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La investigación urbana entre 1960 y 1990.

Apuntes para un balance historiográfico


comparado entre México y Colombia

Urban research between 1960 and 1990.


Notes for a comparative historiographic balance
between Mexico and Colombia
Ilustración: Israel Reyes

Eulalia Hernández Ciro1


Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín
eulaliaciro@gmail.com

Artí cu lo d e i nve s ti g aci ó n

Resumen Fecha de recepción: 22 de noviembre de 2016


Fecha de aceptación: 17 de mayo de 2017
La reflexión sobre las formas de producción de conocimiento en el
campo de la investigación urbana ha sido un tema poco trabajado en la
historiografía colombiana. A partir de la historia comparada y del cam-
bio de escala de observación, este artículo exploratorio busca identifi-
car algunas particularidades y generalidades de los estudios urbanos
en Colombia entre 1960 y 1990, situándolos en las trayectorias latinoa-
mericanas y haciendo énfasis en algunos puntos comparativos con el
caso de México. Esta mirada histórica y geopolítica permite desnatura-
lizar y cuestionar los modelos, teorías, metodologías y formas de pro-
ducción de conocimiento que han atravesado a Colombia y en general
a América Latina, y avanzar en la comprensión de la complejidad de los
fenómenos territoriales actuales y sus posibilidades de transformación.

Palabras claves: Historiografía, investigación urbana, México, Colombia

Abstract
The reflection about the manners of producing knowledge on the field of
urban research knowledge has not been a common subject of work in the
Colombian historiography. From the comparative history and the change
of observation scale, this exploratory article seeks to identify some partic-
ularities and generalities of the urban studies in Colombia between 1960

1 Este artículo es producto de la estancia doctoral realizada en el Centro de Investiga-


ciones en Arquitectura, Urbanismo y Paisaje (ciaup), de la Facultad de Arquitectura
de la Universidad Autónoma Metropolitana-unam, en la Ciudad de México, bajo la
tutoría de la Doctora Carla Filipe Narciso.

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and 1990, placing them in the Latin American trajectories and emphasizing
in some comparative points with the case of Mexico. This historical and
geopolitical perspective allows denaturalizing and questioning the models,
theories, methodologies and forms of production of knowledge that have
crossed Colombia and in general to Latin America, and advance in the un-
derstanding of the complexity of the current territorial phenomena and their
possibilities of transformation.

Key words: Historiography, urban research, Mexico, Colombia

Introducción
Las perspectivas teóricas y metodológicas de la historia comparada,
conectada o transnacional, son cada vez más empleadas para la inves-
tigación sobre América Latina.2 En el campo de la investigación urbana
han permitido, entre otras cosas, estudiar el intercambio de teorías y
prácticas entre esta región y Europa, desde una visión crítica a la ver-
sión de las simples “influencias”, preguntándose por procesos de do-
ble vía, donde la producción local y la apropiación son decisivas.3 En el
movimiento que permite esta mirada comparada, pueden estudiarse
las similitudes y puntos de encuentro, pero también las diferencias y
particularidades de cada país o ciudad.
Al mismo tiempo, este movimiento puede enriquecerse con la meto-
dología del cambio de escala de observación propuesta por el historia-
dor Giovanni Levi, que busca entender funcionamientos locales desde
casos específicos, sin desconectarlos de contextos geopolíticos: “La
consideración de la pequeña escala se propone, entonces, como un
modo de captar el funcionamiento real de mecanismos que, en un nivel
‘macro’, dejan demasiadas cosas sin explicar”.4

2 María Ligia Coelho Prado, “América Latina: historia comparada, historias conectadas,
historia transnacional”, Anuario de la Escuela de Historia 24 (2013): 9-22.

3 Es el caso de los trabajos de la arquitecta colombiana Silvia Arango Cardinal donde,


a través de la metodología de las generaciones, busca similitudes y denominadores
comunes de la América Latina moderna. Desde una visión crítica del concepto de
influencia, anota cómo: “las influencias no ‘llegan’ sino que ‘se escogen’ y, por ello, en
todo proceso de contacto entre culturas, cuando algo influye de manera intensa y
duradera, esta influencia dice más de la cultura receptora que de la emisora”, Ciudad
y Arquitectura. Seis generaciones que construyeron la América Latina moderna (México:
Fondo de Cultura Económica Colombia, 2012), 14.
4 Giovanni Levi, “Un problema de escala”, Relaciones, Estudios de Historia y Sociedad 95
(2003): 283.

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Siguiendo las herramientas de la historia comparada y del cambio


de análisis de escala de observación, el presente artículo exploratorio
busca comprender algunas particularidades de la investigación urbana
en Colombia entre 1960 y 1990, situándola en las trayectorias latinoa-
mericanas y haciendo énfasis en algunos puntos comparativos con el
caso de México. Para dicho propósito, se presentan cuatro apartados:
el primero, una mirada geopolítica a los inicios y consolidación de los
estudios urbanos en América Latina; el segundo, la revisión de algunas
de las teorías y modelos que predominaron entre las décadas de 1960
y 1980; el tercero, que esboza líneas posibles de estudios comparados
entre México y Colombia, y el cuarto, algunas reflexiones finales.
La exploración se apoya en balances historiográficos sobre la in-
vestigación urbana disponibles a nivel de país y realizados en conjunto
para América Latina desde finales de la década de 1980. Entre ellos,
cabe destacar los cuatro volúmenes de La Investigación urbana en Amé-
rica Latina: caminos recorridos y por recorrer, resultado del seminario
realizado en Quito, Ecuador, en 1987;5 las investigaciones emprendidas
dentro del Proyecto Internacional Iniciativa Global para la Investigación
Urbana –guri–, presentado, entre otras publicaciones, en el libro Latin
American, Urban Research in the Developing World6 y los dos volúmenes
de Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina que recogen
las discusiones del seminario en ciudad de México en 2011.

