Está en la página 1de 42

la estamos considerando un género literario, y, en consecuencia, nos

tropezamos de lleno, desde el principio de esta exposición, con el


dilema ficción / realidad, que es clave en todas las cuestiones relativas a la
literatura.

1. SEGÚN LA INTENCIÓN DEL AUTOR Y LA INTERPRETACIÓN QUE


HACE EL LECTOR RESPECTO A LA CONSIDERACIÓN DEL AUTOR
(PERSONA REAL) COMO REFERENTE DE LA OBRA :

a) Obras de forma autobiográfica cuyo referente es el


autor(persona real): autobiografías, memorias, biografías,
epistolarios, confesión, autorretratos, diarios.
b) Obras ficticias, de forma autobiográfica, cuyo referente no
es el autor: novelas, poemarios, etc.

2. SEGÚN LA TÉCNICA QUE SE UTILIZA PARA LA COMPOSICIÓN DE LA


OBRA (TENGA UN REFERENTE REAL O NO):

a) Obras en las que se cuenta la vida de alguien a través del


tiempo (siguiendo un orden cronológico, yuxtaposición de
tiempos, etc.): Autobiografías, biografías, memorias,
confesión.

b) Obras en las que aparecen temas relacionados con lo


personal (ideas, sentimientos, formas de ser…), pero que no
se presentan a través del tiempo sino enclavadas en el
presente (sea ficitivo o real): diarios, autorretratos (aunque
también pueden aprovechar el juego que da la distancia
temporal);
· Las cartas (o epistolarios) estarían situadas entre los dos
grupos ya que pueden hacer referencia al presente y al
pasado.
Los rasgos diferenciados de la escritura autobiográfica serían, según Romera
Castillo los siguientes:

1. El yo del escritor queda plasmado en la escritura como un signo


referencia de su propia existencia.

2. Existe una identificación del narrador y del héroe de la narración.


3. El relato debe abarcar un espacio temporal suficiente para dejar rastros
de la vida (la extensión es libre: puede ocupar varios volúmenes o una
página).

4. El discurso empleado, en acepción de Todorov, será el narrativo, como


corresponde a unas acciones en movimientos (el retrato, sin incluirlo en la
dinámica actancial, sería por sí solo una descripción estática).

5. El sujeto del discurso se plantea como tema la narración sincera (si no


en su plena integridad, sí parcialmente) de su existencia pasada a
un receptor(testigo necesario de le discursividad de la literatura intimista).

6. La forma utilizada para expresar su historia puede ser variada: la


primera persona (el yo), o monólogo puro, donde la tinta recae sobre el
emisor del discurso más que en sus acciones; la segunda persona (tú), como
obra San Agustín en sus Confesiones al hacer a Dios destinatario de su
discurso, para que el receptor se vea implicado; la tercera persona (él), que
sirve—sobre todo en los relatos autobiográficos de ficción, según veremos
luego—de máscara tras la que el escritor se esconde, ya sea por humildad,
cobardía o simple ficción literaria; o la alternancia de personas gramaticales.

3. RASGOS GENERALES DE LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA. Estudio de las


cuestiones polémicas en torno a la escritura autobiográfica

Analizaremos a continuación estos seis rasgos que Romera Castillo


considera diferenciadores de la escritura autobiográfica, haciendo referencia
a los estudios más destacados sobre autobiografía y literatura intimista.
Estudiaremos las cuestiones polémicas de cada uno o los agruparemos para
tratar algunos temas interesantes.
Hemos de destacar, antes de comenzar el análisis, que la crítica se ha
centrado especialmente en una de las modalidades de la escritura
autobiográfica: la autobiografía. Por tanto, muchos de los puntos que vamos
a tratar están referidos a la autobiografía. Los autores, en general, estudian
las características de la autobiografía y, en relación a ella -señalando
diferencias o semejanzas- tratan las otras modalidades de la escritura
autobiográfica.

3.1. El “yo” del autor en el relato. La sinceridad del escritor

Unimos, en primer lugar, los rasgos 1º y 5º de los señalados por


Romera Castillo, porque plantean uno de los problemas estudiados con
mayor profundidad por la crítica: la cuestión del “yo” del autor en el relato
autobiográfico y la sinceridad del escritor en relación con lo que dice
respecto a su propia vida en el texto.

1. El yo del escritor queda plasmado en la escritura como un signo


referencia de su propia existencia.
5. El sujeto del discurso se plantea como tema la narración sincera (si
no en su plena integridad, sí parcialmente) de su existencia pasada a
un receptor(testigo necesario de le discursividad de la literatura intimista).

Se trata de un problema que, a su vez, incluye otras tantas cuestiones


en torno a la forma autobiográfica de la escritura. Vamos a intentar sintetizar
agrupando los distintos estudios en dos tendencias significativas. En el fondo,
como decía Pozuelo Yvancos (1993), la polémica de la crítica alrededor de la
escritura autobiográfica es sólo cuestión de ideología.

a) Capacidad / incapacidad del lenguaje para expresar (y construir) la


(propia) vida.

Se dan dos tendencias críticas enfrentadas, aparentemente; cuentan


cada una con representantes destacados:

1) Los que ponen el acento en la capacidad de la escritura


autobiográfica de ser portadora de datos reales referidos a la
existencia verdadera del autor. El representante más destacado de
esta tendencia esPhilippe Lejeune.
2) Aquellos que insisten (influidos por la filosofía deconstruccionista
de Jacques Derrida) en la incapacidad de la autobiografía (y por
extensión de la escritura autobiográfica) para expresar la realidad de
la vida del autor. Negando, en especial, la capacidad del lenguaje
para expresar la vida. Paul de Man se ha situado a la cabeza de esta
corriente deconstruccionista de la autobiografía.

La “cuestión palpitante” (diremos utilizando la expresión de E. Pardo


Bazán referida al naturalismo) de la autobiografía gira en torno a la
posibilidad e imposibilidad del lenguaje para ser expresión de la realidad,
concretamente de la realidad individual -que parece la más inasible-. Y,
avanzando por el camino de la capacidad del lenguaje, la posible
competencia de éste para ser constructor del propio individuo. Algo
impensable para Paul de Man, Jacques Derrida, etc., para quienes el lenguaje
y todo lo que puede construir el lenguaje queda en el ámbito de la ficción.
Nos encontramos, pues, como indicamos al principio, en uno de las
claves de la cuestión autobiográfica y, en consecuencia, de la literatura en su
conjunto: la relación-oposición ficción / realidad.
No olvidemos que estamos considerando la escritura autobiográfica
como un género literario, partícipe, por tanto, de las condiciones de la
literatura, aunque con sus características especiales o rasgos diferenciadores.

b) Ficción / Realidad en la literatura y en la escritura autobiográfica

Antonio Garrido Domínguez en su libro sobre los textos narrativos


estudia los puntos claves de la relación realidad-ficción haciendo un repaso
de las opiniones más destacadas en relación al tema. Presentamos a
continuación una síntesis del trabajo de Garrido Domínguez (1993: 27 y ss.):

En primer lugar, Garrido Domínguez parte de la pregunta: ¿Cuál es


elreferente de un relato literario?. Para contestar a esta pregunta se ha de
partir de las relaciones entre el mundo de la fantasía y el mundo real. ¿Cómo
se ve la realidad desde el arte? ¿Cómo un representación mimética o cómo
ilustración de la misma? Por medio de las convecciones del arte, se
pueden sugeriraspectos de la realidad, aunque el autor no pretenda ser fiel al
mundo objetivo[2].
En la Poética, Aristóteles presentaba la literatura dramático-narrativa
como mímesis de acciones. El relato literario, apunta Garrido Domínguez
consiste en una realidad descomprometida respecto al mundo objetivo,
enmarcándose en el dominio de lo posible. Lo característico de la literatura es
su verosimilitud, lo que sin ser real, es creíble y convincente.

En cuanto construcción imaginaria, el relato de ficción implica la


creación de mundos, mundos alternativos al mundo objetivo, sustentados
por la realidad (interna o externa) que hace posible el texto.
La experiencia estética que el texto facilita implica la realción entre el
mundo del autor -textualmente proyectado a través de los signos y las
convecciones literarias- y el mundo de los lectores. El lector debe cooperar
intencionalmente con el fin de completar las inevitables lagunas que todo
texto literario implica por su esquematismo. Es el lector el que, con ayuda de
sus facultades (afectividad, imaginación, inteligencia, memoria literaria, etc.)
y experiencia vital, da forma al objeto, al referente de la ficción, a partir de las
instrucciones del texto (Albadalejo, 1986: 75-79).
La simbiosis entre la realidad efectiva y los elementos ficcionales
dentro del texto de ficción admite diferentes grados de intensidad (M.L. Ryan,
1980: 415 ss): la ausencia total de elementos de la realidad en los relatos
fantásticos[3].
La realidad y la ficción conviven generalmente en el marco de los
textos ficcionales, pero siempre sin confundirse, ya que sus modos de
existencia son peculiares e imprescindibles.
Para Martínez Bonati (1992: 167-177) el fundamento de la experiencia
artística reside en que no buscamos ninguna verificación empírica para el
objeto que la obra contiene; éste tiene sus puntos de anclaje en el ámbito de
la imaginación. De esa desvinvulación de la realidad efectiva procede
precisamente la riqueza (y la ambigüedad) del objeto ficiticio. Es la ficción la
que establece, de acuerdo con las convecciones artísticas, su propio campo
de referencia, la que decide su coherencia interna.
Según Ricoeur (1983:134), la realidad humana permanece siempre
como horizonte último, inevitable de la obra de ficción. El significado de un
relato surge de la relación entre el mundo fantástico, creado por el autor, y el
mundo real o sensorial.
Precisamente la teoría de la ficción trata de dar cuenta de las
relaciones que se establecen entre la realidad efectiva y la ficción en el marco
del texto ficcional.
(Garrido Domínguez, 1993: 27 ss)

Hasta aquí el resumen del estudio de Garrido Domínguez. Volveremos


a él en adelante para examinar temas decisivos en la investigación sobre la
escritura autobiográfica.

c) El modo de conocimiento que supone la literatura

Para presentar el modo de conocimiento que supone la literatura


vamos a acudir a dos estudiosos de la obra literaria: Mª. del Carmen Bobes
Naves y Juan Oleza. Utilizaremos el análisis del modo de conocimiento que
supone la novela como género y la novela histórica en particular como
ejemplo del modo de conocimiento que significa la autobiografía (o la
escritura autobiográfica) en cuanto género literario.

