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DOMINACIÓN ÉTNICA

Y RACISMO DISCURSIVO
EN ESPAÑA Y AMÉRICA LATINA

Teun A. van Dijk


© 2003 Teun A. van Dijk

Traducción: Montse Basté

Diseño de cubierta: Edgardo Carosia

Primera edición: septiembre del 2003, Barcelona

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.


Paseo Bonanova, 9 1°-1*
08022 Barcelona, España
Tel. 93 253 09 04
Fax 93 253 09 05
Correo electrónico: gedisa@gedisa, com
http://www.gedisa.com

ISBN: 84-7432-997-3
Depósito legal: B. 37839-2003

Impreso por: Carvigraf


Cot, 31 - Ripollet

Impreso en España
Printed itt Spain
índice

A g rad ecim ien to s..................................................................... 9


P ró lo g o ...................................................................................... 13

1. Racismo y discurso de élite en España

In tro d u c c ió n ............................................................................. 19
Contextos históricos .............................................................. 21
Inmigración y racismo contemporáneos en E sp a ñ a .......... 24
Política ...................................................................................... 31
Los medios de co m u n icació n ................................................ 50
Racismo en el trabajo ............................................................ 67
Otras formas de racismo de é lite ........................................... 79
C o n c lu s ió n ............................................................................... 91

2. Racismo y discurso de élite en Latinoamérica

In tro d u c c ió n .................................................. .......................... 99


Discurso de élite y racismo en L atinoam érica................... 108
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t i n a
8 --------------------------------------------------------------------------------------------------------- —

Racismo discursivo ................................................................. 113


Discurso p o lític o ..................................................................... 117
Discurso parlamentario mexicano
sobre pueblos indígenas ..................................................... 119
Discurso político y mediático en Argentina ...................... 132
Discurso mediático en Chile ................................................ 145
Discurso de élite y racismo en B rasil.................................... 156
Otros p aíse s............................................................................... 176
C onclusiones............................................................................. 189

B ib lio g rafía............................................................................... 193


Agradecimientos

D urante la preparación de este libro he tenido ayuda y consejos


de muchas personas. Agradezco a Luisa M artín R ojo, A ntonio
Bañón y Xavier Torrens la lectura crítica y las numerosas suge­
rencias para el capítulo sobre España.
Para el capítulo sobre América Latina he recibido cuantiosos
datos, consejos, sugerencias, bibliografía y com entarios críticos
de tantos amigos, amigas y colegas que es imposible mencionar­
los a todos y todas.
Agradezco a C orina Courtis los ejemplos, la bibliografía y las
discusiones sobre el racismo en Argentina.
María Eugenia M erino y Berta San M artín leyeron la sección
sobre los periódicos chilenos, y me mandaron correcciones úti­
les. Giovanni Parodi, M iguel Farías y G uillerm o Soto me pro­
porcionaron im portantes contactos para mi investigación en
Chile. D e Cecilia Q uintrileo aprendí m ucho sobre el racismo
contra el pueblo mapuche.
Fúlvia Rosem berg hizo algunas observaciones críticas impor­
tantes sobre mi descripción del racismo en Brasil, y Paulo Bap-
tista da Silva no solamente realizó comentarios sobre la misma
sección, sino que tam bién me mandó una bibliografía m uy útil
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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de tesis brasileñas sobre racismo. D e M ónica C onrado aprendí


mucho sobre racismo en Brasil. Mis agradecimientos por las car­
tas, sugerencias, ejemplos y otras ayudas a Sónia Irene Silva do
Carmo, Francisco Gomes de Matos, Jaime Pinsky, Luiz Antonio
Marcushi, Livio Sansone, Enrique C unha Jr., Ana Célia da Silva,
Carlos Vogt, María Batista Lima, Jonathan Warren, M aria Célia
Lima-Hernandes, M aria Lucia Mexias, O dir Ram os da Costa,
Leda Verdiani Tfouni, Vera Menezes y Beatriz Protti Christino.
Gracias a Adriana Bolívar, en Venezuela, por sus trabajos so­
bre racismo, y a Ligia M ontañés por sus buenos consejos. Así
como a Charles Briggs, quien m e explicó varios rasgos del racis­
m o antiindígena en Venezuela.
Para la inform ación sobre racismo en Colom bia me ha sido
de gran utilidad la detallada bibliografía sobre afrocolombianos
que m e m andó Eduardo Restrepo, así com o las sugerencias de
Jaime Arocha y Consuelo Posada, los com entarios de Peter
Wade y la ayuda de Francisco Zuluaga.
Tomás Gonzales no solamente m e envió su tesis sobre el ra­
cismo en Bolivia, sino que tam bién hizo un valioso com entario
de mis pasajes sobre ese país.
Alicia Castellanos m e m andó sugerencias, bibliografía y co­
mentarios sobre la sección mexicana, y R ainer Hamel, Irene
Fonte y Teresa Carbó me propiciaron buenos contactos en M é­
xico.
Seguramente olvido a varias personas de las muchas que ge­
nerosamente me ayudaron en Am érica Latina. Aquí, colectiva­
mente, quiero mostrar mi agradecimiento a todas ellas, como
también a las coordinadoras y miembros de los equipos que aho­
ra están involucrados en nuestro proyecto sobre discurso y racis­
m o en varios países de América Latina.
Quisiera agradecer tam bién a mis colegas de la Universidad
Pompeu Fabra, y sobre todo a aquéllas de la línea de Análisis del
Discurso, su hospitalidad y cooperación durante los años que he
estado con ellos.
A g r a d e c im ie n t o s
11

Finalmente, mil gracias a Flavia Limone, mi mujer, no sola­


m ente por todo lo que he aprendido con ella sobre Chile y
América Latina (así com o sobre tantos otros temas), sino tam­
bién por su am or y por los años de felicidad y pasión que han
sido el contexto de producción de este libro. A ella dedico este
estudio.
Prólogo

Este libro fue escrito com o estudio com plementario de mi obra


-originariam ente publicada en inglés en 1993- Racismo y discur­
so de las élites (Gedisa, 2003), ya que, desafortunadamente, ésta
no incluía datos y análisis sobre racismo y etnicismo en España y
Latinoamérica. Por eso estoy contento de que Gedisa haya acep­
tado publicar también el presente estudio, que perm ite a los es­
tudiantes e investigadores españoles y latinoamericanos acceder a
mis contribuciones más recientes en el ámbito de los estudios
sobre racismo también en sus propios países.
Estas contribuciones son m uy modestas y me remito a los
muchos estudios citados en la bibliografía, donde los lectores en­
contrarán más informaciones y referencias a otras investigacio­
nes. Para España y, desde luego, especialmente para los muchos
países latinoamericanos serían necesarias muchas más investiga­
ciones de numerosos equipos para poder comenzar a entender la
complejidad de la dom inación étnica y racial y la desigualdad en
el m undo iberoamericano.
Lo que espero será una contribución nueva en este breve es­
tudio es el examen -ah o ra también para España y Latinoaméri­
c a - de algunas relaciones entre etnicismo y racismo por un lado,
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y, por el otro, del discurso, del uso del lenguaje y de la com uni­
cación. A unque los prejuicios e ideologías racistas se adoptan en
gran medida del discurso público y a pesar de que el propio dis­
curso racista es una form a de discriminación y parte del sistema
de desigualdad étnica y racial, en la mayoría de los estudios psi­
cológicos y sociológicos sobre racismo casi siempre se pasó por
alto el discurso.
Por eso espero que esta investigación limitada estimule a los
estudiantes e investigadores españoles y latinoamericanos en hu­
manidades y ciencias sociales a em prender investigaciones m u­
cho más detalladas en los diferentes países y sobre las distintas
formas de discurso y de instituciones sociales. Hay aquí suge­
rencias para centenares de monografías, tesis doctorales y artícu­
los, por ejemplo, sobre debates parlamentarios, programas y pro­
paganda de partidos y otras formas del discurso político, sobre
informativos, talk shows, películas y publicidad en televisión, in­
formaciones y artículos de opinión de la prensa periódica, libros
de texto escolares e investigaciones científicas, sobre novelas, te­
lenovelas y otros géneros de ficción y literatura, sobre conversa­
ciones cotidianas, diálogos en organizaciones e instituciones y
muchos otros tipos de discurso en los que el racismo se expresa
y reproduce a diario en los diferentes países, situaciones socia­
les y contra los más diversos grupos étnicos.
Puesto que las pocas observaciones en este libro sobre Lati­
noam érica son obviam ente insuficientes para dar cuenta de las
muchas formas de desigualdad étnica y racial en los diversos
países latinoamericanos, entretanto he tom ado la iniciativa de
prom over un proyecto internacional con equipos ubicados en
América Latina que trabajarán sobre discurso y racismo en sus
respectivos países. Espero que pronto estemos en condiciones
de publicar los resultados de esta investigación colectiva en for­
ma de libro.
Después de haber ejercido la docencia durante más de 25
años en la mayoría de los países latinoamericanos y residiendo en
P rólogo
15

España desde hace cuatro años, no me considero un observador


y crítico externo a la situación étnica y racial del m undo iberoa­
mericano. Al contrario, se trata de un estudio crítico de «nuestra
propia» sociedad, es decir, de una sociedad en la que me he sen­
tido más en casa y donde tengo muchos más amigos que en mi
país natal. De todos modos, esta sociedad «nuestra» también es
una sociedad en la que, desgraciadamente, ha prevalecido duran­
te siglos el (euro) racismo «blanco», com o también ocurre en el
resto de Europa y en Norteam érica. En otras palabras, me ocu­
po de un problema muy general y fundamental, un problema
que no se limita a España y Latinoamérica, aunque sus formas
varían evidentemente de un país a otro.
Espero que este y otros estudios sucesivos me permitan unir­
me y apoyar a aquellos investigadores en España y Latinoaméri­
ca - y también a todos los otros de las propias comunidades de
minorías o inm igrantes- que luchan explícitamente con sus
ideas, obras y acciones contra la dominación étnica y el racismo.
En este libro no comentamos con detalle la teoría del racis­
mo ni los métodos de análisis del discurso y los estudios sobre
racismo discursivo en otros países. Refiero para ello a mis otras
publicaciones, algunas citadas en la bibliografía, al final de este li­
bro.
Los que desean hacer comentarios o sugerencias sobre este li­
bro pueden enviarme su mensaje a la siguiente dirección del co­
rreo electrónico: vandijk@discourse-in-society.org.
Para más informaciones sobre mis investigaciones, publica­
ciones y otros trabajos sobre análisis del discurso, por favor visi­
ten mi página web www.discourse-in-society.org.

Barcelona, í de julio 2 0 0 3 Teun A . van D ijk


Racismo y discurso de élite en España
Introducción

A unque una buena parte del racismo en América Latina tiene


sus raíces históricas en el colonialismo y en la conquista, la desi­
gualdad étnica y la dom inación actuales en España y América
Latina son tan distintas que precisan ser tratadas en capítulos se­
parados.
Hasta ahora, mi investigación sobre el racismo en España ha
sido limitada, por lo que voy a apoyarme en los estudios acadé­
micos y las experiencias personales de otros. N o obstante, una
gran parte de este material no se relaciona específicamente con
el discurso, sino que se trata de documentos sobre el racismo en
general, de m odo que deberé deducir qué propiedades discursi­
vas pueden desprenderse de estas formas de racismo (véase las
referencias a continuación). Además de estos breves resúmenes
de investigaciones anteriores, presentaré algunos nuevos análi­
sis de datos obtenidos de discursos. Aunque la mayor parte de los
estudios sobre inm igración y racismo en España sean sociológi­
cos, existe en la actualidad un núm ero creciente de estudios so­
bre el discurso que pueden aportar análisis e informaciones más
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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detallados de los que pueda ofrecer este capítulo (véase, por


ejemplo, M artín R ojo, Góm ez Esteba, Arranz Lozano y Gabi-
londo Pujol, 1994; Bañón H ernández, 1996, 2002; para una
puesta al día de referencias puede consultarse Bañón Hernández,
2002). Por otra parte, un único capítulo sólo puede ofrecer una
inform ación limitada sobre el racismo discursivo de élite en to­
dos los ámbitos de la sociedad.
A fin de organizar la ingente cantidad de datos recabados en
este capítulo, según la investigación llevada a cabo por otros ade­
más de mis observaciones propias, por lo que respecta al racismo
en España se pueden formular desde un principio las tendencias
generales siguientes:

• C om o en otras partes de Europa, son varios los tipos de ra­


cismo de élite que están en auge en España, a pesar de no
existir partidos racistas de extrema derecha.
• El racismo en España es complejo y está cambiando rápi­
damente, debido especialmente a las consecuencias de los
cambios socioeconómicos que han convertido España en
un país de inm igración después de haber sido un país de
emigración durante siglos.
• C om o en otras partes de Europa, el auge del racismo se re­
laciona con el aum ento de poder de los partidos conserva­
dores, en España concretam ente representado por el Parti­
do Popular (PP), con Aznar com o presidente y con una
mayoría parlamentaria absoluta desde las últimas elecciones
en el año 2000.
• La inm igración en España ha cambiado rápidamente, pa­
sando de ser un fenóm eno m enor a un proceso social, po­
lítico y cultural m ucho más relevante, que precisa de pro­
fundos cambios tanto en su política de inm igración como
de integración, por ejemplo en los ámbitos de la cultura, la
lengua y la religión.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
21

Contextos históricos

Las modalidades del racismo actual en España no constituyen un


fenómeno nuevo que deba estudiarse en el marco más amplio de
una Europa que, desde la posguerra, empezó a reaccionar contra
los inmigrantes del Sur. En España, las propiedades de uno de
estos racismos deriva de la conciencia histórica de haber sido la
muralla sur de la fortaleza europea frente a las «invasiones» árabes
o musulmanas que no tiene relación alguna con el racismo an­
tiafricano más reciente o con el racismo contra los latinoameri­
canos.
Existen, además, otras estructuras y procesos históricos que
explican la coherencia de los diversos racismos contemporáneos
en España y en Europa. N o es por azar que algunos de estos
procesos tengan sus orígenes en la España del siglo xv. El cato­
licismo intolerante, la conquista colonial y la Reconquista in­
fluyeron entre sí y se reforzaron m utuam ente en la incipiente
dom inación de los españoles y europeos sobre árabes, judíos,
gitanos, indios americanos y subsaharianos, que fueron subordi­
nados y marginados lo mismo que sus descendientes en las Amé-
ricas.
Esta es la compleja dimensión histórica del racismo en Espa­
ña que, por motivos de espacio, no podré precisar en detalle.
Recordem os que hace solamente diez años, España celebraba el
500 aniversario del «descubrimiento» de América por Colón,
evento que a la sazón conform ó los cimientos del racismo en
Latinoamérica y que trataremos en el siguiente capítulo, a la vez
que el 500 aniversario de la expulsión de los «moros» de España,
cuando los Reyes Católicos tomaron Granada, el último bastión
árabe después de 700 años de ocupación de buena parte de la
península.
C on lo cual 1492 marca el final y el principio de una era de
encuentros étnicos o «raciales» con los «otros», cuyos efectos du­
raderos han influido notablemente sobre la conciencia colectiva
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
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española. Los siglos de colonialismo español han dejado su hue­


lla en las actitudes racistas de los colonizadores y de su descen­
dencia contra los pueblos indígenas y los esclavos africanos en las
Américas y tam bién en un indeleble sentim iento de superiori­
dad racial dentro de la propia península española. C om o vere­
mos a partir de las manifestaciones contemporáneas del discurso
de élite y del racismo en España, apenas se distingue de otras po­
tencias coloniales de Europa, a saber, Inglaterra, Países Bajos,
Portugal y Francia.
Hay otra dimensión histórica del racismo contem poráneo en
España que hemos de destacar brevemente, concretam ente la
que afecta a los gitanos y gitanas. A diferencia de otras potencias
coloniales europeas, los españoles tenían una mem oria colectiva
muy viva de la conquista y dom inación cultural árabes, cuya in­
fluencia hasta la fecha es evidente en el idioma, la literatura, el
arte y la arquitectura. Pero además, y particularm ente en la re­
gión abandonada por los árabes, Andalucía, España ejerció su
predominio, ya desde el siglo xv, sobre el pueblo romaní que
procedía del este de Europa, del Próxim o O riente y de la India.
A pesar de que en la actualidad la opinión pública presta mayor
atención a la inmigración contem poránea desde otros continen­
tes, debe destacarse que tam bién desde 1492 y a lo largo de los
siglos siguientes, el prejuicio y la discriminación en España se ha
dirigido en particular hacia los gitanos y las gitanas (véase: San
R om án, 1986; Calvo Buezas, 1990).
M encionaremos finalmente un tercer evento de importancia
que marca la historia de las relaciones étnicas en España: la mar-
ginación, persecución y expulsión de los judíos. En efecto,
como también se desprende de la modalidad de racismo y de co­
lonialismo difundidos por España en las Américas, el catolicis­
mo, desde siempre dom inante en la península, se convirtió en la
religión oficial también en Latinoamérica y, con ello, en el pará­
metro por el cual se juzgaba a los «otros». D e este m odo se con­
sideraba a los amerindios «racialmente» distintos y, ante todo, he­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
23

rejes, en conclusión inferiores. U n criterio religioso similar


guiaba las actitudes hacia los árabes y los judíos, cuyas diversas
religiones se consideraban incompatibles con el catolicismo do­
minante, a pesar de que hubo una coexistencia relativamente pa­
cífica durante la dom inación árabe.
Desde los inicios del siglo XV y, en especial, a partir del esta­
blecimiento de la Inquisición en 1480, los judíos sefardíes fueron
obligados a convertirse al catolicismo o a salir del país. M uchos
se fueron a Grecia, a Turquía, al norte de Africa, a Portugal y al
norte de Europa. A pesar de la prohibición inicial de establecer­
se en las colonias, otros se fueron a las Américas. Allí se unieron
a los ashkenazí, que eran los judíos procedentes del este de
Europa, y ju n to a ellos gozaron de cierta libertad religiosa aun­
que sufrieron la persecución que muchos de los países en este
continente les depararon. Algunos judíos permanecieron en Es­
paña, que constituyó un entorno hostil para ellos puesto que la
población temía ser «contaminada» por la «sangre» judía. U n
buen ejemplo de esto son los marranos o chuetas de Mallorca.
En la actualidad, el antisemitismo en España se considera tan
políticamente incorrecto com o en cualquier otro lugar de Euro­
pa occidental pero no debería olvidarse que su práctica persiste y
que, desde un punto de vista histórico, está relacionado con la
intolerancia religiosa y con otras modalidades de dom inio étni­
co. Las formas de antisemitismo practicadas en Latinoamérica
son el legado de estos prejuicios hostiles contra los judíos exis­
tentes en las metrópolis coloniales y en otros lugares dentro de la
propia Europa (Elkin, 1998).
Es imposible resumir 500 años de racismo en unos pocos pá­
rrafos sin caer en la simplificación y sin eludir algunos sucesos de
gran relevancia. Los apuntes precedentes sólo sirven para desta­
car la importancia del trasfondo histórico en muchas de las prác­
ticas racistas contemporáneas, tanto en España como en Latino­
américa.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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Inmigración y racismo contemporáneos en España

El brote de racismo social que se dio en el mes de febrero de


2000 sigue latente. No ha habido una depuración de responsabili­
dades ni políticas ni judiciales. No ha pasado nada. Lo segundo es
que ese racismo social está apoyado por un racismo institucionali­
zado. Diría que el tema está peor que el año pasado; porque la
sensación de mucha gente de El Ejido es que con los actos de
agresión de hace un año lo que se hizo fue justicia; es decir, que
ellos tenían razón y que, en efecto, el inmigrante es un problema
relacionado con la delincuencia y con la inseguridad. Es como si
les hubieran dicho: «Sí, detrás de un inmigrante hay un posible
delincuente». Y no es que los ciudadanos de El Ejido sean más ra­
cistas que otros, pero ellos se han encontrado en medio de una si­
tuación que provoca ese racismo (Mercedes García Fornieles, Pre­
sidenta de la Asociación de Mujeres Progresistas de El Ejido, en
una entrevista con Soledad Alameda, El País, 5 de agosto de
2001).

