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El contenido y la forma de esta obra, muestran por sí mismo las horas,

días y meses que el autor ha debido emplear para recopilar, estudiar,


seleccionar y organizar el riquísimo material que nos propone.
El Padre Jacques D'Arcy S., pss, coloca en manos de los señores
obispos, predicadores de retiros, profesores de liturgia, formadores de
seminarios y los mismos elegidos para el sacerdocio, una obra que
llena un vacío bastante sensible en los seminarios, cuando se trata de
buscar elementos doctrinales claros referentes al Rito de Admisión
(Candidatura), Ministerios y Órdenes.
El autor presenta con acierto la parte histórica, teológica, canónica,
litúrgica y espiritual, tanto del Rito de Admisión como de los
Ministerios y Órdenes Sagradas. Desarrolla pedagógicamente el
contenido global de cada uno de esos momentos fuertes de presencia
del Señor Jesús en quienes se preparan para el ministerio presbiteral.
Esta visión de conjunto permite degustar la riqueza de los ministerios
ordenados como del misterio de la Iglesia centrada en la presencia
constante y real de Jesucristo.
La riqueza de textos de la Sagrada Escritura, contenidos en los
rituales y leccionarios, como del magisterio de la Iglesia, hacen de
este manual una obra imprescindible en las bibliotecas de los
seminarios y casas de formación de religiosos de América Latina y el
Caribe.
UNIVERSITARIA
AGUSTINIANA

BUA0010257
9789586254298
c•
2 jr CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO

<u Manual de Preparación


al Rito de Admisión,
Ministerios y Órdenes
Sagradas
un

, ,
Aspectos históricos teológicos canónicos}
funcionales, litúrgicos y espirituales

Jacques D'Arcy S., pss

COLECCIÓN DE TEXTOS BASICOS PARA


SEMINARIOS LATINOAMERICANOS

TELAL IX- Tomo 2


7
I
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO

Manual de Preparación
al Rito de Admisión, Ministerios
y Órdenes Sagradas
Aspectos históricos, teológicos,
canónicos, funcionales, litúrgicos y espirituales

Tomo II

Jacques D’ARCY S. pss

Teología para la Evangelización Liberadora


en América Latina
TELAL - IX-7 / Tomo II - Parte H (Sección Tercera)
Santa Fe de Bogotá, D.C. > Colombia
Con las debidas licencias eclesiásticas.
© Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM
Derechos Reservados Carrera 5 N® 118-31
Apartado Aéreo 51086 Email: celam@cetam.org
Tels: (571) 6121620, 6714789 Fax: (571)
6121929 Santafé de Bogotá, D.C., 1998

ISBN 958-625-079-2 (Colección Completa)


ISBN 958-625-429-1 (Tomo II)
Edición Primera 500 ejemplares
Diseño Carátula:
Diseño CELAM - Alexis Cerquera
Diseño y Diagramación:
Doris Andrade B.

impresión:
Lito Esfera Ltda.
Tel: 2682929 - Santa Fe de Bogotá Impreso en

Colombia - Printed in Colombia


En filial agradecimiento a Pablo VI por su coraje para llevar a
cabo la reforma pedida por el Concilio Vaticano II y, de manera
especial, a mis padres a quienes debo tanto de mi vida cristiana y
sacerdotal. Y finalmente, agradezco a todos los formandos y
formadores de nuestros Seminarios Mayores de América Latina,
que sin saberlo me estimularon a realizar este trabajo de
investigación y a quienes se lo dedico.
SUMARIO DE LA OBRA

PARTEI
El RITO DE ADMISIÓN

Sección I: El Rito de Admisión de los candidatos a las Órde


nes sagradas del diaconado y del presbiterado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Rito de Admisión


Capítulo 2: Naturaleza y significación teológica del Rito de
Admisión
Capítulo 3: Aspectos canónicos del Rito de Admisión
Capítulo 4: Preparación y celebración litúrgica del Rito de
Admisión en el Pontifical Romano Resonancias
Capítulo 5: espirituales del Rito de Admisión en los candidatos a
la Orden sagrada

Apéndice I

§ I Documentos del Magisterio de la Iglesia acerca del Rito de


Admisión
§ II Textos litúrgicos para el Rito de Admisión § m Formularios de
petición y respuesta al Rito de Admisión § IV Cuestionario sobre el
Rito de Admisión

PARTEH
LOS MINISTERIOS INSTITUIDOS
(LECTORADO Y ACOLITADO)

Sección I: Los ministerios instituidos (no ordenados) en la Iglesia


latina

Capítulo 1: Reseña histórica sobre los ministerios instituidos (no


ordenados)
7
Los Ministerios Instituidos

Capítulo 2: Naturaleza y significación teológica de los ministe-


ríos instituidos
Capítulo 3: Aspectos canónicos comunes a ambos ministerios
instituidos

SecdónlT: El ministerio instituido delLectorado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Lectorado


Capítulo 2: Naturaleza y significación teológica del ministerio
del Lectorado
Capítulo 3: Preparación de las funciones propias del Lector
Capítulo 4: Preparación y celebración litúrgica del Rito de la
Institución del Lector en el Pontifical Romano
Capítulo 5:
Resonancias espirituales del Lectorado en los
candidatos a la Orden sagrada

Sección OI: El ministerio instituido del Acolitado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Acolitado


Capítulo 2: Naturaleza y significación teológica del ministerio
del Acolitado
Capítulo 3: Preparación de las funciones propias del Acólito
Capítulo 4: Preparación y celebración litúrgica del Rito de la
Institución del Acólito en el Pontifical Romano
Capítulo 5:
Resonancias espirituales del Acolitado en los candi*
datos a la Orden sagrada

Apéndice II

§ I Documentos del Magisterio de la Iglesia acerca de los ministerios


instituidos del Lectorado y del Acolitado § II Textos litúrgicos para
el Rito de la Institución del Lector y
Acólito
§ m Formularios de petición y respuesta a los ministerios del Lectorado
y Acolitado § IV Cuestionario sobre los ministerios del Lectorado y
Acolitado

8
Sumario de la Obra

PARTE m (En preparación)


LOS MINISTERIOS ORDENADOS Y JERÁRQUICOS
(DIACONADO, PRESBITERADO Y EPISCOPADO)

Secdónl: Los ministerios ordenados yjerárquicos en la Iglesia


latina

Capítulo 1: Reseña histórica sobre los ministerios ordenados


Capítulo 2: Naturaleza y significación teológica de los ministerios
ordenados
Capítulo 3: Aspectos canónicos comunes a los ministerios
ordenados
Capítulo 4: Presentación del Ritual de Órdenes (1968 y 1990)

Sección II: El ministerio ordenado del Diaconado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Diaconado Capítulo 2:


Naturaleza y significación teológica del ministerio del Diaconado
Capítulo 3: Preparación de las funciones propias del Diácono
Capítulo 4: Preparación y celebración litúrgica del Rito de la
Ordenación del Diácono en el Pontifical Romano Capítulo 5:
Resonancias espirituales del Diaconado en los candidatos a la Orden
sagrada

Sección III: El ministerio ordenado del Presbiterado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Presbiterado Capítulo 2:


Naturaleza y significación teológica del ministerio del Presbiterado
Capítulo 3: Preparación de las funciones propias del Presbítero
Capítulo 4: Preparación y celebración litúrgica del rito de la
ordenación del Presbítero en el Pontifical Romano Capítulo 5:
Resonancias espirituales del presbiterado en los candidatos a la
Orden sagrada

9
Los Ministerios Instituidos

Sección IV: La plenitud del ministerio ordenado: el Episcopado

Capítulo 1: Reseña histórica sobre el Episcopado Capítulo 2:


Naturaleza y significación teológica del ministerio del Episcopado
Capítulo 3: Preparación de las funciones propias del Obispo Capítulo
4: Preparación y celebración litúrgica del Rito de la Ordenación del
Obispo en el Pontifical Romano Capítulo 5: Resonancias espirituales
del Episcopado en los candidatos a la plenitud de la Orden sagrada

Apéndice III

§ I Documentos del Magisterio de la Iglesia acerca de los ministerios


ordenados del Diaconado y del Presbiterado § II Textos litúrgicos
para el Rito de Ordenación del Diácono,
Presbítero y Obispo § m Formularios de petición y respuesta a
los ministerios ordenados del Diaconado y del Presbiterado j § IV
Cuestionario sobre los ministerios ordenados del Diaconado y Presbiterado

10
PRESENTACIÓN

El contenido y la forma de esta obra, muestran por sí mismos


las horas, días y meses que el autor ha debido emplear para
recopilar, estudiar, seleccionar y organizar el riquísimo
material que nos propone.

El “Manual de preparación al Rito de Admisión, Ministerios y


Órdenes Sagradas”, viene a llenar un vacío bastante sensible en
los Seminarios cuando se trata de buscar elementos doctrinales
claros referentes al Rito de Admisión (Candidatura),
Ministerios y Órdenes. Hay aquí un valioso material
cuidadosamente ordenado, de gran utilidad para el candidato a
los diversos Mi-nisterios, para sus Formadores y para quienes
quieran pro-fundizar y meditar el significado de lo que han
recibido y están ejerciendo.

Considero un acierto del autor el presentar la parte histórica,


teológica, canónica, litúrgica y espiritual, tanto en el Rito de
Admisión, como en los Ministerios y Órdenes. Desarrolla en
forma pedagógica el contenido global de cada uno de esos
momentos fuertes de presencia de Jesucristo en quienes se preparan al
ministerio presbiteral. Esta visión de conjunto permite, además
gustar la riqueza del Ministerio Ordenado y del Misterio de la
Iglesia instituida por Jesucristo el Señor.

La riqueza de textos de la Sagrada Escritura, contenidos en el


Pontifical, el Ritual y los Leccionarios, los textos
seleccionados del Magisterio de la Iglesia, del Magisterio
Pontificio, de algunas Conferencias Episcopales, y los textos
de espiritualidad que ofrece, hacen de este manual una obra
imprescindible y de gran utilidad para los Seminarios de
América Latina y el Caribe.

11
Los Ministerios Instituidos

Tengo la convicción de que el presente trabajo será una de esas


obras clásicas que no deben faltar en ningún Seminario y que será
un texto obligado de consulta a la hora de estudiar y reflexionar
sobre el Rito de Admisión, los Ministerios y las Órdenes.

El CELAM se complace en presentar este trabajo como un valioso


aporte a la formación de los Ministros de la Iglesia y felicita al
presbítero Jaques D’Arcy S. pss, por su generoso esfuerzo y
dedicación que vemos hoy dar sus frutos en el presente libro.

+ JORGE ENRIQUE JIMÉNEZ CARVAJAL


Obispo de Zipaquirá, Colombia Secretario
General del CELAM

, 22 de febrero de 1999 Fiesta de la


Santa Fe de Bogotá
Cátedra de San Pedro

12
SIGLAS Y ABREVIATURAS

L LIBROS DE LA BIBLIA
Ab Abdías ji Joel
Ag Ageo J« Evang. de Juan
Am Amos ljn Ia Juan
Ap Apocalipsis 2 J*> 2a Juan
Ba Baruc 3 Jo 3a Juan
1 Co Ia Corintios Jon Jonas
2 Co 2a Corintios Jos Josué
Col Colosenses Jt Jeremías
1 Cro 1° Crónicas Judas Judas
2 Cro 2o Crónicas Le Evang. de Lucas
Ct Cantar T.m Lamentaciones
Du Daniel Lv Levítico
Dt Deuteronomio 1M 1° Macabeos
Ef Efesios 2M 2° Macabeos
Esd Esdras Me Evang. de Marcos
Est Ester Mi Miqueas
Ex Éxodo MI Malaquías
Ez Ezequiel Mt Evang. de Mateo
Flm Filemón Na Nahúm
Flp Filipenses Ne Nehemías
Ga Gálatas Nin Números
Gn Génesis Os Oseas
Ha Habacuc 1P Ia Pedro
Hb Hebreos 2P 2a Pedro
Hch Hechos Pr Proverbios
Is Isaías Qo Edesiastés
Jb Job (-Qohélet)
Je Jueces IR 1° Reyes
Jdt Judit 2R 2o Reyes

BIBLIOTECA 13
d*>! ConOértto SI IR/i
SIGLAS Y ABREVIATURAS
Los Ministerios Instituidos

Rm Romanos St Santiago
Rt Rut Tb Tobías
1S 1° Samuel 1 Tm Ia Timoteo
2S 2o Samuel 2 Tm 2a Timoteo
Sal Salmos lTs Ia Tesalonicenses
Sb Sabiduría 2 Ts 2 a Tesalonicenses
Si Eclesiástico (=»Sirácida) Tt Tito
So Sofonías Za Zacarías

IL DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO U Y


DOCUMENTOS MAGISTERIALES

AA Decreto sobre el apostolado de los laicos Apostolicam


Actuositatem.
AD Carta apostólica de Pablo VI Adpascendum (de 15/8/
1972)
AG Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad
Gentes.
Bcn Nuevo Bendiciorud (de 31/5/1984).
CCLSMS Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de
los fieles laicos en d sagrado ministerio de los sacerdotes (S. Cong.
Para el Clero del 15 de agosto de 1997).
CD Decreto sobre el oficio pastoral de los obispos Christus
Dominus.
CDC Nuevo Código de Derecho Canónico Codex Iuris Canonici (de 1983).
CIC Catecismo de la Iglesia Católica (1992).
CO Nuevo Ceremonial de los Obispos (1984).
r.hl Exhortación apostólica postsinodal Christifideles laid
(de 30/12/1988)
DC Carta Dominicae Cfeme de Juan Pablo n (de 24/2/1980).
DCDAP Directorio para las celebraciones dominicales en ausencia ddpresbítero
(2/6/1988).
DMN Directorio para las misas con niños (Secretaría de Estado y S. Cong.
para el Culto divino, de 1/11/1973).

14
Siglas y Abreviaturas

DP Conclusiones de Puebla: m Conferencia general del


Episcopado Latinoamericano (1979).
DSD Conclusiones de Santo Domingo: IV Conferencia general
del Episcopado Latinoamericano (1992).
DV Constitución dogmática sobre la divina revelación Dei
Verbum.
EM Instrucción Eucbaristicum mysterium, sobre el culto del
misterio eucaristico (S. Cong. de Ritos y Concilium
de 25/5/1967).
EN Exhortación apostólica de Pablo VI Evangelii Nuntiandi
(de 8/12/1975).
FC Instrucción Fidei custos sobre los ministros
extraordinarios de la comunión, (de 30/4/1969).
GS
Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo
IC contemporáneo Gaudium etSpes.
Instrucción Inmensae caritatis para facilitar la comunión
ID sacramental en algunas circunstancias (de 29/1/1973).
Instrucción Inaestimabile donum acerca del culto del
Misterio eucaristía» (S. Cong. para los Sacramentos y
IEF el Culto divino de 3/4/1980).
Instrucción In ecclesiasticam futurorum sobre la formación
litúrgica en los seminarios (S. Cong. para la
IO Educación católica de 3/6/1979).
Instrucción Inter Oecumenici (S. Cong. de Ritos y
LG Concilium de 26/9/1964).
Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium.
U Instrucción Liturgjkae instaurationes (S. Cong. para el
Culto divino de 5/9/1970).
MD Instrucción Memoriale Domini sobre el modo de
administrar la Comunión (de 15/5/1969).
MQ Carta apostólica de Pablo VI Ministeriaquaedam (de 15/
8/1972).
MS Instrucción Muskam Sacram (S. Cong. de Ritos y
Concilium de 5/3/1967).
OGMR Ordenación General del Misal Romano (de abril 6 de 1969).

15
Los Ministerios Instituidos

OLM Ordenación del Leccionario de la Misa, (2a. Edición de 21/1/1981).


OT Decreto sobre la formación sacerdotal Optatam Totius.
PC Decreto sobre la vida religiosa Perfectae Caritatis.
PDV Exhortación apostólica postsinodal de Juan Pablo n Pastores dabo
vobis (de 25/3/1992).
PO Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros
Presbyterorum Ordinis.
PRR Pontifical y Ritual Romanos, reformados según los Decretos del
Concilio Vaticano n y promulgados por su santidad
Pablo VI, CELAM-DELC 1978.
RCCFM Introducción del Ritual de la sagrada Comunión y culto
eucaristico fuera de la Misa de 21/6/1973).
RH Carta encíclica de Juan Pablo URedemptorHominis (1979).
SC Constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum Con-cilium.
Se Instrucción Sacramentali Communione (S. Cong. para
el Culto divino de 29/6/1970).
SDO Carta apostólica de Pablo VI para restablecer el diacona-
do permanente Sacrum Diaconatus Ordinem (18/6/ 1967).
TAA Instrucción Tres adhinc annos (S. Cong. de Ritos y el
Concilium de 4/5/1967).

DL DICCIONARIOS, REVISTAS Y DEMÁS


DOCUMENTOS
AAS Acta apostolicae Seáis.
BAC Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid, La Editorial Católica, S.A.).
BSS Revue armuelle sur la formación de prétres Bulletin de Saint-
Sulpice.
DE Diccionario de Espiritualidad, E. Ancilli, Herder, Barcelona
1983.
DS Enchiridion symbolorum definitionum et declarationum de
rebus et morum, quod primum edidit Henricus Denzinger et quod funditus
retractavit auxit notulis omavit Adolfus Schönmetzer,; S.I.
Siglas y Abreviaturas

Dsp Dictionnaire de Spirituality, M. Viller, París.


DTC Dictionnaire de tbéologie catbolique, E. Vacant, París.
Dz Enrique Denzinger, El Magisterio de la Iglesia, manual de
símbolos, definiciones y declaraciones de la Iglesia en materia
de fe y costumbres.
LMD La Maison-Dieu. Revue de pastorale liturgique (París, Editions du Cerf).
NDE Nuevo Diccionario de Espiritualidad, S. De Fiores y T. Goffi, Paulinas,
Madrid 1983.
NDL Nuevo Diccionario de Liturgia, D. Sartore y A.M. Triacca, Paulinas,
Madrid 1987.
Not Notitiae. Commentarii ad nuntia et studia de re litúrgica editi cura Congregationis
del Culto Divino et Disciplina Sacramentorum (Ciudad del Vaticano,
Typis Polyglottis Vaticanis).
OH Oración de las Horas. Pastoral de la plegaria y la celebra-
ción (Barcelona, Centro de Pastoral Litúrgica).
PG Patrologiae cursus completas. Series graeca, editada por J. Migne.
Ph Phase. Revista de Pastoral Litúrgica (Barcelona, Centro de
Pastoral Litúrgica).
PL Patrologiae cursus completas. Series latina, editada por J. Migne.

17
El Ministerio
Instituido del
Acolitado

Sección Tercera
1

RESEÑA HISTÓRICA
SOBRE EL ACOLITADO

El propósito de este primer capítulo no es el de reconstruir toda


la historia del acolitado, sino el de indicar algunos elementos de
su interesante historia, para destacar mejor el sentido y la
importancia del ministerio del acólito. Primero, echaremos un
vistazo a la historia del acolitado: el nombre griego, su origen, el
establecimiento y desarrollo del acolitado, del primer Pontifical
Romano hasta hoy; luego, presentaremos una breve síntesis de la
evolución de este ministerio y de su verdadero sentido a lo largo
de la historia.

1.1 BREVE HISTORIA DEL ACOLITADO


Nombre griego
El nombre griego (axoA,i)0o£ traducido al latín significa:!
sequens « acompañante; comes = compañero; minister = I ministro)
indica la alta dignidad y la función específica de los servicios que
los acólitos estaban llamados a desempeñar. A la diferencia de los
otros ministerios inferiores, el acólito no tiene atribuciones,
digamos, autónomas, porque depende directamente de una
autoridad superior; según la expresión del Papa Gayo1 (283-296),
él acompaña, sigue (“sequens”) al subdiácono, pero sobre todo al
diácono, sirviéndolos en su ministerio eucarístico.

1
Lib. Pontif., 1/161; citado por Righetti, Mario, en su obra: Historia de la liturgia,
tomo II, Madrid, ed. BAC, 1956 (cf. Los acólitos) p. 933.

21
Los Ministerios Instituidos

En la Iglesia latina, el término llegó a designar la cuarta orden


menor, cuyas funciones están resumidas en el anterior Pontifical
romano, que estuvo vigente hasta 1968: “llevar el candelero con
el cirio, encender la luminaria de la iglesia y presentar al altar el
vino y el agua del Santo Sacrificio euca- rístico”1.

En la Iglesia oriental, el término “acólito” no es desconocido; sin


embargo, no parece haber sido nunca una orden propiamente
dicha, porque no figuró y no figura actualmente en la jerarquía de
las diversas Iglesias orientales, salvo tal vez en la de los
armenios. Habíamos notado, cuando se habló del lectorado, que el
Concilio de Sárdica (343-344) no conocía otras órdenes que las
del lector, diácono, presbítero y Obispo2. Más tarde, el Concilio
ecuménico de Constantinopla (Vlii°), reunido contra Focius en
869-870, fijó las reglas3 que establecen el procedimiento a seguir
para promover alguien en el clero; y allí no aparece el acolitado:
primero un año de lectorado, luego dos de subdiaconado, tres de
diaconado, y cuatro de presbiterado; sólo después de eso podrá
ser promovido al episcopado (cf. Canon n° 5). Eusebio4 menciona
que en el Concilio de Nicea (325) se hicieron presentes algunos
acólitos; pero parece que eran acólitos occidentales que
acompañaban a su Obispo, o quizás simplemente el conjunto de
los clérigos que formaba el séquito del Obispo.

1 Dubosq, René pss, bes Étapes du sacerdoce ou Präsentation analytique du


Cérémoníal de rOrdination, Desdé & Cié, Paris-Tournai-Rome, 1936, p. 72.
2 Hefele-Ledercq, Histoire des concites, tome Y, Paris, p. 791; dtado por
Godefroy, L., opus cit., coL 120.
3 Ibidem, col 120.
4 Cf. De vita Constant., I. ni, 8: PL, t. XX, col 1064; citado por Maurice, V., en su
árticulo "Acolyte", in Dictionnaire de Theologie Catholique, Tome 1, Paris, 1930,
col. 312-316, especialmente col ßl2. La traducdón es personal.
Reseña Histórica sobre el Acolitado

Origen
Parece muy difícil dar una fecha precisa respecto a la Institución del
acolitado. El momento preciso queda desconocido. Sin embargo, el
término griego para designar esta orden puede ser “un indicio inequívoco
de su alta antigüedad**, según la opinión de V. Maurice en su artículo ya
citado; pues nos reporta a una época en la que la comunidad romana ha

blaba todavía el griego como lengua principal. Es probablel que el


acolitado nació en Roma. *
Pues, en la mitad del siglo m, la existencia de los acólitos es / ya muy
notoria en Roma y en Cartago (África). Se conoce ¡ya la carta del Papa
Comelio al Obispo Fabio de Antioquía (251), en la que le da a conocer
nominalmente los efectivos del clero de Roma: 46 sacerdotes, 7 diáconos, 7
subdiáconos, 42 acólitos y 52 otros "minores9 entre exorcistas, lectores y
porteros5. San Cipriano, contemporáneo del Papa Comelio, da también
testimonio de la existencia de los acólitos en la Iglesia de Cartago (cf. Epist.
78; también 36 y 42, 4); ellos acompañaban a los subdiáconos que
llevaban limosna a los condenados. Ya hemos mencionado la presenda de
algunos acólitos, probablemente occidentales, en el Concilio de Nícea
(325), que según Eusebio6 formaban en esa época una verdadera
multitud.

¿Cómo explicar la aparición de los acólitos? Parece que esta i orden de


los acólitos se organizó primero en las grandes | Iglesias como la de Roma
y de Cartago, donde el servido del altar ha sido más importante y más
desarrollado. Se sabe que, desde los tiempos apostólicos, sólo los diáconos
eran admitidos al servido del Altar; eran facultados para servir i
directamente al celebrante de la Eucaristía, sea Obispo o sea

5 Cfc. Eusébe, Histone ecdesiastíque, 1. VI, c. MJit PG, t XX, col 621; diado por Y
Maurice, col 313.
6 De vita Constant., m, 8; diado por Righetti, M., opus rít., p. 934 (nota 59).

23

J
Los Ministerios Instituidos

presbítero, ayudándole en la celebración del Sacrificio euca- j


rístico. Pero con el desarrollo de la liturgia y la solemniza- I ción
de la Misa papal se vio la necesidad de la presencia de un i
personal subalterno para ayudar a los diáconos en todas las | otras
tareas inferiores a su orden. Parece que la Institución de los
acólitos como la de las demás órdenes menores y también la del
subdiaconado obedeció a está necesidad. Además, convenía
mantener el septenario sagrado de los diáconos; pues, esta
institución remontaba a la época de los mismos Apóstoles.

Precisamente, los acólitos respondían a esta doble necesidad;


ellos, con los subdiáconos, seguían y acompañaban (sequens) al
diácono; podían así, subdiáconos y acólitos, de-sempeñarse en el
servicio del Altar, lo que no era el caso de los demás "minores"
inferiores. Bien parece que tanto subdiáconos como \ acólitos
deben considerarse como un desarrollo y un desdoblamiento de las
funciones diaconales. //

Ahora, volviendo sobre la información del Papa Comelio


referente a la situación numérica del clero de Roma, sabemos por
el Liber pontificdis que el Papa Fabiano (236-250), su predecesor,
había repartido las siete regiones eclesiásticas que formaban a la
diócesis de Roma entre 7 diáconos y luego 7 subdiáconos.
Podemos suponer, con M. Duchesne,

que el número de regiones eclesiásticas haya influido sobre


el de los acólitos (42); y que todo el personal haya sido
distribuido según el sistema regionario. Debajo de cada
diácono, 7 clérigos por región, 6 acólitos y 1 subdiácono;
éste último siendo el acólito encargado. Así, la orden del
acolitado parece vincularse estrechamente con el diaconado,
y el acólito es aquel que acompaña (sequens), no al
presbítero, sino al diácono7.

7 Duchesne, M., Origines du cuite chrétien, 1886, p. 332; cf. Bulletin critique, 1886, p.
370; ambos textos diados por \I Maurice, opus cit., col. 314,
24
Reseña Histórica sobre el Acolitado

Establecimiento y desarrollo del oficio de Acólito


Al principio, las funciones propias del acolito estaban reía- /
donadas con el servido del Altar y de la Sagrada Eucaristía ./ La
más importante y delicada consistía en llevar la partícula
consagrada por el Papa, el fermentum, a los sacerdotes titulares
que no habían podido intervenir en la Misa estacional. Tenemos
el testimonio del Papa Inocencio quien declara expresamente en
416 que “Los presbíteros (por títulos) reciben el fermentum
consagrado por nosotros por los acólitos”9. Es así como
conocemos la historia del martirio de San Tarsicio. Según la
opinión de muchos, él era acólito y llevaba precisamente el
fermentum cuando lo asesinaron unos paganos. Su heroica defensa
de la Eucaristía nos ha sido transmitida por unos famosos versos
del Papa Dámaso (366-384). *

En la alta edad media, los acólitos prestaban servicio según su


respectiva región espedalmente en la liturgia estacional, y allí
desempeñaban un importante cometido. Durante la Misa papal,
guardaban la patena papal durante todo el canon; y en el
momento de la fracción de la hostia, debían presentarse al altar
con unas bolsas de lino colgadas al cuello, donde los diáconos
depositaban las oblatas consagradas, que luego llevaban a los
Obispos y presbíteros para repartir la sagrada comunión a los
fíeles. Otra función, propia de los acólitos regionales, consistía
en acompañar al Papa de la sacristía hacia el Altar de la Santa
Misa con siete candelabros encendidos, y luego recoger durante
el ofertorio las ofrendas hechas por los fíeles que participaban de
la celebración pontificia.

Más tarde, alrededor del siglo VII, los acólitos regionarios


acompañaban también al Papa en las funciones estacionales;
ellos llevaban la ampolla de sagrado Crisma, para que el 8 9

9 Ad Decent. Eugub., 5: PL 56,516; citado por Righetti, M., opus cit., p. 934 (n9 225).
9
Los Ministerios instituidos

Pontífice pudiese administrar el Santo Crisma a algún recién


bautizado. Pues en esta misma época, se acostumbraba bautizar
en la parroquias titulares, si el Obispo no podía intervenir, la
unción con el Crisma se trasladaba a otro (Ha-, probablemente
que se aprovechaba la venida de Santo Padre con ocasión de las
celebraciones estacionales para pedirle el mismo servicio.

En Roma, es así como se conocía tres clases de acólitos: los i


ac6\itosjpalatinoj>, que servían al Papa en su palacio apostó- ' lico
y en la Basílica de Letrán; los acóhtos[estac¿onano$, que le servían
en las iglesias donde se realizaban las estaciones; y los acólitos
\regionalg4 que ayudaban a los diáconos cada uno en su respectiva
región. Otra opinión10, apoyada en el Io y m° Ordo romano y no
admite sino dos clases de acólitos: los regionarios, que servían a los
diáconos regionarios y al Pontífice; y los titulares, que ayudaban a
los presbíteros titulares. Los palatinos habrían sido acólitos de la
Basílica de Letrán, y los estacionarios habrían sido seleccionados
entre los mismos regionarios.

Gracias al Ordo romanus I, se conoce cómo eran las


actividades y oficios de los acólitos en Roma, y especialmente
durante las Misas presididas por el Romano Pontífice. Aquí
seguimos la presentación de V. Maurice. A

Los acólitos desempeñaban un papel bastante importante/ bajo


el mando de los diáconos y subdiáconos regionarios. Ellos llevaban el
Santo Crisma, los Evangelios, los purificadores y sacos de lino
destinados a recibir las oblatae u hostias consagradas ante el pontífice,
cuando iba a celebrar en las iglesias estacionales. Debían llevar al altar
al comienzo de la Misa, un vaso, capsa, que contenía un fragmento de
pan consagrado, resérvalo Cf. Mabillon, In Ordo Rom. Comment. Praev., PL: tome
78, col 861.

26
Reseña Histórica sobre el Acolitado

do de la Misa anterior y que se colocaba en el cáliz, con otra


parcela de la hostia consagrada el día mismo, para significar
con este rito, la unidad y perpetuidad del Santo Sacrificio (cf.
Ordo I, nc 8). Además, acompañaban como ahora (antes de
1972) al diácono con sus cirios encendidos, para la lectura del
Evangelio, que se hada entonces desde el ambón (nfi 11).
Guardaban la patena, durante el canon, como lo hace el
subdiácono actualmente -es dedr, hasta 1972r-, (na 17). Antes
de la comunión, ellos se presentaban al altar con unas bolsas
de lino, suspendidas a su cuello, y redbían allí las oblatae, que
llevaban en seguida ante los Obispos y los presbíteros, para la
fracción realizada por el presbyterium en pleno (nfi 19).
El Jueves Santo, llevaban las ampollas que contenían los
santos óleos (n° 31); el Viernes Santo, dos de ellos tenían, de
cada lado, la cruz presentada a la veneradón del dero y del
pueblo (nQ 35); el Sábado Santo, ayudaban, si era necesario, a
los presbíteros y diáconos en la administradón de bautismo (n°
43) etc/'11.

Del primer Pontifical hasta hoy


En la Iglesia romana, el más antiguo rito12 conocido de la ordenación
de los acólitos se encuentra en el VIIIo Ordo romano. La celebración de
ordenación del acólito se hacía durante una misa ordinaria. Se revestía
el candidato de la pla- neta, es decir, un vestido especial que llevaba el
acólito y del orariumy es decir, algo parecido al sudarium antiguo, el ma-

11 Mabillon, In Ordo Rom. Comment. Praev., PL: tome 78, col. 869-870; citado por V.
Maurice, opus cit., col. 315; cf. también para la descripción de las funciones del
acólito: M. Andrieu, Les Ordines romani du kaut moyen age: tome III, Ordo 34
(acolyte) Louvain 1951, p. 603; citado por R Jounel, "Les ministéres non
ordonnés dans l'Église" in Maison-Dieu, 149 (1982) 101.
12 Piara la información sobre el rito antiguo de la ordenación del acólito ( remitimos
al artículo sobre el acólito de V. Maurice, ya mencionado; cf. Col. 315-316.

27
Los Ministerios Instituidos

nípulo o pieza de tela que llevaban en el antebrazo los presbíteros,


diáconos y subdiáconos durante la celebración eucarística y que llegó
a ser más tarde la estola de los diáconos. En el momento de la
comunión, el candidato se acercaba al Obispo o al Papa, quien le
entregaba una bolsa de lino, como se describió más arriba, que
serviría para llevar a los presbíteros las oblatae\ luego el Obispo le daba
su bendición en estos términos: “Que el señor te salve, guarde y
proteja por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa Virgen
María y del bienaventurado apóstol Pedro”.

Como lo sabemos, la bolsa de lino era el símbolo del ministerio del


acólito en la Iglesia de los primeros siglos. Pero cuando se abandonó
la costumbre de hacer llevar la Eucaristía por los acólitos en esta
forma, el símbolo del ministerio del acólito ya no era aquella bolsa de
lino sino el candelera con un cirio y una vinajera vacía, para significar
el cargo 1 que tenía el acólito de encender las velas que iluminaban el
templo y de presentar el vino de la Eucaristía al altar del sacrificio. Es
este mismo rito que se encuentra en el sacramentarlo gregoriano, los
Statuta Ecclesiae antiqua -ya mencionado eii la historia del lectorado- y los
pontificales de diverso origen, desde el siglo IX. Con el tiempo, se
impuso la costumbre según la cual el Obispo presentaba la materia y
pronunciaba la forma, tal como se encuentra en el primer pontifical
romano y el actual después de la reforma de Pablo VI. En cuanto a las
fórmulas pronunciadas por el Obispo, se conocen dos; la del
sacramentarlo gregoriano que rezaba así: “Tomad este porta luz...”,
sin mencionar nada de la vinajera; luego, después del siglo XII, esta
otra fórmula casi igual a la del anterior Pontifical romano: “Tomad el
candelera con el cirio...” y “Tomad la vinajera...” sin pronunciar la
final “en el nombre del Señor. Amén ”.

Más tarde, bajo el pontificado del Papa Inocencio Vm (1484- 1492),


cuando apareció el primer Pontifical Romano con la

28
Reseña Histórica sobre el Acolitado

celebración de las ordenaciones, podemos pensar que se unificó en


la Iglesia latina la manera de proceder para las ordenaciones
menores y mayores. En cuanto a la celebración de la ordenación
del acólito, pensamos que el primer Pontifical reflejaba la
celebración tal como se encuentra en el anterior Pontifical, vigente
basta la Reforma de Pablo VI. El rito esen-l cial consistía en la
entrega, por parte del Obispo mismo, de un candelera con un cirio
apagado, que los ordenandos debían tocar simultáneamente,
mientras el Obispo pronunciaba la fórmula ya mencionada; luego,
en la entrega también de una vinajera vacía sobre un plato, que
todos debían tocar, mientras el Obispo pronunciaba la fórmula
igualmente mencionada.

Desde entonces, el acolitado ha sido considerado como una “orden


menor”, reservado exclusivamente al joven clérigo que aspiraba al
sacerdocio. Como se ha dicho para la historia de lectorado, el
primer Pontifical dividía las órdenes sagradas en la Iglesia en dos
grupos: las órdenes menores y las mayores. Y se conferían todas,
menores y mayores, mediante una ordenación. Las órdenes
menores eran cuatro: el ostia- riado (o portero: quien recibe y
acomoda a los participantes de la celebración), el lectorado, el
acolitado y el exorcistado. Estas cuatro órdenes eran
encabezadas por la tonsura con la que se ingresaba al orden
clerical y se gozaba del fuero eclesiástico con sus obligaciones y
exigencias de vida, pero también con sus privilegios respeto al
resto del pueblo de Dios. Las órdenes mayores eran también
cuatro: el subdia- conado, el diaconado, el presbiterado y el
episcopado. En esta concepción quien aspiraba al sacerdocio,
recibía primero la tonsura, y luego todas las órdenes menores y
mayores hasta el presbiterado y el episcopado..Se trataba de una
verdadera carrera eclesiástica pasando por todas las etapas como
verdaderos escalones.

29
Los Ministerios Instituidos

Con el paso de los siglos, al perder su esplendor las órdenes


menores, el acolitado llegó a absorber todas las obligaciones y
funciones de las otras; sin embargo, logró mantenerse en servicio
activo, porque siempre ha sido necesaria su colaboración litúrgica
en el Altar y su alrededor. Si, en los comienzos, el servicio del
acolitado se realizaba con personas ad hoc, es decir, con jóvenes
consagrados u ordenados a este fin, con el pasar del tiempo su falta
o ausencia obligó a conferir estas funciones propias del acólito a
unos clérigos no tonsurados, y luego a unos simples laicos, como ha
ocurrido hasta la reforma de Pablo VI (1972).

Finalmente, en la Iglesia latina, durante los siglos posteriores hasta


el siglo XX, casi no se producirá ningún cambio. Salvo el intento de
reforma y restauración de las órdenes menores en el Concilio de
Trento10, hay que esperar, prácticamente, el Concilio Vaticano II
(1962-1965) para que se redescubra el papel de los laicos en la Iglesia
y su participación activa en la liturgia (cf. SC14; 28-29). Luego en
consonancia con el Concilio, el Papa Pablo VI llevó a cabo la reforma
de las antiguas órdenes menores, substituyéndolas con los dos
ministerios laicales e instituidos del lectorado y del acolitado, y
suprimiendo también la tonsura y el subdiaconado; reforma decretada
y realizada con la Carta apostólica Ministerio, quaedom (de agosto 15
de 1972).

En esta carta Apostólica, como lo hemos tratado en la Sección I, el


Papa Pablo VI resume la historia de las órdenes menores y del
subdiaconado en la Iglesia Latina, reconoce que históricamente
muchas de sus funciones han sido ejercidas por los laicos en los
primeros siglos de la Iglesia, y propone una nueva legislación que
tenga en cuenta la situación actual. Por eso, se suprimió lo que era ya
obsoleto, se

10 Cf. Canon nö 17 del Decreto De reformntione del 15 de julio de 1563 (Sessión


XXIII).

30
Reseña Histórica sobre el Acolitado

mantuvo lo que es útil y se determinó lo que había que exigir a los


candidatos a la orden sagrada.

1.2 SÍNTESIS Y SENTIDO


DE ESTA EVOLUCIÓN HISTÓRICA
Al sintetizar la historia de esta evolución del acolitado con el fin
de despejar mejor su sentido, podemos señalar cinco momentos o
períodos importantes de esta evolución histórica.

! El primer momento corresponde a la época muy antigua en la que la


Iglesia hablaba todavía griego en Roma. Aunque no hay fecha
precisa, empezó a organizarse la orden del acolitado como
servicio a los presbíteros y diáconos en su ministerio eucarístico,
especialmente en las grandes Iglesias de Roma y Cartago, donde
se organizó mejor la liturgia. Hemos recordado los testimonios de
los Papas Fabiano (236- 250) y Cornelio (251-253) y el de San
Cipriano (248-258) en Cartago (Africa) y de Eusebio sobre el
Concilio de Nicea (325).

Estos modestos comienzos prepararon una época brillante en la


historia del acolitado, que va desde el siglo DI hasta el — siglo VIL
Este segundo período coincide con el desarrollo y solemnización de la
liturgia romana y papal. Los acólitos se desenvolvían alrededor del
Altar con oficios, cuyo centro era principalmente la Eucaristía:
acompañar al Romano Pontífice con siete candelabros encendidos
hasta el Altar de la celebración, recibir y llevar el fermentum en
bolsas de lino, tener la patena papal durante el canon de la Misa,
llevar la ampolla con el Santo Crisma, etc. Recordamos la descripción
de sus múltiples funciones en el Ordo romanus I.

Luego, después de la creación de la Schola cantorum y al perder


su esplendor primero las órdenes menores (siglo VIIl),

BIBLIOTECA 31
id Contuso ¿*
Los Ministerios Instituidos

el acolitado absorbió todas las obligaciones y funciones de las


órdenes inferiores. Los acólitos fueron los únicos cléri- gos en
servicio activo y lograron mantenerse a lo largo de los siglos, aún
se llegó a conferir esta orden ya a clérigos no tonsurados y también
a laicos, cuando al principio sólo personas consagradas a este fin
podían ejercer las múltiples funciones propias del acólito. Este
tercer momento corresponde ya al declino de la historia del
acolitado.

/TJ" El cuafjro momento podría ser la época que va desde el Con-


■ cilio de Trento (1545-1563) hasta el Concilio Vaticano n (1962-1965).
Hasta el Concilio Tridentino y aún después, los acólitos han
perdido no su razón de ser pero, sí, su antigua importancia; porque
ya no llevaban la sagrada Eucaristía, ni los vasos sagrados, ni el
Santo Crisma; en realidad, las funciones de su orden han sido
entregadas con mucha frecuencia a unos laicos y sacristanes. Es
verdad que Trento expresó el deseo de que, al menos en las
Iglesias catedrales y templos más importantes de la diócesis, los
Obispos restableciesen el antiguo servicio del acolitado con
clérigos ordenados a este fin (cf. De reformátione, Sesión XXin,
cap. 17). Desafortunadamente, este deseo se quedó sin realizar
prácticamente hasta el Concilio Vaticano n.

Reflejo de esta situación se encuentra en el anterior Pontifical


romano que estuvo sido vigente hasta 1972. Los futuros sacerdotes
debían todos recibir la tonsura y las órdenes menores, aún si no las
ejercían en la práctica. Tal vez, el acolitado es la orden que más se
prestaba a la práctica. Sin embargo, en la práctica, son los laicos
que desempeñaban sus funciones en la vida real de las parroquias.
En el rito de la ordenación del acólito, el Obispo recordaba a los
ordenandos los deberes de su orden: “llevar el candelero con el
cirio, encender la luminaria de la iglesia y presentar al altar el vino
y el agua

32
Reseña Histórica sobre ei Acolitado

del Santo Sacrificio eucarístico”14. Luego en el momento de la


colación de la orden, los candidatos tocaban el candelero con la mano
derecha, mientras el Obispo decía: “Tomad el candelero con el cirio,
y sabed que vuestro oficio es encender las luces de la iglesia en
nombre del Señor”; luego, los candidatos se acercaban de nuevo para
tocar la vinajera, mientras el Obispo decía: “Tomad la vinajera para
presentar el vino y el agua destinados al sacrificio eucarístico de la
Sangre de Cristo, en el nombre del Señor”15.

Por ultimo, una quinta etapa se inicia ahora con la Reforma del Papa
Pablo VI, inaugurada con la Carta apostólica Ministerin quaedam,
firmada con la fecha del 15 de agosto de 1972. La Carta, sin lugar a
duda, devuelve al acolitado toda su importancia y su razón de ser en
nuestras celebraciones litúrgicas. Pero esta vez, no como orden menor
o eslabón para aquellos que se preparan a la Orden sagrada, sino
como ministerio instituido y propio del laico para que ejerza su
sacerdocio bautismal dentro y fuera de la liturgia.

Así, la reforma de Pablo VI permite al acolitado volver a tener su


puesto legítimo en la liturgia de nuestras celebraciones, restaurando
su estatuto antiguo de servicio laical, como lo deja entender la
Tradición apostólica de Hipólito de Roma (s. m), donde el acolitado
se confiere no por la imposición de manos, sino por la Institución
mediante una bendición general del Obispo. En Roma, el rito de la
ordenación del acólito se hacía después de la comunión; entonces, el
candidato se presentaba ante el Papa, de las manos de

14
Dubosq, René pss. Les Étapes du sacerdoce ou Présentatíon analytique du
Cérémonialde l'Ordination, Desdé & Cie, Päris-Tournai-Rome 1936, p. 72.
15
Hays, A., qm, Ceremonial de las ordenaciones, 2a edidón, Faris-México,
1927, p. 42.

33
Los Ministerios Instituidos

quien recibía la bolsa de lino, y luego el Pontífice decía una


bendición de carácter general16.

16
CE M. Andrieu, Les Ordines romatti du haut moyen age: tome 3, Ordo 34
(Acolyte), Louvain 1956, p. 603; citado por E Jounel, "Les ministéres non
ordonnés dans l'Église" in Maison-Dieu, 149 (1982) 101.

34
2
NATURALEZA Y SIGNIFICACIÓN
TEOLÓGICA DEL MINISTERIO
DEL ACOLITADO

Este capítulo segundo tiene como objetivo el tratar de precisar,


hasta donde se puede, la naturaleza teológica del ministerio del
acolitado, como también el de subrayar su significación teológica
en la vida de aquellos candidatos que se preparan a la orden
sagrada del diaconado y del presbiterado.

2.1 LA NATURALEZA DEL MINISTERIO DEL


ACOLITADO
Primero, intentamos una breve y sencilla definición del acolitado
en la perspectiva de la reforma de la Ministeria quaedam, que luego
trataremos de explicar para precisar mejor la naturaleza de este
ministerio.

El acolitado es un ministerio instituido, mediante una bendij» ción,
para ejercer públicamente en nombre de la Iglesia el servicio del Altar
(del Cuerpo de Cristo en la Iglesia y en la Eucaristía). -J

El acolitado, primero, es un ministerio, es decir, “un carisma


traducido en un servicio estable mediante el mandato de la
Iglesia”17. Gracias al mandato eclesial, un carisma se convierte en
un ministerio eclesial.

17
Altana, A., La vocadón a los ministerios laicales (cap. V), en la obra
titulada: Vocación común y vocaciones específicas. Tomo II, Madrid, Ed.
Atenas, 1984, p.114; pero se recomienda todo el capítulo V (pp. 99-134).

35
Los Ministerios instituidos

Pero el acolitado es también un ministerio instituido: ya se conoce la


distinción entre ministeridordenado y ministeruT) ) instituido. El primero,
mediante la imposición de manos del Obispo, viene a ser el sacramento del
orden, gracias al cual se da origen en la Iglesia a los diversos ministerios
jerárquicos en los tres grados conocidos: Obispo, presbíteros y i diáconos. El
I
segundo es instituido por la Iglesia mediante una bendición particular (cf. la
Tradición apostólica de Hipólito).

Esta bendición propia de la Institución del acólito es un sacramental}8,


instituido por la misma Iglesia siguiendo el modelo ele los sacramentos
(cf. Catecismo de la Iglesia católica 1667-1672). Es un rito litúrgico
parecido a un sacramento; de hecho es un signo externo y eficaz de
gracia, sin que sea un verdadero y propio sacramento. A este rito se le
atribuye una eficacia de gracia por la oración de la Iglesia. En realidad,
se trata de una forma más solemne de mandato de la Iglesia, unido a una
eficaz invocación del auxilio divino. Tratemos de precisar más estas
afirmaciones.

El acolitado es un ministerio instituido que tiene valor o función


de(sígnp)en la Iglesia. No olvidemos que los sacramentales siguen el
modelo de los sacramentos, jiúnsi no son instituidos por Jesucristo sino
por su Iglesia.

El rito de la Institución es uníÉendició£)es decir, una invocación de


gracia unida al mandato eclesial para el ministerio del Altar o del Cuerpo
de Cristo en la Iglesia y en la Eucaristía. Por eso, esta bendición produce
digamos tres efectos: 11

11 Cf. La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia 60: "La santa


Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados
con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos,
sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los
hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se
santifican las diversas circunstancias de la vida".

36
Naturaleza y Significación Teológica...

- \.°J una gracia particular, esto es un auxilio particular de Dios para el


ejercicio de este ministerio de acólito; pues la bendición de la Iglesia
tiene siempre su eficacia;

- 2y una peculiar forma explícita y pública de mandato o delegación


eclesial, de modo que el lector ejerza su ministerio en nombre de la
Iglesia. Recordemos que el Obispo confía una misión a aquel que va a
instituir como acólito, cuando dice en la homilía: “A ti, pues, se te
confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en su ministerio
y distribuir...”;

(- 3?^ también una mayor estabilidad en el ejercicio de su ministerio.


Pues, el acólito instituido desempeña un cargo estable y permanente a
diferencia del acólito o ministro extraordinario de la Eucaristía
nombrado ad tempus y no instituido. Claro que el grado de estabilidad
del acólito instituido no es el mismo que el del ministro ordenado por el
sacramento del orden; sin embargo, implica una mayor estabilidad, aún
si en ciertas circunstancias el acólito fuese impedido en el ejercicio de
su ministerio, o suspendido o excluido por la autoridad competente.

Además, el mandato eclesiástico mediante la bendición da al ministerio


instituido la doble característica de representación y eficacia de gracia.
Estas son las dos características del signo; pues, el ministerio del
acolitado tiene valor de signo. En este sentido los ministerios instituidos
son en la Iglesia signos en relación con el aspecto de vida eclesial que
les es propio.

Mientras los ministerios ordenados tienen mediante la ordenación una


función en relación con el pueblo de Dios como tal, los ministerios
instituidos tienen una función en relación con un aspecto de la vida de la
comunidad cristiana. Así, el acólito instituido será signo en todo aquello
que se

37
Los Ministerios Instituidos

refiere al culto divino, en relación con el Cuerpo de Cristo tanto en la


Iglesia como en la Eucaristía, y será signo visible y eficaz.

El ministerio del acolitado no se limita sólo al servicio del altar sino


alqdolo que se refiere a ello. Por eso, él llega a ser, «incierto sentido, un
animador de la liturgia en la comunidad cristiana. El acólito, escribe
Alberto Altana,

"tiene más bien una función de animación orientada a dar lugar


al Espíritu Santo/ de modo que todos ejerzan en verdad sus
carismas, convirtiéndolos en ministerios.
Por eso el acólito debe instruir y preparar convenientemente a
todos aquellos que toman parte activa en la celebración litúrgica.
Debe hacer esto sobre todo con el 'ejemplo de un
comportamiento serio y respetuoso' y de amor 'al Cuerpo místico
de Cristo/ pueblo de Dios, y especialmente con los débiles y los
enfermos'".

Además, la liturgia cristiana es fuente de caridad. Por eso, el


acólito está llamado a ser, al mismo tiempo, ministro de la
Eucaristía (también en el sentido de que puede distribuir la
comunión eucarística, en subordinación al sacerdote y al
diácono) y de la caridad: "promotor del culto a Dios en espíritu y
en verdad" y, por tanto, "animador de la unión fraterna"12. De
este modo, nos descubre que la liturgia, y particularmente la
Eucaristía, es para todos "fuente y cumbre" (SC 10) de la vida
cristiana, principio de gracia para llevar a todas partes amor y
afectuoso servido13.

12 Como lo afirma el documento de la Conferencia Episcopal Italiana, Los ministerios en


la Iglesia, 1973, n® 3d.
13 Altana, A., La vocación a los ministerios laicales (cap. V), en la obra titulada:
Vocación común y vocaciones específicas, Tomo II, Madrid, Ed. Atenas, 1984,
p.118.
Naturaleza y Significación Teológica...

Finalmente, añadimos que el acolito es instituido para ejercer el


servicio o ministerio del Altar al servicio del cuerpo de Cristo tanto
eclesial como eucarístico. El documento Minis- teria quaedam expone
claramente cuáles son las funciones del acolito, relacionadas con el
servicio del Altar; funciones primero litúrgicas, pero también extra
litúrgicas:

El Acólito queda instituido para ayudar al diácono y


prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el
servicio del Altar, asistir al diácono y al sacerdote en las
funciones litúrgicas, principalmente en la celebración de
la Misa; además distribuir, como ministro extraordinario,
la Sagrada Comunión cuando faltan los ministros de que
habla el canon 845 del CDC (1917) o están
imposibilitados por enfermedad, avanzada edad o
ministerio pastoral, o también cuando el número de fieles
que se acerca a la Sagrada Mesa es tan elevado que se
alargaría demasiado la Misa. En las mismas
circunstancias especiales se le podrá encargar que
exponga públicamente a la adoración de los fieles el
Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer después la
reserva; pero no que bendiga al pueblo. Podrá también,
cuando sea necesario, cuidar de la instrucción de los
demás fieles, que por encargo temporal ayudan al
sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos llevando el
misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras funciones
semejantes.

Luego en su homilía, el Obispo expresa concretamente en qué


consiste el ministerio de acólito orientado todo hacia el Altar y la
Eucaristía, concretando tal vez un poco más las funciones reseñadas
en la Ministerio, quaedam (n° Vi):

...Desde ahora participarás de modo peculiar en las


celebraciones litúrgicas de la Iglesia... A ti, pues, se te
confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en
su ministerio y distribuir, como ministro extraordinario,
la sagrada comunión a los fieles, incluso a los enfermos...
39
Los Ministerios Instituidos

2.2 LA SIGNIFICACIÓN TEOLÓGICA


DEL MINISTERIO DEL ACOLITADO EN EL
PROCESO DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL
Como lo hemos podido constatar en la Sección I sobre los ministerios
instituidos en la Iglesia, el acolitado es un verda- > dero ministerio
eclesial, que permite al acólito desenvolverse en todo aquello que se
refiere al culto divino, especialmente en la celebración de la Santa
Misa y en la distribución de la comunión dentro y fuera de la Misa.
Esta situación lo convierte en un verdadero servidor o ministro del
altar y, a su vez, en un servidor de la comunidad cristiana. Digamos
una palabra sobre estos dos aspectos significativos del ministerio del
acolitado y, luego, veremos cómo el ejercicio de este ministerio del
altar tiene también una triple incidencia teológica en la vida de
aquellos que se preparan a la orden sagrada.

Admitida la ministerialidad del acolitado, es posible ahondar un poco


más en el sentido teológico que tiene este ministerio o servicio en la
Iglesia. En un primer sentido muy significa-. tivo, como acabamos de
decirlo, el acólito cuando ejerce su j ministerio específico se convierte
en un servidor del altar y { de la Eucaristía. Está al servicio del
presbítero que preside lal Santa Misa y del diácono que lo acompaña.
Debe estar pendiente de toda la celebración eucarística, pero
especialmente en ¿oda la segunda parte de la Misa, en todo lo que se
refiere al altar: misal, vasos sagrados, copones, las ofrendas, el
corporal, etc. Debe estar pendiente del ministro sagrado en todo lo que
puede pecesitar. Este servicio le exige una buena preparación personal
en cuanto al conocimiento y desenvolvimiento de la celebración, un
gran sentido de presencia activa y discreta para orientar a los demás
ministros litúrgicos que han de intervenir en la celebración, a la vez
que debe lucir en él la piedad, la devoción y el recogimiento durante la
celebración de los sagrados misterios. Si debe colaborar en

40
Naturaleza y Significación Teológica...

la distribución de la sagrada comunión, como ministro


extraordinario, ahí también su servicio debe ser impecable: piedad
personal, amor a la Eucaristía y respeto a las normas I litúrgicas de
la Iglesia, pulcritud y presentación adecuada. Lo mismo debe
afirmarse cuando se distribuya la sagrada comunión a los enfermos
fuera de la Santa Misa. En un acólito se espera un testimonio
grande de amor, respeto y veneración al Cuerpo sagrado de nuestro
Señor en la Eucaristía, a la liturgia en general, y a todo lo que se
refiere al culto divino.

En un segundo sentido, el ejercicio del ministerio del altar convierte


al acólito en un verdadero servidor de la comunidad cristiana.
Primero, en la misma celebración litúrgica de la Eucaristía. Los fieles
tienen derecho a participar de una liturgia eucarística bien celebrada.
Ello exige ser enemigo ^ de lajmprovisación y de la
precipitación..Una bella celebración introduce y conduce a la
comunidad a la plena participación del misterio celebrado, es decir, la
contemplación del misterio pascual de Cristo: su sacrificio redentor al
que todos deben unirse con la ofrenda de su vida personal y con la
recepción de su Cuerpo y Sangre en la sagrada comunión. En la
realización de este objetivo, mucho tiene que ver el acólito: le
corresponde su parte en la preparación de la celebración con los
demás ministros, en la preparación de los ministros litúrgicos no
instituidos, y luego en la ejecución misma de la celebración
eucarística. Ahí, nada puede ser improvisado, porque está en juego el
sentido mismo del misterio, el sentido de lo sagrado.

Luego, el acólito sirve también a la comunidad en sus enfer-f mos,


cuando les lleva la sagrada comunión a domicilio, cuan-í do los
prepara al sacramento de la Reconciliación-penitencia antes de la
visita del sacerdote, cuando se entretiene con los más sufridos para
llevarles la voz de aliento del Señor haciéndoles comprender el
sentido profundo y cristiano del

41
Los Ministerios Instituidos

sufrímiento como prolongación de la Pasión de nuestro Señor


en sus propias vidas, para que completen en sus cuerpos
adoloridos el misterio de la redención universal en unión
íntima con Cristo (cf. Col 1, 24).

También el acólito es servidor de la comunidad, cuando se


dedica en colaboración con el diácono y el sacerdote a la
instrucción cristiana de los fieles: niños, jóvenes y aún los
adultos. Más a menudo lo hará preparando a los monaguillos
y demás ministros litúrgicos a conocer y preparar mejor sus
celebraciones con piedad, devoción y recogimiento.

Hechos servidores del altar, de la Eucaristía y de la


comunidad por la Institución en el ministerio de acólito,
veamos ahora cómo el ejercicio de este ministerio tiene
también una triple significación teológica en la vida de
aquellos que se preparan a la orden sagrada.

Primero, el acólito instituido aunque sea seminarista no ha


dejado de ser un laico, y un laico comprometido. La Ministerio,
quaedam no recuerda que el acolitado ya no es una orden
menor, sino un ministerio laical que toma su fundamento en el
bautismo y constituye una forma de ejercer el sacerdocio
común de los fieles. El seminarista-acólito debe ser un laico
consciente de las exigencias de su bautismo, de lo que significa
ser discípulo de Jesucristo y del compromiso apostólico que su
ser de bautizado conlleva en la comunidad cristiana.
Ejerciendo el ministerio del acolitado, participa de una
manera más activa y comprometida en las celebraciones
litúrgicas de la Eucaristía y demás celebraciones. Su servicio
del Altar, como lo anotamos, no consiste sólo en ayudar al
diácono y al presbítero en la celebración eucarís- tica, sino que
se refiere también a todo aquello que se relaciona con el culto
divino: el cuidado de las celebraciones litúrgicas, el distribuir
la Eucaristía a los fieles y enfermos, el cuidar de la formación
de los demás fieles que ayudan en

42
Naturaleza y Significación Teológica...

las celebraciones, el amar a Cristo Eucaristía y a su Iglesia,


pueblo de Dios y cuerpo místico de Cristo, especialmente a
los más necesitados y enfermos.

Segundo, el acólito-seminarista está comprometido, además,


1
en el proceso de su formación con miras al diaconado y al
presbiterado. Con la Institución y el ejercicio de este
ministerio, se está preparando a vivir una dimensión muy
importante del futuro ministerio diaconal y sacerdotal: toda
su vida ministerial estará relacionada con el servicio de Dios
y de los hermanos en todo lo que se refiere al Altar, al culto
divino, a la Eucaristía y a la Iglesia (cf. PO 5; PDV48; DMVP
48-50). Con razón, la carta Ministerio, quaedam (cf. Xl) hace
obligatoria la recepción y ejercicio del ministerio del
acolitado durante los años de formación en el Seminario
Mayor u otro centro de formación a la orden sagrada. La
preparación a la celebración de la Institución del acolitado
como también el ejercicio de este ministerio en los distintos
lugares de apostolado durante los años de formación
sacerdotal son indispensables para impregnarse del espíritu
de Jesucristo y de su amor para el ejercicio, más tarde, del
ministerio de la santificación de los fieles a través de los
sacramentos y especialmente de la Eucaristía.

, jTercero, con la recepción de este ministerio este candidato


i / a la orden sagrada adquiere un compromiso muy serio de '
vida espiritual. El ministerio de acólito se centra todo en el
servicio de la Eucaristía y en el culto público de la Iglesia,
como auxiliar del presbítero y del diácono. Aquí se
concentran, por decirlo así, todas las líneas de la
espiritualidad del acolitado. Ministerin quaedam (n° Vi) lo
exhorta, pues, a que “penetre el sentido íntimo y espiritual”
de este culto público de la Iglesia, a “ofrecerse por entero a
Dios”, a ser “ejemplo de dignidad y respeto”, a “llevar un
amor sincero al Cuerpo místico de Cristo..., particularmente
a los débiles y enfermos”. Finalmente, él podrá ejercer las
múltiples fun-

43
Los Ministerios Instituidos

dones de su ministerio con mayor dignidad y generosidad,


si él mismo vive más unido y más perfectamente
identificado con el sacrificio del Señor. Así, la praxis de este
ministerio permitirá al acólito volver su vida más y más
eucarística, es decir, acción de gracias a Dios por todo lo
que hace en su Iglesia y especialmente en su propia vida;
más y más servicial, oblativa o sacrificial, al igual que su
Señor que no vino a ser servido sino a dar la vida en rescate
por todos (cf. Me 10,43- 55).Todas estas recomendaciones, el
Obispo se las volverá a recordar en la homilía de la
celebración del rito de Institución, así como las oraciones
del rito de la Institución.

De este modo, estas disposiciones y actitudes prácticas han


de llevarle a un amor siempre más grande por la Iglesia, es
decir, el Cristo total, Cabeza y miembros, y en especial por
los necesitados y los enfermos; llevando así a la práctica en
su vida diaria el mandamiento del Señor: “Amaos los unos
a los otros como yo os he amado”, bien sea ayudando a los
presbíteros y diáconos en su ministerio, especialmente en
las celebraciones litúrgicas y eucarísticas; bien sea
distribuyendo con fidelidad y verdadera devoción el Pan
eucarístico a los fieles y enfermos de la comunidad
parroquial; bien sea esforzándose por captar siempre
mejor el sentido profundo y espiritual de su servicio del
Altar y de todo lo relacionado con el templo y la Eucaristía;
bien sea creciendo constantemente en la fe y en el amor a la
persona adorable de Cristo, presente en la Eucaristía, y a
su Esposa, la Iglesia, a la que dedicará su vida para
edificarla con su ejemplo, entrega genera y su ministerio.

Con este propósito, la Iglesia ha seleccionado los textos bí-


1
blicos más significativos de la institución del acolitado, en
el Leccionario del Ritual de ordenación. Todos los textos escogidos
tienen que ver con el misterio de la sagrada Eucaristía,
tanto en el AT como en el NT. Por una parte, “las lecturas
del AT recuerdan las figuras de la Eucaristía (sacrificio

44
Naturaleza y Significación Teológica...

de Melquisedec, maná, sacrificio de la Alianza, alimento de


Elias durante su viaje hacia la montaña de Dios, banquete
de la Sabiduría)”; por otra parte, “las del NT evocan la
unidad de la comunidad primitiva (Heb 2, 42-47), los
“testigos que han comido y bebido” con Jesús resucitado
(Heb, 10, 34- 43), la unidad exigida por la participación al
mismo pan (1 Co 10,16-17), la institución de la Eucaristía (1
Co 11,23-26), la fuerza purificadora de la Sangre de Cristo
(Hb 9, 11-15); los textos del Evangelio, con el relato de la
última Cena, evocan la multiplicación de los panes, el
discurso sobre el Pan de vida, las comidas de Jesús con sus
discípulos”14.

14 Joseph, Lécuyer, "Les ministéres", in Dictionnaire de


Spiritualité, Tome X, París, Édition Beauchesne,
1980, col. 1266.

45
PREPARACIÓN DE LAS FUNCIONES
PROPIAS DEL ACÓLITO

Este tercer capítulo está consagrado a la preparación del conjunto


de las funciones propias del acólito. Aquí también, para no construir
en el aire, empezamos por reseñar y citar algunos apartados de los
principales documentos de la Iglesia donde se mencionan estas
funciones. Luego, reflexionaremos sobre la importancia del oficio de
acólito, la preparación espiritual, doctrinal y práctica del mismo,
profundizando los temas de la fe de la Iglesia sobre la doctrina
eucarística, sus normas y disposiciones litúrgicas sobre la misma
celebración eucarística, sobre la comunión dentro y fuera de la Santa
Misa, así como sobre el culto debido a la Eucaristía.

3.1 EN LOS PRINCIPALES DOCUMENTOS DE LA


IGLESIA
El Acólito queda instituido para el ministerio que le es pro- - pió: el
del servicio del altar y de ayudante del presbítero y | del diácono. Es
el ministerium al taris, servicio específico y esencial del acolitado: es
decir una función también indispensable en las asambleas litúrgicas.
A él compete principalmente la preparación del altar y de los vasos
sagrados, y 'j la distribución a los fieles de la Eucaristía de la que es
ministro 1 extraordinario. Las distintas funciones ordinarias y
extraordinarias del acólito, durante la Santa Misa o fuera de ella,
pueden agruparse en forma detallada, -como las presentamos en
seguida-, de acuerdo a los principales documentos oficiales de la
Iglesia relacionados con el ministerio del acólito, incluyendo al
Código de Derecho Canónico (1983); al

47
Los Ministerios instituidos

final de este apartado, trataremos de resumir dichas funciones en


una vision más sintética.
3
Los principales documentos oficiales del Magisterio eclesial
conciliar y posconciliar por orden cronológico son los quince
siguientes:

§ 1 La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la


liturgia, de diciembre 4 de 1963 (SC);
§ 2La Instrucción Inter Oecumenici de la S. Congregación
de Ritos y Concilium15, de septiembre 26 de 1964 (JO))
§ 3 El nuevo Pontifical y Ritual Romanos de Pablo VI, de
agosto 15 de 1968 (PRR);
§ 4 La Ordenación General del Misal Romano, de abril 6 de
1969 (OGMR);
§ 5 La Instrucción Liturgicae instaurationes de la S.
Congregación para el Culto divino16, de septiembre 5 de
1970 (Li);
§ 6 La Instrucción Sacramentali Communione, de la S.
Congregación para el Culto divino17, de junio 29 de 1970
(Se);
§ 7 La Carta apostólica Ministeria quaedam, de agosto 15
de 1972 (MQ);

15 Cf. S. Congregación de Ritos y Concilium, Instrucción general (primera) Inter


Oecumenici, para aplicar debidamente la Constitución Sacrosanctum
Concilium (26-IX-1964), cap. II, in Enchiridion- Documentación litúrgica
posconciliar, Barcelona, Editorial Regina, 1995, pp. 150-153.
16 Cf. Enchiridion- Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial
Regina, 1995, pp. 52-60.
17 Cf. Ibidem, pp. 274-275.
Preparación de las Funciones propias del Acólito

§ 8 La Introducción del Ritual de la sagrada Comunión y


culto eucaristico fuera de la Misa2*, de junio 21 de 1973
(RCCFM);

§ 9 La Instrucción In ecclesiasticam futurorum sobre la


formación litúrgica en los seminarios de la S.
Congregación para la Educación católica18 19 20 21, de
junio 3 de 1979 (ÍEF);

§ 10 La Carta Dominicae Cenae del Papa Juan Pablo II,


de febrero 24 de 1980 (DC);

§ 11 La Instrucción Inaestimabile Donum, de la S.


Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, de
abril 3 de 1980 (ID);

§ 12 La Introducción del BendicionaF, última parte del


Ritual Romano, de mayo 31 de 1984 (Ben);

§ 13 El nuevo Código de Derecho Canónico de Enero 25


de 1983 (CDC);

§ 14 El nuevo Ceremonial de los Obispos de 1984 (CO);

§ 15 El Directorio para las celebraciones dominicales en


ausencia de presbítero7*, de la S. Congregación para el
Culto divino, de junio 2 de 1988 (DCDAP).

§ 16 La Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de


la colaboración de los fieles laicos en el sagrado
ministerio de los sacerdotes, de la S. Congregación para
el Qero, de agosto 15 de 1997 (CCLSMS).

“ Cf. Ibidem, pp. 292-304.


19 Cf. Ibidem, pp. 63-81.
20 Cf. Ibidem, pp. 1031-1042.
21 Cf. Ibidem, pp. 405-414.
49
Los Ministerios Instituidos

Extractos de los textos del Magisterio


3.1.1 Según la Constitución Sacrosanctum Concilium
sobre la liturgia
(n° 29) Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos
pertenecen a la schola cantorum desempeñan un auténtico
ministerio litúrgico. Ejerzan, por tanto, su oficio con la
sinceridad y el orden que conviene a tan gran ministerio y les
exige con razón el pueblo de Dios. Con ese fin, es preciso que
cada uno a su manera esté profundamente penetrado del
espíritu de la liturgia y que sea instruido para cumplir su
función debida y ordenadamente.

3.1.2 Según la Instrucción Inter Oecumenici


(n° 13c) Los clérigos ejerzan frecuentemente el oficio
litúrgico propio de su Orden, es decir, de diácono, de
subdiácono, de acólito, de lector y además el de comentador y
cantor.

(nc 50) En las misas no solemnes celebradas con el pueblo, un


lector idóneo o un acólito puede leer las lecciones y la
epístola con los cantos interlecdonales, que el celebrante
escuchará sentado. El Evangelio lo puede leer un diácono u
otro sacerdote, que dice: Munda cor meum, pide la bendición
y al final presenta el libro de los Evangelios al ósculo del
celebrante.

3.1.3 Sfegún el Pontifical y Ritual Romanos


(nfi 5 § 2) A ti, se te confía la misión de ayudar a los
presbíteros y diáconos en su ministerio y distribuir, como
ministro extraordinario, la sagrada comunión a los fieles,
incluso a los enfermos. Ya que vas a ser destinado de un
modo especial al ministerio eucarístico, debes vivir desde
ahora más íntimamente unido y más perfec-

50
Preparación de las Funciones propias del Acólito

tamente identificado con el sacrificio del Señor; procura,


pues, ir captando el sentido más íntimo y espiritual de las
acciones que realizas, de tal manera que, cada día, te
ofrezcas tú mismo al Señor; como sacrificio espiritual que
Dios acepta por Jesucristo.

(nfi 5 § 3) Al realizar tu ministerio, conviene que


recuerdes que, de la misma manera que participas con tus
hermanos de un mismo pan, así también formas con ellos
un solo cuerpo. Ama, pues, sinceramente este cuerpo
místico de Cristo, es dedi; el pueblo de Dios,
especialmente en sus miembros necesitados y enfermos;
así, llevarás a la práctica aquel mandamiento que el Señor
dio a sus Apóstoles en la última Cena: "Amaos unos a
otros como yo os he amado".

3.1.4 Según la Ordenación General


del Misal Romano
(nc 65) El acólito es instituido para el servido del altar y como
ayudante del presbítero y del diácono. A él compete
prindpalmente la preparadón del altar y de los vasos sagrados, y
distribuir a los fieles la Eucaristía, de la que es ministro
extraordinario.

Funciones
(n° 142) Las fundones que puede ejercer el acólito son de
diverso género; puede darse el caso de que concurran varias
a la vez. Por tanto, es conveniente que se distribuyan,
según la oportunidad, entre varios; si solamente está
presente el acólito, haga él lo que es de más importanda,
distribuyéndose lo demás a otros ministros.

Ritos iniciales
(n° 143) En la procesión al altar, puede llevar la cruz entre dos
ministros con cirios encendidos. Cuando lle-

51
Los Ministerios Instituidos

gue al altar, dejada la cruz cerca del mismo/ ocupa su lugar


en el presbiterio.

(nfi 144) Durante toda la celebración, es propio del acólito


acercarse al sacerdote o al diácono, cuantas veces se
requiera, para servir el libro y ayudarles en todo lo
necesario. Conviene, por tanto, que, en la medida de lo
posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer
fácilmente su ministerio, en la sede o en el altar.

Liturgia eucarística
(nc 145) En ausencia del diácono, una vez acabada la
oración universal, mientras el sacerdote permanece en la
sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el
purificado!*, el cáliz y el misal. Después, si es necesario,
ayuda al sacerdote en la recepción de los dones del pueblo y
oportunamente lleva el pan y el vino al altar y lo entrega al
sacerdote. Si se utiliza el incienso, presenta el incensario al
sacerdote y le asiste en la incensación de las ofrendas y del
altar

(n® 146) Puede ayudar al sacerdote, como ministro


extraordinario, en la distribución de la comunión al pueblo
(cf. MQ VI). Si se da la comunión bajo las dos especies,
ofrece el cáliz a los que van a comulgar o, si la comunión es
por intindón, sostiene el cáliz.

(n° 147) Acabada la distribudón de la comunión, ayuda al


sacerdote o al diácono en la purificadón y arreglo de los
vasos sagrados y allí los purifica y arregla.

(nc 203) Si la comunión del cáliz se hace con cucharilla, se


procede de la misma manera que en la comunión con canilla;
cuídese, sin embargo, que después de la comunión con
cucharilla quede en un vaso agua, el cual.

52
Preparación de las Funciones propias del Acólito

una vez terminada la comunión, lo traslada el acólito a la


mesa preparada, para purificarlas y secarlas.

(nfi 204) En último lugar se acerca el diácono. Después de


haber sumido la Sangre de Cristo, consume todo lo que
ha sobrado, traslada el cáliz a la credencia, y allí él o un
acólito lo purifica, lo seca y lo arregla como de
costumbre.

Purificaciones
(n° 237) Siempre que algún fragmento del pan
consagrado quede adherido a los dedos, sobre todo
después de la fracción o de la comunión de los fieles, el
sacerdote (el diácono, o el acólito u otros ministros
extraordinarios) debe limpiar los dedos sobre la patena y,
si es necesario, lavarlos. En modo análogo, si quedan
fragmentos fuera de la patena, los recoge.

(n° 238) Los vasos sagrados los purifica el sacerdote, el


diácono o el acólito, después de la comunión o después
de la misa, siempre que sea posible en la credencia. La
purificación del cáliz se hace con vino y agua, o
solamente con agua, que sumirá el mismo que purifica.
La patena basta limpiarla, de ordinario, con el purificadon

(nfi 239) Si el pan consagrado o alguna partícula del


mismo llega a caerse, se recogerá con reverencia. Si se
derrama algo de la Sangre del Señor, el sitio en que cae
lávese con agua y luego échese esta agua en la piscina.

3.1.5 Según la Instrucción Liíurgicae instaurationes


(n° 6) Atendiendo al signo, los fieles ven expresada una
más perfecta participación cuando comulgan bajo las dos
especies (cf. OGMR 240). Esta forma de recibir la
comunión es permitida sólo en los límites establecidos
por la

53
Los Ministerios instituidos

Ordenación General del Misal Romano (n° 242), y según la


norma litúrgica de la Instrucción Sacramentan Communione,
de junio 29 de 1970, de la S. Congregación para el Culto
divino, para una facultad más amplia de dar la comunión
bajo las dos especies. Por tanto:

c) Cuando la comunión se realiza en el cáliz, serán


sacerdotes, diáconos o acólitos que hayan recibido el
(ministerio instituido) del acolitado los que presenten el cáliz
a los que comulgan. En su defecto, el celebrante observará el
rito prescrito en el número 245 del OGMR.

