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LA OSTRA Y EL CANGREJO

Una ostra estaba enamorada de la Luna.


Cuando su gran disco de plata aparecía en el
cielo, se pasaba horas y horas con las valvas
abiertas, mirándola.
Desde su puesto de observación, un
cangrejo se dio cuenta de que la ostra se
abría completamente en plenilunio y pensó
comérsela.
A la noche siguiente, cuando la ostra se abrió de nuevo, el cangrejo le echó dentro
una piedrecilla.
La ostra, al instante, intento cerrarse, pero el guijarro se lo impidió.
El astuto cangrejo salió de su escondite, abrió sus afiladas uñas, se abalanzó sobre
la inocente ostra y se la comió.
Así sucede a quien abre la boca para divulgar su secreto: siempre hay un oído que
lo apresa.

El Mito de Quetzalcóatl
Según cuentan, Quetzalcóatl (que
quiere decir "serpiente emplumada"
o "serpiente de plumaje hermoso")
era un Dios muy bondadoso y puro
que regia por sobre los demás
dioses de la mitología
mesoamericana antigua.
Un día el hermano de Quetzalcóatl
(quien gustaba de la guerra y la violencia) decidió engañarlo ya que no toleraba su
manera de ser pacífica. Para eso tramó un cuento que humilló en gran manera al
Quetzalcóatl. Muy "indignado", éste decidió dejar de vivir quemándose entero.
Tras esto, solo quedó cenizas de Quetzalcóatl, pero luego se descubrió la verdad,
y era, que Quetzalcóatl estaba tramando un plan para poder ir hasta los infiernos
donde una vez allí, robó una astilla de hueso de los primeros Humanos y luego al
cuarto día cuando resucitó, creó a los humanos a partir del hueso regado con su
propia sangre.
1. La Llorona
La llorona es una de las leyendas más
conocidas en Guatemala y, aunque hay varios
elementos que no cambian, existen varias
versiones sobre el origen de esta leyenda. Uno
de los elementos que permanece igual en todos
los relatos es el nombre de la Llorono y su
procedencia. Es decir, en todas las leyendas la
mujer lleva el nombre de María y es criolla, es
decir, hija de de españoles en época de la
colonia.
Así mismo, otro de los elementos en común de
las leyendas es que María contrajo matrimonio y que su esposo viajaba mucho. Los
elementos que varian es que, estando de viaje, Maria se enamoró de un fontanero
de nombre Juan de la Cruz y producto de este amor queda embarazada.
Otra de las versiones es que de la persona que se enamora es de un mozo de su
finca y la tercera versión es que María llevaba una vida de libertinaje y se desconoce
de quien queda embarazada. Las leyendas, casi todas de ellas, cuentan que, una
vez embarazada, puede ser de 1, 2 o inclusive 3 hijos, y preocupada de lo que diría
su esposo, Maria va al rio y ahoga a sus hijos. Luego de haber ahogado a su hijo o
hijos, a María le da cargo de conciencia y trata de rescatar a sus pequeños y termina
ahogada ella también.
Otro de las leyendas cuenta que María regresa a su casa y al darse cuenta de lo
que había hecho corre por las calles gritando “mis hijos, mis hijos, donde están mis
hijos” con lagrimas en los ojos. Finalmente, las leyendas cuentan que la llorona está
condenada a buscar a sus hijos por toda la eternidad; asimismo, se comenta que si
se escucha a la llorona lejos es porque esta cerca y cuando se escucha cerca es
porque este lejos.

1. El congreso de los ratones


Había una vez una familia de ratones que vivía en
la despensa de una casa. Eran felices, pero vivían
con miedo de ser atacados por un enorme gato, de
manera que nunca se atrevían a salir ya que sin
importar que fuera de día o de noche ese terrible
enemigo siempre les vigilaba. Un buen día decidieron
poner fin al problema, por lo que celebraron una
asamblea a petición del jefe de los ratones, que era
el más viejo de todos. El jefe de los ratones dijo a los
presentes: – “Os he mandado reunir para que entre
todos encontremos una solución. ¡No podemos vivir así!” – “¡Pido la palabra!”, dijo
un ratoncillo muy atento. – “Atemos un cascabel al gato, y así sabremos en todo
momento por dónde anda”.
Tan interesante propuesta fue aceptada por todos los roedores entre grandes
aplausos y felicidad. Con el cascabel estarían salvados, porque su campanilleo
avisaría de la llegada del enemigo con el tiempo para ponerse a salvo. – “¡Silencio!”,
gritó el ratón jefe, para luego decir: – “Queda pendiente una cuestión importante:
¿Quién de todos le pone el cascabel al gato?” Al oír esto, los ratoncitos se quedaron
repentinamente callados, porque no podían contestar a aquella pregunta. Y
corrieron de nuevo a sus cuevas, hambrientos y tristes. Moraleja: Es más fácil
proponer ideas que llevarlas a cabo.

