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El príncipe y el hada

distintas. Cada cual tomaría uno de los caminos que


partían de la posada, y, al finalizar el año, se encontrarían
en aquel mismo lugar.
Compararían entonces los presentes que hubieran
HABÍA una vez un Sultán, Señor de todas las Indias, conseguido, antes de presentarse a su padre.
que tenía tres hijos, el príncipe Husein, el príncipe Alí, y Muy temprano, a la mañana siguiente, montaron en
el príncipe Ahmed. Eran los tres ingeniosos, bien sus caballos, se dijeron adiós y empezaron su aventura.
parecidos y valientes; y al hacerse hombres, El príncipe Husein, que era el mayor de los tres, viajó
enamoráronse de su prima la princesa, que no sabía a durante meses hasta que llegó a la ciudad de Bisnagar,
cuál elegir. El Sultán estuvo también largo tiempo que le pareció ser la más rica de todas las ciudades del
indeciso, hasta que al fin resolvió: mundo. Cuantos hombres y mujeres encontraba por las
- Se casará con la princesa el que demuestre ser el calles, lucían collares, pulseras y pendientes de piedras
mejor de los tres. Por tanto, hijos míos, tomad cada uno preciosas, y se asombraba ante la variedad de los
el oro que os haga falta y un criado de confianza; artículos expuestos para su venta, en los bazares.
disfrazaos y salid en busca de fortuna. Regresad dentro Fatigado al fin de tanto caminar, sentóse a descansar
de un año, y aquel de vosotros que haya conseguido el en la tienda de un amable comerciante. A poco se
presente más maravilloso, un presente raro, curioso y sorprendió al ver, parado enfrente de la tienda, a un
mágico, será el esposo de la princesa. hombre que llevaba un trozo de alfombra común y
Pareció éste un excelente plan a los príncipes, quienes corriente, de unas dos varas por lado, y por el que pedía
emprendieron el viaje a la mañana siguiente. Salieron la fabulosa suma de treinta bolsas de oro.
juntos de su palacio, vestidos como sencillos -¡Seguramente he entendido mal!
comerciantes y acompañados de tres oficiales disfrazados -exclamó el príncipe Husein- ¿Cómo es posible que
de esclavos. Sin embargo, los hijos del Sultán montaban esa alfombra tan insignificante valga esa cantidad?
hermosos caballos e iban provistos de una buena cantidad - ¡Oh, mi señor! –contestó el hombre-. Te asombrarás
de oro. aún más cuando te diga que no me separaré de ella por
Caminaron todo el día y por la noche llegaron a una menos de cuarenta bolsas.
posada, situada precisamente en un cruce de caminos. -Siendo así -dijo el príncipe-, debe tener algún
Mientras cenaban decidieron salir al punto en direcciones hechizo para hacerla tan valiosa.
- Has adivinado, extranjero- contestó el hombre-. Si te bolsas de oro.
sientas sobre ella y deseas estar en cualquier sitio del - Con toda seguridad oí mal- exclamó el príncipe-.
mundo, al instante la alfombra volará a ese sitio, y te ¿Cómo puede valer tanto ese tubo de marfil, tan común y
llevará, además sin ningún peligro y con absoluta corriente?
seguridad. -¡Oh, mi señor! –contestó el hombre-. Te asombrarás
El príncipe, pensando en sus planes, dijo: aún más cuando sepas que no lo venderé por menos de
- Si tiene en verdad el poder que dices, además de cuarenta bolsas.
pagarte las cuarenta bolsas de oro, te haré un espléndido - Entonces –dijo el príncipe-, debe tener un hechizo
regalo; y estimaré que he hecho un buen trato. singular para ser tan costoso.
- Oh, extranjero –contestó el hombre-, siéntate - Has descubierto la verdad, extranjero –dijo el
conmigo en la alfombra, y desea estar en el lugar donde hombre-. No tienes sino tomarlo en tus manos, mirar a
resides en esta ciudad. Así, cuando lleguemos, no través de él por cualquiera de sus extremos, y desear ver
necesitarás ir muy lejos para darme las cuarenta bolsas de lo que quieras
oro, pues no creo que lleves contigo tal cantidad. El príncipe, que pensaba en el objeto de su viaje, dijo:
Se sentó el príncipe en la alfombra, y deseó estar en - Si puedes probarme que con este anteojo-espía
su residencia. Inmediatamente, la alfombra lo transportó puedo ver lo que deseo, lo compraré no solamente por las
hasta su casa, con tal rapidez, que casi comenzaba a darse cuarenta bolsas de oro, sino que te haré, además, un
cuenta de que volaba, cuando se encontró sentado en sus generoso regalo. Y aún pensaré que he hecho una
habitaciones. excelente compra.