Mª. del Carmen Bobes Naves (1993) estudia en su libro sobre la


novela el modo de conocimiento del mundo que supone este género
literario. Aunque en nuestro trabajo nos interesan las novelas, en principio,
sólo en cuanto que pueden ser novelas de ficción autobiográfica, también
nos será útil este estudio sobre la novela para la autobiografía como género
literario, como veremos más adelante.
Nos detenemos, pues, en la novela.
Por el hecho de pertenecer al conjunto de las creaciones artísticas
producidas por el hombre, está vinculada a las obras anteriores y a los
sistemas culturales coetáneos.
La novela, como toda la literatura, es al
mismo conocimiento y juego.Conocimiento del hombre y del mundo, y
juego como acto lúdico para el que escribe y para el que lee.
La novela puede suponer para el lector un vehículo que le ayude a
interpretar la realidad, una explicación de este mundo, presente y pasado, y
una aproximación al conocimiento de otros mundos posibles.
María del Carmen Bobes Naves (Bobes Naves, 1993: 22), al explicar las
distintas funciones de la literatura, afirma que la novela es “un medio que
tranquiliza al hombre al servirle de expresión y ofrecerle respuestas a
cuestiones antropológicas que se plantea respecto al pasado y al presente (…)
La novela puede ser considerada como un proceso de conocimiento, pues
puede dar una explicación de las personas, de sus conductas, de los motivos
por los que actúan y de las consecuencias de sus acciones”.
Una obra novelística que consigue ser para el lector un “proceso de
conocimiento” necesariamente ha sido creado por una persona capaz
de ver de manera privilegiada el mundo.
Decía Émile Zola (1987: 183) que la capacidad para “ver el mundo” es
aún más escasa que la capacidad de crear, y que eran pocos (en su época) los
escritores que poseían el don de penetrar con exactitud lo real para
transmitirlo después en sus obras.

Juan Oleza (1994) presenta un trabajo sobre la novela histórica a


finales del siglo XX en el que realiza un estudio de las relaciones entre
realidad y ficción tal y como se presentan en el discurso narrativo,
especialmente de la novela histórica, que resulta muy esclarecedor para el
tema que estamos tratando.
Presentamos en síntesis el artículo de Juan Oleza:

· Al imponer una trama a los acontecimientos reales no se refleja la


vida tal como es sino una imagen de la vida, que es y sólo puede ser
imaginaria, y al ponerle un fin, se dota a la secuencia de una significación
moral, pues los acontecimientos no son tales sin una trama que los
seleccione, destaque y ordene.
· Para White (1978), la Historia y la Ficción operan de manera
básicamente semejante a la hora de enfrentarse a lo real, pues ambas
utilizan la narración como modo de conocimiento de lo real, ambas
constituyen un único discurso simbólico, cuyo mayor poder no es el
informativo, sino el de generar imágenes de lo real.
· La trama de una narración histórica no reproduce el pasado, no lo
imita, tampoco lo explica, lo comprende y lo simboliza, se constituye en un
correlato alegórico.
· Ricoeur (1985): el relato supone una “pretensión de verdad” por
parte del autor. El lector es la clave para interpretar esa intención de
verdad del escritor.

· Las Autobiografías, etc. (Memorias, Crónicas, Diarios…) son formas


híbridas entre la Ficción y la Historia.

LA HISTORIZACIÓN DE LA FICCIÓN
· Tanto la novela histórica como las formas híbridas señaladas
(autobiografía, etc.) nos llevan a la cuestión de la ficcionalidad del discurso
literario, o su cara opuesta, la referencialidad del discurso histórico.

PRAGMÁTICA
· El lenguaje literario no es sino un uso especial del lenguaje, un juego
de lenguaje (reglas, convenciones, tipo de situación comunicativa)
Los lectores son que lo aceptan como literario un determinado texto.
· El objetivo de esta clase de actos de habla es no sólo producir
creencia (como las aserciones) sino también implicar imaginativa y
afectivamente al lector en el estado de las cosas representado, incitarle a
tomar partido, a evaluarlo.

FENOMENOLOGÍA
· Paul Ricoeur (1980): proporciona una última clave para las bodas
entre Historia y Ficción: devolver al concepto de representación sus
posibilidades de juego. Relacionando la capacidad de representar lo real por
medio del discurso literario con el concepto de mímesis: redefinición de la
mímesis como un proceso en tres fases, que conduce desde
la prefiguración de los acontecimientos reales por el autor, a
su configuración en el texto por medio de la trama, para llegar a
su transfiguración por el lector. El texto literario, otra forma de lo real,
tendiendo un puente entre nuestra capacidad de experiencia humana como
agentes y nuestra facultad de transformarla en experiencia estética por
medio de la lectura.
El texto, la trama en que se ordenan nuestras experiencias resulta así
un mediador fundamental.
(Oleza,1994: 83 ss)
d) Posiciones enfrentadas. Una cuestión de ideología

1. Facultad del lenguaje para expresar lo real:

n Autoinvención en la autobiografía: el momento del lenguaje:


En el extremo de esta primera posición (defensa del poder del
lenguaje para expresar la realidad) encontramos la postura de J.
Eakin y de E. Bruss.
John Eakin (1991) afirma que “el yo existe y éste crea el
mundo a través del lenguaje”. Habla del papel determinante de
lareferencia en el reconocimiento de cualquier texto como
autobiográfico[4]: “siendo, por supuesto, la referencia principal la
identidad explícitamente postulada entre el personaje principal y el
narrador del texto, por una parte, y del autor del texto por la otra” [5]
(1991: 80).
Eakin cita a James Oleny para insistir en que “el punto de vista
que Paul de Man expone sobre el dsicurso de la autobiografía en
particular y sobre el lenguaje en general contradice la concepción
tradicional de la autobiografía como teatro de la autoexpresión, el
autoconocimeinto y el autodescubrimiento” (Eakin: 1991: 81).
Para asentar su teoría sobre bases sólidas, Eakin echa mano de
las teorías de Benveniste sobre el lenguaje.
“Los tratamientos contemporáneos más prometedores sugieren
que el yo y el lenguaje están mutuamente implicados en un único e
interdependiente sistema de comportamiento simbólico. (...) Para
comprender la condición del hombre en el lenguaje, E. Benveniste
advierte que debemos abandonar “las viejas antinomias del “yo” y el
“otro”, del individuo y la sociedad. (…) Según Benveniste: “es
literalmente cierto que la base de la subjetividad está en el ejercicio
del lenguaje”. Define la subjetividad como la capacidad del hablante de
proponerse a sí mismo como sujeto. (…) El lenguaje es el modo de
autorreferencia más importante.” (Eakin, 1991: 82).

Y cuando expone lo que él llama “el momento del lenguaje” trae


a colación las tesis de E. Bruss, quien “identifica el yo y la autobiografía
como estructuras lingüísticas homólogas. (…) E. Bruss aboga por un
acercamiento a la autobiografía basándose en el modelo de acto de
habla”. Bruss conceptualiza “la autobiografía como una forma de
elocución; (…) propone propone que es una tarea del crítico de la
autobiografía, trabajando a partir de claves lingüísticas o registros
incluidos en el texto, para reconstruir el contexto del habla original y
conseguir así una llave del mundo privado del autobiógrafo”. (Eakin,
91: 86).
Terminamos esta síntesis del estudio de Eakin con sus palabras
sobre la capacidad de la autobiografía: “Si aceptamos la escritura de la
autobiografía como una especie de habla y si postulamos la
“intención” de un texto así es comunicar la naturaleza del yo autor (el
“efecto”), entonces puede que consideremos la posibilidad de que la
autobiografía, como el habla, pueda proporcionar un medio en el cual,
tanto para el autobiógrafo como para su lector, el yo pudiera
aprehenderse en su presencia viva.” (Eakin, 91: 87).

n Georges May:
Georges May (1979) concluye que el postulado básico de la
autobiografía es que el hombre existe, y sobre este postulado descansa
la fortuna de la autobiografía. Toda autobiografía entraña,
explícitamente o implícitamente un testomonio. El autobiógrafo
pretende reencontrar en sí mismo a la especie humana. La intimidad
conduce a la universalidad.
Incluye May esta conclusión sobre la autobiografía en el
apartado en el que habla de “La paradoja fundamental de la
autobiografía”: “La narración que hace el autor de su propia vida tiene
por virtud, quizá inesperada, quizá mágica, la de reflejar también,
aunque de otra manera, la de su lector”. Para avalar esta opinión,
Georges recuerda las palabras de Simone de Beauvoir: “Cuando un
individuo se expone con sinceridad, casi todo el mundo entra en el
juego”.

n Paul Jay:
En 1984, Paul Jay escribió El ser y el texto, traducido al español
en 1993 en Megazul. El propósito del libro es, según nos dice su autor:
realizar “un análisis histórico del impacto que han tenido las ideas en
constante transformación acerca del “yo” psicológico y del sujeto
literario sobre las formas de autorrepresentación literaria, a lo largo de
los siglos XIX y XX” (1993: 17).
Se trata de un trabajo muy interesante en cuanto a la
interpretación de las obras de forma autobiográfica (lo que Paul Jay
llama “formas de autorrepresentación literaria”) como presentación
psicológica del sujeto; a la vez, que un estudio de las distintas formas
en las que aparecen:
“El análisis de la autorrepresentación literaria que
expongo posee una doble vertiente: por una parte, recorre la
evolución de lasestrategias textuales que han proliferado en la
composición de la literatura autorreflexiva a medida que surgen a
manera de respuestaante las cambiantes concepciones del sujeto”
(1993: 17).
El libro me parece acertado sobre todo en los siguientes
aspectos:
n En primer lugar, el término que utiliza para referirse a la
escritura autobiográfica: literatura autorreflexiva o formas de
autorrepresentación literaria. Ya que resulta más esclarecedor
para englobar a las distintas modalidades y no confundirlas
con la autobiografía propiamente dicha.
n Después me parece interesante el estudio comparativo que
hace entre la literatura autorreflexiva y el psicoanálisis,
además de todas las cuestiones filosóficas que están en
continua relación con la escritura autorreflexiva.
n Aunque el análisis de las Confesiones de San Agustín es un
tema que tratan de forma repetida los distintos estudiosos de
la escritura autobiográfica, este de Paul Jay me ha parecido
especialmente sugestivo para acercarnos a la obra en
particular y a toda la literarura autorreflexiva en particular.
Dice Paul Jay del libro de San Agustín que todas y cada una de
“están igualmente atentas a su renovación y transformación,
operada a mediada que escribe. Agustín existe en su propia
narración no tanto como sujeto que sea preciso recordar en
el lenguaje, sino más bien como sujeto que ha de ser
transformado por medio del lenguaje (…) Su “alma en
ruinas”, espera que Dios le ayude a “reconstruirla de nuevo”.
Escribe sobre el pasado con objeto de “curar” en el presente
lo que él mismo denomina su “enfermedad”(…) Agustín, el
sujeto de lasConfesiones se vincula a Agustín, el autor de
las Confesiones, en un esfuerzo de representación que se
propone, mediante el recuerdo de aquél, la transformación
de éste”. (Jay, 93: 29)