No se ve admisible que los comulgantes se pasen el cáliz


entre sí o que cada uno se acerque directamente a él para
tomar la preciosísima Sangre. En estos casos prefiérase la
comunión por intención.

d) Distribuir la comunión es oficio, en primer lugar, del


sacerdote celebrante, luego del diácono y, en algunos casos,
del acólito. La Santa Sede puede permitir que se destine para
esto a otras personas de prestigio y virtud que hayan recibido
el mandato correspondiente. Quien no haya recibido dicho
mandato no puede distribuir la santa comunión o llevar de un
lugar a otro los vasos sagrados con el Santísimo Sacramento.

Respecto al modo de distribuir la sagrada comunión,


obsérvese lo establecido en el OGMR, 244-245, y la citada
Instrucción de junio 29 de 1970. Si se concede un modo
distinto del tradicional para distribuir la sagrada comunión,
obsérvense las condiciones establecidas por la Sede
Apostólica.
Preparación de las Funciones propias del Acólito

3.1.6 Según la Instrucción Sacramentan


Communione
(n® 6 § 2) Entre los modos previstos por la OGMR tiene,
ciertamente, preeminencia la comunión que se hace
bebiendo del mismo cáliz; sin embargo, de este modo se
efectuará solamente cuando todo pueda realizarse con el
orden conveniente, sin que haya peligro alguno de
irreverencia hada la Sangre dél Señor, Si están presentes,
ofrezcan el cáliz otros sacerdotes, o diáconos o acólitos.

Por el contrario, no es de aprobar el método de pasar el


cáliz de uno a otro, ni tampoco el que los comulgantes se
acerquen directamente al cáliz para beber la Sangre del
Señor

Cuando no estén disponibles los ministros indicados, sean


pocos los que han de comulgar y el modo escogido sea el
de beber directamente del cáliz, distribuya el mismo
sacerdote, primero el pan consagrado y después la otra
espede.

3.1.7 Según la Ministeria quaedam


(n® VI) El Acólito queda instituido para ayudar al diácono
y prestar su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el
servido del Altar, asistir al diácono y al sacerdote en las
fundones litúrgicas, prindpalmente en la celebradón de la
Misa; además distribuir, como ministro extraordinario, la
Sagrada Comunión cuando faltan los ministros de que habla
el c. 845 (1917) del CIC o están imposibilitados por
enfermedad, avanzada edad o ministerio pastoral, o también
cuando el número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa
es tan elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las
mismas drcunstandas espedales se le podrá encargar que
exponga públicamente a la adoración de los fieles el
Sacramento de la Sagrada Eucaristía y hacer

55
Los Ministerios instituidos

después la reserva; pero no que bendiga al pueblo. Podrá


también -cuando sea necesario- cuidar de la instrucción de los demás
fieles, que por encargo temporal ayudan al sacerdote o
diácono en los actos litúrgicos llevando el misal/ la cruz, las
velas, etc., o realizando otras fundones semejantes. Todas
estas fundones las ejercerá más dignamente participando con piedad
cada día más ardiente en la Sagrada Eucaristía, alimentándose de ella
y adquiriendo un más profundo conodmiento de la misma.

El Acólito, destinado de modo particular al servido del Altar,


aprenda todo aquello que pertenece al culto público divino y trate de captar
de forma que se ofrezca diariamente
su sentido íntimo y espiritual,
a sí mismo a Dios, siendo para todos un ejemplo de seriedad
y devodón en el templo sagrado y además, con sincero amor, se
sienta cercano al Cuerpo Místico de Cristo o Pueblo de Dios, especialmente a
los necesitados y enfermos.

3.1.8 Según el Ritual de la sagrada Comunión y


culto eucarístico fuera de la Misa (nQ 17) Pertenece ante
todo al sacerdote y al diácono administrar la comunión a los fieles
que la pidan (cf. EM 31). Mucho conviene, pues, que a este
ministerio de su orden dediquen todo el tiempo predso, según la
necesidad de los fieles.

También pertenece al acólito debidamente instituido, en


cuanto ministro extraordinario, distribuir la sagrada
comunión cuando faltan un presbítero o diácono, o estén
impedidos, sea por enfermedad, edad avanzada, o por algún
ministerio pastoral, o cuando el número de los fieles que se
acercan a la sagrada mesa es tan numeroso que se alargaría
excesivamente la misa u otra celebración (cf. MQ VI).

56
Preparación de las Funciones propias del Acólito

El Ordinario del lugar puede conceder la facultad de


distribuir la sagrada comunión a otros ministros
extraordinarios cuando sea necesario para la utilidad
pastoral de los fieles y no se disponga ni de sacerdote ni
de diácono o acólito (cf. le, 1,1 y II).

3.1.9 Según la Instrucción In


ecclesiasticam futurorum
(n° 13) A fin de que los alumnos experimenten el
misterio de la Iglesia en cuanto jerárquica, o sea,
distinta en la variedad de los miembros y de ministerios,
es conveniente que haya en el seminario diáconos, acólitos
y lectores, que, imbuidos de la espiritualidad del propio
oficio, ejerzan su ministerio en las acciones litúrgicas (cf.
SC 28); de este modo se hará patente a todos los
alumnos la función propia del sacerdocio ministerial y
las de los diáconos, de los lectores y de los acólitos.

(nc 23) (...). Aparte de la excepción de que se habla en el


n° 14, la misa debe ser celebrada por toda la comunidad
del Seminario, en la que cada uno participa según su
condición. Por eso, los sacerdotes que viven en el
Seminario y que no están obligados por oficio pastoral a
celebrar en otra parte, será bueno que concelebren la
misa de la comunidad, mientras los diáconos, los acólitos
y los lectores ejercitarán los respectivos oficios (cf. n°
41).

(n°41)Los lectores y acólitos ejerciten sus oficios. Los


diáconos, por su parte, antes de ser llamados al
sacerdocio, ejerciten su orden durante un cierto tiempo,
ya en el seminario, ya en las parroquias, ya
especialmente junto al propio Obispo.

57
Los Ministerios instituidos

3.1.10 Según la Carta apostólica Dominicae Cenae


(nQ 11 § 10) El tocar las sagradas especies, su distribución con
las propias manos, es un privilegio de los ordenados, que
indica una participación activa en el ministerio de la
Eucaristía. Es obvio que la Iglesia puede conceder esa facultad
a personas que no son ni sacerdotes ni diáconos, como son
tanto los acólitos, en preparación para sus futuras ordenaciones,
como otros laicos, que la han recibido por una justa necesidad,
pero siempre después de una adecuada preparación.

3.1.11 Según la Instrucción Inaestimabüe Donum


(n° 10) El fiel, religioso o seglar, autorizado como ministro
extraordinario de la Eucaristía, podrá distribuir la comunión
solamente cuando falten el sacerdote, el diácono y el acólito,
cuando el sacerdote está impedido por enfermedad o por su
edad avanzada, o cuando el número de fieles que se acercan a
la comunión sea tan grande que haría prolongar excesivamente
la celebración de la misa (cf. Ic, n° 1). Es, pues, reprochable la
actitud de sacerdotes que, aun estando presentes en la
celebración, se abstienen de distribuir la comunión, dejando
esta incumbencia a los seglares.

3.1.12 Según la Introducción del Bendicional


(n° 18) El ministerio de la bendición está unido a un particular
ejercicio del sacerdocio de Cristo y, según el lugar y el oficio
propio de cada cual en el pueblo de Dios, se ejerce del modo
siguiente: compete al Obispo principalmente...; luego a los
presbíteros, como requiere la naturaleza de su servido al pueblo
de Dios...; también compete a los diáconos, en cuanto que
prestan su ayuda al Obispo y a su presbiterio en calidad de
ministros de la palabra, del altar y de la caridad...

58
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(n& 18d) Los acólitos y lectores, que por la Institución que se


les ha conferido desempeñan una peculiar fundón en la
Iglesia, con razón se les concede, de preferen- da a los demás
laicos, la facultad de impartir algunas bendiciones29, a juicio
del Ordinario del lugar... Pero en presenda del sacerdote o de
diácono, deben cederles a ellos la presidenda.

3.1.13 Según el nuevo Código de Derecho Canónico


(n° 230 § 1) Los varones laicos que tengan la edad y •
condidones determinadas por el decreto de la Confe- renda
Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio espedal de
lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin
embargo, la coladón de esos ministerios no les da derecho a ser
sustentados o remunerados por la Iglesia.

29 De acuerdo al nuevo Bendicionnl un laico (hombre y mujer) puede realizar


varias bendiciones, por la eficada del sacerdocio común, del que se ha hecho
partícipe por el Bautismo y la Confirmación (cf. n® 18); con mayor razón si es
acólito instituido; dichas bendiciones son las siguientes: adultos (enfermos),
aeropuerto, animales, avión, barco, catequesis (reunión), campos y prados,
circunstancias diversas, niños (bautizados, todavía no bautizados, en familia,
por sus padres), niños enfermos, esposos, familias, novios (celebración del
compromiso), frutos nuevos, instalación técnica, instrumentos de trabajo, casa
nueva, madre y padre (después de un nacimiento), medios de transporte (vía,
puente, vía del ferrocarril, puerto, aeropuerto), reunión de oradón, escapulario,
mesa, andanos (a la casa), viaje (antes). Es de notar que en las diferentes
bendiciones posibles para los laicos: -la fórmula de sa- lutadón inidal es propia;
-la fórmula de bendidón se dice: no con las manos extendidas (como lo hacen
los diáconos y los presbíteros), sino juntas; -la bendición final se hace de la
manera siguiente: el ministro laico no bendice a la manera del sacerdote o del
diácono (hadendo la señal de la cruz sobre los demás), sino que él mismo se
santigua y invita a los partidpantes hacer lo mismo; -la despedida se hace
invocando la bendición de Dios sobre uno (cf. Bendieional).

59
Los Ministerios Instituidos

(n° 230 § 2) Por encargo temporal, los laicos30 pueden


desempeñar la función de lector en las celebraciones
litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las
funciones de comentador, cantor y otras, a tenor de la norma
del derecho.

30 Para la interpretación exacta del canon (230 § 2) hay que tener en cuenta que se
había preguntado a la Santa Sede (en junio de 1992) "si las funciones litúrgicas
que, según el mencionado canon, pueden ser confiadas a los laicos, podrían ser
desempeñadas igualmente por hombres y mujeres, y si entre dichas funciones
podría incluirse la del servicio al altar, en paridad con las otras funciones
indicadas por el mismo canon". La respuesta fue afirmativa y con la justa
instrucción por parte de la Santa Sede. Transcribimos las precisiones
comunicadas a la Conferencia Episcopal de Colombia por parte de la S.
Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos, en
fecha del 15 de marzo de 1994, sobre algunos aspectos del canon 230 § 2 y de
su interpretación auténtica:
"1) el canon (230 § 2) tiene carácter permisivo y no preceptivo: "Laici.-
.possunf". Por tanto, el permiso dado a este propósito por algunos Obispos, en
modo alguno puede ser invocado como obligatorio para los otros Obispos. En
efecto, compete a cada Obispo en su diócesis, oído el parecer de la
Conferencia Episcopal, dar un juicio ponderado sobre lo que hay que realizar
para un ordenado desarrollo de la vida litúrgica en la propia diócesis. 2) La
Santa Sede respeta la decisión que, por determinadas razones locales, algunos
Obispos han adoptado, en base a lo previsto por el canon (230 § 2), pero al
mismo tiempo, la misma Santa Sede recuerda que siempre será muy oportuno
seguir la noble tradición del servicio del altar por parte de los muchachos.
Como es evidente esto también ha favorecido el surgir de vocaciones
sacerdotales. Por tanto, siempre existirá la obligación de continuar sosteniendo
estos grupos de monaguillos. 3) Si en alguna diócesis, en base al canon (230 §
2), el Obispo permite que, por razones particulares, el servicio del altar
también sea desempeñado por mujeres, esto habrá de ser explicado
convenientemente a los fíeles a la luz de la norma citada, haciendo también
presente que dicha norma encuentra ya una amplia aplicación en el hecho de
que las mujeres desempeñan muchas veces el servicio de lector en la liturgia y
también pueden ser llamadas para distribuir la Santa comunión, como
ministros extraordinarios de la Eucaristía y ejercer otras funciones, como lo
prevé el mismo canon (230 § 3). 4) Además, debe quedar claro que los
mencionados servicios litúrgicos de los laicos son realizados ex temporáneo
deputations a juicio del Obispo, y que no se basa en un derecho de los laicos a
desempeñarlos, sean éstos hombres o mujeres".

60
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(n® 230 § 3) Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia


y no hay ministros, pueden también los laicos, aunque no
sean lectores ni acólitos, suplirle en algunas de sus
funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la Palabra,
presidir las oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y
dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del
derecho.

(n® 910 § 2) Gs ministro extraordinario de la sagrada


comunión el acólito, o también otro fiel designado según
el canon 230 § 3.

(n® 943) Es ministro de la exposición del Santísimo


Sacramento y de la bendición eucarística el sacerdote o el
diácono; en circunstancias peculiares, sólo para la
exposición y reserva, pero sin bendición, lo son el acólito,
el ministro extraordinario de la sagrada comunión u otro
encargado por el Ordinario del lugar, observando las
prescripciones dictadas por el Obispo diocesano.

(n® 1035 § 1) Antes de que alguien sea promovido al


diaconado, tanto permanente como transitorio, es necesario que
el candidato haya recibido y haya ejercido durante el tiempo
conveniente los ministerios de lector y de acólito.

3.1.14 Según el Ceremonial de los Obispos


(n® 27) El acólito, en el ministerio del altar, tiene su papel
propio, que debe ejercer, aún si están presentes algunos
ministros de orden superior.

(n® 28) El acólito está instituido para ayudar al diácono y


servir al presbítero. Su servicio consiste en servir al altar,
asistir al diácono y al presbítero en las celebraciones
litúrgicas, sobre todo la Misa; además, en cuanto

61
Los Ministerios Instituidos

ministro extraordinario de la Eucaristía, puede distribuir la


sagrada comunión según las normas del derecho.

Cuando es necesario, le corresponde también instruir a


aquellos que, en las celebraciones litúrgicas, sirven con el
libro, la cruz, los cirios, el incienso u otras funciones similares.
Sin embargo, en las celebraciones presididas por el Obispo,
conviene que ejerzan los acólitos instituidos y, si son
numerosos, que se repartan los oficios.

(n° 29) Para desempeñar su ministerio más dignamente, el


acólito participara de la sagrada Eucaristía con piedad siempre
más fervorosa, se alimentará de ella y profundizará su
conocimiento de ella. Se esforzará por captar siempre más el
sentido íntimo y espiritual de su ministerio, para ofrecerse
enteramente a Dios cada día y así llegar a un amor sincero por
el Cuerpo místico de Cristo o el pueblo de Dios, sobre todo los
más débiles y los enfermos.

(nQ65)La vestidura sagrado común a todos los ministros de


cualquier grado es el alba, que debe ceñirse por la cintura con
un cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que pueda
ajustarse al cuerpo sin necesidad de cíngulo. Mas antes de
ponerse el alaba, si ésta no cubre perfectamente el vestido
ordinario alrededor del cuello, póngase un amito. El alba puede
cambiarse por un sobrepelliz, pero no cuando se ha de vestir
encima la casulla o la dalmática, o cuando la estola cumple la
función de casulla o dalmática.

En vez de las vestiduras indicadas arriba, los acólitos, lectores


y demás ministros pueden llevar otras vestiduras legítimamente
aprobadas (cf. OGMR 297,301).

62
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(nfi 193) En la liturgia de las Horas celebrada solemnemente,


el acólito lleva la cruz entre dos acólitos que llevan a su vez
los cirios encendidos.

3.1.15 Según el Directorio para las celebraciones


dominicales en ausencia de presbítero
(nc 30) Cuando estén ausentes tanto el presbítero como el
diácono, el párroco designará a laicos, a los que encomendará
el cuidado de las celebraciones, es deᣠla guía de la plegaria,
el servicio de la Palabra y la distribución de la santa
comunión.

Deberá elegir en primer lugar a los acólitos y lectores,


instituidos para el servicio del altar y de la Palabra de Dios.
Faltando también éstos, pueden ser designados otros laicos,
hombres y mujeres, los cuales pueden ejercer esta función en
base a su bautismo y a su confirmación (cf. AP 1). Éstos sean
elegidos atendiendo a su conducta de vida, en consonancia
con el Evangelio; y se tenga en cuenta el que puedan ser bien
aceptados por los fieles. La designación se hará habitualmente
por un período determinado y se manifestará públicamente a
la comunidad. Es conveniente que se haga una plegaria
especial por ellos en alguna celebración (cf. Bendicional,
bendición para lectores 392-408; bendición para acólitos 409-
426).

El párroco se responsabilizará de dar a estos laicos una


oportuna y continua formación y de preparar con ellos unas
celebraciones dignas (cf. Capítulo III).

63
Los Ministerios Instituidos

3.1.16 Según la Instrucción sobre algunas


cuestiones acerca de la colaboración de los
fieles laicos en el sagrado ministerio de los
sacerdotes
Artículo 7
Las celebraciones dominicales
en ausencia de presbítero

§ 1 En algunos lugares, las celebraciones dominicales (cf.


CDC 1248, § 2) son guiadas, por la falta de presbíteros o
diáconos, por fieles no ordenados. Este servicio, válido
cuanto delicado, es desarrollado según el espíritu y las
normas específicas emanadas en mérito por la
competente Autoridad eclesiástica22. Para animar las
mencionadas celebraciones el fiel no ordenado deberá
tener un especial mandato del Obispo, el cual pondrá
atención en dar las oportunas indicaciones acerca de la
duración, lugar, las condiciones y el presbítero
responsable.

§ 2 Tales celebraciones, cuyos textos deben ser aprobados


por la competente Autoridad eclesiástica, se configuras
siempre como soluciones temporales23. Está prohibido
inserir en su estructura elementos propios de la liturgia
sacrificial, sobre todo la "plegaria eucarística", aunque sí
en forma narrativa, para no engendrar errores en la mente
de los fieles (cf. Directorio... Christi Ecclesia 35: 1. C; CDC
1378, § 2, 1 y § 3; 1384). A tal fin debe ser siempre
recordado a quienes toman parte en ellas que tales
celebraciones no sustituyen al Sacrificio eucarístico y que
el precepto festivo se cumple solamente

22Cf. CDC 1248, § 2; Instrucción Inter oecumenici (26 septiembre 1964), nQ 37;
S. Cong. Para el Culto Divino, Directorio para las celebraciones
dominicales en ausencia del presbítero, Christi Ecclesia (10 junio 1988):
Notitiae 263 (1988).
23 Cf. Juan Pablo II, Alocución (5 junio 1993): AAS 86 (1994), p. 340.
64
Preparación de las Funciones propias del Acólito

participando a la Santa Misa (cf. CDC 1248). En tales


casos, allí donde las distancias o las condiciones físicas
lo permitan, los fieles deben ser estimulados y ayudados
todo lo posible para cumplir el precepto.

Artículo 8
El ministro extraordinario de la Sagrada Comunión

Los fieles no ordenados, ya desde hace tiempo, colaboran


en diversos ambientes de la pastoral con los sagrados
ministros a fin que "el don inefable de la Eucaristía sea
siempre más profundamente conocido y se participe a su
eticada salvíñca con siempre mayor intensidad" (cf.
Instruction hnmensae caritatis -29 enero 1973-, proemio).

Se trata de un servicio litúrgico que, responde a objetivas


necesidades de los fíeles, destinado, sobre todo, a los
enfermos y a las asambleas litúrgicas en las cuales son
particularmente numerosos los fieles que desean recibir
la Sagrada Comunión.

§ 1 La disciplina canónica sobre el ministro extraordinario


de la sagrada Comunión debe ser, sin embargo, rectamente
aplicada para no generar confusión. La misma establece
que el ministro ordinario de la Sagrada Comunión es el
Obispo, el presbítero y el diácono (cf. CDC 910, § 1; Carta
Dominicae Coenae - 24 febrero 1980-, 11), mientras son
ministros extraordinarios sea el acólito instituido, sea el
fiel a ello delegado a norma del can. 230, § 3 (cf. CDC
910, § 2).

Un fiel no ordenado, si lo sugieren motivos de verdadera


necesidad, puede ser delegado por el Obispo diocesano,
en calidad de ministro extraordinario, para
distribuir la Sagrada Comunión también fuera de la ce-

Jcl Co
Los Ministerios Instituidos

lebración eucarística, ad actum vel ad tempus, o en modo


estable, utilizando para esto la apropiada forma litúrgica de
bendición. En casos excepcionales e imprevistos la
autorización puede ser concedida ad actum por el sacerdote
que preside la celebración eucarística33.

§ 2 Para que el ministro extraordinario, durante la


celebración eucarística, pueda distribuir la Sagrada
Comunión, es necesario o que no se encuentren presentes
ministros ordinarios o que, estos, aunque presentes, se
encuentren verdaderamente impedidos. Pueden desarrollar
este mismo cargo también cuando, a causa de la numerosa
participación de rieles que desean recibir la Sagrada
Comunión, la celebración eucarística se prolongaría
excesivamente por insuficiencia de ministros ordinarios (cf.
Instrucción Immensae caritatis 1; Instrucción Inaestimabile
donum 10).

Tal encargo es de suplencia y extraordinario (cf. CDC 230, § 2


y § 3) y debe ser ejercitado a norma de derecho. A tal fin
es oportuno que el Obispo diocesano emane normas
particulares que, en estrecha armonía con la legislación
universal de la Iglesia, regulen el ejercicio de tal encargo.
Se debe proveer, entre otras cosas, a que el fiel delgado a
tal encargo sea debidamente instruido sobre la doctrina
eucarística, sobre la índole de su servicio, sobre las
rúbricas que se deben observar para la debida reverencia a
tan augusto Sacramento y sobre la disciplina acerca de la
admisión para la Comunión.

Para no provocar confusiones han de ser evitadas y


suprimidas algunas prácticas que se han venido creando

33 Cf. Instrucción Immensae caritatis 1; Missale Romanian, Appendix: Ritus ad


deputandum ministrum S. Communionis ad actum distribuendae;
Pontificóle Romanian: De institutione lectorum et acolythorum.

66
h
Preparación de las Funciones propias del Acólito

desde hace algún tiempo en algunas Iglesias particulares,


como por ejemplo:

- la comunión de los ministros extraordinarios como si


fueran concelebrantes;

- asociar, a la renovación de las promesas de los


sacerdotes en la Santa Misa crismal del Jueves Santo,
otras categorías de fíeles que renuevan los votos religiosos
o reciben el mandato de ministros extraordinarios de la
Comunión;

- el uso habitual de los ministros extraordinarios en las


SS. Misas, extendiendo arbitrariamente el concepto de
"numerosa participación".

Visión sintética de las funciones


Después de la presentación de los diferentes documentos eclesiales
referentes al ministerio del acolito, tratemos de dar una vision mas
sintética de las funciones que corresponden a este ministerio
específico del acólito.

El vistazo panorámico a los principales documentos nos manifiesta


que el oficio de acólito es un verdadero ministerio litúrgico (SC29).
Podemos resumir el conjunto de estas funciones diciendo, con el n°
65 del Ordenación General del Misal Romano:

El acólito es instituido para el servicio del altar y como


ayudante del presbítero y del diácono. A él compete
principalmente la preparación del altar y de los vasos
sagrados, y distribuir a los fieles la Eucaristía, de la que es
ministro extraordinario.

67
Los Ministerios Instituidos

Sus funciones ordinarias y extraordinarias pueden sintetizarse de


la manera siguiente (cf. OGMR 142-147; MQ Vf):

f §1 Funciones ordinarias
Existen unas funciones que podemos llamar ordinarias, por cuanto
permiten al acólito ejercer normalmente su ministerio del altar al
servicio del presbítero y del diácono, y lo ponen en contacto con la
Eucaristía. Como ministro ordinario, las funciones del acólito son
las siguientes:

1. Le corresponde al acólito asistir al presbítero y al diácono en


su actividad ministerial relativa a la celebración y a la pastoral de
la Eucaristía. En esta perspectiva es propio del acólito:

- Cuidar el servicio del altar mediante el buen ordenamiento de


las funciones litúrgicas, y preparar los vasos sagrados (cáliz,
patena, custodia, etc.).

- Asistir al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas,


principalmente en la celebración de la Santa Misa para favorecer el
total y adecuado desarrollo de la misma.

- Purificar los vasos sagrados (cáliz, copones, patena, etc.)


después de la sagrada comunión o después de la Santa Misa; aún si
normalmente son funciones confiadas al diácono (cf. OGMR 237-
239 sobre la purificación de los vasos sagrados).

2. La colaboración que el acólito debe prestar a los presbíteros y


diáconos en el desarrollo de la celebración eucarística no se limitará
únicamente al momento mismo de la acción litúrgica o a la ayuda en
la distribución de la sagrada Eucaristía. Esta colaboración deberá
también manifestarse en la misma preparación de la celebración,
poniendo especial cuidado en que estén debidamente atendidos todos
los aspectos

68
Preparación de las Funciones propias del Acólito

que configuran el conjunto, ritmo y desarrollo de la celebración,


coordinando también la preparación y actuación de los otros
ministros que participan como actores en la ' celebración de la Misa.

3. £1 acólito tiene también la responsabilidad de cuidar, cuando


sea necesario, de la formación y preparación de quienes ocasional
o temporalmente deben ejercer algunas de las funciones necesarias
al buen desarrollo de los actos litúrgicos: como llevar el misal, la
cruz, los cirios, el incensario, el agua bendita, etc. o realizar otros
oficios semejantes; se trata de varios servicios litúrgicos confiados
habitualmente a los monaguillos o a otros laicos. Es
responsabilidad del acólito preparar dichas personas con esmero,
para que ejerzan su oficio con sincera piedad, buen orden, espíritu
litúrgico, según las normas litúrgicas establecidas (cf. SC 29).

4. El acólito desempeñará su ministerio con conciencia de


estabilidad en su misión y responsabilidad en su compromiso. Por
eso, la Iglesia le confía oficial y específicamente su ministerio en
el momento de instituirle como tal.

5. El acólito procurará que la Eucaristía sea realmente el centro de


su vida, no sólo como cristiano sino también como ministro
instituido de la Eucaristía. El ejercicio de sus funciones será tanto
más digno cuanto más participe él cada día, con devoción y piedad
más sincera, en la sagrada Eucaristía, cuanto más se alimente de ella
y adquiera un profundo conocimiento y ardiente amor de la misma.
En este Sacramento encontrará el motivo para convertir su
ministerio del altar en un humilde, amoroso y abnegado servicio a la
comunidad cristiana.

§ 2 Funciones extraordinarias
Existen otras funciones que ponen el acólito en contacto directo con
la Eucaristía; pero son funciones de suplencia

69
Los Ministerios Instituidos

con las cuales, de modo extraordinario, él ayuda o


substituye al sacerdote o al diácono en determinados casos.
Le compete entonces como ministro extraordinario:
1. Distribuir la sagrada Comunión cuando los ministros
ordinarios no están presentes o están imposibilitados por
enfermedad o edad avanzada, u ocupados en otros
ministerios pastorales, o también cuando el número de los
fieles que se acercan a la sagrada mesa es tan elevado que
se alargaría demasiado la celebración de la Santa Misa.
2. Llevar la sagrada Eucaristía a los enfermos, tanto en el
marco de la pastoral habitual hacia ellos como en el caso
del Viático, cuando las circunstancias pastorales se lo
aconsejan (cf. Ritual de la sagrada comunión y culto eucarístico fuera
de la Misa 54-67: parala comunión de los enfermos; nn. 68-
78: para el Viático).
3. Distribuir la Eucaristía a las comunidades que
carezcan de presbítero o diácono durante las celebraciones
dominicales.
4. Encargarse, en las mismas circunstancias
extraordinarias indicadas por el Ritual, de exponer
públicamente a la adoración de los fieles el Sacramento de
la sagrada Eucaristía y hacer después la reserva, pero sin
bendición (cf. Ritual de la sagrada comunión y culto eucarístico fuera
de la Misa 84-100: para la exposición pública).

5. Dirigir algunas veces unas celebraciones dominicales,


que le han sido encomendadas por la autoridad
competente, en ausencia del presbítero o del diácono: por
ejemplo, guiando la plegaria, realizando una celebración
de la Palabra de Dios y distribuyendo la sagrada
comunión (cf. El Directorio para celebraciones dominicales en
ausencia del presbítero 30).

70
Preparación de las Funciones propias del Acólito

6. Impartir, finalmente en ciertas circunstancias -a juicio


del Ordinario del lugar- algunas bendiciones de personas y
cosas, previstas por el nuevo Bendicional (1986),
precisamente por el hecho de ejercer el ministerio
instituido del acolitado; salvo si esta presente un sacerdote
o un diácono (cf. Bendicional 18d).
3.2 IMPORTANCIA DEL OFICIO DE ACÓLITO
Después de este vistazo a los numerosos documentos de la
Iglesia referentes a las funciones múltiples del acólito,
queda más fácil señalar y subrayar las distintas razones o
motivos que manifiestan la importancia del ministerio del
acólito en la Iglesia. Como lo recuerda el Concilio
Vaticano n, en el na 29 de la Constitución Sacrosanctum
Concilium sobre la liturgia, el acolitado es un auténtico y
verdadero ministerio eclesial. Destaquemos tres razones.
El acolitado es importante porque es, a la vez, un auténtico
ministerio litúrgico; pero no sólo litúrgico sino también
extra-litúrgico; y por eso mismo es muy importante su
recepción y ejercicio por parte de los candidatos al
diaconado, transitorio o permanente, como también al
sacerdocio ministerial. Tratemos de precisar estas
afirmaciones.
Auténtico ministerio litúrgico
El ministerio del acólito tiene su importancia por cuanto
es un “auténtico ministerio litúrgico* confirmado por la
antigüedad del testimonio de la historia misma de la
Iglesia. Este ministerio es muy antiguo en la Iglesia, como
lo hemos podido constatar en la reseña histórica. Durante
siglos, el acolitado era una de las cuatro órdenes menores,
junto con los lectores, los ostiarios y los exorcistas. Los
encontramos llevando la Eucaristía a los enfermos o a los
presos, precediendo con sus cirios la entrada del Papa o
del Obispo celebrante, o ejerciendo diversos ministerios en
los ritos del catecumenado.

71
Los Ministerios Instituidos
1

Hoy en día, en nuestras parroquias, -aunque no sean instituidos- son


todavía los acólitos los que en las procesiones de entrada o del
Evangelio llevan la cruz, los cirios, el leccio- nario o el incienso. Son
ellos quienes que en el Ofertorio ayudan al diácono a preparar el altar,
trayendo el pan, el vino y el agua; son los que sirven el Lavabo de las
manos del sacerdote-celebrante; los que pueden recoger las ofrendas
o dones de los fíeles en la asamblea litúrgica; los que ponen al
alcance del presidente de la celebración todo lo necesario para las
diversas celebraciones: agua bendita, libros, etc. y los que ayudan a
llevar a la credencia los vasos sagrados y varios objetos del altar
después de la comunión.

En el año 1972 el Papa Pablo VI, con la Carta apostólica Ministerio,


quaedam suprimió las cuatro órdenes menores mencionadas e instituyó para la
Iglesia universal dos ministerios laicales instituidos: el lectorado y el acolitado.
Dichos 3 ministerios han sido pensados no sólo para los candidatos a
la orden sagrada del diaconado y del presbiterado, sino también para
laicos, llamados a ejercer dichos ministerios para el bien de la
comunidad cristiana, y eso desde su condición de laicos bautizados en
virtud de su sacerdocio bautismal.

Como lo hemos constatado con la lista de los documentos eclesiales


mencionados, la función específica del acólito en sentido propio
viene a ser la de

ayudar al diácono y al sacerdote en el servicio del altar,


preparar y purificar los vasos sagrados en ausencia del
diácono, coordinar los otros ministerios (monaguillos,
lectores, cantores, comentaristas, etc.), promoviendo la
formación y la espiritualidad del equipo litúrgico, y también,
fuera de la esfera litúrgica, cuidar de las obras de caridad y
beneficencia. Son ministros extraordinarios de la
distribución de la Eucaristía, así como de la exposi-

72
Preparación de las Funciones propias del Acólito

dón del Santísimo/ aunque no pueden/ a diferenda de los


diáconos, dar la bendidón al final34.

Ministerio no sólo litúrgico sino también extra-litúrgico


El ministerio del acólito, repensado por la Ministeria quae• darriy
tiene gran importancia no sólo por ser un auténtico ministerio
litúrgico sino también un ministerio con proyección extra-litúrgica,
pues la Iglesia no sólo celebra al Señor en su Liturgia, sino que ora,
evangeliza, explica la Palabra de Dios y da testimonio de ella en el
mundo por la palabra y por las obras. Por eso, el Motu Proprio de
Pablo VI señala que la Institución en el ministerio de acólito confía
funciones no sólo litúrgicas sino también responsabilidades que
desbordan la celebración litúrgica; responsabilidades que están
siempre en relación estrecha con el servicio del altar y de la
Eucaristía, pero también con el sacramento de la Eucaristía, como
son la Iglesia -cuerpo místico de Cristo-, y la caridad, -verdadero
fruto eucarístico-, especialmente para con los pobres, los enfermos
y los más débiles.

Una primera responsabilidad extra-litúrgica que compete al acólito


el la de “cuidar de la instrucción de los demás fieles, que por encargo
temporal ayudan al sacerdote o al diácono en los actos litúrgicos
llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras
funciones semejantes” (AÍQ Vi). El acólito puede prestar en este
sentido un servicio importante no sólo de instrucción sino también
de verdadera formación litúrgica y espiritual de todos los demás
ministros no instituidos, mencionados por la Ordenación general del
Misal Romano (67-70): como son los monaguillos, lectores, acólitos
no instituidos, comentaristas, salmistas, acomodadores, cantores,
etc. Como lo repite la misma Ordenación general “conviene, -y
esto sobre todo en las iglesias y co-

34 Aldazabal, J., Ministerios de laicos. Los acólitos, Dossiers, CPL 35,


Barcelona, 1987, p. 45.

73
Los Ministerios Instituidos

munidades de mayor importancia-, que haya alguien designado


para la preparación adecuada de las acciones sagradas y para que
los ministros las ejecuten con decoro, orden y piedad” (n° 69).

Una segunda responsabilidad extra-litúrgica podría ser la de


encargarse de la formación de ciertos miembros de las
comunidades parroquiales dedicados al servicio de la oración
comunitaria. Al respecto, podemos mencionar, aquí, que la
traducción francesa del Ritual de la Institución del acólito llama
precisamente el ministerio del acolitado el servicio de la oración
comunitaria y de la Eucaristía^ ciertamente, esta versión francesa del
Ritual quiere subrayar así el hecho de que las responsabilidades del
acólito desbordan netamente la dimensión litúrgica. El acólito
puede perfectamente prestar un servicio valioso a la comunidad
parroquial en todo lo que se refiere a la formación teórica y
práctica de los miembros de dicha comunidad que quisieran
participar de manera activa en la oración comunitaria en la
parroquia: por ejemplo, de la Liturgia de las Horas (laudes y
vísperas), de la Lectura santa o Lectio divina, como también de los
novenarios preparatorios a las fiestas de Navidad, de Pentecostés, o
de la fiesta patronal de la parroquia o comunidad, etc.

Finalmente, una tercera responsabilidad extra-litúrgica que


compete también al ministerio instituido del acólito es la que
concierne a las obras de caridad y de beneficencia, como auténtico
fruto eucarístico. La Ministeria quaedam evoca la existencia, en la
Iglesia de los primeros siglos, de unos ministerios que la Iglesia
encomendaba a algunos fieles laicos, “para que los ejercieran como
funciones litúrgico-religiosas y caritativas, en conformidad con las
diversas circunstancias” (Intro. § 1). El documento tomando en
consideración estas actividades caritativas, pero sin precisar cuáles
son, afirma que los ministerios instituidos, tanto del lectorado
como del acolitado, tienen funciones que desbordan el campo

74
Preparación de las Funciones propias del Acólito

litúrgico. Esto nos permite pensar que dichas actividades caritativas


pueden ser para el acólito aquellas que prolongan la Eucaristía,
Cuerpo del Señor, pero también cueipo místico de Cristo, es decir,
la Iglesia, Esposa de Cristo, Pueblo de Dios, y especialmente en sus
miembros más pobres, más necesitados, más dolientes.

En esta línea, le compete al acólito visitar a los enfermos, a los


ancianos y a los presos. Podría dedicarse en sus visitas a prepararlos
para el sacramento de la Penitencia y Reconciliación como también
para el de la Eucaristía. En cuanto a obras de caridad, el acólito
podría perfectamente colaborar en la recolección y distribución de
las limosnas, alimentos, ropa y otras dádivas para los más pobres y
necesitados. Podría también, en este sentido, participar de manera
activa, como ministro instituido, en los movimientos y asociaciones
a favor de los pobres: por ejemplo, la sociedad San Vicente de Paúl
u otras similares.

Importancia de su recepción y ejercitación


Finalmente, el ministerio instituido de acólito, aunque que sea un
ministerio laical, es importante a los ojos de la Iglesia para los
candidatos a la orden sagrada del diaconado y del presbiterado. La
Iglesia considera como un paso obligatorio para sus futuros pastores
la recepción y ejercitación de estos ministerios instituidos (cf. MQ
VI; AP D). Hay una razón pe- dagógica en esta praxis de la Iglesia:
es para que dichos candidatos se preparen mejor a las futuras
funciones de la Palabra de Dios y del Altar (cf. AP n).

Pero esta misma pedagogía eclesial se acompaña, además, de una


preocupación real y constante por la formación espiritual de sus
futuros pastores. La Iglesia considera conveniente y muy oportuno
que los candidatos a las órdenes sagradas conozcan y mediten, tanto
con el estudio como con el ejercicio gradual del ministerio de la
Palabra y del Altar, este

75
Los Ministerios Instituidos

doble aspecto de la función sacerdotal (cf. AP, Intro. § 17). Sólo así,
ellos se acercarán a las órdenes sagradas más plenamente conscientes
de su vocación, más decididos a servir al Señor y a su Iglesia, llenos
de fervor, perseverantes en la oración y más generosos para ayudar a
sus hermanos en sus necesidades. Y de este modo se verá con más
claridad la autenticidad de su ministerio.

La Carta Adpascendum subraya que esta preparación espiritual y


doctrinal se logrará tanto con los estudios teológicos en el Seminario como
también con la práctica de estos dos ministerios instituidos. Se piensa en un
ejercicio gradual del ministerio de la Palabra, pero también del ministerio del
altar, propio del acólito. Dicho ejercicio gradual se realizará tanto en la
parroquia, lugar de apostolado de los candidatos ala orden sagrada, donde ellos
procurarán poner en práctica cuanto han experimentado y aprendido en el
Seminario con 9oportunos ejercicios pastorales; pero también es
importante
que los candidatos tengan la oportunidad de ejercer sus mismos
ministerios instituidos en la misma comunidad del Seminario (cf.
Inst. In ecclesiasticam juturorum 41).

Además, la Iglesia se preocupa por acompañar a los candidatos en el


camino hacia el sacerdocio no sólo con la formación doctrinal y
espiritual, sino también a través de la celebración de los diversos ritos
preparatorios. Ella sabe, por experiencia secular, que

esta celebración de los ritos, juntamente con las instrucciones


preparatorias, ofrece a los alumnos una ocasión propicia para
orar con mayor interés los unos por los otros, y para
comprender mejor el significado, la importancia y las
obligaciones de los oficios que recibirán y la espiritualidad
requerida por el ejercicio de cada uno de los ministerios y de
las órdenes (cf. Inst. In ecclesiasticam futurorum 37-38).

76
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Por todas estas razones, es importante y necesario que los acólitos,


instituidos o no, pero especialmente aquellos que se preparan al
ministerio sacerdotal, sean aptos y diligentemente preparados para el
ejercicio de su ministerio litúrgico y extra-litúrgico. Nos
detendremos sobre la esmerada preparación espiritual, doctrinal y
práctica de los acólitos, mencionada y sugerida especialmente por
la Instrucción In ecclesiasticam futurorum 38.

3.3 NECESARIA PREPARACIÓN ESPIRITUAL


Para desempeñar eficaz y plenamente el ministerio que le es
propio, el acólito debe empeñarse en cultivar los medios más aptos
para favorecer su preparación espiritual personal; esta preparación
implica diversos aspectos, pero principalmente tres elementos
indispensables: primero, el cultivar una actitud o disposición
personal verdaderamente espiritual frente a la Eucaristía; en
segundo lugar, el cultivar y practicar en su vida personal varias
virtudes cristianas propicias para calificar el servicio de su
ministerio del Altar; y tercero, el trabajar seriamente en la
adquisición de los conocimientos indispensables para ser un
competente y eficaz ministro del Altar. No olvidamos que, aquí,
pensamos en todos los que están llamados a desempeñar el
ministerio del acolitado, laicos instituidos o no para este
ministerio, pero de modo especial en todos aquellos que se
preparan a recibir la orden sagrada del diaconado y del
presbiterado.

Actitud espiritual frente al misterio de la Eucaristía


Primero, el futuro pastor como acólito instituido debe cultivar una
actitud personal verdaderamente espiritual, primero en relación
con el misterio de la Eucaristía, y luego con el ministerio del altar.
Esta actitud espiritual se logrará mediante el cultivo de varias
disposiciones indispensables como las siguientes:

77
Los Ministerios Instituidos

- cultivar un profundo espíritu de fe ante el Misterio de la fe por


excelencia: la Eucaristía;

- nutrir un amor sincero y ardiente por la Eucaristía, Cuerpo real


de Cristo, y por la Iglesia, su Cuerpo espiritual (cf. MQ VI; Rito);

- profundizar con amor su conocimiento íntimo de Jesús


Eucaristía;

- manifestar su devoción eucarística por la práctica de la visita al


Santísimo, la adoración y la contemplación del mismo, en una
palabra, en una piedad eucarística siempre más ardiente;

- recibir la comunión frecuente o diaria;

- ofrecerse a diario a Dios sin reserva en el sacrificio de la Misa;

- desear unir su vida y consagrarla toda a Dios nuestro Señor;

- purificar siempre más su corazón para recibir la Eucaristía;

- llegar a ser para todos los demás un ejemplo de comportamiento


en el templo;

- cultivar un gran amor y solicitud pastoral para los enfermos, los


débiles y los más pobres;

- dar a conocer y amar a nuestro Señor, presente en la Eucaristía.

78
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Toda la preparación espiritual del acólito gira alrededor del


servicio del Altar y de la Eucaristía. Por eso debe aprender todo
aquello que pertenece al Culto divino público y tratar de captar su
sentido íntimo y espiritual. En este sentido, la Iglesia le
recomienda participar de la Eucaristía, todos los días, para que
aprenda a ofrecerse a sí mismo a Dios, para que sea un ejemplo
de seriedad y devoción en el templo, y para que se sienta más y
mas cercano a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo y Pueblo de
Dios, especialmente a los necesitados y a los enfermos.

El Papa Juan Pablo n resume este sentir de la Iglesia, cuando


afirma en la Pastores Dabo Vobis:

Esto explica la importancia esencial de la Eucaristía para


la vida y el ministerio sacerdotal y, por tanto, para la
formación espiritual de los candidatos (especialmente los
acólitos) al sacerdocio. Con gran sencillez y buscando la
máxima concreción, deseo repetir que "es necesario que
los seminaristas participen diariamente en la celebración
eucarística, de forma que luego tomen como regla de su
vida sacerdotal la celebración diaria. Además, han de ser
educados a considerar la celebración eucarística como el
momento esencial de su jornada, al que participarán
activamente, sin contentarse nunca con una asistencia
meramente habitual. Fórmese también a los aspirantes al
sacerdocio según aquellas actitudes íntimas que la
Eucaristía fomenta: la gratitud por los bienes recibidos
del délo, ya que la Eucaristía significa acdón de gradas; la
actitud donante que los lleve a unir su entrega personal al
ofredmiento euca- rístico de Cristo; la caridad alimentada
por un sacramento que es signo de unidad y de
partidpadón; el deseo de contemplación y adoración ante
Cristo realmente presente

79
Los Ministerios Instituidos

bajo las especies eucarísticas" (Angelus del 1 de julio de


1990/ p. 3 in L'Oss. Rom. del 2-3 de julio de 1990) (PDV 48).

Además de un amor especial por la Eucaristía, como centro de su


vida cristiana, la preparación espiritual al ministerio del Altar debe
ayudar a cultivar otros aspectos importantes de la formación
espiritual del acólito, como son el sentido de lo sagrado, la actitud
celebrativa, y la actitud espiritual para descubrirlas distintas
presencias de Cristo en la cele-bración.

La formación espiritual debe hacer descubrir y cultivar en los futuros


ministros del altar el sentido de lo sagrado. Dicho sentido es

la mejor condición para que su actuación sea digna/


respetuosa/ aleccionadora para la comunidad (cristiana). Su
saber estar/ su modo de moverse, con serenidad y no con
precipitación, su aproximación reverente al altar y a todo el
misterio al que sirven, suelen ser fruto de una motivación
catequística y de unas convicciones que alguien les ha
ayudado a adquirir35.

Deben adquirir además una verdadera actitud celebrativa. Por una


parte, “sus gestos y posturas, y su atención activa hacia los varios
“polos” de la acción, debe mostrar que se sienten miembros de una
comunidad que celebra, escucha, ora, canta y participa, de un modo
más expresivo que en otras personas que no están tan a la vista de la
comunidad. No hace falta que aparezcan como protagonistas, sino
como ayudantes de los ministros principales. Normalmente su lugar no
es, como si fueran “diácono y subdiácono”, al lado del presidente y de
cara al pueblo, sino en otro plano más discreto”36.

35 Ibidem, p. 48.
36 Ibidem, p. 48.

80
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Finalmente, su actitud espiritual debe ayudarles a descubrir las


varias presencias de Cristo en la celebración litúrgica (cf.
SC 7).

En la comunidad cristiana reunida: por tanto, deberán


amar y servir a esta comunidad que es la suya, y en la que
está presente Cristo Jesús; en la Palabra de Dios que se
prodama: por tanto, deberán hacer esfuerzos por conocer
cada vez mejor esta Palabra bíblica y prodamarla bien,
habiendo redbido también ese encargo; en la persona del
sacerdote u Obispo presidente: por tanto, deberán tener
como una honra y realizar con gozo y dignidad el
ministerio que se les ha confiado de ayudar, en el
presidente, al mismo Cristo; y de modo espedal en el Pan
y Vino de la Eucaristía, sobre el altar: por tanto, deberán
amar la Eucaristía, acercarse con respeto con- venddo al
altar y expresar con su modo de actuar su fe en la
presenda de Cristo y en la dignidad de la Eucaristía que la
comunidad celebra37.

Varias virtudes cristianas por cultivar


En segundo lugar, con la preparación espiritual no puede faltar la
práctica de aquellas virtudes cristianas que deben adornar al acólito
en su ministerio del Altar. Estas virtudes no son otras que las
siguientes: una fe viva y profunda, un espíritu de oración, la
docilidad al Espíritu Santo, el celo apostólico, la fidelidad a acoger
la Palabra y a ponerla en práctica, una profunda devoción y amor a
la Eucaristía, el gusto para el estudio de todo lo relacionado con el
misterio de Jesús-Eucaristía, el deseo de conocerlo y amarlo
siempre más, el deseo de hacerlo conocer y amar a los demás, la
humildad, obediencia y generosidad, y el amor a los más pobres y
necesitados.

37 Ibidem, p. 48.

81
Los Ministerios Instituidos

Hace unos años, la Conferencia Episcopal de Colombia, en atención


a las prescripciones del canon 230 § 1 del Código de Derecho
canónico (1983), publicó un Decreto38 sobre el Lector y el Acólito,
precisando cuáles son las condiciones y virtudes exigidas de un
candidato a los ministerios de lector y acólito:
... son principalmente éstas: buena fama; sentido
comunitario; fe sincera; viva adhesión a la Iglesia;
obediencia pronta y generosa a los superiores; caridad
fraterna; espíritu apostólico/ desinterés/ fírme voluntad de
servir a Dios y al pueblo cristiano; ardiente amor a la
Eucaristía; que no sea mal visto por parte de la comunidad;
deseo profundo de perfeccionarse cada día en el ejercicio de
las cualidades humanas y de las virtudes sobrenaturales (fe,
esperanza y caridad)/ así como en el estudio y meditación
de la Sagrada Escritura; y clara y eficaz conciencia de la
misión que le encomienda la Iglesia.

Estas virtudes son las que se exigen a los candidatos laicos que se
preparan a recibir el ministerio del lectorado o del acolitado mediante
el rito instituido; con mayor razón se las exigirán al acólito-
seminarista que se prepara a la orden sagrada del diaconado y del
presbiterado.

Varios conocimientos indispensables por adquirir


En tercer lugar, la preparación espiritual del futuro pastor como
acólito instituido le exige trabajar seriamente en la adquisición de los
conocimientos indispensables para llegar a ser verdaderamente
competente y eficaz en su ministerio al servicio del altar y de la
Eucaristía. Su eficacia y competencia dependen también de varios
conocimientos bíblicos.

38 Cf. Conferencia Episcopal de Colombia, Legislación canónica - Normas


complementarias para Colombia (XLV Asamblea Plenaria), cf. Decreto n°
10, Bogotá, 1986, pp. 18-19.

82
Preparación de las Funciones propias del Acólito

litúrgicos, teológicos y sacramentales, aún prácticos. Veamos


más de cerca de qué se trata.

£1 acólito, además de un conocimiento general de la sagrada


Escritura y de las orientaciones exegéticas básicas para poder
acercarse a los textos sagrados con el mayor fruto posible,
procurará tener también un conocimiento bíblico singular tanto
de los textos del AT como del NT que se refieren y configuran el
entorno bíblico del sacramento de la sagrada Eucaristía.

Su preparación espiritual le exige al acólito también unos


conocimientos litúrgicos. Debe “familiarizarse con la práctica,
ritmo y desarrollo de todas aquellas acciones litúrgicas que
afectan a su ministerio específico: la celebración de la Santa
Misa, la comunión distribuida fuera de la Misa, distribuida a los
enfermos o en Viático, así como la exposición pública de la
Eucaristía”39. Es muy importante que lea y conozca la
Ordenación general del Misal Romano, los Preño- tandos de los
distintos rituales para los sacramentos, la Instrucción sobre la
formación litúrgica en los Seminarios (Junio 3 de 1979); todo lo
que se refiere a la celebración sacramental del misterio pascual
en el Catecismo de la Iglesia católica (cf. nn. 1135-1209).

Con estos conocimientos, el acólito estará más profundamente


penetrado del espíritu de la liturgia y mejor instruido para cumplir
su función (SC 29); además, podrá no sólo dar un mejor servicio en
su ministerio del altar, sino también ayudar a quienes se preparan
para recibir algún sacramento, a seleccionar mejor las lecturas más
adecuadas y significativas para una determinada celebración
litúrgica sacramental.

39 Urdeiz, Josep, "Presente y futuro del Lector y del Acólito" en Phase, n® 90


(1975) p. 449.

83
Los Ministerios Instituidos

También, hace falta que el acólito tenga algunos conocimientos


teológicos y sacramentales. Su preparación al ministerio del altar
debe proporcionarle el adecuado conocimiento teológico sobre el
sacramento de la Eucaristía, así como las nociones básicas
referentes a la teología de la celebración eucarística. Todo ello le
ayudará a conocer y vivir mejor en su propia vida el papel central
de la Eucaristía dentro del conjunto de los demás sacramentos y en
medio de la vida de la comunidad. Podrá estudiar con provecho la
presentación del sacramento de la Eucaristía en el nuevo Catecismo
de la Iglesia católica (cf. nn. 1322-1419).

Además, su conocimiento teológico sobre la Eucaristía se


complementará con los conocimientos básicos relativos a la
realidad sacramental, tanto en los aspectos doctrinales como en los
que afectan a su expresión litúrgica concreta, y en particular con la
celebración y la pastoral eucarística.

Finalmente, junto a los conocimientos de expresión y


comportamiento propios de cualquier actuación ministerial del
acólito, éste deberá adquirir aquellos conocimientos prácticos que le
capaciten, a nivel de la práctica, para presidir una celebración en los
casos en que deba hacerlo, por ejemplo, la exposición y reserva del
Santísimo Sacramento sin bendición final, la celebración dominical
de una liturgia de la Palabra en ausencia del sacerdote, etc. También,
conviene que tenga un mínimo de conocimientos de la psicología de
los enfermos, necesarios en la relación humana y pastoral con ellos,
cuando ejerce su ministerio de llevar la Eucaristía a los enfermos.

3.4 PREPARACIÓN DOCTRINAL


Para que el acólito pueda desempeñar con competencia y
responsabilidad su ministerio del altar, alrededor de la Eucaristía,
debe poseer un amplio conocimiento de las verdades

84
Preparación de las Funciones propias del Acólito

fundamentales de la fe sobre la Eucaristía, como también de las


normas y disposiciones litúrgicas de la Iglesia referentes a la
celebración eucarística, a la sagrada comunión y al culto
eucarístico, siempre con miras a penetrar mas y más su
significación espiritual para la vida cristiana comunitaria y
personal, como también para profundizar su fe, su amor y su
devoción en el Mysterium fidei, por excelencia: la sagrada
Eucaristía.

3.4.1 Principales documentos de la Iglesia


sobre la Eucaristía
Reagrupamos en este apartado los quince documentos más
importantes de la Iglesia sobre la sagrada Eucaristía. Son todos
dpcumentos conciliares y posconciliares sobre la Eucaristía que
todo candidato al ministerio del acolitado debe conocer. La
mayoría de estos documentos aparecen en el Apéndice de este
libro. He aquí, pues, la lista de dichos documentos eucarísticos:

- La Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la


liturgia, de diciembre 4 de 1963 (SC);

- La Carta encíclica Mysterium fidei del Papa Pablo VI,


sobre la doctrina y el culto de la Sagrada Eucaristía, de
septiembre 3 de 1965 (MF);

- La Instrucción Eucharisticum mysterium sobre el


culto del misterio eucarístico, de la S. Congregación de
Ritos y Concilium, de mayo 25 de 1967 (EM);

- La Ordenación General del Misal Romano, de abril 6


de 1969 (OGMR);

85
Los Ministerios Instituidos

- La Instrucción Fidei castos sobre los ministros


extraordinarios de la comunión, de la S. Congregación para la
disciplina de los Sacramentos, de abril 30 de 1969 (FC);
- La Instrucción Memoríale Domini sobre el modo de
administrar la comunión, de la S. Congregación para el Culto
divino, de mayo 29 de 1969 (MD);

- La Instrucción Sacramentan Communione, ampliando la


facultad de administrar la comunión bajo las dos especies, de la
S. Congregación para el Culto divino, de junio 29 de 1970 (Se);
-La Instrucción Liturgicae instaurationes de la S.
Congregación para el Culto divino, de septiembre 5 de 1970 (Lí);
- La Instrucción Immensae caritatis para facilitar la
comunión sacramenta en algunas circunstancias, de la S.
Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, de enero 1
de 1973 (IC);
- La Introducción del Ritual de la sagrada Comunión y
culto eucarístico fuera de la Misa, de junio 21 de 1973
(RCCFM);

- La Carta Dominicae Cerne del Papa Juan Pablo II, de


febrero 24 de 1980 (DC);
- La Instrucción Inaestimabile Donum, de la S.
Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, de abril 3
de 1980 (ID);

- El Código de derecho canónico, de enero 25 de 1983, los


cann. 897-955 (CDC);
Preparación de las Funciones propias del Acólito

- La Carta Notificación acerca de la comunión


en la mano, de la S. Congregación para el Culto
divino, de abril 3 de 1985 (CM);
- El Catecismo de la Iglesia Católica, de octubre
11 de 1992, especialmente el capítulo sobre el
sacramento de la Eucaristía, nn. 1322-1419 (CJC).

3.4.2 Verdades fundamentales de la fe


sobre la Eucaristía
En su preparación doctrinal, es conveniente que el candidato al
mysterium altaris tenga una visión sintética de las verdades
fundamentales de la fe sobre la doctrina eucarística. Le
recomendamos la lectura atenta y el estudio detenido del
capítulo consagrado al sacramento de la Eucaristía en el nuevo
Catecismo de la Iglesia Católica (cf. nn. 1322-1419). Sin
embargo, transcribimos aquí la síntesis valiosa y los principios
generales de la catequesis eucarística para el pueblo de
Dios, presentados en la Instrucción Eucbaristicum mysterium
sobre el culto del misterio eucarístico, así como el resumen
presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica (nn.
1406-1419).

/. Puntos doctrinales más importantes sobre


la Eucaristía (Instrucción Eucbaristicum
mysterium 3)
Entre los puntos doctrinales que se destacan en los
documentos citados24 relativos al misterio eucarístico, será

24 El Papa Pío XII, sobre todo en su encíclica


Mediator Dei (1947), había preparado el camino a
estas numerosas enseñanzas del Concilio. Y el sumo
Pontífice Pablo VI, en su encíclica Mysterium fidei
(1965), ha recordado la importancia de algunos
puntos de la doctrina eucarística, en particular el
de la presencia real de Cristo y el del culto
debido a este Sacramento, incluso fuera de la Misa.

87
Los Ministerios Instituidos

útil recordar los siguientes, ya que se refieren a la conducta


del pueblo cristiano con relación a este misterio y por ello
pertenecen directamente al fin de esta Instrucción:

a) "El Hijo de Dios, encamado en la naturaleza humana,


redimió al hombre y lo transformó en una nueva criatura
(c£ Ga 6,15; 2 Co 5,17), superando la muerte con su muerte
y resurrección. Pues a sus hermanos, convocados de entre
todas las gentes, los constituyó místicamente como un
cuerpo, comunicándoles su Espíritu. La vida de Cristo en
este cuerpo se comunica a los creyentes, que se unen
misteriosa y realmente a Cristo que ha padecido y está
glorificado por medio de los sacramentos" (LG 7).

Por eso, "nuestro Salvador; en la última Cena, la noche en


que iba a ser entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de
su Cuerpo y Sangre, con el cual iba a perpetuar por los
sigilos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y a confiar así
a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y
resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad,
vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual Cristo es
nuestra comida, el alma se llena de gracia y se nos da en
prenda de la gloria futura" (SC 47).

En eso la misa o Cena del Señor es a la vez


inseparablemente:

- Sacrificio en el que se perpetúa el sacrificio de la cruz.

- Memorial de la muerte y resurrección del Señor, que


dijo: "Haced esto en memoria mía" (Le 22,19).

- Banquete sagrado, en el que por la comunión en el


Cuerpo y la Sangre del Señor el pueblo de Dios participa en
los bienes del sacrificio pascual, renueva la nueva Alian-

88
Preparación de las Funciones propias dei Acólito

za entre Dios y los hombres, sellada de una vez para


siempre con la Sangre de Cristo, y prefigura y anticipa
en la fe y la esperanza el banquete escatológico en el
reino del Padre, anunciando la muerte del Señor
"hasta que vuelva" (cf. SC 6,10,47 y 106; PO 5).

b) Por consiguiente, en la misa el sacrificio y el


banquete sagrado pertenecen a un mismo misterio, de
tal manera que están íntimamente unidos. Pues el
Señor se inmola en el mismo sacrificio de la misa
cuando "comienza a estar sacramentalmente presente
como alimento espiritual de los fieles bajo las especies
de pan y vino" (MF, p. 762). Y Cristo entregó a la
Iglesia este sacrificio para que los fieles participen de
él tanto espiritualmente por la fe y la caridad, como
sacramentalmente por el banquete de la sagrada
comunión. Y la participación en la Cena del Señor es
siempre comunión con Cristo, que se ofrece en
sacrificio al Padre por nosotros (cf. MD, pp. 564-655).

c) La celebración eucarística que se realiza en la misa


es una acción no sólo de Cristo, sino también de la
Iglesia. En ella Cristo, perpetuando a través de los
siglos en forma incruenta el sacrificio de la cruz (cf. SC
47), se ofrece a sí mismo al Padre para la salvación del
mundo por ministerio de los sacerdotes25. La Iglesia,
por su parte, esposa y ministro de Cristo, cumpliendo
con él el oficio de sacerdote y de hostia, lo ofrece al
Padre y se ofrece a sí misma toda entera con él26. Así la
Iglesia, sobre todo en la gran oración eucarística, da
gracias con Cristo al Padre en el Espíritu Santo por
todos los bienes que él

25 Cf. Concilio Tridentino, Sesión XXII, Decretum de Missa,


cap. I: Denz. 938 (1741).
26 Cf. LG 11; SC 47-48; PO 2 y 5; Mediator Dei, AAS 39 (1947), p. 522;
Mysterium fidei, AAS 57 (1965), p. 761.

89
Los Ministerios Instituidos

concede a los hombres en la creación, de modo


verdaderamente especial en el misterio pascual, y le pide
la venida de su reino.

d) De donde ninguna misa ni acción litúrgica alguna es


acción meramente privada, sino celebración de la Iglesia,
en cuanto es sociedad organizada en diversidad de
órdenes y funciones en la que cada uno actúa según la
propio orden y función (cf. SC 26-28; Inst. EM 44).

e) La celebración de la Eucaristía en el sacrificio de la


misa es realmente el origen y el ñn del culto que se le
tributa fuera de la misa. Porque las sagradas especies que
quedan después de la misa no sólo proceden de ella, sino
que se guardan para que los fíeles que no pueden asistir a
la misa se unan a Cristo y a su sacrificio, celebrado en la
misa, por medio de la comunión sacramental recibida en
las debidas disposiciones (cf. Inst. EM 49).

Así el sacrificio eucarístico es fuente y culminación de


todo el culto de la Iglesia y de toda la vida cristiana (cf.
LG11; SC 41; PO 2,5-6; UR15). Los fieles participan más
plenamente de este sacrificio de acción de gracias, de
propiciación, de impetración y de alabanza, cuando,
conscientes de ofrecer al Padre, de todo corazón,
juntamente con el sacerdote, la sagrada Víctima y, en ella,
a sí mismos, reciben la misma Víctima en el Sacramento.

f) Nadie debe dudar "que los cristianos tributan a este


Santísimo Sacramento, al venerarlo, el culto de latría que
se debe al Dios verdadero, según la costumbre siempre
aceptada en la Iglesia católica. Porque no debe dejar de ser
adorado por el hecho de haber sido instituido por Cristo, el
Señor, para ser comido"27. También en la reser-

27 Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, cap. 5: Denz.


878 (1643).

90
Preparación de las Funciones propias del Acólito

va eucarística debe ser adorado (cf. Mysterium fidei, p.


769-770; Mediador Dei, p. 569), porque allí está substan-
dalmente presente por aquella conversión del pan y del
vino que, según el Concilio de Trento44, se llama
apropiadamente transubstandadón.

g) Hay, pues, que considerar el misterio eucarístico en


toda su amplitud, tanto en la celebradón misma de la misa
como en el culto de las sagradas espedes que se reservan
después de la misa para prolongar la grada del sacrificio45.

De estos prindpios se deben dedudr normas para la or-


denadón en la práctica del culto debido a este Sacramento
aun después de la misa y para armonizarlo con la recta
ordenadón del sacrifido de la misa, según el sentido de las
prescripdones del Concilio Vaticano II y de otros
documentos de la Sede Apostólica46.

II. Resumen sobre el sacramento de la Eucaristía


(Catecismo de la Iglesia Católica 1406-1419)

Jesús dijo: "Yo soy el pan de vivo, bajado del délo. Si uno
come de este pan, vivirá para siempre... el que come

44
Cf. Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, cap. 4: Denz. 877 (1642); can.
2 Denz. 884 (1643).
45
Cf. Dichos documentos en cuanto tratan del sacrificio de la misa; en
cambio, de ambos aspectos del misterio tratan el Concilio Vaticano II, PO
5 y 18; Pablo VI, Mysterium fidei, AAS 57 (1965), p. 754; Pío XII,
Mediator Dei, AAS 39 (1947) pp. 547-572; Alocución a los participantes
en el congreso internadonal sobre liturgia pastoral, Asís-Roma, de
septiembre 22 de 1956: ASS 48 (1956), pp. 715-724.
46
Cf. Pablo VI, Mysterium fidei, AAS 57 (1965), pp. 769-772; Pío XII,
Mediator Dei, AAS 39 (1947), pp. 547-572; S. Congregación de Ritos,
Instrucción Musicam sacram, de septiembre 3 de 1958: AAS 50 (1958),
pp. 630-663; Instrucción Inter Oecumenici, de septiembre 26 de 1964:
AAS 56 (1964), pp. 877-900.

91
Los Ministerios Instituidos

mi Carne y bebe mi Sangre/ tiene vida eterna... permanece


en mí y yo en él" (Jn 6, 51. 54. 56).

La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la


Iglesia/ pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus
miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gradas
ofreddo una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio
de este sacrifido derrama las gradas de la salvadón sobre su
Cuerpo, que es la Iglesia.

La celebradón eucarística comprende siempre: la pro-


damadón de la Palabra de Dios, la acdón de gradas a Dios
Padre por todos sus benefidos, sobre todo por el don de su
Hijo, la consagradón del pan y del vino y la partidpadón en
el banquete litúrgico por la recepdón del Cuerpo y de la
Sangre del Señor: estos elementos constituyen un solo y
mismo acto de culto.

La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, es


dedr, de la obra de la salvadón realizada por la vida, la
muerte y la resurrecdón de Cristo, obra que se hace
presente por la acdón litúrgica.

Es Cristo mismo, sumo y eterno sacerdote de la Nueva


Alianza, quien, por el ministerio de los sacerdotes, ofrece el
sacrifido eucarístico. Y es también el mismo Cristo,
realmente presente bajo las espedes del pan y del vino, la
ofrenda del sacrifido eucarístico.

Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir


la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se
conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

Los signos esendales del sacramento eucarístico son pan de


trigo y vino de vid, sobre los cuales es invocada la

92
Preparación de las Funciones propias del Acólito

bendición del Espíritu Santo y el presbítero pronuncia las


palabras de la consagración dichas por Jesús en la última
Cena: "Esto es mi Cuerpo entregado por vosotros... Este es
el cáliz de mi Sangre...".

Por la consagración se realiza la transubstanriadón del pan


y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Cristo. Bajo las
espedes consagradas del pan y del vino. Cristo mismo,
vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y
substandal, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su
divinidad (cf. Ce. De Trento: DS1640; 1651).

En cuanto sacrifido, la Eucaristía es ofredda también en


reparadón de los pecados de los vivos y de los difuntos, y
para obtener de Dios benefidos espirituales o temporales.

El que quiere redbir a Cristo en la Comunión eucarística


debe hallarse en estado de grada. Si uno tiene conden- da
de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la
Eucaristía sin haber redbido previamente la absoludón en
el sacramento de la Penitenda.

La sagrada comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo


acredenta la unión del comulgante con el Señor, le perdona
los pecados veniales y lo preserva de pecados graves.
Puesto que los lazos de caridad entre el comulgante y
Cristo son reforzados, la recepdón de este sacramento
fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.

La Iglesia recomienda vivamente a los fieles que red- ban


la sagrada comunión cada vez que partídpan en la
celebradón de la Eucaristía; y les impone la obligadón de
hacerlo al menos una vez al año.

93
Los Ministerios Instituidos

Puesto que Cristo mismo está presente en el


Sacramento del Altai; es preciso honrarlo con el
culto de adoración. "La visita al Santísimo
Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de
amor y un deber de adoración hada Cristo, nuestro
Señor" (MF).

Cristo, que pasó de este mundo al Padre, nos da en


la Eucaristía la prenda de la gloria que tendremos
junto a Él: la partidpadón en el Santo Sacrifido nos
identifica con su Corazón, sostiene nuestras fuerzas
a lo largo del peregrinar de esta vida, nos hace
desear la Vida eterna y nos une ya desde ahora a la
Iglesia del délo, a la Santísima Virgen María y a
todos los Santos.

III. Principios generales de la catequesis eucarística


para el Pueblo de Dios
(la Instrucdón Eucbaristicum mysterium, nn. 5-15)
Para que el misterio eucarístico poco a poco llegue a
impregnar toda la vida espiritual de los fieles es
necesaria una catequesis adecuada. Pero para poderla
dar debidamente deben ante todo los pastores (y
futuros pastores) no sólo tener en cuenta toda la
doctrina de la fe, contenida en los documentos del
Magisterio, sino también penetrar hondamente en el
espíritu de la Iglesia en esta materia con el corazón y la
vida (cf. SC14,17 y 18). Sólo entonces serán capaces de
discernir entre los aspectos de este misterio aquellos
que en cada caso sean más convenientes para los fieles.
Teniendo en cuenta lo dicho en el número 3, habrá que
atender especialmente, entre otras cosas, a las
siguientes:

El misterio eucarístico, centro de toda la vida de


la Iglesia La catequesis del misterio eucarístico debe
tender a inculcar en los fieles que la celebración de la
Eucaristía es
94
Preparación de las Funciones propias del Acólito

verdaderamente el centro de toda la vida cristiana/


tanto para la Iglesia universal como para las
comunidades locales de la misma Iglesia. Porque "los
demás sacramentos/ al igual que todos los ministerios
eclesiásticos y las obras de apostolado/ están unidos por
la Eucaristía y hada ella se ordenan. Pues en la Sagrada
Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la
Iglesia, es decir. Cristo en persona, nuestra Pascua y
pan vivo, que, por su carne vivificada y que vivifica por
el Espíritu Santo, da vida a los hombres, que de esta
forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí
mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas,
juntamente con él" (PO 5).
La comunión de la vida divina y la unidad del pueblo
de Dios, por las que subsiste la Iglesia, los significa la
Eucaristía y los realiza maravillosamente (cf. LG 11;
UR 2 y 15). En ella tenemos el culmen de la acdón por
la que Dios santifica al mundo en Cristo y del culto que
los hombres tributan a Cristo y por él al Padre en el
Espíritu Santo (cf. SC10), y su celebradón "contribuye
en sumo grado a que los fieles expresen en su vida y
manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la
naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia" (ScXy
41).

El misterio eucarístico, centro de la Iglesia local


Por la Eucaristía "vive y crece la Iglesia. Esta Iglesia de
Cristo está verdaderamente presente en todas las
legítimas reuniones locales de los fieles que, unidos a sus
pastores, redben también el nombre de Iglesias en el
Nuevo Testamento. Ellas son, en efecto, cada una en su
lugar el pueblo nuevo, llamado por Dios en el Espíritu
Santo y plenitud (cf. 1 Ts 1,5). En ellas se congregan los
fieles por la predicadón del Evangelio de Cristo y se
celebra el misterio de la Cena del Señor "a fin de que
por el Cuerpo y la Sangre del Señor quede unida toda la

95
Los Ministerios Instituidos

fraternidad"47. En todo altas reunida la comunidad bajo el


ministerio sagrado del Obispo" (LG 26), o del sacerdote
que hace las funciones del Obispo (SC 42), "se manifiesta
el símbolo de aquella caridad y "unidad del Cuerpo
místico de Cristo sin la cual no puede haber salvación"48.
En estas comunidades, por más que sean con frecuencia
pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, Cristo está
presente, el cual con su poder da unidad a la Iglesia, una,
santa, católica y apostólica. Porque "la participación del
Cuerpo y Sangre de Cristo no hace otra cosa sino
transformamos en aquello que recibimos"49 (LG 26).

Misterio eucarístico y unidad de los cristianos


Además, cuanto respecta a la comunidad eclesial y a cada
uno de los fieles, dediquen especial atención los pastores
(y futuros pastores) a aquella parte de la doctrina en la que
la Iglesia enseña que por el memorial del Señor, celebrado
según su voluntad, se significa y se realiza la unidad de
todos los que creen en él (cf. LG 3,7,11 y 26; UR 2).

Según las prescripciones del Decreto sobre el ecume-


nismo (cf. LIR 15 y 22) del Concilio Vaticano II, sean
llevados los fieles a una justa estima de los bienes que se
conservan en la tradición eucarística, según la cual los
hermanos de otras confesiones cristianas acostumbran a
celebrar la Cena del Señor. Porque "mientras en la Santa
Cena realizan la anamnesis de la muerte y resurrección del
Señor, profesan que en la comunión con Cristo se significa
la vida y esperan su gloriosa venida" (UR 22). Y los que
han conservado el sacramento del orden, en la celebración
de la Eucaristía, "unidos con el Obispo, teniendo acceso al
Dios Padre, por el Hijo Ver-

47
Oración mozárabe: PL 96, 759B.
48
Cf. Tomás de Aquino, Summa Theol., III, q. 73, a. 3.
49
S. León Magno, Sermo 63, 7: PL 54, 357 C.

96
Preparación de las Funciones propias del Acólito

bo encarnado, que ha padecido y ha sido glorificado,


en la efusión del Espíritu Santo, alcanzan la comunión
con la Santísima Trinidad, hechos "partícipes del
mismo ser de Dios" (2 P1,4). Por tanto, por la
celebración de la Eucaristía del Señor, en todas estas
Iglesias se edifica y crece la Iglesia de Dios, por la
celebración se manifiesta esta comunión" (UR 15).

En la celebración del misterio de la unidad es donde


especialmente los cristianos deben dolerse de las
divisiones que los separan. Dirijan, pues, oraciones a
Dios para que todos los discípulos de Cristo sientan
cada vez más profundamente el misterio de la
Eucaristía según su verdadera voluntad y lo celebren
de manera que, hechos partícipes del Cuerpo de
Cristo, formen un solo cuerpo (cf. 1 Co 10, 17),
"unidos con los mismos lazos con que él quiso
constituirlos" (Pablo VI, MF, p. 773).

Diversos modos de presencia de Para una


Cristo
inteligencia más profunda del misterio de la
Eucaristía, los fieles deben ser instruidos acerca de los
modos principales según los cuales el Señor mismo se
hace presente a su Iglesia en las celebraciones
litúrgicas (cf. SC 7).

Siempre está presente en la asamblea de los fieles


congregados en su nombre (cf. Mt 18,20). Está presente
también en su Palabra, puesto que él mismo habla cuando
se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras.

Pero en el sacrificio eucarístico está presente, sea en la


persona del ministro, "ofreciéndose ahora por
ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se
ofreció en la cruz sea sobre todo bajo las especies
eucarísticas
50
Ce. Tridentino, Sesión XXII, Decretum de Missa, cap. 2: Denz 940
(1743).

97
Los Ministerios Instituidos

(cf. SC 7). En este sacramento, en efecto, de modo


singular el Cristo total e íntegro, Dios y hombre, se halla
presente substancial y permanentemente. Esta presencia de
Cristo bajo las especies "se dice real no por exclusión, como
si las otras no fueran reales, sino por excelencia" (Pablo VI,
MF,p. 764).

