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Fascismo

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Benito Mussolini y Adolf Hitler

El fascismo es una ideología, un movimiento político y un tipo de Estado1 de


carácter totalitario y antidemocrático; creado por el dirigente italiano Benito Mussolini, se
difundió en la Europa de entreguerras desde 1918 hasta 1939. El término «fascismo» proviene
del italianofascio (‘haz, fasces’), y éste a su vez del latín fascēs (plural de fascis), que alude a
los signos de la autoridad de los magistrados romanos. Sin embargo el término «fascismo» es
uno de los más difíciles de definir con exactitud en las ciencias políticas desde los mismos
orígenes de este movimiento, posiblemente porque no existe una ideología ni forma de
gobierno «fascista» sistematizada y uniforme en el sentido que sí tendrían otras ideologías
políticas de la Modernidad.234
Entre los rasgos del fascismo se encuentra la exaltación de valores como la patria o
la raza para mantener permanentemente movilizadas a las masas, lo que ha llevado con
frecuencia a la opresión de minorías (judíos, gitanos, homosexuales…) y un fuerte militarismo.
En este sentido el enemigo se identifica como un ente exterior, a diferencia de los
totalitarismos típicos de izquierda en que el enemigo es interno (burguesía).
La Primera Guerra Mundial fue decisiva en la gestación del fascismo, al provocar cambios
masivos en la concepción de la guerra, la sociedad, el Estado y la tecnología. El advenimiento
de la guerra total y la movilización total de la sociedad profundizaron la distinción
entre civiles y militares. Una «ciudadanía militar» surgió, en la que todos los ciudadanos se
involucraron con los militares de alguna manera durante la guerra. La guerra pone así de
relieve el papel de un poderoso Estado capaz de movilizar a millones de personas para servir
en primera línea y proporcionar producción económica y logística para apoyarlos, además de
tener una autoridad sin precedentes para intervenir en la vida de los ciudadanos. Para ello,
desde un punto de vista fascista, es necesaria la destrucción de los partidos y los sindicatos;
la democracia y el voto se consideran métodos inútiles, se aboga por un sistema con
un partido político único.
Así pues, el fascismo se caracteriza por eliminar el disenso: el funcionamiento social se
sustenta en una rígida disciplina y un apego total a las cadenas de mando, y en llevar adelante
un fuerte aparato militar, cuyo espíritu militarista trascienda a la sociedad en su conjunto, junto
a una educación en los valores castrenses, un nacionalismo fuertemente identitario con
componentes victimistas, que conduce a la violencia contra los que se definen como
enemigos.5
Los fascistas creen que la democracia liberal es obsoleta y consideran que la movilización
completa de la sociedad en un Estado de partido único totalitario es necesaria para preparar a
una nación para un conflicto armado y para responder eficazmente a las dificultades
económicas. Tal Estado es liderado por un líder fuerte—como un dictador y un gobierno
marcial compuesto por los miembros del partido fascista gobernante—para forjar la unidad
nacional y mantener una sociedad estable y ordenada. El fascismo niega que la violencia sea
automáticamente negativa en la naturaleza, y ve la violencia política, la guerra y
el imperialismo como medios para lograr una regeneración, un rejuvenecimiento nacional. Por
otra parte, los fascistas abogan por una economía mixta, con el objetivo principal de lograr
la autarquía mediante políticas económicas proteccionistas e intervencionistas. Karl
Polanyi consideraba que el fascismo era el corolario del liberalismo y la "obsoleta mentalidad"
de una economía de mercado autorregulada.67
El fascismo se presenta como una «tercera vía» o «tercera posición»8 que se opone
radicalmente tanto a la democracia liberal en crisis (la forma de gobierno que representaba los
valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como el Reino
Unido, Francia o Estados Unidos, a los que considera decadentes) como a las ideologías
del movimiento obrero tradicional en ascenso (anarquismo o marxismo). Sin embargo algunos
autores sostienen que el fascismo deriva en mayor medida de la matriz socialista clásica910
caracterizado por un estado con sentido comunitario, altamente intervencionista,
revolucionario, antiliberal y anticapitalista, en la que se agregan elementos nacionalistas
exacerbados contraponiéndose a la lucha de clases mediante un fuerte antimarxismo aunque
adoptando una tesis postmarxista que compartiría con el leninismo, la «lucha de naciones» -
concepto que quizás sea la aportación ideológica más perdurable del fascismo luego de de la
Segunda Guerra Mundial, pues esta idea sería adoptada posteriormente por las ideologías
nacionalistas del Tercer Mundo y por la teoría del centro-periferia.11
El concepto de «régimen fascista» puede aplicarse a algunos regímenes
políticos totalitarios o autoritarios12 de la Europa de entreguerras y a prácticamente todos los
que impusieron las potencias del Eje durante su ocupación del continente durante la Segunda
Guerra Mundial: en primer lugar, la Italia fascista de Benito Mussolini (1922) —que inaugura el
modelo y acuña el término, aun cuando no hay consenso entre los especialistas en que este
haya sido un régimen totalitario—,13 seguida por la Alemania del Tercer Reich de Adolf
Hitler (1933) —que lo lleva a sus últimas consecuencias—13 y, cerrando el ciclo,
la España de Francisco Franco, cuyo régimen se prolonga mucho más tiempo (desde 1936
hasta 1975) y evoluciona —aunque la catalogación de este régimen dentro del fascismo suele
ser rechazada o discutida por parte de los especialistas en el tema—.14
Las diferencias de planteamientos ideológicos y trayectorias históricas entre cada uno de
estos regímenes son notables. Por ejemplo, el fascismo en la Alemania nazi (o nacional-
socialismo) añade un importante componente racista, que sólo es adoptado en un segundo
momento y con mucho menor fundamento por el fascismo italiano y el resto de movimientos
fascistas o fascistizantes. Para muchos de estos, el componente religioso (católico u ortodoxo
según el caso) fue mucho más importante: así, el historiador británico Trevor-Roper evoca un
«fascismo clerical» (como sería el caso del nacionalcatolicismo español).15
Puede considerarse que el fascismo italiano es un totalitarismo centrado en el Estado, aunque
no debe confundirse con la estatización de las empresas, ya que el fascismo es
inherentemente liberal en lo económico:
El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo
es el Estado y el Estado es el pueblo.
Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.
Mussolini16

