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Solar | Año 11, Volumen 11, Número 2, Lima, pp.165. DOI. 10.20939/solar.2015.11.

0207

Institucionalidad de la filosofía en Chile: rutas y quiebres


The institutionaily of philosophy in Chile: routes and
breakdowns

María Cecilia Sánchez González


Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile
cecisanchez0@gmail.com1

Resumen:
El artículo aborda la configuración histórico-conceptual de los estudios
filosóficos en Chile desde el punto de vista del libro Una disciplina de
la distancia. Institucionalización universitaria delos estudios filosóficos en
Chile, publicado en 1992. Con este propósito, se enfatiza el concepto de
“institucionalidad” que permite hacer prevalecer los fenómenos político-
epistemológicos de enunciación, en vez de concebir la interioridad del
autor o autora como el momento fundacional del saber. El itinerario
que sigue el artículo da cabida tanto a la “ruta” como a los “quiebres”
experimentados por la filosofía en Chile en sus formas de organización,
en discusión con los principios neoliberales de la universidad tras el Golpe
de Estado. También se discute con los supuestos que invisibilizan a la
filosofía desarrollada en América Latina y se señala el tipo de dificultades
que experimentan las mujeres en este ámbito del saber.
Palabra Clave: institucionalidad, filosofía, universidad
1 Doctora en Filosofía en la Universidad París 8 y en Literatura en la pontificia Universidad
Católica de Chile (cotutela). Es académica de la Universidad Academia de Humanismo
Cristiano. Ha publicado Una disciplina de la distancia. Institucionalización universitaria
de los estudios filosóficos en Chile (Cerc-Cesoc, Santiago-Chile, 1992); Escenas del cuerpo
escindido. Ensayos de filosofía, literatura y arte (Santiago-Chile, coedición Cuarto Propio/
Universidad Arcis, 2005); El conflicto de la letra y la escritura. Legalidades/contralegalidades
de la comunidad de la lengua en Hispano América y América Latina (Fondo de Cultura
Económica, Santiago-Chile, 2013).Actualmente desarrolla una investigación
FONDECYT titulada: “El cuerpo, las pasiones y la política. Una lectura de la pluralidad
y la intersubjetividad en Hannah Arendt y Luce Irigaray”.

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María Cecilia Sánchez González

Abstract:
This article addresses the historical-conceptual configuration of
philosophical studies in Chile, from the point of view of the book Una
disciplina de la distancia. Institucionalización universitaria de los estudios
filosóficos en Chile, published in 1992. For this purpose, the concept of
“institutionality” that allows the prevalence of political-epistemological
phenomena of enunciation, instead of conceiving the inwardness of
the author as the founding moment of knowledge is emphasized. The
itinerary that follows the article accommodates both the “routes” as the
“breakdowns” experienced by the philosophy in Chile on its forms of
organization, in discussion with the university’s neoliberal principles after
the coup d’état. It also discusses the assumptions that make invisiblethe
philosophy developed in Latin America, and the kind of difficulties
women experience in the field of knowledge is stated.
Key Words: Institutionaily, Philosophy, University

1. INSTITUCIONALIDAD VERSUS NORMALIDAD


Tomando en cuenta una de las premisas del pensamiento de
Humberto Giannini (2004), según la cual lo “diarístico” corresponde
tanto a lo que “pasa” en la mantención de una ruta como también
al quiebre de esa ruta, examino la institucionalidad de la filosofía
desarrollada en Chile en función de lo que le ha pasado en algunas de sus
rutas y quiebres. De igual modo, en ese “pasarle” a la filosofía, de acuerdo
a cómo se practica entre nosotros y nosotras, narro entrelíneas breves
sucesos de lo que me ha pasado a mí durante la escritura del libro Una
disciplina de la distancia. Institucionalización universitaria de los estudios
filosóficos en Chile, publicado en 1992. Añado a esta narración el ingreso
de las mujeres en la esfera de la filosofía institucional chilena, tema que he
desarrollado en artículos posteriores al libro mencionado. Concluiré con
lo que le ha pasado a la filosofía en su itinerario hasta el día de hoy. Me
importa hacer notar la dualidad diarístico-descriptiva de esta narración
para evitar escribir un paper, cuya lógica puramente descriptiva nos priva
de exhibir las condiciones dramáticas, incluso jocosas que motivaron la
investigación que emprendí hace algunas décadas.
Este tipo de problematicidades son las que intentaré evidenciar
a continuación, partiendo por mencionar la tensión entre una filosofía

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intraacadémica, que guarda la debida “distancia” al momento de abordar


los temas desde las pautas de la especialización, y una filosofía mundana,
que atiende al acontecer del mundo.
Antes de comenzar, subrayo que el enfoque que le he dado a
todos mis escritos referidos a la forma de organización de estos estudios es
el de la institucionalidad. Este énfasis se debe a que permite entender las
ideas y corrientes filosóficas provenientes de los diversos centros del saber
a partir de su forma de circulación por lugares político-epistemológicos
de enunciación. Con esta perspectiva evito asumir el punto de vista de
la interioridad o conciencia del autor o autora genial como momento
fundacional del saber.2 En este punto es necesario aclarar que la
“institucionalización” de la que hablo es una forma de hacer filosofía
que no debe confundirse con el término “normalidad”, de acuerdo al
significado otorgado por Francisco Romero para referirse al período
de la organización profesional de estos estudios en América Latina. La
pregunta por la institucionalidad atiende más bien a las mediaciones y
excedentes provenientes de instituciones como el Estado, la Iglesia, el
mercado o la sociedad civil en los sistemas educacionales y en el saber en
general. En la esfera de la institucionalidad habría que incluir también
las mediaciones y repercusiones provenientes de la cultura local, del
género o la diferencia sexual, de la lengua y de las economías mundiales.
Estas mediaciones son voces que permean las ideas o corrientes de
pensamiento emitidas o recepcionadas. En cambio, la “normalidad” se
refiere sólo al período de instalación de la filosofía académica, etapa
correspondiente al promediar los años 40 en Argentina y Chile.
Asimismo, en el esquema de la institucionalidad, no son
indiferentes lo significados que, desde el humanismo clásico, configuran
al “Hombre”, varios de cuyos signos repercuten en lo que se entiende hoy
por humanidades. Esta es una zona que cobija a la filosofía, en oposición
a los saberes des las ciencia sociales y naturales. Entre sus efectos no puede