La relación entre la liturgia de la Palabra y


la liturgia Eucarística
Los pastores (y futuros pastores) "instruyan
cuidadosamente a los fieles acerca de la participación en
toda la misa", mostrando la unión estrecha que existe entre
la liturgia de la Palabra y la celebración de la Cena del Se-
ñoij para que puedan percibir claramente que todo esto
constituye un solo acto de culto (cf. SC 56). Pues "se
requiere la predicación de la palabra para el ministerio de
los sacramentos, puesto que son sacramentos de la fe, que
procede de la palabra y de ella se nutre" (PO 4). Esto se ha
de decir sobre todo de la celebración de la misa, en la cual
la liturgia de la palabra tienen la intención de fomentar de
manera peculiar la unión estrecha entre el anuncio y la
escucha de la Palabra de Dios y el misterio eucarístico (cf.
PO 4; Inst. EM 3).

Por tanto, los fieles, al escuchar la Palabra de Dios,


comprenden que las maravillas que les son anunciadas
tienen su punto culminante en el misterio pascual cuyo
memorial es celebrado sacramentalmente en la misa. De
este modo, escuchando la Palabra de Dios, alimentados
por ella, los fieles son introducidos en la acción de gradas
a una partidpadón fructuosa de los misterios de la
salvadón. Así la Iglesia se nutre del pan de vida tanto en
la mesa de la Palabra de Dios como en la del Cuerpo de
Cristo (cf. DV 21).

9
8 i
Preparación de las Funciones propias del Acólito

El sacerdocio común y él sacerdocio ministerial en


la celebración eucaristica
Esta participación activa y propia de la comunidad
será tanto más consciente y fructuosa cuanto más
claramente los fíeles conozcan el puesto que tienen en
la asamblea litúrgica y lo que les corresponde hacer
en la acdón eucaristica (c£ SC 14,26,30 y 38).

En la catcquesis, por tanto, se expondrá la doctrina


del sacerdocio real, con el que los fieles han sido
consagrados por la regeneración y la unción del
Espíritu Santo (cf. LG10; PO 2; Pablo VI, MF, p.
761).

A partir de esto se ilustrará tanto la función del


sacerdocio ministerial en la celebración eucaristica -el
cual difiere en la esencia y no sólo en el grado del
sacerdocio común de los fieles (cf. LG 10; PO 2 y 5)-
como las funciones ejercidas por todos los que
realizan algún ministerio (cf. SC 28-29).

Naturaleza de la participación activa en la misa Se


explicará, pues, que todos los que se congregan para la
Eucaristía son el pueblo santo, que, junto con los
ministros, toma parte en la acdón sagrada. En verdad
sólo el sacerdote, porque ocupa el lugar de Cristo,
consagra el pan y el vino. Más la acdón de los fieles en
la Eucaristía consiste en que, celebrando el memorial
de la pasión, la resurrecdón y la gloria del Señor, dan
gradas a Dios y ofrecen la hostia inmaculada no
solamente por las manos del sacerdote, sino en unión
con él; y por la recepdón del Cuerpo del Señor se
realiza su comunión con Dios y entre sí, a la cual debe
condudr la partidpa- dón en el sacrifido de la misa (cf.
SC 48 y 106). Pues la participación más perfecta en la
misa tiene lugar cuando ellos, debidamente dispuestos,
redben el Cuerpo del
99
Los Ministerios Instituidos

Señor en la misma misa, obedeciendo a sus propias palabras:


"Tomad y comed" (cf. SC 55).

Este sacrificio, como la misma pasión de Cristo, aunque se


ofrece por todos, sin embargo, "no produce su efecto sino
en aquellos que se unen a la pasión de Cristo por la fe y la
caridad... y les aprovecha en diverso grado, según su
devoción"28.

Todo esto se explicará a los fieles para que participen


activamente en la misa con la adhesión interior del espíritu y con la
participación exterior de los ritos, en conformidad con las prescripciones
de la Constitución sobre la sagrada liturgia (cf. SC 26-32), que han sido
precisadas con más amplitud por la Instrucción Inter Oecumenici, del 26
de septiembre de 1964, por la Ins- 0trucdónMusicam sacram, del
5 de marzo de 1967, y por
la Instrucción Tres ábhinc annos, del 4 de mayo de 1967.

Implicaciones de la celebración eucarística en la vida cotidiana de


los fieles
Los fieles deben mantener en sus costumbres y en su vida
lo que han recibido en la celebración eucarística por la fe y
el Sacramento. Procurarán, pues, que su vida discurra con
alegría en la fortaleza de este alimento del délo,
partidpando en la muerte y resurrecdón del Señor. Así,
después de haber partidpado en la misa, cada uno "sea
solídto en hacer buenas obras, en agradar a Dios, en vivir
rectamente, entregado a la Iglesia, practicando lo que ha
aprendido y progresando en el servicio a Dios"29,
trabajando por impregnar al mundo del espí-

28 S. Tomás de Aquino, Summa Theol, m, q. 79, a. Ad 2.


29 Hipólito, Traditio Apostólica, 21, edición B. Botte, 1963, pp. 58-59; cf. SC 9-10;
100
AA 3; AG 39; PO 5.
Preparación de (as Funciones propias dei Acólito

ritu cristiano y también constituyéndose en testigo de


Cristo "en todo momento en medio de la comunidad
humana" (GS 43).

En efecto, "no se edifica ninguna comunidad si no tiene


como raíz y quicio la celebración de la sagrada Eucaristía,
por ella, pues, hay que empezar toda la formación para el
espíritu de la comunidad" (PO 6).

Catequesis de la misa a los niños Los encargados de


la formación de los niños, especialmente padres, párroco,
y maestros, procuren dar la debida importancia a la
catequesis de la misa cuando los introducen gradualmente
en el conocimiento del misterio de la salvación (cf. GE 2).
La catequesis sobre la Eucaristía, bien adaptada a la edad
y capacidad de los niños, debe tender a que conozcan la
significación de la misa por medio de los ritos principales
y por las oraciones, incluso lo que atañe a la participación
en la vida de la Iglesia.

Téngase en cuenta todo esto cuando expresamente se


prepara a los niños para la primera comunión, de modo
que la primera comunión aparezca realmente como la
inserción plena en el Cuerpo de Cristo (cf. PO 5).

La catequesis de la misa
ha de partir de los ritos y oraciones
El Concilio ecuménico de Trento prescribe a los pastores
(y futuros pastores) que frecuentemente, "o por sí o por
otros, expongan algo de lo que se lee en la misa y que
expliquen, entre otras cosas, algún aspecto del misterio
de este Santo Sacrificio"30.

101
i 30 Sesión XXII, Decretum de Missa, cap. 8: Denz. 946 (1749).
Los Ministerios Instituidos

Por tanto/ los pastores (y futuros pastores) guíen a los fíeles


con una catequesis apta a la plena inteligencia de este
misterio de fe, la cual debe iniciarse por los misterios del
año litúrgico y por los ritos y oraciones de la celebración,
para esclarecerles el sentido de los mismos, sobre todo el
de la gran oración eucaxística, y conducirlos a la
percepción intima del misterio que tales ritos significan y
realizan.

3.4.3 Normas y disposiciones litúrgicas


sobre la celebración eucarística
En este apartado se quiere proporcionar varios elementos
indispensables relativos a las normas y disposiciones litúrgicas de
la Iglesia sobre la celebración de la Eucaristía, siempre con miras a
facilitar el desempeño del acólito en las funciones propias de su
ministerio del altar. Proponemos los temas siguientes, que se
encuentran en los mismos documentos de la Iglesia: una visión
esquemática de las partes de la Santa Misa, la explicación de la
forma típica de la Misa, las funciones específicas del acólito en la
celebración eucarística y los requisitos para la celebración de la
Santa Eucaristía.

/.Visión esquemática de las partes


de la Santa Misa
Al iniciar la presentación de las normas y disposiciones litúrgicas
de la Iglesia sobre la celebración de la Santa Misa conviene
facilitar al acólito, -llamado a desempeñar su ministerio del altar
que implica no sólo la preparación de la celebración litúrgica sino
también la preparación de los demás ministros inferiores-, un
esquema que le presente una visión esquemática de las distintas
parte de la celebración eucarística.

102
Preparación de las Fundones propias del Acólito
LAS DISTINTAS PARTES DE LA SANTA MISA
I. RITOS INICIALES
Entrada
(Canto de entrada o recitación de la antífona) Saludo al
altar y al pueblo congregado (Beso al altar y oportuna
incensación saludo inicial) Acto penitencial
(Introducción a la misa del día y el acto penitencial)
Señor, ten piedad
(El canto o recitación del "Señor, ten piedad" fuera del
acto penitencial)
Gloria
Oración colecta
n. LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas bíblicas
(Ia y IIa lecturas. Evangelio)
Cantos interleccionales
(el salmo, el "Aleluya" o el versículo, la secuencia)
Homilía
Profesión de fe
Oración universal
(Monición introductoria, intenciones y oración
conclusiva)

ffl. LITURGIA EUCARÍSTICA

Preparación de los dones


(Preparación del altar, presentación de los dones,
colecta de dinero o donaciones, canto durante las
ofrendas,
incensación de los dones y del altar, el lavabo, la oración
sobre las ofrendas)

103
Los Ministerios instituidos

Plegaria eucarística
(Acción de gradas, aclamación, Epíclesis, narración de
la institución. Anamnesis, oblación. Intercesiones,
doxología)
Rito de la comunión
(él Padrenuestro, rito de paz, fracdón del pan, inmixión
o mezcla, el "Cordero de Dios", reparadón del
sacerdote, invitadón al banquete de Cristo, la comunión
del pan consagrado en la misa, canto de comunión,
oradón de recogimiento, radón después de la
comunión)

IV. RITO DE CONCLUSIÓN

Saludo y bendición sacerdotal Despedida

II. Explicación de la forma típica


de la Santa Misa conforme a la OCMR
Presentamos a continuación la explicación de la Forma Tí- pica de la
Misa celebrada con participación del pueblo, tal como nos la presenta
la Ordenación General del Misal Romano (cf. nn. 82-126). Esta
presentación detallada de la forma típica podrá servir a los futuros
acólitos para ir aprendiendo de una vez, ya, la estructura de la
celebración de la Santa Misa y la razón de ser de la misma. La
explicación de la forma típica sigue el esquema anterior.

104
Preparación de las Funciones propias del Acólito

LA FORMA TÍPICA DE LA MISA CELEBRADA


CON PARTICIPACIÓN DEL PUEBLO

I. RITOS INICIALES

(ne 82) Reunido el pueblo, el sacerdote y los ministros,


revestidos cada uno con sus vestiduras sagradas, avanzan
hada el altar por este orden:

a) Un ministro con el incensario humeante, si se emplea


el indenso.

b) Los ministros que, si se juzga oportuno, llevan los


ciriales, y, en medio de ellos, si el caso lo pide, otro con
la cruz.

c) Los acólitos y otros ministros.


d) El lector, que puede llevar el libro de los Evangelios.

e) El sacerdote que va a ofidar en la misa.

Si se emplea el indenso, el sacerdote lo pone en el


incensario antes de que la procesión se ponga en marcha.

(na 83) Mientras se hace la procesión hada el altar, se


ejecuta el canto de entrada (cf. nn. 25-26).

(ns 84) Cuando han llegado al altar, el sacerdote y los


ministros hacen la debida reverenda, es decir, in- dinadón
profunda o, si está allí el sagrario con el Santísimo
Sacramento, genuflexión.

La cruz, si es que se ha llevado en la procesión, se


coloca junto al altar o en algún otro sitio conveniente;

105
Los Ministerios Instituidos

los cándetelos que han llevado los ministros se colocan


junto al altar o en la credencia, el libro de los Evangelios se
pone sobre el altar (ne 84).

(ns 85) El sacerdote sube al altar y lo venera con un beso.


Luego, según la oportunidad, inciensa el altar rodeándolo
completamente.

(n® 86) Terminado esto, el sacerdote va a su sede. Una vez


concluido el canto de entrada, todos, sacerdotes y fíeles, de
pie, hacen la señal de la cruz.
El sacerdote empieza: En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo. El pueblo responde: Amén.

Luego el sacerdote, de cara al pueblo y extendiendo las


manos, saluda a la asamblea usando una de las fórmulas
propuestas. Puede luego, él u otro ministro idóneo, hacer
una brevísima introducción sobre la misa del día.

(n® 87) Después del acto penitencial, se dicen el Señor, ten


piedad y el Gloria, según las rúbricas (nn. 30- 31). El Gloria
lo puede entonar o el sacerdote o los cantores o también todos
a una.

(n® 88) Luego el sacerdote invita al pueblo a orar, con las


manos juntas y diciendo: Oremos. Todos juntamente con el
sacerdote, oran en silencio durante breve tiempo. Entonces,
extendiendo las manos, dice la oración colecta, y cuando éste
termina, el pueblo aclama: Amén.

II. LITURGIA DE LA PALABRA

(ne 89) Terminada la oración colecta, el lector se dirige al


ambón y proclama la primera lectura, que todos

106
Preparación de las Funciones propias del Acólito

escuchan sentados y pronuncian al final la aclamación.

(ns 90) Terminada la lectura, el salmista o un cantor o el mismo


lector recita el salmo, y el pueblo va diciendo la respuesta (cf. ns
36).

(ns 91) Luego, si hay una segunda lectura antes del Evangelio, el
lector la hace desde el ambón, como se ha dicho antes,
permaneciendo todos sentados mientras escuchan y aclamando al
final

(nB 92) Sigue el Aleluya u otro canto, según las exigencias del
tiempo litúrgico (cf. nn. 37-38).

(ns 93) Mientras se canta el Aleluya o el otro canto, el sacerdote,


si se emplea el incienso, lo pone en el incensario. Luego, con las
manos juntas e indinado ante el altar, dice en secreto el Purifica
mi corazón.

(ne 94) Después toma el libro de los Evangelios, si éste está en el


altar; y precedido por los ministros, que pueden llevar el incienso
y los candeleros, se acerca al ambón.

(ne 95) Llegado al ambón, el sacerdote abre el libro y dice: El


Señor esté con vosotros, y, en seguida: Lectura del santo
Evangelio, haciendo la cruz sobre el libro con el pulgar, y luego
sobre su propia frente, boca y pecho. Luego, si se utiliza el
indenso, indensa el libro. Después de la aclamación del pueblo
proclama el Evangelio, y, una vez terminada la lectura, besa el
libro diciendo en secreto: Las palabras del Evangelio borren
nuestros pecados. Después de la lectura del Evangelio, se hace la
aclamación del pueblo, según la costumbre de cada región.

107
Los Ministerios Instituidos

I (ne 96) Si no hay lector, el mismo sacerdote hará todas las


lecturas y, según la necesidad, proclamará también él
los cantos interlecdonales, de pie en el ambón. Allí
mismo, si se emplea el incienso, lo pone en el
incensario, y dice inclinado el Purifica mi corazón.

(n® 97) La homilía se hace en la sede o en el ambón.


(n® 98) El Símbolo lo dice el sacerdote juntamente con
el pueblo (cf. n® 44). A las palabras: Y por obra del
Espíritu Santo, todos se inclinan; pero en las
solemnidades de la Anunciación y de la Navidad del
Señor, se arrodillan.

(n® 99) Después, con la correspondiente participación


del pueblo, se hace la oración universal u oración de los
fieles, que el sacerdote dirige desde la sede o desde el
ambón (cf. nn. 45-47).

HI. LITURGIA EUCARÍSTICA


(n® 100) Terminada la oración universal, comienza el
canto del ofertorio (cf. n® 50). Los ministros colocan en
el altar los corporales, el purificador, el cáliz y el misal.

(n® 101) Es conveniente que la participación de los fieles


se manifieste en la presentación del pan y del vino para la
celebración de la Eucaristía o de dones con los que se
ayude a las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

La ofrenda de los fieles las recibe en lugar adecuado el


sacerdote, ayudado por los ministros, y las colocan en el
sitio conveniente; el pan y el vino para la eucaristía se
llevan al altar.

108
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(ns 102) El sacerdote, en el altar, recibe del ministro la


patena con el pan, y con ambas manos la eleva un poco
sobre el altar mientras dice la fórmula
correspondiente. Luego coloca la patena y el pan sobre
el corporal.

(ns 103) A continuación, situado a un lado del altar,


vierte el vino y un poco de agua en el cáliz, diciendo en
secreto la fórmula prescrita, mientras el ministro le
ofrece las vinajeras.

Vuelto al centro del altar, toma con ambas manos el


cáliz, lo eleva un poco y dice la fórmula establecida. A
continuación deja el cáliz sobre el corporal y lo cubre,
si conviene, con la palia.

(ns 104) Dejado ya el cáliz en el altar, el sacerdote se


inclina y dice en secreto: Acepta, Señor, nuestro corazón
contrito.

(nfi 105) Luego, según las circunstancias, inciensa las


ofrendas y el altar, y el ministro, a su vez, inciensa al
sacerdote y al pueblo.

(ne 106) Después de la oración Acepta, Señor, nuestro


o después de la incensación, el sacerdote,
corazón contrito
de pie en un lado del altar, se lava las manos, diciendo
en secreto la fórmula establecida, mientras le sirve el
agua el ministro.

(ne 107) Vuelto al centro del altar y de cara al pueblo,


extiende y junta las manos e invita al pueblo a orar,
diciendo: Orad hermanos. Después de la respuesta del
pueblo, con ambas manos extendidas, dice la oración
sobre las ofrendas, y al final el pueblo aclama: Amén.
Los Ministerios Instituidos

(nc 108) Entonces empieza el sacerdote la plegaria


eucarística. Extiende las manos y dice: El Señor esté con
vosotros, y cuando dice: Levantemos el corazón, levanta las
manos y; extendiéndolas, añade: Demos gracias al Señor,
nuestro Dios. Cuando el pueblo ha respondido: Es justo y
necesario, el sacerdote sigue con el prefacio; una vez
terminado éste, junta las manos y canta con los
ministros y el pueblo, o dice en voz alta, el Santo y el
Bendito (cf. na 55, b).

(ne 109) El sacerdote prosigue la plegaria eucarística


según las rúbricas que corresponden a cada una de
ellas.

Si el celebrante es un Obispo, después de las palabras:


añade: conmigo, indigno siervo tuyo.
con tu servidor el Papa N.,

El Ordinario del lugar debe mencionarse en la siguiente


forma: con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo (o bien:
Vicario, Prelado, Prefecto, Abad) N. En la plegaria eucarística
se puede mencionar a los Obispos coadjutores y
auxiliares. Si son muchos los que se han de mencionar,
se utiliza la forma general: con nuestro Obispo N. y sus
Obispos auxiliares. En cada plegaria eucarística hay que
adaptar dichas menciones a las reglas gramaticales.

Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree


conveniente, advierte a los fieles mediante un toque de
campana. Puede también, de acuerdo con la costumbre
de cada lugar, tocar la campana cuando el sacerdote
muestra la hostia y el cáliz a los fieles.

(nB 110) Terminada la doxología que concluye la


plegaria eucarística, el sacerdote, con las manos juntas,
hace la monición preliminar a la oración dominical, y

110
Preparación de las Funciones propias del Acólito

luego recita ésta juntamente con el pueblo, con las


manos extendidas.

(nfi 111) Concluida la oración dominical, el sacerdote,


con las manos extendidas, dice él solo el embolismo:
lábranos de todos los males; al terminarlo, el pueblo aclama:
Tuyo es el reino.

(n® 112) A continuación, el sacerdote, en voz alta, dice


la oración: Señor Jesucristo, que dijiste; y, al terminarla,
extendiendo y juntando las manos anuncia la paz
mientras dice: La paz del Señor esté siempre con vosotros, y el
pueblo responde: Y con tu espíritu. Luego, si se juzga
oportuno, el sacerdote añade: Daos fraternalmente la paz, y
todos, según la costumbre de cada lugar, se manifiestan
mutuamente la paz y la caridad. El sacerdote puede dar
la paz a los ministros.

(ne 113) A continuación, el sacerdote toma el pan


consagrado, lo parte sobre la patena, y deja caer una
partícula en el cáliz diciendo en secreto: El Cuerpo y la
Sangre. Mientras tanto, el coro y el pueblo cantan o
recitan: Cordero de Dios (cf. n® 56, e).

(n® 114) Entonces el sacerdote dice en secreto la


oración: Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, o: Señor Jesucristo, la
comunión de tu Cuerpo.

(n® 115) Terminada esta oración, el sacerdote hace la


genuflexión, toma el pan consagrado y, teniéndolo un
poco elevado sobre la patena, de cara al pueblo, dice:
Éste es el Cordero de Dios, y, a una con el pueblo, añade una
sola vez: Señor, no soy digno.

(n® 116) Luego, vuelto hada el altar, el sacerdote dice


en secreto: El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna,
Los Ministerios Instituidos

y, con reverenda, sume el Cuerpo del Señor. Después, toma


el cáliz, didendo: La Sangre de Cristo me guarde para la
vida eterna, y, con reverencia, sume la Sangre de Cristo.

(n® 117) Toma después la patena o el copón y se acerca a


los que van a comulgar. Si la comunión se va a efectuar sólo
bajo la espede del pan, teniendo el pan consagrado un poco
elevado, se lo muestra a cada uno didendo: El Cuerpo de
Cristo. El que comulga responde: Amén, y redbe el
Sacramento, teniendo la patena debajo de la boca.

(n® 118) Para la comunión bajo las dos especies obsérvese


el rito descrito en su lugar (cf. nn. 240-252).

(n® 119) Mientras el sacerdote sume el Sacramento, se


empieza el canto de comunión (cf. n® 56, i).

(n® 120) Terminada la distribudón de la comunión, el


sacerdote, vuelto al altar, recoge los fragmentos, si los hay;
luego, en un lado del altar o en la credenda, purifica la patena
o el copón sobre el cáliz, purifica también el mismo cáliz
didendo en secreto: Haz, Señor, que recibamos, y lo seca con
el purificados Si los vasos son purificados en el altar, los lleva
un ministro a la credenda. Está, sin embargo, permitido dejar
los vasos que se han de purificar, sobre todo si son muchos,
en el altar o en la credenda, convenientemente cubiertos y
sobre un corporal, para luego purificarlos después de la misa,
cuando ya se ha despedido al pueblo.

(n® 121) Terminadas las purificaciones, el sacerdote puede


regresar a su sede. Se puede observar un rato de silencio o
también entonar un cántico de alabanza o un salmo (cf. n®
56, j).

112
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(n6122) Luego, en pie junto a la sede o ante el altar, el


sacerdote, vuelto al pueblo, dice: Oremos, y con las manos
extendidas recita la oración después de la comunión, a la que
puede preceder también un breve silencio, a no ser que ya se
haya hecho después de la comunión. Al final de la oración,
el pueblo aclama: Amén.

IV. RITO DE CONCLUSIÓN

(n° 123) Terminada la oración después de la comunión, se


hacen, si es necesario, y con brevedad, los oportunos
anuncios o advertencias al pueblo.

(nfi 124) Luego, el sacerdote, extendiendo las manos, saluda


al pueblo diciendo: El Señor esté con vosotros, a lo que el
pueblo responde: Y con tu espíritu. Y en seguida el
sacerdote añade: La bendición de Dios todopoderoso -
haciendo aquí la señal de bendición-, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, descienda sobre vosotros; todos responden: Amén. En
ciertos días y ocasiones, a esta fórmula de bendición puede
preceder, según las rúbricas, otra fórmula más solemne o la
oración sobre el pueblo.

En seguida, el sacerdote, con las manos juntas, añade:


Podéis ir en paz, y todos responden: Demos gracias a Dios.

(ng 125) Entonces, el sacerdote, según la costumbre, venera


el altar con un beso y, hecha la debida reverencia, con todos
los ministros, se retira.

(n9126) Si a la misa sigue alguna otra acción litúrgica, el rito


de conclusión (es decir, el saludo, bendición y despedida) se
omite.
Los Ministerios Instituidos

III. Requisitos para la celebración de


la Santa Eucaristía
Presentamos en este apartado los diversos requisitos pedidos por la
Iglesia para una celebración digna de la Santa Misa. La OGMR 281-
310 presenta entre otras cosas la materia de la Santa Misa: el pan y el
vino, los vasos sagrados, las vestiduras sagradas, los utensilios
sagrados en general, y demás cosas destinadas al culto.

El pan y el vino
(na 281) La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Cristo, ha
usado siempre, para celebrar el banquete del Señor, el pan
y el vino mezclado con agua.

(na 282) El pan para la celebración de la Eucaristía debe ser


exclusivamente de trigo, hecho recientemente y, según la
tradición de la Iglesia latina, ázimo.

(na 283) La naturaleza misma del signo exige que la


materia de la celebración eucarística aparezca
verdaderamente como alimento. Conviene, pues, que el pan
eucarístico, aunque sea ázimo y hecho de forma
tradicional, se haga de tal forma que el sacerdote, en la
misa celebrada con el pueblo, pueda realmente partirlo en
partes diversas y distribuirlas, al menos, a algunos fíeles.
No se excluyen con eso de ninguna manera las hostias
pequeñas, cuando así lo exige el número de los que van a
recibir la sagrada comunión y otras razones pastorales.
Pero el gesto de la fracción del pan, que era el que servía
en los tiempos apostólicos para denominar la misma
Eucaristía, manifestará mejor la fuerza y la importancia del
signo de la unidad de todos en un solo pan y de la caridad,
por el hecho de que un solo pan se distribuye entre
hermanos.

114
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(n& 284) El vino para la celebración eucarística debe ser


"del fruto de la vid" (cf. Le 22, 18), es decir, vino natural
y puro, sin mezcla de sustancias extrañas (cf. CDC 924).

(n° 285) Póngase sumo cuidado en que el pan y el vino


destinados a la Eucaristía se conserven en perfecto estado:
es decir, que el vino no se avinagre y que el pan no se
corrompa ni se endurezca tanto como para que sea difícil
luego partirlo.
O
(nQ 286) Si después de la consagración o en el momen-\j j to
en que el sacerdote toma la comunión cae éste en la cuenta de que
no se había puesto vino en el cáliz, sino agua, dejando ésta en un
vaso, pondrá vino y agua en el cáliz, y lo consagrará, repitiendo la
parte de narración que O) corresponde a la consagración del cáliz,
sin que por eso Q \ se considere obligado a repetir la consagración
del pan. o

Los vasos sagrados


(nQ 289) Entre las cosas que se requieren para la
celebración de la Misa merecen especial honor los vasos
sagrados, y entre éstos, el cáliz y la patena, en los que se
ofrecen, consagran y toman el pan y el vino.

(n° 290) Los vasos sagrados háganse de materiales


sólidos, que se consideren nobles según la estima común
en cada región. De este asunto emitirá juicio la
Conferencia Episcopal. Prefiéranse con todo los
materiales * irrompibles e incorruptibles.x

(nQ 291) Los cálices y demás vasos destinados a contener


la Sangre del Señor tengan la copa de material que
/no7ibsorba loslíquidos. El pie, en cambio, puede hacerse

de otros materiales sólidos y dignos.

115
Los Ministerios instituidos

(n° 292) Los vasos sagrados que se destinan a contener el


pan consagrado, como la patena, el copón, la píxide, la
custodia u ostensorio, y otros semejantes, pueden hacerse
también en otros materiales, según sean más estimados en
cada región, por ejemplo, marfil o algunas maderas duras,
con tal que sirvan para el uso sagrado.

(nö 293) Para el pan que se va a consagrar puede


convenientemente usarse una sola patena más grande, en
la que se colocan el pan para el sacerdote y el de los
ministros y fieles.

(n° 294) Los vasos sagrados de metal, generalmente


llevan la parte interior dorada, en el caso en que el metal
sea oxidable; pero si están hechos de material inoxidable o
de oro noble, no requieren el baño de oro.

(nQ 295) Por lo que toca a la forma de los vasos sagrados,


corresponde al artista crearlo, según el modelo que" mejor
corresponda a las costumbres de cada región, siempre que
cada vaso sea adecuado para el uso litúrgico a que se destina.

(n® 296) Respecto a la bendición o consagración de los


vasos sagrados, obsérvense los ritos prescritos en los libros
litúrgicos (c£ El Bendiciond o el Misal Romano: apéndice
V).

Las vestiduras sagradas


(n° 297) En la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, no todos
los miembros desempeñan un mismo oficio. Esta diversidad
de ministerios se manifiesta en el desarrollo del sagrado culto
por la diversidad de las vestiduras sagradas, que, por
consiguiente, deben constituir un
Preparación de las Funciones propias del Acólito

distintivo propio del oficio que desempeña cada


ministro. Por otro lado, estas vestiduras deben
contribuir al decoro de la misma acción sagrada.

(nQ 298) La vestidura sagrada común para todos los


ministros de cualquier grado es el alba, que se ciñe con
el cíngulo a la cintura, a no ser que esté hecha de tal
modo que se adhiere al cuerpo sin dngulo. Antes de
ponerse el alba, si no cubre totalmente el vestido
común alrededor del cuello, empléese el amito. El alba
puede cambiarse por una sobrepelliz, pero no cuando
se han de vestir encima la casulla o la dalmática, o
cuando la estola cumple la función de casulla o
dalmática.

(nc 299) La vestidura propia del sacerdote celebrante,


en la misa y en otras acciones sagradas que
directamente se relacionan con ella, es la casulla,
mientras no se diga lo contrario, puesta sobre el alba y
la estola.

(nfi 300) El vestido propio del diácono es la dalmática,


que se pone sobre el alba y la estola.

(n° 301) Los ministros inferiores al diácono pueden


vestir alba u otra vestidura legítimamente aprobada en
cada región.

(n° 302) La estola la lleva el sacerdote alrededor del


cuello y pendiendo ante el pecho; en cambio, el diácono
la lleva cruzada, desde el hombro izquierdo, pasando
sobre el pecho, hada el lado derecho del tronco, donde
se sujeta.

(n® 303) La capa pluvial la lleva el sacerdote en las


procesiones y en algunas otras acdones sagradas, según
las rúbricas de cada rito particular.

117
I
Los Ministerios Instituidos

(nö 304) Por lo que toca a la forma de las vestiduras


sagradas, las Conferencias Episcopales pueden indicar y
proponer a la Sede Apostólica las acomodaciones que
respondan mejor a las necesidades y costumbres de las
diversas regiones (cf. SC128).

(n° 305) Para la confección de las vestiduras sagradas,


aparte de los materiales tradicionales, pueden emplearse las
fibras naturales propias de cada lugar o algunas fibras
artificiales que respondan a la dignidad de la action sagrada
y de la persona. De esto juzgará la Conferencia Episcopal
(cf. SC 128).

(n° 306) Es más decoroso que la belleza y nobleza de cada


vestidura se busque no en la abundancia de los adornos
sobreañadidos, sino en el material que se emplea y en su
corte. La ornamentación lleve figuras, imágenes o símbolos
que indiquen el uso sagrado, suprimiendo todo lo que a ese
uso sagrado no corresponda.

(n2 307) La diversidad de colores en las vestiduras sagradas


tiene como fin expresar con más eficacia, aun ex-
teriormente, tanto las características de los misterios de la fe
que se celebran como el sentido progresivo de la vida
cristiana a lo largo del año litúrgico.

(n2 308) Por lo que toca al color de las vestiduras sagradas,


obsérvese el uso tradicional, es decir:

a) El blanco se emplea en los Oficios y misas del tiempo


pascual y de Navidad; además, en las fiestas y memorias del
Señor, que no sean de su Pasión, en las fiestas y memorias de
la Santísima Virgen, de los santos ángeles, de los santos no
mártires, en la fiesta de Todos los santos (le de noviembre),
de san Juan Bautista (24 de junio), de
Preparación de las Funciones propias del Acólito

san Juan Evangelista (27 de diciembre), de la Cátedra de


san Pedro (22 de febrero) y de la Conversión de san Pablo
(25 de enero).

b) El rojo se emplea el domingo de Pasión y el Viernes


Santo, el domingo de Pentecostés, en las celebraciones de la
Pasión del Señor, en las fiestas natalicias de Apóstoles y
Evangelistas y en las celebraciones de los santos mártires.

c) El verde se emplea en los Oficios y misas del tiempo


ordinario.

d) El morado o violeta se emplea en el tiempo de Adviento y


de Cuaresma. Puede también usarse en los Oficios y misas
de difuntos.

e) El negro puede usarse en las misas de difuntos.

f) El rosado puede emplearse en los domingos Gaudéte (III


de Adviento) y Laetáre (IV de Cuaresma).

Las Conferencias Episcopales pueden con todo estudiar y


proponer a la Sede Apostólica las adaptaciones que
responden mejor a las necesidades y modos de ser de los
pueblos.

(nQ 309) En los días más solemnes pueden emplearse


vestiduras sagradas más nobles, aunque no correspondan al
color del día o del tiempo litúrgico.

(nQ 310) En las plisas rituales:se emplea el color propio, o


blanco o festivo; en las misas por diversas nécesida^ des,tel
color propio del día o del tiempo, o el color morado, si
expresan índole penitencial (por ejemplo, las misas 23, 28 y
40); y encías misas votivas^ el color con-

119
Los Ministerios instituidos

cerniente a la misa elegida o el color propio del día o del tiempo.

Los utensilios sagrados en general


(nc 287) Como para la edificación de las iglesias, así también,
para todo su mobiliario y ajuar, la Iglesia acepta el estilo
artístico de cada región y admite todas las adaptaciones que
cuadren con el modo de ser y tradiciones de cada pueblo, con
tal que todo responda de una manera adecuada al uso sagrado
para el que se destinan (cf. SC128; Inst. EM 24).

También en este campo búsquese con cuidado la noble


simplicidad que tan bien le cae al arte auténtico.

£2 (nQ 288) En la selección de materiales para los utensi


lios sagrados, se pueden admitir no sólo los materiales
tradicionales, sino también otros materiales que, según la
mentalidad de nuestro tiempo, se consideran nobles, son
duraderos y se acomodan bien al uso sagrado. Pero en este
campo será juez la Conferencia Episcopal en cada región.

Otras cosas destinadas al uso de la Iglesia


(nB 311) Además de los vasos sagrados y de las vestiduras
sagradas, para los que se determina un material concreto, todas
las otras cosas que se destinan o al mismo uso litúrgico o de
alguna manera a la iglesia, distínganse por su dignidad y por su
adecuación al fin al que se destinan.

(n® 312) Hágase un serio esfuerzo para que, aun en cosas de


menor importancia, se tengan en cuenta las exigencias del arte
y queden asociadas la noble sencillez y la limpieza.

120
Preparación de las Funciones propias del Acólito

TV. Lo que se debe preparar


para la celebración de la Santa Misa
Presentamos ahora para facilitar la tarea del acólito, encargado no
sólo de sus funciones propias sino también de la preparación de la
celebración y muchas veces de los demás ministros que intervienen,
todo lo que se ha de preparar para la celebración de la Santa Misa,
siguiendo siempre a la OGMR 79-81.

(nfi 79) Cúbrase el altar al menos con un mantel. Sobre el


altar, o cerca del mismo, colóquese un mínimo de dos
candeleros con sus velas encendidas o incluso cuatro o seis,
y si celebra el Obispo de la diócesis, ffieteP También sobre
el altar o cerca del mismo ha de haber una cruz.
Los candeleros y la cruz pueden llevarse en la procesión de
entrada. Sobre el altar puede ponerse, a no ser que también
éste se lleve en la procesión de entrada, el libro de los
Evangelios, diverso del libro de las restantes lecturas.v

(n° 80) Prepárese también:

a) Junto a la sede del sacerdote: el misal y, según


convenga, el librito de los cantos.

b) En el ambón: el libro de las lecturas.

c) En la credencia: el cáliz, el corporal, el purificador, la


palia, si se usa, la patena y los copones si son necesarios
con el pan para la comunión del sacerdote, de los ministros
y del pueblo; las vinajeras con el vino y el agua, a no ser
que lo vayan a ofrecerlos fíeles al momento del ofertorio;
la patena para la comunión de los fieles y todo lo que hace
falta para la ablución de las manos. Cúbrase el cáliz con el
velo, que podrá ser siempre de color blanco.

121
Los Ministerios Instituidos

(nfi 81)En la sacristía, según las diversas formas de


celebración, prepárense las vestiduras sagradas del sacerdote
y de los ministros:

a) Para el sacerdote: el alba, la estola y la casulla.

b) Para el diácono: el alba, la estola y la dalmática. Esta


última, por necesidad o por grado inferior de solemnidad,
puede omitirse.

c) Para los demás ministros: albas u otras vestiduras


legítimamente aprobadas.

(jbdq§)los que usan el alba, empleen el dngulo y el amito, a


no ser que se provea de otra manera.

V. Algunas normas generales para


cualquier forma de Misa
Presentamos, en seguida, algunas normas generales válidas para
cualquier forma de Misa y que se refieren más bien a actitudes,
gestos y actuaciones durante la celebración eucarística. Seguimos
también la OGMR 232-239.

Veneración al altar y al libro de los Evangelios


(n° 232) Según la costumbre tradicional en la liturgia, la
veneración del altar y del libro de los Evangelios se expresa
con el beso. Sin embargo, donde esta señal exterior no
concuerda plenamente con las tradiciones culturales de
alguna región, toca a la Conferencia Episcopal determinar
otro signo en su lugar, haciéndolo saber a la Sede
Apostólica.

122
Preparación de las Fundones propias del Acólito

Genuflexiones e inclinaciones
(ns 233) En la misa se hacen tres genuflexiones: después de
la ostentación del pan consagrado, después de la
ostentación del cáliz y antes de la comunión.

Pero si el sagrario con el Santísimo Sacramento está en el


presbiterio, se hacen también genuflexiones antes y
después de la misa y todas las veces que se pasa ante el
Sacramento.

(n° 234) Hay dos clases de inclinación: de cabeza y de


cuerpo:

a) La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran


las tres divinas Personas a la vez, a los nombres de Jesús,
de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo
honor se dice la misa.
b) La inclinación de cuerpo, o inclinación profunda, se
hace: al altar, cuando no está presente en él el Santísimo
Sacramento; a las oraciones: Purifica mi corazón, y:
Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en la profesión de
fe, a las palabras: Y por obra del Espíritu Santo; en el
canon romano, al decir la oración: Te pedimos
humildemente. La misma inclinación hace el diácono
cuando pide la bendición antes de proclamar el Evangelio.
El sacerdote se inclina además un poco cuando, durante la
consagración, pronuncia las palabras del Señor

Incensación
(n® 235) El incienso puede libremente usarse en cualquier
forma de Misa:

a) Durante la procesión de entrada.

b) Al comienzo de la misa, para incensar el altar.

123

k
Los Ministerios Instituidos

c) Para la procesión y proclamación del Evangelio.

d) Al ofertorio, para incensar las ofrendas, el altar, el


sacerdote y el pueblo.

e) En la ostentación del pan consagrado y del cáliz después


de la consagración.

(n® 236) El sacerdote pone el incienso en el turíbulo y lo


bendice con un signo de cruz, sin decir nada.

La incensación del altar se hace de este modo:

a) Si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo


indensa dándole enteramente la vuelta.

b) Si el altar no está separado de la pared, el sacerdote,


mientras pasa, indensa primero la parte derecha, luego la
parte izquierda del altar.

Si la cruz está sobre el altar o junto a él, se indensa antes


que el mismo altar. Si está detrás del altar, el sacerdote la
indensa cuando pase ante ella.

VI. Funciones específicas del Acólito en la


celebración eucarística
Finalmente, presentamos en seguida las distintas funciones
específicas del acólito durante la celebración eucarística. Puede ser
muy útil al acólito tenerlas bien presentes para conocer las distintas
modalidades de su actuación en la celebración de la Santa Misa.
Siempre seguimos las indicaciones de la OGMR 142-147; 237-239.

(nc 142) Las fundones que puede ejercer el acólito son de


diverso género; puede darse el caso de que concu-
Preparación de las Funciones propias del Acólito

rran varias a la vez. Por tanto, es conveniente que se


distribuyan, según la oportunidad, entre varios; si
solamente está presente el acólito, haga él lo que es de más
importancia, distribuyéndose lo demás a otros ministros.

Ritos iniciales
(n° 143) En la procesión al altar, puede llevar la cruz entre
dos ministros con cirios encendidos. Cuando llegue al altar,
dejada la cruz cerca del mismo, ocupa su lugar en el
presbiterio.

(n° 144) Durante toda la celebración, es propio del acólito


acercarse al sacerdote o al diácono* cuantas veces se
requiera, para servir el libro y ayudarles en todo lo
necesario. Conviene, por tanto, que, en la medida de lo
posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer
fácilmente su ministerio, en la sede o en el altar.

Liturgia eucarística
(nfi 145) En ausencia del diácono, una vez acabada la
oración universal, mientras el sacerdote permanece en la
sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el puri-
ficador, el cáliz y el misal. Después, si es necesario, ayuda
al sacerdote en la recepción de los dones del pueblo y
oportunamente lleva el pan y el vino al altar y lo entrega al
sacerdote. Si se utiliza el incienso, presenta el incensario al
sacerdote y le asiste en la incensación de las ofrendas y del
altar.

(n° 146) Puede ayudar al sacerdote, como ministro


extraordinario, en la distribución de la comunión al pueblo
(cf. MQ Vi). Si se da la comunión bajo las dos especies,
ofrece el cáliz a los que van a comulgar o, si la comunión
es po/lntíñci^n, sostiene el cáliz.

BIBLIOTECA 12
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Ja
Los Ministerios instituidos

(n° 147) Acabada la distribución de la comunión, ayuda al


sacerdote o al diácono en la purificación y arreglo de los
vasos sagrados y allí los purifica y arregla.

Purificaciones
(n° 237) Siempre que algún fragmento del pan consagrado
quede adherido a los dedos, sobre todo después de la
fracción o de la comunión de los fieles, el sacerdote (el
diácono, o el acólito u otros ministros extraordinarios) debe
limpiarlos dedos sobre la patena y, si es necesario, lavarlos.
En modo análogo, si quedan fragmentos fuera de la patena,
los recoge.

(n° 238) Los vasos sagrados los purifica el sacerdote, el


diácono o el acólito, después de la comunión o después 3 de la misa,
siempre que'sea posible en la credencia. La
purificación del cáliz se hace con vino y agua, o solamente
con agua, que sumirá el mismo que purifica. La patena
basta limpiarla, de ordinario, con el purificador.

(nc 239) Si el pan consagrado o alguna partícula del mismo


llega a caerse, se recogerá con reverencia. Si se derrama
algo de la Sangre del Señor, el sitio en que cae lávese con
agua y luego échese esta agua en la piscina.

3.4.4 Normas y disposiciones litúrgicas sobre la


comunión de los fíeles dentro de la Santa Misa
En este apartado recogemos diversas normas y disposiciones
litúrgicas de la Iglesia a propósito de la comunión de los fieles dentro
de la celebración eucarística. Pensamos que estas normas y
disposiciones deben ser conocidas por parte del acólito, en cuanto
ministro extraordinario de la sagrada comunión. Éstas provienen de
todos los documentos posconciliares, emanados de la Santa Sede
desde hace mas de

126
Preparación de las Funciones propias del Acólito

treinta años. Los hemos agrupado bajo los subtemas que


aparecen a continuación.

/. El sacramento de la penitencia y la comunión


(nQ 35) Propóngase la Eucaristía a los fíeles "como
remedio que nos libra de las culpas de cada día y nos
preserva de los pecados mortales"54, e indíqueseles el
modo conveniente de aprovecharse de las partes
penitenciales de la liturgia de la Misa.

"Hay que recordar al que libremente comulga el


mandato: "Examínese cada uno a sí mismo" (1 Co
11,28). Y la práctica de la Iglesia declara que es
necesario este examen para que nadie, consciente de
pecado mortal, por contrito que se crea, se acerque a la
sagrada Eucaristía sin que haya precedido la confesión
sacramental...'55.

Procúrese encarecidamente que los fíeles se acostumbren


a acudir al sacramento de la penitencia fuera de la
celebración déla misa, sobre todo en las horas señaladas,
de tal manera que su administración se haga con
tranquilidad y con verdadera utilidad de los mismos y no
sean estorbados en la participación activa de la misa. Los
que acostumbran a comulgar cada día o frecuentemente,
sean instruidos para que en tiempos adecuados, según las
posibilidades de cada uno, se acerquen al sacramento de
la penitencia. (De la Instrucción Eucha- risticum
Mysterium, de mayo 25 de 1967).

54 Concilio Tridentino, Sesión XHI, Decretum de Eucharistía, cap. Denz. 875


(1638); cf. También, Sesión XXII, Decretum de Missa, caps. 1-2: Denz. 938
(1740) y 940 (1743).
55 Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistía, cap. 7: Denz. 880
(1646-1647).

127
Los Ministerios Instituidos

II. La comunión de los fieles en la Santa Misa


(n°56)Ya que la celebración eucarística es un convite
pascual, conviene qué, según el encargo del Señor, su
Cuerpo y su Sangre sean recibidos por los fíeles,
debidamente dispuestos, como alimento espiritual (cf. Inst.
EM12). A esto tiende la fracción y los demás ritos
preparatorios, con los que se va llevando a los fieles hasta
el momento de la comunión.

(n° 56 h) Es muy de desear que los fieles participen del


Cuerpo del Señor con pan consagrado en esa misma misa y,
en los casos previstos, participen del cáliz, de modo que
aparezca mejor, por los signos exteriores, que la comunión
es una participación en el sacrificio mismo que entonces se
celebra (cf. Inst EM 31-32; CDC 917). (De la OGMR).

III. Los modos de recibir y distribuir


la sagrada comunión
La comunión de pie o de rodillas
(nc 34) Según la costumbre de la Iglesia, los fieles pueden
recibirla comunión de rodillas o de pie. Elíjase uno u otro
modo según las normas establecidas por la competente
autoridad eclesiástica territorial, teniendo en cuenta las
diferentes circunstancias, ante todo la disposición del lugar
y el número de los comulgantes. Sigan los fieles de buen
grado el modo indicado por los pastores para que la
comunión sea verdaderamente signo de unidad entre todos
los comensales en la misma mesa del Señor.

Cuando los fieles comulgan de rodillas no se exige de ellos


otro signo de reverencia para con el Santísimo Sacramento,
porque la misma genuflexión expresa adoración.

128
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Pero cuando se comulga de pie se recomienda


encarecidamente que los que se acercan
procesionalmente hagan una reverencia debida antes de
la recepción del Sacramento en lugar y tiempo oportuno
para que no se entorpezca el acceso y retiro de los fieles.
(De la Instrucción Eucharisticum Mysterium, de mayo
25 de 1967).

La comunión en la boca o en la mano


(n® 1) La nueva manera de comulgar (en la mano) no
deberá ser impuesta de modo que excluya el uso
tradicional (en la boca). Lo importante es que cada fiel
tenga la posibilidad de recibir la comunión sobre la
lengua, al modo tradicional, y al mismo tiempo otras
personas puedan recibir la hostia en la mano. En efecto,
las dos maneras de comulgar pueden coexistir sin
dificultad en la misma acción litúrgica. Así nadie
encontrará en el nuevo rito una causa de turbación a su
propia sensibilidad espiritual hada la Eucaristía, y
también este Sacramento, que por su naturaleza es fuente
y cumbre de unidad, no se convertirá en ocasión de
división entre los fieles.
(n® 4) Respecto a la manera de hacerlo se podrán seguir
las indicadones de la tradidón antigua, que ponía en
relieve la fundón ministerial del sacerdote y del diácono,
que depositaba la hostia en la mano del comulgante56. En
todo caso, los fieles deberán consumir la hostia antes de
volver a su sitio y la intervendón del ministro será
subrayada con la fórmula habitual: el Cuerpo de Cristo,
a la cual el fiel responderá: Amén. (De la Instrucdón
Memoriale Domini, de mayo 29 de 1969).

56 Cf. Ritual de la s. Comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa 21.

129
Los Ministerios instituidos

Notificación acerca de la comunión en la mano57 La Santa


Sede, a partir de 1969, aunque manteniendo en vigor para
toda la Iglesia la manera tradicional de distribuir la
comunión, concede a las Conferencias Episcopales que lo
pidan, y con determinadas condiciones, la facultad de
distribuir la comunión dejando la hostia en la mano de los
fieles.

Esta facultad está regulada por las Instrucciones Memoriale


Domini (de 29/5/1969) e lmmensae caritatis (de 29/1/1973),
así como por el Ritual De sacra Communione (de
21/6/1973, n° 21). De todos modos, parece útil llamar la
atención sobre los siguientes puntos:

1) La comunión en la mano debe manifestar, tanto como la


comunión recibida en la boca, el respeto a la presencia real
de Cristo en la Eucaristía. Por esto, se insistirá, tal como lo
hacían los Padres de la Iglesia, acerca de la nobleza que debe
tener en sí el gesto del comulgante. Así ocurría con los
recién bautizados del siglo IV, que recibían la consigna de
tender las dos manos haciendo "de la mano izquierda un
trono para la mano derecha, puesto que ésta debe recibir al
Rey"58.

2) De acuerdo igualmente con las enseñanzas de los Padres,


se insistirá en el Amén que pronuncia el fiel, como

57 Esta Notificación corresponde a la Carta de la Congregación para el


Culto divino, publicada con fecha 3 de abril de 1985, in Enchiridion-
Documentación litúrgica posconciliar, Editorial Regina, Barcelona 1995,
pp. 285-286.
58 Catequesis mistagógicas de Jerusalén, V, n® 21: PG 33, 1125; o también.
Sources chrétiennes 126, p. 171; S. Juan Crisóstomo, Homilía 47: PG 63, etc.
De hecho, conviene aconsejar a los fieles más bien colocar la mano
izquierda sobre la derecha, para poder tomar fácilmente la hostia con la
mano derecha y llevarla a la boca.

130
Preparación de las Funciones propias del Acólito

respuesta a la fórmula del ministro: El Cuerpo de Cristo;


este Amén debe ser la afirmación de la fe: Cum ergo
petieris, dicit tíbi sacerdos "Corpus Christi” et tu diets
"Amén", hoces "verum", quod confitetur lingua, teneat
affectus59.

3) El fiel que ha recibido la comunión en su mano, la


llevará a la boca, antes de regresar a su lugar, retirándose
lo suficiente para dejar pasar a quien le sigue,
permaneciendo siempre de cara al altar

De la Iglesia el fiel cristiano recibe la Eucaristía, que


es comunión en el Cuerpo de Cristo y en la Iglesia; por
esta razón, no se ha de tomar el pan consagrado
directamente de la patena o de un cesto, como se haría
con el pan ordinario o con pan simplemente bendito,
sino que se extienden las manos para recibirlo del
ministro de la comunión^

5) Se recomendará a todos, y en particular a los niños,


la limpieza de las manos, como signo de respeto hada la
Eucaristía.

6) Conviene ofrecer a los fieles una catequesis del rito,


insistiendo sobre los sentimientos de adoradón y la
actitud de respeto que merece el Sacramento (cf. Juan
Pablo II, DC 11). Se recomendará vigilar para que
posibles fragmentos del pan consagrado no se pierdan“.

7r$Jo se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica


de la comunión o en la mano o en la boca.

59 s. Ambrosio, De Sacramentos, 4, 25: Sources chrétiennes 25 bis, p. 116.


60 Cf. S. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración
sobre los fragmentos eucarísticos, de mayo 2 de 1972 (Prot.,
n° 89/71): Notitiae 8 (1972), p. 227.

131
Los Ministerios Instituidos

Estas normas, así como las que se dan en los documentos de


la Sede Apostólica citados más arriba, tienen como
finalidad recordar el deber de respeto hacia la Eucaristía,
independientemente de la forma de recibir la comunión.

Los pastores de almas han de insistir no solamente sobre las


disposiciones necesarias para una recepción fructuosa de la
comunión - que en algunos casos exige recurrir al
sacramento de la penitencia-, sino también sobre la actitud
exterior de respeto que, bien considerado, ha de expresar la
fe del cristiano en la Eucaristía. (De la Carta de la S.
Congregación para el Culto divino, de abril 3 de 1985).

TV. El ministro de la sagrada comunión


(nB 17) Pertenece ante todo al sacerdote y al diácono
administrar la comunión a los fieles que la pidan (cf. EM 31).
Mucho conviene, pues, que a este ministerio de su orden
dediquen todo el tiempo preciso, según la necesidad de los
fieles.

También pertenece al acólito debidamente instituido, en


cuanto ministro extraordinario, distribuir la sagrada
comunión cuando faltan un presbítero o diácono, o estén
impedidos, sea por enfermedad, edad avanzada, o por algún
ministerio pastoral, o cuando el número de los fieles que se
acercan a la sagrada mesa es tan numeroso que se alargaría
excesivamente la misa u otra celebración (cf. MQ VI).

El Ordinario del lugar puede conceder la facultad de


distribuir la sagrada comunión a otros ministros
extraordinarios cuando sea necesario para la utilidad
pastoral de los fieles y no se disponga ni de sacerdote ni de
diá-

132
Preparación de las Funciones propias del Acólito

cono o acólito (cf. Ic, 1/1 y II). (Del Ritual Comunión y


culto eucarístico, de junio 21 de 1973).

V Las distintas modalidades del rito para recibir la


sagrada comunión
(nQ 56 h) Es muy de desear que los fíeles participen del
Cuerpo del Señor con pan consagrado en esa misma
misa y, en los casos previstos, participen del cáliz, de
modo que aparezca mejor, por los signos exteriores, que
la comunión es una participación en el sacrificio mismo
que entonces se celebra (c£ Inst EM 31-32; CDC 917).
(De la OGMR).

La comunión bajo la especie del pan


(na 117) El sacerdote o el diácono (o el acólito) toma la
patena o el copón y se acerca a los que van a comulgan
Si la comunión se va a efectuar sólo bajo la especie de
pan, teniendo el pan consagrado un poco elevado, se le
muestra a cada uno didéndole: El Cuerpo de Cristo. El
que comulga responde: Amén, y redbe el Sacramento,
teniendo la patena debajo de la boca.

La comunión bajo las dos espedes (na 240) La comunión


tiene una expresión más plena por razór<del signo)
cuando se hace bajo las dos especies. Ya que en esa
forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo
del banquete eucarístico, y se expresa más daramente la
voluntad con que se ratifica en la Sangre del Señor la
Alianza nueva y eterna, y se ve mejor la reladón entre el
banquete eucarístico y el banquete escatológico en el
reino del Padre (cf. Inst. EM 32).

(na 243) Para distribuir la comunión bajo las dos


espedes, prepárese:
Los Ministerios instituidos

a) Si la comunión del cáliz se va a hacer con canilla,


canillas de plata para el celebrante y para cada uno de los
que van a comulgar, y un vaso con agua para limpiar las
canillas, más una bandeja en la que luego se dejen.

b) Si la Sangre del Señor se distribuye con cucharilla,


una sola cucharilla.

c) Si la comunión bajo las dos especies se va a dar por


intinción, téngase cuidado que las hostias no sean ni
demasiado delgadas ni demasiado pequeñas, sino un poco
más gruesas de lo acostumbrado, para que se puedan
distribuir fácilmente cuando se han mojado parcialmente
en la Sangre del Señor

(Rito de la comunión bajo las dos especies, cuando


los que comulgan beben directamente del cáliz)

(nfi 244) Si está presente un diácono, otro sacerdote o


un acólito:

a) El sacerdote celebrante sume, según costumbre, el


Cuerpo y Sangre de Cristo, teniendo cuidado de que
en el cáliz quede suficiente cantidad de vino
consagrado, para los que van a comulgar; y limpia la
parte exterior del cáliz con el purificados

b) El celebrante entrega al ministro el cáliz con el


puri- ficador y toma él la patena o el copón con el pan
consagrado; luego el celebrante y el ministro del cáliz
se colocan en un sitio desde donde puedan dar
cómodamente la comunión a los fieles.

c) Los que comulgan se van acercando uno a uno,


hacen la debida reverencia y se colocan en pie ante el
sacerdote. Éste, elevando el pan consagrado, dice: "el
Cuer-
Preparación de las Funciones propias del Acólito

po de Cristo"; y el que comulga responde: "Amén",


y recibe el Cuerpo de Cristo de manos del sacerdote.

d) El que comulga pasa después ante el ministro del


cáliz, y éste dice: "la Sangre de Cristo",
respondiendo a su vez el que comulga: "Amén". El
ministro entonces le entrega el purificador y el cáliz
para que él pueda cómodamente acercarlo a la boca.
El que comulga, teniendo en la mano izquierda el
purificador bajo la boca, atento a que no caiga nada
de la Sangre del Señor, bebe un poco del cáliz y luego
se retira; el ministro limpia la parte externa del cáliz
con el purificador

e) Si hay otros que van a comulgar solamente bajo


una especie, el ministro, una vez que todos los que
comulgan bajo las dos especies se han servido del
cáliz, lo lleva al altar. El sacerdote sigue dando la
comunión a los fieles, hasta regresar cuando termina.
Lo que ha quedado de la Sangre del Señor, o él
mismo o el ministro, lo sumen, haciendo luego las
abluciones acostumbradas.

(Rito de la comunión bajo las dos especies,


por intinción)

(nfi 246) Si está presente un diácono, otro sacerdote


asistente o un acólito:

a) El sacerdote celebrante entrega el cáliz con el


purificador, y toma él mismo la patena o el copón con
el pan consagrado; luego, el sacerdote con el ministro
del cáliz se colocan donde más cómodamente puedan
dar la comunión.

b) Los que comulgan se acercan uno a uno, hacen la


debida reverencia y se colocan en pie ante el
sacerdote, teniendo la patena bajo la boca. El
sacerdote moja una
135
Los Ministerios Instituidos

parte del pan consagrado en el cáliz y, mostrándoselo,


dice: "El Cuerpo y la Sangre de Cristo"; el que comulga
responde: "Amén", y recibe del sacerdote el Sacramento.
Luego se retira.

c) La comunión de los otros que reciben el Sacramento


sólo bajo una especie se hace como ya se ha dicho arriba.
Lo mismo se diga de la Sangre del Señor que ha sobrado
y de las purificaciones.

(Rito de la comunión bajo las dos especies,


con canilla)

(n° 249) Si está presente un diácono, otro sacerdote


asistente o un acólito:
a) Para la distribución de la comunión del Cuerpo del
Señor, todo se hace como se ha dicho arriba (cf. nQ 244, b
ye).

b) Luego, el que comulga se acerca al ministro del cáliz y


se coloca en pie ante él. El ministro dice: "La Sangre de
Cristo". Ei que comulga responde: "Amén", y recibe del
ministro una canilla, que él mismo introduce en el cáliz
para tomar un poco de la Sangre del Señor. Luego, saca la
canilla, cuidando de que nada de la Sangre del Señor se
derrame, y la introduce en un vaso con agua que un
ministro sostiene en sus manos. Bebiendo un poco de agua
la purifica, para dejarla a continuación en otro vaso que le
ofrece el mismo ministro.

(Rito de la comunión bajo las dos especies,


con cucharilla)

(n° 251) Si está presente un diácono, otro sacerdote asistente


o un acólito, éste sostiene con la izquierda el cáliz y
distribuye la Sangre de Cristo con la cucharilla a cada

136
Preparación de las Funciones propias del Acólito

uno de los que comulgan, que a su vez colocan la patena


bajo la boca; les dice: "La Sangre de Cristo", y procura
no tocar con la cuchara ni los labios ni la lengua de los
que comulgan. (De la OGMR, de abril 6 de 1969 a 1975).

La comunión bajo la sola especie del vino (n° 41) Se permite,


en caso de necesidad y a juicio del Obispo, administrar la
Eucaristía únicamente bajo la especie del vino a los que no
puedan recibirla bajo la especie del pan.

En este caso se permite, a juicio del Ordinario del lugai;


celebrar la misa en la habitación del enfermo.

Y si no se celebra la misa en la habitación del enfermo,


resérvese después de la misa la Sangre del Señor en un
cáliz debidamente cubierto y colocado en el tabernáculo;
pero no se lleve al enfermo sino en un vaso de tal modo
cerrado que se evite completamente el peligro de que sea
derramada. Para administrar el sacramento elíjase en cada
caso el modo más apto de los que se proponen en el Ritus
servandus para las dos especies. Una vez dada la
comunión, si sobra algo de la preciosísima Sangre,
consúmala el ministro, que debe también tener cuidado
de que se realicen las purificaciones debidas. (De la
Instrucción Eucharisticum Mysterium de mayo 25 de
1967).

VI. La comunión frecuente y diaria


(n® 37) "Es evidente que por medio de la recepción
frecuente o diaria de la Santísima Eucaristía se aumenta
la unión con Cristo, se alimenta abundantemente la vida
espiritual, el alma se enriquece con las virtudes y se da al
que la recibe una prenda más segura de la felicidad
eterna; por eso, los párrocos, confesores y predicado-

137
¡
L
Los Ministerios Instituidos

res... exhorten al pueblo cristiano, frecuente y


encarecidamente, a tan religiosa y tan saludable
costumbre"61.
(De la Instrucción Eucharisticum Mysterium de mayo 25
de 1967).
3.4.5 Normas y disposiciones litúrgicas sobre la comunión
de los fieles fuera de la Santa Misa
En este apartado recogemos diversas normas y disposiciones litúrgicas de la
Iglesia a propósito de la comunión de los fieles fuera de la celebración
eucarística. Pensamos que estas normas y disposiciones, emanadas de la
Santa Sede desde hace más de treinta años, deben ser conocidas por parte del
acólito, en cuanto ministro extraordinario de la sagrada comunión. Las hemos
agrupado bajo los subtemas que aparecen en seguida.

2 I. La relación entre la comunión fuera de la misa y el sacrificio


(nQ13)La más perfecta participación en la
celebración eucarística es la comunión sacramental
recibida dentro de la misa. Esto resplandece con
mayor claridad, por razón del signo, cuando los
fieles, después de la comunión del sacerdote,
reciben del mismo sacrificio el cuerpo del Señor
(cf. SC 55).
Por tanto, de ordinario, en cualquier celebración
eucarística conságrese para la comunión de los
fieles pan recientemente elaborado.
(nc 14) Hay que procurar que los fieles comulguen
en la misma celebración eucarística.
61 S. Congregación del Concilio, Decreto sobre la recepción
diaria de la s. Eucaristía, de diciembre 20 de 1905, n«6:
AAS 38 (1905-1906), pp. 401ss; Pío XII, Encíclica Mediator Dev.
ASS 39 (1947), p. 565.

138
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Pero los sacerdotes no rehúsen administra^ incluso fuera de


la misa, la sagrada comunión a los fieles cuando lo piden con
causa justa (cf. Inst EM 33,a). Incluso conviene que quienes
estén impedidos de asistir a la celebración eucarística de la
comunidad, se alimenten asiduamente con la Eucaristía,
para que así se sientan unidos no solamente al sacrificio del
Seño^ sino también unidos a la comunidad y sostenidos por
el amor a los hermanos.

Los pastores de almas cuiden de que los enfermos y ancianos


tengan facilidades para recibir la Eucaristía frecuentemente
e incluso, a ser posible todos los días, sobre todo en el tiempo
pascual, aunque no padezcan una enfermedad grave ni estén
amenazados por el peligro de muerte inminente. A los que
no puedan recibir la Eucaristía bajo la especie del pan, es
lícito administrársela bajo la especie de vino solo (cf. Inst.
EM 40-41).

(nB 15) Enséñese con diligencia a los fieles que también


cuando reciben la comunión fuera de la celebración de la
Misa se unen íntimamente al sacrificio con el cual se
perpetúa el sacrificio de la cruz y participan de aquel
sagrado convite en el que "por la comunión en el Cuerpo del
Señor el pueblo participa en los bienes del sacrificio pascual,
renueva la nueva Alianza entre Dios y los hombres, sellada
de una vez para siempre con la Sangre de Cristo, y prefigura
y anticipa en la fe y la esperanza el banquete escatológico en
el reino del Padre anunciando la muerte del Señor'hasta que
vuelva'" (c£ Inst EM 3,a). (Del Ritual de comunión y culto
eucarístico, de junio 21 de 1973).

II. ¿En qué tiempo se ha de administrar la comunión


fuera de la Santa Misa?
(nc 16) La sagrada comunión fuera de la Misa se puede dar
en cualquier día y a cualquier hora. Conviene, sin

139
Los Ministerios Instituidos

embargo, determinas atendiendo a la utilidad de los fieles,


las horas para distribuir la sagrada comunión, para que se
realice una sagrada celebración más plena con mayor fruto
espiritual de los fieles. Sin embargo:
a) El Jueves Santo sólo puede distribuirse la sagrada
comunión dentro de la misa; pero a los enfermos se puede
llevar la comunión a cualquier hora del día.

b) El Viernes Santo únicamente puede distribuirse la


sagrada comunión durante la celebración de la Pasión del
Señor; a los enfermos que no pueden participar en esta
celebración se puede llevar la sagrada comunión a cualquier
hora del día.
c) El Sábado Santo la sagrada comunión sólo puede darse
como viático31. (Del Ritual de comunión y culto
eucarístico, de junio 21 de 1973).
P
III. El ministro de la sagrada comunión
(nö 17) Pertenece ante todo al sacerdote y al diácono
administrar la comunión a los fieles que la pidan (cf. EM
31). Mucho conviene, pues, que a este ministerio de su
orden dediquen todo el tiempo preciso, según la necesidad
de los fieles.

También pertenece al acólito debidamente instituido, en


cuanto ministro extraordinario, distribuir la sagrada
comunión cuando faltan un presbítero o diácono, o estén
impedidos, sea por enfermedad, edad avanzada, o por algún
ministerio pastoral, o cuando el número de los fieles que se
acercan a la sagrada mesa es tan nume-

31 edición típica 1979: Misa vespertina de la Cena


Cf. Missale Romanian,
del Señor, p. 243; Celebración de la Pasión del Señor, p. 250, n°
3; Sábado Santo, p. 265.
140
Preparación de las Funciones propias del Acólito

roso que se alargaría excesivamente la misa u otra


celebración (cf. MQ vi).

El Ordinario del lugar puede conceder la facultad de


distribuir la Sagrada Comunión a otros ministros
extraordinarios cuando sea necesario para la utilidad
pastoral de los fíeles y no se disponga ni de sacerdote ni
de diácono o acólito (cf. 1c, 1,1 y II). (Del Ritual de
comunión y culto eucaristía», de junio 21 de 1973).

Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión


(n81) Las circunstancias en que puede ser insuficiente el
número de ministros ordinarios para administrar la
Sagrada Comunión son varias:

a) Durante la celebración de la misa, cuando es muy


grande la asistencia de los fieles, o el celebrante tiene
alguna dificultad especial.

b) Fuera de la Misa, cuando las distancias hacen difícil


llevar las sagradas especies, sobre todo en forma de
viático, a los enfermos en peligro de muerte, y también
cuando es tan grande el número de enfermos, sobre todo
en hospitales, o instituciones similares, que hacen falta
bastantes ministros para la distribución de la comunión.

Por tanto, para que no queden sin la ayuda y el consudo


de este sacramento los fieles que, en estado de gracia y
con recta y piadosa intención, desean tomar parte en el
banquete eucarístico, el Sumo Pontífice ha considerado
oportuno instituir ministros extraordinarios, que puedan
administrar la Sagrada Comunión tanto a sí mismos
como a los demás fides, con las siguientes condiciones
precisas:

141
Los Ministerios Instituidos

I. Los Ordinarios de lugar tienen facultad para permitir a


personas idóneas, elegidas individualmente como ministros
extraordinarios, en casos concretos o también por un
período de tiempo determinado, o en caso de necesidad, de
modo permanente, que se administren a sí mismos el pan
eucarístico, lo distribuyan a los demás fíeles y lo lleven a
los enfermos en sus casas. Esto se permite cuando:

a) Falten el sacerdote, el diácono o el acólito.


b) Los mismos se hallan impedidos para distribuir la
Sagrada Comunión a causa de otro ministerio pastoral, por
enfermedad o por motivo de su edad avanzada.

c) El número de fíeles que desean acercarse a la Sagrada


Comunión sea tan grande que se prolongaría demasiado la
duradón de la misa o la distribudón de la comunión fuera
de la misa.

II. Los mismos Ordinarios de lugar tienen facultad para


permitir que los sacerdotes dedicados al sagrado ministerio
puedan designar una persona idónea que, en caso de
verdadera necesidad, distribuya la sagrada comunión ad
actum.

III. Los Ordinarios del lugar podrán delegar esta facultad


en sus obispos auxiliares, vicarios episcopales y delegados
episcopales.

IV La designación de la persona idónea, de que se habla en


los números I y II, se hará teniendo presente el siguiente
orden, que puede ser cambiado, sin embargo, según el
prudente parecer del Ordinario del lugar: lector, alumno del
Seminario Mayor, religioso, religiosa, catequista, fiel varón
o mujer

142
Preparación de las Funciones propias del Acólito

V En los oratorios de comunidades religiosas de ambos


sexos/ el encargado de distribuir la Sagrada Comunión
en las circunstancias enumeradas en el número I puede
confiarse obviamente al superior que carezca de la orden
sagrada, o a la superiora, o a sus respectivos vicarios.

VI. Si se dispone de tiempo suficiente, conviene que la


persona idónea escogida individualmente por el
Ordinario del lugar para la distribución de la Sagrada
Comunión, y la persona elegida para el mismo fin por el
sacerdote que tenga facultad, conforme a lo dicho en el
número II, reciban el mandato de acuerdo con el rito
anexo a esta Instrucción, y que distribuyan la Sagrada
Comunión ateniéndose a las normas litúrgicas.

Como estas facultades han sido concedidas únicamente


para el bien espiritual de los fieles y pensando en casos
de verdadera necesidad, tengan presente los sacerdotes
que tales facultades no les dispensan del deber de
distribuir la Eucaristía a los fieles que legítimamente la
pidan, y, en modo particular, de llevarla y darla a los
enfermos.

El fiel legítimamente designado para ser ministro


extraordinario de la Sagrada Comunión deberá
distinguirse por su vida cristiana, por su fe y sus buenas
costumbres. Se esforzará por ser digno de este
nobilísimo encargo, cultivará la devoción a la Sagrada
Eucaristía y dará ejemplo a los demás fieles de respeto
al Santísimo Sacramento del altar. No será elegido para
tal oficio uno cuya designación pueda causar sorpresa a
los fieles. (De la Instrucción Immensae caritatis de
enero de 1973).

143
Los Ministerios Instituidos

TV. El lugar para distribuir la Comunión fuera


de la misa
(n° 18) El lugar en que de ordinario se distribuye la sagrada
comunión fuera de la Misa es la iglesia o un oratorio en que
habitualmente se celebra o reserva la Eucaristía/ o la iglesia/
oratorio u otro lugar en que la comunidad se reúne
habitualmente para celebrar una asamblea litúrgica los
domingos u otros días. Sin embargo, en otros lugares, sin
excluir las casas particulares, se puede darla comunión,
cuando se trata de enfermos, cautivos y otros que sin peligro
o grave dificultad no pueden salir

V. Los modos de recibir y distribuir la


Sagrada Comunión
La Comunión de pie o de rodillas (n° 34) Según la
costumbre de la Iglesia, los fieles pue- 2 den recibir lacomunión de
rodillas o de pie. Elíjase uno
u otro modo según las normas establecidas por la
competente autoridad eclesiástica territorial, teniendo en
cuenta las diferentes circunstancias, ante todo la disposición
del lugar y el número de los comulgantes. Sigan los fieles
de buen grado el modo indicado por los pastores para que la
comunión sea verdaderamente signo de unidad entre todos
los comensales en la misma mesa del Señor

Cuando los fieles comulgan de rodillas no se exige de ellos


otro signo de reverencia para con el Santísimo Sacramento,
porque la misma genuflexión expresa adoración.

Pero cuando se comulga de pie se recomienda


encarecidamente que los que se acercan procesionalmente
hagan una reverencia debida antes de la recepción del Sa-

144
Preparación de las Funciones propias del Acólito

cramento en lugar y tiempo oportuno para que no se


entorpezca el acceso y retiro de los fieles. (De la
Instrucción Eucharisticum Mysterium de mayo 25 de
1967).

La Comunión en la boca o en la mano


(na 1) La nueva manera de comulgar (en la mano) no
deberá ser impuesta de modo que excluya el uso
tradicional (en la boca). Lo importante es que cada fiel
tenga la posibilidad de recibir la comunión sobre la
lengua, al modo tradicional, y al mismo tiempo otras
personas puedan recibir la hostia en la mano. En efecto,
las dos manera de comulgar pueden coexistir sin
dificultad en la misma acción litúrgica. Así nadie
encontrará en el nuevo rito una causa de turbación a su
propia sensibilidad espiritual hada la Eucaristía, y
también este Sacramento, que por su naturaleza es
fuente y cumbre de unidad, no se convertirá en ocasión
de división entre los fieles.

(nö 4) Respecto a la manera de hacerlo se podrán seguir


las indicadones de la tradidón antigua, que ponía en
relieve la fundón ministerial del sacerdote y del diácono,
que depositaba la hostia en la mano del comulgante63.
En todo caso, los fieles deberán consumir la hostia antes
de volver a su sitio y la intervendón del ministro será
subrayada con la fórmula habitual: El Cuerpo de Cristo,
a la cual el fiel responderá: Amén. (De la Instrucdón
Memoriale Domini de mayo 29 de 1969).

VI. Lo que se ha de observar al distribuir la Sagrada


Comunión
(n° 19) Cuando se administra la sagrada comunión en la
iglesia o en un oratorio, póngase el corporal sobre el
altar

Ritual de la S. Comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la


63 Cf.
Misa, 21.
145
Los Ministerios Instituidos

cubierto con un mantel; enciéndanse dos cirios como señal de


veneración y de banquete festivo (cf. OGMR 269); utilícese la
patena.

Pero, cuando la sagrada comunión se administra en otros


lugares, prepárese una mesa decente cubierta con un mantel;
ténganse también preparados los cirios.

(n® 20) El ministro de la sagrada comunión, si es presbítero o


diácono, vaya revestido de alba, o sobrepelliz sobre el traje
talar (sotana), y lleve la estola.

Los otros ministros lleven o un vestido litúrgico, quizá


tradicional en la región, o un vestido que no desdiga de este
ministerio y que el Ordinario apruebe.

Para administrar la comunión fuera de la iglesia, llévese la


Eucaristía en una cajita u otro vaso cerrado, con la vestidura y
el modo apropiado a las circunstancias de cada lugar.

(nc 21) Al distribuir la sagrada comunión consérvese la


costumbre de depositar la partícula de pan consagrado en la
lengua de los que reciben la comunión, que se basa en el modo
tradicional de muchos siglos.

Sin embargo, las Conferencias Episcopales pueden decretar,


con la confirmación de la Sede Apostólica, que en su
jurisdicción se pueda distribuir también la sagrada comunión
depositando el pan consagrado en las manos de los fieles, con
tal que se evite el peligro de faltar a la reverencia o se dé lugar
a que surjan entre los fieles ideas falsas sobre la Santísima
Eucaristía (cf. Inst. MD).

