Está en la página 1de 19

CAPÍTULO 1

ENCABEZAMIENTO 1,1-5

1. REMITENTE Y SEÑAS (1/01-02).

1 Pablo, apóstol no por autoridad humana ni por


mediación de un hombre, sino por Jesucristo y
por Dios Padre, que lo resucitó de entre los
muertos.

Al principio de la carta está el nombre del remitente.


Junto al nombre, Pablo añade inmediatamente su título
de apóstol. Así da a su carta, ya desde el principio,
carácter oficial. El apóstol es el «enviado» a quien se
ha dado un mensaje y autoridad. Tiene una misión que
desempeñar. Este tipo de enviados plenipotenciarios se
conocía ya en el judaísmo de la diáspora anterior al
cristianismo; llegaban a las comunidades de la diáspora
en nombre de las autoridades centrales de Jerusalén.
Este mismo contenido es el que yace en la idea
cristiana de apóstol. Sólo que aquí quien confía la
misión es Cristo.

Pablo afirma que su misión no provino de una


autoridad humana. Tampoco ha recibido su autoridad
por mediación de un hombre. Según parece, en las
comunidades gálatas se ha olvidado esto. Los falsos
maestros que se han introducido en las comunidades
después de su fundación y de la visita del Apóstol, han
impugnado entre los gálatas la autoridad apostólica de
Pablo Probablemente menospreciaban al Apóstol
diciendo que no pertenecía a los doce que Jesús había
elegido y enviado, que Pablo no había estado desde el
principio junto a Jesús y que, por tanto, no podía ser
apóstol. Una vez que estos argumentos habían
encontrado eco se podía hacer sospechosa también la
predicación de Pablo.
El problema es digno de ser tomado en serio: ¿sólo
puede ser apóstol quien ha conocido a Jesús en su vida
terrena? 3. En la elección del apóstol Matías éste fue el
requisito decisivo. Pero Jesucristo había elegido
también otro instrumento y le había hecho apóstol
suyo sin seguir ese camino «normal». Nadie puede
trazar sus caminos; es libre en sus decisiones y
acciones.

Pablo es enviado por Jesucristo. De el ha recibido su


misión apostólica, a las puertas de Damasco. Sabe muy
bien que Pedro y el resto de los doce vieron al
resucitado antes que él (ICor 15,5), que él es «el
menor de los apóstoles», «indigno de llamarse
apóstol», porque ha perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero sabe también que es apóstol por la gracia de Dios
(lCor 15,8-10). Es, pues, el mensaje de Cristo el que
Pablo predicó y predica a los gálatas y es con la
autoridad de Cristo con la que les habló y les habla. Es
el mismo Cristo quien nos sale al encuentro en Pablo.

Tras Jesucristo está Dios Padre. Aunque Pablo le


nombra aquí después de Cristo, designa al Padre como
principio último del ministerio apostólico. En último
término, el poder apostólico es una misión de parte de
Dios, no de parte de alguna autoridad humana. En la
revelación de Cristo, que tuvo lugar a las puertas de
Damasco, Pablo conoció que Dios es quien resucitó a
Jesús de entre los muertos, tuvo experiencia del Dios
viviente, el creador, que actúa aún hoy en la
resurrección del Hijo y también en la vocación de
Pablo. El poder creador de Dios es actual.
...............
3. Cf. Act 1,21s.
...............

2... y todos los hermanos que están conmigo, a


las Iglesias de Galacia:

Junto con Pablo, otros cristianos envían la carta. Son


corremitentes. No son mencionados por sus nombres,
pero Pablo da importancia al hecho de escribir y
enseñar de acuerdo con los hermanos. No se refiere
tanto a algunos individuos determinados cuanto a la
totalidad de los hermanos. El apóstol no habla sólo en
virtud de su autoridad apostólica; habla de acuerdo con
todos los demás cristianos. La fe de la Iglesia es norma
para cada una de las comunidades. Un individuo puede
equivocarse, pero la totalidad de los cristianos está
bajo la asistencia del Señor y de su Espíritu 4.

Las iglesias de Galacia son las destinatarias de la carta.


Se refiere a varias comunidades cristianas de la región
de Galacia. La carta es una circular que debe pasar de
una comunidad a otra; todas las comunidades corren el
mismo peligro: ser desgajadas de la comunión de la fe
por los falsos maestros. Deben acordarse de la
comunidad mayor a que pertenecen.

