Está en la página 1de 39

Biblioterapia

Leer es sanar

Marc-Alain Ouaknin

Traducción de
Rafael Segovia Albán

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 5 01/03/16 4:29 p.m.


Edición: Daniel Goldin

Biblioterapia

Título original: Bibliothérapie. Lire, c’est guérir

© Marc-Alain Ouaknin
© 1994 Éditions du Seuil

Tradujo Rafael Segovia Albán de la edición original en francés


de Éditions du Seuil, París

D.R. © Editorial Océano, S.L.


Milanesat 21-23, Edificio Océano
08017 Barcelona, España
www.oceano.com

D.R. © Editorial Océano de México, S.A. de C.V.


Eugenio Sue 55, Polanco Chapultepec,
Miguel Hidalgo, 11560, México, D.F., México
www.oceano.mx
www.oceanotravesia.mx

Primera edición: 2016

ISBN: 978-607-8303-06-9

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del editor, bajo las sancio-
nes establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier
medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y
la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo público. ¿Necesitas
reproducir una parte de esta obra? Solicita el permiso en info@cempro.org.mx

hecho en méxico/ made in mexico


impreso en méxico / printed in mexico

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 6 01/03/16 4:29 p.m.


Índice

Introducción 17

LIBRO PRIMERO
Primera parte. Leer, curarse 43
I. Mil y una noches para sanar 45
Contar las noches
II. Bajo la sombra de las palabras en flor 55
III. Los siete mendigos 63
Un cuento de Rabbi Nahman de Braslav
El primer día 67
IV. El Mesías está hecho para no llegar 71
V. “Vivir es nacer a cada instante…” 81

Segunda parte. Las aventuras del nombre


I. Don Quijote, un hombre en camino
hacia su nombre 91
El libro y el nombre 96
II. Tres viajes al centro del nombre 99
1. El nombre, una identidad infinita 99
2. Que nunca en él calle la voz del niño… 101
3. Soñar en las palabras 102
4. Primer viaje dentro del nombre:
el rodeo, el acontecimiento 105
5. El viaje a Praga 108
6. El hombre en rebeldía:
Anatoli Chtcharanski 110
11

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 11 01/03/16 4:29 p.m.


12 marc-alain ouaknin

7. Segundo viaje dentro del nombre:


“Levántate, ve a Nínive…” 112
8. La noche uterina: en lo más
profundo de la memoria 114
La historia olvidada 119
9. Trascendencia y terapia 122
10. El tercer viaje dentro del nombre:
la máscara y el espejo 127

Tercera parte. Lenguaje, relato e identidad


I. Las dialécticas de la identidad personal 133
1. La identidad como mismidad 138
2. La identidad como ipseidad 140
II. La identidad narrativa 143
Identidad inacabada 147
III. La carcajada de Freud 151
IV. La dialéctica del ser y de la nada
La Ichlosigkeit 155
1. La dialéctica del Ani y del Anokhi 156
2. Ética-moral e identidad dinámica 161
V. La enseñanza de Heráclito
Terapia y lenguaje en movimiento 163
Una metafísica fluvial 164

Cuarta parte. Traducción, diálogo y terapia


I. Terufá-therapeia. Curar es traducir 175
La curación: entre dos lenguas 177
II. Antonin Artaud
Un ejemplo de traducción terapéutica 181
III. Viajar entre dos lenguas 191
1. Un extranjero en su propia lengua 191

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 12 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 13

2. Heidegger 193
3. Husserl, Joyce y Derrida 193
4. Louis-René des Forêts y Samuel Wood 195
5. Los cuentos de Rabbi Nahman
de Braslav 197
IV. Diálogo y terapia 201
1. El Talmud 202
2.Visita de la casa de estudio:
un espacio biblioterapéutico 206
3. El diálogo: un fundamento
de la biblioterapia 207
4. La función terapéutica del diálogo 213
5. El libro como squiggle game 216
V. La curación: desanudar los nudos 227
1. Terapia y desconstrucción 227
2. Cuando las palabras se echan a reír 232
VI. Estallidos de lectura
Pequeñas observaciones sobre
el sueño y la lectura 239
1. El sueño y el libro 239
2. Sueño y terapia: “estallido de lectura”
y lenguaje en movimiento 241
1) Las palabras en la palabra 242
2) Las letras dentro de la letra 249

Quinta parte. Lectura, interpretación y terapia


I. En el corazón del libro 255
¡También “cuenta” la estructura! 256
II. El hombre está condenado a interpretar:
De la hermenéutica historicista
a la hermenéutica existencial 261

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 13 01/03/16 4:29 p.m.


14 marc-alain ouaknin

1. La visión histórica de los textos 262


2. La lectura existencial de los textos
y del mundo 264
III. La cooperación textual 269
1. La diferencia hermenéutica:
el “querer decir” y el “poder decir” 269
2. La cooperación textual y narrativa 270
3. ¿Existe el lector modelo? 272
4. El misterio de las ochenta y cinco letras 273
5. Interpretar no es repetición sino invención,
palabra hablante y palabra hablada:
el hiduch 275
IV. La imaginación creativa de la lectura
Libertad de imaginar, para imaginar
la libertad 277
1. Interpretación: explicación y comprensión 280
2. La imaginación creativa de la lectura 282
V. El nombre y la interpretación 287
1. La regla de la primera ocurrencia:
los cuatro ríos 287
2. El paraíso del sentido: los cuatro
niveles de interpretación 289
3. El nombre y la interpretación 296
VI. La lectura y el destete 299
La lectura y el nombre 308
VII. Un dulce alfabeto de pastelillos de miel 311
1. Las tres castraciones 311
2. Ek-sistencia y de-sistencia 314
3. El cuerpo materno, la tierra y la lectura 316
4. Lectura y alimento 320
VIII. Lo humano: un aliento parlante 323

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 14 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 15

IX. Cuando un libro tiene una cita


con su lector 331
1. Mimesis: Aristóteles contra Platón 332
2. Mimesis i: la estructura prenarrativa
de la experiencia 334
3. Mimesis i y psicoanálisis 338
4. La dialéctica del mito y del rito
en el nivel de mimesis i 341
5. Mimesis ii: fabricar una historia,
la configuración 344
6. Los juegos con el tiempo 348
7. Mimesis iii: el lector acude a la cita:
la refiguración 349

LIBRO SEGUNDO
El complejo de Abel 353
I. Un libro para curar… 357
II. El libro de los engendramientos 359
III. El complejo de Abel 361
1. Abel: el aliento de la nada 362
2. Contar y ser contado 364
IV. Un rostro para cada quien 367
V. La palabra encadenada 373
VI. Deseo: fundamento de lo humano 381
VII. Aquí hay siempre un “¿por qué?” 385
IX. La Historia contra el destino 397
X. El hijo-pregunta 403
XI. Rechazar la pasividad 407
XII. Por una metafísica del zapato 411
XIII. Dos lecturas de Edipo 415
1. Lectura i: el prisionero del destino 415

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 15 01/03/16 4:29 p.m.


