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Guerra del Paraguay Triple Alianza :: Francisco Solano López, Martolome Mitre Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista

Alberdi :: Historia Argentina :: L...

LA GUERRA DEL PARAGUAY

(01) Rosas y Francisco Solano López.


(02) De Caseros a Cerro Corá.
(03) Antedentes de la guerra
(04) Liberación o dependencia
(05) La trama secreta del genocidio paraguayo
(06) Los ejércitos en conflicto
(07) La intriga civilizadora
(08) Paysandú - La primer acción de guerra
(09) Los soldados "voluntarios" del interior.
(10) Los "voluntarios" se sublevan.
(11) La muerte en un tiro de dados
(12) Pehuajó - ¿impericia o traición de mitre?.
(13) Los prisoneros; Civilización y Barbarie.
(14) Entrevista de Yatay-Corá.
(15) Curupayty – La “estrategia” de la masacre.
(16) La segunda Tuyuty - Ni para cuidar “el pañol”.
(17) Lomas Valentinas.
(18) La masacre de Acosta-Ñu.
(19) Las cifras del genocidio.
(20) Genocidas y traidores.
(21) Los "Legionarios de la Libertad".
(22) Los negocios de la guerra.
(23) Los empréstitos al Paragauy.
(24) La llegada de la "civilización".
(25) Vencedores y vencidos.
______________________________________________________________________________

Una guerra injusta. Un genocidio POR LA LIBERTAD Y LA CIVILIZACION.

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte
esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto
internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para
justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y
monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus
adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

Rosas y Francisco Solano López

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“Su excelencia el general D. José de San Martín me honró con la siguiente manda: “La espada que me
acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría
con que ha sostenido los derechos de la Patria …” y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que
mi albacea entregue a S. E. el señor mariscal Presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus
ejércitos la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos,
por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria...” Juan
Manuel de Rosas - Southampton, 17 de Febrero de 1869 (Ver Rosas y San Martin )

De Caseros a Cerro-Corá

Rosas tuvo una inteligencia superior y un fino, sensible, amplio y sutil instinto diplomático.

Cuando Paraguay declara su independencia en 1811 lo hace como “provincia”, y se siente una “provincia de
la Confederación”, el mismo Gaspar Rodríguez de Francia lo toma y lo dice así, figurando incluso en
documentos oficiales y en propuestas del mismo Francia que habla de una confederación. El pésimo manejo
de Buenos Aires, que para imponer su voluntad a las provincias en general, y a Paraguay en particular, hace
que esta se aísle hasta quedar totalmente separada.

Rosas consideraba al Paraguay una provincia de la Confederación pero veía su incorporación como un hecho
natural a concretarse con el tiempo, una vez resuelto los problemas internos entre las demás provincias.
Por tanto tuvo siempre el mayor cuidado en ofender al pueblo y gobiernos paraguayos, manteniéndose
prescíndente de sus asuntos internos y hasta fronterizos. Incluso después de la batalla de Vences, derrotado
Madariaga, para no ofender al pueblo paraguayo Rosas le ordena a Urquiza no perseguir al ejercito
paraguayo que había cruzado el Paraná en auxilio a los correntinos.

Su visión inteligente y global de la política internacional, le hace ver a Rosas claramente su enemigo en el
imperio de Brasil y en una política liberal extranjerizante, representada por los unitarios. Los López en
cambio, héroes en su patria, no tuvieron esta visión global, y veían en Rosas solo el caudillo terco que no
quería “reconocerles formalmente la independencia”, sin ver que cayendo Rosas caía todo un sistema que
resistía el avance mercantilista liberal unitario. Esto los llevó a dejarse envolver por el imperio, con tratados
y alianzas que terminarían en Caseros, sin sospechar que eran los vencedores de Caseros los mismos
personajes que, terminado Rosas y el federalismo, terminarían con López y el Paraguay. En Caseros quedó
sellada la suerte de Paraguay

En 1868 Mitre confiesa cínicamente “Hemos explicado que la política de la alianza de 1851 es el punto de
partida y la base en que reposa la política liberal del Río de La Plata”...”¿Que nos falta para alcanzar los
propósitos de 1851? Que las Republicas Oriental y del Paraguay se den gobiernos liberales, regidos por
instituciones libres” (La Nación, 24 de diciembre de 1864) “Viene ahora el turno del Paraguay...El Paraguay,
que es la negación de los propósitos del 51, se encuentra hoy, precisamente por eso, unido al Uruguay” (La
Nación, 23 de diciembre de 1864) “La República Argentina está en el Imprescindible deber de formar alianza
con Brasil, a fin de derrocar esa abominable dictadura de López y abrir al comercio del mundo esa
esplendida y magnífica región que posee además los mas variados y preciosos productos de los trópicos y
ríos navegables para exportarlos” (La Nación Argentina. 3 de febrero de 1865) Es evidente que al
liberalismo, lo que le importaba, no era la “tiraría de López”, sino la esplendida y magnífica región.

El camino era Caseros, Paysandú, Cerro Corá. Muy caro le costó al Paraguay, esta visión corta de los López,
que evidentemente no habían comprendido el pensamiento genial de Rosas.

Breves antecedentes de la guerra

(ver el "Tratado de Puntas del Rosario" )

“La América no conoce la historia del Paraguay sino contada por sus rivales. El silencio del aislamiento ha
dejado a la calumnia victoriosa” (Alberdi. “Intereses, peligros y garantías de los Estados del Pacífico. Paris,
septiembre de 1866. El imperio del Brasil…pag. 83)

“El Paraguay conoce lo que puede y vale…Sus hijos aman su tierra…puede ser destruido por alguna grande
potencia, mas no será esclavizada por ninguna” (López a Rosas. Asunción 28 de julio de 1844)

“El Dr. Francia pensó en su pueblo como su pueblo quería que se piense de él. Les dio paz, tierras, trabajo,
escuelas, disciplina y todo lo que sus libertadores le han quitado. Esa es la verdad.” (Carlos Pereyra.
Francisco Solano López y la Guerra del Paraguay.p.21)

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Las causas esenciales de la guerra del Paraguay fueron los intereses británicos, la ambición brasileña y la
ceguera Argentina. En secreto se hizo la trama, y desde la prensa se fogoneó el incendio. Paraguay se había
mantenido prescindente de las guerras civiles entre provincias, y el aislamiento le dio impulso propio. Un
aislamiento totalmente justificable si se tiene en cuenta la perversa política liberal porteña erigida por
“derecho universal” en heredera, jefa y dueña de la nación. Un aislamiento que le dio medio siglo de
prosperidad, y luego su aniquilamiento a manos de traidores y cipayos al servicio del imperio inglés.

El dictador Francia gobernó con mano dura el Paraguay. Expropió las propiedades rurales y se la dio a los
campesinos, y formó las “estancias de la patria” donde los paraguayos trabajaban en comunidad,
obteniendo el beneficio de su propio trabajo. Persiguió y suprimió todo tipo de comercio especulativo y el
gobierno mismo exportaba o negociaba la producción. No había ricos, especuladores, oligarcas ni financistas.
El robo era castigado con la muerte y según testigos extranjeros se podía andar de noche por la campaña
con dinero, sin peligro alguno. La riqueza era de los paraguayos. Los productos del país abarrotaban los
depósitos y se exportaba cuero, tabaco, yerba. etc.

La personalidad de Francia queda estampada en el siguiente episodio: en 1815 de Director Supremo Alvear
manda al comisionista Juan Robertson con una nota oficial con la siguiente propuesta:

“Yo ofrezco a V.E. los fusiles, municiones y cañones que necesite para la defensa de esa provincia, y en
cambio solicito es envíe a este ejército un número proporcionado de reclutas; todo computado bajo un pié
de reciprocidad que consulte los intereses de ambos pueblos” Según Robertson la proporción era de 25
fusiles por cada cien reclutas que entregará Paraguay. El dictador Francia llamo al hermano de Juan,
Guillermo Robertson, y el dijo indignado “Vea lo que su hermano ha tenido la insolencia y el valor de hacer.
¡ha negociado con el vil Alvear armas por sangre de paraguayos! ¡ha ofrecido hombres por mosquetes! ¡Se
ha atrevido a intentar vender mi pueblo!” (AGNA, Relaciones Exteriores. Paraguay. Correspondencia con el
Gobierno Argentino. Alvear a Francia 15 de marzo de 1815. / A.G.Mellid. o.cit.t.I.p.246)

Mientras Moreno consideraba que “se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de
fraque y levita” y Rivadavia negaba el voto hasta a los “criados a sueldo, peones jornaleros y soldadas de
línea”. José Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo de Paraguay, a quien los liberales porteños no
se cansaron de criticar, había impuesto que los representantes fueran electos “por todo el pueblo en uso y
ejercicio de los derechos naturales y libres inherentes a todos los Ciudadanos de cualquier Estado, Clase o
condición que sean”. y las cualidades a reunir por los elegidos “no dependen del calzado ni de otros adornos
externos, porque ellos no tienen la menor conexión con las circunstancias que constituyen el carácter de un
hombre de bien y de un honrado patriota” (La Junta a los Cabildos. 26 agosto de 1813 ANA vol.4 cit.
A.G.Mellid.p.235)

Muerto Francia, lo sucede Carlos Antonio López, un abogado que además de seguir la política de Francia, se
preocupo en modernizar el paraguay. No importaba artículos suntuosos, y los que necesitaba los canjeaba
por productos del país, que transportaba en sus propios barcos. Tenía una flota fluvial y de ultramar de
veinte vapores y cincuenta veleros, para llevar a Europa su producción, incluido el primer vapor fabricado en
América. En vez de “importar capitales”, importaba los técnicos que necesitaba el Paraguay, y el estado hizo
ferrocarriles, telégrafos, anales de riego, fundición de hierro, fabricación de sus armas y hasta de la pólvora
que necesitaba. A la muerte de Carlos Antonio, lo sucede su hijo Francisco Solano López, educado en
Europa donde actuó además en representación de su patria, siendo luego, durante el gobierno de su padre,
general del ejercito.

Sobre una población de 400.000 habitantes había más de 400 escuelas. En Paraguay “no hay niño que no
sepa leer y escribir...” diría el estadounidense Hopkins en 1845. En Paraguay no había analfabetos, y
durante la guerra en los frentes de batalla había un carro destinado a imprenta, donde se imprimían
boletines de informes que eran muy difundidos entre la tropa. Ante las necesidad de la guerra, en el mismo
frente de batalla se fabricaba el papel y la tinta, y se publicaron varios periódicos de amplia difusión, en
castellano y guarani, con informe de las tropas y hasta humoradas sobre el ejercito aliado. La ley de
patentes de invención elogiada en el mundo (menos por nuestros genios liberales), nuevos métodos de
producción, incentivo al ingreso de técnicos. El gobierno becaba en Europa y Estados Unidos sus futuros
técnicos e ingenieros.

Paraguay no tenia deuda interna ni externa y en toda su existencia, incluida la guerra, nunca pidió un
empréstito. Los empréstitos del Paraguay serían impuestos por los gobiernos "liberales" bajo la influencia
aliada y británica, terminada la guerra.

