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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

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TIMOTHY ZAHN

LA GUERRA ENTRE LOS TERRAN, LOS PROTOSS Y LOS ZERG FINALIZÓ


HACE AÑOS PERO AÚN SE SIGUE LIBRANDO LA LUCHA POR LA PAZ.
A MEDIDA QUE EL DOMINIO TERRAN LUCHA POR RECUPERARSE DE
LOS ESTRAGOS DE LA GUERRA.

EL EMPERADOR VALERIAN MENGSK NO TIENE INTENCIÓN DE


GOBERNAR DE LA MANERA SANGRIENTA COMO LO HIZO SU PADRE,
EL FALLECIDO ARCTURUS. EN LUGAR DE BUSCAR VENGANZA,
VALERIAN TIENE LA DETERMINACIÓN DE MANTENER LA PAZ. ASÍ QUE
CUANDO RECIBE UNA SOLICITUD URGENTE DE AYUDA DE ZAGARA,
REINA DEL SALVAJE ENJAMBRE ZERG, ÉSTE SE COMPROMETE A
ESCUCHAR SU PEDIDO, A PESAR DE SUS DUDAS PERSONALES Y LA
SEVERA DESAPROBACIÓN DE ARTANIS, JERARCA PROTOSS.

ZAGARA SOSTIENE QUE EL ENJAMBRE HA CAMBIADO. YA NO SE


INCLINAN POR LA DESTRUCCIÓN, HAN REVITALIZADO EL PLANETA
GYSTT, A PESAR DE CREERSE IRREPARABLE TRAS LA INCINERACIÓN
POR PARTE DE LOS PROTOSS EN TIEMPOS DE GUERRA. AHORA LOS
ZERG DESEAN ÚNICAMENTE VIVIR ALLÍ UNA NUEVA VIDA, EN PAZ.
PERO CUANDO AGENTES DEL DOMINIO —UN CURTIDO MARINE, UN
IMPREDECIBLE SEGADOR, UNA BIÓLOGA IDEALISTA, UN EX-AGENTE
FANTASMA Y UN ENIGMÁTICO PROTOSS— LLEGAN PARA
INVESTIGAR EL PLANETA, SOSPECHAN QUE NO TODOS LOS ZERG SE
HAN DEDICADO VERDADERAMENTE A SEGUIR EL SUEÑO DE ZAGARA
DE UN PARAÍSO EN ARMONÍA. GYSTT ESCONDE OSCUROS
SECRETOS, Y SI SE DESENCADENAN, SIGNIFICARÁ UN DESASTRE PARA
TODO EL UNIVERSO.

EVOLUCIÓN
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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

UNA NOVELA LLENA DE ACCIÓN que inaugura


una nueva era de aventuras en la aclamada serie
StarCraft de Blizzard Entertainment.

El premiado autor Timothy Zahn escribe el último


capítulo de la impresionante saga de StarCraft,
aprovechando el rico legado de este juego para crear
una nueva e inolvidable historia.

Después de casi una década de guerra brutal, tres


poderosas facciones —los enigmáticos protoss, los
salvajes zerg y los terran, descendientes de la
humanidad en el sector— han pactado un alto el
fuego, pero, en el mejor de los casos, se trata de una
paz muy precaria. La tensión estalla tras el
descubrimiento de la repentina restauración de un
planeta incinerado. La neutralidad se torna en
hostilidad, y los viejos enemigos son acusados de
desarrollar armas biológicas para reavivar el amargo
conflicto. Por lo que una expedición de soldados e
investigadores terran y protoss se dispone a explorar
el misterioso planeta zerg, así como las intenciones de
sus habitantes. Pero el exuberante y alienígena paisaje
acoge a otros pobladores, criaturas envueltas en
sombras que, si se desatan, podrían cambiar el destino
de toda la galaxia.

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TIMOTHY ZAHN

EVOLUCIÓN

TIMOTHY ZAHN
EDITADO POR HUSSERL MARVIN

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

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TIMOTHY ZAHN

EDITADO POR HUSSERL MARVIN

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

AGRADECIMIENTO
El más sincero agradecimiento a Leandro por todo el esfuerzo,
dedicación y tiempo que nos brinda a todos los fans de Blizzard, es
gracias a su ayuda que podemos hacerles llegar estas maravillosas
obras.

Con aprecio.

Su equipo de Lim-Books.

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TIMOTHY ZAHN

Para Corwin, que trajo StarCraft a mi vida.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

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TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO UNO

La guerra había acabado.

Las pesadillas, no.

Al sargento de infantería Foster «Baraja» Cray no le importaban


demasiado los sueños. Qué demonios, había sobrevivido a cinco
años enteros de auténtica pesadilla mientras estuvo destinado en
diversas misiones. A estas alturas, ya debería estar acostumbrado
al miedo y al pánico.

Lo que más le cabreaba de los malditos sueños era la monotonía.


La guerra había sido un verdadero infierno, pero al menos le había
permitido cambiar de escenario de vez en cuando. Su pelotón había
luchado en desiertos, junglas, bosques, praderas, ciudades (para
cuando ellos llegaban, más que ciudades, eran montones de
escombros y tuberías retorcidas, pero contaban como tales) e
incluso una vez en una playa.

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Los enemigos también fueron muy diversos. Se había cargado a


zerglings, hidraliscos, asoladores y cualquier otra de las
innumerables variedades que existían de esas criaturas infernales
llamadas zerg. A veces, el superamo o la reina o quienquiera que
estuviera al mando en ese asalto en particular enviaba a sus
monstruos más desagradables y, en ese momento, los soldados se
arrojaban al suelo mientras un vikingo o un thor entraba en acción
para encargarse de ellos.

Pero incluso los nuevos enemigos suponían un cambio en el


escenario. También había visto a unos pocos protoss; normalmente,
en el extremo más lejano del campo de batalla, donde no hacían
ningún bien a las fuerzas del Dominio. En un par de ocasiones,
incluso había acabado disparando al tuntún contra uno de ellos,
cuando ese enorme alienígena cometió la imprudencia de cruzarse
en su camino.

Sin embargo, las pesadillas eran todas irritantemente iguales.

Siempre había zerglings e hidraliscos. Siempre estaban él y Jesse y


Lena codo con codo haciendo frente al asalto.

Y su maldito rifle gauss C-14 nunca funcionaba como era debido.


A pesar de que disparaba bien. Emitía su habitual ruido sordo y le
golpeaba el hombro con la fuerza de una muía, a pesar de la
protección de su traje de combate; tal y como debía. Pero en vez de
lanzar puntas metálicas de ocho milímetros que volaban ardiendo
a velocidades hipersónicas hacia los monstruos que cargaban
contra ellos, simplemente salían despedidas y trazaban un pequeño
y patético arco antes de caer en picado al suelo a solo un par de
metros delante de él. Disparaba una y otra vez, sin lograr
absolutamente nada, salvo que un buen número de proyectiles
cubrieran el suelo. Los zerg seguían acercándose y, justo cuando
estaban abriendo las fauces para comérselos, se despertaba
empapado en un sudor frío.
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Nunca sabía qué había sido de Jesse y Lena. A menudo se


preguntaba si sobrevivían en el sueño.

Probablemente, no. No habían sobrevivido a la guerra, así que no


había ninguna razón que justificara que sobrevivieran en el sueño.

Después, solía quedarse tumbado a solas, en la oscuridad,


escuchando los fuertes latidos de su corazón mientras aguardaba a
quedarse dormido de nuevo. A veces, salía sigilosamente de su
habitación, que se hallaba en los nuevos barracones de los soldados
en Augustgrad, y se subía con un café al tejado, para despejarse con
el frio aire nocturno.

No obstante, aquel era un día especial. Era el sexto aniversario del


final de la guerra, o al menos de su participación en ella. Hoy las
pesadillas y el recuerdo de los sacrificios de Jesse y Lena y todos
los demás exigían algo más.

Habitualmente, el tejado estaba desierto, porque la gente cuerda


que no tenía que hacer guardia por la noche estaba en la cama a
esas horas. Sin embargo, esa noche, había alguien allí arriba cuando
Baraja llegó. Aquel hombre era bajito y delgado y estaba un poco
encorvado, tenía apoyados los codos sobre ese bajo parapeto y
contemplaba los suburbios de la ciudad.

—Ya era hora —dijo en voz alta mientras Baraja acababa de subir
las escaleras.

Rápidamente, Baraja ocultó tras la pierna la botella que había


cogido del Club de Suboficiales, ya que se suponía que no se
podían consumir licores de alta graduación fuera del entorno
controlado del club.

— ¿Disculpa? —replicó.
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El otro hombre se giró a medias y, gracias al reflejo proveniente de


la iluminación de la ciudad en su espalda, Baraja discernió en él
esa combinación tan habitual de juventud física y extrema madurez
psicológica. Era un veterano de guerra, seguro.

—Lo siento —respondió el muchacho—. Creí que era otra persona.


—Le indicó con una seña que se acercara—. Vamos..., únete a la
fiesta. Veo que has traído algo de beber.

Baraja frunció la nariz. De nada le había servido esconder la


botella. Por un segundo, se planteó la posibilidad de darse la vuelta
y largarse corriendo antes de que pudiera reconocerlo, pero
entonces decidió que le importaba un carajo.

—Tienes una idea un poco rara de dónde ir para conocer gente —


comentó, mientras avanzaba por los desiguales materiales del
tejado.
—Estoy aquí por las vistas, no por el ambiente —afirmó el otro, a
la vez que señalaba el borde del tejado que tenía detrás de él—. Un
colega mío y yo habíamos quedado para observar una sesión de
entrenamiento nocturna. Pero no ha debido de oír la alarma del
despertador y se habrá quedado dormido.

Un ceñudo Baraja clavó la mirada en lo que aquel hombre tenía


detrás. En la lejanía, por encima de uno de esos montones de
escombros que habían sido en su día un suburbio, pudo divisar una
decena de luces tenues que daban vueltas como si fueran unos
infelices avispones.

— ¿Qué es eso?
— ¿Tú qué crees? —replicó el muchacho, soltando un resoplido—
. Aparte de a los segadores, ¿a quién más sacan en plena noche a
entrenar hoy en día?

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TIMOTHY ZAHN

—Creía que los segadores se dedicaban sobre todo a brincar por las
colinas y despeñarse por los barrancos —contestó Baraja—.
¿Cuándo empezaron a dar vueltas en círculo?
—Oh, solían hacer eso continuamente —respondió el muchacho—
. Cuando el programa segador se inició, les dieron unas mochilas
de propulsión con gran capacidad de vuelo.
—Parece divertido.
—Seguro que lo era —afirmó el muchacho—. Pero el problema
estribaba en que los nuevos reclutas tenían una gran tendencia a
estrellarse.
—Tengo entendido que las mochilas también solían explotar.
—Más a menudo de lo que a nadie le gustaría —reconoció el
muchacho—. De todas formas, después de que la guerra acabara y
de que, de repente, tuvieran tiempo suficiente para entrenar como
era debido, se pusieron a introducir mejoras gradualmente en el
diseño del equipo antiguo; no obstante, dejaron algunas de las
unidades estándar tal y como estaban, mientras que a otras les
facilitaron las nuevas mochilas mejoradas y las enviaron de nuevo
a cumplir su misión original.
— ¿Sin explosiones al azar?
—Sí, eso esperamos.
—Bueno, la verdad es que ir flotando por ahí en círculos los
convierte en blancos más fáciles —comentó Baraja, quien escogió
las palabras con sumo cuidado. El chico había hablado en primera
persona del plural. Así que también era un segador, ¿no?
Estupendo.

Porque si los soldados eran lo mejor de lo mejor, los segadores eran


lo peor de lo peor. Sin exagerar.

O al menos solían serlo. Durante la guerra, durante el reinado del


emperador Arcturus Mengsk, todo el cuerpo, supuestamente, había
estado formado por criminales curtidos cuyas tendencias
antisociales no podían ser corregidas, y que habían optado por
realizar un servicio militar demencial como alternativa a estar en
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prisión o algo mucho peor. A los soldados tal vez les gustara el
modo en que los segadores aparecían de la nada y caían en picado
sobre el frente de ataque de los zerg, pero nadie confiaba realmente
en ellos.

El nuevo emperador, Valerian, el hijo de Arcturus, estaba


cambiando todo eso, o eso se suponía, pero Baraja se lo creería
cuando viera hechos que lo corroboraran.

—Hablas como alguien que ha sido uno de esos blancos. —El


muchacho le tendió la mano—. Teniente Dennis Halkman, del 122
de segadores.
—Sí, señor —dijo Baraja, quien se puso firme y le saludó. Así que
era un segador y también oficial. Esto mejoraba por momentos.

Si Halkman había pertenecido al 122, casi seguro que había estado


en la guerra. Posiblemente, varios años.

Lo cual lo convertía en una anomalía, sin duda, ya que el periodo


de servicio normal de un segador era de seis meses.

—Sargento Foster Cray, del 934 de infantería —continuó hablando


Baraja, con el fin de identificarse.
—Encantado de conocerte, sargento —replicó el muchacho, quien
no hizo ningún ademán de bajar la mano o devolver el saludo—.
Debería haber mencionado que en realidad soy exteniente. Me han
destinado a la reserva y, probablemente, odiarás a los oficiales, así
que dejémonos de tanto señor y tanto saludo, ¿vale? Llámame
Dizz.
—Sí, señor —contestó Baraja. No cabía duda de que no estaba
acostumbrado a tratar con los oficiales de esta manera.

Claro que Dizz antes de ser un segador había sido un criminal. Tal
vez esta forma tan campechana de dirigirse a la gente que acababa

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de conocer era una habilidad que había desarrollado para que esta
se sintiera cómoda con él. ¿A lo mejor había sido un estafador?

—Y tú puedes llamarme Baraja —añadió, al mismo tiempo que le


estrechaba la mano a Dizz, quien se la estrechó a su vez con fuerza,
de esa manera que exuda confianza y seguridad, lo cual encajaba
con la personalidad de un estafador, sin lugar a dudas.
No obstante, también encajaría con muchos otros perfiles
criminales, incluso con el de un asesino en serie.

¿Acaso aceptan en los segadores a los asesinos múltiples?

—Así, mucho mejor —dijo Dizz con un tono de aprobación, a la


vez que arrugaba el ceño. Era probable que se estuviera
preguntando si Baraja estaba especulando sobre qué crímenes
había cometido en el pasado; no obstante, Baraja no tenía ninguna
intención de iniciar una conversación sobre ese tema. Desde luego,
no en un tejado sin un solo testigo y mientras iba desarmado.

Pero bueno, en el mismo momento en que Dizz llevara la


conversación por esos derroteros, Baraja se excusaría y se dirigiría
de nuevo a su cuarto...

—El 934, has dicho, ¿no? —continuó hablando Dizz—. ¿No fue tu
unidad la que enviaron a limpiar de zerg el bosque de Northwoods
en Nueva Sidney?

Baraja parpadeó, a la vez que dejaba de enredarse en un círculo


vicioso de especulaciones mentales. El bosque de Northwoods...

—Sí, estuvimos ahí —le confirmó—. Tú formaste parte de la


unidad de segadores, ¿verdad?
—Oh, sí, éramos nosotros —contestó Dizz, quien sonrió de
improviso—. Así que supongo que pudiste contemplar en primera

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fila cómo Boff rozó uno de los árboles, rebotó de costado y estuvo
a punto de llevarse por delante a uno de tus chicos, ¿no?
Baraja resopló.
—Sí, en primera fila, maldita sea —respondió. Había muy pocas
razones para sonreír en batalla, pero ese incidente había sido una
de esas raras excepciones—. Yo quizá estaba a tres soldados a su
izquierda cuando a tu muchacho le dio por hacer su numerito
acrobático. Por un segundo, creí que venía directamente hacia mí.
—Tal y como estaba volando, tal vez todo el mundo en esa unidad
pensara lo mismo —afirmó Dizz—. Recuerdo que me dejó
impresionado de narices que ninguno de los suyos se tirara al suelo
o siquiera se inmutara.
—Confía en mí, estábamos acojonados por dentro —confesó
Baraja—. Pero lo cierto es que no había tiempo para hacer nada.
—Salvo insultarlo —apostilló Dizz—. Ese soldado al que casi se
lleva por delante... ¿Cómo decías que se llamaba?
—Molido.
—Eso es. Creo que Molido estuvo insultándole durante tres
minutos sin repetirse ni una sola vez.
—No lo dudo —aseveró Baraja—. Aunque, justo después de eso,
yo estaba muy ocupado con un par de zerglings como para prestar
mucha atención. Pero si querías unas lecciones prácticas sobre la
historia del lenguaje vulgar terran, Molido era todo un maestro en
la materia. Nunca he conocido a nadie con un vocabulario tan
amplio.
—Bueno, nos dejó impresionados, sin duda —dijo Dizz—. No
tanto por su léxico, sino por el hecho de que dejase a Boff mudo
durante todo ese tiempo
—Creo que logró colar un «lo siento, colega» en cuanto Molido se
calló para tomar aire —señaló Baraja—. Pero eso fue todo.
—Pues sí, fue un día interesante —afirmó Dizz—. Por eso y
porque, además, ganamos.

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TIMOTHY ZAHN

Baraja siseó entre dientes, el breve recuerdo jocoso de ese día se


desvaneció para dar paso al resto, que eran espantosos. Sí, habían
ganado, pero a un precio endiablado.

—Sí —replicó—. Pero ¿qué fue de Boff? ¿Sobrevivió?


—Bueno, sobrevivió a esa batalla en particular —respondió Dizz—
. Como lo trasladaron justo después, nunca supe qué fue de él. ¿Qué
me dices de Molido?
—Sobrevivió a tres batallas más —contestó Baraja, apartando la
mirada—. Pero palmó en la cuarta.
—Oh. Lo siento.
—Ya —dijo Baraja—. Tampoco es que fuera el único.
—Ni por asomo —apostilló Dizz con tono sombrío—. ¿Cómo
crees que llegué a teniente siendo tan joven?
—Normalmente, se asciende por méritos o valentía.
—Tal vez eso sea así en la infantería —comentó Dizz—. En los
segadores, se asciende al que vive más tiempo. Es una especie de
premio de consolación pero al revés. —Suspiró—. En realidad,
espero que Boff no sobreviviera. Ese tío había cometido tres
asesinatos. Tenía una deuda de narices que saldar con la sociedad.
—Ya —masculló Baraja, a quien se le tensaron los labios
súbitamente. Durante un minuto, se había olvidado de con quién
estaba hablando—. Supongo que ese tipo de pasado puede ser muy
útil cuando se trata de disparar contra zerg.
—No tanto como crees —replicó Dizz, quien se giró para mirar
hacia atrás, hacia los ejercicios que los segadores seguían llevando
a cabo en la lejanía—. Por esa razón, están intentando instruir una
nueva horneada más generosa y decente de... Maldita sea.
— ¿Qué? —preguntó Baraja, a la vez que centraba su atención en
esas luces flotantes. Nada parecía distinto.
—Se están poniendo verdes —dijo Dizz de un modo abrupto—.
Malditos estúpidos... ¿Llevas tu comunicador encima?
—Sí —contestó Baraja, quien se sacó el artilugio del cinturón y se
lo ofreció.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Di que quieres hablar con el sargento de cosechadores Stilson


Blumquist —le indicó Dizz, quien no hizo ademán alguno de coger
el aparato—. Cuando se ponga, dile que sus dos flancos del sur se
están poniendo verdes.
—Está bien —respondió Baraja, el cual entró en contacto con el
nexo de comunicaciones de la base mientras se preguntaba qué
demonios era «ponerse verde». El ordenador contestó y el soldado
tecleó el nombre de Blumquist—. Pero ¿no deberías ser tú el que
le dijera...?
—Al habla el Sargento Blumquist —dijo alguien de manera brusca
por el comunicado—. ¿Quién demonios me llama?

Una vez más, Baraja hizo ademán de ofrecer el comunicador a


Dizz. Y, una vez más aún, este hizo un gesto para indicarle que lo
apartara.

—Me han indicado que debo informarle de que sus dos flancos del
sur se están poniendo verdes —contestó Baraja.
— ¿Ah, sí? —replicó Blumquist—. ¿Y esto cómo lo sabe?
—Porque puedo verlos —respondió gruñendo Baraja—. Arréglelo,
¿quiere? —Acto seguido, cortó la comunicación y le preguntó a
Dizz—: ¿Qué diablos es ponerse verde?
—Uno puede ponerse verde de envidia—respondió Dizz, quien
seguía concentrado en esas luces distantes—. En este caso, se trata
de un par de fantasmones que intentan competir entre ellos
realizando maniobras estúpidas. Oh, aquí vienen.
Baraja abrió los ojos como platos.
— ¿Cómo que aquí vienen?
—Al menos, Blumquist sabe cómo buscar una aguja en un pajar —
comentó Dizz—. Le has dicho que podías verlo y te ha localizado.
Así que no es un incompetente de tomo y lomo.
—Es bueno saberlo —masculló Baraja. No cabía duda de que las
luces se estaban moviendo y de que lo hacían en su dirección—.
Esto..., ¿no deberíamos largamos?

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—Bueno, yo sí —contestó Dizz, quien pasó junto a Baraja,


rozándolo—. Oh, y me voy a llevar esto —añadió, arrebatándole la
botella a Baraja con destreza.

Con gran destreza, de hecho. ¿Acaso eso indicaba que aquel


individuo había sido un carterista?

—No te preocupes..., no te pasará nada —apostilló Dizz mientras


miraba hacia atrás y se dirigía rápidamente hacia la puerta—. Solo
dile que no puede hablarte de esa manera.

Baraja clavó la mirada en la espalda del muchacho mientras este


alcanzaba la puerta, al mismo tiempo que se le tensaban los
músculos ante la duda de luchar o huir. Todo aquello no tenía nada
que ver con él. Lo más inteligente habría sido seguir a Dizz hasta
el interior del edificio, regresar a su catre y olvidarse de que todo
esto había pasado.

No obstante, por segunda vez esa noche, decidió de improviso que


le importaba un carajo. No había hecho nada malo (para variar) y
por nada del mundo iba a echar a correr. Llevara o no un arma
encima, si una panda de aspirantes a segadores querían liársela
parda, les demostraría el significado de esa expresión para un
soldado.

Llegaron diez segundos después.

Mientras descendían del cielo a su alrededor, se percató de que su


técnica era un poco caótica. No estaban coordinados y más de la
mitad de ellos ni siquiera aterrizaron como era debido. Sin
embargo, lo habían rodeado de un modo bastante competente y
gran parte de esa torpeza probablemente era una mera cuestión de
inexperiencia.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Incluso hubo uno del grupo que demostró ser medianamente


competente. Baraja se cercioró de estar mirando hacia él cuando
este se posó ruidosamente sobre el tejado.

—Sargento Blumquist —saludó al segador—. Hace una noche


estupenda para volar.
—Cierre el pico, imbécil —le espetó Blumquist, al tiempo que
daba una larga zancada hacia delante.

Evidentemente, esperaba que Baraja retrocediera mientras se


aproximaba. Pero no lo hizo, lo que obligó a Blumquist a detenerse
de un modo precipitado, torpe y (al menos, para Baraja) bastante
cómico.

Lo cual no ayudó a serenar al sargento.

—Quiero que me digas tu nombre, rango y qué narices estabas


haciendo aquí arriba —bramó Blumquist mientras recuperaba el
equilibrio—. Después podrás presentarse en el calabozo de abajo
mientras yo redacto los cargos en tu contra.

Baraja parpadeó. ¿Cargos?

— ¿Desde cuándo estar en un tejado es un delito?


—Desde que interfiere con unos ejercicios nocturnos —replicó
Blumquist—. Además, ¿desde cuándo un cabeza de chorlito de
infantería tiene idea de lo que hacen los segadores?
—He visto a muchos segadores competentes. —Baraja agitó la
mano para señalar al círculo de novatos que lo rodeaba—. Pero
estos no lo son. —Ladeó la cabeza—. Además, se estaban poniendo
verdes.

Blumquist entornó los ojos.

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TIMOTHY ZAHN

—Pero ¿quién demonios eres tú para insultar a mi pelotón? —


inquirió, a la vez que daba otro paso adelante.

Entonces, por la parte inferior de su visión periférica, Baraja pudo


ver cómo el segador cerraba los puños.

De manera deliberada, Baraja no cerró los suyos. Como eran diez


contra uno, lo último que debía hacer era dejarse llevar por las
provocaciones de Blumquist y lanzar el primer puñetazo; ni
siquiera podía permitirse el lujo de que diera la impresión de que
estaba a punto de hacerlo.

El problema de tenerlo casi todo en contra era que, si no derribaba


a un par de ellos justo al principio de la pelea, estaba casi
garantizado que acabaría rápidamente siendo el saco de todos los
golpes.

Pero no le quedaba otra. Si bien no le había dicho a Blumquist cuál


era su nombre, las gafas de segador contaban con un sistema de
grabación y transmisión de datos, por lo que los diez tendría ya un
registro claro de su rostro, sin duda. Aunque Baraja ganara la pelea,
toda la cadena de mando de la infantería se le echaría encima. La
única forma en que podía salir de esta era dejando que Blumquist
atacara primero y confiar en sobrevivir hasta que el pelotón se
cansara de darle golpes...

— ¡Atención!

Blumquist se giró hacia la puerta del tejado y se tambaleó un poco,


ya que el peso de su mochila de propulsión lo desequilibró. Dizz se
acercaba hacia ellos a zancadas, con expresión sombría en el rostro;
unos galones de teniente relucían en su cuello.

Baraja reparó en que esos galones no habían estado ahí antes.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Teniente Halkman del 122 de segadores —anunció


abruptamente Dizz—. ¿Qué demonios está pasando aquí, sargento?
—Eh... —Blumquist se quedó sin palabras por un segundo—. Este
individuo se ha entrometido en nuestro ejercicio, señor —acertó a
decir, señalando a Baraja—. También se ha negado a decirme su
nombre...
— ¿Se ha entrometido? —le interrumpió Dizz—. ¿Se ha
entrometido desde aquí?
—Entró... Entró en contacto conmigo mientras intentaba hacer un
ejercicio —contestó Blumquist—. Cuestionó mi técnica. Me
distrajo mientras...
—Si una mera llamada de comunicador consigue distraerte,
sargento, no tendrás nada que hacer en el campo de operaciones —
volvió a interrumpirle Dizz—. ¿Su crítica era fundada?
—Eh... —Blumquist miró de reojo hacia uno de sus hombres—.
Tal vez sí, señor.
—Entonces, acéptala, actúa en consecuencia y enmienda el error
—le ordenó Dizz—. Y vuelvan arriba a toda prisa, ahora mismo.

Blumquist se pudo firme.

—Sí, señor. Pelotón, de vuelta a la zona de entrenamiento.


Ejecución inmediata.

Por parejas, los novatos abandonaron el tejado y se dirigieron de


vuelta hacia esa parte del cielo en la que habían estado haciendo
maniobras antes. Blumquist fue el último en marchar; mientras se
elevaba, siguió manteniendo la posición de firme.

—Bueno, qué absurdo ha sido todo esto —comentó Baraja


mientras observaban cómo los novatos se alejaban en la noche.
—No creas —dijo Dizz con un tono grave—. En cuanto se dio
cuenta de que no tenía nada contra ti, la única salida que le quedaba
para no parecer un idiota era incitarte a que lo atacaras.

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TIMOTHY ZAHN

—Sí, de eso me había dado cuenta —afirmó Baraja—. Por cierto,


gracias por volver.
—Oh, eso era lo que tenía previsto desde un principio —le aseguró
Dizz—. Conozco bien a Blumquist. Solo quería esperar a que
metiera la pata hasta el fondo y se colocara él solito la soga al
cuello.
— ¿Para hacerle quedar como un imbécil?
—Para hacerle quedar como un incompetente —aseveró Dizz, con
un cierto tono de amargura en la voz—. He visto morir a demasiada
gente buena, hombres y mujeres, por culpa de sargentos y tenientes
que atacaron sin pensar u observar. Si tenemos suerte, para cuando
la próxima guerra estalle, los idiotas como Blumquist estarán
destinados en una oficina para hacer de chupatintas.
—Si es que estalla alguna.
—Estallará —dijo Dizz con voz cansina—. Siempre lo hace. —
Hizo un gesto con la cabeza hacia atrás—. He dejado la botella
detrás de la puerta. Supongo que ibas a brindar por Molido.
—Por él y por todos los demás —replicó Baraja. Con tantas
emociones, prácticamente se había olvidado de la botella.
—Vayamos a por ella —dijo Dizz, señalando hacia la puerta—. Y
luego nos dirigiremos al Club de Oficiales. Ahí hace más calor y
tienen unos sofás muy cómodos. Un lugar perfecto para pillarse
una buena curda.
—Creía que todos los clubes estaban cerrados.
— ¿Tengo cara de que eso me importe?
—Pues no, la verdad —admitió Baraja. ¿El hecho de que fuera un
maestro a la hora de forzar cerraduras significaba que Dizz había
sido un atracador o un ladrón especializado en allanamientos?—.
Si a ti no te importa, a mí tampoco.
—Bien. —Dizz sonrió ampliamente—. ¿Quién sabe? Obviamente,
te estás preguntando qué hice para acabar en los segadores. Si
consigues emborracharme lo suficiente, quizá te lo cuente.
—Pues empecemos, entonces —dijo Baraja, inclinando la
cabeza—. Detrás de usted, señor.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO DOS

La guerra había acabado.

Había llegado el momento de seguir adelante.

Siempre y cuando estuviera dispuesta a pagar un alto precio por


ello, como bien sabía Tanya Caulfield.

Tuvo que sonreír mientras permanecía tumbada y despierta en la


oscuridad. Un alto precio. Era una expresión que solía emplearse
en tiempo de guerra y no de paz. O eso había dado por sentado
siempre.

No obstante, la paz no era un fenómeno con el que Tanya estuviera


familiarizada. Había vivido la Guerra de los Gremios, la rebelión
contra la Confederación, la fundación del Dominio y las invasiones
de los zerg y de Amon, por lo cual en su existencia habían
predominado el conflicto y la muerte.

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TIMOTHY ZAHN

Quizás ahora los habitantes del sector Koprulu por fin tuvieran una
oportunidad.

Pero mientras tanto...

Tanya Caulfield, ¿estás inquieta?

Se estremeció al oír de repente esa voz en su mente. Se trataba de


Ulavu, por supuesto; el tono de un contacto mental protoss era muy
peculiar. Además, aunque alguno de los otros telépatas de ese ala
se hubiera percatado de que estaba despierta, ninguno se habría
tomado la molestia de comprobar cómo estaba.

Estoy bien, Ulavu, contestó con un pensamiento.

El silenció reinó brevemente y Tanya percibió cómo el protoss


entraba en contacto con las mentes de los demás fantasmas de ese
cuartel temporal de Augustgrad. Probablemente, estaba
cerciorándose de que no se hallaba solo. A Ulavu no le gustaba
estar solo.

¿Puedo ayudarte de algún modo?


No hace falta que me ayudes, le aseguró Tanya de nuevo. Estoy
bien.
Acepto lo que afirmas, replicó mentalmente. Pero esta noche tus
pensamientos tienen un tono inusual. Por eso estaba preocupado.

Tanya negó con la cabeza, procurando que el pensamiento y la


emoción que lo acompañaba no alcanzaran la superficie mental
donde Ulavu pudiera percibirlos. A pesar de encontrarse a dos pisos
de distancia, estaba lo suficientemente conectado a ella como para
ser capaz normalmente de detectar su estado de ánimo.

No hay nada de lo que preocuparse. Vuelve a dormirte. Ya nos


veremos por la mañana.
26
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Muy bien. Duerme profundamente, amiga mía.

El enlace telepático se desvaneció y Tanya notó un sutil cambio, ya


que la mente de Ulavu volvió a adoptar un patrón de pensamiento
alienígena.

Sin embargo, a pesar de que este se había retirado de todos los


terran que lo rodeaban, ella todavía podía sentir la leve caricia de
su presencia en su mente. Tanya a menudo pensaba que era como
un gato que se acurrucara junto a su dueña.

Ese era otro pensamiento, otra imagen, que con sumo cuidado había
mantenido aislado en una parte privada de su mente. Si bien Ulavu
era tan amable y colaborador como cualquier otro protoss que
hubiera conocido, no era muy recomendable que un alienígena
telépata orgulloso y noble de dos metros veinticinco creyera que
uno se estaba burlando de él. Sobre todo, un protoss que había
establecido una relación tan estrecha con Tanya como Ulavu.

Ese era el problema, por supuesto. Y el alto precio a pagar.

Porque cuando ella se fuera, él solo tendría a los demás. Y a


ninguno de ellos le preocupaba Ulavu tanto como a ella.

Con gran cautela, selló esos pensamientos negativos ante la suave


caricia de la mente del protoss y recordó la carta que había recibido
a última hora de la tarde.

De: Comandancia, Academia fantasma


Para: Agente X39562B
Asunto: Petición de renuncia al programa fantasma

A las 15:00 del día de hoy, su petición ha sido aprobada por el


Mando Militar del Dominio. Su dimisión será aceptada

27
TIMOTHY ZAHN

formalmente dentro de diez días a contar a partir de esta fecha,


a las 13:00 en el despacho del coronel Davis Hartwell.

Agradecemos y echaremos en falta enormemente sus servicios


prestados al Dominio. Si desea revocar su dimisión, podrá
hacerlo en el despacho del coronel Hartwell en cualquier
momento antes de esa fecha.

Le deseamos lo mejor en el futuro.


Comandante Barris Schmidt

Y eso era todo. Tras esa breve carta, solo tendría que pasar diez
días más cruzada de brazos, mientras los burócratas registraban
unos cuantos datos inútiles más en los ordenadores del Dominio, y
su vida cambiaría para siempre.

Era el momento. En realidad, hacia ya tiempo que había llegado.


En los veinte años que había formado parte del programa fantasma,
a pesar de la redacción claramente protocolaria de Schmidt en la
carta, no había prestado ningún servicio ni al programa ni al
Dominio en general. De hecho, no la habían destinado ni a una sola
misión.

Nunca había tenido totalmente claro cómo se sentía al respecto. Por


un lado, entendía la lógica de todo aquello, ciertamente. Y aunque
no era especialmente poderosa (su índice psi era de un mediocre
5,1), su don era increíblemente raro. Lo bastante raro, o eso le
habían contado, como para compensar su escasa capacidad
telepática y su total carencia de fuerza y sigilo, que eran
normalmente los atributos característicos de los miembros del
programa. Lo único que tenía sentido era que esperaran al momento
oportuno para utilizarla como arma contra los zerg.

Sin embargo, ese momento nunca había llegado. Cuando la Reina


de Espadas y su Enjambre zerg se abrieron camino sembrando la

28
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

muerte y la destrucción tanto por los planetas terran como protoss,


a Tanya se la llevaron del cuartel general fantasma de Ursa y la
enviaron a una localización remota. Entonces, llegó el ataque de
Amon, pero Tanya siguió en su escondite.

No sabía por qué no habían recurrido a ella en una u otra de esas


situaciones tan desesperadas. La única posibilidad que se planteaba
era que, simplemente, la habían olvidado, o si no, que su expediente
se había perdido en el agujero negro de la burocracia.

En cualquier caso, cuando todo acabó, la trajeron de vuelta y se le


dio a entender que, cuando se produjera la siguiente invasión, la
destinarían a combatirla.

Pero esa invasión no había tenido lugar. Aunque corrían muchos


rumores sobre el destino final tanto de la Reina de Espadas como
de Amon, al parecer, solo había un reducido número de gente que
conocía la verdad y que no la iba a contar.

Así que, por un lado, Tanya tenía la sensación de que no la habían


aprovechado. Por otro, teniendo en cuenta la gran cantidad de
fantasmas que habían muerto en los infinitos campos de batalla de
la guerra, tenía que admitir que se sentía un tanto aliviada de que
la hubieran mantenido al margen.

No obstante, otros habían tenido que pagar un alto precio para que
ella se hallara a salvo, ya que toda misión a la que no había sido
destinada fue realizada por otra persona.

¿Cuántos hombres y mujeres habían muerto en su lugar?, se


preguntaba.

Notó un leve estremecimiento en esa presencia que era Ulavu.


Probablemente, el protoss se había dado cuenta de los derroteros
que estaban siguiendo sus pensamientos y albergaba ciertas dudas
29
TIMOTHY ZAHN

sobre si Tanya estaba realmente tan bien como afirmaba. Un


pensamiento muy claro se impuso a esa presencia, una especie de
voz distante...

¿Qué demonios haces tú aquí?

Tanya se tensó, dejó de divagar y se despertó súbitamente del todo.


Ulavu no se encontraba en su habitación.

Sino que campaba a sus anchas por las calles de Korhal.

Y por el tono de esa voz que se había filtrado a través de la mente


del protoss daba la impresión de que había ido a parar a algún sitio
donde no era especialmente bienvenido.

Ulavu, ¿dónde estás?, pensó dirigiéndose a él, al mismo tiempo


que cogía la ropa e intentaba denodadamente extraer algo
(cualquier cosa) de la mente de este. Pero su poder telepático era
muy débil. El protoss debía de haberse llevado su potenciador
psiónico para que pudiera percibir sus pensamientos con tal
claridad.

Por desgracia, si contaba con un potenciador psiónico, podía estar


perfectamente a medio planeta de distancia.

Ulavu, ¿dónde estás?


Es un establecimiento donde se toma comida y bebida, le
respondió. A través del enlace mental, pudo intuir más voces al
fondo, cuyo tono era cada vez más furioso.
¿Dónde están tus escoltas? ¿Están ahí contigo?
Quería estar solo esta noche, contestó telepáticamente. Me fui sin
ellos.

Tanya lanzó una maldición en silencio. De algún modo, el protoss


había dado esquinazo a su escolta militar, a la gente que
30
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

supuestamente debía evitar que esto sucediera, precisamente.


Tremendo.

Cuando has entrado ahí, ¿has visto algún rótulo en la cristalera?,


le preguntó, a la vez que se abrochaba el mono y se ponía las botas.
Aunque ya no tenía remedio, se preguntó si no hubiera sido mejor
haberse puesto su uniforme fantasma, puesto que le confería un
aura de autoridad y todo eso. Pero el tiempo era vital y ya era muy
tarde como para cambiarse. ¿O encima de la puerta?
Hay un rótulo. El dibujo que veo son tres círculos concéntricos.
¿Hay alguna palabra?
Sí, cuatro. El Círculo de Dante.

Tanya puso mala cara. La buena noticia era que, al menos, Ulavu
seguía en Augustgrad. La mala, que el Círculo de Dante era una
taberna de mala muerte regentada y frecuentada por hombres y
mujeres que habían tenido parientes y amigos en Chau Sara cuando
los protoss incineraron el planeta.

Dicho de otro modo, era el último lugar de Korhal donde un protoss


sería bien recibido.

Maldita sea. Tanto ella como otros habían advertido al comandante


Schmidt que trasladar la academia de su base habitual en Ursa a
este lugar, aunque solo fuera temporalmente, era una mala idea.
Ahí arriba tenían a Ulavu vigilado y controlado. Aquí, bastaba con
que simplemente se escabullera por la puerta de atrás una sola vez
y se toparía con todo un planeta por el que deambular.

Y a menos que ella hiciera algo rápidamente, con casi toda


seguridad se acabaría produciendo un incidente muy grave.

Ulavu, tienes que salir de ahí ahora mismo, le dijo, mientras


recorría el pasillo torpemente dando saltos a la pata coja con la

31
TIMOTHY ZAHN

pierna derecha, ya que se estaba calzando la bota izquierda.


¿Puedes hacerlo?
Eso no sería de buena educación. Creo que los dueños y los
clientes desean que me quede. Algunos han señalado que quieren
hablar más conmigo.
Sí, seguro que sí, masculló mentalmente, a la vez que repasaba
rápidamente qué opciones tenía. La más obvia era alertar a los
guardias que supuestamente tenían que estar escoltándolo. Pero
dadas las circunstancias, no confiaba demasiado en que estos
fueran capaces de resolver la situación. En vez de eso, podía
intentar avisar a la policía, pero su velocidad de reacción no era
muy alta a estas horas de la noche y la mayoría de los agentes no
tendrían ni idea de qué hacer con un protoss extraviado. Y lo mismo
podía decirse de la policía militar normal.

Además, nadie en Korhal conocía tan bien a Ulavu como Tanya.


La única manera en que todo aquello podía acabar bien era si ella
tomaba las riendas de la situación.

El Círculo de Dante estaba a más de kilómetro y medio de sus


barracones temporales. Por suerte, Jeff Cristofer siempre dejaba
aparcada su aeromoto junto a la puerta lateral y hacía tiempo que
sabía cuál era el código de arranque, a pesar de que él no se lo había
dado. Dos minutos después y tras haber incumplido una veintena
de normas de tráfico, llegó ahí.

Nunca había visto el Dante por dentro, pero por la reputación que
tenía siempre se lo había imaginado como un sitio oscuro y
sombrío, donde la ira y el resentimiento lo impregnaban todo, y el
ambiente era amenazador y depresivo. También esperaba que la
clientela estuviera en consonancia con la decoración, que allí se
toparía con unos Tiarrones cabreados que bebían para olvidar sus
penas.

32
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Tenía razón en todos los sentidos. Lo único en que no había


acertado era en que había una parrilla abierta de la que brotaba una
columna de humo.

De hecho, mientras se abría paso entre la multitud, pensó


precisamente en que el Dante podría ser un fiel reflejo de lo que
sería estar sentado en un bar de un planeta incinerado.

¿Acaso era un intento deliberado de hacer un guiño al dolor de los


clientes? Tal vez. Y seguro que no venía nada mal a la hora de
aumentar las consumiciones.

En cierto modo, esperaba toparse con Ulavu en medio de una


tremenda pelea, así que se sintió aliviada al ver que se encontraba
muy tranquilo de espaldas a la barra, totalmente inmóvil, rozando
casi con la coronilla las vigas del techo que estaban a la vista y
mirando hacia un grupo de hombres, dispuestos en tres
semicírculos concéntricos, que susurraban entre ellos.

Aunque susurraban, permanecían quietos.

Tanya no podía echárselo en cara. Un protoss, incluso uno tan


calmado y para nada amenazador como este, resultaba intimidante
de narices. Ulavu, que era alto y esbelto y tenía unos ojos que
brillaban en esa larga cara desprovista de boca y nariz; con su
imponente presencia, transmitía ese aire de dignidad antigua tan
propio de su raza. Tenía unas manos en las que había dos dedos y
dos pulgares oponibles a los lados, con las que sería capaz de
retorcerle el brazo a un terran hasta dislocárselo del hombro o de
aplastarle la garganta. Tenía las piernas levemente curvadas a la
atura de esas rodillas articuladas hacia atrás y esos pies largos de
tres dedos plantados en el suelo de manera estable, como pequeños
árboles. Iba vestido con su atuendo normal de civil: una larga
túnica y las piernas cubiertas; de su cinto pendía un cilindro
alargado que era su potenciador psiónico.
33
TIMOTHY ZAHN

No transmitía ninguna sensación de amenaza; ahí no había ni rastro


de esos temibles guerreros que la mayoría de los terran se
imaginaban cuando pensaban en los protoss. Aun así, la
muchedumbre titubeaba. Tal vez no les gustaran los protoss, pero
por lo visto, nadie estaba dispuesto a lanzar el primer golpe contra
algo que los superaba en peso y tamaño de una manera tan clara.

No obstante, esa situación de impasse tal vez estuviera a punto de


llegar a su fin, puesto que, justo en el círculo interno, se podía
entrever, mientras la multitud se movía adelante y atrás, a un
hombre que quizá fuera lo bastante grande como para derrotar
incluso a un protoss. Y a juzgar por la forma en que farfullaba
insultos, estaba lo bastante borracho como para intentarlo.

Los fantasmas a menudo actuaban solos en el campo de batalla, por


lo cual no era necesario que recibieran mucho adiestramiento; no
obstante, Tanya había aprendido unas cuantas lecciones mientras
se formaba y había llegado el momento de comprobar si servían
para algo.

—Está bien, apártense, apártense —gritó por encima de esos


insultos mascullados y balbuceados, empleando un tono de voz lo
más grave posible y pronunciando las palabras tan violentamente
como le había visto hacer a un sargento de infantería que había
conocido en su día—. ¿Qué demonios está pasando aquí?

Durante un segundo, pensó que esa treta iba a funcionar de verdad.


Los dos anillos exteriores se retiraron como por arte de magia
mientras avanzaba hacia ellos, abriendo así un camino hasta la
confrontación.

Sin embargo, el círculo interno estaba compuesto por hombres que


reaccionaban con más lentitud, estaban más borrachos o habían
aprovechado ese momento extra de impasse para evitar sucumbir
34
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

al reflejo automático de obedecer a la autoridad que el difunto


emperador Arcturus Mengsk, con gran esfuerzo, había grabado a
fuego en la mente de sus súbditos. Tanya tuvo que abrirse paso por
esa última línea a empujones, lo que hizo que tardara varios
segundos más, la obligó a hacer un gran esfuerzo y provocó que la
sensación de autoridad que había intentado transmitir, fuera cual
fuese esta, se erosionara.

Desgraciadamente, al grandullón borracho eso no se le pasó por


alto. Mientras ella lograba acceder a la zona despejada, este se giró
y la fulminó con la misma mirada iracunda con la que había estado
contemplando a Ulavu.

— ¿Quién diablos eres tú? —inquirió—. ¿Su protectora? —Hizo


una mueca—. ¿Su mascota?
—Solo soy una amiga —contestó Tanya, manteniendo un tono
sereno. A pesar de que poseía unas facultades telepáticas limitadas,
estaba claro que Ulavu y ella estaban sentados sobre una bomba de
relojería. Bastaría solo una palabra desafortunada, un solo
movimiento equivocado, para que se armara la marimorena—.
Siento de veras lo que han sufrido., de veras. Pero Ulavu no tiene
nada que ver con lo que pasó en Chau Sara. Es un académico, un
investigador de...
— ¿Cómo demonios vas a comprender nuestro dolor? —preguntó
el grandullón—. Crees que solo porque... —Se calló y la cara se le
puso aún más roja—. Ah, maldita sea. ¿Eres una fantasma? Eres
una maldita fantasma.

Una sensación de desagrado, tanto verbal como mental, recorrió a


la muchedumbre, teñida de miedo, ira y resentimiento. Los
fantasmas había sido el cuerpo personal de asesinos del emperador
Arcturus; prácticamente, eran unos seres mitológicos que
eliminaban a sus objetivos y, a continuación, se esfumaban en la
noche.

35
TIMOTHY ZAHN

Tanya suspiró. Ya podía ir olvidándose de intentar pasar lo más


desapercibida posible.

—Cuidado con lo que dices, Rylan —le advirtió alguien de la


multitud.
—Y una mierda —replicó violentamente Rylan—. Ya no van por
ahí matando gente. Eso dice el emperador Val.
—Ya, pero seguro que aún puede leerte la mente.
—Si me lee los pensamientos, va a ver un montón de cosas muy
feas —replicó Rylan, con los ojos todavía clavados en Tanya—.
¿Me los estás leyendo, guapa?
—No hace falta ser un fantasma para saber que todos están aquí
para llorar la destrucción de Chau Sara —afirmó Tanya, quien
estaba reprimiendo la ira que de repente amenazaba con nublarle el
juicio. ¿Guapa? ¿Guapa? ¿Cómo se atrevían estos idiotas
intransigentes a hablarle así? ¿Cómo se atrevían a echarles la culpa
a Ulavu o a ella de algo que había ocurrido hacía una década, sobre
todo, cuando ninguno de los dos había participado en ello?
— ¿A ti qué más te da Chau Sara? —le espetó Rylan—. Tu feo
colega lo quemó. Lo quemó.

La ira que amenazaba con dominar a Tanya tomó la forma de unas


llamas.

¿Quieres ver cómo se quema algo?, pensó cruelmente, centrándose


en él. ¿Por qué no tú mismo? ¿Quieres ver cómo te quemas?

Era capaz de hacerlo. Podía prenderle fuego ahí mismo, convertir


a ese estúpido en una antorcha llameante y vociferante. ¿Querían
regodearse en su amargura aquí, en este bar inútil y anclado en el
pasado? Sí, este idiota podía servir para eso. Para enseñarles cómo
había sido realmente la destrucción de Chau Sara.

Y ya puestos, ¿por qué solo hacerlo con él? Aquí había un montón
de gente que no tenía nada que hacer salvo hurgar en la herida de
36
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

los recuerdos del pasado. Quizá si se sentían un poco en peligro y


sufrían un dolor de verdad, volverían súbitamente al mundo real;
un mundo donde los fantasmas y el resto de las fuerzas del Dominio
(sí, los protoss también) habían luchado, derramado sangre y
muerto para garantizar la seguridad de los demás.

Tanya Caulfield. La voz de Ulavu resonó en su mente, fluyendo


sobre su furia como agua fresca. Calma.

Tanya sabía que, en el caso de algunos fantasmas, bastaba con que


un amigo o colega les lanzara una palabra de advertencia para que
se activara una especie de interruptor que apagaba sus emociones.
En su caso, nunca era así. Pero a pesar de que flaqueaba su
autocontrol, fue capaz de reconocer que había cierta lógica en lo
que decía Ulavu. Es más, había vuelto a ser consciente de que
alguien, cuyo criterio apreciaba, la estaba observando.

Tras respirar hondo, se llevó un dedo a la sien, para estimular un


poco mentalmente el implante que, incluso en esos momentos,
estaba lanzando febrilmente varias sustancias químicas cerebrales
a su torrente sanguíneo y redirigiendo patrones de flujo neuronales.

Entonces, para su alivio, la ira se esfumó. Había recuperado el


control y, una vez más, podía pensar con claridad.

Echó un vistazo a la multitud que la rodeaba, a la que ya no veía


como posibles objetivos sobre los que descargar su poder, sino
como gente sencilla y normal. Había llegado el momento de
olvidarse de la frustración y pensar como un estratega.

Muy bien. Sin duda, Rylan era aquí el líder. Si lograba convencerlo,
sería capaz de desactivar la bomba de relojería en que se había
convertido la situación.

Si no lograba convencerlo, tendría que destrozarlo.


37
TIMOTHY ZAHN

¿Tanya?, volvió a decir Ulavu en su mente.


Estoy bien, le aseguró. Confía en mí.
—Incluso aquellos que no teníamos seres queridos en Chau Sara
nos sentimos ese día dominados por la conmoción y el horror —
afirmó Tanya, a quien un escalofrío le recorrió la columna.
—Eso es fácil decirlo —replicó Rylan con desprecio.
—Eso es fácil sentirlo —le espetó Tanya—. Yo he estado ahí. He
visto la devastación. Esas ciudades reducidas a cenizas. Esas
montañas hechas añicos. Esos lagos y ríos vaporizados, cuyos
lechos estaban destrozados y medio derretidos. Esas llanuras
transformadas en cristal. Incluso después de tantos años, la única
vida que ha vuelto a brotar son unos pocos líquenes y algo de
musgo.
—Sí, yo también lo he visto —aseveró Rylan, en voz baja y con la
mirada clavada en el suelo.

Entonces, abruptamente, alzó los ojos y señaló con un dedo


acusador a Ulavu.

—Y fue su gente la que lo hizo.


Tanya suspiró. Lo había intentado, pero había sido en vano.
—Sí, su gente lo hizo —dijo, al mismo tiempo que buscaba en su
campo de visión periférica algo que la inspirara. Si bien el
potenciador psiónico que Ulavu llevaba a la cintura era bastante
pesado como para arrojarlo como un objeto contundente, también
era muy delicado (y caro), así que solo era un arma a usar como
último recurso. Tampoco había ninguna botella de licor al alcance
y, aunque la hubiera habido, no quería herir a nadie gravemente.
Ya no, al menos.

En la barra, junto a Ulavu, había una jarra de cristal medio llena de


cerveza. No era gran cosa, pero tendría que bastar.

38
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Lenta y disimuladamente, fue atravesando el círculo para acercarse


a Ulavu y la jarra.

—No obstante, fueron los líderes protoss los que tomaron esa
decisión y otros protoss los que la llevaron a cabo. Ulavu no formó
parte de ninguno de esos dos grupos. Tienen razón en que es
absolutamente imperdonable que reaccionaran de este modo ante
la infestación zerg. Pero ya se lo hemos hecho pagar con creces. —
Alzó la mano hacia Ulavu para enfatizar lo que estaba diciendo—.
Y como ya he dicho, Ulavu ni siquiera estuvo ahí. Estoy segura de
que no van a hacer daño a un protoss inocente por los crímenes de
su...
— ¿Inocente? —la interrumpió Rylan—. ¿Quién demonios ha
dicho que alguno de estos malditos cara de pez sea inocente?

Si bien hasta entonces había estado abriendo y cerrando los puños


nerviosamente, ahora los dejó cerrados súbitamente. Inclinó hacia
delante su centro de gravedad e hizo ademán de dar una zancada
hacia el odioso alienígena que tenía delante...

Tanya agarró la jarra y le arrojó el líquido que contenía a Rylan


directamente a la cara.

Tenía tal vez un cuarto de segundo para lograr que ese ardid
funcionara. Pero ya había hecho cálculos mentalmente y sabía qué
tenía que hacer. El punto de ignición del alcohol etílico de esa
concentración debía de alcanzarse a alrededor de los cincuenta
grados, mientras que la temperatura a la que la carne humana
empezaba a sufrir quemaduras de primer grado era de cuarenta y
cuatro. Pese a que se trataba de un margen incómodamente
estrecho, había entrenado muy duro durante mucho tiempo para
dominar su piroquinesis con tal grado de precisión. Calentó la
cerveza en pleno vuelo y observó cómo un Rylan incapaz de
creérselo abría los ojos como platos en el mismo instante en que el
líquido se estrellaba contra su cara...
39
TIMOTHY ZAHN

Un instante después, la sorpresa dio paso a la conmoción, ya que el


líquido hirviente hizo que un terrible dolor recorriera
violentamente sus nervios empapados de licor.

Rugió de agonía y abrió los puños para llevarse las manos a los
ojos, a la vez que ese primer paso hacia delante se transformaba en
un traspié hacia atrás. Confuso, desorientado y dolorido, Rylan (así
como su valiente y agresivo ataque contra ese odiado ser que
representaba a toda la raza protoss) se detuvo en seco.

Y todo el mundo en el Dante era consciente de ello. En esos dos


mismos segundos tan desconcertantes, la actitud de la multitud
cambió al ver a su héroe flaquear.

Tanya dejó que transcurriera otro segundo para que asimilaran lo


que estaba ocurriendo. Después, agarró a Ulavu del brazo y
recorrió a esa muchedumbre con la mirada, deteniéndose para
clavar la mirada en los hombres más corpulentos que tenía a la
vista. Aunque un par de ellos le devolvieron la mirada, la mayoría
la apartó rápidamente. No cabía duda de que Rylan era alguien
mucho más importante en este lugar de lo que ella había estimado
en un principio.

—No creo que Rylan esté en condiciones de pelear esta noche —


afirmó con calma—. Así que nos vamos a marchar ahora mismo.
—Titubeó—. Y, por favor, créanme cuando les digo que sentimos
lo de Chau Sara tanto como ustedes.

Nadie rebatió su argumento. Nadie dijo nada de nada. Tanya,


seguida de Ulavu, se dirigió directa y atrevidamente hacia la
multitud. Esta vez, los tres círculos se abrieron para dejarla pasar
sin presentar la menor resistencia.

40
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Un minuto después, se hallaban al aire libre bajo el gélido aire


nocturno.

No hacía falta que acudieras en mi ayuda, Tanya Caulfield. Ese


pensamiento de Ulavu penetró en su mente mientras lo llevaba
hacia la aeromoto que ella había tomado prestada. Ese terran no
podría haberme lastimado.
¿Estás seguro de eso?, le espetó. Porque, vaya, sí que daba la
impresión de que se estaba preparando para lastimarte.

Por un momento, pareció que Ulavu cavilaba al respecto, pero sus


pensamientos se aceleraron tanto que Tanya fue incapaz de
comprenderlos.

Has utilizado tu poder en un lugar público, dijo al fin. ¿Eso no


hará que tus superiores se sientan disgustados contigo?

Tanya puso mala cara. Sí, se sentirían disgustados, sin lugar a


dudas. Ella era el arma secreta del programa fantasma y se habían
tomado muchísimas molestias para mantener oculto su poder. Más
que disgustados, estarían furiosos.

Pero solo si se enteraban.

Espero que no se enteren de esto, contestó Tanya. Lo único que


han visto los del bar es que le he tirado una cerveza a la cara a
alguien. Pensarán que ha reaccionado así porque le ha entrado
alcohol en los ojos.
¿No habrá sufrido quemaduras?
Ninguna muy evidente. Mantuve el calor por debajo del punto de
ignición y el líquido no ha estado en contacto tanto tiempo con la
piel como para que se le quedara muy roja. Tal vez un poco, pero
nada muy visible.

Una vez más, Ulavu se quedó pensativo.


41
TIMOTHY ZAHN

Pero ese terran sí sabrá qué ha sucedido.


Ese terran estaba borracho como una cuba, le recordó Tanya.
Supongo que sus recuerdos de esta noche serán tan confusos que
no recordará exactamente qué fue lo que le detuvo.
¿Supones o eso es lo que esperas?
Creo que es un poco las dos cosas, admitió Tanya, quien le lanzó
una mirada muy severa. Y ahora hablemos de ti. ¿Qué estabas
haciendo ahí dentro?
Soy un investigador, respondió con un tono mental repleto de
orgullo protoss. Deseaba ver y entender a aquellos que han perdido
a sus compañeros y familiares por culpa de los errores protoss.

Tanya hizo un gesto de desagrado. Errores protoss. ¿Acaso seguían


pensando que la destrucción de todo un planeta repleto de inocentes
terran era un mero error?

Volvía a sentirse dominada por la ira. Haciendo un gran esfuerzo,


logró contenerse.

¿Y has entendido algo?

El dio el equivalente mental a un suspiro.

Aún sienten mucho dolor. Mucha ira.


Y ninguno de nosotros se lo echa en cara lo más mínimo, apostilló
sin rodeos Tanya. Así que no vuelvas a intentar hacer algo así. ¿Me
has oído? Porque la próxima vez, tal vez deje que te enseñen en
qué consisten la ira y el dolor terran.
Eso no hará falta, aseveró Ulavu, con un tono mental un tanto
sombrío. Como has dicho, lo pagamos con creces.

Tanya asintió en silencio. La guerra había pasado factura a los


protoss de un modo terrible. Muchos de ellos habían caído en
batalla. Su mundo natal de Aiur había sido devastado y
42
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

abandonado. Su sociedad se había desmoronado y desgarrado; si


bien algunas facciones habían vuelto a unirse, otras habían
decidido dar la espalda del resto de su pueblo.

Y lo peor de todo era que el Khala, la mística conexión psiónica


que había unido los pensamientos de los protoss durante siglos y
les había hecho tener un propósito común, había sido destruida.
Años después de ese cataclismo, seguían intentando averiguar qué
significaba ser ahora un protoss.

¿Acaso esa desesperación, ese vacío en su cultura, era la razón por


la que su gente había abandonado a Ulavu? ¿Acaso estaban tan
centrados en ellos mismos que no podían invertir energías en
llevarlo de vuelta a esa sociedad que poco a poco se estaba
reconstruyendo e integrarlo en ella?

¿O había algún motivo más siniestro? ¿Había hecho algo en


concreto que provocase que estos le dieran la espalda?

Porque a veces era muy fácil hacerse enemigos. A veces, era


dolorosamente fácil.

Tanya cerró los ojos un instante, ya que las cicatrices emocionales


volvieron a abrirse momentáneamente. No había pretendido perder
el control ese día, cuatro años atrás. No había pretendido ni ofender
ni enfurecer al resto de fantasmas al ignorar sus esfuerzos para
calmarla.

Había sido Ulavu el que había logrado entrar en contacto con ella,
quien había detenido la espiral de ira y caos el tiempo suficiente
como para que el implante de Tanya pudiera recuperar el control.
El incidente se había resuelto y todo el mundo había logrado salir
ileso; incluso el fantasma que había provocado su ira, aunque
Tanya todavía creía que se merecía absolutamente todo lo malo que
cualquiera pudiera hacerle.
43
TIMOTHY ZAHN

No obstante, eso había tenido consecuencias. El hecho de que los


demás fantasmas hubieran fracasado de un modo total y absoluto a
la hora de calmarla, y que hubiera sido un alienígena quien al final
lo hubiera logrado había levantado un muro de resentimiento contra
Tanya que esta nunca había sido capaz de penetrar o derribar.
Desde entonces, siempre habían estado juntos: ella y Ulavu contra
el mundo. A pesar de que aún convivía con el resto de fantasmas y
trabajaba con ellos, nunca volvería a ser realmente uno de ellos.

Y en breve, ni siquiera contarían con ella para eso.

Se sentó en el sillín de la aeromoto, consciente de que la frustración


que sentía amenazaba con superar el muro de su autocontrol,
aunque esperaba que ese muro fuera más fuerte de lo que había sido
en el pasado.

El gran interrogante a despejar ahora era qué sería de su autocontrol


en cuanto abandonara el programa.

En la época del emperador Arcturus, eso habría sido impensable.


Los fantasmas eran fantasmas y permanecían en el programa hasta
que morían. Punto y final.

Sin embargo, el emperador Valerian era un nuevo tipo de líder.


Hacía tiempo que había limitado mucho el proceso de
resocialización neuronal de los soldados (algunos decían que había
acabado con ello por entero, pero nadie se lo creía del todo) y
también había decidido que los fantasmas que quisieran dejar el
programa podrían hacerlo.

Por lo que sabía Tanya, iba a ser la primera en ejercer esa opción,
lo cual planteaba toda una nueva serie de interrogantes.

44
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

¿Seguiría llevando el implante? Seguramente, no se lo iban a quitar


sin más. Quizá le dieran uno nuevo, algo diseñado para permitirla
vivir como una civil sin que transformara en bengalas a la gente
irritante allá donde fuera.

Sí, seguramente no se lo iban a quitar sin más, ¿verdad?

Rylan me sigue inquietando, dijo Ulavu, con un tono que se había


vuelto meditabundo.
Ya te he dicho que no te preocupes por él, replicó Tanya.
No estoy preocupado, le aseguró Ulavu. Simplemente, despierta mi
curiosidad. ¿Cómo sabía que eras una fantasma?

Tanya frunció el ceño. En el calor del momento, se le había pasado


por alto que la hubiera identificado como tal, lo cual era muy raro.

Pero Ulavu tenía razón. ¿Cómo era posible que Rylan lo supiera?
Ella no se había identificado y vestía ropa de civil.

Ni idea, admitió. A lo mejor alguien de los barracones suele


frecuentar El Círculo de Dante y les ha hablado de que hay un
protoss en el programa fantasma.
A lo mejor, replicó Ulavu. Pero eso no sería nada bueno.

Tanya resopló.

¿Eso crees?
Sí, respondió Ulavu con un tono muy serio; al parecer, no había
captado que se trataba de un sarcasmo. Pero ya que has
mencionado los barracones, ¿no deberíamos volver a ellos?

De repente, Tanya se dio cuenta de que estaba sentada en la


aeromoto, contemplando la ciudad, mientras Ulavu esperaba
pacientemente.

45
TIMOTHY ZAHN

Por supuesto, contestó, a la vez que señalaba el asiento del


pasajero. Vamos..., yo te llevo. Pero procura no llamar la atención.

El protoss se enderezó todo lo largo que era.

¿Qué procure no llamar la atención?

Tanya suspiró. Ahí estaban los dos: un protoss y una piroquinética


que llamaban la atención y habían sido rechazados por sus
respectivos pueblos. Se merecían el uno al otro.

Está bien, olvídate de eso, dijo. Simplemente, procura no caerte.

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO TRES

—Comprendo las inquietudes del Dominio, emperador Valerian —


dijo la enviada diplomática Louise DuPre, cuya agradable voz de
contralto contrastaba tremendamente con su dura mirada—. Pero
también debe comprender usted las nuestras. El Protectorado
Umojan sufrió mucho por culpa de las ambiciones territoriales de
su padre. Realmente, no nos interesa cederle una parte de nuestro
territorio, por pequeña que sea, pues eso es algo que él nunca fue
capaz de obtener de nosotros por la fuerza.

El emperador Valerian Mengsk contuvo un suspiro. Esperaba que


los seis años que llevaba gobernando de un modo más tolerante
hubieran arrojado algo de luz sobre la sombra que habían
proyectado los brutales métodos de su padre, pero por lo visto, no
lo habían logrado.

—Yo también comprendo sus inquietudes —le aseguré a DuPre,


manteniendo un tono tan calmado como el de ella. A la más leve
señal de agresividad, o incluso de un ligero enfado, ella lo
etiquetaría al instante como Arcturus Mengsk II y cualquier
47
TIMOTHY ZAHN

esperanza de levantar una base de respuesta rápida en el sistema


Umojan se iría al traste.

No obstante, había un problema aún más acuciante. Varios planetas


del Dominio habían sufrido la destrucción masiva de sus campos y
cosechas durante la guerra y seguían teniendo problemas para
recuperarse. El tremendo coste que conllevaba tener que llevar
comida a esos mundos y satisfacer el resto de sus necesidades
estaba agotando los recursos financieros de Valerian, por lo que si
estallaba otra guerra, el Dominio entero podía verse al borde de la
hambruna. La avanzada biotecnología del Protectorado Umojan
podría ayudarlos sobremanera a no acercarse a ese abismo.

Desafortunadamente, lo único que podía ofrecer el Dominio a


cambio era protección por si los zerg resurgían, pero al
Protectorado no le interesaba esa oferta.

—Por favor, tenga por seguro que mi única intención es proteger


el Protectorado y el flanco sur del Dominio de posibles ataques. Lo
último que usted desearía es sufrir una infestación que se asentara
antes de que podamos presentamos ahí con nuestras fuerzas para
lanzar un contraataque.
—Creo que seríamos capaces de enfrentamos a una infestación sin
su ayuda —replicó DuPre.
— ¿De veras? —inquirió Valerian—. Eso lo dice porque cuenta
con que los protoss los ayuden, pero le recomiendo
encarecidamente que no lo haga. El jerarca Artanis ya tiene
bastantes problemas propios como para ocuparse de los del
Protectorado.

DuPre sonrió levemente. Sin embargo, había algo en sus ojos que
le indicaba a Valerian que eso era justo con lo que contaban tanto
ella como el Protectorado.

48
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Y eso lo sabe gracias a que tiene una vasta experiencia tratando


con los protoss, ¿no?
—Lo sé gracias a mi capacidad de interpretar las corrientes
culturales, sociales y políticas —aseveró Valerian—. No cabe
ninguna duda de que ellos no han salido bien parados de la guerra,
al igual que el resto.
—Tal vez —replicó DuPre—. ¿Puedo hablar sin rodeos?
Valerian hizo un gesto para invitarla a hacerlo.
—Por favor.
—Los zerg son una posible amenaza —afirmó—. El Dominio es
una amenaza indudable. Tal vez no sea tan grande como lo era
cuando Arcturus Mengsk era emperador —prosiguió diciendo sin
más dilación, antes de que Valerian pudiera responder—. Pero
tenga usted o no ciertas ambiciones territoriales, lo cierto es que
muchos miembros de su gobierno todavía quieren que el
Protectorado Umojan pase a formar parte del Dominio.
—No sé si yo consideraría que son muchos —contestó Vale-rían—
. Y tenga por seguro que estamos haciendo una criba, que los
estamos apartando de ciertos puestos clave en cuanto somos
capaces de dar con los sustitutos adecuados.
—Me alegra oír eso —dijo DuPre—. Cuando haya completado esa
tarea hercúlea y nos ofrezca, tal vez, más pruebas de que el
Dominio pretende respetar las fronteras actuales, volveremos a
hablar.

Una tenue luz brillaba en el panel de control del pequeño brazo del
trono. Un ceñudo Valerian dirigió la mirada hacia el monitor.
Había dado órdenes estrictas de que nadie interrumpiera esa
reunión a menos que se tratara del fin del mundo...

Un solo leviatán, repito, un solo leviatán ha entrado en el sistema.


Parece avanzar en rumbo hacia Korhal IV.

Valerian notó que sufría un espasmo en la mejilla. Los leviatanes


eran el medio de transporte habitual de los zerg; unas criaturas
49
TIMOTHY ZAHN

descomunales que se desplazaban por el espacio y que habían sido


infestadas por el Enjambre, por lo cual habían acabado siendo
transformadas en unos transportes blindados capaces de realizar
viajes interplanetarios, así como vuelos orbitales. En sus
gigantescas cámaras internas, podían albergar a decenas de miles
de zerg dispuestos a combatir.

A pesar de que en la breve alerta se había enfatizado la palabra solo,


Valerian sabía por experiencia que los leviatanes nunca viajaban
solos. Jamás.

DuPre todavía seguía enumerando la serie de condiciones que


Valerian tendría que cumplir para que el Protectorado Umojan
estuviera dispuesto a sentarse a la mesa de negociación.

—Perdóneme, enviada DuPre —la interrumpió Valerian—. Ha


surgido un problema y debo marcharme. —Se puso en pie y clavó
su mirada en la de ella—. Un leviatán acaba de irrumpir en el
sistema Korhal y se dirige hacia aquí.

Al menos, tuvo la pequeña satisfacción de ver cómo palidecía.

— ¿Los zerg?
—No conozco a nadie más en el sector Koprulu que utilice
leviatanes para viajar —respondió—. Daré orden de que preparen
su nave de inmediato, siempre que desee marcharse.
—Sí, así es —contestó la enviada con un tono de voz monótono.
—No se lo echo en cara. —Valerian arqueó las cejas—. Pero
cuando regrese a Umojan, tal vez el Consejo de Gobierno y usted
deberían revisar qué consideran una amenaza o no. Me refiero a esa
evaluaciones que consideran a los zerg solo una posible amenaza.

Antes de que ella pudiera replicar, el emperador ya había


abandonado la sala del trono.

50
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

*******

En cuanto Arcturus Mengsk se autoproclamó emperador del


autodenominado Dominio Terran, inició la construcción de una
sala de guerra que esperaba que fuera invulnerable a cualquier tipo
de ataque concebible. Si bien Valerian no estaba seguro de que
hubiera conseguido ese objetivo, tenía que admitir que su padre
había hecho un esfuerzo realmente impresionante para intentar
alcanzarlo.

El Búnker, como era llamado por todo el mundo dentro del palacio,
se encontraba a cien metros bajo tierra, rodeado de múltiples capas
de hormiyeso y plomo reforzados con mumetal y redes
superconductores. El aire y el agua eran filtrados ahí hasta llegar al
nivel molecular. La parte exterior estaba protegida contra los
pulsos electromagnéticos y las partículas cargadas de radiación;
además, se hallaba enterrado a tal profundidad que se encontraba
cincuenta metros por debajo del subsuelo que cualquier
incineración planetaria protoss, de la que había habido testigos,
había llegado a alcanzar jamás. Podía comunicarse
instantáneamente con el planeta entero y toda nave o estación
orbital del sistema, contaba con armas ligeras y hombres y mujeres
leales que sabían cómo usarlas y tenía cuartos, comida y agua para
cobijar a un centenar de personas durante un asedio de diez años.

Entonces, pensó Valerian al cruzar la última puerta, ¿por qué


seguía sintiéndose tan expuesto como cuando paseaba por el jardín
del tejado del palacio?

Cuando llegó al Centro de Información de Combate, ahí había


media docena de hombres y mujeres esperándole; se trataba de los
gerifaltes del sistema defensivo planetario de Korhal y de la
máquina de guerra del Dominio. Seis de los nueves monitores de
comunicación que se encontraban alrededor del asiento del

51
TIMOTHY ZAHN

emperador lo conectaban con los demás oficiales de alto rango que


se encontraban en otros lugares del sistema.

Los tres monitores restantes mostraban imágenes del leviatán que


se aproximaban.

Valerian arrugó el ceño mientras se sentaba. Todo el mundo sabía,


y así lo refrendaba la experiencia, que los leviatanes nunca viajaban
solos. No obstante, si este tenía amigos, estos ciertamente se
estaban tomando su tiempo para hacer acto de presencia.

—Almirante Horner —dijo en voz alta, dirigiéndose con el respeto


debido y cumpliendo el protocolo a la Pantalla Uno—. ¿Cuál es la
situación?

El almirante Matt Horner, quien se encontraba medio girado para


hablar con otra persona que se hallaba en el puente del Hyperion,
se volvió hacia la cámara de comunicación.

—Emperador Valerian —respondió, saludando al emperador con


la misma formalidad que había empleado este—. La situación es...
desconcertante. El leviatán ha estado transmitiendo un mensaje en
tres frecuencias distintas…, la señal es un poco débil, pero tenemos
una buena imagen. Mire.

Tocó algo que se encontraba fuera de pantalla y, acto seguido, su


cara fue reemplazada por la de la reina zerg.

No cabía duda de que todos los zerg parecían haber surgido de una
pesadilla, ya que tenían unos cuerpos que parecían estar
compuestos principalmente por placas óseas, pinchos y garras
capaces de destrozar la carne. Pero como los cerebros terran tenían
tendencia a ver patrones donde tal vez realmente no los hubiera, la
mayoría de la gente solía relacionar a los zerg con criaturas que les

52
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

resultaban más familiares: arañas gigantes, babosas con corazas o


enormes avispas con alas de murciélago.

Sin embargo, las reinas eran un caso especial. En este caso, el


consenso casi universal era que alguien había cogido un centauro
sacado de las leyendas de la Antigua Tierra, le había reemplazado
el torso humano con un trozo del cuerpo de un ciempiés y le había
sustituido la parte inferior equina por un cangrejo gigantesco salido
de un mal sueño.

Al ver esa imagen, lo asaltaron los recuerdos. De todo tipo. Los


horrores de la guerra. Los bestiales excesos de los zerg, los a veces
arrogantes excesos de los protoss y los brutales y crueles excesos
de los propios terran. Toda esa muerte y destrucción, todo ese dolor
y sufrimiento fluían por la mente de Valerian como un río de ácido.

Muy a menudo, los libros de historia hacían que diera la impresión


de que el sufrimiento acabó en cuanto ya no hubo más lucha. Pero
Valerian sabía que eso no era así. Muchos años después de que las
armas y los vehículos robóticos callaran, las amargas secuelas del
conflicto seguían muy presentes, debido a lo lenta y costosa que
fue la reconstrucción de los planetas devastados y al sufrimiento
que acarreaba haber perdido a amigos y seres queridos.

Al Dominio Terran aún le quedaba mucho para superar la última


guerra. Si los zerg estaban dispuestos a empezar una nueva...

—Soy Mukav —dijo con voz ronca.

Alguien masculló algo sobresaltado dentro de la habitación, e


incluso Valerian entornó los ojos. Las reinas zerg normalmente
eran incapaces de comunicarse verbalmente. ¿Acaso alguien había
estado manipulando la genética de las reinas otra vez?

53
TIMOTHY ZAHN

—Traigo un saludo. Traigo un mensaje. Traigo una petición


urgente. Soy Mukav. Traigo un saludo. Traigo un mensaje. Traigo
una petición urgente.

Esa imagen se desvaneció del monitor y se volvió a ver a Matt.

—Y eso es todo —afirmó—. Sigue repitiéndose sin parar.


— ¿Es una transmisión en bucle?
—No lo creo —contestó Matt—. Lo he estado viendo unas cuantas
veces y hay algunos leves cambios en su rostro y postura. Creo que
está sentada ahí, repitiendo el mensaje, a la espera de que
respondamos.
— ¿Alguna idea sobre cómo se puede estar comunicando con
nosotros? —preguntó Valerian.
—No estoy seguro —respondió Matt—. El transmisor que está
utilizando emplea los mismos protocolos que el sistema de
comunicación de una antigua valkiria.
— ¿De veras? —replicó Valerian. La incursión que el Directorio
de la Tierra Unida había llevado a cabo en el sector Koprulu hace
años no había dado precisamente los resultados esperados. Entre el
Enjambre zerg de Kerrigan, los protoss y el propio Dominio,
ninguna de las fuerzas de la DTU había sobrevivido para poder
regresar a informar a su madre patria. A pesar de que la mayoría de
sus valiosas fragatas espaciales valkiria habían sido destruidas, un
buen número de ellas había acabado en manos del Dominio—. Los
zerg nunca antes habían utilizado la tecnología.
—Quizá tampoco lo estén haciendo ahora —conjeturó Matt—.
Aunque son los mismos protocolos, no se trata de un sistema
valkiria. La teoría más plausible que se me ocurre es que dieron
con una de ellas y la estudiaron, tras lo cual fabricaron su propia
versión, a la que añadieron un interfaz de transmisión psiónica
zerg.
—Impresionante —murmuró Valerian. No obstante, los protoss
tenían que estar haciendo algo similar con sus propios psiónicos

54
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

para poder comunicarse con los terran por los sistemas de


comunicación terran.

Sin embargo, nadie había descubierto cómo lo hacían. Y lo más


probable era que tampoco fueran capaces de averiguar cómo
funcionaba ese nuevo sistema zerg en breve.

—Pero eso no es lo mejor —continuó Matt—. He enviado a un par


de espectros a hacer un vuelo de reconocimiento, y casi todas las
cámaras y los pasillos de la superficie del leviatán están abiertos al
espacio.

Valerian frunció el ceño.

— ¿Están abiertos? ¿Y no hay nada dentro de esas cámaras?


—Eso es lo que parece —contestó Matt—. Aunque no sabemos
nada sobre los espacios interiores; ahí dentro podría haber otros
zerg acechando. Mukav tiene que estar dentro de uno de ellos, por
supuesto.
—Ya —apostilló Valerian, contemplando los monitores. Los
leviatanes eran enormes, más grandes incluso que las naves nodriza
de los protoss.

Pero las cámaras exteriores eran fundamentales a la hora de


desplegar con rapidez las tropas. Si todas estaban abiertas al
espacio, eso podría indicar que Mukav no formaba parte de un
ataque. O, al menos, de un ataque rápido.

—También podría haber mutaliscos en las cámaras abiertas —


señaló Valerian—. Deberían ser capaces de sobrevivir en el
inhóspito vacío todo este tiempo.
—Por supuesto —admitió Matt—. Los sensores de los espectros
no pueden penetrar lo bastante hondo como para ver todo lo que
hay dentro.

55
TIMOTHY ZAHN

Valerian frunció los labios. Todo eso podría ser una estratagema.
Sin embargo, la sutileza no solía ser el punto fuerte de los zerg. Su
táctica de asalto favorita era arremeter en gran número y sobrevivir
o perecer según cuál fuera el resultado de la batalla.

—Supongo que deberíamos averiguar qué es lo que quiere —dijo.


—Estamos preparados para hacerlo —replicó Matt.
—Bien. —Valerian se cuadró de hombros—. Abre la transmisión.
—Transmisión abierta.
—Al habla el emperador Valerian Mengsk del Dominio Terran —
anunció Valerian, con un tono lo más regio posible. No sabía si
Mukav sería capaz de percibir su tono de voz, pero no perdía nada
por hablar así—. Explíqueme en qué consiste esa petición urgente.

El mensaje en bucle de la zerg prosiguió un par de palabras más y,


entonces, se interrumpió.

—Esta petición no es mía —respondió—. La petición es de Zagara,


reina del Enjambre.

Valerian arrugó el ceño, ¿reina? Eso era nuevo.

—La reina pide ayuda al Dominio Terran para proteger el planeta


Gystt de los protoss —continuó Mukav—. La reina ofrece la paz
tanto a los protoss como a los terran. El Enjambre solo desea que
lo dejen en paz. ¿Nos ayudará? ¿Cuál es su respuesta?
—Un momento —contestó Valerian, haciendo un gran esfuerzo
para mantener un tono regio. Las sorpresas iban demasiado rápido
este día—. Corte el sonido, por favor, almirante.
Se oyó un leve ruido procedente del panel.
—Cortado —confirmó Matt.
— ¿Qué opinión tiene al respecto?
—Ojalá tuviera alguna —reconoció Matt, quien parecía más
perplejo de lo que Valerian jamás lo había visto—. ¿Una zerg nos

56
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

pide ayuda a nosotros? ¿Y, además, para defenderse de los


protoss? No es algo que suceda todos los días, precisamente.
—En efecto —dijo Valerian. La guerra había terminado con un alto
el fuego a tres bandas. Y después de que Zagara se adueñara por la
fuerza de los sistemas que rodeaban a Char, lo cual dejó a todo el
mundo con la duda de cuáles serían sus planes futuros, Valerian
había dado por sentado que la zerg intentaría llamar la atención lo
menos posible. Algo muy grave debía de estar ocurriendo para que
pidiera ayuda al Dominio.
—Veamos si podemos encontrarle algún sentido a todo, aunque
solo sea un poco —sugirió—. Empecemos por ese planeta, por
Gystt. ¿Alguien ha oído hablar alguna vez de él?

Reinó un breve silencio. Algunos de los hombres y mujeres de los


monitores hicieron un gesto de negación con la cabeza; otros
bajaron la mirada mientras se centraban en sus respectivos
ordenadores o datapads.

— ¿Emperador Valerian? —dijo al fin la mujer de la Pantalla


Cinco. Aunque Valerian no la reconoció, se percató de que llevaba
en el cuello los distintivos propios de una mayor del programa
fantasma—v Nuestros expertos en protoss me dicen que Gystt fue
un planeta que estos incineraron justo después de arrasar Chau
Sara.
—Menuda manera de describirlo —comentó alguien con una voz
apenas audible, alguien que se hallaba entre el grupo de oficiales
que había en el Búnker.
— ¿Algún comentario? —preguntó Valerian, a la vez que se giraba
hacia los oficiales. Posó la mirada sobre el coronel Abram
Cruikshank—. ¿Coronel Cruikshank?

El coronel torció el morro involuntariamente.

—Discúlpeme, emperador Valerian —contestó—. Simplemente,


me preguntaba si es fiable ese dato.
57
TIMOTHY ZAHN

—Creo que un protoss debería conocer bien su propia historia —le


recordó amablemente.
—Espere un momento —intervino un ceñudo Matt—. ¿Un
protoss? ¿Se refiere a Ulavu? Creía que se había marchado.
—No, sigue aquí —replicó Valerian con firmeza, con un leve tono
amenazador en su voz.

Matt, al menos, captó el mensaje.

—Ya veo —dijo—. Está bien, así que Gystt es un planeta quemado.
¿Sabemos algo más?
—Su mayor continente comprende casi la mitad de la masa
terrestre total —respondió la mayor-—. Dos continentes más
pequeños y diversas islas conforman el resto. Su día dura treinta
horas. El continente principal es ecuatorial, posee dos cordilleras...
—Sí, está bien —la interrumpió Matt—. ¿Tenemos algo que pueda
indicamos por qué Zagara se ha podido instalar ahí?
—Ulavu no sabe nada al respecto —contestó la mayor—. Quizá
esperaba que todo el mundo diera por sentado que ese lugar ya no
suponía una amenaza y lo ignorara.
—Es posible —dijo Valerian—. Pero la cuestión más acuciante es
por qué necesita o quiere protección. Vuelva a conectarme.
—Adelante, señor.
—Explíqueme qué problema tienen ustedes con los protoss —le
pidió Valerian a Mukav—. ¿Qué están haciendo los zerg en Gystt
que los ha enojado tanto?
—La reina pide ayuda al Dominio Terran para proteger el pía-neta
Gystt de los protoss —respondió Mukav—. La reina ofrece la paz
tanto a protoss como a los terran. El Enjambre solo desea que lo
dejen en paz. ¿Nos ayudará? ¿Cuál es su respuesta?

Valerian arrugó el ceño. Era lo mismo que había dicho antes.

— ¿Almirante?

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STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—No detectamos ningún problema de transmisión por este lado —


contestó un ceñudo Matt, mientras desplazaba la mirada de un
monitor a otro—. Inténtelo de nuevo... Intentaremos ajustar un
poco los errores de la señal.

Valerian asintió.

— ¿Qué está haciendo Zagara en Gystt que ha enojado tanto a los


protoss?
—La reina pide ayuda al Dominio Terran para proteger el planeta
Gystt de los protoss. La reina ofrece la paz tanto a los protoss como
a los terran. El Enjambre solo desea que lo dejen en paz. ¿Nos
ayudará? ¿Cuál es su respuesta?
—Impresionante —masculló Cruikshank—. Zagara nos ha
enviado a una imbécil.

Valerian hizo un gesto y la transmisión enmudeció.

—O ha enviado adrede a alguien con una capacidad de respuesta


limitada para que no perdiéramos el tiempo cruzados de brazos
discutiendo —conjeturó—, lo cual enfatiza aún más la urgencia del
mensaje.
—O pretende que nos tiremos de cabeza sin saber si hay agua o no
—le advirtió Matt—. Podría ser una treta para arrastramos hasta el
medio de la nada.
— ¿Con qué fin? —replicó Valerian—. Ciertamente, no vamos a
dejar el Dominio indefenso.
—Ni a presentamos ahí sin tomar las oportunas medidas defensivas
—apostilló Cruikshank—. Doy por sentado que enviará a todo un
ejército, emperador Valerian.

Valerian escrutó la imagen de Mukav. Permanecía sentada e


inmóvil, sola y, supuestamente, desamparada a bordo de ese
leviatán desierto, aguardando a que el Dominio diera la respuesta

59
TIMOTHY ZAHN

al ruego de Zagara. Si se trataba de un truco, no se trataba del típico


ardid zerg.

No obstante, Zagara había sido aprendiz de la Reina de Espadas,


quien en el pasado había respondido al nombre de Sarah Kerrigan,
la cual había sido una poderosa fantasma terran poseedora de unas
grandes habilidades antes de que los zerg la infestaran. ¿Acaso
Kerrigan le había enseñado esta clase de tretas sutiles?

¿O acaso le había enseñado cuáles eran las palabras correctas para


conseguir lo que quería?

Hizo una señal para que restablecieran la transmisión.

—Mukav, le habla el emperador Mengsk —dijo—. ¿Quién lidera


la fuerza protoss que les amenaza?

—La reina pide ayuda al Dominio Terran para proteger el planeta


Gystt de los protoss. La reina ofrece la paz tanto a los protoss como
a los terran. El Enjambre solo desea que lo dejen en paz. ¿Nos
ayudará? ¿Cuál es su respuesta? —Mukav ladeó la cabeza, como
si estuviera pensando—. La fuerza protoss está liderada por el
jerarca Artanis.

Matt lanzó un suave silbido.

— ¿El propio Artanis está liderando la carga? Interesante.


—Lo es, en efecto —admitió Valerian. Y una vez dicho esto, se dio
cuenta de que realmente ya no había que tomar ninguna decisión
en realidad.

No confiaba en el Enjambre zerg. Y aún menos en Zagara, quien


había sido la discípula favorita de Kerrigan y una aliada de los zerg.
En el mejor de los casos, Kerrigan había sido una especie de

60
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

disidente. En el peor, una traidora. Si Zagara era la que repartía las


cartas en esta partida, probablemente sería una muy desagradable.

Pero si al aceptar la invitación de Mukav podrían compartir cierto


tiempo con Artanis, merecería la pena correr ese riesgo.

El Dominio se hallaba en una situación precaria. La comida y el


cobijo escaseaban y se enfrentaban al problema de tener una
infinidad de veteranos mutilados y destrozados psicológicamente
para siempre; además, la reconstrucción de los mundos que habían
resultado más severamente dañados estaba sometiendo a una gran
presión al resto.

No obstante, a su manera, los protoss lo estaban pasando


igualmente mal. Habían sufrido innumerables bajas en la guerra.
La Khala que los había unido antaño psiónicamente a unos con
otros como una raza había acabado hecha añicos y se había perdido;
asimismo, una facción protoss radical, al menos, había rechazado
los intentos de Artanis de reunificar a su especie y había seguido
su propio camino.

La sociedad protoss tenía una larga historia detrás y se


caracterizaba por su honorabilidad, así como por una tecnología
que era en muchos sentidos muy superior a sus versiones terran.
Por otro lado, el Dominio tampoco estaba atrasado en materia
tecnológica precisamente; es más, los terran habían demostrado a
lo largo de su historia que eran muy tenaces y creativos a la hora
de resolver problemas. Valerian no albergaba ninguna duda de que
si el Dominio y los protoss colaboraban, serían capaces de dar con
soluciones para sus respectivos problemas.

Pero para lograr eso (para siquiera poder sacar el tema a colación),
Valerian necesitaba al menos poder plantearle esa posibilidad a
Artanis. De momento, el jerarca había estado demasiado absorto

61
TIMOTHY ZAHN

con sus propios problemas como para sentarse y tener esa


conversación.

Quizá cuando se encontraran orbitando Gystt, hallarían al fin el


tiempo necesario para eso.

Y si Artanis no se encontraba ahí, quedaría demostrado que


Kerrigan había enseñado a Zagara a manipular a los terran en
general y a Valerian en particular.

Hizo la señal de nuevo para que quitaran el sonido.

