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Conflicto Armado Y Pobreza En Colombia

Carlos Julio Cassab Ávila, Catherine Criollo Campos

RESUMEN

Colombia posee una gran riqueza en recursos naturales; sin embargo, desde su independencia, la
República ha estado sumida en diversas confrontaciones armadas y guerras civiles que han
desatado un alto índice de vio- lencia, causada por la disputa del poder por medios coer- citivos y
la eliminación de grupos políticos y sociales de oposición con el uso de las armas. Estas
circunstancias han ocasionado la continua violación de los Derechos Humanos, la pérdida de
legitimidad de los gobiernos de turno y el desmantelamiento y subdesarrollo del aparato
productivo de la nación. La ausencia de políticas públicas que representen a la gran mayoría de la
población y el inconformismo reinante en los sectores populares, han dado vida a un conflicto
armado que ha segado la vida de miles de colombianos, reflejando una imagen nefasta del país
ante el mundo.

Entre los años 1998 y 2005, por ejemplo, se produjeron en Colombia cerca de 38.800 muertes
como consecuencia del conflicto, con un promedio de 2.221 muertes anuales (Aguirre y Muggah,
2006); mientras que en el año 2006 se contabilizaron cerca de 3 millones de desplazados por la
violencia, según COHDES. Este difícil entorno convierte a Colombia en un país de contrastes, en el
cual algunos sectores han logrado beneficiarse del ambiente conflictivo –en muchos casos con la
complacencia y protección de los gobiernos–, mientras que otros han sido truncados en su
desarrollo; situación que afecta a la gran mayoría de la po- blación, conformada por las clases
populares de las princi- pales urbes y la población del sector rural, que en el 2005 registraba la
cifra de 46.8% de pobreza (CEPAL, 2006).

El precario desarrollo económico ha sido consecuencia del deterioro del stock de capital de
algunos sectores, así como también del desempleo, la extorsión, la acción impune de los grupos
armados y la falta de garantías por parte del gobierno para el desarrollo de actividades
económicas. Uno de los sectores más golpeados por la violencia, y que además es escenario de la
mayoría de las confrontaciones armadas, es el sector rural, el cual ha padecido no sólo por el
olvido de los gobiernos y por la falta de justicia, sino también por la expropiación de tierras
reclamadas por terratenientes y narcotraficantes que lideran organizaciones armadas al margen
de la ley. Esto ha provocado un masivo desplazamiento de los tra- bajadores agrícolas hacia las
grandes ciudades, lo cual agudiza el problema social del país.

Todos estos factores, sumados a la ineficacia de los gobiernos en la aplicación de mecanismos que
permitan la solución del conflicto, y a la presencia de las drogas ilícitas como fuente de
financiación de los grupos violentos, han sido la causa de la ineficiente distribución de los recursos
gubernamentales que en gran parte son utilizados para mantener el aparato militar del país,
reduciendo la inversión pública y privada necesaria para generar mayores excedentes que
permitan combatir la pobreza y el desempleo.

Universidad Santo Tomás


GUERRA Y POBREZA EN COLOMBIA

JUAN FERNANDO GARRIDO

¿El conflicto armado que actualmente está padeciendo nuestro país es entonces una causa o una
consecuencia de la pobreza?

Por una parte, la incapacidad del Estado para satisfacer las necesidades básicas de muchos
ciudadanos (educación, salud, seguridad, empleo, etc.) es causa directa de nuestro conflicto
armado. Por otra, el conflicto armado les quita competitividad a nuestros productos, provoca una
fuga masiva de capital tanto económico como humano, produce desempleo, etc. El problema
adquiere más bien la dimensión y las características de un círculo vicioso.

Yo considero que se genera violencia cuando hay un Estado incapaz de satisfacer las necesidades
más elementales de algunos miembros de la sociedad. Sin embargo, de la misma manera creo que
toda forma de violencia destruye la riqueza.

Todo ser humano busca satisfacer unas necesidades. Estas las podemos organizar de manera
piramidal. Si comenzamos desde la base hacia la cima encontramos en primer lugar las
necesidades fisiológicas, aquellas que permiten el normal desempeño de nuestro cuerpo (agua,
alimentación, sexo, aire). En segundo lugar, tenemos las de seguridad, éstas se refieren al deseo
humano de estar fuera de peligro o riesgo. Luego aparecen las necesidades sociales, el hombre
busca pertenecer a un grupo, busca compañía, amor, amistad. Posteriormente siguen las
relacionadas con la estima, se trata de la búsqueda por el respeto a sí mismo y el de los demás.
Finalmente, en la cima de la pirámide vemos las de realización personal, aquí hallamos todo
aquello que tiene que ver con el deseo de maximizar el potencial personal. Vale la pena mencionar
que los individuos intentan satisfacer estas necesidades en forma secuencial, de la más a la menos
elemental, de la base de la pirámide a la cima.