2 En el campo de la filosofía francesa, ha sido Jacques Derrida uno de los pensadores que
ha profundizado la perspectiva “institucional” del saber. Desde el punto de vista de la
colonialidad del poder y la pregunta por los lugares de enunciación, Santiago Castro-
Gómez (2010) lo desarrolla en su libro La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración
en la Nueva Granada. En el caso de la institucionalidad filosófica en Chile, ver Cecilia
Sánchez (1992), Una disciplina de la distancia. Institucionalización universitaria de los
estudios filosóficos en Chile.

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desconocerse que la palabra Hombre ha encubierto la servidumbre del


esclavo, ha silenciado la voz de las mujeres y excluido a todo Otro que,
por sus diferencias, aparece como no- humano o bárbaro. Asimismo, el
radio del significado de lo humano en Occidente escasamente incluyó a
las culturas prehispánicas y a otras culturas a causa de las jerarquías entre
razas bárbaras y civilizadas, degeneradas y puras, según las demarcaciones
establecidas por los colonizadores y por las elites latinoamericanas del
siglo XIX. Incluso, en la época de la promoción de las libertades -y aún
hoy- a las mujeres se les adjudica el servicio y a los hombres la dignidad
de la libertad y la autonomía, según se lee en filósofos tan paradigmáticos
como Rousseau, Locke, Kant y Hegel, entre varios otros.

2. ANTECEDENTES SOBRE LA RELACIÓN ENTRE FILOSOFÍA


Y UNIVERSIDAD EN CHILE
Para referir las experiencias que mueven los hilos del libro que
comento es preciso señalar de modo breve mi itinerario personal. En mi
caso, estudiar filosofía fue un propósito que se concretó en 1973, año
del Golpe Militar en Chile. En ese período no tenía muy claro qué me
ligaba a la filosofía, ni siquiera si era un saber lo que yo buscaba. En el
contexto de los estereotipos extremos de la política del período, supuse
que la filosofía aportaba un intervalo, una detención que en mi caso
duró hasta que, en septiembre, irrumpe en nuestras vidas el Golpe de
Estado. Esto es lo que en primer lugar “pasó” y nos pasó, me refiero a
uno de los quiebres más feroces de la institucionalidad social, económica
y política. Como bien se sabe, la suspensión del Estado de Derecho, el
trastorno de las rutinas de la vida cotidiana y la introducción del modelo
neoliberal en todas las áreas de la sociedad impactan hasta el día de hoy la
forma de organización de los saberes escolares y universitarios.3
Para introducir desde ya el aspecto de la institucionalidad de la
filosofía, debo agregar que para ese momento de quiebre había iniciado
3 El giro neoliberal de las universidades chilenas ocurre a partir de la legislación de 1981.
Bajo la nueva Ley de Universidades disminuyen los subsidios estatales y las universidades
entran a competir por su sobrevivencia. Gran parte de las razones de por qué ocurre esta
transformación se pueden leer en extenso en uno de los números de la revista de Realidad
Nº22 (1981). De orientación conservadora, en el número mencionado figuró bajo el
título “Debate sobre una nueva legislación universitaria”. Los introductores del debate
fueron Jaime Guzmán, principal ideólogo de la Constitución del 80, y Hernán Larraín,
actual director de la UDI, uno de los partidos políticos de la derecha más conservadora.

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mis primeros cursos en la así llamada “Sede Norte” de la Universidad de


Chile. Menciono el ingreso a este lugar porque no quiero homogeneizar
la situación de la filosofía bajo la generalización que encierra la palabra
“Chile”. En ese período, la Universidad de Chile llegó a tener tres sedes
en Santiago: la Sede Oriente del Instituto Pedagógico, la Sede Poniente
o Departamento de Estudios Humanísticos y la Sede Norte. En estos
lugares se podía estudiar una licenciatura en filosofía, aunque la opción
pedagógica estaba supeditada a la sede Oriente. La filosofía también se
enseñaba en universidades católicas y en regiones. En el caso de la
Universidad de Chile, sus sedes se extienden a las provincias bajo el
nombre de “Colegios Universitarios”.4 Bajo una modalidad autónoma,
cabe contabilizar la Universidad de Concepción y la Universidad
Austral. En cambio, la Universidad de Valparaíso y la de la Serena
eran prolongaciones de la Universidad de Chile. Del tronco católico
derivan la Universidad Católica del Maule, la Universidad Católica
de la Santísima Concepción y la Universidad Católica de Valparaíso.
Todavía no se conocían las hoy denominadas universidades privadas,
pese a que las provenientes del tronco católico lo son. Esta dualidad
público-privada de la educación, que hoy se examina con preocupación
debido al peligro de lucro que conlleva, en ese momento pasaba casi
desapercibida porque respondía a una organización de la República que,
no sin conflictos, había establecido un modo mixto de educación desde
el siglo XIX.
En el caso del pequeño Departamento de Filosofía denominado
“Sede Norte”, territorio por el que transité en mis primeros años de
estudio, su institucionalidad se desmorona el año 1975. Su director,
el filósofo Humberto Giannini, cesa en este cargo tras ser declarado
el cierre de la Sede Norte por las autoridades militares del período y la
expulsión de casi todos los profesores. Este decreto supuso el traslado
de sus alumnos a la Sede del Instituto Pedagógico, también conocido

4 Bajo la rectoría de Juan Gómez Millas, en la Universidad de Chile se crean, entre 1960 y
1964, los “Colegios Universitarios” o “sedes” de Talca, Temuco, La Serena, Antofagasta,
Osorno. Posteriormente, estas sedes se extienden a Arica, Iquique, Valparaíso, Ñuble.
La dependencia con la Universidad de Chile se acaba con la reforma que ciertos civiles
neoliberales le impusieron al sistema educacional a partir de 1981. Ver de Javier Pinedo
(2012), “El nacimiento de una universidad en el Valle Central y la amputación de las sedes
regionales de la Universidad de Chile. El caso de la Universidad de Talca”.

