachs 1, 1992). Esta afirmación,
al marcar el fin de la era del desarrollo dio cabida a aseveraciones sobre el comienzo de la era
del postdesarrollo y despertó el interés de un gran número de académicos y hacedores de política
(ver, inter alia, Escobar 1991, 1996, 2000, 2004; Rahnema y Bawtree, 1997).

La idea de postdesarrollo, sin embargo, no hace referencia a una época o era posterior, no es un
periodo histórico, no propone modelos de un próximo desarrollo sino que se constituye en un
cuestionamiento al discurso – incluyendo tanto las ideas y conceptos organizados como la
institucionalidad y las prácticas.

21
En efecto, la idea de postdesarrollo, al originarse de la crítica postestructuralista (de allí el prefijo
post), no se centra en proponer otra visión de, sino en cuestionar “los modos en que Asia, África y
Latinoamérica llegaron a ser definidas como ‘subdesarrolladas’ y, por consiguiente, necesitadas
de desarrollo.” (Escobar 18, 2005). Este cuestionamiento drástico, al platear interrogantes sobre
una amplia paleta de aspectos tales como los programas de ayuda, las metas de desarrollo y su
planificación, la institucionalidad del desarrollo (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional,
Organización de Naciones Unidas), el rol de los expertos y técnicos del desarrollo, la producción
de saberes etiquetados como válidos y objetivos así como la invalidación de otros saberes (ver
Rahnema y Bawtree, 1997 y Escobar 2004), abre las puertas a las denominadas alternativas al
desarrollo. Concebimos entonces al posdesarrollo como la noción integradora de las ideas
alternativas expuestas anteriormente.

Uno de los elementos cruciales advertidos por la crítica postestructuralista es la exclusión


inherente al proyecto de desarrollo convencional economicista: los saberes, las voces y
malestares de aquéllos quienes, paradójicamente, deberían beneficiarse del desarrollo son
totalmente ignoradas por los profesionales del desarrollo y sus instituciones. Así, no es
sorprendente que en la conformación de la postura de postdesarrollo hayan jugado un papel
relevante varios latinoamericanos entre los que destacan Gustavo Esteva (activista mexicano) y
Arturo Escobar (antropólogo colombiano).

Pensar en postdesarrollo es concebir el inicio de un periodo en el que el desarrollo convencional


ya no sea el núcleo organizador de la vida social (Escobar 1991), dejar de lado la visión de
desarrollo enfocada únicamente en los estándares occidentales (Mohanty 1991). Se busca re-
valorizar las culturas autóctonas, y admitir “la necesidad de depender menos de los
conocimientos de expertos y más de los intentos de la gente común de construir mundos más
humanos, así como cultural y ecológicamente sostenibles” (Escobar 2005).

Por lo tanto, la idea de postdesarrollo subraya la importancia de tomar en serio a los movimientos
sociales y movilizaciones de base como constructores de su propia idea de desarrollo (Shiva
1993, Rahnema y Bawtree 1997, Esteva y Prakash 1999). Así, según Escobar (2005) la idea de
postdesarrollo se refiere a:

“La posibilidad de crear diferentes discursos y representaciones que no se encuentren tan


mediados por la construcción del desarrollo (ideologías, metáforas, lenguaje, premisas, etc.)”

22
(Escobar 67,2005); por lo tanto, la necesidad de cambiar las prácticas de saber y hacer y la
“economía política de la verdad” que define al régimen del desarrollo; por consiguiente, la
necesidad de multiplicar centros y agentes de producción de conocimientos.

Esta construcción implica hacer visibles las formas de conocimiento producidas por aquéllos
quienes supuestamente son los “objetos” del desarrollo para que puedan transformarse en sujetos
y agentes de acción; dos maneras especialmente útiles de lograrlo son para el autor: 1) enfocarse
en las adaptaciones, subversiones y resistencias que localmente la gente efectúa en relación con
las intervenciones del desarrollo (como con la noción de “contra-labor” que se explicará más
abajo); y, 2) destacar las estrategias alternas producidas por movimientos sociales al encontrarse
con proyectos de desarrollo.