Pablo se dirige a los cristianos, que conoce,


llamándolos, muy escuetamente, «lglesias de Galacia».
Al principio había aludido a su cargo de apóstol y ahora
omite algo que pone en casi todas sus cartas
posteriores a las comunidades. No designa a las
Iglesias de Galacia con ningún título. Pablo no llama a
los gálatas «Iglesia de Dios» (2Cor 1,1), «santificados
en Cristo Jesús» (lCor 1,2), «amados de Dios y santos
por vocación» (Rom 17) «santos en Cristo Jesús» (Flp
1,1). «¡Considera su profunda indignación!», dice ya
Juan Crisóstomo en su comentario 5. Con toda certeza,
no sólo por razones pedagógicas se mantiene tan
reservado, sino que con ello se expresa también toda
la indignación del hombre Pablo. Solo una vez trata
Pablo a los gálatas de «hijitos míos» (4,19). En el resto
predomina la breve fórmula «hermanos» 6. La
indignación no hace que el apóstol pierda objetividad:
sabe que habla a sus hermanos.
...............
4. Cf. Mt 28,20b; Lc 24,49; Jn 14,16s; Act 2,1.4.
5. Cf. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre la carta a los Gálatas, a
propósito de Ga 1,2.
6. Cf. 1,11; 3,15; 4,12.28.31 y passim.
...............

2. SALUDO (1/03-05).
3 ...a vosotros gracia y paz de parte de Dios
Padre y de nuestro señor Jesucristo, ...

El saludo que Pablo dirige a los destinatarios de la


carta no es sólo un deseo de bendición, sino un
proporcionarles la bendición. No sólo se desea a los
gálatas gracia y paz, sino que se les da (cf. 6,16). El
saludo del Apóstol es, pues, más que un deseo; cuando
el Apóstol saluda a la comunidad, le comunica
activamente la bendición del cielo. La gracia hay que
entenderla ante todo como la benevolencia, la actitud
benigna de que Dios usa. Usa de ella también con los
pecadores y los que yerran. Pablo coloca a los gálatas,
a los que tiene que hacer amargos reproches, dentro
del ámbito de la gracia divina. Mientras la teología
judía sostenía que la «misericordia» de Dios debía
suplir en último término lo que faltaba a las obras
humanas, el cristiano sabe que está confiado
totalmente a la «gracia» de Dios.

La paz viene de Dios. Esta palabra significa para los


cristianos, como significaba ya para los judíos, algo
más que la existencia de relaciones armoniosas entre
los hombres y Dios. Paz es simplemente la salvación, la
totalidad de lo que Dios quiere dar a los hombres y de
lo que el hombre anhela de Dios.

La gracia y la paz las da Dios Padre. Se comunican por


Jesucristo, que es nuestro Señor. La gracia es la
atmósfera que Dios, mediante Cristo, ha creado. En el
seno de ella brota la paz. Esa atmósfera la comunica
Pablo con su saludo. Hace eficaz entre los gálatas la
actuación de Dios, la paz de Dios.

4 ...que se entregó por nuestros pecados, para


librarnos de este mundo actual y malvado, según
el plan de Dios nuestro Padre.

Tan pronto como Pablo llega a hablar del Señor del


cielo y juez futuro, Jesucristo, debe mencionar el hecho
mediante el cual Jesús, el Mesías, puso en movimiento
la salvación de Dios. El fin de esta acción salvadora de
Dios en Cristo fue la redención del hombre. Cristo se
ha entregado a la muerte. Su muerte es, en su esencia
más profunda, entrega de sí mismo, obediencia. Al
igual que el Antiguo Testamento hablaba de la entrega
expiatoria del siervo de Dios (Is 53,12), Pablo dice que
Jesús se ha entregado

espontáneamente. Cristo murió por los pecados de los


hombres, es decir, fue a la muerte porque nosotros
habíamos pecado y para librarnos del pecado.

Pablo especifica a continuación el fin de la muerte de


nuestro Señor. No tiene en cuenta aquí el efecto que
ya se ha producido, sino que habla de algo que aún no
es más que intención de Cristo, de acuerdo con el plan
del Padre celestial. Cristo quiere librarnos de este
mundo actual y malvado. El mundo malvado, que se
levanta frente a nosotros, es un poder amenazador de
cuyas manos debemos ser arrancados. Pablo no
escribe esto generalizando, sino con la mirada vuelta
hacia los gálatas. Lo que entre ellos está sucediendo
revela el poder amenazador de esta época del mundo;
se manifiesta en la forma como la comunidad se
enreda en la legalidad. Según el plan de Dios, que es
nuestro padre bondadoso, el hombre debe quedar libre
de ese cautiverio. El cristiano pertenece ya al tiempo
nuevo de la libertad; se anticipa a su tiempo. Seguir la
piedad legal, que ve el camino de la salvación en el
cumplimiento de preceptos, sería retornar al mundo
antiguo, pero actual, en el que vive Israel. La muerte
de Jesucristo ha traído un mundo nuevo, la nueva
creación (6,15) de la que hablaron los profetas de la
antigua alianza 7. El horizonte que traza el Apóstol es
muy amplio. Los puntos particulares de que Pablo
quiere tratar hay que considerarlos sobre este fondo.
Sólo a partir de la muerte de Cristo puede el cristiano
enjuiciar y resolver los problemas vitales.
...............
7. Cf. Jer 31,22; Is 65,17.
...............