Por su parte, el nazismo alemán está centrado en la raza, identificada con el pueblo (Volk) o
con la «comunidad popular» (Volksgemeinschaft, interpretable como comunidad del
pueblo o comunidad de raza, o incluso como expresión del apoyo popular al Partido y al
Estado:

Ein Volk, ein Reich, ein Führer! «¡Un Pueblo, un Imperio, un Líder!»

Lema de la Alemania nazi

También se pueden encontrar elementos del fascismo fuera del período de entreguerras, tanto
antes como después. Un claro precedente del fascismo fue la organización francesa Action
Française (Acción Francesa, 1898), cuyo principal líder fue Charles Maurras: Action Française
contaba con un ala juvenil violenta llamada los Camelots du Roi y se sustentaba en una
ideología ultranacionalista, reaccionaria, fundamentalista cristiana (aunque Maurras era
agnóstico) y antisemita.
Después de la Segunda Guerra Mundial, debido al masivo rechazo de la ideología y de los
regímenes fascistas, pocos partidos se han descrito abiertamente como fascistas, y el término
es usualmente usado peyorativamente por sus oponentes. Así, los calificativos «neofascistas»
o «neonazis» suelen aplicarse a partidos de extrema derecha con ideologías similares o
enraizadas en los movimientos fascistas del siglo XX; en muchos países existen legislaciones
que prohíben o limitan su existencia o la exhibición de sus símbolos.[cita requerida]

Índice

 1Características y definición
o 1.1Razón, voluntad y acción
o 1.2Nacionalismo de vencidos
o 1.3Componente social
 1.3.1Relación con el capitalismo y el socialismo
 1.3.2Origen de sus líderes
o 1.4Agrarismo, natalismo y virilidad
o 1.5Raza, etnia e identidad
o 1.6Totalitarismo, estatización y liderazgo
o 1.7Imperialismo, militarismo y violencia
 2Cristianismos y fascismo
o 2.1Iglesia católica
o 2.2Iglesias protestantes
 3El fascismo italiano
 4Difusión del modelo en otros países
o 4.1Alemania y países de lengua alemana
 4.1.1Austria
 4.1.2Suiza
o 4.2Europa Oriental
 4.2.1Rumanía
 4.2.2Bulgaria
 4.2.3Grecia
 4.2.4Hungría
 4.2.5Croacia
 4.2.6Albania
 4.2.7Eslovaquia
 4.2.8Finlandia
 4.2.9Estonia
 4.2.10Letonia
 4.2.11Lituania
 4.2.12Polonia
o 4.3Europa Noroccidental
 4.3.1Suecia
 4.3.2Dinamarca
 4.3.3Bélgica
 4.3.4Países Bajos
 4.3.5Noruega
 4.3.6Francia
o 4.4Península ibérica
 4.4.1España
 4.4.2Portugal
o 4.5Países angloparlantes
 4.5.1Reino Unido
 4.5.2Irlanda
 4.5.3Australia
 4.5.4Canadá
 4.5.5Estados Unidos
o 4.6Rusia
o 4.7Asia
 4.7.1Japón
 4.7.2China
 4.7.3Líbano
 4.7.4Tailandia
o 4.8Sudáfrica
o 4.9Latinoamérica
 4.9.1Fascismo trasatlántico y fascismo clerical
 4.9.2Argentina
 4.9.3Brasil
 4.9.4Chile
 4.9.5Colombia
 4.9.6Costa Rica
 4.9.7México
 4.9.8Perú
 4.9.9Uruguay
 4.9.10Dictaduras calificadadas de fascistas
 4.9.10.1Discusión sobre la calificación como fascista
 4.9.10.2Características generales
 4.9.10.2.1Período entre guerras
 4.9.10.2.2Durante la Guerra Fría
 5Pervivencia del concepto hasta la actualidad
o 5.1Neofascismo
o 5.2Fascismo de izquierda
o 5.3Fundamentalismos religiosos
o 5.4Uso extendido del adjetivo «fascista»
 6Véase también
 7Referencias
 8Bibliografía
 9Enlaces externos

Características y definición[editar]
Véanse también: Definiciones de fascismo y Corporativismo.