En España, el discurso público contem poráneo sobre los


«otros» tiende a evitar a los gitanos y gitanas, que han sido reem­
plazados por los nuevos inmigrantes de Latinoamérica, de Asia y,
en especial, de Africa. Aunque la inmensa mayoría suele llegar en
avión, no hay día que pase sin que los medios den una amplia
cobertura de la llegada (fallida o no) de los inmigrantes que pre­
tenden arribar a las costas españolas peligrosamente en pequeños
barcos (pateras), cruzando el estrecho o dirigiéndose a las islas
Canarias desde el norte de M arruecos. También se inform a de
cuántos mueren en el intento. N o existen, por supuesto, estadís­
ticas oficiales que den cuenta de la cifra de inmigrantes indocu­
m entados que logran entrar en el país sin ser arrestados por las
fuerzas policiales; pero, a partir de los datos que aporta tanto la
policía com o la prensa, se puede deducir con bastante seguridad
que miles de estos «sin papeles» consiguen franquear anualmente
las barreras para unirse a las decenas de miles de inmigrantes que
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
25

de form a regular llegan a España cada año. Las estadísticas de­


muestran que al final de ju n io de 2003 había en España casi
1.500.000 residentes extranjeros (1.324.000 al final de 2002:
28,75 por ciento de América, 27,70 por ciento de Africa y
35,56 de Europa) (Anuario Estadístico de Extranjería, 2003).
Téngase en cuenta, sin embargo, que no es nuestra intención
aportar detalles sobre el rápido crecimiento de la población in­
migrante, ni sobre dónde residen, ni las motivaciones para aban­
donar su país o el tipo de trabajo que realizan. Para este tipo de
datos nos referimos a estudios especializados (Izquierdo, 1996;
Pajares, 1998; Colectivo loé, 2000; R uiz Olabuénaga, etal., 1999;
López, et al., 1993).
Cuando los recién llegados sobreviven la odisea del viaje y
consiguen entrar en el país, comienzan a surgirles problemas. La
inmensa mayoría carece de recursos, en parte debido a que las
mafias se han aprovechado de ellos durante la travesía, y para
subsistir deben encontrar un empleo de inmediato. N o hace fal­
ta pensar m ucho para imaginar que esta situación es el caldo de
cultivo que propicia la explotación a gran escala por parte de los
patronos, desde las plantaciones en viveros del sur, hasta la alba-
ñilería, la hostelería y el empleo doméstico en cualquier parte
del país. A ello debe añadirse la precariedad de sus viviendas (si
las tienen), de los servicios sociales, del subsidio por enfermedad
u otras ayudas, lo cual redunda en el hecho de que estos inm i­
grantes indocumentados apenas pueden sobrevivir. A esta situa­
ción social y económica misérrima debe añadirse el trato racista,
más o menos evidente, que a diario se da a esta población y que,
com o hemos constatado, se repite en otros países de Europa y de
América del norte.
Docum entarem os lo que ocurre a este respecto en España y
que es similar a lo del resto de Europa. Dicho estado de cosas se
ha visto exacerbado po r el gobierno conservador presidido por
Aznar, quien en 2002 se convirtió en el líder europeo de los ata­
ques derechistas contra la inm igración (para más detalles acerca
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
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de las experiencias de los inmigrantes en España véase, por


ejemplo, Manzanos Bilbao, 1999).
El racismo en España puede, en algunas ocasiones, tom ar un
cariz popular violento, com o sucedió en El Ejido (Almería) a
principios de 2000; la población local se organizó para atacar a los
trabajadores extranjeros después de que una vecina de la pobla­
ción hubiera sido asesinada a manos de un inm igrante cuyas fa­
cultades mentales estaban perturbadas. C on el apoyo de Juan
Enciso, alcalde de tendencias abiertam ente racistas, la pobla­
ción de esta próspera localidad hortícola se dispuso a destruir
los barracones y las escasas pertenencias de los inmigrantes, per­
siguiéndoles y apaleándoles mientras las fuerzas del orden se
m antenían prácticam ente al margen. Puesto que la política an­
tiextranjera es tan popular aquí com o en el resto de Europa, el
Partido Popular en el poder tampoco actuó para desbancar al al­
calde, racista y militante de su partido, cuyo poder de élite con­
tribuyó a legitim ar aquellos ataques contra la población inm i­
grante.
Salvo los terribles eventos en la guerra étnica de Bosnia y
Kosovo, pocos ataques racistas en Europa, después de la Segunda
Guerra Mundial, han sido tan virulentos como los de El Ejido, y
pocos han sido los sucesos de esta índole donde la complicidad
de los líderes políticos ha demostrado tan claramente la tesis de
este libro acerca del rol de las élites en la reproducción del racis­
mo (para más detalles sobre los sucesos en El Ejido véase, por
ejemplo, Checa, 2001; SOS Racismo, 2001, 2002; M artínez
Veiga, 1997).
Entre las escasas organizaciones que perm anecieron activas
en El Ejido, a pesar de los ataques reiterados e incluso amenazas
de muerte, se encuentra la Asociación de mujeres progresistas de
El Ejido, con Mercedes García Fórmeles al frente, admirada por
muchos desde una distancia prudencial y odiada por muchos de
sus convecinos. Se trata de una situación parecida a la de los
blancos «amantes de los negros» en Estados Unidos. A unque ha
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
27

sido objeto de muchas entrevistas, citaré en este caso la que pu­


blicó el diario E l País del 5 de agosto de 2001, dieciocho meses
después de que sucedieran aquellos eventos. Se trata de un testi­
m onio concreto de la violenta naturaleza del racismo popular y
del de élite que está en su base y que lo condona o ignora. En lo
que queda de esta sección sobre España, incluiremos pequeños
fragmentos de la mencionada entrevista, a m odo de epígrafes
significativos que demuestran que, afortunadamente, siempre
queda margen para un resquicio m inoritario de ciudadanos dis­
puestos a oponerse activamente al racismo.
Afortunadamente, no es habitual que las relaciones étnicas en
España sean tan violentas. Pero, aunque el racismo cotidiano es a
m enudo menos visible, las consecuencias para los inmigrantes no
son necesariamente menos graves, com o se pone de manifiesto
en el ámbito laboral (dificultad para conseguir o m antener el
empleo y para ascender), en el del alojamiento, bienestar social,
trato de los niños inmigrantes en la escuela y, en general, en las
conductas de los miembros del grupo dominante que marginan
la inmigración o la tachan de problemática. C om o ya hemos su­
gerido anteriorm ente, nos llevamos pocas sorpresas cuando
comparamos a España con otros países de Europa. Por otra par­
te, la encuesta anual Eurobarometer apunta que, en muchos senti­
dos, España se ha convertido en un miembro integrante de la
U nión Europea com o cualquier otro y, a pesar de que las actitu­
des expresadas en este tipo de encuesta no suelen ser de las más
negativas, en lo referente a la inmigración distan de ser halagüe­
ñas. También en lo que respecta a España, al parecer, las opinio­
nes se manifiestan de form a más políticamente correcta que en
otros países de la U E donde un mayor núm ero de residentes ex­
presa con más rotundidad su racismo. C om o también lo de­
muestra la política conservadora del gobierno actual, las actitudes
y prácticas hacia los inmigrantes están cambiando rápidamente
en España y el racismo popular va muy a la zaga del preformula-
do por las élites políticas.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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Racismo de élite

Tras el esbozo histórico y contem poráneo muy general del racis­


m o en España, examinaremos ahora los diversos tipos de racismo
y de discurso de élite. Empezaré con algunos comentarios gené­
ricos sobre el racismo de élite en España y posteriorm ente exa­
minaremos unos ejemplos dentro de los pocos ámbitos sobre los
que tenemos resultados de investigaciones y datos de discursos,
particularmente del político y del de los medios.
Cuando tratamos el racismo de élite en España, la primera
observación que debemos hacer es que, a diferencia de la mayo­
ría de los países de Europa occidental, España no dispone de un
partido de extrema derecha racista. Ello significa que ni dentro
ni fuera de su Parlamento existe un discurso oficial que legitime
explícitamente el racismo. Este hecho influye decididamente so­
bre las actitudes populares: la xenofobia radical no se sustenta ni
se fomenta oficialmente desde ningún partido político. Cierto es
que, al igual que el R eino Unido, España puede no necesitar un
partido racista cuando el Partido Popular (PP), el partido con­
servador en el poder, proporciona un espacio suficientemente
amplio com o para que en él se cobije una gran variedad de opi­
niones antiextranjeras de diversa índole. Debería recordarse que
el PP también alberga parte del legado del partido falangista que,
durante décadas, apoyó la dictadura de Franco.
La situación se hizo particularm ente evidente a partir de
2001, cuando se prom ulgó la nueva ley de inm igración (Ley
de Extranjería, 8/2000) que abolía muchos elementos positivos de
la anterior ley (4/2000), la cual gozaba de un amplio apoyo y
había sido aprobada pocos meses antes, pero no tuvo la oportu­
nidad de implementarse. D e este modo, los inmigrantes perdie­
ron algunos de sus derechos más esenciales com o los relativos a
sanidad, educación, amparo legal y otros beneficios. Sin tener en
cuenta las protestas de los socialistas, y las de otros partidos en la
oposición, ni las de las organizaciones de inmigrantes, el PP sim­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
29

plemente utilizó su nueva mayoría parlamentaria para im poner la


ley, aunque su im plem entación real (incluida la expulsión de in­
migrantes sin docum entación), es menos dura de lo que se te­
mía. En otras palabras, en el ámbito político de las élites existe al
parecer una mayoría que está a favor de las restricciones para con
inmigrantes y de recortar sus derechos humanos. Hay que mati­
zar que la anterior ley de extranjería, promulgada por el partido
socialista, tam poco era especialmente favorable para los inm i­
grantes. Por regla general hemos observado que, cuando deten­
tan el poder, los gobiernos democráticos socialistas no suelen
decretar leyes sobre la inmigración mucho más liberales.
Tras la victoria de la derecha y de los éxitos de la extrema de­
recha durante 2002 en el resto de Europa, sobre todo en Italia,
Francia y los Países Bajos, que se unieron a movimientos de ten­
dencia similar iniciados en Austria y Dinamarca, Aznar aprove­
chó la oportunidad de estar al frente de la presidencia de la
U nión Europea para desplegar una política más restrictiva frente
a lo que él y su gobierno llaman repetidamente inmigración
«ilegal».
Al no desconocer la poderosa influencia que el tema de la se­
guridad ciudadana ejerce sobre la sociedad, Aznar y muchos po­
líticos conservadores han aprovechado la coyuntura para relacionar
explícitamente a la inmigración con la delincuencia, ganando así
un mayor apoyo de la ciudadanía. Se trata de un caso típico de
preformulación del racismo por parte de las élites.
Aparte de alguna equiparación esporádica entre inmigración
«ilegal» y delincuencia, los discursos políticos que proliferan en
este tipo de política no suelen ser explícitamente racistas. Por re­
gla general y hasta la fecha, el discurso público en España puede
considerarse políticamente correcto. Si en alguna ocasión se es­
cucha un comentario racista emitido por una figura destacada, el
resto de sus colegas y los medios adoptan acto seguido una acti­
tud crítica. En otras palabras, en España el discurso público ra­
cista es todavía tabú, m ucho más que en Francia, Austria, Italia,
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
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Dinamarca y en los Países Bajos, donde recientem ente los parti­


dos explícitamente racistas tienen potestad para ejercer una in­
fluencia mayor (medios de com unicación incluidos) cuando es­
tablecen los térm inos del debate público sobre inmigración.
D ebe notarse que se trata de una tendencia general y que, de
forma más indirecta y menos pública, afloran diversas modalida­
des de este tipo de racismo de élite presente en otros países. U na
vez más, a este y a otros respectos, España se ha desarrollado rá­
pidam ente y ha sabido integrarse en la UE; en este sentido, y a
partir de 2000, el desarrollo ha sido m uy rápido.
El hecho de que, en apariencia, el racismo de élite y su dis­
curso parezcan más mitigados en España que en otros países de
Europa puede explicarse de formas diversas. El factor más influ­
yente es, probablemente, el proceso de democratización tan ex­
plícito que ha tenido lugar tras un largo período de opresión y
de régimen dictatorial bajo Franco. La extrema derecha se asocia
m ucho más con aquel período que la mayor parte de países de la
U E, y se descarta definitivamente com o posibilidad de consenso.
D icho extremismo, cuando se da, está integrado en las lindes del
conservadurismo del Partido Popular, desde cuyo trasfondo ejer­
ce su influencia. Puesto que las prácticas explícitas de racismo se
vinculan con la extrema derecha, la mayoría de políticos y demás
élites estiman que el racismo oficial está excluido del consenso
dominante.
Las mismas observaciones son tanto más ciertas cuando se
aplican a los otros sectores sociales principales de racismo de éli­
te, com o son los dominios simbólicos de los medios, la educa­
ción y la investigación, donde la fuerte presencia izquierdista es
incompatible con el racismo extremista. A diferencia de muchos
países europeos, por ejemplo, los tabloides no parecen haber te­
nido éxito en España y en la mayoría de los principales periódi­
cos de élite no se encuentran, por lo general, artículos abierta­
m ente racistas, tratándose del medio donde con frecuencia
pueden leerse artículos de opinión explícitamente antirracistas.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
31

Ello no significa que los medios españoles no desempeñen nin­


gún papel en la reproducción del racismo, sino sólo que no lo
hacen de un m odo tan explícito ni con asiduidad, como consta­
taremos más detalladamente a continuación. Nos ocuparemos
ahora de algunos ejemplos que ilustran algunos de los ámbitos
mayores del discurso de élite y del racismo. (Para estudios del ra­
cismo de las élites en otros países, véase Van Dijk, 1991, 1995,
1997 y 2003a.)

Política

MG: Los del PP dicen que no darán suelo y los del PSOE se
escudan en esa negativa para hacer lo mismo. Nadie se atreve ex­
cepto estos dos que dices. Aquí mandan los empresarios. Ellos po­
nen a quien quieren desde hace años.
SA: ¿Hay alguna diferencia entre la actitud de los políticos del
PSOE y del PP?
MG: No. Este asunto no tiene que ver con los partidos. Cuan­
do querían nombrar a Juan Goytisolo persona no grata, toda la
corporación, incluidos los socialistas, Izquierda Unida y el PP, es­
taban de acuerdo. No ocurrió porque el PSOE a nivel andaluz, lo
mismo que IU, llamaron a su gente y los pararon. Aquí no quieren
a Juan Goytisolo porque se atrevió a criticar el desarrollo econó­
mico de Almería (Entrevista de Soledad Alameda con Mercedes
García Fórmeles, El País, 5 de agosto de 2001).