16 marc-alain ouaknin

2. Lectura ii: Edipo y sus preguntas 418


XIV. Cuando la A a-éa 423
XV. El criado de Kafka 431
XVI. Respuesta y violencia 439
XVII. La contracción creadora del infinito 441
XVIII. 1 + 1 = uno más uno 447
Bibliografía 453
Índice onomástico 475
Agradecimientos 479

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 16 01/03/16 4:29 p.m.


Biblioterapia ints mzo 2016.indd 42 01/03/16 4:29 p.m.
LIBRO PRIMERO

Primera parte

Leer, curarse

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 43 01/03/16 4:29 p.m.


Biblioterapia ints mzo 2016.indd 44 01/03/16 4:29 p.m.
I. Mil y una noches para sanar43
Contar las noches

“Se cuenta que, en la antigüedad de los tiempos y el pasado


de las edades y los siglos, había un sabio entre los sabios de
Grecia que se llamaba Danial.”
Todo era posible en los cuentos, hoy en día lo encontra-
mos con su hijo Hassib.
Danial: Hassib, hijo mío, ¿conoces la historia de Las mil
y una noches?
Hassib: Conozco algunos cuentos, pero ¿de qué trata,
bien a bien, esa colección de historias?
Danial:Trata de un rey, Schahriar, que es testigo de una
43
A manera de epígrafe a nuestro viaje biblioterapéutico proponemos un
fragmento de un texto colectivo dedicado a Las mil y una noches. Ese texto
se publicó en Corps écrit, núm. 3, puf, 1989, con el título “Layla: las noches
hablan a los hombres de su destino”. Dicho texto fue escrito por ciertos
participantes en un seminario del emess (antropología del mundo árabe),
animado por los psicoanalistas Gilbert Grandguillaume y François Villa, y
lleva el título de Anthropologie et psychanalyse: autour de l’origine de la trans-
mission [Antropología y psicoanálisis: en torno al origen de la transmi-
sión]. Contribuyeron en la elaboración del texto: Wahiba Afrik, Abdallah
Bounfour, Claudette Dupraz, Gilbert Grandguillaume, Jacqueline Guy-
Heinemann, Badia Hadj-Nassar, Michèle Tordjmann y François Villa. Re-
comendamos también la interesante lectura de “Les Mille et Une Nuits, la
parole libérée par les contes” [“Las mil y una noches, la palabra liberada por
los cuentos”], de G. Grandguillaume y F.Villa, Psychanalyse, núm. 33, 1989,
pp. 140-149. Y también “Les Mille et Une Nuits: un mythe en travail, pré-
sence et actualité du récit” [Las mil y una noches: un mito en obra, presencia
y actualidad del relato], de F.Villa y G. Grandguillaume, “Mythes et récits
d’origine”, Peuples méditérranéens, núms. 56-57, julio-diciembre de 1991,
pp. 55-82, con una bibliografía sobre Las mil y una noches.

45

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 45 01/03/16 4:29 p.m.


46 marc-alain ouaknin

escena en la que sorprende a su mujer con un esclavo ne-


gro. Los mata a ambos y, tras este suceso, cada día toma a
una virgen, a la que mata una vez pasada la noche. Pero en-
tonces llega Sherezada, que se pone a contarle historias que
despiertan su curiosidad, de tal manera que éste espera cada
vez el final de la historia hasta el día siguiente. De esta for-
ma, perdona a Sherezada de una noche a la siguiente. Esto
duró mil noches y una noche, al cabo de las cuales, cuando
hubo terminado la historia, decidió no matarla.
Hassib: Pero ¿cómo pudo ella contar tantas historias?
Danial: Esa muchacha era muy inteligente y sabía lo
que hacía. Conocía las leyendas de los reyes antiguos, de
los pueblos del pasado, y había leído mil libros de historias.
Hassib: Pero ¿por qué mil y una noches? Hubiera po-
dido detenerse antes, o continuar. ¿Y por qué ese título:
Las mil y una noches? ¿Por qué el rey no la mató cuando se
detuvo, como a todas las demás? ¿Qué sucedió?
Danial: Muy buenas preguntas. En efecto, ¿por qué
después de aquel suceso mató a una muchacha cada no-
che, repitiendo incansablemente el mismo acto, como si
no pudiera hacer sino repetir esa primera escena en la que
sorprendió a su mujer y la mató? Como ese suceso no po-
día ser nombrado, fueron necesarias mil y una noches para
que cesara.
Hassib: ¿Qué quiere decir “nombrar”?
Danial: “Nombrar” es pasar de lo sensible a lo inteli-
gible.
Hassib: ¿Eso significaría que fueron necesarias mil y una
noches para que pudiera dejar de repetir la misma cosa?
Dicho de otra forma, ¿para poder pasar de lo sensible a lo
inteligible, para poder nombrar?

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 46 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 47

Danial: Exactamente.
Hassib: Pero entonces, ¿por qué mil noches y una noche?
Danial: La respuesta está en el título: Alf Lailah oua lai-
lah.44 Escucha con mucha atención lo que sigue: sabes que
de acuerdo con la tradición de los antiguos, cada letra del
alfabeto tiene un valor numérico: así pues, la primera letra
corresponde a 1, la segunda a 2, etcétera. De esta forma, la
primera letra a corresponde a 1 y el nombre de esa letra se
escribe alf. Alf significa “mil”. Lo cual equivale a decir que
el nombre de la primera letra se escribe de la misma mane-
ra que la palabra que significa “mil”. El radical es el mismo.
Sólo cambia la vocalización.
Hassib: Lo comprendo, pero ¿qué relación hay con los
cuentos?
Danial: Debes saber que alf es también la raíz de un ver-
bo que significa “domesticar, educar, enseñar”, y se dice en
el preámbulo que las leyendas de los antiguos son una “lec-
ción” para los modernos. Hay que tomar, pues, esos cuentos
como lecciones.
Hassib: Si no me equivoco, esas mil y una noches o
lecciones servirían para pasar de lo sensible a lo inteligible,
para poder nombrar. Así como para nombrar a, se escribe
alf, se pasa por alf lailah, “mil noches”, para poder nombrar.
¿Pero tenemos otros elementos que nos permitan hacer esa
interpretación?
Danial: Al final de Las mil y una noches, se dice que el
rey les ordenó a los escribas que escribieran “todo lo que le
había sucedido con su esposa Sherezada desde el comienzo
hasta el fin, sin omitir un solo detalle.Y pusieron manos a

44
Traducción literal: “Mil noches y una noche”.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 47 01/03/16 4:29 p.m.