Este contexto ideológico acoge la concepción de visiones tales como el buen vivir. El
denominado buen vivir proviene de aportes tendientes a recuperar ciertas posturas y
cosmovisiones indígenas. En el caso ecuatoriano, el buen vivir o sumak kawsay es una propuesta
del movimiento indígena forjada desde las bases, que combinada con propuestas ecologistas, es
legitimada por la Asamblea Constituyente de 2008 la que le otorga el denominativo de buen vivir.

La concepción del sumak kawsay revindica una historia de resistencia de 500 años de
colonización del mundo indígena que toma fuerza en 1990 con el levantamiento del Inti Raymi33.
Para ese entonces, el movimiento indígena ecuatoriano se encontraba organizado y jurídicamente
constituido como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Sin
embargo, su conformación y fuerza organizativa se consolidará con las movilizaciones de los
noventa cuyas demandas giran principalmente en torno a temáticas agrarias, territoriales, medio
ambientales, además de la demanda del reconocimiento en la Constitución del Estado
Plurinacional.

Durante los noventa el movimiento indígena ecuatoriano diversifica su agenda programática y


entra en diálogo con otros actores. Según Kowii “el levantamiento nacional de 1990 fue el inicio
de muchos cambios, entre ellos la inclusión del Movimiento Indio en el escenario nacional (…)
Los aportes del levantamiento son muchos, el tema de la identidad, el mestizaje, el acuñamiento

33
ver Sánchez Parga 1992.

23
e innovación de conceptos como nacionalidad, plurinacionalidad, interculturalidad” (Kowii 45,
1997).

En 1994, la CONAIE pública su Proyecto Político estableciendo sus principios políticos e


ideológicos (entre los que destacan plurinacionalismo, comunitarismo y unidad en la diversidad)
y su plan de acción (organizado en tres campos de acción: político, económico y de identidad y
cultura). El Proyecto Político de la CONAIE cuestiona además la existencia de un Estado
uninacional burgués y plantea la necesidad de contar con una Nueva Carta Política (CONAIE
1994).

En 1996, la organización indígena crea el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-


Nuevo País con el que toma parte activa en la vida política ecuatoriana. Consecuentes luchas
impulsarán las reformas constitucionales de 1998 y 2008. Siendo la reforma de 2008 la que dará
origen al buen vivir.

Las demandas del movimiento indígena propiciarán que la Constitución de 1998 reconozca el
carácter pluricultural y multiétnico del Estado ecuatoriano (Dávalos 39, 2003), mientras que la
Asamblea Nacional Constituyente de 2008 reconocería además al Ecuador como Estado
Plurinacional – la propuesta indígena señala que la construcción del Estado Plurinacional
implica: interculturalidad34, transformación del Estado y de los poderes económicos, políticos y
socioculturales hegemónicos35 y el autogobierno36. Además, la propuesta del movimiento
indígena dentro de la reforma constituyente de 2008 incluye la nacionalización y no privatización
de la biodiversidad y los recursos naturales, frente a lo cual se propone la construcción de un
modelo económico social, solidario, ecológico, equitativo, soberano, planificado e incluyente
(CONAIE 2007).

El debate nacional constituyente ecuatoriano dentro la Asamblea Nacional de 2008, presidida por
Alberto Acosta, será la cuna de la legitimación del sumak kawsay como proyecto político

34
La interculturalidad significa la valoración de todas las expresiones dentro de una unidad de los pueblos,
nacionalidades indígenas y no indígenas.
35
La transformación del Estado y de los poderes económicos, políticos y socioculturales hegemónicos busca la
democratización de las instituciones y la posibilidad de que sea la sociedad la que controle el aparato estatal para lo
cual se prevé figuras como la revocatoria del mandato, control social y rendición de cuentas.
36
El autogobierno significa reconocer el derecho de los pueblos a sus propias formas de autoridad, reconocer un
territorio no solo para reproducirse físicamente sino para practicar una forma de vida, un modo de vivir en el mundo,
una civilización. El gobierno territorial comunitario realizaría el manejo y protección de la biodiversidad y sus
recursos naturales, así como de instituciones locales que manejan como la educación y la salud.