5 Publicados por el Centro de Investigaciones Ciudad de Quito, con el apoyo de la Fun-


dación Ford, los cuatro volúmenes fueron coordinados por Fernando Carrión, Mario
Unda y José Luis Coraggio. El primero está dedicado a los “Estudios Nacionales”; el
segundo a “Viejos y nuevos temas”; el tercero a “La ideas y su contexto”, y el cuarto a
“Conversaciones sobre los caminos por recorrer”.
6 El Proyecto Internacional Iniciativa Global para la Investigación Urbana (guri, por sus
siglas en inglés) fue una de las iniciativas destacadas que tuvo el apoyo de la Funda-
ción Ford. Coordinada por la Universidad de Toronto en Canadá, inició en 1992 y tuvo
varias etapas hasta 1998, cubriendo un amplio grupo de países de América Latina,
Asia y África. En el caso latinoamericano, la primera etapa consistió en un análisis
comparativo de tres subregiones: México-Colombia y Centroamérica; Brasil y Vene-
zuela, y los países andinos y del Cono Sur, que exploraron la investigación urbana
considerando los temas estudiados, las perspectivas teóricas y disciplinarias, y la es-
tructura institucional, entre otros. Algunos de los resultados de dicho proyecto apare-
cen en el tercer volumen de la serie editada por Richard Stren, titulado Latin American,
Urban Research in the Developing World (Canadá: Universidad de Toronto, 1995).

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I. Los inicios de los estudios urbanos en América Latina,


una mirada geopolítica

El 11 de septiembre no sólo ha hecho despolmarse a las torres del World Trade


Center. Al menos por un instante ha hecho visible el espacio en cuyo centro
estaban. En tiempo histórico fue sólo un segundo, pero bastó. Lo que fue
alcanzado eran torres, no sólo símbolos. Capitalismo no es sólo el nombre de
un sistema, sino un sistema que tiene lugar. Y sus bancos, sus analistas, su
estructura inabarcablemente compleja, sus nudos neurálgicos, sus venas y
arterias.7
Karl Schlögel

Como lo recuerda el historiador alemán Karl Schlögel, y aunque pare-


ciera una evidencia que no es necesario señalar, el capitalismo tiene
expresiones y consecuencias espaciales. Los procesos de industria-
lización, globalización y urbanización han impactado las configura-
ciones urbanas y rurales,8 así como las discusiones ideológicas y el
diseño de las ciudades; es decir, tanto las formas de producción y cir-
culación del conocimiento, como los procesos de planificación e in-
tervención estatal y privada. Y, por tanto, tienen consecuencias sobre
individuos, sociedades y naciones. En este sentido, cabe destacar los
aportes del geógrafo estadounidense David Harvey 9 a propósito de las
consecuencias espaciales del capitalismo en sus múltiples facetas.
En el caso latinoamericano, por ejemplo, la “nueva división interna-
cional del trabajo” ocurrida en la década de 1990 tuvo consecuencias
tanto en el plano continental como en el nacional, implicando la rees-
tructuración de la producción, la apertura del comercio y la preferencia
creciente por los mercados exteriores. Tales fenómenos se expresaron
en la redistribución espacial de la industria y de la población en la nueva
articulación de las relaciones económicas entre las distintas regiones y

7 Karl Schlögel, En el espacio leemos el tiempo. Sobre Historia de la civilización y geopolíti-


ca (Madrid: Siruela, 2007), 36.
8 Por no decir que las transformaciones espaciales posibilitaron dichos procesos, si-
guiendo la producción del espacio de Henri Lefebvre.
9 El interés de David Harvey de leer históricamente y en clave espacial el capital atravie-
sa toda su obra, logrando incorporar análisis geográficos al materialismo histórico.
Al respecto, sobresale su libro La condición de la posmodernidad. Investigación sobre
los orígenes del cambio cultural (Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998). Entre los
aportes centrales de este trabajo, se destaca su visión crítica del posmodernismo,
historizándolo, visibilizando las condiciones espaciotemporales que produce y discu-
tiéndolo como una condición histórica-geográfica.

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en la reestructuración del sistema de ciudad.10 Y, paralelamente, a partir


de los años noventa, hay una fuerte influencia de la teoría de las ciu-
dades globales, que tuvo como resultado una importante corriente de
estudios urbanos de la globalización enfocados en las problemáticas
de las grandes metrópolis latinoamericanas. Éstos abarcaban temas
como la segregación socioespacial y las funciones económicas globa-
les y su organización en red.11
A propósito, cabe señalar que los estudios urbanos son una oportu-
nidad para realizar ejercicios críticos y comprensivos de estas realida-
des cambiantes pero, a su vez, están permeados por procesos geopo-
líticos y geohistóricos que inciden en sus agendas de trabajo, en sus
perspectivas teóricas y herramientas metodológicas, y son limitados o
potenciados por instituciones.
Remontándonos a sus comienzos –y sin olvidar que fue un proce-
so desigual en el continente–, varios estudiosos coinciden en que el
inicio y auge de los estudios urbanos de América Latina, tanto desde la
academia como desde los entes gubernamentales, está relacionados
con el aumento exponencial de las poblaciones en la primera mitad
del siglo xx y las consecuentes “problemáticas urbanas” de la nueva
masa de pobladores urbanos que empezaron a visibilizarse, como la
carencia de servicios públicos, vivienda y empleo. Sin embargo, esta
correspondencia entre crecimiento e inicio de los estudios urbanos no
fue la única motivación. La geopolítica mundial jugará un papel clave
en la aparición y en los avatares tanto de la planificación como de los
estudios urbanos en la región.
Sin duda, las acuciantes problemáticas urbanas fueron centrales
en la preocupación de estudiosos, intelectuales y políticos de los países
latinoamericanos en las décadas de 1950 y 1960. Pero esto no debe
hacer olvidar que las agendas locales y nacionales estuvieron marca-
das por múltiples estrategias de la Guerra Fría, promovidas por po-
tencias que se disputaban el poderío, como Estados Unidos, la urss,
Francia e Inglaterra –por no remontarnos hasta los procesos de colo-
nización e imperialismo ocurridos en América Latina a través de toda

10 Para el caso mexicano, ver los trabajos del geógrafo austriaco Christof Parnreiter,
“Ciudad de México: el camino hacia una ciudad global”, Revista Eure 85 (2002): 89-
119; “La división del trabajo como una relación socio-espacial, o cómo reconciliar la
ciencia económica y la geografía”, Economía unam, 39 (2016): 106-119.
11 Emilio Duhau López, “La investigación urbana y las metrópolis latinoamericanas”,
en Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, comp. Blanca Rebeca
Ramírez Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, vol. 1 (México: uam-Xochimilco, 2011),
35-38.

