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E U DOC I O R AV INES

(La Penetraci6n del Kremlin en lberoamérica)

LIBROS Y REVISTAS, S. A.
Apdo. 1505 México, D. F.
Queda hecho el depósito que
Copyright 1952. marca la ley.

Este hbro ha sido publicado


Ut Inglés, en Nueva York.
por Charlt-' Scribner's Sons.
c.on el titulo de
"TiiB YENAN WAY".
A los hombres y mujeres que se han batido y se
baten contra las tiranías en todas las trincheras de
la Libertad; que han sufrido por la causa de la Dig-
nidad del Hpmbre y que -como yo- han apurado
el dolor y han vivido el drama de la Gran Estafa.

El Autor.
PROLOGO

En la hora en que golpea sobre /a-; cabeza" de /o ... hombres li~


brcs r; contra la esperanza de lo~ que aspiramos a serlo. el peligro
concrefo de una esclaPitud de tipo totalitario. se convierte en cóm-
plice cualquier silencio sobre la Gran Estafa. sobre sus in<-trumentos,
sobre sus máscaras '1 sobre ~u" métodos de subrepción.
Cuarldo arriba a la playas de este ltcmic;[cno el deszgnio de
transformar a sus pueMoro en /a misma papilla ~anguinolenta en que
se Iza convertido a milc~ y mile.:; de chinos. de coreanos, de indo-
chinos. en los campos de batalla. 11 a millones de rosos r¡ de euro-
peos en los campo e: de conccntré:!ctón m,-h t'a. tos IJ cru--le.s de la his-
toria un;persal. se 11uelv~ imperatit'O entregar un te<:rímonío L"craz,
efe/ que dá fé cumplida una larga, doloro.<:a lJ de esperada experien-
cia, que pueda ayudar a entender con más lucidez el sistema lJ el
contenido -ya que no es dable hablar de ética- del espíritu que
pretende sojuzgamos, proclamando sin embargo que viene a liberar
a c~'ifO." pueblos del r¡tr,qo del imperialismo.
Este libro no es un alegato: sólo quiere ser un testimonio.
Es la crónica -nooclada para haceda más accesible al lector
común -de hc:cl1os. acciones. planes lJ maniobrac:, a que me tocó
asistir, como comparsa pasi{Jo ur1a~ pece~. como espectador o como
actor en otros momentos. e¡ siempre como te'>tigo.
Lo que aqui entrego es una sincera confe ión humana, sin que
por ello se trate de un drama per... onal, ni sólo de una protesta aisla-
da. Si alguna c•irtud tiene este testimonio es la de ser univoco. Son
millares lJ millares de existencias que l1an soportado análoga quie-
bra: es la tragedia minúscula lJ oscura de millares de hombres q muje-
res anl1closos de una vida mejor para sus pueblos. que fueron tras-
lumbrados por el reverbero de la R~volución R usa. seducidos por el
vigor de la critica marxista, por d patetismo del encendido mensaje
comunista. Millares de creqcntes. que t•icron transformados sus sa-
crificios lJ su fe en estiércol del culti11o d e una dictadura. que no es
la de clase alf1Una. sino la de un clan terrorista. policiaco q belicista.
E s el testimonio que interpreta un momento del drama de millare$
de e.Yistencias que se acercaron alborozadas al comunismo y que han
sido estafadas con ludibrio q con crueldad.

-J-
No arribo a este: libro smo tréls haber cruzado una dc sgarrante
t¡ sombría tempestad de oaólaciones. !.a {é que fué_ honda, no sólo
mucre despacio sino que se niega a monr: su agonta es IIWt¡ larga
r¡ se ll~na. con un rosar~o de cntalcp.<:ias rntcmzitentPs. Ale-jad~ de
las fi1.1s comunistas, a pesar de mis tl<'lpuleanlcs. dcccpcton;s, srcm-
prc cspl!ré el mila,gro : que c./ comunismo en Rusta se conl'trtrc<;c en
democracia proletaria, ett foctor auténtico dC' paz para los ¡)ucblo'>;
que las proclama pacifisl<ls de Stalin. saliesen dC' lo formular. pa-
ra rmwgurar de Peras una colaboración humana cnltc capifcJ!rsmo lJ
sot>ictismo; que, en fin, d cheque sin /ondo., de- c~ta gran c.,t~·fa
fue<;c lttbtcrto en benefiCio de los trabajadores clc! mundo
Dos hechos macizos LJ terco_.., concorde" en lodo con la "tntcs
tw politica que r¡a conodü, uínicron D ctuct[tcnr mi ¡1ostrcra cs.pe-
ran::a r¡ a nihili:uu los t~cstigios de mi fe. Uno de el/o.<;. la muasrón
tmidora z¡ abclf,JCada de Checoc.<ilol'•1quin. la degcnerad,1 traición de
Gofwald hacia un régimen progresista LJ avanzado. hacra ttna nación
de la que Nu ia no tenia nada qur temer; lratción hacta el Presiden~
te BcnN>, 3tni,qo del soCJid '1 amigo de St~lin, trui(ión , cpugnantc,
con la imposictón de un ignomimo.\o ''suiudio" a Jan Ma sa.zt¡k , amt-
go {cruoroso de:/ partido comunista, amtgo de Rusia, anlif]O de Sta~
/in. ami,qo de Gotrvald Luego. el segundo hecho, (>1 anatema sin
principios. la carga de odio lan::.ada con fa espuma en la boca. con-
tra el régiml'11 del t Olllltnt ·mo qugocslauo, insumi"o a fa yuf¡ulación
rn a. rebcldc al saqueo '1 a la rapacidad del SOI'it.~tismo. Todo stt
crimen ideológico. toda su lrt1ición política residen en haberse re~
si~tido a que .se hambrr;1ra a lo.s t¡ugoesléwos pam que la casta do--
minant.:: ruSll pudie.<:c viPir mejor Sólo B11tc estos dos hechos cmcé
mi última ualla lJ acept~ con dolor que de la Rusra Sot~iélica r¡ del
réginH'n c!C' Stalin no podía e-.¡Jerarsc -LJ<l sino la tercera guerra mun-
dial.
No 11cngo a denunciar al -'OI'ictismo desde ttn ángulo liberal.
ni desde d punto de tlista de los derechos humanos o dc- •dc las
plataformas que defienden los derecho" óud<ldanos. Sería este Wl
enjUiciamiento parcial -sin duda {orm.11 a la /u: de los hechos his-
tórí.,;<?s- que. c.:onsidero sobrepa~ado por los hecho.'\ de holJ. lo dc-
nu.nct~ .cnfoetmdolo dentro de su tcrr~no propio. como estafa a los
p;wnpto., que le dieron oriq~n. romo traición a l;J cfoctrin~1 que le
struc de bnn~cra para encubnr su conltabando ;ntérlopc.
De~t11lCIO !rna estafa, no .1/ espíritu liberal. sino al pensami(>n
to. a la tdeolonw, a la rc<llización socialist,J-..
. No e~ ('$tafa a los que creen en la btcn(1tJC'ntur.1n:,1 dc1 c.1pita-
ft.">mO: es t'sta{l:J a lo s que creemos en la redención dr! hombre a los
que no." hemos batido por la liber~ción de los oprimidos. a los. q;tc hc-
rno' :op?r!ad'?. lwr~1brc. (lCrsccucronc." .•. torturas. pnsioncs. a los que
hcmo uwtcio ~~ trcmpo del dcsprcc.to , por bust ar la C'fe 11ac-ión /m-
mana. por rC'd11nir a lo~ más mcncstero-;o.-; d<' redención. por im-
pul ar el progreso del socialismo.

-JI-
Sé bren que tal est afa no es pro duc
nge ntc ma lt,n do, o de la ambrcto5 to de la per fidi a de un dí~
a crUt~/dad de un cla n due ño del
pod er. Es la con sec uen cia ine xor abl
e de srs tcm as r¡ de mé tod os. de
clogm<Js inh um ano s que no pue den
er aba ndo nad os, de con drc íon es
eco nóm ica s. polítrc¿¡s y .sociales,
que los drr ige ntc s sov rét ico s no
pue den mo diJ rcü r ni sua viz ar, ya
que ello imp lrca ría su caí da. Pa ra
no tac r c~tán obl iga dos a ma rch
ar sob re cad tívc rcs . a gol pea r sin
pie dad sob t t tod o lo que se les re.sr
pue blo s a la hogu<•ra del achich<~r ta, '1· por últr mo , a lan zar a los
ramrcnto ató mic o. Es por est
ua que? d com um sm o ~e ha Lluclto a ese n-
la gue rra .
Ou c ello s me 1/am~n com o qui era n:
cnt ido y .su mtc nci ón. Per o todo:; con ozc o los voc abl os. u
los IIOCablo.s no pod rán de~mentir
ant<.· la clü" -C obr era ni ant e qw cflq
uie ra, un puñ ado dc hec hos toz u-
dos .
l.c1 dia léc ttca ma.\lsttJ lw srd o con ver
dac ron de: llc gel , en rau ona lrs mo tid a en ...aqu eo '1 deu.ra-
cloymó.tico,. dúc til par a la JUSltJ.ica-
c.ión cin ka de tod os /o.; oportuni~
mos. De ági l con cep ció n cde
ha srd o dcy rad ada por el sor1tctt~ aJi,ta.
mo a la ¡cr arq uia pod nda d~:
sof ul ele lil e<:taja. a la Pe; que de [tlo -
est afa de la [tlo sof ía
fc1 doc trin a ha std o con ocr ticl a en yui
do que: .. l...1m o/da a cua lqu ier {or ñap o, crl lJi co o con ten i-
m a. ~n rop aje que ~e arr egl a par
ttcs tir, en cualcsquu~ra hor a '1 circ a
un_<;.tanna. lo~ hec ho c.on urnado:>
o los act os eje cut ado s por los JCr
arca. tota lita rio s.
A lél libr e dis cus ión den tro d<'i
pc~rtido ha ~uccdido el aca
mil 'nto imh xor o.s o. la impo~ición ta-
tcuorr.c:ta la srw idu mb re c~pm­
tu;J/ imp ue, ta por ham bre . por am cna
.:a. por dádi11a. po r terr or: ter ror
al cam po de conc.~?ntración, a la pno
;.on de lo, fam i/ia rc o al tiro en
el occ r¡m cci o
!.a cla se obr era ha ::.;ido .r.:.uplantad
a por el cla n imp era nte , el
ol>reco no pue de .sino d<•srgni.lr < om
o sus rcr rcs ent ant es a lo., que han
stcfO !Jél d · ,ignt:.<fO~ por c/ c/a n:
los <.O Tl91 CSO s dt· lo~ OCIIC(S O del
par tid o han .-,ido abr oga dos : la ltb
ert ad de tod o qlr1cro. den tro de
la es{cm de la rea li= adó n rcl 'olu
cio nar ia. ha • ido ani qui lad a ha.,ta
1111 lind ero c¡uc ce: reg res
o lus tór ico cer can o u /~ teo cra c ~as.
!.o . m," lna ntw lcs de cul tur a han
srd o ser ado s; la pol icía tien e
ran ona do 11 enc asi llad o al pen sam
ien to. el art e es rre,qocio de pro -
pag and ista s: la aca ció n e.sprritual
de tod o ord en. asu nto baj o la ju-
risd icc ión dd scrt•icro ~ecreto: y d
cam po del esp írit u. tan to en Ru -
sia corno en /o.., sat élit es. es lo má
s t·ec ino al cam po de concentra~
ció n '1 al ala mb rad o de púa s.
!.a rcb ddí a jus ta, la in ·ur gen cia
fec und a con tra la rap aci dad
impcriali.<:ta de los con qui sta dor es
colonralis tas IJ d<.' los tru sts int er-
nac ioTJale s. han sid o uti li:a das par
a 1rnpon er un tip o de con qui s-
ta que se den om ina con 'd sar cás
tico euf em ,sm o de "lib era ció n·· y
que con sis te en la trit ura ción des
pia dad a. en el saq ueo imp lac abl e.
C'n la rap iña l'an diil ica de los des
ven tur ado s pu.-:blo.<> que han su -
frid o la inm ensa des gracia de ~a
lib era do· por el K rem lin.

- 111 -
Esta putrescente '1 degradada rc:alida~ no es asequible al hom~
bre común de nuestro hemisferio, ni es fáctl de ~(,er mostr ada en toda
su impúdica objetividad, porque ella se oculta ~ _es ocultada tras la
tupida brumazón de criticas 11álidas, de paradtstacas ~r_or;tesas, de
augu stas y venerables palabras. Por ello, la luchd es dt{r~tl, terca lf
áspera. Y. para hacerla c:onoincente t¡ fecunda es pr..·cts? que el
mensa je democrático tenga potencial para ganar el corazon ele las
gente s, para ispirarles fe t¡ confianza, si no en su realidad actual.
por lo meno s en su posibiladad inmediata.
En Amér ica Latina. ese potencial no lo ttenen . no lo tendr án
jamás, las andrajosas dictaduras que padecen diversos pu¿b/o~ de
este hemisferio. Dictaduras filistea.-;, sin principio.<; '1 .o;ín ética algu-
na, que en much os casos concretos, cultiv an relaciones c.:landc.-;tinas.
a modo de t'icios secretos, con los comu nistas t¡ con los ag.:ntes ocul-
tos de la Rusia Sor,iética, además de que con abominable inconscien~
cia y criminal irresponsabilidad otorg an auxilios. sttbl'enciones t¡ po~
siciones políticas 11 sociales a los altos comando., del quinta -colum -
nismo roso en sus respectivos países.
La privación de libertad, la ominosa re~tricción de los derec hos
humanos, la envilecida limitación de lo~ derechos cit'iles de la ciu-
dadanía, la imposición dema gógica o l'iolenta de gobiernos de fuer-
za, es realidad dramática en muchas de las repúblicas latino ameri-
canas t¡ es, al propio tiempo, camp o de gravitación que acarrea mi-
litant~s '1 combatientes para la quinta columna sot,iética.
O las dictaduras de Amér ica Latina dejan libre paso a una vida
democrática '1 decen te, o la vasta r¡ tenebrosa campa ña !'OI'iética mt-
nará la entraña misma de Amér ica t¡ abrirá brecha!' que. si "On cerra-
das más tarde, han de serlo só 1c con monta ñas t¡ torren tes de Pida-;
jóvenes, '1 en horas de angustia !iuprema para el mund o libre.
La eficacia de_ la lucha contra el gran peligro re.<;id, en gran
parte en que la! d1ctaduras demagógicas o t'io/entas. cirde. o mili-
tares, sean barridas de la faz de este hemis fer:o q en Ql!c la d emo-
cracia formal se convierta en democracia real.
. En~onces, los pue~los comprenderán t¡ ponderarán la tajant e
dtsyuntiVa: o democrac~a o comunismo.
E. R.
México 1952.

-IV-
BA JO EL SIG NO DE LAS DOS RAYA
S

ll" l EL AM PAGUEABA sob re los mismos cer


11-< dal es sob re la mi sm a pla za que, tre s ros y llovfa a~
y me dia cen tu. nas
atr ás, hab ían ser vid o de esc ena rio al dra
entt·e el úit nnu de los Inc as y el pnme1 má tic o enc uen tro
del Per ú. o de los con qui sta dor es
Tra s :;u est rid ent e pre fac io de gra niz
tam bor ileo de fan dan gui llo sob re el zin o -de sca rga do con
for ma ban la tec hum bre de las ca sas - c y sob re las tej as que
pie dra s de los templos que los con qui sta el agu ace ro ver ber aba las
a los ind íge nas . Y, como el rio al gui jar dor es hic ier an con str uir
los ros tro s y los ma nto s de gra nit o de ro, el agu a del cielo pul ia
alto de sus hor nac ina s, pre sid ían imp los san tos que, desde lo
de la ciu dad . asi ble s la vida est anc ada
Con abn ega ció n asépsica, la llu\'Ía ase aba
que pav im ent aba n las cal les ; al cor rer las tos cas pie dra s
tab an la calzada en do s- las agu as arr por las ace qui as - que cor-
cad á' ere s de ani ma lejo s y, seg ún las ast rab an lodo, bas ura s,
Tía Ma rtin a. de Misiá Minquinca y de per tin ace s ase rci one s de
llevaban asi mis mo sar am pio nes , tifo ide las Ma est ras Shocllas, se
to lo dec ían sie mp re en voz queda, a cau vir uel as r has ta, y es-
as,
licismo, ma les de OJO, bru jer ías y malef sa de su fer vor oso ca~
Cu and o el sol, con su luminosidad icio r eve
s.
alt ura . rea par eda sob re los últ imo s got rbe ran te en aqu ella
dad olía a vir uta fre sca , a lev adu ra, a ero nes de lluvia, la ciu-
río, a vah ara da de ter ner o ham bri ent cue rpo des nud o sal ido del
o o de pot ran ca aca bad a
de nac er.
En las cie nto vei nte o cie nto tre int a ma
la vid a veg eta ba len ta, mu stia , sin agi tac nza nas de la ciudad»
est aba ani ma do de vid a tuv ies e sólo sav ión , como si tod o lo que
do apa ree ia rec lin ado sob re la cal ma tib ia y nad a de san gre . To-
que inc ita ba a cam ina r sob re la pu ntaia y ter sa de un a qui etu d
env eje cía n despacio, se mo ría n sin pri sa de los piés. Las gen tes
del vec ind ari o, se am put aba n con sig y, cua ndo se ma rch aba n
ilo, como evi tan do hac er
rui do. Lo único que cam bia ba sob re la
era n las cos as: cam bia ban el dfa y la nocqui etu d de las per son as
he, las ma fia nas en que
-1 -
1
s ta rd es -~ n q u e .Jioví.a to rr en-
no e ra domingo ; Ja
sí e ra domingo oque el milagro de una luz dHlf s Y las copas de
ana 1lummaba los
cialmente o en diJieras los rostros de Jos l10mh1·e fresea y siem-
campos las co1· ella tzérra sin esiaciones, hú.meda,s so h re el te m a
los árb~les. Aqu o fr ec ía m u y es ca sélS v a n a n te es, la~ Iglesias
p re e n p ri m av er a Huminaba las ca11g a d o s- o la ti -
u ie Íu d : o la lu n a
de su p ac at a q entonces Jos faroles es~ban a J? a el. fa ro le ro re-
y Jos patios -. Yla ti e rr a y, a n te tal contmgenc1ce a,
diendo y a p a-
niebla envolvía con su escalera al homb1·o, en snes q u in as p rin -
con·ía las ca lles1·as de kerosene que ar d ía n en la st ra b a su ca uce
gando las lámpa un a g ra n fosa común, el ríC? m ocas a tr a v e sa ba n
cipales. O, comote y casi seco, que Ja s muJeruegaba tu rb ule n to
hondo, malolienasquiña como una bandera, o ll p er ro o un ho m-
plegándose la b tr an d o en sus aguas oscuras un rico te m a pa ra
y parduzco ar t·raso un c a rne ro, Jo cual co n st it u ía
b te , u n a m u je rina. nteciese n ad a ;
la fa cu n d ia p u eb le la ci u d ad n ~ ac o
La habituacióniese e ra q ue en rg e n del ri tm o del mundo.
d o p e1 m an ec como a l m a ca lle ce n tr al , aHí do nde
q u e to a de cu ad ra s d e la p u eb lo el
E n la media dosceanlt a intensidad del pu lso de aqueln 'a pue~· ta
á ,
se e:x.rpt·esaba la m ta b a siempre , to d as las m añ anasen es p er a del
ñ o r C h áv ar ri es n ta n d o g u a rd ia
se os Andes", mo o m p añ ante
de su bar-salón anLdo de pa rr o quiano, sirviese des ac
11

bebedores se
amigo que, oficim añ an a" . E n su origen castizo, lo li b e ra r la cos-
p a ra "co1·tar la ndo 11Co1·ta r el fr io "; pero, p a ra lazó "el f rí o "
ju st if ic a b a n dicieprichos de la te m p e ra tu ra se rem14pCOrtar'' toda s
tu m b11re de los ca. De es te modo, pues, se podían o del c a lor, con
p o r 1a m añ an a"año, independi ente m en te del fr ío
la s m~ñanas del de a g uardiente.
cá us ti c a s copas es em b o ca n d o en la P la z a de A r-
no iban d es de a l-
D esde m u y te m pllrain os cargados de voluminosos h ac
as , la s p ia ra s rle po al d a. co n su o lo r a o p tim is -
m nto co lor de es mso er u a Jn boca d~
fa lf a, con su viole o q u e h ac ía
n su -vaho apetit , av an za b an cabizcaídos t ími-
a g
mo y a salud, coea
los ca b allo s. A rr n d o las recuas
p ie l ac o b ra d a, de cabello s~tá ceJao~
dos y tr o to n es , Joec s ind ígena s de
nu ca y o re ja s. Siempre, co n he 'a-
ido sobre cho~ a b a t'l
empringado y cr a, iban cu ~iertos p o r amplios ponen n e grísimos
da o con resolanra y a s m uiiiColores y enfundados o rt in a s a l la do
dos, de g ru e sa s sos, q ue se desp legaba n como c
p an ta lo n es zarpo r ce rc a de lo s to billos. Toda su
rnas, a l ll ega n u a l.
e x te ri o r de las p iehila da en r ueca y te ji d a e n te la r m a
ve~ti.menta e st
aba
en as n o h a b ía n conoci do ni
ecueros indíg a piel
L o s piés de los 1· :esión d~ los za p at o s; e x h ib ía n un ra s
<.'onocerían ~unca
la op1 e le fa n c ía : la s ra ja d u
cies en d e
mo. SI a dole u e p en e tr
g ru e sa Y I'aJada coug rien tas, te rrosas como su rc o s q s p la n :
e ra u p rofundas, m p iel, en Jo h on d o de la ca rn e. Y la
e la
sen m ás a den tr o d
- 2-
de: ~us pié eran callosas y J>lana:s, cual si estuvie sen fabnca das
de caucho blancuzco.
De \"(~z en tuando , cada día, Jos gendarmCl -a quiene s la
g~ntc lJamab a "loros ,.- detenía n alguno s indige na obligándoles
a 1call?.ar gTatuJ tament e la limp1eza de ~a casa del :sem1r ub-
prefect o, la del patio y del traspa.tio de Ja del Jefe de ]lolicía de
la caballe nza del cñor capitá n; a ot1 o se les for.t.aba a aca~~r
agua desde el pHón público, hasta colmar 1a tinajas de la ca a
de coMida~ picant e· de la amiga de1 señor coman dante Lo~ in-
dígena s implor aban, resistí an, lanzab an imprec atorias en teng-ua
quéchu a }' súplica s en castell ano pPro todo era en vano cuando
la alfalia , la leña o la paJa no eran de propie dad de alguno de
lo~ señ01·es de la comarc a. Los gendar mes mo traban siempr e
astucia lallcin ante para zahori ar esto y evitar::>e ulteriore~ com-
pJicaci rm es.
Cada rlía, siempr e que no fuese domingo, en las primer as
horas de la mañan a, el señor Cerna abría ~u tienda de tocuyo s,
driles, libros y lápices de colores, y acudía a la acequi a que ero-
zata el centro de la calzada, a lavar la lata que otrora contuv iera
anilina aleman a y la m1sma que debía ervirle de urinari o du-
rante la JOrnada. Hacía ya mu~r largo rato que el ñato DáYila
había cerrad o su tienda que, todos lo sabían , era cac:a de juego.
~ un poco más tarde, el señor Esparz a sacaba , a grande s esco-
haz(ls, Ja basura de su almacé n hasta la acequi a donde. un poco
wás leJOS, a horcaj adas sobre ella, el chino Alejan dro - muy es-
tinlado por haberse hecho bautiz ar- la,·aba cuidadosamente su
apnstil Jado bacín. Antes de que "El Públic o", el gran reloj de
esfera negra y númer os dorado s. empot rado en la tmTe trunca
de Santa Catalin a diese las ocho campa nadas. pasaba n a la vera
de la pila de piedra de una sola pieza. de la Plaza de Annas . el
gringo Capelli, rumbo a la Casa Sattm y Fidel Zevallo s Palme r
camino hacia el Colegio de San Ramón , donde inspira oa paYor
ror la destre za y la romplacencta con que manej aba su palmet a
sobre las palmas de los mucha chos. A menud o ~e topaba n con
Dnña P apalocro .-a quien por el ritmo de su andar apodab an
tambié n 'La Bicicle ta" - y cuya tempra nera aparici ón obedecía
4

a 1a búsque da desesp erada de cliente s indíge nas litigan tes en los


juzgad os, a quiene s ordeña ba de sus escaso s centaYos, con per-
tinaz habilid ad.
Cada mañan a, en el fondo oscuro de los tendejo ne ... entre
sacos de pimienta, orégan o, ají y canela , aparec ían las figura s
esmirr iadas del chino " 7ing Va Long y del chino Ajén y los oji-
llos cega josos, ojos de condolencia perenn e. del chino "Ojito s".
Y cada mañan a tambié n, las mujere s que pasaba n a oír las misas
ten1pra neras de San Franci sco, debían Yoh·er el rostro hacia el
muro para evitar la vi ión impúdica del "Chino Loco'' que des-
haría su lecho y se vestia con parsim onia y displicencia. bajo el
-3-
la pue rta late ral de la
gra n arco de piedra, ebrio de arabescos, de , .
igle süt m a f l'iz. día y otr o _?m; s~ Tel -
'I'odo sucedía nsf, del mismo modo,elunpue blo y>arecia est attc o;
tcrai.Ja con t.'ln idé ntic a monotonía que inos que azo tab an las lomas,
inmóvil como las volutas de tos cam una ~.arde llega.b~n de sus
como los ctC dlS , como los And<•s. Alg las tier ras qu~ e~ercfan el
haci~n<.las los gra nde s pro pie tari os de dos por t·egJmJentos de
señ ore aje feudal en la comarca, escolta los car gam ent os de las co-
campesinos indígenas que conducían ani les de los pat ron es y
Rech:ts , en .sus propws acémilas, los s dema alg ar solos. Est o era
los niños pequeños que no era n capace procab nto pue s las gen tes del
ur1 acontecimiento, pero se des
pej aba
lug ar parecían no que rer le pre sta r atenci ón. Y luego, todo que dab a
igual. rcviniéndose, inmoviliz:índose, ard como rea nud and o su sue ño
mílenarío. Un sueño en cuy a áni ma ía -cu al fuego. sag rad o
aug ust o de h1storia y
h1e xti ngu ibl e- el esp írit u dP un pas ado leyenda y de leyenda que
de leyenda: de his tor ia que par ecí a lum sidad de su cam phi a
par ecí a his tor ia. Baj o la ma rav illo sa Incino as, del Im per io que na-
descansó par a sie mp re el últi mo de los paba su Plaza de Arm as,
cie ra en el Cuzco. En el Jugar que ocuero so Est ado Im per ial de
fué aba tido par a sie mp re el má s pod del Ejé rci to del Inc a
América, cuando los tre int a mil ind íge nas a y épica car ga ne caba-
fue ron a1Tollaclos por la má s aso mb ros
llería de todos los tiempos, lanzadces a por cie nto tre int a jin ete s,
am par ado s por cul ebr ina s y por cru ciu , por arc abu ces y cla mo res
a Santiago. A cua tro kilómetros de la siemp nad de Ca jam arc a, en el
re, hum eab an los po-
co1·azón de la cam piñ a ver deg uea ntc ioactividad. donde t•)ma-
zos de agu as term ale s, de pode1·o~a rad de. rodeado ele la nobleza.
ra sus últimos baños Ata hua lpa y don esos pat ios fué nonck los
celeb1·ara su pos tre r ·)yuno; en uno eleanc has ban dej as, a ~os ca-
cap itan es del Inc a ofr eci era n oro, en
bal1os de los em isa rio s españoles, penaba san do que aquellos cen tau -
de los má s preciosos.
ros ma stic aba n me tale s y se alim ent o.n del put res cen te est an-
En medio de la mis eria , del ret ras a y la con duc ta de la
camiento, par ecí a que sob re la exi ste nci
~opio de la her enc ia de
gen te pasase. sie mp re tem pes tuo so, el los mo rad ore s de Ca-
Ata hua lpa y de Piz arr o. Era como Sl toelos eas ta de hér oes ; cas-
jam arc a se sin ties en descendientes de una hua lpa Y Piz arr o- per o
ta de bastarelos .-b ast ard os fue ron Ata · ·
sin duela. cas ta de héroes. ses ent a año s ham -
PizalTO fué el homb1·e que cerecttno a losGaJ lo, se enfr~ntó al
bri ent o. desnudo y enfe1·mo en la Isla del aba. neg ánd ose a 1•e-
des con ten to rebelde de la gen te que comand ens a y enl oqu ece dor a
tor nar a Pan_amá y a aba ndo nar su inm ert aba n y \'Olvían ]a
ave ntm ·a. Fu e en la hor a en que tod osnzó des
un paso. des nud ó su
esp ald a al sur , que don Fra nci sco ava ray a; y Juego, con la
ace ro Y sob re la are na húm eda tra zó una
-4 --
espa da en alto, cual un trág1 co msig ne sobr-e un escenarJO
epopeya, c~am_ó: ·•Por ~] norte se va a Pana má a SeT pobr~ · por de
el sur, al I eru a ser neos . I~sco)a el que sea buen ca tellan o lo
que mejo r le estuv iere" . ' '
El viejo sexa gena rio pasó la raya : sólo trece le s1gu1eron:
los famo sos Trece ?e la lsla del Gallo, y con ellos empr
haza na de la conqUJsla del Impe rio de los Incas. Y esto, endió que
la
}la-
rece ser leyenda, fué lústo ria. Y fué histm ia legendaria tamb ién
~1 hech o de 9ue un dia, por todos los cami nos que parti
Ja~arca llac1a todos los punt o de la Rosa de los Vien
an de Ca-
tos,
m11lat·es de llamas y decenas de milla res de indígenas, carg !legaron
con todo s los tesor os del Impe rio que debían serv ir para paga ados
a los conq uista dore s el precio del 'resc ate del Inca. r
Como testi mon io macizo de que aquello fué histo na y no le
yend at estab a allí -est á toda vía- el pétl·eo salón dond
Atah ualp a estuv o prisi oner o; allí donde, empinándose,e ele>.."te Inca
n-
diendo el braz o sobre su cabeza, trazó la oira raya : la que mar-
caba el nivel hast a donde el vasto recin to se llena ría una vez de
oro y dos veces de plata1 a condición de obte ner su liber tad.
Y pare cía, en aquel entonces, como si los hom bres y las mu-
jeres se moviesen dentl·o de una lenti tud y un orgullo señoriales,
que trata ba de hace r rebr otar en la pequ eña y retra sada ciudad.
la flor enca ntad a del medioevo español. Era como si la exist
cia de esa sociedad pobre, hund ida en el quietismo, enfe rma en- de
pará lisis, jacta bund a de su pros apia, se meciese lenta men te en-
tre aque llas dos raya s de gran deza : la Raya de Atah ualp a y la
Raya de Piza rra.
Pero habí a etap as de agita ción y de alboroto que pasa ban
con fuga cidad . Era cuando lloYía y llegaba el río~ pleno de agua
turbi a. de band a a band a: la ocasión en que, al arrib o de algú n
regim iento , se desa rroll aban alard es militat·es, o en las etap as en
QUe las cont iend as electorales ence qdía n la belil!erancia entr e los
ciud adan os y las familias, esto es cuando adve nia lo que se deno -
mina ba "tiem pos de elecciones''.
Una de estas etan as vh·ía mi ciudad tranq uila en Jos pri-
mero s mese s del año i904 : las do~ fuer zas políticas may ores del
país, en aquel entonce~. se enfr enta ban en el frago~ de Z!lraban-
dista s alga zara s populares. Y los hom bres, precedido por .una
nutr ida y jubil osa vang uard ia de chiquillos, ~alían ens mam fes-
tacio nes de hom enaj e a gus cand idato s. Las p1edras de las calle
jas eran golpeadas, en form a resonan~e. por !os grues~s. zapato.s-
o por las sand alias de ('Uero vacuno sm cu_rtn·, o aca:• cmda s si-
lenci osam ente por los pies descalzos de p1el elefa~cJaca de lo.s
man ifest ante s que reco rrian la ciud ad gnta ndo y dispa rand o h-
ros:
-¡Vi Ya P iér ola ... cane jo! ... ¡Viv a ... !
-¡Vi van los demó crata s ... !

- 5-
Y las manü estac ione s se des.arroJlaban. m-ras~randlgos; o sie'!Jl-
pre una cauda de jinet es, caballe1·os sobre zm~eros Jame
Ja-
no pn~e­
melgos de tnlla mezquina y de huesos tan salie nteseleque lo_:; conqms.
cían sel' Jos descendic>ntes de los famosos cnbalJos
tadores, que llevaban en la sang re Jas herencias de Bah1eca Y Ho-
cinanl.c.
Los chicos de los otros barri os, siempre temerosos de aven-
turar se en las ca11es del que no era el suyo, aprove('habau Ja oca-
sión incursionando impávidos en el barri o suyo y en el otro; mar-
clwban a la vang uard ia de Jos man ifest antes , repiq uetea ndo con
alhar aqui enta unisonancia los guija lTOS que pm·t auan , uno en
cada mano .
.-¡V iva Pard o. . . f Viva el Civilismo ... ! ¡Aba jo el pie ro-

) ISnlO 1
• • ••
Eran días febriles, de zafal'l'nncho y zalagm·da. Se juga ba el
hiun fo de uno v otro bando. Los gran des terra tenie ntes estnh an
con el civilismo', en tanto que la gent e del pueblo era pierode lista.
Y el antagonismo ponía bríos y emoción en los pobln clore s to-
dos Jos tamaños, reav ivab a las vieja s animosidades r estab los renco-
a en-
res adormilados entre las fnmilias. g] pueblo enter o
tonces escindido en civilistas y demó crata s, en pard istas y piero-
lista.s.
Escampaba el agua cero -qu e habí a inten ump ido las ma- de
nifes tacio nes- y el despeje del cielo perm itió la formación corrí a
una nueva, mucho más alegre. abig arrad a y frate1·nal, que
camino hacia el t·ío.
-¡Y a llega el río ... ya llega el río! chillaban corri endo las
mozuelas y los muchachos, las muje res carg ando sus críoscaucl bajo
el brazo y Jos hombres que salía n de las chicherías. Y el al
de las agua s 11egaba en efecto, metiendo ruido, reple tand enci ar o el cau-
ce, acallando el vocerío de los que habí an acudido n presde las
el espectáculo. La llegada de las agua s del río. desp ués lar
gran des IJuvias, fué siem pre incentivo de movilización JlOpu
y acon tecim iento digno de ser toma do en cuen ta, aún
en los días
de ba taHa electoral.
En el patio de la casa , el sol tarde cino seca ba suav emen te y
J•e-
muy despacio, los guija rros del pavi men to: unos guijalTOS Sa-
dondos y pulidos, seme jante s a los huevos de un ave gran de. llega -
cudiendo su para guas y la capa de su abrig o mac- farla n
ba -com o contando sus paso s- alto, aust ero y apac ible'que el Co-
ro~el. Sus bigo tes rubio s traía n gota s de agua , Jo mism
o los
cnst ales azulencos de sus ante ojos ; sonr eía al ver la conm oción
que su llegada caus aba entre la parv ada infan til cons tituíado da por
una. vein tena de pequeños: hijos , sobr inos y nietos. Rode otropor el
todos, ora tiran do de las oreja s a uno, de los cabellos a
Coronel se encaminó a la biblioteca donde vino el repa rtoonaj de 'ca-
rame los, gaiJetas y cromos de band eras, torer os :r pers es,

-6-
que .era n. obsequiados como prop agan da den tro de los
de clga JTJl los. paq uete s
Sen tado en su gran silJón, el Coronel
df!sbandó a los más pequeños, no sin ante s se cam bió los zapa tos;
hacerle,:: una s cua ntas
y de:s espe rant es cosquillas, dejá ndo los sólo desp
u~s que huhi~on
lanz ado algu nas pala brot as, lo que le dive rtía
cosa. Al fina l sólo qued amo s los may ores de seis oo sietcom ning una ()tra
la esta ncia que olía a papel, a engn1do, a cuer o y a e años, en
jad<_>. Y cada uno trat ó de part 1rip ar en el trab ajo cart ón mo-
na<:lÓIJ de los Hbro!', tare a que el Coronel ejec de encu ader -
nal peri cia, dejá ndo nos asom brad os. Ord enab a tipo s utab a con excepcio-
una peq ueñ a pren sa que cale ntad a, grab aba lo_ nom met al en de
auto res y los títul os de la!' obra s sob re el lomo de los bres de los
a trav és de un pape l dorado. volúmenes,
-l. Esto es una imp rent a ... verd ad·!
-E s muy peq ueñ a, pero es imp rent a ... imp rime ...
-¿ ,, ,
~ que d.lee a 11,1. .. que, d'
:
1ce ....?
-"A sí Hab laba Zar atus tra ... Fed eric o Nie tzsc he
Las últim as pala bras fuer on reci bida s con un salt o ... ".
que le hizo esta llar en una carc ajad a. Los manifc~tante gene ral,
a lanz ar desc arga s, disp aran do sus revó h·er es, esta s Yoh ian
dist anc ia rlel balcón. Nos sere nó la risa del Coronel Y vez a poca
que lleg aba de la calle. el clamoreo
-
- i \ T.l\~a p·,
1erola . . . \ 11va
' d on N.
. 1col as
, ....1
-¡P or Coc harc as otra vez. . . Por Coc harc as. . . otra
Salirnos al balcón en tt·opel, para verle~ pa ar; eran vez!
roso s y los acau dilla ba mi pad re: un muc hach o que nume-
él, llev aba una gran ban dera ; detr ás \·en ían los hom iba junt o a
mab an: bres que cla-
-¡V iva el Cali fa ... ! ¡Viv a Pié rola ... !
Lan zaro n entu sias tas viva s ál Coronel. a Coc harc as.
neg uilla . a los mon tone ros del 95 y se fuer on rum a Cie-
de Arm as. bo a la Plaz a
Aqu el espe ctác ulo nos dejó abs01·tos y llenos de curi
Sile ncio so y sonr ient e, con la man o dere cha hun didaosid ad.
entr e
sus ba1·bas blan cas, hab ía entr ado el abuelo. Alto ,
con su abu n-
dan te ,. lat·ga cabe llera blan quís ima , con sus barb
as
amarill~ecidas por el hum o del taba co silv estr e con que fluv iale s
él mis mo
fabr icab a sus ciga rrill os, el viej o avan zó con los ojos
abie rtos Y
clar os. como si efec tiva men te estu vies e viendo, y fué,
sin tant eo,
a sen tars e en el anch o sillón que él llam aba "el Bue
n Qui jaru do"
don de hab itua ba repo sar .
.-¿Q ué tal pap á -pre gun tó el Cot ·one l- ha ~scuch~d
los grit os? ... allí va su hijo enca beza ndo la. m~Ife_st o Ud.
actón.
- i Clar o - dijo el viej o dh·i gien do sus OJOS VIdr
y sin vist a hac ia un pun to situ ado muc ho más arri 1osos, azul es
ba del umb ral

-7 -
de la puerta- él dtrige a los manilcstantes. mic~tt·as tú le> haces
decll' palabrotas n los muchachos. Y es que aqm quedan va muv
poco demócratas ele verdad; por eso, naJa más .. 'an a ganar los
civili~ta~. Porque. esta' ez, acuérclate lo que te rllr·~, la' a a .1pmar
don José Parrio ... el ú11ico pterol¡sta que ha~' u.qtu e~ nu h1.10 ...
Rió el Coronel exprc::;nndo: . . .
-Pero usted habla, papá, como s1 no tuv1ese smo un solo
hijo. .-Bueno .-masculló el abuelo....-- tú puedes ser b1en . su pa-
dre; le llevas yeinUcinco años al muchacho.
-Pero, eso no tiene nada qué hacer ...
.....-¿,Cómo no tiene nada qué hacer .. . ? .-y el abuelo se so1i-
,•ió en actitud retadora- él es más muchacho que iú Y es el más
yaliente; él se juega entero, es el que sabe dar la cara. . . ¿Tú ...
qué ... ? ¡Ah. . . que yo estuve en San Pablo, que yo estuve en
Cieneguilla. que yo estuve en Cocharcas, que entramos comba-
tiendo hasta la Plazuela de San Agustín! ¡Y qué ... ! Eso fué
anies; Llegó la cuestión es ahora.
el Juez dociol' Pérez Velázquez, gran amigo de la casa
y cuya opüüón era siemp1·e muy lomada en consideración. Des-
pués de los saludos. bromeando y alegre, exclamó el juez:
.-¡Aquí huelo la pólvora de la batalla de afuera!
.-Sí. .. en esta casa -manifestó el Coronel- siempre es-
tamos disputando para saber quién es más demócrata, quién es
mejor pie1·olista, quién es el más valiente montonero.
La biznieta del abuelo interrumpió lanzando la preo-unta
que nos torturaba a todos hacía rato : o
.-¿Qué es Piérola ... qué es don Nicolás ... quién es Par-
do ... cómo es califa ... ? ¿ah ... ?
-Adiós, adiós ... .-profirió el juez~ ahora sí que tenemos
problema: explicar a esta tribu de analfabetos toda la historia
contemporánea.
En la 1me~·ta de 1~ biblioteca surgió retaca y morena la fi-
gm:a de Ro~anto, la sirvienta que gozaba de los mejores privi-
legios de~ s1stema patriarcal de la casa.
- Dxce mi señorita que pasen a merendar
Alt~ien q~iso_ob)etar pero la muchacha i~si;tÍó impeTativa ·
~ Ice ml senonta que los platos están servidos Y que s~
enÍ nan. ·
Salimos de la biblioteca tn·esididos por el abu 1
tos que llegaban de la calle mi ) d.1 , , e .o en momen-
co y una media docena más d \a e, tlO J~aqum, y1cente, el Rai-
nífestación demócrata e os que habtan camtaneado la ma-
-Que les arregl~n una mesa -gl·J·t,o ues
Adela. ..l d e el intel'ior tía

-8-
. Subió mi padre •. soportaudo estóicamentc la :reprimenda que
m1 m~clre hah1a sahd() a da1le en voz baja, ~in que lo que eJla
le dec1a altera P su buen humor.
Nos abrazó, nos Lesó, me levantó en los b) l:lZO'
-¡Viva Piérola ... ! rlispat·ó. ··
-¡V~ va Piérola ... ! respondimos todos los niños.
La b1znic~a del ahuelo volvió a llorjquear y terminando en
un puchero rellcró con acento bitongo:
-¿Qué es Piérola ... "! ¡Papá Bishayo ....
El Coronel la tomó en IJ1 azos, la llevó a la sala y mostTán-
dolc en la vcnumbra un n~tl·ato ne graneles dimen;ion~s pendien-
te del muro, colocado en el centro del painel sati ~ Z(; a la chica:
-~Aquí está. . éste es Pié1·ola ... ! '
..-¡No .. no ... ! -negó lloriqueando de nuevo- me enga-
ñas; ese es mi papá viejo ... cuando veía.
Reímos iodos. ya que sabíamos de memoria ()Ue aquel gran
retrato, con marco dorado y m·nado ])01' fajas de terciopelo blan-
cas y roJas, era el de don Nicolás de Piérola. Tenía una cariñosa
dedicatoria, escrita de puño y letra del Califa, que el Coronel
hacía leer siempre con manifiesto orgullo.
Nos sentamos a la mesa y la con\er~ación prosiguió sobre
el mismo tema.
-IIa sido una gran mamfestación --entró diciendo tía Ade-
la-- y su éxito se debe a ti, a t.u trabajo em¡)eñoso.
Y con la palma de la mano golpeó cariño a un lado de la an-
cha espalda de mi padre.
-El es el único Yerdarlero demócrata que queda aquí -l·ei-
teró sardónico el abuelo- los otros. . . pues estuderon aquí ,.
esiuvjeron allá; todo en tjempo pasado. . . dm·midos bajo sus
laureles.
-Así será -intervino airada mi madre- pero ni el Califa.
ni sus montoneros, ni sus manifestaciones Yan a alimentar a su
hijos, ni les van a dar educación. ni les Yan a regalar una carrera .
..-¡Cada muchacho trae su pan bajo el brazo~ -interrumpió
mi pach·e, riendo con el ánimo de quitar importancia a los razo-
namientos de mi madre, que él ya conocía de memoria. _
La discusión iba a encenderse cuando ingresó la pequena.
enfundada ya en una gran camisa. preguntando, agudizando su
tono bitongo:
-¿ Piérola es el retrato grande del salón ... ?
..-Piérola es la solución de nuestros problemas; es el hom-
bre que necesita el país, -sentenció mi padre- el país tiene ne-
cesidad de un cambio Y ese cambio es Piérola.
La chiquilla fu.é reth'ada del comedor mientras mi madre in-
crepaba en tono agrio :
....-El mejor cambio es trabajar por sus hijos, hacer dinero
para ellos y no dejarlos en la miseria.
-9-
......-Soy jovm y sano -puntualizó, al?onnnzando, mi padre-
1
y en todo caso, si el país es próspct:o )' n eo, pues ellos encontra-
rán camino se lo abrirán c011 fac1hdarl. . . .,
......-¿y t'ú crees que PiéroJa .. . '? insinuó el .1 uez, 1lmp1andose
la boca
l\1i con la servilleta.
padre, ron el bocado e11tre las r~1anchbulas
, ~o
pudo res-
ponder a la insinuación. gJ Coronel hablo, como pensclndo en voz
alta: .-Si ganásemos ahora, el país dáría un gran paso adelante,
no lo dudes· pero temo mucho que vamos a pe1·der, vamos a so-
portar una derrot.'a. quizás definitiva. ~.sto no es mo~tonm·a ; no
estamos en Cocharcas, ni hemos movilizado las fuei zas del 95.
Estas son elecciones con Prefectos, Subprefe~tos, Alcaltl~s .Y. pre-
sidentes de mesa civilistas y may01·es contnbuyentes ClVIbstas.
Quizás los demócratas vamos a ganar en una u otra parte; pe1·o,
me parece que Piérola va a ser ban:ido. .
Se hizo un hondo silencio que m1 padre r01np16:
..-Piérola es el más popular; los demócratas somos la mayo-
ría efecti,·a del país. Si nos roban la elección ..-amenazó fanfa-
rronamente- habrá que levantar las montoneras como el 95 ...
.-Lo que hay que levantar es un porvenir para los hijos --
altercó mi madre- algo para darles un mañana.
-Pero si aquí no se puede trabajar ..-contendió mi padref
recogiendo las pertinaces alusiones de rni madre..- ninguno de
estos cochinos latifundistas es capaz de hace1·se empresario de
algo. Hundidos en la pereza y en la mugre mantienen inmensas
extensiones de tierras improductivas; no son capaces de abrir un
canal, de construir un camino de traer una máquina. Son creti-
nos y son mezquinos; incapaces de explotar la tierra como ·se
debe están dedicados a explotar a los míseros e infelices indios.
Su única aspil·ación - añadió con tesitura áspera en la voz- es
con,·e1·tirnos a todos en indios ...
- ¿Y qué es lo que quieres. . . qué pides? Interroo·ó con
suavidad el juez. · o
.-¿Quieres que te obsequien una casa? -interrogó mi ma-
dre con sarcasmo-. ¿Que te regalen alguna de sus haciendas?
, -:No ~e trata de hacer burl~ d~ lo que es trágico -lJl·ocla-
~o. m1 padt. e co~ gravedad- nad1e p1de obsequio, ni siquiera ser-
uclo. Se p1de. s1mpl~mente que trabajen y dejen trabajar. que
J:agan producir las tJe:-ras que _heTedaron; que las hagan lalJorar
) que no las tengan ano tras ano "descansando"; que no asfixien
a· est: pu~blo, que no sean como el perro del hortelano que ni co-
me m d:Ja comer. Que tengan, por los demonios, dos dedos de
~re~te par~ emplear la rueda Y la carreta en vez del lomo del
mdw. I•..n fm. :. se les pide muy poco, demasiado poco.
Iba a rephcar al~o áspero mi madre pero el abuelo intervino :

- 10-
. -Tiene 1a~6r~; en este tmeblo hay unas cuantas docenas de
o~·w~os .c¡u.e l'CcibJeron~.Ja. ti~rra c~mto "gncomienda" y que no
ha~c. ll n.ula con ella. N1 SlqUlCl a chsfrutan porque vegetan en el
p~·m~or, a naneando miserables piltrafas a los pobres jndios.. ~¡
s1qu Jera sab~n dar~e buena vida; no entienden de semilla·. ni
(~e ab~:mos, m de animales finos, ni de vacas lecheras. Son infe-
ltces mcapaces de hacerse ricos, ni de producir; mientJ·as este
pobre pueblo nace en el suelo, come en el suelo, pare en el suelo,
defeca en ~~ suelo ~ muere en el suelo ... Si, ¡qué caramha! co-
mo u~ tr1ste bestta carcomida pot· la mugre, por la sarna y la
carrona.
Se c~lló el viejo y nadie habló una palabra. Sobre la mesa
pasó un Sllenc10 largo que subrayó su imprecación .
. -Allí ~stán -rema1·c6 tía Adela, que se había detenido tras
la s11la del JUez, con una fuente en alto- como el viejo Revore-
do, duei1o de una hacienda tan grande como Ja provincia, envuel-
to en su poncho haraposo, oliendo a llama y a orines y pasándose
los días limpiando las papas con ec:cobilla.
-Es que el pobre viejo está medio tocado -insinuó el juez
como suplicando- es un enfermo.
-Sí, parece que está enfermo -dijo el coronel- pero los
otros, los que están sanos, no vh·en m se comportan mejor; mu-
chos de ellos se largan a vivir sin hacer nada, sm n-:ejorar lo que
tienen, sin producir. Y quienes pagan las consecuencias son las
gentes que viven aquí y que no encuentran qué hacer, ni en qué
emplear s u tiempo, ni en qué trabajar. Yo no ~é que es peor en
estos latifundistas, si su inepcia o su parasitismo: hay que Yel·
cómo hacen producir a la tiena en la costa.
-Esto!' -increpó mi padre con acrimonia- los Cacho. el
cholo Simón, doña Paula Iturbe, todos, caminan a caballo una
semana seguida sin salir de sus propias tierras ~- en su casa no
tienen un mal baño: la suciedad les cocina vh·os; la mugre les
sale por entre el cuello almidonado, la avaricia les lleYa a no co-
mer un plátano por no arrojar la cásca1:a. Y creo que no se a~ues­
tan por no darse el trabajo de desveshrse. Todo lo que obtienen
qujeren sacarlo de la piel de los cholos.
-Pero esos no son solamente los civilistas - insinuó con in-
tención el juez- hay pierolistas ardientes, los Puga nada n~eno~.
que se jactan de po~eer una hacienda que puede ser el terr1tono
de un pequeño estarlo em·opeo. ¿Qué producen? Algunas arro~as
de hojas de coca para que los indios y también los que no son m-
dios se imbecilieen más aun. Eso es todo.
'Las palabras del juez tuvie1·on efecto sedativo: Ja intención
con que las ca1·gara había dado en el blanco. .
Mi padre bebía un sorbo de café "!l el abuelo esranc1nbn su
vmo.

-11-
se ~tcn ci? mi rn ad r~-Sa n
no
bu en cr i~ ti an o -
enos . A qu_1en D ws 1~e
-H ay que se r la di ó,
e co di ci ar lo s bi en es aJ po qu e se la s ha
ha y qu tie ne n su s ha c1 en da s
Pedro se Ja bendiga ; ellos . ,
dado Di os. a. . . vaya .. . ! ....-contend.Ió bu rlándos e, ti a A dela -
-¡ Y ay
o al m un do ha s la sm pe lo ; mucho menos l o va
Dios lo envia a un
a enviar con do hacien da.
lí de l vi en tr e de m i m adre! de snud o to rn aré
sa .
-· D es nu
tie rr a! de cl am ó el ab ue lo com~, si re za ra .les Si. gUle-
al seno' de la Co ro ne l se pusieron de p1e Y todos
El ab ue lo y el ,
1 -
itado ~?n tr~eno s,
re am
ron. te ni do un dí a ~g
-A sí que he mos st a he nd as -d iJ O e~ Juez, de sc ar -
s y ha
pagos, granizo, ba1azoos as so br e el hombro de nn .pa dr
e.
gando pa lm ad as ca riñ
-p re guntó el ab uelo
- ¿A quién han he ridola? uJ ar ra de Oro", la bala le ai~·aves ó
-Dicen que al hijo de usos; golpes de palo Y de pu no . Yo
nt
una caniJJa. H av otrose co - ex pu so m i pa dr e co n displicen ci a. - na -
Jos he visto, nada grav
da de cuidado. un as fr ot ac io ne s de tr em en ti na . . . -
- Pa ños de árnica y
recetó 1·iendo el Corosanelal. oscu ra, at ib or ra da de muebles an tig uos,
A ya nzamos a la
te jid a po r lo s in dí ge na s y em an an do un
con su gr ue sa alfombra ra ncidez fl ot ab a en el ai re y pa recí a sa -
olor de nso a tiempo. Lapain eles del empape lado, de sp re nd er se de
lir de la flores de los de los eairele s de las ar añ as de cr is tal o
las cortina , escaparse s sofás que evocaban la id ea de su da ri os .
fluir de las fundas de Jose ab rí a en homen aj e a la pr es enci a del
~quella noche, la sa
la
JUez.
po dr á h· a m is a de cu at ro - su gi ri ó con
- ¿Y m añ an a no se us a de es tos niño s pi er ol is ta s .. . ?
ca
aspe reza mi m ad re - a ted a la s cu at ro de la m añ an a y no va a
-; ,Y por qu é va us t ua ndo la in tención, el coro nel.
las ocho? - indagó ac
en
da d -a ña di ó co n an im os id ad tí a A de la -
- Comete la iniqui a es a ho ra y de lle varl osloas
~ lo s ni ño s
de .hac~r salí ~ ~e la s a hm ca rs e du ra nt e to da la mis a so br e
ca m a
la t~ lesJa ~bhgando le s de la ig le si a. U n dí a de es to s los va
la do
ladnllos humedaospuylmheon ía .
a tr ae r con un .
~a bí a ri ta do ; es ta ba vi si bl em en te coléri cade
lf i ~madre s_e r
i.
cr ep ó a su cu ña da - no co med io de
pr en
-U st ed se no _: tta -m m
~1 Se n~ r ag r~ da qu e lleguemos a E l po r un
es ta s c~s~s. l.e
de cu at ro es im po ne rs e a m or -
1~ !flOr~!fJcacwnre . As1 stl r a m ts a
tlfJC:acJO n qu e su lta ag ra da bl e a Dios
girió eJ ab uelo.
-P er o, los. ~íño:; : . . -:_su es !fl.u cho m ás ag ra da bl e a l cíe-
-L a. mor_ttfJCélCJOn, se nor:
f re, co m o st re p1 tJe se algo gr ab ad o in dele ble-
Jo -r ep h( 6 mt mar si el la es t·e al izada po r in oc en te s.
m en te en su ce re br o-
-1 2 -
. -M; parece que ese mismo ]Jeno;.an 1euto o algo muy seme-
Jante 1ue el.que tU\'() Jfc~rrJdes - u~1uó el jnPz JJcndo y pr(JVo-
ratH.!() una nsa ~eneral, que c•nc.(Jif>l izó más aún a mi madre.
-La .1n:ueb~ de q~e esta mo1"iJ1 ·r-ación es g1 ata al eñor
-cont l'CJ\ 1rl16 sm refenrse a narlic- es que mi· niños son 1os
más sanos de lodos; mientras todos los demá!) :;;e resfrían y en-
ferman, los míos están sanilos. Y e~(J es obra del S<'ñOJ.
Y diciendo ésto golpeó tres veces la cubierta rle madera con
los nudillos de sus dedos.
-Esa es la buena herencia -exclamó gozo~amente el abue-
lo- es la buena madera de los que llegamos enteros a los no-
venta ..
Dulcifican'lo el tono y como queriendo hacer olvidar su cáus-
tica alusión a Herodes, el Juez insinuó a mi madre:
-Mañana puede ir con los niños a misa después de las ocho,
hasta les servirá de distracción que les haga Ud. oir la misa can-
lada de nueve. Tocará el órgano el padre ATcelai y el coro can-
tará una misa de J uan Sebastián Bach. Ademá~. a esas horas,
pierolisias y cidlistas estarán durmiendo.
T1·guiéndose en todo lo dimnuta que era, mi madre se le-
\·anió expresando con seca cor tesía.
-¡ Con permiso ... ! - Y dirigiéndose a nosotros- Niños,
y a es tá bien ; hemos tenido hasta política hoy; \amos a la cama.
Afuera en los corredor es de la casa, en medio del crepúsculo.
la bandada de primos, sobrinos, chicos del barrio y pequeños sir-
vientes, enarbolaban una escoba con fruitivo alborozo y repetían
la voz de la calle :
..-¡Viva P iér ola ... ! ¡Por Cocharca s, otra Yez ... ! ¡Por Ca-
char ca s, otra vez ... ! ¡Arriba los mont oner os ... !
_.Todo ha sido así y seguirá igua l -murburaba el abuelo.
con la mirada en t iniebla de sus ojos apagados puesta en la le-
jan ía- este pais es demasiado duro. excesivamente düícil, tiene
la r iq ueza ent er rada en una entraña de piedra.
_. El país necesita un cambio y ese cambio es Piérola - rei-
t eraba tozu dam enie mi padre . .
_.Esta bien los muchachos quieren cambiarlo todo - sen-
' ,
tenció lenta v s uavemente el abuelo, mient r as el Cor onel som·eta
limpiando lo~ cr istales de sus anteojos con el pañuelo- Y lo que
vale en los muchachos como t ú es la f e. Sí, hijo, la f e.
-Y la fe mueve las montañas. - r ecitó el juez- r lo que
piden los milagros es fe y juventud. El tiene las dos cosas.

--13-
:Mi madl·e nos había organizado y nos condujo al dm:miiorio.
A traYés de la ventana entraba la fiesta luminosa del poniente.
De rodillas ante las imágenes repetía, sin pensar en las palabras
que pronunciaba, los padrenuestros, las avemarías, las jaculato-
rias. Mi alma estaba ebria de aquel mru:avilloso crepúsculo que
imaginaba una montonera comandada por el Califa en persona.
Me encantaba, hasta la voluptuosidad física, la palabra Califa y
aquel crepúsculo encelajado y moribundo.

-ti-
MISA E.. SI :\lE# ·oR

~ .., 1 PADR E Y :\U MADRE me quelÍa n entTañablemente ca-


~~ da un~ a s.u manet:a ~· según."'u temperament() y cada' uno
par~ .fmah dades d1stmtas. S1emprc entí .sobre mi vida el
orgull~ frmby o que m1 padre y mi J ••adre pusier on en mi. Escucha-
b3l' decn· a m1 padre que ha, a una srran fm·tuna y que me envia-
na a un coleg1o ~n Europ~; mi madre por su pa1te, "in osar pro-
clama r!o ante r:u padre D1 ante la : am1ha, soñab a que yo fuese
~m fra1l~ francts~no y labora ba con tenacidad y paciencia por
mtrorluc1rme esta 1dea en la cabeza y hacfrm ela grata al e'pírit u.
Jamás fuí a una e cuela prima ria .r mi m::srlre fué mi pnme r
maesl ro, por decisión irrevocable r pertin az que mi padre no
pudo, ni supo contra rresta r. Siendo niño, no tu\·e otrr s amigos
que mis numer osos primo s y sobrinos de mi erlad ::\!1~ recuerdos
prime ros son los de las Paráb olas del _·uevo Testam ente apren-
didas de memo ria con sorpre ndent e fidelidad. Asombraba a to-
dos, recita ndo con admir able precisión "El Rico Avariento" y
"El Public ano y el F ari eo", el 11 Deudor de Jos Diez Denarios''.
el "Hijo Pródig o'' y el diálogo entre J esús r la amari tana a la
orilla del Pozo de J a e :\le solazaba en el perdón de lo~ pecados
de la adúlte ra r en la atalla contra los merca deres del templo.
Y, emocionado ·hasta l lágiim as, repetí a las fra es del Sermón
de la i.\ionlaña. Tras Jos Cuatro Evangelios, mi madre me l1izo
ino-res ar en ese laberi nto cargado de sensua lidad. de SJ,lgerencias
o ~uras y de pasion es tempe stuosa s que es el Anti~uo Testam en-
to. Y conocí a Jehor á, siemp re irritad o y emian do a sus profe.
tas unos tras otros a J)rofer ir amena zas contra el pueblo elegido
y a' sex apedr eados.'
1\H padre no estaba de acuerdo con esta orientación unila-
teralm ente religiosa que mi madre impon ía a mis lectur as .. El
traía libros laicos que se empeñ aba en que yo leyera : los Eplso-
dios Nacionales de la Guen a del Pacífico; la Histol ia de la Con-
quista del Perú que culminaba con la ejecu~ón del Inca e~ Ca-
jamar ca; un Libro de Geogr afía donde se afuma ba qu,e la T1e~;a
es redon da y que ella gn·aba alrededot· del Sol; dec1a tamb1en

-15-
Ja l g-les1a hah_fél
er af ir m ad o es ta s ve ni :u le s. a rctractacJOn
el li b ro q u e p o r
h ab a un
io rd an o R n m o v ha bí :t fo rz ad o
q u em ad o a G
r esa~ coc::as al
t1i-
la n te a G a lil eo . le h ag an ~a b~
h u m il ó m o es posible q u e se m 1s m o 11e111po, co
n la
-¿ C am en az an d o . al
ñ o ? -í m p lo ra b a
mi m ad re . ,
. '.
l'a ct 6n de se U br o h er ej e.
to d o ,\ ' m 1e nt 1 as m :; p r' )n to me1u1 .

ci ne saberlo co n fl c to
- Los niños deben único que se h~tce es cT ea rl e lll! m
in
ad1:e.
-P e ro, ron es o loqué p en sa r. ,·oh·¡a a Jn'lp1o}·~r n n-r e p l, c a h a
b rá
el p o b re ci to n o sa a h ab er se meiicio en u n con· lJ :n- q u e en se
cto
- ' 'h ·i r e · y a d re - \' lo o u e h 'los ce n •
n fi rm ez a m i p el
con calma pero co no te m er Jo s co nflictos Y a re so h
ñ ar !e al niño es a
. a to d a \h ua::;ión
corazón erenano.te que mi m ad re er a impermeable Jl em rm e d e to d o lo
X o o b st e ,. ele :"
o de ec le si as ti za rm Y ~o::1 siO'ilo.
o
rela.tin1 a su desean1,elo inequívoco d e o st en ta ci ó n ta ri O s fa m il ia -
nrof: m o , p o r un de lo s co m en
rt ir se en el cen tr o d er ele m e-
p ro p ó si to de co m ·e la r g as h o ra s obligándo m e a ap ree nn o n Kicolá~
r es. me to rt u rafa ba
e u n a pa la b ra . los discurso~ n . ::lnte u n a
as
m o ri a. si n q u e ltego re p et ía en el sa lón del Corora nel
n es
P ié ro 1a , qu e Ju 1T or os os de n,óc ta~ q u ie
de fe
entu~iasmacia
co n cu rr en cia d e n ti d ad m il ag re ra ,. en el ta le n to
cJ·eían en Ja sa
de p u é de Dios,
ia l de l C 'a 1ifa . fa n c; a, o q u iz á s se a m e jo r de.
g en sí a en mi in ti ca . te o -
Hubo esca~H fa n tacia y ap ar ec er m ís ti co s: fu é as cé
en cu m b as
ci r q u e ella t uvo estr as ce n d en ci as q u e se moYían en ca ta
r
lógica. p o h la d a p o ,- ida, n o o b s-
te b ai d as . g ó n ic o s de la
y sen ti d os an ta
:\I i p ad re s te n ía n se JleYaban m u y bien.
ía n y o r el H u e rt o
ta n te q u e . e q u er m in o de felicidad es el q u e pa~él pc o n st a n ci a d e
- E l único ca ci ab a m i m ad re , co n m em !d a e en n·anar
se n te n st
de Jos Oli\·o~ - ad er a fe li ci d a d no c0 n s: ificarse~
b re ,·ia rio - p o rq sa h ·a r su al m a y sa lYarla es sacr i\ Ír e n paz
u e Ja ,· er d
el mundo. sino en -a le g a b a mi p ar lre .- consiste ena.Y
.- L a fe li ci d ad
no tr ai ci o n ar su p ro p ia co n ci en ci m i m ad re
con 1go mis m o . en ersia s dom és tica s g an ab a si em p re ía en todo.
En_ la s co n tr oY ió n :'\ ' d e p as ión q t· e p o n
a~te m1, p o r la
,ca rg a de em oc
a, no d a b a im p o rt an ci a a lo
rl ab
M i padre~, p erar (h a p~rque se b u
q u e ]a temél p
a m1.
la d if ic u lt ad p a ra d e fi n ir el p e
i in fa nci
Compl icó mu ch o ~ esde el d ía en q u e fuí '=":lstig ad o
a p o r lo
cado. Lo _que, se ag
ra v o d
l c ir co . l\fi p a d re m e ll ev ó al
e el peeado de u n taban
q.uc Uame ma " ta rd a buena n o ch e: ac ró b at as q u e m e j
cn-:co trashum~nte es tó m a g o , an im a-
un d el
ca
o u ~ o\:i llo e n la b o
d e cí an
tooos los ,n er v w ? con?lst o dib UJados, p ay as o s im p údi co s q u e
Jeshqure sol~tgha b~a
Y ac a n b ar d
Ja s.

-16-
Al !'egreso fuf sancioJJado, como a' am·e ~ c:uent.a del castigo
que me ~guarc!ab~ en el Purgato110 y quizás !il en el Infierno.
A la mana na sJgUlcnle debi reza¡ ca edo~ v e1 Yo perador con
aquello ~e "mi grandísima culpa' .. . Desde entonces, los ctrcos
han te~u<lo para ,mí la tentadora voluptuosidad rlel pecado ~ la
angusilada a)egna de lo pecaminoso. Los payaso~ quedaron se-
llados por la marca de Mephisto. Y, por último a todo esto hube
d.e_ asociar la peni lencia q~e mi madre me impuso y que consis-
tlo en aprender de memona el soneto de Santa Teresa de .Je~ús:
'~No. me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me t1enes pro-
metido ... "
. U!la mañana asoleada, transida por el fetichismo de aquella
diafan1dad Lersa, en la que todo se mostraha inr'1óvi1, con todas
las potencias del espíritu bañadas en una maravillada sinfonía
de coloT que llegaba de las colinas cer canas v de los sembradíos
de las lomas cir cundantes, fuí conducido, con una cinta blanca
en el brazo y un largo cirio en la mano, a la iglesia de San Fran-
cisco, para hacer la primera comunión y al mismo tiempo para
asistir por primera vez a escuchar una misa cantada. Ambos
acontecimientos se fundieron en un recuerdo inolvidable. El al-
tar mayor estaba engalanado y en los candelabros ardían doce-
nas de gruesos cirios; el retablo estaba asimismo pletórico de
velas que ardían con sus llamas inmóviles, como si fuesen plega-
rias llenas de angustia, transfundidas de un pesar inacabable: tal
era su elevación en punta y su inmovilidad hierática.
Hu ndido en el arrobamiento místico de la comunión, vi salir
a los frailes revestidos con albas almidonadas .y anchurosas, con
casullas refulgentes en gualda y rojo, con manípulos que COl'USca-
ban bajo las luces como si sus lentejuelas fuesen piedras precio-
sas, con dalmáticas amplias que parecían encendidas en la gloria
misma del Paraíso. Una rueda empotrada en el muro giraba ha-
ciendo sonar decenas de campanillas, mientras el ó1·gano lanzaba
por sus flautas una melodía angélica. El fraile joven, con enorme
tonsura y cerquillo circular en torno de la cabeza, llevaba en sus
manos la cruz alta, adornada con una especie de faldellín ampu.
loso y bordado de oro y plata; a los lados de la cruz, dos ñ·ailes.
casi niños llevaban dos largos ciriales de plata maciza con sus
gruesos cirios encendidos y llameantes. Y, en el J'!ledio, prece-
diendo a los tres sacerdotes que marchaban revestidos con ::. . . .~
plias capas de coro, con bordados y adornos que aprisionaban 1 ~
luz de los cirios, marchaba el fraile alto, ce{lceño. de rostro afi-
lado y pálido, que manejaba el incensario con una maestría que
me paTecía muy superior a la que exhibiet·an los acróbatas en
el circo.
El órgano inició la Misa en Sí Menor de Juan Sebastián Bach,
lo que llegué a sabe1· sólo muchos años más tarde. Las voces de

-17-
los frailes se alzaron bajo la nave de piedra Y estalló, plena y
gloriosa. la liturgia creada para hacer enir~ver al creyente las
puertas de la J erusalem Celestial; en estas m1sa~ cantadas el fer-
vor místico se asienta sobre el fundamento basllar de las se11sa-
ciones. La visión teatral del grandioso espectáculo; los sacerdo-
tes revestidos, los diáconos al lado de la Epístola con sus orna-
mentos sagrados; el fascistol que parecía hecho de un encaje de
madera; los movimientos lentos y anwlios de los oficiantes· el
decorado austero bajo los arcos de piedra con la luz tenue filtra-
da a través de los vitrales; el tabeTnáculo, la custodia, la ex 110
sición del Santísimo Sacrame-nto. Todo esto se fundía armonio-
samente en la música de Bach, con el humo del incienso, de la
vainilla y de las yerbas aromáticas 9ue se quemab3;n en los pe-
beteros de plata labrada. Aquella ro1sa cantada tema, sin duda
un embrujo que atraía, que seducía, que invitaba al sacrificio ~
a la entrega, que convocaba a hacerse fraile de San Francisco
Y mi madre gozaba infinitamente asistiendo a esta sutil y en~
cantadora captación. ·

-18-
C ATRO NIÑOS Y UNA SOLA M ISERIA

1= N LA Lt:CH A electoral habían ganado lo~ CivilLtas, de-


1L n·otanrlo a los Demócratas. Y. de esta episódica contingen-
cia se deriYaron acontecimientos trascendentales para la
existenclél y el destino familiares. Empecé a comprender que algo
se había rlerrumhado o ~e estaba n()numbando en nt esh·o hogar.
Mi padre, de habituación bondaó• '"'). alegre, pletórico de buen
humor. se tornó huraño y callado; n:11chas vece<; cuando llegaba
a casa y nos he.~aha, le \'eÍa los ojos llenos de lágrimas y, en Ja
mesa. donde fué siempre un incansable com·ersador, comía sin
decir una palabra.
?\Ti madre enfervorizaba sus rlevociones: noc; hacía le\·antar
más de mad1·ugada, de seguro para que la mortificación fuese
más grata a los ojos del Señor, nos conducía a las misas de San
Francisco y llor aba mientras rezaba sus plegarias.
Vn día no ~ dieron la noticia de que mudábamos de domicilio;
iríamos a ocupar solo un par d(~ habitaciones en la rasa en cons-
trucción que tenía el Cor onel .Ya no se podían pagar arl'iendos
y se iniciaba el remate a \'il pr ecio de los objetos de plata que
mi madre estibama tan~ o, rle su capa de pielec; y rle la gran cama
de metal de dos plazas. con su alta y labrada corona de bronce,
que había presidido nuest ros nacimientos ~- nuestra primera in-
f ancia.
La situación er a clara y era dura: habían perdido los demó-
cratas: los pierolistas er an per seguidos como conspi radores y
montoneros y el nueYo r égimen les negaba la .. al ~· el agua. Mi
parlre debía r enunciar para siempr e a su aspiración de ser in-
col-porado al E jército con el gr ado de Sargento )Iayor que había
conquistarlo en la acción de las montoneras del 95 y ulterior-
mente.
I•: n la nueYa casa. en un rincón del gran patio donrle se acu-
mulaban los materiales de la cons trucción, mi padre instaló un
ale1·o bajo el cual ubicó el banco de cerrajero, mecánico y torne.
ro. Desde allí empezó a hacer f rente a la derrota de los · demó-
cratas y al por venir con su perspectiva de boca de lobo.

- 19-
La ciudad con su vida ca tal ép tic a no da ba ni tra ba Jo ni pan
de bía dv ir de su lab or. La tie rra de aq ue lla co ma rca e.ra
a qu ien era un a i1e rra en cre sp ad a. hn·-
fér til pe ro el sis tem a era est éri l;
s, sin am arr as con el munclo
su ta en su ais lam ien to, sin caminopo r el ma r Y. po r la co sta . Tie-
cu~·o mo\"imiento pa sab a de lar
go
ma rav illo sa , ma dre de un am
, bie, nte de pe sad um -
lTé l en ca nta da . se ad he na . a el como m~a mor-
y
bre qu e ap las tab a al ho mb re, qu e
los tnu scu los, la Piel, los
taj a de cu ero mo jad o con tri ñé nd olede polvo ...
huesos, ha sta ,·olverlo polvoerb y lodo
mi lag ro ga yo y rev era nte de la na tur ale za ac en tua ba
El ia, el ab ati mi en to, la
rud ez a el con tra ste con la mi ser
con ásp era
na tur ale za bri lla nte de ntr o de
op aci da d de las ge nte s. Er a un a
al se mo vía n ser es op aco s; era un mu nd o ale gre en el qu e
la cu
ch ap ote ab an individuos de sar istna ad os y tri ste s.
-A qu í es imposible ha ce r da -re zo ng ab a más y má s a
mi pa dr e.- aq uí no ha y otr o po rve nir qu e el de am an e-
me nu do ye rba s so bre la ba rri ga .
con mu sgo en la cab eza y co n
ce r un día la ha bit ac ión , ha cie nd o res on ar
Y se pa sea ba a lo lar go de
y de ten ién do se de tien1po en
los tac on es so bre el en lad ril lad o
cal, con el ro str o co ntr aíd o,
tie mp o fre nte al mu ro revocado de
los mú scu los en ten sió n, com o si un ag ud o do lor ínt im o le
con
est uv ies e ca sti ga nd o po r de ntr o. a se fu é ap od era nd o de las con-
~Iás ad ela nte , un nuevo tem
ne s en la me sa, o po r la no ch e, cu an do im ag ina ba n que
ve rsa cio n·e nd ía bie n tod o lo que
rm íam os . A vec es, no co m¡
los niñ os do
bla ba n pe ro ca pta ba int en sam en te Ja inf ini ta am arg ur a que
ha nte y copioso ag ua ce ro.
cay en do so bre ell os com o un inc esa
est ab a ... ! -dec ía él.
- ¡C ua tro niñ os y un a sola mi ser ias, po rqu e El no ab an do na
-E l Se ño r no ha de ab an do na rno
su s cri atu ras -re pl ica ba ell a, mi en tras mi pa dr e reci-
nu nc a a
se con un a esp eci e de bu fid o, en el qu e po día es tar dis-
bía la fra
a.
fra za da un a bu rla o un a bla sfe mi en hu nd irs e -e xc lam ab a él
-N o ... no pu ed e ser , no pu ed ·
con de ses pe ración. pá jar os de l cielo no
liri os del cam po no tej en y los
-L os re zo .- ha y qu e con-
pe tía mi ma dre com o en un
sie mb ran -re
fia r en la Pro vid en cia . ni lir ios , ni pá jar os . Ha y
-P or de sg rac ia, los niños no so n
ns ar qu e "A Di os rog an do y co n el ma zo da nd o" .
qu e pe pr es ur os a mi m ad re -
-E so sí. . . es claro -a us pi cia ba
¡ Ay úd ate qu e el Se ño r te ay ud
ará ... !
ba la cu rio sid ad y el es-
Y así , en cad a an oc he ce r me ga nase nti r su an gu sti a, de de-
de
pa nto de esc uc ha r lo qu e ha bla ba n, , de sorbe1· su mi sm o miedo
Jar me ag arr ota r po r s u pe sad um bre
-2 0-
Íl'ente al JJO! \ enü·, de hai'CI1tJe e trujar por el mismo tenor a
la mjsel·ia que 1(•:; e. taba accJJ•t·aJando a elJos.
I~u el día, delante de no:-:otros, las corl\·ersaciones no €ran
muy alegres, pero estaban podada· de amat·gura, mondada::. de
toda especie d<• terrOJ· o de de esperación.
A las nal'l'aciones .·ohre la montoncJ' a y Ja entl ada en Co-
chareas. a la {:eJcbracióJJ de los combates hr>roicos v de las entra-
das ti·iuJJfctles, sucedie1·on J· con\·er~aciones de 'sohreme~a so-
bre el sueño mág·i<!o de "El Dorado'', sobre las rique7.as fabulo-
sas de "81 Canelo". El hogar se pobló de. vj --im1es mar:n illadas.
En la ~elva amazónica no sólo había infieles a quiene-.. gana¡· a
la fe de Cri~to. ~ino también leyendas que eran historia e his-
toria que era leyenda: (aucho, maaeras precioc;as, laYad eros <le
om, má eau<"ho, yerbas milagrosas, bosques sin lindero~ ,. ríos
que <:e .iuntaban en creciente hermanazgo, para formar el l'io
méÍs gTandc del mundo y· má~ caucho. un alud de caucho que
salía por los río~ de la seh a hacia las factorías de Europa ~r de
los E~tado~ Unidos.
El poblazo placible y abúlico. ~e ó 11Yadido J>Or la fiebre
embrujadora \r envolvente de la ~eh a: el hálito caliente de Ja
manigua 11egó hasta la ciudad selTaniega; la visión encantada
de la riqueza fabulo~a la seducia, la ob"e!'ionaha. la hacía soñar.
Cada tarde llegaba una noticia más fantástica que la anterior: el
hijo de la Chabelita. :~quclh-1 lanmdm·a renga que e dolía sin
pen~1 va. pero sin fatig-a, de 1~ r·uerte de su marido. había re-
g-re~aclo al pueblo rico, después fle tre~ años ele trabajo como
cauchero en el :\'"ano. Do11 f-efO''O. que hal>ía partido sin un cén-
timo cuatro añ(>s a1rás, regregrlJa del Putumayo a comprar ~·na
farmacia y a establecer un ctm~ercio floreciente. Y, entre to ~os.
N'apoleón Gil e había hecho mi 11 onario con el c·ruc' 1. con el a "":il.
con los sombreros de paja teji 10<:: ~1 mano. en especial a<.JtteJlus
que eran tejidos dentro del agua, para que no ~e ":~ebra.e la ·a-
1
del ,.sol.
ja <' la luz de la luna. para que no la amarilleciese el re\·erlJero

A toda esta le.,:enrla suge th a y ~eductora, "e \·enía a unir


la razón patrióllCa: toda la sel\·a estaba en disputa. en cada .río
había que arrebatar los ~tirone' de: territorio que pretendían.
absorlJer. había que disputar el patrimonio nacional. mejor di-
cho. formarlo. no palmo a palmo sino ki1ón1etro a kilómetro.
Y mi padre fué poReído ~- arrebatarlo por la fieb re rlel cau-
ch o, por el sot·tileg-io de la seh·a; v el Amazonas. el P urús y el
Acre. com o un abismo. le lla ma ron , le ob,esionaron y le atraje~
ron.
Una m a ñ a na, en el desayuno. dijo seria y bruscamente:
-Me vo~r a la selva ...

- 21-
.-¡Jesús, María y José ... ! .-exclamó 1ni madre.- ¿Y qué
va a .....-El
ser de nosotrosno...se? encuentra en med10
porvenir .
de ~a acequ1a
.
~ra-
tificó él sonriendo con tristeza.- hay que ~ahr a buscarlo y
busca1·1o' no donde uno quiere, sino donde este· ·: i Hay que sa-
lir a bu¿carlo .-añ.adió suspirando,- hay que s.ahr!
1\:fi mad ~e lloró, nos juntó a los cuatro l?aJO sus brazos, co-
1
mo hacen las gallinas con sus pollos, Y ~lamo entre sollozos que
nos quedaríamos sin padre, lo que nos lnzo llorar a lo~ tl'e~: las
dos pequej1as no podían darse cue~ta ~e nada. A vanee hac1a mi
padre, le abracé las piernas y supllqne: . . . ,
. . . . . ¡No te vayas, quédate con tus hlJJtos. . . ¿ Con1o vamos
a quedarnos
Es la primera solos ...
de?las ~os veces en gu~ le VI, llorar ; humede-
ció mi cabeza con sus lág·nmas, me beso tiernamente y, después
de secarse los ojos, marchó a la calle para no regreRar durante
todo Lael día.
idea de su partida fué penetrando lenta pero intensa-
mente en nuestra vida; se incorporó a todos los pensamientos y
actiYidades del hogar y se asentó entre nosotros, con1o lo inexo-
rable. En los primeros días llorábamos a cada rato; después nos
habíamos resignado ya y comenzamos a prepararle la partida. El
estaba cada día más resuelto: se marcharia al An1azonas aÍ
Putumayo, al Purús, al Acre. Se haría cauchero; amasaría ~llla
fortuna.
Eran los días dorados del auge del caucho silvestre e11 la
hoya amazónica, cuando el automóvil invadía las calles de las
metrópolis y los caminos del mundo, en la prime1·a década del
siglo. Cada planta de caucho obsequiada por la Naturaleza en el
desierto Yerde, era un puñado de libras de oro que el más osado
pocHa empuñar .
.....-Sor fuerte y sano ,.......faranduleaba abotargado de suficien-
da.- estoy pisando los treinta años; tengo salud de potro ... me
compraré una canoa ...
.-Pero ¿con qué la vas a comprar ... ? ..-sollozaba SU}Jlican-
te mi madre. como tratando de volverlo a la realidad.
-A última hora la ha1·é con mis manos ..-se erguía mi pa-
dr~ hundiéndose más en su gran sueño.- sí, claro que la haré yo
m1smo, con estas manos. ¡,Qué me falta? --preg·untaba . . . . . ¿No
1~ fabricaron aca~o Francisc-o Orellana y un puñado de audaces?
1 . esto hace trescientos años. . . ¿Por qué no se ha de hacer lo
rmsmo ahora ... ? ¿,Qué me falta a mí que el Traidor Orellana no
tuviese?
.-¡ Padr~} -interrogué.- ¿ Qui&n fué el Traidor Orellana?
:--iJ\.!1 hlJO: .. ! ¡Fué, uno rle esos españoles que se las traia!
Un t1o mas Yahente y mas hombre que ya quísiéran1os tenerlos.

-22.-
La. leyend a hahlab a de los Reinos de "Eldor ado" y de "El Cane-
lo" y Jos españo les se lanzaro n aiJá en su busca. Salieron de Qui-
to y entrar on <m la selva virgen ; aquello fué horren do. A las
O!"!llas del río Napo, en plena selva, constr uyeron una embar ca-
Clon de mader a y en ella se embarc aron Don Franci sco Orellan a
y sus hombr es.
-¡Qué fantást ico ... ! .-dije.
-¿Fan tástic o eh?. . . ¿Parec e un cuento , no? .-preg untó
entusia smado como si él fuese uno de los que estuvo embarc ado
en aquel bm·quito- Orellan a dejó que le arrastr ase la con-iente
del • '~'apo y así llegó al Río Amazonas. El bravo español, capitán
de aquella minúsc ula y grandiosa expedición, se lanzó hacia la
corrien te del r ío más gr ande del mundo y se dejó llevar hasta el
Oceáno At lá ntico . . .
-;. E n aquél barqui to tan chiquit o ... ?
-Sí, en ese, en ese barco que era un cascar ón descub rió la
corrien te ele agua más grande de la tien·a.
-¿ Y despué s ... ?
...-Y de allí mismo se fué a España, a dar cuent a de su des-
cubrimiento. Y sus compa ñeroc::. los que habían quedad o espe-
rándole a las orillas del río ~apo, muy arriba, le Uama1·on el
"Traid or Orellana", una especie de cuervo del Diluvio .
-¡Ah . . . yo sé ... yo sé . . . se fué y no volvió . . . !
-Eso es ; y sus compa ñeros le acusaron de h aberles trai-
cionado, de habers e march ado en aquella barca con la misión de
buscar vívere s y de no haber regres ado trayén dolos.
-Padr e - interr ogué- ¿ r tú harás como Orellana? ¿Te
irás hasta el Océano Atlánt ico ... ?
-No, no tendré ya para que ir hasta el Atlánt ico; la for-
tuna n o está allá ; está en los ríos; en el Putum ayo, en el Acre,
en el Purús, en t oda la selva cubier ta de ca u chales . ¡Cauch o ...
-repe tía-- caucho , más caucho .. . !
Y se paseab a nervioso hablan do y hablan do, como si pensa-
se en voz alta, como si, más que persuadin1os a nosotr os, quisie-
se conven cerse él de que tenía dentro el suficie nte Yalor para
acome ter la empre sa. Hablab a cotno aquello s niños que silban
en la oscuri dad para apacig uar su n1iedo.
-Acas o yo, con todo lo que sé hacer -conti nuaba en tono
exclam atorio - ¿no -voy a ser capaz de hacer lo que tres siglos
atrás hiciero n Lope de Aguirr e, el rebelde , el Príncipe de Eldo-
rado y todos aquellos españo les que fueron a parar a Venezue-
la ... ? ¡No. . . no; lo que hace uno lo puede hacer otro .. . por
último , la selva no se come a la gente; lo que devora es la quie-
tud de este pueblo donde no se puede hacer nada. Aquí no es
posible ganars e la vida, menos todaví a hacer porven ir para los
hijos.

- 23-
y se callaba, hund ía el ment ón en el }~echo, cruza ba los hra-
os y hundido ya en un par de botas enou nes, segur amen t(.l 50_
~ b Soñab a con Ja gran aven tura que la selva ofrec e en cada
bas~je con la 1·ica posibilidad que. estab a agua rdand o en e:I re-
c~do' de' cada río, con el puñad o de bbras ~l~ oro que ,gual' daba en
su tronc o cada árbol de caucho. Y se railfl caha en el la d(lcisión
toma da. Sus últim os pasos reson aban con dolor ya en la casa
que estab a consumiendo la rwbr~~m;. ~e pas:~ha ele u.n lado a _otro
sobre el enladrillado de la l~~bltacwn dtu ante h01 as _s~gmdas.
sin cansa rse; yo le mirab a Íl.Jam ente por lapsos_ 1argntS1_!l1<>s; él
me sonre ía dulce mente y, a Yec~s, ocult aba ~HlR OJOS de lJ?I. Aquel
homb re grand ote, con unos puno s tan grand es como r.11 cabez a,
con eRpaldas de gigan te, me albor otaba el cabe~lo. me zaty\a l· ·ea-
1

ba tomán dome por los dos homb ros Y me dec1a. opnm Jendo me
contr a su pecho : .
-¡Tú serás un ll0mb rec1to ... ! ¡Ya lo :eo ... ya lo veo ... !
¡Y velar ás por tu ma(h·e y por tus herm amlo s ... !
Yo sentí a como algo que me estra ngula ba, que me retorc ía
el estóm ago como un trapo mojar lo. . . que era como un gran
miedo. El comeilUtba a most rar un rostr o bañad o por esa seTe-
nidad que surge despuéf' de habe r obten ido una gran \'Íctol'ia
interi or. Esa seren idad, yo la sentí a pero no alcan zaba a com-
prend erla entonces.
Llegó el día que temía mos y sus horas llega ron como las ql1e
prece den a la ejecución. Por la nocl1e, mi padre hizo ingre~ar al
patio, atraYesando la habit ación que nos serví a de dorm itorio ,
la mula en la que debía parti r. Desd e mi cama , por entre las sá-
banas , contemplé los ojos YCl'dosos, reluc iente s. del anim al un
tanto asust ado al atrav esar la pieza a oscur as. Los casco s hel'l'a-
dos sonar on sobre los ladrillos r aquel las pisad as golpe aban so-
bre mi corazón. Tenía paYor; me hund í entre la ropa de cama y
se~tí que todo el cuerp o se me hume decía de mied o;
sí. era de
mtedo a que aquel homb re no regTe sara nunc a más.
El \"Íajero creyó que todos ·dorm íamos y habla ba en voz ba-
ja, dando sus últim as instru ccion es a mi madr e. Dijo de lo in-
mens o del amor por sus hijos, de su esper anza de hacer se rico,
de \'oh·er pront o, de educa rnos muv bien '" de darno s una pro-
fesión a cada uno. · ·
No sé cuánt o ni cómo do1·miría aquel la noche . !\fe despe rté
sdobresaltad o v YÍ sobre mis ojos el rostr o cadav érico de mi ma-
re.
-;,Ve n -ord enó- despídete• rle tu padre ... !
Y el estab a allí, de pié, .calzado con grand es botas , inmenso,
blan~o ~omo la cal de la pared . co11 lo~ labio~ resec os v los ojos
a
~kb.)ecldo s ~r tumes cente s. Su chaqu eta de cuero olía piel cur-

-24 -
Lo abracé con frenesí; sentí sob1e mi su vigoro o ab.r azo
con sus largas y anchas manos sobre mi cuerpo enclenque; " .. -
tí su:s lágrimas calientes sobre mi cabc1..a y, como un sacudimien-
to de la tierra, el tremendo movimiento de su pecho al sollozar.
Este abrazo -que fué el últm1o-- me di6 la medida de toda la
adoración que mi padre tenía por mi; lloré desesperadam ente y,
entre las lágrimas, ví de nuevo los ojos verdes, fascinantes, in-
f<!rnales, de la mula que era sacada a la calle. Y aspn·é el fuerte
olor del cuero de su chaqueta, que se hizo penetrante.
-¡No te vayas ... u o te vayas ... ¿pero qué va a ser de
tus hijitos ... ? .-gl"ité.
-¡Cállate ... cállate por Dios ... ! -dijo besándome y llo-
rando- volveré pronto, ruega a Dios que vue.h-a pronto.
-~Jesús, María y José! -dijo mi madre santiguándos e.
Y puso en mis manos la cruz que había comprado para que yo
se la d1ese a mi pad~ ·e en el momento de su partida.
El inclinó la cal)eza le coloqué el cabesb·illo, del que pe· :ía
una pequeña cruz de n .f:tal. en torno al cuello y la imageh tie
Cristo crucificado quedó colgando muy an-iba de su pecho. Me
besó de nuevo, empapándom e en lágrimas, se metió la cruz den-
tro de la chaqueta y se desprendió de mí. Abrazó. uno a uno, a
todos los que habían acudido a despedil'le; cuando abrazaba y
besaba a mi madre, el reloJ de Santa Catalina tocaba ias cuatro
de la mañana :\1e lanzó un beso con la mano, salió a la calle,
montó en la mula y los ca~cos helTadov lanza1·on una sonancia
metálica sobre las piedras del pa,•imeuto.
---¡Padre ... no te vayas ... qué Ya a ser de mí sin padre ... !
La puerta había quedado abierta de par en par, dejando que
entrase en la habitación un viento frío y una alborada gris ne-
gruzC'a
Los que habían venido a clespedirlo parloteaban en la calle
como en un mercado. Y o aguzaba mi oído cap ,.· · .:olo el ruido
de los cascos herrados de la mula. ha ta que 11 > se ">YÓ más. Sólo
percibía el olor típico de la chaqueta de cuero.
Y sentí que comenzaba una ,~ida distinta para mi. ~Me ha-
bía quedado ~in padre ... !
. . .. . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . ............. ..... .
Diminuta, ágil. .. eco ya el llanto, mi mad1·e despeitó a mi
hermano. nos ,;stió con presteza, nos cha}mzó en el barreño de
agua 1 ciada y nos puso en la calle, rumbo a la igle.. ia de San
Franc:bco.
-¡ Y~tmos a rezar por el caminante ... ! -expre~ó con YOZ
l'onca. Tomó de la mano a mi hermano menor y me 1 1zo n ar-
char delante. Los ojos 'erdes ~- brillante ele la mula estaban
delante de 1 1í ,.omo una vi"if n (lemoniaca; al llegar a la iglesia,
caí de bruces por una mala pi. a la; me magullé el C'odo, las ro-
dillas. la cara y 1 ecibí algún pelhzco por mi tOl]leza.

---25-
La iglesia estaba solita ria y con muy pocas luces; nos arro-
dillamos y, desde la sacris tía salió un fraile ,-iejo. cargad o de
espaldas~ con una casulla morad a. llevando en las mano s un cá-
liz y una paten a. Celebró la misa en la capilla de la Virge n de
los Dolores, en el altar de la Virge n del Perpe tuo Socorro, a cu-
ya adYoc.ación encarg ó mi madre la !=;Uel·te del camin ante.
Cuando el sol bri11aba radian te. cuando una fiesta de luz
caía sobre el ,·alle y sobre la ciudad, voh·imos a casa. En la cal-
zada de piedra s muy burda s, muy cerca de la puCl·t n, queda ba
un montó n de estiércol de la mula. Volví a encon trarm e con aque-
llos ojos verdes, enormes, fascin antes, r al ingres ar a la habi-
tación de la despedida me sobrecog·ió la olfacción de la piel cur-
tida.
Y mi vida comenzó su prime r día sin padt·e.
Quedamos solos: mi madre , yo, que era el mayo r, y mis tJ·es
herma nos meno res: José Manuel. Leono r y Ana María . Auita
sólo tenía unos meses de nacida. Y ese pequeño grupo de gente
acurru cada en la sombr a, gimot eando y rezando, me hacía pen-
sar en aquel otro que agoni zaba en el barquichuelo, sobre la in-
mensi dad del Amazonas, coman dado por el Traid or Orellana.
1Nunca hubo para mí perso naje más fantás tico: un héroe
de cuento para niños!
Y yo fundía en tma ~ola visión épica a mi padre y a Don
Franc isco Orellana.

-26-
BATAIJLA CONTRA LA MISERIA

AS HERMANAS de mi padre nos \"isitaban un día si y otro


IL también; nos traían obsequios que, con el transcurso de
las semanas, fueron haciéndose más raros y menos im-
portan tes, hasta que su presencia en nuestra casa se fué espa-
ciando por crecientes intervalos. Era como si el tiempo trajebe
consigo el decremento de la compasión por el dolor ajeno. Las
relaciones familiares regresaron a su antigua temperia sonrP.
todo cuando empezaron a lleg·ar las cartas del viajero.
Todo marchaba bien para él ; estaba ganando dinero en. los
pueblos del trayecto, donde se deicmia para alTeglar las atmas
de fueg-o malogradas o descompuestas, que en aquellas regiones
eran inst1·umenlos tan preciosos como la \'ida. Como en los po-
blados que c1·uzaba no había mecánicos, encontraba muchas ar-
mas defectuosas y máquinas de coser que no funcionaban, con
cuya repar ación aseguraba que obtenía muy buen dinero que in-
vertiria más tarde en la explotación del caucho. Sus cartas res-
piraban optimismo, esperanza y buena ,·enttua.
Todos se unían en la acordancia de que el viaje babia sido
un acie1·io; aseguraban que era un homb1·c a quien estaba ago
llet ando el pobre ambiente serraniego y yeg-etante. ¡En tanto
que en la selva ... !
En nuestro hogar, la pobreza se con\'ertía, lenta, dura y de-
cOI·osa, en miseria escueta. Los pocos muehles anliguos que se
habían salvado de esta quiebru fueron C'U:mtindo5; y ,·endidos en
sumas míseras. E l par de habitaciones de la ca~a quedaron en
exceso grandes para la::; camas en las que dormíamos y para un
menaje demasiado reducido y pobre y que, a l final , fué lo único
que quedó; toclo eRttn~o rematado de mab manera, cuando reci-
bimos la carta en la que mi padre anunciaba su internación en
las selvas del r ío Purús.
1\!i madr e asumió c011 Yigorosa deci ·ión dir ectriz el urrumba-
mien to, el criterio y el sentido de lo que fué mi for mación infan-
t il. Los San tos Padr es invadieron la rasa . E n la biblioteca del
cor onel, en el con,·e11to ele los franci~canos, en un viejo arcón
claveteaclo. qu e ha bía pe1·tenecido al cura Dmü h'o Villanueva, mi

-27 -
madre obtuvo gruesos volúmenes impresos en arcaicos cal·act e-
res, con capítulos inaugurados por p1·eciosas letras mayúsculas.
Penetré en la lectura yuxtalineal de la Patrística, conocí a Orí-
genes y a Tertuliano y me hice enemigo de Martín Lutero y de
los heresiarcas. Ingresé ....--sin captar y sin entenderlo todo ....... en
la Ciudad de Dios, del Gran Padre San Agustín, en la Summa de
Santo Tomás de Aquino, en el Libro de los Jueces, en los Profe-
tas Mayores y en los Profetas 1\!enores, en el sensualismo del
Cantar de los Cantares y en la desencantada tristeza dsl Ecle-
siastés.
De los profetas. Isaías ejerdó una honda influencia en mi
formación: sus imprecaciones airadas contra la injusticia, s u gri-
to herido contra el egoísmo, su defensa de la viuda y del huér-
fano, sus vaticinios sobre lo que vendría de acuerdo con la volun-
tad encolerizada de J ehová, encontraban simpatía más honda
que los lamentos de ·Jeremías, los clamores de Ezequías o los fer-
vores incandescentes de Elíseo. Sentía vibrar la pasión del pro-
feta cuando exclamaba:
....... "Jehová dice: y llegará el día en que sólo los que siem-
bren el grano cosecharán el trigo. sólo los que amasen la harina
comerán el pan ... ''
l\Ii mente era un hervidero teológico, mi imaginación un
torbellino místico, poblado por p1·ofetas a quienes arrebataba el
fuego del cielo o a quienes lapidaban los mercaderes y fariseos;
por mártires que bebían plomo hil·dendo o que bajaban a la are-
na del circo a enfrentar las fieTas, o que eran decapitados por
los procónsules, caminando luego con la cabeza entre las manos,
como Dionisio Aeropagita. Mi mundo era el de los cenobiarcas
cuyos incensarios eran encendidos por carbones ardientes que
caían del cielo; el de Simeón Stilita viviendo cuar en ta años soli-
tario sobre una columna; el de Ignacio de Loyola fundando una
falange en la que cada hombre debía obedecer como un cadáver:
el de Francisco de Asís, transpasaclo 110r las 1lagas del .Cr isto.
Y en medio de este mundo grandioso, tétrico; austero y t ocado
de maj estad, la figura magnífica de Jes ús, arquetipo humano
superioi', el más alto ejemplo que imitar.
1\fi mad re amaba al Cristo del Cah·ario. de la Vía Crucis, del
Huerto de Get~emaní; se complacía con verdadero deleite en la
Pasión, en las Siete Palabras, en l;,. Xoche en Casa de Cnifás, en
la P1 esencia ante Poncio Pilato~ . Yo amaba sobre todo al .Jesús
de Betanía en casa de Marta y ~\liaría: al .Jesús que se ríe ele Pe-
dr a1 o e te le pide que le salve de mor ir ahogado , al que se
ta a la 01 illas de los caminos a decir parábolas ma l'a\·iJlo.
e ul e a la Montaiia a pronunciar aquella on 1dón con-
•n',1"~a. c1 más bello y humano discunm del l:ombrc. :l\h Jes~s
z á J , gar o que el de tni nut dre; el rlc ella era m a~
1 mío, má humano.
-28-
Y aquí estaba la raíz de las discusiones que manten íamos
cntTe lectura y lectura .
Mientr as tanto, la pobrez a se descar naba y se h:1 r:e:~ r iseria.
Por aqucl1os días aconteció lo que mi mad1·e 11a ... ó . na de-
mostra ción palmar ia de la bondad de la Divina ProviJcH~!a. Lle-
gó a Ja ciudad un regimi ento de soldados, cuyo arribo fué recibi-
do por las gentes con dos 'ersion es comple tament e adYers ativas.
Asever aban unos que esto era mejor, ]mes los soldados gastarí an
algún dinero. lo mismo que los oficiale~. v que aquello se tradu-
ciría en alg•'n' .. ovimie nto comercial. AsegUl a han o ros que lo
único CJUe lun ían estos soldado~ sc•ría (mcarecerlo todo: los hue-
vos, lo~ pollos, la carne y las lechug as. Las di"CU iones obre tal
tema se hacían interm inables en los hogare s y en el mercad o.
Para nuestro hogar, Ja llegada del regimi ento aportó una
posibil idad. La ropa de los soldado s era lavada y planch ada por
cuenta del GobieJ no; y un día llegó la coja Xíc1da, una mujer
canija, con el pie equino , parlach ina y bondad osa. que amaba el
agnarcl ient e con amor vcrg·onza11tc v que se mostra ba condolida
de la situaci ón de mi madre. Ofreció la po~ibilidad de planch ar
la ropa de los soldado s del regimi ento; pagaría n 'einte centaYos
por docena de piezas.
La habitac ión se llenó d~ e"1'é1ndes fardos con uniform es: el
correrl or fué im•adido por sacos de carbón y nuestra vi ':~. fué
traspas ada por el duro b·ahajo de planch ar torla aquella ropa
burda, que olía a potasa, a dc~:nfectante y a jabón negro.
Pronto quedó organiz ado el lTabajo.
Muy de mañan a. yo llem1ba las Jllancha~ de hic1To con tl:o-
zos de carbón que era necesa rio romper cuidad osamen te para no
hacer cisco y desper diciar el combu tible. Cmmdo ya mi madre
había humed ecido suficie nte número de uniform es. yo encend ía
los carbon es en el interio r de las planch as y avivab a el fue$!'0
agitand o con ritmo 1·ápido y ~oste1 :c~u los ave11tadores de paja
que fabrica ban allí los indígcnH~. !:'obre un cajón, má" allá de
las planch as. descan saba, como sobre un atril. el grueso libro
que iba leyendo en \'OZ alta. l\Ii m..tdre tomaha la~ plancha~. una
tras otra. las acercab a a su cara fresca, probab a sn grado de
calor pnsand o el dedo hnmeck cido en ~aliYa por la supel'fi cie lisa
y escogie ndo una. iniciab a h1 á~pcra y fatigan te t<u't::~
Rentad o o de Hnc•jo~ en t'~ suelo, daba aire a la" planch as
hasta ~cntir dolor en el omo1>lnto. lloras despué s, mir~ha a aque-
lla mujer que me parecía la encarn ación del cansan cio resigna do.
Los dedos lar gos y finos se crispab an sobre los trapos del asa
rccalen t a da; a veces juntab n una mano sobre la otra para dar
ma~'or p resión y los brRzos ::;e po11ínn tensos. Ante mi~ oios so-
bresalía uno de sus hombro s: puntiag udo. angulos o. deform e. El
brazo tenso, como el del náufrago asido al borde del bote :alva-

-29-
vida ; la espalda CUlTada, juntándose con la línea del cuello
se derrumba?a hacia la c!lbeza: una cabeza agachada, ve~c~~e
con el mechan de pelo humedo sobre la frente mojada con eÍ
cuello ~~smesuradan~ente exie11dido y bañado de sudor: con la
nuca e:stl_rada, cual Sl un verdugo le estuviese presionando la ca-
beza ha~1a adelante, para d~scargar el tajo. El sudor bajaba por
el mentan, por sobre el labw superior, por la frente, por todos
los poros Y goteaba sobre los burdos uniformes. · ·
A :·eces, ella se detenía, colocaba la plancha sobre un ladri-
llo, aspu·a~a co1: fuerza, sonreía y se secaba el sudo1·. Me rniraba
co:n s~s OJOS ~11opes y enrojecidos y Yolvía a comenzar. y ante
m~~ OJOS se d1fumaba como en una pesadilla, aquel hombro en
tnangulo, que se alzaba agudamente llOl' sobre todo el cuerpo
como un puntiagudo n1onticu lo de carne destrozada, macerada:
exangüe que se estaba ofreciendo en silencioso sacrificio al Se-
ñor.
Cuando las planchas estaban calientes, me hacía leer la ha-
giografía del santo del día, seguida de la epístola y del evange-
lio correspondientes, en unos libros impresos en tipo menudo y
de estilo monótono y afectadamente devoto, rico en bondadosas
calificaciones para los santos, para sus pensamientos, para sus
acciones, para sus vidas y sus martirios. El enfriamiento de las
planchas proporcionaba un momentáneo descanso y me permitía
suspender Ja lectura, a veces en el episodio en que el mártir iba
a beber plomo hu·viendo, o en el que pedía le diesen vuelta en la
parrilla donde se tostaba, o en el que la santa iba a ser trozada
en dos por una sien·a. . , .
Soplaba sobre los carbones encendidos, pose1do por p1edad
impregnada de un inmenso de ternura y ~OJ~pasi~~ po:· aque?os
mártires, al mismo tiempo que por una 1ndignac10n sm Ifrm!es
contra sus perseguidores y sus verdugos. Las palab1·as Pro-con-
sul, Emperador o Centurión, se hicieron para mí símbolos de
crueldad y de horror. , . ,
-Pero ... -interrogaba-. ¿Por que D10s consentla qu~ se
hiciese todo esto a los santos . . . a quienes defendían precisa-
mente su doctr1na. y su f'e. . . ?. .
-Porque la sangre de los mártires,. --;-me rephcaba....- e~·a
semilla de cristianos; porque el dolor punf1ca el alm~. Y 1~ pre-
senta inmaculada ante el Señor; porque hay que sufrn para ga-
nar lo gloria. . . b. pero va
.-Cristo debió morir para red1mn· a 1os 110m Ies, .
los mártires no iban a redimir a nadie.. . . .
.-N'o digas Cristo -increpaba m1 madre a ~men s~~J:s~
enfadaban e tas discusiones a las que yo era tan adlct?- 1 dft
tro Señor ,Jesucristo y sigue leyendo. . . basta· · · s1ga eyen o.
Y recomenzaba Ja lectura.

