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Poemas de Juan de Dios Peza tengo ansias de vivir y ya estoy muerta.

Post-Umbra
Con letras ya borradas por los años, Me acosan de dolor fieros vestigios,
en un papel que el tiempo ha carcomido, ¡qué amargas son las lágrimas primeras!
símbolo de pasados desengaños, Pesan sobre mi vida veinte siglos,
guardo una carta que selló el olvido. y apenas cumplo veinte primaveras.

La escribió una mujer joven y bella. En esta horrible lucha en que batallo,
¿Descubriré su nombre? ¡no!, ¡no quiero! aun cuando débil, tu consuelo imploro,
pues siempre he sido, por mi buena estrella, quiero decir que lloro y me lo callo,
para todas las damas, caballero. y más risueña estoy cuanto más lloro.

¿Qué ser alguna vez no esperó en vano ¿Por qué te conocí? Cuando temblando
algo que si se frustra, mortifica? de pasión, sólo entonces no mentida,
Misterios que al papel lleva la mano, me llegaste a decir: "te estoy amando
el tiempo los descubre y los publica. con un amor que es vida de mi vida"

Aquellos que jusgáronme felice, ¿Qué te respondí yo? Bajé la frente,


en amores, que halagan mi amor propio, triste y convulsa te estreché la mano,
aprendan de memoria lo que dice porque un amor que nace tan vehemente
la triste historia que a la letra copio: es natural que muera muy temprano.

"Dicen que las mujeres sólo lloran Tus versos para mí conmovedores,
cuando quieren fingir hondos pesares; los juzgué flores puras y divinas,
los que tan falsa máxima atesoran, olvidando, insensata, que las flores
muy torpes deben ser, o muy vulgares. todo lo pierden menos las espinas.

Si cayera mi llanto hasta las hojas Yo, que como mujer, soy vanidosa,
donde temblando está la mano mía, me vi feliz creyéndome adorada,
para poder decirte mis congojas sin ver que la ilusión es una rosa,
con lágrimas mi carta escribiría. que vive solamente una alborada.

Mas si el llanto es tan claro que no pinta, ¡Cuántos de los crepúsculos que admiras
y hay que usar de otra tinta más obscura, pasamos entre dulces vaguedades;
la negra escogeré, porque es la tinta las verdades juzgándolas mentiras
donde más se refleja mi amargura. las mentiras creyéndolas verdades!

Aunque no soy para sonar esquiva, Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,


sé que para soñar nací despierta. me imaginaba estar dentro de un cielo,
Me he sentido morir y aún estoy viva; y al contemplar mis ojos y mi boca,
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tu misma sombra me causaba celo. y tengo miedo de invocar al cielo.

Al verme embelesada, al escucharte, Pronto voy a morir; esa es mi suerte;


clamaste, aprovechando mi embeleso: ¿quién se opone a las leyes del destino?
"déjame arrodillar para adorarte"; Aunque es camino oscuro el de la muerte,
y al verte de rodillas te di un beso. ¿quién no llega a cruzar ese camino?

Te besé con arrojo, no se asombre En él te encontraré; todo derrumba


un alma escrupulosa y timorata; el tiempo, y tú caerás bajo su peso;
la insensatez no es culpa. Besé a un hombre tengo que devolverte en ultratumba
porque toda pasión es insensata. todo el mal que me diste con un beso.

Debo aquí confesar que un beso ardiente, Mostrar a Dios podremos nuestra historia
aunque robe la dicha y el sosiego, en aquella región quizá sombría.
es el placer más grande que se siente ¿Mañana he de vivir en tu memoria...?
cuando se tiene un corazón de fuego. Adiós... adiós... hasta el terrible día."

Cuando toqué tus labios fue preciso Leí estas líneas y en eterna ausencia
soñar que aquél placer se hiciera eterno. esa cita fatal vivo esperando...
Mujeres: es el beso un paraíso Y sintiendo la noche en mi conciencia,
por donde entramos muchas al infierno. guardé la carta y me quedé llorando.

Después de aquella vez, en otras muchas,


apasionado tú, yo enternecida,
quedaste vencedor en esas luchas
tan dulces en la aurora de la vida.

¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!


el grande amor con el desdén se paga:
Toda llama que avivan los deseos
pronto encuentra la nieve que la apaga.

Te quisiera culpar y no me atrevo,


es, después de gozar, justo el hastío;
yo que soy un cadáver que me muevo,
del amor de mi madre desconfío.

Me engañaste y no te hago ni un reproche,


era tu voluntad y fue mi anhelo;
reza, dice mi madre, en cada noche;
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Manuel Acuña

Poesía leída en la velada literaria que celebró la


Sociedad "El Porvenir" la noche del 3 de mayo de
1873.

Pues, señor, dije yo, ya que es preciso


puesto que así lo han dicho en el programa,
que rompa ya la bendecida prosa
que preparado para el caso había,
y que escriba en vez de ella alguna cosa
así, que parezca poesía,
pongámonos al punto,
ya que es forzoso y necesario, en obra,
sin preocuparnos mucho del asunto,
porque al fin el asunto es lo que sobra.

Así dije, y tomando


no el arpa ni la lira,
que la lira y el arpa
no pasan hoy de ser una mentira,
sino una pluma de ave
con la que escribo yo generalmente,
violenté las arrugas de mi frente
hasta ponerla cejijunta y grave
y pensando en mi novia, en la adorada
por quien suspiro y lloro sin sosiego,
mojé mi pluma en el tintero, y luego
puse ocho letras: «A mi amada».

Su retrato, un retrato
--- firmado por Valleto y compañía,
se alzaba junto a mí plácido y grato,
mostrándome las gracias y recato
que tanto adonran a la amada mía;
y como el verlo sólo
basta para que mi alma se emocione,
que Apolo me perdone
si, dije aquí que me sentí un Apolo.