146

J
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Por lo demás, conviene enseñar a los fieles que Jesucristo


es el Señor y el Salvador y que se le debe a Él, presente
bajo las especies sacramentales, el culto de latría o
adoración, propio de Dios (cf. Inst. 1C 4).

En ambos casos, la sagrada comunión debe ser distribuida


por el ministro competente, que muestre y entregue al
comulgante la partícula del pan consagrado, diciendo la
fórmula: El Cuerpo de Cristo, a lo que cada fiel
responde: Amén.

En lo que toca a la distribución de la sagrada comunión


bajo la especie de vino, síganse fielmente las normas
litúrgicas (cf. OGMR 242; Inst. Sacramentan
Cammunione 6).

(nfi 22) Si quedaran algunos fragmentos después de la


comunión, recójanse con reverencia y pónganse en el
copón, o échense en un vasito con agua.

Igualmente, si la comunión se administra bajo la especie


de vino, purifiqúese con agua el cáliz o cualquier otro vaso
empleado para ese menester

El agua utilizada en esas purificaciones, o bien se sume o


se arroja en algún lugar conveniente. (Del Ritual de
comunión y culto eucarístico, de junio 21 de 1973).

VII. Disposiciones para recibir la Sagrada


Comunión
(nQ 23) La Eucaristía, que continuamente hace presente
entre los hombres el misterio pascual de Cristo, es la
fuente de toda gracia y del perdón de los pecados. Sin
embargo, los que desean recibir el Cuerpo del Señor para
que perciban los frutos del sacramento pascual tienen

147

L
Los Ministerios Instituidos

que acercarse a él con la conciencia limpia y con recta


disposición de espíritu.

Además, la Iglesia manda "que nadie consciente de pecado


mortal, por contrito que se crea, se acerque a la sagrada
Eucaristía sin que haya precedido la confesión
sacramental"32. Pero cuando concurre un motivo grave y no
hay oportunidad de confesarse, haga un acto de perfecta
contrición con el propósito de confesar cuanto antes todos
los pecados mortales, que al presente no pueda confesar.

Pero los que diariamente o con frecuencia suelen comulgar,


conviene que con la oportuna periodicidad, según la
condición de cada cual, se acerquen al sacramento de la
penitencia.

Por lo demás, los ñeles miren también a la Eucaristía como


remedio que nos libra de las culpas de cada día y nos
preserva de los pecados mortales; sepan también el modo
conveniente de aprovecharse de los ritos penitenciales de la
liturgia, en especial de la Misa (cf. EM 35).

(n® 24) Los que van a recibir el Sacramento no lo hagan sin


estar durante al menos una hora en ayunas de alimentos y
bebidas, a excepción del agua y de las medicinas.

El tiempo de ayuno eucarístico, o sea, la abstinencia de


alimento o bebida no alcohólica, se abrevia a un cuarto de
hora aproximadamente para:

32 Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, cap. 7: Denz. 880


(1646-1647).
148
Preparación de las Funciones propias del Acólito

1) Los enfermos que residen en hospitales o en sus


domicilios, aunque no guarden cama.

2) Los fieles de edad avanzada, que por su ancianidad


no salen de casa o están en asilos.

3) Los sacerdotes enfermos, aunque no guarden cama, o


de edad avanzada, lo mismo para celebrar misa que para
recibir la sagrada comunión.

4) Las personas que están al cuidado de los enfermos o


ancianos, y sus familiares que desean recibir con ellos la
sagrada comunión, siempre que sin incomodidad no
puedan guardar el ayuno de una hora (cf. Inst. IC 3).

(nc 25) La unión con Cristo, a la que se ordena el mismo


Sacramento, ha de extenderse a toda la vida cristiana, de
modo que los fíeles de Cristo, contemplando asiduamente
en la fe el don recibido, y guiados por el Espíritu Santo,
vivan su vida ordinaria en acción de gracias y produzcan
frutos más abundantes de caridad.

Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción


de gracias, que de modo eminente se da a Dios en la
Misa, se recomienda a los que han sido alimentados con
la sagrada comunión que permanezcan algún tiempo en
oración (cf. Inst. /C 58). (Del Ritual de comunión y culto
eucarístico, de junio 21 de 1973).

VIH El Viático
(n° 39) La comunión recibida como viático ha de ser
tenida como un signo de participación en el misterio que
se celebra en el sacrificio de la Misa, esto es, en la
muerte del Señor y su tránsito al Padre. Con ella el fiel, al

149
Los Ministerios Instituidos

dejar esta vida, fortalecido con el Cuerpo de Cristo, recibe la


prenda de la resurrección.

Por tanto, los fieles en peligro de muerte, cualquiera que sea la


causa de que proviene, están obligados por el precepto de recibir
la sagrada comunión (cf. CDC, -1983- can. 921 § 1), y los pastores
deben velar para que la administración de este Sacramento no se
difiera, sino que los fieles sean alimentados con él cuando están
aún en plena posesión de sus facultades (cf. CDC, -1983- can.
922). Aunque los fieles hayan recibido la sagrada comunión en el
mismo día, se recomienda, sin embargo insistentemente que
comulguen de nuevo llegado el peligro de muerte (cf. CDC, -1983-
can. 921 § 1 y 2). (De la Instrucción Eucharisticum Mysterium
de mayo 25 de 1967).

3.4.6 Normas y disposiciones litúrgicas ^ sobre el


culto debido a la Santísima Eucaristía
como Sacramento perenne
En este apartado recogemos diversas normas y disposiciones
litúrgicas de la Iglesia acerca del culto debido al Santísimo
Sacramento de la Eucaristía fuera de la Santa Misa. Pensamos
que estas normas y disposiciones deben ser conocidas por parte
del acólito, en cuanto ministro extraordinario de la sagrada
comunión. Éstas provienen de todos los documentos
posconciliares, emanados de la Santa Sede desde hace más de
treinta años. Los hemos agrupado bajo los subtemas que
aparecen en seguida.

/. Los fines de la reserva de la Eucaristía fuera


de la Misa
(n° 49) "No es inútil recordar que el fin primero y primordial de
la reserva de las sagradas especies fuera de la Misa es la
administración del viático; los fines secun-

150
Preparación de las Funciones propias del Acólito

danos son la distribución de la comunión fuera de la Misa y la


adoración de nuestro Señor Jesucristo, oculto bajo las mismas
especies"33.

Pues "la reserva de las especies sagradas para los enfermos...


ha introducido la laudable costumbre de adorar este manjar del
délo conservado en las iglesias. Este culto de adoradón se basa
en una razón muy sólida y firme" (Pío XII, MD, p. 569), sobre
todo porque a la fe en la presenda real del Señor le es
connatural su manifestadón externa y pública. (De la
Instrucdón Eucharisticum Mysterium de mayo 25 de 1967).

II. La oración en privado después de la Comunión


(nQ 38) Por la partidpadón del Cuerpo y Sangre del Señor se
derrama sobre cada uno el don del Espíritu como agua (cf. Jn
7, 7, 37-39), con tal que los reciban sacramental y
espiritualmente; es deefe en la fe viva que obra por la
caridad34.

Pero la unión espiritual con Cristo, a la que se ordena el


mismo Sacramento, no se ha de buscar únicamente en el
tiempo de la celebradón eucarística, sino que ha de extenderse
a toda la vida cristiana; de modo que los fieles de Crispo,
contemplando asiduamente en la fe el don redbido, y juiados
por el Espíritu Santo, vivan su vida cotidiana en acdón de
gracias y produzcan frutos abundantes de caridad.

33 s. Congregación de sacramentos. Instrucción Quam plurium, de octubre 1 de


1949: ASS 41 (1949), pp. 509-510; cf. Concilio Tridentino, Sesión XIII,
Decretum de Eucharistia, cap. 6: Denz. 879 (1645); S. Pío X, Decreto Sacra
Tridentina Synodus, de diciembre 20 de 1905: Denz. 1981 (3375).
34 Cf. Concilio Tridentino, Sesión XIII, Decretum de Eucharistia, cap. 8: Denz.
881 (1648).
Los Ministerios Instituidos

Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de


gracias, que de un modo eminente se da a Dios en la misa, se
recomienda a los que han sido alimentados con la sagrada
comunión que permanezcan algún tiempo en oración (c£ Pío
XII, MD, p. 566). (De la Instrucción Eucharisticum
Mysterium, de mayo 25 de 1967).

III. La oración ante el Santísimo Sacramento


(n® 50) Los fieles, cuando veneran a Cristo presente en el
Sacramento, recuerdan que esta presencia proviene del
sacrificio y se ordena al mismo tiempo a la comunión
sacramental y espiritual.

Así, pues, la piedad que impulsa a los fieles a adorar a la


Santa Eucaristía los lleva a participar más plenamente en el misterio pascual
y a responder con agradecimiento al don de aquel que por medio de su
humanidad infunde continuamente la vida en los miembros de £2 su
Cuerpo (cf. PO 5). Permaneciendo ante Cristo, el Se
ñor, disfrutan de su trato íntimo, le abren su corazón por sí
mismos y por todos los suyos y ruegan por la paz y la
salvación del mundo. Ofreciendo con Cristo toda su vida al
Padre en el Espíritu Santo sacan de este trato admirable un
aumento de su fe, su esperanza y su caridad. Así fomentan
las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la
devoción conveniente el memorial del Señor y recibir
frecuentemente el pan que nos ha dado el Padre.

Traten, pues, los fieles de venerar a Cristo en el Sacramento


de acuerdo con su propio modo de vida. Y los pastores en
este punto vayan delante con su ejemplo y exhórtenlos con
sus palabras (cf. PO 8). (De la Instrucción Eucharisticum
Mysterium de mayo 25 de 1967).

152
Preparación de las Funciones propias del Acólito

(nQ 81) Acuérdense, finalmente, de prolongar por medio


de la oración ante Cristo, el Señor, presente en el
Sacramento, la unión con Él conseguida en la comunión
y renovar la Alianza que los impulsa a mantener en sus
costumbres y en su vida lo que han recibido en la
celebración eucarística por la fe y el Sacramento.
Procurarán, pues, que su vida transcurra con alegría en la
fortaleza de este alimento del délo, partidpando en la
muerte y resurrecdón del Señor. Así, cada uno procure
hacer buenas obras, agradar a Dios, trabajando por
impregnar al mundo del espíritu cristiano y también
proponiéndose llegar a ser testigo de Cristo en todo
momento en medio de la sodedad humana (cf. Inst. EM
32). (Del Ritual de comunión y culto eucarístico, de
junio 21 de 1973).

TV. Los piadosos ejercicios eucarísticos


(nQ 58) La Iglesia recomienda con empeño la devodón
privada y pública a la Santísima Eucaristía, aun fuera de
la Misa, de acuerdo con las normas estableadas por la
autoridad competente y en la presente Instrucdón, pues el
sacrifido eucarístico es la fuente y el punto culminante de
toda la vida cristiana (cf. LG11).

En la organizadón de tan piadosos y santos ejercidos,


téngase en cuenta las normas estableadas por el Cond- lio
Vaticano II sobre la reladón que hay que guardar entre la
liturgia y las otras acdones sagradas que no pertenecen a
ella. De modo espedal, téngase en cuenta la norma
siguiente: "Es predso que estos ejercidos se organicen
teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que
vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en derto modo
se deriven de ella y a ella conduzcan al pueblo, ya que la
liturgia por su naturaleza está muy por end- ma de ellos"
(cf. SC13). (De la Instrucdón Eucharisticum Mysterium de
mayo 25 de 1967).

153
Los Ministerios Instituidos

V La exposición de la Santísima Eucaristía

Relación entre la exposición y la Santa Misa


(nc 82) La exposición de la Santísima Eucaristía, sea en el
copón, sea en la custodia, lleva a los fíeles a reconocer en
ella la maravillosa presencia de Cristo y les invita a la unión
de corazón con él, que culmina en la comunión sacramental.
Así promueve adecuadamente el culto en espíritu y en
verdad que le es debido.

Hay que procurar que en tales exposiciones el culto del


Santísimo Sacramento manifieste, aun en los signos
externos, su relación con la misa. En el ornato y en el modo
de la exposición evítese cuidadosamente lo que pueda
oscurecer el deseo de Cristo, que instituyó la Eucaristía ante
todo para que fuera nuestro alimento, nuestro consuelo y
nuestro remedio (cf. Inst. EM 60).

(n°83)Se prohibe la celebración de la misa durante el


tiempo en que está expuesto el Santísimo Sacramento en la
misma nave de la iglesia u oratorio.

Pues, aparte de las razones propuestas en número 6, la


celebración del misterio eucarístico incluye de una manera
más perfecta aquella comunión interna a la que se pretende
llevar a los fieles con la exposición.

Si la exposición del Santísimo Sacramento se prolonga


durante uno o varios días, debe interrumpirse durante la
celebración de la misa, a no ser que se celebre en una
capilla o espacio separado del lugar de la exposición y
permanezcan en adoración por lo menos algunos fíeles (cf.
Inst. EM 61).

154
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Normas que se han de observar en la exposición

(n° 84) Ante el Santísimo Sacramento, ya reservado en


el sagrario, ya expuesto para la adoración pública, sólo
se hace genuflexión sencilla.

(nQ 85) Para la exposición del Santísimo Sacramento


en la custodia se encienden cuatro o seis cirios de los
usuales en la misa, y se emplea el incienso. Para la
exposición en el copón enciéndanse por lo menos dos
cirios; se puede emplear el incienso.

(Exposición prolongada)

(ne 86) En las iglesias y oratorios en que se reserva la


Eucaristía, se recomienda cada año una exposición
solemne del Santísimo Sacramento, prolongada durante
algún tiempo, aunque no sea estrictamente continuado,
a fin de que la comunidad local pueda meditar y adorar
más intensamente este misterio.

Pero esta exposición se hará solamente si se prevé una


asistencia conveniente de fieles (cf. Inst EM 63).

(nQ 87) En caso de necesidad grave y general, el


Ordinario del lugar puede ordenar preces delante del
Santísimo Sacramento, expuesto durante algún tiempo
más prolongado, y que debe hacerse en aquellas
iglesias que son más frecuentadas por los fieles (cf.
Inst. EM, nB 64).

(n° 88) Donde, por falta de un número conveniente de


adoradores, no se puede tenerla exposición sin
interrupción, está permitido reservar el Santísimo
Sacramento en el sagrario, en horas determinadas y
dadas a conocer, pero no más de dos veces al día; por
ejemplo, a mediodía y por la noche.

155
i
Los Ministerios instituidos

Esta reserva puede hacerse de modo más simple: el sacerdote o el


diácono, revestido del alba (o de sobrepelliz sobre traje talar o
sotana), y de estola, después de una breve adoración, hecha la
oración con los fieles, devuelve el Santísimo Sacramento al
sagrario. Del mismo modo, a la hora señalada se hace de nuevo la
exposición (cf. Inst EM 65).

(Exposición breve)

(n® 89) Las ©(posiciones breves del Santísimo Sacramento deben


ordenarse de tal manera que, antes de la bendición con el
Santísimo Sacramento, se dedique un tiempo conveniente a la
lectura de la Palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la
oración en silencio prolongada durante algún tiempo.

Se prohíbe la exposición tenida únicamente para dar la bendición


(cf. Inst EM 66).

(La adoración en las comunidades religiosas)

(n® 90) A las comunidades religiosas y otras piadosas


asociaciones que, según las Constituciones o normas de su
Instituto, tienen la adoración perpetua o prolongada por largo
tiempo, se les recomienda con empeño que organicen esta piadosa
costumbre según el espíritu de la sagrada liturgia, de forma que,
cuando la adoración ante Cristo, el Señor, se tenga con
participación de la comunidad, se haga con sagradas lecturas,
cánticos y algún tiempo en silencio, para fomentar más
eficazmente la vida espiritual de la comunidad. De esta manera se
promueve entre los miembros de la casa religiosa el espíritu de
unidad y fraternidad de que es signo y realización la Eucaristía y
se practica el culto debido al Sacramento de forma más noble.

156
Preparación de las Funciones propias del Acólito

También se ha de conservar aquella forma de adoración, muy


digna de alabanza, en que los miembros de la comunidad se
van turnando de uno en uno, o de dos en dos. Porque también
de esta forma, según las normas del Instituto aprobadas por la
Iglesia, ellos adoran y ruegan a Cristo, el Señor, en el
Sacramento, en nombre de toda la comunidad y de la Iglesia.

El ministro de la exposición
de la Santísima Eucaristía

(n° 91) El ministro ordinario de la exposición del Santísimo


Sacramento es el sacerdote o el diácono, que al final de la
adoración, antes de reservar el Sacramento, bendice al pueblo
con el mismo Sacramento.

En ausencia del sacerdote o diácono, o legítimamente


impedidos, pueden exponer públicamente la Santísima
Eucaristía a la adoración de los fieles y reservarla después, el
acólito u otro ministro extraordinario de la sagrada comunión,
o algún otro autorizado por el Ordinario del lugar.

Todos éstos pueden hacer la exposición abriendo el sagrario, o


también, si se juzga oportuno, poniendo el copón sobre el altar,
o poniendo la hostia en la custodia. Al final de la adoración
guardan el Sacramento en el sagrario. No les es lícito, sin
embargo, dar la bendición con el Santísimo Sacramento.

(n° 92) El ministro, si es sacerdote o diácono, revístase del alba


(o la sobrepelliz sobre el traje talar o sotana) y de la estola de
color blanco.

157
Los Ministerios Instituidos

Los otros ministros lleven o la vestidura litúrgica tradicional en


el país, o un vestido que no desdiga de este sagrado ministerio y
que el Ordinario apruebe.

Para dar la bendición al ñnal de la adoración, cuando la


exposición se ha hecho con la custodia, el sacerdote y el diácono
pónganse además la capa pluvial y el velo humeral de color
blanco; pero si la bendición se da con el copón, basta con el velo
humeral.

VI. Las procesiones eucarísticas


(na 101) El pueblo cristiano da testimonio público de fe y
piedad religiosa hada el Santísimo Sacramento con las
procesiones en que se lleva la Eucaristía por las calles con
solemnidad y con cantos.

Corresponde al Obispo diocesano juzgar sobre la oportunidad,


en las drcunstandas actuales, acerca del tiempo, lugar y
organizadón de tales procesiones, para que se lleve a cabo con
dignidad y sin desdoro de la reverenda debida a este Santísimo
Sacramento (cf. Inst. EM 59).

(nfi 102) Entre las procesiones eucarísticas adquiere es- pedal


importanda y signifícadón en la vida pastoral de la parroquia o de
la dudad la que suele celebrarse todos los años en la solemnidad
del Corpus Christi o del Cuerpo y Sangre de Cristo, o en algún
otro día más oportuno, cercano a esta solemnidad. Conviene,
pues, que, donde las drcunstandas actuales lo permitan y
verdaderamente pueda ser signo colectivo de fe y de adora- dón,
se conserve esta procesión de acuerdo con las normas del
derecho.
Pero si se trata de grandes dudades, y la necesidad pastoral así lo
aconseja, se puede, a juicio del Obispo
Preparación de las Funciones propias del Acólito

diocesano, organizar otras procesiones en los barrios


principales de la ciudad. Pero donde no se puede celebrar la
procesión en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre,
conviene que se tenga otra celebración pública para toda la
ciudad o para los barrios principales en la iglesia catedral o en
otros lugares oportunos.

(nQ 103) Conviene que la procesión con el Santísimo


Sacramento se celebre a continuación de la Misa, en la que se
consagre la hostia que se ha de trasladar en la procesión. Sin
embargo, nada impide que la procesión se haga después de la
adoración pública y prolongada que siga a la misa.

(nfi 104) Las procesiones eucarísticas organícense según los


usos de la región, ya en lo que respeta al ornato de plazas y
calles, ya en lo que toca a la participación de los fieles.
Durante el recorrido, según lo aconseje la costumbre y el bien
pastoral, pueden hacerse algunas estaciones o paradas, aun
con la bendición eucarística. Sin embargo, los cantos y
oraciones que se tengan ordénense a que todos manifiesten su
fe en Cristo y se entreguen solamente al Señor

3.5 PREPARACIÓN PRÁCTICA


Para desempeñar plena y eficazmente el ministerio que le es propio, el
acólito debe empeñarse en cultivar los medios más aptos para
favorecer no sólo su preparación espiritual y doctrinal, sino también su
preparación práctica. Esta preparación implica un conocimiento
práctico del manejo del Misal Romano -especialmente de su OGMR-,
y de los demás libros litúrgicos, especialmente el Ritual de los
sacramentos. Debe conocer también los principales textos bíblicos que
se refieren a la sagrada Eucaristía. Luego, le hace falta tener una vision
clara y practica de lo que tiene que hacer en los casos concretos
siguientes: en la celebración normal de la

159
Los Ministerios Instituidos

Eucaristía, en una celebración dominical sin presbítero con comunión


de los fíeles, en la visita a los enfermos para llevarles la comunión, en
la Exposición y reserva del Santísimo sin bendición en ausencia del
presbítero o del diácono, finalmente cuando hay que bendecir objetos
de piedad en ausencia del presbítero o del diácono. Todo este aspecto
práctico tiene también su importancia para permitir al acólito ofrecer
eficacia y competencia en su ministerio. Tratemos de precisar más los
detalles de cada uno de estos casos.

3.5.1 Manejo del Misal Romano y


demás libros litúrgicos
Un buen acólito debe capacitarse en el manejo de los libros litúrgicos,
especialmente de aquellos que se relacionan con el cumplimiento de su
ministerio del altar. Pensamos en aquellos libros que tienen que ver
con la celebración de la liturgia eucarística: el Misal Romano (cf.
especialmente OGAÍR), los Leccionarios dominicales y festivos, los
feriales y los especiales; los de la Liturgia de los Sacramentos: rituales
y leccionarios propios; los cuatro tomos de la Liturgia de las Horas
(Oficio divino); el libro de la Oración universal de los fieles; el nuevo
Bendicional y el Calendario litúrgico anual (Ordo). Para no repetir lo
que hemos dicho sobre cada uno de estos libros, remitimos
sencillamente al mismo tema tratado para el ministerio del lector (cf.
El índice general).

3.5.2 Elenco de los principales textos


bíblicos eucarísticos
Presentamos brevemente un elenco de los textos bíblicos más
importantes en relación con la Santísima Eucaristía.
Preparación de las Funciones propias del Acólito
I

Gn 14,18-20: Presentó Melquisedec pan y vino Ex 16,2-


4.12-15: Yo haré llover pan del délo Ex 24,3-8: Esta es
la Sangre de la Alianza que hace el Señor con vosotros
Dt 8,2-3.14b-16a: Te alimentó con el maná, que tú no
conocías ni conoderon tus padres 1 R 19, 4-8: Con la
fuerza de aquel alimento caminó hasta el monte de Dios
Pr 9,1-6: Venid y comed mi pan y a beber el vino que he
mezclado
Hch 2,42-47: Eran constantes en la fracdón del pan Hch
10, 34a. 37-43: Hemos comido y bebido con él después
de su resurrecdón
II
1 Co 10,16-17: El pan es uno, y así nosotros, aunque
somos muchos, formamos un solo cuerpo 1 Co 11, 23-
26: Cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa,
prodamáis la muerte del Señor Hb 9,11-15: La Sangre de
Cristo podrá purificar nuestra condencia
III
Me 14,12-16: Este es mi cuerpo. Esta es mi Sangre Le 9,
llb-17: Comieron todos y se sadaron Le 24,13-35: Lo
reconoderon al partir el pan Jn 6,1-15: Les repartieron a
los que estaban sentados todo lo que quisieron
Jn 6, 24-35: El que viene a mí no pasará hambre y el que
cree en mí no pasará sed Jn 6,41-52a: Yo soy el pan vivo
que ha bajado del délo Jn 6, 51-59: Mi carne es
verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida

161
Los Ministerios Instituidos

Jn 21,1-14: Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo


mismo el pescado

Textos breves
Jn 6,51-52; Jn 6,54-55; Jn 6,54-58; Jn 6,57; Jn 6,58; Jn 14,6;
Jn 14,23; Jn 14,27; Jn 15, 4; Jn 15, 5; 1 Jn 4,16; 1 Co 11,26.

3.5.3 Lo que hay que hacer


en la celebración eucarística
Presentamos en seguida las distintas funciones específicas del acólito
durante la celebración euCarística. Puede ser muy útil al acólito
tenerlas bien presentes para conocer las distintas modalidades de su
actuación en la celebración de la Santa Misa. Siempre seguimos las
indicaciones de la OGMR 142-147; 237-239.

(n° 142) Las funciones que puede ejercer el acólito son de


diverso género; puede darse el caso de que concurran varias a
la vez. Por tanto, es conveniente que se distribuyan, según la
oportunidad, entre varios; si solamente está presente el
acólito, haga él lo que es de más importancia, distribuyéndose
lo demás a otros ministros.

Ritos iniciales
(nfi 143) En la procesión al altar, puede llevar la cruz entre
dos ministros con cirios encendidos. Cuando llegue al altar,
dejada la cruz cerca del mismo, ocupa su lugar en el
presbiterio.

(nc 144) Durante toda la celebración, es propio del acólito


acercarse al sacerdote o al diácono, cuantas veces se requiera,
para servir el libro y ayudarles en todo lo necesario.
Conviene, por tanto, que, en la medida de lo
Preparación de las Funciones propias del Acólito

posible, ocupe un lugar desde el que pueda ejercer


fácilmente su ministerio, en la sede o en el altar

Liturgia eucarística
(nQ 145) En ausencia del diácono, una vez acabada la
oración universal, mientras el sacerdote permanece en la
sede, el acólito pone sobre el altar el corporal, el puri-
fícador, el cáliz y el misal. Después, si es necesario,
ayuda al sacerdote en la recepción de los dones del
pueblo y oportunamente lleva el pan y el vino al altar y
lo entrega al sacerdote. Si se utiliza el incienso, presenta
el incensario al sacerdote y le asiste en la incensación de
las ofrendas y del altar

(n® 146) Puede ayudar al sacerdote, como ministro


extraordinario, en la distribución de la comunión al
pueblo (cf. MQ vi). Si se da la comunión bajo las dos
especies, ofrece el cáliz a los que van a comulgar o, si la
comunión es por intinción, sostiene el cáliz.

(n° 147) Acabada la distribución de la comunión, ayuda


al sacerdote o al diácono en la purificación y arreglo de
los vasos sagrados y allí los purifica y arregla.

Purificaciones
(n® 237) Siempre que algún fragmento del pan
consagrado quede adherido a los dedos, sobre todo
después de la fracción o de la comunión de los fieles, el
sacerdote (el diácono, o el acólito u otros ministros
extraordinarios) debe limpiar los dedos sobre la patena y,
si es necesario, lavarlos. En modo análogo, si quedan
fragmentos fuera de la patena, los recoge.

(n® 238) Los vasos sagrados los purifica el sacerdote, el


diácono o el acólito, después de la comunión o después

163

L
Los Ministerios Instituidos

de la misa, siempre que sea posible en la credencia. La


purificación del cáliz se hace con vino y agua, o solamente
con agua, que sumirá el mismo que purifica.
La patena basta limpiarla, de ordinario, con el purificados

(n° 239) Si el pan consagrado o alguna partícula del mismo


llega a caerse, se recogerá con reverencia. Si se derrama
algo de la Sangre del Señor, el sitio en que cae lávese con
agua y luego échese esta agua en la piscina.

3.5.4 Celebración dominical de la Palabra


con la comunión en ausencia del presbítero o del diácono
Presentamos en seguida las distintas funciones específicas del
acólito durante la celebración dominical de la Palabra de Dios, con
la sagrada comunión en ausencia del presbítero o del diácono.
Puede ser muy útil al acólito tenerlas bien presentes para conocer
las distintas modalidades de su actuación en el caso de dicha
celebración dominical sin Eucaristía. Seguimos aquí las
indicaciones del Directorio para las celebraciones dominicales en
ausencia del presbítero (junio 2 de 1988). Presentamos lo esencial
de las Normas y luego un esquema de la celebración.

I. Normas sobre la Celebración (cf. Cap. III61)


(n° 35) El orden a seguir en la reunión del domingo cuando
no se celebra la misa consta de dos partes: la celebración de
la Palabra de Dios y la distribución de la comunión. No se
introduzca en esta reunión lo que es

67 Cf. Directorio para las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero, in


Enchiridion- Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial Regina,
1995, pp- 411-414. 35

35
Preparación de tas Funciones propias del Acólito

propio de la misa/ especialmente la presentación de los


dones y la plegaria eucarística. El rito se ordene de tal
manera que favorezca totalmente la oración y ofrezca la
imagen de una asamblea litúrgica y no de una simple
reunión.

(n° 36) Los textos de las oraciones y de las lecturas de


cada domingo o solemnidad han de tomarse
habitualmente del Misal o del Lecdonarío. De este modo,
los ñeles/ siguiendo el curso del año litúrgico/ orarán y
escucharán la Palabra de Dios en comunión con las
restantes comunidades de la Iglesia.

(n6 37) El párroco, al preparar la celebratión con los


laicos designados (o acólitos o lectores: cf. nc 30), puede
hacer adaptadones teniendo en cuenta el número de los
participantes y la capaddad de los animadores/ y
atendiendo a los instrumentos que acompañan el canto y
ejecutan la música.

(nc 38) Cuando preside la celebradón el diácono, debe


comportarse de acuerdo con su ministerio/ en los
saludos, oradones, prodamadón del Evangelio y homilía,
distribudón de la comunión y despedida de los partid-
pantes con la bendidón. Debe vestir los ornamentos
propios de su ministerio, esto es, el alba con la estola, y
según la oportunidad la dalmática, y ha de usar la sede
presidendal.

(n° 39) El laico (o acólito o lector) que modera la reunión


actúa como entre iguales, como ocurre en la Liturgia de
la Horas, cuando no preside el ministro ordenado, y en
las bendidones, cuando el ministro es laico ("El Señor
nos bendiga.."., "Bendigamos al Señor..".). No debe
emplear las palabras reservadas al presbítero o al
diácono, y debe omitir aquellos ritos que remiten de
manera

165
Los Ministerios Instituidos

directa a la Misa, por ejemplo: los saludos, especialmente


"el Señor esté con vosotros" y la fórmula de despedida que
haría aparecer al laico moderador como ministro
sagrado36.

(n° 40) Lleve un vestido que no desdiga de esta función, o


la vestidura que oportunamente señale el Obispo (cf.
RCCEFM 20). No debe usar la sede presidencial, pero se ha
de preparar otra sede fuera del presbiterio (cf. oglh 258).
El altar, que es la mesa del sacrificio y del convite
pascual, será usado solamente para deponer en él el pan
consagrado antes de la distribución de la Eucaristía.

Al preparar la celebración se ha de procurar una adecuada


distribución de las funciones, por ejemplo, para las
lecturas, para ios cantos, etc., y para la disposición y
ornato del lugar.

(n® 41) El esquema de la celebración consta de los


siguientes elementos:

a) Los ritos iniciales, cuya finalidad es hacer que los ñeles


que se reúnen constituyan la comunidad y se preparen
dignamente para la celebración;

b) La liturgia de la Palabra, en la cual Dios mismo habla a


su pueblo para manifestarle el misterio de la redención y de
la salvación; el pueblo responde mediante la profesión de fe
y la plegaria universal;

c) La acción de gracias, con la que Dios es bendecido por


su gloria inmensa (cf. n° 45);

36 Cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, OGLH 258; Bendicional 48, 120,
131,183, etc.

166
Preparación de las Funciones propias del Acólito

d) Los rito de la comunión/ mediante los cuales se


expresa y se realiza la comunión con Cristo y con los
hermanos/ sobre todo con aquellos que en el mismo día
participan en el sacrificio eucarístíco;

e) los ritos de la conclusión, con los que viene indicada


la relación entre la liturgia y la vida cristiana.

La Conferencia Episcopal, o el mismo Obispo, teniendo


en cuenta las circunstancias de lugar y de las personas,
pueden concretar más la celebración con subsidios
preparados por la Comisión nacional o diocesana de
Liturgia. No obstante, este esquema no debe cambiar sin
necesidad.

(nB 42) En la monición inicial, o en otro momento de la


celebración, el moderador recuerda a la comunidad con la
que, aquel domingo, el párroco celebra la Eucaristía, y
exhorta a los fieles a unirse espiritualmente a ella.

(n° 43) Para que los participantes recuerden la Palabra de


Dios, hágase una explicación de las lecturas o el sagrado
silencio para meditar lo que se ha escuchado. Puesto que
la homilía está reservada al sacerdote o al diácono (cf.
CDC 766-767), se puede optar para que el párroco
transmita la homilía al moderador del grupo, para que la
lea. No obstante, obsérvese lo que haya dispuesto la
Conferencia Episcopal sobre este punto.

(n° 44) La oración universal se desarrollará según la serie


establecida de las intenciones (cf. OGMR 45-47). No se
omitan las intenciones por toda la diócesis, que el Obispo
proponga eventualmente. Asimismo, propóngase con
frecuencia la intención por las vocaciones a la orden
sagrada, por el Obispo y por el párroco.

167
Los Ministerios Instituidos

(ns 45) La acdón de gracias tendrá lugar de acuerdo con uno


de estos dos modelos:

a) Después de la oración universal o después de la


distribución de la comunión el moderador invita a todos a la
acción de gradas, con la cual los fieles exaltan la gloria de
Dios y su misericordia. Esto puede hacerse con un salmo,
por ejemplo, los salmos (99,112,117,135,147, 150), o con
un himno o un cántico, como el "Gloria a Dios en el délo",
el Magnificat, etc., induso con una plegaria litánica, que el
moderador dice con los demás vuelto al altar, estando todos
de pie;

b) Antes del "Padre nuestro" el moderador se acerca al


tabernáculo y, hecha la reverenda, deposita sobre el altar el
copón con la Santísima Eucaristía; a continuadón, arrodillado
delante del altar, juntamente con los fieles, ejecuta el himno,
el salmo o la plegaria litánica, que en esta drcunstanda debe ir
dirigida a Cristo presente en la Santa Eucaristía.

Por tanto, esta acdón de gradas no debe tener de modo alguno


la forma de una plegaria eucarística. Los textos del prefacio y
de la plegaria eucarística contenidos en el Misal no se han de
usar, a fin de evitar todo peligro de confusión.

(nc 46) Para el desarrollo del rito de la comunión, se observará


cuanto viene dicho en el Ritual Romano acerca de la comunión
fuera de la Misa (cf. RCCEFM, cap. I). Recuérdese a los fieles
alguna vez que, al redbir la comunión fuera de la Misa, se unen
también al sacrificio eucarístico.

(nQ 47) Si es posible, para la comunión úsese el pan consagrado


el mismo domingo, en la misa celebrada en otro 37

37
...J
Preparación de las Funciones propias del Acólito

lugar, y llevado por el diácono o por el laico (o acólito) en


un recipiente apto (copón o portaviátíco) y colocado en el
tabernáculo antes de la celebración. También se puede usar
el pan consagrado en la última misa celebrada allí. Antes de
la oradón del "Padre nuestro", el moderador se acerca al
tabernáculo o al lugar donde está depositada la Eucaristía,
toma el redpiente con el Cuerpo del Señor, lo deja sobre la
mesa del altar e inida la plegaria del "Padre nuestro", a no
ser que en este momento se haga la acdón de gradas, de la
que se habla en el número (45, b).

(n°48) La oradón dominical se canta o reata siempre con


todos, aunque no se distribuya la santa comunión. Puede
hacerse el rito de la paz. Después de la distribu- dón de la
comunión, "si se juzga conveniente, se puede observar algún
momento de silendo, o se puede entonar algún salmo o
cántico de alabanza" {RCCEFM 37). Se puede también hacer
la acdón de gradas descrita en el n° 45, a.

(nB 49) Antes de finalizar la reunión, se darán los avisos y


las noticias que afectan a la vida parroquial o diocesana.

(n° 50) "Jamás se apredará sufidentemente la gran im-


portanda de la asamblea dominical, como fuente de vida
cristiana del individuo y de las comunidades, y como
expresión de la voluntad de Dios: reunir a todos los hombres
en su Hijo Jesucristo.

Todos los cristianos deben convencerse de que no es posible


vivir la propia fe ni partidpar, del modo propio a cada uno,
en la misión de la Iglesia, sin nutrirse del pan eucarístico.
Igualmente, deben estar convenddos de 38

38
Los Ministerios instituidos

que la asamblea dominical es para el mundo un signo del


misterio de comunión que es la Eucaristía"39.

Este Directorio, preparado por la Congregación para el Culto


divino, fue aprobado y confirmado por el Sumo Pontífice Juan
Pablo II el 21 de mayo de 1988, ordenando su publicación.

II. Esquema del Rito de la sagrada comunión con una


celebración extensa de la Palabra de Dios

Rito de la sagrada comunión con una celebración


extensa de la Palabra de Dios

Ritos iniciales

Una vez preparado todo y congregados los fieles, el ministro


si no es sacerdote o diácono, por ejemplo el acólito
encargado, saluda a los presentes con estas o parecidas
palabras:

Hermanos, recibid al Señor, que nos (os) invita benignamente


a la mesa del cuerpo de Cristo.

Todos responden:

Bendito sea el Señor por siempre.

Acto penitencial
Se hace después el acto penitencial. El ministro invita a los
comulgantes a la penitencia, diciendo:

39 Juan Pablo II, Alocución a un grupo de Obispos de Francia en visita ad limina, el 27


170de marzo de 1987.
Preparación de las Funciones propias del Acólito

III. Fórmula

Hermanos: para participar con fruto en esta celebración,


comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después el ministro


hace las siguientes invocaciones con él "Señor, ten piedad

V/ Tú que por el misterio pascual nos has obtenido la salvación.


Señor, ten piedad.
RJ Señor, ten piedad.
V/ Tú que no cesas de actualizar entre nosotros las maravillas
de tu pasión. Cristo, ten piedad.
RJ Cristo, ten piedad.
Vf Tú que por la comunión de tu cuerpo nos haces participar
del sacrificio pascual. Señor, ten piedad. R/ Señor, ten piedad.

El ministro concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,


perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R/ Amén.

Celebración de la Palabra de Dios

Después se tiene la celebración de la Palabra de Dios del


mismo modo que en la Santa Misa. Si es él día Domingo,
los textos se toman de la liturgia dominical; si no de la
liturgia del día o de las lecturas de las misas votivas de la
Santísima Eucaristía (cf. Textos bíblicos eucarísticos § 1),
o una o varias lecturas del siguiente esquema:

171
Los Ministerios Instituidos

Primera Lectura

{Ex 16,2-4.12-15: Yo haré llover pan del cielo)

Salmo responsorial

{Sal 77,3 y 4bc. 23-24. 25 y 54)

R/ El Señor les dio pan del cielo Segunda Lectura


{Hb 9,11-15: La Sangre de Cristo podrá purificar nuestra
conciencia).

Aleluya
(Jn 6, 57: El que come mi carne y bebe mi sangre, | habita
en mí, y yo en él, | dice el Señor)

Evangelio
(Me 14, 12-16. 22-26: Este es mi cuerpo. Esta es mi Sangre)

La celebración de la Palabra se concluye con la profesión de


fe y la oración universal o de los fieles, cuando es el día
domingo.

Sagrada Comunión

Acabada la oración de los fieles, el ministro se acerca al


lugar en que se guarda la Eucaristía, toma el vaso o copón
con el Cuerpo del Señor, lo pone sobre el altar y hace una
genuflexión. Después inicia la oración dominical con estas o
parecidas palabras:
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su


divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Y todos juntos prosiguen:

Padre nuestro, que estás en los cielos...

Después, si lo juzga oportuno, invita a los fieles con estas


o parecidas palabras:

Daos fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar, se dan la paz,


manifestando la caridad común. A continuación él ministro
hace genuflexión, toma la hostia y, elevándola un poco
sobre el vaso o copón y vuelto hacia los comulgantes, dice:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Dichosos los llamados a la cena del Señor.

Y los que van a comulgar añaden una sola vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una


palabra tuya bastará para sanarme.

Si el ministro también comulga, dice en voz baja:

El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.

Y con reverencia come el Cuerpo de Cristo.

Después toma el vaso o copón, se acerca a los


comulgantes, y elevando un poco la hostia la muestra a
cada uno y dice.

El Cuerpo de Cristo.

173
Los Ministerios instituidos

Y el que va a comulgar, responde:

Amén.

Y comulga.
Mientras se distribuye la comunión, puede cantarse
algún canto oportuno. Acabada la distribución de la
comunión, si se encuentran algunos fragmentos sobre
la patena, el ministro los echa en el copón y se purifica
las manos, si lo juzga necesario. Si quedan algunas
formas, guarda el Sacramento en él sagrario y hace
una genuflexión. Entonces, si se juzga conveniente, se
puede observar algún momento de silencio, o se puede
entonar algún salmo o cántico de alabanza. A
continuación el ministro concluye con esta oración:

Oremos: ¡Señor nuestro Jesucristo!, que en este


Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu
pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal
modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu
Sangre, que experimentemos constantemente en
nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y
reinas por los siglos de los siglos.

Todos responden:

Amén.

Rito de despedida

Si el ministro no es sacerdote ni diácono, pide la


bendición de Dios y se santigua diciendo:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos


lleve a la vida eterna. 40

40
70 Cf. Ritual de los Sacramentos, preparado por Andrés Pardo, Madrid,
Edición BAC, 1983, pp. 142-149.
Preparación de las Funciones propías del Acólito

O bien:

El Señor omnipotente y misericordioso, Padre, Hijo y


Espíritu Santo, nos bendiga y guarde.

El pueblo responde•

Amén.

Finalmente el ministro dice:

Podéis ir en paz.

El pueblo responde:

Demos gracias a Dios.

Entonces, hecha la debida reverencia, el ministróse

retira.

3.5.5 Visita a los enfermos


para llevarles la comunión
Presentamos en seguida las distintas funciones específicas
del acólito para el caso de la comunión a los enfermos.
Puede ser muy útil al acólito tenerlas bien presentes en
este esquema para conocer exactamente lo que tiene que
hacer cuando lleva la comunión a los enfermos. Para el
aspecto teórico, remitimos a las normas y disposiciones
litúrgicas sobre la comunión fuera de la Santa Misa (cf.
índice general: VI Lo que hay que observar al distribuir la sagrada
comunión); en cuanto al esquema práctico, lo tomamos del
Ritual de los sacramentos70. 41

41
Los Ministerios instituidos

Esquema del rito ordinario de la comunión


de los enfermos

Ritos iniciales
Saludo

El acólito o ministro extraordinario de la Eucaristía, vestido


cual conviene al sagrado ministerio que va a realizar, llega
a la habitación, y, con sencillas y afectuosas palabras,
saluda al enfermo y a cuantos están con él. Puede decir, si le
parece, este saludo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

O bien:
La paz del Señor sea con vosotros (contigo).

Acto penitencial

Una vez colocado el Sacramento sobre la mesa, lo adora


junto con los presentes. Luego el ministro invita al enfermo y
a los demás presentes a hacer el acto penitencial.

III. Fórmula

El ministro invita a los fieles a la penitencia, diciendo:

Hermanos: para participar con fruto en esta celebración,


comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después el ministro


hace las siguientes invocaciones con el "Señor,; ten piedad ".

176
Preparación de las Funciones propias del Acólito

VJ Tú que por el misterio pascual nos has obtenido la


salvación Señor, ten piedad.
R/ Señor, ten piedad.
V/ Tú que no cesas de actualizar entre nosotros las maravillas
de tu pasión. Cristo, ten piedad.
R/ Cristo, ten piedad.
V/ Tú que por la comunión de tu cuerpo nos haces participar
del sacrificio pascual. Señor, ten piedad.
R/ Señor, ten piedad.
El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
RJ Amén.
Liturgia de la Palabra
A continuación , puede leerse por uno de los presentes,
o por el mismo ministro, algún texto de la sagrada
Escritura, como por ejemplo:

Jn 6,54-55: El que come mi carne y bebe mi sangre,


tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi
carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.

Jn 6, 54-59: El que come mi carne y bebe mi sangre,


tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi
carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y
yo en él. El Padre, que vive, me ha enviado, y yo vivo
por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá
por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como
el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que
come este pan vivirá para siempre.

177
Los Ministerios Instituidos

Jn 14,6: Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al


Padre sino por mí.

Jn 14, 23; El que me ama guardará mi palabra, y mi


Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en
él.

Jn 15,4: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el


sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en
la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

1 Co 11,26: Cada vez que coméis de este pan y bebéis del


cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Si parece oportuno, puede hacerse una breve explicación de estos textos.

Sagrada Comunión
Después el ministro inicia la oración dominical con estas o parecidas
palabras:

Y ahora, todos juntos, invoquemos a Dios con la oración


que el mismo Cristo nos enseñó:
Y todos juntos prosiguen:

Padre nuestro, que estás en los cielos...

A continuación el ministro hace la genuflexión, toma el Santísimo


Sacramento y, elevándolo un poco sobre el vaso o copón y vuelto hacia el
enfermo y los demás fieles, dice:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del


mundo. Dichosos los llamados a la cena del Señor. 42

42
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Y el enfermo y los que van a comulgar dicen a la vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero


una palabra tuya bastará para sanarme.

El ministro se acerca al enfermo y, ofreciéndole el Sacramento, dice:

El Cuerpo de Cristo (o la Sangre de Cristo).

El enfermo responde:

Amén.

Y comulga. Los demás comulgantes reciben el Sacramento en la


forma acostumbrada. Acabada la distribución de la comunión, el
ministro purifica los vasos sagrados. Entonces, si se juzga
conveniente, se puede observar algún momento de silencio. A
continuación el ministro concluye con esta oración:

Oremos.
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, te
suplicamos con fe viva que el Cuerpo (la Sangre) de
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que nuestro (a)
hermano (a) acaba de recibir, le concédala salud
corporal y la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro
Señor.

Todos responden:

Amén.

Rito de despedida
Si el ministro no es sacerdote ni diácono, pide la bendición de Dios y
se santigua diciendo: 43

43
Los Ministerios Instituidos

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la


vida eterna.

O bien:
El Señor omnipotente y misericordioso. Padre, Hijo y
Espíritu Santo, nos bendiga y guarde.

El pueblo responde:

Amén.

El rito breve de la comunión a los enfermos


Este rito sirve cuando hay que dar la sagrada comunión a
varios enfermos que moran en varias dependencias de una
misma casa, por ejemplo, en sanatorios, hospitales o
clínicas. Si parece conveniente, pueden añadirse algunos
elementos tomados del rito ordinario.
El rito puede comenzar, o en la iglesia, o en la primera
habitación. El ministro extraordinario dice esta antífona:

¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se


celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y
se nos da la prenda de la gloria futura!

Luego el ministro, acompañado, si es posible, por alguna


persona que porte un cirio, se acerca a los enfermos y dice
una sola vez a todos los enfermos que están en la misma sala
o a cada uno en particular:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.


Dichosos los llamados a la cena del Señor.

Y el enfermo y los que van a comulgar dicen a la vez:

180
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una


palabra tuya bastará para sanarme.

El ministro se acerca al enfermo y, ofreciéndole el


Sacramento, dice:
El Cuerpo de Cristo (o la Sangre de Cristo).

El enfermo responde:

Amén.

Y comulga.
Los demás comulgantes reciben el Sacramento en la
forma acostumbrada.
El rito concluye con oración final, que puede decirse en
la iglesia, en la capilla o en la última habitación, y no se
da la bendición.

3.5.6 Exposición y reserva del Santísimo


sin bendición en ausencia del presbítero o
del diácono
Presentamos a continuación lo que tiene que hacer el acólito,
como ministro extraordinario de la Eucaristía, en el caso de la
exposición y reserva del Santísimo Sacramento sin bendición en
ausencia del presbítero o del diácono. Este esquema práctico del
rito puede ser muy útil al acólito tenerlo bien presente para
conocer exactamente lo que tiene que hacer en dicha
circunstancia. Para el aspecto teórico, remitimos a las normas y
disposiciones litúrgicas sobre el culto debido a la Santísima
Eucaristía como Sacramento perenne (cf. Indice general: VLa
exposición de la Santísima Eucaristía: § 2 Normas que se han de
observar en la exposición); en cuanto al esquema práctico, lo
tomamos del Ritual de los sacra- mentos.
181
Los Ministerios Instituidos

Esquema del rito de la exposición


y bendición eucaristica

La exposición

Congregado el pueblo, que puede entonar algún canto eucarístico, si se


juzga oportuno, el ministro se acerca al altar. Si el Sacramento no se
conserva en el altar en que se va a tener la exposición, el ministro, revestido
de su alba, lo traslada desde el lugar de la reserva, acompañándole algún
ayudante o algunos fieles con cirios encendidos.

Póngase el copón o la custodia sobre la mesa del altar, cubierta con un


mantel. Pero, si la exposición se alarga durante un tiempo prolongado, y se
hace con la custodia, se puede utilizar el trono o expositorio, situado en un
lugar mas elevado.

Expuesto el Santísimo Sacramento, si se emplea la custodia, el ministro


extraordinario inciensa al Sacramento. Después de esto, si la adoración se
prolonga durante un tiempo bastante largo, puede retirarse el ministro.

La adoración
Durante la exposición, las preces, cantos y lecturas bíblicas
deben organizarse de manera que los fíeles, atentos a la
oración, se dediquen a Cristo, el Señor.

Para alimentar la oración íntima, háganse lecturas de la


Sagrada Escritura, con breves exhortaciones que lleven a
una mayor estima del misterio eucarístico. Conviene
también que los fíeles respondan con cantos a la Palabra de
Dios. En momentos oportunos debe guardarse un silencio
sagrado. 44

44
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Ante el Santísimo Sacramento, expuesto durante un


tiempo prolongado, puede celebrarse también alguna
parte de la Liturgia de las Horas, especialmente las
horas principales; por su medio, las alabanzas y
acciones de gracias que se tributan a Dios en la
celebración de la Eucaristía, se amplían a las diferentes
horas del día, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a
Cristo, y por él al Padre, en nombre de todo el mundo.

Al acabar la adoración, el ministro extraordinario se acerca al altar,


hace genuflexión sencilla, y se arrodilla a continuación, y se canta un
himno u otro canto eucarístico; se puede cantar la última parte de este
himno, es decir, el "Tantum ergo" ("Adorad postrados").

Tantum ergo sacraméntum


venerémur cémui, et Adorad postrados
antiquum documéntum novo este Sacramento.
cedat rítui; praestet tides Cesa el viejo rito.
suppleméntum sénsuum Se establece el nuevo.
Dudan los sentidos Y
el entendimiento: que
la fe lo supla con
asentimiento.
Genitóri Genitóque laus et deféctui.
iubilátio, salus, honor, virtus
quoque sit et benedíctio;
procedénti ab utróque
compar sit laudátio. Amen. Himnos de alabanza,
bendición y obsequio; por
igual la gloria, y el poder,
y el reino al eterno Padre,
Con el Hijo eterno, y al divino Espíritu, que procede de ellos.
Amén. 45

45
Los Ministerios Instituidos

Mientras tanto el ministro arrodillado inciensa al


Santísimo Sacramento, cuando la exposición tenga lugar
con la custodia. Luego se levanta y dice:

Oremos.

Se hace una breve pausa en silencio y el ministro prosigue:

¡Señor nuestro Jesucristo!, que en este sacramento


admirable nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos
nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de
tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos
constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.

& Todos responden:

Amén.

La reserva

Luego, el ministro reserva el Sacramento en el sagrario y


hace genuflexión, mientras el pueblo, si se juzga oportuno,
hace alguna aclamación, y finalmente el ministro se retira.

3.5.7 Bendición de los objetos destinados a


ejercitar la piedad y la devoción
Presentamos finalmente lo que tiene que hacer el acólito, cuando tiene
que bendecir algún objeto de piedad. Este esquema práctico del rito
puede ser muy útil al acólito tenerlo bien presente para conocer
exactamente lo que tiene que hacer en dicha circunstancia. Para el
aspecto teórico, re-

184
Preparación de las Funciones propias del Acólito

mitimos primero al número 18 de las Orientaciones generales del


Bendicional, citado a propósito de las funciones propias del
acólito; luego a la Presentación del Bendicional, acerca del
manejo de los libros litúrgicos a propósito de las funciones del
lector (cf. Indice general: 3.1.12 Según la Introducción del
Bendicional; 3.4.1 El manejo de los libros litúrgicos: § 7 el
Bendicional); en cuanto al esquema práctico, lo tomamos del
mismo Bendicional.

Esquema del rito de la bendición

Ritos iniciales Reunido el pueblo; el

celebrante acólito dice:

En nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.
Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

La gracia, la misericordia y la paz del Padre, y del Hijo, y del


Espíritu Santo estén con todos vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

El celebrante dispone a los presentes para la


celebración de la bendición, con estas palabras u otras
semejantes:

Los objetos piadosos que habéis traído para bendecir


muestran, cada uno a su manera, vuestra fe, ya que

185
Los Ministerios Instituidos

sirven para recordar el amor de nuestro Señor, o también para


aumentar vuestra confianza en la ayuda de la Santísima
Virgen María y de los Santos.

Al pedir la bendición del Señor sobre estos objetos e


imágenes, lo que hemos de procurar ante todo es dar el
testimonio de vida cristiana que de nosotros exige el uso de
estos objetos.

Lectura de la Palabra de Dios

Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro,


lee un texto de la sagrada Escritura, seleccionado
principalmente entre los que se proponen a continuación.

£ 1 Co 3,17b-4, 2: Reflejamos la gloria del Señor y nos


vamos transformando en su imagen.

(Pueden también leerse: Rm 8, 26-31; 1 Co 13, 8-13; 1 Co


15,45-50; 2 Co 4,1-7; Ga 1,1.3-5; 2,19b-20; Ef 3,14- 21;
Col 3,14-17; Le 11,5-13; Le 18,1-8)

Después de la lectura, el celebrante puede decir algunas


palabras de explicación sobre la lectura y el significado
del rito.

Antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria


común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el
celebrante puede seleccionar las que le parezcan más
adecuadas o añadir otras directamente relacionadas con
las circunstancias de los presentes o del momento.

Nosotros, hermanos, no queremos tener un semblante de


piedad, sino que la profesamos de corazón, por esto,
invoquemos al Señor, diciendo:

186
Preparación de las Funciones propias del Acólito

R/ Envíanos,, Señor, el Espíritu de piedad.

Dios clementísimo, que quieres que recordemos siempre


tus maravillas,

- haz que la visión corporal de estos objetos materiales


nos eleve a la contemplación de los signos de tu
misericordia. RJ

Tú que deseas que te demos culto en espíritu y verdad,

- concédenos que, con la ayuda de estos objetos y de lo


que significan, practiquemos siempre la justicia y la
piedad. R/

Tú que, por medio de tu Hijo, nos diste el mandato de


orar siempre,

- haz que, dedicándonos a la oración, podamos llevar


una vida con toda piedad y decoro. R/

Tú que, en la Iglesia, distribuyes de manera admirable


diversidad de ayudas para nuestra santidad y piedad,

- haz que lo que recibimos de manos de la Iglesia lo


utilicemos para crecimiento de ella. R/

Antes de la oración de bendición, el celebrante dice:

Oremos.

V todos oran durante algún tiempo en silencio; luego el


celebrante dice la oración de bendición.

187
Los Ministerios Instituidos

Oración de bendición

El celebrante, con las manos extendidas, dice:

Bendito seas. Señor, fuente y origen de toda bendición,


que te complaces en la piedad sincera de tus fieles; te
pedimos que atiendas a los deseos de tus servidores y les
concedas que, llevando consigo estos signos de fe y de
piedad, se esfuercen por irse transformando en la imagen de
tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/ Amén.

Conclusión del rito

& Si el ministro es laico (acólito o lector), concluye el rito


santiguándose y diciendo:

Que Dios Padre, bendito a través de todo, nos bendiga en el


Espíritu Santo por su Hijo Jesucristo en todo, para que todo
nos sirva para el bien. R/ Amén.

O bien:

Que Dios colme nuestra fe de alegría y de paz. Que la paz


de Cristo actúe de árbitro en nuestro corazón. Que el Espíritu
Santo derrame en nosotros sus dones. R/ Amén.

Es aconsejable terminar el rito con un canto apropiado.

188
Preparación de las Funciones propias del Acólito

Rito breve

Al comienzo, él celebrante dice:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Todos responden:

Y danos tu salvación.
El celebrante dispone a los presentes para la celebración
de la bendición, según las circunstancias.
Uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee algún
texto de la sagrada Escritura.

Rm 8,26b. 27b: Nosotros no sabemos pedir lo que nos


conviene, pero el Espíritu intercede por nosotros con
gemidos inefables, y su intercesión por los Santos es
según Dios.

Col 3,17: Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea


todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios
Padre por medio de él.

Le 11, 9-11: Os digo a vosotros: "Pedid y se os dará,


buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien
pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre".

Luego, el celebrante dice, con las manos extendidas:

El Señor, con su bendición, se digne aumentar y


fortalecer tus sentimientos de devoción y piedad, para
que transcurra sin tropiezo tu vida presente y alcances
felizmente la eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/
Amén.

189
p
4
4

PREPARACIÓN Y CELEBRACIÓN
LITÚRGICA DEL RITO DE LA
INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO EN EL
PONTIFICAL Y RITUAL ROMANOS

Este cuarto capítulo quiere dar una breve descripción


explicativa de la estructura del rito de la Institución del
acólito en el Pontifical y Ritual Romanos y, luego, una
breve presentación de la selección de los textos bíblicos
propuestos por el Leccionario del mismo Pontifical para la
Institución del acólito. En seguida, se presenta la
celebración misma del rito de la Institución del acólito, tal
como es presentada en el Pontifical Romano hasta la
fecha. Desafortunadamente no tenemos todavía el texto de
la segunda edición del Pontifical Romano, que ya ha sido
publicado (1990) en latín pero no esta todavía la
traducción autorizada en lengua española. La celebración
está precedida por un esquema útil que sirve de guía para
la misma celebración, así como de las normas generales
propuestas por el mismo Pontifical.
4.1 LA DESCRIPCIÓN DE LA ESTRUCTURA DEL
RITO LITÚRGICO DE LA INSTITUCIÓN DEL
ACÓLITO
El nuevo Ritual presenta el rito de la Institución del
acólito distribuido en cuatro momentos litúrgicos: la
presentación del candidato, la homilía del Obispo, la
oración de bendición y la entrega de la patena o del cáliz.
Por analogía con la estructura del rito de la Ordenación
sagrada (diaconado, presbiterado y episcopado),
podríamos sintetizar la estructura
4

191
Los Ministerios instituidos

del rito de Institución del acólito también en tres ritos principales:


los ritos preparatorios» el rito central y el rito explicativo. Veamos
en seguida.

(RITOS PREPARATORIOS)

Presentación del candidato


Después del Evangelio, el Obispo o Superior competente, con
mitra puesta se sienta en la sede. El Presbítero delegado para el
caso llama al candidato y éste, después de responder: “presente”,
se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia, y luego se regresa
a su puesto.

Homilía
Estando todos sentados, el Obispo pronuncia entonces la homilíay que
concluye con unas palabras dirigidas a quien va a ser instituido
acólito, en las que le explica en qué consiste el ministerio especial del
acólito: primero el servicio asiduo del altar, es decir, la misión de
ayudar a los presbíteros y a los diáconos en su ministerio; luego,
distribuir como ministro extraordinario la sagrada Comunión a los
fieles y llevarla a los enfermos.

(RITO CENTRAL)

Oración de bendición del candidato


Terminada la homilía, todos se levantan; el Obispo, sin mitra, invita a
los fieles a orar; y de hecho todos oran por unos instantes, en silencio.
En seguida, el Obispo pronuncia en voz alta la oración de bendición
del candidato.

192
Preparación y Celebración Litúrgica del Rito de la Institución...

(RITO EXPLICATIVO)

Entrega del copón o del cáliz


El candidato se acerca al Obispo, quien le entrega el copón con el
pan o el cáliz con el vino que se ha de consagrar, acompañando
con las palabras: "recibe el pan o el vino para la celebración de la
Eucaristía, y vive de tal manera que puedas prestar dignamente tu
servicio a la mesa del Señor y de la Iglesia”, a las cuales el acólito
responde: “Amén”.

Luego, continuándose la liturgia eucarística, el acólito, en la


presentación de los dones, presenta la patena con el pan y el cáliz
con el vino. El acólito recibe la comunión inmediatamente
después de los diáconos. El Obispo puede mandar al acólito, que
acaba de ser instituido Ministro extraordinario de la Eucaristía,
que le ayude en la Misa de la Institución a distribuir la sagrada
comunión a los fíeles.

4.2 LA INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO EN EL


LECCIONARIO DEL RITUAL DE ÓRDENES
Existe una profunda relación entre la Palabra de Dios y la
celebración litúrgica en general, pero en especial en la liturgia del
sacramento del Orden, como también en la celebración de la
Institución del acólito.

Una de las más importantes realizaciones de la reforma


litúrgica -escribe Julián López Martín71- ha sido el haber
dotado a cada ritual de sacramentos de un Lecdo- nario
bíblico, con sus salmos y demás elementos para efectuar
una verdadera y propia liturgia de la Palabra, aun
cuando algunos, como los ritos de ordenadón, se han de
celebrar en el marco de la Eucaristía. La sensi- bilizadón
hada la Biblia por parte de las comunidades

7i "El Leccionario del Ritual de Órdenes" en Phase 139 (1984), pp. 29-30.

193
Los Ministerios Instituidos

cristianas/ sobre todo después del Vaticano II, ya no


concibe una celebración litúrgica en la que no ocupe su
puesto central la Palabra divina... Por tanto, la Palabra
de Dios, como tal, juega un papel decisivo en la
ordenación (como también en la Institución del acólito).
Es incluso un signo también en cuanto contenida y
dispuesta para ser distribuida en el Lecáonario, es decir,
el Libro que es abierto ante la asamblea y con toda una
serie de ritos honrado y venerado en paralelo al Cuerpo
eucarístico del Señor... Todo ello invita a prestar especial
atención a la presencia de la Palabra en la liturgia de
ordenación (como también de la Institución del acólito)
en todas sus dimensiones significativas.

Por su parte, la homilía tendrá por función el relacionar la Palabra


y el sacramento y, -en el caso que nos interesa aquí, con el mismo
rito de la Institución del acólito-, sin descuidar la profunda
significación litúrgica y espiritual de la lectura de la Escritura en el
contexto-conjunto de toda la celebración.

Esquema de los textos bíblicos seleccionados46

SELECCIÓN DE TEXTOS BÍBLICOS


PARA LA INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO

Antiguo Testamento Salmos responsoriales Gn 1,18-20


Sal 22
Ex 16, 2-4.12-15 Sal 33
Ex 24,3-8 Sal 77
Dt 8, 2-3.14-16 Sal 109

46 Aquí, nos referimos al Ordo Lectionum Missae, Ed.Tipica


Altera, Typis Polyglottis Vaticanis de 1981, cuyos
números se refieren a los de los formularios y no a
las páginas; cf. especialmente (OLM) nn. 785-789 y en
Apéndice el anexo II (Leccionario).
Preparación y Celebración Litúrgica del Rito de la Institución...

1 R 19,4-8 Sal
Pr 9,1-6 115
Sal
144 Sal 147

Nuevo Testamento Evangelios Me


Hch 2,42-47 Hch 1442-16.22-26
10,34a. 37-43 1 Co Le 9,11-17
10,16-17 1 Co Le 24,13-35
11,23-26 Hb 9, 11- /« 6,1-15 Jn
15 6, 24-35 Jn
6, 41-51 /n
6, 51-59 /«
21,1-14
Aleluya
Jn 6, 35; Jn 6, 51;
/w 6, 56; Jn 6, 57

Breve comentario de la selección de los


textos propuestos por el Leccionario
Conviene hacer un breve comentario de los textos propuestos
por el Leccionario del Ritual de Órdenes. Seguimos aquí
sencillamente la magnífica presentación del Padre Julián López
Martín73.
Si no fuera por el título de este conjunto de textos,
cualquiera podría pensar que se trata de formularios
de lectura y salmos para Misas votivas de la
Eucaristía. Y, en efecto, así parece a primera vista,
pues absolutamente todos los textos del AT y del NT
contienen una temática relacionada con el misterio
eucarístico. Sin embargo, esto no debe sorprender,
puesto que la tarea principal del acólito es cuidar del
servicio del Altar, especialmente en 47 48

32.
73 Cf. "El Leccionario del ritual de Órdenes", en Phase
139 (1984) pp. 31-
48
Los Ministerios Instituidos

la celebración de la Misa, así como distribuir la comunión y


exponer a la adoración de los fíeles el Santísimo
Sacramento49.

De los seis (6) textos del Antiguo Testamento hay dos que
aluden al episodio del maná (Ex 16 y Dt 8), uno al alimento
que hizo caminar a Elias (1R19) y otro al banquete que la
Sabiduría divina ha preparado para su pueblo (Pr 9). La
finalidad de los textos es la de mostrar la intención de Dios
de dar de comer a su pueblo. El acólito aparece así como el
sirviente del Pan que Dios da, que será el Cuerpo de Cristo.
Los otros dos textos completan la figuración eucarística: la
Sangre de la Alianza (Ex 24) y, sobre todo, la ofrenda de
Melquisedec (Gn 14).
Las lecturas del Nuevo Testamento, trece (13) en total,
introducen el servicio o la fundón del acólito en la
dimensión edesial de la partidpación en el Cuerpo y en la
Sangre del Señor, es decir, no en la Eucaristía en sí sino en
el fruto de la Eucaristía en nosotros: la koinonía (Hch 2), la
unidad (1 Co 10), la intimidad con el Señor (Hch 10)50, la
purifícadón de la condenda (Hb 9). Todo ello en base a que
el acólito hace realidad el gesto de Jesús cuando instituyó la
Eucaristía (1 Co 11), del "tomad y comed". El acólito debe,
por tanto, distribuir el Cuerpo de Cristo, lo mismo que los
discípulos de Jesús hicieron en la multiplicadón de los panes
(Le 9; Jn 6,1-15). Al preparar todo lo necesario para la
"Cena eucarística" (Me 14), y al servir al Altar, están de
algún modo contribuyendo a que el Señor se haga se nuevo
presente a los suyos (Le 24; Jn 21) y se les dé como
alimento que da la vida eterna (Jn 6).

49 Cf. Pablo VI, Carta apostólica Ministerin quaedam 6.


50
Este texto se usa también en la ordenación. El Ritual de órdenes no indica se
196puede tomar además en la institución de acólitos.
Preparación y Celebración Litúrgica del Rito de la Institución...

Los salmos responsoriales son todos de aplicación


eucarística, especialmente el Sal 33, el canto por
excelencia de la comunión a causa del versículo 9 (cf. 1
Pe 2, 1-3). Eucarísticos son también el Sal 77 (cf. el
versículo 24b) y el Sal 144 (cf. el versículo 16), que son,
junto con el Sal 33, los designados únicamente para el
rito de Institución de acólitos, pues los demás salmos se
utilizan también en la ordenación (Sal 22; 109; 115) y en
la Institución de lectores (Sal 147), si bien en el caso del
ministerio del servicio del Altar el acento de los salmos
está puesto en la fundón complementaria del sacerdodo
de quien ha de ayudar a distribuir la Eucaristía. Todo los
salmos, sin embargo, son un canto de gratitud al Señor
que se cuida de alimentar al su pueblo.
Los versos del aleluya, tomados todos del capítulo 6 del
Evangelio de San Juan, tienen que ver con Jesús-
Eucaristía en su discurso sobre el Pan de vida, a cuyo
ministerio está vinculado el acolitado.
Los evangelios tienen un sabor eucarístico, pues todos se
refieren de alguna manera sea a una multiplicadón de los
panes, signo por excelenda de la Eucaristía (Lc9yjn
6) o sea a unas escenas reladonadas con la Institudón de
la Eucaristía el Jueves Santo: su preparación e Institudón
(Me 14 y Jn 6) o sea el encuentro del Resud- tado con
los disdpulos de Emaús la noche de Pascua cuando se les
dio a reconocer en la fraedón del Pan (Le 24) o en la
aparidón del mismo Jesús con los Apóstoles en la orilla
del lago de Tiberíades, después de su resu- rrecdón de
entre los muertos (Jn 21).

197
Los Ministerios Instituidos

4.3 ESQUEMA DE LA CELEBRACIÓN DEL RITO DE LA


INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO

CELEBRACIÓN DEL RITO


DE LA INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO

Apertura de la celebración Canto


de entrada Salutación del
Obispo (Gloria a Dios)
Oración-colecta

Liturgia de la Palabra Primera


lectura Salmo responsorial
Segunda lectura Aclamación
al Evangelio

Institución del Acólito


Presentación del candidato
Homilía
Bendición del candidato Entrega
del copón o del cáliz

Liturgia eucarística
Oración sobre las ofrendas Oración de la
comunión Oración después de la comunión
Bendición final

198
Preparación y Celebración Litúrgica del Rito de la Institución...

(1) La Institución del acólito la hace el Obispo o el


Superior mayor de un instituto religioso clerical, ya sea
dentro de la Misa, ya sea en una celebración de la
Palabra de Dios.

(2) Las lecturas se toman, todas o en parte, de la Misa


del día o del Leccionario para la celebración de la
Institución de acólitos (cf. pp. 607-610); también nuestro
Apéndice II § 2: Textos litúrgicos para el rito de la
Institución del lector y acólito (Leccionario).
4.4 NORMAS GENERALES SOBRE
LA CELEBRACIÓN

4.5 CELEBRACIÓN DEL RITO


DE LA INSTITUCIÓN DEL ACÓLITO

(Después de la Liturgia de la Palabra)

PRESENTACIÓN DEL CANDIDATO


(3) Después del Evangelio, el Obispo, con la mitra
puesta, se sienta en la sede preparada. El diácono o el
presbítero delegado para el caso llama al candidato,
diciendo:

Acérquese el que va a ser instituido para el ministerio


de acólito.

(4) Se llama nominalmente al candidato; y éste

responde: Presente
Y se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia.

199
Los Ministerios Instituidos

HOMILÍA

(5) Estando todos sentados, el Obispo hace entonces


la homilía, la cual concluye con estas u otras
palabras, dirigidas al que va a ser instituido acólito:

Amado hijo, elegido para el ministerio de acólito, desde


ahora participarás de un modo peculiar en las celebraciones
litúrgicas de la Iglesia, celebraciones que tienen su cumbre
y su fuente en la Eucaristía, mediante la cual se edifica y
crece el pueblo de Dios.

A ti, se te confía la misión de ayudar a los presbíteros y


diáconos en su ministerio y distribuir, como ministro
extraordinario, la sagrada comunión a los fieles, incluso a
los enfermos. Ya que vas a ser destinado de un modo
especial al ministerio eucarístico, debes vivir desde ahora
más íntimamente unido y más perfectamente identificado
con el sacrificio del Señor; procura, pues, ir captando el
sentido más íntimo y espiritual de las acciones que realizas,
de tal manera que, cada día, te ofrezcas tú mismo al Señor,
como sacrificio espiritual que Dios acepta por Jesucristo.

Al realizar tu ministerio, conviene que recuerdes que, de la


misma manera que participas con tus hermanos de un mismo
pan, así también formas con ellos un solo cuerpo. Ama,
pues, sinceramente este cuerpo místico de Cristo, es decir, el
pueblo de Dios, especialmente en sus miembros necesitados
y enfermos; así, llevarás a la práctica aquel mandamiento
que el Señor dio a sus Apóstoles en la última Cena: "Amaos
unos a otros como yo os he amado".

200
Preparación y Celebración Litúrgica del Rito de la Institución...

BENDICIÓN DEL CANDIDATO

(6) Terminada la homilía, todos se levantan; el Obispo,


sin mitra, invita a los fieles a orar, diciendo:

Hermanos, oremos al Señor, para que se digne colmar


con su bendición a quien eligió para el ministerio de
acólito y le dé fuerza para servir siempre con fidelidad a
su Iglesia.

Todos oran, por unos instantes, en silencio.

(7) Luego, el Obispo concluye:

Padre clementísimo, que por medio de tu Hijo único


encomendaste a tu Iglesia el pan de vida, dígnate
bendecir + a este hermano nuestro, elegido para el
ministerio de acólito, para que, participando con
frecuencia de la Eucaristía, distribuya con fidelidad el
pan de vida a los fieles y crezca constantemente en la fe
y en el amor, para edificación de tu Iglesia. Por
Jesucristo nuestro Señor.

R/. Amén

ENTREGA DEL COPÓN O DEL CÁUZ

(8) El candidato se acerca al Obispo, quien le entrega


el copón con el pan o el cáliz con el vino que se ha de
consagrar, diciendo:

Recibe el pan (o bien: el vino) para la celebración de la


Eucaristía y vive de tal manera que puedas servir
dignamente a la mesa del Señor y de la Iglesia.

201
Los Ministerios Instituidos

(9) El acólito

responde: Amén.
(Liturgia eucarística)

(10) El acólito presenta la patena con el pan y el cáliz con


él vino en la preparación de las ofrendas.

(11) El acólito recibe la comunión inmediatamente


después de los diáconos.

(12) El Obispo puede designar al acólito> que acaba de


ser hecho ministro extraordinario de la Eucaristía, para
que, dentro de la Misa de la Institución, ayude a distribuir
la comunión a los fieles. 51

51
5
RESONANCIAS ESPIRITUALES DEL
ACOLITADO EN LOS CANDIDATOS
A LA ORDEN SAGRADA

Este último capítulo tiene como finalidad la de ayudar a prolongar


la reflexión iniciada en los apartados anteriores, suscitando así en
cada uno de los candidatos al ministerio del acolitado las
resonancias espirituales propias de este ministerio, en el proceso
global de la formación y preparación a la Orden sagrada del
diaconado y del presbiterado. Podra servir también de pistas de
reflexión para el predicador que quisiera dar un retiro espiritual
previo a la celebración del rito de la Institución del acólito.

Estas resonancias espirituales se suscitarán a partir de una


selección de textos del Magisterio de la Iglesia y de su tradición
espiritual, en torno al tema de la Eucaristía, puesto que es
precisamente el punto focal del ministerio de acólito: el de ayudar
al diácono y al presbítero en el servicio del Altar y, en especial, en
la celebración del Sacrificio Eucarístico y de todo lo relacionado
con el culto eucarístico. Por eso, el acólito debe disponerse a
conocer, vivir y participar siempre de manera más plena del
Misterio de la fe por excelencia... Más tarde, una vez diácono o
presbítero, la Eucaristía y el culto eucarístico serán una de sus
mayores preocupaciones y principal meta de su ministerio en la
obra de la nueva Evangelización: ¿cómo hacer conocer, amar y
participar de manera más consciente y plena a todo el pueblo de
Dios del Sacramento Eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida
cristiana?