24
alternativo a la visión convencional de desarrollo. Esta expresión se gesta directamente de los
actores sociales y sus luchas contrahegemónicas y, por lo tanto, ejemplifica una visión alternativa
válida. El buen vivir se aleja de las visiones convencionales de desarrollo – a saber, crecimiento
económico, antropocentrismo, progreso y modernidad – y se enfoca en el bienestar de los seres
humanos desde sus propias afectividades y creencias (Acosta 2008, Gudynas 2011).

Al romper con el antropocentrismo y orientarse al biocentrismo reconoce valores ambientales


intrínsecos rompiendo así la dicotomía sociedad-Naturaleza. El buen vivir, como expresión de los
saberes tradicionales, particularmente andinos, no se restringe al sumak kawsay ecuatoriano, sino
que acoge posturas similares como el suma quamaña boliviano, y se nutre de posturas
tradicionales críticas como el ecologismo, biocéntrico y el feminismo.

Los diferentes abordajes alternativos han llevado a la reflexión de que la modernidad y el


progreso representan un tipo peculiar de ontología (manera de ser y entender el mundo), que
subordina la Naturaleza bajo una jerarquía que propicia su manipulación y destrucción (Gudynas
87, 2011). Así, se propone un distanciamiento de la ontología eurocéntrica como único forma de
construcción de alternativas.37 Las denominadas epistemologías del sur se desprenden de esta
reflexión (Sousa Santos 2011). Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués, entiende a las
epistemologías del sur como:

“… el reclamo de nuevos procesos de producción y de valoración de conocimientos válidos,


científicos y no científicos, y de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a partir
de las prácticas de las clases y grupos sociales que han sufrido de manera sistemática las injustas
desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo y por el colonialismo.” (Sousa
Santos 35, 2011)

En este sentido, las epistemologías del sur denuncian la necesidad de devolver el protagonismo a
los pueblos tradicionalmente beneficiarios de planes de desarrollo economicista y validando su
opinión en la construcción de alternativas pro-bienestar.

Las epistemologías del sur parten de dos premisas: (i) “la comprensión del mundo es mucho más
amplia que la comprensión occidental del mundo” (Sousa Santos 35, 2011) y (ii) “la diversidad
del mundo es infinita, una diversidad que incluye modos muy distintos de ser, pensar y sentir, de
37
Esta idea se relaciona íntimamente con las denominadas ontologías relacionales. La discusión sobre las ontologías
relacionales escapa del alcance del presente trabajo.

25
concebir el tiempo, la relación entre seres humanos y entre humanos y no humanos, de mirar el
pasado y el futuro, de organizar colectivamente la vida, la producción de bienes y servicios y el
ocio” (Sousa Santos 35, 2011). Platea, por lo tanto, una desvinculación radical con las
alternativas tradicionales para dar paso a un pensamiento alternativo de alternativas. Una tal
mutación ideológica desde el sur requiere lo que Sousa Santos califica como: ecología de saberes
y traducción intercultural.

El proceso de construcción de pensamientos alternativos pensado desde la ecología de saberes


parte de reconocer la inexistencia de ignorancias o conocimientos generales y dar paso a una
revalorización de diversos tipos de saberes:

“…la ignorancia es ignorante de un cierto conocimiento, y todo el conocimiento es el triunfo de


una ignorancia en particular. Aprender ciertas forma de conocimiento puede suponer olvidar otras
y, en última instancia, volverse ignorante de ellas. En otras palabras, en la ecología de saberes, la
ignorancia no es necesariamente el Estado original o el punto de partida; puede ser el punto de
llegada. Por ello en cada fase de la ecología de saberes es crucial cuestionar si lo que se está
aprendiendo es valioso, o si debería ser olvidado o no aprendido. La ignorancia es solamente una
forma descalificada de ser y hacer cuando lo que se ha aprendido es más valioso que lo que se
está olvidando. La utopía del inter-conocimiento es aprender otros conocimientos sin olvidar el
propio. Esta es la idea de la prudencia que subyace en la ecología de saberes.” (Sousa Santos 36,
2011)