C om o ya se ha sugerido anteriorm ente, debido a la fuerte


reacción democrática contra el régimen de Franco y su legado, el
paisaje político español no es muy radical. Al no existir oficial­
mente ningún partido racista a nivel nacional o regional, los esló-
ganes de los partidos de derecha están ausentes (cosa que no su­
cede, por ejemplo, en el Frente Nacional francés y otros partidos
extremistas en Europa). Pero como ya he dicho antes, eso no sig­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
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nifica que las modalidades más tenues de xenofobia o de racismo


no puedan ser detectadas entre (especial pero no exclusivamente)
los políticos conservadores. La reciente Ley de Extranjería y la
política gubernamental actual sobre la inmigración irregular son,
en efecto, claros ejemplos que ilustran la voluntad de excluir a los
grupos árabes, asiáticos, africanos y latinoamericanos.
A unque las modalidades de racismo político más contunden­
tes se prodigan a nivel nacional desde M adrid (como veremos
más adelante), ciertos políticos conservadores también en algu­
nas de las comunidades autónomas más antiguas, com o son el
País Vasco y Cataluña, condonan o fomentan a veces nociones
xenófobas. Esto no se debe solamente a que encuentran el apo­
yo popular, lo cual puede atraer votos, sino que también encaja
con una imagen nacionalista de las autonomías donde la asimila­
ción de la inm igración (si no la resistencia contra ésta) forma
parte de una tendencia política.
El 2 de octubre de 2002, en un discurso parlamentario, el
presidente catalán Jordi Pujol, declaró que la inmigración es uno
de los principales «factores problemáticos» en la Cataluña actual.
Si bien insistió en que se trata de un problema generalizado en
todos los países desarrollados, también destacó el significado es­
pecial que tiene para Cataluña porque puede afectar a «nuestra
identidad». Y prosiguió:

No podemos perder de vista que tiene que haber una cultura


central de referencia, que es la que a través de los siglos hemos ido
elaborando (El País, 3 de octubre de 2002).

D e estas palabras se desprende claramente que para el nacio­


nalismo catalán es vital m antener su propia identidad. Si una re­
gión autónom a o una nación com o Cataluña ha de tener una
«cultura» central o dominante, ésta debe ser una cultura catalana.
N o se menciona el hecho de que esta cultura e identidad catala­
nas han sido a su vez conformadas históricamente por otras cul­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
33

turas distintas y que, sin lugar a dudas, ello continuará siendo así
en el futuro, es decir, m ediante la continua integración de los
muchos inmigrantes que llegarán a Cataluña, especialmente de
Africa y de América Latina.
Algunas estadísticas de la década de 1990 sugieren que menos
de la mitad de la población que vota a los partidos nacionalistas
en el País Vasco y en Cataluña acepta la tesis de que los extranje­
ros deberían tener los mismos derechos que los españoles, tesis
que sí es aceptada por más de dos tercios de los votantes de otros
partidos (véase Colectivo loé, 1995). La investigación sugiere de
forma similar que los votantes de los partidos autonómicos na­
cionalistas más radicales también tienden a ser menos com pren­
sivos con los árabes, los negros, los gitanos, etcétera (véase, Bar-
badillo Griñán, 1997: 60, 87 y ss).
Esta reacción antagonista hacia los inmigrantes en las históri­
cas regiones autónomas de España tiene una tradición muy dila­
tada y en su época tam bién se dirigió contra los inmigrantes de
otras partes de España (para más detalles, por ejemplo, sobre Ca­
taluña, véase Solé, 1982, 1991; para un estudio de las reacciones
de los barceloneses contra la inmigración, véase Bergallí, 2001).
Las mismas estadísticas sugieren que estas tendencias autonóm i-
co-nacionalistas también coinciden con las de los votantes con­
servadores del Partido Popular. Ello sugiere que, por lo que a la
inmigración se refiere, las actitudes negativas autonóm ico-nacio-
nalistas y las conservadoras tienden a basarse en ideologías simi­
lares.
En España, este parecido puede encontrarse paradójicamente
en dos modalidades opuestas de nacionalismo. Tenemos, por una
parte, el nacionalismo estatal oficial y, por ende, tácito, que en la
actualidad está especialmente representado por el partido conser­
vador, un nacionalismo que se opone a cualquier vulneración de
la unidad de España. Este nacionalismo centralista sigue la tradi­
ción falangista del régim en de Franco, que ensalzaba la unidad
de España y que reprim ía cualquier intento de diversidad lin-
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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guística o de autonom ía política de las naciones vasca y catalana.


En la actualidad, en 2002-2003, tanto el partido conservador
com o el partido socialista se oponen enérgicamente a cualquier
aum ento de la autonomía, p o r ejemplo, del País Vasco.
Por otra parte tenemos los nacionalismos «periféricos» que
pueden encontrarse en las autonomías históricas, particularmen­
te en las que tienen su propio idioma, como son Cataluña, Gali­
cia y el País Vasco. En especial las variedades más radicalmente
conservadoras de ambas ideologías tienden a oponerse al m ulti-
lingüismo, al multiculturalismo, a la inm igración o a cualquier
tendencia que perciban com o una amenaza para su «unidad na­
cional» u homogeneidad.
D e esta forma, para algunos nacionalistas de las autonomías
históricas un exceso de inm igración podría desequilibrar el de­
licado consenso de un sistema cuyo proyecto dom inante es el
autonóm ico, por ejemplo, con respecto a la enseñanza y al uso
del catalán en Cataluña. H eribert Barrera, antiguo presidente del
Parlamento catalán, publicó un libro con comentarios explícita­
m ente xenófobos y manifestó estar de acuerdo con Haider, el
político austríaco de extrema derecha. De forma parecida, M ar­
ta Ferrusola, esposa del presidente catalán Jordi Pujol, declaró
estar en contra de la inmigración, alegando que su punto de vista
coincidía con el de muchos otros. Sus palabras fueron matizadas
sólo m ucho después y con poco vigor por su marido. Hemos
visto que el propio Pujol se opone a cualquier posible amenaza
de la cultura y la identidad catalanas.
A pesar de estas explícitas formas de «etnicismo regional»
ampliamente difundidas, debería señalar que los nacionalismos
periféricos en España no son inherentemente racistas. M uchos na­
cionalistas en las comunidades autónomas, particularm ente los
de izquierda, son personas antirracistas que están a favor del
multiculturalismo. Sin lugar a dudas, para ellos las actitudes racis­
tas y antimulticulturales expresan el abuso de los proyectos na­
cionalistas o autonómicos.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
35

Aunque también para ellos, como sucedió con la inmigración


anterior desde otras partes de España, la inmigración actual de
otros países hace que el aprendizaje y mantenimiento de la propia
lengua (minoritaria) y cultura estén siempre en la palestra, sobre
todo debido a la com petición constante, tanto a nivel nacional
com o regional, con el castellano predominante. Por supuesto,
con los procesos de globalización la influencia del inglés y del
castellano no hará más que crecer en lugares como la universidad,
la investigación y la información vía Internet, lo que no favore­
cerá el desarrollo del catalán más allá del contexto local.
En otras palabras, los diversos tipos de nacionalismo en Espa­
ña también reaccionan ante la inmigración, el multiculturalismo
y la integración, salvadas unas diferencias y variantes sutiles que
este capítulo no puede analizar en profundidad.
Así pues, en España, aun cuando en la superficie todo parez­
ca bastante tranquilo, con sólo hurgar ligeramente se encuentran
varias modalidades de racismo de élite, a cual más conocida en el
resto de Europa y que, en algunos casos, están muy relacionadas
con las tendencias nacionalistas que preconizan el lema de «es­
tar con los nuestros» tan desfavorable al multiculturalismo.
Para ilustrar el discurso político sobre inmigración examina­
remos con detenim iento el discurso político oficial tal y como se
manifiesta en el Parlamento español.
Entre tanto, también disponemos de mayor información ge­
neral sobre el tema del racismo político en Europa, gracias a R a ­
cista at the Top, el estudio realizado por un equipo internacional
en siete países de la U E de las formas de discutir el tema de las
minorías y de las inmigraciones (Wodak y Van Dijk, 2000). Este
proyecto ha contado con la colaboración de Luisa M artín R ojo
(2000), que se ocupa del discurso parlamentario español. En di­
cho estudio, la autora analiza cuatro debates parlamentarios del
año 1997, todos ellos acerca de la inm igración (es interesante
notar que no pudo encontrar ninguno que se refiriese a los gita­
nos/gitanas).
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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En general, estos debates se llevan a cabo en comisiones par­


lamentarias y no en las sesiones plenarias de las Cortes. La pers­
pectiva conservadora sobre estos temas, representada por el en­
tonces ministro del Interior, Mayor Oreja, ha esgrimido una
política de control sobre el «flujo» de «ilegales», mientras que el
punto de vista progresivo ha sido de cariz más bien sociopolíti-
co, centrándose en particular en la solidaridad para con los inmi­
grantes y su precario estatus social. El Partido Socialista (PSOE)
ha mantenido una postura intermedia, en parte por ser responsa­
bles de la anterior Ley de Extranjería. Es interesante, y recuerda
un tema utilizado de manera parecida por el Parlamento italiano
en sus debates sobre la inm igración, que uno de los aspectos
mencionados en estos debates sea la historia de los propios emi­
grantes españoles. Dicha temática se utiliza como argumento en
favor de la solidaridad hacia los actuales inmigrantes y, por lo
tanto, debería analizarse com o un ejemplo típico de argumenta­
ción antirracista:

[España] es un país que sabe perfectamente de lo que estamos


hablando, una sociedad que ha sufrido en sus carnes la realidad de
abrirse camino en países extranjeros (Meyer-Pleite, IU, pág.
5.200, 24-9-1997).

Representando a la derecha del Partido Popular, Mayor O re­


ja prefiere hablar del m odo en que España y, por ende Europa,
pueden protegerse de la «invasión» del sur, por ejemplo en las
ciudades de Ceuta y Melilla, en el norte de Africa:

La carretera denominada Melilla 300, que se construyó a lo


largo de la frontera con el complemento de una pista de sensores y
un complejo sistema de cámaras de televisión, alumbrado y mega-
fonía, así como un puesto de control para todos los sistemas, supu­
so un gasto, ya realizado, de 2.074 millones de pesetas, el 64 por
ciento del cual ha sido financiado por los fondos Feder. En la ac­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
37

tualidad se están realizando obras en Ceuta para conseguir imper­


meabilizar la frontera e impedir el paso de personas y mercancías
de carácter ilegal (Mayor Oreja, págs. 10.716-17, 18-12-1997).

O tro tópico que M artín R o jo ha encontrado en el discurso


político conservador es el tema del tráfico de inmigrantes, el
cual se presta fácilmente a la asociación de la inmigración con
actividades ilegales, y donde, por consiguiente, se culpa una vez
más a las víctimas:

Los responsables de estas muertes son los que trafican con la


vida de esas personas, fundamentalmente, y los que están organi­
zando ese tráfico ilegal de personas y, desde luego, el Gobierno de
España hará todo lo que tenga que hacer (Arenas Bocanegra, PP,
pág. 5.203, 24-09-1997).

A partir de su análisis, M artín R o jo llega a la conclusión de


que, a pesar de centrarse en el control y en la asociación de la
inmigración con actividades ilegales, el discurso conservador de
aquel m om ento no era explícitamente racista. El PP tiene buen
cuidado en no formular posicionamientos que pudieran recordar
el pasado falangista de algunos de sus fundadores y miembros y
se asegura de no adoptar posturas relacionadas con el racismo.
Sean cuales fueren las medidas adoptadas y aplicadas para contro­
lar la inmigración, se hace mención explícita de su relación con
la antigua ley de inm igración aprobada por el PSOE. Tanto la
derecha com o la izquierda en sus respectivos discursos políticos,
no utilizan ciertas metáforas com o «avalancha» u «oleada» asocia­
das al peligro de trombas de agua com o es habitual en otros paí­
ses para referirse a la inmigración, sino que se suele elegir la pa­
labra «flujo» que resulta m ucho menos negativa. También es
cierto que el léxico aplicado a los «otros» es más m oderado que
en otras partes; las palabras empleadas con mayor frecuencia para
referirse a ellos son «inmigrantes», «extranjeros», «personas» e in­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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cluso «ciudadanos», además de*designar su país de origen. En es­


tos casos, las valoraciones suelen esconderse en los adjetivos se­
leccionados, en particular en el amplio pero controvertido uso
del atributo «ilegal». Por otra parte, como hemos visto en el dis­
curso sobre inmigrantes en otros países, cuando se les representa
com o partícipes de una determ inada acción, suele hacerse con
adjetivos que les tildan de pasivos o de víctimas (Van Dijk,
2003a).
C om o ya he explicado más arriba, el reciente discurso oficial
público sobre la inm igración en España, reforzado por una ten­
dencia europea más conservadora durante el año 2002, puede
haber dado pie a una ruptura con aquellas actitudes más m ode­
radas que M artín R o jo halló en su investigación durante la déca­
da de 1990 (véanse también Grad y M artín R ojo, 2003; M artín
R ojo, 2000a).
D e hecho, tanto los medios com o otros observadores han
puesto de manifiesto que desde las elecciones generales de 2000,
donde el Partido Popular obtuvo una mayoría absoluta, se ha
apreciado un notable increm ento en la arrogancia de su poder,
que se muestra evidente en su recrudecim iento de actitudes ha­
cia la inmigración.
En un estudio anterior, M artín R o jo y Van Dijk (1997) exa­
minaron un discurso de Mayor Oreja donde justificaba la expul­
sión de 103 africanos en julio de 1996 a los que fiie administra­
do un narcótico para mantenerlos calmados durante el vuelo. La
estrategia de Mayor Oreja se centra en subrayar que tanto la ex­
pulsión com o los m étodos empleados por la policía eran legales
y consecuencia natural de la Ley de Extranjería aprobada por los
socialistas. En nuestro estudio demostramos que la legitimación
discursiva de dicha expulsión tiene tres dimensiones esenciales:

A. U na estrategia semántica de la «verdad», es decir, nuestra


presentación de los «hechos» es la correcta y, por consi­
guiente, la de nuestros detractores es «falsa».
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
39

B. U na estrategia pragmática de justificación: nuestra actua­


ción está justificada por unas leyes y normas determ ina­
das.
C. U na estrategia sociopolítica de poder y de autoridad:
nuestro discurso es legítimo y creíble en tanto que lo pro­
nuncia un ministro y miembro del gobierno.

Esta legitimación implica también la confirmación del orden


moral de la sociedad española. Es evidente que estos aspectos de
legitimación suponen a su vez una «^legitim ación de la oposi­
ción (socialista), de los medios, de las O N G y de otros observa­
dores críticos de la expulsión. Poca argumentación e ilustración
hacen falta para demostrar el sesgo de estas tres estrategias de le­
gitimación en favor de un posicionamiento dominante. En efec­
to, la definición negativa de los inmigrantes com o seres «ilegales»
y «violentos» no se presenta com o una mera opinión subjetiva,
sino como un hecho y, por ende, como parte del régimen de ver­
dades establecidas. Quizá algunos ejemplos característicos de este
tipo de legitimación discursiva ilustren más detalladamente cómo
se formulan estos discursos.
Veremos que la prim era táctica de legitimación es, por su­
puesto, la afirmación reiterada de que las acciones se llevaron a
cabo según la ley:

(...) medidas estas que se adoptan con el carácter de medidas gu­


bernativas y en cumplimiento estricto de lo dispuesto en la ley
Orgánica Reguladora de los Derechos y Libertades de los Extran­
jeros en España, conocida habitualmente como Ley de Extranjería
(pág. 848).

Nótese que la formalidad empleada al referirse a la ley tam­


bién se refleja en el tono formal con el que se invoca el nombre
oficial de la ley, la aplicación de medidas gubernativas (en lugar de
«medidas administrativas», más corriente), el uso de «estricto»
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
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para subrayar la naturaleza del cum plimiento de la ley, además


del uso de lo dispuesto en lugar de, por ejemplo, «lo que dice la
ley» o «el contenido de la ley». Así pues y a nivel más general, se
describen y se justifican las propias acciones y las del cuerpo po­
licial en términos legales y de procedimientos normales. Mayor
Oreja tam bién subraya que dichas acciones se llevaron a cabo
con el mayor cuidado.
E n otro m om ento Mayor Oreja recalca que además de lega­
les, estas acciones benefician al país, como se com prueba en el
pasaje siguiente, donde se atisba un esbozo de amenaza:

El ministro del Interior, ante estos graves acontecimientos que


ponían en grave peligro el orden público y suponían una altera­
ción grave de la seguridad ciudadana, tenía la inexcusable obliga­
ción de proceder, en nuestra opinión, a la expulsión o devolución
de los inmigrantes ilegales (pág. 848).

