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La inesperada historia detrás de uno de los himnos más populares de la

iglesia

Aunque que este himno expresa gratitud por un profeta moderno en nuestros días
y fe en la Restauración del evangelio, la melodía del himno fue escrita de hecho,
por una no miembro de la iglesia, Caroline Sheridan Norton.
Nieta del famoso dramaturgo inglés y actor Richard Brinsley Sheridan (quien fue
autor de las obras de teatro “Los Rivales” y “La escuela para el escándalo”),
Norton también se hizo un nombre por sí misma como escritora y defensora de
derechos para las mujeres, después de enfrentar la injusticia en corte y perdiendo
la custodia de sus hijos.
Después de la muerte de un oficial inglés de alto rango en la guerra de Crimea en
1854, Norton escribió una canción “La marcha fúnebre del oficial”, la cual se cantó
en su servicio funerario. La música, que posteriormente se convirtió en la melodía
para “Te damos Señor nuestras gracias”, acompañaba palabras más sombrías
que las de gratitud que las del himno de la restauración que ahora conocemos:
¡Escucha la llamada de trompeta estridente!
Se perfora el suave aire de verano;
Las lágrimas de cada compañero están cayendo,
La viuda y el huérfano están ahí.
Las bayonetas hacia la tierra se están convirtiendo,
Y la respiración ahogada del tambor alrededor de los rollos;
Sin embargo, no presta atención a la voz de su duelo,
Tampoco se despierta con el sonido de las trompetas.

(Historias de nuestros Himnos Mormones, J. Spencer Cornwall)

Después de pasar cinco o diez años, un élder mormón llamado William Fowler
escribió un himno de alabanza, el cual solo necesitó una melodía conmovedora.
Suficientemente irónico, fue que Fowler encontrara la marcha fúnebre de Norton y
la adaptó para su himno, creando el himno que ahora conocemos y amamos, “Te
damos Señor nuestras gracias”.
Fowler, que nació 33 días después de que la Iglesia de Jesucristo de los Santos
de los Últimos Días fuera organizada en 1830, escribió el inspirado himno por el
amor y la gratitud por la Restauración del evangelio de Jesucristo. Como un
dedicado converso y élder de la iglesia, el himno de Fowler expresaba su gratitud
y alabanza por la Restauración.
Antes de que Fowler siquiera tuviera 15 años, su padre Protestante y su Católica
Romana madre habían fallecido, dejándolo en la orfandad. Antes de sus muertes,
ellos se habían unido a los Metodistas de Wesley, que hizo que Fowler
considerara lo que la religión significaba para él.
Después de que se sintió insatisfecho con la iglesia metodista, Fowler asistió a un
servicio mormón por la invitación de un amigo. Después de años de buscar la
verdad, la luz y la realidad del evangelio, Fowler encontró el evangelio restaurado
y fue bautizado el 29 de Julio de 1849, a la edad de 19 años.
La fe de Fowler y su testimonio se vieron reflejados en su servicio misional por
cuatro años. Su dedicación y perseverancia a través de los largos días de su
trabajo misional y la persecución pavimentaron su camino hacia su himno de
gratitud.
Un tiempo entre 1860 y 1863, Fowler escribió su himno y lo envió al Presidente
Joseph F. Smith cuando estaba en Inglaterra, y fue publicado en el himnario de
1863.
El himno de Fowler testifica de su fe y su creencia en la Restauración del
evangelio de Jesucristo, Su himno expresa gratitud por el profeta viviente, así
como su fe en el Señor y en su evangelio restaurado:
Te damos, Señor, nuestras gracias
que mandas de nuevo venir
profetas con tu Evangelio,
guiándonos cómo vivir.
Y gracias por todos los dones
vertidos por tu gran amor.
Tenemos placer en servirte
a ti, nuestro gran Bienhechor.
Al sobrevenirnos peligros
que amenazan quitarnos la paz,
tenemos en Dios gran confianza;
vencido será Satanás.
De Dios no dudamos en nada;
probamos ya bien Su bondad.
Los que a Sión se opongan,
al fin sentirán su maldad.

De Dios cantaremos la gracia,


bondad, compasión y amor.
Gozamos de Su Evangelio,
alegres de ver su fulgor.
Así, a la dicha eterna,
los justos y fieles irán,
mas los que el mensaje rechacen,
tal gozo con Él no tendrán.
Historias de Himnos – Firmes Creced en la Fe

Cuando era director del Coro de Tabernáculo, Evan Stephens, acababa de terminar
de dirigir el coro para una sesión de la Conferencia General y entonces,
silenciosamente tomó asiento y se inclinó hacia adelante con inquietud, esperando
el mensaje que el Presidente Joseph F. Smith estaba a punto de entregar. Él se
emocionó con el discurso del profeta, el cual se refería a la juventud de la Iglesia, a
las presiones del mundo que ella enfrenta, y a la importancia de ser leales a las
enseñanzas del evangelio.
Al finalizar la reunión, el Hermano Stephens fue a caminar a solas por City Creek
Canyon -un pequeño arroyo que pasa por el centro de Salt Lake City- ponderando
en su corazón las palabras inspiradas del Presidente. Se sentó “sobre una roca que
se mantenía bien firme a la presión del agua que corría intensamente.” La roca le
pareció una simbólica analogía de lo que había escuchado esa mañana. De pronto
las palabras y la música vinieron a él para convertirse en lo que sería uno de los
himnos favoritos de la juventud. Sentado sobre aquella roca, escribió las palabras y
la música de “Firmes Creced en la Fe.” Él, como el profeta, amaba a la juventud y
mencionó que este himno “era su consejo espiritual para ellos.”
Divina Luz
Cuando era un joven sacerdote que viajaba por Italia en 1833, el inglés John
Henry Newman afrontó obscuridad emocional y física cuando una enfermedad lo
detuvo ahí durante varias semanas. Se sintió sumamente desalentado, y una
enfermera que lo vio llorando le preguntó qué le sucedía. Lo único que pudo
responder era que estaba seguro que Dios tenía una obra para él en Inglaterra.
Ansioso por regresar a casa, por fin pudo encontrar pasaje en una pequeña
embarcación.
Poco después de que la embarcación hubo zarpado, descendió una densa niebla
que obscureció los peligrosos acantilados que los rodeaban. Al estar atrapados
durante una semana en las húmedas y grises tinieblas, sin que la embarcación
pudiese moverse ni para adelante ni para atrás, Newman suplicó la ayuda del
Salvador al escribir la letra de un conocido himno: "Divina Luz".
Divina Luz, con esplendor benigno…
Oscuras son la noche y la senda;
Muy lejos de tu pabellón estoy,
y al hogar de las alturas voy.
Este himno expresa una enseñanza que en nuestro corazón sabemos que es
verdadera: aunque los pesares apaguen otras fuentes de luz, Cristo iluminará
nuestro sendero "con firme pie", y nos mostrará el camino a casa. Porque como el
Salvador ha prometido: "…el que me sigue, no andará en tinieblas" (Juan 8:12).

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