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Tres tecnologías futuristas que (tal

vez) nos permitirán visitar otras


estrellas
Abandonar el Sistema Solar y poner rumbo a otros planetas y estrellas. Hay
gente que ya ha planteado tecnologías teóricas para lograr este sueño.
¿Funcionarán?

Fotograma de la película 'Star Trek Beyond' (Imagen: Paramount Pictures)


JORDI PEREYRA
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 ESPACIO
 TEORÍA DE LA RELATIVIDAD
 TECNOLOGÍA
TIEMPO DE LECTURA8 MIN

18.08.2016 – 05:00 H.
Si nuestra tecnología continúa avanzando y nos las apañamos para no provocar
nuestra propia extinción, entonces es posible que un día lleguemos a
convertirnos en una civilización de Tipo II. Una vez alcanzado este grado de
desarrollo, el lugar que ocupa la humanidad dejaría de estar limitado a nuestro
Sistema Solar y podríamos empezar a colonizar otros planetas extrasolares.
Desde el punto de vista evolutivo, es una idea estupenda: cuanto más esparcida
esté la población por el universo, más difícil será que nuestra especie sea
borrada del mapa.

Centralia, el pueblo de EEUU que arde desde hace 54 años


JORDI PEREYRA
Situado sobre la zona con mayor concentración de antracita del mundo, la idea de sus habitantes de quemar la
basura de un vertedero no salió según lo planeado

El problema es que las estrellas están tremendamente lejos. La más cercana,


Alfa Centauri, se encuentra a la abrumadora distancia de 4 años luz. Esto
significa que, incluso viajando a la velocidad de la luz, tardaríamos 4 años en
alcanzarla. Y para viajar a una fracción de esa velocidad ya necesitaríamos una
cantidad de energía y una tecnología que hoy en día están muy lejos de nuestro
alcance.
Aún nos falta mucho para que podamos siquiera empezar a considerar
seriamente enviar una misión hacia las estrellas, pero hay gente que ya ha
planteado tecnologías teóricas (más o menos problemáticas) que en el futuro
podrían volverse realidad o no, pero que al menos son ideas interesantes.
El vehículo de Alcubierre
En 1994, el físico mexicano Miguel Alcubierre propuso un vehículo conceptual
que, en vez de utilizar combustible para propulsarse a través del espacio,
deforma el propio tejido del espacio-tiempo a su alrededor para moverse junto
con él por el universo. Las leyes de la física prohíben que cualquier pedazo de
materia sea acelerado hasta la velocidad de la luz, pero no hay nada que impida
al propio tejido espacio-temporal desplazarse a esta velocidad… Ni superarla.
Este concepto se aprovecha de que, como ha demostrado la teoría de la
relatividad de Einstein, la gravedad no es una fuerza, sino una deformación en el
tejido del espacio y el tiempo. Se suele ilustrar el campo gravitatorio de un objeto
según esta teoría mediante la depresión que provoca sobre una malla
bidimensional pero, como el espacio tiene tres dimensiones, la imagen debajo
representa mejor el fenómeno real:

Vehículo conceptual que deforma el tejido del espacio-tiempo a su alrededor para


moverse junto con él por el universo

Por tanto, la nave de Alcubierre hace dos cosas para moverse: comprime el
espacio-tiempo frente a ella para crear un campo gravitatorio que la arrastra
hacia adelante y lo expande en su parte trasera, dando lugar a un campo
antigravitatorio que la empuja en la misma dirección. “Comprimir” el espacio-
tiempo no es complicado, porque basta con acumular un montón de materia o
energía en el mismo lugar. Lo complicado es conseguir que se expanda.
Para expandir el espacio-tiempo a su alrededor y formar un campo
antigravitatorio, un trozo de materia debería tener una masa negativa.
Como explicaba en este otro artículo, las ecuaciones de Einstein aceptan
matemáticamente el concepto de masa negativa, pero no hay ningún indicio de
que pueda existir en la vida real. Y desde luego nunca se ha observado en la
naturaleza.