Pagó las cuarenta bolsas por la alfombra y añadió una El hombre puso el anteojo mágico en las manos del
buena cantidad de piezas de oro. Y confiado en que sería príncipe Alí, diciéndole:
él quien se casaría con la princesa, se quedó en Bisnagar, -Mira por este extremo, y piensa en la persona que
hasta que casi terminó el año, admirando las maravillas más desearías ver.
que encerraba la ciudad. Cuando llegó el día en que debía El príncipe miró a través del anteojo, y deseó ver a la
encontrarse con sus hermanos, se sentó en su Alfombra princesa, a quien amaba sobre todas las cosas.
Mágica, y en unos cuantos minutos, llegó a la posada de Inmediatamente le pareció tenerla delante, más hermosa
la encrucijada. que el día, sentada entre sus doncellas, que le peinaban su
El príncipe Alí, mientras tanto, se había dirigido a magnífica cabellera y la vestían con preciosas sedas y
Chiraz, la capital de Persia. Llevaba allí poco tiempo, ricas joyas.
cuando se sorprendió al escuchar, en la calle, a un Al ver esto, el príncipe pagó las cuarenta bolsas de
hombre que ofrecía un tubo ordinario de marfil, como de oro, y añadió un buen puñado de monedas. Y sintiéndose
dos palmos de largo, por el enorme precio de treinta seguro de casarse con la princesa, permaneció en Chiraz,
gozando de los paseos y diversiones de la ciudad, antes cuando llegaron al cuarto del enfermo, acercó la manzana
de emprender su viaje de regreso a la posada en el cruce a la nariz del moribundo. El hombre saltó del lecho al
de caminos. instante, completamente curado.
Mientras sucedían todas estas cosas, el príncipe Al ver esto, el príncipe pagó las cincuenta bolsas de
Ahmed había hecho un largo viaje hasta la ciudad de oro, y regresó gozoso a la posada, seguro de que sería el
Samarcanda. Entre las maravillas del lugar, ninguna le esposo de la princesa.
sorprendió tanto como la manzana artificial que ofrecía Fue el último en llegar; pero lo hizo, sin embargo, el
un hombre en el mercado, por no menos de treinta bolsas día que finalizaba el año en que los tres hermanos habían
de oro. resuelto dar por terminada su aventura.
- Sin duda no entendí bien –exclamó el príncipe. Empezaron inmediatamente a contarse sus hazañas, y
¿Cómo puede una cosa tan fea costar tanto oro? a jactarse de sus compras maravillosas.
-Oh, señor –contestó el hombre-, tu asombro será aún - ¡Nada puede ganarle a mi Alfombra Mágica! -
mayor cuando te diga que posiblemente no la venda por exclamó el príncipe Husein-. Imaginad: ¡mi criado y yo
menos de cuarenta bolsas de oro. hemos venido desde Bisnagar en unos instantes, con solo
- Eso me hace pensar –dijo el príncipe- que hay algo sentarnos sobre ella y desear estar aquí!
mágico en la manzana, y te suplico que me lo digas. -Ciertamente, hermano mío, tu Alfombra Mágica es
- Es verdad lo que has dicho, extranjero -contestó una de las cosas más maravillosas del mundo –concedió
el hombre-. Si juzgas solamente por lo que ves, la el príncipe Alí-. Pero mi Anteojo-Espía Mágico, lo es aún
manzana vale poco. Pero cuando te diga cuáles son sus más. Con sólo mirar por él y desear ver a la persona que
virtudes, sabrás apreciar su valor. No hay enfermedad, quieras, la verás inmediatamente, por muy escondida o
por dolorosa o grave que sea, que no pueda curar; y por lejana que esté. No espero que creáis en mis palabras en
muy cerca de la muerte que el enfermo se encuentre, al mis palabras sin probarlas; así que tomad el Anteojo-
instante sana, solo con oler esta mágica fruta. Espía y ved si digo la verdad.
