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TIERRA

113 FIRME Revista de Historia y Ciencias Sociales.


Caracas, julio-diciembre 2017

Centenario de la Revolución Bolchevique


Vladimir Lenin dirigiéndose a los soldados del Ejército Rojo en Moscú.
León Trotski a la derecha del podio, 1920.
DE
R ED
H ISTORIA ,
M EMORIA
Y P ATRI MONIO
TIERRA
113 FIRME
Revista de Historia y Ciencias Sociales.
Caracas, julio-diciembre 2017
ISSN 0798-2968
TIERRA
FIRME
R EVISTA DE H ISTO RIA Y C IEN CIAS SOCIALES .
N O 113 Caracas, julio-diciembre 2017 TIE RR A FI RM E
Revista semestral arbitrada.
Es una publicación de la Red de Historia, Fundada en 1983.
Memoria y Patrimonio patrocinada por 1983-2017. Números 1-113.
el Ministerio del Poder Popular ISSN 0798-2968
del Despacho de la Presidencia Depósito Legal pp. 198302DF882
y Seguimiento de la Gestión de Gobierno
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E DI CIÓN Y CORRE CC IÓN DE TEXTOS Francia; Sociological Abstracts,
César Russian Universidad de California (UCLA),
Estados Unidos y Revista Interamericana
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César Russian Americanos (OEA), Washington,
Estados Unidos.
D ISEÑO DE PORTADA
César Russian
Sumario113 TIERRA
FIRME Revista de Historia y Ciencias Sociales.
Caracas, julio-diciembre 2017

7/ Presentación

Artículos
11/ Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo
y la matrícula universitaria como soportes de puntofijismo
Víctor Palacios Vargas

45/ La Escuela Nueva:


Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

77/ José Gil Fortoul: Formación universitaria,


legado historiográfico y proyecto educativo
Javier Escala

123/ La construcción del acueducto de Petare


durante el septenio guzmancista (1870-1877)
Rebeca Padrón García

143/ Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano.


Apuntes histórico-geográficos
Oscar Battaglini Suniaga

Discursos
183/ Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez
Reseñas
207/ William Sullivan. El despotismo de Cipriano Castro.
Caracas: Fundación Editorial Trilobita/Academia Nacional
de la Historia, 2013
Javier Escala

211/ Normas para la presentación de originales

213/ Red de Historia, Memoria y Patrimonio


Presentación

A bre este número el trabajo de Víctor Palacios Vargas titulado


“Venezuela 1959-98: La renta, el gasto educativo y la matrí-
cula universitaria como soportes del puntofijismo”. El investiga-
dor de la Universidad Central de Venezuela examina la correla-
ción existente entre el ingreso fiscal petrolero y la crisis del sis-
tema democrático representativo. Hace énfasis el autor en cómo
la educación universitaria subordinada a la dependencia rentista
legitima el modelo político fraguado en nuestra nación durante la
segunda mitad del siglo XX.
Por su parte, José Quintana, estudiante del posdoctorado de
educación del Centro Internacional Miranda, en su ensayo “La es-
cuela nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica”, nos emplaza a
considerar la importancia de la complejidad, la indeterminación,
la incertidumbre, la impredecibilidad y la incompletud, como ca-
tegorías que debemos tener en cuenta en nuestros análisis educati-
vos, sin obviar las implicaciones que esta dinámica entraña.
Seguidamente, Javier Escala, investigador del Centro Nacio-
nal de Estudios Históricos, en “José Gil Fortoul: Formación uni-
versitaria, legado historiográfico y proyecto educativo”, ahonda en
la visión de la ciencia de Clío y el valor de la dimensión formativa
del pensador venezolano, quien se desempeñara como ministro
de Instrucción Pública y presidente de la República.
La afirmación de que el llamado Liberalismo Amarillo redun-
dó en el “progreso del país”, siendo la edificación de una obra hi-
dráulica un ejemplo contundente de lo antes dicho, es la premisa
fundamental de “La construcción del acueducto de Petare durante
el septenio guzmancista (1870-1877)”, trabajo que nos trae la pro-
fesora Rebeca Padrón del Instituto Pedagógico de Caracas.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Oscar Battaglini Suniaga, de la Universidad Central de Ve-


nezuela, expone en “Por qué el joropo es venezolano y no co-
lombo-venezolano Apuntes histórico-geográficos”, un asunto
de inusitada importancia: la paulatina expropiación de una de
nuestras expresiones socioculturales más cara. El joropo, hoy dis-
putado por la hermana república, tiene una deuda histórica con
nuestra antigua Provincia de Guayana, hipótesis que demuestra y
defenestra las confusiones sobre este interesante asunto.
En una nueva sección titulada “Discursos” –a la que le augu-
ramos permanencia– Tierra Firme da cabida a disertaciones que
muchas veces tienen gran pertinencia general y calidad concep-
tual, pero que no cumplen necesariamente con las formalidades
técnicas de un artículo arbitrado. Esta vez es la profesora emérita
e integrante de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humani-
dad, Carmen Bohórquez, quien incursiona en la figura del prócer
zuliano, resaltando las cualidades de un personaje de talla nues-
troamericana. “Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba”, nos invi-
ta a auscultar sobre un protagonista que encarna en gran medida
un valor inaplazable para los tiempos presentes.
Cierra esta edición Javier Escala, reseñando el libro El despotismo
de Cipriano Castro del historiador norteamericano William Sullivan.
Saber que como científicos sociales tenemos impostergables
responsabilidades anima a seguir con la pertinaz tarea de profun-
dizar para una mejor comprensión y transformación de la reali-
dad que nos circunda. Misión por demás compleja en la cual es
difícil deslindar el escarpelo metodológico de la inocultable sen-
sibilidad del estudioso. Nunca hemos renunciado a la función so-
cial de este espacio de reflexión consustanciado con las más altas
aspiraciones populares. Por eso decimos gracias, por la fidelidad
de nuestros lectores, advirtiéndoles que la periodicidad de este
órgano divulgativo y académico será ahora de carácter semestral.

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113 Artículos
Tierra Firme No 113.
Caracas, julio-diciembre 2017, pp. 11-44

Venezuela 1959-1998:
La renta, el gasto educativo
y la matrícula universitaria
como soportes de puntofijismo
Víctor Palacios Vargas
Universidad Central de Venezuela
Resumen

El presente trabajo es parte del capítulo introductorio de la in-


vestigación Incidencia de la filosofía educativa bolivariana en
la formación y viabilidad de las empresas de producción social
inscritas en el marco del cambio de paradigma socioeconómico
1999-2015, correspondiente a la línea de investigación El ren-
tismo y su incidencia en la educación universitaria, siglos XX
y XXI, que el autor lleva a cabo en la Unidad de Investigación
del Colegio Universitario de Caracas. Se trata, concretamente,
de analizar, por una parte, la relación existente entre el ingre-
so fiscal petrolero con la implantación, consolidación y crisis
del sistema democrático representativo y, por la otra, cómo fue
utilizada la educación, sobre todo la universitaria, sometida a
la dependencia rentista para legitimar al sistema vigente entre
1958 y 1998..
Palabras clave: Estado, democracia representativa, ingreso, edu-
cación, partidos, gobierno.

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Venezuela 1959-1998:
Income, Educational Expenses and University Tuition
as Supports of the Puntofijismo
Abstract

The present work is part of the introductory chapter of the re-


search Incidence of the bolivarian educational philosophy in the
formation and viability of social production enterprises registe-
red in the framework of the socio-economic paradigm change
1999-2015, corresponding to the line of research The rentismo
and its incidence in the university education XX and XXI centu-
ries, that the author carries out in the Research Unit of the Uni-
versity College of Caracas. It is a question of analyzing, on the
one hand, the relationship between petroleum tax revenue and
the implementation, consolidation and crisis of the representa-
tive democratic system and, on the other hand, how education
was used, especially the university subject to dependence rentier
to legitimize the system in force..
Key Words: State, Representative Democracy, Income, Edu-
cation, Parties, Government.

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Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

Introducción

E l modelo democrático representativo, cuyos pasos iniciales


coincidieron con la muerte del general Juan Vicente Gómez,
había tenido un período de esplendor desde 1936 hasta 1948, lue-
go pasó por un paréntesis de diez años, durante el ejercicio del
poder por parte de las Fuerzas Armadas, encabezadas por Marcos
Pérez Jiménez y, a partir de 1958, se reinstalará, permaneciendo
en forma regular hasta los albores del siglo XXI.
En efecto, durante los cuarenta años siguientes, que median
entre 1958 y 1998, el ejercicio del poder en Venezuela se inscri-
birá dentro de los parámetros de lo que se conoce como sistema
de gobierno democrático representativo, en el entendido que se
trata de una filosofía que concibe el ejercicio del poder público
mediante la representación de la soberanía popular a través del
voto directo y secreto.
La puesta en práctica de este sistema, a través del ejercicio del
voto cada cierto tiempo, además de darle legitimidad al gobierno
y, por ende, al sistema pues su poder se derivaba de la voluntad
popular, significaba un avance institucional en un país cuyo rasgo
característico fue el acceso a las funciones de mando a través de
las conjuras, montoneras, liquidación de facciones, asesinatos y,
en fin, la violación a toda norma de civilidad y convivencia pacífi-
ca. Es innegable que aquella conquista contó con el apoyo popu-
lar interno y de las naciones con sistemas similares en el mundo
occidental y, por supuesto, el respeto de las “fuerzas vivas” inter-
nas y las potencias industrializadas, en la medida que tal sistema
no comprometiera sus intereses.
Ahora bien, en la reinstalación del modelo democrático re-
presentativo, su fortalecimiento, sostenibilidad en el tiempo, de-
bilitamiento y crisis, fue decisivo un conjunto de variables como
la orientación y uso que se le dio a los ingresos derivados de la
renta petrolera, el incremento o no del gasto del gobierno central

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

en educación y el acceso de la población al mismo, sobre todo al


subsistema universitario. En ese sentido, la presente investigación
centra su atención en determinar las bases de sustento de la de-
mocracia representativa, los valores que manejaba y el uso de la
educación como soporte de aquel modelo.
A tal efecto se procederá a realizar una síntesis de los aspectos
puntuales de la evolución institucional de la vida venezolana, en
general, y educativa, en particular, de los cuarenta años de vigen-
cia de la democracia representativa en nuestro país.

Aspectos caracterizadores de la democracia


representativa en Venezuela

En la apretada síntesis que haremos del ejercicio de la democracia


representativa en Venezuela a partir de 1958, no se hará mención
de las especificidades de cada gobierno, tampoco se tratarán las
diferencias puntuales entre unos y otros, que indudablemente las
hubo, menos analizaremos sus conquistas y virtudes que también
las tuvieron, porque no es el centro de atención principal de este
trabajo y, sobre todo, porque respecto de tales temas existe abun-
dante, diversa y calificada bibliografía1.

1 Sin pretender usurpar la profesión de bibliógrafo, menos asumir que


las fuentes y referencias que aquí señalemos sean las únicas o mejo-
res, cuando mucho lo que pueden acusarnos es de sectarios y sesgados
ideológicamente, que por lo demás no es un delito, sino una condición
intrínseca del ser humano. Si podemos señalar que los años de revisión
y lectura nos permiten hacer alusión a algunas fuentes que podrían ser
útiles a quien desee adentrarse en el análisis de la democracia represen-
tativa en Venezuela. Para un estudio general del período, la Fundación
Eugenio Mendoza publicó dos textos: Venezuela moderna (1926-1976) y
Venezuela contemporánea (1974-1989), donde quince autores de diversas
disciplinas dan su visión de aquel período. En el campo económico, el
Banco Central de Venezuela editó cinco tomos de una obra denominada
La economía contemporánea de Venezuela donde se recoge la opinión de
los principales expertos nacionales en el área. En materia sociopolítica,

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Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

Solo interesa destacar la caracterización general del mode-


lo en su fase de estabilidad y decadencia a partir de su base de
sustentación efectiva, la orientación seguida y los resultados lo-
grados. En ese sentido, es apropiado señalar que la experiencia
del efímero gobierno de don Rómulo Gallegos, con alto respal-
do electoral, pero sin apoyo de las fuerzas vivas y los diez años
de persecución y ostracismo de la disidencia política encarnada
principalmente en la dirección de Acción Democrática (AD) y el
Partido Comunista de Venezuela (PCV) y, en menor medida, por
el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Co-
pei) y Unión Republicana Democrática (URD), fue lo que obligó
a buscar acuerdos, no solo entre los dirigentes partidistas, sino
también de estos con las denominadas “fuerzas vivas” internas, en
este caso con los dueños del capital, la jerarquía de la Iglesia cató-
lica, el movimiento sindical y las Fuerzas Armadas; en lo externo,
buscar a toda costa el beneplácito del Departamento de Estado de
los Estados Unidos de América. Sin aquellos apoyos difícilmente
tendría éxito un gobierno en Venezuela, a menos que la dirección

los libros de los historiadores Manuel Caballero, Historia de los venezola-


nos en el siglo XX (2010) y Oscar Battaglini González, Ascenso y caída del
populismo (2011) son básicos; en materia militar, bajo los auspicios de la
UCAB y la UPEL, el profesor Domingo Irwin coordinó un conjunto de
nueve libros bajo el genérico nombre de Ensayos sobre las relaciones civiles
y militares venezolanas, muy apropiados para comprender la actuación
de aquel sector durante el período. En el novedoso campo de la tecnolo-
gía, dos libros nos acercan al tema en Venezuela, el primero escrito por la
profesora Rosalvina Jaimes denominado Problemática contemporánea de
la ciencia y la tecnología (1991) y el redactado a dos manos entre Víctor
Álvarez y Davgla Rodríguez con el sugestivo y actualizado título Del sec-
tor ciencia y tecnología a la sociedad del conocimiento (2003); de Miguel
Bolívar Chollett, el libro Sociopolítica y censos de población en Venezuela
(2008) es apropiado para estudiar el tema demográfico y, en la temática
cultural, además de lo expuesto en los trabajos de la Fundación Mendoza,
existe una obra recopilatoria del enfoque de especialistas, publicada por
el Celarg, cuyo nombre es El siglo XX venezolano: Análisis y su proyección
histórica de una centuria.

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política se radicalizara y asumiera una conducta de ruptura con


las relaciones de poder existentes y, salvo un sector minoritario
del PCV, la gran mayoría de la dirección político-partidista de la
época se pronunciaba por una evolución pacífica de convivencia
concertada inscrita en la democracia representativa. Así renació el
sistema democrático en la Venezuela de 1958.
El pacto para reinstalar, estabilizar y prolongar la goberna-
bilidad del modelo democrático representativo requería mostrar
con hechos que se trataba de un proyecto donde los “radicalis-
mos” estarían al margen, razón por la cual era necesario actuar se-
lectivamente en el entramado sociopolítico y militar. En ese sen-
tido, el primer marginado fue el PCV, no por su fuerza electoral,
sino por lo que representaba ideológicamente y simbólicamente;
la purga, también llegó a lo interno de los partidos signatarios
del acuerdo aislando aquellas individualidades y fracciones que
expresaran algún asomo crítico a los acuerdos de cúpulas como
lo propugnaban las “fuerzas vivas”, lo cual con el transcurrir del
tiempo determino la escisión, división y ruptura en el interior de
los partidos AD, Copei y URD, dando origen a nuevas organiza-
ciones como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR),
el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y Vanguardia Revolu-
cionaria, entre otros.
Aquella propuesta estuvo apuntalada por los sectores econó-
micos interno y externo, quienes aspiraban que con el nuevo mo-
delo sus intereses y beneficios no se viesen comprometidos, por el
contrario, buscaban a toda costa una presencia determinante que
les garantizara mantener el acceso a los cuantiosos recursos deri-
vados de la renta petrolera. En el caso del componente interno de
aquel sector promovía una política de créditos blandos, a bajos
intereses y a largo plazo, la producción y prestación de servicios a
bajos costos y en lo posible con subsidios y desgravámenes impo-
sitivos con lo cual se les facilitaría aumentar en forma segura, cre-
ciente y con poco riesgo sus capitales. En lo atinente a la fracción

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Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

externa, su interés se circunscribía a mantener una presencia rele-


vante mediante las inversiones de capital en aquellas actividades
de alta rentabilidad, como el negocio petrolero, la industria auto-
motriz y, en general, la colocación en el mercado interno de toda
la gama de insumos industriales para el ensamblaje y producción
de bienes y servicios.
En ese sentido, la dirección político-partidista de entonces,
por su formación reformista, atrincherada en un excesivo for-
malismo de la democracia –entendiéndola solo como una acción
electoral cada cierto tiempo para elegir al funcionariado admi-
nistrativo– y ambiciosa del poder político del Estado para y por
el disfrute particular y grupal del mismo, se constituyó conscien-
temente en ejecutora de un proyecto democrático restrictivo y
limitado en cuanto a su ejercicio y garantías.
En efecto, con un sistema cuya legitimidad estaba determi-
nada por la conciliación de intereses entre el capital con ilimita-
das ansias de rentabilidad y una dirección política con una visión
de la democracia limitada al culto electoral, era innegable que su
permanencia en el tiempo pasaba por utilizar los proventos pe-
troleros para intentar satisfacer la conducta especuladora, parasi-
taria y poco innovadora de la insaciable burguesía nacional y sus
socios externos2.
Los márgenes de ganancia del capital en Venezuela durante
la vigencia de la democracia representativa fueron escandalosos y
todo fue conseguido al amparo de políticas oficiales orientadas a
beneficiar abiertamente al sector de preeminencia socioeconómica.

2 Los doctores Domingo Alberto Rangel, Francisco Mieres, Domingo Maza


Zavala, Héctor Malavé Mata y Federico Brito Figueroa dejaron una abun-
dante bibliografía y hemerografía donde se demuestra la “Acumulación
delictiva de capital y la formación de la burguesía burocrática y peculado-
ra” al amparo del Estado, como acertadamente lo expresó el último de los
autores nombrados en su ensayo La aristocracia del dinero en la Venezuela
actual (1945-1985) (1986).

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Fue de tal magnitud el aprovechamiento de fondos públicos por


el sector del capital y la docilidad de los gobernantes ante aquella
situación que, en algunos casos, se pasó de la echonería que rayaba
en la estupidez al rapto de infantil honestidad de los gobernantes.
Uno de los tantos casos fue el de Jaime Lusinchi, a quien en
ejercicio de la presidencia de la República entre 1984 y 1989, y
ante uno de los tantos apremios fiscales y procesos de refinancia-
miento de la deuda externa dudosamente contraída, el sector pri-
vado le impuso literalmente la asunción de sus acreencias como
parte de las obligaciones internacionales de la República, el presi-
dente Lusinchi, en un acto de “ingenua” euforia, afirmó que había
hecho el “mejor refinanciamiento del mundo” porque los nego-
ciadores del país, mayormente integrados por figuras asociadas al
sector privado interno, le hicieron creer que el gobierno, al asumir
toda la deuda (pública y privada) y firmar aquel acuerdo, recibiría
dinero fresco y condiciones honorables de pago. Tiempo después
la realidad se impuso, la banca internacional no otorgó nuevos
préstamos y la nación había contraído la deuda privada, con lo
cual se acrecentaron los intereses de pago a los acreedores exter-
nos; situación que dio lugar a un gesto de infantil honestidad,
posiblemente provocado por las consecuencias de sus excesos etí-
licos que, según quienes le conocieron, frecuentemente padecía
aquel aparente bonachón, pero servil, violento, iracundo e inca-
paz gobernante, que lo llevarían a decir: “La banca me engañó”,
con lo cual pasó a la historia como un fugaz “ser (…) pobre po-
deroso y solitario”, abandonado no solo por los sectores a quienes
privilegió sino también por sus propios compañeros de partido3.

3 En Venezuela, sobre todo, en los cuarenta años de democracia represen-


tativa, con base en una apabullante propaganda en la cual se utilizaron
medios de comunicación, publicistas internos y externos e incluso indi-
vidualidades de las denominadas izquierdas, se pretendió construir una
imagen alrededor de los gobernantes de turno, se les presentaba como
superhombres y se les adjudicaban virtudes especiales y sobresalientes
como, por ejemplo, que nunca se enfermaban, ejemplares padres de fa-

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Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

Fue frecuente observar cómo sectores del capital privado finan-


ciaban y prestaban logística en forma pública a partidos y candidatos
a cargos de elección que, una vez concluido el proceso comicial, co-
menzaban una lucha fratricida por posicionarse en las instituciones
donde los montos financieros a distribuirse y utilizarse fuesen más
atractivos. Los ministerios de Hacienda, Obras Públicas, Fomento y,

milia, cultos, ciudadanos de fino humor y, en fin, unos modelos de seres


humanos; agréguese la condición de “padres de la democracia”, “padres de
la política de pacificación”, autores de la “democracia con energía”, “Luis
Herrera arregla esto” y “Lusinchi es como tú”. Sin embargo, la mayoría
distó mucho de tales atributos. Baste con decir que bajo la administración
del “padre de la democracia”, es decir, Rómulo Betancourt, se gobernó cin-
co años con la mayoría de las garantías constitucionales suspendidas, las
desapariciones de presos políticos en América Latina no comenzaron con
los “gorilas del Sur”, sino con el “humilde” y “modelo” de hombre público
(calificativos hechos por un tarifado biógrafo, insulso poeta e inusitado
“historiador”) que fue Raúl Leoni. A su vez, durante la “política de pacifi-
cación” de Rafael Caldera, a la cantidad de liceístas y universitarios masa-
crados y asesinados debe agregársele el allanamiento y cierre por dos años
de la Universidad Central de Venezuela, institución en la que por cierto,
impartió Sociología Jurídica hasta meses antes de ascender la primera
magistratura. A Carlos Andrés Pérez se le tildaba de “policía asesino” no
por cariño, sino por su feroz persecución y allanamiento a los dirigentes
de izquierda en los años 60 cuando fue ministro de Interior. En el caso
de Luis Herrera “arregló” a Cantaura y Yumare con dos masacres. Final-
mente, en el caso de Lusinchi, con su buen “humor” le dijo a un periodista
frente a las cámaras de televisión: “Tú a mí no me jodes”, y a unos líderes
estudiantiles a quienes les ametrallaron unos compañeros en el peaje de
Tazón, “cariñosamente” les dijo: “Carajitos no me van a embochinchar el
país, porque los voy a buscar y se van a joder”, y con la misma “amabilidad”
les conminó a tomarse una foto junto a él para la prensa destacada en el
Palacio de Miraflores, pero “sonrientes”, a los pocos días de haber publi-
cado un artículo refiriéndose a las ejecutorias de la secretaria privada del
presidente, al columnista Alfredo Tarre Murzi le dieron de “regalo” una
paliza que sospechosamente nunca se investigó oficialmente y el profesor
universitario Simón Sáez Mérida, después de referirse a la misma dama,
recibió reiteradas “llamadas” a su apartamento, del “bonachón” presidente,
no precisamente para felicitarle. Es decir, aquellos gobernantes tuvieron
todo, menos las virtudes que les imputaban sus forjadores de imagen.

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en menor medida, Agricultura y Cría, así como algunos institutos


autónomos como los puertos y empresas del Estado como la Cor-
poración Venezolana de Guayana, fueron los más apetecidos por los
dueños del capital para colocar fichas y figuras que respondían a
sus orientaciones y así cobrar con sobrados intereses sus “ayudas y
apoyos “a los candidatos ganadores4.
Con la reinstalación y permanencia de la democracia repre-
sentativa, la mayoría de la población prolongó una vez más un
fracaso histórico, por salir o al menos aminorar sus debilidades
estructurales expresadas en la escasez y carestía de los alimentos,
vivienda, salud, cultura, diversión, el acceso al empleo estable y
decentemente remunerado y, en fin, los bienes y servicios que la
población requiere para subsistir con cierta dignidad.
Ahora bien, ¿Por qué entonces mayoritariamente la población
venezolana legitimó en forma reiterada un sistema con los rasgos
antes señalados? No hay una respuesta única y sencilla, solo po-
dría afirmarse que dicha conducta se debe a una aspiración reite-
radamente frustrada del pueblo venezolano por vivir en libertad,
realizarse en forma plena, solidaria, alegre e independiente en to-
dos los órdenes de la vida, lo cual la lleva a no tener prejuicios ra-
ciales, religiosos, culturales, gastronómicos y de placer en su hacer
individual y colectivo; pero esa misma característica la hace per-
meable a iconografías, postulados y propuestas que disfrazadas de
redención, bienestar y avance en todos los órdenes que al instalar-
se en el ser y actuar del venezolano como un componente más de
sus valores, si los mismos son sutilmente utilizados terminan por
condicionar y reorientar la conducta y sistema de valores hacia

4 Para tener una idea de la orientación y beneficiarios de las políticas eco-


nómicas, sobre todo las de orden monetaria, cambiaria y fiscal, basta con
revisar los apellidos de los ministros de Hacienda y los de la mayoría del
directorio del Banco Central de Venezuela desde 1958 hasta 1998, para
detectar la procedencia del funcionariado y a los grupos económicos pri-
vados a quienes representaban.

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Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

objetivos específicos. En ese sentido, en una población con lar-


gos períodos de explotación, sojuzgamiento y desprecio con altos
niveles de violencia para domesticarla; oponerles y contrastarle a
este sistema de cosas, la idea de la democracia representativa con
énfasis en lo electoral como alternativa fue una consigna que con
la perseverancia y la reiteración como fue expuesta se constituyó
en un valor de superación política del pueblo oprimido.
Solo así puede entenderse el apoyo reiterado de los sectores
más deprimidos económica y socialmente de Venezuela a la de-
mocracia representativa como sistema de gobierno. La población
nacional fue incondicional a la prédica democrático representa-
tiva en la medida que las fuerzas vivas, pero sobre todo la direc-
ción partidista-electoral utilizó cuanto medio y recurso estuvo a
su alcance para fomentar, proteger y ensanchar la ideología, se-
gún la cual el pueblo detentaba el poder para administrar la cosa
pública, pues a través de la vía comicial elegía “libremente” a los
funcionarios de los órganos de representación como la función
ejecutiva y legislativa en forma directa. Visto así, las direcciones
partidistas-electorales actuaban apegadas al credo democrático,
solo que la violencia física y psicológica, ejercida a través de la
persecución y obstrucción a la disidencia y crítica a las prácticas
gubernamentales; la demagogia y el populismo expresado en un
discurso y una práctica clientelar donde el recurso derivado de los
proventos petroleros fue utilizado para proyectar en el pueblo una
falsa imagen de un “Estado protector” y “gobiernos ocupados en
preservar la calidad de vida de la población” mediante la entrega
de dádivas a los pobladores de escasos recursos, fueron creando
un cisma entre teoría y práctica. En lo relativo al ejercicio del po-
der por el pueblo, mediante la práctica electoral, con el tiempo, la
dirección política del Estado, representada en la socialdemocracia
y democracia cristiana, hábilmente cambió el contenido de aquel
ejercicio y dejó de ser un medio para constituirse en un fin en sí
mismo, es decir, a la democracia la redujeron conscientemente a

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Tierra Firme No 113
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una actividad comicial periódica y con ello desvirtuaban no solo


al ejercicio del voto sino también la democracia como sistema.
Por ello se “legalizó” todo medio que propiciara la participación
selectiva y ventajista en cuanto proceso electoral se efectuara, por-
que cada triunfo así logrado no solo legitimaba al sistema interna
y externamente, sino que los triunfantes –siempre los mismos–
podían aplicar prácticas y políticas ventajosas e intereses parciales
dentro de la sociedad venezolana, utilizando la legalidad y legiti-
midad así obtenida.
Este sistema funcionó y fue apoyado mayoritariamente du-
rante los primeros quince años, mientras los recursos fueron uti-
lizados con cierto raciocinio, pero la abundancia de ingresos ope-
rada a partir de los años 70 del siglo XX dio lugar a una expansión
del gasto que solo era soportable mientras los ingresos petroleros
fuesen elevados. Por ello, a partir de aquel momento comenzó
una situación cíclica en términos socioeconómicos con inciden-
cia en el resto de la vida nacional. Es decir, las dos últimas décadas
del siglo anterior fueron la expresión de un sistema que se man-
tenía estable cuando se incrementaban los ingresos de divisas y
entraba en crisis con las caídas de los precios de los hidrocarburos
en el mercado externo.
La democracia representativa se convirtió en un sistema que
solo se sostenía por el ingreso petrolero, cuya incidencia en la es-
tructura nacional era cada vez más determinante. Durante la úl-
tima década del siglo XX, la estabilidad del sistema democrático
representativo estuvo asociada a la capacidad de maniobra de los
distintos gobiernos a partir de los ingresos disponibles por vía de
la renta petrolera, pero dado que este fue un período de inestabi-
lidad en los precios, con tendencia a la caída, la crisis de legitimi-
dad del sistema lo hizo insostenible.

22
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 1
Precios y divisas del petróleo venezolano 1959-1998

Precio promedio Divisas Promedio anual


Período
(USS/Barril) (millones USS) (millones USS)
1959-63 2,05 10.227 2.045
1964-68 1,51 11.412 2.284
1969-73 2,36 14.717 2.954
1974-78 11,44 45.485 9.097
1979-83 24,30 79.294 15.859
1984-88 17,97 52.032 10.406
1989-93 15,23 58.032 11.606
1994-98 13,65 74.298 14.860

fuente: Banco Central de Venezuela.

La educación entre 1958 y 1998

Caracterización general
Restablecida la democracia representativa en el país, los sucesi-
vos gobiernos retomaron en materia educativa el proceso de ma-
sificación en volumen del sistema ya iniciado con la muerte del
general Juan Vicente Gómez y profundizado entre 1945 y 1948,
bajo la denominada “Revolución de Octubre”. A partir de 1958
estará caracterizado por el uso en un sentido político-electoral,
con un alto grado de marginamiento de la calidad y solidez de
tales conocimientos, y estrechamente vinculado su incremento al
ingreso petrolero.

23
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Efectivamente, para entender la orientación educativa duran-


te los cuarenta años del denominado puntofijismo es necesario
recordar que la propuesta de modernización capitalista, en el pla-
no industrial y comercial, planteaba la necesidad de formación y
adiestramiento del recurso humano para ejecutar tales lineamien-
tos, hecho que durante el gobierno militar se hizo selectivo y des-
pojándolo de cualquier contenido crítico. Pues bien, con el retorno
democrático se continúa la orientación original de la educación,
pero su masificación fue utilizada para manipular electoralmente al
pueblo, abusando de una media verdad al argumentar que se trata-
ba de un derecho y garantía que solo la democracia representativa
hacía efectiva, cuando en realidad de lo que se trataba era de cumplir
la necesidad del sistema de obtener fuerza laboral capacitada para
acometer la nueva fase en su proceso de acumulación de capital. Es
decir, la educación, a partir de 1958, cumple una doble función: por
una parte, asimilarla y adecuarla a las necesidades de la industria y el
comercio y, por la otra, usarla como una conquista democrática de
los partidos políticos que se disputaban el poder.
Para lograr tal propósito fue necesario proceder a incremen-
tar progresivamente los aportes financieros desde el gobierno
central, como se evidencia en el cuadro no 2. Ciertamente, en tér-
minos brutos, durante los primeros dieciséis años, las erogaciones
en educación se fueron incrementando moderadamente, confor-
me lo hacía el gasto total del resto del gobierno central, pero al
aumentar los precios petroleros en el mercado externo a princi-
pios de los años 70, los niveles de ingreso del Estado venezolano
se incrementan velozmente, lo cual permitió aplicar una agresiva
política de inversión pública solo comparable con los primeros
años del perezjimenismo, con lo cual el nivel de gasto se acelera
pasando de 15.042 millones de bolívares en 1973 a más de 40 mil
millones en 1974, sin embargo, el gasto en educación se mantuvo
moderadamente. Al extremo de reducirse 10 por ciento con res-
pecto al nivel de gasto del año precedente.

24
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

Luego comienza a recuperarse la inversión en educación a


medida que se incrementa el gasto del gobierno central hasta al-
canzar el 19,3 por ciento del gasto total en 1983. A partir de aquel
año se inicia un período de inestabilidad en la inversión pública
en educación que coincide con la volatilidad de los precios petro-
leros en el mercado externo, la agudización del déficit fiscal, las
moratorias forzosas en el pago de intereses de deuda, la desinver-
sión social, el proceso de privatización masiva, incluida la educa-
ción y, en general, el aceleramiento de la crisis institucional de la
democracia representativa.
A partir de tales premisas se puede hablar de dos fases cla-
ramente diferenciadas, la primera comienza en 1958, tiene un
carácter expansivo innegable mientras el sistema democrático re-
presentativo se consolida con base en la estabilidad e incremento
de los ingresos petroleros y el uso de los mismos en cierta forma
racional que permiten al Estado y a los sucesivos gobiernos apli-
car algunas políticas de beneficio a la sociedad; entra en crisis con
el denominado “viernes negro” en 1982, cuando se produce una
caída vertical de la renta petrolera y la pérdida de control de la
gestión pública. La otra media entre este último año y concluye
en 1998, se caracteriza por un creciente desbalance entre la de-
manda de cupo y la incapacidad del Estado para la resolución de
tal dificultad, entre otras razones, por lo irregular de los precios
petroleros en el mercado externo y las desacertadas políticas de
gasto e inversión durante aquellos años.
En lo que se refiere a la primera fase, la misma corresponde
con la etapa de consolidación de la democracia representativa,
donde un conjunto de valores como el voto para la elección de
los poderes ejecutivo y legislativo, las garantías de ciertas liberta-
des públicas y la masificación de la educación constituyeron los
pilares de aquel proyecto en el proceso de enraizarse en el apo-
yo popular. A tal efecto las administraciones que se sucedieron
desde 1958 (comenzando con la de Rómulo Betancourt, seguida

25
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cuadro no 2
Gasto del Gobierno Central entre 1957 y 1999
(millones de bolívares)

Año Total Educación % del total


1957 5.442 196 3,6
1958 6.248 389 6,2
1959 6.484 456 7,0
1960 6.718 532 7,9
1961 7.075 601 8,5
1962 6.258 576 9,2
1963 6.590 674 10,2
1964 7.100 745 10,5
1965 7.400 878 11,9
1966 7.924 966 12,2
1967 8.605 1.096 12,7
1968 9.444 1.990 12,0
1969 10.628 1.350 12,7
1970 10.695 1.653 15,4
1971 11.915 1.875 15,7
1972 12,842 2.250 17,5
1973 15.042 2.805 18,7
1974 40.059 3.540 8,8
1975 40.372 4.694 11,6
1976 39.468 5.407 13.7
1977 52.041 7.068 13,6

26
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 2 (cont.)

Año Total Educación % del total


1978 49.905 7.448 14,9
1979 47.569 8.237 17,3
1980 68.551 10.635 15,5
1981 92.182 15.419 16,7
1982 89.468 15.056 16,8
1983 80.035 15.517 19.3
1984 99.706 15.701 15,7
1985 110.545 17.889 16,1
1986 117.658 18.125 15,4
1987 172.835 28.279 16,3
1988 189.045 32.257 17,1
1989 326.869 48.336 14,7
1990 539.139 69.494 12,8
1991 734.152 101.185 13,7
1992 887.178 154.660 17,4
1993 1.091.875 186.850 17,1
1994 2.079.375 307.891 14,8
1995 2.773.299 418.544 15,1
1996 5.478.395 621.615 11.3
1997 9.166.771 1.504.757 16,4
1998 10.749.208 1.689.645 15,3
1999 14.557.817 2.423.677 16,6
fuente: Miriam Kornblith y Thais Maingon (1985: 58-59), Antonio Aguirre
(2003: 462-463), Carlos Aponte Blank (2010: 114-115).

27
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

por las de Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, en su


primer gobierno hasta principios del tercer año del gobierno de
Luis Herrera Campins) hasta 1982, aplicaron políticas educativas
cuyo rasgo central fue garantizar y flexibilizar el acceso al sistema
educativo público del mayor número de venezolanos de todos los
estratos y edades.
Si bien es cierto que la democracia representativa manejó el
tema educativo básicamente a través de decretos ejecutivos y re-
soluciones ministeriales, solo fue en 1980 cuando, tardíamente,
se regularizó legalmente dicha materia mediante la aprobación
de la ley orgánica que derogó la aprobada por el gobierno mili-
tar, no es menos cierto que durante esta etapa se actuó siguiendo
los lineamientos de la Constitución de 1961 que promovía la de-
mocratización de la vida ciudadana y la educación se concebía y
entendía como una garantía estatal de igualdad de oportunidades
de la sociedad venezolana para ingresar al sistema educativo en
sus diversas modalidades.
Ahora bien, tal conducta se inscribía en una concepción polí-
tico-electoral de la educación, en el entendido de que su fomento
respondía a un interés de sus promotores por asociarla al sistema
democrático como una de sus garantías y, por la otra, para an-
teponer su masificación a las restricciones del recién derrocado
gobierno militar, como lo expresó el primer ministro del ramo
al inicio de la restauración democrática, al señalar que “Nunca
debe olvidarse que la educación es el mayor obstáculo contra una
dictadura”. Es decir, según aquel funcionario las dictaduras y, en
general, los gobiernos de fuerza restringen la educación para do-
mesticar y someter al pueblo, mientras que la democracia la im-
pulsa como uno de sus valores.
En efecto, según el cuadro no 3, la tasa de crecimiento pro-
medio de la matrícula total de estudiantes entre 1958 y 1973 fue
de 8,7 por ciento, con un pico de 27,8 en 1959 y con el menor
incremento en 1964 con 3,3 por ciento, lo que evidencia que se

28
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

trató de un período de alto crecimiento del acceso al sistema es-


colar formal de dieciséis años ininterrumpidos. Luego vienen
diez años caracterizados por la intermitencia en la matrícula
educativa, pero con tendencia a la baja, cuya tasa promedio fue
de 5,3 por ciento con un pico de 9,4 en 1975, en contraposición
al 3,1 registrado en 1979.
El último período corresponde con la segunda fase que me-
dia entre 1983 y 1998, caracterizado por una persistente caída
porcentual del crecimiento de la matrícula escolar, al extremo
que en los años 1994, 1995 y 1997, el crecimiento fue negativo,
siendo 1994 el más crítico con una contracción de la matrícula
del -1,3 por ciento. El promedio de aquel período apenas alcan-
zó un 2,7 porcentual.
Ahora bien, es necesario señalar que en el caso de la matrícu-
la de educación primaria esta mantuvo un nivel de crecimiento
bruto en forma constante hasta finales del primer gobierno de
Carlos Andrés Pérez. A partir de la administración del presidente
Luis Herrera Campins hubo un desaceleramiento de la matrícu-
la pública, compensado con un aumento acelerado en el sector
privado de la educación primaria. Es decir, si bien es cierto que
la matrícula de primero a sexto grado mantuvo su crecimiento, a
partir de la administración herrerista hasta el último año escolar
del segundo gobierno de Rafael Caldera en el período 1998-1999,
dicho incremento lo sostuvo, mayormente, el número de inscritos
en la escuela privada, como se aprecia en el cuadro no 4.
En lo relativo a la educación secundaria o bachillerato,
como comúnmente se denomina a este nivel educativo, el pano-
rama fue más contrastante entre una y otra fase que lo sucedido
con la educación primaria durante el predominio del puntofijis-
mo. Del cuadro no 5 se desprende lo siguiente: desde 1958 hasta
1973, la tasa de crecimiento promedio fue de 15,9 por ciento,
siempre con tendencia a la baja en cada quinquenio. Luego, en-
tre 1974 y 1983, existe un evidente descenso que se establece en

29
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cuadro no 3
Población total y matrícula educativa (1957-1999)

Porcentaje
Población Variación Matrícula Variación
Año matrícula
Total % total %
de población

1957 6.745.967 4,1 780.487 8,0 11,6


1958 7.017.005 4,0 817.488 4,7 11,7
1959 7.295.039 4,0 1.042.895 27,8 14,3
1960 7.578.911 3,9 1.265.231 21,1 16,7
1961 7.869.460 3,8 1.453.587 14,9 18,5
1962 8.167.458 3,8 1.538.332 5,8 18,8
1963 8.471.648 3,7 1.606.148 4,4 19,0
1964 8.780.771 3,6 1.659.083 3,3 18,9
1965 9.093.571 3,6 1.739.137 4,8 19,1
1966 9.405.679 3,4 1.826.231 5,0 19,4
1967 9.717.939 3,3 2.037.746 11,6 21,0
1968 10.036.894 3,3 2.120.795 4,1 21,1
1969 10.369.096 3,3 2.216.398 4,5 21,4
1970 10.721.092 3,4 2.371.187 7,0 22,1
1971 11.093.557 3,5 2.567.433 8,3 23,1
1972 11.482.124 3,5 2.734.962 6,5 23.8
1973 11.885.784 3,5 2.894.038 5,8 24,3
1974 12.303.526 3,5 3.018.928 4,3 24,5
1975 12.734.340 3,5 3.303.800 9,4 25,9
1976 13.188.692 3,6 3.565.312 7,9 27.0

1977 13.667.255 3,6 3.829.639 7,4 28,0

30
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 3 (cont.)