La temperatura aumentaría tanto en el interior de la

burbuja que cualquier cosa que se encontrara en su

interior sería destruida

Pero este concepto se enfrenta a problemas más graves. Por un lado, la


tripulación no podría dirigir el vehículo porque, al moverse más rápido que la luz,
las señales no llegarían a la parte frontal de la burbuja. También se ha sugerido
que, al viajar a velocidades superiores a las de la luz, la temperatura aumentaría
tanto en el interior de la burbuja debido a la radiación de Hawking que cualquier
cosa que se encontrara en su interior sería destruida.
Además, cualquier partícula que la burbuja atrapara durante el viaje saldría
despedida a la velocidad de la luz cuando la nave frenara, destruyendo lo que se
encontrara en su camino. De hecho, como parece que no habría ningún límite
para la cantidad de energía que la burbuja podría acumular en forma de
partículas, los frenazos de este vehículo serían más útiles como un arma que
como parte de un medio de transporte.
Cohetes de antimateria
La antimateria es estupenda. Cuando un átomo de antimateria reacciona con
uno de materia ordinaria, los dos se desintegran por completo, convirtiendo el
100% de su masa en energía. Como resultado, un gramo de antimateria puede
liberar tanta energía como 43 millones de kilos de TNT al reaccionar con otro
gramo de materia ordinaria.
Uno de los grandes problemas de viajar a través del espacio es que sólo puedes
llevarte una cantidad limitada de combustible del lugar desde donde despegues.
Pero, claro, con la antimateria en nuestras manos, incluso las cantidades más
minúsculas de esta sustancia nos permitirían acelerar nuestras naves hasta
fracciones considerables de la velocidad de la luz y maniobrar durante años sin
tener que parar a repostar en cualquier planeta desconocido (si es que hay
alguno en tus alrededores), lo que facilitaría la exploración espacial una
barbaridad. Pero, para variar, hay problemas en el antiparaíso.

Estructura conceptual de un propulsor de antimateria. (Imagen: Hbar Technologies,


LLC)

Incluso aunque destináramos a la fabricación de antimateria toda la energía


producida anualmente en la Tierra en la actualidad, tardaríamos 10 millones de
años en producir un kilogramo de esta sustancia. No, no es ninguna broma: se
necesita un acelerador de partículas enorme para crear antimateria y, por suerte
o por desgracia, tan sólo puedes fabricar unos cuantos átomos de antimateria
cada vez que lo usas. De hecho, con un coste de unos 250 millones de dólares
por cada 10 miligramos producidos, crear antimateria es también un proceso
bastante caro.
Luego está el problema del almacenamiento, claro. Como cualquier objeto
ordinario que entre en contacto con la antimateria va a reventar con una energía
sin precedentes, grandes cantidades de antimateria tan sólo podrán guardarse
suspendidas magnéticamente en el centro de recipientes totalmente vacíos. De
momento el récord de tiempo que se ha podido guardar antimateria está en 16
minutos, así que no sólo estamos lejos de conseguir suficiente antimateria para
planear un viaje espacial a las estrellas, sino también de mantenerla almacenada
de manera segura durante el tiempo que dure el viaje.
Propulsión por agujeros negros
No, la idea nos es utilizar agujeros negros que nos remolquen con su intenso
campo gravitatorio (no sería una muy buena idea). En realidad, la intención de
una nave que utilizara un agujero negro como medio de propulsión sería
aprovechar la radiación de Hawking que emiten estos objetos.

Imagen simulada de un agujero negro. (Imagen: Wikimedia Commons)

La radiación de Hawking es un flujo de fotones, neutrinos y partículas más


pesadas que emiten los agujeros negros cerca de su horizonte de sucesos,
el punto de no retorno. Esto se debe a que en los lugares donde se acumula
mucha energía empiezan a crearse pares de partículas y antipartículas que, tan
pronto como aparecen, se atraen entre sí y se aniquilan. Pero cerca del
horizonte de sucesos de un agujero negro la gravedad es tan intensa que,
cuando se forma uno de estos pares de partículas, una de ellas puede ser
absorbida por el agujero negros mientras la otra sale despedida hacia el espacio.
De esta manera, los agujeros negros van perdiendo su masa poco a poco y, si
no tienen nada que tragarse, terminarán evaporándose a través de este tipo de
radiación.
Los agujeros negros se evaporan más rápido y emiten flujos de partículas más
intensos cuanto más pequeños son, así que la idea sería utilizar una antena
parabólica para capturar la energía liberada por la evaporación de un agujero
negro artificial situado en su centro.

Un agujero negro de este calibre requeriría una energía

tremenda: una décima parte de la energía que emite el

Sol en un segundo
Aquí la complicación está en fabricar ese agujero negro en un primer lugar, claro.
Para que sea de alguna utilidad, el agujero negro tiene que ser suficientemente
grande como para que se evapore a lo largo de un periodo de tiempo razonable,
pero tan pequeño que el flujo de energía que emita pueda mover la nave. Una
masa ideal para este agujero negro serían unas 660.000 toneladas, lo que le
daría un tamaño de 0,9 attometros y le permitiría producir unos 160 pettawatts
(160.000 millones de megawatts) durante 3,5 años.
Pero crear un agujero negro de este calibre requeriría una energía tremenda, del
orden de una décima parte de la energía que el Sol emite durante un segundo,
algo que sólo se podría conseguir con un láser de rayos gamma de alta
frecuencia que está muy, muy lejos de nuestra capacidad tecnológica actual.
Bonus: el EM Drive
Es posible que hayáis escuchado hablar del polémico motor EM Drive, que
pretende acelerar una nave utilizando sólo microondas. El año pasado traté el
concepto en este otro artículo.