48 marc-alain ouaknin

la obra y escribieron de esta forma, en letras de oro, treinta


volúmenes, ni uno más ni uno menos” (Mardrus, ii, 1018).
Hassib: ¿Por qué treinta volúmenes, ni uno más ni uno
menos?
Danial: Justamente a eso quiero llegar: del mismo modo
en que alf, nombre de la primera letra, es también la raíz
de un verbo que significa “aprender”, existe otra letra cuyo
nombre en hebreo, lengua cercana al árabe, es igualmente
un verbo que significa “aprender”, es la letra l, llamada lmd,
que en nuestra lengua se convirtió en tilmidh, “alumno”.Y
esa letra l tiene como valor numérico 30, de ahí los treinta
volúmenes.
Hassib: Me satisfacen esas explicaciones, pero hasta aho-
ra nos hemos preguntado sobre “mil”, y se trata de “mil
noches y una noche”. ¿Qué significa esa noche después de
la milésima?
Danial: La noche después de la milésima es una nueva
era, ya que está escrito en el epílogo que la noche milésima
primera “se convierte en la fecha de una nueva era para los
súbditos del rey Shahriar” (Mardrus, ii, 1017). Sabe, hijo
mío, que todas las respuestas están en el libro, para quien se
esfuerza en buscarlas.

♥♣♠

Me llamo Shahriar. Soy el rey de Sassán, hijo de Abraham


y de Agar. Estoy en el nonagésimo noveno año de mi vida.
Al término de este año, esta noche, el aliento de mi cuer-
po va a escapar. No veré la mañana del primer día de mi
centésimo año. En este instante en que la Separadora de
los amigos, la Destructora de los palacios, la Inexorable me

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 48 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 49

someterá a la compasión de Alá, no es ni de mi historia ni


de las historias contadas de lo que quiero acordarme. De
eso se han encargado los historiadores y los analistas: trein-
ta volúmenes, ni uno menos, ni uno más, constituyen sus
anales. En esta víspera de mi muerte, intento comprender
lo que en mí surge gracias a la voz a la que Sherezada le
dio cuerpo.
Mi nombre, os lo he dicho, olvidando que soy aquel a
quien siempre se olvida; sin embargo, soy el rey cuya des-
gracia os dio a vosotros, descendientes de los hombres, El
libro de las mil noches y una noche. Gracias a su voz, Sherezada
se hizo “precio del rescate por las hijas de los muslemines,
para ser causa de su liberación de entre mis manos” (Mar-
drus, i, ii) liberándome a mí de las garras de la desgracia.
Gracias a sus cuentos, noche tras noche, destiló, en mis ve-
nas, el dulce veneno de la vida. Sin que pudiese precaverme,
hizo renacer en mí el gozo de la vida y se volvió para mí
inconcebible “pasar una noche sin sus palabras en mis oídos
y sin su vista ante mis ojos” (Mardrus, ii, 917). Eso no pude
decírselo sino al cabo de novecientas cincuenta y ocho no-
ches que pasamos juntos.
En mi corazón estuvo mucho antes de que pudiera re-
conocerlo y lo estuvo mucho más después de la milésima
primera noche, primer día de una nueva era, cuando por
ella supe que durante aquellas mil noches, por su interme-
diación, el Recompensador me había dado tres hijos. Mi
palabra pudo entonces dirigirse a ella, elevándose desde el
olvido de la desgracia que sus cuentos habían hecho posi-
ble, para decirle que la había “amado en mi espíritu porque
en ella había encontrado una mujer pura, piadosa, casta,
dulce, indemne de todo engaño, intacta en todos los as-

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 49 01/03/16 4:29 p.m.


50 marc-alain ouaknin

pectos, ingenua, sutil, elocuente, discreta, sonriente y sabia”


(Mardrus, ii, 1014). Gracias a ella mis noches de angustia y
de insomnio encontraron su liberación, nuevamente pude
disfrutar del placer de dormir sin temer al sueño en que el
alma alcanza su destino. Su voz y sus palabras sacaron de mí
el miedo a la negrura de la noche, las noches se hicieron
demasiado cortas para el deseo de escuchar su voz que me
había cautivado (Mardrus, ii, 905).
Hacía tres años que yo estaba sumido en mi mal, como
una sombra entre los vivos, todos los gestos propios de éstos,
yo los hacía ausente de mí mismo. Cuando quise ver con mis
propios ojos lo que sucedía en el jardín de mi palacio en mi
ausencia, la razón había huido de mi cabeza, según mi her-
mano. Apostado en una ventana, había visto la situación que
allí imperaba, mi esposa la reina acoplada al negro Massaoud,
los esclavos varones tomaban a las esclavas mujeres. Me que-
dé sin palabras, petrificado por esa visión, sin más reacción
que la de la huida. Tras un tiempo de errancia acompañado
por mi hermano, y habiendo conocido más poderosos que
yo a quienes les habían sucedido desgracias aún peores, vol-
ví a mi palacio y ejercí sin gana mis tareas reales. Desde el
momento de mi retorno, había hecho decapitar a la infiel y
a sus cómplices.Y le había ordenado a mi visir que, a partir
de ese día, cada noche me fuera traída una muchacha virgen,
a la que despojaría de su virginidad y al amanecer haría de-
capitar. Noche tras noche, virgen tras virgen, no se agotaba
mi desgracia, permanecía sin nombre, insomnes eran mis
noches, grande la permanencia sin nombre.
Vino entonces Sherezada. Al principio no supe que ha-
bía llegado, tanto me parecía semejante a las que la habían
precedido. Sin embargo, en cuanto quise tomarla, un cam-

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 50 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 51

bio apareció, sus lágrimas me impusieron la presencia de su


hermana Doniazade, a la que reclamaban. Fue por medio
de ésta que vino la solicitud de contar una historia. La idea
de un cuento me pareció como un medio para pasar una
noche, de evitar la angustia y el insomnio. Así empezó la
primera noche de narración, pero no fue sino mucho más
tarde, durante la milésima noningentésima cuarta noche,
cuando reconocí cómo había sido la primera.
Al término de esa primera noche, el cuento no había
terminado. Quise conocer la continuación y, “¡Por Alá!,
pensé, no la mataré más que cuando haya escuchado la
continuación de su cuento”. La segunda noche pasó sin
que la historia hubiera llegado a su desenlace. Así, Shere-
zada sobrevivió a esta noche también. La tercera noche,
escuché el final de la primera historia, pero apenas Shere-
zada había terminado su narración, con una promesa me
hacía comprender que conocía una historia más sorpren-
dente aún. Habiéndose despertado mi curiosidad, la invité
a contarla. En la madrugada de la cuarta noche, la segunda
historia no había terminado. “¡Por Alá! No la mataré más
que cuando haya escuchado la continuación de su cuento.”
Y así, sin darme cuenta, pasaron las noches, pasaron los
días. Prestándole su voz a las leyendas del pasado, Shereza-
da, detrás de los personajes que hacía presentes, los hacía
renacer ante mí. Se hacía olvidar como posible víctima y
a través de esta voz prestada, sin darme yo cuenta su vida
cobraba un valor considerable para mí. Si bien no olvidaba
ninguna noche hacer lo que hacía con ella, cada mañana
olvidaba o posponía la ejecución de Sherezada. Ésta tenía
buen cuidado, en su narración, de que yo no me fatigara
ni perdiera interés. Durante el día, sonámbulo, me ocupaba

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 51 01/03/16 4:29 p.m.