n Ángel Loureiro:
Aunque Loureiro en sus estudios sobre la escritura autobiográfica
parece dudar, en principio de la capacidad del lenguaje para ser
representación o construcción del individuo, en el artículo de 1993
(“Direcciones de la autobiografía”), presenta una puerta abierta a
cierto poder del lenguaje en relación al conocimiento del sujeto. Es el
camino de la alteridad. Veamos las palabras de Loureiro:
“El estudio de la alteridad podría resultar fructífero si lo
abordamos en el contexto de las concepciones del poder y del
sujeto de Focault. Tal vez podrían soslayarse muchas de las
dificultades apuntadas si no partimos de que en la
autobiografía nos hallamos ante un ser autónomo, íntegro,
propio, autodeterminado o autoconsciente sino que, al
contrario, vemos al sujeto en el sentido de Foucault: “sujeto a
alguien por medio del control y de la dependencia; y sujeto a
su propia identidad por una conciencia o
autoconocimiento”(…) La confesión sería una de las formas
privilegiadas de creación de la individualiad, de creación de
un discurso verdadero acerca de uno mismo, de la
constitución del sujeto como autoconciencia, en una situación
en que se da una relación de poder esencial para esa
constitución subjetiva: “la confesión es un ritual de discurso
en el cual el sujeto que habla coincide con el sujeto del
enunciado (…) La escritura autobiográfica podría considerarse
una forma más de lo que Foucault llama las tecnologías del
yo, las cuales “permiten a los individuos efectuar por sus
propios medios o con la ayuda de otros operaciones sobre sus
propios cuerpos o almas, pensamientos, conducta y forma de
ser, con el fin de autotransformarse para alcanzar cierto
grado de felicidad, pureza, sabiduría, perfección o
inmortalidad”. (Loureiro, 1993: 43-44)

n María Zambrano:
Aunque más adelante, en el apartado sobre las modalidades de
la escritura autobiográfica, estudiaremos la modalidad de
la confesiónpartiendo del estudio de María Zambrano La confesión,
género literario, en este punto presentamos las ideas esenciales sobre
la concepción del lenguaje y su capacidad para expresar, comunicar y
construir a la persona humana que defiende la filósofa escritora.
Seguiremos para esta primera exposición sobre el pensamiento de
María Zambrano el artículo de María Luisa Maillard de 1993:
“María Zambrano ha eludido, a la hora de transmitirnos
sus ideas, el claro camino de los conceptos. Frente a la actividad
definidora, ha preferido la sugerencia de la actividad simbólica
y la tropológica. Frente a la semántica, ha preferido
la estilística.Se trata de una elección que busca elevar a
la conciencia los mecanismos de poeticidad que encierra el
lenguaje. Arranca de un toma de postura inicial muy semejante
a los planteamientos de Jacques Derrida (búsqueda de ese
momento lírico anterior a la actividad logocéntrica). Sin
embargo, la apuesta de María Zambrano es de esperanza. si la
filósofa reclama lo poético a la luz de la conciencia, es
precisamente por se confianza en lafacultad simbólica del
lenguaje como una forma de conocimientomás próxima a la
vida que la de la violencia de los conceptos, patrimonio de la
cultura occidental desde Aristóteles”. (Maillard García, 93: 281)

2. La autobiografía no se puede mover más allá de su propio texto hacia un


conocimiento del yo y del mundo.

n Paul de Man
Para sintetizar las teorías de Paul de Man sobre el discurso
autobiográfico, utilizaremos el estudio de John Eakin; hemos
escogemos la síntesis de este autor porque, al defender él las
ideas contrarias a la posición de De Man, se fija en las
cuestiones que nos interesan especialmente en este punto:
“Paul de Man, en su ensayo sobre el discurso
autobiográfico, plantea un ataque frontal basado en la
presunción de que la autobiografía pertenece “a un modo más
simple de referencialidad”, de este tipo, que “parece depender
de hechos reales y potencialmente verificables de una manera
menos ambivalente que la ficción”. En la epistemología de de
Man, la aspiración de la autobiografía de moverse más allá de su
propio texto hacia un conocimiento del yo y su mundo, se funda
en la ilusión, ya que “el modelo especulativo de la cognición”,
en el cual “el autor se declara a sí mimo el sujeto de su propio
entendimiento”, “no es ante todo una situación o un hecho que
pueda localizarse en una historia, sino… la manifestación, al
nivel del referente, de una estructura lingüística” La base
referencial de la autobiografía es, pues, inherentemente
inestable, UNA ILUSIÓN PRODUCIDA POR LA RETÓRICA DEL
LENGUAJE. De Man se centra en la figura de la prosopopeya, el
tropo dominante tanto en el epitafio como en la autobiografía,
“mediante el cual el nombre de uno se hace tan inteligible y
memorable como una cara”; “ficción de la voz desde más allá de
la tumba” (…) De Man concluye: “hasta tal punto el lenguaje es
figura (o metáfora o prosopopeya) es realmente no la cosa
misma, sino la representación, la imagen de la cosa, y, como tal,
es silencioso, mudo como las imágenes”(…) La destrucción del
discurso autobiográfico es ahora completa; despojada de la
ilusión de la referencia, la autobiografía vuelve una vez más a
inscribirse en la cárcel del lenguaje”. (Eakin, 91: 82)
e) Identidad Autor-Narrador-Personaje

“El yo del escritor queda plasmado en la escritura como un signo de


referencia de su propia existencia”. Éste es el primer rasgo de la
escritura autobiográfica que Romera Castillo (1981) subraya.
Después de la polémica de la que hemos dejado constancia arriba
sobre la capacidad del discurso autobiográfico para ser representativo
del yo del autor, trataremos en concreto de esta relación que se sitúa
en la base de la escritura autobiográfica: la relación (o, tal vez,
indentidad) entre el autor del texto, el narrador (ente ficticio que
narra) y el personaje.
“El sujeto del discurso se plantea como tema la narración sincera”
(Romera, 1983: 14). El rasgo básico de la literatura autorrepresentativa
es la intención (sincera) del autor. Recoge Lejeune (1994: ) la
definición que en 1876 hacía Vaperau de la autobiografía: “obra
literaria, novela, poema, tratado filosófico, etc., cuyo autor tuvo la
intención, secreta o confesada, de contar su vida, expresar sus ideas o
expresar sus sentimientos”. Se pregunta Lejeune, tras esta definición
de diccionario,¿quién decidirá la intención del autor? Y responde sin
dudarlo que es el lector el que decide si una obra ha sido elaborada
con una intención autobiográfica o no.
Y es que lo que interesa para el género autobiográfico no es si
responde o no la verdad, sino si el lector, que es quien re-crea la obra
al leerla, la descodifica como escritura autobiográfica, es decir, si utiliza
para la interpretación las claves que le proporciona el que sea el
discurso autobiográfico un referente de la vida o del “yo” del autor.
Como dirá Darío Villanueva, leemos con una intención de realismo,
aun las obras que consideramos plenamente ficticias (Villanueva, 92 y
93).
La insistencia en el punto de vista del lector (característica, por otra
parte, de la teoría y la crítica literaria actuales, sobre todo, a partir de
la Estética de la Recepción) es una constante en los trabajos de
Philippe Lejeune sobre la autobiografía, como lo es también en el
estudio de Georges May (1979). Aunque la crítica norteamericana, y la
teoría deconstruccionista en particular, opine de estos estudios que
suponen posiciones tradicionales y superadas (¿?) respecto a la
escritura autobiográfica.
May dedica un capítulo de su libro al punto de vista del lector, en el
que elabora un estudio interesantísimo de la perspectiva de la
recepción en la escritura autobiográfica:
n Al lector no le importa si la autobiografía es auténtica o no (él lee
con intención realista).
n La escritura autobiográfica gusta al lector porque se identifica,
de alguna manera, con el “yo” que se autoexpresa y
esa identificaciónle sirve para tranquilarze: encuentra que a otras
personas le han pasado cosas parecidas a las que a él le han
ocurrido, capta ideas que le parecen importantes sobre el sentido
de la vida, etc.
n “Lo íntimo es el camino más seguro hacia lo universal y lo
general”. “El autobiógrafo -que sabe hundirnos en las
profundidades de su memoria para buscar la unicidad de sus
propios recuerdos- nos facilita, sin saberlo siempre, el acceso a
nuestra intimidad más estricta”. (May, 79: 129)

Sin embargo, las teorías de Lejeune y May, que se asemejan a la


posición de Romera Castillo (1983), son las que últimamente han retomado
los críticos; destacan, en el ámbito hispano, las opiniones de Darío
Villanueva (1991 y 1993) y Pozulelo Yvancos (1993).
Se trata de colocar el eje del estudio de la autobiografía (o escritura
autobiográfica) en el lector y en las consideraciones pragmáticas. Lo
estudiaremos con más detenimiento en el apartado g): “Soluciones
semiológicas y pragmáticas. La Estética de la Recpeción”.

Continuemos ahora con la proposición de Lejeune en el pacto


autobiográfico (1994: ) “para que haya autobiografía es necesario que
coincidan la identidad del autor, del narrador y del personaje”. Respecto a
esta cuestión de la identidad Autor-Narrador-Personaje, en El pacto
autobiográfico, bis (1994: ), Lejeune apunta. “Siempre tuve la idea de que el
centro del campo autobiográfico era la confesión”.
La confesión del autor, es decir la intención (sincera o no) de que el
que dice “yo” en el texto corresponda al “yo” del autor.
La idea de la importancia de la confesión en la escritura autobiográfica
aparece también en María Zambrano (1995) [6]. María Luisa Maillard García lo
estudia en su artículo de 1993. La consideración de la confesión como género
literario sirve a María Zambrano para establecer la diferencia entre novela y
la confesión propiamente dicha (la escritura autobiográfica que cumple una
serie de condiciones): “María Zambrano subraya las diferencias entre novela
y confesión: pues ambas son expresiones de seres individualizados a los que
se les concede historia (…) La confesión no partiría de un tiempo virtual, sino
de la confusión e inmediatez del tiempo real, para ir a la búsqueda de otro
tiempo, no por imaginario menos real: aquel capaz de dar cuenta de la
unidad hallada de una vida” (Maillard García, 1993: 283).
Nos encontramos en este punto abocados, a través de las ideas de
María Zambrano, a tratar el tema del tiempo y la narratividad como
expresión de la vida, pero este tema lo dejaremos para más adelante.

Siguiendo con la cuestión que nos ocupa en este epígrafe (identidad


Autor-Narrador-Pesonaje), retomamos la exposicón de Fernando Cabo
Aseguinolaza (1993). Nos parece acertada la postura que propone. A la
intención del autor, él la llama “voluntad de identificación” del autor con el
narrador y el personaje.
Todas las características de la forma autobiográfica, dice Fernando
Cabo “hacen de ella un lugar de privilegio para la reivindicación desde
y para la teoría de la literatura de la figura y el concepto de autor; y no
sólo como una noción accesoria o meramente instrumental, ni como
una presencia incómoda difícil de situar en el entramado conceptual
de una teoría, sino como un elemento ineludible en un entendimiento
dialógico del hecho literario. En lo que se refiere a las autobiografías,
sean o no de las que se conocen como ficticias, hay una primera
circunstancia de necesario reconocimiento: el yo no puede ser
entendido en ningún caso como expresión inmediata del autor. Pero
ello no debe impedir, por otro lado, que admitamos con todas sus
consecuencias que el yo de las autobiografías, llamémosles reales, se
construye sobre una voluntad de identificación.(…) A mi juicio, este
proceso de identificación constituye la principal dimensión retórica de
la autobiografía, y como tal se fundamenta sobre la pretensión de
un efecto y la confianza en un determinado ethos autorial. En este
orden de cosas, lo más llamativo en el artefacto autobiográfico es la
presencia de una voz de apariencia autoconstituyente que trata de
imponerse a sí misma como enunciadora de un determinado discurso y
busca delimitar su propio contorno desde la base de un esfuerzo de
identificación”. (1993: 136)

f) Autor-narrador en la obra literaria


Buscando las conexiones entre la escritura autobiográfica y la novela (o relato
fictivo) que señalábamos en la Introducción, creemos oportuno dedicar un
epígrafe a las relaciones entre autor y narrador en las obras literarias,
especialmente las narrativas. Y no sólo porque nos queramos centrar en la
literatura propiamente de ficción, sino también porque entendemos que el
género autobiográfico y el género de las obras de ficción de forma
autobiográfica sufren (ambos) un fenómeno de ósmosis:
1. La literatura autobiográfica de ficción toma las formas, los
temas, las preocupaciones de las obras autobiográficas (las que
tienen intención -sincera o no- de tener como referente al
autor).
2. La escritura autobiográfica por ser un género literario y
pertenecer, por tanto, a la literatura, no escapa de las creaciones
fictivas que supone el lenguaje literario.
3. La literatura de ficción, sobre todo en la actualidad, como
apuntaba Lejeune (1994: 83), está tiñiéndose, cada vez más del
llamado por él “espacio autobiográfico”. Los autores dan pie
para que se interprete su obra como un espacio autobiográfico
(mediante entrevistas, artículos, escritos autobiográficos…). Y al
lector le gusta rastrear en las obras de ficción las claves
autobiográficas de los autores.