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como sede Oriente. Como se habrá notado, Norte, Oriente y Poniente


son puntos cardinales que nos hablan de las ubicaciones urbanas de la
filosofía; a la par, también representan concepciones institucionales de la
filosofía en ese período. Humberto Giannini preside en la sede Norte
un proyecto orientado al pensamiento contemporáneo en diálogo con
otras disciplinas. Entre sus fundadores, además de Humberto Giannini,
se debe nombrar a Patricia Bonzi, Carlos Ruiz y Jaime Sologuren. En
la sede Oriente predominaba la figura de Juan Rivano. Entre una serie
de autores, este carismático profesor cultivó la concepción dialéctica
de Hegel y Marx, influyendo política e intelectualmente en un grupo
de jóvenes.5 Asimismo, la sede Occidente, también conocida como
el Centro de Estudios Humanísticos, tuvo como Director a Roberto
Torretti. Entre sus integrantes se encuentra Carla Cordua, Patricio
Marchant, Ricardo Morales, José Echeverría, Marcos García de la
Huerta, Ronald Kay, Cástor Narvarte, entre otros. Un rasgo distintivo
de este espacio institucional, en comparación con otros departamentos
de filoso­fía, ha sido su estructuración como unidad académica de in­
vestigación, cumpliendo en el plano docente una suerte de prestación de
servicios a la Escuela de Ingeniería.
En el marco de la investigación que realicé sobre la filosofía en
Chile, comprendí que Giannini, Rivano y Torretti son muy relevantes
para comprender la institucionalización de la filosofía antes del Golpe
de Estado. Asimismo, las obras de estas figuras representan diferentes
modalidades de ejercicio y de escritura filosófica. Pablo Oyarzún
caracteriza el estilo de Giannini como “escritura de ensayo”, en la medida
en que esta modalidad es una “escritura pensante” o “pensamiento que
(se) escribe”.6 Entre los libros de importancia de Giannini se puede
mencionar La reflexión cotidiana Hacia una arqueología de la experiencia
(1987), traducida al francés en 1992, con un Prefacio de Paul Ricoeur. En
el caso de Torretti, su pensamiento se orienta a la física y la matemática,
siendo reconocido internacionalmente por su libro Manuel Kant. Estudio
de los fundamentos de la filosofía crítica (1967), entre otros artículos y
libros de importancia. Juan Rivano se hizo conocer muy especialmente

5 Sobre su orientación filosófica, ver de Eduardo Naranjo (2001), “Juan Rivano. Un largo
contrapunto”.
6 Ver de Pablo Oyarzún (1999), “Metafísica y redención” (Prólogo), en el libro de Humberto
Giannini, Metafísica del lenguaje.

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por ser introductor de la dialéctica hegeliana y materialista, cuestión que


desarrolla en su libro Entre Hegel y Marx. Una meditación ante los nuevos
horizontes del humanismo (1962).
Por cierto, las figuras mencionadas no son las únicas, pero el
propósito del libro consistió en nombrar a filósofos y pensadores que
inciden en la institucionalidad de la filosofía, ya como fundadores de
instituciones, de revistas, de sociedades de filosofía, como directores
de sedes o influyendo en grupos de alumnos/as. Los nombres que
prevalecen en el ámbito de la filosofía institucional son los de Andrés
Bello, Ventura Marín, Valentín Letelier, Enrique Molina, Pedro León
Loyola, Luis Oyarzún, Jorge Millas, Humberto Giannini, Roberto
Torretti, Mario Ciudad, Juan Rivano, Juan de Dios Vial Larraín, entre
otros. Durante la dictadura es relevante citar a Juan de Dios Vial Larraín,
debido a que su nombramiento como Rector fue decidido por Augusto
Pinochet. En el lado de los expulsados que posteriormente ocupan
cargos de importancia, se encuentra Carlos Ruiz y Rodrigo Alvayay,
primero como organizadores del área de filosofía del CERC (Centro de
Estudios de la Realidad Contemporánea patrocinado por la Academia
de Humanismo Cristiano) y como introductores, junto a Renato Cristi,
Marcos García de la Huerta, Jorge Vergara, Fernando García, Olga
Grau, Eduardo Devés, Ricardo salas, de temas como el pensamiento
conservador, la democracia, la educación, el feminismo y los temas de
género, el pensamiento latinoamericano, entre otros temas. De vuelta
de sus respectivos exilios, debe mencionarse a Patricia Bonzi, Cristina
Hurtado y a Osvaldo Fernández, entre otros.
A la luz de lo dicho hasta el momento, cabe preguntar por qué
preocuparse de la filosofía en medio de la dictadura. Debo mencionar
que mi investigación sobre la filosofía universitaria, al ser realizada en
este período, se encuentra marcada institucionalmente por la “vigilancia”
(como dirá Jorge Millas) y la supresión de toda autodeterminación en
lo que al quehacer intelectual se refiere. Esta es la razón por la que este
estudio lo desarrollé en organizaciones del saber no universitarias. En una
primera versión, el período comprendía los años 60-70 del siglo XX como
parte de una investigación para el curso para Investigadores Jóvenes de
la FLACSO. Posteriormente, este alcance cronológico lo extendí al siglo
XIX, siendo financiada en esa etapa por la beca de formación de inves­
tigadores jóvenes otorgada por World University Service (w.u.s. Chile).