El príncipe, que no olvidaba sus planes, dijo: El príncipe Husein lo tomó en sus manos, y mirando a
- Si puedes probarme esas artes mágicas de la través de él, exclamó.
manzana, te daré además de las cuarenta bolsas de oro, - ¡Deseo ver a mi amada prima, la princesa!
diez más. Y pensaré que he hecho una gran compra. No había terminado de decir estas palabras, cuando,
Mientras el príncipe y el hombre hablaban, un buen con gran sorpresa, vieron sus hermanos que temblaban
número de personas se había juntado a su alrededor, y sus manos, y se tornaba más pálido que la muerte.
una de ellas exclamó: - ¡Oh, príncipes, hermanos míos! –gritó-. Todos
-Tengo un amigo que se está muriendo. Si venís nuestros trabajos han sido en vano. Acabo de ver a
pronto, podréis demostrar los poderes de la Manzana nuestra amada princesa, moribunda, rodeada de sus
Mágica. doncellas. Le quedan sólo unos momentos de vida.
El príncipe aceptó inmediatamente la proposición, y El príncipe Alí arrebató el Anteojo a su hermano, y
después de una rápida mirada, se dejó caer lleno de como su esposa.
angustia. El Sultán se acarició la barba pensativamente.
Pero el príncipe Ahmed exclamó: - El príncipe Ahmed ha salvado la vida de la princesa
-Oh, hermanos míos, si no perdemos tiempo, con la Manzana Mágica – dijo-, pero no hubiera podido
podremos salvar la vida de nuestra prima, la princesa. llegar a tiempo a no ser por la Alfombra Mágica del
Ved la maravilla que yo he traído: una manzana tan príncipe Husein; y ninguno de vosotros hubierais sabido
valiosa como la alfombra o el anteojo, y aún más, pues el peligro que corría, a no ser por el Anteojo-Espía
curará cualquier enfermedad, y si la persona que sufre Mágico del príncipe Alí. No… No puedo decir cuál es el
está a las puertas de la muerte, se restablecerá al instante, vencedor, aun cuando los tres habéis probado ser
sólo con olerla. merecedores de vuestra prima. Deberemos hacer otra
- Si esto es cierto- dijo el príncipe Husein-, subamos prueba. Id, templad vuestros arcos, llevad vuestras
todos a mi Alfombra Mágica, y deseemos estar al lado de flechas, y esperadme en las murallas de la ciudad.
nuestra amada princesa. Aquél cuya flecha llegue más lejos, será el esposo de la
Y como lo propuso, lo hicieron. Un momento princesa al caer el sol.
después, los tres príncipes estaban en la habitación de la Poco después, los tres príncipes, uno al lado del otro
princesa, mientras las doncellas se retiraban o corrían estaban con las flechas preparadas en los arcos.
asombradas por la súbita aparición de los hermanos. El príncipe Husein tiró primero. A continuación, el
Inmediatamente, el príncipe Ahmed se arrodilló junto príncipe Alí lanzó su dardo, que cayó unos pasos más
al lecho, incorporó a la moribunda princesa con un brazo, lejos que el de su hermano. Por último, el príncipe
y acercó a la nariz la Manzana Mágica. No tardó la joven Ahmed tensó su arco, y su flecha voló fuera del alcance
en abrir los ojos, y unos momentos después, daba la de la vista, desapareciendo tan misteriosamente, que ni la
bienvenida a sus primos con su acostumbrada gracia, más cuidadosa búsqueda logró descubrirla.
rogándoles que salieran de su habitación mientras se Así que se declaró vencedor al príncipe Alí y grandes
levantaba y se vestía. y hermosos fueron las fiestas con que se celebró la boda.
Los tres príncipes corrieron a arrodillarse a los pies de Pero el príncipe Husein no se encontraba presente, pues
su padre, y no solamente le mostraron las maravillas que desilusionado, había renunciado al mundo y a su derecho
habían traído, sino que le refirieron el buen uso que al trono. Era derviche, es decir, monje mahometano, y
habían hecho de ellas. vivía en el desierto, ayunando y dedicando su vida
a adorar a Alá el Misericordioso.