El fascismo es una ideología política y cultural fundamentada en un proyecto de unidad


monolítica denominado corporativismo, por ello exalta la idea de nación frente a la
de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único y
los localismos en beneficio del centralismo; y propone como ideal la construcción de una
utópica sociedad perfecta, denominada cuerpo social, formado por cuerpos intermedios y sus
representantes unificados por el gobierno central, y que este designaba para representar a la
sociedad.
Para ello el fascismo inculcaba la obediencia de las masas (idealizadas como protagonistas
del régimen) para formar una sola entidad u órgano socioespiritual indivisible.17 El fascismo
utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder dictatorial en el
que se concentra todo el poder con el propósito de conducir en unidad al denominado cuerpo
social de la nación.
El fascismo se caracteriza por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar
sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un
grupo. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para
exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda,18 y los desplaza contra un
enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al
que volcar toda la agresividad de manera irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria
o por la fuerza) de la población. La desinformación, la manipulación del sistema educativo y un
gran número de mecanismos de encuadramiento social, vician y desvirtúan la voluntad
general hasta desarrollar materialmente una oclocracia que se constituye en una fuente
esencial del carisma de liderazgo y en consecuencia, en una fuente principal de
la legitimidad del caudillo.
El fascismo es expansionista y militarista, utilizando los mecanismos movilizadores
del irredentismo territorial y el imperialismo que ya habían sido experimentados por
el nacionalismo del siglo XIX. De hecho, el fascismo es ante todo un nacionalismo exacerbado
que identifica tierra, pueblo y estado con el partido y su líder.19
El fascismo es un sistema político que trata de llevar a cabo un encuadramiento unitario de una
sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas
por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones nacionales. 20
El proyecto político del fascismo es definido por el economista
venezolano antichavista Humberto García Larralde como el intento de instaurar un
Estado totalitario, basado en el corporativismo y una economía dirigista.21
Razón, voluntad y acción[editar]

Casa del Fascio Di Reggio Calabria, de líneas arquitectónicas vanguardistas para los años veinte.
Destaca la palabra Dux, en referencia a Mussolini, y las siglas del partido sobre la puerta.

Los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 fueron el escaparate del nazismo, siguiendo la
estética neoclásica coincidente con el ideal de belleza aria. Algunas filmaciones de los juegos se deben
a Leni Riefenstahl, que también dirigió la filmación del congreso nazi de Nüremberg de 1934, de
impresionantes concentraciones y discursos, con el expresivo título de El triunfo de la voluntad.

Las conexiones del fascismo con movimientos intelectuales —artísticos como el futurismo y
otras vanguardias y filosóficos, como el irracionalismo y el vitalismo— supusieron en realidad,
más que su influencia, su utilización y manipulación, que fue atractiva —en mayor o menor
medida, con mayor o menor grado de compromiso o simple contemporización, y a veces con
evolución posterior en contra— para muchas personalidades destacadas: italianos
como Gabrielle D'Annunzio, Filippo Tommaso Marinetti, Curzio Malaparte o Luigi Pirandello;22
alemanes como Martin Heidegger, Ernst Jünger, Carl Schmitt, Wilhelm Furtwängler o Herbert
von Karajan; franceses como Robert Brasillach, Louis-Ferdinand Céline o Pierre Drieu La
Rochelle;23 españoles como Ernesto Giménez Caballero, Eugenio D'Ors, Agustín de
Foxá, Pedro Laín Entralgo o Dionisio Ridruejo;24 noruegos como Knut Hamsun, rumanos
como Mircea Eliade; y estadounidenses como Ezra Pound. En concreto en el caso de
Alemania, ocurrió con tópicos culturales como el del Übermensch de Nietzsche,25 o incluso
con las desviaciones pseudocientíficas justificadoras del racismo, como la eugenesia y
el darwinismo social. La ciencia misma fue un principal objeto de consideración, encuadrada y
subordinada de manera totalitaria al Estado y al Partido.
Como dice Isaiah Berlin, la Rebelión Romántica ha ido socavando los pilares de la tradición occidental
ofreciendo como alternativa «la autoafirmación romántica, el nacionalismo, el culto a los héroes y los
líderes, y al final... fascismo e irracionalismo brutal y la opresión de las minorías». En ausencia de reglas
objetivas las nuevas reglas las hacen los propios rebeldes: «Los fines no son valores objetivos... Los
fines no son descubiertos en absoluto, sino construidos, no se encuentran sino que se crean»... llega a
inspirar la política del Estado: la ciencia aria consistía en un constructo social de modo que la herencia
racial del observador «afectaba directamente la perspectiva de su trabajo». De ahí que los científicos de
razas indeseables no resultarán admisibles y solo se podría escuchar a aquéllos que estuvieran en
sintonía con las masas, el völk. La física debía ser reinterpretada para relacionarla no con la materia
sino con el espíritu, descartándose así la objetividad y la internacionalidad de la ciencia. 26
La incoherencia de los postulados no era ningún inconveniente: el antiintelectualismo y el
predominio de la acción sobre el pensamiento eran conscientemente buscados. Incluso la
modernidad estética inicial se llegó a despreciar (arte nazi y concepto de Entartete
Kunst o Arte degenerado, quema de libros, estigmatización de determinados intelectuales o de
colectivos enteros). Para Stanley Paine, lo que caracterizaba el ideario falangista (movimiento
semejante al fascismo en España, fundado en los años treinta por José Antonio Primo de
Rivera y que Franco transformó y encuadró en un ampuloso: Movimiento Nacional, con
la guerra civil y el franquismo) eran justamente «sus ideas vagas y confusas».27
El fascismo rechaza la tradición racionalista y adopta posturas de desconfianza en la razón y
exaltación de los elementos irracionales de la conducta, los sentimientos intensos y el
fanatismo. Se busca con todo cinismo la simplificación del mensaje, con absoluto desprecio
por sus destinatarios:
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas
una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin
fisuras ni dudas... Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad.
Joseph Goebbels28