Presentamos a continuación, en síntesis, las aportaciones que sobre la


relación Autor-Narrador de dos teóricos de los textos narrativos: Isabel
Román Gutiérrez y Antonio Garrido Domínguez.
Isabel Román Gutiérrez en la primera parte de su libro sobre la novela
del siglo XIX (1987) presenta datos básicos sobre la teoría de la narratividad,
que interesan para entender tanto la novela del siglo XIX como la novela
contemporánea, y, por extensión, también nos ayudan a acercarnos con
mayor claridad a la escritura autobiográfica. Veamos su estudio sobre el
Narrador-Autor:

“Se hace necesario establecer quién es el narrador de la novela. En


principio hay un cierto paralelismo con la diferencia antes
mencionada entre el mundo real y el mundo novelesco. Vimos cómo
este último adquiría entidad propia al margen de la realidad externa.
De igual manera, el escritor no tiene necesariamente que
identificarse con el narrador de la novela en sus distintas
manifestaciones. Existe la misma oposición ficción-realidad. Quede
bien claro que no pretendo negar las relaciones e influencias que el
escritor como hombre pueda ejercer sobre la ficción novelesca, sino
afirmar que ésta es una realidad artística distinta al entorno real. Es
inevitable separar las vivencias del escritor de su creación artística.
Como expone Roland Barthes, qui parle (dans le récit) n'est pas
qui écrit (dans la vie) et qui écrit n'est pas qui est, diferenciando
claramente el hombre que existe como tal ("qui est"), el escritor ("qui
écrit") y el narrador («qui parle"), personaje ya desligado de las
anteriores situaciones puesto que entra a formar parte de ese otro
mundo constituido por la creación literaria. De la misma forma que
un elemento de la realidad no puede ser trasladado idénticamente a
la obra literaria, el narrador no puede corresponder al autor, hombre
real.
Escribe Francisco Ayala que “el autor queda ficcionalizado
dentro de la estructura literaria que él mismo ha producido, aun en el
caso de que aparezca en ella ostentando los caracteres de la más
comprobable identidad personal”(Ayala, 1970: 27).
Walter Mignolo, por su parte, distingue el "acto de enunciar" del
autor, que es verdadero, del acto ilocutivo del narrador, que es
simulado o pretendido”.
(Román Gutiérrez, 1987: 25-26)

Antonio Garrido Domínguez en su libro sobre los textos narrativos


habla de la relación entre el narrador y la cuestión del autor en los siguientes
términos:

“En el relato tradicional el autor hace frecuentes actos de presencia (de


forma claramente ostentosa) para opinar sobre el desarrollo de la acción,
evaluar el comportamiento de los personajes, etc. Esta cuasi-omnipresencia
-o mejor, prepotencia- del autor contribuyó de forma notoria a su descrédito
hasta el punto de que a finales del siglo XIX y, muy en especial, en el XX se
observa un denodado esfuerzo por parte de los creadores tendente a
dismular o escamotear cada vez más su presencia. Se llega así a la asepsia
narrativa, al relato que parece que se cuenta a sí mismo. El texto no precisa al
autor para explicarse de puertas adentro. En cuanto el proceso productor del
relato se pone en marcha, el autor cuenta con una imagen vicaria y una voz
delegada que es la del narrador.
Aunque tratándose de seres de papel, los únicos elementos con
prerrogativas dentro del universo narrativo son el narrador y los personajes.
Para entrar en el relato el autor recurre a una serie de máscaras a través de
las cuales intenta mantener a salvo su credibilidad y la verosimilitud de la
historia. La primera y más importante es la del narrador. (hay otras:
transcriptor, editor de papeles encontrados… fuente oral o
escrita). Empeñado en lograr la máxima credibilidad ante los ojos del lector,
el autor recurre a otros ardides también consagrados por la tradición
literaria: optando por una forma autobiográfica- de cuyo pacto fundacional
él es el principal garante y beneficiario- acudiendo a los factores
convencionalmente asociados a la verosimilitud como la deixis de espacio y
tiempo o, en suma, presentándose como testigo directo o investigador de los
acontecimientos narrados.
El autor en el texto: autor implícito:
Por instinto el lector tiende a identificar con relativa frecuencia
narrador-autor. E incluso, cuando se trata de la autobiografía, con el
personaje-protagonista.
Foster y Booth trataron de salvar los fueros del autor. El resultado fue la
elaboración de un nuevo concepto: autor implícito, que se distingue del autor
real como del narrador. Según Booth, el autor implícito es la imagen que el
autor real proyecta de sí mismo dentro del relato. Se trata de una realidad
intratextual -aunque no siempre explícitamente representada- elaborada por
el lector a través del proceso de lectura, que puede entrar en abierta
contradicción con el narrador. El autor implícito sienta las bases, las normas
-según Booth, de carácter moral- que rigen el funcionamiento del relato y,
consiguientemente su interpretación. Llámese alter ego o segundo yo, la
misión principal del autor implícito consiste en hacer partícipe al lector
implícito de su sistema de valores (morales). (Ligado al sentido general,
profundo, del texto). El planteamiento retórico que subyace en esta doctrina
(implica un esfuerzo comunicativo) reclama explícitamente la presencia de un
receptor en cuanto destinatario de lapersuasio pretendida por el autor
implícito (capaz de hacerse con el sentido global, siempre de orden
ideológico de la obra).
Batjín y Leujeune:
El autor -que en ningún momento debe confundirse con el narrador-
domina todo el universo del relato y, por consiguiente, trasciende
ampliamente el ámbito del personaje. Esta situación de privilegio se
corresponde no sólo con un control absoluto de todos los resortes del relato
sino de su orientación general. Esto quiere decir que en cada momento el
autor adopta una actitud hacia el objeto de la narración y, en especial, hacia
el héroe, que permite ver en éste un trasunto de la visión del mundo del
autor.
Lejeune: Lo que diferencia a la autobiografía de otros géneros es la
instauración de un pacto, en virtud del cual el lector establece
espontáneamente una relación de identidad entre autor, narrador y
personaje a través de la forma discursiva yo y la firma (el nombre propio)
estampada por el autor en la portada del libro. El que dice yo , sea narrador
o personaje es al mismo tiempo el que vive realmente en el mundo
objetivo, el que cuenta su vida y el que ha vivido determinados
acontecimientos en un tiempo anterior. El autor se objetiva, pues, en el
relato, mientras que narrador y personaje cuentan con un referente externo
que se convierte en garantía de su credibilidad. (Lejeune, 1973).
Sin embargo, es preciso alertar contra la tendencia a identificar narrador
y autor real. Kayser: el narrador es sólo un papel, el procedimiento habitual
que asume el autor para convertirse en locutor y responsable de un mensaje
narrativo; un ser de ficción.”
(Garrido Domínguez, 1993: 111 ss )

3.2.2. Relato y narratividad. Existencia pasada. Narratario.

Nos detenemos ahora en los rasgos 3 y 4 de los señalados por Romera


Castillo (1981) como diferenciadores de la escritura autobiográfica:

3. El relato debe abarcar un espacio temporal suficiente para


dejarrastros de la vida (la extensión es libre: puede ocupar varios
volúmenes o una página).

4. El discurso empleado, en acepción de Todorov, será el narrativo,


como corresponde a unas acciones en movimientos (el retrato, sin
incluirlo en la dinámica actancial, sería por sí solo una descripción
estática).

5. El sujeto del discurso se plantea como tema la narración sincera


(si no en su plena integridad, sí parcialmente) de su existencia
pasada a un receptor (testigo necesario de le discursividad de la
literatura intimista).

Aparecen aquí, aparte de las ya apuntadas, unas cuantas cuestiones


importantes de la escritura autobiográfica:

a) La consideración de la escritura autobiográfica


como relato (historia que se cuenta).
b) La cuestión del tiempo y la narratividad (de la vida y del relato).
c) El tema de la vida del autor (y de la vida que se cuenta en el
relato).
d) La presencia de un receptor interno (narratario).

Tendríamos que partir de la definición -tantas veces citada y criticada-


deLejeune sobre la autobiografía como relato en prosa retrospectivo.
Explicar si nos estamos refiriendo a una de las modalidades de la escritura
autorrepresentativa, concretamente a la autobiografía. Además de explicar,
como acertadamente explicaba Romera (1981) designa el hecho de contar
una historia y que no tiene por qué manifestarse en prosa.
Muchos de los estudiosos de la escritura autobiográfica están de
acuerdo en que la modalidad más utilizada es la autobiografía y quizá por ello
los demás subgéneros toman de ella, aclimatándolas a sus formas, muchas o
algunas de sus características.
Pero en este punto pienso que es conveniente hacerse eco del
pensamiento del filósofo Paul Ricoeur, que considera la narratividad como
caracterísitica esencial de la vida humana. Y, como veremos más adelante,
elvivir la vida como narratividad y el apremio de contarla se conecta con la
necesidad de un narrador interno, llamado en teoría narrativa narratario.