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su historia. Bajo las banderas de la cooperación y la circulación aca-


démica, estas potencias aprovecharon para acercar estudiantes a sus
países y para enviar avanzadas de asesores, docentes, investigadores
y programas que representaban sus posiciones políticas e intereses.
Por ello, los énfasis temáticos, las perspectivas y los enfoques teórico-
-metodológicos de las primeras décadas de los estudios urbanos de-
ben leerse en este marco.
A lo largo del siglo xx, asociados con el boom económico de los
países que empezaban a industrializarse en América Latina, pero tam-
bién con las crisis y guerras que sacudían a Occidente, como la Gran
Depresión de 1930,12 empezaron a llegar misiones extranjeras que te-
nían como propósito estudiar los países latinoamericanos. Al principio
produjeron informes que tuvieron hondas repercusiones, tanto por el
diagnóstico como por las recomendaciones. En el caso colombiano, en
la primera mitad del siglo se destacan las Misiones Kremmer; en la se-
gunda mitad, la Misión del Banco Mundial, dirigida por Lauchin Currie;
los sucesivos informes de la Cepal (presentados desde 1955) y, desde
Francia, la Misión de Economía y Humanismo que desembocó en el
Informe Lebret (1958).13 Al lado de estas Misiones, programas como
la Alianza para El Progreso, los Cuerpos de Paz y el Informe Atcon tu-
vieron consecuencias tanto en la vida barrial, como en las políticas
estatales y económicas, además de en la reorganización del sistema
educativo del país.
Involucrados en proyectos políticos y económicos amplios, como
los anteriormente descritos o en iniciativas académicas, expertos y
especialistas de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y la urss –con
motivaciones políticas, económicas y/o académicas, desde sus países
y en ocasiones desde la región–, estudiaban nuestras realidades y se
ocupaban de temas latinoamericanos.14 En ocasiones, la visita o per-
manencia de personajes ha sido estudiada de manera aislada, otorgán-
doles todo el protagonismo y sin considerar el contexto y los intereses
geopolíticos en los que estuvieron involucrados.

12 Para estudiar los particulares efectos de la crisis económica de 1930 en algunos


países de América Latina, véase Paulo Drinot y Alan Knight (coord.), La gran depresión
en América Latina (México: Fondo de Cultura Económica, 2015).
13 Álvaro Tirado Mejía, Los años sesenta. Una revolución en la cultura (Bogotá: Penguin
Random House, 2015), 99.
14 Desde varias perspectivas disciplinarias y con investigaciones desde la década de
1960, se destacan los trabajos de Richard Morse, Alan Gilbert, Claude Bataillon y
Peter Singer.

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Entre los aportes de extranjeros que fueron fundamentales en los


inicios de los estudios urbanos se destacan los del historiador nortea-
mericano Richard Morse.15 En especial, su trabajo pionero de 1965, La
investigación urbana latinoamericana: tendencias y planteos, reconocido
como uno de los primeros intentos por estudiar la producción acadé-
mica sobre la región. Narrando la complejidad de emprender una revi-
sión completa de la investigación de ese momento sobre urbanización
latinoamérica, da algunas pistas de dónde podían encontrarse aque-
llos estudios: en despachos gubernamentales y universitarios donde
circulaban documentos de trabajo, estudios locales y comparativos,
realizados desde diversas disciplinas que contribuían al campo, como
la historia, la planificación y la arquitectura, la antropología social, la
sociología, las ciencias políticas, la economía y la ecología.16
Además de tener lugar en las administraciones públicas y en las
aulas universitarias en América Latina, en las décadas de 1960 y 1970
se crearon y consolidaron varias instituciones y espacios que impulsa-
ron los estudios urbanos. En el caso de México el tema urbano empe-
zó a tener lugar en la academia, destacándose el Centro de Estudios
Demográficos de El Colegio de México –hoy Centro de Estudios De-
mográficos, Urbanos y Ambientales, cedua–; la primera maestría en
Planeación Urbana en la unam, en 1968, y de Planificación en el Insti-
tuto Politécnico Nacional; la creación de la Universidad Autónoma Me-
tropolitana (uam) en 1974 –como su nombre lo indica, con una clara
vocación metropolitana desde sus inicios– y del Centro de Estudios del
Medio Ambiente (cema). Estas iniciativas fueron claves para posterio-
res desarrollos multidisciplinarios, como el Programa de Investigación

15 Richard Morse fue un historiador estadounidense que dedicó gran parte de su vida al
estudio de países latinoamericanos como Cuba, México, Argentina y, sobre todo, Bra-
sil. En Puerto Rico participó en la Fundación del Instituto de Estudios del Caribe. Al-
gunos de sus trabajos fueron traducidos en México a través del Seminario de Historia
Urbana del inah, donde fue invitado a participar en varias conferencias, seminarios
y proyectos editoriales conjuntos. Junto al argentino Jorge Enrique Hardoy jalonaron
varios eventos y publicaciones. Entre sus trabajos claves se encuentran: Las ciudades
Latinoamericanas: Antecedentes y Desarrollo Histórico, 2 vols. (México: SepSetentas,
1972); Ensayos histórico-sociales sobre la urbanización en América Latina (Buenos Ai-
res: Clacso-Ediciones Siap, 1978); Repensando la ciudad de América Latina (Buenos
Aires: gel, 1988); Nuevas perspectivas en los estudios sobre historia urbana latinoameri-
cana (Buenos Aires: gel, 1989). Para conocer sobre sus perspectivas, consultar Hele-
na María Bousquet Bomeny, “La historia como vocación. Entrevista a Richard Morse”,
Secuencia 19 (1991): 141-158.
16 Richard Morse, La investigación reciente sobre Latino-América: examen selectivo y co-
mentarios (Buenos Aires: Ediciones Siap, 1971), 1.