—Almirante, ¿cuánto se tardaría en preparar al Hyperion para


viajar?
—Dos horas —contestó Matt al instante. Llevaba mucho tiempo
siendo amigo y aliado de Valerian como para que se le pasaran por
alto las señales que indicaban que su emperador había tomado una
decisión—. Quizá tres, dependiendo del tamaño de las fuerzas
terrestres que quiera utilizar.
—No deberíamos necesitar muchas tropas —afirmó Valerian-—.
Sea lo que sea lo que acabemos haciendo, lo haremos en órbita.
—Perdóneme, emperador, pero eso no es una buena idea —objetó
Cruikshank, quien tenía el datapad en la mano y estaba escribiendo
rápidamente en él—. Todo el mundo sabe que, cuando uno se
adentra en territorio desconocido, nada suele suceder como se
espera.
—Tiene razón —le secundó Matt—. Aunque no desembarquemos
en el planeta, será mejor contar con algunos soldados y unas
cuantas unidades pesadas que puedan ser desplegadas a bordo en
ciertos puntos clave en caso de que se produzca un ataque orbital y
una brecha de seguridad. Coronel, ¿qué tropas puede reunir en tres
horas?
—Un par de pelotones del 934 de Marines podrían estar
disponibles en poco tiempo —respondió Cruikshank—. Puedo
sumar uno de mis escuadrones Goliat y quizá a unos cuantos
62
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Demoledores. Algunos segadores..., pero solo hay un par de grupos


de adiestramiento en la zona. Aunque cuento con unos cuantos
reservistas a los que podría llamar. Esa es la fuerza militar mínima
que recomendaría.
—Muy bien —dijo Valerian. Prepararse para defenderse ante una
posible brecha de seguridad parecía un poco paranoico. Aun así,
Cruikshank estaba en lo cierto en lo que había dicho sobre lo que
solía ocurrir cuando uno se adentraba en territorio desconocido—.
¿Qué clase de fuerza orbital tendríamos que desplegar?
—El Hyperion está prácticamente listo —informó Matt—. Phobos
y Titán se hallan a una hora de nosotros; Fury, Circe y Cerberus, a
cuatro.
—Bien —replicó Valerian—. Partiremos dentro de tres horas; Fury
y las demás ya nos alcanzarán. Tendrá que pedirle a Mukav las
coordenadas de Gystt.
—Ya nos las ha enviado —señaló Matt—. La mayor Vitkauskas
también me ha enviado las que le ha facilitado Ulavu y coinciden.
—Bien —dijo Valerian de nuevo—. Ya que ha mencionado a
Ulavu, dígale a la mayor Vitkauskas que quiero que este se prepare
para unirse a nosotros. Necesitaremos a alguien en nuestro bando
que nos pueda dar el punto de vista de los protoss respecto al
Enjambre.

A Matt se le desorbitaron visiblemente los ojos.

—Esto..., no estoy seguro de que eso sea una buena idea —objetó,
bajando la voz como si no hubiera otras cincuenta personas
escuchando la conversación—. Si el jerarca Artanis va a estar ahí,
podría resultar... incómodo.
—No pasará nada —replicó Valerian con firmeza. Cualquiera que
fuesen los problemas que Ulavu tuviera con el resto de los protoss,
tenían un misterio que desentrañar. El propio Valerian había sido
un investigador durante el tiempo suficiente como para saber que
la información más vital podía proceder de las fuentes más
inesperadas—. Tres horas, damas y caballeros. Aprovéchenlas.
63
TIMOTHY ZAHN

*******

Tres horas después, con Mukav encabezando la marcha con su


leviatán, el Hyperion y las naves escolta dieron el salto al sistema
Gystt.

Tal y como había dejado entrever Mukav con su mensaje, los


protoss ya estaban ahí con su ejército; tres rayos de vacío, dos
portanaves, un escuadrón de naves fénix, e incluso una colosal nave
nodriza.

Los zerg también contaban con su propio ejército en órbita: seis


leviatanes más. Aunque, por ahora, los leviatanes mantenían la
distancia con los intrusos; al parecer, se conformaban con esperar
y observar. Del mismo modo, los protoss parecían estar observando
o tal vez se habían desplegado para llevar a cabo un asedio, quizá
a la espera de que los zerg dieran el siguiente paso.
Mientras que con respecto al planeta...

— ¿Matt? —murmuró Valerian, quien se hallaba junto al almirante


en el puente del Hyperion—. ¿No había dicho Ulavu que los
protoss habían incinerado este planeta?
—Sí, hace más de una década —respondió Matt murmurando.
— ¿Del todo?
—Que yo sepa, los protoss nunca se andan con medias tintas.
Valerian asintió mientras contemplaba el enorme monitor del
puente.

En él, se podía ver en esos momentos el continente más grande del


planeta, que estaba cubierto por una combinación de praderas,
amplias zonas de matorrales y exuberantes selvas verdes y
púrpuras.

Nada de lo cual debería poder existir.


64
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Valerian respiró hondo.

—Está bien —dijo de repente—. Envíen una señal a esa nave


nodriza. Veamos si el jerarca Artanis hace caso hoy a las llamadas
del Dominio.

»A lo mejor él puede explicamos qué demonios está pasando.

65
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO CUATRO

—Los satélites fueron colocados en órbita sobre Gystt hace ocho


años —dijo Artanis, cuyas palabras brotaban de los altavoces del
puente del Hyperion con esa voz terran tan peculiar que surgía
cuando los sistemas psiónicos de comunicación protoss se
mezclaban con los sistemas de comunicación terran—. Se hizo
durante la ausencia de la Reina de Espadas, porque deseábamos
saber de antemano adonde podría llevar al Enjambre a
continuación.
— ¿Y no repararon en la presencia de —Valerian señaló el planeta
que se hallaba debajo de ellos— todo eso?
—Los satélites eran pequeños para que no llamaran la atención —
contestó Artanis—. Debido a su tamaño, su alcance tenía ciertas
limitaciones, pero eso no era un problema, ya que se dio por
supuesto que, si los zerg migraban en masa, emplearían muchos
leviatanes, de tal manera que alguno de ellos seguramente
atravesaría el campo de detección. Pero entonces, los satélites se
averiaron y tuvimos que enviar a un evaluador a investigar.

66
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Y descubrió que un planeta incinerado se había convertido en un


paraíso primigenio —apostilló un Valerian con el ceño fruncido—
. Ha dicho que ambos satélites se averiaron, ¿verdad? ¿Al mismo
tiempo?
—Efectivamente —confirmó Artanis—. Echando la vista atrás
ahora creemos que fue un sabotaje. Los zerg estaban planeando
abandonar Gystt y no deseaban que pudiéramos observar sus
movimientos.
—Con todo respeto —intervino Matt desde el otro lado del
puente—, si ese era el plan de Zagara, metió la pata.

Artanis volvió sus ojos luminiscentes hacia él.

—Explíquese, almirante Matthew Horner.

Valerian miró de reojo a Matt. Los protoss normales eran bastante


intimidantes, por culpa de esos ojos tan penetrantes y esos rostros
largos totalmente inescrutables. Pero Artanis iba un paso más allá
en ese sentido. Los relucientes auriculares con forma de corona y
la armadura ceremonial que llevaba puestos hacían que, con cada
movimiento, unos leves centelleos se reflejaran en la pantalla,
recordando así a todo el mundo que estaba viendo esto que este era
el líder de una raza que había viajado por las estrellas desde hacía
milenios.

Y no se habían limitado a viajar, sino que se habían dedicado


también a localizar, identificar y velar por las demás razas
conscientes. Los nobles, orgullosos y poderosos protoss habían
sido los guardianes de esta parte de la galaxia durante mucho,
mucho tiempo.

Valerian se había preguntado a menudo qué camino habría seguido


la civilización humana si los viajes de los protoss los hubieran
llevado al brazo de la galaxia de la Antigua Tierra. A pesar del
Dae’Uhl, el principio de no intervención de los protoss, ¿los
67
TIMOTHY ZAHN

humanos habrían llegado a detectar la presencia de los visitantes?


De haber sido así, ¿el mero hecho de saber que la humanidad no
estaba sola habría sido la chispa que diera inicio a una edad de oro
para la gente de la Tierra?

¿O habría precipitado su total destrucción?

Al parecer, Matt estaba tan centrado en la tarea que tenía entre


manos que no podía sentirse intimidado ni por la mirada ni la
presencia de Artanis.

—Si Zagara pretendía realizar una evacuación masiva antes de que


pudieran llegar con un ejército aquí para detenerla, ¿por qué sigue
en este planeta? —inquirió el almirante.
— ¿Puede afirmar a ciencia cierta que la reina no ordenó despegar
a una gran cantidad de tropas, con el fin de que abandonaran Gystt,
mientras los satélites no funcionaban? —replicó Artanis.

Matt frunció los labios.

—No, supongo que no —reconoció—. Solo he dado por sentado


que alguien que se autodenomina la reina querría liderar el ataque
que hubiera planeado, fuera cual fuese este. O al menos acompañar
a sus fuerzas allá donde fueran para poder observar.
—Aquí todos estamos dando por sentadas demasiadas cosas y,
además, hay muchas que ignoramos —señaló Valerian, acudiendo
así a su rescate—. Pero ustedes están aquí, jerarca Artanis, y
nosotros también, y es totalmente posible que a ambos nos hayan
invitado a venir. —Inclinó la cabeza—. Bueno, invitado... —se
corrigió—. Ciertamente, a nosotros nos han invitado de una manera
más formal que a ustedes.
—El haber obligado a movilizarse a la flota de guerra protoss no es
la manera más adecuada de invitamos —afirmó Artanis con cierto
envaramiento—. Ni una estrategia inteligente.

68
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Estoy de acuerdo en ambos puntos —aseveró Valerian,


estremeciéndose al recordar la última vez que había visto en acción
a la flota de guerra protoss—. Pero Zagara tal vez no opine igual
que nosotros. En cualquier caso, como he dicho, aquí estamos.
¿Deberíamos invitarla a participar en las conversaciones, para
quizá así poder despejar algunos de estos interrogantes?
— ¿Acaso espera que un zerg le cuente la verdad?
—Normalmente, no lo haría. —Valerian señaló otra vez a ese
planeta, situado allá abajo, tan increíblemente verde—. Pero hasta
hace solo unas horas, tampoco habría creído que algo así pudiera
ocurrir. No estoy sugiriendo que debamos creemos lo que nos tenga
que decir, sea lo que fuere. No obstante, deberíamos escucharla,
cuando menos.

Artanis se encogió de hombros.

—Como desee, emperador Valerian. Como ustedes, los del


Dominio Terran, recibieron la invitación formal, les corresponde
iniciar el proceso de comunicación.
—Gracias —replicó Valerian—. Almirante, ¿tiene la conexión
preparada?
—Sí, señor —respondió Matt—. Como damos por supuesto que
Zagara está usando los mismos protocolos que Mukav, vamos a
probar con esa frecuencia y a corregir los posibles fallos de nuevo.
— ¿Hay alguna razón que descarte que Zagara pudiera estar
empleando otra vía de comunicación?
—Ni una sola —admitió Matt al instante—. Simplemente, hemos
pensado que empezaríamos por ahí.
—Muy bien —dijo Valerian—. Abra la transmisión e
intentémoslo.
—Transmisión abierta.
—Reina Zagara, le habla el emperador Valerian Mengsk del
Dominio Terran —anunció Valerian—. También participa en esa
conversación el jerarca Artanis, líder de los protoss unidos. Ha
pedido ayuda a los terran. Dígame qué desea de nosotros.
69
TIMOTHY ZAHN

—Saludos, emperador Valerian y jerarca Artanis —se oyó


contestar a alguien con una voz ronca a través de los altavoces del
puente. Al mismo tiempo, la imagen huesuda de una reina zerg
apareció en el monitor de comunicaciones.

No obstante, no se trataba de una reina normal. En la época en que


Kerrigan gobernaba el Enjambre como la Reina de Espadas, Zagara
había sido transformada en una madre de la prole, lo cual había
hecho que tanto su aspecto como sus habilidades cambiaran
drásticamente.

Y no precisamente para hacerla más dulce o menos amenazadora,


sino más bien al contrario. En su caso, la armadura ósea que
normalmente protegía el cráneo de las reinas era más grueso y se
expandía por ambos lados, conformando así un casco similar a un
paraguas que hacía que fuera virtualmente imposible atacarla desde
arriba. A lo largo de la parte central de ese casco, desde la parte
delantera a la trasera, había una serie de cuernos que hubieran
hecho sentirse orgulloso a un rinoceronte de la Antigua Tierra. En
la parte superior de la rodilla, tenía unos pinchos similares, que se
curvaban hacia arriba y atrás. Daba la impresión de que esos
esbeltos antebrazos eran ahora más hábiles y esas manos provistas
de garras, más ágiles.

Por un momento, la cámara permaneció quieta, ofreciendo un plano


de cuerpo entero, mostrando a Zagara con todo espantoso detalle.
Después, se acercó lentamente para centrarse en esa cara angulosa
y esos ojos relucientes. Valerian pensó que era como si Zagara
hubiera querido recordarles a sus visitas a qué se enfrentaban antes
de iniciar la conversación.

Aunque no era probable que ni él ni Artanis lo fueran a olvidar. La


criatura que los contemplaba tenía al Enjambre bajo su mando, un
ejército que había masacrado a millones de terran y protoss y había
arrasado decenas de planetas. Todos los líderes zerg anteriores
70
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

habían sido unas criaturas terriblemente despiadadas, decididas a


hacer cuanto fuera necesario para alcanzar su meta: la dominación
y la asimilación.

¿Acaso esa meta había cambiado? Valerian esperaba que fuera así.
No obstante, por muy optimista que fuera, tenía que reconocer que
no había ninguna prueba que respaldara esa hipótesis. Por lo que
sabía, esto no era nada más que una treta un tanto más sutil de lo
habitual que Zagara estaba empleando para arrastrar a sus
enemigos hasta una posición que no fuera favorable para ellos.

—Les doy la bienvenida a Gystt —continuó Zagara—. Le doy las


gracias sobre todo a usted, emperador Valerian, por su pronta e
inesperada respuesta a mi invitación.
—No hay de qué, reina —replicó Valerian—. La situación parecía
grave, a la vez que intrigante.
—Espero que le resulte también provechosa —afirmó Zagara—.
Ambos tienen preguntas que hacerme. Formúlenlas y yo les daré
respuesta.
—Empecemos por la más obvia —dijo Valerian—. Cuéntenos qué
le ha ocurrido a Gystt.
—Que los zerg lo han cambiado —respondió Zagara—. Y los zerg
han cambiado a su vez, emperador Valerian. La misma alma de los
zerg ha cambiado. Aquella que antaño era conocida como Sarah
Kerrigan y luego como la Reina de Espadas, la cual después
ascendió a xel’naga, nos mostró el camino.

Xel’naga. Por puro reflejo, Valerian se enderezó un poco en su


asiento. Si bien los informes sobre lo que le había sucedido a
Kerrigan habían sido confusos y contradictorios, todos coincidían
en que una vez más se había transformado; esta vez, en algo más
alienígena que cualquier otra especie del sector Koprulu.

Y corría el rumor de que, efectivamente, había mutado (o había


sido elevada, o ascendida) hasta pasar a tener cierta forma xel’naga.
71
TIMOTHY ZAHN

Valerian no tenía ni idea de lo que eso significaba. Los xel’naga


habían sido en el pasado los protectores de los protoss, por quienes
habían velado desde lejos, protegiéndolos tal y como los mismos
protoss algún día vigilarían a las especies jóvenes. Al parecer, de
alguna manera, Kerrigan había aceptado ser ascendida a ese cargo,
o se le había concedido ese título o le había ocurrido algo que no
estaba nada claro.

En el momento de su ascensión, Kerrigan era una mezcla de terran


y zerg. ¿Acaso alguien había reemplazado esa genética y,
posiblemente, toda su estructura celular, por su equivalente
xel’naga?

Nadie lo sabía. De hecho, nadie sabía si la transformación había


sido un honor que se le había concedido, el inevitable siguiente
paso de la evolución terran o zerg o una condena y un castigo.

Como nadie había vuelto a ver a Kerrigan jamás, Valerian se


inclinaba más por la última explicación.

— ¿Y qué camino les mostró? —preguntó.


—El de la paz —contestó Zagara—. A lo largo de nuestra historia,
los zerg siempre han intentado con ahínco perfeccionarse. Pero ese
ideal siempre estaba lejos de nuestro alcance. Así que antes de
partir para siempre, la Reina de Espadas nos concedió un último
don.

Valerian contempló la imagen de Artanis y se preguntó si el jerarca


iba a participar en la conversación o no. Sin duda alguna, los
protoss habían tratado bastantes veces con Kerrigan y sus
posteriores encamaciones.

Sin embargo, Artanis no mostró de ningún modo que quisiera


intervenir.

72
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Y en qué consistía ese don? —inquirió Valerian, a la vez que


miraba de nuevo a Zagara—. ¿En el poder de crear una vida nueva
en un planeta yermo?
—Los zerg siempre han tenido el poder de crear —respondió
Zagara—. Siempre hemos sabido cómo unir, mezclar y moldear a
los seres vivos a nuestra imagen y semejanza.
—Entonces, ¿qué don les concedió Kerrigan? —insistió Valerian.
—Aquel que los zerg nunca habían tenido. —Zagara extendió las
garras hacia delante—. El de elegir.

Esa última palabra pareció flotar en el aire.

—Elegir —repitió Valerian.


—De elegir si seguíamos por el sendero de la destrucción en
nuestra búsqueda sin fin de la perfección, o aceptábamos lo que
éramos y empleábamos nuestras habilidades para promover la vida
— explicó Zagara—. Hemos tomado una decisión. Y aquí, en
Gystt, pueden ver el resultado.

Valerian miró de soslayo a Matt. No, simplemente, eso era


imposible. Todo lo acaecido en la larga y sangrienta historia del
Enjambre dejaba bien a las claras que era imposible tal cambio de
meta. Los zerg se dedicaban a aniquilar planetas y a infestar y
asimilar todas las especies que les resultaran útiles, así como a
destruir todo lo que no les era provechoso. Dejaban un rastro de
muerte y destrucción a su paso; no solo por el sector Koprulu, sino
que había que remontarse años luz y siglos muy atrás hasta llegar
a su mundo originario de Zerus.

Los terran no cambiaban así como así. No tan rápido. Y,


ciertamente, no de un modo tan radical. Tampoco los protoss.
Entonces, ¿cómo demontres lo habían podido hacer los zerg?

Aun así...

73
TIMOTHY ZAHN

Miró al monitor y al paisaje moteado de nubes de allá abajo. A


pesar de todo, ahí tenía la prueba, delante de sus ojos. Un planeta
devastado había resucitado. Había sido resucitado y reformado y
ahora bullía con una nueva vida.

Tenía que admitir que todo esto tenía una cierta lógica. Los zerg
eran unos maestros de la manipulación genética. Si alguien era
capaz de hacer resurgir la vida de las cenizas de una incineración
protoss, esos eran ellos.

—Ha dicho que han tomado una decisión, en plural. ¿Quién la


apoya exactamente en esto?
—El Enjambre me apoya.
—Eso no es una respuesta —objetó Artanis, quien por fin había
hablado, con una voz profunda y teñida de suspicacia—.
Conocemos la estructura piramidal de mando de los zerg. Sabemos
que hay reinas y madres de la prole. Sabemos que cada estrato tiene
su propio nivel de conciencia y libre albedrío. Su propia capacidad
de elección. Usted habla del Enjambre, pero el Enjambre ya no es
una sola y única entidad.
—Me he expresado así para simplificar —se excusó Zagara—.
Aunque tal vez haya simplificado en exceso. Mando sobre todas
las principales madres de la prole. Las demás obedecerán.
—Lo cual resulta muy reconfortante —apostilló Valerian,
procurando no parecer muy sarcástico. Quizá Zagara, simplemente,
fuera incapaz de ver que había una disonancia lógica en el hecho
de que las madres de la prole pudieran escoger y, al mismo tiempo,
hallarse bajo su control—. ¿No hay ninguna disensión entre
ustedes?
—Ya he dicho que no —respondió Zagara—. Somos el futuro del
Enjambre. —A continuación, batió las mandíbulas; un gesto que
Valerian nunca antes había visto hacer a un zerg. ¿A lo mejor
intentaba sonreír?—. Es extraño, ¿verdad? —añadió—. Podemos
ver que reina una mayor armonía en el Enjambre zerg que entre los

74
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

terran o los protoss. Desde la Supermente, nunca había habido tal


unidad.
—Sí, apreciamos la ironía —comentó Valerian.

Primero, casi una sonrisa; después, ¿una leve muestra de sentido


del humor? En cierto sentido, eso era aún más desconcertante que
la explosión de vida que se había producido en ese planeta de allá
abajo.

O quizá solo estuviera siendo sarcástica y condescendiente. Esa


actitud en un zerg sí que le resultaba completamente lógica.

—Confío en que no se ofenda si le digo que no podemos aceptar su


palabra, sin más, como garantía.
—Eso estaba previsto, por supuesto —aseveró Zagara—. Las
muchas traiciones y mentiras de los zerg son ampliamente
conocidas. Díganme qué pruebas debemos superar.

Valerian arrugó el ceño.

— ¿Pruebas?
—Se refiere a las pruebas que necesitaremos para cercioramos de
que dicen la verdad —contestó Artanis.
—Ah —dijo Valerian—. Bueno, empecemos con algo sencillo.
Nos gustaría inspeccionar más detenidamente el nuevo mundo que
han construido.
—Di por supuesto que esa iba a ser su respuesta —afirmó Zagara—
. Hemos diseñado una estructura en concreto para este encuentro
entre nosotros. Les mandaré las coordenadas. Usted, emperador
Valerian, y usted, jerarca Artanis, se unirán a mí para mantener
unas conversaciones claras y abiertas en las que decidiremos el
futuro del sector Koprulu.
—Una sugerencia intrigante —comentó con cautela Valerian,
quien se percató de que Matt se había desplazado hasta el panel de
sensores y estaba conversando en voz baja con el oficial al cargo
75
TIMOTHY ZAHN

de esa tarea—. Pero no hace falta que descendamos hasta la


superficie. ¿No podríamos proseguir la conversación de esta
manera?
— ¿Acaso los terran y los protoss no tienen por costumbre reunirse
cara a cara con sus posibles aliados?
—Tanto con posibles aliados como posibles enemigos —contestó
Valerian—. A ese último tipo de reunión se le llama guerra.
—La guerra es lo que, sinceramente, pretendo evitar —le aseguró
Zagara—. Por eso quiero hablar con ustedes en persona, ya que
únicamente en persona podrá el jerarca Artanis confirmar que, en
efecto, digo la verdad.
—Conozco de primera mano las consecuencias de creer que un
zerg dice la verdad —replicó Artanis—. No tengo ningún interés
en ahondar en el estudio de esa materia.
—Un momento, jerarca —intervino Valerian, quien frunció el ceño
al tener súbitamente una idea—. Sé que usted y los demás protoss
mantuvieron algún tipo de comunicación con Kerrigan durante la
crisis de Amon. ¿Tenían un vínculo psiónico con ella lo bastante
fuerte como para ser ahora capaces de saber si Zagara está diciendo
o no la verdad?
— ¿Desde esta distancia? Eso es imposible.
— ¿Y desde más cerca? —insistió Valerian—. Desde el interior de
esa estructura donde se celebrará la conferencia, por ejemplo.
Dio la sensación de que a Artanis le brillaban un poco más los ojos.
— ¿Desea que caiga en su trampa?
— ¿Acaso no merece la pena correr el riesgo? —preguntó
Valerian—. Todo cambiaría radicalmente si el Enjambre zerg
hubiera decidido seguir el camino de la paz.
—Al igual que lo sería una nueva guerra causada por una nueva
traición zerg —replicó Artanis.
—De acuerdo —dijo Valerian—. Pero si no es una treta, jerarca
Artanis, entonces tal vez haya realmente esperanza. Y no solo para
un alto el fuego, sino para una paz de verdad en que reine la
cooperación. Creo que merece la pena investigar un poco más.
¿Usted no?
76
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Por un momento, pareció que Artanis lo estaba escrutando.

—El riesgo es enorme —afirmó—. No solo para nosotros, sino


para nuestros pueblos. Si somos eliminados, ¿quién lideraría a los
protoss y el Dominio?
—No creo que corramos un peligro tan grande —señaló Valerian—
. Engañamos para que bajemos al planeta con el fin de acabar con
los líderes de nuestros respectivos pueblos me parece un ardid muy
sutil para tratarse del Enjambre. Sobre todo, ya que no podría
eliminarlos a los dos sin ser asesinada a su vez, lo cual dejaría
decapitadas a las tres especies. En cualquier caso, estoy dispuesto
a asumir ese riesgo. Iré solo si debo, pero cree que enviaríamos un
mensaje mucho más claro si usted u otro protoss de alto rango me
acompañara. —Hizo un gesto dirigido a Matt—. Almirante,
supongo que están inspeccionando la estructura de Zagara donde
tendrá lugar la conferencia, ¿verdad?
—Sí, señor, así es —respondió Matt, el cual parecía aún menos
entusiasmado con la idea que Artanis—. He de reconocer que se
trata de una construcción zerg muy peculiar. Por su estructura
general parece ser un criadero, aunque no alberga ninguna vida y
el cono central está abierto al cielo. Por lo que podemos ver, el
interior parece haber sido esterilizado por entero y ahí no hay
ningún zerg.
— ¿Y cómo es por fuera? ¿Tan robusto como un criadero normal?
—Al menos, así de sólido. Probablemente, aún más.
—Así que si algo intentara entrar violentamente, tendría tiempo
más que suficiente para meterme en mi nave de despliegue y subir
hasta aquí, ¿no?
—Salvo si cuentan con unos cuantos escuadrones de mutaliscos
escondidos, preparados para descender y borrarle del cielo —
señaló Matt con un tono sombrío—. Con todo ese follaje, un
centenar de ellos se podrían esconder dentro de un posible radio de
ataque.

77
TIMOTHY ZAHN

— ¿Por qué razón haría yo tal cosa? ^inquirió Zagara—Me


encuentro bajo las flotas de batalla de los protoss y los terran. Si les
traiciono, yo también pereceré.
—Porque son el Enjambre —replicó Artanis—. Los zerg
individuales no le importan al Enjambre. Solo el fin importa.
—Hemos renunciado a esa meta.
— ¿Y qué hay de sus otras metas? ^insistió Artanis—. En el
pasado, buscaron la perfección genética y, para ello, infestaron a
los terran e intentaron hacer lo mismo con los protoss. ¿Pretendían
perfeccionar a los zerg o meramente destruir a los protoss y los
terran?
—El pasado pasado está —afirmó Zagara—. La Supermente ya no
existe. La Reina de Espadas se ha ido. Yo soy el presente. Yo soy
el futuro. Mi visión del Enjambre es tan distinta como el día a la
noche.
— ¿Por qué deberíamos creer que han cambiado su forma de ser?
—preguntó Artanis.
—Porque se lo voy a demostrar —respondió Zagara, quien parecía
estar enfureciéndose, tal y como pudo notar un intranquilo
Valerian—. Si vienen a Gystt, se lo mostraré todo. Maravillas que
nos beneficiarán a todos, tanto a los zerg como a los protoss y los
terran.
— ¿De qué clase de beneficios está hablando? —intervino Valerian
antes de que Artanis pudiera responder.
—La guerra devastó muchos planetas protoss y terran —contestó
Zagara—. En algunos lugares, escasea la comida para los terran,
¿verdad?
Valerian hizo una mueca de contrariedad. Si bien eso no era un
secreto, no esperaba que los zerg estuvieran al tanto de tales cosas.
—Así es —confirmó.
—Pues tiene ante usted una posible solución para eso —aseveró
Zagara—. Lo que nosotros, los zerg, le hemos hecho a Gystt,
podremos hacerlo también en sus planetas. —Giró la cabeza
ligeramente, presumiblemente hacia el monitor que le mostraba el
rostro de Artanis—. La situación de los protoss es distinta —
78
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

continuó—. Pero muchos de sus planetas también fueron


devastados de la misma forma. Podríamos ayudarlos a sanarlos.
—Ya hemos visto lo que hacen los zerg en cuanto logran poner un
pie en otros planetas —replicó Artanis. Al jerarca le estaban
saliendo unas motas en la piel debido a que lo embargaba la
emoción—. Después de cometer prácticamente un genocidio
contra los protoss en Aiur, ¿cómo puede creer que les permitiremos
regresar con cualquier excusa?
—Lamento profundamente la destrucción de su mundo natal,
jerarca Artanis —dijo Zagara—. Pero tenga por seguro que los zerg
no tendrían que ir ahí ni a ninguno de esos otros planetas suyos. La
manipulación genética necesaria podría aplicarse aquí de manera
individualizada y podrían gestionarla ustedes mismos.
—Pero primero nos pide que vayamos a esa estructura suya para
reunimos con usted —apostilló Artanis.
—Les pido que vengan a reunirse conmigo —matizó Zagara—. No
les estoy tendiendo una trampa ni a usted, jerarca Artanis, ni a
usted, emperador Valerian. El Enjambre únicamente desea vivir en
paz.
—Ya —dijo Valerian, quien, tras cruzar su mirada con la de Matt,
le hizo una seña al almirante—. Un momento, reina, si es tan
amable.
Matt se acercó hasta él, a la vez que le indicaba con un gesto al
oficial de comunicaciones que apagara el micrófono.
—Esto me da mala espina, Valerian —susurró el almirante, con
una voz tan baja que nadie más en el puente pudo oírle.
—No me sorprende —murmuró Valerian—. Pero ¿tiene algo
sólido que justifique esa intuición?
—Un instinto muy desarrollado después de haber tenido múltiples
encuentros muy dolorosos con los zerg en el pasado —contestó
Matt—. El edificio parece bastante seguro, al menos por lo que
podemos ver en órbita. Si planea traicionamos, es probable que
podamos sacarle de ahí a tiempo.
—Y si no, la destrucción mutua estará asegurada, ¿no?

79
TIMOTHY ZAHN

—Los destrozaremos con ayuda de los protoss, sin lugar a dudas


—respondió Matt—. ¿De verdad cree que es sincera?

Valerian se encogió de hombros.

—Ciertamente, sabe qué teclas hay que apretar. Pero la gran duda
es si la solución que nos ha planteado para el problema de la comida
es una oferta o solo un cebo, y eso no lo vamos a saber si no
bajamos a echar un vistazo más a fondo.

Matt resopló.

—Perdóneme por ser tan cínico, pero no va a descubrir nada útil en


una visita guiada.
—En eso estoy de acuerdo —afirmó Valerian, al mismo tiempo
que esbozaba una sonrisa nerviosa—. Pero no seré yo el que
investigue. Conecte la voz otra vez, ¿quiere?
—Está bien —contestó Matt, frunciendo el ceño a la vez que hacía
un gesto dirigido de nuevo al oficial de comunicaciones—.
Adelante.
Valerian se volvió hacia el monitor.
—Gracias por su paciencia, reina —dijo—. Aceptar su invitación
será un honor. Solo impondré una condición: mientras estemos
celebrando las conversaciones, quiero enviar a un equipo de
investigación a examinar esa nueva vida y tal vez también para
comprobar si esas técnicas suyas pueden ser aplicadas o no en los
planetas y las cosechas terran.
—Recibiré con los brazos abiertos a su equipo de investigación —
replicó Zagara sin ningún titubeo.
— ¿Se le permitirá campar a sus anchas por el planeta?
—Podrán ir adónde quieran —confirmó Zagara—. El Enjambre no
tiene ninguna intención malévola ni guarda ningún secreto.
—Muy bien. —Valerian centró su atención en el otro monitor de
comunicaciones—. Jerarca Artanis, le agradeceríamos
sobremanera que se sumara a nosotros.
80
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Durante un momento que se hizo muy largo, Valerian estuvo


seguro de que el protoss se iba a negar. Y lo que era aún peor:
podría llegar a ordenar un ataque preventivo. Entonces, lentamente,
las motas de su piel desaparecieron y el jerarca inclinó la cabeza.

—Lo acompañaré, emperador Valerian —contestó, con una voz


que había recuperado su tono monótono habitual—. Pero
recomiendo encarecidamente que ninguno de nosotros viaje solo,
puesto que considero que eso no sería prudente.
—No, no lo sería —admitió Valerian en voz baja, mientras volvía
a mirar a Zagara—. Claro que no.

*******

—Ahí —dijo la doctora Erin Wyland, señalando su último mapa


de colores personalizados—. ¿Lo ve ahora?

La mujer alzó la vista hacia el hombre que se encontraba de pie en


esa estrecha oficina que ella tenía en la nave. Sin embargo, el
coronel Cruikshank se limitó a negar con la cabeza.

—Pues no —respondió—. Pero confío en su palabra.

Erin apretó los dientes. No quería que se fiara de su palabra. Se


trataba de ciencia, y se suponía que la ciencia no era algo que se
decidía por voto popular. Tenía pruebas objetivas, maldita sea, y
quería que él las viera.

Posó la vista sobre la mujer que se hallaba al otro lado.

— ¿Usted lo ve? —preguntó.


—Por supuesto —contestó con calma la doctora Talise Cogan—.
Lo vi hace tres iteraciones. —Hizo un gesto a Cruikshank—. Pero

81
TIMOTHY ZAHN

nosotras somos científicas. El, militar. Nosotras vemos el universo.


Él intenta hacerlo estallar por los aires.
—Muy graciosa —gruñó Cruikshank—. Recuerde que, gracias a
los militares, ustedes pueden hacer ciencia en vez de estar
comiendo ratas y escondiéndose en medio de unos escombros
infestados por los zerg. Bueno, está bien, está ahí. ¿Qué sugieren
que hagamos al respecto?
— ¿Sobre qué? —dijo alguien, que estaba detrás de Erin, cuya voz
le resultaba muy familiar.

La doctora se dio la vuelta en la silla, con el corazón súbitamente


desbocado. Desde el pasillo de la compuerta, se dirigía hacia ella
el comandante de la flota del Dominio, el almirante Matt Horner...

Y junto a él, caminaba el mismísimo emperador Valerian Mengsk;


el hombre que había impuesto una ética de verdad en el ejercicio
del gobierno.

—Emperador Valerian —dijo Cruikshank, a la vez que se


cuadraba—. Creo que ya conoce a la doctora Cogan, ¿verdad?
—Así es —confirmó Valerian, quien saludó con una leve
inclinación a la cabeza a la anciana xenobióloga, la cual le saludó
del mismo modo—. ¿Y ella es...?
—La doctora Erin Wyland —respondió Cruikshank—. Ha estado
analizando la vegetación de allá abajo y quizá haya descubierto
algo interesante. —Hizo una seña a Erin—. ¿Doctora?

Una furiosa Erin intentó que su cerebro despertara de su estado de


estupefacción. Ni en sus sueños más demenciales se había
imaginado que acabaría hablando directamente con el hombre que
había salvado al Dominio, no solo de los protoss y los zerg, sino
también de sí mismo.

82
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Parece que hay tres puntos neurálgicos distintos en el planeta de


los que irradia toda la vegetación —explicó, procurando no
tartamudear—. Los puntos son...
— ¿Qué quiere decir con irradiar? S-le interrumpió el almirante
Horner—. ¿Cómo es posible que la flora irradie?

Erin se quedó sin palabras y se obligó a esperar el medio segundo


necesario para que su cerebro recuperara el hilo de sus
pensamientos antes de volver a hablar.

—No lo sé, señor —contestó—. Pero el patrón está ahí. —Señaló


el mapa de colores personalizados—. Los puntos están aquí y...
—Espere —ordenó Valerian.

Erin se quedó helada, permaneció con el dedo índice extendido a


medio camino de señalar el segundo punto. El emperador se acercó
al puesto, con sus penetrantes ojos grises clavados en el monitor.
Ahora, se encontraba justo detrás de Erin, lo bastante próximo
como para que ella pudiera sentir el calor corporal que desprendía.
El emperador señaló con un dedo, se detuvo y luego lo movió hasta
colocarlo sobre el segundo punto.

—Aquí... —Desplazó el dedo con lentitud por encima de ese


terreno—. ¿Y aquí?

Erin se sintió enormemente aliviada. Así que no era solo cosa de su


imaginación. El emperador también podía verlo.

—Sí, emperador Valerian —respondió—. Esto... es un poco más al


este de la tercera, en realidad. Pero ¿lo ve?
—Si —le aseguró Valerian—. Muy interesante. Eso son unas
colinas, ¿verdad? ¿O unas mesetas?
—Probablemente, unas mesetas bajas.
— ¿Alguna idea sobre qué puede haber ahí?

83
TIMOTHY ZAHN

—Lo cierto es que no, emperador —contestó Erin—. No veo nada


digno de mención en las partes más altas de la superficie. Hay una
línea de árboles que recorre el borde de cada meseta, tapando la
vista, así que es posible que lo que estamos viendo solo sea un
saliente, que oculta debajo de él lo más interesante. Pero también
podría ser una pared vertical... No puedo saberlo con estas
imágenes. Lo siento.
—No hace falta que se disculpe —replicó Valerian, con la mirada
aún clavada en el mapa—. A los descubrimientos importantes
siempre se llega dando pequeños pasos. —Se volvió hacia el
almirante Horner—. Y este pequeño paso nos acaba de dar el punto
por el que empezar a caminar. ¿Almirante?
—Estoy de acuerdo, señor —respondió el almirante—. ¿Tiene
alguna preferencia por alguno en concreto?
—Eso dejaremos que lo decida la doctora Wyland —contestó
Valerian—. Ella elegirá por dónde quiere empezar.
—Supongo que yo... —Erin se calló al darse cuenta, un tanto tarde,
de las implicaciones que conllevaba esa frase—. Discúlpeme,
emperador, pero ha dicho... ¿por dónde quiero empezar?
—Vamos a enviar un equipo ahí abajo a estudiar la vegetación y
tomar algunas muestras —aseveró Valerian—. Tenía previsto
enviar a la doctora Cogan con él, ya que es nuestra xenobióloga
más importante. Pero dadas las circunstancias, creo que debería ir
usted en vez de ella. —Arqueó las cejas—. ¿Alguna objeción,
doctora Cogan?
—Ninguna en absoluto, emperador—respondió la doctora Cogan
sin dudar—. La doctora Wyland sabe mucho más sobre flora
alienígena que yo. Además, ya estoy muy mayor para el trabajo de
campo.
—No lo está, de veras —discrepó levemente el emperador— Pero
el resto de su razonamiento es muy lógico. Doctora Wyland,
bienvenida al equipo de investigación. Coronel, prepárela.
—Sí, emperador —dijo Cruikshank.
—Y buena caza, doctora —añadió el emperador, inclinando
levemente la cabeza, tal y como había hecho con la doctora Cogan
84
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

antes. Después, se volvió y dejó el compartimento, acompañado


por el almirante Horner.
—Muy bien —dijo Cruikshank enérgicamente, mientras
contemplaba suspicazmente a Erin—. ¿Tiene alguna experiencia
con trajes de combate mecánico?
—Eh... —Erin volvió a quedarse sin palabras—. Entrené durante
una semana con un VCE porque querían que todos fuéramos
capaces de manejar maquinaria pesada...
— ¿Un T-285? —la interrumpió Cruikshank.
—Esto, eh, creo que era un T-270. ¿Qué ha querido decir con eso
de buena caza?
—Estoy seguro de que lo ha dicho en un sentido científico —
contestó la doctora Cogan. No obstante, se reflejaba una cierta
tensión en sus ojos que hizo que a Erin le recorriera un escalofrío.
—O en un sentido militar —apostilló sin rodeos Cruikshank—. Así
que un T-270. Eso es más un vehículo que una armadura mecánica,
pero no está mal para empezar. De acuerdo, venga conmigo...
Ordenaré a uno de nuestros sargentos que la instruya en el manejo
de un CMC-400.

A Eric se le pusieron los ojos como platos.

— ¿Un qué?
—Va a bajar a la superficie —replicó Cruikshank, a quien se le
estaba agotando la paciencia—. A una superficie repleta de zerg.
¿Quiere caminar por ese punto radial mágico vestida con ese
mono?
—Tengo entendido que Zagara ha prometido que no molestarán al
equipo —señaló la doctora Cogan.
—Sí, así es —admitió Cogan—. Pero ¿se fía usted de una promesa
hecha por una zerg? —Hizo un gesto a Erin—. Esa pregunta iba
dirigida a usted, doctora. A menos que quiera decirle al emperador
que renuncia a la misión.

85
TIMOTHY ZAHN

A Erin la dominó la inquietud. Lo último que quería hacer era


decepcionar al emperador Valerian.

—Está bien —dijo lacónicamente—. Vayamos a por ese CMC o


cómo se llame.

86
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO CINCO

Durante las tres últimas horas, el Hyperion habla sido el escenario


de un leve caos controlado. Aunque Tanya se había mantenido casi
siempre al margen, gracias a su limitado poder tele y las
conversaciones que podía escuchar mientras la gente pasaba
deprisa junto a ella, tuvo la impresión de que el emperador Valerian
iba a descender a la superficie para reunirse con la reina zerg,
mientras que un segundo equipo sería enviado a otro lugar del
planeta para estudiar la explosión de vida que inexplicablemente
había tenido lugar ahí abajo.

Ahora que Valerian estaba hablando con Ulavu a escasos metros


de distancia, todas esas especulaciones previas se habían
confirmado. El emperador iba a enviar un equipo y le estaba
pidiendo a Ulavu que formara parte de él.

Se trataba de una misión extraña y tal vez extremadamente


peligrosa. No obstante, Tanya tenía que admitir que también
parecía interesante.
87
TIMOTHY ZAHN

Pero sucediera lo que sucediese a partir de ahora, ella no


intervendría. Treinta minutos antes, justo en medio de tanta
conversación y tanto preparativo, el plazo había expirado y había
dejado de formar parte del programa fantasma.

O eso daba por sentado. Si bien era obvio que no se había


presentado en el despacho del coronel Hartwell para cumplir con
el procedimiento oficial, el papeleo burocrático digital,
presumiblemente, había sido tramitado como estaba previsto.
Aunque otra cuestión muy distinta era si había alguien a bordo del
Hyperion al tanto de ello, por supuesto.

Pero ella lo sabía. Y, de repente, eso lo había cambiado todo.

Había pasado casi toda su vida dentro del programa fantasma. Toda
la vida que podía recordar con claridad, sin duda. Los barracones,
la gente, el adiestramiento, la rutina diaria, incluso el leve dolor que
había sentido cuando camaradas y conocidos habían partido hacia
la guerra; todo eso había desaparecido de repente. Ahora era una
civil, o al menos lo sería en cuanto regresara a Korhal y siguiera su
propio camino.

Pero ¿qué hacían los civiles? ¿Cómo vivían? ¿Dónde vivían? En


casas y apartamentos y pensiones, claro está, pero ¿cómo
encontraba uno un sitio así y arreglaba las cosas para mudarse ahí?
¿Dónde obtendría alimentos? ¿Cómo se preparaba la comida? Y,
en primer lugar, ¿cómo iba a conseguir el dinero necesario para
comprar comida?

¿Dónde siquiera podría hallar a alguien capaz de responder todas


estas preguntas?

Dejó de mirar a Ulavu y el emperador y observó todo el ajetreo que


había a su alrededor, sintiendo un enorme vacío en su corazón. Era
88
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

como si estuviera en la calle, viendo a un autobús partir, en el que


iban todos a los que había conocido jamás. Su vida entera había
estado encaminada hacia el objetivo de servir al Dominio. Ahora
esa meta había desaparecido súbitamente.

Yo quería esto, se recordó a sí misma con firmeza. Fui yo la que


pedí abandonar el programa.

Sin embargo, esa reflexión con la que pretendía darse ánimo no


sirvió de nada. O tal vez no había meditado realmente muy a fondo
sobre esa cuestión.

Será un honor para mí sumarme al equipo de investigación. Oyó


pensar a Ulavu mientras este transmitía sus pensamientos a
Valerian. El Dominio Terran ha sido muy amable y generoso
conmigo estos últimos años. Aprovecharé esta oportunidad de
hacer algo útil por este pueblo.
—Gracias —dijo Valerian, inclinando la cabeza—. Sus
conocimientos sobre las culturas y el comportamiento zerg y
protoss han sido muy provechosos para nosotros. Estoy seguro de
que en esta ocasión resultarán ser igualmente útiles.

Tanya asintió para sí. En efecto, Ulavu iba a bajar al planeta. Se


había imaginado que el protoss aceptaría la oferta de Valerian.

Solo esperaba que estuviera a la altura del reto. Tal y como había
podido comprobar a menudo, Ulavu no siempre trabajaba bien en
grupo.

Yo también le doy las gracias, contestó Ulavu. Pero esta es una


misión que sobrepasa las capacidades de un mero erudito. Se calló
y giró a medias, mirando de soslayo a Tanya. Tal vez esto también
me redima ante los líderes de mi especie.

89
TIMOTHY ZAHN

Tanya tuvo que disimular su disgusto, tanto en el plano físico como


psiónico. Un desafío dentro de otro desafío dentro de otro desafío.
No sabía por qué el jerarca Artanis se había negado a que Ulavu
volviera con los suyos después de que los fantasmas lo hubieran
encontrado deambulando por ese campo de batalla. Por lo que tenía
entendido, nadie sabía la razón. Ciertamente, el propio Ulavu
nunca hablaba sobre ello. Pero no cabía duda de que ahí había
mucho resquemor.

Aunque también había rencor en el lado terran del pasillo. Tanya


se había percatado de que, si bien el coronel Cruikshank se estaba
ocupando de casi todos los preparativos de las dos expediciones
que iban a descender a la superficie, Valerian había optado por
dirigirse a Ulavu personalmente en vez de dejar que lo hiciera
Cruikshank. Aunque el Dominio y los protoss no estuvieran en
guerra en esos momentos, como había podido comprobar el Círculo
de Dante, aún había mucho resentimiento entre ambos bandos.

—Esperemos que esto tienda ciertos puentes —admitió Valerian—


. Gracias por su colaboración.
El honor es mío.

Por un momento, los pensamientos del protoss se desvanecieron de


la mente de Tanya, ya que Ulavu centró su comunicación psiónica
solo en Valerian. Tanya arrugó el ceño y se preguntó qué era eso
que tenía que decir el protoss que no quería que ella escuchara...

—Lo entiendo —le aseguró Valerian, quien dirigió la vista


fugazmente hacia Tanya—. No tengo ningún problema en aceptar
su petición de que la señorita Caulfield nos acompañe. No obstante,
como recientemente ha dejado de pertenecer al programa fantasma
del Dominio, no puedo ordenarle directamente que haga algo que
no quiera hacer.

90
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

De repente, Tanya notó un nudo en el estómago. El emperador, al


menos, estaba al corriente de su situación actual. ¿Eso quería decir
que también lo estaban los demás? ¿Acaso toda la gente que corría
de aquí para allá a su alrededor la consideraba poco más que una
desertora?

Un segundo después, fue capaz de asimilar el significado de las


demás palabras de Valerian. Su petición de que la señorita
Caulfield nos acompañe... No puedo ordenarle directamente que
haga algo que no quiera hacer. ¿Acaso Ulavu había pedido al
mismísimo emperador Valerian que la dejara subir a bordo del
Hyperion?

¿Acaso ahora le estaba pidiendo que la incluyera en el equipo de


investigación?

Al parecer, así era.

—Ulavu me ha hecho una petición y una sugerencia, señorita


Caulfield —le dijo Valerian—. Cree que su talento nos podría ser
útil en esta misión. Por tanto, me ha pedido que la invite a sumarse
al equipo.

Tanya miró a Ulavu y se dio cuenta de que a este no le había


sorprendido que ella hubiera decidido abandonar el programa.
¿Desde cuándo lo sabía?

Y lo más importante: ¿por qué estaba pidiendo que lo acompañara?


¿De verdad creía que ella sería útil?

¿O, simplemente, estaba intentando darle una última oportunidad


de hacer algo para el Dominio, con el fin de que no se marchara
con la sensación de que había desperdiciado su vida?

91
TIMOTHY ZAHN

Se trata de una misión importante, insistió Ulavu mentalmente al


ver que dudaba. Creo que puedes ser muy útil. ¿Me acompañarás?
Tanya suspiró. Me acompañarás, no nos acompañarás. Sí, era un
acto de caridad, estaba claro.

Aun así, al fin tendría la oportunidad de prestar un servicio al


Dominio y al programa fantasma...

Se centró en Valerian, quien permanecía callado, con una pose


forme y regia. Ulavu había pedido que la incluyeran en el grupo,
no Valerian. De hecho, daba la impresión de que el emperador ni
siquiera se había planteado la posibilidad de contar con ella hasta
que el protoss había sacado el tema a colación. ¿Acaso eso se debía,
simplemente, a que, técnicamente, Tanya ya no se hallaba bajo el
mando del Dominio?

¿Acaso se repetía el mismo patrón que había marcado su vida


entera? ¿De verdad era un activo tan valioso para los fantasmas?
¿Por eso la habían estado reservando una vez tras otra para algo
especial?

¿O acaso era más bien como un objeto de cristal muy fino, una copa
demasiado valiosa como para arrojarla sin más, pero al mismo
tiempo demasiado delicada como para beber de ella por miedo a
que se hiciera añicos?

¿Acaso los fantasmas creían que era una inútil? ¿Todo el mundo en
el estamento militar la consideraba una inútil?

¿Acaso lo era?

—Gracias, emperador Valerian —dijo Tanya, agachándose ante


él—. Formar parte del equipo será un honor para mí.

92
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Gracias, señorita Caulfield —replicó Valerian—. El resto del


equipo se está reuniendo en la cubierta del hangar de la parte central
de la nave. ¿Sabe dónde está?
—Podré encontrarlo, emperador, gracias —contestó Tanya—.
Vamos, Ulavu.

Sí tenía mucha, mucha suerte, pensó Tanya, mientras ella y Ulavu


se dirigían hacia el pasillo, descubrirían que Zagara había mentido
acerca de que allá abajo estarían a salvo. Quizá entonces Tanya
descubriría al fin qué era capaz de hacer en un combate real contra
unos enemigos reales.

Aunque su papel se redujera únicamente a morir prestando sus


servicios al Dominio.

¿Tú y yo contra el mundo, Tanya Caulfield?, preguntó Ulavu.

Tanya tuvo que sonreír.

Sí, admitió. Tú y yo contra el mundo.

Porque, por una vez, eso podía ser literalmente verdad.

*******

—A ver si lo he entendido bien —dijo Baraja, a la vez que miraba


a la nave de despliegue y a los técnicos que se afanaban en
prepararla—. Nosotros vamos a ir en una sola nave de despliegue,
y ellos en una lanzadera protoss con toda una escolta fénix.
—Privilegios del rango —replicó con cierta amargura el coronel
Cruikshank—. O eso se dice. Personalmente, prefiero viajar en una
nave de despliegue del Dominio a ir montado en una caja
controlada por un robot con un montón de protoss de gatillo fácil
detrás.

93
TIMOTHY ZAHN

—Hum —dijo Baraja de un modo evasivo. Dada la naturaleza de


la misión, él habría optado sin dudar por la lanzadera y la escolta
protoss.

Sin embargo, sabía que era mejor para él no expresar ese


pensamiento en voz alta. Todo el mundo sabía que Cruikshank
tenía muchos prejuicios en contra de los protoss; además, nunca era
una buena idea enfadar adrede al comandante al mando de la
misión.

Aun así, Cruikshank sí tenía razón en lo del rango. Como los


protoss contaban con los mejores transportes para viajar del espacio
a la superficie de un planeta, el jerarca Artanis se había ofrecido a
pasar a recoger con su nave nodriza al emperador Valerian y su
guardia. A continuación, los dos líderes descenderían juntos hasta
el planeta y el edificio donde se iba a celebrar la conferencia con
Zagara. El jerarca se hallaba fuera de la lanzadera, a la espera de su
invitado como un buen anfitrión, con otros ocho protoss a su lado.

Baraja llevaba mucho, mucho tiempo en la infantería, por lo cual


tenía un pasado marcado por los amargos y violentos recuerdos de
lo que había vivido. Aun así, al ver a Artanis y su escolta sintió un
escalofrío, ya que no se trataba de unos colegas soldados, sino de
los representantes de una antigua y poderosa raza totalmente
alienígena. Todo lo relacionado con Artanis, desde su pose a su
armadura pasando por la disimulada pero palpable vigilancia de sus
guardias, trasmitía poderosamente esa sensación.

Aunque resultaba difícil saberlo a esa distancia, daba la impresión


de que cuatro de esos guardias eran altos templarios Aiur normales
y los otros cuatro eran unos Nerazim, quienes antaño habían sido
unos renegados y eran también conocidos como los templarios
oscuros.
Baraja tenía entendido que Artanis estaba intentando que ambas
facciones volvieran a unirse. Daba la sensación de que estaba
94
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

haciendo algún avance en ese sentido, lo cual tal vez fuera una
buena noticia para todos. Normalmente, verse atrapado en medio
de las disputas tribales protoss no era algo muy recomendable.

Claro que, si en la próxima campaña militar se enfrentaban los


protoss y los terran y los intentos de reconciliación de Artanis
fructificaban por entero, el Dominio tendría menos posibilidades
de volver a los distintos grupos de protoss unos contra otros.

Baraja negó con la cabeza. Como decía el antiguo refrán: no hay


mal que por bien no venga.

Al otro lado del hangar, se abrió una de las compuertas y apareció


el emperador Valerian, vestido con todas las galas propias de la
corte, caminando rodeado por una falange de sus guardaespaldas
personales y cuatro soldados ataviados para el combate.

Baraja observó con detenimiento a ese hombre mientras se dirigía


hacia la lanzadera protoss y se preguntó qué había bajo todos esos
adornos. Por mucho que se comentara que Valerian era muy
distinto a su padre, Baraja no había visto muchos cambios hasta
ahora.

Aunque, claro, Baraja estaba en la infantería. Los cambios siempre


tardaban más en producirse en el ámbito militar que en la sociedad
civil. No obstante, lo más importante de todo era que Valerian no
había tenido que dirigir una guerra desde hacía años; por lo que la
experiencia le decía a Baraja, la guerra sacaba lo mejor o lo peor
de un líder.

Tal vez fuera hoy el día en que Valerian tendría que demostrar de
qué pasta estaba hecho. De un modo u otro.

El almirante Horner caminaba junto al emperador; ambos estaban


sumidos en una discreta conversación. El grupo se encaminó hacia
95
TIMOTHY ZAHN

la lanzadera, y Artanis y sus guardias se volvieron para mirar hacia


los terran que se aproximaban...

—Así que este es nuestro autobús, ¿no?

Baraja se giró. Cuatro personas habían entrado en el hangar por otra


compuerta y se dirigían hacia Cruikshank y él. Uno de ellos era el
compañero de fatigas con el que Baraja había estado bebiendo en
el tejado, el teniente Dizz Halkman. La segunda era una mujer que
vestía un ceñido uniforme de fantasma, con la capucha echada
hacia atrás, con un aparato que combinaba un visor con un sistema
de suministro de aire bajo el brazo, y un rifle C-10 a la espalda.

Baraja puso mala cara. Una fantasma. Genial.

Cerca de la fantasma, caminaba un protoss, vestido con un atuendo


de civil: una larga túnica, unas vendas reforzadas de compresión en
las piernas y unos guantes gruesos como los de los jardineros que
le llegaban hasta los codos.

Tenía recortados los cordones nerviosos de la parte posterior de su


cráneo, lo cual despertó fugazmente en el soldado una mezcla de
nostalgia y enojo. Durante la guerra, esos nervios recortados solían
indicar con bastante seguridad que el protoss que tenían delante era
un templario oscuro. Ahora, como Artanis estaba reorganizando la
sociedad protoss, aunque no se sabía muy bien cómo, todos los
alienígenas se habían cortado los nervios de esa manera.

Lo cual era una pena, la verdad. Los protoss se parecían tanto unos
a otros que cualquier cosa que ayudara a un soldado a distinguirlos
era bienvenida.
Por último, cerrando la marcha, se encontraba un soldado con un
traje de combate CMC-400, avanzando torpe y ruidosamente como
si nunca antes hubiera llevado uno.

96
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—En efecto, este es su autobús, teniente —le confirmó


Cruikshank—. Sargento Cray, este es su oficial al mando, el
teniente Halkman...
—Ya nos conocemos —le interrumpió Dizz, a la vez que agachaba
levemente la cabeza ante Baraja—. ¿Cómo estás, Baraja?
—Bastante bien, Dizz —respondió Baraja, quien por el rabillo del
ojo pudo ver que Cruikshank parecía sorprendido, y no muy
contento, ante la falta de respeto al rango que habían mostrado no
solo al tratarse entre ellos dos, sino también entre Dizz y el propio
Cruikshank.

Baraja contuvo una sonrisa. Irritar a los oficiales de alto rango era
uno de los pasatiempos favoritos de los soldados. Al parecer, en el
Cuerpo de segadores también se jugaba a un juego parecido.

—Así que nosotros cinco somos el equipo completo, ¿no? —


preguntó.
—Eso supongo —respondió Dizz—^ Esta es Tanya Caulfield, una
fantasma. Y ese es Ulavu, el asesor técnico...
— ¿Asesor técnico en qué?
—En cualquier cosa que necesitemos ser asesorados, supongo —
contestó Dizz—. El coronel no me lo ha dejado muy claro. Y esta
es una novata en esto de llevar armadura, la doctora Erin Wyland,
que es xenobióloga.

Baraja arrugó la nariz. Una fantasma, un protoss, una científica


civil y un criminal con una mochila de propulsión de segador. Y un
solo soldado para mantenerlos a todos a raya. Esto mejoraba por
momentos.

—La doctora Wyland es otra consejera, supongo, ¿no?


—Bueno, seguro que no está aquí para enseñamos unos pasos de
baile —replicó Dizz, ladeando la cabeza mientras la escrutaba de
arriba abajo—. Aunque para ser el primer día que lleva armadura,
lo está haciendo bastante bien.
97
TIMOTHY ZAHN

—Solo llevo dos horas con armadura —se oyó a decir a la mujer,
cuya voz sonaba ahogada.
—Usa el altavoz externo, Erin —gritó Dizz—. El interruptor está
dentro de tu guantelete izquierdo..., abajo a la derecha.

Reinó el silencio. La armadura se balanceó un momento.

—Decía que solo llevo dos horas dentro de esta cosa —señaló Erin,
cuya voz sonó ahora mucho más clara.

Baraja alzó una ceja; su opinión sobre ella acababa de mejorar


bastante. La mayoría de los xenobiólogos con los que se había
topado a lo largo de los años habían sido unos estirados sin sentido
del humor. Al menos, esa chica mostraba cierto espíritu.

—En ese caso, lo estás haciendo genial —le aseguró Dizz—. Me


han dicho que mi armadura y mi mochila de propulsión ya están
dentro, ¿no?
—Aún no —contestó Baraja—. Tampoco lo está mi equipo.
Aunque tenemos un armero lleno de rifles C-14 y pistolas P-45 y
munición más que de sobra, así que sí contamos con potencia de
fuego, al menos. Y también con un buen número de granadas.
— ¿Cómo? ¿No llevamos lanzallamas ni armas nucleares?
—En realidad, sí hay un lanzallamas Perdición júnior —respondió
Baraja—. Pero olvídate de las nucleares.
—Quizá vengan incluidas en nuestra armadura. —Dizz arqueó las
cejas ante Cruikshank—. Hay unas armaduras en camino, ¿no?
—Estamos esperando a que acaben los técnicos —le aseguró
Cruikshank—. Por lo visto, querían instalar un nuevo invento.

Baraja torció involuntariamente el morro. Como si los trajes de


combate del Dominio no tuvieran ya bastante equipo metido de
mala manera ahí dentro.

—Espero que se trate de algo útil, al menos.


98
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Bueno, ellos creen que sí lo es —afirmó Cruikshank, con la


mirada clavada en Ulavu—. Se llama bloqueador psiónico y está
basado en los psi disruptores de radiación sigma de la DTU.
Además de cumplir con su función original de ralentizar los
movimientos y las reacciones de los zerg, esta modificación,
supuestamente, permite interferir sus comunicaciones a nivel local.
En teoría, hará que les resulte más difícil coordinar los ataques y
enviar avisos que alerten de su presencia.
—Está bien, eso podría ser útil —reconoció Dizz—, ¿Doy por
sentado que ya han sido puestos a prueba?
— ¿Con qué? —replicó Cruikshank^. No ha habido ni un zerg
contra el que luchar en los últimos seis años. Dudo seriamente que
alguien haya salido a cazar a algún conejillo de Indias.

A Baraja le dio la impresión de que Tanya había puesto mala cara


al oír eso.

—Así que lo van a probar con nosotros sobre el terreno, ¿no? —


inquirió Dizz.
—Básicamente. —Cruikshank asintió dirigiéndose a alguien que
estaba detrás de Baraja—. Ahí están.

Baraja se giró. Dos técnicos avanzaban con dificultad hacia ellos


con un carrito con ruedas, donde había un CMC-400 y un uniforme
de infantería ligera de segador.

—Adelante, suban a bordo —dijo Cruikshank—. Me aseguraré de


que suban su armadura y luego avisaré a Control para que les den
permiso para despegar.
—Me gustaría cerciorarme personalmente de que suben mi
armadura —replicó Dizz.
—El mundo sería un lugar estupendo si todos consiguiéramos lo
que queremos —le espetó Cruikshank, quien señaló con la cabeza
hacia la nave de despliegue—. Está en horario de trabajo, teniente.

99
TIMOTHY ZAHN

No sea patético; suba inmediatamente a bordo e inicie las


maniobras de preparación del despegue.

Por un segundo, Baraja creyó que Dizz iba a discutir al respecto.


Sin embargo, el segador se encogió de hombros.

—Ya han oído a la autoridad —apostilló, mirando hacia atrás


mientras se dirigía a la nave de despliegue—. Que todo el mundo
se monte. Erin, tendrás que quitarte el traje. Te echaré una mano si
lo necesitas.
— ¿Por qué se tiene que desvestir? —preguntó Baraja.
—Porque piloto yo, voy sin traje y no quiero tener detrás a una
novata vestida con una armadura mecánica —respondió Dizz.
Cruikshank murmuró algo entre dientes.
—Teniente...
—Descuide, coronel —dijo Erin rápidamente—. De todas formas,
me vendrá bien practicar.
—Está bien —gruñó Cruikshank—. Marchen.

La científica, la fantasma y el protoss siguieron a Dizz. Baraja


aguardó a que se alejaran unos cuantos pasos y, acto seguido, se
acercó a Cruikshank.

— ¿Esto va en serio, señor? —susurró—. ¿El maldito equipo solo


somos nosotros cinco?
—Y de los cinco, Halkman y usted son los únicos a bordo con
experiencia en combate en la selva y la jungla —contestó
Cruikshank en voz baja—. Pero se supone que esta no es una
misión de combate.
—Ya, no es la primera vez que oigo eso —protestó Baraja.
—Bueno, dicen que esta vez se lo pueden creer —le informó
Cruikshank—Pero vigilen sus espaldas. —Señaló con la cabeza a
Dizz cuando este desaparecía en el interior de la nave de
despliegue—. Y vigílelo a él también.

100
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Baraja contempló el pasillo vacío de la compuerta de la nave.

— ¿Por alguna razón en particular?


—Es un segador —respondió Cruikshank—. ¿No es una razón más
que suficiente?
—No, a menos que usted sepa algo más sobre él —replicó Baraja—
. Como, por ejemplo, ¿por qué crimen acabó en los segadores?

Cruikshank resopló.

—Mire, sargento. Ni siquiera sé su verdadero nombre. A la


mayoría de ellos les dan uno nuevo al entrar en el cuerpo,
precisamente, para que soldados idiotas como usted no pierdan el
tiempo husmeando. Vamos..., un segador que se llama Halkman.
Sí, claro.
—Sí, ya me había fijado en eso —afirmó Baraja—. Entonces, ¿por
qué está al mando de nuevo?
—Porque es el oficial de mayor rango —contestó Cruikshank,
arqueando ambas cejas—. Tampoco olvide eso.
—Eh, Baraja..., ¿vienes? —La voz de Dizz retumbó por toda la
compuerta de la nave de despliegue—. Porque si no es así, me
quedaré con tu CMC.
—Te deseo buena suerte a la hora de activarla —le gritó Baraja,
quien asintió enérgicamente ante Cruikshank y, acto seguido,
reanudó su camino hacia la nave de despliegue.
—Nunca des nada por sentado, sargento —vociferó Dizz—.
Vamos, mueve el trasero.

Baraja frunció el ceño. ¿Dizz acababa de decir que eran capaz de


activar la armadura de otra persona, aunque esta tuviera el acceso
bloqueado? ¿Acaso eso quería decir que había sido un ladrón de
vehículos o un especialista en saltarse los sistemas de protección
antirrobo?

101
TIMOTHY ZAHN

Se detuvo en la puerta, ya que una idea se le vino a la mente


súbitamente.

—Coronel, ha dicho que esos bloqueadores psiónicos interfieren


las comunicaciones zerg. Pero ¿cómo pueden afectar a Ulavu?
—No lo sé —contestó—. Y, francamente, no me importa.

Baraja asintió.

—Entendido.

Esto iba a ser muy divertido, claro que sí. Muchísimo.

*******

Si bien el protocolo para saludar cara a cara al jerarca protoss era


complicado, era razonablemente claro. Valerian lo llevó a cabo sin
trabarse y, por el tono de las respuestas de Artanis, supuso que lo
había hecho de un modo correcto. O al menos de una manera lo
bastante razonable como para que el protoss se sintiera satisfecho.
Aunque quizá eso se debiera a que todo el mundo tenía asuntos más
importantes en mente que respetar la etiqueta.

— ¿Tiene claro qué hay que hacer aquí arriba? —murmuró


Valerian a Matt mientras los guerreros protoss y los soldados iban
llenando la lanzadera.
—Muy claro —le aseguró Matt—. A la primera señal de
problemas, crearemos una barrera de vikingos y átropos para cubrir
su retirada.
—Siempre que Artanis esté dispuesto a marcharse.
—Creo que, sin ninguna duda, estará dispuesto a largarse siempre
que usted lo esté —aseveró Matt sombríamente—. Confía en
Zagara aún menos que usted.
— ¿Quién ha dicho que yo confíe en ella?

102
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Matt se encogió levemente de hombros, a la vez que miraba algo


situado detrás de Valerian.

—El hecho de que los envíe a ellos —contestó—. O a ella, al


menos.

Con el ceño fruncido, Valerian se giró. El soldado (el sargento


Cray) acababa de desaparecer en el interior de la nave de
despliegue mientras Cruikshank hacía gestos a los técnicos para
ordenarles que cargaran en la nave las armaduras del soldado y el
segador.

— ¿A cuál de ellas se refiere? ¿A la doctora Wyland?


—Estaba pensando más bien en Tanya Caulfield —respondió
Matt—, ya que me acabo de percatar de que acaba de enviar a una
de las armas más secretas de los fantasmas directamente a las
manos de Zagara.
—Directamente no, exactamente —le corrigió Valerian—. ¿Qué
insinúa?
—Insinúo que si Zagara captura viva a Caulfield (o incluso recién
muerta), ella y los zerg tendrán un nuevo banco genético terran con
el que jugar —aseveró Matt con un tono siniestro—. Ya vimos lo
que le hicieron a Kerrigan. Si los hidraliscos con púas venenosas
en la columna ya son un peligro, imagínese uno capaz de generar
fuego.
—Lo entiendo —replicó Valerian—. Pero usted debe entender a su
vez que tanto el Dominio como los protoss están apuntando a
Zagara con una gran potencia de fuego, por lo que, si se iniciaran
la hostilidades, no le quedaría más remedio que escapar. Si
capturara a Caulfield, lo único que lograría es demostrar que su
deseo de paz no es más que una mentira. —Se dio la vuelta y se dio
cuenta, entonces, de que Matt lo miraba fijamente—. ¿Qué?
— ¿Está insinuando que la está utilizando como cebo? —preguntó
Matt, quien parecía perplejo—. Valerian, eso es...

103
TIMOTHY ZAHN

Se calló de repente.

— ¿Es qué? —inquirió Valerian—. ¿Una estrategia arriesgada?


¿Una táctica demencial?
—Algo que su padre habría hecho —contestó Matt sin rodeos—.
Usar a los demás para lograr sus propios fines.

Valerian resopló.

—Espabile, Matt. Utilizar a los demás es algo que los políticos y


los militares como nosotros hacemos todos los días.
—Con el fin de obtener la victoria —replicó Matt—. Enviamos a
otros a morir para que otros puedan vivir. Pero no de esta manera.
No como cebos. No a una...
— ¿No a una joven inexperta?

Matt apretó los labios.

—Está bien. No a una joven inexperta. Sobre todo, no a una que


podría ser un activo militar clave para el enemigo.

Valerian suspiró.

—Mire allá abajo, Matt Mire lo que han conseguido los zerg. Si
esto es un truco (si se están preparando para otra guerra total),
podrían arrasar todos los planetas del sector y nadie podría
detenerlos. Si Zagara planea traicionamos, nuestra única esperanza
es descubrirlo cuanto antes, mientras el Enjambre esté aún más o
menos localizado.
—Lo sé —dijo Matt en voz baja—. Pero tiene que haber otra forma.
—No la hay —replicó Valerian—. Pero ahora dale la vuelta a la
situación. Ahora mismo, el Dominio es vulnerable, debido a los
problemas que tenemos con la comida y los refugiados. Los protoss
también tienen sus conflictos y son vulnerables. Aun así, Zagara
todavía no se ha lanzado contra ninguno de nosotros dos. Es más,
104
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

alberga la esperanza de poder ayudamos a resolver algunos de


nuestros problemas. Pon en una balanza el peligro que corremos
ahora y el futuro esperanzador que podríamos tener (y ten en cuenta
también que un par de veteranos de guerra curtidos en mil batallas
protegen a Caulfield) y creo que merece la pena asumir este riesgo.
— ¿Emperador Valerian?

Valerian se volvió hacia la lanzadera. El último de sus


guardaespaldas se encontraba en el pasillo de la compuerta y tenía
a uno de los templarios tétricos delante, ambos aguardaban a que
sus respectivos líderes subieran a bordo.

—Permanece alerta —le ordenó Valerian, a la vez que posaba una


mano en el hombro de su amigo. Acto seguido, se dirigió a la nave
protoss.
—Lo haré —le gritó Matt

Valerian era consciente de que los razonamientos de su subalterno


eran muy sólidos. Era una estrategia arriesgada, pero necesaria.

Y no se trataba de un ardid cruel como los que solía idear y llevar


a cabo su padre, Arcturus. No, de ningún modo.

105
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO SEIS

Si bien desde arriba, en órbita, a Valerian le había dado la


impresión de que el nuevo paisaje del planeta tenía un aspecto
increíble, al planear sobre la superficie de este, apenas a mil metros
por encima del suelo, le pareció que era algo totalmente imposible.

No solo por los colores y el verdor, sino por la tremenda variedad


de especies que había ahí. Había visto multitud de ecosistemas en
sus años como arqueólogo, y Gystt se hallaba entre los más llenos
de vida. Únicamente en un puñado de sitios todavía se podían ver
las cicatrices negras que había dejado la incineración protoss hacía
más de una década, pero incluso esas parecían estar curándose.

Esto no tenía nada que ver con la devastación total que habían
sufrido Chau Sara y los demás planetas que habían sido incinerados
durante la guerra. Ahí, alguna flora había empezado a brotar de
manera escasa y dispersa, pero no tenía nada que ver con la
explosión de vida vegetal que se había dado aquí.

106
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Aunque tal vez la explosión había sido un poco demasiado


exagerada, ¿no? Zagara había sugerido que esa técnica zerg podría
ser utilizada para revitalizar los dañados campos de cultivo terran.
Sin embargo, Valerian había visto lo que podía pasar cuando se
introducían plantas y animales foráneos en un sistema que no
estaba preparado para ellos. Aunque lograsen cosechar trigo y maíz
suficiente para alimentar al Dominio, obtendrían una victoria
pírrica si eso provocara que el resto de la flora acabara siendo
devastada.

¿Acaso ese era el meollo del asunto? Los zerg habían fracasado
cuando habían intentado conquistar los territorios terran y protoss
con infestaciones animales. ¿Acaso Zagara había decidido
intentarlo esta vez usando la flora?

Es más, ¿de verdad Zagara controlaba del todo a los zerg tal y como
ella afirmaba? A lo largo de los años, los zerg habían tenido varios
líderes (algunos dirían que había habido demasiados cambios en
ese aspecto); además, de momento, aún no había ninguna prueba
de que no hubiera alguien en las sombras tirando de los hilos de
Zagara.

He visto a Ulavu a bordo de su nave.

Valerian pestañeó. Estaban contemplando cómo Gystt pasaba por


debajo de ellos, lo cual era una gloriosa visión, mientras se
agolpaban todas esas siniestras preguntas sobre qué tramaban los
zerg, ¿y el tema que sacaba Artanis a colación era Ulavu?

—Sí, estaba ahí —le confirmó—. Quería contar con él por su


particular punto de vista sobre los zerg.
¿Así como por su punto de vista sobre los protoss?

—Por eso también —admitió un intranquilo Valerian, que se


preguntó si Artanis se tomaría a mal esa respuesta. Después de
107
TIMOTHY ZAHN

todo, incluso antes de partir de Korhal, ya sabía que Artanis estaba


reuniendo un comando protoss en Gystt. En teoría, el jerarca
debería ser capaz de ofrecer a Valerian el punto de vista de los
protoss sobre cualquier asunto que el emperador terran considerara
necesario.
¿Le ha servido bien?
—El trabajo que ha hecho para nosotros ha sido ejemplar —-
respondió Valerian, a la vez que arrugaba el ceño. La última vez
que Ulavu había sido mencionado en una conversación con los
protoss había sido hacía más de tres años, cuando uno de los
asistentes de Artanis había rechazado rotundamente la oferta final
del Dominio de devolverle a su pueblo a ese investigador
extraviado. A pesar de que Valerian nunca había llegado a
averiguar qué había hecho Ulavu para generar tal antipatía, le había
quedado muy claro que ahí había más de lo que parecía a simple
vista.

Aunque, con casi toda seguridad, no era ni el momento ni el lugar


para entrar en detalles. Por otro lado, como había sido Artanis el
que había sacado el tema, quizá sí lo fuera.

—No obstante, me inquieta que, al parecer, sus compañeros protoss


lo hayan marginado —prosiguió Valerian—. Espero que nosotros
no seamos la causa de ese rechazo, me refiero a los terran en
general o al Dominio en particular.
No se preocupe por Ulavu ni por su relación con los protoss,
emperador Valerian, replicó Artanis. Él está a su servicio. Con eso
basta por ahora. Entonces, se produjo un silencio, y Valerian
percibió que el jerarca expandía su radio comunicación mental a
todo el mundo que se hallaba a bordo de la lanzadera. ¿Hay alguna
señal de presencia mutalisca o devoradora cercana? ¿O alguna
otra señal que indique que los zerg nos vayan a traicionar?

Una tras otra, fue recibiendo una serie de respuestas negativas: unas
eran susurros telepáticos procedentes de los protoss de la lanzadera;
108
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

otras, las fuertes voces de los soldados apostados ante los diferentes
monitores de sensores, así como las intensas contestaciones
psiónicas de los protoss que pilotaban las naves de escolta fénix.

Debemos permanecer alerta, afirmó Artanis.


—Estoy de acuerdo —dijo Valerian. ¿No le acababa de dar la
sensación de que el jerarca parecía decepcionado? ¿Acaso esperaba
que Zagara les hubiera tendido una trampa?

Tal vez fuera así. Tal vez esperaba tener una excusa para volver a
incinerar Gystt. Para matar a todos los zerg de ahí abajo.

Tal vez, en lo más hondo de su ser, Valerian esperaba lo mismo.

La estructura comunal ha aparecido ahí delante, informó uno de


los protoss.

Un ceñudo Valerian contempló los monitores que rodeaban su


asiento. Ahí estaba, acababa de surgir en el horizonte. Se elevaba
de manera imponente sobre el paisaje de alrededor como un volcán
blanco, con una superficie retorcida que poseía la misma textura
que cualquier otra cosa que los zerg hubieran creado.

Comprueben si hay algún rastro de los zerg, ordenó Artanis.


Búsqueda en curso, jerarca. No hay ninguna señal de presencia
zerg fuera de la estructura comunal
—Y como no hay nada más grande que unos pequeños arbustos en
esta zona, a Zagara le resultaría muy difícil esconder aquí algo de
un tamaño enorme —señaló Valerian—. Salvo que se trate de algo
que pueda salir excavando de su escondite en el suelo para atacar.
Escaneen el interior de la estructura, ordenó Artanis, sin hacer
caso al comentario de Valerian. O bien ambos habían llegado a la
misma conclusión, o bien pensaba que esa afirmación no merecía
una respuesta.

109
TIMOTHY ZAHN

El proceso de escaneo está siendo difícil, jerarca Artanis, puesto


que el caparazón es grueso y robusto. Por ahora, no hemos
descubierto ninguna anomalía.
Entendido. Continúen.

—Y cerciórense de que las lecturas que obtienen coinciden con las


que obtuvimos en órbita.

Artanis se volvió hacia él.

¿Cree que los zerg pueden manipular lo que percibimos con


nuestros ojos o nuestros sensores?
—Zagara estaba con Sarah Kerrigan cuando esta desapareció —le
recordó Valerian—. Ella misma nos dijo que Kerrigan concedió a
los zerg el don del libre albedrío. ¿Quién sabe qué otros dones o
juguetes les pudo dar?
Esa es una buena pregunta, emperador Valerian Mengsk,
reconoció Artanis. Que todos los protoss permanezcan
especialmente alerta; sobre todo, por lo que acabamos de
comentar.

Dos minutos más tarde, estaban ahí.

Las mediciones hechas cuando se encontraban en órbita habían


indicado que la abertura del cono central era lo bastante grande
como para que una lanzadera y la escolta fénix entraran por él. Pero
únicamente cuando el piloto protoss inició el descenso hacia el
cono, Valerian fue consciente de en qué medida era mucho más
grande realmente que la nave protoss. No solo tenían un amplio
sitio para aterrizar, sino que incluso en las zonas más estrechas
seguían teniendo espacio de sobra para maniobrar.

Hay indicios de erosión artificial en la punta del cono, informo uno


de los protoss.

110
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Valerian contempló los monitores con el ceño fruncido. ¿Acaso


Zagara, al ver el tamaño de los vehículos en que iban a llegar sus
invitados, había ordenado arrancar rápidamente la parte superior
del cono para hacer la abertura más grande?

Aunque, claro, eso podría no haberlo hecho solo para beneficio de


sus visitantes. Ahora que la abertura era más grande, también había
más espacio para que un mutalisco o incluso un devorador más
enorme pudieran entrar, siempre que Zagara tuviera planeado
traicionarlos. Aun así, Valerian ya se había fijado en que no había
ningún lugar donde pudiera esconderse algo tan gigantesco en el
interior de los cincuenta kilómetros de esa estructura. Antes de que
un ataque pudiera alcanzarlos, las naves en órbita que vigilaban la
situación tendrían tiempo de sobra para hacer sonar la alarma.

¡Peligro! ¡Jerarca Artanis, peligro!

Con un nudo en el estómago, Valerian recorrió rápidamente los


monitores con la mirada. Pero ¿qué demonios...?
Hay varios grupos de flora infestada en el suelo, colocados
alrededor de la estructura, continuó el protoss. Puede haber riesgo
de contaminación.
—No lo creo —dijo uno de los soldados—. Todas las plantas están
dentro de unas vitrinas selladas, que parecen hechas de algo
orgánico, aunque los sensores parecen indicar que es vidrio de
acero.
No hay nada que demuestre que la parte inferior de las vitrinas
esté sellada, replicó el protoss.
— ¿Quién mete algo en una vitrina y luego deja la parte de abajo
abierta? —comentó burlonamente el soldado.
Basta ya de especulaciones ociosas, les espetó Artanis, cortando
así la incipiente discusión. Obtengan muestras de aire mientras
descendemos y analícenlas por si contienen trazas del virus
hiperrevolucionario zerg. No desembarcaremos hasta que estemos
seguros de que el interior está esterilizado. Se volvió hacia
111
TIMOTHY ZAHN

Valerian, y este notó cómo una vez más el protoss concentraba su


radio de comunicación. No deseamos inhalar esporas de plantas,
ya sean benignas o no.
—De acuerdo —dijo Valerian con un tono muy serio. Entonces,
algo que se movió en uno de los monitores captó su atención—.
Zagara está entrando en la cámara principal.

Y no venía sola. A escasos pasos por detrás de ella, se hallaba otro


zerg, casi tan grande como la reina, el cual tenía una cara chata,
varios ojos verdes (cuatro, al menos) y unas enormes y relucientes
ampollas a ambos lados de la cabeza y el cuello. Además de las
garras normales con las que cualquier zerg manipulaba objetos,
poseía un par de brazos más cortos provistos de unas manos con un
aspecto perturbadoramente humano. Ambos se dirigían hacia una
sección situada en un lado de la cámara donde no había ninguna
vitrina con plantas y se habían colocado varias sillas y un par de
mesas bajas. Tras dar al botón de acercar la imagen, comprobaron
que sobre las mesas había botellas de líquidos diversos y unos
cuadraditos que recordaban a unas tartas.

Gomo si Valerian fuera a comer o beber algo que le ofreciera un


zerg.

Hay espacio suficiente para aterrizar, informó el piloto. ¿Inicio el


descenso?
Inicie el descenso, confirmó Artanis.

Cualquier que no fuera un zerg se sentía muy raro dentro de una de


sus estructuras, por lo cual Valerian sintió una punzada de
claustrofobia en cuanto la lanzadera flotó hasta el suelo. Sin
embargo, no sufrieron ningún ataque; no había ninguna espora ni
ningún otro agente de infestación zerg fuera, en el aire. Asimismo,
los informes que enviaba Matt desde su puesto en órbita seguían
confirmando que en un radio de doscientos kilómetros cuadrados
no había ninguna amenaza. El único zerg de gran tamaño que había
112
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

por ahí cerca era el leviatán de Mukav, que se había posado a veinte
kilómetros del edificio donde se iba a celebrar la conferencia y era
demasiado enorme como para poder entrar dentro.

Después de que aterrizaran, nadie habló durante un largo instante.


Valerian contuvo la respiración, aguardando a que se produjera un
ataque en el último segundo que iba contra toda lógica y todo
indicio.

Sin embargo, no se produjo ningún ataque. Zagara y el otro zerg se


quedaron donde estaban; ni zerglings, ni cucarachas ni drones
emergieron de cámaras ocultas, y los analizadores de aire
permanecieron en verde.

Artanis, que se encontraba junto a él, se estremeció.

Inicien el desembarco, ordenó. Veamos qué desea mostramos


Zagara.

Los altos templarios y los templarios tétricos salieron primero, sus


cuchillas psi y de distorsión relucían en los idealizadores situados
en el dorso de sus guanteletes. Los soldados fueron los siguientes,
a los que siguieron los escoltas de Valerian, con las armas en ristre
del mismo modo. Valerian observó en los monitores cómo ese
grupo variopinto de guerreros formaba un doble semicírculo
alrededor de la base de la lanzadera.

En todo momento, Zagara y el otro zerg permanecieron inmóviles


en el sitio donde se habían detenido junto a las sillas y las mesas.

Artanis esperó un instante más. Entonces, tras hacerle una seña a


Valerian, se quitó el cinturón de seguridad y encabezó la marcha
hasta salir por la compuerta y pisar ese duro suelo. Avanzando en
paralelo, se dirigieron hacia Zagara, a la vez que los guardias de
ambos los flanqueaban.
113
TIMOTHY ZAHN

Zagara aguardó a que el grupo llegara hasta las escaleras. Después,


alzó lentamente los brazos.

Saludos, jerarca Artanis, dijo. Saludos, emperador Valerian


Mengsk. Permítanme presentarles a Abathur, el maestro de
evolución del Enjambre.

—Reina, Maestro de Evolución —replicó Valerian, asintiendo a


modo de saludo ante los dos. Así que eso era un maestro de
evolución zerg. Aunque había oído rumores de que existían
criaturas como aquella, nunca se habían confirmado del todo—.
Gracias por su invitación.
Gracias a ustedes por aceptarla, contestó Zagara. Por favor,
acérquense. Siéntense. Tomen un refrigerio si lo desean. Chasqueó
las mandíbulas dos veces. E iniciemos el debate sobre cómo
podemos lograr que reine la paz entre nuestros pueblos y dé
comienzo una nueva época.

*******

Como Erin había oído un buen número de historias terroríficas


sobre la locura que imperaba en general en el Cuerpo de segadores
del Dominio, se llevó una cierta sorpresa y sintió un gran alivio al
comprobar que el teniente Halkman realizaba un aterrizaje suave
sobre la superficie de Gystt.

Aunque, claro, el hecho de que Halkman insistiera en que lo


llamaran Dizz no había ayudado a que confiara precisamente en él.
Sobre todo, después de que ella le preguntara si eso era la
abreviatura de Desmond y él le dijo que no, que era la abreviatura
de Desastre.

—Bien, ya estamos —anunció Dizz mientras el quejido de los


motores se desvanecía—. ¿Baraja? ¿Tanya? Les toca.
114
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Bien —dijo el sargento Cray (o Baraja, como insistía en que lo


llamara todo el mundo) mientras se quitaba las sujeciones—. El
resto relájense mientras nosotros vamos a echar un vistazo.

No hay ningún zerg cerca de la nave de despliegue.

En cuanto esas palabras de Ulavu reverberaron en su mente Erin se


agitó nerviosa bajo esas sujeciones que aún llevaba puestas Como
xenobióloga que era, había leído mucho sobre los protoss
naturalmente, y creía que los comprendía bastante bien.

Sin embargo, una cosa era leer sobre la comunicación psiónica y


otra muy distinta experimentarla de primera mano.

—Me alegra que pienses así —gruñó Baraja mientras se dirigía a


la parte posterior y se metía en su armadura. No cabía duda que el
hecho de que unos pensamientos alienígenas estuvieran rebotando
dentro de su cráneo no le desconcertaba lo más mínimo—. Espero
que no te importe que lo comprobemos por nosotros mismos, ¿eh?
No, en absoluto, le aseguró Ulavu.
— ¿El resto de nosotros no deberíamos ponemos las armaduras al
menos? —preguntó una titubeante Eric, quien contempló con
disimulada envidia cómo Baraja se metía de manera rápida y eficaz
en su traje de combate CMC, ya que había pasado un auténtico
bochorno cuando había intentado meterse dentro de su armadura a
bordo del Hyperion; aunque tampoco le había ido mucho mejor
cuando había intentado salir de ella antes de que la nave de
despliegue despegara.
—No —gritó Baraja, mirando hacia atrás—. Si surge algún
problema y Dizz tiene que despegar a toda prisa, más te vale no
estar metida a medias dentro del traje. Créeme. —Se calló el tiempo
suficiente como para lanzarle una mirada penetrante—. Además,
¿serías capaz de meterte ahí dentro tú sola?

Erin se sonrojó.
115
TIMOTHY ZAHN

—Probablemente, no.
—Pues ya está. —Acabó de sellar su traje y se detuvo con el visor
abierto—. ¿Tanya?
—Estoy lista.

Erin miró hacia el otro lado de la nave de despliegue y notó un


escalofrío. No había leído tanto sobre los fantasmas como sobre los
protoss y los zerg; principalmente, porque no había mucha
información sobre el programa que no estuviera clasificada. Aun
así, tal y como sucedía con los segadores, circulaban muchos
rumores inquietantes sobre ellos.

—Adelante —dijo Baraja, a la vez que sellaba su casco. Cogió un


par de rifles gauss del armero, situado junto a la rampa de descenso
de popa y, a continuación, se colocó uno al hombro y sostuvo el
otro en ristre—. ¿Dizz?

Al instante, la rampa descendió y su extremo más lejano impactó


contra el suelo con un ruido sordo que Erin notó incluso en su
asiento. Un segundo más tarde, Baraja y Tanya estaban fuera; uno
se fue a la izquierda; el otro, a la derecha. Erin contempló
detenidamente el verdor que había al pie de la rampa, mientras una
decena de pensamientos distintos cruzaban su mente...

—Despejado —se oyó decir a Baraja con una voz enérgica por los
altavoces de la nave de despliegue—. No hay moros en la costa.
—Quiere decir que podemos salir —le tradujo Dizz, a la vez que
se quitaba las sujeciones de seguridad—. Erin, ¿necesitas ayuda
para meterte en tu CMC?
Yo la ayudaré, dijo Ulavu antes de que Erin pudiera contestar.
— ¿De veras? —inquirió Dizz—. Bien, está bien. Si necesitas
ayuda, házmelo saber.
—Eh... —acertó a decir Erin, quien dio un paso hacia atrás sin
poder evitarlo.
116
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Dizz se dio cuenta de ello.

— ¿Algún problema? —preguntó.

Erin contempló al alienígena, quien se había quedado quieto al ver


su reacción.

—No —mintió.
—Bien —replicó Dizz, quien se volvió hacia su propia armadura.
No tengas miedo, le dijo Ulavu, quien hizo ademán de acercarse a
ella de nuevo. No te haré daño.

Erin se mordió la lengua para no darle la respuesta que le pedía el


cuerpo. Quizá él no fuera a hacerle daño a ella..., pero su raza había
hecho daño a mucha otra gente. A pesar de que afirmaban ser unos
seres honorables, los protoss tenían las manos manchadas de sangre
de millones de terran.

¿Acaso habían reconocido sus crímenes? ¿O habían admitido


siquiera que habían cometido errores si todavía afirmaban que esa
destrucción había sido necesaria?

Los protoss eran una raza antigua, aunque con ese sentido de la
ética, Erin nunca la habría definido como una especie honorable.

Aun así, no era ni el momento ni el lugar para disquisiciones


filosóficas o morales. Su misión consistía en averiguar qué tramaba
el Enjambre. Si eso significaba que tenía que colaborar con un
protoss que así fuera.

Aunque eso supusiera dejar que se acercara lo suficiente como para


ayudarla a vestirse.

117
TIMOTHY ZAHN

Se llevó una pequeña sorpresa al ver que Ulavu no tuvo ningún


problema a la hora de colocarle las diversas piezas de la armadura
en los sitios adecuados y en el orden correcto; no obstante, este
acababa de ver cómo Baraja se metía en un traje del mismo tipo.

Se suponía que los protoss eran rápidos, fuertes y ágiles. Al


parecer, también poseían una excelente memoria visual.

Cuatro minutos después, todos estaban fuera. Diez segundos


después de eso, Dizz ya había retirado la rampa de descenso.

Los cinco se encontraban solos. En un planeta imposiblemente


exuberante.