-30-
. -No tan rápido -ordenaba, imperativa y dura- más des-
pacw.
El din~r? que el planchado proporcionaba servía para vol-
ver a adqUlnr carbón y _aventadores y siempre quedaban algu-
nos centavos para la com.Jda. El hombro me dolía en la nr.che co
mo consecu~ncia del ~oYimieuto que en el día diera al soplador.
~o dec1a nada, m me quejaba. comprendiendo lúcidamente
q~te SI .ro no soplaba las planchas no habría manera de que se hi-
ciese el planchado. Y ella ¿,acaso no estaría soportando dolor en
aquel hombro puntiagudo ... ?
Las cartas del viajero arrilJahan cada \ ez más distantes. La
última tenía sei~ meses .r venía fechadn en el alto Pu:rús. Como
se había propuesto, tenía una lancha. sacaba jebe. pero el trans-
porte tenía que surcar peuurias tan g¡·andes como las que afli-
gieron a Orellana y, lo peor. la ley de la selva imponía defender
a Uros los árboles de caucho, los manchales de <'aucho y, sobre
todn. las canoas cargadas de caucho. Los brasileros disputaban a
los pel'uanos, más que el territorio, los })roductos arrancados tras
rurla labo1. El escrihía que tenía el deber de l'esist.ir y de defen-
der la frontera, junto con su caucho ...
.-Siempre, toda su Yida -comentaba mi madre- t11 padre
fué un quijote; nada sacará de defe1.der las fronteras, ni de pe-
lear con los hrasileros. Nadie se lo va a agradecer nunca. Lo Que
debe hacer es trabaJar para él y para sus hijos. Pero -añadía
con tri~teza- él ha sido siempre así; le gusta meterse en lo r1ue
no le importa : así fué con los montoneros, se metió con los de-
mócrata y perdió hasta la camisa y se quedó en la calie y ni si-
quieTa se lo agradecieron. Ahora se ha ido a meterse con los
brasileros.
Fl abuelo ,-enía casi todas la tardes, llenando la habitación
con el olor de su tabaco y las migajas de sus biscocho~. Su pre-
sencia me libraba durante algunas horas de la lec1ura dejándome
tan sólo el trabajo de avivar el fuego de las plar,.has. Su conver-
sación el'a agradable y graciosa; refería muchas anécdotas, re-
COl'daba cosas y hechos antiguos r hablaba con gran entusiasmo
de don Felipe Santiago Salaverry aunque le hacía el cargo de
habe1· sido muY cruel.
.-¿Quién 'es Salaverry, abuelito? -preguntaba con curio-
sidad.
_.Ya no es - elucidaba riendo- porque hace mucho que lo
t r onaron. Fué un guerrero de la Independencia que ing1·es6 al
ejército a los catorce años. Se batió contra los españoles en J u-
nín y en Ayacucho y tuvo el valor de, enft·entarse a BolfYar, que
nunca trató bien a los pe1·uanos. ¡La epoca es de los muchachos!
decía Salaver ry y antes de los treinta años se había hecho P re-
sidente de la República, por la fuerza. ¡Todo un militar ote ... !
E l viejo par padeaba, como si 1·eco1·dase y seguía narrando~
- 31 -
- Dicen que siendo coron 1 1 F . ,
a un indio llamado Cantalicio. ~d(I·oon . • ~1lpe telma ele, or<k nanza
q 1 1 b' . , VIeJO que e quena mucho
11
i~at:'ad~a~¡~,~t~!;;~'~f. f:~~ fe \~~~ti'a%i't;stit:R~~~~~~o~~ ~~~~~~S~~
go, ~~e~ qu~ se rrurCaba en el espeJO y proclamaba muy orondo.
- e 1an 1ec1~ 1 oronel y yo haré lo demás. Soy joven so~
h!Jenm~z?Q, S?Y ienndo Y soy valiente. ¡Qué me falta Ca~tal~
CIO . • • • 6 ue me falta .. . ?
---Y ~icen -:-proseguía el abuelo- que el cholo Cantalicio
le respond1a: "T1 falta juicio puis me coronel ii falta j uicio ,. •
. Y el abuelo. reí3; con nos?tr os, preguntaba por la hora ;; ~e
queJaba de sentir fr10. Conoc1a de memoria, cada una de las pie.
dras de la calzada, hasta hacer pensar que en la mente le tenía
U? non1bre a c~da. una. Venía de la casa del Cm·onel a la nuestra,
s1n apoyarse s1qme1'a en el bastón, caminando erg·uido sm tro~
pezar una sola vez. Sabía quien se encontraba a la pue{ta ele ca-
~a ~sa; para to~os tenia un saludo amable y familiar, en el que
rba Intercalada siempre una frase humorística, una palaln·a Cl'U-
da o unos versos hechos pm· él que hacían exclamar escandaliza-
das a las mujerucas:
..-Pero, señor viejito, a sus años , diciendo esas cosas .. _
.-¡ Qué viejito! ---decía el viejo sonriendo.- el hombre tiene
la edad que tienen sus piernas .. . ! ¡Viejos son los caminos y los
que tienen que estar empollando como gallina clueca. _. !
Alguna vez su visita me liberaba como a un pájaro enjaula·
do. Me enviaba a compr arle tabaco para los cigarrillos que iba
a torcer o bizcocho para la botella de leche que tl·aía. Hacíamos
sopas en las tazas de leche y él y nosotros comían1os aquello, en-
contrándolo delicioso. Charlaba incansable y se entretenía en
aparvar las migajas del bizcocho sobre el mantel, para coméJ·se-
las una a una.Vd. un pollo picoteando, señor ... .-apuntaba mi
-Parece
madre.-Seré ya n·.ás bien un gallo sin espolones, lrij a. . . -clisen-
tla él- este gallo que no canta porque va a cumplü· cien años ...
Y r eía contento festejado por nosotr os.
Algunas veces preguntaba por mi padr e; se hacía leer una
v otra vez las cartas recibidas meses at rás. Evocaba los días de
ia infancia del hijo ausente, r ecordaba sus defectos de pronun-
ciación, sus bribonadas, sus vandálicas hazañas de muchacho
consentido. De repente, el pobre viejo se ech~ba a llorar, las ve·
nas azulencas se le engrosaban sobre la ampha fTenle asolanada
y las lágrimas caían sobre el a~undante copo de sus barbas blan-
quísimas, manchadas de amarillo por el tabaco. . .
-Dios lo ha llevado por aquellos rios -recitaba -Y DIOs
lo tiene que devolver a sus hijos; su misericordia no puede fa·
Dar ... ¡no!
Nos daba la bendición con f1 ases l;ellfsimas que me emocio-
naban, se (les pedía llamándonos chUl umheles, y rcb'l·esaba a la
casa del Coronel, dejándose lleva1 de la mano por mf: el "\-rie)o et·a
a1io y fue1·te; yo m·a raquítico y pequeño. Se iomaba de mi re-
]JitiP-ndo: u a barco viejo, bordingas nuevas" y tomábamos la calle
con\'el'sanno . .Me encantaba la mane1 a que tenía de bwdm se de
todo y me reía hasta no pode1· más, cuando rec1taba las cuarte-
tas en las que se mofaba de mis iía , <le mi madre, de Ia señora
costurera, del sirYiente qne le registTaba los bolsiHos y hasta del
propio Coronel. El viejo entretenía su oscuridad visiva haciendo
versos picarescos, abellacados, que yo a1n·endía con rapidez pas-
mosa, pero que mi madt·e me tenía terminantemente vedado re-
petir, porque aseguraba que lo que en el abuelo era el acota, en
un niño se volvía pecado.
LO ESEN CIAL DE DAR\VIN

11= STABAMOS ya en el umbra l de la e~casez e- ele Jo más nece-


''el Señor se
1L acordó
sario cuando -com o aseve rara mi madr
de ~us criatu ras". Un día fué a la casa del Coronel
y regres ó, contra su costum bre, entrad a ya la noche. T1·aía los
ojos tumef actos de haber llorado, pero estaba extrañ amen te
alegre.
-¡No s vamos ... ! -excl amó con una tesitu ra juven il e11
la voz- nos \'amos, hijito s ... ¡Ya no te fatiga rás -me elijo con
ternu ra- soplando las planc has; no planch aremo s más la ropa
de los soldados. Es un milag ro; maña na iremo~ a dar fT~tcias a
la Virge n!
La había n nomb rado maest ra de esc·uela, con treint a soles
mensu ales de sueldo y debíam os partir a 1.\fatara. una aldea tran
quila. recost ada en un recoYeco cualqu iera de los Andes. Una
mañan a fresca y alegre Jos caballos y los borric os se agrup aron
a la puerta de nuest ra ,-iüen da. Vinieron las tías a dcsperlirnos.
Los indios carga ron la . cosas y asegu raron a mis herma nos pe.
queños en las acémilas. nos ayuda ron a subir a nuest ras cabal-
gadur as a mi r:1aclre y a mí y salimo s de la ciudad ..Me decepcioné
al no encon trar l·la:-; puertas de la ciudad '' que tantas 'cces men-
ciona la Biblia; de·)loré que Cajam arra no C!'tm·iese a la par con
Nínive, Sidón de Tiro o Babilonia.
Matar a era nna alrlea chata y hospi talaria donde d sol caía
como una gloria sobre las gente s ~· los pastos . Su igJcsuca, con
un pobre campa nario manch ado atrozm ente por la lluvia. se al-
zaha en la placit a, tapiza da por espeso césp(\d ~ih·estrC'. Las mu-
jeruca s se alboro taron a nuest ra aniha nza, mostr ándos e efusi-
vas y hablad oras; las alumn as. que iban desde los seis, hastA
quizás los veinte años. mjrab an a distanc·ia. como respet uosas o
asusta das.
Era un apacible pueblo de ('ampesinos mesti zos; no habita -
ba en la aldea un solo indíge na; tenían los rostro s asolanado~
pero los pómulos, ]a forma de la nariz, la ausen cia de hefeda d en
los labios, certifi caban la ascendencia hispan a y la cepa ances-
tral de los conqu istado res. La gran mayo ría de los aldean os enm
-34-
arrendatarios, en categoría de siervos, de las tierras de los lati-
fundist_as que detentaban el señoreaje absoluto de la comarca.
Los sen01·es les entreg3:b~n pequeñas extensiones de terreno pa-
r~ el cultivo Y les pe~·m1L1an apacentar s~s rebaños en las prados
sll~estres de las haciendas. Los ca!'npesmos, pot· esto, quedaban
obligados a pagar un terrazgo en dmero, a entregar al señot· una
p~~e de la cosecha y, _además, a prestar, ello!' y sus hijos, ser-
VICIOS per~onales gr~ttptos en todos los trabajos para los que Jos
patrones o sus admtmstradores y may01·ales les 1·equiriesen.
Los dos mil habitantes del tranquilo poblazo vi,·ían en casas
de adob~., con nisos de tierra natural y tecl10s de teja; me llAmó
la atenc10n que las puertas carecían de ce1 raduras y tasi todas
las habitaciones de ventanas; solo en la casa del señor cUl·a v en
la <lel maestro se usaban quinqués a kerosene, como el que~ nos
alumbraba por las noches en la escuela. Aun las personas más
cultivadas de la aldea achacaban todas sus enfermedades al ma-
leficio, a la brujería y al mal de ojo; no tenían otra diversión qu •
la embriaguez de los domingos por la tarde, ni otYo porvenir que
un hueco en la tierra, hajo el pasto o bajo los sauces. Vh·ían l.>a-
jo el ten·or de que su cosecha se 11erdiese por culpa de los agua-
ceros o de las heladas; de que el hacendado exigiese una parte
mayor de grano que el que COlTespondía o de que el santo patrón
San Lorenzo olvidase enYia1· a tiempo las lluvias que necesitaban,
en su op01·tunidad. los sembraclíos. Daba una de~garrante lásti-
ma verles trabajar tan duro para vivir tan mal. :r. lo 11eor ele
todo, que aquella forma de Yida no parecía un episodio sino que
se presentaba como un destino.
Las vidas de los hijos de los campesinos carecían de pers-
pectiYa ~~ de mañana: erH como ~i estm·iese escrito que el último
día Reria idéntico al primero: era como tantas 'e~es lo había gri-
tado mi padre: todo sucedía sobre el suelo pelado. como 1·ezaba
la sentencia del abuelo. ¡Era Yerdad. . . era cierto ... ! ¡La Yida
me lo probaba con \'Ísiones tristes y patentes!
El ~ueño ele los muchachos era "huir al valle'' o "juírse a la
costa" -como ellos decían- a lrahajar en las plantaciones de
caña " en los ingenios de azúcar.
~Allá te pagan tu 11lata cada sábado. según las tareas -
ase-Yeraban entusiasmados- y te dan ración de <'Arne. ¡,Aquí . ..
qué ... ? Trabajas de sol a sol y al final de la semana te apuntan
seis raya s por los seis días en los libros de la Hacienda .... o si
quier en. pues nada más que cuatro. y aunque ha~ras trabaJado.
quedas debiendo rlos. . . r te Yueh-es para tu ca~a con una J?ano
at r ás r otr a delante. ; Qué laya de patrones es los. que no ~n-ven
para nada ... !
Y en ef ecto no servían pa1·a nada: sus feudos e1·an pob1·es,
empleaban en eÚos las mismas f ormas de produrir que las que
trajeran los españoles ; ellos. después de cuatro siglos, no habían

-35-
dado un paso adelante. En sus grandes casonas de bano enjal-
bega~o se. alumbraban e~~ vel~s, no empleab~n la rueda para na-
d~; ~1 aphcaba12 la traccwn aruma~; no conoc1an los servicios hi-
gJ.enlcos, se banaban como los Lu1ses de F rancia y vivían en el
atraso y en la mugre .
. Odiaban el valle 3:~ucarero, la mina, el pozo petrolero; se
queJaban de la corr upc10n y de la mala enseñanza que significa-
~an para los mozalbetes campesinos, el darles diner o, el pagarles
JOl'nal.
Los mayorales que venían al pueblo conversaban que en la
costa les daban a los muchachos dinero contante y sonante. y que
después. al regresar al pueblo y a la hacienda, los mozos ya nÓ
saludaban diciendo como antes: "amito" ... ''taitito" . .. "patron-
cito'' ... sino que decían, en seco, ¡señor ... ! Y añadían que el
que se quitaba el sombrero para saludar al patrón ya no se que-
daba con él en la mano, como antes, sino que se lo ponía luego.
Y que eso estaba muy mal porque en esas tierras, el hacendado
era el representante de Dios. Y concluían que lo más malo de to-
do, lo que más enojaba a los señores, era que esos subversores,
euando el pat rón o el mayoral les señalaban alguna faena, o les
daban algún quehacer, pues at·aban con los dos ojos, calculaban
eon miradas de tasadores y preguntaban. . . como nunca, jamás,
se habían atrevido a hacerlo:
,_Bueno. . . ¿y cuánto es que va a paga1· el señor .. . ?
y los mayorales, golpeando, con el puño de plata de su fusta
de cuero trenzado, las costras de barro de sus botas zarposas,
redecían que todo eso estaba muy mal ; que los patrones de la
costa no debían proceder como lo hacían .
.-No hav cosa peor - subrayaban, gravedosos como hacen-
dados- que ~los muchachos se_ u JUyan• " para 1a costa . .. .r Se
'fllelve de allá con muchas manas. . . ,
.-Todos tenemos la obligación de trabaJar, pe!·o nadie esta
bl' ado a trabajar de balde .-refutaba Don Antomo, el maestro
~e ~scuela, que se reunía siempre a tomar copas con los mayo-
1 los padres de sus alumnos.
ra es!Ef~~ será pues en la costa -alegaban los mayorales- pe-
. f ' de la mesma manera: los patrones
rdo loli~!e~aal~~ ~~~~~t~os tienen que p,agar, ~abajar par~
an - d' na parte de la cosecha. Asi fué Slempre Y asl
el senor Y ar u
será .. · d todas las simpatías no expresadas
Comprobé a menu o ~e Antonio quien lle~ba a lanzar 'la
de lo~ aldeanos, era~~a:bi~~ algo má~, que calificaba a los ha-
aserclón, cuando ha ladrones .. . !
cendados de i explo.~dores Y n aquel pueblecillo luminoso Y rural,
Jfué ~sí que~ tn~oi~greso a.l mundo, mi paso conectivo
const1 tuyo en realida
.
con la v~da; en su ambiente salf del estrecho contorno fa mi Lar
Y empece ~aprender, a conocer va entrar en la vida (le las gen-
tes, po1· pnz;¡era vez; Matara fué la escuela primaria de mi exis-
tencla Y fue además ]a escuela er1 la que me e 1ltivé enseñando
a las chicas. Mi madre poseyó siempre una rica inteligencia v un
vigoroso poder de razonamiento, peto que no venían de la .. ins-
trucción ; sus más altos conocimientos et·an teológ¡coc; no los de
la escuela primaria; por lo cual debí enfrascarme en' la lect:.1ra
y en el desciframiento de los textos rle enseñanza que había iTai-
do consigo. Aprendí así, solo, a explicar las fases de la luna, el
proceso de las estaciones, los secretos de la división de números
enteros y de la decimalizaeión de los quebrados: penetré. de
asombro en asombro, en un \'errlarlero país de las mara'..illas.
Y poco tiempo después. la escuela funcionaba con gran progreso
de las chicas, bajo m1 comando y dirección, sin que fuese obs-
táculo que las alumnas me llevasen muchos años en edad.
Los tiempos de siembra eran tristes, al contrario de los de
cosecha, que eran de estruendosa zarabanda en las pan·as, po-
bladas de alaridos, pletóricas de comidas, bebidas, hermanazgo
humano y de una bulliciosa 7.talagarda. Acudían gentes de toda
edad y de todo el contorno a prestar ayuda en la colecta del gra-
no, la que e1·a recompensada con un obsequio mayor o menor, se-
gún la tarea realizada. A las eras llegaba también infaltablemen-
te el primiciero, o sea el negociante que babia adquirido del se-
ñor cura el derecho de percibir los diezmos de la Iglesia, y que
los c,o braba del modo más abundante que le era posible.
La fiesta religiosa mayor del pueblo era la del santo pa-
trón San Lorenzo. el día 1 O de agosto. que coincidía precisamente
con las cosechas. Aquel día era glorioso; el pueblo aumentaba en
nueve o diez Yeces su población. Las gentes acampaban allí don-
de les tomaba el cansancio; las puertas permanecían abiertas
día y noche y los músicos venidos de Jos más diversos pueblos
soplaban infatigables y entusiastas sus instrumentos hasta que
la embriaguez los silenciaba. Los mozos del pueblo salían a las
calles en grupos de danzantes, disfrazados con trajes de la época
colonial: pantalones cortos ajustados al muslo, chaquetas largas,
con cuellos muy erguidos, fajas anchas de colores violentos. Los
rostros de los varones estaban ocultos tras máscaras de seres
fantásticos de faunos cornudos, de fieros demonios. Las mozue-
las salían ~estidas de "pallas" con amp1ias faldas recargadas de
adornos y lentejuelas brillantes, con mantones y rebozos florea-
dos, de muchos colm·es, con las cinturas de avispa, que eran como
el eje del amplio círculo que debían trazar las faldas durante la
danza ante las andas del santo patrón. Todos aquellos danzan~s
estaban dirigidos por capitanes que, ocultos tras una gran mas-
cara, p1·ovista de cuernos, hacían restallar aparatosamente un

-37-
nrlo
larg o látigo, como conminanrlo a los danz ante s y empavorecie
a los chiquíllos.
Ade más de los danz ante s, actu aban sin fatig a con los cant ores
de loas : jine tes. hom bres y muj eres , sobre jamelgos gualdra-
amar
pas bord adas y jaec es de plat a, acud ían a cant ar y a decl
déci mas ~' sone tos en hono r de la Virg en, del Niño Jesús
y del
Ami to. Patr ón San Lorenzo. le -
T.a fiest a se hund ía dcS])acio. con grav itaci ón irres istib raca
la alha
como si la afon ía y la desmayez fuesen agolletando bebida alcohó-
del com ienz o- en giga ntes cas boti jas de chicha.el lames tizaj e había
lica. ferm enta da ele maíz en germinación, que iones en ho·-
here dado de los tiempos imperialm~ ~· de las celebrac
men~ie al Pad1·e Sol. Al térm ino del fm.;ti
v<ll de' oto, cuando la
Igle ia habí a term inad o sus funciones, cuando lahabí efig ie del San to
habí a reto rnad o al templo y a S tl altn r, cuando an ardi do ya,
entr e el clamoreo asombrado ele los fieles. las girá ndu las clli¡;;-
a el
porr otea ntes y veloces. sobre las que forz osam ente cabalgab an
muiieco den;')~·nado "El ATeg-ro de la Cordelada". cuandores. habí
sus
obsequinrlo ~u~ chor ros de hum ared a y de luces ele colo
b01. banJ as ,. s, s buscapit\s, los castillos y los fueg osan,artif iciales.
reía n, be-
k_)s millares de pobladores y de percgTinos. mas ticab
y a alco-
bían. se emb riag aban y cant aban . Y un olor a digestión alzaba
hol en pleno ferm ento . a cebollas, espe cerí as y repollos, se
nzo y
al cielo diáf ano y tibio. mas que como hom enaj e a San Lore ~·sios
a su parr illa. como un paga no ofer torio al helénico D1on
Pasó el jolgorio y se reah ri6 la escuela. El e~tudio fué ím-
po~ihle. ~·a que cada niña traía temh loro so
)• ág·il el comentario
fan-
sobr e las incidencias, desg raci as y mila gros de la fiest a. La ad
tasía arlolescente ~e expa ndía como espe sa hum ared a: la Yerd
res,
aech a fars a y la fars a transYel·tida en verdad, se hací an aleg
~utiles, mucho más enca ntad oras que la fiest
a. La tierr a era co-
mo una pied ra inm acul ada sobr e la cual danzaba, ebri a de dicha,
la fant asía de una cinc uent ena de alm as que se abrí an
a la \ida .
Se hizo tard e y las alum nas se desp erdi gaba n; algu nas per-
man ecie ron parl otea ndo h~sta que se poní a el sol. Denand súbito, se
sobre
hizo gran silencio: por el fondo de la callejuela, 1·eso alzaoda, ji-
las lajas , hicieron su apar ició n dos caballos de gran la es-
Deteados por un homb1·e y una seño ra. Ava nzab an haci a
euela.
-So n como caballos de los hacendados, jade ó una de las
chicas.
-Pa rece que fuer an los de Sóndor, asin iió otra . puer ta de
Inst ante s después, los caballos eran detenidos a la a descen-
la escu ela; de uno de ellos desmontó Ben jam ín y a}rudó
der de1 otro a tía Adela. Amhos estaban vestidos de negro, de la
cabeza a los pies.
-38 -
. Hu!Jo sorp¡:esa Y alegría desbordantes en la recepcjón. los
b1envemdos. se mst~laron inmediatameonte y mi madre preparó
un 1·efngeno. Ayudandole en la tarea le premmté ·
....-¿Qué será . ? b •

- Yo creo que ha muerto el abuelo -manífe~·/ ó mi madre


con incertidumbre- y vienen a avisarnos ... por eso están ves-
tidos de luto ...
Poco a poco fué entranrlo la nocr e; hablaban de COSa!; diver-
sas; aseguraron varias ve<:e!; que mi abuelo estaba muy bien,
sano y alegre como an .es. Y llevaban la converc:ación hacia mi
padre. su ausencia, 1a falta ele cartas; 11ada se c:al;ía de él, ni de
su paradero
Tía Adela se mostraba suave en extremo. lo que no ec:taba
de acuerdo con su temnetamento: esquivaba rel'ponder a las 1n·e.
guntas Y con reiteración extraña se dirigía a Benjamín transmi-
tiéndole nuestras interrogante~. Pronto se hizo patente que algo
grave traía oculto; su disimulo se hacía torpe .r lm do: Cenjamfn
interYino con lenguaje no claro. pero más translúcido. C0m¡wen-
dí que él era el mejor dispuesto a dar la noticia a transmitirnos
la cua 1 habían venido.
-¿Qué sabes tú de mi papá? -interrogué con firmeza-
porque ... tú sabes algo, de Jo contrarjo no habrían Yenido ...
Benjamín se leYantó del banco en el aue descangaba, hundió
sus manos en los bolsillos del pantalón, se suspendió estos y re-
plicó:
- ~Ah mozo ... mozo ... hay que ser '"'aliente y hay que ~a~
ber ser hombt·e! La desgracia agacha a los bueyes. no a los hom-
bres; lo que está escrito no haY quien lo pare: no tiene remedio
y na<ia se gana con gritos ni llantos.
Y se rió con una risa helada, quedándose inmóyil. como
aguardando algo, como dispuesto a decir más.
l\Ii madre estaba amarilla y tenía las manos fuertemente
entrelazadas.
-¿Qué sabes de mi padre ... ? -le grité avanzando hacia
Benjan1ín.
.....-Tienes que ser valiente -reiteró tomándome de los brazos
y llevándome con él a uno de los rincones- tu padre está muy
enfermo; han escrito que se encuentra mal, parece que muy mal.
Mi madre estalló; suplicaba llorando que le dijet·an toda la
verdad ,· acariciaba a tía Adela, a quien nunca quiso bien,'
rogán-
dole que hablara con franqueza. ¡Este luto .. . ! - genna- i estos
trajes negros ... ! ¡Es que se ha muerto . . . está claro . . . está
claro .. . !
Benjamín volvió con sus recomendaciones sobre el valor,
mientras tía Adela lloraba junto con mi madre; habl6 de las vir-

-39-
tude~ heroicas de la fam~lia y ~e lo que nos habría aconsejado
. ... p · , ... d¡·e si c~tt<Ytese alh .
nu p1-.El
0 10 1 ·~
que tiene nlh~O . d <: ·. . · l , . r ei·es t u· .1 :-mere

pe• a Ben.
jamín~. Si has venido a decn·¿. e:: .Jgo, pue d1lo, ¿por qué tie-
nes tanto miedo? . , d ·b·
.-Bueno -exclamó BenJarnm- cuan o _es_c11 1eron e taba
mur enfermo. estaba grave; tan gnn e que qmza ha ta la fecha
hava muerto. ., d . .
~ ·n aullido animal ~aho e m1: .r ·: 11erm:::no menor se a "u-tó
Y se PU"O a grita!. ~entí un dolor :rs eo tern ble y me caí de ca.
beza.-Padre . . . pallre ... ya t e ,tlas mue1·to.
Tía Adela me es~aba amp~rando en s~ r ega.zo .: oía. el ruido
de las na labras. pero no entend.ta lo que dec1an ; (hstmgma el llan.
to de 111¡ madre y la \'OZ de mt hermano menor que hablaba con
Benjamín. Tenía la cabeza empapada en agua de colonia; tía
Adela me dió de beber. , . . .. . ,
Dejé de l1orar y senti u~a crec:ente msen~1~1hdad !"tsica ,.
espiritual: palpé con todos mzs nernos t· na. e~p_ecte de, aneste~ia
total pero con domini,o absolut? de la conc1enc a Tem~. una in.
contenihle gana de re1r y, al m1smo tiempo, una sen~ac10n abso-
luta de soledad y de orgullo agrest,·o dL esa ~oledad . Luego como
un acto reflejo me hizo articular;
- ¡Pobre padre ... te han matado .. . te han matado ... ~
Tía Adela ahogó un grito y exclamó:
- ¿Qué ... qué has dicho ... ? ¿Quién te lo dijo . . . ?
- ¿Quién me dijo qué ... ? - pregunté.
- Que lo han matado: que han matado a tu padre.
, . . nadi e me 1o d'IJ.o : 1o sen t.1. . . 1.
- ¡ ~•o se.
y sollozando con amargura, tía Adela refirió que lo habían
matado en la frontera: estaba muerto. E hizo la narración larga.
tétrica. hinchada de truculencia, de cómo habían acaecido los he-
cho~.
\"oh·í a sentir un dolor lacinante: lo recordaba con sus gran.
des botas, con su chaqueta de cuero. con la cruz de metal nen.
diendo del cabestrillo que le colgué del cuello: le Yeía inclinado
sobre mí, diciéndome: ''Tú ,·elarás por tu madre y por tus her-
manitos". Y le veía dir igiendo la manifestación pierolista. o ar-
mando un mecanismo complicado, o caminando delante de los
ojo~ verde-esmeralda de la mula, con la chaqueta que exhalaba
el olor a piel curtida ...
Lo' cuatro niños. vestidos de negro. acurrucados en torno
a la falda negra de mi madre. quedábamos allí, quieto~. azozobra.
dosJ como esperando que se descargasen sobre nosotro~ todos los
golpes del Destino.
Las ~entes del pueblo, el señor cura. las madres de las alum-
nas, el COJO Osear, los dos molineros y la propietaria del local de

-10-
la e ue a
de un o
ron llora
tenía 1 o
gus a . • de rru o oq
nos al muer to. q e m .........._.
tenía la cruz 1 n en
- Tú será un om r 1
En rru \ da, 1 as ll e n el n ' e
tecCJón mate rna Era tan de 1 tan peq
pasillo tan menu o caree a tan e em:en ..~ •...o c.:mcK:u
cola1 e:s -a pesa r e f1 n osa tu
de tal mane ra ften ,e al dolor y tenía
desde el comH~nzo, me con ... de é un r r
mad~e. ... le umer gia en un goce m teno r m
que ~e apoy aba cada ,·ez rná en mí La
cba de retaz os, e1 a una \ 1da m 1 Ión
no ; ella la con ideraba como un trans 1to ue la \ erdad era mia
estab a más allá de la muer te, en e1 eno de D
Emp ecé sintie ndo una inme n a dista ncia enh e mi~ herma-
no- y yo .. 1i~aba como a h-a\ és de un macizo trozo de tiemp o u~
juego s, sus dicho_ su mane ra de ver la_ cosa~.
Y c.omencé a enca1~r la \ida como un enemigo: apren diend o
a comp rende r mur temp rano, enseñ ado por á~pern y raspa nte
pedag ogía. que todo estab a en contl-a mia, nada en fa\'or . _·o se
trata ba Ut' di fruta r ni de pasa r: ~e trata ba de )uc mr. afron tan-
do todas las conti ngen cias de b 1ucl a. Y, sir: ~\~t: mis diez años
se diese n cuen ta de ello. sin que lo pres:r.ti~e ~!""iuiern, sobre mi
vida t rona ba lo esencial de Darw in y lo \ 1tal de Xietszche.

-il-
¿QI;E SE HAN HECHO TUS PROFETAS?

f()
.,.
0ÑA :i\IERCEDITAS, la suegra del propietario de la cas·l
qu: oc~paba la .t;scuela, ~ra conlo la abuela del poblach¿
cu~ a v1.da Y. pas1.0n c~noc1a con sorprendente minuciosidad
J con s~gaz_ astuc1a campesma.
. Fu~ dona ~ferceditas quien persuadió a mi madre de la con
\ emencut de dedicarse a la cría de animales
. -C1·íe sus gallinas, mi señora, y Vues~ Merced tendrá hue-
' 1tos Y carne de an~, pa~·a cuando .haga falta. Y no le costará gran
osa p~n·qt:e los annnahtos de D1os saben rebuscarse la comida
con ma v1veza que el mesmo cristiano. Y críe también sus ove-
.i a · le darán lana.
-Pero ¿dónde YOY a tener las ovejas? .-objetaba mi madre.
-¡\aya . .. Yaya! que todo se le hace un entripado a Vuesb'a
.1 ~rced -replicaba burlona la vieja...- compre las borregas_y un
n 1rueco • encárguelos a cualquiera de las familias de sus mu-
ac a de la e~cuela. Las pastenrán y cuando haya c:01·deros
1ues irán mitad y mitad.
El triunfo rlersuasor de doña Merceditas pobló el patio de
ina \ . don Venancio, e1 padre rle Lúzmi1a, se encarg·ó de las
o e < • menosp1·eciando la idea c~e aclquirir un carnero; en re-
mpen 1mes como L uzmila salía de su morada al alba, desd~
alm~rzaba en la escuela y sólo regresaba con el crepús~ulo.
Una mafia na, }a chica llegó más temprano que de habitua-
.
_ alí de mi choza toda\ ía con el lucero -refiri9 ~cezando
, o e unvortancia pel'iodístjca. a causa de la notlci.a ....... por.
ú •t¡ 0 me manda a dar el recado de que las _oveJaS de la
e tora ·e la lleYaron a la casa de hac:1enda. Es el
.- xclamó teatralmcntiC la Jn\.1( h~cha, Yer?eneando .l?s
< do vuelta
1 retorsiva a su trenza bern~eJ~-:- tambten
,; ado la!:) ovejas de nuestra majada - anacllo--:. Y don
· . tito, 1ne mand6 a dar r~ca.(!o. Y la m_uchach1~a ren<~·
ritmo de su a1iellt07 smtlPndose ~ehz de ser el pm -
1 <e aquel dl :una aldeano de oveJas Y rodeo de ga-

-42 -
Se ~onsultó e~ caso con_ la señora Merce ditas y ella senLenc1ó:
-. o hay mas reJ?ed10 que el mucha cho suyo, mi senora ,
v~ya a la Casa de Hac1en<la; que vaya donde las patron as y les
¡)}(la que le devue lvan SU::» o\ e)as ... ya está bastan te maltó n pa-
ra estos ~1enesteres ... ¡qué caray .. . ! 1 • ,.o faltab a más. . !
A m1 madre no le as_.rradaba que me llamas en el mucha cho,
pero en aquell os mome ntos, lo más impo1 iante no era yo sino
la~ ovejas . Se sabía hien lo que signif icaba el •'rodeo". c:Tando
el hacen dado lo orden aba, sus mayota1e. y sus peone s arreab an
todos los anima les que se hallab an sobt·e la superf icie de la pro-
piedad feudal , y los condu cían a los corral es de la hacien da. AlH
se inve~tigaba cuáles eran los que no se haHaban in~crito~ y los
que. por ende, no pagab an derech o de pasto, con la consec uente
presta ción gratu ita cie trabaj o person al. Todos estos eran decla-
rados "most renco s'' y, por consig uiente , de propie dad del hacen -
dado. Es1 a era la costum bre; así estaba establecido desde la. épo-
ca de las Encom iendas de la Coron a de Españ a y contra tal há-
hit o no había ley. ni fallo judici al, ni princi pio jurídic o que va-
lie~·~
Nos pusim os en march a, sin·ie ndo de guía da peque ña Luz-
mila que camh1aba con una velocidad sorpre!lr1e: ·e para su ta-
maño. En un punto del camino, recogi ó guijan •J:-. ~: me acons ejó
hacer lo mismo .
-Vam os a pasar por la puerta de aqueHa choza - \' lo de-
cía señala ndo la que se hallab a más arriba . al borde ,na~J •lel ca-
mino -. Swmp re salen los perros a ladrar y a quere r mc·rder al
que pasa, añadió .
. ..o tenía vo un miedo concre to a la muert e, pero los perros
me infund ían ·miedo raquíd eo. Recog í tantas piedra~ como pude
v nos acerca mos a la choza. Xo salió ningú n perro y la morad a
i)arccía desier ta. 1Ias, de pronto ~e escuc haron los gritos ele un
niño de pecho .
-E~. pobrec ito, el Vinch ito -dijo Luzm ila- cuand o se Yan
a traba Jar lo rlejan en la batea ; no Yaya a ser que se haya caído.
Y lrasÚu so rauda el sende ro que condu cía a la cl10za: empuj ó
la puerta de mague~ e partidos ' se hundió en la o~ curida d de
aquel hueco. l\Ie quedé espera ndo y ompro bando que en aquel
lu~al· no había una sola piedra : era p01 esto que Luzm ila
me in-
vitó a recog-erlas más abajo.
Sahó la mucha cha enJug ándos e las mano · en la basqu iña y
hacien do mohin es de repug nancia .
- Estab a todo sucio -1·ati ficó, r eempr endien do la camin a.
ta- lo cambi é y se ha queda do callad ito: ~e Ya a dormi r.
- ¿Y los dueños no dir án nada por que en t raste sin per miso?
- i, P ermis o? - pr egunt ó burlon a - P ermis o ~e pide en la
escue la.

-
ro tomaba color ro· izo !''J
.La cue sta se empinaba Y el cerfica s Cl'a de ~~ ~o·~
c~~1no se ensn~chab~, conw san gui do, lepue
tllllat~~e, cu~l SI los Piesgc~e unt ase n de barnlz.
los camina nte s
san gre que se le
a ~o ma e1 a c~mo un igantesco coágulo de
}~~~~~~·a end urc culo allí aesta
la tier ra. Un rat o más fard e. nos · sen-
l?a .absorto ani c el sobrccogedo,, ¡_
I . · a des can sar . Yo vo. Algo incomprensible
enc1o Y captado_ por un sen tnm ent o nue y fría el alm a SP
pen etr aba en m1: en aquella cumlwe diúfana h1s an(rus tias pe-
ton~aba cla ra y ~lura; era como siSese alz apagar nn
aba come> una' vas1 a an-
quen.as ~r los cuidados menores. de lo trascendente y de
gus tia, como una percepción melnncólicacho
lo e~e1:no. Est o Io apr end í s~l~menteen mu más tarde, al evoca 1
los vagones y en los har-
el ancJ o recuerdo, en las pnsJOn es,
cas que me arr ast rab an al des tier ro.
Seg uim os caminando cue sta a1Tiha yían súb itam ent e nos a~•n
dos inmensos hor.-
n1amos a la cre sta : a am bos lados selaabr luz est aba quieta como
zontes. El espectáculo era glorioso: ra en vettlC'al: era
en un reposo imp ert urb able y caí a sob re la tier digno del cuen-
era
una luz Jin1pia, sin ma nch a alg-una. El Rilencio
rra s leja nas toma-
to de la Bella Du rm ien te del Bosque. Las tie eramos nosotr os.
ban colore s alu cin ant es y lo único que se movía
ele la tie rra . Allí 110
Me dí cue nta de que hab ía cambiado el olor o la loma cuando
olía como en el campo en la ma dru gad a, ni com enzaba a empe-
com
se alz aba el sol, ni como la cum bre cuando
po fresco y puro.
que ñeceTse nue str a somb1·a. Era un olo r a tiem allí fué donde sentí
Quizás, no est oy seg uro , per o me par ece que
un honrlo y vasto
en las ven as y en los huesos, que en viv ir hay
sen tid o de gra nde za. el portillo que se
Co rrim os cue sta aba jo, sin par ar has ta don Venancio.
abr ía en la pir ca que circ und aba la choza de
-L leg a, llega no má s, mu chacho :...clam ó don Vc nan cio -.
cha cha s ... ?
¿Cómo est á la me sh· a; cómo que dar on las mu n, gra cia s -le
- Es tá bue na, don Venancio, todos est án bie
dije. ión miserable de lA
La cho za de don Venancio era la exp resde paj a se escurría
má s asc étic a fru gal ida d; a tra vés del tec hoard ía en el fogón. Los
pom pos am ent e la hum are da de la leñ a que vés de las cuales sa-
mu ros de cañ as y bar ro ten ían gri eta s, a tra int eri or tan to la luz
lia aho ra el humo, y que dejaba~ pas ara alel agu ace ro, cuando la
como el vie nto el sol, el frlo y s1n dud hizo tra er al corredor
lluv ia ver ber aba oblicua. Don Ve nan cio te lleno de papas co-
que se cob ijab a baj o el teja roz , un gra n ma a fre sca y maíz tos-
cid as con su hollejo, ají mu y pic ant e, cua jad
tad o Co nve rsá bam os mie ntr as comíam os.
la escuela? -
·-;,Y por qué no ma nda a sus otr os hijo s a
pre gun té.
- l ~ la escuela ?. . . - preguntó, resoplando a causa del
u1·cute PJC~r del_r ocoto, especie de pimiento catno o y picante,
que habfa mgcr1do- . P ero, m'hlJO, si todo van pa J'e uela
¿qu én me \a a 1 acer aquí los mandado .., La e to • mandando a
Ja Luzmila }JOrque le ha Lomado mue} o c.anno a la m t a Pero,
o:s oh o 6J>Ues pa qué m lJO, pa qué? Al i hcn a n j R sau-
l a , fué a la e cuela, abe la uenta apnmdtó a ere r. Pero,
dnne muchacl o, ¡, pa qué sirve too e o IJ Podría ervi no ( ue
muchachos supieran leer, escrebn la cuenta, i lo pat ones
dwsen f e ele esas cuentas st \ endu!ramo:s 1 lana e nuP tra
ho12 egas o el tr1go de 11Uf1Sb·as cosed a . Pero, no . no ~ así
Todo tie11e que er entregado a Jos patrones v on ellos que l ~cen
s u.;; cuentas; ~ las cue11bts tuya. o la~ de mJ Rosaura o la que tu
mad1e le enseña a rm Luzmi1a no ~aJen pa llada. J 1jo, 1 a nada,
f1 ente a las cuentas de ello<:. Lntonces ¿pa qu ~diablos vale sabet
J m ~ esc1 ebn en e te mundo? ólo que ea ¡ a 1 acele las cuentas
en l.1 ob a 'ida a Tata D10s !
Y don Venanc10 se c:antlguó lanzando m a carcajada que
mol'\tró u boca roja v· su blanca dentadura intacta y rnactza, en-
tre ,'l} matm ral de su barba renegnda.
Cuando t erminamos de comer nos pusimos en marcha rum
bn a la Ca~a de Hacienda; el descenso era suave por la senda y
.se hizo má" suave aun en el camino, a cuyo~ lados Ja lluvia había
abierto un badéu.
- l. Y s i se vive t an mal con esto.;; patrones - muerl"O!rué-
por qu é no se vá la gente a otr a parte ... ?
- i . el'Íamo~ lo mesmo que gitanos -rió don Yenancio- y
con e o nada cambiaría. P orque d im e m~hijo ¿pa ónde a de dir el
pobre que no se lleve su pobreza y u pena como la ~ombra? Al-
s,runos se van p'al valle a onde pagan un jor nal. Pe1· ~~ ... ,)es cuan-
do tmo es solo. sin muje1· y sin crios. De pués. no ~e.c:: guc:ta a e -
t os pah·ones.
- ;. Por qué no les guc;.ta?
-Porque dicen qu(:; los muchacho· regresan del v&1le muy
alzaos; qu e no r ezan más el uBendito'~ ~mo q ue ó]o dan los güe-
nos días y que quier en que le paguen jornal nnr el h·al 'aJo, co-
mo en la ' costa. Y es claro m 'hijo; a ellos no les gusta pagar; lo
tienen todo de balde.
Tropezamog con un hato_de vaca y don Ye~1ancio me habló
de la vi11:ud que la leche tema de curar de las nruelas a los en-
fermos que se bañaban en ella.
-;.y después qué hacen con _e~a leche? :-preg;unté.
-¿Qué han de hacer? -rephco-. La llevan p al pueblo r
la venden pa que la tomen los que no saben nada.
Me inYadió una sacudida de asco. mientras él hablaba de
las curacione. hechas mediante brujería. Por último me narró
la conversaciones que los cerros tenian de noche, en la luna
ta; poco ant es del me-
ver de. La cha rla hizo má s lig era la cam ina cie nda .
dio día est ába mo s divisando la cas a de Ha ían com er má s
En orm es ma stin es enc ade nad os .-q ue deb
, con s us mu jer es y sus
car ne que todos los cam pes ino s de Són dor
eta s tec had as de zinc.
hij os jun tos - gru ñía n a la ver a de sus cas
como una pla za ant e
Un a Yasta exp lan ada rús tica se ext end ía
]a pue rta de ent rad a, anc ha y alt a
como la de una cat edr al. Abi-
ncie como el que se ha-
gal'l'ado con jun to de campesinos, tan gra
San Lo renzo, lle11aba
bía reu nid o el día de la fie sta del Pat rón
la exp lan ada . To(lo~ est a han allí a cauc::a
de ~us ani ma les ; hab ían
a ver si pod ían lih rar
cam ina do par te de la noche~· todo el día par ' ·, lo que signif cc:l-
a sus gan ado s de la sen ten cia ele "m ostde rem ·os
la hac ien da. como pro -
ba que pas arí: m sin apelación a pode1·
pie dad del c::<'ñOL n. imprec;;1ban . .Jun -
Las gen tes gim ote aba n, com ent aba n, reía
to con los mestizos hab ía gra n aco núm ero de indíg·enas • los dis-
tin guí a su ind um ent aria , la piel bra da. la cab eza cet áce a. la
res ign aci ón hie ráti ca :v la act itu d impc.u; il>le. Po r momPntoR, pa-
rec ían tallados en hagaJto, en gra nitudó o de los An des .
Don Yenancio se abr ió paso. sal a ~us conocidos y lleg a
mo a Ja pue rta de la Gasa de Ha cieest nda . En cua nto est uve ant e
el gra n por tón me azozobré como si uvi ese ent ran do en la Ca-
o si allí hub ies e de ~er
sa del Jui cio : arr ast rab a mis pas os comeja nte a la que sop ort e
juz gad o: me golpeó una gensación sem con pas apo rt0 s fal~os.
dtíos má s tar de, al atr a\'e sar la~ fro nte ras s a unn meRa en Clth.
Tra spu sim os el por tón y nos ace rca mo que ~e ocu pab an dC'
da.
de se hal lab an lo, empleados de la hac ien me sa. sen tí que la ma -
los a unto. del rodeo. Al ace rca rno s a lael cuello, tem bln ba sob re
no de don \~enancio, que me ten ía asi do
mi nuca. Aquel hom bró n ten ía miedo. de Ma tar a -el ijo despuéR
-E ste es el hijo de la pre cep tor a
s y em ple ado s- y Yie-
de sal uda r hum ilde me nte a los ma yor ale uir .
ne ... y se le cor tó la voz ... no pud o segleza un hom bre alto , de
-¿Q ué qui ere n? -pr egu ntó con ruc ele hilo. pol ain as zm· ·
gra nde s big ote s neg ros , con poncho blatanco de cue ro tre nza do que
posas, espuelas ron cad ora s y una fus uno de los que dis cut ía
agi tab a con sta nte me nte en la ma no. cepEra
en el pueblo con don Antonio, el pre tor .
1·espondí con cla ri·
Ga rra spé e y haciendo de trip as co1·azón
dad : .
-V eng o a llev arm e las ove jas de mi ma má si te ent reg an. -
-¿A llev árte las , no ... ? Pue s, eso será.ndo me .
cié
Y eJ hom bre de los big ote s son rió , rec ono -re pli qu é ani má ndo -
-C lar o que tien en que ent reg arl as
me -. Son de mi ma dre y no de la hac ien-se da. ¡A est o he ven ido ... !
-¡T an chi qui to y tan alzao ... ! nte nci ó.
Y los e~npleados del hacendado me mh·aban como tasándo-
me, como mnaban seguramente Jas ovejas lanudas calculando la
lana que llevaban. l\Ie pidieron mi nombre y pregunta1 on si yo
era algo del CoroneL
G~ando _lo supieron,_ el hombre alto del poncho blanco y la
fusta mgreso en el zaguan y se perdió en el palio. Los demás, se
agruparon e~ torno a la mesa y abdcron con\ e1 sación.
_:-i. Es cierto que enseñas en la escuela ... y qué es lo que
ensenas •t
-Enseño a leer y a escribir, quiéne. fueron los Incas cuán.
do, lleg·aron los españoles y lo que trajeron, lo que hiciero~; ade-
mas cuentas y numeros, y Geografía . . .
-;--¿ ~ _la Doctrina Cristiana. . . está claro ... ? - preguntó
el mas vieJO.
-Sí, claro, la Doctrina, el Catecismo.
. -Sabe bastante el muchacho -terció don Venancio muy
ammado ya- sabe pa su tamaño; es muchacho, pero ~a he como
gente grande.
Los )10mbres neron. en tanto que el de la fusta y el poncho
blanco reapareció por el zaguán y dijo:
-¡Pasa, el patrón dice que den tres a hablar con él. .. !
Don Venancio vaciló. pero le cogí rlel poncho y les dije a to-
cios con imperativa alegría:
-El ha venido conmigo ... hemos Yenido juntos. Tiene us-
ted que pasar . . .
Ingresarnos a un patio, anchuroso como una plaza. pa,·imen-
tado con guijarros menudos. Sobre los amplios corredores enla-
ch·illados se extendían los aleros de la techumbre, descansando
sobre pilastras de madera. Hacia los corredores se abrían las
puertas que daban acceso a las habitaciones. En una de las más
inmediatas fuimos introducidos, por el mayoral.
Ante una espaciosa mesa -llena de frascos que contenían
trigo, frijoles. cebada, maíz- estaba un hombre maduro, con bi-
gote 1·ubio recortado, pantalón de montar y casaca de cuero. Ful-
minantemente asocié el recuerdo de la chaqueta rle cuero que
llevaba mi padre al partir a la selva. La habitación olía fuerte-
mente a almacén de chino. a tienda de comestibles o al depósito
del molino. Saludamos quitándonos los sombreros; don Venancio
le dijo Patrón, yo le dije señor Cacho. :\le inYitó a sentarme y me
hizo preguntas sobre mi padre. sobre el Coronel, sobre la escue-
la y sobre el motivo rle mi visita. Se echó atrás en su sillón. re-
costánclose sobre los sacos llenos de granos que estaban adosa-
dos al muro. Y me pidió que le narrara cómo había muerto mi
pache.
En medio de la narración ingresó una dama blanca, tocada
con un mantón que usaba como rebozo y vestida con un vistoso
f ld lario negro, cuya cola se arrasü·aba sobre la ~st.cra ama.
rllle~ta. No respondió casi a nuestros saludos y se mteresó por
la narración, orde~~ndo .:
.-Continúa luJO; s1gue hablando. . .
Cuando te1?miné, los dos. hablaron de m1 y de nn familia.
Volví a insistir sobre las oveJ~S. . ,
.-}fenos prisa, menos pr1sa -festlno la dama, seca pero
cordial.-. Todo se les ya a arreglar, pero vez; antes, ~ue a .Juana
Honoria le han contado ~mchas cosas de b. ¿Es r1erio que te
sabes la Biblia de memona. · · ? . ,
Me tomó la mano y me conduJO a n·aves ~el corredor, hasta
otra habitación. donde ardía un brasero; alh la temperia era
bien abrigada. Sobre un alfombra, senta~la com~ Ruda y recoda-
da sobre un falclistorio, estaba una muJ~~- anc1a!l~· ~1uy blanca
v de som·isa simpática. Tras la presentac10n, la v1e)ec1lla se mos-
tró afectuosa y contenta ; hizo llover. pregunt3;s sobre mí y ordenó
que lleYaran a don Venancio a la co~1na Y le dwsen de co_:ncr algo .
.-Me dicen que sabes las Parab~las: .. tan pequeno, pobre-
dUo, yamos a ver, recita una para m1. Tiene:-: que hacerlo.
De pié ante la anc~~ma, con la Y_oz enh:ecortada, repe~í laPa-
rábola del "Rico Avanento". Me hIZO recltarle el Sermon de la
Montaña y el Diálogo de Jesús y la SamaTitana. Me dí cuenta de
que la viejecita tenía los oj.os con g1:andes. lágrimas. 1\~e 0ió a
comer cuajada fresca con m1el de abeJa e h1zo que me sn·v1eran
café con leche y tortas ázimas calientes.
'Me despidió besándome y me obligó a recitarle el Soneto
de Santa Teresa de Jesús. Ordenó que se 1ne enh·egasen las ove-
jas ~- que me regalasen una cabrita.
Salí apenado y alegre; cuando retorné al zaguán la solicitud
de los empleados eTa extrema: Don Venancio tenía una sonrisa
de suficiencia que ya se la había \'Ísto en el camino. Fuímos a
los corrales en busca de las oYejas.
El. olor a establo subía hacia las copas de los eucaliptus con
su~ ho)as larg~~ Y agudas y l?rillantes como alfanjes. Miles de
ammales se apmaban en cardumenes forzados. muy j nnios, co-
mo en una lata (le conserYas. El mayoral dió orden a los peones
de que ~e no.s entregasen todos los anímate~. sin cobrar nad~.
. . La~·go tiempo ernpleamo~ en buscar y reunir el piño de don
Yenan~10 Y el. de mi madr(l. Todas las ovejas habían sido proli-
Jamenh• ,ec;qmJa,~a~: ~ f'lnían rl 11llllcjo, sin unn mo1 a ele lana. has-
ta paror1a que tintaban de frío a consecuencia de la bien ejecu-
tada decah·a('lÓn.
-Y ayer no más ..-puntualizó don Venancio ruando salía-
mos de los conales de la hacienda.- estaban lanudas; hasta el
barro lo andal!an 1 ~cogiendo en las puntas: te juro que tenían
iana para varws colchones. Y aura, mírales, no más cómo las
han rapado; están chamorras como rac;tro)o. Así es -añadió a
sovoz-. co~o los paí~ones juntan ciento~ de qu n ales de la-
1

na ... s1n cnar las oveJas que Ja dan y sin pagar nada. . y soal~
zando _la. voz apuntó con sorna: velay la cabra que te dan como
l'esarc1m1enío, pa que la maestra no diga nada por su ]ana ...
Nos acercarnos de nuevo al portón, nos despedimos amable.
menle de todos y caffilnamos, a paso apresurado, hacia la choza
de don Vena.
-¿Y siempre hacen esto ... ? -p1·egunté indignado, cuando
nos encontramos solos.
-Todos los años hay rodeo y todos los años pasa igual, elu-
cidó con afectado desdén.
- ¿Y por qué dejan ustedes que se lleven así los animales?
- ¡Qué gracioso -ironizó, ordenando la recua-. ¿Y qué
quieres hacerle? La tierra es de e1los, de ellos es el pasto y todo
lo que está encima. De ellos somos los hombres y no han de ser
las borregas. 1 Los hiJOS del diablo ..-juró..- me deiaron sin lana
para todo el año! .Menos mal que no se hayan almorzado ninguna
de las ovejas .
.1\fe disgustaba su socarronería taimada; palpaba que esi.e
hombre había perdido la capacidad de indignar~e y que er. su
espíritu estaba abolida toda insurgencia, toda idea de protes~.a
o de cólera.
-Y ustedes -increpé-- ¿ p01 qué no se quejan a Jas auto-
ridades?
Don Venanc10 ordenó mejor la marcha del pilio y rió sar-
cástico :
--¿Ir ande las autoridades? ... ¡Cállate mejor no piense ,-o
que estás toeao de la cabeza! ~le \"OY a quejar. siguiendo tu con-
seJo y capaz que p1erdo no solo la lana sino también las oYejas:
y, entoavía quién sabe si a lo peor, pues me ouedo enredao, tal
vez acusado de ab1geo o de haber matado alg-ún ciistiano. Las
aut01·idades, muchacho, no ~e han hecho ni nada ')Hrn e~ bien
nuestro:
,
se han hecho para el bien de los hacendados. nada
mas . .1
-Pero entonces -le grité- ¡,no hay Justicia . ?
-¿,Justicia? -interrog-ó exclamath·o-. ·Justicia .. ! ¡No
mucha<.ho, cállate' Lo único que los pobrec:; queremos, después
de nue~tra mama. es no andar metidos en justicias; te enredan
siempre cnn,o hilo deso\ illado en numos de gat{' :ierno ,. al fin.
pues estamos endeudados hasta la~ orejas con lo::; abogados ,. los
rábulas y, a lo mejor, en la cárcel. Los Jueces ~- bs autoridades
serán mur buenos caballeros, ,.o no digo nada, pa qué. . pero,
no hay peo1· cosa en el mtmdo que la justicta. . y, más peor to-
da da. . . pues andar en j ustic1as. ¡Ya seras mayor ... ya apren-
derás! ¿~o 'es que estas no son cosas eJe la escuela ... ? -con-
cluía vanidoso y· farandulero.

-49-
puc ls-
Mi conc ienc ia osci laba como un pénd ulo enlr e el esce
idad del cre-
mo som brío del cam pesi no y la fant ásti ca lum inosúscu lo, mlcen-
púsculo. No supé que resp ond er. Me abso rtó el crep
dido, en agon ía. esttt ha-
-An da -req uiri ó don Ven a- anda . que la luz se
ciendo tinta . Nos va a aga rrar la tinie bla. al incen-
La tier ra. en efec to emp ezab a a enn egre cers e : pesee pero ne. ..
dio del cielo. la luz pare cia con vert irse en hum o tenu
trab a como
gro. La cord iller a perd ía todo s sus colores y se mos enca y violá-
la líne a firm e de un cuad ro esta díst ico sob re la azul dda , me dí
cea clar idad del cielo. Sólo muc ho má~ tard e, en la caminánclo-
cue nta de que el alm a de los And es sólo es capt able 1·er1ct rara en
los a pie. Es como si el alm a de las pétr eas mole~ . . and ar .. .
la conciencia del hom bre por los pies . . . ¡and ar.
and ar ... ! inas me
El pon cho de don Venancio, a una de cuy as esqu
agil itan do mi
acon sejó asir me. me sir\' ió de guía y de trac ción , Jos zanca.ios.
mar cha y acal land o el redo lor que me aten acea ha aba - el es-
-La mes tra debe mir ar con sus Yist as -re iter a a pen sar
trop icio que le han hech o a sus borr ega s. . . ; no Yay
algo ... ! la merli~­
Cuando ingr esam os al pati o de- la escu ela era quiz1 á ar0 h t :!l
noche, a juzg ar por los cant os de los gallo~. En 1·, su pleg aria un
sn .1.
ciJ·in voth ·o mie ntra s mi mad re de hino jos alza ba en la coc:ina.
poco asus tada . Don Yen anci o se acu rruc ó a dorm ir
a\'e ntur a del
desp ués de haber comido. Yo narr é mi emocionat1te mo(faJidades
día, indi gnad o por )a esqu ila de las 0\'ej a$ y por la!'raha jv han !'in
que asum ía el rodeo con tra los cam pesi nos que 1
reci bir sala do.
Mi mad re insi tió en que tale s asun tos no eran que rle mi ineum-
cad a uno
benc ia, que no tení a porq ué meterm~ en el1o!' y utarl del Se-
mer ecía la suer te que llev aba porq ue :-t~í e1·a la ,-olu 1rem cnd a
ñor. Dict ó una sapi ente conferenci~ ·sobre aqtw lla cos:1 ica.
que es el Libr e Alb edrí o en los libr os de la Pat ríst tení a muc ha
Sin oontradecit·la. YO pen saba en que mi pad re
a nece sida d
may or cant idad y cali dad de razó n: todo aque llo tení
de un cambio.
emp ren-
¿En qué con sisti ría ese cam bio? . . . ¿Qu ién ¡,od ríata dón de?
derl~ ... ? ¿Có mo se harí a y has ta cuán do . .. ? ;.
Y has
irm e clor-
Y mu· aba en torn o de mis pen sam ient os. ante s de rend que no sabí a
~ido, con mi redo lor en Jos zanc ajos , busc and o algo s, figu ras
b1en lo que era. Y me dab an vue ltas en la cabe za, ider~
y pala bras del Ant iguo Tes tam ento .
para ca-
. Desde aqueJia sali~a, adq uirí un espe cie de derecho las inte rro-
mm ar, solo ya, Jos cam mos del mun do. Al reco rrer los, mis vigi lias
gan tes que me planteó ese rodeo mar tilla ron sob reatri ~tado que
Y lleg aron a barr enam 1e el sueñ o. Y ('OmJH'olmnd
o

-50 -
todo eso sucedía en Ia tierra. entre los hombres, hijos de Dios, se
me encepaba muy, pero muy adentro, la pregunta que clamaba
con tensa ~,r angustiada inquietud:
¿Dónde está el Señor ... ? ¿Qué se han hecho sus Profetas?
Y silbaba "ya1·avíes" y "huainitos" para espantar aquel1as
preguntas que bien podían ~er un pecado

-51-
LA REVOLUCION DEL ESPIRITU

CURRIO EL milagro por el que mi mad:re clamaba mañana


f( ) y ta1·de en su oración: su hermano mayor, rect01· del Co-
legio Nacional, le ofreció un sitio para mí en su casa y la
posibilidad de que cursase estudios secundarios.
Ella preparó el viaje con gran labor de costura. Una noche
lluviosa quedaron alistadas las a lforjas y a la siguiente maña
na, muy al alba, como mi padre un día, me despedí en medio de
lágrimas, saliendo caballero en esmirdado caballejo, rumbo a la
ciudad, con destino al colegio.
Partí temeroso de lo desconocido pero contento de afrontar-
lo. Los ríos estaban crecidos, las cuestas resbaladizas y los lla-
nos fangosos. El cerro chato y amarillo como yema de huevo, que
me era familiar, parecía hecho aquel día de cansancio amonio-
nado. La perspectiva en las cañadas se escapaba constante hacia
aniba, como si soportase el tiro de una chimenea cósmica. En
aquel caminar, bajo el cielo gris comencé a sentir que no sólo se
trataba ele vivir sino además de ejercer la vida: ei m·ce1·la con1o
una misión. como un destino, como una manera de realizar al-
go ... ¿,que, ... ?.
A la otra banda del río los árboles parecieron de metal: la
calma se hizo inmóvil, sin ruidos, sin murn,ullo siqui0rn, nna \·ez
que el rumor del río se quedó airás. Aquella calma daba. la sen-
sación de que el tiempo se hubiese inmovilizado. Y el cuerpo ne-
gaba a sentir la categoría de lo vegetal; se prendía de uno como
la necesidad de quedarse quieto, de enceparse en la tjerra húme-
da, .de echar raíces, madurar despacio y extendiendo las raíces
hac1a adentro, pues chupar savia sin que lo sintie~e la tierra.
Atardecía cuando llegué har-ta los muros de piedra del edi-
ficio colonial donde funcionaba el colegio. En la casa del rect0r
se me recibió como si se me espenu;e, pero sin afecto alguno: su-
<'erlió como si siempre hubiese estarlo allí, en la indife1·enria ele lo
cotidiano v en la iolenmcia de lo que es co~d umbre. Los sin·ien-
tes rr1:e hacían pregu_nias y sentía el deseo ele mofa qne había en
sus OJOS y la angusba de lo que \'<mclría. al día siguiente. Mi arri-
bo aconteció como si no hubiese sucedido nada.
-52.-
Fuí instalado en una vasta habitación que denominaban "la
torre". Aislarla por completo del vasto edificio v ubicada en un
extremo tenía una amplia ventana sin batiente;:,· ni cancelas: era
:!lás bien una ancha troncra 1 un alto aLisbadero ~ob.ce Ja campi.
na.
Me informé luego sobre la personalidad y el núme1·o d,. fan-
ta~mas que poseía el colegio. El más desagTadable era el fl'aile
sin cabeza. 1\Iucrio en pecado, quizás en el cuarto de la ton·e, de-
jó olvidada )a cabeza de su alma, J>Ol' la que debía veniJ· en ciertas
noches, cargado ele cade11as. Al comienzo, el llliedo al fraile sin
cabeza, me hacía ~u dar; lnego hasta le llamaba burlón en la os.
curidad.
La vida del colegio se abrió como una encantada c::orpresa;
el estucHo no constituyó carga alguna ni significó pena o contra.
l'icclad. Disciplina, trabajos, profe"ores. y todo aquello que, en un
momento. S<:: me apareció como a)go ác:pero 1 de acceso complica-
do y penoso. se convirtió pronto en UJI juego e piritual c:in mayor
importancia. con un poco de rutina, y oh'o poco de estrechez
mental y de espíritu mezquino. l<~ntre los profesorec:, algunos ad-
quirieron pa1•a mí contornos de r>ersonaje~ y, con su enseñanza,
ejercieron hascendenie e imborrable influencia en mi vida ul-
terior .
El P rofesor de Ca:;;tellano - a quien lo· alumnos Hamába-
mos ''g] Mono'' Mata, por su magrura- era un hombre cenceño,
canijo, con larga narir.1 ancha f rente, ojoc: acerados de mirada
irónica, ironía que era acent uada po1· las arruguiUas que se le
formaba n en las comisuras de los párpados. Tenía un conoci-
miento profundo del idiom a. el que exh jbía con cierta jactancia
y un poco de ostentación . Conocía ,.n ~ta y admirablemente loe:
clásico~. los amaba. Jog gustaba y sahía hacerlo~ conocer.
-No solamente ha,\' que conocer los clásicos -~f'ntencia­
ba- hay que capiarlos :r poseerlos en el espíritu.
Dividía a Jos nlumnos. seg-ún sus conocimientos, en catego.
r ía s diversas. muy bien definirlas y cuidadosamente catalogadas
por él.
....-Yo soy como ~1 Señor en el Juicio Final - chscursaha en
la cla~e- separo a las oYcias de l0c:: cabrito~: las o\·eias a la de-
r echa. lo::; cabritos a la izquierda. rno muy lejos. ¡ Huelen mal !
Y después de esta primenl rliscriminación Yenían la" demá~:
los que Lacía sentar inmediatamente junto a él, a su derecha.
era n las "Excelencias··: no lleg-aban a cinco.
-Son como los cinco justos ele la Rihlia - apu ntaba l'om·ien .
do- por ellos se ~a lva la clase. se just ifica la asignatura y, por
ellos, n o r enuncio a ven ir aqu í a desasn a r a e~t a juventud de mi
patria.
A continuación oe las " Excelencias" se senta ban los Muy
Buenos: les seguían los Buenos. los R egulares, los Aspirantes;

-53-
al lado izquierdo se sentaban los Malos, los Peores, los Pésimos
'r los Adobes.
~ -Los Adobes -sentenciaba. el "Mono" Mata.- son como
la...;; buenas intenciones: sólo sin·en para pavimentar los patios
del infierno ...
Jamás decidió ubicarme a su izquierda; en dos oportunicla-
rles dí saltos hasta las Excelencias, para oscilar después entre
Jos Aspirantes y los l\Iuy Buenos, según la mediocridad o la bon-
dad de los estudios.
El '':.\Iono'' :i.\Iata ejercía autorjdad soberana y total sobre
todo~ nosotros;; ~- esto a causa de que jamás nos infligía castigos
corpm·ales y, sobre todo, como repercusión ele su austero senti-
do de la justicia. Nos desconcertaba. y nos hacía respelarle, la
perspicua penetración con que descubría nuestras socaliiias. la
sutileza con la que desnudaba nuestros trucos y nuestras tram-
pas y la nitidez con que apreciaba la fuerza o la debilidad de
nue~tros conocimienios. Nunca exhibió entre nosotros simpatías
o antipatias y ~iempre se empeñaba y lograba hace1· paladina su
crítica de todo lo que era de mal gusto.
-Xo olYiden -subrayaba.- que es verdad aquello de que
"el estilo es el hombre". Por esto, el estilo reside en la cultura
que el hombre adquiere y, en especial, en el amor que ponga en
acercarse a todo lo que le rodea. El estilo --añadía- no nace,
recuerden que el homb1·e nace sin hablar palabra y sin entender
palabra; el estilo se forja a través de trabajo, de estudio, de lar-
ga paciencia. Xo crean en la inspiración, sino más bien en la
tenacidad, en la perseverancia.
Don .rosé ~1aría Arana, el viejo de ojos azules, de grandes
bigotes rubios y de rica y enrevesada fabla, era un romántico y
un carlyliano. con solemne y dramático sentido de la vida. En el
tempestuoso torbellino de su elocuencia, veíamos ct·uzar, como
sobre un escenario. las grandes pe1·sonalidades de la Historia. Se
exaltaba y nos hacía temblar de emociórt cuando nos p1·esentaba
a Pizarro hambriento y guiñaposo, trazando la raya sobre las
arenas de la Isla del Gallo; nos conducía, a través de los versos
de Homero que recitaba en largos trozos, de memoria, hacia la
cap~ción visiva del mundo griego y nos hacía amar la causa de
la hbertad y repudiar toda forma de opresión y tiranía, cuando
hacía la iiescripción encantada de la conspiración y hacía cru-
7..ar a César el amplio recinto hasta la estatua de Pompe)'O donde
lo abatía el puñal de Bruto; cuando nos mostraba a Alejandro
arrojando el agua que se le traía para behe1· mientras s~1 s sol-
dados padecían sed. Se indignaba y hacía hervir la indignación
en nosotros, haciéndonos llorar con la muerie ele Sócrates. Con
su voz ronca y su oratoria atropellada recitaba trozos bellísimos
de Esquilo, de Eurípides, de Sófocles, de Platón y de Epicuro, y

-54-
parecía poner un acendrado empeño en cultivar en nosotros la
voluptuosidad del heroismo y el amor por la potencia creadora.
Aquel viejo era, incuesiionablemente, muy superior al me-
dio en que vivíamos; era una->de sus víctimas pues la mezquindad
del ambiente lo constreñía y lo argollaba. Y, como si tratase de
vengarse del fracaso que la vida le ímponía, alentaba en los mu-
chachos el amor por horizontes grandes, por obras eternas, por
una vida heroica. Bueno y generoso, se nos aparecía, ante los
ojos asombrados, como un h'ágico cuando exaltaba las luchas y
los sufrimientos de los hombres y de los pueblos, en sus mar chas
penosas y heroicas hacia la conquista de la libertad. El mismo
era un enamorado de la Libertad, un maestro de energía que
nos enseñaba a amarla. Sabía que le apodábamos "Bocón" y reía
apostándonos que bocón era el arcángel que debia tocarnos la
trompeta el día del Juicio Final.
El profesor de Historia era un negro con los párpados abu] ..
tados como dos nueces, bajo los cuales se agitaban vh·aces, un
par de ojos de extraño brillo satánico Había Yiajado por Euro-
pa, Asia y Africa, leía sin descanso y no nos ocultaba que cono-
cía bien que le llamábamos "zambo gallmazo" .
. . . . si el hombre valiese por el color de su pigmento ...-Jremar-
caba dü·igiéndose a uno de los muchachos rubios de la clase ........ el
papá o los tíos ele usted serían los profesores de Historia, y no
yo por cierto. Pe1·o, no hijo mío ... el talento tiene poco que Yer
con el color del pellejo; lVIanco Cápac fué indio y el creador de
un Imperio ... t u papá, no.
-Yo sé bien -añadía en otra 011ortunidad- que ustedes
andan diciendo "zambo gallinazo'' que por aquí. "zambo galli-
nazo que por allá" pero, aprendan desde ahora, amigos míos. que
lo que \'ale en el hombre 110 es el pigmento más o menos claro
de su piel sino su calidad mental. la potencia de su esph·itu. el
vuelo ele su inteligencia.
De todos los profesores. el negro Risco era quien ejercía ml' -
vor influencia sobre el maYOl' número de altmmo~. Lo tomába-
inos como a un orientador. ·Tenía una fabla subyuganie. conYer-
saba con extraño encanto y era un expositor amenisimo. Se de-
leitaba en describir los pecados de los Bor~da y e11 exaltar la fi-
gura )r la obra ele l\·1 artín Lutero: oto1·gabn a la Reforma el ca-
rácter de una re,·oluci6n esmritual inmensa en el desarrollo de
la Humanidad )r colocaba a Lutero. C'ah ino, Zwing-lio, mucho
más cercanos del ideal cristiano que los príncipes ele la Iglesia
Católica. Sus lecciones eran emh1entemente persuasi\'as, tenían
el sorLilegio de la nO\·edad, la tentación de la rebeldía y el pres-
tigio ele la insurgencia. Sus dos grandes am01·es fueron siempre
Martín L utero y los Jacobinos y sus g r a11cles odios, los tiranos
de todas las épocas .

-55-
Las lecciones de Historia del N egro Risco eran completadas
en su orientación por las del profesor de Ciencias N aturaJes, el
docto1· Pérez Velásquez, hermano del Juez, amigo de mi casa pa-
terna. El fué el primero que me conmovió hablando de ula inge-
nuidad del Génesis". La sacudida se tornó más profunda y de
más vastas consecuencias cuando expuso, con verdadero amor di-
dáctico, la Teoría de la Evolución de las Especies de Darwin y
más todavía cuando nos mostró, cual si se deleitase con nuestro
asombro, los descubrimientos y las teorías de Haeckel.
Los 1·ecios cimientos de mi fé religiosa eran insensiblemente
carcomidos. Las exposiciones c1·udamente materialistas del doc-
tor Pérez Velásquez y las lecciones del Negro Risco, arietaron la
fortaleza de mis creencias infantiles. Rebeldes contra el dogma,
laicos y heréticos, h01·adaron la co1·aza dogmática y abrieron las
fisuras por donde debfa penetrar ]a crisis del creyente, por don-
de se deslizó el explosivo que debía hace1· tambalear mi fé, como
roca dinamitada.
Mienb.·as el profesor de Historia era un critico audaz, humo-
rístico y herético, el profesor de Geografía era un soñador que
estaba persuadido sin duda de la verdad de la sentencia shakes-
periana: "La vida está hecha de la misma tela de que se hacen
los sueños". Lo apodábamos "El Loro", a causa de su nariz gan-
chuda, de su voz gruesa y gangosa y del jaquet de amplias alas
que usaba habitualmente.
El Loro Gallardo, no se limitaba a indicarnos sobre el ma-
pa dónde quedaban los países y sus capitales, los ríos y los puer-
tos. Nos hacía ingresar en las ciudades, como en una alfombra
mágica obsequiándonos descripciones que parecían cuentos de
hadas, en los tiempos en que el cinema no era para nosotros sino
una complicada lección de Física. El Loro Gallardo, entrecerran-
do los ojos, nos paseaba a las orillas del Sena y clel Támesis. Des-
cribía con fidelidad, elegancia y verdadero amor, las maravillas
arquitectónicas de la Basílica de San Pedro, de Notre Dame de
la Cated1·al de San Pablo, de la Giralda, de las catedrales' de
. Reims. Chartres, Colonia, Burgos. Nos hacía ascende1· a la Torre
de Eiffel y a la cúpula de los Inválidos, al Acrópolis y a la Torre
de Londres. Llevados por su descripción entusiasmada cruzamos
los j~rdines de~ Vaticano~ Hyde Parl<, las Tullerías y los C'hamps
E1ysees, la Qumta Avemda, Copacabana, la Avenida Mayo y el
Central Park. C~n él ingresamos, 1)0r primera vez en la vida, al
11
Louvre Y al F.:rmltag-e, al Museo de1 Prado y a la National Galle-
ry". Y nos enseñó a mirar y a ver la Victoria de Samotracia, los
cah~llos de Corotl. los Enanos. las Meninas y los Borrachos de
Velazquez, los Cnstos del Greco y las Bru jas de Goya. Aquel
hombre "";OS rleslulT!braba con un mundo lejano, totalmente aje-
no a la v1da Y al n~mo d.e aquel pueblo quieto donde no pasaba
nada.. donde no hab1an smo aque1los templos de piedra que de-
-56-
j~ron tr~ncos los co~quistadores, como si repentinamen te se hu-
btesen v1sto perseguidos por el espectro vindicativo del Inca Ata..-
hualpa.
Aquel profesorado gue cont~~uy6 a mi f~rrnaci6n creo que
estaba poseído por el m1smo esp1ntu que dommaba a mi padre.
Eran descontentos que anhelaban un cambio; era claro que esta-
ban persuadidos de que el país lo necesitaba. Y esta idea estaba
en su ánimo radical, en su altivez espiritual, en la acritud y la
pertinacia de su protesta.
Una tarde, apenas terminadas las clases alguien 1leg6 a la
casa del Rector a avisar que mi abuelo estaba' gra\·emente enfer-
mo y que solicitaba verme. Sólo se me consintió ir a la casa del
Coronel a la mañana siguiente. Cuando llegué, ya el abuelo es-
taba frío y rfgido; lo vestían de negro y su peluquero, don Ra-
mitos, le peinaba las barbas fluYiales que se derramaban como
espuma sobre su pecho. El viejo tenía una majestad impresio-
nante. Nos vistieron de negro y ma.t·ché tras el féretl'o evocando
su olor a tabaco en los bizcochos, sus ojos azules sin luz y aquella
mano de largos derlos que e extendían sobre mi cabeza para
bendecirme.
Retorné al colegio y fuí drásticament e segregado de mi fa-
milia paterna durante cuatro años, hasta el día en que el azar
político hizo que el Coronel fue:::e designado Prefecto de la cir-
cunscripción y que el Rector se alejase, saliendo a otra ciudad.
Pasé de la tutela del Rector a la del Coronel. y mi familia pater-
na me recibió con fiestas dignas ilel Hijo Pródigo.
Las estanterías de la biblioteca del Coronel estaban repletas
de libros: \'arios millares de volúmenes amontonados sin ningún
criterio selectivo. Con mi fé tambaleante, hundido en una tem-
pestad de dudas, estremecido por el avatar de la pubertad, tena-
ceado por una aguda crisis de conciencia, me entregué a leer; a
leer apasionadame nte, sin fatiga, con \·oracidad, \i"\tiendo literal-
mente en el mundo que esos libros presentaban.
Proust, Dostoiewsky, Víctor Hugo y un día "La Vida de
Jesús" de Ernesto Renán. Este libro escrito en maraYilloso estilo,
impregnado de piedad sensual y humana, fué una lectura pene-
trante. Yí a Jesús caminando con Jos pies descalzos por las calles
de Nazareth y por los caminos de Galilea. Lo \"Í con otros ojos,
bajo una luz y con mirada distintas. Mi madre me había presen-
tado un Jesús y Renán me presentaba otro: más humano y más
heróico que el otro, aunque siempre quizás demasiado dhwo
para acercarse hasta la tragedia del adolescente que duda, hasta
la injusticia que muerde la carne del pobre diablo y del rleshere-
dado.
- 57-
Después de Renán llegó Federico Nietzsche. Su prosa abstru-
sa y lancinante, sus frases buriladas y terribles, su filosofía
agresiva. y nrgullosa, entraron en mi espíritu como elefante en
bazar de porcelanas. Renán y Nietzsche, junto con los dos o íres
profesores de San Ramón, terminaron con la obra pertinaz y
laboriosa de mi madre.

-58-
¡CUAN VERD E ERA LA ALDE A ... !

¡e'
ONCLUIDA la instrucción secundaria, Ja falta de medios
económicos me vedaron el ingreso a la 'Universidad y la
conqui sta de un título profesional. Así fué que el término
de los estudio s del colegio significó más un nuevo problema que
una solución.
Habían dos firmas comerciales en la ciudad. a las que se
denominaba "Casas Fuertes'', quizás pm· el capital con que gira
ban. A una de ellas ingresé, bajo la dirección de Carlos Capelli,
italiano, gran amigo rlel Coronel. Capelli e1·a un hombre atlético.
Su rostro, ~alpica do de pecas. emanaba una serena bondarl. Po-
seía una cultura prodigiosa en A11e y en Literat ura. Era gari-
balclino, liberal e insurg ente; había sido di~dpulo de Don Bosco
y no sé por qué razones estaba allí en aquel pueblo quieto, diri-
giendo un negocio de abarro tes.
Los años de trabajo que transcurrieTon donde Sattui & Cía.,
sirvieron no solame nte para iniciarme en la faena de gana1·me
la ,~ida. sino -lo que fué más import ante.- para penetr ar de
modo má~ franco y esencial en Ja vida de mi pueblo, que es la de
centen ares rle pueblos latino-americanos. La Natura leza era glo-
riosam ente alegre, pero dentro de ella se movía una vida lenta y
,·isrosa. El ambien te era constri ctor y molía el pon·en ir de las
person as como los molinos muelen el g-rano: hasta voh·erlas li-
teralm ente polvo. La vasteda d del horizonte geográfico, choca-
ba en rudo contra ste con la mezquindad del horizonte espiritual.
Los hombr es no sabian qué hacer. no podían ocuparse en nada.
La Yida se les estanca ba dentro de la piel romo el vino espeso
dentro de un odre. La ciudad Yegetaba asfixia da por los latifun-
rlios que abarca ban las sierras ~' los valles, las cañadas y los cua.
tro puntos de la Rosa de los Vientos.
Corría un agua densa, cubiert a por espesa nata, por las ace-
quias que surcab an las canes. De ellas se alzaba un olox a vespa-
siana, a establo a inmundicia fermen tada. Y los niños jugaban
en aquella s acequias y un buen día tenían fiebre y morían como
moscas .

-59-
Niños barrigones, con las piernas arqueadas, cubiertos por
una camisa que, no sabía cómo, siempre estaba sucia. A las puer-
tas de los tugurios de adobe, oscuros y húmedos, las mujerucas
extraían piojos de las cabezas de los pequeños. La miseria, la
mugre, caían sobre aquella gente amortajándo la despacio y ma-
tándola tempranamen te; envejecían frente al cromo del mismo
calendario, del que habían desaparecido ya las semanas, los me-
ses y hasta el año.
Los únicos se1·es que turbaban la quietud silenciosa de las
diáfanas noches estrelladas, eran los gallos, las gatas en celo y
los pen·os -los que, según decían, aunaban al paso de las áni-
mas en pena-. Alguna noche tibia y lunada, los amadores osa-
dos daban serenatas a las doncellas, bajo sus balcones. De vez
en vez, alguna virgen casadera moría de mal de amores; porque
según los testimonios jurados de las mujerucas, en aquel pueblo
la gente no sólo mo1·ia de miseria y de vejez, de males desconoci-
dos o de tedio. Todavía, algunas veces, los niños mo1·ían de "mal
de espanto" y las doncellas de u mal de amores".
Durante tres años trabajé en la firma de abarrotes y viví
con intensidad la vida de mi pueblo. Sentía desgarradora mente
en el punto más sensitivo de mi ser, que era Yerdad el dicho del
abuelo: aquel pobre pueblo nacía en el suelo, comía en el suelo,
dormía en el suelo, paría en el suelo y moría en el suelo.
Una mañana, Capelli cayó herido, víctima de accidente ca-
sual. A un mecánico ambulante se le escapó la bala de su pistola
y el proyectil le perforó uno de los pulmones, rozándole el ,-értice
del corazón. En menos de un día, aquel hombre alto, fornido, jo-
ven, fué convertido en un montón de carne que comenzaba a pu-
drirse. Desde entonces, ya no permanecí de pje ante el mostra-
dor, escuchando la plática seductora, animada de cultura y hu-
morismo, en la que se entretenía cada tarde Capelli. Salía pre-
suroso y me marchaba a la biblioteca del C<>ronel, en donde leía
sin descanso ni concierto.
Hube de hacer solo toda la lucha con la violenta carga de la
adolescencia, con la desgarradora crisis de mi fé de niño, con
la exaltación febril de la agresividad del instinto. Pensaba en la
misericordia de algún ser supremo, pero no tenía pensamientos
claros; eran más bien ideas vagas, tentaciones voluptuosas, sue-
ños desarticulados, que se alzaban como una neblina o como una
humareda.
-Es un sentimental, con una infinjta capacidad de absorber
sufrimiento - sentenciaba el coronel, queriendo definirme- tie-
ne temperamento, es valiente y es terco. Y eso se lo van a hacer
pagar.
EJ Coronel enfermó y los médicos sentenciaron que no lle-
garía a Ja edad del abuelo. Y e~to me infundió un gran pavor,
me sumió en un grave desconcierto. Para no~oiros, el Coronel

-60---
habia sido siempre el arquetipo del valiente· escuchábamos asom-
brados las reseñas de sus batallas y las p~ripecias de sus mon-
toneras. Y tendido en el lecho, enfrentando a la muerte comenzó
a exhibirse como un pobre ser ganado por el espanto. Él Coronel
no quería morir: le vi llorar un día como un pequeño desampa-
rado ; tiritaba, temblando de pies a cabeza .
..-¿ Tienes frío? -le preguntaron
-1 No ... no es ·frío, es miedo a moúr! -respondió con voz
segm·a. Y un hilo de lágrima conió por un lado de su rostro
apergaminado.
Duró cien días yacente y cada vez peor. Hacía encargos, da-
ba consejos, se despedía despacio y bondadosamente de cada per-
sona, de cada cosa, de cada recuerdo de la vida que había vivido.
-Es demasiado duro m01·irse tan despacio -murmuraba-.
¡Una sola cosa, tú -me dijo una mañana tomándome la mano y
corno despidiéndose-- jamás te traiciones a tí mismo: que lo
demás no te importe!
Un día llamó a todos en torno a su lecho; nos bendijo con
la misma bendición que el abuelo. Sus ojos azules se claYaron so-
bre el r a yo de sol que penetraba como cilindro luminoso por el
hueco de la cortina agujerearla; el haz de sol venía a morir sobre
el pedestal de un candelabro de plata. Tras la mampara de cris-
tales, la gata Pel·la" arañaba la jamba, tratando de ingresar
11

a la habitación de la agonía.
El r ostro del moribundo pareció enharinado por la muerte.
Se crisparon sus dos manos empuñando el cobertor y clav-ando
las uñas en la tela.
¡La bandera! -deliró- ¡La bandera ... ! -Y dejando caer
su mentón musitó: ¡Todo, todo tiene su fin ... ~ Abrió la boca
echando la cabeza hacia atrás y se quedó quieto. Ko se moYió
más. .
La base del eanrlelabTo refulgía con la luz del sol ; la gata
"Perla" había ingresado ,. maullaba sentada soln·e SL'S patas tra-
seras. Las mujeres lanzaban gritos. llamando al viejo con f 1·ac;es
cal'iñosas.
En la sala contig·ua. rlonrle se hallaban reunid~~ muchas
personas, se presentó el .Juez, Yestido de negro, y con actitud,
gesto y voz rle act01· dramático, exclamó :
- i Se1íores. ha mue1·to el vencerlor de San Pablo ... !
El derrumbamiento del Coronel se expresó en mí en un sen-
timiento extraño: sentí que el destino de mi propia \ida cesaba
de ser exterior a mí. para aci uar en adelante desrle el fondo de
m í mismo. Y allí, ante su cadáver, resolví abandona1· aquel am-
biente, salir en busca de otros horizontes ~ hacerme un pm·venir.
Lo enterramos con honores militares: había sido el forja-
dor de una victoria en infausta guerra nacional : su hermano

---6 1-
había caido junto a él en el campo de batalla. E chamos tierra en
el hueco donde había descendido su ataúd y le lloramos ron amar-
gura.
Un mes más tarde la madntgada era fresca, el sol lumino-
so y la vida quieta com¿ siempre. La ciudad.se iba quc~and9 ab~­
jo mientras yo me amput.aba de la comumdad de m1 naüo sm
ruido quedamente. El caballejo trepaba la cumbre andina car~
gand~ mis alforjas flacas y mi angustia inmensa. ~obre 1::~ roca
granítica me encontraba ya solo, frente al porvenn·: abaJo es
taba la campiña con todas las ricas tonalidafles del verde, con
sus dos riachos que coxrían en la vaguada del valle. Allá que-
daban la madre, los hermanos, la adolescencia, la sangre. Más
arriba al otro lado de la cumbre, una tempestad furiosa se des
cargal;a sobre la tierra. Miré hacia el ab1·a 110r donde entraron
Francisco Piza1-ro y su diminuta legión a conquistar el Imperio.
Espoleé al animalejo y me hundí en la tempestad.
Habituado, desde siempre, a la naturaleza silvestre y para-
disíaca, la visión del ferrocarril resultó fasdnante. El convoy
empezó a moverse muy de maiiana; es bien probable que sólo
se deslizara a mucho menos de treinta kilómetros por hora; ha-
cía largas paradas en cada villorio, en cada hacienda. Rodaba y
al rodar pareda consumir iodos los matices del verde, todas las
tonalidades del azul, todo el milagro magnífico de luz, paTa en-
tregarlo transformado en gris uniforme, en parcluzco sucio, como
si la humareda de su chimenea lo sumergiese todo.
A medida que el tren descendía a la costa, el paisaje apa-
r ecía yermo, reseco, polvoriento. Cerros galayos dunas calcina-
das, llanos ocres, grises o de un sepia oscuro. Y, por todos los
puntos del horizonte, polvo terroso, arena impalpable que se in
il·oducía dentro del cuerpo, en la garg-anta, dentro de las casas,
en lo permanente de la vida de los moradores, con más sutileza
que el aire. Lejos y en breves manchas verdosas. el yermo era
vencido por el triunfo empenachado ele las guajanas de la raña
de azúcar ... pero luego, volvían la arena, el erial, el f1esierto.
En un a.iardecer pesado, hecho de sabor áspero, de olor vi-
n~gre Y de dolor de cabeza, el tren Jlegó a Pacasmayo. Un puerto
tnste! ~hato, polvoriento y caliente. Las gentes allí se rnovian
muchunmo mas apresuradas que en la serranía, sudaban copio-
samente, hablaban con acento diverso y daban una ill1presión
tal _vez más triste: sobre su mise1 ia caia el polvo parcluzco del
deswrto; se les pegaba sobre el surlm·, les formaba una costra
sobre las aletas de la nariz, les corría como un grueso goterón
de mugre desde las sienes, arrastrándose delan te de las orejas
hasta la harba. C'u~ndo ~os trabaj adol'es escupían, arrojaban lo-
do; cuando las muJeres 1ban a servir la comida, sacudian el pol-
vo de los platos y cuando la transpiración mojaba la columna
vertebral, se sentía C]Ue sus gotas SE' deslizaban pesadamente,
mezcladas con polvo de la tierra.
La tragedia de todo el litoral ha sido y sigue siendo la falta
de agua; aJJí prevalece la sequía eterna y la leYe llovizna inver-
nal parece no tener. ot~·a misión que yermar aquella tierra y
mantenerla como paiSaJe lunar. Sobre ese horizonte desolado,
sobre ese páramo elegiaco. se alzan l'aquíticos, trisi<'s. poh·orien-
tos, los poblaciJos y los l~ombres. su~ c:asas y sus vidas, mác; gri-
ses todavía. Es como si todo estuYiPse taraceado en el sequedal.
E1·an los años de la primera guerra; el barco tardaba sema-
nas en arribar y la permanencia en el hotel devoraba mis aho-
rros. Tu ve miedo a encontrarme eon el peligro rle regresar; las
pesadillas del regl·eso torturaban mi suciio. ha¿;ta que un día
mi alma tuvo la fiesta del barc·o.
Mar afuera se meda, blanco y pequeño, el "Urubamba".
Por un pasaje de tercera clase fuí embarcado y en realidad
ar1•ojado en un cuadrilátero de hielTo, separarlo pnr una barrera
rle tablones del establo de vacunos: una muy amplia abertura
dejaba ver el cielo; el mar solamente era escucharlo. La noche
fué larga y penosa, el día tórrido ~, má~ mal oliente que la nocl1e.
Hasta que !;e anunció el arribo a] Callao en una mañana asolea-
da y calurosa de marzo.
· Desembarqué, me eché a la c·alle con un paouete bajo el bra-
zo, que e1•a todo el equipaje. Un tran\'Ía me condujo hasta Lima:
(lnnde sufrí arruda decepción: no era en ab~oluto la gran ciudad
ele mi fantasía, la agitarla urbe de mi sueño arbitrario; era la ciu-
dad H1rasa(la, c·;;lpital de un pafs má · atrasado aún.
Al arribo, me sub;n1gaha un can~ancio agobiante; sentía los
huesos como de cera, estaba pegajoso. despecHa un olor agrio.
tenía una barba rala y crecida y al mirarme en un espejo de la
calle comprobé que llevaba una camisa pringosa. ¡ f'ómo se hace
salobre el gusto de todas las sensaciones en circunstancias como
aquella ... ! ¡Qué repugnanc1a nos da úvit . ! ; Y cómo se palpa
la tentadura de las paredes mohosas de m1 pozo en el que se sien-
te haber caído y del que se imagina no poder salir nunca ... !
Encontré un albergue en el que solo se permitía dormir, es-
tando vedado permanecer en él dtn·anlc el día. t:na vasta sala
del convento de San Agustín, que el arrendatario -un viejecillo
encanijado, mefistofélico- había dividido po1· medio de tabiques
de madera en celdillas en las que no cabía sino una cama muy
angosta con un colchón de paja. Había un lavatorio general, una
ducha rl'e agua fría y un gran barreño para lavar la ropa.
P o1· la noche la,·é la r opa interior; muy de mañana me dí un
baño y salí a las calles, a conquistar la ciudad, adoptando el mé-
todo que emplea la infantería en las guerras: caminando a pie
y tomando .-por así decirlo .-calle po1· calle y casa por casa. 86-

.-63-
lo a través de ésta que llamaremos táctica, las ciudades nos en-
tregan la esencia de su alma: el tranvía, el autobús, el taxíme-
tro, sofistican y arlulteran el alma de las ciudades. A pié, en
cambio, captamos su verdadera esencia: penetramos en sus re-
covecos, manipulamos sus coordenadas y sus abcisas, estereoti
pamos en la mente sus letreros, sus halcones, sus esquinas y sus
plazuelas.

-6i-
BAJO PENDOl lNSl"RGE .. :ITE
T

MARGA y angustiosa, cargada de ~udo1· mugriento y de


~ acedo cansancio, fué la btísqueda de trabajo: lo~ certifi-
cados de Sattui & Companía no posefan la efic.•.'lcia que mis
espel'anzas les babían atribuído. La~ cartas familiares a ¡>erso
nns amiga~. no tenían ob a vü'tud que atraer sob! e mí una ca-
tarata de C(HJSejos, frases corn}Jash as y voces 1amento~as. Rehu.
sé la idea de ingresar a la Escuela Militar, pen~:;ando que los e~­
tuclios allí durarían cuatro años durante los cuaJe no podría
ayudar a los míos. Sentía pavor ante la posibilidad de que mi ma-
dre muriese y, en con~ecuencia, mis hermanos queda en en aban-
dono total. Y aquellos días, el cielo era como de plomo y la tierra
hen ia baio los pies; el amor a la \·ida se '·ese{.aba y l1ahia mal
olor en el ambiente.
JHi encuentro casual cou Herr Albert KóbrichJ amigo de mi
casa y alto empleado de la fjrma all!IlUlna que trabajaba en mi
ciudad natal, abl'ió mi horiznnte: in~resé .a las oficina~ de Hilbck,
Kuntze & Compañia, laborando con su gerente, don Félix R.
León Como a mi jefe le agradaba laborar desde lac:t tltimas ho-
ras de la tarde, ·1asta la media lit el r>, utilizaba mis '1ora~ diur-
nas en leer y leer en la Biblioteca .. ·acional.
El mundo entero r mi juventud doliente fueron sacudidos
por un retumbante acontecimiento,: la Revolución Rusa; nuevos
nombres y nueYas pala1n·as aparecían en las columnas de los
diarios: "Los Bolsl.eviquis", T..enin, Karl Marx. 'I'rotzky. Zino-
vieY, Federico Engels. ''Los ~oYiets". "Los )i'-.'LS~ eviquis''. "La
Checa" ... Y todo esto mo,·iéndose trág1 ... ~·~enu: sr1bre la 'asta
estepa rusa, dentro de la dolorosa Yida rusa. Porque la vida rusa
se me presentaba, a través de sus literatos. una ex:i~tencia lasti-
mosa, análoga a la que arrastraban las gentes de la scrrarúa .r
de los poblachos polvorientos y re.. ecos de la c:osta. Identüicaba
al indígena de mi pais con el mujik y a su desdichada mujer con
la mujer del indio de los Andes. Y este hondo ~, anonadante do-
lor j nstiíicaron ante nú la insurrección, la protesta airada y san-
grienta, el alud tempestuoso de la cólera popular sin ataduras.
r..-
- v)~
Los bolsheviquis anunciaban el advenimiento de una socie-
dad más humana, que venía a conceder al hombre la libertad de
la miseria; proclamaban que traían cm los lJrazos la aurora de
un nuevo día para todos los desheredados de la iicna: édzaban
en alto la dolida esperanza de todos los que carecíamos de maña-
na y se hacían presentes, marchan do en la Historia , como los re-
dentores de todos los pobres del mundo. Yo no pocHa de?jar de
estar al lado de ellos. Y fué desde aquellos instante s que me hice
fervoroso comunista, ardiente partidar io de la ReYolución Pro-
letaria y de una causa cuya doctrina, cuyo program a, cuya ideo
logía ignoraba por completo.
Mi madre era traslada da a un poblacho más mísero, de cli-
ma insalubr e; mis hermanos crecían en aldeas de ambient e aplas
tante. Tenía que procurar me otro trabajo que me proporcionase
má...c:; dinero.
A una de mis muchas solicitudes, t·espondió Fort Herma-
nos. La ferreter ía de la calle de Lescano tenía un aspecto vetus-
to e interiorm ente era un antro sombrío repleto de tubos, vari-
llas de hierro. codos, pernos, niples y crisoles. Julio Fort, el jefe,
era un hombre alegre, charlador, y bondadoso. En aquella ocu
pación me inicié ganando cien soles mensuales, en vez de los cua-
renta y cinco que ganaba con el señor León. La situación de mi
madre cambió; pudo abandon ar la aldea y vivir en la ciudad. Du-
rante siete años laboré sin fatiga; ahorré gratifica ciones y au-
mento~ y un día pude lle\·ar a la capital a mi madre y a mis her-
manos. Esta acción me hundió en un placer infinito: sentía que
con mi esfuerzo estaba reconstruyendo el hogar que la desgrac ia
había derrumb ado: lo alcé en mi~ dos brazos y expe1imenté el
orgullo divino o satánico rlel realizador. Pensaba que la vida se
abría ante mí como una pista libre de obstácul os. . . ¡era como
la borrache ra d·: una inmensa victoria ... !
Mientras la Revolución Rusa se consolidaba, al otro lado
del planeta, la c(\n\·ulsión social posterio r a la guerra agrietab a
la costra feudal del país. Hizo eclosión un movimiento nuevo;
resonaron por primera vez, en el geno de aquella sociedad amo-
dorrada y arcaica, las palabras socialismo, sindicatos. proletar ia-
do, jornada de ocho horas, explotación del hombre nor el hom-
bre, pliego de reivindicaciones. . . huelga ...
En las grandes reuniones obreras que se realizab an en lag
plazas Y en las avenidas, Nicolás Gutarra y los dirigent es obre-
ros anarquis tas, arengab an a la muched umbre altivecida.
-Pedim os una sola cosa, grande y simple a la vez: que se
n?s. consienta vivir como seres humano s; que nos sea permitid o
VIVIr como hombres y no como bestias de carga. Si para defen-
der este derecho elemental a la vida es preciso que nos rebele.
mos, pues, camaradas, rebelémonos.
-66-
La ":JU,chedun?hre crm greg ada en torn o a las b·ibapla unas , rodea-
udía fre-
d~ ~e po~cJas, fus1les, gen darm es, sabl es 1y caballos, seh átic o, co
netJca. hl'a_.<'omo u.n alar ido, como un ' tarn -tam "
m o m~ grum d? rabw_so; 110 ~ '~ ' entu sias momod de quie n ha com-
})l:endHlo una 1dea, m el albo1·oz<, del que v:é elar se el pens a-
n'!_te!lto al q~~ no pud o dm: f<, : o E1 a el zum oama del renc or vue lto
aneJ o y esp1 ntos o por el t1empo lo que se derr ba a11í en em-
'
))) ;a~uez mul titud inar ia.
ha~ta la
Obset·vé que a la muc hed umb re le uge stio nah an
epilepsia las pala bras esdr újul a y noté que Gut.·se u-:r:a dem ostr aba
c-onocer bien este g11sto de la mul titud , y que e<::forzaba por
sati sfac erlo .
Una tarcie en que se cele brah a una de las muchac:: man ifes -
curr ente los
taci ones populare~. a las que siem pre fuí asid uo conen una ~t·"a
goldados, jine tes en gran des caba11os, c::e lanz aron ras chJ~~­
viol enta sobr e la muc hed umb re iner me. La~ hel'l ·adu la man era
n ·ote ahan sobr e los adoq uine s y me hací an recoprim rdar
itivo encen-
<'Omo el abuelo ence ndía sus cigarri11os con su za h::t io las pata s
ded(w de perlcrnal Las muj eres •(•daban de cabe sus mon tura s,
de los caballos. Los gen darm es. desde lo altolasde1-oi:tc:: de lo<: ~a­
irg11iénd ose sobr e los estr ibo . azot aban con que corr ían.
hice:. las ec::p:llda~. los hom bros , las cabezac:. de los nist0lac;, init a-
DE:sde lm; extremos, los oficiales dtsp arah an susfest ante s.
dos o sonr iend o, y her ían o mat aba n a loe:. mam
bárba1 a.
El ejercicio rle aqu ella \'Íolencia. tan inút il como
lo tení an
me dió la conY icción mac iza de que hts gen tes del pueb
en esa dolo-
"a·•ón para rebe la rse. Que dé per suad ido de que alli
ba ele part e
rosa real idad , como en los Eva ngelios, la JUSt icia esta
ga~ !t>s anar -
de los pob res. de los que - como decían en sus aren
día de ale-
qui stas - tení an todos lo~ días de dolo r sin un solo
gría
rme s y
Alli. mis sent imie ntos revo luci onan os, oscu r os. mfo imp e-
s. Era
pasi vos. adq uiri eron aris ta. y se l1icieron dinámico tra tal abom i-
rat iYo com bati r aque llo; era un rleber bati rse con re me tl·ans-
nación . . . y esto y segu1·o de que allí sobr e la sang
formé en mili tant e y deYi ne com bati ente. dram a co-
Vhriendo ent r e los emplead os, conocía de cer ca su que el imp e-
t idiano, s u seño río que se hace t r aged ia, la f orm a enbí algo sobr e
ri o de la apar iencia de,•ora s u pr esup uest o. E scrinización que de-
ello y s ugerí la con, ·eniencia de crear u na orga leyes que los
f endiese los inte reses de los emplead os y exig iese
bene ficia sen. redaccio-
Dudé mucho ; transpiré en la pue rta mis ma de las pub licad o
nes de los diar ios. v un buen día el artículo aparguo ecía
del país Y
en "El Com ercio" , diar io cent enar io. el más anti ra que "El
eu "La Pre nsa ", diar io de tend enci a men os con serv ado
-67 -
Comercio)'. Y en la t arde, en la puerta de la ferretería de Fort
Hermanos me estrechaban la mano una media docena de mu-
chachos d~sconocidos, que debían de iransf01·marse después en
amigos y compañeros de campaña: Augusto Goycochea, José Ma-
nuel Harrison, Humberto Nieri, J ulio Castro, Vicente Manuel
Tarazona. . . La conversación fué larga, el plan vasto y la inicia-
ción de la ta1·ea, inmediata.
Encontramos un alero acogedor en el diario "La Razón", que
dirigía el periodista José Carlos Mariátegui, fervoroso simpati-
zante de la Revolución Rusa y p1·opugnador y propagandista de
las ideas socialistas. Mariátegui tenía una voz persuasiva que
ponía al servicio de un claro razonamiento lógico. Su mirada aqui-
lina y diáfana. se tornaba más intensa por la fijeza de sus gran-
des ojos negros y por su arrogante 11ariz, que le daba u~1 perfil
imperativo. Los cabellos le ca.ían sobre la frente espacwsa, de
colo1· amarillento v enfermizo. Su voz, rica en inflexiones, esiaba
transpasada siem)n·e por un amable empeño persuasor, le agra-
ciaba gastar ing-enio y energía en cm1Vencer y, más aún, conse-
guixlo. Al caminar, rengucaba con1o consecuencia rle una opera-
ción absurda que le practicaran en la infancia. Sus íntimos le
aporlaban u el COJO". lo que parecía no molestarle en lo mínimo:
había superado victoriosamente, sin duda, el complejo de infe-
r ioridad que debió causarle la cojera.
"La Razón" se transfotmó en un hogar del movimiento or-
ganizado de los empleados y Mariátegui en uno de sus más ex-
pertos consejeros. Desde ento11ces surgió entre nosotros la en-
trañable amistad que ardió incólume hasta el clía de su muerte.
La empeñosa campaña solo daba frutos esmirriados y, para
hacer más sombría nuestra situación, pues José Carlos Mariáte-
gui se marchó a Italia y el diario "La Razón" cesó de aparecer
bajo la presión compulsiva del nuevo gobierno de don Augusto
B. Leguia. que surg]a mediante un Golpe de Estado.
La cr~sis económica aguijaba el descontento general y ello
nos conduJo a plantear las reclamaciones de los empleados. Au-
dazmente dimos un plazo y amenazamos con la huelga general.
Mientras el plazo transcurrla, nuestra amenaza se transformó
en el fatídico espectro del fracaso que se volvía sobre nosotros
mismos: la gran masa de em11leados nos 1·espaldaba pe1·o sólo
· l m.ent e" . E l t emor a Ul_l •d esastre nos obligó a ' volver los
" ~Oia i

OJOS hacia Jos ob1·eros Y a sohc1tar su colaboración la que obtu-


vimos plenaria y entusiasta. '
. Estalló ]a huelga: nuestro Comité, a la cabeza de piquetes,
mtegrados en su mayor par~e .POl' obreros, obligó a. cerrar las
puert,as de bancos Y esiablecJmlentos comerciales. E l Presidente
Legu.Ia, deseoso de ganar popularidad y de consolidar su régimen
surg](lo de modo basta1·do. convocó a una reunión a los gerentes
Y empleados, para buscar la solución del conflicto.