- Y ahora, rey, ¡larga vida os dé Dios! – le dijeron-. El príncipe Ahmed tampoco estuvo en la boda,
Resolved cuál de nosotros puede reclamar a la princesa pues seguía buscando su flecha. Y no pudiendo
encontrarla, siguió la dirección en que había de mi padre, el Sultán.
desaparecido, lejos, rumbo a las montañas, con el -Oh, príncipe –fue la respuesta-, yo soy un hada, hija
corazón invadido de tristeza. de un poderoso genio, y mi nombre es Banu. No debe
Llegó por fin a un enorme acantilado que le cerraba el sorprenderte que conozca tu nombre, pues te he seguido a
paso. Y allí, con gran asombro, descubrió su flecha ti, y a tus hermanos, durante algún tiempo. Fui yo la que
brillando sobre la hierba, a casi cuatro leguas del lugar mandé la Manzana Mágica a Samarcanda para que
donde la había lanzado. pudieras comprarla, así como la Alfombra Mágica a
- ¡Parece obra de brujería! –exclamó-. No hay hombre Bisnagar para el príncipe Husein, y el Anteojo Mágico a
que pueda disparar una flecha a esa distancia. Chiraz, para el príncipe Alí. Pero no podía verte
Mientras hacía este comentario, notó que la flecha desposado con una persona tan inferior como la princesa,
apuntaba a una cueva, en la entrada de la cual tu prima. Así que cuando disparasteis vuestras flechas, yo
desembocaba una vereda; y al avanzar hacia ella, vio en volaba invisible sobre vosotros, tomé tu flecha y la traje
el interior una extraña puerta de hierro. El príncipe la hasta la entrada de mis posesiones. Aquí podrás encontrar
abrió sin dificultad, y penetró en la montaña. felicidad y riquezas, pues yo, y todo lo que tengo, será
Esperaba encontrar tinieblas; pero, por el contrario, tuyo.
después de avanzar unos pasos, llegó a un espacio más El príncipe Ahmed contempló la belleza del hada
iluminado aún que el mundo exterior. Y lo primero que Banu, y le pareció que jamás había visto nada igual, ni
vio, fue un magnífico palacio, resplandeciente de oro y había conocido el amor, hasta ese momento. Así que se
piedras preciosas. casaron ese mismo día, y durante seis meses fueron
No tuvo tiempo de admirarlo, sin embargo, pues completamente felices.
inmediatamente avanzó hacia él, desde el palacio, la Al cabo de ese tiempo, el príncipe, dijo a su esposa:
princesa más hermosa que nunca había soñado - Corazón de mi corazón, una sola cosa me impide ser
contemplar. completamente feliz. Durante todo este tiempo, mi
Al acercarse a él, exclamó: amado padre debe creerme muerto. Permíteme ir a
- Bienvenido, príncipe Ahmed a mi palacio. visitarlo y a llevarle el consuelo de que vivo.
El príncipe, que estaba extraordinariamente Pero el hada Banu le dijo, con acento de reproche:
sorprendido, dijo: - ¿Es acaso, oh, príncipe, que te estás cansando de mí
y buscas una excusa para dejarme?
-Oh, hermosa señora, no encuentro palabras para El príncipe, ante estos recelos, no volvió a mencionar
alabaros. Pero decidme, os suplico, cómo sabéis mi su deseo de visitar al Sultán, aunque continuamente
nombre, cuando yo ni siquiera tenía noticia de este hablaba de él.
maravilloso lugar, tan cercano, sin embargo, a la ciudad
Pero llegó el día en que el hada supo que el Sultán propósito oculto en todo aquello, que escapaba a sus ojos.
estaba verdaderamente triste por la desaparición de su Llamó nuevamente a la bruja y le ordenó que
hijo. No había vuelto a saber de él, y los mensajeros que descubriera, en la montaña, el lugar donde se dirigían el
había mandado en todas direcciones no lograban príncipe y sus acompañantes.
averiguar nada. Mandó, por fin traer a una bruja y le La bruja se disfrazó de inocente anciana y se sentó en
ordenó que usara de todas sus artes para descubrir el el camino, cerca del lugar donde el príncipe parecía
paradero del príncipe. desvanecerse en la falda de la montaña.