Y, con toda seguridad, rodeados de zerg.

—Está bien, Erin, tú eres la que manda a partir de ahora —dijo


Dizz—. ¿Por dónde vamos?

Erin apretó el botón que activaba el monitor del casco y se sintió


bastante satisfecha al comprobar que recordaba cómo hacerlo sin
meter la pata.

—Por ahí —les indicó, señalando un lugar situado entre un par de


colinas pequeñas—. A unos treinta kilómetros.

Con cautela, echó a andar. Primero la pierna izquierda, luego la


derecha, ahora la izquierda. Le iba pillando el tranquillo. Fue
ascendiendo por el camino que había entre las colinas...

— ¡Espera! —exclamó Tanya.

Erin hizo lo que pudo, pero ya tenía el pie en el aire; se hallaba en


una pendiente y aún no había logrado que su sentido del equilibrio
y sus reflejos se adaptaran a ese nuevo entorno. Durante una
118
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

fracción de segundo se tambaleó y, al instante, cayó de bruces, de


tal modo que la parte frontal del casco recibió un fuerte golpe.

El interior de la armadura estaba acolchado; además, había una


malla de impacto colocada estratégicamente para protegerle la
cabeza y el torso. No obstante, el impacto la dejó sin aliento. Lanzó
un juramento mentalmente y se incorporó con una sola mano, hasta
colocarse de costado.

Entonces, se quedó helada. A no más de diez metros de ella, se


encontraba mirándola fijamente un hidralisco plenamente
desarrollado.

El manual de misiones decía que los hidraliscos eran las tropas de


choque del Enjambre. Ahora que se hallaba delante de uno, Erin no
tenía ningún problema en creer que eso era así. Esa criatura era una
serpiente recubierta de placas de armadura, cuyo torso se movía
permanentemente como el de una cobra o una serpiente de cascabel
y cuya altura era el doble que la de un soldado ataviado con
armadura. Desde donde estaba Erin, parecía mucho más grande. Su
larga cabeza se prolongaba hacia atrás hasta ni tamaño que
alcanzaba casi la mitad del que tenía su torso estirado y con sus
fauces podía alcanzar fácilmente a su víctima. Sus largos brazos
estaban rematados por unas guadañas de tres hojas, apoyadas en
unos palpitantes músculos estriados, que eran capaces de atravesar
fácilmente el traje de combate de un soldado.

Apenas fue consciente de que Dizz, Baraja y Tanya tenían ya sus


armas en ristre y apuntaban con ellas al descomunal zerg, puesto
que, en ese breve instante, lo único que era capaz de ver eran esos
ojos muertos y esas mandíbulas serradas que apuntaban en su
dirección. Lo único que podía oír era la nota fría y analítica que
venía recogida en el manual: Los hidraliscos cuentan con
centenares de espinas en la columna que pueden lanzar con su
peculiar musculatura a velocidades prácticamente supersónicas.
119
TIMOTHY ZAHN

Lo único que notaba era el palpitar desbocado de su corazón y el


leve zumbido de su armadura. Ese instante fugaz pasó y otro ocupó
su lugar...

Tras agitar ligeramente la cabeza, el hidralisco se volvió y se fue


reptando. Rodeó un par de arbustos y desapareció detrás de una
hilera de árboles.

—Asombroso —masculló Baraja, a la vez que bajaba el arma—.


Me parece que estos artilugios, estos bloqueadores psiónicos
funcionan.
—O a lo mejor Zagara estaba diciendo la verdad cuando hablaba
de una tregua—. ¿Estás bien, Erin?

Erin asintió, con cara de pocos amigos. El ritmo de sus latidos iba
disminuyendo, de tal manera que el suave zumbido de su armadura
era la única sensación que percibía por el sentido del tacto.

El único problema es que ese zumbido no procedía de la armadura.


Ahora era capaz de percibirlo. Procedía del exterior.

—Personalmente, creo más en la magia de la tecnología que en la


magia zerg —afirmó Baraja—. ¿Erin? Di algo, muchacha.
—Estoy bien —respondió Erin, quien se dio cuenta, un poco tardo,
de que no podían ver cómo asentía por culpa del casco.
—Bueno, pues entonces, levanta y larguémonos —le dijo Baraja—
Por cierto, ¿Cruikshank te explicó por qué nosotros dos somos los
únicos que llevamos estos chismes, estos bloqueadores, Dizz? Me
parece que son algo que sería útil de narices para todos.
—Probablemente, para que cuando tú y yo palmemos, los demás
puedan pedir ayuda —contestó Dizz—. Parece que los bloqueado-
res joroban bastante las comunicaciones a larga distancia.
— ¿Qué quieres decir?
—Que las echan abajo por completo —le aclaró Dizz—. No he sido
capaz de contactar con el Hyperion desde que los hemos activado.
120
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Oh, está bien, eso es genial —se quejó Baraja— Cruikshank


debería haberlo mencionado, al menos.
—Lo hubiera hecho si lo hubiera sabido —apostilló Dizz—. Somos
las cobayas de este experimento, ¿recuerdas? Erin, ¿necesitas que
te echemos una mano?
—No, esperen. Estoy oyendo algo —dijo Erin—. ¿Pueden
permanecer en silencio un momento?

Los demás se callaron. Erin aguzó el oído, intentando detectar ese


ruido elusivo. No se parecía a nada que hubiera oído antes, pero le
recordaba al ruido de la... ¿maquinaria? ¿A unas voces? De un
modo impulsivo, se dio la vuelta y apretó el casco contra el suelo.

Ahí estaba.

—Pero ¿qué te pasa? —le espetó Baraja—. ¿Vas a echar la siesta?


—Viene del suelo —contestó Erin, quien estaba escuchando con
gran atención—. O a través del suelo. Es una mezcla de ruido de
maquinaria, voces y... cánticos.
— ¿Seguro que no estás oyendo el zumbido de tu sistema de
refrigeración? —preguntó Dizz—. ¿O igual de las turbinas? Todo
eso lo llevas a la espalda.
—No es eso —le aseguró Erin—. Es… bueno, es lo que ya he
dicho. Una mezcla de ruido de maquinaria, voces y cánticos.
—Los zerg nunca han usado máquinas —le refutó Dizz— Y, hasta
donde yo sé, no cantan.
—Tampoco es un fenómeno psiónico —añadió Tanya—. Ulavu no
está captando nada.
—Ya, bueno, tampoco percibió a ese hidralisco que se acercado a
hurtadillas —señaló Baraja—. ¿Los bloqueadores psiónicos te
están afectando, Ulavu?
Levemente, admitió Ulavu. Pero sigo siendo capaz de percibir una
notable presencia zerg.
— ¿Notable? —repitió Baraja—. O sea, ¿que hay más de uno?
Genial. Esperemos que Zagara no descubra que puede enviarlos en
121
TIMOTHY ZAHN

fila india. Bueno, ¿dónde se está celebrando ese baile zerg que estás
oyendo, Erin?
—No sé lo lejos que está —respondió Erin, manteniendo a raya la
frustración que sentía. No la creían. Ninguno la creía—. ¿Me
puedes ayudar a quitarme esto? —añadió, a la vez: que intentaba
quitarse torpemente el casco—A lo mejor así podré oírlo mejor.
—Sí, espera —le dijo Baraja—.Es que tiene su cosa.

Aunque tardó un minuto, el soldado logró quitársela.

— ¿Y ahora qué?
—Ahora lo intentaré otra vez —contestó Erin, apretando la oreja
contra el suelo. Aunque le pinchaba la hierba, no era doloroso.
—Deja que lo intente yo también —se ofreció Tanya, quien abrió
el visor del casco y se tumbó sobre la hierba, junto a Erin.
Por primera vez desde que habían salido del Hyperion, ambas
mujeres se hallaron fuera del circuito de comunicación del grupo.
— ¿Puedo hacerte una pegunta? —inquirió Erin en voz baja—.
¿Una pregunta personal?

Por un momento, reinó el silencio.

—Está bien —respondió Tanya, con un tono neutral


cuidadosamente estudiado.
—Ulavu —dijo Erin, quien movió una milésima la cabeza para
señalar al protoss—. ¿Cómo ha acabado aquí?
—No es ningún secreto—contestó Tanya—. Algunos fantasmas lo
encontraron deambulando por los límites de un campo de batalla
después de que cesaran las hostilidades. Les contó que era un
investigador que se había perdido. Se lo llevaron a Ursa, le curaron
las heridas y contactaron con los protoss, quienes no quisieron que
volviera con ellos.

Erin frunció el ceño.

122
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Por qué no?


—No lo sabemos —replicó Tanya—. O, al menos, yo no lo sé. Tal
vez alguien de las altas esferas lo sepa. ¿Por qué lo preguntas?
Erin dudó, ya que lo que iba decir iba a sonar tremendamente
racista, pero Tanya lo había preguntado.
—Me pregunto si podemos confiar en él, nada más —respondió—
. O sea, ellos quemaron Chau Sara y...
—En primer lugar, eso sucedió hace más de una década —-la
interrumpió Tanya—. En segundo lugar, ya pagaron por ello. En
tercer lugar, Ulavu no es un guerrero y no estaba cerca de Chau
Sara cuando eso pasó; además, te agradecería que no proyectases
los prejuicios que tienes en contra de su raza en él. ¿Te ha quedado
claro?

Erin hizo un gesto de negación con la cabeza, pero lo hizo


mentalmente, puesto que sabía que Tanya se tomaría muy mal ese
gesto.

—Lo siento —dijo—. Es que...


—Ni es que, ni nada.

Abruptamente, Tanya se levantó del suelo y se puso en pie.

— ¿Y bien? —preguntó Baraja.


—Yo también lo he oído —contestó Tanya, con un tono de voz
sereno tras haber recuperado la normalidad—. No estoy seguro de
si yo lo definiría como unos cánticos o el zumbido de una
maquinaria, pero sí he percibido unas voces y ruidos mecánicos.
—Así que sabemos que hay algo ahí —concluyó Dizz—. Aunque
supongo que no saben de dónde procede, ¿verdad?
—Es difícil saberlo con exactitud —replicó Erin. Tras colocarse
boca abajo, se impulsó con ambos brazos hasta ponerse de rodillas
y, acto seguido, se puso en pie, aunque no con la misma agilidad
con la que lo había hecho Tanya. Aun así, esta vez pareció que

123
TIMOTHY ZAHN

mantenía mejor el equilibrio—. Pero por lo que me ha parecido, su


origen se encuentra en la misma dirección en la que vamos.
—Entonces, supongo que será mejor que lleguemos ahí —aseveró
Dizz—. Como no quiero quedarme aquí todo el día, esto es lo que
vamos a hacer. En un principio, vamos a ir andando y, en cuanto
estés más acostumbrado al traje, vamos a subir corriendo a buen
ritmo; es decir, a unos veinte kilómetros por hora. —Miró a
Ulavu—. ¿Serás capaz de correr a veinte kilómetros por hora?
Sí, retumbó la voz de Ulavu en la cabeza de Erin.
—Como no seas capaz, te dejaremos atrás —le advirtió Dizz—.
Está bien, Erin, vamos a ponerte de nuevo el caso y luego nos
iremos. Oh, y será Baraja quien encabece la marcha y no tú. De ese
modo, si hay algo desagradable por el camino, se topará con ello
antes que tú, ¿de acuerdo?

Erin contempló la arboleda por la que el hidralisco había


desaparecido.

—Oh, sí —contestó, a la vez que sentía un escalofrío—. Sí, por


supuesto.
—Ahí —dijo Cruikshank, señalando el monitor que mostraba lo
que sucedía en tierra—. ¿Lo ve, señor?
—Lo veo —confirmó el almirante Horner, con un tono que no
revelaba lo que pensaba—. No estoy seguro de si eso justifica dar
la alarma de inmediato.

Cruikshank apretó los dientes.

—Cabezas huecas. Cuando están en el espacio, todos saben todo


sobre combates en tierra, pero a la hora de la verdad...
—Señor, eso forma parte de una defensa clásica por fases Juno —
señaló con la máxima calma posible—. Es una de las estrategias de
contraataque favoritas de los zerg para combatir a las columnas de
tropas con armadura.

124
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Conozco perfectamente las líneas Juno, coronel, gracias —dijo


Horner, con la misma calma—. También sé que las típicas líneas
Juno suelen estar compuestas de un centenar o dos centenares de
zerg. Y ahí abajo solo cuento una decena.
—Que deberían ser más que suficientes para combatir a dos
soldados a pie, una fantasma y dos civiles —replicó Cruikshank—
. Si la comunicación no se restablece y no podemos avisarles de
que sorteen a ese grupo, recomiendo encarecidamente que parte de
mis fuerzas se preparen para descender y darles apoyo.

Horner se acarició con un dedo el labio inferior. Cruikshank


contuvo la respiración...

—No quiero enviar ahí abajo más fuerzas de las estrictamente


necesarias —dijo al fin el almirante—. No con todos estos
leviatanes rondando por aquí arriba, que podrían decidir de repente
abalanzarse sobre nosotros. Sobre todo ahora que el emperador
Valerian se encuentra en otro lugar del planeta, de donde tal vez
habría que sacarlo inmediatamente.
Por eso he dicho que habría que enviar únicamente a una parte de
mis fuerzas, gruñó Cruikshank mentalmente.
—Entendido, señor. Y ya que ha mencionado al emperador, ¿no
deberíamos informarle de que la tregua podría fracasar? —No
quiero interrumpir la reunión hasta que tengamos más datos —
respondió Horner—. Por lo que sabemos, podría tratarse de unos
cuantos zerg Que han coincidido por casualidad en tomo a un
manantial o algo así. —Apretó los labios brevemente—. Pero tiene
razón; no podemos dejarlos abandonados a su suerte. Proceda;
prepare y embarque a un treinta por ciento de sus fuerzas, solo un
treinta por ciento para una posible misión de rescate.
—Sí, señor —replicó Cruikshank, quien alzó su datapad y apretó
una sola tecla.

A Horner le llamó la atención cómo había economizado


movimientos de un modo muy eficaz.
125
TIMOTHY ZAHN

—Supongo que tenía la orden preparada, ¿no? —inquirió el


almirante.
—Es una vieja costumbre, señor —admitió Cruikshank con
cautela, ya que algunos oficiales al mando odiaban que los oficiales
de línea hicieran eso, porque creían que les restaba autoridad y los
convertía en meros engranajes de la maquinaria militar, lo cual, en
algunos casos, era algo bueno.
—Sí, recuerdo los días en que las cadenas de mando no eran tan
largas. —Horner miró hacia el monitor de nuevo—. Cuando no nos
jugábamos tanto como ahora.
—Sí, señor—replicó Cruikshank, a pesar de que estaba convencido
de que a uno siempre le parecía que había mucho en juego cuando
se hallaba combatiendo. ¿Acaso eso quería decir algo sobre la
percepción de las cosas? ¿O sobre la naturaleza humana en
general?

¿De verdad le importaba?

—Pero estas son las cartas con las que nos ha tocado jugar—
continuó Horner—.Así que baje a la bahía y prepare bien nuestra
jugada. Maldita sea, espero que al final no tengamos que jugamos
esa baza.

*******

No creo que nuestras situaciones sean tan distintas, dijo Zagara,


con una voz psiónica que era un gruñido. Incluso ahora, emperador
Valerian, usted está haciendo un gran esfuerzo para unir a las
diversas facciones terran en una sola mente y propósito. Usted
también, jerarca Artanis, lucha por unir a los protoss. Del mismo
modo, las madres de la prole que se hallan bajo mi autoridad y yo
deseamos que los zerg se unan.

126
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Los zerg ya estuvieron unidos en su día —le recordó Valerian—


. Y, en consecuencia, los terran y los protoss fueron masacrados y
planetas enteros fueron devastados.

127
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO SIETE

¿Se hace usted responsable de los malévolos actos de su padre, el


emperador Arcturus Mengsk?, le preguntó Zagara sin rodeos. Fue
él quien estableció el emisor psiónico en el planeta terrón de
Tarsonis, el cual atrajo al Enjambre y los empujó a destruir a todo
aquel que habitara ahí. ¿O acaso usted, jerarca Artanis, asume la
responsabilidad por los excesos del Cónclave del pasado?
Ninguno de nosotros puede cambiar lo que ocurrió. Solo podemos
aceptar que se cometieron errores, cuyas consecuencias a menudo
fueron nefastas, y comprometernos a evitar que se cometan los
mismos errores y males.
¿Y nosotros tenemos que creer que la esencia de los zerg ha
cambiado realmente?, inquirió Artanis. Porque a pesar de los
males cometidos por nuestros antecesores, las definiciones de
protoss y terran siguen siendo las mismas de siempre.
Comprendo su escepticismo, respondió Zagara. Pero los zerg ya no
son como eran antaño. El don que nos concedió la Reina de
Espadas nos ha elevado hasta cotas que jamás hubiéramos podido
imaginar. Ella, que en el pasado había sido una terran, después
128
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

una zerg y ahora es una xel’naga, mediante su gracia y


misericordia...
Ya hemos discutido bastante por ahora, la interrumpió Artanis
quien se puso en pie súbitamente. Deseo examinar las plantas que
nos ha mostrado.

Zagara pareció hallarse desconcertada.

Por supuesto, jerarca, le dijo con voz potente, mientras el protoss


se acercaba hacia una de las vitrinas más cercanas. Sus guardias,
los altos templarios y los templarios tétricos se aproximaron a él,
aunque mantuvieron una respetuosa distancia mientras vigilaban
con atención. Explicaré tanto la función como el origen de cada
una de ellas sucesivamente...
Ya habrá tiempo más adelante para explicaciones, la interrumpió
de nuevo Artanis. Primero las examinaré yo solo.

Valerian lo miró y luego posó la vista de nuevo en Zagara. Como


los rostros de los zerg eran como eran, le resulta imposible saber si
estaba confusa, avergonzada, enfadada u otra cosa. Pero era la
primera vez desde que habían llegado en que se había quedado sin
habla.

Abathur, el maestro de evolución, permaneció callado, tal y como


había estado desde el comienzo de la reunión. Es más, Valerian ni
siquiera estaba seguro de que fuera capaz de hablar.

Pero ahora mismo, la reacción de Artanis era la mayor


preocupación de Valerian. No cabía duda de que ahí estaba pasando
algo más de lo que parecía a simple vista y tenían que descubrir
qué era.

—Si me disculpa, reina —se excusó, poniéndose en pie. Se digirió


hacia Artanis, escoltado por sus propios guardaespaldas.

129
TIMOTHY ZAHN

Alcanzó al grupo de protoss junto a la primera de las vitrinas.

—Jerarca Artanis —le dijo al protoss en voz baja.


Emperador Valerian Mengsk, respondió Artanis. No hace falta que
esté aquí.
—Está claro que se siente inquieto —afirmó Valerian.
Me reservo para mí mis pensamientos e inquietudes, replico
Artanis, empleando un tono que dejaba claro que no deseaba que
insistiera más en el tema. No son de su incumbencia.
—Con todo respeto, jerarca, creo que sí lo son —contestó
Valerian—. Esta reunión puede marcar el futuro de nuestros
pueblos, donde la vida y la muerte, la guerra y la paz, penden de
una balanza. Todo aquello que pueda nublar nuestros pensamientos
o buen juicio debe ser abordado.

Durante un largo instante, Artanis estuvo callado.

Usted lo considerará una necedad, una nimiedad.


—Nada que resulte importante, aunque solo sea para un único
individuo, es una necedad o una nimiedad —le aseguró Valerian.

Se produjo otra larga pausa.

Hace infinidad de millares de años, una raza de seres supremos, a


los que dimos el nombre de los xel’naga, visitó a los protoss de
Aiur, dijo al fin. No fue una mera visita. Uno de ellos, el llamado
Amon, dio un paso al frente para ayudamos (o eso creíamos),
elevándonos a lo largo de los siglos de nuestros orígenes animales
a los seres que somos hoy en día. Pero incluso en el momento de
mayor gloria de esa época, las pasiones tribales ardían con fuerza
en nosotros. Poco a poco, fueron erosionando nuestra unidad,
amenazando nuestra cultura y nuestra misma existencia. Cegados
por la vanidad, hicimos lo impensable: atacamos a nuestro
benefactor. Su reacción, y la reacción de su pueblo, fue
abandonamos.
130
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Valerian permaneció callado, resistiéndose a la tentación de señalar


que todo eso ya lo sabía. Fuera lo que fuese lo que Artanis quería
o necesitaba decir tenía que contarlo a su manera.

La marcha de los xel’naga nos empujó a la desesperación y la ira,


la culpa y la violencia, continuó Artanis, cuyos pensamientos
adoptaron un tono más sombrío. Los protoss como raza estuvieron
a punto de morir entonces, engullidos por el Eón de Contienda.
Únicamente gracias a la fuerza y sabiduría de Khas y su
descubrimiento de el Khala, nuestro enlace comunal telepático,
fuimos capaces de superar nuestras diferencias y recuperar los
lazos que nos unían.

A Valerian se le hizo un nudo en la garganta. Unos lazos que la


batalla contra Amon habían hecho añicos al negarles a los protoss
el uso de el Khala. Artanis se encontraba en un momento clave de
la historia protoss, donde en un lado de la balanza se hallaba la
esperanza de la unidad y en el otro la amenaza del caos y el regreso
al sendero de la autodestrucción.

Fuimos los primeros, emperador Valerian Mengsk, dijo Artanis.


Los primeros entre muchos otros, o eso nos dijeron. Si hubiéramos
seguido el camino del honor, algún día habríamos llegado a ser
unos xel’naga. Pero las manipulaciones de Amon nos apartaron de
ese camino. Nos arrebató nuestro honor y nuestro destino. Estuvo
a punto de destruimos. Ciertamente, nos apartó del futuro que nos
pertenecía por derecho. Se encogió de hombros. Forjarse uno su
propio destino es tanto una bendición como una maldición. Como
usted tan bien sabe. De un modo abrupto, se volvió hacia Valerian,
y unas motas le cubrieron violentamente la piel al embargarlo la
emoción. Tendríamos que haber sido nosotros los que deberían
haber recibido la gloria de ser ascendidos al estatus de xel’naga.
Sarah Kerrigan (la Reina de Espadas) tal vez fuera digna de ello.
Eso no puedo juzgarlo. Pero ¿qué pasa con nosotros? Luchamos
131
TIMOTHY ZAHN

con ella contra Amon. Morimos junto a ella. La victoria fue tanto
de ella como nuestra. ¿Por qué entonces, se le concedió un honor
que nos ha sido negado a todos los protoss?
—No lo sé —contestó Valerian, quien adoptó un tono, por puro
reflejo, muy sereno, idónea para negociar políticamente mientras
el universo parecía ladearse un poco a su alrededor. ¿Eso era por lo
que Artanis se había mostrado tan inquieto y enojado? ¿Porque una
criatura sin igual había logrado ascender a xel’naga mientras que
los protoss se habían quedado atrás?

Parecía absurdo. Patético, incluso. Sin embargo, Artanis se lo


tomaba muy en serio, sin duda.

Y, la verdad, ¿por qué no iba a hacerlo? Desde el punto de vista de


Artanis, la ascensión de Kerrigan había dado tanto a los terran
como a los zerg una especie de difuso sello de aprobación
ultraterrenal.

Aunque para Valerian no tenía mucho sentido. Kerrigan había sido


un caso único: único entre los terran, por sus extraordinarias
capacidades psiónicas, y único entre los zerg, por su libre albedrío
y creatividad. Teniendo eso en cuenta, no entendía de qué manera
su ascensión afectaba en modo alguno a esos dos pueblos en
general.

Sin embargo, Artanis no lo veía de ese modo. Y para una raza tan
orgullosa como los protoss, eso podía llegar a ser la humillación
definitiva.

—Fuera lo que fuese lo que le sucedió a Kerrigan fue un único


acontecimiento que no tuvo nada que ver con los protoss —afirmó
Valerian—. Son una raza noble, una raza que ha pasado gran parte
de su existencia haciendo las veces de guardianes de otras muchas
especies. No tienen nada de qué avergonzarse.

132
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Artanis emitió un ruido extraño, que recordaba vagamente a un


resoplido, aunque Valerian era incapaz de imaginarse cómo lo
había hecho sin una nariz o una boca.

Era fácil sentirse por encima de los demás cuando el Khala nos
unía, dijo. Ahora, que esa unidad ha menguado, ¿qué vamos a
hacer?
—Hallarán un nuevo camino —respondió Valerian—. A lo largo
de su historia, han sufrido duros reveses infinidad de veces y
siempre han resurgido de las cenizas. Esta vez también lo
conseguirán.
Tal vez, replicó Artanis. Pero se equivoca con lo de los xel’naga.
Una sola ascensión puede ser un acontecimiento aislado,
efectivamente. Pero también está eso. Señaló con un dedo a la
vitrina junto a la cual se hallaban. Explíqueme eso, si puede: ¿Por
qué el don de la esencia xel’naga ha sido concedido a los zerg y se
nos ha negado a nosotros?
—El... ¿qué? —Se interrumpió a sí mismo Valerian, quien
súbitamente dejó de estar sumido en sus divagaciones—. ¿De qué
está hablando? ¿Dónde está esa esencia xel’naga?
Ahí, contestó Artanis, señalando otra vez a la planta. ¿No la ve?

Valerian escrutó la transparente vitrina orgánica. Había tres plantas


dentro, cada una de ellas con cuatro tonalidades distintas de verde
con naranja y algunos toques rojos. A pesar de que cada una de las
plantas tenía una altura ligeramente distinta, las tres poseían unos
tallos gruesos que parecían ser de madera, en cuyas puntas había
unas flores y de los que surgían media decena de ramas repletas de
hojas. Dichas hojas eran anchas y puntiagudas y había siete en cada
ramita.

—No veo nada —respondió—. Pero tampoco sé en qué me tengo


que fijar.

133
TIMOTHY ZAHN

En el número de hojas que hay en cada rama, dijo Artanis. En el


patrón que siguen las hojas al descender en espiral. En la
disposición de las venas y la forma de los bordes de las hojas. Al
igual que gran parte de la flora y fauna terran sigue la secuencia
Fibonacci, la esencia xel’naga se manifiesta a través de la serie
Cuccodujo. Volvió a señalar. Aunque no son del todo xel’naga, no
cabe duda de que contienen la esencia xel’naga.
—Muy interesante —comentó Valerian, cuyos latidos se
aceleraron al contemplar esas plantas con un renovado interés—.
¿Está seguro de ello?
¿Duda de mi palabra?
—En absoluto —contestó rápidamente Valerian—. Simplemente,
señalo que la esencia que ustedes recuperaron de los cuerpos de los
xel’naga durante la batalla con Amon podría haber estado corrupta,
ya fuera por el paso del tiempo o algo distinto.
No estaba corrupta, replicó Artanis. Y los análisis son bastante
firmes y concluyentes como para que pueda afirmar con certeza
que estas plantas poseen la esencia xel’naga.
—Ya veo —murmuró Valerian. Hasta donde él sabía, nadie en todo
el Dominio había dado jamás con una muestra de tejido xel’naga,
y mucho menos había dado con la manera de analizarlo
debidamente. Alcanzar un acuerdo con los protoss para poder tener
acceso a esos datos iba a ser, sin duda alguna, algo más que debería
añadir a la lista de cosas que discutiría con Artanis después de que
todo esto hubiera acabado—. ¿Puedo hacer una sugerencia?
Adelante.
—Creo que lo más inteligente sería proseguir con el examen de las
plantas —le aconsejó Valerian, a la vez que señalaba con la cabeza
al resto de vitrinas que se hallaban junto a las paredes de la
estancia—. Veamos si podemos determinar si todas o solo algunas
de ellas tienen características xel’naga. En cuanto sepamos eso,
podremos volver a hablar con Zagara para preguntarle al respecto.
¿No espera que lo único que nos cuente sean más mentiras?

134
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Quizá no nos haya mentido realmente —señaló Valerian—.


Quizá, simplemente, aún no se le haya presentado la oportunidad
de mencionar que tienen ese vínculo con los xel’naga.

Artanis permaneció callado un instante.

Muy bien, dijo a regañadientes. Proseguiremos. Pero creo


firmemente que está mintiendo.
—Entonces, pillémosla en un renuncio y ya veremos qué sucede.
—Valerian señaló hacia la siguiente vitrina en la hilera—. Y me
sería muy útil que me explicara cuáles son los números que
componen la secuencia Cuccodujo o el patrón que sigue esa serie.

*******

Cuando algo se va al carajo, le gustaba decir a uno de los


instructores de Tanya en su época de la Academia Fantasma, es
probable que todo lo demás también se vaya al carajo. En este
caso, Ulavu apenas había tenido tiempo de advertirle de que un
zerg se estaba aproximando cuando diez de esas criaturas salieron
súbitamente del follaje a un centenar de metros y se dirigieron
directamente hacia ellos.

Tanya notó que se le helaba el aire de los pulmones y, por puro


instinto, los contó. Al frente de la manada se encontraban cinco
zerglings del tamaño de unos leopardos, cuyas extremidades
afiladas como una hoz y cuyos colmillos cortantes como cuchillos
eran capaces de atravesar el neoacero del CMC y desgarrar la carne
humana. Había un pesteling situado en cada extremo de la línea,
cuyos sacos hinchados de ácido de la espalda palpitaban mientras
avanzaban con rapidez. Si bien el ácido tardaría un poco más en
destrozarles las armaduras, sería igual de eficaz. Tras los
pestelings, había un par de hidraliscos como aquel con el que el
grupo se había topado antes; sin embargo, estos dos no tenían nada
de esa actitud de curiosidad ociosa que había transmitido el primer
135
TIMOTHY ZAHN

hidra-lisco. Tenían los ojos clavados en los intrusos, abrían y


cerraban las garras y los músculos con los que lanzaban esas púas
venenosas que se estremecían presas de la expectación.

Y detrás de todos de ellos se encontraba uno de los zerg de tierra


más pesados y desagradables que existían: un asolador, que era más
alto incluso que los hidraliscos, cuyo amplio caparazón similar al
de una tortuga estaba rodeado de una corona de púas óseas. En lo
más profundo de ese círculo de púas, se hallaba la argamasa
orgánica capaz de lanzar globos de bilis ácida por el aire con tal
potencia que eran capaces de destrozar incluso los campos de
fuerza protoss.

—En posición de combate —ordenó Baraja, con una voz


antinaturalmente serena, a la vez que daba un amplio paso a la
derecha y alzaba su rifle gauss—. No disparen hasta que estén a
setenta metros. Entonces, apuntad a los hidraliscos primero. En
cuanto los zerglings se hallen a cincuenta metros, céntrense en
ellos...
—Espera —protestó Erin—. A lo mejor no nos están atacando. ¿No
deberíamos esperar a poder comprobarlo?
— ¿Por qué crees que he dicho que esperemos a que estén a setenta
metros? —replicó Baraja—. SÍ se siguen acercando...
— ¡Aquí vienen! —exclamó Dizz.

Tanya contuvo la respiración. Un glóbulo de babas naranjas había


salido despedido de la espalda del asolador y trazaba un arco hacia
ellos como si fuera un balón de fútbol al que le hubieran dado mía
buena patada.

— ¡Dispérsense! —vociferó Dizz, aunque la palabra casi no se oyó,


ya que activó su mochila de propulsión y se elevó en el aire.

Por el rabillo del ojo, Tanya vio cómo Erin, embutida en ese traje
al que todavía no se había acostumbrado, se tambaleaba al intentar
136
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

apartarse de esa bola de ácido. Hizo ademán de volverse hacia la


científica, mientras se preguntaba si la alcanzaría a tiempo.

Pero Ulavu ya se estaba ocupando de ello. Tanya apenas había dado


un primer paso cuando el protoss pasó a su lado, rozándola,
moviéndose mucho más rápido que lo que nunca le había visto.
Agarró a Erin y la arrojó lejos de ese montón de bilis que se
acercaba. Tanya se detuvo y dio marcha atrás, al mismo tiempo que
echaba otro rápido vistazo a ese glóbulo que trazaba un arco por el
aire. Iba a caer cerca...

Por suerte, no impactó tan cerca como le había parecido que lo


haría. La bilis se esparció violentamente por el suelo a un par de
metros de distancia.

Justo alrededor de donde Erin y ella habrían estado si hubiera


intentado apartar a la otra mujer.

Un segundo después, oyó súbitamente en sus auriculares el crepitar


en estacato del rifle gauss de Baraja en modo de disparo
automático; el contrapunto a ese ruido era el tartamudeo algo más
agudo de la pistola gauss P-45 de Dizz, mientras este planeaba por
encima del campo de batalla, disparando en ángulo para esquivar
las cabezas blindadas de hidraliscos y alcanzarles en el torso.

Muy bien, se dijo a sí misma con firmeza. Has sido adiestrada para
esto. Puedes hacerlo.

Como cabía esperar, al mismo tiempo que ese pensamiento cruzaba


fugazmente su mente, se activó la memoria de sus músculos y
reflejos y lanzó una salva con su rifle al hidralisco de la derecha. Si
bien la munición normal C-10 no era adecuada a esta distancia para
combatir contra un zerg con una gran armadura, como era el caso
de los hidraliscos, Cruikshank le había asegurado que las balas que

137
TIMOTHY ZAHN

le había dado a ella eran el último invento que la tecnología


Dominio había sido capaz de producir.

Y había tenido razón. El proyectil hizo estallar por los aires una
pequeña sección de la armadura, con las costillas por fuera, del
torso del hidralisco. Metió otra bala en la recámara y volvió a
disparar, arrancándole otra parte del blindaje a su enemigo.

Lo que más le había preocupado anteriormente sin que nadie lo


supiera era si sería capaz de cumplir su trabajo como soldado. Poro
acababa de dejar ese miedo atrás. Era un soldado, en efecto.

Había llegado el momento de comprobar si también era una


fantasma.

En su época de la academia, sus instructores le habían


recomendado que apuntara al cerebro. Sin embargo, lo que nadie
sabía en aquellos tiempos es que ese caparazón craneal tan grueso
era un disipador de calor sorprendentemente bueno. Amenos que
centrara su poder calorífico directamente en el centro de la materia
gris, el calor se disipaba tan rápido que llevaba una eternidad
abrasar el tejido suficiente como para matarlo. Los ojos eran otro
buen blanco, pero presentaba los mismos problemas.

Afortunadamente, los zerg también tenían un montón de órganos


internos y esos no estaban tan bien protegidos; además, había
estudiado la anatomía de todo tipo de zerg conocido, casi siempre
gracias a los cadáveres destrozados que traían de los campos de
batalla.

Había llegado la hora de comprobar si había aprendido bien esas


lecciones.

La fuerza de asalto seguía acercándose. Lanzó un par de disparos


contra uno de los pestelings, el cual se tambaleó por culpa de los
138
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

impactos. Después, centró su atención en el asolador que se hallaba


en la parte posterior de la formación y se concentró.

Jamás había utilizado su poder para combatir contra un zerg vivo.


Sus instructores no habían querido correr el riesgo de que siquiera
un solo prisionero aislado pudiera valerse de algún modo de su
enlace psiónico con el Enjambre para transmitirle cierta
información sobre las habilidades de esa recluta. Aun así, todos y
cada uno de los experimentos que Tanya había llevado a cabo
habían acabado del mismo modo: tras unos segundos de esfuerzo y
de concentrar con sumo cuidado en un punto su poder
piroquinético, el cadáver había estallado en llamas.

Pero ahora no estaba funcionando. El asolador siguió avanzando,


ignorando los esfuerzos de la fantasma, así como los impactos de
las púas supersónicas de ocho milímetros con los que Baraja estaba
acribillándole el torso siempre que podía dejar de disparar contra
los hidraliscos. Tanya redobló sus esfuerzos, mientras se
preguntaba desesperadamente qué podía estar haciendo mal.
Aunque se hallara a sesenta metros, la criatura debería estar dentro
del campo de acción de su poder. ¿Acaso como su objetivo estaba
en movimiento le estaba fallando la puntería? ¿El sistema
circulatorio de la criatura estaba disipando o diseminando el calor
tal y como hacía el caparazón del cráneo? Apretó los dientes con
más fuerza si cabe...

Y sin que se atisbara la más mínima señal de llama o humo, el


asolador se cayó de repente al suelo y se quedó quieto.

— ¡Centren el fuego sobre los zerglings! —gritó por encima del


ruido.

Tanya parpadeó y volvió a centrar la atención en el resto del campo


de batalla. La línea que encabezaba el asalto, compuesta por
zerglings, había superado la barrera de los cincuenta metros, y tanto
139
TIMOTHY ZAHN

Baraja como Dizz habían dejado de atacar a los zerg más grandes
de la parte posterior para pasar a concentrar sus disparos en la
amenaza más cercana. Tras disparar a cada uno de los dos zerglings
más cercanos, Tanya centró su ataque mental en uno de los
hidraliscos.

Una vez más, no funcionó. O, al menos, no funcionó lo bastante


rápido. Siguió intentándolo, a la vez que disparaba con el C-10 por
puro reflejo contra los zerglings que arremetían contra ellos y
concentraba todo su poder en el hidralisco.

Entonces, este cayó. Sonrió ante esta victoria de la que solo ella era
consciente...
...y, de repente, se dio cuenta de que habían sido los disparos de
Dizz los que lo habían matado. Lanzó un juramento en voz baja y,
por un instante, evaluó la situación.

El combate no iba del todo mal, ya que dos de los zerglings habían
caído; sin embargo, los otros tres seguían aproximándose,
avanzando testarudamente bajo la lluvia de impactos con la que les
estaban acribillando Baraja y Dizz. Los dos pestelings seguían
estando prácticamente indemnes; Tanya disparó un par de veces
con su C-10 al más cercano, el cual se tambaleó y detuvo
momentáneamente, al mismo tiempo que la fantasma concentraba
todo su poder en él. La criatura dio unos cuantos pasos más y se
desplomó, aunque Tanya fue incapaz de saber si eso había sido
causa de los proyectiles explosivos o de su ataque piroquinético.
Centró sus siguientes ataques en el pesteling que todavía quedaba
en pie y se percató, por el rabillo del ojo, de que otro zergling más
había caído y de que Dizz también estaba disparando a ese
pesteling. La criatura cayó, lo que permitió a Tanya centrar la
atención en los dos zerglings que aún seguían vivos.

Diez segundos después, la batalla acabó.

140
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Tanya respiró hondo y lanzó un largo y tembloroso suspiro. ¿He


sido yo la que ha hecho esto?, se preguntó.

Tal vez sí. Tal vez no. Había participado en un combate y había
sobrevivido. Eso era un gran logro. No obstante, seguía sin tener
nada claro hasta qué punto su poder había sido una herramienta
clave a la hora de obtener la victoria.

Pero lo más importante era que no había perdido el control. Esa


posibilidad era lo que más le había preocupado. Se había sumergido
en el fragor de la batalla y no había perdido el control.

—Y así, chicos y chicas —dijo Baraja, rompiendo ese súbito


silencio sepulcral—, es como se hace. ¿Alguien ha resultado
herido?

*******

Valerian y Artanis ya habían recorrido en círculo dos tercios de la


estancia cuando Matt les avisó del incidente que se había
producido.

— ¿Está seguro de que se trata de un ataque aislado? —preguntó


Valerian en voz baja, dirigiéndose a su comunicador. Aunque
Zagara y Abathur se hallaban en mitad de la sala, no tenía ni idea
de si serían capaces de escucharle a esa distancia.
—Eso parece, por ahora —respondió Matt—. Hay otros zerg en la
zona (que se hallan solos o van en grupos, como en este caso) y no
han hecho ademán alguno de asaltar a nuestro equipo.

No obstante, Valerian era consciente de que eso pudiera deberse a


que los bloqueadores psiónicos estuvieran interfiriendo sus
comunicaciones.

— ¿Alguna idea de por qué ese grupo decidió atacar?


141
TIMOTHY ZAHN

—No, señor —contestó Matt—. El equipo tiene algunas ideas al


respecto, pero no tenemos nada concluyente de momento. Los
técnicos están intentando averiguar cómo se ha podido filtrar una
señal a través de las interferencias generadas por los bloqueadores
psiónicos, pero no habido suerte por ahora.

Valerian negó con la cabeza. Eso pasaba por usar una maldita
tecnología sin probar.

Aun así, a pesar de ser algo negativo, el silencio en las


comunicaciones era un pequeño precio a pagar si con eso lograban
que las hordas de zerg no se les echasen encima.

¿Están ilesos?, preguntó Artanis.


—Eso parece —le aseguró Valerian—. No estamos seguros de por
qué les ha atacado este grupo, pero por ahora, ningún otro zerg
cercano ha realizado ninguna maniobra de agresión.
¿Y Ulavu? ¿Se sabe algo de él?

Valerian lo contempló detenidamente. ¿Eso que notaba en el tono


del jerarca era realmente preocupación?

—Nada concreto —respondió—. No obstante, los sensores parecen


indicar que nadie ha resultado herido.
Eso está bien, afirmó Artanis. Entonces, prosigamos nuestro
examen y añadamos este incidente a los asuntos sobre los que
hablaremos con Zagara.

Valerian miró hacia atrás, hacia Zagara, quien seguía esperando


pacientemente como una buena diplomática.

O tal vez como una araña en su red.

142
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Sí —admitió, a la vez que se volvía hacia la vitrina de las


plantas—. No cabe duda de que tenemos toda una lista de asuntos
que tratar.

143
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO OCHO

Los diez zerg parecían hallarse bien muertos. No obstante, Baraja


había aprendido hacía mucho que debía cerciorarse.

Le bastaba con un solo disparo entre las placas del caparazón o


entre otros puntos blandos de intersección para asegurarse.

Los demás estaban esperando en una pequeña mata cerca del lugar
donde había caído la bilis ácida del asolador, que había quemado
el suelo y aún ardía, mientras Baraja caminaba hacia ellos y
aprovechaba esos segundos para evaluar la situación con rapidez.
Dizz se estaba comportando como lo haría un soldado hecho y
derecho: recuperando su posición lentamente mientras se mantenía
alerta por si surgían nuevas amenazas. Erin estaba al lado de la
quemadura, de cuclillas, haciendo como que la estaba examinando
mientras intentaba recuperarse de la descarga de adrenalina, lo cual
Baraja podía ver incluso aunque ella llevara puesto un CMC. Tanya
y Ulavu se encontraban cerca de ella, de pie, observando a Baraja

144
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

y, probablemente, hablando entre ellos a través de ese irritante


enlace psiónico fantasma/protoss.

Baraja no tenía nada claro qué pensar sobre Tanya. Si bien la


fantasma había disparado, también se había quedado mirando
bastante tiempo mientras Dizz y él se encargaban de gran parte de
la lucha. Su mejor hipótesis es que estaba muy verde para el
combate Incluso podría haberse tratado de su primera batalla, lo
cual hacía que se preguntara por qué Cruikshank había decidido
que tenían que contar con ella.

A menos que al quedarse mirando a los atacantes fijamente hubiera


estado usando algún truco fantasma para combatirlos. Pero si eso
era lo que había hecho, Baraja no tenía la más mínima prueba de
que eso hubiera sido así. En lo que a Ulavu concernía, este al menos
se había mantenido al margen, que era lo mejor que podía haber
hecho.

Para cuando Baraja se sumó al resto del grupo, Erin había


concluido su examen de mentirijillas y se había puesto en pie.

— ¿Están todos muertos? —inquirió la científica, con un leve


temblor aún en su voz.
—Todos —le aseguró Baraja.
—Menos mal —murmuró Erin—. ¿Esto... siempre es así?
—No, normalmente se mueven de un modo más veloz —contestó
Baraja con serenidad—. Probablemente, eso haya sido cosa de los
bloqueadores psiónicos. ¿Dizz?
—También suelen ser más difíciles de matar —replicó Dizz, quien
seguía recorriendo lentamente con la mirada todo cuanto les
rodeaba—. Por ahora, no veo nada, lo cual me lleva a concluir que
ha sido un ataque bastante torpe. ¿Zagara creía de verdad que le
bastaría con diez zerg para acabar con nosotros?

145
TIMOTHY ZAHN

No creo que Zagara haya enviado a estos zerg, aseveró Ulavu.


Creo que, simplemente, hemos tenido la mala suerte de topamos
con un desequilibrio.

Baraja arrugó el ceño.

— ¿Un qué?
Es la línea o el arco en el que los territorios de dos reinas zerg o
madres de la prole se hallan en equilibrio, les explicó Ulavu. En
tales lugares, los zerg no están tan controlados y es más probable
que actúen de manera individual empujados por su instinto.

Baraja frunció los labios.

— ¿Dizz?
—Nunca había oído hablar de algo así —contestó el segador-—-
Tampoco puedo decir que lo hubiera visto antes.

Las consecuencias de esto son menos llamativas en el campo de


batalla, donde los territorios se hallan en un estado de cambio
constante, afirmó Ulavu. Solo bajo unas condiciones estáticas,
como sucede en este planeta, entran en juego los efectos de este
fenómeno.
—De acuerdo, demos por sentado que eso es lo que ha ocurrido, y
que no ha sido debido a que los psi bloqueadores nos estén
escondiendo de quienquiera que se encuentre rondando por aquí —
dijo Baraja— ¿Qué vamos a hacer a continuación?
Vamos a seguir nuestro camino actual, respondió Ulavu. Ya hemos
dejado atrás esta parte del desequilibrio. No conseguiremos nada
si optamos por otro camino. Simplemente, acabaríamos
topándonos con otro grupo distinto de zerg fuera de control.

Baraja miró a Tanya.

—Tú eres su jefe. ¿Te crees lo que dice?


146
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Eso de que soy su jefe está por ver —contestó con un cierto
envaramiento—. Pero sí, le creo. Ulavu suele tener razón en estas
cosas.
—Bueno, como no tenemos una teoría mejor, supongo que
tendremos que aceptar esta —apostilló Baraja—. En marcha.
—Hay otra cosa de la que quiero hablar antes —dijo Dizz,
levantando un dedo—. Si reflexionan al respecto detenidamente,
tal vez logren recordar que soy yo quien está al mando.
Baraja torció el gesto. ¿De verdad Dizz iba a sacar a relucir la
mierda del rango?
—También sabemos (y si no lo sabíamos, deberíamos saberlo
ahora) que el sargento Cray tiene más experiencia en operaciones
de campo que yo —continuó Dizz—. Basándome en la anticuada
idea de que debe desempeñar un trabajo el más adecuado para ello,
declaro formalmente que le entrego el mando. H-Ladeó la
cabeza—. Considérelo un ascenso por su rendimiento en el campo
de batalla, sargento. Felicidades.

Baraja se quedó callado un segundo, sin saber qué decir. Sin duda
alguna, no estaba acostumbrado a que se sacara a relucir la mierda
del tema del rango de esa manera.

—Gracias —dijo al fin.


—Esperen un segundo —intervino Erin, quien parecía confusa—.
¿Puede hacer eso?
—En teoría, es probable que no —respondió Dizz, a la vez que se
encogía de hombros—. Pero en la práctica, ¿quién me lo va a
impedir?
—No pasa nada, Erin —apostilló Baraja—. Estoy más que
acostumbrado a dar órdenes a tenientes.
— ¿Lo ves? —dijo Dizz—s Bueno. Entonces, ¿vamos
directamente al punto neurálgico de Erin?
—A menos que tengas una idea mejor —replicó Baraja.
— ¿No deberíamos contactar antes de marchamos? —preguntó
Erin—. Para contarles, al menos, lo que ha pasado.
147
TIMOTHY ZAHN

—Nos están observando desde ahí arriba, en órbita —le recordó


Baraja—. Cruikshank y Horner habrán gozado de una vista
impresionante de todo esto. Aunque eso nos lleva a preguntamos
por qué no han enviado refuerzos, pero tal vez se deba a que la
batalla ha concluido en un abrir y cerrar de ojos.
—También es probable que ya hayan enviado un informe al
emperador Valerian —añadió Dizz—Así que no te preocupes.
Toda la gente importante ya está al tanto de lo ocurrido.
—Me refería a que deberíamos contarles que Ulavu tiene la teoría
de que esto ha sido un incidente aislado —aclaró Erin.
—Sabrán si ha sido aislado o no dependiendo de si nos vuelven a
atacar o no —replicó Dizz con mucha paciencia.
—Planteémonoslo de esta manera —propuso Baraja—. No
podemos llamar a Cruikshank, salvo que desactivemos los psi
bloqueadores o enviemos a alguno de ustedes a algún sitio que esté
fuera de su rango. ¿Crees que alguna de esas dos opciones es
buena?

Erin puso mala cara.

—Pues no, la verdad.


—Pues entonces, seguiremos avanzando —concluyó Baraja—. Yo
iré por delante, Tanya irá detrás de mí, Ulavu y Erin serán los
siguientes y Dizz cerrará la marcha. Me imagino que estamos solo
a unos tres kilómetros, así que haremos el resto del camino
andando, con los ojos bien abiertos y las armas preparadas. —Miró
a Ulavu—. Solo por si acaso este intercambio de disparos no ha
sido una consecuencia más de una guerra por el territorio zerg.
¿Entendido?
—Entendido —replicó Dizz—. Ya han oído al jefe. En fila y
adelante.

Baraja encabezaba la hilera mientras se preguntaba a qué demonios


había venido todo eso. ¿Qué clase de criminal (o excriminal)

148
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

lograba un puesto de mando y luego lo entregaba a la primera


oportunidad?

Todos los criminales que Baraja había conocido jamás habían


tenido una característica común: eran tan egocéntricos que
resultaban ser unos narcisistas tremendos. Casi por definición, la
gente que desafiaba las normas de la sociedad lo hacía porque le
encantaba hacer lo que le daba la gana y que les dieran morcilla a
todos los demás. Tener el poder de dar órdenes al resto era un
complemento al que la mayoría nunca renunciaría.

A menos que el objetivo de Dizz no hubiera sido traspasarle el


mando a Baraja, sino hacerle cargar con la responsabilidad.

Adoptó un gesto ceñudo...; sí, eso tenía que ser. Dizz había visto
cómo había transcurrido la primera batalla y había supuesto que
habían tenido muy buena suerte al haber salido sin un rasguño de
ella, por lo que había decidido escaquearse de toda responsabilidad
por lo que pudiera ocurrir en el segundo asalto.

Pero ¿era así como pensaba un criminal? ¿O eso era más propio de
un político?

¿Acaso en los segadores admitían a gobernantes caídos en


desgracia?

—Eh, jefe —oyó Baraja decir a Dizz a través de los auriculares—.


Hay un par de colinas ahí delante. ¿Quieres que dé un salto y vaya
a ver si hay algo al otro lado?
—Claro, ve —respondió Baraja.

A su espalda, oyó el ruido de la mochila de propulsión y, por el


monitor trasero, vio a Dizz ascender cincuenta metros en vertical
rápidamente.

149
TIMOTHY ZAHN

O a lo mejor había una razón mucho más simple que justificaba la


decisión de Dizz de cederle el mando.

Baraja miró hacia atrás, para observar sin disimulo la maniobra de


Dizz, aunque en realidad pretendía escrutar a Tanya. Volvían llevar
el C-10 colgado al hombro: es una posición bastante accesible,
aunque no podría reaccionar con la misma rapidez que si lo tuviera
en las manos. ¿Acaso lo llevaba así porque sabía que no le iba a
hacer falta?

Tanya era una fantasma. Eso, cuando menos, quería decir que era
una tele, lo cual era obvio por la manera en que Ulavu y ella
conversaban en privado.

Pero ¿y si era algo más que una tele? ¿Y si no solo era una telépata
sino que poseía un poder aún más potente? Tal vez fuera también
telequinética. Si ella había sido la causa que había ralentizado a los
zerg o si había acelerado los proyectiles disparados por los rifles
gauss hipersónicos, que ya eran veloces de por sí, eso podría
explicar por qué habían obtenido la victoria tan fácilmente.

Un poder como ese la convertiría en un soldado muy útil. Aunque


también en un riesgo de narices si se desmadraba.

A los fantasmas les precedía una reputación de chiflados aún mayor


que a los segadores. Se rumoreaba que eran necesarios injertarles
unos implantes cibernéticos para que mantuvieran una cierta
estabilidad mental y, probablemente, necesitaban toda una
farmacia de sustancias químicas estimulantes para poder ser
funcionales. A pesar de que Baraja no había oído ninguna historia
concreta en la que unos fantasmas se hubieran vuelto en contra de
sus oficiales, no albergaba ninguna duda de que cosas así pasaban
a veces.

150
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

¿Acaso Dizz le había entregado el mando con la esperanza de


apartarse así de la línea de fuego en caso de que Tanya se volviera
tarumba?

Baraja se volvió para mirar hacia delante, tras comprobar que


Tanya se hallaba ahora justo detrás de él.

No pasa nada, se dijo con firmeza. Tú haz tu trabajo y confía en


que los demás harán el suyo.
—Todo parece despejado por aquí delante —informó Dizz.
—Gracias —dijo Baraja. Debía confiar en que todos cumplieran su
cometido y esperar que no les aguardaran más sorpresas
desagradables.

Sí. Claro.

*******

No hemos intentado engañarles, insistió Zagara, con un tono de


voz psiónico gravemente sombrío, ya que la reina parecía un tanto
ofendida.

Una reacción que no se le pasó por alto a Artanis.

¿Cómo es posible que eso no sea así?, replicó el protoss. Los


xel’naga eran seres conscientes, unas criaturas que hablaban y
moldeaban su entorno y a todo aquel que los rodeaba. No eran
unas plantas. ¿Cómo puede ser entonces que su esencia haya
adoptado la forma de una vida vegetal sin que se haya producido
una manipulación deliberada?

Zagara inclinó la cabeza hacia un lado...

Valerian se llevó una leve sorpresa al ver que Abathur, que seguía
callado junto a ella, se enderezaba.
151
TIMOTHY ZAHN

Claro que ha habido una manipulación deliberada, afirmó con una


voz profunda y resonante. Eso es lo que hacen los zerg: manipular
Eso es lo que son los zerg.
—Bienvenido a la conversación —le saludó Valerian, agachando
la cabeza. Así que, después de todo, el maestro de evolución sí era
capaz de comunicarse—. ¿Es algo que haya hecho usted
personalmente? ¿O se limitó a supervisar el proceso?
Abathur ha realizado esta creación él solo, respondió, con un
evidente tono de orgullo en su voz.
Por supuesto, replicó Artanis, cuya piel se moteó. Siempre ha
habido un único maestro de evolución. Y ese es Abathur.
—Ya veo —dijo Valerian, entornando la mirada—. Así que él fue
el responsable de todas las mutaciones zerg durante la guerra,
¿verdad? ¿De todas esas variaciones que nos hicieron... tanto a
ustedes como a nosotros... sufrir tanto?
Abathur obedece mis órdenes, aseveró Zagara. Siempre ha servido
al Enjambre, ya estuviera esta bajo el dominio de la Supermente o
de la Reina de Espadas. Si pretende responsabilizar a alguien,
responsabilice a ellos dos o a mí. No a él.
—No pretendía responsabilizar a nadie, reina —replicó Valerian—
. Solo establecer la causa, el método y las consecuencias. Así que
él ha creado las plantas zerg-xel’naga que vemos a nuestro
alrededor, ¿no?
Eso he dicho, contestó Abathur. ¿Acaso el organismo terran afirma
que miento? ¿Es demasiado primitivo como para entenderlo?

Zagara se giró a medias, y Valerian tuvo la sensación de que estaba


teniendo lugar una conversación psiónica en privado. Abathur
agachó la cabeza solo unos centímetros.

Me han informado de que he sido rudo, se disculpó. Le pido


perdón.

152
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

No obstante, su pregunta conlleva unas implicaciones


desagradables, apostilló Zagara con un tono sombrío.
¿Desaprueba sus actividades? ¿Desaprueba al Enjambre?
—Ya hemos visto las consecuencias de sus creaciones —respondió
Valerian, quien tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantener una
actitud calmada y civilizada. Sí, claro que las habían visto. Ese
había sido el patrón que se había repetido a lo largo de la guerra:
los soldados del Dominio combatían y morían y finalmente
hallaban algún punto débil en alguna variedad zerg. Después, se
valían de esa flaqueza para derrotarlos, pero al cabo de semanas o
días (a veces horas incluso) aparecía una nueva variedad con ese
defecto corregido—. Nos hemos enfrentado a ellas en el campo de
batalla y hemos sido testigos de cómo mataban a los nuestros.
¿También teme a estas plantas?, inquirió Zagara con tono burlón.
El propósito de Abathur es moldear la vida. ¿Acaso no es mejor
para mí que cambie su objetivo, que pase de crear armas de
infestación a crear una vida que es inofensiva y beneficiosa?
¿Quién dice que esta flora es inofensiva?, intervino Artanis,
señalando las vitrinas de atrás con la cabeza. Tal vez se trate de un
nuevo portador de infestación cuyo fin sea devastar aún más
nuestros planetas.
Si de verdad piensan así, ¿por qué están aquí?, preguntó Zagara.
Si creen que planeo traicionarles, ¿por qué han venido a esta
reunión?
Porque tenemos la pequeña esperanza de que el Enjambre haya
cambiado realmente, replicó Artanis, lo cual aún no se ha
demostrado.

Zagara se enderezó, y Valerian pudo ver cómo se movían esos


músculos que se hallaban bajo su gruesa piel.

—Le voy a poner un ejemplo concreto, reina —dijo el emperador


rápidamente—. Nos ha dicho que las madres de la prole están bajo
su control.
Sí, eso he dicho.
153
TIMOTHY ZAHN

—Y las madres de la prole controlan a los zerg que se encuentran


en sus territorios, ¿verdad?
Así es.
— ¿También al grupo que ha atacado a nuestro equipo de
investigación?

Zagara pareció sorprenderse.

¿Su equipo de investigación ha sido atacado?


—Sí, hace muy poco —respondió Valerian—. Recibí el informe
mientras el jerarca Artanis y yo estábamos examinando las plantas.
¿Han resultado heridos?, preguntó Zagara, abriendo y cerrando las
garras levemente. ¿Se han producido más ataques?
—La respuesta a ambas preguntas es no —contestó Valerian.

Durante unos cuantos segundos, Zagara estuvo callada. Poco a


poco, dejó de mover las garras.

No ha sido un asalto deliberado, les aseguró. Me acabo de


comunicar con las madres de la prole. Su equipo de investigación
estaba atravesando una zona de desequilibrio entre territorios,
donde los miembros del Enjambre reaccionan instintivamente y
están abandonados a su suerte.
—Me parece que las madres de la prole se han mostrado bastante
torpes en este caso —aseveró Valerian.
Ha sido mucho más que una mera torpeza, replicó Zagara, con un
tono bastante ominoso. Se ha castigado a las madres de la prole.
Ni ellas ni ningún otro permitirán que se produzca de nuevo otro
fallo como ese.
Pero eso no justifica el ataque, replicó Artanis. Si el Enjambre ha
cambiado de verdad, ¿por qué el equipo de investigación ha
sufrido un ataque?
¿Acaso no todos los grupos partiendo del líder, de arriba hacia
abajo?, señaló Zagara. Los protoss y los terran se comportan de
ese modo. Al igual que el Enjambre. Agitó una garra en el aire,
154
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

señalando a ambos. Y los protoss y los terran también poseen el


instinto básico de defenderse ante las amenazas. ¿Acaso los
miembros del Enjambre deberían comportarse de otra forma?
—No, supongo que esa argumentación tiene su lógica —reconoció
Valerian.
Se ha dado orden a las demás madres de la prole de que garanticen
la seguridad del equipo de investigación durante su avance,
continuó Zagara. Y ahora volvamos a hablar sobre esas plantas.
—En realidad, creo que estábamos hablando sobre Abathur —le
corrigió un ceñudo Valerian. Había dicho durante el avance del
equipo. No si avanzaban. ¿Acaso esperaba que el grupo abandonara
esa zona?

¿Acaso esperaba que se marcharan de ahí?

Brevemente, se preguntó si debería insistir en ello. Si se trataba de


un desliz, de un pequeño error que había cometido al utilizar la
gramática terran..., pero si no se trataba de eso, quizá hubiera algo
en la zona del Punto Neurálgico Uno que ella no quería realmente
que vieran.

Por lo cual darle una pista de que sabían que esa zona era
interesante sería un grave error.

Muy bien, dijo Zagara, aunque a Valerian le dio la sensación de


que, en realidad, no le apetecía mucho hablar sobre el tema de
Abathur. Abathur es un ser muy antiguo, que fue creado por la
Supermente, mucho antes de que yo existiera, para facilitar la
absorción y reconfiguración en el Enjambre de esencias
alienígenas. ¿Conoce el origen de la Supermente?
—No —contestó Valerian—. Lo que sabemos al respecto son, en
su mayoría, especulaciones.
Era una entidad que el xel’naga Amon creó en la antigüedad, le
explicó Zagara. Encarnaba la conciencia zerg e impuso la unidad

155
TIMOTHY ZAHN

y el orden en unos grupos dominados por el salvajismo. Más


adelante, desarrolló a otros agentes para reforzar el control.
—¿Y la Supermente creó a su vez a Abathur? —inquirió Valerian,
contemplando a Abathur con una renovada sensación de aprensión.
Si el Enjambre no le resultaba lo bastante alienígena, ahí tenía una
criatura anterior a todo lo que el Dominio sabía sobre los zerg y
que, además, había sido creada por una mente aún más alienígena.

¿Cómo pensaba Abathur? ¿Qué sentía? ¿Acaso Valerian sería


capaz de comprender la respuesta a ambas cuestiones?

Así fue, respondió Zagara.


Usted debe confiar mucho en él, señaló Artanis. Puesto que le
permitió llevar a cabo las modificaciones que la transformaron en
una madre de la prole, ¿verdad?
Así fue, replicó Zagara. Pero esos cambios no nacieron de su
propia voluntad ni fueron diseñados por él, sino que respondían al
dictado de la Reina de Espadas, bajo cuyo mandato nos
hallábamos tanto Abathur como yo. Deseaba que yo fuera capaz
de entender sus pensamientos y su forma de obrar de un modo
mejor. Mejor de lo que cualquier reina o madre de la prole que me
precedió pudo entenderla jamás.
—Porque la estaba preparando para que usted la sustituyera, ¿no?
No sé qué pensaba. Solo sé que, tal y como me indicó, deseaba que
pensara más a su manera.

Valerian torció el gesto. Que pensara más como pensaba Kerrigan.


Eso podría ser muy bueno, o muy, pero que muy malo.

El proceso estuvo repleto de amargura y dolor, continuó Zagara,


quien abría y cerraba las garras sin parar. Pero me sometí a él
voluntariamente. Eso fue lo que me permitió ver más allá del ciclo
infinito de la existencia de los zerg y contemplar un nuevo y mejor
camino.

156
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Eso y la esencia xel’naga que le dejó Kerrigan —apostilló


Valerian, quien frunció el ceño en cuanto se le vino a la mente otra
idea de repente—. ¿Usted posee algo de esa esencia en su fuero
interno?
No, respondió Zagara rápidamente. Tal vez demasiado
rápidamente. No se hallaba en manos de la Reina de Espadas
cuando yo fui modificada.
—Lo pregunto porque eso, ciertamente, facilitaría mucho la
ascensión a alguien a xel’naga —insistió Valerian—. Dígame: en
cuanto la esencia xel’naga se halló en sus manos, reina, ¿le pidió
usted a Abathur que le realizara unas nuevas modificaciones?
No, contestó Zagara con firmeza. Yo me quedé atrás para
comandar el Enjambre. Para eso, no necesito más modificaciones
adicionales.

Valerian miró a Artanis. Pero el protoss permaneció en silencio.


Quizá porque se sentía satisfecho con esa respuesta.

O quizá porque pensaba que era absurdo plantear más preguntas.

—Muy bien —dijo Valerian, volviéndose de nuevo hacia Zagara—


. Antes ha comentado que podría ayudar al Dominio y a los protoss
a reconstruir nuestros planetas devastados. Escuchemos cómo
piensa hacer exactamente eso.

157
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO NUEVE

Tanya esperaba que fueran atacados una vez más, al menos, antes
de que el equipo llegara al teórico punto neurálgico de Erin.

Sin embargo, tal ataque no se produjo. Aunque fueron divisados


por varios zerg más, ninguno de ellos (ni siquiera los más grandes
y desagradables) hicieron ademán alguno de asaltar a los intrusos.
La mayoría de ellos, al menos los que se encontraban a más de un
centenar de metros, no parecieron reparar siquiera en la presencia
del grupo de investigación.

Por fin, alcanzaron la meseta que Erin había señalado cuando


estaban en órbita.

—Así que no es un simple saliente, ¿eh? —preguntó Erin.


—No, los lados son rectos arriba y abajo —contestó Dizz, quien lo
contemplaba todo desde su punto de vista en las alturas, que
surcaba volando—. Y esa línea que conforman los árboles de la
cara sur son, en realidad, tres hileras distintas que están muy juntas
158
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

y, más o menos, en paralelo una de otra. No hay nada ahí arriba,


salvo hierba y unos pocos arbustos bajos. Toda esa extensión
alcanza alrededor de medio kilómetro y hay mucha erosión en la
parte posterior. Parece que bajo la tierra hay basalto, así que a lo
mejor esto se formó a partir de una burbuja de lava.
— ¿Has dicho que la línea que conforman los árboles son, en
realidad, tres hileras muy juntas? —inquirió Baraja—. ¿Cómo de
juntas están?
—Las hileras están separadas por un par de metros, pero las propias
ramas ocupan gran parte de los huecos —respondió Dizz—. Los
árboles individuales de cada una de las dos hileras interiores están
tan juntos como los que puedes ver en la primera hilera. A
alrededor de un metro de distancia y con las ramas realmente
apretadas.
—Eso no puede ser nada bueno para ellos —comentó Tanya, a la
vez que contemplaba esa línea de árboles. Al tener los troncos tan
próximos y las ramas entrelazadas como si fueran una red de
madera, formaban una maraña impenetrable.
— ¿Erin? —le dijo de repente Baraja.

Tanya se volvió para ver a Erin tirada en el suelo, con el casco


quitado y apretando la oreja contra el suelo.

—Aún puedo oír ese ruido —contestó.


— ¿Es más fuerte que antes?
—No lo creo. Quizá un poco más claro, pero no más fuerte. —Se
dio la vuelta y, apoyándose con los brazos, se puso de pie—. Pero
esto no tiene ningún sentido —continuó, señalando con una mano
enguantada las hileras de árboles—. Estos árboles están demasiado
juntos. Aunque sus raíces primarias hayan podido extenderse, no
hay suficiente espacio para las secundarias y los capilares. Y eso
sin entrar en el problema de las ramas; las inferiores no sirven para
nada. Deberían haberse marchitado o, al menos, haber perdido las
hojas.

159
TIMOTHY ZAHN

—Ya, pero esos son árboles mágicos zerg —señaló Dizz, que
seguía flotando por encima de ellos—. ¿Recuerdas?
—Y solo llevan aquí unos pocos años —añadió Tanya.
—Eso da igual —insistió Erin—. Hasta los árboles mágicos
necesitan nutrientes y tienen que obtenerlos de alguna parte.
A menos que no tengan ninguna raíz, sugirió Ulavu.
—Entonces..., ¿lo obtienen todo a través de las hojas y la corteza o
qué? —preguntó Tanya.
La fisiología y la bioquímica protoss son similares, señaló Ulavu.
Si bien es cierto que absorbemos energía de un espectro
electromagnético más amplio que aquel al que pueden acceder la
mayoría de plantas, se aplican los mismos principios.
—De acuerdo, pero si no tienen raíces, ¿cómo se mantienen en pie?
—inquirió Baraja.
—A lo mejor con poca cosa —respondió Dizz—. Deja que pruebe
una cosa.

El segador maniobró por encima de los árboles. Entonces,


súbitamente, descendió del cielo y desapareció entre las ramas.

— ¿Dizz? —le llamó Tanya con cierta indecisión, a la vez que


arrugaba el ceño.
—Estoy bien —le aseguró Dizz—. Solo quería echarle una ojeada
más de cerca a los troncos inferiores.
—Podrías haber hecho eso mismo desde aquí —le indicó Baraja.
—Ya había visto ese lado. Vaya, vaya.
— ¿Cómo que vaya, vaya? —preguntó Baraja.
—Hazme un favor —le dijo Dizz—. Ve al... sexto árbol situado al
oeste y dale un empujón, ¿quieres?
— ¿Que le dé un empujón? —repitió Dizz—. ¿Dónde?
—En dirección hacia la colina —respondió Dizz—. El resto de
ustedes, fíjense en la parte superior mientras empuja.

160
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Aunque Baraja masculló algo entre dientes, caminó


obedientemente hasta el árbol señalado. Plantó los pies con firmeza
en el suelo, colocó ambas manos sobre el tronco y empujó.

— ¿Y?
— ¿Se ha movido la parte de arriba? —preguntó Dizz.
—Que yo haya visto, no —contestó Tanya.
—Yo tampoco he visto nada —la secundó Erin.
—Está bien —dijo Dizz—. Da un paso hacia atrás, Baraja, y que
todo el mundo se fije de nuevo en la parte superior.

Ante el asombro de Tanya, la parte de arriba del árbol se meció. No


fue una gran oscilación, pero sí muy perceptible.

— ¿Se ha movido? —inquirió Dizz.


—Como si un lobo feroz acabara de soplar —respondió Baraja—.
Pero ¿qué demonios le has hecho?
—Lo mismo que le has hecho tú, pero sin todos esos servos tan
inútiles —respondió Dizz—. Estas cosas no son simples árboles.
Son una especie de cerca viva. Puedes verlo el borde inferior
situado bajo los troncos en este lado donde el suelo se ha
erosionado en parte. Básicamente, están enraizados en esa parte,
mientras que está otra está suelta.
—Pero eso no tiene ningún sentido —objetó un quejoso Baraja—.
¿A quién se le ocurre diseñar una cerca que uno puede derribar de
un empujón?
—Creo que la clave es que solo puedes empujarla desde dentro —
contestó Dizz—. Eso me indica que fue diseñada para evitar que
alguien de fuera pudiera entrar y permitir que los de dentro
pudieran salir.
— ¿Para impedir que entraran adonde? —preguntó una ceñuda
Tanya.
—A lo que sea que se halla detrás de la línea interior —replicó
Dizz—. Es difícil saber de qué se trata con tantas ramas, pero creo
que hay una abertura en este lado de la meseta.
161
TIMOTHY ZAHN

— ¿Cómo de grande es esa abertura?


—Creo que una hidralisco podría atravesarla sin golpearse la
cabeza —respondió Dizz—. ¿Sacamos las granadas y
comprobamos si con ellas podemos despejamos el camino?
Eso no sería lo más aconsejable ahora mismo, les advirtió Ulavu,
cuya mirada estaba clavada en algo situado detrás de Tanya.
— ¿Por qué no? —inquirió Dizz.
—Porque, ya que has mencionado a los hidraliscos, hay una
manada a unos doscientos metros al oeste —afirmó Tanya mientras
dirigía la vista hacia donde miraba Ulavu—. Son cuatro o tal vez
cinco.
—Que todo el mundo se quede quieto y mantenga la calma —
ordenó Baraja— Se dirigen la norte. Veamos si siguen en esa
dirección.

Para alivio de Tanya, los hidraliscos continuaron avanzando, sin,


al parecer, haber reparado en la presencia de los intrusos. El equipo
observó en silencio hasta que desaparecieron detrás de otra hilera
de colinas de escasa altura.

—Muy bien, se han ido —dijo Baraja—. Sí, será mejor que nos
olvidemos de las granadas por el momento. Lo último que
queremos es despertar a todo el vecindario.
—Ahora mismo, nos vendrían muy bien unas cuchillas psi —
comentó Dizz—. Ulavu, no tendrás por casualidad un par de
focaliza-dores escondidos bajo esos guantes de jardinero, ¿verdad?
Claro que no, protestó Ulavu. Soy un investigador, no un
templario. No llevo unas cuchillas psi encima, ni siquiera sería
capaz de usarlas.
—Creía que todos los protoss tenían esa cosa de el Khala —dijo
Baraja.
—Los templarios tétricos no —le corrigió Erin—. De todas formas,
el Khala fue... Bueno, algo le ocurrió en la guerra, aunque no estoy
segura qué fue. Nadie sabe mucho al respecto —añadió, arqueando

162
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

las cejas en dirección hacia Ulavu, a modo de invitación silenciosa


a explicarlo.

Tanya torció el gesto. Si Erin esperaba obtener alguna respuesta al


respecto, estaba malgastando saliva. Por los rumores que corrían
acerca del programa fantasma, daba la impresión de que el Khala
había estado bajo el mando del xel’naga corrupto Amon, quien la
había utilizado para controlar a los protoss que se encontraban
unidos mediante ese vínculo psiónico. La única manera de
derrotarlo había sido que todos los protoss se cortaran los cordones
nerviosos en un momento crítico, privándole de este modo a Amon
de ese enlace y ese poder para enviarlo de vuelta al Vacío. Por
desgracia, al cortarse los cordones nerviosos también habían
perdido para siempre la conexión que unía a un protoss con otro a
través de el Khala.

A lo largo de los años, la fantasma le había pedido de vez en cuando


a Ulavu que le contara más detalles, pero este se negaba a hablar
sobre ello. Y si no quería contarle nada a Tanya sobre ese tema tan
doloroso para él, mucho menos iba a hablar de ello con un grupo
de terran desconocidos, sin lugar a dudas.

Como cabía esperar, Ulavu permaneció callado. Una optimista Erin


esperó un momento más a obtener una respuesta y, al final, se dio
la vuelta.

—Está bien, así que no podemos usar granadas y no contamos con


armas templarías —concluyó Baraja—. Y supongo que tu poder
fantasma no es la telequinesis, ¿verdad, Tanya?
—Lo siento —contestó Tanya—. Pero ¿qué me dices sobre Erin y
tú? Con ese par de trajes CMC repletos de servos, podrían empujar
los árboles desde el lado de Dizz y lograr algo.
—Sí, tal vez podríamos —dijo Baraja, quien tras retroceder hasta
la línea que conformaban los árboles, agarró una de las ramas

163
TIMOTHY ZAHN

inferiores y, haciendo un pequeño esfuerzo, la partió—. Deja que


despeje el camino de esta forma para poder llegar hasta el otro lado.
—Así tardarás una eternidad —señaló Tanya.
—Tú déjame —replicó Dizz.

Entonces, se oyó el siseo de su mochila de propulsión y el segador


apareció por encima de las copas de los árboles, trazando un arco
por el aire, hasta aterrizar al lado de Erin...

Antes de que ella pudiera lanzar, sobresaltada, un chillido agudo,


él la agarró de la cintura y la elevó en el aire en línea recta. Volvió
a trazar un arco por encima de los árboles y, un momento más tarde,
reapareció solo. Esta vez, agarró a Baraja y se lo llevó detrás de la
línea de los árboles, donde se uniría a la doctora.

—Tanya, ¿quieres que me quede ahí atrás donde podré ayudarte a


vigilar? —añadió—. Esto podría llevar un rato.
—No, estamos bien —le aseguró Tanya, quien dio la espalda a los
árboles y escrutó rápidamente la zona—. Tú ve y...

La fantasma se calló al oír cómo rasgaba el aire el fuerte chasquido


de la madera al astillarse. Miró hacia atrás justo a tiempo para ver
cómo uno de los árboles se desplomaba y se estrellaba pesada y
lentamente contra el suelo.

—O quizá no lleve tanto —le corrigió Dizz—. Ha sido más fácil


de lo que pensaba.
—Esta cosa parecer ser más un puente levadizo que una cerca —
comentó Baraja con un gruñido—. Qué raro. Vale, derribaremos
uno más y luego pasaremos a la siguiente línea. ¡Apártense!

Se oyó otro impacto al caer un segundo árbol.

164
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Bien —dijo Dizz—Eso debería damos bastante espacio como


para poder entrar sin que los monstruos más grandes y
desagradables puedan pasar.
—De acuerdo —replicó Baraja—. Derribaremos dos de la
siguiente línea y luego ya pensaremos cómo vamos a atravesar la
última.

Los árboles de la línea de en medio resultaron ser igualmente


fáciles de echar al suelo, aunque, en vez de caer de lleno al suelo,
acabaron conformando un ángulo en dirección hacia el cielo,
apoyados de una manera precaria sobre los otros dos.

—Y ahora llega la parte más difícil —avisó Baraja—. No podemos


atravesarlos sorteándolos por arriba..., ya que están demasiado
pegados a la meseta como para que Dizz pueda llevamos hasta el
otro lado.
—De todos modos, aunque haya una abertura ahí detrás, tampoco
tendremos nada a lo que agarramos —señaló Erin—. Tuvimos que
hacer eso para las dos primeras líneas.
—Ya —dijo Baraja—. Bueno, como ha comentado Tanya, cortar
directamente las ramas llevará un rato. Así que... —Alzó las
cejas—- Creo que esta vez habrá que recurrir a las granadas.
Tal vez podrías usar tu poder, Tanya Caulfield, le sugirió Ulavu.

Tanya se tensó, puesto que lo primero que pensó fue que había
enviado ese comentario a todo el equipo. Pero ese pensamiento se
desvaneció tan rápido como había surgido en su mente. Se había
comunicado con ella en privado, por supuesto. Su poder seguía
siendo un secreto muy bien guardado; además, Ulavu nunca la
traicionaría de ese modo.

Sería complicado, contestó. Para poder quemar el tronco,


necesitaré generar tal calor que podría acabar prendiendo las
hojas, ramitas y demás plantas cercanas.
Pero puedes concentrar ese calor, ¿no?
165
TIMOTHY ZAHN

Sí, pero al generar tanto calor, parte de él se escapará por culpa


de los fenómenos de conducción e irradiación.
Si usamos granadas, llamaremos la atención, le advirtió.
Lo mismo pasará si iniciamos un fuego en el bosque. La fantasma
titubeó. Es una cuestión de control, añadió reticentemente. No
estoy segura de si sería capaz de emplear mi poder aquí sin desatar
un infierno.

Inclinó la cabeza.

Acepto tu razonamiento. Dejaremos que usen las granadas.

Tanya asintió y centró de nuevo su atención en el resto de la


discusión.

La cual, al parecer, había sido muy breve. Baraja ya estaba


partiendo las ramas más bajas del árbol seleccionado; mientras
tanto, Dizz estaba manipulando un estrecho cilindro que se había
sacado del cinturón.

—Vamos a usar las granadas, ¿no? —preguntó la fantasma.

Dizz la miró de un modo raro.

—Sí, ya lo hemos decidido —respondió—. Procura prestar más


atención.

Tanya se sonrojó.

—Lo siento.
—Ya —dijo Dizz—. Nosotros nos ocuparemos de esto. Tú vigila
por si aparece alguna visita inesperada.

Como las ramas entrelazadas eran más duras y estaban más


enredadas de lo que se habían imaginado, a Baraja le llevó casi diez
166
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

minutos abrir un hueco suficiente como para poder colocar la


granada. Durante ese tiempo, Tanya se planteó en dos ocasiones la
posibilidad de ofrecerse a emplear su poder piroquinético, a pesar
de los riesgos que entrañaba. Ambas veces, no cedió ante la
tentación.

Al fin, todo estaba listo. Dizz ordenó que todo el mundo se apartara
y, con un crack que sonó sorprendentemente fuerte incluso a través
del amortiguamiento del casco de Tanya, la granada explotó. El
estallido hizo que el árbol se elevara medio metro del suelo y
acabara estrellándose contra el resto de esa madera recientemente
cortada.

Dizz había estado en lo cierto: en efecto, ahí atrás había una


abertura. Como el resto de la línea de árboles le tapaba la vista,
Tanya no pudo ver hasta dónde se extendía horizontalmente; no
obstante, no cabía duda de que era lo bastante alta como para que
un hidralisco pudiera atravesarla.

—Una más y podremos entrar —dijo Baraja, a la vez que sacaba


una de sus propias granadas.
—O podríamos arreglárnoslas con lo que ya tenemos —replicó una
tensa Tanya, cuyos ojos recorrían velozmente esa línea de
zerglings, cucarachas e hidraliscos que habían aparecido de repente
a través de los árboles—. Se acercan por el oeste y el sur.
—Maldición —juró Dizz—. Sí que hemos despertado al
vecindario, ¿verdad?
—Entren todos —ordenó Baraja—. ¡Entren todos ya!
No, replicó Ulavu.
— ¿Por qué no? —inquirió Baraja.
Quiero decir que no han sido las granadas lo que los ha atraído
hacia aquí, contestó Ulavu, con una voz mental plagada de tensión.
Los está atrayendo algo que se halla ahí dentro.
— ¿Cómo diablos puede pasar eso si los bloqueadores psiónicos
están activados? —preguntó Baraja.
167
TIMOTHY ZAHN

— ¿Y qué es ese algo que los está atrayendo? —añadió Erin, con
una voz que se le quebró.
No tengo respuesta para ninguna de ambas preguntas. Soy...
incapaz de concentrarme en esa dirección.
—Yo tampoco puedo —le secundó Tanya, quien intentó
concentrarse. Pero era como si algo hubiera empezado súbitamente
a zumbar delante de su cerebro; algo que al zumbar, la confundía y
desestabilizaba. Se le nubló la vista...

Haciendo un gran esfuerzo, logró recuperar el dominio de sí


misma, al apretarse con un dedo la sien, cerca del implante. No era
el momento más adecuado en absoluto para perder el control.

—Bueno, ya sabemos qué hay aquí fuera, de eso no hay duda —


afirmó Dizz—. Sea lo que sea lo que haya ahí dentro, yo voto que
corramos el riesgo y entremos.
—Sobre todo porque los hidraliscos no podrán perseguimos —
señaló Baraja—. Entren todos..., en el mismo orden que hemos
avanzado. —Se puso de lado e intentó entrar como pudo por el
estrecho agujero—. Tanya, si te queda más munición capaz de
atravesar armaduras y blindajes en ese rifle, este podría ser un buen
momento para utilizarla.
— ¿Y qué pasa con lo que sea que haya ahí dentro? —preguntó
Tanya, al mismo tiempo que se quitaba del hombro el C-10—. Está
provocando que note un extraño zumbido en mi cerebro.
— ¿Aún eres capaz de sernos útil? —replicó Baraja.
—En gran parte, sí.
—Entonces, tal y como ha dicho Dizz, iremos solventando
problemas de uno en uno —le dijo Baraja—. Para empezar,
debemos frenar el avance de esos hidraliscos.

Tanya se preparó.

—Está bien.

168
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Dizz ya estaba disparando con su pistola gauss P-45, la cual


lanzaba unos proyectiles ardientes contra los zerg que se
aproximaban. Tras quitarle el seguro con el pulgar a su C-10, Tanya
apuntó al hidralisco más cercano y disparó. La criatura se tambaleó
al recibir el impacto...

— ¡Ya estoy dentro! —gritó Baraja detrás de ella—. Vamos,


Ulavu. Tanya, lanza dos disparos más y vuelve aquí. Erin, tú irás
después de ella. Dizz, sigue disparando pero estate preparado para
darle un empujón a Erin si se queda bloqueada.

Diez segundos después, Ulavu atravesó el agujero. Veinte


segundos más tarde, Tanya se unió a él.

Desde el interior, la cueva oculta era mucho más impresionante que


lo que había esperado la fantasma. Tenía alrededor de doce metros
de altura y casi la misma anchura que la abertura situada detrás de
la línea de árboles que recordaba a una cerca. La cueva tenía unos
setenta metros a contar desde la entrada y contaba con una rampa
que se iniciaba a unos veinte metros y elevaba suavemente, la cual
ocupaba casi todo el espacio a un lado. En la parte superior había
un descansillo, aunque no podía ver por culpa del muro de carga si
partía de él un pasillo hacia un lado o si el rellano llevaba a otra
rampa que subía aún más. Con independencia de cómo eran los
primeros metros de la cueva, gran parte del interior había sido
reformado para tener ese aspecto de estar formado por varias capas
que recordaba a la carne derretida por el ácido tan típica de las
construcciones biológicas zerg.

—Vigila la rampa —le ordenó Baraja, a la vez que le daba una


palmadita en el hombro y se colgaba en el suyo su C-14.

Tanya alzó de nuevo el rifle y se dispuso a vigilar la rampa y el


rellano al mismo tiempo que no le quitaba ojo al techo. Era posible
que algo acechara ahí arriba, escondido entre los pliegues y las
169
TIMOTHY ZAHN

texturas. El zumbido que confundía su mente se estaba volviendo


más intenso, por lo que sacudió la cabeza violentamente para
intentar despejarse, pero no pareció servir de nada.

De improviso, se oyó cómo unas ramas se quebraban detrás de ella.


Echó un vistazo a su alrededor, a la vez que la tensión la dominaba,
y vio que Baraja estaba tirando de Erin con fuerza para que
atravesara el estrecho pasaje que se abría entre los árboles. Por lo
visto, esa otra mujer se había quedado atascada. Tanya volvió a
atisbar de manera fugaz a Dizz, quien se encontraba de espaldas a
Erin mientras seguía disparando; a continuación, la fantasma se
giró de nuevo para seguir cumpliendo su misión de vigilar.

Nada les había atacado, o siquiera había aparecido, para cuando


Dizz por fin logró abrirse paso hasta el interior de la cueva.

—Bueno, eso ha sido divertido —dijo un jadeante Dizz mientras


metía un cargador nuevo en su pistola gauss—. Bonito sitio. ¿Y
ahora qué?
—Vigila la puerta le ordenó Baraja—. Dispara a cualquier cosa
que entre por ahí.
—Estás dando por sentado que lo van a intentar —replicó Dizz, a
la vez que echaba una ojeada cautelosamente a través del agujero—
. Da la impresión de que todo ese grupo se ha detenido. A lo mejor
están intentando decidir qué van a hacer a continuación.
—O a la espera de lo que decida la madre de la prole que controla
este sector —afirmó Baraja con un tono grave—. ¿O es que nos
encontramos en otro desequilibrio o como se llame?
No, contestó Ulavu. Nos hemos adentrado mucho en el territorio
de una madre de la prole.
—Eso me imaginaba —comentó Dizz—. Las promesas de Zagara
son agua de borrajas. Esperen un segundo... Uno de los pestelings
ha echado a andar de nuevo. Aunque no se mueve muy rápido.
—Probablemente, la madre de la prole está cavilando sobre si ese
bicho podrá alcanzamos o no con su ácido si se queda atascado en
170
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

el agujero —conjeturó Baraja—No le quiten el ojo de encima. —


Sacó una linterna e iluminó con ella la zona del techo cercana al
borde—. Dizz, ¿no te parece que eso son grietas?
—Ni idea —respondió Dizz—. Ustedes suelen pasar más tiempo
en cuevas y formaciones rocosas que nosotros.
—Sí, son grietas —aseveró Erin—. Estudié un módulo de geología
en la universidad...
—Ya, está bien, te creo —la interrumpió Baraja-—. Dizz, vas a
disparar a esas fracturas. A ver si puedes hacer que caiga parte de
esa roca delante del agujero. Erin, tú le vas a decir dónde tiene que
disparar.
Pero ¿no corremos el riesgo de que toda la meseta se nos caiga
encima si hacemos eso?, objetó Ulavu. Podríamos acabar todos
muertos o atrapados.
—En primer lugar, ese material es más fuerte de lo que parece —
replicó Baraja—. No va a lograr que caiga demasiado, solo lo justo
para rellenar parte del hueco y protegemos de los disparos de ácido
y de cualquier cosa que intente entrar. En segundo lugar, mientras
tengamos granadas, no nos vamos a quedar atrapados. En tercer
lugar, esto no es un debate.
—Toma —le dijo Dizz a Erin, al mismo tiempo que le daba la
linterna—. Señálame un objetivo. El resto van a echar un vistazo a
la cueva, ¿no?
—Esa es la idea —le confirmó Baraja—. Al menos, hasta alcanzar
ese rellano. Yo iré en cabeza del grupo, Ulavu será el siguiente y
Tanya ocupará la retaguardia. Dizz, si se mueven otra vez y te da
la Impresión de que no vas a poder manejar tú solo la situación,
silba.

Dizz resopló.

—Cuenta con ello.


Al subir por la rampa, Tanya se dio cuenta de que no era
especialmente empinada. Como tenía la misma textura que el resto

171
TIMOTHY ZAHN

del interior de la cueva, se podía andar con más seguridad por ella
que sobre una piedra lisa o metal.

Aun así, avanzó trastabillando mientras Baraja encabezaba la


marcha. El zumbido que oía en su mente se estaba volviendo más
intenso, lo cual afectaba a su sentido del equilibrio y a su
concentración...

Se sobresaltó al notar que alguien la agarraba súbitamente del brazo


y la zarandeaba.

— ¿Estás bien? —le preguntó Baraja.

Tanya parpadeó. Lo último que recordaba era que los tres se


estaban aproximando a la parte superior de la rampa. Ahora, se
percataba, de una manera inexplicable, de que ya habían doblado
la esquina y habían ascendido unos cuantos pasos por lo que había
resultado ser un rellano en zigzag que llevaba a una segunda
sección de la rampa. A otros cincuenta metros por delante, la rampa
volvía a terminarse, posiblemente se trataba de otro recodo.

—Estoy bien —respondió—. ¿Qué ha pasado?


—Ulavu ha dicho que debías andar sonámbula o algo así —
contestó Baraja—. Ese zumbido que oyes en tu mente... ¿es como
estar dentro de una colmena?
—Sí —replicó Tanya, a la vez que arrugaba el ceño—. ¿Por qué lo
preguntas? ¿Es que tú también lo oyes?
—Oigo algo —dijo con suma seriedad—. Pero no creo que sea tan
intenso como lo que tú oyes..., ya que no me voy tropezando por
las esquinas. Aunque eso hace que me resulte muy difícil
concentrarme.

Tanya miró a Ulavu.

¿Estás bien?, le preguntó.


172
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Soy capaz de ser funcional, le aseguró. Pero me preocupa


tremendamente tu seguridad y bienestar, Tanya Caulfield. Tal vez
deberías regresar a la entrada para ayudar a los demás.