-68-
La primera batalla social en la que participé, siendo uno de
sus gestores, logró éxito: los empleados obtuvieron aumentos de
salarios, mejoramiento en las condiciones del trabajo y un régi-
men racional de rlescanso. Y a través de esta campaña, rne vinculé
estrechamente con todos los elementos ínconfonnes e insurgen-
tes de los diversos campos: oln·c1 os, estudiantes, intelectuales de
avanzada con quienes se fundó una he1·mandad que se prolongó
más tarde, con proyecciones en la política.
Mi primera acción bajo los pendones insurgentes me con-
quistó un sitial bajo el sol candente de la Revolución.

-69-
JUVENTUD, JUVENTUD, TORBELLINO ...

1= N ESA HORA de tempestad social, se albergaba e_n la Uni-


1L versidad la vanguardia orientadora y combatiente de la lu-
cha por la dignidad hu mana y por una decorosa vida demo-
crática en el país. Además, la Universidad aparecía como el ma-
nantial de los más altos conocimientos, todo lo que hacía de ella un
campo de gravitación espiritual ineludible. Mediante estricta ra-
~ionalización del trabajo, obtuve organizar mi labor donde Fort
Hermanos en forma que me permitía seguir el mayor número de
cursos en la Facultad de Historia, Filosofía y Letras e inC011)0-
rarme al encrespado movimiento estudiantil.
No se hicieron obligatorios largo tiempo ni laborioso análisis
para comprobar la pobreza académica de la Universidad y lo in-
fecundo de su creación oxientadoTa. Vida estancada en el peripa-
to, arcaísmo escolástico en la concepción, pedantería formular y
rutina sin tradición, que se repetía a sí misma como la lluvia ;
concilio profesora! en el que no despuntaba un maestro o un
guía, sojuzgado por un espiTitu burocrático y administrativo,
al que preocupaba la concesión de títulos y no la forjación de
una élite dirigente y conductora.
Al lado de esto, un ambiente estudiantil electrizado por las
más elevadas e intensas inquietudes sociales, políticas y huma-
nas, animado por grupos de orientaciones diversas y, en sus ex-
tremos, de tendencias antagónicas. Más, en medio de la abiga-
:nada disyunción, preponderaba el pensamiento unitivo de la lu-
cha unánime en defensa de la libe1tad, del combate acometiente
contra la dictadura que el Presidente Leguía estaba implantando
en ~l país. El "grup? de los rojos'' reunía a los exaltados parti-
dar;.os de ~a re~oluClón : de una revolución imprecisa, sin carac-
t~n~m? ru mat~z, pero revolución, cambio, transformación. Su
distl~tr~.ro esencial era que lo constituían estudiantes pobres y
provm:Ianos C?~ gruesa herenci~ 1·acial indígena. En el seno de
Vte giUp~ fue mcubada Y nutnmentada la figura brillante de
tctor Raul H~ya de la Torre,, <¡IUien ascendió, más tarde, a los
Pl anos sobresahentes de la pohbca del país .

.-70-
Haya de la Torre era lo que se dic4; un "niño bien'' de Ja
capa aristocrática de la sociedad de Trujillo la ciudad fundada
por don Francisco Pizano en homenaJ~ a 1~ tierra de su natío
La sociedad iruj illana gu~rda en relirat·ios sus escudos y su~
blasones, se conlemJ>Ia en los campos de gutes y vibra emociona-
da con los leones rampantes. El 01·g:ullo señorial de u prosapia
ha dado tema para que la iradicjón humorística o la bigardía de
los plebeyos aRc\·ere que en la Plaza rle Armas de la muy noble
y muy s~ñorial ciudad de Tntjillo, e~tá ~epultada la pantorrilla
de don Quijote de la Mancha ,atribuyéndose aquí a la palabra
pantorriJla el sentido pcculia1· de arrogaJtcia jactabunda y de fa-
chcndo~a ostentación.
Víctor Raí1l era así un aristócrata, pero sólo aristócrata de
provincia y, lo e¡ u e para él era peor o mej01·, un ~u·i tócrata 'en i-
do a menos por su carecimiento de fortuna. E<::to último, sobre
todo, le vedaba altm·nar mano a mano con sus pares, o con quie-
nes estimaba como sus pares en la capiüd. Y esta situación ma-
terial inflexible, le arreaba terca :r as.tJingPnte al lado de lo: es-
tudiantes pobres, de Jos provincianos o, curo<::, de los cholos de
pigmento acobrado. pómulos ~pezonado!' V boca~ bezuda". La vi-
da trazó ante él una disyuntiva tajante: o marchaba ais.lado. o
se juntaba a los descontentos y a lm~ 1·esentido~eY Yíctor Raúl
no tenía temperamento de solitario. ni <'alegoría ae anacoreta.
Mientras Haya ~e des]lrendía de ~u placenta aristocrática
para hacerse adalid ele los O'rupo~ de aYanzada, .Jo~é Carlos Ma-
riátegui regresaba del viaje a Europa. El fino <•1>. erYador y te-
naz esturlioso que había en el noble intelectual. Jogró la capta-
ción de la esenciu misma rleJ rlrarna eur(lpeo y mundial. ulterior
a )~ primera guerra. Recolector acucioso de las mejore exésn sis
de lol' fenómenos sociales. exhibía con acerado espíritu crít i1 n
las más recientes corric·n1 e~ filosóficas y !'e proclamaba ·'socia-
lista militante", Hmarxis.ta conyicto y confeso", ''clefen or tlel
marxismo v rle 1<1 He' olución Rusa ... Las conf··n,nr·ia" de José
Carlos Ma1~iátcgui alcanzaron honda ~ dilatarla sonancia en la
conciencia intelectual del pRÍ.!' y en ~us ~ecl ore~ <•breros más de·
pejados y sin·ieron ele t ractivo hacia t~s fil~~ de aYanzada y en
riquecieron en calidad y cantidad el ferment) cie la leYadura re-
volucionaria. l\fariáte~ui fué el promotor de \'IW nueYa ten:perie
espiritual: con 5US discursos, sus artículos. ~u lllJros y sus ter-
tulias del "Rincón Rojo'' inauguró una época nue,·a en el pensa-
miento del PeTú_
Por aquel tiempo. el PrC;\sidente Leguía. con el ánimo de for-
talecer su gobierno -al que imprimía un carácter dictatorial cre-
ciente- y con el suhre1Jticio designio rle l)l'eparar la imposición
de su peimanenria arbitraria en el pode1· -lo que realizó más
t a rde- dispuso la consagración oficial de la República al Cora-
zón de Jesús. Era inequívoca, en la aparentemente deYota dispo-

-71-
1

sición, la finalidad de ganar el apoyo incondicional del sector ca
tólico más fervoroso para la política despótica. quc' estaba impo-
niendo y agravando.
La resolución del didndor ct·eó una corriente unívoca en la
Universidad y engendró la it•(lgtw. innw<liata rntrc las tenclcncias
opuestas y <listantes: los r ojos revolucionarios y los <'Ollscrvu<io-
rcs ci\'ilistas, el dr<:ulo protestante capitaneado por el pastor m
glés John A. Mr. Kay, y la masa indiferente fundi<'ron su cola-
boración en la campaña opositora. Y los ohrcro~ -plPLóricos de
exaltación nmn·quista ........ se sumaro11 entusiastas a la vasta coali-
ción adn~rsa a In dictadura cle Leguín. f~n rcnliciad, la consagra--
ción al Corazón de Jesús sirvió sólo de prdcxlo para la agitación
y !:1 convoca torin a la ha lalla.
En turbulenta asamblea c•si.ttdiant il su levantó el pemlón re-
bekl(', no solo contra el propósito de Lcg-uin, ::;ino ('Olll ra sus mé-
todos de abuso y su rég·inlC'n ant.i -clemocnHico. Los orn.rlorN; t ro
na ron .-no ya. eon1 ra el Gorazón fl<' .J csús, ni contra la proycc·ta
da consngración, sino contra las arhit raricdadN;, atropellos y crf-
menes cometidos })01' la dictadura contra loR cindaclanos.- Fué,
sin duela alguna, una batalla cnlificnda en defensa ele In libC'rlncl.
Bn la tumultumm asamblea predominó la inca general rlc ha
ccr algo que signifirnsc oposición, fncst' lo que fuese; y h1 id en
muy concreta de hacerlo ilc inmediato y n hnrri:-;co. }~1 dcsanollo
de la acamlilada reunión ofreció, en medio ele la rcciurn dt\ los
alaridOS y )OS nnalemus, la mns rica varicdaci de inridt'IICÍHS: des-
de el dramático anuncio del sitio de la Unh·crsidacl pol' tropas ele
todas las armas y el em},lazamicnLo de nidos de mnetrallnciorns
frente a las puertas de la vctu::;ta casona, hasta el saiiwlc bulli-
cioso del clamoreo que exi~ía con tennddnd la pn'scnrin ele un
orador que ocupase la tribuna sólo para clistra<'r a la <'OllCUl'l'CP-
cia, en tanto que el comando ele la acción esluclianlil l'<'cladn.ba
las mociones que debían xer <.'ntrcgadns a la prcns:\ como at'ucr
dos del estudiantado
-¡Qué suha a ht tribuna Ca libán! -gritaban-. ¡Arriba ...
que suba!
Y no como un monstruo, sino más hi<'ll como sintiéndose un
dios de aquell~ lempesla~ juvenil_, erguido y ::>onricn1 e, con sus
1· enormes ante_oJos, ascend1a a la tr1huna Cal'los Alhcr1o Tza.guin·e,
cuya Jn·csencla era saludada con un hramido:
1 -¡ Calibán. . . Calibán ... Calibán ... !
Y se derrumbaba el clamoreo en un brusco silencio mientras
una risa ele niño bañaba ~u rostro clc viejo. '
- i No ... no ... camaradas, compañet·os, señores -decla-
rna)la con ~mpctu teatral Izaguirre- Calibán ... no ... jamás ...
Artel. . . s1emprc el mirífico y luminoso A riel .. .
1· ~

1· -72-

.
-¡ Cnlibán... Calihár1 . . <..:alih{m ... ! -alarirlaha la mu-
chedumbre en un vocer ío único .
. --Y ? sé h~e~ .que ese N; el grito nefando de la Derecha, del
m cftstof ehco Cl\'th~mlo, camaradas ... compafwros ... señores .•.
clamaba Carlos Alberto, mi<>nlra:-; una sola c:nrcnjada alcgn• y
procaz a In v<>z, se m~zclaba con el nombre ele! héroe shalH~spc­
rumo:
7iC!\Iihán .... Cahhftn ... ! ¡!'\o .. reaccionarios ... Ariel!
He h tzo sllt•nc l~ pura l'~<·uduu· la~ mociones y aprobn rlm>; \'o
la<.lns por adamnctón, <•!'Ola116 la c~uga explosiva:
- i A la r;.dlc.' ... a la ralle ... H ba1it·se coilLra la Umnía ...
n pelear por la hlwdad ... ! ¡ T,a libel'tacl no se> pide, . t' conquis-
ta ... !
El río humano lh•nó los patios y los <'. t IHiiantc,., que snHnn
s~ <)I~<·on t l':lt'?n ro.n la a fhH•ncia clt> los obn•t·os q \11: llega hun de las
fabncas. Alh <·~{abnn nl<•gl'f'~ y rcsu<'l1os los c~tptlancs anarquis
bts, c•on !"liS ¡wndom:s ''nrollatlo., c·mtt<•Hto · df" l'llt·nr unn e. ca-
ranmzn contra la "Trilogía: lglPsia. I·:~t..:.tcl(l : Capital''. J-'\llí e
JH'c>sC'nl nhan c(•tll<•lla~ de.· mo1.o~ ch>sori~nlaclos qu~ no snhíau sino
que <.'slahan hal'lns rlc.• miseria, de nwzqnindad, ele <'m-uiner.imien-
ln; se s utnnlmn J.tTIJnsos eontingrntt•s ek• much:whos que n< S<'...ab:m
alg-o ~Tancle, }H'l'O que no ~nhían qu(• era. ni C'll qué consisl iat ni
rónw m·a fndiblc.· eon ' (•guh·lo. Y <.'ti nwdio de.• (•sos gTtlj)O~. 'asti-
do de negro, con el Rae o roto en una <le las nxila ·, ~.;.on el somhre
r o <'11 la mano. carialzado y ng¡·csi' ;1 In nn)'jz nguil('ÍÜ\, c•on lu ho-
cn eomo dPtPIIida c.•11 una llHlCC..t\ de :·~omhro. a\·:mzah:t Víc lor
Raúl ll nvn de In ·ronc.
El 1:cmolino lrumnno se organiz6 t'tl C(ll llrtHH\; In mm·lmd1a
oa de Lclras y <1<> Ci<.'llCi:lR -lo mús jOYf'n de entre In iuv~utud­
asumió la vnllR'ttnnlia. Lo~-' ndoll'Stc•nl<·~ son qui<'lH'!' f•xhilwn mn·
yor ncomdi' idntl y 1111 Yalor más tt>mcmrio. O e~ inronsdcncia
del valor de la vicln o un hipc~ rcslésico amor propio, o quizús lo
que es el hcroil:;nw humano <'11 la ~uhlimidatl d<• la acc•ión ele ah·
neg arse, dánclnst• a una iclNt. T:tl H''l., ('I·a la ·xplo~ión de In se-
gm·idad y del olímpico org-ullo dt• 'ivir, lo que hada qu · nos lnn·
záramoR a l ¡ll'ligTo griLundo l'OJHO los h{•roes d(.' Shumnn: i Vivn
la muerte ... !
g¡ prinwr <'hoque <'llll los ronlom·~~ dl' g·<·ndarrne~ ) policías
fué violento v brcY t'. La \'ang·uardia j l1\ c•t1il lo~ rompió. arrvllán-
dolos y df'sh~mlando su asrl'c~;i,·a aval:lncha: la t>~cnmmuza fué
un impacto sN·o y dccisi\'(): lm; pnlil'ias n pi~. :~1 rcdl>ir lvs pri·
m eros golpes ~<' l'(•plt>r.·:u·ml tlnhh-.'~aclm; por t>l mmwro. F.l n•pht>-
guc cn:uclcri ó a la mo1.acl:t: grupos fncl'1t•mentc t omado~ etc In~
mnno::; S<' alznh:m en un ::;nltu (.'\ll<'diwl ~. lanzando lo~ piL·~ pm·
delnnte ihnn n <'<Wl' <.·omo un p i'O) t'l'l il sohn' los pecho::> de• los
gcnda.n;tcs; muchos dP lo:-; ntll·tns u ni\ cr silarius estaban nllí de

-73-
mostranrlo ante sus camaradas la potencia rle s~ts puños, la des-
treza de sus saltos y lo elástico <le su juego ~e plcl·nas. Los obre
ros :marquistas habían traído cadena~ de h1crro enfundadas. e~
cuero, bolsas alargadas llenas ele perd1gones, con l3s qt~e, ciescal-
o·aban 0«olpes nniquilarlores sobre los g~ndarmes. Y pohc1as.
1!:> I a manifestación se rehizo despues. del pnmer. choque ~l~
un tumulto de fiebre común; el pensam1e~io co!~ctn o parcelO
oscurece1·se par a univocarse poderoso en la 1clea ÍlJ a de pelear Y
vencer aquella tarde; el miedo individual ~e ext~ngnía bajo a9uel
recio \'end:n al: las •'\1ernas del hombre mvadtdo por el m1edo
tendían a huir, pero el campo de gravitación cel valor humano
hecho hoguera y torrente, atraía ele manera inevitab!e. La mu
chedumbrc como un tr01)el de tropeles de animales se descargó
violento po~· una de las calles, cantando con voz ronca, el Himno
de la Juventud:
Ju ventud, juventud, torbellino,
soplo eterno de eterna ilusión.
Mient ras la infantería derrotada se retiraba. cargando las
armas y r ecogiendo del suelo los kepis y las jinetas, frente a los
manifeRtantes apareció la caballería. Los sables tenían un ful-
gor rojizo bajo las últimas luces del crepúsculo; los soldados, ji-
netes en caballos de gran alzada, tenían algo de goyesco en las
siluetas y de sádico en los rostros incásicos. Se veía brillar los
cailones de Jos fusiles pero sus bocas eran invisib!cs como la
muerte.
- ¡Los cosacos . . . los cosacos ... ! gritaron lo~ anarquis-
ta~ ... para dar a su grito un énfasis de novela tolstciana o dos-
toi ewskiana.
........ ¡Silencio ... ! -rug·ió alguien,.- seguramente para. asus-
tar su pavor y otros clamaron: ¡adelante ... adelante ... ! Los
que marchaban a la cabeza, agitaban las manos llamando deses-
per adamente a los que venían detrás, como si les pidiesen auxi-
lio:
-¡ Adelante ... ! rogaban, porque su voz era de ruego .. .
Un tranvía se detuvo en la calzada; los pasajeros se tendían
sobre el piso ; las señoras, que no podían correr, por las faldas ,
los altos tacones y el miedo más amplio y más alto aún, se arro-
dillaban y abrían los brazos en cruz implorando la misericordia
divina. Los muchachos acodados en las ventanillas miraban el
espectáculo. Y todo eso parecía el co1·o de una tl:·agcdia esquilia-
na. El conductor del tranvía, desde la plataforma mir aba con cu-
t-iosidad hacia el punto en donde se iba a producir el choque físi-
co entre los manifestantes y la caballería.
,
-¡Adelante!1
-gritaban- ¡Muera el tirano ... abajo

la ti-
rama ....

---7-4-
1~1 tn1~1vía detenido estaba sirviendo de parapeto· es mc 1 eí-
ble la, caulldad ele gente que cabe enhe el suelo y el t~cho de
t!·,~ .. vm, ~uHndo es u<:ado c1·eyendo defender la vida: el núm~~
~ólo ~e luz.o })ondcrahle para mí, más tarde, en Jos trenes blinda-
do~ de la •ruerra de I~spaña.
i ~delante! -volvieron a giitar, ~onó la primera descarga.
Las J?Jernas er~n de goma y las gargantas de papel secante: una
sola .tdea rnarltliaba obscdente ... n>iedra ... piedras para pro-
yectiles!
Y l,a calle fué d~sempedrada en segundo .. Una lluvia de pie-
dra~ cam sohre el punto en donde brillaban los fogonazos de ]o
fustle~.
i Es. magnifica una batalla calleje1·a! Magnífica sobre todo
para quten se swntc actor en ella t•nf1·cntándose con los puños a
las bocas rlc los fusiles y a los filo<: de los sables. Es corno un éx-
ta:::.is. pot·que el hnmbre llega a oh trlars:e de su miedo e decir de
~u vida -porque la Yicia es miedo- y a entrar en Ja ~ima helada.
~·erma y serena rlel heroísmo.
El heroísmo j U\'eni1 de esa noche intimidó a la caballeria.
Sonaron nue\'as Clescargas. Y. de pronto. el conductor del tran-
vía cayó sua\ cmente. asiéndose a los pa~~manos de la plataíOJ-
ma, sujetándose. como ratando de no golpears~ en la calzada al
cae1·, y queriendo 1ná~ hien reclinm e junto a) motor. E~ a om-
hroso cómo el hombre par~ce llenar sus último~ in tante con el
pen~arniento de aneg-larse nara morir confort.:l}ble.mente. de dar
a su C"e1110. en el t:·s1 iramiento final. la mayor comodidad posi-
ble. Suc. 'de cnai s; ),'\ conciencia se detuviese en el cerebro ha ta
un in~lante má allá del último. para comandar 1,>!' movimientos
de los músculoc:, de los nen·ios. de Jac: \'éJ1cbras a fin de que el
cuerpo no sufr:\ gran incomodidad en el salto 1 a ia vl Yacio.
Snlomón P once. el conductor de tranvías, que (· mofaba de
los choferes que cruzaban su vehículo tripulando ,.ie.1c · catToma-
tns, que r eín satáni<'amente de las ,-ieiuc 'ls que se santiguaban
antes de subi r y one rlesarrollaban una escena tragicómica ante
rle bajar; el muchacho burlón. granuja, castigador de mujeres
que ~e colocaba In gorra sobre la oreja. carg-ando la vi~era con el
número 8!3, sobre la ceja derecha. e~taha ~!lí ron ojos que tenían
dentro el mismo fulgor de los sable. y de los caüoncs de los fu-
siles. Ojos quietos. sin parpadeos. que no ' o:,·crían a ,·er a la
madre deja, ni a la mujer sonriente. ni a ~as chicas que le hacían
mohines tras las Yentanas de reja del Cerlado. Los labios donde
tant:\s; \'ece lle\'éll'a un cla,·el. con el tallo cogilh entre los dien-
tes. ~e abrían con una som·isa que espantaba a los YiYos.
P or un jueg-o macabro del azar. aQuel hor.1bre anónimo Y
COmpletamente ajeno a la inauietud política. Se COnYertÍa en ~1
protagon ista de un crímen politico, que iba a ser explotado poh-
t icamente por muchos y mur largos años. Sobre aquel charco de
-75-
sangre joven, se alzó el nombre, la gloria y el renombre ele Víctm
Raúl Haya de la Torre.
La caballería hizo otras descargas más y se lanzó sobre la
multit.ucl en briofio y ciego tropel. Los soldados con el sable en
alto lo blandían y lo descar gaban sobre las cabezas, sobre los
h<m.;bros sobre las espaldas y las nalgas de los manifesianieH.
En el ch~que cuenw a cuerpo estaba la decisión ele la l>nialla; si
se lograba pasar más allá de la línea ele caballos pues la pelea
estaba ganarla. Entretenía pensar cómo el i.t·ilmfo de las ideas
de las corrientes políticn.s, hasta de las nacicnws, llrga a clepCln
der, en un momento, de una canijdad C'Onl"reia y mensu1·ahle ele
terreno: de la energía y la frrocidad quf' se pueda poner en rc-
('orrerlo; aquella noche no se irainha ya sino de veinte metros:,
quizás sólo ele quince, puede s<•r que nada más que de diez ...
¡Diez metros, en cada uno dfl cuyos centímetros, el<:' cuyos milí
metros, estaba erguirla y pancliculadn lfl. muerte misma!
Tras las descargas, lo!'~ ofkialf.!S dieron 6rdNt<'S y Céll'A"Ó la
caballería: ohedecienclo a un impulso común, los manlf~stantes
formamos una sola masa con los muros dC' la.:-; c·nsas y c-on Jm:
jambajes de las puertas cerradas; éramos como loclo vi~toRo pe-
ro viviente, que se adhería a cada J•esquicio, que s<) ft~ndfa con
el marro de cada puerta, <'On los hi<'tTos dP cada ventana.
Varios e:ahallos resbalaron y raycron con gran H..l)ara.to, mien-
i l·as los manifestantes golpeaban rahiosamC'nte al j inct.e caído,
hasta inutilizarlo; otros, cnirclauto, se lanzaban C'On fles<•spel'a-
ción hacia el caballo que venía detrás, sujetándolo por la brifla
para impedir que Jos )Wensase contra el muro. El animal retro'
cedía encabritándose, para reculnr hasla sentarse sobre las an-
C'as: los sablazos del genda1·mc nerdf:..:m dil·ec·ción y p1·onto ern
sacado, de un modo u otro, fuera de la montura.
Las imprecaciones Jlenahan los alargados instantes rl<\ eRios
larguí~im~s minutos: habían caído ya media docena de g'endar-
IT!e~, ~1gmeron pronto cuatro, diez, quince máB: loR <'ahallos sin
d1recc1ón ayu~aban a romper las vallas. Y, sin Haber cómo, la
brecha se abnó: se colaron dos, enseguida tres más, diez, cin-
cuenta ...
.-¡Ya ... ya ... por aquL .. muera el tirano ... !
-¡Libertad ... libertad ... libertad ... !
Lo~ gendarmes buscaban a su temiente y a su alférez ... era
como s1 se les hubjese 1·oto la capacidad de pensar; aplacados v
~emerosos. ~e pegah:-m tamJ>ién Robre las parcd<>s y se apeqne
nahan en ov11Jos de carne mt~dosa, para librarse ele ser Japidarlos.
N o obstante su fuc:rza, pr.l'fllan, cmprenclhm la r e ti rnd:l, se mar-
ch:than. Tocio ~1 orlw al blanc·o, el t·cncor que Hf' hahia destaparlo
alh 1 c;on cargas cenadas, como champaña de cuail·ocicntos años,
se rnarC'haha con ellos, con el sentimiento de satisfacción que se

-76-
llcvalJan l'onsign de hah01: g~lpeHdo, al fin, a un hlanco; de ll:tbcr-
se cobr:Hlo, un rlP.ClhU.ll ~HJUleta, de la deudn y d,. la vindicación
ele c;uc,t t. m ~ wlor de scrvJdumbrc.
Las tJ·<~pa .... w.dígc.mas se ma1·charon en repliegue, mientras ]a
ma~a estuclwnbl mcTc•meJllrtda por ese pcrsonaJ'c fJívolo iluso y
, 11 l 1
vuc:w crue t:s n Clll'I(Jl o" ele estas manife taci<mes, engrosaba la
candci}tc pmra lnuu.ana que salía de allí con )a sangre arñiente,
desput•c::: ele lwbet· oltdo y mast.tcaño humo de I,6Jvora, después de
hahei ofrenu:tdo la vida y habc1· salirlo de esa caBe venciendo a
la muc1 te.
-¡A ha~ o la tinmía .. .. libertad ... libm ta<l. .. Hhcrta<l. .. !
¡Muera <!l t.)J·an<, ... ! ¡L1bertad ... libertad ... ! Y mozclado P-n-
tre los manifesbntes, alegre c•n la bulhmguPra cc>mparsa, ~'l·Jtaba
ha:o;ta CllrtJnquccer.
Y aq11ella noche se tamba1caha el gobierno del dictador.
1>w pués de la rcf1 iega, los manifestantes nos desbordamos
en mcdin d<• una estndcntc zalagarda, hasta la l'laza de Arma~
frente al Paiac.10 de (,obim·no. Y en uuo 1le los bancos, convcnien-
lcnwntP insialado, se crwonlraha ya Víc or Itaúl Haya de la To-
n·e, acompañado d~:: sus amigos. Se < Izó en impro~ isada tribuna
y arengó H los manif<•stanle que lk·gaban COJI la crarganta rcse-
ra. l•,né un discurso pleno de entu~i:asmo, incitando a la acción y
a na tema t 1zando a todos los cobardes.
Ilal,16 después un obrero tranvim·jo invitando a 1 enclir un
homenaje a su C'Ompnñm·o dn trabajo muerto en la rcfr·if!ga.
Lento y g¡·a,•c subió al banco eJ estudiante ñe rn<•dicina Luis
Ii'ra ncisco Husi ama ni e y ofn~t'ió el loca1 de la Univer:sidad para
velar al mum-to; citó a todos para el día siguiente a la mot·gue,
clond<· loR méciico~"o debían practicar In autop~ia del cadá,·er. ¡De
allí -exclamó- Jo llevaremos a la Unh·ct·sidad ... !
I~l clamoreo fu<! como un juramento.
Jl aya de la To1re se entusjasmó de nuevo y ltabló con más
~u·(lor, ron inrli~nación y con Yiolc.ntos adjetivos conlnt el go-
bierno.
I~ra más de la medianoche cuando l~t rnauifestación !'e disol-
vía cspontúncamcntc.
J.;n medio de aquel alboroto juvenil me pm·ecin \'e~· una .~1-
l>orada. A1lí, crcia que es taha pnlpit nn~r. ~~ anl~<·lo de hberac10n
malerial y cspirituaJ ele mi pueblo. La !mhgnactón fle lo~ mozue-
los, era la misma que sentía )'O; su coi<H·a .contra .h~ dtcladura,
sus <:Ulh(llos de lihertad, su deseo ~e una \'Jda pohtl<'~\ decente.
eran como los sentimientos que abngaho en el alma. bstaba ale-
gre peiPando, lanzando pedradas, recibil'ncl~ sablHzos, porque
creía oricntmmc hacia el encuentro ~el c~rytmo: el _gran cammo
de la redPnC'ión de un pueblo. que nacta, VJVH\ Y mona en el suelo
pelado.
-77-
No dormí esa noche; record las calles formando la comparsa
que gritaba contra la dictadura; fuí a la Universidad, estuve en
la M01·gue y en el Hospital. Ví tendido, yerto para sjempre, a Sa-
lomón Ponce; sobre los labios blancuzcos, hacia una de las comi-
suras lívidas, se abría, como un clavel, un coágulo de sangre.
Esta vez llegué temprano, más que nunca, a la oficina de
Fort Hermanos. Las espaldas me dolían de los g·olpes l'ecibiclos
en la noche.

-78-
¡EL QUI I\TTO, NO MATAR .. . !

A CHJDAD amaneció agitada y el pueblo lleno de alborozo;


IL h a~1a \'Oluntad de lu~ha en los ojos de las gentes de muy
arnba y de muy abaJO; la masa intermedia, los negocian-
tes, los que usufructuaban l?riv~~egios concedidos por el gobierno,
estaban ganados pot· la vac1lac10n y la pusilaniimdad.
La Universidad se con,•il'tió en cuartel general insurgente.
E ra la anarquía juvenil enfrentada al a huso del poder v la des-
obecliencia civil contra el desmán del gobernante. La dudad es-
t aba paralizada; los trabajadores decretaron una huelga que se
extendió a ladas las actividades. Y esto era lo que daba coloiido
y contorno a la derrota que el gobierno estaba sufnendo, a la
victoria ganada por el pueblo.
El más selecto grupo de combatientes universitarios y obre-
ros montaba guardia en la Universidad ; cada ponón fué conYer-
tido en barricada y los muebles apilados en los pasadizos servían
de parapeto y de defensa. En el intenor, la noche transcurría en
medio de comentar ios y vaticinios de toda clase.
-El bárbar o, casi me abre de arriba a abajo con aquel fe-
roz sablazo .-comentaba jactancioso el mozo larguirucho, ner-
vioso con la nariz chata v la risa tan ancha como la cara. Y des-
'
m1dándose, en medio de 'piruetas que se hacían lenta~ como pa-
sos de danza, se quitaba la c-amisa con tal cuidado que parecía
que se estaba despoj<mdo de su pr opia 11iel. y dejaba ,·er el cin-
tarazo Yioleta y roiizo que le habia hendido la carne de de el
hombro hasta la con·a, atraYesándole la espalda Y l<l~ nalga ..
E1 pequeño rapaz, que nadie sabía de donde ~alió, lleYaba
orgullo~o, con aire de coquetería infantil, un gon·o ~e gasas que
le vendaban la cabeza. cubriendo la docena de 11untos que sutu-
raban su herida.
El gordo y rubicundo boxeador del segundo de Letras lleYa-
ba el bra~o en cabestl'illo.
Y en el gTan diYán del salón rectoral de~cansaban los hei~­
dos, y qui zás sí alguno que se simulaba hen do, par a presunu r
de héroe.
- 79---
En uno de los rincones, tendido en un ancho sofá, estaba
Haya de la Torre. Sobre los hombros tenía el saco negro, coloca-
do 'como capa o cobertor, con un l~~rjódico sobre la ca1:a, con los
pies en calcetines, daba la impres10n de hallarse ven,clcl~ por la
fatiga. Bajo el diario que culn·ía su rostro, no se sab1a s1 pensa-
ba, soñaba o donn~a. . .
Un b1·usco rmdo extenor sobresalt6 a los circunstantes.
Las voces se hicieron más altas, chirriaron los cerrojos, al
mismo tiempo que los muebles eran desplazados sobre el suelo.
Las miradas se concentraban en la g1·an puerta que se abria
chirriando.
-Son Bustamante y los de Medicina, anunció el guardián
del corredor.
-Esos vienen del Hospital o de la Morgue, anotó uno de los
heridos.
En el jambaje de la puerta aparecieron una media docena
de hombres jóvenes; todos tenian el rostro serio, menos Cornejo
Koster, el rubio en quien la sangre alemana dejara una hu ella
perenne: Cornejo reía con suave e inalterable ingenuidad alema-
na.
- i El estudiante de Letras que fué herido en e) muslo, ha
muerto!
Se hizo un silencio espeso después de la frase.
De súbito estalló un grito salvaje. Haya ele la Torre, en man-
gas de camisa y calcetines había lanzado lejos el saco negro y el
diario que le cubría la cara, para, en medio de un nervioso pal-
moteo de sus dos manos exclamar como transpasado cie gozo
báquico:
-¡Eso era lo que nos hacía falta: un estudiante y un obre-
ro ... ¡Era lo que necesitábamos ... !
Las miradas cargadas de asombro, los g-estos con un tanto
ele alelamiento, le rodea1·on presionándolo. Uno de los viejos cate-
dráticos, que velaba, por interés político o por adhesión a la alga-
rada juvenil, le susurró:
-Está usted muy agitado, Víct01· Raúl; rlehc serenarse. Es
una desgracia para iodos, y en especial para la Univúr~idad, que
haya muerto un estudiante.
Hava. como transportado, volvió a gritar:
-¡Un estudiante y un obrero ... pero, estupendo ... !
-Por favor, señor Haya, usted está loco. imploró e1 l1rO-
fesor.
Haya pareció darse cuenta del a~ombro g-cr,"':-'ll y de lo ex.
trailos que sonaban sus gritos y la cele¡;vadón. Se azoró ronfuso
y pre,g-untó a Bustamante:
-;.A qué hora murió ... por qué murió ... dónde> está?
Bustamanto explicó en términos médiros, con su voz grave,
la causa ele la hernorragiH v de ]a mnertP. Mudó rn la madruga-

--80--
da. A~ desnudársele se le encontró un escapulario del Señor de
los M1lagros Y un Detente del Corazón de Jesús. El cadáver ya-
cía en la morgue,,Junio al del conductor del tranvía.
. Haya se habla vuelto a erguir, pero esta vez con aire pen-
sativo y con. la. expresión de que le invadía una amarga congoja
por el fallecimiento del muchacho.
Al dia siguiente, una multitud formada por estudiantes y
obreros, en plena haialla contTa los gendarmes y la policía arran-
cábamos los cadáveres de los fligoríficos de la Morgue 'condu-
ciéndolos en vilo .a través de las calles hasta la Univcrs'idad. ¡._-;¡
recorndo se reahzó en medio de una lluvia relampagueante de
sablazos, acosados por las cargas de caballería, soportados en for-
ma vale1·osa Y estoica. A mi amigo el zambo Pedraza le habian
machacado el cuerpo a sablazos. Al curarlo en la rama, Busta-
manie decía que era muy difícil hacerlo, ya que los sablazos te-
nían color igual a la piel del mulato, quien pese a su postrt1ción
reía de las bromas del JOVen médico, por quien tenía especial ca-
J;ño.
I•:l sepPIJO rle las dos víctm1ns al~anzó caracieJ·cs (le aconte-
cimiento ldstónco. Haya de la T01 re ét umi6 la representación
de los esiuchantes v pronunció PI discm·so cuvo tema fué "El
Quinto, no matarás'. •
El Gobic~rno ele la rlicLadura sufría un !'udo golpe )1olítico y
moral; no hubo en aquellos momentos sector, hombre. ni partido
que capitalizara en su beneficio la victoria popul<-tr. Y pasado d
grueso ~ usto, el dictador Leguía 1·eagrupó sus fuerzas 1 las pre-
paró mejor y organizó la revancha.
Cuatro meses más tarde Haya flc la Torre s<tHa desterrado
rumLo al norte: con ulterioridad, todos los que alguna partici-
pación tuvimos en la campaña1 fuímos saliendo desterrados del
país.
J osé Carlos Mariátegui asumió, desde aquel momento, el co-
mando del grupo que había seguido a Haya de la Torre. H.eunió
a muchos otros que no habíamos formado pat1.e del núcleo inicial.
.-Es preciso salir del campo simplemente verbal. --:--areng~
ba animoso José Carlos- para entrar en el de una acbv1dad aus-
ter a, que repose soln·e grandes principios. Si qu~remos construír
algo du r adero _.añadía con sugestivo ~' co?tagJOso f~rvor.- te-
nemos que organizarnos y pensar en orgamzar ~m pa1s que yace
en la desorganización casi total. Por lo nue a m1 toca, ustedes lo
saben, yo soy un marxista con\'iclo y confeso. . .
]1~1 marxismo ele José Carlos era sobre todo ~u.a \'l.goro~a. m-
clinación sentimental, más que una ortodoxa J><>stcJón tdeológ1ca.
E motivo y románt iro, seducido por 1~ bellrza <1; .la form~., alm~
sedienta de las refinadas complacencias del esp~ntu, ManatcgUJ
no pudo ser jamás un marxista lógico. materiahsta consecuente,
dogmático y a.c-ahado. Su obra ha sido ¡·uclamen1 e \'apuleacla por

-8 1-
los c1íticos rusos, a causa de sus devaneos sorelianos, de sus amo-
res con el idealismo de Benedetto Croce, el amigo por quien t enía
verdadera devoción, y de sus analogía:::; teóricas <' icteo!óg-icas con
otro italiano, Pietro Gobetti.
El grupo se aglutinó con firmeza; se denominó a sí mismo
"comunista'' y "bolshevique '' pero en realidad ~e trataba ele un
cardúmen de gente jóven, cada uno rle cuyos componentes des
arrollaba en verdad, la más aguda competencia en un concurso
de demago~ia. Del seno del gTupo salían atronadoras palabras,
arengas abotc::.,·gadas de violencia y de cóleras tea t r~ les, las que
-a pesar de la acrisolada sinceridacl con que eran lanzadas.-,
no eran auténtica interpretació n del se11timiento popular y más
bien adulación del gusto procaz de la mucl1e(lumhr e. La henmcia
de Haya de la Torre pesó mucho más que la enc;eñanza persua-
sora, deliberadame nte exenta de tocta intención de autoridad. que
impartía l\Iariátegui.
La demagogia infecunda habría desembocaclo en un desdi-
chado fracaso o quizás en una reacción saludable, ~i la intery()n-
ción policíaca no hubiese dado un run1bo diverso a esta aYentu-
ra. desterrando a los principales miembros de ese grupo juvenil r
expulsando del país a los que fu eron considerados como dirig·en-
tes, o como peligrosos.
Mi acth·idad oratoria, y organizativa, mi ceopcra,..ión ecmló-
mica en el sostenimiento de la revista "Claridad'', órgano de la~
llamadas "Universidad es Populares González Prada", mi partici-
pación fen·orosa en las asambleas obreras y estudianiiles en las
que se protestaba contra los actos de la dictadura y se exigía
respeto por las libertades cívicas, fueron hechos que la policía
captó fácil y abundanteme nte. Había perdido el miedo al público
y lleYaha los mensajes de protesta, en inflamados discursos, a
Vitarte y al Callao, a las haciendas vecinas y a los obreros texti-
les o ferroviarios. La policía de Legnía me catalogó tempr.::lnn-
mente entre los agitadores subversivos y los agenteR (le la Rusia
bolshevique. En verdad, yo no tenía idea clara de nada de esto:
quizás me sentía orgulloso de que la policía me apodase holshc-
vique. Lo único veraz y efectivo era que yo buscaba un camino
para encontrar el beneficio de la gente que fm·maba mi mundo
circundante; y lo buscaba empeñosa y hasta desesperadam ente.
Una noche, en el hogar tan paciente y penosamente recons-
truído, que tan largo y arduo trabajo me había costado levantar,
se produjo un nuevo derrumbamie nto. Los policías de Leguía
invadieron mi casa en la madrugada, rornpieTon las puertas, sa-
quearon ]as habitaciones, nevaron los libros, despanzurrar on col-
chones y sofás. l\fe <·onclujeron preso Y, sin proceso· alguno, sin
que hubiese visto la figura de un juez ni en fotografía, fuí en-
cerrado en una prisión destinada a los p1·esos políticos en la Isla
de San Lorenzo.

- 82-
Los obreros Y ec:;tudiantes p1 ote taron ~ decla1·é una huelga
de hambre como un recm·~_o para (Jbiener mi liJJertad. la que
anhelaba sobre todo po1· ev1ta1' que mi madre y mis hmmana.s
ca,r~ran en el. c!esamparo. No conseguí con esto smo acelerar mi
e;olto. La pohc1a me colocó e1: e] camarote de un barco que pa1·_
~1a pa~·a _el puerto de Va.pa1a1so ~n Chile; en el mismo camarote
lba aslmtsmo desterrado el cstuchantP dt) Medicina o~car Herre.
ra, g1·an amigo de Haya de la T()rre Y profe::.o1· de las llamadas
"Uni\ ersidades Populares González Prada"
En un ambiente mucho más amplio. m~) OJ·cita \a mi dos
hel'manas afrontaron la situadón con energía com·irliéndo e en
las protectol'as de mi madre: monta1·on un taller de cos ura con
la indemnización que les diera Fort He.mano , por m· nernpos
de servicio y ))C{;O!-' día~ después d mi pa1 ··a, e. la noches
hasta muy tarde, ímmbaba el r· mor de las áqu' t a de e se1.
A ellas les tocaba levanta1· la-= ruina .
Los eh ilenos recibieron a los dc.;;tenado peruano' de dl\ el·
sas maneras La plana mayor del anarqui mo, encabezada por el
doct or De )fal'ía, nos aln·ió los brazos .acogedora y cordial; las
izquierdas estudiantiles. oue can · aneaban Roberto _feza Fuen
tes, Eugenio Conzález ~ Osear ~e nad\e no~ dispew;;aron cordial
recepción, lo t.'1ismo que los dl\ er os sectore.::: proletanos.
la tirantez entre Chile ::: el Pe1 ú era acre ( 1 ~ uello;;; mo-
mentos. a causa de la disputa de Tacna y Aric::. .· ; toma1· en
euenta tal situación prescindiendo de me~urar 1~ l.J.::secuencias,
nos confundimos con los obreros y los estudiantes chileno" de
izquierda. en las prolestac:. r en la beligerancia política que con-
vulsionaba la ,·ida cllilena con Golpes de Estado realizado" alter-
natiYamente por los viejos militares .r por la ju\ entud del Ejér-
cito.
-Ventura l\faturana es el mejor uolida del munri ..-repetían
los chileno~. incluvendo loe; an'lrouistas y comunisb ~- tiene oi-
fato fino. aguda 1mnila r de. cubre una aguja en un ~>ajar. ; E~
bien habilidoso el ñato ... ! .
Y bien pronto expe1·imentamo~ lo que significaba .e .. te OJO
de águila v olfato ele perdiguero. t,·na buena tarde nos bzo pren-
der cautelosamente, nos puso en un tren de carga entre dos ca-
r abineros y nos hizo conducir hasta la cumbre de lo Andes. don-
de la estatua de bronce del Cristo Redentor abre lo" brazos: uno
sobre Chile v el otro sob1·e la Argentina. Ránidamente. como _de
un empellón· sorpresh·o, nos puso en el territorio de la Rep~bhca
Argentina, sobre el camino de los Granaderos de San Martm.
.

LA CONEJERA DE SAN MARTIN

ASCINANTE y sobrecogedora sensación de etern idad, se


apodera del hombre al cruza r la pamp a argen tina. La loco-
'f moto ra se arras tra con su convoy carga do de seres huma-
nos, las ruedas giran y giran , el tren pasa y pasa, y el mismo
1

horizonte está siempre delante, igual al que se deja atrás . Pa-


rece que aquella superficie no tuvie se fin y que al rodar sobre
ella se ingre sara en el dintel de· la eternidad. ¿Por qué no se
tiene una sensación seme jante -pen saba yo.- cuando se está
sobre el mar? ¡, Por qué es que el mar no penet ra en el alma con
este espír itu de infinitud, a pesar de su uniformidad, de su ruti-
na, de su calmada estupjrlez? En cambio, la pampa, su silencio,
su magnitud, su vastedad aparece como el parie nte más cercano
de lo eterno.
¡Buenos Aires, cosmópolis ... ! había cnntarlo Rubén Da-
río ... Los argentinos estab an allí en minoría y yo llegaba a au-
ment ar el número de los extra njero s.
Los gallegos form an un trozo considerable rlel pueblo argen -
tino, y su nombre es el despectivo que los hijos de italianos, ju-
díos, turco s o yugoeslavos, dan a los emig rante s aniba rlos de
España, sea cual fuere la región de su procerlencia. Y en aquella la
oportunidad de nuest ro arribo a Buen os Aires , gallega f ué ón
salvación, la esperanza y la posibilidad. g¡ dueño ele la pensi
era un gallego carrilludo, de ojos avent anado s y con el brazo de-
recho paralítico. Tenía el aire )r el color desmayados y el rostro
con la expresión de haber absorbido largo dolor físico. Conser-
vaba. no obstante, un agrad able buen humor. En su casa de hués-
1: pedes de la esquina de Tucumán y San Mart ín había n encontra-s
do acogimiento y no sólo hospedaje, muchos de los deste rrado
por el dictador Leguía.
El poeta Luis Ferná n Cisneros, direc tor del diario "La Pren~
1· sa" de Lima, se encontraba allí: ofreció su garan tía, que consis-
tió en la promesa de pagar cuando encontrásemos traba jo.
-Pues cuando el mocito traba je r gane, pues paga rá ... sí
seüor -rlec lama ba el gallego agita ndo su brazo paralítico, como
un bada jo-. Xo faltab a más; pues es claro don Luis Ferná n,
.,
,1 -84 -

••
que a .dónde han ~e ir a parar los pob1·ecillos. Sin duda que bien
mer~c1do les estana por me,t~rse en cosas de esas. . . vamos, en
camiSa de once varas de poliücas, en vez de seguir una profesión
y hacerse dotores, ¡vamos ... ! pues, ¡ ane!
Y. el ,gall~go nos instaló en las habitaciones de la azotea. :\le
conduJO eJ ~rnsmo hasta ~a que me había destinado y explicaba:
-L~ p1eza es peque.T_la pero tú no necesitas más, chico; aquí
al darte esta yo estoy rmrando por tí y po1· tus ochavos; esto te
costará mucho más barato que las piezas de abajo· v como aho-
ra no tienes ti~a~ajo, yues ~ec~sitas algo de bajo Ín:ecio ... ¡,no
te. parece ... ? ~~.~e sientes Incomodo y mañana, con el apoyo de
Dws y la bend1C1on de la Vírgen, encuentras un buen trabajo,
pues ... no faltaba más ... te mudas abajo y tendrás habitación
con balcón. Por lo demás, pues me pagarás como puedas.
La bondad del ga1lego F ernández fué, en verdad, conmove-
dora. .
Era imperativo abrirse un sitio bajo el sol en aquella ciudad
indüerente y ruda, como lo comprobé después. Debía empezar
de nuevo: todo lo que había construído en mi década anterior, no
sólo estaba en ruinas, sino que no existía en absoluto. Xo tenía
nada frente a la g1·an ciudad, llena de gente, de grandes aveni-
das y de raspante aspereza humana. Y poseído por el sentimien-
to de verme envuelto en el gran torbellino, me sumergí en los
avisos de los diarios, impresos en tipo menudo y en los que se
ofrecía trabajo.
Después de largas semanas obtuve una plaza de empleado
en la sección de contabilidad de la firma comercial ")fayón Li-
mitada". Esta negociación, en el aspecto espiritual, era el reYerso
de Sattui y Compañía y de Fm·t Hermanos. No había familiari-
dad, ni formas patriarcales. Todo estaba rígidamente reglamen-
tado : la hora de entrada y la solicitud de lápices. estampillas o
plumas; las elecciones de autoridades de la "Sociedad de Emplea-
dos 1\fayón Limitada", bajo e1 comando de la geren~ia y ~1 pre-
sente que debía ser entregado en solemne ceremoma al Jefe el
día de su cumpleaños. Era una organización mecánica, con alma
rígida y pensamiento planificado.
El arribo al trabajo con segundos de retardo era marcado en
rojo por e1 implacable 1·eloj, y tal marca deterntinaba la inter-
vención seca y pertinaz del contador, 11iste~· Church:house: Ru-
bicundo. cei1C<'ño. menudo. el contado1· pose1a o hab1a cult~vado
habilidad especial para golpear sohre los nen·ios más sensibles,
para actuar como esmeril sobre el espíritu de los empleados. Era
dueño de una tenaz facultarl retorsha que empleaba haciéndola
llegar a la confil1idad del sadismo.
-Debo pedirle disculpas por el leYe retras~ Y además,. ..
-Las disculpas -intenumpía. pues J~ma~ con enüa_ que
se terminase el pensamiento- las lleva el nento de la manana.

-85-
Ningún r••lraso C'S )('ve· ... tn•infa S<'~ u mios o f rc>inta mi11ulos dú
Jo Jll ismu ...
- l·~s qttt• pc•rdí c•l f ran vía ...
- IJ<•J,j{, Ud. tornar p) tranvía :1111 <'J'Íor al qw• JH•rdi6; a sí, PI
rdoj 1111 Jml>l'la man·ado mjo ... ¡ mirP ... ! j t'o io!
;,¡,¡,:
1•:'¡ ' f·l:l;,;·,· i·r;a·g,;f ·.1,:1·g ,:,;,~,; ·,¡,; ;,;.~¡ c:,:, ~a.cfc;R· ;.;.:~ ·,;,· ,:,;c•sli611
sol'ial. S u disl'usÍÓII asu111ía, ,·asi a diario, d<• c·:mw a c•:u11a, c·a-
l'<tdl'l'<'li tall'~ d<• <•st nH"nclo que· síthil:t iiii'IIIP fc•JtÍalliOS c•u la ha
hit a<·iúu dos o trc•:-~ huós pPd<•s e• u c·al~o rwillos 1(11<' v<•níau a pro
IPsfa r a i rados.
-·i Va111n ~ :1 vc• r ~¡ c·:dl{tis, C'll:tl'lafartc·~ • s•t•itaha 1111 g:dl <'-
g •l- . Pi za ri'CI hable) nHr chísi mo lllf'IIOH y <·orH(IIr HUl VttPRI ro país!
¡A C'a llnr hwul>t'<', a c·allar, idol-l al diablo <'OII v w •s t ros indios ... !
Y al día sigu i<•nlP, a la hora dcal alrnuc•t•zo, agit audo su hmzn
y (•J'lo, el gaiJ<•g·o J•' c•r llÚllcl C'~ IIOS HIIH'IIazaJm di' JIIII 'VO C'OII ilJTO-
jarllO~ el<> su c·a:-.a el<• lt t~(•sp('(lcs, pam irupottPI' la disciplina" ...
11

scn t PlH' iaha c·ou solf'lll 11 idad.


Y n •pli <'ú l mmos qtl<' H<'ríamor-; uosn l t•o:-: qiiÍPI I<'S tPrlltinarfa
mos por «'!'hariP a (•1. Y todo, c•omo si c•nq u·P, sc• d isolvía c•11 <'<ll c:.:t
jadas.
-¡Soi s unos his.rardoH, rnils que• hiJ.{:tl'dos ... .v lo sois 1:mf o
y de! tal marH'ra qll<' hasta el" vuc•stro p:1í.. httiJi<•ron de• saf'a-
ros .•. ! ¡Pobre clidador aqm•l ... si ya no podría :tguantaros
más ... ! 1. Qué Jp ha..tais ... ?
Y J<'Pt'nftndi'Z s<• f' SC' liiTÍa lllÍ<'nt ra :; )p llarn{th:unoK 1imno.
l>oR ~wnti ntiC'ntos advc•rs<ll ivos OJH'I':t hHn d<'nl r•o d<'l ~rupo
cic (•xilaclos dP la c·nsa dC' hu(•:;;pl'cl«'s dt• San Mal'tí11 , Por 1111 lado,
un sentido dP :mlH':-:1 imacir'm y m<•Jro:-;pr<•<'io por Jn s opiu iotws y
las ídc•as ele• Jos viC'joR ...... viPjo:-: c•r:u1 para liCtsol ros los qw• h:a-
hían clohlado loR <' U:tl'('llta ano!'!-· y, por ot l'o lado, p) anhc•lo VP.
hcrnl'nte <1<' sPr guiados, de• erwont rar umt l':thPza CXJH't'ÍII H'llta
da """ nos clicse indira<·imleS sohrP <'1 c·ami no~ qtrP nos lt l<'iPsc•
pl"t·c•epl ihll's los cHrollos del clC'l'l'of.C>t'o.
1~ 11 Hlfll<'l t.iPlllJH), ,Jos{• Va:·H'()II('('Ios ('JI c• l Nor·t (' r .Jo:-;{• dt•
lng<'nic•r·os, Alft·Pdo Pala<.'Í014, Manuc•l lls~m·tc•, .Juan Ha11t i:-:t a .Jn ~-
1o, un t•l S11r, :tp:trt•c·íau como lol" 1ruías \' tnat•st r ·o~ dt• la j u\'Pil-
tud, Y así se l<'g llamnhn c•n apasiouada ~ <'ll:tl'lus, al rihll,\'l'tHln
c•)N•ada validP~ a su pC>nsamicntn. i<•ni<•mlo l:t t'<' J't<'"-H dP <JIIP Pilos
f•t·:ul los c•sf'ogidos epi<' po:wí;m l:t <·1:1\ c• el<' los prollll'llras so{'ÍHI<'!',
c·uya solucióu P:-lf I'<'HI<'CÍ:t nuc•gt ras inquit•l ud1•s ~'SJIÍril wdcs Iras
ta (!) JIUIIto ele• <'OIISUSt:UIC'Í:ti'SI' C'Otl lliii'SLI'II dt'Sf ino
Tras gest iouc·s divc•rsas, una JHH'h<' vino a \ isit :ll'lloS PI t'S
tudianle J)jJión, ntu·stro amigo ai'J.{<'Jitino. Alto, dc>)~t;ulo, < on ojos
lfwguidm;, Dillún era sirnp:'iti<'o, u rr t auto inf ro\'1'1'1 ido, habla ha
con parqtiC'clad y c·uando lo ha<'Ía c•ntplc•;.tlm la forma ~wnt PIIC'Íosa,
s<•guramentc imitando a lo~ MaPstros. Dillón trajo aqtl<'lla norhe
-86-
y n conversar

-~7-

-Enr ique Cornejo Koster.


-Kos ter . . . -rect ificó Inge niero s- es apeJlido alemán,
¿verd ad?
-Sí, maes tro; apellido alemán.
-Kos ter, alemán como la Quin ta Sinfo nía; Co1·nejo, español,
castizo como la Pue1·ta del Sol; y Psa pinta , amigo ... ¿y me vie-
ne a habla r ele indios?. . . Digamé, I<oste r ;, con qué se limpian 1

los indios, con papel higiénico -o con piedr a?


G01·nejo quedó asombrado, tanto como nosotros, con los dos 1

ojos fijos sohre el 1·ostro clel :\faes tro. Los otros fuero n ganad os
por la risa.
-Mae stro -repu so lenta ment e Corn ejo- iiene Ud. razón,
claro . . . los indios ...
-Los indios se limpian con piedr a -exc lamó con voz pode-
rosa y con un grano más de su jacta ncia habit ual :\lanolo Seoa-
ne.- salvo en Jos lugar es donde no ha~· piedras.
-;.Y allí qué emplean? -preg untó con bella querí a el Maes-
tro.
-Emp lean un mano jo de yerba s -inte rrum pió Herr era con-
teniendo la risa- y en donde no hay ni verba~. puef' arena ...
después de arroj arse vario s puñad os ele arena , se frota n :::.obre
el talón ...
Ingenieros reía a carca.iadas, lo mismo que Dillón. los m·u.
guay os y brasile1·os. Cm·nej o sm11·eia eorta do; JI evsse n tenía su
aire doctoral empeñado e11 hacer se hierá tico; el boliY~ano Hino
josa y yo sufría mos con todo aquello.
Restregándo5;e los ojos para eniugárselo~. Ingcn íeros que
había reído hasta las lág-rin,as, in terrog·ó:
-Hab land o en serio. ¿pero creen u~tedes que los indios son
capaces de dirig ir su país. . . qué prefi eren ustede~: guija rros
o papel higiénico ... ?
-Pap el higiénico. es claro -exd amar on sim u ltáne nmen te
Seoane y Herre ra, sorprendiéndose luego de habe r coincidido.
-Pap el higiénico quiere decir sen·ic ios higiénicos -sub rayó
el 1\fae stro- quiere decir limpieza y salud. disminucióti de la
morta lidad infan til. es decir civilización, homb re blanco. Blancos
que orien ten e indígenas que apren dan a Yivir digna ment e. ¡, Com-
prend en? Que apren dan a vivir ; apren dizaj e simple. animal.
Después: sólo después, vend rá el apre11dizaje del espír itu.
Me sentí con ánim o para S~'rttir la conversación en este pla-
no y lancé la p1·egunta:
- ;, Y qué cree Ud. maes tro que le race falta a mi país ... ?
. Ingenieros volvió hacia mí so1iando la toalla ; se puso en
Jarra s y como si fuese el prim er insta nte que repar ase en mi
presencia, cargó el acento, con voz ronca sobre dos palab ras:
- ¡ Raza blanca ... !

-88 -
Debi mira1:le con extrañeza, quizá sí asombrado. El .taestro
cuya elevada flgura se estaba .rolviendo añicos allí mismo re-
pl•t'6
1 : '
_.Raza blanca, hijo; raza blanca.
Volvió el 1·ostro hacia C'o1 nejo y le interr ogó:
- ¿ Y q~é le pasó a usted con Le~uía~ joven \Verter?
';'A mt, maestro. pues me cogieron un día por orden de
LegUla.
- ¿ Lo cogieron. . . le 1üzo coger Leguía ... ? -excla:. ó tea-
tral y rmdosamente Ingenieros.
-Sí. me cogieron, en la cal1e.
- ¿En la calle ... ? Pero horror, ché; ¡cué C()~a bárbara!
Y el maestro Ingeniero~ reía a carcaJaCáS, !os argentinos
le imitahan.
- Porque bueno. que lo cojan a uno, pase; pero que lo cojan
en la calle y por orden del dictador. No por favor. . . ¡qué co~a
bárbara .. . !
Y \'olvieron a suceder.,e estridentes carcajadas.
Sólo más tcu·de, ya en la ralle. nos enteramo: del doble . . en-
tido o del :;;ent.ido típico~ del e~píritu pornográfico que la palabra
castiza tiene en la Argentina.
Enll·e la~ risas y las lágrimas del Maestro abandonamos la
casa a donde había llegado como si fuese a e~cuchat· la ,·oz de
Zaratustra. l\Ie sentta abatido y colérico a la vez, con dec:eoc: de
}}mzar alguna maldición al roc:l:ro de alguien. Salia de mataYilla-
do y en consecuencia entristecido y disturbado hasta el punto
de masticar decepción v amargura. El prestigio del mae b·o an-
te mi entraba con rapidez en su mc:.guante; su ~tatura espil i-
tual toMaha medidas diminuentes. ese Jrzándoc:e: aunque a los
poco~ día~ reía aceptando que sólo se 1 ·¿-¡ aba de una ilusión ¡nác:,
que la Yirla ~e había enta~·gado de ,-o;,·er poh·o. y pensando que
no todas las telas de nuestro~ sueños su·ven para \ e~til· loe: ver-
sonaj es y las cosas rle la Yida.

- 89-
LA LIGA ANTI -IMPE RIAL JSTA

"OM O EN ningu na otra estaci ón de mi existencia, me pene-


(~../ tró entonc es la tortur a intP.rior ele colum brar una perspe c-
ti\'a clara y de compr ender las raz011es profun das o los
princi pios basila res de la org·anización social del homb re y de
apren der las soluciones que la Sociol ogía y los sociólogos aporta -
ban al proble ma del dolor human o.
Esta búsqu eda y mi desen canto de los viejos ídolos , me con-
dujero n a busca r amista d con comun istas, anarq uistas y socia-
listas de izquie rda. Bien pronto , mis nueva s vincul acione s me lle-
va ron hasta un abiga rrado y hospi talario gntpo de tt·abaj adores ,
profes ionale s y estudi antes que tenían el pro~·ecto de funda r una
Lig-a Anti-I mperi alista. Kauff man, un judío de gimná stica agili-
dad menta l, dueño de una vasta cultur a sociológica, se conYir tió
en el ideólogo del grupo y en su dirige nte espil·i tual. Celeh rába

m o5: r eunion es académ icas. las que llenáb amos con diálog os so
ct·áticos que se tu·olong-aban hasta la macirup;ada y que nos to-
maban buena parte del domh1go. En aquella~ conversacione~. en
las que los tema~ eran \ ariado s. pero ~iempre c-omprendidos den-
tro de las lindes del proble ma socinl. rauffm an tritur aba con sua-
vidad, con elegan cia, hasta con dulzura, las argum entaci ones
anarq uistas . Su lógica era diáfan a, limpia y sobre iodo. acerad a:
sus argum entos, sus parado jas. tenían dm·e1a rliama ntina. Care-
cía de la más eleme ntal cualid ad didáct ica: no se le ocurrí a en-
señar. esclar ecer o ilumina~·: su lógica avanz aba pul\'er izanrlo y
1~· tenien do razón, lo qtw al final le hacía antiná tico. El viejo cm;.
·~ tellano , Bar.r ajón, anarq uista, indidclvnlistél, anti dictat orial y
enemi go a muert e de la He,·olución Rusa, gruñía conha Knuff .
roan dicien do:
-Pue s en este tío lo que me joroba no es c¡ue sen C<•nnmi~tn
o partid ario de los di<.:ladores: Jo r1ue me en'. cnena es que este
1~ tío siemp re tiene razón . . . ¡mald ita sea ... ! Y lo peor es que me
llega a parece r que la le11gua no la tiene en la boca. . . sino más
adentr o, en la cabeza. Y eso, pues es una puñeta . maldi ta sea.

-90-
La Liga An~i-Imperialista prosperó y se abrió camino; pro-
fes~res .de la Umv~rs1d~d ~e la Plata tomaron interés por la or-
gamzación; pequenos smd1cat? obrero~ ~>n. iaban óbolos para
sostenerla; los actos que reahz<:s.ba comenzaron a convocar un
púbhco de más de doscientas per::>ona . Y se pensó en sacar una
revista
Varios miembros rle la Liga, estudiantes de tendencia comu-
nista, editaban una public-ación denominada ·'Re\ ic::ta de Orien-
te" : su finalidad era dh'ulgar lo que se hacía en Rusia lo~ pro-
gresos de la Revolución, sus dificultades y lo ~fuerz~c:: de lo::,
trabajadores. La "Revista de Oriente" se incOT])OTÓ al nuevo ot·-
ga nismo y el campo de acth•idades ~e extendió obrEmanera.
Kauffman propuso un día que la Liga Anti-Imperialic::ta or-
ganizase un acto de solidaridad con los mineros ingle es que iban
a declarar una gran huelga en Ing1aterra; la iniciativa mereció
cálido arogimie11to y la faena organiza ti\ a fué emprendida con
denuedo.
Dor mía poco. cometía errores en el trabajo, me torturaba el
sueño en el ambiente tibio de la calefacción c.ent:ral de la oficina,
t enía los ojos cegatosos que me ardían ,. Jo-. pies tumefacto , do-
101·idos. como si tm 'e~en ampol1as. Vi\Ía angu. tiado an~iando
el éxito del :tclo; el estómago llegaba a -endurecé1 seme como si
fuese de metal, pensando en lo que 1·esul h1ría. En ... :1to, mis-
ter Ch u rch-house encontraba nnlt"n,icadas ocas1o • .,s ara rei-
terarme s u frase e~tereotipada: "use la u,,l)(;za ... us.e :a ~beza".
Visitamos al dirigente de1 Partirlo ~odalL ta, doctor .Juan
Baulisi.a J usto, para pedirlf:: su partic1pac1ón en el acto de la
Liga.
Justo nos recibió como el médico recibe ;,. e: e: pacientes :
afable. hospitakn·io. ha<:ta compa. h·o. pero ;:in · •. ... alguno.
- I n I ig-a Anti-lmperiaEsia. . . anti- imp~11alista. . . ~ mu-
sitó después de escuchm·n<'c:-. Anti, pues entiendo que quiere
decir contn1 . . ¿no e~ así. . ?
Kauffman ~onrió asintiendo:
- r sted lo sahe. doctor.
-Pone usted dcma~iado énfru-i~ llamándome doctor -indi-
có con ligera asperez~ Justo. para añadir 1ue!:!"o:
-Anti-in1perialista. contr~ el :mperiali~mo. EJ imperialis-
mo -repit ió tamborile:mdo <.o!: 1l)c:: r'edoc: ...obre el libro qu~ t~nía
en la otra mano cuyo índice e~ ~aha sC'nuha \) c.ntre las p~g1m1.s
impidiendo '1llC se juntarnn. :'oh ó a to he:. ,. se detu,·o en mt. l r~
guntando:
- Usterl es el peruano. . . ¡.ver dad ., ..
-Sí _,·acilé un poco pa r~1 no dedr dvctor v le d1_1e. como a
Palacios o a Tngenie1·os..- Ma es· ro.

-91 -
-¡Ah, mi viejo, mi viejo ... ! Es tan difícil ser de verdad
maestro, y más difícil toda\·ía ser maestro de gente joYen en csla
époc-a. ¡No me digas maestro; me resulta un poco pedantesco;
llámame compañero como me 11aman iodos en el partido! ¿ Qu~
te parece?
Frente a mi sonrisa de asentimiento, o cte azoramiento, aña-
dió:
-Los compañeros me han dicho que eres muy activo y que
tienes gran espíritu de sacrificio. ¡Eso está bien! Cuando el hom-
bre se dá a al~o. debe hacerlo sin escatimación ni regateo. Pero.
me han dicho también que no saben a qué hora duermes; y eso
está mal. Hay que dormir. Yiej o; hay e¡ u e dormir para trabaja¡·
mejm· y con mejores resultados. Nosotros los socialistas lucha-
mos contra 1~ fatiga. ¿Es verctncl, o no? .-pre~unió.
-Sí, es verdad compañero, dije imperceptihlemcnie como si
hubiese querlado afónico.
- Anti-imperialista. contra ,.J imnerialismo ~vol\·ió a rene-
tir Ju!5to. para acercárseme ?tm má~. diciénrl<nl1c en la cara:
¡Bueno . . . ! ;. Y oué es el imperh11isn1')?
-El imperialismo -respomlí- es la última etapa clel Ca-
pitalismo.
-.Té ... jé ....ié ... eso dice I cnin -exclamó ri endo Jus-
to- pero tú,¡, qué dires? Ante tocio, mi viejo, no repitas las malas
tracluccionc~ del ruso: eso Ni mortal, desastro~o. Len in escribió
"El Imperialismo. etapa superior clcl capitalismo". Los traduc-
tores comunistas -con no tan ton a bellaquería- le pusieron
1

u 1ma et apa ' l . . .


H'lt"
-Es un er·ror cie trad t~cci ón -interrumpió Kauffman.
-¿,Sabe u~ted rus11'? - indagó bru5;camente Justo.
-Sí. tan bien como el castellano -repuso Kauffman un po-
co picado y con aire ¡n·o,•ocath·o.
-Bien. pues no esto)' de acuerno con nsted en lo del error
de traducción -enunció Justo- me p~u·cce más bien una bella-
quería; una sutileza de dicción que p1·etende dar a los no\'i<:ios
la idea mcdioeval ctel milenio. algo así como la inminencia del
Juicio Final, con lo de la "última etapa". Porque dígame con ho-
nestidad, si e.stamos Yiviendo ya la última etapa del capitalismo.
pues ¿qué viene?
-El Socialismo. respondió con firmeza Kauffman
-¡Ah ... ! -sonrió .Justo- es que para e11os socialismo es
h_olshevi~mo. Y son dos cosas diferente~. mi vieio. No solo r1is-
tm~s. smo opuestas; algo mús, antagr5nicas. ¡Ya lo Yerán con
el t1empo, ustedc$ que son jóvenes ... ! Kautsky tiene rar.ón, ·a
pesar de los libros de Lenin y de Troízky atacándole con tanta
violenc·ia como sinrazón. Miren ustedes algo que e::~ esencial : el

-92-
socialismo es, primero que nada, libertad del hombre derechos
del hombre, respeto por la vi,da y por la dignidad d~l hombre.
Cu!indo. e~io falta, pues podl'a haber todo de todo. pero no há·
bra soc1absmo
IIízo una pausa, dejó el libro y los anteoJO~ obre la mesa
r me preguntó·
-¿A tu país le perjud1ca el imperialismo?
-Sí, compañero -respondí-. como ha perjudicado a Pa.
n~uná, a Cuhn. c<.m la Enn:wnda Platt. a Centro América, a Mé.
x1ro, 8anto Dommgo Y Hatií con la guena y la ocupación.
Justo me miró largamente.
---¿Has leído a Marx'?. -preguntó.
-
_.. N o. . . campanero.
-¿Y a L<•nin. el imneriaU~mo última etapa ... '!
-Xo -resnoncH c10bilmente. para acentuar de pué~- no,
no lo he leído.
- ¡ Ah ! Si tienes tanta pasión por e~tas cosa · por los
fenómenos sociales, debes leerlos: siemJn'e sacará~ algún proYe-
cho. Y encontrarás que, pHra Lenin. el imperiali. mo e!! un fenó
meno económico. concepción que él saca de loe: estudios dfl los
itieólogo:; socialistac:; y lnbonslas. Lo~ hechos a que te ' ac: refe-
rido y que los l;as Racado de "Diplomacia del Dólar··. dP S.C'l>tl ~­
!'\earing·, son de carácter militar, episódico, que irán ;:,iem:c. abo~
!idos a medida que haya mayor f'omunidad de intereses. Hay un
poco, a pesar de todo, en los hechos que mencionaste. de choque
entre la cidlización '!!' la no ci\~ilización: entre lo progresivo ~' lo
estaciona1io; entre lo que marcha hacia arlelante y lo ""e quiere
perrnanecel' tal como estuvo. ¿En tu país l'ar muc].as empresas
extranjeras? Vamos . ¿, Im1>erja1istas?
-Sí. ha~r varias, compañero.
-¡.Pagan salario a los obreros ?
-8í, le:; pagan jon1al r les dan rasa ... muy mala.
-Bien. hien. . . ¿Y los grandes propietarios de la tif'rra pa-
gan salarios ~· les dan casa a los que trabajan en sus feudos. ?
-Bueno -respondí- en las grandes bacie11das azucareras
si pagan jornal a los obreros, les dan casa y también ración de
alimentos.
- ¡, I ,es dan carne en la comida ... ?
-Sí, les dan carne.
-Bien, es1 as son las haciendas o1·ganizadas, de tipo capita-
lista. P ero, en las otras haciendas, donde no producen azúcar o
algodón, en Jos latifundios de las montañas? -preguntó Justo.
-Allí no paaan salario los hacendados. respondí.
-¿.No les d;n carne por cierto. Ni médico, ni hospital, ni
materniciad donde puedan parir las mujeres. ni agua para laval·-
se ... '? -¿Verdad?

-93-
-Sí, compañero, así es. ,
-Pue s dime ahora con toda honra dez: ¿de los dos, cual es
el sistem a que te paree~ mejo r, para tu ge~te,_ para .tu pueb~o?
-Nin guno de los dos -le respondí, smilendo mcomod1dad
fisica, en la posición en que me encontrab~. .
-¡Ah ... ! -inte rrog ó de. nuev o- ¿ As1 que los dos s1stemas
te parec en malos? . . .
-Sí, porqu e la gente no vive b1en, no viven como la gente ,
repliqué con aplomo.
-Est á bien está bien -dijo Justo agita ndo las man os-
vos va a ser un buen socia lista; el día que regre ses a tu país ha
rás lo posible por form ar un parti do socia lista; pero, dej á te de
imperialismo y de pavad as. Hay que tener sentido, compañero.
-Doc tor -terc ió Kauf fman .- ¿podemos conta r con la par-
ticipación socialista en el acto de solid arida d con los mineros in-
glese s?
Justo volvió la cara, le miró con cierta durez a y repus o:
-Sí, partic ipare mos aunq ue segur amen te los comu nista s
irán a grita rnos social-traidores, social patri otas y puercos re-
form istas. ¿No es así? Bueno, pueden anu nciar que el compañe-
ro Nicolás Repe tto habla rá en nomb re del Parti do Socialista. Pe-
ro, como debo habla r antes con él, pues me piden la confirmación
por teléfono. .
Dimos las graci as y Justo di.i o a Kauf fman :
-Mir a Kauf fman , no le pong ás cloior" como me dices a
11

mí; hacele pone r compañero. . . ¿de acuer do?


-De acuen lo -sell ó Kauf fman .
Justo se despidió de nosotros con mayo r amab ilidad de la
que había empleado para recib irnos . Nos ofreció su casa, nos in-
vitó a regre sar, a llamarle por teléfo no y a pedirle libros pres-
tados. '
Llegamos al café de la calle Triun virat o donde estab an con-
centr ados todos los dirig entes de la Liga. Después de escuc har
nues tra narración, albor otaro n el recin to con sus grito s, sus abra-
zos y las exclamaciones de júbilo por el éxito de nues tras ges-
tiones.
-Tam bién habla rá Carlos Sánchez Viam ente, el cated ráti-
co de la Universidad de la Plata.
-Ché , sos una fiera -me decía abraz ándo me el viejo Ba-
rrajó n y lanzando hacia un lado su tos de fuma dor..- la 'actua-
ción será un éxito. ¡No hay nada qué hacer le! ¡Un éxito ... vos
no sahés cómo va a eRtar eso. . . ¡ no sabés ... !
Y cuando ge discutió la perso na a quien debía confi arse la
presidencia del acto, Barra jón y los anarq uista s exigieron que
fuese yo quien lo presidiera.
-Ché ... él está por encima de los odios del conventillo .. .
-dec ían

-Y4 -
. _La actuación f~é e~e~tivamente un éxito. Nicolás Rcpetto
d~ct~ una confer_enc1a d1dact~ca sobre las causas económicas y
tecmcas de la cns1s del carbon en Inglaterra. Algunos trataron
de molestar con gntos y s1lbJdos pero se les hizo callar. Los ora-
dor~s hablaban en .nombre de orgamzacwnes im}Jortantes. Al fi-
nalizar el acto rec1bí un papel que decía: "Camararla: le ruego
concederme. el .uso de la. palabra antes que hable el camarada
Rodolfo Gh1~l,d1: el Partido C'omu.msta me ha encargado hacer
su presentacwn. Su affmo. V1ttono Codo\·ila"
, No, m~stré el pap~l a Kauffman vorque ;abia que se opon-
drla alh mismo Y temta a lo que pudtel'a sobrevenir. Desde un
ángulo lejano del escenario un hombre rechoncho cuellicorto con
el pelo ensortijado, cargado de espaldas y con r~stro sonro~ado,
hacía señas a1nmtándose al pecho con el dedo índice. Parecía de-
cirme Yo. . . yo. . . No reaccioné ante su insistencia v fingí no
verle, más que nada para evitar una distracción en
cia del acto.
tapresiden-

Cuando llegó el turno de Rodolfo Ghioldi -atendiendo .. la


solicitud del papel enviado -dije con voz clara:
-Tiene la palabra el camarada Vittorio Codovila.
El hombre rechoncho, desprovi~to de cintura r de cue~lo
.
con la Cc'1beza de upermanente" avanzó hacia e] pro~cenio. Tenía'
las caderas enormemente anchas ~- las )Ícrnas cortas: aquel
hombre era Codovila.
En cuanto le anuncié me eH cuenta que pasaba un soplo he-
lado por los rostros de los organizadores del acto: tnrlns c1aYat·on
sus ojos en mí con una inmen~a carga de reproche. Sólo en aquel
momento comprendí la trascendencia que tenía el pa<:() que lige-
ramente acababa de dar.
C'odoYila comenzó a hablar de modo agt\~sh·o. Xo se tralaba
de las palabras de presentaeión de Ghioldi. -de que hablaba eu
el papel.- era una carga de enfurecidos anatemas. con recarga.
do acento italiano y con esa pronunciación que 1 s argentinos de-
nominan "coco1iche·•. 1:saba términos ásperos y palabras de gro-
sera vulgaridad. Habló mal de los ingle~es. de 1os franceses. de
los belga y de los norte-america~os. Dijo cosas dur~1~ de lo.. ale-
manes. exaltó con frases desprovistas de toda emocwn p~ro car-
gadas de é11fasis. el papel que estaba desempeñando Ru. 1a en el
mundo. Ja obra de la Re,·olnción Rusa ~; la luz que llegaha de
Moscú. Era u na oratoria especial para hacer antipática la causa
o las ideas que este hombre propugnaba. F:stallaron aplausos que
venían d e grupos fo11nados en dh~ersos rmcones de~ teatro. Y a
quienes el resto del público parecía empeñado en deJarlo~ ~plau­
dir solos. Se not ó inmediatamm1te que eran aplausos regunen-
tados.
Codovila cont inuó y se refirió al atto qu~ se estaba desa;·~ v·
liando y ah·ihu yó el éxito al Par tido Comumsta r a los ,.,,n
~n-

-95-
:.

gentes comunistas que estaba~ !lUí. .~se_veró que los comunistas


et·an los únicos verdaderos anh-nnpenahstas consecuentes y que
todos los demás eran veleidosos vacilantes, sin firmeza; entre
ellos algunos intelectuales que sÓlo deseaban figurar Y alcanzar
notoriedad como era el caso del "snob" Carlos Sánchez Vía
monte. . .
El vocerío se t01·nó ensordecedor; los anarquistas le gnta-
ban:
-¡Dictatorial ,agente ruso, sirviente . . . !
Los otros le injuriaban llamándole "tano", macarroni, creti-
no y hasta asaltante. Como alguna~ personas coléricas comenza-
ran a subir al escenario, Codovila dió por terminado su discurso.
En medio del barullo, fué obligatorio conceder la palabra al
profesor Sánchcz Viamonte, que halJía sido aludido por Codovi
la.
-Soy un hombre de avanzada .-exlamó el catedrático de la
Plata- fervoroso simpatizante de la Revolución Rusa y del mo-
vimiento revolucionario mundial, pero estin1o que tanto los ru-
sos, como los obreros en general, deben tener más cuidado en
escoger sus portavoces. Porque, amigos míos, resulta 1·idículo y
promueve a risa que tengamos que escuchar la palabra artificial- :
mente enfurecida de un hombre que declama hambre, miseria y
explotación, exhibiendo un cuerpo relleno como una salchicha,
cebado, pletórico de grasa, que ha engordado y que sigue engor
dando seguramente a expensas de los b·abajadores.
El clamoreo se tornó enloquecido; el público be1Teaba, aplau-
dia, silbaba y coreaba vivas. Ghioldi habló calmando a sus par-
tidarios; el acto terminó con el canto de la Internacional, que
conjuntamente con el cansancio, aquietó los ánimos. 1

'
Desde aquella oportunidad quedó establecida mi conexión
personal con loe- altos dirigentes comunistas argentinos. Insis-
tían en hacerme saber que el Partido Comunista Argentino era
tan antiguo como la Revolución Rusa y que ellos lo organizaron
aún antes de que fuese fundada por Lenín la Tercera Interna-
cional. Me invitaron al local del Partirlo y a las fjestas que orga-
nizaban y me llegaron a mostrar los uniformes de oficiales del
Ejército Rojo que les habían obsequiado en Moscú r que corres-
pondían a los grados honoríficos que se les había otorgado. El
viejo Penelón tenia un uniforme <le Coronel del Ejército Rojo;
Codovila, el de Capitán, Rodolfo Ghioldi, el de Teniente.
Y aquello ejercía una poderosa fascinación sobre mi y sobre
los que simpatizaban con el movimiento ruso.

-96-


CONCORDANCIA CON HAYA DE LA TORRE

A ACTIVI~AD entre los. círculos políticos de avanzada de


IL Buenos Atre~ •. me con~UJO a una triple conclusión: la pri-
mera, que m1 1gnoranc1a en cuestiones sociales políticas y
econó~ieas era ~asi enciclopédica; la segunda, que ~ actividad
ant~n:wr e~ta~a rmpregnada, de un sentimentalismo ingenuo, de
esp1ntu cnstiano y nada mas: me faltaba "conciencia ele clase,.
como decía Codovi1a y base científica, concepción realista, com~
aseveraba Kauffman; la tercera conclusión era que ya no podia
continuar sop01:tando la rutina rigida de :Jfayon Limitada y los
sermones de mJsier Church-house, hasta cuyo escritorio habían
llegado noticias de mis conexiones con anarquistas, comunistas
y socialistas, lo que significaba una amenaza y un atentado con-
tra la disciplina inte1·na de la firma.
Mi plan de ahorro se desarrollaba con tanta yigidez como la
disciplina rlc Mayó11; tenía ya reunidos más de mil pesos argen-
tinos y con ellos pensaba marcharme a Europa. La saHda de Bue-
nos Aires e1·a decididamente ~t)lo cuestión de tiempo.
En Francia. un buen día del año 1926. cayó precipitado el
Gobierno del Cartel de las Izquierdas, que presidía Edouard
Herriot. Se de1-rnmbó el Gabinete izquierdista r arrastró consigo
al franco; la cotización de la moneda f1·ancesa h~.jaba por hoTas.
Impulsado por mi anhelo de marcharme, adquirí los francos de-
preciarlos de Monsieur Herriot, invirtiendo en la compra todo lo
que había ahorrado.
Tuve el placer embriagante de ser y·o quien diese la despe-
dida a Mister Church-house dejándolo con una larga cara de
sorpresa. El jefe de la fir ma: clon Alberto Marón, me llamó, me
felicitó poT mi decisión, aseguró que mi permanencia en su ca a
habia sido provechosa para mí y te1minó diciéndome con solem-
nidad.
-Si te va muv mal e11 París v corres peligro de caer en el
"atorrantismo", escríbeme. No te ·prometo enviar dinero. ni t~n
centavo. Pero, sí te enviaré un pasaje de regreso ... Y tendl·as
trabajo aqui. ..
Le dí las gTacias y salí gozoso de las of1cmas.
-97-
Hubo conferencia plenaria ele Jos desterrados ; discusión am
lía y la resolución solemne de h acm·mc po,rtador de un enc~rgo,
P tegol'ía de misjón. El acuc1·clo er~ ~tmmnne para q~e Vtc~r
ft~l~lirigiesc nuestro movimiento poiJLtco, <·o~l, JCra~·quJa d<' .JC;
fe. }>ara que se considernse a José Carlos Manaíeg-u1. ~: al grupo
qu~ comandaba, como la pieclra ang·ul~r de toda aciJvHlad u!te-
riol· y para que se proccdiC'SC ?e _inrncdmto a ,dar _fo;·n;a orgá~n.ca,
estructura de pariHlo, al mov1m1cnio clC'! que fo1 mabamos J><ll te.
En la tarde gris, bajo menuda ll~vtzna, xubf al barco_ ~n e1
Rio de la Plata. Desde la (lárs~·na, nns <.:an~arada~ ele extho, el
gallego y algunos amigos me mn·ahan <'?n OJOS ~n los que ll? se .
ocultaba el asomhro. Pensé que así clebt.e ron m1rar a lo~ Lnpu-
lanics de In "Santa María", Jos que actHheron a ver parbr la <·a.
rabela en Pnlos de Moguer. .
El barco se desprendió lento y crujiente Y se fué hunclienclo
en la brumazón del río, en busca del ma1·.
:R'~rÍ~i~~~ ·~~~·e~· i~ ·~i~l~· ;1~. ~;1. 1·1~1;1;1:e· Íé~~ ·j~~l;l:e&ioncs se
jantcs a aquella que experiment6 al pisar Europa y al arribAr a
París. Un largo y magnífico ensueño hecho realidad, convertido
en hecho del que yo era protagonista. Los milagTos ele las narra-
ciones de mi infancia cobraban forma l'cal. La ¡n·imora 11oche en
aquel bullanguero barrio de Montmartre, en el hotel de la rue
Piga1le, estuvo llena de sobresaltos. Hundido bajo el edredón en
la ancha cama parisién, soñaba que dehfa levantarme muy de
mañana, a pesar del frío, para llegar a tiempo a marcar el reloj.
g } sueño se hacía claro, definido como una rcaliclad y se tornaba
pesadilla: al despertar, iransiclo de angustia, tardaba un tiempo
en captar y hacerme dueño de la conciencia del lugm· tlondc me
encontraba; y llegaba a sentir c11 los nervios, en los ojos, en Jc¡
profundo ne los flídos, la dicha de estar en París, efectivamente.
de haberme con\lm-tido cm uno de los habjtanies de Eut·opa.
Mis ~xcelenf es calificaciones de francé~ en el colegio carr-
cfan de valor prúciico. Los f r anceses no entendían unn palaiJt'a
de aquel francés que yo había aprendido y cuyo conocimiento nw
valiera tan buenos calificativos. Los 11Je ne vous compt·cnds pa~"
caían sobre mi como golpes humillantes, rodeándome de :-;ilencio
y privándome del exquisito vino de la divina voz humana. Leía
la prensa traduciendo; solo varios meses má!'i tarde tuH· la ale
gria de comprohnt· que comenzaba a penf-iar en francés.
En mi virla, P arís significaba la clausura dC' una épocn de
tanteos y de titubeo~ y la inauguración de otra, en la que vería
con cla ridad los cammos qur conducían a la c·rcación ele! bienes
t ar -aunque f uese sólo un poco de bjenestur.- para las gentes
m~ desventur~das de mi pueblo. Desde P arís -magnífica y Ju-
mmosa cncruclJada de los caminos sociales y políticos del mun-
do- podría escoger el derrotero más asequible y mejor pa ra
-98-
emprender la co~quisla d~ la l cdención para aquellos c;a ·
de Matara, a quH~ncs hab1a ensciiado a l~cr, y cuyas ov::J~~~nos
tras<¡tnl:a.das por los g~monalcs en los rodeos; desde este a tal!~
umver:-::al dPl pensamiento y ele la cultura podría descubrir· el
alH:a por don~le ey~ facilhle tramon ~ar al otro lado: al de las so-
~ucwnes que nnpHhescn que las muJet·es rlc Pacasmavo y de C&-
Jamarc·a, ~~~~ Callao Y de Tembladera, pariesen sohr~ el suelo' y
quc ..s.us h!J~~ se arrasir~~en como gusanos sobre el polvo, para
mm u t.empumamcnle, swmpre sobre el polvo, sobre la mugre
bttJO la pC'~arlumhrt: de la mtscria. '
. A la luz clt l.a c-ultm a mil_agrosa en París tenía que encontrar
JUlllo ~on una fn·me conc<~pcdm dPI mundo un auténtico sentido
de la vHla. Pero, RC>bl e todas las cosas, te nía que halla1· en medio
de~ aquel mundo viejo y sapieute, el camino y la met.c1. que busca-
ha.
Ante mí se ahríél el Nlmino inmediato que me acercaba a mi
compéd nota fiayH ele la Torre, el héroe estudiantil del 23 de ma-
ro de 1 !)23. Cnat.ro a1ios má~ tarde, cuando yo arribaba a París
se estaban dil·igicndo hacia él las miradas de esperanza de dece:
nas de homhrC's J6vencs, veteranos prematuros del combate por
la libertad, collClttctores bisoños, impro\•isados, de las luchas del
pueblo por su mejoramiento material y espiritual. La figura rle
Haya ct<> Ja Torre podía transformar se en ln nel gran guía que
oriPn ta~e a nuestro pueblo hacia su redención rle la miseria v la
ignornncia. Había qlle acercarse a 11 a~ a, colaborar con él, orga-
nizar ba jo su comando el movienío polHico nuevo, con capacidad
de renovar, de transf01·mar, de (·rea1·. Era impcrali\'o organizar
un par lido polliico que 110 estuviese tarado p or el caud11laje pri-
mitiH>, ni la harhane chciatonal; que fuese eapaz de captar el
amor y la conf ianza del puehlo. Es en tal e~tarlo ele ánimo ctue
me a(·erq ué a la amistad política y personal de Víctor Raúl Ha-
ya ele 1~ T orre.
Uc~pués de su \ ia,1e a Rusia \ de su estancia en Suiza, H a-
\' ::t hahia anclado en Oxfor d. la ciucla(l unhersitar ia, a donde le
escr ibí anttnC'iándolc mi arribo y mi deseo de hablar con él Lo
saludaba mu y cord ialmente y le comunicaba que era ])011ador de
un encargo ¡)olí tico del grupo de exi lados en Buenos Aires.
Su 1·cstmesia llegó con 1·elardo. Era una carta f ría, no exen-
ta de cicrtn agrura, la que se filt raba en t r e las ~fneas escasas.
"A n1 es de apr en de't' mm·xismo ser ía ronvemente qne apren-
diera Url. ft·anrés -escribía-. Lo que más mal nos h a he~h_o
siPmpr(• es la resiRl.Cl'I C'ia a reconocer un jef e y un comanrlo um-
co ; los aliados tu vim·on que s ufri r gra\'(!S clelToi.a~ an tes ele com:
pr enrle1· esto; lo que nosot ros no comprendemos m acepiamo~. s1
lo en lienrlen y lo aceptan gustosos los rusos. En Buenos _A1res
se vive cómodamente v. por lo tnnto. se puede pas~r el tiempo
haciendo bizan ti nismo: A Mariátegui le cortaron la p1erna buena:

-99-
es una lástima, a pesar de que el pobre era cojo. A propósito,
¿ha conocido Ud. algún jefe político que sea cojo? Yo no he
visto una estatua sin pierna, y entiendo que las estatuas son le-
vantadas a la memoria de personas que valieron algo".
Después de esto, escribía muy mal de la Rue Pigalle y de
Montmartre y me decía: "váyase de allí lo más pronto que pue-
da y cuídese; el im·ierno entra y en Europa es frío y duro; no
es como en Lima donde no pasa nada, ni siquiera llueve. Escrí-
bame Y ya nos veremos".
Dos~ días más tarde intelTumpió mis estudios de francés la
visita de dos hombres jóvenes que venían por encargo de Haya.
Tenían el rostro familiar de los mestizos con alta dosis de sangre
incásica, los abrigos raídos y el acento típico de la serranía su-
reña del P erú. La sorpresa de aquella visita me pr odujo inmensa
alegría; sabiéndome segura y firmemente en P arís, me aleg1·aba
oír hablar español y con acentos nativos.
- Hemos recibido carta de Víctor Raúl -me dij eron - y
hemos venido a verle, a conve1·sar .. .
A través de la conversación comprendí que tenían encargo
de sondear 1a situación y de obtener un informe sobre lo tratado
v acordado en Buenos Aires.
w Ftlimos hacia el Ban'io Latino; conve1·samos toda la noche;
easi al amanecer regresaba esperanzado y co11tento. Así fué to-
das las noches siguientes; trabé amistad con una cuarentena de
muchachos estudiantes, todos de mi país, y además con numel·o-
sos latino-americanos residentes en Pa1·ís. Por ellos conocí la Bi-
blioteca. penetré en ella r me adherí a los libros como el molusco
a la roca <ionde se alimenta. Otra Yez Renán, Nietsche, los clá-
sicos france~es e ingleses y Carlos Marx, Federico Engcls, Lenin,
Plekhanov, Kautsky, Bebel, Sorel.
Gno. cuarenta días después de mi arribo, acudí a la Gare
Saint Laza1·e a recibir a Haya de Ja Torre, que llegaba de Ingla-
terra.
Sonriendo, con esa alegría desbordante y comunicativa que
ya le había visto en Lima, la marcha segura y plena de jactancia,
carialzado, el pecho abotargado como el de una paloma, y la na-
riz oteando la lejanía, Haya avanzó a nosotros sujetándose, con
la mano enguantada, el ala del fino sombrero que doblaba el
viento.
Abrazos, saludos, palmadas largas y resonantes. Haya su-
jetaba ~ lo:- muchachos por los hombros, Jos colocaba frente a sus
ojo y riendo alegre y cordia1ísimo comentaba:
-E tás bien, pareces muy bien, pero tif'ncs e1 ojo izquier-
do rojo como si y;adecif!Ses un derrame; hay que hacerse ve1· con
el oculista.
-Tú PStás mucho mejo1· -ex<'lamaha aiJl·azando a otro-
mucho mejor que cuando te \ f la 'cz última. ¡, Has tomado el ja-
-100.-
r abe que te r~comendé? Es lo mejor que hay para curar 1 t
Y hay que cmdarse de las coni.entes de an·e. y sobl·e tod~ os.
beber, nada de tl·ago. ' , no
Uno a uno, todos merecían su comentario, su consejo médi-
co, su palabra de curand~ro; po1· él todos los ciegos habrían vist
y t?do~ los sord~s habnan oído Pensé que había gran bondad
en el., ) que le Pleocupapan los grandes problemas sociales y al
prop1o tle~po los peq.t:enos problemas de quienes le seguían. Su
a~t1t~d amigable, car~nosa, tan 11~na de alegría, bonó la impre-
Slón aspera que m~ hizo ve1·le baJar de un coche de luJo.
. . Su. acog1da fue calurosa; m~ aseguró que me perdonaba el
v~a)e sm haberle consultado previamente; que su opinión habría
s1do adversa.
. . . . . ¿Y por qué? -pregunté ri~ndo tan:hién aleg¡·e. ·
-Eu1•opa .no só~o es un continente VIeJo -pronunció en to-
no exclamatono- smo que es el continente enYejecido Es un
mundo que ya dió todo lo que pudo dar \' que carece de fecundi-
dad; es un mundo estéril. Lo verdade1·amente nue\·o está alJá
en el mundo de donde usted viene, el que ha abandonado por esto:
-Pero . . . . . objeté- la cullura, los maestros las conferencias,
los museos, en fin, la vida esph·itual. '
-Cómo se vé que está usted enfermo de literatm·a -dijo
riendo y dirigiéndose a nuestros acompañantes- pero, no im-
por ta, ya está aquí y usted mismo se desengañará.
Los otros celebraron la sentencia de Víctor Raúl y esto me
irritó por lo que tenía de falso en ellos.
-¿,Y entonces usted -pregunté- todos ustedes qué hacen
en Europa ... ?
Mi pregunta le confundió un poco y los otros dejaron de
reír. Apresuró el paso y separándose del grupo me tomó del bra-
zo y se echó a andar diciéndome:
-Yo vine a Rusia; habia que conocer el hogar del más gi-
gantesco experimento social de nuestro tie~po. Necesitab8: ver-
lo, que no me contaran cuentos. que no me diesen gato por liebre.
Y rió golpeándome familia1n1ente la. espalda.. . .
-Yo también vengo para ir a Rus1a ---:-replique ~mlstosa­
mente- quie1·o ver lo mismo que usted. ha. VlSt?; ~demas, usted
tiene que comprender que era urgente 1mprescmd1ble conversar
con usted. Es preciso que organicemos algo, qne emprendamos una
obra dur adera con seriedad. Y en todo esto, 1~ palabra de usted,
Haya de la Torre. la consideramos todos, dectsJva. .
Cambió de expresión; un fresco y generoso reve;bero de ri-
sa bañó su r ostro absorbiendo iodo Jo áspero que habla hasta ese
momento en él. .
- Tenemos que hablar mucho ... m~ ~l~gra que h~ya vem-
do, - dijo.- cambiando súbitamente su JUlClO sobre m1 llegada .
.-101-
Celebramos numerosas y largas entrevistas conversamos
mucho y nos dimos cuenta de que, bien pronto, habíamos pasado
de la me1·a camaradería política al conocimiento de los proble-
mas personales, al intercambio de juicios y opiniones sobre hom-
bres y acontecimientos y hasta a confidencias sobre sueños, des-
ilusiones e inquietudes. La mera compañía en el infortunio y en
la lucha, se transformaba en amistad cordial, salpicada de tanto
en tanto. con sensibles toques fraternales.
A pesar de esto, algunas cuestiones quedaron para mí en la
sombra. Cuando se estima en mucho una amistad, parece que nos
domina el temor a cualquie1· hallazgo que pudiera abrir una fisu -
ra en ella. Renunciamos a la investigación, a la pregunta, a la
mera curiosidad y preferimos este renunciamiento ........ quizás a
veces claudicante . . . . . a la captación de algo que pudiese met·mar
nuestra confianza. Y este fué el sentimiento predominante en mí
ante una serie de cuestiones de la vida y el pensamiento de mi
amigo y camarada.
Esta actitud era reforzada por la convicción que abrigaba
respecto de la personalidad de Víctor Raúl. Su psicología no era
la de un hombre corriente. ni su conducta la de una persona con
quien se encuentra uno todos los días. Fluía de sus actitudes, de
su comportamiento, de sus palab1·as, una alegría juvenil, fresca,
henchida de calor humano, de contagiosa alegría de vivir. Poseía
una locuacidad ingeniosa y amable, que llevaba a las personas la
sensación física de sentirse queridas, distinguidas en especial
entre todas; era sutil en enfocar y descubrir los pequeños pro-
f)Jemas inmediatos de las gentes ). en tratarlos con cautivadora
bondarl. interesándo5e \'erbalmente por ellos. Al propio tiempo,
tenía una truculenta capacidad para odiar y odiar a los hombres;
se amaba a sí mi~mo hasta la adoración; se enamoraba enloque-
cidamente de sus ideas, de sus opiniones, de sus posiciones. Ali-
mentaba con paciencia y hasta la devoción, la hoguera en la que
ardían sus rencore~ más crueles; tenía un sublimado amor por
la Humanidad y al mismo tiem))O, un peno~o desprecio, un asco
lastimoso por los hombres. Tras su bondad elocuente era medn-
larmente cruel. Y sobre todo, ambicioso: Yil)1'ante, febrilmente
ambicioso, in ser valiente: al contrario: t!lnía un miedo extra-
ño al dolor físico y carecía de la más mínima capacidad de ah
sorber sufrimiento.
De otro lado, no amaba a las mujeres: se acercaba a ellas
pma utilizarlas como instl·umento de sus planes; poseía el don
de adivhmr el potencial de servicio que había en cada mujer y
tenia pm a ellas -1 uhins o morenas. viejas o jóvenes bellas o
sin g1 acia . . . . . la misma actitud utilitaria. Quizás tambi¿n l'espec-
to de lo. hombres estaba animado por Jos mismos sentimientos,
pero estos e hacian invisibles tras la espesa maraña de su ale-

-102-
gria, de su bondad, de su simpatía saturada siempre de amable
conten to.
Lo que más resaltaba era la súbita cólera que Je invadía
t1·ansfo1·~ándose en rencor?~3; y vindicativa hacundia, cada ve;
q~,e se dtscordaba d,e su opm10~ y ~e le discutía algún plan, opo-
mendosele. Se querla tanto. a s1 nusmo que adoraba tener siem-
pre razón y detestaba a q~Ien se la quitaba o se la mermaba, so-
bre todo s1 era en presenc1a de otro Se sentía -sin tener pudor
en proclamarlo- un ser de excepción, un predestinado, un hom-
bre que llevaba una marca espec1al y que estaba indicado por los
dioses para la eJecución de un gran designio.
Ante esta complejidad de alma. sob1·e mis temores v mi~
dudas, brillaba luminosamente la idea de que en todas la~ acti-
vidades, sob1·e iodo en la acción política. los l.ombres tienen que
ser tomados como son y no como nosotros queremos que sean.
Y apaciguado de esla manera, la amista~ que había nacido entre
nosotr os al calor de un ideal político, se hacía más ancha, más
lozana y más firme.
Achicando mis dudas, como quien achica el agua de un bote
viajer o, acepté gustoso el establecimiento de una concordancia
política. sobre cuyo fundamento empezamos a colaborar como
un par de hermanos
Sin que lo decidiéramos. sin que lo sos: echéÍt aMos siquiera,
bien pronto iba m os a aparecer públicamE:r~te Jun· os. so~ teniendo
idénticas posiciones ideológicas.
. . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . .. . .............. .
En la Yida política alemana, el Tratado ele Yersalle~ se ha.
bía convertido en la g ran presa que trataban de cazar odos y
cada uno de los partidos poli~ icos del Reich. Comumsta~ ,. social-
demócr atas alemanes. se transformaron en los incitac:·>n:c:: de una
encendida campaña mundial cmltra el impcriah~mo. Bajo le égi-
da del K remlin fué conYocaclo el Congr e o Anti-impcriah~~a de
Bruselas, al qu'c la Liga Anti-imperialista de la Argentinr. me
acr edit ó como su delegado.
Hay a tenía adversar ios empecinados -r. entre ellos..Julio
Antonio Mella-, quienes deseaban impedir qu~ fuese inútado
al Cong r eso. Cuando mi gestión ante los orgamzadores 1 amba-
leaba, hice yalcr los títulos ele la ,·isita de Rara de la Torre a
Rusia s u amistad con ZinoneY. con Lunachar~l\\·. con Losso\\ skr
y Pes'lwwsl~r. l os argumentos sin·ieron ~- \Tírtor Raúl fué es-
pecialmente in' itado. .
Ha ,.a me es<.:rihió sobre esto muy contento: m~ recome!ldo
que obt'uviese para él en Bruselas un alojamiento chgno de el Y
me preYino contra la actitud que a:::umiría Mella .
Julio An tonio er a mucho más jonm que Hn~a. Alegre. frm~­
co, optimista. pese u que dejaba notar que 1 ~se1a ~ma alta est t
mación de s u p1·opio , aler. se compro ha ha mmed1atamenle su

~· -1 03-
magna since1·idad. Mella no solo era un comunista militante; era,
de pies a cabeza, un dirigente, un conductor. En Cuba había
puesto en jaque a la tiranía de Gera1·do Machado, convulsionando
la isla, políticamente. El Partido Comunista de Cuba, lo había
expulsado de sus filas y Mella marchaba a Moscú a reivindicarse.
'\Villy Münzenberg, uno de los jóvenes califas del comunismo ale-
mán e internacional, se mofaba de la resolución de los comunis-
tas cubanos y admil'aba abiertamente a Mella. Julio Antonio, por
su parte, detestaba a Haya de la Torre, le llamaba uChiang Kay
Shek criollo" y rechazaba airado mis il1sinuaciones para un ave-
nimiento. Cuando los dos hombres llegaron a Bruselas, su sepa-
ración, ideológica y pe1·sonal, era ancha y definitiva: no había
puente posible entre sus posiciones.
La antevíspera de la apertura del Congreso, COlTÍa entre los
delegados la información sensacional de la presencia de Grigory
Zinoviev en Bruselas. Afirmaban habel'le visto en el Palacio de
Egmont, sede del certárnen internacional.
Pronto la noticia cayó en el texreno hum01istico. No era Zi-
noviev: era Vittoxio Codovila, disf1·azado de Zinoviev. Las mis-
mas botas altas de cuero, el mismo pantalón a cuadros blancos
y negros, la misma chaqueta de pana oscura .-especie de caza-
dOl·a que los rusos denominan "tolstoika"-- y la misma gorra
de tela igual a la del pantalón. Todos los que conocían a Zinoviev
convinie1·on en que existía gran parecido fisico entre los dos hom-
bres y que Codovila explotaba el parecido.
El comunista argentino se me mostró afable y cordial; ha-
bló mal de Julio Antonio Mella, le llamó pequeño burgués, caudi-
Ilista e intelectual y vaticinó que no sería sino un "bonapartista".
Me llamó la atención que, al contrario de su actitud hacia
.Mella, mostrase un gran interés en conocer personalmente a
Haya de la Torre. Quizás era a causa de la tirantez existente
entre Haya y ~!ella.
---La gran debilidad de la lucha anti-imperialista --dogma-
tizó Codovi1a- es la rivalidad entre los caudillos. Allí tiene Ud.
lo de Haya y Mella; nada más que rivalidad sin principios; no
pueden \·erse, se detestan; lo mismo pasa en Brasil y otro tanto
en México. Y la Komintern vé muv mal esto.
-¿Cómo cree que puede arreglar~e?
-Yo propondría una división de América Latina en secto-
res. Cn sector del Caribe; otro de los países bolivarianos, el tel·-
cero ele Arg-entina, Chile, Ut·uguay y Paraguar y por último, un
cuarto, el Brasil.
-¿Quiere que sondee las opiniones sobre esto?
Recibido el asentimiento de Codovila, comuniqué el plan a
Víctor Raúl quien lo recibió con tan escaso entusiasmo que era
indiferencia. A la mañana siguiente, apenas se inauguró la se-
sión que celebrábamos los delegados de América Latina al Con-

-104-
greso, Haya pidió la palabra; tan luego como le fué concedida
planteó la necesidad de dividir la América Latma en cuatro se¿
tores.
¡La proposición de Codovila . .. 1
El comurústa a1·genti~~ no se inmutó; estaba sonriente y
~ba muestras de aprob~e1~n, al propio tiempo que me dirigía
rm.radas como de ag:radec1m1ento. Inten·umpiendo a Haya excla-
maba:
...-¡De acuerd?. . . estoy completamente de acuerdo .. . !
Mella estaba Iracundo; miraba alternativamente a Codovila
y a Haya, sospechando que entre ambos había un oscuro con-
tubernio.
Esa misma noche, Haya me expuso su plan que era una so-
caliña: '
-Este Congreso -planteó- no resolverá nada: discursos
que nadie escucha, boletines que no se leen y resoluciones que so-
lo tratarán de cumplir los comunistas como )1ella. . sin conse-
guirlo por cierto. Lo que a nosotros nos conviene -añadió con vi-
gor- es llamar la atención sobre nuestro movimiento; que se
fijen en el APRA; que se dén cuenta de la existencia de algo que
se llama Alianza Popular Revolucionaria Americana. . . ¿ entien-
des . . . ?
Corno manifestase, con un gesto, incomprensión o duda,
acentuó:
...-Si votamos todo lo que e1los proponen, pues nadie se fija-
rá en nosotros; si votamos "con reservas'' nos señalaremos como
excepciones. Preguntarán de qué 'se trata, en qué residen las dis-
crepancias, y como una consecuencia, sabrán que se trata de la
Alianza Popular ... ¿ ra ... ?
-Alcibiades le corta el 1·abo a su perro ... murmuré.
-Y treinta siglos después, se sigue hablando de Alcibiades.
-opugnó tajante- si te gusta lo clásic.o, pues hemos de co1tar
el rabo a nuestro perro. ¡Es una pro1)aganda -añadió- dema-
siado al alcance de la mano, para dejm·'a perder ... !
En medio de disputas campales, llamando la atención del
Congreso mucho más de lo que habíamos pensado ambos. hacien-
do con·er de un lado a otro a Codovila r a los secretarios de las
diversas '(fraccione!' comunistas" en el Palacio de Egmont, YO-
tamos las resoluciones del Congreso Anti-imperialista de Bruse.
las "con reservas''. Y al socaire del certámen internacional. gra-
cias a la maniobra socaliñera de Haya, Hamamos la atención. so-
bre la Alianza Popular Revolucionaria Americana, con ~m \'lgor
que repe1·cutió en Colonia, semanas .r:n~s tard~ y ulten01·mente
en Moscú en México :v en toda la Amenca Latma.
-¡Ha sido ~m .golpe maestro ... ! -exclamaba Víct~r R~úl
con frenesí- han sabido que el Apra existe; y eso quedara regis-
trado y bajo la mirada de 1\[oscú .
.....- 105---
EL RESPLAI'-"DOR SOBRE EL ABISMO

I") ARA EL Al\IOR por la cultura y para la ambición de sabe1·,


J1---1 del recién llegado, la Sorbona se presen~a com.~ embrujad~
laberinto y como desconcertante desoneniacwn ; como s1
en sus aulas confluyesen todas las encrucijadas del saber del
mundo.
Cursos, conferencias, lecciones; filosofía antigua, con estu-
dios indh·íduales sobre los filósofos; en la sala A, Platón, en la
sala C, Heráclito de Efeso; en el rincón, a la derecha, conferencia
sobre el proceso de Sócrates; la Teoría de la Relatividad y la
tragedia de Baudelaire, la crisis monetaria en China y los impre-
sionistas y la M01·al de Spinoza. . . más allá, en la te1·cera puer-
ta, ~Ionsieur Bergson, en la siguiente, termina la confe1·encia so-
bre Ornar Khayán y vá a iniciarse la lección sobre los empilistas
ingleses.
Frecuentaba aulas y cu1·sos como alumno lihre matriculado
sin derecho a obtener título; a través de los estudios me vinculé
con gentes diversas; llegué a trabar amistad con tres estudian-
tes: :Monsieur Peng Yu Lang, chino, estudiante de filosofía;
Pierre, el francés que estudiaba idiomas y que me ofreció inter-
cambjar su francés por mi español y una bondadosa muchacha,
con el pelo desgreñado lr las uñas carcomidas, que fumaba sin
cesar, cualquier clase de cigarrillo aunque no fuese de tabaco.
Ella seguía cursos de Literatura y Arte. Después del primer ci-
gan;llo que le invité, encendiéndoselo, habló de pintura ; se entu-
siasmaba con los colores de Corot. con las formas de expresión
cie :\1onet y con las líneas del dibujo de Picasso. Los super-realis-
tas le indignaban. ·
~Son farsantes -gritaba-- imitadores del italiano Mari-
nelti: no les interesan ni el arte, ni el juicio de las gentes sobre
sus obras, ni la educación de quienes no somos artistas, ni el
placer divino de crear algo bello. Sólo les interesa meter ruido,
llamar la atención. ¡Ya los verá usted ... ! Su ambiente es el del
sainete escandaloso; parecen más agentes de publicidad que ar-
tistas. Sienten placer en enfurecer al público.
-106-
~ Mi. amigo Monsieur Pie~'l·e se burlaba del Hombre y de la
Human 1dad. Y o no soy -dec1a- un fl:ancés de pw·a sangre: de-
b_? te!l~r al~tma mezcla n.ormanda, algun ancestro huno ... Que-
na viajar, n· a las colomas o embarea1·se a Buenos Aires para
tentar hacer la América.
. -Yo a1~ren~~ español -~o~fesab~ como soñando- para uti-
hzarlo· en mls VlaJes por Amenca Latma. ¿Se imagina usted un
con~Lr;~nte que habla un solo idio~a? ¡Es mag~ífico. . . qué ricas
posibilidades ... ! Aprendo tamb1en a colocar myecciones a su-
turar heridas, a contener hemonagias, a curar la picadur~ de las
víboras. a llevar una contabilidad bien arreglada y a soldar ea-
charros con métodos primitivos. ¡,Comprende usted?
-Sí, le compl'endo; usted quiere hacer dinero en los países
atrasados.
-¡ Bue110 ... si usted quiere mi1'a1· así la cuestión, pues pién-
selo! Yo creo que soy el civilizado que lleva a los rincones per-
didos del mundo la luminaria de la ch·ilización. Ko sor el egoís-
ta que Ud. cree; podría bien quedarme en París; concie1ios, m u-
jeTes, buen vino, cafés, bulevares. pernod, exquisita carne. Pero,
no. Yo trabajo y estudio :r me preparo. para ir a soportar penu-
rias Y, de paso, pues a procurarme un poco de dinero. . . y de di-
cha tranquila para más tarde.
Mi amigo el chino era tl·ascendente; viYía siempre en pro-
fundidad; le sugestionaba lo complejo y su encanto especial era
enjuiciar los sentimientos, las reacciones, la conducta humanas.
-Todas las religiones son buenas -manifestaba en su fTan-
cés típico, desprovisto de erres.- a condición de que le presten la
mayoT s urna ele consuelo al creyente, de que le hagan menos cruel
con los otros, de que le ayuden a mejorar su condición humana.
La religión deviene perniciosa cuando el hombre la toma para
hacer negocio; entonces deja de ser sentimiento moral para ha-
cerse codicia egoísta.
-¿Cuál de los filósofos cree usted que ha logrado plasmar
una filosofía más completa y mejor?
El chino miraba tras sus pómulos que brillaban más que sus
ojos, chupaba la pipa con fruición y se rallaba. Tras un pausa
exnresó con honda convicción:
· -Creo yo y tienes que perdonar que hable dogmáticamente.
que el más o-rande filósofo del mundo desde que Thales. fundó
la filosofía, hasta nuestro. tiempo, es el atem~n J~rge Gu~llermo
Feder ico Hegel. Es supenor a todos los demas. S1 penettas con
amor y con tenacidad en la. filosofía hegneliana. tendr~s una co~­
cepción clara del mundo y un sentido preciso de la ':1da. Eso Sl,
no la aceptes tal como está : fúndate en ella, nada mas.. ?
-¿Cuál crees que es el verdadero sentido oe la YJda ·
-IL'lcer el bien a los otros.