Liberación o dependencia

Mientras la prensa liberal levantaba diatribas y mentiras y Mitre preparaba la ruina del Paraguay, el propio

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Mitre reconocía a López:

“V.E. se halla en muchos aspectos en condiciones mucho más favorables que las nuestras. A la cabeza de
un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la paz y llamando en ese sentido la atención
del mundo; con medios poderosos de gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y
estimado por todos los vecinos que cultivan con el relaciones proficuas de comercio; su política está trazada
de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la nuestra en estas regiones tempestuosas, y es como lo
ha dicho muy bien un periódico ingles de esta ciudad, V.E. es el "Leopoldo de estas regiones", cuyos
vapores suben y bajan los ríos superiores enarbolando la bandera pacífica del comercio, y cuya posición será
más alta y respetable, cuanto más se normalice ese modo de ser entre estos países.” (Mitre a López. 2 de
enero de 1864. Archivo del Gral. Mitre. II .p.50.Biblioteca de la Nación) (AGM.I.p.426). Increíblemente el
que escribía esto estaba preparando la trama que llevaría al genocidio casi completo del “pueblo tranquilo y
laborioso”. Pero este progreso independiente de Paraguay sería a su vez su ruina porque Inglaterra y su
secta de liberales locales no podían permitir que un mal ejemplo pudiera hacer caer todo un sistema
colonial imperante y establecido en América del Sur. No se trataba simplemente de si López era tirano o no,
si el pueblo lo amaba o no. Esas eran las eternas excusas del liberalismo.

Mientras López anunciaba la construcción de vías férreas con capitales y esfuerzos propios, Mitre inauguraba
el ferrocarril del Sud:

“Démonos cuenta de este triunfo pacífico, busquemos el nervio motor de estos progresos y veamos cuales
la fuerza inicial que lo pone en movimiento.¿cual es la fuerza que impulsa este progreso? ¡Señores, es el
capital ingles!”. (Mitre.Arengas.p.192) Ese es el verdadero meollo de la cuestión. El progreso
“independiente” de paraguay daba por tierra con las teorías liberales de “libre comercio”, “empresa privada”
y “progreso liberal”. El mismo Alberdi lo nota y lo dice: “Hoy mismo, en 1865, ¿por quienes esta bloqueado
el Paraguay sino por sus eternos bloqueadores de toda la vida, los intereses monopolistas de los que tienen
las puertas del Plata?” (Alberdi. Los intereses argentinos. p.18)(AGM.t.I.p.429)(Ver Alberdi y La guerra del
Parguay )

El secretario de la embajada británica en Buenos Aires Mr.G.T.Gould decía que “…(Paraguay) a pesar de los
hábitos industriosos de sus habitantes, grandes recursos naturales sin desarrollar y una fertilidad
extraordinaria, su comercio extranjero ha sido siempre muy limitado debido a las dificultades creadas por el
gobierno, los monopolios que conservaba, existiendo restricciones de toda clase respecto a la navegación
del Paraguay”. (Benites. Anales diplomáticos….. Cit.AGM.t.I.p.430) Mr Gould llamaba “monopolio” porque no
eran ingleses, que en ese caso “son mejores”

Estos conceptos de Mr. Gould sobre “monopolios” no pasaron desapercibidos para Alberdi, que luego de
estudiar “los empréstitos” colocados en Londres en 1871 y 1872 escribió: “Cuando más se estudia y
conocen los empréstitos paraguayos, en cuanto a los orígenes, agentes, motivos y condiciones, más se
descubre que fueron hechos como maniobra de guerra contra paraguay; y mejor se comprende entonces
porqué han sido levantados por hombres que eran Agentes y cooperadores oficiosos del poder que ha
destruido al Paraguay con la mira de absorberlo una vez destruido” (Alberdi. De los abusos y víctimas del
Crédito Publico. Montevideo 1876) Esa era la verdadera lucha: Liberación o dependencia.

La trama secreta del genocidio - El centralismo porteño.

La planificación del genocidio estuvo lista mucho antes del conflicto, bajo la batuta inglesa. Los últimos
detalles se convienen en Buenos Aires con la reunión del gabinete en palermo, el representante brasilero y
el propio representante inglés, Eduard Thornton. Preveía la distribución del botín de guerra y prohibía
entablar conversaciones de paz por separado; es decir, una guerra “de aniquilamiento”. (Ver los tratados de
Puntas del Rosario y de la Triple Alianza )

Algunos historiadores pretenden que la entrada de argentina en la guerra se debió a que Paraguay, por
defender a Uruguay, “violó” territorio argentino. Esa no es ni siquiera una excusa válida. Las raíces del
conflicto deben buscarse mucho antes, en los acontecimientos posteriores a 1810, en que la oligarquía
porteña quiere imponerse a las demás provincias, con derechos al control de la entrada al río y usufructo
del puerto. Prefieren la perdida y separación de aquellos que no se sometan, como el caso de la banda
oriental, y así es como rechazan la incorporación de diputados del interior.

La junta de Buenos Aires instruyó a Manuel Belgrano al frente de un ejército a “liberar” Paraguay. El
generoso Belgrano creyó que el pueblo paraguayo lo recibiría como libertador. Se desengañará al avanzar
en territorio paraguayo y ver el vacío que le hace la población y la defensa que le opone contra quien
consideraban un invasor. Vencido Belgrano propone un arreglo decoroso; comunica al vencedor (general
Cabañas) , y que no había venido a pelear “entre hermanos, parientes y paisanos”, “no en conquista sino

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en auxilio”, a “concederles un comercio liberal a sus productos”y que los hijos de la tierra “recobrasen los
derechos que por todos títulos corresponden”, añadiendo que “las provincias del Río de la Plata están ya
unidas y en obediencia a la capital” y le sugiere que “elija el diputado que le corresponda, se una, y guarde
el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana” Nótese que los porteños, lo que no
ganaron con las armas querían ganarlo con argucias: después de hablarles de devolverles los derechos (?¿)
le pretenden imponer obediencia y dependencia a la capital, determinado por una voluntad que no es la
soberana del pueblo paraguayo, sino porteño.

El Dr. Francia, que en principio se sentía “parte de la confederación”, debió mantenerse permanentemente a
la defensiva del centralismo porteño, que trató de doblegarlo por la fuerza de las armas, trabando el
comercio y la navegación de los ríos, y hasta con palabras de amenaza o halagos que trataban de
envolverlo.

Buenos Aires no desperdiciaba ocasión para tratar de “imponer” su voluntad o “razón”, (como al resto de las
provincias) en forma insidiosa, engañosa y malintencionada. Entre tantas, a modo de ejemplo, la
comunicación que hiciera el “iluminado” Rivadavia con su habitual palabrerío:

“Los principios que movieron la revolución de Bs.As. y que la han constituido la Capital de la ciudades libres
de América y el resorte siempre activo y nunca deficiente de la libertad de tan vasto y rico continente; dan
a aquellos a quienes ha confiado la dirección de tan grande obra toda la superioridad que demanda el
interés general de los pueblos” Rivadavia no solamente trata de enredar en palabras al Dr Francia,
adjudicando a BsAs Capital de América “de facto”, sino que se adjudica a si mismo la superioridad.
Paraguay en boca de Larios Galván, simplemente le contesta “Tendrá muy presente la Junta su mediación al
modo de esa Exma. puede hacerlo con la mía elevada al mismo rango que la de V,M.” La verdad que
Rivadavia, fue un eterno papelonero.

Paraguay hizo su propia revolucion en mayo de 1811, y por oficio del 25 de septiembre de 1811 del
Triunvirato a la Junta Gobernativa del Paraguay anunciaba que “el gobierno no exige otra cosa de los
pueblos que una justa obediencia a sus determinaciones”, como si eso fuera poco. Estas actitudes
prepotentes y hegemónicas porteñas, y la nefasta política rivadaviana, llevarían al aislamiento del Paraguay,
y por lo tanto a su progreso independiente de las potencias extranjeras (Inglaterra) y luego a su ruina. Esta
se vería incentivada con la política liberal y entreguista del mitrismo.

¿Que derecho tenia Buenos Aires a exigir obediencia? Lo dice Mitre y Vicente Fidel López. “A los doce días,
una expedición de ciento cincuenta voluntarios…partían de Buenos Aires para llevar los mandatos de pueblo
en la punta de las bayonetas.” (Mitre.Historia de Belgrano.t.I,cap.XI.p.350) “Fuera de Asunción todo era
bosques y campos que si alguna vez se labraron, estaban ahora empobrecidos y poblados por una raza
indígena y servil que su mayor parte, mal mezclada, y tan miserable que ya por el clima, ya por la
insuperable dificultad de obtener telas para vestirse, vivía completamente desnuda desde sus primeros
años. Si esto era pueblo, y allí entonces, es claro que era un pueblo de cuya acción no podía contar la
Junta Gubernativa de Buenos Aires para traerlo a obrar en nombre de sus principios” (López. Hist.Arg. t.
III.p.342) La deducción es directa: eliminar a esa raza inferior que decía Sarmiento. Realmente no se puede
creer la mentalidad recalcitrante de nuestros “historiadores” y “próceres”.

El imperio siempre había codiciado el Paraguay. La revolución de mayo de 1811 en Asunción no fue contra
España, sino contra la entrega que pretendía hacerse al Imperio. El bando del 17 de mayo proclamaba “que
confederándose con Buenos Aires no tendría otra mira sino la de la defensa común, bajo un sistema de
mutua unión, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de los derechos…” ¡Precursora idea de
Confederación en el Río de La Plata¡ ¡Ah, que distinto hubiese sido el destino de todos si la oligarquía
portuaria de Buenos Aires no se hubiera empañado en frustrar ese destino¡ (A.G.M.o.cit.t.I.p152)

En 1826 el cónsul brasilero informa a su gobierno que “Después de Brasil, es sin contradicción la primera
potencia de la América” y en 1830 lo califica de “colosso nascente” al que propone acabar mediante “huma
rápida, e bem combinada invsao” (Antonio Manoel Correa da Cámara al ministerio de Negocios Extranjeros
del Imperio. 2 de abril de 1830 Anais do Itamaraty IV.p.166) (A.G.M.o.cit.p31)

Para Paraguay era vital mantener independiente Uruguay como garantía de equilibrio en el plata. Para
Inglaterra en cambio, la prioridad era “terminar” con el mal ejemplo de paraguay, y utilizaría a Brasil y
Argentina como peones de la partida. Bajo cualquier excusa, estos últimos ocupan Uruguay, y
necesariamente obligan a López a defenderla.

La prensa imperial y mitrista venía preparando el ambiente, con mentiras y diatribas contra “el tirano
López”, que “ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas” (¿?) y el periódico Standard de Bs.As.
anticipaba que Mitre “llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso
irresistible de la opinión pública en una causa justa”. No se a que glorias del "eterno perdedor" general

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aludía el Standard ni a que opinión publica se refería ya que, salvo la oligarquía porteña, toda le era
adversa.

El convenio se mantuvo en secreto para no pasar como “país agresor” sino como “país agredido”, para no
cargar con la responsabilidad histórica de la guerra y para no despertar oposiciones. La infidencia del
representante estadounidense en informe a su gobierno, hace conocer de antemano el “convenio”, lo que
provoca una serie de reacciones en la prensa, y hasta en Hispanoamérica; pero ya estábamos “hasta las
rodillas”.