A pesar de la presión mental que sentía, Tanya tuvo que sonreír al


escuchar esas palabras. Ya, claro, como que iba a dejar que un
soldado y un investigador protoss se enfrentaran solos a lo que
fuera que estuviera lanzando bumeranes en el interior de sus
cerebros.

No pasa nada, replicó la fantasma. Puedo con esto.

Se estaban acercando al segundo rellano. Si bien seguía sin haber


ni rastro de nada ahí, el zumbido era cada vez más fuerte y más
difícil de soportar. Alcanzaron el descansillo y doblaron la esquina
que los llevaría a otra sección de la rampa...

Tanya tuvo el tiempo justo para ver cómo cuatro criaturas


descendían dando brincos por la rampa en dirección hacia ellos
cuando el punzante zumbido aumentó de una manera descomunal.
Y el mundo se volvió negro.

173
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO DIEZ

Baraja había descubierto hacía mucho que las tácticas urbanas zerg
eran sorprendentemente predecibles. Siempre esperaban tras una
esquina y, acto seguido, cargaban a lo loco en tropel; en la cantidad
que el superamo o la reina hubieran considerado necesario.

Eso era lo que había estado esperando cuando había doblado la


esquina, que era un punto ciego, del primer rellano. Pero ahí no
había habido nada. Quizá porque era demasiado obvio o quizá
porque lo que estaba causando ese zumbido en sus cerebros, fuera
lo que fuese, quería descentrar y confundir al grupo un poco más.
Aunque la verdad es que eso había dado igual, ya que en el segundo
rellano había estado igualmente preparado para responder a un
ataque, el cual por fin se había producido.

Cuatro zerg cargaban hacia ellos en silencio por la tercera rampa.


Cada uno de ellos era del tamaño de un perro grande, un poco más
pequeño que un zergling, pero con una postura más arqueada y un
aspecto más similar a una cobra, como el de un hidralisco. Si bien
174
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

eran el conjunto habitual de ángulos, colmillos y garras propios de


todas las variantes zerg, había diferencias sutiles en el diseño
específico de los elementos con los que mataban.

No obstante, lo que sí resultaba sorprendentemente distinto era su


color. En vez de ser de un marrón oscuro, como era habitual en la
mayoría de los zerg, estos tenían un color marrón claro con mechas
rojas en las patas y las garras, así como unas líneas triples de
manchas de un rojo intenso que arrancaban de la zona situada entre
sus ojos, pasaban por sus cráneos y terminaban en la parte central
de sus espaldas.

Era una gama de colores que nunca antes había visto; lo que más
llamó su atención fueron las manchas rojas. Sin duda alguna, se
trataba de una nueva artimaña que había ideado Zagara para
desarrollar los infernales planes que había urdido, fueran cuales
fuesen.

Baraja alzó su C-14 y apretó con fuerza los dientes mientras


intentaba resistir el súbitamente violento e intenso zumbido que le
machacaba la sesera, el cual parecía ser la segunda parte de ese
nuevo tipo de ataque en dos fases de Zagara.

Que lo intentara. Baraja había sufrido fatiga, hambre y


deshidratación, había soportado el humo y la tentación de la
deserción, se había enfrentado a situaciones donde tenía todas las
de perder y a la confusión general de la guerra. Y había superado
todos esos obstáculos, por lo cual tanto Tanya como él iban a
superar esta prueba también.

Sin embargo, no estaba preparado para que Tanya se desplomara


de repente tras él, en la rampa. Tuvo solo una fracción de segundo
para preguntarse qué demonios había ocurrido y para darse cuenta
de que acababa de perder el cincuenta por ciento de la potencia de
fuego...
175
TIMOTHY ZAHN

Entonces, fue demasiado tarde como para poder hacer otra cosa que
no fuera disparar.

Durante los primeros segundos, creyó que podría salirse con la


suya. El primer disparo alcanzó al zerg que lideraba el asalto
directamente en el torso, justo debajo de esas fauces abiertas, de tal
modo que salió despedido violentamente hacia atrás y su veloz
ataque pasó a ser un mero avance renqueante. O bien esas cosas
eran más enclenques de lo que parecían, o bien había tenido la
suerte de acertarle en un punto débil. Apuntó con su C-14 al
siguiente zerg y parpadeó al notar que, de repente, se le nublaba la
vista.

Fue precisamente en ese instante cuando fue consciente de que iba


a morir.

Apenas podía concentrarse en el segundo objetivo y, con la vista


borrosa, no tenía ninguna esperanza de acertar de nuevo en ese
punto flaco. Aunque tuviera la fortuna de lograrlo, había dos zerg
más detrás de este.

Iba a morir y, a continuación, le tocaría a Ulavu y después a Tanya,


quien probablemente seguía tirada en el suelo. Dizz y Erin serían
los siguientes, a los que sorprenderían por detrás, puesto que
estaban concentrados en la amenaza de fuera y contaban con que
Baraja y Tanya les vigilaran las espaldas.

Todos iban a morir y nadie iba a saber jamás qué había ocurrido.
Los bloqueadores psiónicos que le habían instalado en la armadura
de un modo tan ingenioso le impedían ahora avisar a gritos a
Cruikshank de que Zagara los había traicionado.

No obstante, antes de morir, podría al menos utilizar el sistema de


comunicación de corta distancia para advertir a Dizz y Erin de lo
176
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

que ocurría. Era muy extraño que no se le hubiera ocurrido esa idea
hasta justo ese preciso instante. ¿Acaso la lentitud mental formaba
parte de la confusión física que provocaba ese zumbido en su
mente?

Pero eso no importaba. Pronto dejaría de oír el zumbido. Disparó


al segundo zerg y el impacto provocó que cayera de espaldas. O al
menos tuvo esa sensación, ya que lo veía todo tan borroso que no
podía estar seguro de ello. Parpadeó al contemplar las dos manchas
que se abalanzaban sobre él e intentó apuntar a una de ellas con su
C-14...

Entonces, para su sorpresa y desconcierto, una figura apareció por


detrás de él, lo rozó y, de un modo delicado pero firme, agarró el
cañón de su rifle gauss y lo apartó hacia un lado.

Lo primero que pensó es que, de alguna forma, Tanya había


recuperado el conocimiento tras el repentino desmayo que había
sufrido. Lo segundo que pensó fue que Dizz había adivinado
mágicamente lo que estaba pasando y se las había arreglado para
llegar hasta ahí en el momento justo. Parpadeó dos veces y sacudió
la cabeza; dicho movimiento le permitió ver brevemente con
claridad.

Esa figura no era ni Tanya ni Dizz. Solo era Ulavu, quien avanzaba
con los brazos extendidos hacia delante, como si pretendiera darles
un amistoso abrazo del oso a los atacantes zerg. El protoss cerró los
puños, de tal manera que sus gruesos guantes de jardinero se
estiraron y se abrieron por el dorso. Se le cayeron los guantes, de
tal forma que otros más finos quedaron a la vista, lo cuales
contaban con unos patrones metálicos muy complejos a la altura de
la muñeca. Antes incluso de que los guantes gruesos alcanzaran el
suelo, esos patrones metálicos entraron en movimiento: se
elevaron, se desplegaron y se reconfiguraron en unos cilindros

177
TIMOTHY ZAHN

planos. A pesar de que Baraja nunca había visto nada igual, de


algún modo, le resultaban perturbadoramente familiares.

Apenas tuvo el tiempo justo para quedarse boquiabierto al ver que


de esos cilindros brotaban las incandescentes llamas verdes de unas
cuchillas de distorsión.

Ulavu no era un mero erudito, no era un investigador civil inútil.

Era un templario tétrico.

Los dos zerg que aún quedaban en pie tal vez intentaron detenerse
de repente al reconocer a ese nuevo e inesperado enemigo. Pero si
esa fue su intención, no lo lograron. El impulso que llevaba el
primer zerg lo llevó directamente hacia esas armas, de tal manera
que acabó empalado en esas cuchillas brillantes al chocar contra
los puños de Ulavu. Si bien el protoss se tambaleó levemente por
culpa del impacto, para cuando el segundo zerg arremetió contra
él, había recuperado suficientemente el equilibrio como para
esquivar el arco que trazó en el aire el zerg y abrirle un tajo en
horizontal, destripándolo del pecho a la cola.

Mientras el zumbido menguaba abruptamente hasta pasar a ser


apenas un mero ruido de fondo, Baraja se dio cuenta de que el
combate había acabado.

O quizá, se corrigió a sí mismo sobriamente, acababa de comenzar.

Ulavu se detuvo un momento para contemplar lo que había hecho;


probablemente para cerciorarse de que ambos objetivos estaban
muertos. Luego se acercó a los dos que Baraja había herido y se
aseguró de que estos tampoco causaran más problemas. Después,
de forma reticente, se volvió hacia el soldado.

178
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

No te alarmes, oyó Baraja decir al protoss en su mente, al mismo


tiempo que las cuchillas de distorsión se desvanecían. Soy tu
aliado, de veras. Te pido que no reveles mi secreto a los demás.

Baraja tomó aire con cautela.

¿Por qué no...?, se obligó a pensar.

Entonces, lanzó una maldición, desconectó el sistema de


comunicación y abrió el visor del casco. Aunque alguna gente era
capaz de comunicarse mentalmente con los protoss, como la cabeza
le seguía dando vueltas por culpa del zumbido, tenía que hacer un
gran esfuerzo para comunicarse con él de este modo.

— ¿Por qué no? —repitió en voz alta.

Ulavu dejó de mirar a Baraja y se centró en Tanya.

La he engañado todos estos años, dijo con cierto tono de


vergüenza. Eso sí que era algo nuevo, al menos desde el punto de
vista de lo que había vivido Baraja, puesto que nunca había visto a
un protoss avergonzado. Si supiera la verdad, se sentiría muy
dolida y consternada.
— ¿Tú crees? —replicó Baraja de la manera más sarcástica
posible—, Pero ¿qué demonios está pasando? ¿Y tú quién eres?
Soy Ulavu, contestó el protoss. Soy un investigador. Pero eso no
es lo único que soy
— ¿Te refieres a ese pequeño detalle de que también eres un
templario tétrico? —gruñó Baraja. En ese instante, su dolorido
cerebro relacionó la conversación que estaban teniendo con otra
anterior—. Ya. Genial. Dizz solo te preguntó sobre si tenías
cuchillas psi, pero las armas que usan ustedes se llaman cuchillas
de distorsión, lo cual es totalmente distinto.
Así es, corroboró Ulavu.

179
TIMOTHY ZAHN

—Pero no en la práctica —apostilló Baraja—. En fin, da igual. Es


bueno saber que los protoss también pueden hilar muy fino con el
lenguaje.
Como no deseaba mentir, dije la verdad sin revelar mi identidad.
—Ya, bueno, de todos modos, esto es una discusión bizantina y,
además, tu burbuja está a punto de estallar. —Baraja señaló a los
cuatro cadáveres zerg—. A menos que se te ocurra una explicación
convincente que justifique estas heridas que se ve que están hechas
con unas cuchillas de distorsión.

A modo de respuesta, Ulavu se acercó a él y le quitó una de las


granadas que llevaba en el cinturón.

Con esto, borraré todas las pistas.

El protoss hizo ademán de arrojar la bomba, pero Baraja lo agarro


de la muñeca, sin pensar que, si Ulavu activaba de nuevo esa
cuchilla de distorsión, acabaría su vida llevando el mote de El
Zurdo.

—Espera —le advirtió—. No estoy diciendo que no me alegre e


contar con más músculo. No cabe duda de que eso nos viene muy
bien. Pero si quieres que te siga la corriente con este rollo, tengo
que saber por qué debo ocultar tu verdadera identidad.

Ulavu permaneció callado un momento.

El jerarca Artanis tiene muchas dudas sobre hasta qué punto


podemos confiar en los terran, dijo. Los Nerazim se muestran
igualmente ambivalentes. Todos hemos visto la crueldad con la que
combaten los terran y lo desunida que se encuentra la raza terran.
—Ya, mira quiénes fueron a hablar —gruñó Baraja—. Así que
Artanis te ha mandado espiamos, ¿no?
Me ha enviado a observar, le corrigió Ulavu, quien volvía a hilar
muy fino otra vez. Deseaba saber si la unidad terran podía
180
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

lograrse y si se podía eliminar el conflicto entre ustedes. También


deseaba saber, pues era de igual importancia para él, si la
ferocidad que han demostrado en batalla se volvería ahora en
contra de los protoss.
—Quizá esto le resulte sorprendente a un guerrero curtido en mil
batallas —replicó Baraja—, pero ahora mismo los terran estamos
hasta las narices de la guerra. Y aunque no lo estuviéramos, no
estamos tan locos como para declararles una a ustedes. Créeme.
Te creo, sargento Foster Cray, afirmó Ulavu. Pero se me ha
encomendado una misión y debo completarla.

Baraja frunció el ceño e intentó pensar. Esa conversación no había


acabado ni por asomo..., eso lo tenía rematadamente claro. Pero
ahora mismo, no tenían tiempo para charlar. El hecho de que el
zumbido siguiera oyéndose, a pesar de que los zerg de ese grupo
estaban muertos, dejaba bien claro que había más de esos
desagradables seres acechando en algún lugar.

—De acuerdo —dijo, a la vez que le soltaba la muñeca a Ulavu—.


Procuraré guardar tu secreto. Pero... —Alzó un dedo a modo de
advertencia—. Si volvemos a vernos con la mierda hasta el cuello,
más te valdrá que te sumes a la diversión, maldita sea. ¿Está claro?
Muy claro, admitió Ulavu. Entonces, se produjo un sutil cambio en
el tono de sus pensamientos, y Baraja tuvo la extraña sensación de
que el protoss estaba esbozando una sonrisa irónica. No podré
completar mi misión si estoy muerto.
—Muy bien. Ten eso muy presente. —Baraja movió la cabeza para
señalar a los cadáveres—. Adelante, hazlos papilla. Pero procura
no quedarte muy cerca de ellos.

Fuera cual fuese el adiestramiento militar que los protoss


proporcionaban a los templarios tétricos, era obvio, al menos, que
recibían una instrucción básica sobre las armas del Dominio. Ulavu
se colocó a exactamente medio metro del campo de alcance de la

181
TIMOTHY ZAHN

onda expansiva primaria y, acto seguido, lanzó la granada de


Baraja contra esa pila de cadáveres zerg.

—Está bien —dijo Baraja mientras el eco de la explosión se


apagaba—. Veamos si podemos hacer algo para ayudar a Tanya.
Se arrodilló a su lado y abrió el monitor biométrico de la armadura
de la fantasma.
Creo que ella era el principal objetivo del ataque, afirmó Ulavu,
quien se agachó junto a Baraja.
— ¿De veras? —replicó el soldado, a la vez que lo miraba de reojo.
Nunca había visto agacharse a un protoss. Resultaba muy extraño,
ya que tenían unas rodillas con articulaciones posteriores—. Pues
les ha salido bien la jugada, la verdad. Está totalmente inconsciente.
—Señaló con la cabeza los antebrazos de Ulavu—. Esos chismes
parecen nuevos.
Son un experimento, dijo Ulavu. El protoss bajó la mirada para
contemplar los focalizadores de las cuchillas de distorsión y, ante
la mirada de Baraja, se plegaron y adoptaron su forma plana previa.
No son tan potentes o robustos como los focalizadores
tradicionales. Pero son mejores en situaciones como esta.
—Como cuando uno actúa con la cabeza fría —apostilló Baraja,
quien, con delicadeza, le dio unas palmaditas a Tanya en la
mejilla—. Vamos, muchacha, despierta.

Ulavu se inclinó aún más.

Déjame probar a mí. ¿Puedes quitarle el visor?


—Claro. —Baraja manipuló los cierres y se lo levantó. A pesar de
que no le habría sorprendido haberse topado con una cara
desfigurada por el dolor o el terror, pudo comprobar que Tanya
tenía los ojos cerrados y mostraba un semblante sereno—. Es toda
tuya.
Gracias. Ulavu se calló y posó la mirada en la cara de Tanya. De
improviso, oyeron unas pisadas a sus espaldas...

182
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Baraja giró con una rodilla aún hincada en el suelo y alzó su C-14.

— ¡Vaya! —exclamó Dizz en cuanto él y Erin doblaron la esquina.


Baraja apenas pudo oír su voz por culpa del casco—. Eh, que
somos nosotros.
—Deberían haber avisado —gruñó el soldado, bajando el cañón de
su arma.
—Lo hemos hecho —replicó Dizz—. Pero tenías apagado el
comunicador.
—Oh. —Tras poner mala cara, Baraja volvió a conectarlo—. Creía
que estaban vigilando la entrada.
—Oh, no te preocupes por la entrada —le aseguró Dizz con un tono
muy serio, a la vez que aceleraba el paso tras percatarse de que
Tanya estaba tirada en el suelo—. El techo entero se ha derrumbado
delante del agujero, así que vamos a tener que destrozar algunos
árboles más para poder salir de aquí. Por cierto, ¿qué ha pasado?
—Te presento a los bichos joroba mentes —contestó Baraja,
señalando a los restos de lo que antes habían sido cuatro zerg—. El
último invento de esa zorra mentirosa llamada Zagara.
— ¿Se han cargado a Tanya?

Tanya se retorció, dando un grito ahogado repentino y


estremecedor, y abrió los ojos.

— ¿Ulavu...?
Estoy aquí, Tanya Caulfield, respondió el protoss, quien la cogió
de la mano y se la apretó. Baraja se dio cuenta de que, en algún
momento, este se había vuelto a poner los guantes de jardinero, con
los que una vez más ocultaba sus guanteletes y los focalizadores de
las cuchillas de distorsión. ¿Estás bien?
—Eso creo —respondió Tanya, la cual miró a Baraja con una
expresión de sufrimiento dibujada en la cara—. Los he dejado
tirados en plena batalla, ¿verdad?
—No te preocupes por eso —le tranquilizó Baraja—. Para
vencerlos, nos ha bastado con unos cuantos disparos y una granada.
183
TIMOTHY ZAHN

— ¿Qué son esas cosas? —preguntó Erin, que se había acercado a


los cadáveres y se estaba arrodillando junto a ellos, a la vez que
señalaba un fragmento dorsal de un caparazón—. Nunca había
visto a un zerg de este color.
—Como ya he dicho antes, son algo nuevo —aseveró Baraja—.
Creemos que ellos provocaban el zumbido mental.
— ¿Te refieres a ese zumbido que aún puedo oír? —inquirió Dizz.
—Sí, lo cual quiere decir que tiene que haber más en alguna parte
—admitió Baraja.

Dizz suspiró.

—Genial.
—Esperen un momento —dijo Erin—. Esto no tiene ningún
sentido. Si exceptuamos su capacidad para comunicarse en grupo,
los zerg nunca antes habían demostrado tener unos poderes
psiónicos. Ciertamente, nunca habían contado con la habilidad de
proyectar ataques psiónicos.
—Si exceptuamos a Kerrigan —apostilló Tanya—. Aunque no
estoy segura de si habría que tenerla en cuenta.
—Pero ¿cómo es posible? —insistió Erin— Esa habilidad no forma
parte de la genética zerg.
—Bueno, a lo mejor han dado con unos nuevos genes en alguna
parte —conjeturó Baraja—. Eso se les da realmente bien, ya lo
saben.
—Eso explica, al menos, ese patrón tan extraño de las plantas —
comentó Dizz—. Tiene que haber alguna relación entre ambas
cosas.
—No —objetó Erin—. Ese patrón no aparece en las plantas. Los
genes psiónicos únicamente aparecen en los animales. No, aquí hay
gato encerrado.
—Pues vayamos a obtener algunas respuestas —dijo Baraja,
mientras contemplaba la rampa con los ojos entornados—. Nos
queda una rampa más que subir, al menos. Después, nos
enfrentaremos a lo que sea que haya ahí arriba.
184
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Y qué pasa con esos bichos joroba mentes? —preguntó Dizz.


—En cuanto demos con ellos, nos los cargaremos—-respondió
Baraja.
—Bien —replicó Dizz—. Solo quería estar seguro. Por cierto, es
un nombre bastante estúpido, ¿sabes?
— ¿Se te ocurre algo mejor?
—No, pero por suerte para nosotros, contamos con una experta en
estas cosas. —Dizz alzó una ceja en dirección hacia Erin—. ¿Qué
opinas al respecto, doctora?
—Yo los llamaría psioliscos —contestó al instante—. Encaja con
su perfil y con el tipo de nombres que se les suele dar a los zerg.

Dizz miró a Baraja.

—Es buena —dijo—. Pues nos quedamos con psioliscos. —Le


tendió la mano a Tanya—. ¿Crees que podrás andar?
—Claro. —Ignoró las manos tendidas del segador y Ulavu y se
puso en pie ella sola—. No se preocupen. Esto no volverá a pasar.

Baraja dirigió la mirada hacia Ulavu.

Tiene razón, le confirmó el protoss en privado. Además, ahora que


saben quién soy en realidad, seré su principal objetivo, sin duda.

El soldado se dio la vuelta y frunció los labios. Eso sería así si


supieran quién era. Tal vez no se hubieran enterado, ya que todos
los testigos del ataque de Ulavu estaban muertos y los bloqueadores
psiónicos activados.

O, al menos, esperaba que no se hubieran enterado. Si tuviera que


elegir, preferiría, en cualquier momento, a un templario tétrico
plenamente funcional antes que a una fantasma cuyo poder
desconocía. Sobre todo, a un templario tétrico cuya existencia el
enemigo desconocía.

185
TIMOTHY ZAHN

—Si vuelves a sentirte mareada, házmelo saber, Tanya —le dijo—


. Y eso va por todos ustedes. Y, oh, tened cuidado... El zumbido
puede hacer que se les nuble la vista. Creo que les irá bien si saben
lo que se les viene encima y aguanten como puedan.
—Y si no es así, ¿nos tomaremos un estimulante de efecto rápido?
—sugirió Dizz.
—Tal vez —respondió Baraja—. Erin, ¿Cruikshank te enseñó
cómo hacerlo?
—Sí —contestó Erin, con un tono serio—. También he leído la lista
de efectos secundarios de los estimulantes, así que creo que optaré
por jugármela con el zumbido.
—Tú misma —replicó Baraja—. Vale. Avanzaremos en el mismo
orden de antes. Adelante.

Resultó que la rampa en la que se hallaban era la última. El


descansillo de la parte superior daba a un amplio pasillo que, a su
vez, llevaba a un pasaje abovedado situado a unos cincuenta metros
más adelante. Más allá de ese pasaje, se encontraba algo que
parecía ser una caverna, pero seguía un ángulo que no les permitía
ver gran parte de su interior. Dado que parecían hallarse más o
menos en medio de la meseta, lo más extraño de todo era que, de
forma sorprendente, una gran cantidad de luz tenue se filtraba por
alguna parte.

Dizz también reparó en ello.

—Me pregunto de dónde vendrá esa luz —comentó mientras todos


se detenían.
—El espectro lumínico es el mismo que el de la luz solar —observó
Erin, quien se había apartado un par de pasos a un lado y, tras
agacharse, estaba tocando el duro suelo con un dedo—. No procede
de una fuente clara, así que lo más probable es que esté entrando
por varias vías situadas en la parte superior o los laterales.
—Eso da igual —dijo Tanya—. Supongo que iremos a echar un
vistazo a esa cámara que hay ahí delante, ¿no?
186
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Deberíamos hacerlo —apostilló Erin, la cual seguía tocando el


suelo—. Aquí es donde empieza el patrón que hemos estado
siguiendo.

Baraja y Dizz se miraron el uno al otro.

— ¿Ahora somos magos o qué? —preguntó Dizz.


—No, somos científicos que observan los líquenes —respondió
Erin—. Muestran el mismo patrón que vimos en la macroflora
cuando estábamos en órbita. Ese patrón lleva, sin duda, a esa
cámara. —Se puso en pie—. ¿Vamos o no?
—Enseguida —contestó Baraja, contemplando el suelo con el ceño
fruncido, pues ni siquiera se había fijado en que había algunas
plantas diminutas ahí abajo—. Estás siempre hablando de este
patrón que siguen las plantas, pero nunca nos has explicado en qué
consiste. ¿De qué se trata? ¿De una especie de flecha gigante que
solo puede ver la gente licenciada en una carrera científica?
—Es algo un poco más sutil que una flecha —respondió Erin—.
Es... Ya saben que cuando el viento siempre sopla en la misma
dirección en algún lugar, los árboles y los arbustos se inclinan en
la dirección contraria, ¿verdad? Es un poco lo mismo. Por ejemplo,
fíjense en las hojas. Las hojas suelen tener unas texturas o unos
colores ligeramente distintos en la parte superior y en el dorso.
También suelen estar apuntando hacia arriba para captar la luz del
sol, pero aquí, en Gystt, hay que tener en cuenta otro factor. Los
mismos árboles son también claramente más altos cerca de los
puntos neurálgicos, como si hubieran recibido un mayor empuje
para crecer. También hay indicios en la forma en que se extienden
las ramas de los árboles, en la simetría de los matorrales más
pequeños...
—Está bien, muy bien —la interrumpió Baraja—. Nos fiamos de
tu palabra.
—Es casi como un patrón de flujo —continuó Erin—. Aunque flujo
no es la palabra adecuada, pero se hacen una idea.

187
TIMOTHY ZAHN

— ¿Y eso también puedes verlo en los líquenes? —preguntó


Tanya.
—Sí —contestó Erin.
— ¿Y tú qué opinas? —inquirió Dizz, haciendo un gesto hacia
Ulavu—. Te lo pregunto porque eres el otro investigador del grupo.
¿Esto tiene algún sentido para ti?
Yo no he visto el patrón, reconoció Ulavu. Pero la doctora Erin
Wyland tiene mucha más experiencia que yo en tales temas;
además, los patrones a menudo solo pueden ser percibidos por
aquellos que saben qué hay que buscar. Me inclino por confiar en
su buen juicio.
—De acuerdo —dijo Baraja, a la vez que intentaba olvidarse de
todas las ocasiones en las que tanto él mismo como alguien de su
unidad había creído ver algo en las rocas o los arbustos que al final
no había estado ahí. A los ojos y cerebros humanos se les daba muy
bien hallar patrones, existieran realmente o no.

Aun así, con independencia de lo que estuviera ocurriendo con las


plantas, tenían que comprobar qué pasaba con esos psioliscos, de
eso no había duda. La cámara que se hallaba ahí delante era el
siguiente paso que debían dar en ese sentido; y más les valía actuar
con rapidez y precisión.

—Avanzaremos en el orden habitual. Y estén muy atentos. Si


alguien oye el zumbido con más fuerza, que lo diga, por amor de
Dios.
— ¿No crees que primero deberíamos informar sobre esto? —
preguntó Tanya—. Por si acaso.
— ¿Insinúas que deberíamos apagar los bloqueadores psiónicos?
—inquirió Dizz sin rodeos.
— ¿Por qué no? —replicó Tanya—. No parece que sirvan para
mucho aquí dentro.
—Eso no lo sabemos —objetó Dizz—. En realidad, el hecho de
que Baraja haya sido capaz de cargarse a cuatro psioliscos él solo

188
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

parece indicar con claridad que consiguen hacer algo, ya que


ralentizan a nuestros enemigos.

Baraja miró de reojo a Ulavu y se dio cuenta de que el protoss le


devolvía la mirada. Aunque este no le dijo nada, le estaba
recordando implícitamente la promesa que le había hecho de que
no revelaría nada.

—O a lo mejor, simplemente, son más débiles que un zerg normal


—conjeturó Tanya—. Una granada no habría hecho tanto daño a
un solo zergling siquiera...
—Ya basta —la interrumpió Baraja—. Los bloqueadores psiónicos
seguirán activados; no hay más que hablar. —Miró a Tanya, quien
tenía mucho más que decir, sin lugar a dudas—. No hay más que
hablar —repitió con rotundidad.

Esta arrugó la nariz, pero se dio la vuelta sin hacer más


comentarios.

—Está bien —añadió el soldado, alzando su C-14 y rozando con el


codo los cargadores que llevaba en el cinturón, simplemente para
cerciorarse de que seguían ahí—. Adelante.

189
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO ONCE

Tanya enseguida se dio cuenta de que el pasillo no tenía unas


paredes tan lisas como le había dado la impresión desde la parte
superior de la rampa. Tenía hendiduras, algunas de las cuales eran
tan grandes como para albergar a un pequeño zerg, aunque otras se
extendían tanto que Baraja tuvo que iluminarlas con una linterna
para asegurarse de que estaban vacías. En consecuencia, avanzaban
muy lentamente y hechos un manojo de nervios.

Sin embargo, allá donde se escondieran el resto de psioliscos,


habían decidido, al parecer, no molestarse en tenderles una
emboscada. Nada los atacó, nadie siquiera hizo acto de presencia.
No obstante, el zumbido que oía en su mente la fantasma se estaba
volviendo más intenso, sin lugar a dudas. Fuera cual fuese el plan
de Zagara, aún lo estaba implementando y todavía iba a tardar
mucho en completarlo.

Y ese plan podría tomarse espantoso en un abrir y cerrar de ojos.


Durante la guerra, la Supermente había capturado a Sarah Kerrigan
190
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

que había acabado formando parte del Enjambre. Si Zagara tema


algo similar en mente para Tanya...

La fantasma sacudió la cabeza con firmeza. Las cosas no iban a


terminar así. Por supuesto que no. Pasará lo que pasase, costara lo
que costase, preferiría morir a que los zerg la transformaran en algo
tan horrible como la Reina de Espadas.

Por fin, llegaron al pasaje abovedado.

—Allá vamos —murmuró Baraja—. Esten atentos.


¿Cómo te sientes?, le preguntó mentalmente Ulavu a Tanya a
través del zumbido.
Estoy bien, respondió la fantasma, frunciendo el ceño. Aunque el
protoss intentaba ocultarlo, Tanya pudo percibir un dolor
inusualmente intenso en el tono con el que había hecho la pregunta.
¿Y tú?
Estoy bien, le aseguró. Pero si cayera inconsciente, me gustaría
que me prometieras que me protegerás.
Por supuesto, le prometió, con un nudo en el estómago. Ulavu no
le había pedido nada parecido en ninguna de las otras batallas o
cuasi batallas en las que el equipo se había visto envuelto hasta el
momento. ¿Acaso había algo distinto en esta situación, algo que él
sabía y ella ignoraba?

Quizá la situación no fuera tan distinta como ella pensaba. Quizá


después de que ella perdiera el sentido en la rampa, él también lo
había perdido.

Aunque claro si los dos perdían el conocimiento, poco podría hacer


para protegerlo, lo cual significaba que más le valía mantenerse en
pie esta vez.

191
TIMOTHY ZAHN

Y lo haría. La última vez, la habían pillado por sorpresa. Ahora


sabía qué esperar y confiaba en que podrían plantar cara a ese tipo
de asalto y sus correspondientes secuelas.

Y si no era así, siempre podía recurrir a los estimulantes, tal y como


Dizz había sugerido.

La cámara era mucho más grande que la cueva que hacía las veces
de entrada y que estaba situada tres rampas más abajo. A un
centenar de metros en línea recta, había una estructura, tallada en
la pared más lejana, de estilo zerg, que contaba con tres pisos y
sesenta vainas blancas como la leche apoyadas en las curvas y el
material con relieve. Las vainas eran ovoides, de apenas un metro
de longitud y con una piel exterior traslúcida. Había algo dentro de
cada una, pero ni siquiera con la visión aumentada que le
proporcionaba el visor era capaz de distinguir algún detalle. La
misma estructura que soportaba todo aquello no se parecía a nada
que hubiera visto jamás, aunque compartía algunos de los rasgos
característicos de las reservas de reproducción y cámaras de
evolución zerg.

Y, tal vez, de la estructura que albergó la crisálida que la


Supermente había utilizado para encarcelar a Kerrigan durante la
transformación a la que se vio sometida.

—Bueno —comentó la fantasma, manteniendo un tono de voz


bajo—, eso es nuevo.
—Sí —afirmó Baraja—. Y eso no.

Tanya dejó de prestar atención a las vainas. Los lados de la cámara


se hallaban a cincuenta metros en ambas direcciones.

En las dos paredes, había más psioliscos alineados. Había veinte al


menos en cada lado, todos ellos permanecían en pie, callados.

192
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Mientras se le formaba un nudo en el estómago, notó que el


zumbido que oía en su mente se volvía más fuerte.

— ¿Baraja? —murmuró Dizz—. ¿A qué estamos esperando?


—Calma -—le advirtió Baraja—. Están tramando algo. Hp-Razón
de más para nivelar las fuerzas ahora mismo —insistió Dizz.
—Quizá están esperando a ver si nos interesan o no esas vainas —
sugirió Erin—. ¿Alguna idea sobre qué puede ser eso?
—Nunca antes había visto nada igual —contestó Baraja—. Claro
que tampoco habíamos visto psioliscos, así que podemos concluir
que nos hemos adentrado en territorio desconocido hace mucho.
—Debe de tratarse de alguna especie de reserva de reproducción o
cámara de evolución —señaló Tanya, a la vez que escrutaba a los
psioliscos, contra los que no había podido hacer nada en el anterior
enfrentamiento; además, la granada de Baraja había dejado tan
destrozados los cadáveres que no había podido examinarlos en
busca de puntos débiles.

No obstante, recordaban mucho a unos hidraliscos, pero de tamaño


reducido. Si compartían con ellos la misma disposición de sus
órganos internos, debería ser capaz de derrotarlos.

Quizá estén esperando a que nos alejemos del túnel, sugirió Ulavu.
—Para que no contemos con una salida por la que escapar
rápidamente y no tengamos una pared a la espalda, ¿verdad? —
comentó Baraja con gravedad—. Sí, eso tiene sentido.
—Entonces, ¿nos vamos? —preguntó Erin.

Baraja resopló.

—Maldita sea. Nos han encomendado una misión, doctora, la cual


parece que nos ha llevado a tener que echar una ojeada a esas
malditas vainas. Y eso es lo que vamos a hacer: echar una ojeada a
esas malditas vainas.
—Y luego nos iremos a toda prisa, ¿no? —sugirió Dizz.
193
TIMOTHY ZAHN

—Probablemente. —Baraja miró a Erin—. Eso no quiere decir que


tengamos que arrastrarte hasta ahí. Te puedes quedar aquí atrás, de
donde podrás largarte corriendo si los psioliscos deciden que no
quieren que husmeemos alrededor de esas vinas.

Tanya arrugó el ceño. Ahora que Baraja lo mencionaba, ¿qué


estaban haciendo lo psioliscos a ambos lados de la estancia? Si
intentaban proteger las vainas, ¿no deberían haber formado esas
líneas de tal modo que se cruzaran con el camino del equipo de
investigación?

—Oh, claro —replicó Erin amargamente—. Sola y desarmada,


¿no? Gracias, pero prefiero arriesgarme junto a los demás.
—No tendrías por qué estar desarmada, ya lo sabes —señaló
Baraja—. De camino a la nave de despliegue, pasaste junto a un
armero repleto de rifles C-14.
—Pero si no sé cómo usar esas armas —replicó Erin—. Apenas
recibí cinco minutos de instrucción.
—Genial... Entonces, recibiste más adiestramiento que la mayoría
de los reclutas de la infantería —dijo Baraja, quien se quitó el rifle
gauss de repuesto que llevaba al hombro y se lo entregó—. Toma...,
está en modo semiautomático. Quítale el seguro (es la palanca que
se mueve con el pulgar que está sobre el retén del cargador) y luego
apunta y dispara. Procura no damos a ninguno de nosotros.
—Y, ya de paso, sostenme esto —añadió Tanya, quitándose el C-
10 y ofreciéndoselo a Erin.
—Vaya, vaya —comentó Baraja—. Así que ahora nos estamos
desarmando delante del enemigo, ¿eh?
—No, estamos pensando lo que vamos a hacer detenidamente —le
corrigió Tanya, al mismo tiempo que señalaba a las hileras de
zerg—. Míralos. No hay nada en ninguna de las paredes que
parezca interesante, así que tienen que estar aquí para proteger las
vainas. Pero entonces, ¿por qué se han quedado ahí en vez de
colocarse delante de nosotros?

194
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Porque... —respondió Baraja con un hilo de voz—. Ajá. Porque


no quieren que las balas perdidas alcancen las vainas.
—Eso es justo lo que estaba pensando —admitió Tanya—.
También se me ha ocurrido que, si me dirijo hasta ahí desarmada,
tal vez me dejen salir con la mía.
—Porque si cargan contra ti, acabarán colocándose entre el resto
de nosotros y las vainas —murmuró Dizz—. Muy interesante. A lo
mejor tienes razón.
—Si la tengo, la clave estará en dar la impresión de ser lo más
inofensiva posible —concluyó Tanya—. ¿Erin?
De manera reticente, Erin aceptó el rifle.
—Ten cuidado.
—Lo tendré —le prometió Tanya.

Aunque avanzó, se detuvo de inmediato, ya que Baraja la había


agarrado del brazo.

—Solo vas a dar la impresión de que eres inofensiva, ¿no? —


inquirió en voz baja.

Tanya asintió.

—No me pasará nada...


—Los zerg conocen muchas maneras de confundir mentalmente a
la gente —continuó hablando Baraja—. Normalmente, infestan a
su objetivo...; he visto eso demasiadas veces, y no es nada
agradable. Creo que estos psioliscos pueden ser un intento de
saltarse la etapa de infestación de cuerpo para pasar a infestar
directamente el cerebro.
— ¿Y crees que ya han podido adueñarse de mi mente? —preguntó
Tanya, a la que recorrió un escalofrío. Si algo así hubiera sucedido,
se habría dado cuenta de ello, sin lugar a dudas—. En tal caso, ¿no
debería haberme quedado con mi arma para poder luchar contra el
resto de ustedes cuando me obligaran a ello?

195
TIMOTHY ZAHN

—Tal vez. O tal vez primero quieran comprobar hasta qué punto
pueden manipularte.
Tanya contempló las silenciosas líneas de los zerg y, de un modo
consciente, dejó de apretar los dientes.
— ¿Sabes qué? —le dijo—. Voy a echar un vistazo a las vainas. Si
muero de una manera realmente estúpida, tendré que reconocer que
tal vez tuvieras razón. Si no es así, daremos por sentado que sigo
estando cuerda. ¿Trato hecho?
—Hecho. —Le soltó el brazo—. Ten cuidado.
—Está bien. —Entonces, miró hacia atrás, hacia el protoss. Ten
cuidado, Ulavu, le pidió. Si atacan, colócate detrás de Baraja o
Dizz.
Estaré bien, le aseguró, pero su tono de voz mental estaba teñido
de una extraña oscuridad que la fantasma no recordaba haber
percibido nunca antes.

La fantasma le brindó una sonrisa reconfortante. Después, intentó


olvidarse de sus dudas y echó a andar.

Su calibrador de distancias le había indicado que su objetivo se


encontraba a cien metros. Pero ahora que Tanya avanzaba sola y se
alejaba cada vez más de su C-10, las vainas parecían estar lejos de
narices. No le quitó el ojo de encima a ambas líneas de psioliscos
mientras caminaba y se preguntaba si decidirían o no que se había
acercado demasiado o cuándo lo harían.

Se hallaba a treinta metros y mirando hacia la derecha, cuando, al


parecer, se tropezó con una línea invisible.

— ¡ A la izquierda! —exclamó Baraja.

Giró la cabeza en esa dirección, al mismo tiempo que el zumbido


de fondo se convertía súbitamente en un martilleo estruendoso en
su cerebro. Los zerg había reaccionado; toda la línea avanzaba
como si siguieran una coreografía. Aún no cargaban, sino que más
196
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

bien reptaban hacia delante a paso ligero. Tal vez estuvieran


esperando a ver qué era lo que ella hacía, o comprobando si serían
capaces de dejarla noqueada de nuevo.

O tal vez estuvieran esperando a comprobar hasta qué punto


ejercían un dominio sólido sobre su mente.

Si se trataba de eso, se iban a llevar una tremenda decepción. A la


vez que expandía su conciencia y luchaba contra el zumbido, se
centró en el psiolisco más cercano y visualizó la parte de su
anatomía donde tenía que estar el conjunto formado por el corazón
y los pulmones...

Tras sufrir un violento espasmo, el zerg se alzó sobre las patas


traseras y se desplomó de costado. Tanya no esperó a ver cómo caía
al suelo, sino que pasó a centrar su atención y poder en el siguiente
zerg de la línea. A su izquierda, la cámara retumbó con una serie
de truenos ensordecedores en cuanto Baraja y Dizz abrieron fuego
con sus armas gauss. El segundo objetivo se desmoronó, y la
fantasma se concentró en el siguiente. Como este ataque lo lanzó
con una cierta desviación, fue el costado del psiolisco lo que estalló
en unas llamas amarillas y negras. Frunciendo el ceño, parpadeó en
un intento de combatir el zumbido y volvió a concentrarse; esta
vez, la criatura cayó. Como los demás también estaban cayendo
junto a su última víctima, aprovechó para echar un vistazo hacia el
otro lado durante un segundo.

Los zerg de ahí también estaban cayendo. Tras lanzar una mirada
fugaz a sus camaradas, comprobó que Dizz y Baraja estaban
espalda contra espalda, disparando sin parar, mientras Erin y Ulavu
se encontraban a su lado a espaldas el uno del otro. Aunque Erin
disparaba más a lo loco que los soldados, parecía estar
defendiéndose bien, mientras que Ulavu permanecía básicamente
agachado, intentando no interponerse en la línea de fuego de nadie.

197
TIMOTHY ZAHN

Tanya frió a dos zerg más de la derecha y, a renglón seguido, volvió


a centrar la atención en la izquierda.

Si bien el frente de ataque había menguado significativamente,


todavía había muchos psioliscos que cargaban hacia ella de un
modo tenaz. Y se estaban aproximando. Frió a uno, luego a otro y
después a otro más, a la vez que contemplaba cómo más y más
caían ante los proyectiles del rifle gauss de Baraja. Ese velo de furia
tan familiar le cubrió la vista; utilizaba su poder movida por la ira
y la determinación y la sed de sangre, a la vez que se sentía
desorientada por el dolor generado por ese zumbido que la
machacaba mentalmente. Siguió luchando sin cesar, matando y
matando y matando...

Y, de repente, todo acabó.

Lentamente, el velo cayó. Tanya se dio cuenta de que estaba


jadeando y que, debajo de la armadura, estaba empapada de sudor.
El zumbido también había desaparecido; no solo había menguado,
sino que había desaparecido por completo. Miró a su alrededor y
reparó en que había cadáveres zerg desperdigados aquí y allá.
Entonces, con cierto temor ante lo que podría llegar a ver, se giró
hacia sus compañeros.

Se sintió tremendamente aliviada al ver que cuatro de ellos todavía


seguían en pie, con todas las extremidades en su sitio. Parecía que
las armaduras de Baraja y Dizz habían pasado por una trituradora,
ya que las garras de los psioliscos les habían dejado múltiples
marcas, tajos y perforaciones; por lo visto, el asalto enemigo había
estado muy cerca de lograr su objetivo. No obstante, no había
ninguna señal que indicara que estuvieran perdiendo sangre o que
algún traje hubiera sufrido un cierre de emergencia, lo cual
implicaba que ninguna de esas garras había logrado alcanzar el
frágil cuerpo del terran que había dentro de cada uno de ellos.
Aunque aún no había comprobado el estado de su propia armadura,
198
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

probablemente tendría el mismo pésimo aspecto. Ciertamente,


guardaba algún vago recuerdo de que había llegado a tener algunos
psioliscos a escasos centímetros de su cara antes de que ella misma
o algún otro se los cargaran.

— ¿Está bien todo el mundo? —gritó.

La única respuesta que recibió fue un tenso silencio y la mirada


desorbitada de tres de sus compañeros.

— ¿Están bien? —repitió.


—Oh, Dios mío —susurró Erin, la cual se hallaba al lado de Ulavu.
A pesar de que seguía sosteniendo el rifle gauss, lo hacía sin
fuerza—. Eres una... —dijo con un hilo de voz, al mismo tiempo
que señalaba.

Tanya contempló el reguero de cadáveres zerg. Al parecer, no


había estado muy atinada con su puntería en más de una ocasión y
no solo en uno de sus primeros ataques. Cuatro cuerpos, al menos,
todavía humeaban y en uno de ellos aún podían verse pequeñas
lenguas de llamas amarillas envueltas en humo que seguían
danzando alrededor de la herida abierta.

El término adecuado es piroqui, dijo Ulavu.

Dizz arqueó una ceja.

— ¿Piroqui?
—Eso es precisamente lo que me llamaban en la academia —
replicó Tanya, con cara de pocos amigos, mientras se dirigía hacia
ellos. El secreto mejor guardado del Dominio acababa de ser
revelado—. Era más bien un mote gracioso.
—No sé qué decirte —comentó un Dizz pensativo—. Creo que te
pega.
¿La estás insultando?, inquirió el protoss.
199
TIMOTHY ZAHN

—Calma, Ulavu —le pidió Tanya rápidamente. Lo último que


quería era que discutieran por su culpa; sobre todo, por algo tan
tonto como el estúpido apodo que le habían puesto sus compañeros
fantasmas.
—Sí, no pretendía ofender. —Dizz resopló al intentar contener una
carcajada—. Vaya.
— ¿Es que hay algo que te hace gracia? —preguntó Baraja con un
tono ominoso. Por lo visto, tampoco quería discusiones.
—No, no, qué va —contestó Dizz—. Es realmente genial poder
contar contigo.
—Gracias. —Tanya dirigió su mirada hacia Erin e intentó cambiar
de tema de alguna manera—. Me parece que has logrado salir de
una pieza de esta. Bien hecho.
—Gracias —respondió una parpadeante Erin, mientras
contemplaba el rifle gauss que tenía en las manos, como si de
repente hubiera recordado que aún lo estaba sosteniendo—. Pero el
mérito no ha sido mío, porque he estado muy torpe. He tenido
suerte de que la mayoría me haya dejado en paz. A ti, a Baraja y a
Dizz los han atacado a lo bestia. Y, oh, toma tu arma. —Sin soltar
el rifle gauss, se quitó el C-10 de Tanya del hombro y se lo
entregó—, Por si, ya sabes, lo necesitas de verdad.
—Siempre es bueno tener varias opciones —afirmó Tanya, quien
frunció el ceño mientras cogía el rifle y se lo colocaba de nuevo al
hombro—. ¿Te dejaron en paz? ¿De verdad?
—Bueno, como ya he dicho, la mayoría sí —respondió Erin, en
cuya voz Tanya había detectado un leve temblor, provocado por la
bajada de adrenalina tras la batalla—. Creo que he acertado a casi
todo contra lo que disparaba; al menos, después de las dos primeras
ráfagas. Aunque no habría podido mantenerlos a raya sin la ayuda
de Dizz.
Una protección que el sargento Foster Cray también tuvo la
amabilidad de ofrecerme, señaló Ulavu.
—Me alegro —dijo Erin—. Me preocupaba lo que podría pasarte...
Ni siquiera tuve tiempo de ver dónde estabas o qué estabas
haciendo.
200
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Ya, bueno, entre Tanya y yo hemos defendido nuestro lado de la


estancia bastante bien —aseveró Baraja, con una cierta y extraña
hosquedad en su voz—. De todas formas, lo has hecho muy bien
para ser tu primera batalla, Erin. Puedes considerar que has dejado
de ser una recluta y has pasado a ser una oficial.
—Mejorando lo presente, por supuesto —replicó Tanya, asintiendo
ante Dizz. Cabía la posibilidad de que Erin no hubiera podido
permitirse el lujo de mirar hacia atrás, puesto que los psioliscos
habían logrado situarse peligrosamente cerca de Ulavu. Había un
puñado de cadáveres cerca de donde ambos habían estado, estaban
tan próximos que Baraja tenía que haberlos acribillado brutalmente
y con una puntería impresionante para poder derribarlos a tiempo—
. Bueno, da igual. ¿Vamos a ver a qué venía tanto follón o no?
— ¿Es que crees que aún tenemos que descubrir más cosas? —
preguntó Baraja con cierta tensión en su voz—. Bien, vale,
echemos un vistazo.

El avance por la caverna fue mucho más tranquilo en esta ocasión.


Ahora que el zumbido mental había desaparecido, hasta el eco de
sus pisadas parecía resonar muy fuerte.

Al final, hallaron lo que todo el mundo probablemente pensaba que


iban a hallar.

—Ahí —dijo Baraja, señalando a una de las vainas situadas al otro


lado de la cúpula traslúcida—. Ahí mismo, donde está más cerca
de la superficie. Ahí se ve la misma línea dorsal de puntos rojos.

Tanya asintió en silencio. La criatura se movía levemente dentro


de lo que, tal y como ahora podían ver, era una especie de fluido.
En cuanto rozó con uno de sus miembros la superficie, pudieron
ver que poseía el mismo caparazón externo de color marrón claro
con manchas rojas que tenían los psioliscos.

201
TIMOTHY ZAHN

—La única diferencia es que son más pequeños —murmuró Erin—


. Son bebés.
—Que al crecer se convertirán en eso —afirmó Dizz, a la vez que
señalaba hacia atrás con el pulgar—. Así que no te pongas
maternal.
—Yo no me estoy poniendo maternal —replicó Erin con frialdad—
. Lo que digo es que una cosa es matarlos aquí dentro y otra muy
distinta, matarlos ahí fuera.
—Por supuesto —admitió Dizz—. Ahí fuera, intentan matarte.
Bueno, ¿nos los cargamos?
—Sí, nos los cargamos —confirmó Baraja—. Y después
llamaremos a Cruikshank y le contaremos lo que está tramando
Zagara. La flota se ocupará de esto mientras nosotros nos largamos
a toda prisa de esta roca.
Si esperas que la flota y el emperador Valerian Mengsk destruyan
este lugar, ¿por qué vamos a arrasarlo nosotros?, inquirió Ulavu.
—Para aseguramos —respondió Baraja, quien lo contempló
detenidamente—. ¿Por qué lo preguntas? ¿Te estás dejando llevar
por el instinto maternal o algo así?
—Baraja, es solo un... —dijo Tanya.

Baraja la interrumpió con un gesto.

—Te he preguntado si tienes algún problema.


No con la decisión, pero sí con la ejecución, contestó Ulavu. Pues
dudo de que seamos capaces de destruir tantas vainas con los
recursos disponibles.

Baraja apretó los labios.

—Dizz, ¿cómo vas de munición?


—Solo me queda un cargador —respondió el segador—. Tiene
razón... esas vainas están hechas de un material bastante grueso. A
lo mejor habría que pegarle un par de tiros a cada una.

202
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Baraja miró a Tanya.

— ¿Tú qué opinas?

Tanya frunció la nariz.

—Tendría que hacer un gran esfuerzo —contestó—. Y si uso


demasiado mi poder, luego me lleva un rato recuperarme.
Y no queremos que se quede indefensa, aseveró Ulavu.
—Claro que no —admitió Baraja.

Durante un momento, el soldado y el protoss se miraron a los ojos.


Tanya arrugó el ceño, mientras se preguntaba qué estaba
ocurriendo. Pero entonces, Baraja se dio la vuelta, sin más.

—Supongo que, entonces, tendremos que dejárselos a la flota —


concluyó—. Será mejor que salgamos...; aquí dentro casi seguro
que no podremos tener una buena señal de transmisión.
—Espera, espera —dijo Dizz-S Solo he dicho que me quedaba
poca munición, pero tenemos otras opciones.
— ¿Como cuáles?
—Tenemos granadas, cadáveres zerg y fuego. —Dizz sonrió de
repente—. ¿Sabes por qué me he reído antes cuando hemos
descubierto los poderes de Tanya? Porque resulta todo muy
irónico.
— ¿Por qué? —preguntó Erin.
—Porque aquí tenemos a una maravillosa fantasma que recibe
halagos y goza de una cama cómoda por lo que es capaz de hacer.
—Dizz miró a Baraja—. Desde que nos conocimos, has intentado
averiguar qué crimen había cometido para haber acabado en el
Cuerpo de segadores. ¿Dónde está la ironía? En que yo era un...
Bueno, digamos que, en el pasado, fui una especie de piroqui de
los de antes. Solo que yo empleaba artilugios y líquidos en vez de
ondas cerebrales.

203
TIMOTHY ZAHN

—Estás bromeando —afirmó una desconcertada Erin—. ¿Eras


un...?
—Sí —respondió Dizz, con una cierta amargura en su tono de
voz—. Igual que Tanya. Solo que a mí no me dieron ninguna
medalla por ello, sino que me metieron en los segadores.

Durante un momento, reinó un silencio muy incómodo.

—Está bien —dijo al fin Baraja—. Entonces, ¿qué hacemos?


—Primero, colocaremos los cadáveres junto a las paredes de la
estancia —contestó Dizz. Tanya se percató de que, al volver a
centrarse en su tarea, esa ligera amargura se había desvanecido en
su tono de voz, ya que estaba haciendo lo que más le gustaba...—.
La verdad es que los zerg arden bastante bien y desprenden mucho
calor, siempre que se les anime a ello usando los catalizadores
adecuados.
—Es mejor que no sepa cómo sabes todo eso, ¿verdad? —inquirió
Baraja.
—Es probable —respondió Dizz—. Pero ¿nunca te has preguntado
por qué los protoss arrasaban los planetas infestados por los zerg
con fuego en vez de con ataques tectónicos o virus crepusculares?
Porque en cuanto unos cuantos zerg se calientan tanto como para
arder (me refiero a arder de verdad), el fuego pasa a alimentarse él
solo. Eso es mucho más eficaz que arrasar fallas tectónicas.
—Pero eso destroza el ecosistema de alrededor —señaló Tanya.
—Lo destroza por entero —admitió Dizz—. Sin embargo, aquí
dentro, no pasará nada. —Contempló las vainas y se llevó un dedo
a los labios, en los que, pensativo, se dio unos golpecitos—.
También nos podrían venir bien algunas de las ramas de la entrada.
Tal vez podríamos coger las rotas que hay ahí abajo.
—O romper algunas —apostilló Baraja, a la vez que sacaba su
cuchillo de combate—. Ulavu, ya le has oído. Ve a por algunas
ramas.
Como quieras, contestó Ulavu, quien dudó por un momento y, acto
seguido, cogió el cuchillo y abandonó la cámara.
204
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿No debería acompañarlo alguien? —preguntó una ceñuda


Tanya, con la mirada clavada en la espalda del protoss.
—No le pasará nada —contestó Baraja lacónicamente—. ¿Y ahora
qué?
—Vamos a confeccionar cierta cantidad de esos catalizadores que
he mencionado antes que avivarán el fuego —respondió Dizz— .
Empezaremos desmontado unas cuantas granadas y pasándolas del
modo estallar al modo chisporrotear. Yo lo haré. El resto ocúpense
de los cadáveres.

Tanya arrastró primero los que aún humeaban, pues pensaba que,
si alguien tenía que soportar ese fétido humo en la cara, esa era ella.
Después, mientras Baraja y Erin seguían llevándose los cuerpos de
los zerg que habían participado en el asalto principal, se dirigió a
los que se encontraban cerca del lugar donde había estado Ulavu.

Al separarlos, se dio cuenta de que ahí había cinco en total; dos de


ellos se encontraban prácticamente uno encima del otro. Se
preguntó brevemente cómo Baraja había logrado realizar ese
disparo, puesto que tenía que haber sido particularmente difícil.
Agarró a los dos cadáveres por la base de sus garras, cerciorándose
de no cogerlos de las propias garras, y tiró de ellos para arrastrarlos
por ese suelo áspero.

De improviso, se detuvo. Al tirar de sus miembros de esa forma,


sus torsos y esa estructura ósea externa que tanto se parecía a una
caja torácica quedaron expuestos. Justo en el centro, a un lado del
esternón compuesto de varias capas, había una enorme herida. No
era una mera perforación, como la que dejaría el proyectil de un
rifle gauss, sino un tajo como el que abriría un cuchillo con una
hoja muy ancha.

Además, ambos cadáveres presentaban la misma herida.

205
TIMOTHY ZAHN

Frunció el ceño y se agachó para poder echar un vistazo más de


cerca. Era una herida de arma blanca, sin duda. Pero ¿quién en todo
el Dominio era capaz de fabricar unas hojas que podían atravesar
los huesos de un zerg con una sola estocada? ¿Acaso alguien había
inventado algo capaz de hacer eso desde que la guerra había
concluido?

Observó cómo Baraja arrastraba unos cadáveres y cómo Dizz


desmantelaba, con sumo cuidado, unas granadas. Si bien ambos
hombres tenían cuchillos de combate (bueno, Dizz sí; Baraja le
había dado el suyo a Ulavu para que fuera a cortar unas ramas),
esas armas no contaban con unas hojas lo bastante anchas como
para abrir una herida de ese tipo. ¿Podía tratarse de una nueva clase
de cuchilla de vibraciones o cortacadenas? En teoría, una cuchilla
vibratoria podía hacer que la herida fuera más amplia a medida que
atravesaba el hueso del zerg.

No obstante, aunque existiera algo así, esa arma que Dizz llevaba
a la cintura no tenía el tamaño necesario para albergar este tipo de
mecanismo, por no hablar de la fuente de energía requerida.
Tampoco lo tenía el cuchillo que Baraja le había dado a Ulavu.

¿Acaso una de las balas gauss había girado por el aire a mitad de
camino al objetivo? No..., eso era aún más improbable que esa
cuchilla vibratoria de la que nunca había oído hablar. Eso no solo
habría destrozado probablemente el arma desde la que se hubiera
disparado, fuera cual fuese, sino que normalmente se necesitaban
media decena de proyectiles para atravesar la armadura de hueso
de los zerg, incluso cuando alcanzaban directamente su blanco de
cincuenta milímetros cuadrados con todo su impulso y toda su
energía cinética. Una bala girando casi seguro que rebotaría, sin
más, en vez de atravesar el hueso como...

Como una cuchilla psi protoss.

206
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Miró fijamente la herida y un repentino escalofrío la recorrió por


entero. No. Eso no podía ser. Era imposible.

Pero no había otra explicación. Nada más tenía sentido.

Ulavu era un templario. Un duro, frío y tremendamente letal


guerrero protoss, que había formado parte del programa fantasma,
haciéndose pasar por un investigador inofensivo.

Haciéndose pasar por su amigo.

— ¿Tanya? —la llamó Baraja—. ¿Hay algún problema?

La fantasma parpadeó para contener unas súbitas lágrimas.

—Ninguno —respondió a voz en grito. A continuación, se


enderezó y arrastró los cadáveres hasta donde los demás se
encontraban muy atareados.

Mientras se le rompía el corazón.

Había creído que Ulavu era su amigo. Se había volcado en esa


relación. Incluso cuando el protoss se largaba y cometía alguna
locura como esa visita a medianoche al Círculo de Dante, todos sus
pensamientos y reacciones se habían basado en saber a ciencia
cierta que él también estaría ahí para apoyarla si la situación fuera
al revés. Ella contaba con su apoyo, y él con el suyo.

Pero eso no era cierto. Tal vez nunca lo hubiera sido.

El protoss le había mentido al comandante Schmidt cuando le había


dicho quién era. Había mentido al resto de los fantasmas. Por tanto,
no había ninguna razón que justificara creer que no le había
mentido a Tanya también.

207
TIMOTHY ZAHN

Miró a todos los demás, de uno en uno, mientras caminaba por la


estancia como sonámbula. ¿Acaso había alguien más en el grupo
que conociera esa verdad? ¿Había revelado Ulavu su verdadera
identidad al batallar? Aunque Erin había estado de espaldas a él
durante el combate, Baraja podría haberle visto actuar.

O tal vez Ulavu se lo hubiera contado a todos los demás. Tal vez
todos se estaban riendo de la ingenuidad e ignorancia de Tanya por
detrás.

Aunque se lo podía preguntar, no se atrevía. Además, daba igual


que lo supieran no.

Ella había compartido algo especial con él. Pero ya no.

Nunca había tenido amigos. Realmente, no. Cuando era niña, le


había echado la culpa a su poder, al miedo que la gente le tenía.
Más tarde, en la Academia Fantasma, le había echado la culpa al
implante que le habían injertado en el cerebro, el cual a veces
afectaba a su raciocinio y sus sentimientos. Durante la guerra, le
había echado la culpa al estrés del combate que estaba desgarrando
a toda la sociedad terran. Después de la guerra, le había echado la
culpa al estrés postraumático que padecía la gente o a la tensión
que conllevaba adaptarse a los tiempos de paz.

Pero la verdadera causa no había sido nada de eso. Ahora era


consciente de ello.

No, era ella. Era ella la que era incapaz de mantener una relación
duradera con la gente. Siempre que todo parecía ir como la seda,
tarde o temprano, acababa diciendo algo que no debía o haciendo
algo que no debía y los demás se alejaban de ella, para nunca
volver.

208
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Ulavu había sido la única excepción a esa regla. Al contrario que


sus colegas terran, él siempre había estado ahí, siempre había
estado dispuesto a perdonar cualquier metedura de pata o cualquier
salida de tono inesperada. Había sido su punto de apoyo. Su ancla.
Su amigo.

Pero ahora sabía que todo eso era mentira.

Podía contárselo a Baraja, puesto que ¿qué más le daba a estas


alturas? Y a Erin y a Dizz y al emperador Valerian y a todo el
maldito Dominio si se daba el caso. Le daba igual. Ya no le
importaba nada.

Es más, ya no había realmente ninguna razón por la que Dizz


debiera enredar con esas granadas. Tanya podía subirse a las vainas
con gran facilidad y prenderle fuego a todo, provocando así que
todo aquel lugar se viniera abajo, como si se tratara de una especie
de pira funeraria vikinga de la Antigua Tierra. La misión había
llegado a su fin. No había ninguna razón que le impidiera ir
directamente para allá y poner fin a su propia miseria.

Apretó los dientes. No. Si bien era cierto que esta parte de la misión
sí había concluido, Erin había dicho que había otros dos puntos
neurálgicos. Valerian quizá decidiera lanzar un ataque nuclear
sobre el planeta desde las naves en órbita, pero también podría
decidir que había que realizar un ataque más preciso y quirúrgico.
Un ataque del que tal vez formara parte su equipo.

Aunque había dejado de confiar en Ulavu, seguía siendo leal a


Baraja y los demás, a pesar de que cabía la posibilidad de que se
estuvieran riendo de ella por detrás.

No los abandonaría. Haría cuanto fuera necesario para completar


la misión. Eso era lo menos que le debía al Dominio por el tiempo
y el esfuerzo que este había invertido en ella durante tantos años.
209
TIMOTHY ZAHN

No obstante, si alguien tenía que hacer el sacrificio definitivo en un


momento dado, como había sucedido en tantas misiones durante la
guerra..., bueno, Baraja al menos no tendría que pedir voluntarios.

*******

Ulavu regresó con más ramas de las que debería haber sido capaz
de recoger, o incluso cortar con el cuchillo de Baraja. Tanya hizo
como que no se había dado cuenta. En cierto momento, el protoss
le preguntó cómo se encontraba. La fantasma le dio una respuesta
educada, enterrando su ira y angustia muy hondo para que él no
pudiera percibirlas.

En cuanto concluyeron los preparativos, observó junto a los demás,


desde el final del túnel y con una satisfacción malévola, cómo las
vainas y los cadáveres zerg se consumían en unas llamas al rojo
vivo.

Tuvieron que utilizar las tres últimas granadas que les quedaban
para abrirse camino a través de la cerca de árboles que bloqueaba
la entrada a la caverna. Por fortuna, no había ni rastro del grupo de
zerg que les había obligado a buscar refugio ahí dentro
anteriormente.

— ¿Y ahora qué? —preguntó Erin.


—Dizz irá a por la nave de despliegue —contestó Baraja—. En
cuanto venga de camino a recogemos, apagaré mi bloqueador
psiónico y enviaré un informe de la situación.
—Está bien. —Erin se estremeció—. Espero que no aparezca un
nuevo grupo en cuanto lo apagues.
—Si eso sucede, los mataremos —afirmó Tanya con suma calma.
Aunque Baraja le lanzó una mirada plagada de extrañeza, asintió.
—Exactamente —dijo—. Despega, Dizz. Cuanto antes podamos
salir de aquí, mejor.

210
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO DOCE

Cuando Valerian se encontraba por la mitad de su exposición del


informe del equipo de investigación, Abathur empezó a mover
nerviosamente los brazos. Para cuando llegó a la parte de las
vainas, el maestro de evolución estaba agitando las garras como si
estuviera intentando estrangular a un oponente invisible.

Y para cuando el emperador concluyó...

¿Los organismos terran han destruido la adostra?, gruñó Abathur.


¿Los organismos terran han destruido la adostra? ¿La obra
surgida de las manos de Abathur (el futuro del Enjambre) ha sido
quemada y reducida a cenizas?
—El equipo fue atacado —dijo Valerian, a la vez que observaba a
Zagara por el rabillo del ojo. Por ahora, la reina no había hablado
ni había movido un músculo siquiera. No obstante, a lo largo de
toda la presentación, el emperador había tenido la sensación cada
vez mayor de que la envolvía un aura peligrosa y siniestra.

211
TIMOTHY ZAHN

Y, ahora mismo, tenía un aspecto tan alienígena como el de


cualquier otro zerg.
Imposible, masculló Abathur. La adostra es inofensiva. Está
soñando. No puede atacar.
—No me refiero a los que se encontraban dentro de las vainas —
replicó Valerian—, sino a los otros, a los que llamamos psioliscos.
Aun así, han destruido a la adostra que estaba en las vainas,
apostilló Zagara en voz baja.

Un escalofrío recorrió a Valerian por la espalda. Se mostraba muy


alienígena... y muy furiosa.

Artanis, al menos, no se dejó llevar por las emociones con tanta


facilidad.

A pesar de que conocía la existencia de estas criaturas, usted no


comentó nada al respecto, le espetó. ¿Por qué?
¿Cómo se atreve a preguntarlo?, replicó Zagara. Con la
animadversión que ha mostrado contra el Enjambre y los intentos
del maestro de evolución de crear, moldear y prolongar la vida,
¿cómo se atreve a preguntar por qué no les revelamos la existencia
de la adostra?
Así que admite que nos han mentido, ¿no?
Les permití ir a cualquier parte, emperador Valerian, respondió
Zagara, ignorando así la pregunta de Artanis. Y nos han pagado ese
acto de generosidad con una masacre sin sentido.
—Sin sentido no, reina —aseveró Valerian. De repente, algo llamó
su atención: un par de asoladores acababan de aparecer justo en la
entrada de la cámara. Por el momento, no habían entrado, pero
estaba claro que estaban preparados para hacerlo de un momento a
otro.

Artanis también había reparado en ellos.

¿Ahora pretende lanzar un ataque directo?, inquirió.


212
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

¿Acaso no tendría razones para hacerlo?, replicó Zagara. Han


intentado destruir el futuro de los zerg. ¿Acaso no tengo derecho a
contraatacar para defender al Enjambre?
El equipo de investigación fue atacado, respondió Artanis.
Los zerg de los que hablan ustedes no existen, afirmó Zagara. Aun
así, no he atacado. A pesar de esta provocación tan letal, me
muestro dispuesta a proseguir las conversaciones.
Pero yo no. Artanis se puso en pie y alzó una mano. Nos vamos a
marchar ahora mismo. Después, la castigaremos por sus actos.

Los altos templarios y los templarios tétricos intercambiaron


posiciones, formando un cordón de seguridad hasta la lanzadera.
Zagara se enderezó, y Valerian notó que estaba haciendo un gran
esfuerzo para mantener a raya la ira.

Le pido que lo reconsidere, jerarca Artanis, le dijo. Se lo pido


encarecida y urgentemente. Estas conversaciones son vitales para
el futuro de nuestras civilizaciones.
No estoy dispuesto a escuchar nada más. Artanis se volvió hacia
Valerian. Vamos, emperador Valerian Mengsk. Ha llegado el
momento de abandonar este lugar.

Valerian vaciló. No cabía duda de que Artanis tenía razón. Cuando


había hablado sobre esas plantas con esencia xel’naga y sus
grandiosos planes para dar de comer a los terran hambrientos, no
había mencionado en ningún momento la existencia de nuevas
cepas zerg.

Aun así, estaba claro que existían. Y de ninguna manera se podía


permitir que unos zerg que poseyeran unas habilidades psiónicas
como las que había descrito el sargento Cray abandonaran Gystt.
Pero había algo que no encajaba en todo aquello. Algo que no tenía
ningún sentido.

213
TIMOTHY ZAHN

¿Por qué les iba Zagara a invitar a venir a Gystt y permitirles que
enviaran un equipo de investigación a cualquier lugar del planeta
si sabía perfectamente con qué se podía topar dicho equipo? Y la
cuestión no es que pudiera pasar sino que había ocurrido. Y lo más
revelador de todo era que ella había sabido desde que el equipo se
topó con los zerg en el desequilibrio que se estaban dirigiendo hacia
la meseta. En ese momento, había dejado entrever que creía que el
equipo seguiría avanzando, pero no lo había dicho explícitamente.
Ciertamente, no había insistido en ello.

¿Y por qué no lo había hecho? ¿Por qué no le había dado alguna


excusa a Valerian o había planteado alguna razón que justificara
que el emperador tuviera que retirar al equipo o enviarlo a otro
lugar?

¿Emperador Valerian Mengsk?


— ¿Emperador Valerian? —murmuró uno de los guardaespaldas
de Valerian, que tenía la mirada clavada en los asoladores a la
espera—. El jerarca Artanis tiene razón. Tenemos que irnos.

Valerian apretó los labios, a la vez que intentaba atravesar con la


mirada la piel y el rostro blindados de Zagara para llegar a su alma.
Aún estaba furiosa, aún estaba alterada. Y no estaba haciendo nada
por intentar evitar que sus invitados se marcharan.

A menos que no pensara hacer nada mientras siguieran ahí dentro.

—Contacte con el Hyperion —le susurró al escolta—. Que


comprueben si algunos mutaliscos u otros zerg avanzan en esta
dirección.
—Ya lo he hecho, emperador —replicó el guardaespaldas—. Los
sensores no detectan nada en el aire próximo a nosotros. El único
zerg de gran tamaño que se halla cerca es el leviatán de Mukav (ese
al que seguimos desde Korhal) y sigue todavía en tierra.

214
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Valerian se mordió el interior del carrillo. Se suponía que habían


descubierto el secreto mejor guardado de Zagara, lo cual había
arrastrado tanto a ella como al planeta entero al mismo borde de la
aniquilación. Aun así, la reina seguía sin hacer nada.

¿Emperador Valerian Mengsk?, repitió Artanis, esta vez con un


leve tono de impaciencia.

Valerian quería irse. Ella les había mentido tanto a él como a


Artanis, por lo cual la amenaza implícita en el acuerdo que habían
alcanzado para celebrar esta reunión si se daba el caso de engaño
tenía que plasmarse en algo concreto. No llevar las amenazas hasta
sus últimas consecuencias e incumplir las promesas era lo peor que
podía hacer un líder.

Pero las piezas no encajaban como debía. Y si no llegaba al fondo


de este asunto, era consciente de que siempre recordaría este
momento y se preguntaría qué habría pasado si hubiera actuado de
otra manera.

—Gracias, jerarca Artanis —respondió—. Pero me gustaría


quedarme un poco más. Tenemos que darle a la reina Zagara la
oportunidad de explicarse.
No tenemos que darle nada, afirmó Artanis con rotundidad.
Alcanzamos un acuerdo. Y ese acuerdo ha sido derogado.
—Tal vez —dijo Valerian—. No obstante, yo me quedo.
Entonces, se quedará solo, replicó Artanis. Yo me marcho.

Valerian asintió.

—Lo entiendo.

Observó cómo Artanis entraba en la lanzadera, seguido de sus


guardias. La compuerta se cerró y, un instante después, el vehículo
se elevó del suelo y desapareció a través del cono para perderse en
215
TIMOTHY ZAHN

el cielo, mientras los fénix se alzaban también en formación de


escolta.

Valerian era consciente de que ya no había vuelta atrás.

Hizo un gesto al soldado.

—Llame al Hyperion y dígale al almirante Horner que envíe una


nave de despliegue —le ordenó—. Y ahora, reina, continuemos con
nuestras conversaciones.
—Siguen ignorando nuestras peticiones de información —gruñó
Cruikshank—. Pero sea lo que sea lo que están planeando, van muy
en serio, maldita sea. Las lecturas de energía indican que todas las
bahías de sus hangares están en pleno funcionamiento;
probablemente, están preparando los prismas de distorsión. La
hipótesis más plausible es que están concentrando a las tropas.
—Además de los centinelas y cualquier otro equipo que tengan a
bordo —admitió el almirante Horner con un tono sombrío—. Al
menos, no se preparan para realizar una incineración total.
—Bueno, aún no, señor —le advirtió Cruikshank. Horner podía
hacerse el sueco todo cuanto quisiera, pero para cualquiera con
medio cerebro era obvio qué tramaba Artanis. El sargento Cray
había informado de la existencia de unos zerg con poderes
psiónicos, lo cual, desde el punto de vista de Cruikshank, colocaba
a Gystt en la lista de planetas a arrasar a bombazos nucleares.

No obstante, como Artanis no se fiaba del todo de la palabra de los


terran, había decidido, por lo visto, enviar a algunos protoss a
comprobar si eso era cierto.

—Tal vez aún no cuenten con la suficiente potencia de fuego para


llevar a cabo una incineración —añadió—Pero seguro que se están
preparando para ello.
—Es probable —replicó Horner—. Pero más les vale no intentarlo
hasta que regresen el emperador Valerian y nuestro equipo.
216
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Coronel? —dijo el técnico encargado del puesto de


comunicaciones—. Es el sargento Cray, señor.
Cruikshank asintió y activó su comunicador para recibir la
transmisión. Y esa era otra: ¿Qué demonios hacía un sargento
enviando informes y actuando como si estuviera el mando cuando
eso debería hacerlo el teniente Halkman?
—Al habla Cruikshank.
—Soy el sargento Cray, señor —contestó el soldado—. El teniente
Halkman está volviendo con la nave de despliegue. ¿Quiere que
regresemos al Hyperion?

Cruikshank arrugó la nariz. Horner podía lanzar todas las amenazas


que quisiera en privado, pero era un hecho incontestable que, si
Artanis decidía incinerar Gystt mientras todavía había algunos
terran en su superficie, podría hacerlo perfectamente, ya que ni
Horner ni el Dominio podrían hacer nada al respecto.

El emperador seguía en peligro por voluntad propia, puesto que


estaba legitimado para tomar esa decisión. Y aunque eso no le
gustase a Cruikshank, no tenía absolutamente nada que decir al
respecto.

Sin embargo, el caso de Halkman y su equipo era totalmente


distinto. Cruikshank era responsable de las vidas de esos dos
hombres y esas dos mujeres y no iba a dejarlos abandonados en la
trampa mortal que era ese planeta ni un segundo más de lo
necesario.

Aun así, mientras Valerian siguiera ahí abajo, posiblemente, la


presencia en el planeta del equipo de investigación continuaría
siendo necesaria. Si bien Cruikshank no tenía claro ni cómo ni por
qué, había sido testigo de numerosas situaciones en las que la
victoria había dependido de la presencia de una sola persona en el
sitio adecuado en el momento adecuado.

217
TIMOTHY ZAHN

—Negativo —respondió—. Quédense donde están y aguarden


órdenes. Y mantengan los bloqueadores psiónicos apagados, salvo
que vean que se aproximan unos zerg a ustedes.

Aunque quizá hubiera un leve tono de titubeo en su voz, Cray


contestó con rotundidad:

—Sí, señor.
—Y tengan cuidado —añadió Cruikshank—. Corto.

Apagó el comunicador y contempló furioso cómo los protoss


reunían sus fuerzas para llevar a cabo su maldito plan, fuera cual
fuese. Sí, a veces el hecho de que la persona adecuada estuviera en
el lugar adecuado era lo que marcaba la diferencia.

No obstante, lo más normal era que esa persona acabara muerta


como todos los demás.

Esperaba que ese no fuera el caso. Pero no habría apostado por ello.

*******

El jerarca Artanis y usted tenían razón respecto al asunto de la


esencia xel’naga, dijo Zagara. Pero he de indicarle que Abathur no
creó esas plantas. El creó la adostra. Y la adostra creó esas
plantas.

Valerian podía ver que seguía furiosa. Pero al menos continuaba


hablando.

Tal vez estuviera siendo sincera. Simplemente, tal vez fuera


consciente de que esta era su última oportunidad de evitar que una
tormenta de fuego arreciara sobre el Enjambre y ella.

218
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

La esencia era algo que nosotros éramos incapaces de implantar


a las plantas..., solo podíamos hacerlo con las especies animales.
—Así que crearon una especie que sí fuera capaz.
Sí, modificamos una anterior, le corrigió Zagara. Fue la Reina de
Espadas la que nos señaló el camino adecuado y nos animó a
seguirlo. Seleccionó una especie que podría sernos útil, una
especie totalmente consciente y pacífica. Capturamos únicamente
a los necesarios y dejamos a los demás en paz en su planeta.
Después, Abathur mezcló en ellos las cepas xel’naga salvadas de
Ulnar y, gracias a su talento, fuimos capaces al final de cumplir el
sueño de Kerrigan.
—Sí, el equipo de investigación se topó con las consecuencias de
ese sueño —afirmó Valerian con un tono muy grave.
No, le espetó Abathur. Eso es imposible. Las criaturas que
describen los terran no existen.
No estoy diciendo que sus soldados mientan, emperador Valerian,
apostilló Zagara. Pero esas criaturas no son las que Abathur creó
con sus manos y yacen durmiendo en esos capullos.
—Está bien —dijo Valerian. Era tan malditamente sincera..., pero
Cray había sido igual de sincero en su informe sobre lo que había
ocurrido en el Punto Neurálgico Uno.

Por desgracia, era la palabra de Cray contra la de Zagara; Valerian


no tenía más. Las grabaciones de los CMC, que deberían haber
dejado constancia con claridad de lo sucedido en la batalla, habían
sufrido, al parecer, los mismos fallos inducidos por los
bloqueadores psiónicos que estaba afectando a las comunicaciones
a larga distancia. Las interferencias habían dejado un audio
ininteligible, y lo único que mostraban las grabaciones de vídeo
eran unas manchas difusas que podían ser cualquier cosa.

—Hábleme de esas nuevas criaturas. ¿Cómo son? O empecemos al


menos hablando de cómo se supone que son.
Como ya he dicho, los llamamos la adostra, respondió Zagara.
Creemos que la palabra significa soñador en el idioma de los
219
TIMOTHY ZAHN

xel’naga. Pero sus sueños no son como los de usted o los míos. Sus
sueños se adentran en lo más profundo de los poderes psiónicos de
su especie. Llaman a la vida allá donde esté, ya sea en los campos,
en los arroyos o incluso en lo más hondo de las piedras. Esa vida
Se agita y se anima y se nutre, hasta que por fin despierta del todo.
—Espere un momento —la interrumpió un ceñudo Valerian—.
¿Está diciendo que la nueva flora de Gystt es el resultado de los
pensamientos o los sueños de algunos animales?
De unos animales cuyo fuero interno está compuesto de esencia
xel’naga, le recordó Zagara. Las leyendas señalan que los xel’naga
sembraron la vida en la galaxia. ¿Acaso resulta tan difícil de creer
que esta capacidad sea innata y no sea algo que meramente
aprendieron tras milenios de estudio?

Valerian se frotó la mejilla. Ciertamente, eso encajaba con las


leyendas de los protoss en las que narraban sus encuentros con los
xel’naga. Y la idea de que los sueños de la adostra fueran
responsables de la explosión de vida que había tenido lugar en
Gystt (aunque a saber cómo narices funcionaba eso) también podría
explicar el patrón que la doctora Wyland había descubierto. No era
un patrón provocado por la acción del viento, sino, simplemente, la
extraña manera en que las plantas señalaban la dirección en la que
se hallaba la fuente que había inspirado su existencia.

—Pero ¿qué fue mal? ¿Cuándo se torcieron las cosas y cómo se


volvieron malévolas?
Eso no puede haber pasado, insistió Zagara. La adostra no es hostil
de ningún modo.
— ¿Está segura? —replicó Valerian, quien dirigió la mirada hacia
Abathur—. ¿Vio todo lo que hizo Abathur mientras este trabajaba?
Estuvo bajo supervisión en todo momento.
— ¿Lo vigilaron unos zerg que sabían tanto sobre manipulación
genética como él?
No existen tales zerg, aseveró Abathur con un indisimulado
orgullo.
220
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Tiene razón, corroboró Zagara. Pero me es leal.


—Entonces, tal vez cometiera un error—sugirió Valerian—. Tal
vez podría haber una bomba de relojería genética en la adostra que
nadie previo, algo que provocara que se transformaran en
psioliscos, ¿no?

Zagara ladeó la cabeza.

Si eso fuera así, ¿qué podría haber causado tal transformación?


—Él es el maestro de evolución —contestó Valerian, señalando a
Abathur—. Pregúntaselo a él.
No, replicó Abathur rotundamente. Es imposible. Es mucho más
fácil creer que los terran mienten.

Valerian frunció los labios. Estaban en un callejón sin salida.

—Muy bien, probemos a enfocarlo de otra manera. Según usted,


todas las madres de la prole le son leales, reina. ¿Está segura de
eso?
¿Lo pregunta por el ataque que sufrió su equipo de investigación
antes de entrar en la estructura que alberga los capullos de la
adostra?
—Sí —respondió Valerian—. Según Ulavu, en esos momentos, se
hallaban muy dentro del territorio de la madre de la prole local.
La madre de la prole insiste que ella ni ordenó ni consintió tal
ataque.
—Demos por supuesto que dice la verdad —dijo Valerian, quien
se preguntó brevemente hasta qué punto las madres de la prole
tenían que ser sinceras con su reina y si Zagara sería capaz de saber
si mentían o no—. Usted ha comentado que la adostra posee
poderes psiónicos. ¿Podrían esas criaturas haber dominado desde
el interior de sus capullos a los zerg de fuera para obligarlos a atacar
al equipo de investigación?
No, contestó Zagara. La adostra no es violenta. No habría
participado en un ataque.
221
TIMOTHY ZAHN

—Pero ¿no sería posible?


No.

Valerian arrugó el ceño. Una vez más, habían acabado en otro


callejón sin salida.

—Está bien —replicó—. Lo que necesitamos (lo que nos falta) son
hechos y pruebas. Permíteme que llame al equipo investigación
para ver si pueden recoger algunas muestras de tejidos de lo que
aún quede en la zona de los capullos.

Hasta ese momento, había tenido la sensación de que la ira de


Zagara se estaba aplacando un poco, pero ahora esa corriente de
sentimientos se invirtió. La reina se tensó, y Valerian percibió otra
vez de manera abrumadora esa asfixiante sensación de que era
demasiado alienígena.

De las cenizas de la destrucción que han provocado.

Lo cual el equipo había estimado necesario y prudente. No


obstante, Valerian se guardó para sí ese comentario. Era fácil
criticar la decisión que había tenido que tomar el comandante en
tierra; sobre todo, tras haber visto cómo la furia y el espanto se
adueñaban de Zagara al enterarse de que los capullos habían sido
destruidos. Y como sabía que no llegarían a ningún lado si defendía
esa decisión (o ni aunque se mostrara de acuerdo con el punto de
vista de la reina), dijo:

—Nos enfrentamos a un misterio. Veamos si podemos empezar a


desentrañarlo.

*******

—Entendido, coronel —contestó Dizz, frunciendo levemente la


nariz.
222
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Lo cual Erin sospechaba que no era una buena señal. A pesar de


que tenía que reconocer que no había tratado mucho con los
militares del Dominio, estaba bastante segura de que los oficiales
de menor rango debían mostrar más respeto a sus superiores que el
que el segador había mostrado. Dadas las circunstancias,
sospechaba que fueran cuales fuesen las órdenes que le había
transmitido Cruikshank a ella no le iban a gustar.

Y estaba en lo cierto.

—Estas son órdenes de, y cito literalmente, «las más altas


instancias» —dijo Dizz amargamente—. Por lo cual doy por
sentado que lo que Cruikshank quería decir es que han sido dadas
por el propio Valerian. Tenemos que volver ahí dentro para
buscar...
— ¿Qué tenemos que hacer qué? —le interrumpió Baraja.
—Tenemos que volver ahí dentro para buscar muestras de tejido
—concluyó Dizz—. O sea, a buscar restos de psioliscos. O sea, que
lo llevamos claro, maldita sea.

A Erin se le hizo un nudo en el estómago, puesto que ya lo había


pasado bastante mal viendo cómo Dizz levantaba aquella pira
funeraria. Aunque sabía que las criaturas habían intentado matarlos
(aunque sabía que los zerg de ese nivel eran poco más que
animales), había tenido la sensación de que eso había sido lo más
espeluznante, salvaje e incivilizado en lo que había participado
jamás.

¿Acaso era una de esas cosas que suelen ocurrir en las guerras? Era
probable. Se había perdido gran parte de lo más feo del conflicto
durante los años que había durado este, puesto que se había hallado
sana y salva en su confortable laboratorio, rodeada únicamente por
muestras de tejido, sustancias químicas y, de vez en cuando, trozos
de cadáver que le recordaban lo que estaba sucediendo fuera.
223
TIMOTHY ZAHN

Ahora, de repente, estaba experimentándolo todo a la vez: el


combate, el miedo, la subida de adrenalina, la carnicería y, sí, las
amargas consecuencias psicológicas de todo lo demás.

¿Y ahora querían que sacara unas muestras de tejido a partir de


unas cenizas?

— ¿Qué problema hay? —preguntó Tanya—. ¿Aún hace mucho


calor ahí dentro?
—Oh, hace muchísimo calor—le aseguró Dizz—. Mi armadura no
lo resistirá (es demasiado ligera y tiene muchas aberturas) y Ulavu
y tú están definitivamente descartados. Pero esos CMC-400 son
bastante buenos (incluso el de Baraja valdría, a pesar de lo
destrozado que está), así que tanto él como Erin podrían entrar. No
obstante, lo que yo quería decir es que no va a quedar nada para
recoger.
—Supongo que, al menos, deberíamos intentarlo —dijo Baraja,
quien, arqueando las cejas, miró a Erin—. ¿Te apuntas?
Pues no, era lo que quería responder Erin. Pero el soldado tenía
razón.
—Claro —contestó, intentando infundir algo de entusiasmo a su
voz.
—Nosotros nos quedaremos aquí a vigilar —señaló Dizz, mientras
ellos dos se dirigían hacia el agujero abierto en la cerca que
conformaban los árboles—. Si algo va mal, gritad.
— ¿Y qué harías entonces? ¿Enviarías a Tanya ahí dentro? —
inquirió Baraja sin rodeos.
—Hum. Tienes razón. Bueno, procuren que nada se tuerza.
—Está bien. Gracias por el consejo.
—De nada —respondió Dizz—. Y tened los ojos bien abiertos...
Cruikshank quiere que le informemos en tiempo real, así que
tendremos que dejar desconectados los bloqueadores psiónicos.
—Ya, pero será mejor que ustedes los tengan bien abiertos—
replicó Baraja—. Todos los zerg que había dentro ya están muertos.
No se puede decir lo mismo de los de fuera.
224
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Todavía había algunos pequeños fuegos ardiendo allá donde


anteriormente habían estado las vainas. No obstante, la pira se
había consumido en gran parte, aunque aún humeaba. Mientras con
un ojo observaba a Baraja y con otro miraba dónde pisaba, Erin fue
avanzando, alegrándose de que al respirar por el sistema de aire
artificial no tuviera que oler nada de eso.

En cuanto alcanzaron las vainas descubrieron que, tal y como Dizz


había predicho, había quedado muy poco de ellas.

—Qué desastre —comentó Baraja. El soldado se agachó sobre la


vaina más cercana y contempló su interior a través de la parte
superior hecha añicos, de tal modo que pudo ver algunos diminutos
fragmentos que humeaban—. ¿Cómo quieres hacer esto?

Erin contempló toda la hilera de vainas, o al menos todas las que


pudo ver a pesar del humo.

—Revisaremos todas en busca de algo que no esté totalmente


ennegrecido.
— ¿Y si no encontramos nada?
—Tomaré muestras de cualquier cosa que no sea ceniza —contestó
Erin.
—Está bien. —El soldado señaló al piso superior—. Yo empezaré
por ahí arriba; tú, por aquí abajo. Nos encontraremos en el medio.
Haciendo de tripas corazón, Erin se puso manos a la obra.

Las ocho primeras vainas estaban en el mismo estado que la que


había examinado antes: encontró pedacitos de carne ennegrecida
entre los fragmentos de los restos de la estructura de quitina que
revestía las vainas, todo ello recubierto de manchas del líquido que
se había hallado dentro, friera cual fuese este. Cuando hurgaba un
poco entre los restos carbonizados, daba a veces con algunos
huesos; al verlos, las náuseas que sentía se intensificaban.
225
TIMOTHY ZAHN

Estaba a punto de sugerirle a Baraja que lo dejaran cuando alcanzó


la novena vaina.

— ¿Baraja? —gritó, sin apartar la vista del revestimiento roto—.