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En 1992, la investigación asume la forma de libro y recibe el patrocinio


del CERC (Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea), ONG
a la que ingresé en 1987. En el libro se explicita una suerte de duelo
respecto a la universidad, ya que se asume a la universidad como una
“ausente” por haber interrumpido la libertad de pensar. De este modo, la
reflexión se efectúa sobre la base de un objeto perdido que envía todo tipo
de señales de su problematicidad.
Me parece importante dar cuenta del carácter paradojal de
la investigación, pues en la “Presentación” del libro señalo que: “La
filosofía, tal cual ha existido en Chile en lo que va corrido del presente
siglo, supone a la Universidad como su puntal” (Sánchez, 1992: 13). Sin
embargo, la situación de censura del período imposibilitó la realización
intrauniversitaria del estudio sobre la filosofía local. Además, pocos
reconocían en ese momento que la forma institucional de hablar de
la filosofía fuera “filosófica”, ya que precisamente lo que se resistía era
la remoción de las fronteras acostumbradas y que la filosofía explicitara
una espacialidad geopolítica y se estableciera bajo una forma fechada. El
dominio de la historia de la filosofía, organizada en torno a la unidad de
la razón, que durante el siglo XIX se asume en función de las categorías
del ecleticismo cousiniano, del idealismo alemán y luego del positivismo
comteano, no tolera, incluso hasta el día de hoy, que la filosofía occidental
se enuncie en otras latitudes, según formas de recepción que tienden a
desmembrarla y a dejar en evidencia que ella es, ante todo, un asunto
de interpretación. Pablo Oyarzún (1996) enfatiza esta situación diciendo
que “la clase de filosofía es una clase de historia de la filosofía” (29).
Este fundamento posteriormente convive con la filosofía analítica y su
privilegio del argumento que, según Oyarzun, profesionaliza al operador
de la filosofía.7
En la línea de esta nueva forma de especialización, cabe mencionar
que la preocupación por la epistemología, la filosofía de las ciencias y
la filosofía analítica ha sido examinada por Alex Ibarra (2011). Según
Ibarra, estas líneas teóricas habrían comenzado en 1960 con Juan Rivano
y Gerold Stahl. En la actualidad, la lista es grande, aunque entre algunos
de los conocidos se cuenta a Jorge Estrella, Guido Vallejos, Wilfredo

7 Según Pablo Oyarzun, la filosofía analítica es la filosofía de la época técnica. Ver El dedo de
Diógenes, p.31.

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

Quezada, José Tomas Alvarado, Eduardo Fermandois, Juan Ormeño y


Andrés Bobenrieth.8

3. TRÁNSITO DE LA UNIVERSIDAD DE SAN FELIPE A LA


UNIVERSIDAD DE CHILE
La investigación sobre la filosofía en Chile arrancó con el período
de la postindependencia. Este énfasis supuso dejar fuera del estudio
la etapa colonial. Walter Hanisch (1963) ha publicado un excelente
estudio que asume la exploración de la filosofía en Chile desde 1594
a 1810, considerando dentro de la “Escolástica de Indias”, según la
llama, el pensamiento de los dominicos, los franciscanos, los jesuitas, los
agustinos, finalizando con la instalación de la Universidad de San Felipe
en 1738 y el pensamiento ilustrado del siglo XVIII. El pensamiento de
estas órdenes religiosas gira en torno a Santo Tomás, San Agustín, Juan
Duns Escoto y Francisco Suarez. Hanisch asume su estudio tomando
partido por la escolástica y la lengua latina que la vehiculiza.
En el siglo XIX, Victorino Lastarria es uno de los vehementes
intelectuales decimonónicos críticos del escolasticismo y de la España
monárquica. De los legados ofrecidos por la “Madre Patria” a sus colonias,
sólo aprecia el habla castellana, debido a su potencia para anunciar los
progresos de la razón. Sin embargo, en el actual paradigma del saber,
Walter Mignolo caracteriza al español, al italiano y al portugués como
lenguas de “traducción” (2003: 28-29). Además de esta referencia a la
lengua, me interesa mencionar a Lastarria como uno de los antagonistas
de Andrés Bello, el fundador de la Universidad de Chile, a quien acusa
de “corifeo de la contrarrevolución intelectual” (2001:28) a raíz del
apoyo prestado al Estado portaliano durante el gobierno del Presidente
Joaquín Prieto, caracterizado por su pesimismo ante la instalación de
la democracia. Es importante mencionar a estos autores en relación a la
perspectiva institucional de la filosofía, ya que Lastarria y Bello discrepan
respecto de la forma que adoptó la fundación de la Universidad de
Chile en 1843, institución que surge de la ruptura con la Universidad
de San Felipe. En el caso de Andrés Bello, una de las frases política­
mente ambigua de su discurso inaugural referida a la organización de los
estudios superiores, señala que “las verdades se tocan”. Dicho enunciado,
8 Ver de Alex Ibarra (2011), Filosofía chilena. La tradición analítica en el período de la
institucionalización de la filosofía.