203
Los Ministerios Instituidos

Los textos seleccionados sobre el tema de la Eucaristía se agrupan


alrededor de los tres subtemas: las disposiciones espirituales de los
candidatos al ministerio del acolitado para acercarse con frutos a la
Eucaristía; la fe de la Iglesia sobre el Misterio mismo de la Sagrada
Eucaristía; y las exigencias de la formación del acólito, en el
Seminario, para una mejor preparación a su ministerio específico. En
seguida, proponemos un esquema de la selección de los textos
escogidos, así como una oración del acólito.

5.1 ESQUEMA DE LA SELECCIÓN


DE TEXTOS ESPIRITUALES

Las disposiciones espirituales de los candidatos al ministerio del


Acolitado:
- Un gran respeto y fe ante el "Misterio de la fe" por
excelencia;
- Acercarse a la Eucaristía con un corazón contrito;
- La importancia del sacramento de la Penitencia en relación
con la Eucaristía;
- Ofrecerse a Dios, Padre, en el mismo sacrificio de Cristo con
todo lo propio;
- Recibir siempre con gran devoción el sacramento de la
Eucaristía;

El misterio de la fe por excelencia: la sagrada Eucaristía:


- La fe de la Iglesia en el Misterio mismo de la sagrada
Eucaristía;

Las exigencias de la formación para la preparación al ministerio


del Acolitado:
Resonancias Espirituales del Acolitado...

- El culmen de la oración cristiana es la Eucaristía;

- La sagralidad de la Eucaristía y el Sacrificio euca-


rístico;

- Reconocer siempre en la Eucaristía el "Sacramento


del Sacrificio del Redentor";

- El futuro sacerdote debe prepararse a ser también un


"maestro de penitencia";

- La celebración de la Eucaristía nos sitúa ante muchas


exigencias;

- La preparación de los seminaristas para el futuro


oficio litúrgico de pastores.

- La formación espiritual conlleva también buscar a


Cristo en los hombres.

5.2 ORACIÓN DEL CANDIDATO AL


ACOLITADO

ORACIÓN DEL ACÓLITO

Señor Jesús, Pastor supremo, te doy gracias por haberme


llamado a acercarme a tu altar por medio del acolitado.

Concédeme la gracia de vivir íntimamente el sentido de


mi ministerio. Que aprenda a ofrecerme cada día contigo
en el altar para hacer de toda mi vida una ofrenda
agradable a los ojos de Dios, tu Padre.

205
Los Ministerios Instituidos

Que aprenda en tu altar la lección de la unidad/ pues si


todos nos alimentamos del mismo pan no formamos sino un
solo cuerpo.

Dame la gracia de amar con amor sincero a tu Cuerpo


místico, que es la Iglesia, sobre todo en mis hermanos
necesitados y enfermos.

Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre de la Iglesia,


intercede por mí para que sea en mi ministerio un
mensajero y constructor de unidad y de paz. Amén.

5.3 LAS DISPOSICIONES ESPIRITUALES DE LOS


CANDIDATOS AL MINISTERIO DEL ^ ACOLITADO
i

Los textos que ofrecemos a continuación, reagrupados bajo el


subtema de las disposiciones espirituales de los candidatos al
ministerio del acolitado, quieren subrayar precisamente las
disposiciones espirituales que deben cultivar quienes se acercan con
más frecuencia a la Eucaristía:

§ 1 Un gran respeto ante el “Misterio de la fe”;

§ 2 Acercarse a la Eucaristía con un corazón contrito;

§ 3 Importancia del sacramento de la Penitencia en relación con la


Eucaristía;

§ 4 Ofrecerse a Dios, Padre, en el mismo sacrificio de Cristo en la


Cruz;

§ 5 Recibir siempre con gran devoción el sacramento de la Eucaristía.

206
Resonancias Espirituales del Acolitado...

§ 1 Un gran respeto ante el “Misterio de fe" por excelencia


(Pablo VI Encíclica Mysterium fideTs, septiembre 3 de
1965)

Ante todo queremos recordar una verdad, de vosotros bien sabida,


pero muy necesaria para eliminar todo veneno de racionalismo,
verdad que muchos católicos han sellado con su propia sangre y
que célebres Padres y Doctores de la Iglesia han profesado y
enseñado constantemente, esto es, que la Eucaristía es un altísimo
misterio, más aún hablando con propiedad, como dice la sagrada
Liturgia, el Misterio de la fe: “efectivamente, sólo en él, como
muy sabiamente dice nuestro predecesor León xm de feliz
memoria, se contiene con singular riqueza y variedad de milagros,
todas las realidades sobrenaturales”. (Carta encíclicaMirae
caritatis, Acta Leonis xm, vol. 22, 1902-1903, p. 122).

Es, pues, necesario que nos acerquemos, particularmente a este


misterio, con humilde reverencia, no buscando razones humanas
que deben callar, sino adhiriéndonos firmemente a la Revelación
divina.

San Juan Crisóstomo, quien, como sabéis, trató con una palabra tan elevada
y con tanta penetración de la piedad del i
Misterio eucarístico, instruyendo en una ocasión a sus fíeles t
acerca de esta verdad, se expresó en estos apropiados términos:

Indinémonos ante Dios; y no le contradigamos aún


cuando lo que Él dice pueda parecer contrario a nuestra
razón y a nuestra inteligenda sino que su palabra
prevalezca sobre nuestra razón e inteligenda. Observemos
esta misma conducta respecto al misterio (Eucarístico),
no 52

52 Colección Actas y Documentos pontificios, n® 32, Bogotá,


BIBLIOTEC
Edición Paulinas, 1965, pp. 7-11.
207
A
/
Los Ministerios instituidos

considerando solamente lo que cae bajo los sentidos, sino


atendiendo a sus palabras. Porque su palabra no puede
engañar (In Matth. Homil. 82,4; Migne, PG 58, 743).

Idénticas afirmaciones han hecho con frecuencia los Doctores


Escolásticos. Que en este Sacramento esté presente el Cuerpo
verdadero y la Sangre verdadera de Cristo,

no se puede percibir con los sentidos -como dice Santo


Tomás- sino sólo con la fe, la cual se apoya en la autoridad
de Dios. Por esto, comentando el pasaje de San Lucas
22,19 (Hoc est Corpus meum quod pro vobis tradetur:
Este es mi Cuerpo que será entregado por vosotros), Cirilo
dice: No dudes si esto es verdad, sino más bien acepta con
fe las palabras del Salvador: porque, siendo Él la verdad,
no miente (Summa Theologica IIa, q. 75, a. 1 c.).
P
Por eso haciendo eco al Doctor angélico, el pueblo cristiano canta
frecuentemente, visus tactus gustus in te fallitur, sed auditu solo tuto
creditur: credo quidquid dixit Dei Filius, nil hoc Verbo veritatis
verius. (En ti se engaña la vista, el tacto, el gusto, solamente se cree
al oido con certeza. Creo lo que ha dicho el Hijo de Dios, pues no
hay nada más verdadero que la palabra de la verdad).

Más aún, San Buenaventura afirma:

Que Cristo esté en el sacramento como signo, no ofrece


ninguna dificultad; pero que esté verdaderamente en el
sacramento, como en el délo, e aquí la grandísima dificultad;
creer pues esto es muy meritorio (Jn IV Sent. Dist. X, P I. A.
I, q. I; Poer. Omn. T. IV, Ad daras Aquas 1889, p. 217).

Por lo demás, esto mismo insinúa el Evangelio cuando cuenta que


muchos de los discípulos de Cristo, después de haber

208
Resonancias Espirituales del Acolitado...

oído que habían de comer su Carne y beber su Sangre volvieron


las espaldas al Señor diciendo: Duro es este lenguaje, ¿quién
puede escucharlo? Pero Pedro, por el contrario, al preguntarle
Jesús si también los Doce se querían marchar, afirmó pronta y
firmemente su fe y la de los Apóstoles, dando esta admirable
respuesta: Señor, ¿a quién iremos? Tu solo tienes palabras de vida
eterna (Jn 6, 61-69).

Es, pues, lógico que al investigar este misterio, sigamos como una
estrella al Magisterio de la Iglesia, al que el Divino Redentor ha
confiado la Palabra de Dios, escrita y transmitida oralmente para
que la custodie y la interprete, convencidos de que “aunque no se
indague con la razón, aunque no se explique con la palabra,
todavía es verdad sin embargo lo que desde la antigua edad con fe
católica de veras se predica y se cree por toda la Iglesia” (S.
Agustín, Contr. lidian., IV, 5, 11; Migne, PL 44, 829).

Pero esto no basta. Efectivamente, salva la integridad de la fe, es


también necesario atenerse a una manera apropiada de hablar, para
que no demos origen a las falsas opiniones -lo que Dios no quiera-
acerca de la fe en los altos misterios, al usar palabras inexactas.
Esto advierte San Agustín gravemente cuando considera el diverso
modo de hablar de los filósofos y del Cristianismo:

Los filósofos, escribe, hablan libremente y en las cosas


muy difíciles de entender no temen herir los oídos
religiosos. Nosotros en cambio, debemos hablar según
una regla determinada, para evitar que el abuso de las
palabras engendre alguna opinión impía acerca de las
cosas que significan (S. Agustín, De civit., Dei, X, 23;
Migne, PL 41, 300). 53

53
Los Ministerios Instituidos

La norma, pues, de hablar, que la Iglesia con un prolongado trabajo


de siglos, no sin ayuda del Espíritu Santo, ha establecido,
confirmándola con la autoridad de los Concilios, y que con
frecuencia se ha convertido en contraseña y bandera de la fe
ortodoxa, debe ser escrupulosamente observada y nadie, por su
propio arbitrio o con pretexto de nueva ciencia presuma cambiarla.
¿Quién jamás podría tolerar que las fórmulas dogmáticas usadas por
los Concilios Ecuménicos para los misterios de la SS. Trinidad y de
la Encarnación se juzguen como inadecuadas a los hombres de
nuestro tiempo y que en su lugar se empleen inconsideradamente
otras nuevas? Del mismo modo, no se puede tolerar que cualquier
persona privada pueda atentar a su gusto contra las fórmulas con que
el Concilio Tridentino ha propuesto la fe del Misterio Eucarístico.
Puesto que esas fórmulas, como las demás de que la Iglesia se sirve
para proponer los dogmas de la fe, expresan conceptos que no están
ligados a una determinada forma de cultura, ni a una determinada
fase de progreso científico, ni a una u otra escuela teológica, sino
que manifiestan lo que la mente humana percibe de la realidad en la
universal y necesaria experiencia y lo expresan con adecuadas y
determinadas palabras tomadas del lenguaje popular o del lenguaje
culto. Por eso resultan acomodadas a los hombres de todo tiempo y
lugar.

Es verdad que las fórmulas se pueden explicar más clara y más


ampliamente con mucho fruto, pero nunca en sentido diverso de
aquel en fueron usadas, de modo que al progresar la inteligencia de
la fe, persevere intacta la verdad de la fe. Porque según enseña el
Concilio Vaticano I en los primeros dogmas, “se debe siempre
retener el sentido que la Santa Madre Iglesia ha declarado una vez
por siempre y nunca es lícito alejarse de ese sentido bajo el
especioso pretexto de más profunda inteligencia” (Constit. Dogm.
De fide cathol., c. 4). 54

54
77 5° Edición, San Pablo, Santafé de Bogotá 1994: cf. Libro IV, cap. 7 (Exa
men de conciencia y propósito de enmienda).
Resonancias Espirituales del Acolitado...

§ 2 Acercarse a la Eucaristía con un corazón contrito


(Tomás de Kempis, La imitación de Cristo77, Libro IV, cap.
7)

Palabra del Amado


(1) Sobre todas las cosas es necesario que el sacerdote de Dios (y el
futuro sacerdote) se prepare a celebrar, a tocar y a comer este
sacramento con suma humildad de corazón, con respeto profundo,
con fe completa y piadosa intención de honrar a Dios.

Examina atentamente tu conciencia y, por cuanto te sea posible,


límpiala y purifícala con una contrición veraz y una sincera
confesión, para que así nada tengas de grave, o por lo menos nada
haya de grave que te recuerda la conciencia y te impida acercarte
libremente a este sacramento.

Que se extienda el dolor a todos tus pecados en general y, en


particular, ten un dolor y una contrición mayor por tus faltas de cada
día. Y si el tiempo lo permite en el secreto de tu corazón confiésale a
Dios todas las miserias de tus pasiones.

(2) Llora y duélete amargamente por ser todavía tan carnal y


mundano, tan poco mortificado frente a las pasiones y tan propenso a
secundar los impulsos de las malas inclinaciones. Duélete de ser tan
poco diligente en mortificar los sentidos externos y tan alocado en
correr tras las vanas imaginaciones, tan fuertemente inclinado hacia
las cosas materiales y tan negligente para las espirituales; tan fácil a
la risa y a la dispersión y tan duro para el llanto y la compasión; 55

55
Los Ministerios Instituidos

tan pronto para seguir la relajación y las comodidades


materiales y tan perezoso para abrazar una vida austera y
fervorosa.

Duélete también por ser tan curioso en oír novedades y mirar


cosas bellas y tan remiso en abrazar lo humilde y despreciable;
tan ávido por poseerlo todo y tan avaro en dar y tan tenaz en
guardar; tan inconsiderado en hablar y tan incapaz por estar
callado; tan desarreglado en las costumbres y tan indiscreto
(imprudente) en las acciones; tan intemperante en los alimentos
y tan cerrado a la Palabra de Dios.

Duélete, además, por ser tan veloz para el descanso y tan lento
para el trabajo; tan despierto para no perder los detalles de una
conversación frívola y tan dormido cuando se trata de cumplir
con la obligación de la meditación; tan impaciente por llegar al
fin y tan distraído durante el deber; tan desaplicado en el rezo
del Oficio divino, tan tibio para celebrar y tan árido en
comulgar, tan fácil para la distracción y tan raras veces
recogido.

Duelete, en fin, por ser tan prontamente arrebatado por la colera


y tan propenso en herir a los demás; tan inclinado a emitir
juicios y tan áspero en reprender; tan alegre en la prosperidad y
tan cobarde en la adversidad; tan fácil en formular proyectos de
muchas obras buenas y tan incapaz de realizar siquiera unas.

(3) Después de haber confesado y deplorado estas faltas, y


todas las otras que hubiere, con dolor y gran pena por haber
sido tan frágil, formula el firme propósito de enmendar tu vida
y de progresar siempre más en la virtud.

Inmediatamente ofrécete a mí en el altar de tu corazón, con


plena resignación y sin ninguna reserva, como sacrificio
perpetuo, confiándome con toda lealtad, tu cuerpo y tu alma, 56

56
78 Bogotá, Edición Paulinas, 1979.
Resonancias Espirituales del Acolitado...

para que de este modo te acerques dignamente a celebrar el Santo


Sacrificio y recibir con fruto el sacramento de mi Cuerpo.

(4) No hay ofrenda más meritoria ni satisfacción mayor para borrar


los pecados que el ofrecimiento total y perfecto de sí mismos a Dios
juntamente con el sacrificio del cuerpo de Cristo en la Misa y en la
Comunión.

Cuando el hombre haga de su parte todo lo que pueda y tenga


verdadero arrepentimiento de sus pecados, siempre que acuda a mí
para obtener gracia y misericordia, yo se los perdonaré todos,
porque: Vivo yo, afirma el Señor, que no quiero la muerte del
pecador, sino que se convierta y viva (Ez 33, 11) y, por eso, no
volveré a recordar ni sus pecados ni sus iniquidades (Hb 10, 17).

§ 3 La importancia del sacramento de la


Penitencia en relación con la Eucaristía
(Juan Pablo n, Carta encíclica Redemptor hominis76 20)

La Eucaristía es el sacramento más perfecto de la unión (con Dios).


Celebrando la Eucaristía y participando de ella, nos unimos a Cristo
terrestre y celeste que intercede por nosotros ante el Padre (cf. Hb 9,
24; 1 Jn 2, 1), pero nos unimos a Él a través del acto redentor de su
sacrificio con el cual nos ha redimido de manera tal que hemos sido
“comprados a gran precio” (1 Co 6, 20). El “gran precio” de nuestra
Redención muestra a la vez el valor que el mismo Dios atribuye al
hombre y nuestra dignidad en Cristo. Haciéndonos “hijos de Dios”
(Jn 1, 12), hijos adoptivos (cf. Rm 8, 23), nos hacemos semejantes a
él “un reino de sacerdotes”, recibimos “el sacerdocio real” (Ap 5, 10;
1 P 2, 9), es decir que participamos de 57

57
Los Ministerios Instituidos

esta única e irreversible restitución del hombre y del mundo al Padre


que Él, a la vez Hijo eterno (cf. Jn 1, 1-4. 18; Mt 3, 17; 11, 27 etc.), y
hombre verdadero, ha realizado una vez para siempre. La Eucaristía es
el sacramento en el que se expresa mas plenamente nuestro ser nuevo;
en ella también el mismo Cristo, continuamente y de manera siempre
nueva, “da testimonio* a nuestro espíritu (cf. 1 Jn 5, 5-11) en el Espíritu
Santo que cada uno de nosotros, por cuanto participa del misterio de la
Redención, tiene acceso a los frutos de la reconciliación filial con Dios,
que él mismo ha realizado y realiza siempre entre nosotros por el
ministerio de la Iglesia...

En la celebración del sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor,


hay que respetar la plena dimensión del misterio divino, el sentido pleno
de este signo sacramental en el cual Cristo realmente presente es
recibido, el alma es colmada de gracia y donde se nos entrega la prenda
de la gloria futura (cf. SC 47). De ahí deriva el deber de observar
rigurosamente las normas litúrgicas y todo aquello que es el testimonio
del culto comunitario tributado a Dios, y esto tanto mas, por cuanto, en
este signo sacramental, el Señor se entrega a nosotros con una confianza
ilimitada, como si no conociera nuestra debilidad humana, nuestra
indignidad, la costumbre, la rutina o aún la posibilidad del ultraje.
Todos en la Iglesia, pero sobre todo los obispos y los presbíteros (y los
futuros sacerdotes), deben velar para que este sacramento de amor esté
al centro de la vida del pueblo de Dios, a fin de actuar - a través de
todas las manifestaciones del culto que se le debe- , de manera a
devolver a Cristo “amor por amor”, y que él se vuelva verdaderamente
“la vida de nuestras almas” (cf. Jn 6, 52. 58; Ga 2, 20). Y por otra parte,
nunca podremos olvidar estas palabras de San Pablo: “Que cada cual se
examine, y coma así el pan y beba de la copa” (1 Co 11, 28). 58

58
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Esta exhortación del Apóstol indica al menos indirectamente el


vínculo estrecho que existe entre la Eucaristía y la Penitencia. Y de
hecho, si la primera palabra de la enseñanza de Cristo, si la primera
frase de la “Buena Nueva” del Evangelio era: “Convertios y creed
en la Buena Nueva” (Metanoéitej (Me 1, 15), el sacramento de la
Pasión, de la Cruz y de la Resurrección parece vigorizar y fortalecer
de manera muy especial esta llamada en nuestras almas. La
Eucaristía y la Penitencia se vuelven así, en cierto sentido, dos
dimensiones estrechamente conexas de la vida auténtica según el
Espíritu del Evangelio, de la vida verdaderamente cristiana. Cristo,
que invita al banquete eucarístico, es siempre el mismo Cristo que
exhorta a la penitencia, que repite: “Convertios” (Me 1, 15). Sin este
esfuerzo constante y repetido por la conversión, la participación en
la Eucaristía estaría privada de su plena eficacia redentora; en ella
haría falta o al menos estaría debilitado la disponibilidad particular
para ofrecer a Dios el sacrificio espiritual (cf. 1 P 2, 5) en la que se
expresa de manera esencial y universal nuestra participación en el
sacerdocio de Cristo. En Cristo, en efecto, el sacerdocio está unido a
su propio sacrificio con el don que ha hecho de sí mismo al Padre; y
esta oblación, precisamente porque es ilimitada, hace nacer en
nosotros, hombres sujetos a múltiples limitaciones, la necesidad de
volvernos hacia Dios de una manera siempre más reflexionada,
gracias a una conversión constante y siempre más profunda...

§ 4 Ofrecerse a Dios, Padre, en el mismo sacrificio de Cristo con


todo lo propio
(Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, Libro IV, cap. 8-
9)

Palabra del Amado


(1) Así como yo, con los brazos abiertos y con el cuerpo desnudo
sobre la cruz, me ofrecí espontáneamente a Dios

215
Los Ministerios Instituidos

Padre por tus pecados de modo que nada quedó en mi que no fuera
del todo transformado en oblación para reconciliarte con Dios, de
la misma manera debes tú también, desde lo más íntimo del
corazón, ofrecerte voluntariamente a mí todos los días en la Misa,
como ofrenda pura y santa, con todas tus fuerzas y todos tus
afectos.

¿Qué mas puedo yo desear de ti, sino que te esfuerces en ofrecerte


a mí enteramente? Cualquier cosa que me regales, fuera de ti, no la
tomo en consideración, ya que yo no busco tus dádivas sino a tu
persona.

(2) Así como sin mí no podrían satisfacerte todos los bienes, así
también a mí no pueden agradarme tus dones si, con ellos, no te
entregas a ti mismo.

^ Ofrécete a mí y date todo por Dios y tu sacrificio me será agradable. Yo me


ofrecí todo entero al Padre por ti y hasta te di todo mi Cuerpo y
toda mi Sangre en alimento para poder ser todo tuyo y para que
fueras tú todo mío.

Pero si tú te quedas encerrado en ti mismo, sin donarte


espontáneamente como es mi voluntad, tu ofrenda no sería completa
y nuestra unión no sería perfecta.

Por eso, si quieres alcanzar la libertad y la gracia, todas tus obras


deben ir precedidas del voluntario sacrificio de tu persona a Dios. Y
si los hombres son hoy tan poco iluminados e interiormente libres es
porque son escasos los que saben renegar totalmente de sí mismos.

Quedan, pues, inmutables mis palabras: el que de vosotros no


renuncia a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo {Le 14,33). Si
tú, por lo tanto, optas por ser mi discípulo, entrégate a mí todo entero
con todos tus afectos.

216
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Palabra del discípulo


(1) Señor, todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, son
todas tuyas. No obstante, quiero entregarme a ti como ofrenda
voluntaria y ser tuyo para siempre.

Señor, con sinceridad de corazón, hoy me ofrezco a ti como


siervo perpetuo para obedecerte y hacerte el sacrificio de perenne
alabanza. Recíbeme juntamente con la oblación santa de tu Santo
Cuerpo que ahora yo -con la presencia y asistencia invisible de
los ángeles- te presento para que sea mi salvación y la de todo el
pueblo.

(2) Señor, sobre el altar de tu propiciación te presento todos mis


pecados y todas las faltas que he cometido en tu presencia y en la
de tus Santos Angeles desde el día en que comencé a pecar hasta
hoy para que los hagas arder todos juntos y os consumas con el
fuego de tu amor, borres toda mancha de mis culpas, limpies mi
conciencia de toda falta y para que, restituyéndome la gracia que
pecando he perdido, me puedas conceder el perdón total y
donarme tu misericordioso beso de reconciliación y paz.

(3) ¿Qué puedo hacer yo para expiar mis pecados sino


confesarlos humildemente, deplorarlos e implorar sin cesar tu
misericordia?

Dios mío, te imploro que me escuches con benevolencia cuando


me presente ante tu divino acatamiento. Aborrezco mucho todos
mis pecados. No quiero cometerlos más en adelante. Los detesto
y me doleré de ellos mientras viva. Estoy dispuesto a hacer
penitencia y a satisfacer por ellos en la medida de mis fuerzas.

Señor, perdóname. Por tu Santo Nombre, olvida mis faltas. Salva


mi alma que redimiste con tu preciosa Sangre. Me 59

59
Los Ministerios Instituidos

remito a tu misericordia, me entrego en tus manos. Haz conmigo


según tu bondad y no según mi perfidia y mi iniquidad.

(4) Te ofrezco también todo lo bueno que poseo, aunque sea poco
e imperfecto, para que lo enmiendes y santifiques, te sea agradable,
lo hagas aceptable a ti y para que lo vuelvas siempre mejor y,
además, para que a este siervo perezoso e inútil lo lleves aun fin
bienaventurado y glorioso.

Te ofrezco, además, todos los piadosos deseos de las almas


buenas, las necesidades de mis parientes, amigos, hermanos,
hermanas; de todos los que me son queridos y de aquellos que, por
tu amor, me han hecho bien a mí o a otros.

Te presento, finalmente, todas las personas -las que aún yi- ven y las
que de este mundo han pasado al otro- que desearon y me pidieron
que rezara por sus intenciones o dijese Misas por ellas y por todos sus
allegados.

Que todos experimenten el favor de tu gracia, la fuerza de tu


consuelo, la protección en los peligros y el alivio en sus penas, para
que, libres de todos los males y llenos de alegría, te den gracias
solemnes.

(5) En modo especial te ofrezco oraciones y sacrificios de expiación


por aquellos que en algo me han ofendido, contristado o calumniado,
o me han hecho algún daño o agravio; por todos aquellos que yo haya
añigido, inquietado, apesadumbrado y escandalizado con palabras o
hechos, a sabiendas o inconscientemente, para que nos perdones a
todos nosotros, nuestros pecados y nuestras mutuas ofensas.

Señor, desarraiga de nuestros corazones toda mala sospecha, toda


indignación, toda cólera, toda contienda y cuanto pueda herir la
caridad y disminuir el amor al prójimo 60

60
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Ten piedad, Señor, ten piedad de los que piden tu misericordia y


concédeles tu gracia a los necesitados. Haz que peregrinemos
sobre esta tierra en forma tal que merezcamos gozar de tu gracia
ahora para alcanzar un día la vida eterna. Amén.

§ 5 Recibir siempre con gran devoción


el sacramento de la Eucaristía
(Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, Libro IV, cap.
1)

Palabra de Cristo
Dice el Señor:

- Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os


aliviaré (Mt 11, 28).

- El pan que yo daré\ es mi carne para la vida del mundo {Jn 6,


52).

- Tomad y comed: éste es mi cuerpo que sera entregado por


vosotros. Haced esto en memoria mía (Mt 26,26; 1 Co 11,24).

- El que come mi carne y bebe mi sangre, vive por mí y yo en él


(Jn 6, 56).

- Las palabras que os he dicho son espíritu y vida (Jn 6,64).

Palabra del discípulo


(1) Estas son tus palabras, ¡oh Cristo, Verdad eterna!, aunque
no hayan sido pronunciadas todas en el mismo tiempo ni escritas
en un solo lugar. Pero como son tuyas y son verdaderas, yo las
debo recibir todas con gratitud y con fe. 61

61
Los Ministerios Instituidos

Tuyas son porque tú las pronunciaste, pero son también mías


porque tú las dijiste por mi salvación. Con alegría yo las recibo
de tus labios para que penetren muy profundamente en mi
corazón.
Palabras tan llenas de misericordia, y tan colmadas de dulzura
y de amor, me entusiasman, pero me espantan mis pecados y
mi conciencia mancillada me impide recibir tan altos misterios.
La delicadeza de tus palabras me atrae, pero me retrasa la
multitud de mis defectos.
(2) Tú me ordenas acercarme a ti con toda confianza si quiero
ser de tu compañía y me mandas recibir el alimento de la
inmortalidad si quiero alcanzar la vida eterna y la gloria. Venid
a mí todos -afirmas- los que estáis cansados y oprimidos y yo os
aliviaré (Mt 11, 28).

(3) Dulce al oído del pecador es esta palabra, y llena de


intimidad. Con ella, Señor y Dios mío, invitas al pobre y al
necesitado a recibir la comunión de tu Cuerpo Santísimo. Pero
¿quién soy yo, Señor, para que presuma acercarme a ti? Toda
la extensión de los cielos no pueden contener tu grandeza y tú
dices: \ Venid a mí todos!
(4) ¿Qué significa esta condescendencia tan bondadosa y esta
invitación tan amorosa? ¿Cómo me atreveré a acercarme a ti,
yo que no encuentro en mí ni la sombra de algo bueno que
pueda darme aliento para hacerlo? ¿Cómo podré albergarte en
mi casa, yo que tantas veces he ofendido tu presencia tan
benigna?
Los ángeles y los arcángeles ante ti se postran con toda
reverencia, los santos y los justos te temen, y tú dices: \ Venid a
mí todos\ Y si no lo dijeras tú, Señor, ¿quién creería? Y si no lo
mandaras tú, ¿quién osaría acercarse? [...]. 62

62
Resonancias Espirituales del Acolitado...

(5) ¡Oh, Dios mío! ¡Cuánto se esforzaron ellos para agradarte!


¡Cuán poco es, por otra parte, lo que hago yo! ¡Cómo es breve el
tiempo que empleo para prepararme a comulgar! Rara vez estoy
totalmente recogido y rarísima vez Ubre de toda distracción.

En presencia de tu salvadora divinidad no debería, ciertamente,


ocurrírseme ningún pensamiento que no fuera digno de ti y no
debería dejarme dominar por criatura alguna, porque no es un ángel a
quien voy a recibir en mi casa, sino al Señor de los ángeles.

(6) Sin embargo, hay un abismo entre el arca de la Alianza con


todas las cosas santas que custodiaba y tu purísimo Cuerpo con sus
virtudes inefables; entre los sacrificios legales de entonces, imagen
de los sacrificios futuros, y tu Cuerpo, verdadera víctima, que
completa todos los holocaustos antiguos.

(7) ¿Por qué, pues, no me inflamo más en tu presencia adorable?


¿Por qué no me preparo con mayor cuidado a nutrirme de tu santidad
cuando considero que aquellos Santos del AT -patriarcas y profetas,
reyes y príncipes, en unión con todo el pueblo- demostraron tan gran
devoción y celo por el culto divino?

(8) El piadosísimo rey David bailó con toda su fuerza delante del
arca de Dios, mientras rememoraba los beneficios hechos por Dios a
los patriarcas en tiempos pasados. Hizo construir instrumentos
musicales de varias clases, compuso salmos y dispuso que se
cantaran con alegría y aún él mismo los cantaba frecuentemente,
acompañándose del arpa, inspirado por la gracia del Espíritu Santo;
enseño además al pueblo de Israel a ensalzar al Señor con todo el
corazón y a juntar sus voces para bendecir y celebrar el nombre de
Dios todos los días. 63

63
Los Ministerios instituidos

Si en aquel entonces se vivía en tan alto grado de devoción y si de


aquel tiempo todavía queda el recuerdo de las alabanzas tributadas
a Dios ante el arca de la Alianza, ¿cuánta piedad y cuánto respeto no
debe inspirarme a mí, y a todo el pueblo cristiano, la presencia del
Sacramento y la recepción del Santísimo Cuerpo de Cristo?
(9) Muchos corren hasta lugares lejanos para visitar las reliquias
de los Santos y quedan maravillados al oír los hechos prodigiosos
cumplidos por ellos; quedan asombrados al mirar los majestuosos
edificios de sus templos y besan los sagrados huesos envueltos en
sedas tejidas de oro. Tú, en vez, estás aquí, sobre el Altar, frente a
mí, Dios mío, Santo de los santos. Creador de los hombres y Señor
de los ángeles.
Con frecuencia lo que mueve a los hombres para ir a visitar objetos
que nunca han visto es la curiosidad y la novedad, y por eso sacan muy
poco fruto, principalmente cuando peregrinan de acá para allá, de
manera superficial y sin verdadera contrición.
Pero aquí, en el Sacramento del Altar, tú estás todo presente. Dios
mío, Cristo Jesús hombre (1 Tm 2, 5); aquí, todas las veces que se te recibe
dignamente y con devoción, se alcanzan frutos copiosos de salvación
eterna. Pero hacia este sacramento no debo llevar la superficialidad, ni
la curiosidad y tampoco la atracción de los sentidos, sino una fe segura,
una piadosa esperanza y una sincera caridad.
(10) ¡Oh Dios, invisible Creador del mundo, qué admirable es lo que
haces con nosotros! ¡Cuán suave y misericordioso es lo que concedes a
tus elegidos, a los cuales te entregues a ti mismo como alimento en el
Sacramento! Sacramento que trasciende toda inteligencia y que atrae,
de modo particular, los corazones de los devotos e inñama su amor. 64

64
Resonancias Espirituales de! Acolitado...

Porque los que verdaderamente te siguen con fidelidad y


enderezan toda su vida hacia la perfección espiritual,
frecuentemente reciben de este excelso Sacramento una mayor
gracia de espíritu de piedad y un mayor amor hacia la virtud.
(11) Gracia admirable y escondida la de este Sacramento, que
sólo conocen los fieles servidores de Cristo y que no pueden
experimentar lo que no tienen fe y todos los esclavos del pecado.
En este Sacramento se infunde la gracia espiritual, el alma recobra
la virtud perdida y retoma la inocencia que había sido desfigurada
por el pecado.
A veces es tan abundante esta gracia que por efecto de la plenitud
de la piedad que se infunde, no sólo el espíritu, sino también el
débil cuerpo siente que le fueron otorgadas fuerzas mayores.
(12) Por encima de todo debemos deplorar y llorar nuestra
tibieza y nuestra negligencia porque nos impiden que nos
acerquemos con mayor devoción a recibir a Cristo, en quien reside
toda la esperanza y todo el mérito de la salvación.
Él es nuestra santificación y nuestra redención (1 Co 1,30);
Él es el consuelo de los peregrinos de este mundo y la eterna gloria
de los Santos.
Hay que deplorar sobremanera el poco caso que muchos hacen de
este Sacramento de salvación, alegría del cielo y sostén del mundo
entero. 65

65
Los Ministerios Instituidos

¡Qué ceguera y qué dureza la del corazón humano que no presta


mayor atención a un don tan excelso o que, por gustarlo todos los
días, llega hasta la indiferencia!

(13) Si este Sacramento Santísimo fuera celebrado solamente en


un determinado lugar y por un solo sacerdote en todo el mundo,
piensa qué gran deseo tendría toda la gente en acudir a aquel lugar
y a aquel sacerdote, para verlo celebrar los divinos misterios.

Pero, hoy, son muchos los sacerdotes y Cristo es inmolado en


muchos lugares, para que, cuanto más se halla difundida en el
mundo la sagrada comunión, tanto mayores aparezcan la gracia y
el amor de Dios hacia la humanidad.

Gracias, buen Jesús, Pastor eterno, porque, con tu precioso Cuerpo y


con tu Sangre te dignaste alimentarnos a nosotros, pobres y
desterrados; gracias por habernos invitado a recibir estos misterios
con las palabras salidas de tus labios: Venid a mí todos los que estáis cansados y
oprimidos, y yo os aliviaré (Mt 11, 28).

5.4 EL MISTERIO DE LA FE POR


EXCELENCIA: LA SAGRADA EUCARISTÍA
Las reflexiones teológicas (% 1), que aparecen en seguida, se proponen ayudar a entrar
más a fondo en los distintos aspectos más importantes del Misterio de la fe por excelencia:
la Eucaristía. Seguimos sencillamente la exposición que hace de ella el nuevo Catecismo
de la Iglesia Católica, en los siete apartados siguientes, pero sin anotar la enumeración
para una mejor visión de conjunto:

I. La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial;


II. El nombre de este sacramento;
III. La Eucaristía en la economía de la salvación; 66

66
Resonancias Espirituales del Acolitado...

IV La celebración litúrgica de la Eucaristía;


V El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial, presencia;
VI. El banquete pascual;
VIL La Eucaristía, "Pignus futuras glorias".

§ 1 La fe de la Iglesia en el Misterio mismo de la Sagrada


Eucaristía
{Catecismo de la Iglesia Católica 1322-1405)

La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que


han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el
Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la
Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la
comunidad en el sacrificio mismo del Señor.

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado,


instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre para
perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y
confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y
resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de
amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena
de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura (SC 47).

/. La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida eclesial La Eucaristía


es “fuente y cima de toda la vida cristiana** ( LG 11). “Los demás
sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las
obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se
ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien
espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua**
(PO 5). 67

67
Los Ministerios Instituidos

La Eucaristía significa y realiza la comunión de vida con Dios


y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella
misma. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acdón
por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que
en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre
(Inst. Eucharisticum mysterium 6).

Finalmente, por la celebración eucarística nos unimos ya a


la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando
Dios será todo en todos (cf. 1 Co 15, 28).
En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de
nuestra fe: “Nuestra manera de pensar armoniza con la
Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra
manera de pensar” (S. Ireneo, haer. 4, 18, 5).
P
II. El nombre de este sacramento La riqueza inagotable de
este sacramento se expresa mediante los distintos nombres
que se le da. Cada uno de estos nombres evoca alguno de sus
aspectos. Se le llama:

- Eucaristía porque es acción de gracias a Dios. Las palabras


eucharistein {Le 22,19; 1 Co 11, 24) y eulogein (Mt 26,26;Mc 14, 22)
recuerdan las bendiciones judías que proclaman - sobre todo
durante la comida- las obras de Dios: la creación, la
redención y la santificación.
- Banquete del Señor (cf. 1 Co 11, 20) porque se trata de la Cena
que el Señor celebró con sus discípulos la víspera de su
pasión y la anticipación del banquete de bodas del Cordero (cf. Ap
19, 9) en la Jerusalén celestial.
- Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío,
fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía él como
cabeza de familia (cf. Mt 14,19; Me 8,6. 19), sobre todo en la 68

68
Resonancias Espirituales de) Acolitado...

última Cena (cf. Mt 26, 26; 1 Co 11, 24). En este gesto los
discípulos lo reconocieran después de su resurrección (cf.
Le 24,13-35), y con esta expresión los primeros cristianos
designaron sus asambleas eucarísticas (cf. Hch 2,42.46;
20,7.11). Con él se quiere significar que todos los que
comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en
comunión con él y forman un solo cuerpo en él (cf. 1 Co
10,16-17).
- Asamblea Eucarütica (synaxis), porque la Eucaristía es
celebrada en la asamblea de los fieles, expresión visible de
la Iglesia (cf. 1 Co 11, 17-34).
- Memorial de la pasión y resurrección del Señor.
- Santo Sacrificio, porque actualiza el único sacrifico de
Cristo Salvador e incluye la ofrenda de la Iglesia: o
también santo sacrificio de la Misa, “sacrificio de alabanza” {Hch
13,15; cf. Sal 116,13. 17), sacrifico espiritual (cf. 1P2,5),
sacrificio puro (cf. Mi 11, 11) y santo, puesto que completa y
supera todos los sacrificios de la Antigua Alianza.
- Santa y Divina Liturgia, porque toda la liturgia de la Iglesia
encuentra su centro y su expresión más densa en la
celebración de este sacramento; en el mismo sentido se la
llama también celebración de los santos misterios. Se hable
también del Santísimo Sacramento porque es el Sacramento de
los Sacramentos. Con este nombre se designa las especies
eucarísticas guardadas en el sagrario.
- Comunión, porque por este sacramento nos unimos a
Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo y de su
Sangre para formar un solo cuerpo (cf. 1 Co 10, 16-17), se
la llama también las cosas santas (ta hagia; sancta) (Const Apost. 8,
13,12; Didaché 9,5; 10,6) -es el sentido primero de la
“comunión de los Santos” de que habla el Símbolo de los
Apóstoles-, pan de los ángeles, pan del cielo, mediána de inmortalidad
(S. Ignacio de Ant. Eph. 20, 2), viático... 69

69
L
Los Ministerios Instituidos

* Santa Misa porque la liturgia en la que se realiza el misterio


de salvación se termina con el envío de los fieles (missio) a fin
de que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana.

III. La Eucaristía en la economía de la salvación Los


signos del pan y del vino
En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el
pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación
del Espíritu Santo, se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de
Cristo. Fiel a la orden del Señor, la Iglesia continúa haciendo, en
memoria de El, hasta su retorno glorioso, lo que El hizo la
víspera de su pasión: “Tomó pan...”, “tomó el cáliz lleno de
vino...”. Al convertirse misteriosamente en el Cuerpo y la Sangre
de Cristo, los signos del pan y del vino siguen significando
también la bondad de la creación. Así, en el ofertorio, damos
gracias al Creador por el pan y el vino (cf.
Sal 104, 13-15), fruto “del trabajo del hombre”, pero antes, “fruto
de la tierra” y “de la vid”, dones del Creador. La Iglesia ve en el
gesto de Melquisedec, rey y sacerdote, que “ofreció pan y vino”
(Gn 14, 18), una prefiguración de su propia ofrenda (cf. MR, Canon
Romano 95).

En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como


sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento
al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el
contexto del Exodo: los panes ácimos que Israel come cada año en
la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto.
El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive
del pan de la Palabra de Dios (Di 8, 3). Finalmente, el pan de cada
día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de -
Dios a sus promesas. El “cáliz de bendición” (1 Co 10, 16), al final
del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del
vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del
restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó 70

70
Resonancias Espirituales del Acolitado...

su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del


pan y del cáliz.

Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo


la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos
para alimentar la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este
único pan de su Eucaristía (cf. Mt 14, 13-21; 15, 32-39). El signo del
agua convertida en vino en Cana (cf. Jn 2, 11) anuncia ya la Hora de
la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de
las bodas en el Reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo
(cf. Me 14, 25) convertido en Sangre de Cristo.

El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que


el anuncio de la pasión los escandalizó: “es duro este lenguaje, ¿quién
puede escucharlo?” (Jn 6, 60). La eucaristía y la Cruz son piedras de
tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división.
“¿También vosotros queréis marcharlos?” (Jn 6, 67): esta pregunta del
Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a
descubrir que sólo El tiene “palabras de vida eterna” (Jn 6, 68), ya que
acoger en la fe el don de su eucaristía es acogerlo a El mismo.

La Institución de la Eucaristía
El Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin. Sabiendo
que había llegado la hora de partir de este mundo para retornar a su
Padre, en el transcurso de una cena, les lavó los pies y les dio el
mandamiento del amor (Jn 13, 1- 17). Para dejarles una prenda de este
amor, para no alejarse nunca de los suyos y hacerles partícipes de su
Pascua, instituyó la Eucaristía como memorial de su muerte y de su
resurrección y ordenó a sus apóstoles celebrarlo hasta su retorno,
“constituyéndoles entonces sacerdotes del Nuevo Testamento” (Ce. de
Trento: DS 1740). 71

71
Los Ministerios Instituidos

Los tres evangelios sinópticos y S. Pablo nos han transmitido


el relato de la Institución de la Eucaristía; por su parte, San
Juan relata las palabras de Jesús en la sinagoga de Cafarnaum,
palabras que preparan la Institución de la Eucaristía: Cristo se
designa a sí mismo como el pan de vida, bajado del cielo (cf.
Jn 6).
Jesús escogió el tiempo de la Pascua para realizar lo que había
anunciado en Cafarnaum: dar a sus discípulos su Cuerpo y su
Sangre:
Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de inmolar el
Cordero de Pascua; (Jesús) envió a Pedro y a Juan, diciendo: "Id y
preparadnos la Pascua para que la comamos"... fueron... y
prepararon la Pascua. Llegada la hora, se puso a la mesa con los
Apóstoles, y les dijo:
"Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de
padecer, porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle
su cumplimiento en el Reino de Dios"... Y tomó pan, dio gracias,
lo partió y se lo dio diciendo: "esto es mi cuerpo que va a ser
entregado por vosotros, haced esto en recuerdo mío". De igual
modo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: "Este cáliz es la
Nueva Alianza en mi Sangre, que va a ser derramada por
vosotros" (Le 22, 7-20; cf. M t 26, 17-29; Me 14, 12-25;
1 Co 11, 23-26).

Al celebrar la última Cena con sus Apóstoles en el transcurso


del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la
pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su
muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la
Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la
pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria
del Reino. 72

72
Resonancias Espirituales del Acolitado...

“Haced esto en memoria mía”


El mandamiento de Jesús de repetir sus gestos y sus palabras “hasta
que venga” (1 Co 11, 26), no exige solamente acordarse de Jesús y de
lo que hizo. Requiere la celebración litúrgica por los Apóstoles y sus
sucesores del memorial de Cristo, de su vida, de su muerte, de su
resurrección y de su intercesión junto al Padre.

Desde el comienzo la Iglesia fue fiel a la orden del Señor. De la


Iglesia de Jerusalén se dice:

Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles,


fieles a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las
oraciones... Acudían al Templo todos los días con
perseverancia y con el mismo espíritu, partían el pan por las
casas y tomaban el alimento con alegría y con sencillez de
corazón (Hch 2, 42. 46).

Era sobre todo “el primer día de la semana”, es decir, el domingo,


el día de la resurrección de Jesús, cuando los cristianos se reunían
para “partir el pan” (Heb 20, 7). Desde entonces hasta nuestros días
la celebración de la Eucaristía se ha perpetuado, de suerte que hoy la
encontramos por todas partes en la Iglesia, con la misma estructura
fundamental. Sigue siendo el centro de la vida de la Iglesia.

Así, de celebración en celebración, anunciando el misterio pascual


de Jesús “hasta que venga” (1 Co 11, 26), el pueblo de Dios
peregrinante “camina por la senda estrecha de la cruz” (AG 1) hacia
el banquete celestial, donde todos los elegidos se sentarán a la mesa
del Reino. 73

73
Los Ministerios Instituidos

IV. La celebración litúrgica de la Eucaristía La


Misa de todos los siglos
Desde el siglo II, según el testimonio de San Justino mártir,
tenemos las grandes líneas del desarrollo de la celebración
eucarística. Estas han permanecido invariables hasta nuestros
días a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas.
He aquí lo que el Santo escribe, hacia el año 155, para explicar
al emperador pagano Antonino (138-161) lo que hacen los
cristianos:
El día que se llama del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio
de todos lo que habitan en la ciudad o en el campo.

Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los profetas,


tanto tiempo como es posible.

Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para


incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas.

Luego nos levantamos todos juntos y oramos por nosotros... y por


todos los demás donde quiera que estén, a fin de que seamos
hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a
los mandamientos para alcanzar así la salvación eterna.

Cuando termina esta oración nos besamos unos a otros.


Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua
y de vino mezclados.

El presidente los toma y eleva alabanza y gloria al Padre del


universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo y da gracias (en
griego: eucharistein) largamente porque hayamos sido juzgados
dignos de estos dones. 74

74
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Cuando terminan las oraciones y las acciones de gracias, todo el pueblo


presente pronuncia una aclamación diciendo: Amén.

Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo le ha


respondido, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos
los que están presentes pan, vino y agua "eucaristizados" y los llevan a
los ausentes (San Justino, Apol. 1, 65; 67).

La liturgia de la Eucaristía se desarrolla conforme a una estructura


fundamental que se ha conservado a través de los siglos hasta
nosotros. Comprende dos grandes momentos que forman una unidad
básica:

— la reunión, la liturgia de la Palabra, con las lecturas, la


homilía y la oración universal;
— la liturgia eucarística, con la presentación del pan y del vino,
la acción de gracias consecratoria y la comunión.
Liturgia de la Palabra y liturgia eucarística constituyen juntas “un
solo acto de culto” (SC 56), en efecto, la mesa preparada para nosotros
en la Eucaristía es a la vez la de la Palabra de Dios y la del Cuerpo del
Señor (cf. DV21).

He aquí el mismo dinamismo del banquete pascual de Jesús


resucitado con sus discípulos: en el camino les explicaba las
Escrituras, luego, sentándose a la mesa con ellos, “tomó el pan,
pronunció la bendición, lo partió y se lo dio” (cf. Le 24,13-35).

El desarrollo de la celebración
Todos se reúnen. Los cristianos acuden a un mismo lugar para la
asamblea eucarística. A su cabeza está Cristo mismo que es el actor
principal de la Eucaristía. Él es sumo sacerdote 75

75
Los Ministerios Instituidos

de la Nueva Alianza. Él mismo es quien preside invisiblemente toda


celebración eucarística. Como representante suyo, el obispo o el
presbítero (actuando in persona Christi capitis) preside la asamblea,
toma la palabra después de las lecturas, recibe las ofrendas y dice la
plegaria eucarística. Todos tienen parte activa en la celebración, cada
uno a su manera: los lectores, los que presentan las ofrendas, los que
dan la comunión, y el pueblo entero cuyo “Amén” manifiesta su
participación.

La liturgia de la Palabra comprende “los escritos de los profetas”, es


decir, el Antiguo Testamento, y “las memorias de los Apóstoles”, es
decir, sus cartas y los Evangelios; después la homilía que exhorta a
acoger esta palabra como lo que es verdaderamente, Palabra de Dios
(cf. 1 Ts 2, 13), y a ponerla en práctica; vienen luego las intercesiones
por todos los hombres, según la palabra del Apóstol: “ante todo,
recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de
gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los
constituidos en autoridad” (1 Tm 2, 1-2).

La presentación délas ofrendas (el ofertorio): entonces se lleva al


altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el
sacerdote en nombre de Cristo en el sacrificio eucarístico en el que se
convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo
en la última Cena, “tomando pan y una copa”. “Sólo la Iglesia
presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de
gracias lo que proviene de su creación” (San Ireneo, haer.y 4, 18, 4; cf.
Ml 1, 11). La presentación de las ofrendas en el altar hace suyo el
gesto de Melquisedec y pone los dones del Creador en las manos de
Cristo. El es quien, en su sacrificio, lleva a la perfección todos los
intentos humanos de ofrecer sacrificios. 76

76
Resonancias Espirituales del Acolitado.

Desde el principio, junto con el pan y el vino para la Eucaristía, los


cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que
tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta (cf. 1 Co 16, 1),
siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre
para enriquecemos (cf. 2 Co 8, 9):

Los que son ricos y lo desean, cada uno según lo que se ha


impuesto; lo que es recogido es entregado al que preside, y
él atiende a los huérfanos y viudas, a los que la enfermedad
u otra causa priva de recursos, los presos, los inmigrantes y,
en una palabra, socorre a todos los que están en necesidad
(San Justino, Apol. 1, 67, 6).

La anáfora', con la plegaria eucarística, oración de acción de gracias


y de consagración llegamos al corazón y a la cumbre de la
celebración:

en el prefacio, la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu


Santo, por todas sus obras, por la creación, la redención y la
santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza
incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos, cantan
al Dios tres veces santo;

en la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o


el poder de su bendición, cf. MR, Canon romano, 90) sobre el pan y el
vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de
Jesucristo, y quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo
y un solo espíritu (algunas tradiciones litúrgicas colocan la epíclesis
después de la anamnesis);

en el relato de la Institución, la fuerza de las palabras y de la acción


de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente
presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su
sacrificio ofrecido en la Cruz de una vez para siempre; 77

77
79 Nos hemos permitido modificar la traducción castellana de esta frase,
porque nos parece más conforme a la texto de la Edición Típica Latina del
Catecismo de la Iglesia Católica 1356: "...hoc ideo accidit qui scimus nos
mandato Domini vinculan"...; cf. Catechismus catholicae ecclesiae, Cittá del
Vaticano, Librería Editrice Vaticana, 1997, p. 366.
Los Ministerios Instituidos

en la anamnesis que sigue, la Iglesia hace memoria de la pasión,


de la resurrección y del retorno glorioso de Cristo Jesús; presenta al
Padre la ofrenda de su Hijo que nos reconcilia con El;
en las intercesiones, la Iglesia expresa que la Eucaristía se celebra
en comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra, de los vivos
y de los difuntos, y en comunión con los pastores de la Iglesia, el
Papa, el obispo de la diócesis, su presbiterio y sus diáconos y todos
los obispos del mundo entero con sus Iglesias.
En la comunión, precedida por la oración del Señor y de la
fracción del pan, los fieles reciben “el pan del cielo” y “el cáliz de
la salvación”, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó “para
la vida del mundo” (Jn 6, 51):
Porque este pan y este vino han sido, según la expresión
antigua "eucaristizados", "llamamos a este alimento
Eucaristía y nadie puede tomar parte en él si no cree en la
verdad de lo que se enseña entre nosotros, si no ha
recibido el baño para el perdón de los pecados y el nuevo
nacimiento, y si no vive según los preceptos de Cristo"
(San Justino, Apol. 1, 66,1-2).

V. El sacrificio sacramental: acción de gracias, memorial,


presencia
Si los cristianos celebran la Eucaristía desde los orígenes, y de
forma que, en su substancia, no ha cambiado a través de la gran
diversidad de épocas y de liturgias, sucede así porque somos
conscientes de estar vinculados79 al mandato del Se- 78

78
Resonancias Espirituales del Acolitado...

ñor, dado la víspera de su pasión: “haced esto en memoria mía” (1 Co


11, 24-25).

Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su


sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que Él mismo nos ha
dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el
poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerpo y la
Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real y misteriosamente
presente.

Por tanto, debemos considerar la Eucaristía:

— como acción de gracias y alabanza al Padre,


— como memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo,
— como presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su
Espíritu.

La acción de gracias y la alabanza al Padre


La eucaristía, sacramento de nuestra salvación realizada por Cristo en
la Cruz, es también un sacrificio de alabanza en acción de gracias por
la obra de la creación. En el sacrificio eucarístico, toda la creación
amada por Dios es presentada al Padre a través de la muerte y
resurrección de Cristo. Por Cristo, la Iglesia puede ofrecer el sacrificio
de alabanza en acción de gracias por todo lo que Dios ha hecho de
bueno, de bello y de justo en la creación y en la humanidad.

La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una


bendición por la cual la Iglesia expresa su reconocimiento a Dios por
todos los beneficios, por todo lo que ha realizado mediante la
creación, la redención y la santificación. “Eucaristía” significa, ante
todo, acción de gracias.

La Eucaristía es también el sacrificio de alabanza por medio del cual


la Iglesia canta la gloria de Dios en nombre de toda 79

79
Los Ministerios Instituidos

la creación. Este sacrificio de alabanza sólo es posible a


través de Cristo: Él une los fieles a su persona, a su alabanza y
a su intercesión, de manera que el sacrificio de alabanza al
Padre es ofrecido por Cristo y con Cristo para ser aceptado en
él.

El memorial sacrificial de Cristo y de


su Cuerpo que es la Iglesia
La eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la
actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio,
en la liturgia de la Iglesia que es su Cuerpo. En todas las
plegarias eucaristicas encontramos, tras las palabras de la
Institución, una oración llamada anamnesis o memorial.

En el sentido empleado por la Sagrada Escritura, el memorial


no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado,
sino la proclamación de las maravillas que Dios ha realizado en
favor de los hombres (cf. Ex 13, 3). En la celebración litúrgica,
estos acontecimientos se hacen, en cierta forma, presentes y
actuales. De esta manera Israel entiende su liberación de
Egipto: cada vez que es celebrada la Pascua, los
acontecimientos del Éxodo se hacen presentes a la memoria de
los creyentes a fin de que conformen su vida a estos
acontecimientos.

El memorial recibe un sentido nuevo en el Nuevo


Testamento. Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace
memoria de la Pascua de Cristo y ésta se hace presente: el
sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la
Cruz, permanece siempre actual (cf. Hb 7, 25-27): “Cuantas
veces se renueva en el altar el sacrificio de la cruz, en el que
Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, se realiza la obra de
nuestra redención** (LG 3).
Por ser memorial de la Pascua de Cristo, la Eucaristía es también
El carácter sacrificial de la Eucaristía 80
un sacrificio.

80
Resonancias Espirituales del Acolitado...

se manifiesta en las palabras mismas de la Institución:


“Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros” y
“Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será
derramada por vosotros” (Le 22, 19-20). En la Eucaristía,
Cristo da el mismo Cuerpo que por nosotros entregó en la
cruz, y la Sangre misma que “derramó por muchos para
remisión de los pecados” (Mt 26, 28).
La Eucaristía es, pues, un sacrificio porque representa (=
hace presente) el sacrifico de la cruz, porque es un memorial
y aplica su fruto:
(Cristo), nuestro Dios y Señor, se ofreció a Dios
Padre una vez por todas, muriendo como
intercesor sobre el altar de la cruz, a fin de
realizar para ellos (los hombres) una redención
eterna. Sin embargo, como su muerte no debía
poner fin a su sacerdocio (Hb 7,24.27), en la última
Cena, "la noche en que fue entregado" (1 Co
11,23), quiso dejar a su Iglesia, su esposa amada,
un sacrificio visible (como lo reclama la
naturaleza humana), donde sería representado el
sacrificio sangriento que iba a realizarse una
única vez en la cruz, cuya memoria se perpetuaría
hasta el fin de los siglos (1 Co 11, 23) y cuya virtud
saludable se aplicaría a la redención de los
pecados que cometemos cada día (Ce. de Trento:
DS1740).
El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son,
pues, un único sacrificio: “es una y la misma víctima, que se
ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, que se
ofreció a sí misma entonces sobre la cruz. Sólo difiere la
manera de ofrecer”: “En este divino sacrificio que se
realiza en la Misa, este mismo Cristo, que se ofreció a sí
mismo una vez de manera cruenta sobre el altar de la
cruz, es contenido e inmolado de manera no cruenta” (Ce.
de Trento: DS 1743). 81

81
Los Ministerios instituidos

La Eucaristía es igualmente el sacrificio de la Iglesia. La Iglesia, que


es el Cuerpo de Cristo, participa en la ofrenda de su Cabeza. Con
Él, ella se ofrece totalmente. Se une a su intercesión ante el Padre
por todos los hombres. En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es
también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de
los fíeles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se
unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor
nuevo. El sacrificio de Cristo presente sobre el altar da a todas las
generaciones de cristianos la posibilidad de unirse a su ofrenda.

En las catacumbas, la Iglesia es con frecuencia


representada como una mujer en oración, los brazos
extendidos en actitud de orante. Como Cristo que
extendió los brazos sobre la cruz, por Él, con Él y en
Él, la Iglesia se ofrece e intercede por todos los
hombres.

Toda la Iglesia se une a la ofrenda y ala intercesión de Cristo.


Encargado del ministerio de Pedro en la Iglesia, el Papa es
asociado a toda celebración de la Eucaristía en la que es
nombrado como signo y servidor de la unidad de la Iglesia
universal. El obispo del lugar es siempre responsable de la
Eucaristía, incluso cuando es presidida por un presbítero; el
nombre del obispo se pronuncia en ella para significar su
presidencia de la Iglesia particular en medio del presbiterio y con
la asistencia de los diáconos. La comunidad intercede también por
todos los ministros que, por ella y con ella, ofrecen el sacrificio
eucarístico:

Que sólo sea considerada como legitima la Eucaristía que


se hace bajo la presidencia del obispo o de quien él ha
señalado para ello (S. Ignacio de Antioquía, Smym. 8,1).

Por medio del ministerio de los presbíteros, se realiza a la


perfección el sacrificio espiritual de los fíeles en unión

240
Resonancias Espirituales del Acolitado...

con el sacrificio de Cristo, único Mediador Este, en


nombre de toda la Iglesia, por manos de los presbíteros,
se ofrece incruenta y sacramentalmente en la
Eucaristía, hasta que el Señor venga (PO 2).

A la ofrenda de Cristo se unen no solo los miembros que están


todavía aquí abajo, sino también los que están ya en la gloria del
cielo• La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico en comunión con
la Santísima Virgen María y haciendo memoria de ella, así
como de todos los Santos y Santas. En la Eucaristía, la Iglesia,
con María, está como al pie de la cruz, unida a la ofrenda y a la
intercesión de Cristo.

El sacrificio eucarístico es también ofrecido por los fieles difuntos


“que han muerto en Cristo y todavía no están plenamente
purificados” (Ce. de Trento: DS 1743), para que puedan entrar
en la luz y la paz de Cristo:

Enterrad este cuerpo en cualquier parte; no os preocupe


más su cuidado; solamente os ruego que, dondequiera
que os hallareis, os acordéis de mí ante el altar del
Señor (Santa Mónica, antes de su muerte, a San
Agustín y a su hermano; Conf. 9,9,27).

A continuación oramos (en la anáfora) por los Santos


padres y obispos difuntos, y en general por todos los
que han muerto antes de nosotros, creyendo que será de
gran provecho para las almas, en favor de las cuales es
ofrecida la súplica, mientras se halla presente la santa y
adorable víctima... Presentando a Dios nuestras súplicas
por los que han muerto, aunque fuesen pecadores...,
presentamos a Cristo inmolado por nuestros pecados,
haciendo propicio para ellos y para nosotros al Dios
amigo de los hombres (San Cirilo de Jerusalén, Cateq.
Mist. 5, 9.10). 82

82
Los Ministerios instituidos

San Agustín ha resumido admirablemente esta doctrina que


nos impulsa a una participación cada vez más completa en el
sacrificio de nuestro Redentor que celebramos en la
Eucaristía:

Esta dudad plenamente rescatada/ es dedr, la


asamblea y la sodedad de los Santos, es ofredda a
Dios como un sacrifído universal por el Sumo
Sacerdote que, bajo la forma de esdavo, llegó a
ofrecerse por nosotros en su pasión, para hacer de
nosotros el cuerpo de una gran Cabeza... Tal es el
sacrifído de los cristianos: "siendo muchos, no
formamos más que un solo cuerpo en Cristo" (Km
12,5). Y este sacrifído, la Iglesia no cesa de
reproducirlo en el Sacramento del altar bien
conocido de los fieles, donde se muestra que en lo que
ella ofrece se ofrece a sí misma (Civit. 10,6).

La presencia de Cristo por el poder de su


Palabra y del Espíritu Santo
“Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de
Dios e intercede por nosotros” {Rm 8, 34), está presente de
múltiples maneras en su Iglesia (cf. LG 48): en su Palabra, en
la oradón de su Iglesia, “allí donde dos o tres estén reunidos en
mi nombre” {Mt 18,20), en los pobres, en los enfermos, los
presos {Mt 25,31-46), en los sacramentos de los que Él es
autor, en el sacrificio de la Misa y en la persona del ministro.
Pero, sobre todo (está presente), bajo las especies
eucansticas {SC 7).
El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas
es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los
sacramentos y hace de ella “como la perfección de la vida
espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos” (Santo
Tomás de A., S. 7h., 3,73,3). En el Santísimo Sacramento de
la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substan-
83

83
Resonancias Espirituales del Acolitado...

cialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la


divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente.
Cristo entero” (Ce. de Trento: DS 1651). “Esta presencia se
denomina ‘real’, no a título exclusivo, como si las otras
presencias no fuesen ‘reales*, sino por excelencia, porque es
substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace
totalmente presente” (MF 39).

Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y


Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los
Padres de la Iglesia afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia
en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del
Espíritu Santo para obrar esta conversión. Así, San Juan
Crisóstomo declara que:

No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas


se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino
Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El
sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas
palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de
Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma
las cosas ofrecidas (Pro. Jud. 1,6).

Y San Ambrosio dice respecto a esta conversión:

Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la


naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha
consagrado, y de que la fuerza de la bendición
supera a la de la naturaleza, porque por la
bendición la naturaleza misma resulta cambiada...
La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo
que no existía, ¿no podría cambiar las cosas
existentes en lo que no eran todavía? Porque no es
menos dar a las cosas su naturaleza primera que
cambiársela (Mysf. 9, 50. 52). 84

84
Los Ministerios Instituidos

El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma:

Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía


bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo,
se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción,
que declara de nuevo el Santo Concilio: por la
consagración del pan y del vino se opera el cambio de
toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo
de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino
en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha
llamado justa y apropiadamente a este cambio
transübstanciación (DS1642).

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la


consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies
eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las
especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la
fracción del pan no divide a Cristo (cf. Ce. de Trento: DS 1641).

El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la Misa expresamos nuestra


fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino,
entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos
profundamente en señal de adoración al Señor. “La Iglesia católica
ha dado y continúa dando este culto de adoración que se debe al
sacramento de la Eucaristía no sólo durante la Misa, sino también
fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las
hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las
veneren con solemnidad, llevándolas en procesión” (AíF 56).

El sagrario (tabernáculo) estaba primeramente destinado a guardar


dignamente la Eucaristía para que pudiera se llevada a los
enfermos y ausentes fuera de la Misa. Por la profun- dización de la
fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó
conciencia del sentido de la adoración
Resonancias Espirituales del Acolitado...

silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas. Por


eso, el sagrario debe estar colocado en un lugar particularmente
digno de la iglesia; debe estar construido de tal forma que
subraye y manifieste la verdad de la presencia real de Cristo en el
Santo Sacramento.

Es grandemente admirable que Cristo haya querido hacerse


presente en su Iglesia de esta singular manera. Puesto que Cristo
iba a dejar a los suyos bajo su forma visible, quiso damos su
presencia sacramental; puesto que iba a ofrecerse en la cruz por
nuestra salvación, quiso que tuviéramos el memorial del amor
con que nos había amado “hasta el fin” (Jn 13,1), hasta el don de
su vida. En efecto, en su presencia eucarística permanece
misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se
entregó por nosotros (cf. Ga 2,20), y se queda bajo los signos que
expresan y comunican este amor:

La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del


culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento
del amor No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo
en la adoración, en la contemplación llena de fe y
abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo.
No cese nunca nuestra adoración (Juan Pablo II, Lit
Dominicae cerne 3).

La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la


verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, "no se
conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino solo por
la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios". Por ello,
comentando el texto de San Lucas 22,19: "esto es mi
Cuerpo que será entregado por vosotros", San Cirilo
declara: "No te preguntes si esto es verdad, sino acoge
más bien con fe las palabras del Señoi} porque él, que
es la Verdad, no miente" (Santo Tomás de Aquino, S.
Th. 3,
75, i, citado por Pablo VI, MF18): 85

85
Los Ministerios Instituidos
Adoro te devote, latens Deitas, (Adórate devotamente, oculta
Deidad
Quae sub his figuró vere latitas:
que bajo estas sagradas especies te
ocultas verdaderamente:
Ubi se cor meum totum subjicit. A ti mi corazón totalmente se
somete.
Quia te contemplans totum deficit. Pues al contemplarte, se siente
desfallecer por completo.

Visus, gustus, tactus in te fallitur, La vista, el tacto, el gusto, son aquí


falaces,
Sed auditu solo tuto creditur; sólo con el oído se llega a tener fe
segura;
Credo quidquid dixit Dei Filius: Creo todo lo que ha dicho el Hijo de
Dios:
Nil hoc Veritatis verbo verius. Nada más verdadero que esta
palabra de Verdad).

VI. El banquete pascual


La Misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en
que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la
comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Pero la celebración
del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión
íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión.
Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros.

El altar, en tomo al cual la Iglesia se reúne en la celebración de la


Eucaristía, representa los dos aspectos de un mismo misterio: el
altar del sacrificio y la mesa del Señor, y esto, tanto más cuanto
que el altar cristiano es el símbolo de Cristo mismo, presente en
medio de la asamblea de sus fieles, a la vez como la víctima
ofrecida por nuestra reconciliación y como alimento celestial que
se nos da. “¿Qué es, en efecto, el altar de Cristo sino la imagen del
Cuerpo de Cristo?”, dice S. Ambrosio (Sacr. 5, 7), y en otro lugar:
“el altar 86

86
Resonancias Espirituales del Acolitado...

representa el Cuerpo (de Cristo), y el Cuerpo de Cristo está sobre


el altar” (Sacr. 4,7). La liturgia expresa esta unidad del sacrificio
y de la comunión en numerosas oraciones. Así, la Iglesia de
Roma ora en su anáfora:

Te pedimos humildemente. Dios todopoderoso, que esta


ofrenda sea llevada a tu presencia hasta el altar del délo,
por manos de tu ángel, para que cuantos redbi- mos el
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al partidpar aquí de este
altar, seamos colmados de grada y ben- didón.

“Tomad y comed todos de él”: la comunión


El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el
sacramento de la Eucaristía: “en verdad, en verdad os digo: si no
coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no
tendréis vida en vosotros” (Jn 6, 53).

Para responder a esta invitación, debemos preparamos para este


momento tan grande y santo. S. Pablo exhorta a un examen de
conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor
indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Examínese, pues, cada cual, y coma entonces el pan y beba del
cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y
bebe su propio castigo” (1 Co 11,27-29). Quien tiene conciencia
de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la
Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir


humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión (cf. Mt
8, 8): Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra
tuya bastará para sanarme. En la liturgia de
S. Juan Crisóstomo, los fieles oran con el mismo espíritu:

Hazme comulgar hoy en tu cena mística, oh Hijo de


Dios. Porque no diré el secreto a tus enemigos ni te daré
el

BIBLIOTECA 247
tlci Convento de SUBA
Los Ministerios Instituidos

beso de Judas. Sino que, como el buen ladrón, te digo:


Acuérdate de mí. Señor, en tu Reino.

Para prepararse convenientemente a recibir este sacramento, los


fieles deben observar el ayuno prescrito por la Iglesia (cf. CDC 919).
Por la actitud corporal (gestos, vestido) se manifiesta el respeto, la
solemnidad, el gozo de ese momento en que Cristo se hace nuestro
huésped.

Es conforme al sentido mismo de la Eucaristía que los fieles, con las


debidas disposiciones, comulguen cuando participan de la Misa: “Se
recomienda especialmente la participación más perfecta en la Misa,
recibiendo los fieles, después de la comunión del sacerdote, del
mismo sacrificio, el Cuerpo del Señor” (SC 55).

La Iglesia obliga a los fieles “a participar los domingos y días de fiesta


en la divina liturgia” (0£ 15) y a recibir al menos una vez al año la
Eucaristía, si es posible en tiempo pascual (cf. CDC 920), preparados
por el sacramento de la Reconciliación. Pero la Iglesia recomienda
vivamente a los fieles recibir la santa Eucaristía los domingos y días de
fiesta, o con más frecuencia aún, incluso todos los días.

Gracias a la presencia sacramental de Cristo bajo cada una de las


especies, la comunión bajo una sola especie de pan ya hace que se reciba
todo el fruto de gracia propio de la Eucaristía. Por razones pastorales,
esta manera de comulgar se ha establecido legítimamente como la más
habitual en el rito latino. “La comunión tiene una expresión más plena
por razón del signo cuando se hace bajo las dos especies. Ya que en esa
forma es donde más perfectamente se manifiesta el signo del banquete
eucarístico” (IGMR 240). Es la forma habitual de comulgar en los ritos
orientales. 87

87
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Los frutos de la comunión


La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la
Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con
Cristo Jesús. En efecto, el Señor dice: “quien come mi Carne y bebe mi
Sangre habita en mí y yo en él”
(Jn 6, 56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete
eucarístico: “Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo
por el Padre, también el que me coma vivirá por mí” (Jn 6, 57):

Cuando en las fiestas del Señoríos fieles reciben el


Cuerpo del Hijo, proclaman unos a otros la Buena
Nueva de que se dan las arras de la vida, como cuando
el ángel dijo a María de Magdala: "¡Cristo ha
resucitado!". He aquí que ahora también la vida y la
resurrección son comunicadas a quien recibe a Cristo
(Fanqith, Oficio siriaco de Antioquía, vol. I, Commun, 237
a-b).

Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la


comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La
comunión con la Carne de Cristo resucitado, “vivificada por el Espíritu
Santo y vivificante” (PO 5), conserva, acrecienta y renueva la vida de
gracia recibida en el Bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana
necesita ser alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra
peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dada
como viático.

La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que


recibimos en la comunión es “entregado por nosotros”, y la Sangre que
bebemos es “derramada por muchos para el perdón de los pecados”. Por
eso la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo
tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados: 88

88
Los Ministerios Instituidos

"Cada vez que lo recibimos, anunciamos la muerte del


Señor" (1 Co 11,26). Si anunciamos la muerte del Señor,
anunciamos también el perdón de los pecados. Si cada
vez que su Sangre es derramada, lo es para el perdón de
los pecados, debo recibirle siempre, para que siempre
me perdone los pecados. Yo que peco siempre, debo
tener siempre un remedio (S. Ambrosio, Saer. 4,28).

Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de


fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida
cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los
pecados veniales (cf. Ce. de Trento: DS 1638). Dándose a nosotros,
Cristo reaviva nuestro amor y nos hace capaces de romper los
lazos desordenados con las criaturas y de arraigarnos en Él:

Porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos


conmemoración de su muerte en nuestro sacrificio,
pedimos que venga el Espíritu Santo y nos comunique su
amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor
que impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea
infundido por el Espíritu Santo en nuestros propios
corazones, con objeto de que consideremos al mundo
como crucificado para nosotros, y sepamos vivir
crucificados para el mundo... y, llenos de caridad,
muertos para el pecado vivamos para Dios (S. Fulgencio
de Ruspe, Tab. 28,16-19).

Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos


preserva de futuros pecados mortales. Cuando mas participamos en la
vida de Cristo y más progresamos en su amistad. Tanto más difícil se
nos hará romper con Él por el pecado mortal. La Eucaristía no está
ordenada al perdón de los pecados mortales. Esto es propio del
sacramento de la Reconciliación. Lo propio de la Eucaristía es ser el
sacramento de los que están en plena comunión con la Iglesia.

250
Resonancias Espirituales del Acolitado...

La unidad del Cuerpo místico: La Eucaristía hace la Iglesia. Los que


reciben la Eucaristía se unen más estrechamente a Cristo. Por
ello mismo, Cristo los une a todos los fieles en un solo cuerpo:
la Iglesia. La comunión renueva, fortifica, profundiza esta
incorporación a la Iglesia realizada ya por el Bautismo. En el
Bautismo fuimos llamados a no formar más que un solo cueipo
(cf. 1 Co 12,13). La Eucaristía realiza esta llamada: “El cáliz
de bendición que bendijimos ¿no es acaso comunión con la
Sangre de Cristo?, y el pan que partimos ¿no es comunión con
el Cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y
un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo
pan” (1 Co 10,16-17):

Si vosotros mismos sois Cuerpo y miembros de Cristo,


sois el sacramento que es puesto sobre la mesa del
Señor, y recibís este sacramento vuestro. Respondéis
"Amén" (es decir, "sí", "es verdad") a lo que recibís,
con lo que, respondiendo, lo reafirmáis. Oyes decir "el
Cuerpo del Cristo", y respondes "Amén". Por lo tanto,
sé tú verdadero miembro de Cristo para que tu "Amén"
sea también verdadero (S. Agustín, Sentí. 272).

La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres. Para


recibir en verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por
nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus
hermanos (cf. Mt 25, 40):

Has gustado la Sangre del Señor y no reconoces a tu


hermano. Deshonras esta mesa, no juzgando digno de
compartir tu alimento al que ha sido juzgado digno de
participar en esta mesa. Dios te ha liberado de todos los
pecados y te ha invitado a ella. Y tú, aún así, no te has
hecho más misericordioso (S. Juan Crisóstomo, Horn, in
1 Co 27,4).