El narratario:
Respecto al narratario, es, quizá, conveniente referirnos a la figura del
destinatario, ya no sólo interno (como lo es el narratario) sino al lector (como
lector implícito y también como lector real.
Recordemos lo que Garrido Domínguez explica sobre estos elementos
del texto narrativo: el lector implícito, el narratario y el lector real:

Las tres categorías que aluden al responsable del mensaje han


encontrado su correlato en el marco del enfoque comunicativo, en la
Estética de la Recepción. Han ido surgiendo los conceptos de lector
implícito, narratario y lector real.
El Lector implícito: se corresponde con el autor implícito y alude
al hecho de que todo mensaje permite reconstruir la imagen del
lector en términos de sistema de valores al que se dirige. El mensaje
selecciona un tipo de lector específico. Puede estar o no
representado en el texto y es reconstruible únicamente a través del
proceso de lectura. El lector implícito se encuentra siempre presente
en la mente del autor real, hasta el punto de convertirse en uno de
los factores que dirigen su actividad.
El narratario: se corrresponde con el narrador. Puede disponer o
no de signos formales, aunque simrpe es una realidad cuya presencia
se hace notar. Es uno de los procedimientos mediante los cuales el
autor implícito orienta al lector real sobre cuál es la actitud más
adecuada ante el texto. Prince: el narratario es el destinatario del
mensaje narrativo, aunque no siempre se encuentra formalmente
representado en él. Se encuentra siempre en el mismo nivel diegético
que el narrador y puede haber más de uno en el texto (en el diario: el
propio narrador). Su misión es la de funcionar de intermediario entre
el narrador y el lector; hacer progresar la intriga; poner en relación
ciertos temas; determinar el marco narrativo; actuar de portavoz
moral….
Los signos formales del narratario son múltiples: desde el tú,
querido lector, pasando por las construcciones interrogativas,
expresiones afirmativas, etc.
(Garrido Domínguez, 1983:
118 )

En la escritura autobiográfica el destinatario, que reúne las figuras del


narratario, el lector implícito y el lector real, tiene un papel decisivo:
n Igual que la novela requiere un lector individual y silencioso, la
escritura autobiográfica, por su propia naturaleza, habla
directamente a un lector que lee en silencio y que compara
instintivamente lo que está leyendo sobre el “yo” del autor con su
propio ser personal.
n El narratario funciona dentro del texto como la imagen
intratextual de ese lector que está realmente leyendo el texto.
n Como el autor no puede conocer al lector real (y en la mayoría de
los casos ni le interesa) plantea su obra literaria a partir de la
imagen que tiene del lector (lector ideal) y para esa imagen
escribe.
n La concepción que un autor tiene de su lector pude ser
“parcialmente configuradora de un género” (Tacca, 1975: 148ss).
Aunque Óscar Tacca pone como ejemplo la literatura fantástica,
nosotros podemos decir que puede configurar un género como el
autobiográfico.

La narratividad como constitución del mundo

Un sujeto, el sujeto de la enunciación, que narra, cuenta una historia


sobre su propio “yo”. Desde el presente expone un discurso sobre el pasado,
de tal manera que el “yo” de la enunciación es el que resulta construido por
el texto. Se trata de una “construcción lingüística”, “una construcción textual
del yo” (Pozuelo Yvancos, 1993: ).
La búsqueda del propio “yo” mediante el texto que se escribe, “la
búsqueda de una identidad insasible” es nuclear en la escritura
autobiográfica, pero también podemos decir que “toda la literatura es una
forma autobiográfica” (Pozuelo Yvancos, 93), por lo que tiene de expresión y
comunicación del propio autor aún a través de los mundos de ficción que
construye.
Dice Pozuelo Yvancos que “a partir del siglo XVIII comienza la
narración de sí mismo a ser también un proceso de salvación personal”. Esta
convicción que ha sido plasmada y utilizada en la literatura se ubica hoy en la
médula de la filosofía contemporánea.
Paul de Ricoeur afirma que el tiempo humano tiene un lugar
privilegiado para esclarecerse, y éste lugar es el relato, pero no un relato
específico, sino, de forma genérica, la configuración de la trama
narrativa que no es sino “el medio privilegiado donde configuramos nuestra
experiencia temporal”. (Maillard García, 1993: 283).
Juan Oleza (1994), en el artículo en que relaciona la Ficción y la
Historia, resume de esta forma las ideas de Ricoeur sobre la Ficción y la
Historia, el tiempo y la narratividad:

“Para Ricoeur la constatación de una cierta diferencia, si bien


limitada y relativa, entre relato de ficción y relato histórico, basada en
la “pretensión de verdad” de este último, no impide establecer
firmemente la identidad estructural de ambos, su condición
narrativa.Se trata en principio de dos formas diferentes de una
misma exigencia de verdad, y ambas ponen en juego el carácter
temporal de la experiencia humana. “El mundo desplegado por toda
obra narrativa es siempre un mundo temporal (…) el tiempo se hace
tiempo humano en cuanto se articula de modo narrativo” (Ricoeur,
1985, I: 41). O dicho de otra forma más definitiva: “entre la actividad
de narrar una historia y el carácter temporal de la existencia humana,
existe una correlación que no es puramente accidental, sino que
presenta la forma de la necesidad transcultural” (I:47). En última
instancia la diferencia entre narración histórica y narración ficcional
pertenece a la fase final de la mímesis narrativa, la que Ricoeur
denomina mímesis 3, y radica en la operación de lectura. El lector es
su clave. Por el contrario, en las dos primeras fases de la mímesis, en
la captación del lo real o mímesis 2, el historiador y el novelista
operan de la misma forma básica”.
(Oleza, 1994: 87-88)
Donde aparece la palabra Historia podemos poner escritura
autobiográfica y donde Oleza o Ricoeur utilizan el término “historiador”
podríamos escribir “autobiógrafo”.

Villanueva (1991) concede, en la misma línea, un papel de primer


orden al tiempo en la narración autobiográfica. Afirma que “la problemática
del tiempo es tan decisiva en la autobiografía como la de la propia
enunciación e identidad del yo”.
El sujeto de la enunciación interpreta la existencia vivida a mediante
el poder reconstructivo, esclarecedor, incluso creador de la memoria.
“Me parece fundamental para el estatuto de la autobiografía la
existencia de un cierre rotundo, que más allá de su función compositiva
trasciende al plano de lo significativo.” (Villanueva, 1991: 103).

Nos detenemos por último en el pensamiento de María Zambrano, en


la importancia que le concede al tiempo:

Si de alguna manera se puede afrontar la vida es en relación al


TIEMPO, ésta es la línea de pensamiento de Husserl, Heidegger y Ortega que
sigue María Zambrano.
Piensa la filósofa que sólo el tiempo nos proporciona la posibilidad
de vivir humanamente; ya que al hombre se le da la vida, pero no el vivir, el
hombre ha de hacer su propia vida, y esa peculiarísima acción, se
produce en el tiempo. En principio, en el sucesivo de la conciencia, cuya
forma más evidente será el tiempo histórico; pero también, dado que el mero
transcurrir entre la vida y la muerte se “llena” de acciones concretas, estas
acciones tenderán a encontrar un sentido, y habrá un tiempo que dé cuenta
de él. Un tiempo que hallará en la confesión el medio favorable para
manifestarse. (Maillard García, 1993: 283).
Continuaremos esta reflexión de María Zambrano en torno al género
de la confesión y al tiempo en el apartado de las Modalidades de la escritura
autobiográfica.

3.2.3. Identificación narrador-héroe.

El segundo rasgo característico de la escritura autobiográfica según


Romera Castillo (1981):
2. Existe una identificación del narrador y del héroe de la narración.

La relación entre el narrador y el personaje es también una de los


puntos de la teoría narrativa que nos pueden resultan útiles para estudiar las
claves de la escritura autobiográfica.
Volvemos a establecer un paralelismo entre la relación del narrador
con el personaje en la literatura narrativa de ficción y la relación del narrador
(referente del autor) y el personaje-protagonista en la escritura
autorrepresentativa.
En primer lugar nos hacemos eco de las teorías narrativas de Óscar
Tacca (1975: 64 ss):

El narrador puede contar la historia desde dentro: frecuentemente nos


encontramos ante el relato en primera persona. Narrador y personaje
coinciden en un personaje-narrador; el narrador utiliza, así, un ángulo de
visión preciso, una perspectiva constante, dispone de una información
limitada (la del personaje -en principio-).
Uno de los recursos más finos y tenues del arte novelesco está en
estenimia diferencia entre el saber del narrador y el saber del personaje;
una diferencia que sólo encontramos en la lectura atenta e inquisidora.
Proust ha sacado el mejor partido posible de este desajuste. M.
Raimond explica que “hay en el protagonista del mundo perdido una
constante indigencia de “saber” respecto al mundo, un desamparo de
‘verdad’ que el narrador posee por encima del personaje”. El narrador va
corrigiendo, va colmando a fuerza de ordenación, descubrimiento y lucidez el
“saber” del personaje.
Se trata de un desajuste que el arte del autor sabe mostrar en un
mismo texto
n entre lo que dice el personaje,
n lo que finamente sugiere el narrador
n y lo que el lector sagaz percibe.
Hay un neto contraste entre el tiempo (brevísimo) del personaje y
eltiempo (dilatado) del narrador.

De lo expuesto se deduce que en la novela moderna[7] no encontramos


solamente una cuestión de visión, sino también, y a veces, sobre todo,
unacuestión de lenguaje.
El sujeto que dice “yo” para contar inaugura un mundo: el mundo del
lenguaje.
3.2.4. Formas utilizadas
El último de los rasgos característicos de la escritura autobiográfica
que destaca Romera Castillo (1981) se centra en las formas que este tipo de
literatura utiliza:

6. La forma utilizada para expresar su historia puede ser variada: la


primera persona (el yo), o monólogo puro, donde la tinta recae
sobre el emisor del discurso más que en sus acciones; la segunda
persona (tú), como obra San Agustín en sus Confesiones al hacer a
Dios destinatario de su discurso, para que el receptor se vea
implicado; la tercera persona (él), que sirve—sobre todo en los
relatos autobiográficos de ficción, según veremos luego—de
máscara tras la que el escritor se esconde, ya sea por humildad,
cobardía o simple ficción literaria; o la alternancia de personas
gramaticales.

La primera conclusión que extraemos de este sexto rasgo diferenciador


de la escritura autobiográfica es que se refiere a la narración en prosa
(principalmente), y, por tanto, parece que se dice de una de las modalidades
de la escritura autorrepresentativa: la autobiografía.
De hecho, el que le autor utilice para auto-presentarse una manera
distinta a la narración en prosa retrospectiva es ya una elección respecto a la
forma que condicionará la interpretación de su mensaje autobiográfico. No
es lo mismo contar la vida por medio de la autobiografía que expresar algo de
sí mismo (más o menos real o sincero) a través del subgénero epistolar, del
diario íntimo, de las memorias…, o recurrir a los géneros ficitivos: la novela o
el poema autobiográfico.

Sin embargo, debemos recordar aquí, cómo Paul de Man inistía en


que, precisamante porque no hay unas marcas formales que diferencien la
escritura autobiográfica de las obras de ficción, no podemos considerar a la
autobiografía como un género literario aparte.
Esta opinión es muy discutible, y así ha sido rebatida por varios
críticos. Sin embargo a nosotros nos interesa destacar que no se trata de
buscar unas marcas formales distintas para la escritura autobiográfica, sino
estudiar en cada caso cúales son las formas que utiliza, cómo se va
enriqueciendo de las formas utilizadas en los géneros de ficción y cómo éstos
toman cada vez más las formas, los temas y las preocupaciones de la
escritura autobiográfica.
Es éste un punto interesante para el desarrollo del segundo trabajo
del curso: estudiar las obras y los autores a partir de las formas que utilizan
para la autorrepresentación.