52 marc-alain ouaknin

de los asuntos de mi reino, siempre poco presente para los


intereses de éste, pero empezando a estar más pendiente de
mis asuntos de la noche. Noche cuyo regreso esperaba con
impaciencia.
Pasaron así ciento cuarenta y cinco noches sin que pen-
sara en hacer morir a Sherezada¸ aquella noche, según El
libro, la ternura vino a mi mirada al posarla sobre ella. Por
primera vez surgió en mí el arrepentimiento por haber ase-
sinado a tantas adolescentes y pensé que debía perdonar a
Sherezada.
Sherezada, buena cuenta me doy de ello, estaba atenta al
más mínimo movimiento de mi alma, al fruncimiento de
mis cejas, a mi aspecto triste o jovial; el más insignificante
de mis comentarios guiaba su narración, determinaba la
elección de las historias. Ella hacía esto no por vulgar obse-
quiosidad, sino por el real cuidado que de mí tenía. Estaba
siempre atenta a los efectos de lo que me contaba. Ya sea
alejándome de mi desgracia mediante historias agradables
o extraordinarias, ya sea volviéndome a ella, con el riesgo
de perder la cabeza.
Tejía a mi alrededor, dándole voz al pasado inmemorial
de los reyes y los pueblos pasados, la red mediante la cual
me sacaría del océano de mi desdicha, para devolverme
la alegría de vivir. Con su voz desviaba mi espíritu de la
terrible escena en la que mi mirada lo había encarcelado.
A mí que ya no dormía, o tan mal y tan poco, desde hacía
noches y más noches, me devolvía la fuerza de los sueños,
esa capacidad de ver lo invisible, la densidad del día.
Disertaba Sherezada, de su boca manaba miel, brillaba
su inteligencia en la noche, resplandecía su belleza, y se
convertían en mis bienes más preciados el lunar de su piel,

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 52 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 53

el contacto de su voz, que yo no poseía más que por el don


que ella me regalaba. Nos volvíamos íntimos, yo gustaba de
dormir junto a ella, cada quien soñando por su lado junto
al otro.
Gracias a ella me volvía la paciencia, se reconstituía mi
capacidad de diferir; recuperaba la confianza en la prome-
sa. Desde la ducentésima cuadragésima novena noche, ya
no era para ser protegido del insomnio que deseaba oír
historias, era para escuchar a mi cuentista que retrasaba el
momento de dormir.
Al hilo de las historias, podía al fin hablar de lo que me
había sucedido, al principio con ira, la que no había sentido
en el momento, y luego con un cierto distanciamiento y
finalmente como si se tratara de una cosa que me hubiera
sucedido en un pasado que no tenía ya ahora actualidad
alguna.
Para producir en mí el olvido que me permitiría darle
un nombre a lo que fue e hizo evaporarse mi razón traba-
jaba la voz de Sherezada. Gracias a ella no hice más de la
noche pesadilla sino sueño.
Cuando vino a mí por primera vez, en mi reino los
seres humanos estaban en gritos de dolor y en el tumulto
del terror, los padres y las madres huían de las tierras de mi
reino con las hijas que les quedaban. Con ella, advino la
bendición al país y bienaventurados, como ella, fueron mis
súbditos.
Mil noches le hicieron falta para que mi mirada se aleja-
ra de la escena en que estaba aprisionada. Si bien, ignorán-
dolo yo, de mi boca surgieron, desde la ducentésima sep-
tuagésima, elogios indirectos, fueron necesarias novecientas
treinta y siete noches para que mi conciencia conociera el

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 53 01/03/16 4:29 p.m.


54 marc-alain ouaknin

amor que de mi alma se había posesionado y para que al


fin aceptara ver a Sherezada en todo su esplendor y supiera
que, de ahí en adelante, no podría pasar un solo día de mi
vida sin que su voz llegara hasta mis oídos.
Gracias a ella volvió a mi espíritu el entendimiento que
había perdido. Las palabras volvieron a encontrar todo su
sabor.Y, en ellas, me fue posible escuchar el nombre ausente
de Alá, el centésimo, y para que esto fuera, la voz tuvo que
hacerse escuchar mil noches por el falto de fe en que me
había convertido.
Mi vida llega a su fin; ni un solo día faltó Sherezada en
mi vida. Mañana, la dejaré sola. El tiempo no ha mermado
en nada mi amor, en nuestros cuerpos ha labrado los surcos
de los encuentros, las huellas de la vida. Sin duda, la figu-
ra de Sherezada ha sido marcada por las arrugas, pero sin
desfigurarla, haciendo más preciso y más puro el rostro de
mi amor. En la piel de quien durante tantos años fuera mi
anfitriona quedaron los surcos que dejé, durante tantos días
y noches, como su huésped que fui.
De la boca de mi compañera, esa mujer de largos muslos
de gacela, de ojos de paloma y cabello de arrendajo, manó
la miel por entre sus labios, que son “cual hilo escarlata”.
Por su voz fueron salvadas de mi locura asesina las hijas
de los muslemines, con lo que se aseguró para el pueblo
nacido de Abraham y de Agar una descendencia que po-
drá hacer escuchar hasta el fin de los tiempos sus loas y su
gloria a Aquel que permanece intangible en su eternidad.
A él va nuestra súplica para que todo tenga un feliz y bien-
aventurado fin.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 54 01/03/16 4:29 p.m.


II. Bajo la sombra de las palabras
en flor

En un magnífico libro titulado Sur la lecture [Sobre la lectura],


Marcel Proust nos introduce, a su manera, a su bibliotera-
pia. Habría que citarlo prácticamente en su totalidad, ya
que cada frase nos hace comprender mejor el universo de
los libros y la lectura. No obstante, sólo consignaremos una
larga cita en la que Proust expone explícitamente ciertas
modalidades de la relación entre lectura y terapia:

Hay sin embargo ciertos casos patológicos, por así llamarlos,


de depresión espiritual, en los que la lectura puede convertirse
en una especie de disciplina curativa y encargarse, mediante
incitaciones repetidas, de devolver permanentemente a un es-
píritu perezoso a la vida del espíritu. Los libros desempeñan
entonces para él un papel análogo al de los psicoterapeutas para
ciertos neurasténicos. Se sabe que, en ciertas dolencias del siste-
ma nervioso, el enfermo, sin que ninguno de sus órganos esté
afectado en sí mismo, se encuentra varado en una especie de
imposibilidad de tener voluntad, como en una zanja profunda
de la que no puede salir solo, y en la que acabaría por mar-
chitarse, si no le tendieran una mano potente y caritativa. Su
cerebro, sus piernas, sus pulmones, su estómago están intactos,
no tiene ninguna incapacidad real para trabajar, para caminar, para
exponerse al frío, para comer. Pero esas acciones diferentes, que
sería muy capaz de realizar, es incapaz de quererlas.Y una de-
cadencia orgánica que acabaría por ser el equivalente de las
enfermedades que no tiene sería la consecuencia irremediable
55

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 55 01/03/16 4:29 p.m.