La traducción intercultural por su parte se refiere a crear inteligibilidad mutua entre experiencias
diversas ya sean disponibles o posibles. Se trata de un esfuerzo de comprensión entre iguales, por
lo tanto, elimina preconcepciones sobre verdades válidas o inválidas: no atribuye a ningún acervo
de experiencias ni la cualificación de totalidad exclusiva ni de parte homogénea. “Las
experiencias del mundo son tratadas en momentos diferentes del trabajo de traducción como
totalidades o partes y como realidades que no se agotan en esas totalidades o partes. Por
ejemplo, ver lo subalterno tanto dentro como fuera de la relación de subalternidad.” (Sousa
Santos 37, 2001)

La traducción de saberes viabiliza la ecología de los saberes: sin inter-comprensión ninguna


construcción de pensamientos alternativos es posible. Traducir los saberes es un ejercicio de
hermenéutica diatópica, es decir, “de interpretación entre dos o más culturas con el objetivo de

26
identificar preocupaciones isomórficas entre ellas y las diferentes respuestas que proporcionan.”
(Sousa Santos 37, 2001).

La interconexión entre las epistemologías del sur y el buen vivir se hace evidente al revisar dos
ejercicios de hermenéutica diatópica: “El primero consiste en la traducción entre diferentes
concepciones de la vida productiva entre las concepciones de desarrollo capitalista y, por
ejemplo, la concepción de swadeshi propuesta por Gandhi, o la concepción de sumak kawsay de
los pueblos indígenas.” (Sousa Santos 39, 2001).

En suma podemos decir que todas las concepciones del postdesarrollo, buen vivir y
epistemologías del sur resultan ser íntimamente interdependientes y constituyen un reto mayor
para las élites económicas tradicionales quienes pasan de ser actores principales a ser simples
espectadores de las dinámicas alternativas al desarrollo que son impulsadas por los sectores
subalternos.

Tercer Momento: Conclusiones

En el tercer momento se intentará articular ambos conceptos al calor de un ejemplo concreto, la


reforma agraria de los años 60 en el Ecuador.

Durante los sesenta las élites locales lograron establecer objetivos comunes para frenar la reforma
agraria, la burguesía nacional y la oligarquía terrateniente unieron fuerzas para no permitir la
redistribución de tierras que impulsaban los gobiernos militares. Se alinearon a corporaciones
multinacionales logrando expandir las demandas de la clase media y lograr inversiones con
capital extranjero. La burguesía nacional se articuló con multinacionales manufactureras y al
mismo tiempo conservó sus lazos previos con la oligarquía terrateniente. El resultado fue una
modernización pro-industrial urbana legitimada desde la ciudadanía. El sector campesino migró a
la ciudad para trabajar en el incipiente sector fabril.

En este periodo vemos un fuerte sesgo urbano que cuenta con el consentimiento social que adopta
el proceso como desarrollo de país, el apoyo del Estado, la presión internacional y el apetito de
las élites modernizadoras en alianza con grupos económicos urbanos, comerciantes, financieros
que buscan el progreso, la modernidad, la ciudad industrial. En consecuencia, lo rural es
estigmatizado como lo contrario, lo rústico, lo atrasado, lo indígena cerrando tota posibilidad a
que el país entre al llamado buen vivir o se piense desde la alternativas al desarrollo.