- 107-
-¿Qué es hacer el bien?
.-Que los que reciban algo rle nosotros, Jo que fuere, se sien-
tan felices. Hacer que la vida sea alcg1·c pa1·a los otros, auuquc
a nosotros nos dueJa. Llevar bienestar a los demás y no pedir
nada. En breves palabras: abdicar del egoísmo, eliminar el Yo.
-¿Y eso es filosofía hegueliana?
-No -replicó secamente el chino- es mi propia opjnión .
..-¿ gÍ·es comunista? -interrogué con viva curiosidad.
Peng me miró largamente; tras las ventanillas ohlícuas de
sus párpados relampagueaban sus retinas; repuso con desprecio:
..-¡Todo eso es una feria; demagogia y estafa ele la buena
fe ... !
..-¿No tienes opiniones políticas?
-Son mías -ccxlamó con sequedad- no las de ningún
partido.
No insistí en mis preguntas y seguí su consejo; me dediqué
paciente y tesoneramente al estudio de Hegel. Peng comentaba
con una especie de sensualidad los conceptos oscuros sobre los
cual e!; le pcclb. explicación. Rra un ferviente hegueliano; veía
contradicciones en todas partes y en cada hecho buscaba el
"aufheben" hegueHano.
Mademoisellc Pauletie me dió sedantes y virtuosas lecciones
de pintura; recorríamos junios las exposiciones y museos y los
establecimientos de los "marchands des tableaux". Le encantaba
opinar sobre cada cuadro, sobre cada pintor, sobre cada trazo, so-
bre cada mancha de color. Era tajante en sus juicios, inflexible
en sus apreciaciones y sostenía que Velázquez era el Júpiter de
los pintores. ¡Los italianos, demasiada az.úcar; los franceses, de-
masiada carne; Velázquez, los españoles son belleza pura, el rama
trascendente como la vida, que va más aJiá ele las Meninas y de
las Hilanderas; más allá de los caballos, de sus jinetes y de las
risas de sus bufones.
En el teatro adoraba a Shakespeare y abominaba ele Racine.
1
Lloraba en "Aniigona" y sentía todo el dolor de ' Edipo Rey";
sus dioses en literatura eran Sihen<lal y Balzac, co11 FlauberL.
Tenía un desinterés que parecía afectado por la 1iieralm·a extran
jera. De los contemporáneos .-aconsejaba- lea a H.omain Ro-
lland. a Ba.rbusse, a André Malraux.
Muchos días de alegría y de hambre, ele contento y ele mise
ría compartí mm; Pauleiie y yo, Peng y yo; Peng terminó ena-
morándose de Paulette. Y decía que tal dicha me la debía en
pal'L(> a mí. Y ('ÍerLamente, fuí feliz con la alegría de ellos.
Con gran frecuenda comíamos j untos en el rcstatm:tnie chino
de la rue CujHs; arroz y té verde graiuitamcmte. Y 1:-t conver
sac:ión C'omandafla siempre por Paulet.ie. Al hablar de l3arbusse.
de su a<·iuación y ele sus libros, recordé que lulC.:Ía muchos meses
que temía en mi podet· una carta dirigida por Mariáiegui al gran
- 108-
m;critor. r•;n ella me 1 ecomcndaba f'ntu 1·a"ta clcc'1 b
• 1' J> ·~ ,
e e m1 Y pe( 1a a >arlmssc que me a<'ogiera eon bcrw 1 .· W'nas
1 a cosas
no le cl<:fraurlal·ía. ~VO eneJa, que
YJ u eh as v~ces había intentado enln•gar la earta y presen-
larnH: :w le He m'-". Barbusse; <!n algunas oportunioacl~·s no·
~ Lrcv 1 a loc·ar ('! tunln·c. en otras me quc•d(. r>n la mitac1 d ·1 n~:
lll~J~o Y algu~~~ ve;,. que•, vcmci_enrlo mi timioez. llegué hast~
<Jflc:!n;t~ de b clhct)o, no le hab1a encontrado • e hnllaha f 11 cr· d
;::s
Par1s. a e
. CuaJ~do referí lodo c~to a Peng, el chjnu ~e mil'ó como si
h!vtcsc !~tsltmH dP m1 b1soñcría. Sonrió más compa::-ivamc:nle
aun, v dJJO:
-:\io l~a?' escntor algun? en Europa que reciba con más
pla<'er }a~ vJsl.tas cif' l:t ge!lte ,.JOven Y. s1>hre todo, de los jóvenes
ex lra 1.1.1 e> ro~ l'\ oscJirus -a nachó- vamos a visita !'le ltJdo los m:tr~
les, :;;tcmp1·c que su ~alud le permita csta1· en París, Somos un
gt;upo Ultc>.rnacto.nal: c)tíno;~· amtmitas. un par de algel'ianos, uu
bulgaro . . ¿ Quwres u· t•J? Más todaYia, si tienes conligo la
ea1 ta ele 1.111 intelectual amigo suyo
-Pues, ¡,qué he de decil'tc, Peng ... ? Si ustede..c; van pues
iré el martes. ¡,No crees que haya neccgidad de pedit· la' venia
de Barbusse ... '?
Pe11g volvió a reír suavemente y su risa cortaba finamente
como una navaJa.
-¡Qué venia, homhre 1 ¡Qué hemos de pedil· venia, ni a u
diencia !ITas dicho que entre tu amigo Mariálegui r Barbusse
hay gran c:<niño. . . ¡,y hien ... ? Barbusse es amplio, sencillo y
cordialísimo. F.s gran ronv~rsacior y homhrc de comprensión uni-
versal y univcrsalista. Trata con verclaue1·o dE-leite los problema!'
sociales de Jos países lejanos. En esto no parece francés.
Paulette gruñó. snm:lamlo enfaciarse. de rr.unera e..'Xquisita.
-Hay un adagio francés -elijo Peng sonriendo- que define
al frn.ncé!'i como un señor mal vestido. que UMt mosta(•hos y que
Jl() RC' interesa ell absoluto ])01' la (;eografía.
-Y que <liv1de a los habitantes del mundo en tres catego-
t•í;\s -añaclí riendo con intención- los civilizados: que ~on los
franceses; los hárbal'os, que son los alemanes, los ingleses, los
belgas y qmzá:::. hasla todos los habitantes de la Europa Oceirlen-
f al, hastét Jos Pirineos y, po1· último, los sah•ajcs. que somos to.
cios los demás: muy en especial los nmeric:mos ele todos los col e
re~. razas v latitudes.
PN1g- 1·eía maliciosa y alegreme~te. . .
Paul<>ttc dramatizaba la comecl!a encantnclora cie s u mchg.
nadó11 . abo<.•f'lando sus labios y ahocarclando graciosamente su
hora ... sentenció que ella nos haría amar ~· comprender a Fran-
cia. Y elijo que los extranj eros teníamo~ el defet'to d~ cxage1·ar
nnc~tros juicios ... carerfamos del .Rentido de la med1da ...

-109-
-.

Pas é días llenos del anhelo de conocer al escr itor ; repa sé


smo", puse
"Le s Enc hain eme nts" y "El Res plan dor sob re el Abi pun tual a la
en un sobr e nuevo la cart a de Mar iáte gui Y acud í alem án rubi-
cita con Pen g. El chino esta ba acom pañ ado pors un nes de sus
cundo, a}Jolíneo, que junt aba los desc alca ñado taco
zapa tos, al salu dar. es de
La visi ta estu vo plena de inte rés, Bar bus c tuvo fras
\'iva deYoción para ~Iariátegui; lo encomió cálido Y me sinc ero y di-
... ! Bar -
jo de él, ante los demás= ¡ Voilá vTai eme nt un hom ritu críti co·
buss e era un con vers ado r suge stiv o, de delicado espí
anim aba su cha rla con sent enci as, hac ía p~·egunt~sad a men udo , s¿
en sus sor-
sorp rend ía poniendo un suav e enca nto de mge nmdmo ~ema: para
pres as y como un "lei -mo tiv'' volvía sobr e el mis real izac ión del
Jos gran des dolores hum ano s, para lleg ar a la ni con trad iccio -
Hom bre Tota l. del hom bre sin desg ar ram ient os ón. Como en
nes, pues no hab ía otro camino que el de la revoluci vers ació n el
su libro. Bar buss e repe tía a trav és de toda su con ivo hum a-
mismo "rito rnel lo" = ¡Po r necesidad vita l, por imp erat
no, por piedad, rebe láos ! preg unta s sobr e la
Varia~ Yeces se dirig ió a mí, haci end o
niveles inte -
Am éric a del Sur, sobr e la vida en mi país, sob re los resa do en la
lect uale s de los dive rsos país es. Se mos trab a inte Madero, Ca-
Re,·olución de México: hab laba con fam iliar idad deesta ba inte re-
rran za. Pan cho Villa. Zap ata. Nos man ifes tó que gen tes de le-
sado en lanz ar a la publicidad una revi sta para "las de la revo .
tras '' de Am éric a Lati na, que llevase allá el men saje él, m·a par-
lución y que fuese capa z ele real izar aqu ello que, parJos a
espí ritu s".
ticu larm ente raro r esencial "ha cer la re\·o lurió n ense mof aba n de
El alem án le hizo nota r que los com unis tas ond ió, mi-
eso de la re,·olución de los espí ritu s. Bar bus se no resp
ró con aire tris te al muc hach o rubi o y exp resó : pote ncia
-Yo creo en el pod er del espí ritu y en su inm ensa soci al si an- !
crea dora ; creo que nad a pue de pas ar en la real idadbre no puede
tes no ha pasa do por el espí ritu ; c1·eo que el hom s redirnido.
real izar la redención, si su espí ritu no ha sido ante só en to-
Nad a hay más cierto, quer idos ami gos mío s -ex pre \'ivimos.
no exd ama tivo - en esta época torm ento sa en laque carn e e~ dé-
que la verd ad de que el espí ritu está fuer te pero sino el espí ritu
bil. Y yo digo aquí -afi rmó rotu ndo - que nad ie la carn e.
será capaz de ~uperar y ,·en cer las deb ilida des de án quiso en-
Cuando nos mar cham os, ya en la calle, el alem resu ltab a
juic iar la co1wersaci6n; pero Jo hizo en un fran cés que p,-eneral sali-
penoso escu char le y más aún C'Onversar con él. Enptico.
mos complacidos: sólo Pen g se mos tró un poco escé del cráneo,
Me fuí a do1·mir y en el sueño me rebo taba den tro r necesidad
como una pelota de tcnn is, la fras e harh ussi ana : ¡¡Po ... ! !
\'ita l po1· imp erat ivo hum ano, por pied ad. . . rehe láos
-11 0-
EL DESBORDE DE LA MORALIDAD

r,~ LAHaya
4 USURADO el Congreso Anti-imperialista de Bruselas
de la Ton-e había regresado con gran contentamien~
to por lo que él designó ·como el "triunfo de la tesis de los
cuatro sectores''. Desde qxford escribía cartas plenas de júbilo.
Ep u~~ ~e ellas me anunc1aba, de manera confidencial que ~e ha-
bta cltngtdo. por cm1ducto muy seguro, a Moscú olicitando apo-
yo para emprender la obra revolucionaria en el 'Perú y en Amé-
rica.
-He escrito una caria muy amplia y he presentado una ex-
posición muy clara ~obre nuestro movimiento y sobre nuestro"
proyectos -escribía desde Inglaterra- a Alejandro Lossowsky,
gran amigo mío. uno de los dioses del Olimpo ComunL ta y una
de las mentalidades mejor preparadas para comprender los pro-
blemas de A.Jnérica Latina y en especial lo. de nuestro país. L-{)-
ssowsk~· -añadía- es un rabioso anti-imperialista. que vé muy
claro que mientras no se golpee muy fuertemente sobre el pode-
río de los E!stados t:nidos. no se conseguirá que la revolución
a\·ance en el mundo. i\iientras Zinovie\' cree que el enemigo
fundamental es Inglaterra, Lossowsky piensa que más tarde o
más temp1·ano, Rusia tendrá que enfrentarse a los Estados Uni-
dos y que lo mejor es organizar cuidadosamente desde ahora
las fuet·zas y el campo de acción de la lucha en América Latina,
a la que él denomina "la puerta falsa' ' de la potencia del norte.
Además, Lossowsl\Y está muy bien ubicado en los altos círculos
dirigentes del Kremlin.
1\fe llamó la atención esta gestión de Haya de la Torre. ya
que yo conocía bien que no era partida1·io de la Internacional Co-
munista, que no tenía ningún interés y, al contrario. una \"iva
repugnancia, por toda idea que pudiese significar su adhesión
al partido comunista o su sometimiento a las directh·as de Co-
dovila, Mella. Ghioldi y compañía. El estaba seguro que ninguno
de ellos respondería jamás con obediencia a su comm_1do r a su_s
decisiones personales. Víctor Raúl deseaba algo pro}~to. donde ~1
pudiese dirigir, mandar y conduci.T, sin estar sometido. como el

-111-
afirmaba, a un Bureau Sud-ame1·ieano, manejado por Codovila
desde Buenos Aaires.
Durante largas semanas esperé sus noticias sobre la g·estión
realizada ante Lossowsky. Cuando había transrull'ido más de un
trimestre escribió jubiloso, anunciándome que había recibido la
respuesta' del dios del olimpo comunista.
-Cuando Yava a París analizaremos ~u carta - me cscri
bia -hay probabilidades magníficas para un entendimiento y,
po~r consiguiente, para la ayuda que buscamos. Nuest ro amigo
plantea un conjunto de cuestiones polémicas y esboza condiciones
que me parecen de tono y de precio un poco subido, pero con el
ánimo de acercarse y no de alejarse. Más bien desea esclarecel'
que buscar discrepancias.
Y se mostraba entusiasta y contento de las gestiones que
estaba realizando con Moscú y con la dirección mundial comu-
nista.
Tiempo después, Víctor Raúl vino a París y leímos juntos,
una y otra vez, la cat'ta de Lossowsky.
La epístola era cordial, sin duda alguna. Planteaba las clis-
cordancias con claridad y con fu·meza, pero en estilo y tono di-
plomático y amable. Insistía en que el punto fundamental de la
lucha anti-imperialista en los países coloniales y semi-coloniales,
consistía en que los partidos comu:nistas debían gozar, en todo
momento, de la más amplia libertad y protección para org-ani-
zarse y desarrollarse, sin que las alianzas de cualquier especie
que fuel'en, pudiesen estorbarles o cerrar su camino ulterior a la
conquista del poder político.
Por otra parte, en la carta se planteaban juicios sumamente
violentos contra los Estados Unidos y aconsejaba a Haya de la
Ton·e que provocase las ambiciones de otras potencias, plantean-
do como necesaria la internacionalizació11 del Canal de Panamá,
a fin de que esta vía, a la que llamaba "la Garganta de América
Latina", no estuviese sólo bajo el co11tralor del impe1·ialismo yan~
qui, sino que pudiese ser administrada e intervenida por Yarias
potencias, entre ellas Rusia naturalmente.
Sugería además, la posibilidad ele que el país en el que triun-
fase la Revolución Anti-imperialista deberia ser el Estado Anti-
imperialista y que en su terril01·io debían luego establece1·se po-
siciones de diversa clase y de variados tipos. No indicaba concre-
tamente qué c·lase de poc;iciones eran. Y Víc-tor Raúl aseveraba
que eso no tenía ma~·ot· importancia.
-Lo que importa más que nada -decía riendo- es la exi-
gencia de !VIoscú en lo que se 1·efiere a los partidos comunistas.
¿Qué necesidad tienen ellos ele que los partidos se llamen comu-
nis!a7 ... ?. Lo que debe interesarles es que sus planes no sean
estenles smo fecundos para la lucha fuiura contra el imperia-

-112-
lismo yanqui. Y .nosot.r<;>s les podemos ofrecer precisamente eso.
A• ellos les convien e entenderse conmigo. . . ¡claro que les con.
vtene ....1
Y se pa~eaba a largos irancos por la hab1tación, haciendo
brotar pequeno~ c~pos de polvo de la alfombra de abigarrados co.
lores. f'~on ne1·v¡os1dad, zambucaba sus manos en Jos bolsillos de
su panial,ón }'• sacándoselas luego para n·otarlas con rwao. excla--
mába energ1co y alegre;
.-Lo esencial, como decía Lenin, es la cuestión del poder.
¡El poder. . . el poder. . . el poder ... ! Y lanzaua su dedo índice
hacia ardba como una flecha, cual si estu\ iese arengando.
- Pero, ¿qué es lo que pe(lirán los rusos, en cambio de su
ayuda? -interrogué, suavificando cuanto pude el tono v el acen-
to, para no disgusi.arlo y también, para no quebrar la ola de su
en tusiasmo.
_.Los rusos no pedirán gran co~a -exclamó rotundo Víctor
Raú l- 11os ayuclarán por golpear el poderío de lo~ Estados Uni-
dos; ac;í como ('(lnning -añadió ~ ayurló con todo el poder del
Imner 1o Británico a la inclependencia de América. para golpear
a Espaiia, a~í Husia anlda1·á a Jos mo,·imientos , evolucionario!'
de América Latina, para hel'Íl' en sus <'etlt'·o~ 'it:::l ie~ al imtleria-
lismo yanqui. Y en esta pelea -conrluía (J'ozoso- nosotro~ Jos
lai ino-americanos seremos los g-anado re~.
Re({rec:ó a Oxforrl y esperó 1at'S!"O tiempo 1;~ anhe1a?a 1 pe:: pues-
ta del Gran Vizir clel "Profintern'' e1 c.amarada Lossowc::k,·.
Mientras tanto el grupo que dirigía ,Jo~P Carlos ::.\1ar~áteg•ti
e11 el Perú planteaha reparos y discre})an."ia~. los que e1·a1 s· :~­
tentados por pmte de los grupos de exilacl()s. Y que so referí~T' a
la orienta<'i6n. a Ja metoclología. a los procedimiento~:: que Haya
pretendía imponer. que estaba imponiendo :-a autocráticamente
en el seno del eml;rióll de la Alia11za Popula,· ReYolucionm·ia Ame-
rican a. .
Uava no clebatía: se enrolel'izCtha. clroboraba fra~e8 ccn·gadas
ric ma leYolen cia. fabl'icaba aporlos Y sug-ería pensamiento<:: tornes
sobre cada uno de los que le criticaban. Destruía cnn fe1·ocidari en
el t erren o ele la ideología, todo lo que construía tan ~ígil y die~tro
en el rampo nersoNll : las exc(\l e11te~ dote!; de ,iefe que po.seí~ las
deformaba para sentirse aut ócrata; ,~ más que cr ea1· a d1ano s.u
autorida d. le g ustaba conserYarla con r ud<>za ~· hacerla sentir
con agresiva insolen cia. ,
-Ya , ·erán l'·S oposit01·es. ya Yerán -decía- lo que ,.a a
decir Lossowskv . . . .
Mien t ras t anto. la respuesta no llegaba y las distanc1as ~re­
cían en los rlesacuerdos ; a cada nueva insinuación para. s~l~· a
la búsqueda de un entendimiento cimentado en. idea~. prm~1p1os,
doctrinas, Víctor Raúl replicaba con encandee1da nrulenc1a, se

-113-
mosb·aba más hostil y, en el fondo, sin duda más franco. Lapo-
lémica era estéril en el plano ideológico, pero servía para 1·aspar
en él toda la apariencia haciendo lúcida la verdad más acendra-
da de su esencia políti¿a.
Las conversaciones sobre temas que se relacionaban con los
desacuerdos con esa su tenacidad en resistir toda f o1·ma demo-
crática de ~omando, o con los procedimientos de violencia que
propugnaba, sólo servían como levadura de decepció.n :especto
de la ética del jefe y como gastadura del respeto hac1a el. Com-
probé entonces que menospr~ciaba todo. p~·inc~pi~ ético, no tal!to
con cinismo cuanto con enraizada conviCCión mtnna. Concepc1ón
sincera loO'izante, raciocinativa. Sentí que su moral era tan li-
viana que borraba la frontera con la amoralidad.
Cierta vez le insinué la pérdida de autoridad espiritual que
este amoralismo le comenzaba a acaxrear, no sólo en lo personal
sino ......-lo que era trascendente- en lo político.
Adoptó un aire burlón, rió con su risa magnánima y pre-
guntó:
...... ¡.Has leído a Goethe ... ?
- Bueno ---repuse entrecortado- por hallar desocasionada
la pregunta--- lo he leído pero no creo que todo lo que ha escri-
to. - . ¿por qué? ...
Sacó del bolsillo un libro de notas, fojeó riendo y leyó:
"Los seres extraordinarios se desbordan sobre la moralidad:
obran como fuerzas físicas básicas, del mismo modo que el fuego
y e1 agua ... ''
-¿Qué te parece? -interrogó riendo alegremente ........ es el
propio Goethe quien lo dice; no sé dónde, pero lo ha escrito él.
- Y es claro -alegué ........ ¿,Y tú te sientes un ser extraordi-
nario? ¿,Un tipo humano que desborda sobre la moralidad, como
el fuego y los volcanes? .. . ¿No es así?
Rió con descaro y subrayó con insolencia suavifi.cada por
su t·isa clara y bondadosa:
- i. Y por qué no . . . tú no lo cr,ees acaso?
Me detuve a mirarle de frente, con el deseo de que se diese
cuenta de mi extrañeza y de mi total disconformidad.
--Creo que posees cualidades extraordinarias Víctor Raúl.
Tienes g-randes capacidades de conductor de mulUtudes y de or-
ganizador de una propaganda que marea, sacude y arn1~tra. Pe-
ro, no creo que puedas considerarte e1 Super-hombre de Nietzsche,
ni que tengas derecho a p1·oclamartc el ser extraordinario que
desborda toda moralidad. Aunque lo diga cien veces Goothe, tú
!lO puedes crearte una moral a tu antojo y menos aun tralar de
1mponerla a todo un moYimiento. . . ¡tú comprendes ... ! loR zam-
bos de ~falambo, los indios de Qui~pieanchis todos nosotros ...
"desbordando la rnm·alidad ... " '

-Crearme una moral a mi antojo no - contestó siempre
ri.endo m.ás alegremente ,al vet· mi alteración-. No es eso lo que
dtce la c1ía que te he le1do; nada de moral determinada. Fíjate
bien, el rayo no es moral ni inmoral; los efectos que producen
sean los que fueren, están al margen de toda moral ... desborda~
la moralidad, como dice Goethe; el mar, la tempestad. los tem-
blores, en fin todas las fuerzas cósmicas. Y tienes que convenir
en que lm; genios, los seres e>...i.raordinarios, son quienes expre-·
san e11tre los hombres, estas fuerzas cósmicas.
Aquella posición era enunciada con desaprensiva franqueza.
Y en él no e1·a sólo literatura cínica: era tendencia razonan te;
era ambición desatada y lanzada con la convicción de que et·a
una fuerza cósmica ...
-Cuando vivimos en sociedad -1·epliqué en el mismo tono
alegre empleado por él.- los hombres tenemos que actuar con-
forme a normas establecidas y seleccionadas a través de milenios
de convivencia social. Los hombres no somos ni el ravo. ni el
trueno, ni el volcán. ni el mar. Somos simples personas, índh'i-
duos que actuamos dentro de una sociedad organizada r que, por
consiguiente. estamos sometidos a las norma~ que rigen la Yida
social.
-Lo único que yo he hecho es citarte a Goethe. -dijo des-
pectivamente ... - enseñarte una frase, un pensamiento que no
conocías.
Me golpeó con dureza el desprecio con que trataba de en-
mascarai· su :wténtico pensamiento: reaccioné con Yigor respon-
diéndole;
-No te has limitado a cHarlo Víctor Raúl: te has acogido
a la cita como si fuese una de las Tablas rle la Le,·, como si se
tratase de uml doctrina eS])ecialmente fab1·irada para el s~r ~x­
traordinario que eTes tt'1 Xo ~ólo cita" a Goet11e: en la 11racbca
pretendes imlJOner una moral especial que sea ··.un de borde d.e
la moralidad''. Y lo que es más <tnwe. }11'etenrles .tmponer ta! ~n­
tel'io en todo lo que se relaciona con nue~h·o monm1en!o l?O}zhco.
Y esta ab1·ogRción arbitraria tuya.. no. S?lo ~1~ todo ¡n~mcm:o po-
lítico sino hRsta de elementales pnnrll)Jos ehcos. e~ta ala1 man-
do. te está enajenado la arlhesión de los meiore~ que hemos, ~'e­
nido a tu lado ... de los qne se han acercado tom:md.o la -poJihca
como una misión '" nn como tráfico. ni como un cammo fac1l ha-
cia el i'xi to o los lmenos negocios. . . . .
-La re,·olución y la moral .- rcpu~o- no ~on m s1qmera prt-
., ·
mas hennanas. En :"\fexico, p anc110 ,.,..11 ,. entró en el .relato
1 a· · · . .
neo en matices
• • •
v en anecuola.:-.
' ..1 • ... de las• · atrocidades efecttYa..
. o
· d'll · ·
inventadas que atriburó al ca u 1 o me.11car. ·. • . ,'O Era el s1stema que
. . _
em}>leaba cada vez que deseaba cortar una dtscu~todn t e nnna1 ° 1
con un asunto
• e
que no le ag1•a da ba. N o et·a inclina o a 11eYal' 1a
-115-


' •

pugna en la polémica has.ta .las consecuencias finales ; p1:ef~ría


acceder simulando magnammidad, obten er el cabal esclarecimien-
to de las ideas, intenciones o discrepancias de su interlo cutor, de-
jando las suyas ~n la sombr a o,, por lo menos, en 1~ pe;mm?ra.
Toda discusión divergente con el no desembocaba Jamas m en
a\renencia ni en desavenencia, ya que prefer ía siemp re ceder en
lo formular, permaneciendo !mpasible en sus. mis~as po~iciones.
Era un caráct er firme, sernd o por una maciza h1perbuha pero
malogrado por un tempe ramen to versátil_, por una conciencia sin
principios y por una march a más ve~·sátil aun, Y~ que su deno-
tero cambiaba de acuerdo con los vientos que hmchabau, o de-
jaban de soplar, el velámen de su ambición personal.
La acth·idad en mancomún, el a\·atlce hacia el cabalamienlo 1·

de la confrontación de nuestr as posiciones y actitu des, y las dis-


crepancias que, en vez de su a vificarse, se arisia ban después de
cada discusión. comenzaron a abrir fisura s, que se hacían grie-
tag, en nuestr a frater na amista d, la que por tales caminos se
deslizaba al arruinamiento.
En un comienzo. tal perspe ctiva me asustó : hic-e cuanto me
fué posible por cambiarla: pero, a medida que concedía, me daba
cuenta de que ingre~aha por el camino de las capitulaciones. El
dejó ver con más claridad su satani smo, su Yoluntad de abrirse
pa:so hacia el éxito aharri. co, pasan do por encima ele normas
éticas. pre ·cripciones morales, Yalores humano~: mo~tró con más
franqueza sus designio~ y sus procerlimicntos diabólico~. persua.
diénrlome -no sin amar gura- que con tal mater ial humano no
se podía march ar con .seguriciad ~r confianza hacia la realización
honrada y limpia rle un movimiento serio de renon \ción.
r:scribí a ,José Carlos Mariá lcgui planteándole mis eludas,
in~inuándole que influy era ante Vícto r Raúl. ~· haciéndole ver los
peligros que, en mi opinión. entrai íaba un modm imlto que iba a
ser conducido "desbordando toda moralidad'" v con métodos dic-
tatoriales, plenos de la arbitr arieda d " del rar)richo que lH'eclomi-
naban en la forma de dirigi r por 11arte de Haya rlc la Torre.
L.a re~puesta de l\lariátegui llegó mucha s seman as después,
enunc1audo un conjunto de discrepancias políticas con Haya Y
1' soln:e las que hacía tiempo que luthía escrito a Vícto r Ra(ll. Se
" queJaba de no haber obtenido respue sta a pesar de que había
1'
transc urrido rnuclw tiempo. '
~· .. , Todo esto me empujó hacía una etapa de angus tiada inde·
~- CISton. No sabía qué hacer, cuál camino tornar ni qué orienta-
1· ció_n seguir. Temía vivamente asumi r la responsabilidad de cu~l­
quier ~uptura, pero se afirma ba en mí un pensamiento más y mas
recalcitrante a seguir el camino que Hava trazab a .v que -lo za-
horiaba Y lo veía- iba a desembocar· en una nu~va forma de
dictadura mestiza, populachera e irresponsable.
-116 -
- i No ... ! Sabía bien que no podía marchar por allí sin trai-
cionarme.
Y hundiclo en mis rludas, tortut·ado por la incen.idumhre. me
sentía no solo desorientado sino neHtido. Una \·ez v otra vez me
ganó el pensamiento de abandonar torla actividad política, de ol-
vidar la tragedia ele mi puebJo r de ocuparme sólo de tral,ajal
para mí, hacerme una situación y asegurarme una vida apacible
y tranquila. ;, Por qué había de dejarme anasbar más po1 las
compu1si vas Lent aciones de la redención ... ?

-1 17-
GRAVITACION E INFLUENCIA BARBUSSIANAS

- ~~ El\RY BARBUSSE anunció la aparición de la revista


1 1 ul\Ionde" que él dirigiera luego; y el anuncio fué un lla-
mamiento amplio y fraternal a utodos los espíritus libres".
Desde el primer momento ofrecí mi colaboración al escritor y la
otorgué en las más diversas formas: desde la organización de
rurecciones para el envio de la publicación a través de América
Latina. hasta la acumulación y ordenamiento de materiales so-
bre la situación política latino-americana, o sobre los progromos
en Rumania o la agresividad de la reacción en Bulgaria. Y a tra-
Yés de esta labor que fué creciente, intensh·a y desinteresada,
fué creándose una vinculación amigabJe, una confianza plena de
cal01· humano, en el que tan pródigo era Barbusse, y una relación
íntima y cariñosa de maestro a discípulo. La bondad del escritor
se tornó más acogedora y más sensibles su amparo intelectual y
la intervención de su consejo políii<'o. En poco tiempo, él adqui-
rió la conciencia lúcida de lo que su influencia estaba sig-nifican-
do en mi vida, de lo que su orientación tenía de rumbo y de brú-
jula para mi camino.
Un día y otro conversó sobre América Latina: su miseria,
sus dictaduras, su democracia formular, la rapacidad de sus po-
líticos aventureros, la índole y el sentido de sus golpes de Esta-
do. Y se interesó vivamente por mi actividad política en París,
por la formación de la Alianza Popular Revolucionaria America-
na, por Víctor Raúl y por Mariátegui, por sus discrepancias, por
las relaciones entre Haya y Lossowsky.
)féis adelante. del terna particular pasó a la política general
del mundo, mostraha su temor por el derrame del fascismo sobre
Europa y auguraba días muy osruros para el orbe. . . y en la
pe1 spectiva clara para él. . . de nuevo la guerra ...
Una tarde en que mostraba alegre buen humm· y un claro es-
tado de euforia pues no tosía. no tenía la mirada fehri l, le pre·
gunté:
-~facstro i. usted es cristiano?
-Creo que religiosamente, no -respondió.- pero profeso
uua viva admiración po1· Jesús como arquetipo humano. Yo creo

-1 Jo-
que si él viv.iera en ,esta ép~ca, el humilde carpintero de _~aza­
reth, como d1ce Reuan. estana del lado de nosotros y r,c nuesh·a
lucha. _Con sus Parábolas, con su pobreza, con su Sennó1: de la
M?ntana Y con s~ pureza P~eden va1 ia1· las filiaCiones, hijo
mw, pueden cambiar las teo1'1as, pero la actitud espiritual es
eterna. E! 9ue lu~he po~· el bi~n de los otro~. el que se sacrifjque
por la fehc1dad a)ena sm perla· recompensas ese es un verdade-
ro discípulo ele ,Jesús. La verdadera dicha del 'hombre, cónvencete,
es procl1garla a los demás. I~l egoísmo es una áspera angustia, en
tanto que el alinusmo es una liberación. La más alta satisfacción
humana está en la roca de Prometeo: nada hay má~ !'ublime en
la. dicha del hombre que robar el fuego a los ·dioses para obse-
q~Iiarlo a l!ls. mortales, pagando por ello el precio que hac>e pagar
s1empre J uplter. . . ¡ y cuando cobran el p1·ecio, hay que pagarlo 1
Había algo de transfigurado en aquel 1·ostro maciler.to. sur-
cado po1· hondo rictus, macerado por la fiebre y por la imagen
cercana de la muerte. Barhuc;se c;e alzaba ante e1 escritorio, co-
mo queriendo librarse ele Sl1 encm vamiento, y su sombra se pro-
yectaba sobre el techo y sohre el muro.
La pantalla de la lámpara de me. a pl'oyectaba su sombra so-
bre el rostro de Barbusse y yo no podía ,-er sus ojos: me los Ima-
ginaba dilatados por la fiebre. brillantes como cuando se entu-
siasmaba. Alentado por aquellas palabras, le pregunté:
- ¿,Si la gente joven le pidiese a Ud. un consejo para ubi-
carse en un campo dete1minado a fin de luchar me)or, para asu-
mir una posición política, qué consejo le daría usted?
Se puso de pié, agitando entre los dedos un largo corta-papel
de ace1·o que era un puñal caucasiano; la bella hoja centelleaba
bajo la iuz. Barbusse me miró por encima de la lámpara y re-
puso:
_. cada hombre por joven que sea. debe escoger su posición
J • • . ..
por su propia cuenta. de acuerdo con su prop1a co?ctenc1a, ~m
dejarse sugestionar por influencias aje~as. Pero, s1 se !11~ p1de
mi opinión personal, pues estoy convencido de que en el umco h~­
gar en donde un hombre puede luchar honradamente .. con posl-
bilidad de vencer y de realizar. es en el seno del Pmt 1do Comu-
nista.
- ¿El P artido Comunista? -interrogué como extrañado.
.-¿Te ha so11)rendido? --preguntó a su ':ez, aña~endo- _El
anarquismo, hijo mío, es nada más que .ona~smo soc1al. ~uen~s
generosos, sentimentalismo ardie_?te enr1quec1do po: un~ ln:agl-
nación brillante. Por eso el espanol, el pueblo de ~nas nca ~ fe-
cunda imaginación, ama el anarquismo, es anarqmsta. .
Hizo una larga pausa, como si se fatigara. para continuar:
-¿,La social-democracia? Demasiadas transacciones; excesi-
vo comercio político; su marcha puede llamarse, la marcha de

-11 9-
las capitulaciones; los social-demócratas, hace muy largo tiempo
que no son derrotados: capitulan antes d<: present~r con:t~)ale y
así. .. evitan toda derrota. ¡La guerra fue una capttulacwn; un
renunciamiento ... !
No queda sino el Partido Comunista, hiJO mío, como espe-
ranza y como posibilidad, como promesa y como fuerza creado
ra.
Es claro -añadió con énfasis- es claro que hay que medi-
tar mucho antes de adoptar la resolución; hay que ohse1·var, hay
que estudiar, hay que pensarlo ... !
Se volvió a hacer un silencio ]argo y me acerqué para despe-
dirme. Barbusse me extendió su mano y oprimió la mía con afec-
to, comunicándome la fiebre que le consumia. Con la mano iz-
quierda sostenia verticalmente el puñal caucasiano: tenía la pal-
ma de la mano completamente abierta y la punta del puñal so-
bre la mesa. La somb1·a era una gran cruz. Clavé los ojos en el
lugar del muro donde se juntaban los dos b1·azos de esta cruz
de sombra y salí diciéndole:
-Creo que Ud. tiene razón. . . pero debo pensarlo. . . qui-
zás no haya sino ese camino.
-No hay otro -replicó- pero antes, es menester pensarlo
mucho.
Metí bajo el brazo mi cartapacio de papeles y abandoné la
estancia tibia. Afuera hacía frío; lo sentí más, probablemente a
causa de sa1ir bruscamente de la l1abitación calefaccionada; qui-
7,ás también tenía un poco de miedo y otro poco de angustia.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . .
A través del escritor y de su generosa amistad me vinculé
a sobresalientes intelectuales comunistas y dirigentes del Parti-
do. 1~1 viejo C11arles Rapopport, Marcel Cachin, Vernochet, Flo-
rimond Bonte, Georges Cogniot y al ala cornunizante del movi-
miento surealista.
Y fué asimismo gracias a Barhusse que obtuve nna coloca-
ción en l'Internationale des Travailleurs de l'Enseignement con
un salario de mil francos mensuales.
-Eso aliviará tu situación económica en París y te permi-
tirá estudiar, dijo Barbusse cuando le agradecí su gestión.
Presidente y Secretario activo del organismo unitario donde
actuaban juntos maestros comunistas y social-demócratas, era
Leon Vernochet. Gruñón y mordaz, pulc1·o en el estilo, amante
de la buena mesa y francés en ciento por ciento, V ernochet era
acusado por C()gniot de "derechista" de ser un narionalista
francés incurable, que en el fondo detestaba todo internacionalis-
mo. A su vez, Vernochet acusaba a Cogniot de inclinarse al sa-
crificio de los intereses de Francia a otros intereses ... nunca
señaló cuáles eran esos "otros intereses", pero -como se esme-
raba en hacerlo. nolar Cognioi- la referencia aludía al Kremlin
y a la Intcrnac10~al Comunista . Sin duela que el uno y el otro
encarnaba n dos tipos polares de mentalida d francesa. En medio
de la s orda pelea yo trahaj aba en la edición de los materiales de
propagan da en español, revista, boletines, circulares .. .
. Ji~ntrelanto.. la ~i~nepancia entre Mariátegu i y Haya se
ac-entuaba . )1aná~egU1 pef~Ja una discusión amplia que desem-
bocase en 1:esol':'c1ones obligatori as para todos; Víctor Haúl se
negaba a chscutlr.
. -¡No estamos para academias ni para ateneos! -senten-
ctaba.
Hube d.c confesar mi honda confusión a Barbusse; le expu-
se la tenlac16n que me rondaba de dedicarme a una Jabor técnica
o a escribir cuentos, novelas o informacio nes periodístic as sobre
las andanzas de los millonarios latino-ame ricanos en Europa. Así
podría conservar , lejos de la lucha política la amistan de Hav~
y la cie :Vfariátegui. Hablamos sohrP la cart~ de Lossowsky a y~,._
tor Raúl.
-Escribir é a Lossowsk y -dijo suav(>mente Darbus,e - le
escribiré pidiéndole que me responda con franqueza . Sé que lo
hará ...
Había recurrido en busca y demanda de conse¡o a él, y él a
su vez, pedía consejo más allá, en vez de dármelo. Cuando inten-
té marcharm e, Barhusse me retuvo y habló despacio. sin que Stt
rictus se modificase , sin que su aire triste se perdies e. Comenzó
a hablarme como si mi estado de ánimo fuese traslúcido y le d<'
jase vislumbra r mi desconsuelo.
-El hombre -exclamó con ,·oz opaca, como si la tisis ]e
agarrotas e la laringe- lleva en si un destino. El no es exterior
al hombre, como lo colocat·on los griegos: lo llevamos en el fondo
de la entraña, en la esencia del ser; segurame nte está con el Jí.
quido que fom1a nuestra sangre y en la }>asta que constituye 1:-t
médula de nuestros huesos; es algo que debe estar, hijo mío, en
los hilos de nuestros 11ervios y en la sustancia que se agita com,
un embrión bajo nuestro cráneo.
Se calló, levantó Jos ojos brillantes, como si tuviese dentro
dos grandes lágrimas; juntó sus dos manos trenzanrlo los dedos
de una con los de la otra, se recodó sobre el cristal ''erdoso rlel
escritorio y, con los labios descoloridos, t:esec~s. co.mo si est';l-
vicsen ardientes. con la lengua que parec1a mas ro)a en mediO
de la palidez cetrina del rostro, Barbusse acentuó soalzando la
voz ronca:
-Si faltas a ese destino que está dentro de tí. te traiciona-
rás a ti mismo y serás inexorable mente infel_iz. Podrás ~btener
muchas ventajas materiales pero -como d1ce la . Esc.ntura -
perderás tu alma hijo mio. Y perder el alma es ser mfehz.
-121-
Volvió a callarse para exclamar Juego con voz grave:
-No hay felicidad posible fuera de nuestro des~ino interior;
y la dicha consiste en vivü· de acue1·do con ese destino.
Quise decirle algo, pero él me detuvo con un ademán; se
veía que deseaba seguir hablando.
-Conw mecánico de automóviles o como escritor de nove-
las para el público grueso, o como empresario de cualquier em-
presa, seguramente podrías hacer dinero. Tendrías automóviles
de último modelo, buena carne, vino generoso, queridas perfu-
madas. Pero, esto no es lo que está en tu destino. No conseguirías
sino la amaTgura de saberte cobarde, fugitivo de tí mismo, víc-
tima de una conciencia infeliz, de la agónica certidumbre de sa-
berte desdichado; porque no hay desdicha más acerba que la que
viene de nuestra propia traición. No, hijo mío; nadie puede mar-
char pisándose las propias entrañas.
Se hizo una prolongada pausa; no dije nada, porque no sa-
bía qué decirle; me parecía haber llegado a una encrucijada y
tenía una enloquecedora confusión en la cabeza ; una oscura y
rampante emoción n1e agolletaba el cuello.
-¿Ud. le escribirá a Lossowsky pronto? .-pregunté po1·
decir algo.
-Sí, mañana mismo -respondió- ya veremos lo que dice.
Hay que esperar. Yo les tengo confianza ilimitada. Son revolu-
cionarios que marchan como los viejos Santos Magos, guiados por
la estrella de la liberación de la Humanidad. ¡Hay que tene1· fé
en su obra. en su gran sueño y en sus difíciles realizaciones!
La entrevista se me hacía penosa, yo quería terminarla.
-La única causa por la cual se puede luchar honradamente
ahora -sentenció con ene1·gía-- es el comunismo.
1\fe acompañó hasta la puerta y me despidió afectuoso.
Aquella entrevista probablem~nte fué mi "Quo Vadis"; aban-
doné la idea de hacerme un experto en mecánica de automóYiles,
de radio o de linotipos. Y me dediqué con entusiasmo al h'abaj o
de unificación que había prometido a Víctor Raúl, esperanzado
en la carta de Lossowsky y confiado en que si se lograba una
vasta unión, su solidez impediría que Haya nos tratase en inso-
portable dictador.
La actitud de Víctor Raúl variaba en cada carta : ot·a ama-
~Ie, ora cáustico, una semana persuasivo, la siguiente colérico e
msolente. Era como si él mismo atravesase una crisis como si
se hallase en el centro de una encrucijada. '
Anunció una conferencia en Oxford sobre el tema de la In-
t~rnacionalizaci.ón del Canal de _Panamá, pat·a la que pidió y exi-
giÓ ut;ta mu~ }ntensa y nutrida p1·opaganda epistolar. Luego,
anunc16 su VIaJe a los Estados Unidos y a México.

- 122-
. -E~, ~RA. -es .cr ibí a 7 . se ... desplaza hacia su aut ént ico (·en-
h o de &:la \ eda d. hacia Am en ca -y el único que se desplaza-
ha era el.
rl f·stá aquí, no
-L a reali<!ad manda -añ <1 da - y la realida
lo mismo quedarse bo-
en .el ~ouvre •. m en el Lu~eml!urgo. X o es
q uwbwr~o m1ranclo la ':le ton a de· Sam
otracia o lo:, colores que
o vh·o de la realidad
puso Cm ot, que est ar v1endo aquí el proces
o ton to ant e aquella
~m~ric~n.~. No es lo mismo est ar pa1·ado com se aqu í en Jll'esen-
~hmp1a "qu~ celebraba e;:: tan to, que de enc ont rar
CJa de la Um ted Fru ii Co
mpany", la "H uas tec a Pe..:roleum"
Y de 1~ "Anac.onda Cop11er''. Tu s opi
niones son muy lite rar ias ,
m~y b1en esc nta s, mu y académicas,
pero un pedazo de 1 e:.11idad
e mucho má s que to-
m1rado .Por el resquicio de mi per sia na, ,·al iarme desde Par ís en
da la hte rat ura que te molestas en env acio. N'o hav dud~ -
sei s, diez ~· has ta veinte can llas a un espacémiJa. ·
ter mi na ba - que: par a t~·ab<.Jal' ere s una
Un día llegó un abu lta (h paq uet e de rec ortes procedente de
México. Re cor tes dP diari11s \' reYista~. de volantes y manifiestos
pub licados y editados por un sup ues to una "Pa rtid o Nacionalista de
, y el que lanzaba Ja
Ab anr ay" que no exi:itía en par te algencia de la República.
can dir latu ra ele Víc tor Raúl a la Presid ento estéril y ri-
Se le llamó la ate nci ón: era un procedimi
dículo. ade má s de con stit uir una far sa uri gro ser a r gro te ca. Yíc tor
y con la amenaza de
Ra úl respondió con un sal ter io de inj as
la Igl esi a Católica: como gra nuj a e::,
-Les exp uls aré de mi par tid o: le. ech aré
por tra idores. por jud as, por Yendidos. No quiero ~aber nada.
renentinamente.
Llegó a Pan am ú y fuf a I ara r a Bremelon habían embarcado
Las aut ori dad es de la lon a (le} Canal ".
por la fue rza a hordo del yapor "Phoenicia le e~cribí una car ta
Apena!' conocí su dirección en Berlína cim ent ar un entendi-
pat étic a ,. le in\"ité con acento . uplicantela c::aturada de iracundia
mie nto . En respue~ta obtuYe una epísto
y sob erb ia en pleno flujo. tuales <'astrados
-S i con tinú an con gus crí tica s de inteolecme ir~. Sí. me iré
par a la acción , pues los ech aré de mi irpar tid o
un libro sobre todo esto.
a rep osa r por un tiempo y a esc rib blandir lo que Queda del
Per o, no me iré - sépanl o bie n- sinel muñón y arr ojá ndolo en
cuerpo de :\Ia riátegui, tomándolo norsea rey. Entonce~ te har ás
su propia por que ría par a que allí a que seas má s e]egan.
"re alis ta" y podrá. gri tar . en fra ncé sé par el gri to de Monsieur
te: ¡ ViYe le Roi! Y yo te resnonder con eres : ... ¡m ... !
Ca mb ron ne, tam bié n en fra nté s. ~i qui nda.
La di scu~ión epi sto lar est aba t('rJ'l1inen xico. no obstan te
De otr o lado, el gru po de exilados dos:\fé : 1\lariátegui, por su
su escaso número. se había escindido en
-1 23 -
parte, anunciaba que él y su grupo no, marc~~rían por el camino
que Haya seguía y, Barbusse que hab1a rec1b1do la respuesta de
Lossowsky.
.-Nuestros amigos de allá ~como él Jos llamaba- han res-
pondido a mi consulta ~me dijo en u~1,a tarde !lu.viosa, golpeán-
donle familiarmente la espalda y metlendose rap1clamente en el
auton1óvil que lo conducía fuera de París.
Jamás me mostró carta alguna, ni hizo referencia a haberla
recibido; siempre que habló de esto, dejó la impresión de que se
trataba más bien de un recado traído verbalmente. Cuando me
llamó para conversar sobre ello, me invitó a sentarme, cerró la
puerta y se sentó ante su escritorio.
-Creo que debo confirmarte lo que te decía antes; la única
causa por la cual se puede luchar honradamente es el comunis-
mo. En ninguna parte tu acción alcanzará más eficacia, ni abar-
cará campo más vasto, ni tendrá cosecha más abundante, que en
el partido comunista.
Hizo una larga pausa, como fatigado, o como que1·iendo re.
posar, y prosiguió:
El partido comunista es la organización humana contempo-
ránea traspasada por la fé de los místicos del medioevo, impreg-
nada por la voluntad de abnegarse de los mártires, herede1·a de
la combatividad de los jacobinos de la Revolución Francesa. Es,
hijo mío, una de las más bellas creaciones humanas en nuestro
tiempo desencantado. Tosió y tras una pausa prolongada pl·osi-
guió : .- sólo uno mismo puede penetrar en el oscuro y tempes-
tuoso mar de Sí Mismo; piensa tú, analiza y resuelve.
Y yo pensaba después de aquel disem·so. ¿Y qué tiene que
ver esto con la respuesta de Lossowsky o con el recado de Mos-
-eú'!
- Tú vas a quedar aislado -profetizó Barbusse poniéndose
de pié y saliendo de entre su sillón y el escritorio- no lograrás
ni reducir a tu buen amigo Vícto1· Raúl, ni unificar a un grupo
de hombres que están separados por gruesas y hondas grietas
de ideas, grietas sobre las cuales no podrás tender puentes ...
i se romperán, todos, se romperán ... ! No hay sino un puente
que pueda unir a los hombt·es y es la fé en una misma idea; y
en tu grupo, ese puente falta.
Volvió a toser y en silencio, con pasos lentos, se marchó
hacia la ventana. Apoyó su espalda en el ajimeza, volvió su ros-
tro hacia mí y elucidó con acento persuasor:
-Por mi parte y con todas las reservas que quieras, tengo
la impresión -la que te aseguro, no es una mera suposición-
que tu amigo Haya no toma la política como una misión, y la
política que no es alta misión humana - hijo mío- se convierte

-124-
en arte fenicio, en pelea selvática, en turbia combinación de ne-
gociantes más turbios todavía. Y tú -sentenció mirándome en
la cara-: no va~ . a poder seguir esa polí iica . .
......-81 -le dlJe- yo no podré seguir pm ese camino· además
Víctor Raúl es excesivamente vanidoso. ?

-;Tanto peor aun! -exclamó Barbusse- Vanidoso es de-


cir carcomido por el implacable corrosivo de la modestia más des-
tructiva. La gran Yanidad no es sino modestia infinita y corro-
siva, que tí ene yerguenza de sí misma. El 'anidoso es el que no
cree en .su prop1o valer, el que no tiene fé en su potencia íntuna
y neces1ta desesperadamente la validación que puedan darle los
otros: como del aire, necesita de la lisonja, de la adulación de la
ayuda de los demás pat·a sentir que vale algo. Cuando 1~ falta
este ambiente se siente un mísero gusano~ le devora la angustia,
le asalta el temo1· de sí mismo y se deJa ganar por la duda, por
la vacilación, por la irresolución. Y entonces viene Ja acción ins-
tintiva, el acto impulsivo, que por lo general desemboca en el
fracaso.
Intervino otra pausa; volvió el rostro hacia el ventanal, mo-
vió el tul de la cortina, mh·ó a la calle como si aguardase la lle-
gada de alguien, o como si buscase una idea que debía llegarle
de fuera .
.-Estás asistiendo a un naufragio espiritual -dijo retor-
nando el rostro hacia mí- pero pronto ganarás tu playa y le
sabrás aislado. Y yo pienso, hijo mío, que un hombre aislado se
puede mover bien por impulsos de tipo subjetivo; el arte, el amor,
la pasión por el juego, por los deportes, po1· los viajes ...
-0 por los puñales ... ! interrumpí.
-Sí -dijo sonriendo, y mirando hacía la gran panoplia-
POI' la pasión de reunir puñales y coleccionarlos. Pero el hombre
como elemento gregario, como parte de grupo o de asociación,
se mueve en política por intereses materiale~. por gt·andes atrac-
ciones de tipo económico. Estoy seguro que tú no pod1·ás perma-
necer aislado; no podrías 1·ealizarte nunca. Tendrá~ que vincular
t u desUno al de oüos hombres: tendrás que ubicarte a uno o a
otro lado de la barricada. O con los unos o con los otros: cada
vez más la cuestión se plantea así. Y en esta hora de la vida del
mundo si estás con el pueblo, tendrás que unirte a la clase obre-
ra, a 1~ organización militante del proletariado. ~ como qwera
que el movimiento de la clase obrera no es local, m se desan~lla
únicamente en determinado país, sino que es un proceso mund1al,
pues por los más djvel'sos y zigzagueantes caminos ,-~ndrás a
desembocar en el movimiento que comanda la Internac10nal Co.
mu nista y que abr e, sin duda, una época nueYa en la vida de la
Humanidarl.
Barbusse llegó hasta la chimenea, apoyó sus codos sobre
ella y quedó silencioso mirando el busto de BeethoYen que se
--125-
hallaba a la derecha del de Lenín. Aquel silencio me confundió,
se tornó denso y part!ció que me aplastab a. Lentame nte, Bar~
busse giró dándose ntclta hacia el lug·ar donde me hallaba y
abriendo sus dos manos dijo:
-¡Y he aquí. . . que esto era todo ... !
l\Je puse de pié, víctima de una confusión qt~e se me hacía
tiniebla. Le dí las gracias y quería pregunt arle s1 Lossowsky le
habín respondido y qué era lo que había respondido.
Barbuss e ~e dió cuenta de mi tul"l>ación y sonriendo acentuó:
-Sé que el porvenir no puede ser decidido en un día y sé
asimismo que te hallas en una encrucijada, en uno de esos mo
mentos en que el alma se ofrece a todos los caminos como un al-
bei·gue, pero donde no se puede permane cer mucho tiempo. Ten
drás que decidir y hablaremos otra vez, conversaremos. Hoy, so-
lamente quiero asegura rte que si alguna vez llegas a las filas de
la Internacional, no se te 1·ecibirá corno a un simple recluta.
-¡Much as gracias -repet í- muchas gracias ... ! Todo esto
exige una gran lealtad ...
-Una limpia y abnegada lealtad -volvió a decir Barbus se-
pero lealtad que no sea, que no puede ser jamás. infidelidad con-
tigo mismo. Yo sé bien que habrá más adelante muchos que ven-
drán a reclama rte lealtad .. . al amigo ... al grupo, a la organi-
zación. Son siempre los mismos; siempre te reclama n lealtad a
una fé los que jamás tuvieron ninguna ; te exigirán lealtad a una
doctrina los filisteos que jamás han profesado doctrina de nin-
guna especie, clamarán por tu permane ncia rígida en un terreno,
los parásitos espirituales que jamás tuvieron ni defendieron te.
rreno alguno. Lo imperati""lO es se1· leal a la propia esencia hu-
mana.
Se acercó a mí, me puso la mano sobre el cuello y me eon.
dujo hasta la puerta.
-Hasta la vista. camarad a -me despidi ó- acentuan do la
última palabra.
Salí a la calle turbado, ajeno al mundo que me circundaba:
penetrab a en mí el presentimiento o quizás la convicción ele que
algún gozne profundo estaba girando en mi vida, de que la en-
crucijad a ante la que me encontra ba, estaba girando bajo mis
piés. Las palabras de Barbuss e resonab an obsesivamente en mi
pensamiento. Llegué hasta la pieza del hotel, me encerré y diva-
gué, soñé, hice y deshice planes. \omo si necesita~e ordenar mis
pensamientos en fGrma exterior , me senté a la máquina y escri-
bí sobre todo lo que me había ocurrido. Luego, cscl'ibí cartas a
José Carlos Mariátegui, a Víctor Raúl, a los desterra dos de Mé-
xico y a los de la pensión de San Martín y Tucumá n. Quedé ali-
viado cuando el sol de la mañana entraba con gloriosa refulgen-
cia por la ventana.

-126-
LA RUPTURA CON HAYA DE LA TORRE

Jr OBREVINO la ruptura, entre .José Carlos Mariáteg_ui y Ha-


ya de la Torre, y Jose Carlos y su grupo nos onentamos
más definidamente hacia la Tercera Internacional. Al convo-
carse el Il Congreso Anti-imperialista en F1·ancfoit sur l\fain
asistí corno delegado del sector que orientaba .Mariátegui. Ba/
busse me despidió bien provisto de t·ecomendaciones a sus amigos
de Alemania, en e§ipecial a "'illy Munzenberg, dirigente comu-
nista alemán y organizador del certámen. Solicitaba para mi cor-
dial acogida y la protección "debida a un excelente amigo y mag-
nífico camarada". Cogniot, por su parte, me otorgó credencial
pa1·a los comunistas, en la que afirmaba: "es ya un canrudato
a miemb1·o del partido y nos presta una preciosa colaboración!'.
En Francfort, en 1929 aconteció algo análogo a Jo que sucediera
en Bruselas. rlos años atrás. con la diferencia de que Xical'agua
ocupaba el centro de la atención mundial ~, de que los comunis-
tas cubanos y mexicanos estaban constantemente bajo el pro-
yector de las "vedettes", lo mismo que chinos e hindúes.
Tan pronto como fué clau~urado el Congreso. me dirigi a
Bel'lín, atendiendo a la insinuación de Munzenberg y con el de-
seo de hablar con Haya de la Tone.
Por el Profesor Alfredo Goldsmith y de su señora, a quie-
nes visité a mi arribo, supe que Yíctor Raúl no solamente se ale-
jaba de toda idea socialista y hasta democrática .sino que se acer-
caba, con admiración y con Yehemencia pToselitistas a las concep-
ciones y a las prácticas de los nacional-socialistas. Se había torna-
do amigo del Gene1·ai Von Faupel y de su bella señora.
Fuí a verle y me hizo decir con la camarera que sólo podría
recibirme por la· tarde, algo después de las cinco. Esto me hizo
comprender que nuestra sítuació11 estaba ya lejos de ser c~rdial.
A mi retorno, le encontré a la puerta de la casa que habitaba,
acariciando a un gran perro. Vestía pantalón claro y una camisa
de estilo militar, cortada al estilo nazi. aunque de color diferen-
te. Nos saludamos como si nos hubiésemos visto la víspera: qui-
zás sin ft·ialdad pero sin afecto.
-127-
-¿Vienes de Francfort ... ? .-preguntó- a mí no me invi-
taron ...
-Sí -repuse- y vengo para conversar contigo.
-¿Tantos kilómetros para conversar? -dijo con sorna, hun-
diendo su puño en el hocico del perro ......... No me gusta perder el
tiempo en cosas inútiles -añadió con desprecio.
-Hay entre nosotros un com-promiso -repliqué con aplo-
mo- y antes de cancelarlo, pues creo que no se1·á inútil conver~
sar. Aunque sé bien que no te agrada charlar sino con quienes
te son incondicionales.
-¡No has cambiado nada ... siemp1'e serás el mismo ... !
-exclamó cruzando ambos b1·azos, ensanchando la horcajadura
de sus piernas y alzando más todavía su mentón hacia M:riba-
Te traes acá la misma pugnacidad, el mismo espíritu incisivo y
crítico, que es lo único que has aprendido de los f1·anceses y tu
tendencia mistica. ¡Nunca fuiste un político!
-No quisiera que perdiésemos el tiempo hablando de nues-
tros defectos .-insinué- ¿no sería rnej or hablar de nuestros
desacuerdos?
-¡Ah ... ! ¿Las tesis trascendentales del cojo Mariátegui...?
-preguntó burlón- ¡Déjate de necedades ... ! La experiencia
alemana, que es lo más nuevo y lo que tendrá mayor influencia
mundial, nos está enseñando que, en un movimiento político, lo
fundamental es la je1·arquía, la autoridad del comando, la sumi-
sión de todos a las orientaciones de la j efatuta. ¡ Lo demás son
monadas, cosas de VleJ. .as ....'
-Con diferencia de matices - subrayé sonriendo- lo mis-
mo que practican, sin mucha doctrina, los dictadores de Améri-
ca Latina ...
-Eso es cr:ollismo despreciable; lo que acontece aquí es al-
go organizado, científico, hijo de la poderosa mentalidad alema-
na.
-Bien, es una opinión -evadí para enfocar el tema que
me interesaba- pero ¿qué piensas de lo nuestro. . . de nuestras
discrepancias. . . no crees que se puede hacer un esfuerzo para
impedir la ruptura?
-¿Tú crees? -perquirió soru·iente y con cul'iosidad.
-Casi en todo depende de tí, Víctor Raúl -insinué persua-
sivo- si haces un esfuerzo por alcanzar la unidad en torno a
prin~ipios fundaf!lentales, pues serás siempre el jefe de todos,
el d1ngente quendo y respetado. . . ¡has sido ingrato -protes-
té- has olvidado todo lo que hemos hecho por t í v lo que hemos
estado dispuestos a hacer ... ! ·
Quedó pensativo, cambió de tono y actitud y dijo :

-128-
-Yo sé ... yo sé .. . tú fuíste siempre el que tuvo mejor
v~luntad, el que estuvo más cerca de mí y el que más me ayu-
do ...
. Me invitó ~. ingres~r, en su departamento y hablando fami-
lial:mente ya, diJO que 1namos a tomar té. E ingresó al donni-
torto.
D~sde el interior continuó hablando sobre la política alema-
na. Af1rmó que los social-demócratas estaba crevendo aún que
con una huelga general impedirían el ascenso
Nacional Socialistas.
al poder de lo~
..
-No hombre ... dioses falsos . . . ideas viejas ... sentenció.
Te1minó de vestirse y salimos. Haya estaba radiante· vestía
con ele~an~ia y exhibía un opti~ismo que estallaba a s~ paso.
Observo m1 ropa raída, el traJe madecuado para la estación ca-
lurosa.
-Tú vistes siempre a la francesa -zahirió- los franceses
son estupendos: los más grandes creadores de modelos para ves-
tir a las mujeres y la peor forma de vestir a un hombre . . . ¡qué

gracioso ....1
En el café estuvo cordialísimo; aseguró que en Aménca Cen-
tral todos los pueblos eran apristas, muy en especial. Costa Rica:
habló de sus éxitos arrebatadores en México, del gran movimien-
to bajo su comando ... Yo sabía que no decía la verdad. Le de-
jaba hablar; estábamos más y más lejos el uno del otro.
Cada vez que intenté plantear la discusión de nuestros des-
acuerdos, se evadía con anécdotas sobre l.a Revolución Mexicana,
largas historias de sus Yiaj es, evocación interminable y detalla-
da de sus recuerdos, de sus andanzas. y de los grandes persona-
jes que conocía ...
.....-¡,Tú no has visto una manifestación nacional-socialista?
preguntó súbitamente, cuando intenté plantear nuevamente la
discusión .
.-¡No, nunca!, ---respondí- y me agradaría presenciarla.
Al anochecer nos enconüábamos en un gran recinto depor-
tivo a donde concurrier on los altos jerarcas del Nazismo. El con-
junto e1·a artístico e impresionante: águilas, ban~eras, !etratos,
música y millares y millares de pe1·sonas enloqueCidas: Juventud
uniformada por todas partes, rostros lozanos de gente que co-
menzaba a vivir: a Yivir agresh·a y peligrosamente.
La p1·esencia de los ~efes del Na~ional Soci~lismo desen~
denó una epilepsia colectiva, un estallido que, sm duda alguna,
estaba saturado de espontaneidad. Víctor Raúl estaba satisfecho
y me miraba sonrien~o con lástima~ como si todo aqu_ello fuese
una mera demostracwn de sus tes1s, un argumento mapelable
que le daba toda la razón a él, inv~lidando las nuestras.
-129-
Salimos saludó con afecto y fué saludado por muchachos
de las trop~s selectas, uniformadas de negro. T1·itmfanie casi
preguntó:
- ¿Qué te parece ... ? 1
- Pues que este es el peligro que imHlrá que enfrentar el
mundo libre.
-¿Mundo libre ... ? .-exclamó marchando apresurado-
¡pamplinas, estos barrerán el mundo. Son audaces, saben lo que
.
qme1·en. . . 11acen. . . 1. . . ,
.....-Pero ¿te has vuelto naZI ... ? -mtmTogue .
.-¡Qué nazi, hombre ... ! -repuso, haciendo un gesto des-
pectivo- Díme tú, ¿te imaginas n_na de est~s manHestadones en
Lima? Bosques de bandm·as, alandos emoc10nantes, paramento,
estilo nuevo. La gente se volverá loca, Ni piensa en lo que se le
dice, ni razona lo que se le propone. Basta el aparato teatral para
conve11cerla. Y si los alemanes son así, imáginate lo que será
nuestra pobre gente de allá, que aguarda horas y horas con la
boca abierta. esperando que prendan el castillo de fuegos arti
ficiales ...
.-Pero ... a eso no se puede reducir t odo, Víctor -le incre-
pé..- ¿tú quieres hacer política o corrida de toros ... ?
-Al pueblo hay que entretene1·lo com o a los niños -senten-
ció con aplomo Haya ....... darle juguetes, es decir paradas, bandas
de músicos, desfiles, fuegos artificiales ... y un blanco sobre el
cuál dispare su odio. Darles interés en la representación, hacién-
dolos sentil'se actores y no meros espectadores. A eso se reduce
todo. . . ¡cállate ... ! a que cada pob1~e diablo se sienta persona:
cada infeliz, un actor; cada individuo del montón, un héroe de
la escena. Lo demás, déjate de tonterías: idearios, programas.
sistemas ... boberías ... !
-Dá pena nírte hablar así.
-Quién dá pena eres tú; todos ustedes que están pensando
actua1· en un país atrasado como el nuestro. con métodos de po-
líticos franceses. ¡Liberté, egalité et f raternité ... ! ¡Todo eso es
tonto ... !
........ Nadie pretende copiar ni a Francia. ni a Rusia, tampoco
a Alemania -le dije ........ sólo un movimiento democrático, en cuyo
corn~ndo seas tú un jefe que ejecute lo que desea la mayoría; no
un d1ctador ...
-Estoy harto ... estoy harto de todos ustedes -clamó co-
lérico- ya se lo he dicho a Heysen y le pedí que te lo escribiera.
Me tienen harto; no quiero saber nada de bizantismos ni de dis-
crepancias. ¡Se acabó .. . ! entiéndelo bien. . . se acabÓ. El movi-
miento que yo organizo está basado en lo que acabas de ver: je-
r~rquí.a, jef~tm:a, v~talicia e intangible; auto1·idad plenaria, in-
discutible e Jndtscutlda; penas y eastigos escarmentadores, den-
-130-
tro y fuera del partido .. Luchar contra los adversario"~: sm re a-
l'ar en las f~rmas~ cach1porra, cuchiBo, ameb alladora, Jo que s~.
Y cuan~lo es_to ~o se pued~, J>Ues golpear sobre el enemigo, sobre
su bolstllo, .~obi e su plestlglo. s':Jbre .:>U mujer y sobre su hijo y
sobre su luJa. Sobre ::;u cabezCt. "' sob1·e su barriga ·s
tiende ... 1 " · · · · ¿ e en-
No le respo?dí nada:. se había excitado y preferí que dijese
todo lo gue senb~; P_or m1 parte no deseaba e11 absoluto discutir.
-:-\? ~e de~~re ma,n10~rar por ustedes -prosiguió-. No
sean e~tu¡>1dos. 1 1 por b, ~~ por el cojo Ma1iátegui, ni por tus
Ct!squenos ~el. grupo res_urgumento o apaga-vela.. N1 por Seoane,
m por. el. \'lCJO Goldsnuth; Soy yo, y nadie más, quien forjará
el m_ov~m1ento; se formara en torno a mi nombre, a mi perc:ona,
a n~1 f1~ura Y l~aré l_o que a mí me par.ezca, sin con~ultarlo con
nadie, m con COJOS m con mancos, ni con profesores ni con anal-
fabetos. Y s~ l_es encuentro e~ mi camino a ustedes, l1aciendo jue-
gos de opos1C16n. pues no solo les voy a poner la proa sobre la
cabeza. smo que le!; voy a \'Olver polvo; les voy a pisotear ... así,
así, así, y golpeaba con el pié. aquí ~' allá, como si estuviese ma-
tando cucarachas a pisotones.
Yo le quise decir algo, pero no me de5ó articular.
-Estoy harto de todos ustedes: si l' as 'enido para saber
esto, }mes ya lo sabes: la ín\estigación te rabl á costado algunos
marcos pero ha sido pJena y luminosa. Ya lo sabes, no quiero na-
da con ustedes. Escríbele así a tu amigo )iariátegui. escríbeles
a los de México y a todos los oíros. ; Que se \aran al infjerno ... ~
Ahora. yo tengo un ancho respaldo y "Cds. no significan nada.
¡Pero nada! Eso sí, una cosa: cuídense de ponér~eme en el cami-
no. ¡ Cuidado ... !
.-Parece que quisieras meterme miedo, le dije rien~o.
-No quiero meterte miedo; no lo tomes a broma. 81 te .me
cruzas en el camino pues te van a sacar de la vía con un tlro.
¿Entiendes? Te matat·án como a un perro. ¡Y no pasa1·á nada!
¡Absolutamente nada: te lo juro! Y lo mismo te digo de los otros,
así que avísales. . .
-Sabía que te habías entrega~o a los naciol}al-sociahstas
-le dije ....... pero desconocía hasta que J?Unto te hab1as peneb·ado
de su terrorismo, de su locur& asesma. Y compruebo que tu
aprendizaje ha sido completo. , .
Con la boca espumosa y los puños en alto. clamó colenco..
-Yo veo la l'ealidad y la afronto tal com? ella ~~· El n~ovl­
miento que yo organizo responderá ~ esta. onentac1,on realista.
No habrá escrúpulos tontos. Habrá m?lencm r habra ter~·m·. Al
que no agache la cabeza habrá que baJársela hasta el pav1men~o
con uu buen pa1· de tiros. Habrá saña implacable pa1~a p~rsegwr.
para desacreditar, para -emporcar. Habrá lo que estas Ylendo en

- 131 -
Alemania; un movimiento violento como una fu~rza de la na~u­
ra1cza. . . ¡este sí ... ! desbordando toda morahdad, como d1ce
Goeth.e. . . ¿ te acuerdas ? . .
-No habrá -sentencié- más remedw que combatn'ie ... !
........ ¿Quién? ...-preguntó con burla- ¿Tú, tú combatirme a mí?
¡Ah. . . el sapo que quiere se1· elefante; ~ero, i qué sapo . hom-
bre .. . ! Ni siquiera cucaracha; te aplastare ·como a una clunche.
¡No alcanzaras , a dec1r . ... mu,.
' . . .1 , ..
........ ¡Cómo has cambiado VICtor Raul!- le diJe con pena.
--¿Crees eso? -inte1·rogó .
..-Quizás no se trata de cambio ........manifesté calmoso--- qui-
zás siempre fuiste así, como asegura Vallejo, y sólo ahora te co-
nozco en tu esencia; sólo ahora te comprendo y palpo lo que e1·es,
cómo eres y de lo que eres capaz. Habdamos podido organizar
un movimiento vasto y duradero cuya acción habría trascendido
a la vida de nuestro pobre país. Ahora, tendremos que trenzar-
nos en una lucha encarnizada y desgarrante, quien sabe si total-
mente estéril.
Estábamos hablando ya en la puerta de su casa. Me invitó
a bajar la voz y él prosiguió :
-¿Lucha ... ? ¡Qué lucha hombre; ninguno de ustedes es
capaz de en:frentárseme ; ninguno y tú menos que nadie !
- i Qué magnífico habría sido de otro modo! -exclamé, sin
reeoger su desafío.
-¿Te parece? -preguntó riendo.
-Bien. . . me despido Víctor; esta será la última vez que
nos demos la mano; todo compromiso político entre nosotros ha
terminado. Cada uno toma su p1·opio camino.
-Eres tú --recalcó- que no has que1·ido seguir el mío.
Nos separamos y me eché a andar adolorido pero ya seguro.
Con Haya de la Torre empujaríamos a nuestro país al de-
sastre material y a la quiebra moral; era nítidamente claro.
- i Te agacharán con un tiro --exclamó asomando la cabeza
por la ventana-- si te cruzas en el camino· te matarán como a
perro ....1 '

Yo me perdí, en sonambúlico vagabundaje entre los jardines


y las arboledas de Charloternburgo.

-132--
LA TI ER RA PR OM ET ID A ...

ES PU ES de la _en tre vis ta con aci Ha ya de la To rre sólo de-


1[) sea ba pre sen cia r la ma nif est ón
gu err a ~n Be rlí n; pa lpa r el po der
co mu nis ta co ntr a la
ío de la sección ale ma na
ret orn ar a Pa rís . Du ran te el
de 1~ Inter~acJOnal Co mu nis ta yconsecuencia del fie ro golpe qu e
de sfi le s~fn un per can ce, como "~l.uppo" :rermano. Cuando me
me 111:opmó _e~ la ma nd íbu la un ita ba a
rep om a, re_c1b1 la Jlam~d a de Mu nze nb erg qu ien me inv
cen ar con el aq ue lla noche.
Me pres~nt6 a ?\'eumann
Vino a bu sca rm e en un automóviL ace nto his pan o y fuímo~
con
qu ien ha bla ba un esp año l cas tiz o,Al fin al de la comida Munzen-
a co me r a un res tau ran t cén tric o. '
be rg rió , diciendo~
ed ar per ple jo. ¿T e est im a
-T u am igo Ba rbu sse , se vá a qu
mu cho , ve rda d?
conmigo, pe ro ¿p or qu é
- Si -r ep us e- es mu y gen ero so
ha de qu ed ars e pe rplejo ... ? día s sal es a Moscú.
-P o1·que de ntr o de unos cu an tos nta r algo. da r las gra cia s a
Qu ed é an on ad ad o ; qu ise pre gu
nte ale gri a. per o me qu edé in- '
Munz en be rg. ex pre sar mi de sbo rdajad o la "P olo nes a Mi lita r'' de
móvil, com o si me hu bie se em.bru
Ch op in qu e toc ab a la orq ue sta sam en te.
Ne um an me ~ac udió rie nd o rui domu do ... ¡ci err a la boca!
-N o dic es nad a, te ha s qu eda donb erg reí a con ten to. La mú -
Lo s mi ré sin de cir na da ; Mu nze o como si yo fue se un a es- 1
erp
sic a me pe ne tra ba po r todo el cuar cam ina nd o en la en tra ña de
po nja de son ido s. Me pa rec ia est de la rea lid ad ; ex ten di Ja ma -
un sue ño · cre ía est arm e fug an doWm y J.{unzenb erg, con emoción.
no '!tr ap ret é vig oro sam en te la de
como em bri ag ad o. e: un a medianoche d~ ."er-
Aq ue lla noch e fué un a gra n no chtad o en el qu e la fehc1dad
da de ra Na vid ad , un am an ece r mi en can
a lag ros a ca tar ata . El ne gro Go-
caí a so bre mi alm a como un os com pañ ero s de Yiaje ; él reía
bla n tam bié n pa rti. ría ; ser íam gru esa be fed ad de su _boca. Le
con su ge ta abo cel ada , con tod a lacomo do s fosforescenc1as bla n-
ref ulg ian lum ino sos los dos ojo s
-1 33 -
cas y negras. Estaba alegre. El ~ambién partía a Moscú y hal·ía-
mos el viaje juntos. Reímos, bebimos, cantamos:
"Arriba los pobres del mundo
De pié los esclavos sin pan". . . .
Dos días después, el tren 1·oclaba cruzando Alernama, rumbo
a Polonia rumbo a la frontera de la Tierra Socialista. Iba a in-
gTesar e¡{ el país en donde se forjaba la felicidad de todos los
hombres y mujeres de la tierra.
Qued·ó atrás el río Oder y a la mañana siguiente el Vístula.
Pasamos por Varsovia, por Baranowice, por Stolpce. Guando el
cielo se incendiaba en un luminoso crepúsculo sobre la inmensa
llanura llegábamos a la frontera que separaba dos mundos dis-
tintos. 'con la cabeza fuera de la ventanilla, anhelante y emocio-
nado miraba el arco de madera sobre el cual estaban esculpidos
la H~z y el Martillo y la frase rotunda como un disparo: ¡Pro-
letarios de todos los países, uníos ... !
Habíamos llegado a Negoreloye. ¡Allí estaba sólo a unos
cuantos pasos de allí, toda la vastedad y la gloria de la Tierra
Socialista ... ! ¡ Tie1·ra de Promisión para todos los pob1·es del
mundo!
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • 1 • • • • • • • •

Cuando los místicos jefes de las Cl'uzadas llegaron al Santo


Sepulcro poniendo los piés en la Tierra Santa, debieron sentirse
sacudidos por una emoción que venía de los más tempestuosos
abismos de la conciencia y del instinto, a consustanciarse con un
soplo Yital surgido de la tierra, venido del campo, de los árboles,
i e los hombres y de los caminos. Esta fué la emoción que sentí
y la que han sentido .-según su confesión-- centenares de co-
munistas fervorosos, al 1legar a las fronteras de la Unión de las
Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Cuando se anunció la llegada a Stolpce, última estación de
la frontera polaca, y cuando los policías con aquellas gigantescas
viseras del kepí sobre los ojos, devolvían los pasaportes y las ho-
jitas en ruso, añadidas a él, la Yida entera pareció hallarse en
aquel instante, en vilo; estaba como suspendida y en éxtasis' an-
te el anhelo plenamente logrado. "La vida está hecha de la mis-
ma tela de que se hacen los sueños" repetía Shakcspeare v la
frase me martillaba las sienes, se alzaba en mí como una ~ voz
interior.
Cambiamos de tren y avanzamos sobre la estepa un breve
trecho. Un tose? arco de madera: en lo alto, sobre una platafor-
ma, cuatro o se1s soldados del Ejército Rojo, con el típico unifor-
me de anchos pantalones y largas bayonetas en los fusiles. Se
detuvo el tren Y bajamos: estábamos en la Tierra del Socialismo.
La estación era amplia, toda de macle1·a como una o-ran ba.
rraca. Estaba limpia: sobre los muros, en todos los idiom~s "Pro-
--134--
leta~·ios de t?dos los p~íses, uníos,. Retratos de ~farx Engels
L_e~m Y Stahn: ventamllas para el cambio de moneda. 'yent '
vm1entes en todo sentido. ' es Y
Cambié diez marcos y recibí cerca de ocho rublos y algunos
ko~eks; fuí al restaurant, pedí té y algo de c-omer. Un terrón de
azucar, dos rebanadas de p~n y una de pescado que parecía pren-
sado. Al pagar tuve una violenta sorpresa: aquello costaba más
de doce rublos, es~o es más de q?ince marcos alemanes, el equi-
v~lente de unas chez o doce com1das en Francia. con vino inclu-
SIVe.
Nos reunimos todos los viajeros que llevábamos idéntico rum-
bo Y que hablábamos español y francés. Era como si allí cada
uno de nosotros levantase la máscara que le había cubierto la
faz a través del viaje; un comunista argentino, joven, quien fue-
ra más tarde secretario de Guralsky, el ruso dirigente del Bureau
Sud-ame1dcano de Buenos Aires; un muchacho rle la juventud
comunista argentina, presuntuoso, dogmático. pleno de suficien-
cia y de satisfacción de sí propio. Hablaba constantemente de él
mismo y sjempre en términos de agradecimiento. Apareció Ka-
rracick, el comunista b1·asilero, que todo lo sabía y que daba in-
terpretaciones inmediatas a todo lo que veía. Según él. aquel
exhorbitante precio de las cosas se debía al deliberado propó~ito
de los rusos de limpiar los bolsillos de los extranjeros que arri-
baban a Rusia. El poeta me"A'icano Litz Arzubide, alegre, burlón
y exigente, que oficiaba de crítico. a veces acerbo y certe1·o. de
las lact·as que mostraba aquella sociedad nueva. engendrada por
las más grande revolución de la Historia Humana. "Cna mujer
canadiense, quizás en la treintena, pero que por gu grueso Yolú-
men aparentaba haber cruzado la cuarentena: tenía ojos \'ercles,
rostro violentamente sonrosado, cabello rubio y piés menudos.
que contrastaban con sus piernas exage1·adamente gruesas. El
hombre a lto y enjuto que decía Yiajaba desde YancouYer ~- ser
comerciante en pieles, resultó ser delegado comunista, demasiado
íntimo de la muje1· canadiense.
Bajo el cre})úsrulo nocturno de aquellas latitudes el tren ro-
daba hacia Minsk, rumbo a Moscú. Rn cada uno de nosotros ha-
bía un entusiasmo comunicativo, una alegría con la que nos em-
briagábamos mútuamente. Hablamos y reímo~ hasta adormecer-
nos ; callamos uno a uno, ingresando en deliciosa desmayez ...
era seguro que ninguno dormía ...
Alguien anunció que llegábamos a 1\linsk
Pob1:e estación. pobre ciudarl, pobres casas. Salía de alli una
viviente expresión de miseria, no sólo de pobreza; .~nise1ia rlura.
amasada con espanto, con rl nreza. con descaro. Nmos Yagabun-
dos, desde tres hastn veinte años, se arrastrat;>an pe~ados a las
ruedas y a los rieles, e11 busca de una Yentamlla abierta en los
-135-
coches. Si la encontraban, o si log~·almn ron1pe1· los cristales, tn~es
:;e lanzaban sobre ella como fehnos y arrancaban dcJ llllcr1or
Lodo Jo que podían pj}Jar anles de cmprellClcr la hu~cla. Los guar-
cln.s del lrcn advertían conslanlernenle que se iUVlNlcJl h1en ce.
r ..adns las vent:millas, que no se dejase JléHla cer ca de ellas: Cl'a
la plaga el~ los "Biezprizoni", vagabundos, cngend1·o de la Rcvo.
lución .
KalTacick explicó que todos aquellos niños eran hué1·f:mos
de la g·ucrra y de la r evolución ; qu e cm·eciendo de padr.c y madre,
r:
puc!-1 se rledicaban al pillaje. qu~ en un estado socíallsl~ no cr~
posible encarcelar, ni pcrscgmr, n1 mallraiar a tal cspccJe ~le lll·
ños; había que convencerles por la bondad y por la P''l·suasJón.
Heímos de la tesis de Karracick, P<'ro no deJamos de creer
parcialmente en ella. La prcsm~cia ele la}es granuj.as le prod ujo
muy mala impresión al poela L1tz ArzuiJlClc y cahf1có aquello co.
mo nnn tara de la revolución, como un csligma de la Patrja So
cialista.
Al día siguiente se anunció Moscú. Desde las vcníanil1as, se
nos señalaban las "montañas de Lcnin" y lu ego las estrC'Ilas del
Kremlin, las cúpulas doradas de la Iglesia del Salvad01· .-aun no
demolida- por último los arrabales, las caJlej uelas sudas, la es
tación de Alejandro. Allí estaba, :míe nosotros, bajo nuestras
plantas de pe1·egrinos devotos, la eiudad sRgrada dc la Revolu-
ción Mundial, el manantial mismo de la felicidad de los hombres
y mujeres del mundo.
Rajamos del tren e jngresamos a la eslac·i6n formando un
grupo. De alguna parLe salieron un par clt'l hombres que cogim·on
nuestras maletas y las llevaron hasta tm automóvil anticuado:
anchos tapabarros, estribo muy 1dLo, cat-rocet·ía. semejante a la
rle los coches de pompas fúnebrcl:;. A q uella debió haber sido una
limusina elegante en los días de la revolución ele oriubre. Detrás
de este se colocó otro a utomóvil tan antiguo como el primero.
Nos instalamos en el vehículo y el que hacía de guía le dijo al
chofer:
-Ojod niriat. .. Komintern.
La g1·an pa!abra }u·on~nciacla en Moscú por un l'Uso, Lomó
un encanto magteo. Marchahamos a la serle desde donde se diri -
gía la Revolución Prolcíal'ia Mundial .
. . Bajamos por ~a .calle de "Twcrs kaya'' y doblamos hacia Ojod-
m.ruli. Los a~t iomovlles se detuvieron frente a una casona vieja,
o})!(mte a resma, co~ puertas ridículamente vcqueñas. g n el ves-
ilbulo, durante media hora noR dimos <'tte nla de lo qtw significa-
ha el méioclo r uso d~l. "P1•opuskaia" o salvo<'ond ucio para pen<'
trar en iodo local ofJc1al o del partido o de Jos si ndicatos.
Se nos dispensó una acogida c01·dial: estaban allí Astrogildo
Pcreyra, dirigente comunista del Brasil ; li umhert nro?., el a migo

- 1 3G-
clr Lcnin, ele• quien S<' d~_cía qtw estuvo dedicado al altar en Sui
za, pero q~H! 1~ 1cv~luc10n rusa dr!svió su. camiuos · Stirncr el
SUIZO CJUC JUlllUS qUlSO J~l'~Scntarse IJaju SU 'H!rdadel~O noml>r~ y
qu<: c•ra el Lracluclor ofJclal riel ruso al ~:;pañol: era un devoto
an11go de JI aya el<• la Toll'C. Más i.:u el<•, llegó <'on sus anchns es-
paldas, su. <'twllu. corto y sus luenga~ barhas, Alejandro Los ows-
ky, a qUJeu fUJmos pres<'lllados en medio de extr:mrdinétrias
rnueslras de c·urcljalidad. L!Pgó asimismo Jti(·ardv :Martfncz, el
vcnPzol;:mo lJullangucm, el~ voz chm{)na y de grandes g1itos, que
eslaha allí t·n rc!prcscntac·t~n de los <-Ínrlkatos venezolanos que,
en los t1empos ele .Juan VJCI'!11W Crómcz. no cxistinn :sino en la
mcn1 e de ~odo\'ila y en la reprcscmÜH' 16n farsante de Mat1.íncz.
Nos inv¡t.aron té, pc<.;rado, Jamón, pa11 y algunos terl'ones
de azú< a1· -cuya escas<•z < l'::t not.ol'ia- Y el n·frigcdo PStuvo
salpi cado de• pl'cguntns y n·spucstas soha·e Amé1 ica Latina.
~n los días ·iguientcs, P uhrinron J;ts discusiones sobre la
siiua<"ión <>n cli\'ersos países, l'P. romenz() por el Perú y Ho1ivia,
donde no mostran p:ut idos comunistas. Humhert Droz manifestó
un conocimiento bustnnlc amt,Jio y ele cicrla profundidad ele
aqtwllas regiones. A1wgur6 que nunc.a había estado allá, pero u
conocimiento er:t tal qtH' pensé que no c>stalm rl•cicndo la 'úrd;td.
Droz eJ·n un hombre S\Ja\'C, inclulgenh•. ( ui<ladoso de conocer· la
opinión de <:¿tela cuál; ::w sen1ía verdadera :;:atisfaccifm en discutir
c·on él. en intercambiar idNts y hasta cu rliscre¡)ar. J·~n todo mo
m en lo, trata ha de hus<:ar lo t t•asct•ndent.c. Jo qu • estaha más allá
de lns opinimws. cll' las rcsolucionc · y de la <1i~cu~iones. Tenia
mira<l:t de largo alc~mce en t•l tiempo y le <•ncmltaha que, en su
compniiia, la gente npn•ndiese algo. Tc>nín la pa~ión de cnfo::cñar.
Ri~arC'i o Mnrlíncz, el venezolano, l'CJ>l'<)~entaute de sindie11tos
fantasmas ante el "PJ"Ofintcm" P.ra un hombre introducido de
<'ontrahand n en el lug¡u· donde se halhtba. Yo cnnocia la historia,
pu es me la habí:m narrado rm dt•tall~ .Julio Portocarrero y Ar-
mando llnzún. qui('llC~ a~tst icron a uno de• los ongrcsos d~ Mo"·
cú, enviados por ,Jos{• Ca l'los ,jfH riátt•gui y en reprcscnt :u.:16n de
las orsr.nnizacioncs sindicales pc·runna--.
Ricardo MarUncz el'a un <'hal'Jnrlor 1lwrentoso y un charla-
t án incontcnil>l(': crnpiC'aba <'on nfectnción y solemnühui los 1ér
minos de la. j<·l·ga dPl Komintcrn. dt•sumo<"'dn pat·~ muchos de
nosotros: ponin un énfasi:-- pedante C]l sus l~Jocu.eJ~nes c·arga.
das ele ~nfiri<'ncia i n~oporta hl('. ~1 aJ't wez hahm VJVldo mu<"hus
años en los Estados llniclos twro nn hnhía logrado captnr sino
los dcf ccíos rlc IC>s ll<ll't c-nm(•l·i<·anos y pan.·t·ín ~1ás que '!n. \'CI~e
zolann, un comunista :ngt>ntino: tal era la dos1s efe sufll'tcncm.
pcclnntería. y grnndilocurnda que po. cía.
I·~ l aniho de Ri l'arcfo 1\larlín('Z a Moscú, .en cal!rla~ rlc fu.n-
cionario cl<ll "P1·ofintern''. o ~en de la InternaciOnal RmdJcal RoJa,

- 117-
tenia o1·ígenes turbios y envolvía un dr~ma sa1~~T~enio; ~n r~­
lidad, su presencia advenediza en la capital sov1et~ca habla s1do
lubricada con sangre humana y con sagre com~msta. .
Julio Portocarrero y Armando Bazán conoc1an todas las m-
cidencias que habían p1·ecedido y deie!·minado, a up mismo tiem-
po la muerte tráo-ica de Julio Antoruo Mella, el hder cubano, y
la 'incorporación d~ Martínez al 'Pt·ofini~l:n". . .
Cuando terminado el Congreso anti-1mpenahsta de Bruse-
las Julio Antonio Mella se dirigió a Moscú, Alejandro Lossowsky,
supremo dirig-ente de la !nternaciona~ Sindical Roja, ~olicitó que
los latino-americanos designasen una persona que deb1a quedarse
en Moscú a trabajar con él y con la m·ganización tomando a su
cargo los asuntos sindicales de Amé1·ica Latina.
Cubanos v mexicanos pensaban que Mella estaba en sel'io
peligro si retornaba a América. Sus a~igos clamaban desespe-
xadamente que si Mella regresaba, el d1ctador Machado le haría
matar. Y abogaban porque Julio Antonio se quedase en Moscú.
Vitiorio Codovila, que se encontraba también en Moscú en .
aquella ocasión, trató de impedir que Mella se quedase en la In-
ternacional Sindical Roja. Lo sabía inteligente, enérgico, dueño
de una alta combatividad y de una aguda perspicacia. Temió pro-
bablemente que Mella conquistase en Moscú la simpatía y la vo-
luntad de los dioses del Olim}JO comunista y se convirtiese en una
de las grandes figuras del comunismo latino-americano.
Va1·ios delegados latino-americanos propusieron a Lossows-
ky la candidatura de Julio Antonio Mella.
- Si la mayoría de la fracción laiino-amel'icana lo propone
-repuso el viejo.- estaré encantado de trabajar con el mucha-
cho. El y todos saben la simpatía que le p1·ofeso; decidan ustedes,
decídanlo como les parezca.
Codovila se empeñó en una batalla campal para impedir que
Mella se quedara en Moscú. Atacó violentamente la insinuación,
peleó con los camaradas que la defendían, lanzó contra Mella to-
do género de acusaciones y de ataques. IVisiió a los delegados
latino-americanos habitación por habitación, y cuando se encon-
tró con que se le acusaba o se insinuaba que preier1día imponer
la hegemonía del. Plata sobre el Caribe, pues abandonó inmedia-
tamente la candidatura del comunista uruguavo que él había
sugerido y defendido, para propugnar en su ]uo-ar la del venezo-
lano Ricardo _Martínez. Venez~ela, al fin de c~entas, no queda
en el Plata. smo en la hoya misma del Caribe.
-Pero, si en Venezuela no existen sindicatos -exclamó
Bazán en tono burlón- bajo la tiranía de Juan Vicente Gómez
no h~r ni p~rtido comunista, ni organizaciones sindicales. ¿Cómo
s~ v~ a des1p1ar a un :renezolano funcionario de la Internacional
St~d1cal RoJa en Moscu, en 1·epresentaeión de sindic;üos que no
existen?