56 marc-alain ouaknin

de la inercia de su voluntad, si no le viniera el impulso que no


puede encontrar dentro de sí del exterior, de un médico que
ejercerá la voluntad en su lugar, hasta el día en que sus diversos
poderes orgánicos sean reeducados. Ahora bien, existen ciertos
espíritus a los que se podría comparar con estos enfermos, y a
los que una especie de pereza o de frivolidad impide descender
espontáneamente a las regiones profundas de sí mismos en las
que comienza la verdadera vida del espíritu. No es sino cuando
se les ha llevado hasta allí que pueden descubrir y explorar en
ellas verdaderas riquezas, pero, de no ser por esa intervención
extraña, viven en la superficie en un perpetuo olvido de sí mis-
mos, en una especie de pasividad que los convierte en juguetes
de todos los placeres, los disminuye a la altura de quienes los
rodean y los agitan y, tal como aquel caballero que, tras haber
compartido, desde su infancia, la vida de los bandoleros de ca-
minos, no recordaba su nombre por haber dejado por tanto
tiempo de usarlo, acabarían por abolir en ellos cualquier senti-
miento y cualquier recuerdo de su vida espiritual, si no viniera
un impulso externo a reintroducirlos, en cierta manera, por
la fuerza en la vida del espíritu, donde recuperan de pronto la
fuerza para pensar y crear.Y bien, este impulso que el espíritu
perezoso no puede encontrar en sí mismo y que debe venirle
de alguien más, está claro que debe recibirlo en el seno de la
soledad, fuera de la cual, lo hemos visto, no puede producirse
esta actividad creadora que se trata justamente de resucitar en
él. De la pura soledad no podría sacar nada el espíritu perezoso,
puesto que es incapaz por sí mismo de poner en acción su
actividad creadora. Pero ni la conversación más elevada, ni los
consejos más urgentes le servirán de nada, puesto que no pue-
den producir directamente esa actividad original. Lo que hace
falta pues, es una intervención que, al tiempo que proviene de otra

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 56 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 57

persona, se produce en nuestro propio fondo, es efectivamente el impulso


de otro espíritu, pero recibido en el seno de la soledad.Y vimos que eso
era precisamente la definición de la lectura, y que no convenía más que
a la lectura. Por tanto, la única disciplina que puede ejercer una
influencia favorable en semejantes espíritus es la lectura: lo que
estaba por demostrar, como dicen los geómetras. Pero ahí, una
vez más, la lectura no actúa más que a modo de una incitación
que en nada puede sustituir a nuestra actividad personal: se
conforma con devolvernos el acceso a ella, del mismo modo
en que, en las afecciones nerviosas de las que hablamos hace
un momento, el psicoterapeuta no hace más que restituirle al
enfermo la voluntad de hacer uso de su estómago, de sus pier-
nas, de su cerebro, que permanecen intactos.Ya sea que todos
los espíritus tomen parte en mayor o menor grado en esta
pereza, en este estancamiento en los niveles inferiores, aun sin
serle necesaria, la exaltación que se deriva de ciertas lecturas
puede tener una influencia propicia en el trabajo personal. Se
cuenta que más de un escritor gustaba de leer una buena pá-
gina antes de ponerse a trabajar. Rara vez Emerson empezaba
a escribir sin haber leído una página de Platón.Y Dante no es
el único poeta al que haya conducido Virgilio hasta la entrada
del paraíso.45

¡Qué felicidad encontrar un texto tan sencillo y pertinente


como éste! No es casualidad que ese texto emane del autor
de En busca del tiempo perdido, puesto que la dimensión fun-
damental que subyace en todas sus reflexiones es el tiempo.
El tiempo o —término más filosófico, que deja sentir mejor
el proceso dinámico del despliegue del tiempo— la tempo-

45
M. Proust, Sur la lecture, op. cit., pp. 34-37. Las cursivas son mías.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 57 01/03/16 4:29 p.m.


58 marc-alain ouaknin

ralidad es el núcleo de la biblioterapia.Toda la obra de Proust


puede considerarse como “una pequeña fábrica de tiempo”
por medio de la narración, la escritura y la lectura.
Advenimiento del tiempo, fabricación del tiempo, en-
cuentro entre el ser humano y el tiempo gracias al relato.
He ahí la hipótesis de base de toda la reflexión bibliotera-
péutica, hipótesis que fue admirablemente formulada, co-
mentada y desarrollada en la obra de Paul Ricœur, y en
particular en su trilogía Temps et Récit46 [Tiempo y relato]. Ahí
replantea de forma sistemática la cuestión que se encuentra
textualmente en Aristóteles, san Agustín, Kant, Husserl y
Heidegger: ¿qué es el tiempo?47 A resultas del fracaso de
la filosofía o de la fenomenología, desde san Agustín hasta
Heidegger, para conceptualizar el tiempo en forma satisfac-
toria, Ricœur propone una nueva vía para intentar resolver
esa cuestión. “El título —Tiempo y relato—, por su sencillez
y su estructura, está demasiado emparentado con el títu-
lo El ser y el tiempo de Heidegger, como para no aparecer
como su continuación o su réplica.” 48
46
Paul Ricœur, Temps et récit, op. cit. Tres tomos: i: Temps et Récit, 1983 ; ii: La
configuration du temps dans le récit de la fiction, 1984 ; iii: Le temps raconté, 1985.
Citamos a partir de ahora: tr i, tr ii, tr iii. Dos libros complementan esta
reflexión: Du texte à l’action. Essais d’herméneutique ii, Seuil, 1986; Soi-même
comme un autre, Seuil, 1990. Algunos artículos respecto a esta problemática
de Tiempo y relato se encuentran en Lectures ii. La contrée des philosophes, Seuil,
1992. Hay cuatro volúmenes dedicados a ese tema de Tiempo y relato, con ar-
tículos importantes del propio Ricœur. Un número de la revista Esprit,“Paul
Ricœur”, 1988; “Temps et Récits” de Paul Ricœur en débat, Cerf, col. Procope,
1990; el núm. 11 de la revista Études phénoménologiques, “Paul Ricœur: tem-
poralité et narrativité”, Ousia, 1990; el coloquio de Cerisy de 1988, publicado
bajo el título, Paul Ricœur, les métaphores de la raison heméneutique, Cerf, 1991.
47
tr iii, p. 144.
48
Jean Grondin, “L’herméneutique positive de P. Ricœur”, en “Temps et
Récit” en débat, op. cit., p. 127.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 58 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 59

La respuesta de Ricœur puede formularse de la siguien-


te manera: el fracaso de una filosofía del tiempo es inhe-
rente a la naturaleza misma del tiempo. El tiempo no se
deja conceptualizar. El tiempo inapresable es un reto para
el pensamiento. “Ahora bien, ese reto, ya no es la filosofía,
que parece haber agotado sus posibilidades, sino el relato,
el que responderá a él.”49 Tesis fundamental: “El tiempo se
convierte en tiempo humano en la medida en que está
articulado en forma narrativa. A cambio de ello, el relato
es significativo en la medida en que dibuje los rasgos de la
experiencia temporal”.50
Así pues, existe una circularidad entre la narratividad
y la temporalidad, que no es un círculo vicioso, sino un
círculo “sano”, que va a hacer posible una forma de “com-
portarse” mejor. Gracias al relato, el tiempo sale de la fi-
losofía para entrar en la vida… “El relato alcanza su pleno
significado cuando se vuelve una condición de la escritura
temporal.”51
Es importante distinguir entre tres modalidades de rela-
ción del hombre con el tiempo:

• pensar el tiempo: tiempo conceptualizado;


• ser consciente del tiempo: tiempo experimentado;
• vivir el tiempo: tiempo vivido.