¿Quieres venir aquí un momento?
— ¿Has encontrado algo? —preguntó el soldado a voz en grito, a
la vez que descendía con cuidado desde el nivel superior.
—No, justo lo contrario. —Esperó a que Baraja aterrizara de un
salto junto a ella y, a continuación, señaló—. Nada.
—Maldita sea —masculló, estirando el cuello para poder ver—.
¿Uno de ellos logró escapar?
—No lo creo —contestó Erin—. No hay ni carne ni hueso, pero
tampoco hay ninguna decoloración por culpa del líquido ni en el
interior de la vaina ni en el interior de esos tubos orgánicos. Creo
que nunca hubo nada aquí dentro.
—Qué locura —oyó la doctora decir a un perplejo Dizz por el
auricular—. Todas las vainas estaban... Estoy bastante seguro de
que todas estaban selladas.
—Lo estaban —confirmó Tanya—. Eso fue lo primero en que me
fijé después de la batalla. Todas parecían exactamente iguales.
—Entonces, ¿por qué una estaba vacía? —preguntó Dizz.
— ¿Estamos seguros de que solo una lo estaba? —apostilló Tanya.
—Descubrámoslo —dijo Dizz.
Enseguida completaron el examen. El número total definitivo era...
— ¿Seis? —inquirió un anonadado Dizz—. ¿Estás diciendo que el
diez por ciento de las vainas estaban vacías?
—Y, además, nunca estuvieron ocupadas —le recordó Erin. De
algún modo, ese hecho era lo que más la inquietaba.
—O al menos llevaban vacías un tiempo —apostilló Baraja—.
Como ha dicho Erin, no había ningún residuo líquido.
—Pero sí había líquido en todos ellos —insistió Tanya—. Yo lo vi.
—Tal vez diera la impresión de que sí lo había —le corrigió Erin—
. O... No, espera. Si los bebés psioliscos se alimentaban de ese
líquido o este los mantenía con vida, es probable que estuviera
formado en gran parte por compuestos orgánicos, o al menos que
226
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

algunos de sus componentes fueran moléculas complejas. Eso sería


lo que se habría abrasado y manchado las vainas cuando Dizz inició
el fuego.
—Así que las vainas vacías podrían haber estado llenas únicamente
de agua, ¿no? —preguntó Baraja.
—De eso o de algo distinto sencillo e inorgánico —contestó Erin.
— ¿Estás insinuando que eran unos señuelos? —se oyó decir a
alguien que participaba de repente en la conversación.

Erin frunció el ceño, pues tenía la fuerte sensación de que había


oído antes esa voz.

—Disculpa —inquirió—. ¿Quién eres?


—El emperador Valerian —respondió aquella voz—. Creía que su
descubrimiento era lo bastante importante como para que el coronel
Cruikshank me incluyera en la conversación.
—P-perdóneme, emperador —tartamudeó Erin, a la vez que se
sonrojaba y se maldecía a sí misma en silencio. Por muy absorta
que estuviera en lo suyo, debería haber reconocido al instante la
voz del líder del Dominio.
—No se preocupe —replicó Valerian. Al menos, el emperador no
se había sentido molesto por la forma en que se había dirigido a
él—. Tengo que saber si las vainas vacías podrían haber sido unos
señuelos.
— ¿Quiere saber si querían que nosotros mordiéramos el anzuelo,
emperador? —preguntó Baraja—. Supongo que es posible. Pero
¿con qué fin? ¿Quién sabía que veníamos aquí?
—Esa es la cuestión, en efecto —contestó Valerian—. Teniente
Halkman, ¿cómo se encuentra su equipo? ¿Cuentan con recursos
suficientes?
—Estamos preparados para irnos, emperador-—le aseguró Dizz—
. ¿Qué quiere que hagamos?
— ¿Tienen la ubicación de los Puntos Neurálgicos Dos y Tres de
la doctora Wyland?
—Sí, emperador.
227
TIMOTHY ZAHN

—Bien. Quiero que vayan directamente al Punto Neurálgico Tres.


Si encuentran ahí el mismo tipo de vainas, deberán realizar un buen
y sólido análisis a lo que contengan.
—Con todo respeto, emperador, todo indica que en esas vainas se
crían las cosas que nos atacaron —señaló Baraja.
—Estoy de acuerdo —dijo Valerian, con una voz que se tomó
sombría—. En tal caso, habrá que quemar todas y cada una de ellas
hasta destruirlas a nivel subatómico. Pero el primer paso que
debemos dar es aseguramos de que sabemos a qué nos enfrentamos
exactamente. Y aseguramos de que, si acabamos con ellas,
acabaremos con todas.
—Entendido, emperador—replicó Dizz—. Baraja, Erin, vuelvan
aquí rápidamente. Nos marcharemos en cuanto estén a bordo.

Cinco minutos después, Erin se encontró de nuevo en su asiento,


sintiendo la presión del ascenso, mientras Dizz dirigía la nave de
despliegue hacia el cielo a toda velocidad.

—Pueden ponerse cómodos—les indicó Dizz cuando estaba


alcanzando una cierta altitud y procedía a estabilizar la nave—.
Quítense los trajes si quieren. O no..., como verán. Solo recuerden
que incluso a máxima velocidad de vuelo, tardaremos alrededor de
siete horas. Si alguien tiene hambre o sed, hay barritas de comida,
zumos y algunas colas en el kit de supervivencia. Creo que también
he visto algo de cecina de escaleta ahí dentro, si quieren plantearle
ese desafío a sus mandíbulas.
—Igual luego —dijo Baraja, mientras contemplaba el mapa que
había abierto en su monitor—. Maldita sea, el Punto Dos estaba
mucho más cerca que el Tres, ¿saben? ¿A alguien se le ocurre por
qué Valerian no nos ha enviado ahí?
—Sí —respondió Dizz con un tono muy serio—. Recibíamos
nuestro informe de datos a cada hora antes de que yo volviera a
activar el bloqueador psiónico. Según parece, el jerarca Artanis ha
enviado un destacamento propio a echar una ojeada a ese punto en

228
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

concreto. —Se calló y Erin pudo ver cómo miraba fugazmente a


Ulavu—. Y —añadió— están siendo atacados.

229
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO TRECE

Las alarmas seguían bramando intensamente en el hangar del


Hyperion. Sin embargo, dentro de la pesada armadura y de los
claustrofóbicos confines de un traje de combate Demoledor, aquel
ruido se veía reducido a un rugido ahogado. Con un ojo en el estado
de comprobación previa y otro en la imagen orbital en tiempo real
del Punto Neurálgico Dos, Cruikshank acabó de colocarse las
sujeciones que lo ataban a la cabina de mando y se preguntó cuándo
recibiría las órdenes.

También se preguntó en qué consistirían exactamente esas órdenes.


La comprobación previa ya se había vuelto verde y las alarmas al
fin se habían callado de una maldita vez, cuando Horner apareció
en el monitor del comunicador.

—Está bien, el emperador Valerian por fin ha logrado comunicarse


con Artanis —dijo el almirante—. La buena noticia es que Artanis
ha accedido a no demoler el Punto Dos sin antes haberle echado un
buen vistazo y sin haber recogido algunas muestras decentes.
230
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Mentalmente, Cruikshank hizo un gesto de negación con la cabeza.


El razonamiento que había justificado que tropas del Dominio
bajaran al planeta había sido que Valerian necesitaba que los
protoss se mantuvieran al margen mientras él arreglaba las cosas
con Artanis. En teoría, las fuerzas de Cruikshank tenían que
cerciorarse de que estos hacían eso exactamente, les gustara o no.
A pesar de que hacía tiempo que se moría de ganas de dar una
buena paliza a algunos protoss, ahora, al parecer, eso no iba a
suceder.

—La mala noticia —continuó Horner— es que Artanis no puede


contactar con sus tropas. Su lanzadera ha sido alcanzada por un par
de mutaliscos cuando descendía; según parece, ese ataque destrozó
sus dos potenciadores psiónicos.
—Está de broma —replicó un ceñudo Cruikshank—J ¿Acaso es
eso posible?
—Bueno, o es eso o los psioliscos de Cray les están fastidiando —
respondió Horner—. Parece que algo también está fastidiando sus
campos de distorsión; no consiguen que los prismas de distorsión
funcionen, por eso han utilizado una lanzadera. Pero da igual. Lo
que importa es que Artanis no se puede comunicar con ellos, así
que va a ser usted quien tendrá que entregar su mensaje. Artanis lo
ha grabado. Se lo he descargado a su Demoledor.
— ¿Y si los protoss se niegan a escucharlo? —preguntó un
esperanzado Cruikshank. A lo mejor al final sí que podía sacudirles
un poco al menos.
—No deberían hacerlo —contestó Horner— Artanis ha incluido en
su mensaje suficientes códigos de identificación y autorización
como para atragantar a un leviatán.
—Entendido, señor —dijo Cruikshank. Si lo único que iban a hacer
era entregar un mensaje, ¿por qué una tercera parte de sus fuerzas
se dirigían a la superficie?—. ¿El resto de tropas permanecerán a
la espera en estado de alerta?

231
TIMOTHY ZAHN

—No tiene una visión de conjunto, coronel —afirmó Horner con


un tono grave—. Si por alguna razón los protoss sí se niegan a
aceptar estas nuevas órdenes, tendremos que aseguramos de que
dejan la cámara intacta hasta que nuestra gente pueda examinarla.
—Arqueó las cejas—. Da igual cómo tengamos que hacerlo.
—Entendido, señor —repitió Cruikshank, cuyo pulso se aceleró—
. No se preocupe. Llegaremos antes a esa cámara, se lo aseguro.
—Bien —dijo Horner—. Vayan descendiendo. Y buena suerte.
—Sí, señor.

Cruikshank se giró y caminó con su Demoledor hasta la nave de


despliegue, con una sonrisa tensa dibujada en la cara. Como los
protoss eran unos hijos de perra muy cabezotas, había muchas
posibilidades de que no se creyeran que realmente les transmitía las
órdenes de su jerarca.

En tal caso, después de todo, iba a poder zurrarles un poco.


Se mona de ganas de hacerlo.

*******

Son unas criaturas hermosas, emperador Valerian Mengsk, señaló


Zagara, cuya áspera voz psiónica parecía un tanto teñida de
melancolía. Poseen conciencia e inteligencia, pero no del mismo
modo que los terran o zerg. Ven la esencia de la existencia, el nivel
más profundo de la vida. Su propósito es dar con esa vida y
nutrirla. Al enderezarse, dio la impresión de que hasta crecía un
poco. El hecho de que ustedes hayan destruido a tantas es un
crimen contra el universo entero.
—Las vidas de mi gente estaban en peligro —le recordó Valerian,
a la vez que intentaba dominar su ira. Zagara era, simplemente,
incapaz de aceptar siquiera la posibilidad de que la adostra se
hubiera transformado en unas criaturas asesinas—. Además, fueron
ustedes quienes crearon a esos seres. Estoy seguro de que aún
recuerdan cómo hacerlo.
232
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Nuestros conocimientos son inútiles si no contamos con más cepas


xel’naga, aseveró la reina. Ya hemos usado todas. No nos quedan
más.
— ¿No pueden hacer que la adostra procree?
Aún no sabemos si son capaces de reproducirse o no, respondió.
Abathur cree que, algún día, quizá desarrollen esa capacidad.
— ¿Sus reservas de reproducción y criaderos no pueden cumplir
esa función?
Fueron diseñadas para los zerg y sus diversas variantes, contestó
Zagara. Por el momento, han demostrado ser incapaces de recrear
la esencia xel’naga o generarla. Los xel’naga tenían una tremenda
complejidad a nivel molecular y cuántica que seguimos sin
comprender.
—Ya veo —murmuró Valerian. Así que, en teoría, si el Dominio y
los protoss conseguían destruir a toda la adostra y todos los
psioliscos, sería el fin de esa amenaza.

Siempre que alguien pudiera demostrarle de manera inequívoca y


satisfactoria para él que las criaturas que habían atacado al equipo
de investigación de Halkman había sido, efectivamente, la adostra
de Zagara. Aunque el hecho de que Valerian luego pudiera
demostrárselo a Zagara de una forma inequívoca y satisfactoria
para ella era una cuestión muy distinta.

Si no lo lograba, lo podría tener muy complicado cuando intentara


abandonar Gystt.

Pero no le quedaba otro remedio. Aunque Artanis no había


utilizado tantas palabras para expresarlo, Valerian albergaba la
seria sospecha que su presencia en la superficie era lo único que
evitaba que el jerarca ordenara incinerar totalmente el planeta.

Es más, si Artanis tenía razón (si, en efecto, Zagara estaba jugando


con ellos con la mirada puesta en utilizar a los psioliscos como
armas en una nueva guerra), entonces Valerian no podría limitarse
233
TIMOTHY ZAHN

a permanecer al margen y no interferir, sino que podría sentirse


moralmente obligado a ayudar a los protoss a desencadenar esa
tormenta de destrucción.

Pero solo si estaba absolutamente seguro de que realizar tal


aniquilación era necesario.

Por tanto, seguiría ahí, hablando y escuchando. Al menos hasta que


el equipo de Cruikshank hubiera examinado la cámara del Punto
Dos y hubiera tomado algunas muestras. Tal vez hasta que el
equipo de Halkman hiciera lo mismo en el punto Tres. Tal vez
incluso más tiempo si fuera necesario.

Y si Zagara se negaba a creerle y Artanis se negaba a esperar más...


bueno, ya se plantearía qué haría cuando se diera esa situación.

*******

Las naves de despliegue de Cruikshank se hallaban a medio camino


de la superficie cuando recibieron la noticia de que los protoss
estaban siendo atacados.

— ¿De dónde demonios han salido? —preguntó un enfurecido


Cruikshank, que contemplaba la imagen desde el telescopio
inferior de la nave de despliegue. El follaje de las onduladas colinas
del Punto Dos era bastante denso, pero no tanto. ¿Cómo era posible
que esos malditos zerg hubieran aparecido de repente?— ¿Estaban
todos dentro de la meseta?
—Por lo que hemos podido comprobar, los únicos que han salido
después de que los protoss derribaran los árboles han sido unos
pocos seres de esa nueva especie que identificó el equipo de
Halkman —respondió Horner con un tono grave—. Esos a los que
llaman psioliscos. El resto parece ser que han salido sigilosamente
de los árboles que rodeaban a los protoss.

234
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Cruikshank torció el gesto. Sigilosamente, esa no era una palabra


que estuviera acostumbrado a relacionar con los zerg. Si bien era
cierto que había unas cuantas especies escurridizas, la mayoría de
las variantes de nivel inferior arremetían como unas apisonadoras
sin cerebro.

Como, de hecho, estaban haciendo ahora mismo; los zerglings, las


cucarachas y los hidraliscos hacían todo lo malditamente posible
para arrollar al pequeño destacamento protoss.

— ¿Tan mala es la situación? —inquirió—. Me estoy perdiendo


detalles por culpa de los árboles y el humo de las quemaduras de
ácido.
—Muy mala —contestó Horner—. Artanis sabe tan poco al
respecto como nosotros, pero da la impresión de que está teniendo
lugar una masacre. En un principio, detectamos las firmas
electromagnéticas de diez cuchillas psi templarías y de diez
cuchillas de distorsión Nerazim. Ahora, solo captamos seis y siete.

Cruikshank cerró el puño. La batalla había estallado hacía quizá


unos tres minutos, ¿y los protoss ya habían perdido a cuatro
templarios y tres Nerazim? Increíble.

— ¿Con qué demonios les está atacando Zagara?


—Zagara afirma que esto no es cosa suya —respondió Horner—.
Dice que tampoco es cosa de la madre de la prole local.
—Ya —gruñó Cruikshank—. Así que justo hoy a los zerglings
locales les ha dado por declarar su independencia, ¿no? Y adquirir
conciencia.
—Yo tampoco me lo creo —dijo Horner—. Pero ahora mismo, no
importa quién es el responsable. Lo que importa es que los protoss
se hallan en apuros, y ustedes son los únicos que pueden ayudarlos.
—No se preocupe, señor —le prometió Cruikshank con suma
seriedad. Así que, al final, en vez de sacudirles a los protoss, iba a

235
TIMOTHY ZAHN

tener que sacarles las castañas del fuego. Maldita sea—.


Llegaremos lo antes posible y haremos todo cuanto podamos.
—Sé que lo hará —replicó Horner—. Buena suerte, coronel. Y
tengan cuidado. Los protoss son importantes, pero su verdadera
responsabilidad es para con el Dominio y sus gentes.
—Entendido, señor —dijo Cruikshank—. Contactaré con usted de
nuevo cuando esto haya acabado.
Cortó la transmisión y activó al sistema de comunicación de corta
distancia.
—Muy bien, soldados, ya han oído al almirante. Esto ha pasado a
ser una misión de rescate. Aterrizaremos a toda velocidad,
sacaremos de ahí a cualquier protoss que quede vivo y freiremos a
todo maldito zerg que veamos.

Cuatro minutos después, las naves de despliegue tomaron suelo


estruendosamente, cuyas patas del tren de aterrizaje aullaron a
modo de protesta ante el impacto. Cruikshank, embutido en su
Demoledor, encabezó la marcha tras abandonar su nave de
despliegue, mientras que los tres goliats fueron los primeros en salir
de sus respectivas naves.

Y entonces descubrieron que habían llegado demasiado tarde.

Era una escena dantesca. Toda la zona estaba repleta de zerg (de
pestelings, cucarachas, zerglings, hidraliscos), que destrozaban con
sus garras al puñado de altos templarios y templarios tétricos que
todavía quedaban en pie, que desgarraban la carne y la ropa con sus
dardos venenosos, que devoraban la hierba y los árboles con sus
descargas de ácido que llenaban el aire de un humo asfixiante.
Había zerg muertos por todas partes, tirados unos encima de otros
o entremezclados con protoss fallecidos. Dos centinelas robóticos
protoss planeaban por encima de la carnicería, intentando
inútilmente proteger a los guerreros con sus sistemas automáticos.
Cerca de la meseta había un acechador, el cual yacía de costado y

236
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

destrozado entre los árboles derribados que anteriormente habían


bloqueado la entrada a la caverna.

No obstante, solo porque la misión de rescate hubiera acabado


siendo un maldito desastre, eso no quería decir que el Dominio
fuera a recoger y marcharse sin más.

— ¡Ataquen a discreción! —gritó Cruikshank a sus tropas—.


Busquen cualquier foco de resistencia y préstenle apoyo. Yo voy a
examinar a ese acechador, segadores, cúbranme y vigilen el cielo,
podrían aparecer unos mutaliscos en cualquier momento.

Enfundado en su Demoledor, se encaminó hacia el acechador


caído, eliminando a los zerglings que se acercaban demasiado a él,
mientras disparaba con sus armas de raíles a todo hidralisco que se
hallara a su alcance. Un pesteling se le aproximó corriendo; otra
ráfaga de sus armas de raíles lo hicieron pedazos, de los que salió
despedido ácido.

— ¡Cuidado, coronel! —exclamó uno de los segadores—. Tiene


ácido en la pierna izquierda.

Cruikshank lanzó un juramento en voz baja al mismo tiempo que


echaba una ojeada a su indicador de estado. A pesar de que el
espray neutralizador había interceptado casi todo a tiempo, los
bordes de la salpicadura seguían hirviendo. Bastó otra rociada del
neutralizador para ocuparse de ello. Si bien era probable que
quedara alguna corrosión residual en las hendiduras y grietas que
el espray no podía alcanzar, lo cual acabaría haciendo que la pierna
se viniera abajo si no recibía un tratamiento adecuado.

Pero no había tiempo para eso. La pierna resistiría el resto de la


misión, y eso era lo único que le preocupaba Cruikshank a ahora
mismo.

237
TIMOTHY ZAHN

— ¡Mutaliscos! —gritó alguien—. Arriba, a las cuatro.

El coronel miró hacia el lugar señalado. Dos de esos monstruos


caían en picado del cielo, con la clara intención de eliminar a uno
de los centinelas protoss que aún quedaban operativos. Tras
apuntar a ambos objetivos, lanzó un par de misiles Caóticos que
surcaron el aire estruendosamente. Un tercer mutalisco, que
irrumpió en el borde de su campo de visión, cayó ante una salva de
misiles Averno que lanzó uno de los goliats.

Otro par de zerglings se había separado de la manada y estaban


destrozándole la pierna dañada a Cruikshank. Tras aniquilarlos con
sus armas de raíles, siguió avanzando.

Como el acechador permanecía inmóvil, había dado por supuesto


que el templario tétrico que estaba unido a la maquinaria estaba tan
muerto como la propia máquina. Sin embargo, en cuanto lo
alcanzó, el Nerazim abrió los ojos levemente y giró la cabeza un
poco para alzar la vista hacia la cabina del Demoledor.

Han venido, oyó Cruikshank decir débilmente en su mente al


protoss.
—Sí, aquí estamos —replicó el general, quien hizo una mueca de
contrariedad ante la banalidad de esas palabras. Sí, las fuerzas del
Dominio habían llegado. Aunque de muy poco les iba a servir a la
mayoría de esos protoss, maldita sea—. Aguanta... Un árbol te está
aplastando la pierna. Te lo quitaré de encima y te llevaré a nuestra
nave de despliegue.
No hay tiempo para eso, afirmó el templario tétrico. Deben destruir
la cámara, si no tú y tus terran morirán con nosotros.
—No puedo hacer eso —dijo Cruikshank, a la vez que miraba los
informes de situación que recibía en su monitor táctico. Tres
templarios y cuatro Nerazim seguían vivos. Cada vez había más y
más zerg entrando en tropel en esa zona. El problema de corrosión
de la pierna de su Demoledor estaba empeorando; el ordenador
238
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

estimaba que le quedaban diez minutos para convertirse en una


extremidad inútil. Sí, era una masacre, sin duda, y estaba muy lejos
de acabar—. Lo siento, pero tengo órdenes de conservarla intacta.
No podrán, replicó el templario tétrico. En estos mismos momentos,
la están abandonando.

Un ceñudo Cruikshank contempló la entrada de la caverna, al


mismo tiempo que activaba la visión telescópica del Demoledor.
Aunque no había mucha luz ahí dentro, había la suficiente como
para ver cómo una hilera de psioliscos con manchas rojas descendía
por una rampa; avanzaban de dos en dos y cada pareja llevaba una
vaina de un color blanco lechoso.

No me creí el informe terran que hablaba sobre estos nuevos zerg


que son capaces de lanzar ataques psiónicos, continuó el templario
tétrico, a quien la voz le empezaba a fallar. Pero es cierto. Han
atraído a otros zerg al campo de batalla para atacamos. Después,
han centrado sus energías en nosotros, uno a uno, con un poder
que supera con mucho al de los templarios tétricos,
arrastrándonos así a la destrucción.

Cruikshank siseó entre dientes. Si los psioliscos eran capaces de


sacar esas vainas de ahí mientras su equipo y él seguían distraídos
con el ataque, quién sabía dónde aparecerían la próxima vez.

El emperador Valerian quería que conservaran la cámara intacta.


Sin embargo, ni siquiera los emperadores conseguían siempre lo
que querían.

—Muy bien —dijo—. Vol... ¿Cómo se llama, soldado?


Me llamo Sagaya.
—Muy bien, Sagaya —contestó Cruikshank—. Quédese aquí y no
se muera. Volveré lo antes posible.

239
TIMOTHY ZAHN

Se enderezó y se preguntó cuántos de esos malditos psioliscos


habría ahí dentro. También se preguntó si sus armas de raíles y sus
lanzamisiles se quedarían sin munición (y si su pierna dejaría de
funcionar) antes de que supiera la respuesta.

No hace falta que entren, le advirtió Sagaya. Les aguarda la


destrucción. He enviado un disruptor ahí dentro. Cualquier ataque
sobre él provocará que se detone.
—Ah —dijo Cruikshank. Los disruptores eran unas armas muy
desagradables. Pero en este caso, era justo lo que necesitaba—.
Creo que eso podría venirme muy bien. Todas las unidades,
atención. Estoy a punto de activar un disruptor protoss dentro de la
meseta. Cuidado con las rocas que salgan volando.

Tras apuntar a un punto situado en la parte más alta de la rampa


que podía ver, disparó un misil Caótico, que se abrió camino a gran
velocidad hacia el interior y estuvo a punto de llevarse por delante
a un par de psioliscos y su vaina. Al alcanzar el primer recodo,
estalló, iluminando así la cueva por dentro. Cruikshank contuvo la
respiración...

La meseta no se partió, tal y como el general había pensado que


sucedería. Pero poco faltó. El estallido del disruptor abrió una
docena de agujeros descomunales en la parte superior de esta,
lanzando tierra y rocas y vegetación por los aires, a gran altura, y
causando que se estremeciera la tierra bajo los pies del Demoledor.
Un instante después, una rugiente bola de fuego emergió de la
abertura de la cueva, arrasando todos los arbustos y árboles que
halló a su paso y empujando al Demoledor de Cruikshank al suelo,
el cual cayó de espaldas.

Por un momento muy largo, se quedó ahí tumbado, dolorido allá


donde se había golpeado con su malla de impacto, haciendo una
mueca de dolor mientras unas ráfagas de viento y fuego giraban en
el aire al otro lado de la cubierta exterior de vidrio de acero de la
240
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

cabina. Lentamente, esa vorágine se desvaneció, y ese torbellino de


hojas y tierra y ramas menguó. Con mucho cuidado, movió los
brazos del Demoledor y consiguió que el vehículo robótico se
pusiera de nuevo en pie. Aunque sufrió una leve sacudida cuando
la placa externa de su dañada pierna izquierda se agrietó, el soporte
principal de esa estructura aguantó. Avanzó poco a poco,
guardando lo máximo posible el equilibrio entre esos montones de
escombros; luego, se giró y escrutó el campo de batalla.

Era un desastre. Todo cuanto tenía a la vista (ya fuera terran,


protoss o zerg) había acabado tirado en el suelo. Dos de los tres
Goliats de Cruikshank se estaban volviendo a poner en pie; ambos
mostraban señales de haber sufrido daños muy graves. El tercero
yacía inmóvil con las piernas destrozadas y el lanzador de misiles
Averno aplastado; uno de sus cañones automáticos se encontraba
medio derretido por el tremendo aumento de temperatura que
habían sufrido. Las lecturas sobre el estado del piloto le indicaban
a Cruikshank que este estaba vivo, pero a duras penas. En el resto
del campo de batalla, algunos de los soldados ya estaban
levantando del suelo. No se veía por ninguna parte a ninguno de
los cinco segadores y solo dos de los indicadores médicos
señalaban que el sujeto seguía con vida.

Los zerg también se estaban empezando a mover con cierta


lentitud, pero no atacaban. La mayoría se limitaban a permanecer
de pie, agitando sus colosales cabezas de lado a lado, como si
estuvieran confusos y aturdidos, mientras miraban a su alrededor.
Si bien Cruikshank no apartó el dedo del gatillo del arma de raíles
del Demoledor, ninguna de las criaturas hizo ningún movimiento
hostil. Todas se quedaron quietas por un momento, como si
estuvieran decidiendo qué hacer; entonces, se giraron y se alejaron,
andando o renqueando.

Mientras abandonaban el campo de batalla, Cruikshank vio a tres


protoss que, poco a poco, se estaban levantando del suelo.
241
TIMOTHY ZAHN

Tres.

Trazando de nuevo trescientos sesenta grados, revisó con sus


monitores los alrededores, solo por si acaso. A continuación, lanzó
un suspiro y activó las comunicaciones a larga distancia.

—Al habla Cruikshank —dijo—. Hemos logrado la victoria. El


enemigo se retira del campo de batalla. La misión de rescate... —
tragó saliva con dificultad— no ha sido tan exitosa.

*******

Zagara agitó los brazos en el aire, justo delante de ella, como si


intentara aplastar a alguien.

No lo entiendo.
—Doce terran han muerto —le espetó Valerian, quien por una vez
ni siquiera se molestó en adoptar una actitud diplomática—.
Diecinueve protoss han fallecido. ¿Sigue afirmando ahora que los
psioliscos no son hostiles?
No pueden ser de la adostra, insistió Zagara, pues esta es total e
intrínsecamente pacífica.
—Pues eran unas criaturas de tamaño de zergling con una forma
que recuerda a los hidraliscos, de color marrón claro con brillos
rojos y tres hileras dorsales de puntos rojos brillantes.
La adostra no tiene esa forma.
— ¿Está segura? —presionó Valerian—. ¿Ha mirado el interior de
esas vainas últimamente?

Zagara seguía moviendo las garras.

Nadie ha mirado nunca su interior, replicó. No desde que se las he


encerrado ahí con los nutrientes, puesto que aún están madurando.

242
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Entonces, realmente no saben en qué pueden convertirse,


¿verdad?
No vamos a escuchar más, intervino de repente Abathur. El
organismo terran miente para destruir al Enjambre. No vamos a
escucharle más.

Tras darle la espalda, se dirigió hacia la entrada de la cámara.

Valerian miró a Zagara, ya que esperaba que le diera la orden de


regresar. Pero al parecer no lo hizo. Abathur dejó atrás a los
asoladores, que seguían aguardando bajo un ominoso silencio, y
desapareció al adentrarse en algún otro lugar de esa estructura.

Tal vez Zagara había desaparecido y que el maestro de evolución


ya no tenía nada más que aportar a la conversación. Tal vez la reina
había decidido que la conversación había llegado a su fin.
Tal vez tuviera razón.

—Me voy a marchar ahora mismo —dijo Valerian, levantándose—


. Confío en que no intente detenerme.

Durante un largo segundo, pensó que eso era justo lo que iba a
hacer Zagara, quien tenía la cabeza echada hacia atrás y lo
contemplaba con unos ojos brillantes. Entonces, dio la impresión
de que parte de esa tensión la abandonaba.

¿Cuál podría ser el fin de tal acción?, señaló. Pretendo evitar una
guerra. A menos que pueda persuadirle de que digo la verdad,
hacer algo así sería inútil.
—No puede persuadirme, reina, al igual que yo tampoco
persuadirla —afirmó Valerian—. Solo la verdad podrá lograrlo.
Seguiré buscando la verdad todo el tiempo que pueda. Pero al
final...

No concluyó la frase.
243
TIMOTHY ZAHN

Entonces, váyase, le dijo Zagara. Busque la verdad.


—Lo haré —replicó Valerian, cuya determinación menguó
levemente, puesto que esa zerg no se parecía a ningún otro ser de
esa especie que hubiera conocido jamás. Por esa única razón, había
merecido la pena investigar. Por esa única razón, se detuvo a
pensar.

Además, parecía tan sincera.

No obstante, ya le había dado una oportunidad, lo cual era más que


lo que Artanis le había dado. Y, ciertamente, más de lo que le habría
dado Arcturus, el padre de Valerian. El emperador Arcturus ya
habría declarado la guerra e iniciado el asalto varias horas antes.
No, sucediera lo que sucediese a partir de este punto, Valerian
tendría la conciencia tranquila.

Y la hallará, le prometió Zagara. Aunque espero que la encuentre


a tiempo.

*******

A Valerian le sorprendió un poco que su nave de despliegue no


fuera atacada cuando atravesó el cono y se alejó de la superficie.
Apenas había alcanzado los mil metros de altura cuando un
escuadrón entero de Espectros descendió en picado y lo escoltó el
resto del camino hasta el Hyperion.

Al llegar al puente, se encontró a Matt hablando con Artanis por el


sistema de comunicaciones.

—Entiendo su postura, jerarca Artanis —estaba diciendo el


almirante cuando Valerian entró. El oficial miró a su emperador y
le hizo un gesto para indicarle que no se acercara—. En cuanto

244
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

llegue, le haré llegar sus comentarios y sugerencias al emperador


Valerian.
—Muy bien, almirante Matthew Horner —se oyó responder a
Artanis por el altavoz—. Asegúrese de que le quede muy claro que
mi paciencia no es ilimitada.
—Lo haré, jerarca —le prometió Matt—. Almirante Horner, corto.

Desactivó el comunicador.

—Emperador Valerian —dijo, a la vez que se volvía hacia él—.


Me alegra verlo vivo e ileso.
—Lo cual a mí también me sorprende un poco. —Valerian señaló
al comunicador—. ¿Alguna noticia sobre los protoss?
—Sí, que están a punto de cruzar una raya de la que no habrá vuelta
atrás —contestó Matt con un tono sombrío—. A Artanis le falta un
maldito pelo para ordenar un ataque total sobre Gystt.

Valerian cerró el puño.

—A pesar de que nuestra gente sigue ahí abajo.


—Bueno, sí, el equipo de investigación —matizó Matt—. Las
fuerzas de Cruikshank lograron reparar sus naves de despliegue con
gran rapidez antes de que pudieran llegar unas naves nuevas para
reemplazarlas. Ya van de camino hacia aquí. —Torció el gesto—.
Lo que queda de ellos, más bien.
—Sí —murmuró Valerian—. Al menos, hemos salido de esta
mejor parados que los protoss.
—Únicamente porque no hemos permanecido tanto tiempo en
tierra como ellos —apostilló Matt sin rodeos—. ¿Está al tanto del
informe de Cruikshank?
—Me han informado de lo fundamental.
—Entonces, sabrá cuál es, según él, la estrategia que han empleado
los psioliscos.

Valerian asintió.
245
TIMOTHY ZAHN

—Atacar a los templarios y Nerazim de uno en uno, quebrar su


concentración en el combate y, después, desgarrar y despedazar.
—O dejar que el resto de los zerg lo hagan por ellos —añadió
Matt—. Y eso sin tener en cuenta las consecuencias que tuvieron
en nuestra gente los ataques psiónicos. Aunque fueron
relativamente mínimas, al menos comparadas con cómo afectaron
a los protoss. Pero esto sigue siendo un punto de inflexión que
podría tener consecuencias muy graves.
—Así es, en efecto —admitió Valerian—. Zagara sigue negando
que ella y la madre de la prole local tengan alguna responsabilidad
en el ataque.
—Dijo lo mismo sobre la reyerta en la que se vio inmerso el equipo
de investigación —le recordó Matt—% O bien está mintiendo o...
¿Cree que los propios psioliscos podrían estar orquestando el
ataque?
—Esa es la única otra explicación posible que se me ocurre
respondió Valerian—. El problema estriba en que es prácticamente
imposible demostrar cualquiera de ambas hipótesis. No si no
podemos espiar las comunicaciones de los zerg ni entender lo que
dicen.
—Lo cual tampoco han logrado hacer los protoss. Bueno, ¿cuál va
a ser nuestro siguiente paso?
—El que ya teníamos previsto —contestó Valerian—. Enviaremos
al equipo de investigación al Punto Neurálgico Tres, donde
esperemos que puedan hallar algunas muestras de verdad.
—Ah. —Matt se calló—. Es consciente de que, sea cual sea el
juego al que se está jugando aquí y con independencia de
quienquiera que sea el que esté jugando a él, ir al Punto Tres es el
paso más obvio que podemos dar, ¿verdad? Si quieren eliminar al
equipo de Halkman, no les costará mucho.
—Sí, y he estado pensando en ello —aseveró Valerian—. Sé que
tenemos algunos disruptores psiónicos a bordo, ya que le dio esos
bloqueadores psiónicos a Halkman y Cray, que básicamente son el

246
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

mismo artilugio con algunas modificaciones. Por un casual, ¿no


tendremos algún emisor psiónico?

Matt parpadeó.

—Creo que, ahora mismo, atraer a los zerg hacia nosotros sería una
idea realmente mala.

A pesar de la tensión que reinaba en el ambiente, Valerian tuvo que


sonreír ante el cauteloso tono oficial que había empleado el
almirante. Los expertos seguían sin saber si los emisores psiónicos
inducían a una reina o madre de la prole a enviar a sus zerg en esa
dirección, o si atraían directamente al grupo más cercano de zerg
de nivel más inferior; no obstante, el resultado era el mismo: unos
alienígenas muy desagradables acababan convergiendo en masa en
el lugar donde se hallaba el emisor.

En algunas ocasiones, estos artilugios habían sido muy útiles


durante la guerra. El padre de Valerian los había utilizado para
destruir Tarsonis, el planeta capital de la Confederación, lo cual
había allanado a Arcturus el camino de la conquista que llevaría a
la creación del Dominio Terran. Se trataba de unos artefactos
extremadamente peligrosos que no debían usarse a la ligera.

—Cálmese... No me he vuelto tan loco —le aseguró a Matt—.


Estaba pensando en aterrizar a unos cien kilómetros o así del Punto
Tres para ver si podemos distraer a los zerg locales de tal modo que
no se fijen en el equipo de investigación.
—Ah —dijo Matt, cuyo rostro recuperó la normalidad—. Hummm.
Bueno, dudo mucho que algo así se encuentre a bordo de alguna de
nuestras naves. Pero seguro que los técnicos pueden improvisar
algo antes de que el equipo llegue ahí.
— ¿Y eso será...?

Matt echó un vistazo al reloj del puente.


247
TIMOTHY ZAHN

—Dentro de unas cinco horas.


—Avise a los técnicos y que se pongan manos a la obra —le ordenó
Valerian—. Y deme una estimación de cuándo creen que tendrán
algo que realmente funcione.
— ¿Almirante? —le llamó el oficial táctico, con una voz plagada
de tensión, desde su asiento rodeado de sensores—. Creo que
querrá ver esto, señor.

Con Matt a su lado, Valerian se encaminó hacia esos sensores.

—Esos leviatanes, señor —dijo el oficial táctico, a la vez que


señalaba hacia varios de esos monitores—. Todos los que nos han
estado vigilando tanto a los protoss como a nosotros se dirigen
ahora a la superficie.
—Parece que se van a diferentes sitios —murmuró Matt—. ¿Crees
que esto es cosa de las madres de la prole?
—Eso tendría sentido —afirmó Valerian con suma gravedad—. Es
probable que Zagara las haya avisado a todas de que las
negociaciones han fracasado. Quieren estar preparadas por si
evacuar acaba siendo necesario.
—Y de paso se llevarán a vete tú a saber quién —apostilló Matt—
. Si Zagara quiere llevarse clandestinamente a unos cuantos
psioliscos, podrá hacerlo, porque será imposible que podamos
interceptar seis leviatanes y, además, registrarlos.
—Siete, señor —le corrigió el oficial táctico—. Incluido ese al que
seguimos desde Korhal.
—Lo había olvidado —confesó Matt, quien se agachó aún más—.
¿Está haciendo algo?
—No. señor. Simplemente, sigue ahí.
—No me sorprende —aseveró Valerian—. La situación ya es
bastante inestable tal y como está. Con suerte, Zagara no va a tentar
a la suerte; no va a ir a todo correr a su leviatán para largarse.
—Podría hacerlo si considerara que merecería la pena jugársela —
señaló Matt—. Por ejemplo, si contara con algunos psioliscos y una
248
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

fantasma capturada con la que Abathur pudiera dar rienda suelta a


su imaginación.

Valerian lanzó una mirada fugaz a uno de los otros monitores. La


nave de despliegue del equipo de investigación seguía atravesando
la atmósfera mientras se dirigía al Punto Tres, sin que hubiera ni la
más mínima señal de una amenaza inminente.

—La vigilaremos muy de cerca —afirmó.


—Y ya que hemos hablado de tentar a la suerte, hay otra noticia
más en ese sentido. —Matt señaló un monitor en el que se veían
varios puntos calientes en las naves protoss—. Me parece que
Artanis está suministrando energía a sus haces purificadores.

Valerian lanzó un juramento.

—Se está preparando para incinerar Gystt.


— ¿Quiere que le llame y le pida que deponga su actitud? —
preguntó Matt—. ¿Al menos hasta que podamos sacar al equipo de
investigación de ahí?

Valerian volvió a contemplar a los leviatanes que se desplazaban a


través del paisaje estelar. Matt tenía razón: si una (o alguna más)
de esas enormes criaturas tenía la misión de transportar a un grupo
de psioliscos, las fuerzas del Dominio y de los protoss no podrían
hacer nada para impedirlo.

Sin embargo, no podían permitir que eso ocurriera. No tras haber


sido testigos de esa demostración tan clara del caos que esos nuevos
zerg podrían desatar entre los terran y los protoss.

Tenían que ser derrotados.

—No —le respondió a Matt—. Simplemente, recuérdale que


tenemos gente en tierra y pídele que nos mantenga informados de
249
TIMOTHY ZAHN

cualquier cosa que planee hacer. —Titubeó—. Después,


empezaremos a preparar nuestras propias armas de espacio tierra.

A Matt se le desorbitaron los ojos.

—Valerian..., señor...
—Es una orden, almirante —le interrumpió Valerian, dotando a su
voz de toda la autoridad que le confería su cargo.

Matt se puso firme.

—Entendido, excelencia —replicó, con un tono igual de forma que


el del emperador.

Valerian frunció el ceño. Matt ya nunca le llamaba excelencia, no


desde que les había dicho claramente tanto a él como a todos los
demás que no lo hicieran. ¿Acaso el hecho de que el almirante
hubiera empleado el título honorífico que más le gustaba a su padre
para dirigirse a él era una indirecta para nada sutil? ¿Una referencia
poco disimulada a la manera fría y violenta de obrar del emperador
Arcturus?

Si era así, al almirante le iba a encantar la siguiente orden de


Valerian.
—Vaya preparando también el cañón yamato —continuó—. En
caso de ser necesario, su objetivo será el Punto Neurálgico Tres.
Por si acaso, prepararás un pequeño destacamento de evacuación
para sacar al equipo de ahí.
—Si es necesario y si da tiempo, ¿no? —inquirió Matt sin rodeos.
—Sí, si da tiempo —admitió Valerian.
—Entendido, excelencia.

De manera deliberada, Valerian esquivó la mirada del almirante.


Sin lugar a dudas, era una referencia al emperador Arcturus.

250
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Hasta cierto punto, Valerian tenía que estar de acuerdo con él. Las
masacres totales, los daños colaterales gratuitos..., todo eso habían
sido las señas de identidad del reinado de su padre. Esas eran las
mismas cosas del Dominio que Valerian se había comprometido a
cambiar.

Pero ahora estaba siguiendo directamente los pasos manchados de


sangre de su padre. Lo único que podía esperar es que esto fuera
solo una aberración, un bache momentáneo en el camino que había
prometido seguir.

Porque la alternativa era que se hubiera estado engañando desde el


principio. Tal vez, simplemente, era imposible convertir la guerra
en algo civilizado. Tal vez la guerra siempre fuera a ser una
cuestión de nosotros contra ellos. Tal vez la supervivencia
dependiera de que el ganador se lo quedase todo y el perdedor fuera
aniquilado.

Valerian siempre se había opuesto a esa filosofía: en público, con


vehemencia y sinceridad. Cierta gente lo había alabado por su
decencia moral. Otro lo habían criticado por su ingenuidad.

De toda esa gente, ¿quiénes eran los que tenían razón?

En el pasado, había creído saber la respuesta. Ahora, no lo tenía tan


claro.

Tal vez, hoy se despejaría ese interrogante.

251
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO CATORCE

Una de las tareas que, supuestamente, debía realizar el implante


que Tanya llevaba en el cerebro era mantener equilibradas sus
emociones. Calmarla en los momentos de ánimo exacerbado y
elevarle el ánimo en los momentos más bajos.

Pero hoy no estaba haciendo muy bien ese trabajo.

También tenía toda una farmacia de medicamentos y drogas a su


disposición, desde alcohol a jab e incluso cócteles militares
secretos que ni siquiera tenían un nombre oficial. En teoría, estas
sustancias también deberían mantenerla equilibrada y sin altibajos.

Sin embargo, no le apetecía para nada tocar ninguno de esos


remedios.

Además, aunque hubiese querido, no habría sabido cuál tomar. Un


torbellino de sentimientos danzaba en su fuero interno; pasaba de
una furia intensa porque le había mentido a directamente una
252
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

tenebrosa depresión causada por lo mismo y vuelta otra vez a la


furia.

El único factor constante en ese carrusel de emociones era el hecho


de que le había mentido.

¿Cómo podía haberle hecho eso Ulavu?

Por el rabillo del ojo, se percató de que alguien se aproximaba. Se


tensó...

Pero solo era Erin.

— ¿Puedo hablar contigo un momento? —le preguntó esa otra


mujer, que se hallaba sumida en sus pensamientos y con el ceño
fruncido.

Tanya iba a responder que no de manera puramente instintiva, ya


que sentía una honda tristeza en su corazón y lo único que quería
hacer era enrollarse como un ovillo, para abrazar la soledad, y
esperar a que ese dolor desapareciera.

No obstante, por la cara que tenía Erin, estaba claro que esa mujer
no pretendía charlar sobre algo intranscendente, sino de algo
importante.

—Claro —contestó Tanya, quien contuvo como pudo un suspiro—


. ¿Qué pasa?
—Es por ese informe —respondió Erin, a la vez que sacaba el
datapad y se dejaba caer en el asiento contiguo. Durante el último
par de horas, en algún momento, se había quitado la armadura
(probablemente, con ayuda de Baraja), por lo cual se sentía mucho
más descansada y cómoda de lo que se sentía ahora Tanya—. Por
esta transcripción de la conversación que ha mantenido el
emperador Valerian con la reina Zagara. ¿La has leído?
253
TIMOTHY ZAHN

—Aún no —replicó Tanya—. ¿Hay algún problema?


—No lo sé —contestó Erin, al mismo tiempo que destacaba una
sección del informe en el datapad, el cual, acto seguido, le dio—.
Zagara afirma que la adostra (esas cosas que se supone que vimos
en las vainas) no pueden volverse malos ni locos, ni tampoco
atacan a la gente como hicieron los psioliscos.
—La gente puede llegar a afirmar muchas cosas que son imposibles
—aseveró Tanya, mientras leía por encima ese fragmento—. En su
día, alguien me dijo que los amigos no se mienten.

Erin pestañeó.

—Esto... A lo que yo iba es que he estado pensando en los


psioliscos y los que vimos dentro de las vainas. Tú has estudiado la
anatomía zerg, ¿verdad?

—Les he visto lo que tienen dentro a unos cuantos —replicó Tanya.


En realidad, les había visto las entrañas a más de unos cuantos
durante su adiestramiento. Mientras que los soldados solo tenían
que saber cuál era el punto flaco de la parte externa de un zerg, ella
tenía que saber cuál de sus órganos internos ardería mejor—. No
quedó mucho que ver después de que Dizz se cargara las vainas, si
es ahí donde quieres ir a parar.
—Lo sé —dijo Erin—. Zagara asevera que la adostra está basada
en la esencia xel’naga en vez de en las cepas zerg, así que, desde
un punto de vista ontogenético, su reserva de reproducción podría
ser muy distinta a la versión normal de...
— ¿Desde qué?
—Desde un punto de vista ontogenético —repitió Erin—. Su ciclo
vital desde la fertilización hasta llegar a ser un adulto hecho y
derecho. Normalmente, los zerg no pasan por una fase de
metamorfosis, mientras que la adostra casi seguro que tiene que
hacerlo si...
—Me estoy perdiendo —afirmó Tanya, a la vez que mantenía a
raya un nuevo brote de ira. No estaba de humor para ponerse a
254
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

discutir sobre tecnicismos, de veras—. ¿Por qué necesita sufrir una


metamorfosis?
—Porque lo que vimos en las vainas no parecían ser unos psioliscos
hechos y derechos —contestó Erin—. A eso iba yo. Los psioliscos
sí que se parecen a los zerg, o al menos se encuentran en una
especie de punto medio entre los zerglings y los hidraliscos. ¿Qué
posibilidades había de que eso ocurriera si se mezclaba a una
criatura desconocida con una genética no zerg?

Tanya negó con la cabeza.

—Lo siento, pero esto me sobrepasa. No sé nada sobre lo que sea


que estamos hablando. Lo único que sé es que tanto esas cosas de
las vainas como los psioliscos tenían unas motas rojas en la
espalda, que seguían un patrón descendente. Hasta donde yo sé,
ninguna otra variedad zerg ha tenido nunca nada parecido. Y
recuerda que seis de esas vainas estaban vacías; tal vez esa
metamorfosis de la que hablas ya había concluido y sus ocupantes
las habían abandonado.
—No nos hemos topado con solo seis psioliscos, sino con muchos
más —señaló Erin—. Además, no vi ni rastro de ningún fluido
nutritivo en esas vainas vacías.
—Porque Dizz lo quemó todo —le recordó Tanya, haciendo gala
de una gran paciencia-—. Mira, no sé qué es lo que afirma Zagara
y me da igual. Los psioliscos son máquinas de matar y tienen que
ser exterminados. Y no hay más que hablar. —Señaló el mono
inmaculado de Erin—. Tuviste mucha suerte de que Ulavu te
protegiera cuando estábamos ahí.
—Ulavu no hizo nada en ese sentido, que yo sepa —replicó una
perpleja Erin—. Fueron Baraja y Dizz los que los mantuvieron a
raya cuando se nos acercaron demasiado. —Hizo una mueca—.
Bueno, se me acercaron. Aunque Ulavu no salió tan bien parado de
ahí.

255
TIMOTHY ZAHN

Tanya frunció el ceño y estiró el cuello para echar una ojeada por
toda la cabina. No había ni rastro de Ulavu.

— ¿Adónde ha ido? —inquirió.


—A la enfermería —respondió Erin, a la vez que señalaba ese
compartimento separado situado en la popa de la nave de
despliegue—. Casi seguro que se está cambiando de ropa. Bueno,
gracias de todos modos.

Se puso de pie.

—Espera un momento —le dijo Tanya, quien aún intentaba


asimilar todo lo que acababan de hablar—. ¿Estás diciendo que
Ulavu resultó herido en la batalla, pero tú no?
—Eso es —contestó Erin—. Como ya he dicho, Baraja y Dizz
estuvieron muy finos con sus disparos cuando esos bichos se me
acercaron.
—Se te acercaron. Pero no se acercaron a Ulavu.

Erin arrugó la nariz.

—Sí. Eso es lo que he dicho.


—Sí —dijo Tanya—. Gracias.

Durante otro momento más, Erin se quedó ahí quieta;


probablemente, se estaba preguntando si Tanya se había vuelto
mentalmente inestable. Entonces, asintió, a modo de silencioso
gesto de despedida, y se marchó.

Dejando a Tanya con un rompecabezas tremendamente


desconcertante.

Le estuvo dando vueltas unos cuantos minutos. Pero enseguida le


quedó claro que no iba a resolverlo si no obtenía más información.

256
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Y, por desgracia, solo había un sitio al que podía ir para conseguir


lo que necesitaba.

Aunque se resistió a hacerlo unos cuantos minutos más, al final,


suspiró, se quitó las sujeciones y se encaminó a la enfermería.

Ulavu estaba ahí, tal y como había dicho Erin. Se había quitado la
túnica y se estaba poniendo con mucho cuidado una venda en la
parte inferior del torso. Tenía otros vendajes que resultaba
perfectamente visibles en la parte superior del cuerpo. A sus pies,
yacían tiradas cinco vendas, cada una de ellas manchada con una
sangre de color morado oscuro; la sangre de un protoss. Sí, había
resultado herido.

Pero Tanya ni se había dado cuenta en su momento.

El protoss alzó la vista cuando la fantasma entró y, por un


momento, sus miradas se cruzaron.

Me has rehuido desde las batallas en el Punto Neurálgico Uno,


dijo al fin. También me has cerrado tu mente y sigues haciéndolo
ahora. Por favor, dime en qué te he fallado.

Tanya siempre había creído que las preguntas francas había que
responderlas del mismo modo.

Por supuesto, contestó. Pero primero, deberíamos presentarnos


como es debido. ¿Me estoy dirigiendo a un Templario o aun
Nerazim?

Sintió algo parecido a un suspiro mental.

¿Cuántos más lo saben?

Tanya arrugó el ceño.


257
TIMOTHY ZAHN

Doy por supuesto que todos menos yo.


No. Solo el sargento Foster Cray lo sabe. Él lo descubrió cuando
nos topamos por primera vez con los psioliscos. Agachó la cabeza
en una especie de media reverencia con la que casi parecía mostrar
su vergüenza. Y ahora tú también lo sabes.
Sí, replicó Tanya, quien estaba decidida a no dejar que los
remordimientos del protoss apaciguaran su ira. Ulavu había
traicionado su confianza y, por eso, ella estaba furiosa con él e iba
a seguir así, qué demonios. No has respondido mi pregunta.
Soy un Nerazim. Cuando la guerra provocó que perdiéramos el
Khala, la capacidad que tenemos los Nerazim de acceder a las
energías del vacío nos convirtió en unos sujetos más versátiles que
la mayoría de los templarios.
¿Por qué necesitaban ser más versátiles?
¿Es eso lo que deseas saber, Tanya Caulfield?, inquirió. ¿O deseas
saber por qué se te ha mentido?
¿Por qué se me ha mentido? Tanya hizo un gesto de negación con
la cabeza. No..., no pretendas retorcer el lenguaje. La cuestión es
por qué tú me has mentido a mí. Y sí, quiero saberlo.
Tenía órdenes, contestó Ulavu, y una vez más Tanya percibió un
suspiro mental. Tenía una misión. Y debía cumplirla por honor. Tú
entiendes qué es el honor y el deber, seguramente.
No cambies de tema, gruñó Tanya. ¿De qué tipo de misión se
trataba? Doy por sentado que los protoss ya conocían el programa
fantasma.
El jerarca Artanis no necesitaba ninguna información, admitió
Ulavu. Lo que deseaba era que localizara e identificara a cierto
fantasma del Dominio que poseía un poder psiónico muy concreto.

Tanya apretó los dientes con fuerza. Así que no había sido una
amiga para él, ni siquiera una fuente de información que no
sospechaba que lo era. Lo único que había sido era un trofeo.

258
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Déjame adivinarlo. ¿Se trataba, tal vez, de algo que rara vez se
había visto antes? ¿Como la piroquinesis?

Ulavu ladeó la cabeza.

No.

Por un segundo, Tanya pensó que le había entendido mal.

¿No?
No, repitió a regañadientes. Me envió a localizar a un telequinético
para que trabara amistad con él.

Tanya se sintió como si se la fuera a tragar la tierra. ¿Ni siquiera


había sido un trofeo?

¿De qué estás hablando? Ahora mismo, solo hay dos telequis en el
programa. ¿Qué problema había con ellos?

Ulavu permaneció tanto tiempo callado que se llegó a preguntar si


había perdido el contacto mental con él.

No quería ser su amigo, respondió al fin. No son... buena gente.

¿Y ahora pretendía juzgar a toda la humanidad? La cosa mejoraba


por momentos.

Son una gente perfectamente decente, replicó Tanya.


¿Ah, sí?

La fantasma frunció el ceño. No, maldita sea, no lo eran. Glistrup


era un maníaco depresivo y un mentiroso compulsivo, mientras que
Mai era una persona totalmente deleznable. No caían bien a nadie.

259
TIMOTHY ZAHN

Aun así, eran unos telequis bastante competentes, aunque su poder


no fuera muy potente.

¿Y qué querían saber de ellos?


Los protoss han desarrollado una nueva arma, contestó Ulavu de
forma evasiva. Aunque no tiene una gran importancia estratégica,
sí nos interesa a algunos de nosotros. Se esperaba que un
telequinético terran pudiera ser útil a la hora de utilizarla, ya que
la versión humana de esa habilidad posee unas características
únicas que no se hallan en los protoss. Deseábamos explorar qué
se podría conseguir en colaboración con tal terran. Pero no puedo
contar más.
Entiendo, dijo una ceñuda Tanya. Pero la historia bélica no está
llena, precisamente, de gente agradable y noble. Querían un
telequi y pudiste elegir entre Glistrup y Mai. ¿Por qué no escogiste
a ninguno de los dos?
Porque sabía que ninguno se sentiría satisfecho si compartía mi
atención y amistad con otro.
¿Y qué? Solo les hacía falta uno de ellos, ¿no?
Sí. Vaciló. Pero entonces, no habría podido trabar amistad
contigo.

Tanya lo fulminó con la mirada.

Oh, no, insistió. A mi no me responsabilices en esto. Si tus planes


o tu misión se fueron al traste, yo no tuve nada que ver con ello.
Yo no he afirmado tal cosa, protestó. Hice una elección. Tomé una
decisión. Y fracasé.

Tanya lo contempló; las piezas de ese rompecabezas llamado


Ulavu por fin estaban encajando. El hecho de que los protoss le
hubieran dado la espalda, su rumoreado distanciamiento del mismo
jerarca Artanis, su pertenencia durante tantos años al programa
fantasma en un puesto que parecía inútil...

260
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Esa noche, en el Círculo de Dante, dijiste que estabas


investigando, le recordó la joven. Estabas buscando a un telequi,
¿verdad?
Había oído rumores recientemente de que alguien que pereció en
Chau Sara tenia ese don, respondió Ulavu. Hay algunos que
piensan que tales poderes pueden transmitirse por estirpes.
Esperaba poder localizar a un miembro de esa familia en ese
lugar.
Y, en vez de eso, casi logras que te arranquen la cabeza. Tanya
hizo una mueca de disgusto al darse cuenta a toro pasado de lo que
realmente había sucedido en el Dante. O, más bien, fueron ellos los
que estuvieron a punto de perderla.
Yo no les habría hecho daño, le aseguró Ulavu. Estaba en Korhal
IV en calidad de invitado. Nunca me habría comportado de un
modo indebido.
Ya. Tanya respiró hondo. Esta conversación no ha acabado, Ulavu.
Ya la retomaremos. Pero ahora mismo, tenemos preocupaciones
más inmediatas. Háblame sobre la batalla principal que se libró
en el Punto Uno, la que tuvo lugar en la cámara de arriba. ¿Qué
les pasó a Erin y a ti?
Nos atacaron, como los atacaron al sargento Foster Cray, al
teniente Dennis Halkman y a ti. Señaló el vendaje que llevaba en
el torso. Como puedes ver, añadió con cierto remordimiento, mis
habilidades no estuvieron a la altura de lo que se espera de un
Nerazim.
¿Por culpa de los psioliscos?
Sí. Me distraía y a menudo era incapaz de concentrarme. Si no
hubieran sido capaces de eliminar con rapidez al enemigo, todos
hubiéramos perecido.
Supongo que esa es una buena razón para ser mi amigo, comentó
Tanya, quien arrugó el ceño. ¿Acababa de hacer una broma al
respecto?
Hubo otras razones aparte de esa, afirmó Ulavu.
Sí, lo sé. Por lo visto, no había entendido el chiste. No era la
primera vez que eso ocurría. El problema es...
261
TIMOTHY ZAHN

— ¿Hola? —dijo alguien con un tono vacilante.

Tanya se volvió y vio a Baraja en la compuerta, el cual no paraba


de desplazar su mirada de ella a Ulavu y viceversa.

— ¿Sí? —respondió la fantasma.


—Erin me ha comentado que parecías estar un poco nerviosa —
replicó, mientras daba con cuidado un paso hacia el interior de la
enfermería—. He pensado que, como todavía seguía despierto,
también podría ir a ver cómo estaba Ulavu y cuál era el estado de
sus heridas.
Me estoy curando, le aseguró el protoss.
—Bien. —Baraja levantó una ceja al mirar a Tanya—. ¿Y tú qué?
—Estoy bien —contestó. Era mentira, por supuesto, pero no tan
gorda como esperaba. A pesar de que la traición de Ulavu todavía
le dolía de un modo terrible, al menos habían vuelto a hablar—.
Aunque me alegro de que estés aquí. Justo ahora íbamos a hablar
de un tema muy serio.
— ¿Cuál...?
— ¿Por qué Erin sigue viva?
—Está bien, ese no es el tema que esperaba —aseveró Baraja—|
¿Quieres explicarte mejor?

Tanya señaló la armadura del soldado.

—Los psioliscos no te eliminaron por un pelo, ¿verdad?


—Sí, en más de una ocasión. —Baraja se encogió de hombros—.
Te terminas acostumbrando.
—También estuvieron a punto de cargarse a Dizz. Y, ahora
descubro que poco les faltó para acabar con Ulavu también —
añadió con un leve tono de culpabilidad—. Así que ¿cómo es
posible que Erin saliera de ahí sin un rasguño?

Baraja abrió la boca..., y la volvió a cerrar de nuevo.

262
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Bueno..., Ulavu estaba ahí mismo. Supongo que tú la protegiste,


¿no?
De la mejor forma que fui capaz, respondió Ulavu, a la vez que
señalaba los vendajes. Pero en esa batalla, mis capacidades se
vieron terriblemente limitadas.
—A eso voy, precisamente —insistió Tanya—. Erin tenía un rifle
gauss y estaba haciendo bastante daño al enemigo con él. Pero
como Ulavu, que estaba detrás de ella, se movía a mitad de
velocidad de lo habitual, supongo que tuvieron varias
oportunidades para aniquilarla.
—Pero no lo lograron —dijo Baraja con cierta lentitud—. De
hecho, da la sensación de que ni siquiera lo intentaron, pero ¿por
qué?
Porque querían que sobreviviera a la batalla, contestó Ulavu. Que
regresara a Korhal IV.
—Pero ¿por qué? —recalcó Tanya—. Los demás no les
importábamos. ¿Por qué ella sí?
Tal vez esté infestada, sugirió Ulavu con suma gravedad. Ha estado
tumbada en campo abierto varias veces, algunas incluso con el
casco quitado. Quizá unas esporas la hayan infestado.
—Es muy improbable —aseveró Baraja, acariciándose el labio
inferior—. Las infestaciones no son tan rápidas ni se producen tan
fácilmente. Y, sin duda alguna, la someterían a toda una batería de
pruebas y micro escaneos antes de dejarla acercarse de nuevo a
Korhal. ¿No podría ser algo relacionado con su trabajo? Es la única
xenobióloga de todos nosotros.
—Pero ¿eso no tendría que convertirla en la primera que querrían
matar? —replicó Tanya—. Si Zagara está ocultando algo, Erin será
la primera en verlo.
—A menos que no estén ocultando nada y quisieran que viviera
para confirmarlo. —Baraja resopló—. Pero en ese caso, ¿por qué
querrían intentar matar a cualquiera de nosotros?
—Exactamente —dijo Tanya—. Están jugando con nosotros y
tenemos que descubrir de qué va este juego.
—Sí. —Baraja hizo un gesto—. Venid.
263
TIMOTHY ZAHN

¿Adónde vamos?, preguntó Ulavu.


—Vamos a por Erin y luego nos dirigiremos a la cabina —contestó
Baraja—. Si vamos a darle vueltas a este tema, será mejor que lo
hagamos todos.

*******

—Ahí va otra, emperador —señaló el oficial táctico con un tono


plagado de tensión—. Se está inclinando... y ahora vira y se aleja.

Valerian tuvo que hacer un gran esfuerzo para dejar de apretar los
dientes. Era el cuarto devorador que volaba cerca de la nave de
despliegue del equipo de investigación en las dos últimas horas.

Por suerte, también era el cuarto devorador que la ignoraba.

— ¿Está seguro de que no le ha arrojado nada de ácido? —


preguntó.
—Nunca se ha acercado tanto como para poder hacerlo, emperador
—le aseguró el oficial.
—Supongo que esos bloqueadores psiónicos siguen funcionando
—conjeturó Matt, quien se aproximó por detrás a Valerian—. Unos
artilugios muy útiles. Tal vez deberíamos convertirlos en un
elemento estándar.
—Siempre que nadie quiera hablar jamás con nadie —apostilló
Valerian con cierta amargura—. Lo cual ahora mismo nos vendría
de perlas.
—Sí —admitió Matt—. Resulta irónico que podamos decirles
cuándo es seguro que desconecten los bloqueadores, pero que no
podamos decírselo a menos que los apaguen.

Valerian contempló el reloj. Aún tenían que pasar otros cuarenta


minutos para que se produjera la siguiente comunicación con el
equipo de Halkman, que Matt había acordado con ellos que se

264
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

produjera cada hora. Hasta entonces, los bloqueadores psiónicos de


Halkman seguirían activados.

Aunque quizá se mantuvieran encendidos mucho tiempo después


de eso, puesto que el número de zerg voladores que se habían
aproximado a la nave de despliegue había aumentado
exponencialmente durante el último par de horas. Halkman no
podría desconectar los bloqueadores, aunque llegara la hora
acordada, si había un mutalisco volando en paralelo a él en ese
momento.

De hecho, incluso aunque no hubiera un contacto visual con el


enemigo, cada vez que los apagaba estaba corriendo un gran riesgo.
Nadie sabía cómo cazaban los zerg voladores ni qué alcance tenían
sus órganos sensoriales internos, lo cual quería decir que no había
manera de que Halkman supiera realmente a qué distancia se
hallaban totalmente seguros.

Lo cual, en resumen, quería decir que era bastante probable que el


equipo de investigación permaneciera incomunicado hasta que
llegara al Punto Neurálgico Tres.

—Al menos, cuentan con la transcripción y el informe de batalla


de Cruikshank —comentó Valerian—. Tienen toda la información
que tenemos nosotros.
—Aunque ignoran un pequeño detalle: que los protoss se están
preparando para incinerar el planeta.

Valerian hizo una mueca de contrariedad. También ignoraban otro


hecho incluso más funesto: que la flota del Dominio se estaba
preparando para sumarse a ese ataque.

Uno de los deberes más terribles de un comandante era tener que


elegir qué soldados o unidades eran enviados a una muerte segura.
Como emperador, Valerian tenía una responsabilidad similar.
265
TIMOTHY ZAHN

Hacía mucho tiempo que había aceptado esa pesada carga. Pero
nunca, jamás, se acostumbraría a ella.

Matt se acercó un paso más a él.

—Solo he venido a informarle, excelencia, de que el proceso de


preparación del cañón yamato está siguiendo los tiempos previstos.
Debería estar listo para cuando el equipo de investigación llegue al
Punto Tres.

Así que seguía dirigiéndose a él como si fuera el emperador


Arcturus II, ¿eh? Muy bien. A estas alturas, lo único que podía
hacer Valerian era ignorar ese detalle.

—Gracias, almirante —replicó—. ¿Cómo van los preparativos del


equipo de evacuación?
—Estarán listos antes que el cañón yamato —contestó Matt—.
Además, el emisor psiónico está preparado, si aún quiere usarlo.
Valerian lo miró.
— ¿No cree que deberíamos hacerlo?
—No cabe duda de que su utilización comporta ciertos riesgos —
respondió Matt— Los técnicos dicen que debería alcanzar un rango
de unos cincuenta kilómetros, así que si lo colocáramos a esa
distancia del Punto Tres, debería alejar a todos los zerg de esa zona.
— ¿Pero...? —dijo Valerian súbitamente.
—Pero no sabemos si solo se limitará a esos cincuenta kilómetros
—dijo Matt—. Si tiene más rango, podría atraer a un grupo de zerg
directamente hacia el Punto Tres al mismo tiempo que está
alejando a otro. Es más, nunca hemos utilizado uno de estos
aparatos en un planeta dominado por los zerg. Podría haber
consecuencias inesperadas que no podemos ni imaginamos y que
conoceremos solo cuando lo probemos.
—Entendido —replicó Valerian—. Pero la alternativa es dejar al
equipo de investigación abandonado a su suerte o enviar ahí abajo
266
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

a Cruikshank con otras tropas. Y ya hemos visto lo bien que ha


funcionado eso la última vez.
—Sí, así es —admitió Matt—. Entonces, ¿desplegamos el emisor?
—Sí —respondió Valerian—. Hay un buen sitio al nordeste del
Punto Tres, en el ángulo correcto del vector actual de la nave de
despliegue.
—Daré la orden —dijo Matt, quien sacó su comunicador y se alejó.
—Dos mutaliscos a la vista, emperador —señaló el oficial
táctico—. Están atravesando en ángulo el vector. Se estima que no
se cruzarán con la nave de despliegue por solo alrededor de medio
kilómetro —Elevó la vista hacia el emperador—. El plan
funcionará, señor —añadió con serenidad—. He visto esos
emisores en acción. Funcionará.
—Gracias, comandante —contestó Valerian—. Espero que tenga
razón. —Movió la cabeza en dirección hacia los monitores—.
Mientras tanto, no le quite el ojo de encima a esos mutaliscos.
Vigílelos muy, pero que muy de cerca.

*******

El grupo que se encontraba en la compuerta de la cabina


permaneció en silencio mientras Erin leía primero la transcripción
de la conversación de Valerian con Zagara y luego el informe de
Cruikshank sobre lo que había ocurrido en el Punto Neurálgico
Dos. Baraja, que se había sentado en el asiento del copiloto nada
más entrar, escuchó prestando atención a medias mientras centraba
el resto de su atención en contemplar el follaje. Aunque parecía
reinar la serenidad en el paisaje de allá abajo, no se fiaba ni un pelo.

Tampoco se fiaba de lo que podía haber en el cielo. Durante la


lectura de Erin, Dizz le había dado golpecitos en el brazo en dos
ocasiones, para señalar a un devorador o a un grupo de mutaliscos
que se perdían en el horizonte.

267
TIMOTHY ZAHN

Afortunadamente, ninguna de esas criaturas se aproximó a la nave


de despliegue y, normalmente, solo eran visibles por un par de
minutos antes de que se alejaran para ocuparse de otras cosas. No
obstante, todo eso le había dejado un mal sabor de boca a Baraja y
un nudo en el estómago. No había manera de saber si algunos de
esos encuentros eran pura coincidencia o el resultado de que
alguien los estuviera vigilando. De un modo u otro, lo único que
tenía claro es que no le gustaría verse en la situación de que los
sorprendieran en pleno vuelo.

—Está bien, eso es todo lo que tenemos —dijo el soldado en cuanto


Erin concluyó—. La cuestión (que es la misma que nos hemos
planteado desde el principio) es saber qué demonios está pasando.
Empezando por qué son los psioliscos y qué son esas cosas de las
vainas.
—Me parece obvio que los psioliscos están ahí para vigilar las
vainas —afirmó Dizz—. También me da la sensación de que ese
trabajo se les da de mala gana.
—No estoy de acuerdo —replicó Tanya—. Casi acaban con
nosotros y se la liaron parda a los protoss y a las fuerzas de
Cruikshank.
—Pero perdieron todas las vainas en ambas ocasiones —señaló
Dizz—. No estoy diciendo que no sean seriamente desagradables y
peligrosos. Lo que digo es que, como guardaespaldas, van
perdiendo por dos a cero.
—Yo aún no tengo nada claro si pertenecen a la misma especie o
no —comentó Baraja—. Y me gustaría saber qué fue de los que
dejaron esas vainas vacías atrás. O si las vainas siempre estuvieron
vacías —añadió para anticiparse a la inevitable objeción que iba a
plantear Erin—, por qué estaban en esa caverna para empezar.
Zagara aseveró que habían agotado toda la esencia xel’naga,
señaló Ulavu. Tal vez pretendían usar esas vainas de sobra para
la adostra adicional que al final no fueron capaces de crear

268
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Porque se les acabó antes la esencia? —Baraja frunció los


labios—. Parece que fueron muy poco previsores, pero supongo
que es posible.
—Aún queda por resolver la cuestión que Erin ha planteado sobre
los psioliscos —dijo Tanya—. Si son la versión madura de la
adostra y la adostra se ha creado a partir de una especie no zerg
mezclada con la esencia xel’naga...
—Espera un momento —la interrumpió Dizz—. Mira esto.

El segador señaló con la cabeza el follaje.

Baraja arrugó el ceño. Delante de ellos, media docena de zerg


voladores que se dirigían al nordeste, cruzándose con el rumbo que
el grupo estaba siguiendo.

—Sí, están volando. ¿Y?


—Sí, están volando —replicó Dizz—. Están volando al nordeste.
—Otra vez, ¿y qué pasa?
—Pasa que todo zerg al que he visto volar durante la última hora y
media se dirigía en esa dirección —contestó Dizz—. ¿Acaso crees
que ahí venden biomateria de primera calidad o algo así?
—Los zerg no comen biomateria —señaló Erin—. Las plantas
rezuman nutrientes...
—Ya, ya, lo sé —dijo Dizz—. ¿Baraja? ¿Tú qué opinas?
—No sé qué pensar—respondió el soldado, mientras contemplaba
con gesto ceñudo al zerg que batía las alas y se cruzaba en el
camino de la nave de despliegue—. Una hora y media, has dicho,
¿no?
—Sí, en este momento ha sido cuando me he fijado en ello por
primera vez —contestó Dizz—, pero ha podido estar ocurriendo
mucho antes.
— ¿Y siempre van al nordeste?
—Siempre al nordeste.

269
TIMOTHY ZAHN

—En nombre del Dominio, ¿de qué podrían estar huyendo? —


murmuró Erin—. ¿De los psioliscos? ¿De algo más que hay por
ahí?

Baraja siseó entre dientes al dar con la solución.

—Oh, demonios —masculló—. No están huyendo, Erin, sino que


van a algún sitio.
— ¿A...? —Dizz miró a Baraja, y el soldado vio que, de repente, el
segador comprendía a qué se refería—. Oh, no. No puedes hablar
en serio.
— ¿Qué pasa? —inquirió Erin—. ¿Qué ocurre?
—Creo que Cruikshank ha enviado un emisor psiónico —É explicó
Baraja—. Menuda estupidez.
Pero si esos artilugios no son seguros, protestó Ulavu.
—Pues no bromeo —le espetó Baraja—. ¿Cuándo le ha importado
la seguridad a los altos mandos?
—O el sentido común —apostilló Dizz.
—Está bien, me están molestando —dijo Erin—. Pero ¿qué
problema hay? Creía que se utilizaban en los campos de batalla
continuamente.
—Así era —replicó Baraja—. Y a los altos mandos les encantaban,
porque eran geniales para alejar a los zerg de las áreas civiles.
—Pero también nos amargaban la vida a los que estábamos en el
campo de batalla —añadió Dizz—. No solo conseguían que el
enemigo se concentrara de tal manera que formaban un muro
descomunal de dientes y garras, sino que borraban el último
vestigio de cautela en esas diminutas seseras zerg.
—No sabía que los zerg mostraban cautela en batalla —dijo Tanya.

Más que perder cautela, pierden la capacidad de ser conscientes de


su posición, le explicó Ulavu. En un combate normal, como los
zerg no quieren tropezarse unos con otros, suelen dejar cierto
espacio entre ellos. Pero un emisor psiónico anula esa capacidad en
ellos.
270
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—El profesor lo ha pillado a la primera —confirmó Dizz—. Y


aunque hayamos ganado algo al provocar que se choquen unos con
otros, ya les digo yo que ese algo no merece la pena. Créanme.
—Sí. —Baraja contempló a Ulavu con las cejas arqueadas. Aunque
le había hecho una promesa, si iban a entrar en combate otra vez,
todo el mundo iba a tener que conocer su secreto—. Y ya que
hablamos de profesores y esas cosas, Ulavu tiene que contarles algo
a todos.
— ¿Ah, sí? —preguntó Erin, volviéndose hacia él.
Sí, admitió Ulavu. Ya saben que soy un investigador. Pero soy
también algo más. Se enderezó cuan largo era. Soy un guerrero. En
concreto, un Nerazim, un templario tétrico.

Por un momento, nadie habló. Baraja miró de soslayo a cada uno


de ellos sucesivamente, intentando descifrar sus reacciones. Erin
estaba desconcertada, y tanto el miedo como el sobrecogimiento se
iban adueñando de ella. Por la cara que puso Dizz, tuvo la sensación
de que este ya albergaba ciertas sospechas y que estas se acababan
de confirmar. Tanya se mostraba dolida, pero no parecía
sorprendida; al parecer, Ulavu ya le había confesado su secreto.

Baraja dejó que reinara el silencio, mientras se preguntaba quién lo


rompería primero. Como cabía esperar, fue Dizz quien lo quebró.

—Está bien —dijo enérgicamente—. Me preguntaba cómo era


posible que Erin y tú hubieran sobrevivido ahí. Sabía que yo no te
había quitado a esos psioliscos de encima con mis disparos y que,
si lo hubiera hecho Baraja, habría tenido que tener una muy buena
puntería disparando hacia atrás. Bienvenido a bordo. La próxima
vez, serás tú quien encabece el grupo.

Tanya carraspeó.

271
TIMOTHY ZAHN

—En realidad, seguimos sin tener una respuesta a la pregunta de


cómo Erin logró sobrevivir. Esa es una de las cosas...

Sin previo aviso, la nave de despliegue se detuvo casi por entero


violentamente y viró a medias hacia su lado derecho.

Baraja se aferró a los reposabrazos del asiento, sin ser apenas


consciente de que los tres que se hallaban detrás de él intentaban
agarrarse a cualquier asidero que tuvieran a mano, pues habían
perdido el equilibrio.

— ¡¿Dizz?! —exclamó.
—Maldita sea —susurró el segador, quien parecía más sobrecogido
que alarmado—. Nos han agarrado.
— ¿Que qué?
—Que tenemos a ocho mutaliscos aferrados al casco —contestó un
tenso Dizz—. Más bien, diez. Y..., la madre que los parió..., dos
más acaban de pegarse a los propulsores principales.
— ¿Nos van a derribar? —preguntó Erin con una voz temblorosa.
—Peor aún. —Dizz señaló al follaje mientras el horizonte se
volteaba—. Nos llevan a donde el resto de los malditos zerg están
yendo.
»Nos están llevando hasta el emisor psiónico.

272
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO QUINCE

—Maldita sea —estaba gritándole Matt al intercomunicador del


puesto de control de sensores mientras Valerian corría por el puente
hacia él—. Pero ¿qué demonios está retrasando tanto a esos
Espectros?
— ¿Qué ha pasado? —preguntó el emperador a la vez que se
colocaba al lado de Matt.
—Un enjambre de mutaliscos ha interceptado la nave de despliegue
—contestó ásperamente el almirante—. Control del Hangar, les he
hecho una pregunta.

A Valerian se le formó un nudo en la garganta en cuanto dio con el


monitor adecuando del conjunto que rodeaban ese puesto. Había
dado por sentado que la explicación de Matt era una especie de
extraña metáfora.

Pero no lo era. Un grupo de mutaliscos se había agarrado


literalmente la nave de despliegue del equipo de investigación y la

273
TIMOTHY ZAHN

había desviado de rumbo. Daba la impresión de que la estaba


llevando a...

Quiso lanzar un juramento, pero se contuvo, por supuesto. Se la


estaban llevando hacia el emisor psiónico, donde todos los demás
zerg a un radio de cincuenta kilómetros se estaban reuniendo.

—Hay una avería en la compuerta de la bahía de atraque —


masculló Matt—. No puede salir nada de ahí.
— ¿Y qué hay de los escuadrones Espectro que están patrullando?
—Ninguno está en posición —respondió Matt—. O bien se
encuentran muy lejos, o bien se hallan en el extremo más alejado
del planeta. No podrán alcanzar la nave de despliegue a tiempo.
— ¿Alguna de idea de cómo o por qué ha podido pasar esto?

Matt negó con la cabeza.

—La teoría más plausible que se me ocurre es que es algo que tiene
que ver o bien con el emisor, o bien con quienquiera que esté
dirigiendo a los psioliscos. O con ambos.

Y el Dominio solo tenía el control sobre uno de estos factores.

—Habrá que tomar medidas radicales —afirmó Valerian con cierta


amargura—. Está bien. Apague el emisor.
—Mire, ese es el problema —gruñó Matt—. No podemos.
— ¿Cómo que no pueden?
—Es que no queríamos que los zerg fueran capaces de desactivarlo
—contestó Matt—. Así que está muy bien protegido. Y por si
acaso, los técnicos lo metieron dentro de un campo búnker estándar
antes de lanzarlo. —Siseó entre dientes—. Pareció una buena idea
en su momento.
—Seguro que sí. —Valerian contempló detenidamente el monitor.
En ese caso, solo tenían una opción—. ¿Cuál es la bomba nuclear
más pequeña que podemos lanzar estando en órbita?
274
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Matt abrió los ojos como platos.

— ¿Quiere lanzar un ataque nuclear sobre el planeta?


—Solo sobre una pequeña parte de ella —le aseguró Valerian. Se
giró y miró al oficial de comunicaciones—. Informe al jerarca
Artanis de que vamos a lanzar una bomba nuclear —ordenó—. Una
sola, y únicamente como parte de una misión de rescate. No se debe
considerar este lanzamiento como un ataque a gran escala contra el
planeta. Asegúrese de que lo entienda.
—Sí, emperador —replicó el oficial, al que claramente le había
sorprendido; aun así, se tomó la orden con filosofía.
—Después, contacte con la reina Zagara —añadió Valerian—.
Dele el mismo mensaje y dígale que hablaré con ella directamente
en unos cuantos minutos.
—Sí, emperador.

Se volvió hacia Matt.

— ¿Almirante?
—Contamos con un arma táctica de diez kilotones —respondió
Matt—. Normalmente, estas bombas se lanzan desde una base en
tierra o de una nave a otra, pero debería sobrevivir a la entrada en
la atmósfera.

Valerian hizo unos rápidos cálculos mentales. Dando por supuesto


que pudiera alcanzar el objetivo lo bastante rápido, la nave de
despliegue seguiría estando fuera del alcance incluso del campo de
acción periférico del viento que levantaría la explosión.

—Prepárenla —dijo—. Láncenla a mi orden.


—Sí, señor.

Valerian se giró hacia el oficial de comunicaciones.

275
TIMOTHY ZAHN

— ¿Alguna respuesta?
—Aunque ha mostrado cierta reticencia, el jerarca Artanis acepta
su decisión, emperador —contestó con voz potente el oficial—.
Pero accede a mantenerse al margen y no interferir. —Entonces,
torció el gesto—. La reina Zagara no está respondiendo a la señal.

Valerian frunció el ceño.

— ¿Se niega a aceptar mi decisión?


—No, emperador..., no hay ninguna respuesta —respondió el
oficial—. El transceptor que ella ha usado antes aún funciona, pero
nadie responde a nuestra llamada.
—Eso no pinta nada bien —murmuró Matt—. ¿Cree que se ha
enterado de nuestros planes y se está preparando para huir?
—Muestra las imágenes de esos siete leviatanes —le ordenó
Valerian al oficial táctico—. ¿Siguen en tierra?
—Sí, emperador —le confirmó el oficial.
— ¿Y no hemos visto a nadie embarcar en ellos?
—No, emperador. Pero hay nubes y niebla ahí abajo, y no tenemos
siempre una visión perfecta.
—También podría haber túneles —murmuró Matt.
—Sí —replicó Valerian murmurando también. Y si Zagara y sus
madres de la prole estaban a punto de escapar...—. Pero vayamos
por partes. ¿Está el misil listo?

El oficial táctico mostró un indicador de estado.

—Sí, emperador.

Valerian miró a Matt. El almirante permanecía impertérrito, sin


revelar para nada lo que pensaba. ¿Acaso no estaba de acuerdo?

Era probable. De hecho, probablemente considerara que esto era


una torpeza como las que había cometido el padre de Valerian.

276
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Pero daba igual lo que pensase. El equipo de Halkman seguía


siendo la mejor esperanza que tenía el Dominio de saber qué estaba
ocurriendo antes de verse obligados a destruir el planeta. Valerian
no iba a abandonar a su suerte al equipo, sino que iba a pelear.

—Gracias. —Se armó de valor, mientras se preguntaba vagamente


si viviría para poder arrepentirse de esto—. Almirante Horner,
lance el misil.

*******

La repentina sacudida que había sufrido la nave de despliegue hizo


que Tanya perdiera el equilibrio del todo, lo que provocó que tanto
ella como Erin se cayeran, sin poder hacer nada por evitarlo, hacia
un panel repleto de interruptores y botones, situado en la pared de
estribor de la cabina. Erin se encontraba delante de Tanya, a medio
metro, intentando agarrarse frenéticamente a algún asidero;
probablemente, sin ser consciente de que daría igual que se aferrara
a algo o no, ya que Tanya se iba a chocar contra ella en una fracción
de segundo.

Entonces, mientras Erin rozaba con los dedos el borde del


reposacabezas de Baraja y Tanya se preparaba para el impacto,
Ulavu cogió del antebrazo a la fantasma, logrando así que se
detuviera, aunque de paso le retorció el brazo.

¿Estás bien?

Lo estoy, le aseguró Tanya, a la vez que escuchaba a medias cómo


Dizz y Baraja comentaban a voz en grito lo que ocurría. La nave de
despliegue entera estaba balanceándose y agitándose mientras Dizz
intentaba recuperar el control.

Pero estaba perdiendo la batalla. Había demasiados mutaliscos, su


masa combinada era demasiado para la nave y estaban aferrados
277
TIMOTHY ZAHN

con mucha fuerza. Y como los propulsores principales estaban


atascados, Dizz no tenía bastante potencia como para poder liberar
a la nave de despliegue de esas criaturas.

Ulavu había llegado a la misma conclusión.

Yo me ocuparé de ellos, dijo, a la vez que atraía a Tanya hacia sí y


la guiaba hasta un asidero. ¿Tu mochila de propulsión está
preparada, teniente Dennis Halkman?
—Sí, está preparada —gritó Dizz por encima del rugido de los
dispositivos de poscombustión, mientras intentaba cargarse a los
mutaliscos de los propulsores—. Y no, no te la vas a poner. Baraja,
¿ves este control de aquí?
No nos queda otra, insistió Ulavu. Yo sí puedo alcanzar a los
mutaliscos y matarlos.
—Pero no podrás hacerlo con una mochila de propulsión diseñada
para una armadura de segador —insistió Dizz al instante—. Baraja,
este es el piloto automático. En cuanto nos libremos de los
mutaliscos, actívalo.
— ¿Y cómo sabré que nos hemos librado de ellos? —preguntó
Baraja.
—Casi seguro que empezaremos a descender descontrolada-mente
—contestó Dizz, apagando los dispositivos de poscombustión, a la
vez que se desabrochaba las sujeciones del asiento—. Cuando eso
pase, no pierdas el tiempo admirando el paisaje. Erin, arrastra tu
trasero, estate aquí y abróchate las sujeciones. —Su mirada se
cruzó con la de Tanya, a la que hizo una indicación rápidamente
con la cabeza—. Vamos, piroqui. Pongámonos el visor y
quememos a algunos zerg.

Para cuando Dizz se puso la armadura y la mochila de propulsión,


la nave de despliegue prácticamente había dejado de temblar. No
obstante, al echar un vistazo a popa mientras bajaba la rampa, se
dio cuenta de que seguían dirigiéndose hacia el emisor psiónico
distante.
278
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Está bien —Tanya oyó decir a Dizz a través de los auriculares


por encima del ulular del viento—. No tenemos tiempo de preparar
un arnés, así que tendré que llevarte a la antigua.
— Está bien —dijo la fantasma, poniendo mala cara. Aunque no
tenía miedo precisamente a las alturas, el hecho de que alguien al
que apenas conocía la arrastrara a mil metros por encima del suelo
no era una situación que la hiciera muy feliz.
—Y como no tienes que sujetar un arma y yo me fío de mis propias
fuerzas —continuó Dizz—, nos colocaremos cara a cara para que
podamos agarramos fuerte. ¿Te parece bien?
—Claro —contestó Tanya, sintiéndose un poquito mejor. De este
modo, al menos, tendría cierto control sobre la situación—. Hace
semanas que nadie me da un buen abrazo.
—Dudo mucho que esto se pueda calificar así. —Se colocó delante
de ella, se agachó un poco y le acercó la parte del torso superior de
la armadura. Tanya le rodeó los hombros con los brazos y él la
agarró de la cintura—. ¿Preparada? Allá vamos.

Y tras oírse el rugido de las turbinas de su mochila de propulsión,


se tiró con ella por la parte posterior de la nave de despliegue y se
lanzaron al vacío.

Los mutaliscos eran unas criaturas voladoras con alas de


murciélago, tan grandes como un vehículo robótico del Dominio
de tamaño medio, que siempre iban encorvadas, lo cual hacía que
a Tanya siempre le recordaran a unos avispones gigantescos que
descendían en picado con sus aguijones por delante hacia la batalla.
Normalmente, se contaban entre los zerg voladores más rápidos,
por lo que a la fantasma le preocupaba que fueran capaces de
superar en velocidad a la mochila de propulsión del segador.

Pero no tendría que haberse preocupado. Como cargaban con el


peso de la nave de despliegue y como los bloqueados psiónicos
probablemente también los ralentizaban, los mutaliscos se movían
279
TIMOTHY ZAHN

lenta y pesadamente, a un ritmo apenas un poco más rápido que un


trote corto terran. Dizz maniobró de tal modo que ambos acabaron
por encima de la nave de despliegue y detrás de esta, mientras
rotaban el aire para que Tanya pudiera ver con claridad a los
objetivos.

Entonces, empezó la carnicería.

Eliminó primero a los dos que bloqueaban los propulsores y


observó con una cruel satisfacción cómo se tensaban y luego se
relajaban y después caían en silencio hacia el bosque de allá abajo,
mientras la fantasma les quemaba el corazón y los pulmones.
Después de eso, se abrió paso hacia popa, con la esperanza de que
las interferencias que generaban los bloqueadores psiónicos en sus
comunicaciones les impidieran darse cuenta de que estaban
perdiendo efectivos.

Había matado ya a cinco de los doce cuando los demás fueron


conscientes al fin de la amenaza. Dos de ellos se despegaron del
casco, dejando así que la nave de despliegue quedara en las garras
de los demás de una forma precaria; acto seguido, se abatieron sus
atacantes.

Tanya apretó los dientes con fuerza y concentró su poder en el de


la izquierda. Había algo detrás de este que le llamó la atención.

— ¡Dizz, desciende! —exclamó.

Dizz obedeció al instante; apagó las turbinas y eso hizo que cayeran
aplomo hacia el suelo. Los dos mutaliscos reaccionaron cambiando
de rumbo, descendiendo en ángulo hacia su presa...
De repente, sufrieron una violenta sacudida en pleno vuelo, ya que
Ulavu (que se hallaba agachado de un modo precario en la parte de
la popa abierta de la nave de despliegue mientras sostenía
torpemente el fusil de francotirador de Tanya con esa mano tan
280
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

grande e inhumana), disparaba por la espalda a los dos zerg con


una munición capaz de perforar armaduras. Mientras los mutaliscos
aleteaban furiosamente, intentando recuperar altitud, Tanya acabó
con ellos. Se oyó un chillido capaz de perforar los tímpanos, y otros
dos mutaliscos soltaron la nave de despliegue y atacaron.

Lo cual resultó ser un error. La nave de despliegue se ladeó, porque


su peso era ahora demasiado para el resto de zerg. Mientras los
mutaliscos intentaban recuperar el control, los propulsores
vomitaron súbitamente una explosión descomunal y la nave se libró
de ellos.

—No, no, no —gruñó Dizz—. Maldita sea, Baraja... No juegues


con los controles. Limítate a activar el piloto automático.
—Lo intento —replicó un tenso Baraja—. Pero no responde... Han
debido de cortar algo. Además, ¿no se supone que deberían volver
aquí dentro a toda prisa?