Porcentaje
Población Variación Matrícula Variación
Año matrícula
Total % total %
de población

1978 14.154.330 3,6 4.043.200 5,6 28,6


1979 14.634.220 3,4 4.173.380 3,2 28,5
1980 15.091.222 3,1 4.302.972 3,1 28,5
1981 5.515.285 2,8 4.492.076 4,4 29,0
1982 15.916.874 2,6 4.656.254 3,7 29,3
1983 16.311.069 2,5 4.855.531 4,3 29,8
1984 16.712.952 2,5 4.914.953 1,2 29,4
1985 17.137.604 2,5 5.103.795 3,8 29,8
1986 17.590.455 2.6 5.411.720 6,0 30,8
1987 18.061.452 2,7 5.873.727 8,5 32,5
1988 18.542.449 2,7 5.970.162 1,6 32,2
1989 19.025.297 2,6 6.109.046 2,3 32,1
1990 19.501.849 2,5 6.137.846 0,5 31,5
1991 19.972.039 2,4 6.330.326 3,1 31,7
1992 20.441.298 2,3 6.547.986 3,4 32,0
1993 20.909.727 2,3 6.706.926 2,4 32,1
1994 21.377.426 2,2 6.621.168 -1,3 31,0
1995 1.844.496 2,2 6.613.553 -0,1 30,3
1996 22.311.094 2,1 6.855.137 3,7 30,7
1997 22.777.151 2,1 6.794.091 -0,9 29,8
1998 23.242.435 2,0 7.008.692 3,2 30,2
1999 23.706.711 2,0 7.029.477 0,3 29,7
fuente: Luis Bravo Jáuregui (2006: 62-63).

31
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cuadro no 4
Matricula estudiantil de primero a sexto grado
por períodos gubernamentales (1957-1958/ 1998-1999)

Jefe Matrícula Matrícula


Período Total
de Estado pública privada

Marcos Pérez Jiménez 1957-58 602.387 132.724 730.647


Junta de Gobierno 1958-59 769.725 130.488 900.213
Rómulo Betancourt 1963-64 1.179.467 169.602 1.349.119
Raúl Leoni 1968-69 1.406.029 203.081 1.609.173
Rafael Caldera 1973-74 1.704.742 219.248 1.924.040
Carlos Andrés Pérez 1978-79 2.115.617 262.984 2.378.601
Luis Herrera Campins 1983-84 2.338.398 302.982 2.641.380
Jaime Lusinchi 1988-89 2.616.665 350.445 2.967.110
Ramón Velásquez 1993-94 2.705.309 554.100 3.259.409
Rafael Caldera 1998-99 2.771.624 489.719 3.261.343

fuente: Memorias del Ministerio de Educación, citadas por Iraida Sulbaran,


2010: 83.

5,01 de promedio y, finalmente, en los últimos quince años que


concluyen en el período lectivo 1998-1999, continuó el descen-
so porcentual hasta situarse el promedio en 2,7 por ciento. Los
datos anteriores son contundentes, el crecimiento porcentual de
la matrícula en educación media que comenzó con la reinstau-
ración de la democracia en forma halagadora, fue descendiendo
paulatinamente hasta niveles críticos a finales del siglo XX, hecho
que se evidenció con el progresivo ensanchamiento entre la oferta
y la demanda de cupo en dicho sector, al extremo que se hicieron
cada vez más comunes las largas colas de padres y representantes a
las puertas tanto de instituciones privadas como públicas en busca
de un cupo para sus representados e, incluso, se llegó al extremo en

32
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 5
Incremento porcentual de la matrícula en educación secundaria
por períodos quinquenales (1958-1998)

% de crecimiento promedio
Años
del quinquenio

1958-1963 18,96
1964-1968 15,73
1969-1973 13,10
1974-1978 6,15
1979-1983 4,13
1984-1988 2,48
1989-1993 3,12
1994-1998 2,64
fuente: Carlos Manterola y Doris Córdova, 2010: 95.

algunas entidades privadas de realizar pruebas de admisión, cuan-


do legalmente en este nivel están prohibidas.

Marchas y contramarchas de la educación


universitaria entre 1958 y 1998

Con la reinstauración de la democracia representativa en 1958,


caracterizada por la promoción de una política social expansiva y
de apertura aplicada y apoyada por sus principales organizaciones
partidistas y dirigentes a fin de conseguir la adhesión y consenso
del mayor número de venezolanos al nuevo modelo, al igual que
el resto, el subsistema universitario también tomó impulso con
esa orientación. Pero tempranamente comenzó a recibir los efec-
tos de medidas y políticas que si bien es cierto no cercenaban su
función, sí la pretendían orientar hacia fines específicos y parti-
culares, sobre todo hacia un progresivo proceso de privatización.

33
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

En efecto, el sector universitario, confrontado recurrentemen-


te con las políticas aplicadas por el gobierno militar encontró ini-
cialmente, en los albores de la democracia, un aliado en todas las
organizaciones y sectores políticos organizados. Sobre todo por-
que gran parte del liderazgo partidista tenía formación superior
concluida o en proceso. Es más, parte de la intelectualidad que mi-
litaba en las organizaciones partidistas sufrieron los rigores de la
presión militar ya como docentes o como estudiantes universita-
rios. En este sentido hubo cierto consenso en abrir la universidad,
promover el acceso a la misma y garantizar su funcionamiento en
forma autónoma y con amplias garantías. Entre las primeras me-
didas tomadas estuvo la de restituir en sus funciones a profesores y
estudiantes expulsados bajo el gobierno militar, otra fue la de, me-
diante decreto-ley promulgado a principios de diciembre de 1958,
concederles a las tres universidades públicas existentes su autono-
mía plena, lo que a decir de un estudioso del tema

…fue un factor de progreso para el alma mater [porque le per-


mitió] alcanzar y mantener un clima de independencia académi-
ca para el desarrollo del pensamiento crítico y para la formación
del profesorado mediante concursos para el ingreso a la carrera
docente (Leal, 2008: 540).

Fue de tal magnitud la apertura de este subsistema educativo


que la matrícula universitaria que, en 1957, apenas alcanzaba los
10.270 estudiantes, un año después exhibe una cifra de inscritos de
16.126, lo cual representó un incremento superior al 78 por cien-
to. Luego experimentó un crecimiento moderado, pero en forma
persistente de la matrícula, pasando de 21.292 en 1959 a 35.259 en
1963, cuando concluyó el gobierno de Rómulo Betancourt.
En 1964, año correspondiente al primero de la administra-
ción de Raúl Leoni, el número de inscritos alcanzó la cifra de

34
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

38.751, y al finalizar su gobierno, en 1968, los inscritos universita-


rios llegaron a 71.668 (Díaz Seijas, 1989: 627).
Desde el reinicio de la democracia representativa hasta finales
de la década de los 60, concretamente hasta el período 1969-1970,
la matrícula universitaria, salvo en 1958, tuvo un crecimiento
persistente, aunque moderado, sobre todo porque además de la
reapertura de la Universidad de Carabobo, apenas se crearon tres
universidades públicas y una privada, como se aprecia en los cua-
dros 7 y 8, de lo cual se concluye que el mayor peso de la matrí-
cula siguió recayendo en la Universidad Central de Venezuela, la
Universidad de Los Andes y la Universidad del Zulia, y en menor
medida en las privadas ubicadas todas en la capital del país.
La década de los 60 cerró con una situación de conflictivi-
dad entre el gobierno y las universidades autónomas donde se
cruzaban mutuas acusaciones. Por una parte, el poder ejecutivo
acusaba a las universidades públicas de progresiva anarquización,
generadoras de violencia y reducto de grupos armados de izquier-
da, razón por la cual era necesario, según la opinión oficial, mi-
nimizar su impacto en la opinión pública, creando instituciones
alternativas a las autonómicas tradicionales, de absoluto control
oficial y cuya orientación fuese la formación de profesionales en
el campo tecnológico mayormente, fue por ello que en 1962 se
creó la primera universidad politécnica en la región centrocci-
dental con sede en Barquisimeto, le siguió a esta la Universidad
Simón Bolívar, instalada en el valle de Sartenejas, en las afueras de
Baruta, estado Miranda.
Por la otra, las universidades públicas tradicionales denun-
ciaban un cerco gubernamental para cercenar la autonomía, que-
brar el proceso de renovación y acallar la crítica de las institucio-
nes a los desafueros y prácticas antidemocráticas de los sucesivos
gobiernos después de 1958.

35
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cuadro no 6
Matrícula universitaria entre los años lectivos
1968-1969 Y 1998-1999

Universidades Universidades
Años Total
privadas públicas

1968-1969 8.585 63.082 71.668


1969-1970 9.551 71.826 81.377
1970-1971 15.737 85.030 100.767
1971-1972 17.155 105.422 122.577
1972-1973 12.802 132.162 144.964
1973-1974 15.360 143.909 159.269
1974-1975 21.196 172.053 193.249
1975-1976 22.067 199.282 221.349
1976-1977 22.817 224.701 247.518
1977-1978 25.663 240.006 265.669
1978-1979 30.698 251.536 282.234
1979-1980 38.760 253.581 292.341
1980-1981 39.592 267.541 307.133
1981-1982 48.685 277.505 326.190
1982-1983 53.432 295.334 349.766
1983-1984 63.751 315.467 379.218
1984-1985 70.920 312.617 383.537
1985-1986 76.104 362.804 438.908
1986-1987 82.580 359.154 441.734
1987-1988 98.755 368.617 467.372

36
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 6 (cont.)

Universidades Universidades
Años Total
privadas públicas

1988-1989 118.448 387.034 505.482


1989-1990 144.161 395.668 539.829
1990-1991 166.216 371.482 537.698
1991-1992 176.811 374.723 551.534
1992-1993 188.462 387.779 576.241
1993-1994 223.542 375.895 599.437
1994-1995 237.900 409.831 647.731
1995-1996 229.955 451.731 681.685
1996-1997 255.281 454.486 709.767
1997-1998 301.099 431.908 733.007
1998-1999 309.219 476.066 785.285
fuente: Memorias y cuentas del Ministerio de Educación, Copre (1990: 42), Pau-
lina Campos Barahona (coord.) (2013: 71-72).

La década de los 70 comienza con el cierre de las escuelas


técnicas que facilitaban el ingreso solo con el certificado de edu-
cación primaria, siendo reemplazadas por los colegios e institu-
tos universitarios que exigían como mínimo el título de bachiller
para acceder a los mismos, prolongando así el tiempo de escola-
ridad de la mano de obra calificada para la actividad productiva
y de servicio. Conjuntamente con las universidades politécnicas,
iniciadas en la década anterior e incrementadas en los 70, los co-
legios e institutos universitarios no solo aparecerán en esta dé-
cada, sino que se extenderán por todo el territorio nacional en
los siguientes años hasta el cierre de siglo, como se aprecia en los
cuadros 7 y 8.

37
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cuadro no 7
Instituciones universitarias privadas creadas entre 1950 y 1999

Decadas
Institución 50 60 70 80 90 Total
Universidad 2 1 2 9 7 21
Institutos
0 0 12 9 26 47
universitarios
Colegios
0 0 4 3 0 7
universitarios
Estudios
0 0 1 0 1 2
especiales
Totales 2 1 19 21 34 77

fuente: OPSU-Ministerio de Educación, citado por Paulina Campos Barahona


(coord.) (2013: 28).

Pero también se puede advertir en dichos cuadros cómo la


oferta académica universitaria privada se expande en esos tiem-
pos, sobre todo en las universidades y los institutos universitarios.
En el caso de las universidades privadas, hasta principios de los 70
apenas existían tres, es decir que en menos de un cuarto de siglo
se crearon dieciocho, con un tope de nueve en la década de los 80,
mientras que en ese mismo período apenas se creó una docena de
universidades públicas.
En lo que se refiere a los institutos universitarios, la diferencia
con el sector público fue más abrumadora. En menos de treinta
años el sector privado fundó cuarenta y siete centros de enseñanza
de ese tipo, mientras que el Estado creó solo veintidós. Es decir, el
número de institutos universitarios creados por iniciativa privada
fue superior al doble de las fundadas por el sector público. Razón
por la cual en los últimos veinticinco años de ese siglo, la matrícula

38
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

cuadro no 8
Instituciones universitarias públicas creadas entre 1950 y 1999

Decadas
Institución 50 60 70 80 90 Total
Universidad 2 2 7 3 2 16
Institutos
0 0 7 14 1 22
universitarios
Colegios
0 0 2 2 3 7
universitarios
Estudios
0 0 0 0 1 1
especiales
Totales 2 2 16 19 7 46

fuente: Paulina Campos Barahona (coord.) (2013), datos reelaborados por


el autor.

universitaria privada aumentó en forma acelerada, mientras que


la pública tuvo un crecimiento relativo, al extremo de que para el
período 1968-1969, la matrícula privada universitaria apenas al-
canzaba el 11,98 por ciento, según cifras oficiales, y para el período
1997-1998 representaba el 42,45 por ciento del total.
Estas cifras, relativas al número de instituciones creadas y
matrículas en educación superior, permiten señalar que al igual
que el resto del sistema educativo, la apertura y, desde luego, el
acceso al subsistema universitario durante la vigencia de la demo-
cracia representativa estuvieron ligados al principio e interés por
asociarlos a las conquistas y atributos del modelo reinstaurado,
solo que su sostenibilidad en el tiempo lo determinaba el control
que pudiese ejercerse sobre el mismo y la disponibilidad de recur-
sos monetarios para financiarlo.

39
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Por tal motivo, al resquebrajarse los medios de control, bien


por incapacidad gubernamental o firmeza de las instituciones
universitarias públicas, aunado a los desaciertos y quebrantos fi-
nancieros producto de la dependencia rentista, aun cuando los
fines se mantuvieron inalterables, se procedió a restringir el ac-
ceso a la educación pública universitaria, al principio en forma
sutil, como el uso del promedio de notas para el otorgamiento de
cupos, luego se agregó el cobro de preinscripción para optar a la
realización de pruebas internas de selección y, finalmente, en los
80 y 90, los respectivos gobiernos flexibilizaron y facilitaron las
condiciones al sector privado para la inversión en el subsistema.
A partir de aquellos años la educación universitaria privada
se convirtió en un negocio altamente rentable entre, otras razo-
nes, porque la educación es un servicio público que prestado por
el sector privado, históricamente ha sido exceptuado del pago de
impuestos y los costos en el caso de su prestación por el ámbito
privado son ínfimos, pues las instituciones universitarias privadas
privilegian la cantidad sobre la calidad en materia de matrícula y
la escala de sueldos y salarios al personal académico y adminis-
trativo, salvo excepciones, son extremadamente precarios. Final-
mente, los gastos en investigación y extensión, por lo general, son
insignificantes o nulos, generándose de este modo márgenes de
ganancia extremadamente lucrativos a sus prestadores. Dicho de
otra manera, lo que comenzó siendo una apertura y garantía so-
cial, terminó constituyéndose en un negocio altamente rentable
para el sector privado. Ese fue el rasgo fundamental en las últimas
dos décadas del puntofijismo en materia educativa, sobre todo en
el subsistema universitario.

40
Venezuela 1959-1998: La renta, el gasto educativo…
Víctor Palacios Vargas

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22 al 24 de abril de 2015, sede Chuao de la Universidad Nacional
Experimental de la Fuerza Armada Nacional.

44
Tierra Firme No 113.
Caracas, julio-diciembre 2017, pp. 45-75

La Escuela Nueva:
Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana
Centro Internacional Miranda
Resumen

A pesar de las transformaciones que han surgido en la educa-


ción venezolana en el ámbito histórico y curricular, y de la eva-
luación en el presente milenio, los cambios que se están gestan-
do en nuestra sociedad todavía siguen orientados por el viejo
paradigma (visión-modelo) cartesiano-newtoniano racionalis-
ta, mecanicista, determinista y fragmentador del conocimien-
to. No obstante, desde la revolución científica de principios
del siglo XX va consolidándose una nueva visión de la realidad
basada en la complejidad, la indeterminación, la incertidum-
bre, la impredecibilidad y la incompletud. Todo ello lleva a una
nueva concepción de la vida, el conocimiento, el ser humano
y la relación individuo-sociedad-especie. Las consecuencias de
esta revolución conceptual para la educación son impresionan-
tes, en tanto no se propician procesos vitales ni se favorecen los
procesos de conocimiento.
Palabras clave: Escuela Nueva, Educación, Sistema educativo
venezolano.

45
The New School:
A Socio-Critical and Ontological View
Abstract

In spite of the transformations that have arisen in Venezuelan


education in the historical, curricular and evaluation fields in
the present millennium, the changes that are taking place in
our society still continue to be guided by the old paradigm
(vision-model) Cartesian-Newtonian rationalist, mechanistic,
determinist and fragmenting of knowledge. However, since the
scientific revolution of the early twentieth century, a new vi-
sion of reality based on complexity, indeterminacy, uncertain-
ty, unpredictability and incompleteness has been consolidated.
All this leads to a new conception of life, of knowledge, of the
human being and of the individual-society-species relations-
hip. The consequences of this conceptual revolution for edu-
cation are impressive in that, they do not favor vital processes,
not favor the processes of knowledge.
Key Words: New School, Education, Venezuelan Educational
System.

46
La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

Introducción

A ctualmente, el problema es más antropológico y metafísico


que social y racional, y su abordaje requiere nuevos plantea-
mientos y métodos (Chema Berro, citado en Giroux, 2005). La
posibilidad de sobrevivir con dignidad en este planeta depende
de la adquisición de una nueva mente. “Abróchense los cinturo-
nes, las turbulencias no han hecho más que empezar. A no ser
que la evolución haya cambiado radicalmente de dirección, nos
estamos enfrentando a un estallido de diversidad y complejidad
societaria, centenares de veces mayor a la que estamos en una
permanente experimentación o, incluso, imaginación” (Varela,
citado en Gaia, 1989: 48).
Tanto en los Estados Unidos como en México nuestros ni-
ños son confrontados por retos que necesitamos ayudarles a
superar. Tres de los retos que nos vienen a la mente son la des-
igualdad económica, los juicios prejuiciados respecto a las cul-
turas no dominantes y el acceso restringido a una educación de
calidad. Desde este debate, Packer (2010) plantea que los psicó-
logos del desarrollo pueden contribuir de varias maneras. Una
de estas se ampara en contribuir a que los políticos, los educa-
dores y otros que trabajan en el ámbito educativo, comprendan
desde lo ontológico cómo impactan tales desafíos en el desarro-
llo psicológico de los niños.
De tales argumentos se sostiene que existen vínculos impor-
tantes, y mutuamente constituyentes, entre la teoría y la práctica.
En tanto, las iniciativas prácticas fallarán si son emprendidas sin el
saber que una teoría adecuada proporciona. Empero, igualmente
es indudable que la práctica puede contribuir a la construcción de
la teoría. Después de todo, dicho francamente, la teoría es lo que
nosotros sabemos. Nuestro conocimiento viene del compromiso
práctico y puede guiar los esfuerzos que hagamos como maestros
de la escuela nueva visionaria de cambios sociales y humanos.

47
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

En el presente milenio, la teoría acerca del desarrollo de los


niños viene experimentando cambios significativos. También hay
que considerar la premisa de que una teoría constructivista del
desarrollo no necesariamente es la más adecuada para alcanzar
la sociedad que reclaman las naciones a escala mundial. Teorías
como la de Jean Piaget dan cuenta de una atención insuficiente
al papel desempeñado en el desarrollo de los niños por conside-
raciones tales como las relaciones sociales y el contexto cultural.
Una teoría universalista, como la de Piaget, que postula una sola
serie normativa de etapas del desarrollo, muy rápidamente lleva
a interpretaciones de “déficit” y “privación” de lo que podría más
adecuadamente ser entendido como diferencias del desarrollo. Si
solo se reconoce un camino único para el desarrollo, la diferencia
entre dos niños será más fácilmente interpretada como que uno
de ellos está más avanzado que el otro (Packer, 2010).
Desde este debate, no es que se conciba que el conocimiento
es irrelevante, sino que se sugiere que además necesitamos como
formadores de esta pujante sociedad, estar atentos a los cambios
en la identidad del niño que tienen lugar durante el desarrollo.
Quizás, las sugerencias desde esta mirada están en sintonía con las
teorías socioculturales en el ámbito de la psicología cultural del
desarrollo de los niños, tales como los trabajos de Michael Cole,
Richard Shweder, Barbara Rogoff, Jane Lave, entre otros pensado-
res de la pedagogía. No obstante, se difiere de tales teorías en al-
gunos aspectos claves y, en particular, se asume que en el contexto
de la presente urdimbre discursiva, se ofrece una reflexión más
minuciosa desde la auscultación de lo que representa la “identi-
dad” y cómo generar cambios en esta.
Gran parte de nuestra investigación como promotores de
cambios sociales y culturales en la Escuela Nueva ha sido influen-
ciada por las abstracciones teóricas esbozadas en las peritacio-
nes realizadas en los párrafos precedentes, y esto a su vez nos ha
orientado a dar forma a tales abstracciones.

48
La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

Empero, esto no implica que se esté proponiendo que existe


una serie universal de etapas o una trayectoria única del desarro-
llo. Por el contrario, se está sugiriendo que existen diversas formas
en las cuales los niños pueden tratar de resolver lo que, no obs-
tante, son aspectos universales de las relaciones humanas y el ser
humano. De hecho, diferentes contextos sociales y culturales ofre-
cen diversas soluciones al problema de la educación venezolana.
Si pensamos perpetuar las viejas costumbres, deberíamos in-
tentar recordar la última vez que la evolución marcó nuestro nú-
mero y nos solicitó licencia para actuar (Dee Hock, 2001).

La vida no es un problema por resolver, sino un misterio por


experimentar. En tiempos de cambio, quienes están dispuestos a
aprender heredarán la tierra, mientras que los que creen que ya
saben se encontrarán hermosamente equipados para enfrentarse
a un mundo que dejó de existir (Hock, 2001: 232).

En proyección de los argumentos precedentes, la doxa asumi-


da en el presente trabajo ensayístico no pretende ser más que una
invitación a profundizar y reflexionar desde lo apasionante que
es abrir los ojos a una realidad que se nos oculta constantemen-
te por los prejuicios inculcados y asumidos, y desde la Escuela
Nueva de manera multifactorial. Una realidad que producimos
constantemente como maestros en nuestro tránsito de vivir y que
nos ha sido expropiada por los que dominan los mecanismos he-
gemónicos. Se trata de querer vivir de otro modo, donde seamos
nosotros mismos y nos construyamos como sujetos en formación
en el seno de procesos colectivos, abiertos e inacabados.
Las ideas aquí abordadas requieren tiempo de reflexión y es-
tudio a mediano y largo plazo. En efecto, son enunciadas con un
alto grado de imprecisión y, quizás, de confusión: La que surge de
alguien que busca y pregunta, que descubre su infinita ignorancia
y se apasiona por lo que vive, aprende, intuye, siente, percibe y

49
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

ama; por aquello del “derecho a equivocarse”, método de inves-


tigación efectivo y eficaz para penetrar en el pensamiento diver-
gente. Por tal razón, la mayoría de los tópicos aquí abordados en
el ámbito discursivo requieren de una profundización mayor y
un tratamiento más reposado en el contexto dialéctico, a partir de
una mirada heterotópica.
Todos ellos son quizás incompletos y abiertos, además de
ser parte del proceso de búsqueda de mucha gente y de diversos
colectivos en todos los campos en que se despliega el ser hu-
mano (todos los que buscan-buscamos no otro mundo posible
sino otro mundo imposible en este que nos hacen vivir). Tal
abordaje parte de analizar el término paradigma (de la voz grie-
ga paradeigma o patrón) como conjunto de actitudes, valores,
procedimientos y técnicas que representa la perspectiva gene-
ralmente aceptada de una disciplina en un momento del tiem-
po, sin antes soslayar dos rasgos preponderantes: es excluyente y
soberano; es recursivo e invisible. Finalmente, un paradigma es
una visión del mundo (Morin, 1990).
Tales visiones diferentes de la realidad constituyen un cristal
a través del cual miramos el mundo, actuamos en él y lo inter-
pretamos de acuerdo con determinadas reglas. Inexorablemente,
cada paradigma tiene sus reglas de interpretación y comprensión.
Siempre nos aupamos sobre gigantes para comprender tanto el
“viejo” o clásico paradigma como para auscultar el nuevo para-
digma emergente. En consecuencia, el concepto de paradigma y
su relación esencial con el pensamiento científico fue introducido
en los inicios de los años 60 por Kuhn (2004). Para este historia-
dor de la ciencia, un paradigma es un logro intelectual capital que
subyace a la ciencia y guía el transcurso de las investigaciones. Al
igual que cualquier otro conocimiento humano, se supone que
todo paradigma científico debe ser susceptible de modificaciones,
refutaciones o convalidaciones.

50
La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

En la actualidad vivimos en una época de conflictos de pa-


radigmas, básicamente un conflicto (diríamos en síntesis) entre
el paradigma anterior, positivista, soslayando el carácter meca-
nicista (Descartes, Newton, Locke, entre otros) y lo posmoder-
no que busca la visión holística, una nueva era de síntesis, esa
nueva conciencia humana de orientación planetaria. Tal como lo
expresa Edgar Morin en el capítulo dedicado a “El pensamiento
subyacente (paradigmatología)” del volumen El método IV. Las
ideas (1992), asistimos a un cambio de paradigmas, no solo en la
ciencia, sino en el más amplio contexto social.
En tal sentido, un paradigma social se puede describir como
“…una constelación de conceptos, valores, percepciones y prác-
tica compartidos por una comunidad, que conforman una parti-
cular visión de la realidad que, a su vez, es la base del modo en que
dicha comunidad se organiza” (Capra, 1996: 27).
No debemos olvidar que lo alternativo, el nuevo paradigma,
no es el método o la herramienta, sino la concepción misma, lo
que implica situarse en una nueva visión de la realidad, de los
demás y de nosotros mismos. De tal asunción se infiere que repre-
senta un cambio a fondo de nuestra mirada, de nuestra percep-
ción. De hecho, toda la vida y todos sus problemas están interco-
nectados, son interdependientes.
Por tal razón es fundamental una transformación radical en
nuestras formas de pensar, la cual requiere cambios profundos en
nuestros valores más arraigados y sentir las profundas conexiones
con toda la humanidad, con todos los seres vivos, con el planeta
Tierra y el cosmos, para pasar definitivamente a la solidaridad, al
cuidado, a la compasión, al compromiso ético, lo que implica un
cambio en nuestra percepción. Un cambio primordial en nuestro
pensamiento, lo que significa transformar inexorablemente nues-
tros valores, es decir, es necesaria una nueva concepción de la vida
basada en una flamante percepción de la realidad.

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Caracas, julio-diciembre 2017

A la postre, estamos viviendo un sistema educativo en cri-


sis, la sociedad, los modelos del viejo paradigma, el dominante
y hegemónico hoy, no solo tienen implicaciones educativas sino
políticas, económicas y sociales que no permiten dar respuestas
a los problemas humanos, sino que los agravan. Si echamos una
mirada a los grandes problemas de la humanidad actual vemos
que, con frecuencia, carecemos de instrumentos de análisis y cla-
ves de interpretación de lo que sucede y nos sucede.
De lo que se trata es de interpretar, comprender y hacer re-
flexionar al lector sobre algunos rasgos que llevan consigo afirma-
ciones, quizás demasiado rotundas, que hay que desarrollar con
mayor amplitud y profundidad en otro lugar y en otro momento.
En tal sentido, la escuela que tenemos hoy es la que nace con la
modernidad y con ella entra en una crisis de consecuencias incal-
culables e inciertas.
Parece que es una escuela que no sirve en la sociedad posmo-
derna, posmodernidad líquida, basada en el “principio de Peter”
y “la cultura de Caín”, concebido el primero desde una posición
jerárquica: “Todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de
incompetencia”, en soslayo del sentir, pensar, querer y obrar con
conciencia; mientras que en lo referido a la cultura de Caín, se
imbrica una serie de elementos matizados de cierta laxitud, aso-
ciados a expresiones: “Y a mí qué me importa”, “Solo hazlo”, entre
otras posiciones y actitudes que toma el ser humano en el umbral
del siglo XXI, producto de la crisis sociopolítica y axiológica que
estamos viviendo en estos momentos históricos a escala mundial.
Tales momentos actuales son de interés abrumador para
todos, quienes somos víctimas de vicisitudes, atropellos e irres-
petos, lo cual representa un problema bioético; y son evidentes
en nuestro día a día. En tanto, los gobernantes y los estadistas a
escala mundial, los hombres que ocupan puestos de confianza y
autoridad, los hombres y mujeres pensadores de todas las clases,
tienen su mirada fija en los acontecimientos que se producen en

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

derredor nuestro, poniendo a la humanidad en expectativa y en


una decadencia en la que se sumerge cada día nuestro mundo.
En efecto, la humanidad entera observa con temor las rela-
ciones que existen entre las naciones, la intensidad que se apodera
de todo elemento terrenal y reconoce que algo grande y decisivo
está por acontecer, que la sociedad se encuentra en víspera de una
crisis portentosa, producto de la cultura heredada de Caín. ¿Será
que todo lo que estamos viviendo está imbricado con posiciones
teológicas en términos de profecías? Y ¿todo lo que falta por vi-
vir también ha de cumplirse en su orden? Tales interrogantes nos
conducen a interpretar desde la exégesis que las naciones se en-
cuentran en desasosiego, sumidas en tiempos de perplejidad, por
tanto es vital que la educación tenga una visión cristocéntrica,
donde discurra el ámbito espiritual con los contextos académicos,
culturales y axiológicos, de allí el carácter sociocrítico de la es-
cuela nueva desde una mirada ontológica, pues es indispensable
valorar al ser como piedra angular del proceso educativo.
Por consiguiente, la educación en el ámbito del hogar, en sus
inicios se presentaba ante todo como una obligación de los padres,
aspecto que compartía con la tradición judía, y consistía princi-
palmente en una educación a través del ejemplo de los mayores;
en este sentido procede por imitación y en un modo de vida en
común. Pero también fue una instrucción formativa a través de
los relatos bíblicos que el padre (o la madre) iban presentando al
niño. En tal sentido, las escrituras conciben la enseñanza cristiana
como un logro integral que debe tener un impacto directo en la
vida del estudiante.
Como educadores comprometidos éticamente y concibiendo
que la educación es un estado de amor, fe y convicción, se nos
concita a reflexionar y actuar con prestancia y conciencia. De allí
el papel protagónico de las profundas transformaciones que vive
la sociedad, las cuales tienen una clara incidencia en la realidad
educativa y en la institución escolar. Es por ello que los profesores

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

hemos de tener especial sensibilidad para reconocer lo que implica


la tarea educativa, empoderándonos con el arsenal necesario para
enfrentar y superar la crisis en todos los órdenes: guerras, distur-
bios, inseguridad, inestabilidad política y social, producto de la
violencia asociada a valores inherentes al ser humano, provenientes
de la familia y el entorno sociocultural; pero ¿cómo subsanamos
tal flagelo en nuestro rol como formadores si la familia y el hogar
viven en crisis, en querellas y todo tipo de actitudes antagónicas
a los valores que son nocivas para las personas e, incluso, para el
conjunto de la sociedad en la que se desarrollan y obstaculizan los
niveles de convivencialidad de los seres humanos?
Por consiguiente, los valores han sido identificados para que
dentro de una sociedad las personas los conozcan, los practiquen
y promuevan para identificar cuáles son las actitudes sociales co-
rrectas que permiten lograr una sociedad justa y en armonía.
De este modo, existen personas que proyectan su accionar
en los valores éticos correctos, pero lamentablemente hay otras
que ejercen sus actitudes basadas en todo lo contrario, que con el
tiempo terminan siendo aisladas socialmente, lo cual, quizá tenga
matices idiosincrásicos. En efecto, la cultura de Caín, producto de
la posmodernidad líquida que vive la sociedad, nos debe llamar
poderosamente a la reflexión basada en el hecho de que no existe
seguridad en nada que sea humano o terrenal, el empleo, el dine-
ro, los altos cargos e, incluso, la salud, todo es efímero y transito-
rio. No obstante, como promotores de cambios y transformacio-
nes sociales, éticos, morales y axiológicos; como maestros desde
la integralidad del ser, debemos redimensionar tales categorías en
pro de alcanzar una calidad de vida para toda la humanidad.
De acuerdo con las ideas expuestas anteriormente, cabe desta-
car que la posmodernidad se asienta en un estado de identidades
móviles, de diversificación de los agentes educativos. En este mun-
do fragmentado y flexible, entonces, ¿qué tarea le queda a la escue-
la? El mercado neoliberal (las nuevas percepciones del capitalismo

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

como un proceso que ocupa todas nuestras vidas) lo domina y


mercantiliza todo. A la educación también y nosotros somos así
producidos, consumidos y privatizados para el mercado. Este es
el gran drama de la llamada escuela pública, que nos privatiza a
todos para el mercado. Surge una nueva realidad con la revolución
tecnológica y de las comunicaciones. Se da la huida del mundo
real al mundo virtual: Se deja de “mirar por la ventana” y de ver
la realidad cercana para “mirar la pantalla”. Ya no son mis ojos los
que miran (“te doy mis ojos” y mucho más). Son los ojos de otros
(las multinacionales que controlan los canales de información) los
que filtran la realidad y miran por ti. Tu visión del mundo desapa-
rece. Tu mirada es la mirada del poder. La pantalla aísla y te con-
vierte en mero receptáculo. La educación de esos agentes expropia
la capacidad de ser sujetos y nos sujeta a las visiones distorsionadas
que nos ofrece el poder. Desarrollo tecnológico de alto consumo
energético que hace insostenible el modelo de desarrollo.
La educación es fundamentalmente relación que ataca a las
relaciones de proximidad. Muchos de los síntomas que vive el
sistema educativo como problemáticos (problemas de disciplina,
motivación, entre otros) nos muestran la punta de lanza de una
rebelión en el sistema educativo. No sirve a casi ninguno de sus
protagonistas. Nuestra sociedad está enferma por el dominio de la
cultura patriarcal y la crisis del patriarcado es la resistencia de este
ante la necesidad y la construcción de la cultura matricentrada de
los hombres y mujeres que se sitúan en otra visión; como conse-
cuencia la modernidad se apaga, la posmodernidad se asienta, el
mercado lo domina todo, sucumbimos en una escapada virtual
donde predomina la mirada constante a la pantalla o al poder y ac-
tuamos como meros receptáculos, producto del desarrollo tecno-
lógico de alto consumo energético en alianza con la globalización.
¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI la escuela continúe
enseñando contenidos del siglo XIX, con profesores del siglo XX,
a estudiantes del siglo XXI? “Cada día la escuela va asumiendo

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más responsabilidades. Pero muchos docentes han sido forma-


dos solo para transmitir conocimientos amparados en visiones
librescas y cartesianas. Así no se van a resolver los problemas de la
educación” (El Mercurio, Chile).
Tras participar en un estudio financiado por la Comisión
Europea que analizó la forma de enseñar en países europeos y
latinoamericanos, el psicólogo español Juan Ignacio Pozo se for-
mó una idea muy clara: “El aula es hoy un espacio cada vez más
extraño para el alumno, donde ocurren situaciones que no tienen
nada que ver con lo que acontece en el resto de la sociedad” (s/f).
En este orden de ideas, se destaca que la causa puede atri-
buirse a que la escuela ha sido incapaz de seguir los cambios que
se han vivido en los últimos treinta años fuera de sus muros. An-
tes, en el colegio, se impartían diversos conocimientos de los que
no nos podíamos enterar en otra parte. Pero eso se acabó. Hoy
los alumnos reciben información de muchas otras fuentes y la
misión de la escuela debiera ser ayudarles a digerir esos datos y
convertirlos en conocimiento útil para la vida.
Además, se plantea que tal desfase representa un factor im-
portante de la desvalorización de la labor docente: Si el profesor
se concibe a sí mismo como alguien que entrega saber y no como
quien ayuda a encontrarlo, va a seguir desprestigiándose, pues no
puede competir con las nuevas tecnologías, producto de la neu-
rociencia y la globalización a escala planetaria. Al respecto, Matu-
rana refiere que hasta la teoría educativa cambia más rápido que
las prácticas en el aula.

Es que para cambiar la educación no basta con cambiar las nor-


mas, las leyes o los preceptos. Hay que cambiar la cultura de los
centros, las prácticas educativas de los docentes, los entes rectores
gubernamentales, así como la concepción que tienen los profeso-
res y los alumnos acerca de lo que debe pasar en el aula (2002a: 85).

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

¿Y cómo se debe combatir tal problema si el docente perma-


nece anquilosado y no actúa ante tal flagelo? Se trata de despara-
digmatizar teorías y enfoques. Desde la doxa asumida por Matu-
rana debemos empezar con el “para qué” por una razón muy sim-
ple. Porque si uno se pregunta a nivel teleológico, ¿sirve la educa-
ción actual a nuestra sociedad? Tal interrogante se formula desde
el supuesto de que todos comprenden su sentido y significado.
Pero ¿es cierto eso? La noción de servir es una noción relacional;
algo sirve para algo en relación a un deseo, nada sirve per se.
En el fondo la pregunta es: ¿Qué aspiramos de la educación?
En tal sentido, el precitado autor estima que uno no puede con-
siderar ninguna pregunta sobre el quehacer humano en lo que se
refiere a su valor e intencionalidad; o a lo que uno puede obtener
de él, si uno no se pregunta lo que quiere. Preguntarse, por ejem-
plo, si sirve la educación chilena proyectada a otras latitudes, exi-
ge responder a preguntas como ¿qué queremos con la educación?,
¿qué es eso de educar?, ¿para qué queremos educar? y, en último
término, a la gran pregunta, ¿qué proyecto de país queremos?
De tales premisas se infiere que uno no puede reflexionar
acerca de la educación sin hacerlo antes o simultáneamente acerca
del hecho cardinal que atribuye al vivir cotidiano amparado en el
proyecto de país, donde están inmersas nuestras reflexiones sobre
educación. ¿Tenemos un proyecto de país? Tal vez nuestra gran
tragedia actual es que no tenemos un proyecto de país. Es cierto
que no podemos jugar a volver al pasado. No obstante, en nuestra
experiencia como profesores universitarios advertimos la existen-
cia de dos proyectos nacionales, uno del pasado y otro del presente,
claramente distintos, uno que nosotros vivimos como estudiantes
y otro que se ven forzados a vivir los estudiantes actuales.
En consecuencia, la situación y preocupaciones de los estu-
diantes de hoy han cambiado, por cuanto en la actualidad se en-
cuentran en el dilema de escoger entre lo que de ellos se pide,
que es prepararse para competir en un mercado profesional, y el

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impulso de su empatía social que los lleva a desear cambiar un


orden político-cultural generador de excesivas desigualdades que
traen pobreza y sufrimiento material y espiritual.
La diferencia que existe entre prepararse para devolver al país
lo que uno ha recibido de él trabajando para acabar con la po-
breza y prepararse para competir en el mercado ocupacional es
enorme. Se trata de dos mundos completamente distintos. Re-
tomando el relato de Maturana, este autor expresa que cuando
él era estudiante deseaba retribuir a la comunidad lo que de ella
recibía, sin conflicto, porque su emoción y sensibilidad frente al
otro, y propósito o intencionalidad respecto del país, coincidían.
Pero actualmente esta coincidencia entre propósito indivi-
dual y propósito social no se lleva a cabo porque en el momento
en que uno se forma como estudiante para entrar en la compe-
tencia profesional, uno hace de su vida estudiantil un proceso de
preparación para participar en un ámbito de interacciones que se
define en la negación del otro bajo el eufemismo: mercado de la
libre y sana competencia. La competencia no es ni puede ser sana
porque se constituye en la negación del otro.
Por otra parte, cabe destacar que lo curioso es que las teorías
de la Escuela Nueva provienen de la universidad. Y lo más des-
consolador es que también ellas forman a profesores con ideas
librescas, obsoletas o desarticuladas. Por consiguiente, las univer-
sidades deben poner en marcha las propuestas en las que creen. El
problema reside en que la educación es la fuente a partir de la cual
emergen las diversas teorías psicológicas y enfoques pedagógicos
en tanto son más difíciles de trasladar a la práctica, porque lo que
hay que cambiar no es una técnica rutinaria, sino la mentalidad
del docente. Hoy cada escuela es una realidad distinta, no hay téc-
nicas que funcionen siempre cual algoritmos.
Bajo esta perspectiva, es inexorable resaltar que, en su etapa
de formación, los profesores aprendían ciertos métodos que re-
sultaban siempre. Pero eso era en una época en que la educación

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

era más selectiva, donde los estudiantes que no respondían a tales


patrones establecidos simplemente eran excluidos. En los actuales
momentos, la escuela recibe a todos los estudiantes y no hay rece-
tas universales. El aula es cada vez más impredecible y el docente
debe estar siempre buscando nuevas soluciones. Tal dimensión
corresponde a la denominada “Escuela Nueva”, también conocida
como escuela activa, “nueva educación” o “educación nueva”, se
trata de un movimiento psicopedagógico surgido a finales del si-
glo XIX, cuyas bases tienen como referentes las ideas filosóficas y
pedagógicas de autores como Jean-Jacques Rousseau y la corrien-
te naturalista (que postulaba la necesidad de volver a la naturaleza
para preservar al ser humano de una sociedad que lo corrompía),
Johann Heinrich Pestalozzi, Friedrich Fröbel y el darwinismo.
En otro orden de argumentación, a partir de 1914, con la Pri-
mera Guerra Mundial, estas ideas van a extenderse sobre todo en
Europa. Es una época en la que diversos autores se proponen revi-
sar los principios que sustentan el acto educativo y las institucio-
nes creadas para ello. Son intentos de mejora que habían calado
en un grupo de autores y maestros liberales e izquierdistas que se
plantearon la necesidad de reconsiderar los planteamientos edu-
cativos imperantes hasta la actualidad.
Este movimiento critica la escuela tradicional de entonces
(y que luego siguió durante buena parte del siglo XX), analiza
el papel del profesor, la falta de interactividad, el formalismo, la
importancia de la memorización, la competencia entre el alum-
nado y, sobre todo, el autoritarismo del docente, soslayando el ca-
rácter maestrocéntrico de la pedagogía, promoviendo las normas
de urbanidad, respeto al pensamiento ajeno, reglas del mercado,
ejercicio de liderazgo, “uno sentía sin percibirlo, que había algún
maestro que valoraba lo que acontecía” (Dewey, 1995).
De hecho, Fröbel compila esas ideas a la perfección y crea
en Alemania los famosos kindergarten. Por su parte, Ovide
Decroly, considerado uno de los máximos exponentes de este

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movimiento, acuñó conceptos claves en educación como el de


“globalización” o el de “centro de interés”, conjuntamente con
María Montessori, quien comenzó su carrera trabajando con
minusválidos psíquicos, pero que aportó sus ideas prácticas es-
tableciendo que el alumnado debía de ser el único protagonista
de la educación a través de la necesaria conexión entre familia
y escuela o la creación de materiales escolares que desarrollaran
los sentidos y la inteligencia.
En el campo educativo, ciertamente, el fenómeno social tiene
mucho que ver con

…una obsesión, deliberada o inconsciente, por borrar el pasado


colectivo, por desterrar de los discursos educativos actuales los
referentes y las raíces sobre los cuales han crecido y cristalizado
las ideas y las prácticas pedagógicas más innovadoras de nuestro
tiempo (Carbonell Sebarroja, 2000: 5).