251
Los Ministerios instituidos

La Eucaristía y la unidad de los cristianos. Ante la grandeza de este


misterio. S. Agustín exclama: Osacramentumpietatis!
O signum unitatis/ O vinculum caritatis! (“¡Oh sacramento de
piedad, oh signo de unidad, oh vínculo de caridad!”, Evang.Jo.
26,13; cf. SC47). Cuanto más dolorosamente se hacen sentir
las divisiones de la Iglesia que rompen la participación
común en la mesa del Señor, tanto más apremiantes son las
oraciones al Señor para que lleguen los días de la unidad
completa de todos los que creen en Él.

Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la


Iglesia católica celebran la Eucaristía con gran amor. “Estas
Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos, y
sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y
la Eucaristía, con los que se unen aún más con nosotros con
vínculo estrechísimo” (UR 15). Una cierta comunión in sacrisy por
tanto, en la Eucaristía, “no solamente es posible, sino que se
aconseja... en circunstancias oportunas y aprobándolo la
autoridad eclesiástica” (UR 15; cf. CDC 844, 3).

Las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, separadas


de la Iglesia católica, “sobre todo por defecto del sacramento
del Orden, no han conservado la substancia genuina e íntegra
del misterio eucarístico” (UR 22). Por esto, la intercomunión
eucarística con estas comunidades no es posible para la Iglesia
católica. Sin embargo, estas comunidades eclesiales, “al
conmemorar en la Santa Cena la muerte y la resurrección del
Señor, profesan que en la comunión de Cristo se significa la
vida, y esperan su venida gloriosa” (UR 22).

Si, a juicio del ordinario, se presenta una necesidad grave, los


ministros católicos pueden administrar los sacramentos
(Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos) a cristianos que
no están en plena comunión con la Iglesia católica, pero que
piden estos sacramentos con deseo y rectitud: en tal 89

89
Resonancias Espirituales del Acolitado...

caso se precisa que profesan la fe católica respecto a estos


sacramentos y estén bien dispuestos (cf. CDC 844,4).

VII. La Eucaristía pignus futurae gloriae En una antigua


oración, la Iglesia aclama el misterio de la Eucaristía: O
sacrum convivium in quo Christus sumitur. Recolitur memoria passionis
et futurae gloriae nobis pignus datur (“¡Oh
eius: mens impletur gratia
sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida; se
celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia,
y se nos da la prenda de la gloria futura!”). Si la Eucaristía
es el memorial de la Pascua del Señor y si por nuestra
comunión en el altar somos colmados “de gracia y
bendición” (MR, canon romano, 96: Supplices te rogamus), la
eucaristía es también la anticipación de la gloria celestial.

En la última Cena, el Señor mismo atrajo la atención de sus


discípulos hacia el cumplimiento de la Pascua en el reino de
Dios: “Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de
la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en
el Reino de mi Padre” (Mt 26, 29; cf. Le 22,18; Me 14,25).
Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta
promesa y su mirada se dirige hacia “el que viene” (Ap 1,4).
En su oración, implora su venida: Maraña tha (1 Co 16,22),
“Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 20), “que tu gracia venga y que
este mundo pase” (Didaché 10, 6).

La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su


Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin
embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos la
Eucaristía expectantes beatam spem et adventum Salvatoris nostri Jesu
Christi (“Mientras esperamos la gloriosa venida de Nuestro
Salvador Jesucristo”: Embolismo después del
Padrenuestro; cf. Tt 2, 13), pidiendo entrar “en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria; allí 90

90
Los Ministerios Instituidos

enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al


contemplarte como Tú eres, Dios nuestro, seremos para
siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus
alabanzas, por Cristo, Señor Nuestro” (MR, plegaria eucarística
3, 128: oración por los difuntos).
De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra
nueva en los que habitará la justicia (cf. 2 P 3, 13), no tenemos
prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía. En
efecto, cada vez que se celebra este misterio, “se realiza la obra
de nuestra redención” (LG 3) y “partimos un mismo pan que es
remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir
en Jesucristo para siempre” (S. Ignacio de Antioquía, Eph. 20,
2).
5.5 LAS EXIGENCIAS DE LA FORMACIÓN PARA LA
PREPARACIÓN AL MINISTERIO DEL ACÓLITO
Los textos seleccionados quieren insistir sobre las exigencias de
la formación del acólito como futuro ministro de la sagrada
Eucaristía;por eso proponemos siete textos que subrayan tanto
la dimensión doctrinal, espiritual y litúrgica de la formación,
como también las diversas exigencias de la misma en relación
con el sacramento de la Eucaristía:
% 1 El culmen de la oración cristiana es la Eucaristía;
§ 2 La sagralidad de la Eucaristía y el Sacrificio eucarístico;
§ 3 Reconocer siempre en la Eucaristía el “Sacramento del
Sacrificio del Redentor”;
§ 4 El futuro sacerdote debe prepararse a ser también un
“maestro de penitencia ”;
§ 5 La celebración de la Eucaristía nos sitúa ante muchas
exigencias; 91

91
Resonancias Espirituales del Acolitado...

§ 6 La preparación de los seminaristas para el futuro oficio


litúrgico de pastores;
§ 7 La formación espiritual conlleva también buscar a Cristo en
los hombres.

§ 1 El culmen de la oración cristiana es la


Eucaristía
(Juan Pablo n, Exhortación apostólica postsinodal Priores
dabo vobis 48)

El culmen de la oración cristiana es la Eucaristía, que a su vez es


“la cumbre y la fuente” de los Sacramentos y de la Liturgia de las
Horas. Para la formación espiritual de todo cristiano, y en especial
de todo sacerdote, es muy necesaria la educación litúrgica, en el
sentido pleno de una inserción vital en el misterio pascual de
Jesucristo muerto y resucitado, presente y operante en los
sacramentos de la Iglesia. La comunión con Dios, soporte de toda
la vida espiritual, es un don y un fruto de los sacramentos; y al
mismo tiempo es un deber y una responsabilidad que los
sacramentos confían a la libertad del creyente, para que viva esa
comunión en las decisiones, opciones, actitudes y acciones de su
existencia diaria. En este sentido, la “gracia” que hace “nueva” la
vida cristiana es la gracia de Jesucristo muerto y resucitado, que
sigue derramando su Espíritu Santo y santificador en los
sacramentos, igualmente la “ley nueva”, que debe ser guía y
norma de la existencia del cristiano, está escrita por los
sacramentos en el “corazón nuevo”. Y es la ley de caridad para
con Dios y los hermanos, como respuesta y prolongación del amor
de Dios al hombre, significada y comunicada por los sacramentos.
Se entiende el valor de esta participación “plena, consciente y
activa” (SC 14) en las celebraciones sacramentales, gracias al don
y acción de aquella “caridad pastoral” que constituye el alma del
ministerio sacerdotal. 92

92
Los Ministerios Instituidos

Esto se aplica sobre todo a la participación en la Eucaristía,


memorial de la muerte sacrificial de Cristo y de su gloriosa
resurrección, “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de
caridad” (S. Agustín, In Iohannis Evangelium Tractatus 26,
13: loe. cit, 266), banquete pascual en el que “Cristo es nuestra
comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de
gracia y se nos da la prenda de la gloria futura” (Liturgia de las
Horas, antífona al “Magnificat” de las segundas Vísperas en la
Solemnidad del S. Cuerpo y Sangre de Cristo). Ahora bien, los
sacerdotes, por su condición de ministros de las cosas sagradas,
son sobre todo los ministros del Sacrificio de la Misa (cf. PO13):
su papel es totalmente insustituible, porque sin sacerdote no
puede haber sacrificio euca- rístico.

Esto explica la importancia esencial de la Eucaristía para la vida y


el ministerio sacerdotal y, por tanto, para la formación espiritual de
los candidatos al sacerdocio. Con gran sencillez y buscando la
máxima concreción deseo repetir que “es necesario que los
seminaristas participen diariamente en la celebración eucarística, de
forma que luego tomen como regla de su vida sacerdotal la
celebración diaria. Además, han de ser educados a considerar la
celebración eucarística como el momento esencial de su jomada, al que
participarán activamente, sin contentarse nunca con una asistencia
meramente habitual. Fórmese también a los aspirantes al
sacerdocio según aquellas actitudes íntimas que la Eucaristía
fomenta: la gratitud por los bienes recibidos del cielo, ya que la
Eucaristía significa acción de gracias; la actitud donante que los lleve
a unir su entrega personal al ofrecimiento eucarístico de Cristo; la
caridad alimentada por un sacramento que es signo de unidad y de
participación; el deseo de contemplación y adoración ante Cristo
realmente presente bajo las especies eucarísticas” [Angelus (1 julio
1990), 3: L’Osservatore Romano 2-3 julio 1990].

256
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Es necesario y también urgente invitar a redescubrir, en la


formación espiritual, la belleza y la alegría del Sacramento de la
Penitencia. En una cultura en la que, con nuevas y sutiles formas
de autojustificación, se corre el riesgo de perder el “sentido del
pecado” y, en consecuencia, la alegría consoladora del perdón
(cf. Sal 51, 14) y del encuentro con Dios “rico en misericordia”
(Ef 2, 4), urge educar a los futuros presbíteros en la virtud de la
penitencia, alimentada con sabiduría por la Iglesia en sus
celebraciones y en los tiempos del año litúrgico, y que encuentra
su plenitud en el sacramento de la Reconciliación. De aquí
provienen el sentido de ascesis y de la disciplina interior, el espíritu de
sacrificio y de renuncia, la aceptación de la fatiga y déla cruz. Se trata
de elementos de la vida espiritual, que con frecuencia se
presentan particularmente difíciles para muchos candidatos al
sacerdocio, acostumbrados a condiciones de vida de relativa
comodidad y bienestar, y menos propensos y sensibles a estos
elementos a causa de modelos de comportamiento e ideales
presentados por los medios de comunicación social, incluso en
los países donde las condiciones de vida son más pobres y la
situación de los jóvenes mas austera. Por esta razón, pero sobre
todo para poner en práctica -a ejemplo de Cristo Buen Pastor- “la
donación radical de sí mismo” propia del sacerdote, los Padres
sinodales señalan que “es necesario inculcar el sentido de la cruz,
que es el centro del misterio pascual. Gracias a esta identificación
con Cristo crucificado, como siervo, el mundo puede volver a
encontrar el valor de la austeridad, del dolor y también del
martirio, dentro de la actual cultura imbuida de secularismo,
codicia y hedonismo” (Propositio 23). 93

93
80 In Enchiridion-Documentation litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial Regina, 1995,
pp. 312-316.
Los Ministerios Instituidos

§2 La sagralidad de la Eucaristía y el Sacrificio eucarístico


(Juan Pablo n, Carta apostólica Dominicae Cenae80, - febrero
14 de 1980- 8-9)

Sagralidad de la Eucaristía
(n° 8) La celebración de la Eucaristía, comenzado por el
Cenáculo y por el Jueves Santo, tiene una larga historia propia,
larga cuanto la historia de la Iglesia. En el curso de esta historia los
elementos secundarios han sufrido ciertos cambios; no obstante, ha
permanecido inmutable la esencia del Mysterium, instituido por el
Redentor del mundo, durante la última Cena. También el Concilio
Vaticano n ha aportado algunas modificaciones, en virtud de las
cuales la liturgia actual de la Misa se diferencia en cierto sentido de
la conocida antes del Concilio. No pensamos hablar de estas
diferencias; por ahora conviene que nos detengamos en lo que es
esencial e inmutable en la liturgia eucarística.

Y con ese elemento está estrechamente vinculado el carácter de


sacrum de la Eucaristía, esto es, de acción santa y sagrada. Santa y
sagrada, porque en ella está continuamente presente y actúa Cristo,
“el Santo” de Dios (cf. Le 1, 35; Jn 6, 69; Hb 3, 14, Ap 3, 7), “ungido
por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (Hch 10, 38; Le 4, 18), “a
quien el Padre consagró” {Jn 10,36), para dar libremente y recobrar su
vida (cf .Jn 10, 17), “Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza” {Hb 3,1;
4,15; etc.). Es él, en efecto, quien, representado por el celebrante hace
ingreso en el santuario y anuncia su Evangelio. Es él “el oferente y el
ofrecido, el consagrante y el consa- 94

94
81 Como decía la liturgia bizantina del siglo IX, según el códice más antiguo,
antes denominado Barberino di Son Marco (Florencia), y actualmente en la
Biblioteca Apostólica Vaticana, denominado Barberinogreco 336, folio 8
vuelto, líneas 17-20, publicado, por lo que se refiere a esta parte, por F.E.
Brightmann, Liturgies Eastern and Western, I. Eastern Liturgies, Oxford, 1896,
p. 318, líneas 34-35.
Resonancias Espirituales del Acolitado...

grado”81. Acción santa y sagrada, porque es constitutiva de las


especies sagradas, del Sanctasanctis, es decir, de las “cosas santas -
Cristo, el Santo- dadas a los santos”, como cantan todas las
liturgias de Oriente en el momento en que se alza el pan
eucarístico para invitar a los fíeles a la Cena del Señor.

£1 sacrum de la Misa no es, por tanto, una “sagralización”, es


decir, una añadidura del hombre a la acción de Cristo en el
Cenáculo, ya que la Cena del Jueves Santo fue un rito sagrado,
liturgia primaría y constitutiva, con la que Cristo,
comprometiéndose a dar la vida por nosotros, celebró
sacramentalmente, él mismo. El misterio de su Pasión y
Resurrección, corazón de la Misa. Derivando de esta liturgia,
nuestras Misas revisten de por sí una forma litúrgica completa,
que, no obstante esté diversificada según las familias rituales,
permanece substancialmente idéntica. El sacrum de la Misa es una
sagralidad instituida por Cristo. Las palabras y la acción de todo
sacerdote, a las que corresponde la participación consciente y
activa de toda la asamblea eucarística, hacen eco a las del Jueves
Santo.

El sacerdote ofrece el Santo Sacrificio in persona Christi, lo cual


quiere decir más que “en nombre”, o también “en vez” de Cristo.
In persona: es decir, en la identificación específica, sacramental
con el “sumo y eterno Sacerdote” (cf. Oración colecta de la Misa
votiva de la Santísima Eucaristía, B, Missale Romanum, edic. cit., p.
858), que es el Autor y Sujeto principal de este su propio
sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie.
Solamente El, solamente Cristo, podía y puede ser siempre
verdadera y efectiva “víc- 95

95
Los Ministerios Instituidos

tima de propiciación por nuestros pecados..., pero también por los


del mundo entero” (1 Jn 2,2; cf. 4,10). Solamente su sacrificio, y
ningún otro, podía y puede tener “fuerza propiciatoria” ante Dios,
ante la Trinidad, ante su trascendental santidad. La toma de
conciencia de esta realidad arroja una cierta luz sobre el carácter y
sobre el significado del sacerdote- celebrante, que, llevando a efecto
el Santo Sacrificio y obrando in persona Christi, es introducido e
insertado, de modo sacramental (y al mismo tiempo inefable), en este
estrictísimo sacrum, en el que a su vez asocia espiritualmente a todos
los participantes en la asamblea eucarística.

Ese sacrum> actuado en formas litúrgicas diversas, puede prescindir


de algún elemento secundario, pero no puede ser privado de ningún
modo de su sagralidad y sacra- mentalidad esenciales, porque fueron
queridas por Cristo y transmitidas y controladas por la Iglesia. Ese
sacrum no puede tampoco ser instrumentalizado para otros fines. El
misterio eucarístico, desgajado de su propia naturaleza sacrificial y
sacramental, deja simplemente de ser tal. No admite ninguna
imitación “profana”, que se convertiría muy fácilmente (si no incluso
en norma) en una profanación. Esto hay que recordarlo siempre, y
quizá sobre todo en nuestro tiempo, en el que observamos una
tendencia a borrar la distinción entre sacrum y profanum, dada la
difundida tendencia general (al menos en algunos lugares) a la
desagralización de todo.

En tal realidad, la Iglesia tiene el deber particular de asegurar y


corroborar el sacrum de la Eucaristía. En nuestra sociedad pluralista, y
a veces también deliberadamente secularizada, la fe viva de la
comunidad cristiana -fe consciente incluso de los propios derechos
con respecto a todos aquellos que no comparten la misma fe-
garantiza a este sacrum el derecho de ciudadanía. El deber de respetar
la fe de cada uno es al 96

96
Resonancias Espirituales del Acolitado...

mismo tiempo correlativa al derecho natural y civil de la libertad de


conciencia y de religión.

La sagralidad de la Eucaristía ha encontrado y encuentra siempre


expresión en la terminología teológica y litúrgica82. Este sentido de la
sagralidad objetiva del misterio eucarístico es tan constitutivo de la fe
del pueblo de Dios que con ella se ha enriquecido y robustecido83. Los
ministros de la Eucaristía deben, por tanto, sobre todo en nuestros días,
ser iluminados por la plenitud de esta fe viva, y a la luz de ella deben
comprender y cumplir todo lo que forma parte de su ministerio
sacerdotal, por voluntad de Cristo y de su Iglesia.

82 Hablamos del divinum Mysterium, del Sanctissimum o del Saerosanctum, es decir,


del "Sacro" y del "Santo" por excelencia. A su vez, las Iglesias orientales
llaman la Misa raza, esto es, mystérion, hagiasmós, quddasa, qedasse, es decir,
"consagración" por excelencia. Hay además ritos litúrgicos que, para inspirar
el sentido del sagrado, exigen bien sea el silencio, el estar de pie o de
rodillas, bien sea las profesiones de fe, la incensación del Evangelio, del
altar, del celebrante y de las sagradas especies. Es más, tales ritos reclaman
la ayuda de seres angélicos, creados para el servicio del Dios santo, con el
Sanctus de nuestras Iglesias latinas, con el Triságion y el Sancta sanctis de las
liturgias de Oriente.
83 Por ejemplo, en la invitación a comulgar, esta fe ha sido formada para
descubrir aspectos complementarios de la presencia de Cristo santo: el
aspecto epifánico revelado por los bizantinos ("Bendito el que viene en
nombre del Señor: el señor es Dios y se ha aparecido a nosotros": La divina
Liturgia del santo nostro Padre Giovanni Crisostomo, Roma- Grottaferrata 1967,
pp. 136ss); el aspecto reladonal y unitivo, cantado por los armenios (liturgia
de san Ignacio de Antioquía: "Un solo Padre santo con nosotros, un solo Hijo
santo con nosotros, un solo Espíritu santo con nosotrosDie anaphora des Heiligen
Ignatius von Antiochien, traducción de A. Rücker, Oriens Christianus, 3*, ser., 5
(1930), p. 76); el aspecto recóndito y celeste, celebrado por los caldeos y
malabares (cf. Hymnus antiphonarius, cantado entre el sacerdote y la asamblea
después de la comunión: F.E. Brightmann, opus cit., p. 299).

261
Los Ministerios instituidos

Sacrificio eucarístico
(n° 9) La Eucaristía es, por encima de todo, un sacrificio: sacrificio
de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de la Nueva Alianza84, como
creemos y como claramente profesan las Iglesias orientales: “El sacrificio
actual -afirmó hace siglos la Iglesia griega- es como aquel que un día ofreció el
Unigénito Verbo encarnado, es ofrecido (hoy como antes) por él, siendo el
mismo y único sacrificio**85. Por esto, y precisamente haciendo presente este
sacrifico único de nuestra salvación, el hombre y el mundo son restituidos a
Dios por medio de la novedad pascual de la Redención. Esta restitución no
puede faltar: es fundamento de la “alianza nueva y eterna” de Dios con el
hombre y del hombre con Dios. Si llegase a faltar, se debería poner en tela de
juicio bien sea la excelencia del sacrificio de la Redención, que fue perfecta y
definitiva, bien sea el valor sacrificial de la Santa Misa. Por tanto, la Eucaristía,
siendo verdadero sacrificio, ■0* obra esa restitución a Dios.

Se sigue de ahí que el celebrante, en cuanto ministro del sacrificio,


es el auténtico sacerdotey que lleva a cabo -en virtud del poder
específico de la sagrada ordenación- el verdadero acto sacrificial
que lleva de nuevo a los seres a Dios. En cambio, todos aquellos
que participan en la Eucaristía, sin sacrificar como él, ofrecen con
él, en virtud de sacerdocio común, sus propios sacrificios
espirituales, representados por

M Cf. Concilio Vaticano II, Constitución SC 2 y 47; constitución LG 3 y 28;


Decreto UR 2; Decreto PO13; Concilio Tridentino, Sessión XXII, caps. 1-
II: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bolonia, 1973, pp. 732ss;
especialmente: Una eademque est hostia, idem nunc offerens sacerdotum
ministerio, qui se ipsum tunc in cruce obtulit, sola offerendi ratione
diversa (ibid., p. 733).
85 Synodus Constantinopolitana adversas Sotoricum (enero de 1156 y mayo
de 1157); Angelo Mai. Spicilegium romanum, t. X, Roma 1844, p. 77: PG
140,190; cf. Martin Jugie, Dictionnaire de Théologie catholique, t. X,
1338; Teología dogmático christianorum orientalium, Paris, 1930, pp.
317-320.

262
Resonancias Espirituales del Acolitado...

el pan y el vino, desde el momento de su presentación en el


altar. Efectivamente, este acto litúrgico solemnizado por casi
todas las liturgias, “conserva todo su sentido y significado
espiritual” (OGMR 49; cf. PO 5). El pan y el vino se convierten
en cierto sentido en símbolo de todo lo que lleva la asamblea
eucarística, por sí misma, en ofrenda a Dios y que ofrece en
espíritu.

Es importante que este primer momento de la liturgia


eucarística, en sentido estricto, encuentre su expresión en el
comportamiento de los participantes. A esto corresponde la
llamada procesión de las ofrendas, prevista por la reciente
reforma litúrgica (cf. Ordo Missae cum populo 18: Missale
Romanum, edic. cit.., p. 390), y acompañada, según la antigua
tradición, por un salmo o un cántico. Es necesario un cierto
espacio de tiempo, a fin de que todos puedan tomar conciencia
de este acto, expresado contemporáneamente por las palabras
del celebrante.

La conciencia del acto de presentar las ofrendas debería ser


mantenida durante toda la Misa. Más aún, debe ser llevada a
plenitud en el momento de la consagración y de la oblación
anamnética, tal como exige el valor fundamental del momento
del sacrificio. Para demostrar esto ayudan las palabras de la
plegaria eucarística que el sacerdote pronuncia en alta voz.
Parece útil repetir aquí algunas expresiones de la tercera
plegaria eucarística, que manifiestan especialmente el carácter
sacrificial de la Eucaristía y unen el ofrecimiento de nuestras
personas al de Cristo:

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y


reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste
devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu
Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo
espíritu. Que él nos transforme en ofrenda permanente. 97

97
L
Los Ministerios Instituidos

Este valor sacrificial está ya expresado en cada celebración por


las palabras con que el sacerdote concluye la presentación de
los dones al pedir a los fíeles que oren para que “este sacrificio,
mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso”.
Tales palabras tienen un valor de compromiso en cuanto
expresan el carácter de toda la liturgia eucarística y la plenitud
de su contenido tanto divino como eclesial.

Todos los que participan con fe en la Eucaristía se dan cuenta de


que ella es Sacrificium, es decir, una “ofrenda sagrada”. En efecto,
el pan y el vino, presentados en el altar y acompañados por la
devoción y por los sacrificios espirituales de los participantes, son
finalmente consagrados, para que se conviertan verdadera, real y
substancialmente en el Cuerpo entregado y en la Sangre derramada
de Cristo mismo. Así, en virtud de la consagración, las especies
del pan y del vino, “re-presentan” (Concilio Tridentino, Sesión
XXII, cap. I: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bolonia 1973,
pp. 732ss), de modo sacramental e incruento, el Sacrificio cruento
propiciatorio ofrecido por él en la Cruz al Padre por la salvación
del mundo. El solo, en efecto, ofreciéndose como víctima
propiciatoria en un acto de suprema entrega e inmolación, ha
reconciliado a la humanidad con el Padre, únicamente mediante
su sacrificio, “borrando el protocolo que nos condenaba en sus
cláusulas y era contrario a nosotros” (Col 2,14).

A este sacrificio, que es renovado de forma sacramental sobre el


altar, las ofrendas del pan y del vino, unidas a la devoción de los
fieles, dan además una contribución insustituible, ya que,
mediante la consagración sacerdotal, se convierten en las sagradas
Especies. Esto se hace patente en el comportamiento del sacerdote
durante la plegaria eucarística, sobre todo durante la
consagración, y también cuando la celebración del Santo
Sacrificio y la participación en él está acom-

264
Resonancias Espirituales del Acolitado...

panada por la conciencia de que “el Maestro esta ahí y te


llama” (Jn 11, 28). Esta llamada del Señor, dirigida a nosotros
mediante su Sacrificio, abre los corazones, a fin de que
purificados en el misterio de nuestra Redención se unan a El en
la comunión eucarística, que da a la participación en la Misa
un valor maduro, pleno, comprometedor para la existencia
humana:

La Iglesia pretende que los fíeles no sólo ofrezcan la


víctima inmaculada, sino que aprendan a ofrecerse a sí
mismos, y que de día en día perfeccionen, con la
mediación de Cristo, la unidad con Dios y entre sí,
para que, finalmente. Dios lo sea todo para todos
(OGMR 55, f).

Es, por tanto, muy conveniente y necesario que continúe


poniéndose en práctica una nueva e intensa educación, para
descubrir todas las riquezas encerradas en la nueva liturgia. En
efecto, la renovación litúrgica realizada después del Concilio
Vaticano II ha dado al sacrificio eucarístico una mayor
visibilidad. Entre otras cosas, contribuyen a ello las palabras de
la plegaria eucarística recitadas por el celebrante en voz alta y,
en especial, las palabras de la consagración, la aclamación de
la asamblea inmediatamente después de la elevación.

Si todo esto debe llenarnos de gozo, debemos también recordar


que estos cambios exigen una nueva conciencia y madurez espiritual,
tanto por parte del celebrante -sobre todo hoy-, que celebra “de
cara al pueblo”-como por parte de los fieles. El culto
eucarístico madura y crece cuando las palabras de la plegaria
eucarística, y especialmente las de la consagración, son
pronunciadas con gran humildad y sencillez, de manera
comprensible, correcta y digna, como corresponde a su
santidad; cuando este acto esencial de la liturgia eucarística es
realizado sin prisas; cuando nos

265
Los Ministerios Instituidos

compromete a un recogimiento tal y a una devoción tal, que los


participantes advierten la grandeza del misterio que se realiza y
lo manifiestan con su comportamiento.
§ 3 Reconocer siempre en la Eucaristía el
“Sacramento del Sacrificio del Redentor”
(S. Cong. para la Educación Católica, Carta circular sobre
algunos aspectos más urgentes de la formación espiritual en los
seminario^, -enero 6 de 1980-, n° 2)

El sacramento del sacrificio


La oración de la Iglesia alcanza su “culmen” en la Liturgia
eucarística: ésta es, según la Constitución conciliar sobre la
Liturgia (n° 10), “la cumbre y la fuente”. En efecto, la Eucaristía
no es otra cosa que el Sacrificio mismo del Señor, ofrecido y
participado en la comunidad de los bautizados. El providencial
esfuerzo iniciado por San Pío X ha producido generosamente sus
frutos, y el Concilio Vaticano II ha relanzado este esfuerzo. Hace
falta que los futuros sacerdotes sean capaces de explotarlo a
fondo y de mantenerlo orientado. Esto exige hoy una mano
particularmente vigorosa, un sentido teológico sólido y seguro , una
fidelidad absoluta a la disciplina de la Iglesia, una experiencia personal
profunda y mantenida.

La Eucaristía es el “Sacramento del Sacrificio Redentor”. La


teología no ha cesado de explorar este Misterio del que
permanentemente vive la Iglesia. La plenitud de este Misterio es
tal que le cuesta trabajo a la razón humana el sostenerlo: unas
veces se siente tentada de reducirlo para intentar hacerlo entrar
entre los cuadros de nuestra inteligencia, otras, a subrayar un
aspecto con detrimento de los otros, es decir, 98 99

86
CELAM, La Formación sacerdotal (Documentos eclesiales 1965-19S8), Bogotá, 1989,
pp. 361-365.
99
Resonancias Espirituales del Acolitado...

con riesgo de desequilibrar el edificio de le fe. Por eso, en el


Seminario, la doctrina sobre este punto debe ser cuidadosamente
enseñada y recordada sin cesar. Ningún aspecto puede ser
sacrificado a los demás: la enseñanza del Concilio de Trento sobre
la realidad del sacrificio debe ser profesada en toda su firmeza, y
no menos la enseñanza sobre la “presencia real”; el aspecto de
comunión fraterna, por muy profundamente que se comprenda, de
ninguna manera puede perjudicar el aspecto fundamental que es el
Sacrificio de Cristo, fuera del cual el banquete eucarístico pierde su
sentido. No deben ignorarse, pues, las desviaciones que hoy se
producen sobre estos diversos puntos y contra los cuales los
sacerdotes han de ser cuidadosamente prevenidos. Ningún esfuerzo
pastoral que no se apoye en la doctrina puede ser considerado
como beneficio.

La adoración eucarística
Hubiera sido imposible que la fe eucarística no se desarrollara
poco a poco a lo largo de los siglos en un culto que desbordara el
sacrificio litúrgico, dando lugar a la oración, en fervoroso
reconocimiento, a Cristo ofrecido como “hostia” por nosotros y
presente sacramentalmente más allá incluso de la Misa, conservado
en especial para ser “viático” de los moribundos. El continuo
desarrollo del culto de adoración eucarística es una de las más
maravillosas experiencias de la Iglesia: el incomparable
florecimiento de santidad que ha producido, el número de
comunidades enteras expresamente consagradas a esta adoración
están ahí para garantizar la autenticidad de tal inspiración; un
Carlos de Foucauld, sólo en el desierto con la Eucaristía, e
irradiando en la Iglesia a través de sus “Hermanitos” y
“Hermanitas”, es, en nuestro tiempo, un testimonio indiscutible de
ello. Un sacerdote que no participe de este fervor, que no haya
adquirido el gusto de esta adoración, no sólo será incapaz de
transmitirlo 100

100
Los Ministerios Instituidos

y traicionará la Eucaristía misma, sino que cerrará a los


fieles el acceso a un tesoro incomparable.

El sacerdocio
Aquí se inserta la doctrina del sacerdocio. La atención
dispensada a la teología de los ministerios no tendría que
poner en cuestión la doctrina del ministerio sacerdotal feliz
y sólidamente fijada en la Iglesia especialmente por el
Concilio de Trento. Clérigos y laicos tiene en la Iglesia una
misión complementaria: el desarrollo de los ministerios
laicales no altera la especificidad del sacerdocio ministerial.
Lejos de comprometer el sentido y la importancia de la
Palabra de Dios, la función eucarística, al contrario, los
consagra. En la persona del sacerdote se unen
indisolublemente aquellos dos aspectos bajo los cuales se
nos da el alimento de lo alto, aquellos dos aspectos cuya
solidaridad radical pone tan de relieve el discurso de
Cafarnaum, en el capítulo 6 de San Juan. El sacerdote es
instituido para preparar y distribuir bajo estas dos formas
sacramentales -la del signo de la palabra y la del signo del
pan de los hombres- este Pan de eternidad que es Cristo.

También sobre su propio terreno puede el sacerdocio


ministerial tener necesidad de una ayuda. Pero cualesquiera
que sean las ayudas que la Iglesia reconozca como legítimas, e
incluso eventualmente necesarias de parte de los laicos, el
sacerdote no puede ni perder ni, menos aún, enajenar jamás su
responsabilidad esencial: cuando se encomienda la
predicación a un laico, el sacerdote es el responsable de la
poción y de la enseñanza de este colaborador que no puede ser
designado a la ligera; lo mismo se diga cuando el sacerdote
delega la distribución de la Eucaristía. Por eso el Seminario
debe conceder la máxima importancia a los medios que la
Iglesia ha instituido para preparar a los futuros sacerdotes a
tomar conciencia de su cargo y de su singular trascendencia.
Las dos instituciones litúrgicas que llevaban antes el nombre
101

101
Resonancias Espirituales del Acolitado...

de Órdenes Menores, el Lectorado y el Acolitado, no son menos


oportunas ni menos importantes bajo la apariencia más modesta de
hoy. Desconocer su valor, conferirlas por ejemplo de una vez, es ir
contra un bien de primer orden y privarse de un resorte pedagógico
sobrenatural en un terreno importante: reléase si no la emocionante
carta de San Cipriano (cf. Ep. XXXVIII, París, Edición Can. Bayard,
1925, pp. 96-97) llamando al oficio de Lector a un joven cristiano
que se había hecho digno de ello exponiéndose efectivamente al
martirio; San Cipriano presenta este oficio como una preparación
necesaria que hace esperar una responsabilidad más alta, la del
sacerdocio.

La disciplina de la Iglesia
La comprensión de la Eucaristía conduce a comprender y respetar
religiosamente la disciplina de la Iglesia en esta materia. Muchas
veces se plantea hoy la cuestión de la “creatividad”. Esta no puede
entenderse más que en el cuadro de las reglas dadas por la Iglesia.
Las reglas que ordenan la oración han de ser aceptadas en el
mismo espíritu de obediencia que las que conciernen a la fe misma:
en efecto, la lex orandi y la lex credendi, según la fórmula clásica, se
compenetran. Las reglas puestas por la Iglesia están profundamente
ligadas a valores esenciales, que fácilmente pierden de vista los
individuos aún cuando son movidos por un verdadero interés
pastoral. Así ocurre que la fe se desequilibra. Y esto, por otro lado,
crea malestar y produce incluso separaciones dolorosas. En esto la
referencia esencial es el Concilio Vaticano II. Está sobradamente
experimentado que las orientaciones conciliares observadas con
fidelidad no pueden chocar al pueblo cristiano: éste no es rebelde
más que a las fantasías y a los excesos. Por ejemplo, nada más
lejos del Concilio que haber proscrito el latín; al contrario: su
exclusión sistemática es un abuso no menos condenable que la
voluntad sistemática de algunos de mantenerlo exclusivamente. Su
desaparición inmediata y total
■BIBLIOTECA
¿rl Convento éc SUBA 269
Los Ministerios Instituidos

no puede ocurrir sin consecuencias pastorales; solamente de


manera progresiva la “Palabra de Dios” puede asumir, para el
bien en general, el aspecto de la lengua de todos los días, sin
confundirla, por eso, con una “palabra de hombres”, en la
conciencia de los fieles (cf. 1 Tm 2, 13). Para esto es necesario
una educación. Por eso el Seminario debe hacer comprender a
los futuros sacerdotes la gravedad de estos peligros y hacerles
no sólo aceptar, sino amar la obediencia. Hay suficiente
espacio para las iniciativas en el cuadro de las directrices
recibidas.

Cristo Pan de Vida: Palabra y Eucaristía


Los discípulos de Emaús sentían arder el corazón (cf. Le 24,
32) cuando, por el camino, el misterioso viajero les explicaba
la Escritura. Pero sólo pudieron identificarlo al “partir el pan”.
La Iglesia vuelve a andar el mismo camino en cada Misa. Por
el Espíritu Santo, Cristo comenta a los suyos la Escritura para
disponerlos a tomar parte en la Cena preparada con sus
propias manos. La unidad profunda del misterio de la Palabra
divina, -tan generosamente ofrecida en la liturgia-, debe ser,
junto con la Eucaristía, cada vez más profundamente
experimentada por los futuros sacerdotes. A decir verdad, no
son dos “mesas” separadas: la una conduce a la otra, como la
revelación del capítulo 6 de San Juan sube del pan de la
Palabra al pan de la Eucaristía; todo el Evangelio está
orientado hacia esta “Hora” de Cristo por la que él se siente
tan atraído: toda la enseñanza del Señor está hecha para
conducir a la comprensión del Misterio Pascual. En efecto,
para eso había venido; la liturgia de la Palabra prepara al
Sacrificio. En la liturgia de la Palabra previa a la Eucaristía es
donde la Palabra toma todo su sentido; es vivida en plenitud
por el contacto formal con la Eucaristía. Las “celebraciones
de la Palabra” previstas por el Concilio no pueden dejar de
referirse a ella tan explícitamente como sea posible. Ahí es
donde la vida de oración del futuro sacerdote reviste su
significación, todo su valor, realizando todas sus promesas. 102

102
87 Ibidem, pp. 366-369.
Resonancias Espirituales del Acolitado...

Vestidos como sacerdotes


La participación en la Eucaristía ciertamente determina el clima
espiritual de un Seminario. Y ¿por qué no decir que, tal vez, ahí se
redescubriría quizá la necesidad y el sentido del traje sacerdotal,
abandonado un poco a la ligera en perjuicio de la pastoral a la que
pretendía servir?
Varias veces ha llamado la atención el Papa Juan Pablo II sobre la
necesidad que tiene el sacerdote de presentarse ante los hombres
como lo que es: uno de ellos, es verdad, pero marcado con un signo
profundo que le cualifica por la misión que Dios le confía entre los
suyos y para el mundo entero. ¿Cómo negar, pues, la evidencia? A
los ojos de los fieles y en la conciencia misma del sacerdote se
degrada cada vez más en él el sentido de los “sacramentos de la fe”
cuando el sacerdote, habitualmente descuidado en su forma de
vestir o plenamente secularizado, actúa como ministro de la
Penitencia, de la Unción de los enfermos y sobre todo de la
Eucaristía... Muchas veces la transición, al nivel de lo sagrado, no
se hace ni siquiera en lo que se refiere a los vestidos litúrgicos
prescritos. Esta es una pendiente fatal en el sentido de inevitable, y
sobre todo, en el sentido de desastrosa. El Seminario no tiene
derecho a permanecer indiferente ante tales consecuencias. Debe
tener el coraje de hablar, de explicarse, de exigir.
§ 4 El futuro sacerdote debe prepararse a ser
también un “maestro de penitencia”
(S. Cong. para la Educación Católica Carta Circular
sobre algunos aspectos más urgentes de la formación
espiritual en los seminarios87, -enero 6 de 1980-, n° 3)

Al lado de la Eucaristía, hay que reconocer la importancia que


tiene también la Penitencia. Se ha dado este nombre a 103

103
Los Ministerios instituidos

un sacramento, pero evidentemente hay que extenderlo a toda


la vida sacerdotal entendida como esfuerzo por unirse a Cristo
redentor y por participar personal y efectivamente en su Pasión.
Para los demás el sacerdote ha de ser un “maestro de
penitencia” tanto como “maestro de oración”.

Preparación a la Penitencia
El Concilio Vaticano n no ha relegado a la penumbra el
sacramento de la Penitencia. Si éste parece haberse desdibujado
en relación a un pasado creciente es por los abusos.
Las celebraciones penitenciales no tenían como objeto la
eliminación de la Penitencia privada en favor de la penitencia
llamada “general” y falsamente presentada como un retorno a
los orígenes. La Penitencia pública de los primeros siglos
afectaba a un corto número de pecadores, conocidos y puestos a
prueba en un contacto “privado” con el Obispo.
La Penitencia llamada “pública” venía, pues, a introducir I en
lo “público” al penitente cuyo itinerario penitencial ha-
I bia sido privado hasta ese momento. ¿Qué hay de común
! entre este rito antiguo y una absolución arrojada sobre un
! público indeterminado del que no se sabe nada? Es verdad
que la Iglesia admite, en casos de necesidad y bajo ciertas
condiciones, una “absolución colectiva”, pero donde la Penitencia
pública del pasado se reencuentra efectivamente es en la Penitencia
privada, tal como la teología la ha definida hasta nuestros días.
Dicho esto, las celebraciones penitenciales son una felicísima
iniciativa muy a propósito para poner a las conciencias en estado de
presentarse individualmente al sacerdote en el clima espiritual
necesario, poco garantizado en otro tiempo, y en la clara
percepción de la voluntad de Dios y de sus exigencias precisas, lo
cual ha venido faltando quizá durante mucho tiempo. Se
comprende qué educación tan rica debe dar el Seminario a sus
futuros sacerdotes en esta materia, según las indicaciones de la
Instrucción de esta Congregación sobre la formación litúr-

272
Resonancias Espirituales del Acolitado...

gica (n° 35). Mediante un contacto auténtico con la Palabra de


Dios se les debe ayudar a hacerse una idea justa de la estructura
de una conciencia cristiana, ordenada en tomo a la caridad, pero
sin ignorar ninguno de los resortes que deben dar a la caridad su
cuerpo: la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza,
según las expresiones clásicas. Hay que ayudarles al mismo
tiempo a ir haciendo toda esa reflexión e investigación en el
clima de amor de Dios en el que germina una auténtica y serena
contrición.

La Penitencia privada
A partir de todo lo dicho, el contacto personal con el sacerdote se
hace absolutamente natural: la doctrina moral tradicional
encuentra aquí su pleno sentido. Nada puede sustituir esta
entrevista con el sacerdote en la que un entendimiento
clarificado y un corazón contrito solicitan, de aquél a quien
Dios concede el perdonar los pecados, aquella palabra
irreemplazable que el Evangelio nos hace escuchar con tanta
frecuencia y que afecta, directamente, en singular, al pecador
arrepentido: “Tus pecados te son perdonados”. Esto,
acompañado, si es posible y cuando es útil, de un consejo
apropiado. Cuanto más comunitaria haya sido la preparación y
haya permitido a cada uno beneficiarse de la oración de todos,
tanto más personal e incomunicable es el perdón. El Seminario
debe dar el gusto para esta absolución privada, tanto como por
la celebración común cuando ésta pueda hacerse. El sacerdote
que lo haya comprendido será capaz de imponerse la ruda
servidumbre que hizo del Cura de Ars un Santo y de la que Don
Bosco, en un tiempo más próximo al nuestro, ha dado un
magnífico ejemplo.

Directores de almas
En el contexto del sacramento, digna y auténticamente recibido,
la luz del Señor pasa libremente y va mucho más lejos del
simple perdón. Un sacerdote que “confiesa” llega a

273
Los Ministerios Instituidos

ser en muchos casos, a partir de la confesión, un “director de


conciencia**: ayuda a discernir los caminos del Señor.
{Cuantas vocaciones no habrán dejado de descubrirse porque
faltó este contacto sobrenatural único en el que el sacerdote
hubiera podido, por lo menos, suscitar un interrogante! ¿Y no
habrá que atribuir al desdibujamiento de la Penitencia privada
una parte, al menos, de responsabilidad en el impresionante
descenso de las vocaciones religiosas? El Seminario debe saber
que prepara “directores de almas **.

Ascesis y reglamento
El sacramento de la Penitencia no es otra cosa que una
intervención de Dios que viene a terminar un trabajo personal del
que la “celebración** sería una gozosa etapa previa. Dios viene
al encuentro del penitente, que debe ser un cristiano perseverante
en llevar su cruz en el seguimiento de Cristo. Raramente se
pronuncia hoy la palabra ascesisy se la acepta mal. Y sin
embargo, es indispensable a todos, ciertamente teniendo en
cuanta la propia naturaleza y misión. El sacerdote no puede ser
fiel a su carga y a sus compromisos, sobre todo al del celibato, si
no se ha preparado para aceptar, y para imponerse a sí mismo un
día, una verdadera disciplina. El Seminario no siempre ha tenido
la valentía de decirlo, de exigirlo, pero la mencionada disciplina
hace particular relación a un reglamento prudente y sobrio pero
firme, que no excluye una cierta necesaria severidad y que
prepara para saber darse a sí mismo, más tarde, una regla de vida
adaptada. La ausencia de una regla concreta y cumplida es para el
sacerdote fuente de muchísimos males: pérdida de tiempo,
pérdida de la conciencia de su propia misión y de las renuncias
que ésta le impone, vulnerabilidad progresiva a los ataques del
sentimiento... Piénsese en los sacrificios que impone la fidelidad
conyugal: ¿no los había de exigir la fidelidad sacerdotal? Sería
una paradoja. Un sacerdote no puede verlo todo, oírlo todo,
decirlo todo, gustarlo todo...

274
Resonancias Espirituales del Acolitado...

El Seminario debe haberlo hecho capaz» en la libertad


interior» de sacrificio y de una disciplina personal inteligente y
sincera.

Obediencia
No podemos dejar de entretenernos un momento en el
problema de la obediencia. Es necesario que la palabra
obediencia deje de aparecer como palabra prohibida: no se
puede ser discípulo de Cristo renegando de un titulo por el que
expresamente se da gloria a Cristo (cf. Flp 2,8-9). La libertad
personal no sólo no queda comprometida por la obediencia
entendida rectamente sino que encuentra en ella su expresión
más elevada.

Es necesario comprender bien la obediencia. Ciertamente no


puede decir que obedece a Dios quien no obedece a aquellos a
los que Dios ha hecho sus ministros. Pero ni el ejercicio de la
autoridad ni el de la obediencia pueden ser comprendidos ni
aceptados si por ambas partes no se ve en ello expresamente
una obediencia a Dios. En esta materia» tanto el Rector como
el seminarista deben tener los ojos, antes que nada y
constantemente, puestos en la voluntad divina, que se explicita
en el “bien común” del Seminario. Corresponde al Recto
definir claramente este “bien común”, hacerlo ver y
comprender, hacerlo amar, estimular a que todas las iniciativas
y las buenas voluntades se pongan a su servicio, interesar a los
alumnos, mediante un diálogo bien dirigido, en la definición de
este “bien común” en los puntos oscuros, y, en fin, decidir con
autoridad y sin titubeos. Corresponde al futuro sacerdote
prestarse a escuchar y comprender a quien tiene la misión de
dirigir en nombre del Señor; le corresponde también cooperar,
según sus posibilidades, a la realización de ese “bien común”
que, en definitiva, consiste siempre en crear y mantener un
clima en el que el sacerdocio de Cristo sea discernido y
propuesto

275
Los Ministerios Instituidos

a la conciencia de todos, en el que la gracia de Cristo pueda


actuar en cada uno, sin exigir más a quien puede menos ni
menos a quien puede más.

La obediencia siempre será un sacrificio. Debe llegar a ser al


mismo tiempo una alegría, pues es una manera de amar a Dios.
El día de mañana el joven sacerdote tendrá que practicar la
obediencia de muchas maneras. Es necesario que llegue a
comprenderla en Cristo y a amarla. En ese contexto es donde se
puede hacer la experiencia auténtica de una verdadera
comunidad fraterna cristiana, cuyo cimiento consiste
únicamente en la voluntad de cooperar juntos en el Reino de
Dios.

§ 5 La celebración de la Eucaristía nos sitúa ante muchas


exigencias

(Juan Pablo ü. Carta apostólica Dominicae Cenae104 11)

La Mesa del Pan del Señor


La segunda mesa del misterio eucarístico, es decir, la mesa del
pan del Señor, exige también una adecuada reflexión desde el
punto de vista de la renovación litúrgica actual. Es éste un
problema de grandísima importancia, tratándose de un acto
particular de fe viva, más aún, como se atestigua desde los
primeros siglos105, de una manifestación de culto a Cristo, que
en la comunión eucarística se entrega a sí mismo a cada uno de
nosotros, a nuestro corazón, a nuestra conciencia, a nuestros
labios y a nuestra boca, en forma de alimento. Y por eso, en
relación con este problema, es particularmente

104
In Enchiridion-Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial
Regina, 1995, pp. 318-320.
105
Cf. Fr. J. Dölger, Das Segnem der Sinne mit der Eucharistie. Eine altchristliche
Kommunionsitte: Antike und Christentum 3 (1932), pp. 231-244; Dans
Kultvergehen der Donatistin Lucilla von Karthago, Reliquienkuss vor dem Kuss der
Eucharistie, ibid., pp. 245-252.

276
Resonancias Espirituales del Acolitado...

necesaria la vigilancia de la que habla el Evangelio, tanto por


parte de los pastores responsables del culto eucarístico, como por
parte del pueblo de Dios, cuyo “sentido de fe” (cf. Jn 1, 29; Ap 19,
9) deber ser precisamente en esto muy consciente y agudo.

Por esto, deseo confiar también este problema al corazón de cada


uno de vosotros, venerables y queridos hermanos en el
episcopado. Vosotros debéis sobre todo inserirlo en vuestra
solicitud por todas las iglesias, confiadas a vosotros. Os lo pido en
nombre de la unidad que hemos recibido en herencia de los
Apóstoles: la unidad colegial. Esta unidad ha nacido, en cierto
sentido, en la mesa del pan del Señor, el Jueves Santo. Con la
ayuda de vuestros hermanos en el sacerdocio, haced todo lo que
podáis para garantizar la dignidad sagrada del ministerio
eucarístico y el profundo espíritu de la comunión eucarística, que
es un bien peculiar de la Iglesia como pueblo de Dios, y al mismo
tiempo la herencia espiritual transmitida a nosotros por los
Apóstoles, por diversas tradiciones litúrgicas y por tantas
generaciones de fieles, a menudo testigos heroicos de Cristo,
educados en la “escuela de la cruz” (Redención) y de la Eucaristía.
Conviene, pues, recordar que la Eucaristía, como mesa del pan del
Señor, es una continua invitación, como se desprende de la alusión
litiirgica del celebrante en el momento de uÉste es el Cordero de
Dios. Dichosos los invitados a la cena del Señor” (cf .Jn 1, 29; Ap
19, 9), y de la conocida parábola del Evangelio sobre los invitados
al banquete de bodas (cf. Le 14, 16ss). Recordemos que en esta
parábola hay muchos que se excusan de aceptar la invitación por
distintas circunstancias.

Ciertamente también en nuestras comunidades católicas no


faltan aquellos que podrían participar en la comunión
eucarística y no participan, aun no teniendo en su conciencia
impedimento de pecado grave. Esa actitud, que en algunos va
unida a una exagerada severidad, se ha cambiado, a decir 106

106
Los Ministerios Instituidos

verdad, en nuestro tiempo, aunque en algunos sitios se nota aún.


En realidad, más frecuente que en el sentido de la indignidad se
nota una cierta falta de disponibilidad interior - si puede llamarse
así-, falta de “hambre” y de “sed” eucarística, detrás de la que se
esconde también la falta de una adecuada sensibilidad y
compresión de la naturaleza del gran Sacramento del amor.

Sin embargo, en estos últimos años, asistimos a otro fenómeno.


Algunas veces, incluso en casos muy numerosos, todos los
participantes en la asamblea eucarística se acercan a la comunión,
pero entonces, como confirman pastores expertos, no ha habido la
debida preparación por acercarse al sacramento de la penitencia
para purificar la propia conciencia. Esto naturalmente puede
significar que los que se acercan a la mesa del Señor no
encuentren, en su conciencia y según la ley objetiva de Dios, nada
que impida aquel sublime y gozoso acto de su unión sacramental
con Cristo. Pero puede también esconderse aquí, al menos alguna
vez, otra convicción: es decir, el considerar la Misaso/o como un
banquete (cf. OGMR 7-8), en el que separticipa recibiendo el
Cuerpo de Cristo, para manifestar sobre todo la comunión
fraterna. A estos motivos se pueden añadir fácilmente una cierta
consideración humana y un simple “conformismo”.

Este fenómeno exige, por parte nuestra, una vigilante atención y


un análisis teológico y pastoral, guiado por el sentido de una
máxima responsabilidad. No podemos permitir que en la vida de
nuestras comunidades se disipe aquel bien que es la sensibilidad de
la conciencia cristiana, guiada únicamente por el respeto a Cristo
que, recibido en la Eucaristía, debe encontrar en el corazón de cada
uno de nosotros una digna morada. Este problema está
estrechamente relacionado no sólo con la práctica del sacramento
de la penitencia, sino también con el recto sentido de
responsabilidad de cara al depósito de toda la doctrina moral y de
cara a la distinción 107

107
Resonancias Espirituales del Acolitado...

precisa entre bien y mal, la cual viene a ser una continuación,


para cada uno de los participantes en la Eucaristía, base de
correcto juicio de sí mismos en la intimidad de la propia
conciencia. Son bien conocidas las palabras de San Pablo:
“Examínese cada uno a sí mismo” (1 Co 11,28); ese juicio es
condición indispensable para una decisión personal, a fin de
acercarse a la comunión eucarística o bien abstenerse.
La celebración de la Eucaristía nos sitúa ante muchas otras exigencias,
por lo que respeta al ministerio de la mesa eucarística, que se
reñeren, en parte, tanto a los solos sacerdotes y diáconos,
como a todos los que participan en la liturgia eucarística. A
los sacerdotes y a los diáconos es necesario recordar que el
servicio de la mesa del pan del Señor les impone
obligaciones especiales, que se refieren, en primer lugar, al
mismo Cristo presente en la Eucaristía y luego a todos los actuales
y posibles participantes en la Eucaristía. Respecto al primero,
no será quizás superfluo recordar las palabras del Pontifical
que, en el día de la ordenación, el Obispo dirige al nuevo
sacerdote, mientras le entrega en la patena y en el cáliz el pan
y el vino ofrecidos por los fieles y preparados por el diácono:
“Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios.
Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y
conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”
(Pontificóle Romanum, De Ordinatione Diaconi, Presbysteri et Episcopi,
Edición típica, 1968, p. 93). Esta última amonestación hecha
a él por el Obispo debe quedar como una de las normas más
apreciadas en su ministerio eucarístico.
En ella debe inspirarse el sacerdote en su modo de tratar el
pan y el vino, convertidos en Cuerpo y Sangre del Redentor.
Conviene, pues, que todos nosotros, que somos ministros de
la Eucaristía, examinemos con atención nuestras acciones
ante el altar, en especial el modo con que tratamos aquel
alimento y aquella bebida que son el Cuerpo y la Sangre de
108

108
Los Ministerios instituidos

nuestro Dios y Señor en nuestras manos; cómo distribuimos la santa


comunión; cómo hacemos la purificación.

Todas estas acciones tienen su significado. Conviene naturalmente


evitar la escrupulosidad, pero Dios nos guarde de un
comportamiento sin respeto, de una prisa inoportuna, de una
impaciencia escandalosa. Nuestro honor más grande consiste -
además del empeño en la misión evangelizadora- en ejercer ese
misterioso poder sobre el Cuerpo del Redentor, y en nosotros todo
debe estar claramente ordenado a esto. Debemos, además, recordar
siempre que hemos sido sacramen-talmente consagrados para ese
poder, que hemos sido escogidos entre los hombres y “para
representar a los hombres” (Hb 5, 1). Debemos reflexionar sobre
ello especialmente nosotros, sacerdotes (y futuros sacerdotes) de la
Iglesia romana latina, cuyo rito de ordenación añade, en el curso de
los siglos, el uso de ungir las manos del sacerdote.

En algunos países se ha introducido el uso de la comunión en la


mano. Esta práctica ha sido solicitada por algunas Conferencias
Episcopales y ha obtenido la aprobación de la Sede apostólica. Sin
embargo, llegan voces sobre casos de faltas deplorables de respeto a
las especies eucarísticas, faltas que gravan no sólo sobre las
personas culpables de tal comportamiento, sino también sobre los
pastores de la Iglesia que hayan sido menos vigilantes sobre el
comportamiento de los fieles hacia la Eucaristía. Sucede también
que, a veces, no se tiene en cuenta la libre opción y voluntad de los
que, incluso donde ha sido autorizada la distribución de la
comunión en la mano, prefieren atenerse al uso de recibirla en la
boca. Es difícil, pues, en el contexto de esta Carta, no aludir a los
dolorosos fenómenos antes mencionados. Escribiendo esto no
quiero de ninguna manera referirme a las personas que, recibiendo
al Señor Jesús en la mano, lo hacen con espíritu de profunda
reverencia y devoción, en los países donde esta praxis ha sido
autorizada. 109

109
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Conviene, sin embargo, no o)v,dar ci . , Jo^ceraa^^a^¿>«ÍSprd^ j..
P2**ttptesemar a C.ñsto Sacerdoie.- .p»*- eso «« ^
SU n-iWvrtv ’j ^%'cWvtá,^ Wo Kocho
de Cristo. Por eso, es decir, como nümsito, de u Eucaristía,
éstos tienen sobre las sagradas especies \m W. ponsabilidad
primaria, porque es total: ofrecen el pan y el vino, los consagran
y, luego, distribuyen las sagradas especies a los participantes en
la asamblea. Los diáconos pueden solamente llevar al altar las
ofrendas de los fieles y, una vez consagradas por el sacerdote,
distribuirlas. Por eso cuan elocuente, aunque no sea primitivo,
es en nuestra ordenación latina el rito de la unción de las
manos, como si precisamente a estas manos fuera necesaria una
especiA Espíritu Santo.

El tocar las sagradas especies, su distribución con las propias


manos, es un privilegio de los ordenados, que indica una
participación activa en el ministerio de la Eucaristía. Es obvio
que la Iglesia puede conceder esa facultad a personas que no
son ni sacerdotes ni diáconos, como son tanto los acólitos, en
preparación para sus futuras ordenaciones, como otros laicos,
que la han recibido por una justa necesidad, pero siempre
después de una adecuada preparación.

§ 6 La preparación de los seminaristas para el futuro oficio


litúrgico de pastores
(S. Cong. para la Educación Católica, Instrucción In
ecclesiasticam futuroruníw, -junio 3 de 1979-. 20-27)
Ha de proveerse diligentemente para que los alumnos se
preparen al futuro oficio de pastores y de presidentes de la

90 CELAM, La Formación sacerdotal (Documentos eclesiales 1965-1988), Bogotá,


1989, pp. 260-263.

281
Los Ministerios Instituidos

asamblea litúrgica con el aprendizaje de todo aquello que se


relaciona con la digna celebración de la liturgia,
especialmente de la Santa Misa (cf. EM 20). En esto hay que
evitar una doble deformación, a saber:

1. No consideren y realicen los alumnos la celebración


litúrgica como un mero ejercicio de aprendizaje de su futuro
ministerio pastoral, siendo así que ya desde ahora deben
tomar parte en el misterio litúrgico, según su actual
condición de manera plena, consciente y devota;

2. No escojan únicamente los textos litúrgicos que


consideren aptos para los fieles que un día van a ser
confiados a sus cuidados pastorales, sino que, por el
contrario, aprendan a descubrir todas las riquezas de la
oración de la Iglesia de tal modo que, imbuidos de ellas,
puedan luego comunicarlas a sus fieles.

Procuren los alumnos poner en práctica cuanto han


experimentado y aprendido en el Seminario, con oportunos
ejercicios pastorales. El tiempo más apto para esta iniciación
próxima al oficio litúrgico, y principalmente para el
aprendizaje de las diversas funciones a realizar en las
celebraciones parroquiales, lo ofrecen algunas ocasiones
oportunas durante el ano escolar; pero sobre todo lo brindan
las vacaciones y, más tarde, tratándose ya de una
preparación más intensa, el período final del curso teológico,
cuando los futuros sacerdotes, ordinariamente ya diáconos,
cuentan con más amplias facultades para el ministerio
litúrgico. Ahora bien, para que esta iniciación responda de
veras a su finalidad y sirva a la preparación de los alumnos,
es necesario que sea dirigida y moderada por los profesores
del Seminario o por los encargados diocesanos para la
liturgia (cf. RF 94, 97-99). 110

110
Resonancias Espirituales del Acolitado...

La Misa y el culto eucarístico


£1 sacrificio eucarístico debe ser considerado por los
alumnos como la verdadera fuente y el culmen de toda la
vida cristiana; en él participan de la caridad de Cristo,
tomando de esta abundantísima fuente la sobrenatural
fuerza para la vida espiritual y el trabajo apostólico (cf. LG
11; PC 6; RF 52; RH 21). Convendrá explicar frecuentemente
estas verdades, según las circunstancias, en la homilía del
celebrante; por lo demás, es necesario infundir con empeño a
los alumnos este aprecio de la Misa y del Santísimo
Sacramento, aprecio que probablemente antes de entrar en
el Seminario aún no habían alcanzado. Hay que inculcar en
ellos la convicción, ya que son futuros presbíteros, de que los
sacerdotes ejercen su principal oficio en el sacrificio
eucarístico, en el cual se realiza continuamente la obra de
nuestra redención; así, mientras se unen a la acción de
Cristo sacerdote, se ofrecen cada día enteramente a Dios (cf.
PO 13).

Es, por tanto, sumamente necesario que la celebración eu-


carística diaria, que se completa con la comunión
sacramental, recibida con plena libertad dignamente, sea el
centro de toda la vida del Seminario, y en la cual los alumnos
participan con devoción (cf. RF 52).
Aparte de la excepción de que se habla en el n° 14, la Misa
debe ser celebrada por toda la comunidad del Seminario, en
la que cada uno participa según su condición. Por eso, los
sacerdotes que viven en el Seminario y que no están
obligados por oficio pastoral a celebrar en otra parte, será
bueno que concelebren la Misa de la comunidad, mientras
que los diáconos, los acólitos y los lectores ejercitarán los
respectivos oficios.
Es deseable que se canten siempre algunas partes de la
Misa. 111

111
Los Ministerios Instituidos

La comunión bajo las dos especies, que, desde la


perspectiva del signo, presenta una forma más plena (cf.
EM 59), es recomendable en el Seminario, según las
normas de la Instrucción General del Misal Romano y
de los decretos de los obispos.

Durante el período de las vacaciones, los alumnos


manifiestan madurez y amor a la vocación, asistiendo
asidua y constantemente a la Santa Misa en los días
feriales.

Frente a algunas costumbres que se han introducido por


diversas partes en nuestros días, adviértanse a los
futuros sacerdotes que la Iglesia recomienda vivamente a
los sacerdotes la celebración diaria de la Santa Misa,
como acto ofrecido por Cristo y por la Iglesia para la
salvación de todo el mundo, aún cuando no estén a ello
obligados por deberes pastorales o no participe ningún
fiel (cf. PO 13).

Desde la participación en la Santa Misa con piedad y


espíritu de fe, los alumnos sean guiados a una más sentida
devoción hacia la Santísima Eucaristía, conforme a las
indicaciones de la encíclica Mysterium fidei y de la
instrucción Eucha- risticum mysterium. Exhórteseles, por
tanto, a permanecer en oración durante un cierto espacio de
tiempo después de la comunión, y a visitar durante el día la
capilla del Seminario para orar ante el Santísimo
Sacramento. En determinados días del año se puede hacer
una exposición del Santísimo Sacramento, según las normas
establecidas por la misma Instrucción (cf. nn. 62-66). Y las
determinadas por el Ordinario del lugar.

En la capilla del Seminario, el sagrario donde se conserva


la Santísima Eucaristía debe ser colocado de tal forma que
se facilite la oración privada y resulte accesible a los
alumnos para que puedan honrar asiduamente al Señor
también con culto privado (cf. EM 53). 112

112
Resonancias Espirituales del Acolitado...

§ 7 La formación espiritual conlleva también


buscar a Cristo en los hombres
(Juan Pablo Q, Exhortación apostólica postsinodal
Pastores dabo vobis 49)

La formación espiritual comporta también buscar a Cristo


en los hombres. En efecto, la vida espiritual, es vida
interior, vida de intimidad con Dios, vida de oración y
contemplación. Pero del encuentro con Dios y con su
amor de Padre de todos, nace precisamente la exigencia
indeclinable del encuentro con el prójimo, de la propia
entrega a los demás, en el servicio humilde y
desinteresado que Jesús ha propuesto a todos como
programa de vida en el lavatorio de los pies a los
Apóstoles: wOs he dado el ejemplo, para que también
vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,
15).

La formación de la propia entrega generosa y gratuita,


favorecida también por la vida comunitaria seguida en la
preparación al sacerdocio, representa una condición
irrenunciable para quien está llamado a hacerse epifanía
y transparencia del Buen Pastor que da la vida (cf. Jn 10,
11. 15). Bajo este aspecto la formación espiritual tiene y
debe desarrollar su dimensión pastoral y caritativa
intrínseca, y puede servirse útilmente de una justa -
profunda y tierna, a la vez- devoción al Corazón de
Cristo, como han indicado los Padres del Sínodo:
“Formar a los futuros sacerdotes en la espiritualidad del
Corazón del Señor supone llevar una vida que
corresponda al amor y al afecto de Cristo Sacerdote y
Buen Pastor: a su amor al Padre en el Espíritu Santo, a su
amor a los hombres hasta inmolarse entregando la vida”
{Proposito 23).

Por tanto, el sacerdote es el hombre de la caridad, y está


llamado a educar a los demás en la imitación de Cristo y
en el mandamiento nuevo del amor fraterno (cf. Jn 15,
12). 113

113
Los Ministerios Instituidos

Pero esto exige que él mismo se deje educar continuamente por


el Espíritu en la caridad del Señor. En este sentido, la
preparación al sacerdocio tiene que incluir una seria formación
de la caridad, en particular del amor preferencial por los
“pobres”, en los cuales, mediante la fe, descubre la presencia de
Jesús (cf. Mt 25, 40) y al amor misericordioso por los pecadores.

En la perspectiva de la caridad, que consiste en el don de sí


mismo por amor, encuentra su lugar en la formación espiritual
del futuro sacerdote la educación de la obediencia, del celibato y de la
pobreza (Propositio 23). En este sentido invitaba el Concilio:

Entiendan con toda claridad los alumnos que su


destino no es el mando ni son los honores, sino la
entrega total al servicio de Dios y al ministerio
pastoral. Con singular cuidado edúqueseles en la
obediencia sacerdotal, en el tenor de vida pobre y en el
espíritu de la propia abnegación, de suerte que se
habitúen a renunciar con prontitud a las cosas que, aún
siendo lícitas, no convienen, y a asemejarse a Cristo
crucificado (OT 9). 114

114
Apéndice II

Documentos del Magisterio de la Iglesia acerca de los Ministerios


Instituidos del Lectorado y del Acolitado

Textos Litúrgicos para el Rito de la Institución del Lector


y Acólito

Formularios de Petición y de Respuesta para los Ministerios del


Lectorado y del Acolitado

Cuestionario sobre los Ministerios del Lectorado y


Acolitado
§1
DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO
DE LA IGLESIA ACERCA DE LOS
MINISTERIOS INSTITUIDOS DEL
LECTORADO Y DEL ACOLITADO

1. CARTA APOSTÓLICA MINISTERS QUAEDAM",


EN FORMA DE MOTU PROPRIO, POR LA QUE SE
REFORMA EN LA IGLESIA LATINA LA
DISCIPLINA RELATIVA A LAS ÓRDENES
MENORES Y AL SUBDIACONADO (Papa Pablo VI,
del 15 de agosto de 1972)

La Iglesia instituyó ya en tiempos antiquísimos algunos


ministerios para dar debidamente a Dios el culto sagrado y para
el servicio del Pueblo de Dios, según sus necesidades; con ellos
se encomiendaba a los fíeles, para que las ejercieran, funciones
litúrgicas y de caridad, en conformidad con las diversas
circunstancias. Estos ministerios se conferían muchas veces con
un rito especial mediante el cual el fiel, una vez obtenida la
bendición de Dios, quedaba constituido dentro de una clase o
grado para desempeñar una determinada función eclesiástica.

Algunos de entre estos ministerios, más estrechamente vin-


culados con las acciones litúrgicas, fueron considerados poco
a poco instituciones previas a la recepción de las Órdenes

91
Cf. El texto, en lengua castellana, In Enchiridion-Documentadón litúrgica
posconciliar, Barcelona, Editorial Regina, 1995, pp. 974-977.

289
Los Ministerios Instituidos

sagradas; tanto es así que el Ostiariado, Lectorado, Exor- cistado y


Acolitado recibieron en la Iglesia Latina el nombre de órdenes
menores con relación al Subdiaconado, Diaconado y Presbiterado,
que fueron llamadas órdenes mayores y reservadas generalmente,
aunque no en todas partes, a quienes por ellas se acercaban al
Sacerdocio.

Pero como las ordenes menores no han sido siempre las mismas y
muchas de las funciones anejas a ellas, igual que ocurre ahora, las
han ejercido en realidad también los seglares, parece oportuno
revisar esta práctica y acomodarla a las necesidades actuales, con
objeto de suprimir lo que en tales ministerios resulta ya inusitado;
mantener lo que es todavía útil; introducir lo que sea necesario; y
asimismo establecer lo que se debe exigir a los candidatos a la
Orden sagrada.

Durante la preparación del Concilio Vaticano II, no pocos


Pastores de la Iglesia pidieron la revisión de las órdenes menores
y del Subdiaconado. El Concilio sin embargo, aunque no
estableció nada sobre esto para la Iglesia Latina, enunció algunos
principios que abrieron el camino para esclarecer la cuestión, y no
hay duda de que las normas conciliares para una renovación
general y ordenada de la liturgia (cf. SC 21 y 62) abarcan también
lo que se refiere a los ministerios dentro de la asamblea litúrgica,
de manera que, por la misma estructura de la celebración, aparece
la Iglesia constituida en sus diversos Órdenes y ministerios (cf.
OGMR 58). De ahí que el Concilio Vaticano II estableciese que “en
las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o simple fiel, al
desempeñar su oficio hará todo y sólo aquello que le corresponde
por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” (cf. SC 28).

Con esta proposición se relaciona estrechamente lo que se lee


poco antes en la misma Constitución:
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

La Santa Madre Iglesia desea ardientemente que se lleve


a todos los fieles a aquella participación plena,
consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que
exige la naturaleza de la liturgia misma, y a la cual tiene
derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo
cristiano, "linaje escogido, sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido" (1 P 2, 9; cf. 2, 4-5). Al reformar y
fomentar la sagrada liturgia hay que tener muy en cuenta
esta plena y activa participación de todo el pueblo,
porque es la fuente primaria y necesaria en la que han de
beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano y,
por lo mismo, los pastores de almas deben aspirar a ella
con diligencia en toda su actuación pastoral por medio de
una educación adecuada (cf. SC 14).

Entre los oficios particulares que hay que conservar y adaptar a las
necesidades actuales se encuentran aquellos elementos que se
relacionan más estrechamente con los ministerios de la Palabra y del
Altar, llamados en la Iglesia latina Lectorado, Acolitado y
Subdiaconado; y es conveniente conservarlos y acomodarlos, de
modo que en lo sucesivo haya dos ministerios, a saber: el del Lector
y el del Acólito, que abarcan también las funciones correspondientes
al Subdiácono.

Además de los ministerios comunes a toda la Iglesia Latina, nada


impide que las Conferencias Episcopales pidan a la Sede Apostólica
la Institución de otros que, por razones particulares, crean
necesarios o muy útiles en la propia región. Entre éstos están, por
ejemplo, el oficio de Ostiario, de Exorcista y de Catequista (cf. AG
15 y 17), y otros que se confíen a quienes se ocupan de las obras de
caridad, cuando esta función no esté encomendada a los diáconos.

Está más en consonancia con la realidad y con la mentalidad actual


el que estos ministerios no se llamen ya órdenes me-

291
Los Ministerios Instituidos

ñores; que su misma colación no se llame “ordenación” sino


“institución”; y además que sean propiamente clérigos, y
tenidos como tales, solamente los que han recibido el
Diaconado. Así aparecerá también mejor la diferencia entre
clérigos y seglares, entre lo que es propio y está reservado a
los clérigos y lo que puede confiarse a los seglares cristianos;
de este modo se verá más claramente la relación mutua, en
virtud de la cual el “sacerdocio común de los fieles y el
sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque difieren
esencialmente y no sólo en grado, sin embargo, se ordenan el
uno al otro, y cada uno participa de forma peculiar del único
sacerdocio de Cristo” (cf. LG 10).

Por tanto, después de madura reflexión, pedido el parecer de


los peritos, consultadas las Conferencias Episcopales y
teniendo en cuenta sus pareceres y, asimismo, después de
haber deliberado con nuestros venerables hermanos que son
miembros de las sagradas Congregaciones competentes, con
nuestra Autoridad Apostólica establecemos las siguientes
normas, derogando, si es necesario y en cuanto lo sea, las
prescripciones del Código de Derecho Canónico hasta ahora
vigente, y las promulgamos con esta Carta.

I. En adelante no se confiere ya la primera Tonsura. La


incorporación al estado clerical queda vinculada al
Diaconado.

II. Las que hasta ahora se conocían con el nombre de


“Órdenes menores”, se llamarán en adelante “Ministerios”.

ELLOS ministerios pueden ser confiados a seglares, de modo


que no se consideren como algo reservado a los candidatos al
sacramento del Orden.

IV. Los ministerios que deben ser mantenidos en toda la


Iglesia Latina, adaptándolos a las necesidades actuales, son

292
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

dos, a saber: el del Lector y el del Acólito. Las funciones


desempeñadas hasta ahora por el Subdiácono, quedan confiadas al
Lector y al Acólito; deja de existir por tanto en la Iglesia latina el
Orden mayor del Subdiaconado. No obsta sin embargo el que, en
algunos sitios, a juicio de las Conferencias Episcopales, el Acólito
pueda ser llamado también Subdiácono.

V. El Lector queda instituido para la función, que le es propia, de


leer la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica. Por lo cual
proclamará las lecturas de la Sagrada Escritura, pero no el Evangelio,
en la Misa y en las demás celebraciones sagradas; faltando el
salmista, recitará el Salmo interleccional; proclamará las intenciones
de la Oración Universal de los fieles, cuando no haya a disposición
diácono o cantor; dirigirá el canto y la participación del pueblo fiel;
instruirá a los fieles para recibir dignamente los Sacramentos.
También podrá, cuando sea necesario, encargarse de la preparación
de otros fieles a quienes se encomiende temporalmente la lectura de
la Sagrada Escritura en los actos litúrgicos. Para realizar mejor y más
perfectamente estas funciones, medite con asiduidad la Sagrada
Escritura.

El Lector, consciente de la responsabilidad adquirida, procure con


todo empeño y ponga los medios aptos para conseguir cada día
más plenamente el suave y vivo amor (cf. SC 24; dz> 25), así como
el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más
perfecto discípulo del Señor.

VI. El Acólito queda instituido para ayudar al diácono y prestar


su servicio al sacerdote. Es propio de él cuidar el servicio del
Altar, asistir al diácono y al sacerdote en las funciones litúrgicas,
principalmente en la celebración de la Misa; además distribuir,
como ministro extraordinario, la Sagrada Comunión cuando faltan
los ministros de que habla el can. 845 (1917) del CDCo están
imposibilitados por enfermedad,

293
Los Ministerios Instituidos

avanzada edad o ministerio pastoral, o también cuando el


número de fieles que se acerca a la Sagrada Mesa es tan
elevado que se alargaría demasiado la Misa. En las mismas
circunstancias especiales se le podrá encargar que exponga
públicamente a la adoración de los fíeles el Sacramento de la
Sagrada Eucaristía y hacer después la reserva; pero no que
bendiga al pueblo. Podra también -cuando sea necesario-
cuidar de la instrucción de los demás fíeles, que por encargo
temporal ayudan al sacerdote o diácono en los actos litúrgicos
llevando el misal, la cruz, las velas, etc., o realizando otras
funciones semejantes. Todas estas funciones las ejercerá más
dignamente participando con piedad cada día más ardiente en
la Sagrada Eucaristía, alimentándose de ella y adquiriendo un
más profundo conocimiento de la misma.
El Acólito, destinado de modo particular al servicio del
Altar, aprenda todo aquello que pertenece al culto público
divino y trate de captar su sentido íntimo y espiritual; de
forma que se ofrezca diariamente a sí mismo a Dios, siendo
para todos un ejemplo de seriedad y devoción en el templo
sagrado y además, con sincero amor, se sienta cercano al
Cuerpo Místico de Cristo o Pueblo de Dios, especialmente a los
necesitados y enfermos.
VH. La Institución del Lector y del Acólito, según la
venerable tradición de la Iglesia, se reserva a los varones.
Vm. Para que alguien pueda ser admitido a estos ministerios
se requiere:
a) Petición libremente escrita y firmada por el aspirante, que
ha de ser presentada al Ordinario (al Obispo y, en los
Institutos clericales de perfección, al Superior Mayor) a quien
corresponde la aceptación.