D e hecho tanto el discurso de élite como el popular, cuando


reflejan al «otro» negativamente se fijan en el factor amenazante
que representa el increm ento de la inmigración. Así pues, la es­
trategia general de la presentación negativa del «otro» y de la au-
topresentación positiva, una de las tácticas de discurso antiinmi­
gración más poderosas, consiste en afirmar o mostrar que la
política contra la inm igración es buena para «nosotros» o para
«nuestra gente». Esta táctica populista es, de entrada, difícil de
vencer, sobre todo porque se presenta a la inmigración como
algo costoso para nuestro país, com o una amenaza para nuestros
empleos, nuestras viviendas, nuestra cultura y nuestra seguridad,
entre otros. Algo más tarde, en 2000, también en España se usó
un argum ento algo más «positivo» en favor de la inmigración
(controlada), basándose en la evidencia de una tasa de natalidad
autóctona muy baja y en la necesidad de emplear a los inmigran­
tes en aquellas tareas que «nosotros» no queremos realizar y de
este m odo poder costear las pensiones de la población anciana.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
41

Nótese, no obstante, que en cualquier argumento relacionado


con la inmigración sólo se debaten nuestros derechos e intereses
y no así los de los propios inmigrantes.
O tra estrategia im portante que encontramos en nuestro estu­
dio fue la relativa al consenso. En los debates parlamentarios se
alude a lo im portante que es gobernar en mayoría y, a la vez, in­
tentar llegar al consenso. Esto es particularmente cierto cuando
se tratan cuestiones controvertidas, com o lo es la inmigración.
También en España, el gobierno conservador alega o presupone
que la política sobre inmigración debe ser bipartidista o consen­
suada y nunca objeto de com petición política. A fin de cuentas
todas estas medidas políticas se refieren a «nosotros» frente a los
«otros» y precisan, por consiguiente, de la solidaridad nacional
contra la «invasión» extranjera. A rgum ento nacionalista aparte,
esta táctica tiene la virtud de aplacar a la oposición. Esto es espe­
cialmente sencillo en España, ya que la ley actual a la que se re­
fiere Mayor Oreja fue adoptada por los socialistas.
En mi libro Racismo y discurso de las élites he mostrado reitera­
damente que la presentación negativa del «otro» es la táctica do­
minante del discurso racista que involucra variantes discursivas y
distintos niveles de análisis.
En la estrategia de legitimación, este tipo de discurso negati­
vo es fundamental para establecer «los hechos» según los ve el
ministro; a fin de justificar la expulsión y de obtener el apoyo
popular, es importante que el ministro describa a los inmigrantes
com o «ilegales» (lo cual significa no acatar la ley, por no hablar
directamente de delincuencia) y com o personas violentas. U na
manifestación de inmigrantes en Melilla se representa, por lo
tanto, com o especialmente violenta y a los manifestantes com o
ciudadanos indeseables en un país pacífico como España. Al mis­
mo tiempo, se niegan las propias acciones negativas (como el he­
cho de administrar drogas al grupo de inmigrantes que fue pos­
teriorm ente deportado), o com o m ínim o se mitigan o se
describen como perfectamente legales y moderadas. La negación
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
42 -------------------------------------------------------------------------------------------------

del racismo es particularm ente significativa como modalidad del


discurso de élite dominante, algo que ya hemos hallado en m u­
chos tipos de expresión escrita y hablada de diversos países.

(...) este Gobierno no quiere caracterizarse precisamente (...), por


lo que viene a significar un discurso desde la intolerancia (...) (pág.
868).

En este caso concreto la negación tiene una mayor relevancia


debido a las conexiones históricas existentes entre el PP y el le­
gado del régimen de Franco, es decir, para el Partido Popular en
el gobierno (que en 1996 acababa de subir al poder) es muy im­
portante mostrar sus credenciales democráticas y con ello negar
cualquier atisbo de racismo. Por supuesto no se menciona la no­
ción de «racismo», sino que eufemísticamente se habla de «dis­
curso desde la tolerancia».
Estas pocas observaciones sobre un discurso político crucial
del Parlamento español pretenden demostrar, en prim er lugar,
que en España y durante la década de 1990 las formulaciones ra­
cistas explícitas son escasas en el discurso político oficial, lo cual
no impide asociar de forma más indirecta a los inmigrantes con
características negativas, com o son la entrada o el trabajo ilegal,
la violencia y otras formas de delito. Esta representación negati­
va de los «otros» está fuertem ente vinculada a representaciones
positivas similares de «nosotros», nuestra tolerancia y solidaridad,
nuestros principios legales, y así sucesivamente.
En su tesis doctoral sobre los debates parlamentarios, M ont­
serrat Ribas (2000) investigó las representaciones sociales y las
estructuras argumentativas sobre las cuestiones referidas a la in­
m igración que fueron formuladas por los delegados del Parla­
m ento catalán, dentro de los llamados «comités de estudio».
A partir de su porm enorizado análisis sobre las cuestiones
globales y locales, llega a la conclusión de que las representacio­
nes de los parlamentarios varían, com o era de esperar, según sea
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
43

el partido al que pertenecen. Los representantes del partido (na­


cionalista) en el poder, Convergencia i U nió, liderado por el ca­
talán Jordi Pujol, definen básicamente la inmigración y los emi­
grantes com o un problema, una amenaza para la unidad cultural
y lingüística de Cataluña.
Para ellos, la inm igración se asocia a unos cambios de orden
social no deseables entre los que se incluyen las distintas prácticas
sociales y religiosas, el aum ento de la delincuencia y la proble­
mática que representa para su educación y su integración. De
hecho, para CiU, la integración significa su catalanización, por
ende, su asimilación. N o es pues sorprendente que, de entre to­
dos los temas debatidos en el Parlamento catalán, el de la inte­
gración sea el más frecuente, tal com o muestra el párrafo si­
guiente:

(...) si los inmigrantes también son sensibles a la cultura catalana


(...), si se integran progresivamente (...), a nuestras costumbres, al
idioma, al modo de hacer de aquí... (Ribas, 2000, pág. 147).

Ribas muestra que, por lo que se refiere al Partido Socialista


Catalán (PSC), los inmigrantes se nom bran, ante todo, com o
trabajadores extranjeros, térm ino que recoge sus dificultades con
respecto a la discriminación laboral y la explotación. En este
sentido, el PSC trata a los inmigrantes com o a cualquier otro
grupo de trabajadores, aunque su definición restrinja los proble­
mas de los inmigrantes al ámbito laboral. Para los socialistas, in­
tegración significa la adaptación de los inmigrantes a las normas
y valores de la cultura occidental y el abandono de la suya propia
(«atrasada»). La Izquierda Republicana de Catalunya (ERC) ha­
bla de «inmigrados» en lugar de «inmigrantes», con lo cual desta­
ca sus derechos com o ciudadanos establecidos en el país. N o
obstante, al subrayar el derecho a la diferencia y al centrarse en
las dificultades sociales que emanan de la misma, E R C también
presupone que los inmigrantes no cambian culturalmente. Por
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
4 4 -------------------------------------------------------------------------------------------------

otra parte, E R C utiliza especialmente la problemática de la in­


migración para atacar a los gobiernos autonóm ico y nacional.
Ribas argumenta que únicam ente un grupo, IC (Iniciativa
per Catalunya) en la actualidad ICV, al añadir la letra «V» (de
«verde»), ha formulado un discurso auténticamente alternativo al
racista dominante. ICV define a los inmigrantes com o trabaja­
dores extranjeros y sus diferencias culturales se valoran positiva­
mente. Cuando surge alguna problemática, se considera que ellos
tienen problemas con nosotros porque los tratamos com o delin­
cuentes. Es de destacar que el tema del racismo apenas se con­
sulta en la comisión. En otras palabras, los supuestos problemas
se asumen com o para «nosotros» y no para «ellos». Por otra par­
te, Ribas tam bién observa que la posición de ICV no es muy
combativa pero sí bastante paternalista.
La conclusión general de su análisis coincide con la que he
formulado anteriorm ente sobre los debates políticos a nivel na­
cional e internacional; a saber, que rara vez se encuentra la ex­
presión abierta y obvia del racismo sino una más moderada y a
m enudo indirecta, articulada con prejuicios y estereotipos xenó­
fobos (Ribas, 2000: 404).

Las sociedades deben ser homogéneas y la inmigración puede


amenazar dicha homogeneidad y es, por lo tanto, un problema.
Las normas y la conducta de los inmigrantes son distintas y, ade­
más, moralmente equivocadas. Generalizaciones: la conducta ne­
gativa de algún(os) miembro (s) del grupo de fuera se extrapola a
todos ellos. Los inmigrantes no son individuos sino miembros de
grupos homogéneos, representados en estereotipos. Sus diferen­
cias culturales se reducen a básicos: los inmigrantes son, por defi­
nición, distintos (biológicamente) de nosotros. Voluntarismo: si
los inmigrantes no se integran es porque no quieren. Autopresen-
tación positiva y presentación negativa de los «otros» (Ribas,
2000: 404).
R a c is m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spaña
45

En su gran tesis doctoral, un estudio teórico sobre racismo y


política en España, Xavier Torrens (2002) suele llegar a conclu­
siones comunes a las sostenidas en este libro y también en Racis­
mo y discurso de las élites. Apoyándose en los textos y en los acon­
tecimientos recientes, Torrens concluye que las élites y sus
discursos juegan un im portante papel en la reproducción del ra­
cismo en el ám bito público. Al examinar la política de «prefe­
rencia nacional» afirma que «los inmigrantes indocumentados
creados por el Estado se traducen en los inmigrantes indeseables
para la sociedad», lo cual confirma nuestra tesis sobre la prefor-
mulación del racismo por parte de las élites. La «preferencia na­
cional» no es tanto un medio para garantizar la cohesión social
com o una estrategia institucionalizada de exclusión del «otro»,
que viola los principios básicos de un Estado democrático. Esta
exclusión institucionalizada puede encontrarse en diversos as­
pectos com o son la criminalización, la expulsión, la segregación
y la asimilación cultural de inmigrantes a lo largo de los varios
estadios de su estancia en el país. Esta política oficial y 110 oficial
(por tanto, negada) del Estado termina por actuar a m odo de po­
derosa legitimación del racismo cotidiano suscrita tanto por los
miembros de las agencias estatales (policía, etcétera), com o por
la ciudadanía en general.
Lamentablemente 110 existe todavía un estudio sistemático
actualizado del desarrollo en España del discurso político antiin­
migración. C om o ya he sugerido, dicho discurso va a la zaga de
los acontecimientos xenófobos de otras partes de Europa, como
por ejemplo el éxito de Le Pen en la primera vuelta de las elec­
ciones presidenciales francesas de 2002, la fundación de un par­
tido antiinmigrantes en los Países Bajos (su fundador, Pim For-
tuyn fue más tarde asesinado) que en la actualidad forma parte
de la coalición de gobierno, o las medidas propagadas por políti­
cos explícitamente racistas tales com o Berlusconi, Bossi y Finí,
en Italia. Estos acontecimientos se sucedieron muy rápidamen­
te en la primavera de 2002 y, en muchos sentidos, pueden conside­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
4 6 ------------- —---------------------------------------------------------------------------------

rarse una vuelta de tuerca, aunque no hay que olvidar que las
tendencias xenófobas más profundas en Europa son constantes.
En efecto, el presidente José María Aznar aprovechó dicha situa­
ción europea para abogar en varios discursos por una política de
la U E más estricta contra la inm igración «ilegal», equiparando
reiteradamente a la inmigración con la delincuencia.
C on el mismo espíritu, M ariano Rajoy, ministro del Interior,
declaró que «un exceso de inmigrantes provoca la marginación y
el crimen» (La Verdad, 13 de mayo de 2002) y, com o ya se ha
m encionado anteriorm ente, su antecesor Mayor Oreja, corro­
boró explícitamente esta afirmación en una entrevista con E l Pe­
riódico (26 de mayo de 2002):

Normalmente lo ilegal lleva al delito. Hay mayores índices de


delincuencia cuando aumenta la inmigración. Tenemos que aso­
ciar lo irregular a la delincuencia, y la cultura de la legalidad es el
mejor antídoto.

La oposición socialista del PSOE acusó a Aznar de utilizar re­


tórica racista en este caso, lo cual no significa que los socialde-
mócratas en el poder sean m ucho más condescendientes cuando
se trata de política de inm igración (como en Gran Bretaña o,
hasta 2002, en Francia, y en España hasta 1996 cuando el Parti­
do Popular tom ó las riendas).
Así pues, se constata que en España existe una retórica popu­
lista racista que se desata cuando los políticos se creen capaces de
ganar votos entre los ciudadanos que tem en (por coacción) una
inmigración creciente, que están preocupados por la delincuen­
cia y por una sensación cotidiana de inseguridad atribuida a los
«extranjeros». D e este m odo, muchas de las preocupaciones de
la ciudadanía, com o el desempleo, los problemas económicos o la
delincuencia callejera, pueden asociarse con la inmigración m e­
diante culpabilización de las víctimas. Debería recordarse, no
obstante, que muchas de dichas preocupaciones están a su vez
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
47

manipuladas por el propio discurso de los políticos (o. por los


medios que las reproduce y las legitima, a veces incluso por la
falta de espíritu crítico), que cita estadísticas dudosas acerca de
la incidencia delictiva. Esto es aplicable a España donde en la
primavera de 2002 los representantes del gobierno destacaron el
porcentaje provisional de detenidos en las cárceles españolas, con
unas cifras m uy superiores para los inmigrantes (más de un 75
por ciento) que para otros individuos, algo que incluso el sindi­
cato policial rechazó con ahínco y además que las entradas «ile­
gales» al país también se contabilizan com o delitos (El País, 2 de
febrero de 2002).
Será necesario investigar el discurso político español con
mayor profundidad para confirm ar (o desautorizar) y porm eno­
rizar estos datos difundidos a partir de unos informes mediáti­
cos recientes. Es preciso, por ejemplo, efectuar un análisis más
intensivo del discurso de los políticos locales, com o el alcalde
Enciso de El Ejido, y de su influencia sobre la opinión, el dis­
curso y las otras prácticas sociales de la ciudadanía. Lo mismo es
aplicable a los escalafones más altos del gobierno, agencias esta­
tales y demás burócratas de élite. En este sentido, Mikel Azur-
mendi, presidente del Foro para la Integración Social de los In­
migrantes y, por consiguiente, uno de los portavoces más
influyentes en la form ulación de políticas para la integración,
efe'ctuó unas declaraciones en febrero de 2002 en las que afir­
maba que «el multiculturalismo es una gangrena de la sociedad
democrática» (El País, 20 de febrero de 2002). En un artículo
del periódico, A zurm endi define el multiculturalismo de la si­
guiente manera:

Se llama ahora multiculturalismo al hecho de que en el seno


del mismo Estado de derecho coexistan una cultura democrática,
por ejemplo en la nuestra actual, con otro u otras culturas no ne­
cesariamente democráticas (El País, 23-2-2002).
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
48 --------------------------------------------------------------------------------------------------

Después de los acontecimientos de El Ejido, el propio Azur-


m endi escribió un libro sobre el tem a en el que culpaba a los
trabajadores extranjeros de toda la problemática, exonerando a
los patronos locales y a los políticos (Azurmendi, 2001).
Hay que tener en cuenta que Azurm endi no es el único que
sostiene este tipo de ideas y dentro de la opinión de la élite es­
tán bastante extendidas. Incluso H erm án Tertsch, desde E l País,
defiende a Azurm endi de sus críticos, con un estilo típico y ful­
m inante contra la corrección política cuando uno se atreve a
decir la «verdad» sobre otras culturas. El secretario de Estado
para la Inmigración y Extranjería, Enrique Fernández Miranda,
com parte las opiniones de A zurm endi afirmando que algunas
culturas son, en efecto, «irreconciliables» (El País, 27 de febrero
de 2002). Aparte de lo sorprendente de sus declaraciones, da­
dos sus cargos, estas palabras ponen particularm ente de m ani­
fiesto su desconocim iento del significado del multiculturalismo,
por no hablar de su reticencia a modificar su propia cultura bajo
la influencia de otras (García Castaño y Barragán Ruiz-M atas,
2000). En efecto, el multiculturalismo se suele interpretar des­
de una óptica relativista y gratuita en la que cualquier hábito cul­
tural podría estimarse com o aceptable aun cuando entrase en
conflicto con los fundamentos esenciales de la democracia o de
los principios de los derechos humanos. Para este tipo de perso­
nas multiculturalismo es sinónim o de «gueto». En lugar de se­
ñalar los múltiples aspectos negativos de nuestra propia cultu­
ra, com o por ejemplo el alto índice de violencia doméstica y el
chovinismo masculino, se hace especial hincapié en unas tradi­
ciones retrógradas seleccionadas intencionadam ente y que se
atribuyen por com pleto a los integrantes de la otra cultura,
com o puede ser la mutilación de los genitales femeninos en al­
gunas culturas africanas. En una gran mayoría de estos discursos
políticos dom ina la estrategia general de autopresentación posi­
tiva y de presentación negativa de los «otros» com o ya hemos
señalado.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
49

C on este resumen de algunos estudios relativos al discurso


sobre la inm igración tanto a nivel nacional com o autonóm ico
debemos cerrar nuestras observaciones sobre racismo y antirra-
cismo político en España. C om o habíamos concluido anterior­
mente, el discurso político oficial en España no es abiertamente
racista aunque sí existen muchos ejemplos de prácticas de prejui­
cio estereotipadas hacia los inmigrantes. La inmigración se defi­
ne com o un problema y no com o una promesa, com o una ame­
naza y no com o una oportunidad; no se da la bienvenida a las
diferencias culturales y, a menudo, la integración significa adap­
tación, cuando no asimilación. Si bien es un hecho que estos es­
tereotipos e interpretaciones negativas están más arraigados en la
derecha y que la izquierda parece ser menos hostil hacia la inm i­
gración, no es menos cierto que ésta tiende a adoptar una postu­
ra más paternalista. Tanto a nivel nacional com o regional no
suele darse ni un discurso ni una política genuinamente antirra-
cistas.
Esto no significa que no existan organizaciones, O N G y éli­
tes destacadas antirracistas, tanto por lo que se refiere a los polí­
ticos, a medios de comunicación, a académicos y a otros ámbitos
sociales. Algunas élites incluso llevan a cabo acciones antirracis­
tas indiscutibles com o es el caso, por ejemplo, del Defensor del
Pueblo en Andalucía, José Chamizo, quien se manifestó contra­
rio a todas las prácticas racistas de su comunidad (por ejemplo el
caso de El Ejido) y que desempeñó un destacado papel de m e­
diador en el transcurso de un encierro de inmigrantes en la U ni­
versidad de Almería durante la primavera de 2002; aunque tuvo
una actuación menos afortunada en un encierro parecido ocu­
rrido en verano de 2002 en la Universidad Pablo de Olavide de
Sevilla. Desgraciadamente, en España tampoco abunda este tipo
de agente antirracista favorable al cambio, particularmente en los
escalafones más altos, y puede afirmarse que en el gobierno con­
servador y demás agencias estatales actuales la política y las prác­
ticas explícitamente antirracistas son escasas.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r i c a L a t in a
50 -------------------------------------------------------------------------------------------------

Los medios de comunicación

Tienen ese miedo a lo desconocido. Y como no se hacen polí­


ticas de integración, de sensibilización, sino que este alcalde y otros
se han dedicado a crear alarma social día a día... A decir por la tele­
visión local que los inmigrantes violan a nuestras mujeres, que nos
roban (Mercedes García Fórmeles, El País, 5 de agosto de 2001).

