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ASIGNATURA DE PSICOLOGIA

MÉDICA
Semestre Académico 2018 - II

DESARROLLO HUMANO

INTEGRANTES

• Angulo Meza Carlos


• Arboleda Cabrera Kevin
• Chuquipoma Vilela Gean Carlos
• Villalobos Castañea Claudio

DOCENTE

LIC. ISBI CLARIZA VILELA QUISPE

Chiclayo – Perú
AGRADECIMIENTOS:
Agradecemos a todos los que pusieron de su parte en este trabajo, ya que se
realizó con mucho esfuerzo para poder llegar a realizar un resumen para su
mejor entendimiento del tema, Agradecemos también a nuestra compañera de
estudios Camila Coronado por su ayuda desinteresada en la realización de la
siguiente monografía.
INTRODUCCIÓN:
En el presente trabajo se va a tratar del tema de la psicobiología de las
emociones donde abordaremos su definición la clasificación y algunos modelos
para tener un mejor control de las emociones. Para eso se realizó una
investigación en bases teóricas confiables para poder realizar esta monografía,
en la cual mi grupo y yo ha hecho un resumen para poder plasmarlo y hacerlo
lo mejor entendible posible.
OBJETIVOS
1. Identificar la naturaleza y desarrollo de las emociones
2. Definir psicofisiológica de las emociones
3. Reconocer los afectos a través del ciclo vital
4. Identificar los principales desordenes emocionales

MARCO TEORICO
La psicología de la emoción es una de las áreas de la psicología en la que
existe un mayor número de modelos teóricos, pero quizás también un
conocimiento menos preciso. Posiblemente sea debido a que se trata, por las
propias características del objeto de estudio, de un campo difícil de investigar,
en el que los estudios sistemáticos son recientes y quizá hasta hace unas
décadas mucho más escasos que en cualquier otro proceso psicológico, al
tiempo que la metodología utilizada es, si cabe, mucho más variada y diversa.
En la exposición de los aspectos conceptuales de la motivación vamos a seguir
la misma lógica que en lo que se refiere a la motivación, esto es, centrarnos en
las variables principales que están incidiendo sobre la emoción y relacionar en
ese contexto las aportaciones teóricas y experimentales de diferentes autores.
Habitualmente se entiende por emoción una experiencia multidimensional con
al menos tres sistemas de respuesta: cognitivo/subjetivo; conductual/expresivo
y fisiológico/adaptativo. Este planteamiento coincide con el modelo
tridimensional de la ansiedad propuesto por Lang (1968). Para entender la
emoción es conveniente atender a estas tres dimensiones por las que se
manifiesta, teniendo en cuenta que, al igual que en el caso de la ansiedad,
suele aparecer de sincronía entre los tres sistemas de respuesta. Además,
cada una de estas dimensiones puede adquirir especial relevancia en una
emoción en concreto, en una persona en particular, o ante una situación
determinada. En muchas ocasiones, las diferencias entre los distintos modelos
teóricos de la emoción se deben únicamente al papel que otorgan a cada una
de las dimensiones que hemos mencionado.
Cualquier proceso psicológico conlleva una experiencia emocional de mayor o
menor intensidad y de diferente cualidad. Podemos convenir que la reacción
emocional (de diversa cualidad y magnitud) es algo omnipresente a todo
proceso psicológico.
Desde el advenimiento de la psicología científica ha habido sucesivos intentos
por analizar la emoción en sus componentes principales que permitieran tanto
su clasificación, como la distinción entre las mismas. Quizá la más conocida
sea la de teoría tridimensional del sentimiento de Wundt (1896), que defiende
que éstos se pueden analizar en función de tres dimensiones: agrado-
desagrado; tensión-relajación y excitación-calma. Cada una de las emociones
puede entenderse como una combinación específica de las dimensiones que
hemos mencionado.
A partir del planteamiento de Wundt se han propuesto diferentes dimensiones
que caracterizarían las emociones (Schlosberg, 1954; Engen, Levy y
Schlosberg, 1958). No obstante, las únicas que son aceptadas por
prácticamente todos los autores y que además son ortogonales son la
dimensión agrado-desagrado y la intensidad de la reacción emocional (Zajonc,
1980), si bien atendiendo únicamente a éstas no puede establecerse una
clasificación exhaustiva y excluyente de todas las reacciones afectivas, puesto
que emociones como la ira o el odio pueden ser desagradables e intensas y no
se trata del mismo tipo de emoción.
Es difícil, entonces, lograr una clasificación exhaustiva de todas las emociones
posibles en base a dimensiones independientes. No obstante, la dimensión
agrado-desagrado sería exclusiva y característica de las emociones, de forma
que todas reacciones afectivas se comprometerían en dicha dimensión en
alguna medida. Esta dimensión alguedónica de placer-displacer sería la
característica definitoria de la emoción respecto a cualquier otro proceso
psicológico. De forma similar, Oatley (1992) señala que lo realmente definitorio
y diferenciador de las emociones es la disposición para la acción y la "cualidad
fenomenológica". Así, una emoción podría definirse como una experiencia
afectiva en cierta medida agradable o desagradable, que supone una cualidad
fenomenológica característica y que compromete tres sistemas de respuesta:
cognitivo-subjetivo, conductual-expresivo y fisiológico-adaptativo
FUNCIONES DE LAS EMOCIONES
Todas las emociones tienen alguna función que les confiere utilidad y permite
que el sujeto ejecute con eficacia las reacciones conductuales apropiadas y ello
con independencia de la cualidad hedónica que generen. Incluso las
emociones más desagradables tienen funciones importantes en la adaptación
social y el ajuste personal.
Según Reeve (1994), la emoción tiene tres funciones principales:
a. Funciones adaptativas
b. Funciones sociales
c. Funciones motivacionales
Funciones adaptativas Quizá una de las funciones más importantes de la
emoción sea la de preparar al organismo para que ejecute eficazmente la
conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía
necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercando o alejando)
hacia un objetivo determinado. Plutchik (1980) destaca ocho funciones
principales de las emociones y aboga por establecer un lenguaje funcional que
identifique cada una de dichas reacciones con la función adaptativa que le
corresponde. De esta manera será más fácil operativizar este proceso y poder
aplicar convenientemente el método experimental para la investigación en la
emoción. La correspondencia entre la emoción y su función se refleja en el
siguiente cuadro:

Funciones sociales Puesto que una de las funciones principales de las


emociones es facilitar la aparición de las conductas apropiadas, la expresión de
las emociones permite a los demás predecir el comportamiento asociado con
las mismas, lo cual tiene un indudable valor en los procesos de relación
interpersonal. Izard (1989) destaca varias funciones sociales de las emociones,
como son las de facilitar la interacción social, controlar la conducta de los
demás, permitir la comunicación de los estados afectivos, o promover la
conducta pro social. Emociones como la felicidad favorecen los vínculos
sociales y relaciones interpersonales, mientras que la ira pueden generar
repuestas de evitación o de confrontación. De cualquier manera, la expresión
de las emociones puede considerarse como una serie de estímulos
discriminativos que facilitan la realización de las conductas apropiadas por
parte de los demás.
Funciones motivacionales La relación entre emoción y motivación es íntima,
ya que se trata de una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que
posee las dos principales características de la conducta motivada, dirección e
intensidad. La emoción energiza la conducta motivada. Una conducta
"cargada" emocionalmente se realiza de forma más vigorosa. Como hemos
comentado, la emoción tiene la función adaptativa de facilitar la ejecución
eficaz de la conducta necesaria en cada exigencia. Así, la cólera facilita las
reacciones defensivas, la alegría la atracción interpersonal, la sorpresa la
atención ante estímulos novedosos, etc. Por otro, dirige la conducta, en el
sentido que facilita el acercamiento o la evitación del objetivo de la conducta
motivada en función de las características alguedónicas de la emoción. La
función motivacional de la emoción sería congruente con lo que hemos
comentado anteriormente, de la existencia de las dos dimensiones principales
de la emoción: dimensión de agrado-desagrado e intensidad de la reacción
afectiva. La relación entre motivación y emoción no se limitan al hecho de que
en toda conducta motivada se producen reacciones emocionales, sino que una
emoción puede determinar la aparición de la propia conducta motivada, dirigirla
hacia determinado objetivo y hacer que se ejecute con intensidad. Podemos
decir que toda conducta motivada produce una reacción emocional y a su vez
la emoción facilita la aparición de unas conductas motivadas y no otras.
ANTECEDENTES 01
Regulación emocional y psicopatología: el modelo de
vulnerabilidad/resiliencia
AUTOR: Jaime Silva C.

Resumen

La regulación emocional es un elemento clave de la conducta emocional. Más


aun, los estudios de la neurociencia afectiva y la psicología del desarrollo han
develado que la habilidad de regulación emocional es una fuente importante de
psicopatología. Sin embargo, se hace necesaria una aproximación integradora
entre aquellos programa de investigación. Material y métodos: Apoyados en
los datos experimentales relevantes presentamos los fundamentos de un
modelo acerca de la psicopatología. Conclusiones:Considerando variables
psicobiológicas (asimetrías cerebrales tónicas) y conductuales (habilidades de
mentalización) proponemos un modelo de la vulnerabilidad/resiliencia.

Regulación emocional

La regulación emocional puede definirse como toda estrategia dirigida a


mantener, aumentar o suprimir un estado afectivo en curso. A partir de estudios
que manipulan la respuesta emocional induciendo estados de ánimo negativo
(por ejemplo, desagrado), Gross et al(2-7) han utilizado diversos parámetros
para la evaluación y medición de las distintas formas de regulación, incluyendo
reportes autoaplicados, medidas fisiológicas e índices conductuales. En
términos generales, la atención se ha centrado en el momento de ocurrencia de
las distintas formas de regulación a lo largo del proceso emocional. En este
contexto se diferencian: a) estrategias de aparición temprana (focalizadas en
los antecedentes), por ejemplo, aquellas que versan sobre el contexto,
situación y significado atribuido a la fuente de activación, entre otras; y b)
estrategias de aparición más tardía (focalizadas en la respuesta), por ejemplo,
sobre los cambios somáticos experimentados una vez que la emoción se inició
completamente(3-5).

Aunque se reconoce la existencia de variadas formas de estrategias de


regulación, dos han sido estudiadas más ampliamente: la reevaluación (asignar
un significado "no emocional" a un evento) y la supresión (controlar la
respuesta somática de una emoción)(4).

Consecuencias de la supresión y la reevaluación

Los hallazgos más significativos de esta línea de investigación han sido el


descubrimiento de consecuencias diferentes de los distintos modos de
regulación en la expresión facial de emociones, la experiencia afectiva, la
fisiología, la memoria y los procesos interpersonales(4,6-7). Los datos indican
que la reevaluación cognitiva disminuye significativamente la experiencia
subjetiva de desagrado frente a estímulos aversivos visuales, mientras que la
supresión falla en lograrlo. Así mismo, la supresión emocional disminuye
considerablemente la expresividad afectiva, en todo su rango (positivo y
negativo), generando una disminución de la comunicación de los estados
internos del individuo. Desde el punto de vista fisiológico, los sujetos que
utilizan la supresión muestran una actividad del sistema simpático intensificada,
tanto en índices cardíacos como en medidas de conductancia de la piel. Al
contrario, las personas que reevalúan muestran una actividad fisiológica
bastante más reducida en los mismos índices cardíacos y de conductancia. Por
otro lado, la supresión involucra un alto esfuerzo cognitivo durante el proceso
emocional, producto principalmente del automonitoreo y de la autocorrección.
Este esfuerzo reduciría los recursos cognitivos disponibles del sujeto
dificultando la retención de sucesos. La reevaluación, como estrategia de
aparición temprana, no incluiría un esfuerzo de autorregulación y, por lo tanto,
recursos cognitivos como la memoria estarían disponibles. De hecho, las
personas que utilizan frecuentemente la reevaluación tienen un mejor
desempeño en pruebas objetivas de memoria. Finalmente, desde el punto de
vista interpersonal, las personas que suprimen sus afectos, al disminuir
notoriamente su expresividad emocional, generan afectos negativos en los
otros y resultan menos "alentadores" en situación de adversidad(4,7).