La oposición federal es unánime, y hasta los unitarios se manifiestan en contra de la política mitrista: José
Hernández (El Argentino) y Evaristo Carriego ( El litoral) apoyan la actitud del Supremo y se preguntan si
no deban ayudarlo los argentinos. Parecido opinan Francisco Fernández y Olegario Andrade (Concepción del
Uruguay), Navarro Viola y Carlos Guido y Spano (Bs.As. El americano), el gobernador liberal de Corrientes,
Manuel Lagraña y su correligionario Patricio Cullen que gobierna Santa Fe. En interpelación a Elizalde, Adolfo
Alsina le dice “con su mediación en las cosas orientales ha empezado a trenzar la soga con que tal vez nos
ahorque” y se dirá que a Mitre “los brasileros le hacían tragar amargo y escupir dulce”

Pero La Nación mitrista sigue preparando el ambiente y metiendo leña al fuego: “…la necesidad de
robustecer cada vez más la alianza entre Río de Janeiro y Buenos Aires, dos gobiernos sinceramente
liberales que no pueden permitir que la tranquilidad del Río de La Plata dependa de las desconfianzas
sombrías de un déspota ni de las tendencias salvajes de los caudillos” (La Nación 3 de diciembre de 1864)

¿Río de Janeiro liberal?...¿Un gobierno que sobre una población de 10 millones mantiene 1,7 millones en la
esclavitud?...¿un gobierno que lleva a la guerra 45 negros esclavos por cada blanco? ¿liberal? Eso es lo que
entendía por liberal el genocida de Mitre. “¿Que vamos buscando en la acción de Brasil? (…) la terminación
de las autoridades semi-salvajes que tratan de conflagrar en el Río de La Plata” (La Nación, 26 de
noviembre se 1864) “Paraguay necesita regenerase, y esa regeneración creemos que no podrá obtenerse de
otro modo que a cañonazos” (El Orden). La mentalidad liberal opinaba que “insignificante en si mismo, el
Paraguay podía impedir el desarrollo y el progreso de todos sus vecinos. Su existencia era nociva y su
extinción como nacionalidad o la caída de la familia reinante debía ser provechosa para su propio pueblo
como también para todo el mundo” (Washburn. Historia del Paraguay)

Mientras la prensa liberal y mitrista (La Nación de Mitre, El Orden de Domínguez, Tribuna de los Varela, El
nacional de Sarmiento), fogoneaba con mentiras y llamaba “gobiernos semi-salvajes”, los europeos (que
Mitre idolatraba) publicaban conceptos muy distintos sobre Paraguay: “De todos los países de la América del
Sud que desde hace cincuenta años buscan el verdadero camino que conduce a los pueblos a ser grandes
naciones, el Paraguay es, sin contradicción, el que ha hecho más esfuerzos para desembarazarse de las
ligaduras de la barbarie…” (Revue des Razes Latines. Art. De H.Francignes. Parias, 1861) (A.G.M.
o.cit.t.I.p.362)

Las futuras acciones de guerra dejarán bien en claro quienes fueron los “salvajes” y genocidas: Mitre, que
antes llamó a López “el Leopoldo de estas regiones” ahora lo llama el “Atila de América”, “la ultima
vergüenza del continente” y habla “de los paraguayos libres que gimen bajo un tirano”. Y para eliminar los
gemidos, piensa “eliminar a todos los que gimen.”

Los ejércitos del conflicto

Cada hombre de paraguay era un soldado de su patria, y tenia obligación de tener sus armas y cuatro
caballos a disposición en defensa de su patria; “los paraguayos aventajan a los de Buenos Aires en
sagacidad, actividad, estaura y proporciones” (Azara- Descripción e historia del Paraguay.
t.I.cap.XIV..p.363) Cada hombre que entraba en el ejército, fuera quien fuera, empezaba “de abajo”. Cada
hombre y mujer de paraguay, defendían “lo suyo”.

El ejército de brasil era una calamidad; Los nobles ocupaban la oficialidad, y llevaban esclavos o libertos
como soldados. Por cada blanco había 45 negros. ¿Qué espíritu de lucha podía habar en un ejercito así?
¿que les importaba a los negros dejar el pellejo en un país exótico, en una guerra que no era la suya, para
defender precisamente a los que los maltrataban y esclavizaban en su tierra?

En el ejército Argentino, aunque en menor medida, pasaba algo parecido. Los paisanos no querían ir a una
guerra contra sus hermanos Paraguayos, sino contra los porteños y macacos brasileros. Ni el ofrecimiento
de paga varió la negativa a incorporarse y la incorporación debió hacerse forzosa, y los "voluntarios" de la
guera del Paraguay eran “engrillados” y atados “codo con codo”: “doscientos grilletes para los voluntarios de
la guerra del Paraguay” y varios batallones de “enganchados” se sublevaban antes de partir. Ver : El
desbande de Basualdo (03-07-1865)

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La intriga “civilizadora”

Paraguay era un mal ejemplo que Inglaterra no podía permitir, y arma la intriga del Brasil de Pedro II, la
Confederación de Mitre, y el Uruguay de Flores, para acabar con López, y hasta con el pueblo paraguayo.

A Mitre no le bastó llevar la “Libertad y Civilización” a las provincias del interior. También la ”exportaría” a
los países vecinos. Mientras Entre Ríos estallaba en gritos contra el mitrismo, y la prensa de Buenos Aires
proseguía su violenta campaña contra el mariscal López y contra la nación Paraguaya. Desde el momento
en que Paraguay declara la guerra al Brasil arreciaron los ataques de la prensa mitrista. Fue una campaña
dementiras e infamias ; "no puede dudarse que esos artículos fueron la principal causa de la declaración de
guerra de la República Argentina". (Jorge Thompson)

Retirado Urquiza al Palacio de San José después de Pavón, Mitre se dedica a limpiar el interior de federales.
Interviene provincias, cambia gobiernos no adictos, tolera a otros como los Taboada de Santiago del Estero,
y entra a sangre y fuego en La Rioja, (último reducto federal con las montoneras del Chacho) usando de
punta de lanza al terrorista Sarmiento. En vano los federales esperan y piden el pronunciamiento de
Urquiza, el apoyo o al menos una señal, pero Urquiza, en forma incomprensible guarda silencio absoluto en
su Palacio de San José, y deja que se cometa el holocausto de gauchos federales. Ni siquiera contesta la
correspondencia del Chacho Peñaloza y el pedido de instrucciones de sus subordinados, como López Jordán
que pide instrucciones. Nada hace Urquiza, sino asegurarle a Mitre que se mantendrá prescindente de la
lucha, porque “no pertenece a ningún partido” y esta por encima de las luchas internas y asumió el título
del “Washington de Sudamérica” que Mitre le asignó. (Ver "La defeccion de Urquiza" a la guerra del
Paraguay )

En Uruguay gobierna el partido blanco (federal) que convoca también a los colorados al gobierno y al olvido
de los enfrentamientos pasados (incentivados por el Imperio, dicho sea de paso) mediante una amnistía.
Pero esta situación no le convenía a Mitre, que quiere “llevar la civilización” y terminar con todos los
federales. Tampoco al Imperio que perdería así su viejo sueño de anexar la “Cisplatina”, y mucho menos le
conviene a Inglaterra, el verdadero instigador, que ve amenazado su “libre comercio”.

Desconozco si algún pacto secreto (¿de la masonería, de la que ambos eran miembros?) los mantiene “sin
agredirse” a Mitre y Urquiza, pero lo cierto es que Mitre “le tiene ganas” pero no se anima, y Urquiza sigue
jugando a dos puntas, como siempre lo hizo. Ofrece amistad y pactos a López, de Paraguay, pero éste
desconfía y pide que Urquiza de “pruebas”. Despechado con López ofrece apoyo a Inglaterra en la agresión
a Paraguay y busca el apoyo brasileño. Cuando estos agreden al Uruguay, no solo se mantiene
prescindente, sino que además deja su propio ejército “de a pie” porque le vende a buen precio toda la
caballada del propio ejército (30.000 caballos).(Ver "La defeccion de Urquiza" a la guerra del Paraguay )

Mitre "l adora a Urquiza: “Nos toca combatir de nuevo bajo la misma bandera que reunió en Caseros a
todos los Argentinos” (Mitre a Urquiza. JMR t.VII.p.122) Mitre se refería a la bandera imperial, y de este
modo le agradecía a Urquiza que no ayudase a López ni permitiera el paso del ejército Paraguayo en auxilio
a Uruguay agredido por Brasil. Para ese entonces, Urquiza ya había vendido a buen precio toda la caballada
de su ejército a los brasileños.

“Corresponda esta adquisición al desarme del adversario, pues los entrerrianos, óptimos y admirables
jinetes, no formaban sino pobre infantería. Y de esta manera Urquiza fue anulado como valor combatiente…
No había en Urquiza la pasta de un hombre de estado; no pasaba de un condotiere…Permaneció inactivo
por lo tanto. De hecho, traicionaba a todos. Cuidó Brasil tornarlo inofensivo. Urquiza, a pesar de ser
inmensamente rico, tenía por la fortuna un amor inmoderado; el general Osorio le conocía el lado flaco” (J.

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Pandá Cológeras. “Formaçao histórica do Brasil”) El brasileño general Osorio, que comandó la caballería
brasileña en Caseros en 1851, conocía bien “el lado flaco” de Urquiza

Desde Concepción José Hernández declara que “Ya no es hora de la pluma” tratando de que Urquiza,
(supuesto federal) , haga algo, pero Urquiza “lo mira por televisión”. Es que ya había hecho su negocio de
la guerra, y ahora de apie, hacía la suya.

El Imperio comienza con reclamos por supuestas agresiones de hacendados brasileños en territorio
Uruguayo, y hacen proposiciones imposibles de cumplir, para que no se les diluya “el motivo” para la
agresión. Berro (presidente Uruguayo) pide auxilio a López, a quien el Imperio codicia, pero a su vez teme
si no tiene de aliado a la Confederación y el visto bueno y ayuda de Inglaterra.

Brasil agrede cañoneando un buque. Uruguay reclama y se lo comunica a López, pero mientras la
correspondencia diplomática va y vuelve a Asunción, el ministro de relaciones exteriores de Uruguay, Lamas,
“entrega vergonzosamente” a su gobierno ante Mitre, de manera tal que cuando llega a Bs.As. el reclamo
Paraguayo, Elizalde le contesta poco menos que “vos no te metas que ya arreglamos todo”. El
representante brasilero, que dudaba del apoyo de Bs.As. y no se animaba solo contra Paraguay, le pide
audiencia a Mitre, y éste se la concede a las 11 de la mañana con todo el gabinete reunido, incluido el
representante inglés, que al perecer también formaba parte “del gabinete”.

Con el visto bueno de Inglaterra, brasil se decide a la agresión abierta, y abastece a la flota en armas y
municiones en Bs.As. Ante la protesta diplomática uruguaya, Mitre niega lo evidente, ya que se hacía a
plena luz del día en la rada del puerto de Bs.As.

La guerra estaba decidida con anterioridad a 1865. El 21 de octubre de 1864 Manuel Senén Rodríguez le
escribe a Berges, anticipándole la guerra del paraguay. Este le contesta: “Ningún esfuerzo me cuesta creer
la noticia que V. se sirve transmitirme de que el Brasil va a declarar la guerra al Paraguay, pues siempre
hemos pensado que la absorción del Estado Oriental era solo una escala de descanso para llegar al
Paraguay” (M.R.E.P/C.C.C. vol.I.p.307) y ya en 1863 el Padre Domingo Ereño en carta al político oriental
Joaquín Requena García le prevenía “ Buenos Aires ha sido y será siempre el foco de los enemigos, y cuna
de trabajo contra esa República, contra todas las provincias y hasta contra el Paraguay” (Concepción del
Uruguay, 25 de agoste de 1863.Efraín Cardozo. Vísperas de la guerra. Bs.As. 1954.Ateneo. p.163)

Primera acción de guerra - Año nuevo de 1865

Venancio Flores, “el degollador de Cañada de Gómez”,


intima a Leandro Gómez la rendición de Paysandú
andes de la salida del sol del 5 de diciembre de 1864.
“Vencido de plazo fijado, y procediéndose enseguida al
ataque V.S. pagará con su vida las consecuencias y
desastres que puedan ocasionarse”

La flota Imperial ataca y bombardea Paysandú durante


varios días sin poder rendirla. Como se queda sin
municiones, se reabastece en Bs.As. en el parque de
Mitre y bombardea por segunda vez Paysandú, que aún
resiste con 600 hombres en la defensa, atacado a su
vez con 9.000 hombres por tierra.