27
Durante las reformas agrarias en el Ecuador tenemos dos tipos de sociedades distintas pero
articuladas, la rural representada por las élites señoriales y la urbana representada por la
burguesía comercial, ambas disputan un modelo de desarrollo específico que pugna por
consolidar su poder desde el Estado, pero que al mismo tiempo comparten alianzas y estrategias.
Polarizar esta relación entre feudalismo y el capitalismo es para Stavenhagen erróneo, en la
medida en que esta lectura se aleja del reconocimiento histórico de que ambas sociedades surgen
de “una sola sociedad global de la que ambos polos son partes integrantes” (Stavenhagen 35,
1981).

Las zonas arcaicas del 60 y 70 en las reformas agrarias no eran sociedades duales sino que
padecían - mantenían un colonialismo interno38 que era producto de un proceso histórico
arraigado en tres factores. El colonialismo, el patriarcado y el capitalismo. El colonialismo
interno provocó que las élites en Ecuador se configuren sobre la base de la concentración de la
tierra y la agroexportación, principalmente se han asentado en la costa y en la sierra, surgen a raíz
de la exportación del cacao, del banano y de la caña de azúcar. Es decir, dentro de un ciclo
económico determinado, en gran parte, por los ciclos económicos del mundo occidental, sujetos a
los requerimientos del mercado internacional, lo que nos lleva reconocer que las burguesías
nacionales pactaron con el capital extranjero para crecer al amparo de la demanda externa
(Zapata, 2012).

Estas economías del boom logran afianzar a grupos de terratenientes y comerciantes asentados en
Guayaquil y Quito39. Liisa North sostiene que “…las principales instituciones de estas dos élites
eran sus respectivas cámaras de agricultura, industria y comercio, como también sus Bancos,
ubicados en las grandes ciudades” (North 67, 2006). Podemos ver que la Burguesía era parte de
la estructura de dominación vigente, y coincidían en intereses de clase entre el Estado y la
oligarquía terrateniente, por tanto estaban más encaminas a un desarrollo basado en el
crecimiento económico.

38
Suscribo esta visión desde lo que sostiene Zapata cuando dice que el colonialismo interno dentro de la estructura
económica tiene un estilo de desarrollo en América Latina, que en vez de estar orientado a satisfacer las necesidades
de los grupos mayoritarios de la población, se dirige a satisfacer las de los grupos sociales ubicados en lo más alto
de la jerarquía social, en términos de ingreso, educación y salud. Por lo tanto el concepto idóneo para explicar la
sociedad ecuatoriana durante la reforma agraria no es la de sociedad dual sino la de colonialismo interno. (Zapata,
2012)
39
A partir del boom bananero, se inauguran empresas exportadoras que sientan las bases de un “embrionario sector
oligopólico”.

28
A continuación, presento un cuadro que muestra los vínculos de las élites durante la reforma
agraria, con el fin de demostrar que tal como lo defiende la tercera tesis:

No existe ninguna razón estructural para que la burguesía nacional y la oligarquía


latifundista no se entiendan; por lo contrario, se complementan muy bien. Y en aquellos
casos en que surgen posibles conflictos de intereses (por ejemplo, con respecto a alguna
legislación que beneficie a una de estas clases y perjudique a otra) no falta un gobierno
burgués o militar conciliador que proporcione a los sectores perjudicarlos amplías
recompensas (Stavenhagen, 1981).

29
Cuadro No. 1: ÉLITES Y CONCENTRACIÓN DE RECURSOS

Actividad Recurso Lazos de


Autor Región Cantidad Detalle Incidencia política
económica productivo parentesco
Diez imperios
Importación
empresarios
exportación
55 empresas Elite cerrada Dominación de
Financieros Tierra, dos bancos
industriales Familiares y asociaciones de
Manufactureros concentran el 72% de Conformada a
Hanson Costa directorios productores costeños,
22 casas los depósitos de la partir del boom
Plantaciones entrecruzados cámaras de comercio
comerciales provincia del Guayas bananero. agricultura e industria
Medios de
11 empresas
comunicación
financieras

Todos los sectores Oposición Dimensión


Navarro Guayaquil 103 Tierra Economía, política
de la economía banquera libanesa nacional