En su conjunto, los estudios antes discutidos demuestran que la regulación


afectiva no es trivial para el individuo, ni para su fisiología ni para su
experiencia personal (incluyendo el efecto que produce en otros). Por ello, no
resulta extraño que la evidencia reciente vincule los procesos de regulación
emocional con la psicopatología(1).

Regulación emocional y psicopatología

Un número considerable de programas de investigación convergen en


establecer que la psicopatología surge en parte debido a "un proceso de
regulación deficiente", ya sea por el tipo de estrategia utilizada o como producto
de una diferenciación afectiva poco desarrollada(8-11).

Junto con la multiplicidad de consecuencias para el individuo antes revisadas,


también existe un efecto general en la salud mental relacionado con la
regulación de los afectos. Tal como vimos, los estudios de Gross (5-6) han
enfatizado que la supresión y la reevaluación difieren tanto en su efectividad en
la administración de la experiencia afectiva, como en el "costo" psicofisiológico
para el individuo. De esto modo, en el largo plazo, las personas que tienen
como "estilo" de regulación la supresión son más propensas, por ejemplo, a
padecer de alteraciones relativas a los parámetros antes discutidos, en
especial por la disminución de su expresividad afectiva.

Por otro lado, evidencias recientes han mostrado que la regulación emocional
como proceso depende de un grado de diferenciación emocional previo (8). En
otras palabras, la habilidad para controlar la experiencia afectiva depende
fundamentalmente de la capacidad para distinguir estados internos y
diferenciarlos unos de otros. Así, en la medida que las personas delimitan más
detalladamente su experiencia, pueden manipular con mayor precisión sus
estados afectivos. Cuando la diferenciación emocional es deficiente los niveles
de psicopatología son más altos, independientemente de la constelación
diagnóstica a que se refiere el síntoma, incluyendo síntomas somatomorfos (1).
De hecho, se produce un efecto de acentuación de la esfera somática del
estado afectivo en la conciencia del individuo que dificulta aun más sus
esfuerzos autorreguladores (hipótesis de acentuación somática). Por todo lo
anterior, se sostiene que la diferenciación emocional tiene un efecto
significativo pero inespecífico en la psicopatología debido a su influencia en la
regulación emocional(1).

Por lo tanto, conocer el modo de manipular la regulación emocional (por


ejemplo, entrenar cierto tipo de estrategia), y su sustrato cerebral, son tareas
sumamente relevantes dentro de las ciencias del comportamiento (9,11). En este
sentido, en la última década la neurociencia, y en especial la neurociencia
afectiva, ha hecho grandes avances(10,12).

Neurociencia afectiva y regulación emocional

El estudio neurocientífico de las emociones estuvo por largos años estancado


en la idea que el sistema límbico era el "núcleo" o "centro" cerebral de las
emociones. Esta interpretación no sólo detuvo el desarrollo de nuevos
conceptos respecto de la afectividad, sino que también mermó en gran medida
la investigación en el área(13-14). Sin embargo, a fines de la década de los
ochenta y comienzo de la de los noventa un pequeño grupo de investigadores
concentró su atención en los aspectos corticales del procesamiento emocional.
Fundamentalmente, a partir de estudios en ratas, y en un modelo lesional en
humanos, poco a poco se comenzó a develar la participación de la corteza
cerebral en las emociones, sobre todo de la corteza prefrontal en varias de sus
porciones (orbitofrontal, dorsolateral y ventromedial). La evidencia proveniente
del análisis de pacientes con daño frontal sugería que la corteza prefrontal
tendría un rol asimétrico en la participación en los procesos afectivos (14).
Posteriormente, Davidson et al(10,15) llevaron a cabo estudios que confirmaron
los datos hallados en sujetos con lesiones, expandiendo este principio a la
población normal. En dicho esfuerzo se ha formulado un modelo general de la
motivación y la emoción humana, se han develado importantes implicancias
para el entendimiento de las diferencias individuales en diversos parámetros de
la afectividad, surgió el concepto "estilo afectivo" y se han desarrollado
paradigmas para su estudio(16).

Estilo afectivo

El estilo afectivo corresponde al rango de diferencias individuales en los


múltiples componentes de las disposiciones anímicas y la reactividad
afectiva(17). Varios fenómenos se incluyen en este término: el nivel emocional
tónico, el umbral de reactividad y el tiempo de recuperación, entre otros.

Diversas estructuras cerebrales se relacionan con el estilo afectivo, siendo


categorizadas, en base a estudios de laboratorio, en dos sistemas que
sustentan la motivación y la emoción: el sistema de aproximación y el sistema
de inhibición. El sistema de aproximación se ha descrito como favorecedor de
conductas apetitivas y como generador de afectos positivos relacionados con el
logro de metas. El sistema de inhibición facilita al organismo el distanciarse de
una fuente aversiva de estimulación y organiza las respuestas apropiadas
cuando es confrontado con estímulos amenazantes(18).

Tal como mencionamos, se ha encontrado que la lateralización según el


sistema emocional sólo existe para alguno de los componentes de estos
circuitos, en particular la activación de la corteza prefrontal. Así, se concibe que
la corteza prefrontal derecha estaría directamente implicada en el sistema de
inhibición, mientras que la izquierda lo estaría en el sistema de aproximación.
Congruente con esta formulación, las diferencias en la actividad tónica de esas
estructuras, así como su relación funcional, representan el sustrato biológico
del estilo afectivo. Específicamente, los sujetos con asimetría derecha de la
activación tónica de la corteza prefrontal tienen una tendencia a experimentar
mayor intensidad de afecto negativo, en comparación con su contraparte
izquierda. Así mismo, los individuos con la corteza prefrontal derecha
tónicamente más activa están predispuestos a ser más sensitivos a los
estímulos amenazantes, inhibiendo su conducta y experimentando más afecto
negativo. Davidson(10,19) ha sido enfático en subrayar que las asimetrías
cerebrales funcionales deben ser entendidas dentro de un modelo de diátesis,
esto es, que la asimetría frontal no es suficiente para causar estados
emocionales específicos, sino que predisponen a responder bajo condiciones
apropiadas de un modo u otro.

