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PARTE II – UNA PUESTA A PRUEBA DE NUESTROS HALLAZGOS

EXEGÉTICOS: ¿HUBO UN GNOSTICISMO JUDÍO?

“Supe qué hombres desesperados y admirables


fueron los gnósticos,
y conocí sus especulaciones ardientes”
J.L. Borges, 193142

Introito – El planteo

Más allá de las numerosas investigaciones científicas que reseñaremos y otras


que olvidaremos en este escrito, su autor cree que el gnosticismo debió surgir
del judaísmo. Fundamenta esta opinión en la premisa de que un lector
independiente de la Torá descubrirá forzosamente que el personaje que allí se
presenta como Dios es cruel y malicioso, aunque sus mandatos sean
obligatorios para el éxito mundano. Si como creen tantos, la Biblia
constituyera una verdadera Revelación, su Sujeto sería una deidad perversa.
Parece necesario que en una cultura bíblica algunos acudan a este planteo.

Por cierto, entre gentes sofisticadas como los judíos cultos de Alejandría de
tiempos de Filón (20 AEV-54 EV), es casi inevitable que surgieran grupos
antinómicos que se independizaran de la Torá. En teología, el antinomianismo
es una corriente inspirada en la idea de que los miembros de un grupo
religioso no están obligados a obedecer las leyes éticas o morales establecidas
por la autoridad religiosa. Considerando las características de la Revelación
que protagoniza Yahvé y la normativa genocida que nos impone, no
sorprendería que hubiera habido judíos antinómicos en círculos ilustrados.

Pero mi lectura del Pentateuco no es la única interpretación independiente


posible. Supongamos que muchos lectores libres de toda tutela llegaran a
conclusiones racionales opuestas a las mías. Aún así, algunos compartirían la
percepción de que Yahvé es malvado. Si apenas uno de cada mil lectores
independientes llegara a esta conclusión, el brote de algo parecido al
gnosticismo sería inevitable entre elementos rebeldes de un pueblo para el
cual la Biblia es la Palabra de Dios. Aunque no se sabe con exactitud y certeza
documental de dónde provinieron los gnósticos, su origen debió ser judío
aunque sólo sea por una cuestión de probabilidades.

Extremando la apuesta:

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1. Si el Pentateuco presenta las características que he documentado, una
rebelión contra Yahvé necesariamente debió gestarse dentro del
judaísmo mismo. En la medida en que sus miembros siguieran creyendo
que la Torá es palabra revelada, esta rebelión debió postular que Yahvé
es el perverso creador de nuestro mundo material, y que más allá de este
Demiurgo hay un Alto Dios que no parece muy interesado en los
asuntos terrenales. Puesta en sus términos mínimos, esta es la solución
gnóstica al problema de la iniquidad bíblica. Si mi exégesis bíblica es
por lo menos verosímil, una rebelión de esas características debió surgir
del judaísmo, porque la suya es la cultura bíblica histórica más antigua.

2. Si no hubo tal rebelión al interior del judaísmo, entonces mi lectura del


Pentateuco seguramente está errada desde el principio hasta el final.

Esta es la prueba cuasi-experimental a la que someteremos los hallazgos de la


primera parte de este libro. Como mi exégesis del Pentateuco fue anterior a mi
relevamiento de los estudios sobre los orígenes judíos del gnosticismo, este
examen puede considerarse legítimamente encuadrado en un espíritu
popperiano. Pasar la prueba no demuestra la validez de la hipótesis. Sólo la
consolida en tanto no fue posible desmentirla.

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Acápite 1 – Porqué el origen judío del gnosticismo ha sido cuestionado

Los nuestros son argumentos a los que raramente apelan los estudiosos del
gnosticismo, incluso los muchos que hoy suponen que surgió del judaísmo,
porque la mayor parte de ellos profesan diversas confesiones judeocristianas.
Su lectura de la Biblia está condicionada por la premisa extra-bíblica de que
Yahvé es bueno. No pueden decir que el Dios de la Biblia es perverso sin
romper con su propia comunidad. Mal podrían entonces sostener que el
surgimiento del gnosticismo en el seno del pueblo de Israel era inevitable,
arguyendo que muchos llegarían a mi conclusión de que el Dios bíblico es
malvado.

Otro hecho que conspira contra un consenso sobre el origen judío del
gnosticismo es que los heresiólogos de la Iglesia de los primeros siglos
continuamente condenaron a sectarios a los que consideraban ‘gnósticos
cristianos’. No ocurre lo mismo en el judaísmo, donde la discusión y condena
es mucho más escasa y menos explícita. Esta diferencia dio pie a que casi
siempre se hablara del gnosticismo como una desviación del cristianismo, no
del judaísmo.43

Esta diferencia entre judíos y cristianos es esperable. Dado el carácter


proselitista del cristianismo, el discurso de los heresiólogos resulta necesario.
Los cazadores de herejes estaban ansiosos de encontrar rebaños de ovejas
descarriadas por un hombre o mujer ‘perverso’, para acercarles a la ‘verdadera
fe’. En cambio, entre los judíos no había cazadores de ‘minim’, como se dice
en hebreo. La acusación de herejía se lanzaba sólo cuando una desviación
amenazaba a una comunidad judía reconocida y previamente constituida.

Además, según explica Alan F. Segal, los rabinos talmúdicos que fueron
contemporáneos de los heresiólogos cristianos aplicaban una táctica diferente
para combatir el “error”. No lo refutaban a la manera de un ensayista sino que
aludían a él en el contexto de una polémica entre sabios. De esta manera
evitaban hacerle propaganda. Reproducir los argumentos heréticos para
demostrar su error puede ser un bumerang: equivale a “abrir la boca para
Satán”, como hubieran dicho ellos. Por lo tanto, no existe desde el judaísmo
un registro pormenorizado de la herejía gnóstica, como se produjo desde el
cristianismo.44

El método talmúdico es indirecto. Un ejemplo célebre es el de la discusión


entre dos de los más grandes rabinos del período tanaico, Ismael y Akiba,

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activos entre 120 y 140 EV. 45 Cuenta la tradición que sostuvieron un debate
técnico acerca de métodos exegéticos. Posteriormente, el redactor del Talmud
lo presentó en términos que permitían desacreditar una herejía. Según el
talmudista, Ismael criticó el método de Akiba arguyendo que si se lo usa con
precisión conduce a la afirmación herética de que el cielo y la tierra son en sí
mismas divinidades. Esta creencia, que según parece existió, habría sido uno
de los orígenes de las herejías sobre dos o más potencias divinas.46

Ninguno de los dos suscribía este error. Ismael simplemente lo usó para
mostrar el presunto defecto del método de Akiba. Pero con este rodeo, el
redactor del Talmud introdujo la herejía a consideración del lector, sin
discutirla en sus propios términos y siempre suponiéndola equivocada. Fue
una manera de señalar el error sin difundir sus fundamentos supuestamente
falaces; una táctica radicalmente diferente de la de los heresiólogos cristianos.
Debido a esta forma indirecta de discutirla, la herejía se puso menos de
manifiesto en el judaísmo, casi como si no hubiera existido.47

Hay otros motivos, de menor peso, por los que siguió siendo contenciosa la
cuestión de si la herejía gnóstica fue de origen judío. Algunos afirman que no
puede haber un gnosticismo judío porque mal puede un judío reducir el Dios
de la Torá al papel de deidad menor, para colmo maligna: esa persona no sería
judía. Es verdad, pero lo mismo puede decirse de un cristiano. El Dios del
cristianismo es el mismo del judaísmo y además el Nuevo Testamento remite
permanentemente al Antiguo. Es para este tipo de desviación que se acuñó el
vocablo ‘hereje’.