Cualquier idea emanada del jefe es un dogma indiscutible, y una directriz a seguir ciegamente,
sin discusión ni poder ser sometida a análisis.29 Se exaltan los valores de la virilidad, la
camaradería y el compañerismo de los hermanos de armas, todo ello en sintonía con algunas
tradiciones militaristas existentes en todos los ejércitos, pero que fueron exacerbados para su
utilización por estados cuya conexión con el fascismo es más o menos estrecha. Serían los
casos del ejército alemán, el japonés y los llamados militares africanistas españoles.30
Nacionalismo de vencidos[editar]

Monumento a los Caídos en Como, proyectado por Giuseppe Terragni a partir de un boceto
de Sant'Elia e inaugurado en 1933

Se suele indicar que una característica de los países donde triunfaron los movimientos
fascistas fue la reacción de humillación nacional por la derrota31 en la Primera Guerra
Mundial (se ha utilizado la expresión nacionalismo de vencidos),32 que impulsaba a
buscar chivos expiatorios a quienes culpar (caso de Alemania), o la frustración de las
expectativas no cumplidas (caso de Italia, defraudada por el incumplimiento del Tratado de
Londres).33En ambos casos, el resentimiento se manifestaba, en el plano internacional, en
contra de los más claros vencedores (como Reino Unido, Francia o Estados Unidos); mientras
que en el plano interno se volcaba contra el movimiento obrero (sindicalistas, anarquistas,
comunistas, socialistas) o el peligro real o imaginado de una revolución comunista o incluso
una Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional, o cualquier otra
fantasmagórica sinarquía oculta en cuya composición incluyera a cualquier organización que
los fascistas juzgasen transnacional y opuesta a los intereses del Estado, como el capitalismo,
la banca, la bolsa, la Sociedad de Naciones, el movimiento pacifista o la prensa. Sobre todo
en el caso alemán, se insistía en la convicción de pertenecer a un pueblo o raza superior cuya
postración actual se debe a una traición que le ha humillado y sometido a una condición
injusta; y que tiene derecho a la expansión en su propio espacio vital (Lebensraum), a costa
de los inferiores.
Componente social[editar]

Fábrica de cañones Krupp durante la Primera Guerra Mundial. La remilitarización de Alemania


impulsada por Hitler en contra de las limitaciones del pacto de Versalles fue muy favorable a los
intereses de la gran industria.

La componente social del fascismo pretende ser interclasista y antiindividualista: niega la