Por otra parte, existen datos convergentes respecto de las consecuencias que
tienen sobre la afectividad los diferentes patrones de asimetrías cerebrales. En
adultos, Davidson et al(20) encontraron que los fóbicos sociales presentan una
actividad de fase de mayor magnitud en zonas corticales derechas cuando se
inducía ansiedad de anticipación. Henríquez y Davidson(21) reportaron que
personas depresivas tienen una hipoactivación tónica de la corteza frontal
izquierda, implicando una hipofuncionalidad del sistema de activación. Más
aún, este patrón de actividad cerebral no tendría que ver exclusivamente con
los períodos en que la persona presenta los síntomas depresivos(22). Tal como
lo predice el modelo de diátesis, es una condición que predispone a dicha
patología pero que no la determina.

Finalmente, mis colegas y yo(23-24), reportamos que personas que hacen dieta
crónicamente, y que se sobrealimentan en situaciones de ansiedad, presentan
una asimetría tónica derecha de la corteza prefrontal.

En infantes, la actividad cerebral en respuesta a estímulos positivos (i.e. figura


de la madre) y negativos (i.e. alejamiento materno) parece seguir los mismos
principios que en adultos. La actividad frontal derecha está asociada con
respuestas y expresiones frente a estímulos negativos, mientras que la corteza
frontal izquierda a los positivos. Recientemente, Buss et al(25) expandieron
dichos resultados al mostrar que los infantes de 6 meses con asimetría tónica
derecha tienen niveles de cortisol más elevados y presentan más
comportamientos evitadores.

Regulación emocional y estilo afectivo


Existen evidencias que muestran los procesos que ocurren durante la
regulación de emociones negativas. Estudios de laboratorio han develado que
la regulación emocional toma lugar al mismo tiempo que la corteza prefrontal
"controla" la activación de la amígdala. Específicamente, la disminución
voluntaria de las emociones negativas se relaciona con cambios en la actividad
neuronal en la amígdala. Más aún, Ochsner et al(26), estudiando la actividad
cerebral durante la reevaluación, encontraron que la activación de ciertas
zonas de la corteza prefrontal izquierda modula la amígdala y la corteza
orbitofrontal medial izquierda durante dicha estrategia de regulación emocional.
Así, la actividad cortical cumpliría un rol modulador del componente subcortical
del circuito afectivo, siendo la corteza prefrontal y la amígdala las principales
estructuras reclutadas.

En otra línea de desarrollo se han identificado diferentes consecuencias en la


"efectividad" de la regulación, dependientes de los niveles de actividad tónica
de la corteza prefrontal. Específicamente, los sujetos con activación tónica
frontal asimétrica derecha presentan dificultades para regular emociones
negativas, en comparación con su contraparte asimétrica izquierda. En otras
palabras, el tiempo que toma en recuperarse de un afecto negativo está
asociado a las diferencias en las asimetrías prefrontales(27), donde los sujetos
con asimetrías derechas tienen mayor dificultad en terminar con una emoción
negativa una vez que ha comenzado(28).

Así, tanto la activación de fase como la tónica de la corteza prefrontal tienen


relación con elementos de la regulación afectiva. La activación de fase se
relaciona con el proceso regulador en curso, produciendo una modulación en la
amígdala, mientras que la activación tónica es un marcador predictivo de la
eficacia del proceso regulador en general.

Conclusiones

La regulación emocional es un aspecto del proceso afectivo que tienen


importantes implicancias para la psicopatología. Tanto la reevaluación como la
supresión tienen efectos en la experiencia de los afectos, la expresión facial de
emociones, la fisiología, la memoria y la interacción interpersonal de los sujetos
que las utilizan. Los estudios de laboratorio han mostrado que la reevaluación
es una forma de regulación más efectiva que el resto de las estudiadas y que
tiene menos consecuencias adversas para las personas que las emplean. Por
otro lado, existe evidencia de que la psicopatología estaría relacionada con la
habilidad de regular los afectos, y que esta habilidad a su vez dependería de la
capacidad de diferenciar emociones que un individuo posee. La neurociencia
afectiva ha develado que determinadas estructuras cerebrales están
relacionadas con las distintas formas de regulación. Una zona de alta
importancia es la corteza prefrontal, la que por medio de la modulación de
amígdala, permite que las emociones negativas puedan ser modificadas. Más
aún, la actividad tónica de aquella área cerebral determina el estilo afectivo
individual, es decir, la reactividad emocional y las disposiciones anímicas de
una persona. Estas diferencias individuales se superponen a la reactividad
emocional particular, donde se actualizan mecanismos específicos de
regulación. El avance de este paradigma, junto con los desarrollos del estudio
de la función reflexiva, nos ha permitido diseñar un modelo que integra estas
líneas de investigación y que tiene como objetivo conocer cómo variables
cerebrales de desarrollo temprano y de fuerte determinación genética (i.e.
asimetrías funcionales de la corteza prefrontal) interactúan con fenómenos
determinados por la experiencia (mentalización), en la actualización de
diferencias individuales en la regulación emocional, estilo afectivo y, por ende,
en el desarrollo de psicopatología.