Estas tres modalidades de relación con el tiempo no son


tres tipos de actitud distintos respecto al mismo tiempo
único, sino tres acontecimientos enteramente diferentes en
49
Ibid., p. 130.
50
tr i, p. 17.
51
Ibid., p. 85.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 59 01/03/16 4:29 p.m.


60 marc-alain ouaknin

sus estructuras ontológicas. Se trata, en efecto, de realidades


netamente diferenciadas aun cuando tienen como único
nombre común “el tiempo”.52
Aun cuando Tiempo y relato es una reflexión teórica so-
bre el tiempo y por ello pertenece ante todo a “pensar el
tiempo” y a “ser consciente del tiempo”, la biblioterapia,
cimentada en los efectos del relato, pertenece sin duda al-
guna al ámbito del tiempo vivido:

El tiempo vivido se distingue del tiempo experimentado en el


sentido de que en el tiempo vivido el tiempo mismo no se
convierte necesariamente en el contenido de la experiencia
de la conciencia. Dicho de otra forma, en este último caso el
tiempo no está necesariamente constituido noemáticamente
en cuanto objeto de la intencionalidad. En el tiempo vivido,
son todos los elementos que constituyen la vida los que en-
tran en el campo de la conciencia, sin que necesariamente la
temporalidad aparezca en ellos como tal.

♥♣♠

Volvamos a Proust.
En el texto que citamos antes, la palabra “tiempo” no
aparece ni una sola vez, tiempo desaparecido al mismo
tiempo que la voluntad, “en que el hombre se encuentra
varado en una especie de imposibilidad de tener volun-

52
En Écrits de psychopathologie phénoménologique, puf, 1992, Kimura Bin in-
siste en la distinción entre tiempo vivido (vivir el tiempo) y tiempo ex-
perimentado (ser consciente del tiempo), pp. 47 y ss. Agregaremos a esa
distinción el tiempo conceptualizado y filosófico (pensar el tiempo).

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 60 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 61

tad, como en una zanja profunda”.53 El cuerpo está intacto:


“ninguna incapacidad real para trabajar, para caminar, para
exponerse al frío, para comer. Pero esas acciones diferentes,
que sería muy capaz de realizar, es incapaz de quererlas”.54
Tenemos aquí una descripción de “ese malestar extraño al
que se llama depresión”.55
En el centro de la sintomatología: fatiga, impotencia,
hastío, pero sobre todo rarefacción, y luego desaparición
del deseo… De lo que se trata aquí es de una atrofia central
de la capacidad de desear. Todo es afectado, la libido, claro
está, el apetito, la curiosidad intelectual, la misma volun-
tad de querer. También desaparece la capacidad de sentir el
placer: el anhedonismo. De todo ello resulta una verdadera
anestesia en relación con todo lo existente, la cual puede
llevar a una extrema dificultad, incluso a la imposibilidad
del hacer.
¿El deprimido está estancado en la inacción? En los es-
tados graves, se observa un estupor total. Esas situaciones
van acompañadas de baja autoestima, de acumulación de
pensamientos desvalorizantes respecto a la salud, las cuali-
dades humanas y profesionales…56 Pero el síntoma primor-
dial de la depresión es una perturbación de la percepción
del tiempo, de la facultad de anticipar.57
Estancamiento temporal, callejón sin salida temporal y
cerrazón espacial. El mundo se encierra en sí mismo en un
universo estanco, sin horizonte alguno. “En relación con el
53
Ibid., p. 48.
54
M. Proust, Sur la lectura, op. cit., p. 34.
55
Ibid., p. 35.
56
Idem.
57
Título de un artículo de Y. Pélicier, L’Anticipation, clé du temps du déprimé,
Euthérapie, 1991, pp. 6 y ss.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 61 01/03/16 4:29 p.m.


62 marc-alain ouaknin

tiempo, el deprimido es un hombre maniatado, condena-


do a la repetición de los mismos pensamientos dolorosos y
desvalorizantes.”58 “La anticipación es el movimiento me-
diante el cual el hombre se transporta con todo su ser más
allá del presente, a un porvenir, próximo o lejano, que es
esencialmente su futuro.”59 La depresión es, en cierta forma,
una “amputación del futuro”.
Es interesante e importante observar que no hay futu-
ro sin pasado, ni esperanza sin memoria. Esta observación
nos permitirá entender mejor el papel de ciertas lecturas.
Las enfermedades del alma son enfermedades del tiempo,
cronopatologías a las que debe responder una cronoterapia.
Para Proust, es en estos casos de depresión espiritual don-
de “la lectura puede convertirse en una especie de disciplina
curativa…”60 No se trata de un fenómeno milagroso, sino
“de un estímulo que no puede en absoluto sustituir a nues-
tra actividad personal; tiene que contentarse con devolver-
nos su uso […] restituir al enfermo la voluntad de servirse
de su estómago, de sus piernas o de su cerebro que estaban
sanos…”61
La lectura no sólo hace que uno salga de la depresión,
sino que podrá, en diferentes modalidades, hacer posible
una reinserción en una temporalidad armónica en la que el
futuro extrae su fuerza del pasado y en que la memoria le
da alas a la esperanza.

58
Ibid., p. 12.
59
J. Sutter, “L’anticipation dans l’impasse dépressive”, art. cit., pp. 22 y ss.
60
M. Proust, Sur la lecture, op. cit., p. 34.
61
Ibid., p. 37.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 62 01/03/16 4:29 p.m.