5 ¡A él la gloria por los siglos de los siglos! Amén.


El encabezamiento concluye con una alabanza a Dios,
autor de nuestra salvación, por cuya voluntad paterna
Cristo nos ha redimido. Tales alabanzas eran usuales
en el judaísmo. Se añadían, siguiendo casi un esquema
prefijado, al nombrar a Dios. Su uso no se debe, en
Pablo, a mera tradición; está preñado de sentido.
Cuando se pone a hablar de uno de los grandes hechos
de Dios añade esta alabanza 8. Se debe a influencia de
los actos de culto y también, originariamente, a la
costumbre judía. Cuando en los actos litúrgicos se
proclaman las acciones salvadoras de Dios, la
comunidad responde con una alabanza; de igual modo,
Pablo alaba a Dios por la obra salvadora de Cristo.
Siempre que el cristiano toma conciencia de las obras
salvadoras de Dios, se ve impulsado a dar gracias...

También el amén confirmativo del final del


encabezamiento es un eco de la liturgia. En la carta a
los gálatas sirve para dar peso especial a lo que se ha
dicho antes. «Así es y así debe ser.» Debemos saber
que Dios nos ha dado la salvación y a el le corresponde
la gloria. No es el hombre el que produce su salvación;
Dios es el redentor; él ha introducido la nueva
creación.
...............
8. Véanse Rm 11,36; Ef 3,20s; Flp 4,20; ITm 1,17.
...............

Parte primera

MISIÓN APOSTÓLICA DE PABLO 1,6-2,21

La carta a los Gálatas es un escrito polémico. A eso se


debe que no esté estructurada sistemáticamente. Con
todo, pueden distinguirse tres partes. La parte primera
del texto se distingue claramente de las dos siguientes.
Pablo defiende su cargo de apóstol contra las
acusaciones de los falsos maestros gálatas, después de
exponer el motivo de su escrito: la verdad del
Evangelio que Pablo ha predicado está puesta en duda
entre los cristianos de Galacia (1,6-10). Para
defenderse, el Apóstol debe justificar que ha recibido
ese Evangelio inmediatamente del mismo Cristo. A la
afirmación siguen tres argumentos. El Evangelio no le
fue dado a Pablo por su estudio, sino por Cristo, que
transformó en apóstol al fariseo radical (1,13-24). El
Evangelio no es, pues, obra de hombres. Tampoco su
Evangelio es diverso del de los demás apóstoles, pues
éstos han reconocido el Evangelio de Pablo (2,1-10).
Por eso, en definitiva, pudo Pablo hacer valer incluso
frente a Pedro la verdad del Evangelio cuando éste, en
Antioquía, se condujo equivocadamente, por cobardía
(2,11-21). El episodio de Pedro, que ya antes sirvió
para mostrar la verdad de la predicación de Pablo, le
lleva a la parte segunda de su escrito polémico, que se
prepara ya en 2,15-21. En la parte tercera trata del
contenido del Evangelio al que los gálatas están a
punto de volver la espalda.

I. MOTIVO DE LA CARTA: LA VERDAD DEL EVANGELIO


(1/06-10).

Después del saludo de bendición le urge al Apóstol


pasar al grano. Sin añadir, como en las demás cartas
suyas, una acción de gracias a Dios, Pablo pasa en
seguida a exponer el motivo de su carta. Omite dar
gracias a Dios por lo que ha obrado en las Iglesias de
Galacia o, mejor dicho, omite expresar esta acción de
gracias. La obra de Dios en los gálatas está en peligro,
su fe se ha hecho vacilante.

1. Los FALSOS MAESTROS (1,6-7).

6 Me sorprende que tan pronto volváis la espalda


al que os llamó por la gracia de Cristo, para pasar
a un Evangelio diferente; 7 y no es que haya dos;
lo que pasa es que hay algunos que os están
perturbando y quieren deformar el Evangelio de
Cristo.

El Apóstol no tiene más remedio que sorprenderse de


la rapidez con que ha comenzado en Galacia el proceso
de apostasía. Apenas hace un año que Pablo visitó las
comunidades y ya los cristianos, todavía neófitos en su
cristianismo, se apartan de Dios. Dios les había
llamado al ámbito de la gracia. Cuando los cristianos de
lengua griega hablaban de «comunidad, Iglesia», en la
palabra ekklesía resonaba la conciencia de haber sido
llamados por Dios a la comunidad de su pueblo. En él
estaban seguros de la benevolencia y del amor paterno
de Dios; eran sus hijos amados.