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señal inequí­voca de su vocación ecléctica, le permite conjugar, en un


sis­tema común, las ideas iluministas de la razón con el dogma católico.
De este modo, Bello sitúa en un “justo medio” (Ruiz, 1976) la disputa
mantenida entre los intelectuales liberales de la épo­ca y aquellos de
tendencia conservadora. Al na­rrar el encuentro forzado que tiene lugar
en tal discurso, Las­tarria se burla de quien fuera su maestro, pues Bello
se las arregla para no satisfacer a ninguno de los dos bandos. De este
modo, puede decirse que la Universidad de Chile se asienta sobre estas
dos corrientes encontradas.
Teniendo presente la óptica de Víctor Cousin, Andrés Bello y
Mariano Egaña organizan a la Universidad bajo los preceptos de la ley
napoleónica, sobre la base de una Superintendencia de la enseñanza
en todas sus ramas y también bajo la forma de la Academia. Como
Superintendencia, el cometido es propiciar la unidad del Estado nacional
mediante la actividad docente. En tanto que Academia, se esperaba de
la Universidad investigaciones originales y debates, además de establecer
como disciplinas racionalizadoras a las letras y la gramática. Sobre el
aspecto académico y el de la investigación, me interesa subrayar su corto
alcance, ya que en poco tiempo este ideal se desecha, en parte por la
inexistencia de académicos y porque la actividad del docente y la del
académico/a han tendido a rivalizar. Pese a que el aspecto investigativo
figuró en su fundación, lo que de modo decisivo pesó en su diseño es la
instalación de “conocimientos útiles”, según señala Bello en su discurso
inaugural. Como bien acota Julio Ramos (2003), en la concepción de
su primer Rector nunca estuvo presente considerar a la universidad un
recinto de la “cultura desinteresada”, como sí lo fue para Rodó, entre
otros pensadores latinoamericanos.
Desde el punto de vista de su institucionalidad, la filosofía gira
primero en torno al poder de la Iglesia y luego se supedita al Estado. En
el segundo caso, la filosofía implícita por la que dicha instalación se rige
proviene de los supuestos de una “humanidad universal”, proclamada
por el pensamiento letrado- iluminista. Desde las categorías que la
acompañan, se reclama un derecho a las letras y al pensamiento, bajo el
supuesto de que el intelectual iberoamericano es un participante sin más
de la cultura occidental.

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

En Chile, los contenidos del pensamiento anglo-francés


(sensualismo, espiritualismo, eclecticismo) inciden en el pensamiento de
Andrés Bello y Ventura Marín. De Bello, el libro póstumo más conocido
en la línea del eclecticismo es Filosofía del entendimiento humano (1881).
En el caso de Ventura Marín y José Miguel Varas, la matriz que figura
en Elementos de Ideología (1830) es el sensualismo. Diferente es el caso
de Elementos de la filosofía del espíritu humano (1834), su segundo libro,
cuyo desarrollo se rige por las coordenadas del eclecticismo, motivo por
el cual obtiene la aprobación de Bello. En Brasil, es Frei Mont’ Alverne
uno de los cultores de tales corrientes. Como se trataba de una filosofía
que armoniza ideas contrarias (Cousin y Jouffroy), en el libro editado
por Cruz Costa (1957), Gilberto Freyre llega a decir: “Tal vez tenemos
una capacidad especial para soportar contradicciones y al mismo tiempo
para armonizarlas” (1957: 12).
Al finalizar el siglo XIX, la filosofía comienza a enseñarse desde
los parámetros científico-positivistas predominantes en el período, a fin
de apuntalar la formación del pedagogo moderno. No debe obviarse que,
con la preponderancia del positivismo de Comte, Littré y Spencer en
el sistema educativo, queda de manifiesto que la filosofía vale por su
acompañamiento y por la asistencia prestada a la pedagogía. Eugenio
María Hostos es un representante del positivismo, cuyo paradigma es
la ciencia apreciada por su aplicabilidad. Bajo este modelo la pedagogía
se institucionaliza en 1889 con la creación del Instituto Pedagógico,
uno de cuyos cometidos es la creación del título “Profesor de Estado”.
Los cursos de filosofía que se imparten en esta nueva institución tienen
un carácter instrumental. Se cuida que la historia de la filosofía sirva
para unificar las ciencias particulares, juzgando su validez según los
criterios lógicos y epistemológicos traídos desde Alemania por profesores
cientificistas como Guillermo Mann y Jorge Schneider. A modo de
reacción hacia el espíritu científico, se crea en 1888 la Universidad
Católica, organizada bajo las coordenadas de la filosofía tomista. Si se
comparan las políticas institucionales, entre una y otra las diferencias
son irreconciliables, por este motivo el estudio sobre la filosofía en
Chile apuntó muy especialmente a la propagación de las políticas de la
Universidad de Chile y del Instituto Pedagógico en figuras relevantes
de la filosofía institucional, cuyo quehacer se desarrolló en diferentes
espacios institucionales.

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María Cecilia Sánchez González

4.“NORMALIDAD” INSTITUCIONAL: DE LA VOCACIÓN A


LA FILOSOFÍA ACADÉMICA
En su siguiente fase o figura los sistemas de organización del saber
y los de la cultura letrada se configuran de acuerdo al modelo intelectual
moderno. En 1935 se perfilan los primeros rasgos del profesor de
filosofía que adquiere cierta autonomía a partir de la creación del
“Curso Especial para la formación de profesores de filosofía”.9 Este curso
se concentra en el cultivo y la difusión de un saber cuyo estudio se divide
en ética, estética, metafísica, entre otros.
En el caso del estilo filosófico ejercido en Chile durante los años
40, Luis Oyarzún y Jorge Millas encarnan el clásico contrapunto entre
el intelectual de vastos intereses culturales que guarda fidelidad a su
intimidad y vocación (ese es el caso de Luis Oyarzún),10 y el académico
que, como Millas, se define como un “estudioso” porque prefiere la
comunicación con sus iguales en el orden del pensamiento, en vez del
“pensar multitudinario” que es común, dice Millas, en marinos, mineros,
legisladores e historiadores (1943: 15).
Tras la Segunda Guerra Mundial, momento a partir del cual se
desplaza la política mundial de Europa a Norteamérica, Iberoamérica
aspira participar en la totalidad mundial según un modelo de racionalidad
tecno-económico: esto es, por sus índices de modernización, construidos
según las pautas vigentes en el mundo desarrollado. El cambio de modelo
no sólo rediseñó el destino de la universidad y de las instituciones
escolares; también la totalidad de la vida social adhirió a esta nueva
lógica, conduciéndola a adaptar el mercado, las entidades burocráticas
y la política.
En la esfera del saber, la concepción del conocimiento como factor
de producción apelará a un nuevo tipo de intelectual, para quien prima la
educación técnica en estrecha conexión con el trabajo industrial. Se trata
del intelectual experto, contrapuesto al tipo tradicional de intelectual,
título conferido al jurista, literato, filósofo o artista. Pese a no coincidir
con las exigencias intelectuales de la modernización desarrollista, el

9 Pedro León Loyola (1966) es quien propicia la instalación de dicho curso en el Instituto
Pedagógico de la Universidad de Chile.
10 A propósito del predominio autobiográfico de la escritura de Luis Oyarzún, ver de Olga
Grau (2008), Tiempo y escritura. El diario y los escritos autobiográficos de Luis Oyarzún.