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en Estudios Metropolitanos de la uam, creado en 1986, y el Programa


Universitario de Estudios de la Ciudad de la unam, iniciado en 1994.17
En el campo de los centros de investigación especializados, con
sede en Francia y Estados Unidos –activos en la actualidad–, se en-
cuentran el Institut des Hautes Etudes de L'Amérique Latine, fundado
en 1954,18 y la Latin American Studies Association, creada en 1966.19
Organismos multilaterales, como la Organización de las Naciones Uni-
das (onu), especialmente con la Fundación de las Naciones Unidas
para el Hábitat y los Asentamientos Humanos (fnuhah) en la década
de 1970; el Banco Interamericano de Desarrollo (bid), desde 1959, y la
Cepal, desde 1948, también han sido claves en la producción de cono-
cimiento especializado (como los indicadores) y en el financiamiento
de investigaciones de largo alcance, seminarios y publicaciones, te-
niendo una amplia incidencia en las agendas latinoamericanas hasta
la actualidad.
Otras instituciones, de carácter latinoamericano, y Organismos No
Gubernamentales (ong) que son claves para entender el desarrollo
de los estudios en aquella época fueron la Sociedad Interamericana de
Planificación (Siap), constituida en 1957 y que reunía a los planifica-
dores y editaba la primera revista latinoamericana de alcance conti-
nental,20 y la Comisión para el Desarrollo Urbano y Regional, dentro del
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), activa desde
1960 en la promoción de seminarios y fomento de las publicaciones.
Igualmente, la presencia de fundaciones, como la Ford, es clave en esta
lectura geopolítica, atravesando no sólo la formación a través de becas
de estudio a latinoamericanos, sino también el intercambio y la discu-
sión a través de los eventos, seminarios, cursos y publicaciones.

17 Roberto Eibenschutz y Rafael Rodríguez, “Globalización, desarrollo y ciudades. ¿Ven-


ticinco años de política urbana en México”, en Reflexiones sobre política urbana, coord.
Alfonso Xavier Iracheta Cenecorta (Zinacantepec: El Colegio Mexiquense, 2013), 47-79.
18 Además de sus programas de formación y de investigación, la publicación Cahiers
des Amériques Latines, que se edita desde lo década de 1960, es un referente im-
portante para dar cuenta de la investigación en y sobre América Latina. Para más
información, consultar el sitio web del Instituto: http://www.iheal.univ-paris3.fr/es.
19 Al igual que su homóloga francesa, la revista interdisciplinaria Latin American Research
Review, creada en 1965, es un importante medio a la hora de revisar las investiga-
ciones sobre Latinoamérica y el Caribe. Véase http://lasa.international.pitt.edu/esp/.
20 Para ampliar la información sobre la Siap, véase Luis Eduardo Camacho, “Sociedad
Interamericana de Planificación, SIAP 50 años. Vida institucional y programática”,
Revista Bitácora Urbano Territorial 11 (2007): 268-284.

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II. De las teorías, modelos y praxis


Al lado de la incidencia en las agendas, en los temas abordados y de las
instituciones que se crearon para jalonar los estudios urbanos, también
el campo de las teorías y metodologías ha estado atravesado por con-
diciones geopolíticas. Para algunos, los debates ideológicos sesgaron
y limitaron los estudios urbanos desde sus inicios hasta muy entrada
la década de 1980. Para otros, esta relación entre ideología y ciencia va
a ser clave para lograr posturas críticas y creativas ante las problemá-
ticas del fenómeno urbano.
Más allá de quedarse en una u otra orilla, la distancia retrospecti-
va y contemporánea posibilita nuevas miradas. Por ejemplo, estudiar
a fondo las implicaciones del marxismo, en sus múltiples vertientes,
apropiaciones, formas e intensidades, en las ciencias sociales y en los
estudios urbanos de cada país; ir más allá de los discursos de coloni-
zación y colonialidad; preguntarse por las apropiaciones, los diálogos
creativos y la circulación de ideas. Y, en el mismo sentido, reconocer y
estudiar la producción latinoamericana.21
Como lo recuerda la socióloga Isabel Franco Duque, la historia inte-
lectual y la pregunta por las formas de conocimiento en nuestro conti-
nente no pude ser en una sola vía:

[…] las influencias foráneas, sumadas a las condiciones de posibi-


lidad (técnicas, económicas, sociales y políticas) y a la experticia
de los planificadores locales, han sentado las bases del urbanismo
en América Latina. Sin embargo, cabe preguntarse si figuras como
Brunner, Le Corbusier o Josep Lluis Sert también se vieron, de alguna
manera, influenciadas por su paso por las ciudades latinoamerica-
nas y por su intercambio de las ideas con expertos locales.22

21 En esta última línea, se destacan los trabajos publicados en los dos volúmenes de
Teorías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, por Blanca Rebeca Ramírez
Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, resultado de las discusiones en el Seminario Taller
Internacional del mismo nombre, realizado en la Universidad Autónoma Metropoli-
tana, Unidad Xochimilco, en la Ciudad de México en octubre del 2011. Se trata de
una apuesta política que busca reconocer las aportaciones teóricas y metodológicas
latinoamericanas sobre los estudios urbanos y regionales y construir un pensamien-
to teórico propio acorde con nuestras realidades y retos urbanos. En dicho evento
también se acordó la conformación de la Red Latinoamericana de Investigadores
sobre Teoría Urbana, cuyo sito web es: http://www.relateur.org/
22 Isabel Duque Franco (ed.), Historiografía y planificación urbana en América Latina (Bo-
gotá: Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Geografía, Universidad Na-
cional de Colombia, 2013), 13.

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En 1948, después de la segunda Guerra Mundial y en el contexto de la


Guerra Fría, operó una nueva geopolítica. El antropólogo colombiano
Arturo Escobar ha denominado este proceso como La invención del Ter-
cer Mundo, consistente en la imposición de tres escenarios: el Primer
mundo de los Estados modernos capitalistas; el segundo de los Esta-
dos modernos, pero comunistas, y el Tercer Mundo (América Latina,
África, Asia) al que pretendían extender su influencia los otros dos en
abierta rivalidad.23 Esta división y concepción del mundo y sus modos
de interacción van a ser claves para entender las teorías hegemónicas,
pero también las versiones “opositoras”, de resistencia o los modelos
predominantes en el campo de los estudios urbanos.
En este contexto, surge la teoría de la marginalidad y economía dual,
que predominó en la década de 1950 y tuvo auge los siguientes de-
cenios (entre 1960 y 1970). Asumiendo esta división de tres mundos
como una división entre países desarrollados y otros subdesarrollados,
que deberían seguir el camino del desarrollo, sus perspectivas estuvie-
ron centradas en el análisis de la pobreza urbana y la no integración de
los pobres recientemente urbanizados en la vida y la economía urbana:
“el concepto de marginalidad pasó rápidamente de una noción geográ-
fica y económica a otra sociológica y psicológica”. 24 Para el caso de
México, se destacan los trabajos que realizó el antropólogo estadouni-
dense Oscar Lewis desde 1959, en especial sobre la idea de “cultura del
slum”25 y la también llamada teoría de la modernización, con repercu-
siones en todo el continente.
Esta perspectiva fue fuertemente criticada, entre otros, por el arqui-
tecto Emilio Pradilla Cobos. En su opinión, la teoría de la marginalidad
“consideraba el capitalismo como el modelo ideal, moderno, de desa-
rrollo social, por lo cual quienes no participaban en él estaban ‘al mar-
gen’ de la sociedad, y quienes sí participaban, estaban ‘integrados’, lo