Por eso le sorprende al Apóstol que los cristianos de


Galacia quieran separarse de Dios y volverse a algo
que no hay. No hay más Evangelio que el que Pablo ha
predicado. Primero, porque -igual que el de los demás
apóstoles- es el único Evangelio de Jesucristo y
además porque, lo que los innovadores predican en
Galacia, se opone a la esencia del Evangelio como
buena nueva. El Evangelio de Jesús es la buena nueva
de la bondad paterna de Dios, de la liberación del
hombre. Los nuevos maestros quieren cargar de nuevo
sobre los cristianos el yugo de la ley. El mensaje de
Jesús, en cambio, dice: «Venid a mí todos los que
andáis agobiados y cargados y yo os aliviaré. Tomad
sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para
vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga
ligera» (Mt 11,28-30).

Quien, pues, vuelve la espalda a aquel que le ha


llamado a la gracia, corre hacia el vacío, persigue
ilusiones. Cree estar escuchando otro Evangelio, pero
la nueva doctrina que escucha se mostrará como falsa
y como yugo pesado.

Naturalmente, los falsos maestros sólo pudieron tener


éxito porque hicieron pasar su doctrina por Evangelio.
Al obrar así, son causa de perturbación. Se respaldan
con Jesús y sus apóstoles, pero sin razón. ¿Cómo
pueden distinguir los cristianos el verdadero mensaje
del Señor de los falsos mensajes? Cierto que no
siempre es fácil, pero hay una cosa que es
característica y no puede faltar en el verdadero
mensaje de Jesús: es una nueva de gozo y no un yugo
pesado.

Pero no sólo lo que Cristo ha predicado es Evangelio de


Cristo. Él mismo es el contenido esencial de su
predicación y de la predicación de sus apóstoles. La
resurrección de Cristo representa el principio de una
nueva creación. También esto es buena nueva. Por fin,
«Evangelio de Cristo» significa también que, en la
predicación del Evangelio, Cristo mismo nos sale al
encuentro. No es con una ley y con su intimación con
las que tiene que vérselas el cristiano; cuando escucha
el Evangelio encuentra a Cristo, el Señor viviente.

2. EL EVANGELIO NO PUEDE SER FALSIFICADO (1,8-


9).

8 Pero aun cuando fuésemos nosotros mismos o


un ángel bajado del cielo el que os anunciara un
Evangelio distinto del que os hemos anunciado,
sea anatema.

Si en la predicación del Evangelio se predica a Cristo


mismo, toda falsificación del mensaje es un atentado
contra él. Por eso puede Pablo anatematizar al que
intenta falsificarlo. Se trata de algo esencial. Si el
mismo Apóstol, o incluso un mensajero del cielo,
cambiara el único Evangelio, le alcanzaría también el
anatema. Pablo lanza este anatema en virtud de su
autoridad y de su misión. Esta fórmula, que procede
del Antiguo Testamento, implica la exclusión del
anatematizado de la comunidad de Cristo. Aquí se
limita a amenazar, para que se tome conciencia y
miedo de la seriedad y significado de la falsificación del
mensaje de Dios. En algunos casos concretos, como en
el del incestuoso de Corinto, se lanzó de hecho, en la
época neotestamentaria, este anatema, la exclusión de
la comunidad. Pero aun entonces aparece claramente
que este alejamiento del pecador debía servir a su
mejoría y conversión y que no significaba que, con ello,
se le excluía definitivamente de la salvación eterna
(ICor 5,1-5).

La Iglesia, al velar por la verdad y pureza del


Evangelio, está en la misma línea que el Apóstol; debe
estar, pues, impregnada de la misma seriedad que el
Apóstol, pues se trata de Dios y no de intereses
terrenos. Por eso existe, aún hoy día, esa severísima
medida de disciplina eclesiástica: la exclusión de la
comunidad, especialmente de la eucaristía
(excomunión). Pero antes de usarla hay que haber
agotado todos los caminos del amor y de la solicitud
fraterna (cf. Mt 18,15-17).

9 Ya lo dijimos anteriormente y ahora lo vuelvo a


repetir: si alguno os anuncia un Evangelio
distinto del que habéis recibido, sea anatema.