Análogos son los argumentos de quienes dicen que el gnosticismo no pudo


surgir del judaísmo porque los gnósticos eran anti-judíos. Edwin M.
Yamauchi, por ejemplo, dice que los presuntos “sentimientos anti-judíos” de
los gnósticos sugieren una incompatibilidad con su emergencia dentro del
judaísmo. Aunque algunos gnósticos cristianos como Marción de Sínope
fueran anti-judíos, no deben confundirse razones anti-yavhistas con
sentimientos anti-judíos. Un miembro del pueblo judío puede perfectamente
leer la Torá y llegar a la conclusión de que el personaje Yahvé no le gusta. No
por eso es anti-judío.48

También talla la cuestión del antisemitismo. La crueldad de Yahvé ha sido


utilizada por gente malintencionada como argumento justificatorio de su
judeofobia. Aunque no debemos consentir la condena por asociación, muchos
estudiosos no quieren correr el riesgo de ser confundidos. No obstante, en este

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escrito consideramos que el hecho de que algún nazi haya denunciado las
perversiones del Antiguo Testamento no debe invalidar la investigación sobre
el tema.

Por otra parte, el uso de la malicia de Yahvé por parte de cristianos antijudíos
sólo fue posible desde el desconocimiento de que:

1. Adonai es el Dios Padre de la teología cristiana, y


2. En el judaísmo rabínico, el Talmud ocupa un lugar análogo al del
Nuevo Testamento entre los cristianos. Es el texto que permite obviar a
la Biblia. A ésta se recurre poco, principalmente a través de las
discusiones talmúdicas. También está presente en situaciones litúrgicas
acotadas y para disfrute de algún pasaje poético. Pero en la práctica,
desde hace más de un milenio que no es el texto central de la cultura
religiosa judía, aunque sea el más sagrado.

Así como la mayoría de los cristianos estudia sólo el Nuevo Testamento, la


mayoría de los judíos estudian solamente el Talmud, que es posterior al Nuevo
Testamento. El verdadero judaísmo, tal como se le conoce hoy, emerge
después de Jesucristo.

Por cierto, al Antiguo Testamento no sólo lo compartimos judíos y cristianos.


También lo ignoramos. Tendemos a circunvenirlo apelando a Libros más
modernos. ¿Porqué? Porque es problemático. Los gnósticos hicieron lo
contrario: asumieron la maldad de Yahvé. Y los caraítas tomaron por aún otro
camino. Dijeron: “Éste es nuestro Dios. Lo tomas o lo dejas. Pero no
contamines sus mandatos y enseñanzas con innovaciones talmúdicas, que son
palabra del hombre, no divinas.”49 Los gnósticos fueron masacrados y los
caraítas reducidos a una minoría sin consecuencias, mientras el judaísmo
rabínico y el cristianismo encontraron maneras de evitar el problema de la
iniquidad bíblica a través de Jesucristo y el Talmud.

Estos cuatro derroteros diferentes, incluido el de los gnósticos, provienen de


un problema planteado por la Biblia judeocristiana. No habrían existido sin
ella. Viene de suyo entonces que el gnosticismo debió emerger de una
comunidad bíblica. Y esa comunidad debió ser judía, por el simple motivo que
el judaísmo sacerdotal precedió al cristianismo.

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Acápite 2 – El mandeísmo

No todos los gnósticos fueron masacrados. Se salvaron los mandeos. Esta


olvidada religión sobrevive en pequeñas comunidades del sur de Irak y de la
provincia iraní de Khuzestán, con diásporas sustanciales en Europa, América
del Norte y Australia. En total suman unos 70.000 fieles. Conocidos por los
musulmanes como ‘sabianos’, los mandeos no reconocen a Moisés, Jesús ni
Mahoma. No obstante, reconocen a Juan el Bautista. Por eso a veces fueron
mal llamados “cristianos de San Juan” y en la Antigüedad se les conoció
también como nazarenos.

Hasta hace poco se creyó que el mandeísmo habría surgido entre los siglos II y
III EV, en tierras cercanas a su hábitat actual. Pero con el descubrimiento y
traducción de fuentes mandeas originales, el panorama se modificó
sustancialmente. En 1953, Lady Ethel Stefana Drower publicó Haran
Gawaita, un texto que narra el éxodo de los mandeos de Palestina a la
Mesopotamia en el siglo I EV50. A partir de entonces, ella y los demás
estudiosos principales del mandeísmo, Rudolf Macuch51 y Kurt Rudolph,52
llegaron a la conclusión de que los orígenes del mandeísmo son pre-cristianos
y están en Palestina. Aunque la cuestión siguió siendo contenciosa, pronto
otros eruditos les siguieron, entre ellos Hans-Martin Schenke,53 Giles
Quispel54 y Walter Schmitals.55 Finalmente, con documentos disponibles a
partir del descubrimiento del Mar Muerto, Otto Huth hiló más fino,
sustanciando la teoría de que tanto los primeros mandeos como (San) Juan el
Bautista habrían sido judíos esenios.56

Según la hipótesis de Schenke, el mandeísmo habría nacido próximo a varias


otras sectas judías heréticas de prácticas bautistas. En un segundo momento,
sus adeptos habrían llegado a la conclusión de que la Torá es perversa.
Condenaron a Moisés, adquirieron una cosmovisión gnóstica y se apartaron
del judaísmo en forma definitiva. Mantuvieron sus ritos bautismales y
eventualmente se identificaron con Juan, rechazando a Jesús como falso
profeta. Perseguidos, finalmente migraron hacia la Mesopotamia.

En el camino, plasmaron unas Escrituras dualistas que revelan la primigenia


Entidad sin forma cuyas emanaciones engendraron una sucesión de deidades
análogas a los Eones de los gnósticos. Surgieron así la Luz y la Oscuridad, un
Padre y una Madre cósmicos, hasta llegar al Hombre Arquetípico, que es el
creador del Cosmos y del hombre mortal. A su vez, éste está hecho a imagen y
semejanza de su divino creador. El alma humana vive en un exilio material y

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su origen está en la Entidad suprema a la que eventualmente regresa. Como al
adoptar este mito ya habían desechado la Torá, no necesitaban postular un
Demiurgo malvado para justificar a Yahvé.

Parafraseando a Borges, escarnecer estas vanas fantasías no es del todo difícil.