Ella no es una rosa


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ni un ser ideal, ni cosa que lo valga; ¡El santuario!... exclamé; pero y ¿qué cosa
pero en verso o en prosa puedo decir de nuevo sobre el caso,
no seré yo el estúpido que salga cuando en cada volumen de poesías,
con que mi novia es fea, en versos unos malos y otros buenos,
cuando puedo decir que es muy hermosa sobre templos, santuarios y abadías?
por más que ni ella misma me lo crea; Para entonar sobre esto mis cantares,
así es que en mi pintura a más de que el asunto vale poco,
hecha en rasgos por cierto no muy fieles, ¿Qué entiendo yo de claustros ni de altares,
aumenté de tal modo su hermosura ni que sé yo de sacristán tampoco?
que casi resultaba una figura
digna de ser pintada por Apeles. No, en la naturaleza
hay asuntos más dignos y mejores,
Después de dibujarla como he dicho, y más llenos de encantos y de belleza,
faltando a la verdad por el capricho, y que he de escribir, haré una pieza
iba yo a colocar el fondo negro que se llame: Los prados y las flores.
de su alma inexorable y desdeñosa,
cuando al hacerlo me ocurrió una cosa Hablaré de la incauta mariposa
que hundió mi plan, y de lo cual me alegro; que en incesante y atrevido vuelo,
porque, en último caso, ya abandona el cielo por la rosa;
como pensaba yo entre las paredes ya abandona la rosa por el cielo,
de mi cuarto sombrío, del insecto pintado y sorprendente
¿qué les importa a ustedes que de esconderse entre las hierbas trata,
que mi amada me niegue sus mercedes, y de el ave inocente que lo mata,
ni que yo tenga el corazón vacío? lo cual prueba que no es tan inocente;
Si mi vida vegeta en la tristeza hablaré... pero y luego que haya hablado
y el yugo del dolor ya no soporta, sacando a luz el boquirrubio Febo,
caeré de referirlo en la simpleza me pregunto, señor, ¿qué habré ganado,
para que alguien me diga en su franqueza: si al hacerlo no digo nada nuevo?...
«¡¿si viera usted que a mí nada me importa?!»
Con que si esto tampoco es un asunto
No, de seguro, que antes digno de preocuparme una sola hora,
prefiero verme loco por tres días, dejemos sus inútiles detalles,
que imitar a ese eterno Jeremías ya que no hay ni un señor ni una señora
que se llama el señor de Cervantes. que no sepa muy bien lo que es la aurora
y lo que son las flores y los valles...
Y convencido de esto, Coloquemos a un lado estas materias
ya que era conveniente y necesario, que valen tan poco para el caso,
borré el título puesto, y pues esto se ofrece a cada paso
y buscando a mi lira otro pretexto hablemos de la vida y sus miserias.
escrbí este otro título: «El santuario».
Empezaré diciendo desde luego,

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que no hay virtud, creencias ni ilusiones; a turbar la quietud de mi conciencia.
que en criminal y estúpido sosiego
ya no late la fe en los corazones; Sobre los libros santos, se podría
que el hombre imbécil, a la gloria ciego, con meditar y con plagiar un poco,
sólo piensa en el oro y los doblones, arreglar o escribir una poesía;
y concluiré en estilo gemebundo: pero ni esto es muy fácil en un día
¡Que haya un cadáver más qué importa al mundo! ni para hablar sobre esto estoy tampoco;
porque en fiestas como esta,
Y me puse a escribir, y así en efecto, donde el saber está en su templo,
lo hice en ciento cincuenta octavas reales, salir con el Diluvio, por ejemplo,
cuyo único defecto, fuera casi querer aguar la fiesta;
como se ve por lo que dicho queda, y como yo no quiero que se diga
era que en vez de ser originales que he venido a tal cosa,
no pasaba de un plagio de Espronceda. ya que en mi numen agotado me hallo
Como era fuerza, las rompí en el acto el asunto y el plan a que yo aspiro
desesperado de mi triste suerte, rompo mi humilde cítara, me callo,
viendo por fin que en esto de poesía y con perdón de ustedes me retiro.
no hay un solo argumento ni una idea
que no peque de fútil, o no sea
tan vieja como el pan de cada día.

En situación tan triste


y estando la hora ya tan avanzada,
¿qué hago, dije yo, para salvarme
de este grave y horrible compromiso,
cuando ningún asunto puede darme
ni siquiera un adarme
de novedad, de encanto, o de un hechizo?
¿Hablaré de la guerra y de la gente
que enardecida de las cumbres baja
desafiando al contrario frente a frente,
y habré de convertirme en un valiente,
yo que nunca he empuñado una navaja?
No, señor, aunque estudio medicina
y pertenezco a esa importante clase
que no hay pueblo y lugar en donde no pase
por ser la mas horrible y asesina,
aparte de que en esto hay poco cierto,
como lo prueba y mucho la experiencia,
yo, a lo menos hasta hoy, me hallo a cubierto
de que se alce la sombra de algún muerto

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voy por tu cuerpo como por el mundo,
Piedra de sol tu vientre es una plaza soleada,
Octavio Paz tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
Un sauce de cristal, un chopo de agua, en dos mitades de color durazno,
un alto surtidor que el viento arquea, un paraje de sal, rocas y pájaros
un árbol bien plantado mas danzante, bajo la ley del mediodía absorto,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo vestida del color de mis deseos
y llega siempre: como mi pensamiento vas desnuda,
un caminar tranquilo voy por tus ojos como por el agua,
de estrella o primavera sin premura, los tigres beben sueño de esos ojos,
agua que con los párpados cerrados el colibrí se quema en esas llamas,
mana toda la noche profecías, voy por tu frente como por la luna,
unánime presencia en oleaje, como la nube por tu pensamiento,
ola tras ola hasta cubrirlo todo, voy por tu vientre como por tus sueños,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas tu falda de maíz ondula y canta,
cuando se abren en mitad del cielo, tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
un caminar entre las espesuras toda la noche llueves, todo el día
de los días futuros y el aciago abres mi pecho con tus dedos de agua,
fulgor de la desdicha como un ave cierras mis ojos con tu boca de agua,
petrificando el bosque con su canto sobre mis huesos llueves, en mi pecho
y las felicidades inminentes hunde raíces de agua un árbol líquido,
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros, voy por tu talle como por un río,
presagios que se escapan de la mano, voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
una presencia como un canto súbito, que en un abismo brusco se termina
como el viento cantando en el incendio, voy por tus pensamientos afilados
una mirada que sostiene en vilo y a la salida de tu blanca frente
al mundo con sus mares y sus montes, mi sombra despeñada se destroza,
cuerpo de luz filtrado por un ágata, recojo mis fragmentos uno a uno
piernas de luz, vientre de luz, bahías, y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta, corredores sin fin de la memoria,
la hora centellea y tiene cuerpo, puertas abiertas a un salón vacío
el mundo ya es visible por tu cuerpo, donde se pudren todos lo veranos,
es transparente por tu transparencia, las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
voy entre galerías de sonidos, mano que se deshace si la toco,
fluyo entre las presencias resonantes, cabelleras de arañas en tumulto
voy por las transparencias como un ciego, sobre sonrisas de hace muchos años,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados, a la salida de mi frente busco,
bajo los arcos de la luz penetro busco sin encontrar, busco un instante,
los corredores de un otoño diáfano, un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,