23 Para ampliar esta perspectiva desde enfoques antropológicos, geográficos y geopo-


líticos, véase Arturo Escobar, La invención del Tercer Mundo. Construcción y decons-
trucción del desarrollo (Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana, 2007) y John
Agnew, Geopolítica: una re-visión de la política mundial (Madrid: Trama editorial, 2005).
24 Lucía Valladares y Madga Prates Coelho, “La investigación urbana en América Lati-
na. Tendencias actuales y recomendaciones – Discussion paper No. 4” (sin fecha).
Versión digital, consultada en Diciembre 28, 2016. http://digital-library.unesco.org/
shs/most/gsdl/cgi-bin/library?e=d-000-00---0most--00-0-0--0prompt-10---4------0-
1l--1-en-50---20-about---00031-001-1-0utfZz-8-00&a=d&c=most&cl=CL4.1&d=HAS
Ha35a270236f3ece0393a7d
25 Entre otros trabajos, editado por primera vez en inglés en 1959 y con traducción al es-
pañol en 1961, véase Oscar Lewis, Antropología de la pobreza: cinco familias (México:
Fondo de Cultura Económica, 2016).

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cual contrastaba con la realidad que colocaba a obreros y a empleados


integrados al sistema, en situaciones similares a las de los ‘margina-
dos’”.26 Este autor sostiene que, como lo ha demostrado hasta hoy, el
desarrollo capitalista no ha llevado a la eliminación de la situación de la
marginalidad ni las condiciones precarias. De otro lado, como aporte de
esta perspectiva, se reconoce la introducción del análisis del papel del
Estado en la urbanización en Latinoamérica.
Los llamados teóricos de la dependencia o de la urbanización depen-
diente irrumpieron con fuerza en la década de 1970, marcando el cli-
ma intelectual y académico latinoamericano hasta finales de los años
ochenta. Consideraban el proceso de urbanización como resultado de
un tipo particular de desarrollo económico, capitalista dependiente, con
efectos sobre el desarrollo urbano. La Cepal, fundada en décadas ante-
riores y bajo la guía del argentino Raúl Prebisch, estuvo relacionada con
la formulación de la teoría de la dependencia, que buscaba incorporar la
industrialización y otros cambios económicos en la región para adap-
tarla al orden de posguerra: “su premisa fundamental era que la depen-
dencia se expresaba en la articulación de los intereses del capitalismo
nacional con los del resto del sistema capitalista”.27
En la medida que las iniciativas desarrollistas de la Cepal se agota-
ron, el “dependentismo” pasó a ser una explicación alternativa marxista
frente al desarrollismo de corte capitalista. En efecto, con los posterio-
res trabajos de los brasileños Celso Furtado, Fernando H. Cardoso y
Enzo Faletto, entre otros, “la teoría se convirtió en una suerte de escuela
marxista de las ciencias sociales, proveyendo una matriz histórica para
entender el atraso de América Latina durantes las eras colonial y re-
publicana, que incluía las dimensiones económica, política y social del
subdesarrollo”.28
Asimismo, se acuñó el término de urbanización dependiente, proceso
ligado a la relación entre países periféricos y centrales, analizados por
autores como Manuel Castells en Imperialismo y urbanización en Amé-
rica Latina, de 1973, así como por Marta Schteingart en Urbanización
y dependencia en América Latina, del mismo año. Los aspectos sociales

26 Emilio Pradilla Cobos, “La economía y las formas urbanas en América Latina”, en Teo-
rías sobre la ciudad contemporánea en América Latina, comp. Blanca Rebeca Ramírez
Velásquez y Emilio Pradilla Cobos, vol. 1 (México: uam-Xochimilco, 2011), 180.
27 Valladares y Prates Coelho, “La investigación urbana en América Latina”.
28 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana. Para una historiografía de la ciudad
y el urbanismo en América Latina (Caracas: Equinoccio-Universidad Simón Bolívar,
2008), 163.

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y políticos de las ciudades latinoamericanas, en tanto escenarios dra-


máticos de esa urbanización, fueron tipificados por Marcos Kaplan, en
1972, y Aníbal Quijano, en 1977, entre otros.29
Una de las mayores críticas a esta perspectiva fue su énfasis en una
historiografía urbana “economicista y sociologizada”, con aproximacio-
nes a-históricas, comunes a la aplicación de modelos y teorías de co-
rrientes científico sociales al Tercer Mundo. Igualmente, se señala que
muchos trabajos fueron más interpretaciones que estudios empíricos
fundados en la exploración cuidadosa de las fuentes, que hubo una ca-
rencia de proyección espacial y territorial y descuido de los aspectos
culturales.30 Para investigadores como Arturo Almandoz, “esta ‘historia
desde abajo’ preconizada por la interpretación dependentista, ‘priorizó
el estudio de la urbanización demográfica y económica por sobre la ciu-
dad y el urbanismo’”.31
Entre los aportes reconocidos a esta teoría se encuentra la impor-
tancia dada al papel del Estado como factor esencial para compren-
der la urbanización y que esta perspectiva facilitó la incorporación de
la sociología urbana francesa y la difusión de sus ideas en la década
de 1970 a través de las obras traducidas en español y portugués de
autores como Henri Lefebvre, Manuel Castells, Jean Lojkine, Christian
Topalov y Edmond Preteceille.32 Este enfoque de la sociología urbana
francesa renovaba la reflexión sobre los problemas urbanos a través
de tres formas:

a) rechazando la idea de la autonomía del espacio urbano y aceptan-


do el concepto de espacio socialmente producido; b) politizando los
problemas urbanos al hacer hincapié en la relación entre el Estado y

29 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana, 164.