Se supone que el Estado debe velar para que cada uno de sus individuos logre satisfacer al menos
las necesidades básicas, las fisiológicas. Sin embargo, el Estado colombiano es ineficiente y no
alcanza a proporcionarle a una enorme cantidad de compatriotas las más elementales necesidades
como lo son la alimentación, la salud, entre otras. Muchos campesinos que cultivan por ejemplo
papa o yuca, reciben unos ingresos insuficientes para sobrevivir. Estos campesinos se ven
entonces obligados a sustituir sus cultivos tradicionales por los cultivos ilícitos (coca y amapola).
Sabemos que todo lo que va al margen de la ley genera más dinero y de forma más rápida.
También conocemos que el narcotráfico es el peor flagelo de nuestro país. Es el motor, la principal
fuente de financiación de nuestro conflicto armado.

Ahora bien, si nuestro Estado es incapaz de satisfacer las primeras necesidades de sus ciudadanos,
ni qué hablar del resto. Las necesidades que siguen en la jerarquía son las de seguridad. Es claro
que este es uno de los principales "lunares" de nuestro Estado. Vemos cómo cada día que pasa,
nuestro gobierno, nuestras fuerzas armadas se muestran más impotentes frente a las extorsiones,
frente a los secuestros. En las ciudades, los individuos que se encuentran bajo amenazas se
movilizan en carros blindados y protegidos por guardaespaldas. Mientras que, en el campo, las
personas que temen por su integridad deben organizarse para poder financiar a los grupos de
autodefensa, o bien sea a la misma guerrilla para que las proteja donde el Estado no existe. En los
últimos años, estos grupos paramilitares han crecido exponencialmente y se han convertido en
uno de los agentes de nuestra guerra. Ni para qué entonces hablar de las necesidades que se
encuentran en niveles superiores: las sociales o las de realización personal.

Tomemos el ejemplo del empleo. Cuando el ser humano tiene unas buenas condiciones de
trabajo, o cuando por lo menos tiene trabajo, está satisfaciendo su deseo de pertenecer a un
grupo (necesidades sociales). Además, está maximizando su potencial personal (necesidades de
realización personal). Pero lo que es más importante aún en la mayoría de los casos, está
contando con un ingreso que le permite satisfacer a él y a su familia las necesidades más
elementales: la alimentación, un lugar en donde vivir, algo para vestirse, y si alcanza la educación
para sus hijos.

Sin embargo, vemos cómo nuestro Estado es cada día menos capaz de garantizarnos este derecho
al trabajo, o necesidad si la queremos llamar así. Cada vez los niveles de desempleo son más altos.
Actualmente el índice de desempleo es del 20.5% en todo el territorio nacional, y del 21.5% en
Cali. Cada vez son más las personas que las empresas tienen que despedir por las
reestructuraciones que la crisis económica ha obligado a hacer. O quizá son las organizaciones
burocratizadas e ineficientes las que han provocado la crisis. En fin, ese no es el punto, el hecho es
que cada día hay más colombianos que pierden su empleo. Por lo general, estas
reestructuraciones se comienzan a hacer por la base de la pirámide laboral, es decir, despidiendo a
una enorme cantidad de obreros. Para mucha gente, la guerrilla y los grupos paramilitares se han
convertido en una única solución al problema del desempleo. Estos grupos al margen de la ley,
reclutan hombres, mujeres y niños, a cambio de un salario mensual, de un par de trajes
camuflados y de un par de botas al año. Todas estas personas que se insertan de esta forma,
pasan a ser "obreros" o "soldados rasos" de estos grupos subversivos.

(Estudiante de quinto semestre de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad Icesi en


el año 2000)
LA VERDADERA CAUSA DE LA GUERRA

Los conflictos armados surgen en contextos de pobreza porque las personas son mucho más
vulnerables. Si escasean las tierras cultivables, si hay sequías, malas cosechas, faltan
oportunidades para la población, como el acceso al trabajo o a la educación, se genera mucha
frustración, especialmente entre los más jóvenes. Si la esperanza de acceder a una vida mejor se
pierde, puede empujar a los jóvenes a buscar en la violencia una salida fácil que satisfaga sus
necesidades de progresar socialmente. Ha sido en países con estados débiles y economías de
escaso desarrollo donde han surgido grupos armados y aparecido conflictos armados. El
pertenecer a un grupo armado, puede ser para un joven, un cambio de estatus social para salir de
la miseria, y tener mejor ropa, comida y acceder a lujos que antes ni podía soñar. No es extraño
ver a jóvenes armados ataviados con prendas de vestir, relojes y gafas de marca. Pues un arma en
las manos otorga poder a quien la posee y podrá ser utilizada para arrebatar cuanto se le antoje a
los demás. Los líderes de estos grupos, permiten el pillaje a sus miembros, que roban, violan y
cobran por ofrecer protección. Estos grupos están liderados por personajes denominados
acertadamente como señores de la guerra. Personajes que practican la guerra para acceder al
poder en territorios donde existen recursos muy preciados en el mercado internacional, método
que les permitirá enriquecerse. Si consiguen el control de minas, bosques, cultivos de coca, opio o
campos petrolíferos, las empresas transnacionales y estados estarán interesados en acceder a la
explotación de esos recursos y pagarán para continuar haciendo negocios. Con lo cual, el soborno,
la corrupción y la transferencia de armas se instalará en la región.

