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LA PRÁCTICA CORAL Y SU DESARROLLO

MUSICAL
· de Victor Villegas · en Sin categoría. ·
(a José Antonio Ávila López)

Pocas actividades dentro del quehacer musical tienen los alcances que las realizadas dentro de la práctica coral. Sin minimizar lo que
se hace desde la ejecución instrumental en sus diferentes formas como son las orquestas, las cameratas, cuartetos, etc., los coros no
dejan de tener ese algo tan particular y especial en la experiencia musical.
Y es que la participación en los coros, aporta un sinfín de beneficios en todos sus miembros, sin importar la naturaleza de los
cantantes. Llámense músicos profesionales, conocedores y estudiosos, o simplemente aficionados, diletantes y “amateurs”.
Partamos con la idea de que ésta práctica nos da la oportunidad de conocer un vasto terreno que sabemos que existe, pero en el cual
no nos vemos explorando muy a menudo. Una vez inmersos en esta práctica, la acción propia de esta actividad nos impulsa
irremediablemente a hacer lo que es menester para dar vida al producto que nos motiva en su realización: La Música.

Coro de la Escuela Nacional de Música UNAM, (1990)


Beneficios de la Práctica Coral

Las generalidades que se enmarcan en lo extra musical que se pueden obtener al pertenecer a un grupo coral son:
 Provoca la aplicación de valores y principios como son el espíritu de superación de cada uno de sus miembros.
 Responsabilidad para darle una mayor cualificación al resultado de su actividad.
 Aporta seguridad personal (autoconfianza), sociabilización, autoestima, motivaciones, tolerancia, orden en la conducta, creatividad,
perseverancia, empatía y cooperación.
 Consolida habilidades de liderazgo que incentivan el trabajo en equipo y que a su vez,
 fomenta la colaboración para adquirir paulatinamente el Desarrollo de la Práctica de Grupo.
 Se adquiere una dimensión social y artística distinta y más amplia.
Entrando más en los detalles de la práctica coral, ésta descubre en cada uno de los miembros el conocimiento de la
disponibilidad de la voz como un vehículo de expresión a través de la música cantada y provoca el disfrute musical de manera
inmediata sin exigencias técnicas previas, aunque cabe destacar que una vez que se gusta de esta participación, pronto se busca
mejorar vocalmente la emisión de su sonido.
Así que no es raro que en el trayecto de la actividad coral, se busque una clase de canto y así purificar la emisión natural de la voz
que evite toda tensión en su sonido.
Desarrolla el “oído interno”, que no es otra cosa que la capacidad de poder escuchar mentalmente cualquier motivo musical sobre
todo, de manera afinada como lo haría el maestro Ludwig Van Beethoven, construyendo magníficamente grandes obras orquestales
y corales, aun cuando ya casi había perdido la totalidad de su capacidad auditiva, logrando componer la más bella música desde el
más profundo silenciodebido a su sordera, gracias a la posibilidad de externarlas afinada y expresivamente.
Así pues, la práctica y el desarrollo de la audición interna, se revela como un elemento de control de la afinación y se descubre
como la base de la afinación, la calidad vocal, la audición armónica y el color sonoro del conjunto.
La práctica coral, incentiva al desarrollo lúdico y cognitivo, debido al entrenamiento de la memoria y la capacidad de analizar
estructuras de forma en las obras musicales.
Para los casos de la enseñanza y la educación de músicos profesionales, es imperativa su inserción a las actividades propias de
los coros, ya que pone de manifiesto en ellos, los músicos, el pensamiento crítico, la consciencia de la postura, colocación y
respiración vocal, revelando así, la importancia de la estructura melódica y la musicalidad de las obras, sin importar los géneros
de que se traten.
La música es un constante fluir de temas melódicos y frases que se destacan en diálogo continuo y que se ponen de manifiesto,
gracias al conocimiento y sentido de la melodía por voces. No olvidemos que la inmensa mayoría de obras corales fueron creadas por
lo menos, a dos voces independientes, aunque lo típico es el coro mixto a cuatro voces: Sopranos, Altos, Tenores y Bajos.
La polifonía se vive y disfruta desde otras perspectivas que solamente el arte de los coros puede proporcionar. Cuando se
logran desentrañar, o al menos intuir estos secretos que guarda la práctica de la polifonía, tanto sonora, rítmica y tímbrica,
indiscutiblemente afecta la manera de ver, ejecutar y por ende, la de expresar la música, ahora, desde los instrumentos musicales
que practiquen cada uno de sus miembros por su parte, gracias al aprendizaje adquirido en la práctica coral.
Coro de la Catedral de México, Televisa (1997)