Desalojado Paysandú de civiles, Paysandú resiste varios


días con la bandera hondeando en la torre de la iglesia,
y es totalmente incendiada a la vista impotente de los
argentinos desde la otra orilla, que nada podían hacer
ante la negativa y silencio cómplice de Urquiza. (Para
esto Urquiza, que siempre jugo a dos puntas, ya había
vendido la caballada).

Se rinde la plaza y su Jefe general Leandro Gómez, ya


rendido y prisionero, es fusilado sin más trámite. Como
toda la prensa (hasta la unitaria) repudia el hecho, el
diario La Nación Argentina (de Mitre), dice cínicamente:
“La gran cuestión no es saber si Leandro Gómez le
tiene miedo a las balas;(la gran cuestión) es saber qué conviene a la libertad y la civilización” Como tantas
veces se cometían crímenes en nombre de “la libertad y la civilización”

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Mitre, aliado a Brasil y al gobierno impuesto por este, declarara la Guerra al Paraguay, como de costumbre,
con frases célebres: “Tres días en los cuarteles, tres semanas en campaña, tres meses en Asunción”. La
guerra duraría cinco penosos años, y Mitre, como no podía ser menos, fue general de todos los ejércitos.
No gana ni una batalla y los brasileros lo reemplazan. Una guerra injusta, un genocidio del pueblo
paraguayo que vio reducida su población masculina en un 99,60 % en varones de más de diez años. Y todo
en nombre de "la civilización y la libertad".

El 1 de mayo de 1865, Mitre en mensaje al Congreso: “ Esta fecha quedará consignada a la altura de mayo:
1865; iniciación de la política expansionista del pensamiento argentino.(...) la Republica entra en la labor de
establecer las afinidades de la civilización en las regiones bárbaras de Sud América”

Los soldados "voluntarios" del interior.

El paisanaje de las provincias, que intervino tantas veces voluntariamente en las luchas ante la sola
convocatoria de los caudillos, se negó a participar en una guerra que no sentía suya. Sintiéndose más
cercanos a la provincia hermana del Paraguay que a los porteños y a los “macacos” brasileros, se negaban
a enrolarse, lo que motivo la deserción y levantamiento de muchos batallones del interior. Consta en el
archivo histórico, la Factura de un herrero de Catamarca, “por doscientos grilletes para los voluntarios de la
guerra del Paraguay”

“...el reclutamiento de los contingentes no fue fácil. (...) Para llenar las cuotas provinciales se autorizó
reclutarlos mediante paga, pero pocos lo hicieron. Entonces los gobernadores, mitristas en su totalidad, y
los comandantes de frontera se dedicaron a la caza de “voluntarios”. Emilio Mitre , encargado del
contingente cordobés, escribe el 12 de julio que manda los “voluntarios atados codo con codo”; Julio
Campos, porteño impuesto como gobernador de La Rioja, informa el 12 de mayo:”Es muy difícil sacar los
hombres de la provincia en contingentes para el litoral…a la sola noticia que iba a sacarse, se han ganado la
sierra”. Los “voluntarios” de Córdoba y Salta se sublevan en Rosario apenas les quitan las maneas; el
gobernador Maubecin, de Catamarca, encarga 200 pares de grillos para el contingente de la provincia.
(Revista de la Biblioteca Nacional, XXI, n° 52)

¿Cobardía? Eran criollos que lucharon en Cepeda y Pavón, y bajo las órdenes del Chacho Peñaloza. No
desertaban – como acotan algunos – y lo demostrarán en 1867 alzándose tras Felipe Varela y Juan Saa.
Simplemente no querían ir “a esa guerra”. (JM Rosa Historia Arg.t.VII.pag 140)

Felipe Varela en un manifiesto proclamado por él mismo el 1º de enero de 1868, afirmaba lo siguiente: "En
efecto, la guerra con el Paraguay era un acontecimiento ya calculado, premeditado por el general Mitre".

Urquiza también tiene problemas para juntar los contingentes, y a pesar de decirles que la guerra es
“contra los porteños”, las divisiones de Victoria y Gualeguay se niegan a marchar, y López Jordán le escriba
a Urquiza: “Usted nos llama para combatir el Paraguay. Nunca, general; ese es nuestro amigo. Llámenos
para pelear a los porteños y brasileros; estaremos prontos; ésos son nuestros enemigos. Oímos todavía los
cañones de Paysandú.”

Muchos se opusieron a esa guerra infame, entre otros el autor del Martin Fierro, José Hernández y Juan
Bautista Alberdi, y los “voluntarios” se revelaban en Entre Ríos, Corrientes, Catamarca, San Juan y casi
todas las provincias del interior, con la rebelión de batallones enteros, etre otros el conocido "desbande de
Basualdo".

Juan Bautista Alberdi mantuvo con Mitre una agria polémica publica en la que entre otras cosas, refiréndose
al propio Mitre, le enrostró la siguiente frase: “Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una
espadas, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío, como en Monte Caseros lo
hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera
oriental y alienado con los soldados de brasil..” y opinando luego además sobre la política del mitrismo
agrega:

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte
esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto
internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para
justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y
monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus
adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, Mitre, Sarmiento y Cía., han

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establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los


argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus
guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el
crimen de barbarie y caudillaje”" (Juan Bautista Alberdi. Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los
hombres y las cosas de Sudamérica. Buenos Aires. 1899)

Se recurre inclusive al reclutamiento de mercenarios europeos mediante el engaño y promesa de tierras


como campesinos. Según testimonios de un integrante de un contingente suizo, se los embarca engañados
y se le retiran los documentos. Al llegar a Buenos Aires son llevados al frente por la fuerza o encarcelados.
(Declaración de un “enganchado siuzo”, cit.por Chiavanetto: O genocidio Americano. A guerra de Paraguai)

28 de octubre de 1865 – Amotinamiento de reclutas en Catamarca

La tarea que el gobernador de Catamarca, Victor Maubecín, acometió con mayor entusiasmo durante su
gobierno fue la formación del contingente con que la provincia debía contribuir al Ejército del Paraguay.
Guerra impopular esta de la Triple Alianza.

Tradiciones y documentos nos hablan de la resistencia que demostró parte de nuestro pueblo frente a la
recluta ordenada por el Gobierno Nacional. Algo decía al sentimiento de nuestros paisanos que esa
contienda ninguna gloria agregaba a los lauros de la patria, y que tampoco existían motivos para pelear
contra un pueblo más acreedor a su simpatía que a su rencor.

En Entre Ríos, los gauchos de Urquiza desertaron en masa, pese a que en otras ocasiones fueron leales
hasta la muerte con su caudillo.

En La Rioja, el contingente de 350 hombres asignado a la provincia se reclutó entre la gente de la más baja
esfera social. Un testigo calificado, el juez nacional Filemón Posse, explicaba al Ministro de Justicia, Eduardo
Costa, los procedimientos compulsivos que había utilizado el gobierno local al expresar que “se ponían
guardias hasta en las puertas de los templos para tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si
estaban eximidos por la ley”.

El método usado para el reclutamiento, tanto como el duro trato a que fueron sometidos los “voluntarios”
durante los tres meses que duró la instrucción militar, fueron causa de varias sublevaciones. El mismo
testigo señala, a ese respecto, el estado de desnudez de la tropa, lo cual movía la compasión del vecindario
cuando salía a la plaza para recibir instrucción. “Más parecen mendigos que soldados que van a combatir
por el honor del pueblo argentino”, afirmaba sentenciosamente, agregando que tal situación suscitó la
piadosa intervención de la Sociedad San Vicente de Paul que les proveyó de ropa y comida. Acusaba
también al gobernador Maubecín de incurrir en una errónea interpretación del estado de sitio, cuando exigía
al vecindario auxilios de hacienda y contribuciones forzosas para costar los gastos de la movilización.

La situación que se ha descrito veíase agravada por el trato duro e inhumano que se daba a los reclutas.
José Aguayo, uno de los oficiales instructores, ordenó cierta vez por su cuenta, la aplicación de la pena de
azotes en perjuicio de varios soldados. Olvidaba o ignoraba, quizás, que la Constitución Nacional prohibía
expresamente los castigos corporales.

Este hecho motivó un proceso criminal en contra del autor, cuando los damnificados denunciaron el vejamen
ante el Juzgado Federal. Su titular falló la causa condenando a Aguayo a la inhabilitación por diez años para
desempeñar oficios públicos, y a pagar las costas del juicio. Dicha sentencia disgustó a Maubecín, quien
negó jurisdicción al magistrado para intervenir a propósito de los castigos impuestos en el cuartel “a
consecuencia de una sublevación”. El gobernador calificaba de “extraña” la intervención de Filemón Posse y
afirmaba que esa ingerencia era “una forma de apoyo a los opositores sublevados”. El choque entre el juez
y gobernador originó un pleito sustanciado en la esfera del Ministerio de Justicia y dio materia a una sonada
interpelación al ministro Eduardo Costa por parte del senador catamarqueño Angel Aurelio Navarro.

Los “voluntarios” se sublevan

El mes de octubre de 1865 llegaba a su término. Faltaban pocos días para la partida hacia Rosario del
batallón “Libertad” cuando un incidente vino a conmover a la población. La tropa de “voluntarios”, cansada
de privaciones y de castigos, se amotinó con el propósito de desertar. No es aventurado suponer que para
dar ese paso debe haber influido un natural sentimiento de rebeldía contra la imposición de abandonar la
tierra nativa, a la que seguramente muchos no volverían a ver. Actores principales de la revuelta fueron
poco más de veinte reclutas, pero la tentativa fue sofocada merced a la enérgica intervención de los jefes y
oficiales de la fuerza de custodia.

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Inmediatamente, por disposición del propio Gobernador, jefe de las fuerzas movilizadas, se procedió a
formar consejo de guerra para juzgar a los culpables. El tribunal quedó integrado con varios oficiales de
menor graduación y la función del fiscal fue confiada a aquel teniente José Aguayo, procesado
criminalmente por el Juez Federal a raíz de la pena de azotes impuesta a otros soldados.

Actuando en forma expeditiva, el cuerpo produjo una sentencia severa y originalísima en los anales de la
jurisprudencia argentina. Los acusados fueron declarados convictos del delito de “amotinamiento y
deserción”. Tres de ellos, a quienes se reputó los cabecillas del motín, fueron condenados a la pena de
muerte aunque condicionada al trámite de un sorteo previo. Solamente uno sería pasado por las armas,
quedando los otros dos destinados a servir por cuatro años en las tropas de línea. Los demás acusados, 18
en total, recibieron condenas menores que variaban entre tres años de servicio militar y ser presos hasta la
marcha del contingente.

La muerte en un tiro de dados

La sentencia fue comunicada a Maubecín, quien el mismo día - 28 de octubre - puso el “cúmplase en todas
sus partes” y fijó el día siguiente a las 8 de la mañana para que tuviera efecto la ejecución. Un acta
conservada en el Archivo Histórico de Catamarca nos ilustra sobre las circunstancias que rodearon el hecho.