“La buena conversión de esos pesados símbolos vacilantes es lo que
importa.”57 Como en el caso de los gnósticos, los misterios de la fe mantea son
sólo para iniciados. El mismo vocablo ‘mandeísmo’ remite al gnosticismo, ya
que significa “conocimiento de la vida” (Mandā d-Heyyi) en mandaico (una
lengua semítica noroccidental de la subfamilia del arameo oriental). Se cree
que esta doctrina contribuyó al nacimiento del maniqueísmo persa, cuyo
profeta Manés58 estuvo bajo su influencia y la del mazdeísmo de Zoroastro.59

Todavía no hay consenso, pero la evidencia apunta cada vez más a un vínculo
entre los mandeos y la secta herética judía de los nasorenos, recordada por
(San) Epifanio de Salamis. Estuvo activa por lo menos desde el año 100 AEV
hasta la rebelión de Bar Kochba de 132 EV. Los hallazgos convergen con la
tradición, ya que ‘nasorenos’ fue un nombre alternativo de los mandeos desde
tiempos inmemoriales.

Según la versión norteamericana del Feine-Behm-Kümmel, un clásico manual


alemán para la introducción al Nuevo Testamento:

“Los textos mandeos que han sobrevivido son testigos tardíos y


deformados de un gnosticismo judío surgido en los márgenes del
judaísmo, que debe ser aceptado como el trasfondo espiritual del que
emergió Juan el Bautista.”60

Los únicos gnósticos supérstites serían pues de origen judío. El dato no


sorprende, pero dista de ser la única evidencia que indica el origen judío de
esta rebelión contra Yahvé.

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Acápite 3 – Dositeo, Simón el Mago y Menandro: el gnosticismo
samaritano

La evidencia a favor de un origen judío del gnosticismo se expande cuando


consideramos los escritos de los heresiólogos cristianos acerca de los primeros
maestros gnósticos. Hay consenso en que la lista comienza con Simón el
Mago, quien a su vez fuera discípulo de Dositeo. Según la autorizada opinión
del Cardenal Jean Daniélou, éste habría sido un esenio samaritano, quizás un
“eslabón perdido” entre el pre-gnosticismo de los Rollos del Mar Muertos y el
gnosticismo simoniano.61

Por otra parte, pasando a la patrística, según el testimonio de (San) Justino


Mártir el propio Simón habría sido un samaritano del pueblo de Gitta. El
“mago” está mencionado en el Capítulo 8 de los Hechos de los Apóstoles, en
el apócrifo Hechos de Pedro y en las Seudo-Clementinas. Según Justino, los
samaritanos lo adoraban como a un dios.

Permanece abierta la cuestión de si, como cree Quispel, Simón era un


miembro de la congregación samaritana (una herejía judía), o si era
simplemente un pagano de la región de Samaria.62 También está abierta la
discusión de si ya era plenamente gnóstico antes de entrar en contacto con el
cristianismo, como cree Ernst Haenchen, o si su gnosticismo vino junto con su
superficial conversión.63

Finalmente, el principal discípulo de Simón, Menandro, también era


samaritano. Según Justino, en su tiempo (hacia 150 EV) casi todos los
samaritanos eran seguidores de Simón y de Menandro.64

Sumando las evidencias, Daniélou concluye que la gnosis simoniana es un


ejemplo de un gnosticismo judío pre-cristiano. Quispel, por su parte, no está
seguro de que Simón fuera plenamente gnóstico, pero cree que el judaísmo
heterodoxo representado por su doctrina fue el origen del gnosticismo.65

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Acápite 4 – Las pistas talmúdicas

A principios del siglo XIX el satirista polaco Yitzhak Erter (1792-1851)


escribió una versión en hebreo del Fausto, donde el temerario arquetipo de
Goethe es reemplazado por un rabino talmúdico gnóstico que porta el apodo
“El Otro” (Aher). Éste era el siempre recordado hereje Elisha ben Abuyah,
quien entró al Paraíso y vio a Metatrón entronizado, lo que se supone
admisible sólo para Dios.

Parece que el transgresor exclamó entonces “¡hay dos potencias en el cielo!”


Muy sensatamente, quienes lo refutaron explicaron que Metatrón está sentado
en un trono porque su función lo exige: el escriba celestial encargado de
registrar los hechos y méritos del Pueblo Elegido no podría cumplir su tarea
de pie. Así por lo menos lo registra el Talmud Babilónico en Hagiga 15a, en el
contexto de un viaje místico al Paraíso de cuatro rabinos, Akiba, Simeón ben
Zoma, Simeón ben Azai y el hereje Elisha.

El Talmud menciona tres veces más a Metatrón: en Sanhedrin 38b, Avodah


Zarah 3b y Yevamot 16b. También aparece en el Tercer Libro de Henoc, un
texto hebreo seudo-epigráfico. Se trata de una misteriosa figura identificada
como el “Tetragrámaton Menor”. En la gematria hebrea el vocablo ‘Metatrón’
es el equivalente numérico de Sadday (uno de los nombres de Dios). De allí
que se diga que “su nombre es el de su Amo”. Algunas escuelas judías lo
reconocen como el ángel más importante, ocupando un lugar central para los
cabalistas. El Zohar lo llama “el Joven”, título que también se le adjudica en 3
Henoc. Está identificado como el ángel que guió al pueblo de Israel después
del éxodo de Egipto: una suerte de intermediario entre Dios y el hombre que
algunos, herejes entre herejes, han identificado con Jesucristo.

No obstante, en la rica angelología bíblica y seudo-epigráfica Metatrón tiene


competidores por la primacía, entre ellos el arcángel Miguel, Melquizedek y el
“Príncipe de la Luz” mencionado en manuscritos del Mar Muerto. Esta
mitología, que procede en forma indiscutida del acervo judío, se presta
fácilmente a interpretaciones alejadas del monoteísmo, algunas de las cuales
convergen con la idea de que el Creador de la Torá es maligno.

Ciertamente, por lo menos desde la razonable sátira de Erter existe una


animada controversia acerca del papel de herejes judíos en los orígenes del
gnosticismo.66 Uno de sus puntos de partida se encuentra en las múltiples
referencias talmúdicas a herejías afines, como esta de las dos potencias en el

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cielo. Muchos autores de literatura rabínica creían que Dios sólo puede ser el
autor del Bien, de donde es fácil saltar a la herejía de que hay otra deidad
responsable del Mal.

Heinrich Hirsch Graetz, uno de los pioneros del tema, se detuvo especialmente
en el pasaje sobre el viaje de nuestros cuatro rabinos, considerándolo un
verdadero paradigma de las posibilidades abiertas a sectarios judíos de
inspiración helenística.67 Y Segal no sólo documentó discusiones célebres
como las que se adjudican a Akiba e Ismael, que giran en torno de alguna de
las versiones de la herejía de las dos o más potencias celestiales. También
identificó algún antiguo Tárgum68 donde el Génesis no comienza con el
habitual “En el principio creó Dios...”, sino con un giro original: “Por
Sabiduría creó Dios el cielo y la tierra”.69

En su estudio observa que estos tres vocablos, “en el principio”,


frecuentemente se reinterpretaron o reemplazaron para introducir un auxiliar
angelical en el proceso de la Creación. Esta operación es la misma de los
sistemas gnósticos, donde la Sabiduría (Sofía) o el Conocimiento (Logos)
fueron los responsables directos de la Creación o los padres del Demiurgo que
engendró el mundo material.70

Por otra parte, Segal advierte que las herejías judías cercanas al gnosticismo
surgieron de versículos de la Escritura que se prestan a interpretaciones
heterodoxas incompatibles con una fe monoteísta que supone que Dios es la
fuente de toda bondad y justicia. Estos hallazgos convergen con mi hipótesis
de que el gnosticismo debió surgir del judaísmo, porque fueron los judíos
quienes durante un mayor número de siglos estuvieron expuestos a lo que dice
la Biblia. El discreto tratamiento talmúdico de la cuestión de la herejía casi
siempre gira en torno de versículos que aquellos rabinos identificaron como
“peligrosos”, similares a los que sometimos a escrutinio en la parte exegética
de este libro.