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rostro de lluvia en un jardín a obscuras, ramo de rosas para el fusilado,
agua tenaz que fluye a mi costado, nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
busco sin encontrar, escribo a solas, escritura del viento en el desierto,
no hay nadie, cae el día, cae el año, testamento del sol, granada, espiga,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos rostro de llamas, rostro devorado,
que repiten mi imagen destrozada, adolescente rostro perseguido
piso días, instantes caminados, años fantasmas, días circulares
piso los pensamientos de mi sombra, que dan al mismo patio, al mismo muro,
piso mi sombra en busca de un instante, arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
busco una fecha viva como un pájaro, todos los nombres son un solo nombre
busco el sol de las cinco de la tarde todos los rostros son un solo rostro,
templado por los muros de tezontle: todos los siglos son un solo instante
la hora maduraba sus racimos y por todos los siglos de los siglos
y al abrirse salían las muchachas cierra el paso al futuro un par de ojos,
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio, no hay nada frente a mí, sólo un instante
alta como el otoño caminaba rescatado esta noche, contra un sueño
envuelta por la luz bajo la arcada de ayuntadas imágenes soñado,
y el espacio al ceñirla la vestía duramente esculpido contra el sueño,
de un piel más dorada y transparente, arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
tigre color de luz, pardo venado mientras afuera el tiempo se desboca
por los alrededores de la noche, y golpea las puertas de mi alma
entrevista muchacha reclinada el mundo con su horario carnicero,
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable, sólo un instante mientras las ciudades,
he olvidado tu nombre, Melusina, los nombres, lo sabores, lo vivido,
Laura, Isabel, Perséfona, María, se desmoronan en mi frente ciega,
tienes todos los rostros y ninguno, mientras la pesadumbre de la noche
eres todas las horas y ninguna, mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
te pareces al árbol y a la nube, y mi sangre camina más despacio
eres todos los pájaros y un astro, y mis dientes se aflojan y mis ojos
te pareces al filo de la espada se nublan y los días y los años
y a la copa de sangre del verdugo, sus horrores vacíos acumulan,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma, mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
escritura de fuego sobre el jade, el instante se abisma y sobrenada
grieta en la roca, reina de serpientes, rodeado de muerte, amenazado
columna de vapor, fuente en la peña, por la noche y su lúgubre bostezo,
circo lunar, peñasco de las águilas, amenazado por la algarabía
grano de anís, espina diminuta de la muerte vivaz y enmascarada
y mortal que da penas inmortales, el instante se abisma y se penetra,
pastora de los valles submarinos como un puño se cierra, como un fruto
y guardiana del valle de los muertos, que madura hacia dentro de sí mismo
liana que cuelga del cantil del vértigo, y a sí mismo se bebe y se derrama
enredadera, planta venenosa, el instante translúcido se cierra
flor de resurrección, uva de vida, y madura hacia dentro, echa raíces,
señora de la flauta y del relámpago, crece dentro de mí, me ocupa todo,
terraza del jazmín, sal en la herida, me expulsa su follaje delirante,
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mis pensamientos sólo son su pájaros, nada quedó de ti sino tu grito,
su mercurio circula por mis venas, y al cabo de los siglos me descubro
árbol mental, frutos sabor de tiempo, con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
oh vida por vivir y ya vivida, no hay nadie, no eres nadie,
tiempo que vuelve en una marejada un montón de ceniza y una escoba,
y se retira sin volver el rostro, un cuchillo mellado y un plumero,
lo que pasó no fue pero está siendo un pellejo colgado de unos huesos,
y silenciosamente desemboca un racimo ya seco, un hoyo negro
en otro instante que se desvanece: y en el fondo del hoyo los dos ojos
frente a la tarde de salitre y piedra de una niña ahogada hace mil años,
armada de navajas invisibles miradas enterradas en un pozo,
una roja escritura indescifrable miradas que nos ven desde el principio,
escribes en mi piel y esas heridas mirada niña de la madre vieja
como un traje de llamas me recubren, que ve en el hijo grande un padre joven,
ardo sin consumirme, busco el agua mirada madre de la niña sola
y en tus ojos no hay agua, son de piedra, que ve en el padre grande un hijo niño,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas miradas que nos miran desde el fondo
son de piedra, tu boca sabe a polvo, de la vida y son trampas de la muerte
tu boca sabe a tiempo emponzoñado, ¿o es al revés: caer en esos ojos
tu cuerpo sabe a pozo sin salida, es volver a la vida verdadera?,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo ¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
que vuelve siempre al punto de partida, otros ojos futuros, otra vida,
y tú me llevas ciego de la mano otras nubes, morirme de otra muerte!
por esas galerías obstinadas esta noche me basta, y este instante
hacia el centro del círculo y te yergues que no acaba de abrirse y revelarme
como un fulgor que se congela en hacha, dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
como luz que desuella, fascinante cómo me llamo yo:
como el cadalso para el condenado, ¿hacía planes
flexible como el látigo y esbelta para el verano? y todos los veranos?
como un arma gemela de la luna, en Christopher Street, hace diez años,
y tus palabras afiladas cavan con Filis que tenía dos hoyuelos
mi pecho y me despueblan y vacían, donde bebían luz los gorriones?,
uno a uno me arrancas los recuerdos, ¿por la Reforma Carmen me decía
he olvidado mi nombre, mis amigos “no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,
gruñen entre los cerdos o se pudren o se lo dijo a otro que he perdido
comidos por el sol en un barranco, o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
no hay nada en mí sino una larga herida, inmensa y verdinegra como un árbol,
una oquedad que ya nadie recorre, hablando solo como el viento loco
presente sin ventanas, pensamiento y al llegar a mi cuarto? ¿siempre un cuarto?
que vuelve, se repite, se refleja no me reconocieron los espejos?,
y se pierde en su misma transparencia, ¿desde el hotel Vernet vimos al alba
conciencia traspasada por un ojo bailar con los castaños? “ya es muy tarde”
que se mira mirarse hasta anegarse decías al peinarte y yo veía
de claridad: manchas en la pared, sin decir nada?,
yo vi tu atroz escama, ¿subimos juntos a la torre, vimos
Melusina, brillar verdosa al alba, caer la tarde desde el arrecife?
dormías enroscada entre las sábanas ¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
y al despertar gritaste como un pájaro gardenias en Perote?,
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
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nombres, sitios, corta los frutos, come de la vida,
calles y calles, rostros, plazas, calles, tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina, todo se transfigura y es sagrado,
alguien canta a mi lado, alguien se viste, es el centro del mundo cada cuarto,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos, es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
Madrid, 1937, gota de luz de entrañas transparentes
en la Plaza del Ángel las mujeres el cuarto como un fruto se entreabre
cosían y cantaban con sus hijos, o estalla como un astro taciturno
después sonó la alarma y hubo gritos, y las leyes comidas de ratones,
casas arrodilladas en el polvo, las rejas de los bancos y las cárceles,
torres hendidas, frentes esculpidas las rejas de papel, las alambradas,
y el huracán de los motores, fijo: los timbres y las púas y los pinchos,
los dos se desnudaron y se amaron el sermón monocorde de las armas,
por defender nuestra porción eterna, el escorpión meloso y con bonete,
nuestra ración de tiempo y paraíso, el tigre con chistera, presidente
tocar nuestra raíz y recobrarnos, del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
recobrar nuestra herencia arrebatada el burro pedagogo, el cocodrilo
por ladrones de vida hace mil siglos, metido a redentor, padre de pueblos,
los dos se desnudaron y besaron el Jefe, el tiburón, el arquitecto
porque las desnudeces enlazadas del porvenir, el cerdo uniformado,
saltan el tiempo y son invulnerables, el hijo predilecto de la Iglesia
nada las toca, vuelven al principio, que se lava la negra dentadura
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, con el agua bendita y toma clases
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma, de inglés y democracia, las paredes
oh ser total… invisibles, las máscaras podridas
cuartos a la deriva que dividen al hombre de los hombres,
entre ciudades que se van a pique, al hombre de sí mismo,
cuartos y calles, nombres como heridas, se derrumban
el cuarto con ventanas a otros cuartos por un instante inmenso y vislumbramos
con el mismo papel descolorido nuestra unidad perdida, el desamparo
donde un hombre en camisa lee el periódico que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
o plancha una mujer; el cuarto claro y compartir el pan, el sol, la muerte,
que visitan las ramas de un durazno; el olvidado asombro de estar vivos;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados; amar es combatir, si dos se besan
cuartos que son navíos que se mecen el mundo cambia, encarnan los deseos,
en un golfo de luz; o submarinos: el pensamiento encarna, brotan alas
el silencio se esparce en olas verdes, en las espaldas del esclavo, el mundo
todo lo que tocamos fosforece; es real y tangible, el vino es vino,
mausoleos de lujo, ya roídos el pan vuelve a saber, el agua es agua,
los retratos, raídos los tapetes; amar es combatir, es abrir puertas,
trampas, celdas, cavernas encantadas, dejar de ser fantasma con un número
pajareras y cuartos numerados, a perpetua cadena condenado
todos se transfiguran, todos vuelan, por un amo sin rostro;
cada moldura es nube, cada puerta el mundo cambia
da al mar, al campo, al aire, cada mesa si dos se miran y se reconocen,
es un festín; cerrados como conchas amar es desnudarse de los nombres:
el tiempo inútilmente los asedia, “déjame ser tu puta”, son palabras
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio, de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
abre la mano, coge esta riqueza, la tomó por esposa y como premio
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lo castraron después; abierto para el águila del ojo,
mejor el crimen, pasa la blanca tribu de las nubes,
los amantes suicidas, el incesto rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
de los hermanos como dos espejos perdemos nuestros nombres y flotamos
enamorados de su semejanza, a la deriva entre el azul y el verde,
mejor comer el pan envenenado, tiempo total donde no pasa nada
el adulterio en lechos de ceniza, sino su propio transcurrir dichoso,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita no pasa nada, callas, parpadeas
que lleva por clavel en la solapa (silencio: cruzó un ángel este instante
un gargajo, mejor ser lapidado grande como la vida de cien soles),
en las plazas que dar vuelta a la noria ¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
que exprime la substancia de la vida, y el festín, el destierro, el primer crimen,
cambia la eternidad en horas huecas, la quijada del asno, el ruido opaco
los minutos en cárceles, el tiempo y la mirada incrédula del muerto
en monedas de cobre y mierda abstracta; al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
mejor la castidad, flor invisible y el repetido grito de Casandra
que se mece en los tallos del silencio, más fuerte que los gritos de las olas,
el difícil diamante de los santos Sócrates en cadenas” (el sol nace,
que filtra los deseos, sacia al tiempo, morir es despertar: “Critón, un gallo
nupcias de la quietud y el movimiento, a Esculapio, ya sano de la vida”),
canta la soledad en su corola, el chacal que diserta entre las ruinas
pétalo de cristal en cada hora, de Nínive, la sombra que vio Bruto
el mundo se despoja de sus máscaras antes de la batalla, Moctezuma
y en su centro, vibrante transparencia, en el lecho de espinas de su insomnio,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, el viaje en la carretera hacia la muerte
se contempla en la nada, el ser sin rostro ?el viaje interminable mas contado
emerge de sí mismo, sol de soles, por Robespierre minuto tras minuto,
plenitud de presencias y de nombres; la mandíbula rota entre las manos?,
Churruca en su barrica como un trono
sigo mi desvarío, cuartos, calles, escarlata, los pasos ya contados
camino a tientas por los corredores de Lincoln al salir hacia el teatro,
del tiempo y subo y bajo sus peldaños el estertor de Trotsky y sus quejidos
y sus paredes palpo y no me muevo, de jabalí, Madero y su mirada
vuelvo donde empecé, busco tu rostro, que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
camino por las calles de mí mismo los carajos, los ayes, los silencios
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado del criminal, el santo, el pobre diablo,
caminas como un árbol, como un río cementerio de frases y de anécdotas
caminas y me hablas como un río, que los perros retóricos escarban,
creces como una espiga entre mis manos, el delirio, el relincho, el ruido obscuro
lates como una ardilla entre mis manos, que hacemos al morir y ese jadeo
vuelas como mil pájaros, tu risa que la vida que nace y el sonido
me ha cubierto de espumas, tu cabeza de huesos machacados en la riña
es un astro pequeño entre mis manos, y la boca de espuma del profeta
el mundo reverdece si sonríes y su grito y el grito del verdugo
comiendo una naranja, y el grito de la víctima…
el mundo cambia son llamas
si dos, vertiginosos y enlazados, los ojos y son llamas lo que miran,
caen sobre las yerba: el cielo baja, llama la oreja y el sonido llama,
los árboles ascienden, el espacio brasa los labios y tizón la lengua,
sólo es luz y silencio, sólo espacio el tacto y lo que toca, el pensamiento
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y lo pensado, llama el que lo piensa, mi cara verdadera, la del otro,
todo se quema, el universo es llama, mi cara de nosotros siempre todos,
arde la misma nada que no es nada cara de árbol y de panadero,
sino un pensar en llamas, al fin humo: de chofer y de nube y de marino,
no hay verdugo ni víctima… cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
¿y el grito cara de solitario colectivo,
en la tarde del viernes?, y el silencio despiértame, ya nazco:
que se cubre de signos, el silencio vida y muerte
que dice sin decir, ¿no dice nada?, pactan en ti, señora de la noche,
¿no son nada los gritos de los hombres?, torre de claridad, reina del alba,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
no pasa nada, sólo un parpadeo caigo sin fin desde mi nacimiento,
del sol, un movimiento apenas, nada, caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, recógeme en tus ojos, junta el polvo
los muerto están fijos en su muerte disperso y reconcilia mis cenizas,
y no pueden morirse de otra muerte, ata mis huesos divididos, sopla
intocables, clavados en su gesto, sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
desde su soledad, desde su muerte tu silencio dé paz al pensamiento
sin remedio nos miran sin mirarnos, contra sí mismo airado;
su muerte ya es la estatua de su vida, abre la mano,
un siempre estar ya nada para siempre, señora de semillas que son días,
cada minuto es nada para siempre, el día es inmortal, asciende, crece,
un rey fantasma rige sus latidos acaba de nacer y nunca acaba,
y tu gesto final, tu dura máscara cada día es nacer, un nacimiento
labra sobre tu rostro cambiante: es cada amanecer y yo amanezco,
el monumento somos de una vida amanecemos todos, amanece
ajena y no vivida, apenas nuestra, el sol cara de sol, Juan amanece
¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, con su cara de Juan cara de todos,
¿cuando somos de veras lo que somos?, puerta del ser, despiértame, amanece,
bien mirado no somos, nunca somos déjame ver el rostro de este día,
a solas sino vértigo y vacío, déjame ver el rostro de esta noche,
muecas en el espejo, horror y vómito, todo se comunica y transfigura,
nunca la vida es nuestra, es de los otros, arco de sangre, puente de latidos,
la vida no es de nadie, ¿todos somos llévame al otro lado de esta noche,
la vida? pan de sol para los otros, adonde yo soy tú somos nosotros,
¿los otros todos que nosotros somos?, al reino de pronombres enlazados,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos, puerta del ser: abre tu ser, despierta,
para que pueda ser he de ser otro, aprende a ser también, labra tu cara,
salir de mí, buscarme entre los otros, trabaja tus facciones, ten un rostro
los otros que no son si yo no existo, para mirar mi rostro y que te mire,
los otros que me dan plena existencia, para mirar la vida hasta la muerte,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
la vida es otra, siempre allá, más lejos, manantial que disuelve nuestros rostros
fuera de ti, de mí, siempre horizonte, en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
vida que nos desvive y enajena, indecible presencia de presencias . . .
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos, quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
Eloísa, Perséfona, María, dormí sueños de piedra que no sueña
muestra tu rostro al fin para que vea y al cabo de los años como piedras
11
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