existencia de los intereses de clase e intenta suprimir la lucha de clases con una
política paternalista, de sindicato vertical y único en que tanto trabajadores como empresarios
obedezcan las directrices superiores del gobierno, como en un ejército. Tal es
el corporativismo italiano o el nacionalsindicalismo español. El nacionalismo económico,
con autarquía y dirección centralizada se adaptaron como en una economía de guerra a la
coyuntura de salida de la crisis de 1929, con proteccionismo. No obstante, no hubo en ningún
sistema fascista ni planes quinquenales al estilo soviético, ni cuestionamiento de
la propiedadprivada siempre que cumpliera lo que el Estado dictaminara como «función
social», ni alteraciones radicales del sistema capitalista convencional más allá de una
fuerte intervención del mercado favoreciendo determinadas áreas de las
grandes empresas industriales. Estas características sirven como base a una crítica (de
orientación tanto liberal como materialista) que resalta la conveniencia del fascismo para un
sector importante de la burguesía.34
Desde ese punto de vista, se suele mantener que los movimientos fascistas de entreguerras
fueron alimentados por las clases económicamente poderosas (por ejemplo la alta burguesía
industrial o las familias conservadoras ricas), para oponerse a los movimientos obreros y a la
democracia liberal. Esa tesis fue defendida en 1936 por el historiador Daniel Guérin (Fascismo
y grandes negocios), en la que lo asocia a un complejo industrial-militar, expresión que sería
posteriormente reutilizada para definir otros contextos, como el de la carrera de
armamentos entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Noam Chomsky describe el
fascismo como el sistema donde el Estado integra la mano de obra y el capital bajo el control
de una estructura corporativa.35 Aunque la tesis que identifica al fascismo con un capitalismo
de Estado corporativo (una economía altamente intervencionista que protege y financia a
grandes empresas privadas) no siempre es sostenida ampliamente, hay muchos elementos
que permiten la identificación de intereses entre fascismo y una cartelización del entorno
económico-político.36 Así, por ejemplo, cuando se compara la estructura económica de la
población entre países, en concreto el peso económico del 5 % de la población con mayores
ingresos en la renta nacional, mientras que en Estados Unidos disminuyó un 20 % entre 1929
y 1941 (cifras similares para el noroeste de Europa), en la Alemania nazi aumentó un 15 %.37
Relación con el capitalismo y el socialismo[editar]
Según la doctrina tercerposicionista, el fascismo no es de izquierda ni de derecha, ni
capitalista ni comunista, ya que el fascismo sería una idea totalmente original; sin embargo en
la práctica más que una idea original sería una fusión sincrética de varias ideas políticas -
proyectos, discursos, etc.- aglutinadas siempre bajo el nacionalismo unitario y el autoritarismo
centralista.38
Una de las razones de considerar usualmente al fascismo como un movimiento de derecha
política suele ser la alianza estratégica del fascismo con los intereses de las clases
económicas más poderosas, junto a su defensa de valores tradicionales como el patriotismo o
la religiosidad, para preservar el statu quo. Una vez alcanzado el poder, la plutocraciacooperó
decididamente con el fascismo en sus diversas versiones.
El fascismo y sus variantes apelaban al sentimiento popular y las masas como las
protagonistas del régimen, especialmente por la virilidad exaltada en el trabajo manual y
obrero (obrerismo); a pesar de ello no reconocía la libertad de asociación por motivos de clase
(libertad sindical) sino la identificación de los trabajadores como «súbditos» del Estado,
«pueblo» y «patria», por ello su símil con el populismo.39
El programa económico del fascismo toma importantes criterios de la Nueva Política
Económica (NPE), que Lenin aplicó luego de la guerra civil en Rusia, que consistía en recurrir
al capitalismo para fortalecer la economía nacional. La idea, en el caso de Mussolini era usar a
los capitalistas industriales para implantar en conjunto con el gobierno el corporativismo
nacionalista y totalitario. Esta paradoja es explicable ya que el corporativismo, el proyecto
político del fascismo, haría que todos los sectores de la sociedad deban obligatoriamente
integrarse y trabajar unificadamente al mando del gobierno, por lo que esta corporación
incluiría aspectos considerados normalmente «capitalistas» y «socialistas»[cita requerida].40 Angelo
Tasca, en su libro “Los orígenes del fascismo”, recoge unas declaraciones de Mussolini poco
antes de tomar el poder:“Basta de Estado trabajando a expensas de todos los contribuyentes
y agotando las finanzas de Italia Que no se diga que el Estado se empequeñece recortado de
esta forma. No, sigue siendo muy grande, ya que le queda todo el vasto campo del espíritu,
mientras renuncia a todo el campo de la materia». Mussolini ven todos los servicios públicos
devueltos a la industria privada, el tendero se siente descargado de impuestos y liberado de la
tutela del Estado. 41En tanto Hitler en Mi lucha, referido a empresarios y obreros: La alta
medida de libertad personal de acción que ha de serles conferida hay que explicarla por el
hecho de que, de acuerdo con la experiencia, la capacidad de rendimiento del individuo se ve
más ampliamente robustecida manteniendo la libertad economica que con coacciones desde
arriba, y es además conveniente evitar cualquier traba al proceso natural de selección que ha
de promover a los más capaces, más aptos y más industriosos. Hitler se oponia firmemente de
modo similar; la intervención del Estado en la economía es: un instrumento peligroso, porque
toda economía planificada se desliza con demasiada facilidad hacia la burocratización, con la
consiguiente asfixia de la eternamente creativa iniciativa privada individual42
Según el economista austriaco Ludwig von Mises la raíz del fascismo, en sus diferentes
vertientes, se encuentra en las ideas colectivistas del socialismo y más propiamente como una
escisión patriótica del marxismo, que comparte las tesis del rechazo al mercado libre,
la sociedad burguesa, el gobierno limitado y la propiedad privada43 y en la exaltación de un