A muchos niveles, el análisis de los medios en España arroja


una imagen similar a la de la política oficial, es decir, ningún pe­
riódico principal, nacional o regional es abiertamente racista
como, por ejemplo, los tabloides británicos. N o obstante, y aun­
que no sean de élite ni dominantes, si se incluye Internet entre
los medios, deberá recordarse que España tiene colgadas en la
red páginas racistas y neonazis como, por ejemplo, Nuevo O r­
den, donde prolifera la propaganda antiinmigratoria que intenta
«demostrar» con estadísticas que los inmigrantes son delincuen­
tes violentos y que «nosotros», los blancos, somos sus víctimas.
Los principales periódicos nacionales representan ideas bas­
tante paralelas a las de los políticos, es decir, que muestran una
gama de posiciones desde la claramente conservadora hasta la de
centro-izquierda y socialdemócrata, com o se ve en los periódi­
cos nacionales A B C , E l M undo y E l País que son, respectiva­
mente, ejemplos de este orden.
C om o en la mayoría de países europeos, la izquierda política
más «radical» no dispone de voz mayoritaria (nacional) en los
medios españoles aunque, ocasionalmente, algunos artículos con
tendencias de izquierdas pueden leerse en E l País. La prensa
autonóm ica, por ejemplo en Cataluña, sigue el mismo patrón
aunque añada una dimensión más o menos regionalista-naciona-
lista, ausente en la prensa de difusión estatal. La prensa local en
Andalucía, región más próxim a a los recién llegados de Africa,
expresa opiniones que, en algunas ocasiones, son ejemplo de un
racismo popular más explícito.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
51

La inmensa mayoría de los periodistas españoles es blanca y


de nacionalidad española, y su patrón se asemeja al del resto de
países de la UE. Los periodistas pertenecientes a las minorías ét­
nicas no abundan. Según estadísticas del CoMegi de Periodistes
de Catalunya, 99 de sus integrantes ha nacido fuera de España,
casi todos en Europa y, en particular, en Francia o bien en Amé­
rica Latina (especialmente en Argentina). En sus listas figuran
seis periodistas oriundos de M arruecos. Ignoramos cuántos de
entre todos los periodistas extranjeros que han trabajado o que
de hecho escriben en periódicos destacados, son africanos, asiá­
ticos o latinoamericanos, probablemente muy pocos. Se puede
deducir sin arriesgarse que las redacciones, en su política y sus
prácticas, cuando se trata de noticias referentes a la inmigración
o a los asuntos étnicos, están prácticamente dominadas por pe­
riodistas españoles blancos, por sus actitudes y su ideología. Ello
no supone que la mayoría de periodistas españoles sea abierta­
mente racista. M uy al contrario, existe en España una fuerte tra­
dición de periodismo de oposición de izquierdas. En España so­
brevive un sólido movim iento de solidaridad antirracista mucho
más im portante que en otros países de la UE, por ejemplo, que
en los Países Bajos. Desde 1995 los periodistas catalanes mantie­
nen un grupo de trabajo especial sobre los medios y las minorías,
que aboga por la multiculturalidad y está sensibilizado respecto a
la representación mediática de los inmigrantes (para más detalles
véase: www.periodistes.org).

Frecuencia

C on el aum ento del núm ero de inmigrantes, también se ha vis­


to incrementada gradualmente la publicación de noticias y de
artículos de fondo sobre inmigración. La excelente base de datos
sobre prensa del CIPIE (Observatorio de Inmigración y Racis­
mo) revela que entre 1995 y 2000 la cifra se ha triplicado; de
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t i n a
52 -------------------------------------------------------------------------------------------------

800 artículos trimestrales en ocho periódicos regionales y nacio­


nales seleccionados en 1995 se ha pasado a 1.000 por trimestre
en 1999 y a cerca de 2.300 en el año 2000 (véase Tabla 1 para
más detalles). Esto significa que en el año 2000, los periódicos
publicaron un prom edio de 2,5 artículos cada día sobre algún
tema relacionado con la inm igración, E l País en particular, in­
cluso más, entre tres y cuatro. En efecto, la cobertura se duplicó
entre 1999 y 2000.

Tendencia general

Los datos del CIPIE también demuestran que la tendencia eva­


luadora general de estos artículos es principalm ente negativa.
Unos dos tercios de todos los artículos tratan de casos con impli­
caciones negativas y únicam ente una sexta parte de los mismos
puede ser clasificada com o bastante positiva. Las tendencias neu­
trales o indefinidas también conform an una sexta parte de la to­
talidad, proporción que se increm entó ligeramente entre 1999 y
2000 a expensas de otros artículos más negativos. N o existe has­
ta la fecha ningún dato que cuantifique las diferencias entre la
prensa nacional y la regional. N o obstante, es de suponer que los
periódicos nacionales de tendencias más izquierdistas, com o por
ejemplo E l País, tienden a ser menos negativos en su cobertura.
Esto es, sin embargo, solamente una extrapolación de los datos
de otras publicaciones europeas, además de una primera impre­
sión personal com o lector habitual de este diario.

Temas

U na descripción algo más cualitativa de la cobertura en prensa


de la inmigración pone de manifiesto que algunos temas son fre­
cuentes y permanentes, com o por ejemplo los propios sucesos
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
53

entre inmigrantes y, en especial, sus tragedias al atravesar en pa­


teras el estrecho desde M arruecos hasta la península. Esta trave­
sía ha costado unas 3.000 vidas en cinco años, según datos de
SOS Racismo. Si en el prim er trimestre de 1999 se publicaron
68 artículos (6,4 por ciento de la cobertura) sobre polizones y
pateras, en el tercer trimestre de 2000 la cifra se había incremen­
tado hasta 409 (17,4 por ciento). Deberían agregarse a estas ci­
fras los artículos sobre tráfico de inmigrantes que aumentaron de
55 a 169, además de otros artículos relacionados con el control
de fronteras. En otras palabras, un promedio del 25 por ciento de
artículos está relacionado con varias modalidades de entradas «ile­
gales», control fronterizo, expulsiones y temas relacionados. D i­
chos artículos suelen ir parejos a la acción policial, y la propia
definición de entradas indocumentadas al país com o «ilegales»
suele significar que estos artículos se categorizan com o represen­
tativos de una imagen negativa de la inmigración.
En comparación con la prensa del resto de Europa occiden­
tal, llama la atención que, aparte de los artículos sobre entradas
«ilegales» al país, la prensa española brinda escasa información
sobre delincuencia atribuida a inmigrantes: tanto en el prim er
trimestre de 1999 com o en el tercero de 2000 alcanza sólo a un
3,5 por ciento de los artículos. N o obstante, también se dan
otras problemáticas que pueden asociarse al de la delincuencia
com o son la prostitución y la violencia entre inmigrantes, que
pueden doblar el porcentaje de noticias relacionadas con la de­
lincuencia.
Las noticias de orientación positiva inform an de actividades
de gobierno, de funcionarios y de O N G , e incluyen denuncias de
varias formas de racismo y discriminación, representando un 17
por ciento de las noticias de 1999 y de 2000.
Son aparentemente neutrales (pero posiblemente con efectos
negativos sobre las actitudes de los individuos) los artículos
(usualmente restrictivos) sobre legislación, política gubernamen­
tal sobre la inmigración, las medidas oficiales, los temas sanitarios
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
5 4 ---------------------------------------------------------------------------------------------- ---

y los problemas de acogida, que en conjunto representan un 17


por ciento de la cobertura. C om o es de esperar, cuando se ha
contado una y mil veces la historia sobre la entrada «ilegal» y, en­
tre tanto, muchos inmigrantes han entrado en el país, la cober­
tura mediática tiende a ocuparse en medida creciente de los
múltiples temas relacionados con los inmigrantes en tanto que
minoría: vivienda, sanidad, escolarización infantil y, en especial,
empleo. Nótese, no obstante, que en el tercer trimestre de 2000
el porcentaje acumulativo de estos temas es de un 6 por ciento.
Muchas de estas noticias todavía están relacionadas con centros
de acogida, vivienda y suburbios.
Finalmente y com o en otras partes, la prensa española tam­
bién presta atención al racismo, a la discriminación, al prejuicio,
a la violencia entre inmigrantes y a otros temas relacionados. N o
obstante, igual que sucede con el tratamiento de la vida cotidia­
na del inmigrante, este grupo de temas no es m uy predominan­
te y representa aproximadamente un 7 por ciento del total trata­
do en 2002. Por otra parte, m uchos artículos sobre Europa se
relacionan con los temas del racismo (por ejemplo la cobertura
sobre el éxito electoral de H aider en Austria), con lo cual se
agregan unos puntos al porcentaje de temas generales sobre ra­
cismo.
Cada año, la cobertura se adapta según sean los aconteci­
mientos principales. Así pues, la propia Ley de Extranjería repre­
senta por sí sola el equivalente de 200 artículos (casi un 10 por
ciento) en la cobertura de 2000, mientras que los ataques racistas
de El Ejido en febrero de 2000 fueron cubiertos en centenares de
artículos, cartas y otros (aproximadamente un 20 por ciento de la
cobertura total del prim er trimestre).
N o obstante y a pesar de estas variaciones, una visión más
global de la cobertura sobre la inm igración y las minorías en la
prensa española, según se refleja en los datos de CIPIE, nos per­
m ite llegar a la conclusión de que los temas generales relaciona­
dos con la inmigración tienden a ser los siguientes:
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
55

Tabla 1. Porcentajes aproxim ados de cobertura m ediática


según im portancia del tem a

Temas % cobertura

1. Entrada irregular 25
2. Acontecimientos administrativos 17
3. Solidaridad 17
4. Europa 10
5. Racismo y discriminación 7
6. Delincuencia 7

Hay que advertir que estos porcentajes son aproximativos y


que existen notables variaciones de un trimestre y de un año a
otro, según sea la naturaleza de los nuevos acontecimientos,
como, por ejemplo, un ataque racista grave (El Ejido), una ac­
ción administrativa de amplia repercusión (Ley de Extranjería,
implementación de una nueva política, regularización de inm i­
grantes, etcétera).
Si el historial, a veces triste, del resto de la prensa europea sir­
ve de modelo, podemos esperar que en los próximos años dismi­
nuyan las historias relacionadas con «entradas», aunque éstas
continúen dándose com o antes y a pesar de que se adopten res­
tricciones de inmigración cada vez más duras. Por otra parte, au­
mentarán las historias de todo tipo sobre los «problemas causados
por los inmigrantes», desde los temas sobre delincuencia explíci­
tamente negativos hasta los referentes a la típica «carga pesada»,
que tienen que ver con el papel que desempeñan los inmigran­
tes dentro del ámbito de la sanidad, la escolarización, la vivienda
y, en especial, del m ercado laboral. Mientras que la policía y
otros organismos de control son los agentes activos y los inm i­
grantes los participantes pasivos en muchos artículos que se re­
fieren a las «entradas», en los relativos a la legislación e integra­
ción que van en aum ento probablem ente cambiará el papel de
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r i c a L a t in a
56 -------------------------------------------------------------------------------------------------

agente principal que pasará a ser atributo de las autoridades. En


las historias sobre solidaridad, los agentes principales son las
O N G , los partidos políticos y las organizaciones antirracistas, en
su mayoría formadas por españoles y blancos. Las minorías y los
inmigrantes actúan com o agentes activos principales únicamen­
te en episodios de delincuencia y com o víctimas de discrimina­
ción o de racismo. U n análisis en profundidad podría recabar
unas conclusiones más detalladas de nuestro análisis temático so­
bre la cobertura mediática.

G itanos y gitanas

Existe un tema en la prensa española, en especial en el ámbito


del análisis del racismo en España, que lo distingue de otros paí­
ses de la UE: la cobertura de noticias sobre el pueblo romaní (gi­
tanos y gitanas). Desde su llegada en 1425, y por tanto mucho
antes de la actual inm igración en grandes grupos desde Africa,
América del Sur y Asia, los gitanos representan el grupo étnico
m inoritario más discriminado. A pesar de su reducido tamaño
en cifras (0,7 por cien de la población), el tratamiento negativo
de estereotipos y prejuicios del que son objeto sólo es compara­
ble en la actualidad al que se depara a los norteafricanos (San
R om án, 1986). Estos prejuicios no se basan en conclusiones
propias de experiencias personales negativas, sino que se incul­
can desde la infancia a partir de la información recibida tanto de
los padres com o de los medios de comunicación, com o lo de­
muestra la extensa investigación sobre las actitudes de la juven­
tud paya (Calvo Buezas, 1990).
La prensa también ha ignorado, estereotipado o discriminado
al pueblo gitano durante largo tiempo, asociándole con temas
negativos com o la delincuencia, la violencia o la incapacidad de
adaptarse. C om o sucede con los afroamericanos en Estados U ni­
dos, los gitanos suelen recibir únicamente un tratamiento positi­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
57

vo en relación con su cultura y, en particular, su música, el fla­


menco.
U n estudio reciente sobre la cobertura de prensa acerca de
los gitanos (Instituto R om aní, 1997) llega a unas conclusiones
muy similares a las mías sobre el racismo en la prensa referido a
las minorías y a los inmigrantes:

• Incluso en las historias sobre ellos mismos, las versiones de


los gitanos no se consideran fidedignas.
• Los gitanos figuran, generalmente, en la sección de «socie­
dad» de la prensa, particularm ente en las páginas dedicadas
a los sucesos, que suelen informar sobre episodios violentos
o incluso crímenes; raramente aparecen en las páginas de
economía o incluso de cultura, a pesar de su im portante
contribución cultural. Así pues, el retrato del gitano suele
ser el de un delincuente y sólo alguna vez el de un artista.
• La mayor parte de las informaciones se derivan de agencias
o están firmadas por el colectivo editorial, lo cual sugiere
que la prensa no emplea especialistas en el tema (minorías,
racismo).
• Las noticias sobre gitanos son breves y superficiales, utilizan
pocas fotografías u otros tipos de ilustraciones visuales que,
cuando existen, muestran una existencia pobre, niños su­
cios y chabolismo.
• Los gitanos raramente aparecen en la portada de los perió­
dicos, a menos que estén implicados en un acontecimiento
sensacional o muy negativo, com o las drogas o una reyerta
de consecuencias graves (muerte).

C on esta información sobre la cobertura que la prensa depa­


ra a los gitanos y a las gitanas podremos asimismo entender la
imagen que se otorga actualmente a las minorías.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
58 --------------------------------------------------------------------------------------------------

A nálisis de algunos ejemplos

Después de esta descripción cuantitativa y global acerca de la co­


bertura que efectúa la prensa española sobre inm igración y m i­
norías, pasaremos a examinar en detalle algunos ejemplos. Hemos
seleccionado ciertos temas que destacaron en el tercer trimestre
de 2000, el últim o trimestre sobre el que disponemos de infor­
mación sistemática de la base de datos CIPIE. Las citas a continua­
ción han sido extraídas de dicha base de datos.

Tráfico de inmigrantes

Empezaremos con algunos ejemplos típicos de uno de los temas


negativos más relevantes por lo que a inm igración se refiere: la
actividad de las redes de traficantes de seres humanos.

(1) «Liberan a ocho marroquíes secuestrados por no pagar a la ma­


fia que los traía a Murcia. Los traficantes falsificaban papeles
para los inmigrantes, que estaban hacinados y desnutridos en un
cortijo de Málaga» (La Verdad de Murcia, 1 de julio de 2000).
(2) «Desarticulada una red en Aranda de Duero que captaba a tra­
bajadores sudamericanos con falsas ofertas de empleo. Los de­
tenidos cobraban cantidades abusivas por sus servicios» (El Co­
rreo, Bilbao, 13-07-2000).
(3) «Red de prostitución en El Ejido. Los detenidos forman parte
de una red de prostitución que captaba jóvenes en Rusia. Las
mujeres eran obligadas a alternar con los clientes bajo amena­
zas y sanciones económicas» (Canarias, 17-07-2000).
(4) «Desarticulada una red que arreglaba matrimonios de conve­
niencia para inmigrantes a un millón de pesetas. La policía
calcula que doscientos extranjeros han sido víctimas de esta
banda ubicada en Madrid» (ABC , 28-07-2000).
(5) «Unas 400 extranjeras de tres continentes trabajan en los clubes
de alterne de la región. Buena parte de ellas carecen de papeles
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
59

y han entrado en el país mediante redes de trata de blancas» (La


Verdad de Murcia, 28-07-2000).

Estos y otros ejemplos tienen una estructura tan estereotipa­


da com o rutinarios son los acontecimientos que se describen y
que pueden resumirse en el formato siguiente:

La policía detiene (grupo, red de) delincuentes en x que abu­


san de los inmigrantes (que deben pagar mucho dinero; o que de
una forma u otra son amenazados).