De nuevo lanza el Apóstol su anatema. Había puesto el


caso extremo: que él mismo, o un ángel, desfigurase el
Evangelio; ahora vuelve su vista hacia aquellos que
tergiversan en Galacia el mensaje de Cristo. A estos
adversarios innominados de Cristo los entrega Pablo al
juicio. Es claro que está encolerizado. Pero su enfado
no se debe a egoísmo celoso, sino a preocupación por
la pureza del Evangelio. Existe una cólera justa en el
amor a Cristo y en la fidelidad a su palabra.

3. EL APÓSTOL AL SERVICIO DE DIOS Y DE CRISTO


(1,10).

10a ¿Es que yo trato de ganarme el favor de Dios


o el de los hombres? ¿Es que yo busco agradar a
los hombres?

Evidentemente los falsos maestros han intentado


desacreditar a Pablo entre los gálatas, echándole en
cara que su mensaje sobre la libertad del cristiano ha
querido agradar a los hombres y que, con él, ha
persuadido y engatusado a los gálatas. Pablo les
pregunta si los duros anatemas anteriores (1,8s)
suenan como un querer congraciarse. Son cualquier
cosa menos adulación. Se podría más bien decir que el
Apóstol habla para agradar a Dios. Cuando
anatematiza al que desfigura el mensaje del Hijo de
Dios, quiere lo que Dios quiere. No, Pablo no dice a los
hombres lo que a éstos les gustaría oír. Quiere
mantenerse ante Dios con la cabeza alta.

10b Si estuviera yo todavía tratando de agradar a


los hombres, no sería servidor de Cristo.
A las amargas preguntas sigue una reflexión casi triste.
Hubo un tiempo en que Pablo quería agradar a los
hombres: cuando, con celo de fariseo, perseguía a la
Iglesia. Pero desde que vio a Cristo ante Damasco, el
Señor celestial, es su siervo. He aquí una visión exacta
de la tarea apostólica. El enviado de Cristo debe servir.
«Que sólo vean en vosotros servidores de Cristo y
administradores de los misterios de Dios. Ahora bien,
en un administrador lo que se busca es que sea fiel»
(lCor 4,1s). Pablo habla con conciencia de que ser
apóstol es ser siervo (doulos). Esta palabra griega
expresa a la vez la dependencia plena del esclavo, la
fidelidad del criado y la sujeción y la nobleza del que,
como los profetas del Antiguo Testamento, puede ser
«siervo de Dios».

II. LA Revelación DIVINA HECHA AL APÓSTOL (1,11-


2,21).

1. TESTIMONIO DEL APÓSTOL: EL EVANGELIO


PROCEDE DE CRISTO (1/11-12).

11 Y, en efecto, hermanos, os hago saber que el


evangelio predicado por mí no es de origen
humano; 12 pues yo no lo he recibido ni
aprendido de hombre alguno, sino por revelación
de Jesucristo.

Solemnemente encarece Pablo su declaración


fundamental. Trata a los gálatas de hermanos, como si
quisiera captar su atención. Apela a la fraternidad, que
existe a pesar de todo y que exige que uno escuche a
su hermano cuando habla de cosas fundamentales. Un
hermano no puede cerrar los oídos a la voz de su
hermano.

Se trata aquí de la esencia del Evangelio paulino. Lo


que Pablo ha predicado a los gálatas no es de carácter
humano, no es una sabiduría inventada por hombres, a
favor de la cual uno hace proselitismo. No se trata de
que uno haya visto algo importante y de que ahora se
alegre de poder conducir a otros a la misma visión.
Pablo, exactamente igual que los primeros ap6stoles,
ha recibido de Cristo su Evangelio. El origen del
mensaje está en Cristo. Esto es lo importante para
Pablo. No argumenta a partir del contenido del
mensaje. Éste no consiste, ante todo, en una doctrina
cuya verdad pueda comprobarse; el Evangelio anuncia
primordialmente acontecimientos históricos. Por eso
remite Pablo al origen del mensaje; lo ha recibido por
«revelación» inmediata de Jesucristo.

Esta revelación es un desvelar los misterios de Dios,


que están ocultos a la experiencia natural. Si Dios no
descorriera el velo, estos hechos sobrenaturales no
serían accesibles al hombre. La revelación en que Dios
hizo visible su Hijo a Pablo, capacitó y autorizó a éste
para predicar a Cristo como el Resucitado. Puesto que
Cristo no permaneció en la muerte, ya que fue
resucitado de entre los muertos, es el Señor celestial.
Este es el Evangelio que Pablo recibió por revelación de
Jesucristo. Si el Evangelio revelado llega a los hombres
por este camino, el hombre no debe enfrentarse con él
cavilando, pensando o investigando, sino aceptarlo con
fe y sentirse agradecido.