12
En dulce charla de sobremesa, hasta la esquina del Jockey Club,
mientras devoro fresa tras fresa, no hay española, yanqui o francesa,
y abajo ronca tu perro Bob, ni más bonita ni más traviesa
te haré el retrato de la duquesa que la duquesa del duque Job.
que adora a veces al duque Job.
¡Cómo resuena su taconeo
No es la condesa de Villasana en las baldosas! ¡Con qué meneo
caricatura, ni la poblana luce su talle de tentación!
de enagua roja, que Prieto amó; ¡Con qué airecito de aristocracia
no es la criadita de pies nudosos, mira a los hombres, y con qué gracia
ni la que sueña con los gomosos frunce los labios —¡Mimí Pinsón!
y con los gallos de Micoló.
Si alguien la alcanza, si la requiebra,
Mi duquesita, la que me adora, ella, ligera como una cebra,
no tiene humos de gran señora: sigue camino del almacén;
es la griseta de Paul de Kock. pero, ¡ay del tuno si alarga el brazo!
No baila Boston, y desconoce ¡Nadie se salva del sombrillazo
de las carreras el alto goce que le descarga sobre la sien!
y los placeres del five o'clock.
¡No hay en el mundo mujer más linda!
Pero ni el sueño de algún poeta, Pie de andaluza, boca de guinda,
ni los querubes que vio Jacob, sprint rociado de Veuve Clicquot,
fueron tan bellos cual la coqueta talle de avispa, cutis de ala,
de ojitos verdes, rubia griseta, ojos traviesos de colegiala
que adora a veces el duque Job. como los ojos de Louise Theo.