No obstante, es necesario observar que no todas las herejías sobre dos o más
potencias celestiales plantean la idea de que una de ellas es perversa,
condición necesaria para llegar al gnosticismo. El antinomismo está presente
en un segmento minoritario de las interpretaciones heréticas de las dos
potencias en el cielo. Pero el paso es muy corto, y los debates talmúdicos
permiten entrever la existencia de minim antinómicos.

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También debemos tomar el recaudo de señalar que los rabinos del Talmud no
siempre apuntaban sus ataques a minim judíos. A veces el blanco de sus
críticas eran gnósticos ajenos al judaísmo, y en otras ocasiones eran cristianos.
No obstante, como apunta Birger Pearson, parece claro que un porcentaje
sustancial del debate rabínico estuvo dirigido contra sus propios herejes.71

En su libro, Segal presenta una tabla que sintetiza sus hallazgos sobre los
esfuerzos rabínicos en torno de los versículos peligrosos. Incluye también los
pasajes no conflictivos de la Biblia a que acudieron estos religiosos, en su
intento de demostrar el error de las interpretaciones heterodoxas. En estas
páginas la reproducimos en forma simplificada.

También Moritz Friedländer aporta evidencia talmúdica de este tipo. Por


ejemplo, una misná de Yohanan ben Zakkai, rabino del primer siglo,
admoniza que el tema de la Creación “no debe ser estudiado a no ser que
quien lo haga sea un auténtico Sabio”, y que “a quienquiera ponga esta
cuestión en su mente” y “no tuviere respeto por el honor del Creador más le
hubiere valido no haber nacido” (Hag. 77a). Friedländer y Pearson confluyen
en que esta es una típica advertencia contra la diferenciación gnóstica entre un
Alto Dios y una deidad creadora inferior.72

De similar propósito es la midrás que afirma que el mundo nació con una beta
(en referencia a la primera letra de la Torá) y no con un aleph, porque en
hebreo beta connota bendición y aleph sugiere una maldición: no vaya a ser
que los herejes encuentren justificación para la blasfemia de que el mundo fue
creado con el soez lenguaje de las profanaciones (Gen. Rab. 1.10).73

Y también está la historia de un discípulo del rabino R. Jonathan, que se unió


a unos minim en Capernaum que practicaban el amor libre, tal como los ofitas
condenados por heresiólogos cristianos. En el relato talmúdico (Eccl. Rab.
1.8.4) Jonathan grita atormentado: “¡¿Es ésta una manera de comportarse para
judíos?!”74

Pearson concluye:

“La especificidad de las polémicas midrásicas y talmúdicas contra la


herejía no dejan dudas de que existían gnósticos judíos en Palestina, y
que por lo menos desde el segundo siglo, sino más temprano,
representaron una gran amenaza para muchos círculos judíos.”75

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Por su parte, Segal señala que los debates registrados por los redactores del
Talmud parecen haberse originado en Palestina. Pearson concurre. Incluso
existen pruebas, documentadas por Manuel Joël, de que los rabinos palestinos
del primer siglo conocían el diagrama ofita y combatían a minim judíos
adictos a esa herejía.76 Cuando el centro de la vida judía se trasladó a
Babilonia, el desafío planteado por estas creencias parece haberse diluido.
Según Segal, a los minim se los apartó con varios métodos complementarios:

1. Excluyéndolos de las sinagogas,


2. Insistiendo en el valor del Primer Mandamiento como refutación de
toda interpretación dualista de la Escritura, y
3. Prohibiendo oraciones heréticas en la liturgia.

Una vez que los rabinos consiguieron que las oraciones fueran
apropiadamente monoteístas, herejes y rabinos se separaron por
consentimiento mutuo. Los minim siguieron proliferando en Palestina, pero ya
apartados de la comunidad judía.77

Aparentemente, estas prácticas fueron importantes en los siglos formativos del


Talmud. Después, la inmensa mayoría de los observantes reemplazó la lectura
de la Biblia por el estudio de ese nuevo compendio de reflexiones autorizadas
sobre la Biblia. Y así, los versículos peligrosos dejaron de serlo. Con pocas
excepciones, la herejía quedó limitada a sectas que ya se habían separado del
judaísmo.

La conclusión de Segal es que:

“La radicalización del gnosticismo fue el producto de una batalla entre


rabinos, cristianos y varios otros sectarios de las ‘dos potencias’ que
habitaban los suburbios del judaísmo. La batalla fue registrada como un
debate sobre el significado de varios segmentos de las Escrituras, entre
los cuales se encuentran todas las angelologías y teofanías del Antiguo
Testamento, seguidos de cerca en importancia por los plurales usados
por y acerca de Dios. (…) Desde un punto de vista rabínico, la polémica
estaba justificada por la fácil disposición de los sectarios a diluir el
monoteísmo estricto para apoyar tradiciones vinculadas a sus
antepasados, héroes y salvadores. Desde la perspectiva opuesta, el
intento de establecer un judaísmo ‘normativo’ fue percibido como
exclusivista, contribuyendo a la radicalización de las comunidades
sectarias. Por lo tanto, es posible decir que el gnosticismo surgió de la

87
polarización de la comunidad judía acerca del status del principal ángel
de Dios.”78

88
Segmentos bíblicos “peligrosos”
(según A.F. Segal, ob.cit., pp. 148-149)

Evidencia del período tanaico o misnásico (entre 70 y 200 EV)

Apariencias contradictorias de Dios

Éxodo 15:3 vs. Ex. 24:10 y siguientes.


Daniel 7:9 y sig., más tarde Ps. 22:2

Aher y Metatron

Daniel 7:9 s.
Éxodo 24:1 s.
Quizás: Ps. 37:25 . (LXX 36:25)
Ps. 104:31 (LXX 103:31)
Ex. 23:21

Una controversia entre Ishmael y Akiba;


El Cielo y la Tierra como potencias divinas:

Génesis 1:1
Génesis 4: 1
Génesis 21:20

Advertencias midrásicas contra las Dos Potencias:

Deuteronomio 32:39
Números 15:30

Prohibiciones litúrgicas en la Misná

Deuteronomio 22:6

Muchas potencias en el Cielo;


Adán como criatura divina:

Génesis 1:26 Gen. 2:7 etc.


Génesis 19:24
Amos 4:13

89
Segmentos bíblicos “peligrosos” (2)
(según A.F. Segal, ob.cit., pp. 148-149)

Evidencia del período amoraico o talmúdico (entre 200 y 500 EV)

¿Cuántas potencias crearon el mundo?