De ahí la importancia, como lo expresa el supracitado autor,

…de recomponer los hilos de conexión entre el hoy y el ayer,


entre la memoria colectiva y la realidad concreta, entre el dis-
curso moral portador de principios, valores y señas de identidad
y la apropiación subjetiva de estas tradiciones en nuestras vidas
cotidianas cambiantes y efímeras. De vertebrar una historia in-
vertebrada (Carbonell Sebarroja, 2000: 5).

Con estas ideas en mente se aborda el presente trabajo sobre


la Escuela Nueva, un movimiento de renovación pedagógica que,
teniendo por iniciadores a Rousseau, Pestalozzi y Fröbel –aun
cuando se consideran otros precursores, incluso de la antigüe-
dad–, surge a finales del siglo XIX en Europa y se desarrolla en el
mundo hasta el primer tercio del siglo XX, sobre todo en el perío-
do comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

No está de más señalar que un estudio como este no solo se


justifica por la escasa literatura sobre el tema y las pocas investi-
gaciones que se han realizado sobre el mismo, sino también por
las omisiones y erróneas perspectivas con que se han abordado en
algunos casos las ideas y acciones inscritas en esa corriente peda-
gógica, cuya impronta, sin duda, es innegable en el mundo edu-
cativo actual; pues, aún hoy mantiene vigencia y gran relevancia
lo que puede considerarse el espíritu fundamental de ese movi-
miento, precisamente eso que Gaston Mialaret (1978) denomina
una de las características esenciales de la educación nueva: poner
en duda la situación educadora, al concebir que

…la finalidad propia de la educación y sus métodos deben ser


constantemente revisados, a medida que adquiere conciencia
la necesidad de justicia social, y que la ciencia y la experien-
cia aumentan nuestro conocimiento del niño, del hombre y de
la sociedad (1978: 11).

Así, en correspondencia con el conjunto de esas preocupa-


ciones, se presenta aquí un debate que versa sobre los siguientes
puntos: 1. El concepto de Escuela Nueva: definición y relación
con otros términos afines; 2. Principales aportes a la Escuela Nue-
va; 3. Contexto en el cual surge y se desarrolla la Escuela Nueva;
4. Métodos aplicados y principios que orientan el movimiento de
la Escuela Nueva.

El concepto de Escuela Nueva

El uso de ese nombre nos remite a un movimiento desarrollado


a partir de los últimos años del siglo XIX, en relación con deter-
minadas ideas sobre la educación y sus prácticas que en Euro-
pa y distintos países del mundo emergieron a contrapelo de la

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Caracas, julio-diciembre 2017

educación tradicional: “…fruto ciertamente de una renovación


general que valoraba la autoformación y la actividad espontánea
del niño” (Gadotti, 2000: 147).
En oposición a una pedagogía basada en el formalismo y la
memorización, en el didactismo y la competencia, en el autorita-
rismo y la disciplina, la nueva educación reivindica la significa-
ción, el valor y la dignidad de la infancia, se centra en los intereses
espontáneos del niño y aspira a fortalecer su actividad, libertad y
autonomía (cf. Palacios y otros, 1984).
Si bien dicho término fue utilizado con distintas acepciones
–para caracterizar el trabajo en ciertos establecimientos educa-
tivos, así como la labor de asociaciones fundadas para el inter-
cambio y la difusión de ideales comunes de cambio, las reuniones
nacionales e internacionales con agendas centradas en la reforma
educativa y la denominación de publicaciones diversas sobre este
asunto–, tal como lo señala Lourenco Filho (1964), llegó a tener
un sentido más amplio, al ser visto como una nueva perspectiva
en el abordaje de los problemas de la educación en general. Así,
dice este autor que la expresión “Escuela Nueva” no se refiere a un
solo tipo de escuela o sistema didáctico determinado, sino a todo
un conjunto de principios orientados a las formas tradicionales
de la enseñanza. En tal sentido, la Escuela Nueva tiene a la liber-
tad como fundamento filosófico esencial; a la creatividad como
fundamento psicológico; a la igualdad como fundamento social y
al educando como sujeto y objeto de la educación. Es durante la
presidencia del general Eleazar López Contreras, cuando la educa-
ción recibe la preferente atención del Estado y para llevar adelante
los planes progresistas de la educación venezolana se contrataron
misiones educativas de técnicos en pedagogía, por esta razón, es-
tuvieron en Venezuela la misión chilena, la misión rural cubana y
especialistas de toda índole relacionados con el problema educa-
tivo; profesionales traídos especialmente para la formación de los

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

futuros docentes, ya que se consideraba a los educadores como el


elemento clave de una verdadera renovación educativa. Todos los
principios y tesis de la Escuela Nueva terminaron sistematizados
por Luis Beltrán Prieto Figueroa, quien liderizada el movimiento
educativo venezolano a través de su tesis del humanismo demo-
crático (Carbonell Sebarro, 2000).
Tal tesis, congruente con la pedagogía de Dewey, se incorpora
a la legislación venezolana en la Constitución Nacional de 1947.
El artículo 54 de esta Constitución expresa:

La educación nacional será organizada como un proceso integral,


correlacionado en sus diversos ciclos, y estarà orientada a lograr
el desarrollo armonioso de la personalidad humana, a formar ciu-
dadanos aptos para la vida y para el ejercicio de la democracia,
a fomentar la cultura de la Nación y a desarrollar el espíritu de
solidaridad humana y convivencialidad (UPEL, 1989).

Principales aportes de la Escuela Nueva

En tanto movimiento amplio, complejo y contradictorio, la Es-


cuela Nueva se constituyó con múltiples y variadas aportaciones
de experiencias y autores de diferentes países que, para decirlo con
el esquema utilizado por Roger Cousinet (1959), corresponden a
tres corrientes: la mística, la científica y la filosófica. De estas se
considera que la primera es la más fuerte y se encuentra a lo largo
de la historia de la educación nueva, se remonta hasta Rousseau,
a quien se reconoce como el gran inspirador de ese movimiento,
no obstante que se habla, asimismo, de precursores de los após-
toles de la nueva pedagogía desde la antigüedad, como Sócrates,
Platón, san Agustín y Montaigne (Foulquié, 1968), entre otros.

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Tierra Firme No 113
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También la Escuela Nueva se nutrió del significado de la máxi-


ma “aprender haciendo”, representativa de los planteamientos de
la corriente filosófica del norteamericano John Dewey (1859-
1952), quien en una de sus obras, con base en la concepción de la
educación como una constante reorganización o reconstrucción
de la experiencia, destacaba, entre otros aspectos, la importancia
del interés como fuerza impulsora en la educación y el valor de
esta en una sociedad democrática, sostenía Dewey que:

La infancia, la juventud y la vida adulta se hallan todas en el


mismo nivel educativo, en el sentido de que lo que realmente
se aprende en todos y cada uno de los estadios de la experiencia
constituye el valor de esa experiencia, y en el sentido de que la
función principal de la vida en cada punto es hacer que el vivir
así contribuya a un enriquecimiento de su propio sentido per-
ceptible (1995: 73-74).

Además de Dewey, en Estados Unidos hay que mencionar


también a uno de sus discípulos, el pedagogo William Kilpatrick
(1871-1965), sobre todo en lo que respecta a sus ideas acerca del
método de los proyectos en el trabajo escolar, en las cuales resalta-
ba el aspecto cooperativo y social de la educación en una actividad
dirigida intencionalmente a alcanzar objetivos considerados im-
portantes y válidos por los alumnos antes que por los profesores.
Por último, es preciso referir otros aportes importantes a la
Escuela Nueva desde la perspectiva de la corriente científica, entre
ellos los provenientes de la denominada pedagogía experimental
–con el impulso fundamental de Alfred Binet, su fundador– y la
psicología genética con los trabajos de Jean Piaget y Henri Wa-
llon, por ejemplo.

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

Contexto en el cual surge y se desarrolla


la Escuela Nueva

No podemos abordar la Escuela Nueva desde su contextualización,


sin antes hacer un breve periplo por la historia de la educación en
Venezuela, partiendo de la fundación hispana, sin embargo, igual-
mente resulta indispensable mencionar la pedagogía aborigen o
negra (Uslar Pietri, 1989, citado en Rodríguez, 1996), entendiendo
por tal la transmisión de las prácticas sociales de manera informal
y consuetudinaria del aborigen y el negro junto a su prole en la co-
tidianidad de sus haceres y saberes; lo que Lanz Rodríguez (2003)
denomina el “cimarronismo” e “indigenismo”; esa enseñanza se
expresaría en las prácticas del conuco, cestería y pesca tradiciona-
les de comunidades campesinas y acerbo tradicional negroide, en
sus cantos y modos de vida, todo lo cual viene a ser un complejo
sociocultural llamado “resistencia”, a lo que también se ha referi-
do Britto García (1986) conceptualizándolo como esa “resistencia
contra-cultural” que pervive desde tiempos inmemoriales.
Establecidos los anteriores conceptos se pasa ahora al cuerpo
central que comprende la presente producción ensayística, cuyas
preguntas nodales serían: ¿Qué ha sido de la educación escolar en
Venezuela y su proceso histórico de conformación? ¿Cuáles son
sus orígenes? ¿Qué ha caracterizado sus etapas? ¿Cuáles han sido
sus fundamentos? ¿Qué resultados ofrece a la comunidad nacio-
nal tal proceso?
El primer período de la historia de la educación en Venezuela
se origina en el momento de establecerse la fundación hispana, en
ese tiempo, al decir de Leal (1981), la educación y la “Real y Pon-
tificia Universidad de Caracas” de 1721, cumplían un rol como
“…elemento integrador del disperso conglomerado humano de
las provincias venezolanas sujetas al imperio español” (1981: 21).

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Filosofía, teología, gramática, cosmografía, conformaban parte


del plan de estudios para formar el “personal idóneo en el campo
político y religioso” (1981: 24).
En otro orden discursivo, no hay que perder de vista las pe-
culiaridades contextuales en el inicio y en los distintos momentos
de la evolución del movimiento de la Escuela Nueva en diversos
países del mundo. Sin duda, la complejidad de dicho movimiento
no solo hace referencia a las aportaciones recibidas a partir de
diversas corrientes, sino también a las particularidades de la ex-
presión de sus principios fundamentales en distintos contextos
nacionales y en diferentes momentos históricos, de las cuales no
podemos prescindir si en verdad aspiramos a calibrar el impacto
del movimiento renovador en sus variados matices.
Para consolidar mejor los argumentos precedentes, la edu-
cación es concebida como un instrumento al servicio de lo que
algunos han considerado el proceso de la nacionalización de las
sociedades europeas, al cual le atribuyen como uno de sus pro-
ductos la constitución de los sistemas educativos nacionales (sis-
temas con fines de la enseñanza definidos por representantes de la
nación, con diversos niveles regulados por una ordenación acadé-
mica, secularizados y con financiamiento público). Por otra parte,
a la educación le fue asignada también la función de cohesionar
a los países desde el punto de vista social y nacional, para lo cual
debía cumplir con la misión de transmitir los valores de la clase
burguesa y los conocimientos necesarios a los ideales de progreso
en los que esta se sustentaba (Abbagnano y Visalberghi, 1996).
De igual modo que en Europa y Estados Unidos, “La ense-
ñanza pasaba así a ser vista como instrumento de construcción
política y social” (Filho, 1964: 10). Este hecho obliga a puntuali-
zar lo siguiente: Si bien los cambios registrados en la educación
a finales del siglo XIX, en lo que respecta a la creación de más
escuelas y a una extraordinaria incorporación de niños y jóvenes
a la formación escolar, constituyó el detonante para que se proce-

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

diera inicialmente a la revisión crítica de los medios tradicionales


de la enseñanza tradicional, y se centrara la atención de la edu-
cación en el desarrollo individual de las capacidades y aptitudes;
posteriormente, como bien lo dice el autor antes mencionado,
con la expansión de los sistemas públicos de enseñanza se inicia
“la elaboración de una pedagogía social, así como el desarrollo de
los estudios sobre historia de la educación” (Filho, 1964: 10), y se
va más allá de la preocupación por los problemas de la didáctica
en la consideración de las cuestiones educacionales.
Es en un contexto como este donde, precisamente, surge y se
desarrolla la Escuela Nueva en reacción con la educación tradicio-
nal; un movimiento que, asimismo, tuvo una notable influencia
más allá de las fronteras de Europa y Norteamérica, haciéndose
sentir en otras regiones con diversos grados de intensidad, como
sucedió en el caso de América Latina, donde en varios países
como Argentina, Chile, Colombia, Brasil y Venezuela, por ejem-
plo, estuvo matizado por las particularidades propias de cada uno
de los respectivos contextos nacionales.
En el caso venezolano es de señalar que las ideas de la Escuela
Nueva se hicieron notar de manera especial bajo el liderazgo de
Luis Beltrán Prieto Figueroa, en el período comprendido entre los
años 1936 y 1948, basadas en el hecho amparado en los maestros
venezolanos, en el cual la escuela renovada no consiste solo en
una transformación de métodos y procedimientos. Estos apenas
son medios. Para nosotros la escuela renovada es la creación de
un espíritu (Prieto Figueroa y Padrino, 1940).
Ese planteamiento lo ratifica Prieto Figueroa en un trabajo
escrito con motivo de la muerte de Dewey, en el cual comparte
lo que considera la idea central de la doctrina pedagógica de ese
filósofo y educador norteamericano: “La necesidad de socializar
al niño, para lo cual se precisa partir de sus necesidades e intereses
e introducir en la escuela técnicas renovadas de acción, que (…)
hacen del trabajo el eje de la actividad educativa” (2005: 93-94).

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Caracas, julio-diciembre 2017

La Escuela Nueva: Principios y métodos

Siguiendo a Filho (1964), podemos identificar cuatro principios


generales del movimiento de la Escuela Nueva, a saber: (a) Respe-
to a la personalidad del educando o el reconocimiento de que este
debe disponer de libertad; (b) Admisión de la comprensión fun-
cional de la acción educativa desde el punto de vista individual
y social; (c) La comprensión del aprendizaje simbólico en situa-
ciones de vida social y (d) La variabilidad de las características de
cada individuo, de acuerdo con la cultura familiar y la pertenen-
cia a grupos de vecindario, de trabajo, de recreación y religiosa.
Cabe interpretar que esos grandes presupuestos sirven de
marco de referencia general a cinco de los métodos activos en
educación más conocidos y de mayor difusión, no obstante que
estemos conscientes de las apreciables diferencias que existen en-
tre estos en cuanto a sus principios específicos y fundamentos di-
dácticos. Tales métodos son el método de Montessori, el método
de Decroly, el método de los proyectos de Dewey, el método de
“trabajo libre por grupos” de Cousinet y los “métodos” de Freinet.
Desde este marco de argumentación, se acota que al método
Montessori se le denomina método de la pedagogía científica, por
cuanto se basa en la observación objetiva del niño y la experimen-
tación para la educación de este y como premisas del trabajo de
los docentes. Tres principios destacan en este método: en primer
lugar, a partir de una posición vitalista, se asume la libertad como
necesidad de expansión de la vida, y no como necesidad de adap-
tación social; en segundo término, se concibe que la libertad ha
de identificarse con la actividad, para el trabajo, a contracorriente
de la educación para la pasividad o la sumisión; por último, el
respeto de la individualidad, pues se considera que no se puede
ser libre sin personalidad propia, sin la afirmación del carácter
individual. Asimismo, es importante señalar algunos elementos
presentes en los fundamentos didácticos de este método, resalta

68
La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

la concepción analítica como principio esencial de la didáctica


montessoriana, fundamentada en una psicología asociacionista
que es matizada con los ingredientes de una filosofía vitalista.
Por su parte, con los métodos y las técnicas de Freinet se rei-
vindica, a contracorriente del intelectualismo de la educación
tradicional, el ensayo experimental, el proceso de tanteo, en cual-
quiera de las etapas del desarrollo de la vida humana en general,
incluidos los procesos de aprendizaje, cuya base remite a la ac-
ción, a formas vitales favorables a la exploración, a un medio am-
biente estimulante y facilitador, etcétera (Palacios y otros, 1984).
Por esta razón se dice que uno de los principios básicos de dichos
métodos y técnicas consiste en la educación por el trabajo, “…el
cual equivale a cultura salida y emanada de la actividad laboriosa
de los propios niños, a una ciencia hija de la experiencia, a un
pensamiento continuamente determinado por la realidad” (Pala-
cios y otros, 1984: 99).
En ese sentido, Maturana (2018) sostiene que la diferencia es
legítima cuando coexiste en una cultura donde no hay que com-
petir con el vecino. Por lo mismo, destacó que la presidenta Mi-
chelle Bachelet pusiera énfasis en el tema de la enseñanza, porque
esta tiene una misión fundamental en formar para la vida. “Noso-
tros pensamos que la tarea de la educación es hacer un espacio de
convivencia para que se transformen en adultos que se respetan
mutuamente, en ciudadanos éticos…”, explicó el fundador de la
teoría del amor. El supracitado autor también destaca que en la
sociedad se requiere mayor equidad para que “…todos tengamos
oportunidades, como el derecho a una buena educación y una
armonización de la economía y los recursos”.
Para lograr esta instancia es inexorable que como formadores
de formadores transformemos a los maestros con la intenciona-
lidad primigenia de adquirir un saber pedagógico para entregar a
estudiantes y que no solo tengan conocimientos en áreas o con-
tenidos vacíos, cayendo en un mero adefesio o despropósito, es

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

decir que la enseñanza vaya acompañada por frutos que la huma-


nidad pueda aprovechar a corto plazo. Indiscutiblemente, saber
no es lo mismo que educación. Una cosa es saber, otra entender y
otra educar, en tanto “un proyecto de país se logra dejando de ser
rivales y respetando las diferencias”. Pero, por sobre todo, “pen-
sando en un proyecto común”.
En suma, los dirigentes y promotores de la enseñanza y la for-
mación en valores hemos de tener un cambio de actitud y pensar
en qué mundo deseamos que vivan las generaciones de relevo, ya
que si se continúa sin dialogar y sin escuchar, se transformará en
un problema sistémico de gran magnitud.

A manera de colofón

Después de hacer una breve referencia a distintos aspectos de la


Escuela Nueva, cabe destacar algunas notas conclusivas destacadas
en los párrafos sucesivos. En primera instancia, si insistimos hoy
en estudiar el movimiento renovador de la escuela es porque sen-
timos que con ello podemos contribuir a la recomposición de los
vínculos entre el mundo actual y el ayer en el campo educativo, y
en tal sentido lo reivindicamos como uno de los referentes históri-
cos fundamentales de muchas de las ideas y las acciones pedagógi-
cas actualmente en boga en diferentes lugares del planeta.
Tal reivindicación de la Escuela Nueva la hacemos al conce-
birla como una nueva perspectiva en el abordaje de los problemas
de la educación en general; en tanto esta implica la expresión de
un conjunto de principios que sirvieron de base para prever las
formas tradicionales de enseñanza –a partir de una nueva valora-
ción de la infancia–, así como también, en un sentido más amplio,
poner en sintonía las funciones de la institución escolar ante las
emergentes exigencias de la vida social.
También la valoramos con la conciencia de saber que se trató
de un movimiento amplio, complejo y contradictorio, el cual se

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

nutrió con múltiples experiencias y las aportaciones variadas de


corrientes y autores en diferentes países, donde las particularida-
des de cada uno de esos contextos nacionales matizaron, sin ma-
niqueísmo alguno, la evolución de dicho movimiento. Es en esa
perspectiva donde situamos las distintas denominaciones dadas a
ese movimiento renovador, su difusión y los diversos métodos y
principios –con sus elementos comunes y diferentes– que forma-
ron parte de él.
De lo que se trata es de proyectar una nueva mirada sociocrí-
tica y una manera de pensar acerca del desarrollo de los niños que
comprenda el cambio ontológico: transformación que permita
apreciar quiénes son ellos, su identidad, y no simplemente en qué
y cómo ellos conocen, lo que implica procesos de desarrollo de
cambios en los ámbitos intra e intersubjetivos, en sintonía con
todas las partes desde escenarios holísticos.
Según la conceptualización de la relación ontológica humana
de la enseñanza, el profesor no transmite o imparte el conteni-
do al estudiante. El profesor más bien promueve la construcción
del aprendizaje desde muchas aristas, sobre cómo el estudiante
se apropia del contenido a partir de sí mismo en función de ejes
integradores u otras fuentes que interactúen progresivamente en
su formación integral. A medida que el estudiante se vuelve capaz
de ser parte del contenido, aprende de manera interactiva.
Por tanto, la enseñanza como resultado de su acción, debe
dejar una huella en el individuo como reflejo de la realidad obje-
tiva del mundo circundante que en forma de conocimientos, ha-
bilidades y actitudes le permitan enfrentarse a situaciones nuevas
con una actitud creadora y de apropiación.
Tal como se abordó en el prolegómeno del presente artículo,
no debería inferirse de esto que estos procesos ontológicos ocu-
rran solamente en la escuela, sino en el seno familiar, así como
también donde quiera que el talento humano participe en prácti-
cas sociales. En tal sentido, en cuanto el tema y visión teleológica

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Caracas, julio-diciembre 2017

de esta producción ensayística, se destaca también la “participa-


ción activa” de los maestros como pilares fundamentales de esta
sociedad que cada día demanda cambios de paradigmas y enfo-
ques pedagógicos con visión ontológica y epistemológica que res-
pondan a necesidades contextuales de los nuevos tiempos desde
una óptica sociocrítica y posmoderna.
Por consiguiente, cuando buscamos tener una influencia
como actores principales sobre la participación de los niños y
todo ser humano que reclame cambios sustanciales en la sociedad
en cualquier tipo de contexto, vamos a tener un efecto no solo
sobre lo que la humanidad conoce, siente, piensa, aspira y obra,
sino en toda dimensión del ser.
Esta es la razón primigenia por la cual el maestro debe influir
e interactuar en la participación de los niños y del ser humano
per se, en tanto representa la esencia trascendental, pero al mismo
tiempo da cuenta del por qué tiene matices tan polémicos y hasta
a veces abrumadores y complejos. En efecto, cuando ejercemos
diversos roles en la participación de una comunidad de niños,
cambiamos a esos niños y en lo que se convertirán. Y cuando
nosotros cambiamos en quiénes se convertirán los niños como
ciudadanos en el umbral del futuro, estamos transformando de
manera eficaz y efectiva su comunidad en términos incalculables.
Por tal razón, el hecho de generar cambios favorables en la
participación de los niños y en toda la humanidad es un asunto
político con proyecciones multidimensionales de gran magnitud.
Tal como se mencionó al principio del presente abordaje discur-
sivo, la teoría debe y puede tener relevancia práctica en todas sus
categorías. Por ende, la predicción que se acaba de hacer es un
ejemplo de la relevancia para la práctica de la teoría que pro-
puesta aquí permite interpretar y comprender desde la exégesis
el desarrollo de los niños en términos del cambio ontológico con
visión sociocrítica.

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La Escuela Nueva: Una mirada sociocrítica y ontológica
José R. Quintana

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Tierra Firme No 113.
Caracas, julio-diciembre 2017, pp. 77-121

José Gil Fortoul:


Formación universitaria, legado
historiográfico y proyecto educativo
Javier Escala
Centro Nacional de Estudios Históricos
Resumen

En el siguiente ensayo intentamos abordar el aporte de José Gil


Fortoul (1861-1943) a las áreas historiográficas y educativas.
Cuáles contribuciones brindó a la cultura durante su gestión
como ministro de Instrucción Pública y presidente de la Re-
pública. Las vicisitudes que encontró para la materialización
continuada de sus proyectos educacionales. Las influencias que
recibió de la universidad amparada por el guzmanato y su ac-
tividad juvenil en aquellos años de estudio superior. La visión
de país que tenía y las aspiraciones para el porvenir del mismo.
Palabras clave: Proyecto Educativo, Positivismo, Historiografía.

77
José Gil Fortoul:
University Formation, historiographic legacy
and Educational Project
Abstract

In the following essay we try to approach the contribution of José


Gil Fortoul (1861-1943) to the historiographic and educational
areas. What contributions he provided to the culture during his
tenure as Minister of Public Instruction and President of the Re-
public. The vicissitudes he encountered for the continued ma-
terialization of his educational projects. The influences that he
received from the University protected by the guzmanato and his
youthful activity in those years of superior study. The vision of
country that had and the aspirations for the future of the same.
Key Words: Educational Project, Positivism, Historiography.

78
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Introducción

J osé Gil Fortoul vivió y representó a cabalidad una época del


pensamiento y de la política venezolana: la maduración del
positivismo, la debacle del liberalismo amarillo y la implanta-
ción de la hegemonía andina. Fue uno de los mayores exponen-
tes, en compañía de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel
Arcaya y César Zumeta1, del pensamiento positivista en su mo-
mento estelar. Además sirvió sin respingo y sucesivamente a los
gobiernos de Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paúl,
Raimundo Andueza Palacio, Joaquín Crespo, Ignacio Andra-
de, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, ejerciendo el mayor
tiempo como diplomático2.
Fue hombre de hábitos extravagantes. Amante del hipismo, la
esgrima, el golf, la equitación, las pipas y el whisky, no titubeaba
dos veces para batirse a duelo con aquellos que “afrentaban” su
honor; el más célebre fue el que sostuvo en París con el escritor
guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, resultando Fortoul herido

1 En este cuarteto se hallan los principales ideólogos del régimen. Sin em-
bargo, no eran los únicos servidores de Gómez empapados con las ideas
del positivismo. Esteban Gil Borges, Román Cárdenas, Felipe Guevara
Rojas, Ángel César Rivas, Manuel Díaz Rodríguez, Alejandro Urbaneja,
Pedro Emilio Coll, José Ladislao Andara, David Lobo, Samuel Darío Mal-
donado, Nicomedes Zuloaga, entre otros positivistas, estuvieron prestan-
do labores al gobierno.
2 Apenas derribado Castro, Gil Fortoul escribió a Gómez el 23 de agosto
de 1909: “…considero como el más alto honor continuar sirviendo en
una carrera en la que llevo más de veintidós años y en la que he adquirido
alguna competencia”. En caso de retirarlo del servicio diplomático él vol-
vería a Venezuela y “mi primer paso, al llegar, será ponerme a las órdenes
de usted” (en Salazar Martínez, 1972: 247). Parece ser cierta aquella afir-
mación de sus detractores cuando afirmaban que hacía lo imposible, sin
mirar lealtad política, para conservar sus prebendas.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

de una estocada en el hombro3. Contradicciones, diríamos hoy,


de un personaje preconizador de las leyes, pero inmerso en accio-
nes contrarias a ellas. Empero, era hechura de una época histórica
concreta donde el duelo, si bien penado, era practicado. Las men-
talidades no suelen ir acorde siempre a los cambios que operan en
su contemporaneidad. En lo físico, gozaba de mediana estatura,
esbeltez en la juventud y robustez en la madurez. Portaba siem-
pre de un monóculo en el ojo derecho y de bisoñé para ocultar
la temprana calvicie. Fumaba tabaco a través de finas pipas que
siempre le acompañaban. Vestía elegante, a usanza de un gent-
leman inglés de la época. Fue poseedor de vasto bagaje cultural,
siendo catalogado por Luis López Méndez de “cráneo enciclope-
dista”, y mantenía vida dispendiosa4.

3 El Heraldo de Madrid del 6 de junio de 1908 reseñó: “El motivo del duelo
ha sido una acalorada discusión, de orden privado, que sostuvieron los
dos contrincantes (…) Hubo siete asaltos algunos de los cuales resultaron
emocionantes y dramáticos. En uno de ellos, Gómez Carillo alcanzó á
su adversario, rasguñándole la cara. En otro, Fortoul tocó en el pecho
del notable literato, y terminó en el séptimo asalto con una estocada que
Gómez Carrillo dio á Fortoul en el brazo”. Otro altercado documentado
fue el que sostuvo con Carlos Aristimuño Coll, director de Instrucción
Superior, en el Teatro Municipal de Caracas el 15 de julio de 1914. Felipe
Guevara Rojas en carta a Gómez narró: “Como testigo presencial puedo
asegurar que el doctor Aristimuño no ha despegado los labios ni hecho
siquiera un gesto que pudiera explicar aquella violenta agresión. El doctor
Gil Fortoul, después de insultarle, lo hizo agarrar por unos policías para
que lo llevaran a la cárcel, y el hijo del doctor Gil Fortoul [Henrique], ede-
cán del más alto representante del Ejército nacional, [Gómez] este joven
revestido del uniforme de la República, que debiera imponerle el mayor
decoro, le ha ofrecido cuatro tiros y cuatro patadas públicamente y en
presencia de dos ministros al primer director de uno de los despachos del
ejército” (Salazar Martínez, 1972: 252).
4 En carta a Juan Vicente Gómez el 2 de febrero de 1917, en la que le solicitó
dinero para adquirir una casa, reconoció esta condición de dispendio:
“Usted sabe que yo soy tal vez el único de sus amigos que no tiene ni
siquiera una casa para vivir. Lo recuerdo, porque si hubiera culpa en esto,

80
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

En lo político ocupó varios puestos públicos (senador, mi-


nistro y presidente) dentro del gomecismo, régimen al que apoyó
y otorgó sustento ideológico. La presidencia “tutelada” de Vene-
zuela ejercida entre el 5 de agosto de 1913 hasta el 20 de abril
de 1914 la tomó tras ser presidente del Consejo de Gobierno e
irse Gómez, el 3 de agosto, a combatir una insurrección castrista5.
En el Ejecutivo favoreció a sus amigos, Manuel Díaz Rodríguez,
nombrado canciller, y Pedro Manuel Arcaya, elegido procurador.
No obstante, incentivó una serie de reformas que, al terminar su
efímero “mandato”, no encontraron aprobación ni continuidad.
Fue además participante mayor en la elaboración de la Constitu-
ción de 1914, hecha a la medida del gomecismo6: “en ese proceso
tuve yo la suerte de ser su principal colaborador” (Pino Iturrieta,
2005: 119), escribió al dictador en 1916.

toda la culpa sería mía, que acostumbrado desde niño a cierto género de
vida no he podido economizar nada mis sueldos”.
5 Gómez se retiró del poder no sin antes hacerse del mando militar. Las ga-
rantías fueron suspendidas y el caudillo anunció: “salgo a campaña y voy a
restablecer el orden público”. El fantasma de Castro era asomado para ges-
tionar el contexto favorable al “imprescindible” servicio del Benemérito.
Luego de un engaño extendido, Gómez entró a Caracas en enero de 1914.
Ni Castro ni el supuesto ejército que comandaba aparecieron en escena.
6 El periodo presidencial se extendía a 7 años con derecho a reelección. Se
creó el cargo de Presidente Provisional. Gómez fue electo Comandan-
te en Jefe del Ejército. Victorino Márquez Bustillos ejerció la Presidencia
Provisional con poder de mandato hasta donde el dictador lo consintie-
se. Era una fachada constitucional para mostrar a Gómez respetuoso de
la legislación ante el mundo, en especial los Estados Unidos. Gil Fortoul
aduló la actitud del jefe nacional andino: “(...) que en vez de proceder
arbitrariamente como otros gobernantes, prefirió siempre atenerse a la
ley” por no optar a un nuevo período. No hizo falta. El verdadero poder,
la última palabra, el beneplácito final, el ejecútese, debía pasar primero
por el visto del “Benemérito” Comandante en Jefe del Ejército. Bustillos se
consideraba: “Su leal subalterno y amigo”. A Gómez debía el cargo y ante
Gómez debía responder. El centralismo del poder militar y político en la
figura de Gómez no posibilitaba autonomía gubernamental de terceros.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

En lo ideológico encontró en Juan Vicente Gómez, su princi-


pal mecenas, el conductor necesario hacia el Orden y el Progreso.
Para Fortoul y sus compañeros de fórmula positivista (Vallenilla
Lanz, Arcaya y Zumeta) que ofrecieron sustentabilidad ideológica
al régimen, Gómez era el responsable de encauzar a Venezuela
hacia la Unión, la Paz y el Trabajo, lema de la dictadura; el pro-
ducto histórico que vino con la misión de poner coto final a las
montoneras y facciones políticas del siglo XIX, dando con ello la
posibilidad de consolidar el proyecto republicano; el caudillo que
enseña a vivir al pueblo descarriado del orden, como un padre
que educa a sus hijos en la disciplina. Todo esto bajo el asesora-
miento de una elite ilustrada y conocedora “real” del proyecto que
demandaba el país para su perfeccionamiento. Aquí los positivis-
tas acólitos al jefe andino procuraban también justificar su rol
dentro del sistema. Gil Fortoul fue claro en ello:

…a menudo el progreso es obra de una minoría emprendedora, y


hasta en ocasiones obra de un solo prensador o estadista previsor
que sobre la masa informe de una mayoría pasiva o inerte tiene la
audacia de levantar la bandera de la revolución intelectual, ilumi-
narle el camino con la antorcha de una idea y llamarla al nuevo rum-
bo con la elocuencia de una palabra profética (1956, vol. V: 480).

En esta visión el pueblo era pasivo, receptor de los proyectos


de un puñado. Para los positivistas, Gómez además era el encar-
gado de transformar el medio físico mediante la instrucción, la
inmigración, el trabajo y la disciplina con la aplicación de justicia
severa o “mano dura” a una población todavía inmersa “en las
primitivas influencias de la raza”.
En suma, Gil Fortoul fue un personaje de relevancia para
el mundo intelectual y político de Venezuela, omitirlo es empre-
sa imposible. Fue pionero del modernismo literario7, creador de

7 Las obras literarias de Gil Fortoul son sus novelas: Julián (1898) ¿Idilio?
(1892) y Pasiones (1895). Julián, la más célebre, es considerada iniciadora

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

una historiografía distinta a la cantora de héroes, impulsador de


reformas educativas, copartícipe en la creación constitucional del
14 y del Código Civil de 19168, articulista, ensayista, buscador de
fórmulas en pro de la “renovación nacional”, diplomático de vital
importancia en el desatendido arbitraje colombo-venezolano de
1922, y en el restablecimiento de relaciones con México. Todo un
personaje dentro del cuadro político gomecista.

Bosquejo biográfico

Nacido el 29 de noviembre de 1861 en Barquisimeto. Fue hijo de la


guanareña Adelaida Fortoul (1842-1900) y del natural de Barbacoas
(Lara) José Espiritusanto Gil García (1821-1891), político fiel al par-
tido centralista durante la guerra Federal (1859-1863) y comandan-
te victorioso de la plaza de Barquisimeto durante la contienda.
Los primeros años de Gil Fortoul (1861-1880) transcurrie-
ron en El Tocuyo, ciudad que en tiempos de otrora fue núcleo
importante de la colonización castellana. Aquella localidad era la
segunda más importante de todo el estado luego de Barquisime-
to con 29.014 habitantes9. El Tocuyo de la infancia y adolescencia
de Gil Fortoul comenzaba a recuperarse de los embates sufridos
por las continuas guerras y alzamientos que azotaron al país desde

de la novela modernista venezolana. Veáse Maurice Belrose, La época del


modernismo en Venezuela (1888-1925) (1999).
8 Reformó los artículos 1.683, 1.684 y 1.685: “Las reformas por mí propues-
tas de los artículos 1.683 al 1.685 aceptadas por el Senado son casi el único
progreso en esta materia” (Gil Fortoul, 1956, vol. V: 520). Los artículos gi-
raban sobre el empleo, concretamente entre los deberes y derechos tanto
del arrendador o patrón y el obrero.
9 El censo de 1873 decretado por Guzmán Blanco dio como resultado que
en los departamentos de El Tocuyo en el estado Barquisimeto existían
3.699 y 597 casas en la capital del departamento y 29.014 en la totali-
dad de su jurisdicción, conformada por las parroquias Junín, Ayacucho,
Guárico, Humocaro Alto y Bajo y Barbacoas. Vease Primer censo de la Re-
pública (1874: 225).

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los años de la independencia hasta la guerra Federal. El auge eco-


nómico y sociocultural de la ciudad empezaba su ascenso con la
producción y comercialización del café hasta la tercera década del
siglo XX. Otras actividades económicas de El Tocuyo giraban en
la ganadería y el cultivo de azúcar que sufrió una transformación
técnica de envergadura con la introducción del trapiche a vapor,
dando como resultado un crecimiento significativo del papelón.
La proliferación de establecimientos comerciales10 en la zona, gra-
cias a la relativa paz territorial alcanzada por Guzmán Blanco, vol-
vieron a El Tocuyo centro productor y consumidor de importan-
cia en el país.
En lo cultural, la creación del colegio La Concordia, único
centro de enseñanza media tras el cierre del Colegio Nacional del
Tocuyo en 1869; del Club de Amigos en 1878, que procuraba fo-
mentar la discusión política entre la elite tocuyana; la llegada de la
imprenta a la ciudad que posibilitó las publicaciones periodísticas
El Aura Juvenil (1878), redactado por los aún estudiantes de se-
cundaria Gil Fortoul y Lisandro Alvarado (1858-1929); el diario
El Progreso, lanzado por José Espiritusanto Gil con el objeto de
enfrentarse a sus enemigos políticos; El Ciudadano (1880), último
semanario en el que Gil Fortoul publicó sus escritos habitando en
su suelo natal, fueron los adelantos culturales durante los años
que permaneció en la ciudad fundada por Juan de Carvajal.
Entre 1872 a 1880 se formó en el colegio La Concordia, funda-
do en 1863 por Egidio Montesinos Canelón, pasando por sus aulas
474 estudiantes entre los cuales figuraron Lisandro Alvarado, Ramón
Pompilio Oropeza, Ezequiel Bujanda, Hilario Luna y Luna, Federico
Carmona, José Pío Tamayo, Francisco Suárez entre otros. La Con-
cordia, en sus cincuenta años de operatividad (1863-1913), fue una
institución educativa de gran reputación en el occidente nacional.

10 La casa comercial más importante era García Hermanos & Co., encargada de
la exportación de café e importación de manofacturas a la región. Contaba
con varias sedes encargadas de vender desde víveres hasta ropas y medicinas.