-138-
Codovila desarrolló una violenta carga contra Mella.
- gs un intelectualoide, pequeño burgués caudiiHsta se sien.
Le el semidió~ del Caribe. Toda su activid~d está ror~oída de
oportunismo, carece de di~ciplina revolucionaria.
Cuando Codov1la hubo te1minarlo de lanzar Jos apóstrofes e
invecii,·as que ltabia acumulado en mueLos dias. }:abló el obrero
.Julio Portocanero. Y Julio refería la anécdota adoptando el tono
y la actiturl QUíl asumió en aquellos momentos.
-Yo quiero aceptar todas las acusaciones que el camarada
Co<loYila ha lanzado sobre el compañero l\Iella. ~o quiero discu-
tirla~. Uno de los comunistas más experimentados en América
Latina. no puede equiYocarse sobre el juicio que de manera tan
rotunda, emite sob1·e Ull compañero de la categ~1·ía de Mella. Si
no todo, por lo menos gran parte de lo que afhma Codovila, debe
ser verdad.
CodoYila estaba radiante; cuanrlo los rubanos v otros inte-
numpleron a Portocan·ero, él salió en su defen~a y lo saludó
como a uno de los obreros más honestos " más limpios de Amé-
rica. Sufrido y heroico, puro y honrarlo a c<Jrta cabal, fueron los
menores adJetn·os con que Corlovila saludó a Portocarrero en
aquella intervención.
Portocarrero prosigmó:
-Siendo Mella. un hombre tan defectuoso como ase,·era v
garantiza aquí nuestro querido camarada Codovila, teniendo tan
graves taras políticas encima ... ¡.cómo vamos a cometer el error
de hacarlo regre~ar a América? Mella iría allá, donde tiene ga.
narlo un prestigio y donde ha conquistado autoridad, a proceder
<'omo le diese la real gana. ~o obedecelÍa a nadie, molestaría
como un zancudo, se haría más al'l'ogante y más rebelde; se con-
''el·tiría en un tipo insoportable.
En cambio -añadió pe1·suasivo y e·n érgico- si le dejamos
aquí en Moscú. no podrá actuar de esta manera. Aquí. no hay
grupitos estudiantiles, ni asambleas bullangueras. ni periódicos
que le hagan propaganda, ni compañeros que le obedezcan dócil-
mente. Aquí se Ya a encontrar en el Profintern. en una escue~a
que le vá a enseñar mucho, que Yá a ser como un reformatono
en donde le Yan a limpiar de todos sus defectos. Por otro lado.
evitaremos que ::Vlachado lo haga asesinar por sus pistoleros. Le
haremos un bien al movimiento y tm bien a Mella. Por estas ra-
zones, yo voto porque Mella se quede en Moscú, para que lo re
fo1men.
La alocución de Portocanero dió en medio del blanco. _Los
que hablaron rlespués se inclin~r011 po1· análog-5> punto de v1sta.
hicieron ver lo absm·do que ser1a deJar a 1\f~r~mez.. en_ represen-
tación de sindicatos venezolanos que no extstlan . m s~qUI~ra en
el papel y que sólo yivían como fantasmas en la ImagmacJón de
-139-
Codovíla. Además era conveniente salvar a .Julio Antonio Mella
de una muerte segura .
Codovila se burló de estas afirma ciones que calificó de exa.
gerada s y dramát icas e hizo suspen der la ses1ón antes de que el
asunto fuese votado. Se aplazó para votar en la reunión siguiente.
Codovila era un comun ista argenti no nacionalizado, y no
un iío a quien se pudiese exigir resigna ción para perder una vo-
tación democrática. Comprendiendo que no ganarí a c·on los votos
de los latino-americanos, recurri ó a una de sus habitua les soca-
liñas.
Hizo citar a todos aquellos que sabía votaría n en favor de
su proposición para determ inada ho1·a; a los dudosos, los citó
para quince minutos más tarde y a los que estaban en favor de
de Mella, pues para media hora des¡més. Cuando llegaro n a la
reunión estos últimos, la cuestión había sido votada , Mart.ínez
era designado funcionario latino-amel·icano ante la Interna cional
Sindical Roja y Julio Antonio Mella, no teniendo nada más que
hacer en Moscú, debía regres ar a Cuba, al Ca1·ibe o a donde qui-
siese. Los delegados que llegaro n en la tercera hora, además, fue-
ron acusados de subesti mar el trabajo y de no ser puntua les en
su asisten cia a las reuniones.
Y Codovila que contab a ton la imposibilidad de los delegados
de hacers e entend er en ruso, con su desconocimiento de las vías
formul ares del Komin tern y con la cómplice complacencia de los
traduct ores, reía del éxito, se mofaba de los "intele ctualoi des" ...
y hacía chistes gt·uesos sobre el estupen do ftme1·al que debía
prepar arse ya a Mella con toda anticipación.
Martíncz, el venezolano represe ntante de los sindica tos fan-
tasmas , se quedó en Moscú por obra y arte de CodoYila; :Mella fué
a México, a morir dramát icamen te, tal como fuera vaticinado,
abatido a tiros pm· los pistoleros de Machado. Codovila había cola-
borado con el dictador cubano; había prestad o su gracio sa y es-
túpida cooperación en el asesina to de Mella. Tan estúpid a que
resulta ba crimin al.
Y estos eran los orígenes de la perman encia de Martín ez en
Moscú.
Humbe rt Droz profesaba, al revés de Codovila, un sincero
sentim iento de admiración por Mariát egui, pero se mostra ba
opuest o a su tesis de organización de un partido sociali sta, con
una fracción comun ista secreta actuan do en el iutet·ior
-No pi~nso que sean buenos los rodeos -aseve raba Hum-
bert Droz- y si se vá a. organi zar un partido sociali sta con una
fracció n comun ista secreta interna , al final una de las dos mo-
dalidades se impond rá absorbiendo a la otra: y, o el partido se
vuelve comunista, triunfa la fracción nuestr a v en tal caso sólo
se ha perdido tiempo, o el partido se vuelve socialista y la frac-

-14Q -
ción comun~:;ta interna. y secreta es absorhtda expulsada 0 lin-
chada. No twne remedto. '
. -E~1 países ~?mo los vues~ro~" -:-;argumentaba Lossowsky-
la palab1 a cornum:sta y la organ.z~r ton comumsta, sirven de va.
c:':lna a la eslrech~ mentalidad r(l'ar-cionaria. El temor a1 comu-
n,tsmo. que ha deJad~ ya de ~er un fantasma que se pasea por
I~uropa. les hace merl1tar y hasta entrar en razón. Cuando sahen
que ~13)' obreros comunistas, intel~ctuales comunistas, presos co-
mumstas, mueYtos por el comumsmo, en Bolivia, el Perú o el
Paraguay, pues. los elementos más conservadores, con o sin su
voluntad, se ~e]an ahla~~ecer y conc(!der ventajas. ¡ Tienec: que
tener el cora)e de adJmmstra1· 1a \'acuna! -temúnaba senten-
ciando Lossowsky, paseando a lo largo de la habitación con las
manos juntadas hacia la espalda. '
-Sobre este particular -insinuó Humbert D~oz- elabora-
remos una amplia c<trta política. 1a que será enviada por la In-
ternacional Comunista a los trabajadores de tu paí~. Serla una
especie de carta abierta destinada a obtener una \'asta audiencia
en el pais, y la que ustedes mismos se encargarían de difundir y
de hacer circular.
Lossowsky tocó el punto de Haya de la Torre y de la Alianza
Po1mlar Revolucionaria Americana.
-No creo yo -decía en su inten·ención....- que la tal alianza
de mi amigo Haya de la Torre sea efectivamente 1·evolucionaria,
ni precisamente popular y de ninguna manera americana. Pero
8Í creo que Víctor Raúl va a organizar, si no un partido poUtico.
poT lo me11os un movimiento de gran amplitud. Es tenaz, es am-
bicioso, tiene audacia y, lo que es más importante. en este mo-
mento en su país no hay ningún partido político organizado. Por
lo tanto, su alianza, lo mismo que el partido comuni~ta. van a
responder a una necesidad; van a prestar un sen·icio. Y cuando
se presta un servicio, cuando se responde al_ man_d~to de algo
que al pueblo le está haciendo falta, pues se tlene ex1to; no hay
duda alguna.
- Víctor Raúl -observé- está en e~ tos momentos muy en-
t regado a los nacional-socialistas.
- En efecto - confirmó Lossowsky- pero fonosamente en
contacto con la realidad de su país cambiará: en los paíse? at~!l­
s ados, no hay posibilidad de fascismo operante; 1~ orgamza~10n
econónlica, política y social no consiente t~l.e~pec1e de orgaruza-
ción . Puede ser que más tarde ha~·a po 1b1hdad de entenderse
con él . . . ¡no debes descartarlo ... !
- Está demasiado aficionado a los métodos terroristas. ob-
jeté.
- ¿ Ten ·oristas? -preguntó con e:xh·~ñeza Lossowsky-
¿ y para qué? Sería un insensato. pues no hene la menor nece-

-141-
sidad de recu rrir a eso ; si trab aja con tesó n Y usa
de espera1·, el pode r le vend rá como frut a mad ura la saga cida d
que cae por
su sola mad urez .
-y 0 no c1·eo que él esté pens ando en esta form a -vol
ví a
obse rvar .
-Pu es ento nces es men os inte lige nte ele lo que cre1, a -apu
tó Loss owsk y, encogiéndose de hom bros . con ese ~demán n-
que es
tan típico de los fran cese s. Y perm anec ió pens ailvo .
Aqu ella actit ud me hizo pe!l sar que po~lría. plant~á~· seme
allí en la Inte1·nacional la neces1dad o la obhgac1ón pohü
trab ajar con Hay a de l~ Torr e, no obst ante mis repa ros ca de
tenc ias. Y mi fé en el com unis mo alca nzab a tal prof unchy resis :
conf ianz a en el Kom inter n era tan ilim itada , que íntimdad, mt
esta ba decidido a otor gar mi acep tació n plen a, si tal exig ame nte
enci a
era plan tead a.
El silencio med itati vo de Loss ows ky fué roto por Hum bert
Droz , que reab rió la sesió n concediéndole la palab1·a.
Loss owsk y se exte ndió en apre ciac ione s ele cara cter razo nan-
to q11~ tend ían a dem ostr ar la nece sida d inap laza ble de orga ni
~:r part idos com unis tas en aque llos país es
e11 dond e aun no exis -
tían.
-La mar cha de la t·evolución mun dial -sen taba como
dog ma- exig e la pres enci a actu ante de part idos com unis un
todo s los país es del mun do. El que ame la revo lució n, el quetas en
ra libe rar a su pueblo de la mise ria, el que anhe le la elev quie-
del nivel de exis tenc ia de su gent e, tien e el debet· de forjación
órga no que debe rá pres idir la gran tran sfor mac ión. Y ese ar el
no único y segu ro es el part ido com unis ta. órga .
Se exte ndió argu men tand o con l>ersuasivo vigo r y con
dent e ánim o de conv ence r y de cim enta r la convicción que evi-
él
fend ía. Se refir ió a las posi bilid ades de alian zas futu ras, con de-
fuer zas, pet·o acen tuó, como paso prim ordi al y sust anti vo. otral '
gani zaci ón de un part ido com unis ta, adhe rido a la TC'r la or-
terna cion al. Y al enfo car el tema de las relac ione s ele la cera In
orga niza ción com unis ta con fuer zas polí ticas de izqu ierdnaci enle
mo la que Hay a pret endí a cre ar- sost uvo que esa form a -co
sólo podr ía reali zars e a trav és de una cand ente luch a ideo ació n
a sem ejan za de la que sost uvo Leni n con los men she\ •iqu lógica.
is.
-En el mun do -afi rmó - se leva nta en esta hora un peli-
gro trem endo para toda la Hum anid ad: el fasc ismo . ¿No lo
no lo sent imos ... ? Pues , en el mun do, en la hora 1n·e!'enie ves ...
die quierc:, luclu~r. cont ra ~l fasc ismo sino los com unis tas. , na-
acas o razo n ~uf1c1ente -mt el'l' ogó - para ser com unüd.a ¡,No es
te, .ten er ~ue libra r la luch a en calid ad de vang -uar dia contmili tan
pehg ro mas gran de que ame nazó a la Hum anid ad rn su ra el
ria? ¿O no teng o razó n? -me pt·eg untó . JTigto-

-li2 -

-Sí Uenc l'd. razón.
La discusióu prosiguió con la intervención de Vasiliev de
Bela K un, el Jefe de la Revolución Húngara, de Astrogildo 'Pc-
reyra, de Droz .·Y de Anet 1\a, la secreta1·ia de Bujarin. Se confir-
mó la J>l'Opos!<'JOn de Droz: la fntCl nacwnal Comunista dirigirá
una carta alHel'La.
Cuando la discusión finalizaba ingresó a la habitación Zi
novie_v. Todos nos pusimos de pié saludándole y Droz le ofr€-cio
el as1en~o de honor. Inmecllatamente, le hizo Ull resúmen de lo
que haln~mos ~ratado y del acuerdu a que se: llegaba.
-;. l._, res iu el camarada que ha promovido esta discusión?
-preguntó dirigiéndose amablemente a mi.
-Si. soy yo, camarada Zinoviev.
-Bjen. Lo que me parece esencial en todo ac;unlo, como en
todoR los asuntos, es la cuestión del hombre. ¿Quién es el hombre
o quiénes son los que van a ejecutar las resoluciones que se adop-
ten? Sin él o sin e11os, la resolución será sólo un papel estéril-
mente escrito. ¿ JJan pensado en ello? -mterrogó ZinovieY.
- i Es claro que sí! -replicó Droz- en el Perú e~tá actuan-
do muy cerca de nosotros Mariátegui y su grupo y ahora tene-
mos a nuestro camarada, que ha venido hasta aquí con la reco-
mendación de Uenri Barbusse.
- ¡No es eso solamc:nte! -objetó Zino\~iev- el camarada
viene ha~ta aquí a visitar la Unión SoYiética, a com·er~ar con
nosotr os, a confrontar sus opiniones con las nuestras. Pero. esto
no gara ntiza que la resolución que adoptemos aquí \·a a ser cum-
plida. ER así como creo imperativo plantear la cuestión.
- Pido permiso para mtervenir -dije con gran sequedad
en la gat·ganla -quiero ampliar el juicio del camarada Zinovie\·:
he ven ido a dsitar la t:nión So\·iética, a confrontar mis puntos
de vista con los suyos. pero también a incorpo1·arme en las filas
de la Inter nacional y a trabajar por ella.
Zinoviev romnió a aplaudir. sig-uiendo Losso'"'~ky r los de-
más.
- Est ás en condiciones de regresa r a tu país: quieres ir a
t rabajar a11á; deseas colaborar con 1\Iariátegui y los demás en
la f u ndación del partido comunista?
- Sí , ca marada ; estoy resuelto a hacer lo, repuse con segu-
rida d.
- ¡Ser ía magnífico entonces! --aprobó Zino\'iev- P~ro, él?·
tes, piénsalo, medítalo mucho : _cuenta ~us pasos.:: tus .d1as. ~ o
ol vides que en tu país los Gob1ernos ben en pobc1as, ttenen e~­
pías, tien en fusiles y ametralladoras. En t odo esto es necesano
pensa r.
- E stoy dispuesto a ir a mi país a tJ·~bajat· en la organiza-
ción del P a rt ido Comunista, volví a repet tr.

-H3-
Droz y
Tod os gua rdar on silencio, Zinoviev hizo una sm1a a
este le\·a ntó la sesión.
Zinoviev me llamó y me abra zó con efu~ión .
-:\h w bien hace s mm · bien muc hach o. Has dndo
un gran
• t •

paso. cm1 sus


LossowskY me abra zó tam bién , frot áml omc el rost ro
barb as. golpcitndome la espa lda y dici éndo me:a razó n.
- Barbu::;sc tení a razó n: yo sabí a que tení s abnl zos,
- Rela-Kun. Droz y los dem ús me dier on cm·iñoso desp edir me,
como si se trat ase de un viej o ami go. Cua ndo fuí aa com er.
Zinovie\· habl ó en ruso con Los sow sky y me invi tó
ruso s.
-Te agra dará muc ho .-d ijo - conocer algu nos ami gos
casa de
Un cua rto de hora más tard e part íam os rum bo a la de Moscú.
cam po donde esta ba Zinoviev, ubic ada en las afue ras , Lossows-
Droz se SE?Iltó junto Al chofer r detr ás íbam os Zinoviev
kv •
y• J'\'O.
el resu r-
Zinoviev habl ó de las difi cult ades mat eria les par a eria , de
mis
gim ient o de la economía rusa , de la luch a con tra lasob re lo que
Jos gran des obst ácul os. Y se exte ndió larg ame nte
él denominó ''la here ncia del pasa do" .
·nacio-
Disp usie ron allí que mie ntra s la dire cció n de la Intm
ía orga niza r
nal disc utía el contenido de la cart a abie1-ta, se deb de Rus ia, a
un Yiaje de la delegación latin o-am eric ana al sur
Crim ea, el Mar de Azov, Bak ú y la zon a del Volga.
y nues-
-Qu e ";si ten KharkoY, que vea n Tul a y Tan garo wa
tra regi ón petr oler a.
de in-
Hum bert Droz quedó enca rgad o de orga niza r la jira
med iato .
Ata rdec ía cuan do llegamo~ a la casa de cam po, la tro que esta -
de un
ba llen a de gen te. Era una "dac ha" rusa met ida den fort y rode a-
arbo lado con cier to aire rúst ico })ero dota da de con
da de jard ines .
Des pués del ruid o que caus ó el arri bo de ZinO\'ÍC\' ~· ' decían
Lossows.
vie\
ky, fui pres enta do uno por uno : Los sow sky o Zino
algu nas pala bras ben6volas sob re mí.
mo ...
-El cam arad a Buj arin ... el del A.B.C. del com unis
el cam arad a
¿ya le conoces, no es cier to? El cam arad a Rad ek ilsl<Y el ca-
Tom skv, de los sind icat os; el cam arad a Dim itrinMa~u es la 'sue rte
mar ada Rikov y el r.am arad a Kam enev , a quie tien
de ver por pura casu alid ad hoy .
Me tem blab an las pier nas, volv ia los ojos de uno miea otro ros-
teci ntos me
tro Y no sabi a qué pen sar, ni qué deci r. Los acon r mi propio
arro llab an de modo apat:atoso y sin deja rme 1·ecobrasoña do esto.
coniTol. Una sem ana atra s, dos dfas atrá s, no hab ría
Me pare cla que esta ba febr il.
-14 1-
En grandes bandejas trajeron jamón, queso, pan de diver-
sas clases, pesc,ado, mantequilla, atún ahumado. Y Juego, vodka.
yo no pod1a <:omer, a pesar de la insistencia de todos. Res
pon!ha con monostlab.os a las preguntas que me dirigían o que
hac1an que me traduJeran. Con excepción de Tomskv v rle Ka-
mencv. iodos hablaban c·orrectamente el francés. · ·
Raclek tomó un \'aso y me dijo que me enseñaría a tomar
vodka. Esta bebida rusa no se bebe })Or tragos .-exclamaba- ni
paladeándola como hacen los franceses con su cogñac o su pernod.
o los ingleses con su whisky. El vodka no se ha hecho para gus-
tarlo, sino para sentir sus efectos. Se bebe de un solo trago ...
iodo el vaso . . . ¡así!
Y bebió hasta agotar todo el contenido del Yaso, de un solo
trago. Después me hizo beber a la salud de Barbusse.
Entrada la noche vino la típica cena rusa rociada con té y
con abundante vodka. Ellos hablaban indistintamente en ruso y
en fr ancés y celebraban que me hubiese decidido a marchanne
a América llevando la misión de o1·ganizar el partido comunista
en mi país.
P asada la medianoche fuí conducido hasta el Hotel Lux.
No pude dormir; trataba de cohesionar las ideas que se mo-
vían co11 extrañas velocidades dentro de mi cabeza. Pensaba en
mi retorno a América. en la tremenda pobreza que 1·einaba en
Rusia; en las dificultades de la revolución, en el ínfimo nivel de
vida de la gente, en la "dacha'' con sus jardines y· sn moblaje
modesto, y en aquellos hombres qu~ integraban la plana mayor
del comando de la Revolución Mund1al.
P ensé que se había cumplido el vaticinio de Barbusse:
.-Si llegas a las filas de la Internacional. no se1·ás recibido
C'omo un me1·o recluta.
LA HERENCIA DEL PASADO

~ .., ARIA era una mujercita delgada, de pequeña estatura,


~- con el rostro salpicado de pecas y dueña de un español
raro: lo hablaba con bastante conocimiento de los modis-
mos y de las palabras comunes, pero con un acento tan extraño
que no pude saber jamás en qué 1)arte del mundo había aprendi-
do a hablarlo. Era mujer de Ramón Casanellas, el catalán qlle
mató a Dato y que actuaba como aviador en la Unión Soviética.
Casanellas tenía un hijo pequeño, que había encontrado en Ma-
ría una madre. Esta fué la persona que designaron eomo guía y
traductora del grupo latino-americano en su viaje a Crimea, al
Cáucaso a la cuenca del Don y a la zona del petróleo.
La muchacha y el pequeño se pusieron al frente del grupo.
El niño resultó un precioso informador, porque hablaba c01·rien-
temente los dos idiomas: el español y el ruso.
El otoño era tibio todavía; los árboles no estaban totalmen-
te desnudos ; los campos alzaban al cielo claro su vaho fresco y
amoroso. María nos instaló en un coche de pasaj e1·os, bizo valer
nuestros privilegios especiales para obtener lugares de lWefc-
rencia y salimos ele Moscú hacia Tula.
Al atarclecer de aquel día tuvimos un perrancP. María no
quiso decir en qué consistía y el resto de las gentes hahlaban en
ruso. El tren quedó detenido en medio de la vía, a las inmediacio-
nes de una aldea. Aprovechamos el accidente })ara revistar aquel
campamento que se había fo1·mado junto al tren y 11ara visitar
la aldea.
Quizás nunca he visto un espectáculo de más horrenda y pa-
vorosa miseria. un hacinamiento de harapos, de millares ne cuer-
pos, un hormigue1·o de seres mugrientos~ enflaquecidos, entriste-
cidos, enfurecidos. No habíamos contado con aquella visión dan~
tesca; era como si aquel pueblo estuviese viviendo en plena gue-
rra. No parecía en absoluto que habían transcurrido doce años
ya de la revolución y de la conquista del poder po1· los bolshevi-
ques. Era al~o que m·oducía una verdadera convulsjón interior.
Era la plasmatión ele lo inconcebible. Que existicsP. <:>n la tiena
un conjunt{) de personas, un pueblo con tan inmensa, tan desme-

-146-
sur~da capacidad de absorber sufrimiento. . . y de absorberlo
pasJvamenie.
El pe'.!ueño Casancllas tenía sueño y tenía sed. Le adquhf
u!la pcquena botella de t·efl·esC'_o y le halJlé de lo que (•stábamos
VIendo, Y le hiCe p~·.eguntas. Y el, a pesar de la. prohihietón esirie
ía de su madre, diJO con desprecio:
-<·· I•'sio · . . t oc1a R ns1a
, ....') 1· pues que. · es igual. .. !
-l. Y cómo lo sabes ... ?
. .........Pues porque por donde he pasado ha sido lo mismo· es
Igual. '
. A trav~s del Ja1-g? .c-amino, María nos hacía mostrar Jo me-
JOr. Las mejores fund1ctones, las meJores fábricas de herramien-
tas agrícolas, las mejores casas de reposo, sanatodos y clubs.
X ~odo eso cstab~ tocado d~l ~tsmo barniz impalpable de. primi-
ilvismo, de sord1dez, de m1serta, de ausencia absoluta del más
elemental buen g·usto. Aquella era una inmensa tierra triste con
vidas h un~anas que se arrastraban como gusanos, vidas qu~bra
das, hunchdas para siempre en la tragedia que sólo encuentra su
desembocadura en la muel'te.
Cada vez, en cada lugar, había un nuevo motivo de pena lan-
cjnantc, de dolorosa pesadumbre. En Jos campos se estaba des-
arrollando lo que se denominaba en los medios comunistas "la
batalla contl'a el kulak'' o sea, romo repetía María con fruición,
como lo ciedan 1todos Jos presidentes de soviet que nos recibían
en los pueblos, '1a liquidación clel kulak como c1al"e". Se estaba
comenzando a pasar del régimen de la propiedad privada al de
la organización colectiva rle la propiedad. del t1·abajo y de los
rendimientos. Los kol.Jozianos estaban reemplazando a los kuJaks.
gn las ciudacies. la campaña contra el kulak consistía en ha-
cm· odial' con verdadera feroeidacl al campesino l'i<'o y amnr con
todo el cora~ón al carnpesi no pobre. Los llamado~ campesinos
ricos eran calificarlos como puñado de egoístas, contral'eYolucio-
narios, enemigos empecinados del socialismo y. por consiguiente,
enemigos del pueblo. Los llamados campesinos pobres, al contra-
rio, eran la inme11sa masa de gentes que habían sufrido un tra-
tamiento inhumano baJO el zarismo ~· que estaban dispuestos a
colaborar con el nu evo régjmen creando los koljoses Y fm·jando
de esta manera el socialismo. Los obreros de l~s ciudades habla-
ban un lenguaje de odio al lm lak y le atribuían t_ocla o srran par-
te ('le la responsabilidad de las desdichas que dehmn soportar.
-¿ l~stuvieron ele tenidos toda la no~ he? ... l. Vn ~rcidentc?
-nos m·eguntahan los jerar cas del partulo o las autond~des del
soviet local. y añadían sienmre en gnm tono exclamatono r pa-
tético-: i. Lo es tás viendo Yttri ... Jo Ye~ Na tacha? Los <'ama-
radas no llegaron a Uempo a c_ausa _del acc1dent~. ¡Los kulaks. los
miserables, los contra.revo1ucJOnaJ10S, los handtdos!

-147-
• ·osotros ~abíamos que no era \·erdad: no teníamos la me-
nor simpatía por el kulak. ya que ll) único en que estábamos \·er-
daderamente intere ~ados. es en que se construyera 4'1 toda pri~a
el socialismo ~- se pre~entase al mundo un ejemplo d\·iente que
imitar de felicidad humana realizada. Xo 1·eparamo~ con mayor
detención, ni analizamos más hondamente aquello de ula liqui-
dación del kulak como clase''. que en realida<i era el comienzo
del baño de sangre en el que el régimen de St~1lin ha hundido a

RUSla .
o

En el campo, la cue~tión era distinta. Llegamos acompaña-


dos por el responsable del partirlo a una finca donde se iniciaba
el colecth·ismo. Cna máquina bastante destartalada, con toda la
apariencia de artefacto de fabricación casera, estaba trabajando
en la pan·a. Hombres y mujeres nos rodearon con curiosidad,
mirando recelosos. ~Ias. en cuanto supieron o se dieron cuenta
que entre los recién llegados se encontraba el responsable del
partido en 1:-. ciudad. 1 icieron cabal abstracc!én de n ):;otros y de
nue~tra presencia y se lanzaron hacia él.
Hablaban todas las mujeres al mismo tiempo. como si fue-
sen a morh· dentro de breves minutos y quisiesen decir antes
toda su Yoluntad. Cn viejo trataba de poner orden y hacer se-
sión; los más jóvenes se burlaban y un hombre maduro. tranqui-
lo, huesudo, se reía moYiendo la cabeza como si pensase: ¡ tiem-
po perdido ... ! Y reía tristemente. nlirándonos.
Nos dimos cuenta que aquella gente estaba protestando; se
quejaban de algo; le mostraban al responsable una batea con
pescado dentro; se lo hacían oler. gritaban. Y una muchacha. la
menos harapienta de todas. lloraba y besaba las manos al res-
ponsable, le decía frases que reflejaban desesperación . por la for-
ma en que las decía y por las contraccione s de aquellas manos
en las que los huesos parecían cuerdas.
En el primer momento. el hombre que encabezaba la comi-
tiva, el responsable del partido. se sintió \"Íctima de un serio ma-
lestar delante de nosotros. Nos miraba alelado y había puesto en
su boca una mueca de aturdido. Pero bien pronto ~e repuso y
comenzó a tratar con los trabajadores de aquel koljoz. Le~ hala-
gaba. reía, les increpaba. y repetía sin cesar las palabras que
son las primeras que se aprenden en ruso. ¡>Or la frecuencia con
que se les escucha:
- Si chás . . . si chas ... es decir: enseguida. inmediatame n·
te muy luego. Algo equivalente al "mañana'". "mañana'' latino-
americano.
Por la noche, en el hotel, mientras descansábam os de las an-
danzas del día, tomé a mi cargo al pequeño Casanellas. Como le
había agasajado cuidadosa e interesadamente durante el día, me

- 118-
habló larg< • -.-.··n·e lo que decían la-= gente.s de koljoz al y--;:nn e: •
ble del par- J~· ~y...nsa
!o
-jbo e \'aya: a decil a mi mad1e, n: a Jo c.amru~da- -re-
comen_'~a ~ <: . • • JU~no- pues lo~ koljo ...ianoc: le dec:an a Pell-o\·
co~as : orrü e~ Le m~u!tai on, le dijen-!' • ~ la c.omida que ...e )ec:
daha, era m:~.# .:~·nundic.Ja; que hacia 1 -.:c:e que no pr baban un
terron de azucm:. que el pan era 'im ~. . r que dec:tilaba arua
cuando lo ~ t: • ·raan. como trapo; que el pescado ec:ta a podrÍdo
qu~ ~:_i.:(;h"'<J'' .. e ha.bl~~ e~f:~la,do gt·~,·ement~ al comerlo ,. que
alh ec:u.bc~·· en acr . . e. ec. ~~·. . p·eno. termmando de podrh ... e.
con:o r1 eb1~n podr!! se to: \S •· .... .el partido ,. lo.- del Gobierno.
Que trabaJaban !T'Ul y ·~i:t" ' . , >n peor que lo.s pell'o~.
El muchacho c:e ]etu\·o er. ~·1 né1~c~6n. para decirme:
-Pero. júra!!:e C8r.--.arada G_Je n ~t: lo \·as a deei!' a ~iarla.
Se lo prometí c.or s~ lt:r.u:!dad. p!..!é::. : le que continuara.
_ -P~es. • uando ~-a . ~· marchába,mr s - conticuó el pequ~
no- le m~ultaban; le dt~eron oue :eru:1 ~ cabeza ·~o coi, que
era un sinYergüenza, que los dir!gentes del pa1-tido se daban bue.
na 'ida a costa del hambre de t::Hos. Que algún día :~ iban a pa.
gar cor.1o 1a pagó el zar.
Y e! muchacho añadía riendo:
-Y PetroY. cuando le decían aquellas e ~h · an f~~-= ~e ·la-
cía el tonto. fingía no en:er. ~er 1" que le e~~a· ,¡i,.. -:ide!' 4 • ' a~~~;·
ba con Yoson·os de otra L •Sc1 Te aseguro que s: no hubiera:.:: E-S-
tado allí Yosotros. pue~ la ! abría emprendido a ~ ~pes .cor. :"'~ s
ellos: tanta era la in" Gl~a c,ue 1e decían. Per<>. _e 'taeía el oo':x·.
reía como si no fuese -.11n é!. ~egu!·2r.1ente que . . uando os ,·ay~.:'
de aquí. irá a arreglar1es la.:: LUt:n:.:-s.
- ¡. e omo. que e~ 1.o que •l · :ua.....
# •

- Yo no "'é lo que >ar¿n. pero algo hacen.


)far!a daba ,·oces de_Je la ,·en:ana Ea~amio al pequeño.
El estarlo de áni."110 reinanre er. !os o1r0s !·.1u-ares !l•J e!-a ~:ur
distinto: miseria. odio a los '"ulaks. a''u:-:dan:e litera:ura sohre
1a industrialización ' el nlan quinquenal. más zr.iserin aun ln-
mensos mapas de Rtisia en
l•1S que - mo\·ienco una ~G on-a palan-
ca- se iluminaban con luces rle colores. los dh·er o~ :ugart?s dvn-
de iban a surgir poderosos centro~ indo~triale~ Y en c-:e ·i ··.de
todo y por todas partes. un gt·ueso y á_c:pero dese· nte~:o. ~M..
otr os. por lo que palnáhamos. comprend1amo~ ql.!e acn;e.~a gente
no tenía ninguna razón para estar contenta: tema exlest,·os mo-
ti\~os para quejarse y maldecir como lo hacían. .
Lle~amos a Tangaro-wa ~- \isita.mos ~n~ es:ac!ón _Yeraruega
a la orilla del )Iar X egro: era un e~tablecim'ento llm:,to, moder-
no. dotado de comodidades. Estaba rel'1eto: ho11'hres g-ordos. i'ln
las cabezas decah·adas a mn·aja: mujeres 'e.. tidas <·on senctllez

- 149-
pero sin miseria, gentes que disfrutaban. de.' un nivel de vida muy
superior al de los trabajadores de las c1Uda;les Y de los campos.
-¿Quiénes son ... qué hacen ... a que sector peri~necen?
---Son trabajadores calificados, gente que gana meJor por.
que trabaja más· y también mejo1· .-explicó Marí~ con naturali-
dad pero, pronto el pequeño Casanellas la desmentia en la mayor
reserva.
Aquella. mujercita cicatera, que economizaba los l<~peks en la
jira mentía de manera descarada y afluente. Persuad1da de que
no comprendíamos el idioma pretendía hacernos tragar ruedas
de molino.
Toda la jira fué penosa. Un rico y gigantesco país hundido
en el más desgraciado retraso técnico, sumido en la mise1·ia y
en la desorganización, después de doce años de haber realizado
la más grande revolución de todos los tiempos.
En la fábrica de herramientas agrícolas, al lado de la ha-
cienda triguera clel Estado ---el s,ovjós uGig·ante" _. nos encon-
b·amos con un abigarrado grupo de {.;entes, con quienes pudimos
com·ersar con franqueza.
La hacienda estaba a cargo de un joven ingeniero, descen-
diente de la aristocracia.; vivía con una mujer mucho mayor que
él, rubia desteñida, en extremo descuidada en su persona, no así
en el cuidado de la casa, que estaba arreg·lacla, muy limpia y con
profusión de flores y floreros, y de tapetes bordados a mano.
En la casa del ingeniero se reunie1·on a cmner con nosotros
el Presidente del Soviet de la aldea, el Director de una fundición
vecina, mozo alto, fornido, ele vigorosa bel1eza varonil y tres
hombres más que podían ser ayudantes, capataces de la hacienda
o guardaespaldas del presidente del soviet.
El ingeniero nos habló de sus ensayos genéticos, de su labor
en la selección de trigo, de la pre1J.a1·aci6n de las tierras, de los
abonos, de las formas de trabajo desconocidas hasta ayer en Ru-
sia. Había dividido la gran extensión de tierras cuyos cultivos
dirigía, en zonas cruzadas por carrete1·as asfaltadas a través de
las cuales circulaban los camiones que conducían a los trabaja-
dores a sus lugares de labor y que acarreaban semillas abonos,
herramientas, utensilios y después, la cosecha que debía ser
transportada a los grandes centros de consumo.
La señora hablaba muy bien el francés, lo mismo que el di-
redor de la fundición; el ingeniero hablaba inglés alemán y da-
nés. Sus estudios los había cursado en Dinamarca' y en Suecia.
En l.a noche después de la comida, Juego de haber bebido
v~rias copas del excelente vino de Crimea y del Cáucaso, expu-
slmos ante aquellos hombres todo lo que habíamos visto y oído
e~ la jira. El descontento que bullía por todas pal'tes; la' mise-
na, que alcanzaba caractensmo de exceso; de los muchos dolo-
-1 50~
res inútiles; de los grandes sacrificios en su mavor magnitud es-
tériles: del leganal de mug-re que bien podía se1 d sminuido nada
más que con menos espíritu formular y buroc1·ático v con un
poco, nada más que un poco de voluntad. ·
El Director apagó su cigarrillo en el tiesto que se hallaba
sobre la mesa Y zambucando las manos entre el cinturón debajo
de la "rubashka'' -o camisa rusa- habló con acento s~ave pe-
l'O firme.
-Rusia ha sido uno de los países más retrasados del mundo
y de este punto es obligatmio parlh·, para 1-:acer un anáLs;s co-
rrecto; Juego, no hay que olVIdar que ha sido uno de los comba-
tientes de la gran guerra y que esto afectó profundamente su
economía, mucho más que las de Inglaterra, Francia o Italia.
Mientras más retrasado es un país más dm·amente repercuten
sobre él las crisis y sus consecuencias. Después -añadió encen-
diendo un nuevo cigarrillo- vmo la ReYolución. Solamente los
que hemos vivülo esta etapa sabemos lo que ella ha ~ignificado
como em¡1obrecimiento. como desquiciamiento, como profunda
comnoc1ón humana. Lo peor no fué la Re,:olución; no. Lo peor
fuero11 las invasiones: hoy im•asiones blancas, mañana invac::io-
nes rojas; en la mañana los eosacos C!e Kollchak, en la tarde las
brigadas de milicianos l'OJOS, al anochecer, la~ patrullas de l\Iach-
no y de los anarquistas y anLe~ del amanecer las bandas de fasci-
nerosos que aproyechaban el pánico, di~frutaban de la oportuni-
dad y se llevaban lo poco o lo último que quedaba.
-De eso hace doce años, mi buen Dorogan, objeté.
-No son doce años, amigo mío; mucho menos. En realidad
no hemos tenido paz hasta hace unos cinco o seis ru1os; ~· en este
plazo es muy difícil, es imposible, rehacerlo todo. Estamos co-
menzando.
Y haciendo una pausa, apagó el cigarrillo sobre el tiesto.
retorciéndolo nelTiosamente. Pidió ,·ino y lo hizo servir en las
copas. Preguntó al ingeniero sí se aburría y este respondió que
no. que continuase.
El Director de la fundición. camarada Dorogan, continuó con.
evidente propósito didáctico :
-El socialismo es hijo de la industria, eso ustedes lo saben.
En Rusia no hay industria avanzada; este no es un país ind~s­
trial. Para realizar el socialismo, se hace obligatorio industna-
lizar a Rusia; y aquí 1·eside toda la cuestión: industrializació~,
más industria, más producción moder11a:. ?-'ransfor~ar ~ Rus1a
en lo que son los Estados Unidos de Amel'lca. ¿~e m1a~nan us-
tedes? ¿El progreso técnico de los Estados Umdos mas el so-
. 1'1smo ?....
c1a
-La felicidad humana, apw1t6 alguno de nosotros.

-151-
-Tú Jo has dicho camarada; la felicidad de millones y mi-
llones de hombres y mujeres que hoy has visto revolcándose en
la miseria y en Ja pringue. La felicidad material y esph·itual que
no nos vendrá como presente, ni como don del cielo en calidad
de milagro sino que saldrá de nuestros cerebros y de nuestros
brazos. De' nuestra capacidad para organizarnos y para superar
esta inmensa pereza rusa; porque te digo la \'erdad: a los rusos
nos gusta trabaja1· poco y soñar mucho.
Escanció su Yino y nos invitó a beber el nuestro, continuan-
do:
-Es claro amigos míos, que la gente del koljoz no tiene
por qué conocer ni comprender estas cosas, toda esta concepción
gigante, toda esta empresa complicada y enorme. Pm· eso se
quejan, protestan, insultan al responsable. Si no obrasen como
ustedes han visto, pues entonces o serían ángeles del cielo o se-
rían los dirigentes de la revolución. Ellos no entienden por qué
sufren, ni pa1·a qué pasamos todo este cúmulo de padecimientos.
Nosotros sí lo sabemos: no es para que el ingeniero Vanko se
enriquezca. ni pa1·a que mi Lenka use diamantes. Es para que
todQS puedan disfrutar de una vida verdaderamente nueva.
La botella de vino estaba totalmente escanciada. El comu-
nista argentino que entendía francés estaba radiante: decía que
había encontrado la piedra filosofal. Yo trataba de comprender
aquel vasto problema nero estaba sugestionado pot· la fé y la se-
guridad de Dorogan. Se sentía sinceramente un constructor del
mundo. un reformador, un creador; y esto daba una fuerza ex-
traordinaria a sus palabras y a sus argumentos: su inmensa fé,
inconmovible y compacta.
-;.Crees tú, camarada Dm·ogan .-pregunté.- que todo este
gran dolor que estamos palpando es sólo temporal?
-Tiene un plazo -respondió con aplomo Dorogan- se le
ha ciado un vencimiento inexorable: te1·minará un día. Después
de rlos planes auinquenales -añadió con segurirlad- carla ruso
podrá comnrarse tantas camisas como un ciudaoano de los Es-
tarlo~ Unidos y podrá comer un bisteck en la mañana v una chu-
leta de nuerco en la tarde. No habrá más pescado podrido, con-
cluyó riendo.
Al día siguientet Dorogan fué a ve1-nos muy temprano y nos
nevó a su casa: su muier era encantadora y amable: nos recibió
con gentileza exquisita y nos presentó a sus tres hiios: Lena,
Natacha v Aliosha. Las dos muchachas mavores que el niño. Nos
hicimos amigos. comimos juntos y nos dijimos adiós.
Abracé a Dorogan como a uno de los constructores del so-
cialismo. Le dejé optimista, alegre, pleno de esperanza.
Diez años más tarde había ne encontrarle totalmente tritu-
rado, convertido en un pobre guiñapo espiritual.

-152-
Fatigados de caminar por las ciudades y los campos de Ru-
sia cansados de indagar, de ver y de comentar; adoloridos por
la ~isión dantesca del dolor y de la miseria humana y con la se-
gura confianza de que toda esta sord1dez era temp01·al, de que se
le había dado un plazo inexorable para liquidarla, retornamos a
Moscú.
Allí estaba la capital soviética con sus calles pavimentadas
con gruesas piedras sin labrar; con su olor a resina, a caballeriza
y a mugre humana; con sus callejas que formaban una especie
de telaraña gigantesca en torno al Kremlin.
Estábamos de nuevo en el Hotel Lux. Y trafamos en la re-
tina una visión objetiva y captada en la realidad, de lo que era
el País del Socialismo, en aquella etapa de liquidación de la He-
rencia del Pasado, como se la llamaba.
¡Ah. . . pero mañana ... !

-1 53-
MARIATEGUI CAJ.j PARA SIEMPRE

,f UI CITADO por el camarada Piatnisky, uno de los viejos


bolsheviquis, compañero de Lenin Y }W01~1otor de la revo-
lución de octubre. Gruñón, malcontento s1empre y no obs-
tante simpático, Piatnisky era el teórico y comandante general
en cuestiones de organización. Era el org·anizador de la Interna-
cional Comunista.
Piatnisky no se encontraba en sus oficinas y se me pidió
que aguardara. Entretanto ingresó Zinoviev con su típico pan-
talón a cuadros, la cazadora de pana negra y la gorra también
a cuadros, como el pantalón.
-¿Has visto ya un pedazo de Rusia? ---preguntó después de
saludarme-. ¿Qué te parece ? . . . ¡ Con franqueza, vamos, de
hombre a hombre!
Y r ió familiarmente, como para darme ánimo.
-Me parece que la región que recorrimos es un tanto atra-
sada.
- ¿Un tanto ... nada más? N o, no; es bastante atrasada y
no es la más atrasada de todas, muy al contrario; de modo que
ya puedes sacar las conclusiones sobre el estado general de Ru-
sia. Seguramente se diferencia poco de la realidad social de Amé-
l'ica del Sur, en sus sectores menos desarrollados. ¿Verdad?
-Sí, puede ser -repuse- pero Rusia tiene la vecindad de
Europa, su inmensa riqueza y su tamaño.
-¡La vecindad de Europa ... ! has dicho y qué bien. Es así
en efecto, no somos sino los vecinos de E uropa.
-No, yo no quise decir, expliqué confunñido.
-Te comp1·endo bien camarada . . . . . jnterrumpjó..- Le compren-
do Y sé lo que quieres decir. Sé que no quier es ñecirnos asiáticos,
pero comprendo asimismo que aquí no te sientes en Europa. Y tu
apreciación es just a. En cuanto al retraso no puede ser más evi-
d~nte, más palpable ; no para el ruso que ~iempre ha vivido aquí,
smo para e! extranjero o para el ruso que ha conocido Europa.
Pero, tenrl ras que estar de acuerdo conmigo en que políticamente
nos hemos colocado ahora en el primel· puesto después de la re-

- 154--
volución y que estamos resueltos a superar el atraso que has vis-
to. . . que estás sintiendo.
-Estoy de acuerdo con Ud. y lo comprendo.
-Muy b1en, me alegro; no podías apreciar las cosas de otro
modo. Medita que cuando tomamos el poder hemos encontrado
solamente lodo Y que con este lodo tenemos que f01·jar una mun
do socialista. Un mundo de g·ente feliz y de ciudadanos hbres.
Sobre todo -exclamó lanzando 'igoroc.;amente la respiración-
de hombres libres, lo que no será fácil ¡~o .. no lo será!
Quedó unas instantes en silencio, cog16 una regla que !'e
hallaba sobre el escritorio ele Piatmsln· la agttó golpeando sua-
vemente la palma de su mano tzquierda, habló con lentitud:
-~o lo será. porque lo.c:: rusos hemos librado dolorosas y
heróicas batallas por la libertad, pe1·o jam{t!' hemvs podido vivir
bajo ella, lib1·emcnte. La libertad ha sido hasta ahora, 11a1-a los
rusos. un concepto abstracto, un gran sueño; nuestro pueblo
no tiene la práctica de la libertad. que e~ al~o con lo que no se
nace y lo que tamnoco se aprende en los libro~. ni en las escue-
las; es algo qne se adqmere sólo viviendo liln emente . Y e~ta es
una. tar a, un factor ae retraso .. l Pero. también lo superaremos.
Y golpeó fuertemente la ancha palma abier~a de ~u mano
izquierda con la regla que agitaba en la rlerecha .
.-Claro que dentro de algunos aiios más podrás re"'pirar en
Rusia un ambiente de absoluta libertad ciudadana Cuando lo-
gremos superar nuestras dificultarles materiales. tan pronto co-
mo el niYel de vida del ruso medio sea al~o decoro~o. cuando la
prosperid ad interior nos haga menos temibles. pues la 'Cnión So-
viética será una tierra feliz y en\'id1able.
-Yo ten go una gnm fé que así será -a filmé.
-No te descorazones con lo que l'as 'isto ni con lo que ha
yas podido oí r -di.io con tono patético Zi11ovie' -. El retr-aso. la
mi eri a, la in.iusticia quizás, son la herencia del pa"ado que he-
mos Yen ido a liquidar r que la reYolución liquid:-~rá. Quizás no s.e
avance con la celer idad que la Yida ru. a requiere. pero nos am-
ma la Y01 untad ne marchar anelanfe. rna \'CZ liquidarla esta he-
r encia del pasado, entonces todo cambjará en Rusia., Ya lo Yer~s
cuando r ecrr eses dentro de algunos anos: Ya no~'1ra~ el cambiO
vasto y p1~fundo que se ha 011er ado en torloc:: lo~ órdenes, cua n-
do vu eh·a s a r eferirnos tus éxito~ )- los nrogresos riel partldo
comnnist n de t u pafs.
-Sí es claro así se1·á ..-dije pa ra Henar el 5;iJencio que él
dejara y' que se p~·olongaba rlemasiado- puede confia~· camara-
da en qu e har é t odos los sacrificios que ~ean nccesanos.
-Entre \'Osotros - dijo ZinodeY. ahandon~ndo la regla so-
bre la mesa y haciendo girar el g-r an ~lobo 1err~queo qlle ~e ha-
llaba repo sando sobTe s u elíptica de coh1·e ~- su eje de ac<D n en el

-1 55-
rincón....- de lo que se trata es de impul~ar el desa1-rollo de ~n
movimiento nacional de progreso y de bienestar. La burgues1a
de vuestro país es, como lo ha dicho bien M~;·iáiet;ui? "un.a plan-
ta raquítica que se alza sobre un suelo feudal í que b1en cl1cho .... !
¿no ?Había detenido el mov1m1en
· · t o g¡ra · d e1 g·lob o Y mn·a
· t or10 · ba
hacía América del Sur. Me mh·ó a la cara y encargó:
.-¡Dale mis saludos a Mariátegui; dí1e que le agradezco muy
vivamente aquello que escribió sob1·e mí y sobre otros ca~aradas
en su ~~Escena Contemporánea". Te haré llegar algunos eJempla-
res de las publicaciones en ruso donde aquellos artículos fueron
reproducidos. Mariátegui es una vigorosa mentalidad; es un ver-
dadero creador: no parece latino-americano; no plagia, no copia,
no repite lo que dicen los europeos; crea lo suyo. Salúdalo y tra-
bajen en la organización del Partido.
Tocaron la puerta e ingresó a la oficina una mujer regor-
deta, con el cabello cortado a la garconne, muy r isueña, con los
ojos intensamente verdes. Me llamó por mi nombre y luego dijo:
-El camarada Piai nisky te manda s uplicar que vuelvas esta
noche. No pod1·á venir ahora como lo había dispuesto. Esta no-
che, por favor.
Saludó la mujer y se fué por donde había venido.
---Piatnisky es así; se enmaraña él mismo concertando reu-
niones que no logra atender; pero no importa, estarás un día
más entre nosotros. '
Zinoviev se quitó la gorra, se arregló la abundante cabellera
y me recomendó :
-Nos veremos aun antes de tu partida, pero en todo caso,
saluda muy cariñosamente a Barbusse y cuando llegues a tu
país, a Mariátegui. Una cosa: no te vaya~ sin ver al cama1·ada
Bujarín; él tiene informaciones sobre tí y te aseguro que no son
malas.
Me estrechó la mano, me pasó el brazo sobre la espalda y
se despidió. Ví su cuello corto y sus espaldas anchas, su cabelle-
ra alborotada con hilos grisáceos su pantalón a cuadros. Y fué
la últ!ma yez que le ví. Cuando áños más tarde, a mi regreso a
Moscu, qmse verle, ya estaba fuera de la Internacional acusado
de sa~oteador, espía y enemigo del pueblo. Poco después, Stalin
le hac1a matar.
Aquella misma noche regresé a la oficina de Piatnisky. Has-
t~ la. mad1·ug~da duró la entrevista que fué un largo monólogo..
~1amsky explicaba la forma en que debía ser organizado el par-
tido ; la estructura y la actividad de las células de fábrica y de
barrio; la organización y e] funcionamiento de los Comités. E1
viejo sent ía _v~~·dadera voluptuosidad explicándolo todo, salpi~n­
do su exposiCwn con recuerdos y anécdotas evocando a Lemn.
'
-156-
narrando sus discusiones, sus desacuerdos, sus disgustos y sus
luchas comunes. Era subyugante oírle referil· historias que pa-
recían cuentos V cuentos que parecían trozos de historia Casi al
alba, me condujo en automóvil, hasta el Hotel Lux; se ·despidió
diciéndome:
· - Te deseo un bello éxito y te recomiendo un g:ran \a]or mo-
ral y físico. Es lo esencial en toda nuestra lucha. ~ucha felicidad
para tí y para los tuyos. Ya nos veremos . . . ¡adiós ... !
No me fué posible despedirme de Zinoviev, no pude ver a
Bujarín ni decirle adiós a Radek.
-En Moscú -dijo Humbert Droz- no te dejarán jamás la
oportunidao de ser cumplido con tus amistades; una noche te
acostarás en el Lux y despertarás quién sabe en cual frontera
del mundo.
Y esa misma noche, ~e presentaba en el Hotel Lux diciendo:
-Saluda mucho a 1\fariáte$rui en nuestro nombre; abraza
a Portoca1Tero, trabajen mucho. Y se marchó diciéndome: ¡adiós!
Más tarde, un hombre descon0cido, silencioso, con el rostro
aborrachado, me condujo hasta la estación, me entregó los docu-
mentos y me puso en el tren. Minutos después resoplaba la lo-
comotora y el crepita1· de los vagones tenía algo de la nueva exis-
tencia que emprenrlia. El tren rodó hacia Minsk, de nuevo rum-
bo a Polonia y hacia Europa.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Barbusse me otorgó una cálida recepción y saludó con ale-
gria todas las etapas e incidencias de un peregrinaje del que se
sentía autor o, por lo menos, guía.
--Para Goethe, para Beethoven, para los hombres luminosos
de su tiempo - expresaba cansinamente Barbusse- lo incisivo
y lo decisivo en la vida era el viai e a Italia ; en nuestro tiempo,
es el que tú acabas de hacer; el viaje a Moscú.
Cuarenta dias después llegaba a Lima, por la lfnea de tran~
vía por donde, trece años atrás, había 11egado de mi ciudad se-
rrana. Venía, esta vez, con una misión trascendente, que me
pa1·ecía heroica y gloriosa. Y me embriagaba una felicidad sin
linderos cuando aquella noche conversaba con José Carlos Ma.-
riátegui. en la calle Washington, en su "Rincón Rojo,.
-¿.Partido Socialista o Partido Comunista?
Tal era el enigma, la pregunta o el p1·oblema que se hallaba
planteado ante nosotros. Mariáte_gui miraba con aaue11os dos
ojos c]aJ:os, sin reticencias, ni claroscuros. Ojos profundos, de
mirar aquilino, radiantes siempre aun cuando la enfermedad le
abatía el ánimo y le doblaba el espinazo. Discu.tía con agude.za,
en medio de risas constantes y de frases ingemosas. De su s1lla
de ruedas se alzaba como una' eshemecedora paradoja: una ma-
ravillosa alegría de vivir y, sob1·e todas las cosas, un vehemente

-157-
deseo de alargar su Yida, ele aumentar el número de sus días qu
él sabía consciente y dolorosamente contados. e
Desde el pri.mer. momel!to llegamos a una conclusión neta:
no se trataba alh el~ 1~eas smo sol~mente de pa.Jabras. Si el par-
tido se llamaba s~c1ahsia o .co~numst~, ello no 1b~ a cambiar en
un ápice la esencia del mOYimtento, m la sustanc1a de la doctri-
na 0 del programa. Con Ull<? _u otro nombre, de lo que se tratal)a
era de organizar una secc1on peruana de la Internacional Co.
munista.
.-Esto está ~ás claro que e] a~ua. -dijo a1.egremente José
Carlos_. pero analicemos las convemenctas Y las Inconveniencias.
y al entrar en el análisis de esta. cuestión, nos convencimos
de que no estábamo;; discu ti.e~do ya una cuestión política, sino
un fenómeno de caracter pohcml.
.-Si le llamarnos comunista, la policía nos Yá a perseguir
más; si le llamamos socialista, quizás nos persiga menos. A esto
se reduce todo. ¿,No le parece?
Sellamos 'nuestro acuerdo integral y días más tarde cele~
b1·ábamos las primeras reuniones con obreros, intelectuales y es-
tudiantes de confianza. Lo mejor de la gente que constituía aquel
grupo se pronunció ardiente y fen'orosamente por la adhesión a
la Terc.e1·a Internacional; tres jóvenes abogados se alejaron, te-
me1·osof; de lo que podría acontecerles.
:\Iariátegui sacó de entre sus papeles, las famosas veintiuna
condiciones de Lenin, redactamos el programa y elaboramos los
estatutos. Se inició la obra de captación de nuevos elementos.
Hasta el día en que hubo que suspender totalmente el trabajo :
Mariátegui tenía fiebre alta. deliraba, le salían forúnculos, le
aparecía una úlcera supurante en el muñón. Se le llevó a la clí-
nica Villarán.
El brillante escritor acababa de cumplir treinta y cinco años
y la Yida se le apagaba como si fuese un octogenario; los médi-
cos celebraban consultas, discutían, recetaban y se equivocaban.
Mar iátegui se moría sin remedio. Yo me ganaba un mísero suel-
do, trabajando en una imprenta. Y aguardaba, con la garganta
agolletada, la hm·a del desenlace1 que estaba decretado como
inexorable. Miraha el porvenir con angustiado espanto: en el tra-
bajo político había contado con el amparo la protección, la gran
sombra de Mariátegui; mue1-to él, pues quedaba solo, sin tener
a quien recurrir en demanda de conseio, rle opinión; sin autori~
dad, sin prestigio, con una responsabilidad que sentia abntmado-
ra com.o ~na montaña y sin experiencia alguna pa1·a arrumbar
el movmnento.
Lo que se temía aconteció en una mañana tibia y asoleada.
'Mariátegui tendido en el Jecho de la clínica, tenía el vientre
abotargado Y las pupilas enormemente dilatadas. Con clara con~

- 158-
ciencia de todo, ~onocfa a cada uno. :Miraba con hondura tal que
era como u11a rrurada. de ultratumba ya. No pudiendo soportar
aquello salí a, la avemda Y :ne desplomé sobre una banca.
¿P~r que, pero por que se moría en aquellos momentos en
que ha.c:la tan enorme falta~ ¡,Por qué se iba precisamente cuan-
do recten 11 egaba yo, aporl ando] e un mensaje, cuando acabába-
mos de elah?rar un pla!l, de trazar. un ~31mino. de fijar una meta?
Regrese a la climca; la hab1tac10n donde se hallaba José
Carlos tenía ya las puertas abiertas de par en par como si se
tratase de dejarle paso libre a la muerte; ya no quedaba nino-ún
temox del ü·ío. ni de las corrientes de aire. ni de las pneumonÍas
Era como si hubiese no sólo resignación sino también entrega'
abandono, desafío. ' '
í Pues bien. . . ¿a qué tanto padecimiento? ¡Aquí está. lle-
Yaóslo, y que sea de una vez!
-No quiero, no quiero irme -griló .Mariátegui- pero í qué
le hemos C'e hacer! balbuceó roncamente. Se aletargó y tras al-
gunos mi nulos pronunció clistintamenie:
-No puede haber renovación sino sobre la base de grandes
principios ... trabajen mucho.
Y lueg-o clamó con grito desgarrador:
-A dios .. adió~, camaradas ... adiós, adiós ... Anita!
¡ Y se acabó ... !
Se acahó aquella vida promisoria v ma!!nífica. Perdíamos a
uno de nuestro!'; más grandes valores: no tanto por lo que ltabía
hecho sino nor lo que entrañaba como segura promesa en el fu.
t nro inme(liato. Abrumados por el lri~te suceso, nos parecia que
nunca la muerte cortó unn e~isten~·" más preciosa, más útil,
más limpia.
Salí de allí dejando parn sienmre aquella c:aheza que había
deiado de pensar; en la calle la wlz v;~ngosa de una radio invi-
taba a los fieles a acudil· a escuchar el sermón <le las siete pa-
labras. Y por asociación de ideas escuché dentro de mí:
-¡Rli, e1i, lamma sabacthani. .. ! ¡D'os mío, Dios mio, ¿por
qué me has abandonado?
Y un Vie1·nes Santo, en medio de pesadumbre popular, entre
cantos revolucionarios Y' banderas rojas, enterramos a José Car-
los cubriendo su ataúd con una gran bandera escarlata.
Y aquel desfile fué sin duda el prime1·o que capitan~aban
en aquellas latitudes los mílites de la Internacional Comumsta.
Muerto el homb1·e que era lumbrera y autoridad, prestigio
Y r csvaldo, hubo que continuar el trabajo.
Los prosélitos llegaban, aparecim1 los pri~nero~ núcleos•. se
m·ganizaban las primeras células, según las d1recilvas de Pmt-
nisl\y. El mensaje salía a las fábricas y a las aldeas, a los campos
y a las minas.

-159-
l~ra un mensaje transido de fé y de esperanza: la Interna-
cional Comunista redimiría a los pobres y quitaría iodo yugo a
los que soportaban servidumbre, salvaría de la desdicha a iodos
y abriría una época de paz, de libertad y de prosperidad para
todos.
Y la gente creía, tenía fé en el milagro y cantaba esperan-
zada=
"Y la Tierra se1·á el Paraíso
de toda la Humanidad'' .
. . . . . ¡Tenemos un nuevo prosélüo! -dije a Rugo Pesce al sa-
lir de una charla de capacitación, en el fondo de un sucio callejón .
. . . . o un agente provocador, enviado por la policía -replicó
Pesce- nunca sabe uno, jamás.
.-¿Y por qué dice usted eso Ilugo, en este momento preci-
samente?
-Sin razón concreta .-respondió.- en Italia, de cada tres
nuevos militantes que ingresaban al partido, uno era agente pro-
vocador enviado por la policía. Es claro que aquí todavía es dife-
rente.
Una noche, en plena madrugada, mi hogar era nuevamente
invadido por los agentes de la policía secreta; registraron las
habitaciones, despanzurraron los colchones, levantaron los pisos,
golpearon a mis he1·manas y me llevaron detenido.
-Usted es agente de la cominterna -gritaba airadamente
Fernández Oliva, el jefe de la policía- ¿poT dónde entró usted ....
por dónde ... ?
Pensé que no podía ni debía demostrar temor; eso lo prime-
ro. Lo segundo callar, sonreír, no decir nada. Lo tercero, pues
hacer de tripas corazón y repelex a todo trapo y de cualquiera
manera todo intento de agresión.
-¿ Por dónde entró usted? .-volvió a gritar levantando en
alto una fusta <>~ cue1·o trenzado, con grueso mango de plata.
-Por la puerta .. . - le respondí haciendo un esfuerzo titá-
nico para mostn'..l·me tl·anquilo y para no aparecer burlón.
-No ... no -dijo en voz más calmada- no le pregunto
eso. ¿ Pm· dónde, cómo ingresó nuevamente al país?
..-¡Ah ... ! ..-me fingí sorp1·endido- al país entré legalmen-
te, con visado consular y recibiendo en el pasaporte todos los
sellos de la policía que usted dirige.
-¡Policía ... policía ... ! -1·esopló y guardó silencio.
Comprendí que le había derrotado en este punto. Ahora, otro.
-Necesito saber -articuló con lentitud y con voz afecta-
damente grave- qué es lo que se trató en el Congreso de Franc·
fort. Hable, hable. ¿De qué se trató?
E~taba de pié frente a mí, aguardando la respuesta. Me cau·
só un mmenso asombro que este l1ombre saliese con una pregun-
-160-
ta tan .tonta, tan est.é~~l, que denunciaba estentóreamenie su ig-
noranCia sobre la m1s1on que yo tenía, sobre lo que estaba ha-
ciendo y sobre mi viaje a Rusia. Esto me serenó.
-Todo lo que se trató en el congreso de Francfo1·t -le res-
pondí con voz suave y con acento tranquilo- ha sido puhheado ·
por lo menos está impreso. 81 usted lo desea puede hacer pedi;
toda la documentación a Berlín; tendrá Ud. en sus manos todas
las resoluciones y las tesis. Sj desea puedo darle la dirección.
Fernández Oliva, hombre de piel datilada, tomó un color
ceniciento, pues su pigmento no le permitía palidecer. Avanzó
hacia mí con la espuma en los labios como ululando:
-No, no le aguantaré que se burle de mi por el demonio
no se lo toleraré. ' '
Cuando avanzaba tuve la certeza de que iba a cruzarme 1:
cara con aquella fusta. Como un relámpago me azotó el cerebro:
si le consentía y sop01·taba un plimer golpe, aquel hombre me des-
b·ozaría, pensé. Y como bajo la presión de una descarga nervio-
sa total, salté más que me puse de pié, me quité los anteojos y
mis músculos todos se crisparon para el asalto. Le cogería por
el cuello, le hundiría las uñas. . . es claro, ,·endrían inmediata-
mente otros policías y me darían golpes r me harían perder el
sentido. Y esto era lo mejor ... perder la conciencia de mi cuer-
po, no saber ni siquiera dónde, ni con qué me golpeaban.
Fern ández Oliva se replegó. bajó la fusta y dijo con tono
abonanzado y burlón:
-No se quite los anteojos; véame bien la cara.
Recalcitré, me coloqué de nuevo los anteojos y le ví el ros-
tro s~mri ente; estaba apacible.
-¡Siéntese ... ! -ordenó.
Lo hice con lentit ud.
-La policía lo sabe todo -pronunció con tono e~clamati:
vo- nosotros trabajamos científicamente; Ud. ha vemdo aqm
a m·ganizar la caída del Gobierno, provocando hu~l~as. Pero, no~­
otros somos más inteligentes que ustedes. El umco que. sab1a
leer y escribir era Mariátegui, ustedes todos son pobres diablos,
incluyendo a Haya de la Torre ... pobres diablos que no ven más
allá de sus narices.
Habló durante una hora larga; pasaba afluente, de un tema
a otro, sin o1·den ni concierto; ora enfocaba el motivo de la crisis
económica ora revelaba el inminente desembarco de armamen-
tos y municiones en un puerto del sur, lo que ya ~ra ~o.n.ocido por
él con toda anticipación. Y adoptaba un lenguaJe s1b1hno sob1·e
la rica documentación que había logrado atrapar y _en la que se
r
denunciaba, de manera puntualizada con pelos senales, el plan
comunista en la América Central y en las Antillas.
-161-
Era bellaco y toda su exposición estab a abellacada de modo
supre mo· no sólo fabulaba sino que sus presa giosa s menti ras es-
taban en~-ueltas en fantas eador a estupidez. No dije una palabra ·
le escuché sentado y sólo me moví cuando ordenó que me con~
dujer an a un calabozo.
El piso parecía el de un establ o por el fango, un lodo con
acre olor a letrin a; los muros rezum aban humedad y rancidez y
las cuatro pru·edes se alzaban demasiado cercan as entre sí. El
calabozo no sólo estaba desierto sino Yací o por completo. . . no
había ni un ladrillo, ni una tabla, nada para defende1·se del lodo.
-Aqu í se aprende a dormi r de pié -me dijo uno de los po-
licías que hacía de guardián.
--0 se aprende a no dormi r -repl iqué afecta ndo una risue-
ña indiferencia. Y comenzaron a pasar lentos los días, pesadas
y más duras, las semanas. Una madru gada me sacab an de allí
para conducirme a la Isla de Sa11 Lorenzo, que ya me era cono-
cida.
Mientras tanto. mi amigo y cama rada Henry Barbusse, no-
tificado de mi prisión, mo,·ilizaba enérg icame nte lo que él 1la-
maba la "Jnte11igentsia'' en Franc ia, en Bélgica y en España. El
dictad or recibía mensa jes de diYersos punto s de Europ a, firma-
dos por una brilla nte plana de escrit ores, pintor es, músicos, diri-
gente s políticos en los que se le exigía mi libert ad o, por lo me-
nos el sometimiento a un proceso. El dictad or se impresionó, sus
policías se ablandecieron, los agent es comenzaron a tornar se ser-
viles y los guard ias obsequiosos.
Uno de los funcionarios policiales me hizo saber en fm·ma
muy confidencial. que Barbu sse acaba ba de dirigi r un segundo
mensa je al dictad or Leguía, amena zándolo con denun ciar sus
procedimiento~ ante el mundo ciYilizaclo, acusá ndolo de privar
arbitr ariam ente ele su libertad a los ciudadanos, sin proceso al-
guno y sin la sentencia de ningún juez, ni tribun al.
Xo obstan te que tal era la habitu ación de aque11a dictadura,
a pesar de que los jueces no interv enían jamás , ni con un gesto,
cuando se tratah a de la libert ad de los ciudadanos, el gobierno
dictat orial se intimidó y sus altos rlignatario~ resolvieron des-
ten·ar me nuevamente.
Y en una tarde húmeda. hajo una llovizna pertin az y menu-
dísima, fuí conducido al barc-o que debía llevarme hada el sur.
Valparaíso, Santiago de Chile, Buenos Aires , de nuevo . Eran
los días de 1930 y mi segundo destie rro.
Mi en ti as tanto, la semi)) a comu nista había caído ya en el
surco, siendo imposible saber <"ómo ni cuándo, ni dónde germi-
nana., '

-162 -
DERRUMBE DEL DICTADOR I.EGl:IA

1= N LA AMERICA del Sur había comenzado a actuar un se,


1L l~cto grupo de comunis tas de d.iversas nacionalidades, cons-
tltuyendo el Bureau Sud-amencano de la Internacional Co-
munista y laborando, por primera vez, bajo la dirección inme-
cliata y el con1ando personal de guías soviéticos, de bolsheviquis
exper tos en las tareas revolucionarias.
F rente a _la nutri~a d~legación venía Guralsky, bolshevique
de largo y br1llante lustonal, no obstante su Juventud, ya que
apenas se acercaba a la b·eintena. Comunista lituano, de orígen
hebreo, desempeñó un papel sobresaliente po1· la sutileza, auda-
cia y clarividencia del estilo del b.·abajo, en la insurrección de
1917. AlTestado y condenado a muerte, se le conmutó la pena a
causa de s u c01·ta edad, ya que sólo cumplía los quince años. Se
fugó de la pxisión y fué a Rusia, donde se incorporó a las filas
del E jército Rojo, peleando contra las invasiones. A1lí le cono-
ció Lenin y le concedió los más altos puestos en el moYimiento
juvenil soviético, de donde pasó a las categorías más elevadas
del partido. Amigo de la intimidad de ZinovieY, hombre de la
amistad de Rikov, de Kamenev, de Trotsky, de Rakowsky, era
compañero de Buj arín en la investigación teórica del marxismo
y en los altos estudios filosóficos y politicos.
--N unca f uí menshevique -decía Guralsky...... porque la r e-
volución m e encontró muy joven y esto quizá fa \'oreció que
siem})re estu viese aliado del gran \'iejo . . . de Lenin.
En el año 1927 en ocasión del décimo aniYersario de la Re-
volución de octubre: Guralsky r eaparece en primer plano, romo
uno de los com andantes de la campaña opositora contra la polí-
tica que se desarrollaba ya en Rusia bajo el signo staliniano.
M:as , este iipo de oposición se distinguía p~r su cará~ter. no ya
ieóxico s ino or ient ado con firmeza a la a cc1ón. Se af1rmaba que
él f ué ~1 organizador de la manifestación fOlJ?1ada por milla1·es
de trabaj ado1·es y de bolsheviques, que recOITteron las calles. de
Moscú prot estando contra la política de Stalin ~T contra sus Ol'len-
taciones. Tal manif estación moth·ó el pasmo de los nume1·osos

- 163-
delegados extra njero s que asisti eran al festival del décimo ani.
versa rio
Aqt~ella prote sta sacudió el apm:ato constrictm· del, te1:ro1·is-
mo, que estab a en las manos de Stahn pero que no !1ab1a s1do su
c1·ea<:ión. El terro r, su sistema, sus apara tos opera~1vos , sus ges.
tores y sus ejecutores, eran engen~ro de la reYoluc1ón, del parti-
do bolshevique, de la nueva menta.lldad c_reada P.or. el camb10, del
pensamiento y la acción del p1·op10 J;emn Y asnn1~mo d~, todos
los que se hacían opositores. Despues de la ma~1fesiac10n del
año 27, los procedimientos respecto ele los c?mu msta s se ~t~lci­
ficaron y en vez de las amenazas, del acosamiento, de la pns1ón,
se emplearon las carta s de abj01:n~ión, el reconocimiento públi~o
de los errores, los actos de contrtctón que algun a oscur a analogta
guard aban con el de Galileo Galilei. El terro r fué desviado hacia
los "lmlaks'' y hacia los "nepmans", campesinos acomodado s
pequeños comerciantes, cuya liquidación como clase fué proclay-
mada como necesidad impe dosa de la revolución. Sólo más tar-
de, cuando el régimen pasase ínteg rame nte a las manos del gru-
po de Stalin el ten·o r expe rimen taría una nueva desviación, pa-
ra descarga;·se sob1·e las cabezas de quienes lo había n forjado.
Y es que el terro r, como las potencias infer nales , como las gran-
des pasiones desencadenadas, no puede detene1·se, porque ello
significa siempre anon adar el mana ntial y la matr iz que le diera
oríge n: así ha acontecido en todas las revoluciones, y la de Ru-
sia no ha constituído excepción: y lo único que ha hecho el sta-
linismo es darse cuen ta de esto y, para no caer o ser su víctima,
pues mantenerlo, avivarlo, alime ntarlo con sagacidad como quien
alime nta arroj ando carne a las fieras .
La histo ria reciente de Gura lsky estab a vinculada a la acti-
vidad del parti do franc és; en sus manifestaciones, los comunis-
tas franceses sacaban a las calles cartelones en los que se pre-
gunta ba: "As t u vu Crémet?" ....... ¿No has visto a Crem et?- bur-
lándose de este modo de la policía de Monsieur Chiappe, el re-
accionario Prefe cto de Pal'Ís que busca ba con todo empeño al
agen te del Komintern que se hacía llama r Crémet. Tal Crémet
no era otro que Guralsky, el "Rús tico" del Bure au Sud-america-
no, un poco más tarde .
Al lado de Rústico actuaban "Pier re" y dos o tres rusos más,
algunos de quienes se hacían pasar pox franc eses graci as al do-
minio casi perfecto del idioma de Racine, a su larga vida de emi-
gJ·ación en Franc ia y al vasto conocimiento del espíYiiu, de las
costu mbre s Y de la geog rafía franc esas. Algunos de ellos habían
hecho toda su erlucación en París . Gura lsky era un conocedor
profuncln de la litera tura franc esa y hasta dominaba la jerga
del barri o ~~ Saint Denis, pero el acent o delat aba al ruso puTo
que aprendtó el franc és siendo ya crecido. Pierr c era ruso y se

-16 4-
jactaba de serlo ~e estirpe y de mentalidad soviéticas Al f
rirse a ht revolUCIÓn decía siempre "los que entonco" 't,• . re e-
doce años". ~ .. mamos
~o obstante que era uno d~ los_más jó\•cncs del Bureau d 1
Kommter!l,. gozaba de extraordma~m preponderancia, hacía P=-
sar su ?J>Imón en los asunt?s c~e:1c1ales y, a veces, llegó a vetar
resolucwnes Y~ aprobadas, lmpi<hendo su cumplimiento. Sin em-
bargo, reconoc1a en todo mm·~ento la jerarquía de Guralskv dán-
dole el t~·a lo que eorresp~nrha a un superior, aunque llegÓ cir-
cunstancia en que las opm10nes de ambos tenían análogo valor.
Atlético Y so~rosado, con rostro de adolescente y cabello
cort~do al rape, P1er~·e }!a biaba el es)•añ•.1 con marcado acento
brastlero y co~ una ~1Cc1on en 1~ que n1PZclaba palabras del por-
tugués. C~moc1a el hioral brastlero como la Avenida 1\Iayo, de
Buenos A1res, por donde pasaba todos los días. Había 01 cr;miza-
do una 1·ed de núcleos secre~os en cada puerto, en cada villorio
costero, en cada caleta bras1lera. Hacía funcionar bajo su con-
trol directo los grupos comunistas dentro de ca1la uno de los
barcos que hacían la carrera entre el Brasil y los diversos puer-
tos del numdo. Se afirmaba que no se le habia escapado un solo
barco, sin exceptuar los italianos.
P ierre era astuto, de voladora agilirlad mental, con gran ima-
ginación y una alta capacidad para el humorismo. Xo reía casi
nunca y cuando se mofaba de algo lo hacía con remarcable se-
r iedad.
Pese a su juventud, Pierre pertenecia al plantel de los hom-
bres de confianza de Stalin y de su grupo. Estaba vinculado per-
sonal y directamente a los círculos dirigentes del Gobierno y del
P artido Bolshevique. Orestes, el italiano y Nemo, el tunesino -
ambos miembros del Bureau Sud-american o.- aseverahan que
Pierre era algo así como los ojos y los oídos del Kremlm dentro del
destacamento del Komintern que operaba en la América del Sur.
La mayoría de este organismo estaba formada por so,·iéti-
cos y polacos sovietizados voluntariame nte por un checo. Glauf-
bauf, un tunecino, Nemo, dos italianos: Marcucci y Orestes. La
minoría la constituíamo s los dirigentes de los partidos de la Amé-
rica del Sur. Sud-american os eran también los componentes de
la falange de funcionarios que reali1..a.ban los más diversos tra-
bajos oficinesco. editorial e informativo.
El Bureau Sud-american o del Komintern, no tenia una sede
fija; actuaba a modo de brigada volante que ,se desplazaba de
un día al otro de una ciudad a otra. de un pa1s al otro. Un do-
mingo, el Bur~au Sud-ame1·icano estaba sesionando Y trab_aiando
en la ciudad de Rosario, para encontrarse con la deleg-actón Ye-
nida de Chile en Córdoba o en la Plata. el día martes: al amane-
cer del día j ueves. ya se encontraba de nuevo en Montevideo,

- 165-
trabajando con delegados .venidos del Paraguay y preparando el
viaje para salir a Piríápo)Is o a Santa Ana do LlVramento, para
conferenciar con los bras1leros.
Guralsky era homb1·e de actividad prodigiosa; actuaba con
la segura serenidad de un lobo de n~ar de la revoluci?n. Poseía
un dominio pasmoso sobre sus nervJOS Y sob1·e las Situaciones
aun las más complicadas. Era perspicaz, bondadoso, siem¡n·e cor~
dialmente alegre y animado po1· el espíritu de lo que él llamaba
"dar seO'uridad al dirigente" e ('jnspjrarle confianza en su idea
y en sue acción", levantándole el ánimo siempl·e y ((manteniendo
su moral al rojo vivo".
Ningún hombre del grupo soviético dió a conocer jamás el
nombre con el cual viajaba oficialnlCnte. Por lo general, se ha-
cían llamar con nombres castizos: ''Juancito'' era el represen-
tante de la Internacional Sjndical Roja; (jinés" la encantadora
mujer enviada por el Kornintern, que trabajaba en compañía
de Gu;·alsky; "Mauricio'' era el expe1·to en cuestiones de orga.
nización: Marcucci, dirigente de la juventud comunista ítaUana
variaba de nombre como de lugares y atendía especialmente lo~
problemas de la juventud, participando siempre en las cuestio-
nes políticas del partido. Guralsky se hacía llamar "Rústico'' en
la Argentina; "El Viejo", en Montevideo, "Juan de Dios" en Chi-
le. Los otros eran "Luis", uPanchito", "Manolo", ICJulián'. Na-
die sabía dónde vivían; ellos podían llamarnos por teléfono, pero
nosotros no podíamos hacerlo sino por un intermediario que tam-
poco sabía a dónde dirigirse, pero que sí recibía llamadas perió-
dicas durante el día. Y nos vinculábamos con seguridad por in-
termedio de los "contactos", muchachos de la juventud que traían
recados, comunicaban citaciones, concertaban encuentros en los
cafés, en las plazas, en las exposiciones y en los lugares públi-
eos, donde entraba y salía mucha gente.
A mi llegada a Buenos Aires encontré en la estación de Re-
tiro gente que me esperaba; no obstante que no me había vincu-
lado con nadie en Valparaíso y que únicamente la policía conoció
mi partida, Goyo, el argentino que había hecho la jira conmigo
en Rusia, estaba allí. Y lo único que sabía era que Guralsky le
había enviado a recibirme.
Cuando más tarde hablamos de esto con Gu1·aJsky, me dijo:
-Hay que trabajar con métodos mucho más elásticos que
los que ustedes han venido empleando. En todo el mundo, la po-
licía está formada por burócratas rutinarios, descontentos y mal
pagados, que no tienen inconveniente en suminisil'ar algunas
informaciones y hacer algunos favores, siempre que puedan au-
mentar su paga.
La prime1·a persona a quien traté fue a Inés, Ella me pro-
porcionó informes de tipo general ; me dió el santo y seña para

-166.-
las lJa~nadas te~efónicas Y me ,explicó la forma en la
ce11.anan las citas; yo dehen~ pcrmanef'e 1 en 1 h c~a l se con-
1
dando que se me llamase. Esilmaha que la situ~ .. , e •. aguar-
0

se comphcabtt; p;l'avemente ) que se , ivían las visp~~~n ~ gf;ntma


1

pe militar. V1meron las retom~ndaciones usuales ;,~b~ ~.un .g0 !·


naci6n forzosa de todo papel. Sln excepción. cartas e ?hm¡.
informes. Todo c:so debia ser eliminado 0 ·puesto 'e~n~=c~ones,
t
persona~ que tuvt~scn caJa~ de :::;eguddad en un Banco n :.>S de
Los consuli~nos ele medtcos y dentistas eran lug~r f
ridos par~ las crtacwnes. Al prmc!pio, pensé que ~e tr:~brc :-
consultonos ele m1emhros del parhdo o de simpatizantes. a e
no era así; ~m:chas \'eces las citaciOnes convocaban al co~~~~:
río d~ un m~dt,~o o de u.~ ~lcntlsia sohresallentemente consena-
dor. · P anch!io . un .sovtetJco QUe hablaba correctamente el cas-
tellano, halua escogtdo como centros de cita Ja~ bibliotecas _
cialistas, lo.s c.entros de reunión del !)artirlo Radical y los Jocal~s
de las asoc.1acwnes católicas. En Chlle, su luga1· de cita eran las
iglesias.
-Se está muY_ bien -decía- sobre todo en verano. Se con-
versa a gusto, nache le molesta a uno, y cuando \'iene alg(m .sa-
cerdote, pues lo mejor es po11erse de rodillas y rezar con unrión
¡Hay que ver el rostro de gratitud y de alegi·ía con que no. ob:
sequian Jos reverendos! Se jactaba de no haber caído preso iamás
~, de haberse escapado a la persecuc·ión en una docena de l··aíses.
incluyendo el P ortugal.
Antes de las cuarenta y ocho horas de mi arribo el Bureau
Sud-americano del Komintern se reunía para conoce~ Jos infor-
mes de que era portador. Guralsky me había escuchado antes
atentamente. Pregunt6 una ~- oha vez, indagando el significado
de las palabTas que yo empleaba y que él no entendía, esclarecía
situaciones y sacaba las más inesperadas y lógicas conclustones.
Se trataba de un entendimiento agudo, de una inteligencia agi-
litada po1· la a cción, de un sentido nítido de la realidad. de lo que
era y de lo que no era agible, de las posibilidades concretas de
cada momento y de la magnitud de las ta1·eas a realizar o en rea-
lización. Tenía un espíritu se1·eno r perspicuo para percibir y
mesurar las dificultades y para ponderar la impmiancia de lo
que cada uno había hecho.
Guralsky fué, desde el primer momento. un hombre caluro-
samente humano, comprensivo y limpio respecto a mí. Gran es-
tudioso, le agradaba en extremo e1 deseo de aprender ~e los de-
más. Alentaba la curiosidafl de todos, abría nuevos canunos. em-
pleaba toda s u capacidad didáctica - que era extraordimuia-
para hacer progr esar a los que actuaban cerca de él. L~ a~rarla­
ban las preocupaciones filosóficas y era a men}ldo el mvttante
de largas cnminatas durante Jas cuales discutía y com·ersaba
sobre temas de Filosofía.
-167-
Guralsky, no obstante la intimidad y confianza que llegó a
tener conmigo, no habló jamás sobre sus discrepancias dentro
del Partido bolshevique, ni se refirió para nada a Zmovwv, que
era intimo amigo suyo, ni a las cuestiones internas del partido
ruso.
Dos días más tarde se me ordenaba salir a Montevideo en
donde encontré reunidos a todos los zniembros del Bureau Sud-
americano, con excepción de los dirigent es argentin os; el día
mismo de mi arribo fuí incorporado al trabajo. Se leía, se discu-
tía, se trazaban orientaciones, se redactab an documentos v se
analizaban los informes venidos de los más divergos puntos de
América del Sur, por vías insospechables. Un informe del Cusco
Yenía de Panamá, por avión: una larga carta llena de datos so-
bre lo acontecido en una huelga en Valparaiso venía desde Mon-
tevideo; un informe sobre la actividad de los connmis tas en el
seno rlel Partido Liberal, en Cali, venía escrito en forma de cró-
nica periodística, desde Santiago de Chile. Y desde diversas ca-
sas de Montevideo llegaban paquete s traídos a mano por mari-
neros, aviadores, turistas, deportistas.
-Este es el aparato organizado por Guralsl<y decían con
admiración los funcionarios del Bureau Sud-americano del Ko-
mintern .
Una tarde, sonó la sirena del diario "El Día", mienb·a s está--
bamos reunidos en el sótano de una casa con1ercial. El emisario
despachado para recoger la información regresó antes de los
diez mjnutos, acezante y entusias ta.
-Un golpe militar ha derrocado a Leguía en el Perú.
-Este es el primero de la serie, o mejor dicho el segundo,
después del de Bolivia - sentenció Guralsk y .- ya seguirán otros.
Es la consecuencia de la crisis y de las graves dificulta des eco-
nómicas que se derrumb an sobre el sistema semi-colonial de es-
tos países .
.-¿Quié n es Sánchez Cen·o? .-pregu ntaron.
-Un Teniente Coronel.
Del fondo de mis recuerdos surgió nítirlam ente un escena
en casa de Mariátegui. Me había invitado a concurr ir a una reu-
nión íntima en la que debía estar presente un militar, quien de-
seaba exponer sus planes. Pocos minutos después de la hora con-
venida 1Iega1·on Pedro Bustam ante Santiste ban y un hombrecillo
de menos que mediana estatura , que llevaba n1al las ropas civi-
les. De rostro pronunciadamente oscuro, de pómulos salientes,
tenía una mirada aquilina, plena de energía y una mano en la
que faltaban varios dedos. Tan luego como se inició la conversa-
ción, aquel hombre juró que de1·rocaría a Leguía.
-168-
Mariátegui estaba tan sorprendido como y·o. Sánchez Cerro
se pase~ba con pasos muy largos para su estatura y repetía co-
mo un Juramenio:
. -Tengo que ser Presidente; tengo que denocar a este gra-
nuJ a... .
y como s1 pensase en lo que nosotros estábamos pensando
decía con un acento de burla: '
,_No son fanfarrona~as; lo que di,go lo hago, aunque no me
crean ; no pasa de _este az:o: pero qmzas dentro de un mes si la
suerte me acompana; qUJzas dos, pero, les juro por mi madre
que no dejarán de oír hablar de mí. '
-Pues estamos oyendo hablar de él - aseYeró Guralskv-.
Se comprueba que estamos frente a un hombre ambicioso teimz
dueño de una gran firmeza y de elevada dosis de audaci~. Care~
ce de principios, no profesa doctrina alguna; estará dispuesto a
marchar con cualquiera que le preste apoyo, por cualquier ca-
mino y con el sector que más le tiente y que mejor le amamante
su ambkión. N o podrá hacer demagogia ni a cerrarse a Ja clase
obrera, porque la crisis no se lo va a con~entir. Las conmociones
obreras que sobrevendrán como consecuenci~ de esta crisis le
malograrán todos sus planes y lo traerán abajo más tarde o más
tempTano. No ha~r que prestarle ninguna confianza; habrá que
combatirle en la medida en que él se vaya oponiendo a los tra-
bajadores.
Prosiguió la discusión y se acordó en principio que regresase
al Perú.
-¡Es una lástima! -me confesó Guralsk~·- porque yo de~
seaba trabajar contigo en Argentina r 1Jruguay y luego partir
a Chile y más tarde al Brasil. Pero, creo que es .necesariO. que
regreses a tu país; debemos contar allá con un partido comunista .

-1 69 -
HUIDA ANTE EL ENEMIGO

ESDE BUENOS Ah·es llegaban noticias alarmantes, plan-


1() teando la posibilidad de un Golpe de Estado contra el Go-
bierno del Presidente h-igoyen, como hecho inminente.
Hubo discusiones zahories, presagios y vaticinios. Pero, en
medio de todo, surgió urgente, la necesidad perentoria de sacar
de Buenos Aires los archivos de direcciones de América del Su1-.
En esas listas figuraban nombres de centenares de personas que
servian al movimiento comunista, de uua u otra manera : nom-
bres de los encargados de los comités en los puertos y en los bar-
cos; nombres de las personas que servían de enlace; nombres
de los simpatizantes de mayor confianza en cada ciudad impor-
tante de Sud-américa. Si tal lista caía en manos de la policfa de
un Gobierno Militar, pues significaría que estaba descubierto el
aparato clandestino, ot·ganizado con una labor larga y pertinaz.
Sobre todo -decian Pierre y ·G uralsky- las del Brasil y Chile,
son las más importantes y las más peligrosas.
-Irás tú -me dijo Guralsky..- no te conocen en Buenos
Aire$ y la policia no te ha visto la ca1·a jamás. Irás con docu-
mentos falsos pero perfectos: buscarás a Codovila y le dirás que
debe permanecer al frente del trabajo clandestino y que debe en-
tregarte los documentos para que los traigas a Montevideo in-
médiatamente. ¿Comprendes la importancia que tiene la misión
que te encomendamos?
-Si, la comprendo, repuse.
Las iDstrucciones para el viaje así como para perquirir el
~»arac~ero· y obtener la entrega de los preciosos papeles y las no1·-
~~ .81)bl"e: el para sacarlos de la Argenti na, debían
_....,.... ,. por Pierra.
<1"":."4Jiíllc)!'Zari~ juntos -dijo. Guralsky- y hablarán lejos de
lllft.lt.:"''1~691i bien presente que debes ceñirte con suma estrictez a
pjjftoe te dilrá. No te dejes llevar po1· iu tem-
e#tq!Wull)l~c., ni por tu iniciativa del momen-
{*líM~~.ííitwV)·~rue te llevará a las fauces de la po-
~-~~#l~~J$i(ta1~ a las pautas que trace Pie-
-~~~UBiPó en todo nuestro h·aba-
D'f.!ilalldE!St.l en China,. Y afrontó s_olo la compleja situación, con
iiWfidente tmo,, cuando M1guel B01·odin tuvo que salir a toda pr
IUilBbO a VladiVosiock. Isa
Gt!ra!sky insistió una ~ otra vez en sus recornenrlac10nes y
mediod1a me despedí de el para mar chat con Pierre.
-Nos veremos a t~ regrcs? -;-Pl·esagió 1,cndo- no te l'leseo
¡ue~ suerte porque se que tu t1ene.c:; capacHlad para dominar
la mala, y qu~, en e:;la .v~z, te emplearás a fondo Se trata de
......oa"" de la carcel y qUJzas de la muerte a centenar es de nues-
mejores ca~arada_s de _América del Sur. Compréndelo bien.
Jo has de oh•tdar m un mstant e. Si e~as direcciones caen en
lJ'JallOS de la policía, el General que dé el Golpe de Estado no tar-
dará en pone1· en manos de cada Gobier no sud-americano y de la
policia de }os Estados Unidos, la lista de hombres de con"ianza
de cada pa1s. Y esto será demoledor Y, sobre todo, desmoralizai'or
para el futuro: si esa lista cae, la gente no querrá acercarse a
nosotros en muchos ai1os. ¿Comprendes la trascendencia del en,
cargo que llevas?
-Sí, lo comprendo perfectamente >:o sé si esos napeles re-
garán aquí. pero puedo asegurarle que nos los tendrá er su mec::a
la policia.
-Así .. . así me gusta . . . - exclamó GuraLky riendo con
esa risa que le bañaba la faz de frate1·nidad, de candor, de ale-
gria de vivir.
Partimos, Pien·e y yo. Era un automó,·iJ particular; lo wa-
nejaba un chofer exhanjero, a quien P iene se dirigió inYaria-
bleme-nte en francés, sin que aquel llegara a pronunciar una pa-
labra. Nos fuímos hasta la playa de Carrasco. la más elegante de
Montevideo y en un bungalow acogedor, hundido entre la fra-
gancia de las flores. con una vena azul cielo, elegantemente amo-
b1ado, pasamos la tarde. Poco después del mediodía se nos sirYió
4.almuerzo a los dos. El hombre que oficiaba de criado. cocmero
cuidador del precioso bungalow era un ruso atlético. un poco
a:•_.tWia.,~rn'l' que Pierre, de gran cabeza con un corte de pelo de oficial
~Emt~Ln; se mostraba jovial ~? empleaba en su tra~o afabi~idad
. Hablaba bien el castellano pero se entencha con Pterre
Me dí cuenta de que entr e ambos había una gran fami-
i~J~inla.u; preponderadaba una situación. entre uno y otro. muy
l.tlltta de la que podía existir entr e amo ~· criarlo. en cualquier
del mundo.
PietTe me expuso con amenidad. y <>ntremezclan(• 1 su expo-
con datos históriC'os. la filosofía del tral.>ajo clnnrlestmo.
,.... __... _· que su más larga y eficiente pr áctic-a la hizo en C~·ina.
que partiera el alto comisionado del Komimern, 1\Itguel
que con seguridad -dijo om·iendo-. no era m ]11iguel,

-1 71-
ni Borodin. Los chinos, en su opinión, eran policías muchísimo
más eficientes que los latino americanos .
-Los policías chinos .-aseveró- tienen algo de Jo que ca-
recen los latino-americanos: ¡paciencia ... ! Te espían paciente-
mente, te siguen los pasos con aterradora pertinacia, te dejan
actuar impune y confiado, sin que se les agote la paciencia. De
modo que cuando ellos descubren algo, es en verdad caza mayor;
los latino-americanos se contentan con la caza menor; se precipi-
tan y, sobre todo, se dejan llevar en grado que admira, por las
apariencias. De otro lado, son policías rutinarios ; se burocratizan
llegando al grado de burocratizar hasta sps actos reflejos. Cual-
quiera persona inteligente sabe cómo van a reaccionar en cada
caso, ante cada situación, frente a un fenómeno determinado. Eso
sf -acentuó- son brutales: usan a los boxeadores retirados
para que te golpeen de acuerdo con t·eglas técnicas ; saben pegar
hasta molerte la carne, sin dejar huellas; y en los paises
en los que el juez y el uHabeas Corpus" y el Poder Judicial no
son sino un sarcasmo, o una rueda de la carroza del dic-
tador, pues a11í saben introducirte agujas entre la uña y la car-
ne, saben aplicarte descargas eléctricas que te 1·emueven los se-
sos y hasta tienen la sabiduría de introducirte un palo de escoba
dentro del ano. ¡Ah, son polieias feroces, los de tu país y de mu-
chos de tus paises hermanos ... ! No saben emplear con sutileza
ni inteligencia la tortura psicológica ; son bestiales en la tortura
ffsica, que no· es la peor. ¿Lo sabes tú . .. ? .
-Creo que, ante una u otra cosa, hay que ser igualmente
valiente -repliqué con seguridad-. Si no empleas toda tu volun-
tad de resistencia, pues tienes que entregarte forzosamente. Creo
que lo mejor, en tales casos, es perder el conocimiento.
-¡Alli está ... allí está ... ! -exclamó dejando abierta su
boca y exhibiendo una dentadura blanquisima y bien manteni-
da- Ja tortura fisica, si eres valeroso, te lleva a la pérdida del
eonocimiento: la tortura intelectual no. Al contrario : te exacerba
la eapaeidad de pensar, te obliga a pensar en profundidad, te pe-
aetra en el ser como un taladro sin fin; se te enreda en cada
Jlervio y lo sacude, Jo estira, lo tiempla, lo desgarra y lo vuel ve
a UDir. ¿Comprendes?
-Sf -repuse- comprendo.
.....,.JI!íB Rusia se prefiere siempre la tortura psicológica a la
~~-;:~tiiQd~, inás pmveeho sobre todo con las personas de cierto
~·l;ldíl.;iD1kt~~w. ¿Sabfas que el intelectual resiste mucho mejor
,los otros .... ?
O'H.w.Je.'I.GUe~ _, Jo aabt.. ¿Cómo lo sabes tú .. . ? - pre-

~lfi!i"Ílit:~:..;it;6 a beber una mezcla de }i.