Aunque es un modelo en desarrollo y altamente especulativo, es necesario


notar algunas implicancias para la psiquiatría y la psicología clínica. En primer
lugar, debe considerarse que el avance de la nosografía psiquiátrica debe
acompañarse del esclarecimiento de la etiología de los fenómenos descritos.
En este contexto, la delimitación de los elementos que componen las variables
que facilitan el desarrollo de alteraciones psicopatológicas, nos permitiría hacer
un mejor uso de las descripciones sintomáticas clásicas. De este modo, tal
como se ha sostenido(10), la modificación de las categorías diagnósticas a partir
del avance de la neurociencia es el camino natural a seguir. El modelo de
vulnerabilidad/resiliencia se dirige hacia el objetivo así señalado. En segundo
lugar, la delimitación de los fenómenos aludidos no es un ejercicio intelectual
sino que un modo sistemático de desarrollar formas de entendimiento que nos
permitan confeccionar estrategias de intervención más eficientes y efectivas.
En efecto, reconociendo con más detalle las variables que dan lugar al
comportamiento patológico podremos elaborar procedimientos para manipular
dichas variables. Por ejemplo, tal como predice nuestro modelo, cuando las
variables constitucionales son las relevantes (i.e. asimetrías de activación de la
corteza prefrontal) en la generación de psicopatología el tratamiento
farmacológico debe ser la elección. Así mismo, debido a la participación de la
corteza prefrontal en la generación de psicopatología, la modulación de la
activación de ésta debe ser el objetivo tanto de los tratamientos farmacológicos
como conductuales(30). Finalmente, la psicoterapia como disciplina requiere
de modelos como el presentado para lograr especificar claramente sus
alcances/limitaciones y desarrollar procedimientos de intervención confiables, y
así verdaderamente transformarse una ciencia del comportamiento.