III. Los siete mendigos
Un cuento de Rabbi Nahman
de Braslav

Había una vez un rey que tenía sólo un hijo. Quiso trans-
mitirle el reino aún en vida. Ofreció una gran fiesta. La ale-
gría fue particularmente grande en aquel día en que el rey,
vivo todavía, transmitía el reino a su hijo. Todos los prínci-
pes, todos los duques, todos los nobles asistieron a la fies-
ta. El país estaba muy contento de que el rey transmitiera
el reino en vida a su hijo, ya que era un gran honor para el
rey. La alegría era muy grande. Había todo tipo de festejos:
orquesta, obras de teatro y otras diversiones; en pocas pala-
bras, todo lo que hace falta en una fiesta.
Cuando todos ya estaban muy alegres, el rey se puso de
pie y le dijo a su hijo: “Sé leer en las estrellas y he visto que
un día abdicarás. Por lo tanto, piensa en no estar triste si
abdicas, y sé alegre. Aun si estuvieras triste, estaré contento
de que tú no seas rey. En efecto, no merecerías ser rey si no
estuvieras contento. Si no eres un hombre capaz de estar
contento cuando abdiques, no eres digno de ser rey. Pero si
estás contento, yo también estaré muy contento”.
El príncipe reinó en el país con rigor. Nombró minis-
tros, duques, nobles, y organizó un ejército. El príncipe era
un sabio y le gustaba la sabiduría. Estaba rodeado de sa-
bios eminentes y quien viniera a verlo y poseyera algún
saber era bien considerado. El príncipe le atribuía honores
63

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 63 01/03/16 4:29 p.m.


64 marc-alain ouaknin

y riquezas a los sabios, y recompensas por su sabiduría. Lo


que cada uno de ellos quería, se lo daba. ¿Alguien quería
honores? Los otorgaba.Todo ello en recompensa por la sa-
biduría. Como el príncipe amaba la sabiduría, todo el país
se dedicó al estudio de las ciencias. Aquel que quería dinero
estudiaba las ciencias, y aquel que quería honores hacía lo
mismo. Todos se dedicaban a las ciencias. El país olvidó el
arte de la guerra porque todos los habitantes estudiaban las
ciencias, y el menos sabio de entre ellos hubiera sido muy
sabio en otro país. Los sabios de ese país eran hombres con
una sabiduría extraordinaria.
Aquellos sabios cayeron en la herejía por causa de las
ciencias y con ellos el príncipe. Sin embargo, las personas
sencillas no fueron alcanzadas y no cayeron en la herejía.
En cambio, los sabios y el príncipe se volvieron heréticos.
Sin embargo, el príncipe era bueno, ya que había nacido
dotado de bondad y de buenas cualidades. Pensaba con
frecuencia: “¿Dónde estoy? ¿Qué es lo que estoy hacien-
do?”. Y gemía y suspiraba. Se decía: “¿Qué sentido tiene
sumirse en estas cosas? ¿Qué me puede traer esto? ¿Dónde
estoy?”. Y suspiraba. Sin embargo, en cuanto se ponía a
pensar, volvía a las ciencias heréticas. Y eso se reprodujo
varias veces. Se preguntaba: “¿Dónde estoy? ¿Qué hago en
todo esto?”. Y gemía y suspiraba. Pero en cuanto volvía a
sus pensamientos, la herejía volvía con más fuerza aún.

Un día, en un país hubo un éxodo. Todos los habitantes


huyeron. En su huida atravesaron un bosque en el que per-
dieron a dos niños, un hombre y una mujer. Alguien perdió

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 64 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 65

al niño, y otra persona perdió a la niña. Aún eran pequeños,


tenían entre cuatro y cinco años. Los niños no tenían qué
comer: lloraban y gritaban.
Entonces llegó un mendigo que cargaba unos costales.
Los niños echaron a correr a su alrededor y a agarrarse
de él. Les dio pan y comieron. Les preguntó: “¿De dónde
venís?”. Le respondieron: “No sabemos”, porque aún eran
pequeños. Se alejó, pero le pidieron que los llevara con él.
Les dijo: “No quiero que vengan conmigo”.Y advirtieron
que el mendigo era ciego. Estaban muy sorprendidos de
que, siendo ciego, supiera adónde ir. (En realidad, puede ser
sorprendente que se hicieran la pregunta, pues aún eran pe-
queños. Pero como eran inteligentes, se sorprendieron.) El
mendigo les dio su bendición: “¡Ojalá pudierais ser como
yo! ¡Ojalá pudierais ser tan viejos como yo!”. Luego les dio
más pan y se alejó. Los niños entendieron que Dios velaba
por ellos y les había enviado un mendigo ciego para darles
de comer.Y más tarde el pan se acabó.Volvieron a ponerse
a gritar: “¡Queremos comer!”. Llegó la noche y pasaron la
noche en el bosque. Gritaron y lloraron nuevamente.
Un mendigo, que estaba sordo, llegó entonces. Empeza-
ron a hablarle, pero hizo un gesto con la mano y dijo: “No
oigo”. El mendigo les dio la espalda y empezó a alejarse.
Querían que el mendigo los llevara con él, pero se negó.Y
él también les dio su bendición: “¡Ojalá fueran como yo!”.
Les dejó algo de pan y se alejó. Cuando el pan se acabó,
volvieron a ponerse a gritar.
Llegó otro mendigo, que era tartamudo. Empezaron a
hablarle y contestó tartamudeando. No entendieron lo que
decía, pero él sí los entendió. Les dio pan y su bendición, y
les dijo que ojalá fueran como él, y se fue.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 65 01/03/16 4:29 p.m.


66 marc-alain ouaknin

Luego llegó otro mendigo, que tenía el cuello deforme.


Más tarde apareció otro que no tenía manos. Y vino un
mendigo que no tenía pies. Cada uno les daba un poco de
pan y los bendecía deseándoles que fueran como él.
Cuando el pan se agotó, consiguieron salir del bosque y
encontraron un camino. Lo siguieron y llegaron al pueblo.
Los niños entraron en una casa. La gente se apiadó de ellos
y una persona les dio pan. Fueron de casa en casa al ver que
eso funcionaba: les daban pan.
Los niños decidieron quedarse siempre juntos y se con-
feccionaron grandes costales. Iban a las casas, participaban
en todas las fiestas, circuncisiones y bodas. Siguieron su ca-
mino, entraron en las ciudades. Iban de casa en casa, visita-
ban las ferias, se instalaban con los mendigos. Se sentaban
en las bancas, con su escudilla en la mano. Todos los cono-
cían y sabían que eran los niñitos que se habían perdido en
el bosque.
Un día hubo una gran fiesta en una gran ciudad. Todos
los mendigos y los niños fueron allá. A los mendigos les
nació la idea de casarlos. Discutieron el asunto y la idea
les gustó mucho. Pero ¿cómo celebrar la boda? Se decidió
que, puesto que un cierto día sería el cumpleaños del rey,
todos los mendigos irían a la fiesta y pedirían pan trenzado
y carne. Así tendrían con qué celebrar la boda.Y así se hizo:
todos los mendigos fueron a la fiesta y pidieron carne y pan
trenzado y tomaron todos los restos del banquete, carne y
pan. Se fueron de allí y cavaron un gran hoyo en el que
podían caber cien personas. Lo cubrieron con vigas, tierra
y estiércol, y entraron. Instalaron un baldaquín nupcial y
celebraron la boda de los niños. Hubo mucho regocijo. Los
jóvenes desposados estaban también muy alegres y recor-

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 66 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 67

daron las bondades que Dios les había hecho cuando esta-
ban en el bosque. Echaron a llorar y a lamentarse: “¿Cómo
encontrar al primer mendigo, el ciego, que nos dio pan en
el bosque?”.