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Gil Fortoul salió de sus salones con el título de bachiller en Filosofía


para continuar la preparación académica en la Universidad Central
de Venezuela, de cuya casa obtuvo el grado de bachiller en Ciencias
Políticas en 1884 y el de Doctor en la misma rama en 1885.
En 1886 partió como representante consular en Burdeos.
En 1891 ocupó el mismo cargo en Liverpool. Para 1892 fue
nombrado secretario de la Legación de Venezuela en Francia.
Suiza pasó a ser el otro destino en 1894 con la envestidura de
encargado de Negocios. Durante esos primeros años de resi-
dencia europea publicó su trilogía literaria Julián11, ¿Idilio?12 y

11 Julián, su obra más valorada por la crítica literaria, narra el periplo por
Madrid del forastero joven Julián Mérida, quien “…trajo de su pueblo al-
gunas centenas de duros, muchos conocimientos literarios y grande am-
bición de conquistarse un nombre celebrado”. El mozo Mérida, anhelante
de convertirse en un escritor de renombre, se propone realizar un libro,
pero es incapaz de confeccionar sus ideas. El viaje hacia la capital española
desnuda todo un cuadro de pasiones moralmente insanas en el personaje,
el cual se debate entre lo ideal y lo sensual; el deseo original de hacerse con
un estilo propio de escritura cede al de la entrega sin freno a los placeres
de la carne y la vida mundana que acaba con su existencia. Vemos en Ju-
lián cómo el medio físico funciona de aliciente necesario para la mudanza
psicológica del personaje. La unión de las teorías científicas en boga con la
narrativa son muestras claras de naturalismo en Julián, así como su enfo-
que lineal y fatalista de una conducta que nace, se reproduce y muere, en
analogía con los procesos biológicos sobre el protagonista de la obra.
12 En ¿Idilio? su protagonista Enrique Aracil es un muchacho inquieto del
interior de Venezuela. El personaje, de ahí que se hable de visos auto-
biográficos en la obra, presenta muchas características similares (sensible,
gran observador, estudioso, disciplinado e inteligente) con aquel joven
Gil Fortoul que habitó en El Tocuyo. La narrativa tiene como centro la
lucha entre Aracil y los habitantes de la ficticia localidad de Baroa, la cual
se halla anclada en la mediocridad, la ignorancia y el tradicionalismo; el
progreso científico, encarnado en el intelecto de Enrique, frente a lo cerra-
do del medio y la incultura de sus personajes, caso de rompelibros, mucha-
cho del pueblo que utiliza la fuerza bruta y no la razón para imponerse, se
tornan características evidentes en el aspecto conceptual de la novela. Es,
en suma, la lucha de un prodigio intelectual con su medio para evitar ser
devorado por este.

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Pasiones13, además de Filosofía constitucional (1890), Filosofía


penal (1891), la compilación de artículos, El humo de mi pipa
(1891) y El hombre y la historia. Se codeó de reputados intelectua-
les de la época como Cesare Lombroso, Enrico Ferri, Raffaele Ga-
rofalo y Giulio Fioretti, representantes todos del positivismo cri-
minológico. Colaboró en la revista de aquellos llamada La Scuola
Positivista nella giurisprudenza civile e penale e nella vita sociale e
instó a Lisandro Alvarado a publicar en ella. Asistió a cuanta con-
ferencia o cátedra pudo, oyendo y leyendo a notables científicos e
intelectuales de esa Europa de la belle époque. En su patria ya era
considerado joven de gran erudición. El Cojo Ilustrado escribió de
él: “No podría fijarse que género de estudios es el que más absorbe
la atención de Gil Fortoul, pues que de todo se ocupa…” (Caracas,
1 de febrero de 1892: 34-35).
Para 1896 divulgó en París una de sus obras más interesantes
El hombre y la historia: Ensayo de sociología venezolana, en la cual
se propuso analizar con la tríada del francés Hipolito Taine (raza,
medio y momento) el devenir histórico de Venezuela en sus años
de vida republicana:

El siguiente ensayo sobre la raza, el medio físico, la evolución his-


tórica y las hipótesis corrientes del doctrinarismo político, tienen
a explicar, en nuestro entender, el estado actual de la Repúbli-
ca, é indica cómo y en qué sentido se realizará probablemente la

13 En Pasiones, su última novela, Enrique Aracil retorna. Esta vez envestido


con las carreras universitarias de Derecho y Medicina, empleándolas a
fin de “…adquirir la mayor suma posible de conocimientos para que
sirviesen de base filosófica a sus producciones literarias”. El propósito
de Aracil es estudiar cómo nace el proceso de inclinación amorosa de
Castel hacia Angelina, y así contar de material para sus elaboraciones li-
terarias. Pero explorador sempiterno de estilo nunca acaba por concluir
su obra. Aquí Aracil comparte con Julián la insatisfacción de materiali-
zar proyecto intelectual alguno.

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

transformación nacional que algunos presienten ya y que todos


desean (Gil Fortoul, 1896: XIX-XX).

En este sentido era optimista sobre el futuro cercano de Venezuela.


En 1899, tras una breve estadía en Caracas donde se dedicó
a impartir conferencias y una cátedra de Ciencias Políticas en la
universidad, consiguió del gobierno, presidido por Ignacio An-
drade, la subvención para escribir su imperecedera Historia cons-
titucional de Venezuela. La obra, que tenía por fin abarcar desde
1811 hasta los días del autor, terminó en la imprenta alemana en-
tre 1907 y 1909, mientras ejercía como encargado de Negocios en
ese país, contando de una periodización divergente a la propuesta
inicial del escritor, quizá para no florecer las pasiones entre los
acólitos del difunto Guzmán Blanco14.
La vida política inició para Gil Fortoul en 1910, año en el que
logró la senaduría del estado Portuguesa y enrumbó su ascen-
so burocrático dentro del régimen gomecista. Entre 1911 y 1914
tomó el cargo de ministro de Instrucción Pública (1911-1912) y
presidente encargado de Venezuela (1913-1914).
La diplomacia lo regresaría a Europa, esta vez como plenipo-
tenciario ante el Consejo Federal Suizo que debía resolver el laudo
limítrofe entre Venezuela y Colombia en 1916. En 1923 ocupó el
puesto de jefe de la delegación venezolana ante la Sociedad de
Naciones. Por último, en 1933 se le comisionó a México con el

14 Recordemos que Gil Fortoul debía a Guzmán el cargo de cónsul en Bur-


deos. Además de eso amigos y profesores, caso Villavicencio y Ernst, fue-
ron acólitos del caudillo liberal. Adentrarse más allá de la guerra Federal
significaba un problema, por lo cercano de los hechos y por la vivencia de
los mismos por parte de Gil Fortoul. La “objetividad” quedaría más com-
prometida al igual que las acciones los amigos. Es necesario mencionar
que la obra que salió en Berlín en dos volúmenes abarcó hasta 1830. Para
la segunda edición (1930) el autor se extendió hasta 1863, año que marcó
el fin de la guerra Federal. En la tercera edición (1942) no hubo cambios
sustanciales en cuanto a extensión.

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objeto de reanudar las relaciones diplomáticas rotas con aquel


país desde hacía más de una década.
En el ámbito intelectual nacional, Gil Fortoul fue individuo
de número de las academias Nacional de Historia (1918) y Cien-
cias Políticas y Sociales (1915). También presidente de la Sociedad
Venezolana de Derecho Internacional y director del periódico ofi-
cialista El Nuevo Diario15. Tras un ciclo vital de 81 años, Gil For-
toul murió en Caracas el 15 de junio de 1943.

La Universidad Central de Venezuela


y su impronta en la formación intelectual
de José Gil Fortoul (1880-1885)

Contexto
Para la octava década del siglo XIX, los espacios de Caracas y las
aulas de su universidad, donde Gil Fortoul vivió y se formó como
abogado durante un lustro, se hallaban transformados por las va-
riantes arquitectónicas y educativas del guzmanato. La ciudad ca-
pital contaba, según el censo de 1881, con 91.997 habitantes y seis

15 El nombramiento para dirigir El Nuevo Diario marcó la ruptura de la


amistad entre Fortoul y Vallenilla Lanz. Herido Vallenilla por creerle el
culpable directo de su salida del periódico, en el cual además tenía capital
invertido, escribió a Pedro Manuel Arcaya el 30 de mayo de 1932 que Gil
Fortoul: “Intelectualmente tiene cincuenta o cien años de retardo. En ma-
teria política no ha avanzado del año 48. Odia a Taine, desconoce la obra
de Le Bon y de casi todos los sociólogos modernos y cree ciegamente,
como los hombres del 64, en la panacea de las constituciones. Por eso ha
escrito una Historia Constitucional de un país donde jamás se han cum-
plido las constituciones. Ahora admira la República española y a Ortega y
Gasset, y detesta a Mussolini. Sin embargo, se cree un hombre avanzadísi-
mo porque juega golf y bebe whisky, y así lo juzgan los mulatitos de Cara-
cas (…) Me tenía gran envidia. Yo creo que él ha perdido el único amigo
sincero con que contaba en Venezuela” (Harwich Vallenilla, 2010: 36) Las
palabras de Vallenilla Lanz, frescas aún de coraje por un malentendido
insalvable, deben leerse con cuidado.

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
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parroquias dentro del casco urbano: Catedral, Candelaria, Alta-


gracia, Santa Rosalía, Santa Teresa y San Juan; El Recreo, El Valle,
Chacao, La Vega y Antímano conformaban mientras tanto las lla-
madas parroquias foráneas, compuestas de haciendas y modestos
pueblitos. El abogado Juvenal Anzola, condiscípulo universitario
de Gil Fortoul, describe la capital trasformada por Guzmán Blan-
co de la siguiente manera:

Caracas es una ciudad favorecida por la naturaleza: la comarca es


pródiga en abundantes dones y el hombre disfruta en ella de días
agradables (…) Numerosos son los edificios notables que posee
la capital que tratamos de describir: merecen mención especial,
el Panteón, soberbio templo que custodia la gloria porque en él
duermen los inmortales de la Patria; la Universidad Central, re-
formada lujosamente, nos recuerda el desenvolvimiento del país
y nos comprueba gloriosamente la influencia poderosa que ejer-
ce en el destino de los pueblos el cultivo de las ciencias; el Teatro
Municipal, edificio verdaderamente grandioso, llama la atención
de nacionales y extranjeros; Santa Teresa, magnífico santuario,
recuerda las Catedrales de piedra, con sus bóvedas, largas como
sus naves, unas, y empinadas las otras, como la aspiración á lo
infinito que nos devora; el Palacio Federal, colosal cuadrado de
elevadas mamposterías y columnas, admirable por sus variados
cortes y pinturas (…) El Palacio del Centenario en el que se ex-
hibieron nuestras riquezas y se ofrendaron las producciones del
ingenio, las obras de los artistas y todo lo que de noble y grande
teníamos (…) la Estación del Ferrocarril al Noroeste de Caracas
á orillas del Paseo Calvario en una hermosa planicie, obra mara-
villosa, del trabajo embellecida: qué pintoresco y ameno es aquel
lugar. Allí se contemplan funcionando el vapor y la electricidad,
agentes milagrosos de la inteligencia humana: allí está la enor-
me y árida montaña que forma el Paseo Calvario, á esfuerzos del
trabajo, brotando flores, ostentando corpulentos árboles, arroyos
cristalinos, cascadas de perla… (1907: 103-107)

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El empeño del caudillo liberal de convertir Caracas en un Pe-


tit Paris con la implantación de jardines afrancesados en El Cal-
vario o el Parque Carabobo y espacios suntuosos como la plaza
Bolívar o el Templo Masónico, además de introducir en la ciudad
novedades tecnológicas como el teléfono o el tranvía tirado por
caballos, el cual recorría la ruta entre el Palacio Federal y Puente
Hierro, debió impactar al joven pueblerino de El Tocuyo. Nada
tan impresionante hasta entonces en materia de infraestructura y
población había sido percibido por él.
La universidad también sufría las transformaciones ejecuta-
das por el régimen. Previo a estas renovaciones el célebre pensa-
dor Cecilio Acosta refirió que en la institución:

…salvo los adelantos en algunos ramos, como la medicina, para


honra de Vargas, las matemáticas, para honra de Cajigal, y mu-
chas ideas excelentes en filosofía intelectual, debidas a Ibarra,
en lo demás es casi hoy lo que fue en la época de su fundación
(Acosta, 1983, vol. 9: 235).

A partir de 1873 se dio una considerable reforma universita-


ria que benefició la consolidación del positivismo y el evolucio-
nismo como corrientes de pensamiento y formación académica.
Se fundó una Cátedra de Historia Universal y un curso de His-
toria Natural. Pedagogía y la de Química Agrícola contaron con
cátedras, mientras que las de Griego, Francés, Inglés y Alemán
fueron reinstaladas. Se ordenó la creación de una sección de Di-
bujo, Grabado y Pintura.
La biblioteca de la universidad alcanzó notoria amplitud
al fundirse con la del Seminario e importar mayor bibliografía,
abarcando miles de títulos, según Adolfo Ernst, para 188016. Guz-
mán Blanco, egresado de la universidad con el título de abogado

16 Veáse Adolfo Ernst, “¿Qué influencia ha ejercido la revolución de abril,


década de 1870 a 1880, en las ciencias?”, La Opinión Nacional, Caracas, 27
de abril de 1880.

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en 1856, dispuso además de una sala de autopsias y de una Revista


Científica Venezolana. Dotó un anfiteatro en el Hospital Militar de
Caracas para el estudio práctico de medicina y cirugía. Ordenó la
fundación de un Museo Nacional que comprendiera las secciones
de Bibliografía, Historia, Etnografía e Historia Natural, a fin de
vigorizar la difusión científica del país. El edificio universitario
fue remodelado por una fachada de estilo gótico, sus claustros re-
mozados y su paraninfo adornado. El objetivo del gobierno acau-
dillado por Guzmán Blanco procuraba industrializar e insertar a
Venezuela en el concierto de las naciones capitalistas más avanza-
das del globo. Conectar la universidad a las exigencias del mundo
moderno occidental era un paso importante para tal meta.
El fomento de las disciplinas científicas significaba, además
de la inversión extranjera y las obras de infraestructura, un paso
fundamental en la consecución de aquella ambiciosa empresa.
Para la doctrina positivista imperante, la población que desco-
noce los avances de los científicos es incapaz de generar conoci-
miento en pro del progreso y, por ende, la entrada de Venezuela
a la civilización quedaría postergada. Era necesario formar una
elite en la ciencia positiva que innovara y planificara el desarrollo
socioeconómico del país.
No obstante, la universidad pagó un precio elevado por la
“magnanimidad reformista” de Guzmán. La adulación al Ilustre
Americano trajo para la universidad la pérdida total de la auto-
nomía y de sus bienes materiales. Guzmán fue nombrado rector y
titulado Doctor honoris causa, grados que sin duda incrementaron
la megalomanía del Autócrata Civilizador. La hacienda de cacao
de Chuao, la que más ingreso generaba a la tesorería de la univer-
sidad, había caído en declive luego de la abolición de la esclavitud
y la infausta guerra Federal. El dinero que entraba a la institución
por otorgamiento de títulos se vio quebrantado, puesto que mu-
chos egresados eran exonerados de pagar por el gobierno a causa
de “suma pobreza”. Con una Venezuela debilitada en lo econó-
mico tras la reciente guerra, la universidad no vio otra opción
que tecnificar el cultivo de riego de sus haciendas para volverlas

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más operativas. Sin embargo, el gobierno no apoyó la iniciativa,


ni con fondos ni con máquinas, por lo que la casa de estudio se
vio obligada a rematar sus propiedades, entre las cuales figuraba
la valiosa hacienda de Chuao que quedó en manos de Antonio
Medina, siendo Guzmán testaferro.
El período universitario de Gil Fortoul permaneció ceñido a
las enseñanzas de Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio en el campo
científico-filosófico. Los postulados de Darwin17 y Comte18 plan-
taron notoria huella en la juventud académica del momento:

17 El darwinismo, vinculado al proceso de selección natural, proponía ex-


plicar la evolución orgánica de los seres vivos en contraposición al crea-
cionismo inmutable y espontáneo de la Biblia. El proceso de selección
natural en las especies es el factor determinante de su supervivencia y
reproducción, puesto que en este unas adquieren características heredita-
rias favorables para imponerse al medio físico, culminando con la adap-
tación de esas especies y la desaparición de otras tantas que no resulten
favorecidas por la herencia y el medio. La reproducción de este sistema en
el transcurso del tiempo dotará a los seres favorecidos de mayor capaci-
dad evolutiva en materia biológica.
18 El positivismo, en síntesis, fue una filosofía con aspiraciones de transfor-
mar la manera que hasta entonces se tenía de ver la realidad. Comte anun-
ció que el único conocimiento valido y posible era aquel que suplantara la
imaginación y la especulación por la observación y comprobación cien-
tífica de los hechos. La ciencia positiva, como la denominó Comte, era el
culmen del pensamiento humano, puesto que liberaba a la humanidad de
una gran infancia racional precedida por el mundo teológico y metafísico.
Nada que no fuera comprobado por el conocimiento empírico científico
podía ser objeto de estudio. La finalidad de esta doctrina filosófica era
encaminar a la humanidad hacia el avance mediante la reorganización del
pensamiento con la divisa Orden y Progreso, intrínsecamente unidos para
Comte debido a que “Para la nueva filosofía, el orden constituye siempre
la condición fundamental del progreso; y, recíprocamente, el progreso se
convierte en el fin necesario del orden: como en la mecánica animal, el
equilibrio y el progreso son mutuamente indispensables, como funda-
mento o destino”. No puede el progreso germinar en sociedades incapaces
de entenderse científicamente, llenas de una realidad inmersa en el mun-
do teológico y abstracto; solo el conocimiento científico de los fenómenos
libera a los hombres de su gran letargo mental.

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Por aquellos años dos catedráticos de la Universidad, el Doctor


Rafael Villavicencio y el Doctor Adolfo Ernst, empezaron a pro-
pagar en sus cursos, el uno la filosofía positivista de Comte y el
otro el darwinismo. De la Universidad pasaron ambas doctrinas
a la Sociedad Amigos del Saber, y de ésta a la prensa (Gil Fortoul,
1956, vol. VIII: 306).

No es descabellado afirmar que Villavicencio y Ernst fueron


los mentores de toda una generación de jóvenes venezolanos que,
a posteriori, sirvieron y pensaron el país desde las más diversas
disciplinas. No en balde, uno de sus alumnos sentenció a estos
dos catedráticos como “los verdaderos fundadores de la escuela
filosófica moderna en Venezuela” (Razetti, 1906: 31). Seis déca-
das pasarían antes de ser sepultadas aquellas máximas positivistas
y evolucionistas por las generaciones posgomecistas proclives al
marxismo y otras doctrinas.

La teoría evolucionista de Ernst en Gil Fortoul


En Gil Fortoul la teoría evolucionista mediante selección na-
tural impartida por Ernst, aplicada en los campos naturales y
sociales, se tornó base imperecedera de sus creencias y formu-
laciones “científicas”:

Las plantas y los animales, incluso el hombre, evolucionan; esto


es, se transforman, cambiando de aspecto material las primeras
y de aspecto físico y condición cerebral los últimos, en virtud
de leyes fatales, como la lucha por la existencia, la adaptación al
medio y la supervivencia del más fuerte; los grupos humanos, la
sociedad, la nación, la raza y la especie evolucionan, es decir, pro-
gresan o se transforman mediante leyes naturales o independien-
tes de la voluntad humana, y a este movimiento necesario y fatal
llamamos evolución inconsciente (Gil Fortoul, 1956,vol. IV: 353)

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Sin embargo, no todo se relega al mundo natural. El origen


social, del Estado y de la historia hallaron también plataforma en
tal concepción, pues, si bien existían leyes naturales involuntarias
al deseo humano, otras resultaban perfectamente maleables por
el hombre en la denominada evolución consciente:

La evolución consciente, por el contrario [a la inconsciente],


es un movimiento progresivo en razón directa de la ilustración
intelectual y del perfeccionamiento del medio social, efecto
todo del poder de la ciencia, el arte y la industria. Las liberta-
des civiles y políticas se desarrollan y arraigan al mismo tiem-
po que se acelera la evolución consciente (Gil Fortoul, 1956,
vol. IV: 52-53).

Dicho proceso evolutivo no sería viable si antes el hombre


primitivo no avanzaba biológicamente por medio de la selec-
ción natural y consigue, para luego transformarlo en beneficio
suyo, adaptarse e imponerse al medio físico. El progreso ma-
terial y cultural debe pasar imperativamente por el abandono
instintivo de las conductas y necesidades primarias de los hom-
bres; solo así el ser humano, al quedar cada vez más alejado de
sus ataduras naturales, logrará transformar su espacio y adqui-
rir capacidades intelectuales cada vez más complejas, las cuales
con el tiempo aplicarán en el devenir evolutivo de sus respeti-
vas formas de organización social. Empero, no todas las “razas”
consiguen tal cosa, según Gil Fortoul y los evolucionistas de la
época, de ahí que unos pueblos dominen a otros por su supe-
rioridad “racial”: “Es forzoso admitir en unas razas aptitudes
privilegiadas para la civilización y capacidad menor en otras”
(Gil Fortoul, 1896: 6) El colonialismo decimonónico tuvo aquí
su mejor aliado ideológico.

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La doctrina positivista de Villavicencio


en Gil Fortoul
El positivismo de Comte impartido por Rafael Villavicencio llegó
al país concretamente a finales de la década de los 60. Gil Fortoul
tomó de las enseñanzas comtianas de Villavicencio la valorización
exclusiva del método científico (observación, experimentación,
comparación y método histórico) en el análisis de los hechos, su-
jetos a leyes deterministas. Comte definió la evolución de la hu-
manidad a partir de su ley de los tres estados (teológico, metafísi-
co y positivo)19 y Gil Fortoul se valió de ellos para afirmar, con la
creencia puesta en el progreso científico, que:

Una vez aplicado el método de observación al hombre y a los


grupos étnicos, los sistemas expuestos [teológico y metafísico],
simples esfuerzos ideológicos, han pasado a archivarse en la his-
toria de las aberraciones del espíritu. Si el hombre no es más que
una forma, siquiera la menos imperfecta hoy en la escala animal,
está sometido como los otros seres a las leyes naturales, y de con-
siguiente en la esfera científica no pueden tener valor alguno ni
los mitos teológicos en cuanto a la creación, ni las paradojas de
Rousseau y su escuela en lo referente al pacto social, ni las bri-
llantes síntesis poéticas a la manera del discurso de Bossuet sobre
la historia universal (Gil Fortoul, 1956, vol. IV: 31-32).

19 Estos tres estados conforman para Comte la historia de la sociedad hu-


mana. El teológico se refiere a la explicación del mundo por deidades per-
sonificadas en fenómenos naturales o seres divinos de gran poder. Comte
lo dividió a su vez en tres subestados: fetichismo (animismo), politeísmo
y monoteísmo. El estado metafísico sustituye a la deidad personificada
por otra abstracta. Fuerzas ocultas dirigen el funcionamiento del mundo.
Por último, en el estado positivo el hombre se desprende de las creaciones
abstractas y de las creencias improbadas por la explicación a través del
método científico de la observación, la experimentación y la comproba-
ción de los fenómenos.

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En otras palabras, al estar el hombre sujeto a leyes científicas,


las conclusiones de Rousseau –sobre el estado natural de inocen-
cia y libertad en los hombres, y la sumisión voluntaria de estos a
un pacto social para asegurar la conservación individual una vez
que son incapaces por sí mismos, como sujetos, de hacer fren-
te a los rigores de la naturaleza; y las ideas providencialistas de
Bossuet donde Dios juega un papel conductor en el devenir de
los tiempos y el hombre de simple marioneta suya– carecen en
Gil Fortoul de validez por ser abstracciones no sustentadas en el
conocimiento científico20. De ahí su nula importancia en el enten-
dimiento de la historia y los fenómenos sociales.
La preconización de la divisa Orden y Progreso de Comte,
como motor de cambio social, también fue acogida por Gil For-
toul como elemento clave para conseguir la estabilidad y el desa-
rrollo de Venezuela. Para 1896 escribía en El hombre y la historia:

Orden y progreso no son conceptos que se excluyan ni contra-


digan. Es el uno condición indispensable del otro, sobre todo en
un estado nuevo, con historia corta y tradiciones recientes. Un

20 Aquí se diferenció del creacionismo de Villavicencio: “Bellísima armonía


que en nada difiere del orden inmutable que la astronomía demuestra en
los movimientos que ejecutan en el espacio esos inmensos globos celestes;
de los procesos regulares de la vida que la biología ha sorprendido intro-
duciéndose en el secreto de los órganos; de la maravillosa transformación
de la materia y su paso permanente del estado inorgánico al orgánico y
viceversa; y que arrebatando al sabio de admiración y de entusiasmo le
hace sumergir las sienes en el polvo, y exclamar poseído de profunda reve-
rencia y fervoroso arrobamiento: Digitus Dei est hic [El dedo de Dios está
aquí]” (Discurso pronunciado en la universidad en el acto de repartición
de premios, Caracas, 8 de diciembre de 1866). En 1869 volvió hacer énfa-
sis: “La observación atenta de los fenómenos naturales manifestándolos
con una regularidad admirable, nos demuestra que la acción incesante
de las fuerzas está regulada por leyes invariables que son el pensamiento
divino manifestado en la creación” (Discurso pronunciado en la universi-
dad en el acto de repartición de premios, Caracas, 8 de enero de 1869).

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estado joven que no mantiene un orden legal cualquiera cae fa-


talmente en la anarquía o en el despotismo. El orden legal cons-
tituye la tradición, y sin ésta el progreso es siempre aventurado.
Sólo es rápido y seguro el progreso allí donde existe, con el res-
peto a la ley, el hábito de no aspirar a reformas legislativas sino
con los medios lógicos que la misma ley le ofrece. Prueba de ello,
Inglaterra, donde la tradición está más arraigada que en ningún
otro país civilizado y donde, al propio tiempo, son más enérgicas
que en parte alguna las tendencias de expansión y progreso (Gil
Fortoul, 1956, vol. IV: 403).

Aquí vemos su espíritu legalista, de obrar conforme a dere-


cho y no con las pasione21, así como el acompañamiento irrestric-
to al pensamiento positivista venezolano; el cual decretaba que el
Progreso (intelectual, moral, científico y material) era alcanzable
si la sociedad abandonaba la violencia constante de los caudillos
y de las facciones, y consolidaba un sistema de gobierno pacifi-
cador que obrase en pro del respeto a las leyes, la promoción de

21 En El hombre y la historia, Gil Fortoul escribe: “La tradición legal es con-


dición esencial de todo progreso positivo, puesto que en el fondo mismo
de la vida social consiste en la repetición de los mismos actos, o como
dice el filósofo Tarde, en la imitación; y en donde quiera que la tradición
legal no es profunda ni larga, toda reforma legislativa es, por lo menos
aventurada (…) El ideal sería lograr que la obra de los pueblos fuese su-
perior a la obra de los gobiernos, y que la evolución o progreso social
precediese siempre a la evolución política y al progreso legislativo” (en
1956, vol. IV: 427-428). En una sociedad donde no impera la ley, cuyo
aprendizaje es reproducido –para Gil Fortoul– según la teoría imitativa
de Gabriel Tarde, el progreso se ve enflaquecido por la anarquía. En este
sentido, la imitación se vuelve conductora social, pues, desde la concep-
ción socio-biológica y determinista de la época, los seres humanos here-
dan las conductas y costumbres de sus antecesores: “La herencia orgánica
y la herencia mental trasmiten a través de generaciones las fuerzas y los
ideales, los sentimientos y las aspiraciones, la facilidad para el individuo
de adaptarse a su medio y el poder colectivo de conformar el medio con
las necesidades sociales” (1896: 12-13).

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

las ciencias, el mejoramiento de las costumbres ciudadanas y la


industrialización de la patria. Si Venezuela –como las demás jóve-
nes repúblicas de América Latina– ambicionaba conducirse hacia
la senda del progreso, debía mantener primero una estabilidad
político-institucional fuerte. Es irrealizable el Progreso si no hay
Orden previo.

Actividades de Gil Fortoul en la universidad,


recuerdos y condiscípulos
El lustro (1880-1885) universitario de José Gil Fortoul estuvo lle-
no de intensa participación y actividad cultural. Su estada en Ca-
racas estuvo coincidentemente unida a la de José Martí, quien en
1881 se encontraba residente en la capital venezolana. Martí, por
entonces reconocido literato, articulista y combatiente por la in-
dependencia cubana, fue muy bien acogido por la intelectualidad
caraqueña. Dictó clases de literatura en el colegio Santa María,
regentado por Agustín Aveledo, y de francés y oratorio en la es-
cuela Villegas. Cautivados por la reputación de Martí, Gil Fortoul
y muchos otros jóvenes concurrieron a sus lecciones. Juvenal An-
zola, uno de aquellos mozos expectantes por aprender del pensa-
dor cubano, narró que:

Martí durante su estada en Caracas agrupó en torno suyo nume-


rosos admiradores (…) Recibieron de Martí saludables enseñan-
zas, Luis López Méndez, David Lobo, Gil Fortoul, Lisandro Al-
varado, César Zumeta, Pablo Acosta Ortiz, Víctor Manuel Mago,
Andrés Alfonzo, Ramón Sifuentes, Gonzalo Picón Febres, José
Mercedes López, José Elías Landines y muchos otros, como los
nombrados, conocidos ventajosamente por su ilustración y altas
ejecutorias (1907: 97-101)

Las enseñanzas, sin embargo, duraron escasas semanas. Lue-


go de ejercer como pedagogo, articulista y director de la Revista

98
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Venezolana, que apenas contó de dos números, Martí era expulsa-


do del país por intimación del autócrata Guzmán Blanco. Escribir
líneas elogiosas hacia el recién fallecido Cecilio Acosta, enemigo
de Guzmán, y negarse a glorificar al gobernante en el siguiente
número de la Revista Venezolana, fueron las causas de su forzosa
salida, el 28 de julio del mismo año en que vino: “Deme Venezuela
en qué servirla; ella tiene en mí un hijo” (en Rumazo González,
1993, vol. 3: 454) fueron sus últimas palabras al director de La
Opinión Nacional, Teodoro de Aldrey.
En 1882, Gil Fortoul fundó en compañía de sus compañeros
y profesores Rafael Villavicencio y Adolfo Ernst la Sociedad Ami-
gos del Saber. El círculo, que se reunía a extramuros de la univer-
sidad (en la terraza del hotel Ferdinand, en el de la Zaragozana y
en el interior de la librería Francesa de Monsieur Lebert) tenía por
fin discutir cuestiones políticas, literarias y científicas. Era un club
de lectura y de debate entre amigos y autoridades académicas de
la universidad. Anzola escribió:

Se discutían cuestiones políticas, económicas y sociales, y pode-


mos decir que en aquellos torneos la tribuna fue honrada por la
palabra culta, por el espíritu de confraternidad, por el amor a la
ciencia. Había maestros en el arte de la palabra y escritores que
sin desgastar el pensamiento, cincelaban la frase al producirla,
dándole los moldes de la belleza (1907: 86).

Algunos escritos fueron a La Opinión Nacional. Gil Fortoul


publicó un verso de nombre “Ptlonorhynchus” y un artículo titu-
lado “Padre de Colombia”.
También en ese mismo año de 1882, fundó un semanario de
corta existencia, apenas tres números: El Popular. Un escrito so-
bre José Antonio Páez, contrario a las opiniones del régimen “li-
beral” sobre el caudillo “conservador”, le costó el cierre del diario
y una breve estancia en La Rotunda. Al parecer, según deja ver una

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

misiva del mismo Gil Fortoul, la detención se hizo a desconoci-


miento de Guzmán22.
En 1883, durante la rimbombante fiesta centenaria del na-
talicio de Bolívar organizada por el régimen, Gil Fortoul obtu-
vo premio entre varios concursantes universitarios por el ensayo
“Influencia del descubrimiento de América por Cristóbal Colón”.
Ese mismo año formó parte como redactor en el periódico El
Anunciador, donde publicó el 22 de marzo un artículo titulado
“Sufragio popular”. En el texto exhortaba la aplicación del voto
popular, directo y secreto, así como el beneficio que obtendría el
sistema de gobierno si diera profundización al mismo:

El sufragio es ya un cargo público; más todavía, un poder, sin


cuya existencia el organismo político queda herido de muerte y
pierde el gobierno su base legítima convirtiéndose en juguetes
de ambiciosos o ciudadela de tiranos. Para confiar en la segura
protección del Estado el hombre debe contribuir a formarlo y
mantenerlo (…) Eduquemos con el ejemplo del sufragio popu-
lar fuente de bienestar cuando todos concurren a él con nobles
miras, y origen de desgracia y sonrojos cuando se les bastardea.
Están ellos empeñadas la práctica de la democracia y la santidad
de la federación (Gil Fortoul, “Sufragio popular”, El Anunciador,
22 de junio de 1883: 2).

22 Concluimos tal cuestión motivado a una carta que envió Gil Fortoul al
Ilustre Americano en 1886 bajo estos términos: “Al dirigirme a usted me
preocupa el temor de que mi nombre le sea enteramente desconocido”.
En la misma misiva le explicó su trayectoria universitaria y la estadía en
Europa con el fin de ampliar los conocimientos adquiridos en Caracas.
Un hombre arrestado por órdenes de Guzmán y luego, según Juan Penzi-
ni Hernández, premiado por el caudillo en 1883, no escribiría de tal for-
ma y convencido de la ignorancia de Guzmán hacia su persona. Veáse J. J.
Martín Frechilla, Cartas a Guzmán Blanco 1864-1887: Intelectuales ante el
poder en Venezuela (1999).

100
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Artículo polémico ante un clima de hegemonía política


y autocracia personalista, acompañado de una Constitución
(1881) que limitaba el ejercicio del sufragio. En la Carta Mag-
na del 81 el voto era no era secreto, sino obligatorio y relegado
a la escogencia de diputados. El presidente de la República era
electo por un Consejo Federal, elegido por el Congreso, com-
puesto por un senador y un diputado de cada entidad política.
Con este sistema y el clientelismo político dentro del Congre-
so, Guzmán contaba con el poder, el cual era ejercido por dos
años sin reelección inmediata; así el caudillo podía irse atender
sus negocios en Europa durante un bienio mientras dejaba en
el cargo a su delegado Joaquín Crespo. La llamada Constitución
“suiza”, empeño de Guzmán Blanco por cambiar las institucio-
nes al modelo del país helvético dentro de una Venezuela con
distinta realidad, procuraba reducir de iure, mas no de facto, el
personalismo del Ilustre Americano.
La participación de Gil Fortoul en las actividades culturales
de la universidad y periodísticas fueron intensas. No fue un hom-
bre recluido pasivamente en las aulas, sino un moderado críti-
co político y debatiente de las teorías científicas. La formación
adquirida en los salones universitarios de Caracas, si bien nutri-
da por los pensadores que leyó y conoció en Europa, siempre le
acompañaron en sus análisis sociológicos e históricos. Las leyes
biológico-deterministas, el evolucionismo social, la convicción en
el progreso indefinido de la humanidad, la valoración del método
científico como único medio de analizar los hechos y fenómenos,
la creencia en el Orden y el Progreso como elementos necesarios
para la evolución y transformación de la sociedad, fueron cons-
tantes ideológicas en José Gil Fortoul. La formación de científico
social la tomó, sin duda alguna, de la universidad guzmancista:
“El amor a la ciencia lo debo yo a la Universidad de Caracas…”
(Gil Fortoul, 1941: 139), escribió para una conferencia que dictó
de antroposociología en aquel recinto durante 1898.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Los compañeros y egresados en la promoción doctoral de Gil


Fortoul (23 de enero de 1885) fueron los abogados Juvenal Anzo-
la, Juan Francisco Bustillos23. En el grado de bachiller en Ciencias
Políticas (17 de abril de 1884): Carlos Francisco Grisanti y Fran-
cisco Mier y Terán24. Estos hombres, por lo que pudimos rastrear
en nuestra investigación, ejercieron cargos y papeles destacados
en los gobiernos ulteriores a su salida universitaria.
Juvenal Anzola (1862-1928) fue prolífico escritor (Ciudades
y paisajes, Abogados venezolanos, Civilizadores venezolanos, Vene-
zuela íntima, Apuntaciones religiosas, Escenas tropicales, Estudios y
observaciones, De Caracas a San Cristóbal) y detentador de varios
cargos públicos (secretario de la gobernación del Distrito Federal
en 1888; diputado por el estado Lara en 1891; procurador general
de la República en 1898; senador por Yaracuy y Portuguesa entre
1913 y 1918). Los textos de Anzola son de valiosa importancia, ya
que en sus páginas se halla descrita la Venezuela de aquellos años
de hegemonía andina.
Carlos Francisco Grisanti (1861-1938) fue profesor univer-
sitario de Derecho, miembro de la comisión revisora del Códi-
go Nacional y Civil de 1895 y 1912, juez de Primera Instancia en
lo Civil del Distrito Federal, presidente de la Corte Federal y de

23 Natural de Trujillo. Fue uno de los fundadores del Colegio de Abogados


del Estado Trujillo en 1899. Redactor del diario gomecista El Civismo.
Presidió la Corte Federal. Fue articulista de varios diarios trujillanos y
uno de los primeros administradores de la Biblioteca Popular Simón Bo-
lívar de Trujillo en 1910.
24 Francisco Mier y Terán (?-1914), natural de Guárico y propietario del
célebre hato La Rubiera desde 1886. La leyenda llanera lo ha fabricado
como déspota terrateniente. Antes de ingresar a la Universidad de Cara-
cas, estudió en el colegio Santa María, egresando en 1878. Enviciado por
el alcohol, según Ricardo Montilla en “Algunos personajes galleguianos”
(El Farol, Caracas, 1864), Mier y Terán fue usado por el autor de Doña
Bárbara para retratar a su personaje de Lorenzo Barquero. A la muerte de
Francisco Mier y Terán, La Rubiera pasó a manos de Gómez.

102
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Casación, representante de Venezuela en las comisiones mixtas


venezolano-americana y venezolano-británica, representante de
Venezuela ante la Corte de Arbitraje de La Haya, delegado de Ve-
nezuela en la Conferencia de Buenos Aires en 1916 y en la XIII
Conferencia de la Unión Interparlamentaria de 1925, senador y
presidente del Congreso Nacional, individuo de número de la
Academia de Ciencias Políticas y Sociales en 1915, individuo de
número de la Academia Nacional de Historia en 1918, ministro
plenipotenciario ante los Estados Unidos y la Santa Sede.

El historiador

Gil Fortoul se interesó por explicar la historia y la estructura so-


ciopolítica de Venezuela, usando el positivismo y el evolucionis-
mo como marco teórico-metodológico de sus análisis. Buscó des-
lindarse de aquella historiografía patria, que a inicios de la con-
formación republicana procuró reforzar una conciencia históri-
ca-nacional a través de sus páginas embellecidas con pulcra prosa
y acciones épicas, por una de carácter científico, carente de todo
prejuicio y libre de toda pasión a los héroes: “Nos harían mucho
bien los historiadores que olvidasen por completo el método de
la epopeya y aceptasen sin contemporizaciones el método crítico
de la ciencia” (Gil Fortoul 1956, vol VIII: 212).
La demanda historiográfica de Gil Fortoul, consistente en
la aplicación del “método crítico de la ciencia”, no era otra que
el de la aplicación de leyes deterministas (raza, medio, evolución
social)25 a los fenómenos sociales en estudio para así obtener un

25 Gil Fortoul deja claro en 1890 lo que para él significa la interacción hom-
bre-medio social: “Las relaciones del hombre con sus semejantes, con el
medio social, no son relaciones orgánicas, idénticas a las relaciones de las
partes de su ser individual, sino relaciones de intereses, influencias in-
mediatas, armonización de tendencias intelectuales y morales” (Filosofía
constitucional, p. 40). Téngase en cuenta que se habla de medio social y

103
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

resultado analítico comprobado por las doctrinas científico-so-


ciales de su tiempo.

Historia constitucional de Venezuela: Estructura


La obra que perpetuó el nombre de José Gil Fortoul dentro
de la historiografía venezolana se compone de tres volúme-
nes, abarcando desde la conquista hasta la conclusión de la
guerra Federal.
El fin del autor fue narrar y evaluar la marcha político-ins-
titucional de Venezuela. Las leyes, las políticas, el comercio, la
industria, la organización de la hacienda pública, las relaciones
exteriores y, no menos, la evolución artístico-intelectual:

Veamos, pues, los esfuerzos que el pueblo venezolano ha hecho


por civilizarse; las auroras de paz que han sonreído en su cielo y
las guerras que han desolado sus campos; los ensayos de indus-
tria y la varia suerte, ora próspera, ya decaída, de la agricultura,
de la cría y del comercio; los proyectos de los pensadores y los
sueños de sus artistas; los programas de sus caudillos, las delibe-
raciones de sus congresos, los procedimientos de sus gobiernos,
sus conflictos con el extranjero, sus tratados internacionales; el
ideal que ha animado sus leyes, el espíritu que se encarna en su
historia (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 24).

La historia militar, aunque presente, no tiene una descripción


pormenorizada. Expediciones y batallas son tratadas sin detallis-
mos, pues Gil Fortoul señaló:

no físico o natural. El hombre es, además de ser biológico, ser social, parte
de una comunidad determinada; es en ella, según los positivistas, donde
hereda los vicios y las virtudes que lo caracterizan como “raza” o pueblo.

104
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

No me alargaré en descripciones de campañas y combates, por-


que sin negarle importancia en sí, ni la tienen para los especialis-
tas militares, creo que habrá hoy mayor provecho en recorrer el
campo apenas explorado de la evolución legislativa, intelectual y
económica (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 23)26.