Estos hechos no sólo son exclusivos de señores de la guerra locales, también son extensibles a los
gobiernos de algunos estados. Observemos que, en Afganistán, Pakistán, Colombia, Congo, Chad,
Sudán, Yemen, Líbano, Malasia, Indonesia. Por citar algunos, los gobiernos tienen tanta
responsabilidad como los señores de la guerra locales en la corrupción y conflictos que se derivan
de la explotación de la coca, opio, maderas, petróleo o minerales.

Si la pobreza no es condición sine qua non que conduzca al conflicto armado. Después de lo
expuesto, sí que podemos afirmar que la violencia estructural en sociedades con una gran
desigualdad y sin justicia social puede empujar a la violencia personal.

Escrito por Pere Ortega el 20 Noviembre 2008. (Madrid, España)


POR ABELARDO DE LA ESPRIELLA EN EL AÑO 2015

La verdadera causa de la pobreza

Son muchas las causas de la pobreza, pero, sin duda, la más determinante de ellas es la falta de
educación o la ausencia de una educación adecuada. Me explico: en Colombia se deberían crear
escuelas técnicas, en las ciudades, pueblos, veredas, barrios y, en general, en las zonas más
deprimidas de la geografía nacional, para enseñar y dictar clases especializadas; por ejemplo, de
soldadura, mecánica, construcción o ciencias agropecuarias, entre muchas otras áreas, a los cerca
de 3 millones de jóvenes que no tienen acceso a ningún programa educativo (la cifra es del propio
gobierno nacional). Darles esa oportunidad a tantos olvidados, los haría salir de la miseria para
volverlos productivos.

Hay que educar a esos muchachos, abandonados por el Estado, en oficios que sean prácticos y que
tengan bastante demanda. No me malinterpreten, pero no tiene caso insistir en carreras
tradicionales o rimbombantes, cuando se pueden cursar otros estudios en menor tiempo y a un
bajo costo o gratis. Lo anterior no significa que uno de estos futuros estudiantes pobres no pueda
ser médico o abogado, ni más faltaba, pero es obvio que se requiere un plan de choque educativo,
que implique una preparación expedita, segura y confiable, para cambiar, de una buena vez, la
ecuación de la desigualdad.

Ya sé que están pensando en el Sena, pero permítanme decirles, queridos lectores, que,
lamentablemente, ese instituto es más político que técnico: solo basta revisar quiénes lo manejan
a nivel nacional y departamental. Aparte de los puestos, lo único que al final les interesa a los
directivos del Sena son las cifras y las estadísticas: reportan que educan al año 8 millones de
colombianos, haciendo uso de un presupuesto de 3 billones, lo que significa que invierten algo así
como 1.000 pesos diarios por alumno. Eso sí no lo publican. Con esa plata no se educa a nadie. En
todo caso, hay que darles prioridad a las nuevas generaciones, porque, así suene a cliché, son el
futuro de este país.

La criminalidad va en ascenso: cada día, jóvenes entre los 13 y 22 años engrosan las filas de la
delincuencia común y de grupos subversivos. Por eso, si educamos a ese sector de la población
marginada, no solamente desactivamos la violencia, sino también la bomba social que trae consigo
la exclusión. Se me ocurre algo: todos esos jóvenes sin oportunidades (los que están en la
guerrilla, los que atracan o los que viven lejos de las zonas urbanas etc.) podrían prepararse para
trabajar en el campo. Colombia cuenta con 20 millones de hectáreas aptas para el cultivo de
alimentos y casi 17 millones para la reforestación o siembra de árboles.

Ya lo he dicho en otros artículos: con la suficiente voluntad política, Colombia podría ser potencia
mundial agrícola. La dieta en el mundo está cambiando, pues, al subir el nivel de vida y al recibir
mayor información sobre la salud, la gente prefiere comer más sano: frutas, verduras y pescado.
Los países productores de harina, almidones y carne, que son líderes en estos productos,
empiezan a perder mercado, por el cambio de las costumbres alimenticias y por las estaciones.
Nosotros, en el trópico, podemos cosechar todo el año los productos para una vida sana.