En estas citas se suele mencionar a la policía de forma implí­


cita y sólo con oraciones pasivas, lo cual subraya el posiciona-
m iento tópico de los criminales. El verbo seleccionado para la
actuación policial es «desmantelar». En estas historias, casi siem­
pre se adjudica a los inmigrantes el papel de víctima, a menos
que se trate de inmigrantes delincuentes que explotan a otros in­
migrantes. De hecho, cuando los delincuentes son españoles, no
se destaca su nacionalidad; su identificación acostumbra a enca­
jarse dentro de la dudosa categoría de «mafia». C om o hemos vis­
to en el ejemplo (1), la policía puede presentarse com o «libera­
dora» de los inmigrantes, lo cual contribuye a la conocida
presentación positiva de «nosotros» (por parte de una de nuestras
instituciones principales). Nótese que a pesar de describir a los
traficantes negativamente porque abusan de los inmigrantes, y a
éstos com o víctimas, el artículo en cuestión sigue teniendo im ­
plicaciones negativas en el sentido de que asocia a los inmigran­
tes con la delincuencia o con prácticas ilegales. En efecto, y
puesto que no se m enciona el origen, ya sea nacional o étnico,
de los traficantes, se puede hacer una lectura sesgada e interpre­
tar que ellos tam bién son inmigrantes o que proceden de los
mismos países que los propios inmigrantes. En ambos casos, la
implicación forma parte de una representación obviamente ne­
gativa de los «otros», y esto es una respuesta xenófoba.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
60 -------------------------------------------------------------------------------------------------

Por otra parte, muchos de estos mensajes m encionan a la


prostitución, lo cual añade una dimensión de género a la estrate­
gia de presentación negativa del «otro». D e manera que un m o­
delo preferido puede suscitar la opinión de que los otros no sean
solamente extranjeros e ilegales, sino también mujeres moral­
m ente inferiores porque ejercen la prostitución.
Algunas expresiones favoritas que resaltan esta dimensión
pueden ser «esclavas del sexo» o «trata de blancas». U na dim en­
sión religiosa étnica puede subrayar todavía más la naturaleza
«exótica» de tales acontecimientos:

Sólo en Madrid 200 prostitutas nigerianas trabajan como es­


clavas para la «banda del vudú». Las prostitutas tardan entre dos y
tres años en comprar su libertad. La deuda es de unos 40.000 dó­
lares (El Mundo , 18-08-2000).

N o hace falta argum entar que si existe un grupo al que se


trata totalm ente de m odo implícito en estos pasajes de prostitu­
ción «exótica», éste es el de los hombres blancos (españoles). De
hecho, siguiendo la lógica de la estrategia de autopresentación
positiva y de presentación negativa de los «otros», el delito y la
desviación asociados a inmigrantes o extranjeros deben represen­
tarse libres de la posible participación de uno de «nosotros»
(hombres blancos).

Delincuencia

Si el tráfico de inmigrantes representa el lado oscuro y delictivo


de la entrada y de la residencia ilegales, en cuanto un inmigran­
te ya está dentro del país, no se le representa únicam ente como
víctima pasiva, com o debería hacerse en los casos de discrimina­
ción, prejuicio o racismo. A unque hasta la fecha la prensa espa­
ñola haya sido bastante tímida en su cobertura de «delitos étni-
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
61

eos», ello no significa que, por regla general, haya seguido la re­
com endación de no m encionar la nacionalidad o el origen étni­
co de un sospechoso. Examinaremos algunos de estos ejemplos
más detalladamente.

(1) «Un joven magrebí acusado de robar 7 millones a dos comer­


ciantes chinos en la plaza de Tirso de Molina de Madrid» (El
País, 7-07-2000).
(2) «Hallan en El Ejido el cadáver de un joven magrebí con la ca­
beza destrozada a golpes tras una reyerta. Una llamada anóni­
ma comunicó que se había producido una pelea entre varios
magrebíes» (La Verdad de Murcia, 10-07-2000).
(3) «Una mujer marroquí muere a causa de los golpes que le pro­
pinó su ex compañero sentimental. Los familiares de la víctima
dicen que el agresor la maltrataba, aunque ella nunca quiso de­
nunciarle» (ABC , 19-07-2000).
(4) «La Guardia Civil ha detectado la presencia de más de 600 ko-
sovares que integran las bandas de atracadores en España. Los
robos y atracos les han reportado un botín estimado de 4.000
millones en los dos últimos años» (El Correo, Bilbao, 21-08-
2000 ).
(5) «Carteristas y ladrones peinan Barcelona buscando turistas. Los
latinoamericanos son los carteristas mejor preparados y los ma­
grebíes dominan el arte de robar en coches con el dueño en su
interior» (La Vanguardia, 21-07-2000).
(6) «La quinta parte de los delitos registrados el año pasado en
Murcia fueron cometidos por inmigrantes. El 15 por ciento de
los reclusos internados en la cárcel de Sangonera son ya ciuda­
danos extranjeros» (La Verdad de Murcia, 25-09-2000).

Esta escueta selección caracteriza bastante bien las inform a­


ciones sobre los delitos en general y la cobertura de la «delin­
cuencia étnica» en particular, donde incluso las referencias a los
«magrebíes» son confusas. Los supuestos delincuentes, además de
sus víctimas, se clasifican según el grupo étnico al que pertene­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r i c a L a t in a
62 -------------------------------------------------------------------------------------------------

cen... siempre y cuando no sea el español y aunque esta infor­


mación sea irrelevante para la comprensión de la noticia. Por lo
general, dichas informaciones se basan en sucesos concretos,
norm alm ente sacados de informes policiales com o en los casos
(1) a (4). N o obstante, tam bién encontramos generalizaciones
basadas en ciertas representaciones sociales que pueden ser direc­
tam ente prejuicios o bien «datos» derivados de estadísticas poli­
ciales, com o son los casos (5) y (6).
Las estadísticas son particularm ente enrevesadas porque sus
cifras sugieren hechos y objetividad; por ese mismo motivo, los
lectores de los periódicos las utilizan para discutir acerca de las
tendencias delictivas de los «extranjeros». Así pues, en el ejemplo
(6) el hecho de que un 15 por ciento de los presos sea extranje­
ro, no tiene mucha im portancia ya que desconocemos el por­
centaje de extranjeros en la región, el porcentaje de pobres que
no tienen otra alternativa para subsistir más que la de robar, el
porcentaje de detenciones, o la misión y la actividad especial que
la policía despliega hacia los extranjeros, etcétera (lo cual resulta
en muchos más arrestos y detenciones selectivas; para más deta­
lles véase el Boletín del Instituto de Estudios de Seguridad y Po­
licía, Observatorio de la Seguridad Pública, n.° 10, mayo de
2002). Encontraremos que en muy raras ocasiones, una estadís­
tica sobre delincuencia publicada en la prensa afirme, por ejem­
plo, que el 97 por ciento de los presos son hombres. Por otra
parte, las generalizaciones del ejemplo (5) no indican cuántos
delincuentes españoles operan en las calles de Barcelona. Tam­
poco se nos facilitan las estadísticas sobre las muchas formas de
delitos de cuello blanco en el ámbito financiero (probablemente,
y en su inmensa mayoría, perpetrados por hombres españoles).
N o disponemos tam poco de estadísticas sobre el porcentaje de
españoles que practica la discriminación de diversas formas, tra­
tándose de un tipo de delincuencia que, para empezar, muchos
ni siquiera definirían com o tal. Hem os visto anteriorm ente que
muchos periodistas defienden sus artículos sobre delincuencia
R a c is m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
63

étnica alegando que están «contando la verdad», pero ésta y otras


cuestiones demuestran que la «verdad» tiene muchas caras, y que
el hecho de m encionar el origen étnico de un sospechoso o de
un reo sólo sirve para «etnificar» la definición de delito de tal
manera que el lector, en lugar de obtener una información rele­
vante, consigue desarrollar sus propios estereotipos y prejuicios.

Entrada sin documentos

C om o ya hemos visto, las historias que se refieren a las entradas


«ilegales» a través del Estrecho de Gibraltar o de las Islas Canarias
representan la categoría más frecuente de noticias sobre inm i­
grantes en la prensa española, aun cuando la mayoría de inm i­
grantes indocumentados llegue, por ejemplo, por avión y con
un visado turístico.
A diario, los informes policiales publican unas tristes estadís­
ticas relativas al núm ero de marroquíes o de subsaharianos que
han sido detenidos o de los que han sucumbido a la arriesgada
travesía en patera. Examinaremos a continuación algunos frag­
mentos de dichas historias:

(1) «Los 4.295 inmigrantes detenidos desde enero en Cádiz casi


quintuplican los del mismo periodo de 1999» (El País, 1-07-
2000 ).
(2) «La Guardia Civil detiene en sólo 24 horas a 141 inmigrantes
en las costas españolas. Un subsahariano llega a Ceuta tras cru­
zar a nado la línea fronteriza desde Marruecos» (Levante EM V,
2-07-2000).
(3) «Un pesquero rescata en Lanzarote a los 16 pasajeros de una
patera a la deriva» (El País, 8-07-2000).
(4) «Detenidos 193 subsaharianos en la costa de Tarifa en sólo una
hora. Desembarcaron en cinco zodiac a lo largo de 10 kilóme­
tros de litoral. Entre los inmigrantes había 90 mujeres, ocho de
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
64 -------------------------------------------------------------------------------------------------

ellas embarazadas, y dos niños de sólo seis meses y tres años»


(El Mundo, 9-07-2000).
(5) «La policía detiene en Algeciras a 8 marroquíes que viajaban
en los bajos de tres autobuses» (Levante E M V , 19-07-2000).
(6) «Otros cuatro inmigrantes norteafricanos aparecen muertos en
la costa de Almería. El Ayuntamiento de Algeciras ha comuni­
cado que no puede hacerse cargo de más enterramientos de
inmigrantes» (La Vanguardia, 13-08-2000).

Puesto que este tipo de historia se publica a diario, su estruc­


tura y su significado general se han convertido en una rutina,
tanto para la policía, que suele procurar la información, como
para los periodistas y lectores. C om o sucede con las noticias so­
bre el tráfico de inmigrantes, la policía es la protagonista princi­
pal del grupo de «nosotros» en estos artículos donde se les ve
cum pliendo con su deber (detenciones, etcétera) o actuando
com o héroes cuando salvan la vida de los inmigrantes irregula­
res. A otros partícipes del grupo de «nosotros» se les representa
negativamente com o traficantes u otros que abusan de la situa­
ción de los inmigrantes indocumentados o, al contrario, son pre­
sentados positivamente, por ejemplo, pescadores (ejemplo 3),
miembros de agencias y municipios, O N G , etcétera, por haber
intentado ayudar a los recién llegados. De mayor relevancia son
los integrantes de los grupos extranjeros descritos de m odo va­
riopinto com o norteafricanos, marroquíes, subsaharianos o, sim­
plemente, com o «ilegales», «irregulares» o «indocumentados».
C om o vemos en el ejemplo (4), es tam bién bastante frecuente
indicar el núm ero de mujeres y niños que forman parte de estos
grupos detectados por la policía, además de información adicio­
nal acerca de si las mujeres están embarazadas a fin de subrayar la
naturaleza dramática de estas travesías.
En últim o lugar, encontram os la inform ación trágica acerca
de la presencia de cadáveres a bordo de las pateras o del núm e­
ro de cuerpos arrastrados por las olas hasta la playa.
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
65

C om o podem os com probar en casi todos los ejemplos y


también en la cobertura de noticias de otros países de Europa
occidental, los recién llegados son asociados invariablemente con
el juego de números. A un cuando estas cifras puedan no ser co­
rrectas y precisen de una posterior corrección, su exactitud no
tiene ninguna relevancia, pero su efecto sem ántico-retórico de
apariencia objetiva y precisa sí la tiene. Estos números son, con
toda probabilidad, un elem ento fijo en los informes policiales
que los periodistas utilizan para su cobertura mediática. A m e­
nudo, los números se generalizan, se resumen, se extrapolan y se
comparan con los de otros períodos, com o es el caso del ejem­
plo (1). De este modo, com o se comprueba en el ejemplo (2), la
expresión «tantos X fueron detenidos (encontrados, etcétera) en
tan poco tiempo», también sirve para añadir un elemento de «es­
tablecimiento de récords» com o los que se dan en los com enta­
rios deportivos o en las noticias sobre eventos cuantificables.
O tro elemento de este tipo de historias, en particular cuando
se trata de polizones, es la información relativa al modo y el lu­
gar donde se esconden, más cuando se trata de lugares insólitos
o, por un motivo u otro, noticiables, com o en el ejemplo (5).
Algunos polizones mueren asfixiados, o bien aplastados entre las
paredes y el cargamento de barcos o camiones.
Finalmente, cuando los inmigrantes consiguen llegar a Espa­
ña sin ser detenidos, internados o devueltos por la policía, no
sólo se los define com o «ilegales» por haber entrado, sino tam­
bién com o una «carga» para las agencias o municipios incluso
cuando, com o en el ejemplo (6), hayan fallecido por el camino.
Hace muchos años que este tipo de historias sobre la inm i­
gración es corriente en los medios españoles. Incluso en la ac­
tualidad, cuando la población inmigrante va creciendo gradual­
mente, y por tanto, otro tipo de temas se hacen potencialmente
relevantes, la «entrada ilegal» sigue siendo el tema de actualidad
más destacado y más frecuente en la cobertura mediática sobre
inmigrantes e inmigración. Por razones obvias, esto es más evi­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
6 6 -------------- ----------------------- -----------------------------------------------------------

dente en la prensa local de Andalucía e Islas Canarias. Este énfa­


sis repetitivo sobre la irregularidad de entrada, sobre «oleadas» y
sobre el papel de la policía y las detenciones contribuye a unas
«primeras definiciones» que tienen m ucho peso en el posterior
desarrollo de actitudes hacia los recién llegados. Por otra parte, el
hecho de que durante estas travesías se produzcan muchas muer­
tes puede contribuir a destacar el papel de las víctimas de los in­
migrantes irregulares, lo cual se presta a representaciones sociales
paternalistas, La victimización subraya la pasividad y ensombrece
el hecho, raramente destacado en los artículos referentes a las
travesías en patera, que los inmigrantes, en un acto de decisión,
han optado por ejercer control sobre su destino, aun arriesgando
sus vidas, lo cual representa una actitud valiente y activa que po­
dría interpretarse com o una característica positiva que contribui­
ría a su éxito en España,
O tro elemento ausente en estos artículos es la explicación de
los motivos que puede tener un inmigrante para, arriesgando su
vida de este modo, llegar a España, así com o tam poco aparece
una descripción de la situación social y política de su país de ori­
gen. Es natural que una inform ación exhaustiva no pueda pro­
porcionarse cada vez que se dé la llegada de un grupo, pero sería
de esperar que se publicara con cierta regularidad algún tipo de
historia sobre las motivaciones de la inmigración y las caracterís­
ticas de sus países de origen. Sin embargo esto es muy poco fre­
cuente, también porque significaría m ucho más trabajo para los
periodistas. Se trata claramente de historias que no se pueden
copiar de los archivos policiales.
Por otra parte, tampoco es frecuente escuchar en boca de los
propios inmigrantes la narración de sus experiencias, lo cual no
es extraño puesto que las historias consuetudinarias las relata la
policía y su cobertura es «distante». U na vez más, se trataría de
que un corresponsal local hablara con muchos de los inm igran­
tes y, aunque de manera anónima, les preguntara acerca de los
detalles de su llegada y de sus experiencias, Este tipo de historia
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spaña
67

aparece en los suplementos dominicales de los periódicos pero es


raro en la prensa diaria.
La ausencia de la voz de los propios inmigrantes es una carac­
terística general en la política, en los medios, en la educación, en
la ciencia y en otros discursos de élite, así como en los estudios
académicos sobre minorías e inmigración. Obviamente los estu­
dios sobre racismo se centran, com o es debido, en las mayorías,
pero es también im portante investigar el discurso antirracista, in­
cluido el de los grupos minoritarios y el de sus miembros (para
docum entación reciente véase por ejemplo: Manzanos Bilbao,
1999). A ntonio Bañón Hernández lo hace así en su reciente li­
bro (2002), donde examina todo el «debate» sobre inmigración,
incluyendo muchas voces distintas y presentando una compleja
tipología de los distintos discursos al respecto. Así pues, además
de ser un estudio de una impresionante riqueza de datos y de di­
versas modalidades de discurso discriminatorio, también aporta
gran cantidad de tipos de texto y de habla de compromiso polí­
tico emitidos por políticos, miembros de O N G y tantos otros,
que se encuentran en artículos, libros, panfletos, páginas de In­
ternet, etcétera.

Racismo en el trabajo

Pero recuerdo que a muchos de El Ejido, si les robaban las ga­


llinas, o cualquier otra cosa, les echaban la culpa a los jornaleros
que habían venido de fuera. Igual que ahora les echamos la culpa
a los inmigrantes. La historia se repite. Luego fueron integrándose
y, claro, los que vinieron dé jornaleros son los empresarios de aho­
ra. Esta gente, entonces, hace veinte años, explotaba a sus mujeres
y sus hijos; cuando faltaba mano de obra los niños iban a los inver­
naderos. Es que este tipo de agricultura intensiva bajo plástico ne­
cesita bastante mano de obra; son cuatro campañas al año. Así que
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
68 ------------------------------------------------------------------------------------

cuando empezaron a venir los inmigrantes, en los años ochenta,


pues es normal que también les explotaran (Mercedes García Fór­
meles, E l País, 5 de agosto, 2001).