Mi·lfiléa41)~ benedietine y quizás algún
br~vaje más. IntrodUJO una va riación sobre e1 tema y me ~con­
seJó.
-Ant.es de p~1tir tienes que alquilar ropa elegante. Te lle-
vas un ~raJ e de et1queta com pleto en la valija y alguna rot1a de
la esta~16n . No puedes m~rcharte con el b·aje que llevas encima.
Te ha~·e comprar unú m~n él na temprano y haremo:; que te quiten
las e~19uetas Y las re~p}a('en por otras. ~ ·o puedes ir con ropa
adqu1nda en un almacen de r opa hPcha; el traje llevará la eti-
queta rle una cie las bu(!nas sastrerías de Montevideo. Te será
útil.
Se paseó, abrió una de ~~~ ventanas que daba al ·arriín por
el lado. del mar Y habló sua\ 1f1ca ndo el tono, casi a so• oz, como
si pudiesen escucharnos.
-Te proveeremos de unas veinte o treinta corbatas de las
mejores marcas inglesas; pañuelos, camisas, calcetines. Esto, co-
~o comprend~s1 no es para que lo uses; _s1mp!e!Jlente para que,
s1 caes, la pohc1a vea que tu ropa es de fma cahdad. No te ima-
ginas cómo t u policía lat ino-ameiJcana se impresiona con esto· o
te cree un personaje de valía a quien hay que tratar bien; o ~
granuja con mucho dinero, de quien se puede obtener 1ma sucu-
lenta propina, una buena coima. ¿Entiendes? Lle,·2rás una buena
suma de dólares en cheques de viajero Deben ser cneques de
un gran Banco; el Nat ional Ciiy, prefiérelo siempre. porque es
de buen t ono y es psicológicamente impresionante para la poli-
cía. No midas tus gastos, cuando debas hacer los : te hospedas en
un hotel de lujo; vé al HPlaza" ; no pidas una habitación, tomas
un pequeño departamento.
Le sonreí y él me dij o :
- Sé que todo esto te parece extraño, pero así debes actuar.
Encarnando al hijo de papá que tira el dinero por la ventana: al
nuevo rico que está aburrido con el dinero y lo despilfarra. Pien-
sa bien, cama rada, que en cada paso debe intervenir el personaje
que encarnas. ¡Cuidado con el menor r enunciamiento. . 1 Puede
ser que por ese pequeño desliz te atrapen. ¿Comprendes?
-Sí Piene. te comprendo. Lo esencial es salvar los docu-
mentos.
- i Exactamen t e. eso es . ! - asintió con énfasis- . Salvar
los documentos. es decir salvar a centenares ele T)(;~- onas Y de
familias y salvaT el 1n·estigio de nuest1·a labor. ;. C tanto se oue-
pagar.por eso? P ues lo que s_ea necesari? pagm·. debes pag~­
~in vacilación. En Buenos Aues contaras con la cooperac16n
personas exrelen~es. Las direcciOnes que lle\'e en la cabeza ...
- ¿En la cabeza'? -interrumpí.
-Si. en la cabeza: nada de auuntes. nnda de ¡~apeluchos. El
unte. el papel. no hacen smo comprometery ~e1·nr ¡~ara que la
te atenace entre tu~ prop1a~ contracitccwnes F.l papel, el

-173-
lápiz, la pluma fuente, la máquina de escribir, camarada, son ene-
migos peores que los mejores policías, en el h·abajo clandestino.
La cabeza, la memoria, la milagrosa a sociación de ideas. ¿Me com-
prendes . . . ?
-Te comprendo Pierre .-acentué con énfasis - te compr en.
do bien.
Pierre me entregó las direcciones de las personas a quienes
podía dirigirme en Buenos Ah·es: algunas, para buscar contac-
tos otras en caso de apremio, pa1·a solicitar auxilio y , por últi-
mo' otras,' a las cuales sólo se podía recurrir en últ imo extremo
y de modo excepcional.
Buenos Ah·es vivía en una atmósfera sobrecar gada de in-
quietud. En todas pa1-tes se hablaba de la inminencia de un Gol-
pe de Estado que den·ibaría el Gobierno constitucional de don
Hipólito Irigoyen, y en l~s cuarteles del 1·adica1ismo se fanfarro-
neaba sobre la resistenCia y la lucha a mano armada en defensa
del régimen.
El seis de setiembre, a las seis de la tarde. las tropas co-
mandadas por el Gene1·al Uribu1·u entraban a la ciudad, atrave-
- saban sus principales arterias en un paseo b'iunfal y deponían
a Irigoyen, tornándolo prisionero.
Por la noche se entregaba un bando a los diarios en el que
se prohibía todo género de reuniones, se cancelaba t odo derecho
de oposición, se suprimían todas las g·arantías individuales y se
amenazaba con la pena de muerte, aplicada de modo sumar.io v
por orden de sólo un teniente. ·
Cundió el pánico en las filas del Partido Comunista Ar gen-
tino, habituado a la blanda y tolerante actitud del r égimen ra-
dical Mi búsqueda de Codovila resultó infructuosa ; lo seguí a
través- de numerosas pistas, pero siempre llegaba cuando había
partido; al fin pude comprobar que el hombre no estaba en Bue-
Aires; la misma noche del Golpe de Estado se embarcó rum-
Montevideo; comprendí por qué, a tra vés de su larga acti
:-a«la(l ~mUDista, Codovila no había caido jamás en manos de la

gestión de arduidad agotadora, no por el t rabajo


;::•riJEjí.eSl&~ sino por el agudo e incesante miedo que aca-
~ikiM.j/jQQ. tos documentos, diseminados en diversos
DO tomado en cuenta el a sunto Y, por otra
f/ ·. JlO:.ball)la prendido a ningún comunista, ni llegó
».:,lll4~tuw mis andanzas en Buenos Aires, ni mi re-
tri4tt;~ ~ eon los valiosos documentos.
~¡.:..;
:••••.a 7. NáOS me recibieron con explosh él
en idiomas diversos, maldiciendo
- -"'' MJ"O dieron a entende1· que na-
ateta de modo translúcido que
estaba v.inculado a la N: K. V. D. y que era uno de los
t;ajt'eJtte~s de la P_?hcia sccr~ta sov1ética. A causa de esto 5 1
·:.....""n ll!::.n a l Bu ro Sudamencano que se le elimina"e envián~o~c s:

. Y CodovHa partió rumbo a "la Casa" por la décima 0 la duo-


:déclma vez.
Pas~ .muchos días Y la_r~as horas hablando con uno y otro
de los d1r1gentes r~so?, rec1b1endo instrucciones sobre- las diver-
sas f01·mas Y los d!stmtos aspectos del trabajo que debía reali-
zar. Ante todo te!ua qu~ pasar por Bolh·ia, permanecer allí un
br~ve lap~o r enviar un ;nforme ~etallado sobre la situación po-
litica ~ smd1cal en el ~a1s del Altiplano. Luego, debían ingresar
al Peru .Y. desde e~ prrmer momento, p1·omover la 01·ganización
del P artido Comumsta.
-Lo único que falta __.dijo Guralsky- es que conozcas a
Luis Carlos Prestes. antes de partir. ¡Vale la pena ... !
Gm·a lsky estaba encarü1ado r entusiasmado con lo que él
denomina ba •·su mejor adquisición". refiriéndose al capitán bra-
silel·o Luis Carlos Prestes. Estaba persuadido de que Pres• es iba
a convertirse en figura prommen' e de la Internacional Comunis-
ta y en una de las colunmas de la construcción mo~covita en
América del Sur. !'{!agro, enclenque, de mirada b1 illante y diáfa-
na, tranquilo y est6ico. Prestes es hombre de \asta \' sólida cul-
tura y sin duda. con Earl Browder. la personalidad de mayor re-
lieve que el comunismo tiene en Pl Ile-misfuio. Psicológicamente,
bajo el ca rtabón moral, Luis Carlos Prestes es ~a antítesis de
Codovila, es el otro polo de la <.:ondicióu humana.
Desde aquella primera conYersac1ón, cordial pero intrascen-
dente, no Yolví a encontrarme con Prestes sino cuatro años más
tarde en el con fortable departamento que ocupaba en las afueras
de Moscú. Se había cmwertido ra del Capitán Prestes. coman-
da nte de la famosa columna que lle,-ó su nombre ~n el Brasil. en
ardor oso militante comunista, al propio tiempo que en una de las
mentalidades más poderosas r mejor organizadas del comunismo
latino-a meTicano.
No se habia seguido con Luis Carlos Prestes la opinión de
Guralsky, que era la de otros alios dirigentes. del Eomintern. Y
que acousej aba mantenerlo al margen del part1do, en 1? que con-
cierne al pú blico, e11 la categoría de ''hombre nuestn~· -la qu.e
sólo se consolidó más tarde- en condición que le hub1ese pernu-
tido actua r como comunista, pero sin aparecer como tal y negan-
do siemp1·e serlo. E1 error fué conegido después en much_os ot,ros
casos, de los cuales el más importante para e1 Henusfeno fue el
del licenciado mexicano Vicente Lombardo Tol.eda~o. pcr~~n~Je
no se inscribió jamás en los registros par~tdanos. cahflcan-
,:\4"':Jlg como militante, pero que actúa y es c:ons1derado por el co-

-175-
mando soviético como ••hombre nuestro", como uno de los más
eficaces realizadores comunistas en el hemisferio.
Tras conocer a Prestes, me despedí de Gu1·alsky, de Pierre
y de su Estado Mayor. Salí rumbo al altiplano con mi propio pa-
saporte.
APRIS:\10 Y COMUI\1SMO

NA F~!GlDA mañana de octubr e, sobre la augusta belleza


U del T1bcaca, uno de los dos lagos más altos del mundo
sobre el m ismo escenar io donde se alzó el Imperio nacede~
ro, me sacudió, la viva emoci~n de. la tierra nativa; sólo el que
retorna despues de haber s1do violentamente arrojado de su
pafs, sabe lo que es la conmoción, la maravillosa melancolía v el
terso sent imiento del regreso. Es un refulgente e~tado de aima
que se mezcla con el polYo de los huesos \"con la savia de los ner-
vios; es como un ventarrón que le"anta en alto todv~ los recuer-
dos del paisaje \·ernáculo. del \·ientre del que uno salió.
Empecé a cumplir la misión que tenía pen~a ndo en aquel
Don Venancio. en el rodeo, en las ovejas trasquilac1as. en el eclip-
se de toda justicia, de toda ley, rle todo principio humano. en
aquellas serranías . .. en los gamonales, en su codici<1 ¡ 1 :ngosa.
en su mentalidad r su Yida retrasadas en uno. en dos. en tres
siglos . . .
En Puno oficiaba de pontífice intelectual. el poeta Gamaliel
Churata, uno de los amigos de l\Iariáteg-ui. Y Gamaliel fué un
ayudante pr ecioso en el t rabajo de recolección y }Jesca de prosé-
litos. Un proselit ismo que se basaba sobre la tra<hción del comu-
nismo primit ivo de los Incas y qne encubría malamente una as-
piración secular de aquella gente : su hambre de tierra, su sueño
h'ereditario de gener ación t r as generación, de poseer un pedazo
de tierra. El más elemental y primith·o egoísmo del campesino
servía como f uerza motr iz para la OI'ganización del mo\imiento
que proclamaba como pr incipio esencial, la abolición de la pro-
piedad privada. '
La caída de los dictad01·es en los países latino-americanos
seguida por una estación política que ha recibido a menudo el
nombre de "Prim avera r>emocr ática". Son unas cuantas serna-
o meses en los que el ciudadano se siente libre. po~· lo gene-
~:_~.... se desborda: la p1·ensa se libr a de la mor.~aza, los _JUeces lle-
a recordar que existe el "Habeas Corpus . los polizontes ce-
de violar los hogares a la medianoche para He~ ar presos a los
a la dictad ura. Mas, esto dura poco bempo: el nece-

-1 77-
sario P~t:a que e~ nuevo gobierno se afia"!lce, ot·ga!lice sus hrig~­
das pohc1ales adictas, y vuelva a eonvertuse en dictadura jmpo-
niendo los mismos métodos del tir ano que le antecedió. Todo esto
acontece en medio de la ph·otecnia de discursos fel'vorosos de ala-
banza a la democracia y de p1·oclamas estentót·eas en las que el
dictador se postra ante las tradiciones Y los principios democrá
ticos ... ante la Solidaridad Hemisférica, ante la glm·iosa her-
mandad de este Continente que nació para la Libel"lad . . . Y pro-
sigue impávido el escarnio ...
En esta "primave1·a democrática" que siguió a la caída del
dictado1· Leguía, llegaron al país los t)l·imeros emisarios de Ha-
ya de la Torre. Los jóvenes cusqueños que tafiían la quena para
él en las reuniones de París, estaban allí convertidos en los ada-
lides de Ja Alianza Popular Revolucionaria Americana. Traían,
como una de las más importantes novedades, los desfiles "m·ece-
didos por bosques de banderas" y la enseñanza del saludo r oma
no, pero con la mano izquierda y el abanderamiento del partido
bajo una bandera roja -igual a la comunista y a la nazi...- en la
que la sigla APRA reemplezaba a la hoz y el mar tillo o a la cr uz
gamada.
Fue en la ciudad del Cuzco donde se ma1·c6 espontáneo el
acento organizativo del Partido Comunista. SobTe las ruinas de
la fortaleza de Sacsayhuamátt, transidos por la emoción de la
Historia y por la gravitación telúl"ica de los Andes, los obr eros,
éStudiantes e intelectuales cusqueñost sintiéndose los herederos
legítimos del comunismo incásico, ot01·garon su más encandecido
fervor a la cruzada comunista. Sobre las piedras milenarias pl·o-
clamaron, acandilados y resueltos, la constitución, el nacimiento
de la Sección Peruana de la Internacional Comunista. Hubo aren-
gas, proclalnas y presagios sobre la soledad de la cumb1-:e ; y un
voto, un solo juramento en el que -como afirmara allí mis-
el •'pato" Latorre- cada hornbt·e venía a entregarlo todo, a
Ofl~!r a causa de la liberación del país, de la emancipación
de sus indios, lo más p1·ecioso y pr eciado que te-
·nl'(•niá vida.
~.c~rue. para nosotros, era la Buena Nu eva. E iban como corderos
medio de lobos.
La cri~ís ee?nómica azotaba la economía del país y se descar-
gaba ~on v1olenc-Ja extrema ~obre los hal;jt.antes pnhres. Lac: f'Ons-
~cclones _e st~han par ahzadas po1· completo: la act h idad inrlus-
tnal la ng Uldecia v el hambre fJsJca w•ltigr..aha como la cor;porei-
d~ de un es}>e(•tro !\Obre aq w~lla vasta y mugl"ienta mi eria co-
tidiana.
Hu bo fi ';IC or¡.r~niz~1; a toda prisa en Lima los núdeos que
debfan asumu· la dtrecc10n de una hatalla campal: no había tiem-
po para r>rQparar un equipo eficaz. ni un comando hábil. Vivien-
do en el vórtice rle l~l convulsión no hahía otro (·a mino que a<:ir
la sit uación por la garganta. ~
La C~nfederaci~l} Gm~el'é\l de Tr< baiadores. cuya fundación
habfa reahzado Manai(lgul, no l)3 aba de ~er hasta enton<'es ~i­
no una bella aspiración v un pomnos() nombre. Fué en medio del
sa cudimient o de la crisis que ella cobró vida ~· e~tructura v ,e
organizó como f ue r7.a social podero~a. cm1 \irtudes catárticas ··
vindicativas , en m ed1o del ambiente ñuro. encrueleddo v "Oittz-
gado p or vil onr csión nolítica. Baio el sig-no fle una a!!uda düden-
si6n. fu é convocarlo un C'ong-rc~o ~::tcional 8·nrlical. convocatoria
a la que Jos ohreros de tQda filiación o sin filiación alguna. res-
pondieron con entu 'Ül, mo, en nn incoercible movimiento unitario
y unit ivo. de ~de tocios lo~ confines del país
El éxito del congreso sindical llenó de q-ozo a Gu,·alsh·,- y al
Bureau sud -a mericano de la Internacional. El trabajo de organi-
zación rie Jos n úcleo~ comunisws se ~esnlazó vigorosamente 1 acia
el campo sindica l ~'. en eSllecial, hacia la zona minera rlel país.
Los obrer os de las minas no habían participado jamás en
una a cción sindieal, ni hahían lo(r}·ado nunca agruparse nm"~ rlr-
fender sus cie1·ec-hos. I .a emp1·e~a nm·teamericana sólo les con -
.sentfa a~or-i arse con fines dcr"nih·os o meramente fraternales.
En la prártka, los g-obiernos ,. la emnrc~a habían aplastado todo
intento de organización de los obreros.
Filtrá ndonos por ]a brecha de aq';lella m:imaYera democr~ti­
los comu nistas pen etramos en la macces1hle fo1·taleza mme-
Asamb1eas tumultuosas congregaban a miJlares de hoMbres
IW'.~Iilc. por primer a vez, oían hablar de derecl~os humanos. Por pn-
~MA'i'A vez t·ecibían el mensaje que les anunc1aha que los geren~es.
direct ore8. los ingenieros, los capataces. no eran los duenos
_ _,....... homb1·es que trabajaban allí. Era la priffi:era \·ez qu~ s~
que en otros pa íses los mineros se or!!aruz~,ban en Sl~dl­
y di~cutían con los patrones de las .mmas el~ }1omb1 e a
mn>rA· ' . Era ]a 1n-imera vez que aquellos mmer?s rectb1an. asom-
y jubilosos, 1a n oticia de que er~n tambtén hombres. que
-~~CitldlLd~mc,s y que pertenecían al genero humano

-1 79-
La Cerro de Paseo Copper Corporation se alarmó y p¡dió un
mayor contingente de soldados y armados no sólo con fusiles El
Gobierno presidido por Sánchez Cerro mandó f uerzas provistas
de fusiles ametralladoras. Los gerentes almor~a.ron y conversa-
ron en largas y rociadas sobremesas con los ofl(·lalcs que venían
al mando de las tropas. Y era claro aunque no conocido que allí
se estaba decidiendo sobre el porvenir de la naciente Federación
de los Mineros y sobre la libertad Y sobre la vida de muchos de
los que am estábamos.
Cuando el congreso se desenvolvía pacíficamente, la policía
asaltó por la noche las moradas de los delegados, nos tomó pre.
sos y, atiborrados en t;tn tren de carga no~ concluj_? a la capital.
Al despertat los trabaJadores, el centro romero f ue sacudido por
una reac~ión fulminante: hombres y mujeres se lanzaron a las
sendas lodosas que oficiaban allí de calles Y armados de palos y
piedras invadieron los hogares de Jos directores norteamerica-
nos, de Jos gerentes, ingenieros y altos empleados ele la empresa
Todos fueron reducidos a prisión y mantenidos en )'(''' ene e; l·a~d ~
que los delegados y organizadores del Congreso Minero fuesen }i.
berados y devueltos a la Oroya para proseguir su labor. De ('Sta
s6bita manera, la Federación de Jos Mineros P eruanos, que hasta
mtonces sólo existia en et papel y en las r esoluciones, se trans-
form6 en una fuena combativa que marchaba con sus propias
piernas sobre el pueblo, sobre las crestas helarlas, haio las g-ale-
rfas subterráneas donde el agua hervfa a cau~a ele la profundi-
dad. Sin tener idea clara de lo que significaba, Jos mineros huel-
guistas declararon que si los delegados no eran p uestos en liber-
tad, pu- proelamarfan el establecimiento de los soviets ele ohre-
ros campesinos y soldados.
Aquella acción, inusitada, imbuida de pugnacidad, alimenta-
da por el odio embotellado de los obreros indígenas, estuvo !'aiu-
r8da de osadfa al punto de poner en prisión a los "gringos" hno;;ta
1& vfapera considerados como seres sobrenat urales, dotados de
derecho divino.
La e@ectaeular insurgencia de la Oroya llenó de pavor al
Gobi~ electrizó a los trabajadores y causó verdadero asombro
f!1! :Jiolcu1 ~ liD& magna impresión en el Buró Sudamericano
aidm partido comunista emprendió y cumplió, al nacer,
~::1•~~tt•llt~ ;;;..,.Détlia sobreexcitado Guralsky, atribuyendo al he-
•1U41" sobresalientes y proyecciones insospechables.
~._. '861o fué ratificada sino exaltada por el Komin-
1Ci6n de loa mineros peruanos como ' hecho
..,.,.,.._...,.,.. 'Bevolueión proletaria mundial'' . Para
. . . .WCJB tan inexpertos inter pretasen con
En Li~, el Gobier~() se r eplegó momentáneamente y orde-
uuest ra hberta d, POJIIP-ndo a dispos ici ~n fie los organizadores
J delegados del Congreso un t~cn . especial. Cuando intentó enviar
iiiAs tropas, los obrero s ~erroVl.ano SP- négaron a hacer mar:chnr
Jos convoyes; Y en una hní'a !el 1 ea tan difícil, que asciende a la
mayo r altura a que ferrocarnl algu no haya a cendido en la T e.
rra, pues 1~ negali \ a. ohn~ra asum!? un <:arácte1 inexpugnable1.
La pohcia monto la provoca(·wn que debía desembocar en
an asesin ato en masa, PPJ·o los t ral>ajaoorcs estaban aleccionado
eontra ellas. Recur rió cntonc ~'>s a hacer llegar una fa1·a invitació~
a los obreros ele "~Ialpaso'' para que ac:istiesen n una manifes-
tación en la Oroya. Cuando la columna precedida por banderas
cruzab a un angos to puente , la policía parape tada en el alto7.ano
hizo fuego de ametr allado ra: ceni r·nares rle heridos y ea torce
muert os, sellaro n el intent o de or ganizar a los mineros en los do-
minios de la ('..erro de P aseo.
Aquel la matanza fu é el inicio de una repr esión violenta y
carnic era. A los or ganizadores y delegados se les trató como ban-
doleros; los hogar es sufría n reitera das invasiones de policías v
pnda nnes; cada v i~ita dejaba una huella de ferocidad honda y
de perve rsidad sádica. Sobre los mis{.>rables enseres, sobre los es-
cuálidos menaj es, sobre los cuerpos de las muier es rl<- loe: obre-
ros, se abatfa una como cóler a infrah uman a. Los sucios y gra-
siento s colchones de pa ia eran despa nzurra dos por la.· bavone•,as
afilad as ; los muebles pobrís imo~ eran con ver~ idos en a~tillas l(ls
cacha rros de barro cocido quedaban r educidos a minúsculos añi-
cos QUe crepit aban bajo los zapato s claveteados de los Sf'IJclados.
La poli<'í a de los países de Améd ca Latina es de una igno~
rancia que a sume ca racteres geniales P uede ser que como se-
cuencia de ella, aunad a a la inmen~a ~urna de 1 rde inmediato
que le otorg a el miedo v la necesidaci de mantene1 se en el poder
de los dictad ores, posee una capacidad de en~añamiento. de bruta-
Udad, de vileza que hace pen~ar en la posibilidad de que no haya
ua sola especie huma na, sino dos.
Una buena noche el j efe de pohcía m·clena la prisión de to-
4os los redac tores de una reYist a que es
.neta o como contr aria al dictador. Las consid erarla c_omo poco
falan~es pohciacas se
tlmzan inmed iatam ente a tender el cerco v a m·eparar el asalto
-de los hol!ar es en las horas de la alta rnaclru,:rada
En Ja revist a figu raban ar tículos f irmanos por Henri Bar-
~IRUISe, Harol d Lasky, And ré Malrau-x, Pa ul '"izan Se ordena
la
de todos, sin excepción .
-Me los traen del pescuezo j:!ritan el iefe ele policía v el se-
intend ente con su barba ne.s:rrísima cortacla en punta . lAs
~aa.ae:s y sarge ntos r epiten la orden y los nombres de Barbu~~e,
Malra ux, Nizan , son pr onunciados en forma tal que el m-
se torna jocoso .

- 181-
.....-¡Qué me traigan a ese Barlmsse y al tal Lasky; ya les da-
remos aquí su merecido. Que Jos traigan a puntapiés ... ! Ya en-
señaremos al tal ::vialraux a escribir articulitos estúpidos ... ¡
¡Que los traigan ... ! ).)!·amaban.
Alguien que espera ser interrogado, que es probable haya
caído en la redada policial p01, casualidad y por primera vez, y
que no sabe aun si está preso o no, interviene con timidez y con
una melíflua cortesía.
---Si me permite el señor Intendente; yo pido perdón al se-
ñor Jefe de Policía por intervenir, pero ...
,
..-¿ P ero que... ?. d'1ga, di ga no mas.
,
-----Pues señor, esos escrito1·es son franceses, unos, inglés el
otro.
---Aunque sean chinos, que los traigan; que los arrastren del
pescuezo, que los arreen a patadas aquí, he dicho. . . van a ver
quién soy; lo van a ver ... !
El oficial ríe, chasquea la lengua y despacha a los agentes.
-¿Han oído'? ---les dice ........ del pescuezo, a patadas.
El Jefe de Policía vuelve el rostro a quien dió el dato ante-
rior y le pregunta con amabilidad:
-Y esos escritores. . . ¿Dónde están ... ?
El informante, transido de miedo balbucea, sin salir de su
estupor:
-¡Señor, pues en Francia. . . y ...
- i A la Plaza Francia ---true11a el Intendente, sin dejar que
el informador termine de hablar-. A bien que la plaza es pe-
queña; que registren casa por casa. Despache usted capitán, los
hombres que sean necesarios.
Y Barbusse, Lasky, Ma1raux, Nizan, son buscados empeño-
samente en la calle de la Amargm·a y en las inmediaciones de
la plazuela Francia, o de la Recoleta.
A todo esto hay que añadir el sistema feroz de torturas, que
por su brutalidad, aunque no por su refinamiento, se parecen a
las que actualmente se aplkan en Rusia a los prisioneros políti-
cos o a las que se aplicaban a los anti-fascistas en la Alemania
de Hitler.
Y a este régimen, los dictadores le dan pomposamente el
nombre de democracia, en mensajes, discursos, proclamas y le-
yes. Son estos regímenes los que 1·eciben un buen día condeco~
raciones, discursos de homenaje y cumplidos diplomáticos en ce~
lehración de la democracia imperante, del respeto del mandata~
rio por los derechos humanos, por la libertad de prensa, por las
libertades ciudadanas. Y todo esto se dice v se hace en hono1· de
milital·es bandoleros, de tipos de la más sarnosa estirpe totali~
taria.

---182-
Esla conducta odiosa, esta crueldad permanente, sil·ven de
levadura para el fermento de los más agudos descontentos popu-
lares. Los mejores aliados rle la campaña comunista han sido
los asaltantes del poder, los genen1les autócratas, los tiranuelos
que se Jlega11 a sentir providenciales. Ellos y sns gendarmes. ellos,
sus queridas y las prostitutas a quienes convierten en favoritas
y mujeres poderosas. son los más eficaces aUados rle la campaña
comunista. Los dictado1·es y sus hijos y los negocios escandalo-
sos que hacen a la sombra y bajo la Yista gorda de sus padres;
el enriquecimiento súbito de los parientes y amigos del dictador,
de los protegidos del tiranuelo. de los amantes de sus queridas
y de las celestinas de toda esta crápula que pulula en torno a los
palacios de gobierno de tantas de las Repúblicas de América La-
tina, son quienes hinchan el ocHo popular, lo convierten en deses-
peración y en esperanza final en el comtmismo. La )dea de una
revuelta que arrase con todo, que lo cambie todo, es engendrada
y amamantada por la repulsión a esta larga e infame indignidad
humana. Y así, el comunismo. gracias a este odio almacenado
cada año, cada lustro. cada década, gana más y más adeptos,
que son gente sin ideología y sin partido, contingentes humanos
sin tendencia definida, a quienes unifica el descontento y el asco
y que lo único que desean es, por lo menos, cambiar de postura
en el Lecho de Procustes en el que están atados.
Y el comunismo se presenta ante toda esta masa humana
desconsolarla y desesperada, ofreciendo simplemente eso: cam-
biar de postura.
Después de tres años de lucha durísima, de persecución te-
naz por l)arie de la policía, de combate sin hegua en defensa de
los intereses primarios de la gente de trabajo, caí en la celada.
Y mi prisión fué saludada como una de las grandes dctorias ob-
tenidas por el Gobierno, por su policía ~· por su prensa.
El ".Ministro en ¡)ersona me llamó a interrogarme; en el in-
terrogatorjo estaba rodeado por toda la plana mayor de la poli-
cía. y entre todos amasaron el cretinismo con el abelJacamiento
y la absoluta falencia espiritual. Aquellos sádicos era11 solamente
cínicos; estaban desproYistos de la más elemental perspicacia.
-¿Quiénes son los miembros del pa1·iido comunista? -in-
terrogó gra\·edosó. solemne, })Ornposo. el :.\Iinistro.
-Los adeptos al comunismo. señor :\Iinistro -respondi asu-
miendo asimismo un tono JTa,·e r tma actitud teatra1- Yienen
de los campos más insospe'-'hado~. on gamonales. grandes pro-
pietarios de latifundios serranos. explotadores de indígenas. que
acuden a afiliarse en toda la serranía del sur. fatigados rle esta
sucesión de dictadores pícaros y de gene1·ales ladrones.
-Le prohibo tet·minantcmente expresarse de tal manera-
ordenó el Ministro descargando un puñetazo sobr e la mesa.

-183-
... -le repl i-
-Si ytJ me call o, señ or, hab lará n 1as pied ras
q ué - yo cst(>Y resp ond i f·nrio c;oner(•tamcnteque a su pre gun ta. Al
han J1erdirlo sus
par tido C(J mun ista está n \ iuic ud(, inge nic; ros
ene s no dej~n un si-
con trat os por favOJ· polí tiNJ y méd icos a qui ...
tio Jos ~urandm os pro tegi dos por la dic tad uralmlc -gt ii6 , iute .
-Vu elv o a llam arle la ater wió n seve1 :1m
1·J·umpicndo ('on bru squ eda d v NJ1f>l·ir·o, el
Mi ids tm- . N() til;n e
uste d der ech o a exp rcsm ·se así rlcl Gohic>rn0.
ent e- nr·lJr, de-
- i Dis culp e señ or 1\JinistJ'(J! -di je r·or tásm
reo de obr"l () , c:arn-
cirl e que , arlc más , <JUÍen hac:e un C<1pioso af'aJ com uni stas . r~s su
pc·::~inos, estu dian tes, )n·r,fP.sionalr>s, a
las filé..ts
policía ... egu ntó el Dir~"­
-i. Qué cos a ... quú es1 ;¡ rlic•iendo ... ? -pr
rles afia dor a.
tor de Polic·ía, ]JOnif.ndose en jarr as, r•n aC"tjtud -1·e r)li quá -. Su
-S i seil()r, l.!S así r·omo le estr ,,· di('iendr>
poJiCÍa, que CS tan vjJJ:UJa. ('f)Tr JfJ ÍllC' all:tZ . ítC'a rrea fliariamente
{:Pfl -

tena rf!S de ob1·eros, de r•<:.1udiantr)s, artec.:anos, de prJhrcs cam -


r1r·
unis tas, sin que eu
pesi nr)s a las pris ione s, aru.:.ánrlr,lrJ. de> ('om
nue stra labo r. Enb ·e
¡·r•alidarl ten gan la P 1C•ll0r p<ot.-1 ir·i¡Jar·ión en
larl et a pesr·a mi la
esta s mas as de pric;irmc•r()!.; Y"alízétm<J:s una ven es rm·sos de ca-
gro sa y, JJara eJI(), fun don r.n <·n 1r,das las pris ion
pac itar ·ión ron pm-fC'('f'ÍÓn arlm írab lc.
El min istr o hizo s~car de un annat'Í<J lasdon cop ias mimf.!O$!ra-
es en la·· r1ue se
fiad as de lr1S cur-.;os de r·apar·if ació n: c•ran )<•c
n(JS punto~ imp01·-
tTarlucian al leng ua.i P c:pn('ill0 v r.:onknt~. al$ru l\I~u·x y rcla (·icm ado s
tan tes trat aclo s f>n "El Cap ital ", dt1 Car los
con la ar>f nali dad rle aqu el entr mcc s. ntr) e] Mi-
-¿E sto s son Jos cur sos de capacihte·ión? -JW f'gu
n istr o.
jcnd o.
Los mir é, dí vur• lta" a. Hlgunas pág inas , resp ond
-S í señ or . . . ~on esto s .
.....-;, P r!ro aqu í hab lan de la<; c·ausas de la c·ris
is I'.!Conómica y
de otra s 1.0nf <'ría e; por el esti 1o '?
-S í. es ven lad .
c•ncierr en en los
..-¡B uen o, P~.tá b ien ..-s ent enc ió- que lo
man czc a allí ineo -
a]j ibes de) Cas tillo del He al Fel inc. Y que ptlr
iará a vei nticin co
m un irar lo has ta nue va 01·dcn. ¡Se le sen tenc
- s rl e p re~H
ano ' ....1
. ] 10
fort alez a de tipo
El Cas tillo r1c1 R eal F eli pe es una antig-ua par a dPf end er el
je.
med i(w ·:ti, f'Onst.ruída en la (:por.n rlc) c;ol onia
riP. Jos pi rata s. Los
lif.0ral de la ( 'iurl ad d(• )()s HPw··..: dP )()s af aqu es
os a r eco ger y gua r-
a l i ibe~, eran los poz os ~ubte ná neos, ci Psti nad
·es en caso de sit io.
dar el auu a que deb ía aba stec er a Jos drff 'nsm h ajo l a dem ocra -
E stos pozo~ ~e con virt iero n en p ri~itSn dí' ri$!0 por mcf lio rle una
1',
día
cia rle l0s did ado res. A Jos alji bes se des cen n hú mcclos y s u
esca la de bom ber os; s u piso y sus J>ar ede s era

- 184 -
ambiente sumido en la m á oscu1 a penumbra durante e día·
Jo el 1 e plandor del mr d10día deJa Ja pcnctJ ar un 1 cfleJo p¿r el
boquete que servía de entrada.
Las ca ernas del \a to edificio estaban poblada e
político , <JUC aU'onizahan lentamente m procc o a guno, n
videncia judicial de nmguna especie. El Poder Ju(rc~a en
países dr• Amt.l'ica Latina, que v1ven baJO 1 egimene dP 'u a te
r cín Í<:á ".d~mocraciaH no e. m o un de diel ado engt anaJe de la
marJUÍWil Ja rJpresora del diCtador. 1.1 ''habeas corpu " on os
palaiJras lati nas que e:u ecen de significado en la v· da r al: cuan-
dú w las pronuncia anlc k; jueces, estos som íen burlonamente ,
Jo mismo que cuando se insinúa cualquiera idea relacJOna a con
lós derechos humanos.
La mayoría ele los plisiúneros políticos encen·ados en el ras-
tillo del Heal Felipe y eu las prisiones de las islas, enm mien br s
de la Alianza Popular Revoluciona da Americana. Y un día de-
e' !JP.rado de la prolongación rle u encierro, de idie1 on declarar
una hur·lga de hamln·e. Precauteland o las con ecuenc·as que po-
dían sohrevenirles , con toda anticipación habían acumulado en
cada una rle las (•asm·nas dondP- estaban encerrado abundan• s
víveres: duJ('f>latc en barras, lechP. condensada, alimentos enla-
tados, gallr·ta . Sus paricnb·•s, los días de visita, les aportal an
comestibles que podían se1· con sen a dos. EntTetanto, Jos pr· io-
neros de los aljibes, ajenos a toda esta preparación, nos de: er-
tamos un día con la huelga de hambre reali1..ada hajo la con ·g-
na de "libertad o muerte". Los ~omunistas no podíamos 1om er
aquella huelga, por el }n·estigio del Partido y por un elemental
deber ck solidaridad. Nos vimos atTastrados a e11a porque polí-
·ticamrmtc no podíamos hacer otra cosa.
VcinticualTo días hubo que srJportar la falta absoluta de ali-
mentos en los aljibes: Y. en medio de la humedad, de la penum-
bra, del absoluto silencio, l'ecoger la expe1 iencia p~ico1ógica de
esta lenta marcha hacia la inanición, y, no podíamos aber si
hacia la mue1·te.
Los primeros días, c1 hamhre se produce en el organismo en
oleadas que invaden el ce1·ebro y los nervio~, que tor u~an Y ase-
dian en horas determinadas . Más L1Tde, la nece idad de comer e
hace constn:nte, el hambre se t01 na dolorosa y se llega a tener la
sensación física d~l estómago. como :se tiene Ja de Ja mano o la del
pié. Las vísce1·a~ se hac~11 tactiles, com(> si la sensibilidad ner~
viosa y la propia conciencia penetJ asen en su intm·ior, dándose
cuenta de su existencia y d~l mecanismo de su funcionamien to.
Invade más adelante, una fieblP. ua\e, lenta c¡ue \a aquietando
el organismo dulcemente. Acunado ]>or la sua,·e ca1entm a, soña-
ba, dormía y despe1 taba soñando. Siempre sueños infantile : ali-
mentos, cumida sabros;Hncnt e preparada, potajes humeantes y

-1 85 -
atractivos. El ensueño de ~po infantil s<; vá opaca_Etdo hasta He~
gar a un eclipse total. Se p1erde la capacidad de sonar y también
la de dormir largo tiempo. E~ sueño . es ent recor t ado, lleno de
paréntesis, que se abren y se cierran sm causa exter ior y sin que
pu~a. ~stablecerse. 1~. razón d~ estos saltos bxuscos del sueño a
]a VIgilia y de la VJgtha al su~no. _El cuerpo se _sumerg-e en aban.
donada desmayez, en un relaJamiento progresivo.
. La visión intetior s~ hace de una cla ridad _n~~lagrosa: las
rmágenes evocadas adquieren cont ornos de prec1s10n brillante .
las alistas, los contrastes, los escorzos, se precisan con admirabl~
nitidez; y después, llegan a adquirir relieve; unos relieves des-
aristados, en curvidad, voluptuosos. Las f rases pensadas apa1·e-
cían grabadas en nítidos caracteres, sobre las bóvedas del alji.
be, iluminadas por una claridad que no había en el pozo. El "sh'u-
po" q~e me golpeara cruelmente en una de las calles de Berlín
estaba allí como si fuese reproducido en maravilloso tecnicolor.
la estación de Negoreloye, los bosques de abetos, las sombría~
paredes de Iadri11o del Kremlin, pasaban en medio de nubanones
preciosamente coloreados. En mis oídos resonaban las campana-
das del reloj de la Plaza Roja, del lado de la Catedral de San Ba.
. silio, que tocaba la Internacional.
A medida que avanzaron los días, se borró para mi concien-
cia la f1·ontera entre la vigilia y e1 sueño ; sólo quedaba o la nada
o el paso de imágenes: o ceguera total o visión luminosa del más
extravagante desfile. Más tarde, ya no hubo colocación para las
imágenes, ni aristas, ni contornos, ni figuras: so1o la idea fija,
que martillaba incesante, con persistencia, que se t ornaba frase
estereotipada, inscrita por todas partes en letras que danzaban
sin perder su colocación.
"¿Me permites Chocano, que con1o amigo fiel ,
Te ponga en el ojal esta hoja de laurel ... ?"
Y los dos versos de Rubén Darío, escritos en una horrenda
borrachera <le cogñac, en homenaje a José Santos Chocano. se
eonvertfan en la tenaza que me machacaba el cráneo, que me es-
trujaba Jos sesos hasta sacármelos y dejarlos convertidos en le-
tras sombrías.
Nunca pude indagar dentro de mí la razón oscura que apagó
tedos los recuerdos y dejó este como sobreviviente.
Además de la obsesión, y por debajo de e11a, me daba cuenta
ele tue hada un gran silencio en el a ljibe; parecía corno una se-
.,.~ ele la muerte.
tllta BOChe, eon.eseaJeras de bombero, graneles faroles Y.lám-
P~-.:.!DiiDeiJO, los policfas, soplones y oficiales, me meÜ<'ron
izaron eomo fardo de escaso peso.
~~·•• 118!CJA ••• 1 -decian los que tiraban las n~r>rdas.
•PI.ai•~ -ftvo ••. I -dijo burlándose, otro- t1cHr el
En el h?spital, los médicos i?troduje1·on punzones, agujas,
sueros y a~e1tes Y se empezó a ahmentarrne con jugos y caldos.
Un mes mas tarde, en la casa de salud vetusta e insalubre se es-
tableció una vi?culación estrecha con los más conc;pícuds diri-
gentes de la Alianza P opular Revo1uciona1 ia Americana.
Mi magnífico amigo llemi Barbusse protestaba, los antifas-
cistas eul'opeos protestaban. . . pero esta Yez, parecía que no les
tomaban en cuenta. A unquc, en verdad, esta protesta salvó la
vida de muchos, que de otra manera habríamos sido fusilados.
La ident idad de la desventura hermanaba a apnsta::;, comu-
nistas y anarquistas, por encima de las discrepancias rle la<; ideas.
La mancomunidad del sufrimiento acerca a los l on,hres amai-
nando sus rencor es, saltando sobre las más empinadas di~ergen­
cias, suavificando sus más ásperas vindicaciones.
Aquella fraternidad, es cierto, no Yenía del hombre; surgía
de circunstancias fortuitas; el acercamiento se hada contl·a la
voluntad de quienes se acercaban, caía como una imposición y no
era, sin embargo, hipócrita ni se desall'ollaba como fonmsa co-
media humana. Todo aquello nos dominaba con el peso del su-
frimiento común, de la desdicha en la que eramos partícipes. La
fraternidad venía del dolor, no de la decisoria volic16n particular.
Para e\'adirnos del aburrimiento que se pegaha sobre nues-
tras almas como si las encerrasen en un zurrón de cuero moJa-
do, nos veiamos obligados a hablar, es decir a polemizar; con-
frontábamos ideas, métodos. situaciones. anhelos. Y cada ''ez
desembocábamos ante una clara perspectiva. lo que en el comu-
nismo era drama, en el aprismo era farsa; lo que la Internacio-
nal Comunista levantaba como trágico pendón re' olucionario, el
aprismo lo ocultaba como Nestor n sus griegos en el vientre del
Caballo de Troya.
Haya de la Torre había logrado convencer a todos sus te-
nientes de aquel "desbordamiento por soln·e toda moralidad" que
ya p¡·edieaba en Europa. Se sentían 1wotagonistas de una revo-
lución y consider aban el acto terrorista como parte integrante de
la política que ellos habían venido a ejecutar.
Los dirigentes de la Alianza Popula~· ReYolucio':aria. presos
en el Casti11o, constituían una fauna ab1ganada: fllosofant.es e
ideólogos, los un os ; pícaros irreme~~ables .. los otros. J?eseosos de
realizar una profunda transformac10n soc1al en el pa1s, algunos;
codiciosos de pescar buenos negocios, posiciones encumbradas o
una opm·tuni dad f ácil para hacerse ricos. los demás. Pero, a to-
dos los unificaba el pensamiento de Yiolentar, atropellar, mak1.r,
tratar al adversario políti co como a p1·isionero de tribu antr opo-
fágica.
-La ley del ojo por ojo y del diente por di~nte -sentencia-
ban agresivamente algunos ........ se ha vuelto ant1cuada; ah01·a. la
.-1 87 . . . . .
un
ley apri sta es: dos ojos por un ojo, las dos mandíbulas por
diente. tiempo
Mientras la mayoría ele los prisim1e1•os mata ban su clam as,
con juegos de carl as y reñidas part idas ele aJedrezsocr o de'
la minoría hacía funcionar una academia de tipo ático .
de
-No nos interesan todas las ideas, ni un gran núm ero ofo
el f1lós
ellas para form ar una ideología -afi rma ba Orrego,
oficial y oficiante de su part ido- nos inte resa una sola idea
muy
de capt urar
clara en la cabeza de cada uno: tenemos necesidad emvleamos
el poder político y, para obtener esa finaliclad,, pues
todas las armas, todos los medios, iodos los met.odos .
...-¡, Inclu sive los métodos ~r los medios nazi s?
-Y si esto es provechoso para nues tros fine s ¿qué más da?
-Pe ro eso es inmoral; en eso no hay ning una especie de ley
moral.
-Pe ro ¿qué es lo que quieres hace r : política o moralismo?
¿To mar el poder o hacer un libro de oracione s? Detión otro lado, es
de man era muy sem ejan te como plan tean la cues los comu-
nista s. ntal, la
-Lo s comunistas plan teamos como cuestión fundame ris-
cuestión económica; además, no somos part idar ios del teiTo
mo. el que el
-Es claro; no son part idarios del terro rism o en uos nihi-
terro rista se jueg ue el pellejo, como lo hací an los antigejecutado
lista s. E l terro rismo bolshevique es más seguro ;tión es
desde arrib a y por la policía. Al plan tear la cues del terro-
quis
rismo, los apri stas nos juga mos la vida; los po1icías bolshe,·i
aum enta n su paga. Tal es la diferencia.
-Los apristas utilizan el rese ntimiento racial en el país ...
arguíamos, evadiendo el punt o neur álgico. - de
-No somos responsables noso tros -rep lica ha Sec ada de san-
que en el país exis tan dos o b·es millones <ie indíg enasntim iento
gre pura , que llevan en el alma un explosivo de 1·ese mos la cul-
que se puede descarga r cualquier día; tampoco tene atos de todas
pa de que haya n centenas de miles ele negros y mul son resen-
l~s gama.s, que llC\·an el odio con su pigm ento
y que
tido s soctales, son descontentos . . .
-¿D esconten tos de qué? . . . -pregun taba el dirigente co-
mun ista Herr era.
1

-Descon tentos de su color, de la mar ca que llevaYida n sobre el


pellejo, de la inferioridad en que se encu entr an en la el país. frente

al hombre blanco, fren te a la mino ría que comanda
-Pe ro. ustedes comprenden que la culpa ele esto ...da.- la
-No , no, -int erru mpí a vehemente el chinodetie Seca
Alianza Popular Revolucionaria American a no se ellos actu ne en C3-
tar buscando la culpa; tomamos los hechos y con amos.
mu-
Nad a más. Hay resentimiento racial entr e ·Jos negros y Jos
1·.: -18 8-
'
latos; lo hay ~ntre los indios: hay insurgencia racial virulenta
entre los rnestlz.o~ con demasiada carga rle sangre inrlíg~na .-en-
tre lo~ cholos- pues nosotros utilizamos todo esto como combus-
tible 0(1. ~~ locomotora que lle\ a nur·stro tl·en a la victoria. . . a
la esta<·JOll del poder.
Sus pm Udarios le aJ)lau<lían frenéticamente. Los guardia-
nes se acercaban a mira1· qué pasaha.
-!\lcno; ruirlo o van a las ecldas -sentenciaba el cabo.
Abemolabamos la \ oz con1inuando con mayor candencia la
polémica. ' ~
---Yo no entiendo -argumentaba el comuni la BelTera--
cómo van a poder u~tedcs, Jos apd<:ias, toma1· el poder para apla-
car o liquidar el resentimiento racial de indios cholos y mulatos
si dentro rle la Alianza Popular Revolucionari~ tienen· ustedes ~
todos los grandes propietarios de la tienTa en las serranías1 a los
extorsionadores de indígenas. a lo~ ~~ñore~ feudales más Tetró-
grados y primitivos clel país. No se entiende, francamente, no se
entiende.
-Los comuniF-tas son hobos de remate -volvía a :.,TJitar el
chino Secada, hasta que debíamos hacerle rallar-- va lo decía
Yíctor Raúl pero yo tc>nia mis duda~; ahnra, se r..onfil ma lo que
dice el hombre genial. ¡ ~í l':eñor! El Hombre Lárnpai'a, con ma-
vúsculas.
· Antcl101· Orrego lomaba la palabra y sentaba cátedra con S,"l'a-
\·edad verdaderamente profesora!.
-Los "gamonale~··. los hombres rlel feudo y de la caverna,
prestan un magno !'\en·icio polítko. Ellos, no emplean obreros en
sus femlos: utilizan ~iervof'. El sien·o no gana salario, ::ino que
trabaja gratuilarnente en la tierra de :su señor. E1lo~ no pagan
ninguna especie de seguro social, ni cumvlen leve" del trabajo,
ni leyes de ninguna especie.
-Pero ¡,y eso te parece hneno, te parece justo, prom-esis-
ta? -volvía a preguntar con insistencia Herrera .
.-Te yuelvo a decir oue no::::otros no hacemos moral, hace-
mos política. Y nuestra 11olítica consiste en que e"os señores feu-
dales, esos "gamonale~" raYCl'Ilnt'ios y primith·os \ ie:nen apo.
yados por nosotros como Senadores y como Diputados al O:>n-
greso.
..- ¿Y qué ganan los indígenas con eso ... '?
-¡Hombre ingenuo ... ! -exclamaba burlándose Orrego-
esos feudales. esos gamonales que no pagan salarios. que no cum-
plen leyes de trabajo. que no desembolsan ninguna especie de se-
guro para quienes trabajan en sus tierras, como senadores Y co-
mo diputados proponen. discuten e imponen leyes en favor de
los obreros, r~galan gratific.aciones. dan participación en las ga-
nancias a los empleados y a lo~ obreros. . . ¡,comprendes ... ?
¿por qué? . . . pues porque ninguna de esas leyes avanzadas les

-189-
J

afectan a ellos; en sus feudos no se aplica jamás ninguno de los


artículos que ellos aprueban.
-Pero esto es t. na locura; es un desquiciamiento.
-Bueno, si quieren ustedes, pues son la brigada aJ)J·ista del
desquiciamiento qu(\ pre1)ara el camino del poder. Los obreros 110
lo estiman a. í: los obrero~ adaman eRn~ leyes, reciben i ubilosos
esas gratificaciones. nos rinden Rus más fen·orosos agradecimien-
tos y piden que golpeemos con ma)~ot· fuerza las ca.1as de cauda.
le~ de los ricos.
-Pero. de esta manera -arguí- ustcclC~s arruinan la inrlu ~­
tria. desalientan la im·ersión inrlustrial ~T cierran las vías al des-
an·ollo económico del país.
- i Otra vez con lo mismo ... ! -replicab a Orrego..- a nos
otros los apristas no nos interesa ni la moral, ni la industrializa-
ción. Nos interesa la captura del poder. ·Cuando nosotros tenga-
mos el poder, pues ya Yeremos.
-Pero esto es pelig-rosamente cínico -exclamé .
- Peligrosam ente cínico o cínicamen te peligroso: como tú
quieras -repuso con calma abacial el filósofo.- pero es alg-o se
mejante a lo que proponen Jos comunü:tas, con mucho menos éxi-
to y a un plazo inmensam ente maYor. Los comunista s ofrecen el
paraíso terrenal para cuando triunfe la revolución prolet~ria
mundial ~· después que se ha\·an cumplirlo una docena de planes
quinquenales. Es decir cuando esta generació n y la que \'iene,
sean polvo del carbón. La Alianza Popular Revolucionaria Ame.
ricana. no espera tanto : convida a los gamonales, a los señores
feudales serranos al Congreso ahora mismo y les hace dictar le-
yes en beneficio de los obreros. A los que más gritan se les dá
de mamar primero. Ponemos en vjgencia aquel refrán tan cas-
tizo r tan realista: "el que no llora, no mama".
-Y como los millones de indígenas no llo1·an ... .-le indiqué.
-Pues no maman, hombre --gritó el chino Secada- esiá
claro, no maman.
-¿Y todo el indigenismo que pregona el apra . .. ? ¡,Y la Pl'O-
paganda que realizan tratando de impresion ar los sentimientos
piadosos o turísticog de los gringos ... ?
-Eso -dijo Orrego sonriendo v le,·antand o su índice- eso
es combustible para la locomotora que nos lleva hacia el poder.
-Pero con tales propósitos -expliqu é- los únicos que sal-
drían beneficiados :-;erían precisame nte los elementos más retró·
grados del país% los más primith os: los que no emplean máqui
n~s en el trabaJo, los que no pagan ~alarios. los que no cumplen
nmguna ley de trabajo ...
-Y algunos grupos de obreros -interrum pió Secada- los
más Harones, que conste.
-Bien, Y agunos grupos ele obrero~ --repuse- -, pero en esta
fonna, ustedes están a la \'ez contra la revolución proletaria Y
-190-
contra el des~rr?llo del capitalismo en el país; algo más, están
contra el capltahs1~o: ~ontra los hae.endados que pagan salarios,
que emplean maqumanas en sus hac1endas, que culth·an con mé-
todos morternos, que cumplen las leyes de il·abajo · están contra
los indus iriales Y sólo benefician a los señores fet~dales más re-
trógrados. A los que amasan sus ingresos ~pt·oclamé recogien-
do -un vivo recuerdo- haciendo rodeos y trasquilando la lana de
las borregas de los indios.
-Nosotros no estamos contra la revolución proletaria -dic-
tó ÜlTego.- ya te lo hemos dicho: somos eclécticos: si Rusia se
impone, si ava~1za .tu. revolución proleta1·ia en el mundo, pues
¡zas,! un pequen? vua] e, cuando la cosa esté segura. . . y henos
aqUI. am1gos. aliados y camaradas de nuestros queridos rusos·
si, al contrario, el fascismo gana la partida y derrotan a tu pa:_
pá Stalin, pues l. qué quieres? ¿que miremos hacia Moscú como
papanatas? ... No ... no ... No somos como tú. ~o ponemos to-
do nuestro patrimonio en una sola carta: somos seres pensantes,
inteligentes y maniobrantes. Mira, en política hay que ser como
aquel campesino que le debía poner una vela al Arcángel San
Miguel que aparecía en la efigie atropellando y matando al dia,.
blo. Como el campesino no sabía, o se hacía el que no sabía, cuál
era el arcángel y cuál el demonio, }mes le puso una ,·ela a cada
uno.
Y aquí viene lo de la copla -gritaba Secada- si una vela
se me apaga, la otra se queda encendida.
- l. Y si gana el fascismo? .-interrogó Herrera.
-Si gana el fascismo, pues nada: ellos saludan a la l·oma-
na con la derecha; nosotros con la ízqu ierda. Ellos tienen sus
tropas de asalto, sus arditti o no sé qué: pues nosotros tenemos
nuestras brigadas de "búfalos''. Ellos tienen su Duce y su Fuh-
rer: pues nosohos tenen1os nuestro Compañero. Hermano y Je-
fe, que pertenece a la estirpe de los hombres que nacen cada
quinientos años ...
. . . . . ¡Qué bárbaro! ---exclamó Herrera.
-¿Bárbaro? - p1·eguntó como extra.i1ado Orrego ........ No; so-
lamente hombl'es de nuestro tiempo. El mundo está ahora ante
una disvuntiva : o fascismo o comunismo; tl't trabajas po1· el
triunfo del uno y la derrota del otro: nosotros no; somos más
inteligentes : estim1os tras la puerta, esperando ver quién gana.
- Mientras ustedes hacen de má1·tires -intervino el dibu-
jante a prista Esquerre- nosotros capita~izamos lo~ martirios.
¡,No se han fi jado que a todo~ los comumstas a qmenes tOl-tu-
ran, y matan, ., .los
, hacentos
1
apnstas ... ? ¡,No lo han notado ... ?
¡ Je . .. Je . . . Je ....
Una carcajada saludó las palabras de Esquerre.
~Pero eso es farsante - dijo Pompeyo Herrera.

- 19 1-
-Eso lo dices tú pero la gent e no lo cree y a nosotros n
aprovecha -replicó Secada. os
-Entonces -dijo Herrera ~ndignad.o ya.- lo que ustedes
están organizando no es un partido político smo una estafa Po-
lítica. ,
-El estafador que. mete en la carcel a los estafados, no es
estafador - exclamó trmnfalmente Orn~go.- es un conspicuo y
venerable ciudadano. Hasta puede ser heroe o santo. . . como tu
Papá Stalin . . . el gran estafa~o~. . .
-Pero es una estafa pohbca -mtervme con sequedad-
que es obligación de todo homb.1:e honesto den.unciar y combatü
- Somos invulnerables -diJ O con desprec10, Anienor.
- Aunque - t erció Esquerre.- los ataques de los comunis-
tas son los únicos que nos hacen algún daño, porque los que nos
lanza la derecha son nuestro mejor capital político.
- ¿Por qué? - indagó Herrera.
- Pues porque la derecha en sus ataques - subrayó entusias-
ta Orrego- nos presenta ant e el pueblo famélico 1 descontento
resentido, como revolucionarios, es decir como sus ve1·dadero~
amigos. Al atacarnos por izquierdistas Y avanzados, atizan en
el corazón de las grandes masas, el amor por el Apra y por Víctor
Raúl.
- La propaganda contra nosotros r ealizada por "El Comer-
cio" - añadió Esquerre- , nos hace bien. Víctor Raúl afirma ju-
biloso que nos levanta. Se muestran tan encarnizados enemigos
del mejoramiento de las infames condiciones de vida de la gen-
te, piden con tanto calor mayor represión, celebran Jos actos de
barbarie más repugnantes como acción patriótica, de modo que
todo ataque de ellos se transforma inmediatamente en simpatía
popular por nosotros.
- Tomemos una copa -dijo desde un rincón el chino Se-
cada- por los más eficientes propagandistas del aprismo.
- ¿Conseguiste pisco? -glit ó Anten or, mientras Esquerre
apprtaba un conjunto abigarrado de vasos y copas llenas t1e licor.
- ¡Trabajo ilegal. .. trabajo ilegal. .. ! -dijo socauón Es~
qa¡ene- estamos violando los reglamentos de la Jnisión 1 nos es-
~ burlando del Gobierno y de las Instituciones Tutelares co-
JIID diee ~ Comercio".
ti"o(lucido licor en la prisión; se mostró disgustado y bebió con
flO&otros. . . . ..
-Una cop1~, una .sola. - diJO:- y esto porque no quiero per -
judicar con una mvesbgac1ón Ja hbertad de algunos de ustedes.
Era un pobre hom bre y un buen hombre en el fondo· cuando
se embriagó, r ecordó a su pobre mujer a quien declaró Íe había
dado muchos pesares. Juró qlle él no' torturaba que no habia
torturado nunca, nunca . Y lo juró. ' .
-Eso hacen los soplones -dijo con desprecio y confiden-
cialment e- . El r etaco Múst1ga, que es un malvado; el ñato Flo-
res, el bocón Alegría. Ellos sí; son bárbaros. i 1'\o sé por qué lo
hacen; al fin y al cabo, los presos políticos son prójimos . . . ! ¿No
les parece?
Estuvimos de acuer do con él, y bebimos por él, por sus re-
cuerdos, por la liber tad del próximo que iba a salir. El poeta Spe-
lucín sacó debajo de su camastro un paquete de hoJaS de coca
y un pequeño calabazo con cal viva en polvo.
-Les invito a "chacchar" dijo, abriendo el em·oltijo como
en un ofe1·torio. Ant.enor celebró un verdadero ritual anles de mas~
ticar la hoja sedante y narcótica.
Hasta la madrugada, media docena de coqueros charlaban
sin término sobre temas estrafalarios. Zigzague-ando y con el ke-
pf sobre la nuca, e-1 1·echoncho sargento primero se fué a dormir.

.-1 93 ........
EVOCACION DEL TERROR

JIJ=N EUROPA los na~ional-s_ocialistas t~maban el poder en


IL Alemania. Como s1 estuviese carcomido y caduco, se de-
rrumbaba el partido comunista alemán, faro y esperanza
de los millones de comunistas a través del mun9o. Caía abatido
el más poderoso baluarte de la Tercera Internac10nal y el incen.
dio del Reishtag alumb1·aba la marcha triunfal del nacismo.
Los dirigentes col!lunistas presos acudían. e!l demanda de
explicación: se les babia prometido la guen·a c1v1l en Alemania
y, no sólo no ha~ia tal guerra civil, sino gue el. colos? co!llunis-
ta se entregaba sm lucha, cobardemente, sm reststenc1a, sm que-
mar un tiro.
No sabía qué pensar, ni cómo explicar el fenómeno: la quie
bra, la capitulación, la bancarrota moral.
-¿Por qué no se han batido? -me preguntaban mis cama-
radas.
-¿Por qué se han entregado tan vilmente -interrogaban
los apristas.
Y los comunistas presos sop01taban como tempestuoso em-
bate, el acosamiento burlón y pertinaz de los ap1·istas. Como ¡0 •
do sangriento, les arrojaban a la cara la capitulación del pa1 tido
eomunista alemán.
-Nosotros esperábamos -arengaba en tono exclamativo
el poeta Spelucin- que los comunistas alemanes se pondrían al
frente de la batalla contra el nacismo. Pero, nada de eso. Se han
entregado eomo carneros, ni más ni menos. Y les están cortando
la cabeza con hacha.
Y para reforzar su argumentación, para t onificar la seguri-
dad de sus militantes, en las largas veladas en la prisión. algunos
de los dirigentes de la sublevación ap1ista en Ja ciudad· de Tru-
jillo, DaiTabaD las incidencias y el desarro1lo de aquella san~n ien-
ta F trágica semana.
-"¡Biifalo'' era un hombre, no era como Thaelman! --dccíél
1811& el negro Esquerre- ese no capituló, ni puso la cabeza.
11e la eortaran con hacha. Se batió como león. E1 a un
miedo.
-J94-
-Cada noche -decía ~~ obrero de edad más que madura,
actor en los sucesos ?e Tl'UJ 11lo- nos llevaba a reunü·nos en el
despoblado, en las ;umas de Ch~nchán. "Búfalo" estaba conven-
cido f nos convencu~ de qu~ dcbtaDJOS hacer Ja 1·evoJución: la re~
voluClón que eltlartJdo apnsta habta venido a realizar al país.
-Algunos no. estaban de acuerdo, decía una voz ronca desde
el camastro hundido en la sombra.
-Sí, algunos, claro, siempre hay de estos .-replicaba el v1e.
jo- pero uBúfalo" estaba convencido de que había que },acerlo
no más; tenía v_al01· Y sabía conve_ncer. . . ¡cómo hablaba .. ! ¿re~
euerdan companeros ... ? Era valiente el macho. . ¡un machazo'
-¡Un machazo ... ! -repetía entusiasta un coro.
-Ahí, en esas reuniones fué donde "Bú alo" planeó el ata-
que al cuar tel. . . ¿no es verdad? -preguntaba el 'iejo-. El sa.
bia dónde quedaban las puertas, las ventanas, los pasarlizos, sa-
bia ...
-Sabía donde dormía cada uno de los oficiales .-interrum-
pió un mula_to de v~z ronca! a quien llamaban Salaverry- y dón-
de no dormtan los Jefes, donde se guardaban los cerr<'jos ~e los
fusiles y por donde había que entrar a sacar las balas de los ca-
ñones, y las cintas de las ametralladoras.
-Así no más e1·a -evocaba pJaciblemente el viejo, volYien-
do a su narración- él preparó todo; sabía con cuantos hombres
babia que pr esentarse en la puerta grande del cuartel ·y cuántos
debían a tacar por cada ventana; cuál era el sitio más fácil y
cuál el más difícil. Y hay qne decir la verdad no más él se
puso en el sitio de más peligro. como un hombre, como un
verdadero jefe. ¡De estos hacen falta ... !
-Para que lo mataran -intenumpió un mocito 1-ubio y muy
blanco-. Yo creo que él no debió haberse puesto allí.
-A la hora de la hora -afirmó ahuecando la voz el mulato
Salaverrv - el deber de un Jefe es dar el pecho, sólo así los ottos
se lanzan a la pelea: cuando los jefes mandan a los otros a pe-
lear y ellos se esconden ¡ hágame el favor. . ! pues nadie pelea y
todo se lo lleva el mismo diablo
Prosiguió el viejo bonanzoso y grave:
-"Búfalo" dirigió el ataque al cuartel y se puso ~l ñ·ente
de los apristas que atacaban. Estaba en mangas de camisa, muy
pálido y con la boca seca . . . . .
Una exclamación admirativa, prolongada, saludaba la ftase
del viejo.
-·Adelante, canej o. -gritó el
"B u, fa10 ·•,_., , ent 1·en• caneJ·· o
todos Hav que ser hombres. matenlos, caneJ~-
1
á 1
tasstaqudeen aogs u: ntar c~mo imbéciles; ha) que aplastar, adestos hel-
cP
jos de perra . .. hiJOS ..
de ma1a maule ,J •
<··Hasta cuan o -
ñor del Gran P oder ... !
-195-
_y había que ver a la muchachada -añadía entusiasmado
el mulato SaJaverry- ahí es donde sabe uno lo 9ue es ser horn-
bre de verdad; cuando silbaban Jas balas Y hab1a que entrar al
cuartel rompiendo puertas y ventanas.
-¿Y ustedes estaban armados ? - preguntó alguno.
-Las armas estaban adentro de.l cuartel - r espondió el mu-
lato- algunos tenían revólveres Y ~Iros, per o 1a mayoría tenia-
mos sólo palos y piedras, aJ~nos, fierro~. .¿ V m·dad compañero?
-Así no más fué - confirmaba el VIeJ o- aquella gente t u-
vo la mar de valentfa; no parecía gente de ahora, ni de aquella
tierra. ¡ Canejo que estuvieron valientes .. . ! Lo ma lo fué que
aUf no mas a la entrada de Ja puet·ta grande quedó t endido "Bú-
'falo". Lo mataron sin que dijera ¡ay!
-Dicen que de muchos tiros -escla1·eció alguien desde la
sombra.
-Tenia uno en la frente misma - refh·ió el viejo~ ese lo
acabó, lo enfrió.
- Había que oír la g~itería -excJamó refocilándose el mu-
lato en el recuerdo- los dominábamos con gritos. Los soldados
no sabían qué hacer y, desde adentro, varios sargentos y cabos
comenzaron a ayudarnos. En menos de un enarto de ho1·a habia-
mos tomado presos a todos Jos jefes y oficiales. Los amarramos
y los encerramos en una sala.
-Los soldados -añadió el viejo- daban vueltas en el cuar-
tel como gallinas; iban y volvían, se recostaban en las paredes
y algunos se fueron a la cocina a comerse t odo Jo que había. No
les dllportaba nada de lo que estaba pasando. Algunos pregun-
taron si les filamos a matar allf.
-La gente -proseguía el .viejo- se armó de fusiles y se
metfa los tiros en todos los bolsiJJos ; sacaron las ametra11adoras.
JQaé Ho Vll"gen Santa Rosa de Lima! Nadie sabía qué hacer con
los eafioues ni eon aqueJJas balas tan grandes. Cada uno t iraba
para su lado y se quería llevar arrastrando los cañones hasta la
purta ele su easa, c:omo para que jugaran sus hijos.
-Lo malo fué que había muerto el "Búfalo" -insistió el
1DIIhto. .
-8f, pero aiH estaba el compañero oficial del ejérclio -in-
••••o
tji~IO a hombre de edad indefinible, de pómulos que SIJer-
IIIODtfcalos sobre su rostro, de ojos como de puña-
euero teuaplado. Era lo más parecido a un mongol;
;tii~~IIJ:<-~•• •n:at• la heraeia de los chirnús, una especie de
ltJ~MIJt~·CIIe Jos huacos que se encontraban en ]as se >u) tu-
- · • • Todo~ crefmos que iba a decir algo más, pero
l'o est~ve con el oficia} - dijo con disgusto el preso de
~~ngóhco- Y no llegue . ~u ando ,eJ cuartel est aba t omado
4>fltlales presos . ..Yo ta~b1en t ome el cuartel y f.ii Jos coro-
recuerdan, f u1 yo _qmen amarró al Comandante y turn
el que amarró el ca nón con aquella soga, tirándolo para
• • . ¿recuerdan?
-Claro - exclamó el m~cha~ho rubio, mientras olros asen-
fué e! cholo Ya ko q~1 en tu·aha el cañón; el of1cial no es-
con uniforme . . . ¿no .
,-No est aba uniformado .-asintió el cholo Yako.- estaba
overall. Y yo fui qui en tiró el cañón para afuera. Y la soga
dejó la marca; por eso estoy vivo aquí.
-¿Qué marca? -preguntamos...- ;, Por qué estás vivo por
,isosra y la marca que te dejó '?
-Cuando perdimos y la iropa tom6 la ciudad -muró eJ de
l..lh1"-" mongólico ....... Jos oficiales registraban el hombro de eada
para descubrir la huella del po11a fusil. Al que le. encontra-
esta señal en el hombro, pues los fusilaban sin más.
-¿Y no t e la encont raron a tí?
-¡Qué no me la habían de encontrar -replicó Yako- me
pero era la hu ella de la soga; de una soga trenzada~
notaba la huella de la trenza.
-Y te escapaste j abonaclo -dijo el mulato .
...-¡Me escapé por un pelo. . ! -afirmó el de rosh·o mon-
-Yo no entiendo eso de la huella ¿qué era? -preguntó un
b!leB<Jir sureño a quien habían acusado de suhversivo para arre-
W.+fl••lo el puesto que tenía en una escuela.
-Este serrano es medio quedado -diJo burlonamcnle el
I U ! l l l u - , y explicó--- : Si cargas un fu~il durante un tiempo Y He-

la correa sohre el hombro, pues te deJa una marca (liD el pe-


E sa mar ca, esa huella, era la que los oficiales huscahan
uat1ao r ecuperaron la ciurlacl.
-¿Y a los que les enconlramn esa marca? -preguntó el
-De los que les encon1 raron la marca -replicó el viejo-
DmlllO pod1·á conver sar contigo. .
-¡.Por qué? .-volv1ó a preguntar. mgen.uamente...
-Pues porque tienen la lengua baJo la ilerra, -dtJO el mu-
-Porque ioclo al que tuvo esa huella lo fu~i1aron aHí no más,
un tiro en el mate . ¿entiendes ~hora? -pl'Cj"{tmtó
hizo un silencio tenso y amargo. La oscurid~(l tot<tl ~a-
t'tll~vadidlo la caserna 1 a fuet a, al otro lado de la !CJa, se vc1an
fas siluetas ele Jos gu<trdianes. arma<los de fustlcs C<Jn hayo-
calada.
- 197-
-¿Por qu6 estarán hoy con bayoneta calada'! -¡u·eguntó
el mozo rubio.
-Bueno, ¿pero qué pasó, qué hicieron con los ('añones y los
fusiles? -volvió a interrogar el profesor.
-¿Pero usted compañero, de dónde viene? -preguntó el
mulato-. ¿Se cayó de la cuna cuando niño ... '!
-Yo no soy de ningún partido -acentuó el profesor- por
eso yo no sé nada de estas cosas.
-¿Y entonces, por qué te han traído? -preguntó el rubio.
-Por nada -respondió el maestro- bueno, la envidia de
alguno que querfa mi puesto en la escuela. Además, yo enamo-
raba a una chica del pueblo. Al sub-prefect~ le gustó la chica y
me quitó de enmedio; me mandó preso_acus~ndo~ de su bversi-
vo y aqu( estoy, hace ya más de dos anos, sm saber nada de mi
suerte.
-Y se rió, como burlándose de sí mismo y de su mísera \ ¡_
da; de su amor por la chica del pueblo Y del puesto de maestres
• cuela.
-Bueno -dijo el viejo alzando la voz, después de to~er­
lo cierto fué que tomamos la ciudad aquel mismo día; todo cayó
tn nuestro poder. . . ¡mansito . .. ! a los oficiales que habíamos
tomado presos los llevamos a la cárcel de la ciudad y allí los en-
cerramos; eran más de cuarenta, desde sub-tenientes hasta co.
mandantes.
-¿Y qué hacían ... ? - preguntó el profesor .
-¿Qué habían de hacer? -repuso el viej o- someterse man-
sitos. Ellos seguían teniendo los uniformes, laR galones, las in-
signias, pero nosotros teníamos las pistolas. ¿Y qué ... ?
-conversaban en voz baja en la cát·cel -observó el mula-
to- yo les vf y les escuché varias veces por la ventana; alg-unos
estaban sentados en el suelo, con las piernas est h·adas y recos-
tados sobre la pared. Estaban bien apenados ; peor que nosotros
euando caúnos. ·
-La verdad - prosiguió el viejo- no sabíamos qué hacer.
No habfa cabeza; nadie dirigía; caminábamos como las gallinas,
ie un lado para el otro, igual que los soldados cuando les toma-
mos su cuartel ...
-~Cómo que no sabiamos qué hacer? -gruñó el de rostro
IDOilg61ico- se tomó la Prefectura y se puso un prefecto a¡n ts a.
-l.Asf fué no? -preguntó el viejo con sarcasmo- (.Y r í-
pme el precioso, qué se ganó con eso? E spet·ar como baLosJs
que vinieran las tropas del Gobierno-a liquidarnos. ¡Vaya cosa ...
,_,.cosa• • • 1 Yo digo que no sabíamos qué hacer, porque sé lo
..-estoy dicieado. Porque estuve allí y no hablo de oídas. ni por-
_.. •• eontaroD. Yo quise pelear hasta que ganáramos -~uspi­
-ealles
i i·.l l viejo- pero ¿cómo•.. ? Fíjense que estuvimos recorriendo
eon uno de los cafiones que sacamos del cuartel : lo hn-

-198-
rodar de aq uí para aJJá y los "hkos se echa1>an a cm·1 e1
de noso~ros con las balas. IJe l'C)>Pnte, unrj dijo: ¡ Vamos
•¡csLt• la hactenda Casagmnde: Y no sr por qué ... bueno J>Or
algo, d ..qe. i \' amos .. ..' · .<'_a} mó la zalag<.trda ..• ¡ 1Jara' qué
.. . ! lucimos rodar el canon v no. fuímo. hasta la misma
:JI~:lOln. donde no~ apuclCI amos de una locotomora y una plata-
carga .
-Lo que costó subir aquel cañón h~ ta la platafonna -co
mento el mulato.
-¿Recuerdás '! Tú es tu viste - reitet ó Gl viejo- co-.tó ha-
............. grande ; lo hicimos s ul>il' por uno::; tablones y le pu irnos
¡._liUILS una vez arriba ; car gamos allí mismo una~ \ einte bala<:
~~[lQilz~s, nu eYed tas y . . . ¡ pa1·a qué les digo ... 1
-¿Y se fueron a la Hacienda ... ? -preguntó el profesor.
-Claro qu e nos fuimos, afirmó el mulato; ¿recuerdac;: vieJo?
- i Cómo . no he de recordar .... - continuó el vieJo- llega-
'"n•nR a la Hacienda, paramos la locomotora r r.m·gamos el cañón .
.......~."' nosotros habíamos lle, ·ado al indio cuadrado que había c:ido
Jarg4mto de a r tillería. Tuvimos una dLcu ión endiablada, hasta
··~·... el indio d ijo que iba a disparar y que todos se tapa1an las

-Y se disparó el pr imer tiro ... ; u y, mamita, qué barba ro ·


......habló riendo el mulato.
-Todo fué pegar aquel tiro .-relató el ,·icjo- s el catión
;ee arrancó de el'tam1nda ; Yolaron las cuña~. las ruedas e alza-
:JOn para atTiba y el cañón se cayó de la platafo1n1a del tren a
la acequia llena de fango; sólo quedó afuera la boca del cañón
humeando. P ara sacarlo de allí se nece ·i · .~ '1,1 ~ reatas r a lo '""tL-
nos una yunta de bueyes. Como no supimos q ·Jé hacer. pues nos
tegresamos a Trujillo en la plataforma con ~as balas.
-¿Y las balas? -preguntó el profesor nuevamente.
.-E ste se cayó de la cuna -repitió el viejo- se quedaron
en ]a estación compañero . ¿Las quiere ir a 1·ecoger?
- No - r eplicó el profesor - sólo quería saber. ¡,Y de~pué~:
- Después --subrayó el YieJO ~m·hiendo- llega1·on ~a~ tl\:>~Xt.
del Gobierno : los aYiones lanzaron bombas y asustaron a todo e.
t?.lllund.o ; dispa1·aban más tiros que sentimiento y aquella no\. ':t
~·~!DiblaLba el misterio. De mmediato comenzaron a tomar lre o':
a f usilar. Mataban a los hombr es como si fuesen moscas. : QuL
~¡J.DI&blll2:a • . . ! ¿No es Yel·dad .. . ?
Volvió a im})Onerse un silencio largo.
- ¿Por qué tendrán esta noche la bayonet~ calada. lo guar-
? _ ,·olYió a preguntar el m uchac1·o r ub1o
- En verdad - obsen ·ó el Yiejo - están esta noche con ba-
JOJ:keta ca1a da . . . ¿que, sera, ... ?.
-1 99-
-Algo pasa cuando están asf, - sentenció. el de cara de mon-
gol- a más que ahor~, a~ anochecer, el guardJa que me convcl'sa
siempre no contestó SIQUiera el buenas noches. A lgo l1a 1msado.
...:.¿Y Jos oficiales presos ? -I>reguntó el maes tro.
-Estaban en la cárcel, estaban encerrados.
-Había que despacharlos -exclamó el mulato- l>Ol'que si
se les dejaba vivos iban a denunciar a muchos. ¿No ven qu(\ (lllos
habfan visto la toma del cuartel ? Además, sus compañeros esta
ban matando a nuestros compañeros. Entonces i. por qu\~ no los
fbamos a liquidar a ellos? Después de titubear un po<'o, aquella
misma noche se les despachó a todos.
-¿Qué -preguntó el profesor- los ma taron?
-Se les despachó a tiros por la vent ana -afirmó el mula.
to- uno, alumbraba con la linterna Y los ot ros hacían Jos dis-
paros, tratando de darles en la cabeza; a 1a p rimera dc~c.arga
cayeron unos dos nada más; se pegaron a la par ed gritan do · los
otros, algunos se arrodiiJaron y pidieron por sus hijos. Cu~nclo
les alumbraba la linterna procuraban zafarse como locos de la
luz, pero -en media hora no quedo ni uno.
-Aquello parecía un camal -dijo el viejo con voz ronca-
nunca habfa pensado yo que el c1istiano t uviera tanta sangre
dentro de su cuerpo.
-Ni uno solo quedó vivo -repitió el mulato, y la cundra
se qued6 hundida en el silencio.
Nadie habló una palabra más; el apiñamien to formado para
escuchar la narración se deshacía despacio. Cada uno se esctH ría
haeia su yacija; el mulato había encendido un cigarrillo ~· tenia
la faz radiante; estaba alegre. El 1·ecuerdo de aquella tragedia
pareéta haberle producido un oscu1·o y siniestro goce interior.
Los ottos presos mendigaban una chupada del cigatTillo que el
mulató concedía apretándolo fuertemente entre los dedos. para
que. el humo escapase con dificultad, mientras m urmuraba:
-¡Blancos de m ... ! Allf quedaron todos -repitió, a rrojan-
$ UDa rt{lesa bocanada de humo.
:-;.!W!ro ha pa8ado -murmuró desde su camastro el hombre
~•.•~.. · ~~e moll(ol- le han puesto bayonet a a los rifles.
~~~~ft·: -pensé- está en plena acciÓn. Las
~~leÜJIBa1ltleilt4a-.eJ~Utlei~l<ÜLs po1· Víctor Ra úl en P arís. que
;ltEd~.-- ·4eSI))[a,bt&•. estaban ·allf traducidas en ::>V ngre,
:asom.u;Jas-y én crueldad inút iL Allí est aha los
·~~-~.'.Fé)l)t¡ilár Revolucionaria Americana. pm sua-
~tlie~ftl~-.~IJ·.l•lecllio:· absoluto e inmediato para el g1 an
-~~~lfO~~r:tat•a aquel pueblo: barnizar la mi-
-.wl;i~lUQlr, asesina1·, liquidar a tl1o:: pol'
UUt.tto's pedfan por sus hij os: coush uír
,.O'lflll•enj;.O$ cráneos de adversarios wmci-
o d~ _gentes <JU<' nj tqu¡ era C:-1 an ad\f~r a o , como el gru
of1ctaJes masacJ-adn.
-¿Por qu é hab1 itn puesto ba (¡Jlf•ta en lo fu 1le : _
t m·e.rt tar el muchacho rubio a l'lebuJátlrlo e h:tJO el
cobe1tor.
caserna fJUP_dó sum1da en l:t , cundad y en el 1 en io.
a c:acJa media IHJJ"a, sonaba el pitco mol to de lo ?.llar

En las pri meras ho1a~ de la mad1 u,gada la guaJdja fué re-


f:!~lol)Jaj(b.:l. Los ~oldados .carmna ha n trJn •1 anna cargada y dispue
a ~sparar ; Se! co~Tl~r(m los ~e!~~jos de la caserna con gran
tetrépito y en el mas bl de la PJ JSJOn se 1zó la bandera a media
.asta.
¡Había muerto el Gen ma l Sánchcz Gen o! 1 Habían a ~ ·na-
clo al Pres idenf e dictador .. !
La res pue,ta a las p rPguntas de la nocl e an Ciior 1 etraba
inverosímil y alJ~urda . 1\Já~ pa1 ecía re ponder a] anl elo de m·na-
res de pre~os que a la rea lidad .....o obstante c1 a plenamente e m-
ta. EJ Pres idente había sido vicbmado a tnos en una plaza, miPn-
ttas iba en su automóvi l. Se aseguró que el \ ctlmario fué un
obrero apri:sta. a quien trac;;pa~aron cien bayonetas al pié del au-
tom6vi1 )>r esidenr·ial.
Cambió el Gohierno y \'ino Jo habitual: la Pl ima\ e1 a derno
dtica: se abrier on las cárceles y fueron saJiendo en gru~as
partid~"' los pre~os poHticos. Hubo Jiberiad de pt·ensa.
Tran~currieron los meses y yo permanecía encen-ado, sin
proceso alguno, sin condena, si n fallo judicial de ninguna especie.
El nuevo Gahin ei e del Gobierno del General Benavides. es-
taba pres idido por .Jorge Prado y U~arteche: u fama polí ica
ae partidario de las nor mas democráticas fué ratificada, pue.~
acentuó el respeto a las prescr ipcione con tiiucionales ,. trata-
ba de ceñir progresh·amente su" actos a 1:: (:; \' La(; pli,iones
quedaban ya vacías de preso. ]Jolíticos, no H>s~ : nte lo cual. ,.~
:continuaba encen ·ado Ent r e Jos ruatTo mur s re la celda llegue
la conclusión de que el n uevo Gobierno estaba resuelto a de-
-j&mle indefinidamente donde me encontraba. negándome un i-
bajo el sol de ~qu ella p1i maver a democrática del año 33, que
~,'»>P'a mí continua ba siendo im ier no.
A las reiteradas gesCon es realizadas para obtener mi !iber-
Ios funcionarios de twlicía r esponéH.an ~iempre _con Ja pala-
más pronunciada p or los la tino-amen canos · . manana .. ·. ma-
. .. ! Sin embargo, J)ül' disposición de] l\!tm tro ~e Gob1ern?
se me:iora ron Jas condiciones de m1 esta ncia en la pn.
y se 'promeÚó que sería traslada4o del !sl?te rocoso HEl Fron-
a donde pudiese recibir la aten c16n medtra que urgentemen-
ba.

-2J l -
En aqu~llos <!!as pasa~a. un eiJ!isario de .Moscú, quien l'e.
corría Aménca lattna, en VIaJe de Circunvalación, convocando a
los Partidos Comunistas y a sus altos dirigentes, a concurrir al
séptimo Congres~ de Ja ~~t~rnacional Comunista, que debía cele-
brarse en la capttal sov1ettca.
Y aquella vez, de nuevo, tenía una cita en Moscú.
A través de los barrotes me parecía ve1· t it ilar la estrella
roja de las agujas del Kremlin.
LA Fl"GA

A TORTURA física Y mental impuesta a los habitadores


del presidio, el vejámen \·illano y enc~ruelecido la pésima
calidad de la alimentación y el estado descompu~to en que
~·:,10'4,,.. suministrada p or lo menos un par de veces a la _emana al
~in'ODltO tiempo que la huelga de hambre ~.,. sus consecuencias. que-
rJ)IaDtal~on mi salud. Podia repetir entonce..., que el espíl'itu esta-
fuerte, pero que la carne es débil )li magrura era esquelética,
.. no,wlíA la piel a r etazos y los OJOS se agrandaban como si andu-
..........~..... febricitante. Una tarde fuí atacado de fieln e álgirla: tirita-
ba en el camastro que me servía de yacija y daba los dientes unos
con otros. Al anochecer Yino a verme el policía que había sido
en su mocedad estudiante de medicina. Mirando el termómetro
7 tomándome el pulso sentenció;
-¡Vaya ... ! Qué raro; aquí en la isla no hay mala1ia usted
debe J~aberse tra ído las tercianas del Callao ... ! Aquí no l ay
tet·cer día volvió la fiebre álgida, los sacudimientos y el
¡su~rlor frío. Ret ornó el policía, sonriente y sacando su labio in-
'l'el'lOr hacia afuera, como un befo; le traspasaba un<~. satísfac-
tan aguda como mi fiebre.
-¿Qué di je yo ... ? -preguntó al director del penal, que
acompañaba- ¿qué dije yo? Es paludismo. las tercianas clá-
'""""'" --
Dfas después fuí trasladado a la pnsión del Ho pi· al ·le Gua-
~'ll'"''F\6 en el Callao, donde recibí docenas de inyecciones de qui-
El anti guo estudiante de medicina tuYo acierto en el diag-
teeti.co. Unas semana~ más tarde desapareció la ftebre y me sen-
mejor.
La p1·isión tenía un techo muy alto. carecía de puertas de
~lera y la entrada estaba protegida llor una reja ~e gruesos
-......n1r.os. La habitación era grande. muy fría, con nso de ~a~-
amarillentas y muros sin enjalbegar nmr',os años El dtn-
apl·ista Al fr edo Elías me acompañaba en el e11clerro, en
~-w.wentario de las lecturas y en la chácharn frh ola sobre el día
estuviésemos en libertad. Durante horas enteras chacha-

-203-
aaba jurando que no comprendía la razón por la cuál se le man.
tema preso.
-Me explico que usted siga pre~o -~firmaba- porque le
consideran p~groso, ¡pero yo ... ! . ¿ ll!l~gma u~te~ ? Y lanzaba
un sonido Jabml con el que queria s1gn1ficar su InSignificancia.
-A usted le consideran mucho más peligroso que a ·mí __
replicaba- y ya lo verá usted. Saldré Y_O a pasear las calles, mien-
tras el gran aprista Ellas quedará sohtar10 tras esta misma do
ble reja.
-¿Sabe usted algo sobre mf? -pt·eguntaba alarmado-. Dí-
gamelo con franqueza y piense que soy hombre habituado a con-
frontar situaciones peores que esta. No crea que me voy a apla.
ur.
Debfa tranquilizarle poniendo mucho énfasis en hacerlo pa-
ra terminar proponiéndole un plan fantástico de fuga. '
La idea de la evasión se apoderó con toda fuerza de mi es-
pirito, cuando me convencí de que el Gobierno del General Be-
navides no me pondría en libertad. De las bromas y fantasías
~· mi CODlpañero de cerda pasé a la maduración de la idea de
f,og'at de allf. Leía, conversaba, hablaba en francés con So1· Mar-
~ respondía a las preguntas del médico, pero constante-
~te dentro del cráneo me chacoloteaba, como una herradura
flója. en el casco de la cabalgadura, la idea de la fuga.
No solo anhelaba..ballarme en libertad; no 'sólo deseaba aten-
Damada de Moscú y acudir al Séptimo Congt•eso de la In-
~~;~tijljiac:iQJW. Además, estaba harto de la repugnante comida de
-~~p:~ón~ En especial de los calduchos y sopas raspantes carga-
w:J;"~ aJ.c:m{or... Se les ponía más alcanfor que sal, según afir-
·DOileJ:a y los médicos legistas para apaciguar la salacidad
~W.NJó:s:. que ellos estimaban insaciable y mordente.
i~~~¡¡~: fQar, sin duda; era imperativo y era urgen-
~ J.tiDmO: bacer? Era indispensable la ayuda de afuera.
,~~~~:t hermana de la caridad de San Vicente de
~j dias; francesa parisién, no había li-
lil;~lo.!·:Jil·J-áj~¡ye:Di ; era delgada, clorótica, sensible,
mostrJ,ba siempre muy af ectuosa con
{~~J-~~~ ·.ha&ta la emoción que le hablase en
;i••$J."~d!• gauehe", del río Sena y sus ' péni-
4

irMI'.r~l~~¡lib¡rós.• viejos, de la Montaña de Santa

--~i.ón; ella replicaba prcgun~


~*- de tipo maternal :
,-¿Por q~é h~ cometid? usted el sn·ave error de meterse
eomumstas
· } de~w1ado
. Ha 1· - s us cam1' nos - sen t encia-
ust<>d ·
d u lzu1 a- se 1a a e)ado. , usteo d e las rutas del se-
• nor.
o reía d e ·S u _preocupacton y no respondía nada pa
,.,.....,....... sus creem·1as. ra no
s
Era ~edart~ babla1· con ·or Mar!<arita y mnarle los ojos
BllleB• so re o~ o cuan<1? 1os 11umedec1a la emoción. y se volvía
queJarse dohdamente ante ella, para ver !;U amable
pena.
-Debe? sentirse n_m y desdichados - conYel ~aha en fr an-
reductdos a esta siÜtación t an deplorable. 1\le dais lástima
hacerme sangrar el corazón ; es una pe> na que os encontrei~
tan doloro~o est ado; una g-ran nena
~ cerr~ba fuertem ent.e sus pá.1pad.os, arru9;ándose la cara.
1mped1r q'!-e sus .lágnmac; ~alt.asen a las mejilla~.
-¿Po1· que desdichados. Ilennana i.\iargarita '! -afi1maha
IAoTeJme:nte- ¡,cree usted que fueron desclicha(los los cri~-
I&IlOS que los emperador es hacían echar a las fieras en el Circo
lioD18lll0?
-Pero ¿cómo puede ust ed hacer tal comparación'! - excla-
D'JIIll& simulando enfadarse )' agitando las alas dt! su toca- no
lo mismo, no puede jamás ser lo mtsmo . . .
-Todos los que padecemos por la justicia r.os lJarec.emos -
y añadí- : ¡ BienaYenturados lm~ que tienen ~ ambre y sed
justicia!
La francesa volvía a agitar su toca blanca y aluda. como un
~4ft.a-n pájaro asustado, r me urgia a comerme el po::,tre qu-e nos
DJ&llllA traído.
-Yo mismo lo he hecho - charlaba- nues esto no es para
enfermos , ni menos para vosotros los presos
Saboreando el dulce añadía
-No ~abe cuánto se lo agradecemol' madrecita: este posh·e
"'~~uu por usted es solo para las Hermanas de Cm·ida l eorr o So1
ta o para los comunistas como ,-o. pues t'llas y otros
: .ltam<)S en olor de san tidad
Sor Ma r ga1·ita fingía enfadm·se Y amenazaba con n_? regre-
más si decíamos blasfemias P t?ro regresaba cnda dta anun-
iOiibi(los.e por el resonar de las telas á~pe!·as •1el hábito azul des-
Kmido y proyecta ndo las blancas alas rle su toca como una som-
fresca v t r anslúcida.
Le agTadaba escuchar nuestr~s c?~1fic~endas. pe~·o jamás
ninguna: cOlwer~aba sohr~ la ~·ammm. _trance. . a. ~ol)l·e la ca-
sobre las f lores. de Francul. 1 la nnl_let· ~e emouonaba has-
alegría cuanrlo le r ecita ha Yersos de Yerlaine. <. Q~é _recuer-
qué nost algias. qué drama .-pen~nha YO- dorm~ran o
bajo aquella toen blanca y satmuda. que paree_ta de por-
s;
? Y asi. poco a poco, nos luumos ex< elentes am1gos. Tan

-205-
to, que un día me atrev~ a pedirle que me llevase un~ carta afue-
ra. Enviarla con cualquiera ~e las persona~ que, los J uevcs venía
a visitamos era correr un r1esgo. N~ ~abm cuando, a la policía
se le ocurrirla hacet· registr ar a los v1s1tantes. Sor Marg-arita en
cambio, era un conducto absolutament e seguro.
_Yo estoy aquf -excla mó con energí~ rechazando mi insi-
nuació n- para servir al Señor y a sus criatur as en desgracia .
pero no para llevar papeles a los. comunistas. . '
-Aquí nada hay de comumsta, Hermana Marga nta -re.
pliqué con análoga energía a la que ella emplea ra.- es una cues-
tión de salud y un asunto s~ntim-:ntal. Mas, si s~ niega usied,
pues que sea como si no hubiese dtcho nada. i Olv1delo Sor Mar-
gan·tar.
Se ausentó dos dfas, pero volvió al tercero.
En visitas sucesivas volvimos a charla r sobre Notre Dame
y sobre las Tullerias, el Sacre Coeur y la pet·sonalidad de Luisa
de Marillac y de su fundación el ''Hotel Dieu" ... versos de Hu.
go . ..
Tres dfas después preguntó meneando la cuchar a dentro del
pocillo de loza en el que traía una agua aromát ica.
-¿Par a quién es la carta ... ?
-Para uno de los internos de este hospita l. ..
- ¡Si me lo hubiese explicado ... ! -murm uró con suavidad
aftadiendo con amable sonris a-: volveré en la tarde y llevaré
la carta.
Me dejó absorto y agradecido y la seguí dándole las gracias
hastá que recorrió todo el pasillo y traspuso la segunda reja.
Establecida la conexión con el estudiante del último año de
Kedicina, hombre de confianza del partido, comenzó a funcionar
-el plan de la fuga. Me respondió que debía consult ar con dos pri-
mos mfoa que anibab an recientemente de la casa.
CompreDdf aquel lenguaje figurad o: se t rataba de dos hom-
brés enviados por Moscú o por el Bureau Sud-americano del Ko-
p Dtem. En seguida recibf dos recetas de inyecciones, las que
cliebf8ll ser autorizadas por la policia; reclamé la autorización v
Ja::~tu1re 8ÍD inconveniente. Alguien debía ponerlas. Y no me sor-
·Pf'IIPdY V&r llegar con sus jeringu illas hipodérmicas a mi cama-
'*la eetu*aDte de Medicina, en sacerd otal actitud de curandero .

,í;:·••••ala
.ltOOJíi»Aj!lat.a un miembro de la policía secreta pero siempre
posibil idad de entreg ar un papel y recibir otro.
.;.'1!ul• ~»rJIJDW• eran efectiv amente hombres en,·iad
os por el
~~~~. lrll4•HJ~mo : habfan consul tado la idea de la eYastón
a al•ta afinnativa, bajo tres condiciones impres-
li'~b'.báéJs que la fuga 110 implicase para mí el ríe~ru
teJruJ!lda. que del»a ser realizada sin muer-
tercera , que nada debía dejar~e
r:rlll~• siendo ~'bligatorio r enunciar a ejecutarla si no .
con la. certlduml~re . plen~ del éxito, ya que el fraca se con:
;u,.JltTta senamente m 1 S1iuac1ón. so com
-Todo debe fun ci~:mar .-escribía Guralsky .....- con exactitud
íJ:)I)l.tOmla de rel?J ; nada puede ser abandonado al azar; ca-
_ _.,c..~... debe ser mechdo y contado. Hay (JUe actuar de principio
&.l :JD. con la cabeza fría Y el corazón ardiente. '
dificultad 'fundame~t~l consistia en trasponer las dos re-
de gruesos barro~es, v1glladas rlía y noche por guardianes
~~ turnaban cada se1s horas. La primera reja clausuraba la sa-
de la sala que nos servía de dormitorio al pasmo de altas
·;i.......... qu~ desembocaba. en uno de los patios del Hospital; la
r eJa estaba prec1s~mente en aquella desembocadura.
/H~:Om1o b·asponer es.3:s do~ reJas? Aquí residía la mitad de la po-
~dbiilídlad de la ~v~s~on; sm vencer este obstáculo, todos los pla-
,.~..,...IIIM"' resultaban ·1nuilles. Y tal obstáculo no podía ser vencido des- (
afuera: tenía que serlo pox mí mismo, desde dentro.
Y toda realización parecía imposible.
Una noche, por casualidad, apareció una luminosa esperan-
Mi compañero de presidio, el dirigente aprista, se sintió ata-
~o de una aguda inflamación a la garganta. Respiraba con di-
ficultad, no porlia tragar y estaba febril.
Al día siguiente se exigió la visita de un médico. Sor 1.\Iar-
. . .....,......A•ta se alarmó y or ganizó la gestión inmediatamente.
-1 Pobxes hijos míos! -se lamentaba- habéis tomado el
;1río de esta sala que yo llamo la sala del desamparo; solamente
1os desamparados pueden cae1· aquí. Hace tanto frío que llega
_.,,lL ta el alma. Estas baldosas que, sólo de mü·arlas, dan frío; y
techo tan alto y la puerta sin puertas. . . ¿dónde se ha Yisto
una puerta sin puertas ... ?
Cuando oscUl·ecía, llegó el médico ; le acompañaban dos ayu,
dantes : ~robos comunistas que habían arreglado los turnos a fin
de ingresar a la p1i.sión. El médico nos tomó a los dos por pacien-
tes del mismo mal y nos examinó colocándose un espejo circular
la frente, encendiendo una linterna dentro de nuestras bocas
haciéndonos decir una y otra vez: aaa. . . aaaaa. . . aaaaaa ...
Nos hizo cm·aciones con hisopos; yodo diluído y algo más.
caso de E lías e1·a más grave, pues tenía una jnfección; quizás
c,;...ucwJ:.léi que exth1Jarle las amígdalas. De toda~ m~neras .. e~ trat~­
no podía r ealizarse en aquel lugar. Fnmo la sohctiud Pl-
autorización para que diariamente se nos trasladase al
de oritor inolaringología.
-Además ..-aconsejó el doctor- deben pasar al consulto-
dental que está adyacente. para que les re' isen la dentadur~.
Se realizó la movilización inmediata paTa obtener la auton-
ileión. E l comisario de policía r el prefeclo del Callao se negaron
-207.....-
a otorgar Ja autorización, sin orden del .Mi!listro. Desde el Mi-
nisterio Jleg6 la orden y Sólo al día subsigUiente por la mañana
pudimos trasponer Jas dos rejas, lenta y pacíficamente, llegando
hasta Jos consultorios,_ubicados en el jardí~ ~xterior.
E:m imprescindible contar con la compb~tda~ rle J?li <:om1>a-
iero de prisión, para lo cual habfa que trabaJar mmechatameme
sobre él.
A las primeras sugerencias lanzadas con vaguedad, Elías
respondió con entusiasmo. Es claro que se fugaría si fuese fac-
tible; aun a riesgo de recibir un tiro; pero, lo peor ser ía no in-
tentarlo y precisamente en aquellos dfas, antes de que terminase
la curación de nuestras gargantas.
Desde este momento se trabajó con toda intensidad en Ja
preparación del plan de fuga: ya no como proyecto, como deseo
como probabilidad, sino como hecho inmediato y concreto. '
Los jueves y domingos, durante una h01·a, podía recibir Yi-
sitas; suprimf las de mi familia, prohibí que vinienm a verme a
mi madre y mis hermanas, para recibir las de la hija de un Ge-
neral del Ejército, bella muchacha miembro del partido cümunis-
ta, quien llevaba y traía las instrucciones. Yo reía pensan·lo en
Jo que- dirfa el viejo General, ex-Ministro de la Guerra, s1 ba-
rruntase el embrollo en el que andaba meticia ~u enrant.adora
uifta.
Se levantó cuidadosamente el plano de la prisión : se midie-
ron en pasos normales y ·en segundos las diversas ciü;taneias: la
del púillo de la prisión, la del segundo patio del JIo¡;pi tal. la de
la galeria que comunicaba con el segundo patio, la rlel pasillo que
llevaba al jardfn y al amplio vestíbulo de los consultorios. Y des-
de allf por el corredor del jardín hasta la calle, hasta la libertad.
Se 10nt6 cada paso y se midió cada segundo; de esta manera se
evitarfan los tiros.
Fué necesario conseguir un cambio de hm·a; pensé que a las
diez de la mafiana los policfas están demasiado ágiles ~· con un
estaclo de ánimo de tropas de refresco; a esa hora reaccionarían
COD rapidez y diestramente. En cambio, si el médico nos diese
UD& hora de la tarde, cuando la segunda guarciia del ciín llegaba
eon el eat6mago lleno, IJOl' lo general no sólo de alimento sino de
bebida alooh6lica pues podrfamos contar con la pec:adez v ha~ta
eon la modorra. En la primera tarde, la antevíspera del día sc-
ftaledo pera la evasión, miré con embotellado júbilo, cómo uno
ele DDeStroe pardianes se adonnecla sobre el sofá, suaYe, quie
famerte•
.acPMtDa •SDIIA tarde me visitaron los "primos". Auda7.n ~n-
......:. _. con salvoconductos otorgados a otras per so-
86Jo para que les viera la cara y les conocí ma
11*• tamaftamente: Miguel era alto y fornido, cojeaba
-.au"nte; Camilo_ e1:a más jove~~ parecía mucho más ágil y
...,.a•."'.MA er~ mas mofem:1va. :::\1 el lmo se llamaba efectiva-
Migue), m el otro Camilo.
Muchos disparos si es necesario. pero ni un solo tiro fué Ja
tDsigJlla central. Y entre una treintena de comunistas s¿ distri-
m~s de seisc~cn las balas rle fogueo: fulminante y pól-
...........n sm proyectil. Solamente los ·eis hombres que debían
ma,t"P.IIlaJ delante.. a los costados r dell·ás de mí, estaban annados
pistolas efectlvamente cargadas. i\o debían emplear el arr..a
en caso extremo.
Minutos a ntes de que se presentase la guardia para sacarnos
consult01·i~s. en el día señ.alado para la evasión, pensaba,
[.;amaJao sobre rm camastro, que 1ba a trasponer aquella reja por
~Wlrna vez; quizás para siempre. !\o voh·et·ía a entrar por ella
~lid14!Se vivo o muerto de aquella aYentura. Quise pensar en algu~
detalles menudos que habían sido olvidados. pero me perdía
una vagueación desconcer tante, oscilaba, sin poder controlar
mente, entre la realidad y la ficción; m·a como si me hub..esen
~)tolos frenos de la imaginación: pasaba de una e cena a o' ra.
lJin poder detener me en ninguna. Xo sé cómo fuí a parar en la
~eenta de la decapitación de J ulián Sorel, el voluntarioso perso-
e de Stendhal, en la novela "El RoJo y el ~egro''.
Alfredo E lías me dijo algo, y lo mandé a l rliablo, en momen-
en que ingresaba Sor l\Ia1·garita.
Sonó la una de la tarde. ¡ La hora había llegado .. . !
Sentí que todos mis ner Yios estaban templados ) que mis
!i.•lW!icuJLu::s se moYían por su cuenta.
La Hermana de la Ca1·idad avanzó ilacia n!i camastro mi-
~an.aoJme como si preguntase algo. Estaba más pálida que siem-
Y bajo sus ojos le ensombrecían el 1·ostro dos medias lunas
k-·~--·· Se a cercó y con el rosario enh·e los dedos, comenzó a
rezar. Rezaba en laÜ~ v las palabras penetraban en mí como el
8g'Ua de una regadera en .la tierra _blandá del jardín.
-¡Exaudi nos Donune . .. miserere nob1s . repetla con 1
,
.JDarcada unisonancia. con voz débil. sin inflexiones.
-¿Se habrá enterado de algo esta monJa . . ? -pensé asus-
¡;·- " - L v - . ¿Por qué se le ha ocunido hoy precisamente )- en este

momento, Yen ir a rezar?


-"Agnus Dei qui tollis 11ecatta mun~i'' -Co_rdero de Dios
tVDlle redimes los pecados del mundo- \·olv1a a dec1r.
- ¿Qué le pasa Sor l\Iargarita? - pregunté ~on YOZ cas1 ai-
~,aa, en aquel instante de ultimación; _que lancmaba el pensa-
~temm y el organismo hasta el dolor f1s1co.
No respondió nada y prosiguió su rezo; con igual unisonan-

-¡ Santa Dei Geni tr h ... ora pro nobis. . !

-209-
Sonaron los cerrojos, las llaves, los candados. Se presentó
el sargento, arrastrando. su enorme chafarot~ en~ainado, que le
pendía del cinto y que, sm duda, era el corazon mismo del org-u~
llo de aquel hombre.
-Los dos, al consultorio -ordenó cuad1·ándose miliial'rnen~
te y haciendo sonar los tacones de sus zapatos. Dió mecHa vuel-
ta y salió.
Alfredo Elías, mi compañero, se levantó sin sospechar na-
da. Yo lo hice con suma lentitud; necesitaba quitar vehemencia
a mis movimientos y dejar que pasasen los cinco minutos acor~
dados en el plan, a fin de que el sargento estuviese lejos; en la
calle. Durante vat·ios días se le había seguido contándole los pa.
sos y tomándole el tiempo. Fingí que buscaba algo; deshice la
cama; hablé de una receta sobre la cual quería consultar al mé~
dico. Elfas me ayudó a busca1·Ia mientras Sor Margarita rezaba
y los policías esperaban.
Salimos dejando atrás la primera reja; dí aquel paso pen~
sando que era uno de esos pasos de ultimidad. Detrás de nosotros
marchaba rezando Sor Margarita, con su toca atona y alba, co-
mo si estuviese ayudándonos a bien morir o a bien huir.
Esta mujer sabe algo, volví a pensar. Tiene miedo y su rezo
es engendro de su miedo.
Nos acercamos a la segunda reja y Sor Margarita musitó:
-"Pulsate et aperiefur vobis". -Llamad y se os abrirá.
Se acercó más hacia nosotros y dij o distintamente en fran-
cés como invitándome a repetir lo mismo :
-"Seigneur, écoute ma priére" Señor, escucha mi plegaria.
- "Seigneur écoute ma priére", repetí maquinalmente, con
el pensamiento clavado en la idea de los condenados a muerte que
marchaban con un sacerdote al lado, entre muros muy altos, es~
cuchando frases mascuUadas en latín.
Habíamos traspuesto la segunda 1·eja y doblarnos hacia el
segundo patio. Sor Margarita se detuvo y repitió en francés:
-Señor mfo Jesucristo ampáraJos; Señor mío Jesucristo
perdónalos; Señor mío Jesucristo, sáJvalos.
Volvi eJ rostro sonriendo alegremente, 1a saludé con la ma.
no y le dije en francés:
-Au revoír ma Soeur. Hasta la vista He1·mana.
Los labios blancos y secos de la monja temblaban recitando
su plegaria o dejando escapar su temor.
-Está monja está loca -dijo Elías bromeando.
-Hoy le di6 por rezar -dije con una tranquilidad que me
sorptendi6.
En ese momento, el vigía apostado en el segundo patio hizo
uaa aefial abriendo y cerrando sus dos brazos, como si se despc-

-210-
ian; la se~al era. trapsmitida_ al prime1· patio, al vestíbulo de
consultorios, al Jardn~ del m~1me1· patio y a la calle
En el banco del pasillo un policía seereta que m~ era conO-
est aba sentado, co~ la cabeza de cabello setáreo renegrido
echada _hac1a adelante. como si dormitara, 0 como
ese que dor~11~a. A unos cuantos metros, dos homh 1·es re~
k.IOS1taCliOS al mu ro ''l~plaban el sueño J'~al o fingido dPl policía.
Los dos caminaron una mirada ele inteligencia conmigo
onentras pensa ba :
:_;_ ¿Sab1·á a lgo Sor Margarita. o la francesa zal:orí sospecha
~o?
Me fij_é que, hal:ían ca~biad? .a uno ~e los policías: el que
marchaba JUn to.cl. nu era mas atletiCo. terua escamas en el dorso
de sus m a nos. \'ISJhle:;;. hasta donde el unif01me le cubría el ante-
brazo;, er a. e~ m o ~i estuYiese a tacado de ic tios1 1~1 otro policía
era mas Vle] O, mas cargado de g1·a a; Seguramente era menos
ágil que el que caminaba a mi derecha.
Al entrar en la g-aleria que conducía al primer patio nos
encontramos con un homb1·ón de melena alborotada, con can.ise-
ta de lana y una gon·a de salutista · era :\fi~uel. el que eme;; a
ligeramente. ¿, De dónde habría obtenido aquella p1 enda del EJér-
cito de Salvación ... ? t:n poco detrás de 31iguel marchaba rles-
pacio, con un gr an delantal blanco, un mozo que 1leYaba un cabe-
cil y sobre él una enorme bandeja llena de platos: el cabecil le
permitía ten er las manos libres y la derecha la lleYaba hundirla
con algo zam bucado en uno de los bolsillos del delantaL Al acer-
carme a él, reconocí a uno de los miembros del pa1 ·ido.
Avanzamos hacia el Yestíbulo de los consultotios; las pier-
bas me tem blaban ~·me clí cuenLa ele que estaba caminando como
tardígrado, Elías estaba dos pasos delante de mi; aceleré el paso
y pensé en que debía srobernar mis moYimientos. pues de otro
modo corría el peligro de tartalear. de turbarme yendo de un
lado a ot r o y de malograrlo todo.
En el instante mismo en que apm·ecíamos en el ,·estíbulo de
los cons ultorios, al fondo, un par de indh·iduos se injuriaban
groseramente a gritos. Con violencia b1·ural se fueron a las ma-
nos y el más pequeño. pero mucho más grueso. derribó al otro
de un reson ante puñe1 azo ~· se abalanzó sobre él para estrangu-
larlo. El policía atlético que nos acompañaba se lanzó sobre los
pendencieros con la cachiporra en alto
El que golpeaba era Machuca, miembro del partido comu-
f':.>:Dis,t.a. a quien llamábamos el Toro; el golpeado era ~m mozalbete
....,....v. delgad ucho, miembro de la JuYe11t11d Comumstn. .
este mismo instante salió ele uno de los cm1snltonos la
un muchacho alto que lanzó un puñado de, lunin~\ a los
del policía gordo, que ma1·chaba al Indo de Eh~s. M1ent~·ns
los hombres que peleaban al fondo del ,·estlbttlo habtan
-2 11 -
sujetado fuertemente al segl!nd~ policía, desa rmándolo y empu-
jándolo hacia una de las habttac10nes que cc1:rarot.1 ~·o~ 1 11:\\ e. g¡
policfa gordo que se llevó las ma nos a los oJ ~)s, _1 u e tn mediata.
mente desarmado, de modo que Cl;lando rea<.·c1ono .\' <!chó mano
a su pistola, esta habfa desaparecido de la fun da . T r:1 ló de to-
car un pito, pero le fué arrebatado.
En breves segundos, los dos presos avanzamos hacia la calle
custodiados por media docena de ~ombres n~·mé;clos. que blan-
dían las pistolas diciendo en voz baJa pero energ1ca ;
-1 No se mueva ... manos arriba ... ! ¡No g rite ... no lla-
me o es hombre muerto . .. 1
Una enfermera dió un paso Y sonó una descarga ; la mujer
se arrodilló y levantó sus dos brazos. Dos homb1·es <le la nolicia
secreta fueron colocados de narices hacia el muro :r con los bra-
zos pegados a la pared, como si sujetasen un cuadr o. Se les qui-
taron las pistolas y las placas.
La calle de la izquierda había sido encomendada al grupo
que dirigfa el comunista Juan Barrio ; al salir, no encontramos
vigilancia alguna y vimos que por ese lado aYanzaban a paso
lento un oficial de policía acompañado de un guardia. Dos nn~
nutos más y aquellos dos hombres estarían frente a nosot ros· los
dos estaban armados.
El automóvil tenfa la portezuela abierta y el motor en mar-
cha. Al subir, me df cuenta de que a unos diez n1etr os de distan-
cia se hallaba estacionado un automóvil muy grande, cuyo mo-
tor debfa ser mucho más poderoso que el nuestro: an aquel co-
che nos atraparfan antes de tres minutos.
-No podemos ir sin pincharle las llantas, gr ité.
Como los que se hallaban en la acera no comprendían, ~Ii­
guel se lanzó con su gorra de salutista, desfundando un puñal con
el que inutiliZ6 el automóvil estacionado. Como el oficial y el po-
licla se acercaban, tuvimos que dejar a 1\Iiguel y partir a toda
velocidad.
en la casa don de se nos hab ia p1·eparado aloj a-

No huh o un ~o lo lwri do; sola men te un policía 1 e ·ibtó


de gan"'te en la cabe za que Jo deJó i1 mo\ hzad o un un gol-
~IIJOIJlClB no pre ndió a uno solo de los atac ante ~.1to. La
s: p1 endi ó num e-
4
IOS&S pers ona s que prob aron luego, por el te
dicos, que eran pa<.hmtes que 'ení an aten diéntimo dose
nio de Jos mé-
desd e \al· os
,~..,.,.a atrá s en los dh er os con ultor10
. Ent r esto . 1 a ía una
de com unis ta . . , que efec ti\'a rnen te 1 abia pat ticip ado
el asal to, pero c¡ue pre\ iamente. con muc ha • ntic ipac ión. a en
fabricado la co1re pondient e coa1·tada . ian
-¡N i sang r e. ni pres os . . . ! -ex clam ó nfan te . H~uel,
tuie n lleg ó al ano chec er. sin cami cta de lan.1triu ,. sin la gon a de
aalu tista . Cua ndo le preg unté por aqu ella pren da
me dijo :
-1 Tarl<l hom bre ... aho ra .:oY un corr ecto tuli ·ta
como un au tént ico com parl l'ito bon aren e ... ¿qu é que que \Í te
elegancia? ré. con tu
Los diar ios de la tard e r1mn mTe bata dos por el
Tra fan una info r mac ión amp lia. enri que cida por público.
los cron ista s. soh re la e\'a~ióu del med iodí a. Era una la ían t ,¡a de
los mis mos rlinr ios se ' ni :\l'j!aban ce '·mp at·a r con hi las
oria que
haz aña s de los p i~1 olc1 ·os O•" Chic ag1 S6'1) que esta era gran des
la con pist ole ros rle eme . Esp ecta ct,\u ruid o. a y truc ulen una haz a-
ro tota lme nte \ cgc aria na e jncr ueu ta. ta pe-
-¡H a sido un form idab le golpe, con agu a de ro~a
decfa Cam ilo- t:n golpe que vale 1· 1 .rt 1 mil curs os de ... ! -
taci ón y por un mill ar de man ifies ' os E te hech capa ci-
o
la cabeza de mile. y mile s de tt·abaJ<t· ·o··t como un barrLno pen etra rá en
liente. A e~ta hora s la mita d de la pob lació n de tu ca-
pa s\.' ríe
goza com o en día de fiesta.
Bie n pro nto entr aba a Lima. en COID 'lañ'. t rle la hija del
ller al y ex-M ini ~ tro de Gue rra y de :ma de ~,,~ enca G~­
Dit as. que hab ía pres tado serv icio s \'ali osos \:n el 1 :1<1onls anu-
n
< t' (l~Tnlln del
.~m de fug a.
Los dos hom bre enn ado s por el Burt-au Su 1-amerir
~~Internacional e dechc:aron a pn:: p,.ra an~ de
r inn. edl'. ·.amente m1 ~a­
del país , com o se llls hab ía orde nad o
En la per~ pec t ha de :ni vida se pr'-•... eJ1taba cte mte
,o. por
!lelrW!lda vez. Mos cú.