Dizz lanzó un juramento y se agachó, y Tanya se aferró con más


fuerza si cabe cuando el segador proporcionó más potencia a las
turbinas de su mochila de propulsión.

—Sí, ya vamos de camino. Cuidado..., el morro se está inclinando


hacia abajo. Coge la palanca de dirección y tira de ella hacia atrás
un par de milímetros. He dicho un par de milímetros atrás.
—Ya lo he hecho —dijo Baraja—. Pero tampoco responde.
—Han debido de inyectar gujas dragones —murmuró Dizz—, que
se habrán metido en los controles gravitacionales y de los
propulsores. —De improviso, se elevó en el aire en línea recta. Eso
hizo que Tanya estuviera a punto de soltarse, pero Dizz la abrazó
con más fuerza hasta que la fantasma pudo agarrarse como era
debido—. Está bien, estoy mirando hacia dónde se dirigen —dijo—
. Me parece que tienen un pequeño claro prácticamente delante.
Van a tener que dirigirla hacia allá.

281
TIMOTHY ZAHN

Los propulsores volvieron a entrar en ignición, lo que provocó que


la nave de despliegue avanzara hacia delante como si saltara.

—Y apaga los malditos propulsores —añadió con brusquedad—.


El acelerador principal está entre los asientos...
—Sí, sí, lo veo —replicó Baraja—. ¿Alguna idea de cómo puedo
frenar esto sin los propulsores y los gravs?
—Estás a punto de besar esos árboles —contestó Dizz—. Aún
tienes cierto grav, así que golpea las copas de los árboles, a una
altura de no más de tres o cuatro metros del suelo. Mientras vas
frenando, ve un poco más adentro, hacia las ramas más pesadas;
usa los pedales para controlar el cabeceo y la dirección. Con suerte,
el grav aguantará hasta que hayas frenado lo suficiente como para
aterrizar en el claro.
— ¿Y si no es así?
—Entonces, estás a punto de convertirte en una apisonadora —
respondió Dizz sin rodeos—. Colocaos las sujeciones bien fuerte y
cruzad los dedos para que los pirados que construyeron esa cosa
hicieran un trabajo del que podrían sentirse orgullosos. Oh, y
díganle a Ulavu... —Se calló—. ¿Dónde se ha metido Ulavu?
—Ha vuelto dentro —contestó Tanya—. Lo hizo después de que
yo me cargara al resto de los mutaliscos.
—Oh, está bien. No me había dado cuenta. Bueno, dile a Ulavu que
también se abroche fuerte.
—Ya lo ha hecho —replicó Baraja—. ¿Algo más?
—No hay tiempo para más —contestó Dizz—. Buena suerte.
— ¿No podemos hacer nada? —murmuró Tanya.
—Como ya he dicho, no hay tiempo para más —dijo Dizz con un
tono plagado de tensión—. Aunque pudiéramos alcanzarlos, nunca
llegaríamos a la cabina. —Se calló—. Por cierto, lo has hecho muy
bien con los mutaliscos.
—Gracias —respondió Tanya, a pesar de que, teniendo en cuenta
que la nave de despliegue se aproximaba a su destrucción, todas las
heroicas proezas que habían hecho no iban a servir para nada.

282
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Entonces, a su derecha, un súbito destello captó la atención de la


fantasma. Giró la cabeza y vio un punto de luz que se desvanecía
en el horizonte. Frunció el ceño y activó el potenciador óptico del
visor.

Justo por encima de esa luz que se esfumaba había una pequeña
nube con forma de hongo.

— ¡Vaya! —exclamó Dizz—. Han debido de cerrar la tienda.


— ¿Qué tienda? —preguntó Tanya, a la vez que intentaba descifrar
qué significaban ese destello y esa nube. Era una bomba nuclear,
obviamente. Pero ¿desde cuándo los zerg utilizaban armas
nucleares?
—Esa en la que estaban vendiendo biomateria de primera calidad,
como he comentado antes —respondió Dizz—. Ya no vuelan para
allá.

Tanya echó una ojeada a su alrededor. Aunque había tres zerg


voladores entre ellos y el horizonte, ninguno volaba al nordeste.

Entonces, se le encendió la bombilla.

—Han lanzado una nuclear sobre el emisor psiónico —afirmó la


fantasma.
—Han... Vaya, ¿qué?
—Una bomba nuclear acaba de explotar justo donde suponíamos
que estaba el emisor —replicó Tanya, señalando con la cabeza en
dirección hacia la detonación—. La cuestión es: ¿Quién se lo ha
cargado? ¿Nosotros o los zerg?
—Supongo que nosotros —dijo Dizz—. Los zerg no usan la
tecnología. Bueno, nosotros o los protoss. Vamos, Baraja. Vamos...

Tanya contempló el drama que estaba teniendo lugar allá abajo. La


nave de despliegue estaba abriéndose paso entre los árboles, tal y
como Dizz les había indicado. Era tan patente que estaba frenando
283
TIMOTHY ZAHN

que hasta Dizz y Tanya por fin estaban empezando a recortar


distancia con ella.

La fantasma contuvo la respiración. Estaba frenando, pero no lo


suficiente.

— ¿Dizz?
—Aún van muy rápido, Baraja—le advirtió el segador—. Tienes
que meterte más adentro. No te preocupes porque salte la pintura.
—No puedo —replicó el soldado—. Los gravs no paran de dar
sacudidas.

Dizz lanzó una maldición entre dientes.

—Entonces, apágalos.
— ¿Repite?
—Que apagues los gravs —repitió Dizz—. El nivelador principal
está delante del acelerador..., gira la manivela noventa grados en el
sentido de las agujas del reloj y luego tira.
—Dizz...
—Van a aterrizar de panza —le interrumpió el segador—. Tienen
que estar en el claro cuando lo hagan.
—Genial. Está bien, allá va.

La nave de despliegue se hundió abruptamente y, a pesar del ruido


del viento, Tanya pudo oír el estruendoso crujido de la madera al
atravesar la nave las ramas más grandes. No obstante, seguía cinco
metros por encima del suelo cuando cruzó la última línea y entró a
gran velocidad en el claro. Tanya se mordió el labio al ver cómo
caía como una piedra, se estampaba contra el suelo y se deslizaba
sobre esa superficie dura. Contuvo la respiración...

La nave de despliegue se encontraba de la siguiente hilera de


árboles cuando, por fin, se detuvo tras varios rebotes.

284
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Baraja? —preguntó Dizz con indecisión.


—Sí, estamos bien —contestó el soldado—. ¿Erin? ¿Ulavu? Sí,
todo el mundo está bien. Aunque no creo que esta cosa vuelva a
volar.
—No me digas —replicó Dizz, en cuyo tono de voz Tanya pudo
percibir cierto alivio—. Está bien, vayan sacando todo lo que
podríamos necesitar. Esos guja dragones siguen deambulando por
ahí dentro y no queremos que mordisqueen las C-14 de repuesto.
—Muy bien. Estamos en ello.

*******

En lo más alto de la lista de cosas que todo coronel sabía que no


debía hacer se encontraba la de no interrumpir a un almirante
cuando conversaba. Y eso era el doble de cierto cuando el almirante
en cuestión estaba conversando con un viejo amigo.

Y el triple cuando ese viejo amigo era el emperador.

Por eso, Cruikshank esperaba con la mayor paciencia posible a que


los dos hombres concluyeran su pequeña charla junto al conjunto
de monitores del oficial táctico.

Claro que, teniendo en cuenta que estaban discutiendo sobre las


posibles consecuencias de haber lanzado una bomba nuclear, sin
mediar en teoría una provocación, sobre un planeta, en teoría, no
combatiente, estaba más que dispuesto a darle todo el tiempo y
espacio que necesitasen.

El diálogo fue perdiendo fluidez. Entonces, Cruikshank dio los dos


últimos pasos necesarios para incluirle dentro del ámbito de la
conversación.

— ¿Almirante?

285
TIMOTHY ZAHN

El almirante Horner alzó la vista.

—Sí, coronel, ¿qué ocurre?


—Cuando tenga un momento, señor—respondió Cruikshank—,
me gustaría hablar sobre la próxima misión de mi grupo.

El almirante y el emperador se miraron mutuamente.


Probablemente, se estaban preguntando cuál de ellos había
autorizado iniciar la fase de preparativos de una nueva misión en
tierra.

—Adelante —dijo Horner.


—He estado hablando con el comandante Rahas de la nave nodriza
protoss —les informó Cruikshank—. La conclusión a la que hemos
llegado es...
— ¿Quién le ha autorizado a hablar con los protoss? —le
interrumpió Valerian.
—Nadie, emperador —respondió Cruikshank, quien se tensó de
manera instintiva—. Lo he hecho por iniciativa propia. La
conversación no ha tratado de ningún asunto oficial; simplemente,
éramos dos soldados comparando notas.
— ¿Y el comandante Rahas es...?
—El comandante de las fuerzas en tierra del jerarca Artanis —
contestó Cruikshank—. Era el segundo al mando de Sagaya antes
del fiasco del Punto Dos.

Aunque Valerian tal vez torciera el gesto levemente al oír la palabra


fiasco, se limitó a asentir.

—Continúe.
—Sí, emperador. —Al menos, el emperador no se tiraba de cabeza
a la piscina sin mirar por la parte menos profunda cuando le venía
en gana como a veces solía hacer su padre—. La conclusión a la
que hemos llegado es que, como usted predijo, el emisor psiónico
habrá alejado a muchos de los zerg del Punto Tres. Y como los zerg
286
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

voladores son más rápidos que los terrestres, la mayoría de los


voladores deberían haber llegado ahí primero; por consiguiente, la
bomba nuclear que acabamos de arrojar habrá aniquilado a un alto
porcentaje de ellos.
—Sí, a esa conclusión también hemos llegado nosotros —admitió
Horner—. ¿Tiene algo más que decimos?
—Sí, señor —respondió Cruikshank—. Ahora que el emisor ya no
existe, esperamos que quienquiera que estuviera controlando a esos
zerg los envíe de vuelta a proteger el Punto Tres. Si la nave de
despliegue no hubiera sido atacada, el equipo habría llegado ahí
mucho antes de que regresara la mayoría de los zerg. Como el
equipo tiene que ir ahora a pie, van a tener que correr. —Frunció
los labios—. Razón más que suficiente para que acaben siendo
atacados.
—No será una carrera si enviamos a otra nave de despliegue a que
baje a recogerlos para recorrer esos treinta últimos kilómetros —
señaló Valerian.
—Sí, podríamos hacer eso, emperador —replicó Cruikshank—. El
problema que veo es doble. En primer lugar, si enviamos cualquier
cosa ahí abajo, revelaremos al instante dónde se encuentra el
equipo, lo cual permitirá que el enemigo pueda preparar
emboscadas a lo largo del camino. Ahora mismo, como tienes los
bloqueadores psiónicos activados, llaman mucho menos la
atención. En segundo lugar, ya hemos visto lo vulnerable que es
una nave de despliegue a un ataque aéreo.
—Podríamos enviar a algunos Espectros a escoltarlos —sugirió
Horner.
—Ya, pero los mutaliscos que hay en Gystt superan con mucho en
número a los Espectros que tenemos —murmuró Valerian—. Y la
explosión nuclear no los ha aniquilado a todos. Así que está
sugiriendo que dejemos que el equipo de Halkman siga a pie, ¿no,
coronel?
—Sí, emperador —respondió Cruikshank—. Tardarán más tiempo,
pero cuenta con armaduras mecánicas, y las imágenes que estamos

287
TIMOTHY ZAHN

recibiendo indican que no ha sufrido heridas graves. E insisto,


ahora mismo son invisibles, más o menos, para los zerg del lugar.
—O al menos resulta difícil detectarlos —apostilló Valerian—.
Aunque, como bien señala usted, ahora compiten en una carrera
contra los zerg que regresan. Doy por sentado que tiene alguna
sugerencia que hacer, ¿no?
—Deberíamos colocar una barrera—les aconsejó Cruikshank—.
Me refiero a que deberíamos enviar a un destacamento de tropas,
vehículos robotizados y protoss, que se colocara a unos quince
kilómetros del Punto Tres, de cara a la dirección de la que vendrán
los zerg. Con suerte, seremos capaces de contenerlos el tiempo
suficiente como para que Halkman entre y saque las muestras que
necesitamos.
—Pero si acaba de decir que los zerg verán a cualquier nave de
despliegue que enviemos —le recordó Valerian.
—Sí, pero eso dará igual —replicó Cruikshank—. No importa que
sepan dónde estamos, ya que, de todos modos, estaremos ahí para
luchar. Y no volaremos en horizontal, para que tengan menos
tiempo de reunir suficientes voladores para hacemos la vida
imposible.
—Muchos zerg se dirigían hacia el emisor —les advirtió Horner—
. Si todos se hallan bajo control enemigo, ese destacamento va a
tener que tragar más de lo que puede morder.

Cruikshank se encogió levemente de hombros.

—Para eso nos pagan, señor.


— ¿Cómo es el terreno? —inquirió Valerian.
—Aquí está el lugar, emperador. —Cruikshank sacó su datapad y
activó la vista aérea—. Es una zona de pradera ubicada entre dos
áreas boscosas. Hay buena visibilidad; el enemigo tendrá que
acercarse por campo abierto, y no podrán pillamos por sorpresa.
Está situada entre un río caudaloso y una marisma al sudeste y estos
riscos del norte.

288
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Según lo que indica la escala, la zona tiene unos ochocientos


metros de ancho —señaló Horner—. Es mucho terreno como para
que cuarenta soldados puedan cubrirlo.
—Yo también bajaré con el segundo Demoledor y con todos los
goliats a los que se pueda liberar de la responsabilidad de la defensa
del interior de la nave —dijo Cruikshank—. Además, Rahas dice
que todavía cuentan con diez templarios y diez Nerazim que
pueden desplegar, así como un centinela o dos para prestarles
apoyo de cerca. También dice que tal vez podría facilitamos un par
de fénix, que podrían prestar apoyo aéreo.
—Aun así, cada soldado o guerrero protoss tendría que cubrir trece
metros —insistió Horner—. Y lo que es todavía peor es que la
infantería protoss no suele usar armas de largo alcance, por lo que,
con casi toda seguridad, tendrán que juntarse para poder mantener
en pie su parte de la línea de contención. De una manera u otra, si
les atacan en tropel, no sé cómo van a poder evitar que los superen.
—Podremos contenerlos, señor—aseguró Cruikshank—. De todas
formas, no hay ningún otro lugar adecuado para hacer esto en diez
kilómetros a la redonda. Gran parte de esa área está cubierta por
zonas boscosas, lo que limita nuestro campo de tiro Y allá donde el
río se dobla hacia el sur, tendríamos aún mucho más espacio que
cubrir con nuestra línea de batalla.
— ¿Y si se colocan directamente en el Punto Tres? —Inquirió
Valerian.
—Me preocupa el hecho de que detendríamos su avance demasiado
cerca del objetivo —contestó Cruikshank—. Si el equipo de
Halkman se demora, podrían encontrarse con que tienen el camino
bloqueado por una batalla. Necesitamos que el equipo logre entrar
en el Punto Tres, a menos que quiera enviar al doctor Cogan con
nosotros ahí abajo, ya que no hay nadie salvo la doctora Wyland
que sepa cómo tomar las muestras que usted desea. Dio unos
golpecitos a la pantalla de datapad—. Esta es la mejor opción que
tenemos para poder frenar a los zerg el tiempo suficiente como para
que el equipo de investigación pueda cumplir su misión.

289
TIMOTHY ZAHN

Valerian y Horner se miraron mutuamente, y Cruikshank pudo


intuir que con esas miradas se lo estaban diciendo todo.

—Este destacamento protoss del que ha hablado... —dijo Valerian,


girándose hacia Cruikshank—. ¿Es algo que Rahas y usted han
comentado únicamente en el plano teórico, o acaso el jerarca
Artanis le ha dado ya permiso para que se una a nuestras fuerzas?
—Rahas está esperando a recibir su aprobación para poder
plantearle la propuesta al jerarca, emperador—respondió
Cruikshank—. Pero me ha asegurado de que, sin duda alguna,
autorizará el plan.

Una vez más, Horner y Valerian se miraron el uno al otro.

—Ha defendido muy bien su plan, coronel —afirmó Valerian—


Solo quiero hacerle una pregunta: ¿Por qué?

Cruikshank frunció el ceño.

—Tal y como he dicho antes, es nuestro trabajo.


—No me refiero a por qué desea arriesgar la vida para ayudar al
equipo de investigación a llevar a cabo su misión —replicó
Valerian—, sino a por qué ha pedido que los protoss participen en
la operación. Tenía la impresión de que usted no tenía en alta
estima a los protoss.
—De que, ciertamente, no confía en ellos —apostilló Horner.

Cruikshank torció el gesto.

— ¿Tengo permiso para hablar libremente, señor?

Valerian asintió:

—Adelante.

290
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Tienen razón, no tengo en alta estima a lo protoss ni confío en


ellos —aseveró Cruikshank—. Pero lo que vi en el Punto Dos (lo
que les hicieron los psioliscos y de un modo tremendamente
rápido) me dejó espantado, maldita sea. Hay que detener esa
amenaza, y hay que detenerla aquí y ahora, o volverá a estallar una
guerra. Y eso no podemos permitirlo. No cuento con soldados
suficientes ni vehículos robóticos suficientes para hacerlo solo. Los
protoss tampoco. Es una decisión basada en pura táctica de
combate.
—Un razonamiento excelente, coronel —afirmó Valerian—. Muy
bien. Llame a Rahas y hágale saber que puede contar con usted y
con cualquiera al que podamos liberar de la obligación de ocuparse
de la seguridad interna de la nave. Después, reúna a su equipo e
infórmenos cuando ya estén listos.
—Sí, emperador. —Cruikshank inclinó la cabeza ante Horner—.
Almirante.

Acto seguido, hizo ademán de darse la vuelta...

—Una cosa más, coronel —dijo Valerian—. Ha pedido permiso


para hablar con libertad, pero no he escuchado nada que pueda ser
considera inapropiado o inadecuado. ¿Por qué ha pedido permiso
para eso en concreto?

Cruikshank hizo una mueca de contrariedad.

—He admitido que tengo miedo, emperador. Una oficial de la


policía militar del Dominio nunca tiene miedo.
—Ah —replicó Valerian, en cuyos labios se asomó una tenue
sonrisa—. Bienvenido al mundo real, coronel.
—Gracias, emperador —contestó Cruikshank con sobriedad—. En
realidad, llevo viviendo en él bastante tiempo. Discúlpenme, por
favor..., tengo unas órdenes que cumplir.

291
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO DIECISÉIS

Erin no notó el dolor en el costado hasta que intentó levantar el


tanque de combustible del lanzallamas y algo pareció crujir.
Aunque logró sacar fuera ese chisme, a partir de entonces, el dolor
fue progresivamente a peor.

Baraja acabó dándose cuenta de que le pasaba algo.

— ¿Algún problema? —preguntó, mientras colocaba un armero de


rifles gauss junto al tanque de combustible.
—Estoy bien.

Baraja alzó las cejas.

—En el idioma de los soldados, estoy bien suele significar estoy


hecho una mierda —replicó—. Vamos, que no tenemos tiempo
para tonterías.
—No es nada —insistió—i Es solo que me duele un costado.

292
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Dónde? —Palpó la armadura de la doctora justo por debajo del


brazo—. ¿Aquí?
—Un poco más abajo.
—Ya. —Baraja miró a su alrededor— ¿Dizz? Aquí tenemos una
costilla rota.
— ¿Es muy mala la fractura? —inquirió Dizz— ¿Puedes viajar?
—Sí, por supuesto —contestó Erin—. Estoy bien. De verdad.
—Me alegro de oír eso. —Baraja señaló hacia el enorme árbol
situado en el borde del claro—. Ve ahí... y siéntate. Nosotros
sacaremos del resto de las cosas.
—Puedo ayudar.
—Nos ayudarás si te sientas —dijo Baraja con firmeza—. No
tenemos tiempo para examinarte con más detenimiento y, de todos
modos, es probable que no tengamos nada a bordo que pueda
mejorar la protección que te ofrece el traje de compresión del
CMC.
—Sí, señor —respondió Erin, lanzando un suspiro. Si debía ser
sincera, un pequeño descanso casi seguro que le vendría bien.

Se acomodó junto al árbol que le había indicado. Sin embargo, se


sentía bastante avergonzada de estar ahí sentada, cruzada de brazos,
mientras todos los demás trabajaban. Aun así, Baraja estaba al
mando y le había dado una orden.

No obstante, esa situación de relajación acabaría de un modo rápido


y violento si algún zerg que deambulara por ahí la divisaba. ¿Se
hallaba todavía dentro de la zona mágica de cuasi invisibilidad que
generaban los dos bloqueadores psiónicos?

Eso esperaba. No había llevado un arma desde lo sucedido en la


caverna del Punto Uno, cuando intentó disparar con un rifle gauss
que Baraja tenía de sobra. Tal y como Tanya había dicho
anteriormente, había tenido mucha suerte de salir viva de esa.

Sí, ¿por qué había salido viva de ahí?


293
TIMOTHY ZAHN

Lo cierto es que nunca le habían dado una respuesta a esa pregunta.


La propia Erin había procurado no pensar en ello. Por suerte, había
habido muchas otras cosas con las que mantener su mente ocupada
durante la última hora, más o menos.

Pero todas esas excusas habían desaparecido ahora que se


encontraba sentada aquí.

¿Por qué seguía viva? ¿Acaso los zerg atacantes los habían
evaluado y se habían dado cuenta de que la más inofensiva era ella
y, por tanto, habían decidido centrarse en los demás primero?
No..., eso no tenía sentido. No cuando un par de rápidos tajos con
esas garras afiladas como cuchillas podrían haberle atravesado la
armadura y haberla matado ahí mismo. O, al menos le habrían
arrancado el brazo con el que sostenía el rifle y, de ese modo, se
habrían asegurado realmente de que era inofensiva. Seguramente,
cualquier zerg podría haber perdido el medio segundo necesario
para hacer eso.

¿Tal vez no la habían matado porque era xenobióloga? Esa era la


teoría que había planteado Baraja. Sin embargo, Tanya la había
refutado al instante. A menos que hubiera algo sobre la adostra y
las vainas que estuviera pensado para engañar a una avezada
xenobióloga, pero a nadie más...

Resopló, lo que provocó que sintiera una nueva punzada de dolor


en las costillas. Está bien. Nadie tiende trampas tan sutiles.

Además, ella había sido la primera en plantear la pregunta de cuál


era la relación entre los psioliscos y la adostra. Si ese era el gran
secreto, ya lo habían descubierto y, por tanto, ella debería haber
sido el objetivo principal a eliminar del equipo de investigación.

294
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Entonces, algo llamó su atención. Alzó la vista y vio a otro par de


mutaliscos que surcaban el cielo batiendo las alas. Se tensó y se
preguntó si les habían enviado a acabar el trabajo que la primera
bandada había empezado. Los observó, dispuesta a dar la voz de
alarma si se giraban y descendían.

Aliviada, comprobó que continuaron su camino sin frenar siquiera


un poco. Quizá los objetos que había en tierra no les resultaran de
ningún interés, al menos no cuando se hallaban a tal altura.
Únicamente cuando unos intrusos habían irrumpido en su
territorio, les habían prestado interés y habían atacado.

Únicamente cuando unos intrusos habían irrumpido en su


territorio.

Durante un largo instante, reflexionó al respecto; devanándose los


sesos para intentar encontrar una lógica en todo eso. Volvió a
consultar los informes que había enviado Cruikshank y los leyó de
nuevo en la pantalla. Y volvió a darle más y más vueltas.

Entonces, tras ponerse en pie con mucho cuidado, cruzó el claro y


se dirigió hacia donde los demás estaban trabajando.

Baraja alzó la mirada al percatarse de que se aproximaba.

—Creía que te había dicho que estuvieras sentada —le dijo.


—Sí, así fue —le confirmó—. Pero tengo una pregunta.

Debió decir eso con un tono que llamó la atención, ya que los cuatro
dejaron de hacer lo que estaba haciendo.

— ¿Es importante? —preguntó Baraja.


—Muy importante —le aseguró Erin—. ¿Recuerden que Dizz dijo
que los psioliscos como guardaespaldas de las vainas eran un
desastre?
295
TIMOTHY ZAHN

—Claro —contestó Baraja.


—Además, Tanya señaló que solo perdieron por mala suerte y
porque se toparon con unas circunstancias inesperadas, ¿verdad?
—Sí, claro.
—Pues se equivocaba —afirmó Erin con un tono bajo—. No fue
mala suerte. Perdieron adrede.

Explícate, le pidió Ulavu.

Erin tragó saliva.

—En la batalla en el Punto Neurálgico Dos, los psioliscos se


cargaron a la mayoría de protoss e intentaron sacar las vainas de la
caverna. Lo único que los detuvo fue la llegada del equipo del
coronel Cruikshank.
—Eso es lo que dice Cruikshank —objetó Baraja—. ¿Se equivoca?
—Desde su punto de vista, no —respondió Erin—. Pero nosotros
sabemos que eso no es así. Mira, había mutaliscos en esa batalla.
Lo he comprobado. Atacaron mientras las fuerzas del Dominio
intentaban salvar a los protoss. Unos mutaliscos como los que nos
han atacado y derribado del cielo. —Señaló hacia arriba—. ¿Por
qué no hicieron lo mismo con las fuerzas del Dominio cuando
descendieron?

Baraja y Dizz se miraron el uno al otro.

—Nosotros estábamos volando en horizontal —contestó Dizz,


aunque parecía un poco indeciso—. Las naves del Dominio igual
descendieron en vertical, lo cual habría hecho que fueran más
difíciles de atacar.
—Pero sí atacaron la lanzadera de los protoss cuando esta
descendía —le recordó Tanya—. Ese ataque acabó con sus
potenciadores psiónicos. Lo recuerdan, ¿no?
—Y ni siquiera intentaron detener a las naves de despliegue —
añadió Erin—. No hay nada en el informe que indique que se
296
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

produjera un ataque hasta que las tropas y los vehículos robóticos


ya estuvieron desplegados.
—Estaban trasladando las vainas —murmuró Tanya—.
Desconectarlas de la base de la estructura de nutrientes no pudo
haber sido fácil. Debieron de iniciar esa tarea mucho antes de que
Cruikshank aterrizara.
—Mientras, ya les estaban dando para el pelo a los protoss —
apostilló Baraja—. Entonces, ¿por qué decidieron trasladarlas?
—Eso no tiene sentido, ¿verdad? —inquirió Erin.
No, respondió Ulavu. Las rampas y recodos del interior son unos
pasos muy estrechos fáciles de defender. Habría sido una
estrategia mucho mejor que los psioliscos hubieran contenido a los
atacantes para luego rodearlos.
—Sobre todo, porque iban ganando —afirmó Baraja—. Espera un
momento. El disruptor protoss. Ya estaba dentro, listo para estallar.
¿Podría ser esa la razón por la que se estaban llevando de ahí las
vainas?
Para empezar, no deberían haber permitido que ese disruptor
entrara en la caverna, contestó Ulavu. Aunque los mutaliscos
fueron incapaces de bloquear a las naves de despliegue terran,
deberían haber sido capaces de interceptar el disruptor y
mantenerlo fuera, sin duda.
—Maldita sea —masculló Dizz—. ¿Estamos diciendo lo que creo
que estamos diciendo?
—Estamos diciendo que tenías razón —replicó Baraja—. Los
psioliscos no estaban protegiendo las vainas, sino que intentaban
destruirlas.
—No solo pretendían destruirlas —aseveró Tanya con gravedad—
, sino que las destruyéramos nosotros. —Hizo un gesto con la
cabeza para señalar el cielo—. Por eso los mutaliscos no han
regresado aquí para acabar el trabajo. Quieren que lleguemos al
Punto Tres para que podamos destruir las vainas por ellos.
—O quieren que lleguemos al Punto Tres para que acabemos
muertos e incitar así al Domino a destruir las vainas —conjeturó
Baraja—. Probablemente, les dé igual una posibilidad u otra.
297
TIMOTHY ZAHN

—Es más, que acaben siendo destruidas sin que nadie pueda
obtener las muestras que demuestren que la adostra y los psioliscos
no pertenecen a la misma especie —aseveró Tanya—. Por eso
estaban trasladando las vainas del Punto Dos, y por eso dejaron
entrar al disruptor. Dedujeron que debían lograr que Cruikshank
tuviera la impresión de que no iba a poder contenerlos, si no, no le
habrían incitado a volar por los aires la caverna.
—Y por eso yo estoy viva —dijo Erin, quien sintió un escalofrío
muy desagradable. Había esperado con toda su alma que hubiera
algún fallo en su razonamiento que los demás pudieran hallar. Pero
no había sido así—. Su idea era que, después de haber matado al
resto en el Punto Uno, necesitaban que alguien volviera corriendo
al Dominio para contarles lo horribles que eran los psioliscos; y la
elegida fui yo.
—Porque eras la más inofensiva —murmuró Dizz.
—Y porque como habías visto las mismas marcas en las espaldas
de los psioliscos y la adostra sacarías, con casi toda seguridad la
conclusión que querían que sacases —afirmó Tanya—.
Probablemente, dieron por supuesto que te fijarías más en este tipo
de cosas que el resto de nosotros.
—Me pregunto cómo han sido capaces de que ambas especies
tengan las mismas marcas —dijo Dizz.
El que creó a los psioliscos habrá manipulado su genética para
obtener precisamente ese resultado, concluyó Ulavu.
— ¿Él? —preguntó Baraja.
—Se refiere a Abathur —contestó Erin—. Tiene que ser él quien
está detrás de todo esto. Incluso Zagara reconoció que él era el
creador de la adostra.
—Pero también dijo que era leal al Enjambre —le recordó
Baraja—. Y eso no me parece muy leal, precisamente.
—A menos que la propia Zagara sea quien esté detrás —apostilló
Tanya.
—Espero que no, maldita sea —dijo Dizz—. Porque si es así, tiene
a todo el planeta detrás como apoyo.
—Si eso es así, estamos totalmente jodidos —concluyó Baraja.
298
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—O lo está ella —le corrigió Tanya—. Entre el Dominio y los


protoss, cuentan con suficiente potencia de fuego como para hacer
que este lugar vuelva a ser una bola carbonizada en órbita.
—Tal vez eso sea precisamente lo que alguien quiere que suceda
—señaló Erin.
Pero eso no tiene sentido, objetó Ulavu. ¿Quién ganaría algo con
la destrucción de Gystt?
— ¿Quién sabe? —replicó Baraja—. Algún otro grupo de zerg,
alguna facción corrupta protoss, tal vez la maldita Sarah Kerrigan.
Por cierto, el hecho de contar con cierta potencia de fuego no quiere
decir que puedas llegar a tener la oportunidad de utilizarla. No se
olviden de que Zaga tiene a su disposición siete leviatanes, por no
hablar de a saber cuántos hostigadores y devoradores podría enviar
a atacamos.
—Eso da igual —dijo Tanya con firmeza—. Al menos, eso último
a nosotros no nos importa. Lo que suceda ahí arriba será problema
de otro. Nuestro objetivo es llegar al punto Tres y conseguir esas
muestras que, con suerte, demostrarán que estamos en lo cierto o
que hemos metido la pata hasta el fondo. —Miró a Ulavu, y Erin
tuvo la impresión de que ambos estaban compartiendo algo muy
profundo y privado—. Y solo podemos contar con el apoyo de
nosotros mismos —añadió—. Así que pongámonos todo esto a la
espalda y echemos a andar.
—Y con a la espalda, te refieres básicamente a la mía —comentó
Baraja amargamente.
—No es culpa nuestra que Erin y tú serán los que llevarán los CMC
que son idóneos para realizar tareas pesadas —respondió Dizz—.
¿No creen que deberíamos informar a Cruikshank sobre todo esto?
—Apagar los bloqueadores psiónicos no sería una gran idea —
admitió Baraja a regañadientes, a la vez que miraba a su
alrededor—. Pero sí, es probable que este sea el momento y el lugar
adecuados para hacerlo.
— ¿No podrían Dizz o tú apartarlos un poco y apagar solo ese? —
sugirió Tanya—. De esa forma, no todos quedaremos expuestos.

299
TIMOTHY ZAHN

—Sería absurdo —objetó Baraja—. Casi seguro que los zerg tienen
una idea bastante clara de dónde nos hemos estrellado, así que ya
saben que estamos aquí.
—Eso quiere decir que, por una vez, apagar los bloqueadores no
supondría darles ninguna pista —añadió Dizz—. Así que el plan es
desactivar ambos bloqueadores, presentar rápidamente un informe
y después activarlos de nuevo y largamos hacia el Punto Tres, ¿no?
—Está bien —contestó Baraja—. En cuanto nos vayamos, podrán
machacar la nave de despliegue todo lo que quieran. —A
continuación, manipuló algo que se encontraba dentro de su
armadura—. Está bien, el mío está desactivado. ¿Quieres hablar tú
o lo hago yo?
—Yo hablaré —respondió Dizz, quien también hizo algo con su
armadura—. Al habla Halkman, Hyperion. Al habla Halkman,
Hyperion.
— ¿Hay algún problema? —preguntó Tanya.
—Que no hay señal —contestó Dizz—. Ah. Maldita sea.
—"¿Qué? —inquirió Baraja.
—El potenciador de señal de la nave de despliegue está averiado
—respondió Dizz—. Es probable que sea por culpa otra vez de las
gujas dragón.
—Creía que bastaba con la potencia de nuestros trajes para esto —
dijo Erin.
—Y así es —replicó Dizz—. Por desgracia, algún genio de la
tecnología ha establecido un sistema por el cual si nuestros
comunicadores se hallan dentro del radio de acción de la nave de
despliegue, estos tienen que pasar automáticamente por el
potenciador de esta. Y sin potenciador, no hay señal.
— ¿Y no puedes cambiar ese sistema?
—Seguro que alguien puede hacerlo —contestó Dizz
amargamente—. Desafortunadamente, no nos enseñan ciertas
sutilezas tecnológicas en la escuela donde aprendemos a disparar
contra los zerg.

300
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Así que necesitamos alejamos de la nave o destrozar el


potenciador—concluyó Baraja—. Y como no queremos despertar
a todo el vecindario con una granada, yo voto por alejamos.
—De acuerdo —dijo Dizz a regañadientes—. A estas alturas, nos
dará igual esperar hasta que estemos cerca de ahí. De esa manera,
si atraemos a ciertas compañías, tendremos algún lugar en el que
cobijamos de la que nos caerá encima.
—No creo que a Cruikshank le vaya a hacer gracia que le
mantengamos desinformado tanto tiempo —les advirtió Erin.
—Lo superará—replicó Dizz—. Bueno, ¿qué vamos a llevar?
—Menos de lo que creía—respondió Baraja—. Un par de rifles
gauss de sobra y un montón de munición extra. Dejen el
lanzallamas...
—Yo llevaré el lanzallamas —le interrumpió Erin—. Y todo lo
demás que haga falta.
—Creía que estabas herida —comentó Tanya.
—Solo tengo que aprender a que los servos de mi traje hagan casi
todo el trabajo —contestó Erin.
—Pero ¿el lanzallamas?
—Tú has demostrado que a los psioliscos no les gusta el calor —
señaló Erin—. Dizz ha demostrado que se queman si consigues
calentarlos lo suficiente. Además, unos muros de fuego pueden ser
muy útiles en algunas ocasiones.
—De repente, te has puesto en plan soldado a lo bestia —señalo un
ceñudo Dizz—. ¿Hay alguna razón en particular para este cambio
de actitud?
—Solo intento formar parte del grupo.

Las miradas de Dizz y Baraja se cruzaron.

—Está bien —dijo Baraja—. Coge todo lo que creas que serás
capaz de llevar y vayámonos. Tanya, su CMC tiene varios puntos
de anclaje para llevar equipo..., échale una mano, ¿quieres?

301
TIMOTHY ZAHN

No la creian, por supuesto. Erin era consciente de ello. Pero ¿cómo


podía contarles la verdad?

No podía contarles que durante la guerra y el periodo posterior


había ido sembrando en su fuero interno las semillas de un
desprecio eterno a los protoss por haber incinerado Chau Sara. No
importaba que hubieran creído que tenían una buena razón para
hacerlo. No importaba que creyeran que así iban a detener la
infestación zerg. La fría y dura verdad es que habían matado a
inocentes en vano, y unos seres inteligentes debían tener una mayor
ética.

Ahora ella, la doctora Erin Wyland, cuyos estándares morales eran


tan altos, había hecho exactamente lo mismo con la adostra.
Torció el gesto, pues sintió una punzada de dolor en las costillas al
notar el repentino incremento de peso cuando Tanya colocó el
tanque de combustible sobre su armadura. Aunque no podía
devolverles la vida a los inocentes a los que había ayudado a
destruir, tenía esta última oportunidad de ayudar a defender al
último grupo de esos seres.

Así que haría lo que tuviera que hacer.

—Creo que nos separan unos treinta kilómetros del Punto Tres —
señaló Baraja cuando ya estaban listos—. Eso son dos horas a buen
ritmo.
—Creo que podemos hacerlo en menos tiempo —afirmó Dizz.
—Creo que más nos vale hacerlo en menos, maldición —replicó
Baraja—. Muévanse. Y vigílense mutuamente las espaldas.
Recuerden: no necesitan que todos nosotros lleguemos vivos al
Punto Tres.

*******

302
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

La lanzadera aterrizó sobre la cubierta del hangar con un golpe


sordo. La compuerta se abrió y un solo protoss emergió. Miró a su
alrededor, divisó a Cruikshank, que se encontraba con sus tropas y
vehículos robot, y caminó hacia él.

—Genial —masculló Cruikshank, sin dirigirse a nadie en


particular, por cuarta vez en la última hora.

Por si no fuera ya bastante malo que estuviera a punto de


enfrentarse a un planeta repleto de zerg con cuarenta soldados, tres
segadores, cinco goliats y el último Demoledor que le quedaba, por
si no fuera ya bastante malo que reunir a este destacamento, por
muy minúsculo que fuera, hubiera dejado al Hyperion sin apenas
seguridad interna, encima le habían ordenado viajar a bordo de una
lanzadera protoss en vez de que todo el mundo subiera a bordo de
unas buenas y sólidas naves de despliegue del Dominio.

El protoss se detuvo.

Soy Alikka, oyó Cruikshank en su mente. Soy un Nerazim, un


templario tétrico. Hablo en nombre de Rahas. ¿Es usted el coronel
Abram Cruikshank?
—Lo soy —le confirmó Cruikshank, quien contuvo como pudo en
ese nuevo ataque de ira que estaba experimentando. Como era
típico en los arrogantes protoss, estaba usando adrede frases cortas,
como si su interlocutor fuera un niño que tuviera que hacer un
esfuerzo para leer la cartilla—. Comando las fuerzas de tierra del
Dominio.

Alikka recorrió con la mirada a los soldados, segadores y vehículos


robot que permanecían en silencio detrás de Cruikshank.

Opino que un mayor sería un comandante más apropiado para un


destacamento tan pequeño. ¿No se le ha informado sobre el
acuerdo acerca de la seguridad de sus naves?
303
TIMOTHY ZAHN

Cruikshank apretó los dientes.

— ¿Se refiere a ese según el cual sus naves garantizarán la


seguridad de las nuestras en caso de ataque zerg?
Sí, a ese acuerdo me refiero, contestó Alikka. Por tanto, no hay
ninguna necesidad de que ninguna de sus fuerzas permanezca a
bordo de sus naves.
—Claro —dijo Cruikshank—. Perdóneme por no fiarme sin más
de su palabra.

Lo más irritante de todo era que le habían ordenado hacer


precisamente eso: confiar en que los protoss eliminarían a cualquier
zerg que intentara atacar o abordar las naves del Dominio y que
fuera con todas las fueras que tuviera a la superficie.

Y eso había hecho, a pesar de sus protestas. Pero de ninguna


manera iba a confesarle a Alikka que había procedido de ese modo,
puesto que los protoss tenían un concepto muy alto de sí mismos.

—Pero no se preocupe por el número de nuestras tropas —


añadió—. Nos las apañaremos. —Aunque dudó, era una
oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar—. Y
bastante mejor que su gente en el Punto Dos.

Alikka se enfureció y le brillaron los ojos con una luz azul. Si bien
Cruikshank se tensó, los ojos del protoss recuperaron la normalidad
en cuanto recuperó el control de sus emociones. Al parecer, ni él ni
la tripulación de cubierta iban a tener la oportunidad de ver cómo
un templario tétrico lanzaba energía psiónica por el hangar.

Nos agarraron por sorpresa, replicó envaradamente. No volverá a


suceder.

304
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Estoy seguro que no —afirmó Cruikshank:— Pero basta de


cháchara. Estamos dispuestos a embarcar en cuanto nos hayan
hecho hueco.
Ya pueden entrar, respondió Alikka. Procuren no interponerse en
nuestro camino. Ni a bordo de la nave ni cuando lleguemos a la
superficie del planeta.

Sin esperar a una respuesta (probablemente, porque tampoco quería


ninguna), se giró y volvió andando a la lanzadera.

—Y luego la gente se pregunta por qué odio a los protoss —


masculló Cruikshank—. Muy bien, ya le han oído —continuó, a la
vez que elevaba su tono de voz al nivel de un sargento de
instrucción—. Suban. Y procuren no pisar ningún callo por el
camino.

Los soldados avanzaron a doble paso ligero, con los segadores


detrás y los goliats agrupados en la retaguardia. Tras agarrarse a los
asideros de su Demoledor, Cruikshank subió a la cabina.
Aun así, Alikka, al menos, era un hijo de perra protoss
sinceramente arrogante. Aunque a Cruikshank no le caían bien,
sabía cómo trabajar con ellos. No eran como ese investigador
blandengue, ese desecho espacial que respondía al nombre de
Ulavu, a quien un insistente Valerian había decidido incluir en el
equipo de investigación.

Resopló.

Procuren no interponerse en nuestro camino, les había advertido


Alikka, cuando debería haberle advertido a Ulavu de que no se
interpusiera en el camino de Halkman.

Por si no fuera ya bastante malo que el equipo tuviera que cargar


con un civil humano, encima había tenido que cargar con dos, lo
cual era un maldito despropósito.
305
TIMOTHY ZAHN

Y daba igual que fuera un protoss o no, la cuestión era que Ulavu
era un civil. Si por culpa de su falta de habilidades en combate
alguien acababa muriendo, sería él quien respondiera por ello,
maldita sea.

Cruikshank garantizaría personalmente que sería un castigo que el


protoss nunca olvidaría. Por mucho que lo intentara durante mucho,
mucho tiempo.

306
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO DIECISIETE

El equipo apenas había recorrido cinco kilómetros cuando cayeron


en una emboscada.

Baraja, que iba delante, se llevó la peor parte del ataque. Cuatro
zerg aparecieron sin avisar por encima de una elevación rocosa y
se abalanzaron sobre él. A duras penas logró alzar su C-14 antes de
que el primero se estrellara contra él, de tal manera que salió
despedido hacia atrás y cayó. Un segundo más tarde, dos de ellos
estaban encima de él, mientras que otros dos aterrizaban sobre el
suelo, cambiaban de dirección y se dirigían directamente hacia
Tanya.

Lo cual fue su primer y último error, reflexionó Tanya. El equipo


estaba viajando siguiendo el orden habitual: Baraja encabezaba la
marcha, Tanya y Ulavu iban detrás de él, Erin seguía a estos y Dizz
se ocupaba de la retaguardia. Al mismo tiempo que Tanya
retrocedía rápidamente un par de pasos, Ulavu se colocó
velozmente entre ella y el zerg que se le echaba encima, con los
307
TIMOTHY ZAHN

focalizadores del dorso de ambas manos ardiendo al activar sus


cuchillas de distorsión. Tanya esperó el tiempo suficiente como
para poder ser testigo de cómo el protoss abría en canal al primer
zergling y, acto seguido, giró ciento ochenta grados a toda
velocidad, dándole la espalda al segundo atacante. Como un
pequeño asalto frontal solía ser una distracción, supuso que algo
muy desagradable debía de estar aproximándose sigilosamente por
detrás.

Y así era. Atravesando a hurtadillas el bosque situado detrás de


Dizz había dos zerglings más, con un pesteling tras ellos,
intentando avanzar a su mismo ritmo. Mientras Dizz frenaba hasta
detenerse en seco y apuntaba con su P-45 a los zerglings que tenía
Baraja encima, Tanya hizo uso de su poder y lanzó un par de
veloces descargas que alcanzaron los órganos internos de los
nuevos atacantes, los cuales cayeron con unos estruendosos golpes
sordos sobre los matorrales. Dizz se giró al oír ese ruido y acribilló
al pesteling con un par de ráfagas.

El pesteling se frenó, y Tanya acabó con él con una descarga de


fuego que le acertó en los pulmones. Le lanzó una segunda
llamarada al corazón, por si acaso, y se volvió hacia Baraja,
preguntándose si habría conseguido sobrevivir al ataque.

Para su alivio, ya se estaba poniendo en pie, rodeado de los


cadáveres desperdigados de los cuatro zerglings. Ulavu se
encontraba junto a él, protegiéndolo, a la vez que escrutaba la zona,
adelante y atrás, por si había más amenazas.

—Aquí uno nunca se aburre, eso, seguro —comentó Dizz, mientras


tanto él como Erin apretaban el paso para unirse al resto del
grupo—. Deberíamos vender este sitio como el paraíso del
aventurero. ¿Estás bien, Baraja?
—Sí —contestó Baraja con un gruñido—. Por suerte, esas malditas
cosas no iban realmente a por mí. —Contempló los múltiples cortes
308
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

que había sufrido la bolsa que llevaba al hombro y, a continuación,


se agachó y recogió lo que quedaba de un cargador de C-14—.
Querían la munición y las armas de repuesto. Supongo que ni
siquiera a los psioliscos les gusta que les disparen.
—Así que prefieren a un soldado desarmado vivito y coleando a
uno muerto, ¿eh? —preguntó Dizz—. Interesante. Y también un
poco estúpido.
—Oh, me habrían eliminado, tarde o temprano, si Ulavu no hubiera
sido tan rápido a la hora de reaccionar —le aseguró Baraja—. Para
ser un patético investigador blandengue, eres un luchador de
narices, Ulavu. Gracias.
De nada, contestó Ulavu. Con cuidado, se llevó una mano al
costado. Pero no intentaban desarmaros únicamente. Me temo que
esto era también una misión de reconocimiento. El amo de nuestros
oponentes quería saber si habíamos sufrido heridas durante el
ataque y el aterrizaje forzoso.
—Sí, normalmente a eso lo llamamos una buena leche, sin más —
comentó Dizz.
— ¿Cómo te encuentras? —preguntó Tanya, quien examinó
detenidamente la túnica de Ulavu. Aunque no se veían manchas de
sangre fresca, eso no quería decir nada, puesto que se había
vendado a conciencia las heridas.
La tensión de esta nueva batalla parece que me ha reabierto una
de las heridas, admitió Ulavu. Tal vez incluso dos. Pero no creo
que eso me afecte demasiado a la hora de combatir.
—Bueno, ya veremos cómo te las arreglas cuando los psioliscos te
ataquen —dijo Baraja con un tono grave—. Además, ¿cómo es
posible que te hirieran? Creo que los templarios tétricos podían
volverse invisibles o algo así.
— ¿Es que no recuerdas que intentaba no revelar su verdadera
naturaleza? —replicó Tanya, lanzando una mirada de advertencia
a Baraja, puesto que criticar las tácticas de batalla protoss no era lo
más inteligente.

Pero o bien Baraja no se percató de ello, o bien le dio igual.


309
TIMOTHY ZAHN

—Sí, mantener en secreto tus habilidades para el combate es genial


hasta que te matan —contestó el soldado—. ¿Y bien?
Estoy de acuerdo, dijo Ulavu con mucha calma. En este caso, esa
no fue mi intención. El ataque psiónico de los psioliscos en el Punto
Uno fue lo suficientemente enervante como para que fuera incapaz
de doblar la luz al mismo tiempo que empleaba la energía del
Vacío para atacar. En tales circunstancias, me pareció mejor
atacar a defenderme.
—Impresionante —dijo Baraja—. Así que nos están diciendo que
contamos con un templario tétrico pero solo a medias.
—Ya basta, Baraja —le espetó Tanya.
—Solo estoy evaluando la situación —replicó Baraja, quien la
fulminó con la mirada—. Nos queda poca munición. Apenas
podemos cargar con material y ahora contamos con un protoss,
pero solo a medias. No es para echar cohetes, precisamente. Sobre
todo, cuando lo único que no nos falta son psioliscos.
—En realidad —intervino Erin—, igual sí.
— ¿Cómo? —preguntó un ceñudo Dizz.
—Que igual sí nos acaban faltando psioliscos —contestó Erin—.
He estado cavilando sobre ellos y sobre su vínculo con la adostra.
—Creía que habíamos llegado a la conclusión de que no había
ningún vínculo entre ellos —replicó Baraja, a la vez que se
agachaba y revolvía los restos de la bolsa donde había guardado la
munición.
—Claro que lo hay: la esencia xel’naga —aseveró Erin—. No sé
nada sobre los xel’naga, pero sí sé mucho sobre genética zerg y
cómo se adaptan a las diversas especies que conquistan y asimilan.
Si damos por sentado que Abathur ha empleado porcentajes
similares para crear a los psioliscos, tenemos una referencia para
calcular cuánta esencia xel’naga habría necesitado robar de la línea
de producción de adostra.
—Ya veo adonde quieres llegar —señaló Dizz—. Te refieres a las
seis vainas vacías del Punto Uno, ¿verdad?

310
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Exactamente —respondió Erin—. Seguro que fue él quien le dijo


a Zagara cuánta adostra podía crear a partir de la esencia xel’naga
que tenían a mano.
—O tal vez ella confirmara la cantidad por otros medios —
apostilló Tanya.
—Ya —dijo Erin, asintiendo—. De un modo u otro, pongamos que
le dijo que podía hacer, por ejemplo, ciento ochenta adostra, o
sesenta por cada punto neurálgico. Pero a la hora de la verdad solo
creó ciento sesenta y dos, quedándose así con un diez por ciento de
la esencia xel’naga, la cual podría manipular a su antojo.
—La cual usó luego para crear los psioliscos —añadió Tanya—.
Presumiblemente, necesita poca cantidad, puesto que lo único que
quiere es añadir el poder de realizar proyecciones psiónicas a una
base zerg ya existente.
—Ya —repitió Erin—. Por su aspecto general, supongo que cogió
como referencia a los hidraliscos y los hizo más pequeños.
Probablemente, también les quitó las venenosas espinas aguja; no
usaron nada de eso en el Punto Uno, y seguramente lo habrían
hecho si hubieran contado con esa arma.
—Los diseñó para el combate cuerpo a cuerpo —murmuró
Baraja—. Confunden el cerebro del objetivo con un zumbido y se
lanzan al ataque, sin necesidad de usar espinas aguja.
Además, los ataques psiónicos son más efectivos a corta distancia,
señaló Ulavu. Si hubieran conservado las espinas aguja, les
habrían servido de muy poco a la hora de llevar a la práctica su
estrategia primaria de ataque.
—Y al darles un tamaño de zergling, pueden acceder a lugares a
los que no pueden llegar los hidraliscos —añadió Baraja—. Oh, sí,
fueron diseñados por todo un maestro, sin duda.
—Solo espero que no haya dado con la manera de que sean capaces
de procrear —dijo Dizz con un tono sombrío.
—Zagara dijo que no podían usar las reservas de reproducción
normales —le recordó Tanya.
—Solo dijo que no podían usarlas para la adostra —le corrigió
Dizz—. Nunca mencionó a los psioliscos.
311
TIMOTHY ZAHN

—Porque no sabe nada acerca de ellos —afirmó Tanya.


—Eso damos por supuesto—replicó Dizz—, Pero aún no se ha
demostrado.
—No cabe duda de que para eso habría que hacerle unas
modificaciones muy importantes a una reserva de reproducción
estándar —señaló Erin—. Supongo que Abathur acabará dando con
la manera de hacerlo, aunque tal vez dependa de cuánta esencia
xel’naga haya en los psioliscos. —Alzó un dedo para dar más
énfasis—. Pero estamos asumiendo que le quedarán suficientes
psioliscos para experimentar cuando acabe todo esto. Lo cual nos
lleva de nuevo a lo que he comentado sobre que nos iban a faltar
psioliscos.
— ¿De verdad crees que se le están agotando? —preguntó Tanya.
—Piénsenlo —respondió Erin—. Daría por supuesto que en el
Punto Uno mataríamos a un par de ellos, como mucho, antes de que
nos mataran. —Hizo una mueca de disgusto—. O más bien, te
mataran. Pero las cosas no salieron así, y perdió a los cuarenta que
había ahí, más los cuatro que Baraja y Ulavu se cepillaron al entrar.
En el Punto Dos, lo más probable era que pensara que el disruptor
destruiría la caverna de la adostra pero que la mayoría de sus
psioliscos sobrevivirían.
—Entonces, no sabe mucho sobre disruptores —apostilló Baraja.
—Oye, que nosotros tampoco sabemos casi nada sobre ellos —
señaló Dizz—. Son una cosa bastante nueva, ¿verdad, Ulavu?
Lo son, confirmó Ulavu. Ni siquiera sabía que el Dominio
conociera todas sus capacidades.
—Si tenemos en cuenta que Cruikshank ni siquiera se molestó en
agacharse para protegerse y acabó tirado de mala manera en el
suelo, supongo que no es así —le corrigió Baraja.
—Eso también encajaría con el perfil de personalidad que siempre
hemos dado por sentado que tienen los maestros de evolución —
aseveró Erin— Abathur debía saber mucho sobre los terran y los
protoss como especies; ciertamente, lo suficiente como para saber
cómo afinar los poderes psiónicos de los psioliscos para que
funcionaran contra nosotros. Pero estaba mucho menos interesado
312
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

en nuestra tecnología, salvo en la medida que pudiera afectar a sus


esfuerzos de hacer avanzar a los zerg.
—Y no olviden que últimamente ha estado muy ocupado —añadió
Tanya—. Primero fue Kerrigan, después vino la actualización a
nivel de inteligencia y comprensión que esta ordenó que se le
practicara a Zagara y, por último, ocurrió todo el tema de Amon.
Es probable que leer manuales de tecnología protoss no esté en su
lista de prioridades.
—Así que si se está quedando sin psioliscos —planteó Dizz— tiene
mucho sentido que su objetivo sean nuestras armas y no nosotros.
Todavía quiere que invadamos el Punto Tres y destruyamos la
adostra, pero no quiere perder a más miembros de sus tropas de
asalto de los necesarios.
—Lo cual plantea la pregunta de si sabe lo de Tanya —comentó un
pensativo Baraja—. Quizá aún no haya descubierto lo que es capaz
de hacer.

Tanya frunció el ceño. No se había planteado esa posibilidad.

— ¿Por qué crees que no?


— ¿Y por qué debería saberlo? —replicó Baraja—. Salvo en esas
ocasiones en que prendes fuego al caparazón exterior, lo que haces
es invisible en gran parte.
—Pero todos los zerg comparten un vínculo psiónico —contestó
Erin—. Por eso necesitamos los bloqueadores psiónicos. ¿No
debería haberlo descubierto de esa forma?
Te estás olvidando del hecho de que los psioliscos son una
variedad zerg radicalmente distinta a las demás, le indicó Ulavu.
Su comunicación psiónica podría operar a un nivel totalmente
distinto.
—Aunque se parecen lo bastante a los zerg normales como para
poder darles órdenes a estos —señaló Tanya—. Porque son ellos
los que están dando órdenes a los zerg normales, ¿no?
—Bueno, son los que están en el ajo, así que supongo que si —
respondió Baraja—. Pero yo no me refería a eso. Esa clase de
313
TIMOTHY ZAHN

control es local. Me refiero a la información detallada que va de los


psioliscos a la red de la mente colmena zerg y a Abathur. Quizá eso
no sea posible; en tal caso, podría no saber aún que contamos con
una piroquinética.
—Y, por supuesto, tampoco hay ninguna razón que justifique que
se tenga que comunicar con ellos en tiempo real —afirmó Dizz—,
Eso es un punto a nuestro favor. Las órdenes normales en este caso
serían bastante sencillas: cepillarse a la mitad de los humanos y los
protoss, dejar que los supervivientes destruyan las vainas de
adostra y luego cargárselos a ellos también.

Erin se estremeció.

—Qué bien hablas.


—Forma parte de mi encanto —respondió Dizz—. Siéntete
afortunada por estar revoleándote en el fango solo hoy.
—Nunca volveré a quejarme por estar encerrada en un laboratorio
agradable y tranquilo —admitió Erin—. Es una pena que no nos
quedáramos con un cadáver de psiolisco. Una autopsia nos habría
revelado mucho sobre ellos.
—Teniendo en cuenta que quemamos a todos los nuestros y que
Cruikshank hizo volar por los aires a los suyos, habría sido un poco
difícil practicársela —comentó Baraja.
—Si quieres, podemos intentar guardarte uno en el Punto Tres —
le ofreció Dizz—. ¿Eso es todo, Baraja?
—Todo lo útil —contestó con amargura Baraja mientras se ponía
de nuevo en pie, con tres cargadores intactos de C-14 en las palmas
de las manos—. Nos ha dejado tres cargadores en total. Toma ya.
—Contamos además con los proyectiles que aún quedan en los
destrozados —señaló Tanya—. Podríamos llevarlos para recargar.
— ¿Cómo? ¿En plena batalla? —Baraja negó con la cabeza—. Ni
de broma. —Alzó la bolsa repleta de cortes—. Además, esto ha
pasado a engrosar la lista de bajas.

Arrugó la bolsa y la tiró al suelo.


314
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Tendremos que contar con que Abathur siga queriendo


mantenemos vivos hasta que el Punto Tres se convierta en una
barbacoa. —Inclinó la cabeza hacia Tanya—. Vamos... ya hemos
perdido bastante tiempo. Muévanse.
—Y permaneced alerta —añadió Dizz—. Como ya ha dicho
Baraja, no necesitan que todos lleguemos ahí vivos.

*******

Valerian se encontraba en su camarote, intentando dormir una hora,


cuando recibió una llamada urgente.

Matt lo estaba esperando en la compuerta del puente.

—Lo hemos divisado hace unos diez minutos —dijo mientras


ambos hombres se apresuraban para llegar al puesto de control de
sensores—. Se mueve despacio (casi parece ir a la deriva), pero
viene hacia aquí, sin lugar a dudas.
— ¿Y está seguro de que no es un devorador?
—No hay ninguna duda —contestó con gravedad—. He puesto a
la flota en Alerta Roja, y Artanis ha hecho lo mismo con la suya.
Valerian asintió. Los devoradores eran unas de las armas más
importantes de los zerg, la cual les proporcionaba superioridad en
el espacio; se trataba de una monstruosidad voladora que podía
escupir glóbulos de esporas ácidas que rápidamente se comían el
casco de una nave de guerra, con devastadores resultados. Si
Zagara estaba enviando devoradores a combatirlos...
—La cuestión es —continuó Matt— que parece haber solo uno ahí
fuera.
— ¿Solo uno? —preguntó Valerian, arrugando el ceño.
Normalmente los devoradores atacaban en manada—. ¿Estás
seguro?

315
TIMOTHY ZAHN

—Amenos que hayan descubierto una forma de camuflarse —


respondió Matt—. Y como ya he dicho, no se desplaza para nada a
su velocidad habitual de ataque.
—Entonces, ¿qué está haciendo?
—Ni idea —contestó Matt en cuanto llegaron al puesto de control
de sensores—. ¿Comandante?
—Sigue un rumbo de interceptación, señor —afirmó el oficial
táctico—. Parece que se está frenando... Espere un momento. —De
manera abrupta, se tensó y apretó violenta y velozmente un
botón—. ¡Alerta! —gritó, al mismo tiempo que las centelleantes
luces de la Alerta Roja pasaron al rojo intenso de Ataque
Inminente—. Misil lanzado... ¡en rumbo de interceptación!
— ¡Defensas de punto, esperad! —vociferó Matt.

Valerian se inclinó para acercarse aún más a los monitores, notando


el palpitar de su propio pulso en las orejas. El devorador había
lanzado algo, sí. Y ese algo se dirigía directamente hacia el
Hyperion.

Pero lentamente. Muy lentamente. De hecho, no se desplazaba más


rápido que el devorador, que continuaba con su ritmo
parsimonioso.

—Eso no parece un glóbulo de esporas con ácido —aseveró.


—Estoy de acuerdo, emperador —contestó el oficial táctico, a la
vez que contemplaba ceñudo los monitores—. Parecer ser otro
zerg.
— ¿Un zerg? —repitió Matt—. ¿De qué especie?
—No lo sé, señor —respondió el oficial, que seguía frunciendo el
ceño—. Es más grande que una cría o un enjambre bilioso.
Ciertamente, no se trata de gujas dragón.

Valerian y Matt se miraron mutuamente. Los devoradores no


lanzaban ese tipo de armas biológicas. Al menos no los
devoradores contra los que estaban acostumbrados a luchar.
316
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Seguro que no es un glóbulo de ácido con esporas con forma


rara? —preguntó Valerian.
—No, emperador—contestó el oficial con firmeza—. De eso estoy
seguro. Conserva su forma demasiado bien. Pero sigue estando
demasiado lejos como para que pueda saber qué clase de zerg es.
— ¿Almirante? —preguntó el oficial de la estación de defensa de
punto—. ¿Lo derribamos, señor?

Matt se frotó la mejilla.

—Aún no —respondió—. Dejen que se acerque un poco más.


—El devorador vira y se aleja, señor —dijo el oficial táctico—. Ha
cambiado de rumbo hacia... Parece que se dirige hacia la nave
nodriza protoss.
—Oficial de comunicaciones, envíe una alerta sobre el objeto no
identificado al jerarca Artanis —ordenó Matt—. Probablemente,
ya esté al tanto, pero cerciorémonos.
—El misil no identificado está rotando, señor—añadió el oficial
táctico—. Por su configuración, yo diría que es un hidralisco. Pero
el tamaño no cuadra.

Matt respiró muy hondo.

—Maldita sea mi estampa —murmuró—. ¿Está pensando lo que


estoy pensando?
—Eso creo —admitió Valerian, quien notó cómo se le deshacía el
nudo que tenía en el estómago—. Comandante, ¿podemos localizar
el punto del planeta del que ha venido ese devorador?
—No tenemos toda su ruta al completo, emperador —contestó el
oficial táctico, mientras tecleaba—. Esto es lo que tenemos.

La ruta que había seguido apareció en el monitor, y Valerian sonrió.

— ¿Almirante?

317
TIMOTHY ZAHN

—Lo veo, señor —reconoció Matt—. ¿Defensas en punto? Estado


de alerta terminado. Control del Hangar, envíen un remolcador a
recuperar ese objeto. Tengan cuidado y no lo dañen.
—No lo entiendo, señor—dijo el oficial táctico—. ¿Qué es?
—Un regalo de la reina Zagara, tal vez —respondió Matt— Parece
evidente que ha enviado a sus zerg a investigar los escombros de
alrededor del Punto Dos y nos envía a un psiolisco muerto para
examinar.

El oficial resopló.

—Podría haber avisado.


—Supongo que quería ir al Punto Dos en persona, o al menos
acercarse suficiente como para supervisar la operación —dijo
Valerian—. Tal vez el transmisor que estaba utilizando se
encuentra instalado de manera permanente en la estructura donde
se celebró la conferencia y no se podía sacar de ahí fácilmente.
—Aunque podría haberle dicho a Abathur que avisara —añadió
Matt—. A menos que él estuviera ya fuera de esa zona. Eso nos
habría ahorrado muchos malentendidos y que hayamos estado a
punto de disparar.
—Tal vez sí le haya ordenado que contactara con nosotros —
especuló Valerian, contemplando el monitor—. Quizá ignoró esa
orden para provocar precisamente eso.

Notó cómo Matt le clavaba la mirada.

— ¿Cree que es él quien tira de los hilos?


—Solo caben dos posibilidades que sea él o Zagara —contestó
Valerian—. Además, nadie, aparte de un zerg con un nivel de
control como el de una reina, podría enviar un devorador a
entregamos el psiolisco; los devoradores no se utilizan
normalmente como medios de transporte, y nosotros estamos muy
lejos de cualquier zerg con un alcance únicamente local. Si esto es

318
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

un gesto de buena voluntad, tiene que ser de Zagara, lo cual deja a


Abathur como el candidato más probable a ser el enemigo.
—Si es un gesto de buena voluntad —le advirtió Matt—. Y eso aún
no se ha demostrado. También no tengo muy claro por qué Abathur
ha podido actuar así.
—Lo mismo digo —reconoció Valerian—. Pero supongo que, de
momento, tendremos que limitamos a ver cómo se desarrollan los
acontecimientos. —Señaló al monitor—. En realidad, creo que ha
desenterrado a dos psioliscos muertos. Quizá deberíamos hacerle
saber a Artanis que está punto de recibir su propio envío.
—Me ocuparé de ello personalmente. —Matt le dio una palma-dita
en el hombro al oficial táctico—. Y asegúrese de vigilar
detenidamente todo lo demás, comandante. Si no se trata de un
regalo de Zagara, podría tratarse de una maniobra de distracción.
—Sí, señor.

Matt se alejó en dirección hacia la estación de comunicaciones.

—Y mientras está ocupado con todo eso —le dijo Valerian al


oficial táctico—, hable con la sección médica. Dígales que
despierten al doctor Talise Cogan y preparen el biolaboratorio.
—Dígales que están a punto de realizar la autopsia más importante
de toda su vida.

*******

Después de lo que le había ocurrido a la nave de despliegue del


equipo de investigación, Cruikshank esperaba que los protoss se
tuvieran que defender de un par de ataques al atravesar la
atmósfera.

Pero no fue así. No obstante, casi seguro que era una mera cuestión
de que los zerg no habían reaccionado lo bastante rápido. La
lanzadera y su escolta de fénix gemelos habían alcanzado los
quinientos metros y estaban sintiendo la deceleración final cuando
319
TIMOTHY ZAHN

una docena de mutaliscos aparecieron sobre las montañas


escarpadas al norte y se acercaron a ellos chillando. Pero como
estaban demasiado lejos y las naves se hallaban muy abajo, los
mutaliscos viraron y se alejaron, al mismo tiempo que los pilotos
fénix rotaban para apuntarles con sus cañones de iones.

Lo cual fue una pena. Cruikshank había sido testigo de lo que era
capaz de hacerle a un zerg volador un cañón de iones, por lo cual
le habría encantado ver cómo hacían trizas a esta bandada.

Claro que tal vez por eso se estaban marchando. Tal vez
quienquiera que estaba manejando los hilos también recordaba lo
que el disparo de un cañón de iones era capaz de hacerles a los
bonitos caparazoncitos de los zerg.

No obstante, el hecho de que se retiraran ahora no quería decir que


no fueran a volver. Podrían haber trazado un arco de ciento ochenta
grados, haber sobrevolado las montañas de nuevo y seguir
avanzando. Sin embargo, habían hecho uno de noventa grados y se
habían dirigido al nordeste hacia donde esa enorme masa de zerg
que regresaba estaba abriéndose camino con sus garras, rodando y
avanzando pesadamente hacia el Punto Neurálgico Tres.

Abriéndose camino con sus garras, rodando y avanzando con


pesadez directamente hacia él.

Obviamente, los pilotos fénix tampoco creían que los mutaliscos se


fueran a rendir. Continuaban rotando sus naves mientras la
lanzadera se posaba en el suelo, manteniendo en todo momento sus
armas apuntadas hacia los zerg que se retiraban, por si acaso se lo
pensaban mejor.

Un ceñudo Cruikshank contempló su monitor mientras discurría las


cosas mejor. Arriba, en órbita, esto le había parecido una buena
idea. Ahora, cuando estaba en tierra, ya no estaba tan seguro.
320
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Nos desplegaremos aquí, ordenó Rahas, a la vez que la compuerta


de estribor de la lanzadera se abría. Los dos centinelas salieron
flotando, con la línea de templarios y Nerazim siguiéndoles muy
de cerca. Nosotros ocuparemos el centro de la línea. Usted y sus
terran, coronel Abram Cruikshank, protegerán los flancos.
—Entendido —dijo Cruikshank, haciendo un gran esfuerzo para
contener su ira. Así que tanto él como el resto de las fuerzas del
Dominio se iban a ver relegadas a ocupar posiciones de apoyo
mientras Rahas y los protoss iban a ser los protagonistas de la
acción inminente.

Qué típico. Vaya panda de egocéntricos en busca de gloria.

Pero el almirante Horner le había ordenado que se comportara, y


haría todo lo posible por obedecerle. Esto era la guerra y los egos
había que dejarlos a un lado.

Además, tal y como ya había indicado, ninguna de esas fuerzas


podría hacer esto sola. Por mucho que Rahas pudiera enviar a las
fuerzas del Dominio a los flancos para satisfacer así el orgullo
protoss, no podía ganar la batalla sin ellas.

Cruikshank echó otro vistazo al monitor exterior y recorrió con la


mirada el terreno. Si bien ya lo había estudiado lo mejor posible
cuando se hallaba en órbita, no había nada mejor que tener la
posibilidad de examinar un campo de batalla a ras del suelo. Si
colocaba a los goliats en los extremos, dos al borde de la marisma
y tres junto a los riscos, y situaba a los soldados dentro para
protegerlos y eliminar cualquier pequeño...

Entonces, se quedó paralizado y se le desorbitaron los ojos. En el


otro lado del compartimento, la línea de protoss que estaba saliendo
por la compuerta se tambaleó de repente, y dos de ellos estuvieron

321
TIMOTHY ZAHN

a punto de caerse. Durante una fracción de segundo, se limitó a


permanecer boquiabierto...

En ese instante, todo encajó. Protoss... tambaleándose...

— ¡Alerta! —gritó por su comunicador, haciendo girar el


Demoledor hacia la compuerta a la vez que aceleraba. Además,
todos los terran seguían dentro, maldita sea, esperando a los protoss
que habían insistido en salir primero—. Nos están atacando. Salgan
a toda prisa y...

Pero ya era muy tarde. Apenas había dado un par de pasos y ya se


estaba preguntando si sería capaz de sortear a los protoss que
todavía estaban tirados en la compuerta sin aplastar a ninguno,
cuando se produjo un súbito y violento crujido, como el bramido
de un trueno, y la cubierta se inclinó bajo sus pies, empujando a su
Demoledor de costado por todo el compartimento.

Se chocó de lleno contra el mamparo, de tal forma que el impacto


lo empujó dolorosamente contra el arnés de seguridad del
Demoledor. Un segundo después, a la vez que unos juramentos
dispersos irrumpieron con fuerza por sus auriculares, salió
despedido hacia atrás al enderezarse la cubierta.

—Pero ¿qué demonios…? —preguntó alguien con rabia.


—He dicho que salgan —vociferó Cruikshank.

Al menos fuera lo que fuese lo que había zarandeado a la lanzadera


también había empujado a los protoss de tal modo que la compuerta
había quedado despejada. Recuperó el equilibrio y salió andando
con dificultad con su Demoledor.

Tras realizar un escaneo rápido, comprobó que ningún zerg les


estaba estrechando el cerco desde el este, el sur o el oeste. Lo cual
era un alivio, al menos. Se alejó unos cuantos pasos más de la
322
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

compuerta, se aseguró de nuevo de que no había moros en la costa


y, acto seguido, se dio la vuelta para contemplar la lanzadera.

No hacía falta mucho para zarandear una lanzadera de esa forma;


estupefacto, ese fue el pensamiento que le vino a la mente mientras
asimilaba la situación. Lo único que se necesitaba era un
devorador, volando bajo justo en la dirección opuesta que había
tomado la bandada de mutaliscos anteriormente cuando se batieron
en retirada que arremetiera contra la nave a toda velocidad. Lo más
probable era que hubieran decidido lanzar el ataque en el momento
en que el piloto y la tripulación protoss estuvieran aturdidos y
confundidos. El hecho de que los cañones de iones de los fénix
estuvieran apuntando en la dirección equivocada tal vez también
había sido un factor a tener en cuenta.

Los fénix.

Lanzó un juramento en voz baja, se dirigió hacia la popa de la


lanzadera.

Se esperaba lo peor y eso fue lo que encontró. Los dos cazas protoss
habían sido derribados, y un devorador yacía sobre cada uno de
ellos. Ambos estaban mirando inútilmente en dirección hacia los
mutaliscos que habían huido, y uno de ellos tenía el morro medio
enterrado en el suelo.

Entonces, comprendió por entero lo que había pensado unos


instantes antes. Lanzar el ataque en el momento en que el piloto y
la tripulación protoss estuvieran aturdidos y confundidos...

Lanzó una maldición y puso en marcha el Demoledor, siguió


recorriendo la popa de la lanzadera y dejó atrás los fénix. Por lo
que sabían hasta ahora acerca de los psioliscos, todo indicaba que
tenían que estar relativamente cerca para poder arrebatarle el

323
TIMOTHY ZAHN

control de los zerg normales a la madre de la prole, la cual, a pesar


de ser más poderosa que ellos, se hallaba más lejos.

No cabía duda de que se encontraban ahí, arrastrándose entre la alta


hierba con la máxima velocidad posible. Sí, vio a un par de esos
mini hidraliscos con esas familiares motas rojas en la espalda.

Brevemente, se preguntó si habían permanecido escondidos en la


hierba mientras guiaban a los devoradores hasta un aterrizaje
violento o si habían cabalgado en uno de los monstruos en plan
suicida. Aunque eso no afectaba para nada al resultado final. Tras
alinear sus armas de raíles, disparó una ráfaga a cada uno de ellos.
Los proyectiles cargados con un campo de plasma del Demoledor
no tenían el mismo impulso que las puntas metálicas de un rifle
gauss, por lo cual los impactos no hicieron que los psioliscos
salieran volando como lo habrían hecho de recibir un disparo de un
C-14. Aun así, reventar a esos psioliscos de tal modo que solo
quedó una fina niebla de polvo de caparazón y sangre morada le
resultó igualmente satisfactorio.
— ¿Está bien todo el mundo? —gritó, a la vez que bajaba las
armas—. Cambio.

Uno a uno, siguiendo un orden, los soldados, segadores y goliats


informaron de su situación. Cuando iba por la mitad del recuento,
una luz amarilla parpadeó en la sección de comunicación del panel
de Cruikshank: le llamaban desde el Hyperion.

Pues Horner tendría que esperar, ya que Cruikshank tenía asuntos


más urgentes que atender ahora mismo. En cuanto acabó de pasar
revista a las fuerzas del Dominio, se dirigió al comandante protoss:

—Rahas, ¿qué ha sido de sus tropas? —inquirió—. ¿Rahas?


Escuchen, protoss... que alguien... quien sea... responda. ¿Está bien
todo el mundo.

324
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Al habla Alikka, oyó decir al templario tétrico en su mente. Rahas


ha resultado herido.

Cruikshank masculló una maldición. La batalla aún no había


empezado y ya habían sufrido bajas.

— ¿Qué ha ocurrido?
Ha resultado aplastado parcialmente cuando el ataque del
devorador ha zarandeado la lanzadera.
— ¿Son graves las heridas? ¿Será capaz de dirigir su parte de la
línea de batalla?
Está inconsciente, así que no podrá participar en la batalla. He
ordenado que lo suban a bordo de la lanzadera.

Se refería a la nave que, en esos momentos, tenía a un devorador


muerto encima.

— ¿Quiere que les quitemos a ese devorador de encima? Entre los


goliats y yo, creo que podremos moverlo.
No hay tiempo para eso, dijo Alikka con firmeza. La batalla pronto
estallará. Tampoco tiene sentido mover ningún otro cadáver de
devorador. Los cascos se han roto debido a los impactos del
ataque, por lo cual ni la lanzadera ni los fénix podrán volver a casa
si no se reparan antes.
— ¿Y los campos de distorsión? —preguntó Cruikshank—. ¿No
puede utilizar uno de esos para llevarse a Rahas?
No funcionan correctamente, respondió Alikka.
— ¿Por culpa de los psioliscos?
A esa conclusión hemos llegado, contestó Alikka. Pero no se
preocupe, coronel Abram Cruikshank. La cápsula médica iniciará
el proceso de curación inmediatamente. Rahas se recuperará.
—Entendido —dijo Cruikshank. Eso suponía dar por sentado que
alguno de ellos lograría sobrevivir a la batalla, lo cual cada vez
parecía más improbable—. ¿Algún otro protoss más ha resultado
herido?
325
TIMOTHY ZAHN

El resto de mi destacamento se halla ileso. Yo asumiré ahora el


mando.
—Ya, me lo figuraba —respondió Cruikshank, al mismo tiempo
que contemplaba la luz amarilla—. Será mejor que inicie el
despliegue de sus efectivos. Goliats Uno y Dos, diríjanse al borde
de la marisma y mantengan veinte metros de separación. Goliats
Tres, Cuatro y Cinco, colóquense junto a las montañas. Pelotón
Uno, prestarán apoyo al grupo de la marisma; Pelotón Dos, al de
las montañas. ¿Entendido? Ocupen sus posiciones a paso ligero.
Yo me quedaré aquí junto a las naves; segadores, ustedes se quedan
aquí conmigo.

Aguardó un rato para cerciorarse de que todo el mundo se dirigía a


la posición asignada. Después, al fin, activó el interruptor que
activaba las comunicaciones a larga distancia y que se encontraba
sobre la luz amarilla.

—Al habla Cruikshank.


— ¿Dónde demonios se había metido?—vociferó un frustrado
Horner en sus auriculares—. Hemos intentado avisarles sobre la
presencia de esos devoradores. Pero ya es demasiado tarde.
—Con todo respeto, almirante, siempre es demasiado tarde —
replicó con un tono monótono—. Resulta que los poderes de los
psioliscos interfieren nuestras comunicaciones a larga distancia
con la misma eficacia que los bloqueadores psiónicos que porta el
equipo de Halkman.

El silencio reinó por un instante.

—Entiendo —dijo Horner, cuyo enfado parecía haber menguado


levemente—. ¿En qué situación se encuentran?
—En una no muy buena —reconoció Cruikshank, quien dirigió la
mirada hacia la otra punta de esa pradera. En cualquier momento,
la horda zerg saldría en tropel de esa zona boscosa de ahí—. La
lanzadera y los fénix han sido derribados, así que ya podemos
326
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

olvidamos del apoyo aéreo con el que contábamos. Rahas ha caído


(no está muerto, pero no podrá combatir) y Alikka ha asumido el
mando del contingente protoss. Los campos de distorsión de los
protoss no funcionan. El Dominio aún no ha sufrido bajas, pero
más por una cuestión de pura suerte. Rahas podría habernos
ordenado perfectamente salir a nosotros primero y, entonces,
algunos de los nuestros podrían haber acabado debajo de la
lanzadera cuando el devorador chocó contra el costado de esta.
— ¿Quiere que le envíe apoyo aéreo? —preguntó Horner—.
Podríamos enviarle algunos Espectros en unos cuarenta minutos.
—Gracias por la sugerencia, señor, pero cuarenta minutos son
demasiados —replicó Cruikshank—. Nos las arreglaremos con lo
que tenemos.

Hubo un momento de silencio.

—Hay otra opción —señalo Horner, bajando la voz—. Podrían


retirarse ahora mismo y podríamos atacar a las fuerzas zerg con
otra bomba nuclear.

Un incrédulo Cruikshank se quedó contemplando la luz amarilla


del comunicador. ¿Acaso el almirante Matt Horner, un hombre que
públicamente, y fuerte y claro, había mostrado su desprecio hacia
la crueldad del emperador Arcturus Mengsk, realmente estaba
planteando la posibilidad de lanzar una segunda arma nuclear sobre
Gystt?

—No creo que eso fuera una buena idea, señor —contestó con
suma cautela—. Destruiría las naves protoss y al comandante
Rahas, quien, en estos momentos, está recibiendo tratamiento en
una de las cápsulas médicas.
— ¿No puede sacarlo de ahí?
— ¿Una vez el tratamiento ya ha empezado? —Cruikshank negó
con la cabeza—. Lo dudo. No es seguro. Además, sería como
pintarle una diana en la espalda. —Echó un vistazo a las naves
327
TIMOTHY ZAHN

protoss—. Y por el lugar donde recibieron los impactos, es


probable que los devoradores también se cargaran los
potenciadores psiónicos. Así que Alikka y sus tropas también están
abandonados a su suerte.
— ¿Y no cree que Alikka estará dispuesto a dejar a Rahas atrás
como un daño colateral sin que haga falta que reciba una orden
directa al respecto?

Cruikshank se enderezó todo lo que le permitió el arnés de


seguridad que llevaba colocado dentro del Demoledor.

—Yo no lo dejaré atrás —le espetó—. No me importa ver cómo


los protoss mueren en batalla. A decir verdad, como que lo disfruto.
Ni siquiera me importaría matarlos en combate si se llegara a eso.
Pero este protoss en particular forma parte de mis fuerzas y fue
herido en el cumplimiento de su deber, así que no pienso
abandonarlo, qué demonios, señor.
—Cálmese, coronel —le pidió Horner. Por el tono de voz que había
empleado, Cruikshank no sabía si estaba enfadado o simplemente
sorprendido, aunque ahora mismo eso le daba igual—. Es usted
quien está en tierra. Usted decide.
—Gracias, señor —dijo un envarado Cruikshank—. Ahora, si me
disculpa, tengo que preparar una batalla.

Cerró la comunicación. Y una batalla que perder, añadió en


silencio para sí.

Porque, siendo realistas, todo llevaba hacia ese final. Aunque la


posibilidad de victoria había sido escasa incluso antes de que los
devoradores acabaran con el apoyo aéreo, sin los fénix y su
potencia de fuego, no contaban con tropas suficientes para resistir
el avance de esa horda zerg a la que esperaban. Sobre todo, cuando
los psioliscos iban a desconcentrarlos al perturbarles la mente.

328
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

No obstante, tal y como le había dicho al emperador Valerian,


combatir era su trabajo. A veces, se trataba de luchar en una guerra.
Otras veces, en luchar para evitar que estallara una guerra.
Aunque si eso era todavía posible era otra cuestión muy distinta.
Personalmente, Cruikshank estaba convencido de que Zagara les
había traicionado y que, de hecho, en todo momento, había
planeado hacerlo. A pesar de que no tenía ni idea de qué esperaba
la zerg conseguir con estas maquinaciones, no albergaba ninguna
duda de que el resultado final iba a ser el inicio de una nueva
guerra.

Sin embargo, nada de eso era asunto suyo. Tal vez le estaban
tomando el pelo a Valerian; tal vez el emperador supiera algo que
Cruikshank ignoraba. No importaba. El trabajo de Cruikshank
consistía en luchar dónde y cuándo se lo ordenaran, y dejar la
política en manos de su emperador.

Esperaba que tanto él mismo como algunos miembros de su


destacamento pudieran vivir lo suficiente como para ver cómo
concluían los acontecimientos del día de hoy. Pero si el emperador
no siempre conseguía lo que quería, los coroneles tampoco.

—Coronel, estamos en posición —informó el Goliat 4—. Además,


estoy detectando cierto movimiento en las copas de los árboles a
alrededor de un kilómetro en el interior de la zona boscosa. Creo
que, probablemente, serán nuestros zerg.
—Recibido —dijo Cruikshank—. Muy bien, atento todo el mundo.
Mantengan su posición y carguen las armas. Si no llegamos a ver
otro atardecer, al menos veamos este campo empapado de sangre
zerg.

329
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO DIECIOCHO

Se hallaban a alrededor de un kilómetro del Punto Tres y habían


reducido su demencial ritmo a un paso más controlado y, por
suerte, más tranquilo, cuando Tanya vio por el rabillo del ojo que
Ulavu perdía el paso.

¿Estás bien?, le preguntó. ¿Qué te pasa?

Un segundo después, notó un zumbido distante en lo más recóndito


de su cerebro.

No te preocupes, añadió. Baraja, hay psioliscos cerca.


—Sí, ya —respondió Baraja, con la mirada clavada en Ulavu
mientras se frenaba hasta detenerse—. ¿Es muy mala la situación?
—No mucho —contestó Tanya—. Solo es una leve sensación. Casi
seguro que estén todos dentro del Punto Tres. ¿Tú no has notado
nada de nada?
—No —dijo Baraja—. Es bueno ver que hay algo malo que no nos
joroba a los soldados más que a los demás. Así que o bien ya saben
330
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

que estamos aquí o están a punto de saberlo. Supongo que ha


llegado el momento de romper el silencio por radio y comprobar si
a Cruikshank se le ha ocurrido alguna otra tarea que quiera
encomendamos.
— ¿Vamos a apagar los bloqueadores psiónicos? —preguntó Erin,
a la vez que miraba inquieta a su alrededor.
—Nosotros no —le corrigió Baraja—. Yo sí. Se supone que tienen
un radio de acción de cincuenta a ciento cincuenta metros, así que
me alejaré unos cuarenta, lo apagaré y seguiré alejándome hasta
estar a bastante distancia de Dizz como para recibir una señal.
No deberías ir solo, le aconsejó Ulavu. Tanya pudo detectar cierto
dolor en su tono de voz. No es seguro.
—Estoy de acuerdo —dijo Dizz.
—Y yo también —le secundó Tanya—. A lo mejor los psioliscos
no están cerca, pero podría haber otras criaturas desagradables
rondando por aquí.
—Tienen razón —admitió Baraja—. Está bien..., iré acompañado.
Dizz, tú tienes el otro bloqueador, así que estás descartado. Ulavu
no está en condiciones como para ir de paseo y, de todos modos,
tiene que guardar fuerzas. —Arqueó una ceja ante Tanya—. Eso
nos deja a ti y a mí. ¿Te apetece dar un paseo por el jardín?
—Creía que nunca me lo ibas a pedir —contestó la fantasma— Tú
primero.
—El resto, no se muevan de aquí —les ordenó Baraja, al mismo
tiempo que revisaba el cargador y el seguro de su C-14—. Si veis
algo que no seamos nosotros, disparen.

Los bloqueadores psiónicos resultaron estar mejor diseñados de lo


que siquiera se imaginaban sus creadores. Baraja y Tanya tuvieron
que alejarse casi otros cincuenta metros más allá del punto teórico
al que llegaba su campo de acción para lograr que el monitor del
casco de la fantasma le indicara que tenía una llamada del
Hyperion.

331
TIMOTHY ZAHN

Sin embargo, no era el coronel Cruikshank quien les esperaba al


otro lado.

— ¿Se encuentran bien? —inquirió el almirante Horner.


—Más o menos, señor—respondió Baraja—. La doctora Wyland
tiene una costilla rota y nos queda poca munición. Aparte de eso,
estamos listos para asaltar el Punto Tres. ¿Hay alguna orden nueva?
—No hay nuevas órdenes, pero sí información nueva —contesto
Horner—. Hace unas tres horas y media, lanzamos un emisor
psiónico a cincuenta kilómetros al este de ustedes, para intentar
alejar a los zerg del Punto Tres.
—Pero luego alguien le tiró una bomba nuclear encima —apostilló
Baraja—. Sí, ya lo sabíamos.
—Nosotros lanzamos esa bomba —afirmó Horner—. Vimos cómo
esos mutaliscos se aferraban a su nave de despliegue y pensamos
que si destruíamos el emisor impediríamos al menos que siguieran
intentando arrastrarles hasta él.
—No funcionó por poco —señaló Baraja—. Gracias por intentarlo.
—De nada, sargento —dijo Horner con un leve tono de sarcasmo—
. La parte positiva es que muchos zerg se alejaron del Punto Tres.
La parte negativa es que un buen número de ellos parecen estar
volviendo para allá a una gran velocidad.

Tanya frunció el ceño.

— ¿Por qué están haciendo eso? —preguntó.


—Porque creemos que algunos de los psioliscos se marcharon con
ellos —respondió Horner—. En los puntos Uno y Dos, usaron a los
zerg normales como una barrera para protegerse del ataque, pero el
emisor psiónico les ha quitado esa barrera de protección en el Punto
Tres e intentan volver a colocarla en su sitio con premura.
—Genial —gruñó Baraja, quien estiró el cuello para escrutar qué
habia más allá de los árboles situados al este—. ¿Cuánto tiempo
tenemos?

332
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Más del que creen, pero menos del que nos gustaría —respondió
Horner—. El coronel Cruikshank ha colocado una línea de batalla,
conformada por fuerzas del Dominio y de los protoss, en el punto
de paso forzoso más estrecho para intentar demorar su avance.

Tanya miró a Baraja y vio su propia sorpresa reflejada en la


expresión del soldado.

— ¿Teníamos tantos soldados y vehículos robóticos a bordo? —


preguntó la fantasma.
—Ni por asomo —replicó Horner con rotundidad—. Encima, sus
tres naves fueron derribadas y ya no pueden volar. No pudimos
avisarles del ataque porque, según parece, los psioliscos pueden
anular las comunicaciones a larga distancia. Los campos de
distorsión de los protoss también han caído (probablemente, por
culpa también de los psioliscos), así que ese medio en particular
para salir o entrar está descartado. A menos que el número de zerg
sea muy inferior a lo que esperamos, las fuerzas de Cruikshank se
verán superadas en..., bueno, en breve.
—Ya veo —dijo Baraja, con un tono engañosamente sereno—. Así
que nuestra misión es entrar, conseguir las muestras y salir
inmediatamente antes de que maten a todo el mundo, ¿no?
—Básicamente —respondió Horner—. Siempre que no entren
corriendo como locos y lo único que consigan es que su equipo
muera junto al destacamento de Cruikshank. Eso no serviría de
nada a nadie.
—Creo que puedo garantizarle que habrá un superviviente al
menos —le aseguró Baraja con un tono muy serio—. Permítame
que le presente un breve informe.

Tanya escuchó cómo Baraja le resumía los datos que había


recopilado el grupo, las conclusiones a las que habían llegado y sus
teorías y especulaciones.