sector de la sociedad como el elegido por «la historia» para dirigir las vidas del resto de la
sociedad que por «razones históricas» está permitido de vulnerar el principio de igualdad ante
la ley al reclamar «derechos especiales» sobre los demás (ej. clasismo, racismo, sexismo,
etc.). El fascismo apenas variaría, en la práctica, sobre qué grupo y cómo se debería
administrar la propiedad expoliada a los individuos. Llegó a afirmar en 1927, no obstante, que
no podía negarse «que el fascismo y todas las aspiraciones dictatoriales similares están
colmadas de las mejores intenciones y que su intervención ha salvado la civilidad europea por
el momento. El mérito que el fascismo se ha ganado con ello continuará viviendo para siempre
en la historia», aunque inmediatamente afirmaba que «el fascismo fue un recurso de
emergencia del momento; verlo como algo más sería un error fatal».44
El fascismo operaba desde un punto de vista darwinista social de las relaciones humanas
ideas cercanas al liberalismo economico. Su objetivo era promover a individuos superior y
eliminar a los débiles.45 En términos de práctica económica, significó la promoción de los
intereses de empresarios exitosos, a la par que destruyeron los sindicatos y otras
organizaciones de la clase obrera.46
Por otra parte, las ventajas que los nuevos regímenes le proporcionaban a la plutocracia eran
evidentes: eliminaba la posibilidad de revolución social obrera, suprimía los sindicatos
reivindicativos y mantenía otras restricciones en las relaciones capital-trabajo, legitimando
el principio de liderazgo en la empresa; al suprimir la libre competencia permitía
crear cárteles oligopólicos de empresas favorecidas con millonarios contratos estatales o
subsidiadas por el gobierno como «incentivos» a la producción nacional. Además, de su
indudable éxito en respuesta a la Gran Depresión, al menos en el corto plazo.47
La sensación de estabilidad era muy marcada: Mussolini había conseguido que los trenes
funcionaran con puntualidad (tras el famoso incidente de uno de sus primeros viajes
como Duce, en el que supuestamente mandó fusilar a un maquinista). El que esa sensación
de estabilidad corresponda o no con una real eficacia es secundario, y de hecho parece que la
puntualidad ferroviaria (y quizá también el incidente del maquinista) era más bien un mito.48
Origen de sus líderes[editar]
Lo mismo puede decirse del origen personal de algunos de sus miembros, empezando por el
propio Mussolini, que antes del término de la Primera Guerra Mundial, era un importante
ideólogo obrerista y militante socialista. El origen social de los líderes fascistas en distintas
partes de Europa fue muy diferente: a veces aristocrático (Starhemberg, Mosley, Ciano), a
veces proletario (Jacques Doriot y el PPF francés); muchas veces militares
(Franco, Pétain, Vidkun Quisling, Szálasi, Metaxas), o juristas (José Antonio Primo de
Rivera, Ante Pavelić, Oliveira Salazar). Los casos más destacados, los propios Hitler y
Mussolini, eran fuertes personalidades de oscuro origen, desclasados e inadaptados, pero
de irresistible ascensión.49 Sus militantes salían de entre los estudiantes (muy abundantes en
la Guardia de Hierro rumana o el rexismo belga), de los pequeños propietarios campesinos, de
los desempleados urbanos y, sobre todo, de la temerosa pequeña burguesía empobrecida o
amenazada por la crisis y atemorizada por el avance del comunismo y el desorden público.50
Las capas medias y medias bajas fueron la espina dorsal del fascismo.51
Agrarismo, natalismo y virilidad[editar]
El agrarismo es propio de los movimientos fascistas, tanto en la retórica como en ciertos
programas económicos y sociales; la identificación con la tierra y los valores campesinos
frente a la decadencia y corrupción que se denuncian en las masas urbanas desarraigadas, lo
que a veces se veía como una tensión entre modernidad y tradición (véase la expresión del
agrarismo en carlismo en España).52 Una constante es la colonización planificada de zonas
improductivas (desecación de pantanos en Italia, Plan Badajoz en España). Incluso en la
industrializada Alemania, Hitler planteó la expansión del espacio vital (Lebensraum) hacia el
este como un proyecto esencialmente de colonización agraria que lograría
la germanización de extensos territorios en la Europa oriental poblada por la raza inferior de
los eslavos (recuperando la Drang nach Osten medieval).
Los valores familiares tradicionales eran fomentados, insistiendo en la necesidad de mantener
altas tasas de natalidad y fecundidad. Las familias numerosas eran premiadas, siguiendo
una política natalista, retóricamente conectada con la virilidad agresiva del expansionismo
militar. El papel laboral de la mujer, que había sido imprescindible en la Primera Guerra
Mundial, había fomentado un precoz feminismo que estaba consiguiendo en muchos países la
principal reivindicación sufragista: el sufragio femenino. La imagen del ejército de parados que
no encuentran trabajo mientras que algunas mujeres sí era explotado como un factor de
resentimiento social contra las opiniones progresistas. El encuadramiento social impulsado por
los regímenes fascistas ponía a cada sexo en lo que se entendía que era su sitio: la mujer
dedicada al hogar y a la crianza de la mayor cantidad posible de hijos, y el hombre al trabajo y
a la guerra, y no consentía lo que se definía como desviación homosexual (alguna duda en
ese sentido, como las presuntas orgías internas de las SA, fueron una de las excusas
utilizadas en su descabezamiento —Noche de los cuchillos largos—).53 El lenguaje
simbólico fascista es sexualmente explícito: se le ha definido como un anti-eros que combate
contra el propio cuerpo y contra todo lo que represente disfrute y placer, en una compulsión
física que asocia masculinidad con dureza, destrucción y auto-negación.54
La mejora de la raza no sólo implicaba la pureza racial evitando el mestizaje, sino que también
debía ser interna a ésta, incluyendo la eugenesia (en el caso de Alemania también
la eutanasia) aplicada a los discapacitados intelectuales y otros discapacitados, en un
movimiento que no era originario de los países con régimen nazi o fascista, sino del ámbito
cultural anglosajón, y que se popularizó en muchos otros (Suecia, Australia o los Estados
Unidos).55
Raza, etnia e identidad[editar]