El primer día

Mientras se lamentaban, el mendigo ciego los llamó:“Heme


aquí. He venido a vuestra boda y os traigo un ‘regalo de
palabra’:62 ojalá que fuerais tan viejos como yo. Ahora os
traigo esto como regalo de boda: ¡ser tan viejos como yo!
¿Creéis tal vez que estoy ciego? Nada de eso. El tiempo es
relativo. Un pestañear: la eternidad. La eternidad: un pesta-
ñear. Así pues, soy muy viejo y, sin embargo, soy joven y no
he empezado a vivir aún. Y, sin embargo, soy muy viejo y
no soy el único que lo dice, ya que cuento con la aproba-
ción de la gran águila. Les contaré mi historia:

Un día, unos hombres partieron por el mar con toda una


flota. Se declaró una tempestad y despedazó todos los barcos.
Los hombres se salvaron y llegaron a una torre. Subieron a
la torre y encontraron todo tipo de alimentos y de bebidas,
ropa, todo lo que les hacía falta. Todo estaba muy bien, todos
los placeres del mundo estaban a su disposición. Los náufra-
gos decidieron que cada quien contaría una historia antigua,
la historia más antigua que recordara desde que había em-
pezado a tener memoria. Entre ellos había viejos y jóvenes.

62
En yiddish, droche geshenk: regalo que se da a los casados después del dis-
curso que pronuncia el novio. En hebreo, matana ledracha: un regalo para
el discurso, o un regalo sobre el cual hay que discurrir.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 67 01/03/16 4:29 p.m.


68 marc-alain ouaknin

Fue el más viejo de ellos quien tuvo el honor de hablar pri-


mero. Dijo: “¿Qué voy a poder contar? Recuerdo el día en
que la manzana fue arrancada del árbol”. Nadie entendió lo
que había dicho. Pero había entre ellos algunos sabios, que
declararon: “Es realmente una historia muy antigua”. Y lue-
go otro anciano, un poco más joven, tuvo a su vez el honor
de hablar, y dijo: “¿Es una historia antigua? Yo recuerdo esa
historia y recuerdo incluso el momento en que la luz que-
maba”. Exclamaron que esa historia era mucho más antigua
que la primera. Era por cierto muy sorprendente, ya que el
segundo anciano era más joven que el primero, y sin embar-
go se acordaba de una historia más antigua.
Luego tuvo el honor de hablar el tercer anciano. Era más
joven que los dos primeros, y dijo: “Recuerdo el momento
en que se dio la constitución del fruto, cuando empezó a ser
fruto”. Exclamaron: “¡Ésa es realmente una historia muy an-
tigua!”. Y luego el cuarto anciano, que era todavía más joven,
se expresó así: “Recuerdo el momento en que trajeron la
semilla para sembrar el fruto”. El quinto, que era mucho más
joven, dijo:“Recuerdo incluso a los sabios que concibieron el
fruto”. El sexto, que era más joven que el anterior, dijo: “Re-
cuerdo incluso el sabor del fruto antes de que éste penetrara
en él”. El séptimo dijo: “Recuerdo también la apariencia del
fruto antes de que ésta se posara en él”.

El mendigo prosiguió su narración y encadenó con esto:

Yo era todavía un niño y estaba ahí presente. Exclamé: “Re-


cuerdo todas esas historias. Incluso no recuerdo nada”. To-
dos exclamaron: “¡He ahí una historia verdaderamente muy
antigua, es la más antigua de todas!”. Estaban estupefactos

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 68 01/03/16 4:29 p.m.


biblioterapia 69

de que el niño se acordara más que los demás hombres ahí


presentes. Entonces llegó una gran águila. Llamó a la puerta
de la torre y dijo: “Dejad de ser pobres, volved a vuestros
tesoros, recordad!” Luego les dijo que salieran de la torre,
debiendo salir primero el más viejo, y los llevó lejos de la
torre. Antes había hecho salir al niño, que era en verdad el
más viejo de todos. Había, pues, hecho salir al más joven
en primer lugar. El anciano de más edad salió el último. En
efecto, el más joven era el más viejo, puesto que había con-
tado la historia más antigua. Y el viejo de más edad era el
más joven de todos. La gran águila les dijo: “Les explicaré
todas las historias. El que dijo recordar el momento en que
la manzana fue arrancada del árbol quería decir que se acor-
daba del momento en que su cordón umbilical fue cortado.
Recuerda lo que le hicieron al nacer. El que dijo recordar el
momento en que la luz quemaba quería decir que se acor-
daba del momento en que estaba en el vientre de su madre y
de la luz que ardía por encima de su cabeza, como lo enseña
el Talmud: una luz arde encima de la cabeza del niño que
está en el vientre de su madre. El que dijo recordar el fruto
en formación quería decir que se acordaba del momento en
que su cuerpo estaba en proceso de formación, cuando el
niño empieza a ser creado. El que recuerda el momento en
que fue traída la semilla para sembrar el fruto quiere decir
que se acuerda del momento en que la gota estaba aún en el
cerebro. El que recuerda el sabor se refiere a la primera parte
del alma.63 El que se acuerda del olor se refiere a la segunda
parte del alma.64 Y la apariencia es la tercera parte del alma.65

63
Nefech.
64
Rouach.
65
Neshama.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 69 01/03/16 4:29 p.m.


70 marc-alain ouaknin

Es por eso que declaró no acordarse de nada”.66 “Entonces


la gran águila les dijo: ‘¡Regresen a sus navíos (es decir, a los
cuerpos que se encontraban rotos e iban a regenerarse), re-
gresen a ellos!”. Y los bendijo. Luego me dijo: “Tú, ven con-
migo, pues eres como yo, eres muy viejo y muy joven. Aún
no has empezado a vivir y, sin embargo, eres muy viejo. Y
yo también soy así, ya que soy muy vieja, y soy muy joven”.

“Así pues tengo la aprobación de la gran águila para de-


cir que soy muy viejo y soy muy joven. Ahora os doy esto
como regalo de bodas: ¡ser tan viejos como yo!”
Grandes fueron la dicha y la alegría y todos se regoci-
jaron…

♥♣♠

Y entonces vino el segundo día, y el tercero… Cada día


uno de los mendigos vino a contar una nueva historia, hasta
el sexto día.
Pero el séptimo día —es decir, cuando el narrador llegó
a contar la historia del séptimo mendigo— se detuvo y dijo
que no contaría el resto y que no se escucharía el final antes
de que llegara el Mesías.

66
Es decir, del ayin (que alude al Ein Sof: “Sin fin”). Recordaba pues el
momento anterior a la Creación en que todo era parte integral de su
unicidad.

Biblioterapia ints mzo 2016.indd 70 01/03/16 4:29 p.m.