333
TIMOTHY ZAHN

—Interesante —dijo Horner en cuanto el soldado concluyó—.


Parece que han ido muy lejos solo para destruir las vainas de
adostra, pero no contradice nada de lo que hemos oído aquí arriba.
¿Alguna idea sobre quién podría estar detrás?
—Bueno, el conjunto de zerg que son capaces de pensar por sí
mismo es bastante reducido —contestó Baraja—. Creemos que se
trata de Abathur, aunque Zagara es la siguiente candidata.
—Han llegado, más o menos, a las mismas conclusiones que
nosotros —afirmó Horner—. Salvo por el hecho de que ustedes
ignoran que, al parecer, Zagara nos ha enviado un par de cadáveres
de psioliscos para que los examinemos, así que para nosotros es
una candidata más improbable.
—Eso nos será muy útil —comentó Baraja—. ¿Han descubierto
algo interesante?
—Cogan y su equipo siguen investigando —respondió Horner—.
Les he enviado un mensaje con datos con todo lo que han
averiguado hasta ahora. Aunque todo podría ser una maniobra de
distracción, por supuesto. Pero como no es una trampa e ignoramos
de qué modo podría obligar Abathur a un devorador a obedecerle a
tanta distancia del planeta, eso nos deja a Zagara como la única
candidata a habernos enviado ese regalo y a Abathur como un
manipulador hijo de perra.
—Tiene su lógica —señaló Baraja—. Lo tendremos en cuenta.
—No obstante, seguimos necesitando esas muestras de adostra —
añadió Horner—. Así que será mejor que les deje para que vayan a
por ellas. Buena suerte, sargento, y a todos.
—Gracias, señor. Volveremos a contactar cuando todo haya
acabado.

Baraja apagó el comunicador.

—Está bien, bloqueador psiónico activado —dijo—. Vayamos a


por los demás y reanudemos la marcha.

334
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Desanduvieron el camino recorrido a la máxima velocidad que les


permitían los árboles y la maleza.

—Doy por sentado que eres consciente de que los psioliscos ya no


tienen por qué dejamos con vida a ninguno —comentó Tanya—.
Si nos masacran tanto a nosotros como al destacamento del coronel
Cruikshank, el jerarca Artanis tendrá probablemente una buena
razón para destruir el Punto Tres.
—Sí, lo sé —dijo Baraja—. Por eso he dicho que vamos a cumplir
nuestra misión antes de que alguien muera. Y con eso también me
refería a Cruikshank.
—Creía que no te caía bien.
—Claro que no me cae bien —replicó Baraja—. Es un oficial. Pero
¿qué tiene que ver una cosa con otra? Mira, tengo una pregunta que
hacerte. ¿Te acuerdas de la cerca de árboles del Punto Uno?
—Por supuesto —contestó Tanya, a quien iba dominando poco a
poco la tensión de la inminente batalla, pero logró mantenerla a
raya—. Estaba diseñada para que algo pudiera abrirse paso desde
ahí dentro.
—Así era —confirmó Baraja—. Pero ¿quién se suponía que tenía
que salir de ahí? ¿Los psioliscos?

Tanya arrugó el ceño. Aunque los psioliscos eran letales, no


poseían la masa corporal necesaria para apartar unos árboles de ese
tamaño.

—No lo sé. ¿La adostra, tal vez?


—Pero si son más pequeños aún que los psioliscos.
—A lo mejor se vuelven más grandes.
— ¿Tan grandes? —replicó Baraja—. Recuerda el tamaño de esos
árboles y el de las vainas. A menos que la adostra coma ladrillos de
plomo, nunca adquirirán la masa necesaria para poder apartarlos y
salir.
—A lo mejor no tienen por qué salir de ahí.
—Pero entonces, ¿por qué Zagara diseñó la cerca de esa forma?
335
TIMOTHY ZAHN

—No lo sé —le espetó Tanya, a la vez que notaba que la tensión


intentaba transformarse en el velo de la ira. ¿Por qué estaba
discutiendo con ella en un momento así?
—Ya, pero creo que yo sí lo sé —aseveró Baraja—. Recuerdas que
Zagara dijo que la adostra podía estimular la vida y el crecimiento
y todo eso, ¿no? ¿Y si también pueden hacer justo lo contrario?

Mientras seguía luchando contra ese velo de ofuscamiento, Tanya


hizo un gesto de negación con la cabeza.

—Me he perdido.
—Imagina que eres capaz de ayudar a un árbol a que crezca fuerte
y sano —le explicó Baraja-^. Y ahora imagina que también puedes
hacer que languidezca o que se debilite y marchite.
—Está bien, muy bien. Eso molesta. ¿Y?
—Ahora supón que puedes hacer que crezca o se marchite en un
solo lado.

Tanya contuvo la respiración; el ofuscamiento y la ilustración se


desvanecieron cuando el velo cayó al fin y pudo ver a qué se refería
Baraja.

—Así haces que las hojas y ramas del lado de la caverna se


marchiten —dedujo la fantasma—. De esa manera, todo el peso se
apoya en el otro lado. Cuando el peso es suficiente, toda la planta
se parte por la base.
—Y se te abre el camino al gran mundo exterior —apostilló Baraja
con satisfacción—. ¿Para ti también tiene sentido?
—Supongo que sí —contestó Tanya, quien todavía estaba
intentando asimilarlo todo—. Pero ¿con qué objetivo? ¿Qué hace
la adostra cuando está fuera?
— ¿Y eso cómo voy a saberlo? —replicó Baraja—. Pues irán por
Gystt plantando semillas de manzano o eructarán unicornios o algo
así. A lo que voy es que, si esa es su estrategia para salir, entonces

336
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

pueden matar, o al menos arrebatar la vida. Y si pueden hacer eso,


tal vez podamos tener unos nuevos aliados.
—Oh, Dios mío —susurró Tanya—. Si eso funcionara..., pero ¿de
verdad queremos seguir ese camino?
— ¿Si así seguimos vivos? —replicó Baraja—. Pues sí, qué
demonios.
—Me refiero a si queremos que la adostra aprenda el concepto de
matar gracias a nosotros —insistió Tanya—. ¿Nos atreveremos a
dar ese paso?
—Una vez más: sí, qué demonios —contestó Baraja—. Además,
de todas maneras, tienen que matar a los árboles para poder salir,
¿no?
—Tienen que marchitarlos por un lado —le corrigió Tanya—. No
es lo mismo. De hecho, ahora que lo pienso, eso podría ser más
bien una prueba de control que de poder.
—Está bien —dijo Baraja—. Poder, control... lo que sea. La
cuestión es que sus vidas también están en peligro. Si podemos
ponerles al tanto de lo que pasa, tal vez puedan ayudamos.
— ¿Alguna idea de cómo podríamos hacer eso?
—Apuesto porque Ulavu sabrá qué hacer —respondió Baraja—. Si
tanto los psioliscos como la adostra poseen las capacidades
psiónicas de los xel’naga y teniendo en cuenta que los psioliscos a
quien más atacaron fue a Ulavu, supongo que será él quien tenga
más posibilidades de poder comunicarse con ellos.
—Y de convencerlos de que maten —añadió Tanya—. Y de que
solo maten a los psioliscos y no a nosotros. Estás abriendo la caja
de Pandora, Baraja.
—Bueno, aún no tenemos que tomar esa decisión —afirmó el
soldado—. De hecho, si los psioliscos controlan la situación
totalmente, quizá no tengamos que tomar ninguna decisión. —La
miró de reojo—. ¿Siguen armando bulla en tu cerebro?
—Un poco —contestó Tanya—. Pero puedo controlarlo, no es para
tanto. Aunque igual te equivocas en lo de que a quien más atacaron
fue a Ulavu. Tengo la sensación de que se están repartiendo este
ataque de un modo parecido, más o menos, entre nosotros cinco.
337
TIMOTHY ZAHN

Es solo que a ti, Dizz y Erin, esto no les afecta tanto porque no
tienen habilidades psiónicas.
—No lo sé —dijo un dubitativo Baraja—. Te dieron una buena
paliza ahí, al principio.
—Probablemente, porque era la única que llevaba una armadura
fantasma y se imaginaron que yo tenía que ser la mayor amenaza
—señaló Tanya—. Después de esa primera batalla, Abathur podría
haber decidido que yo no soy más peligrosa que los demás, por lo
cual empezó a atacamos a todos de un modo parecido para intentar
demoramos a todos por igual.
—Así que crees que no sabe nada sobre tus poderes o los de Ulavu,
¿eh?
—Espero que no —respondió Tanya—. Supongo que lo
descubriremos en unos minutos, en cuanto veamos si ha cambiado
su estrategia en algo.
—Supongo que sí —dijo Baraja—. He de decir que poder
sorprender a cada nuevo grupo de zerg con el que nos topamos
seguro que viene bien para variar. ¿Dizz? Somos nosotros. Ya
llegamos. No disparen.

Un minuto después, se reunieron con los demás.

— ¿Algún problema? —preguntó Baraja.


—No, todo ha estado tranquilo —contestó Dizz—. ¿Has logrado
hablar con Cruikshank?
—No, he hablado con Horner —le corrigió Baraja— Cruikshank
está haciéndose el héroe a quince kilómetros de aquí para contener
a los zerg que los psioliscos están trayendo de vuelta de ese cráter
que hay ahora donde antes estaba el emisor psiónico.
—Genial —dijo Dizz—. ¿Supongo que no has tenido tiempo para
hacerle un resumen a Horner sobre lo que pensamos acerca de los
psioliscos, Abathur y todo lo demás?
—Le he explicado lo más importante —respondió Baraja—. Ya
veremos qué pueden hacer Valerian y él con esa información.
¿Todo el mundo preparado?
338
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Mejor, imposible —contestó Tanya.


Sí, confirmó Ulavu.
—Probablemente, no —admitió Erin.
—Bueno, míralo de este modo —le aconsejó Dizz—.
Probablemente, ellos tampoco estarán preparados para nuestra
llegada.
—Ese es el espíritu —dijo Baraja—. Entremos ahí y acabemos con
esto de una vez.
—Si alguna vez han planteado la posibilidad de morir diciendo
unas últimas palabras memorables para la posteridad —añadió
Dizz con frialdad—, este sería un buen momento para pensar en
ellas.

*******

—Aquí vienen —informó un tenso Goliat 4—. Da la impresión de


que... Parece que todos son zerglings.
—Tengo un par de asoladores detrás de la hilera de árboles a este
lado —añadió el Goliat Uno—. No se mueven.
—Los veo —confirmó Cruikshank, a la vez que comprobaba la
distancia. Si bien los glóbulos de bilis que los asoladores podían
lanzar eran unas armas muy desagradables, en ese momento, esos
zerg en particular estaban en teoría fuera del alcance de la línea de
batalla. Fugazmente, se le pasó por la cabeza la idea de lanzar un
misil Caótico para comprobar si podía eliminar a uno de ellos, pero
al final decidió esperar a que se hallaran más cerca.

Sobre todo, porque la primera oleada parecía estar diseñada para


probar la resistencia de la línea de batalla y obligar a las fuerzas del
Dominio a gastar munición, así que era mejor esperar hasta que
pudieran asegurarse que matarían a los objetivos.

Con el ceño fruncido, analizó la disposición del enemigo. Tal vez


esa oleada parecía diseñada más en concreto para poner a prueba la
sección protoss de la línea de batalla. Aunque ciertamente no
339
TIMOTHY ZAHN

estaban ignorando los flancos, la mayoría de los zerglings que


cargaban en tropel se dirigían hacia los templarios y los Nerazim
del centro.

—Alikka, supongo que no tiene a mano otro de esos disruptores,


¿verdad? —preguntó.
Tenemos uno, respondió Alikka. Pero ya estamos muy cerca del
enemigo como para poder usarlo. En campo abierto, devastaría
todo cuanto se hallara en un radio de tres kilómetros.

Cruikshank asintió. Tras haber visto la explosión del Punto Dos,


había dado por supuesto que los protoss habían mejorado la
capacidad de destrucción de esos chismes desde los tiempos en que
el Dominio los había visto en acción en la guerra. Aunque estaba
bien confirmar esa suposición.

—Entendido —dijo—. Lo utilizaremos solo como último recurso.


Cuando solo quede un protoss en pie y todo eso. ¿Qué me dice
sobre esos centinelas?
Que el impacto del devorador ha deformado los revestimientos de
sus proyectores de rayos de disrupción y ha dañado sus motores
de gravedad cero. La tripulación está intentando repararlos.

Genial.

—Dígales que se den prisa —le indicó—. Soldados, mantengan


despejado el frente. Goliats, apoyen a la infantería, pero refuercen
el centro en la medida de lo posible, segadores, apoyen a la parte
central. Quédense detrás de los protoss y fuera de mi línea de tiro
y machaquen a los zerg que se encuentren delante de ellos. Lo
último que queremos es que avancen por uno de nuestros flancos.
Recibió una retahila de confirmación y, en cuanto los segadores se
elevaron hacia el cielo y todos los demás abrieron fuego, recorrió
cuidadosamente con la vista la línea que conformaban los árboles

340
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

situados en el extremo más lejano. Ahí, en algún lugar, se


encontraban los psioliscos que estaban dirigiendo el ataque.

Allá donde estuvieran acechando, no se dejaban ver. Por suerte


para ellos. Centró su atención de nuevo en la batalla, seleccionó un
punto donde los zerglings parecían concentrarse especialmente y
lanzó un par de proyectiles de plasma. Un puñado de esas bestias
estalló en una lluvia de sangre y fragmentos de caparazón,
sumándose así a los restos mortales desperdigados de otros
zerglings que yacían en el suelo tras haber recibido el impacto de
las puntas metálicas de los rifles gauss.

—Bajen la intensidad del ataque a la parte central —ordenó


Cruikshank en cuanto los zerglings se cernieron sobre la línea. No
quería que un proyectil perdido o los fragmentos de algún zerg
impactaran contra los protoss—. Despejen los flancos y estén
atentos a la segunda oleada.

Delante de él, dentro de la línea se produjo un estallido de fuego


deslumbrante, puesto que los templarios habían activado sus
cuchillas psi y los Nerazim habían encendido sus cuchillas de
distorsión. Cruikshank contuvo la respiración...

Y la batalla estalló con toda crudeza acompañada de una cacofonía


de chillidos de los zerg y un coro psiónico de gritos de guerra de
los protoss.

A pesar de que Cruikshank había visto a los protoss batallar con


anterioridad, siempre lo dejaban asombrado muy a su pesar. Los
templarios y los Nerazim giraban y se retorcían como unos
bailarines atrapados en una coreografía demencial, sus cuchillas
centelleaban al trazar círculos en el aire; a veces, estas brillaban
aún más cuando quien las blandía era dominado por la furia de la
batalla; otras veces, se desvanecían brevemente cuando esa energía
concentrada desaparecía dentro del cuerpo de un enemigo. Ahora,
341
TIMOTHY ZAHN

cada protoss era una isla, rodeada de una marea de miembros con
forma de hoz que se agitaban sin parar e inquietas colas provistas
de garras, al mismo tiempo que unas montañas de cadáveres iban
creciendo continuamente a sus pies.

No obstante, había una sutil diferencia entre esta batalla y las


demás que Cruikshank había visto. Aquí daba la sensación de que
los protoss se movían con más lentitud de lo normal, y sus
movimientos no eran tan limpios ni gráciles. Las montoneras de
zerglings masacrados que los rodeaban les impedían mover las
piernas libremente, lo que les limitaba la maniobrabilidad. Uno de
los templarios se trastabilló y, al instante, desapareció bajo una
avalancha de garras inquietas. Un segundo protoss cayó; en esta
ocasión se trataba de un Nerazim.

Entonces, en el otro extremo del campo de batalla, una segunda


oleada de zerglings emergió de entre los árboles y cargó a través de
la pradera.

— ¡Segadores, avancen! —exclamó Cruikshank, a la vez que hacía


que se moviera su Demoledor. Los protoss ya se encontraban en
serios problemas. Si esa segunda oleada los alcanzaba, estarían
acabados.

Y si el centro de la línea caía, los dos flancos del Dominio tardarían


poco en seguir ese camino.

—A todas las unidades, acaben con la segunda oleada —ordenó—


. Lancen misiles si es necesario, pero destrócenla.

Cuando casi había alcanzado al templario acosado más cercano (se


trataba de un fanático vestido con un traje de energía), los Goliats
Uno y Cuatro lanzaron un par de misiles Averno antiaire contra la
parte central de la nueva oleada zerg.

342
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Cruikshank lanzó una maldición por lo bajo. Combatir a unos


zerglings con esos pesados brazos mecánicos era una manera
impresentable de malgastar recursos cuando, sin duda, había zerg
más grandes y duros aguardando a que les llegara el tumo de atacar.
Pero no le quedaba otra. El asalto psiónico de los psioliscos había
arrastrado a los protoss hasta una situación crítica, y si permitían
que la segunda oleada les diera alcance, las fuerzas del Dominio ya
no podrían ayudar en nada. Esa oleada debía ser detenida, punto y
final.

Respecto a los restos de la primera, había llegado el momento de


echarle imaginación al asunto.

Si bien los pies de un Demoledor eran anchos y planos y contaban


con unos dedos provistos de cardanes, lo que les permitía andar con
muchos tipos de terrenos distintos, ciertamente, no estaban
diseñados para patear o pisotear a los zerg, lo cual no quería decir
que en manos de un conductor habilidoso no pudieran hacer ambas
cosas.

Y Cruikshank era un conductor muy habilidoso.

Se había cargado probablemente a cuatro zerglings de esa


avalancha, cuando el fanático situado en el centro de la
muchedumbre pareció reparar en su presencia. Por un segundo, el
templario flaqueó y bajó la guardia por culpa de la tremenda
sorpresa que se había llevado al ver a ese vehículo robotizado
cerniéndose sobre él...

Uno de los zerglings arremetió contra el protoss, pero sus


miembros con forma de hoz acabaron clavados en el neoacero de
la parte inferior de la pierna del Demoledor; Cruikshank se deshizo
de él de una patada.

343
TIMOTHY ZAHN

—Usted..., el protoss..., ¡súbase a la articulación de la rodilla! —le


gritó, al mismo tiempo que colocaba un pie a cada lado del
protoss—. ¡Suba, suba, suba!

Durante una fracción de segundo, pensó que el fanático o bien no


le había comprendido, o bien estaba muy desconcertado o aturdido
por el zumbido mental como para entenderle. Entonces, tras lanzar
un último ataque con sus cuchillas psi, se subió de un salto a la
articulación de la rodilla derecha del Demoledor.

Seguía moviéndose con más lentitud de la que solía moverse un


protoss en cualquier otra batalla que hubiera presenciado
Cruikshank y sus ataques con las cuchillas eran decididamente
torpes. Sin embargo, ahora que los cuerpos de los enemigos
muertos no le impedían mover con libertad las piernas, el protoss
hizo gala de su proverbial agilidad. Mientras los zerglings
intentaban subir hasta donde se encontraba, el fanático lanzaba
cuchillazos a diestro y siniestro; sus cuchillas psi atravesaron
cráneos y caparazones y seccionaron extremidades.

Algunos zerglings optaron por atacar las piernas del Demoledor;


probablemente, con la esperanza de derribar tanto al vehículo
robótico como al protoss que ahora iba montando en él. Pero el
fanático reaccionó con rapidez. Saltó continuamente de una rodilla
a otra del vehículo robótico, alcanzando a algunos zerglings con las
cuchillas y obligando así al resto a retroceder. Como Cruikshank
ya no podía ayudarle de ninguna manera, centró su atención de
nuevo en la segunda oleada que continuaba avanzando, lanzando
con su arma de raíles unos proyectiles de plasma que crepitaron por
ese campo abierto. Entre ataque y ataque, echaba una ojeada al
bosque, por si detectaba algo que indicara que iba a tener lugar una
tercera oleada o, aún mejor, por si atisbaba a algún incauto
psiolisco. Los zerglings caían y se tambaleaban y morían...

Entonces, para sorpresa de Cruikshank, todo acabó.


344
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Contempló el campo de batalla con el estómago revuelto. Ocho de


sus cuarenta soldados habían caído. El Goliat Cinco estaba ladeado
en un ángulo casi imposible y tenía una pierna rota. En el bando
protoss, daba la impresión de que cinco de los veinte guerreros
habían muerto. Armándose de valor, centró su atención en los
monitores del interior de la cabina y comprobó las lecturas
médicas.

Con gran alivio, vio que solo dos de los ocho soldados caídos
estaban muertos, aunque un tercero se hallaba gravemente herido.
Los otros cinco únicamente habían sido derribados y sus CMC
habían sufrido algunos daños de diversa consideración.

— ¿Alikka? —dijo en voz alta—. ¿Cuál es su situación?


Hemos sufrido cinco bajas, Cruikshank oyó resonar esas amargas
palabras en su mente. El honor de los Nerazim se ha visto
comprometido.
—Olvídese del honor —gruñó Cruikshank—. Será mejor que nos
estrujemos las meninges para concebir una nueva estrategia antes
de que la próxima oleada se nos venga encima como una avalancha.

Hubo un breve momento de silencio.

Muy bien. Escucharé sus sugerencias.

Cruikshank torció el gesto. Qué generoso era el muy maldito,


teniendo en cuenta que los protoss eran los que estaban siendo
masacrados principalmente en esos momentos.

—Está bien, escúchenme con atención —dijo—. Adoptaremos una


nueva formación. Los Goliats se ocuparán de los extremos de la
línea... Quiero dos en cada uno. G-Cinco, ¿qué le ocurre a su
pierna?

345
TIMOTHY ZAHN

—Que está destrozada, pero puedo avanzar cojeando —informó el


piloto del Goliat 5-—. Pero mi maniobrabilidad en batalla va a estar
muy limitada.
— ¿No puede enderezarla de ningún modo?
—No. Y lo voy a tener complicado para disparar con este ángulo,
pero podré hacerlo.
—Veamos qué podemos hacer al respecto —le contestó
Cruikshank, quien señaló en el monitor de batalla un punto situado
a un tercio del camino que se adentraba en las montañas—. Vaya a
ese punto que he marcado y colóquese de cara a la batalla. Alikka,
ordene a los protoss más cercanos a él que le corten de cuajo la
pierna dañada. Luego, que le corten la otra pierna a la misma altura
para que pueda disparar con precisión. Felicidades, G-5: acaba de
ser ascendido de vehículo robótico a fortín.
—Estupendo. Muchas gracias, coronel.
—De nada —respondió Cruikshank—. Marines, olvídense de los
flancos... Se van a desplegar por toda la línea, quiero que al menos
dos de ustedes apoyen a cada protoss. Su misión será flanquearlos,
uno a cada lado, y eliminar al mayor número posible de zerg para
que los protoss no se vean tan superados en número cuando el
enemigo alcance la línea. Y recuerden que se encuentran sometidos
a un intenso ataque psiónico, por lo que no serán tan precisos como
es habitual, así que mantengan la distancia. Que a uno le decapiten
de manera accidental es un modo muy bochornoso de morir.
—Coronel, algo se acerca —informó el Goliat Tres—. La tercera
oleada viene de camino.

Cruikshank dirigió la mirada hacia la otra punta del campo de


batalla. Otra línea de zerg había aparecido ahí y estaba cruzando el
claro en dirección hacia ellos.

Sin embargo, en vez de tratarse de zerglings en esta ocasión, esta


oleada estaba formada por pestelings y asoladores. Mientras
contemplaba su avance, los pestelings se colocaron en la
vanguardia, con sus hinchadas bolsas de ácido zarandeándose. Los
346
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

asoladores, en cambio, avanzaban casi sin prisa, pues no cabía duda


de que estaban buscando el punto donde los terran y los protoss se
hallaran al alcance de sus descargas de plasma.

Y en el bosque que había detrás de ellos, Cruikshank atisbo a los


hidraliscos que aguardaban tras bambalinas al acecho.

—Todo el mundo a sus posiciones —ordenó, a la vez que alzaba


sus armas de raíles para apuntar a dos asoladores distantes—.
Parece que han decidido que en este asalto combatirán con ácido,
bilis y plasma. Cuanto más lejos estén esas criaturas cuando las
maten, mejor, y prepárense para esquivar proyectiles. Alikka, ¿qué
se sabe de esos centinelas? Su apoyo nos vendría muy bien en esta
ocasión.
De acuerdo, respondió Alikka. Los rayos de disrupción siguen sin
estar operativos, pero pueden volar y levantar campos de fuerza.
Pero se lo advierto: su fuente de energía no funciona bien, así que
esta vez no puedan volver a levantar una barrera cuando esta se
disipe.
—Cualquier cosa que puedan hacer nos vendrá bien —le aseguró
Cruikshank—. Que entren en acción.

Un momento después, los dos robots voladores, que venían de la


zona de la lanzadera, dejaron atrás a gran velocidad a Cruikshank,
así como a la línea de soldados y protoss y continuaron así cien
metros; a continuación, cambiaron de dirección para atravesar el
vector zerg. Mientras volaban, colocaron campos de fuerza a modo
de barrera por todo el camino de los zerg.

—Muy bien, atento todo el mundo: tenemos un momento de respiro


—dijo Cruikshank en voz alta—. Recuerden que esas barreras no
duran mucho tiempo y les aviso de que los centinelas tal vez no
puedan volver a levantarlas. Así que cuando las barreras
desaparezcan, estén preparados para disparar antes de que los zerg
puedan avanzar de nuevo a gran velocidad.
347
TIMOTHY ZAHN

Fue recibiendo una serie de confirmaciones por parte de los


miembros de su equipo para indicarles que habían recibido las
instrucciones. Después, revisó con rapidez los niveles de sus armas.
En cuanto los campos de fuerza se esfumaran, estaría listo para
batallar.

—Adelante, hijos de perra —murmuró para sí—. Aquí los espero.

348
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO DIECINUEVE

Baraja esperaba que el grupo cayera en una emboscada antes de


alcanzar la meseta. Pero para su sorpresa, no fue así.

Y se llevó una sorpresa aún mayor cuando llegaron a un pequeño


claro que había delante de la meseta y descubrieron que alguien se
había dejado la puerta abierta.

—Bueno, eso sí que no me lo esperaba —comentó un intranquilo


Dizz mientras el grupo se congregaba en el borde del claro.

Baraja asintió silenciosamente. Uno de los árboles de la hilera


exterior había sido derribado y estaba tirado sobre el claro. El árbol
de atrás, de la hilera del medio había caído encima del primero; y
el siguiente árbol, el de la hilera interior, también lo habían
derribado.

Más allá de esos árboles caídos se encontraba la entrada a la


caverna, que los invitaba tentadoramente a entrar.
349
TIMOTHY ZAHN

—Esto me da mala espina —murmuró Erin—. ¿Por qué nos han


abierto el camino? ¿Y cómo lo han hecho?
—El cómo es muy fácil —respondió Baraja—. Desde aquí, pueden
ver las marcas de hachazos en las bases. Los psioliscos han
obligado a un grupo de hidraliscos a hacer un poco de poda.
Y sobre el porqué, tal vez Abathur haya aceptado el hecho de que
vamos a entrar cueste lo que cueste, sugirió Ulavu.
—Lo más probable es que nos haya tendido una trampa ahí dentro
—señaló Tanya.
—Sí, yo también lo creo —admitió Baraja—. Bueno, no tiene
sentido posponerlo. Ya les contaré qué es lo que encuentro.

Con su C-14 en ristre, avanzó.

—Eh —dijo Dizz, dando un largo paso para agarrar a Baraja del
hombro—. ¿Adónde crees que vas?
— ¿Es que quieren esperar a recibir una invitación formal? —
replicó Baraja, con más brusquedad de la que pretendía. Pensar que
se iba a adentrar solo en esa oscuridad no le resultaba
especialmente agradable—. Una avalancha zerg viene de camino
hacia aquí, y Cruikshank no podrá contenerla eternamente. Alguien
tiene que entrar ahí, y soy yo el que tiene la armadura, las armas y
el adiestramiento necesarios. Así que se van a callar todos, van a
esperar aquí y van a estar listos para responder a todo correr a mi
llamada si les grito que vengan.
—Como odio correr —afirmó Tanya con suma calma, al mismo
tiempo que se colocaba al lado de Baraja—, prefiero seguirte,
¿vale? No te preocupes..., si insistes, dejaré que tu armadura y tú
se lleven la peor parte del ataque.
Tiene razón, la secundó Ulavu. No debes entrar solo. Ella o yo
debemos acompañarte.
—Si me dan a elegir, la escojo a ella —dijo Baraja. Los fantasmas
eran fantasmas, y seguía sin confiar del todo en que no se fuera a
volver totalmente loca en algún momento.
350
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

No obstante, por ahora, había mantenido bastante la calma en


combate. Y si ella lo acompañaba, al menos no tendría que
preocuparse de que le clavaran por la espalda una cuchilla psi si los
psioliscos se adueñaban súbitamente de la voluntad de Ulavu.

—Venga, andando, Tanya.

Como ya había señalado Baraja, esos árboles no se habían talado


de una forma muy precisa. Los troncos se encontraban uno encima
del otro, conformando un ángulo hacia arriba y ejerciendo presión
de costado el uno sobre el otro. Tanto él como Tanya tuvieron que
sortearlos como pudieron y luego se abrieron paso por la fuerza por
un estrecho hueco para llegar a la entrada de la caverna.

Y descubrieron que la zona de la entrada estaba desierta.

—Qué raro —murmuró Tanya, mientras iluminaban con las


linternas las paredes, el suelo y el techo. Incluso la rampa y el
rellano de la parte superior se hallaban vacíos—. ¿Crees que Ulavu
tenía razón cuando ha comentado que Abathur se ha rendido?
—Creo que yo tenía razón cuando he dicho que esto era una trampa
—replicó Baraja—. Es solo que el cebo está un poco más adentro,
nada más. ¿Dizz? Que entre todo el mundo. Y vigilen sus
espaldas..., esto podría ser un truco para atacamos ahora que
estamos separados.

Por suerte, eso no fue así. Dos minutos después, todos estaban
dentro.

—Pues esto no acojona para nada —comentó Dizz, echando un


vistazo a su alrededor—. ¿Ulavu? ¿Cómo estás?
La presión es intensa, admitió el protoss. Pero soy capaz de
soportarla.
— ¿Tanya?
351
TIMOTHY ZAHN

—Estoy bien —contestó—. Creo que siguen repartiendo su ataque


entre varios objetivos.
—Hagamos esto antes de que logren concentrarlo más —dijo
Dizz—. ¿Quieres que me quede a vigilar la entrada?
—Esta vez, no —respondió Baraja—. Me preocupa más lo que hay
dentro que lo que hay fuera. Además, si algo intenta entrar por la
fuerza, lo oiremos.
—Tú mandas —contestó Dizz—. ¿Avanzamos siguiendo el orden
habitual?
—Sí, el orden habitual —confirmó Baraja—. Vamos.

El soldado se acercó al primer rellano con cautela, sin quitar ojo a


la zona situada por encima de ellos y permaneciendo alerta por si
pudiera haber algo oculto que estuviera acechando. Pero una vez
más, ahí no había nada. Dobló la esquina del rellano y vio en todo
su esplendor la siguiente sección de la rampa. Y ahí seguía sin
haber nada.

—Reina un silencio sepulcral —comentó una nerviosa Erin.


—Estoy de acuerdo —admitió Dizz—. Por cierto, ¿hemos resuelto
alguna vez el misterio de cómo entraron los psioliscos en estas
cavernas en un principio?
Aquí hay luz, señaló Ulavu. Eso quiere decir que hay agujeros en
el techo. Si son lo bastante grandes, los psioliscos podrían
haberlos atravesado.
—Supongo que sí —dijo Dizz—. Y ahora que lo pienso, si Zagara
no estaba en el ajo, tendrían que haber entrado después de que ella
lo cerrara todo.
—Entonces, ¿dónde están? —preguntó Baraja—. Esperaba que nos
recibiera al menos el comité de bienvenida.

Acababa de pronunciar estas palabras cuando, en la parte superior


de la rampa, aparecieron de repente, doblando la esquina del
rellano, un par de zerglings que cargaron contra ellos.

352
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

El C-14 se estremeció en las manos de Baraja cuando este acertó a


cada uno de ellos con sendas ráfagas de puntas metálicas. Al de la
izquierda, lo remató con una segunda ráfaga, de manera que acabó
tendido en el suelo, mientras que el de la derecha se desmoronaba
bruscamente.

— ¿Tanya? —preguntó.
—Sí —le confirmó.
—Gracias. —Se giró a medias para mirar a Dizz—. ¿Contento?
—Oh, sí —respondió el segador con ironía—. Gracias por
preguntar.
—De nada.

Baraja se volvió y dio un paso hacia...

—Un momento, por favor —dijo Erin—. ¿Puedo hacer una


sugerencia?
—Claro —contestó Baraja.
—Hay un hueco en la cerca de árboles que hemos dejado atrás. —
Entonces, señaló a los zerglings muertos—. Podríamos taparlo con
los dos cadáveres, ¿no creen?
—Por supuesto —respondió Baraja, un tanto enojado porque no se
le había ocurrido esa idea a él. Aunque si tapaban el agujero no
evitarían completamente que los sorprendieran con un ataque por
la retaguardia, sí ralentizarían el avance del enemigo que además
haría más ruido—. Dizz, Tanya, vigile la rampa. Erin, coge uno de
los cadáveres.

El zergling que agarró Baraja era el que Tanya había quemado.


Aunque no podía notar el calor a través de los guanteletes ni oler el
olor a quemado a través del casco, mientras descendía la rampa se
pudo imaginar perfectamente ambas cosas. Colocó su cadáver en
la mitad del agujero y puso el de Erin en la parte interior. Después,
encabezó la marcha por toda la rampa hasta llegar donde estaban

353
TIMOTHY ZAHN

los demás. Volvió a situarse en cabeza del grupo y continuaron


ascendiendo.

Llegaron hasta la parte más alta sin problema alguno. Al otro lado
del pasaje abovedado que llevaba hasta la caverna principal, Baraja
pudo ver esa estancia de suelo irregular que le resultaba tan
familiar, así como las gradas con las vainas de adostra en el
extremo más lejano. Al igual que había sucedido en la caverna del
Punto Uno, no había nada que se interpusiera entre las vainas y
ellos.

—He cambiado de opinión —masculló Dizz mientras se


congregaban en la salida del pasaje abovedado—. Ya no estoy tan
contento.
—Pues te jorobas —le espetó Baraja. Aunque tampoco es que él
estuviera muy entusiasmado. En el Punto Uno, habían sido
recibidos por una hilera doble de psioliscos que los esperaban junto
a los laterales de la estancia. Como tenían poca munición y todas
las armaduras dañadas (a excepción de la de Erin), si se enfrentaban
aquí a una situación similar, las consecuencias serían muy
desagradables—. Está bien. Tanya yo vamos a entrar, espalda
contra espalda, para ver qué nos espera entre bambalinas. Si
volvemos corriendo, vayan a la pared más lejana y preparaos para
disparar. Aunque este pasaje, bastante ancho, es lo más parecido a
un paso estrecho que tenemos aquí.
—Sobre todo, después de que hayamos tapado totalmente la salida
—apostilló Dizz—. En su momento, parecía una buena idea.
—Y sigue pareciéndolo —le espetó Baraja—. Tenemos munición
y contamos con un templario tétrico y una piro. Da igual de qué
modo los psioliscos se sumen al fiesta, podremos con ellos. Vamos,
Tanya.
Avanzó, con el torso y el C-14 medio girados hacia la derecha.
Tanya caminaba a su lado, centrando su atención en la parte
izquierda. Atravesaron fácilmente el pasaje abovedado...
— ¿Y bien? —inquirió Dizz de repente—. ¿Qué hay ahí?
354
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Baraja tragó saliva con dificultad.

—El comité de recepción que quería encontrar —contestó,


contemplando la doble hilera de zerg que permanecían inmóviles
en el extremo más lejano de la cámara—. Más zerglings. Debe de
haber alrededor de unos... treinta solo en este lado.
—Aquí hay el mismo número —señaló Tanya, con una voz
dominada por la tensión—. También están divididos en dos filas.
Hay tres psioliscos merodeando por ahí atrás, procurando no ser
vistos.

Baraja escrutó con más detenimiento las hileras que estaba viendo.

—Sí, hay cuatro en este lado —afirmó—. No los había visto antes.
— ¿Y a qué están esperando? —preguntó Dizz—. Cepíllenselos.
No. Alzó la voz Ulavu. No deben hacer daño a los psioliscos.
—Pero si a ti sí te están haciendo daño —replicó Erin.
Seguramente, están manteniendo a los zerglings a raya, les explicó
Ulavu. Si los matan, Tanya Caulfield y el sargento Foster Cray
serán atacados de inmediato.

Baraja arrugó el ceño. Tenía razón. No había ningún argumento por


el que los zerglings debieran seguir ahí quietos a menos que los
psioliscos les estuvieran obligando a hacerlo.

—No lo creo —aseveró Erin—. Recordad lo que pasó en el Punto


Uno. Nos atacaron fuera y nos empujaron a entrar, pero en cuanto
matamos a los psioliscos, el resto de los zerg que estaban fuera se
dispersaron. Lo más probable es que volvieran a hallarse bajo el
control de la madre de la prole local.
—A la que habían ordenado que no nos atacaran —añadió Dizz—
. Creo que la doctora puede tener razón.
También puede tener razón solo en parte, les advirtió Ulavu.
Permanecimos dentro de la cámara varios minutos después de que
355
TIMOTHY ZAHN

los psioliscos murieran. Del mismo modo, en el Punto Neurálgico


Dos, los protoss y los terran quedaron incapacitados un rato tras
la explosión del disruptor. La madre de la prole tal vez necesitara
ese tiempo para recuperar el control sobre los zerg después de que
los psioliscos hubieran sido eliminados.
—Eso no lo sabemos —señaló Erin.
—Eso da igual —replicó Baraja—. Aunque la madre de la prole
tardara solo un minuto en recuperar el control, no saldríamos vivos
de esta. Es imposible que podamos cargamos a sesenta zerglings.
—Me pregunto si Ulavu no puede tener un poco nublado el juicio
—murmuró Erin—. Los psioliscos llevan mucho tiempo
hablándole mentalmente...
No se ha establecido ninguna comunicación entre nosotros, replicó
Ulavu. No siento nada más que una presión y que pierdo la
concentración en combate. Nada más.
—Si pierdes la concentración es porque tu intelecto se está viendo
afectado por ellos —insistió Erin—. Si están...
—He dicho que da igual —les espetó Baraja—. No vamos a matar
a los psioliscos... aun..., y se acabó. El resto, vengan aquí.
Ayudadnos a averiguar qué demonios quieren.
— ¿Crees que quieren algo? —preguntó Dizz mientras él y los
demás se adentraban en la cámara.
—Bueno, no están posando para que les saquemos fotos —gruñó
Baraja—. ¿Tanya? ¿Alguna idea?
—No —respondió la fantasma—. Bueno..., quizá sí. Por ahora, lo
que querían, en general, era que matáramos a la adostra y luego
muriéramos. Pero ¿y si este es realmente el último grupo de
adostra...?
—Entonces, si los matamos, ¿a lo mejor nos dejan vivir? —sugirió
Baraja.
—Eso es lo único que se me ocurre —admitió Tanya.
—Sí, pero ¿por qué tenemos que ser nosotros los que los matemos?
—inquirió Erin—. ¿Por qué no los mata el mismo Abathur?
Tal vez porque si lo hiciera directamente, Zagara se enteraría,
especuló Ulavu. Aunque sea un maestro de evolución sigue siendo
356
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

un zerg. Por tanto, sigue unido a todos los demás zerg y se halla
bajo el mando del líder del Enjambre.
—No sé qué decirte —murmuró Dizz—. Me parece que ha hilado
muy fino para poder afirmar que no ha hecho algo mientras al
mismo tiempo empujaba a otros a hacerlo.
—A eso se dedican los abogados —comentó Baraja
sarcásticamente—. Bueno, ¿qué hacemos?

Tanya se aclaró la garganta.

—Creo que al menos debemos acercamos a las vainas —dijo la


fantasma, como si hiciera un comentario un tanto a la ligera—. Solo
para echar un vistazo. —Se calló una fracción de segundo—. Todos
nosotros.

Una tensa sonrisa cobró forma en las comisuras de los labios de


Baraja, quien recordó un poco tarde la conversación que había
mantenido en privado con Tanya en el bosque. Sí..., todos ellos.
Sobre todo, Ulavu. Si pudieran conseguir que se acercase suficiente
a la Costra para comunicarse mentalmente con ellos...

—Sí, esa es una buena idea —admitió.


— ¿Quieres que alguien vigile la entrada? —preguntó Dizz, quien
parecía un tanto desconcertado ante esa decisión, pero que estaba
dispuesto a seguir ese plan.
—Sería absurdo —afirmó Baraja—. Si quieren acabar con
nosotros, no tendremos nada que hacer.
—Supongo que así es —contestó Dizz—. Tienes razón; enfrentarse
a sesenta zerglings sería todo un reto. Aunque creo que podríamos
con treinta, ¿no?
—Es probable —respondió Baraja. Ahora era Dizz el que parecía
hacer un comentario un tanto a la ligera.

Pero no podía preocuparse por eso ahora. Todo dependía de lograr


que Ulavu se aproximase a la adostra y esperar que esta pudiera
357
TIMOTHY ZAHN

entenderlo. Preferiblemente, antes de que los psioliscos lanzaran el


ataque.

Era una idea disparatada. Pero se le habían agotado las buenas.

—De acuerdo —dijo—. Tengan las armas en preparadas. Vayamos


a echar un vistazo.

*******
La ventaja que tenían los campos de fuerza protoss era que podían
bloquear el paso a cualquier cosa, salvo a los zerg más grandes. La
desventaja era que duraban muy poco y para poder reemplazarlos
era necesario contar con unos centinelas que no hubieran sufrido
daños.

Lo cual quería decir que, como mucho, era una solución temporal.
Aun así, todo el tiempo que pudieran ganar les vendría bien tanto
al equipo de investigación como al destacamento de Cruikshank.

Estaba cavilando sobre diversas posibilidades cuando, al otro lado


del campo de batalla, las barreras levantadas por los campos de
fuerza empezaron a parpadear.

Cruikshank lanzó un juramento en voz baja a la vez que la línea de


pestelings avanzaba rápidamente de nuevo. No obstante, algo
habían ganado, ya que partían de haber estado quietos y no de
arremeter sin parar a toda velocidad.

De hecho, al contar con unas buenas y sólidas tropas del Dominio


como las suyas, ese pequeño detalle era una gran ventaja, qué
demonios.

La primera cortina de fuego resultó devastadora. La mayoría de los


soldados lograron disparar dos veces al menos con sus rifles gauss
antes de que la primera línea de pestelings alcanzaran de nuevo una
358
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

gran velocidad. Algunos de los combatientes con más experiencia


lograron disparar tres e incluso cuatro veces.

—Sigan disparando —gritó Cruikshank, quien contemplaba sus


monitores mientras la segunda línea de pestelings avanzaba. Atrás,
cerca de la línea que conformaban los árboles, dos de los asoladores
coman muy deprisa, en un claro intento por poder colocarse a una
distancia desde la que poder lanzar su ácida bilis. Apuntó a ambos
y disparó con sus armas de raíles. Los dos asoladores se
tambalearon en cuanto los proyectiles de plasma les abrieron unos
agujeros descomunales en los caparazones y acabaron cayendo al
suelo con un ruido sordo.

Detrás de ellos, a través de los árboles, emergió otra línea más de


pestelings y asoladores que se dirigía a cruzar el campo de batalla.

—Alikka, se nos viene otra oleada encima —le advirtió—. Otra


línea de barreras generadas por campos de fuerza nos vendría muy
bien.
De acuerdo, respondió Alikka. Daré esa orden. Tengan cuidado
con esas esferas repletas de ácido que van a lanzar.

Cruikshank puso cara de no poder creerse lo que estaba oyendo.


Como si no estuviera ya tomando medidas al respecto.

—Estoy en ello —gruñó, a la vez que volvía a mirar a la hilera de


árboles. Los centinelas se estaban alejando de la línea de batalla y
acercándose a los asoladores. Eso haría que la próxima línea de
campos de fuerza se encontrara más lejos, de tal modo que los
combatientes del Dominio tendrían más tiempo para disparar en
cuanto las barreras se disiparan y los zerg reanudaran la carga.

Pero eso también significaba que, mientras los centinelas


levantaban las barreras, se hallarían más cerca de los asoladores
que estaban ahí al acecho. Mientras Cruikshank contemplaba la
359
TIMOTHY ZAHN

línea, dos más de esos escupidores de bilis salieron de los árboles


para dirigirse hacia los centinelas. Apuntó a ambos y lanzó un par
de proyectiles que les atravesaron los caparazones.

Se estaba asegurando de que ya nunca se levantarían cuando, por


el rabillo del ojo, vio que los dos centinelas, de repente, se retorcían
y temblaban violentamente. Miró rápidamente hacia ellos, justo
cuando ambos sufrían los últimos estertores y se desintegraban.

—Pero ¿qué diablos...? —susurró a la vez que los fragmentos caían


dispersos al suelo—. Alikka..., ¿qué demonios acaba de pasar?
Pero antes de que el protoss pudiera responder, se dio cuenta de lo
que realmente había ocurrido, aunque con cierta tardanza. Había
hidraliscos en el bosque; los había visto antes, mientras esperaban
su tomo para atacar. Como se habían quedado entre los árboles, no
les había vuelto a prestar mucha atención, puesto que, después de
todo, sus espinas aguja venenosas, solo eran efectivas contra las
armaduras y vehículos robóticos del Domino a distancias mucho
más cortas.

Sin embargo, los centinelas que habían ido a colocar una nueva
línea de barreras, se habían adentrado desgraciadamente dentro de
esa distancia crítica.

Si bien a los robots el veneno no les afectaba lo más mínimo, sin


lugar a dudas, habían conseguido derribarlos al arrojarles una gran
masa de material a velocidades casi hipersónicas que les había
perforado y atravesado el casco exterior.

Eso ha sido cosa de los hidraliscos, aseveró Alikka, con un tono


sombrío, cuyas palabras corroboraron lo que había deducido
Cruikshank.
—Sí, sí, me lo imaginaba —respondió el coronel.

360
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Y lo peor de todo es que eso había sido culpa suya. Le había dicho
a Alikka que enviara a los centinelas más lejos, puesto que, cegado
por su engreimiento, había estado seguro de que él acabaría con los
asoladores antes de que los robots se hallaran al alcance de los
glóbulos de bilis ácida de estos zerg. Él y el resto de fuerzas del
Dominio eran los únicos de la línea con armas pesadas de larga
distancia, los únicos que podían lidiar con este tipo de amenaza.
Debería haberse acordado de que ahí también había hidraliscos.
Debería haberlos localizado y haber acabado con ellos.

Había cometido un fallo. Y ese fallo podría haberlos condenado a


todos.

En la lejanía, la línea de campos de fuerza que los centinelas habían


colocado como barrera empezó a parpadear.

—Prepárense —dijo Cruikshank—. Aquí vienen de nuevo.


— ¿Coronel? —le llamó el Goliat Uno—. Señor, mire a las seis.
Un par de pestelings han logrado acercarse.

Cruikshank echó un vistazo a su monitor trasero y añadió otro


furioso juramento a todos los que ya había lanzado mentalmente.
Pues claro que algunos pestelings se habían aproximado. Contaba
con muy pocos soldados para cubrir mucho terreno.

Al menos, los zerg no se habían dado la vuelta y habían atacado a


las tropas por la retaguardia. Podría haber sido peor.

Pero claro, el objetivo definitivo de los psioliscos no era destruir a


las fuerzas de Cruikshank, sino llegar al Punto Tres y acabar con el
equipo de Halkman.

— ¿Qué quiere que haga? ¿Que los vuele por los aires? —gruñó.
—No, señor, quiero que los mire —contestó el Goliat Uno—. ¿No
le parece que están un tanto confusos?
361
TIMOTHY ZAHN

Cruikshank frunció el ceño. El Goliat Uno tenía razón. En vez de


continuar su decidida carga hacia el bosque y el Punto Tres, que se
encontraba a quince kilómetros de distancia, los pestelings habían
dejado atrás las naves estrelladas de los protoss y a unos cincuenta
metros más adelante habían ido frenando hasta detenerse. Ahora se
limitaban a mirar a su alrededor, como los soldados de permiso
cuando se preguntan dónde demonios están y qué demonios han
estado bebiendo.

Parpadeó. No eran como unos soldados de permiso, sino


exactamente unos soldados de permiso. En algún momento durante
su enloquecida carrera, habían alcanzado el límite hasta donde
llegaba la correa de los psioliscos, de tal modo que ahora la madre
de la prole de esta sección del continente estaba intentando
recuperar el control sobre ellos.

Y gracias a esa revelación, la solución a todo ese absoluto desastre


era obvia. Lo único que Alikka y él tenían que hacer era que
retrocedieran la línea de batalla hasta ese punto, de tal forma que
las subsiguientes oleadas zerg atravesarían esa frontera invisible y
se volverían inofensivas. En consecuencia, lo único que podrían
hacer los psioliscos sería avanzar para contrarrestar esa estrategia
y, si los terran y los protoss retrocedían lo suficiente, los psioliscos
se verían obligados a abandonar la protección que les brindaba el
bosque. En cuanto hicieran eso, los goliats y el Demoledor
acabarían con ellos en un abrir y cerrar de ojos.

Así que habían ganado la batalla en realidad. Y lo único que habría


que sacrificar sería una vida más.

Porque la lanzadera averiada seguía estando dentro del actual radio


de alcance de los psioliscos. En cuanto las fuerzas del Dominio y
protoss retrocedieran, no habría nada que pudiera impedir que los

362
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

zerg destrozaran la nave y la cápsula médica en la que se


encontraba herido Rahas.

Una vida protoss a cambo de las vidas de todos los demás.

Durante un largo instante, Cruikshank contempló la lanzadera y los


fénix, que yacían ahí con los devoradores muertos encima, Centras
recordaba fugazmente su conversación con el almirante Horner.
Cruikshank había insistido en que nunca dejaría atrás a uno de los
suyos y, en esos momentos, lo había dicho con suma sinceridad.

Pero ahora que sus tropas se hallaban bajo la presión de un enemigo


que los atacaba con una fuente inagotable de zerg, las cosas ya no
estaban tan claras. Si podía llevar a cabo esta misión sin perder a
ninguno más de sus hombres, con el único coste de la pérdida de
una sola vida (y, además, una vida protoss), ¿no debería al menos
plantearse esa posibilidad?

Detrás de las naves, los pestelings habían dejado de deambular de


un modo confuso y se estaban dirigiendo hacia el río y la marisma,
que se encontraban en el flanco sur del campo de batalla. Pasaron
junto al fénix de ese lado y desaparecieron.

Cruikshank centró la atención en el fénix. Habría estado bien,


pensó sombríamente, haber podido contar con al menos un caza
operativo para poder atacar al enemigo.

Un caza operativo.

Se volvió hacia la batalla. Mientras había estado sumido en sus


pensamientos, la segunda línea de pestelings se había venido abajo
casi por entero, bien porque habían sido asesinados, o bien porque
habían logrado atravesar la línea y ahora estaban huyendo para
liberarse del yugo de los psioliscos. Se dio cuenta con gran pesar
de que un soldado más había caído, así como dos protoss más.
363
TIMOTHY ZAHN

En la lejanía, dos asoladores más estaban avanzando.

— ¿Alikka? —gritó Cruikshank, al mismo tiempo que lanzaba


unos cuantos proyectiles más de plasma que crepitaron por el
campo de batalla hasta alcanzar a los asoladores—. Tengo una
sugerencia que hacerle. Hay una manera de reorganizar la línea que
debería salvar un montón de vidas. —Dudó—. Pero tal vez no le
gusten las condiciones que voy a imponer.
Explíqueme su idea y sus condiciones, respondió Alikka.
—Está bien. —Cruikshank se armó de valor—. Allá va...

*******

—Se está congregando otra oleada en el bosque —informó el


oficial táctico—. Esta parece estar compuesta principalmente por
hidraliscos, con más pestelings como apoyo a modo de morteros.
—También podría haber ahí algunos zerglings —comentó Matt,
señalando la capa de infrarrojos— Probablemente, encabezarán el
ataque para que las fuerzas de Cruikshank malgasten munición con
ellos.

Valerian asintió con firmeza.

364
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO VEINTE

—Ojalá hubiéramos arrasado el bosque entero con una bomba


nuclear—masculló.
—Aún podemos hacerlo si así lo desea —se oyó decir a Artanis,
con esa voz carente de emoción, por el altavoz—. El Nerazim
Alikka cuenta con un disruptor que podría emplear. Aunque las
secuelas serían más limpias que las que dejaría un arma nuclear
táctica del Dominio, no sería menos devastador.
—Sería demasiado arriesgado, jerarca. Ya hemos sometido a
mucha presión a Zagara con el emisor psiónico, la bomba nuclear
y toda la adostra que hemos matado. A pesar de que todavía le
conviene llegar a un acuerdo con nosotros, en algún momento,
puede perfectamente mandarlo todo al infierno. No podemos
permitimos el lujo de que llegue a ese punto.
—A menos que sea, de hecho, la que esté orquestando estos
acontecimientos —replicó Artanis.
—No lo creo —aseveró Valerian—. ¿Ha visto el informe del
equipo de investigación?

365
TIMOTHY ZAHN

—Ya lo he visto. Pero no entiendo del todo la lógica que está


siguiendo.

Haciendo un gran esfuerzo, Valerian dejó de centrarse en la


importante batalla que estaba teniendo lugar a allá abajo.

—Nos enviaron un par de cadáveres de psioliscos —dijo—. No


creo que nadie, aparte de Zagara, hubiera sido capaz de controlar
al devorador a tanta distancia de la superficie. Si los cadáveres
hubieran tenido bombas ocultas o formaran parte de una estrategia
de distracción, entonces me mostraría de acuerdo en que nos la
estaría jugando, o al menos estaría intentando ganar tiempo para
urdir otro plan. Pero eso no ha sido así. Por tanto, concluyo que
Zagara sigue actuando de buena fe.
— ¿Y opina lo mismo sobre Abathur?
—Parece que lo más razonable habría sido que, después de que a
Zagara se le ocurriera el plan de buscar los cadáveres de los
psioliscos y enviárnoslos, nos hubiera comunicado sus intenciones
—respondió Valerian—. Aunque no debió de llevarse el
transmisor, lo más probable es que diera la orden a alguien de que
nos enviara un mensaje. Abathur sería el candidato más lógico para
hacer esto..., puesto que puede comunicarse con nosotros y ha
estado en las conversaciones.
—Pero si él es quien nos está manipulando —dijo Artanis
lentamente—, beneficiaría a sus intereses desobedecer esa orden.
—Así es —admitió Valerian—. Para hacer creer que Zagara nos ha
dejado en la estacada sin ninguna explicación.
—Pero ¿con qué propósito?
—Espero que, en cuanto podamos arreglar las cosas con Zagara,
podamos preguntárselo a él directamente.
—Su argumentación sigue una lógica, emperador Valerian —
afirmó Artanis—. Pero la realidad no siempre tiene una lógica. No
quiero prejuzgarla, pero sigo sin considerar a Zagara inocente.
—Que no la prejuzgue es lo único que le pido —le aseguró
Valerian—. Gracias.
366
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Pero le aviso de que estamos vigilando muy de cerca a los


leviatanes —añadió Artanis—. Cualquier intento por su parte de
abandonar Gystt recibirá como respuesta el ejercicio de la fuerza.

Valerian hizo una mueca de contrariedad. Pero el protoss tenía


razón. Si Zagara u otra madre de la prole decidían huir, podrían
meter tantos zerg a bordo de una de esas criaturas descomunales
como para librar una nueva guerra durante años.

—Entendido —dijo.
—Se está organizando una nueva línea de batalla enemiga—
murmuró Matt, que estaba junto a él.

Valerian centró su atención de nuevo en el monitor.

— ¿Podrán soportar otro asalto?


—No lo sé —contestó Matt con gran pesar—. Eso espero. Da la
impresión de que a esta le está costando más tiempo organizarse
que a las últimas dos. Quizá a los psioliscos les cuesta más juntar
como un rebaño a los hidraliscos que a los zerglings o las
cucarachas.
— ¿Porque tienen más cerebro e inteligencia?
—O porque son más grandes y desagradables —respondió Matt—
. Lo cual me recuerda algo. —Sacó el comunicador y estableció
una conexión—. Biolaboratorio, al habla el almirante Horner —
dijo—. ¿Cómo va la autopsia?
—Acabamos de empezar, almirante —se oyó decir al doctor Cogan
desde el altavoz del comunicador—. Esta cosa es algo excepcional.
Estamos comparando notas continuamente con los protoss, pero
aunque aunemos esfuerzos, pasarán meses antes de que
consigamos analizar todos los detalles.
—No tenemos meses, doctor —replicó Valerian de forma
cortante—. Denos algo que nos pueda ser útil.
—Sí, emperador —contestó Cogan—. La mala noticia es que no
hemos sido capaces de determinar cuál es la parte del cerebro que
367
TIMOTHY ZAHN

controla su poder psiónico, lo cual quiere decir que no tenemos ni


idea de cómo anularlo o interferirlo o confundirlo.
—Sigan investigando —le ordenó Valerian.
—Eso hacemos, emperador —respondió Cogan—. Pero hemos
descubierto algo interesante. Sabemos que los zerg pueden oír (eso
lo vemos en el campo de batalla continuamente), pero siempre
hemos dado por sentado que la mayoría de ellos utilizan la red psió-
nica para recibir y dar órdenes y comunicarse en general. También
sabemos que los zerg de más alto nivel como las reinas y los
supervisores pueden entender el idioma terran.
— ¿Y? —le espetó.
—Según los datos de los protoss, hay una relación directa ente el
desarrollo del centro del habla y el nivel que se ocupa en la
jerarquía zerg —afirmó Cogan—. Y por lo que podemos ver, este
psiolisco tiene un centro del habla muy desarrollado.
—Interesante —dijo Artanis—. Aun así, si tienen poderes
psiónicos, ¿para qué necesitan entender el lenguaje hablado?
—Porque sin esa capacidad Abathur no podría hablar con ellos —
contestó Valerian al darse cuenta, de repente, de cómo encajaban
las piezas—. Como su poder psiónico procede de la esencia
xel’naga, es probable que los psioliscos los utilicen de una forma
distinta a los zerg. Tal vez Abathur supusiera que sería incapaz de
comunicarse con ellos de la manera habitual, así que les dotó de
unos centros del habla que le permitirían hablar con ellos.
—Pero ¿él puede hablar de verdad? —inquirió Matt—. Creía que
ni siquiera las reinas eran capaces de hacer eso.
—En cierto sentido, sí —respondió Cogan—. Solo necesita un
traductor de psiónico a lenguaje hablado como los que tienen los
zerg en sus transmisores de larga distancia.
—Probablemente, ni siquiera tuvo que suponer nada con el tema
de la comunicación psiónica —señaló Matt—. Si ya había
trabajado con la adostra, ya sabría que los poderes psiónicos zerg y
xel’naga son muy distintos.

368
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Además, da la impresión de que los zerg de más alto nivel como


Zagara y Mukav se sienten más cómodos comunicándose
verbalmente desde que acabó la guerra —apostilló Valerian.
—Entonces, la situación es grave —aseveró Artanis—. Desde el
principio del ataque contra las fuerzas de Alikka, he estado
cavilando sobre la estrategia que estaba empleando el enemigo. Me
resulta inconcebible que los psioliscos puedan estar dirigiendo la
batalla ellos solos. Por tanto, algún que otro zerg debe estar con
ellos ahí.
— ¿Insinúa que Abathur está ahí? —preguntó Valerian, mirando el
monitor con un renovado interés.
—No lo sé —respondió Artanis—. Ya que esa pregunta nos lleva
a otra. Sabemos muy poco sobre Abathur, pero lo que sabemos
indica que no fue creado para la guerra. No es lógico que sea un
estratega militar.
—Y eso resulta perturbador —señaló Valerian, quien contemplaba
ceñudo el monitor—. Porque hay alguien ahí abajo que sí parece
serlo.
—La reina Zagara podría poseer esa capacidad —le recordó
Artanis.
—Sí, podría —admitió Valerian, a la vez que el comentario
anterior de Artanis sobre que la realidad no siempre tiene una
lógica cruzaba fugazmente su mente—. Una vez más, lo único que
podemos hacer es observar detenidamente cómo se desarrollan los
acontecimientos. Según parece, el equipo de investigación ha
llegado al Punto Tres. Veamos qué descubren.
—Y esperemos que no digan nada que no quieran que los psioliscos
oigan —añadió Matt.

*******

Según el calibrador de distancias del visor de Tanya, la cámara


principal del Punto Tres tenía exactamente el mismo tamaño que la
del Punto Uno.

369
TIMOTHY ZAHN

Entonces, ¿por qué tenía la sensación de que estaban tardando más


en atravesarla para llegar hasta las vainas de adostra?, se preguntó
vagamente.

Creo que es imposible que esto salga bien, le advirtió Ulavu.


Depositar todas nuestras esperanzas en este plan es una invitación
a que seamos destruidos.

Tanya lo fulminó con la mirada. Una cosa era intentar hacer algo y
fracasar; y otra muy distinta, ni siquiera intentarlo.

No sé por qué no puede salir bien. Se trata de la esencia xel’naga,


y tu pueblo tiene una larga historia en común con los xel’naga.
Además, el ataque de los psioliscos se ceba especialmente contigo,
por lo cual sabemos que sus poderes psiónicos y los tuyos
comparten algún vínculo.

El protoss dio un suspiro mentalmente.

No me refería a eso, Tanya Caulfield. Se nos ha dicho que la


adostra estimula el crecimiento de la flora. Por su propia
naturaleza y expresión, la flora es diferente a la fauna.
Eso lo entiendo, contestó Tanya, a quien se le estaba agotando la
paciencia. Realmente, no era el momento adecuado para
discusiones filosóficas. Pero la adostra es fauna, ¿no? Así que
deberías ser capaz de comunicarte con ella.
Si eso resulta ser así, ¿qué les diré? ¿Les preguntaré si ellos, que
celebran la vida y la nutren, entienden el concepto de nutrir a la
muerte? Y si es así, ¿cómo les convenceré de que abracen esa idea?

Tanya torció el gesto. Había tenido la misma discusión con Baraja


antes, y seguía sin estar convencida de que estaba equivocada.

Pero eso había sido antes de encontrarse delante de sesenta


zerglings bajo control psiolisco.
370
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

¿Lo intentarás al menos?


Lo intentaré. Ulavu se calló y la fantasma pudo percibir cómo abría
su canal de comunicación privado con ella al resto del grupo. No
puedo prometer que vaya a tener éxito. Ni siquiera puedo prometer
que vaya a ser capaz de comunicarme con ellos. La adostra es
mucho más extraña que cualquier otra cosa con la que los protoss
jamás se hayan encontrado.

Lo cual era poner el listón muy, pero que muy alto, como bien sabía
Tanya. A lo largo de su larga historia, los protoss habían estado en
todas partes y habían visto de todo. Si unas cuantas criaturas que
soñaban dentro de unas vainas con nutrientes eran tan intimidantes,
este plan podía toparse enseguida con un callejón sin salida.

—Hazlo lo mejor que puedas —le animó Erin—. Es lo único que


te pedimos.
—Claro, no te preocupes por eso —añadió Dizz—. Ya sabes cómo
somos los terran. Nunca nos damos por vencidos. Ni siquiera ante
los zerg. —Caviló un instante—. Y a veces tampoco ante los
protoss. Pero casi siempre ante los zerg. Ya me entiendes.
—Deja de balbucear —le ordenó Baraja.
—Lo siento —dijo Dizz—. Es que me pongo nervioso en los
espacios cerrados. Cuando hay techos bajos y demás. Como la
mayoría de los segadores.

Tanya miró hacia arriba. Realmente, el techo no era tan bajo. Como
se alzaba a unos buenos cinco metros del suelo, había espacio más
que suficiente para que incluso Ulavu pudiera caminar sin correr el
riesgo de golpearse la cabeza. Aun así, suponía que incluso esos
cinco metros podían resultar claustrofóbicos para alguien
acostumbrado a sobrevolar colinas y campos de batalla.

—No —añadió Dizz en voz baja—. Mira el techo.

371
TIMOTHY ZAHN

Tanya frunció el ceño y volvió a mirar, pero esta vez con más
detenimiento. El techo era rocoso y tenía las protuberancias y
oquedades habituales de toda caverna. No sabía si había sido
tallada por los zerg usando únicamente sus garras o su ácido o
ambas cosas combinadas. Por delante, justo a este lado de la
primera grada de vainas de adostra, había una hendidura
especialmente desigual; daba la sensación de que unos protoss
gigantescos le había dado un puñetazo.

Junto a la hendidura había una protuberancia especialmente grande


que parecía ser una estalactita en ciernes.

Y justo en medio de ambas había un agujero.

Al aproximarse, la fantasma vio que no se trataba de un mera


oquedad profunda, sino de un auténtico agujero, que atravesaba la
roca en un ángulo hacia arriba. Aunque no alcanzaba a ver hasta
dónde iba, había una tenue luz ahí dentro, por lo cual una parte de
él debía de llegar hasta la superficie. Posiblemente, se trataba de la
ruta, o una de las rutas, que los psioliscos utilizaban para entrar.

Miró a Dizz. Este le devolvió la mirada, con las cejas levantadas,


como si a la fantasma se le estuviera pasando algo por alto.

Tanya volvió a mirar el agujero, a la vez que intentaba en vano


entrar en contacto con la mente del segador para tener una pista de
a qué se refería. Pero sus poderes tele eran muy limitados. El
agujero estaba ahí; evidentemente, llegaba hasta la parte superior
de la meseta...

Y era lo bastante grande como para que cupiera en él una persona


un tanto apretada.

No alguien con una armadura CMC, como Baraja o Erin. No


alguien que llevara una mochila de propulsión de segador con una
372
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

turbina en los hombros. Ciertamente, no alguien con los amplios


hombros de un protoss.

Sin embargo, un humano con la armadura compacta de un fantasma


del Dominio podría atravesarlo.

¿Acaso Dizz le estaba sugiriendo que se escapara?

Su primera reacción fue sentir repugnancia ante esa idea. ¿Cómo


se atrevía a pensar que podría dejarlos ahí en la estacada?

No obstante, tras esa oleada instintiva de enfado, pensó que había


muchas posibilidades de que todos pudieran morir en los próximos
minutos. Si eso ocurría, como los psioliscos estaban bloqueando
las comunicaciones a larga distancia, la única manera de que el
emperador Valerian y el jerarca Artanis se enteraran de lo que había
pasado era que alguien saliera de ahí antes de que fuera demasiado
tarde. Y ese alguien solo podía ser ella.

Y lo que era aún peor, si se quedaba atrapada ahí dentro, Abathur


podría llevársela a algún lugar donde podría estudiarla con el fin de
añadir la piroquinesis al arsenal zerg.

Quizá Dizz tenía razón. Quizá, por esas mismas y excelentes


razones, debería hacerlo.

Se cuadró. No, se dijo a sí misma rotundamente. Había esperado


mucho tiempo a tener la oportunidad de usar su poder en beneficio
del Dominio. De ninguna manera iba a abandonar a su equipo,
maldita sea. Así no.

Y con respecto a Abathur, si los demás y ella iban a morir, se


aseguraría de que no quedara ni el más mínimo fragmento de su
cuerpo que pudiera servir a un maestro de evolución para alcanzar
sus metas.
373
TIMOTHY ZAHN

¿Por qué has dicho no?

Tanya torció el gesto. Se suponía que eso había sido un


pensamiento íntimo, no un mensaje que estuviera enviando a
Ulavu. Al parecer, había pensado esa palabra con demasiado
énfasis.

Dizz intenta indicarme que haga algo, le respondió. Pero no


puedo...
—Allá vamos —dijo Baraja, deteniéndose ante la primera grada de
vainas—. Ulavu, haz lo que sabes hacer. Los demás, dispersaos
(pero no se vayan muy lejos) y husmead para intentar averiguar
cuál es la mejor forma de entrar en las vainas.
—Y de destruirlas —añadió Tanya.
—Sí, y de destruirlas —repitió Baraja—. Quienquiera que
descubra primero cómo entrar, que avise a todo el mundo para que
se acerque hasta ahí; de ese modo, les taparemos la vista a los
psioliscos mientras Erin recoge unas muestras. ¿Entendido?
Adelante.

Se dispersaron, Dizz se alejó unas dos vainas a la izquierda, Baraja


recorrió la misma distancia pero hacia la derecha. Ulavu escogió
una de las vainas que se encontraba en el centro, y Tanya se acercó
a una que se hallaba junto a la del protoss.

Puedes hacerlo, le dijo la fantasma. Tómate tu tiempo. Prueba


primero con un mero saludo.
Lo intento, replicó, con un tono mental inusualmente nervioso.
Son... muy extraños. No les puedo... entender. Tampoco creo que
sean capaces de entenderme a mí.
—Oh, oh —murmuró Erin, que estaba junto a Ulavu, pero al otro
lado.
— ¿Qué pasa? —preguntó Baraja por lo bajo.

374
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Los zerglings —contestó Erin—. Parecen estar... realmente


inquietos.

Tanya echó un vistazo rápido a ambos lados de la cámara. Los


zerglings no estaban simplemente inquietos, sino que se retorcían
y movían los pies, agitaban arriba y abajo esas extremidades con
forma de hoz y no paraban de abrir y cerrar las fauces.

—Esto pinta muy mal —afirmó Dizz—. ¿Qué demonios les ha


puesto así?
—Igual han descubierto qué estamos haciendo, ¿no? —preguntó
Erin.
—Pues claro que han descubierto qué estamos haciendo —
respondió Baraja con suma seriedad—. Maldita sea. O al menos
han averiguado que no hemos venido aquí a destruir las vainas,
porque eso lo podríamos haber hecho desde la otra punta de la
cámara.
—Pero entonces, ¿por qué...? —Erin se calló.
—Ya lo has pillado —dijo Baraja—. Nos han dejado cruzar la
estancia para que estemos lo más lejos posible de la salida.
—Está bien, pero lo primero es lo primero —replicó Tanya,
mientras combatía el miedo que había hecho un nudo en su
estómago. No caería en las garras de Abathur, no lo permitiría—.
¿Podremos conseguir esas muestras para Erin antes de que
ataquen?
—Sigo sin saber cómo entrar —contestó Erin—. Pero Ulavu podría
abrir una con un buen tajo.
No, objetó Ulavu, con un tono aún más tenso si cabe. No puedo
entenderlos. Pero en lo más hondo de mi ser, sé que si abro la
vaina, mataré a la adostra de dentro.
— ¿Y qué? —replicó Dizz—. Pero si van a morir todos, ¿no? Eso
es lo que quiere Abathur.
Tal vez mueran. Pero yo no los mataré.
—Tiene razón —admitió Erin—. Ya hemos matado a muchos de
los suyos. A demasiados. No vamos a matar a más.
375
TIMOTHY ZAHN

—De acuerdo —dijo Baraja—. Entonces, propongo que le demos


a Ulavu otros treinta segundos para entrar en contacto con ellos y
luego nos plantearemos la posibilidad de hacer una retirada digna.
Tanya contempló a los zerglings que seguían retorciéndose y a los
psioliscos que había detrás de ellos.
—Nunca nos dejarán hacer eso —les advirtió.
—Probablemente, no —señaló Dizz—. En ese caso, supongo que
tendremos que matarlos.

Y sin previo aviso, toda esa masa de zerglings cargó.

Iban a morir, pensó Tanya vagamente mientras se giraba hacia la


doble fila que tenía a la izquierda y usaba su poder contra el
atacante más próximo. El zergling dio un par de pasos más y
entonces se tambaleó y cayó. Centró su atención en el que estaba
al lado del caído, al mismo tiempo que escuchaba a su espalda el
tartamudeo ahogado del C-14 de Baraja, que abrió fuego contra su
propia oleada de atacantes. A su derecha, la fantasma atisbo el
reflejo de una luz en las vainas: Ulavu había activado sus cuchillas
de distorsión.

Estaba mirando casi directamente a Dizz cuando este activó las


turbinas y se elevó directamente en el aire.

Y se dirigió hacia el agujero en el techo que le había señalado a ella


antes.

Lo primero que pensó una horrorizada Tanya era que estaba


huyendo, que, de algún modo, esperaba poder atravesar ese
estrecho agujero y escapar de esa muerte segura que se les venía
encima. Alzó la vista y siguió la trayectoria que el segador estaba
recorriendo al elevarse; el velo de la ira cayó sobre sus ojos por
culpa de esa traición.

376
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Pero entonces se dio cuenta de que no se dirigía al agujero, sino


que iba hacia la gran hendidura con forma de puño del techo.

Arrugó el ceño, totalmente desconcertada, mientras se preguntaba


si el pánico podía haberlo desviado del rumbo elegido. El segador
se volvió a medias para mirarlos tanto a ella como a los demás; con
cierta delicadeza, apoyó el alto cuello de tortuga de su mochila de
propulsión sobre el borde del agujero y activó las turbinas a
máxima potencia.

Y mientras Tanya observaba, un repentino y violento vendaval se


llevó brutalmente por delante a los zerglings que convergían sobre
el equipo, el cual los alcanzó de costado y los empujó hacia atrás
por la cámara a la vez que los desperdigaba.

— ¡De estos me ocupo yo! —gritó, aunque sus palabras apenas


fueron audibles por encima del chillido fatigoso de las turbinas—.
Ocúpense ustedes del otro lado.

Tanya se giró y sonrió de tal modo que mostró amenazadoramente


sus dientes. Debería haber imaginado que el segador había urdido
algún plan.

No obstante, a pesar de que las fuerzas enemigas habían quedado


divididas en dos de forma muy eficaz, seguían estando muy
peligrosamente cerca. Baraja seguía eliminando atacantes
metódicamente con su C-14 y Erin también estaba haciendo cierto
daño con su propio rifle gauss; además, ahora que Tanya se les
había sumado con su piroquinesis, estaban defendiéndose bastante
bien.

Pero los zerglings eran muy duros. No podían matarlos con más
rapidez y ahí había una barbaridad. Por el rabillo del ojo, Tanya vio
que Ulavu había apagado las cuchillas de distorsión (los zerglings
seguían estando demasiado lejos como para combatir cuerpo a
377
TIMOTHY ZAHN

cuerpo con ellos) y sostenía un pequeño disco del tamaño de un


posavasos. Se agachó, se acercó el disco al pecho y, acto seguido,
lo lanzó contra los zerglings que se aproximaban.

Mientras volaba, un anillo de brillante fuego verde, propio de las


cuchillas de distorsión, cobró forma alrededor del disco y se
transformó en un molinete de destrucción de un metro de diámetro.
Alcanzó al primer zergling que halló en su camino y lo atravesó sin
aminorar para nada su velocidad, e hizo lo mismo con el zergling
que iba detrás...

El psiolisco que aguardaba en el extremo más lejano de la cámara


intentó apartarse de su camino. Sin embargo, reaccionó con lentitud
debido a que era un ataque sorprendente e inesperado, y el arma
volaba con demasiada rapidez. El psiolisco apenas había hecho
ademán de moverse cuando la cuchilla giratoria le atravesó el torso,
que cayó al suelo de piedra. La energía del Vacío se desvaneció
con la misma rapidez que había aparecido, y el disco recuperó su
aspecto vulgar. Tras rebotar contra la pared, cayó al suelo.

Baraja lanzó un grito de guerra sin pronunciar ninguna palabra de


verdad.

— ¡Buen trabajo! —exclamó—. ¿Tienes más?


No, solo tenía ese, respondió Ulavu. Tanya Caulfield, ¿podrías
recuperarlo?

Tanya puso mala cara. Estaba en la otra punta de la cámara, en el


extremo más alejado de las dos líneas de zerglings. Pero el protoss
tenía razón. Los zerglings y los psioliscos se encontraban
momentáneamente confusos y desorganizados, y el disco era un
arma demasiado buena como para dejarla ahí tirada.

— ¡Puedo intentarlo! —respondió a voz en grito—. Baraja,


despéjame el camino.
378
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Claro.

El soldado apuntó hacia el centro de la línea. Erin centró sus


disparos hacia ahí también. Tanya se tensó para echar a correr,
siendo perfectamente consciente de que esto iba a necesitar mucha
coordinación y precisión...
—No se preocupen..., iré yo a por él —gritó Dizz—. Tanya,
ocúpate de este lado.

Antes de que la fantasma pudiera responder, el tono de sus turbinas


cambió y salió disparado por ahí arriba. Viró para evitar a los
zerglings que intentaban hacerlo bajar con sus garras con forma de
hoz y sobrevoló sus líneas en dirección hacia el disco.

Tanya no esperó a ver nada más. Se giró, con la esperanza de que


el impacto del vendaval generado por la turbina de Dizz hubiera
hecho algo de daño a los zerg de ese lado.

Y lo había hecho, pero no tanto como a ella le hubiera gustado. Los


zerglings habían sido dispersados y empujados hacia atrás; por lo
visto, algunos habían sido arrastrados de un modo bastante violento
por ese duro suelo. Pero aparte de algunos que todavía estaban
mareados e intentaban recuperar el equilibrio, daba la sensación de
que ya se habían recuperado en gran parte.

Se armó de valor y se concentró en el que parecía estar más a punto


de reiniciar la carga y, entonces, usó su poder psiónico. El zergling
se estremeció y desplomó. Centró la atención en el siguiente...

¡Lánzalo!

Tanya se arriesgó a mirar hacia atrás. Dizz había aterrizado en el


extremo más lejano de la cámara y había recogido del suelo el disco
de Ulavu. Los otros tres psioliscos de ese lado arremetieron contra

379
TIMOTHY ZAHN

él, con la esperanza de atraparlo antes de que pudiera despegar de


nuevo. Dizz les lanzó el disco y activó sus turbos...

El disco volvió a brillar con la energía del Vacío, alcanzando al


zerg que lideraba el ataque en el torso de tal modo que acabó
saliendo por su espalda. Con las garras aún alzadas, le arañó
inofensivamente las protecciones de las espinillas a Dizz mientras
este intentaba elevarse. El segundo psiolisco de la línea logró
esquivar el veloz disco, al apartarse a un lado. Las vibrantes hojas
se desvanecieron y, con una destreza inesperada, el tercer psiolisco
atrapó con una garra el disco en pleno vuelo.

Y se retorció de dolor en cuanto las hojas de distorsión volvieron a


brillar, seccionándole la extremidad con la que sujetaba el disco y
horadándole la parte ósea de la cabeza.

El último psiolisco, el que había conseguido esquivar el disco, se


giró y se abalanzó sobre Dizz, intentando furiosamente destrozarle
las piernas con las garras. Pero acabó desplomándose en cuanto
Baraja lo acribilló con una triple descarga de puntas metálicas.

Tanya no esperó más. Se dio la vuelta y vio que una docena de


zerglings se habían congregado y convergían hacia ella, con sus
miembros con forma de hoz alzados para atacar. Escogió uno como
objetivo y observó cómo moría, escogió al siguiente y acabó en el
suelo temblando, escogió a un tercero y se dio cuenta con un
tremendo pesar que nunca sería capaz de acabar con ellos a tiempo.
Retrocedió justo cuando algo pequeño y oscuro pasaba a gran
velocidad por encima de su hombro...

Y se estremeció al ver que el disco que giraba hacia los zerglings


cobraba vida de nuevo gracias a la energía del Vacío. Dos más de
sus atacantes cayeron, tras ser atravesados limpiamente, y los
demás se apartaron del camino del disco, de tal modo que su ataque
quedó frenado momentáneamente.
380
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Tanya se centró en el siguiente de la línea, decidida a aprovechar


al máximo esos escasos segundos que Ulavu le había hecho ganar.
Mientras mataba al siguiente zergling del grupo, atisbo un leve
destello de luz en la otra punta de la cámara.

Entonces, Ulavu la rozó al pasar corriendo junto a ella, con las


cuchillas de distorsión reluciendo en los antebrazos. Sin titubear,
se adentró en la muchedumbre. Tanya dejó de prestar atención a
los zerglings que el protoss tenía a su alcance y se centró en los que
se hallaban a un lado, aguardando su tumo. Uno de ellos se tensó y
murió; luego un segundo y después un tercero. Una montaña de
cadáveres se estaba formando a los pies de Ulavu, la cual
amenazaba con dejarlo ahí atrapado.

Súbitamente, se produjo un sutil movimiento en el fondo de la


cámara: los tres psioliscos que habían estado coordinando a los
zerglings de ese lado corrían pegados a la pared en dirección hacia
el Pasaje abovedado. Al parecer, consideraban que la batalla estaba
perdida y querían salir de ahí.

Esbozó una sonrisa nerviosa. Y una mierda se iban a ir.

Treinta segundos más tarde, todo había acabado.

— ¿Está bien todo el mundo? —gritó Baraja mientras todos


bajaban las armas—. ¿Ulavu? ¿Estás bien?
No estoy incapacitado, respondió el protoss.
—Bien —replicó Baraja de un modo cortante—. Pero no he
preguntado eso. Vuelve a intentarlo. ¿Cuántas heridas nuevas te
han hecho?
Tres. Pero ninguna pone en riesgo mi vida.
—Echemos un vistazo —dijo Baraja, a la vez que sacaba su kit
médico y se acercaba hacia él—. ¿Tanya? Tú también tienes mal
aspecto.
381
TIMOTHY ZAHN

—Estoy bien —le aseguró la fantasma, a pesar de que estaba


sufriendo la jaqueca más horrorosa de toda su vida y tenía la
sensación de que su implante iba a estallar en llamas y a quemarle
la parte central del cerebro. Cuando acabó el combate, fue
consciente al fin del tremendo esfuerzo que había estado haciendo
al luchar y de lo caro que iba a pagar ese esfuerzo.

Pero la batalla había acabado, y tendría tiempo de sobra para


recuperarse antes de que Abathur pudiera organizar algún tipo de
revancha.

De todas formas, la fantasma estaba bastante mejor que Baraja.


Lucía dos nuevas marcas de garras en la armadura; una de ellas
llegaba claramente hasta su mono. Debía de haber acabado con
esos zerglings en particular con un tiro directamente en la cabeza a
quemarropa.

Los hombres y mujeres de los barracones del programa fantasma


hacían muchas bromas sarcásticas sobre los soldados. Cuando todo
esto hubiera terminado, se dijo a sí misma con firmeza, volvería ahí
y les dejaría muy claro qué hacían realmente los soldados, así como
lo bien que lo hacían y los terribles riesgos que corrían para poder
hacerlo.

Baraja alzó la vista hacia ella mientras sacaba una venda de un


compartimento de su armadura.

— ¿Por qué me miras así?

Tanya parpadeó.

—Lo siento —respondió—. No me he dado cuenta de lo que estaba


haciendo.

382
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Se le da muy bien echar esas miraditas —señaló Dizz—.


Deberías haber visto la que me ha lanzado cuando me he dirigido
a provocar ese vendaval.
—Sí, eso ha sido genial —reconoció Baraja—. Aunque también
una estupidez de narices. ¿Eres consciente de que con tu mochila a
tope, si el cuello de tortuga de esta se hubiera salido de esa roca
que sobresalía, te habrías partido el cuello en un abrir y cerrar de
ojos?
—De nada —contestó Dizz con una sonrisa afable—. Siempre me
alegra poder aportar mi granito de arena. ¿Y ahora qué?
—Creo que igual conozco una manera de obtener esas muestras —
intervino Erin. Tenía su mochila abierta y estaba revolviendo lo
que había dentro—. Se me ha ocurrido que, si no podemos abrir las
vainas, tal vez yo pueda acceder a los tubos por los que circulan los
nutrientes, que entran y salen de ellas. Normalmente, suelen quedar
algunas células perdidas ahí mezcladas, las cuales podría extraer.
—Señaló la estancia—. Después, lo único que tendría que hacer es
recoger muestras de uno de los psioliscos y, de este modo,
deberíamos ser capaces de demostrar que no pertenecen a la misma
especie.
—Valerian ya tiene muestras de psiolisco —le recordó Dizz.
—Unos psioliscos que estallaron por los aires y luego fueron
expuestos al vacío del espacio —le corrigió Erin—. No nos vendrá
mal tener unas cuantas muestras sin contaminar.
—Bien pensado —admitió Dizz—. Mientras haces eso, Ulavu
puede ayudarme a sacar esa cosa del agujero.

Baraja arrugó el ceño.

— ¿Qué cosa y qué agujero?


—Esa cosa que está incrustada en el agujero del techo —respondió
Dizz, señalando hacia arriba—. Tanya lo vio, ¿verdad?

Tanya alzó la vista hacia el agujero. Había algo ahí arriba; sí, ahora
lo veía.
383
TIMOTHY ZAHN

—Ah.
— ¿Me estás diciendo que no lo viste antes? —preguntó Dizz.
—No —admitió Tanya—. Creía que, simplemente, estabas
indicando una vía de escape de emergencia.
— ¿De veras? —inquirió Dizz, a la vez que elevaba la vista—. Pero
si ninguno de nosotros podría caber ahí. Bueno, tú tal vez. De todas
maneras, me da la impresión de que la mejor forma de bajarlo de
ahí es cortarlo y para eso necesito a nuestro amigo, el templario
tétrico del grupo, y sus cuchillas de distorsión. Si quieres hacerlo,
claro.
Por supuesto que voy a ayudarte, dijo Ulavu. Dime qué deseas que
haga.
—Nada especial —contestó Dizz—. Te subiré hasta ahí y te
sostendré ahí arriba mientras cortas los soportes o apoyos o lo que
sea que haya ahí. Y luego bajaremos esa cosa al suelo.
Será un placer para mí ayudarte.
—Mientras tanto, yo me iré vendando —dijo Baraja—. Y ya que
hablamos de cuchillas de distorsión, ese disco volador tuyo es un
arma cojonuda. ¿Cómo es que nunca la habíamos visto?
Se han perfeccionado hace poco, respondió Ulavu. El disco utiliza
la misma tecnología que las cuchillas de distorsión, aunque lo que
proyecta no son cuchillas de distorsión precisamente.
—Pues me gusta —afirmó Baraja—. ¿Alguien ha visto dónde ha
acabado?
—Estaba por ahí —contestó Tanya al divisar el disco tirado cerca
de un par de zerglings muertos—. Yo lo recogeré.

Para cuando volvió, Baraja ya había terminado de vendarse, y Dizz


y Ulavu habían sacado ese objeto del agujero donde había estado
escondido y lo habían colocado en el suelo; los tres lo rodeaban
mientras lo contemplaban agachados. Se trataba de una biocreación
zerg con forma de cajita: era gris y tenía unas ondulaciones con
forma rejilla a un lado y un puñado de mecanismos que parecían
ser unos interruptores muy extraños.
384
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Oh, sí —comentó Dizz amargamente—. Me apuesto lo que sea


a que este es uno de los transmisores que han estado usando. Uno
de los datos que nos envió Cruikshank mostraba una imagen un
tanto borrosa de lo que creían que era el transmisor que estaba en
ese edificio de conferencias de Zagara.
— ¿Esto es un transmisor? —preguntó una ceñuda Tanya, ya que
le parecía que no era más que otra creación orgánica de los zerg—
. No sabía que utilizaban un sistema de comunicación a larga
distancia.
La reina zerg Mukav también usó uno cuando llegó a Korhal IV
para pedir ayuda a los terran, comentó Ulavu.
—Está bien, pero ¿por qué está aquí? —inquirió Dizz—. ¿Por qué
Abathur no ha usado su vínculo psiónico para comunicarse con
estos zerg?
—Porque no funciona con los psioliscos —gritó Erin, que se
encontraba junto a las vainas. Tanya, que había logrado abrir un
pequeño agujero y que estaba tanteando el interior con alguna
especie de sonda—. ¿Es que no recuerdan que sus capacidades
psiónicas son distintas porque tienen esencia xel’naga? —Se giró a
medias y levantó un dedo al comprender algo súbitamente—. El
ruido de maquinaria que me pareció escuchar en el Punto Uno... —
añadió—. ¿Lo recuerdan? ¿Ese ruido que se mezclaba con unos
cánticos?
—Este chisme no es algo puramente mecánico —señaló Dizz.
—Y la comunicación por vía psiónica de la adostra tampoco son
cánticos —replicó Baraja—. A lo mejor tiene razón. A lo mejor
había otro de estos chismes en el Punto Uno y forman parte de esta
conspiración.
—Pero es imposible que pudieras oír esto, cualquier ruido de estos,
a tanta distancia —insistió Dizz.
—Tal vez sea cosa de la adostra —afirmó Erin—. Si son
conscientes de todo lo que sucede en la cámara donde están (o quizá
también en todos los lugares del planeta), podrían haber
introducido sus cánticos en el sistema biomecánico del transmisor.
385
TIMOTHY ZAHN

—Sí, pero... —objetó Dizz.


—En cualquier caso, este chisme está aquí —le interrumpió
Tanya—. Centrémonos en eso. Bueno. Abathur creó unos
transmisores y los colocó en las cámaras de la adostra. Estos
aparatos son autosuficientes y capaces de cubrir todo el continente;
además, nadie se tenía por qué enterar de que había fabricado unos
cuantos más aparte de los que construyó para dárselos a Zagara y
Mukav.
—Lo cual quiere decir que los psioliscos pueden oír y comprender
el lenguaje hablado —concluyó Baraja—. Maldita sea. No me
extraña que supieran que les estábamos engañando. Comentamos
el plan entero delante de ellos.
—De todas formas, habrían acabado averiguando en qué
consistía—señaló Dizz—. Pero la gran pregunta es...
—Oh, Dios mío —les interrumpió en cuanto una idea horrible la
asaltó de repente.

Si había habido uno de estos transmisores en el Punto Uno, Abathur


ya conocía su existencia y su poder desde entonces. Lo había
sabido en todo momento.

No. La serenó Ulavu mentalmente. No lo sabía.