Nadie enseñó a Pablo su Evangelio. No aprendió el


Evangelio como un alumno o un discípulo aprenden
algo bajo la guía de su profesor o de su maestro. La
instrucción se hace de hombre a hombre; la revelación
procede de arriba. No podemos por menos de notar
que el Apóstol ha de insistir aquí en el hecho de que su
mensaje es independiente, por su origen, de la
tradición de los demás apóstoles. Esto no significa que
se aparte del Evangelio de los demás; al contrario,
Pablo es también transmisor de determinadas verdades
que él mismo ha recibido de la tradición9. El hecho de
que el mensaje del Evangelio sea revelación que
proceda de Cristo, nos da seguridad y claridad en
problemas vitales que son inaccesibles a la reflexión
humana.
...............
9. Como se nos muestra en ICor 11,23 y 15,1-5.
...............
2. PRIMER ARGUMENTO: LA CONDUCTA DE PABLO
ANTES Y DESPUÉS DE SU VOCACIÓN (1/13-24).

Resta aún preguntar por la objetividad de esta


revelación mediante la cual, como Pablo dice, le fue
revelado Jesucristo, Pablo apoya a continuación con
argumentos su declaración solemne.

a) Pablo era un fariseo fanático (1,13-14).

13 Habéis oído hablar, en efecto, de mi conducta,


cuando yo militaba en el judaísmo: con qué
encarnizamiento perseguía a la Iglesia de Dios y
pretendía destruirla; ...

Los gálatas ya conocen el pasado del Apóstol. Él mismo


debe haberles informado. No ha querido ocultárselo.
Ahora lo hace notar porque su pasado judío puede
probar que no puede haber recibido el Evangelio de
aquellos a quienes perseguía fanáticamente. Pablo
estaba plenamente enraizado en la religión judía. De
ahí provenía que persiguiera a la Iglesia. A los ojos del
judío Pablo, ésta era una comunidad de renegados. La
persiguió con encarnizamiento, con el fin de aniquilarla.
Ahora sabe que esa comunidad es la Iglesia de Dios. Es
el pueblo elegido de Dios. Por eso, la persecución iba
dirigida contra Dios mismo.

... 14 y había prosperado en el judaísmo más que


muchos compatriotas míos, siendo en extremo
celoso de las tradiciones de mis padres.

El perseguidor prosperaba en el judaísmo. Cuando


perseguía a la Iglesia nunca sintió vacilar su postura de
auténtico judío, al contrario, cada vez se confirmaba
más en su actitud. Mientras sus compatriotas obraban
tal vez por conciencia del deber, Pablo era perseguidor
por más profunda convicción.

Pablo era celoso de las tradiciones de sus padres. Era


un fariseo auténtico, para el que las tradiciones valían
tanto como la ley mosaica. Estas tradiciones, que, por
su origen, debían explicar la ley del Sinaí y adaptarla a
las nuevas situaciones vitales, las observaba el fariseo
auténtico literalmente, como la ley misma. Constituían
como la «cerca» con la que había de proteger la ley.
Contra esas tradiciones se enconaba Jesús cuando
sometía a crítica el judaísmo farisaico (cf. Mt 7,1-13).
¡Los fariseos transgredían incluso la ley de Dios por
causa de esas tradiciones! Puesto que Pablo era
fariseo, experimentó profundamente esa actitud vital y
esa piedad. Ahora tenía que estigmatizar esa
«legalidad», como camino equivocado.

Pero Pablo no es un renegado que quema lo que antes


ha adorado. Incluso como cristiano habla con respeto
de «su» pueblo, de las tradiciones de «sus» padres. El
deseo de su corazón y su oración a Dios es que «sean
salvos» (Rom 10,1). «Doy testimonio de ellos y me
consta que tienen celo por las cosas de Dios, pero sin
discernimiento. Porque, no conociendo la justicia de
Dios y esforzándose en establecer la suya propia, no se
han sujetado a la justicia de Dios» (Rom 10,2-3).

b) El Evangelio vino de Dios (1,15-17).

15 Pero cuando aquel que me separó desde el


seno de mi madre y me llamó por su gracia, se
dignó 16a revelar a su Hijo en mí, ...

Dios se dignó revelar su Hijo al perseguidor de la


Iglesia. La revelación del Hijo de Dios a Pablo descansa
en una decisión libre de Dios. Dios hizo lo que le
pareció bien, lo que consideró justo. A nadie le hubiera
parecido posible que de un perseguidor saliera un
apóstoI de Cristo. Pero Dios realizó su plan a las
puertas de Damasco.