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

estudio de la filosofía intentará autonomizarse adhiriendo a varios de los


valores y principios proclamados por el nuevo modelo institucional. En el
nuevo esquema, pensar significa asimilar una mayor y mejor información
en vista de una demostración de “rigor” de acuerdo a la adquisición de
técnicas de análisis de actualidad. Para ilustrar el carácter de ese rigor,
Salazar Bondy (1984) cita el caso del peruano Alberto Wagner de Reyna,
para quien el trabajo filosófico supone –entre otras cosas– “superar el
atraso en la información adecuada”, “[...] pagar tributo al dato pequeño,
al rigor, que es la garantía contra lo ambiguo y nebuloso” (66).
Antes de la modernización, Iberoamérica se había entendido
como una “extensión” de Europa y había aplicado sin pudor sus ideas
y esquemas de pensamiento en la búsqueda de una suerte de mayoría
de edad o madurez. En palabras de Alberdi, “la América practica lo que
piensa Europa”. La nueva lógica industrial cambió los términos de lo que
se entendía por progreso. Los países desarrollados aparecen ahora como
referentes, cuya única disimilitud es de carácter tecno-económico. De
allí que el mundo aparezca redimensionado en los términos del centro
y la periferia. Bajo estas coordenadas, el ejercicio académico asimila a la
filosofía como el producto de las sociedades greco-europeas, es decir, con
un único principio organizador. De este modo, la relación con la filosofía
ha tendido a establecer al filosofo/a latinoamericano como un narrador
fiel de su historia universal, más cercano al esquema del profesor de
filosofía que a la figura del filósofo o de la filósofa.
En el caso de Chile, el momento más paradigmático de la
profesionalización fundada en el rigor se hace notar en un sistema o
método de enseñanza impartida entre los años 52-53 por Ernesto Grassi,
el profesor ítalo-alemán contratado para dictar la cátedra de metafísica.
Se le reconoce muy especialmente por hacer de la clase un trabajo de
lectura que descompone los textos en pequeñas unidades para buscar
al interior del texto su sentido original. El lector se convierte, así, en el
develador de una verdad inicial y un guardián de textos sagrados que lo
lleva a comportarse como un estudiante eterno.
Si Romero bautizó el arribo de la filosofía académica con el
apelativo de “normalidad”, el peruano Augusto Salazar Bondy en ¿Existe
una filosofía de nuestra América? hablará de “inautenticidad” respecto del
trabajo filosófico y cultural realizado en Hispanoamérica. Como se sabe,

Solar | Año 11, Volumen 11, Número 2 157


María Cecilia Sánchez González

dicho adjetivo descalifica la forma “mimética” asumida por la filosofía en


el continente, debido a nuestro común itinerario de países dominados.
Además de creer que el único principio organizador de la filosofía
es el de las sociedades greco-europeas, ha sido dominante en dicha
institucionalización el supuesto de que la filosofía está adscrita al género
masculino porque este sería un sujeto universal.11 Este último supuesto
ha generado innumerables inconvenientes a las mujeres que han querido
ingresar en la esfera de este saber. En Francia, una de las primeras filósofas
en explicitar esta situación es Simone de Beauvoir. En América Latina
es Rosario Castellanos la primera en discutir con Schopenhauer, cuyos
argumentos enfatizan la incapacidad intelectual de las mujeres.

5. EL INGRESO DE LAS MUJERES EN LA FILOSOFÍA


Un antecedente cultural de las contradicciones que han
experimentado las mujeres en la esfera del saber en Chile reside en la
promulgación en 1877 de un decreto que permite el ingreso de las mujeres
a los estudios universitarios. Pese a esta apertura, desde el positivismo se
impide el desarrollo profesional y educativo de las mujeres en su nivel
universitario. En ese punto de vista restrictivo se encuentra Valentín
Letelier, para quien la educación escolar debe ser igualitaria para ambos
sexos, no así la educación universitaria. La finalidad de la educación
escolar es la de suprimir los disgustos domésticos que son reveladores de
una disconformidad de opiniones. Sin embargo, esta propuesta no ofrece
a las mujeres una salida al espacio público, aunque formalmente se pudiera
ingresar a la universidad. De acuerdo al paradigma comteano utilizado por
Letelier, es importante la cientifización del papel de la madre, ya que más
que engendrar y nutrir su cometido es educar: “ser la maestra de sus hijos”.
Tales argumentos permitieron exigirle al Estado una instrucción semejante
para los dos sexos y hacer también de las mujeres seres sociales, pese a que
el destino de aquéllas no parecía ser otro más que “el techo doméstico”,
único lugar donde podía desarrollarse la misión social de las mujeres en
tanto que madres y esposas12. En este contexto, Amanda Labarca ha

11 Bien sabemos que sobre la filosofía pesa el juicio de androcentrismo, en donde lo universal
encubre la particularidad de la comunidad de varones en desmedro de las mujeres. Chile
no es una excepción. Este androcentrismo institucional se expresa en la menor presencia
de mujeres en el ámbito de la filosofía y en su marginación implícita.
12 Valentín Letelier (1895) establece sólo dos excepciones para las mujeres que quieran seguir