4. LO AUTOBRÁFICO CONSTITUYE UN GÉNERO LITERARIO

Lejeune (1994) y May (1979) dan por supuesto en sus estudios sobre
la autobiografía que lo autobiográfico constituye un género literario.
Ya hemos apuntado que, en oposición, Paul de Man, la crítica
estadounidense, sobre todo de los años 70 y 80, y la teoría
deconstruccionista en general afirman, con una insistencia un poco llamativa,
que no existe tal género, ya que no hay unas marcas formales que lo
distingan del resto de géneros de la literatura, especialmente -refiriéndose a
la autobiografía- de la novela de forma autobiográfica.
Sin embargo, estos críticos sólo se detienen en el aspecto de los
procedimientos narrativos, y no tienen en cuenta otras características y
rasgos de la escritura autobiográfica, que hemos estudiado en el apartado 3.

De forma explícita, José Romera Castillo (1981:51-52) afirma que lo


autobiográfico constituye un género literario, “que tiene su autonomía
propia”, aunque hay zonas de influencia en las que lo autobiográfico conecta
con las otros géneros de la literatura.
Además, el género de la escritura autobiográfica, incluye
“ramificaciones tipológicas”: los subgéneros o distintas modalidades de lo
autobiográfico: autobiografía, biografía, memorias, diario íntimo, etc.
Retoma Romera Castillo en su exposición, además de las que se
recogen en el apartado 2., destaca otras características de la escritura
autobiográfica, en concreto de la autobiografía, presentadas por May y
Lejeune. Por ejemplo que las autobiografía son obras generalmente de
madurez; el autor la mayoría de las veces es una persona conocida por el
público lector; las razones que mueven al autobiógrafo pueden ser racionales
(testimonio, apología…) o afectivas (encontrar o reencontrar sentido a la vida,
etc.); el punto de vista del lector es fundamental en este tipo de literatura (Se
trata más de un modo de lectura que de un modo de escritura, como decía
Lejeune (1994)); el pacto autobiográfico, el asentimiento y la confirmación
del lector ante una obra es imprescindible para que la considere
autobiográfica o no. (Por tanto, el papel del lector es decisivo en la
constitución de este género literario, como lo es en los otros). (Romera
Castillo, 1981: 52)
Resumimos las aportaciones de Darío Villanueva (1991 y 1993)
respecto a la consideración de la autobiografía como género en los siguientes
puntos:
n Afirma que la categoría del género se constituye pragmáticamente.
n La autobiografía como género literario posee una virtualidad
creativa, más que referencial.
n Es, por ello, “un instrumento fundamental no tanto para la
reproducción cuanto para una verdadera construcción de la
identidad del yo”.
n La autobiografía vendría a representar en el cuadro de los géneros
literarios la función de lo que Lacan ha definido como el estadio del
espejo en la investigación psicoanalítica.
n La autobiografía concede generalmente un papel preeminente a
sunarratario.
n La autobiografía tiene un enorme poder de convicción (según la
perspectiva con que la lee el lector): “Nada más creíble que la vida
de otro cuando la hacemos nuestra mediante una lectura desde
determinada intencionalidad, nada más excepcional por otra parte.
El yo narrado y protagonista sustenta una estructura de incalculable
fuerza autentificadora, avalada por un acto de lenguaje de entre los
más comunes de la conducta verbal de los humanos. Y el lector es
seducido por las marcas de verismo que el yo-escritor-de-sí, sea
sincero o falaz, acredita con su mera presencia textual” (1993: 28).
n Concluye Darío Villanueva explicando lo que él considera
la paradoja de la autobiografía:
n La autobiografía es ficción cuando la consideramos desde
una perspectiva genética, pues con ella el
autor no pretendereproducir, sino crear su yo;
n pero la autobiografía es verdad para el lector, que hace de
ella, con mayor facilidad que de cualquier otro texto
narrativo, una lectura intencionalmente realista.

José María Pozuelo Yvancos (1993) indica cómo el autobiográfico es


uno de los géneros mejor estudiados. Y recoge las palabras de Loureiro (1991
a:3) para explicarlo: “la discusión sobre la autobiografía es un campo de
batalla donde se enfrentan otras muchas y variadas cuestiones:
n la lucha entre ficción y verdad,
n los problemas de referencialidad;
n la cuestión del sujeto;
n la narratividad como constitutición del mundo”
El género autobiográfico, recuerda Pozuelo Yvancos, “se sitúa a caballo
entre las cuestiones que tradicionalmente preocuparon a la filosofía y las que
vienen preocupando a la filosofía.
n Siguiendo la afirmación de Villanueva sobre el papel predominante
del narratario en la autobiografía, Pozuelo Yvancos subraya cómo
“en todo hecho histórico hay un tú que fundamenta la forma
persuasiva del discurso”.
n “La retórica también es una apelación y entiendo que a la
autobiografía le es inherente esta dimensión retórica de
justificación frente al otro”.
n “Las distintas modalidades de presencia del tú en la autobiografía
están situando ésta, en el pacto de lectura, que es una dimensión
retórica-argumentativa, también apelativa”.
n “El proceso, pues, en el que inscribir el espacio autobiográfico no
es solamente el de la construcción de una identidad,
n en términos semánticos, es la construcción de una identidad
como retórica de la imagen, como signo para y por los otros”.

5. DISTINTAS MODALIDADES DE LA ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA

“Dentro del relato autobiográfico existen diferentes tipos o


subgéneros, por tener cada uno de ellos unas marcas peculiares sobre
todos la técnica literaria empleada y por los objetivos que el escritor
se haya propuesto”
(Romera Castillo, 1981: 15).

Según el papel que juega el tiempo en cada una de las modalidades,


clasificamos los distintos subgéneros de la escritura autobiográfica en los
siguientes grupos:

A) MODALIDADES RETROSPECTIVAS
1. Autobiografías
2. Memorias
3. Biografías
4. Confesión

B) MODALIDADES QUE SE CENTRAN EN EL PRESENTE


1. Diarios
2. Autorretrato
C) MODALIDADES en las que se mezcla la forma restrospectiva y la
descripción del presente
1. Cartas
2. Entrevistas y artículos

Antes de comenzar el estudio de cada uno, tenemos que señalar que


se dan influencias mutuas entre los distintos subgéneros y también entre los
distintos grupos que hemos establecido (Lo iremos indicando cuando
expliquemos cada modalidad).
Aunque haya diferencias respecto a la perspectiva temporal, a la forma
escogida para la expresión, al tema tratado, a la posición del narrador…,
todaslas modalidades de la escritura autobiográfica tienen en común que:

n Se sitúan en el presente para hablar bien del pasado, de la


interpretación del pasado, del pasado inmediato, de las reflexiones
sobre el presente. Es decir todas parten del presente de la
enunciación y éste ejerce su predominio sobre todos los demás
tiempos.
n Conceden una importancia decisiva al papel de la memoria como
re-construcción de lo vivido, ya se trata del pasado lejano o de un
pasado tan próximo que se confunde con el presente (como es el
caso de los diarios).

A) MODALIDADES RETROSPECTIVAS

1. Autobiografías

A lo largo de la exposición hemos advertido cómo la mayoría de los


críticos se centran en el estudio de la autobiografía dentro del género de la
literatura autorrepresentativa o autobiográfica. Por tanto, hemos podido
aproximarnos, más que a ninguna otra modalidad, a ésta que definía Lejeune
(1994) en su primera versión de El pacto autobiográfico en estos términos:
Relato restrospectivo en prosa que una persona
real hace de su propia existencia, poniendo énfasis en su
vida individual y, en particular, en la historia de su
personalidad.

El mismo Lejeune analizaba su definición y daba pie a que los distintos


estudiosos de la escritura autobiográfica anclaran sus reflexiones a partir del
examen de sus puntos.
“La definición pone en juego elementos pertenecientes a
cuatro categorías diferentes:
1. Forma del lenguaje:
a) Narración
b) En prosa
2. Tema tratado: vida individual, historia de una
personalidad.
3. Situación del autor: identidad del autor (cuyo
nombre reenvía a una persona real) y del narrador.
4. Posición del narrador:
a) Identidad del narrador y del personaje
principal
b) Perspectiva retrospectiva de la narración

Una autobiografía es toda obra que cumple a la vez


las condiciones indicadas en cada una de esas categorías. Los
géneros vecinos de la autobiografía no cumplen todas esas
condiciones. He aquí la lista de condiciones que no se ven
cumplidas en otros géneros:
n Memorias: (2).
n Biografía: (4 a).
n Novela personal: (3).
n Poema autobiográfico: (1 b).
n Diario íntimo: (4 b).
n Autorretrato o ensayo: (1 a y 4 b)

(Lejeune, 1994: 50-51)

Las polémicas que suscitan algunos de estas afirmaciones de Lejeune


han sido planteadas en los apartados anteriores. Aunque se haya discutido
mucho acerca de esta definición, tiene valor porque supone el punto de
partida a partir del cual se puede establecer una teoría acerca de la escritura
autobiográfica como género, además de ayudar a establecer en qué consisten
las otras modalidades distintas a la autobiografía.

Quizá para que nadie rebatiera los puntos menos consistentes de su


propuesta, pocos críticos han aventurado una definición de la autobiografía o
de la escritura autobiográfica. Darío Villanueva en 1991, aunque no dice que
esté definiendo la autobiografía, presenta la siguiente explicación:
“Básicamente la autobiografía es una narración
autodiegética construida en su dimensión temporal sobre una de las
modalidades de la anacronía, la analepsis o retrospección, la
función narradora recae sobre el propio protagonista de la diégesis,
que relata su existencia reconstruyéndola desde el presente de la
enunciación hacia el pasado de lo vivido”.

Como vemos, continúa en el camino emprendido por Lejeune (como lo


había hecho Romera Castillo), a pesar de que utiliza para su definición los
términos de la teoría de la narratología actual. De este modo elimina las
lógicas controversias: relación autor-narrador-personaje; relato en prosa o
no; relación narrador-personaje.
Sin embargo, continúa la posición tradicional de considerar la escritura
autobiografía con competencia para re-construir el pasado desde el presente
de la enunciación.

2. Memorias:

2.1. Autobiografías y Memorias:


Como señala May (1979) se ha producido históricamente una
confusión entre los dos subgéneros. Utiliza May la definición del Diccionario
Larousse del siglo XIX para ilustrar esta confusión:
“Durante mucho tiempo, y tanto en Inglaterra como en Francia,
las narraciones y los recuerdos dejados sobre la vida por hombres
destacados de la política, literatura y demás artes, tomaron el nombre
deMemoria. Pero a la larga (como ya se hacía en Inglaterra) se adoptó
el hábito de dar el nombre de autobiografía a esas memorias que se
parecen mucho más a los hombres que las hicieron que a los
acontecimientos en los que éstos se mezclaron”. (May, 1979: 139)

La diferencia entre autobiografía y memorias radica en la importancia


o el lugar concedido en la obra a los acontecimientos históricos narrados (y
vividos) por el autor.
Esta confusión histórica nos sirve para reflexionar en las
interrelaciones que se producen entre autobiografía y memorias: la
autobiografía tiene mucho que ver con la composición de las memorias. May
utiliza el ejemplo de Saint-Simon (a quien se sitúa entre los memorialistas
para mostrar cómo “resiste pocas veces la tentación de intervenir en
persona, de una manera o de otra, en su narración, y de hacer algunas
reflexiones” (May, 79: 146). May insiste en que las fronteras entre
autobiografía y memorias son fluidas, subjetivas y móviles, porque “así como
es raro que la personalidad del memorialista no entre en juego de tiempo en
tiempo para hacer de él un autobiógrafo que a veces se ignora, así también
es extraño que los acontecimientos públicos que un autobiógrafo debió
atravesar durante su vida no se impongan a su memoria para hacerle actuar,
aquí y allá, si se quiere involuntariamente, en el papel de cronista”. (79: 141).