Génesis 1:26
Génesis 11:7
Génesis 35:7
Deuteronomio 4:7
2 Samuel 7:23
Daniel 7:9
Génesis 1:1
Génesis 1:26
Josh 22:22
Ps. 50:1 (LXX 49: 1)
Josh. 24:19
Dt. 4:7

Ángeles y socios divinos

Génesis 1:1
Génesis 1:1
Génesis 2:4

90
Acápite 5 – Filón de Alejandría y la secta de los maghariyya

Si la herejía se difundió desde Palestina en tiempos talmúdicos, en una etapa


previa probablemente haya viajado desde la Alejandría helenizada hacia la
Tierra Santa. O no. Las influencias mutuas entre Palestina y la diáspora fueron
complejas. Lo cierto es que Filón de Alejandría, filósofo judío helenizado de
la generación inmediatamente anterior a Jesús, enseñaba que el cuerpo y el
alma irracional del hombre fueron creados por ángeles, no por Dios.

Filón fue un hombre a la vez piadoso y racional. No solamente no llegó a la


herejía sino que la condenó severamente. Pero su razón lo puso siempre en el
umbral de la misma. Por ejemplo, reflexionando sobre Génesis 31:13, se
pregunta si allí no se hace alusión a la existencia de dos dioses. En su versión
actual el versículo dice: “Yo soy el Dios que se te apareció en Betel”. Filón lo
transcribe “Yo soy el Dios que se te apareció en el lugar de Dios”, porque Bet-
El significa “lugar de Dios”. Por eso, con toda honestidad aconseja una
cuidadosa reflexión, coqueteando con la herejía de las dos potencias
celestiales.79

Filón no estaba solo. La secta judía de los maghariyya o magarianos, que


siguió activa en el norte de África hasta por lo menos el s. X EV, sostenía que
existen tanto un Alto Dios como un creador angelical del mundo, diferenciado
del primero. Éstos creían que los pasajes antropomorfos de la Biblia
corresponden no a Dios sino a ese ángel creador. Harry Wolfson, un estudioso
de estos temas, ha sugerido que la idea gnóstica de un demiurgo puede haberse
derivado de esta tendencia del judaísmo, que no obstante su marginalidad se
manifestó a lo largo de más de un milenio.80 Quispel suscribe una tesis similar,
asociando la doctrina magariana al gnóstico Cerinto, a quien considera un
judío cristiano. Más aún, considera que los magarianos debieron existir en
Palestina en tiempos anteriores a Jesús.81 Aunque el demiurgo compartido por
Filón y los magarianos no era perverso, la idea se aproxima mucho a otras más
radicales que pueden interpretarse como reacciones contra la iniquidad del
Yahvé bíblico.

Por otra parte, los hallazgos de la Geniza de El Cairo (1896) y del Mar Muerto
(1947)82 permitieron corroborar a través de fuentes antiguas las crónicas judías
caraítas del Medioevo,83 escritas en arábigo, acerca de los magarianos.
Siguiendo a John C. Reeves:

91
“La información sobre los magarianos proviene de cuatro autores
medievales, al-Qirqisani, al-Biruni, al-Shahrastani y Judah Hadassi. A
su vez, éstos se basaron en dos fuentes anteriores, en gran medida
perdidas: Da'ud ben Marwan al-Muqammis, un exégeta del siglo IX que
flirteó con el cristianismo antes de regresar al judaismo, y el teólogo
musulmán Abu `Isa al-Warraq, un supuesto ‘hereje’ (zindiq)
ocasionalmente acusado de simpatías maniqueas. La descripción que
brinda el exegeta caraíta Ya'akov Qirqisani sobre los magarianos o
maghariyya, quizá la más completa, los ubica en tiempos pre-cristianos,
entre las figuras de Zadok (un judío opuesto a los fariseos, autor de
tratados legales) y Jesús.”

Entre los miembros de la secta, Qirqisani menciona a un “famoso alejandrino”


que ha sido identificado con Filón.84 De esta manera, Filón y la secta
magariana quedan ubicados en un lugar próximo al gnosticismo.

Según Friedländer y Pearson, la trayectoria intelectual que fue plasmando la


herejía gnóstica en el judaísmo alejandrino comenzó con la tendencia a
interpretar alegóricamente el Pentateuco. Esto condujo a divisiones en la
diáspora. Por un lado estaban aquellos que interpretaban la Torá al pie de la
letra y por el otro quienes estaban bajo la influencia del neoplatonismo. Éstos
argüían que la “filosofía divina” de los griegos se había nutrido en la Ley
Mosaica. El propio Filón suscribía esta teoría, sin ser el primero. Tuvo por
precursores a Aristóbulo, Seudo-Aristeas y Seudo-Salomón.85 La principal
fuente de donde extraían inspiración teológica era el Timeo. Esta es una
extraña obra de la madurez de Platón, un ensayo de cosmología racional
influido por las matemáticas pitagóricas que posteriormente, ya en tiempos
cristianos, algunos creyeron inspirada por el Espíritu Santo.

Pero una cosa era abrevar en Platón y el neoplatonismo para enriquecer al


judaísmo con contenidos filosóficos griegos. Otra llegar al extremo de negar la
Ley ritual. Filón compartía la tendencia a interpretar el Pentateuco
alegóricamente pero condenaba el antinomianismo. Esto está documentado
por Friedländer a través del texto de Filón, Sobre la Migración de Abrahán,
donde el filósofo polemiza contra los alegoristas que se apartan de la letra de
la Ley. Este escrito delata un grave cisma en el judaísmo diaspórico. Sus
partes fueron un bando relativamente “ortodoxo” y otro antinómico, rechazado
por el filósofo.86

92
Según la hipótesis de Friedländer, algunas herejías presuntamente cristianas
(como los ofitas, caínitas, setianos y melquizedequianos) provendrían de estos
herejes judíos.87 La afirmación del investigador decimonónico está basada en
los contenidos atribuidos a estas sectas y también en los alegatos de
heresiólogos. Un ejemplo es el de (San) Filastrio, obispo de Brescia, cuya obra
de los alrededores del año 383, Diversarum hereseon liber, menciona a los
ofitas, cainitas y setianos como sectas judías que florecieron antes del
cristianismo. Lamentablemente, los textos de estos grupos no han sobrevivido.

Estos herejes eran antinómicos que veneraban a la serpiente y creían que el


mundo material había sido creado por una deidad inferior. Como se infiere de
su escrito Sobre la Posteridad y el Exilio de Caín, Filón los conocía antes de
la era cristiana.88 El alejandrino argüía contra ellos en los mismos términos en
que, un siglo más tarde, (San) Ireneo de Lyón lo haría contra gnósticos
cristianos.89 Igualmente significativa es su condena de los apóstatas, en De las
Leyes Especiales. El contexto allí es el de una discusión sobre Dios y sus
Mandamientos:

“Si algunos miembros de la nación (israelita) traicionan el honor debido


al Uno, sufrirán las penas más gravosas. Han abandonado su deber más
importante y su servicio en las huestes de la piedad y la religión. Han
elegido la oscuridad a la luz. Han cegado su mente, que poseía en
potencia una visión recta.90

También elocuente es que en De la Confusión de las Lenguas, Filón


condenara a judíos que rechazaban las leyes rituales y ni siquiera recurrían a la
alegoría para denunciar pasajes “objetables” del Génesis. El filósofo retruena
indignado:

“Aquellos que están disgustados con sus instituciones ancestrales y que


siempre se esfuerzan por criticar las leyes, usan pasajes como Génesis
11:1-9 para justificar su apostasía. Esa gente impía dice, ‘¿Aún
contemplas a los mandamientos con solemnidad, como si representaran
cánones auténticos? Mira, tu libro supuestamente sagrado contiene
mitos como los que ridiculizas cuando los oyes recitados por otros.’”91

De manera similar, en Sobre el Decálogo Filón denuncia a quienes “con


frenesí estridente publican en el extranjero muestras de su impiedad,
blasfemando contra la Divinidad” y generando gran turbación entre los
creyentes.92

93
Finalmente, cuando en sus Preguntas y Respuestas acerca del Génesis, el
alejandrino afirma que “Dios no alberga dudas ni envidia”, parece estar
refutando en forma directa un texto gnóstico reencontrado en 1945, El
Testimonio de la Verdad, en que se adscriben precisamente estas cualidades al
Demiurgo.93 Todos estos elementos apuntan a la existencia de gnósticos
judíos.