30 Descuido sobre la cultura que habría sido superado por el historiador argentino José
Luis Romero en su libro Latinoamérica: las ciudades y las ideas, publicado en 1976. Su
prematura muerte dejó varios proyectos inconclusos, como una historia de las ciuda-
des y las culturas urbanas, con el título de La ciudad occidental y que complementaría
el de América Latina. Para conocer su trayectoria, entre otros, véase: Sergio Bagú et
al. De historia a historiadores. Homenaje a José Luis Romero (México: Siglo xxi, 1982)
y Félix Luna, Conversaciones con José Luis Romero sobre una Argentina con historia,
política y democracia. (Buenos Aires: Timerman Editores, 1975).
31 Arturo Almandoz, Entre libros de historia urbana, 164-166.
32 Para ampliar este tema, véase Gianfranco Bettin, Los sociólogos de la ciudad (Barcelo-
na: Editorial Gustavo Gilli, 1982).

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las clases sociales producida por las contradicciones urbanas; y c)


introduciendo una serie más amplia de agentes de la escena urbana,
muy particularmente los movimientos sociales.33

Al finalizar la década de 1980, investigadores como Fernando Carrión,


Mario Unda, José Luis Coraggio, Samuel Jaramillo, Luis Mauricio Cuer-
vo y Emilio Duhau hacen parte de un movimiento crítico frente a esta
corriente predominante. Entre sus argumentos hay dos cuestiones
claves: que la adopción del modelo básicamente francés de la socio-
logía urbana marxista había sido demasiado “mecánica” y no permitía
considerar rasgos específicos y particulares de las sociedades latinoa-
mericanas, y, en segundo lugar, que el olvido del amplio abanico de los
agentes sociales involucrados en los procesos urbanos contra la im-
portancia concedida al Estado con carácter de ubicuo y monolítico no
tenía en cuenta la diferenciación interna del “aparato” estatal y de los
diversos organismos estatales. Así, la sociología urbana marxista deja-
ba de ser la escuela predominante en la investigación urbana, tanto en
Francia como en América Latina, lo que coincidía con las crisis econó-
micas, los procesos de reestructuación económica y la declinación del
orden urbano fordista que había sido el marco de referencia para estas
posturas. El neoliberalismo empezaba a marcar nuevas agendas.
Para estos años, la investigación urbana en la región ya contaba con
una masa crítica de investigadores, universidades, centros de investi-
gación y una formación diversa. En Brasil se destaca la Fundación de
Associação Nacional de Pós-graduação e Pesquisa em Planejamento
Urbano e Regional (Anpur), en 1983; en México, la Red de Investiga-
ción Urbana, (Rniu), que data de 1987, y en Colombia, la Asociación
Colombiana de Investigadores Urbanos y Regionales (aciur), de 1993.
Además, presentaban una diversificación en los temas y orientaciones
teóricas, entre los que se incluían: el patrón general de la urbanización
y el impacto de la globalización en la reestructuración económica y es-
pacial; las formas de producción de las ciudades; la reestructuración
social de las ciudades y las cuestiones de la pobreza y de la polari-
zación social, y los vínculos entre gobiernos locales, gestión urbana,
ciudadanía y democracia.34
No obstante las dificultades arriba señaladas, también vale la pena
estudiar los aportes y la renovación que el pensamiento marxista apor-

33 Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.


34 Emilio Duhau López, “La investigación urbana”, 30-35.

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tó a los estudios urbanos y que, incluso en la actualidad, vuelven a to-


mar fuerza por su contenido crítico y las posibilidades que brinda para
estudiar la espacialización y materialización de tendencias y discursos
en los territorios, desde perspectivas económicas, sociales, culturales
y políticas. Por ejemplo, las relecturas y apropiaciones de los trabajos
de Henri Lefebvre y de la geografía crítica anglosajona, representada en
David Harvey, Edward Soja y Doreen Massey (apropiados para el caso
latinoamericano). En este marco, cabe también preguntarse si fue la
sociología francesa marxista la que posibilitó la reinserción del espacio
en la teoría social crítica y la que espacializó la cuestión de la ciudad.
Como intenta mostrar este apartado, hay interesantes líneas de
investigación en el campo de las teorías y modelos de los estudios
urbanos en América Latina que están por estudiar desde una mirada
geopolítica y comparada: la circulación de saberes y prácticas formu-
ladas para contextos diferentes al latinomericano, las condiciones de
posibilidad locales y apropiaciones de modelos y teorías foráneas, pero
también la producción de un pensamiento latinoamericano propio.
Estas líneas de trabajo nos ayudarán a comprender críticamente las
formas en que hemos pensado e intervenido nuestras ciudades. A
propósito de esta perspectiva, el siguiente apartado da algunas pistas
que podrían compararse en las trayectorias de México y Colombia.

III. Miradas comparadas a la investigación urbana


en México y Colombia
Uno de los puntos de coincidencia de los balances sobre la investiga-
ción urbana en América Latina tiene que ver con la disparidad entre los
casos nacionales. Esto se explicaría por las diferencias en los procesos
de urbanización y de la constitución de un pensamiento social, pero
también por el lugar que las ciencias sociales le dieron –que le han
dado– al fenómeno urbano frente a otras formaciones sociales, como
las sociedades agrarias, desde la década de 1960.35 En este contexto,
cabe destacar que México se ubica entre los países pioneros en tradi-
ción investigativa urbana en América Latina, junto a Argentina y Brasil,
mientras Colombia pertenece a un segundo grupo de países.
En efecto, en el campo de la investigación urbana y territorial, tanto
a nivel latinoamericano como mundial, la academia mexicana ofrece
interesantes perspectivas no sólo para pensar las similitudes y gene-
ralidades con otros casos nacionales, sino precisamente para com-

35 Fernando Carrión M., La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y


por recorrer. Una aproximación desde los países (Quito: Ciudad, 1989), vi.