2.2. Memorias y Diario íntimo:


Isabel Román Gutiérrez, en el estudio ya citado, explica la principal
diferencia entre Diario y Memorias: la forma retrospectiva y la posibilidad de
re-interpretar el valor de los hechos pasados, precisamente por la distancia
temporal:
“Similares al diario, salvo en su apariencia formal, son las
memorias. Éstas son presentadas en forma retrospectiva como
acumulación de recuerdos desde un presente en que el
narrador-personaje está situado, más cerca del final de su vida que de
los hechos narrados. Como afirma Pope, hay además otra diferencia
entre diario y memorias: "El escritor de un diario, a pesar de que
anota hechos de su vida, no puede visualizar la importancia que ellos
adquirirán en el transcurso de su existencia (...). En una memoria el
autor esgrime (...) la autoridad que le asiste por haber sido testigo de
ciertos sucesos”. (Román Gutiérrez, 1987: 56)

Como ocurre en todos los subgéneros de la literatura


autorrepresentativa, el narrador posee una omnisciencia limitada debido a su
perspectiva personal, subjetiva:
“El autor de las memorias o del diario íntimo dispondrá de una
omnisciencia limitada. Si en el diario el subjetivismo de la visión es
inexcusable e incluso necesario, en las memorias, además de ocurrir
esto mismo por lo que respecta al protagonista, afectará también a su
entorno, que será visto desde la propia perspectiva del personaje”.
(Román Gutiérrez, 1987: 56)

2.3. Interés sociológico de muchas Memorias:


También Isabel Román habla del interés sobre todo sociológico que
adquieren muchas de las obras de esta modalidad:
“La pretensión de estas memorias suele ser, cuando intenta
corresponder a la realidad, la justificación de una determinada postura
ante la vida que ha podido ser de algún modo combatida. Es por esto
por lo que afirma René Demoris que el sujeto de estas memorias es
frecuentemente un personaje rebelde en un periodo de revolución
política. (…) Esta afirmación indica el interés más sociológico que
literario de las memorias en la mayoría de las ocasiones.”
(Román Gutiérrez, 1979: 57)

2.4. Las Memorias como artificio literario:

“Hay que pensar, sin embargo, (…) que si bien pueden tener
valor real autobiográfico, no siempre es así. Es posible su utilización
como artificio literario, y nada importa su correspondencia con la
realidad. Si entendemos que la correspondencia con la realidad carece
de importancia, las memorias resultan un enunciado literario
semiotizado por la identificación del autor con el narrador-personaje y,
además, caracterizados por un signo exterior formal”. (Román
Gutiérrez, 1979: 57)

3. La biografía:
Según la definición de autobiografía establecida por Lejeune, el
subgénero biografía se diferencia del subgénero autobiografía en el punto 4
a, es decir, no hay identidad entre el narrador y el personaje principal. En
todos los demás rasgos coincidiría, en principio con la autobiografía; por
tanto, nos vamos a fijar sobre todo en la relación entre las dos modalidades,
insistiendo en esta desigualdad -el narrador no cuenta su propia vida sino la
vida de otra persona).

Biografía y autobiografía:
Como dice May (1979) estas dos modalidades de la escritura
autobiografía, biografía y autobiografía, están muy relacionadas ya desde el
mismo vocablo (una palabra deriva de la otra). Entre las líneas que utiliza
May para establecer las semejanzas y diferencias entre las dos, aparecen el
papel de la muerte y la evidente distancia que hay entre el modo cómo se
situán el biógrafo y el autobiógrafo ante la vida que se cuenta.
Respecto al papel de la muerte, señala May que la autobiografía
nunca puede llegar hasta el final de la vida que cuenta (la muerte);
precisamente uno de los móviles del autobiógrafo sería triunfar, de alguna
manera, sobre la muerte. Sin embargo, en la biografía uno de los
procedimientos que en ocasiones utiliza el autor es insistir en que la memoria
de alguien (la persona de la que está contando la vida) continúa más allá de
la muerte.
En consecuencia, se da una oposición entre la seguridad del
autobiógrafo y la inevitable certidumbre del que escribe su autobiografía.
La segunda cuestión que distingue a las dos modalidades es la relación
del que escribe con las fuentes de información de las que dispone para
contar la vida del “personaje”, y cómo se sitúa ante sus conocimientos:
n el autobiógrafo, que conoce los acontecimientos de su vida, busca
reinterpretarlos (encontrar un sentido a su vida, descubrir la
coherencia perdida, etc.) a través de su memoria.
n el biógrafo recurre a unas fuentes de formación externas a la
interioridad del personaje (documentos, entrevistas, etc.) para
descubrir y exponer por escrito la vida de la persona cuya biografía
está investigando.
La atención a las distintas etapas de la vida es totalmente diferente en
uno y otro caso.

4. La confesión, género literario:

Como señalamos más arriba, vamos a incluir dentro de los subgéneros


de la escritura autobiográfica la confesión. Aunque se podría considerar con
una faceta, sin más de la autobiografía, y su consideración como género
responda (se puede pensar) más a las convecciones ideológicas de la autora
que lo plantea- María Zambrano- que a motivos literarios, creemos
conveniente tratarlo de forma independiente por la profundidad del
pensamiento que lo sustenta.
María Zambrano publica en 1943 el ensayo titulado: La confesión,
género literario. El conocimiento del libro nos ha llegado por medio de su
reedición en 1995 en Siruela.
María Luisa Maillard García lo utilizó como base para su artículo de
1993 sobre El tiempo de la confesión en María Zambrano. Está recogido en
los Repertorios Bibliográficos de Romera Castillo (1991 y 1993) sobre la
escritura autobiográfica. Pensamos que merece una atención especial para el
estudio de este género literario autorrepresentativo, sobre todo por tres
cuestiones:

1. La confianza en la facultad simbólica del lenguaje como forma de


conocimiento más próxima a la vida que la violencia de los
conceptos.
2. La importancia concedida a la intención del autor en la
confesióncomo género literario (problema filosófico y ético más que
propiamente literario).
3. La convicción de que si de alguna manera se puede afrontar la
vidaes en relación al tiempo; un tiempo que hallará en la confesión
el medio favorable para manifestarse.
Uno de los factores que María Zambrano subraya en su análisis del
género: la concreción en el escrito de una estructura imaginaria del
tiempo en relación con el hallazgo del argumento de una vida; y como
consecuencia de ello, la consideración de la CONFESIÓN como escrito
específico dentro de la autobiografía
Si de alguna manera se puede afrontar la vida es en relación al
TIEMPO, ésta es la línea de pensamiento e La importancia concedida al
TIEMPOse inscribe en una línea de pensamiento de Husserl, Heidegger y
Ortega que sigue María Zambrano.
Piensa la filósofa que sólo el tiempo nos proporciona la posibilidad
de vivir humanamente; ya que al hombre se le da la vida, pero no el vivir, el
hombre ha de hacer su propia vida, y esa peculiarísima acción, se
produce en el tiempo. En principio, en el sucesivo de la conciencia, cuya
forma más evidente será el tiempo histórico; pero también, dado que el mero
transcurrir entre la vida y la muerte se “llena” de acciones concretas, estas
acciones tenderán a encontrar un sentido, y habrá un tiempo que dé cuenta
de él.
Un tiempo que hallará en la confesión el medio favorable para
manifestarse.

Dejemos la palabra a María Zambrano:

n La confesión se verifica en el mismo tiempo real de la vida,


parte de la confusión y de la inmediatez temporal. Es su
origen; va en busca de otro tiempo, que si fuera el de la
novela no tendría que ser buscado, sino que sería
encontrado.
n El que hace la confesión no busca el tiempo del arte, sino
algún otro tiempo igualmente real que el suyo. No se
conforma con el tiempo virtual del arte.
n La confesión va en busca, no de un tiempo virtual, sino real,
y por eso, por no conformarse sino con él, se detiene allí
donde ese otro tiempo real empieza. Es el tiempo que no
puede ser transcrito, es el tiempo que no puede ser
expresado ni apresado, es la unidad de la vida que ya no
necesita expresión.
n La Confesión es el lenguaje de alguien que no ha borrado su
condición de sujeto; es el lenguaje del sujeto en cuanto tal.
n No son sus sentimientos, ni sus anhelos siquiera, ni aun sus
esperanzas; son sencillamente sus conatos de ser.
n Es un acto en el que el sujeto se revela a sí mismo, por
horror de su ser a medias y en confusión.
n La confesión parte del tiempo que se tiene y, mientras dura,
habla desde él y, sin embargo, va en busca de otro.
n La confesión parece ser una acción que se ejecuta no ya en
el tiempo, sino con el tiempo; es una acción sobre el tiempo,
mas no virtualmente, sino en la realidad.
n El camino para lograr algo con respecto al tiempo y, como
todo lo que es camino, cesa.
n Mas si no ejecuto lo que ejecutó el autor de la Confesión,
será en balde su lectura. Porque la confesión es una acción,
la máxima acción que es dado ejecutar con la palabra.

La confesión, revelación de la vida:


n Los géneros literarios parecen crecer a medida que la
Filosofía se aparta de la vida, ya alejándose de ella, ya
confundiéndose.
n Es que la vida necesita revelarse, expresarse. Si la razón se
aleja demasiado, la deja abandonada; si llega a tomar sus
caracteres, la asfixia. Pues se trata de encontrar el punto de
contacto entre la vida y la verdad. Y este punto de contacto
se encuentra por una operación de la misma vida, algo que
tiene lugar dentro de ella.
n La vida tiene que transformarse, abriéndose a la verdad,
aunque solamente sea para sostenerla, para aceptarla antes
de su conocimiento, conocimiento por otra parte imposible
en su totalidad.
n Pero en este abrirse de la vida hay algo más que la
aceptación de la verdad. Hay la expresión de la propia vida,
la revelación de sus entrañas. Cuando la conversión es
instantánea o cuando es previa al conocimiento, no es
menester la confesión.
n La confesión surge de ciertas situaciones. Porque hay
situaciones en que la vida ha llegado al extremo de
confusión y de dispersión.
n Cosa que puede suceder por obra de circunstancias indivi-
duales, pero más todavía, históricas. Precisamente cuando el
hombre ha sido demasiado humillado, cuando se ha cerrado
en el rencor, cuando sólo siente sobre sí “el peso de la
existencia”, necesita entonces que su propia vida se le revele.
Y para lograrlo, ejecuta el doble movimiento propio de la
confesión: el de la huida de sí, y el de buscar algo que le
sostenga y aclare.
n La confesión comienza siempre con una huida de sí mismo.
Parte de una desesperación. Su supuesto es como el de toda
salida, una esperanza y una desesperación; la desesperación
es de lo que se es, la esperanza es de que algo que todavía no
se tiene aparezca.
(Zambrano, 1995: 27-37)

B) MODALIDADES QUE SE CENTRAN EN EL PRESENTE

Los subgéneros de este grupo son principalmente el diario íntimo, el


autorretrato. Otras modalidades, como el ensayo (artículos, etc.) y las
entrevistas pueden pertenecer a este grupo o al C) porque en la mayoría de
las ocasiones mezcla la forma retrospectiva y la narración o descripción del
presente.
Aunque, en principio, no utilizan la forma retrospectiva no se puede
decir que estén totalmente anclados en el presente, ya que
n el presente puntual es efímero, siempre hay una perspectiva hacia
el pasado, aunque se trate de un pasado próximo,
n además en muchas ocasiones el autor (o narrador) mira hacia el
pasado para interpretar el presente como ocurre en los subgéneros
de la modalidad A).