-Oh, mi rey, a pesar de todas mis artes, lo único que Cuando este y sus guardas pasaron por el lugar, ni se
puedo decirte es que el príncipe Ahmed vive aún. Un fijaron en la miserable vieja; pero ella los vigilaba
poder superior al mío me impide saber más. atentamente y vio cómo se dirigían en fila hacia una
Enterada de esto, el hada Banu dijo al príncipe: cueva, no lejos de dónde ella se encontraba.
- Amado mío, veo que continúas ansioso de visitar al Tan pronto como desaparecieron, siguió sus huellas
Sultán, tu padre, y sé que es esa ciertamente la única por la vereda hasta la entrada de la cueva. Pero no vio
razón que tienes para desear salir de aquí. Toma veinte más que la sólida pared de roca, pues la magia de la
hombres, y ve sin temor. Pero te suplico que no le digas puerta de hierro del hada Banu, era tal, que ninguna
con quién te has casado, ni dónde vivimos. mujer mortal podía verla.
El príncipe prometió guardar el secreto del hada, y El Sultán, sin embargo, insistía en saber más, así que
salió con sus veinte guardias, vestidos con ricas ropas la bruja esperó la siguiente visita del príncipe Ahmed, y
cubiertas de joyas, y montando magníficos caballos. cuando calculó que estaba próxima se tendió entre las
El Sultán recibió feliz, y con lágrimas de alegría, al rocas, junto a la boca de la cueva, fingiendo estar
hijo desaparecido, sin forzarlo a traicionar el secreto de gravemente enferma.
sus riquezas o de su matrimonio. Poco después salió el príncipe en su caballo,
Pero en torno al Sultán había señores y visires que acompañado de sus criados, y cuando vio a la
envidiaban las riquezas y evidente felicidad del príncipe pobre mujer, tirada en el suelo, quejándose, se volvió y
Ahmed. Pronto su envidia se convirtió en odio, y ordenó a dos de ellos, que la levantaran y la llevaran a la
conspiraron entre ellos para destruirlo. Empezaron por presencia del hada Banu.
insinuar al Sultán que el príncipe proyectaba matarlo y - Oh, señora mía y amor mío –dijo-, te suplico que
apoderarse del trono. cuides de esta pobre anciana que encontré tendida entre
El Sultán se rió de ellos. Pero después de varias las rocas. Creo que si no la hubiéramos socorrido ahora,
visitas del príncipe, quién llegaba siempre pronto hubiera muerto.
inesperadamente y con sus guardas cada vez más - Oh, señor mío, luz de mis ojos –respondió el hada-,
lujosamente ataviados, se dio a pensar si no habría algún cumpliré tus deseos. Mi corazón se alegra al ver la
bondad del tuyo. Pero te advierto que esta mujer no es lo príncipe regalos más y más difíciles de encontrar.
que aparenta, y puede haber venido a hacerte algún mal. Cuando le hayas pedido uno que el hada no pueda
-No puede ser, -rió el príncipe-, pues nunca he conseguir, se esconderá avergonzado, y nunca te volverá
ofendido a nadie, y no creo que exista quien me desee a molestar.
algún daño. El Sultán escuchó este malvado consejo, y lo aceptó
Y se fue a visitar al Sultán, mientras que los criados gustoso. Así, en la siguiente visita del príncipe, le dijo:
llevaban a la bruja al palacio del hada Banu, y le daban - Hijo mío, ha llegado a mis oídos que estás casado
unos tragos de agua de la Fuente de los Leones, con la con un hada. Mi temor es que hayas sido engañado por
que se lograban curaciones aún más maravillosas que con un espíritu maligno salido del Sheol, el Lugar de los
la Manzana Mágica. Demonios. Así que te suplico que la sometas a una
Cuando pareció revivir, la bruja visitó el palacio prueba (pues si se trata efectivamente de un espíritu
entero, y finalmente fue recibida por el hada Banu, que maligno, solamente podrá causar daño), pidiéndole tres
estaba sentada en su trono de oro puro, incrustado de maravillosos regalos que beneficiarán no únicamente a
joyas. mí, sino también a mis súbditos. Ve, y pídele primero una
El hada le habló amablemente y ordenó a dos de sus tienda, tan pequeña, que pueda sostenerla en una sola
criados que la acompañaran durante parte del camino que mano cuando esté enrollada, y sin embargo, tan grande al
conducía a la ciudad del Sultán. Cuando la dejaron y extenderla, que pueda cubrir a todo mi ejército.