Como a un profeta, Dios había separado ya a Pablo


desde el seno de su madre. Esta separación significa
que Dios cubre al hombre con armadura, le consagra y
le santifica para su servicio. El servicio había de
consistir en la predicación del Evangelio de Dios. El
apóstol es instrumento en la mano de Dios.
La vocación de Pablo es obra de la gracia divina. Pablo
no se convirtió en apóstol a consecuencia de haber
reflexionado profundamente o de desearlo
sinceramente. No se trata de una «conversión» como
fruto de un conocimiento más perfecto o de un
esfuerzo más sincero. Pablo fue llamado a ser apóstol
por una irrupción de la gracia.

... 16b para que lo evangelizara entre los


gentiles, ...

Igual que Jeremías, al ser llamado, fue constituido


«profeta entre las naciones ( = los gentiles)» (Jer 1,5),
el siervo mesiánico de Dios no debía limitarse a
«restaurar el linaje de Jacob y traer de nuevo a los
salvados de Israel» (Is 49,6a) No, el mensaje del
profeta mesiánico debía ser universal. «Te he
destinado para ser luz de las naciones, para que mi
salvación llegue hasta el final de la tierra» (Is 49,6b).
Universal era la tarea del niño que Simeón pudo tomar
en sus brazos: «Luz para iluminar a las naciones» (Lc
2,32). De igual amplitud debe ser la tarea de Pablo, el
apóstol de los gentiles. «Éste es para mí instrumento
elegido para que sea portador de mi nombre ante los
gentiles, los reyes y los hijos de Israel» (Act 9,15).

Como contenido principal del Evangelio se nombra aquí


a Cristo mismo. Debe ser anunciado como buena
nueva. En el Evangelio, Cristo mismo se hace palabra
11. Y Cristo es el Señor celestial, resucitado, que ha
venido para todo el mundo y que se dirige a todos los
hombres.
...............
11. Véase Rm 15,18s; ICo 1,23; 2Co 1,19; Flp 1,15.
...............

... 16c yo no fui corriendo a consultar con la carne


y la sangre; 17 ni acudí a Jerusalén, a los
apóstoles que me habían precedido; sino que me
fui a Arabia y después volví nuevamente a
Damasco.
A la vocación de apóstol estaba unida la tarea de una
predicación universal. ¿De dónde recibió Pablo el
contenido de su predicación? No lo recibió ni aprendió
de carne ni de sangre, es decir, de hombres. Lo recibió
junto con su vocación. Eso basta para predicarlo. Pablo
no necesitó que nadie le explicase su revelación. Se
encontró inmediatamente con el problema resuelto. No
puede, por tanto, haber recibido su Evangelio de otros
hombres. Lo ha recibido de Dios, no de un hombre. El
núcleo del Evangelio no puede ser «descubierto» por la
reflexión humana. A la profesión mesiánica de fe de
Pedro respondió Jesús: «No te ha revelado eso la carne
ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt
16,17). Después de su vocación, Pablo no buscó
entrevistarse con otros cristianos; ni siquiera se puso
en camino hacia Jerusalén. Su Evangelio permaneció,
pues, intacto, tal como lo había recibido. No fue el
desprecio a los primeros apóstoles el que le condujo a
obrar así, sino la conciencia de su paridad con ellos.
También Pablo es apóstol. Sólo mucho más tarde, por
indicación de Dios, sometió su Evangelio al juicio de los
demás apóstoles (2,1s).

No se puso en contacto con la comunidad primitiva. Al


contrario: se dirigió primero hacia Arabia. Alude a la
comarca situada al sudeste de Damasco, la parte norte
del reino de los nabateos, territorio no judío. Es
probable que el Apóstol hubiera estado allí misionando
en otra ocasión anterior. En todo caso, Arabia no era
un desierto al que Pablo se retiró, sino territorio
habitado. De allí volvió de nuevo a Damasco. El
Evangelio de Pablo permaneció, pues, al margen de
todo influjo humano.

c) Escasas relaciones con los primeros apóstoles (1,18-


20).

18 Posteriormente, pasados tres años, subí a


Jerusalén para visitar a Cefas y me quedé quince
días con él.

No sólo durante los primeros años después de su


vocación, sino durante más de un decenio, las
relaciones de Pablo con los demás apóstoles fueron
escasas.

Transcurridos dos años completos12 después de la


experiencia de Damasco, subió a Jerusalén por primera
vez. No lo hizo para someter su Evangelio al parecer de
la comunidad primitiva, sino para visitar a aquel a
quien el Señor había dado el nombre de «piedra»
(kefa). Pablo se esfuerza por quitar importancia a su
visita al que es cabeza de los apóstoles. Afirma que
estuvo sólo catorce días14 con Pedro. Se contraponen
tres años y dos semanas. En el breve espacio de dos
semanas el Evangelio de Pablo no pudo haber recibido
influencias esenciales.