Según emerge de la investigación de Fiedländer y su reivindicación por


Pearson, las doctrinas gnósticas eran toleradas y hasta alentadas por algunos
en los círculos ortodoxos, siempre que no atentaran contra el honor y la unidad
de Dios. Así surgió una distinción entre una gnosis verdadera y otra falsa. La
segunda se caracterizaba por la arrogancia contra Yahvé. Esta distinción
parece haber sido común a los judíos de Palestina y de la diáspora
alejandrina.94

Por otra parte, la evidencia sugiere que, más allá de las inclinaciones
filosóficas de círculos diaspóricos como el de Alejandría, en Palestina una
tendencia a la revuelta teológica debió haber sido potenciada por la decepción
provocada por el hecho de que el Mesías no llegara, a pesar de los siglos de
dominación sufrida en manos de diversos imperios. Pearson señala que:

“El judaísmo es una religión que se toma la historia en serio y que tiene
una marcada tendencia al mesianismo. Como tal, es un ámbito natural
para el surgimiento de una actitud de revuelta en circunstancias críticas.
Hay mucho a favor de la conjetura de que el gnosticismo antiguo se
haya desarrollado en parte en el contexto de un mesianismo
decepcionado, o mejor dicho en un mesianismo transformado (...). En el
período antiguo, un mesianismo transmutado de este tipo se entiende
mejor en el territorio nacional, en Palestina misma, que en la
Diáspora.”95

De similar opinion es Pheme Perkins:

“Parece probable que algunos de esos judíos heterodoxos encontraran el


camino a círculos cristianos donde la tradición judía era a la vez
aceptada y rechazada. Es posible que fuera en ese contexto donde nació
lo que conocemos como la exégesis típicamente gnóstica del Antiguo
Testamento. La interpretación esóterica y quizá también la filosófica del
Antiguo Testamento se volcaron en contra de esa tradición y su Dios.”96

94
Por otra parte, los descubrimientos arqueológicos más recientes también
parecen confirmar que la herejía gnóstica estaba instalada entre algunos
núcleos judíos de Alejandría y Palestina antes del advenimiento del
cristianismo. La metodología empleada por los expertos consiste en identificar
tradiciones judías en los textos gnósticos. Pearson dedica el capítulo 3 de su
libro a la temática de “Tradiciones Hagádicas Judías en El Testimonio de la
Verdad de Nag Hammadi”. Allí encuentra lecciones gnósticas típicamente
midrásicas a las que regresaremos más adelante.

Esta conjetura sobre el origen judío del gnosticismo se fortalece cuando


consideramos que la mitología gnóstica está imbuida de elementos platónicos
adaptados a la Biblia. Este es precisamente el tipo de filosofía que los judíos
ilustrados importaban y procesaban, adaptándola a su pensamiento religioso.

La evidencia es impresionante cuando consideramos el conjunto de ideas que


emerge del Timeo. Allí nos encontramos con que el universo ha sido creado
por un artesano divino, el Demiurgo, que es eterno pero no omnipotente.
Estaba obligado a modelar su creación sobre la base de formas arquetípicas
preexistentes. Bastaba con que algunos leyeran atentamente la Torá para que
se enteraran de que, como el demiurgo de Platón, Yahvé no es todopoderoso.
La coincidencia sería impactante.

Además, según Platón el Demiurgo no era el Dios Supremo: había otro por
encima de él. Esta idea platónica prevalece en todo el gnosticismo y es
probable que los primeros en esbozarla en un contexto de reinterpretación
bíblica fueran algunos judíos cultos, que cargaban con una Revelación cuyo
protagonista era claramente malvado a la vez que limitado. ¡Platón tiene
razón!, habrán pensado estos buenos herejes. Un Dios Altísimo por encima de
Yahvé debe necesariamente existir.

Finalmente, el ateniense sostenía que el Cosmos era en sí mismo un ser


viviente con una mente (nous) y un alma (psyche), a la vez que cada ser
humano también estaba dotado de estos atributos. La nous de cada uno de
nosotros, agregaba, porta su daimon o chispa divina. ¡El problema de la Biblia
quedaba resuelto! La Revelación estaba incompleta. Como el mismo
Pentateuco dice entre líneas, no alcanza con saber que Yahvé es el creador de
este mundo. Su limitación y su iniquidad nos llevan a poner las miras más allá
de Él.

95
Montando el platonismo tardío sobre la Biblia todo se tornaba teológicamente
admisible.97 La Escritura sería forzosamente reinterpretada por las gentes más
audaces e ilustradas. Bastaba agregarle al libreto platónico la idea de que el
Demiurgo es perverso como Yahvé, y que su nacimiento fuera el producto de
un pecado contra el Altísimo perpetrado por la Sabiduría, un espíritu superior
que es en sí mismo una emanación de aquel Dios que está más allá de dios.

Hasta el piadoso Filón consideraba a Sofía una dynamis o potencia divina. Los
minim simplemente tomaron esta doctrina y la reformularon de manera más
audaz y herética.98

96
Acápite 6 – Sofía: los orígenes judíos del principal mito gnóstico

Las ideas provenientes de herejías judías que hemos atisbado en acápites


anteriores desembocaron en el gnosticismo. Cuando los rebeldes descartaron
el Antiguo Testamento, como sucedió con los mandeos y también con el
hereje cristiano Marción de Sínope, las viejas Escrituras fueron olvidadas.
Pero la mayoría de las veces se rescató el Libro del Génesis, reinterpretándolo.
En tales casos, el sistema de creencias emergente se caracterizó por:

1. El reconocimiento de la perversión de Yahvé,


2. La noción de que por encima de Él debe existir un Alto Dios, y
3. La introducción de una instancia mediadora entre Éste y el Demiurgo. 99

En la mayoría de las variantes del gnosticismo esta instancia celestial se llamó


Sofía (o sea Sabiduría).100 Y como veremos, este mito también tiene origen
judío.