2. El bobo y la grulla
Mientras un lobo se comía un hueso, se le
atragantó en la garganta, y empezó a correr por
todas partes en busca de ayuda. En su camino se
encontró a una grulla y le pidió que le salvara de
aquella situación y que le pagaría por ello. La grulla
aceptó, introdujo su cabeza en la boca del lobo y
sacó el hueso atravesado de la garganta.
Entonces, le pidió su compensación al lobo, a lo
que este le respondió: – “Oye amiga, ¿no crees que
es suficiente paga el haber sacado tu cabeza sana
y salva de mi boca? Moraleja: Nunca hagas favores
a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha
paga tendrías si te dejan sano y salvo.
3. El caballo viejo Un caballo que ya estaba muy
mayor fue vendido por su amo a un molinero que lo
empleó para que diera vueltas a la piedra de un viejo
molino. El caballo no hacía otra cosa desde la mañana
hasta la noche que girar y girar alrededor de aquella
rueda, lo cual no solo le cansaba mucho sino que lo
ponía muy triste. Y es que el viejo caballo recordaba lo
veloz y famoso que había sido en sus años de
juventud, en los que había vivido infinidad de aventuras
y también cómo se burlaba de los otros caballos que
eran más viejos y lentos que él.
Ahora viéndose en esta situación en la que pasaba
sus días atado y dando vueltas a dicho molino, se
arrepentía de aquella actitud que había tenido cuando
era poderoso: “Después de las grandiosas vueltas que di en las carreras durante mi
juventud, mira las vueltas que tengo que dar ahora. Este es un justo castigo por
burlarme de aquellos a los que veía más débiles e inferiores”. Moraleja: Mejor ser
humilde cuando tienes poder, porque un día u otro lo has de perder.

4. El lobo con piel de oveja


Un lobo pensó un día cambiar su apariencia
para así obtener comida de forma más fácil. Ni
corto ni perezoso, se metió dentro de una piel de
oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando
totalmente al pastor. Al atardecer, fue llevado
junto con todo el rebaño al granjero, donde le
cerraron la puerta para que ningún lobo entrara a
comerse a las ovejas. Sin embargo, en la noche,
el pastor entró buscando la cena para el día
siguiente, tomó al lobo y creyendo que era un
cordero, lo sacrificó al instante. Moraleja: Según
hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

5. Las ranas pidiendo rey


Cansadas las ranas del propio desorden y
anarquía en que vivían, mandaron una
delegación a Zeus para que les enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió un
grueso leño a su charca. Espantadas las ranas
por el ruido que hizo el leño al caer, se
escondieron donde mejor pudieron. Por fin,
viendo que el leño no se movía más, fueron
saliendo a la superficie y dada la quietud que
predominaba, empezaron a sentir tan grande
desprecio por el nuevo rey, que brincaban
sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose
humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus,
pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo. Indignado
Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró
a todas sin compasión. Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor
escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado
o corrupto.
6. La corneja fugitiva
Tras mucho tiempo intentando cazar a
una corneja, un hombre consiguió al fin su
premio. Para evitar que se escapara su
tan codiciada pieza, le anudó un filo hilo a
una de sus patas y se la llevó a su hijo
como regalo. A pesar de que su pequeño
dueño se desvivía por darle los mejores
cuidados del mundo, la corneja no
acababa de sentirse cómoda en su nuevo hogar. Una tarde, mientras el pequeño
limpiaba la jaula que le servía como hogar, la corneja aprovecho que nadie la
vigilaba para salir por la ventana y volar hacia el lugar en que estaba construido su
nido.
Tan emocionada estaba por recobrar su libertad, que al posarse sobre su árbol,
el hilo que colgaba de una de sus patas se enredó terriblemente en varias ramas.
Al darse cuenta de la situación, comenzó a aletear con todas sus fuerzas,
enredándose cada vez más. Prisionera en el lugar que tanto añoraba, dijo con
resignación: – “¡Que tonta he sido! Por culpa de querer vivir de nuevo en libertad,
voy a terminar mis días en el árbol que me vio nacer”. Moraleja: Cuanto más grande
sea lo que deseamos, más grandes son los riesgos.

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