Si pisa alfombras, no es en su casa; Ágil, nerviosa, blanca, delgada,


si por Plateros alegre pasa media de seda bien restirada,
y la saluda madam Marnat, gola de encaje, corsé de crac,
no es, sin disputa, porque la vista, nariz pequeña, garbosa, cuca,
sí porque a casa de otra modista y palpitantes sobre la nuca
desde temprano rápida va. rizos tan rubios como el coñac.

No tiene alhajas mi duquesita, Sus ojos verdes bailan el tango;


pero es tan guapa, y es tan bonita, nada hay más bello que el arremango
y tiene un perro tan v'lan, tan pschutt; provocativo de su nariz.
de tal manera trasciende a Francia, Por ser tan joven y tan bonita,
que no la igualan en elegancia cual mi sedosa, blanca gatita,
ni las clientes de Hélene Kossut. diera sus pajes la emperatriz.

Desde las puertas de la Sorpresa ¡Ah! Tú no has visto cuando se peina,

13
sobre sus hombros de rosa reina Poema de Manuel Gutiérrez Nájera
caer los rizos en profusión.
Tú no has oído que alegre canta,
mientras sus brazos y su garganta
de fresca espuma cubre el jabón.

Y los domingos, ¡con qué alegría!,


oye en su lecho bullir el día
¡y hasta las nueve quieta se está!
¡Cuál se acurruca la perezosa
bajo la colcha color de rosa,
mientras a misa la criada va!

La breve cofia de blanco encaje


cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canapé.
Altas, lustrosas y pequeñitas,
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie,

Después, ligera, del lecho brinca,


¡oh quién la viera cuando se hinca
blanca y esbelta sobre el colchón!
¿Qué valen junto de tanta gracia
las niñas ricas, la aristocracia,
ni mis amigas del cotillón?

Toco; se viste; me abre; almorzamos;


con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen beefsteak,
media botella de rico vino,
y en coche, juntos, vamos camino
del pintoresco Chapultepec.

Desde las puertas de la Sorpresa


hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yanqui o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del duque Job.