La transformación del país y la acción de los hombres de le-


vita, acompañada por la de los jefes militares analizados (Bolívar,
Páez y Monagas), es lo que impregna la Historia constitucional de
Venezuela. La preeminencia civil como hacedores y constructores
de la República fue lo que buscó rescatar Gil Fortoul, contrario
a la aprobación extendida del culto prócero a los militares como
edificadores de la nacionalidad, sin duda algo genuino y osado
para la época27.

Apreciaciones
En la Historia constitucional de Venezuela existen apreciaciones
interesantes para el análisis historiográfico. La primera de ellas
es referente a los indígenas, pueblo menospreciado por muchos

26 Las descripciones militares están ceñidas a números, fechas y vencedores


no a movilizaciones, partes de combate y minucias: “Me fijaré más en las
obras de la inteligencia y en los trabajos de la paz” (Prefacio de la primera
edición. Berlín, mayo de 1906).
27 Además de ver la actuación constante de los civiles en el quehacer nacio-
nal durante la obra, la afirmación del autor sobre los hechos de 1830 se-
ñala la impronta indiscutida de los civiles en la construcción del proyecto
republicano: “Y esta tendencia triunfó en las deliberaciones del Congreso
constituyente, pues se evitó el personalismo y la oligarquía, reduciendo a
escaso número el ejército permanente, suprimiendo su fuero, derogan-
do la Ley sobre confiscación de bienes, con que se pagaban los haberes
militares, haciendo, en fin, posible el predominio del elemento civil en el
personal gubernativo” (vol. II: 450). Lo del personalismo es cuestionable,
pero la influencia civil en los actos de gobierno innegable.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

positivistas del momento28: “No sería justo tratar redondamente


de ‘raza inferior’ a la población indígena de Venezuela. En primer
lugar, los términos correlativos de superioridad e inferioridad sig-
nifican, en sociología, más bien desigualdad de desarrollo por cir-
cunstancias externas, y no esenciales diferencias congénitas” (Gil
Fortoul, 1978, vol. I: 69).
Aparte de no hacerse cónsono con las posiciones raciales
contra los indígenas, Gil Fortoul reconoce que la “inferioridad”
de estos pueblos con respecto a los castellanos se debía a la con-
formación de un proceso histórico diferente. La debilidad bioló-
gica que afectaba a ambos pueblos se relacionaba más a la nula
inmunidad de resistir enfermedades como la viruela (caso indíge-
na) y la fiebre amarilla (caso ibérico), no a cuestiones de superio-
ridad intelectual y cultural. Ahora, si bien Gil Fortoul enarbola la
postura antibiologicista con los nativos de Venezuela, su juicio de
“inferioridad” y “superioridad” se ciñe a una concepción estricta-
mente eurocéntrica de la historia; cuestión presente en la mayoría
de los positivistas.

28 El positivista brasileño Silvio Romero afirmó al respecto: “Somos un pue-


blo que desciende de una gastada y corrupta rama de la vieja raza latina, a
la que se agregaron dos de las razas más degradadas del globo, los negros
de la costa y los pieles rojas de América, y por ello no nos distingue to-
davía ni una cualidad digna de encomio”. El boliviano Nicomedes Antelo
fue más allá: “¿Se extinguirá el pobre indio al empuje de nuestra raza,
como se extingue el dodo, el dinornis, el ornitorrinco? Si la extinción de
los inferiores es una de las condiciones del progreso universal, como di-
cen nuestros sabios modernos, y como lo creo, la consecuencia, señores,
es irrevocable, por más dolorosa que sea. Es como una amputación que
duele, pero que cura la gangrena y salva de la muerte”. El mismo Domingo
Faustino Sarmiento: “¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes
de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar (…)
Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya
el odio instintivo al hombre civilizado”.

106
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

Sobre la colonización española en Venezuela el autor de


la Historia constitucional busca ponderar su estudio, aleján-
dose de las miradas encontradas entre la leyenda negra y la
leyenda dorada:

La verdad histórica es que ni los indios eran tan bárbaros, como


que en muchas partes habían tenido y tenían cuando llegaron
los conquistadores, “civilizaciones” muy adelantadas (…) ni los
españoles dejaron de ser sinceros en creer que implantaban acá
una cultura en todo superior (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 26).

Sin embargo, la pretendida imparcialidad termina, como


en todo análisis historiográfico, hacia una postura marcada por
el autor:

España dio a América lo que podía darle: primero, conquistado-


res; en seguida, leyes que resultaron ineficaces por la ignorancia,
aberraciones y fatalidad de los tiempos; y gobernantes, por últi-
mo, corrompidos los unos, y apegados los más a procedimien-
tos rutinarios. Con lo que fue absolutamente imposible que las
Indias Occidentales corrieran suerte menos desdichada que el
triste destino de la metrópoli. Y en este destino Venezuela fue
más infeliz que otras colonias, salvo el paréntesis de la Compañía
Guipuzcoana (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 68).

Esta posición está sujeta a discusión. No hay duda de que las


leyes eran incumplidas y que existía corrupción e injusticia en
las Indias, pero tampoco hay duda de la empresa castellana en la
América. Edificación de grandes ciudades como México y Lima.
Creación de universidades y seminarios como ninguna otra po-
tencia conquistadora implantó en sus colonias. Evangelización
extensiva hacia comunidades recónditas. Incorporación social y

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cultural, aunque bajo condiciones serviles del indígena; cosa muy


distante en los territorios anglosajones, donde el mestizaje era
visto con más prejuicio. En lo lingüístico y lo social dio unifica-
ción idiomática y conformación étnica29.
La postura sobre la universidad colonial en Gil Fortoul no
varía mucho de su creencia improductiva de la colonización:

La “Real y pontificia” Universidad de Caracas fue foco de las ideas


más conservadoras de la Colonia, y aún entrado ya el siglo XIX, y
hasta la víspera de declararse la independencia, predominaba en
ella un espíritu enteramente opuesto al de todo el mundo civili-
zado (…) No fue ciertamente de la Universidad de donde salió el
espíritu revolucionario, ni tampoco el amor de las ciencias (Gil
Fortoul, 1978, vol. I: 151-153)30.

29 Gil Fortoul se mostró a favor de una eventual colonización inglesa en Ve-


nezuela, dice en la Historia constitucional cuando se refirió a la expedición
de Miranda y el miedo de los criollos a ser colonizados por los británicos:
“Desde el punto de vista patriótico, claro está que los criollos andaban
errados, porque es más que probable que bajo el régimen inglés la civili-
zación moderna de estas Colonias se hubiera impuesto rápidamente con
menos sacrificios de vida y riquezas”. Aquí, contrapone, para él, el atraso
de España con el auge británico victoriano en el cual vivió. Nada más le-
jos de la realidad. Gran Bretaña se impuso también a sangre y fuego para
dominar (exterminio de los pueblos aborígenes en Australia, la guerra de
los Cipayos en India, la guerra Maoríes en Nueva Zelanda, la guerra con-
tra los zulús y contra los boers en Sudáfrica, la guerra del Opio en China,
etc.). Para mayor abordaje sobre el régimen colonial español en Venezue-
la véase a Mario Briceño Iragorry, Tapices de historia patria: Ensayo de
una morfología de la cultura colonial. Es cierto que el libro es en demasía
hispanista y por ende apologista al régimen colonial, sin embargo, tiene
puntos de vista interesantes sobre el sistema español y su contribución a
la integración político-territorial entre otros tópicos. Es un libro que debe
leer como todo texto: con mirada crítica, pero sin desdeñar los aportes
que pueda tener.
30 La universidad colonial de Gil Fortoul no difiere mucho de la presentada
por Robert Semple, quien en 1810 describió a la casa de estudio de tal ma-
nera: “…la rutina de la educación es tal, como se puede suponer ha estado

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

En ningún lado de la obra mencionó la labor de Baltasar de


los Reyes Marrero (1752-1809), quien inició la enseñanza de la
filosofía racionalista de Locke, Newton, Spinoza, Leibniz y Des-
cartes, entre otros. Tampoco revisó el valioso trabajo de Carac-
ciolo Parra León (1901-1939) titulado Filosofía universitaria ve-
nezolana, 1788-1821, cuando aquel afirmó: “Nunca fue, señores,
instituto hermético ni foco de oscurantismo y retroceso la Real y
Pontificia Universidad de Caracas” (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 39)
Contrariando las visiones que defendían la presencia del oscu-
rantismo medieval en el claustro universitario.
Por último, abordaremos, por razones de espacio, exclusiva-
mente la visión de Simón Bolívar en la obra. Es menester apuntar
que en el trabajo existe una mirada crítica del Libertador; perso-
naje volcado al culto religioso de Estado desde Guzmán Blanco.
El prosista inicia su visión crítica con el arresto de Miranda en
1812: “Los más exaltados, especialmente Bolívar, proponen que se
le fusile como traidor por haber capitulado con los españoles. No
queda duda de que a tanto llegó su exaltación” (Gil Fortoul, 1978,
vol. I: 316). Sin embargo, la imagen más escéptica y a contraco-
rriente a la valoración hecha por el culto oficial la vemos aquí:

Guiado, pues, por la conciencia de su genio y por el derecho que


éste le aseguraba para ser cabeza de la República, procuró en todo
evento imponer su autoridad soberana; y si más de una vez se vio

España en doscientos años: unos pocos autores latinos conocidos, catecis-


mo y vida de los santos, son los principales estudios” (Sketch of the Present
State of Caracas; Including a Journey From Caracas Through La Victoria and
Valencia to Puerto Cabello, p. 57). La educación universitaria en Caracas
era muy joven, no tenía ni cien años. Hablar de universidad retrógrada a
aquella institución que formó a pensadores ilustrados como Sanz, Roscio
y otros congresistas hacedores de la Confederación de 1811 es riesgoso.
Juzgar con ojo contemporáneo a una institución de reciente data para en-
tonces y novedosa a la vez, pues, fue la única del país hasta 1810 no sería
apropiado. La universidad estaba acorde con su tiempo y su realidad.

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Caracas, julio-diciembre 2017

obligado a ceder, plegarse o contemporizar, lo hizo únicamente


ante los obstáculos que le oponían los hombres o las circuns-
tancias, no las teorías constitucionales. Cambiaba, sí, de opinión,
como todo hombre superior, en cuestiones del momento, ora
cuando se convencía de sus propios errores, o ya por la fuerza de
los reparos que le hiciesen sus colaboradores eminentes; pero se
creyó siempre destinado a mandar, no a obedecer. Nunca tuvo
confianza en la democracia absoluta: inclinábase por carácter
y reflexión a un régimen de oligarquía intelectual; y aun cuan-
do amó sinceramente al pueblo y trabajó por su bien, lo amaba
como Pericles, desde arriba, para gobernarlo a modo de rey sin
corona (Gil Fortoul, 1978, vol. I: 453).

Sentencia polémica que hiere el culto bolivariano anterior y


posterior a la Historia constitucional, por ejemplo, los propugnados
en fechas recientes por el historiador Jose luis Salcedo Bastardo31.
Anterior a la salida de la Historia constitucional, la denomi-
nada “historiografía romántica” (1845-1890) reforzó las concep-
ciones heroicas de la llamada “historiografía de la Emancipación”
(1810-1845)32. Las obras de Juan Vicente González, Eduardo
Blanco, Felipe Larrazábal, Felipe Tejera fueron complementos he-
roicistas de las memorias trazadas por los vencedores de la gue-

31 Salcedo Bastardo presentaba a Bolívar no muy desprendido de aquella vi-


sión heroica, de redentor sempiterno y de padre-guía: “América demanda
con soberana urgencia, orientación. Bolívar, el conductor más completo
de nuestro hemisferio, está vivo en la historia, despierto y actuante en
el magisterio de sus hechos y en la iluminada permanencia de su verbo,
mostrándonos el deber que nos obliga. Por muchas rutas puede escalarse
la cima que Bolívar señaló. Cuando nosotros cumplamos la responsabili-
dad que a cada uno y a todos nos corresponde, de modo idéntico a como
él afrontó la suya, nos hallaremos todos en la cumbre, presididos por su
nombre augusto que es como el nombre de la libertad” (2007: 8).
32 Periodización tomada de Germán Carrera Damas “Para una caracteri-
zación general de la historiografía venezolana actual”, en Historia de la
historiografía venezolana (textos para su estudio), 1961, vol. I: 9-48.

110
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

rra de Independencia (O’Leary, Urdaneta, Yanes, José de Austria,


José Félix Blanco). El paralelismo temporal entre los testigos y
los historiógrafos románticos también propició que los últimos,
admirados por la acción de los primeros, los ensalzaran. Se debe
tener en consideración que estos autores “románticos” escribie-
ron bajo una concepción netamente republicana y fundacional,
es decir, educados bajo formas políticas heredadas tras la inde-
pendencia. No conocieron la monarquía con madurez, ni lealtad
al rey, solo la República legada por los “Padres de la Patria”. Su
respuesta elogiosa hacia unos acontecimientos recientes, donde
sus supervivientes encumbraban y justificaban su hazaña, no po-
día ser diferente. No habían vivido con lucidez la guerra y solo
contaban con los testimonios de los vencedores. Ahora, sin lugar
a dudas, las páginas cargadas de providencialismo y heroicidad en
sus escritos contribuyeron a crear y alimentar el culto piramidal
de Bolívar, que ejerció y continúa ejerciendo el Estado, para dar
cohesión nacional o legitimar un proyecto político.
Gil Fortoul junto con otro reputado pensador como Lau-
reano Vallenilla Lanz (1870-1936) brindaron a la historiografía
de un innovador, hasta entonces, método conceptual y teórico
que puso en jaque algunos enunciados de la historia romántica.
Fortoul, además de la postura antitradicional que tomó sobre El
Libertador, hace llamamiento a estudiarlo desde una óptica des-
nuda de cualquier apología mítica. Tal demanda la encontramos
en el prólogo que escribió en 1898 a la obra de Simon de Schryver,
Esquisse de la vie de Bolivar (Bosquejo de la vida de Bolívar):

Si fuésemos a creer en ciertas historias poéticas, Bolívar sería


el hombre perfecto, el cerebro sin sombras, el alma fuerte su-
perior á todas las pasiones vulgares y á todas las miserias. ¿Por
qué no decirlo? El Bolívar de la leyenda, no sólo difiere del
Bolívar de la historia, sino que le es, con mucho inferior. En el
Bolívar que nos cantan los poetas y nos declaman los oradores,

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hay mucho de ficticio, y por consiguiente mucho de pequeño


(…) ¿Por qué no decir los defectos de los grandes hombres,
si ellos contribuyen, por contraste, á evidenciar sus virtudes?
¿Por qué buscar santos y semidioses donde sólo existe la acti-
vidad genésica de un espíritu fuerte y noblemente ambicioso?
Los grandes hombres lo son justamente por las luchas públicas
y privadas en que supieron triunfar e imponerse; es preciso
conocerle bajo todos sus aspectos; saber cómo hablaban en las
asambleas y en las confidencias de la amistad; comparar sus
actos con sus propósitos; apreciar los obstáculos exteriores y
los obstáculos personales que tuvieron que vencer; verles en
los consejos del Gobierno y en la soledad del gabinete de tra-
bajo, en el campo de batalla y en el silencio nocturno de la
tienda, en el Capitolio y en la alcoba; sin que escapen al juicio
del historiador ni la vacilación más efímera ni la neurosis más
disimulada (…) sólo entonces es posible analizar una perso-
nalidad histórica con el arte de un Taine o sinterizarla con la
ciencia de un Mommsex (sic) (Gil Fortoul, “Ensayo sobre el
carácter de Bolívar”, diario El Tiempo, 27 octubre de 1898).

La sustitución del Bolívar lírico y legendario del romanticis-


mo por otro ajustado a la “objetividad” de la ciencia positivista,
no es lo significativo de estas líneas, sino la petición de ampliar los
horizontes en el análisis biográfico del Libertador. Ver a los “gran-
des hombres” como un todo, llenos de defectos y virtudes, de
momentos apoteósicos y declinantes, y no partiendo de discursos
panegíricos. La denuncia que hizo a los apologistas homéricos de
Bolívar y la petición a que instó de acrecentar los horizontes in-
vestigativos, si bien a favor de aplicar las teorías deterministas de
Taine, resultaron de notaria novedad en una Venezuela todavía
aletargada en el bolivarianismo.

112
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

El ministro y el presidente (1911-1914)

La labor en el Ministerio de Instrucción Pública (1911-1912) su-


puso para Gil Fortoul la puesta en práctica de aquellas reformas
en materia educativa que hacía años proponía. En 1898 escribía:

El actual sistema de instrucción popular no es el que mejor ar-


moniza con nuestras necesidades puesto que contribuye más a
despertar aspiraciones literarias que á fomentar el gusto del tra-
bajo productivo. Y en cuanto á los institutos científicos, su orga-
nización favorece casi exclusivamente las profesiones de médico,
de abogado y de ingeniero, con detrimento de otras igualmente
útiles y prácticas (Gil Fortoul, 1896: 174).

Plétora de filósofos, juristas, médicos e ingenieros era con lo


que más contaba el país de entonces33. Venezuela necesitaba, para
Fortoul, incentivar el desarrollo de disciplinas experimentales y
aplicadas: biología, química, física, agronomía, etc. La universi-
dad graduaba en abundancia abogados y médicos, cuya mayoría
terminaba sin ejercer efectivamente la carrera: “Si abundan los
doctores, los dineros escasean. La clientela de una población pe-
queña no da para tantos” (Gil Fortoul, “Cartas a Pascual”, El Cojo
Ilustrado, Caracas, 15 de noviembre de 1898: 771).
Por ello muchos recurrieron al campo político, bajo la som-
bra del caudillo de turno, o a la poca lucrativa profesión de do-
cente. De ahí que la conclusión de Gil Fortoul, quien no careció
de cliente, sea esta:

33 La abundancia de egresados en estas disciplinas es patente consul-


tando la cantidad de grados conferidos por la Universidad de Cara-
cas durante la época.

113
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

El exceso de doctores sin clientela es una pérdida social: porque


si hubiesen consagrado su juventud y el dinero de sus familias á
prepararse de otro modo más práctico para las luchas de la vida,
serían más útiles á sí mismos y contribuirían más eficazmente
a la prosperidad nacional (“Cartas a Pascual”, El Cojo Ilustrado,
Caracas, 15 de noviembre de 1898: 771).

La larga estancia en Europa y la comparación social de aque-


llos países con el nuestro conllevó a que Fortoul criticara al mis-
mo sistema educativo que lo formó. De allí que una vez en el Mi-
nisterio y con un gobierno gomecista en estado de dictablanda,
ejecutara reformas y diseñara el Código de Instrucción Pública,
sancionado por el Congreso el 4 de julio de 1912. Las reformas
de Gil Fortoul giraron en profesionalizar la docencia y dotarla de
buena remuneración; fijar criterios para la enseñanza pedagógi-
ca, definiéndola como centrada, científica e integral, mientras la
educación se tomaba como intelectual, moral y física; dotar a las
instituciones existentes de material de estudio moderno y biblio-
tecas de calidad; crear mayores infraestructuras con los mismos
estándares; transformar la educación primaria, por ser la inicial,
en la más sólida; contratar, a falta de personal docente calificado,
maestros extranjeros; enviar al exterior a la juventud para contar
a corto plazo con profesionales nacionales de alto nivel y avezados
en las ideas del momento; multar a los padres y representantes
de los menores que incumplieran con el reglamento de la ins-
trucción obligatoria, pública y gratuita; implantar la educación
física y la higiene escolar; suprimir los castigos corporales, so pena
de ser expulsado el culpable; crear inspectores que velaran por el
cumplimiento de la ley de enseñanza; limitar, a voluntad pater-
na, la enseñanza religiosa de los niños en las escuelas; apoyar las
escuelas de artes y oficios para el fomento del trabajo producti-
vo y establecer una de agricultura, cría y veterinaria; creación de
corporaciones académicas según lo demande el país; establecer

114
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

colegios de niñas con materias no relegadas a la enseñanza mater-


nal y textil, sino además al de la taquigrafía, la mecanografía y la
química, proyectando a futuro mujeres desempañadas en oficios
de aplicación práctica.
El sistema de multa contra la violación de la ley de enseñanza
propiciaba disminuir, por sanción, el analfabetismo abismal que
imperaba en Venezuela. La afluencia estudiantil en las institucio-
nes primarias de enseñanza garantizaría una parte del progreso
deseado por Gil Fortoul y los positivistas. Por ello la educación
primaria “…debiera ser la más desarrollada, la mejor dotada, la
de métodos más perfectos, la de personal más apto” (Polanco Al-
cántara, 1983: 175). De nada sirve mejorar la educación superior
si la básica permanece endeble.
El proyecto “civilizatorio” en materia educativa de Gil For-
toul, además de reducir el analfabetismo, buscaba formar indi-
viduos de sólida cultura. No resultaba provechoso alfabetizar a
medias, sino tenazmente a los venezolanos. La demanda cualitati-
va de la enseñanza primaria, la única que la mayoría de los conna-
cionales recibía, pretendía construir sujetos, primero, provecho-
sos, y, segundo, de altos valores ciudadanos. El modo de edificar
hombres con costumbres alejadas de la “barbarie” y proclives a la
“civilización” era a través de la educación con la transformación
del medio instructivo.
El asunto de la profesionalización docente y la buena remu-
neración garantizaba el buen puerto del plan de cambio educati-
vo. Ya desde muy temprano (1898), Gil Fortoul denunciaba esta
problemática: “Entre nosotros, el profesorado no es una carrera
lucrativa” (“Cartas a Pascual”, El Cojo Ilustrado, Caracas, 15 de
noviembre de 1898: 772).
La poca exigencia al momento de contratar personas poco ca-
lificadas para el oficio generaba deficiencias. Por eso se promueve

115
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Caracas, julio-diciembre 2017

entonces la instrucción calificada de docentes y el otorgamiento de


un programa nacional de estudio acorde con las necesidades del
país. La remuneración, justa y necesaria, incentivaba la opción de
ejercer el profesorado; gente necesaria en aquella Venezuela carga-
da de masas analfabetas.
Durante su gestión ministerial se crearon cuarenta y dos es-
cuelas34. Gil Fortoul además fue precursor de la educación prees-
colar al preparar el terreno, según lo expresado en el Código de
Instrucción Pública, para la creación de jardines de infancia bajo
el método froebeliano35. Por último, es menester señalar que el 5
de diciembre de 1911 confirió una donación de 400 bolívares a la
Academia Nacional de la Historia; con el dinero se hizo posible
la publicación del primer boletín de dicha corporación el 31 de
marzo de 1912.
En la Presidencia continuó su labor como legislador edu-
cativo. El 28 de febrero de 1914 sancionó en Gaceta Oficial los
derechos y deberes de los maestros, régimen de licencia, estabi-
lidad laboral y jubilaciones. El 2 de marzo se publicó en el mis-
mo órgano oficial la organización del Conservatorio de Música
y Declamación a fin de dar gratis enseñanzas de música vocal e
instrumental. El 23 de marzo se reorganizó el Archivo Nacional36,
adjudicándole tomar toda la documentación de las oficinas na-
cionales pasada una década de su terminación. Se prohibió, por
decreto oficial del 24 de enero, negociar documentos públicos y

34 Dato suministrado por Tomás Polanco Alcántara.


35 El proyecto maternal fue llevado a la práctica por Felipe Guevara Rojas, el
16 de septiembre de 1913, con la fundación de la Escuela Materna o Jar-
dín de Infancia en la Escuela Normal de Mujeres de Caracas. Todo según
lo previsto por el Código de Instrucción de 1912 en su artículo 66.
36 El edificio del Archivo Nacional, ubicado anteriormente a escasos pasos
de la iglesia de Santa Capilla, fue inaugurado en 1911; no obstante, no es
sino hasta julio de 1912 cuando comienza a prestar servicio teniendo a
disposición 5.152 expedientes y legajos.

116
José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

objetos históricos sin consentimiento previo del Ejecutivo y ma-


nifestación del Estado en no adquirirlos.
Sin embargo, los proyectos de Gil Fortoul no encontra-
ron ecos de respaldo duradero dentro de las esferas gomecistas.
Gómez, preocupado por consolidarse en el poder salvando las
apariencias constitucionales, tampoco apoyó con vehemencia
las reformas. La empresa modificadora de Fortoul no consiguió
sobrepasar el muro cernido por sus opositores. Salido del poder
vieron sus detractores la hora necesaria para plantearle cara a sus
“exóticas” reformas.
La crónica jurídica del fin de la obra educativa de José Gil
Fortoul fue esta: En noviembre de 1914, el Ejecutivo Nacional dio
instrucciones al procurador general de solicitar a la Corte Fede-
ral y de Casación la anulación de varios artículos del Código de
Instrucción de 1912, por “contrarios” a la libertad de educación
garantizada por la Constitución. La Corte sancionó a favor de la
medida el 14 de diciembre. Al día siguiente el procurador solicitó
la nulidad de otros artículos a la Corte, por contrariar el vigente
Código de Hacienda. La medida fue favorable a la demanda de
la Procuraduría. La anulación de buena parte de los artículos del
Código por inconstitucional y opuesto a la libertad de enseñanza
era un hecho que solo se vio al abandonar su ejecutor la Presiden-
cia, condición que evidencia la acción, ahora sin ataduras, de la
oposición a Gil Fortoul.
El mismo Guevara Rojas, ministro de Instrucción Pública du-
rante la efímera actuación Ejecutiva de Fortoul, ayudó en la des-
articulación del reglamento educativo de 1912. Argumentó que el
Estado cercenaba la enseñanza privada, además de limitarla con
una estricta vigilancia. El resultado fue la sanción, el 19 de diciem-
bre de 1914, del Decreto Orgánico de la Instrucción Nacional, el

117
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

cual derogaba la educación controlada por el Estado37 defendido


en la legislación suprimida: “Toda persona libre en el pleno ejerci-
cio de sus derechos civiles puede fundar establecimientos docen-
tes y enseñar cualquiera rama del conocimiento, sin necesidad de
previa licencia ni sujeción a reglamentos, programas, métodos o
textos oficiales” (Memoria del Ministerio de Instrucción Pública,
1915, vol. II: 7)38. La inspección oficial quedaría relegada a la higie-
ne escolar, la moral y las buenas costumbres. El modelo aprobado
desmejoró la educación, haciéndolo no viable.
Asimismo, con estas acciones, los andinos, deseosos de im-
poner a su candidato Emilio Constantino Guerrero para la Pre-
sidencia encargada de 1913, cobraban a Gil Fortoul haberles ga-
nado la venia del dictador a la hora de manifestar la elección a su
favor. La celeridad (15 días) con la que se obró para poner freno al
Código parece ser muestra de ello. Le acusaban de ser un hombre
desconocedor de la realidad venezolana por su prolongado aleja-
miento. Pero además de ello, las mentalidades dominantes de la

37 El artículo 5 del Código de 1912 fue claro en ello: “Es atribución del Mi-
nisterio de Instrucción Pública vigilar por medio de los Funcionarios y
Corporaciones que de él dependen, la instrucción pública y privada, a fin
de que se cumplan las disposiciones de la ley”. Para ello se creaba la figura
de comisarios o agentes adscritos al ministerio, los mismos supervisaban
semanalmente el funcionamiento de las escuelas. El artículo 299 garanti-
zaba la enseñanza privada siempre y cuando esta cumpliera los requisitos
exigidos por la ley: “Tantos los venezolanos como los extranjeros resi-
dentes en Venezuela pueden fundar planteles de enseñanza, a condición
de que tanto el Director como el personal docente del plantel posean los
títulos requeridos nacionales o extranjeros para suministrar la enseñanza
oficial del mismo género. El Gobierno Nacional tiene el derecho de ins-
peccionar, por medio de sus agentes, los planteles particulares en todo lo
relativo a disciplina escolar, higiene y cumplimiento de las disposiciones
de este Código”.
38 Otra cuestión que contribuyó a la derogación del Código de Instruc-
ción Pública de 1912 fue el descontento de los sectores privados a causa
de la vigilancia y del trato preferencial que el Estado daba a las institu-
ciones públicas.

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José Gil Fortoul: Formación universitaria…
Javier Escala

época encontraron inconstitucional que el Código afectara parte


del fisco, bajo el argumento de no ser la educación “persona ju-
rídica”. La vendetta política contra Gil Fortoul acabó con un pro-
yecto reestructurador para la instrucción pública nacional. Otro
proyecto más, de los muchos, que no han tenido calado en su mo-
mento, sea por retaliación a su creador o descuido institucional.

Consideraciones finales

José Gil Fortoul fue sin duda uno de los mayores intelectuales del
positivismo venezolano durante el siglo XX. Su obra principal,
Historia constitucional de Venezuela, se convirtió en unos de los
primeros textos que buscó narrar la historia nacional desde una
óptica científica y civil. Hoy, a más de un siglo de su publicación,
conserva el estatus de clásico entre los historiadores contemporá-
neos, haciéndose imprescindible su consulta y estudio para aque-
llos cuyo campo de análisis es el siglo XIX.
Sin embargo, y a pesar de todas las consideraciones anterio-
res, Gil Fortoul ha sido poco explotado como fuente de estudio.
Lo tratado hasta la fecha se ha centrado en el ámbito historiográ-
fico y sociológico; concretamente en cómo concebía la historia y
la sociedad a través de sus obras Filosofía constitucional, El hom-
bre y la historia e Historia constitucional. En otros campos como
la política o su concepción jurídica lo abordado ha sido escaso,
por no decir nulo. Hay carestía de monografías que traten a pro-
fundidad su actuación diplomática, la cual le ocupó por más de
treinta años. El Gil Fortoul legislador también es poco conocido.
Más estudio puede salir de su correspondencia, discursos, artí-
culos y obras literarias.

119
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

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121
Tierra Firme No 113.
Caracas, julio-diciembre 2017, pp. 123-141

La construcción
del acueducto de Petare
durante el septenio guzmancista
(1870-1877)
Rebeca Padrón García
Instituto Pedagógico de Caracas
Resumen

Durante el septenio de Antonio Guzmán Blanco se llevaron a


cabo políticas y estrategias para la construcción de obras pú-
blicas para el progreso del país. A continuación se presentan
brevemente los trabajos correspondientes a la construcción del
acueducto de Petare, el cual tenía como objetivo principal be-
neficiar a la comunidad petareña que carecía del vital líquido.
Palabras clave: Acueducto, Petare, Septenio, Guzmancismo,
Obras públicas, Siglo XIX.

123
The Construction of the Petare Aqueduct
During Septenio Guzmancista (1870-1877)
Abstract

During the seven years of Antonio Guzmán Blanco, were carried


out policies and strategies for the construction of public works
for the country’s progress. Here is briefly the tasks related the
construction to Petare’s aqueduct, which was intended to benefit
the community main petareña lacking the vital liquid.
Key Words: Aqueduct, Petare, Seven, Guzmancismo, Engineer-
ing, Nineteenth Century.

124
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

Introducción

P ara reconstruir la historia de cómo fueron los trabajos de


construcción del acueducto de Petare es imprescindible re-
mitirse a la historia de Petare y los antecedentes que giran alre-
dedor del acueducto.
Petare, vocablo derivado de la lengua caribe cuyos fonemas
significan pet: cara y are: río, fue fundado el 17 de febrero de 1621,
como pueblo de doctrina de indios bajo la advocación del dulce
nombre de Jesús de Petare, por Pedro Gutiérrez de Lugo y el pa-
dre Gabriel Mendoza, quienes demarcaron el sitio donde se cons-
truían la plaza, el cementerio y bendijeron el lugar donde sería
levantada la iglesia para impartir la doctrina cristiana (Gómez,
2009: 46). Sus límites eran: al norte, las tierras de lo que será La
Urbina; por el sur, el río Guaire; por el este, la quebrada de Oro y
por el oeste el río Caurimare (Gómez, 2009: 46).
Petare cuenta con una superficie aproximada de 146.275 me-
tros cuadrados y está aproximadamente a 820 metros sobre el ni-
vel del mar a orillas del río Caurimare (Gómez, 2009: 43). Este
gran valle, situado al este de Caracas, era territorio fértil, rico en
diversas especies, antes de la llegada de los europeos a América, el
asiento indígena de lugar estaba dominado por los Mariches.
Posteriormente, desaparece la nación Mariches, se unen en
mestizaje, gracias al fuego del conquistador, por una parte, el abori-
gen lucha amparando sus tierras y por la otra perece abrazado por
el testarudo conquistador dando paso a nuevos patrones de pro-
ductividad, que cambiarán la morfología del cultivo y la nueva cría
(Gómez, 2009: 44).
Fue a finales del siglo XVII, cuando las viviendas proliferaron
en torno a la iglesia y cercanías del poblado; toda persona que se
dirigía hacia Barlovento, Valles del Tuy y el oriente del país, debía
detenerse en la pequeña población de Petare.

125
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

La ciudad fue progresando y con ella nació la élite donde los


apellidos de las grandes familias caraqueñas sonarán, tal es el caso
de Francisco Berroterán (el marqués del Valle de Santiago), due-
ño de la quebrada La Veja; Diego José Muñoz, propietario del he-
lechal; los Suárez Urbina entre otros (Gómez, 2009: 48).
De acuerdo con Susuki Gómez, el factor común de la llegada
de estas familias a estas tierras petareñas dio paso a la constitución
de grandes haciendas en donde se comercializaba caña de azúcar,
papelón, aguardiente, pues el clima favorecía estos rubros (Gó-
mez, 2009: 48). Por su parte, Coromoto Méndez Sereno afirma
que a finales del siglo XVIII llega el café a Petare (2012), lo cual
impulsaría las actividades económicas en la zona.

Acueducto de Petare

Para 1873, esta ciudad de calles rectas y empedradas contaba con


5.621 habitantes (Gómez, 2009: 63). El 15 de abril de 1873, el se-
ñor Manuel García, propietario de una hacienda de café, escribe
una carta al presidente del estado Bolívar (esto es cuando Petare
pertenecía a este estado junto a Guarenas y Guatire), solicitándole
reconsideración de por dónde debía construirse el acueducto, ya
que las aguas que pasaban por sus terrenos no eran lo suficiente-
mente abundantes para beneficiar a la población de Petare.
La Junta de Fomento del Distrito Capital emite una comu-
nicación contestándole al señor García y recordándole lo que
especifica el artículo 452 del Código Civil, el cual establece: “…
los propietarios del agua cualquiera que sea el título, no podrán
impedir el uso la que sea necesaria para el abar de las personas o
ganados de una población ni oponerse a las obras indispensables
para satisfacer esta necesidad”1.

1 Archivo General de la Nación (en adelante AGN), “Acueducto de Pe-


tare”, en Sub-Fondo República, Sección del Ejecutivo, Ministerio de Obras
Públicas, año 1876.

126
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

El 3 de junio de 1873, el Ejecutivo del Estado Bolívar, dicta una


resolución en vista de las dificultades expresadas por el doctor Ma-
nuel Felipe García:

Vista la representación dirigida a este despacho por el ciudada-


no doctor Manuel Felipe García, y las demás dificultades que ha
ofrecido hasta ahora la obra necesaria para conducir el agua a
esta ciudad se resuelve: nombrar al general Andrés Level, inge-
niero de la república para que previo estudio de los terrenos y
vertientes de agua potable inmediatos a la población, informe a
la mayor brevedad de cuál de ellas y qué costo se puede llevar a
cabo la obra proyectada con más facilidad2.

El 4 de junio, el general e ingeniero Andrés Level le envía al


secretario general del Estado Bolívar la carta de aceptación a la
misión de elaboración de estudios para la construcción del acue-
ducto, asimismo, envía el informe correspondiente para la reali-
zación del mismo.
El ingeniero en el informe explica cuáles son las quebradas
más idóneas para surtir a la población petareña de agua potable:

Las vertientes más cercanas son las quebradas Galindo, Caurima-


re i Santa Rosa. La primera i la segunda están ocupadas en abso-
luto para regar todo el vasto campo que puede llamarse “la olla
de Caurimare” en que se encuentran tres ingenios en ejercicio
una destruida su maquinaria i otra hacienda cuya maquinaria es
movida por bueyes. La distracción de esta agua destruye en parte
esa gran producción que da importancia a la población3.

2 Ibíd., s/f.
3 Ibíd., s/f.

127
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

El ingeniero recomienda que ambas pueden traer el preciado


líquido a la ciudad a pesar de que el agua de la quebrada de Galin-
do tendría que atravesar la colina que se encuentra de este a oeste
de la corriente de la quebrada de Caurimare. Level advierte que la
quebrada Caurimare puede llevar el agua con más facilidad que
la quebrada de Galindo, “…ya que no posee piedra calcárea, y ésta
última atravesaría por las haciendas Píritu i Caurimare, salvando
la quebrada Píritu con un tubo de mampostería”4.
El general e ingeniero ve factible esta opción ya que no se-
ría tan costosa la construcción, “…creo conveniente que se tome
para el uso de la población, el agua de la quebrada Santa Rosa”5.
Más adelante menciona cuánto dinero costaría:

Para que las aguas no disminuyan juzgo que, con un gasto de


ciento veinte venezolanos, puede comprarse para la población
el centro de tierra i bosques correspondiente que forman su ver-
tiente. Esta compra puede hacerse de por mitad a los dueños de
las posesiones Santa Rosa i Piritu6.

El ingeniero con respecto a los terrenos que habla el doctor


Manuel Felipe García dice:

La quebrada Santa Rosa nace en la posesión del mismo nombre i


sigue su curso en toda la extensión norte-sur de la referida pose-
sión i el derecho para regar con esas aguas lo tiene exclusivamente
la viuda del señor Pedro Luqués, i me ha sido muy estraño que el
señor doctor García no sólo pretenda este derecho, sino que deje
de usar el agua de la quebrada que se encuentra al naciente de su

4 Ibíd., s/f.
5 Ibíd., s/f.
6 Íd..

128
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

posesión la cual le servirá para el beneficio de su café i para regar


algunos terrenos7.

El ingeniero Level no presenta el presupuesto solicitado por


el Gobierno debido a que debe realizar estudios científicos más
exhaustivos para poder determinar el costo total de la obra, se ig-
nora si con el tiempo presentó dicho presupuesto, ya que no se
encuentra ningún documento al respecto en el expediente.
El 26 de junio de 1873, el señor Silvestre Paz, vecino de la
comunidad petareña, ante el Registro en la Oficina Subalterna del
Distrito Capital Petare, dona sus terrenos de la hacienda Santa
Rosa, por medio de una escritura, para beneficio de la población
petareña y la construcción del acueducto:

…y todo lo dono, cedo, renuncio y traspaso a favor de los veci-


nos de la ciudad de Petare, para el beneficio del agua potable de la
población, reservándome solo un chorrito de agua para beber, lo
indispensable para el uso exclusivo de mi casa8.

Al parecer, el doctor Manuel Felipe García, vecino del ciuda-


dano Paz, reclamaba que le debían pagar una indemnización por-
que el acueducto pasaría por la quebrada que se encontraba en la
hacienda Santa Rosa. Al presentar los documentos de propiedad,
estos no decían nada sobre la propiedad de las aguas, sino como
linderos, así que el reclamo no prosperó y se siguió trabajando
sobre el acueducto en beneficio de la comunidad petareña.
Posteriormente, se le conceden al señor Manuel Felipe
García los permisos correspondientes para que se abasteciera
del agua necesaria de la quebrada para uso de su hacienda, sin

7 Ibíd., s/f.
8 Ibíd., s/f.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

dejar la población de usar de la misma, esto molestó al señor


García y siguió a instancias mayores reclamando sus derechos.
Para marzo de 1874, ya no se encontraba el ingeniero Level
trabajando en el acueducto. En los documentos de la época se
evidencia la presencia del ingeniero Casañas, quien cobraba 160
venezolanos por hacer los estudios y el presupuesto necesario
para el acueducto petareño. El ingeniero Casañas, en el informe,
comenta lo siguiente sobre las aguas potables:

El agua del río Caurimare y la de sus afluentes Píritu y Asaquire, no


es potable, pues del escamen que he hecho de ella, resulta que con-
tiene en gran cantidad carbonato de cal, sustancia nociva a la salud
(…) siendo la plaza de la ciudad el puesto más alto que se encuen-
tra a mayor altura, allí debe construirse un pequeño estanque, que
recibiendo el agua del entubado haga el reparto en la población,
éste estanque tendrá 1,50 metros de largo por 1 metro de ancho y 1
metro de profundidad9.

Esto contradice lo dicho anteriormente en el informe el inge-


niero Level, ya que al ser aguas poco saludables no podían ser des-
viadas hacia la población de Petare.
El presupuesto presentado por el ingeniero Casañas era de
5.972,75 venezolanos, así mismo le escribe al presidente del es-
tado Bolívar que su trabajo vale más que 160 venezolanos, pero
como le tiene simpatía al estado podrá hacerlo por ese valor.
El 10 de junio de 1873, los ciudadanos Silvestre Paz y la se-
ñora Petronila García de Luqués, vecinos de la comunidad peta-
reña y del señor García, donan al Consejo Municipal del Estado
Bolívar sus terrenos por donde pasan las quebradas necesarias
para la construcción del acueducto a beneficio de la población,
sin costo alguno.