Pero si hablamos sobre ello, protestó Tanya. Hablamos sobre mi
poder después de la batalla, delante de todo el mundo.
No, repitió Ulavu. Lo único que sabes es que eres una piroqui.

Tanya parpadeó; de repente, captó lo que quería decir


completamente. Tenía razón. El protoss había revelado a los demás
el apodo que tenía ella como fantasma, ese que tanto odiaba, nada
más.

Ni Abathur ni ningún otro zerg tenían la más mínima idea de qué


era un piroqui.

386
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Con un sobresalto, se dio cuenta de que los demás la estaban


mirando expectantes.

—Lo siento —se disculpó—. Se me ha ido la cabeza. Sigue.


—Está bien —dijo Dizz, mirándola detenidamente—. Bueno,
como iba diciendo, esta es la gran pregunta: Si Abathur ha diseñado
estos transmisores para que funcionen mientras los psioliscos
atacan con todo su poder, ¿eso quiere decir que son inmunes a las
interferencias en las comunicaciones que suelen generar los
psioliscos?
—Es un buen momento para plantear esa pregunta —afirmó Tanya,
ya que la presión del zumbido que oía mentalmente se había
intensificado de improviso—. Porque creo que vienen más de
camino.
Estoy de acuerdo, señaló Ulavu. Su ataque se ha reiniciado.
—Genial —masculló Baraja—. Vamos, Dizz, vayamos a echar un
vistazo a la puerta de entrada para ver si tenemos compañía.
—Este grupo, al menos, tendrá que atacamos de uno en uno —
comentó Dizz, a la vez que metía un cargador nuevo en su P-45—
. A menos que estén dispuestos talar el resto de árboles, lo cual les
llevaría mucho tiempo.

Entonces, sin previo aviso, oyeron un estrepitoso golpe sordo que


se produjo encima de ellos, una colisión descomunal que sacudió
la meseta entera. Un instante después, se oyó otro ensordecedor
choque; este fue un crujido más largo de algo que se hacía mil
pedazos.

—Pero ¿qué demonios...? —vociferó Dizz en medio de esa


cacofonía.

Baraja lanzó un juramento.

—Eso, amigos míos —respondió con rabia, pronunciando cada


palabra como si la escupiera, mientras el crujido se desvanecía—,
387
TIMOTHY ZAHN

era el ruido que hace un devorador, o algo igual de grande, al


rebotar con la parte superior de la meseta y destrozar la cerca de
árboles, al mandar al infierno todo.

—No van a venir de uno en uno, Dizz. Van a entrar en tropel.

388
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

CAPÍTULO VEINTIUNO

La estrategia de colocar a todos los protoss en el centro de la línea


de batalla y a todos los soldados, segadores y vehículos robóticos
terran en los flancos había funcionado realmente mal la primera vez
que Cruikshank y Alikka la habían probado.

Pero la iban a probar otra vez.

Lo cual podría parecer extraño; sobre todo porque los zerg se


estaban congregando para lanzar un ataque colosal y letal. Un
grupo de hidraliscos se había estado reuniendo frente a los protoss
en una formación en cuña, con solo una delgada línea de zerglings
extendida a lo largo del resto del estrecho paso para mantener a los
terran ocupados.

Era una buena estrategia, una que, por lo visto en esta batalla hasta
ahora, llevaba todas las de ganar. En cuanto los hidraliscos
hubieran eliminado a todos los protoss, podrían centrarse en ambos
flancos terran y aniquilarlos.
389
TIMOTHY ZAHN

Cruikshank solo podía esperar que el truco que se les había


ocurrido a Alikka y él marcaría la diferencia a favor de los aliados.

Arrugó el ceño, ya que sus pensamientos parecieron tropezarse con


esa palabra. Aliados. Nunca había considerado que el Dominio y
los protoss tuvieran esa clase de relación. Tampoco la habían
querido. Sí, habían luchado juntos en unas cuantas ocasiones, pero
eso distaba mucho de poder considerarse una alianza. Al menos,
desde el punto de vista de Cruikshank. Incluso después de que el
emperador Valerian declarase un alto el fuego, Cruikshank había
insistido en considerar a los protoss más como unos no enemigos
que como unos amigos. Luchar codo con codo con los protoss no
era algo nuevo para él ni tampoco una experiencia totalmente
placentera.

Aun así, a pesar de su arrogancia y su obstinación en creerse


superiores, tenía que admitir que con Alikka, al menos, se podía
razonar. A veces. Cuando no le quedaba más remedio.

Ha empezado, le advirtió Alikka. La presión se ha incrementado.

Cruikshank mostró amenazadoramente sus dientes. Desde la


cabina del Demoledor, pudo contemplar cómo todo el centro de la
formación protoss flaqueaba al llevarse la peor parte del ataque
psiónico de los psioliscos. En cualquier momento, los hidraliscos
iniciarían la carga.

— ¿G-Cinco? —gritó por el comunicador. Aquel hombre tenía un


nombre, por supuesto, pero los pilotos de los vehículos iban y
venían con tal rapidez que era más fácil pensar en él como el Goliat
Cinco. Aun cuando el vehículo robótico Goliat Cinco estaba fuera
de servicio.

390
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Estamos listos, coronel —respondió el Goliat 5—. Bueno, yo sí.


Los otros están... Bueno, estoy seguro de que no están ebrios de
verdad.
—Por eso está usted aquí —le dijo Cruikshank con un leve tono de
siniestra satisfacción. A Alikka no le había gustado esta parte del
plan. De hecho, la había odiado. Pero Cruikshank había insistido,
y el protoss había acabado cediendo, el cual ahora debería alegrarse
de narices de haberlo hecho, aunque probablemente nunca lo
admitiría—. Prepárese para disparar a mi señal. A mi señal —
recalcó, solo para asegurarse. El Goliat Cinco tenía tanto aprecio a
los protoss como el propio Cruikshank.
—Entendido, coronel.
Se aproximan, le avisó Alikka, cuya voz estaba aún más plagada
de tensión.

Cruikshank contempló el campo de batalla. La formación en cuña


de los hidraliscos se estaba desplazando.

—Prepárense todos —vociferó. Echó un vistazo a su monitor


trasero y vio a los fénix estrellados y medio aplastados en medio
del campo de batalla. ¿Era ya demasiado tarde para hacer
retroceder la línea hasta colocarla detrás de ellos?, se preguntó.
Probablemente—. Alikka, que sus tropas se muevan... ya.

Durante medio segundo creyó que Alikka no había oído la orden o,


aún peor, que el intenso zumbido que oían los protoss en su mente
estuviera ahogando por cualquier otro sonido. Entonces, con gran
alivio, vio que el centro de la línea de batalla flaqueaba y se
desmoronaba, de tal manera que los protoss corrieron dando
grandes zancadas hacia los flancos o fueron tambaleándose hasta
ellos, huyendo para colocarse, encogidos de miedo, tras los
soldados, los segadores y los goliats que todavía plantaban cara al
enemigo. Tanto los templarios como los Nerazim habían tenido que
batirse en retirada ante el ataque psiónico de los psioliscos y la
amenaza de los hidraliscos que se aproximaban.
391
TIMOTHY ZAHN

Cruikshank contuvo la respiración. Este era el momento decisivo.


Si el enemigo había abandonado la idea de llevar a más zerg al
Punto Tres y, en vez de eso, había optado por aniquilar a los terran
y los protoss que de manera tan inoportuna les habían bloqueado el
paso, los hidraliscos seguirían a los protoss y pasarían a concentrar
su ataque en los flancos.

Sin embargo, quienquiera que fuese el que dirigía a los psioliscos


seguía teniendo sus prioridades muy claras. Los hidraliscos
aceleraron aún más y atravesaron como flechas el enorme hueco
que se había abierto delante de ellos. Cruikshank prácticamente
podía imaginarse al comandante zerg sonriendo triunfal ante la
victoria, o al menos esbozando algo parecido a una sonrisa.

Respiró hondo.

—G-Cinco..., dispare.

Y acompañado de un potente chisporroteo y una amplia descarga


de estática que le puso todos los pelos del cuerpo de punta a
Cruikshank, uno de los fénix que yacía indefenso en el suelo tras la
línea de batalla disparó con sus cañones de iones.

Los cañones de iones protoss estaban diseñados para el combate


antiaéreo en el espacio y en el aire. Cruikshank nunca había visto a
nadie utilizarlos para combatir en tierra.

Fue algo que tardaría en olvidar. El pulso en paralelo de unos iones


negativos alcanzó el hueco que habían dejado los protoss unos
segundos antes al retirarse; la parte inferior del pulso achicharró la
hierba con un fogonazo y los laterales desgarraron las moléculas
del aire y lanzaron ondas de carga estática que atravesaron a los
goliats, los segadores y los soldados que se encontraban a cien
metros de distancia.
392
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Y los zerg que corrían directamente hasta el centro de ese pulso


simplemente se desintegraron.

Fue una de los espectáculos más gloriosos que jamás había


presenciado Cruikshank. Los hidraliscos no explotaron como
cuando se les arrojaba una granada, ni manó sangre a raudales de
ellos como cuando recibían el impacto de las puntas metálicas de
los rifles gauss, ni murieron de las formas habituales en que los
zerg morían en el campo de batalla. Simplemente, se deshicieron,
como unos trozos de hierba seca en un luego. Se les despegaron los
caparazones; las garras, los dientes y las caras se les desdibujaron
e hicieron añicos y se convirtieron en polvo que arrastró el viento.
Como avanzaban con esmero y en orden, los que iban delante
salieron despedidos hacia atrás sobre los que les seguían, los cuales
hicieron lo mismo con los que iban aún más detrás. El primer pulso
alcanzó hasta la cuarta fila ates de disiparse, y Cruikshank se
preguntó brevemente si el comandante zerg optaría por que los
atacantes retrocedieran o al menos se dispersaran.

Pero no hicieron ninguna de las dos cosas. Aunque, en verdad,


tampoco les habría dado tiempo. El primer pulso de iones apenas
se había disipado cuando el Goliat Cinco lanzó su siguiente
disparo, eliminado las tres filas que todavía quedaban en pie.

El segundo disparo fue el último. Alikka ya había advertido de que


los daños que había sufrido el fénix habían alcanzado al sistema de
energía y de que los capacitadores solo tenían una capacidad
limitada de almacenamiento.

No obstante, como los hidraliscos se habían reunido para atravesar


violentamente la línea enemiga, a Cruikshank solo le hicieron falta
dos disparos. Mientras los zerg supervivientes se tambaleaban por
culpa de las secuelas de las descargas de estática que habían
acompañado los pulsos, los soldados y los goliats abrieron fuego
393
TIMOTHY ZAHN

desde el suelo mientras los segadores aportaban su propia lluvia de


metal hipersónico desde el cielo. Unos cuantos zerg alcanzaron la
línea de batalla únicamente para ser masacrados por los protoss.

Al final, los aliados habían conquistado el campo de batalla.

El ataque psiónico se desvanece, anunció Alikka en medio de ese


nuevo silencio, con un tono de alivio más que evidente en su voz
mental. Creo que los psioliscos se retiran.
— ¿Quiere que vayamos a por ellos, coronel? —preguntó el Goliat
Uno.

Cruikshank contempló el bosque, donde ahora no se divisaba a


ningún zerg. Era una idea tentadora.

Pero ahí todavía podía estar acechando cualquier cosa. Y a pesar


de que los goliats habían sido diseñados para poder maniobrar en
espacios estrechos, hasta ellos tenían sus límites.

—Descansen —ordenó—. Marines, retírense y reagrúpense.


Goliats, vigilen por si hay más sorpresas, segadores, mantengan la
altitud y registren cualquier movimiento. Alikka, ¿todas sus tropas
están bien?
Si, contestó Alikka. Pero por un momento, han sido incapaces de
concentrarse como es debido. Si hubieran tenido que combatir,
habría sido un desastre.
— ¿Eso ha afectado también a la tripulación de mando del fénix?
—inquirió Cruikshank, puesto que de un modo perverso quería que
el comandante protoss lo dijera alto y claro.

Para su sorpresa, Alikka lo dijo.

Incluso a la tripulación de mando, contestó. Tal vez especialmente


a la tripulación de mando. Tuvo usted razón al insistir en que un
terran debería ser quien apuntara y activara los cañones de iones.
394
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Cruikshank se llevó una sorpresa aún mayor al darse cuenta de que


este reconocimiento de sus méritos por parte de Alikka no le hacía
sentir para nada la satisfacción que había esperado. ¿De verdad se
estaba haciendo demasiado viejo como para regodearse con estas
cosas?

No. Estaba cansado, nada más. Solo cansado.

—Me alegro de que saliera todo bien —afirmó.

La luz amarilla de las comunicaciones a larga distancia parpadeó y


el coronel la activó.

—Al habla Cruikshank.


—Al habla Horner —respondió el almirante—. Informe.
—Nos hemos hecho con el campo de batalla, señor —le informó
Cruikshank—. Hemos ganado en este día.
—Felicidades —le dijo Horner—. Pero el día no ha acabado
¿Pueden desplazarse?
—Contamos con cuatro goliats y un Demoledor en unas
condiciones que van de buenas a decentes.
— ¿Cabe la posibilidad de que puedan reparar alguna de las naves?
—No, señor, aquí abajo no —contestó Cruikshank—. Los campos
de distorsión siguen sin funcionar. —Frunció el ceño, ya que de
repente se dio cuenta de adonde quería llegar Horner—. ¿Quiere
que vayamos a por el equipo de Halkman?
—Sí —respondió Horner—. La cerca de árboles ha sido derribada
totalmente (Abathur envió a un devorador a que la embistiera) y
hay una multitud de zerg reuniéndose ahí fuera.
— ¿De cuánto tiempo disponemos?
—Probablemente de poco más de unos minutos.

Cruikshank movió la boca para lanzar una maldición pero no


emitió sonido alguno. Sus fuerzas y él se encontraban a quince
395
TIMOTHY ZAHN

kilómetros de distancia; además, el terreno era complicado en


ciertos sitios. Un soldado que contara con una armadura de
combate plenamente operativa podría haber cubierto esa distancia
con facilidad, pero todos sus soldados y segadores habrían sufrido
daños durante la batalla en sus armaduras, en su propio cuerpo o en
ambos.

—Lo siento, almirante —se disculpó Cruikshank—. Pero es


imposible que pueda llegar ahí a tiempo con los efectivos
suficientes para ayudarlos.
—Lo sé —dijo Horner con pesar—. Nosotros tampoco.

Al otro lado del campo de batalla, Alikka estaba comprobando el


estado de sus tropas. Cruikshank se le quedó mirando fijamente.

—Mis fuerzas no pueden llegar ahí, señor —afirmó—, pero podría


haber otra opción.

*******

Durante un largo momento, nadie dijo nada. Ese mero hecho era
algo sorprendente; Erin esperaba oír al menos algún que otro
juramento. Pero por una vez, Baraja y Dizz permanecieron
callados.
Tal vez había situaciones tan graves que no había palabras en el
vocabulario de los soldados y los segadores para describirlas, lo
cual era un pensamiento aterrador.

— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó.


—Tú vas a tomar esas muestras —respondió Baraja—. El resto
vamos a ver qué podemos hacer para detener a los zerg.
—O para demorarlos al menos —apostilló Dizz.

Erin miró el tubo de muestras.

396
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿De qué servirá demorarlos?


—De mucho —contestó Dizz—. Por primera vez desde que
aterrizamos en este maldito planeta, Abathur ha perdido una
apuesta. —Señaló al transmisor—. Como ya he dicho, si usa este
chisme para hablar con los psioliscos, eso quiere decir que estos no
pueden bloquear sus transmisiones con sus poderes psiónicos.

Erin contempló el transmisor y, súbitamente, lo entendió.

—Así que en cuanto tenga mis lecturas, ¿podremos enviarlas al


Hyperion?
—Exactamente —respondió Baraja—. Ulavu, ¿crees que podrás
averiguar cómo funciona?
Es una creación zerg, dijo dubitativo. Si emplea los mismos
protocolos que los sistemas de comunicación humanos Valkiria, es
probable que un terran sea el más adecuado para entenderlo.
—Tal vez —replicó Baraja—. Pero Erin está ocupada, y necesito a
Baraja y Tanya abajo. Así que te ha tocado. Ponte manos a la obra
y averigua cómo funciona. —Señaló con la cabeza el pasaje
abovedado—. Vayamos a ver qué tienen planeado esta vez.

Erin volvió a centrarse en su tarea mientras se le hacía un nudo en


el estómago. Poder enviar esos datos al Hyperion sería estupendo,
ya que podrían ser el elemento clave que evitara una guerra.

Pero si eso era así, realmente le gustaría estar viva para poder verlo.
Parpadeando, apartó esos pensamientos de muerte de su mente y
volvió a centrarse en la tarea que tenía entre manos.

La línea de retomo que salía de la vaina era muy fácil de ver. Era
la típica creación orgánica zerg, pues contaba con un revestimiento
capaz de regenerarse por sí solo. Cruzó mentalmente los dedos y
con una jeringa pinchó el tubo, del que extrajo unas cuantas gotas.
Después, quitó la aguja y observó cómo otra gota rezumaba por el
agujero...
397
TIMOTHY ZAHN

Pero solo una. El agujero abierto por la aguja ya se había cerrado.


Tras dar un suspiro de alivio, inyectó esas gotas en el bioanalizador
compacto y colocó de nuevo en su sitio la tapa.

Desde la parte baja de la rampa, se elevó el siseo en estacato de un


rifle gauss. La batalla final había comenzado. Acabó de colocar la
tapa y se puso de pie, pero lo hizo tan rápido que casi estuvo a punto
de perder el equilibro por culpa del peso del tanque que llevaba
sobre el hombro y la cadera...

Contuvo la respiración. El tanque.

El lanzallamas.

Baraja y Dizz se habían olvidado completamente de que ella lo


llevaba.

Miró a Ulavu, que seguía manoseando el transmisor. Durante un


segundo, tuvo la tentación de lanzarle un tubo de muestra y decirle
que extrajera unas cuantas células al cadáver del psiolisco más
cercano. Pero el protoss estaba ocupado y, además, esa era la labor
que le habían encomendado a ella. Tras cruzar la cámara dando
grandes zancadas, dio con uno de los psioliscos a los que había
eviscerado el disco de distorsión de Ulavu, le extrajo unas cuantas
células y fluidos de tres zonas distintas y las inyectó en el puerto
secundario del bioanalizador. Después, se dirigió al pasaje
abovedado.

Tras detenerse en el segundo rellano, estiró el cuello para poder ver


algo más allá de la barrera. Baraja, Dizz y Tanya se encontraban
ahí abajo, en el último rellano, disparando hacia la rampa que
llevaba a la entrada. Descendió, rodeó la barrera y miró a través del
espacio que había entre Baraja y Tanya.

398
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

La cerca de árboles había sido derribada, sí, aunque no podía ver


con qué lo habían hecho. Había docenas de zerglings, pestelings e
hidraliscos que trepaban por encima de la madera astillada, todos
ellos claramente decididos a sortear la barricada y cargar contra los
defensores y sus disparos.

Y los zerg estaban ganando. Baraja ya no disparaba con la misma


alegría que había mostrado antes durante la misión; no cabía duda
de que se estaba intentando ahorrar munición al máximo. Dizz
estaba haciendo lo mismo. El rostro de Tanya reflejaba una gran
tensión mientras quemaba a un enemigo tras otro.

Una nerviosa Erin sonrió. Abathur y los psioliscos se iban a llevar


una sorpresa. Con cierta torpeza, logró al fin separar la boquilla del
lanzallamas del tanque. Avanzó unos cuantos pasos y le dio unos
golpecitos a Baraja en el brazo.

El soldado miró para atrás.

— ¿Ya has acabado?


—Sí contestó Erin, haciendo una mueca de contrariedad, ya que en
los dos últimos segundos, los zerg habían ganado otro metro de
terreno. La línea delantera de cadáveres ahora se extendía dos o tres
metros más allá de los límites de los árboles, y el grupo que se
encaramaba sobre el obstáculo detrás de ellos seguía presionando
con su avance y acercándose más y más.
—Te he traído un regalo —le dijo, ofreciéndole la boquilla—. Creo
que te habías olvidado que lo teníamos.
—No lo había olvidado —gruñó Baraja—. No podemos usarlo.
Erin parpadeó.
— ¿Por qué no?
—Porque tendríamos que disparar hacia abajo —respondió Baraja,
a la vez que disparaba de nuevo con su rifle gauss—. Y eso
supondría que gran parte del calor iría directamente a nosotros.
Nuestras armaduras no podrían soportar eso.
399
TIMOTHY ZAHN

—Creía que utilizaban estos chismes para combatir.


—Los murciélagos de fuego sí los utilizan —replicó Baraja—. Los
soldados que llevan CMC intactos a veces también los usan. —
Señaló las fisuras que tenía su propia armadura—. Los soldados
que tienen su CMC dañado no. Aunque parezca una locura,
preferimos que los zerg nos despedacen a ser quemados vivos. Es
más rápido y duele menos.

Erin miró a Tanya y Dizz, y puso mala cara al ver los tajos, cortes
y grietas que había en sus armaduras. Ulavu, que no llevaba
ninguna armadura, estaba totalmente descartado.

Lo cual dejaba solo una posibilidad.

—Está bien —dijo la doctora—. Enséñame cómo funciona.

Baraja volvió a alzar la mirada.

— ¿Qué?
—Que me enseñes cómo funciona —repitió—. Mi armadura no
está dañada, ¿recuerdas? Yo lo haré. Pero enséñame cómo hacerlo.
—Estarás sola —señaló Baraja—. En cuanto inicies el ataque,
tendremos que retiramos.

Eso no lo había pensado, pero tenía sentido.

Aunque tampoco importaba. No obstante, había que hacerlo, tenía


que funcionar.

Tanya, quien tal vez le estuviera leyendo la mente, le gritó por


encima del fragor de la batalla:

—No tienes por qué hacer esto. Abathur se quedará sin zerg tarde
o temprano.

400
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Enséñenme cómo funciona este maldito chisme —les espetó


Erin—. Ya estoy bastante molesta, ¿entendido? Dame unas
explicaciones antes de que sea demasiado tarde.
—Yo me ocuparé de eso —afirmó Dizz, a la vez que guardaba su
pistola gauss en la cartuchera y se colocaba al lado de Erin. La
doctora se percató vagamente de que, por una vez, no había ni
rastro de ese sentido del humor sarcástico y mordaz que siempre
parecía impregnar sutilmente sus comentarios—. Solía utilizar
chismes como estos todo el rato. Entonces, este es el control de la
llama. Este es el gatillo de la mecha. Alcanza un máximo de unos
treinta metros; si quieres calcinar de un modo eficaz a un zerg, el
radio de acción es de unos cinco a diez...

El arma no era muy complicada. Enseguida, estuvo preparada.

—Está bien —dijo, quitándose el bioanalizador para pasárselo a


Tanya—. Toma..., los análisis preliminares ya deberían estar
terminados. Podrán enviárselos al Hyperion en cuanto Ulavu
consiga que el transmisor funcione. Me alejaré todo lo que pueda
antes de empezar a freírlos.
—Nos quedaremos y te apoyaremos todo el tiempo que podamos
—le prometió Baraja—. Buena suerte.
Se encontraba descendiendo por la mitad de la rampa cuando un
par de zerglings que subieron por el rellano lograron colarse por la
barrera y cargaron. Gracias a sus buenos reflejos, se agachó hacia
un lado, mientras buscaba a tientas los controles que le había
mostrado Dizz. La boquilla vibró levemente mientras el
combustible lo recorría...

De un modo abrupto, una turbia nube de brillantes llamas


blanquiazules ocupó su campo de visión. El fuego envolvió a los
dos atacantes zerg, y Erin pudo atisbar cómo sus caparazones se
incineraban en pleno aire antes de que pasaran junto a ella a toda
velocidad y los perdiera de vista.

401
TIMOTHY ZAHN

Dejó de apretar el gatillo mientras temblaba por el exceso de


adrenalina. Daba igual las veces que los zerg arremetieran contra
ella, daba igual lo cerca que llegaran a estar o lo lejos que se
quedaran, cada vez era tan aterrador como el primer ataque que
sufrieron en el exterior del Punto Uno.

No obstante, no había tiempo para reflexionar. Aunque había


disparado una sola vez, la temperatura dentro de su armadura se
había incrementado notablemente. Baraja no había bromeado al
respecto. Unos cuantos disparos más e incluso su armadura, que
estaba totalmente intacta, podría romperse poco a poco.

Se le acercaron más zerg. Activó la mecha de la boquilla de nuevo


y los roció con fuego como si estuviera regando a toda esa línea
con una manguera de jardín. Otra línea abandonó dando saltos el
cobijo de los árboles y, una vez más, la barrió entera con fuego. Si
bien la mayoría de los zerg murieron con una sola descarga, a unos
cuantos tuvo que darles una segunda pasada para poder acabar con
ellos. Siguió avanzando: un paso y rociar, otro paso y rociar, otro
paso y esquivar y rociar. A veces, una de las criaturas lograba
dejarla atrás y lo único que podía hacer era esperar que estuviera
demasiado malherida como para molestarla o que alguno de los
demás se encargara de ella.

Si es que todavía seguían ahí. A pesar de que en su casco contaba


con un monitor trasero, como un denso humo la envolvía, no podía
ver nada de lo que sucedía ahí atrás. Incluso por delante, a veces
necesitaba lanzar una rápida llamarada para eliminar el humo el
tiempo suficiente como para ver por dónde venía la próxima
amenaza.

Dizz le había mostrado dónde se encontraba el indicador de


combustible. Pero no se atrevía a apartar la vista de la batalla
durante un breve instante para poder echarle un vistazo. Si se le
agotaba..., pero no podía pensar así. Su plan dependía de que
402
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

llegara a la entrada con una buena cantidad de combustible en el


tanque.

Porque sí que tenía un plan. Tal vez no fuera un buen plan, pero era
lo único que tenía. Mientras tanto, lo único que podía hacer era dar
un paso y disparar, otro paso y disparar, otro más y disparar.

A pesar de que cuando llegó al final de la rampa casi no se lo podía


creer, cruzó la misma entrada de la cueva. El humo era ahora más
denso y dentro de su armadura el calor se estaba volviendo
incómodamente intenso. Se preguntó cómo de caliente tenía que
estar a capa exterior de neoacero y hasta qué punto podría
protegerle el aislamiento del mono que llevaba bajo la armadura.
El sistema de refrigeración del CMC gemía por la tensión del
esfuerzo, y sospechaba que no iba a aguantar mucho más.

Recordó fugazmente el comentario de Baraja sobre lo de morir


quemado vivo. Vagamente, se preguntó qué se sentiría.

Entonces, de repente, llegó a su destino. A su alrededor había


montones de cadáveres de zerg calcinados, los suficientes como
para que tuviera problemas para caminar. Delante de ella, a diez
metros, se encontraba la entrada de la cueva.

Y amontonado delante de la entrada había un amasijo de árboles


destrozados y hechos añicos. La mayor pila de leña que iba a ver
jamás.

Apuntó más arriba, giró el control de flujo al máximo y disparó.

Otra línea de zerg irrumpió entre los árboles. Se tambalearon y


retrocedieron y murieron ante las llamas de Erin. Como una nueva
oleada de humo la rodeó, lanzó otra llamarada para poder ver.

403
TIMOTHY ZAHN

Y comprobó que la mayor pila de leña del mundo se había


convertido en la hoguera más grande del mundo.

—Ya está —murmuró, dando un paso hacia atrás. Lanzó una


llamarada más a los árboles, con el único propósito de despejar el
humo y cerciorarse de que ningún zerg iba a atravesar esa hoguera
en breve—. Asfíxiense.

Se volvió y a través del humo intentó abrirse camino por ese


laberinto de cadáveres apestosos para volver a la rampa.

Había llegado al primer rellano y se hallaba a medio camino del


segundo, cuando se percató de que ese olor punzante a carne
quemada no procedía de ningún modo de los zerg abrasados.

Sino de ella.

Después, no recordaría cómo logró llegar a completar el resto de la


subida. Lo único que recordaría era gritar pidiendo ayuda y no oír
ninguna respuesta. Sin lugar a dudas, nadie emergió del humo para
ofrecerla ayuda. Recordaría gritar de nuevo y entonces darse cuenta
de que el calor y el fuego probablemente habían quemado la antena
de su comunicador y achicharrado el transmisor. Recordaría el
miedo que sintió al pensar que, si ese no era el caso, si no había
respuesta era porque sus amigos habían muerto. Recordaría que dio
un paso tras otro, que el hedor que le asaltaba las fosas nasales
estuvo a punto de provocar que vomitara, mientras intentaba
desesperadamente abrir los cierres de la armadura que la estaba
matando con rapidez, pero no recordaba cómo funcionaban.
Recordaría doblar la esquina de uno de los rellanos y ver cómo las
siluetas borrosas de Baraja.

Dizz y Tanya al fin surgían del humo. Recordaría un silencioso


grito de ayuda que reverberaría en su mente y la caída, y la agonía
que sintió cuando otras partes de su cuerpo fueron aplastadas contra
404
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

el neoacero ardiente de esa prisión con tamaño de ataúd. Recordaría


que alguien la tendió en el suelo, y que vio el rostro de Ulavu...

Y recordaría una oleada súbita de frescor y cómo un aire


increíblemente fresco le llenó los pulmones.

Y después, por un tiempo, no recordaría nada.

405
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO VEINTIDÓS

—Tiene un par de quemaduras de segundo grado —murmuró


Baraja mientras le quitaba a Erin con mucho cuidado el mono que
llevaba puesto—. Casi todas en las articulaciones. Una muy mala
en el hombro izquierdo. No llego a ver ninguna de tercer grado.
—Gracias a Dios —dijo Tanya, quien intentaba ver a través del
humo que llenaba rápidamente la cámara. A pesar de que no había
visto lo que Erin había hecho allá abajo (el calor del lanzallamas se
había vuelto demasiado intenso para el resto de ellos), por el ruido
y el olor, daba por supuesto que los árboles que habían conformado
la cerca estaban ahora en llamas.

Era un buen plan; ciertamente, era un buen plan provisional. Una


barrera como esa intimidaría incluso a los zerg más decididos y
sería rápidamente letal para la mayoría.

La parte negativa era que todo el suministro de aire de la caverna


se estaba volviendo opaco y prácticamente irrespirable a gran
velocidad. Y que, por supuesto, al final el fuego se apagaría.
406
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Se dio cuenta de que deberían haber traído el resto de puntas


Metálicas de los cargadores estropeados de los rifles gauss. Pese a
que Baraja se había mofado de esa idea, daba la impresión de que
sí tendrían tiempo para recargar.

—Aunque tiene la leche de quemaduras de primer grado —


continuó Baraja—. ¿Dizz?
—Toma —respondió el segador, dándole un pequeño tubo de
espray antiquemaduras—. Este es de Erin. Úsalo entero... El mío
también lo tengo a mano.

Baraja le dio las gracias gruñendo y, acto seguido, le aplicó la


pomada a la doctora.

—Tiene suerte de que lográramos sacarla de esa armadura a


tiempo. Otro minuto más, y esto habría sido mucho peor.
—Sí —murmuró Tanya—. Lográramos.
—Entiendo, la ha sacado él solo —le espetó Baraja a la fantasma—
. Ya le he dado las gracias.
—Sí, así es —contestó Tanya, contemplando la armadura de Erin.
O más bien, las diferentes piezas de la armadura, que eran lo único
que quedaba después de que Ulavu hubiera cortado ese metal al
rojo vivo para quitárselo de encima con unos cortes rápidos y
precisos de sus cuchillas de distorsión.

Probablemente, le había salvado la vida. Ciertamente, le había


ahorrado meses de dolor y de cirugía reconstructiva de la piel. Por
eso, se merecía algo más que unas gracias dadas de manera
distraída.

Pero por ahora, tendrían que conformarse con eso.

La fantasma alzó la vista, frunciendo el ceño. Ulavu había liberado


a Erin de la armadura y había ayudado a los demás a quitarle el
407
TIMOTHY ZAHN

mono. Pero después de eso, había desaparecido; no se había


quedado a ayudarlos a subirla por la rampa y meterla en la cámara
de la adostra. ¿Acaso el calor y el humo del fuego lo habían
empujado a marcharse?

Era probable. Al contrario que los demás, no llevaba puesta


ninguna barrera que lo protegiera de ese ambiente cada vez más
hostil. Por lo tanto, lo único que podía hacer era adentrarse lo
máximo posible en la cámara de la adostra.

Aunque, claro, Erin tampoco llevaba ya ninguna armadura encima.


En cuanto recuperara el conocimiento, sentiría una tremenda
agonía al notar cómo el aire caliente le presionaba las quemaduras.
Cuando Baraja hubiera acabado de aplicarle la pomada, tal vez
podría darle algo a la doctora para asegurarse de que siguiera
dormida.

De todos modos, ¿dónde se había metido Ulavu?

Tanya intentó discernir algo en esa penumbra generada por el humo


y, al fin, lo vio junto al transmisor zerg. Ella misma le había dado
el analizador de Erin antes. ¿Acaso estaba enviando los datos al
Hyperion? ¿O, simplemente, la zona cercana al conducto de
ventilación era la única fuente de aire fresco que había podido
hallar?

Ulavu, ¿estás bien?, pensó la fantasma dirigiéndose a él.


No he sufrido ningún daño, contestó mentalmente de manera
tranquilizadora.

Tanya arrugó el ceño. Sí, había serenidad en su voz, pero también


algo más. ¿Emoción?

¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?


Ven, respondió el protoss. Vengan todos. Vengan a ver esto.
408
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Dame el otro —le pidió Baraja, a la vez que tiraba el tubo vacío
de pomada.
—Toma —contestó Dizz, ofreciéndoselo.
—Antes de que empieces —le avisó Tanya—, que sepas que Ulavu
quiere que nos acerquemos al transmisor.
—Sea lo que sea puede esperar —le espetó Baraja—. Ella necesita
esto ahora.
—Creo que por eso mismo quiere que nos acerquemos —replicó
Tanya—. Bajo ese respiradero, el aire tiene que ser mejor que el
que viene de ahí abajo.
—Tiene razón, Baraja—señaló Dizz—. Vamos..., puedes seguir
aplicándole la pomada mientras Tanya y yo la llevamos para allá.

Baraja resopló.

—Está bien. Pero tened cuidado con ese hombro cuando la


levanten.
Aunque fue complicado, lograron levantarla. Quizá también lo
hicieran justo a tiempo, ya que, a pesar de estar sin conocimiento,
a Erin cada vez le costaba más respirar. Brevemente, Tanya se
preguntó si el sistema de aire del CMC de la doctora aún podría
servir de algo o si acaso seguiría funcionando.

Llegaron hasta donde se encontraba el transmisor, que Ulavu


estaba contemplando.

—Así que aquí el aire es mejor, ¿eh? —preguntó Baraja mientras


Dizz y Tanya colocaban a Erin con mucho cuidado en el suelo.
Sí, es mejor, respondió Ulavu. Pero no los he animado a venir solo
para eso. Contemplen.

Señaló hacia arriba, hacia el agujero.

Justo en ese instante, un trozo de roca del tamaño de un brazo cayó


de la abertura y se estrelló con un golpe sordo contra el suelo.
409
TIMOTHY ZAHN

—Pero ¿qué demonios...? —dijo Dizz a la vez que se echaba para


atrás.

Están agrandando la abertura, contestó Ulavu, quien estiró un pie y


apartó a un lado el pedazo de roca. Tanya se dio cuenta ahora de
que ahí había una pila cada vez mayor de fragmentos como ese.
Muy pronto, podremos escapar de esta cámara.

—Pero ¿quién la está agrandando? —inquirió Baraja, mirando con


cautela hacia el agujero.
Mi gente, respondió Ulavu, con un tono inconfundiblemente
orgulloso. Los protoss que han luchado junto al coronel Abram
Cruikshank para protegernos de los zerg que regresaban de la
trampa del emisor psiónico terran.
—Ah. Ellos —dijo Baraja—. Pensaba que era cosa de Abathur, que
tiene más zerg por los alrededores con los que atacamos.
—Calla —le reprendió Tanya—. Da igual con cuántos zerg
contara, por aquí ya no tiene más.
—Supongo —replicó Baraja.
Cuando la abertura sea lo bastante grande, se llevarán a la
doctora Erin Wyland a la parte superior de la meseta, les explicó
Ulavu, ignorando la conversación. Después, serán los siguientes en
subir y los protegeremos hasta que llegue más ayuda.

Tanya miró a Baraja, a la espera de otro comentario desafortunado.


Sin embargo, el sargento permaneció callado. Quizá porque al fin
se había acordado del precario estado en que se hallaban las
armaduras y las armas del grupo.

—Gracias, Ulavu —dijo la fantasma—. De parte de todos.


Nos alegra poder ayudarlos.

Más trozos de roca cayeron del agujero; caían tan rápido que Ulavu
apenas tenía tiempo para apartarlos de en medio. De repente, se vio
410
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

un fulgor un tanto apagado, del mismo color que las cuchillas de


distorsión de Ulavu. El fulgor se volvió más intenso y definido...

Alrededor de la abertura, la roca recibió un último corte y, acto


seguido, un templario tétrico cayó del agujero y aterrizó en el suelo.
Les lanzó una fugaz mirada inquisitiva a todos y cada uno de ellos
y, a continuación, se volvió hacia Ulavu. Tanya intuyó que estaba
teniendo lugar una conversación privada entre ambos...

Este es Alikka, les informó Ulavu. Ha venido corriendo con los


demás desde muy lejos para poder ayudarnos. Está preparado
para subir a la superficie a la doctora Erin Wyland.
—Bien —dijo Baraja—. Supongo que no cuenta con ningún equipo
médico, ¿verdad?
No, oyó decir Tanya en su mente a otro protoss. Pero unos nuevos
vehículos aéreos del Dominio vienen hacia aquí y llegarán en un
cuarto de ahora. ¿Sobrevivirá hasta entonces?
—Después de todas las molestias que nos hemos tomado, más le
valdrá, maldita sea —contestó Baraja—. Bueno. ¿Tienen alguna
cuerda ahí arriba?

A modo de respuesta, una fina cuerda se desenrolló ella sola por el


agujero.

Como conoce mejor la fisiología terran, le indicó Alikka, será


usted quien le ate la cuerda para que esté lo más segura posible.
—Gracias —respondió Baraja de un modo cortante, a la vez que
cogía el extremo de la cuerda y se agachaba junto a Erin—. De
todos modos, iba a hacerlo. Tanya, no necesitas ni ese visor ni esa
capucha, ¿verdad?
—No tanto como ella —contestó la fantasma mientras se quitaba
el visor y se lo entregaba. Quitarse la capucha fue un poco más
complicado, pero lo logró. Aunque no le protegería a Erin la cabeza
de los golpes como lo haría un casco completo, al menos algo haría.

411
TIMOTHY ZAHN

El aire de la cámara estaba aún más caliente y más cargado de humo


de lo que se había dado cuenta hasta entonces, por lo que acabó
parpadeando para contener las lágrimas mientras el humo y la
ceniza le irritaban los ojos. Baraja le colocó el visor y la capucha a
Erin, y Tanya ajustó los controles del suministro de aire mientras
el soldado le ataba la cuerda.

Un minuto después, todo estaba listo. Tras recibir una silenciosa


orden de Alikka, los protoss que se encontraban en la superficie de
la meseta tiraron, subiendo así a la inconsciente Erin al agujero.
Tanya hizo una mueca de dolor al ver cómo su cabeza rozaba el
borde, pero mientras los golpes no fueran muy fuertes, la capucha
absorbería gran parte del impacto.

Tendrán cuidado, le aseguró Ulavu.


Más les vale, le advirtió. No necesita más heridas.
Estoy de acuerdo. Se calló, y Tanya pudo percibir que la atención
del protoss se centraba en otra cosa. Ha ocurrido algo extraño.
—Oh, oh —dijo Dizz—. ¿Han oído eso?

Tanya aguzó el oído.

—No.
—Exactamente —señaló el segador, desenfundando su P-45—. La
gran hoguera de ahí fuera se ha apagado.

La fantasma frunció el ceño. Tenía razón; ya no se oía ese rugido


distante.

—Será mejor que vayamos a echar un vistazo.


—Esperen —les ordenó Baraja, mientras observaba cómo las
piernas de Erin desaparecían en el agujero—. Los acompañaré.
Tú te quedas, replicó Ulavu, quien pasó junto a él para dirigirse
hacia Tanya y Dizz. Quédate a protegerla y sigue examinando el
transmisor. Ya voy yo.
412
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

El silencio pareció expandirse mientras Dizz encabezaba la marcha


por el pasillo y el descenso por la rampa. Tanya intentó que las
lágrimas y el humo no la impidieran ver, a la vez que se preguntaba
cómo iba a poder utilizar su poder si apenas podía ver su objetivo.
Sospechaba que no muy bien. Dizz llevaba su pistola gauss en
ristre, pero Tanya no tenía ni idea de cuánta munición le quedaba.
No mucha. Solo Ulavu, con sus cuchillas de distorsión, tenía alguna
seria esperanza de detener la siguiente oleada zerg; aun así, tenía
que esperar a hallarse cerca del alcance de sus garras y dientes para
poder luchar.

A excepción hecha del disco de distorsión. Pero incluso esa arma


solo podía ser utilizada una vez y luego alguien tenía que ir a
recogerla.

De repente, las piezas encajaron. Alguien tenía que recogerla...

El disco de distorsión, le dijo a Ulavu. ¿Por eso entraste en el


programa fantasma en busca de un tele?
Correcto, le confirmó Ulavu. Ahora entiendes por qué si a un
Nerazim capaz de controlar las energías del Vacío se le sumara un
telequinético con la habilidad de manejar el disco a distancia
formarían una unidad de combate muy poderosa para luchar
contra un grupo de enemigos. Esperaba poder experimentar con
telequinéticos terran para descubrir qué nuevas formas de manejar
el disco lograban inventar.
Suena muy interesante, sin duda, afirmó Tanya. Pero ¿por qué
querían mantenerlo en secreto? Este es el tipo de invento que les
encanta a los estrategas militares.

Ulavu siguió callado unos cuantos pasos más.

Porque los terran y los protoss tal vez ya no sean enemigos, pero
tampoco son aliados en sentido estricto, reconoció a
413
TIMOTHY ZAHN

regañadientes. Somos unos pueblos tremendamente distintos,


Tanya Caulfield, y me temo que habrá que hacer un gran esfuerzo
para tender puentes sólidos entre nosotros que nos acerquen de
verdad. Se pensó que la mejor opción sería que no conocieran la
existencia de esta arma ni de nuestras investigaciones en este
sentido, por temor a que malinterpretaran nuestras intenciones o
motivaciones.
Lo entiendo, le aseguró Tanya. Pero no creo que el emperador
Valerian lo malinterpretase. Parece ser un hombre honorable.
Aun así, los seres honorables pueden no estar de acuerdo. A veces
el desacuerdo es tal que acaban guerreando.

Tanya arrugó la nariz, pues deseaba rebatirle en esa cuestión, pero


sabía que era imposible.

Lo mantendremos en secreto, eso fue lo único que pudo pensar.


¿Puedes hablar en nombre de los demás?, le preguntó. En
cualquier caso, has hecho esa promesa prematuramente. Aún hay
muchas posibilidades de que todos muramos antes de que termine
este día.
—Jo, vaya Cristo que hay aquí abajo —murmuró Dizz—. ¿Ustedes
dos pueden ver algo como para poder luchar?
—Estamos bien —le aseguró Tanya, con la esperanza de que eso
no fuera una mentira absoluta, ya que no lo sabrían a ciencia cierta
hasta que el primer zerg doblara la esquina del rellano de abajo y
cargara por la rampa hacia ellos.

Además, los psioliscos tampoco se habían rendido. Todavía podía


percibir un zumbido muy bajo en lo más recóndito de su mente.
Presumiblemente, las fuerzas que aún les quedaban, fueran cuales
fuesen, se estaban reuniendo para lanzar un último asalto.

—Ya que hablamos de luchar, ¿dónde se han metido?


—Buena pregunta —contestó Dizz—. Qué raro. ¿No se está
despejando el aire?
414
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Tanya negó con la cabeza.

—No lo sé.
Así es, confirmó Ulavu, quien parecía hallarse tan desconcertado
como Dizz. Oigo un nuevo ruido, pero no puedo identificar qué es.
—Yo tampoco —admitió Dizz. Entonces, alcanzaron el rellano y
el segador se detuvo el tiempo suficiente como para echar un
vistazo al indicador de su pistola gauss—. Descubrámoslo,
¿entendido?

Armándose visiblemente de valor, dobló la esquina del rellano.


Tanya parpadeó y lo siguió.

Y se encontró con un espectáculo extraordinario.

La hoguera que había encendido Erin en la cerca derribada que


conformaban los árboles se había apagado, en efecto. Pero lo había
hecho únicamente porque una avalancha de zerg la cubría ahora
por entero, apagando así las llamas y dejando solo que unos pocos
hilillos de humo indicaran dónde había ardido ese fuego. Dentro de
la cueva, alineados delante de los árboles humeantes, había una
docena de zerg de una clase que Tanya nunca había visto. En
general, tenían la misma forma de avispa gigante que los
mutaliscos, pero eran más pequeños y tenían unas garras más
grandes y unas alas más anchas. Al parecer, esas alas eran lo que
generaba ese sonido que les resultaba tan poco familiar, ya que las
batían furiosamente en dirección hacia la entrada, consiguiendo así
que el aire repleto de humo se fuera.

A unos cuantos metros en el interior de la línea zerg, supervisando


las operaciones, se hallaba una madre de la prole.

—Bueno, eso sí es algo que no se ve todos los días —murmuró


Dizz.
415
TIMOTHY ZAHN

— ¿A qué te refieres? ¿A la madre de la prole? —preguntó Tanya,


quien no paraba de parpadear. Aunque no cabía duda de que el aire
se estaba despejando, todavía veía el mundo a través de un velo de
lágrimas.
—No, me refiero a estos zerg que están aireando la caverna—
respondió Dizz—. Fíjate en que no tienen caparazón.

Tanya entornó la mirada. Eso se le había pasado totalmente por


alto.
Pero tenía razón. Al contrario de todos los demás zerg que había
visto jamás, estos parecían tener únicamente una piel coriácea y
rugosa en vez de unas placas óseas entrelazadas.

Al parecer, su conversación había llamado la atención de la madre


de la prole.

Ah, dijo con una áspera voz psiónica mientras se volvía hacia ellos.
Discúlpenme por la tardanza. Me alegra ver que siguen vivos.
—Por el momento, así es —replicó Dizz—. Aunque esa cuestión
siempre pende de un hilo. Si me permite hacerle una pregunta,
¿quién es usted?

La madre de la prole agachó la cabeza e inclinó el torso.

Soy la reina Zagara.

Tanya tragó saliva con dificultad, al mismo tiempo que su visión


se volvía aún más borrosa. La reina Zagara, la heredera y sucesora
de Sarah Kerrigan, la fantasma más poderosa que la humanidad
había engendrado jamás. Aquí estaba la zerg que había arrastrado
al Dominio y a los protoss hasta esta encrucijada donde la paz y la
guerra pendían de una balanza, la cual ahora sostenía esa balanza y
esperanza en sus garras.

Si había venido aquí a por Tanya...


416
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Como temía que esas criaturas desconocidas con las que han
estado batallando les acabaran superando, continuó Zagara, he
viajado hasta aquí con la esperanza de que con mi mera presencia
bastara para recuperar el control de la situación.
—Pues parece que ha funcionado —afirmó Dizz—. Gracias, reina.
Doy por sentado que sus zerg han sido los que han apagado el fuego
y no los esbirros de los psioliscos, ¿verdad?
Sí, han sido los míos, respondió Zagara. También he ordenado a
mis skyrlings que despejaran el humo, para que pudieran tener
ustedes aire limpio de nuevo.
—Skyrlings, ¿eh? —dijo Dizz—. Tienen un diseño interesante. Es
una nueva raza, supongo, ¿no?
Sí, contestó Zagara. Abathur los creó siguiendo mis órdenes, para
llevar algún día la adostra cuando ya esté madura.
— ¿Adonde? —preguntó Dizz.
Adondequiera que deban estar. Zagara se calló, y Tanya pudo
percibir la mezcla de ira y miedo que sentía la reina. ¿La adostra
de la cámara de crecimiento sigue viva?
—Hasta donde yo sé, sí —contestó Dizz—. Nosotros ciertamente
no le hemos hecho nada. Permítame que me comunique con... Pero
mejor aún, ¿por qué no sube y lo ve con sus propios ojos?

Tanya notó cómo Ulavu, que estaba a su lado, se estremecía. Evitar


deliberadamente a la reina a atravesar lo poco que quedaba de sus
posiciones defensivas...

Sin embargo, Ulavu no dijo nada, y Tanya se mantuvo callada


también. Un momento después, Zagara levantó una garra.

Lo haré, declaró y, acto seguido, avanzó. No teman. Mis zerg


permanecerán bajo mi control.
—Bien —dijo Dizz con un tono muy serio—. Porque supongo que
todavía quedan algunos psioliscos merodeando por aquí. ¿Tanya?

417
TIMOTHY ZAHN

—Sí, siguen por ahí —confirmó la fantasma—. Aún esperan que


puedan obligamos a aniquilar la adostra y hacerles el trabajo sucio.
—O a lo mejor esperan matamos para echarle luego la culpa de
nuestras muertes a la reina —replicó Dizz—. ¿Baraja? ¿Estás
oyendo todo esto?

El silenció reinó. Por puro instinto, Tanya hizo el gesto de intentar


subir el volumen, pero entonces se acordó de que el comunicador
lo tenía ahora Tanya en su cabeza.

— ¿Qué dice?
—Dice que lo está escuchando todo —le informó Dizz—. No se lo
cree, pero lo está oyendo. Bueno, vamos a subir con ella —
continuó—. Yo que tú, Baraja, haría todo lo posible por tener ese
transmisor funcionando para cuando lleguemos ahí.

Sonrió de un modo nervioso a Tanya.

—Esto le va a encantar al emperador Valerian.

*******

—...La reina Zagara ha confirmado después de que se trataba de la


adostra que ella había creado —dijo el teniente Halkman, al
concluir su informe—. O, al menos, de que se trata de las vainas en
que Abathur dijo que iba a crecer la adostra. No puede confirmarlo
si no abrimos una de ellas.
— ¿Y se niega a abrir una? —se oyó preguntar a Artanis por el
altavoz del puente.
—No se niega, exactamente, jerarca Artanis —respondió
Halkman—. Pero ha señalado que las apariencias engañan y, por
mucho que las examine más de cerca y las huela, no podría
confirmar que sean lo que ella le pidió que creara al maestro de
evolución. Ha dicho que nuestros análisis deberían ser mucho más
concluyentes.
418
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Valerian echó una ojeada al monitor de estado del biolaboratorio.

—Acaban de iniciar las pruebas ahora —le dijo a Halkman—. Han


comentado que las muestras que recogió la doctora Wyland
parecen estar en buen estado y deberían dar unos buenos resultados.
—Comprobó otro monitor—. La enfermería también ha informado
de que la doctora Wyland ha llegado y ya están tratándole las
quemaduras.
—Gracias por hacérnoslo saber, emperador—contestó Halkman,
que parecía sentirse aliviado—. Un último apunte: la reina Zagara
nos ha confirmado que este aparato es una versión del transmisor
que Abathur fabricó para ella. Probablemente, por eso ella ha
podido hacerlo funcionar con tanta facilidad. No tiene ni idea de
cuántos más ha podido fabricar el maestro de evolución sin que ella
lo supiera. Y creo que esa es toda la información de que dispongo.
—Aun así, todavía faltan piezas en este rompecabezas —aseveró
Artanis con un tono sombrío—. ¿Dónde están los psioliscos?
¿Cómo han llegado a existir? ¿Hay más? ¿Dónde se encuentra el
Maestro de Evolución Abathur? ¿Permitirá la reina Zagara que lo
interroguemos en persona? Y lo más importante de todo, ¿la
adostra es realmente lo que la reina Zagara afirma que es, o esas
criaturas forman parte de una maraña aún más profunda de
mentiras y manipulaciones?
—Yo no miento, jerarca Artanis —se oyó decir a Zagara por el
altavoz, con un tono plagado de dignidad e ira contenida—. He
obrado de buena fe en todos nuestros encuentros. Y lo único que
puedo hacer es insistir en que sigo actuando de buena fe. He
abandonado la protección que me brindaba el edificio de
conferencias para poder ayudar al equipo de investigación del
Dominio. He localizado unos cadáveres de psioliscos, confirmando
así su existencia, y se los he enviado para que los estudien. He
sacrificado a muchos miembros del Enjambre en la extinción de un
incendio para poder salvar al equipo de investigación. He ordenado

419
TIMOTHY ZAHN

a mis madres de la prole que se queden en sus espirales y a los


leviatanes que permanezcan en tierra.
—Tal vez muestre tanta buena voluntad por miedo a las
consecuencias de nuestra furia —observó Artanis—. Tardaremos
en olvidar esa batalla que ha costado tantas vidas de templarios y
Nerazim.
—Los psioliscos iniciaron y dirigieron esa batalla,
—Eso afirma usted —le espetó Artanis—. Ya nos hemos hartado
de tanta palabrería; necesitamos hechos, pruebas.
—Ya tienen pruebas: los cadáveres de los psioliscos y el informe
del equipo de investigación.

—Ninguna de las cuales demuestra quién es el responsable de estos


hechos ni cuál era su intención —replicó Artanis—. Repito la
pregunta. ¿Dónde se encuentra Abathur?
—No lo sé —contestó Zagara—. Le permito ir adonde le place,
aunque siempre debe obedecerme. Es más, me niego a creer esas
acusaciones contra él. Abathur es el maestro de evolución, el más
antiguo de todos los zerg vivos. Es leal al enjambre.
—Entonces, ¿de dónde han salido los psioliscos? —inquirió
Artanis.
—No lo sé —respondió de nuevo Zagara.
—Si me permiten exponer lo que pienso... —intervino rápidamente
Valerian, para quien era obvio que el manipulador Abathur era el
responsable de todo este desastre, aunque las motivaciones del
maestro de evolución seguían sin estar claras. No obstante, Artanis
y Zagara habían llegado a un callejón sin salida con esa discusión
y ninguno iba a ceder lo más mínimo.

Nada los convencería salgo una prueba totalmente objetiva. Y la


única manera de obtener esa prueba era hacer salir a Abathur de su
escondrijo y persuadirle de que debía hablar.

Lo cual podría ser más difícil de lo que parecía. A pesar de que


Valerian daba por hecho que el maestro de evolución tenía que
420
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

responder a la llamada de Zagara, había muchas cosas acerca de la


manera en que se relacionaba este con la reina que no acababa de
comprender. Si Zagara se negaba a llamarlo, o si Abathur se negaba
a comparecer cuando ella lo llamara...

A Valerian se le ocurrió de repente una extraña idea y frunció el


ceño. A comparecer cuando lo llamara...

Artanis y Zagara se habían callado. Valerian había interrumpido su


discusión y estaba esperando a que este dijera lo que tenía que
decir.
Solo iba a tener una oportunidad, así que más le valía aprovecharla.

—Hemos mantenido conversaciones a larga distancia como esta —


dijo, improvisando sobre la marcha, esperando que su mente fuera
más rápida que su lengua—. Hemos conversado cara a cara en
territorio zerg. Creo que ya es hora, reina Zagara, de que hable con
nosotros en territorio del Dominio.
—No viajaré a Korhal IV —replicó Zagara con rotundidad.
—No le estoy pidiendo que haga eso —le aseguró de inmediato
Valerian—, sino que le estoy diciendo que me encantaría poder
hablar con usted a bordo del Hyperion. ¿Estoy en lo cierto si asumo
que su leviatán personal es aquel en el que viajó Mukav para
transmitirme su petición de ayuda?
—Sí, así es.
—Entonces, permítame pedirle que le ordene presentarse en el
Punto Tres —le dijo Valerian—. Humildemente le solicito que
suba a bordo de él en compañía del resto de miembros de mi equipo
de investigación para poder mantener una conversación en persona
conmigo.

Durante un breve instante, reinó el silencio.

—Su petición es extraña, emperador Valerian —contestó al fin


Zagara—. No le encuentro ningún sentido.
421
TIMOTHY ZAHN

—Su sentido es lograr la paz —la corrigió Valerian—. Creo que si


acepta esta propuesta, juntos podremos hallar esa prueba que exige
el jerarca Artanis.

Silencio de nuevo. Valerian cruzó los dedos mentalmente...

—Muy bien, emperador Valerian —dijo Zagara—. Llamaré a mi


leviatán.
—Gracias, reina Zagara —respondió Valerian—. Una última
petición: ¿podría hablar en privado un momento con mi equipo de
investigación?

Esta vez, el silencio fue más largo.

—Muy bien, emperador Valerian —dijo de nuevo Zagara—.


Saldré de aquí para esperar a mi leviatán.

Matt se estiró y apretó el botón que silenciaba la comunicación.

—Con todo respeto, Valerian, este plan es demencial —comentó


en voz baja—. Subirla a bordo del Hyperion solo generará
problemas.
—No se preocupe; no subirá a bordo —afirmó Valerian—. Jerarca
Artanis, ¿sigue ahí?
—Sí, aquí estoy —contestó Artanis—. Yo también tengo
objeciones. Si pretende apresarla o destruirla con el fin de menguar
la capacidad del Enjambre de guerrear, comprobará que esas
medidas tendrán un alcance muy limitado.
—Tenga por seguro que no pienso hacer ni lo uno ni lo otro
replicó Valerian, a la vez que apretaba el botón que silenciaba la
comunicación—. Teniente Halkman, ¿se ha marchado Zagara?
—Sí, emperador, se ha ido —respondió Halkman.
— ¿Las interferencias que generaban los psioliscos han
desaparecido?

422
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Permítame comprobarlo... Sí, emperador, parece que estos se


han retirado.
—Bien. Necesito que desactive el transmisor zerg y active el
comunicador de larga distancia de su traje.
—Un momento. —Reinó brevemente el silencio y, acto seguido,
se oyó el ruido ahogado de unos disparos seguidos hechos con una
pistola gauss—. Entendido, el transmisor zerg ha sido inutilizado
—dijo Halkman de una manera un poco cortante.

Aunque Valerian torció el gesto, probablemente con esos artilugios


alienígenas, esa era la única manera de cerciorarse totalmente de
que nadie les escuchaba.

—Hemos dejado de recibir la transmisión zerg —confirmó Matt.


Valerian asintió.
— ¿Teniente? ¿Sigue ahí?
—Afirmativo, emperador —respondió Halkman.
— ¿Y usted, jerarca Artanis?
—Sí.
—Muy bien —dijo Valerian—. Escúchenme todos con mucha
atención. Si damos por supuesto que todo lo que Zagara nos ha
contado es verdad y que todas las especulaciones del equipo de
investigación también lo son, concluiremos que, en un principio,
Abathur, siguiendo órdenes de Zagara, creó a la adostra para que
fueran unos seres que nutrían de vida, pero luego se guardó una
parte de la esencia xel’naga para usarla con sus propios fines y la
mezcló con la genética zerg para engendrar a esos seres nuevos con
poderes psiónicos a los que llamamos psioliscos.
—Tal vez también hiciera eso siguiendo las instrucciones de
Zagara —afirmó Artanis.
—Una vez más, demos por sentado que ella no está involucrada —
replicó Valerian—. Y demos también por sentado que Abathur ha
sido quien ha estado manipulándolo todo desde el principio, con el
fin de que nosotros destruyéramos la adostra, lo cual haría

423
TIMOTHY ZAHN

imposible que nuestras conversaciones llegaran a buen puerto y


empujarían a Zagara a volver al sendero de la guerra.
—Está bien —dijo Matt—. Pero ¿adónde nos llevan tanta conjetura
y tanto razonamiento lógico?
—A las dos preguntas que me he estado haciendo —contestó
Valerian—. La primera: si Abathur nos ha estado manipulando,
¿con qué propósito lo ha hecho? La segunda: ¿dónde está ahora?
—Hemos intentado localizarle mediante el escáner, pero hay
demasiada superficie que cubrir ahí abajo —indicó Matt—. Y
como los zerg tienen cierta tendencia a excavar unas redes de
túneles descomunales, podría estar en cualquier lugar del planeta.
—La verdad es que no creo que sea este el caso —replicó
Valerian—. Una parte de su plan debe consistir al menos en poder
abandonar Gystt sano y salvo. No va a desatar una guerra mientras
él está atrapado en un planeta que se encuentra en el centro de todos
los puntos de mira. Como los psioliscos tienen que formar parte de
su plan a largo plazo con el que los zerg obtendrán la victoria final,
también tiene que haber reservado a unos cuantos para que se
marchen del planeta con él. Eso quiere decir que tiene previsto
hacerse con el control de un leviatán.
—Hay siete de ellos en la superficie —señaló Artanis.
—Correcto —dijo Valerian—. Pero creo que podemos ir
descartando posibilidades. ¿Se acuerda de lo que dijo Zagara
cuando llegamos, jerarca Artanis? Nos saludó y luego me dio las
gracias a mí, en concreto, por haber acudido tan rápido. Y tenía
razón..., sí que llegamos más rápido de lo normal. Almirante
Horner, ¿recuerda por qué nos apresuramos tanto?
—Porque le intrigaba el mensaje de Mukav, señor —respondió un
desconcertado Matt—. Porque la esperanza de lograr la paz era
algo por lo que creía que merecía la pena luchar.
—Sí, por supuesto —admitió Valerian—. Pero ambas razones nos
habrían acabado trayendo hasta aquí de un modo u otro. Pero ¿por
qué vinimos tan rápido?

Matt lo miró con suspicacia.


424
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Porque Mukav no nos facilitó ningún detalle acerca de la


situación —contestó—. Se limitaba a repetir la misma invitación
muy simple una y otra vez.
— ¿Y qué habría pasado si se hubiera mostrado más habladora?
—Que la habríamos obligado a descender para interrogarla con
más detenimiento —respondió Matt con un tono muy serio. Por fin
entendía adonde quería ir a parar—. Y habríamos podido echar un
buen vistazo al leviatán.
—Un momento —les interrumpió Artanis—. ¿Están insinuando
que Abathur y sus psioliscos se encuentran a bordo de ese leviatán
en particular?
—Es el escondite perfecto —señaló Valerian—. Como hemos
podido ver, tras hacer un vuelo de reconocimiento somero por la
zona, todo parecía indicar que era inofensivo.
—Se trata de una peculiaridad de la psicología terran, jerarca
Artanis —le explicó Matt—. Si uno planea cometer un crimen, uno
procura cruzarse con el agente de policía de servicio, porque si uno
llama la atención, da la impresión de que no tiene nada que
esconder.
—Exactamente —dijo Valerian—. Eso también quiere decir que si
ese leviatán despegara, sería el que menos sospechas despertaría,
puesto que nunca se nos ocurriría pensar que él podría estar a
bordo. —Alzó un dedo al percatarse de que otra pieza más acababa
de encajar en el rompecabezas—. Además, gracias a lo que ha
descubierto el equipo de investigación, sabemos que quienquiera
que controle a los psioliscos lo hace a través de unas órdenes que
transmite por medio de esos transmisores biomecánicos. Es posible
que se trate de unas órdenes que se transmitan en un tono muy
agudo que ni los humanos ni los protoss puedan oír; el equipo del
doctor Cogan ha descubierto al examinar el cadáver del psiolisco
que Zagara nos envió que son capaces de oír frecuencias muy
agudas. También sabemos que Mukav tiene el mismo tipo de
transmisor a bordo del leviatán porque así es como contactó con

425
TIMOTHY ZAHN

nosotros la primera vez. Así es como Abathur podía escuchar las


batallas en los puntos neurálgicos y dirigir a los psioliscos.
—Pero si ya se encontraba sano y salvo fuera del planeta, ¿por qué
regresó? —inquirió Artanis, quien seguía sin estar convencido.
—Yo puedo responder esa pregunta, jerarca Artanis —intervino
Halkman—. Tal y como el emperador Valerian ha dicho, tenía que
estar aquí para supervisar la situación, para asegurarse de que todos
jugábamos el papel que nos había asignado y para modificar el
guión si nos salíamos de él.
—Lo cual nos lleva a plantearnos la pregunta de cómo es posible
que un maestro de evolución sea tan buena estratega —señaló
Valerian—. Aún tenemos que resolver ese misterio.
—Tal vez se modificara un poco a sí mismo mientras creaba a los
psioliscos —le sugirió Matt—. O tal vez modificara a Mukav. Es
casi imposible que pudiera subir a los psioliscos a bordo sin que
ella se enterara, así que tiene que estar compinchada con él.
—Además, sería más difícil percatarse de que le había añadido la
capacidad de ser una gran estratega a una reina que si se hubiera
hecho esa modificación en su propio cuerpo —afirmó Valerian,
quien estaba encajando todas las piezas—. De todas formas,
Abathur estaba en el edificio donde se celebró la conferencia
durante el ataque al Punto Uno, así que no pudo dirigir ese asalto
él mismo.
—Así que Mukav es el cerebro de la operación y él es quien hizo
que sea de ese modo, ¿no? —preguntó Matt.
—Sea como fuere, podremos resolverlo todo en cuanto lo
atrapemos —aseveró Valerian—. Ahora mismo, tenemos que
hacer que salga de su escondite. Por eso le he dicho a Zagara que
lleve al leviatán al Punto Tres. Quiero que nuestra gente suba a
bordo sin despertar sospechas.
—Pero eso supone asumir que Abathur no va a ignorar la llamada
de Zagara y se quedará ahí —le advirtió Matt.
—No lo hará —le aseguró Valerian—. Recuerde que hemos
tramado todo esto usando un transmisor cuyas comunicaciones
podía escuchar. Por lo que él sabe, le estamos ofreciendo en
426
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

bandeja la oportunidad de darse a la fuga. En cuanto su leviatán se


encuentre en el espacio, podrá pasar por delante de nuestras armas
sin despertar ninguna sospecha y sin que nosotros le plantemos
cara.
—Y si Zagara lo acompaña cuando huya, dará la impresión de que
ella es tan culpable como él —señaló Halkman.
—Lo cual encajaría perfectamente con su plan maestro —dijo
Valerian—. Así que en cuanto se hallen a bordo, teniente, su misión
consistirá en localizar a Abathur y detenerlo.
—Entendido, emperador —respondió Halkman—. ¿Hacemos lo
mismo con los psioliscos que encontremos?
—Recomiendo que los destruyan —contestó Artanis.
—Estoy de acuerdo —admitió Valerian, al mismo tiempo que Je
llamaba la atención un mensaje que había aparecido en uno de los
monitores—. Y ya que hablamos del tema —añadió, mientras
sumaba al biolaboratorio a la conversación apretando un botón—,
el doctor Cogan tiene algunas cifras que darle. ¿Doctor Cogan?
—Gracias, emperador —se oyó decir a Cogan por el altavoz—.
Está bien, estas cifras son provisionales, así que no se fíen
demasiado de ellas. Hemos realizado un examen inicial al
psiolisco, durante el cual hemos hecho un primer intento de
analizar en qué porcentaje es xel’naga y en qué porcentaje no lo es.
Aunque siempre resulta difícil precisarlo con una especie
desconocida, al comparar su genética con la muestra de adostra que
envió la doctora Wyland y teniendo en cuenta el número de
psioliscos que ya han muerto...
—Doctor Cogan —le espetó Valerian.
—Disculpe, emperador. En resumen: estimamos que Abathur aún
podría contar con trescientos a quinientos psioliscos a los que poder
manipular.
—La mayoría de los cuales estarán a bordo del leviatán, supongo,
¿no? —preguntó Halkman.
—Es probable —contestó Valerian, esbozando una mueca de
disgusto. Esos eran demasiados psioliscos; tres terran y un civil
protoss no podrían con ellos.
427
TIMOTHY ZAHN

Era obvio que Artanis estaba pensando lo mismo.

—Necesitarán ayuda —dijo—. Enviaré una falange de guerreros


para que los acompañen.
—Con todo respeto, jerarca Artanis, creo que eso no sería una
buena idea —le advirtió Halkman—. Se supone que Zagara viaja
por voluntad propia en un leviatán inofensivo. Si metemos ahí más
tropas, ya sean protoss o del Dominio, Abathur podría olerse que
algo va mal y despegar para huir.
—Entonces, lo borraremos del cielo —afirmó Artanis de un modo
siniestro.
—Si hacemos eso, nunca sabremos toda la verdad —replicó
Valerian—. ¿Teniente?
—Creo que podremos arreglárnoslas, emperador —respondió
Halkman—. Pero vamos a necesitar nuevas armaduras y armas.
Ah, y una mochila de propulsión nueva también nos vendría bien.
—Le pondré en contacto con el oficial de intendencia —dijo
Valerian—. Y si no volvemos a hablar antes de que embarque en
el leviatán, teniente, le deseo buena suerte.
—Gracias, emperador —contestó Halkman.
—Ahora mismo le pongo en contacto con el oficial —dijo Matt,
apretando el control.

La luz del comunicador parpadeó.

—No estoy de acuerdo con el plan, emperador Valerian —aseveró


Artanis—. Es muy arriesgado y está plagado de incertidumbre. Si
se equivoca y el objetivo de reina Zagara es colocar un leviatán en
medio de nuestras fuerzas, nos hallaremos en una posición
terriblemente débil para batallar.
—Sé que es peligroso, jerarca Artanis —contestó con mucho tacto
Valerian. Artanis no iba a echarse atrás a estas alturas, ¿ver-dad?
Pero creo que es la única manera de descubrir la verdad.

428
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

— ¿Y si me niego a ayudarles? Ahora, mismo podría retirar a las


fuerzas protoss y tendría que enfrentarse solo a Zagara y su
leviatán. Entonces, ¿qué pasaría?

Matt lo observaba con detenimiento.

—Entonces, el Dominio lucharía solo —respondió Valerian—.


Pero antes de que me dé su respuesta, permítame recordarle una
historia.
— ¿Qué clase de historia?
—La única historia que importa —contestó el emperador—. La
historia que comparten terran y protoss. ¿Se acuerda de Chau Sara?
En el monitor pudo verse que a Artanis se le moteaba la piel.
—Sí —dijo con una voz muy extraña.
—Se acuerda de lo que los protoss les hicieron a esos colonos,
¿verdad? —insistió Valerian. Como esas motas indicaban que
estaba sintiendo una emoción muy intensa, se le pasó fugazmente
la idea por la cabeza de que tal vez estuviera siendo demasiado duro
con el jerarca. Pero le daba igual—. Se acuerda de que había una
facción de la Confederación (la cual más tarde se convertiría en el
Dominio) que abogaba por eliminar a toda la raza protoss de la
existencia —continuó—. ¿Se acuerda de por qué abandonaron ese
objetivo?

Artanis no contestó.

—Porque un hombre llamado Jim Raynor tomó una decisión —se


respondió a sí mismo Valerian—. Decidió confiar en el albacea
protoss Tassadar y, por tanto, en su pueblo. Ese fue el momento
clave, el primer paso en el camino que nos ha llevado hasta aquí.
— ¿Y pretende que yo también confíe en usted a ciegas?
—Raynor tenía muchas pruebas que le indicaban que los protoss
no eran de fiar —afirmó Valerian—. Pero escuchó lo que tenía que
contarle Tassadar y comprendió el punto de vista de los protoss, y
decidió correr ese riesgo.
429
TIMOTHY ZAHN

»Ahora mismo, nos encontramos en la misma situación que él. A


pesar de que hemos sido testigos de la destrucción que son capaces
de causar los zerg, ahora Zagara nos asegura que el Enjambre y ella
han cambiado. Yo estoy dispuesto a confiar en ella. ¿Y usted?

Señaló el planeta que se hallaba ahí abajo.

—Si mi plan fracasa y no resolvemos este enredo, tal vez estalle la


guerra. Pero si ni siquiera lo intentamos, seguro que habrá guerra.
Por un momento, Artanis permaneció callado y, entonces, dijo:
— ¿Recuerda lo que usted me dijo en el planeta? Eso de que los
protoss eran una raza noble que había protegido a muchas otras
especies. ¿Se acuerda de lo que le contesté?
—Que les resultaba muy fácil sentirse superiores a los demás
cuando estaban unidos por el Khala —murmuró Valerian.
—He estado cavilando al respecto —aseveró Artanis—. Tal vez la
nobleza y el honor no sean unas metas fáciles de alcanzar. Tal vez
siempre acarreen un riesgo. Y tal vez no pueda existir la nobleza
sin confianza. —Se enderezó—. Los protoss lanzaron el primer
golpe en Chau Sara, Valerian. Esa decisión costó muchas vidas con
el paso de los años e incluso ahora afecta negativamente a las
relaciones entre nuestros pueblos. No volveré a atacar primero.
Aquí no, ahora no. Seguiré su camino y confiaré en su buen juicio.
Y los protoss recuperaremos nuestra nobleza.
—Nunca la perdieron —le aseguró un sereno Valerian—. Gracias,
jerarca. Venzamos o perdamos hoy, lo haremos juntos.

Artanis agachó la cabeza.

—Aguardaré sus instrucciones.

La imagen se desvaneció del monitor.

430
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—Bueno —dijo Valerian, volviéndose hacia Matt—. Todo


depende ahora del equipo.
—Sí, así es —Matt titubeó—. No espera que sobrevivan, ¿verdad?

Valerian suspiró.

—Probablemente, no sobrevivirán —respondió—. Lo más


probable es que hallen la muerte ahí. O aún peor..., quizá esté
enviando a Tanya Caulfield a caer directamente en las garras del
maestro de evolución zerg, con todas las espantosas consecuencias
que eso acarrearía. Pero si pueden demostrar que Abathur está ahí
y consiguen que admita su responsabilidad en todo esto, tal vez
desactiven la crisis.
— ¿Y cómo piensa lograrlo?
—Haciéndole creer a Abathur que ha ganado —contestó
Valerian—. Póngame con el oficial de intendencia. Tengo que
pedirle unas cuantas cosas para mí.

431
TIMOTHY ZAHN

CAPÍTULO VEINTITRÉS

Tanya siempre había sabido que los leviatanes eran grandes. Eso lo
sabía todo el mundo. Pero en realidad, esas criaturas eran enormes,
más grandes que los cruceros de batalla del Dominio o las
portanaves protoss.

Sin embargo, no había sido hasta ahora, mientras se acercaba hasta


uno que yacía un tanto inclinado sobre un conjunto de colinas,
cuando había podido apreciar de verdad lo colosales que realmente
eran.

¿Y se suponía que tenían que localizar a un solo maestro de


evolución y unos cuantos psioliscos dentro de todo eso?

Como siempre, Baraja había tenido una respuesta.

Solo tienes que pensar como un soldado, le había asegurado


mientras los cuatro se preparaban para dejar la caverna de la
adostra, probablemente por última vez. No te preocupes por dar
432
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

con el enemigo. Lo más probable es que el enemigo te encuentre a


ti.

Lo cual, en opinión de Tanya, no había sido una reflexión muy


alentadora.

¿Tanya Caulfield?, oyó decir a Ulavu en su mente. ¿Te encuentras


bien?
Solo un poco nerviosa, le aseguró. La fantasma caminaba junto a
Zagara y el protoss se hallaba al otro lado de la zerg; los dos
flanqueaban a la reina mientras Baraja encabezaba el grupo y Dizz
se ocupaba de la retaguardia. Aunque tal vez tuviera que dar la
sensación de que los cuatro estaban escoltando a una prisionera,
desde una perspectiva puramente táctica, su colocación era
tremendamente estúpida. Su única esperanza es que Zagara
realmente ansiara la paz y estuviera dispuesta a realizar unos
extraordinarios sacrificios para alcanzarla.

Lo cierto era que estaban forzando mucho las cosas en ese sentido.
Valerian les había prohibido contarle a Zagara la verdad sobre lo
que estaba pasando, para evitar que Abathur pudiera enterarse de
todo gracias al vínculo psiónico zerg; además, la reina no estaba
precisamente contenta con las condiciones del viaje. A Tanya no le
hacía falta recurrir a su limitado poder tele para ser capaz de
percibir que Zagara estaba enojada por este trato indigno. Por
suerte, daba la sensación de que prefería evitar una guerra a
preservar su dignidad.
Nadie sabía lo que pensaría (o haría) cuando se enterara de hasta
qué punto la habían manipulado. Y Tanya no se moría de ganas por
descubrirlo, precisamente.

Al menos, iban lo mejor equipados posible para la inminente


reunión. Una nave de despliegue había traído a Baraja una nueva
armadura mecánica de combate CMC, para reemplazar la antigua
que estaba destrozada tras tanta batalla, así como un nuevo rifle
433
TIMOTHY ZAHN

gauss y todos cargadores que fuera capaz de llevar encima. Del


mismo modo, a Dizz le había traído una nueva armadura de segador
y una nueva mochila de propulsión. A Tanya le habían dado un
casco como era debido para reemplazar al visor fantasma que se
había llevado Erin; además de un nuevo fusil de francotirador,
cortesía del propio Emperador Valerian.

El fusil era un mero elemento disuasorio. Con suerte, Abathur no


se percataría de ello hasta que fuera demasiado tarde.

Como todo el mundo a bordo del Hyperion seguía creyendo que


Ulavu era un civil, le ofrecieron la posibilidad de volver a él a bordo
de la nave de despliegue. Rechazó la invitación, alegando que quizá
podrían necesitar sus conocimientos sobre los zerg en general y
sobre la forma de pensar zerg en particular.

Aunque Tanya seguía sin saber muy bien qué pensar sobre él
después de todo el tiempo que le había estado mintiendo, por un
momento se alegró de poder contar con él como apoyo.

Aun así, ante un leviatán donde había quinientos psioliscos, tres


terran y un protoss tenían muy poco que hacer.

Con suerte, Abathur también pensaría lo mismo.

Mientras se aproximaban, la fantasma vio que había varias


aberturas visibles con forma de esfínter en la gruesa piel del
leviatán; cada una de ellas llevaba a un túnel oscuro repleto de
costillas. Baraja miró hacia atrás, a Zagara, quien silenciosamente
les indicó uno de ellos. Acto seguido, el grupo entró en él.

El túnel en el que se hallaron poseía una atmósfera muy distinta a


la que habían percibido en las cámaras de la adostra. Ahí, la
sensación general había sido la de estar en un sitio espacioso,
incluso amplio. Aquí, todo estaba mucho más apretado, bordeando
434
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

lo claustrofóbico. Toda la superficie estaba repleta de recovecos, lo


que hacía que caminar por ahí fuera difícil; además, había multitud
de túneles y conductos más pequeños que se ramificaban en lugares
al azar y en direcciones aleatorias. Enseguida, el grupo se vio
obligado a avanzar de fila india; con Baraja y Tanya encabezando
la marcha, Zagara en el medio y Ulavu y Dizz detrás de ella.

Al contrario que en las cámaras de adostra, en cuanto dejaron de


ver en la luz del sol del exterior, comprobaron que el túnel carecía
de iluminación, de tal manera que la única luz que había ahí era la
de sus propias linternas.

Mientras caminaban, Tanya iluminaba con su linterna todas las


superficies y clavaba la mirada con gran tensión en cada túnel que
era lo bastante grande como para albergar a un psiolisco. Si
Abathur decidía eliminarlos de camino al centro de control del
leviatán, este túnel sería el lugar perfecto para hacerlo.

Pero no se produjo ningún ataque. De hecho, ahí reinaba tanto la


calma que Tanya se preguntó si el emperador Valerian se había
equivocado respecto a los planes de Abathur. A pesar de que la
teoría de Valerian era muy lógica, la lógica tenía una aplicación
muy limitada cuando las piezas que faltaban del rompecabezas
había que sustituirlas por conjeturas. Si Abathur no se hallaba a
bordo (o sí lo había estado pero ya se había marchado), volverían a
la casilla de salida.

Además, la lógica y las teorías no iban a evitar que Artanis


incinerara el planeta.

Están aquí.

Tanya se quedó sin aliento.

¿Estás seguro?
435
TIMOTHY ZAHN

Puedo percibirlos, confirmó Ulavu. ¿Tú no?


No, respondió Tanya, cuyas últimas dudas se disiparon. Si los
psioliscos estaban ahí, seguramente Abathur también.
—Permanezcan alerta —murmuró Baraja.

Habían caminado otros diez minutos más y Tanya había empezado


a notar ese zumbido en su mente, cuando por fin divisó una tenue
luz en la lejanía. La luz fue cobrando intensidad a medida que se
aproximaban y pudo percibir, por los sutiles cambios que se habían
operado en su mente y postura, que Baraja había adoptado una
actitud total de combate.

Entonces, de repente, llegaron a su destino. El túnel cambió de


dirección bruscamente por última vez y los llevó hasta una cámara
que era al menos un cincuenta por ciento más grande que las
cavernas principales de la adostra en el interior de las mesetas.

Baraja entró y se dirigió rápidamente a la derecha. Tanya lo siguió


e hizo lo mismo, pero yéndose hacia la izquierda.

A primera vista, la cámara era una suerte de versión más espaciosa


del túnel que acababan de abandonar. Al igual que este, la cámara
tenía paredes que se adentraban en el suelo o el techo y carecían de
bordes afilados o cortes bruscos, y contaba con la misma clase de
textura, así como con multitud de túneles secundarios. Cerca de la
entrada, había una reina zerg que permanecía inmóvil y observaba
cómo el grupo entraba en fila, cuya silueta y disposición de los
miembros era ligeramente distinta a la de Zagara. En una pared
cercana a ella, había incrustado un transmisor igual al que habían
arrancado del techo del Punto Tres.

Y en el centro de la cámara, se hallaba Abathur, al que reconocieron


al instante por las fotografías que Valerian les había enviado.

436
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Después de Tanya, Zagara entró en la cámara y se detuvo


súbitamente.

¿Abathur?
El zerg (Abathur) gesticuló con sus extremidades internas más
pequeñas. Tanya podía percibir algo que bordeaba los límites de su
mente...
—Espere —ordenó Dizz—. Sé que le ha sorprendido verlo, reina
Zagara, pero no nos olvidemos de aquí somos invitados.
Mantengamos una conversación...
¿Qué haces aquí?

La pregunta de Zagara golpeó la mente de Tanya como si fuera una


tormenta invernal, por lo que a duras penas fue capaz de apartarse
de su camino cuando la reina pasó rápidamente junto a ella, con los
ojos brillando y las extremidades dispuestas a trocear y desgarrar,
mientras se dirigía directamente hacia Abathur.

Aunque el maestro de evolución se estremeció en un primer


momento, enseguida adoptó una actitud firme.

Abathur hace lo que es necesario para el Enjambre, respondió.


Has traicionado al Enjambre, insistió Zagara, quien continuó
avanzando hacia él. Por un momento, Tanya pensó que se lo iba a
llevar por delante. Pero en vez de eso, se detuvo justo delante de él,
con las extremidades en alto y retorciendo las garras como si estas
tuvieran vida propia e intentaran ir a por el maestro de evolución.

Una vez más, Abathur se mantuvo firme, a pesar de hallarse cara a


cara con la reina, que estaba sin duda furiosa. Tal vez, pensó Tanya,
era más valiente de lo que pensaba.

O tal vez sabía que tenía todas las de ganar.

437
TIMOTHY ZAHN

La reina Zagara habla de traición. Dijo la otra reina alzando la


voz, a la vez que daba un paso hacia el grupo. Soy Mukav. Yo les
traduciré lo que ellos digan.
—Gracias, pero ese tema ya está solucionado —replicó Dizz.
Algunos matices se les pueden escapar, afirmó Mukav, dando otro
paso hacia ellos. Estoy preparada para interpretar sus palabras.
Aunque no te debo ninguna explicación, le espetó Abathur a
Zagara, con una voz mental áspera e insolente, te la daré.
Hazlo, le ordenó Zagara.

De repente, Tanya se imaginó un muelle muy apretado. La reina se


contenía como podía.

El Enjambre es supremo, dijo Abathur. El Enjambre es único. Así


se diseñó en un principio. Y así volverá a ser.
El Enjambre siempre será único, replicó Zagara. No me has dado
ninguna razón que justifique tu traición.
Yo no he traicionado al Enjambre, insistió Abathur. Solo he
traicionado al traidor.
¿Y quién es el traidor?

Abathur agitó las garras.

La reina. La reina es la traidora.


— ¿Cómo va a poder ella traicionar al Enjambre? —preguntó
Dizz—. Es la reina. Todo lo que hace es por definición la voluntad
del Enjambre.

Ambos zerg lo ignoraron. Por un momento, la confrontación


mental degeneró; pasó de estar formada por unas palabras
inteligibles a ser un torbellino de imágenes, emociones y
sensaciones que giraban a tal velocidad que Tanya era incapaz de
asimilarlo. Lo único que pudo deducir era que Abathur se mostraba
desafiante y no estaba dispuesto a disculparse, mientras que Zagara
estaba furiosa y dispuesta a destrozarlo con sus garras desnudas.
438
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

Lo que no sabía era que Abathur tenía un as en la manga.

Tanya recorrió lentamente con la mirada la estancia, intentando ver


como podía lo que había en esos túneles oscuros. Por desgracia,
todos ellos contaban con las mismas curvas sinuosas que habían
visto en aquel por el que el grupo había entrado, lo cual quería decir
podría haber psioliscos acechando ocultos en todos y cada uno de
ellos.

—Eh..., ¡Abathur! —le gritó Dizz, quien intentaba una vez más
sumarse a la conversación—. Nosotros apoyamos en esto a la reina,
así que... ¿qué tal si nos explicas esto a los demás para que podamos
entenderlo?

Abathur dirigió su mirada más allá de Zagara, hacia Dizz. Tanya


tuvo la impresión de que estaba evaluando a Dizz con sus múltiples
ojos.

Aunque no debo ninguna explicación a los terran, contestó,


Abathur se la dará.
—Bien —dijo Dizz—. Escuchémosla.
El Enjambre es supremo, repitió Abathur. El Enjambre es único.
Así se diseñó en un principio. Y así volverá a ser.
—Sí, eso ya lo habíamos oído —señaló Dizz—. ¿Y qué? ¿Es que
no pueden ser únicos si no arrasan todo lo demás?
Las especies inferiores no pueden entender al Enjambre, afirmó
Abathur, cuya voz mental estaba plagada de desprecio. El
Enjambre es supremo. El destino del Enjambre es llenar el
universo. El destino del Enjambre es asimilarlo todo. Descartar lo
que no es necesario.
Dice que el destino del Enjambre era asimilarlo todo, tradujo
Mukav.

439
TIMOTHY ZAHN

Tanya echó un vistazo y, sorprendida, se dio cuenta de que la reina


estaba mucho más cerca de lo que había estado cuando la
conversación había empezado. Al parecer, se había estado
aproximando al grupo mientras hacía las veces de traductora.

¿Acaso deberían dejar que se acercara tanto?

Tanya miró a Dizz y Baraja; ambos estaban tan concentrados en el


drama que estaba teniendo lugar al otro lado de la cámara que tal
vez ni siquiera se habían percatado de que Mukav se había
aproximado.

—Gracias, pero me gustaría oír esto de boca del propio Maestro de


Evolución Abathur —le dijo Dizz a Mukav—. Así que dices que el
Enjambre es supremo, ¿verdad, Abathur?
El Enjambre debe crecer. Cambiar, aseveró Abathur. Sin guerra,
no puede hacer ninguna de ambas cosas.
—Así que los psioliscos son el primer paso de los zerg en el camino
hacia una nueva guerra, ¿no? —gritó Dizz.
Chitha no son zerg, respondió Abathur, cuya voz psiónica era ahora
un gruñido. La esencia del Enjambre debe dominar. La esencia del
Enjambre no es dominante en chitha. La esencia del Enjambre y
xel’naga es igual.
—Ajá —dijo Dizz, asintiendo—. Entonces, ese es el problema.
Que no están acostumbrados a colaborar de igual a igual, ¿verdad?
Da igual Chitha no son zerg, pero chitha sí son un arma zerg.
Darán la victoria al Enjambre sobre los protoss. Abathur señaló
con una garra a Ulavu.
—No lo tengo yo tan claro —replicó un dubitativo Dizz—. Es
complicado luchar contra los psioliscos, pero son más fáciles de
matar que los hidraliscos en los que los has basado. Pero una vez
más, ¿usar la esencia xel’naga no es hacer trampas? ¿Eso no
convierte la victoria en una victoria xel’naga y no zerg?
La victoria no es importante, contestó Abathur. La perfección es
importante. El Enjambre sigue el sendero de la perfección.
440
STARCRAFT: EVOLUCIÓN

—A menos que hayan abandonado ese sendero —replicó Dizz—.


U lo hayan superado. Tal vez sea la adostra lo realmente perfecto,
¿no?
La adostra. Abathur pronunció esa palabra como si fuera una
Maldición. Es una abominación.
— ¿Cómo es posible que sean una abominación? —inquirió . Pero
si tú los creaste, ¿no?
Zagara creó una abominación, replicó Abathur, quien esta vez
señaló con el dedo a Zagara. Abathur solo fue una herramienta.
— ¿Por qué son algo tan malo? —insistió Dizz—. ¿Cómo es
posible que la adostra pueda arrebatarles algo a los zerg?
Los zerg manipulan la esencia, respondió Abathur de un modo
envarado. Los zerg crean nueva vida. Un nuevo propósito en otros.
Los zerg dirigen la evolución. La moldean a imagen y semejanza
del Enjambre. No dan poder a seres extraños.
La adostra solo afecta a la flora, afirmó Zagara, quien claramente
seguía furiosa, por lo que podía ver Tanya, pero al menos se había
calmado lo suficiente como para volver a emplear unas palabras
inteligibles. No se interponen en el camino del Enjambre.
¿Ah, no?, replicó Abathur. Zagara ordenó que ese poder se le
concediera a la adostra. Ordenó a la adostra que no fuera
absorbida por el Enjambre.
Ese p