Ciertamente, cuando surgió el gnosticismo la Sabiduría ya era un importante


eje de reflexión judía. Incluso estaba convertida en ente personificado, como
si fuera un espíritu. Quien más investigó estas raíces fue el jesuita George
MacRae. Sin negar un cruce de influencias complementarias de origen griego
e incluso egipcio, señaló los numerosos elementos que delatan el origen judío
de Sofía. En su trabajo registra abundantes paralelos de los libros de
Sabiduría, Proverbios y Jubileos:

- Sofía es personal.
- Sofía está íntimamente unida a Dios, siendo su aliento, emanación,
reflejo e imagen (Sab vii:25-26). Es la primera de sus creaturas (Prov
viii:22). Es su compañera (Prov viii:30).
- Sofía habita en las nubes (Ecli xxiv:4; LXX Bar iii:29).
- Sofía fue por lo menos un instrumento en la creación del mundo (Prov
iii:19, viii:27-30, etc.).
- Sofía comunica su sabiduría y revelación a los hombres (Sab).
- Sofía desciende al mundo de los hombres (I Hénoc xlii:2; LXX Bar
iii:37).
- Sofía asciende de regreso a su morada celestial (I Hénoc xlii:2).
- Sofía está vinculada a una estructura cósmica de siete dimensiones
(Prov ix:I).
- Sofía se identifica con la vida (Prov viii:35; LXX Bar ix:14, etc.) y es
ella misma un árbol de la vida (Prov iii:18; cf. I Enoch xxxii:3-6).101

97
Es por estas y otras evidencias que MacRae concluye:

“Como se ha dicho muchas veces, la actitud gnóstica proviene de una


revuelta, y es una revuelta contra el judaísmo. No obstante, debe
concebirse como una revuelta al interior del judaísmo.”102

O como dice Nils A. Dahl, elaborando sobre paralelos y diferencias entre la


Sabiduría judía y la Sofía gnóstica:

“En algunos textos se llama Prunichos, la Libidinosa, quedando


diferenciada de una Sofía más encumbrada. En muchos sentidos es una
variante gnóstica de la Hokmah personificada de la literatura judía de la
sabiduría (por ejemplo, Proverbios 8, Job 28, Ecli 24). Pero en mayor
medida que su antecesora, la Sofía gnóstica posee los rasgos de una
deidad femenina. (…) Es una figura materna, la Madre Universal y
también la madre del Arconte, su feto abortado. Se identifica con la Eva
Celestial, la ‘madre de los vivos’, y con el espíritu (‘rûah’), que es
femenino. Ella es el Espíritu de Dios que se movía en el agua (Gen
1:2b).” 103

En el mito gnóstico, Sofía es elevada al lugar de madre de la deidad menor


que creó al hombre y al mundo material. Ella es un espíritu divino, un ‘eón’
femenino, una emanación del Altísimo. Concibió a Yahvé por sí misma, sin el
auxilio de un eón masculino. En otras palabras, se clonó. Ese error resultó en
un desastre cósmico. Su hijo, que es a su vez nuestro creador, porta otro
nombre. El más común de sus apelaciones sustitutas es Yaldaboath. Es un
Demiurgo defectuoso, producto de la caída de su madre en el error. Por eso la
Revelación que Él protagoniza está incluso equivocada. Pero el hombre que
creó porta la chispa divina de Sofía. Y el regreso de Ésta a la plenitud del
Altísimo, el Pleroma, posibilita nuestra salvación.

Con la incorporación de Sofía, sublime emanación del Dios que está más allá
de dios, los gnósticos creyeron haber resuelto el problema de la Creación sin
negar los contenidos del Libro del Génesis. Sólo había que completarlo. Por
otra parte, el propio Platón había enseñado que el hombre posee una chispa
proveniente del Altísimo y que por eso es redimible. Comprendiendo que la
Serpiente es buena, no mala, porque al alentarnos a conocer sobre el Bien y el
Mal nos comunicó con la Incorruptibilidad, surgieron las sectas ofitas que
según los heresiólogos tuvieron origen judío. Veneraban a ese noble pero

98
vilipendiado animal que nos acercó a Sofía: un áspid que quizás fuera
emanación del mismísimo Altísimo.

La salvación metafísica de la humanidad entera, no ya la terrenal y militar del


pueblo de Israel, era posible. ¡Y henos aquí que un filósofo ateniense nacido
en 429 AEV conocía la solución sin haber tenido acceso a nuestras Escrituras!
El resultado sería primero el gnosticismo judío y después el cristiano. Por
cierto, ¡hasta el mismo Salvador del cristianismo parecía profetizado en las
ideas del ateniense!

Esta es una simplificación de la más común de las versiones del mito gnóstico.
La Biblia de los judíos de Alejandría, que posteriormente se convertiría en el
Antiguo Testamento del catolicismo bajo el nombre de Septuaginta o Biblia
de los Setenta, no llega hasta este extremo, pero en dos de sus libros incorpora
a Sofía de una manera personificada, típicamente estoica, casi como si fuera
una diosa: Sabiduría104 y Eclesiástico.

Para Filón estas serían alegorías poéticas o filosóficas sin ribetes heréticos,
pero para todos aquellos que, preocupados por la iniquidad de Yahvé,
buscaran reinterpretar el Génesis, era el principio de una audaz aventura
teológica. Ciertamente, la personificación de Sofía que allí encontramos es
muy similar a la de las escrituras gnósticas recuperadas arqueológicamente en
Nag Hammadi. Por ejemplo, el Rey Salomón nos dice en el Libro de la
Sabiduría:

7:21 Conocí todo lo que está oculto o manifiesto,


porque me instruyó Sabiduría, la artífice de todas las cosas. (...)
7:24 Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento;
a causa de su pureza, lo atraviesa y penetra todo.
7:25 Ella es exhalación del poder de Dios,
una emanación pura de la gloria del Todopoderoso:
por eso, nada manchado puede alcanzarla. (...)
8:2 Yo la amé y la busqué desde mi juventud,
traté de tomarla por esposa
y me enamoré de su hermosura.
8:3 Su intimidad con Dios hace resaltar la nobleza de su origen,
porque la amó el Señor de todas las cosas.
8:4 Está iniciada en la ciencia de Dios
y es ella la que elige sus obras.

99
A su vez, en Eclesiástico105 nos encontramos con que Sofía es incorporada al
mito etnocéntrico propio de la Biblia judeocristiana:

24:1 Sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su


pueblo,
24:2 abre la boca en al asamblea del Altísimo y se gloría delante de su
Poder:
24:3 "Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina.
24:4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna
de nube.
24:5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad de
los abismos.
24:6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y
nación, ejercí mi dominio.
24:7 Entre todos ellos busqué un lugar de reposo, me pregunté en qué
herencia podría residir.
24:8 Entonces, el Creador de todas las cosas me dio una orden, el que
me creó me hizo instalar mi carpa, él me dijo: “Levanta tu carpa en
Jacob y fija tu herencia en Israel”.

Esto no es ni más ni menos que neoplatonismo judío con influencia estoica,


incorporado al canon bíblico de la diáspora de Alejandría (aunque no al de
Palestina, que resultaría dominante). Es alegoría poética para quien así quiera
interpretarlo, pero para quien quiera reinterpretar a la Torá puede ser mucho
más.