Control de un
Compañías
Conaghan Exportadores Guayaquil 98 Tierra pequeño grupo Inversión industrial
múltiples
familiar

Industria textil Lazos Alianzas entre Menor concentración


Sierra norte
Hanson 57 Tierra matrimoniales y élites viejas y económica que en
Comercial Quito
familias nuevas Guayaquil

Dominio
Comercial Tierra Lazos familiares, institucional,
Sierra sur vínculos con agrícola, Terratenientes – urbanos
Brownrigg Industrial 70 Monopolio de
Cuenca disciplinas jerarquía eclesial empresarial, legal, nobles de Cuenca
Bancario académicas y poder político educacional,
político

Fuente: Trabajados de los autores. Elaboración: propia

30
El cuadro demuestra que las élites mantienen proyectos comunes sobre aspectos
determinados, tanto en los intereses de los terratenientes cuanto en los intereses de la
burguesía comercial importadora-exportadora. Vemos en este cuadro que la burguesía
encuentra en la oligarquía terrateniente más bien un aliado para mantener el colonialismo
interno y aumentar los PIB del país, el cual en última instancia beneficia por igual a las
élites y empobrecer a los campesinos.

Así mismo podemos notar que el desarrollo de las áreas modernas urbanas e industriales de
América Latina en general y en particular en Ecuador en las reformas agrarias se hace a
costa de las zonas rurales, atrasadas, arcaicas y tradicionales. Es decir que

La canalización de capital, materias primas, géneros alimenticios y mano de obra


proveniente de las zonas "atrasadas" permite el rápido desarrollo de los "polos de
crecimiento" y condena a las zonas proveedoras al mayor estancamiento y al
subdesarrollo. La relación de intercambio entre los centros urbanos modernos y las
zonas rurales atrasadas es desfavorable a éstas, como lo es para los países
subdesarrollados en su conjunto la relación de intercambio entre ellos y los países
desarrollados (Stavenhagen, 1981).

Se sustenta esta realidad cuando Zapata recupera esta tesis y dice que el carácter del
modelo de desarrollo exportador es cíclico y da lugar a crisis internas cuando la demanda
internacional se interrumpe, este desarrollo es totalmente economicista.

En este sentido se evidencian “tres concentraciones de poder, político, económico


organizado regionalmente y redes familiares monopolizadoras” (North 34, 1985).
Siguiendo el planteamiento inicial de este trabajo se puede afirmar que ellites y desarrollo
son conceptos teóricos que en la realidad ejercen poder, de ahí la importancia de estudiarlos
en articulación con el Estado. Toda la acumulación económica inicial se asienta en las
zonas rurales, las élites por medio de la concentración de tierra logran acumular poder, no
solo económico sino político.

Y me suscribo a lo que la tercera tesis de Stavenhagen afirma cuando dice que, en ninguna
parte en América Latina existe un capitalismo nacional y progresista, ni existen las

31
condiciones internacionales para que éste se desarrolle, en el Ecuador las élites jamás
tuvieron un proyecto nacional de desarrollo ni basado en la visión economicista el termino
y menos aún en la visión de buen vivir, únicamente son élites que buscan acumular en base
a la renta, ampliar los mercado interno y externos y no diversificar su producción. En
consecuencia no tuvieron una lectura progresista de la política de Estado, ni de las
relaciones de éste con la sociedad en general y su visión de desarrollo es retrograda.

Mientras que su forma de ver la política era conservadora y poco o nada progresista, su
objetivo era ser una elite intermediaria con el mercado internacional. Durante este periodo
vemos con claridad que la "burguesía nacional" de los países latinoamericanos no tienen en
ninguna parte el poder o la influencia suficiente para hacer sentir realmente sus intereses
(Stavenhagen, 1981), y al no tener esa fuerza no pueden consolidar un proyecto nacional
que derive en un régimen democrático liberal mediante el desarrollo de un mercado interno
de consumidores suficientemente amplio (Andrade, 2009). Es decir que el crecimiento de
las zonas modernas es posible únicamente debido a la actual estructura social y económica
en las zonas atrasadas.