desaparecieron en la roca, la bruja se apresuró a regresar El príncipe Ahmed quedó descorazonado al
y buscar la puerta, pero tampoco en esa ocasión logró ver oír las palabras de su padre. Ni por un momento dudó de
nada. la bondad del hada Banu, y pensó que era asunto de
Cuando refirió al Sultán todo lo que había visto, se honor demostrar a su padre la bondad de su esposa. Sin
mostró éste más preocupado. Los perversos visires le embargo, lo que el Sultán pedía parecía no solamente
aconsejaban que aprehendiera al príncipe, pero la bruja le difícil, sino absolutamente imposible.
aconsejó que no lo hiciera. Cuando regresó al palacio estaba tan afligido, que el
hada pronto adivinó que algo sucedía.
- Todos sus acompañantes son genios disfrazados –le - La anciana que creías moribunda, era realmente una
dijo-. Nunca podrás capturarlos. Desaparecerán en el malvada bruja que mandaron para espiarme –dijo a su
aire y correrán a traer al hada Banu para rescatar al esposo-. Tu padre está rodeado de visires malvados que
príncipe, y se vengarán de ti. No, tu táctica deberá ser sienten envidia de tu buena fortuna. Sin duda te ha
avergonzar al príncipe hasta que no se atreva a salir del pedido alguna maravilla que demuestre no solamente mi
palacio de su esposa. Estas hadas y estos genios pueden poder, sino mi amor por ti.
hacer maravillas, pero su poder tiene un límite. Pídele al El príncipe le confesó que estaba en lo cierto.
- Nunca podré volver a ver a mi padre – exclamó- , pero el hada pronto supo la causa, y le dijo con su
pues me ha pedido algo extraordinario que nunca se ha encantadora sonrisa:
visto en el mundo: una tienda tan pequeña que cuando - ¡Oh, mi señor y luz de mi vida! No te aflijas por eso,
esté plegada pueda tenerse en la mano, pero que al sino por el contrario, monta en tu caballo y sal sin temor.
extenderse sea tan grande como para cubrir a todo su Lleva contigo otro caballo, con un borrego acabado de
ejército. matar, dividido en cuatro porciones, y esta bola de hilo.
El hada sonrió. Tan pronto como dejes la puerta de hierro en la montaña,
- Príncipe mío – dijo-, siento mucho que una tira la bola hacia adelante, y verás cómo se desenredará y
pequeñez como esa te haya causado tanta pena. te guiará hasta el Castillo de los Leones. En la reja
Y volviéndose a una de sus esclavas le ordenó: encontrarás dos leones de guardia, cuyos rugidos atraerán
Ve al lugar donde guardo mi tesoro y trae contigo el a los otros dos que duermen dentro del castillo. Cuando
pabellón más grande que encuentres. los cuatro animales te ataquen, arrójales una porción de
Cuando el hada puso en la mano del príncipe un borrego a cada uno, y no temas, pues ya no te harán
objeto no mayor que una bolsita de seda, pensó que se ningún mal. Pero tú, sigue la bola de hilo hasta que veas
burlaba de él. Pero cambió de parecer cuando vio la la Fuente de los Leones, y llena en ella tu frasco, sin bajar
bolsita extendida en el gran espacio que existía detrás del del caballo. Después ve al palacio del Sultán, sin volver
palacio. ¡Era una tienda que podría cubrir no solamente el tu mirada ni a la derecha ni a la izquierda, y todo saldrá
ejército del Sultán, sino otro más de la misma magnitud! bien.