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prender las particularidades. Entre dichas cuestiones se encuentran los


diálogos y cercanías con las academias anglosajonas y europeas; la
combinación de las visiones locales y perspectivas latinoamericanas;
los avances en la realización de balances historiográficos sobre los es-
tudios urbanos, tanto desde áreas como la arquitectura, la planificación
y el urbanismo, hasta el campo de las ciencias sociales y humanas, y el
desarrollo y consolidación institucional, tanto en ámbitos académicos y
editoriales, como con la creación de programas interdisciplinarios.
Para el caso de Colombia, en los últimos quince años hay un cre-
ciente interés en temas urbanos, expresado en la conformación de
nuevos posgrados en el campo de los estudios territoriales; la creación
y consolidación de redes y asociaciones; los programas para la con-
servación del patrimonio; el desarrollo de instrumentos para la planifi-
cación y el ordenamiento territorial, y la proliferación de monografías,
tesis de grado y artículos de revista ocupados de estas temáticas. No
obstante, la reflexión sobre las formas de producción de conocimiento
en el campo de la investigación urbana (que comprenden asuntos tan
diversos como las condiciones materiales, las perspectivas teóricas y
metodológicas, las redes intelectuales y la circulación del conocimien-
to, el desarrollo institucional, la producción de teorías y contenidos,
la formación académica, los componentes ideológicos y políticos) ha
sido un tema marginal.36
Siguiendo esta línea comparativa y teniendo en cuenta la disparidad
de las trayectorias, pero también de balances historiográficos e infor-
mación disponible para los casos de Colombia y México, a continua-
ción se esbozan algunos puntos que podrían ser interesantes líneas de
investigación comparada a propósito de la comprensión de las formas
de producción de conocimiento en los campos de la investigación ur-

36 Hasta el momento no se ha rastreado para el caso colombiano un balance general y


de largo alcance como el que Gustavo Garza realiza para el caso mexicano: Cincuenta
años de investigación urbana y regional en México, 1940-1991 (México: El Colegio de Mé-
xico, 1996). A manera de artículos publicados en trabajos síntesis de América Latina,
cabe destacar el de Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, “La investigación urbana en
Colombia” que aparece en el primer volumen de La investigación urbana en América
Latina: caminos recorridos y por recorrer. Una aproximación desde los países y “La in-
vestigación y formación en lo urbano regional en Colombia: entre avances marcados
y grandes retos”, de Thierry Lulle, Angélica Camargo y Peter Brand, publicado en el
libro La cuestión urbana en la región andina. Miradas sobre la investigación y la formación
(Quito: Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2016). También, el libro La ciudad
y las ciencias sociales: ensayos y aproximaciones, compilado por Germán Mejía Pavony
y Fabio Zambrano Pantoja en el 2000, aunque no todos los trabajos son referidos al
caso colombiano.

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La investigación urbana entre 1960 y 1990

bana en América Latina y sus implicaciones en la intervención y trans-


formación de las ciudades.
Un primer punto de mira tiene que ver con el surgimiento de lo urba-
no como un objeto de conocimiento y campo de intervención relacio-
nado con las problemáticas que emergían o empezaban a agudizarse
en la década de 1960. Fenómenos como el aumento exponencial de
población, la migración masiva del campo a la ciudad, el déficit habi-
tacional, la precariedad en los servicios públicos, las luchas sociales
y los movimientos urbanos se sintieron tanto en Colombia como en
otros rincones del continente. No obstante estas convergencias, hay
unos ingredientes particulares de cada país que no deben perderse
de vista. En el caso colombiano, la violencia, los conflictos armados,
la presencia de guerrillas, grupos armados ilegales y el narcotráfico
han marcado las agendas y problemáticas territoriales. Por ejemplo,
el aumento demográfico de mediados del siglo xx no fue sólo por la
atracción de las nuevas industrias y servicios de las ciudades, sino
que estuvo relacionado con expulsiones y desplazamientos violentos,
luchas por la tenencia de la tierra y la propiedad privada.
Según los sociólogos Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, es difí-
cil encontrar para Colombia investigaciones sobre la urbanización y
la dinámica de las ciudades a comienzos de la década de 1960. Por
aquellos años, la Reforma Agraria fue el gran problema nacional que
acaparaba las disusiones políticas y académicas y fue este el tema
donde se centró la mayor parte de la producción investigativa de las
ciencias sociales del país.37 El interés por el fenómeno urbano empezó
a evidenciarse entre los científicos sociales finalizando los años se-
senta, cuando las problemáticas evidenciadas en las calles y en los
barrios fueron decisivas. En el caso mexicano, según Gustavo Garza, el
acelerado proceso de urbanización y la industrialización que tomaban
fuerza en la década de 1940 produjeron un viraje en los estudios de la
realidad mexicana que incorporaba el mundo urbano y la ciudad como
un nuevo universo a explorar desde campos como la antropología, la
sociología, la demografía y la economía.38
Otra de la característica que valdría la pena explorar en detalle res-
pecto a las particularidades y dimensiones del fenómeno urbano tiene

37 Orlando Sáenz y Fabio Velásquez, “La investigación urbana en Colombia”, en Fernan-


do Carrión, La investigación urbana en América Latina: caminos recorridos y por recorrer.
Una aproximación desde los países (Quito: Ciudad, 1990), 76.
38 Gustavo Garza, Cincuenta años de investigación urbana y regional en México (México: El
Colegio de México: 1996), 54.

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que ver con que, históricamente y en términos territoriales, Colombia


ha tenido un sistema de ciudades más o menos equilibrado, mientras
que en México algunos investigadores han hablado de una “macrocefa-
lia urbana”, donde la capital, la ciudad de México, es casi cuatro veces
más grande en población y extensión que Guadalajara y Monterrey. Se-
ría muy interesante indagar cómo esta disparidad se ha reflejado o no
en los énfasis investigativos de cada país. Es decir, si el peso de ciudad
de México ha hecho que los estudios urbanos mexicanos hayan estado
mayoritariamente centrados en esta urbe.
Para la década de 1960, en el contexto latinoamericano, Brasil y
Colombia fueron los únicos países cuya red urbana estaba más equili-
brada.39 Al lado de Bogotá, la capital colombiana, ciudades como Me-
dellín, Barranquilla, Cali y Bucaramanga han tenido un peso económico,
demográfico, cultural y político importante en las dinámicas del país.
Como hipótesis, podría pensarse que este equilibrio en una red urbana
de ciudades puede explicar que la investigación urbana no haya estado
sólo centrada en Bogotá, sino que puedan rastrearse estudios impor-
tantes de varias ciudades del país en las décadas del inicio y consolida-
ción de la investigación urbana.
Otro punto central con las trayectorias de la investigación urbana
tiene que ver con las relaciones entre academia y Estado, el soporte
institucional y las repercusiones de dichos apoyos o su asuencia en
la creación de programas académicos, la financiación de posgrados
y la creación de organismos de planeamiento urbano y metropolitano.
Si bien tanto en México como en Colombia los estudios urbanos han
estado vinculados al Estado, habría que considerar las particularidades
de cada uno. Por ejemplo, en el caso mexicano la relación con el Estado
fue clave para que se conjugaran problemas de investigación social y
de administración pública urbana y se fortalecieran instituciones como
El Colegio de México. Además de esto, el temprano desarrollo de las
ciencias sociales y humanas respecto a otros países como Colombia,
la contribución de exiliados suramericanos, los proyectos políticos na-
cionales donde la historia y la antropología jugaron un papel decisivo,
fueron algunos de los ingredientes que posibilitaron que cobraran fuer-
za la sociología urbana, la antropología urbana y, en general, los estu-
dios urbanos desde las ciencias sociales.
En el caso colombiano, la relación del Estado con la investigación
urbana ha estado más ligada a los campos de la arquitectura, el ur-
banismo, la planificación y la economía. Centros de investigación de