1. Diario:

1.1. Características esenciales:


La característica esencial del diario es la marca temporal de los
acontecimientos.
Otra característica del diario es que el autor, en principio, parece que
lo escribe para sí mismo (el destinatario del diario es el mismo destinador), y
el lector parece que al leerlo se asoma, como un intruso, a la intimidad de
otra persona.
Ésta, por lo menos, es la forma que escoge el diario íntimo, aunque
desde el momento que se hace público, incluso cuando se concibe como obra
literaria para ser publicada (aparte de su cualidad de ser testimonio sincero
del autor, que la vida -concepciones, sentimientos, visiones, etc.- del autor
sea el referente real de la obra), desde este momento el receptor que hay
detrás de la escritura es el lector ideal que el autor tiene en su mente
(aunque en la forma se esté hablando a sí mismo).
Veamos las explicaciones que sobre esta modalidad de la escritura
autobiográfica han hecho algunos de los críticos a los que venimos citando:

1.2. El Diario íntimo considerado como literatura:


“No siempre la literatura autobiográfica ha sido considerada
como tal literatura, y ha sufrido ese desdén sobre todo el diario.
Puesto que en principio no va dirigido a lector alguno, sino al mismo
“yo” que escribe, carece de función comunicativa. A este respecto,
afirma H. R. Picard: El auténtico diario es un diario redactado
exclusivamente para uso del que lo escribe. En razón de la estricta
identidad entre autor y lector, carece precisamente de la condición más
universal de toda literatura: el ámbito público de la comunicación.
Como palabra escrita, el auténtico diario es lo contrario de la literatura
en cuanto tal. Para Picard, el diario ha pasado a ser considerado como
obra literaria debido a que, en realidad, también significa una
imagen, si no del mundo, al menos del yo con respecto al mundo; por
otra parte, el siglo XIX vio nacer la preocupación por la antropología, el
individuo y la biografia, de ahí el interés por el diario. Naturalmente, la
forma de diario termina por aceptarse como artificio en obras de
ficción: sirva como ejemplo Werther, de Goethe. Para Romera Castillo,
los diarios son la quintaesencia de la literatura íntima puesto que ni
siquiera existe el “tú” de las cartas: es un “yo” que dialoga consigo
mismo”. (Román Gutiérrez, 1987: 56)

1.3. Diario íntimo y cartas:


“Los diarios son la quintaesencia de la literatura íntima. Frente a
lascartas en las que hay una interrelación entre un yo y un tú
normalmente distanciados, en los diarios el yo autodialoga consigo
mismo. Constituyen una especie de solitario que juega el autor con sus
propios naipes, algo así como un monólogo interior (en el sentido
primario de la expresión. no en el de la técnica narrativa del relato del
siglo XX) en el que el emisor va anotando, en actos de escritura coetá-
neos a sus vivencias, una serie de informaciones y juicios que, a la
larga, se convierten en memoria escrita estrictamente personal y
peculiar”. (Romera Castillo, 1983:46)

1.4. Diario íntimo y Autobiografía:


“Mientras que la autobiografía conlleva la vida en
conjunto(bios), el diario trata aspectos diarios decir, el diario abarca
el período temporal de veinticuatro horas (más breve
temporalmente) y, por ende, conlleva una mayor brevedad espacial
de escritura. Asimismo, respecto al tiempo, el diario se centra en un
pasado reciente (recentísimo) en el que, cualitativamente, la vivencia
adquiere una mayor proximidad y realidad, aunque,
cuantitativamente, por no tener la profundidad de constatación y
análisis, pueda perder amplitud y riqueza valorativa. E1 diario
íntimo por sí mismo no tiene una estructuración artificiosa (un día se
sigue a otro día; aunque no todos los días tienen que ser plasmados en
el mismo: pueden omitirse períodos en los que no se escriba, nulla
linea); por el contrario, las otras tipologías pueden tenerlogique du
récit (en terminología de Bremond), esto es composición estructural
artificiosa.” (Romera Castillo, 1983: 53-54)

“La problemática del tiempo es tan decisiva en la autobiografía


como la de la propia enunciación e identidad del yo. Frente al diario,
la autobiografía se caracteriza por el aplazamiento de narrar lo vivido,
con lo que esto significa de filtraje de la experiencia y su
enriquecimiento es virtud de las manipulaciones semánticas
propiciadas a la vez por el recuerdo y el olvido. En este sentido, me
parece fundamental para el estatuto de la autobiografía la existencia
de un cierre rotundo, que más allá de su función compositiva
trasciende al plano de lo significativo. Ese cierre corresponde al
momento de la escritura, desde el que se repasa y se construye toda
una vida.”( Villanueva,1991: 103)

2. Autorretrato:
Dice Romera Castillo (1981) que el “retrato… sería por sí solo una
descripción estática”.

Autorretrato lírico:
Juan Herrero Cecilia escribió en 1993 un artículo sobre La escritura
autobiografía y el autorretrato lírico en el que nos vamos a basar para
exponer las carácterísticas de esta modalidad.
Subraya Herrero Cecilia la especial dimensión autobiográfica que
encierra el discurso de la poesía:

“Si la escritura autobiográfica no se queda en los aspectos


superficiales de la vida, se acercará entonces al campo de los
sentimientos, inquietudes y vivencias íntimas, y llegará a adquirir un
tono poético más o menos auténtico y evocador. Pero como la
escritura autobiográfica es esencialmente narrativa, hay que reconocer
también que el discurso de la poesía no es la forma de expresión más
adecuada para lo que se entiende ordinariamente por relato
autobiográfico.
El relato autobiográfico busca, en efecto, organizar, explicar o
justificar en un orden lógico-cronológico la vida pasada del autor-
narrador. Al poeta, sin embargo, no le interesa ofrecer una visión
docuemental de la realidad histórico-existencial del “yo”, sino
acercarse a las dimensiones inefables de la vida interior, al dinamismo
íntimo y complejo de la sensibilidad y del espíritu de un “yo” inmerso
en el devenir del tiempo pero que se siente también supratemporal”
(Herrero Cecilia, 1993: 248).

La poesía, cuando adopta un discurso orientado hacia una finalidad


específicamente autobiográfica, toma la forma de autorretrato
lírico. Presenta, entonces, a un destinatario (interno o externo), “los rasgos
más significativos que constituyen la personalidad del sujeto enunciador
desde una perspectiva lírico-existencial”.
“En este género particular de la escritura autobiográfica, el
sujeto enunciador que realiza su autopresentación puede hacer
coexistir eldiscurso con el relato iluminando el “yo” biográfico pasado
desde las inquietudes fundamentales del “yo” interior actual, o del
“yo” profundo y esencial cuya imagen intenta sugerir a través de la
escritura del texto. El discurso enunciado puede plasmar, entonces,
actitudes y tonos muy diferentes”. (Herrero Cecilia, 1993: 249).

C) MODALIDADES en las que se mezcla la forma retrospectiva y la


descripción del presente

1. Cartas:

1.1. El epistolario o las cartas como subgénero de la escritura autobiográfica


(literatura referencial):
“Epistolarios: son las opiniones vertidas por un escritor y
destinadas a un receptor en concreto. Tocan temas concernientes a
alguna problemática de la que participan lector y emisor. Son
esporádicas en el tiempo—algunas tienen continuidad—y por sí
mismas fragmentarias. Lo personal, lo contextual, lo conceptual, lo
estético, etcétera, pueden ser objeto de exposición y tratamiento.”
(Romera Castillo, 1981: 53)

“Las cartas pertenecen de lleno a la literatura íntima. Su esencia


reside en ser una escritura complementaria, una literatura menor si se
quiere, que un emisor envía a un receptor determinado para darle
cuenta de informaciones íntimas, juicios sobre determinados
acontecimientos y opiniones sobre su propia creación literaria o la
ajena. De ahí la importancia que tienen a la hora de conocer
directamente las claves de la creación literaria que un escritor, a través
de ellas, proporciona. Son literatura referencial (literatura, por los
recursos artísticos empleados en ellas, y referencial, porque a la luz de
algunas de las ideas expuestas en las cartas es posible que se puedan
ver con mayor claridad las claves de escritura de un autor
determinado). (…) Pero lo que aquí más nos interesa es ver cómo las
cartas de un cultivador de la literatura pueden servir para desvelar
parcelas inéditas de su personalidad. En las cartas no tiene cabida la
ficción (la literaria, claro; de las otras puede haber en cantidad); la vida
se traspasa al papel y la escritura se convierte en vida”. (Romera
Castillo, 1983: 43-44)

1.2. Las cartas como procedimiento literario del género autobiográfico de


ficción:
Isabel Román Gutiérrez dice de las estructura formal de las cartas que
“desaparece toda parte descriptiva, y el lector se pone en contacto con el
personaje -o personajes- directamente y sin más preámbulos que la
introducción.
“En la forma epistolar pueden darse varias posibilidades con
respecto a un punto de vista. Las cartas pueden pertenecer al mismo
narrador o aparecer éste como mero presentador, en cuyo caso no
interviene más que en un prólogo inicial y a veces en un epílogo. Esta
forma de presentación puede responder a intenciones diversas:
exponer algo como ajeno -es el caso de las cartas "encontradas" de las
que el autor se erige en "editor", eludiendo responsabilidades (Cartas
marruecas, de José Cadalso)- o como recurso literario que proporciona
mayor fiabilidad al relato o mayor participación en la vida de los
personajes - Pepita Jiménez, de Juan Valera-. Estos ya no se dirigen más
que virtualmente al lector; lo hacen a un segundo, al destinatario
supuesto de las cartas. El lector tiene la sensación de ser partícipe de
asuntos íntimos del personaje, que confía sus experiencias a alguien
que le es de algún modo cercano afectivamente.(…)
El procedimiento es también un puro artificio literario que tiene
en cuenta el “pacto autobiográfico” como lo plantea Lejeune, pues el
lector sabe que el destinatario de las cartas -y sus respuestas, si las
hay- es el mismo autor. La forma epistolar posee las mismas
posibilidades que el monólogo, pues el lector está en contacto con los
personajes; pero con la limitación de que puede no ser el pensamiento
mismo de éstos, sino que, de alguna manera, es una selección que el
personaje hace: es el pensamiento que quiere transmitir al
destinatario de las cartas.”
(Román Gutiérrez, 1987: 58-59)