Lo que tenemos entonces es un modelo de desarrollo basado en la concentración de la


tierra, destinado a la agro-exportación. Dentro de este espacio de reproducción de capital se
asienta la población rural, anclada a relaciones de explotación precapitalistas, como el
concertaje40. La vigencia del concertaje es garantizada por el colonialismo interno que
ejercen las élites; además a partir de esta complicidad se acentuaron relaciones económicas
como la renta en especie, renta en dinero, renta en trabajo, sembradura, etc.

Durante la época de conformación de las élites vemos que hay tres polos de funcionamiento
económico que las van aglutinando en objetivos comunes: en primer lugar, se alinean para
asociarse con corporaciones multinacionales que ven en la expansión de las demandas de la
clase media un área de inversión atractiva que cuenta con el respaldo del Estado en base a
la ley de promoción industrial, lo que género que “los industriales se liguen directamente

40
El campesino se concertaba o comprometía “voluntariamente” a trabajar en la hacienda a cambio de un
pago que en la práctica no llegaba a pagarse nunca, porque el concierto se veía permanentemente obligado a
solicitarlo por adelantado. Dada la cantidad de tributos y obligaciones de los indígenas sus condiciones de
vida eran precarias

32
con las multinacionales manufactureras, mientras conservaban sus lazos previos con el
capital extranjero en sus intereses no industriales” (North 56, 1985).

En este sentido vemos que la historia da cuenta de que las reformas agrarias fueron
únicamente una estrategia para frenar las revoluciones campesinas, la reforma agraria del
Ecuador se sujeta a lo que defiende la cuarta tesis de Stavenhagen, es decir que todas las
"reformas agrarias" son insuficientes para mantenerse al nivel del crecimiento natural de
la población campesina, y mucho más para redistribuir la tierra o quebrar la estructura
del poder en el medio rural (Stavenhagen, 1981).

En el periodo de los gobiernos militares se pone en práctica la iniciativa por reformas


estructurales para la modernización pro-industrial urbana que genera consensos sociales.
Esta etapa provoca una migración importante campo – ciudad con la intención de trabajar
en el sector fabril en las ciudades. Las élites portadoras de esta iniciativa logran fortalecer
su poder no solo por la modernización o la búsqueda de desarrollo (crecimiento
económico), que es apoyada por el Estado, sino por la expansión de sus actividades
económicas, pero sobre todo por sus vínculos con capitales extranjeros. La dinámica
industrial logra consolidar una lógica productiva a gran escala41 con el consenso general:

“Toda la sociedad políticamente organizada estaba de acuerdo sobre la primacía de


la industrialización, la industrialización promovería el desarrollo de una burguesía
nacional que desafiaría el dominio de las oligarquías tradicionales y la dependencia
a los centros imperialistas destruyendo las relaciones de producción precapitalistas
iniciando la transición al capitalismo, al crear la clase antagónica: el proletariado”
(North, Implementación de la política económica y la estructura del poder político
en el Ecuador, 1985).

41
Esta dinámica sigue vigente: la productividad es medida tonelada por hectárea, producción que requiere de
grandes extensiones de tierra, grandes cantidades de agua y en general genera poca mano de obra. Y está
destinada a un solo cultivo que habitualmente es para la exportación. Esta visión genera desacuerdos, sobre
todo con los sectores campesinos indígenas agroecológicos que promueven que la producción se mida desde
la “productividad total de factores” que no requiere de grandes cantidades de tierra, ni de agua, genera mayor
empleo y sus productos son de consumo familiar alimenticio. El debate es complejo, dado que la primera
conlleva altos niveles de rendimiento y ganancias en términos económicos, mientras que la segunda es de
subsistencia.