294
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

b) Edad conveniente y dotes peculiares, que deben ser


determinadas por la Conferencia Episcopal.
c) Firme voluntad de servir fielmente a Dios y al pueblo
cristiano.
IX. Los ministerios son conferidos por el Ordinario (el
Obispo y, en los Institutos clericales de perfección, el Superior
mayor) mediante el rito litúrgico De Institutione Lecto- ris y De
Institutione Acolythi> aprobado por la Sede Apostólica.

X. Deben observarse los intersticios, determinados por la


Santa Sede o las Conferencias Episcopales, entre la colación
del ministerio del Lectorado y del Acolitado, cuando a las
mismas personas se confiere más de un ministerio.
XI. Los candidatos al Diaconado y al Sacerdocio deben
recibir, si no los recibieron ya, los ministerios de Lector y
Acólito y ejercerlos por un tiempo conveniente para
prepararse mejor a los futuros servicios de la Palabra y del
Altar. Para los mismos candidatos, la dispensa de recibir los
ministerios queda reservada a la Santa Sede.
XII. La colación de los ministerios no da derecho a que sea
dada una sustentación o remuneración por parte de la Iglesia.
Xm. El rito de la Institución del Lector y del Acólito será
publicado próximamente por el Dicasterio competente de la
Curia Romana.
Estas normas comienzan a ser válidas a partir del dia
primero de Enero de 1973.

295
Los Ministerios Instituidos

Mandamos que todo cuanto hemos decretado con la presente Carta,


en forma de Motu Proprio, tenga plena validez y eficacia, no obstante
cualquier disposición en contrario.

Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 15 de agosto, en la


solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, del
año 1972, décimo de nuestro Pontificado.

Pablo RP. VI
2. INSTRUCCIÓN EUCHARISTICUM
MYSTERIUM“ SOBRE EL CULTO DEL
MISTERIO EUCARÍSTICO
(Sagrada Congregación de Ritos y el Concilium, del 25 de mayo
de1967)
PROEMIO
1. Los últimos documentos eclesiásticos sobre el
misterio eucarístico
El misterio eucarístico es sin duda el centro de la liturgia sagrada y,
más aún, de toda la vida cristiana. Por eso la Iglesia, iluminada por
el Espíritu Santo, trata de penetrarlo cada día y de vivir de él mas
intensamente.

Actualmente el Concilio Vaticano n ha expuesto diversos aspectos


importantes de este misterio.

En la Constitución sobre la sagrada liturgia, después de recordar


algunos puntos sobre la naturaleza e importancia de la Eucaristía
(cf. SC 2, 42 y 47), ha fijado las normas para la revisión de los ritos
del Santo Sacrificio de la Misa, con el

92 No presentamos toda la Instrucción Eucharisticum Mysterium, porque gran


parte de la misma está citada en el capítulo de la "Preparación de las funciones
del acólito"; cf. In Enchiridion-Documentación litúrgica posconciliar,
Barcelona, Editorial Regina, 1995, pp. 155-183.

296
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

fin de que la celebración de este misterio ayude a la participación


activa y plena de los fíeles (cf. SC 48-54 y 56); ha extendido además el
uso de la concelebración y de la comunión bajo las dos especies (cf.
SC 55 y 57).

En su Constitución sobre la Iglesia ha expuesto la estrecha unión


entre la Eucaristía y el misterio de la Iglesia (cf. LG 3, 7, 11, 26, 28 y
50). Y en otros documentos ha llamado la atención sobre la
importancia del misterio eucarístico en la vida de los fieles (cf. UR 2 y
15; CD 15 y 30; PO 2, 5-8,13-14 y 18), y su fuerza para iluminar el
sentido de la actividad humana y de toda la creación, por cuanto en él
“los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, se
transforman en el Cuerpo y Sangre gloriosos** (GS 38).

El Papa Pío XII, sobre todo en su Encíclica Mediator Dei, había


preparado el camino a estas numerosas enseñanzas del Concilio. Y el
Sumo Pontífice Pablo VI, en la Encíclica Mysterium fidei> ha recordado
la importancia de algunos puntos de la doctrina eucarística, en
particular el de la presencia real de Cristo y el culto debido a este
Sacramento, incluso fuera de la misa.

2. Necesidad de considerar conjuntamente toda la


doctrina de estos documentos
Por todo lo cual, en estos últimos tiempos, en muchas partes de la
Iglesia se reflexiona con mayor dedicación sobre algunos aspectos de
la doctrina tradicional acerca de este misterio y se proponen con nuevo
entusiasmo a la piedad de los fieles con la colaboración de múltiples
trabajos e iniciativas, sobre todo en el campo de la liturgia y de la
Biblia.

Se impone, por tanto, deducir del conjunta de la doctrina de estos


documentos normas prácticas que orienten la conducta del pueblo
cristiano con relación la misterio

297
Los Ministerios Instituidos

eucarístico en orden a conseguir aquella comprensión y santidad


que el Concilio ha propuesto a la Iglesia. Conviene, en efecto, que
el misterio eucarístico, considerado en su totalidad bajo sus
diversos aspectos, brille ante los fieles con el esplendor debido, y
que se fomente en la vida y en el espíritu de los fíeles la relación
que, según la doctrina de la Iglesia, existe objetivamente entre los
aspectos de este misterio. (...).

3. Sentido general de esta instrucción


Por esto el sumo Pontífice Pablo VI ha encomendado al
Concilium para la aplicación de la Constitución sobre la liturgia la
preparación de una Instrucción especial en que se promulguen las
normas prácticas más útiles en las presentes circunstancias.

Conviene, sin embargo, que estas normas se orienten sobre todo a


que no sólo se tengan a mano los principios más generales que hay
que enseñar al pueblo en la catequesis del misterio eucarístico, sino
que también sean más inteligibles los signos por los que se celebra la
Eucaristía como memorial del Señor y se venera en la Iglesia como
Sacramento permanente.

Porque, aunque en este misterio se encuentra el hecho excelso y


único de que el Autor mismo de la santidad está presente en él, sin
embargo, tiene de común con los demás sacramentos el ser símbolo de
una cosa sagrada y forma visible de la gracia invisible [cf. Concilio
Tridentino, Sesión xni, Decretum de Eucharistia, cap. 3: Denz. 876
(1639); cf. también Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, m, q.
60, a. 1]. De donde con tanta más seguridad y eficacia penetrará en el
espíritu y en la vida de los fieles, cuanto más aptos y claros sean los
signos con que se celebra y venera (cf. SC 33 y 39). (...).

298
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

3. INSTRUCCIÓN FIDEI CUSTOSn, SOBRE LOS


MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA COMUNIÓN
(Sagrada Congregación para la Disciplina de los
Sacramentos, del 30 de abril de 1969)

Custodio de la fe, cuyo depósito conserva inviolado a través de


las edades, la Iglesia modifica con prudencia y magnanimidad las
leyes canónicas por ella misma promulgadas en el decurso de los
siglos y celosamente conservadas, cuando así lo piden especiales
circunstancias o necesidades nuevas. Siendo la salvación de las
almas el fin de la Iglesia, las disposiciones canónicas deben
responder a este fin, de modo que, según las exigencias de cada
tiempo, éstas sean en realidad eficaces y sirvan para orientar
rectamente la actividad de la Iglesia.

En nuestros días, cuando tan rápidamente cambian las


condiciones de la vida humana, la Iglesia, entre otras cosas, no
puede dejar de advertir las preocupaciones y dificultades en las
que ella misma se encuentra a causa del reducido número de
ministros sagrados, especialmente en algunas regiones, al paso
que aumentan las necesidades del cuidado de las almas y las
ocupaciones y exigencias del ministerio pastoral.

Por estos motivos, el Santo Padre Pablo VI, en su solicitud


pastoral, ha creído conveniente corresponder a los deseos de los
fieles derogando con prudencia el derecho hasta ahora vigente,
de modo que además de los ministros de lo que se hable en el
canon 845 (CDC1917), y en atención a los apremios del
momento presente, sean constituidos otros ministros
extraordinarios que puedan administrar, a sí mismos y a los
demás, la sagrada comunión.

93
Cf. In Enchiridion-Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial
Regina, 1995, pp. 262-263.

299
Los Ministerios Instituidos

Para que esto pueda ser llevado a la práctica de modo más


conveniente, con la autoridad del Sumo Pontífice, se establecen las
siguientes normas acerca de la administración de la sagrada
comunión según el rito latino:

1. Los Obispos residenciales, los coadjutores con plenos derechos


y deberes episcopales, los abades de régimen, los prelados
ordinarios de lugar, los vicarios capitulares, los administradores
apostólicos, los vicarios y prefectos apostólicos, aun los que no
posean el carácter episcopal -todos los cuales vienen denominados
en este Decreto con el nombre de “pastores”-, podrán acudir a las
Sagradas Congregaciones para la Disciplina de los Sacramentos y
para la Evange- lización de los pueblos o Propaganda Fide, según
las respectivas esferas de competencia, a fin de obtener la facultad
de permitir que determinadas personas idóneas puedan administrar
la sagrada comunión a sí mismas y a los demás fieles:

a) Cuando falte el ministro del que se habla en el canon 845 del


Código de Derecho Canónico.

b) Cuando el mismo no pueda administrar la santa comunión, por


razón de enfermedad, de avanzada edad o de ocupaciones pastorales.

c) Cuando el número de los fieles que se acercan a la sagrada


comunión sea tan grande que la celebración de la misa haya de
alargarse excesivamente.

2. Los mencionados pastores podrán delegar la facultad recibida, a


los Obispos auxiliares, a los vicarios generales, a los vicarios
episcopales y delegados.

3. La designación de la persona idónea, en conformidad con el


número 1, se hará con arreglo al orden siguiente: subdiácono, clérigo
de órdenes menores, tonsurado, religioso, lai-

300
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

co, religiosa, catequista (a no ser que, según juicio prudente del


pastor, el catequista deba ser preferido a la religiosa) y simple fiel,
varón y mujer.

4. Más en particular:

a) En los oratorios de las comunidades religiosas de uno u de otro


sexo los indicados pastores pueden obtener la facultad de permitir que,
en las convenientes cautelas, el superior carente de orden sacro, o la
superiora, o sus sustitutos, puedan distribuir el pan eucarístico a sí
mismos, a los miembros de la comunidad, a los fieles presentes, y
llevarlo a los enfermos que están en casa.

b) En los orfanatos, colegios e institutos, tomados en sentido amplio


de la palabra, dirigidos por religiosos o religiosas, los mismos pastores
(cf. n° 1) pueden obtener la facultad de que el superior o rector carente
del orden sacro, o la superiora, o también un simple fiel de reconocida
piedad, puedan distribuir la sagrada comunión a sí mismos, a los
alumnoá de la propia casa y a los demás fieles que por cualquier
motivo se hallaren presentes y llevarla también a los enfermos.

5. El cristiano que haya de ser elegido como ministro extraordinario


de la sagrada comunión debe distinguirse por su fe, costumbres santas
y madura edad, y deberá estar rectamente instruido para el desempeño
de tan noble encargo. En caso de necesidad podrá ser designada una
mujer de reconocida piedad, siempre que no pueda hallarse otra
persona idónea.

6. La persona idónea, nominalmente designada por el Obispo para la


administración de la sagrada comunión, recibirá del mismo la misión o
mandato, en conformidad con el rito preparado para este efecto, y
deberá distribuir la sagrada comunión observando las normas
litúrgicas.

301
Los Ministerios Instituidos

7. En la administración de la Santa Eucaristía deberá precaverse


cualquier peligro de irreverencia hacia el Santísimo Sacramento, al
cual ha de tributarse el máximo honor.

8. La mencionada facultad se concederá por un trienio a los


pastores que por justas causas la pidan a la Sagrada Congregación
para la Disciplina de los Sacramentos, o a la Sagrada Congregación
para la Evangelización de los pueblos (Propaganda Fide).

9. Transcurrido el trienio, los mismos pastores enviarán a las


referidas Congregaciones una información acerca del modo como
se han desarrollado las cosas, y si han contribuido realmente al
bien de las almas.

4. INSTRUCCIÓN MEMORIALE DOMINP\


SOBRE EL MODO DE DISTRIBUIR LA
COMUNIÓN
(Sagrada Congregación para el Culto Divino, del 29 de mayo de
1969)

Al celebrar el memorial del Señor, la Iglesia atestigua por el mismo


rito la fe y la adoración de Cristo, que está presente en el sacrificio y
se da como alimento a los que participan de la mesa eucarística.

Por eso, da mucha importancia a que la Eucaristía sea celebrada y


participada del modo más digno y fructuoso, guardando enteramente
la tradición que, mediante un cierto desarrollo, llega hasta nosotros y
cuyas riquezas han sido infundidas en el uso y en la vida de la Iglesia.
Pues, los documentos históricos demuestran que el modo de celebrar y
de sumir la sagrada Eucaristía ha sido multiforme. También en

94 Cf. Ibidem, pp. 267-273.

302
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

nuestros tiempos se han introducido en la celebración de la


Eucaristía no pocas ni leves modificaciones, en cuanto al rito,
para que se acomodase mejor a las necesidades espirituales y
psicológicas de los hombres actuales. Y en la misma disciplina
que regula el modo con que los fieles participan en el divino
Sacramento se ha establecido de nuevo, en ciertas circunstancias,
la comunión bajo las especies de pan y de vino, que en otros
tiempos fue común también en el rito latino y poco a poco fue
cayendo en desuso. Situación que se hizo general en tiempos del
Concilio de Trento, el cual la aprobó con doctrina dogmática y la
defendió como apropiada a las condiciones de aquella época (cf.
Concilio Tridentino, Sesión XII, Doctrina de communionesub
atraque specie et parvulorum: DS 1726-1727; Sesión XXII,
Decretum superpetitionem concessionis calicis: DS 1760).

Con las reformas indicadas se han hecho mas vivos y


transparentes el signo del convite eucarístico y el cumplimiento
omnímodo del mandato de Cristo. Pero, al mismo tiempo, la
participación más plena de la celebración eucarística, significada
por la comunión sacramental, ha suscitado en algunas partes,
durante los últimos años, el deseo de volver al uso de depositar el
pan eucarístico en la mano de los fieles, para que ellos mismos,
comulgando, lo introduzcan en su boca.

Más aún, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este


rito, sin haber pedido antes la aprobación de la Sede Apostólica, y
a veces de manera que les ha faltado a los fieles la oportuna
preparación.

Es verdad que, según el uso antiguo en otros tiempos, se permitió


a los fieles tomar en la mano este divino alimento y llevarlo a la
boca por sí mismos, y también, en tiempo antiquísimo, llevar
consigo el Santísimo desde el lugar en

303
Los Ministerios Instituidos

que se celebra el sacrificio, principalmente con el fin de


aprovecharse de él como viático en el caso de tener que luchar por
la confesión de la fe.

Sin embargo, las normas de la Iglesia y los documentos de los


Padres manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la
prudencia suma con que se trata a la sagrada Eucaristía. Porque
“Nadie... come aquella carne sin adorarla antes” (S. Agustín,
Enarrationes inpsalmos, 98, 9: PL 37, 1264), y, al asumirla, se
amonesta a todos: “...tómala, y estate atento para que no se te pierda
nada” (S. Cirilo de Jerusalén, Catequeses mystagogicae, 5, 21: PG 33,
1126): “Porque es el Cuerpo de Cristo” (S. Hipólito, Traditio
apostólica, 37: edic. B. Botte, p. 84).

Además, el cuidado y el ministerio del Cuerpo y de la Sangre del


Señor se encomendaban de modo verdaderamente peculiar a
ministros sagrados u hombres designados para eso:

después que el presidente terminó las preces y todo el


pueblo hizo la aclamación/ los que entre nosotros se llaman
diáconos/ distribuyen a cada uno de los presentes para que
participe de ellos, el pan y el vino con agua, sobre los que
se dieron gradas, y los llevan a los ausentes (S. Justino,
Apologia 1,65: PG 6,427).

Por eso, el oficio de llevar la Eucaristía a los ausentes fue luego


confiado exclusivamente a los ministros sagrados, para asegurar mejor
la reverencia debida al Cuerpo de Cristo y servir al mismo tiempo a la
necesidad de los fieles. Andando el tiempo, después de estudiar más a
fondo la verdad del misterio eucarístico, su eficacia y la presencia de
Cristo al mismo tiempo, bajo el impulso ya de la reverencia hacia el
Santísimo Sacramento, ya de la humildad con que debe ser recibido,
se introdujo la costumbre de que el ministro por

304
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

sí mismo depositase en la lengua de los que recibían la comunión


una partícula del pan consagrado.

Este modo de distribuir la santa comunión, considerando en su


conjunto el estado actual de la Iglesia, debe ser conservado no
solamente porque se apoya en un uso tradicional de los siglos,
sino principalmente, porque significa la reverencia de los fieles
cristianos hacia la Eucaristía. Este uso no quita nada a la dignidad
personal de los que se acercan a tan gran Sacramento, y es parte
de aquella preparación que se requiere para recibir el Cuerpo del
Señor del modo más fructuoso (cf. S. Agustín, Enarrationes in
p$almos> 98, 9: PL 37, 1264-1265).

Esta reverencia significa la comunión no de “pan y bebida común”


(S. Justino, Apologia I, 66: PG 6,427; cf. S. Ireneo, Adversas
baereses, Lib. iv, cap. 18, n° 5: PG 7, 1028-1029), sino del Cuerpo
y de la Sangre del Señor, por la cual “el pueblo de Dios participa
en los bienes del sacrificio pascual, renueva la nueva Alianza entre
Dios y los hombres sellada de una vez para siempre con la Sangre
de Cristo, y prefigura y anticipa en la fe y la esperanza el banquete
escatológico en el reino del Padre” (Instrucción EM 3)

Por lo demás, con este modo de obrar, que se ha de considerar ya


común, se garantiza, con mayor eficacia, la distribución de la
sagrada comunión con la reverencia, el decoro y la dignidad que
convienen, para alejar todo peligro de profanación de las especies
eucarísticas, en las que “de modo singular el Cristo total e íntegro,
Dios y hombre, se halla presente sustancial y permanentemente”
(Instrucción EM 9); y para tener, finalmente, con los mismos
fragmentos del pan consagrado el cuidado diligente que la Iglesia
ha recomendado siempre: “Porque si dejas caer algo, piensa que es
como si lo perdieses de tus propios miembros” (S. Cirilo de
Jerusalén, Catequeses mystagogicae, 5,21: PG 33,1126).

305
Los Ministerios Instituidos

Por todo lo cual, habiendo pedido algunas Conferencias


Episcopales y algunos Obispos en particular que se
permitiese en sus territorios el uso de poner en las manos
de los fieles el pan consagrado, el Sumo Pontífice mandó
que se preguntase a todos y cada uno de los Obispos de la
Iglesia latina su parecer sobre la oportunidad de introducir
el rito mencionado. Pues una mutación en cosa de tanta
importancia, que se asienta en una tradición antiquísima y
venerable, además de tocar a la disciplina, también puede
traer consigo peligros, que se teme podrían surgir del
nuevo modo de administrar la sagrada comunión, a saber:
el que se llegue a una menor reverencia hacia el augusto
Sacramento del altar o a la profanación del mismo
Sacramento o a la adulteración de la recta doctrina.
Por consiguiente, fueron propuestas a los Obispos tres
cuestiones, a las que, hasta el día 12 del mes de marzo
último, respondieron del modo siguiente:
1. ¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo
tradicional, se permita también el rito de recibir la sagrada
comunión en la mano? Placet: 567; Non placet: 1,233; Placet iuxta
modum: 315; Votos inválidos: 20.

2. ¿Place que se hagan antes experimentos de este nuevo


rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del
Ordinario del lugar? Placet: 751; Non placet: 1,215; Votos
inválidos: 70.
3. ¿Piensa que los fieles, después de una preparación
catequística bien ordenada, han de recibir de buen grado
este nuevo rito? Placet: 835; Non placet: 1,185; Votos inválidos:
128.
Por las respuestas dadas se ve que la mayor parte de los
Obispos estiman que no se debe cambiar la disciplina
vigente; más aún, que el cambio sería dañoso, tanto para la
sensibili-
306
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

dad como para el culto espiritual de los mismos Obispos y de


muchos fieles.
Así, pues, teniendo en cuenta las observaciones y el parecer
de aquellos a quienes “el Espíritu santo ha encargado guardar
el rebaño, como pastores de la Iglesia de Dios” (Hch 20, 28), de
acuerdo con la gravedad del asunto y con el valor de los
argumentos aducidos, el Sumo Pontífice ha decidido no
cambiar el modo, hace mucho tiempo recibido, de administrar
a los fieles la sagrada comunión.
En consecuencia, la Sede Apostólica exhorta calurosamente a
los Obispos, sacerdotes y fieles que se conformen
diligentemente a la ley vigente y nuevamente confirmada,
tomando en consideración el juicio dado por la mayor parte
del Episcopado católico, la forma empleada por el rito actual
de la sagrada liturgia y también el bien común de la misma
Iglesia.
Pero si el uso contrario, es decir, el de poner la santa
comunión en las manos, hubiera arraigado ya en algún
lugar, la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las
Conferencias Episcopales a cumplir el oficio pastoral, que
con frecuencia se hace más difícil en las condiciones
actuales, confía a las mismas Conferencias Episcopales el
encargo y el deber de examinar las circunstancias
peculiares, si existen, pero con la condición de prevenir todo
peligro de que penetren en los espíritus la falta de
reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía,
como también de suprimir con todo cuidado otros
inconvenientes.
Ahora bien, en tales casos, para la debida ordenación del
mencionado uso, las Conferencias Episcopales, previo un
prudente estudio, tomarán los oportunos acuerdos, en
votación secreta y por dos tercios de los votos; acuerdos que
luego han de presentar a la Santa Sede para su necesaria
confirmación (CD 38 § 4), remitiendo aneja una exposición
pre-
307
Los Ministerios Instituidos

cisa de los motivos que han llevado a tales acuerdos. La Santa Sede
ponderara cuidadosamente cada caso, teniendo en cuenta la unión de
las varias Iglesias locales entre sí y la de cada una con la Iglesia
universal, para promover el bien común y la común edificación, y
para el aumento de la fe y de la piedad, que brota del ejemplo mutuo.

Esta Instrucción, compuesta por mandato especial del Sumo


Pontífice Pablo VI, ha sido debidamente aprobada por él mismo, en
virtud de su apostólica autoridad, el día 28 del mes de mayo del año
1969. Él dispuso también que se notificase a los prelados por medio
de los presidentes de las Conferencias Episcopales.

Carta anexa a la Instrucción MEMOR1ALE DOMINI

Respondiendo a la petición presentada por su Conferencia Episcopal


sobre el permiso de distribuir la comunión depositando la hostia en
la mano de los fieles, os transmito el siguiente comunicado:

Recordando lo que en este punto dice la Instrucción del 29 de mayo


de 1969, sobre el mantenimiento en vigor del uso tradicional, el
Santo Padre ha tomado en consideración los motivos invocados en
vuestra petición y los resultados de la votación hecha con este
objeto. Está de acuerdo en que en el territorio de vuestra Conferencia
Episcopal, cada Obispo, según su prudencia y su conciencia, pueda
autorizar en su diócesis la introducción del nuevo rito para distribuir
la comunión, a condición de que se evite toda ocasión de escándalo
por parte de los fieles y el peligro de irreverencia hacia la Eucaristía.

Para ello se tendrán en cuenta las normas siguientes:

308
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

1. La nueva manera de comulgar no deberá ser impuesta de


modo que excluya el uso tradicional. Lo importante es que cada
fiel tenga la posibilidad de recibir la comunión sobre la lengua,
al modo tradicional, y al mismo tiempo otras personas puedan
recibir la hostia en la mano. En efecto, las dos maneras de
comulgar pueden coexistir sin dificultad en la misma acción
litúrgica. Así nadie encontrará en el nuevo rito una causa de
turbación a su propia sensibilidad espiritual hacia la Eucaristía,
y también este Sacramento, que por su naturaleza es fuente y
cauce de unidad, no se convertirá en ocasión de división entre
los fíeles.

2. El rito de la comunión dada en la mano del fiel no deberá


ser aplicado sin discreción. En efecto, puesto que se trata de
una actitud humana, está ligada a la sensibilidad y a la
preparación del que la toma. Conviene, pues, introducirlo
gradualmente, comenzando por unos grupos más preparados.
Es necesario, sobre todo, hacer preceder esta preparación de
una catequesis adecuada para que los fieles comprendan
exactamente el significado del gesto y lo realicen con el respeto
debido al sacramento. El resultado de esta catequesis debe
excluir cualquier apariencia de cesión en la conciencia de la
Iglesia sobre la fe en la presencia eucarística, y también
cualquier riesgo a que sea un peligro de profanación.

3. La posibilidad que se da al fiel de recibir en la mano y de


llevar a la boca el pan eucarístico no le debe ofrecer la ocasión
de considerarlo como un pan ordinario o una cosa sagrada
cualquiera; debe, al contrario, aumentar en él el sentido de su
dignidad de miembro del Cuerpo místico de Cristo, en el cual
está insertado por el bautismo y por la gracia de la Eucaristía, y
también acrecentar su fe en la gran realidad del Cuerpo y de la
Sangre del Señor, que él toca con sus manos. Su actitud de
respeto será proporcionada a lo que él comprenda.

309
Los Ministerios Instituidos

4. Respecto a la manera de hacerlo se podrán seguir las


indicaciones de la tradición antigua, que ponía de relieve la
función ministerial del sacerdote y del diácono, que depositaba
la hostia en la mano del comulgante (cf. Ritual del sagrada
comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa, Observaciones
previas, n° 21). En todo caso, los fieles deberán consumir la
hostia antes de volver a su sitio y la intervención del ministro
será subrayada con la fórmula habitual:
“el Cuerpo de Cristo”, a la cual el fiel responderá: “Amén”.

5. Cualquiera que sea la forma adoptada, póngase atención en


no dejar caer ni dispersar los fragmentos del pan euca- rístico,
así como tener una actitud conveniente del gesto en las manos
según el uso de los diversos pueblos.

i 6. En el caso de la comunión bajo las dos especies, distri-


buida por intinción, no está permitido depositar en la mano del
fiel la hostia mojada en la Sangre del Señor.

7. Los Obispos que hayan permitido la introducción del nuevo


modo de comulgar deben enviar a esta Sagrada Congregación, en
el plazo de seis meses, una relación sobre el resultado de esta
concesión.

5. INSTRUCCIÓN SACRAMENTAL!
COMMUNIONE95, AMPLIANDO LA FACULTAD DE
ADMINISTRAR LA COMUNIÓN BAJO LAS DOS
ESPECIES
(Sagrada Congregación para el Culto Divino, del 29 de junio
de 1970)

Toda la tradición de la Iglesia enseña que los fieles, por medio de la


comunión sacramental, participan de un modo más perfecto en la
celebración eucarística. De esta manera,

95 Cf. Ibidem, pp. 274-276.

310
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

efectivamente, participan plenamente en el sacrificio euca-


rístico, uniéndose a Cristo, que se ofrece sobre el altar, no solo
espiritualmente, con la fe y la oración, sino que al recibir a él
mismo sacramentalmente, alcanzan de este Santísimo Sacrificio
frutos más abundantes.

A fin de que la plenitud del signo del convite eucarístico


apareciese a los fieles (cf. OGMR 240) con mayor claridad,
permaneciendo inmutables los principios dogmáticos fijados
por el Concilio de Trento, que enseña cómo bajo una sola
especie se recibe a Cristo, todo e íntegro, y el verdadero
Sacramento [cf. Concilio Tridentino, Sesión XXI, Decretum de
Communione eucharistica, cap. 13: Denz. 929-932 (1725- 1729)],
el Sacrosanto Concilio ecuménico Vaticano n estableció que, en
algunos casos que serían determinados por la Sede Apostólica,
pudiesen los fieles recibir la comunión bajo las dos especies (cf.
SC 55).

Esta voluntad del Concilio se ha llevado a cabo gradualmente96,


en la medida que progresaba la preparación de los fieles,
teniendo en cuenta siempre que este cambio de la disciplina
eucarística llevase a los mismos a mayores frutos de piedad y de
provecho espiritual.

Desde el principio se ha manifestado un deseo creciente de que


los casos en los que se pudiera dar la comunión bajo las dos
especies fuesen multiplicados en conformidad con las diversas
exigencias, ya regionales, ya personales.

Por tanto, esta Sagrada Congregación para el Culto divino,


habiendo tenido en cuenta las peticiones de muchos Obispos

96 Cf. S. Congregación de Ritos, Decreto general Ecclaesiae semper,


en el que se promulga el rito de la concelebración y de la
comunión bajo las dos especies, de 7 de marzo de 1965: AAS 57
(1965), pp. 411-412; Instrucción Eucharisticum mysterium 32; OGMR
76 y 242.

311
Los Ministerios Instituidos

y de numerosas Conferencias Episcopales y de varios superiores


de familias religiosas, por disposición del Sumo Pontífice,
establece, en lo que a la facultad de administrar la sagrada
comunión bajo las dos especies se refiere, lo siguiente:

1. La comunión, bajo las dos especies, se puede distribuir, a


juicio del Ordinario, en los casos determinados por la Sede
Apostólica, conforme a la lista adjunta.

2. Además, las Conferencias Episcopales pueden establecer


hasta qué punto, por cuáles motivos, y en qué condiciones, los
Ordinarios pueden conceder la comunión bajo las dos especies
en otros casos que pudiesen tener una gran importancia para la
vida espiritual de la comunidad o de un grupo de fieles.

3. Dentro de estos límites, los Ordinarios pueden indicar casos


particulares, a condición, sin embargo, de no conceder la
facultad indiscriminadamente, precisando bien las celebraciones
y todo aquello que se debe tener en cuenta, evitando también
aquellas ocasiones en las que hubiese un número considerable
de comulgantes. Los grupos mismos, a los que se concede tal
facultad, sean bien circunscritos, ordenados y homogéneos.

4. Dichas facultades pueden ser concedidas por el Ordinario del


lugar a todas las iglesias y oratorios en el ámbito de su territorio
y, por el Ordinario religioso, a las casas de su dependencia. A los
mismos corresponde, consiguientemente, vigilar la observancia
de las normas prescritas por la Sede Apostólica o por las
Conferencias Episcopales, y a los mismos deberá constar, antes
de que concedan dicha facultad, que realmente todo puede
realizarse sin que la santidad del Sacramento sufra menoscabo
alguno.

5. Antes de admitir a los fieles a la sagrada comunión bajo las


dos especies, hágase la debida catequesis, de forma que se

312
Apéndice II: §1 Oocumentos del Magisterio de la Iglesia...

encuentren convenientemente instruidos en la significación del


rito.

6. Con el fin de que la comunión bajo las dos especies sea


distribuida decorosamente, es necesario cuidar de que todo se
desarrolle con el debido respeto, observando el rito descrito en
los números 244-251 de la Ordenación General del Misal Romano.

Escójase el modo conveniente, a fin de que la comunión se


distribuya con dignidad, piedad y decoro, evitando los peligros
de irreverencia, teniendo presente la naturaleza de cada grupo
litúrgico, la edad, las condiciones y la preparación de los que la
reciben.

Entre los modos previstos por la OGMR tiene, ciertamente,


preeminencia la comunión que se hace bebiendo del mismo
cáliz; sin embargo, de este modo se efectuará solamente cuando
todo pueda realizarse con el orden conveniente, sin que haya
peligro alguno de irreverencia hacia la Sangre del Señor. Si
están presentes, ofrezcan el cáliz otros sacerdotes, o diáconos o
acólitos.

Por el contrario, no es de aprobar el método de pasarse el cáliz


de uno a otro, ni tampoco el que los comulgantes se acerquen
directamente al cáliz para beber la Sangre del Señor.

Cuando no están disponibles los ministros indicados, sean


pocos los que han de comulgar, y el modo escogido sea el de
beber directamente del cáliz, distribuya el mismo sacerdote,
primero el pan consagrado y después la otra especie.

En caso contrario, se debe preferir el rito de la comunión en el


que la especie de pan se moja en el cáliz, de manera que,
evitando las dificultades prácticas, se salve el respeto

313
Los Ministerios Instituidos

debido al Sacramento. De esta forma resulta más fácil y segura


la comunión bajo las dos especies para los fieles, sea cual fuere
su edad o condición, y al mismo tiempo se respeta la verdad del
signo en toda su plenitud.

El Sumo Pontífice Pablo VI, el día 26 de junio de 1970, ha


aprobado y confirmado la presente Instrucción y ha dispuesto su
promulgación.

APÉNDICE

Casos en que puede administrarse la comunión bajo las dos


especies, de acuerdo con la OGMR (242):

“A juicio del Ordinario y haciendo preceder tina conveniente


catequesis, la comunión del cáliz se permite en los siguientes
casos:

1) A los neófitos adultos, en la misa que sigue a su bautismo; a


los confirmados adultos, en la Misa de su confirmación; a los
bautizados, cuando se los recibe en la comunión con la Iglesia.

2) A los contrayentes, en la misa de su matrimonio.

3) A los diáconos, en la misa de su ordenación.

4) A la abadesa, en la misa de su bendición; a las vírgenes, en la


misa de su consagración; a quienes profesan, a sus padres,
familiares y hermanos de religión, en la misa de su primera,
renovada o perpetua profesión religiosa, con tal de que, dentro de
la misma misa, emitan o renueven sus votos.

5) A los que son instituidos en algún ministerio, en la misa de


su institución, a los auxiliares misioneros laicos, en la

314
Apéndice fl: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

misa en la que públicamente reciben su misión; igualmente a otros, en la


misa en que reciben alguna misión eclesiástica.

6) En la administración del viático, al enfermo y a todos los presentes,


cuando la misa se celebra en casa del enfermo.

7) Al diácono y ministros, cuando ejercen su función en la Misa.

8) Cuando tiene lugar una concelebración:

a) A todos los que en la concelebración desempeñan un ministerio


litúrgico, y a todos los alumnos del Seminario que toman parte en ella.

b) En sus propias iglesias u oratorios, a todos los miembros de los


Institutos que profesan los consejos evangélicos, o de otras Sociedades
en las que se consagran a Dios con un voto, entrega o promesa; además,
a todos los que en las casas de estos Institutos y Sociedades viven día y
noche.

9) A los Sacerdotes que asisten a grandes concelebraciones y no


pueden celebrar o concelebrar.

10) A todos los que en una tanda de ejercicios espirituales tienen una
misa especial durante esos mismos ejercicios y participan activamente
en ella; a todos los que toman parte en reuniones de alguna asamblea
pastoral, en la misa que se celebra en común.

11) A los que se enumeran en los apartados 2 y 4, en la misa de sus


jubileos.

12) Al padrino, madrina, padres o consorte, y a los catequistas laicos,


en la misa que se celebra como iniciación de un adulto bautizado.

315
Los Ministerios Instituidos

13) A los padres, familiares e insignes bienhechores que toman parte


en la misa de un neo-sacerdote.

14) A los miembros de las comunidades, en la misa conventual o de


“comunidad”, según la norma del n° 76 de esta OGMR.

6. INSTRUCCIÓN IMMENSAE CARITATIS115,


PARA FACILITAR LA COMUNIÓN
SACRAMENTAL EN ALGUNAS
CIRCUNSTANCIAS
(Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos,
del 29 de enero de 1973)

El testamento de infinita caridad que Jesucristo, nuestro Señor, dejó


a su Esposa, la Iglesia, es decir, el don inefable de la Eucaristía, el
mayor de todos, exige un conocimiento cada día más profundo de tan
gran misterio y una participación más plena de su eficacia salvadora.

A este fin la Iglesia, movida por su celo y solicitud pastorales, para


fomentar la devoción a la Eucaristía, cumbre y centro del culto
cristiano, ha promulgado en más de una ocasión normas oportunas e
instrucciones apropiadas.

Con todo, las circunstancias de nuestro tiempo parecen aconsejar


que, dejando a salvo el máximo respeto debido a tan gran
Sacramento116, se den mayores facilidades para acercar-

115
In Enchiridion-Documentación litúrgica posconciliar, Barcelna, Editorial Regina,
1995, pp. 279-284.
116
Concilio Tridentino, Sessíón XIII, Decretum de SS. Eucharistiae Sacramentum, cap.
7: Denz. 880 (1646-1647): "Si es indecoroso tomar parte en cualquier función
sagrada de no hacerlo santamente, es claro que cuanto más consciente es un cristiano
de la santidad y divinidad de este Sacramento Celeste, tanto más deberá estar atento
a no acercarse a él sin una gran reverencia y santidad; especialmente cuando se
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de (a iglesia...

se a la sagrada comunión, con el fin de que los fieles, participando


más a menudo y con mayor plenitud en los frutos del sacrificio de la
misa, se entreguen con mayor generosidad y celo al servicio de Dios
y al bien de la Iglesia y de los hombres.

En primer lugar, hay que procurar que, debido a la escasez de


ministros, no resulte imposible ni demasiado difícil recibir la sagrada
comunión. En segundo lugar, que los enfermos no se vean privados
del gran consuelo espiritual de la sagrada comunión, por no poder
observar la ley del ayuno eucarístico, aunque ya bastante mitigada.
Finalmente, parece conveniente que en algunas circunstancias se
permita, a los fieles que lo pidan lícitamente, la comunión
sacramental dos veces en el mismo día.

Por tanto, acogiendo favorablemente los deseos manifestados por


algunas Conferencias Episcopales, se establecen las siguientes
normas, relativas a los puntos siguientes:

leen en el Apóstol aquellas tremendas palabras: "El que come y bebe sin apreciar el
Cuerpo del Señor, se come y bebe su propia sentencia" (1 Co 11, 29). Por tanto, hay
que recordar el mandamiento del mismo Apóstol, al que desea comulgar:
"Examínese cada uno a sí mismo" (1 Co 11, 28). Por lo demás, la costumbre
eclesiástica confirma que tal examen es necesario para que nadie que tenga
conciencia de pecado mortal, por más que crea estar arrepentido, deba acercarse a la
Sagrada Eucaristía sin haberse confesado previamente. Este santo Sínodo ha
decretado que tal norma ha de ser observada por todos los cristianos, sin excluir a
los sacerdotes a quienes incumbe el deber de celebrar, a menos que no pueda
encontrarse un confesor; y si el sacerdote ha celebrado por necesidad urgente sin
haber hecho antes la necesaria confesión, deberá confesarse después en la primera
ocasión". Sagrada Congregación del Concilio, Decreto Sacra Tridentina Synodus,
del 20 de diciembre de 1905: AAS 38 (1905-1906), pp. 400-406; Sagrada
Congregación para la Doctrina de la Fe, Normae pastorales circa absolutionem
sacramentalem generali modo impartiendam, del 31 de julio de 1972, norma I: AAS
64 (1972), p. 511.

317
Los Ministerios instituidos

1. Los ministros extraordinarios de la sagrada comunión.

2. Facultades más amplias para recibir la sagrada comunión dos


veces al día.

3. La mitigación del ayuno eucarístico en favor de los enfermos y


de las personas de edad avanzada.

4. La devoción y reverencia debidas al Santísimo Sacramento,


cuando el pan eucarístico se deposita en las manos de los fíeles.

1. Ministros extraordinarios
de la Sagrada Comunión
Las circunstancias en que puede ser insuficiente el número de
ministros ordinarios para administrar la Sagrada Comunión son
varias:

a) Durante la celebración de la misa, cuando es muy grande la


asistencia de los fíeles, o el celebrante tiene alguna dificultad
especial.

b) Fuera de la Misa, cuando las distancias hacen difícil llevar las


sagradas especies, sobre todo en forma de viático, a los enfermos en
peligro de muerte, y también cuando es tan grande el número de
enfermos, sobre todo en hospitales, o instituciones similares, que
hacen falta bastantes ministros para la distribución de la comunión.

Por tanto, para que no queden sin la ayuda y el consuelo de este


sacramento los fíeles que, en estado de gracia y con recta y piadosa
intención, desean tomar parte en el banquete eucarístico, el Sumo
Pontífice ha considerado oportuno instituir ministros extraordinarios,
que puedan administrar la

318
Apéndice it: §1 Documentos dei Magisterio de ta Iglesia...

Sagrada Comunión tanto a sí mismos como a los demás fíeles,


con las siguientes condiciones precisas:

I. Los Ordinarios de lugar tienen facultad para permitir a


personas idóneas, elegidas individualmente como ministros
extraordinarios, en casos concretos o también por un período de
tiempo determinado, o en caso de necesidad, de modo
permanente, que se administren a sí mismos el pan eucarístico, lo
distribuyan a los demás fíeles y lo lleven a los enfermos en sus
casas. Esto se permite cuando:

a) Falten el sacerdote, el diácono o el acólito.

b) Los mismos se hallan impedidos para distribuir la Sagrada


Comunión a causa de otro ministerio pastoral, por enfermedad o
por motivo de su edad avanzada.

c) El número de fieles que desean acercarse a la Sagrada


Comunión sea tan grande que se prolongaría demasiado la
duración de la misa o la distribución de la comunión fuera de la
misa.

II. Los mismos Ordinarios de lugar tienen facultad para permitir


que los sacerdotes dedicados al sagrado ministerio puedan
designar una persona idónea que, en caso de verdadera necesidad,
distribuya la sagrada comunión ad actum.

BOL. Los Ordinarios del lugar podrán delegar esta facultad en sus
obispos auxiliares, vicarios episcopales y delegados episcopales.

IV. La designación de la persona idónea, de que se habla en


los números I y n, se hará teniendo presente el siguiente orden,
que puede ser cambiado, sin embargo, según el prudente parecer
del Ordinario del lugar: lector, alumno

319
Los Ministerios Instituidos

del Seminario Mayor, religioso, religiosa, catequista, fiel varón o


mujer.

V. En los oratorios de comunidades religiosas de ambos sexos,


el encargado de distribuir la Sagrada Comunión en las
circunstancias enumeradas en el número I puede confiarse
obviamente al superior que carezca del orden sagrado, o a la
superiora, o a sus respectivos vicarios.

VI. Si se dispone de tiempo suficiente, conviene que la persona


idónea escogida individualmente por el Ordinario del lugar para
la distribución de la Sagrada Comunión, y la persona elegida para
el mismo fin por el sacerdote que tenga facultad, conforme a lo
dicho en el número n, reciban el mandato de acuerdo con el rito
anexo a esta Instrucción, y que distribuyan la Sagrada Comunión
ateniéndose a las normas litúrgicas.

Como estas facultades han sido concedidas únicamente para el


bien espiritual de los fieles y pensando en casos de verdadera
necesidad, tengan presente los sacerdotes que tales facultades no
les dispensan del deber de distribuir la Eucaristía a los fieles que
legítimamente la pidan, y, en modo particular, de llevarla y darla
a los enfermos.

El fiel legítimamente designado para ser ministro extraordinario


de la Sagrada Comunión deberá distinguirse por su vida cristiana,
por su fe y sus buenas costumbres. Se esforzará por ser digno de
este nobilísimo encargo, cultivará la devoción a la Sagrada
Eucaristía y dará ejemplo a los demás fieles de respeto al
Santísimo Sacramento del altar. No será elegido para tal oficio
uno cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles.

320
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

2. Ampliación de la facultad
para comulgar dos veces el mismo día
Según la disciplina vigente, los fieles pueden acercarse a la sagrada
comunión por segunda vez en el mismo día:

- El sábado por la tarde o la víspera de un día de precepto, si se quiere


cumplir con la obligación de oír misa, aunque hayan comulgado el
mismo día por la mañana (cf. Instrucción EM 28).

- En la segunda misa del Domingo de Pascua, o en una de las misas


que se celebran el día de Navidad, aunque hayan comulgado en la misa
de la Vigilia pascual y en la misa de medianoche de Navidad,
respectivamente (cf. Instrucción EM 1, c).

- Igualmente en la misa vespertina de la Cena del Señor del día de


Jueves Santo, aunque hayan comulgado en la Misa crismal (cf.
Instrucciones: EM 1, c; IO 60; Taa 14).

Pero como, además de las circunstancias enumeradas, pueden


presentarse otras similares, que inviten a comulgar por segunda vez, se
hace necesario determinar ahora con mayor precisión las razones de la
nueva facultad que se concede.

La norma que por tradición secular adoptó la Iglesia, madre


providentísima, e introdujo en la legislación canónica, en virtud de la
cual los fieles pueden acercarse a la sagrada mesa una sola vez al día,
se mantiene en toda su integridad y no se permite abandonarla por
motivos de la sola devoción. A un simple deseo de recibir otra vez la
comunión se debe contraponer la razón de que tanto mayor será la
eficacia del Sacramento para alimentar, corroborar y expresar la fe, la
caridad y las demás virtudes, cuanto más devotamente se

321
Los Ministerios Instituidos

acerque el fiel a la sagrada mesa (cf. Santo Tomás, Summa


Theologica, m, q. 79, a. 7 ad 3 y a. 8 ad 1). Por tanto, es necesario
que después de la celebración litúrgica, los fíeles se dediquen a las
obras de caridad, piedad y apostolado para “mantener en sus
costumbres y en su vida lo que han recibido en la celebración
eucarística por la fe y el Sacramento** (cf. Instrucción EM13).

Pueden presentarse, sin embargo, circunstancias especiales en las


que los fíeles, tanto los que ya recibieron ese mismo día la sagrada
comunión como los mismos sacerdotes que han celebrado ya la
misa, participen después en una celebración comunitaria. A todos
ellos les será permitido recibir por segunda vez la sagrada
comunión en los casos siguientes:

1. En las misas rituales en las que se administran los sacramentos


del bautismo, confirmación, unción de los enfermos, orden,
matrimonio, y en la misa en la que se dé la primera comunión (cf.
OGMR 379, a).

2. En las misas celebradas para la consagración de una iglesia o de


un altar, para la profesión religiosa y para la colación de una
“misión canónica**.

3. En las siguientes misas de difuntos: misa de exequias, misa


celebrada al “recibir la noticia de la muerte**, misa celebrada el
día del entierro y del primer aniversario.

4. Durante la misa principal celebrada en la iglesia catedral o


parroquial en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de
Cristo y en el día de la visita pastoral; en la misa celebrada por el
superior mayor religioso con ocasión de la visita canónica, de
encuentros especiales o de reuniones de Capítulos.

322
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

5. Durante la misa principal de un congreso eucarístico o mañano, ya


sea internacional o nacional, regional o diocesano.

6. Durante la misa principal de una reunion, de una peregrinación o de


predicaciones populares.

7. Con ocasión de la administración del viático, durante la cual se


puede dar la comunión a los familiares y amigos del enfermo que se
hallen presentes.

8. Además de los casos mencionados, los Ordinaños de lugar pueden


conceder ad actum la facultad de recibir la sagrada comunión dos veces
en el mismo día cuando por circunstancias verdaderamente especiales lo
crean plenamente justificado, según las normas de esta Instrucción.

3. Mitigación del ayuno eucarístico en favor de


los enfermos y ancianos
Ante todo sigue firme y estable la norma según la cual el fiel a quien se
administra el viático en peligro de muerte no está obligado a ninguna ley
sobre el ayuno [cf. CDC (1917) can. 858, § 1]. Asimismo, continúa en
vigor la facultad concedida por Pío XII, en virtud de la cual “los
enfermos, aunque no guarden cama, pueden tomar sin límite de tiempo
bebidas no alcohólicas y también medicinas líquidas o sólidas, antes de la
celebración de la misa o de recibir la Eucaristía** [Motu proprio Sacram
Communionem, del 19 de marzo de 1957, n° 4: AAS 49 (1957), p. 178].

En cuanto a los alimentos y bebidas tomadas a modo de nutrición, existe


la tradición venerable según la cual la Eucaristía, como dice Tertuliano,
ha de recibirse “antes de cualquier otro alimento** {Ad uxorem% 2, 5; PL
1, 1408) para poner de relieve la excelencia del alimento sacramental.

323
Los Ministerios instituidos

Antes de recibir la sagrada Eucaristía es aconsejable recogerse por


algún tiempo en silencio y meditación, reconociendo así la dignidad
del Sacramento y fomentando el gozo por la venida del Señor. Y,
por lo que se refiere a los enfermos, será señal suficiente de su
devoción y respeto dedicar unos minutos a preparar su alma a tan
profundo misterio. El tiempo para guardar el ayuno eucarístico, es
decir, para abstenerse de alimentos o de bebidas alcohólicas, queda
reducido a un cuarto de hora99, poco más o menos, en favor de:

1. Los enfermos que estén internados en centros sanitarios o en sus


propias casas, aunque no guarden cama.

2. Los fieles de edad avanzada, tanto los que se ven obligados a


permanecer dentro de casa por razón de su vejez como los que están
internados en asilos.

3. Los sacerdotes enfermos, aunque no guarden cama, o los


sacerdotes de edad avanzada que deseen recibir, junto con ellos, la
Sagrada Eucaristía, cuando no pueden guardar el ayuno de una hora
sin una cierta dificultad.

4. Devoción y respeto debidos al Santísimo


Sacramento cuando el pan eucarístico se
distribuye a los fíeles en la mano
Desde la publicación de la Instrucción Memoriale Domini, hace tres
años, algunas Conferencias Episcopales han pedido a la Santa Sede
que permita a los ministros de la sagrada comunión depositar las
especies eucarísticas, al distribuirlas, en las manos de los fieles.
Como recuerda la misma Instruc-

99 La misma norma se repite en el n° 24 de la Introducción del Ritual de la


Sagrada Comunión y del culto a la Eucaristía fuera de la Misa (junio 21
de
1973
).

324
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

ción, “las normas de la Iglesia y los documentos de los Padres


manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la prudencia suma
con que se trataba a la sagrada Eucaristía” y debe seguir siendo tratada
(cf. Instrucción AÍD).

Por tanto, sobre todo en esta forma de recibir la sagrada comunión. Se


han de tener bien presentes algunas cosas que la misma experiencia
aconseja.

Cuando la sagrada especie se deposita en las manos del comulgante,


tanto el ministro como el fiel pongan sumo cuidado y atención a las
partículas que pueden desprenderse de la sagrada forma. La modalidad de
la sagrada comunión en las manos de los fieles debe ir acompañada,
necesariamente, de la oportuna instrucción o catequesis sobre la doctrina
católica acerca de la presencia real y permanente de Jesucristo bajo las
especies eucarísticas y del respeto debido al Sacramento117.

Hay que enseñar a los fieles que Jesucristo es el Señor y el Salvador,


que a él, presente bajo las especies sacramentales, se le debe el mismo
culto de latría o de adoración que se da a Dios. Adviértase también a los
fieles que, después del banquete eucarístico, no descuiden una sincera y
oportuna acción de gracias que corresponde a la capacidad, estado y
ocupaciones de cada uno [Pablo VI, Discurso ad membra Consilii
eucharisticis ex omnibus Ñationtbus conventibus moderandis
habita: AAS 64 (1972), p. 287].

117 Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada
liturgia, n° 7; Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucaristicum
mysterium, del 25 de mayo de 1967, n° 9: AAS 59 (1967), p. 547; Sagrada
Congregación para el Culto Divino, Instrucción Memoriale Domini, del 29 de
mayo de 1969, donde se lee: "... con la condición de prevenir todo peligro de que
penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la
santísima Eucaristía": AAS 61 (1969), p. 545.

325
Los Ministerios Instituidos

Finalmente, para que la participación en esta mesa celeste sea


plenamente digna y fructífera, se deben explicar a los fieles los bienes y
los frutos que se derivan de ellas para los individuos y para la sociedad,
de modo que la habitual familiaridad con el Sacramento demuestre
respeto, alimente el íntimo amor al Padre de familia que nos procura “el
pan de cada día” (Le 11,3) y conduzca a una viva unión con Cristo, de
cuya Came y Sangre participamos (cf. Hb 2, 14).

El Sumo Pontífice Pablo VI se ha dignado aprobar y confirmar con su


propia autoridad la presente Instrucción y ha mandado publicarla
estableciendo que entre en vigor el día mismo de su publicación.

7. INTRODUCCIÓN DEL RITUAL DE LA SAGRADA


COMUNIÓN Y DEL CULTO A LA EUCARISTÍA FUERA
DE LA MISA'01 (Promulgado el 21 de junio de 1973)

OBSERVACIONES GENERALES PREVIAS

I. Relaciones entre el culto eucarístico fuera de la misa y la


celebración de la Eucaristía
1. La celebración de la eucaristía es el centro de toda la vida cristiana,
tanto para la Iglesia universal como para las asambleas locales de la
misma Iglesia. Pues “los demás sacramentos, al igual que todos los
ministerios eclesiásticos y las obras del apostolado, están unidos con la
Eucaristía y hacia ella se ordenan. Pues en la sagrada Eucaristía se
contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir. Cristo en persona,
nuestra Pascua y pan vivo que, por su carne vivificada y que vivifica por
el Espíritu Santo, da vida a los hombres que de

Cf. In Enchiridioti-Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial


Regina, 1995, pp. 292-304.

326
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

esta forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí mismos, sus


trabajos y todas las cosas creadas juntamente con él” (cf. PO 5).

2. Pero además “la celebración de la Eucaristía en el sacrificio de la


misa es realmente el origen y el fin del culto que se le tributa fuera de la
misa" (Instrucción EM 3, e). Porque Cristo, el Señor, que “se inmola en el
mismo sacrificio de la misa cuando comienza a estar sacramentalmente
presente como alimento espiritual de los fieles bajo las especies de pan y
de vino”, también “una vez ofrecido el sacrificio, mientras la eucaristía se
conserva en las iglesias y oratorios es verdaderamente el Emmanuel, es
decir, “Dios-con-nosotros”. Pues día y noche está en medio de nosotros,
habita con nosotros lleno de gracia y de verdad” (Instrucción EM 3, b;
Pablo VI, encíclica MF, prope finem).

3. Nadie debe dudar “que los cristianos tributan a este Santísimo


Sacramento, al venerarlo, el culto de latría que se debe al Dios verdadero,
según la costumbre aceptada en la Iglesia católica. Porque no debe dejar
de ser adorado por el hecho de haber sido instituido por Cristo, el Señor,
para ser comido” (Instrucción EM 3, í).

4. Para ordenar y promover rectamente la piedad hacia el Santísimo


Sacramento de la Eucaristía hay que considerar el misterio eucarístico en
toda su amplitud, tanto en la celebración de la misa como en el culto de
las sagradas especies, que se conservan después de la misa para prolongar
la gracia del sacrificio (cf. Instrucción EM 3, g).

II. Finalidad de la reserva de la Eucaristía


5. El fin primero y primordial de la reserva de las sagradas especies
fuera de la misa es la administración del viático; los fines secundarios son
la distribución de la comunión y la

327
Los Ministerios Instituidos

adoración de nuestro Señor Jesucristo presente en el Sacramento.


Pues la reserva de las especies sagradas para los enfermos ha
introducido la laudable costumbre de adorar este manjar del cielo
conservado en las iglesias. Este culto de adoración se basa en una
razón muy sólida y firme: sobre todo porque a la fe en la presencia real
del Señor le es connatural su manifestación externa y pública (cf.
Instrucción EM 49).

6. En la celebración de la misa se iluminan gradualmente los modos


principales según los cuales Cristo se hace presente a su Iglesia: en
primer lugar, está presente en la asamblea de los fieles congregados en su
nombre; esta presente también en su palabra, cuando se lee y explica en
la iglesia la Sagrada Escritura; presente también en la persona del
ministro; finalmente, sobre todo, está presente bajo las especies
eucansticas. En este Sacramento, en efecto, de modo enteramente
singular, Cristo entero e integro, Dios y hombre, se halla presente
substancial y permanentemente. Esta presencia de Cristo bajo las
especies “se dice real, no por exclusion, como si las otras no fueran
reales, sino por excelencia” (Pablo VI, encíclica MF: A AS 57 (1965), p.
764; Instrucción, E M %

Así que, por razón de signo, es más propio de la naturaleza de la


celebración sagrada que la presencia eucarística de Cristo, fruto de la
consagración, y que como tal debe aparecer en cuanto sea posible, no se
tenga ya desde el principio por la reserva de las especies sagradas en el
altar en que se celebra la misa (cf. Instrucción, EM 55).

7. Renuévense frecuentemente y consérvense en un copón o vaso


sagrado las hostias consagradas, en la cantidad suficiente para la
comunión de los enfermos y de otros fieles (cf. OGMR 285 y 292).

328
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

8. Cuiden los pastores de que, a no ser que obste una razón grave, las
iglesias en que, según las normas del Derecho, se guarda la Santísima
Eucaristía, estén abiertas diariamente durante varias horas en el
tiempo más oportuno del día, para que los fieles puedan fácilmente
orar ante el Santísimo Sacramento (cf. Instrucción, EM 51; CDC937).

III. El lugar para la reserva de la Eucaristía


9. El lugar en que se guarda la Santísima Eucaristía sea
verdaderamente destacado. Conviene que sea igualmente apto para la
adoración y oración privada, de modo que los fieles no dejen de
venerar al Señor presente en el Sacramento, aun con culto privado, y
lo hagan con facilidad y provecho.

Lo cual se conseguirá más fácilmente cuando el sagrario se coloca en


la capilla que esté separada de la nave central del templo, sobre todo
en las iglesias en que se celebran con frecuencia matrimonios y
funerales y en los lugares que son muy visitados, ya por
peregrinaciones, ya por razón de los tesoros de arte y de historia.

10. La Sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario inamovible y


sólido, no transparente, y cerrado de tal manera que evite al máximo
el peligro de profanación. De ordinario en cada iglesia y oratorio haya
un solo sagrario, colocado en una parte de la iglesia u oratorio
verdaderamente noble, destacada, convenientemente adornada y
apropiada para la oración.

Quien cuida de la iglesia u oratorio ha de proveer a que se guarde


diligentísimamente la llave del sagrario en que se reserva la Santísima
Eucaristía (cf. Instrucción Eucharisticum mysterium 52-53; CDC
938).

11. La presencia de la Santísima Eucaristía en el sagrario indíquese


por el conopeo o por otro medio determinado por la autoridad
competente.

329
Los Ministerios Instituidos

Ante el sagrario en el que está reservada la sagrada


Eucaristía ha de lucir constantemente una lámpara
especial, con la que se indique y honre la presencia de
Cristo.

Según la costumbre tradicional, y en la medida de lo


posible, la lámpara ha de ser de aceite o de cera (cf.
Instrucción EM 57; CDC 940).

IV. Lo que corresponde a las Conferencias


Episcopales
12. Corresponde a las Conferencias Episcopales, al
preparar los Rituales particulares según la norma de la
Constitución sobre la sagrada liturgia (cf. n° 63, b.),
acomodar este título del Ritual Romano a las necesidades
de cada región y una vez aceptado por la Sede Apostólica,
empléese en las correspondientes regiones.

Por tanto será propio de las Conferencias Episcopales:

a)Considerar con detenimiento y prudencia qué elementos


procedentes de las tradiciones de los pueblos (si las hubiere) se
pueden retener o introducir, con tal que se acomoden al
espíritu de la sagrada liturgia; por tanto, es propio de las
Conferencias Episcopales proponer a la Sede Apostólica y, de
acuerdo con ella, introducir las acomodaciones que se estiman
útiles o necesarias.

b)Preparar las versiones de los textos, de modo que se


acomoden verdaderamente al genio de cada idioma y a la
índole de cada cultura, añadiendo quizá otros textos,
especialmente para el canto, con las oportunas melodías.

330
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

CAPÍTULO I
LA‘SAGRADA COMUNIÓN FUERA DE LA MISA

OBSERVACIONES GENERALES

I. Relación entre la comunión fuera de la misa y el


sacrificio
13. La más perfecta participación en la celebración
eucarística es la comunión sacramental recibida dentro de
la misa. Esto resplandece con mayor claridad, por razón
de signo, cuando los fieles, después de la comunión del
sacerdote, reciben del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor
(cf. SC 55).
Por tanto, de ordinario, en cualquier celebración
eucarística conságrese para la comunión de los fieles pan
recientemente elaborado.
14. Hay que procurar que los fieles comulguen en la
misma celebración eucarística.
Pero los sacerdotes no rehúsen administrar, incluso fuera
de la misa, la sagrada comunión a los fieles cuando lo
piden con causa justa (cf. Inst. EM 33,a). Incluso conviene
que quienes estén impedidos de asistir a la celebración
eucarística de la comunidad se alimenten asiduamente con
la Eucaristía, para que asi se sientan unidos no solamente
al sacrificio del Señor, sino también unidos a la comunidad
y sostenidos por el amor a los hermanos.
Los pastores de almas cuiden de que los enfermos y
ancianos tengan facilidades para recibir la Eucaristía
frecuentemente e incluso, a ser posible todos los días, sobre
todo en el tiempo pascual, aunque no padezcan una
enfermedad grave ni estén amenazados por el peligro de
muerte inminente. A los que no puedan recibir la
Eucaristía bajo la especie del pan, es

331
Los Ministerios Instituidos

lícito administrársela bajo la especie de vino solo (cf. Inst. EM


40-41).

15. Enséñese con diligencia a los fieles que también cuando


reciben la comunión fuera de la celebración de la Misa se unen
íntimamente al sacrificio con el cual se perpetua el sacrificio de la
cruz y participan de aquel sagrado convite en el que “por la
comunión en el Cuerpo del Señor el pueblo participa en los bienes
del sacrificio pascual, renueva la nueva Alianza entre Dios y los
hombres, sellada de una vez para siempre con la Sangre de Cristo,
y prefigura y anticipa en la fe y la esperanza el banquete
escatológico en el reino del Padre anunciando la muerte del Señor
‘hasta que vuelva’” (cf. Inst. EM 3, a).

II. En qué tiempo se ha de administrar la comunión fuera de la


misa
16. La sagrada comunión fuera de la Misa se puede dar en cualquier
día y a cualquier hora. Conviene, sin embargo, determinar,
atendiendo a la utilidad de los fieles, las horas para distribuir la
sagrada comunión, para que se realice una sagrada celebración más
plena con mayor fruto espiritual de los fieles. Sin embargo:

a) El Jueves Santo sólo puede distribuirse la sagrada comunión


dentro de la misa; pero a los enfermos se puede llevar la comunión a
cualquier hora del día.

b) El Viernes Santo únicamente puede distribuirse la sagrada


comunión durante la celebración de la Pasión del Señor; a los
enfermos que no pueden participar en esta celebración se puede
llevar la sagrada comunión a cualquier hora del día.

332
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

c) £1 Sábado Santo la sagrada comunión sólo puede darse como


viático (cf. Missale Romanum, edición típica 1979: Misa
vespertina de la Cena del Señor, p. 243; Celebración de la Pasión
del Señor, p. 250, n° 3; Sábado Santo, p. 265).

m. El ministro de la Sagrada Comunión


17. Pertenece ante todo al sacerdote y al diácono administrar la
comunión a los fieles que la pidan (cf. EM 31). Mucho conviene,
pues, que a este ministerio de su orden dediquen todo el tiempo
preciso, según la necesidad de los fieles.

También pertenece al acólito debidamente instituido, en cuanto


ministro extraordinario, distribuir la sagrada comunión cuando
faltan un presbítero o diácono, o estén impedidos, sea por
enfermedad, edad avanzada, o por algún ministerio pastoral, o
cuando el número de los fieles que se acercan a la sagrada mesa
es tan numeroso que se alargaría excesivamente la misa u otra
celebración (cf. MQ Vi).

El Ordinario del lugar puede conceder la facultad de distribuir la


sagrada comunión a otros ministros extraordinarios cuando sea
necesario para la utilidad pastoral de los fieles y no se disponga ni
de sacerdote ni de diácono o acólito (cf. Ic l , l y n ) .

IV. El lugar para distribuir la comunión fuera de la Misa


18. El lugar en que de ordinario se distribuye la sagrada
comunión fuera de la Misa es la iglesia o un oratorio en que
habitualmente se celebra o reserva la Eucaristía, o la iglesia,
oratorio u otro lugar en que la comunidad se reúne habitualmente
para celebrar una asamblea litúrgica los domingos u otros días.
Sin embargo, en otros lugares, sin excluir las casas particulares,
se puede dar la comunión, cuando se trata

333
Los Ministerios Instituidos

de enfermos, cautivos y otros que sin peligro o grave


dificultad no pueden salir.

V. Lo que se ha de observar al distribuir


la Sagrada Comunión
19. Cuando se administra la sagrada comunión en la
iglesia o en un oratorio, póngase el corporal sobre el altar
cubierto con un mantel; enciéndanse dos cirios como
señal de veneración y de banquete festivo (cf. OGMR 269);
utilícese la patena.

Pero, cuando la sagrada comunión se administra en


otros lugares, prepárese una mesa decente cubierta con
un mantel; ténganse también preparados los cirios.

20. E1 ministro de la sagrada comunión, si es presbítero


o diácono, vaya revestido de alba, o sobrepelliz sobre el
traje talar (sotana), y lleve la estola.

Los otros ministros lleven o un vestido litúrgico, quiza


tradicional en la región, o un vestido que no desdiga de
este ministerio y que el Ordinario apruebe.

Para administrar la comunión fuera de la iglesia, llévese la


Eucaristía en una cajita u otro vaso cerrado, con la
vestidura y el modo apropiado a las circunstancias de cada
lugar.

21. Al distribuir la sagrada comunión consérvese la


costumbre de depositar la partícula de pan consagrado en
la lengua de los que reciben la comunión, que se basa en el
modo tradicional de muchos siglos.

Sin embargo, las Conferencias Episcopales pueden


decretar, con la confirmación de la Sede Apostólica, que en
su juris-

334
Apéndice il: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

dicción se pueda distribuir también la sagrada comunión


depositando el pan consagrado en las manos de los fieles, con tal
que se evite el peligro de faltar a la reverencia o se dé lugar a que
surjan entre los fieles ideas falsas sobre la Santísima Eucaristía (cf.
Inst. MD).
Por lo demás, conviene enseñar a los fieles que Jesucristo es el
Señor y el Salvador y que se le debe a él, presente bajo las especies
sacramentales, el culto de latría o adoración, propio de Dios (cf.
Inst. ic n° 4).
En ambos casos, la sagrada comunión debe ser distribuida por el
ministro competente, que muestre y entregue al comulgante la
partícula del pan consagrado, diciendo la fórmula: El Cuerpo de
Cristo, a lo que cada fiel responde: Amen.

En lo que toca a la distribución de la sagrada comunión bajo la


especie de vino, síganse fielmente las normas litúrgicas (cf. OGMR
242; Inst. Sacramentali Communione 6).
22.Si quedaran algunos fragmentos después de la comunión,
recójanse con reverencia y pónganse en el copón, o échense en un
vasito con agua.

Igualmente, si la comunión se administra bajo la especie de vino,


purifiqúese con agua el cáliz o cualquier otro vaso empleado para
ese menester.
El agua utilizada en esas purificaciones, o bien se sume o se
arroja en algún lugar conveniente.
VI. Las disposiciones para recibir
la Sagrada Comunión
23.La Eucaristía, que continuamente hace presente entre los
hombres el misterio pascual de Cristo, es la fuente de toda

335
Los Ministerios Instituidos

gracia y del perdón de los pecados. Sin embargo, los que desean
recibir el Cuerpo del Señor, para que perciban los frutos del
sacramento pascual tienen que acercarse a él con la conciencia
limpia y con recta disposición de espíritu.

Además, la Iglesia manda “que nadie consciente de pecado


mortal, por contrito que se crea, se acerque a la sagrada
Eucaristía sin que haya precedido la confesión sacramental"
[Concilio Tridentino, Sesión XIH, Decretum de Eucharistia, cap.
7: Denz. 880 (1646-1647)]. Pero cuando concurre un motivo
grave y no hay oportunidad de confesarse, haga un acto de
perfecta contrición con el propósito de confesar cuanto antes
todos los pecados mortales, que al presente no pueda confesar.

Pero los que diariamente o con frecuencia suelen comulgar,


conviene que con la oportuna periodicidad, según la condición de
cada cual, se acerquen al sacramento de la penitencia.

Por lo demás, los fieles miren también a la Eucaristía como


remedio que nos libra de las culpas de cada día y nos preserva de
los pecados mortales; sepan también el modo conveniente de
aprovecharse de los ritos penitenciales de la liturgia, en especial
de la Misa (cf. EM 35).

24.Los que van a recibir el sacramento no lo hagan sin estar


durante al menos una hora en ayunas de alimentos y bebidas, a
excepción del agua y de las medicinas.

El tiempo de ayuno eucarístico, o sea, la abstinencia de alimento


o bebida no alcohólica, se abrevia a un cuarto de hora
aproximadamente para:

1) Los enfermos que residen en hospitales o en sus domicilios,


aunque no guarden cama.

336
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

2) Los fieles de edad avanzada, que por su ancianidad no salen de casa


o están en asilos.

3) Los sacerdotes enfermos, aunque no guarden cama, o de edad


avanzada, lo mismo para celebrar misa que para recibir la sagrada
comunión.

4) Las personas que están al cuidado de los enfermos o ancianos, y sus


familiares que desean recibir con ellos la sagrada comunión, siempre
que sin incomodidad no puedan guardar el ayuno de una hora (cf. Inst.
IC 3).

25.La unión con Cristo, a la que se ordena el mismo Sacramento, ha de


extenderse a toda la vida cristiana, de modo que los fieles de Cristo,
contemplando asiduamente en la fe el don recibido, y guiados por el
Espíritu Santo, vivan su vida ordinaria en acción de gracias y produzcan
frutos más abundantes de caridad.

Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de gracias,


que de modo eminente se da a Dios en la Misa, se recomienda a los que
han sido alimentados con la sagrada comunión que permanezcan algún
tiempo en oración (cf. Inst. IC 58).

CAPÍTULO n
VARIAS FORMAS DE CULTO
A LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

79. La Iglesia recomienda con empeño la devoción privada y


pública a la Santísima Eucaristía, aun fuera de la Misa, de acuerdo con
las normas establecidas por la autoridad competente, pues el Sacrificio
eucarístico es la fuente y el punto culminante de toda la vida cristiana
(cf. LG 11).

337
Los Ministerios Instituidos

En la organización de tan piadosos y santos ejercicios, téngase en


cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la
sagrada liturgia, en cierto modo se deriven de ella y a ella
conduzcan al pueblo (cf. la Instrucción Eucharisticum Mysterium
58).

80. Los fieles, cuando veneran a Cristo presente en el


Sacramento, recuerdan que esta presencia proviene del sacrificio y
se ordena al mismo tiempo a la comunión sacramental y espiritual.

Así, pues, la piedad que impulsa a los fieles a adorar a la Santa


Eucaristía los lleva a participar más plenamente en el misterio pascual
y a responder con agradecimiento al don de aquel que por medio de su
humanidad infunde continuamente la vida en los miembros de su
Cuerpo (cf. PO 5). Permaneciendo ante Cristo, el Señor, disfrutan de
su trato íntimo, le abren su corazón por sí mismos y por todos los
suyos y ruegan por la paz y la salvación del mundo. Ofreciendo con
Cristo toda su vida al Padre en el Espíritu Santo sacan de este trato
admirable un aumento de su fe, su esperanza y su caridad. Así
fomentan las disposiciones debidas que les permiten celebrar con la
devoción conveniente el memorial del Señor y recibir frecuentemente
el pan que nos ha dado el Padre.

Traten, pues, los fieles de venerar a Cristo en el sacramento de


acuerdo con su propio modo de vida. Y los pastores en este punto
vayan delante con su ejemplo y exhórtenlos con sus palabras (cf. PO
8).

81. Acuérdense, finalmente, de prolongar por medio de la oración


ante Cristo, el Señor, presente en el Sacramento, la unión con él
conseguida en la comunión y renovar la Alianza que los impulsa a
mantener en sus costumbres y en su vida lo que han recibido en la
celebración eucarística por la fe y

338
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

el Sacramento. Procurarán, pues, que su vida transcurra con


alegría en la fortaleza de este alimento del cielo, participando en la
muerte y resurrección del Señor. Así, cada uno procure hacer
buenas obras, agradar a Dios, trabajando por impregnar al mundo
del espíritu cristiano y también proponiéndose llegar a ser testigo
de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana (cf.
Inst. EM 32).

1. LA EXPOSICIÓN DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA


OBSERVACIONES PREVIAS

I. Relación entre la exposición y la Santa Misa


82. La exposición de la Santísima Eucaristía, sea en el copón,
sea en la custodia, lleva a los fieles a reconocer en ella la
maravillosa presencia de Cristo y les invita a la unión de corazón
con él, que culmina en la comunión sacramental. Así promueve
adecuadamente el culto en espíritu y en verdad que le es debido.

Hay que procurar que en tales exposiciones el culto del Santísimo


Sacramento, manifieste, aun en los signos externos, su relación
con la misa. En el ornato y en el modo de la exposición evítese
cuidadosamente lo que pueda oscurecer el deseo de Cristo, que
instituyó la Eucaristía ante todo para que fuera nuestro alimento,
nuestro consuelo y nuestro remedio (cf. Inst. EM 60).

83.Se prohibe la celebración de la misa durante el tiempo en que


está expuesto el Santísimo Sacramento en la misma nave de la
iglesia u oratorio.

Pues, aparte de las razones propuestas en número 6, la


celebración del misterio eucarístico incluye de una manera más
perfecta aquella comunión interna a la que se pretende llevar a los
fieles con la exposición.

339
Los Ministerios Instituidos

Si la exposición del Santísimo Sacramento se prolonga durante


uno o varios días, debe interrumpirse durante la celebración de la
misa, a no ser que se celebre en una capilla o espacio separado del
lugar de la exposición y permanezcan en adoración por lo menos
algunos fieles (cf. Inst. EM 61).

n. Normas que se han de observar en la


exposición
84. Ante el Santísimo Sacramento, ya reservado en el sagrario, ya
expuesto para la adoración pública, sólo se hace genuflexión
sencilla.