14
Manuel Acuña Nocturno a Rosario que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
Pues bien, yo necesito que están mis noches negras,
decirte que te adoro, tan negras y sombrías
decirte que te quiero que ya no sé ni dónde
con todo el corazón; se alzaba el porvenir.
que es mucho lo que sufro, ¡Que hermoso hubiera sido
que es mucho lo que lloro, vivir bajo aquel techo.
que ya no puedo tanto, los dos unidos siempre
y al grito que te imploro y amándonos los dos;
te imploro y te hablo en nombre tú siempre enamorada,
de mi última ilusión. yo siempre satisfecho,
De noche cuando pongo los dos, un alma sola,
mis sienes en la almohada, los dos, un solo pecho,
y hacia otro mundo quiero y en medio de nosotros
mi espíritu volver, mi madre como un Díos!
camino mucho, mucho ¡Figúrate qué hermosas
y al fin de la jornada las horas de la vida!
las formas de mi madre ¡Qué dulce y bello el viaje
se pierden en la nada, por una tierra así!
y tú de nuevo vuelves Y yo soñaba en eso,
en mi alma a aparecer. mi santa prometida,
Comprendo que tus besos y al delirar en eso
jamás han de ser míos; con alma estremecida,
comprendo que en tus ojos pensaba yo en ser bueno
no me he de ver jamás; por ti, no más por ti.
y te amo, y en mis locos Bien sabe Díos que ése era
y ardientes desvaríos mi más hermoso sueño,
bendigo tus desdenes, mi afán y mi esperanza,
adoro tus desvíos, mi dicha y mi placer;
y en vez de amarte menos ¡bien sabe Díos que en nada
te quiero mucho más. cifraba yo mi empeño,
A veces pienso en darte sino en amarte mucho
mi eterna despedida, en el hogar risueño
borrarte en mis recuerdos que me envolvió en sus besos
y huir de esta pasión; cuando me vio nacer!
mas si es en vano todo Esa era mi esperanza...
y mi alma no te olvida, mas ya que a sus fulgores
¡qué quieres tú que yo haga se opone el hondo abismo
pedazo de mi vida; que existe entre los dos,
qué quieres tú que yo haga ¡adiós por la última vez,
con este corazón! amor de mis amores;
Y luego que ya estaba? la luz de mis tinieblas,
concluido el santuario, la esencia de mis flores,
la lámpara encendida mi mira de poeta,
tu velo en el altar, mi juventud, adiós!
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
15
Muerte sin fin Manuel Acuña como el ala de un cisne
en la laguna
cuando la aurora del
¡Sin lágrimas, sin primer cariño
quejas, aún no asomaba a
sin decirlas adiós, sin un recoger el velo
sollozo! que la ignorancia
cumplamos hasta lo virginal del niño
último. . . la suerte extiende entre sus
nos trajo aquí con el párpados y el cielo,
objeto mismo, tu alma como la mía,
los dos venimos a en su reloj adelantando
enterrar el alma la hora
bajo la losa del y en sus tinieblas
escepticismo. encendiendo el día,
Sin lágrimas... las vieron un panorama que
lágrimas no pueden se abría
devolver a un cadáver la bajo el beso y la luz de
existencia; aquella aurora;
que caigan nuestras y sintiendo al mirar ese
flores y que rueden, paisaje
pero al rodar, siquiera las alas de un esfuerzo
que nos queden soberano,
seca la vista y firme la temprano las abrimos, y
conciencia. temprano
¡Ya lo ves! para tu alma nos trajeron al término
y para mi alma del viaje.
los espacios y el mundo Le dimos a la tierra
están desiertos... los tintes del amor y de
los dos hemos la rosa;
concluido, a nuestro huerto nidos y
y de tristeza y aflicción cantares,
cubiertos, a nuestro cielo pájaros y
ya no somos al fin sino estrellas;
dos muertos agotamos las flores del
que buscan la mortaja camino
del olvido. para formar con ellas
Niños y soñadores una corona al ángel del
cuando apenas destino...
de dejar acabábamos la y hoy en medio del triste
cuna, desacuerdo
y nuestras vidas al dolor de tanta flor agonizante
ajenas o muerta,
se deslizaban dulces y ya sólo se alza pálida y
serenas desierta
16
la flor envenenada del un nuevo viaje a esa
recuerdo. región bendita
Del libro de la vida cuyo sólo recuerdo
la que escribimos hoy es resucita
la última hoja... al cadáver del alma al
cerrémoslo en seguida, sentimiento,
y en el sepulcro de la fe lancémonos entonces a
perdida ese mundo
enterremos también en donde todo es
nuestra congoja. sombras y vacío,
Y ya que el cielo nos hagamos una luna del
concede que este recuerdo
de nuestros males el si el sol de nuestro amor
postrero sea, está ya frío;
para que el alma a volemos, si tu quieres,
descansar se apreste, al fondo de esas
aunque la última mágicas regiones,
lágrima nos cueste, y fingiendo esperanzas e
cumplamos hasta el fin ilusiones,
con la tarea. rompamos el sepulcro, y
Y después cuando al levantando
ángel del olvido nuestro atrevido y
hayamos entregado poderoso vuelo,
estas cenizas formaremos un cielo
que guardan el recuerdo entre las sombras,
adolorido y seremos los duendes
de tantas ilusiones de ese cielo.
hechas trizas
y de tanto placer
desvanecido,
dejemos los espacios y
volvamos
a la tranquila vida de la
tierra,
ya que la noche del dolor
temprana
se avanza hasta
nosotros y nos cierra
los dulces horizontes del
mañana.
Dejemos los espacios, o
si quieres
que hagamos,
ensayando nuestro
aliento,
17
MUERTE SIN FIN —más resabio de sal o albor de cúmulo
Conmigo está el consejo y el ser; yo soy la que sola prisa de acosada espuma.
inteligencia; mía es la fortaleza. No obstante —oh paradoja— constreñida
Proverbios, 8, 14. por el rigor del vaso que la aclara,
Con él estaba yo ordenándolo todo; y fui su delicia el agua toma forma.
todos los días, teniendo solaz delante de él en todo En él se asienta, ahonda y edifica,
tiempo. cumple una edad amarga de silencios
Proverbios, 8, 30. y un reposo gentil de muerte niña,
Mas el que peca contra mí defrauda su alma; todos sonriente, que desflora
los
un más allá de pájaros
que me aborrecen aman la muerte.
en desbandada.
Proverbios, 8, 36.
En la red de cristal que la estrangula,
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
allí, como en el agua de un espejo,
por un dios inasible que me ahoga,
se reconoce;
mentido acaso
atada allí, gota con gota,
por su radiante atmósfera de luces
marchito el tropo de espuma en la garganta
que oculta mi conciencia derramada,
¡qué desnudez de agua tan intensa,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
qué agua tan agua,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
está en su orbe tornasol soñando,
lleno de mí —ahíto— me descubro
cantando ya una sed de hielo justo!
en la imagen atónita del agua,
¡Mas qué vaso —también— más providente
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
éste que así se hinche
un desplome de ángeles caídos
como una estrella en grano,
a la delicia intacta de su peso,
que así, en heroica promisión, se enciende
que nada tiene
como un seno habitado por la dicha,
sino la cara en blanco
y rinde así, puntual,
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
una rotunda flor
en las tenues holandas de la nube
de transparencia al agua,
y en los funestos cánticos del mar
18
un ojo proyectil que cobra alturas ¡agua fofa, mordiente, que se tira,
y una ventana a gritos luminosos ay, incapaz de cohesión al suelo!
sobre esa libertad enardecida en donde el brusco andar de la criatura
que se agobia de candidas prisiones! amortigua su enojo,
¡Mas qué vaso —también— más providente! se redondea
Tal vez esta oquedad que nos estrecha como una cifra generosa,
en islas de monólogos sin eco, se pone en pie, veraz, como una estatua.
aunque se llama Dios, ¿Qué puede ser —si no— si un vaso no?
no sea sino un vaso Un minuto quizá que se enardece
que nos amolda el alma perdidiza, hasta la incandescencia,
pero que acaso el alma sólo advierte que alarga el arrebato de su brasa,
en una transparencia acumulada ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
que tiñe la noción de Él, de azul. cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
El mismo Dios, Un cóncavo minuto del espíritu
en sus presencias tímidas, que una noche impensada,
ha de gastar la tez azul al azar
y una clara inocencia imponderable, y en cualquier escenario irrelevante
oculta al ojo, pero fresca al tacto, —en el terco repaso de la acera,
como este mar fantasma en que respiran en el bar, entre dos amargas copas
—peces del aire altísimo— o en las cumbres peladas del insomnio—
los hombres. ocurre, nada más, madura, cae
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul! sencillamente,
Un coagulado azul de lontananza, como la edad, el fruto y la catástrofe.
un circundante amor de la criatura, ¿También —mejor que un lecho— para el
en donde el ojo de agua de su cuerpo agua
que mana en lentas ondas de estatura no es un vaso el minuto incandescente
entre fiebres y llagas; de su maduración?
en donde el río hostil de su conciencia Es el tiempo de Dios que aflora un día,