El príncipe dio las gracias al hada Banu, y corrió con El príncipe Ahmed obedeció al pie de la letra las
su tesoro a la corte de su padre. El Sultán se mostró instrucciones del hada Banu. Cuando hubo llenado su
encantado con el regalo; pero como los visires envidiosos frasco con agua de la Fuente de los Leones, salió del
y la bruja seguían aconsejándolo mal, insistió: castillo y se dirigió al palacio de su padre. Dos de los
-Maravilloso, sin duda alguna, oh, hijo mío, es el leones lo siguieron, con gran alarma de las personas con
pabellón del hada. Sin embargo, pudo haber sido hecho quienes se cruzó, pero los animales no intentaron ningún
por un maligno genio para atrapar a los fieles, aunque no daño, y regresaron a vigilar su fuente, tan pronto como
he salido aún a pelear en el desierto sin más protección vieron que el príncipe entregaba el frasco al Sultán.
que la tienda que has traído. Por lo tanto, que el segundo El príncipe creyó que su padre quedaría satisfecho,
maravilloso regalo, sea un frasco de agua de la Fuente de pero la bruja y los visires lo habían cambiado por
los Leones, la que, según he oído decir, puede curar todas
las enfermedades.
Una vez más el príncipe se sintió invadido de tristeza;
completo y era ya tan malvado como ellos, por lo que su enorme barra de hierro, como si fuera un bastón.
única idea era avergonzar al hada Banu y hacer que el El príncipe Ahmed se dirigió al palacio de su padre
príncipe Ahmed desapareciera para siempre. con aquel extraño compañero, y cuantas personas
Así que, incitado por su odio y por la bruja, pidió algo encontraba, se retiraban aterrorizadas; así que llegaron,
que parecía del todo imposible. sin ningún obstáculo, ante el trono mismo del Sultán.
- Oh, hijo mío –dijo al príncipe-, no me queda más - ¡Aquí estoy!- gritó Schaibar, adelantándose hacia él-
que una cosa que pedirte, que demostrará, sin dejar lugar .Querías conocerme, y he venido. ¿Qué es lo que deseas?
a dudas, el poder de tu esposa. Tráeme un hombre no Pero en lugar de contestarle, el Sultán se alejó con
más alto que una cuarta, pero cuya barba sea tan larga una mirada de disgusto en los ojos.
como una vara; que, además de hablar, pueda cargar Al momento, Schaibar enloqueció de furia.
sobre su hombro una barra de hierro de veinte arrobas, y - ¡No puedo perdonar este insulto! –bramó, y antes de
la maneje con la facilidad con que se usa un bastón. que el príncipe Ahmed supiera lo que estaba sucediendo,
El príncipe Ahmed miró a su alrededor desesperado, había levantado la barra y atacado al Sultán dejándolo
pero los visires se rieron abiertamente de él, y aún el instantáneamente muerto.
Sultán sonrió malévolamente. Volvióse entonces y golpeó en la misma forma a los
Regresó a toda prisa al hada Banu, y exclamó: malvados visires. Por último, mando traer a la bruja, y la
-¡Ya hasta mi padre me odia y se burla de mí! Me ha desbarató de un solo golpe.
pedido algo imposible. Nunca podré visitarlo en lo - ¡Haré lo mismo con todos, y destruiré vuestra
futuro, ni mantener mi cabeza levantada. ciudad –amenazó-, a menos que os inclinéis ante el
Pero cuando dijo al hada de lo que se trataba, le príncipe Ahmed y le juréis fidelidad y lealtad, pues desde
sonrió ésta con su más dulce sonrisa, y le dijo: ahora es vuestro Sultán!
- ¡Oh, mi rey, fuente de mi felicidad, lo que te pide el Todos, excepto los visires muertos, habían amado
Sultán es conocer a mi hermano Schaibar! siempre al príncipe; así que se mostraron encantados de
Al decir esto arrojó unas gotas de un precioso servirle. El Sultán Ahmed dio a su hermano, el
perfume al fuego, del que se levantó una densa nube de príncipe Alí, una provincia entera para que reinara en
humo. Al desvanecerse ésta, dijo la princesa: ella, y hubiera hecho lo mismo con el príncipe Husein,
-Aquí está mi hermano Schaibar, que ha venido a si éste así lo hubiera querido.
conocerte, esposo mío y luz de mis días. Después mandó por el hada Banu, quien fue
Y allí estaba ciertamente un pequeño duende, no más proclamada Sultana; y desde entonces gobernaron con
alto que una cuarta, pero con una barba negra tan larga justicia sobre su pueblo, y fueron felices toda la vida.
como una vara, y llevando sobre el hombro una pesada y