ANTECEDENTE 2:
Las emociones desde el punto de vista de la Psicobiología

AUTORES:
Araceli Sanz Martin
Gabriela Castillo Parra
Evangelina Sánchez Padilla
Emilio Gumá Díaz
Resumen:
Desde el inicio de la civilización, los seres humanos nos hemos preocupado por
tratar de entender qué es lo que motiva nuestros actos, o dicho de otra manera,
por qué nos comportamos de tal o cuál forma. Tradicionalmente, se creía que
había dos fuentes del comportamiento: el alma o la mente y el cuerpo. Mientras
que del alma o la mente provenían cuestiones “superiores” o humanas como la
razón, el pensamiento y la voluntad, del cuerpo procedían cosas “inferiores” o
“animales” como los impulsos (hambre, sed, sexo) y las emociones. Desde este
punto de vista, se creía que las emociones primitivas entorpecían a la razón
civilizada, por lo que había que reprimirlas, siendo esto uno de los fines más
importantes de la educación y las leyes. No fue hasta finales del siglo XIX
cuando Darwin reivindicó la importancia de las emociones al sugerir que éstas
ayudan a los organismos, incluyendo el hombre, a adaptarse a su medio
ambiente. A lo largo del siglo XX el interés por las emociones se hizo cada vez
mayor, dejando de ser terreno exclusivo de los artistas para convertirse en el
objeto de estudio de científicos de diversas disciplinas. En la actualidad
sabemos que las emociones, al igual que la cognición, son parte de un sistema
de dirección que coordina cada uno de nuestros planes y metas, jugando un
papel fundamental en la toma de decisiones. Bajo esta óptica, ha habido un
crecimiento exponencial en el interés por investigar el papel que juegan las
emociones en el comportamiento, hasta el punto de propiciar el surgimiento de
un nuevo campo de conocimiento llamado “neurociencias afectivas”, cuyo
objetivo es el estudio de las emociones a través de sus operaciones mentales
básicas y su correspondencia con sustratos neuronales (Lane, 2000;
Panksepp, 1998).
BASES NEUROBIOLÓGICAS DE LA EMOCIÓN Los avances de las
neurociencias, en los últimos años, han mostrado que las emociones son
procesadas por un complejo circuito cerebral que involucra tanto a regiones
corticales como subcorticales, las cuales están implicadas en el procesamiento
emocional a nivel consciente e inconsciente. Se ha encontrado que las
regiones que se activan ante la presencia de un estímulo o situación emocional
son las regiones dorsolateral, órbitofrontal y ventromedial de la corteza
prefrontal; la corteza del cíngulo anterior, los lóbulos temporal y parietal, la
ínsula, el hipocampo, los ganglios basales, el tálamo, el mesencéfalo y,
principalmente, la amígdala. En la Figura 1 se presenta una imagen del cerebro
en donde se señala la ubicación de algunas de las principales regiones
implicadas en el procesamiento emocional. La mayoría de las investigaciones
acerca de las bases biológicas y fisiológicas de las emociones se han centrado
en el estudio del miedo, quizá porque la supervivencia depende de respuestas
que permiten evitar una situación peligrosa. LeDoux (1996) ha propuesto un
circuito cerebral asociado al miedo en ratas, aunque estudios en humanos han
confirmado estos hallazgos 7 (Angrilli, 1996). Se ha sugerido que en este
circuito existen dos rutas diferentes: una subcortical que es rápida, burda e
inconsciente y una cortical más lenta, pero a la vez más detallada y consciente.
Los estímulos sensoriales llegan al tálamo, que envía información tanto a la
ruta subcortical como a la cortical. En la ruta subcortical, un estímulo
amenazante procedente del sistema visual o auditivo llega al tálamo, que a su
vez envía información a la amígdala, pieza clave de la compleja maquinaria
emocional. Esta estructura funge como un sistema de alarma capaz de activar
todo el cerebro con la finalidad de optimizar el procesamiento sensorial y
perceptual de los estímulos, permite la asociación entre estímulos y emociones,
y participa en el reconocimiento de las emociones de los otros. A este respecto,
se ha descubierto que la amígdala contiene neuronas que responden
selectivamente a la identidad facial, a algunas emociones faciales y durante la
interacción social (Rolls, 1999). Figura 1. Principales regiones cerebrales
asociadas tanto al procesamiento como a las respuestas emocionales. La
amígdala, envía proyecciones hacia el núcleo de la base de la estría terminal,
el hipotálamo lateral y paraventricular y el tallo cerebral, donde se generan
tanto los cambios en la activación como las respuestas endocrinas y
prototípicas de la emoción, tales como la elevación de la frecuencia cardíaca,
conductas de defensa y el reflejo de sobresalto ante un estímulo desagradable
(Kandel, 1997). De igual forma, las conexiones que existen entre la amígdala y
el hipocampo participan en la consolidación y la adquisición a largo plazo del
conocimiento declarativo acerca de la información emocionalmente relevante.
El hipocampo interactúa a su vez Amígdala Corteza Visual Tálamo Corteza
Prefrontal 8 con la corteza cerebral para adquirir de forma duradera tales
recuerdos1 Mientras todas estas respuestas fisiológicas tienen lugar, la
información llega a la corteza donde es posible tener consciencia de lo que
sucede en nuestro alrededor. La evaluación consciente de la emoción se lleva
a cabo con la participación de la corteza prefrontal, especialmente el área
órbitofrontal, el lóbulo temporal, el lóbulo parietal, la ínsula y el cíngulo anterior.
. La corteza órbitofrontal es un área comprometida con la interpretación de las
emociones, la experiencia emocional y la conducta social (Damasio, 1996;
Harensky, 2006; Lane, 1997). Es en esta área donde se da una interfase entre
la cognición y la información procedente del cuerpo (Damasio, 1996). La
corteza órbitofrontal se divide en las regiones medial, implicada en el
procesamiento apetitivo y en el control del estado interno del organismo; y
lateral involucrada en las asociaciones entre los objetos y sus emociones y en
la conducta empática y aceptable socialmente. En esta área se han encontrado
neuronas que responden a la expresión o al movimiento facial de manera
semejante a aquéllas que, como veremos más adelante, se encuentran en el
lóbulo temporal, pero con una latencia más elevada. De hecho, estas neuronas
son activadas por las entradas provenientes de las áreas temporales visuales
en donde se encuentran las células selectivas a las caras (Rolls, 1999). La
corteza órbitofrontal guarda además, conexiones recíprocas con la amígdala,
las cuales además de facilitar la modulación de las respuestas emocionales
primitivas iniciadas en la amígdala, interviene en la conciencia de la emoción o
“sentimiento”. Por su parte, el cíngulo anterior provee la motivación para la
selección de los estímulos ambientales basados en su relevancia o valor como
incentivo (López-Antunez, 1979; Kandel, 1997). Se ha propuesto que tanto esta
estructura como la corteza órbitofrontal poseen una representación del estado
emocional concurrente que facilita y guía la conducta y permite planear el
futuro (Lane, 2000). El lóbulo temporal participa en el reconocimiento de
estímulos emocionales, 1 El hipocampo no almacena toda la información, sino
que conserva solamente la información operativa destinada a “marcar”,
reorganizar y activar de modo repetitivo los múltiples puntos relevantes de la
corteza cerebral que, en conjunto, guardan todo el contenido de información
que constituye la representación cerebral de la memoria (engrama) de un
acontecimiento dado. La consolidación se establece cuando las
representaciones neocorticales (fragmentadas o distribuidas en múltiples
puntos de la neocorteza) son activadas por el hipocampo de forma simultánea
y repetitiva, lo que genera cambios graduales y duraderos en las
interconexiones entre dichos puntos neocorticales hasta que, finalmente, estos
cambios alcanzan la suficiente fuerza y dejan de requerir del hipocampo para
recrear la representación original (para más información revisar Gumá, 2001). 9
especialmente los faciales. Con relación a estos últimos, se ha encontrado que
éstos son primeramente procesados en las áreas visuales primaria y
secundaria. Posteriormente, la información pasa a las circunvoluciones
temporales superior e inferior donde es categorizada como una expresión facial
emocional o como la cara de alguien. Es ahí, en la corteza temporal inferior
donde las expresiones faciales son primeramente decodificadas y, en opinión
de Rolls (1999), pueden jugar un papel como estímulos incondicionados; es
decir, ser capaces de generar respuestas reflejas innatas. La relevancia de la
corteza temporal en el reconocimiento facial ha sido señalada por diversos
estudios, que han empleado desde registros unitarios y multiunitarios, hasta el
electroencefalograma (EEG), técnicas con imágenes (como la tomografía por
emisión de positrones [TEP] y la resonancia magnética funcional [RMf])
incluyendo el análisis de pacientes con lesiones cerebrales. Revisemos
algunos de estos. Se ha observado que en los primates, incluyendo al ser
humano, existen neuronas que responden selectivamente a las caras y,
aunque muchas de éstas responden a la identidad, hay una población en la
parte anterior de la circunvolución temporal superior selectiva a las expresiones
faciales (Holmes, 1996; Fried, 1997; Rolls, 1999). La corteza temporal también
interviene en el reconocimiento de la prosodia emocional. Mientras que el giro
temporal superior procesa las cualidades básicas de los estímulos auditivos, el
giro temporal medial le concede al estímulo prosódico su cualidad emocional
(Mitchell, 2003). Con relación a los sentimientos, hemos mencionado que la
percepción de los cambios somáticos ante un determinado estímulo, juega un
papel fundamental en la experiencia emocional, por lo que es lógico suponer
que las áreas implicadas en la percepción de los cambios corporales son
indispensables para generar una experiencia emocional consciente. Entre
estas estructuras se encuentran la ínsula, el área parietal S2 y el cíngulo
(Damasio, 2003). Por último, se ha sugerido que existen diferencias
hemisféricas en el procesamiento emocional. El hemisferio derecho está
especializado tanto en la comprensión del estímulo emocional como en la
expresión de la emoción experimentada (Silberman y Weingartner, 1986). Bajo
esta perspectiva se cree que el hemisferio derecho participa en la
interpretación de las emociones faciales, las escenas emocionales, la
entonación de la voz y otros aspectos no verbales del habla como la risa y el
llanto (Kimura, 1964; Safer, 1977; Subery, 1977; Ley, 1979; Dekosky, 1980;
Bryden, 1982). A pesar de que todos los estudios anteriores apuntan hacia una
participación del hemisferio derecho en las emociones, algunas investigaciones
han demostrado 10 la participación de ambos hemisferios cerebrales en el
procesamiento de la información emocional. Se cree que la acción preferente
de uno u otro hemisferio depende del tipo de emoción que se genera. En
poblaciones patológicas y normales, se ha descubierto que existe una relación
entre la activación del hemisferio derecho con ciertas emociones negativas o
de evitación, mientras que por el contrario, las emociones positivas o de
acercamiento se relacionan con la activación del hemisferio izquierdo
(Davidson, 1999; Silberman, 1986).
ANTECEDENTE 3