9 Ibíd., s/f.

130
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

El 26 de junio de 1874, vecinos de Petare le escriben una carta


a Antonio Guzmán Blanco, el Ilustre Americano, para que inter-
ceda a beneficio de la población, ya que es de mucha importancia
el agua potable en la localidad:

La noble i generosa iniciativa que habéis tomado en todas las em-


presas que tienden al progreso intelectual, a la mejora moral i el
bienestar material de los venezolanos nos alienta para dirijirnos a
vos pidiendo vuestra protección en una obra de interés vital para
todos los habitantes de esta ciudad10.

Los habitantes le mencionan que si bien la quebrada del río


Caurimare es la más cercana a la población, sus aguas están con-
taminadas y no son aptas para el consumo humano, pues deben
tener ciertas cualidades y estar libres de ciertos principios noci-
vos, al respecto están en conocimiento de que estudios realizados
a las aguas por los ingenieros y científicos, han dado como resul-
tado que no deben ser utilizadas para el acueducto.
Con respeto al agua potable que se debe tomar y consumir,
los habitantes de Petare se refieren a los dueños de haciendas
que no desean el bienestar de la población: “Las aguas pota-
bles están distantes de este vecindario, de manera que sólo pueden
proporcionárselas las personas acomodadas, quedando expuesta la
mayoría de la población a las fatales consecuencias consiguientes al
uso de aguas impuras”11.
Le solicitan formalmente al Ilustre Americano que inter-
ceda por el bien de las personas:

…volvemos hacia vos nuestros ojos, ya que os mostrais por todas


partes cómo la providencia del pueblo venezolano, e impetramos

10 Ibíd., s/f.
11 Ibíd., s/f.

131
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

vuestra poderosa ayuda para que os sirvais dar cima a una obra,
que si puede ser pequeña comparada a los gigantescos trabajos que
por doquiera emprendeis, es grande si se atiende a que dá la vida a
una población, que por tantas otras razones, ve en vos el constante
ajente de toda obra de progreso i utilidad en Venezuela12.

Sin duda alguna la carta refleja no solo una necesidad de vida,


sino que además plasma un sentimiento, una visión de país com-
partida con el Ilustre Americano, que creía en el progreso a través
de las obras públicas.
El acueducto de Petare se atrasó durante un largo tiempo de-
bido a los problemas existentes con el señor Manuel Felipe Gar-
cía, quien se oponía rotundamente a que tomaran las aguas de la
quebrada cercana a su hacienda, la cual no le pertenecía, según
el Código Civil de 1873, esto no traía nada beneficioso para la
población petareña que estaba creciendo y necesitaba abastecerse
de agua potable, para así evitar más epidemias a la ciudad. El se-
ñor García solo pensaba en su beneficio y protagonismo personal,
poco le importaba si “los pobres de Petare”, como los llamó en
una de sus cartas, no tenían el vital líquido.
El 27 de marzo de 1876, la Dirección de Vías de Comunica-
ción i Acueductos del Ministerio de Obras Públicas resuelve: “De
Orden del Ilustre Americano, Presidente de la República, se nom-
bra al ciudadano General Julián Churión, Director científico de los
trabajos que deben generarze para la construcción del acueducto
de Petare, con el sueldo de ciento veinte venezolanos mensuales”13.
El ingeniero Julián Churión14 debía levantar los planos y reali-
zar el presupuesto para la construcción de la obra, para realizar sus
funciones debía entenderse con el presidente del estado Bolívar.

12 Ibíd., s/f.
13 Ibíd., f. 25.
14 Íd.

132
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

El 30 de marzo de 1876, el Ejecutivo del estado Bolívar escri-


be al ministro de Obras Públicas sobre la buena noticia de tener
asignado un ingeniero para la construcción del acueducto:

Anoche se ha recibido en este despacho la nota en que se me


participa que el Ilustre Americano ha tenido a bien disponer la
construcción del acueducto de Petare (…) Tan fausta noticia fue
celebrada por el pueblo petareño con demostraciones de alegría.
A pesar de lo avanzado de la noche, prorrumpieron los ciuda-
danos en gritos de alboroto, quemaron fuegos artificiales (…)
como petareño, como ciudadano y como Magistrado siento un
inmenso reconocimiento hacia el Ilustre Americano por tan in-
signe favor, y me apresuro á presentar la expresión de estos sen-
timientos al noble Jefe de la República y á su liberal Gobierno.
El Ejecutivo del Estado y el pueblo prestarán a la obra toda la
cooperación de que es capaz la gratitud unida al entusiasmo y a
la conveniencia. Dios y Federación15.

Ahora bien, el problema sobre la propiedad de las aguas y


en qué terrenos se encontraban las mismas se alargó hasta 1876,
cuando el doctor Manuel Felipe García le escribe una carta a su
amigo personal, el presidente de la República, Antonio Guzmán
Blanco, en ella le dice lo siguiente:

En 1856 compre una hacienda de café en jurisdicción del distrito


Petare, con todo lo contenido dentro de sus linderos inclusive las
aguas corrientes que constituyen la quebrada de Guanicaro (Santa
Rosa). En la misma fecha obtuve del sr. Silvestre Paz, por donación
que se me hizo en virtud de una escritura pública, el derecho de
tomar las aguas de dicha quebrada dentro de su propia posesión,
que colinda con la mía, suerte pues que las aguas de la quebrada
de Guaricaro me pertenecen, dentro de mi hacienda por compra

15 Ibíd., f. 15.

133
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

que hize de ellas, y fuera de mi hacienda también pertenecen por la


posesión irrevocable que el sr. Paz me hizo de ellas16.

El señor García le explica al Ilustre Americano que ha disfru-


tado de la propiedad del agua desde el año 1856, y que en abril de
1873, la Junta de Fomento del Distrito Petare resolvió tomar las
aguas de su hacienda y desviarlas hacia la población de Petare de
una manera inusitada y por encima de las leyes y de la Constitu-
ción. El doctor García menciona que ha asistido a varias instan-
cias, primero al presidente del estado Bolívar, luego al magistrado
del estado, posteriormente a una instancia judicial solicitando
un amparo pero la Junta de Fomento apeló, “…todos se unieron
contra mí, unos por orgullo y otros por egoísmo”17.
A decir verdad, puede indicarse que el doctor García no solo
era orgulloso, sino egoísta con la población de Petare, ya que en
esta carta sugire que no es necesario emplear las aguas de su ha-
cienda porque las de los ríos Caurimare y Galindo están más cer-
canas, las mismas que, según el informe del ingeniero Casañas,
carecían de potabilidad y eran poco recomendables para consu-
mo humano.
El señor Manuel Felipe García se despide en su carta mos-
trando cierta ambigüedad en el sentido de las respetabilidades
ante la ley, acude al presidente de la República para que interceda
por sus tierras, ya que el ingeniero Julián Churión le informó per-
sonalmente que por órdenes del Gobierno tenía que desviar las
aguas a beneficio de la población petareña, pero ya finalizando la
misma expresa:

… Ahora si es el Ilustre Americano Presidente de la República, el


que necesita el agua de mi hacienda para fuentes de Petare, está

16 Ibíd., s/f.
17 Ibíd., s/f.

134
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

a su disposición, sin reservas, en la inteligencia de que, la tomará


como lo hace siempre que usa de la propiedad particular, en bien
público, observando escrupulosamente…18.

Lo cierto es que cuando el señor García no fue favorecido por


el amparo requerido por él, el pueblo petareño salió a las calles a
festejar la sentencia a favor de la comunidad:

La alegría estaba retratada en todos los semblantes, pocos hom-


bres se quedarían en esos momentos en el interior de sus casas, y al
encontrarse unos con otros en las calles, se preguntaban gozosos:
¿ya sabes el resultado? (…) a penas se pronunció la sentencia, el
pueblo se entregó a mui elocuentes demostraciones de su regocijo.
Aquello fue la explosión, acorde y espontánea, de un placer natural
con indecible…19.

La población petareña celebró la decisión del tribunal a fa-


vor de la construcción del acueducto de Petare que abastecería
de agua potable de la ciudad; los petareños a las siete de la noche
festejaban en las calles con fuegos artificiales, posteriormente con
música y serenatas, entre cohetes y disparos de cañón, la concu-
rrencia expresaba el valioso obsequio:

El pueblo alrededor de las diez de la noche siguió a la casa


habitación del señor licenciado Tomás Lander, Juez de 1ª ins-
tancia, a obsequiarlo con la música, porque no obstante haber
sido él quien pronuncio la sentencia apelada, cediendo a su
conciencia jurídica20.

18 Ibid., s/f.
19 La Tribuna, nº 8, Petare, 7 de agosto de 1873, s/f.
20 Íd.

135
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Los festejos se extendieron hasta la una de la mañana cuan-


do se retiraron a sus casas. La problemática de las aguas no dejó
avanzar la labor del general e ingeniero Churión, aunque realizó
algunos trabajos, como el embaulamiento y las tuberías a lo largo
del año 1876 y parte de los dos primeros meses de 1877, cuando
se presentó un nuevo inconveniente, esta vez no solo para la co-
munidad petareña, sino para el director científico del acueducto
de Petare, el ingeniero y general de división Julián Churión.
El 20 de febrero de 1877 finaliza el mandato del Ilustre Ame-
ricano, Antonio Guzmán Blanco, y Francisco Linares Alcántara
gana la presidencia de la República. El general de ingenieros, Ju-
lián Churión, le escribe ocho días después al Ministerio de Ha-
cienda, al parecer se le había solicitado alguna clase de supervi-
vencia, es decir, pruebas que evidenciarán que estaba trabajando
en el acueducto de Petare, ya que no existía ningún registro. En
la Memoria y cuenta del Ministerio de Obras Públicas, en el punto
referente al acueducto de Petare estaba detallado todo lo referente
a los trabajos que había estado realizando desde marzo de 1876.
Churión escribe en la carta:

Julián Churión, ingeniero, ante U. Respetuosamente expongo:


que necesitando comprobar mi supervivencia en el desempeño
de las obligaciones que me impone el carácter de Director de los
trabajos científicos del Acueducto de Petare, para que fui nom-
brado (…) se sirva certificar qué cantidad he recibido por sueldos
devengados en el trabajo que se me confiara; cuya gracia no dudo
alcanzar de U. en obsequio de su rectitud en el servicio público21.

El Ministerio de Hacienda transfiere varios documentos a


la Tesorería del Ministerio de Fomento para que certificaran los
sueldos y los pagos realizados al ingeniero Churión. La Tesorería

21 AGN, “Acueducto de Petare”, en Sub-Fondo República, Sección del Ejecu-


tivo, Ministerio de Obras Públicas, año 1876.

136
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

Nacional de Fomento certificó el 8 de marzo al Ministerio de Ha-


cienda lo siguiente: “…según libros de la cuenta de esta oficina el
ciudadano Gral. Julián Churión ha recibido la suma de trescien-
tos setenta i seis venezolanos, por sueldos como Director científi-
co de los trabajos del acueducto de Petare22”.
El general e ingeniero Julián Churión decide escribirle una
carta al presidente de la República, Linares Alcántara, exponién-
dole su caso y que se le debe todavía parte de sus sueldos:

…fui nombrado director científico de los trabajos que deben eje-


cutarse para la construcción del acueducto de Petare, con el suel-
do de ciento veinte venezolanos mensuales; los principales tra-
bajos que hize merecieron la aprobación del Ejecutivo Nacional
y fueron coleccionados en la Memoria del Ministerio de Obras
Públicas, página 184 y en el atlas anexo a la mencionada obra23.

Churión adjunta una certificación donde se evidencia que


solo ha devengado trescientos setenta y seis venezolanos, así mis-
mo aprovecha para referir la problemática de los terrenos y de las
aguas en la localidad petareña:

…las cuestiones que se presentaron entre el municipio de


Petare y los supuestos dueños de las aguas, cuya derivación
constituiría el acueducto susodicho, parece que autorizaron al
ciudadano Ministro de Obras Públicas en aquella época para
decirme “mientras no se deslindaran los derechos respectivos,
no quiere el Ilustre Americano que se le hable de esa obra”.
Mis diligencias en este asunto no han bastado para encontrar
la solución apetecida, pues todavía se agita por la prensa dicha
cuestión, y como por otra parte aún no se me ha comunicado

22 Ibídem, s/f.
23 Ibíd., s/f.

137
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

la orden de cesar en mis instancias, y la ley me prohíbe sepa-


rarme del empleo sin ser sustituido en él, no he querido obrar
a otra ocupación por no perder mi derecho y por no exponer-
me a la responsabilidad que establece la citada ley24.

Churión le manifiesta al presidente de la República que desde


el 20 de marzo de ese mismo año no ha recibido un nuevo nom-
bramiento para ocuparse de una nueva obra. Posteriomente se
despide en la carta de este modo: “Como en esta solicitud se inte-
resa la justicia que me asiste, no dudo alcanzar de U. la resolución
que pido y que me libertará de los compromisos que he aceptado
a costa de mi trabajo profesional”25.
La situación se complicó cuando la Dirección de Vías de Co-
municación y Acueductos del Ministerio de Obras Públicas escri-
be un informe refiriéndose al dinero que se le adeuda al general
e ingeniero Churión, diciendo que no se encuentra justificada la
solicitud del general Churión y que, según la Memoria y Cuenta
del Ministerio de Obras Públicas, que él menciona en el oficio:

…sólo se refieren a los trabajos de exploración i levantamien-


to de planos, cuyo trabajo verificado por el susodicho ingeniero
hizo revivir la controversia suscitada en años anteriores entre el
Consejo Municipal de la ciudad de Petare i el poseedor de las
aguas que se destinaban al acueducto proyectado26.

Sin duda alguna, se plasman dos visiones totalmente dife-


rentes, si bien el gobierno de Guzmán Blanco había encargado
los trabajos del acueducto de Petare para beneficiar a la pobla-
ción, y diversas instancias aprobaron la construcción del mismo,

24 Ibíd., s/f.
25 Ibíd., s/f.
26 Ibíd., s/f.

138
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

la misma dirección del Ministerio de Obras Públicas avala ahora


la propiedad de las aguas al hacendado Manuel García, cuando
en la carta expresan que las aguas no se destinaban al acueducto
de Petare, es decir, ya los trabajos no serían atendidos y la pobla-
ción sería abandonada.
En cuanto al dinero que se le debía al ingeniero Julián Chu-
rión, no se han encontrado registros que reflejen si la duda le fue
cancelada o no, lo cierto es que el 20 junio de 187727, el Ministerio
de Obras Públicas envía una comunicación donde se ratifica al
ingeniero Julián Churión como funcionario del ente ministerial.
Seis días después el ministerio lo asigna como miembro de la co-
misión para el avalúo de los trabajos ejecutados por la empresa
del señor Antomarchi Herreros en el ferrocarril Caracas-La Guai-
ra (González Guinán, 1954, t. XI: 305).
Si bien poco después el gobierno de Linares Alcántara decidió
seguir la política de continuar algunas obras públicas de su ante-
cesor por considerar que las mismas brindaban beneficios al país,
no fue sino hasta 1880, durante el segundo gobierno de Guzmán
Blanco (1879-1884), que se retomarían nuevamente los trabajos
del acueducto de Petare, para la fecha ya el ingeniero Julián del
Sacramento Churión Alberro había fallecido, dejando importan-
tes avances en los trabajos de la obra del acueducto de Petare.
Mediante un decreto de 1876, Guzmán Blanco había desig-
nado 14 mil venezolanos para la construcción del acueducto,
dinero que nunca se reflejó en la obra, por lo que para 1879 el
Concejo Administrador del Distrito Urbaneja, es decir de Peta-
re, expresa lo siguiente:

Considerando: que los trabajos preliminares de dicha obra co-


menzaron a fines de la fecunda i progresista Administración del

27 AGN, “Nombramientos de 1870 a 1889”, en Sub-Fondo República, Sec-


ción del Ejecutivo, Ministerio de Obras Públicas, s/f.

139
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Septenio, quedando interrumpidos por la separación del Ilustre


jefe del país i considerando: Cada día se hace más i más necesario
dotar a esta población de agua…28.

En definitiva, el consejo acuerda ordenar la continuación del


acueducto en función de “consagrar todos sus desvelos al engran-
decimiento i bienestar de los pueblos”29.

Fuentes

Primarias
Documentación de archivo
Archivo General de la Nación (Venezuela) (AGN)
“Acueducto de Petare”, en Sub-Fondo República, Sección del Ejecuti-
vo, Ministerio de Obras Públicas, año 1876.
“Nombramientos de 1870 a 1889”, en Sub-Fondo República, Sección
del Ejecutivo, Ministerio de Obras Públicas.
Archivo del Registro Civil de La Parroquia La Candelaria
Libro de defunciones, no 14, año 1878.

Hemerográficas
La Tribuna, Petare, 1873.

Secundarias
Bibliográficas
Gómez, S. (2009). La Dolorita: Ejercicio de reconstrucción histórica. Cara-
cas: Centro Nacional de Historia, Colección Monografías.

28 Ibíd., s/f.
29 Ibíd., s/f.

140
La construcción del acueducto de Petare…
Rebeca Padrón García

González Guinán, F. (1954). Historia contemporánea de Venezuela. Ca-


racas: Ediciones de la Presidencia.
Olivar, J. A. (2004). Caminos y carreteras en Venezuela. Caracas: Coma-
la.com.
Padrón, R. (2012). Julián Churión y su contribución en el proceso de
modernización de Venezuela durante el septenio guzmancista. Ca-
racas: Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad
Central de Venezuela. Trabajo de grado de la Maestría en Historia
de Venezuela Republicana.

Digitales
Méndez, C. (2012). Petare a través del tiempo. Los Teques: Biblioteca
de Autores y Temas Mirandinos, disponible en http://suzuky-
margaritagomez.blogspot.com/2007/06/notas-acerca-de-
petare-en-la-historia.html [consultado el 30 de mayo de 2012].

141
Tierra Firme No 113.
Caracas, julio-diciembre 2017, pp. 143-180

Por qué el joropo es venezolano


y no colombo-venezolano.
Apuntes histórico-geográficos
Oscar Battaglini Suniaga
Universidad Central de Venezuela
Resumen

El presente trabajo realiza un análisis histórico sobre la evolu-


ción de las fronteras político-administrativas del territorio co-
rrespondiente hoy a la República Bolivariana de Venezuela, es-
pecialmente tomando como punto de referencia las que existían
cuando Venezuela se constituye en Capitanía General durante el
año 1777. En tal sentido, constituye no solo un documento que
resalta el progresivo despojo territorial del que ha sido objeto
nuestro país durante su período republicano, sino que demues-
tra, desde un punto de vista estrictamente geográfico, cómo una
de nuestras expresiones socioculturales más características, el
joropo, si hoy se le considera como producto compartido de las
dos naciones, en realidad se debe a que donde se cultiva actual-
mente en el territorio de la vecina Colombia –tres de sus treinta y
dos departamentos–, es porque precisamente dichos territorios,
durante el dilatado período colonial, correspondían a la antigua
Provincia de Guayana (Venezuela). Sin entrar en detalle en as-
pectos de índole musicológica, se traza como objetivo ejemplifi-
car, además, que el dialogismo entre disciplinas –interdisciplina-
riedad– ofrece siempre miradas que no siempre resultan obvias
o transitadas en las ciencias sociales y humanísticas.
Palabras clave: Joropo, Capitanía General, Colombia, Agustín Co-
dazzi, Fermín Toro.

143
Why the Joropo is Venezuelan
and Not Colombo-Venezuelan.
Historical-Geographic Notes
Abstract

The present work makes a historical analysis on the evolution of


the political and administrative frontiers of the territory corre-
sponding today to the Bolivarian Republic of Venezuela, espe-
cially taking as reference point those that existed when Venezuela
became General Captaincy during the year 1777. In this sense, it
constitutes not only a document that highlights the progressive
territorial dispossession of our country during its republican pe-
riod, but also demonstrates, from a strictly geographical point
of view, how one of our most characteristic socio-cultural ex-
pressions, Joropo, if today is considered a shared product of the
two nations, is actually due to the fact that where it is currently
cultivated in the territory of neighboring Colombia –three of its
thirty-two departments– the long colonial period, corresponded
to the ancient Province of Guaya in (Venezuela). Without go-
ing into detail in musicological aspects, the goal is to exemplify,
moreover, that dialogism between disciplines –interdisciplinar-
ity– always offers glances that are not always obvious or carried
over in the social and humanistic sciences.
Key Words: Joropo, Captaincy General, Colombia, Agustín Co-
dazzi, Fermín Toro.

144
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Preliminares

C orren los últimos días del mes de julio de 2015. En los predios
del parque Los Caobos se desarrolla la Sexta Edición de la Feria
del Libro de Caracas. El stand que nos toca regularmente atender
en este tipo de eventos –perteneciente a la Coordinación de Publi-
caciones de la Defensoría del Pueblo–, en esta oportunidad se ubi-
có cerca de la recientemente restaurada fuente central, engalanada
con las míticas esculturas de Ernesto Maragall. Aunque no le dimos
mayor importancia al comienzo de esta historia, por esos azares
del destino nuestro stand estaba flanqueado, por un lado, por el
de la Fundación Empresas Polar –colocación que para nosotros
obedecía a una sana ironía de los organizadores para con nuestra
institución, dado el clima político que vivimos– y, por el otro, al del
Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar (Igvsb).
A las personas que atendían este último stand ya las cono-
cíamos, pues habíamos tenido oportunidad de compartir en una
circunstancia similar, la Feria Internacional del Libro de Venezue-
la, Capítulo Bolívar en el año 2013. En esa ocasión tuvieron la
gentileza de regalarnos una reproducción del Venezuela cum parte
Auftrali Novae Andalusiaæ (La provincia de Venezuela y la par-
te austral de Nueva Andalucía), mapa publicado por vez prime-
ra alrededor del año 1635 por el cartógrafo y grabador flamenco
Henricus Hondius (la copia del Igvsb es del impresor inglés John
Ogilby, Londres, 1671).
Siempre hemos sido aficionados a los mapas; quizá por el con-
vencimiento que tenemos de que no son solo herramientas car-
tográficas, sino obras de arte. Tan es así, que una vez tuvimos la
peregrina idea –probablemente porque en la Universidad Central
de Venezuela la Escuela de Historia queda al lado de la de Geogra-
fía– de estudiar ambas carreras de manera sincrónica. Sin embar-
go, la flojera, complementada por una obsesiva vocación musical,
nos apartó prontamente de la referida pretensión. No obstante,

145
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

nuestro amor por los mapas prosigue hasta hoy, pues ellos nos han
servido para explicar determinadas realidades históricas y musi-
cológicas que, de otro modo, serían muy difíciles de exponer con
claridad ante un auditorio de formación académica heterogénea.
Una de esas oportunidades tuvo lugar pocos meses después de
haber adquirido el mapa en cuestión. A principios de diciembre
de 2013 asistimos, junto a nuestra compañera de dúo, la pianista
Geraldine Henríquez Bilbao, al Congreso Sones de Ida y Vuel-
ta. Músicas Coloniales a Debate (1498-1898), en la sede Antonio
Machado de la Universidad Internacional de Andalucía, ubica-
da en el palacio renacentista de Jabalquinto, Baeza. Por supuesto,
más allá del contenido de nuestra ponencia, los anfitriones anda-
luces que nos dispensaron en aquella oportunidad quedaron to-
talmente encantados –mapa mediante– con el hecho de que gran
parte de la región venezolana oriental objeto de nuestros estudios
musicológicos en la actualidad, durante el período colonial, se de-
nominase desde 1568 hasta 1810 “Provincia de Nueva Andalucía”.
Ese mapa, que sobrevivió a un azaroso viaje trasatlántico de
ida y vuelta, no soportó, empero, el rigor subsiguiente tras haber
caído en manos de nuestro pequeño hijo Diego, quien contaba
para entonces con cinco años de edad. De ahí nuestra compla-
cencia por tener, nueva e inesperadamente en otra feria del libro,
a los amigos del Igvsb al alcance de la mano –literalmente hablan-
do–, para reponer la sensible pérdida. Ellos nos informaron con la
amabilidad que los caracteriza, que con la compra de cualquiera
de los mapas que tenían en exhibición me reponían el de mi par-
ticular interés, ya que como se les había agotado el papel de emba-
laje, estaban usando los inventarios excedentes que tenían de ese
mapita –impreso en papel glasé 120– para envolver los cilindros
(cosas insólitas que solo pasan en Venezuela; el único país donde
las cucarachas vuelan, como decía un célebre expresidente). Así
que nos decidimos a comprar un mapa de pliego completo que
nos llamó mucho la atención, pues en él se mostraban claramente

146
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

las antiguas delimitaciones geográficas de nuestro país –cuando


éramos Capitanía General– indicando, sin mayor exposición y de
manera harto elocuente, la progresiva expropiación territorial a
la que hemos sido sometidos por nuestros no siempre amables
vecinos (Colombia y Brasil fundamentalmente).
Reflexionábamos acerca de eso. Nos preguntábamos cómo
había pasado que una nación que libertó –o mejor dicho, creó–
cinco naciones sin ninguna pretensión imperialista (algo único
e irrepetible en la historia universal; otra vez volvemos sobre las
cucarachas voladoras), haya sido objeto de tal saqueo de sus fron-
teras; de tal lenidad por parte de los funcionarios que tenían la
expresa misión de defenderlas, quienes las cedieron mansa y tran-
quilamente. Pero, sobre todo, nos parecía extremadamente absur-
do que todo aquello pasara sin que hubiese ocurrido nunca lo
contrario (que Venezuela le hubiese arrebatado siquiera un cen-
tímetro de tierra a cualquiera de sus vecinos o tenido la remota
intención de defender los territorios enajenados).
Mientras así pensábamos en “modo historiador”, llegó el
oportuno comentario de un amigo. Del periodista y escritor Luis
Laya, quien a su vez había adquirido la misma carta geográfica
que tenía en mis manos. Dicen que los poetas siempre hablan
con la verdad. Sus palabras nos hicieron ver un poco más allá de
lo evidente. Dicho de otra forma, el “modo musicólogo” se ac-
tivó definitiva y permanentemente en nosotros, sustituyendo al
“modo historiador”, con las palabras del poeta Laya, que nos to-
mamos la libertad de reproducir literalmente acá: “¿Viste, Batta?
Por eso es que dicen que el joropo también es colombiano. ¡Claro!
¡Si la zona donde siempre se ha tocado allá antes era venezolana!”.
Participado lo anterior a nuestra Geraldine, que como bue-
na scout “siempre está lista”, expresó: “Nunca he estado de acuer-
do con eso de que el joropo llanero es colombo-venezolano. Ese
mapa así lo demuestra. Hay que escribir un artículo”.

147
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Y, finalmente, redactado un primer borrador de este traba-


jo y enviado a nuestro amigo, el cuatrista e investigador Ángel
Martínez, él nos instó a profundizar y establecer con mayor pre-
cisión todo lo que tuviese que ver al respecto, dadas sus evidentes
repercusiones musicológicas. No lo sabíamos, pero por una de
esas frecuentes sintonías que le ocurren a los músicos, ambos nos
encontrábamos pensando sobre el mismo tema y al mismo tiem-
po desde hacía semanas. El maestro nos espetó: “Los venezolanos
hemos sido muy descuidados a la hora de proteger no solo nues-
tras fronteras, sino nuestra cultura. Es un paso importante ese
que has dado. Hay otros hechos de igual relevancia, más allá de
las delimitaciones fronterizas que mencionas. Me alegra mucho
que entres en ese tema de la frontera. Es fundamental aclararlo”.
Pues bien, maestro: Creemos que lo que sigue a continua-
ción, sin ánimo de sentar doctrina, tampoco es un escueto ensayo
para despachar con dos o tres respaldos documentales un tema
de la mayor relevancia. Al contrario, deseamos con este esfuerzo
llevar algo de luz a un asunto que, sin duda, pocos venezolanos de
este tiempo conocen cabalmente.

Planteamiento

Es sabido que nuestra forma musical nacional emblemática y


por excelencia, el joropo –el cual abarca indiscutiblemente toda
la geografía venezolana–, desde su temprana existencia también
se ha practicado en los llanos orientales colombianos, funda-
mentalmente en los actuales departamentos de Arauca, Meta y
Casanare. Como resultado, no solo compartimos con Colombia
el joropo en su expresión llanera, sino los instrumentos que le
son característicos: el arpa, el cuatro, la bandola y las maracas.
Debido a ello, no son pocos –principalmente del otro lado del
Orinoco– los que afirman que se trata de una expresión cultural
compartida; algo “colombo-venezolano”. Un elemento a favor

148
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Los mapas son fuente de información y la información es poder. Es por ello


que la historia de la cartografía está llena de espías, mentiras y disfraces.
Val Ross, El asombroso camino de los mapas.

de este argumento lo constituye la indudable unidad geográfica


y sociocultural de los llanos colombo-venezolanos, la cual corre
al margen de los actuales –y muchas veces impuestos, como ve-
remos– límites políticos internacionales.
Sin embargo, en contra de tal razonamiento surge una verdad
incontestable, la cual pasamos de inmediato a explicar.
El joropo, como forma coreográfica-musical, está plenaria-
mente constituido a mediados del siglo XVIII, finalizando el perío-
do colonial. De ello dan cuenta innumerables registros documen-
tales y relatos de viajeros de esa época. Dicha forma finalmente se

149
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

consolida en Venezuela en el siglo XIX, período en el que surgirán


varias tipologías y géneros regionales subsidiarios (llanero, central,
oriental, etc.) de esta expresión musical en nuestro país, aunado
a la notable influencia que ejercerá sobre el vals europeo que se
ejecutaba en los salones de las élites de entonces, para derivar en
nuestro actual “valse venezolano” que tan rica literatura –sobre
todo pianística y guitarrística– legó a la vasta cultura musical ve-
nezolana (cf. Battaglini, 2014: 31-34).
Lo anterior de por sí resultaría suficiente –bajo parámetros
menos estrictos que no nos queremos imponer en este estudio–
para calificar al joropo como algo exclusivamente venezolano. Por
demás, se trata de una expresión NACIONAL, presente en abso-
lutamente todos los estados que conforman administrativamente
nuestra geografía y no restringido, como ocurre en la vecina Co-
lombia, a solo tres de sus treinta y dos departamentos constituti-
vos. Pero hay algo más.
El planteamiento central con el que queremos iniciar, es una
simple pregunta para los habitantes de la vecina República de Co-
lombia: ¿Los actuales departamentos de Arauca y Meta –donde,
como queda dicho, actualmente se canta y toca joropo– siempre
fueron colombianos?1

1 Excepción hecha con el departamento de Casanare –donde también se


ejecuta esta forma musical–, el cual siempre ha estado del lado colom-
biano. Sin embargo, por su condición de entidad llanera limítrofe con
Venezuela, su sociocultura siempre se ha visto permeada de manera bi-
direccional, tal y como ocurre hoy entre nuestro estado Táchira y el de-
partamento Norte de Santander colombiano. Por demás, creemos que
Casanare ha sido, desde sus inicios, el “más venezolano” de los departa-
mentos colombianos: en sus tierras no solo se concentraron los ejércitos
libertadores que hicieron la travesía del páramo de Pisba, la cual se coro-
nó con las victorias del Pantano de Vargas (25 de julio de 1819) y Boyacá
(7 de agosto de 1819); sino que una vez alcanzada la independencia del
Virreinato de la Nueva Granada (1821), la provincia comenzó a denomi-
narse “Provincia Autónoma” dentro del departamento grancolombiano
de Boyacá. En efecto –y es el capítulo más interesante que atañe a nuestra

150
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

La respuesta es no. Si observamos desapasionadamente el


mapa de lo que era la Capitanía General de Venezuela (1777),
elaborado en los años 90 del siglo pasado por los expertos car-
tógrafos del Servicio Autónomo de Geografía y Cartografía Na-
cional (ilustración no 1), se observa claramente que el territorio
correspondiente hoy a los dos departamentos colombianos arriba
mencionados –e incluso los actuales Guaviare, Vaupés, Guainía,
Vichada y un tercio del Caquetá– estuvieron bajo soberanía vene-
zolana no solo durante el tiempo en el que dicha Capitanía tuvo
vigencia (1777-1810), sino que tales límites fueron ratificados en
nuestra Constitución de 18302, la cual en su Artículo 5 declaraba:

El territorio de Venezuela comprende todo lo que antes de la


transformacion política de 1810 se denominaba capitanía jene-
ral de Venezuela. Para su mejor administracion se dividirá en

historia–, tras la disolución de la Gran Colombia, Casanare se declaró


independiente con el nombre de “Gobierno Unido del Casanare” con la
intención de adherirse a la naciente República de Venezuela (4 de abril
de 1830; pronunciamiento de los ciudadanos de Pore, la capital provin-
cial). La idea fue del general llanero (combatiente de Carabobo bajo el
mando de José Antonio Páez) Juan Nepomuceno Moreno (¿?-1839), y
cuya génesis fue el desprecio con el que trataban, a su juicio, los bogo-
tanos a la arruinada economía agropecuaria de Casanare, de quien fue
gobernador. Este intento de adhesión fracasó debido a la oposición que
encontró en los políticos y militares venezolanos congregados en Valencia
para redactar la Constitución de 1830, por desafecciones personales de
los cercanos a Páez con el general colombiano. El argumento del Con-
greso Constituyente del 31 de julio de 1830, rechazando la anexión, fue
que nunca en el pasado “Casanare había formado parte de Venezuela, y
que la Nueva Granada consideraría, con justicia, como un acto de guerra
tal incorporación” (cf. http://rafael-pazdeariporo.blogspot.com/2008/08/
general-juan-nepomuceno-moreno.html). De haber prosperado esta ini-
ciativa, hoy Casanare fuese un estado venezolano, como natural prolon-
gación geográfica del estado Apure.
2 Aprobada por el Congreso Constituyente de Valencia, el 22 de septiembre
de 1830.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

provincias3, cantones4 y parroquias, cuyos límites fijará la ley5


(negritas en el original).

Esta ratificación se daba en correspondencia con el princi-


pio de Derecho Uti possidetis iuris (del latín “Como poseéis de
acuerdo al derecho, así poseeréis”), según el cual un país tiene
la potestad de seguir poseyendo el territorio ganado a otro país
por medio de un conflicto armado; en este caso, la guerra de In-
dependencia. Justamente, dicha sentencia deriva de la locución
latina uti possidetis, ita possideatis; es decir, “como tú poseías, con-
tinuarás poseyendo”. En virtud de ello, como Venezuela se había
independizado de España a través de un largo y cruento conflicto
bélico, lógicamente tenía el derecho de reclamar los territorios
que conformaban la antigua Capitanía General perteneciente a la
potencia colonial que derrotó.
Como nota al margen, diremos que el espacio geográfico al que
hacemos referencia perteneció íntegramente al denominado «De-
partamento de Boyacá», en el breve lapso que duró el experimento

3 El equivalente a nuestros actuales estados.


4 El equivalente a nuestros actuales municipios.
5 Disponible en http://www.clbec.gob.ve/pdf/CONSTITUCION%201830.
pdf. Curiosamente, esta fórmula se ha repetido en la veintitantas consti-
tuciones redactadas desde el año 1830. Dos ejemplos: la vigente Constitu-
ción Bolivariana de 1999, repite la disposición del Artículo 5 de la Cons-
titución de 1830 en su Artículo 10, de la forma siguiente: “El territorio y
demás espacios geográficos de la República son los que correspondían a
la Capitanía General de Venezuela antes de la transformación política ini-
ciada el 19 de abril de 1810, con las modificaciones resultantes de los tra-
tados y laudos arbitrales no viciados de nulidad” (cf. http://www.inpsasel.
gob.ve/moo_doc/ConstitucionRBV1999-ES.pdf). Y la derogada de 1961,
en su Artículo 7: “El territorio nacional es el que correspondía a la Capi-
tanía General de Venezuela antes de la transformación política iniciada en
1810, con las modificaciones resultantes de los tratados celebrados válida-
mente por la República” (cf. http://www.uc.edu.ve/Recursos_Humanos/
archivos/PDFs/0042.pdf).

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

ilustración no 1
Mapa histórico de la Capitanía General de Venezuela (1777-1810)

fuente: Antiguo Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Reno-


vables (Marnr). Servicio Autónomo de Geografía y Cartografía Nacional (hoy
Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar).

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

ilustración no 2
Mapa de la Gran Colombia (1824)*

* Obsérvese que uno de los departamentos más extensos, el de Boyacá (al cen-
tro), abarcaba la porción más o menos equivalente a la que le pertenecía a Ven-
ezuela cuando esta era Capitanía General; límites que fueron ratificados por la
Constitución de 1830, gracias al principio jurídico Uti possidetis iuris

bolivariano de la Gran Colombia (1821-1830)6. Dicho departamen-


to estaba conformado por las entonces provincias neogranadinas de
Tunja, Pamplona, Socorro y Casanare (ver ilustración no 2).

6 Aunque la Gran Colombia fue decretada por El Libertador durante el


Congreso de Angostura (1819), no tuvo entidad jurídica hasta el Congre-
so de Cúcuta (1821).

154
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Codazzi, agente infiltrado

Cuando todavía se secaba la tinta sobre el papel de la Constitu-


ción de la República de Venezuela de 1830, se firmaba en Bogotá,
el 14 de diciembre de 1833, el oprobioso Tratado Pombo-Miche-
lena7, por el que Venezuela cedió –de manera insólita– una parte
considerable del territorio que ostentaba en aquella época. Ese
tratado recibe su nombre del entonces ministro plenipotenciario
de Venezuela, Santos Michelena (1797-1848), a la sazón secretario
de Hacienda y de Relaciones Exteriores del primer gobierno de
José Antonio Páez (1830-1835); y del secretario de Relaciones Ex-
teriores de la República de la Nueva Granada –actual Colombia–,
Lino de Pombo (1797-1862).
Como consecuencia directa de ese tratado, lo que según la
Constitución de 1830 era parte integral de las provincias venezo-
lanas de Apure (sur del río Meta) y Guayana (oeste del río Ori-
noco), pasó en los hechos a formar parte de territorio hoy co-
lombiano8. Así, toda esa vasta región de planicies que va desde el

7 Recogemos acá la grafía con la cual los colombianos se refieren a este


contrato, la cual coincide con la que nos enseñaron en la escuela primaria
hace unos treinta y cinco años atrás. Al parecer, por alguna razón que
desconocemos, se ha dado por llamar en Venezuela al famoso tratado
“Michelena-Pombo” y no “Pombo-Michelena”, como si alterar el orden
de enunciación de los factores firmantes nos otorgara una beligerancia
o una ventaja que, por cierto, nunca hemos tenido en ninguna discusión
diplomática no solo con Colombia, sino con ningún otro país.
8 Aunque el Congreso venezolano de aquel entonces (1835-1836) recha-
zó el tratado y propuso uno nuevo –firmado el 29 de abril de 1843–, la
resolución del problema del trazado fronterizo quedó aplazada indefini-
damente, hasta que fue ratificada –mejor dicho, agravada para Venezuela
porque ponía como limítrofe al río Orinoco– por el Laudo Arbitral de
1891 (ver ilustración no 7). Los colombianos, históricamente siempre más
avispados que nosotros, aprobaron el Tratado Pombo-Michelena en 1834
y mantuvieron hasta la aprobación del Laudo de 1891 el principio consti-
tucional y soberano de aprobación del texto original.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

ilustración no 3
Mapa actual de Colombia con la división política de sus 32
departamentos, según la Constitución vigente de 1991 del vecino país*

* Los departamentos marcados con los números 1 al 7 son los actuales depar-
tamentos de Arauca, Meta, Guaviare, Caquetá, Vaupés, Guainía y Vichada res-
pectivamente, los cuales pertenecían –parcial o totalmente–, antes del Tratado
Pombo-Michelena (1833), al territorio de la República de Venezuela.