A la hora indicada comparecieron en la prisión fiscal, escribano y testigos. El primero ordenó que los reos
Juan M. Lazarte, Pedro Arcadé y Javier Carrizo se pusieran de rodillas para oír la lectura de la sentencia.
Enseguida se les comunicó que “iban a sortear la vida” y, a fin de cumplir ese espeluznante cometido, se
les indicó que convinieran entre sí el orden del sorteo y si la ejecución recaería en quien echara más o
menos puntos. En cuanto a lo primero, quedó arreglado que sería Javier Carrizo el primero de tirar los
dados, y respecto de lo segundo, que la pena de muerte sería para quien menor puntos lograra.

Ajustado que fue el procedimiento, se vendó los ojos a los condenados y se trajo una “caja de guerra bien
templada”, destinada a servir de improvisado tapete. Cumplidas esas formalidades previas, Javier Carrizo
recibió un par de dados y un vaso.

No cuesta mucho imaginar la dramática expectativa de aquel instante, el tenso silencio precursor de esa
definición. La muerte rondaba sombría y caprichosa como la fortuna en torno a la cabeza de esos tres
hombres. Es probable que hayan formulado una silenciosa imploración a Dios para que ese cáliz de
amargura pasara de sus labios.

Javier Carrizo metió los dados dentro del vaso. Agitó luego su brazo y los desparramó sobre el parche...
¡Cuatro!. Tocaba a Lazarte repetir el procedimiento de su compañero de infortunio. Tiró... ¡Siete!. Las
miradas se concentraron entonces en la cara y en las manos del tercero. Pedro Arcadé metió los dados en
el cubilete, agitó el recipiente y tiró...¡Sacó cinco!. La suerte marcaba a Javier Carrizo con un signo trágico.

El acta nos dice que se llamó a un sacerdote a fin de que el condenado pudiera preparar cristianamente su
alma. Después de haber sido desahuciado por los hombres, sólo le quedaban el consuelo y la esperanza de
la fe. El pueblo catamarqueño, que tantas veces fue sacudido por hechos crueles derivados de las luchas
civiles, nunca había sido testigo de un fusilamiento precedido de circunstancias tan insólitas.

En otro orden de cosas, parece necesario decir que la pena de muerte aplicada a Javier Carrizo cumplió el
propósito de escarmiento que la inspiraba. A lo que sabemos, no se produjo más tarde ninguna sublevación
del batallón de “voluntarios” Libertad. Conducido por el propio Maubecín, hasta el puerto de Rosario, llegó a
destino y sus componentes pelearon en el frente paraguayo dando pruebas de heroísmo. Estuvieron en las
más porfiadas y sangrientas batallas: Paso de la Patria, Tuyuti, Curupaytí y otras. De los 350 soldados que
salieron del Valle, el 6 de noviembre de 1865, solo regresarían 115 al cabo de 5 años. Los demás murieron
en los fangales de los esteros paraguayos.

En el Archivo Histórico de la Nacion, hay una factura de un herrero de Catamarca, "Por doscientos grilletes
para los voluntarios de la guerra del Paraguay"

Fuente:
Armando Raúl Bazán – La Pena de Muerte por Sorteo en Catamarca
Antook – Reclutamiento en Catamarca (2007).
Todo es Historia – Año 1, Nº 1, Mayo de 1967

La batalla de Pehuajó (30-01-1866) - ¿Impericia o traición? (Mitre había quedado distanciado y


resentido con Conesa, después de Cepeda.)

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El 30 de enero de (1866) ocurre un curioso combate en el paraje Corrales o Pehuajó. Una fuerza de 450
paraguayos había desembarcado, y Mitre mandó desalojarla a la división Buenos Aires de guardias
nacionales de infantería, mandada por Conesa. La división Buenos Aires tenía 1.700 plazas, pero su
armamento era deficiente y sus integrantes gauchos recogidos en la campaña “que hubieran sido excelentes
soldados de caballería pero que costaba mucho hacerlos infantes” (Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su
naturaleza, sus costumbres. México 1890) (JM Rosa t.VII.p.152)

Conesa por orden de Mitre ataca de frente a los paraguayos escondidos en un monte. Aquello fue una
carnicería de gauchos, sin que Mitre – acampado a escasa distancia – se le ocurriese reforzar a Conesa, de
quien estaba distanciado desde Cepeda.

“ ! Como sería el lance de desigual – comenta D¨Amico, uno de los participantes – cuando la división tuvo
fuera de combate el 75 %, cuando con las armas que se usaban la regla era el 8 ó 10 % en los hechos de
armas más sangrientos ¡…..!como sería, que tuvieron que hacer de oficiales los sargentos, porque la mayor
parte de aquellos estaban fuera de combate!”

En contraste con las bajas paraguayas, las pérdidas argentinas fueron inmensas, pero como siempre, Mitre
encontraría un culpable del desatre echándole la culpa a los muertos y sobrevivientes; en su parte del día,
después de felicitar a los sobrevivientes enviados al matadero, les recomienda que “en los próximos
combates sean menos pródigos de su ardor generoso y de su valor fogoso”. como se la culpa de aquella
hecatombe la tuviera el ardor y valor de la tropa.

Ante la opinión de Mitre, reflexiona D’Amico: “Como si encontrarse sin sospecharlo con el enemigo en
posiciones formidables fuera de ser pródigo en valor; o verse obligado a luchar todo un día porque el
general en jefe no manda refuerzos fuera un prodigio en ardor. ¿Qué quería que hicieran esos pobres
soldados mandados la sacrificio? ¿Que huyeran para cubrirse de vergüenza? ¿Que levantaran las culatas
para traicionar la bandera que se les había confiado?

(JMR.Guerra del Paraguay.p.242) “Pehuajo fue un crimen”, comenta D´Amico. Pocos quisieron creer la
impericia de Mitre al dar la orden de ataque contra una posición fortificada, sin reforzar los atacantes;
muchos creyeron en el propósito deliberado de aniquilar a los gauchos de la División, sus oficiales (entre
ellos Dardo Rocha, salvado miligrosamente) y al coronel Conesa, su enemigo desde que lo desobedeció para
salvar el ejército porteño en Cepeda, cuando el iluso de Mitre aún no tomaba conciencia de la derrota ...”La
prensa de Buenos Aires dijo entonces – sigue D´Amico – que Mitre había querido deshacerse de numerosos
e influyentes enemigos políticos mandando esa división a tan peligrosa acción de guerra en vez de una
división de línea, y permaneciendo en inexplicable inacción todo el día, a pesar del fuego alarmante que se
oía en el campamento”(Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890)
(JMR.t.VII.p.152)

Siendo comandante Mitre, las dos hipótesis son posibles: Impericia o traición.

En carta de Venancio Flores a su esposa, le comenta el 3 de marzo: “Yo no sé que será de nosotros…perder
casi totalmente la División Oriental, y de veras que si a la crítica situación en que estamos se agrega la
constante apatía del general Mitre, bien puede suceder que yendo por lana salgamos trasquilados”

El duque de Caixas sabia quien era Mitre, y escribia a su gobierno su opinión. Las cartas fueron publicadas
en 1902; en la del 20 de septiembre de 1867, Caixas pedía su propio relevo para no cumplir sus órdenes
extravagantes, y se preguntaba: “¿Pero yo, que hago aquí quedando a las órdenes de un hombre que todo
podrá ser, menos general?...y en una posterior decía: “Cada vez estoy más persuadido que Mitre no quiere
terminar la guerra...creo que él podrá ser todo menos general”.

Mitre, más hábil con la pluma que con la espada, le contesta indignado desde La Nación: “quien jamás tuvo
iniciativa ni siquiera la idea de ningún plan de operaciones, nunca hubiera imaginado que falsificaría la
historia...si a alguno cuadra esta acusación es a él mismo (a Caixas), negando los títulos de general a quien
le daba lecciones militares…”

Los prisioneros: “Civilización y barbarie”

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Los aliados incorporaban a los prisioneros a sus propias filas, obligándolos a luchar contra su patria y sus
hermanos, y si escapaban eran fusilados como desertores. Palleja cuenta de estos fusilamientos constantes.
J.Garmentdia en sus “Recuerdos de la campaña del Paraguay” dice “Hay algo de bárbaro y deprimente en
este acto inaudito de castigar a un a que haga fuego contra su bandera” y Carlos María Ramírez, en
Montevideo, dirá “Los prisioneros de guerra han sido repartidos en los cuerpos de línea, bajo la bandera y
con el uniforme de los aliados compelidos a volver sus armas contra los defensores de su patria ¡Jamás el
siglo XIX ha presenciado un ultraje mayor al derecho de gentes, a la humanidad, a la civilización!”
(JMR.tVII.p149)

“Durante la rendición de Humaitá aconteció algo notable: uno de los que se rendían, abandonó de inmediato
a sus compañeros, se precipitó, como loco, sobre uno de los nuestros y lo abrazó y no quiso desprenderse
de él; era un sargento de artillería de la fortaleza. Aconteció que este sargento era una sargenta en
uniforme de artillero y que había participado del sitio de la fortaleza de Humaitá. Nuestro compañero, un
paraguayo, su marido, que luchaba como prisionero...” (Lopracher. cit.en “Genocidio Americano, A guerra do
Paraguai”, p.150- Julio José Chiavenatto. Sao Paulo)

También fue generalizado el robo de prisioneros por los aliados para ser vendidos utilizados como esclavos,
y no hubo oficial que no se llevara varios “paraguayitos” como botín. En carta que escribe Mitre a Marcos
Paz le dice “Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el
número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por
lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos; los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y
comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que
en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta
de Mitre a Marcos Paz)

En carta fechada en Humaitá el 20 de noviembre, López le protesta a Mitre por el trato dado por los aliados
a los prisioneros paraguayos. Entre otros conceptos le dice que “Es de uso general y práctica entre naciones
civilizadas atenuar los males de la guerra por leyes propias, despojándola de los actos de crueldad barbarie,
que deshonrando a la humanidad, estigmatizan con una mancha indeleble a los jefes que los ordenan,
protegen o toleran, y yo lo había esperado de V.E. y sus aliados...

Y continúa la carta de López:

“La estricta disciplina de los ejércitos paraguayos en territorio argentino y en la poblaciones brasileras así lo
comprueban…y mientras tanto V.E., iniciaba la guerra con excesos y atrocidades…La bárbara crueldad con
que han sido pasados a cuchillo los heridos del combate de Yatay…y acciones todavía más ilegales y atroces
que se cometen con los paraguayos que mantenido la fatal suerte de caer prisioneros del ejercito aliado en
Yatay y Uruguayana, V.E. los ha obligado a empuñar las armas contra la patria(…)haciéndolos traidores, y
aquellos que han querido resistir a destruir su patria con sus brazos han sido inmediata y cruelmente
inmolados. Los que han participado en tan inicua suerte, han servido para fines no menos inhumanos y
repugnantes, pues que en su mayor parte han sido llevados reducidos a la esclavitud en brasil, y los que se
prestaban menos por el color blanco de su cutis para ser vendidos, han sido enviados de regalo, como
entes curiosos sujetos a la servidumbre. Este desprecio, no ya de las leyes de la guerra sino de la
humanidad, esta coacción bárbara como infame que coloca a los prisioneros de guerra entre la muerte y la
traición, o entre la muerte y la esclavitud, es el primer ejemplo que conozco en la historia de las guerras, y
es a V.E.,al emperador del Brasil y al actual mandatario de la República Oriental a quienes cabe el baldón
de producir y ejecutar tanto horror”

¿Quien sino Mitre era la barbarie?

Mitre le contesta con su acostumbrado cinismo, negando en público lo que lo que reconocía en sus cartas

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privadas:

“Lejos de obligar a los prisioneros a ingresar voluntariamente a las filas del ejército aliado o de tratárselos
con rigor; han sido tratados todos ellos no solamente con humanidad, sino con benevolencia, habiendo sido
muchos de ellos puestos en completa libertad”

Las mentiras y el cinismo de Mitre no tienen parangón en nuestra historia.