33
Lo que podemos notar en este periodo es un fuerte sesgo urbano, no solo desde las élites
sino desde los sectores sociales, es decir que el desarrollo en general era concebido
únicamente como aumentar el PIB, agrandar a la clase meda consumidora y no tomaba en
cuenta las externalidades para la naturaleza ni para los sectores subalternos. Esta visión de
desarrollo contó con el consentimiento social, el apoyo del Estado, la presión internacional
y el apetito de las élites modernizadoras en alianza con grupos económicos urbanos,
comerciantes, financieros que buscan el “desarrollo, progreso, modernidad”.

El campo también sufrió de procesos de modernización, que en última instancia


beneficiaron a grandes y medianos propietarios. Los programas estatales de modernización
agrícola dejaron de lado a los pequeños productores, que se quedaron al margen de la
modernización urbana; la producción a gran escala en la zona rural no requería de mano de
obra significativa, y la política de precios perjudicó a la economía campesina. Las grandes
propiedades mecanizadas, pudieron bajar sus costos de producción e incrementar sus
ganancias.

En este escenario, lo agrario se queda en la “cuestión social” (IDH) y es el punto álgido


para el consenso (no así la modernización urbana). Varios sectores campesinos exigen
reforma agraria, se organizan grupos en la costa y la sierra como la FEI42. En 1964, durante
el gobierno militar se dicta la primera ley de reforma agraria, que genera conflictos y
consensos; el debate sobre su aplicación fue nacional, público y académico. La discusión
central trataba sobre la afectación a la propiedad privada, limitar la concentración de tierra
(límites máximos) y redistribuir tierra a campesinos.

Las élites, frente a estas aspiraciones campesinas, se unieron: los sectores financieros,
comercial, urbano apoyaron a los terratenientes en defensa de la propiedad privada. No
hubo apoyo para que se dieran reformas distributivas. Las tensiones fueron calmadas con
la abolición de las relaciones productivas precapitalistas, como el concertaje y otros. Se
creó así una clase media rural que se fortaleció en la llamada expansión de la frontera
agrícola mediante la colonización. Al respecto North dice que: “La reforma agraria no
intentaba ni fue diseñada para lograr una significativa redistribución de la tierra o para

42
Federación Ecuatoriana de Indios

34
reducir la desigualdad social, por el contrario, fue diseñada como parte de una estrategia de
transferencia de capital para crear una burguesía urbana para reducir el valor del excedente
agrícola, mantener bajos los salarios urbanos y estimular la producción industrial” (North,
80, 1985).

La incidencia de las élites estancó la reforma agraria, North nos lo muestra claramente
cuando habla de la conformación del consejo ejecutivo del IERAC 43: los terratenientes de
la sierra y la costa se unieron con el fin de asegurar que ni los trabajadores agrícolas ni los
campesinos estuvieran representados en el consejo. En condiciones similares, los militares
en el 73 buscan reorientar la reforma agraria trunca del 64; sin embargo, las élites vuelven a
aliarse y minimizan los contenidos de la ley de reforma agraria de 1973.

La reforma agraria impulsada por la ola de modernización, es como sostiene Zapata el


“resultado de las luchas entre los intereses de las clases dominantes con aquellos de las
clases dominadas en ambos componentes, los que no se pueden reducir a cuestiones
económicas sino que deben incluir el afán de la dominación y el control de la acción de los
grupos subordinados por parte de las élites dirigentes” (Zapata, 2012). En suma, el
desarrollo queda en manos de las élites aliadas al Estado para mirar el crecimiento
económico como desarrollo y bienestar.

Finalmente, para el caso ecuatoriano es notorio que las élites hayan provocado un
desarrollo economicista y limitado a sus intereses de clase, su “ola de modernización” fue
especialmente urbana, mientras que lo rural que limitado a programas asistenciales y no la
intención de distribuir recursos productivos como la tierra; los vínculos con capitales
extranjeros abrieron la puerta a la participación de las élites en mercados internacionales. Si
bien tienen carácter regional, es notorio que las élites también mantienen lazos familiares y
se unifican para someter a la sociedad en su conjunto cuando ven amenazados sus intereses.

43
Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización

35
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