19
que cae, nada más, madura, ocurre, en el tortuoso afán del universo.
para tornar mañana por sorpresa Pero en las zonas ínfimas del ojo
en un estéril repetirse inédito, no ocurre nada, no, sólo esta luz
como el de esas eléctricas palabras —ay, hermano Francisco
—nunca aprehendidas, esta alegría,
siempre nuestras— única, riente claridad del alma.
que eluden el amor de la memoria, Un disfrutar en corro de presencias,
pero que a cada instante nos sonríen de todos los pronombres —antes turbios
desde sus claros huecos por la gruesa efusión de su egoísmo—
en nuestras propias frases despobladas de mí y de Él y de nosotros tres
Es un vaso de tiempo que nos iza ¡siempre tres!
en sus azules botareles de aire mientras nos recreamos hondamente
y nos pone su máscara grandiosa, en este buen candor que todo ignora,
ay, tan perfecta, en esta aguda ingenuidad del ánimo
que no difiere un rasgo de nosotros. que se pone a soñar a pleno sol
Pero en las zonas ínfimas del ojo, y sueña los pretéritos de moho,
en su nimio saber, la antigua rosa ausente
no ocurre nada, no, sólo esta luz, y el prometido fruto de mañana,
esta febril diafanidad tirante, como un espejo del revés, opaco,
hecha toda de pura exaltación, que al consultar la hondura de la imagen
que a través de su nítida substancia le arrancara otro espejo por respuesta.
nos permite mirar, Mirad con qué pueril austeridad graciosa
sin verlo a Él, a Dios, distribuye los mundos en el caos,
lo que detrás de Él anda escondido: los echa a andar acordes como autómatas;
el tintero, la silla, el calendario al impulso didáctico del índice
—¡todo a voces azules el secreto oscuramente
de su infantil mecánica!— ¡hop!
en el instante mismo que se empeñan los apostrofa

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y saca de ellos cintas de sorpresas concibe el ojo
que en un juego sinfónico articula, y el intangible aceite
mezclando en la insistencia de los ritmos que nutre de esbeltez a la mirada;
¡planta-semilla-planta! gobierna el crecimiento de las uñas
¡planta-semilla-planta! y en la raíz de la palabra esconde
su tierna brisa, sus follajes tiernos, el frondoso discurso de ancha copa
su luna azul, descalza, entre la nieve, y el poema de diáfanas espigas.
sus mares plácidos de cobre Pero aún más —porque en su cielo impío
y mil y un encantadores gorgoritos. nada es tan cruel como este puro goce—
Después, en un crescendo insostenible, somete sus imágenes al fuego
mirad cómo dispara cielo arriba, de especiosas torturas que imagina
desde el mar, —las infla de pasión,
el tiro prodigioso de la carne en el prisma del llanto las deshace,
que aun a la alta nube menoscaba las ciega con el lustre de un barniz,
con el vuelo del pájaro, las satura de odios purulentos,
estalla en él como un cohete herido rencores zánganos
y en sonoras estrellas precipita como una mala costra,
su desbandada pólvora de plumas. angustias secas como la sed del yeso.
Mas en la médula de esta alegría, Pero aún más —porque, inmune a la mácula,
no ocurre nada, no; tan perfecta crueldad no cede a límites—
sólo un cándido sueño que recorre perfora la substancia de su gozo
las estaciones todas de su ruta con rudos alfileres;
tan amorosamente piensa el tumor, la úlcera y el chancro
que no elude seguirla a sus infiernos, que habrán de festonar la tez pulida,
ay, y con qué miradas de atropina, toma en su mano etérea a la criatura
tumefactas e inmóviles, escruta y en un ilustre hallazgo de ironía
el curso de la luz, su instante fúlgido, como a un copo de cera sudorosa,
en la piel de una gota de rocío; y en un ilustre hallazgo de ironía