39 Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.

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La investigación urbana entre 1960 y 1990

la Universidad Nacional de Colombia, como el Centro de Investigacio-


nes para el Desarrollo (cid), en la década de 1960 realizaron estudios
y planes reguladores para las ciudades, tuvieron importantes recursos y
apoyos de la administración pública y de cooperación internacional
y fueron claves para los inicios de la investigación interdisciplinaria en
el ámbito urbano.
Por otra parte, como intentó mostrarse en apartados anteriores, la
relación entre ideología y ciencia o de saber y poder, va a ser clave para
entender los avatares de los estudios urbanos en América Latina entre
las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, en Colombia esta relación
va a tener unos matices importantes, no sólo por la asociación de par-
tidos políticos de izquierda y vertientes como el marxismo con grupos
guerrilleros; por las divisiones y disputas internas entre la misma iz-
quierda que tenían implicaciones teóricas y metodológicas (socialistas,
comunistas, trotskistas, maoístas); por la asociación del campo de la
economía con la derecha, sino también por la forma en que circularon
las teorías y los avances en la investigación urbana en el país.
Las publicaciones de izquierda40 son importantes para entender las
formas de producción y circulación de la investigación urbana en el
caso colombiano, tales como la edición y traducciones de libros clave
del marxismo y la consolidación de las revistas y la prensa como me-
dios de divulgación académica e incidencia política. Por ejemplo, mien-
tras en otros países de América Latina para la misma época, entre 1970
y 1980, la investigación urbana circulaba en revistas especializadas
como Medio Ambiente y Urbanización (Argentina), Espaço e Debates (Bra-
sil), Ciudad y Cultura (Perú), Estudios Demográficos y Urbanos, Ciudades
y Vivienda (México), Revista Urbana (Venezuela), Cuadernos del cendes
(Venezuela) y Proposiciones (Chile),41 en Colombia uno de los principa-
les medios de circulación fueron las revistas de izquierda, como Revista
Foro, Ideología y Sociedad, Economía Colombiana y Coyuntura Social y la
publicaciones periódicas como el Semanario Voz, órgano de expresión
del Partido Comunista.
Además de estas relaciones particulares entre ideología y ciencia,
cabe señalar que para estas décadas Colombia no contaba con el de-
sarrollo editorial de países como Argentina y México, donde editoriales
como Siglo xxi, el Fondo de Cultura Económica y Porrúa, además de las

40 En esta materia, véase Juan Guillermo Gómez García, Cultura intelectual de resisten-
cia. Contribución a la historia del “libro de izquierda” en Medellín en los años setenta (Bo-
gotá: Ediciones Desde Abajo, Colciencias y Universidad de Antioquia, 2005).
41 Véase Valladares y Prates Coehlo, “La investigación urbana en América Latina”.

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editoriales universitarias y colecciones estatales, han desempeñado un


papel clave en las formas de producción y circulación de conocimiento.

IV. Anotaciones finales


Avanzar en el estudio de las formas de producción de conocimiento
en el campo de la investigación urbana, o en una historia social del
conocimiento en América Latina, es una tarea urgente que nos permite
entender las trayectorias de cada país, pero también las implicaciones
latinoamericanas y globales de las formas como hemos pensado, estu-
diado e intervenido nuestros territorios. Dichas trayectorias tienen que
ver con los inicios y consolidación de los estudios urbanos, los énfasis
teóricos y metodológicos, el desarrollo institucional, la relación entre
ideología y ciencia, así como del Estado con otros actores, tanto pri-
vados como comunitarios y las formas de circulación, apropiación y
producción de conocimiento, entre otros.
En este contexto, la historia brinda importantes herramientas teóri-
cas y metodológicas para esta tarea, como las historias transnacional,
comparada o conectada; el cambio de la escala de observación, tanto
espacial como temporal; la mirada de diversos periodos y temporalida-
des, y la historización crítica de teorías, metodologías y fenómenos que
hemos naturalizado.
La historia comparada, por ejemplo, posibilita explorar las dimen-
siones geopolíticas de la investigación urbana y sus consecuencias;
articular proyectos pensados no sólo para ciudades y países, sino para
todo un continente (América Latina) y tomar posiciones críticas frente
a sus implicaciones. Por ejemplo, ha sido común hablar de “recepción”
de teorías, de “influencias” extranjeras, pero esta denominación nos
sitúa en un lugar de subordinación que no permite pensar en la pro-
ducción regional y tampoco en las implicaciones políticas de dichos
proyectos. América Latina, África y Asia no fueron sólo un “campo de
experimentación” durante la Guerra Fría para que científicos norteame-
ricanos y europeos produjeran conocimiento. Es necesario comprender
circuitos más complejos, con relaciones de ida y vuelta y en tensión,
que involucran tanto las realidades y especificidades geohistóricas de
estos continentes, como también la producción de saberes y conoci-
mientos locales.
Estas miradas históricas y geopolíticas, y el pensamiento sobre el
movimiento, permiten desnaturalizar y cuestionar los modelos, teorías,
metodologías y formas de producción de conocimiento que han atra-
vesado a América Latina y que han querido trazar únicos destinos po-

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La investigación urbana entre 1960 y 1990

sibles (en la actualidad, en pro del neoliberalismo). Y, en esta medida,


comprender la complejidad de los fenómenos territoriales actuales y
sus posibilidades de transformación.

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