Entrevista de Yatay-Corá.

López talvez desde su óptica de patriota pensó que podría convencer a Mitre de terminar la guerra y hacer
la paz sobre los millares de cadáveres, y lo invita a una entrevista en Yatayty-Corá.

Por el secretario de Mitre (José María Lafuente), se sabe que López trató de convencer a Mitre, y le hablo
de la política expansionista de Brasil, y que los términos de la alianza lo obligaban a los paraguayos a
luchar hasta el aniquilamiento (que ese era el verdadero fin de la alianza). Polidoro (el brasilero) dice que
”Las instrucciones de Su Majestad me ordenan librar batalla con “ese hombre”; no tengo instrucciones para
tratar con el, ni entablar relaciones sociales”. Mitre en cambio, según el acta, “se limitó a oír, contestando
que se remitiría a su gobierno y a la decisión de los aliados con arreglo a sus compromisos”

A los dos días Mitre le escribe a López que ha hablado con Polidoro (el brasilero) y que “Hemos
convenido...referirlo todo a la decisión de los respectivos gobiernos sin hacer modificación alguna a la
situación de los beligerantes” (cit.JMR.tVII.p.164) Linda maner de "lavarse las manos".

Esto no solamente muestra claramente que Mitre no las tenía bien puestas como para tomar una decisión
por su cuenta y sin echarle la culpa a otros, sino que resulta evidente que respondía a otros amos, y seguía
siendo la marioneta de siempre al servicio de los brasileros, y en última instancia de los ingleses, los
verdaderos ideólogos del genocidio del paraguayo.

Curupayty – La “estrategia” de la masacre.

Mitre demostraría una vez más su impericia


militar. La acción de Curupayty sería digna de
una obra tragicómica, si no fuera que ocurrió
realmente y en una guerra cruenta que costó
miles de vidas.

Mitre, necesitado de un triunfo para levantar su


alicaído prestigio militar (prestigio imaginativo y
literario, en realidad) decidió tomar Curupayty,
una fortificación de troncos defendida solamente
por siete regimientos de infantería con 49
cañoncitos y dos escuadrones de caballería.
Mitre en cambio, con 17.000 hombres,
“literalmente” arrasaría a los paraguayos, y se
haría de la victoria que necesitaba.

Estudioso de las “estrategias europeas”, Mitre


decidió entonces una estrategia inobjetable
(según su punto de vista): un ataque frontal a
bayoneta con los 17.000 hombres, luego
simular una retirada para que el enemigo salga
en persecución, y más tarde dar media vuelta y
batirlos fuera de la fortaleza. Lo que no tuvo en
cuenta Mitre, era, en primer lugar, el terreno
fangoso tras tres días de lluvia que separaba su
posición del enemigo, y en segundo lugar, que
los paraguayos se manejaban por instinto (o
talvez hayan leído los mismos libros de
estrategia), porque en vez de salir a perseguir a
los atacantes, se quedaron mirando como estos
desandaban el pantano con gran esfuerzo. El ejército de Mitre tuvo que recorrer por tercera vez el pantano

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lleno de cadáveres de su propio ejercito, para desalojar la “fortificación”, lo que terminó en una tragedia.
Murieron 10.000 argentinos y brasileros y 92 paraguayos.

“...los infantes volvieron a la carga en el campo fangoso obstruido de cadáveres, agotados por el peso de
sus armas. Protegidos en sus trincheras, los paraguayos hacían estragos que los aliados no contestaban
porque no vían al enemigo.” Mitre embriagado del mismo optimism enfermizo y heroico de Cepeda,
ordenaba avanzar, avanzar y avanzar siempre. La hecatombe hubiera seguido por la noche si Porto Alegre,
respetuosa pero firmemente, no se impusiera y ordenase la retirada.” (J.M.R.Hist.Arg. t.VII.p.166) Murieron
10.000 argentinos y 92 paraguayos.

En Buenos Aires, Martín Piñeiro informa a Sarmiento: “Solo Mitre ha podido hacer perecer a tanto
argentino…no se pregunta quien murió sino quien vive...causa lastima salir a la calle”

En Curupayty muere Dominguito, el hijo de Sarmiento, a quien le escribe Piñero: “el desastre brutal que
reveló la incapacidad del general en jefe (Mitre) que solo por su parte oficial hubiera sido fusilado por un
consejo de guerra.”(Revista del Museo Histórico Sarmiento II-III)

Ver también: La batalla de Curupayty

Derrota de Tuyú-Cué o La segunda Tuyuty - Ni para cuidar “el pañol”(03-11-1870)

Ante las seguidillas de derrotas y desastres militares provocadas por la congénita impericia del “farsante
general”, los brasileros piden su reemplazo por Caxias. Se llegó a un acuerdo: la escuadre brasilera se
manejaría por su cuenta, Caxias tendría a cargo la ofensiva, y Mitre estaría a cargo de la reserva y los
depósitos de Tuyuty.

Mitre queda entonces en Tuyuty custodiando el parque y los cañones. El 3 de noviembre de 1870 otra vez
se destaca “el acaparador de derrotas”:

“A las 4.30 de la mañana se escucharon los primeros tiros. La batalla fue tremenda – comenta Blanco
Fombona – aunque los paraguayos eran menos de la sexta parte del enemigo, Mitre quedó en derrota. El
campamento fue incendiado: artillería, municiones de guerra y boca, mulas, tiendas, carros, todo cayó en
poder de los paraguayos. Mitre perdió hasta su correspondencia”. (C.Pereyra, Francisco Solano López y la
guerra del Paraguay. JMR- T.VII.p196)

El grumete se refugia en Tuyu-Cué, donde estaba Caixas con el grueso del ejército. Los paraguayos se
retiran con todo el parque tomado, entonces Mitre, como en otras ocasiones, pretende transformar las
derrotas en victorias, se atribuyó la victoria. Pero ya era demasiado; Blanco Bombona dice:

“Aquella derrota y aquella carrera son indefendibles, pues de su inmenso ejército, atacado solo por una
legión de héroes, había tenido Mitre dos mil bajas...ya le fue imposilbe a Mitre de todo punto de vista ,
seguir al frente del ejército. Nada podía sostener su autoridad” (cit.por JMR t.VII.p.198)

Acostumbrado a frases heroicas ( como la dicha tras la disparada de Cepeda “Aquí traigo intactas vuestras
legiones” o la pronunciada en banquete de agasajo al llegar de a pie desde Sierra Chica, vapuleado por
Calfucurá “El desierto es inconquistable” ) también tendría una frase para esta circunstancia: “Cuando
nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les
consagre, podrá ver el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del
libre cambio han proclamado para mayor gloria y felicidad de los hombres”.

Batiendo palmas, La Nación recibía en triunfo a este “apóstol” del libre cambio, que no tuvo escrúpulos en
contribuir al genocidio de un pueblo hermano, para ver inscripto en las banderas los “grades principios del
libre cambio”.

Lomas Valentinas. (21-12-1870)

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En Asunción la población moría por la calles. El 21 de diciembre al mando de López resiste el embate de los
aliados, muy superiores en número. El general y ministro de Estados Unidos presencia la batalla desde su
campamento:

“Seis mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de diciembre y lucharon como
ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar a su país de la invasión y la conquista...otros han
fugado (hacia su propio ejército) de las pocilgas que utilizaban los invasores como prisión,...el cuartel
Paraguayo comenzó a llenarse de heridos incapacitados positivamente para seguir la lucha. Niños de tiernos
años arrastrándose, las piernas desechas a pedazos con horribles heridas de balas. No lloraban ni gemían, ni
imploraban auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se
echaban al suelo para morir en silencio”

Hubo prodigios de coraje: Felipe Toledo, de ochenta años, carga diez veces al frente de la escolta
presidencial para caer en la décima; Valois Rivarola, con una herida recibida en Avay, abandona el hospital
y toma el primer caballo que encuentra. Una bala le rompe el cráneo: sujetando la masa encefálica, que se
le escurría, con los dedos de una mano, con la otra disparaba su carabina. (JMR.t.VII.p.204)

López ya “No tenía soldados, no tenía proyectiles, no tenía que comer. Solo noventa fantasmas le rodeaban
en la cumbre de la trágica colina, aguardando sus palabra para corre a la muerte”; se retira con los restos y
para el 27 logra reunir “dos mil combatientes de inválidos y niños a quienes hubo que poner barbas postizas
para quitarles su aspecto infantil detuvieron durante ocho horas el ataque de 28.000 alados. La batalla
terminó cuando terminó nuestro ejército.” (O´Leary. Cit.JMR.tVII.p.205)

La masacre de Acosta-Ñu

En la batallas de Acosta Ñu, (16 de agosto de 1869) 3.500 niños paraguayos enfrenta a 20.000 hombres del
ejército aliado, lo que se tiene como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, se
conmemora ese día como el Día del niño en Paraguay.

“Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los
soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en al selva
próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar
un grupo de niños en la resistencia. Finalmente, después de un día de lucha, los paraguayos fueron
derrotados.”

“El Conde D´Eu, un sádico en el comando de la guerra,..después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando
estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los

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cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el conde D´Eu mandó incendiar la maleza,
matando quemadas las los niños y sus madres.”

“Mandó a hacer cerco del hospital de Peribebuy, manteniendo en su interior los enfermos – en su mayoría
jóvenes y niños – y lo incendió. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasilera que,
cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los
enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur
por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese.” (de la misma fuente- Chiavenatto. "A
guerra do Paragaui)

Ver tambien: La batalla Acosta-Ñú . (12-08-1869)

Las cifras del genocidio

Pergeñado por el imperio inglés para terminar con la progresista


Paraguay y todo su pueblo, y llevado a cabo por sus cipayos del Brasil
de Pedro II, la Argentina de Mitre y el Uruguay de Venancio Flores, las
cifras del genocidio son difíciles de digerir:

Población de Paraguay al comenzar la guerra 800.000 (100,00 %)


Población muerta durante la guerra 606.000 (75.75 %)
Población del Paraguay después de la guerra 194.000 (24.25 %)
Hombres Sobrevivientes 14.000 (1,75 %)
Mujeres sobrevivientes 180.000 (22.50 %)
Hombres sobrevivientes menores de 10 años 9.800 (1,22 %)
Hombres sobrevivientes hasta 20 años 2.100 (0,26 %)
Hombres sobrevivientes mayores de 20 años 2.100 (0,26 %)

(Fuente:“Genocidio Americano, A guerra do Paraguai, p.150- Julio José


Chiavenatto. Sao Paulo)

Exterminaron al 99 % de la población masculina mayores de 10 años.

“Cuanto tiempo, cuantos hombres, cuantas vidas y cuantos elementos


y recursos precisaremos para terminar la guerra. Para convertir en
humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto
en el vientre de la madre” (Caxias en informe a Pedro II)

Genocidas y traidores

¿Fueron Sarmiento y Mitre ajenos a este genocidio?. El primero fogoneaba desde la prensa, y Mitre fue

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partícipe y cómplice. Cuando lo echaron los brasileros por inútil, (no ganó ni una batalla pese a la
superioridad numérica) lo reemplazó del Duque de Caxias, quien nombra a Mitre en un Informe al
emperador:

“El General Mitre está resignado plenamente y sin reservas a mis órdenes. : él hace cuanto yo le indico,
como está de acuerdo conmigo, en todo, incluso en que los cadáveres coléricos se tiren al Paraná, ya de la
escuadra como de Itapirú para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente las de
Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe que le son opuestas (...) El general Mitre también está convencido que
deben exterminarse los restos de las fuerzas argentinas que aún le quedan, pues de ellas solo ve peligro
para su persona.”

“Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos
que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos
perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de
animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese
pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo
contagio hay que librarse”. (Carta Mitre. (1872) Artículo de "El Nacional", 12.12.1877. ) ¡Y pensar que el
cobarde se fue a morir al Paraguay, y se hizo envolver con la bandera Paraguaya, Chilena y Argentina ¡

Mitre: farsante, trencero, mentiroso, acaparador de derrotas militares, falsificador histórico, genocida y
traidor; Nunca un argentino recibió tantas alabanzas por tantas “felonías”, como Mitre.

“...algún día tendremos que hacer acto de constricción ante el mausoleo en que reposan los héroes
paraguayos, por una traición que no cometimos pero que mancha el honor de todos los argentinos” (Atilio
García Mellid - Proceso al liberalismo argentino)

Los "Legionarios de la libertad"

Antes de iniciarse la guerra del Paraguay, un grupo de “liberales” se autoexiliaron en Buenos Aires para
pedir al gobierno “liberal” de Mitre y “monárquico” de Brasil, que “libere” su patria del “Tirano”. Eran unos
cuarenta paraguayos que formaron una comisión de “Legionarios de la Libertad” que escribían diatribas en
la prensa liberal sarmientina “El Nacional” y liberal mitrista de “La Nación”.

Esta “legionarios de la libertad”, redactaron un Memorial dirigido al emperador de Brasil Pedro II que decía
textualmente:

“Todos, Señor, conocen bien, que la guerra que el Brasil va a sustentar en territorio paraguayo, es justa y
santa…una cruzada de civilización, de libertad política, de navegación, de industria, de comercio, en fin, de
completa regeneración…todos divisan, que, después de la victoria brasilera, es que aquella tierra
desgraciada será libre, independiente, señora de sus destinos sus derechos…” (Memorial, Río de Janeiro, 10
de abril de 1865)

Aquellos legionarios, que pensaron que la guerra duraría tres meses, como pronosticó Mitre, hasta habían
decidido quien sería el nuevo presidente del Paraguay “libre del tirano”.

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Formaron una escasa legión, con bandera Paraguaya, que se incorporó a la retaguardia de Mitre, como
propagandistas, espías, guías y vaqueanos, vivanderos, comerciantes y agiotistas, pero no participaron en
ninguna acción de guerra por mucho tiempo.

Aquellos “legionarios” que desde hace cinco años venían arrastrándose por la retaguardia de los
campamentos, estaban obligados a demostrar la “furia sagrada de libertad” que los impulsaba; la
oportunidad se presentó en un encuentro que tuvieron con una tropa de carretas, en Campo Pedrozo, casi
finalizada la guerra y el genocidio de todo el pueblo paraguayo.

Para evitar suspicacias, transcribo directamente el informe que le transmite el coronel Argentino Donato
Álvarez al general Emilio Mitre (hermano de Bartolomé Mitre):

“He debido ordenar al vuelta del Escuadrón Paraguayo (los “legionarios liberales”) para ponerse a
disposición de Vuestra Excelencia, pues el ardor de la lucha que esta gente muestra al encontrarse con sus
compatriotas, les lleva a cometer excesos de mortandad y pillaje que comprometen la disciplina de las
demás tropas y la rapidez de movimientos de la vanguardia. En la reciente acción, no obstante las órdenes
perentorias que expedí, no se pudo evitar que saquearan las 17 carretas que el enemigo tenía consigo,
acuchillando a los carreteros que trataban de conducirlas fuera del combate” (Publicación oficial del Ejercito
Argentina, año 1970)

¡Linda forma de llevar la libertad y la civilización a sus compatriotas paraguayo!

Terminada la guerra, los aliados imponen al Paraguay un triunvirato “que a juicio de los plenipontenciarios
aliados podrían ser los más dóciles a sus pretensiones y dignos de confianza” (Justo Pastor Benítez)

Los negocios de la guerra

Si bien la guerra fue una calamidad económica para el Paraguay y los Aliados, muchos hicieron ”negocios”
con la guerra, sobre todo argentinos y brasileros...y por supuesto, Inglaterra.

Urquiza vendió a buen precio treinta mil caballos al ejército brasilero, y se convirtió en proveedor del
ejército. (Ver Urquiza y La defeccion de Urquiza.) ...Pero no fue el único.

“Lanús, socio del Presidente Mitre, es proveedor general del ejercito” (Natalicio Talavera. “Crónica de la
guerra”. Campamento de de Paso Pacú. 27-10.1866. El semanario N° 653. AGM.t.II.p.281)

Lanús Hnos, regenteada por Anacarsis Lanús, fueron unos de los que levantaron fortunas fabulosas con la
guerra, bajo la protección de Mitre.

Carlos D´Amico, gobernador de Buenos Aires, publicó en 1890 en México un libro denunciando que durante
la administración de Mitre “sus empleados han llevado el abuso hasta la más escandalosa exageración”...”se
robaban hasta las cajas de cirugía del ejercito”, y aunque suponía que Mitre “no participaba en manera
alguna de aquella arrebatiña”, admitió que la moral “empezó a bajar cuando los proveedores cuyas fortunas
insolentes se habían hecho a la sombra de Mitre, le regalaron a éste la casa en que hoy está la opulenta
imprenta del La Nación”.

La “donación” fue formalizada por escritura del 23 de enero de 1869 ante el escribano José Victoriano
Cabral. En representación de los “donantes” actuó el Dr. Angel María Méndez y los señores Juan José
Méndez y Mauricio Pennano, quienes adujeron como razón del homenaje, que la actuación de Mitre en el
gobierno permitió “a los hombres industriosos dar impulso a sus trabajos y vuelo a sus operaciones” .

El “homenaje” por cierto, no se había demorado demasiado, pues se escrituró apenas tres meses después
de que Mitre dejara el gobierno.

Su sucesor en el gobierno, el presidente Sarmiento, en carta privada a su corresponsal en Chile, Mariano E.


de Sarratea, le decía:

“...su casa fue negociada por agentes y obtenida la suscripción de los proveedores que mediante despilfarro
de la rentas han ganado millones, como Lezica, Lanús, Galván, que al fin costearon casi en su totalidad...” y
agregaba: “Mitre sabe que con un poco de insistencia con amaños conocidos, con muchos hombres que le
deben o la impunidad o la fortuna mal adquirida todo se puede conseguir...” (Sarmiento a Sarratea. Buenso
Aires 17 de marzo de 1869. Archivo de la familia Sarratea Prats. Feliz nieeto del Río. “Como recordaba
Sarmiento a Chile”. El Mercurio. Artículo en la edición especial del centenario. Valparaíso. 12 de septiembre
de 1927. AGM.t-II.p.283)

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Los brasileros acusaban a los argentinos por la prolongación de la guerra para proseguir con sus “negocios”.

Durante la interpelación al gobierno en la Cámara de Diputados de la Argentina, hecha en 1868, el diputado


José Mármol expresó: “Desde el principio de la guerra una mala inteligencia a una debilidad de parte de
nuestro gobierno ha hecho que el tratado de la Triple Alianza no se cumpla y que por eso no se concluya la
guerra. Es que hay una política y una voluntad decidida por la prolongación de la guerra” (Sesión del 1° de
junio de 1868)

El doctor Teodosio González lo dice mas clarito: “se levantaron durante la contienda las grandes fortunas
argentinas…vendiendo a la proveeduría brasilera sus vacas, caballos, ovejas y harina, por cinco veces su
valor...” (Teodosio Gonzáles. Infortunios del Paraguay.p.30. AGM.t.II.p.284)

Detrás de los ejércitos llegaron al Paraguay una serie de “comerciantes oportunistas”, (por llamarlos de
alguna forma suave), entre los que se encontraba el ex ministro de Relaciones Exteriores de Mitre, y uno de
los artífices del Tratado de la Triple Alianza: Rufino de Elizalde. Ya no ocupaba ningún cargo durante el
gobierno de Sarmiento, y la razón de su traslado a Asunción se deduce de la correspondencia enviada a
Mitre, y reproducida en el tomo V del Archivo del General Mitre:

“He tratado de mis asuntos y espero conseguir algo importante” le informaba el 7 de marzo al ex jefe de los
ejércitos aliados; “Está arreglado el principal de los negocios a que vine” le informaba el día 11, y el 16 le
indicaba “aún no he arreglado mis otros asuntos”. En las cartas del 24 y 31 de marzo repetía frases
prometedoras: “Mis negocios van muy bien”. ((Elizalde a Mitre. Archivo Mitre, t.V.p.213-27. AGM.tII.285)

El escándalo de los negocios comenzó a levantar polvareda y fue muy comentado en Buenos Aires. El diario
“La Época”, vocero del partido radical de Hipólito Irigoyen comentaba:

“Durante la guerra del Paraguay nuestros soldados morían de hambre en las esteros, mientras afortunados
proveedores, gentes de altas influencias amasaban millones. Aquellos abusos llegaron a tan escandaloso
grado, que un enérgico movimiento de opinión exigió se investigasen las turbias proveedurías. Pero un
providencial incendio consumió los archivos de cuentas de la guerra del Paraguay. Las llamas cancelaron
toda deuda y borraron los restos de todo delito. El incendio salvo muchos nombres y muchas reputaciones,
purificando muchas biografías.”

Al mismo tiempo que la opinión pública condenaba a “las turbias proveedurías”, en Buenos Aires se
constituía una Sociedad Anónima, integrada por el general Mitre y los señores Anacarsis Lanús, Cándido
Galván, Ambrosio Lezica, Rufino de Elizalde y otros, para dedicarse a al actividad periodística.

La sociedad se hizo cargo de “La Nación Argentina”, que el antiguo secretario de Mitre José María Gutiérrez
había fundado el 17 de septiembre de 1962 para preparar a la opinión pública para la guerra del Paraguay.
La nueva sociedad le suprimió la palabra “Argentina”, por lo que quedó solamente el nombre de “La
Nación”. En el Editorial, el propio mitre explicaba el cambio:

“El nombre de este diario es substitución del que lo ha precedido: “La Nación” reemplazando a “La Nación
Argentina” basta para marcar una transición, cerrar una época y señalar los nuevos horizontes del futuro.
“La Nación Argentina” era un puesto de combate; “La Nación” será una tribuna de doctrina...” (Editorial de
La Nación. Año 1, n°1. Buenos Aires, 4 de enero de 1879) (AGM.t.II.p.286)

Con este cambio, y la quema de los archivos, no quedaba nada por esconder.

Los "transparentes" empréstitos al Paraguay

Terminada la guerra e instalado el gobierno “liberal” el 15 de agosto de 1869, toma algunas medidas de
orden económico para satisfacer las exigencias a los requerimientos de la “libre empresa”, por supuesto
foránea.

Comisiona a Díaz de Bedoya (decreto del 20 de diciembre) para que gestione un empréstito de dos millones
de pesos en Buenos Aires “hipotecando las propiedades urbanas, edificios del gobierno en la ciudad de
Asunción, y la línea férrea (construida por los paraguayos) con todas sus propiedades y útiles”.

Buenos Aires no estaba en condiciones de otorgar ningún empréstito cuando la propia oligarquía porteña
respiraba gracias el oxígeno que le llegaba desde Londres. La guerra de Mitre había obligado a la Argentina
endeudarse en cifras desproporcionadas, en las arcas del Brasil y los banqueros de Londres. (39.741.000
pesos fuertes), de manera tal que, haciéndoles un “favor” a sus “hermanos liberales”, le señalan el camino

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de Londres, que ellos ya habían recorrido.