156
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Guaviare (hoy Colombia) hasta el estado Monagas (Venezuela),


quedó para siempre dividida, producto de la firma de un des-
ventajoso tratado para la soberanía nacional, y subproducto de
nuestra pusilánime política exterior.
Basta con ver el mapa publicado en 1840 (ilustración no 4)
por el geógrafo y militar italiano Agustín Codazzi (1793-1859),
para percatarnos que el despojo, ya en esa fecha temprana de
nuestra historia republicana, se había más o menos oficializado
a ambos lados de la nueva frontera. Por cierto, al parecer fue este
Codazzi el que “asesoró” en materia limítrofe a un despreveni-
do ministro Santos Michelena –eso siempre se dijo del lado co-
lombiano–. Pero nosotros lo sabemos con certeza gracias a unas
Memorias que se ofrecieron a los diputados del Congreso vene-
zolano de 1860, sobre un Tratado de límites y navegación fluvial
entre Venezuela y Brasil. En esas memorias, se afirma (p. 11) que
el artículo 27 del Tratado Pombo-Michelena –el que establecía
precisamente los límites– se ajustó a la “carta del coronel Coda-
zzi”; carta geográfica que no fue publicada hasta 1840, pero que
evidentemente ya existía sobre el papel en 1833, en el contexto de
dichas negociaciones9. Hoy, sin embargo, Tanto Michelena (causa
formal) como Codazzi (causa eficiente) pasan por las páginas de
la historiografía tradicional venezolana como “hijos ilustres” que
supuestamente rindieron grandes servicios a la patria (los restos
de Agustín Codazzi reposan en el Panteón Nacional desde 1942).
Algunos colombianos que, retrospectivamente, se han deteni-
do a estudiar este tema, han señalado su extrañeza ante la evidente
actitud pro neogranadina de Codazzi quien, pese a ser un fun-
cionario asalariado del gobierno venezolano para ese momento,

9 Cf. Memoria ofrecida a la consideración de los honorables senadores y dipu-


tados al próximo Congreso y a toda la República, sobre el Tratado de límites
y navegación fluvial ajustado y firmado por plenipotenciarios del Brasil y de
Venezuela en 5 de mayo de 1859. Caracas, Imprenta de Eloi Escobar por E.
López, 1860.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

ilustración no 4
Agustín Codazzi, Atlas físico y político de la República de Venezuela.
París: Lithographie de Thierry Frères, 1840, el cual se corresponde
punto por punto con lo pactado en el Tratado Pombo-Michelena*

Cabo de Chichivacoa

i
Apostadero del río Meta

i
Frontera con Brasil

* Puede observarse que, aun cuando no es tan lesivo para la soberanía nacional
como lo fue el posterior Laudo Arbitral de 1891 (ilustración no 7), la línea recta
trazada –como ordenaba explícitamente ese convenio– desde el «…apostadero
sobre el río Meta; y luego continuará en dirección norte-sur hasta encontrar la
frontera del Brasil» (Artículo 27; cf. Fortoul, 1977 [1909]: 371), ya cercenaba
buena parte del territorio original establecido en los límites de la Capitanía Ge-
neral de Venezuela de 1777 (ilustración no 1). Este documento constituye una
prueba más sobre la certeza que se tiene de que Codazzi, valido de la influencia
que siempre gozó como alto funcionario de los gobiernos conservadores de
la primera mitad del siglo XIX, efectivamente fue el «experto» que asesoró a
Santos Michelena en el famoso tratado de 1833.

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

ilustración no 5
Explicación de la frontera según
el Tratado Pombo-Michelena de 1833*

* Ratificado por los colombianos y asumido con pasividad por los gobiernos
venezolanos, sus condiciones fueron notablemente endurecidas –para Vene-
zuela– por las cláusulas del Laudo Arbitral de 1891, en el que la línea fronteriza
se movió definitivamente hacia el este unos 200 km, y así quedar como fronte-
ra sur-occidental el río Orinoco. fuente: Londoño, 1973: 57.

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Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

siempre reflejaba en sus mapas “oficiales” aspectos que, por norma


general, o iban en contra de las decisiones del Congreso de la Re-
pública (caso del Tratado Pombo-Michelena), o de los ministros
plenipotenciarios que sucedieron a Santos Michelena para tratar
el diferendo (caso de Fermín Toro, como veremos más adelante).
Al comentar un texto de enseñanza primaria publicado por
el impresor J. A. Cualla en 1842 en Bogotá, en donde ya se les en-
señaba en primaria a los niños colombianos que los límites con la
vecina Venezuela eran los establecidos en el Tratado Pombo-Mi-
chelena de 1833, la profesora Lucía Duque Muñoz, de la Univer-
sidad Nacional de Colombia, expresa:

[El Tratado Pombo-Michelena] no fue aprobado por el gobier-


no venezolano por considerarlo lesivo para sus intereses. En ese
sentido, llama la atención que en el Mapa político de la Re-
pública de Venezuela en 1840, elaborado por Agustín Codazzi,
la línea fronteriza de ese país con la Nueva Granada siga las
directrices de aquella proyectada en las negociaciones de 1833
(Duque, 2009: 11 [135]).

¿Pero de dónde había salido Codazzi? Nacido en 1793 en


Massa Lombarda, Lugo (Italia), era para 1819 un veterano sol-
dado de las huestes napoleónicas, año en que es enrolado en el
ejército libertador, con el grado de sargento mayor de artillería.
Sin embargo, la trepidante carrera hacia el estrellato del otrora
oscuro sargento comenzaría en realidad en 1826, cuando se hizo
de los buenos oficios de tres poderosos patrocinadores: Lino de
Clemente, José Rafael Revenga y el más importante de todos: el
colombiano Francisco de Paula Santander, quienes lo presentan
ante Simón Bolívar.
Codazzi era, al parecer, del tipo obsequioso, a juzgar por lo
vertiginoso de su ascenso. Veamos lo que tiene que decirnos de él

160
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

el Boletín del Archivo General de la Nación del año 1993, a propó-


sito de su bicentenario:

Después de la caída del imperio francés, se propuso tornar a tie-


rras de América. Después de cierto peregrinaje, llega a territorio
de la Gran Colombia, en 1819, empeñado en conocer a Bolívar
(…) No se enrola de inmediato. Pero en 1826, Lino de Clemente,
José Rafael Revenga y Santander lo apadrinan ante el Libertador,
y Codazzi ostentará, al año siguiente, el grado de Primer Coman-
dante de Artillería. A la par del servicio militar Codazzi labora en
sus estudios cartográficos, levanta mapas y toma notas para su
futura obra científica (AGN, 1993: 66).

Siempre fiel y consecuente partidario de la causa colombiana,


Codazzi tiene el desparpajo de publicar, casi al lado del ya men-
cionado “Mapa Político de la República de Venezuela en 1840”,
otro de similar y siempre impecable factura –hay que reconocer
que, aun con toda la opinión negativa que nos merece, Codazzi
era maestro en su oficio– con las supuestas “fronteras” de Vene-
zuela antes de 1810; es decir, cuando esta era Capitanía General.
Esa carta la denomina “Mapa Político de Venezuela Antes de la
Revolución de 1810”, pero no se parece en nada al de la vieja Ca-
pitanía General, sino que virtualmente es idéntico al actual (con
la sola excepción del Esequibo, que todavía no habíamos cedido
del todo a los ingleses).
En él no hace otra cosa que hacerse eco de la tesis del gobier-
no neogranadino –al que servirá hasta su muerte, acaecida en su
patria verdadera, Colombia, en 185910– de establecer la frontera
de la Provincia de Guayana en el río Orinoco (la que finalmente

10 Codazzi falleció el 7 de febrero de ese año en la población de Espíritu


Santo (entre Chiriguará y Valledupar), pueblo que hoy se denomina, en
honor a su persona, Codazzi.

161
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

se impuso en el Laudo de 1891), y no en la línea que va desde


los ríos Pauto-Meta-Papamene-Caquetá-Amazonas (base del es-
tablecimiento del mapa de la Capitanía General de Venezuela de
1777, utilizado como punto de partida del presente ensayo), como
lo instituía la antigua capitulación otorgada a Gonzalo Jiménez
de Quesada en fecha tan remota como 1568 (ya hablaremos, en
breve, sobre la base de sustentación colombiana para dicha pre-
tensión). De hecho, este mapa de Codazzi hace ver al del Tratado
Pombo-Michelena –del cual él también es artífice– casi ventajoso,
desde un punto de vista “venezolano”. Ya en él aparecen reflejadas
todas las pretensiones colombianas principales: la línea limítrofe
de La Goajira comenzando en Castillete y no en Chichivacoa, y el
río Orinoco como frontera sur-occidental (ilustración no 6).

Don Fermín Toro, patriota

En esta larga y continuada historia de traiciones, negligencias


y torpezas que nos condujeron a la actual y lamentable mutila-
ción de nuestro territorio, destaca la figura de un venezolano,
pero en sentido inverso a los perfiles conductuales de un ano-
dino Michelena y un tarifado Codazzi: don Fermín Toro. Cuyos
restos, a diferencia de los de Codazzi y tantos otros, sí reposan
merecidamente en el Panteón Nacional desde el 23 de abril de
1876, justo enfrente del cenotafio que todavía espera por los
restos del Precursor de la Independencia Hispanoamericana: el
Generalísimo Francisco de Miranda.
Independientemente de su coloración partidista, el ejemplo
de Toro pone de relieve la existencia de valores mucho más perdu-
rables e importantes que la militancia política: la honestidad y el
amor a nuestro país, por ejemplo. Y de esas dos cosas dio prueba
fehaciente este correligionario del Partido Conservador, un godo
hecho y derecho, cuya vida y obra son en sí mismas de tal eminen-
cia, que no necesitan defensa alguna. Y también debe decirse que

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
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ilustración no 6
Agustín Codazzi, Atlas físico y político de la República de Venezuela.
París: Lithographie de Thierry Frères, 1840*

* En él, siguiendo su costumbre, Codazzi se hace eco de todas las tesis colom-
bianas que se terminaron imponiendo con el Laudo Arbitral de 1891: la línea
divisoria de La Goajira comenzando en Castillete y el río Orinoco como fron-
tera occidental de la Provincia de Guayana.

163
Tierra Firme No 113
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7
ilustración no
Mapa con la demarcación impuesta por el Laudo Arbitral firmado en
Madrid el 16 de marzo de 1891, en el que se empeoraban notablemente,
para Venezuela, las condiciones del Tratado Pombo-Michelena, al
hacer a Colombia directamente ribereña con el río Orinoco*

* Nos llama notablemente la atención que la patria de Bolívar, la misma que


escasos años atrás había sido la causante de la debacle del Imperio español en
América, haya aceptado como árbitro nada más y nada menos que al rey de Es-
paña. Un total desatino, sobre todo tomando en cuenta que la parte “fuerte” del
argumento colombiano se fundamentaba, precisamente, en una Real Cédula
emitida por un rey español en el año 1768.

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
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ilustración no 8
Relación de las áreas territoriales que han disminuido la superficie
que tenía la Capitanía General de Venezuela en 1777

fuente: Antiguo Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renova-


bles (Marnr). Servicio Autónomo de Geografía y Cartografía Nacional (hoy
Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar).

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es en los tiempos oscuros que ha padecido la República, cuando


hombres como él emergen como faros para decirnos, 170 años
después, que nunca hay que dar todo por perdido.
De esa reciedumbre y honestidad dio muestra contundente,
cuando en 1844 le tocó viajar a Colombia (por entonces toda-
vía se llamaba Nueva Granada), para discutir la irresuelta dispu-
ta limítrofe entre los dos países. Su defensa de nuestra frontera
sur-occidental sorprendió de tal modo a los colombianos (acos-
tumbrados como ya estaban a la melindrosa y entreguista política
exterior venezolana), que el secretario de Relaciones Exteriores de
la Nueva Granada, Victoriano de D. Paredes, en un sesgado y sibi-
lino informe presentado al Congreso de su país en 1850, resume
las negociaciones entre Joaquín Acosta –su antecesor en el cargo
entre 1843 y 1845– y Fermín Toro, de la forma que sigue:

Acosta demostró con argumentos irresistibles i gran copia de


datos auténticos, que toda la península goagira hasta la villa de
Sinamaica, sobre la costa del Atlántico, i el distrito de San Faus-
tino en los confines de la provincia de Pamplona, que eran en-
tonces los únicos territorios disputados entre las dos Repúblicas,
pertenecían i habían pertenecido siempre a la Nueva Granada,
por justo título y ocupación perfecta. El Sr. Toro, sin razón ni
documento alguno que oponer a los que se le aducían, se vió en
la necesidad de reconocer que en efecto la Nueva Granada poseía
títulos antiguos e incontrovertibles al señorío i dominio que ha-
bía ejercido en la Goajira i en San Faustino, i no opuso reparo, u
obstáculo alguno grave, hasta el apostadero del Meta (…) Pero al
llegar a dicho punto, es decir, al apostadero del Meta, el Plenipo-
tenciario venezolano no fue ya tan dócil e injénuo como su ante-
rior conducta parecía prometerlo, sino que se resistió absoluta-
mente a reconocer los derechos de la Nueva Granada, puestos en
claro i hábilmente sostenidos por el Plenipotenciario granadino,
a la frontera Orinoco, Casiquiare i Rionegro (en Duque, 2009:
14-15 [138-139]). 

166
Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Aunque la gestión de este noble venezolano fracasó en aque-


lla oportunidad, hay que destacar en su carrera diplomática dos
triunfos: el primero, de 1846 en Madrid, cuando canjeó satisfac-
toriamente las ratificaciones del tratado de reconocimiento de la
independencia de Venezuela; el segundo, de 1858, cuando tuvo
que apelar a toda su habilidad y oratoria para resolver el espinoso
asunto provocado por el Protocolo Urrutia (que garantizaba a las
legaciones de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Brasil, Países
Bajos y España la salida del país del depuesto presidente José Ta-
deo Monagas). Aunque en un principio manifestó su desacuerdo
con lo que consideró una inaceptable cesión de soberanía ante
gobiernos extranjeros –renunciando a su cartera en Hacienda–,
el gobierno de Julián Castro (1805-1875) no la aceptó y, por el
contrario, lo nombró ministro de Relaciones Exteriores para que
resolviera el penoso desaguisado provocado por su antecesor,
Wenceslao Urrutia (1795-1869), quien no duró ni un mes en el
cargo (marzo-abril de 1858).
Pero volviendo al diferendo con Colombia en torno a los te-
rritorios ubicados al oeste del río Orinoco: ¿En qué argumentos
se basaban ambas partes para defender sus respectivas posicio-
nes? Del lado colombiano se esgrimía como artículo de fe una
Real Cédula del 5 de mayo de 1768 (casi diez años antes de con-
formarse la Capitanía General venezolana), en la que se determi-
naban los límites de la Provincia de Guayana:

…por el setentrion [norte], el Bajo Orinoco, lindero meridional


de las provincias de Cumaná y Venezuela; por el Occidente el
Alto Orinoco, el Casiquiare y el Rio Negro; por el Mediodia [sur],
el rio Amazonas; y por el Oriente el Océano Atlántico (en Duque,
2009: 18 [142]).

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Sin embargo, independientemente de lo que declarara esa tar-


día Real Cédula (y eso lo sabía muy bien Fermín Toro), desde el
siglo XVI la frontera occidental de la Provincia de Guayana siem-
pre había sido una larga línea que iba desde la desembocadura del
río Pauto con el río Meta, a más de 400 km. al oeste del Orinoco,
pasando por el río Papamene-Guayavero y finalmente terminando
al sur, en la confluencia del río Caquetá con el Amazonas (ver ilus-
tración no 9). Esto quedó así establecido en la capitulación dada
al conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada en 1568, como una
vasta extensión de “200 por 200 leguas entre los ríos Pauto-Me-
ta-Orinoco y el Papamene-Amazonas” (Marnr, sf: 8)11.
Además, como bien supo exponer con prístina claridad el di-
plomático venezolano Francisco Michelena y Rojas (1801-1876)
en su libro de 1867, Exploración oficial por primera vez desde el
norte de la América del Sur siempre por ríos, entrando por las bo-
cas del Orinoco, de los valles de este mismo y del Meta, Casiquiari,
Río Negro, Guainia y Amazonas hasta Nauta en el alto Marañón
o Amazonas, arriba de las bocas del Ucayali bajada del Amazonas
hasta el Atlántico (Bruselas: A. Lacroix, Verboeckhoven, 1867)12,
toda esa región estaba gobernada y poblada por gente procedente
de Guayana (Venezuela), habiendo en la práctica una completa
desatención política y administrativa del gobierno colombiano
hacia aquellos territorios. Citamos:

Durante los 89 años que han transcurrido desde esta última Cé-
dula [suponemos que la de 1768], ningún acto jurisdiccional ha
ejercido la Nueva Granada sobre aquellas regiones en disputa,
ni bajo el Virreynato, ni bajo la República; comprendiéndose en

11 Esta capitulación fue heredada por su sobrino político Antonio de Berrío


en 1582.
12 Aunque fue publicado en 1867, los escritos que contiene pertenecen a los
años de la misión; es decir, 1855-1859.

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

estos los nombramientos de empleados públicos y el pago de sus


salarios: Venezuela posee, pues, aquel territorio, á justo título (en
Duque, 2009: 18 [142]).

Teniendo esto en consideración, y no por otra cosa, es que


podemos tener como cierto en todos sus puntos el “Mapa His-
tórico de la Capitanía General de Venezuela 1777”, elaborado
por el equipo de Geografía y Cartografía Nacional en los años
90 del siglo pasado (ilustración no 1)13, y no el espurio e inte-
resado mapa publicado –bajo el influjo de intereses inconfesa-
bles– por Codazzi en 1840 (ilustración no 6). Por lo demás, y
esto siempre se lo guardaron muy bien en el bolsillo de la le-
vita los diplomáticos colombianos: Aunque la Real Cédula de
1768 establecía como frontera formal occidental de Guayana al
río Orinoco, al mismo tiempo ratificaba que la comandancia
general de las nuevas poblaciones –muchas de las cuales esta-
ban al occidente del mismo– quedaran a cargo del gobernador
y comandante de la Provincia de Guayana14. En consecuencia, la
demanda de soberanía sobre esta zona, por parte de Venezuela,
se fundamentaba legítimamente en el ejercicio de gobierno que
siempre tuvo sobre ella; es decir, por su vínculo histórico, políti-
co y administrativo con esa región, lo que se ve fielmente refle-
jado en el mapa histórico de la Capitanía General de Venezuela
presentado al comienzo de este trabajo.

13 Ese equipo estuvo conformado, en su oportunidad, por “…los ciudada-


nos Herman González Oropeza, S.J.. Ing° Adolfo Cosme Romero, Ing°
Reinaldo Rincón y la Dra. Isabel Carlota Bacalao Römer” (Marnr, sf: iii).
14 Esta ambigüedad o concomitancia de funciones jurídico-administrati-
vas era, de hecho, alentada por la corona española, y debe entenderse
a la luz de que la visión del Imperio español era de totalidad, indepen-
dientemente de que ese Imperio se dividiera en virreinatos, provincias
y capitanías generales.

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Historia gráfica de las fronteras venezolanas


hasta la creación de la Capitanía General
de Venezuela (1777)

Siendo que, como señala el equipo de Geografía y Cartogra-


fía Nacional:

El actual territorio venezolano es por consiguiente, el heredado de


cada una de las provincias creadas por los reyes españoles, las que
fueron unificadas como entidad política a partir de 1777. En con-
secuencia, los límites de Venezuela con los países vecinos, están de-
lineados por cada uno de los términos geográficos, descritos en las
Reales Cédulas que las creaban o las modificaban (Marnr, sf: 1).

Si partimos sobre la base de la premisa anterior, podremos


elaborar, a partir de la documentación contenida en los cedu-
larios y capitulaciones, la evolución de dichas fronteras hasta el
presente. Esto, creemos, complementará debidamente el presen-
te estudio, como defensa del mapa presentado al principio, bajo
el cual se fundamenta la afirmación central de este trabajo: Que
dos de los tres departamentos colombianos donde actualmente se
ejecuta nuestro joropo en Colombia (Arauca y Meta) estuvieron
bajo la jurisdicción política y administrativa de Venezuela en los
largos siglos coloniales, e incluso por varias décadas de su vida
republicana, hasta la formalización de la actual frontera por el
Laudo Arbitral de 1891.
Así, en las páginas que siguen se presentan seis mapas elabo-
rados, como ya hemos dicho, a partir de los límites que las distin-
tas cédulas o capitulaciones de creación de cada una de las pro-
vincias que se unifican como Capitanía General de Venezuela en
1777. Hemos dejado expuestos los límites político-administrati-
vos estadales actuales, superponiendo los antiguos, con el propó-
sito de que un lector contemporáneo tenga mayor comprensión
de los mismos.

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Provincia de Margarita (1525)

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Provincia de Venezuela o Caracas 1528

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Provincia de Trinidad (1530)

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Provincia Nueva Andalucia o Cumaná (1568)

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Provincia de Maracaibo (1575-1607)

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Provincia de Guayana (1568-1582)

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

Conclusión

Joropo es el nombre que incuestionablemente define


ante propios y extraños, la esencia de algo netamente venezolano.
Luis Felipe Ramón y Rivera, El joropo. Baile nacional de Venezuela.

Este periplo por la historia de nuestros límites y nuestra geogra-


fía nos ha servido para ilustrar –creemos que suficientemente–
cómo algo que FUE y ES venezolano en su origen –el joropo–,
por varias de esas carambolas y fantochadas de nuestra política
exterior, pasó a ser compartido con otra república, la colombiana.
Al margen de lo que ha sido la historia de esas elásticas fron-
teras geográficas y jurídicas de Venezuela15, existe desde tiempos
coloniales (especialmente desde finales del siglo XVII, debido al
lento poblamiento de esas vastas regiones), una convergencia so-
ciocultural que ha unido a los pueblos que desde la conquista han
vivido a lo largo de la cuenca creada por los ríos Orinoco, Meta
y Arauca: la cultura llanera. Fusión que además transcurrió, por
lo menos hasta mediados del siglo XIX (cuando el joropo como
forma musical ya estaba plenamente establecida), bajo soberanía

15 Conversando de estos temas con nuestro colega y amigo, el maestro Án-


gel Martínez, coincidimos en que es un error muy extendido considerar
el período colonial como algo homogéneo y de fronteras siempre certe-
ramente definidas. Por ejemplo, en los 60 años anteriores inmediatos a
la creación de la Capitanía General de Venezuela en 1777, las provincias
“venezolanas” de Trinidad, Nueva Andalucía (Cumaná), Margarita, Gua-
yana, y Maracaibo (la de Venezuela o Caracas había sido eximida en 1742)
dependían o más bien pertenecían al Virreinato de Nueva Granada, crea-
do en 1717. Y antes de eso, las ciudades “venezolanas” de Mérida (1558,
1607), San Cristóbal (1561), La Grita (1576) y Barinas (1577, 1759), son
fundadas desde la provincia “colombiana” del Espíritu Santo (Casanare y
los corregimientos de Tunja y Pamplona hasta la desembocadura del río
Zulia) y eran dependientes de Bogotá (Santafé) desde finales del siglo XVI
(en el caso de lo que hoy es el estado Apure, en la época colonial fue parte
de Mérida, que a su vez pertenecía a Maracaibo).

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venezolana, sin que la pérdida de esa jurisdicción haya afectado en


modo alguno los rasgos fundamentales de su música y su cultura
pues se trata, en definitiva, de elementos que no están sujetos a va-
riables políticas y mucho menos a oscilaciones de orden jurídico.
Como elemento caracterizador que ratifica dicha conclusión,
¿cuáles son los golpes de joropo que se tocan actualmente en la
parte colombiana? Pues golpes venezolanos: Zumba que Zumba,
Pajarillo, Seis por Derecho, Chipola, Quirpa y San Rafael, entre
otros. En este sentido, recientemente sostuvimos una conversación
con nuestro amigo y compañero de ensamble, el profesor Víctor
Urrieta, quien es un destacado arpista, luthier y gran conocedor del
repertorio joropero a ambos lados de la frontera con Colombia;
país que visita con frecuencia para asistir al Festival Internacional
de Arpa de Villavicencio (capital del Departamento del Meta).
Consultado sobre este punto, el profesor Urrieta nos ratificó
que el repertorio joropero que se ejecuta en Colombia es induda-
blemente venezolano, y que nadie allá pone en cuestionamiento
tal paternidad, pues lo que los hermana, el sentido de pertenencia
en este caso, es la cultura del Llano y no una artificial idiosincrasia
impuesta por imaginarias líneas fronterizas las cuales, como sa-
bemos, no se palpan ni se visualizan físicamente en esas extensas
y monótonas estepas.
Por supuesto que hay excepciones a la regla –existen golpes
colombianos–, pero se les considera como hechos aislados o ex-
cepcionales; generalmente de data relativamente reciente y siem-
pre de autor conocido. Por tanto, escaparían a una categorización
eminentemente folklórica –de autor desconocido– o legitimada
por una práctica tradicional que se pueda rastrear al menos por
una o dos generaciones.
En este sentido –y como ejemplo de lo anterior–, el profe-
sor Urrieta nos ponía como ejemplo destacado el caso del golpe
“Morrocoyero”; muy extendido en la audiencia del vecino país, al
punto de ser considerado por el común de las personas como algo

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Por qué el joropo es venezolano y no colombo-venezolano…
Oscar Battaglini Suniaga

procedente de Colombia. Sin embargo, resulta que –cosa curiosa–


dicho golpe ha sido popularizado nada más y nada menos que
en Colombia y Venezuela por el cantautor venezolano Reinaldo
Armas, y su autoría es de otro venezolano, el maestro José Archila,
quien ha tenido una intensa vida profesional en el vecino país.
Dice el dicho popular español que “Lo que se hereda no se
hurta”. Así, recibido como patrimonio familiar por parte de los
venezolanos, el joropo en Colombia no es más que continuidad
de virtud heredada. Lo que lo define como rasgo identitario no es
el invento relativamente reciente de unas marcas limítrofes sino
lo que ya era, antes de ese acontecimiento accidental, algo emi-
nentemente venezolano.

El joropo es la alegría esencial de Venezuela, la farsa


y la tragedia venezolana, su melancolía,
la languidez de sus siestas, la pasión de su querer,
la agudeza de su ingenio y el furor de su temperamento.
Thomas Ybarra Russell, Un joven caraqueño16.

16 Tomado de Álvarez (2002: 58).

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Fuentes

Hemerográficas
Duque, L. (2009). “El discurso geográfico y cartográfico colombiano
sobre los límites entre Nueva Granada y Venezuela (1830-1883)”,
Anuario Colombiano de Historia Social y de Cultura, 36: 125-152.

Bibliográficas
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nezuela de los viajeros de la primera mitad del siglo XX. Caracas:
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Central de Venezuela.
Archivo General de la Nación (AGN) (1993). Boletín del Archivo Gene-
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Battaglini, O. (2014). El joropo. Evolución histórica desde el barroco hi-
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Codazzi, A. (1840). Atlas físico y político de la República de Venezuela.
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Gil Fortoul, J. (1977 [1909]). Historia constitucional de Venezuela.
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Londoño, Julio (1973). Derecho territorial colombiano. Bogotá: Impren-
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Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Marnr)
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ta del Servicio Autónomo de Geografía y Cartografía Nacional.
Ramón y Rivera, L. F. (1953). El joropo. Baile nacional de Venezuela. Ca-
racas: Ediciones del Ministerio de Educación.
Ross, V. (2005). El asombroso camino de los mapas. Grandes historias de
cartógrafos y exploradores. Caracas: Editorial CEC/SA/Los Libros
de El Nacional.

180
113 Discursos
Rafael Urdaneta:
Lealtad a toda prueba*
Carmen L. Bohórquez
Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad

S in duda que los pueblos necesitan tener referentes culturales


que sirvan de modelo a las nuevas generaciones. Sobre esos
modelos habrá de cimentarse el sentido de pertenencia a una co-
munidad y ellos habrán de influir en la determinación de la iden-
tidad colectiva e incluso individual de cada nueva generación. Por
ello es muy necesario que la sociedad en su conjunto escoja bien,
de entre sus referentes culturales, cuáles de los hombres y mujeres
de su devenir histórico o de su presente, pueden presentarse como
el o la que mejor encarna los ideales de los que se cree portadora,
o la imagen con la que mejor se autorreconoce, o con la que quie-
re ser reconocida por otros pueblos, por otras sociedades.
Puede haber infinidad de modelos de acuerdo con lo que se
quiera estimular o reproducir, y es una realidad en Nuestra Amé-
rica que muchos de los modelos que se ofrecen ni siquiera respon-
den a nuestra propias raíces culturales sino que han sido induci-
dos por el sistema dominante en nuestra sociedad, como lo es el

* Discurso de Orden en la Sesión Especial de la Asamblea Nacional del día


28 de octubre del 2014, con motivo del 226 Aniversario del Natalicio del
General en Jefe de los Ejércitos de Colombia, Rafael Urdaneta.

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sistema capitalista. De allí el culto a lo banal, a lo superficial, a su-


puestos héroes de ficción que no por ser de ficción dejan de cum-
plir su efecto alienante, al inculcar modos de vida y concepciones
del mundo al servicio del gran interés de la sociedad capitalista: la
producción y acumulación de ganancias. Incluso tras la proyec-
ción de figuras loables como un deportista, se filtra la carnada de
los ingentes millones que puede este llega a ganar si da el salto al
ámbito profesional, que no es otra cosa que dar el salto hacia un
mundo donde lo menos que privan son los valores humanos.
El Zulia y Venezuela en general no escapan a esta celada que
cayó sobre nuestras tierras en la medida en que de esa misma tie-
rra iban brotando los chorros petroleros y que se consolidó con
la imposición de la propuesta neoliberal y la globalización de los
mercados. Todos percibimos el cambio de valores, todos nos que-
jamos de la pérdida de antiguas costumbres, todos lamentamos los
altos índices de embarazo precoz o de violencia entre los jóvenes,
pero pocos relacionamos estos efectos con la creciente influencia
de valores o más bien de antivalores foráneos que a través de los
medios de comunicación o de las redes sociales penetran y domi-
nan el inconsciente de jóvenes y de otros no tan jóvenes, sembran-
do como única meta en la vida obtener dinero por cualquier vía.
Se ha desarrollado, pues, un proceso de vaciamiento espiri-
tual de nuestras culturas dirigido a mantenernos por una parte
hipnotizados por los falsos ídolos que el sistema crea y recrea, y
por la otra escindidos, separados de aquellos valores originarios
sobre los cuales un pueblo puede afirmar su identidad propia y,
sobre esa base, actuar con dignidad, con orgullo de sí mismo y,
en consecuencia, con independencia y con soberanía respecto a
cualquier otro pueblo o poder en el mundo. La tarea fundamen-
tal consiste entonces en una vuelta hacia nosotros mismos, en un
reencuentro con nuestra memoria, en un desandar nuestra his-
toria como pueblos para discernir en ella los valores y los hechos
que nos fueron forjando como distintos respecto a cualquier otro

184
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

pueblo y por eso mismo, con igual derecho a trazar nuestro pro-
pio proyecto histórico.
Fue esta la titánica labor que asumió el Comandante Hugo
Chávez Frías al buscar las raíces históricas que podían darle vida
al árbol de la revolución: Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Za-
mora, como fuentes inspiradoras y como guías para la acción de-
constructora de la alienación capitalista. Con Chávez comenzamos
finalmente a develar esos mecanismos que nos habían convertido
de un pueblo aguerrido en uno dócil y maleable a los intereses
del capital, y sobre ellos se afirmó para emprender el camino de
la liberación no solo de Venezuela sino de toda nuestra América,
como bien lo muestran el Alba, Unasur y la Celac. El Comandante
nos hizo descubrir al verdadero Bolívar, nos hizo aprender a es-
cuchar e interpretar sus afirmaciones sin tiempo porque nos hizo
caer en cuenta de la universalidad del fenómeno de la opresión y
de que seguíamos librando, en nuestra época, las mismas batallas
a las que Bolívar se había enfrentado para alcanzar aquello por lo
que tanto el Libertador como el Comandante dieron su vida: la
independencia definitiva y la unidad de Nuestra América.
Y en este descubrir, en este develar las raíces ocultas de nues-
tra historia fuimos aprendiendo a descubrir también el derecho
al ejercicio de nuestra dignidad como pueblos, de nuestra auto-
determinación y a la realización de nuestras potencialidades crea-
doras. Y para todo ello siempre hubo un modelo histórico que
servía de guía moral: junto a Bolívar, Simón Rodríguez y Zamora,
se erguían cada vez con más fuerza Francisco de Miranda, Anto-
nio José Sucre, José Antonio Páez (en su primera vida), Ricaurte,
Girardot, Josefa Camejo, Luisa Cáceres de Arismendi, José Félix
Ribas, Brion, José Antonio Anzoátegui, sin olvidar el reconoci-
miento y revalorización de los héroes primeros de estas tierras
como lo fueron Guaicaipuro, Tamanaco, Catia y muchos otros,
por sólo mencionar los de Venezuela.

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Pero entre tantos héroes que fuimos descubriendo de la mano


del Comandante Chávez ha quedado uno, del cual asombra que
hasta el presente solo sea recordado en su natalicio o celebrado
sin saber por qué como héroe regional, cuando sus acciones se
extendieron por todo el territorio nacional y jugaron un papel
crucial en los destinos de la Nueva Granada, de Quito, Guayaquil
y Panamá, es decir de Colombia la Grande; y si no hubiese sido
por su estado de salud, hubiese brillado también al lado de Sucre
en la batalla de Ayacucho. Me refiero a Rafael Urdaneta.
Y no serían solo sus valientes acciones las que deberían ser co-
nocidas en detalle al menos por los zulianos y las zulianos, sino so-
bre todo sus virtudes y entereza moral que constituirían para cual-
quier pueblo del mundo, motivo del más sano orgullo y de refe-
rencia ética a seguir por todas las generaciones presentes y futuras.
El Zulia tiene en Rafael Urdaneta un tesoro mucho más valioso
que todo el petróleo que guarda el lago de Maracaibo, un tesoro
que se irá haciendo infinito en la medida en que podamos irlo va-
lorando, en la medida en que comencemos a conocerlo en todas sus
dimensiones. No hubo ser más leal a la patria y a Bolívar que Ur-
daneta, como no lo hubo más honesto, más valiente, más ecuáni-
me, más comprometido y más desprendido de lo material que este
hombre, que en su lecho de muerte ordenó que se devolvieran a la
República los viáticos que ya no iba a gastar a causa de su deceso.
Urdaneta nace para la historia de Nuestra América con los
primeros movimientos revolucionarios. Nacido supuestamente
en Maracaibo, según copia de un acta de bautismo otorgada un
siglo después y que no obsta para que los cañaderos y cañaderas
lo reclamemos como nuestro, es llevado a Bogotá a los dieciséis
años por uno de sus tíos, Martín Urdaneta, maracaibero y rea-
lista, que a la sazón se desempeñaba como contador mayor del
Tribunal de Cuentas del Virreinato de la Nueva Granada, y quien
no solo se encargará de sus estudios sino de conseguirle también
un empleo de subalterno en las Cajas Reales y, posteriormente, de

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Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

ayudarlo a ingresar como oficial tercero en las milicias. A pesar de


su tío y del ambiente de aparente fidelidad al rey de España que
privaba en Bogotá como en todas las colonias españolas, sin duda
que el joven Urdaneta estaba en contacto con las corrientes revo-
lucionarias que ya venían agitando los espíritus con las ideas de
libertad y república, pues a los dos días de haberse publicado un
bando que llamaba a incorporarse al primer batallón de militares
patriotas, por parte de la Junta Suprema constituida en Bogotá el
20 de julio de 1810, Urdaneta se alista en este novísimo ejército
que comenzaba a organizarse para defender la manifestación de
autonomía, y es destinado al batallón Patriotas de Cundinamarca,
con el grado de teniente. A partir de ese momento ya nunca más
dejaría de servir a la patria americana que nacía en esa primera
década del siglo XIX.
Lamentablemente, sus primeras batallas no serán contra los
realistas como era de esperase sino contra sus propios hermanos,
dada la división que hará presa de los patriotas neogranadinos
entre los federalistas, encabezados por el brigadier Antonio Ba-
raya, y los centralistas, dirigidos por Antonio Nariño, y que va a
dar como resultado que junto con la proclamación del Estado de
Cundinamarca en 1811, se conformen paralelamente las Provin-
cias Unidas de la Nueva Granada. En mayo de 1812 se convoca
un Congreso general del Reino con la idea de buscar la unidad
de los dos movimientos y constituir un gobierno central dirigido
desde Cundinamarca por Nariño. Contra esto reacciona Baraya,
quien convoca previamente una reunión de oficiales, entre los
cuales está Urdaneta, y donde deciden asistir al Congreso pero
para defender la idea federalista y no obedecer ninguna orden del
gobierno central, salvo si era para defender el territorio liberado
de los ataques del enemigo español. El congreso fracasó, como
era de esperarse y se recrudecieron los enfrentamientos. Mientras
avanzaba la guerra fratricida, el gobernador realista Miguel Tacón
movilizaba sus fuerzas para recuperar Bogotá, siendo derrotado

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por las tropas de Baraya en Palacé; acción que le valió a Urdaneta


su ascenso a capitán y en noviembre de 1812, a teniente coronel.
Bajo este estado de cosas se encontraba la Nueva Granada
cuando Bolívar llega a Cartagena, a fines de 1812, con el propósito
de conseguir apoyo para recuperar a Venezuela luego de la pérdida
de la Primera República; en la cual también habían tenido mucho
que ver las diferencias entre centralistas y federalistas, y que habían
causado que unas provincias no sintieran como suyas las desgra-
cias de la vecina y se abstuvieran de ayudarlas militarmente. Esto
lo describirá muy bien Bolívar en el Manifiesto de Cartagena.
Será el 26 de febrero de 1813, en la localidad de San Cayetano,
cercana a Cúcuta, cuando Urdaneta se incorpore a las fuerzas co-
mandadas por Bolívar, como parte del Batallón de la Unión que le
envía el jefe militar de Pamplona, Manuel Castillo, quien luego, junto
a Francisco de Paula Santander, se empeñará en obstaculizar el plan
de Bolívar de penetrar en Venezuela para liberarla nuevamente.
A partir de ese momento el destino de Urdaneta quedará
para siempre enlazado al de Bolívar y no tendrá otro norte en su
vida que luchar por la libertad de su patria y defender la gloria
del Libertador. Así lo registra él mismo en sus Apuntamientos,
especie de diario que comenzará a escribir, siempre en terce-
ra persona, desde el momento en que, alejado de la contienda
fratricida en la que había estado envuelto, entra al servicio de
la causa mayor de la independencia que defendía Bolívar. Estas
notas las continuará llevando a lo largo de los años hasta casi el
momento de su muerte en 1845.

Antes de la acción de Cúcuta se incorporó Urdaneta al Cuartel Ge-


neral de Bolívar, y su llegada alentó mucho las esperanzas de éste,
porque siendo venezolano, estando decidido a la expedición sobre
Venezuela y teniendo influencia sobre las tropas granadinas, hizo
que Girardot, D’Eluyar y todos los demás se decidieran por ella.