En los coros también se puede aprender a exteriorizar la expresión corporal, al grado de poder teatralizar las actuaciones en
público. Ligado esto a los coros de ópera, donde además de memorizar, cantar y expresar, tienen que actuar. Literalmente, hacer
teatro.
En toda obra musical y especialmente en la práctica coral, que es el tema que nos atañe, el ejecutante debe lograr la mejor
afinación y amalgamamiento vocal (empaste), lograr un fraseo homogéneo, la igualdad en los “ataques” (entradas), claridad
en las texturas sonoras, la uniformidad en el sentido del ritmo y la perfección en la dicción, logrado todo esto, gracias al
conocimiento previo de los diferentes estilos representativos, expresivos e interpretativos de las obras y sus compositores, así como
saber al menos, la pronunciación de los diferentes idiomas en que se canta.
Es aquí cuando entra en juego la importancia y la posición clave del director, tanto coral como orquestal cuando la obra lo amerite,
pues en éste se apoya la unificación del pulso y la capacidad de interpretación. Para ello, los coros adquieren el conocimiento de
los gestos básicos de quien dirige. Aunque ya existen métodos de dirección, es claro que los coristas en ocasiones tienen que intuir
los gestos antes mencionados, pues cuando se trata de trabajar con directores invitados o, cuando el coro es invitado a ser dirigido
con diversas orquestas y sus respectivos directores con quienes no practican cotidianamente, se ven en la necesidad de adivinar el
estilo propio de cada dirigente sobre el pódium.
En suma, la práctica coral da la oportunidad de aplicar todos los conocimientos adquiridos durante la formación académica,
tanto los gráfico-musicales, técnicos, interpretativos (“lo que no está escrito”, decía mi maestro de solfeo), así como los
expresivos.
Cuando se tiene la oportunidad de trabajar con grandes orquestas desde la práctica coral, se puede uno percatar de las magníficas
sensaciones extraordinarias que se producen en uno mismo y poder de esta manera, extasiarse en su interacción. Además, nada es
tan gratificante como percibir a un público vibrante y emocionado con la música que el músico produce en el instante mismo.
Existen obras para solistas, coros y orquesta que son muy populares y bastante socorridos en los repertorios de
concierto: Sinfonía no. 9 (Beethoven), Requiem (Mozart), Carmina Burana (Orff), Sinfonías no. 2, 3 y 8 (Mahler), Requiem (Fauré),
Oratorio “El Mesias” (Handel), Gloria (Vivaldi), Alexander Nevsky (Prokofiev), Magnificat (Bach) y un sinfín de obras más. Esto,
sin mencionar grandes obras de los géneros más contemporáneos, comerciales y populares.
He tenido la oportunidad de colaborar con muchas organizaciones corales de todo tipo con quienes he captado mayor conocimiento y
repertorio para coros a capella, coros de cámara, coros de ópera y coros sinfónicos con diversos directores y para todo tipo de
géneros y estilos.
Al pensar en ello, me doy cuenta de todos los recursos que he adquirido para mi práctica profesional en el ámbito musical y hasta en
otros campos no musicales, dejando que yo obtenga una muy amplia visión musical e imaginativa; una forma más integral y
polifónica para abordar mi ejecución pianística, así como el interés y motivación sobre la historia en que se han desarrollado los
diferentes estilos de la historia del arte, para enriquecer la expresividad e interpretación de cualquier obra musical que aborde.
Al recordar mi práctica coral, es inevitable pensar en la memoria de la enorme oportunidad que me ofreció el Coro de la Escuela
de Música de la UNAM y su entonces director, maestro José Antonio Ávila, quien fuera también mi profesor de solfeo y quien, a
pesar de que yo, ya contara entonces con una una firme formación pianística adquirida en la misma Escuela de Música desde que yo
era un infante, logró cambiar mi visión sobre la música de manera definitiva. Se abrió ante mí todo un universo en la música.
Podemos entonces concluir que:
La práctica coral tiene un valor incalculable como aspecto fundamental en la formación de los músicos. Con dicha práctica, el
lenguaje musical será más profundo.
@VicManVillegas
#VicManMusic