El motivo del viaje a Jerusalén aparece claramente


expresado en la palabra que Pablo usa al hablar de su
visita a Pedro. Quiere visitar a Pedro, porque éste
ocupa una posición preeminente. Juan Crisóstomo, con
experiencia de la lengua griega, dice que Pablo usa la
expresión «visitar» igual que la usan aquellos que
quieren examinar cuidadosamente las ciudades
grandes y famosas15. Pablo quiere conocer
personalmente a aquellos que desempeñan el mismo
servicio que él.
...............
12. En la antigüedad se contaban como completos los años
comenzados; téngase esto en cuenta en Ga 2,1.
14. Tal vez usa números redondos y, con «quince días», pretende
designar un periodo aproximado de dos semanas.
15. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre la carta a los gálatas, a
propósito de 1,18.
..............

19 Pero no vi a ningún apóstol; solamente vi a


Santiago, hermano del Señor.

Pedro fue el único miembro del colegio apostólico que


Pablo encontró en Jerusalén. Aparte de Pedro, sólo vio
a Santiago, «hermano del Señor». Éste, al principio de
la actuación de Jesús, no lo entendía, como otros
parientes, pero el resucitado le distinguió con una
aparición (ICor 15,7). Ocupó un puesto directivo en la
comunidad primitiva. Pablo sólo le vio de paso. Su
objetivo, en Jerusalén, era encontrarse con Pedro.

20 Y en cuanto a lo que os estoy escribiendo,


ante Dios atestiguo que no miento.

Desde el punto de vista de los gálatas -unos veinte


años después de esta visita a Jerusalén- podía parecer
extraño que Pablo no hubiera encontrado a ningún
apóstol. Se concebía (igual que hacemos hoy
fácilmente) a la comunidad primitiva de Jerusalén
como un cuartel central de los mensajeros de la fe,
como una especie de central misionera en la que
siempre se podía encontrar a los doce. Pablo asegura
bajo juramento que todo sucedió tal como él lo escribe.
Lo afirma ante la faz de Dios. Dios es su testigo.

d) Las comunidades judías no conocieron


personalmente a Pablo (1/21-24).

21 Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia;


22 y era personalmente desconocido a las
Iglesias cristianas de Judea.

Después de la visita a Jerusalén, Pablo comenzó a


trabajar en su campo propio de misión. Fue hacia el
Norte y predicó en Siria, cuya capital, Antioquía, fue la
primera gran ciudad que tuvo una comunidad cristiana
de origen gentil. Subió luego más al Norte, hacia
Cilicia, donde se encontraba Tarso, su ciudad natal.
Una vez más se excluye la posibilidad de que su
mensaje estuviera influido por los de Jerusalén. Pablo
trabaja de nuevo en territorio gentil. Las comunidades
cristianas de Judea, el territorio que rodeaba a
Jerusalén, no le conocen personalmente. Han oído
hablar de él, pero Pablo no se detuvo nunca entre
ellas, no trabajó entre ellas como apóstol.

A estas Iglesias judeocristianas las llama literalmente


iglesias en Cristo. No hay aún una palabra para decir
«cristiano». La diferencia entre la comunidad judía de
un lugar y la cristiana consiste en que los cristianos
viven «en Cristo», bajo el dominio y la acción de su
Señor.

23 Allí solamente se oía decir: «Aquel que en otro


tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que
entonces pretendía destruir», 24 y glorificaban a
Dios en mí.

Las comunidades judías no conocen a Pablo más que


de oídas. No hay duda de que no han influido en la
predicación del Apóstol. Oyen, agradecidas y
asombradas, que el perseguidor de ayer, hoy predica la
fe. Primero había combatido la fe y ahora la edifica.
Aquí fe no significa sólo la plenitud de fe del individuo.
Es aquello que distingue al cristiano del judío, para
quien la ley es el camino de la salvación; es el poder
del mensaje de fe, la nueva realidad de Dios entre
nosotros.

La noticia de que el perseguidor se ha convertido en


mensajero de la fe produce asombro, pero no todo
queda ahí. Las comunidades dan gracias a Dios y le
glorifican. Saben que no se cumplió aquí un extraño
destino humano, sino que Dios obró activamente en
Pablo. La Iglesia responde a la acción de Dios dándole
gracias y alabándole. Glorificaban a Dios en Pablo. Su
vocación afecta a toda la Iglesia. La Iglesia sufre por el
pecador particular y vive de aquel a quien Dios eleva a
su gracia. Cuando Dios le reveló su Hijo, Pablo recibió
el cargo de apóstol. Con eso se demuestra ya
fundamentalmente que no ha recibido su mensaje de
hombres; no hubiera sido posible, ni antes ni después
de que Cristo le fuera revelado.