Lamentablemente los datos sistemáticos del discurso sobre el


racismo en el trabajo son poco frecuentes. Igual que en el resto
de Europa la discriminación laboral es com ún en España, ya sea
en la búsqueda de empleo o en la prom oción. C om o en otras
partes de la U E, la mayoría de patronos prefiere hombres blancos
o mujeres si éstas son más económicas. Las labores que los traba­
jadores españoles no pueden o no quieren realizar, en particular,
en el sector de la agricultura o de la construcción, pueden ser
realizadas por inmigrantes indocumentados que, por consiguien­
te, son baratos, por lo que no suele haber ningún problema,
siempre y cuando existan plazas vacantes. N o obstante, una de
las características del racismo de élite se muestra en el hecho
de que cuanto más alto es el escalafón al que se aspira, más difícil
es para un inmigrante conseguir empleo, lo cual no se debe siem­
pre a una form ación escasa, a unos conocimientos precarios del
idioma o a dificultades en la integración cultural. C om o sucede
en los Países Bajos y en el resto de la U E, en el empleo suele
darse preferencia a «los de casa», incluso en aquellas organizacio­
nes, instituciones o empresas donde se supone que las prácticas
explícitas de exclusión por discriminación no deberían existir.
Este tipo de sesgo, por supuesto, nunca se considera ni se define
como discriminatorio, sino que se aduce la selección de los m e­
jores candidatos. La condición de ser extranjero o de otra cultu­
ra pocas veces se considera una ventaja o una contribución a la
diversidad y a la eficiencia laboral. En las regiones autonómicas,
en especial en la vasca y en la catalana, además se dan argumen­
tos nacionalistas que pueden ayudar a justificar los motivos para
no contratar a «los de fuera», en particular cuando los criterios
(posiblemente irrelevantes) de lengua juegan un papel en la con­
tratación.
R a c is m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
69

Toda esta situación es previsible a partir de los datos que co­


nocemos sobre prácticas similares en otros lugares de la U E y las
estadísticas confirman las predicciones. Las lecturas más recientes
del baróm etro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas)
son de mayo de 2002 e indican que entre los tres problemas que,
según la población, afectan de manera más adversa a la sociedad
española, la inmigración se cifra en un 23,5 por ciento aunque el
porcentaje referido al desempleo y al terrorismo (ETA) sea muy
superior (este último de 54,3 por ciento). U n año antes, la preo­
cupación por la inmigración era de unos seis puntos menos. Los
afectados personalmente por la inmigración representan única­
m ente el 11,3 por ciento de la población, cifra muy inferior a la
referida al desempleo, 40,2 por ciento, o al terrorismo, 13,3 por
ciento, aunque dobla la del año precedente. N o obstante, cuan­
do se preguntó a la ciudadanía si consideraba que la inmigración
es un problema (muy) im portante en su lugar de residencia, un
68 por ciento aproximadamente respondió de forma afirmativa
en 2001, si bien estos resultados son similares a los de otros temas
tan diversos com o la vivienda, la seguridad, el tráfico o el medio
ambiente y, por tanto, son probablemente un reflejo de lo que la
ciudadanía oye o lee y no de lo que siente com o sus problemas
personales más acuciantes.
De hecho es muy característico de este tipo de sondeos no
comprender por qué motivos se dan las respuestas y, por tanto, las
estadísticas deben manejarse con prudencia. N o obstante, hay que
señalar que las estadísticas del CIS para 2002 sugieren un marcado
incremento respecto a las de cinco años antes (1996), cuando la
inmigración sólo representaba un problema relevante para un 4
por ciento de la población y para un 3 por ciento de los entrevis­
tados. También vale la pena notar la marcada diferencia de las ci­
fras referidas a la preocupación manifestada acerca del racismo en
la sociedad: menos del 1 por ciento lo considera un problema.
En la misma línea se suele atribuir el éxito de la extrema derecha
en Europa a una consecuencia de la inmigración y no del racismo.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
70 -------------------------------------------------------------------------------------------------

Más directamente relevante para el ámbito laboral es la opi­


nión de una mayoría de la población cinco años antes (1991)
acerca de la influencia de la inmigración sobre la economía. Sólo
alrededor de la cuarta parte opinaba que era positiva en tanto
que un tercio la consideraba negativa, mientras que entre la m i­
tad y un tercio manifestaba no tener opinión.
Más concretamente, cuando se les preguntó si los trabajado­
res inmigrantes eran necesarios en ciertos sectores, la mayor par­
te (más de dos tercios) respondió negativamente en 1991. N o es
pues sorprendente que, en 1996, una mayoría siga pensando to­
davía que los inmigrantes quitan el empleo a los españoles (Gi-
m eno Giménez, 2001). C om o se observa en el caso de muchas
de estas preguntas, las respuestas menos favorables sobre la inm i­
gración fueron las de la población de más edad, con menos cul­
tura, menores ingresos, habitantes de ciudades no muy grandes,
católicos y de derechas, que son, asimismo, los que tienden a
pensar que el aum ento de la inmigración favorece el incremento
de la delincuencia en España (para más detalles véase Gimeno
Giménez, 2001).

Los patronos

Hay empresarios que en 20 años reconocen haber hecho un


capital de 60.000 millones de pesetas. Esto es una mina de oro
verde. Desde 1984 está prohibido construir invernaderos, pero se
siguen construyendo a diestro y siniestro. Y la Administración
hace la vista gorda. Toda esa gente quiere mano de obra barata,
sin derechos (Mercedes García Fórmeles, El País, 5 de agosto,
2000).

Estas actitudes xenófobas generalizadas tam bién se manifies­


tan en el entorno laboral y, evidentemente, la situación em peo­
ra cuando alguien constata que su empleo está en peligro debido
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
71

a la llegada de inmigrantes. C om o hemos comprobado en la ac­


titud cínica de los empresarios de El Ejido, son muchos los res­
ponsables de empresas que ignoran o explotan el racismo y que
aun cuando pueden no fomentarlo abiertamente, suelen condo­
narlo frente a los obreros, posiblemente para evitar problemas
con los trabajadores blancos.
Tanto en España com o en otros lugares, los estudiosos del
discurso empresarial referido a los inmigrantes y a la inmigra­
ción a m enudo sacan una primera impresión favorable. Mientras
que, pensando en la mayoría, muchos políticos (que han m ani­
pulado las actitudes de la población con su política y sus discur­
sos) rehúsan dar cabida a un mayor núm ero de inmigrantes, los
empresarios son de otro parecer y, en general, los aceptan. Su
único interés es la compañía que dirigen y, por norma, toda em ­
presa acepta la mano de obra barata y flexible con los brazos
abiertos, esto es, exactamente, lo que puede ofrecer la inmigra­
ción. En sectores sociales toles como la agricultura, la construcción
y la hostelería, los trabajadores irregulares son ideales ya que se
pueden contratar y despedir a voluntad.
Así pues, si atendemos a las palabras del presidente de la C on­
federación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE),
José María Cuevas, pronunciadas el 9 de marzo de 2001, com ­
probaremos que insta al gobierno a asegurarse de que la nueva
ley de inmigración perm ita la contratación rápida de trabajado­
res inmigrantes «con los mismos derechos» que los trabajadores
españoles. Son muchos los españoles desempleados que no quie­
ren trabajar en tareas que los inmigrantes están dispuestos a rea­
lizar y, puesto que en muchos casos la patronal tiene que demos­
trar que no existe ningún español que quiera realizar una
determ inada labor, el proceso burocrático antes de contratar a
un inm igrante puede ser muy complicado, lo cual favorece el
emplearlos ilegalmente. En otras palabras, los intereses de los
rangos más altos de las organizaciones patronales son los mismos
que los de los inmigrantes, incluidos los «ilegales». N o es pues
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
72 -------------------------------------------------------------------------------------------------

sorprendente que el empleo de «ilegales» no se considere delito


y que no se penalice con demasiada firmeza.
Sin embargo, existe un abismo entre el discurso positivo «ofi­
cial» de los patronos y su conducta o habla reales, tanto a nivel
directivo com o laboral. En efecto, la contratación y el despido
ilegales son equivalentes a la explotación y la discriminación.
Ante esta situación un obrero indocum entado no suele protestar,
ni contactar con la policía ni organizarse de otro modo.
Disponemos de pocos datos sobre el tipo de lenguaje emplea­
do por la patronal, ni del personal ni de su trato directo con éste.
Sólo en uno de los escasos estudios sociológicos españoles se con­
creta algo sobre el modo de hablar sobre la inmigración en España
y se incluye algunos ejemplos del habla de la patronal (Colectivo
loé, 2001; véase también Cachón Rodríguez, 1997, 1999).
Examinaremos a continuación el ejemplo de un pequeño
empresario del ámbito rural (Colectivo loé, 2001: pág. 90 y ss):

(1) Bueno, pues sabemos que hay de todo, no quiero decir que
porque sea gente de fuera, si también los hay aquí, ¿no?, de
aquí del mismo pueblo, ¿no?, pero el hecho de que vengan
de fuera y, por ejemplo, los veas que no quieren integrarse
porque... pues porque no quieren trabajar, o porque es mejor
estar, pues no sé, con la droga, ¿no?, traficando con la droga.
Eso es una realidad que los tenemos aquí en el pueblo, y eso
hay que decirlo (pág. 90).
(2) - ¿Cómo que no hay (ilegales)?, la mitad. ¿Todas las pateras
que pasan, dónde están metidos?
- Todos escondidos, por los cortijos por los invernaderos y por
todos los sitios están escondidos, y luego tienen que comer y
no tienen contrato de trabajo ni nada, nada.
—Y eso es un problema a la hora de encontrar quién hizo un
robo o una cosa, es muy difícil porque al no estar legalizados,
no tener documentación aquí como Dios manda, pues es muy
difícil para la policía o para quien quiera pillarlos, porque no se
sabe ni el nombre; o sea que... (pág. 91).
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
73

(3) —Yo tengo un concepto un poco personal, ¿no?, a lo mejor


todos no. Yo pienso que la raza blanca por sí nos sentimos su­
periores a cualquier otra raza. Y digo, voy a explicar un poco
lo que yo entiendo: mira nos creemos... nosotros los españoles
tenemos la raza gitana; en América los negros; en otros países,
pues, los moros; es decir, siempre la raza blanca intenta, no
sé..., algo... Quizás porque la postura que tenemos sea un poco
más abierta o nos comunicamos más, pero siempre hay ese...,
los blancos, no sé por qué tenemos un poco superior a los de­
más, me creo, ¿eh? Y claro entonces viene que se enfrenta, la
cultura es muy enfrentá.
- Sí, yo creo que sí; además me imagino, que yo no me ha pa­
sado nunca ese caso, pero me imagino que casi todos los padres
que tenemos hijos, si a lo mejor viene un francés viviendo por
esta zona, o mi inglés o un alemán, y dice de casarse con él, no
ponemos barreras; en cambio si un padre dice que un moro se
va a casar con su hija, hay atranque, hay atranque (GD2,
pág. 93).

Aunque sería prematuro generalizar a partir de éste y de los


escasos ejemplos facilitados en el informe, apenas se puede con­
siderar especulación concluir que las opiniones formuladas en
estos fragmentos son muy características del racismo cotidiano
«juicioso», tan corriente entre la población española como en la
del resto de Europa. Así pues en el ejemplo (1) encontramos
eximentes tan conocidos com o la vaga concesión de que «aquí»
también tenemos «todo tipo de gente», y la negación de que este
tipo de conducta se atribuya a los otros por el hecho de ser ex­
tranjeros. Asimismo encontramos las usuales acusaciones de que
los otros no quieren trabajar, no quieren adaptarse y de que tra­
fican con drogas. La primera acusación es especialmente flagran-
tre puesto que los patronos rurales se enfrentan a diario con in­
migrantes que están desesperados por trabajar, com o lo
demuestran otros pasajes del mismo texto. También constatamos
lo fuertem ente enraizado que está el estereotipo del extranjero
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
74 ------------------------------------------------------------------------------------

gandul y el m odo en que afecta al discurso. El mismo tipo de


contradicción tam bién existe en la conocida queja «no quieren
adaptarse», que he encontrado en reiteradas ocasiones en las
conversaciones en los Países Bajos y Estados Unidos (Van Dijk,
1984, 1987b), y donde el propio interlocutor es quien no desea
la integración o quiere sólo un tipo de asimilación que hace in­
visible al inmigrante, incluso por lo que a su cultura se refiere.
Nótese, finalmente, la táctica de «evidencia» al final de este
texto, cuando el interlocutor se refiere a los hechos «de aquí, del
mismo pueblo», para significar que no se trata meramente de su
opinión personal sino de un conocim iento compartido. En el
ejemplo (2) se expresa el mismo tipo de «lógica» popular cuando
el interlocutor niega la (implícita) negación de que haya muchos
«ilegales». Refiriéndose explícitamente a los artículos de prensa
(no se citan), concluye que si cada semana llegan centenares de
personas en patera y si sólo unos pocos son devueltos a su país, el
campo tiene que estar por fuerza lleno de «ilegales», lo cual tam­
bién representa un contratiem po para la policía, con lo que su­
pone explícitamente que existe un nexo obvio entre entradas
ilegales y actos ilegales como, por ejemplo, el hurto. El ejemplo
(3) es bastante interesante porque este tipo de discurso popular
universal sobre «raza» es difícil de encontrar o de grabar. Nótese,
en prim er lugar, la presencia de una compleja estructura de exi­
mentes y de mitigaciones que demuestran que el interlocutor
tiene plena conciencia de estar hablando de un tema tabú y con­
trovertido: la superioridad de la raza blanca. El interlocutor con­
cede que, de hecho, es su opinión personal y que es posible que
otros no la compartan. Su afirmación sobre la superioridad de la
raza blanca (comparada con gitanos, negros y «moros») se pro­
nuncia con titubeos («quizá») y con mitigaciones acerca de nues­
tra superioridad (somos «un poco» más abiertos que los demás).
Es precisamente esta diferencia intergrupal, prosigue, lo que
debe interpretarse com o la causa del choque de culturas. La par­
te final del ejemplo tam bién demuestra que sus manifestaciones
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
75

no van dirigidas a todos los extranjeros en general, sino en parti­


cular contra los que provienen de fuera de Europa, una distin­
ción racista que, en este caso, se aplica al popular ejemplo de la
«hija que se casa con el extranjero». El hecho de que las ideolo­
gías racistas sobre la superioridad de la «raza» blanca sean apenas
marginales en España, también se evidencia en los datos recaba­
dos entre alumnos de bachillerato en 1993 y donde la mitad ma­
nifestó creer en la superioridad de la raza blanca (Calvo Buezas,
1995, págs. 678 y ss), porcentaje que ha ido descendiendo hasta
un (todavía desconcertante) 38 por ciento en 1997 (Calvo Bue­
zas, 2000, págs. 120 y ss).
Los ejemplos citados no podrían ser tachados de espectacula­
res, son tan comunes que ya han pasado a formar parte de la vida
cotidiana de las sociedades racistas. El único aspecto por el que
vale la pena citarlos es el de que los patronos tienen sentimientos
racistas bastante similares a los de la población general, y que este
discurso y estas opiniones no se limitan a la conversación de la
entrevista, sino que también tendrán un impacto directo en el
modo de tratar a los trabajadores inmigrantes.
El problema radica en que no se dispone fácilmente de un
registro de esos discursos «internos», de las élites en particular, a
menos que la patronal los vaya grabando o copiando. Lamenta­
blemente y que sepamos, en España no puede accederse a este
tipo de datos.
Tan sólo disponemos de los datos de los informes generales, los
de Comisiones Obreras, según los cuales los trabajadores inmi­
grantes cobran entre un 25 y un 30 por ciento menos (CC.OO.,
pág. 207) y los de un estudio reciente del Colectivo loé para el
sindicato U G T (loé, 2001), sobre la discriminación laboral. En
su inform e más reciente (para 2001), la conocida O N G SOS
Racism o resume la situación laboral de los inmigrantes de la
manera siguiente. Queremos reproducir el pasaje en su totalidad
porque nos informa acerca de las prácticas y del discurso patro­
nales:
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
76 -------------------------------------------------------------------------------------------------

La mayoría de trabajadores extranjeros, un 70 por ciento, se


halla en situación irregular. Este hecho ocupa un lugar central en
el sistema de producción de los invernaderos. El volumen de
mano de obra que se necesita en las explotaciones es variable. En
Almería, en la época de cosechas —tres por temporada- hay que
cubrir 40.000 puestos de trabajo en un período comprendido en­
tre una y tres semanas, mientras que sólo hay 11.854 puestos de
trabajos fijos. Los irregulares son esta mano de obra flexible. Hay
unos 28.000 puestos de trabajo dentro de la economía sumergida,
con la connivencia de las patronales, las asociaciones agrarias y las
administraciones. Es altamente significativo que, en los últimos
años, no se haya realizado ninguna inspección laboral en El Ejido
por parte del Ministerio de Trabajo.
Las jornadas de trabajo en los invernaderos son de unas diez
horas. Dentro de los invernaderos se soportan temperaturas de
hasta 45° C, con una humedad próxima al 90 por ciento y el am­
biente cargado de pesticidas. La mayoría de los contratos son ver­
bales, con un sistema a la antigua contratación de jornaleros en los
campos andaluces (págs. 106-107).
Pág. 167: Organización Internacional de Trabajo: «Un tercio
de los inmigrantes que residen legalmente en España sufre recha­
zo xenófobo al buscar trabajo.» Sobre todo los Marroquíes. Más
grave en el sector servicios, hostelería incluida, que en actividades
como la construcción.
Pág. 170: Barcelona: La policía detiene al dueño de un taller
de confección clandestino que explotaba a cinco inmigrantes
orientales. Los inmigrantes trabajaban 15 horas diarias sin ningún
día de descanso.