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Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

Fue esta la primera gran muestra de confianza que recibía


Bolívar de parte de este venezolano, desconocido hasta entonces,
que contrario al ambiente adverso que se había levantado en Cú-
cuta no solo contra su proyecto sino contra sus propias capacida-
des como conductor de tropas, y que amenazaba con impedir su
marcha sobre Venezuela, se las jugaba claramente en su apoyo y,
además, junto a él, comprometía también el apoyo de varios neo-
granadinos que luego ocuparán un lugar señalado en la historia
de la independencia de Venezuela.
La conspiración de Castillo y Santander contra Bolívar siguió
su curso hasta alcanzar niveles increíbles, para quienes se decían
en ese momento estar luchando por una causa común: la libera-
ción de América de las garras españolas. La infamia es llevada a
todos los niveles: acusaciones ante el propio Poder Ejecutivo en
Bogotá y socavamiento interno de la lealtad de las tropas, hasta
ordenarles, como ocurrió con Urdaneta, que se mantuvieran en
su posición y que impidieran que Bolívar iniciara ninguna acción
sobre Venezuela. Y es aquí, cuando Urdaneta mostrará la gran-
deza de su talante moral y refrendará un compromiso supremo
e inalterable de lealtad hacia Bolívar y hacia la patria oprimida.
No solo advierte a Bolívar de las dimensiones de la conspiración
en su contra, sino que lo sellará con una frase inmortal que jamás
traicionará: “General, si con dos hombres basta para emancipar la
patria, pronto estoy a acompañar a usted”.
Frase esta que deberíamos hoy repetírnosla constantemen-
te para solidificar nuestro compromiso con una patria que está
siendo atacada desde todos los flancos, no solo por las fuerzas
imperiales que no renuncian a ponerle fin al proyecto bolivaria-
no y por las corrientes fascistas que alimentadas desde el norte
se han desatado como mortífera plaga sobre el país, sino tam-
bién por intereses mezquinos, por ansias deleznables de poder,
por dogmatismos exagerados, por ignorancia de las peligrosas
arenas movedizas en las que nos toca movernos, por idealismos

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extremos y por tantos otros motivos egoístas que se superponen


a la necesidad de dar muestras, como Urdaneta en ese momento
crucial, de estar dispuestos a comprometer hasta la vida misma
por la salvación de la patria.
Como lo expresó otro gran zuliano, Jesús Enrique Lossada:
“Después de Bolívar, está él. Con Bolívar, él irá por todos los ca-
minos, consumará todos los sacrificios, arrostrará todos los ries-
gos”. Como en efecto lo hizo desde ese momento y en todas las
circunstancias en que Bolívar lo requirió.
En Cucutá, esta acción de Urdaneta fue decisiva para que Bo-
lívar, reconfortado en sus ideas y capacidades, emprendiera con
fuerza la campaña que luego sería llamada Admirable. Urdaneta
fue designado mayor general y por ironías de la historia sustituyó
a Santander, su antípoda en cuanto a la fidelidad a Bolívar.
Del Urdaneta soldado de la patria basta decir que combatió
con gran arrojo todos los lances que se le fueron presentando
o que él mismo, con sus dotes de gran estratega, iba armando
para acorralar a los realistas, para hacerlos desalojar pueblos o
caminos, para minarles las fuerzas, o para llevarlos, siguiendo los
planes diseñados por el Libertador, a espacios donde sufrirían
las más grandes de las derrotas. Con Bolívar cruzó varias veces el
territorio nacional desde La Grita y San Antonio, en el Táchira,
hasta Cumaná y Nueva Esparta; desde Caracas y Barcelona hasta
Guayana y Angostura; desde Maturín a San Félix; desde Guayana
hasta Barinas y Apure; desde Barquisimeto a San Carlos y San
Felipe; desde Maracaibo y Coro hasta Puerto Cabello y Valencia.
Todo el territorio nacional fue escenario de su accionar heroico
y hasta podría decirse que salvo por su ausencia en la batalla de
Carabobo, a la que tanto contribuyó y en la que no pudo estar
por su mal estado de salud, fue quizás el único de los soldados de
Bolívar que estuvo a su lado en prácticamente todas las batallas.
Acompañó a Bolívar a todo lo largo de su Campaña Ad-
mirable y compartió su entrada triunfal en Mérida, y luego en

190
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

Caracas el 6 de agosto de 1813, celebrando junto a él el título de


Libertador con el que lo honró la patria resucitada. Y así como
estuvo al lado de Girardot en su sacrificio por la patria y le tocó
recoger su cuerpo exhausto, Urdaneta salvó al único ejército que
le quedó en pie a la patria cuando Boves y Morales se adueñaron
del país e hicieron que Bolívar emprendiera la trágica marcha
a oriente. En ese entonces, Urdaneta dirigía el Ejército de Oc-
cidente que estaba siendo igualmente acosado por las huestes
españolas y logró llevarlo con pocas pérdidas humanas hasta la
Nueva Granada, donde posteriormente se volvería a encontrar
con Bolívar para retomar la lucha.
En todo tiempo Urdaneta siguió los pasos de Bolívar y bas-
taba que se enterara de que el Libertador había reaparecido en
cualquier lugar de Venezuela, para que de inmediato acudiera a
su encuentro. Fue y no es exageración, el soldado más leal, más
fiel, más disciplinado y el más entusiasta con el que pudo contar
Bolívar a lo largo de su vida. Jamás dio motivo a una queja, a una
crítica, a una amonestación. Se puede decir que fue la perfección
de un luchador valiente y tenaz hecho soldado. Cualidades que
mostró no solo cuando recibía órdenes directas del Libertador,
sino que sus propias convicciones morales y la honestidad de su
compromiso con la patria, lo llevaron siempre a no tomar ningu-
na decisión que pusiera en peligro la seguridad de la lucha y las
posibilidades de victoria contra los españoles.
Mención especial debemos hacer del papel jugado por Urda-
neta en la incorporación de Maracaibo a la causa de la indepen-
dencia, de la cual la ciudad se había mantenido alejada, en parte
porque su situación geográfica la había resguardado del conflicto
bélico. Cuando en 1821 se firma el armisticio entre el jefe español
Morillo y el Libertador Simón Bolívar, en Santa Ana de Trujillo, y
se estipula que cada ejército debía conservar sus posiciones en el
punto en que se encontraba al momento en que le fuera notifica-
do dicho armisticio, Bolívar le encomienda a Urdaneta la línea de

191
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

mando desde Barinas hasta la laguna de Maracaibo; posición que


junto a la autorización que implicaba que los patriotas pudieran
transitar por Maracaibo si necesitaban comunicarse con el ex-
tranjero, fue muy bien aprovechada por Urdaneta para acordarse
con el entonces jefe militar de Maracaibo, quien habiendo sido
nombrado por las fuerzas españolas ahora hacía bando del lado
patriota gracias a la influencia que sobre él ejerció uno de sus her-
manos, patriota desde 1810. Burlando pues la vigilancia española
y con la excusa de comprar tabaco y llevarlo a Maracaibo donde
siempre escaseaba, se urdió un plan para que los propios habi-
tantes se pronunciaran por la independencia. Urdaneta, llamado
para la ocasión, debía aproximar sus fuerzas al lago y colocar al
Batallón Tiradores en Gibraltar, presto a proteger la ciudad de los
ataques que por esta razón podrían desatar los españoles. De esa
reunión con Urdaneta, los conspiradores salieron también con el
nombramiento de todas las autoridades que sustituirían a las es-
pañolas que gobernaban la ciudad, y con la decisión de aportar el
dinero que facilitaría la salida de estos fuera del territorio.
Con este subterfugio no se violaba el armisticio y los patrio-
tas ampliaban el territorio bajo su protección. En contrapartida,
quedaron a disposición del ejército patriota ingentes recursos lo-
gísticos: nuevos soldados, dinero y provisiones. De allí salió tam-
bién el Batallón Brillante, formado todo por maracaiberos, que
jugó poco después un gran papel deteniendo en Tinaco al coronel
Tello, jefe español que con un gran número de soldados se apres-
taba a entrar en la batalla de Carabobo.
Como efecto inmediato de su adhesión a la independencia,
Maracaibo pudo enviar diputados al Congreso Constituyente que
se reunió en el Rosario de Cúcuta en agosto de 1821, y de esta ma-
nera se incorporó a la gran República de Colombia.
Pero Urdaneta no solo supo hacerle frente al enemigo espa-
ñol, sino que también supo enfrentarse con los propios compa-
ñeros cuando estos desviaban el objetivo supremo de la libera-

192
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

ción de la patria por propósitos subalternos. En varias ocasiones


debió encarar a Mariño y a Bermúdez para hacerlos recapacitar
en sus apetencias de liderazgo; estuvo en Cariaco cuando Mariño
convocó el Congreso y valientemente se opuso a sus intenciones;
fue un fiel e importante lugarteniente de Bolívar en la campaña
de Guayana; apoyó a Bolívar en su difícil decisión de detener y
someter a juicio sumario a Piar; fue enviado por el Libertador a
establecer las primeras conversaciones con el León de los Llanos
cuando este se erigía en el jefe de las tropas de esa región, asu-
miendo ante él el papel de un líder moral, lo que le permitiría,
incluso en los tiempos en que Páez fue presidente de Venezuela,
llamarle la atención sobre su conducta desleal hacia el Libertador.
Vale decir que varias veces estuvo Páez tentado por la ambi-
ción de disputarle a Bolívar el título de líder máximo en la lucha
contra los ejércitos españoles; varias veces se dejó envolver hasta
por agentes extranjeros; varias veces conspiró contra su mando, y
en todas esas ocasiones allí estuvo Urdaneta para hacerlo recapaci-
tar y domarle sus ímpetus. Incluso cuando la gran conspiración de
Valencia de 1826, por la que Páez quiso hacerse nombrar coman-
dante general de Venezuela y urdió la trama, como una manera de
hacer que el Libertador aceptase su desatino, de ofrecerle coronar-
se rey, Urdaneta reaccionó con indignación y al mismo tiempo con
una fría racionalidad que lo llevó a jugárselas todas en una larga
carta dirigida a Páez, recriminándole por una conducta que él con-
sideraba a todas luces signo de descomposición moral y producto
de la más condenable ambición. Y en particular, consideraba una
gran traición el solo hecho de que Páez se imaginara que Bolívar
pudiera siquiera llegar a considerar tan absurda proposición:

Permítame Ud. Compañero que le diga mi sentir a este respecto


(…) [es decir] al proyecto de que él aceptase una corona. Es ne-
cesario advertir que el general Bolívar actualmente no pertenece
sólo a Colombia, él es un ente que pertenece a todo el mundo,

193
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

su nombre es ya propiedad de la historia, que es el porvenir de


los héroes (…) El Libertador con un pie en Colombia tiende sus
brazos sobre dos Repúblicas más y la órbita en que gira su cabeza
abraza todo el globo. ¿Quién ignora la existencia de Bolívar en
el mundo civilizado? Nadie, nadie, compañero (…) ¿Cree Ud.
que éste sería el modo por el cual él consintiese en un proceder
que lo rebaja? ¿Cree Ud. que el General Bolívar admitiría una
corona de manos de un General llamado ante la ley? (…) ¿Cómo,
pues, ha podido Ud. concebir que semejante paso haya podido
ser agradable al General Bolívar? ¿Cómo quiere que el Bolívar de
un mundo entero pertenezca sólo a Caracas? (…) nada puede ser
tan agradable al Libertador como un paso retrógrado de parte de
Ud. El ha jurado el año 22 en Quito que su espada y el ejército
Libertador garantizaban a la vez la Constitución por diez años: ¿y
cómo quiere Ud. que impunemente él permita deshacer el pacto
social a cambio de un ofrecimiento efímero hecho por un hom-
bre a quien el Cuerpo Legislativo llama ante la Ley?…

Difícilmente podría alguien redactar una carta con tal con-


tundencia si esa persona no fuera, en sí misma, un ejemplo inco-
rruptible de solidez moral, de lealtad a toda prueba, de fidelidad
absoluta, y si no tuviese además conciencia clara del momento
histórico que se estaba viviendo y del papel que le había tocado
jugar en ese momento. Esta carta desnuda la doblez moral de Páez
y enaltece la verticalidad de Rafael Urdaneta. Cómo este, podría-
mos citar otros párrafos in extenso que constituyen un mensaje
para todos los tiempos, un mensaje de advertencia sobre cómo
las pasiones, las ambiciones y las mezquindades, cuando se desa-
tan, son capaces de romper todos los lazos de unión que la patria
requiere para su salvación y la sacrifican entregándola a sus ene-
migos, en aras de propósitos personales.
Urdaneta fue la antítesis de este tipo de conductas desleales y
siempre estuvo presto a obedecer las órdenes de Bolívar. No fue-

194
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

ron incluso pocas las ocasiones en que llamado con urgencia por
Bolívar a un sitio, al llegar tenía que devolverse inmediatamen-
te porque el Libertador se había tenido que trasladar al lugar de
donde él había partido, y todo lo hacía con el entusiasmo que
inspira el saber que se actúa por una causa suprema.
Urdaneta volverá nuevamente a Bogotá, acompañando a Bo-
lívar, en 1821, cuando este se aprestaba a la Campaña del Sur. No
pudiendo seguir con él a causa de sus males, que él mismo calificó
de fuertes dolores artríticos, calenturas recurrentes y problemas
urinarios que más tarde serían la causa de su muerte, queda en
Bogotá armando los cuerpos que fueran llegando, equipándolos
y haciéndolos seguir tras Bolívar.
Fue duro para Bolívar aceptar las dificultades de salud de Ur-
daneta, sobre todo porque por momentos sentía que era el úni-
co en el que podía confiar plenamente. Preocupado por su salud
pero también por mantenerle la moral en alto, junto con mani-
festarle su inquietud lo alienta diciéndole que si se siente en con-
diciones de “ocupar algunos momentos en el servicio de la Repú-
blica”, queda autorizado para disponer en el occidente de todo lo
que juzgara conveniente, principalmente en la parte militar; pero
además, previendo que pudieran agravarse sus males, le ofrece
también todo el apoyo monetario que pudiera requerir de la Re-
pública, autorizándolo

…a que pueda librar y tomar del tesoro público y demás rentas


del Estado, donde quiera que Ud. se halle, durante su enferme-
dad, todas las cantidades que necesite para su subsistencia y cu-
ración, aunque excedan a los sueldos que corresponden a Ud.
por su empleo.

Estando en Bogotá, Urdaneta fue nombrado comandante ge-


neral del Departamento. Como tal, le tocó cubrir la frontera de
Cúcuta donde comandó una división para enfrentar a Morales,

195
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

que había vuelto a ocupar Maracaibo. Meses después deja encar-


gadas las tropas de Cúcuta al general Pedro Fortoul, quien final-
mente recuperará Maracaibo, en tanto que él regresa a Bogotá,
donde se incorpora como senador por la Provincia de Maracaibo
y será luego designado presidente del Senado. Al siguiente año es
designado intendente y comandante general del Departamento
del Zulia, y desde allí conformará el Batallón Zulia, el cual debía
reforzar las expediciones contra el Perú.
Durante la conspiración de Valencia de 1826, motorizada por
Páez, supo mantener el orden en su departamento y ejerció una
importante influencia para evitar el estallido de una guerra civil.
Cuando Santander se declara incompetente para detener el movi-
miento sedicioso, hace venir al Libertador del Perú a contenerlo.
De Bogotá el Libertador, sabiendo que cuenta con la fidelidad del
Departamento del Zulia bajo el cuidado de Urdaneta, se dirige a
Maracaibo “donde encontró tropas, marina y fondos para abrir
sus operaciones contra Venezuela”. Marchó por la costa de Coro a
Puerto Cabello, y Urdaneta fue destinado a mandar el ejército que
debía obrar sobre Valencia “con facultades amplias para dirigir las
operaciones según las circunstancias”, según lo refiere el propio
Urdaneta en sus Apuntamientos.
Controlada la situación por Bolívar, Urdaneta vuelve a Mara-
caibo donde permanece hasta julio de 1827, cuando por orden del
Libertador marcha a Bogotá con toda la fuerza de la guarnición
a su cargo, ante la emergencia que se había presentado en el Perú
por la sublevación de la tercera división del ejército y por la “so-
lemne aprobación” que el vicepresidente Santander había dado a
este movimiento. Una terrible campaña de prensa acompañaba
esta actitud de Santander, y la misma se traducía, según cuenta
el propio Urdaneta, en la desnaturalización de todos los actos del
Libertador en Venezuela: se le acusó de arbitrario y se empezó a
hablar de la separación de la Nueva Granada de Colombia. Bolí-
var respondió a esta conspiración encubierta de Santander con

196
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

bastante prudencia, y habiendo reasumido el gobierno, sometió


todos sus actos a la aprobación del Congreso para resguardarse,
mientras se ocupaba de prevenir las tentativas de los peruanos
contra el Ecuador y de iniciar la convocatoria de la Convención
de Ocaña, que tendría lugar a principios de 1828.
Desde entonces, dice Urdaneta, “Santander y sus partidarios
se preparaban a triunfar a toda costa, y entonces se descubrieron
las ideas de asesinato que se intentaron realizar el año siguiente”.
En ese aciago momento de la llamada Conspiración Septembrina,
también estuvo Urdaneta al lado de Bolívar, tanto al mando de
las tropas leales como ministro de la Guerra que era en ese mo-
mento, como luego en la responsabilidad que le asigna Bolívar de
nombrarlo comandante general del Departamento, para que por
ley fallara en el juicio de alta traición que involucraba a “personas
de categoría”, a personas de “elevada posición política y social”
contra las cuales no era fácil actuar. Pero de nuevo Urdaneta con
su intachable conducta llenó con creces las expectativas del Li-
bertador y la de los patriotas colombianos en general; añadiendo
así un nuevo mérito, como lo reconoció el propio Bolívar, “a los
relevantes que ha adquirido por sus distinguidos y continuados
servicios en el largo período de nuestra transformación política”.
En el ejercicio de esta delicada función, Urdaneta declarará
culpable a Santander por no haber impedido el intento de mag-
nicidio en su carácter de vicepresidente, y por realmente haberlo
consentido. Aunque fue igualmente condenado a pena de muerte,
la misma le fue conmutada por exilio, lo que lejos de aplacarlo lo
convertirá en un enemigo todavía más implacable y calculador.
Como sabemos, la Convención de Ocaña fracasó, pese a los
cuidados que puso Bolívar para asegurar que se diera; incluida su
separación temporal del cargo de presidente para no ser acusa-
do de interferencia en la misma. Era imposible que sucediera de
otra manera pues ya las pasiones se habían desatado de tal forma
que todo conducía hacía la desmembración del sueño más caro al

197
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

Libertador, el fortalecimiento de la unión colombiana. Ocaña vino


a ser el preludio de lo que luego Bolívar tendrá que enfrentar du-
rante los dos años siguientes y hasta su muerte. Este huracán des-
tructor sacudirá también a Urdaneta, como figura señera de la co-
rriente boliviana, y hasta pondrá en sospecha su lealtad a Bolívar.
A comienzos de 1830 se reúne en Bogotá un Congreso General
convocado por Bolívar, quien busca definir de una vez por todas
la difícil situación política que amenaza la existencia de Colombia.
La ceremonia de instalación del Congreso oculta el mar de contra-
dicciones que bullía en su interior. Instalado con mucha solemni-
dad por el propio Libertador el 20 de enero, concurren a él como
diputados los más grandes de los generales de la independencia:
Sucre, Urdaneta, Briceño Méndez, Ortega, Carrillo, Castillo Rada,
Félix Restrepo y muchos otros ciudadanos distinguidos, venidos
de los tres países que en ese momento componían esa entidad que
tanta lucha le costó a Bolívar. Según un testigo de la época, a un
embajador extranjero aquello le pareció una asamblea de reyes.
Los augurios eran sin embargo terribles. Los diputados ve-
nezolanos llegaron anunciando que definitivamente Venezuela
optaba por la separación, y el anuncio es refrendado por noticias
de movimientos militares en la frontera y Maracaibo en apoyo a
ese pronunciamiento. Esta noticia produce en Bolívar una gran
tristeza y lo reafirma en su decisión de retirarse de la cabeza de
los negocios públicos. Prefiere el ostracismo a siquiera manejar
la idea de que pueda verse obligado a empuñar las armas contra
“el país en el que había nacido y que le era tan querido”. Simple-
mente, le horrorizaba. Le toca a Urdaneta convencerlo de que
por lo menos participe en el Congreso y trate, si todos optaban
por la separación, de asegurarse que esta se hiciese sin guerra
entre las partes que la componían, salvando así a Colombia de
la anarquía que la amenazaba.
Este consejo de buena fe y que Bolívar acepta como el úni-
co posible en las presentes circunstancias, será aprovechado por

198
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

los enemigos de Urdaneta para hacer ver que estaba conspirando


contra Colombia y que aprovechaba su cercanía con el Libertador
para convencerlo de tomar ese partido.
El 20 de marzo, Bolívar abre la sesión del Congreso haciendo
un balance de la difícil situación y avanzando la idea de que si la
mayoría optaba por la separación, estaba dispuesto a aceptarla y
“él se iría de inmediato del país para que en plena libertad se orga-
nizasen del modo que lo tuviesen más conveniente”. La discusión
que siguió concordaba en la separación, pero se enfrentaron las
partes en cuanto a si convenía o no que Bolívar se retirase, y no por
respeto a su autoridad sino sobre todo porque buscaban culparlo
del fracaso y querían tenerlo cerca para responsabilizarlo. Tocó en-
tonces al general Urdaneta dar a conocer su parecer sobre el tema
del debate y expuso una verdad que todos habían evadido: que
la separación de Colombia ya estaba dada desde el 1 de enero de
1827 cuando el Libertador, a consecuencia de la conspiración de
Valencia de 1826, había aceptado crear en Venezuela autoridades
no contempladas en la Constitución, que habían establecido leyes
particulares para su régimen interior, y que aunque todos estos
actos habían sido luego refrendados por el Congreso, habían pro-
ducido de hecho una separación. Añadió que en Quito también
se había establecido una Junta Administrativa que virtualmente
lo independizaba del Gobierno general de Colombia; hechos to-
dos estos que el Libertador reconoció como ciertos y que según él
obligaba a tomar de una buena vez la decisión más conveniente.
Al final, el Congreso cerró el punto sin llegar a ninguna con-
clusión, pero los rumores contra Urdaneta continuaron, acusán-
dole de estar promoviendo la separación de Colombia y según
confiesa el propio Urdaneta, llegó un momento en que el mismo
Bolívar comenzó a dudar de sus buenas intenciones, que no eran
otras que la de proteger al propio Bolívar de ser objeto de mayores
ataques y de más campañas de desprestigio a las que ya era some-
tido. Afortunadamente, dice, “desengañado el Libertador volvió a

199
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

tratarlo con la confianza de antes” y se separaron. Urdaneta viajó


a Tunja, pero a los pocos días recibió un expreso de Bolívar lla-
mándolo de nuevo a Bogotá, “porque no confiaba sino en él” para
que quedara mandando en la Nueva Granada como jefe superior
militar, mientras él marchaba a la frontera con Venezuela. Em-
presa a la que Bolívar renuncia después al enterarse de que el De-
partamento de Zulia se había pronunciado ya por la separación,
y entonces decide esperar los resultados de la misión que le había
encomendado a Sucre en Venezuela.
Mientras esto ocurría, el Congreso continuaba sus delibera-
ciones. Urdaneta había solicitado licencia para no concurrir a él y
a petición de Bolívar es nombrado comandante de Armas de Cun-
dinamarca, sobre todo buscando Bolívar una garantía para su per-
sona, en momentos en que se resistía a que el Congreso lo volviera
a elegir presidente de Colombia. Finalmente, Bolívar logra que
nombren como presidente a Joaquín Mosquera y como vicepresi-
dente, a Domingo Caicedo; quedando Urdaneta como jefe militar.
Fue este un período sumamente convulsionado en la Nueva
Granada. Las divisiones eran irreconciliables y las principales víc-
timas de los odios desatados y de las acusaciones malintenciona-
das eran los dos hombres que habían dedicado su vida entera, sin
esperar nada para sí en lo personal, no solo para que la América
Meridional se independizara de España, sino para que a través de la
unión de todas las colonias liberadas pudiera recuperarse del atraso
y convertirse en una nación próspera que asegurara para sus ciu-
dadanos la máxima felicidad posible. Esos hombres eran precisa-
mente Bolívar y Urdaneta, cuyo destino estaba en ese momento en
manos de las pasiones más bajas y de enemigos sin moral.
Fiel a su palabra, el Libertador se dispuso a irse a Cartagena y
embarcarse para Europa, como huyendo del amargo destino que
la providencia parece depararles a los grandes benefactores de la
humanidad. Seguían llegando noticias de sediciones, de subleva-
ciones, lo que aumentaba el desencanto del Libertador que veía

200
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

cómo incluso su autoridad poco efecto tenía ya, y por el contrario,


era desairado por gentes para quienes la paz y el orden parecían
haber perdido significado. De este modo, dice Urdaneta, “El 8 [de
mayo] por la mañana salió el Libertador para Cartagena, escolta-
do por una compañía de Granaderos que se dio al efecto, y que le
acompañó hasta que murió en Santa Marta”. Urdaneta integró la
comitiva hasta Tunja y Soatá. Ignoraba que era la última vez que
veía a Bolívar con vida y que con esa despedida estaba poniendo
punto final a la última batalla que habrían de librar juntos.
A su regreso a la capital, Urdaneta renuncia a la Comandan-
cia de Armas, dado el recrudecimiento de los ánimos contra los
bolivianos. Hubo quien quiso aprovechar la situación para acu-
sarlo de haber inculpado injustamente a Santander del intento
de asesinato contra Bolívar y en ese ambiente, llegan también
a Bogotá varios de los oficiales comprometidos en la conspira-
ción de septiembre que habían sido condenados por Urdaneta
y que ahora habían sido puestos en libertad y recibían el apoyo
del nuevo gobierno. Estos oficiales llegan además pidiendo su
muerte y buscando exaltar los ánimos para una revolución con-
tra Bolívar que ya no tenía objeto, porque el Liberador había
abandonado Bogotá para no volver. En todo caso, “…se busca-
ron todos los medios de fastidiar y maltratar, tanto a los milita-
res como a los particulares que hacían profesión de estimar al
General Bolívar” y sobre todo a Urdaneta, “que era tenido como
el punto de reunión de los bolivianos”.
Ante la inacción del presidente Mosquera que se confesó in-
capaz de resolver la situación, Urdaneta opta por salir de Bogotá y
se refugia en una hacienda que tenía, junto con su familia, a fines
del mes de julio. Allí estuvo hasta el 30 de agosto cuando recibe
una comunicación del gobierno que ya estaba prácticamente caí-
do, para que se traslade a Bogotá a encargarse de la Secretaría de
Guerra. El resto de los ministros estaban huyendo o escondidos,
por lo que Urdaneta se encontró también presidiendo el Consejo

201
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

de Estado. Era tal la confusión y el desgobierno que al final convi-


nieron en volver a llamar al Libertador, para que volviese a reunir
y a regir Colombia. Se acepta la renuncia del presidente Mosquera
y deciden nombrar a Urdaneta para que se encargue provisio-
nalmente del gobierno mientras llega el Libertador, lo cual fue
acogido por todas las partes en conflicto.
Pero esta decisión no trajo la calma que Urdaneta y la mayo-
ría esperaba, por el contrario, reaparecieron de inmediato los ru-
mores, las conspiraciones, se reavivó el odio a los venezolanos en
general y a los bolivianos en particular, y a pesar de que Urdaneta
quiso mantenerse en los márgenes estrictos de la Constitución
para que todos contribuyeran a que se restableciera un cierto or-
den, no logró conseguirlo. Nunca en toda su vida se había visto
envuelto en una situación tan difícil y tan inasible como la que
en ese momento se desarrollaba. Realmente estaba en el ojo del
huracán y de todas partes le llovían incluso amenazas de muerte.
Nada podía poner orden en aquel vendaval de pasiones donde
ya nadie pensaba en la patria sino en sus propias apetencias de
poder. No podemos explicitar los detalles de este caos, pero basta
con decir que Urdaneta se vio obligado a pactar con Domingo
Caicedo, quien ahora reclamaba desde Neiva la Presidencia, desde
su posición de vicepresidente electo por el Congreso. De modo
que acepta reunirse con él en Apulo y se celebra un tratado que
lleva este nombre. Nada exigió Urdaneta a cambio, más que un
pasaporte para salir de Bogotá.
Regresa Urdaneta a la capital y presenta su renuncia ante el
Consejo de Estado de acuerdo a lo pautado con Caicedo, sin ima-
ginarse que este no cumpliría nada de lo acordado y que, por el
contrario, desataría una feroz persecución contra los urdanetistas
y bolivianos, mandando a prisión a muchos y a otros pasándolos
por las armas. Incluso Urdaneta salvó su vida porque le advirtie-
ron que estaba todo preparado para asesinarle al salir de Bogotá

202
Rafael Urdaneta: Lealtad a toda prueba
Carmen L. Bohórquez

rumbo a Cartagena; lo que lo obligó incluso a cambar su ruta y


fecha de salida y en lugar de dirigirse a Cartagena, donde se tenía
la orden de ponerlo en prisión como a todos los demás, marcha
hacia Santa Marta donde un individuo cuyo nombre mantuvo
en secreto, le concede un pasaporte y puede entonces embarcarse
lejos de sus perseguidores.
Los años que siguieron fueron de penuria para el general Ur-
daneta. Vivió un tiempo en exilio en Curaçao, luego Páez le auto-
riza a regresar a Venezuela pero manteniéndose aislado de la vida
pública. Se establece en Coro, donde se dedicará a criar chivos y
a sembrar la tierra con sus propias manos, hasta que finalmen-
te comienza a ser llamado para ocupar algunos cargos políticos.
Posteriormente es encargado de viajar a España como ministro
plenipotenciario que trataría con el gobierno de ese país el reco-
nocimiento, 24 años después de la batalla de Carabobo, de la in-
dependencia de Venezuela. La muerte lo sorprenderá en ese viaje
y muere en París el 23 de agosto de 1845, en ruta hacia el cum-
plimiento de su misión, el único servicio que no pudo rendirle
plenamente a la patria que lo vio nacer.
Pero, en realidad, su verdadero último servicio ya lo había
cumplido tres años antes, cuando desempolvó su uniforme de
general en Jefe del Ejército de Colombia para presidir el home-
naje que junto a otros sobrevivientes de esos años de dura ba-
talla pero de muchas glorias, le rendían ese 17 de diciembre de
1842, al General de Generales, al Libertador del Nuevo Mundo,
al que soñó y dio la vida por ver a la América libre y unida pre-
sentada ante el mundo en gloria y majestad, al que supo con-
ducirlos con coraje al combate y con honor a la victoria, al más
excelso de los patriotas, al hombre a cuya gloria él consagró su
vida y a quien siempre y en todo momento supo serle fiel hasta
más allá de la muerte: al Libertador Simón Bolívar; cuyos res-
tos, superando también el vendaval de odios y mezquindades,

203
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

habían sido finalmente traídos de vuelta a su patria. En ese mo-


mento cobraron vida los diecisiete años vividos intensamente a
su lado y sintió que de nuevo brillaba la justicia.
Hagamos nosotros también que brille la justicia para el ge-
neral Urdaneta haciendo que se convierta en un referente per-
manente que guíe nuestro compromiso con la patria y nuestras
acciones como ciudadanos que construyen una sociedad de
igualdad, de paz y de libertad. No encontraremos mejor ejem-
plo que ofrecerles a las jóvenes generaciones ni mejor imagen
en la cual autorreconocernos.

204
113 Reseña
William Sullivan. El despotismo de Cipriano Castro.
Caracas: Fundación Editorial Trilobita/Academia
Nacional de la Historia, 2013.

Javier Escala

E l historiador norteamericano William Sullivan (New Hamps-


hire, 1941) es uno de los más grandes estudiosos de la épo-
ca de Cipriano Castro. Su interés sobre la década inicial del siglo
XX venezolano data de 1971. Sullivan estuvo por primera vez en
nuestro país como voluntario del Cuerpo de Paz entre 1965 y
1967. Después ingresó a la Universidad de New México donde,
bajo la tutela del profesor Edwin Lieuwen, eligió a Castro como
tema a trabajar para su tesis doctoral. Lo atraía el trato apasio-
nado y poco riguroso que para entonces la historiografía daba al
presidente andino. El resultado concluyó en 1974 con el trabajo
The Rise of Despotism in Venezuela: Cipriano Castro 1899-1908,
titulo original de la obra reseñada.
Durante su segunda estadía en Venezuela (1971-1973), Su-
llivan, con una beca de investigador por la Universidad de New
México, emprendió la titánica empresa de recolectar una enorme
cantidad de fuentes relacionadas con Castro y su época. El apor-
te de esas incontables horas de búsqueda en unos archivos na-
cionales desorganizados y restringidos en su horario laboral, no
fue solo la tesis doctoral, sino la obra Bibliografía comentada de
la era de Cipriano Castro 1899-1908, divulgada por la Biblioteca
de Autores y Temas Tachirenses en 1977 y de imperiosa consul-
ta para los que opten por abordar este período. En una tercera
estadía (1975-1977), esta vez becado como investigador por la
Fundación para el Rescate del Acervo Documental de Venezuela
(Funres), publicó con la colaboración de Winfield J. Burggraff,

207
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

El petróleo en Venezuela: Una bibliografía, y con Brian S. McBeth,


Historia documental de la industria petrolera 1865-1908; asimis-
mo, compiló el material gráfico para la obra Cipriano Castro en
la caricatura mundial.
La salida a las librerías del libro El despotismo de Cipriano
Castro resultó un compromiso saldado tanto con el autor como
con los historiadores y público venezolanos. Por casi cuarenta
años este trabajo permaneció en inglés y sin publicar en la biblio-
teca de la Universidad de New México, pocos tenían acceso a él y
su conocimiento era fragmentario.
El texto se compone de 17 capítulos y 623 páginas en una lu-
josa edición empastada con papel scritta, conocido vulgarmente
como papel biblia. Además, a diferencia de la disponible en New
México, presenta una actualización de fuentes y texto. El material
recaudado (tablas estadísticas, memorias ministeriales, datos eco-
nómicos, informes oficiales, correspondencia, discursos, artículos
de prensa, reportes consulares y entrevistas en más de 1.600 notas
a pie de página) hace de esta obra el estudio más acabado, hasta
entonces hecho, sobre el gobierno de Cipriano Castro. Se suma
a tal rigurosidad una treintena de páginas de apoyo bibliográfi-
co dividido en colecciones de documentos-general; documentos
publicados-Gran Bretaña; documentos publicados-Estados Uni-
dos de América; documentos publicados-Venezuela; documentos
y manuscritos inéditos; material de archivo de Inglaterra, Puer-
to Rico, Venezuela y el Departamento de Estado de los Estados
Unidos; entrevistas; periódicos; memorias, diarios y testimonios
contemporáneos; artículos; monografías, estudios generales y re-
latos secundarios. Por otro lado, el apéndice y los índices temático
y onomástico realizados por el autor ofrecen una pesquisa más
exacta de los tópicos a consultar.
El aporte de Sullivan en este trabajo, además de la increíble re-
colección de fuentes, fue su capacidad de conjugar casi todos los
entramados de una época (diplomacia, guerras, política, negocios,
vida de Castro, cultura, reformas del Estado, daños económicos, re-

208
Reseña
Javier Escala

laciones con la Iglesia y cuadro social) bajo un solo volumen con


un sustento documental sólido. Pero hay más. La mayoría de los
trabajos historiográficos sobre Cipriano Castro se han quedado en
tres aspectos de sus nueve años de mandato: La revolución liberta-
dora, el bloqueo naval de 1902-1903 y el problema con la New York
and Bermúdez Company. Sullivan fue más allá, dedicando cuatro
capítulos (122 páginas) al desgaste y derrumbe del poder de Cas-
tro entre 1906 y 1908. Ni Enrique Bernardo Núñez en El hombre
de la levita gris (1943), ni don Mariano Picón Salas en Los días de
Cipriano Castro (1953) consiguieron, en sus pioneras e invalorables
obras, tratar los días de la restauración liberal con tal agudeza.
William Sullivan ha investigado la historia de nuestro país
por más de cuatro décadas, cuestión que lo hace un auténtico
venezolanista y, como lo calificó Pedro Grases, un “monstruo”
de la investigación. Todavía guarda una carta más, inédita para
nuestros estudiosos, que recibe el nombre de Diccionario biográ-
fico, histórico, económico y geográfico de Venezuela 1890-1908; el
cual, según su autor, cuenta para el momento de 2.334 páginas
(1.403.000 palabras), 7.650 biografías de personas que vivieron
en el lapso mencionado, 466 documentos, 887 páginas de sección
histórica, geográfica y estadística, y 462 entradas sobre academias,
sociedad, ferrocarriles, petróleo, importaciones, exportaciones,
bancos, educación, prensa, gabinetes ministeriales, obras públi-
cas, etc. El trabajo, más extenso que el Diccionario de historia de
Venezuela de la Fundación Polar, está a la espera de un editor tras
el ofrecimiento no realizado de publicarlo en 1977.
El despotismo de Cipriano Castro, presentado por Sullivan a la
Academia Nacional de la Historia en su cuarta visita a Venezuela
(2013), tiene los méritos para ser una obra de referencia obligada
a todo investigador que procure explorar los tiempos de la restau-
ración liberal. Los únicos inconvenientes que presenta el libro en
la actualidad son su escaso tiraje (700 ejemplares), su costo y su
ausencia en las principales bibliotecas del país.

209
Normas para la presentación
de originales

Tierra Firme, revista de historia y ciencias sociales, es una publi-


cación trimestral dedicada a la investigación científica en el área
de las ciencias sociales y en particular de la historia. En ella se pu-
blican artículos e informes que pueden ser investigaciones con-
cluidas, investigaciones en proceso y estudios analíticos, así como
reseñas y comentarios.
El Comité Editor y el Consejo de Redacción de la revista han
establecido una serie de normas y criterios para la publicación de
los trabajos que damos a conocer a nuestros colaboradores:

1.- Los trabajos deben ser inéditos y nunca con más de treinta
(30) cuartillas.
2.- Todos los trabajos irán precedidos de una hoja en la que
figure el título del trabajo, el nombre del autor o autores, así
como un breve currículum de estos. Debe señalarse la situa-
ción académica de los autores y su teléfono y dirección. En
esta página precedente se incluirá también un resumen no
mayor de quince (15) renglones y una lista de palabras clave.
3.- El Consejo de Redacción revisará en primera instancia los
originales y seleccionará, si es necesario y de acuerdo con el
tema, a dos miembros del Comité Editor o a dos expertos en
la materia, quienes efectuarán una nueva revisión. En todo
caso, la Junta de Arbitraje decidirá sobre los trabajos.
4.- Las colaboraciones deberán enviarse al correo tierrafirme
revista@gmail.com
5.- En cada cita deberá hacerse referencia a su fuente dentro
del texto en el cual aparece; por ejemplo: (Núñez Tenorio,

211
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

1975: 24). Al final del artículo o informe se darán las fuentes


bibliográficas o hemerográficas completas, en orden alfabéti-
co de autores, observando las siguientes normas:
5.1. Libros: Apellido e iniciales del nombre del primer au-
tor. Iniciales del nombre y apellido de cada coautor. Título
del trabajo en cursivas y en mayúscula la letra inicial de las
palabras que no son elementos de enlace. A continuación,
separada por un punto y seguido, la ciudad en la cual se
encuentra la editorial, luego de dos puntos, la editorial y,
finalmente, separado por coma, el año de la publicación.
Ejemplo: Stepam, A. y D. Rock. The Military in Politic.
Stanford: Stanford University Press, 1980.
5.2. Artículos: Apellido e iniciales del nombre del pri-
mer autor. Iniciales del nombre y apellido de los coauto-
res, título del trabajo con mayúscula, la letra inicial de las
palabras que no son elementos de enlace y todo entreco-
millado, nombre de la revista en cursivas, volumen, año,
número, ciudad, fecha y páginas. Ejemplo: Cunill Grau,
Pedro. “Geohistoria ambiental y expoliación de recursos
naturales en la Venezuela pre-petrolera”, Tierra Firme, vol.
VI, nº 24, Caracas, 1988, pp. 327-344.
6.- Las pruebas de imprenta no serán enviadas a los autores
para su corrección final. Dichas correcciones serán realizadas
por el Consejo de Redacción y el equipo de corrección.
7.- Los puntos de vista expuestos por los autores no corres-
ponderán necesariamente con los de los editores.

La revista mantiene una sección dedicada a noticias relaciona-


das con la actividad científica desarrollada durante el año. Por ello, se
agradece a los organizadores y responsables de congresos, jornadas,
simposios u otra actividad de índole científica, ponerse en contacto
con nosotros a fin de incorporar las informaciones correspondientes.

212
Red de Historia, Memoria y Patrimonio

¿Qué es?
La Red de Historia, Memoria y Patrimonio (RHMP) es un entra-
mado de relaciones político-culturales establecidas entre indivi-
dualidades, colectivos organizados e instituciones vinculadas con
la memoria y el patrimonio histórico (tangible e intangible), que
busca crear un espacio de reconocimiento colectivo orientado a la
descolonización de la memoria y la emancipación cultural como
formas de activar la conciencia histórica del pueblo venezolano
para la transformación, en aras de la construcción de una socie-
dad de justicia y equidad.

¿Cómo surge?
La existencia en el país de un gran número de colectivos, institu-
ciones e individualidades ocupados e interesados en los asuntos
de la Historia, la Memoria y el Patrimonio, sugiere la necesidad
de crear un sistema de articulación bajo los principios de la in-
clusión, la participación protagónica y la corresponsabilidad, que
incentive el diálogo de saberes y la construcción de una estrategia
común, respetando la diversidad y propiciando el conocimiento
y el autorreconocimiento.

Filosofía
La propuesta de la RHMP está fundamentada en:

1. El Plan de la Patria Simón Bolívar


1.1 La consolidación del Poder Popular a través de una
postura suprainstitucional que promueva la horizontali-
dad de su organización.

213
Tierra Firme No 113
Caracas, julio-diciembre 2017

1.2 La activación de nuevas estrategias de promoción


cultural.
2. La “Historia Insurgente” como apuesta para descolonizar
la memoria y reconocer la diversidad de los procesos históri-
cos locales, regionales y nacionales.

¿Qué hace?
• La RHMP identifica problemas relacionados con la memo-
ria histórica y el patrimonio, y participa en los esfuerzos que
se emprendan para solucionarlos de manera colectiva.
• Propone publicaciones y actividades de formación, hace re-
gistro de la memoria y diagnóstico del patrimonio documen-
tal y cultural (tangible e intangible).
• Promueve la creación de museos comunitarios, archivos de
la palabra, fotográficos, de video, entre otros; propone, acom-
paña y realiza investigaciones.
• Apoya la creación y sostenimiento en el tiempo de espacios
para la formación académica como los Programas Nacional
de Formación en Historia (PNFH).
• Privilegia la creación historiográfica centrada en el estudio
de los pueblos, comunidades, comunas y localidades (historia
regional y local).
• Propicia las nuevas y diversas interpretaciones de la historia
para la creación de un discurso histórico incluyente y liberador.

¿Cómo participar?
Estableciendo contacto y enviando sus datos personales o institu-
cionales a la dirección de correo electrónico siguiente:
redhistoriamp@gmail.com

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113 TIERRA
FIRME
Revista de Historia y Ciencias Sociales.
Caracas, julio-diciembre 2017
Se terminó de imprimir en el mes
de agosto de 2018, en su diseño se usaron las
familias tipográficas Minion y y Serifa.
Caracas, República Bolivariana de Venezuela.
DE
R ED
H ISTORIA ,
M EMORIA
Y P ATRI MONIO

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