-2 13-
DE NUEVO, MOSCU

~.a' I FUGA DE la prisión fué saludada por los soviéticos del


~- Bureau Sud-americano -como lo fuera más tarde por
la alta dirección del Komintern- como una hazaña au~
daz, inteligente y ejecutada con valerosidad. Se sul)l·ayaba la
limpieza de la concepción unida a la frialdad rle la ej ccución v
el hecho de que, en ningún instante se perdió la cabeza. ~Iientr;·s
me comunicaba esto uno de los dos emisarios del Burcau Sud-
americano, enviados especialmente para arreglar y realizar mi
salida clandestina del país, .-puesto que la obtención de un pa.
sap'lrf"..e legal era imposible- yo pensaba en aquel rostl;o y en
aquella voz, que babia visto y escuchado en alg una otra p~n'te.
No me fué posible precisar dónde. Su acento me parecía el de
un letón, pues pronunciaba el español como Guralsky, pero ha·
blándolo con marcado acento del Caribe. gra asombroso su co-
nocimiento de la costa del Pacífico americano. Conocía por sus
nombres a todos los militantes comunistas de los barcoc; que ha-
cian la travesia entre Valparaíso y Nueva York: y, sobre todo,
valoraba concienzudamente la confianza que podía tenerse en
cada uno de los comunistas que oficiaban de agentes de enlace
en los diversos puertos, desde Panamá hast a Punta Arenas.
Este hombre y su compañero de mi~ión - a este último no
le babia visto jamás y no le volví a ver nunca- me condujeron
una tarde a bordo del vapor "'Santa Bárbara" de la "Grace Line".
En uno de los salones me recibió un hombrecillo moreno. en ca-
misa y con gorra del buque, sonriente aunque un poco nen·ioso.
-Yo hubiera preferido que nunca me dieran una tarea de
tanta responsabilidad, -arguyó en castellano criollo- franca-
mente ...
-."o pierda el tiempo, cama1·ada - (lij o el Jetó1 o el que
hablaba como tal- haga como ha s ido acordado. Y luego, como
una suave amenaza profirió: ¡Ya sabe . . . !
Atravesé el sa16n, pasillos, escaleras y fui a dar en un lugar
extrafto, incómodo, en el que era difícil mantenerse a cau. a de
la estrechez. El tripulante que me ocultaba en aquel lugar es a~
ba temblando y parecia ejecutar la tarea muy a disgusto.

-214-
Le sonreí con de~eo de h~eerle sentir, más que camaradería,
n1~l'lt11Cl:a<1. El tamb1én sonnó y dijo: ,
-~o toser, por nada del mundo, camarada. No harás el me-
aor ru1do, por favor, porque registrarán el barco antes de par-
tir. ¡Qué lio en el que me han metido ... !
-¿Por qu~? -interrogué mientras el tripulante me aco-
Jilodaba corno s1 fuese una momia y me oprimía en la caja que
era aquel escondrijo.
-¿Cómo por qué? -replicó silbando casi- ¿Qué cuenta voy
a dar al Partido si la policía. . . si le atrapan . .. ? ¡ Qué horror .. . !
y lile encerró casi herméticamente, marchándose.
Pasaron los minutos y las horas; me dolían los huesos y te..
nía los músculos tensos como consecuencia de la posición en que
me hallaba tan largo tiempo. Pero más tensos aun tenía los ner-
vios. Soportaba inmóvil el malestar, el dolor, la angustia, pen-
sando que, en aquellos momentos podrían estar regist1·ando el
barco. ¿Me estaría buscando la policía ... ? ¡,Y si me buscaba. en
efecto, me encontraría . .. ? ¿Y, aún sin buscarme a mí precisa-
mente, me encontrarían en aquel escondrijo .. . ? Y el tiempo caía
sobre mi zozobra con una pesadumbre que se hacía insoportable.
Los instantes caían con pesadez, como si el tiempo hubiese ad..
quirido masa y pesara . ..
Se movió el barco ; la sirena aullaba reiteradamente, gemían
las maderas y 1·oncaba abajo la maquinaria iniciando su funcio-
namiento. Sentía en mi cue11J0 los émbolos que subían y baja-
ban ... yo estaba desejado.
usí, sí, estamos saliendo; ya no hay policía, estoy nave-
gando".
Y me repetía lo mismo, insist entemente, hasta que sentí
desvanecerme.
Desper té con el rostro empapado en agua helada; me sos ..
tenían el tripulante y un hombre blanco, de enorme estatura, de
grandes ojos azules ; me frotaba las manos con fuerza y me .sa-
cudía para hacerme entrar en calor :\le condujeron a una habita-
ción que. por la olfacción, rlebía es• ar a inmediacione~ de la coci-
na. Me dieron leche fr ía, jamón, pan, manzanas r ciruelas.
- No podremos darte otra clase de comida hast~ llegar a
Chile .-dijo el hombre alto sirYiéndome la leche, m1entras el
tripulante atisbaba a derecha e tzqnierd~. ¿comprendes? - pre.-
guntó, hablando siempre en Yoz muy baJa. .
-¡Todo está muy bien . .. -dije con YOZ apenas audible-
muchas gracias . . . !
El hombre alto, de los ojos ~zules,. me tomó el~ un brazo Y
me hizo atravesar a gatas un pas1llo. m1en tr as el tr~pu~a~te des-
cendía las escale1·as y hacía sefiales con la . mano.. mvltando~os
a avanza r . Desccndunos y caminamos obedeciendo siempre las m-
..-21 5-
dicaciones del que mar cha ba dela nte aguai~ando com
con todos los sentidos transfot·mados en abs bad ero o un felino,
mos en uno de los recodos del pasillo; el hombre . Nos detuvi-
pue rtas de una anc ha alacena, que lanzaba un fue alto abr ió las
lavada. Me alzó en vilo y me ubicó en la par te s_uprte olor a ropa
arm ario repleto de sáb ana s, manteles, tollas, qu~ ~rior de aquel
-Si len cio absoluto -re com end ó- sólo man ana se yo.
pod rás sali r; tien es que comprendet· mu y bien tu a esta hora
No alcancé a responderle. Cert·ó las puet·tas Y lasitu ació n.
peó den tro de la cerr adu ra. Inicié de inm edia to, jun llave carras-
tacto, la adaptación, el acuerdo ent re mi cuerpo y eltorece con el con-
pen sé en los ente rrad os vivos, en el tam año de mis ptáculo:
la desconsideración con que los huesos de mis rodillas, en
vér tebr
ban mi piel; en lo que sucedería si el barco se hun as estira-
en mis cam arad as, en la policía, en Moscú .. . diese; luego,
Me hab ía dormido y des per té hundido en un bañ o
La tran spir ació n me cor ría por la columna de sudor.
hombros, por los dedos. Las sienes me latían com ver teb ral, por los
rlo: hacía un calor aguanoso, que olía al des infe ctan o un segunda-
en las lava nde rías ; llegaba a falt ar el aire . El que te que usan
era espeso, has ta ser grueso, has ta ago llet ar la quedaba allí
una pas ta. gar gan ta como
Hice un esfuerzo par a pen sar en los más
samientos, a fin de dormirme. Cuando des per té estr ot
afalarios pen-
ra
saba una sed ard ient e. Era como si todo el tra yec vez. me aco-
bios y el estómago se me hubiese con ver tido en t o ent re los la-
ton ada agr ia y caliente. Me dominaba más y másuna mas a acar-
llam ar, de ped ir que me abr iera n la pue rta. la obsesión de
¿Qu é hor as será n ... ?
¿Po r qué en casos como este , se torn a obs esiv a
bro la idea de ia men sur a del tiempo, de la ho1·a ... en el cere-
sucede lo mismo. Est éril y embobecido, el pensam? En la pltSlon
noción de la mes ura del tiempo. Y no una noc ient o a'Xtge la
aquella de que es de noche o de mad rug ada , de mañ ión vaga, como
de, sino una noción exa cta. Pen sé en la inu tilidad de ana o de tar,
miento, en lo abs urd o de pen sar en llam ar, en tal pensa-
humedecerme la boca ni la gar gan ta. Y me pareció lo imp osible de
cab a mi sed , no obs tan te de que ten ía la boca h acia que se apla-
mo si fue se de mad era y de una mad era de t otal ade nh o co-
pro vist a del todo de tod a humedad. enj utez, des-
Un rato má s tard e, la Jlave hur gó como un rató
rrad ura y se abr iero n las pue rtas del gra n arm ario n en In ce-
a torr ent es; era aire fresco de mad rug ada ma rina : el aire entró
cando algo . . . con tuv e la resp irac ión y sen tí un. g stnban bus-
miedo. Sólo me alen taba n el silencio y la calma conescalof1·ío de
ban en el arm ario . que busca-

-21 6-
Sacaron ropa de la parte inferior¡ cerraron las puertas con
HA.,,e de _nuevo Y tuve la sensación física del alivio que descendia
sobre m1.
A la m.~drugada, el mismo hombrón de ojos azules, me sacó
del escondriJO, Y n~e condujo al mismo Jugar de la ''Íspera. Mien--
tras, por ,su 701~~e)o, hacía flexiones gimnásticas, de bruces y de
espalda, el su-v1o naranJas desolladas, pollo frio, pan, manzanas
y dos jarros de cerveza helada.
-La cerveza tiene sabo1· a once mil vírgenes musitó be-
biendo. '
Conú y regresé al armario, pero esta ,·ez, provisto de una
botella de agua helada.
-Pronto vá a hervir allí dentro - bromeó, al mismo tiem-
po que me suspendía dentro de la alacena.
Durante cinco días, el procedimiento se repitió, cada \'ez con
más pericia y mayor confianza. Aquel hombre grandote ejercía
autoridad y gran influencia entre los miembros de la dotación
del buque.
Al quinto día, las máquinas del barco quedaron silenciosas;
chirriaron las cadenas del ancla y gunieron los ejes de las grúas.
Se abrió la alacena y alguien habló en \'OZ alta desde abajo.
- ¡Vamos ... ha sonado la 1 ora de comer comida de olla y
de ventilarse ... Yísteie que ya vuelvo. . ' ¡A tomar viento ... !
No encontraba las piezas de la ropa que correspondían a las
diversas partes de mi cuerpo; me golpeaba la cabeza, las rodillas,
las narices; transpiraba esperando, en una espera que estaba
transida de rabia infantil
Lat·go rato después, se abrió el armario y la misma Yoz me
dijo: . .
-¡Abajo ... abajo. . ! ¿o es que el IDledo no te deJa sacar
.
las p1ernas. . . ?. . ,
El tripulante estaba contento: su nsa derramaba alegria Y
su rosh'o e1·a completamente distinto del que viem en el Callao.
-Aquí eslamos en Chile -dijo sin dejar de reír- aho1·a
bajamos a tierra. ¡Se acaba por fin esta ... !
-¿Ya no tendré que vo~' er a es~e hor~o ... ? -preg.unté.
- El ho1·no se acabó -diJO- aqm eres 1gual a cualqmer pa-
saj ero. Vamos. . .
Saltamos a tierra en Antofagasta; comunos, bebimos Y aq~e~
lla misn1a noche seguía v1aje a Valparaíso acostado en una hte-
ra de ie1·cera clase.
Ya sin dificultad alguna arribamos a Yalpa1·a~o Y luego a
Santiago, el tripulante y yo. El. hombre. alto, ?e OJOS azul:s Y
recios b1·azos desapareció como s1 se hub1ese ca1do e~ el. mar.
En el hotel que se me había señalado como alo) am1ento ~·e­
cibf la visita de un hombre gordo, vestido de pardo oscuro, qmen

-217-
.

me condujo en el automóvil particular que él mismo manejaba


al barrio de "Los Leones" el sector residencial de Santiago d~
Chile. Detuvo el automóvil ante un chalet con vasto jardín y
prontamente las puertas de la masión se abrieron sin que sonase
1
timbre alguno: ingresamos y, en el amplio 'living", con el ci-
garrillo en la mano Gura.lsky estaba sonriente.
-Me has engañado -dijo abrazándome ruidosamente-
nunca me dijiste que eras capaz de todo eso.
Inés apareció en el salón y me abrazó con cariño:
-;Pero qué esquelético estás muchacho; te han dejado en
los huesos! ¿estás malo? -preguntó- ¿ ie duele algo?
-Estoy bien, muchas gracias; es cierto que he enflaqueci-
do, pero no me duele nada.
Se alargó la conversación sobre el trabajo en el Perú, sobre
la situación que habían encontrado en Chile, sob1·e los irabaj os
del Bureau Sud-amerkano. Más tarde, hablamos de Rusia, del
Komintern, de la baja de los bonos de Grigory Zinoviev y de la
seguridad de que el inminente Congreso de la Internacional ele-
giría un presidente no ruso.
-Esto es algo parecido a la elección de un Papa no italiano,
insinué bromeando.
-La Internacional Comunista se occidentaliza -sentenció
Guralsky.- se dá como seguro que se elegirá a Jorge Dimitrov,
el camarada búlgaro que se enfrentó a los nazis. ¿Qué te parece?
Guralsky nos ofr eció los vasos de whisky que acababan de
traerle y la conversación prosiguió hasta muy avanzada la noche.
En Santiago celebramos sesiones, conferencias, reuniones
clandestinas. En todas ellas, Juan de Dios -como se hizo llamar
Guralsky- desempeñaba un papel director y enérgicamente di-
námico.
Un día se despidió.
-Nos veremos en Moscú ..-dijo- te alojarás en nuestra
casa, en Ojod Niriat.
Partieron y yo quedé en manos del camarada abogado y del
antiguo miembro de la policía secreta de Chile, quienes debían
fab1·icarme un pasaporte falso. Mi fotografía, convertida en del-
gada películat fué adhe1·ida sobre la del auténtico dueño del pa-
saporte; no oostante que se buscó un hombr e parecido, había di-
ferencia de edad y de estatura. La huella digital también era
distinta; los otros datos estaban idénticos o muy aproximados.
-Es un pasaporte legítimo y hasta impecable - comenta-
ba el gordo ex-policía, limpiándose el copioso sudor en un gran
pañuelo de colores-. Sólo falta en él la auto1·ización de la policía
pa1·a abandonar el país, pero eso lo solucionaremos en el mismo
aeródromo.

-218-
vis aci ón arg en tin a fué log rad a sin dificultad y un a ma-
La dujo al campo de aviación. El-
dru ga da el hombre gordo me con aña ba hacía esfuer;.os po r d{l)
ca_ma rad a abo ~ad _o qu e nos aco mp
mm ar .su nerv~o s1dad ; Y~ est ab aaqu pálido y friolento; no ob sta nte-
el aeródromo pues me en tre
iraJ_ISPlraba. St.f!le dete~1an en Es tab a padeciend1o el clásico •'nu-
ga na n a la pohcta de m1 pais.uda tensión dia fra gm áti ca y de to~
do en la ga rga nta " de una ag a sobre-aguda. Cuando me tocó el
dos los sín tom as de una an gu sti nmigo ha sta la mesa y saludó
turn_o1 el ho mb re gordo ayanzó 1s _co
1h arm en te al qu e deb 1a rev ar el pasaporte. Mi documento
fam icfa dels;,rado mi ló la fot og raf ía y
pasó ~e ,un a mano a otr a; un pol par and o; Juego dió vu elt a a las ho-
me m1 ro de fre nte , com o com
Yo sen tía un a creciente sen-
jas, echó un a oje ad a a las Y:isaciones.
sación de ná use a .
¡Pa se - ex cla mó - est á en ord en ... ! y descargó ruidosa-
....-
hojas del pa sap ort e falso.

me nte un sello sob re una de las plá cirlo del gordo y la. an ch a ris a
Vo lvi a a mi rar el ros :ro s-
del ca ma rad a abogado. Tr ep é la ··scalera del avión y aquella min-
de Buenos Ah·es. Bien pro
ma ta1·de cam ina ba por las aYemdas
to fué Montevideo, Sa rto s, bo Río de .Janeiro, Barcelona.
Y luego, Pa rís . rum a Moscú.
undo arr ibo , se me dis~
En la cap ita l soY.iética, en e~te ~eg
pensó un a acogida excepcionalmnu ente cordial; la misma noche de.
mi llegacla fui recibido por Ma gu ilsky. Con el ros tro sonrosadoó
ed eja s gri -es . el viejo a\•anz
los ojo s pe qu eñ os y vivaces, las , diciendo:
hacia mí con los brazos abiertos hay qu e red bi r cou un abrazo.
-E 1·es de aquellos a quienes ias de áu rea campana en los
Y aq uel abrazo tuYo resonanc
pasillos y oficinas del Komintern. ente. Comprobé que el -twre-
Ha bla mos lar ga y ami tosam neralizaba demac;iad•l !' ,lJre
mo dir igente de la Internacion al ge
}W obl cm as de Am éri ca La tin a. Eclipsaba las particularidades
los s diferenci:.c; tle matices en tre
nacionales, ign ora ba las pro fun daría ~ exclusiq¡,~ ~- ex clu ye nte
s:
pa ís y col oca ba dos cat ego
pa ís y oloniales. An1énca La tin a. pa -
el im pe ria lismo y Jos países semi-c spicuos dir ige nte s del Komin-
ra él, como pa ra todos los má!-\ídacon po r ter rit ori o habita( o po r mi·
1
ter n era un a en tid ad co nst itu -
llones de ge nte s tot alm en te som etidas a los banqueros de los Es es.
y . im])lista, su s co nd usi on
tad os Un idos. Su Yisión era Yaga
demasiado su ma ria s. en te Popular. enunciada po r
Tocó el asu nto de la idea del Fr no mbre de "l\loYimiento Ams-
Ba rbu sse ,. Ro ma in Ro 11a nd con el
ter da m- Ple ye l". Me pid ió mi opi nión y se la d~ con franqueza.y
ndí que ~lamnlsky no era mu
A tra vé s de la conYersación compre
adict o a la nu ev a tendencqu ia.
los fra nc ese s ien es def ien den con má s calor la tác-
-S on pero ha y que pe nsa r que
del F r en te Po pu lar -a ce nt uó -
tica
-2 19 -
nuestros c·umaradns el<' F'rnrH'ia nn S<' han di~tinguido JamáR por
s u observancia <Jt todrt'.él. Pc•rn, lt;1hrá t¡tl<' e~tucliar todos los aR-
pcctos de la proposjc 0n. Sin eluda que> m<•n'<-C' la pc•na.
No~ sirvieron té, Manuilsky SCI 1·ef'irió a mi salucl eon ama-
hlc preocupación y ordenó que se- w·nparall ele llevarme al Tlos-
J>ital del Kl'cmlin para que me examinasen los méd i<'os.
-Vendrás mañana --elijo- para presentarte' al enmarada
l.Jí mi trov.
A 1 día siguiente, en efecto, conocí al dil'igcnte bú lgaro y fu -
turo Prcsiclcntc de la InlcrnacJOnal Comunista.
Alío, fornido, de ancho rosiJ·o, set•eno y grave, ele h onda mi-
rada y d(~ gran calma en toda su apari<'ncia. JJaha la imJH'esíón
inmediala ele hombre seguro de si mismo, de gran volu n tad y de
n~rta franq\leza. Rc.sponclía a las preguntas en fm·ma dit·octa,
con C'lal'iclad v !-.lll <'\ a sioncs.
_gs de 'gran importanda ~sta 1·euni6n latino-amer icana -
sulwayó <lil·igiéuclose a Gut•alsky, que hacía ele t¡·aclucior - por,
que la~ resoluciones que adr>piemos v la aclividad que allá se
desarl'ollc, tendrán caractcr clcc·isivo par a otros sectores del mun -
do. EstrJ año no habrá Congn·~o Mnnclial, quizás Lampoeo eJ que
viene: pero, como casi todos los ctel<?ga<los de América Lati na
<-'.S1án ya en camino, pu<~s celebraremos una Conferen cia de Jos
P~u ·( idos Comunil'tas ciP aquel sE?rtor del mundo. Lo que es ta
Coufercnda resuelva servirá romo dcrroirro .v las ex periencias
que se obtengan servirán para el análisjs políiko que r ealizará
el Séptimo Congreso de la Inte1·n acional.
Cuando Dtmitrov solicitó que se le inicr:rogase, planteé la
cm~stión caudC'llic, Pn aquellos momentos, en iodo el Kominicrn.
-;,Cuál es su pensamiento sobre la idea del Ji'renie P opular?
- i Ah ... la ini(·iativa <le Barhussc y de H.olland ... r Pienso
qu<' csbunos nnte una idea practicable y qu<' podrá ser d e intensa
(·ficacia en la. lucha contra el nacismo. Pm·o, tú mismo ¿ qué 0]1Í-
nión tic>nC'-- sobre el B'rentc Ponulal', como táctica Jlar a América
Lalina.?
-C1·co que clc·b~mos aphcad.a; es loy seguro de qu e ofrece
muy Hmplias posil>ilidadcs y que pueden obtenerse result ados
magnífif•os.
Dimitrov sourió mientras Guralsl<y afirmaba:
_gll\1ovimicnto Amster dmn-Pleycl ha encontr a rlo en él uno
d e• sus más cntusí~1sia!-{ propugna. dores.
-J!icn ... bien -exclamó DímiirO\-- d<•ficn de t u pos ición;
¡lero, antP lodo, CTN> que lo qu() del>~ rlcfendPr es s u salud, pues
tieue uu aspe<·ln f<.:o, sos¡wdwso.
Al clespcdirRC!, Jo hizo ron reman·ada cordhtli cla d .Y dici endo:
.-No va a :.;crle fáeil <lcfcnclct· la idea dr•l F1·en t e Popular.
g n Mo~cú, la inieiaiiva tiem• aun escasos a dep tos. Conversa con

.-220 -
Juv entu d I•,ran~
Mau ricc Tho rPz Y con Hay mul ld Guy aut de la
c·er tu posi ción .
cesa. Lle,g-arún bi('ll pron to y se al()g rarft r; de eono del Kre m-
Do:-; días má-. tard e fuí inter nadc J en el Hos pita l sem ana s
• ió 1
lin , dond e :::e inic un cuidHcloso tratamíc•nto ·, a las dos
a un sana tori o
de JH•rm anen cra í'n e• Pl-:it~~lJJr.cimiPJJto fuí envi ado
dig- nata rios del
cerc ano a So(' hi, la play a de vera uco d(' los alto s
Gob iern o y dPl p;¡,· tido . A lli <·onoc·í a cent enar es
c1e mie mbr os de
1JI'o p6si ios de
la "éli te'' so\·if>tic:l . Y aJH me dí C'Ucuta de que Jos
y TJ01ir-iaco, en-
Stal in dí• i mpone1· una dict adu ra de tipo peJ·snna]
supcrim·es (' ;. n-
ront raba u 1111:1 terc a rcsistm1cia ''n las esfe ras
PI a un herv idc-
tc>rnwdins del Par! ido Bolsh<!VÍquc. g1 sana lm·i o
adcJ ame nte una
m ele ;lllt agon ismo s polí tico s y el part ido era verd
o que Stal in nr>
ca lder a sonw tida a elev ada r>~·esifm. r~nt p:tlr rwri
Pnr f icltJ, w•ro
cont ahn en aque llos 1nom ento s c·on la opin ión de1 ~niza dH . Po
mnn cjalm ya lllltl polic·ía ·eve>l'a y delic:Hhtmcutc rH'g< :11mada,
lieía más numcro~a cg1<· el l'at· tido , bien nutd
da, bkr1
I'Xt<mcJida en toda Ja Uni6u Sov iHic a, que gMt.abn los digr mta -
de prjviJegios
~' IIJ>Pl· im·P.s a lns qnc Pr;J n disf t·ut a dos
pot· mu<.'hns de
rio~ del part ido y poi' lo: fuud ona l'ios de
má · t¡UP. m~>rlÜ\lla catc -
gol'ía del Goh icrn o.
es en el
A f nwé s de una pcrm :uw nda dP- mús de dos mes confor~
r a ~us
Hana torío . olJSP.I'Vé que é\ ::;11s limpios }mhe1Jnnes
-o obre ro dr> fúbr i-
t ah1rs don nilo l'ins, no Jl(•gaha un snlo auté utic may oría de los
ca, de• min a. ele plan ta eJ(•f'itica. La abru mad ora vení an los
pacientes pert ct1ccían a la poli ría, en segu ndo térm ino a1,.u nos di~
cli rigcntr>s rlPI part ido, func iona rios dP1 Krc mlin y -se gún se
rectm·p~ rlí' f{thri cas y de snvjo:~.es. El
n!gi men era
rog, r.am-
ratif kah a ofic ialn wnl e ele mant>ra cqm :1an tc- de obrc
pcsi no~ ,\' sold ados . P ero, <'11 aque l sana
t orio dond e fuí cuid arlo ·
s:nnentc :\lt' nclid o, no hab ía un solo ol>I'PJ·o. nodos, se 1cní a noti cia
f'Cg uram en tc
de• ning ún CH!l l}H's ino y t'll c·tmnto a lo~ s olda
ellos 1cmíc.tn sus pJ·opio!o> sana tm ios.
asad a con
Com prohí• que !:1 Medic-itm esta ba c·n exL1 clll(' rett
paci ente s. bon-
resp Pdo al Q(•c•iclcmf e; los módic·os c1·an abne gado s,io y prof esab an
claclosos, la ma~·m· p:n· te ele e ll o~ <'OlHIC'Ían ~u ofic
ento s que In
simp at ía :t los enf~ nnos. pem care cían ele Jos elem
aba n hcrra·
t éc nica ha ptw sto ni sm·vicio el<• 1:1 mndicina. Fall vc•res has ta
miPnln ~. prod ucto s químic·o ~. <•spPcífi<.
'os, a lgun as
tic:a nt •s y (•n-
aly,odón. 'l'al falta cr:t at rihuícla por méd icos , prac
C':tnticladcs ele
ferm eras , a l:t tH'C'esida cl que exi~tía de gran eles .ión ele arma~
cier tos mat eria les paru c>mp lea rlo~ c>n la faur icur
mcn loH.
-;.A rma men tos?
gue rra?
-Sí, es claro, armam~nto~. ;, ~o vcí qm• v iene la
gue rra cont ra
¿No sabe que• los rapi talis tns está n t ram nnd o 1a ren
(JUe nos quie
nues tra hien ama da Ru~ ia; que \'an a atac arno s,
- 221 -
acorralar primero, para degollarnos después ... '! ¡Eh . . . los han
didos ... !
Les escuchaba con curiosidad Y me conmovía comprobar que
tales aseveraciones estaban en íntima ac01·dancia con una idea
co!lcebida y amamantada con sinceridad, por cada uno de los que
as1 pensaban.
Es asombrador el grado hasta el cuál está desanollada en
la mentalidad del ruso corriente, la psicosis de la guena. Se
trata -con plena claridad- de una mansa pero bien alimentada
paranoia colectiva, sembrada y cultivada con amat iva delicacleza
por el Partido Bolshevique, por el Gobierno, por la policía so-
viética.
Por miedo a la guerra, el ruso que no es policía, ni miembro
del aparato gubernament al, soporta hamb1·e, miset·ia y terror.
Se sacrifica para que el país y el Gobierno posean armamentos
mejores y en mayor abundancia; entrega sus energías por sala-
rios en extremo bajos a fin de que Rusia pueda contar con más
tanques, con más aviones, con mayor número de bombas, para
su defensa. El esfuerzo bélico es obra tenaz de todos los días ; la
carrera armamentist a, contra la cual éramos incitados a luchar
sin fatiga todos los comunistas de Jos países capitalistas, es la
carrera de cada minuto del Gobie1·no y del ·pueblo soviéticos. Es
inequívoco que este pensamiento no es del todo espontáneo, ni
tampoco que él es aceptado sin dura y persistente presión poli-
cíaca. En la inmensa ,·astedad de la Unión Soviética, la escasez de
lo más necesario era el fenómeno de rutina. Los hogares rusos
en general tenían un nivel de vida asombracloramente bajo, has-
ta tocar el lindero de lo míse1·o en millones de casos. P ero, al pa-
recer, por el comentario popular, tal escasez era la resultnnte
de una desesperada carrera armamentist a; era el precio que el
ruso corriente debía pagar todos los días para evitar que su oBís
fuese invadido por los piratas capitalistas, por los bandidos naz1s
Al cumplir mi novena semana de reposo, sobre-alimen tación,
1

pereza total y racionalment e distribuída a lo largo de la jorna,


da, preparé mi retorno a Moscú. El viejo médico burlón, bonda-
doso y cáustico -que en lo íntimo de su ser se burlaba de todo
y de todos- me otorgó el alta. Los jóvenes ayudantes insistieron
en sus recomendaciones sobre la alimentación , el método de tra-
~.· bajo, Ja batalla contra las emociones y contra el desorden en las
comidas. Las enfermeras estuvieron muy amables y la severa
muJer que ac\uaba como jefe me permitió el último día romper
el sistema de reposo: pude abandonar la silla plegariiza e ir a la
playa a decir adiós a mis numerosas amistades, sobre todo a las
ehJcas que celebraban con estruendosas carcajadas mi modo (\ -
trafalario de pronunciar el ruso.
-222-
'
En el II oLe\ se me había preparado uno de los nuevos de-
partamentos en el I?iso último, rcctentemcnt.e construído: lo ba-
bia ordenado Manu1lsky; con toda seguridad y como reflejo de
tal onitm, el propio ''comandante·• del hotel acudió a abrir la
portezuela del automóv1l en el que arribé de la estación.
J amás los traductores y las mecanógrafas se habían mos-
trado tan solícitos. Uno de ellos me anunció aquella núsma noche
que me daría una sorpresa, pero, esa sí que era una gt·an sor-
presa.
--Pero díme qué es camarada ¿por qué haces misterio?
-Bueno, pero vas a guardar absoluta re~erva ;. verdad? -
propuso antes ele hablar aquello que ya no podía callar- pues,
dentro de un par de días, vas a conocer a Kahnm, al Presidente
de la Unión Soviética.
- ¿ A Kalinin. . . cómo. . ?
-Se está preparando una entrevista con él. He pedido que
te incluyan a ti. ¿Está bien . ?
Le ab1·acé entusiasmado y repetí como pensando en alta voz.
,_¡Conocer al viejo Kalinm . .. ! Es inte1·esante, muy intere-
sante.

-223-

ANTE LA PRESENCIA DEL CAUDILLO

A PRENSA moscovita rendía cálido homenaje a Ilemi Bar-

'L busse, designándole "noble Y sincero amigo del gran Sta..


linn Entraba el otoño ruso, la única estación adecuada a la
salud del escritor y la que le servía de aclimatación pa1 a sopor-
tar los ptimeros fríos de noviembre, ya que el día del anh ersario
de la Revolución debía presentarse en la Plaza Roja, en el pretil
de la tumba de Lenin, junto a Stalin Y a los dignatarios del
"Vlast". Con este vocablo, los soviéticos designan una categoría
concreta de poder supremo, haciendo abstracción de orgamsrnos
o de personas. Es algo así como "el trono'' o "la corte" en las
monarquías.
Cuando logré entrevistar a Barbusse, lo encontré JUbiloso
y optimista= celebraba los éxitos del Plan Quinquenal y aug·ura-
ba la pronta vigencia de la Constitución más avanzada de la his-
toria_
Una tarde, me llamó a un lado para decirme:
-Creo que puedes tener una g-ran oportunidad. Dentro rle
algunos días el camarada Stalin concederá una entrevista a un
reducido grupo de personas ... he pensado que tú querrías co-
nocerle y he pec,;do como favor pe1·sonal que se te incluya entre
los posibles interlocutores.
No sabfa cómo darle las gracias y él se dió cuenta de mi tur-
bación.
-Deberás traer aquí tus do('umentos, dos fotografías y, en
caso de que desees hacer algunas preguntas. pues debes traerlas
escritas. . . no más de dos y en ningún caso pases de tres.
Dos días más tarde recibí la \'Ísita de un hombre alto, de
rostro sonrosado y carnoso. de cabeza afeitada . l\Ie presentó un
cuestionario en ruso, eJ que debía llenar: nombre, apel1irlos. 01 i-
gen social, medios de vjda. profe~ión, tiempo de adhesión al Par-
tido, puestos que en él había desempeñado, y el smnúmcro de
datos biográficos que tantas vece· habfa proporcionarlo n In uco ..
misión de cuadros" del Komintern.
-¿Por qué quieres ver al camarada Stalin? -intenof'Ó.

-224-
-~o es por simple curiosidad, camarada .-repuse no so~
un tunst a. - .1

- ¿ !nt..el·és polít.ico? ;-pl·eguntó de nuevo .


..-81, es claro, mteres político y también satisfacción per -
sonal.
Coniinua·ron las preguntas y respuestas y las anotaciones
que el hombre de la cabeza chamorra hacía en una gruesa libreta.
-Debes entregar dos fotografías y tus documentos ... las
pr eguntas _ ..
. --:-N? tengo más, do~umento que el carnet del Komintern
- md1que-- y he aqu1 m1s dos preguntas .
.Tom.ó todos los papeles, los guardó en su portafolio y se fué,
no sm 1·e:ter ar una Y otra vez que no diJeSe una pal2bra de aque-
llo a nad1e.
A la hora ~e la cep,a me visitó una pareja amable y joven;
el hombre vestla una rubashka'' blanca de seda· me llamaron
la atención sus piés por lo pequeños; la muchacha era más alta
Que éL lleYaba un vestido exh·anjero y calzaba sandalias: nada
de lo que llevaba corres}Jondía a lo que JJodría llamarse la moda
soviética.
La pareja fué mucho más amable: la mujer hizo las pregun-
tas en francés: conversó sobre mis preferencias intelectuales y
puso gTan interés en saber si alguna vez habia padecido alguna
enfermedad nerviosa.
Cuando terminó el prolongado i11tenogalorio, p1·egunté:
- ¿Será posible que me permitan asistir a la entreYista?
.-No podemos saberlo -dijo som·iente la muchacha, para
cambiar l uego unas frases en ruRo con sn acompañante- pero
mi com pañero dice que es difícil que se niegue algo al camarada
Barbusse. ¡Ten confianza. . !
Dos días después se me notificó que no sa1 .ese del hotel en
la mañana del di a de descanso -el "bu)adnOl,- y que. . . po~
.
d1a se1 . . .
~

E staba como cuando subí a un aYión por prime1·a vez; o co-


mo en los momentos en que en aquella celda de la prisión del
Callao, el sargento dió la orden de que nos condujesen al con-
sultorio ...
El d ía de descanso fuí condue1do al hotel "l\letropole" donde
esperé a Barbusse junto co11 dos anamitas y un indonesio, los
tl·es sin duda dirigentes comunistas. Pem:;é en el gran cuidado
que se ponía s1empre en enbn que los latino-americanos o euro-
peos nos relacionásemos con los asuhicos. a esLos se les alojaba
en casas de campo fuera de :Vloscú r ~us escuelas no e1·an las
mismas q ue aquellas a las que asistíamos los europeos y amen-
canos.
-225-
Arribó Barbusse, nos sirvieron un desayuno abundante y
después partimo.s hacia el Kremlin, ~nt~·ando por ~1 Pt~ente leva-
dizo que da hacu~ el costado d~ la B1blu;>teca U;mn. J•... J auto as-
cendió una pendiente, atraveso un patio ampho donde fUimos
detenidos, d_ebiendo pr~~entar Jos d?c,umentos, no obstante Que
nos acompanaba un of1c1al de la pol.tcta. secret~. Avanzamos por
una calzada a cuyas veras había~ Jardmes cmdados. Volvieron
a examinar los papeles y se nos }uzo abandonar el vehiculo.
Por dentro el Kremlin es como una ciudad diminuta y extra-
ña. Evoca aquellas exposiciones donde cada pais construye
su pabelJón. Jardines, patios, iglesias. Atravesamos. galerías, pa
tios y corredores, hasta una sala de techo muy ha]o cloncie vol-
vieron a revisarnos los papeles, comparando a cada uno con su
fotografía. Allí un hombre se acercó a Barbusse, le saludó en
correcto francés y le invitó a pasar: nosotros quedamos aguar-
dando en una gran sala amoblada con severidad y con muebles
antiguos, de gran belleza.
Un hombre joven, magro, de rostro enjuto, me llamó por
mi nombre y me anunció en un aparte, que mis preguntas no
habfan merecido aceptación porque otras personas habían plan-
teado lo mismo, o quizás porque estaban demasiado vinculadas
a la actualidad internacional. Se me advirtió que debía limitarme
a escuchar. Se insistió de nuevo sobre la reserva.
Poco después se nos invitó a seguir adelante. Llegamos has
ta una pieza cuadrada, sin más adorno en los mUI·os que unas
banderas rojas, a un lado, un retrato de Lenin, empuñando su
gorra y en actitud de hablar; y en el muro adyacente un cuadro
donde Lenin y Stalin conversaban sentados, corno si estuYiesen
tomando el sol. Alli estaban ya Henri Barbusse y vm·ias otras
personas a quienes se nos presentó: entre ellos se reconocía a
Mao Tzé Tung, dirigente del partido comunista chino.
Se nos indicaron los lugares donde debía permanecer cada
uno. A la derecha de Stalin quedó Barbusse y a su izquierda,
Mao Tzé Tung. Luego a uno y otro lado fueron ubicados los tra-
ductores y secretarios. Y enfrente, al otro lado de la gran mesa.
los catorce asistentes a aqueJJa entrevista, todos asiát k os, a ex-
cepción de Barbusse y de mí mismo.
Un hombre de botas muy brillantes, que jugaba con una es-
pecie de rosario de ámbar entre los dedos, anunció en voz baja
al eamarada Stalin. Todos estábamos de pié.
Por una puerteeilla lateral apareció Stalin. Vestía "rubash-
b,. blaoea de algodón atada a la cintura, pantalón kaki. bota~
ele color eastaño oscuro; llevaba su pipa en la boca y Ja sos tenia
eoa la 'IUMIO derecha; sonrefa aunque la sonrisa le bañaba el ro~­
tro COl • .-t;o burlón.
-226-
. Apretó la mano de Bar~usse y luego la de ::vrao: éste se in-
clinó en profunda reverenc1a; luego, nos fuímos acercando de
uno en uno para darle la mano a través de la mesa cubierta con
un tapete bordado.
Stalin .es hombre rle. baja estatura, en comparación con las
e~tatu~s! pmt..uras Y su glganlest•a iconografía. Su rostro es más
b1en. pahdo, hgeramente ocroso,. con la pjel marcada por l1oyos
de Vlruelas. Es un hombre ban-tgudo hasta ser panzón, defecto
que parece molestarlei pues estaba evidente el err.peno de ocul-
tar su a bdom en. tras os }>llegues de la amplia "rubashka''. En
los retratos Y pmtnras la bani.ga stahni<lna está incuestionable-
mente sof isticada, ya que era la primera 'ez que yo veía un Sta-
lin tan panzón. Al reír, con una risa que lleva en sí la marca de
la burla, deja ver dos hileras de dientes picados: los de la man-
díbula super ior tenían las caries mucho más avanzadas que los
de la pa1'te inferioL El pelo y el bigote e1·an grises y abundantes
y a los dos lados de los ojos, hasta las sienes, se le habían for-
mado numer osas arrugas estrechas como si hub1esen sido traza-
das po1· la pu.nta de un lápiz muy fino o de un puñal muy afilado.
Estuvo de p1é durante toda la entreYista, pero me pareció que
tenía las piernas, especialmente los muslos demasiado cortos en
relación con el tronco y con el 1·esto de su' cuerpo. Tenía el pelo
unguinoso y estaba cuidadosamente peinado, notándose por el
ángulo de los cabellos que no era él rrusmo quién se había pei-
nado.
Su mit·ada era la de un homb1·e astuto más que inteligente;
en e1la brillaban más la desconfianza y el recelo que la agudeza
y la per spicacia. Era ostens1ble que se esforzaba por aparecer
bondadoso y condescendiente y, en su apariencia general como
en sus g est os e inflexiones, se atrapaba de manera casi impal-
pable, que su indulgencia no fluía ~spontánea, si~o qu~ surgía
como fabricada para la ocasión. Stahn, desde el prrmer Instante,
mostró una cor dialidad especial tanto por Barbusse como por
Mao Tzé T ung. Barbusse parecía un poco fatigado; 1\Iao t.en~a el
rostro duro estaba deliberadamente seYero r su obsequ10s1dad
tocaba los limites de la dcvoe:ión. Cuando Stalin afirmaba algo.
él movía la cabeza con insistencia y en una o dos Yeces que Sta-
lin afirmó que ya la pregunta que le plaut~ban estaba respon-
dida Mao adoptó una actitud pohcial, parec1a enfadado y exhl-
bfa ~n el rostr o un profundo disgusto. la cicabi.ces de los granos
de su cara tomaban un unte -rioleta negruzco.
Uno de los traductm·es planteó a Stalin 1~ pr~gu_nta sobr e
Jas ideas racistas, sobre la discrimmación Y la infenor1dad o su-
perioridad de las razas. . . . .,
- Toda idea racista. de discrmnnactón o de ~e~xegac10n r a-
-dijo- encarna odio chauYinista y es ~hauVlrusmo de gran

-227-
1

potencia. Sin mencionarlos se refir ió a los Esta dos Unidos y exal-


tó la gran frate rnida d d~ razas que e~ist.ía en la Unión Soviética..
Refi rió que -en las fábri cas, en los smdtc:;to~ Y en los clubs de
traba jado res, se llegaba a amo nesta r en pubh co Y seve rame
las }Je1·som1s que profe rían insul tos racis tas, como, por ejemnte
plo,
a
mote jar a alguno de "jud ío".
Habl aba sacándose la pipa de la boca, con recan canil la, en
especial cuando subr ayab a las pala bras : u prim ero" , "seg undo ",
"terc ero" , ''cua rto", las que empl eaba a men udo para divid ir las
cláus ulas o períodos de su exposición; mien tras los tradu ctore s
hacía n la Yersión de sus palab ras, Stali n se dedi caba a mira r,
uno a uno a los visit ante s que estáb amo s de pié fren te a él, se-
para dos por la Yasta mesa cubi erta con el tape te bordado. En
toda s sus resp uesta s empleó siem pre el estilo clausulado, dete-
niéndose con deliberación en lo que oxto gráfi came nte habr ía lle- 1

vado un punto seguido. 1

A una de las preg unta s que plan teó uno de los tradu ctore s
sobr e la situa ción de los indios en la Amé rica del Sur -Y que i
me cons taba que no habf a sido plan tead a por mí.- Stali n res-
pondió que los indíg enas sud- amer icano s Yivían en condiciones
análo gas a las que pred omin aron en la época de la Colonia, cuan
do Fray Bart olom é de las Casa s hicie ra sus famo sas denu ncias-
1.
¡
ante la Corona. AseYe1·ó que en Amé rica Lati na habí a discrimi-
nación racial. aunq ue esta no asum ía las caracte1·ísticas conscien- t
tes y orga nizad as que se veían en los Esta dos Unid os; se trata - ~
ba de una segregación racia l mucho más difus a, prim ili\'a , sin
form as conscientes ni clara men te defin idas. Pero , no por ello no
exist en. aseveró. Se refir ió luego al fenómeno racia l de un modo
más amplio y aseg uró que los chinos, por ejemplo, eran vícti mas
de la di~criminación que imponía el hom bre blanco. 1
- ¿ \~erdad , cama rada ~1ao? -pre gun tó Stali n dirig iénd ose
a su izqu ierda .
Con asom brad ora devoción, Mao se inclinó revere11t·cmente
afirm ando que sí. Y al responder. no lo hizo en chin o sino en
ruso .
1
-Dá ... dá ... dá ... ToYarich Stali n. Dá to\'a rich, spas iva, 1

balsh oi spas iva ... ! (Sí, sí, sí, cam arad a Stalí n sí cam arad a gra~
cias, muc has grac ias). ' '
El tradu ctor verti ó al ruso una preg unta sob1·e el Fren te
Popu lar y su política.
Stali n ~e most ró complacido de la preg unta ; celeb ró que hu- ';
.,
biese ,.ausado tan gran interé5\ este a~unt.o en las esfe ras de la
Inter naci onal Com unist a '!-' en el seno del parti do holsheviqu
donde se debatí~ ~pasionad~mente la idea del Fren te Popu lar ye
de la nuev a poht lca. Term m6 asev eran do que el deba te
ser profu ndo, que debí a enfo car todos los aspe ctos, aun losdebía más

-22 8-
recónditos Y que, al fin, debía c1ausm·ar toda discusión estéril
más adelante.
L.a últ~:na pregunta. se .1·efirió al éxito del Plan Quinquenal,
a Ja s1tuac10n de los kolJOZlanos, al futuro de la vida del ciuda-
dano medio en Rusia.
Stalin ratificó los asertos de la propaganda · el Plan Quin...
quenal segundo tenía un éxito arrollador· anunciaba la entrada
en~~ rég~m~n socialista; más del ochenla' y seis por ciento que-
darla soc1ahzado; se aseguraba sobre el terreno económico que
el socialismo no recalciü·aría hacia el sistema ele la propiedad ca-
pitalista, Y reiteró que dentro de cinco o seis años más el ciuda-
dano medio de Rusia podría obtener cómodamente todo lo que
obtenía entonces el ciudadano med10 de los Estados Unidos o de
los países más desarrollados de Em·opa. Se trata .-añadió- de
abolir todos los Yestigios del capitalismo en la vida y en la con--
ciencia de los hombres, al finalizar eslc Plan Quinquenal.
Stalin clausuró la reunión refinéndose al grave peligro de
guerra que amenazaba de modo inminente a la Unión Soviética
y a la necesidad que el país tenía de intensificar sin descanso su
preparación bélica. Como quiera que él estaba persuadido de que
la guerra no le se1·ía declarada a la Unión Soviética, que no le
sería previamente anunciada, sino que los capitalistas se lanza-
rían sobre las fronteras de Rusia por sorpresa, pues era obliga-
torio que el vasto país y su inmensa población estuYiesen cotidia-
namente movilizados: de día r de noche. En cuanto a los sacri-
ficios que el armamentismo exigía, afirn1ó que los sacrificios que
podrían parecer exagerados a un hombre del occidente, no lo eran
para el ruso que estaba habituado a un nivel de vida en extremo
bajo, que fué el que le dió el régimen zarista.
Se refirió, por último, a la vida paradisiaca que llevaban los
koljozianos y puso tal énfasis en lo que aseveraba, que parecía
efectivamente convencido de ello. Hasta llegué a pensar si las
info1·maciones que le llegaban no estaban ya cabalmente defm·-
madas al pasar por los numerosos tamices de aquellos siete círcu-
los que le rodeaban estrechan1ente.
Se despidió de cada uno de nosotros cordialmente: llamó a
cada uno po1· su nombTe y a cada cual le dijo breYes palabras de
simpatía.
Se marchó dejándonos. La entreYista había terminado.
Se acercaron a nosotros los traductores, oficiales, vigilantes
y secretarios, para ad,·ertirnos en dive1·sos idiomas que ~os es-
taba prohibido utilizar Tlc'tda de lo. referen~e a la e~tre\'lsta en
forR1a alguna. Ni en las conversacwnes pr1vadas, m menos aun
con fines periodísticos.
Salimos atravesando los mismos patios, cm·redore~ y gale-
rías y ya dentro del automóvil pasamos bajo el arco de la entra-
-229-
da, donde estaba apostada la guardia, entregamos los salvocon.
duetos y cruzamos hacia Ojod Niriad.
Me resistía íntimamente a confesármelo, evadía confrontar
ante mí mismo el recuerdo con la ficción imaginada previamen-
te pero era incontestable que la entrevista Y el hombre me ha-
bíán defraudado: Stalin estaba muy lejos de ser el arquetipo su-
perior que había soñado; me pareció opaco. frío, despectivo, re.
celoso v astuto. No fluía de él aquella impresión que dan los hom-
bres qÜe se han forjado en medio del fragor de Jas luchas, mez-
cJados con la masa, dirigiéndola o afrontándola, hurilándose una
personalidad de conductores. Stalin era el hombre que había
surgido en medio de la sombra, agazapándose, fingiéndose pe-
queño y débi1, lejos de las muchedumbres, colándose a través de
los pasillos y por entre los an tagonismos grandes y pequeños de
sus antiguos camaradas, a quienes más tarde convirtió en ad.
versarios, en perseguidos y en víctimas.
Y en medio de todo, flotó en mi una idea concreta y \ aga
a la vez: una idea que no ha hecho sino endurecerse a través del
tiempo: Stalin no es en absoluto un europeo; me pareció extraño
en todo al modo de ser occidental y satisfecho de mostrarlo, de
hacerlo sentir.
Salí con la impresión düumada pero profunda de que mi asis-
tencia a la entrevista había sido marginal y fortuita: se había
consentido en ello por complacer a Barbusse exclusivamente. La
finalidad maciza de aquel concilio había sido mostrar ante la do-
cena de altos dirigentes asiát icos la elevada ierarquía, el prn J-
legiado sitial que ocupaba ante Stalin, el chino Mao Tzé Tung, la
privanza de que gozaba en las cumbres del "Vlast", su influen-
cia y el poder que de todo ello se deriYaba. Los intencionados
gestos de Stalin, la deferencia, en cierto momento teatral, la ca-
lurosa apreciación de las preguntas de Mao por parte del caudillo,
el acento en las palabras: "nuestro camarada Mao . . . ¿ \ erdad.
camarada Mao?... como alguna vez lo dijera nuestro amigo
:Mao". . . demostraron bien en dónde se encontraba la intención
esencial que transpasaba la reunión.
Al comentar la entrevista. explané mi pensamiento ante
Barbusse.
- Es bien posible -comentó- que no estés en error L>s
dos son muy amigos y puede ser que el camarada Stalin ha~<'
querido hacerlo saber, hacerlo ver, a nuestros camaradas del
Asia ... además ... bien lo necesita Mao en este momento en
qne su estrella ha palidecido en China y cuando la crisis del par-
tido chino se ha hecho peligrosa, para él y para el partido. 'i Eg
probable que por eso se les haya hecho venir hasta aquí .. !
Calló Barhusse y las preguntas que siguieron de parte mía
quedaron respondidas con monosílabos; con ellos daba a en ten-

-230-
~er q~e c':'nocía mucho rle 1~ gravedad de la cti is china, de la
unpo1.iaJ?Cla que la. lnte1 nac10nal at1ibuía a la situac;ór! interna
del parildo c~mumsta chmo y a la precaria situación <le • Tao
~ntonces a<;OI ralada pol· ~':'~ oposJtore,:,, quicnef' pretendía u arJ·o~
Jar sobr e el la responsab1hdad de las revueltas dr.l Sinkían<7 v
los ásp,eros reveses del Ej8rcilo Rojo c.'hinn. · - ' <>

Cuando acentué este punto, Ba1l;usse defendió con vigor


a Mao.
-No . . no . ni Li-L1-Siang, ui los otros tienen razón;
n~sotros sabemos que no es Mao qmen filllge todf) ... tú lo sabes
b1en, ca~arada . . Svanidze, Voitinsk) blej>hanov, hasta el ge-
neral ~lu cher no. . no . . si no e hace más es porque no
es posible hacerlo. Ma? no t1en~ la culpa en esto ... y me parece
que el camarada Sta1m hace b1en en te,timon a:lo así ante los
altos di~·ige ntes asiáticos y ante los propios con unistas chinos;
los opositores de Mao y de Chu-Tdé, en primer ténnino, sin duda.
En efecto, Barbusse estaba en lo justo en su opinión sobre
Mao. E n la chismografía intuna y rese1 vada con exclush idad a
los altos dirigentes internacionales que se hallaban en . ioscú,
en charlas de sobremesa o en las veladas de ab ·oluta ir.timidad
que se prolongaban hasta la madrugada en alguna de las abita·
ciones del Hotel Lux, se hablaba como de un tema central de la
aguda crisis china y de la sombría situac. ón comunista en el Asia.
-Pero, hay que tener confianza, no nar que vacilar en la
fé: en China están las meJores cabezas de la Internaoonal ~ la
campaña est á dirigida por el propio Stalin y por su estado ma~
yor del P olitburó.
-Allá están Svanidze, el georgiano de la confianza plena
de Stalin .. . y el camarada Voltinskr y el gran StenhanoY,
el héroe de Vladivostock en la Revolución . . y el doctor Sorge
Y al mencionar al doctor Richard Sorge todos cambiábamos
una mirada de entendimiento, desconfianza o temor
El doctor Sorge se estaba convirtJendo en personaje 1·ru·o.
temible y agorero. Hombre de la amistad íntima de :\1anmlsk·y
y se decía que de la de Stalin, adquiría la fama de llevar la des~
gracia a sus amigos: lo había sido de Zinone' y de Bujarin, de
Radek y de Krestinsky. de Rakowslry y de Mad)ar-:\fagyar - de
Bela Kun y de todos los que estaban cayendo, de los que esta-
ban recibi~ndo golpes de hacha o de los que debían caer abat~d~s
para siempre . . . como enemigos de la clase obrera. El p1·esttg10
de Sorge habia cr ecido como secuencm de la gran labo: ~ue se
decía había efectuado en Alemania, en los Estados 'Cm?os_ Y
también en China. Y el doctor Sorge era un defensor energico
de Mao y de Chu~Tdé.
- 231-
-La China es un continente, cama1·adas -decía el doctor
Sorge, respondiendo a nuestra~ pregu~tas sobre _las calamidHdcs
que afligían al ejército rojo chmo- as1 que h~ mtrada de un solo
hombre no puede abarcarla ... y lo que se PI~rde en Jl u.nán ·e
gana en Sinkiang, lo que pueda ¡,erder 1\l~l~Ull~ky, Steph~\nov 0
Sorge ... pues lo ganará Blücher ... ~~ fehc1~i!l~ de los chmos es
haber nacido en la frontera de la Umon Sov1etlca.
En una de aquellas convet·saciones. se nos anunció la inmi-
nencia de una entrevista con el camarada ::\Iil.;hail Kalinin. el
Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas SoYiéticas . Iba.
mos a conocerle. Y nos estaría permitido darle la mano y hablar
con él. ..
La entre,·ista se desarrolló en una especie de vasta asam-
blea en la que predominaba n los europeos no comunistas: mgle
ses, belgas, franceses, suecos, checoeslovacos. F:n total. los asís
tentes pasábamos del centenar. Se nos condujo a una es¡1ecie ele
auditorium :r allí se pasaron los cuartos de hora en espera del
arribo del camarada Kalinin.
Recibido entre aplausos, el jefe nominal y represen latiYo de
toda la vasta Rusia, se mostró jovial y de mu~· buen humor. Alto,
rubio, con ojos claros, de tez )' manos blanquísimas , Ye1'tía como
europeo con pantalón, saco, chaleco, cuello duro y cor bata l\ o
llevaba sombrero sino una de esas clásicas gorras de los traba-
jadores franceses, llamadas "casquettes''. De un bolsillo al otro
del chaleco, pasando por uno de los ojales, cruzaba una grue·a
cadena de reloj. Sin que me explicase por qué. Kalinin me dió
la impresión de un viejo relojero. a pesat· de que - como para
refutarme tal captichosa idea- él afh·mó reiterada y orgullosa-
mente que era un obrero metalúrgico.
Terminaron los aplausos ~r Kalinin se sentó ante una anc.ha
mesa en la especie de escenario de aquel auditorium. Los t a-
ductores iniciaron la traducción de las preguntas planteada ~ ·1o
obstante que ninguno de los circunstantes había pronunciado to-
davía una sola palabra.
La primera pregunta enfocó el tema del Plan Quinquenal.
a la que Kalinin respondió con sencillez. exaltando la mag-nitud
de la obra realizada y afirmando que un gran economista inglés
habfa sentenciado en la sobremesa de una de las comidas c~e ~u
club: "O el Plan Quinquenal nos aplasta o nosotros aplast:l mo·
al Plan Quinquenal".
Una carcajada general clausuló la respuesta de Kalinin Lo~
ruaos que le acompañaban , lo mismo que los \'igiJantes. secreta-
rios y traductores, no se mostraron en acordancia con la ri.;;,
de la asamblea.
La segunda pregunta se refirió a la situación de Jo ~ l"oljo
...... KaHnin respondió que jamás el campesino ruso J.ab1 ...

-232-
disfrutad~ de meJores condiciones de existencia ) que el Gobler -
no protegt~ ampbamenle el colectivismo en Jo. campos. Ase\leró
que, P?r eJemplo, f'll una de las regiones de la ma1gen !lZQuterda
del baJO V<;>lga, la!> cosechas _e habían pe1 dido totalmente como
consecuencia .de una sequía . • ·o sólo el Estado condonó su deu-
das ~ los kolJO es ~e. la ~·egión. !lino que les ¡n~opo1 cionó grandes
crédttos pa1·a adqmnr '1\ eres, semilla' abonos , todo lo que
era nccesal'io para \Oh er a sembrar. ' ·
En esta f orma se desm:rollaban las pregunta y la rcspues-
~s, hast~ ~1~1e uno_ de las .~ststcnte.s se pu-o de pté y hablando en
m~lés. ptdto perdon y dlJ o que él dese.c1.ba preguntar algo alli
mtsmo Y verbalmente.
Hu·l~o mu rmull? de aprobación en la sala y los vigilantes y
secretan os rusos '1eron doblegada su resbtencia cuando el Pre-
sidente Kalinin ordenó que ~e le traduje~e la pregunta del obre-
ro que hablaba.
- i. Cuántos planes quinr:uenales cree necesario-. el compa-
ñero P1·esidente de la Uniór. S)\ iética, pm~ que e.l obrero l'U o
medio t enga un niYel ele Yid:.. 1 cll c.ido al del ob1·ero inglés, medio 1
Kal inin respondió que, en efecto. los t1 aba)adores a ...btentes
a e ~a a al'lblea se habrían dado cuenta de que el mYel de 'tda
del obrero r uso era demasiado a' con respecto al occidental.
Ello se deht· -nsegm·ó- a la <.~S!' edrada herencia que no~ de-
jara el zar! 'He>. a las durísim,.~ e '\ndicione-. en que !ie afim1a
la reYoluc:ón Y añadió que. en cuanto a que el l'USO tu vi e~ e un
nivel de vida análo~o al del inglés no era problema fácil. Y no
lo es - afir mó,- porque t-• ._ ·abajador inglés participa de las
cuantiosa plut'vnlías que los ,,lpe'! :. i.' tas sacan de las coloniae:.
Un nueHl munnullo 1 ~o. ió 'a .<l. La inten enci6n del tra-
bajador in~les · a~ . .~a roto, por otr ... , :· e, la norma impuesta por
los ectarios r usos Uu metalúrgico belga ~e pu ·o de pié Y pre-
guntó. .
-Camarada Kahnin t.ste~ es e Pn;s· ~to . te de la Umó·. :::.
viétira. es decir el m in e1 dud.1d.. ro de l:S e p:tís. el de m... ;. 1
jerarquía ;. ' erdad? ¡me~ c. 1101' qué se d1u t. Europa que a Ud.
le manda y le gobiern" u~ lin .. . ? . . . . •
- i Yo no ~O\ ningl!I. •o , -··enhc:ó .Knhmn- yo so~ ... ·~ro
metalúrgico y t(t s~~ ·)es que t;:S'~S :10 tienen ~ada de bo• :~ Yo
soy Presidente dt la ·u'ón Sone .. :la y. en ~1 cate~oria. ·.t al.
yo mando a "'ta lin: él es sect~larto del Part}do B shenque y.
en mi calidad de militau~. ~le'>o obedecerle a el. claro?
El obrero belga se Stl tó mientras la sala re • t a ocurren-
cia de Kalinin. , ól' , ,
-·Por qué -P ~ et,L'In.ó un frances cat 1co.:- .;:e!!U' : . t:·
claraciÓn los obrero~ 1 .lSlS ~!l:t:~et , lt · a~eqmlla. , de. ,i~\ ~·s.
de pan, mientrac;; ~n (. .. sl toao~ os ;··•st." \e.. ,_, )a.e... . ~tg> ·t·· .u~o.
los huevos Y la T. .nn. e~., · . h•. el '"t."<: • ' l. "' ~" dnc .l~ lfl\ ... Iet.
- 233-
t

los mercados y se venden a precios que hacen competencia a


los productos nativos ... ?
El traductor debió repetir dos veces la pregunta, solicitando
explic·ación al obrero que la había planica(lo.
Kalinin respondió C'on una exposición larga sobre los peli-
gros de guerra, sobre el cerco capitalista, sobre las feroces den-
telladas de los tiburones capitalistas, de donde obtuvo la conclu-
sión de que se privaba de alimentos esenciales al pueblo ruso
para proveer las fábricas que producían armamentos. El viejo
hizo lo posible, con no escasa habilidad por ahogar la magnitud
del hecho en invectivas agudas contra el capitalismo y sus agen-
tes.
La pregunta de un obrero sueco inquiriendo las razones por
las que existían tan diversas y separadas categorías de obreros,
pues él se había informado que habían en las fábricas hasta die-
cisiete categorías de salarios y, en consecuencia de niveles de
vida, no fué respondida. Intervinieron obreros comunistas fran-
ceses y checos planteando nuevas interrogaciones sobre el Plan
Quinquenal, los koljoses, la vida del futuro y otros puntos que
acompasaban con el concierto agradable a los soviéticos.
No obstante, en medio de aquel retorno a las normas del
Kremlin,. uno de los obreros de la delegación inglesa, viejo y so-
lemne, htzo con gravedad y corlesia la pregunta:
-¡,Por qué la Rusia bolshevique celebra los más ventajo-
sos tratados de comercio con la Italia fascista, en vez de hacer-
lo con países que no son enemigos de los trabajadores?
-El día que los obreros ingleses -respondió Kalinin- ha-
yan realizado la revolución que ya sus hermanos rusos han rea-
lizado, ese día celebraremos tratados para dar todas las venta-
jas a los obreros ingleses. Pe1·o -añadió- ese día ya no lo ver é
yo, porque el obrero inglés es un gran oportunista, sin duda, el
más oportunista de la tierra.
Una alegre carcajada volvió a rccmTer la asamblea. El vie-
jo obrero inglé~ se sentó aseverando que su pregunta hahia sido
esquivada. Los tr~tductores no alcanzaron a comprender lo que
significaba en :ruso esta palabra.
Terminó Ja enit·evista, Kalinin se retiró sonriente, saludado
por los a})lausos de toda Ja concurrencia.
Había ~onocido a los dos hombres más importantes de Ru-
sia. J~s había visto ele cerca y les había esc.uchado.
Con la piel tostada por el sol del Mar Negro y por los vien-
tos de Crimea. con el alma esperanzada, inicié mis labol'es en el
Komintcrn. Iba allá a defender la teoría y la práctica del Frente
Popular. alentado por Barbusse y por los franceses. Maurice
Thorez, que acababa de arribar de París, lo mismo que Guyaut,
eran acérrimos partidarios de la misma organización de un vasto
frente para resistir la embestida del fascismo.
- 234-
COMEDIA DE PROYOCACI ON

AS J)gLEGAC;IONl·~S ele Argentina, Brasil. Cuba, México,


IL C'olo~b_ia, Uruguay ]legaban a 1\loscú sin haber alcanzado
a rec1hu· en sus respectivos países la noticia del aplazamien-
to del séptimo congreso de la InteJ·nacional Comunista. Y se ha-
bía acordado la celebración de una Conferencia Latino-America-
na. en la que deberían enfocarse los asuntos capitales de todo el
sector del Hemisferio, de habla espa11ola y portuguesa, tanto
por la dirección suprema del Komintern, como por una treintena
ele los principales dirigentes comunistas de Latjno-américa.
Se habían iniciado las conYersacíones prelimínat·es y el de-
bate central giraba en torno a las posiciones distintas y hasta
opuestas ele Manuilsky y de Dimitrov, · a las tesis sostenidas
ele un lado 110r Guralsky, y del ótro por Sinani. los dos diligentes
principales de Ja Sección Latino-arneli cana del Komintern.
La tarde en que con más acandilado acuciamiento discutía-
mos las distintas posiciones, Moscú fué sacudida como por un
temblor de tierra. Desde Leningrado se anunció que Sergio Ki-
rO\', el segundo hombre del equipo dirigente soviético, el corifeo
bolsheYique señalado como el sucesot· inmecliato de Stalin, miem-
bro prominente del Politburó y hombre número uno de Lenin-
grado, había sido victimado de un tiro en la nuca.
El Hotel Lux se conmovió desde la azotea hast.:'l el sótano;
ninguno de sus moradore~ permanecia en su habitación: se pre-
guntaba. se inquirían noticias, se comentaban la~ lecturas de la
"Pravda'' y de las "hweztias'' y de toda~ las hoja~ que se edita-
ban en inglés. francés y alemán. La conmoción en el Komintern
era asimismo de intenso agudísimo.
g1 a~csino había operado con extram·dinar ia y extraña fa-
cilidad. 1<}1 crimen tenía el caracterismo a!'ombroso -rico en sus-
picacias- de que en el in~tante del asesinato estuvieron sólos
la víctima y el victimario. No obstante de tratarse de la primera
figura del Soviet y del Partido en la segunda ciudad de la Unión
Soviética, el matador había 11egado hasta detrás de la nuca del
dirigente, con facilidad inconceptible.
-235-
El asesinato de Kirov me dejó perplejo Y anonadado. Nadie
pocHa subir a verme si antes no autorizaba yo mismo t elefóni-
camente la visita; cuando se me llamaba desde la administración
por teléfono, para pedirme la autorización, yo debía hacerlo em-
Pleando un santo y seña que mudaba con frecuencia, en ocasio-
nes dos veces por día, y todo visitante debía pt·esentarse pl·ovis-
to de su salvoconducto, el que yo debía firmar indicando la hora
la que el visitante abandonaba mis habitaciones. No compren-
por tanto, cómo un asesino podfa entrar de modo tan fácil
........r .. el despacho del mismo presidente del soviet de Leningra-

do~ provisto de una pistola cargada, colocarse a la espalda de la


~ $11 momentos en que esta se hallaba absolutamente sola·
-- A- y en los pasadizos contiguos, no había sino dos perso~
'1.-~~.ow y su asesino. Todas las explicaciones que se daban
JlO:..JQJmlOa.n pasar de la esfera de tu·rbios y enmarañados para-

t$~l, con acento grave-


lo que decía, sobre
t:J.JU4:Jaa de mi coñ finn-
-~Ul~e proletaria, al
camarada
-No he emitido juici~J alguno -refuté- he dicho que me
parece monstruo~o que m1.e~tras comunistas como yo eran ro-
deados de una CUH~aclosa Vlgtlancia, se consintiese que los asesi-
nos entras~n Y sa~1esen en la!' oficinas de hombre como Kirov y
que, ademas, pud1esen quedarse solos <:on sus víctimas.
- ¿ E so significaría que ha habido ineptitud? -preguntó.
-Si eso signifi~a lo que he die} o, hien .• ,.o veo porque ~e
ha de tomar tan ser~a cuenta de mi opinión; y si alguien puede
pedírme la es el parltclo ... Y mi aserción fué lanzada con tono
cortante.
La voz del individuo de chaqueta ne«ra :;:e tornó insinuante
y se hizo melíflua. ~uaYificándola, hacié~JCiola tenue. ins;inuó la
demanda de las opm1ones que tenía sobre Zinoviev. Bujarin. Ri-
kov y otros.
-Mil·a -le dije t·iendo y tuteándolo- si quieres conocer
las opiniones que .vo tengo sobre lo que de"ees, dirijete al Ko-
mintern. Tan pronto como allí me ordenen que lo haga, no ten-
dré inconveniente en responder a todas las preguntas que desees
plantear.
Hubo un cambio de opimones entre los dos policíasJ que ha-
blaron siempre en ruso; el que J~ablaba español explicaba al otro
que yo me negaba a darle ninguna opinión y que le pedía que se
dirigiera a la célula del Konuntern.
-No se trata de ttinguna manera de una im·e11-tigación, ni
menos todavía de un intenogatorio -dijo el policía- es una
conversación amistosa entre camaradas que tratan de ponerse
de acuer do.
-Francamente -le arguí riencto~ yo no trato d(_) ponerme
de acuer(lo contig-o en nada. Xo comprendo ni tu Y1sita, ni tu
actitud.
El policía se sentó ~r habló largamente sobr~ ias actividades
perniciosas de la '"oposición", alab.ó la 1~ano fu·me: el talento 1
magnífico ~, la \isión gental de Stahn y af1rrnó que ~~,creyese en
una providencia, diría que ella proteJe la revoluciO~: m~ert~
Lenin. el mundo neces'tab? sm duda alguna un Stahn. afirmo
eomo un dogma.
Continuó lanzando maldieione" contra la oposición, jurando
no quedaría uno solo con vida y anunciando que aque_lla
•.,__:_,_ noche se había fusilado en Leninp.Tado a ochenta esptas
se hallaban presos ya hace :.iempo y .iu:ó que l!l mano ven-
de la juf.ticia ~oYiética seguiría cag~~~~mdo 1mnlacable y
Uf~lad. ad. a a los diYersionistas. a los enemigos del pueb.l~. a )?s
Era por pnmera yez que escuchaba la .rahf1cac1on
zinoviefismo en la mü~ma categ-oría que el trotzlasmo. el es-
e y el banditismo.