Gráfico explicando las Leyes de Núremberg del 15 de septiembre de 1935 y la regulación respectiva del
14 de noviembre de ese mismo año, con los criterios de «limpieza de sangre».

El fascismo tuvo una base racial en Alemania, aunque no en Italia (al menos inicialmente,
hasta 1938); los nazis construyeron una amalgama ideológica de gran eficacia movilizadora a
partir de fuentes mitológicas y literarias y supersticiones de carácter romántico, así como de
los textos clásicos dedicados a consagrar la desigualdad de las razas y de publicaciones y
panfletos de carácter ocultista; destacando dos elementos: el mito de la raza aria superior de
origen nórdico (que mezcla la hipótesis filológica de la existencia de un
pueblo indoeuropeo original con la pseudocientífica teoría nórdica, sustentada por algunos
autores como Houston Stewart Chamberlain) y el antisemitismo (que se había reavivado
desde la divulgación de los Protocolos de los Sabios de Sion, falsificados para la justificación
de los pogromos de la Rusia zarista). El antisemitismo estaba presente en muchos países de
Europa central y oriental desde la Edad Media, y fue uno de los elementos que se utilizaron en
los mismos para el surgimiento endógeno de movimientos fascistas. A ello se sumó la
ocupación nazi y los gobiernos colaboracionistas impuestos, que explotaron a conciencia ese
sentimiento para su propia conveniencia. El resultado fue que en muchas ocasiones los
verdugos de las SS eran superados en crueldad por soldados de países aliados, a los que
tenían que contener (por ejemplo en Rumanía), o se producían matanzas espontáneas de
judíos a cargo de la población local, como la llamada matanza de Jedwabne en Polonia.56
El racismo entendido en su expresión puramente biológica, es decir, la intelectualización de la
supremacía racial, no está presente en todos los movimientos fascistas, además de estar
presente en otros contextos cuya relación con el fascismo es más controvertida, como
el supremacismo blanco en Estados Unidos o el apartheid en Sudáfrica. Lo que sí aparece
como una constante del fascismo, y para muchos autores lo caracteriza de racismo,57 es la
concepción de la etnia como elemento identitario. Esa identidad étnica puede expresarse de
otras formas, como las que atienden al origen geográfico (caso de la xenofobia de los
movimientos neofascistas o neonazis que se oponen a la inmigración en muchos países
europeos desde finales del siglo XX), la religión (fundamental para el fascismo francés, belga,
croata o español, y más adelante en el conflicto de Irlanda del Norte o los casos de limpieza
étnica que se han dado en las Guerras yugoslavas) o el idioma.
Miedo a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es
contra los intrusos. El Fascismo es, pues, racista por definición.
Umberto Eco58

En Italia se dio a partir de 1924 un fuerte proceso que se denominó italianización fascista que
pretendía homogeneizar toda diferencia idiomática y cultural, acabando con cualquier minoría
por asimilación o absorción (en vez de por exterminio como ocurrió en el Holocausto nazi).
En el caso español existió una expresión ideológica hispanista —que no debe confundirse con
el hispanismo de los estudiosos extranjeros de la lengua y cultura española—, que en algunas
ocasiones se ha definido como panhispanismo, y que no puede definirse como un
racismo sensu stricto, aunque sí una hipervaloración de las características étnicas, religiosas,
culturales e idiomáticas identificadas con lo español, sobre todo en relación con su expansión
por América. Fue mantenida particularmente por las élites sociales de varios países
hispanoamericanos, destacadamente en Argentina, y se expresó en el concepto
de Hispanidad (vocablo en desuso a principios del siglo XX pero recuperado por el sacerdote
vasco emigrado a Argentina Zacarías de Vizcarra —La Hispanidad y su verbo, 1926— y
divulgado por Ramiro de Maeztu —Defensa de la Hispanidad, 1934—). Se llegó a instituir el
12 de octubre como fiesta del Día de la Hispanidad, que ya venía celebrándose con el
inequívoco nombre de Día de la Raza desde 1915 (a iniciativa de Faustino Rodríguez-San
Pedro) y que se extendió por Hispanoamérica. Las ideas o más bien tópicos
de Raza, Hispanidad e Imperio eran indistinguibles en la retórica de la Falange Española que
heredó el Franquismo, y el propio Franco escribió el guion de la película Raza (1941), cuyos
elementos ideológicos más incómodos (por su evidente identificación con los fascismos
derrotados en 1945) se autocensuraron en posteriores montajes. Otro elemento fue aún más
étnicamente excluyente: el de antiespaña,59 que definía como antiespañol a todos los
elementos que se consideraban nocivos y que degeneraban la raza (rojos, masones y
separatistas). Hubo incluso un programa pseudocientífico, a cargo del coronel-
psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, que pretendía identificar y suprimir el gen rojo, con
participación de miembros de la Gestapo en el bando sublevado durante la Guerra Civil.60 El
nuevo clima intelectual y político posterior a la derrota del Eje hizo abandonar discretamente
estas posturas, por otras que insistían en la retórica de la misión evangelizadora y el mestizaje
como rasgos de «lo español».
Totalitarismo, estatización y liderazgo[editar]
EUR (Q.XXXII o barrio 32 de Roma), diseñado para acoger la Exposición Universal de Roma prevista
para 1942 cuyas siglas lleva. No llegó a celebrarse por causa de la guerra, pero el EUR sigue acogiendo
numerosos edificios de un estilo que puede identificarse como racionalismo italiano, y restos de
iconografía e inscripciones fascistas, entre las que destaca el Palazzo della civiltà del Lavoro, conocido
como Colosseo quadrato ('Coliseo cuadrado'), construido entre 1938 y 1942.61