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

sido considerada una de las primeras intelectuales cuyo pensamiento


gira en torno a la doble cuestión de la nueva pedagogía humanista y
feminista, desde donde disiente de los estereotipos conservadores de
la identidad femenina, prestando apoyo a la aparición de las maestras
en el área de la educación. De modo breve, este es el marco en el que
puede comprenderse el ingreso de las mujeres en la filosofía institucional
alrededor de los años 50 del siglo XX.
En la esfera de la filosofía, una de las figuras femeninas de mayor
relevancia es Carla Cordua. Su ingreso a la universidad de Chile se
produce en 1948, formando parte de la promoción en la que destacan
figuras como la de Luis Oyarzún y Jorge Millas. En comparación con
los profesores del período, ella es una de las profesoras que primero
cumple con las exigencias de la “normalidad”, según la expresión de
Romero mencionada anteriormente. Con estudios en Alemania, Estados
Unidos y España, obtiene el grado de “Doctor en filosofía” y también
tempranamente publica varios libros sobre filosofía contemporánea.
A propósito de su condición de mujer, en una entrevista concedida
a Zdenek Kourim (1989) acerca de su investigación sobre la filosofía
practicada por mujeres en España y América Latina, Cordua testimonia
que esta actividad se encuentra “reservada en Hispanoamérica casi
exclusivamente a los hombres”. Entre los problemas que afectan a una
mujer que estudia y ejerce profesionalmente la disciplina, señala la
dificultad para obtener un puesto de trabajo, a lo que se añade el de
ser “aislada” por su grupo de colegas y el de efectuar un trabajo que
no interesa a nadie. Las dificultades enumeradas a lo largo del artículo
se resumen en la frase que sigue: “El trabajo de una mujer en esta
profesión será, en general, invisible” (114). He citado estas palabras de
Carla Cordua, referidas en la entrevista efectuada por Kourim, para
evidenciar que esta es una situación que afecta hasta el día de hoy el
trabajo de las mujeres. José Santos y Valentina Bulo agregan que, en el
caso de la investigación, sigue siendo escaso también el reconocimiento
a las investigadoras.13

estudios universitarios, ante todo debían ser “viudas” o “solteronas”.


13 Véase José Santos Herceg (2012), “Treinta años de filosofía-FONDECYT. Construcción
de una elite e instalación de un patrón investigativo”, en La Cañada núm. 3, www.
revistalacañada.cl. De Valentina Bulo (2012), véase “Nosotros y nosotras. Filosofía
hecha por mujeres en Chile”, en revista Paralaje núm. 18.

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María Cecilia Sánchez González

Por lo general, las mujeres que ingresan a la filosofía lo hacen en


función de las “ideas universales”. En ese registro son numerosas las mujeres
que participan en filosofía. Muy posteriormente, algunas investigadoras
y profesoras harán valer el punto de vista de las filósofas mujeres, los
problemas del feminismo, así como los estudios de género y la diferencia
sexual. En este modo de reflexión se encuentra Olga Grau, Susana
Münnich, Marta Vitar, Felícitas Valenzuela, Alejandra Castillo, María
Isabel peña, Verónica González, Patricia González, Giannina Burlando,
Pamela Soto y Valentina Bulo (en cuya enumeración me incluyo). En
primer lugar, la palabra género evita ser neutra o trascendental, pues ya
no quiere desapegarse de los deseos, de la intimidad y de los símbolos
que la presiden.14 Por lo general, se parte por revisar los supuestos
epistemológicos, morales y políticos de la razón occidental desde el punto
de vista del poder patriarcal y de las identidades de género. En el presente,
el concepto de género convive con los planteamientos del feminismo
de la igualdad, las críticas al patriarcado y a la razón imperial; también
con las nuevas versiones en que se presenta la discusión en términos de
identidad de género, de feminismo postcolonial o de posfeminismo.
A nivel institucional, los temas de género comienzan a
desarrollarse desde inicios de los años noventa en la Facultad de Filosofía
y Humanidades y en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad
de Chile. Después se expanden a diferentes universidades en el área de la
literatura y las ciencias sociales, aunque siguen siendo resistidos por los
departamentos de filosofía.

6. LA INSTITUCIONALIDAD DE LOS RESULTADOS


La investigación sobre la institucionalización de la filosofía en
Chile conseguí publicarla en 1992. Recién en 1990 se acaba la dictadura
y empieza lo que se ha denominado una transición a la democracia.
En este contexto, ¿qué ha pasado con la filosofía? En mi opinión, las
universidades han continuado las rutas diseñadas por el neoliberalismo

14 Algunos de los planteamientos de Felicitas Valenzuela, Olga Grau, Marta Vitar y Cecilia
Sánchez se publicaron en Género y Epistemología. Mujeres y disciplinas, documento que
reúne las ponencias del encuentro internacional sobre género y disciplina realizado en
Santiago de Chile, cuyas compiladoras fueron Sonia Montecino y Alexandra Obach,
publicado por el Programa Interdisciplinario de Estudios de Género, Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, 1988.