AUTORES AÑO BASE DE REVISTA TITULO


DATOS
Francoise Personalidad,
Contreras inteligencia
David emocional y
Barbosa REVISTA afectividad en
Universidad DIVERSITAS - estudiantes
del Rosario, 2010 SCIELO PERSPECTIVAS universitarios
Colombia EN de áreas
PSICOLOGÍA empresariales
Juan Carlos Implicaciones
Espinosa para la
Universidad formación de
Santo Tomás, líderes
Colombia
Resumen y Objetivo
El propósito de este estudio fue describir la personalidad, el afecto y la
inteligencia emocional a lo largo de la formación profesional, en 422
estudiantes de áreas empresariales. Se utilizó el Inventario de Personalidad
NEO-FFI de Costa & McCrae (1994), el TMMS-24 (adaptado por Fernández-
Berrocal, Extremera & Ramos, 2004) y el PANAS (adaptado por Sandín et al.,
1999). Se encontraron niveles altos de neuroticismo y bajos de extraversión,
apertura a la experiencia y amabilidad; niveles intermedios de inteligencia
emocional y una afectividad positiva predominante. El neuroticismo se
incrementó en algunos semestres, la apertura a la experiencia y la
responsabilidad aunque presentan niveles bajos, tienden a incrementarse
durante la formación. Los participantes se caracterizaron por su afectividad
positiva, la cual no parece depender de los procesos formativos sino de sus
características personales. Se discuten estos hallazgos en relación con la
formación de líderes empresariales.
Resultado
A nivel sociodemográfico, la muestra estuvo conformada por 422 estudiantes
de ambos sexos, con un porcentaje mayor de mujeres (55%), y edades
comprendidas entre los 16 y 26 años, con un promedio de edad de 19.62 (dt.
1.69), sin diferencias estadísticamente significativas por sexo [t(401) = 1.21;
Sig. = .227]. Respecto al nivel socioeconómico se encontró una preponderancia
de la clase media-alta, (estrato 4 con 41.5% y estrato 5 con 21.1%); los
estratos 3 y 6 representaron participaciones similares, 15.2% y 14.7%
respectivamente, mientras que 7.6% de los participantes no reportaron esta
información. En la Tabla 1 puede observarse la distribución de la muestra por
semestre.
ANTECEDENTE 4

Afectividad positiva y salud

Resumen

Clásicamente se ha relacionado la afectividad positiva con la salud, y se intuye


que hay una conexión directa entre ambas. De hecho, se cree que el desarrollo
de sentimientos y emociones positivas ejerce un papel preventivo respecto a la
enfermedad; o lo que es lo mismo, actúa como factor protector de la salud. En
este texto se pretende explorar la relación entre ambos conceptos a través de
diversos postulados teóricos de la Psicología de las emociones. Como
resultados principales destaca la confirmación de la hipótesis que apunta a una
íntima relación entre estos dos aspectos. Muchos autores consideran que en la
actitud o forma de reaccionar ante los estímulos que nos rodean, está la clave
o el origen de lo que posteriormente llegará a convertirse en trastornos
afectivos o enfermedades psicosomáticas si no son tratados correctamente.

Contenido

El ser humano tiene la capacidad de sentir, pensar y actuar, por lo que se


pueden diferenciar procesos emocionales, cognitivos y conductuales. Dentro de
los primeros, encontramos los sentimientos, las emociones, las pasiones o los
instintos; en los segundos podemos hablar de percepción, lenguaje, memoria; y
entre los terceros aparecen las actitudes o las motivaciones, entre otros. Son
objeto de nuestro interés, y por tanto de análisis los del primer grupo: los
procesos emocionales, puesto que es el ámbito en el que se incluye la
afectividad.

Para empezar nos encontramos con un inconveniente conceptual: la


afectividad se utiliza muchas veces como sinónimo de emoción, aunque existen
sensibles diferencias entre ambos, puesto que ésta última pone su énfasis en
la movilidad; es un concepto dinámico. La emoción se considera un evento más
intenso y breve, relacionado con aspectos concretos e inmediatos, y con un
considerable contenido cognitivo. El afecto, por su parte, es un concepto más
primitivo que posee tono o valencia, por lo que puede ser positivo o negativo.

AUTORES AÑO BASE DE TITULO


DATOS
Sancho Cantús, D.; 2011 SCIELO Afectividad positiva
Martínez Sabater, A. y salud

Conclusión:

Después de lo expuesto hasta el momento se podría pensar que nuestra


actitud afectiva debiera estar orientada o dirigida conscientemente, lo cual nos
llevaría hasta una cuestión de gran interés pero que sin embargo no es objeto
del presente análisis: ¿se pueden aprender las actitudes afectivas? Este
interrogante encierra como es de suponer múltiples condicionantes y líneas de
reflexión, pero todos ellos nos deben llevar al mismo punto en común, que no
es otro que afirmar que los afectos positivos, aprendidos o no, juegan un papel
fundamental en el desarrollo de actitudes para prevenir la enfermedad.