85. Para la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia se


encienden cuatro o seis cirios de los usuales en la misa, y se emplea
el incienso. Para la exposición en el copón enciéndanse por lo
menos dos cirios; se puede emplear el incienso.

Exposición prolongada.
86. En las iglesias y oratorios en que se reserva la Eucaristía, se
recomienda cada año una exposición solemne del Santísimo
Sacramento, prolongada durante algún tiempo, aunque no sea
estrictamente continuado, a fin de que la comunidad local pueda
meditar y adorar más intensamente este misterio.

Pero esta exposición se hará solamente si se prevé una asistencia


conveniente de fieles (cf. Inst. EM 63).
87. En caso de necesidad grave y general, el Ordinario del

to, expuesto durante algún tiempo más prolongado, y que debe


hacerse en aquellas iglesias que son más frecuentadas por los fieles
(cf. Inst. EM 64).

340
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

88. Donde, por falta de un número conveniente de ¿doradores, no


se puede tener la exposición sin interrupción, está permitido
reservar el Santísimo Sacramento en el sagrario, en horas
determinadas y dadas a conocer, pero no más de dos veces al día;
por ejemplo, a mediodía y por la noche.

Esta reserva puede hacerse de modo más simple: el sacerdote o el


diácono, revestido del alba (o de sobrepelliz sobre traje talar o
sotana), y de estola, después de una breve adoración, hecha la
oración con los fieles, devuelve el Santísimo Sacramento al
sagrario. Del mismo modo, a la hora señalada se hace de nuevo la
exposición (cf. Inst. EM 65).

Exposición breve
89. Las exposiciones breves del Santísimo Sacramento deben
ordenarse de tal manera que, antes de la bendición con el
Santísimo Sacramento, se dedique un tiempo conveniente a la
lectura de la Palabra de Dios, a los cánticos, a las preces y a la
oración en silencio prolongada durante algún tiempo.

Se prohibe la exposición tenida únicamente para dar la bendición


(cf. Inst. EM 66).

La adoración en las comunidades religiosas


90. A las comunidades religiosas y otras piadosas asociaciones
que, según las Constituciones o normas de su Instituto, tienen la
adoración perpetua o prolongada por largo tiempo, se les
recomienda con empeño que organicen esta piadosa costumbre
según el espíritu de la sagrada liturgia, de forma que, cuando la
adoración ante Cristo, el Señor, se tenga con participación de la
comunidad, se haga con sagradas lecturas, cánticos y algún tiempo
en silencio, para fomentar más eficazmente la vida espiritual de la
comunidad. De esta manera se promueve entre los miembros de la
casa religiosa el espíritu de unidad y fraternidad de que es signo y
realización

341
Los Ministerios Instituidos

la Eucaristía y se practica el culto debido al Sacramento de forma


más noble.

También se ha de conservar aquella forma de adoración, muy digna


de alabanza, en que los miembros de la comunidad se van turnando de
uno en uno, o de dos en dos. Porque también de esta forma, según las
normas del Instituto aprobadas por la Iglesia, ellos adoran y ruegan a
Cristo, el Señor, en el Sacramento, en nombre de toda la comunidad y
de la Iglesia.

III. El ministro de la exposición de la


Santísima Eucaristía
91. El ministro ordinario de la exposición del Santísimo Sacramento
es el sacerdote o el diácono, que al final de la adoración, antes de
reservar el Sacramento, bendice al pueblo con el mismo Sacramento.

En ausencia del sacerdote o diácono, o legítimamente impedidos,


pueden exponer públicamente la Santísima Eucaristía a la adoración
de los fieles y reservarla después, el acólito u otro ministro
extraordinario de la sagrada comunión, o algún otro autorizado por el
Ordinario del lugar.

Todos éstos pueden hacer la exposición abriendo el sagrario, o


también, si se juzga oportuno, poniendo el copón sobre el altar, o
poniendo la hostia en la custodia. Al final de la adoración guardan el
Sacramento en el sagrario. No les es lícito, sin embargo, dar la
bendición con el Santísimo Sacramento.

92. El ministro, si es sacerdote o diácono, revístase del alba (o la


sobrepelliz sobre el traje talar o sotana) y de la estola de color blanco.

342
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

Los otros ministros lleven o la vestidura litúrgica tradicional en el


país, o un vestido que no desdiga de este sagrado ministerio y que
el Ordinario apruebe.

Para dar la bendición al final de la adoración, cuando la exposición


se ha hecho con la custodia, el sacerdote y el diácono pónganse
además la capa pluvial y el velo humeral de color blanco; pero si la
bendición se da con el copón, basta con el velo humeral.

2. LAS PROCESIONES EUCARÍSTICAS

101. El pueblo cristiano da testimonio público de fe y piedad


religiosa hacia el Santísimo Sacramento con las procesiones en que
se lleva la Eucaristía por las calles con solemnidad y con cantos.

Corresponde al Obispo diocesano juzgar sobre la oportunidad, en


las circunstancias actuales, acerca del tiempo, lugar y organización
de tales procesiones, para que se lleve a cabo con dignidad y sin
descuido de la reverencia debida a este Santísimo Sacramento (cf.
Inst. EM 59).

102. Entre las procesiones eucarísticas adquiere especial


importancia y significación en la vida pastoral de la parroquia o de
la ciudad la que suele celebrarse todos los años en la solemnidad
del Corpus Christi o del Cuerpo y Sangre de Cristo, o en algún
otro día más oportuno, cercano a esta solemnidad. Conviene, pues,
que, donde las circunstancias actuales lo permitan y
verdaderamente pueda ser signo colectivo de fe y de adoración , se
conserve esta procesión de acuerdo con las normas del derecho.

Pero si se trata de grandes ciudades, y la necesidad pastoral así lo


aconseja, se puede, a juicio del Obispo diocesano, organizar otras
procesiones en los barrios principales de la

343
Los Ministerios Instituidos

ciudad. Pero donde no se puede celebrar la procesión en la


solemnidad del Cuerpo y de la Sangre, conviene que se
tenga otra celebración pública para toda la ciudad o para
los barrios principales en la iglesia catedral o en otros
lugares oportunos.

103. Conviene que la procesión con el Santísimo


Sacramento se celebre a continuación de la Misa, en la que
se consagre la hostia que se ha de trasladar en la procesión.
Sin embargo, nada impide que la procesión se haga después
de la adoración pública y prolongada que siga a la misa.

104. Las procesiones eucarísticas organícense según los


usos de la región, ya en lo que respecta al ornato de plazas y
calles, ya en lo que toca a la participación de los fieles.
Durante el recorrido, según lo aconseje la costumbre y el
bien pastoral, pueden hacerse algunas estaciones o paradas,
aun con la bendición eucarística. Sin embargo, los cantos y
oraciones que se tengan ordénense a que todos manifiesten
su fe en Cristo y se entreguen solamente al Señor.

3. LOS CONGRESOS EUCARÍSTICOS

109. Los Congresos eucarísticos, que en los tiempos


modernos se han introducido en la vida de la Iglesia como
peculiar manifestación del culto eucarístico, se han de mirar
como una statioy a la cual alguna comunidad invita a toda
la Iglesia local, o una Iglesia local invita a otras Iglesias de
la región o de la nación, o aun de todo el mundo, para que
todos juntos reconozcan más plenamente el misterio de la
Eucaristía bajo algún aspecto particular y lo veneren
públicamente con el vínculo de la caridad y de la unión.

Conviene que tales Congresos sean verdadero signo de fe y


caridad por la plena participación de la Iglesia local y por la
significativa aportación de las otras Iglesias.

344
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

110. Háganse los oportunos estudios, ya en la Iglesia


local y en las otras Iglesias, sobre el lugar, temario y el
programa de actos del Congreso que se vaya a celebrar,
para que se consideren las verdaderas necesidades y se
favorezca el progreso de los estudios teológicos y el bien
de la Iglesia local.

Para este trabajo de investigación búsquese el


asesoramiento de los teólogos escrituristas, liturgistas y
pastoralistas, sin olvidar a los versados en las ciencias
humanas.

111. Para preparar un Congreso se ha de hacer sobre


todo:
a) Una catequesis más profunda y acomodada a la
cultura de los diversos grupos humanos acerca de la
Eucaristía, principalmente en cuanto constituye el
misterio de Cristo viviente y operante en la Iglesia.

b) Una participación más activa en la sagrada liturgia,


que fomente al mismo tiempo la escucha religiosa de la
Palabra de Dios y el sentido fraterno de la comunidad
(cf. SC 41-52; LG 26).

c) Una investigación de las ayudas y la puesta en


marcha de obras sociales para la promoción humana y
para la comunicación cristiana de bienes incluso
temporales, a ejemplo de la primitiva comunidad (cf.
Hch 4,32), para que el fermento evangélico se difunda
desde la mesa eucarística por todo el orbe como fuerza
de edificación de la sociedad actual y prenda de la
futura (cf. 5C47; UR 15).

112. Criterios para organizar la celebración de un


Congreso eucarístico (cf. Instrucción EM 67):

a) La celebración de la Eucaristía sea verdaderamente el


centro y la culminación a la que se dirijan todos los
actos y los diversos ejercicios de piedad.

345
Los Ministerios Instituidos

b) Las celebraciones de la Palabra de Dios, las sesiones catequísticas


y otras reuniones públicas tiendan sobre todo a que el tema propuesto
se investigue con mayor profundidad, y se propongan con mayor
claridad los aspectos prácticos a fin de llevarlos a efecto.

c) Concédase la oportunidad de tener ya oraciones comunes, ya la


adoración prolongada, ante el Santísimo Sacramento expuesto, en
determinadas iglesias que se juzguen más a propósito para este
ejercicio de piedad.

d) En cuanto a organizar una procesión, en que se traslade al


Santísimo Sacramento con himnos y preces públicas por las calles de
la ciudad, guárdense las normas para las procesiones eucarísticas,
mirando a las condiciones sociales y religiosas del lugar (cf. 101-
104).

8. INSTRUCCIÓN IN ECCLESIASTICAM
FUTURORUAF02, SOBRE LA FORMACIÓN
LITÚRGICA EN LOS SEMINARIOS
(Sagrada Congregación para la Educación Católica, del
3 de junio de 1979)

La Sagrada Congregación para la Educación católica promueve,


desde hace varios años, una constante renovación en el campo de la
formación de los futuros sacerdotes, según las prescripciones del
Concilio Vaticano n, ofreciendo oportunas aportaciones a las
Conferencias Episcopales. La presente Instrucción se une a los
documentos y subsidios pedagógicos hasta hoy publicados e intenta
presentar indicaciones y normas para que la vida litúrgica y el estudio
de la liturgia sagrada en los centros de formación sacerdotal 118

118 Cf. In Enchiridion-Documentación litúrgica posconciliar, Barcelona, Editorial


Regina, 1995, pp. 63-82.

346
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

respondan mejor a las necesidades actuales. En efecto, la


importancia preeminente que tiene la liturgia en la vida de la
Iglesia exige que los candidatos al sacerdocio, mediante una
constante y cuidadosa práctica y un asiduo estudio de la misma,
adquieran una preparación adecuada para el ejercicio del
ministerio pastoral en este sector.

INTRODUCCIÓN

a) Importancia de la liturgia en la formación


sacerdotal
1. Es evidente la importancia de la liturgia en la formación
sacerdotal. Los sacerdotes son consagrados por Dios por manos
del Obispo no sólo para anunciar el Evangelio y guiar a los
fieles, sino también para presidir las celebraciones litúrgicas, en
cuanto partícipes de manera especial en el sacerdocio de Cristo,
que actúan como ministros de Cristo Cabeza, el cual en la
liturgia ejerce sin interrupción en favor nuestro su función
sacerdotal por medio del Espíritu Santo (cf. PO 2, 5,9 y 12). La
liturgia, mediante la cual “se ejerce la obra de la Redención”,
“contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida,
y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza
auténtica de la verdadera Iglesia” (SC 2), por eso, el cuidadoso
ejercicio y el estudio de la liturgia ofrecerá a los futuros
sacerdotes un conocimiento más sólido y un reforzamiento en la
fe, y les abrirán una experiencia viva de la Iglesia.

2. Una auténtica formación litúrgica requiere no sólo la teoría,


sino también la práctica. En cuanto iniciación “mis- tagógica”, se
alcanza principalmente por medio de la vida litúrgica de los
alumnos, a la cual son conducidos con profundidad creciente a
través de las celebraciones litúrgicas comunitarias. Esta
cuidadosa iniciación constituye la base del ulterior estudio; y,
por tanto, se supone ya lograda al desarrollar el programa de
liturgia.

347
Los Ministerios Instituidos

b) Oportunidad de este documento


en las actuales circunstancias
3. La formación litúrgica reviste urgencias particulares en nuestros
días. Publicados los nuevos textos litúrgicos para actuar la reforma
establecida por el Concilio Vaticano n, se impone promover una
adecuada formación de los futuros sacerdotes, que les permita
comprender la índole y virtualidades de la liturgia renovada,
insertarla en su vida espiritual y en su acción y, en fin, comunicarla
convenientemente a los fieles (cf. SC14).
4. Por lo demás, la formación litúrgica exige en los seminarios un
esfuerzo mayor, para hacer frente a los nuevos problemas
pedagógicos derivados de la creciente secularización de la sociedad,
que ofusca en las mentes la genuina naturaleza de la liturgia,
reduciendo en el hombre la capacidad de vivirla y participar en ella.
Esta dificultad la advierten los mismos alumnos, que con frecuencia
manifiestan el deseo de una vida litúrgica más profunda y más
auténtica.
5. La urgente necesidad de una adecuada iniciación fue ya
claramente expresada por el Concilio Vaticano n en la Constitución
Sacrosanctum Concilium (cf. nn. 15-17), en el Decreto Optatam
totius (cf. nn. 4,8,16 y 19), y concretada después por esta Sagrada
Congregación en la Ratio fundamentals institution^ sacerdotalis (cf.
nn. 14, 52,53,79,94 y 98), cuyas normas, tomadas de los documentos
de la Iglesia, ofrecen a las Conferencias Episcopales indicaciones
útiles para formular, en sus Rationes respectivas, prescripciones más
particulares en relación con las exigencias locales (cf. OT1).

Sin embargo, desde diversas partes se ha manifestado el deseo de


que esta Sagrada Congregación preparase normas pedagógicas más
detalladas, fundadas en las experiencias recientes, tanto para la recta
ordenación de la vida litúrgica en los seminarios, como para la
enseñanza de la liturgia.

348
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

c) Naturalem de esta Instrucción


6. Por tales motivos, este sagrado Dicasterio, tras haber
consultado la S. Cong. para los Sacramentos y el Culto divino, ha
decidido publicar la presente Instrucción, como complemento de
la Ratio fundamentalist con la misma autoridad y fuerza
obligatoria (cf. n° 2) y con la intención de atenerse a las
indicaciones de carácter universal (cf. n° 7), encomendando a las
Conferencias Episcopales la tarea de elaborar ulteriormente la
materia y de elegir entre los diversos modos de proceder el que se
estime mas apropiado (cf. n° 3).

El documento aspira además a conseguir que, en la redacción o


revisión de las Rationesparticulares, se clarifique mejor la
materia relativa al estudio de la sagrada liturgia y a la
organización de la vida litúrgica del seminario.

7. En la parte normativa, la Instrucción tiene en cuenta la doble


finalidad de la formación litúrgica: la práctica (mistagógica), que
mira a la celebración debidamente ordenada de la sagrada liturgia,
y la teórica (doctrinal), que pone de relieve la ciencia litúrgica,
como una de las principales disciplinas teológicas.

PARTE I
LA VIDA LITÚRGICA EN EL SEMINARIO

1) Principios generales para la promoción de la


vida litúrgica

a) Particular iniciación a la vida litúrgica en el período


previo de formación espiritual
8. “Para que la formación espiritual tenga bases más sólidas y
los alumnos abracen la vocación con una opción fundada en
madura deliberación” (07* 12), los Obispos suelen reservar un
cierto período, al comienzo del primer año de semi-

349
Los Ministerios Instituidos

nario, para dedicarlo a una más intensa formación


espiritual. Se recomienda que en este tiempo se proporcione a
los nuevos alumnos una breve y conveniente iniciación
litúrgica, necesaria desde el comienzo para una fructuosa
participación en la vida espiritual del seminario. Esta
iniciación consistirá en una catcquesis preliminar sobre la
misa, el año litúrgico, el sacramento de la penitencia y la
Liturgia de las Horas.

b) Principios pedagógicos de la
iniciación a la vida litúrgica
9. Una auténtica iniciación o “mistagogia” debe ilustrar
especialmente las bases de la vida litúrgica: la historia de la
salvación, el misterio pascual de Cristo, la genuina naturaleza
de la Iglesia, la presencia de Cristo en los actos litúrgicos, la
escucha de la Palabra de Dios, el espíritu de oración, de
adoración y de acción de gracias, la espera de la venida del
Señor (cf. SC 5-8).

10. § 1. La celebración litúrgica, como oración que es de la


Iglesia, participa de modo tan íntimo de su naturaleza, que
une necesariamente las voces de todos con el corazón y el
alma de cada uno, y es al mismo tiempo auténtica oración de
la comunidad y de cada cristiano. Más aún, “la participación
en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual” (cf.
SC 12). La liturgia y la piedad personal, en efecto, se sostienen
y completan recíprocamente; la íntima familiaridad de la
oración con Cristo conduce a una más plena, consciente y
piadosa participación en la liturgia; y, a su vez, encuentra en
la vida litúrgica su modelo y alimento.

De ahí se infiere la necesidad de fomentar en el seminario la


liturgia y la vida espiritual individual y de conjuntarlas
armónicamente (cf. 07 8). Por lo demás, según las necesidades
locales, habrá que insistir en la índole de la comunidad

350
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

y de su espiritualidad propia, allí donde todavía no fuese


suficientemente comprendida, o en los actos de piedad
personal (cf. RF 54), si no fuesen debidamente apreciados.
§ 2. Los ejercicios de piedad recomendados por la Iglesia
ordénense teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de
suerte que se ajusten a la liturgia y así de ella en cierto
modo se originen y a ella conduzcan a los alumnos (cf. SC
13).
§ 3. Una participación más plena en la vida litúrgica
conducirá a los alumnos a alimentar su vida interior y a
adquirir poco a poco el espíritu de meditación y la
conversión del corazón. Por otra parte, la educación y vida
diaria, tanto del sacerdote como de los demás hombres,
vínculo que impulsa al apostolado y exige el testimonio de
la fe viva que actúa por la caridad (cf. SC 10-11; RF 53).
11. El conocimiento de la liturgia, que se considera
necesario para el sacerdote y que debe ser conseguido en el
seminario, requiere una lectura asidua de la Sagrada
Escritura, como recomienda la Constitución
Sacrosanctum Concilium (cf. nn. 24 y 90), y una cierta
familiaridad con los escritos de los Padres (cf. RF 54,/).
Adquieren los seminaristas esta disposición de ánimo
gradualmente, a medida que avanzan en los estudios, en la
vida espiritual y en la participación en la celebración
litúrgica, especialmente en la Liturgia de las Horas y en
las celebraciones de la Palabra de Dios (cf. RF 53). Debe
procurarse además que, con estos esfuerzos y con un
particular estudio, los alumnos sean llevados a la
comprensión del lenguaje simbólico de la liturgia, que con
los signos sensibles, las palabras, los gestos, las cosas y las
acciones expresa las realidades divinas y las produce en los
sacramentos.

351
Los Ministerios Instituidos

c) La comunidad del seminario reunida


en la celebración litúrgica
12. La celebración litúrgica, que consolida toda comunidad
cristiana de forma que todos y cada uno de los miembros
“piensen y sientan lo mismo” {Heb 4, 32), debe fundir más
aún en la unidad la comunidad del seminario y dar a los
alumnos un espíritu común. Los alumnos, en efecto, se
forman para que, mediante la ordenación sacramental,
participen del único sacerdocio, reciban el común espíritu
del presbiterio, sean hechos colaboradores del propio
Obispo, se unan estrechamente a él y ejerzan el ministerio de
la edificación de la Iglesia. Por eso, la celebración litúrgica
en el seminario ha de hacerse de manera que resulte evidente
su naturaleza comunitaria y sobrenatural, y de este modo sea
en verdad fuente y vínculo de la vida común propia del
seminario, apta para preparar los ánimos de los alumnos a
^ la unidad del presbiterio (cf. RF 46-47).

El rector y los profesores pondrán sumo interés en celebrar


la liturgia con los alumnos, para manifestar así su índole
comunitaria y las riquezas contenidas en ella. También a los
profesores que no residen en el seminario ha de ofrecérseles
de vez en cuando la oportunidad de reunirse con los
sacerdotes del seminario y con los alumnos para celebrar la
liturgia.

Por cuanto se refiere a los alumnos, no sólo han de tomar


parte activa en la liturgia, sino que han de sentirse invitados
a colaborar con los profesores en la preparación de la
misma.

13. A fin de que los alumnos experimenten el misterio de la


Iglesia en cuanto jerárquica, o sea, distinta en la variedad de
miembros y de ministerios, es conveniente que haya en el
seminario diáconos, acólitos y lectores, que, imbuidos de la
espiritualidad del propio oficio, ejerzan su ministerio en las
acciones litúrgicas (cf. SC 28); de este modo se hará patente

352
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

a todos los alumnos la función propia del sacerdocio


ministerial y las de los diáconos, de los lectores y de los
acólitos.
Haya en el seminario una schola cantonan, conforme a lo
dispuesto en el n° 19 de la Instrucción Musicam sacram.
14. Aunque conviene que toda la comunidad se reúna
habitualmente para la participación en la liturgia, será
oportuno celebrar de vez en cuando alguna acción
litúrgica en pequeños grupos, ya para los alumnos que,
recién ingresados en el seminario, necesitan la catcquesis
litúrgica, de que se habló en el n° 8, ya en los seminarios
regionales para que los alumnos de una misma diócesis, ya
por alguna otra razón; quedando claro que dichos grupos
no deben menoscabar la unidad de la comunidad, y han de
respetar siempre las prescripciones de la Santa Sede.
15. Hay que procurar, pues, con diligencia que la
auténtica naturaleza eclesial de la asamblea litúrgica
quede bien de relieve. La comunidad del seminario es una
parte de la Iglesia, que se distingue y difiere de las otras
comunidades y grupos humanos; por eso debe expresar la
misma Iglesia y estar abierta a la entera comunidad
eclesial. Por esta razón, ciertos días, especialmente en
algunas ocasiones particulares, únase a las celebraciones
litúrgicas parroquiales y, en especial, a la celebración más
plena en torno al Obispo.
Ciertamente la vida litúrgica de la diócesis en tomo al
Obispo, que se recomienda a todos los fieles (cf. SC 41),
resulta todavía más necesaria para quienes están
destinados a ser cooperadores de su Obispo. Conviene,
pues, que en las grandes solemnidades, principalmente en
el Triduo Pascual, o en otras circunstancias, según la
tradición diocesana, los alumnos, sobre todo los diáconos,
rodeen a su Obispo y en torno a el ejerzan los ministerios
que les han sido confiados mediante la ordenación o la
institución, ya sea cuando el
BIBLIOTECA 353
del Convento ¿e SUBA
Los Ministerios Instituidos

Obispo celebra en la catedral, ya cuando lo hace en las otras


iglesias. Esta práctica, sin embargo, presenta al parecer alguna
dificultad en los seminarios que acogen alumnos de diversas
diócesis; ofrézcase, por tanto, a éstos la posibilidad de participar
alguna vez en la vida de la propia diócesis y de unirse al propio
Obispo en la liturgia, pero aprendan también a prestar, según la
tradición, su obediencia y su servicio a la Iglesia y al Obispo del
lugar.

d) La celebración litúrgica
16. Hágase comprender a los alumnos que las acciones litúrgicas no
son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que
pertenecen a todo el cuerpo eclesial, lo manifiestan y lo implican; por
consiguiente, son reguladas por las leyes de la Iglesia (cf. SC 23 y
26). La celebración litúrgica en el seminario debe ser, por tanto, un
modelo, por los ritos, por el tono espiritual y pastoral (cf. SC 46), y
por la fidelidad debida tanto a las prescripciones y a los textos de los
libros litúrgicos, cuanto a las normas emanadas de la Santa Sede y de
las Conferencias Episcopales.

17. Para introducir con mayor provecho espiritual a los alumnos en


las riquezas de la liturgia y prepararlos prácticamente al futuro
ministerio, favorézcase una sana variedad en el modo de celebrar las
acciones litúrgicas y de participar en ellas (cf. RF 52). Esta variedad
se referirá a los modos de celebrar la misa y las celebraciones de la
Palabra, penitenciales o bautismales, y finalmente a la manera de
organizar las bendiciones, todo ello con mayor o menor solemnidad y
con acomodación a las circunstancias y peticiones, de acuerdo con lo
admitido o recomendado por los libros litúrgicos y las prescripciones
de la Santa Sede.

En esta materia se trata de saber escoger debidamente entre las


varias posibilidades propuestas por los textos litúrgicos,

354
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

o también de elegir, componer o pronunciar nuevos textos


adaptados a las diversas circunstancias (peticiones en la oración
universal, moniciones). Corresponde a los profesores del
seminario ayudar y guiar a los alumnos, y también corregirlos
pacientemente, para que vayan adquiriendo la genuina noción de
la liturgia, bien fundada en la doctrina y el sentir de la Iglesia. De
este modo, los futuros sacerdotes aprenderán a utilizar
ampliamente, en la práctica pastoral, las varias posibilidades
ofrecidas por la liturgia renovada, pero también a mantenerse
dentro de los justos límites.

18. La indicada búsqueda de la diversidad en las celebraciones


no debe, en absoluto, distraer de la necesidad de una asimilación
íntima y profunda de aquellos elementos de la sagrada liturgia
que pertenecen a su parte inmutable, por ser de institución divina
(cf. SC 21). En efecto, la estructura de la liturgia permanece
siempre la misma, y muchos gestos y textos, los de mayor
importancia, se repiten frecuentemente; ayúdese a los alumnos a
penetrar más íntimamente en estas partes de la liturgia; háganlas
objeto de meditación y de repetidas reflexiones, y aprendan a
recabar de allí y a gustar un alimento siempre nuevo para el
espíritu.

19. Es particularmente útil para los alumnos el familiarizarse


con la lengua latina y con el canto gregoriano. Ciertamente, no
sólo debe mantenerse para los fieles esta posibilidad, prevista por
el Concilio vaticano n (cf. SC 54), de rezar y cantar
comunitariamente en latín en las grandes asambleas, sino que
conviene que los futuros sacerdotes se inserten más hondamente
en la tradición de la Iglesia orante, y conozcan el sentido genuino
de los textos y sepan por lo mismo explicar las traducciones a las
lenguas vernáculas, confrontándolas con el texto original.

355
Los Ministerios Instituidos

e) Preparación de los alumnos


al futuro oficio litúrgico de pastores
20. Ha de proveerse diligentemente para que los alumnos se
preparen al futuro oficio de pastores y de presidentes de la asamblea
litúrgica, con el aprendizaje de todo aquello que se relaciona con la
digna celebración de la liturgia, especialmente de la Santa Misa (cf.
EM 20). En esto hay que evitar una doble deformación, a saber: 1) no
consideren y realicen los alumnos la celebración litúrgica como un
mero ejercicio de aprendizaje de su futuro ministerio pastoral, siendo
así que ya desde ahora deben tomar parte en el misterio litúrgico,
según su actual condición, de manera plena, consciente y devota; 2)
no escojan únicamente los textos litúrgicos que consideren aptos para
los fieles que un día van a ser confiados a sus cuidados pastorales,
sino que, por el contrario, aprendan a descubrir todas las riquezas de
la oración de la Iglesia, de tal modo que, imbuidos de ellas, puedan
luego comunicarlas a sus fieles.

21. Procuren los alumnos poner en práctica cuanto han


experimentado y aprendido en el seminario, con oportunos ejercicios
pastorales. El tiempo más apto para esta iniciación próxima al oficio
litúrgico, y principalmente para el aprendizaje de las diversas
funciones a realizar en las celebraciones parroquiales, lo ofrecen
algunas ocasiones oportunas durante el año escolar; pero sobre todo
lo brindan las vacaciones y, más tarde, tratándose ya de una
preparación más intensa, el período final del curso teológico, cuando
los futuros sacerdotes, ordinariamente ya diáconos, cuentan con más
amplias facultades para el ministerio litúrgico. Ahora bien, para que
esta iniciación responda de veras a su finalidad y sirva a la
preparación de los alumnos, es necesario que sea dirigida y moderada
por los profesores del seminario o por los encargados diocesanos
para la liturgia (cf. RF 94 y 97-99).

356
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

2) Normas para cada uno de los actos litúrgicos a) La Misa y


el culto eucarístico
22. El sacrificio eucarístico debe ser considerado por los
alumnos como la verdadera fuente y culmen de toda la vida
cristiana; en él participan de la caridad de Cristo, tomando de esta
abundantísima fuente la fuerza sobrenatural para la vida espiritual
y el trabajo apostólico (cf. LG 11; PC 6; RF 52; cf. también la
encíclica RF¿). Convendrá explicar frecuentemente estas
verdades, según las circunstancias, en la homilía del celebrante;
por lo demás, es necesario infundir con empeño en los alumnos
este aprecio de la misa y del Santísimo Sacramento, aprecio que
probablemente antes de entrar en el seminario aún no habían
alcanzado. Hay que inculcar en ellos la convicción, ya que son
futuros presbíteros, de que los sacerdotes ejercen su principal
oficio en el sacramento eucarístico, en el cual se realiza
continuamente la obra de nuestra redención; así, mientras se unen
a la acción de Cristo sacerdote, se ofrecen cada día enteramente a
Dios (cf. PO13).

23. Es, por tanto, sumamente necesario que la celebración


eucarística diaria, que se completa con la comunión sacramental,
recibida con plena libertad y dignamente, sea el centro de toda la
vida del Seminario, y en la cual los alumnos participan con
devoción (cf. RF 52).

Aparte de la excepción de que se habla en el n° 14, la Misa debe


ser celebrada por toda la comunidad del Seminario, en la que
cada uno participa según su condición. Por eso, los sacerdotes
que viven en el Seminario y que no están obligados por oficio
pastoral a celebrar en otra parte, será bueno que concelebren la
Misa de la comunidad, mientras que los diáconos, los acólitos y
los lectores ejercitarán los respectivos oficios. Es deseable que se
canten siempre algunas partes de la Misa.

357
Los Ministerios Instituidos

24. La comunión bajo las dos especies, que, desde la perspectiva del
signo, presenta una forma mas plena (cf. EM 59), es recomendable en
el Seminario, según las normas de la Instrucción General del Misal
Romano y de los decretos de los obispos.

25. Durante el período de las vacaciones, los alumnos manifiestan


madurez y amor a la vocación, asistiendo asidua y constantemente a
la Santa Misa en los días feriales.

26. Frente a algunas costumbres que se han introducido por diversas


partes en nuestros días, adviértanse a los futuros sacerdotes que la
Iglesia recomienda vivamente a los sacerdotes la celebración diaria
de la Santa Misa, como acto ofrecido por Cristo y por la Iglesia para
la salvación de todo el mundo, aún cuando no estén a ello obligados
por deberes pastorales o no participe ningún fiel (cf. PO 13).

27. Desde la participación en la Santa Misa con piedad y espíritu de


fe, los alumnos sean guiados a una más sentida devoción hacia la
Santísima Eucaristía, conforme a las indicaciones de la Encíclica
Mysterium fidei y de la Instrucción Eucharisticum mysterium.
Exhórteseles, por tanto, a permanecer en oración durante un cierto
espacio de tiempo después de la comunión, y a visitar durante el día
la capilla del Seminario para orar ante el Santísimo Sacramento. En
determinados días del año se puede hacer una exposición del
Santísimo Sacramento, según las normas establecidas por la misma
Instrucción (cf. 62-66). Y las determinadas por el Ordinario del
lugar.

En la capilla del Seminario, el sagrario donde se conserva la


Santísima Eucaristía debe ser colocado de tal forma que se facilite la
oración privada y resulte accesible a los alumnos para que puedan
honrar asiduamente al Señor también con culto privado (cf. EM 53).

358
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

b) La Liturgia de las Horas


28. La renovada Liturgia de las Horas (cf. Const. Laudis
canticum) ha abierto las riquísimas fuentes espirituales de la
Iglesia orante, especialmente a los sacerdotes, a los diáconos, a
los religiosos obligados al coro y también a todo el pueblo
cristiano, al que se invita vivamente para que participe en ella
(cf. OGLH 20,22 y 26-27). Por eso en el seminario ha de
concederse un gran honor a la Liturgia de las Horas no sólo por
parte de aquellos que tienen obligación de celebrarla, es decir,
los presbíteros y los diáconos, sino por toda la comunidad de los
alumnos.

29. Favorézcase, pues, la celebración comunitaria de las Horas,


y hágase con canto, sobre todo los domingos y días festivos.
Introdúzcase oportunamente en ella a los alumnos con
brevísimas palabras de quien preside; de este modo se
acostumbrarán a gustar, a comprender y a amar cada vez más las
riquezas del Oficio, y aprenderán a sacar de él alimento para la
oración personal y contemplación, y así la Liturgia de las Horas
se armonizará con los otros ejercicios de piedad, en lugar de
excluirlos.

30. Celébrense habitualmente en común y en su justo momento


las Laudes, como plegaria de la mañana, y las Vísperas, como
plegaria de la tarde, “que, según la venerable tradición de toda la
Iglesia, son el doble quicio sobre el que gira el Oficio cotidiano”
(SC 89).

En cuanto sea posible, conclúyase con las Completas la jornada.


Invítese a los alumnos a recitarlas privadamente, cuando no
puedan ser rezadas en común.

Donde hay costumbre de dedicar, durante el día, un cierto tiempo


a la oración comunitaria, será bueno aprovechar la ocasión para
rezar la Hora intermedia.

359
Los Ministerios Instituidos

Especialmente los domingos y en las vigilias de las


solemnidades sería deseable se celebrara el Oficio de lectura,
y esto, al menos alguna vez, según el rito de la “Vigilia
prolongada”, como esta indicado en el libro de la Liturgia de
las Horas.
Por fin, durante los ejercicios espirituales, será conveniente
que la recitación del curso completo de la Liturgia de las
Horas señale los tiempos de la oración.
31. Prepárese con esmerada atención a los alumnos
para que, en la ordenación diaconal, reciban de la Iglesia con
agrado y con conocimiento de causa el encargo de celebrar
todo el Oficio de la Liturgia de las Horas. La Iglesia, en efecto,
encarga el Oficio divino a los que participan del orden
sagrado, precisamente para que “al menos ellos aseguren de
modo constante el desempeño de lo que es la función de toda
la comunidad, y se mantenga en la Iglesia sin interrupción la
oración de Cristo” (OGLH 28; PO 13).
Tengan presente, por tanto, los superiores que para iniciar
debidamente a los alumnos en el Oficio divino es necesaria,
además de una viva experiencia de la liturgia, una particular
preparación; por eso, no sólo se les deben explicar los
principios doctrinales expuestos en la Ordenación General de
la Liturgia de las Horas, sino que hay que guiarlos también en
la comprensión de los salmos, de suerte que aprendan a
discernir, a la luz del NT y de la Tradición, el misterio de
Cristo en ellos encerrado y a encontrar alimento para la
oración personal (cf. RF 53).
c) El domingo y el año litúrgico
32. El domingo constituya para los seminaristas -tanto
si participan en la misa en el seminario como si son enviados a
las parroquias-, lo mismo durante la celebración litúrgica que
a lo largo de todo el día, “la fiesta primordial”, que ha

360
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

de ser propuesta e inculcada en la piedad de los alumnos


como la alegre celebración del misterio pascual (cf. SC106).
El ciclo anual de los misterios de Cristo celébrese en el
seminario con particular fervor, según la Constitución
Sacrosanctum Concilium (cf. nn. 102-105 y 108-111).

Por consiguiente, además de la celebración de la misa y de


la Liturgia de las Horas según las normas de los libros
litúrgicos, es necesario procurar que en el seminario se dé
un carácter festivo al domingo y a las principales
celebraciones del Señor, de la B. Virgen María y de los
santos, de suerte que sean de verdad días de alegría.
Concédase gran importancia a la celebración de la fiesta de
los santos de la Diócesis -y de la región, si el seminario es
regional-, exponiendo a los alumnos su vida y su espíritu.
Celébrese también con interés el día aniversario de la
dedicación de la catedral y el aniversario de la ordenación
del Obispo del lugar.
Pero, sobre todo, prepárese cada celebración con una
catcquesis adecuada al mismo tiempo a las necesidades de
los actuales alumnos y de los futuros sacerdotes, no
descuidando el valor pastoral de algunas costumbres
populares. Todo el año litúrgico sea, por otra parte, no
solamente por la celebración litúrgica, sino por la vivencia
misma, un camino espiritual hacia la comunión con el
misterio de Cristo.
33. La formación completa y perfecta de los alumnos
exige que, durante los años de preparación en el seminario,
experimenten las formas más amplias y más ricas de
celebración de los tiempos y de las solemnidades del año
litúrgico; cuando, ya sacerdotes, ejerciten el ministerio
pastoral, las solemnidades festivas les ocasionarán un
acrecimiento de actividad apostólica; deberán repetir las
celebraciones en

361
Los Ministerios Instituidos

varios lugares, con frecuencia según las formas


simplificadas previstas en los libros litúrgicos. Por
consiguiente, el modo excelente con que los seminaristas
vivan en el seminario el año litúrgico habrá, de constituir
para ellos el modelo que ilumine su futuro trabajo
pastoral y el fundamento que asegure su progreso en la
meditación y su conocimiento del año litúrgico.
34. Una buena y ajustada pedagogía en este campo
no puede ignorar la índole especial de nuestro tiempo que,
particularmente en algunas regiones menos ricas en fe
viva, parece menos favorable a la profunda comprensión
de los tiempos y de las fiestas sagradas. Téngase, pues, en
cuenta la condición de aquellos alumnos que, antes de
ingresar en el seminario, no tuvieron una viva y profunda
experiencia del año litúrgico, para conseguir hacerles
capaces de captar fácilmente el sentido sobrenatural del
mismo, de llegar a un profundo conocimiento de los
acontecimientos salvíficos y de recibir la gracia contenida
en ellos.
d) El sacramento de la penitencia
35. En la vida espiritual de los futuros sacerdotes debe
concederse gran importancia al sacramento de la
penitencia, que, precisamente por ser sacramento, puede
contribuir más que los restantes actos penitenciales a
cultivar aquellas disposiciones de alma que requiere la
imitación de Cristo y el espíritu evangélico: una
conversión cada vez más completa, la purificación del
corazón, la virtud de la penitencia y el amor al sacrificio.
36. Acérquense, pues, los alumnos con frecuencia a este
sacramento para recibir la gracia que les ayude en sus
diarios esfuerzos espirituales (cf. RF 55). Porque en la
confesión frecuente “no se trata de una mera recepción
ritual ni de un cierto ejercicio psicológico, sino de un
constante empeño

362
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

en perfeccionar la gracia del bautismo, que hace que de


tal forma nos vayamos conformando continuamente a la
muerte de Cristo, que llegue a manifestarse también en
nosotros la vida de Jesús” (Ordo poenitentioe 7; Rtí).

El acercamiento al sacramento de la penitencia es un


acto esencialmente personal, que se realiza
individualmente; debe conservar su índole litúrgica
propia y sea de ordinario distinto de la dirección
espiritual. La frecuencia ha de determinarse de acuerdo
al propio confesor, según la tradición de los maestros de
espíritu y las leyes de la Iglesia.

Además, para que aparezca más claramente la


naturaleza eclesial de la penitencia (cf. OP 22),
convendrá alguna vez, especialmente con ocasión de la
Cuaresma y de los ejercicios espirituales, organizar
celebraciones litúrgicas penitenciales, según las
indicaciones del Ritual Romano, ora sin la confesión
sacramental, ora con la confesión y absolución
individuales, en el último caso, se debe respetar la
libertad de cada uno.

e) La celebración de las sagradas


ordenaciones y de los ritos preparatorios
37. La Iglesia acompaña a los candidatos en el camino
hacia el sacerdocio como candidatos a una iniciación, a
saber, no sólo con la formación doctrinal y espiritual,
sino también a través de los ritos.

Durante los estudios y según las normas dadas por la


Conferencia Episcopal, cuando la opción de los
aspirantes, acompañada de las necesarias cualidades, se
ve suficientemente madura, los candidatos son invitados
a manifestar públicamente dicha opción; el Obispo
entonces, después de aceptar por escrito, con lo cual se
realiza la elección por parte de la Iglesia, celebra el rito
de admisión de los mismos
363
Los Ministerios Instituidos

entre los candidatos al diaconado y al presbiterado (cf. AP, I


yin).
Asimismo, cumplidos los intervalos establecidos o a establecer por
la Santa Sede o por la Conferencia Episcopal, los candidatos,
durante el curso teológico (cf. AP, iv), “deben recibir los ministerios
de lector y de acólito, si todavía no los han recibido, y ejercerlos
durante un tiempo conveniente, para mejor prepararse a las futuras
funciones de la palabra y del altar” (cf. AP n).

38. Esta celebración de los ritos, juntamente con las instrucciones


preparatorias, ofrece a los alumnos una ocasión propicia para orar
con mayor interés los unos por los otros, y para comprender mejor
el significado, la importancia y las obligaciones de los oficios que
recibirán y la espiritualidad requerida por el ejercicio de cada uno
de los ministerios y
^ de las órdenes. Los elementos principales de esta preparación espiritual y
doctrinal se deducen fácilmente de cuanto se establece acerca de los
deberes del lector y del acólito en las Cartas apostólicas Ad
pascendum (cf. I, c) y Ministeria quaedam (cf. V-Vl).

Estas celebraciones se tendrán, en cuanto sea posible, con la


participación de toda la comunidad del seminario, o en la parroquia
de los candidatos, o en el seminario mismo.

39. Las sagradas ordenaciones de los diáconos y de los


presbíteros, aun siendo de gran provecho pastoral celebrarlas
alguna vez en la parroquia de los candidatos, o en aquella en que
hubieran ejercido algún ministerio, constituyen, sin embargo,
acontecimientos gozosos para toda la comunidad diocesana; la cual,
por este motivo, ha de ser informada e invitada a participar. Su
celebración, por tanto, preparada con diligencia y dignidad, exige
que los sacerdotes, los

364
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

diáconos, los alumnos del seminario y los fieles se reúnan en


torno al Obispo.

40. Las ordenaciones sagradas afectan profundamente a la vida


del seminario; no sólo, pues, los candidatos, sino también los
alumnos han de ser instruidos y preparados con la debida
catcquesis sobre los ritos y textos, lo cual les ayudará eficazmente
a asimilar la doctrina del sacerdocio y el ideal espiritual de su
vida apostólica.

41. Los lectores y acólitos ejerciten sus oficios. Los diáconos,


por su parte, antes de ser llamados al sacerdocio, ejerciten su
orden durante un cierto tiempo, ya en el seminario, ya en las
parroquias, ya especialmente junto al propio Obispo.

42. Ante los notables cambios introducidos por la Iglesia en la


disciplina y en los ritos de los grados por los que se llega al
sacerdocio, es evidente que los profesores del seminario han de
ser exhortados a renovar su mentalidad y sus métodos educativos,
para que la nueva disciplina produzca más fácilmente sus
preciosos frutos.

PARTEE
LA ENSEÑANZA DE LA SAGRADA LITURGIA EN LOS
SEMINARIOS

a) Principios generales
43. Además de la primera y esencial iniciación litúrgica que
tiene lugar, según las necesidades, apenas ingresan los alumnos
en el seminario, de la cual se habló en el n° 8 (cf. 0714, RF 62),
las Conferencias Episcopales han de proveer en su Ratio
institutions que la liturgia tenga, dentro del cuatrienio teológico,
el lugar que le corresponde, según el n° 16 de la Constitución
Sacrosanctum Concilium: “La asignatura de la Sagrada Liturgia
se debe considerar entre las materias nece-

365
Los Ministerios instituidos

sarias y más importantes en los seminarios y casas de estudios de


los religiosos, y entre las asignaturas principales en las Facultades
teológicas. Se explicará tanto bajo el aspecto teológico e histórico,
como bajo el aspecto espiritual, pastoral y jurídico”. Estas
prescripciones, desarrolladas más ampliamente en el n° 79 de la
Ratio fundamentalist han de ser entendidas en su sentido genuino
y aplicadas según se indica en los párrafos siguientes.

b) Objeto y finalidad de la enseñanza de la liturgia


44. La liturgia debe ser enseñada en plena correspondencia
con las necesidades actuales; en esta materia hay que tener en
cuenta, sobre todo, los aspectos teológico, pastoral y ecuménico.

a. En orden a la recta formación litúrgica de los futuros


sacerdotes, tiene una especial importancia la estrecha relación
existente entre la liturgia y la doctrina de la fe; esta relación debe
ser puesta de relieve en la enseñanza. La Iglesia, en efecto, expresa
la propia fe principalmente orando, hasta el punto de que "la ley de
la oración estableció la ley de la fe” (Denz-Sch. 246). Por tanto, no
sólo debe ser observada fielmente la lex orandi para no poner en
peligro la lex credendi, sino que los estudiosos de la teología
deben, a su vez, investigar cuidadosamente la tradición del culto
divino, especialmente cuando tratan de la naturaleza de la Iglesia y
de la doctrina y disciplina de los sacramentos.

b. Acerca del aspecto pastoral, interesa sobremanera que la


renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II sea
recta y plenamente comprendida por los futuros sacerdotes, a la
luz de la sana doctrina y de la tradición, tanto occidental como
oriental. Así, pues, debe exponérseles a los alumnos las normas de
la renovación litúrgica, para que comprendan mejor los motivos
sobre los cuales se basan las adap-

366
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

taciones y cambios determinados por la Iglesia, para que sepan


además discernir otros que pueden legítimamente desearse, y
distinguir, en medio de las cuestiones más graves y difíciles hoy
debatidas, aquellas partes inmutables de la liturgia que son de
institución divina, de aquellas otras que permiten el cambio (cf.
RF79\ SC 21).

c. También el diálogo ecuménico, promovido por el mismo


concilio Vaticano n, exige una cuidadosa preparación en la
ciencia litúrgica. En efecto, dicho diálogo suscita muchas y
difíciles cuestiones acerca de la liturgia, para cuya adecuada
valoración es necesario que sean preparados los alumnos.

c) Contenido y método de enseñanza de la liturgia


45. Corresponde a las Conferencias Episcopales determinar con
más detalles, en su Ratio institution^, el modo de enseñar la
liturgia en los seminarios. En el apéndice de esta Instrucción se
ofrece, como ejemplo, un índice de temas que parece oportuno
que haya que tratar; aquí, en cambio, se enuncian sólo las normas
más generales.

46. Ante todo, es necesario instruir a los alumnos sobre las


acciones litúrgicas, ya en lo que toca a los textos, ya en lo
relativo a los ritos y signos.

Las plegarias y las oraciones recitadas en la liturgia deben ser


explicadas de modo que destaquen los tesoros de doctrina y de
vida espiritual contenidos en ellas. Por eso, no basta con leerlos
en la traducción vernácula, sino que es necesario utilizar los
textos originales y ilustrarlos con la ayuda de la
S. Escritura y de la Tradición de los Padres. Por otra parte, el
género literario de la eucología cristiana, especialmente de los
salmos, no se comprende fácilmente, sino poseyendo una cierta
formación literaria.

367
Los Ministerios Instituidos

El profesor ha de explicar con interés las Instituciones que


preceden al Misal y al libro de la Liturgia de la Horas, y los
Praenotanda que se leen en el Ritual Romano al comienzo de cada
título. En tales documentos, en efecto, se ofrece la doctrina
teológica, la aplicación pastoral y el aspecto espiritual no sólo de
los ritos, sino también de cada uno de sus elementos. Además,
como en los mismos documentos sé proponen con bastante
frecuencia diversos modos de realizar el mismo rito, el profesor
deberá desarrollar la capacidad de juicio de los alumnos, para que
sepan luego discernir entre los varios modos que pueden escogerse
legítimamente según las circunstancias, y comprendan por qué las
rubricas usan muchas veces las expresiones de more, pro
opportunitate o laudabiliter.

^ 47. Como, por otra parte, tiene hoy tanta importancia el


T aspecto histórico de la liturgia (cf. SC 44, d)> se recomienda
que en las lecciones de liturgia se describa con esmero la historia
de los ritos, para que se comprenda mejor su significado, y se
pueda discernir entre las partes que son inmutables, por ser de
institución divina, y las “otras partes sujetas a cambio, que en el
decurso del tiempo pueden y aun deben variar, si es que en ellas se
han introducido elementos que no responden tan bien a la
naturaleza íntima de la misma liturgia o han llegado a ser menos
apropiados” (SC 21). Indíquese también cómo, en las diversas
circunstancias, la Iglesia ha adaptado su pastoral, teniendo
presentes las diversas costumbres de los pueblos y su peculiar
cultura. Pero, sobre todo, de los documentos históricos rituales
podrá la liturgia sacramental sacar grande utilidad y conseguir
mayor claridad y certeza.

48. En la descripción histórica de los ritos, dese la debida


importancia también a la tradición de las Iglesias orientales; “pues
en todas ellas, preclaras por su venerable antigüedad, brilla aquella
tradición de los Padres, que arranca desde los

368
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

Apóstoles, la cual forma parte del patrimonio indiviso de la


Iglesia universal, revelada por Dios” (Of 1). Más aún, incluso
razones pastorales atraen hoy a todos hacia el conocimiento de las
liturgias orientales.

49. Es importante, sobre todo, que además de tratar de cada una


de las acciones litúrgicas, se explique teológicamente la naturaleza
misma de toda la liturgia, según lo indicado en los nn. 5-11 de la
Constitución Sacrosanctum Concilium; a tal efecto, ofrézcase un
conocimiento más profundo del misterio pascual de Cristo, “del
cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su poder” (SC
61), de la historia de la salvación (cf. n° 5), de la presencia de
Cristo en la liturgia (cf. nn. 6-7). Estúdiese además la noción de
signo, ya que, la liturgia se sirve de signos visibles para significar
las realidades invisibles (cf. n° 33), para, por medio de ellos, de la
manera propia de cada uno, realizar la santificación de los hombre
(cf. n° 7). A la luz de todo ello aparezca la asamblea litúrgica
como manifestación de la Iglesia, en cuanto pueblo de Dios que
goza de la unidad en la distinción de los diversos ministerios (cf.
nn. 26-32 y 41-42).

50. Para profundizar en la teología de la liturgia y para


solucionar muchas dificultades, que se presentan a los pastores de
almas en la organización y en la promoción de la vida litúrgica,
deben ser justamente valorados los resultados seguros de las
modernas ciencias humanas, como la antropología, la sociología,
la lingüística, la historia comparada de las religiones, etc., que en
varios casos ofrecen no poca luz, aunque siempre dentro de los
límites impuestos por la índole sobrenatural de la liturgia. En esto
debe ser cultivado en los alumnos el sentido del discernimiento,
para que se hagan capaces de valorar rectamente la importancia de
estas materias y, al mismo tiempo, de evitar cuanto podría inducir
a menospreciar el genuino valor sobrenatural del culto católico.

369
Los Ministerios Instituidos

En el uso de estas ciencias, obsérvese además la regla según la


cual, “más que multiplicar el número de las asignaturas, convendrá
tratar de insertar adecuadamente en las ya prescritas, las cuestiones
y los nuevos aspectos” {RF 80).

d) Cualidades del profesor de Liturgia


y relación de la liturgia con las otras materias
51. A fin de que todo esto se enseñe debidamente, es preciso que
en el seminario haya un profesor especial, preparado para la
enseñanza de la Liturgia y, en cuanto sea posible, especializado en
uno de los Institutos destinados a este fin (cf. SC15; Instrucción ad
exsecutionem Constitutions de sacra Liturgia recte ordinandum
11); que haya estudiado teología e historia, conozca las realidades
pastorales y esté plenamente compenetrado del sentido de la
oración de la Iglesia. Sea
C? muy consciente de que la suya no es una tarea solamente
científica o técnica, sino más bien mistagógica, es decir, llamada a
introducir a los alumnos en la vida litúrgica y en su índole
espiritual.

, 52.De modo particular, recuerden los profesores de S. Es


critura la riqueza abundante de lecturas bíblicas que la liturgia
renovada propone a los fieles; más aún, que todas las acciones
litúrgicas y los signos reciben su significado de la S. Escritura (cf.
SC 24). Por este motivo, será necesario a los futuros sacerdotes un
más profundo conocimiento de los libros sagrados y de la historia
de la salvación, no sólo como ciencia exegética, sino como “amor
suave y vivo hacia la S. Escritura que atestigua la venerable
tradición de los ritos, tanto orientales como occidentales” {ibid.).

53. A un mayor provecho del estudio litúrgico contribuirá no poco


la coordinación con las demás asignaturas, encarecida por el mismo
concilio Vaticano II (cf. SC 16; OT16; RF 90). Así, por ejemplo, al
tratar sobre todo de la doctrina y

370
Apéndice il: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

del uso de los sacramentos, establézcase una estrecha


colaboración entre el profesor de Liturgia y los profesores de
Teología dogmática, Moral, Pastoral y Derecho canónico.
Ténganse frecuentes contactos, para favorecer un fructuoso
acuerdo entre todos con miras a obtener el mismo fin, y evítese el
peligro de repetir las mismas cosas, e incluso de contradecirse.

54. Al establecer los programas de las materias del curso


teológico, es de desear que, en lo posible, las cuestiones litúrgicas
sean tratadas coincidiendo en las cuestiones teológicas que tienen
con ellas una relación particular, de modo que, por ejemplo, al
mismo tiempo que el tratado sobre la Iglesia, se expliquen en
liturgia las nociones teológicas de la oración de la Iglesia, y así en
lo demás.

Será conveniente tal vez en algunos seminarios que el mismo


profesor de Liturgia explique toda la doctrina sobre los
sacramentos, con tal que esté verdaderamente preparado tanto en
teología sacramental como en liturgia.

55.Se debe poner cuidado también en destacar los elementos y


aspectos de la liturgia que pueden servir a realizar aquella síntesis
teológica que, según el n° 63 de la Ratio junda- mentalis, ha de
ser el resultado de todo el curso de los estudios, y que de modo
particular debe elaborarse en el último período del ciclo
teológico.

e) La música y el arte sagrado


56. Dada la importancia de la música sagrada en las
celebraciones litúrgicas, los alumnos deben recibir de personas
competentes la iniciación musical, incluso práctica, que les será
necesaria en su futuro oficio de presidentes y moderadores de las
celebraciones de la liturgia. En dicha preparación han de tenerse
en cuenta las dotes naturales de cada alumno, y

371
Los Ministerios Instituidos

servirse de los nuevos medios, hoy generalmente usados en las


escuelas de música, para lograr con mayor facilidad el provecho
de los alumnos. Se debe procurar, sobre todo, dar a los alumnos
no sólo una preparación en el arte vocal e instrumental, sino
también una verdadera y auténtica cultura y sensibilización, para
que conozcan y aprecien las grandes obras musicales del pasado y
sepan escoger, de la producción moderna, lo que es sano y recto
(cf. SC 112-121; MS).

57. Asimismo los alumnos, “mientras estudian filosofía y


teología, deben ser instruidos también sobre la historia y
evolución del arte sacro y sobre los sanos principios en que deben
fundarse sus obras, de modo que sepan apreciar y conservar los
venerables monumentos de la Iglesia, y puedan orientar a los
artistas en la ejecución de sus obras” (SC 129). También la
arqueología de las antigüedades cristianas contribuye eficazmente
a ilustrar la vida litúrgica y la fe de la Iglesia primitiva.

58. Es, además, particularmente necesario que los alumnos


reciban lecciones sobre el arte de hablar y de expresarse con
gestos, así como acerca del uso de los instrumentos de
comunicación social. En la celebración litúrgica, en efecto, es de
la máxima importancia que los fieles comprendan no sólo lo que
el sacerdote dice o recita, sea que se trate de la homilía o del rezo
de oraciones y plegarias, sino también aquellas realidades que el
sacerdote debe expresar con gestos y acciones. Esta formación
reviste tan grande importancia en la liturgia renovada, que merece
un cuidado especial.

f) La iniciación pastoral práctica al


ministerio litúrgico
59. La iniciación pastoral práctica de los alumnos para el
ministerio litúrgico, que se debe impartir de manera conveniente
durante todo el curso de los estudios y en determina-

372
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

das circunstancias (cf. nn. 20-21), alcanza su punto culminante


durante el último año de la preparación, en el cual los futuros
sacerdotes, después de haber hecho de la vida litúrgica del
seminario la fuente del verdadero espíritu cristiano, deberán
recibir una más cuidadosa preparación, acomodada a las
circunstancias particulares en que ejercerán su ministerio
sacerdotal. Durante este tiempo de formación práctica, se deberá
insistir sobre todo en las prescripciones pastorales y en las
indicaciones dadas por los Obispos sobre la preparación y la
administración de los sacramentos. Para impartir esta formación,
los profesores del seminario se pondrán de acuerdo con la
Comisión litúrgica de la Diócesis o de la región.

Esta adaptación a las condiciones y a las prescripciones de cada


lugar exige también que los alumnos conozcan y aprecien las
varias formas populares de piedad aprobadas por la autoridad de
la Iglesia (cf. n° 13).

g) Preparación más profunda de algunos alumnos en


la ciencia litúrgica
60. A fin de que las diócesis puedan disponer de sacerdotes
peritos para enseñar y para dirigir sus Comisiones litúrgicas, es
necesario preparar algunos candidatos idóneos para estos oficios.
A dichos candidatos, elegidos por el Obispo con esta finalidad,
envíeseles a uno de los Institutos específicos erigidos por la Santa
Sede o por las Conferencias Episcopales, una vez que hayan
terminado su preparación general en el seminario y se hayan
dedicado por algún tiempo al servicio pastoral (cf. RF 85). Esto
reviste carácter de particular urgencia en aquellos lugares donde,
a juicio de la autoridad eclesiástica competente, se exige una
adaptación litúrgica más radical.

373
Los Ministerios Instituidos

h) Perfeccionamiento en Información litúrgica de


los sacerdotes que ya terminaron sus estudios
61. En la formación sacerdotal, que debe ser perfeccionada y
continuada después de finalizados los estudios semina- rísticos,
según la norma del Concilio Vaticano II (cf. OT 22; RF 100-101),
habrá de tener su puesto también la sagrada liturgia. Es esto muy
importante, ya porque durante la preparación en el seminario no se
ha podido completar el estudio de todas las riquezas de la liturgia,
ya porque lo aconsejan las circunstancias de nuestro tiempo. En
efecto, las costumbres y la sociedad cambian con tal rapidez, que
no es posible prever, durante el período de la formación
sacerdotal, las nuevas dificultades que encontrará el servicio
pastoral y las controversias teológicas que surgirán. Ni se deben
pasar por alto las dificultades amplia y rápidamente difundidas por
revistas, reuniones, instrumentos de comunicación
[f social, opinión pública, las cuales incluso por lo que respecta
a la liturgia, suscitan cuestiones no poco difíciles que, sin
embargo, deben ser resueltas por los sacerdotes, porque afectan su
actividad cotidiana.

62. Conclusión. Cada día se obtienen frutos de la renovada vida


litúrgica; esto no es de maravillar, puesto que la liturgia ayuda en
gran manera a los fieles a expresar y manifestar en sus vidas el
misterio de Cristo y la genuina naturaleza de la Iglesia. Los
presbíteros y los alumnos del seminario deben reconocer más que
los fieles este beneficio recibido, pues en la liturgia obtienen una
experiencia más profunda y plena del sacerdocio y de sus
exigencias; ellos, en efecto, son invitados a imitar lo que tratan. De
este modo, por consiguiente, el estudio asiduo y el ejercicio de la
sagrada liturgia recuerdan continuamente a los futuros sacerdotes
la finalidad a que tienden todas las actividades pastorales y, al
mismo tiempo, hacen que todos sus esfuerzos en los estudios, en
las ejercitaciones pastorales y en la vida interior sean cada vez más
conscientes y consigan una profunda unidad.

374
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

9. INSTRUCCIÓN INAESTIMABILE DONUMm,


RECORDANDO ALGUNAS NORMAS
ACERCA DEL CULTO DEL MISTERIO
EUCARÍSTICO
(Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto
Divino, del 3 de abril de 1980)

El don inestimable de la Santísima Eucaristía ha sido nuevamente


objeto de consideración del Santo Padre Juan Pablo n en la Carta
dirigida a los Obispos y, por medio de ellos a los sacerdotes, el
24 de febrero de 1980. En consecuencia, la Sagrada
Congregación para los Sacramentos y el Culto divino llama la
atención de los Obispos sobre algunas normas relativas al culto
de tan gran misterio.

Estas indicaciones no son una síntesis que sustituya cuanto la


Santa Sede ha dicho ya en los documentos relativos a la
Eucaristía, promulgados después del Concilio Vaticano n y
vigentes aún, especialmente en elMissaleRomanum (2a Edición
típica, Roma 1975); en el Ritual Desacra communione et de culto
mysterii eucbaristici extra Missam (2 a Edición típica, Roma
1973); en las Instrucciones: Eucharisticum mysterium (S. Cong.
De Ritos, 25/5/1967); Memoriale Domini (S. Cong. para el Culto
divino, 29/5/1969); Im- mensae caritatis (S. Cong. para la
disciplina de los Sacramentos, 29/1/1973) y Liturgicae
instaurationes (S. Cong. para el Culto divino, 5/9/1970).

Esta Sagrada Congregación constata con gozo los frutos


numerosos y positivos de la reforma litúrgica: participación más
activa y consciente de los fieles en los misterios litúrgicos,
enriquecimiento doctrinal y catequístico mechante el uso de la
lengua vernácula, abundancia de las lecturas bíblicas, crecimiento
del sentido comunitario de la vida

103
Cf. Ibidem, pp. 324-331.

375
Los Ministerios Instituidos

litúrgica, esfuerzos logrados para colmar la distancia entre vida y


culto, entre piedad litúrgica y piedad personal, entre liturgia y
piedad popular.

No obstante, estos aspectos positivos y alentadores no pueden


esconder la preocupación con que se observan los mas variados y frecuentes
abusos, que son señalados desde las diversas partes del mundo católico:
confusión de las funciones, especialmente por lo que se refiere al ministerio
sacerdotal y a la función de los seglares (recitación indiscriminada y común de
la plegaria eucarística, homilías hechas por seglares, seglares que distribuyen
la comunión mientras los sacerdotes se eximen); creciente pérdida del sentido
de lo sagrado (abandono de los ornamentos. Eucaristías celebradas fuera de las
iglesias sin verdadera necesidad, falta de reve- rencia y respeto al Santísimo
Sacramento, etc.); desconoci- |! miento del carácter eclesial de la liturgia
(uso de textos pri-
|, vados, proliferación de plegarias eucarísticas no aprobadas,
, instrumentalización de los textos litúrgicos para finalidades
sociopolíticas). En estos casos nos hallamos ante una verda- : dera
falsificación de laliturgia católica: “Incurre en falsedad
el que, de parte de la Iglesia, ofrece a Dios un culto contrario a la
forma que, con autoridad divina, la Iglesia misma ha instituido y
continúa observando” (Santo Tomás de Aquino, Summa
Tbeologica, 2-2, q. 93, a. 1).

Ahora bien, todo esto no puede dar buenos frutos. Las


consecuencias son -y no pueden menos de serlo- la resquebradura
de la unidad de la fe y del culto en la Iglesia, la inseguridad
doctrinal, el escándalo y la perplejidad del pueblo de Dios y, casi
inevitablemente, las reacciones violentas.

Los fieles tienen derecho a una liturgia verdadera, que es tal


cuando es la deseada y establecida por la Iglesia, la cual ha
previsto también eventuales posibilidades de adaptación, re-

376
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

queridas por exigencias pastorales en los distintos lugares o por


los distintos grupos de personas. Experiencias, cambios,
creatividad indebidas desorientan a los fíeles. Además, el uso de
textos no autorizados hace que venga a faltar el nexo necesario
entre la lex orandi y la lex credendi. A este respecto hay que
recordar la advertencia del Concilio Vaticano II: “Nadie, aunque
sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa
propia en la liturgia” (cf. SC 22 § 3). Pablo VI ha recordado que
“quien se aprovecha de la reforma para darse a experiencias
arbitrarias, dispersa energías y ofende el sentido eclesial” [Pablo
VI, Alocución del día 22 de agosto de 1973: L’Osservatore
Romano (23 de agosto de 1973].

a) La Santa Misa
1. “Las dos partes de que consta la misa, a saber, la liturgia de la
palabra y la liturgia eucarística, están tan íntimamente unidas que
constituyen un solo acto de culto” (SC 56). No debemos
acercarnos a la mesa del pan del Señor sin antes habernos
detenido en la mesa de su palabra (cf. SC 56; DV 21). Es, pues,
máxima la importancia de la Sagrada Escritura en la celebración
de la misa. Consiguientemente, no se puede pasar por alto cuanto
la Iglesia ha establecido para que, en las celebraciones sagradas,
haya “lecturas de la Sagrada Escritura más abundantes, más
variadas y más apropiadas” (SC 35 § 1). Obsérvense las normas
establecidas en el Leccionario, bien sea en cuanto al número de
lecturas, bien sea en cuanto a las indicaciones relativas a
circunstancias especiales. Sería un grave abuso sustituir la Palabra
de Dios por la palabra del hombre, sea quien sea (cf. LI2, a).

2. La lectura de la perícopa evangélica está reservada al ministro


ordenado, es decir, al diácono o al sacerdote. Las demás lecturas,
cuando es posible, sean confiadas a un lector o a otros seglares
preparados espiritual y técnicamente. A la

377
Los Ministerios Instituidos

primera lectura sigue un salmo responsorial que forma parte


integrante de la liturgia de la Palabra (cf. OGMR 36).

3. La homilía tiene la finalidad de explicar a los fieles la Palabra


de Dios proclamada en las lecturas y actualizar su mensaje. La
homilía corresponde, por tanto, al sacerdote o al diácono (cf. LI2,
a).

4. La proclamación de la plegaria eucarística que, por su


naturaleza, es como el culmen de toda la celebración, está
reservada al sacerdote, en virtud de su ordenación. Por tanto, es
un abuso hacer decir algunas partes de la plegaria eucarística al
diácono, a un ministro inferior o a los fieles (Carta circular
Eucharistiae participationem (abril 27 de 1973), n° 8; Instrucción
LI4). La asamblea , sin embargo, no permanece pasiva o inerte; se
une al sacerdote con la fe y el silencio, y manifiesta su adhesión a
través de diversas intervenciones previstas en el desarrollo de la
plegaria eucarística: las respuestas al diálogo del prefacio, el
Sanctus, la aclamación después de la consagración y el “Amén”
final, después del Per ipsum, que también está reservado al
sacerdote. Este “Amén” en particular ha de resaltarse con el
canto, dado que es el “Amén” más importante de toda la misa.

5. Usense únicamente las plegarias eucarísticas incluidas en el


Misal Romano o legítimamente admitidas por la Sede Apostólica,
según las modalidades y límites por ella establecidos. Es un
gravísimo abuso modificar las plegarias eucarísticas aprobadas
por la Iglesia o adoptar otras compuestas privadamente.

6. Recuérdese que durante la plegaria eucarística no se deben


recitar oraciones o ejecutar cantos (cf. OGMR 12). Al proclamar
la plegaria eucarística, el sacerdote pronuncie claramente el texto,
de manera que facilite a los fieles la com-

378
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

prensión y favorezca la formación de una verdadera asamblea,


compenetrada toda ella en la celebración del memorial del
Señor.

7. La concelebración. Restaurada en la liturgia de Occidente, la


concelebración expresa de un modo privilegiado la unidad del
sacerdocio. Por esto, los concelebrantes estén atentos a los
signos indicativos de esta unidad: por ejemplo, estén presentes
desde el comienzo de la celebración, vistan los ornamentos
sagrados prescritos, ocupen el lugar que les compete en su
ministerio de concelebrantes y observen fielmente las restantes
normas para un decoroso desarrollo del rito (cf. OGMR 156 y
161-163).

8. Materia de la Eucaristía. Fiel al ejemplo de Cristo, la Iglesia


ha usado constantemente el pan y el vino con agua para celebrar
la Cena del Señor. El pan para la celebración de la Eucaristía,
según la tradición de toda la Iglesia, debe ser únicamente de
trigo y, según la tradición propia de la Iglesia latina, ázimo. Por
razón del signo, la materia de la celebración eucarística “se
presente de verdad como alimento”. Esto debe entenderse de la
consistencia del pan y no de la forma, que sigue siendo
tradicional. No pueden agregarse ingredientes extraños a la
harina de trigo y al agua. La preparación del pan requiere atento
cuidado, de manera que la confección no se haga con menoscabo
de la dignidad debida al pan eucarístico, haga posible una
decorosa fracción, no dé origen a excesivos fragmentos y no
hiera la sensibilidad de los fieles al comerlo. El vino para la
celebración eucarística debe ser extraído “del fruto de la vid” (Le
22,18), natural y puro, es decir, no mezclado con sustancias
extrañas (cf. OGMR 282-284; Instrucción LI 5).

9. La comunión eucarística. La comunión es un don del Señor,


que se ofrece a los fieles por medio del ministro autorizado para
ello. No se admite que los fieles tomen por sí

379
Los Ministerios Instituidos

mismos el pan consagrado y el cáliz sagrado; y mucho menos


que se lo hagan pasar de uno a otro.

10. El fiel, religioso o seglar, autorizado como ministro


extraordinario de la Eucaristía, podrá distribuir la comunión
solamente cuando falten el sacerdote, el diácono u el acólito,
cuando el sacerdote está impedido por enfermedad o por su
edad avanzada, o cuando el número de fieles que se acercan a
la comunión sea tan grande que haría prolongar
excesivamente la celebración de la misa (cf. Instrucción IC 1).
Es, pues, reprochable la actitud de sacerdotes que, aun
estando presentes en la celebración, se abstienen de distribuir
la comunión, dejando esta incumbencia a los seglares.

11. La Iglesia ha exigido siempre a los fieles respeto y


reverencia a la Eucaristía en el momento de recibirla.

Por lo que se refiere al modo de acercarse a la comunión,


ésta puede recibirse por los fieles bien sea de rodillas bien de
pie, según las normas establecidas por la Conferencia
Episcopal.

Cuando los fíeles comulgan de rodillas no se exige de ellos otro


signo de reverencia para con el Santísimo Sacramento, porque
la misma genuflexión expresa adoración. Pero cuando se
comulga de pie se recomienda encarecidamente que los que se
acercan procesionalmente hagan una reverencia debida antes de
la recepción del Sacramento en lugar y tiempo oportuno para
que no se entorpezca el acceso y retiro de los fieles (Instrucción
EM 34, b; cf. OGMR 244, c, 246, b y 247, b).

El “Amén” que dicen los fieles, cuando reciben la comunión,


es un acto de fe personal en la presencia de Cristo.

380
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

12. En cuanto a la comunión bajo las dos especies,


obsérvese lo que ha determinado la Iglesia, sea por la
veneración debida al mismo Sacramento, sea por la
utilidad de los que reciben la Eucaristía, según la
diversidad de circunstancias, de tiempo y lugar (cf. OGMR
241-242).

Las Conferencias Episcopales y los Ordinarios no


sobrepasen tampoco cuanto ha sido establecido por la
actual disciplina: la concesión de la comunión con las dos
especies no sea indiscriminada y las celebraciones sean
bien definidas; por lo demás, los grupos que gozan de esta
facultad sean bien determinados, disciplinados y
homogéneos (cf. OGMR 242 al final).

13. También después de la comunión sigue presente el


Señor bajo las especies. Por tanto, una vez distribuida la
comunión, las partículas sagradas restantes sean
consumidas o llevadas por el ministro competente al lugar
de la reserva eucarística.

14. El vino consagrado, en cambio, debe ser consumido


inmediatamente después de la comunión y no puede ser
conservado. Póngase atención en consagrar solamente la
cantidad de vino necesaria para la comunión.

15. Obsérvense las reglas prescritas para la purificación


del cáliz y de los demás vasos sagrados que han contenido
las especies eucarísticas (cf. OGMR 238).

16. Particular respeto y cuidado se deben a los vasos


sagrados, sea al cáliz y a la patena para la celebración de la
Eucaristía, sea a los copones para la comunión de los fieles.
La forma de los vasos debe ser adecuada al uso litúrgico al
que están destinados. La materia debe ser noble, duradera
y en todo caso adecuada al uso sagrado. En este sector el
juicio compete a la Conferencia Episcopal de cada región.
381
Los Ministerios Instituidos

No pueden usarse simples cestos u otros recipientes destinados al


uso común fuera de las celebraciones sagradas, o de baja calidad, o
que carecen de todo estilo artístico.

Los cálices y las patenas, antes de ser utilizados, deben ser


bendecidos por el Obispo o por un presbítero (cf. OGMR 288-
289,292 y 295; Instrucción LI8; Pontificale Romanum, Ordo
dedicationis ecclesiae et altaris 3).

17. Recomiéndese a los fieles no descuidar, después de la


comunión, una justa y debida acción de gracias, sea en la
celebración misma, con un tiempo de silencio, un himno o un
salmo u otro cántico de alabanza (cf. OGMR 56, j), sea después de
la celebración, quedando, si es posible, en oración por un
conveniente espacio de tiempo.

18. Como es sabido, las funciones que la mujer puede ejercer en


la asamblea litúrgica son varias; entre ellas, la lectura de la Palabra
de Dios y la proclamación de las intenciones en la oración de los
fieles. No están permitidas a las mujeres las funciones de acólito de
servicio al altar (cf. Instrucción LI
7) KM

19.Se recomienda una vigilancia particular y un cuidado especial


en las misas transmitidas por los medios audiovisuales. En efecto,
dada la amplísima difusión, su desarrollo debe ser de ejemplar
calidad119 120. En las celebraciones que se hacen en las casas
privadas obsérvense las normas de la Instrucción Actio pastoralis
[S. Congregación para el Culto divino, de 15 de mayo de 1969:
AAS 61 (1969), pp. 806-811].

119 Esta norma ha sido modificada con la interpretación del canon 230, § 2; cf. al
respecto la nota anterior 209. ios Cf. SC 20; Pontificia Comisión para los Medios
de Comunicación social, Instrucción Communio et progressio, de 23 de marzo de 1971,
n° 151: AAS 63 (1971), pp. 593-656.
382
Apéndice II: §1 Documentos del Magisterio de la Iglesia...

b) Culto eucarístico fuera de la Misa


20. Se recomienda vivamente la devoción tanto pública como
pr