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

en el período de la dictadura. Los/as profesores/as ingresados sin concurso


durante la dictadura han continuado ejerciendo y sólo algunos de los
exonerados han reingresado al sistema. Asimismo, los concursos son poco
confiables y los perfiles de los profesores que buscan las universidades
siguen legitimando al profesor lector que reproduce el saber en áreas
cada vez más especializadas de la historia de la filosofía o de la filosofía
analítica. En el ámbito de la enseñanza escolar la situación es aún más
deficitaria. En 2015 se han producido los últimos ajustes curriculares
que debilitan su presencia en el aula. Esta situación ha concitado la
organización de los profesores en lo que se denomina REPROFICH,
Red de Profesores de Filosofía de Chile, cuya meta es la defensa de la
filosofía.
En el área de la investigación se hace mayormente evidente el
tipo de procedimientos y políticas institucionales que se centran en el
pragmatismo de las “competencias”, la “excelencia” y los “resultados”.
El problema es que esta validación desmerece los criterios que por
largo tiempo han permitido establecer diferencias entre pensamiento
y conocimiento. El ejemplo más papable de esta política institucional
puede leerse en las modalidades de la escritura del paper publicado
en revistas indexadas, exigido por las instituciones que financian la
investigación y por las universidades que buscan figurar en los rankings
de las universidades con estándares de productividad. El formato del
paper parte por exhibir sus palabras principales y un resumen en inglés
que delata la dependencia con el sistema norteamericano de validación
del saber. En especial, a quien escribe en este formato se le exige ser
informativo y evitar digresiones, detenciones, desvíos y detalles, cuestión
que para la filosofía es en extremo nociva; agregándose a ello la exigencia
de novedad que, a diferencia de las ciencias, en filosofía atenta con el
valor que tiene la tradición. 15 Si bien este tema quedó fuera del libro Una
disciplina de la distancia, en artículos posteriores lo he planteado como
parte del decaimiento de la filosofía frente al auge del conocimiento que
se valida por su productividad.16

15 Ver de José Santos (2015), “El paper-filosófico”, en Cartografía crítica. El quehacer


profesional de la filosofía en Chile.
16 Ver de Cecilia Sánchez (2010), “Institucionalidad de la Filosofía. Entre la reflexión y el
conocimiento Productivo”.

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María Cecilia Sánchez González

A modo de conclusión, puede decirse que la figura comercial que


adquieren las universidades actualmente no es sólo un problema local. El
nuevo espacio público que experimentamos hoy es un efecto de las nuevas
técnicas de comunicación, información, archivación y producción del
saber articulado por el mercado globalizado. Este espacio público permea
a las universidades mediante su desempeño productivo, desmereciendo
el ejercicio de las humanidades, cada vez más desfinanciadas y carentes
de prestigio académico.
En la ruta trazada en este artículo conforme a lo que le pasado en
Chile a la filosofía, muchos detalles han quedado marginados. Sólo me
resta resaltar algunos aspectos de las tres figuras institucionales que han
dominado en la institucionalidad chilena de la filosofía. En la primera, la
filosofía anglo-francesa configura el marco republicano de la Universidad
de Chile, pero a nivel de la enseñanza la filosofía como ejercicio ocupa
un lugar auxiliar de las pedagogías. En su segunda figura, su espacio
institucional se autonomiza a la par que se profesionaliza o normaliza, de
acuerdo a los criterios de los centros internacionales del saber. La tercera
figura es la que aparece con la intervención militar en las universidades,
generando un quiebre institucional y la pérdida de la autonomía de
la filosofía, además de hacerla girar hacia el neoliberalismo. De estas
tres figuras han surgido las modalidades de enseñanza y formas de
escritura del profesor y la profesora de filosofía, el estilo del operador
de la filosofía, como denomina Oyarzún a su versión analítica, y la
del filósofo/a, en su versión ensayística. De entre estas figuras, lo que
mayormente ha dominado es la actitud distanciada y neutra del profesor
o profesora de filosofía que examina la tradición de los textos canónicos
de modo reproductivo. En mi caso, he querido defender una relación de
la filosofía con el mundo, intentando suprimir la consabida dicotomía
entre el pensador académico y el mundano, por así llamar a este último.
En este sentido, la historia institucional de la filosofía es también una
historia crítica del modo dominante de hacer filosofía, descrito como
académico, profesional, androcentrista y eurocéntrico. Con estas críticas
no pretendo acabar con el rigor profesional, sino tan solo con la distancia
que aísla del mundo para desarrollar un trabajo filosófico considerado
propio o específico de las universidades.
A estas consideraciones críticas debe agregarse el cuestionamiento
al humanismo clásico que ha marginalizado a las mujeres de la esfera

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

filosófica, tolerando su presencia, pero careciendo de la atención que


corresponde en una esfera como esta. Del mismo modo, cabe criticar los
humanismos eurocéntricos que han dejado fuera de la humanidad a las
culturas no occidentales, cuestión que hoy ha tomado una gran fuerza
en el pensamiento contemporáneo sobre la cultura y el pensamiento
en/ desde y sobre América Latina. Estos dos aspectos del humanismo
atraviesan la forma de organización de la filosofía y de toda la cultura
letrada en América Latina.
En cuanto a los y las continuadores/as de la cuestión de la filosofía
en Chile, debo citar muy especialmente los trabajos de José Santos, Alex
Ibarra, Carlos Ossandón, Mario Berríos, Ricardo Salas y Eduardo Devés,
Carlos Ruiz, Olga Grau, Maximiliano Figueroa, Álvaro García, Fernando
Viveros, Alejandro Fielbaum, Vatentina Bulo, Eduardo Fermandois,
Rosario Olivares, José Jara, Fernando Longás, Matías Silva, Marcos
García de la Huerta, Pablo Solari, Yuin Tuillang, Cristina Hurtado, entre
otros. Especial importancia tienen Enrique Molina, Walter Hanisch,
Pedro León Loyola, Jorge Millas, Luis Oyarzún, Humberto Giannini,
Patricia Bonzi, Osvaldo Fernández, Iván Jaksic, Jorge Acevedo, Patricio
Marchant, Pablo Oyarzún, quienes me antecedieron en el tema. Sin
coincidir con sus criterios, también debo mencionar a Juan de Dios
Vial, Roberto Escobar, Joaquín Barceló, entre otros. Asimismo, celebro
que innumerables alumnos y alumnas se incorporen a la interrogación
del problema en algunas de sus variables.

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Institucionalidad de la Filosofía en Chile: rutas y quiebres

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