-237-
Era molesto escucharle: hablaba con frases estereotipadas
empleaba los mismos argumentos y hasta las mismas palabra~
que utilizaban la "Pravda" y las "lsveztia"; 1·epetía como un fo-
nógrafo y no habfa la menor sinceridad en todo lo que decía.
Oyéndole se llegaba a sentir repugnancia por él Y por lo que de-
da, o le hacfan decir.
Se marcharon los dos, despidiéndose con 1·ecargada ceremo-
nia y delusiva cordialidad. Quedé asustado e int ranquilo, al mis-
mo tiempo que perplejo por la trascendencia que atribuían a mis
juicios sobre la muerte de Kirov, emitidos en un comentario ca-
si intimo, y la rapidez con que los ténninos de ese comentario
habían sido transmitidos hasta el centro directivo de las esfe1·as
policiales.
La nerviosidad que conmovía al Lux, contrastaba con la
indolente indiferencia de la gente que caminaba por las calles,
110 obstante que la noticia era ya ampliamente conocida en toda
Ja Unión.
Al dfa siguiente las oficinas del Komintern se cimbraban
:eoJIIJó azotadas por un hurac~n, y sobre ellas y sus funcionarios,
..-saba la racha de una ruda conmoción; cada oficina fabricaba
-rDlDCl~r; cada grupo de mecanógrafas llevaba y traía las infor-
.:lltíllCíOlU• más espeluznantes. Sobre los rostros y sobre las ca-
:;;:Jall.:·aJe~te!lba el miedo, el pánico. Era como el instinto de con-
~~~~··1l81l"fiJICiáiD indefenso y desnudo. Por la tarde circuló la noticia, de
ii~~~;~)láAC&-.eoJ~eto y conclusivo:
~11an tOlDado preso a Magyar. . . al húngaro . . .
efeCto, no se encontraba en sus oficinas el amigo de Bela
l1111~'li fntimo del doctor Sorge; estaba preso uno de
••meior ~lífiea<IO$ de la Internacional y uno de los más
lrJ*iiii permanente en el "lmprecor'' - co-
IIJ¡,ed!ldra:J.!l'Jluicmat..- Sus oficinas estaban desier tas .. .

· --·.u..o"" sentar en la mis-


estaba en el
pasmosa calma
....~-.......... estaba ocupada
Habló_con indignación, enrojeciendo por la cólera, increpan-
do ~on dUl eza ~ 1\'Iagyar y a todos los que llamó "amigos ele Zi-
noviev Y de BuJarín, qu_e trabajaban en el Komintern". Los em-
plazó a confesar _sus cn_menes y, en el caso de Magyar, a decir
euáles ~ran !as vmculac10nes que lo ataban al asesino de Kirov,
por que hab1a tratado de ayudarle y de impedir que actuase ''la
mano vengadora de la justicia soviética".
L~ sala entera aplaudió a_ Manuilsky: en un momento, en
el com.tenzo, hubo sectores de la sala donde los aplausos tuvieron
una sonancia tibia y desmayada y otros, donde no resonaron del
todo. Pe ro, ta n luego como los hombres ubicados en la primera
fila se pusier on de pié y volvieron los rostros hacia el público,
las salvas se hicieron nutridas y totales, desapareciendo las la-
gunas n otorias del primer momento. A continuación, habló en
ténninos graves y enérgicos, secundando a Manuilsky, el cama-
rada Motylev, otro de los íntimos de 1\fagyar.
Magyar se irguió en el escenario; tenía en la mano el em-
paredado que no terminaba de comer, a pesar del tiempo trans.
eurrido. A Yanzó hasta el centro de la parte delantera y empezó
a masticax mamullando con ruido; miraba a la vasta aurliencia
con desprecio que se esforzaba por hacer notorio a todos. Tragó
el bocado, se restregó los labios en la manga, co11 groseria ar-
tificiosa y dijo:
-Yo cr eo que es mucho mejor que se esperen hasta que yo
termine de comerme este emparedado, pues de otro modo no voy
a poder hablar.
Protestamos con ira la bellaquería de Magyar. N o me expli-
caba cómo un hombre que se hallaba frente a una acusación
, gravfsima, que le costaría la vida, tomaba el a~unto de modo
tan provocativo. adoptando posturas grotescas e msulta~do a la
gente, s in necesidad alguna. tratándola con tan agres1vo des-
parpajo.
Manuilsky \. otros lanzaron imprecaciones contra l\Iagyar.
- No te· e~fades :\Ianuilsky -reulicó ::\Iagyar despectivo,
aderezando su frase con risa cínica- estás \·iejo y te puede afec-
tar el funcionamiento del riñón ... ¡del corazón no, pm·que esta
no es prenda tuya. . ! ¡cálmate hombre. cálmate ... ! i hazlo
por Stalin . . . !
Los h ombTes de la fila delantera se mira?an unos a_ ohos,
tniraban hacia los que nos hallábamos en las filas de arras. me-
"'e¡;m(lto la cabeza, cumo preguntando· ¿qué les parece?
Magyar h abló e hizo un discur?o largo, 1·etóric~. con, ~ar­
afectación teórica en el coniemdo r en la termmolog1a. se
a la r evolución húngara ~· describió el pape11_1repondet·an-
de prime1·a magnitud que le había con~espondtdo clesempe-
Por fin, refiriéndose al asesinato de IGrov. expresó que el
-239-
asesino era un buen hombre, que era su amigo y que él había
tratado de ayudarlo. ¿Quién de ustedes -exclamó- no tiene un
amigo? ¿Y quién no ha tratado de ayudar a su amigo cuando se
encuentra en algún aprieto? ¿O es que hemos dejado de se1· hu-
JD.aDOS, al adquirir un carnet del Partido ... ? ¿eh .. . ?
-Es que al proceder a ayudarle -sentenció Manuilsky des-
de su butaca- estás desafiando a la Justicia Soviética.
-¡Estás viejo Manuilsky para estar repitiendo las tonte-
rfas que fabrican los secretarios de Stalin -replicó Mag~·ar­
yo no desafio a . . .
El griterio era ensordecedor. Los hombres de la pt·imera fi-
la ¡m>testaban con gruesas voces, como si se les hubiege abierto
toda Ja clavija del tono de altavoz en las gargantas ; los otl·os
pitaban palabras en idiomas diversos; increpaban e injuriaban
a llagyar. Este, desde el escenario, con otro emparedado en la
IDBDO, y UDa botella de refresco, refa agitando el torso y los hom-
brGS
tos....,._.
-Yo
Jlespufs que se hizo el silencio y todos ocuparon sus asien-

DO
exelam.6:
desafio a ninguna justicia, ni a tí tampoco :\1anuils-
ai a lOs necios que están empeñados en hacer drama esta no~
I'Olraue. veamos ¿a qué viene tanto 1-uido por la muerte de
todos los soviéticos que están en esta sala y todos
i~ltJ-.en;JS que están aquf, incluyendo a Kolarov, ¿no han ma-
illlllli~&---• uno por lo menos? A
mi no pueden decir que no. porque
..-.;• lo que ha sido todo esto. Y yo les pregunto ;. aquellas
- --tpe vosotros liquidásteis, no vallan tanto como la de Ki.
~te hablaJldo?
L:i•••· se elevaba de nuevo.
- ·-·- !
iDsoportable •• • ¿Por qué se le agua nta?
¡p ._ pasa Jfagyar? estás inconocible, no eres

-~·•••• -gritó el hombr e de ca-


11@~~~ de la asamblea- que se
dirigiéndose al protagoni ~ta
~tl&Je B.urgués: .y en ese le~guaje, yo os pregunto : ¿Qué más
cretmos. K n OY ? cualqmer otro?
E~ la ~ala volnó a leYantar~e una nue\'a tempestarl.
-;•_Está:_ h_abl~nclo como un msano: ·Es un grose1·o farsan-
te .... 'r~stá 1 e1~1e.. entando un~ comedia ... ! ¡Está loco ... !
-:-NI .~oco, m fars~nte - gntó ~Ianuilsky- es un contra-re-
voluclona~lO,, un e!lenugo del pueblo. un bandido zino,·iefista.
. Y l!l md1gnactón ~01~tra Magyar recon·ía ]a sala como el olea-
Je n~moso de una p1scma : ondulando suaYemente en todas di-
recciones .
. Yo habí~ conocido bie~ a :\Iagyar ~ era serio. mesur ado, es-
cnbfa con br1llantez y clandad, conegía los artículos que entre-
gábamt>s par a la "Conespondencia Internacional" haciéndolo
siempre con gra~ bondad y c~n un de\ oto empeño didáctico. Al
pasar por los pas11los del Kommtern. con su gran portafolio bajo
él brazo, su .rure ~raJ?-qmlo r austero. se le habría tomado por un
profesor umYersttarlO. En sus esc1itos había sido stalinista.
Cuando hal)laba lo hacia con amabilidad, pausadamente. con voz
grave y s iempre con seriedad que imp1·esionaba. . . ¿sus ami-
gos .. . ? bueno, :\lanuilsky, 1\lotylev. el docto1· orge. Kuusinen ...
los más sobresalientes ...
¿Cómo podía ser un bandido aquei per onaje? Uno de los
más lúcidos intérpretes del nurrxismo. tranquilo y diáfano: pa-
reció siemp re exento de dolencia ~ enamorado del razonanuento
16gico. Y de repente, de una semana a la otra. como consecuencia
de que un poble diablo -así lo presentaba la prensa soYiética-
había a sesinado a KiroY, :\Iagy:n se transformaba en un ener-
gúmeno.
Alli, de pié sobre el escenario, de,•orando ... u emparedado a
grandes tarascone , ron grosería c:studiada. :\Iagyar era como una
imagen monstruo amente deformada. Insolente, abellacado, en-
canallecido de repente, más parecía en efecto representando una
.eomedia, desempeñando un papel de enc~rgo. que af:rontando una
n=alidad ter rible. De de nlhS aaá .. , descle mucho n~as adentro de
sus frases y de sus actituaes de aquella noche. (hsparaba. como
flechas de duda. de incredulidad. sobre lo q~e esta?a h~nendo.
Jlubo largos momentos en los que la carencia de sm<.:endacl se
hizo plás tica, tangible: y en los que se }lalpó el esfuerzo .que ha-
para a banag·annr la· teorí:ls marx.1st...1s ~ la pt·oyocactón gro-

Cuando te1·minó, .Jlngyat se sacudió las manos t.:on e trépi-


abrió s us pierna pn amplia hon:ajn.dura. y <. nu;o lo brazos
~~1'.@ a la asamblea 'en actitud desafiante.
Tres asambleísta~ pidieron la p(slabra )~ habla ro~ sucesi~·a­
Rindieron homenaje a Ku·ov. el gran ~olshenque. ~~udo
-.l&......l.ucha cont ra los enemigos del pueblo, r~udo por el trmnfo
-241-
de la revolución proletaria mundial. El, K.irov, el mejor amigo,
el más preciado e inteligente colaborador, el más devoto her-
mano de Stalin. El más legítimo candidato a la sucesión en el co-
mando ...
Cada vez que los oradoTes pronunciaban el nombre de Sta-
lin, los hombres de la primera fila se ponían de pié y aplaudían
frenéticos y espoleantes.
Volvían el rostro hacia atl'ás y, aventando hacia arriba las
palmas de sus manos, incitaban a todos a hacer lo mismo que
ellos. De otro lado, hombres apostados entre la concurrencia, se
distinguían de los demás por la periodicidad con que lanzaban los
gritos y por la energía que ponían al lanzarlos.
-Stalin. . . Stalin. . . Stahn ...
Desde aquella noche, ninguna palabra he escuchado más re-
petida en Rusia que esa. Por todas partes, en todas las circuns-
tancias, en los más diversos tonos:
-Stalin. . . Stalin. . . Stalin ...
Magyar pidió la palabra para hablat· de nuevo. El presiden-
te de cabeza monda y de cara sonrosada, impuso silencio e invitó
a escuchar a 2.1agyar. Comenzaron a funcionar aparatos eléctri-
cos, registrando sus palabras.
Magyar no acusaba, peTo hacía insinuaciones tcnibles. In-
sinuaciones que caían como tiros sobre los más cercanos amigos
de Zinoviev, sobre Bela-Kún, el ex-presidente de la República
húnR"ara ; sobre dos de los secretanos de Bujarin; sob1·e el vie-
jeciJlo finés, que se hacía 11amar Martens, en el Komintern y que
era uno de los concurrentes de Kuussinen en el partido comunis-
ta de Finlandia, y donde se le tenía eomo una figura venerable;
sobre el larguirucho Chemodanov, presidente del KIM. -Komu-
nist Internacional Molodioch, o sea la Internacional Comunista
de la .Juventud.- a quien ManuilsJ¡:y profesaba una empecinada
ojeriza que no se sabía si 11egaba hasta el odio; sobre el viejo
Vasiliev y sobre varios de los hombres protegidos en e1 Ko-
mintern por Zinoviev.
Sentí la impresión oscura de que todo aquello era forzado.
No surgía con naturalidad; parecía la faena de un actor que no
lograra encarnar sino muy torpemente el personaje; parecía una
comedia grotesca que, por otra parte, estaba destinada a conver-
tirse en. horrendo drama real, un poco más tarde .y más allá del
escenario.
Salimos después ele las tres de la madrugada; no se había
esclarecirlo sino que Magvar era un bellaco y un granuja, en todo
caso, sin duda, un individuo con alma de bandolero.
Al .c;aJir, nos extrañamos de que 11agyar se hubiese atrevido
a menciOnar al camarada Vasiliev v a mezclar en sus referen-
cias a la camarada Helena Sta so va, ' la encantadot·a vieja, amiga
-242-
de la intimidad de Lenin y a quien éste llamaba "mi querida au-
tócrata".
. A1 escuch~1· Jos comentarios que hacíamos, Manuilsky inter-
vmo con energ1a y un tanto enfadado:
-: Vasiliev -.glitó- Y Helena Stasova creen que haber si-
do am1gos de Len m ~s patente de talento; pero su actuación sólo
está demos~rand<? .como por el cammo del sectarismo se .puede
llegar a la 1mbecl11dad.
_Nos ~~a~1ó a iodos muy intensamente la atención que, a la
manana s1gu1ente, la prensa soviética. anunciase una cantidad ele-
vada. de ej~cueio~e~. sin proceso alguno, sin mostra1· al asesino
de Ktrov, sm exlubulo ante los tribunales, en suma sin Juzgarlo
de modo normaL Nadie vió nunca al asesino no se le conoc1ó no
le juzgaron y solamente se supo que una m~drugada, uno de. los
esbirros de la policía soviética le había llegado un tiro en la ca-
beza.
N o comprendí que en aquellos momentos se desencadenaba
en Rusia, la más horrenda carnicería de iodos los tiempos. Xo
me dí cuenta consciente de que aquella asamblea era una espe-
cie de sesión preparatoria del drama sanguinano que organizaba
el régimen de Stalin, y el que se desenvolvería implacable y feroz
a través de muchos años en la inmensidad de la estepa, ahogan-
do en sangre, aplastando bajo una montaña de crímenes, todo
leve sinioma de mera discrepancia.
Quizás en un instante me cruzó ~1 cerebro la idea conscien-
te de que Magyar estaba representando una comedia de villanos.
Quizás en un milésimo de segundo, en una de esas medidas im-
ponderables de duración, que ningún reloj, y sólo la conciencia,
es cap,az de captar. apareció translúcido, puede ser que hasta
lúcido, el pensamiento de que iodo aque1lo era ficticio: una co-
media sangrienta montada especialmente por ~1anuilsky, por los
ser vidores de Stalin en el aparato del Komintern, por el coman-
do de la N.I<.V.D. y por los jefes de la policía, con el propó~ito de
e:xl)licar, justificar - quizás no convencer- ante la opinión pú~
blica, la despjadada represión que, de~de aquel momento, se des-
ató con ferocidad siniestra. cont.ra Zinoviev, Bujarín y sus ami-
gos v que se extendió luego a todos los sectores de la Yida rusa.
Pero, en aquellos momentos. no logré alcanzar el d?min~o de la
conciencia )(¡cída de todo este horrendo p1·oceso h1stór1co, que
sólo fué horadando y se abrió paso lenta y dolorosamente en mí
a través de largos años.
Cuando una idea nos posee como fé y como obsesión, cuando
marchamos enamorados del camino ~- encandilados por la meta,
las ideas cont1·arias llegan a nuestra mente r golJ?ean_ de modo
fugaz, pero no logran hospedarse en ~uestr~ conciCncta. Es co-
mo si algo misterioso construyese tab1ques rmpermeables, capa-

-243-
ces de impedir que las ideas contrarias se junten en nuestra con.
eieneia y choquen entre sf. Sólo el transcurrir de la vida y las
experiencias que golpean sobre nosotros, corno implacable agua-
~.. pulveri~ban lentamente tales defensas, dejando penetrar
las ideas antagónicas que llegan muchas veces a producir el de.
~ento de todo un alto y sólido andamiaje de ideas.
§61o mucho tiempo después, años más tarde, pensé que la
-.scena en la que Magyar hizo de grotesco y cínico protagonista
habfa sido parte de una comedia siniestra. Sólo muchos años má~
t&lde me atrevi a pensar que a Kirov no lo habian matado los
·m:tolieflstas. sino que el candidato a la sucesión de Stalin f ué li-
~.t.ltíU<bl.do PQr uno de sus más cercanos concurrentes, Molotov
~i&~o~~ el cruel y frio Malenkov, o por Stalin mismo y que ei
uno de los miembros de la N.K.V.D. Sólo pensando
ae~:es1a Jll&\ler& se establecía la lógica de los sucesos de aquel
:·:.;.·;.:JD.éJDiH>~. en los que fuf testigo.
.u.u~CS. de~uás de la asamblea del Komintern fueron desapa-
_:.*~~do sus oficinas los miembros del aparato moscovita de
.;w~~-ttéd.!Leic~~l, o.UJJ.J~uo de Zinoviev y casi todos aquellos que
:;ttiamt~cf-..,,~,.u.uwu.u de Manuilsky habfan auspiciado el encum:
1ij;Bjj~it0;,.4~..... ,,....~ Dimitrov, apoyando enérgicamente su can-
._Ja:
U*i'A,. P'reSiidEmciia de la Internacional Comunista.
::-;:~~:•:11 aquellas mafianas no llegó más a sus oficinas el feo
~-O!í~Cbli). Be~Kún. Juancito, el polaco, mi camarada del Bu-
I-':I!UG4'1l'ei'i.cano. a babia aludido Magyar en su diser-
L~Ilé3aP.t~eió taJnbílén. No vimos más un buen día, al lar-
presidente del KIM, al alegre y ameno
atfi~o.~t~ 3jL.·Jlt'a.OlUCltor Smil'nov, a la mecanógrafa Anetka
.. _.~,s liPirC>, Goldenberg y Cheliabin.
la vetusta casa del Komintern soplaba
--te:m~t; el ingreso en cualquiera de las ofi-
-.-~r~~GJaielil9S ~ajaban en ella; la gente
l u a·.,'V aterrada muy en especial, so-
~~1Jr. ;-'POMI~®:EJ~ pii~:W~~uilo un vendabal de pa-
:~jBsJ¡~ira~i6~n que culminara en el
Komintern, la organización
JJrJIQJ;,...;...,.;A.. DOJisne· --..-·--· donde Zi-
de Lenin,
~,_~Jiti:la: a~ctt1ación de Magyar
para que la
[:~P*~•:ric;IGrdle que, had.t
pues se descargaba sobre sus propios fo rjadores, demos-
que se convertía en su negadón. triturándolos. La ma-
muna era más compleja, c;taba má~ engrasada, sus engrana--
eran más finos, pero era la misma "checa" que creara Le-
• • • ¡Que aquel otro tenor era empleado contra la bu rguesía,
ll)jft1tJ'A la contra-revolución, contra el enemigo de clase ... ! Pues
: las palabras eran las mismas que repetía Stalin, poniendo
vez de los burgueses e imperialistas, a los viejos bolshevi-
... a los comunistas leninistas, que no habían tenido la ha.--
~arac, o la indigencia moral, de hacerse oportunamente sta1i-

Esto lo ví claro sólo muchos años má~ tarde. ¡Cuando nos


. ia•' cuánto.
la f é contrar . cuánto tarda en e ·ctarecerse
. 1u~11Lv en 1a conc1enc1a . . ..1

-215-
CATARTICA ST AL INI ST A

EL anochecer y la ma dru gad a segdiv uía n des apa recien-


~NTRE enden-
a_ do los dirigentes má. sElconHospitelcuoLus xdeselasconvirerstióasendepun cen-
cias del Komintern
tro de act ivid ad de la policía soviétiera ca. La N.K .V. D. instaló una
oficina especial en el edüicio y allí arr n conducidas previamente,
par a ide ntif ica rlas , las per son as que
anc ada s de la cama eran
em but ida s luego en el camión cer rad o cam que los llevaba par a siem-
pre , camino de la "Lu bia nka ", de lo~ pos de concen il·ación o
del tiro en el occipuccio.
De modo simultáneo, la pre nsa soviétibie ca, las resolu ciones del
rno, anu nciaban que
par tid o comunista, los org ani sm os del Goaum ent arí a la 1·ación de
el racionamiento ser ia suprimido, que se
ma nte qui lla y que su dis trib uci ón ron ser ía am plia da a sec tores de
orm aciones abu ndan-
obr ero s que no la recibían. Se publican quiinf nquenal en aquel año y
tes y opt imi sta s sobre el éxi toent del pla
se emmci6 -au nq ue vag am e- la posibilidad de que las res-
trieeiODeS par a obt ene r ves tua rio y cal zado, dis mi nui rían en for~
ma seasible. Se anunció con bul lan gue ra apa rat osidad t catrnl ,
icletas, receptores de
tae loa tra baj ado res pod ria n adq uir ir bic ina. El anu nciado re-
Ddio y hasta artfculos de aluminio par a coc iético", en el que el ~n­
Cí9lltor de radio era del llamado "ti po sov
IHR ":· .... podfa esc oge r Di
con tro lar la audición ; ser vía exclu~iva­
y organizan as
&9 10 escuch ar las tra nsm isio nes con tro lad as
• no y por el partido.
~----do popular sobre la sup
res ión de las col as del
ha.lt-.~e•~ POI1e2aeo. apa gab an en
rea lida d t odo lo que
•-~Ciecll" sobre la persecución des
encadenada en
ldllh.l~lGe 1 rea liza da con tra las
má s altas
a.-'l*i:•a. Ademis, el pueblo,par el ruso t.: ~
'f.te:l'l'OJr; él for ma ba te de ~u
. .~6·iJ!n~Iucilía: y así, le
daba lo
t=SiellapJ~ que no le toe: se
En ,~1 ~ote~, Lux se intensificó la agitación ; ~e anunciaron
...a,rsa~:~. cb1skas - o asambleas de bmp~eza políliC'a- y ~e per-
Jt~.J'On nuevos procesos co~tra personahdades de primera mao-.
~[tu1c1. Sonó el nomb;e de Smani, el dirigente del Bureau Latii;o
no del KoJ?lntern en Moscú, como el de uno de los can-
[da'tos a la sangnenta catártica.
Sinani era un h~mb~·e alto! enjuto, permanentemente cal-
ado con botas muy limpias y vistiendo un gaco europeo con un
:eeíüc:llo pantalón d~ .m~ntar. Tenía a1re militar, rezago y sello de
estada e~. el. eJ er clto. Durante la revolución, Sinani era te-
'iñlen1:e del eJ_ercit~ ~el Zar; es~?v~ al lado de los blancos y, más
adelante, fu~ Cap~tan de los eJerci1os de Koltchack. Sólo a plin-
tiD,ios del ano v~1!lte se pa~ó a las f!las de los bolsheviques y,
,~,, _.... tarde, se af1hó al partido comumsta. Sinaní era hombre de
eleva~a tenacidad ; díscutía con mucl a calma, pero poniendo una
especie de terquedad en sostener sus razonamientos y en enri-
guecer constantemente su argumentación, aun desnués que ella
había sido rebatida. Cuando encontraba un argumento vigorobo.
ba sobre él ha~ta cansa1· al audito1·io: no cedía ~ino tras
:Cllltra pugna que, a veces, se prolongaba semanas. Gran estudioso
con prodigiosa potencia de análisis . Sinani era elemento de gran
en toda discusión teórica sobre los 1)1oblcmas latino~ame­
y sobre la temática rlel imperialismo y de su acción ~o­
la vida económica y política de los países semi-coloniales, ha-
tenido largas discusio11es con el doctor Sorge.
Sinani era el hombre del Kon.intern elegido como candidato
la acu sación: se hablaba de su nasado. de sus orígenes, de su
'l>l'OCE!denc1 a, del r ubio cabello de su mujer -aseg-urando que era
.V&IL&'-CI~uv como el ele una burguesa- de la seducc1ón que emanaba
su rostro fino y marfileño. y de1 hecho extraño de que no es~
afiliada al par tido.
Convocaron a una a~amhlea en el ~alón de actos rlel Lux;
denominó sesión de célula y en la orden del oía 5;e había ins-
"El Caso Sinani''. Se trata ha incue¡:;tionablemente de una
~-....- .... , de la función catártica del partido bolsheYique.
Alli comenzaba algo rle lo que había oe terminar quizás an-
un trozo del suelo agujereado por el tiro del pistolero ejecu-
La gente que concunía a la asamblea ¡~arecía _co~rn:enderlo
todos estábamos po~eidos ya por el n11edo mas mnmo: no
sonreíamos y nos mostrábamos alegres. . . con la ale-
rutinaria que existía en las sesione~ en 9ue iban a dis~u­
temas sobre la "La Estabihzac.tó11 RelattYa del Capll,a~!s­
o sobre "La Construcción del Socialismo en un solo P<us :,
~~lúlJ¡ni estaba va allí ocupando una tribuna; apenas se abt10
•olll se le concedió la palabra.
-247-
l•~n la prinwra fila C'Stahan los hombre'~ in<>onfunctiblC's de la
N .I<.\'.D. con su s cllnqu<•Las lanras, <'O ll sUR mst1·os n'll<'l iOS y ~U:-\
<'tlhezas n1pndas :t navnja. Pronto nH' _hn l>ilué a dcl:H'IIhrirlus en-
tre mucha n·L·nt<' o t•nirc g ru pos rcllUcHio~: po1·. ln, maJH'I'H de n1i·
~

rur, por la ropa el<• cla~c infmitanwntt• sll,l>('l'IO I', poi' lo1-; pa:-;os,
p or las risa~. por('( ritmo im;t~lcnt<' de rHlllll.l:\1'. I•:r!l claro c¡ut• n.o
tenían int <'l'i'~ en ocu ltarse, snln al cotllran.o: lt•ntrm_mt~·~:<·"' t>n
Ílll}>I'(.'SÍOJ\HI', Cll UIOS( J'al'S<', Cll cl;u· l'Ol'J)Ol'l'ldad al l'J Cl'!'I<'IO flt•l
tenor.
Rinnni v~fnhn ycnltlso, salvo c11 la pnrL<: VP(' ina :1 los pómu-
los rlondt• lt• qHNlah;m do;.¡ numC'IlaR lh iclnH, el<• un \'ioh•lu qtH' scJ
hn;·ia inh•nso t•u:ltldo In lur. <'nÍa el(• <'il•rin modo ~<>hrc• sn <.'nl·a.
Alto cenceño fornido, hahl:1hn <'<>11 In vor. entera, c·on <H't>nl nacln
encl'gía y, se' c~talm smtit•ndo qll<' rmt hon.dn si tH't> ridacl.
- D<!srle ni no .-exdnnwl>a- aprendí a amnr nrdi<•nt e> y apa
~ionaclanwnh• a H.u!-!ia, c¡ttiíi,ÚR (HH'CJll C me tocó Yivir siempre Cll
sus front e ras. en lns que• dan al ori<.ni<'. Mi n:tdn• murió t'll la
guerra con el J a pón, <'11 l ~)04. Murió por H.u sin y fué uno de sus
hóroes. Yo era un nifio.
-¡Menos litemtura! -gl'itó unu ele los N.K.V.}).
- ''1'\ous nc somnu•s pns dans une aca<lemic ... '' -<'hilló en
fra ncé~ Ilcnrlettc, la m<•canógTafa francesa de Manuilsl<y.
.-¡Qué huble . .. ! - (lccian otros.
-Se me ha pedido mi biografía <':unaraclas -dij o con voz
tranquila Si nani- y la estoy hnch>ndo. La sé dt• memoria, pm·quc
la he vivido con in tensidad y <'on honradez y, ndcntús, porque me
han obligado a relatarla muchas veces .
.-¡ lt;stá prohibido interrumpir ni camamdn - dij o el pre-
sidente de la sesión- prosiga Sin:uli!
JJahló de su edu<'a<'Íón, dl' su adolesrcuC'ia, de ~us est udios,
hasta que, JHH' ser hijo de nn ofidnl nnwrlo <'ll el enmpo clc>l ho-
nm·, se le abrier on las puertas del cjén·iio <le Rusia.
- i D~l ejército zarista ! -gritó la mujer qtw nos s <•¡·vín té
en la ofidna y que si<:'mrn·c me habín pm·N·iclo no sólo UIIH pohrc
mujm·, si no un pobre diahlo sin opinión y sin id<'as polH ic·ns. Y a llí
C."itaba ella, de pié, desgreñada y rabiosa, acusando a Simmi.
-Sí, <'nmarada Shul'a. -rcstwnd ió s uav<'mentc Sinani- del
ejército zarista ... en aquel tiempo no había otra dasc de ej ér
cito en nu~st ra Rusia.
La con<'urrcncía rió y el presiclenle elijo con sequedad:
- . l ' o dialogues Sinani, nn llames a los camnra.clns por RU
nomlJrc, dirfjete a la prcsiclcnrín, v evita que ~e t.t• llanw la aten-
ción. ·
Sinani JH'Osiguió su narra<'ión y di jo <'Ómo hahín lwdHI csf u-
dios en la academias militares y <'omo <'sluvo de guarnición ('n

-248-
I'Pirnv1 aclo, c•n Kir>v y en Vlaclivoslod< y su ¡mllicl¡Jacif>n <•n la
g\11'11 :t
- Pl' l'o, la nmcl1'•• clí· ust<>cl c·amaracla Si uani -inlcnnmpi6
c1 Se<'l't•lalto el<: la d•lula, ap1laudo un legaJO ele pap les- r<• ·i~
hln. 1111 _r.sl 1¡wn!h.u <lPl golm·l nu z.1 1ista ... <•st ipcndio qtw imph•·a-
ha alg 1111 St'l'\'ll'IO,
-En <'f<'do, c·amamda !H'ct·clal'in - rPplicó (cm intf'ltcionn-
cla corlc•si.t. Hinam- rn1 IIIHcll'<' 1N ihía In ¡H"nsiún que el Gobier-
no lt• claha J><ll la ~;wgrc• qtw 111i pnclrc• hal>í:t \ Ntido clcfcndiendo
el stwlo Jll i:\O C'n una gtWtTa clPsnfm lhnaclu.
i 1>~''-<l fod \11\arln gttPIT<t - trril ó con sm·na Pl <'ama 1 a<la qtJC
hada 1a 11 mpH•za de mtl' ·t m~ ofic·i nas <'n el Kon1i n tPI'tl- vn ••s ..
tús rcsullnnrlo chauvinista! ;, qué buc>nrl laya de c·omunista es
t•stc iní.nsfnva?
g] prcsidt•lltl' impuso ~il0.n<"Ío.
· ¡, Puedo pedir, ramarncla pr<!sHIPnt<~. que no s~ me injurie-
prr~,..unt() Hinani- no ¡.¡oy 1111 <"Onch naclo, ui siquiera un ren:
soy ~nlo un tni<•mhrn d~l ¡m1 t ido a. quien ...
--A qm~n <•stamos ntzsmndo -~riló air;trlnnwnte uno de
los l nuluelot·N.;, a q Ul<'Jl !;ir,· u if'rnll In fra tw<.·~a li<•n l'icUe \. varios
policía~. ~
-Mi madrP -continuó Sinani. pcn•ihia unn pcquei\n pen-
::;ió n : la qu<? ret•thrn las vnHlas dt• lm-: solclaclm; c¡tw HllH!l'<'ll por
In palrin. Mi mn.drC' no pt·t>~ló s<'t'\ ieio el<• nillgllll:l clase por el
pequeuo Pst ipcnclio quP n•<·thín .
- ¡, A~í que vivía pnrasi lnriamcntc? -mummr6 el S<'<'l'eta-
l'lO.
- Ct·co qnc el H•nninn no es jn!>lo, <'nmar:uln Sem·ct:\rio -
r <'pu so c·on dip:nicln<l Rhtnni- ,.i, ín d<' la ~nnp:re de mi padre.
Y la voz de Smnm S<' qut'lllc'> por la cmodón.
Cotno RÍ ~C aclvil'l.icsc que C~ta mi~mn f'mOrlÓll !W <'OTll\lllica-
lm al nuclilorio, uno ele los hmnhtcs el<' la N.K.V.D. Pxdamó:
- Vamos . nwnos palciismo, nwno~ lilcrnt urn.
S in:llli r t>lnt ó <·ÓnH> lwbí:t pclenclo ~n el frente \ la~ lmlallns
<'ll las qu e lwhí:t pnrlidpnclo; sus h<'a·i<ln~. su ~\C't u:wi(m <'n ln ba-
lnlln de 'rnntwnhc r~. LuPgo, In n•voluri6n el<> Kcrcnsliy, ~u lraR-
larlo a Vlaclivos!.oC'k c·om•nl<•l-tci<'nlc: su ;\C'lUa<'ÍÓll conlr:t la~ han-
das armadas <le píearos e¡ m• no pt'l'lC'n.C'dn n a ninr:ún pnrt iclo, flUC
no profNmlmn ercdn a lg;uno y qlH' ~<' dedicahnn al Jlillnje.
Sl' alzó un in•memln vocerío en ln smln. pero Na l<•\ anlnrlo
por nnn exigua minoria., <•nt I'C Pilos, ndt•míts ele In llolif'Í:t. t>Ol' los
<'Hl plt•aclos m:\s hnjos de nucl'lra sN·ri6n. La Rf'<'l'<'lal'ia rl<' ~ina~
n i cs t nhn. in lt•ns:mwnt<' pilhda pero 1<• q\ledalln Plll'l'S~Ía pnra s on
l '<'Í I' <':uln vez que la. mira ha. ,Jultn, PI l'nmarada con qui<·H t raha-
jith:un o~ en <•l sodo r d<•l P acíftt·o pnra la Amc'•rkn d<'l Hur, n o
dcrín. mut palahra, me mi rnba ron asombro y cl irigín mirncl:u~ de
e6lera o de :miedo -no lo pude saber- a los que inj Ul·iahan a
Sina~Ü. •
Los que gritaban proferían injurias:
-Está insultando a la clase proletaria ...
-EstA blasfemando contra la revolución.
-Este tipo es un contra-revolucionat·io, un bandido ...
El Presidente obligó a callarse y a ocupar sus asientos a los
que gritaban. Sinani, a su vez, replicó:
-No, aquello no era clase obrera, porque en el lugat· donde
me hallaba no había un solo obrero; ni era revolución, ni <·omu~
nismo, ni credo alguno. Eran bandas de asaltantes que robaban
para llevarse consigo Jo que pillaban; eran asesinos e incencha.
rios que saqueaban e incendiaban las aldeas.
-1 Eran los guerrilleros de la revolución proletaria! -le
gritaron.
-rNo ... no ... yo sé bien lo que digo. No eran guerrilleros·
eran individuos que ejercían las más bestiales formas del ban~
dolerismo. Y eran bandidos rusos y bandidos chinos!
-¡Está empleando un lenguaje capitalista -le grilaban-
Sln&Di, eres un burgués ... !
Si:Dani estuvo impresionante al narrar su paso al lado de
*r. comumatas, su ingreso al ejército rojo, su labor tesonera co-
irastruetor de los reclutas, s~s campañas contra las im•asio-
-El pre~iden t.c <.>stá dil•igi r>ndo r.on t.oda correc<'ión la asam~
blea de In cél~1la -elijo con al ti\ ez teatral el que presidía- y el
cama rada J uho no tle1w pol'qué llamarme la atención; yo sé bien
lo q ue deho hac<.>r .
.Ju lio no elijo nada y la sala quedó en silencio. Pasaba un so-
plo frío sobre ella, bajo Jas miradas inquisidoras de los policías.
Sim~n~ prüsig~tió su nal'l'arióu co~1 desg:mo. Estal>a mucho
m enos pahdo; halna l'<!cobrado su habitual color rojo enrendido ;
parecía más S(_)g'UI'o rlc> sí mi--1nr) o del tPma en el c¡ue entraba.
H a bló sobre sn lrabajo en la Internacional Comunista; sus infor-
mes, sus artículos, los <•nsay()s de Jos que era anlot· y que esta-
ba n en poder de la Academia Leninista, sección Amél'ica Latina.
S us esinclios sobre Bolivn r y las r ;..mpañas de la independencia
ibero~americana; sobre Pol'firio Díaz ,~ { 1 régimen de los ri~n­
Uficos; sobt·e las dictadm·as de Machn;lo en Cuhn, de GómPz en
Ven ezuela, de L e$ruÍa en el Perú, ck Ibtñcz ()n Chile.
El presidente le int1~1Tumpió:
-Una tarde -le diJo des}més de haber l~ído una rle las ca-
rillas rlel legajo que le presentara f•1 secretario de la célula.- es-
tabas en la plaza roia; te acompañahnn .Julio v tu mujer. Ossia.
T e encontraste con Vasiliev, el amigo de P iatnitsky y con LPnka,
la secretaria. ele é!Sle. Com·ersaron .. . fue> una com·c>rsación polí-
tica. . . ¿ la recuerdas. . ?
- Francamente -respondió Sinani <'on tm·hación- no l>
recuerdo con mucha claridad, pero puede ser naturalmente; he
t enido tantos encnentros 1m fa1lto~ lu~ares y con tantas pcrso.
nas . . . y mi conYersación siem}>re es política.
- Haga memoria, diJo el1we~:dclente.
-Haz memoria -rcit eró el secretario ele la célula- haz me-
moria Sinani.
-Bien puede ser, no puedo afirmar que no -replicó ~ina.
ni- pero ¿qué puede tener o qu( puede no tener la convelsación
sostenida ante varias personas ron un camarada del partido y
activo colaborador del Komintern''
-Ossia, tu mujt:r puede nruclarte a recorcl:11· Sinani -diio
el secr etario de la célula- pero. esto será en tu casa ra Que ella
no se e ncuentra ac¡uí, })Uesto que no es mil~mbro del parli<lo.
-¡Ah! _.exclamaron en la sala- ;.con que no hn hecho in-
gl·esar al partido a su nmicr ... ~- él el' un dirigente del Komin-
tern ? P ero, ¡ qué bucnn fkha. qué raro ejemplar de comunista!
Sinani estaba turbado. Qtliso explicar porqué su bella nmjar,
rubia y hermosa. con ojos C'hines<·os y e.:xlraño rostro de Yampi-
resa -que llamaba la atcnciém por su manera ele Yesiirsf\ y cte
...peuu'•rs•e- t>orqué no halJiél ingresado al partido .
.-Camaractas, falla <le cult ura poHtka: no hace un nño a un
._¿>• .,..... vivimos juntos; de olro lndo, ~·o respeto la personalidad de
...-251-
mi mujer; no 9uerfa ~acer presión, porque cr eo que al partido
debe llegarse sm pres1ón alguna.
-Pequeño burgués -gritó Henriette- pequeño hurg·ués
- Matrimonio pequeño-burgués - añadió la muj cr que se;·.
vfa el té.
-Tu mujer - preguntó el sec1·etario- ¿tampoco pertenece
a Dingún sindicato?
-No, en efecto, no pertenece, reconoció Sinani.
- ¿Tampoco trabaja? ...
-Bueno . .. en una fábrica no ... no, volvió a responder Si-
nani.
-¿Y de qué vive? -tronó el Presidente- ¿quién la man~
tien~?
-La sostengo yo, -dijo Sinani con firmeza- el salario que
percibo en el Komintem y lo que se me paga por mis trahajos
intelectuales, me permiten hacerlo. Vivimos en el Lux en una
habitación, todos lo ven cómo. '
-Pido que se tenga en cuent a todo est o - solicitó en tono
excJatnatorio el secretario- que se tenga en cuenta.
-.Asf será -ratificó el presidente, mient ras indicaba al ta-
~o que subrayase este punto.
-Pero -dijo el secretario- volvamos al t ema de la con-
·VE!allt.ci~m con Vasiliev en la Plaza Roja-. El te dijo a H Sh1a-
. recuérdalo bien, recuérdalo. ¿Te imaginas lo que surede-
~ut-:•01. desapareciesen los jefes del partido?. . . Tú t e extrañaste
all~:·»cl.CO. COlinO si no comprendieses. Y entonces Vasiliev te dijo
~ilfli::¡Jariin•tate : ¿Qué pasarla, qué crees tú que pasaría. por
irultl~~e el gran camarada Stalin? En aquel momen-
~ti.lfi~il8bái~Jte todos, tomaste del brazo a Vasiliev y acompa-
·~.ua¡,;t~· fueron conversando los t res . . . ¿Recuerdas
-¿Y a qué fuíste con Sinani a la Plaza Roja? -pregumó
el secretario de la célula.
-A ver si los ca1 leles que iban a colocarse en la fiesta del
~iete de no,viembl e tenía~ la traducción exa(·ta del ruso al espa-
nol; ademas, para ver Sl las palabras en castellano no tenian
faltas.
-Pero Sinani ¿qué castellano sabe ... ? -dijo con mofa el
secretario.
-Lo leo bastante bien -dijo Sinani- pero yo no fuí a ver
los carteles; acompañé a Julio pm· e~tirar las piernas; debíamos
regresar al hotel a continuar el tral1a)o pendiente.
-Están mintiendo -g1·it6 un X.K.V.D.- que se anoten
sus contradicciones.
-¡No hay contradicción -exclamó con vigor Sinani- Julio
fué a revisar los ca1'teles en la Pl~za Roja; Yo y mi mujer fui-
mos acompañándolo para regresar ]Untos al hotel. Vasiliev y
Lenka estaban en ]a Plaza, por aza1. . . estaban asimismo varios
decoradores y pintores.
-Pero, ustedes hahla1·on sobre la muerle del camarada Sta-
lin, dijo con burla uno de los miembros de la X.K.V.D. que ha-
bía tenido los ojos cerrados muy largo rato.
-No mencionamos en absoluto nombre alguno -replicó Si-
nani- y no pronunciamos el del camarada Stalin.
- ¿No lo señalaste como a Kirov?, gritó histérica y sorpre-
sivamente el hombre de la N.K.V.D. que había tenido Jos ojos en-
tornados.
Sinani volvió a perderse en el labe1·into de sus emociones.
Reaccionando, con visible esfuerzo, imploró:
-Pero, ¿por qué se lanzan así cosas tan terribles?
-Bien, bien -dijo el presidente- vosotros hablasteis de
la muerte de los dirigentes del partido, de lo que sucede1ia, de
la forma en que recibiría tales sucesos el pueblo ruso. . . ¿Tú,
Sinani, qué dijiste ?
-Pues dije, y lo dije con toda convicci611. que los dirigentes
del Partido estaban muy bien, que gozaban ele perfecta salud Y
que no debíamos pr eocuparnos por eso. Así fué todo.
El Pt·esidente hizo varias preguntas sin impo1·tancia, miró
al que probablemente hacía de jefe de los N.K.V.D .. miró su re-
loj y afinnó que la hora era avanzada, por lo que levantaba la
sesión.
A la mañana siguiente. Sinani estaba trabajando en su es~
critorio. como de habituación. Y al enarto día comenzábamos ya
a olvidar las incidencias de la a~amblea del Lux, ya que no t e-
man desenlace truculento.
-253-
Un par de semanas después, al entrar en la mañana al Ko-
m.intem encontré la noticia: Sinani no está, Sinani ha desapa,
recido.
Al dfa siguiente, la rubia y vampiresca Ossia, su mujer se
marchó con toda tt·anquilidad del Lux. Sacó sus objetos de 'uso
personal de dfa y a la vista de todos, lo que extrañó mucho y
provocó turbias conjeturas. ·
Una noche, en la cena, el joven comunista cubano que acom.
pañaba en la delegación a Candelaria, o Blas Roca, se acercó a
nuestra mesa y nos dijo:
-Han desaparecido Julio y la secretaria de nuestra sección
-¿La que trabajaba con Sinani? ·
__,g¡ •..
-¿Y Sinani ... ? -
.-Chst .... ¡cuidado ... ! Se .ha desc~bierto un complot para
asesJDar a Stalin . . . ¡ lo han fus1lado . . . .
PERSP ECTIVA DEL CAMINO DE YENAN

AS CONFE~ENCI~S secretas de la Gran Asia Oriental y


IL de la Aménca Latma que se desan·ollaron en ~1oscú al fi-
nal de 1934, habían terminado. A través de ellas se había
hecho sens1ble el antagonismo de las posiciones políticas de Di-
mitrov y de ~1anuilsky. Mientras Dimitrov planeaba su táctica
de "Frente Popular en todo el mundo". como medio para hacer
frente al fascismo, Manuílsky propugnaba la aplicación de tác-
ticas insurrecciona1es, allí donde era factible tomar las armas.
Luis Carlos Prestes y la delegación comunista del Brasil
habían defendido con verdadero encarnizamiento la idea de un
movimiento insurrecciona} en el Brasil, el que debería estallar en
la zona del X ordeste, sobre el Amazonas. L<>s delegados argen-
tinos aj)robaban esta tendencia plegándose a 1\Ianuilsky a causa
de que -como ellos afirmaban- su poderío en la Internacional
continuaba siendo omnímodo, pese a la presencia de Dimitrov y
a la acentuada fuerza con que éste defendía sus poSiciones. Mi
posición fué la misma que la de Dimitrov: Frente Popular en to-
das partes, aunque por mi lado acentué mi oposición al intento
de realizar un moYimiento insurrecciona} en el Brasil.
La Conferencia había acordado ya. a proposición de Di.mi-
trov y de Guralsl...-y, venciendo la oposición de JOS dú·igentes ar-
gentinos, que se me designase jefe de la delegación del Komin-
tern que partiría a Chile, a poner en práctica la táctica del Fren-
te Popular, por la que tanto había luchado través de todo el
certámen. Mi pertinaz oposición al leYantamiento en el Brasil
enfadó a Manuilsky, no sólo ha la el punto de \·apulearme en las
discusiones, sino hasta intentar que se anulase mi designación
como dh·igente su¡n·emo de la deleg·ación que partiría a Chile.
Creia en la \igot·osa pet·sonalidad de Prestes y en la influen-
cia política del prestismo en el Brasil, pero no espe1·aba sino el
fracaso de un movimiento insurrecciona}, Prestes y los bt·asile-
ros estaban persuadidos de que el pueblo entero les seguiría co-
mo consecuencia del hartazgo popular respecto de la dictadura
de Vargas.
-255-
-Cuando los pueblos en América Latina - argumentaban-
tienen bastante, están cansados ~e un dictador, pues siguen a
cualquiera que se alce contra el dictador, aunque ese cualquiera
sea comunista.
Mi oposición debió oi;entarse a ~ncon trar razonamientos
más y más poderosos, entre los que 1' ce Yaler el poderío dG los
Estados Unidos.
-La sola presencia de un pa~· de acorazados en las bocas clel
Amazonas o en la rada de Río de Janeiro, bastará para anona-
dar cualquier éxito inicial que pudiese haberse obtenido con el
levantamiento.
Al adoptarse las resoluciones finales, Dimitro\' transó mien~
tras en Chile y en otros países se aplicaría la lád ica del Frente
Popular, en el Brasil se intentaría la insurrección a1·mada.
A rafz de la discusión habida en la conferencia y como con-
secuencia de la discrepancia que mi opinión había significado,
Manuilsky convocó a una "conferencia est recha" a la que sólo
asistimos cinco dirigentes latino-americanos : P resies. Rodolfo
Ghioldi Bias Roca, Da Silva y yo. Participaron en las reuniones
secretaS, además de Manuilsky y de Dimitrov, Guralsky, Kmisi-
nen, Motylev, Myrochewsky y "el camarada Grinkov" el profe-
sor de arte militar, que dirigía los cursos en una academia espe-
cial, sobre métodos de sabotaje, de ataque y defensa, de lucha
caiJejera, de asalto a cuarteles, líneas férreas, depósitos de ar-
mas, vfveres, etc.
En aquellas reuniones "estrechas'' Manuilsky rebatió mis
opiDiones, burlándose sarcásticamente de ellas.
-Nuestro querido camarada -había dicho.- tiene razón
si dejamos las cosas donde él las deja planteadas. ¡Si los Esta-
dos Unidos movilizan barcos y tropás hacia Brasil . . . pues es
claro ..• no vam'>S a pedir que el pueblo brasilero luche con e~­
tacas o con orqufdeas contra los cañones . . . ! Por felicidad para
POsotros y para la suerte del proletariado mundial, la IntClna-
eional Comunista ha planteado ya con mucha anticipación el pro-
blema que ha visto el camarada y también su solución que e:; la
que el pobrecito no ha visto, ní sospechado. De sospech<nlo ~u
MliCiOD babrfa sido diferente en nuestra Conferencia. La In-
t;lra~-•t eamaradas, se ha preocupado más bien que de con~
ta6oDes 1 los barcos de guerra, de infl uir, d~ ;)u]ctar
$JIIfl ~(O 4'Je habrá de Oprimir e} botón mágic·o -al QUP. COn
~-·:lila ~ . . . ,.
'lla hecho referencia nuestro camarada - y que e1á
la flota. .
amplia información sobre las g¡a 'es
illliJ~--IIbUl ea los Estados Unidos, sobre la 1 nc-
Mdall'OJIU esferas y sobre los se1 1 io"
V. otra manera, muy imp01l :5
personaJe~ .. De otro lado explanó su pensami<'nlo sobre Ja ayuda
que rccthu·¡a el l':vanlamJenlo y sohrc la acc1ón de solidaridad
que se desarrollana en toda la América.
Prestes. por su lado, ton el acoh• azgo de Amé1ico de Da
Silva .Y de tocla )a delegación brasilera, auguró ferv01 osa'acogida
a la ms u_rrecc10n. Y no tan sólo de parte de los obreros de la
"Leopoldma'' o de los peones de las "fazendas", sino tambtén y
muy devota, de parte de poderosos e mfluyent.es círculos socia-
les, militares y políticos.
Se narró con patetismo la anécdota, fresca en su acaeci-
miento, de la conferencia dictada tJor alto jefe del ejército en una
de sus academias de guerra. El conferencista habíase referido
en términos acres a las simpatías que existían dentro de la ofi-
cialidad y que alcanzaba hasta la esfera de los jefes. hacia ideo-
logías extranJeras, extrañas a la mentalidad, a la tradición y al
proceso histórico del Brasil.
Un joven oficial se puso de pié e interrogó con \OZ desafia.
dora:
-¡,Se refiere usted, mi General, a nosotros, los marxistas?
El denso silencio que dejó la pregunta, fué roto por la pa-
labra lenta y grave que emergió bañada en la amable sonrisa del
conferenciant e:
-No ... capitán. . no me he referido a vosotros, los mar-
xistas ...
Finalmente, Kuusinen, Motylev, Manuílsky, invocaron el po-
der subma rino de Rusia; se diJO que sin paralelo ni competidor
posible en el mundo ... y se insinuaron desembarcos nocturnos .. .
armamentos ... técnicos . estrategas .. "agit-prop'' armada .. .
lo que en la guerra fueron los comandos. Se sugirió todo lo que
la Internacional Comunista podría dar .. y lo que. cuando llegó
la b ·agedia de España. . . no pudo dar, no quiso dar. Pareció en
aquella circunstancia que el Brasil de Prestes "enía mucho más
suerte en el Komintern que la Alemania de Thaelman; ésta, en
vez de ayuda bélica había recibido la orden de colocar el mentón
sobre el.tajo y la nuca baJo el hacha.
Hube de retirar todas nús obJeciones, reconocer mi grave
error y declarar que mi pensamiento rto había llegado a concebir
la idea atrevida de que hubiese comunistas en los puestos de co-
mando del E stado en los Estados 'Gnidos, y de que la Internacio...
nal Comunista tuviese sus puestos de penetración y avanzada
en puntos fundamentale s del alto mando capitalista. Y asf, por
unanimidad v sin resNva alguna, fue1·on selladas las grandes
decisiones de·l Komintern para América Lalma: insurrección en
el Brasil. Frente Popular en Chile. exaltación nacioné\li~ta en
México formación de un partido gemelo de masas. parndo de
"homb;cs nuestros" en la Isla de Cuba.

-257-
Fu6 en aque~as sesion~s reserv:a~as donde. se nos notificó
del cambio esencial que se mtr?duc1rm en el s1stema de orga·-
nizaci6n de los Partidos .Comun1stas: .En adelante,_ no más una
sola jerarqufa de comumstas, los mihtante5, astr1ctos a rcgis.
trarse como tales, a trabajar en una "célula" Y bajo la inmediata
dirección de los organismos jerárquicos rlel partido. e s ciert~
gue asf fué establecido por .Lenin, tras una lu_cha pug-na.z contra
los mensheviques y oporturustas ... pero, las c1rcunRtanc1as mun-
diales habfnn cambiado y era preciso ejecutar uno rlc esos ''brus-
cos virajes'' de los que hablara el genial camarada Stalin.
En adelante pues, además del militante comunista de Pm·-
tido, habrlan comunistas de dos categorías: una, llamada de
"hombres fieles", quienes podrían ser o no militantes según lo
determinase la Internacional y hacia quienes lo~ Partidos Co.
maniatas, sus Comités Centrales, deberían profesar considera-
ción ~cial, dindoles participación cuando lo solicitasen, en las
''Comisiones de control". Como arquetipo de esta categ-oría de
"hombre fiel'' en América Latina, se nos di6 a Vittorio Codovila
S6Jo mueho más tarde vine a intuir y después a. corroborar pal~
mariamente que el titulo de "hombre fiel'' no era potestativo del
Komintero siDo de la N.K.V.D., la policía secreta rusa.
La otra categoria sería la de los "hombres nuestros". E~ te
:seda el eomuuista que jamás se presentarla como tal ; que, muv
~, l1egarfa a mostrar disconformidad con el Partido
••Ita y a criticar sus debilidades o sus en·ores. A esta reu-
»._,_.d ísa.ercm especialmente invitados los profesores 1\Iit.in v
••JC7. -- cimentar la claridad de la identidad ~r de la ni.
-~-.4!1lilkel0 esencial y lo aparente. Los "hombres nuestros''
~::aar:•IDU:Idstas esenciales pero liberales, o socialistas o
'"""....,~:tMr8tt1ces. Muebos de ellos trabajarían directamente
lltllllll:t,.Dílf·~~-.s . cum.bres de la Internacional, sin conexión
lf:1,.itlll)els. Y oomo arquetipo de "hombl'e nucs-
lit!lll¡.eéJillttnUlt.a mexicano Vicente Lombardo Tole-
la aetividad sindical del país nor-
de la ratificación de mi
~-ii~A: ttelefP.C:iO'n del Komintern que par-
aciOJiE~ de los altos comandantes y
~..,..-.que se come caviar y se bebe

1-

.MIDI~aeiOn, la exaltó an
realiOS comunistas llega ,, n
a conquistar. Y se mostró ape~arlumbrado por una rle mis acti-
tudes, censurando que me hubiese opuesto a Manuilskr en Ja
Cl;l«:stlón concer men le .a~ Bra~il. Criticó mi poca fe en los altos
dir1ge~tes Y. en la cl~rtv1d~ncta de sus designios al propio tiempo
que rm osadta de opmar stn conoce1· en su '·aslcdad y en su \'er-
dad los eleme~ltos con que ellos con taban para adoptar tal espe-
cie de resoluc10n~s. - -
L uego, me e..'< J?t·es? con Yiva, emoción, con ese ~u patetismo
conmovedor, que eJercta ~obre m1 un extraño papel convincente
su espe1:anza de que tuy1~se éxit? en Chile, y de que obtuvies~
la creación y desen~oh•tn:I_ento, tnunJal del F1·ente Popular allá.
. . ..- COJ?l~rende b1_en, l~lJ_? m1o -repetía una y otl·a vez- que
s1 tienes ex1lo, ello miiUlra sobre la suerte de mucha gente de
pueblos enteros ~oy amenazados por el fascismo y por la gue~-ra.
El honor que rec1be~ comporta una muy grande responsabilidad;
tienes que ha~erte d1gno de esa responsabilidad ... y se extendía
en consideraciOnes sobre la suerte de la democracia, sobre el des-
tino del mundo, sobre el pehgro de la guena que él veía con cla-
ridad como int rínseco al marchar del nacismo.
Me dí cuen ta con honda fuerza persuash·a del inmenso amor
que Barbusse profesaba por su creación, la idea de la unidad rea-
lizada en el Frente Popular : él estaba seguro de que con el Fren-
te Popular se den otaría al fascismo, se impedtría la guerra ...
y otra vez, de nuevo, la guerra surgía ante este antiguo comba-
tiente, como una psicosis, como un dolor agobiante, como una
pesadilla.
-Antes de partir - me dijo--- y es para esto que te he so-
licitado, deberás conversar mucho con nuestros camarada~ chi-
nos. No debo decirte que esto sea una sugerencta del prop1o ca-
marada Stalin, pero ... es imperativo que converses con ellos,
que con ozcas las experiencias de Sinkiang, que saques conclu-
siones nmy claras, pues t;al_ claridad te ayudará a, tener aciertos
y a evitarte en·01·es. Tu exlio o t u descalabro seran los m1os .. .
no lo olvides . . . Has de hablar con ellos ; todo está arreglado .. .
Aquella fué la última Yez que hab~é con Barbusse; no volví
a verle jamás; no llegó a conocer el é;nto. del Frente Popular en
Chile . .. pocos meses más tarde mona. sm qu~ sn deceso pare-
ciese haber causado mayor impresión en las c1mas de la Inter-
nacional Comunist a.
Queda ron pendientes así todas las pregu1~ta~ que me ha~ia
propuesto hacerle sobre ~n cúmulo _de aconte~um~ntos que:. solo
muy largo t iempo des¡mes, he pod~do m~erp1e~~1 con cla11da~.
Los años de 1983 a 1935 fuer on, sm cqmvocac10~, los más cn-
ucc>s y los más difíciles para el régimen de. tahn. La ola del
desarrollada con despiadada Yhulencta en ~os campos,
~4•rlZa.noto "la liquidación del "kulak'' como capa soc1al Y econó..

-259-
mica", se había detenido en las goteras de Jas ciudades donde
existían gruesas concenb·aciones obreras. El "troizkismo" asi
como el ..zinoviefismo" y el "bujarinismo" eran en lo ese;tcial
blancos de ataques vet·bales, motivos de preparación psicolóo-ica
propaganda intensiva utilizada por Stalin para en allecers~ ni
propio tiempo que para mermar Y arrebatar prestigio a sus ' a;l-
versarios, a quienes arrancaba cartas de abjuración y anepen-
timiento, en las que ''reconocían públicamente s us errores". Pe-
ro la quiebra del partido comunista alemán Y la cadena de desas-
tres ocurridos a los comunistas en China Y en todos los rincones
del mundo, habían creado el ambiente adecuado para que pros-
perase el apodo que la oposición daba a Staiin, ca.si en voz alta
llamándole "El General de las delTotas". Manuilsky, dentro del
Kom.intern, era mirado como el lugarteniente inmediato que co-
mandaba esas derrotas.
Fué esta situación crítica, fué este ambiente de tensión y
dificultades supremas, lo que operó corno factor determinante de
varias maniobras un tanto exh·añas Y del bárbaro y despiadado
golpe criminal que cortó la vida de Sergio Kirov. Fué la situa-
ción lo que les astringió a p1·esentar a Jorge Dimitrov, el comu-
nista búlgaro héroe escapado de la garra nacional-socialista ale-
mana, como Presidente de la Internacional Comunista, antes de
que la designación fuese aprobada po1· Congreso alguno. Fué asi-
mismo por la critica situación, que se convocó prime1·o, )r se sus-
pendió luego, el Séptimo Congreso de la Internacional Comunista
Llegaron los delegados de los puntos más alejados del orbe y so-
lamente los europeos alcanzaron a recibir la notificación del apla-
umiento. Asiáticos y latino-americanos celebraron conferencias
pe tuvieron carácter secreto, ya que jamás fueron publicad"s
lis resoluciones adoptadas, y en una y otra pa1·ticiparon los más
altos dirigentes de los partidos comunistas respectivos. Se e' it.ó.
ie. esta manera, el estallido de la tempestad en torno a la idea
iel Frente Popular o del Camino de Yenán. Y, para poder destl.;tr
la ola de terror dentro de las ciudades, contra los altos dirigen.es
eomunistas, contra los más conspicuos capitanes sindicahst "'·
JU~·: ·. aconteció el asesinato de Sergio Kirov. Nadie más q e
staiD su grupo necesitaban con apremio de est.c crimen. De
-~aei<iJJ debfan obtener la razón bolshevique para el 'i~·ajc
iWstüti~LCi~)n para su cambio de rumbo y la cxplica-
.,.Aí~ra-r.A_ no sobre las cabezas de los burg1.1e~es
_ ,_,__ '10•~·
c,•-J.7.< V.
las de aquellos mismos que habf n
lfJáóe. $.QldíelrQi4•>,&. debían golpearme todavía, z:u n-
~--·'l.fJr.::Ji.,~f~· •ll~~ de que surgiese diáfana la in-
~ilt(lljl ~-~i~-Al~eUc•~ años.
Como me lo dijera Barbusse, dos días más tarde me encon-
t raba en la :asta casa de c~mpo, rodeaCL'l de parques y de alam-
bradas de puas, donde halntaban al rededor de unos setenta chi-
nos, dirigente.s com~ni~tas. Torlos habían sido trafdos, so pre-
texto de as1stu· al ~ept!mo cong1:eso de la Internacional, c¡ue fué
f rustrado, con la fmahdMt de ctmentar la autoridad de Mao y
de s u grupo; con la de liquidar la oposición que capitaneaba'Li
Li Siang: con la de aplastar en germen el agudo peli~o dr f:' i-
sión que fennentaba en el seno del Partido. Mao era inca¡: az (e
contrarrestar, ni de hacer frente a la crisis con sus propias fuer-
zas y las de su v1olento, terco y nerjo amigo C'hu Tdé. Tenia ne-
cesidad de que se le consagrase y se le ungiese en Moscú pues
de lo con t rario, él v s us pa1lidarios serian barridos por . u~ opo-
n entes que eran sm duda los más, los mejore-. y los mác: blillan-
tes, y cultivados. ::\Iao se limitaba dogmático v déhil, a llamarlos
"occidentales". " europeos" v "europeí7..:u te.~", a guisa de injuria
y como calificativo de de~'riación l)O.,tJC'a peligrosamente anti~
proletaria y anti-china. Todos los chinos 1·esidentes en aque' .a ca-
sa de campo sí sabían bien que l\1ao había sido t·ecibido por Sta-
lin : uno de los que estuvo en la entre\ ista se hallaba presente
alli y hablaba de tal entre\·ista, obli~án lome junto con Mao a
confinnarla, pese a la prohibición que me vedaba 1lace1·lo.
Los dirigentes SUJ)eriores me fueron presentados con nom-
bres que no eran los prop1os. Reconocí a Li-Li-Siang, a )lao-Tsé
Tung y a Chu, por las fotografías que había 'isto de ellos. o que
vi más ta rde.
L i er a un chino de fo1n1aci6n europea. en tanto que l\Iao era
un chino put·ísimo sin influencia extraña alguua Li ter.ía e. cu-
tis sua,-e, Mao tenía el rostro marcado 'lor las 'UMefactas cica-
trices de alg una afecctón herpética; sus piés :r sus Manos eran
gra ndes. Discutía r epitiendo sí. . . sí sí. . o no no ...
no. . . . Era dogmático, pobre en sus argumentaciones. pero te-
nía el pensamiento preciso de lo que quería o de lo que sabí8 No
adornaba sus discursos . ni cuidaba su lenguaje; era brusco y di-
recto para ex¡n·esarse y pedía cm"! en~re\imiento al traductor
que r epitiese el equi,·alente de las mterJecelones con qu~. llenaba
sus lagunas mentales. Y en efecto. !lun en Ja t}·~duccto~ .. esas
inter jecciones daban un sabo1· especial., un s1gmftcarlo ttpt o a
las palabras o a las ideas que ~1ao quer1a e..~presar con ellas
Mao era un devoto de Stalm. Le nombra,?a a cada .momento
lo hacía también sin duda alguna po1· darse Importancia ante Jos
demás. especialmente ante Li-Lt-Siang, su conculTente Y arh·er-
sario en la intimidad partidaria. A cad~ pa1 de frases. ::\.Iao sub-
rayaba que esa idea luminosa y magnificente no ~e él, la había
tomado del camarada Stalin; aquella otra expres16n, esa 1dea.
tal otra sogerencia, no tenían la paternidad de este humilde :i\Iao.
- 261-
No. El habfa tenido tan sólo el talento de tomarlas del camarada
Stalin.
Tenfa una memoria asombrosa para recordar con exactitud
Hteral las frases de Stalin. Y no sólo a la letra, sino con el re.
cuerdo preciso del momento en que Stalin las pronunció, la opor-
tunidad, el motivo y las cireunstancias que rodeaban el nacimien-
to de aquellas frases. Un .~ejo pasto1·, asiduo lector de la .biblia,
dotado de memoria prod1g¡osa, no habria recordado meJor los
versfculos y los salmos, como aquel chino las frases, discursos
y sentencias del Gran Stalin.
Las discrepancias entre Mao Tsé Tung y Li Li Siang, no se
referían a la táctica política, ni a la metodología comunista que
habrfa de llamarse. poco tiempo más tarde "el Camino de Yenán".
En seguir tal camino y desplegar tal táctica, uno y otro se halla-
ban de acuerdo. Las divergencias eran de índole más abstracta.
La ventaja la llevaba evidentemente Mao, a causa de su fcl 'VO·
roso y hasta teatral stalinismo, lo que le había valido quizás la
gracia del caudillo dilecto. Y se hacía claro ya que Mao empeza-
ba a utiliuu- con plena eficacia su categoría de ungido del Krem-
Hn.
Hablamos sobre lo que Mao, Chu-Tdé y su insepal"able guat··
iWl Júmg Sheng, denominaba la "Experiencia de Sinkiang", y
que bien pronto habfa de cambiar de nombre, Uamándose oficial-
mente "Camino de Yenán".
Basta tres chinos oficiaban de traductores y se corregían
Dl'Utilamente; de tal manera, la versión llegaba purificnrla de
crores. Lo mismo hacfan los traductores con mis preguntas
IQcu,...
y .opiniones, de modo que ellas llegaban destiladas a mis inter-
~6 en aquella tranquila casa de campo, doncle se des-
··.t.lnlllatMI UDa cbina, durante tres dias con s us noches.
· -JIIft eomo se mostraban encantados de tener me como
.~...!IJJ~ .4Jift~Afal' con eHo tanto a Barbusse, como al ínclito

•me de Yenán -manifestó


!!lJ!l~;~ desarrolla pensando ex-
aea tomando en cuenta
-C--·- la llamada Tácf ca
"-...,......,.~ ,amplios, que abnr-
can a ot r os scctOJ·es socia}es y que comp1·enden a otras clases.
Ante la amenaza del i asctsmo, mi llones (\e personas están dis-
puestas a luchar a D?e~ tro lado. Y nosotros debemos utilizar es-
te nuevo estado de ammo.
Pero, n? es sólo el. temor de perder la libertad lo que puede
d~rnos am.b1ente Y abnrnos cammo. Es principalmente la ambi-
CIÓn de m1 ll~J·es Y mJIJ~res de políticos de todo tamaño, salidos
de !a. pequ~na burguesut rural y ur bana, que no logran escala1·
poslctones 1mp01iantes, no t anto de acuerdo con sus méritos. si-
no de acuerdo con sus am biciones. Si nosotros los comunistas
con las grandes o las pequeñas fuerzas de que p~damos disponer:
ofrecemos n uestro apoyo a esos políticos, ellos vendrán hacia
nuestro campo, !lo co~o militantes aflliados al partido, que a
ellos no les conviene, m a nosotros tampoco sino corno servido-
res. Servidores de com·eniencia. Les dará pro,·echo servirnos ·
nosot ros _les retrihuíremos siempre mucho mejor que sus parii~
dos prop1os o los sectores en lm~ cuales ellos actúen.
Hizo una pausa Li Li Siang y habló :\Iao Tzé Tung.
-Nosotros hemos conquistado por est.e cammo a centenares
de oficiales del E jército de C'hiang Kay Sheck. El militar chino
es ambicioso; ti ene hambr e de poder -que no tiene el militAr
europeo- y sed de r iquezas. de comodidades. de lujo. Hay Ge-
nerales del ej ército de Chíang que son pro,·incianos pob1es y os-
curos. De no haber ingr esado al ejército habrían quedado como
escribientes de j uzgado, como propietarios de piaras de mulas,
como maestros de escuelas rurales a lo sumo. En carnb1o, por la
yía militar llegaron a Gene1·ales. Y en tal categoría lo único que
anhelan ya, es salir de su condición económica mediocre, de su
ubicación social inie1·ior , a la de hombres ricos, a la de persona-
jes poder osos y afor tunarlos.
Sirviendo las ambiciones de estos Generales, mucha$ Yeces
poniéndonos al servi cio de estos Sefíores de la Guerra, los ~omu­
nistas hemos obtenido \'enlajas r posiciones que no habnamos
ganado m ediante la lucha. Xo siempre la lucha de masas condu-
ce a la victoria política ; a menudo estos procedimientos que. a
veces, parecen de se11Jien te, otor gan mejores r má duraderos
triunfos. El talento del comunista está en saber aprovechar los.
Mao se puso de pié, avanzó hac1a un. ,.el?tanuco que se ~b;1a
• el muro y pidió bebida y vasos. Pros1gmó con calma miran..
dome desde lo alto de sus OJos rasgados y de su tez asolanada
y granujosa.
-El más grande talento de este t rabaJo, es p1·ocurar siem.
querido camarada, no hacer causa comun con el que ~e.
defender jamás al que no . tiel!e fuerza. ~u nque tenla razon.
.atacar al que piJla al r~~rarw , s1 ese que tJllla es dneno de una
-263-
gran fortaleza. Puede triturarnos. Y no hay necesidad de ser
mártires.
Intenté decir algo, haciendo una seila al. tr~ductor, pero
Mao me detuvo con un gesto de su mano Y conimuo:
,. . . . . Nuestra expe1·íencia, la experi encía del Camino de Y~nán,
es que los elementos tales como los doctores, generales, denbsias,
comandantes, abogados, que carecen de fortuna, no am~n el po-
der por el poder mismo -mucho menos para hacerle lJlen a al-
guien- sino que les seduce la captura del poder para hacerse
ricos.
Mao hizo una pausa, dió unos pasos hacia el centro de la ha-
bitación y riendo exclamó:
-Llegan al poder y empiezan a clamar como Napoleón: di-
nel·o más dinero todaYía más dinero. Y, comprende bien queri-
do c~arada, si ~osotros ayudamos a estos elementos, si les ayu-
damos a encumbrarse, si les servimos de escale1·a, porque ello nos
tiene a cuenta y nos dá provecho. pues es incongruente y absur-
do que luego queramos fiscalizar sus manos, poner cien·es en
sus bolsillos o diques a su codicia. Si lo hiciésemos ingenuamen-
te., pues de inmediato se ~olverian contra nosotros y harían lo
posible por aplastarnos. Esto sucedió eon Chiang en 1927. . . qui-
simos hacer de m01·alistas y Chiang Kay Sheck lanzó toda su po-
tencia contra nosotros.
Li Li Siang dijo algo en chino intenurnpiendo a Mao. Se
promoYió una discusión aguda que el traductor no virtió al fran-
cés. Durante más de una hora Li, rojo y chillón discutía y grita-
ba ; Mao respondía con gravedad y con tono medido.
!\fao invitó a beber; sirvió las copas y liquidó su polémica.
Hizo salud, diciendo en francés ua la votre" y degustando el li-
cor sentenció:
-Deja que hoy se enriquezcan. que luego, muy luego, les
expropiaremos. Mientras más complicidad encuentren de nues-
tra parte en sus saqueos, más posiciones nos dejarán tornar y
ocupar. ayudándonos a conquistarlas y también a extenderlas.
Eso sí, dos cuestiones esencialísimas: no participar en forma al-
guna en los fraudes y saqueos, lo cual es sumamente difícil aun-
que no te parezca, y realizar este tipo de colaboración sin que la
masa pueda percibir algo indecoroso y sin que nuestros enemigos
puedan demostrar en modo alguno la existencia de ial complici-
dad. Esto -añadió 'l\1ao riendo con sarcasmo- les resulta siem-
pre encantador a el.los ;. encantador y provechoso, amigo mío,
puesto que nuestra hmp1eza aumenta Ja parte que les correspon-
de :r les permite repartirla con mayoT número de granujas.
1\f.ao volvió a reír con aquella enigmática sonrisa china. Nun-
ca supe si reía de los conceptos que enunriaba, de los granujas

-264-
y P.í~aros con quienes había que tratar, o ele mi asombro y per-
ple)ldad.
Hizo una pausa y curvándose en una re\·erencia teatral Mao
dijo en francés, abriendo ambos brazos: '
-Vous avez la parole, camaracle. (Tiene usted la palabra
camarad a) Y me hizo decir a través del traducto r:
---Mao te ,Pi~e que seas tan gentil de referirte al aspecto
puramen te practico de la cuestión. Que dejes el asunto moral
a un lado. . . que ... lo tratarem os después.
M;;o dijo algo en chino con gran velocidad y el traducto r
expreso :
-0 no lo tratarem os ...
- Comprendo -les dije.- la forma en que plantean ustedes
la cuestión. Se trata de una estratag ema con la cual debemos
desorien tar y engañar a ciertos sectores de la pequeña burgue-
sía para abrirnos camino. ;. Vcrdad?
Hecha la traducción, Mao agitó la cabeza nerviosa y negati-
vamente y haciendo con las dos manos ahuecadas como si nada-
se o como si espanta ra moscas, agitándolas de adentro hacia
afuera.
-No has comprendido; no se trata de engañar a nadie so-
bre nuestra posición, ni nuestro ideario. No has comprendido ca-
marada.
Li-Li-Si ang intenino inten·ogando:
- ¿Crees tú sinceram ente que es engañar el hecho de con-
tribuir, por ejemplo, al triunfo de un politico radical de última
fila, cien veces posterga do en su partido, quizás a causa de su
inepcia, pet·o que tiene ambiciones, que es manejable y que pue-
de llegar a ser elegido diputado, por ejemplo, por una circunscrip-
ción de la Gironda o de la Bretaña, precisam ente donde los co-
munista s no podemos sacar triunfan te a ninguno de los nues-
t ros . _. ? ¿Crees que esto es engaño?
Estaba hondamente conturbado en aquel momento y no su-
pe cóm o responde1·les. Sentía como si tuviese necesidad de asi-
milar aquellas ideas o de desentra ñar previam ente el significa-
do de las palabras .
-Bueno -balbuc eé- es claro. engaño, habría que ...
-Eso es obrar colocando las cartas sobre la mesa. haciendo
ese juego limpio que les agrada tanlo a los ingleses, dando y re-
cibiendo -aseYer ó rotundo Li-Li-Si ang-. En el caso que te he
propues to, nosotros damos a ese radical socialista lo que él no
alcanzar ía sin nosotros ; recibiendo luego lo que necesitamos ob-
tener ... ¡Ah ... eso sí, sin duda ... ! El radical Ya electo como
diputado pero irá comprometido finneme nte a apoyar a un ca~
marada nuestro para alcalde del distrito, o por lo menos para
concejal o regidor. A ellos, esto no les importa mucho. No toca

-265-
ni s u bols;t ni su senti ment alism o y, por <'llo, lo conce den no sólo cc
con facilid~d sino con V('rdad<:'ro place r. La conc<>sJón lc>s }>:lrean
una piltra fa y no dejan de pens nr much o en que quizú s pued
neces itarn os más tarde . Y siemp n• hay que hacer les sabe r con de-
clat·idad que ellos subir án siem pre más arrib a, conta rán con que
fenso res ague rrido s y con aliaclos firme s, en la medt da en
nos sirva n.
Se calló L i y habló l\Jao, apen as term inó el tradu ctor.
-Aq uí dos cosas : la prim era que ,e se homb re minú sculo , ese
comu ni sta que, graci as al convenio. resul ta elect o alcal de de dis- to
trito o conce jal del municipio, enco ntrar á ya el cami no ah~er -
r.mmdo el parti do quier a lan zar su diput ado o impo ner su Alcal
de. Enton ces. ya no elegi rán al radic al ::>ino al comu nista : el fin tra
es siem pre el mism o; camb ian los medi os <le acue rdo con nues pare-
poten cia para obra r o para desca rgar golpe s. Este méto do
y,
ce más lento, pero, aunq ue parez ca parnd oja, es más l'ápiclo
sob1·e todo. es más segu ro. Esta es la prim era cuest ión.
~Ahora -aña dió- la segu nda cuest ión: cualq uiera
perso -
prom esas, de-
na que recib a nues tro apoy o y que no cump la sus
be ser conv ertid a en el blanco de un ataqu e front al, de ferocuno; idad
despi adad a. E s sufic iente que haga mos el escar mien to con
rle
basta que se conv enzan de que tenernos capac idad para cerra
el cami no a algui en y de conv ertirl o m edian te nues tra camp aña
perti naz en una verda dero palo de gallin ero, que no haya por
o.
rlonde toma rlo, para que los demá s se dejen gana r por el mied
de-
Un mied o que los comu nista s no sabem os medi r con su verda
ra medi da. ¡No sé porqu é ... !
Mao esper ó que el tradu ctor term inara de habla r para rea-
nuda r su exposición.
-El pequ eño burg ués ambi cioso, toma do por la fiebr e de la
le
codicia, sient e una angu s tia enve nena da en cuan to noso trosde-
golpe amos con tenac idad. Hay que inventa1·le todo; hay que
ar-
jarle en la mise ria mora l, hay que Yapu learle con todas las v
mas; que no qued e al final sino un mise rable guiña po arrol lado
amas ado et1 su prop ia pring ue; en esa pring ue que hava mos
Ül-
brica do espec ialme nte para él. ·
Se calló Mao y orden ó que llenaran de nuevo las copas. Es~ ían
taba soseg ado y dueñ o de una gran calm a; s us mira das parec
-
aguj as de jerin guill a hipod érmica; en los labios repo saba inmó
vil un gesto de despr ecio.
El, parec ía que esper aba que yo dijes e algo, pero en verda~
n:te l.tallaba hond amen te .c~~turhado, con aque lla desn uda y quizé
ís
-
s1 !1~sta obsc~na .exposlcton. Querta. repo nerm e; pens ar; elabo con-
rat . !deas Y clige nrlas ; estab a hund tdo en una torm entos a
fuslo n.
Mao parec ió sond ear mi pens amie nto y p1·oclam6:
-26 6-
-l~a l'ea.lida<l, la vida, el momento muncHal -dijo- nos co~
tocan las nances frC!nte a una disyuntiva coJ1:ante como el filo
de una mtYaJa. Piénsalo bien; disciérnelo·; húndetelo en el crá.
neo: o. ab<hcamos de algunos principios o dejamos e1 paso libre
al fasc1smo.
-Es que podríamos tratar de conciliar. . . -dije, pero me
interrumpió hruscamentc y con aet'itud:
-Sí, podríamos, por ejemplo, eliminar al fascismo con una
resolución teó1 ica. ;. vCl·dad? Sería cómodo: no se moYería un ca-
bello ele la cabeza de nuestros principios ~- de las noctrinas mo·
raJes. Pero. querido camarada, desgraciadamente, después de ela-
boradas. voladas y pronuuciarlas una o mil resolucione~. el fas-
cismo aya~allada el mundo. ¿Y sabes tú lo que eso podrá signi-
ficar'?
Y Mao rlesaió una ,·igorosa cl<1Cuencia para presentar la
perspectiva de un mundo sojuzgado por los nazi<:. ~ometido a ia
clictaclu1·a fascista. Y al lerminat dijo: y estas no son Ja.c:: ideas
ele 1\fao. Xo. Son aspectos dél.Jilmente enunciados de la forma da-
l'ividenie en que enfoc-a este gran problema, nue..c;tro ínclito y be~
nemérito camarada Stalin. El guía sabio )~ genial que conduce
con mano de timonel infalible la nave de la re,·olución hacia el
triunfo.
Llegó la hora de la cena r M:ao dispuso que no fuéramos al
comedor general donde concurrirían todos los chinos que se ha-
llaban en la casa, y que e1·an como setenta en total, siuo que se
nos sirdese en una pequeña habitación: nos quedamos .Mao,
Li. Van l\lin y dos traductores.
La luna llena sobre la inmensa planicie y la tibieza del am-
biente nos hizo salir a pascar por los bien cuidados jardines des-
pués de la eotliosa cena china . .l\Iás tarde quedó solo sumergido
en las más toTmentosas reflexiones. Y por todos los caminos que
seguía mentalmente, iba a desembo<'.ar siempre en la disyuntiva
que, seg-ún 1\Iao. estaba ante nuestras narices cortante como un
filo de navaja :
-0 el nacismo. o ...
- Y frente a mí se alzaba en efecto. como un espectro, el te-
rror mlzi la cruelrlad nazi. el sadismo nazi. la bestialidad de ata-
da sobre '¡a cabeza v sobre los lomos de la especie humana.
No, eso no era· posible consentirlo: sus fuerzas eran inmen-
satnente poderosas ya, pero era un deber hacerles frente. cerrar-
les el cammo como quiera que fuese. Quizás l\lao y Li iban m~y
lejos. se excedían. resbalaban por nn plano inclinado que po~1a
lleO'ar hasta lo tenebroso. pero tenian razón plena cuando aftr~
m;bau que era imperatiYo detener al fa cisma. impedir q~e. se
impusie1·a sobre la hmnanidad. Tal Yez su mentahdad as1atica.
- pese a que Li poseía una formación europea- les 11eYaba a

- 267-
plant ear el Camino de Yenán con tosca cru_d ez~. Tal ve~ no había
necesidad alguna de llegar a caer en claudicac10nes como las qu
Mao enunciaba~~ aquel~a su franqueza br utal. Podía ser que e~
toda esta expostcton ~u~1ese mucho de} temperam.ento agresivo,
de la virulencia congemt a de Mao Tze Tung. Po~·que Mao dis-
f rutaba entre sus compañeros de 1~ fa~1a de ser v10lento, despia-
dado y hasta cruel; se c~mtaban h1stor1a.~ un t anto macabras so~
bre la suerte de sus muJeres y de sus hiJOS.
¡Quizás, tal vez, puede ser.: .. ! Y en .est a forma .el alma hu-
mana ent ra, como por un resqu1c1o, hac1a el l?_lano mclinado de
las concesiones morales. Transa _hoy, ~ed<: manap~, pa1·a termi-
nar en entrega inevitable, en capttulac16n mcond1c1onal. El anhe-
lo fervoroso de ver realizada una bella Y amada esperanza el
terror al espectro que am~n.aza de mue1·te e~a esperanza, el a~or
a la idea largamente acariciada por cuyo t nunfo se ha padecido
se ha sangrado y se ha visto la muerte ante las pupilas, son lo~
ingredientes de un espejismo que no solo nubla la claridad del
entendimiento, sino que derrama luminoso 1·esplandor sobre el
camino que parece conducir a la meta deseada.
Mao Tzé Tung blandía con toda su fuerza y con plena con~
ciencia de lo que el argumento valía, la pregunta dilemática :
-¿Qué prefieres: el triunfo del naeismo o cualquier mal
mepor?
LY el chino sonrefa sabiendo que de la per plej idad no se po-
dia Salir sino buscando el camino de lo que él llamaba el mal
menor . Y reia con seguridad y eon ese desp1·ecio infinito que los
~ sienten por el hombre blanco.
--El argumento no es de Mao; humildement e debo decirte
flUé argumento del genial y clarividente Stalin, repet ía co-
1,110 la voluptuosidad de su devoción al dirigente 1~uso.
Y Jll pensamiento en el cráneo, querido camarada latino-
'tl-~i.llO: Stalin no se equivoca nunca: su visión abarca los
la8 edades; no sólo la vastedad de la Rusia Soviética,
; __~lfilj~'tUllbUiD la gigantesca perspectiva china ; -su miTada domina
~;~~~jalA• sobre todo. No lo olvides, cama1·ada.

•••:*' ·-JUrai1al1te reiniciamos la conversación. Mao y Li se


·e stacllo de ánimo, hundido en la confusión, del
Ja duda que me convulsionaba interior-
lblderos estrechos de tu mundo sub. .
-~ 'tu3 ideas, t us principios. tus pre-
objetivamente, el mundo con-
~-lllltica disyunt iva : los nélzb o la
-~'•~~' armas, con cualquier:1 clase
..-Tenemos que capta r y atrae r hacia nuest ro campo -ase
verab a l\1ao Tzé Tung - al sect01· de donde saca sus mejores con--
tinge ntes el nac1srno: la pequeña burguesía. Tenemos que usar
los proccclimientos que ya te enuncié aye1· con los políticos pos-
tergnrlos, con los ahogados huncildos en la e&'trechez económica,
con los docto res que no han Jog1·ado sobre. alir y que cl~ apotean
en la mediocridad o en su fracaso Y este procedimiento es efi-
caz, te lo digo yo, porque nos dió result ados que te dejar ían boqui-
abier to, en las esfer as del ejército chino. tanto en las medianas
como en las s upe1iores, porque allí la ambición y la corrupción
son los distint ivos del oficial que pasa a ser jefe. P ero, amigo
mío, fraca sa siemp re cuando SP. trata de conservadores con una
ment alida d hecha al pensamiento duro, con los repre senta th·os
rle la clase pudiente, con los sectores económica y financieramen-
te pode1osos. Estos ptensan a tnn-é s de sus intere ses y no están
dominados ya po1· la codicia de ennqu ece1·ge; saben que pueden
logra rlo con arreg lo a sus códigos y sin nuest ra cooperación, ni
nuest ra ayuda . Ellos saben con un pensamiento demasiado claro
que la meno r concomitan cia con nosotros les irrog a perjuicios
irrep arables.
-El que casi stempre es elemento de gran valor - intervi-
no Li Li Sian g- es el gran señor a1ruinado, la dama o el hombre
que proceden de las altas esfer as sociales y que han venido a
meno s; el que un tiempo altern ó con los altos círculos y que ha
perdido sus posiciones, cayendo en lo que él estim a un abismo.
Si nos acercamos a él para darle la mano, para encumbrarlo aun-
que sea ligera ment e, pues nos servi rá encantado Hará lo que se
le pida; será auxil iar precioso; entre gará lo que sea muy difícil
de alcanzar. Eso sí, dentr o del partid o habrá que tratar le siem-
pre como a un gran st::ñor.
Li Li Siang habia hablado en franc és, de modo que el tra-
ductot· debió vertir sus palab ras al chino, para que las conociera
Mao. Esle asinti ó con la cabeza.
-En esto siempre estuvimos de acuer do L1 -dijo :\Iao rien-
do- es lástim a que no fuera así en todo. Y ,•olvió a reír mos-
tl·ando su denta dura.
Li no hizo caso y conti nuó:
-Cua ndo los comunista s ofrecemos la poca o much a fuerz a
que podam os t.cner en cualquier país -afir mó con aplomo Li Li
Sian g- estam os en realidad utilizan~o el prestig!o que han ~le­
gado a tener en el mundo la Inte1·nac10nal Comumsta y la Uruón
Soviética. Cuando movilizamos la ambición de los ambiciosos y
el desin terés de los romá nticos, la espe1·anza de los liberales re-
zagados del siglo XIX y la codicia de los que _ans~an riquezas, .es
insosopechable la canti dad de gente de los mas dtversos secto1 es

- 269-
-excepto del sector pudiente- que se allegan y se someten a
nuestros designios.
-Y es claro y es lógico -añadió- .que suceda de esta ma-
nera. Si tú, en nombre del partido comumsta sugieres o auspicias
la candidatura de un libe1·al de izquierda, de un radical de avan-
zada, tú estás tocando varios puntos sensibles : ante t odo, el des-
interés ostensible del partido comunista Y además, el sentimenta-
lismo del hombre y su ambición secreta, que muchas veces, él
no se atreve a l!lostrar. HaY. centenares de ~stos hombres que
no han pensado Jamás, por eJemplo, ser Pr~s1dentes de sus paí-
ses. En cualquier caso, la sugerencia comumsta le llenará de j ú-
bilo y, como reflejo forzoso, surgirá en su círculo la sim1)atía
hacia Jos comunistas, el auspicio favorable al partido. Habrá
simpatia para estos comunistas que lo dan todo, que no piden
nada, que trabajan con devoc~6n Y con entusiasl}lo en todo el país.
Resonará el nombre del partido Y ellos ayud~ran a proc1 ucü· esta
resonancia; nos ampararán para que el pa1·tido obtenga posicio-
nes. Y a trav~ de todo este proceso, hay que pensar siempre que
los radicales izquierdistas, los pequeño-burgueses avanzados y
sus compañas pasan, mientras que el partido queda.
El traductor hizo una señal para que Li hablara más des-
pacio. No aJcanzaba a traducir todo lo que él decía, a Mao y a
Chu Dé que miraban atentamenté los labios de Li, cuando pro-
naneiaba el francés.
-;Si querido camarada, -exclamó Li Li Siang- ellos pa-
saD y nosotros quedamos. Somos lo eterno frente· a lo ef ímero:
lés tronos pasan, la Iglesia queda. Los 1·adicales, los demócratas
~.los liberales de avanzada, suben, bajan y se van:
íá 'iDtemaci~xaal Comunista permanece y dura . .. !
UU $iaJlg hizo una pausa, tradujeron al chino lo que había
6J;l.o y. Juego me invitó a exponer mi pensamiento.
-DtíloS tú lo que pienses -insinuó- comprende bien que
_ . ..., .es Q1l& reuDión oficial de partido; es una conversación
fítit,~rAaátacltá& Maaui1sky nos recomendó mucho esta discu-
eolleePto de ti, aunque con sus reservas . . tú
Los soviéticos son desconfiados y

••
a;~•; WiiiiUL uam • iDlporta. En cambio, el camarada
~¡••~.¡•• cerea de tf, en una mayor roncordan-
~·. ~!11,.. t6
vendrlas ...
;td8ildelldo a medida que Li hablabé1 y en
eneo. hablando con voz de bajo y
Btll!~illoChu Dé con algunos mo·
IJ¡·.llaii~Jatl8 a grandes trancos, reso-
-:Bó . . : bó ... hóó ... Bú .. bú ... húú ..
L1 sonnó, s uave y sarcástico, diciendo en francés:
--:Mao Y C~1u creen que no he debido mencionar ni a Dimi-
trov n! a Manu!lsl<~. Yo sostengo que no hav necesidad de tales
tonte1·1as. ¿Sabia, Sl o no, el camararla Manuilsky, que Yenías a
vernos . .. ?
. :-Le lüoo _saber que ve~dria -repuse también en francés a
Lt, sm saber s1 Mao entenclla o no lo que estábamos hablando-
Y. Manuilsl<y se limitó a indagar quién había o1·ganizado la entt·e-
V1Sta y estuvo de acuerdo cuando le expliqué que el propio cama-
rada St alin se lo había sugerido a Barbusse.
. Van ~in,, sonriente, ratificó lo que yo decía v añadió que él
m1smo habla mformado con toda am1>lítud, a Dim1tro~·.
- E l asunto no tiene ya más importancia - sentenció con
displicencia Li, para añadir luego con un grano de sal de sarcas-
mo- : ¡si hasta hablaste de ello con el camarada Stalin!
Mao se enfureció; gritó voces guiu rales en chino. golpeó la
alfombra de la sala con el pié. Había abandonado su voz de bajo
y gritaba en falsete. Lo único que yo podía entender e1·a la te-
pet ición de la palabra ¡Stalin. . . Stalin. . . Stalin ... !
-Pero, escuchemos lo que el camarada nos quiere decir -
insinuó con suavidad Van Min.
-Dínos lo que tú piensas sobre esto, con toda franqueza -
exclamó Li--- aquí no habrá desdaciones. ni falsas -posiciones, ni
errores políticos que se carguen en tu debe, pues no se trata de
una reunión de partido .
.-Toca el as.pecto práctico -hizo decu· l\lao- de,i a de lado
los aspectos morales. En la Yida, camarada, no hay Yictorias con
ética; la moral fué siempre el postre de las victorias. Es cuando
el animal se r epleta que piensa en los valores morales. La moral
es como el acompañante de la rligestión.
Y el chino alto y con el rostro áspero )r huesudo, rió diabó-
licamente.
-Creo que el Camino de Yenán - dije.- plantea una fot-m.a
de trabajo político totalmente distinta. Según lo que t:ds. sugie-
ren hay que salir de los limites estrictos de la clase obrera, de los
campesinos pobres, de los pequeño-burgueses que viven con es-
trecheces. Hay que salir, con audacia, hasta otros campos, ponet·
la mirada en las posiciones que necesit emos conquistar y olvidar
otras cuestiones; conquistarlas a todo t rapo; ganat· amigos, sim-
patizantes y servidores.
-¡Eso . .. especialmente eso . . . ! - gritó Mao cuando tel·-
minó el traductor.- tú lo has dicho : ser \'idores. Pel'sonas que nos
sirvan: po1· codicia, pm· miedo, por inler és, por inferioridad, por
venganza, por lo que sea ; pero, que nos sirvan. Que sirvan al par-
tido· comunista, que sirvan los designios del Komint ern, que sir-

-271-
van 1a causa de la revolución. ¡Te _felicito, am_igo quer ido: has
captado la esencia misma del Cammo de Yenan: ahora, alJlica
eso en la vida!
-Lo que Mao ha dicho -expresé- me abrevia la exposi-
ción. El dice que he comp1·endido; yo ?mbi~n creo que he enten-
dido lo que ustedes han expuesto. Solo quiero con versar sobre
algunos puntos particulares.
-Eso es fácil -advirtió Li Li Siang- si se comprende lo
fundamental. Veamos ¿ cuáles son los aspectos particulares ... ?
-En América Latina -dije- son demasiado frecuentes los
regímenes de tipo dictatorial, ya sean civiles o militares. Entra-
tándose de personajes que se imponen por la fu e1·za, pese a que
declaman pomposamente sobre la democracia de sus actos ...
¿cómo actuar ... ?
-Son algo semejante a nuestros "Señores de la Guerra" de
China -apuntó Li Li Siang- por lo general personajes que to-
man las Academias Militares, los galones y los grados, como
trampoUn para dar el salto hacia el poder.
-¿Es eso ... ? -preguntó Mao Tsé Tung.
-¡Más o menos! -dije con indiferencia, para preguntar lue-
go de modo vehemente-: ¿Cómo, nosotros comunistas, los más
avanzados ideológicamente, los dirigentes de la clase obrera, va-
11108 a aparecer como los amigos o los aliados de estos persona-
jes? El pueblo desconfiaría de nosotros ; los enemigos del partido
.os lo lanzarían al rostro y el pueblo en general nos vería como
a los aliados de sus enemigos, de quienes les anebatan sus li-
~~. .
~Oh buen amigo nuestro -exclamó tomándose la cabeza
eou Jaj manos, Mao Tzé Tung- ¡Pero de qué maner a estás en~
g.a1üdonspeéto del pensamiento polftico de la gente común . . !
te~M• un .criterio romántico de la revolución y de la política de
~roh:te14m;· crees que los obreros, los campesinos, los pequeñ o~
Jíltlllils~e&-·aetúiLn· ¡plenos de limpias intenciones y respetando fiel-
~~••• .JI~ y principios. ¡Pero. qué error más grueso . .. 1 No
- ·-·- ·· .&!ldil~ .mio. La inmensa masa de nuestros amigos y oe
-:-:-.1*!1 -~~--íÜJ~ estA formada por oportunistas. De este es

..
-~lj==~~~debes convencerte. . . Oportunistas concretos
~ mfo.
;.~~-~--··u ero~ Chu4 Dé gruii6 enfadado de lo qm él
~~·-~~ UmttJ~1;D~let.c:.r 'falta de sentido práctico" y aña-
~¿~~~4••• ele 1u discusiones largas, como Li Li
-.,"•.-...:Mt4lt.ISN6 a Chu Dé; en lo que le dijo,
Dé se calló. Y habló Mao.
~MM-··~laiera -sentó con aplomo--- que
16'1r'i!ltl·if"~Wfl~r de los dictadores, ni que
.. carro de los militares triunw
fantes. De n ing~ma manera, Y, en este punto, pues hay
muy claros, lummosamente claros. que ser
Hay .sectores s?ciales, hay países en los que se desarrolla
una ¡~o~Iitca de 1~arhdos; hay allí una \ida democrática, liherta-
d~s. ~tv1cas ef~clJ_vas, en donde se desarrolla, en fin, una política
civthzada. Alh, sm lugar ~ du~as, se impone 1a política del Fren-
te Popula1:: at:·aer a, los lzqu1e1:clistas e izquierdizanles, buenos
o. malos, smce1 os o. ~1~aros, no 1mporta. Tentarlos. Crear tenta-
ciOnes para su ambJClOn particular; inventar tentaciones como el
demom<?. . . ¿ com¡?rendes. . ? Ayudarlos a conseguir lo que de-
sean: eJercer prestón: ya con ofertas. ya con amenazas Hay que
com¡n:omei er los tanto que luego no puedan zafarse. Y esto cada
día, sm cesar, uno tras otro, con un estudio psicológico tan pl·o-
fundo como sea posible de cada cuál ..
~h~ Dé_ l~atió palma~ con sus dos anchas manos y dijo pala;
bras mmtehg1bles en cluno: los que estaban con él hicieron un
rumo1· que era indudablemente de aprobación.
-Sabemos -intervino Li- que es trabaio difícil v traba-
jo para personas inteligentes; los cuadros mediocres del partido
fracasarán, se darán de narices, no sólo contra la dificultad, sino
contra la facilidad.
-Bien - interrumpió secamente l\1ao- esto en los sectores
donde sea factible organizar el Frente Popular. Es lo más com-
prensible ¿verdad ... ?
-Sí - le r espondí- es lo más comprensible, enfoquemos lo
otro.
-¡Tus dictadores ... ! -exclamó l\lao- precisamente, ellos
son quienes me interesan. Es más, aquí en confianza familiar, te
diré quer ido camarada, que esta ha sido precisamente mi espe-
cialidad. Sabes bien que en China no se puede hablar sel'iamente
de ninguna forma de democracia. ¡Ninguna, en absoluto ... ! En
los sectores o en los países en donde la }lolítica no ha alcanzado
un grado de civilización allí donde impex·a el abuso franco o en-
mascarado; allí, en aqu~l país en donde las_ elecc~~nes constit~­
yen una far sa to1·pc r burda; donde el ca.udtllo m1htar o el caci-
que hacen lo que quieren, pues en esos sectores nacionales_ e!l
donde el ciudadano no cuenta para nada. donde el hombre m SI-
quiera es un númeTo, pues ¡,qué quieres .. qué esperas hacer
con tu romanticismo político ... ?
-Bien -repliqué ante su silencio y su mirada intenogati-
va- pues será preciso luchar, hab1·á que luchar.
Cuando el traductor ve1·iió al dnno mis palabras. Chu Dé
se levantó bruscamente, grn ñó y salió a la veranda.
-Chu [)é dice que eres como un niño, dijo Van Min son-

.-273-
-Sospeché que había dicho que soy un tonto, anoté, mien-
tras Mao hablaba de nuevo:
-Luchar, luchar y perder ... -Y lanzó un suspiro- el gol
pe del dictador lo recibirás siempre en 1~ ~ahcza; t e ha1·á tortu-
rar a tí y a los tuyos, hará que St;IS pohc1as. te abran el cráneo
como un coco. ¿cuál es la ganancta . . . ? i ~mguna en absoluto,
amigo mío! Te quedarás solo, pol'que a nad1e le place eompattir
el dolor de los que s.on golpeados. Nil~~ml ambición humana se
nutre de la desgracia y nmguna codtcta puede ser saciada con
infelicidad. Escasfsimos serán aquellos que vengan haria nos-
otros teniendo como pet·spectiva la cólera del dictador. Estarás
pidiendo héroes no militantes. Y los h éroes, querido amigo. no se
reclutan como reclutas. ¡Son la divina excepción .. . ! •
Tu pensamiento es anticuado -añadió- es el pensamiento
de la edad heróica: ahot·a, cuando ya el r égimen está establecido,
de uno u otro modo sobre la sexta part e del mun do, pues hav que
emplear otros métodos, otras tácticas, ot ros procedimientos
Si das tu apoyo encubierto al dictador, el t e da1'á en cambio
posiciones polfticas. Podrá lanzar discursos t er ribles contra el co-
munismo; podrá hasta llegar a poner fuera de la ley a1 partido
y dietar leyes contra el comunismo. Pe1·o, si te has hecho su ami-
go y le prestas servicios, no te tocará un pelo de la cabeza. Te
dejará hacer, te utilizará contra sus adversarios, te pedirá apoyo
en los momentos crfticos y hasta te pedirá que hagas alguna
huelga en aquellos sectores de la p1·oducción en donde impenm
sus enemigos, o aJif donde tienen preminencia los que se niegan
a darle acciones y a otorgarle participaciones en detel'minados
negocios. Y si le sirves en tales casos, conceder á nuevas posicio-
nes al-partido. ¿Qué importa lo demás .. . ?
Hizo una pausa, bebió e invitó a hacer lo mismo a los demás.
Y elifóé6 una cuestión capital.
-Nos falta un punto esencial -manifest ó con énfasis.- el
trabajadores. ¿No te parece ... ? ¿Qué harán, qué dirán
1
-~~~iAfii
t:~·~~'t"~'es;;tas maniobras los prol~tarios y los campesinos, los
los empleados que siguen al partido. que le res-
lo le consideran? ¡Ah, mi buen enmara-
en el mfo, son hombres, cm1 tod:1s
uu~..d4~;licll!ld~!S de los hombres. C<m su~ YÍl'tu des.
~j~J·~--~~:ij(¡~

i
~~~~~~~ieo~n¡ti~f~O si Jes haces
efectivo dar algo
para e1los y solo te
te ahan
oven y
ego(smos y sus anhelos. Los t rabajad<' ·es

Obtened que el dietadoT dé ven-


Dile··•~'Ueftr'a gestión, y Jos obl'cros os
exigir y a atacar a la cla~e
~,~ltJrtl;~~n&Jnte o dictador, disimula-
en cuanto ncc·t. site
o quiera ganar popularidad. Y no olvides mmca que es muy hue~
no enco~1 rar hombres. ~!"upos () pa1'lidos que, prn· ambición, por
opo!luntsmo, por PI Care!;~ o )JO! lu qU(.! fuen•, se 1 a~an emprc-
sarws d e la r_111sma poh1.Jc·a que nos(Jhos queremos. En China
hay muchos, m contahle1:1, que hal'La son eucmirros de los comu-
nistas pero que llegan él ahl'azar nuestra mis~a políti<'a ~n lo
heth os, golpeando sobre el punto preciso contra el cuál queremos
golpea r, a tarando a aquellos que querernns atacar Y, muchas '<;-
ces lo hacen hasla (·ou lluestros mismos argumento::>, con las t·a-
zones que hemos creado, con la lógica que hemos consll"ttído.
- Ntt e~tra influencia -intervino Li- no reside s61o en e]
número de <'arnets que ha otorgado el departamento de orgaui
zarió11 dc~l p:u·tido. La influencia consi~tc en contar con amigos,
con m uchos, ron el mayor número posible de servidores o de sir-
vien tes - como quieras- y c11 hat'cr que hasta qmenes dicen
estm· <'ont l'é\ el comunigmo, realic(\ll en lo. hecho~ una polítjca
paralela o análog·a a la nuestra.
En a qnella Yast a y tl·ascen<lente cxpn~ición mondada de todo
princi pio <lochimu 10, donde el mm·xismo J1abía sido, no ~ólo so-
fisticado. sino extn·pado, !'cntí que palpitaba un fondo descon.
solador r amargo rlc n:alismo descarado, en el quc lo que cam-
peaba er a el cinismo. Ellos parecieron darse cuenta de mi racio-
cinio y Mao dijo:
- ¡,Cuál prefieres: este camino o el nacisrno ... ?
- P ero. camal'ada, ;, cómo lo pregunta .?
- Entonces. no puedes \ac.ilar ... no 1 "Y sitio para la du-
da. ... no podemo~ escoger .. . ¿entiende~? :f:a d;s,lt:' i.'"a es pu-
ra: o esta sc>nda qne fluye 1le la C>-1>enenCla. rlt S1 nang, o el
triunfo del hi1lensmo ... ;.se puede e~<·oger . . . , : l< rada?
-N o. . . no :se puede. . . le n"spondí con la 'uz rajada.
Retorné a l\IoscÍI al cuarto día. acompañado por \Vang ~ling
y por Kang Shcng: nos rcsgnm dahan do hombres rle la N. K.
V. D. 1 1 1
·w au g Ming criticó mi posición ante el problema de a uc m
insurrecciona! eu el Brasil.
-Me ha eíag r~rorclar <\ Plek'umov -~entenció- i no había
que toma r las a rmas . . ! ¿Lo recuerdas '

- 275-
EN LA COPIA FELIZ DEL EDEN

E LA ..DACHA" de MAO fui a J?élrar a las ~ficin as de la


1[) "Comisión de Cuadros" del Kommtern. 1lab1a una sesión .
en forma íntegramente dedicada a mí Y a mi estancia du-
rante los días últimos. Allí ví por primera vez a l hombre con
quien debía toparme muchas veces en la vida ':l que, más tarde
en la España Republicana, tendría poder omnímodo. Era el "ca~
marada Bielov'' conspícuo jerarca de la N.K.V.D.
Se me notificó sobre el secreto hermético que debía mante-
ner en torno a la presencia de los camararlas eh inos en .Moscú,
a mi entrevista con ellos, a lo que se había dicho .Bieloy intcrvi.
no largamente, hasta pasada la medianoche, s ubrayando la im-
portancia política que tenía la reserva que se me estaba reco-
mendando. Mao no estuvo jamás en Moscú y t odo lo que se dije-
se sosteniendo la tesis de que el comunismo chino era d1ferente
del ruso, pues estaría muy bien. Prometí no hablar sobre esto a
ningún camarada, olvidarlo por completo y me fui a dormir.
Se sucedieron las postreras convet·saciones con Dimitrov y
con Manuilsky, y en ellas se me repetía con encarnizamiento r
pertinancia:
-¿Qué prefieres .... eso o el triunfo del nacismo ... '?
Y la siniestra perspectiva amortiguaba y anonadaba todas
mis repugnancias morales. El mundo tenía miedo, yo era de los
que participan de ese miedo y ese miedo era sutil, hábilmente
explotado por el Komintern. . . y en mí y en millares de g·cntes
como yo. ¡La disyuntiva! . ·
De otro lado, la riqueza sofistica y la aguda sut ileza lóc 1ca,
.máa frondosa que todas las escolásticas, con que la fé def er de
su imperio sobre el hombre y sobre la razón razonantc del pen-
eamiento. No hay espiritu que ame la frustración : y es como
11- Ja fe se defendiese mostrándola como la inevitable secuencia
. .... atiDei6n.
Prometf a Manuilsky poner todas mis fuerzas, sin escati-
~-~. Ml el apoyo a. Ja insurrección en el Brasil, en cu-
tlltoawfa ya después de las reuniones "estrechas".
Y en un anochecer llegó un hombre de la N.K.V.D. tomó mis
bá 1·tulo~, me entregó los documento.: v \ einte mil dólares en efec-
tivo, que debían er cntregadfJs a •ravés de mi ca• .:r.rJ en Ber-
lí n, en París y en Río de .Janeiro Ct :1cé Alemania r.az. ~in nove~
dad, n<J pude entrevistar a Barbusse en París pue. r.o -e encon-
b·aba allí, y semanas más tarde estaba en Santiago de Chile.
Los expertos de la brigada comunista ~nternacional, que de-
bían trabajm· bajo mi comando, llegaban uno a uno. Federico
Glauil>auf, el dleCQ, profesor de )a Acadenúa Leninista; .lanuel
Cazón, nombre y pasaporte falsos, tras el cual ~e ocultaba el ale-
mán c·rJmunista hijo de un caterhá· co nazi de la universidad de
Bonn. Ricardo Martínez. el venezolano. hombre del ''Proíintern''
y auxilia!' de orgauización sindical El ruso KazanovJ con su es-
paiiol impecable, documentos a nomb1·e de Casanova. oculto a to-
das las miradas con excepción de las nuec:b'as. Y Marcucc.i, el
italiano dirigente rle la ju\·entud. mentalidad podero-:a y verda-
dero comisario político de la delegadón.
La instalación fué orgamzada y realizada sin que de ella tu-
viesen el menor innicio los l ombres del comunismo chileno. Ofi-
cinas con toda la apariencia de negocios inofensivos, moradas
con salida s a dos calles, habitaciones independientes aptas para
cualquier emergencia.
Los más altos dirigentes del P artido Comunista de Chile,
Carlos Contrer as Labarca v Elías Lafertte, estaban ausentes del
país. Y el Partido se hallaba literalmente deshecho por la perse-
cución: el Presidente de la República don Arturo Alessa-,dri ha.-
bía declarado que el partido comunista no pasearía jamás su tra-
po rojo por la Alameda de las Delicias. Y se notaba que el man-
datario estaba resuelto a cumplir su promesa. El comuntsmo es-
taba en plena ilegalidad, su acción era nula en el país y sus díri~
gentes ambula ban paralizados.
I niciadas las conexiones con el secretar iado del partido, tras
varios fracasos, f ué f actible celebrar una r eunión. El local era
un t ugurio, cuya parte exterior servía de e>..rpendio de fruta en
la A ven ida Mata. La pr opietaria era la amiga del camarada fe-
rroviario Luis Valenzuela Moya. lo que era del conocimiento de
t odo el barrio. Marcucci se negó a ent rar: los demás nos encon-
tramos con Galo González, Chacón y Co1·ona, Pablo Cuello y los
diputados Andrés E scobar y José Vega. Ubicados en la trastien-
da de la fr utería com ían frui t ivamente r ebanadas de sabrosas
sandías.
El espectáculo era gr otesco. por la mezcla de ingenuidad.
de bohonomia y de estulticia política. Y ellos eran Jo mejor del
partido.
- ¡ Con este material humano hay que hacerlo ! -murmur ó
Cazón.

-277-
-Nosotros organizaremos la reunión ..-les dije- y les Ha-
ruaremos. Nadie en absoluto, nadie debe saber a dónde van, ni
en cuál lugar, ni a qué hora están citados. . . Y esto no es un
consejo; es una o1·den. . .
Miraron extrañados y conv1rueron en agua1·dal' la convo.
catoria.
Las reuniones que siguieron se desen\rolvieron bajo el signo
deJa inercia de la incomprensión, de la falta de fe en si mismos
de los dirig~ntes chilenos. Por doquiera veían peligros, obstácu~
los, represión . . . , .
-Usted cree camarada que esta en Franc1a- murmura-
ban- no se dá cuenta de lo que es este Gobierno.
Y acatándolo todo en las palab1·as, votando resoluciones que
no tenían ninguna intención de apJicar, dejaban coner el tiem-
po, tal vez esperando que él nos venciese. Tenían fe plena en la
potencia inquebrantable de la fatiga. . . y la empleaban con in-
diferencia y hasta con humorismo.
Hubo que asumir actitud de combate: batir a los propios
miembros de la delegación que alentaban el quietismo y r ehusar,
como lo quería Kazanov, efectuar un cambio de hombres, ya que
tal medida no resolvia nada. Además, aquellos hombres estaban
elegidos en un Congreso de Partido.
-Somos una delegación del Kominiern y podemos designar
una nueva dirección, sentenciaban Kazanov y Cazón.
-El problema no es Templazarlos, sino ganarlos -objetaba.
Y para afrontar todo el problema, pese a la represión y a la
policía y a la persecución, dispuse que se conYocaría a una Con-
ferencia Nacional del Partido: debían venir hombres de todo el
país: era inevitable afrontar el riesgo si se quería solución par a
el problema. Ningún ruso estaría presente en la conferencia ...
La aplicación de la ntte\'a táctica exigía atención especial a
los no comunistas, susceptibles de prestar sen·icios y· ele otorgar
su colaboración. La tarea resultó más fáril que dentro del par-
tido; venían gentes de buena fé, conmovidas po1· el dolor huma~
no, dispuestos a servir siempre que se mantuviera su adhesión
en secreto. No deseaban sino que el ritmo normal de sus vida::;
no fuese alterado ni complicado.
Los unos querían conocer las esencias del marxismo, cu ya
critica contra la explotación humana les seducía ; los otros, de.
seaban saber lo que pasaba en Rusia; la forma en que se cons-
truía el socialismo, el porqué de las purgas; no faltaban qmenPs
venían con curiosidad teórica y con inquietudes fi1osóflcas. To-
dos deslumbrados por el fulgor de la revolución.
Eran los más numerosos los que deseaban conocer en ~u
fundamento la doctrina comunista, iniciarse en la nueva i<lcolo-
.sa y conocerla en su esencia. Hombres y mujeres éle vasta cu1

-278-
tura y ele excelente situación S(JCial, que hahfan viajado por Eu-
ropa frccucr1laudo uuivcn;iuades y centros c·]cntificos, comen~
zaron a llegar a los drcuJr,s n~stringidos en los que "C desarro~
liaban las conferencias y se <.lic·taban cm sos. 'fodo acontecimien-
to muncJial de derta impotlancia, lo mismo que los sucesos na-
cionales, eran interpretados en aquellos círculo., dando siempre
una perspectiva favorable al proceso revolucionario y presentan-
do ante la creciente audiencia, el peligro mortal de fascismo.
Los círculos se multiplicaron y funcionaban en los sectores
más elegantes de la ciudad; las lecciones eran dictadas en casas
que eran palacetes y teniendo a v~?ces a la pum1a una veintena
de coches de lujo. No se pasaba una semana sin que nuestro ba-
lance no arrojase la conquista de nuevas y más firmes posiciones.
Mal'cucci, no había concordado al comienzo, en la l'ealización
de esta labor. Ante los resultados, manifestó su asombro p0r la
facilidad con que se realizaba la tarea proselitista y por el éxito
que se obtenía en término tan bre,•e.
-Tienes -dijo .l\larcuci- la \enblJa ele conocer el ambiente
y la psicología ciel hombre de aquí. Para un europeo esto es incon-
cebible. El pequeño-burgués de Euror'a es el guardián de,·oto,
entusiasta y convencido del J'égimen capitalista y de su siste-
ma. T·~l burgués latino-amcric:'no e::>tá más desprevenido, es más
ingenuo que el europeo. El amCJ·icano -incluyendo naturalmente
al clel norte- está dviendo en la etapa del paraíso terrenal en
política; \'Íven la etapa de la suprema inocencia.
-Esta~ posiciones que \'es ganados aumcntat·án -~severa­
ha yo- v serán utilizadas en la primera oportunidarl. ~in nece-
sidad de forzar Jos plazos. para sacar al })artido a la legalidad,
para dotarlo rle un órgano, ele un diario lega) ...
-;.Diario? -interrumpía Glaufbauf- el trabajo va muy
bien, pc1·o no hay que soiiar. no hay que opinar de modo tan li-
gero.
-Sin diario, diario cie todos los días y diario legal -repli~
cábalc-- no habrá pos1hilidad de construír un sólido Frente Po-
]>talar. Un partido político que no es capaz de mantener Uil diario,
no logra com-encer al público de su capacidad para conducir al
pueblo y parDo llegar a conquistar el poder.
-..~. To discutamo!' lo lejano -alegaba 1\larcucci- ace1·quemos
la vela a la realidad más inmediata y mirémosla tan claramente
como sea posible. ("reo que ~e ha entrado con magnífico pié; es-
toy convencido de que el trabajo que s-e está realizando es el
m ejor . El Camino ele Ye11án en Chile es, a esta hora. mucho más
que u n camino. Es ya una marcha. Lo que no \"eo claro es cómo
vas a hacer para desplegar ~· poner en mo\·imiento los contin-
gentes que estás agntpando. No se trata sólo ele tener el órgano,
es preciso hacerlo funcionar. ¿Cómo lo ves tú?

-279-
-Todo es cuestión de tiempo y oportunidad, como decfa el
viejo Salomón, replicaba, riendo.
-Sí. . . y como lo repite Lcnin, objetaba Marcucci, pero ...
-No sé cuándo se presentad la oportunidad ; no puedo de-
cir en qué instante habrán condiciones fav01·ables para actuar.
En el seno del partido radical chileno exist!a un cism.a la-
tente. Mientras el partido prestaba gu colabo1·~c1ón, al Gob1erno
de Alessandri los conservadores y hberales dtspom an de todos
los puestos pú,blicos, de las posiciones mej.ores enulos or ganismos
estatales. de los sueldos que eran denommados de los grandes
duques" de la Administración Pública. Los radicales mengua-
ban su prestigio, se desgastaban políticamente y se limpiaban la
boca mientras sus colegas liberales y conservadores comían y
bebían. Y era un rumor de descontento sordo en un vasto sector
radical. Y esa fué la fisura que el comunismo se encargó de
transformar en grieta.
¡El partido radical merece otro destino que el mísero que
lleva! El sino histórico del partido 1·adical es ascender a la Pre-
sidencia de la República, conquis tar el poder .. . el próximo Pre-
sidente de Chile debe ser, tiene que ser un radical.
La sugerencia comunista se deslizaba sin estrid encia más
alJá de las lindes partidarias, llevada por generosos simpatizan-
tes. Y era recibida como una especie de revelación que llegaba
en un pentecostés magnifico, y era captada y propugnada por
contingentes mayores de fervorosos radicales. En el campo de
las ideas se había establecido un nexo invisible, una alianza im-
ponderable entre radicales y comunistas.
La campaña fué preparatoria de un acercamiento entre di-
rigentes comunistas y asambleístas radicales activos pero pos-
tergados, fogosos pero poco influyentes en la dirección. Hubo
reuniones amistosas rociadas con los generosos caldos ele las \ i-
des chilenas. Hubo sugerencias sobre posibilidades políticas de
futuros diputados, senadores, altos directores de las Cajas y de
las empresas dependientes del Estarlo. Y era asombroso com pro-
bar la facilidad con que estas sugerencias prendían en el án imo
de los jóvenes polfticos. Pero, lo más asombroso fué comprobar
como aquellas sugerencias que parecian ensoñaciones, se conver-
tfan en hechos consumados.
-Bien .. . bien ... todo está muy bien. Pero ¿qué es lo que
quieren los comunistas. . . qué se proponen . . . a dónde van . . ?
-Los comunistas sólo quieren una cosa: que no tri unf(• el
fascismo.
Se conmovfan y concordaban en la necesidad de cerrar los
caminos al nacismo, a su dictadura, a su barbarie, a sus C<lrl1
porras.

-280-
-Si sólo se abstuviesen de atacarnos -decía alguno- ya
estaría bien; habría que darles las gracias y deJarlos tranquilos.
Porque estos comunistas atacando son una chinche en el oído.
Es mejor tenerlos como am1gos en vez de tenerlos como enemigos.
¡Aunque fuese en categoría de amigos .. con el puñal bajo
el poncho ... l
Es t.a era precisamente la filosofía política que convenía a los
comunistas y de la que se podían obtener grandes y pequeños pro-
vechos. La filosofía que auspiciaba la politica de dejarles tran-
quilos, desarrollando sin inconvenientes y con toda amplitud su
t1·abajo, agazapándose en el presente para desplegar toda su fuer-
za y hacer uso de ella en el futuro.
La víspera de su partida de Chile, Marcucci comentaba:
-¡Es increible ... qué Tierra de Promisión para los comu-
nistas ... ! Y lo más importante -añadía sentencioso y meditati-
vo- es que en los Estados Unidos, con su gigantesco desarrollo
y fill fuerza inmensa, las cosas no son nu .. c1 iferentes. Allá taM-
bién, intelectuales, profesionales, artistas, políticos. se acercan
ingenuamente como los radicales chilenos. ¡Si el proceso l·evolu-
cionario estuviese más maduro. . !
Comimos juntos aquella noche, por primera y última vez en
Chile; en la madrugada tomó el avión y se fué a Buenos Aires.
En e] trabajo con la gente no comunista comprobaba los ca-
sos de abogados que durante el día defendían los intereses de los
consorcios por muy buen dinero, mientras por la noche anatema-
tizaban 1a explotación de esos mismos consorcios. Era farisia.cot
era una lucha falsa y sin riesgos; y había que aceptar tal línea y
practicarla, no ya po1·que fuese expresión de las doctrinas de
Marx, sino porque era un tramo del Camino de Yenán. Aquellos
hombres servían al partido: cotizaban, daban grantías a los Ban-
cos. inte1·venían en el seno cle la policía secreta para favorecer los
planes y movimientos de los comunistas, debilitando o haciendo
estériles las medidas represiYas dictadas por el Gobierno. AJCTO
parecido acontecia con médicos, funcionarios del Estado ,. hasta
industriales y comeTciantes que preferían esta forma de ~protec­
ción contra las huelgas y conflictos.
E1·a claro, sobre todo, que la militancia comunista babia re-
cobrado la fé en sí misma: del alma de gente entristecida y den·o-
tada se habían limpiado los complejos de inferioridad. Eran co-
munistas firmes, agresivos, combatientes resueltos a librar don-
de fuese la gran pelea. Así, todo estaba pÍ·epa1·ado y en espera de
una oportunidad. ·
Murió Pedro León Ugalde, Senador por Santiago, político de
la izquierda radical. amado por el pueblo. combatiYo y yaliente.
¡Y esta era la opodunidad que era imper ativo atrapar con firme-
za ... !

-28 1-
Ante Ja reunión plena ele dirigent~s comunistas fué planteada
la cuestión: el partirlo comunista rleb1a nre::;entarse. en masa, con
bande1·as desplegadas y rendir rC'spetuoso home~aJC a la memo.
ria y aJa obra de un radical C'minente: Pedro Lcon Ugalde.
· Vencida la resistencia sectaria y agolletado~ los escrúpulos,
agentes comunistas recorrieron los puebl.os ve~mos, los centros
de trabajo oc Santiago y de las ciudacies mmed1~tas, ~onvoc;.~ndo
a Jos trabajadores al sepelio. La aborrascada s1tuac1ó11 pohttca
facilitaba el laboreo comunista.
Marcos Chamúdez el mejor ontdor del P m·ticlo, tuvo a su
cargo el discurso capitál: el obrero Píloña debía enfocar el tema
de la colabo1·ación rad ical con un Gobierno francam ente d cl'e~
chista.
Decenas de millares de personas, de todas las categorías so-
ciales marcharon tras el féretro del prestigioso radical, opositor
del régimen; corrlones de carabineros. mnutdos de garrotes, es-
coltaban el cortejo que crecía en volúmen y que se mostraba en.
cendidamente opositor al Gobierno. IJa manifestación había ari-
quirido una grandiosa magnitud; el pueblo de Santiago estaba
aJJí sin duda alguna.
Había nerviosidad y corrían escalofríos. Volantes 3r mani-
fiestos habían anunciado ]a presencia del partido comunista en
el entierro. La inmensa mayoría estaba persuadida de que el
comunismo adoptaría una actitud agresiva, virulenta, contra el
Gobierno y contra el partido radical.
• Llegó el momento decisivo para el nartido comunista. Cha~
mudez fué acogido con un vocerío hostil.
-¡Fuera, que lo bajen. . . miserable. . . comunist a, fuera'
-Los comunistas fueron enemigos de Pedro León, fuera.
Y entre la masa rugiente, alguien tr ató de an·ancar a Cha.
mudez del lugar donde se había colocado; ante el intento, el gru-
po comunista a\ranzó agresivo desplegó sus bande1·as y el mi-
núsculo puñado de individuos se mostró resuelto a todo.
-Que hable .-gritó alguien, y se hizo el silencio.
Y las palabras se desgranaron solemnes y son01·as, cortadas
por la emoción, de la garganta de Chamúdez.
u; Chilenos . .. !" -Y el silencio se hizo más hondo; era la pri-
mera vez que un comunista empleaba tal vocativo.
"En nombre del partido comunista -clamó con voz tonante
Y dominando el nuevo griterío- vengo a inclinar nuestras ban-
deras de lucha ante la tumba de un hombre que combatió po1 la
libertad de su pueblo ... "
Una atronadora ovación se elevó al cielo. ¡Viva Pedro León
Ugalde: viva el combatiente por la libertad .. . !

-282-
Se había roto el muro de cJdio y de resistencia; se explota-
han alli lo~ t•nthnienlos populares y el sincero dolor de las gen-
tes; se u(iltzó un mrnneutcJ p icrJl~gico favorable.
Se ar:unc ó a .Juan Luis MQry, Director del diario 1'La Opi-
nión", quien e~taba perseguido <'n aquello· momento. por la po-
1icín, eon un proc<) e' por haber atacado el ''Contl-ato I-toss-Calder'',
un :HTeglo entre el Gohie1 no y el monopr>lio de la elect1icidad.
Habló :;\lcry, saludó a su amigo muerto y puso la nota de
emoción afirmando que no habría podido dejar de venir a se-
pultarlo, aunque por ello se jugase su libertad. La <.:al\lrosa aco-
gida que se tributó el periodista demo~:tró que se hallaba en el
instante cumhre de su }10pul:uicia<l. Y de allí surgió la idea: Jt.,~n
Luis l\1ery dclJía ser el sucesor de Pedro León Ugaldc, en b . e
nadnría por Sant1ago.
Al regreso, celebramos una reunión; el ambiente em dis-
tinto pm· completo: se 1 a bía abierto el Camino de Yenán ...
Lof: candidatos a ocupar el puesto de León Ugalde en el Se-
nado, surgieron con ·o hongos bajo la lluv.ia; el llamado ''Block
de Iz<nl ierdas" seguía sien el o la abastionada barrera opuesta al
a vanee del Partido Comunista; e1 a ¡m~ciso resquebrajarlo y uti-
lizar todas las coyunturas })ara escindirlo.
Osear Schnac·kc, socialista. y Juan Antonio Ríos, rarlical,
-más tarde Presidente de Chile- se in inuaron como candida-
tos y dentro del Partido Comunista su1 gió la tendencia de >ro-
clamar a Elías Laffertte, que se hallaba tlestcnrdo a la ~azón.
Tras una batalla intestina, en la que se comprobó que el Camino
de Yenán resultaba un trago demasiado amargo para mu<:hos
dirigentes chilenos de] Partido Comunista. triunfó la resolución
que proclamaba la candidatura de Juan Luis Merr a la Senadu-
ría por Santiago y que oponía a la constgna del Rlock de Izquier-
11
da: Los Parlan1e11tarios de izquierda debemos acompañar a :\1e-
ry hasta la frontera". la consigna comunista: "~o se trata de
acompañar a :i\1 err hasta la f1·ontera. sino de irr pedir su destie-
rro". ¡ Vi\'a :i\Iery, Senador por Santiago. sucesor de Pedro León
Ugalde ... ~
Antes de la medianoche .Juan Luis 1\len· recibía la notifica-
ción del auspicio comunista en su escondrijo. Y a 1a mañana si-
guiente, la dda política chilena fué sorpt·endida por la iiTupción
comunista adecuadamente disfrazada r sufrió una sacudida que
hacía dudar si los comunistas habían asumido o no la dirección
de la batalla política del momento.
El diario "La Opinjón" Yiró hacia sus nuevos aliados; el
Block de Izquierdas se agrietó de la cumbre a la base y -lo que
más importaba- , los socialistas quedaban aislados. Ante la cre-
ciente afirmación de la candidatura de Me1T v la moYilización
popular en su apoyo, el Gobierno decretó el indulto de la pena de
destietTO que pesaba sobre Mer.r, otorgando un triunfo a la po-
-283-
sición comunista y arrojando un torrente de luz sobre sl!- con-
signa: "No se trata de acompañar a Mery. a la froni~ra, smo .de
. impedir su destierro". Los socialistas cecheron, gra~1as a la ~n­
tervención unionista de Marmaduque Grove Y la umdad se luzo
en torno a Mery, cuyo destierro había sido eficaz Y limpiamente
impedido.
Mery llamó a todos sus adherentes a realizar una gran ma-
nifestación por las calles y precisamente po1· la Al~meda de la.s
Delicias. La manifestación, encabezada por los radicales, segtu-
da por socialistas y democráticos, marchaba cerrada por el Par-
tido Comunista; el lugar e:r a el mejo1· ya que la masa popular
gravitaba a la cola del desfile, a causa de que la cabeza estaba
constituida po1· gente de clase social más elevada. Así. -corno
lo habíamos previsto.- los efectivos comunistas aparecieron de-
cuplicados. Y -lo que se acentuó con resonantes interludios.- la
bandera roja se paseó por la Alameda de las Delicias, bajo la
Presidencia del señor Arturo Alessandri. ¡Y esta cosa simple era
un clamoreo de victoria!
Después de esa jornada. los políticos de izquierda se mos-
trar on mucho más solícitos con el partido comunista. Todo em-
bri6n de político, todo el que aspiraba a ser aupado. todo el que
codiciaba una posición, sin fuerzas ni notencial para conquistar-
la, se hicieron amigos entrañables del Partido Comunista. El mo-
vimiento r evolucionario de otrora, devenía ineludiblemente una
feria aiena casi por completo a la emancipación del proletariado,
o al alivio de las duras condiciones de vida de las masas popu-
lares chilenas. Era sí, claro, un éxito de la Internacional Comu-
nista y servía para la gloria del Komintern, de la Unión Sovié-
tica y del grande e ínclito camarada Stalin.
A la batalla electoral siguieron confe1·encias reiteradas con
los dirigentes radicales más avanzados. J ustiniano Sotomavor
Pérez Cotapos -:-radical izquierdista de p1·osapia ilustre- y ·sa-
co Labarca, capJtanearon la tendencia que debía sustentar la
idea de la formación del Frente Popular en la Asamblea Radical
d~ Santia~o, orgal'!ismo de ~nflnencia deciso1·ia en la política l'a-
dt~l. Ha~1a p1·end1do ~a la tdea de que el próximo Presidente de
Chile deb1a ser un 1·adical ; y prendió también la de la estructura
de la fuerza política que podía realizar tal aspiraciÓn.
Justiniano Sotor:tayor, Saco Labarca y su g1·upo de jóve..
nes, lanzaron, sostuvieron e hicieron triunfar la irlea del Frente
Po~ula! en forma bl'lllante y al'l'ollarlora. Los altos dirigentes del
radicalismo se enconb-aron. f~·ente a una exigencia definida, pro-
pugnada con ~rdor Y au~p1c1ada por inequívoco y pode1·oso r es-
paldo en Santiago¡ ademas, deseaban tomar un baño Jush·al ante
la masa de su pa1·t1do, que les limpiase de sus vergonzantes barra-
ganias con los conservadores y "pechoños". Entretanto, el Par-
-284-
iido Comunista actuab a por control remot o; se había tornado
invisible pese a que estaba ejercit ando estrec ho contralor.
Y una nue\'a oportunidad vino a favorecer los planes comu- .
nistas.
La circunscripción de Cautin y Bío-Bío debía elegir un Se-
nador ... -.
.
Y esta vez era obligante alcanzar y ofrece r una victor ia:
\·íctoria de la nueva línea, de la Línea del Camino de Y enán vic-
toria sobre el Gobierno -barni zándo la de un subido matiz ~nti­
nazi- y victoria ~obre las resistencias crecientes que ofrecía el '
círculo direct or del Partid o Radical a la organización militante .
del Frente Popular. No sólo ~e criticaba ra con acerbidad a los
jóvenes radicales de servir de agente s a los comunistas y de ser i
los ejecut ores de su política, sino que -sin recLazar la teorfa '
del Frent e Popular, para no dis~ustar a la masa - se aplicaba
ese pt·ocedimiento latino-americano tan general y tan ti pico:
acepta r, no impugna1·, asenti r, otorga r aquiescencia en las pala- ,.
bras; mas, no sólo no intent ar ninguna acción prácti ca, sino opo-
ner a ella la más alta dosis de inercia, la pasividad espesa, la re-
sisten cia que no deje rastro de su paso. 1
Para demoler sin agresión ni \'iolencia las abastionadas po-
siciones de la Junta Central Radical, el Partid o Comunista pro-
clamó e hizo suya la candid atura a Scmaclor ror Cautín y Bío-bío
del doctor Cristóbal Saénz, gran propiet.a1·io de tierras en la zo-
na y el más rico trigue ro de Chile.
A la crítica amarg ada del sector comunista que protes taba,
se replicó que en Cautín y Bío-bío el Partid o Comunista no po-
día cambi ar en nada la resolución que adopta sen los radicales:
sólo tenía siete milita ntes ... ¿con qué triunf o -se les pregun -
taba- se meten ustedes a pedir briscá n ... ? En cambio, si se
apoya al millonario radical, pues se conquista la confianza de un
sector dirige nte, por lo menos, y se neutTaliza a los menos dúcti-
les. Y ademá s, la campaña electoral permi tirá la formación del
partid o en la zona y la posibilidad de que, dentro de poco. se con-
quista rán puesto s de Alcaldes. Regidores y otros, en Cautin y
Bío-bío.
Toda resistencia fué doblegada con rápida facilidad; los más
aguerr idos y experimentados contin gentes comunistas salieron
rumbo a la región electoral; no faltaro n ob1·eros que llegaron a
derram ar lágrim as y otros que obedecieron lanzando imprecacio-
nes. Pero todos alzaron los pendones de batall a del rico terrate~
niente que march aba a la contienda auspiciado por el partid o de 1
la revolución prolet aria mundial. Estab a claro ya: el Partid o Co-
munis ta de Chile estaba marchando, a intens o ritmo, por el Ca- 1
mino de Yenán.
-285 -
La batalla se desarrolló ya francamente bajo el signo del
Frente Popular, gracias a <JUC Jos comunistas actuare~ decididos
y abnegados como si rrniferos. Y el li'rente Popular clu leno ganó
su primera Yictoria en Cautín y en Bio-bío. La_pren~a de todos
0

los matices anunció el triunfo y comentó sus mas var1adas alter-


nativas. Pero nadie dijo una palabra sobre el torrentoso creci-
miento del Partido Comunista, en todos Jos distritos, per o muy
especialmente en Ja zona del carbón, donde se concentró el tra-
bajo, a la sombra de la batalla electoral.
EJ Partido Comunista salía con gloria de la clandestinidad
y en Ja práctica, sobre los hombros del Partido Radical. Aban-
donaba las guaridas ilegales, salía de sus cavernas a ocupar un
sitio bajo el sol de ]a democracia confiada. Y no como fugitivo,
ni como indultado: como la Cenicienta, en carruaje de gala, del
que tiraban - a disgu!=>to y protestando- los dirigentes socialis-
tas y muchos conspícuos dirigentes radicales.
Las previsiones del alto comando del Kominiern fueron le-
ves y Jas perspectivas moscovitas demasiado estrechas, en r ela-
ción con los resultados que se estaban obteniendo en Chile a rit-
mo acelerado. Los políticos de las más diversas observancias,
que se sentían o se sabían postergados, fueron los primeros en
acercarse al partido comunista, a raíz de los éxitos electorales.
Se abría ante ellos un horizonte cargado de promesas; el partido
podía ayudarles a salir de su poste1·gación, a imponerse a sus con-
trincantes. Además, intrigaba y seducía a todos que el par tido
comunista no pedía nada por su colaboración, no la neg·ociaha, la
otorgaba con verdadet·a munificencia.
Todo político ambicioso sin fuerza para subir y con deseos
de conquistar una posición, recibía conmovido la tentació11 co-
munista. La tentación asumía una fuerza absm·bente que con-
vertía a millares de ciudadanos burgueses en padrinos, instru-
mentos y agentes del comunismo.
En avalancha llegaban los servidores que había dicho lVlao
Tzé Tung. Los había de las más diversas calidades morales r
políticas, de las más distantes posiciones económicas de las má.<;
distintas posiciones sociales. '
Había el tipo generoso, conmovido por la miseria del pue-
blo, esperanzado en la obra soviética y en el advenimiento de U "
mundo nuevo. Estos, tenian confianza absoluta en la palabra del
Komintern y profesaban verdadera devoción por todo lo ruso :
por Jos libros de Stalin soberbiamente impresos en castellano el
Moscú, por las ampolletas eléctricas rusas, por los muñecos de
madera que algún viajero mostraba, más que como una curiosi-
dad, como un tesoro.