La misión de Bedoya en Buenos Aires fracasó “parcialmente”, ya que el mismo decreto ordenaba enajenar
“toda la plata labradas destinada al culto” que Solano López había preservado hasta la toma de Perybebuy.
La plata paraguaya fue rematada con éxito en Buenos Aires en el salón de Mariano Billinghurts de la calle
San Martín. El producto de las ventas fue recibida por el comisionado, que debió embarcarse a Europa sin
tiempo suficiente para remitir a Paraguay las sumas recibidas...

Respecto al empréstito, el gobierno de Paraguay comisiona a Mariano Terrero, que tenia conexiones con al
firma Robinson, Fleming & Co. de Londres, para que contrate un empréstito por un millón de libras
esterlinas. El empréstito fue contratado en Londres (septiembre de 1972), pero las libras no llegaban a
Asunción, de manera que para “acelerar el trámite” por Ley el 2 de octubre del mismo año, se autorizó la
contratación de un nuevo empréstito por dos millones; eso si... una ley complementaria estableció que el
Poder Ejecutivo “no podría utilizar los fondos sin la anuencia del Poder Legislativo”. Esta disposición fue
vetada por el gobierno por “la vehemente sospecha que el Legislativo demuestra respecto a la honestidad
del Poder Ejecutivo”. (por lo visto se adivinaban la suerte entre gitanos)

Después de varios episodios, gestiones, idas y venidas, Terrero termina siendo reemplazado por el
financista inglés doctor León Levy, que pide a la firma Robinson, Fleming & Co que presente el balance. La
firma acepta y presenta la liquidación de 562.200 libras, que, descontando 40.875 invertidas en un proyecto
para traer colonos (42.000), más gastos, comisiones, agentes, sueldos, etc. se reducía a un saldo de
243.739 libras.

La primera partida de 125.000 libras esterlinas llegaron a Asunción el 17 de junio de 1873. Como el país
estaba bajo estado de sitio, (revolución del general Caballero), el Ministerio de Hacienda hizo trasladar
“durante la noche” las libras a los domicilios particulares del presidente Jovellanos y de los ministros
Ferreira y Soteras. La tesorería no recibió una libra.

El diario “Los Debates” denunció que había sido robada la Memoria del Ministerio de Hacienda de 1872, que
se refería a los empréstitos. Una comisión de ambas cámaras fue al encargada de investigar el asunto: no
había sido robada la de 1872…sino todas las anteriores a 1875. (informe del 8 de abril de 1877 –
AGM.t.II.p443)

Las penurias económicas del Paraguay impidieron cumplir con el pago de las cuotas, de manera que en
1885 se comisiona a José Segundo Decoud para que arregle la deuda, y el 4 de diciembre firma un
convenio con los tenedores de bonos: reconoce una deuda de 1.602.000 libras esterlinas más 1.500.400 por
intereses impagos, lo que suma un total 3.102.400 libras esterlinas. Compensaron casi la mitad de esa
deuda, entregando tierras públicas.

Se volvieron a hacer ajustes en 1895 y 1824, y el 1° de enero de 1927 se hace un balance, resultando un
costo de 3.222.029 libras esterlinas para un ingreso real a las arcas fiscales, de solo 430.000.

Juan Bautista Aberdi dice que “los empréstitos paraguayos tuvieron inspiraciones extranjeras al Paraguay”.
Alberdi ve claramente esos episodios de vasallaje y extorsión financiera sobre Paraguay, y señaló los
empréstitos como “un entuerto que por su origen e inspiración no fue paraguayo, sino exótico, y surgido
desde fuera por gentes afiliadas desde mucho antes en la obra de destruir Paraguay, en el interés de un
poder que aspira a absorberlo todo después de arrasado”, y dirá con razón:

“López no dejó deuda exterior paraguaya. La tiranía no pensaba como el liberalismo de sus adversarios que
han probado su ´patriotismo´ endeudando a su país en millones que su tesoro escaso no puede pagar.
Hechos después de la guerra y como consecuencia suya, se diría que esos empréstitos han sido una
prosecución de la campaña contra ese país, al coincidir sus efectos y condiciones desastrosas y el papel de
sus inspiradores durante la celebre contienda” (J.B.Alberdi.cit.AGM.tII.p.444)

Ver J.B.Alberdi y la guerra de Paraguay

La llegada de la "civilización"

Como todos sabemos, la Guerra de la Triple Alanza fue llevada por los liberales en nombre de la “libertad,
la civilización y el progreso”.

Antes de la guerra, en el paraguay había 435 escuelas. La enseñaza primaria era gratuita y obligatoria, y
no existía el analfabetismo. El pueblo paraguayo era el más adelantado de América. Tenía su tierra que
trabajaba por si mismo y estaba muy bien alimentad.

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Un siglo después, un escritor liberal, Gregorio Benítez (en “Formación social del pueblo paraguayo”) dice
que “El liberalismo llevó la guerra al Paraguay para brindarle progreso y satisfacción a todas sus
necesidades, pero en materia tan primordial como la alimentación, no se logró recuperar el nivel de vida de
que antes gozaba”

Lo mismo pasó con la educación. Las escuelas del régimen de López (435) fueron arrasadas durante la
guerra y nunca se reconstruyeron. El propio Decoud, que formó parte el gobierno títere liberal, reconoce en
1877 que:

”No se ha fundado una sola escuela en la campaña, ni ningún instituto de educción, excepto el colegio que
hoy se proyecta fundar en la ciudad para educar apenas cincuenta niños internos gratuitamente. En cambio
hay cerca de cien mil niños en al República que vegetan en al más espantosa ignorancia". (Decoud.
“Cuestiones políticas y económicas”)

Lo mismo atestigua el argentino general Mansilla, que compartía los ideales liberales:

“Es un hecho comprobado que en el Paraguay, durante y después del Gobierno del doctor Francia, era raro
encontrar quien no supiera leer y escribir. En toda villa o aldea, los tres edificios que primero se construían
por el Estado, y estaban frente a la plaza, eran la iglesia, la comandancia militar y la escuela”. (Mansilla,
Lucio V. “Entre-Nos. t.II.p.3, pie de página)

A los testimonios (o confesiones) dadas por estos “liberales”, podemos agregar el testimonio de un
“representante del pueblo bárbaro del Paraguay”, el teniente Manuel Frutos, uno de los pocos sobrevivientes
de aquel genocidio, que en 1914 evocaba aquella guerra de esta forma:

“Fuimos muy ricos, señor; nadábamos en la abundancia, éramos felices. Mi pueblo natal, Tbytimí, hoy pobre
villorrio, tenía entonces veinticuatro esuelas y en el presente apenas tiene una. Con esto le digo todo…No
había ciudadano que no tuviera su casa, sus útiles de labranza y extensos sembrados. No conocíamos el
hambre. Éramos una raza bien alimentada, sana y fuerte. Éramos alegres y dichosos…a pesar de lo que
llaman nuestra tiranía, gobierno patriarcal, ejercido por verdaderos patriotas, que solo deseaban al
prosperidad de su país…Pero vino la guerra y todo lo perdimos. Peleamos desesperadamente, porque todos
teníamos algo que perder y porque amábamos nuestra tierra con locura...”

Vencedores y vencidos

La afiebrada mentalidad enferma de Mitre, lo llevaría a declarar “Ni vencedores ni vencidos”, siendo claro
que hubo vencidos y vencedores: los vencidos fueron Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, y los
vencedores los ingleses.

Paraguay salvo su honor y su gloria, pero sufrió el genocidio de 50% de la población total, y la muerte del
99,4 % de su población masculina mayores de 10 años. También perdió gran parte de territorio a manos de
los aliados, y el resto fue entregado a propietarios extranjeros.

Brasil, Argentina y Uruguay, además de una importante pérdida de vidas, perdieron hasta la vergüenza,
quedando además endeudados y sometidos al capital inglés hasta nuestros días.

El 29 de septiembre de 1868, en un banquete que la masonería le ofrece a Sarmiento y Mitre, éste,


agitando un instrumento masónico “¿Qué es Sarmiento? un pobre hombre como yo, un instrumento como
este...” (Mitre. Discurso masónico. Arengas Selectas. p.83). “¿Que somos ahora? No somos sino agentes
serviles y pagados a módico precio de las plazas extranjeras” (Vicente F. López en la Cámara de Diputados.
Diario de sesiones 1873.p.261)

Los ingleses, sin perder un solo hombre y sin ningún sacrificio, “mataron un mal ejemplo” (Paraguay) e
hicieron un gran negocio.

“Los Aliados fueron a liberar a los guaraníes de su tirano, y a abrir de par en par las puertas de la
civilización moderna, en forma de concesiones, financiación, inversiones extranjeras, y otras emanaciones de
las bolsas de Berlín, Londres, Nueva York y Buenos Aires. Las bendiciones del laissez faire reemplazaron a
los males del paternalismo, y, como de costumbre, el campesino se convirtió en peón explotado y sin
tierra.” (Pelham Horton Box. Los orígenes de la Guerra de la triple Alianza. Traducido por Pablo Ynsfrán.
Edic.Nizza Bs.As.1958)

Por su parte Avellaneda dirá que “La guerra más expectable que ha presentado la América del Sur después

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de las de su independencia, tendrá en breve su último episodio (….) para ofrecerse al comercio, a la
habitación y a la industria de todos los hombres” (Avellaneda. Mensaje en el Congreso Nacional. 1876) ¿Con
que derecho ofrece Avellaneda el patrimonio Paraguayo a “todos los hombres”?

“Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña…podrá el comercio ver inscritas en sus
banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor gloria y
felicidad de los hombres” (Mitre 1869. Arengas I)

Evidentemente los guerreros son nuestros, pero el comercio, los apóstoles y los hombres felices, son de
Gran Bretaña.

Bibliografía:

(JMR) José Maria Rosa: Historia Argentina.


(AGM) Atilio García Mellid. Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay. Teoría.
(AGNA) Archivo general de la Nacion Argentina.
(M.R.E.P.) Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay.
(ANA) Anchivo Nacional de Asunción.
Julio José Chiavenatto: “Genocidio Americano, A guerra do Paraguai.-Sao Paulo
Adolfo Saldías. Historia de la Confederación Argentina.
Carlos D´Amico. Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890
Norberto Galasso. De la banca Baring al FMI
J.Sulé: “Los heterodoxos del 80”
Alcibíades Lappas: “La masonería Argentina a través de sus hombres”.(Bs.As.1966)

Otras fuentes:

Revista del Museo Histórico Sarmiento


Revista de la Biblioteca Nacional
D.F. Sarmiento, "La Tribuna", El Nacional”
Peña, Milcíades, "La era de Mitre"
J. Pandá Cológeras. “Formaçao histórica do Brasil
Agustín Rivera Astengo: “Juarez Celman”.
Coronado, Misterios de San José.
Carlos Pereira. Francisco Solano López, y la guerra del Paraguay.
La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

Ver más en esta página:

- Nacimiento de Francisco Solano López


- Muerte de Francisco Solano López
- Candido L´pez, "El manco de Curupaytí"
- Tratado de Puntas del Rosario
- Tratado Triple Alianza
- Sarmiento y Paraguay
- Alberdi y el Paraguay
- Los "voluntarios"
- Urquiza
- La defección de Urquiza.
- Rosas y el Paraguay (Independencia del Paraguay)

Puede ver tambiíen otras batallas de la


guerra del Paraguay, en el Indice General: BATALLAS

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