ANTECEDENTE 5

La culturalización de los afectos: Emociones y sentimientos que dan


significado a los actos de protesta colectiva
Resumen:
En este documento se presentan los afectos como construidos
psicosocialmente, los cuales incluyen a las emociones y los sentimientos. Se
muestra el afecto como un elemento irreductible cuya característica es no ser
un fenómeno cognitivo per se, que se vive en el seno de grupos donde la
cultura con sus sistemas simbólicos influye en la construcción de significado
público y compartido de los actos de protesta colectiva, acción intencional,
situada en escenarios donde confluyen razones y afectos producto de la
comunión de individuos. Se realizó una investigación de tipo cualitativo y
mediante entrevistas semiestructurada se recuperó información in situ. Las
emociones o reacciones identificables y desencadenantes de corta duración
mayormente expresadas por los protestantes son: la sorpresa, la alegría, el
coraje, el miedo y la tristeza, así como también la desesperación, la decepción,
el desánimo y la ansiedad. Por cuanto hace a los sentimientos o sensaciones,
también considerados como emociones secundarias se apreciaron: el dolor, la
molestia, el asco, el cansancio, aunque también el bienestar y la tranquilidad.
Palabras clave: afectos, emociones, sentimientos, protesta colectiva, acto
comunicativo.
Resultado:
En la figura 1, se aprecia que de los afectos identificados en actos de protesta
se pueden distinguir tanto emociones como sensaciones. La presentación de
cada uno de los afectos se acompaña con al menos una expresión extraída de
las entrevistas
(corpus de análisis).
Entre las emociones
o reacciones
identificables y
desencadenantes de
corta duración se
encuentran: la
sorpresa, la alegría,
el coraje, el miedo y
la tristeza, así como
también la
desesperación, la
decepción, el
desánimo y la
ansiedad. Por
cuanto hace a los sentimientos o sensaciones considerados como disturbios
fisiológicos, como disposiciones a actuar, como aquello que se siente y lo que
los participantes en este estudio experimentaban en el momento de la protesta
tuvieron que ver con: dolor, preocupación, molestia, asco, cansancio, pero
también con bienestar y tranquilidad. El abanico de afectos es nutrido y diverso,
pues se presentan tanto emociones como sensaciones, también denominadas
emociones primarias y secundarias (Moreno & Smith-Castro, 2009). Donde el
coraje, la decepción y la tristeza como emociones fueron de las más evocadas.
Mientras que la sensación de molestia fue la más expresada.

AUTORES AÑO BASE DE TITULO


DATOS
Gabriela Rodríguez 2011 Interamerican La culturalización
Hernández Journal of de los afectos:
Carlos Saúl Juárez Psychology Emociones y
Lugo sentimientos que
María del Consuelo dan significado a
Ponce de León los actos de
protesta colectiva

Conclusión
Como ha quedado plasmado, las emociones y los sentimientos se encuentran
intensamente arraigados en el lenguaje y la cultura. La cultura otorga
valoraciones positivas o negativas a los afectos en el sentido de que pueden
ser vistos como apropiados o no en función de las normas sociales bajo las que
se rigen los participantes de este estudio y el lenguaje del sentimiento se
manifiesta en el ritmo que le es dado por el aprendizaje social, por sus
experiencias habituales, donde la multiplicidad de ritmos se aprecian en
emociones como la ansiedad, la preocupación, la decepción, el desánimo y la
desesperación, emociones similares entre sí, con un matiz que tiende a lo
desfavorable no solo a la situación generadora de la protesta, sino a todos los
elementos que conforman la estructura psíquica colectiva, es decir, actores,
objetos, instancias y/o autoridades, a quienes se apela en los actos de
protesta.
En las emociones identificadas se aprecian dos mecanismos de relación:
primeramente el de generalización, que encamina a que surjan nuevas
emociones por eliminación de algunos componentes de emociones anteriores.
Así, el coraje como causa de frustración ante las situaciones existentes, da
origen a otras emociones como la decepción, el desánimo y la desesperación,
que refieren más a una cuestión simbólica que fisiológica y expresiva. El
mecanismo de especialización para identificar la emoción, propició que se
adicionaran nuevos componentes, generalmente de carácter cognitivo que
aumentaron la especificidad de las emociones mencionadas, que llevan a
diferenciar emociones positivas y negativas. Constatándose que las emociones
no son categorías cerradas e indivisibles, sino conglomerados de un conjunto
de componentes básicos, tanto fisiológicos como conductuales y cognitivos,
que pueden combinarse de múltiples formas, con distintos matices que las
hacen más o menos similares entre sí
CONCLUSIONES:
• El desarrollo emocional o afectivo se refiere al proceso por el cual el niño
construye su identidad (su yo), su autoestima, su seguridad y la
confianza en sí mismo y en el mundo que lo rodea, a través de las
interacciones que establece con sus pares significativos, ubicándose a sí
mismo como una persona única y distinta.
• Las emociones son reacciones psicofsiológicas que representan modos
de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un
objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante.
• Los afectos a través del ciclo vital se dividen en 6 etapas:
1. ETAPA DE LACTANCIA Y PRIMERA INFANCIA DE 0 A 3 AÑOS
2. ETAPA ESCOLAR DE 6 A 11 AÑOS
3. ETAPA DE ADOLESCENCIA DE 12 A 17 AÑOS
4. ETAPA DE LA JUVENTUD 18 A 29 AÑOS
5. ETAPA DE LA ADULTEZ 30 A 59 AÑOS
6. ETAPA DE LA ADULTEZ MAYOR 60 A MÁS
• Principales trastornos emocionales son:
TRISTEZA PATOLÓGICA: Triada cognitiva negativa: percepción
negativa y degradante de sí mismo, del mundo y del futuro. Ideación
suicida
ALEGRIA PATOLÓGICA: a persona con este problema se suele sentir
optimista, alegre, con una autoestima elevada.
Está expansivo (puede llegar a intimidar a los demás)
Viva respuesta afectiva
Hilaridad que puede convertirse en ironía
Agresividad si se le contradice
Atención viva pero fugaz
Verborrea que alcanza la fuga de ideas
Hiperactividad motora
Menor necesidad de dormir

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

• http://www.scielo.org.co/pdf/dpp/v6n1/v6n1a06.pdf

• https://scholar.google.com.pe/scholar?hl=es&as_sdt=0%2C5&as_ylo=2000&as_yhi=20
10&q=PSICOBIOLOG%C3%8DA+DE+LAS+EMOCIONES+Y+LA+AFECTIVIDAD&btnG=

• https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?pid=S0717-
92272005000300004&script=sci_arttext&tlng=en

• http://148.202.18.157/sitios/catedrasnacionales/material/2010b/sanz/ara2008.pdf