El fascismo es un movimiento totalitario en la medida en que aspira a intervenir en la totalidad


de los aspectos de la vida del individuo. Hannah Arendt entendía que la masificación de la
sociedad contemporánea llevaba al individuo a la soledad, el terreno propio del terror, la
esencia del gobierno totalitario.62 El fascismo se legitima afirmando la dependencia del
individuo respecto al Estado, liberándole de esa manera de su miedo a la libertad (expresión
de Erich Fromm).63 Su individualidad no tiene sentido, porque la realización de una persona
sólo se entiende dentro de los vínculos sociales de los que el Estado es la culminación.
Cualquier forma de acción individual o colectiva ajena a los fines del Estado es rechazada. No
existen derechos individuales ni colectivos.64
Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.
Mussolini65

Se lleva a cabo una «estatización» de todos los ámbitos de la vida: económica, social, política,
cultural e ideológica. [cita requerida]
El encuadramiento social se efectúa con todos los medios de la propaganda, con adopción de
uniformes y lenguaje militar y uso masivo de los símbolos y lemas patrióticos y adoctrinantes.
Las grandes concentraciones y movilizaciones colectivas de todo tipo buscan formar la
conciencia unitaria, llegando a extremos curiosos (como el día de comer patatas que se
instauró en Alemania).[cita requerida]
El fascismo desdeña las instituciones del Estado republicano y sustituye el voto como
expresión de la voluntad popular por las expresiones masivas de apoyo al líder. La
identificación de pueblo y estado se hace en un todo orgánico, el de un organismo cuasi-
biológico y autónomo cuyos miembros han de responder a las órdenes de la mente directora.
Esta identificación también está presente en la ideología del Integralismo, iniciada
en Portugal y desarrollada en Brasil. El adjetivo orgánico se utilizará profusamente en las
últimas etapas del franquismo (definido como una democracia orgánica). Hitler utilizaba
el plebiscito como arma en las relaciones internacionales: sus grandes decisiones son
apoyadas por plebiscitos de apoyo masivo utilizados como amenaza: el líder fascista se
presenta como portavoz de la nación unificada que habla con una sola voz. Esto refuerza otro
de sus elementos principales: el «liderazgo carismático». El líder es casi divino y su liderazgo
no es racional: Führer, Duce, Poglavnic, Caudillo, etc. Mussolini opuso a los principios de
la Revolución francesa de «libertad, igualdad y fraternidad» la consigna: «creer, obedecer y
combatir».
Imperialismo, militarismo y violencia[editar]

Desfile fascista en Milán (1926)

Otro de los rasgos clásicos del fascismo es el imperialismo, entendido como una política
exterior expansiva y agresiva, que proporciona una útil identificación de intereses en el interior,
volcando las energías hacia un enemigo común evitando la expresión de los conflictos
internos.
Generalmente se apoya en reivindicaciones irredentistas, concretas o genéricas, próximas en
el tiempo o lejanas, tomadas de mitos del pasado, lo que refuerza su carácter romántico, más
de religión que de ideología. Su relación con la realidad histórica es contradictoria,
buscándose la intemporalidad. En el integralismo y el falangismo se sublima el futuro utópico,
a crear por el Estado Novo (Estado Nuevo, en Portugal o Brasil) donde el hombre
nuevo, portador de valores eternos, tendrá su expresión en la unidad de destino en lo
universal.66 En el nazismo y el fascismo italiano se insiste en recuperar el esplendor de un
pasado mítico, y también las denominaciones de sus regímenes aluden a eso (el III Reich,
la Terza Roma, la Tercera Civilización Helénica). El expansionismo hacia el exterior es
considerado como una necesidad vital, casi orgánica: el lebensraum o espacio vital hacia el
Este para Alemania, o el Imperio mediterráneo para Italia. Franco diseñó
unas Reivindicaciones españolas, que exhibió ante Hitler en su famosa entrevista de
Hendaya del año 1941.