Finalmente, si de la Septuaginta pasamos al Primer Libro de Henoc, un


apócrifo judío, crece aún más la evidencia del vínculo entre el judaísmo y los
gnósticos.106 Su Capítulo 42 nos dice:

Sabiduría no encontró lugar donde residir;


Entonces se le asignó un lugar en los cielos.
Sofía se lanzó a establecer su hogar entre los hijos del hombre,
Y no encontró lugar donde residir:
Sabiduría regresó a su lugar,
Y tomó su asiento entre los ángeles.
Y la injusticia salió de su habitáculo
Ella encontró a quien no había buscado.
Y convivió con ellos
Como la lluvia en el desierto

100
Como el rocío en una tierra sedienta.

Este texto judío (parte del canon de la Iglesia Ortodoxa Etíope que
inesperadamente apareció en hebreo entre los Rollos del Mar Muerto) es una
descripción poética y tristemente patética de la desesperada situación de Sofía.
El texto podría intercalarse en una escritura gnóstica sin desentonar, en alusión
al desastre cósmico producido cuando engendró al Demiurgo.

Estas evidencias llevaron al Cardenal Jean Daniélou a concluir que: “Las


tradiciones gnósticas son la continuación, en el cristianismo, del esoterismo
judío”.107 Conclusiones similares fueron alcanzadas por Walter Schmitals y
Jack T. Sanders, que sostienen que la personificación de la Sabiduría típica de
la literatura judía es el prototipo de la figura del Redentor Celestial, también
típica de la mitología gnóstica.108

Como se ve, los orígenes judíos del gnosticismo, que reinterpreta al


Pentateuco usando figuras como la de Sofía, parecen refrendados de muchas
maneras. Por ejemplo, son recurrentes los descensos de Sofía al mundo
material, presentes tanto en algunos de los hallazgos gnósticos de Nag
Hammadi como en los capítulos citados de los libros de la Sabiduría,
Eclesiástico y Henoc. En su Introducción a Protennoia Trimórfica, una
escritura gnóstica cuyo título en lenguaje lego significa “El Triforme Primer
Pensamiento Divino”, John D. Turner arguye que el triple descenso del
Pensamiento Primigenio es un derivado de las escuelas helenistas de la
tradición judía de la Sabiduría. De allí surgiría la personificación de esta
figura y el posterior esclarecimiento de la humanidad, tal como se encuentran
en 1 Henoc 42, Ecli 24 y Sabiduría 7-8, y también en Filón. Dice el
investigador:

“Parece que los dos descensos frustrados de 1 Henoc 42 y el exitoso de


Ecli 24 se combinan en un total de tres descensos al mundo inferior, dos
de los cuales se traducen en una liberación parcial, conduciendo el
tercero al despertar final y a la salvación de todos aquellos que la
reciben”.

Según Turner este texto perdido y reencontrado pasó por tres etapas y
enmiendas: la primera construcción tiene impronta del judaísmo helenístico, la
segunda sumó elementos barbelitas109 y la tercera le incorporó materiales del
cristianismo joanneo. 110

101
Este análisis nos conduce directamente al de James M. Robinson, en la
introducción general a su compilación de la biblioteca gnóstica de Nag
Hammadi. Según él, son los textos setianos de esa colección los que atestiguan
un gnosticismo pre-cristiano:

“El mayor grupo de los escritos de este grupo no contiene elementos


cristianos en absoluto (Las Tres Estelas de Set, Alógenes, Marsanes, El
Pensamiento de Norea); otros contienen apenas algunos motivos
cristianos (Zostriano, El Apocalipsis de Adán) o despliegan una pátina
cristiana ocasional (Protennoia Trimórfica, El Evangelio de los
Egipcios), mientras sólo unos pocos (La Hipóstasis de los Arcontes,
Melquizedek, El Apocrifón de Juan) se acercan a lo que se llama
gnosticismo cristiano. En ninguno de estos textos se deriva la mitología
de una fuente primariamente cristiana. El ingrediente cristiano es tan
externo a la sustancia central del texto que uno está inclinado a pensar
que fue agregado por un editor, traductor o escriba (...) Sus raíces se
encuentran en la especulación judía sobre la Sabiduría (...). Así, uno
concluye que aunque el conjunto setiano era útil para los cristianos
(como otros textos no cristianos del Antiguo Testamento), derivan de un
gnosticismo ‘judío’ no cristiano.”111

Por otra parte, el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto converge con
estas conclusiones porque documentó la pluralidad teológica de los judaísmos
del primer siglo. Siguiendo a Robinson:

“Ese hallazgo fue al conocimiento sobre los esenios lo que el


descubrimiento de Nag Hammadi fue a los gnósticos. (...) Ahora
sabemos que se trataba de una secta judía que había cortado sus
relaciones con el Templo de Jerusalén, retirándose al desierto en Wadi
Qumrán. Entendían su situación en términos de la antítesis entre la luz y
la oscuridad, la verdad y la mentira, un dualismo que se enlaza hacia
atrás con el dualismo persa y hacia delante con el gnosticismo. La
historia del gnosticismo, según emerge de la biblioteca de Nag
Hammadi, retoma este desarrollo donde lo deja la historia de los esenios
documentada en los Rollos del Mar Muerto. Tradiciones místicas judías
posteriores, rastreadas especialmente por Gershom Scholem, han
demostrado que por extraño que parezca, las tendencias gnósticas
continuaron teniendo una existencia clandestina en el contexto del
judaísmo normativo.”112

102
El tema parece bastante claro. La evidencia documental apunta en la misma
dirección que el sentido común. Nuestra hipótesis no ha sido falseada por la
prueba a la que fue sometida. Aunque los modelos persa y neoplatónico no
hubieran estado al alcance de la mente, algo parecido al gnosticismo tenía que
surgir por generación espontánea en el contexto del judaísmo. Dado el
problema bíblico de la iniquidad de Yahvé y el hecho sorprendente de que éste
no sea omnipotente, algunos hombres libres y honestos tenían que concluir,
entre otras cosas, que hay un Dios más allá de Dios y que la Serpiente es
buena. Este emergente del sentido común no es ni más ni menos que la
solución gnóstica al problema enunciado. Es la única solución posible para
quienes sigan creyendo que el Pentateuco es palabra revelada.

Coincidente con lo dicho, el hallazgo de Nag Hammadi nos obsequió un texto,


El Testimonio de la Verdad, que contiene un conmovedor párrafo señalado por
Pearson por su claro estilo midrásico. Allí un maestro razona sobre la
perversión del Demiurgo, casi resumiendo nuestro estudio previo de la Torá:

¿Pero que clase de Dios es este? Primero le prohibió maliciosamente a


Adán comer del árbol del conocimiento. Y después dijo, “Adán, ¿dónde
estás?” Dios carece de conocimiento anticipado, porque [de lo
contrario] ¿no hubiera tenido respuesta desde el principio? [Y] después
dijo, “expulsémosle de este lugar, no vaya a ser que coma del árbol de
la vida y viva para siempre”. Por cierto que ha demostrado ser un
resentido envidioso. ¿Y qué clase de Dios es este? Porque grande es la
ceguera de aquellos que leyeron y no le conocieron.”113

Sin duda que hubo innumerables judíos, tanto en Palestina como en Alejandría
y más allá, que sacaron estas conclusiones y se convirtieron en minim antes
del advenimiento del cristianismo.

Para tal Señor, tal herejía.

103