21
la estrecha enternecido muerte sin fin de una obstinada muerte,
con los brazos glaciales de la fiebre. sueño de garza anochecido a plomo
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño que cambia sí de pie, mas no de sueño,
desorbitado que cambia sí la imagen,
que se mira a sí mismo en plena marcha; mas no la doncellez de su osadía
presume, pues, su término inminente ¡oh inteligencia, soledad en llamas!
y adereza en el acto que lo consume todo hasta el silencio,
el plan de su fatiga, sí, como una semilla enamorada
su justa vacación, que pudiera soñarse germinando,
su domingo de gracia allá en el campo, probar en el rencor de la molécula
al fresco albor de las camisas flojas. el salto de las ramas que aprisiona
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla, y el gusto de su fruta prohibida,
se regala en el ánimo ay, sin hollar, semilla casta,
para gustar la miel de sus vigilias! sus propios impasibles tegumentos.
Pero el ritmo es su norma, el solo paso, ¡Oh inteligencia, soledad en llamas,
la sola marcha en círculo, sin ojos; que todo lo concibe sin crearlo!
así, aun de su cansancio, extrae Finge el calor del lodo,
¡hop! su emoción de substancia adolorida,
largas cintas de cintas de sorpresas el iracundo amor que lo embellece
que en un constante perecer enérgico, y lo encumbra más allá de las alas
en un morir absorto, a donde sólo el ritmo
arrasan sin cesar su bella fábrica de los luceros llora,
hasta que —hijo de su misma muerte, mas no le infunde el soplo que lo pone en pie
gestado en la aridez de sus escombros— y permanece recreándose en sí misma,
siente que su fatiga se fatiga, única en Él, inmaculada, sola en Él,
se erige a descansar de su descanso reticencia indecible,
y sueña que su sueño se repite, amoroso temor de la materia,
irresponsable, eterno, angélico egoísmo que se escapa

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como un grito de júbilo sobre la muerte como el vaso y el agua, sólo una
—¡oh inteligencia, páramo de espejos! que reconcentra su silencio blanco
helada emanación de rosas pétreas en la orilla letal de la palabra
en la cumbre de un tiempo paralítico; y en la inminencia misma de la sangre.
pulso sellado; ¡ALELUYA, ALELUYA!
como una red de arterias temblorosas,
hermético sistema de eslabones
que apenas se apresura o se retarda
según la intensidad de su deleite;
abstinencia angustiosa
que presume el dolor y no lo crea,
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos
retumbar el gemido del lenguaje
y no lo emite;
que nada más absorbe las esencias
y se mantiene así, rencor sañudo,
una, exquisita, con su dios estéril,
sin alzar entre ambos
la sorda pesadumbre de la carne,
sin admitir en su unidad perfecta
el escarnio brutal de esa discordia
que nutren vida y muerte inconciliables,
siguiéndose una a otra
como el día y la noche,
una y otra acampadas en la célula
como en un tardo tiempo de crepúsculo,
ay, una nada más, estéril, agria,
con Él, conmigo, con nosotros tres;

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Te cuento. no, que pienses que me debilita las piernas tu presencia, que me
Te cuento, que cuando digo que te quiero, es porque te quiero. nublas la razón y no me quieras lastimar.
Pero no me nublas la vista, no me enloqueces como las Te cuento que te quiero, así, de puros huevos. Te quiero porque
jovencitas en la playa. Y aunque el tiempo nos está alcanzando, se me antoja, y en cuanto encuentre una manera totalmente
te lo digo, te quiero, pero me mantengo firme y no me doblegas, diferente de amar, en cuanto encuentre la manera de amar desde
no me pongo estúpido y febril por tus caricias. Aun así, te quiero mis vicios y virtudes, te voy a contar que te amo.
como a ninguna. Por José De la Serna
Te cuento algo vida mía. Podrás creer que mi debilidad me ha
hecho enamorarme perdidamente de tus ojos. Podrás creer que,
soy un pobre diablo, que se enamora como niño del dulce, que se
enamora de la teta de la madre. Pero no me enamoro desde mis
debilidades, con el corazón, suavecito o despacito. Me enamoro
desde mis fortalezas, al menos contigo, vida mía. Me enamoro
como paja del fuego y así me consumo.
Cuando sea cenizas, no me barras, no me guardes en urna de oro.
Me van mejor los ceniceros del bar donde te conocí.
Te cuento, que mis amores nacen en el demonio que se guarda
en mi pecho, el toro que se esconde en mis puños, el águila de
mis ojos. Te cuento, vida mía, que voy enamorado como
enamorado va el león. Voy perdido en tus pechos, como el humo
detrás de ellos.
Te cuento que perdí la vergüenza hace un par de mujeres, perdí
la necesidad de mentir hace un par de libros, perdí el llanto hace
un par de llamadas telefónicas, perdí los celos hace un par de
cervezas, perdí las máscaras, las ganas de pedir permiso, los
reproches, los rencores, el dinero, la cordura. Y de tanto perder
salí ganando.
Ojalá y pierdas tanto como yo, para no querernos tanto, para no
avergonzarnos tanto, para no reparar en perversiones y mentadas
de madre. Ojalá y te atreves a perder un poquito. A perder las
horas de sueño, a perder un día de trabajo para vernos a la luz
del público. Ojalá y pierdas la resignación, y si decides no
quererme, que busques a un hombre de verdad, no como yo. Que
pierdas las ganas de una casa enorme, de un coche de lujo, de
una familia feliz, de un cuerpo perfecto, de la sonrisa divina.
Ojalá pierdas las utopías y puedas estar conmigo; el hombre
hecho de sobras y pedazos.
Te cuento que no me duele saber que no me quieres; que no
espero que me respondas las miradas y las caricias, que no me
importa más que tus padres y tú pareja me odien, aunque no me
conozcan. Te cuento que no necesito cartitas, flores el 14 de
febrero, recibos y acuses. Te cuento que no te cuento en las listas
de mis amores perdidos, que ni siquiera te voy a escribir. Que no
me duele más, que no espero que dure mucho, no quiero ser el
único y no espero que me idolatres sobre el resto de los hombres.
Te cuento que te quiero; no con mis debilidades. Te quiero desde
las cicatrices, desde mis callos que aguantan el fuego de tus
miradas, el fuego de tus caderas, el fuego de tus labios, de tu
aroma. Así que no repares en reclamar, no dudes en gritarme y
volverte loca. Recuerda que he perdido el llanto y los reproches.
Si no me cuentas entre tus hombres, si no me cuentas entre tus
dolores, está bien, lo puedo manejar perfectamente. Lo que no
aguanto, es que andes vestida con cobardía, me quieras de
manera tibia; prefiero tu odio. Lo que no aguanto es que seas una
cuerda que amarra, una loca de closet, que no digas un sí ni un

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