Se trata de estadísticas y de sucintos ejemplos, de casos con­


cretos que, una vez más, no aclaran de qué forma los patronos
(especialmente los de mayor categoría) tratan, o hablan a sus em­
pleados, así que este proyecto de investigación queda pendiente
de realización.
Por el m om ento, sólo podem os hacernos una idea sobre el
m odo de hablar y de actuar de los patronos a través de las expe-
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spaña
77

riendas personales narradas por las propias víctimas. Por ello


concluiré este capítulo con algunos testimonios de los propios
inmigrantes. Sus historias también ponen de manifiesto que a
pesar de que el racismo en el discurso de élite política, mediáti­
ca y patronal juegan un papel fundamental en el posicionamien-
to general de los inmigrantes, sus experiencias cotidianas de ex­
plotación física y psíquica extrema pueden apenas tildarse de
puram ente discursivas. Las citas siguientes se reproducirán ínte­
gram ente porque sólo las personas directamente involucradas
com o víctimas de la explotación pueden narrar sus experiencias
con veracidad:

(1) Hace poco una sobrina mía estuvo en tina casa, los baños no se
los dejaban limpiar con una fregona, ¿y cómo quiere que le
limpie los baños la señora? Viene a donde mí y me dice que
arrodillada, y le dije: «Mira, dígale que la esclavitud se acabó
hace muchos años». Si llega una española, a esa chica no la ha­
cen arrodillarse de esa manera; entonces, ¿qué es eso? Racis­
mo, discriminación (Manzanos Bilbao, 1999: 144).
(2) Estudié enfermería y quería trabajar en el verano, empecé a
llamar a anuncios del periódico y te ponen llama a tal hora, lla­
mas y cuando dices, «soy negra», «ah, entonces te llamaré», y
ya no llaman (pág. 144).
(3) Me han entrevistado para trabajo de profesor de inglés dos ve­
ces, y me entrevistaron ingleses y las dos veces me cogieron en
las dos academias. Cuando me entrevistaron españoles no me
cogieron porque el inglés, al hablar inglés, se da cuenta que sa­
bes aunque no hayas estado en Londres, que es lo que te pre­
guntan los españoles. Para ellos lo importante es que no has es­
tado en Inglaterra y tienes una licenciatura marroquí, que se
supone que es peor; eso para mí es mucho prejuicio: por qué
no piden el programa de estudios para ver qué he estudiado.
En el trabajo tienes que ser siempre peón, trabajar a destajo.
Aquí el marroquí trabaja mucho y el de aquí no se deja explo­
tar así, el marroquí siempre tiene el fantasma del permiso a fi­
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t i n a
78 -------------------------------------------------------------------------------------------------

nal de año y como le hacen contrato de seis meses piensa se


me acaba a los seis meses y si después no encuentro trabajo qué
(...), tiene que aguantar muchas cosas. Tienes ahí una amenaza
permanente (pág. 147).
(4) Sabía que lo de dar clases de inglés, aparte de dar poco dinero
es muy difícil de conseguir que cojan un moro para dar clases
de inglés, te tienen que conocer o te tienen que dar una opor­
tunidad y, normalmente, una academia seria ¿cómo va a dar a
un moro trabajo? No te van a dar esa oportunidad, y yo quería
trabajar en algo serio, y con seguro (pág. 153).
(5) Aquí para trabajar como «moro» hay mucho trabajo: en el
campo, en la construcción, lo que pasa es que hay gente que
no aguanta que se les trate de «moro», tienes que estar dispues­
to a olvidarte de tu dignidad totalmente y hacer todo lo que
pidan, y hacerlo bien y cargarte con las culpas cuando a ellos
les sale mal porque tú eres el «moro» que no entiende. Si no
admites eso, yo conozco argelinos que tienen el sentido del or­
gullo más alto que nosotros, y no entienden ni pasan por eso.
Un marroquí, normalmente, hace lo que le digan y lo aguan­
ta, pero no se enfrenta a un jefe. Los que duran en los trabajos
son los que aguantan todo (pág. 201).

Los pasajes precedentes no requieren comentario alguno, ha­


blan claramente por sí mismos; de m odo que, la clase, el género
y la «raza» están entrelazados en un arco de explotación laboral,
de marginación, de exclusión y de otras formas de discrimina­
ción bien conocidas.
Hay que advertir la presencia de diversas formas de resisten­
cia y de crítica formuladas por los propios discriminados; la m u­
je r latinoam ericana se niega a que la traten com o a una mera
esclava (ejemplo 1), el académico marroquí que entiende perfec­
tamente que su exclusión no tiene ninguna relación con su flui­
dez en inglés (ejemplo 3), o el «moro» que percibe con exactitud
los detalles de la modalidad racista de dirección y mando (ejem­
plo 5).
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
79

N o precisamos apuntar más detalles sobre estos datos cotidia­


nos en la vida de los inmigrantes en España ni de su conforma­
ción, que se debe a una difícil combinación de acoso y burocra­
cia, a partir del m om ento en que precisan un permiso de
residencia, hasta las múltiples y más humillantes formas de ex­
clusión, de racismo en el entorno laboral, en el barrio o en la
tienda, por sólo citar algunos. Hemos comprobado que en todas
estas situaciones el racismo discursivo va acompañado de innu­
merables prácticas de humillación, por ejemplo, cuando los pa­
tronos explican o legitiman sus acciones o comentan sus expec­
tativas sobre la labor que, en su opinión, deben ejecutar los
inmigrantes. Para más detalles de estas múltiples variedades de
explotación, com o las referidas a horarios laborales excesiva­
mente largos y a salarios mínimos véase: Pajares (1998, págs. 217
y ss), M artínez Veiga (1997, capítulo 3), R uíz Olabuénaga et al.
(1999) y Colectivo loé (2001). Para historias reales sobre inm i­
grantes, en las que se pueden observar y valorar sus experiencias
con el racismo cotidiano, véase Criado (2001).

Otras formas de racismo de élite

La política, los medios y la empresa no son los únicos contextos


de racismo de élite y de discursos racistas (y antirracistas) en Es­
paña. Consideremos, por tanto, y para terminar, otros aspectos
de relaciones étnicas y de racismo de élite en España sabiendo
que no puede ser una descripción completa de la situación ac­
tual.

Educación

C on la creciente presencia de niños inmigrantes en las escuelas,


sobre todo en las grandes- ciudades como M adrid y Barcelona,
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r i c a L a t in a
80 -------------------------------------------------------------------------------------------------

aumenta la preocupación en el discurso sobre la educación mul­


ticultural (García M artínez y Sáez Carreras, 1998; Terrén Lalana,
2001 ).
Com o ya sabemos por otros países, esto no significa, en pri­
m er lugar, que los estudiantes sean automáticamente antirracistas
ni que lo sean los libros de texto (para más detalles sobre las opi­
niones de los estudiantes véase la serie de voluminosos estudios
de Calvo Buezas, por ejemplo: Calvo Buezas, 2000). Es decir
que, a pesar de que muchos libros de texto condenan el racismo,
no es menos cierto que los libros de texto españoles tienden a
tratar el racismo fuera de su país (en Estados Unidos, Sudáfrica o
Alemania), y no en España al igual que sucede con los libros es­
colares holandeses que hemos estudiado (Calvo Buezas, 2000,
págs. 114 y ss).
D e forma similar, precisamente en el ámbito de la educación
las contradicciones y los conflictos culturales y lingüísticos de­
sempeñan un im portante papel, en tanto que los niños de otros
países y culturas deben enfrentarse a las otras culturas y lenguas
dominantes. La preocupación actual, además del discurso acadé­
mico y pedagógico en este ámbito, se centra en las modalidades
de integración que se llevan a cabo o que se consideran más de­
seables, y que oscilan entre una asimilación burda y unos distin­
tos tipos de autonom ía y pluralismo cultural y lingüístico. De
hecho, la política oficial liberal, así com o los discursos sobre la
diversidad, pueden poner en práctica dentro del aula varios tipos
de asimilación o bien una segregación problemática (Martín
Rojo, 2003a,b,c,d).
Así, en febrero de 2002 surgió en España una versión del an­
tiguo conflicto francés sobre las niñas musulmanas que acudían a
la escuela tocadas con el hijab. Después de que una escuela no
admitiera a una alumna de trece años que se negaba a acudir a
clase con la cabeza descubierta, la prensa m ontó un enorm e es­
cándalo, atribuyendo el conflicto a la intransigencia de un padre
musulmán que forzaba a su hija a llevar «chador». N o sólo se
R a c i s m o y . d i s c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
81

confundió el hijab con el chador, posiblemente una de las conse­


cuencias posteriores a los sucesos del 11-S y de la guerra en Af­
ganistán (y la criticada postura de las mujeres afganas), sino que
además resultó que el padre en cuestión era, de hecho, bastante
liberal y había dejado que fuera su hija quien tomara la decisión
de tocarse o no con el hijab. Incluso la ministra de Educación opi­
nó que el hecho de llevar hijab era un símbolo de opresión de
las mujeres. Otras élites llegaron a declarar que era inconstitu­
cional y Juan Carlos Aparicio, ministro de Trabajo y de Asun­
tos Sociales, llegó a asociarlo con la ablación del clítoris, con lo
cual lo vinculaba a una serie de aspectos negativos del Islam.
Por otra parte, los grupos feministas se pronunciaron contra el
hecho de llevar el hijab a la escuela por razones simbólicas (El
País, 20 de febrero de 2002). La alumna fue finalmente admiti­
da, pero el debate nacional había demostrado entre tanto que
muchas élites experim entan dificultades con la sociedad multi­
cultural, ya sea por ignorancia, ya por actitudes prejudiciadas o
por ambas razones.
La ironía del caso es que la alumna en cuestión fue rechazada
por una escuela religiosa, que por norma suelen estar dirigidas por
monjas. N o obstante, la forma de vestir de «nuestras» monjas no
se percibe al parecer con tanta extrañeza ni tampoco se conside­
ra un símbolo de opresión de las mujeres. Estamos, una vez más,
ante un caso de doble rasero relativo a las diferencias de percep­
ción de «nosotros» y de los «otros».
El incidente relativo a la alumna marroquí que acabamos de
explicar no es único si pensamos en la discriminación y en el re­
chazo sufrido por los hijos de la minoría gitana. Existen ejem­
plos de la acción conjunta llevada a cabo por padres payos cuan­
do en la clase de sus hijos se da la presencia de alumnos gitanos.
Tanto para nuestro debate com o para la obra en general es
prioritario estudiar las actitudes y conductas de las élites respon­
sables, com o los ministros, los directores de escuelas, los admi­
nistradores y los periodistas cuyas informaciones dramáticas y
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
82 -------------------------------------------------------------------------------------------------

unilaterales exageraron el caso hasta que alcanzó unas proporcio­


nes desmesuradas (véase Bañón, 2002b, sobre este episodio y la
confusión de la prensa relativa a «velos», «pañuelos», «chador»,
etcétera; véase también para mayor detalle sobre las relaciones
entre género y multiculturalismo, Nash y Marre, 2001).
En efecto, los cambios profundos que se están produciendo
en nuestras escuelas no siempre se corresponden con unos cam­
bios de actitud en las élites educativas hacia la integración de in­
migrantes, que es necesaria y positiva desde su infancia. Así
pues, con demasiada frecuencia se contempla el aprendizaje del
idioma com o un problema o un contratiempo que los jóvenes
recién llegados deben afrontar, en lugar de como una apreciable
contribución a la diversidad cultural y lingüística en España.

Racismo y ley

En España, sería de esperar que existiese un respeto hacia los


principios que señala la legislación, incluidas las previsiones con­
tra la discriminación y las conductas rapistas. Así lo marca el ar­
tículo 22.4 del nuevo Código Penal (1996) que im pone severas
sanciones contra los delitos con intención racista (véase también
Pajares, 1998, págs. 305 y ss).
El inform e de SOS Racism o para el año 2000 incluye un
apartado donde se resumen 14 casos de delito racista entre los
que se encuentran violencia policial contra los inmigrantes, los in­
sultos racistas y los ataques a inmigrantes por parte de «cabezas
rapadas». Ignoramos si esta lista es exhaustiva y si existe o no in­
form ación general sobre las condenas por delitos racistas o, más
en general, ataques contra inmigrantes. D e ser com pleto el in­
form e de SOS Racismo, la acción legal contra el delito racista
representaría, por supuesto, una parte muy pequeña de los miles
de casos anuales donde los inmigrantes son objeto de discrimi­
nación por parte de todos los sectores de la sociedad, o donde
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
83

han sido insultados o atacados. En efecto, después de los violen­


tos sucesos en El Ejido, se presentaron 693 acusaciones, todas
ellas archivadas sin cargos. Al parecer los tribunales de justicia en
este caso actuaron con la misma pasividad que la policía, que no
intervino en los ataques. Por otra parte, en un insólito caso de
1998, un juez declaró inocente a un hombre que contrató y tra­
tó a un argelino com o esclavo (El País, 8 de noviembre, 1998,
pág. 38).
O tro caso de comunicación que arroja algo de luz sobre la
actitud étnica de las élites en el ámbito jurídico es la conferencia
dictada por el presidente del Tribunal Supremo, Francisco H er­
nando, con ocasión de la apertura del Año Judicial, el 16 de sep­
tiembre de 2002.
Parte de su discurso trata extensamente de los inmigrantes
«ilegales» que presionan a las autoridades para ser legalizados «al
margen de los cauces del Derecho». Presenta argumentos contra
la solidaridad internacional y contra la fraternidad de los seres
humanos en general cuando ello conduzca a la permisividad en
el ámbito de la inmigración ilegal, y advierte que dicha inmigra­
ción ilegal representa una amenaza tanto para la economía del
país com o para el orden público y el nivel de los servicios públi­
cos (El País, 17 de septiembre, 2002).
C on su conservador discurso, Hernando parece confirmar la
política y las actitudes del gobierno de Aznar. Para este libro, di­
cho evento representa una nueva confirmación de la tesis que
postula que son las élites las que formulan y desarrollan la políti­
ca y las ideologías xenófobas, y cuyo discurso de estilo algo más
políticamente correcto preformula el racismo callejero, en oca­
siones más crudo.
Asimismo hemos constatado que las actitudes de élite sobre
inmigración no son casos aislados, sino que tienden a formular­
se e implementarse en conexión con diversos sectores sociales de
élite, en este caso, con el sistema político y judicial. En España,
esto pone de manifiesto de qué m odo se propagan dentro del
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
84 -------------------------------------------------------------------------------------------------

conservador PP las actitudes antagónicas para con los extranjeros


y que su formulación explícita ya no se considera, al parecer, po­
líticamente incorrecta.
U na vez más, esto no significa que haya algún tipo de cons­
piración, sino simplemente que el conservadurismo de derechas
parece tener una cohesión de pensamiento sobre los asuntos re­
lacionados con la inmigración y la política de minorías. Cuando
el presidente del Tribunal Supremo piensa y dice abiertamente
lo que dice, podemos suponer sin riesgo alguno que muchos
jueces y fiscales de ese país serán apenas más benévolos a la hora
de juzgar a los «ilegales», de tom ar decisiones sobre sus perm i­
sos de residencia o de luchar contra el racismo y la discrimina­
ción en la sociedad.

La Iglesia

Son pocos los ámbitos en los que la Iglesia católica española, du­
rante la dictadura de Franco y tam bién después, desempeñó un
papel verdaderamente positivo. En muchos aspectos morales, en
especial los relacionados con la sexualidad, el papel de las m uje­
res y otros, la jerarquía eclesiástica sigue todavía aplicando un re­
glamento socialmente retrógrado. N o queremos decir que todos
los católicos, o incluso todos los curas, sean reaccionarios. Hay
muchos que luchan por un cambio social. Su actitud contra el
racismo y a favor de la protección de los inmigrantes indocu­
mentados, que pretende evitar su expulsión, posiblemente sea
una de las áreas donde la Iglesia desarrolla una de sus actividades
más positivas en España y en otros lugares de Europa. A m enu­
do, los amenazados por la expulsión encuentran acogida en una
iglesia. D e todas las instituciones oficiales, la Iglesia es, tal vez, la
más explícitamente antirracista y con frecuencia se pronuncia a
favor de los inmigrantes.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
85

N o disponemos de datos actuales sobre el discurso oficial ra­


cista por parte de la Iglesia española; no obstante, como en cual­
quier otra institución, la Iglesia también despliega diversas for­
mas de autopresentación positiva. En un docum ento emitido
por el conocido comité pontificio «Iustitia et pax» titulado La igle­
sia ante el racismo. Para una sociedad fraterna (Minv.mercaba.org/conse­
jos /p a x /racismo-01.htm), encontramos un fuerte posicionamiento
antirracista y una breve historia del racismo desde la antigüedad
hasta nuestros días. En esta historia la Iglesia (católica) desempeña
un papel ejemplar. El racismo, según su informe, ha sido conde­
nado desde sus inicios por muchos papas, fuera cual fuera la con­
ducta del poder mundial en su m omento, empezando por Pablo
III (Bula: Sublimus Deus, 1537), que explícitamente indica que
los indios no deben ser desprovistos de su libertad ni de sus bie­
nes. En esta serie de voces positivas también se encuentra, por su­
puesto, la de Bartolomé de las Casas, el religioso que defendió a
los indios y denunció la crueldad (española) contra ellos.
Una breve historia de esta índole no puede considerarse
completa pero es, al menos, sesgada por no mencionar las activi­
dades de los Reyes Católicos ni el papel de la Iglesia en la expul­
sión de los judíos de España o el de tantos otros curas y papas
que practicaron o toleraron conductas racistas hacia los pueblos
indígenas americanos y, posteriorm ente, hacia los esclavos afri­
canos por toda América.
Históricamente, la Iglesia también ha estado profundamente
relacionada con las diversas modalidades de dominación colonial
y racista de España y de otras potencias coloniales. El hecho de
haber tratado y discriminado a los «otros» por no ser cristianos y
no por pertenecer a otra «raza», únicamente demuestra que el
racismo «racial» y el racismo «cultural» representan, desde sus
inicios, un fenóm eno unificado.
Por lo que se refiere a la situación actual en España, uno de
los pocos documentos que conocemos es un artículo sobre la or­
ganización Cáritas, perteneciente a la Iglesia, que subraya la
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
8 6 -------------------------------------------------------------------------------------------------

óptim a labor que lleva a cabo entre los trabajadores inmigrantes


en España (Herrera, 2000). Carecemos de los datos suficientes
que nos perm itan presentar desde otro ángulo las actividades ac­
tuales de cariz religioso institucional en España. N o obstante, la
impresión general sobre Cáritas, tam bién por parte de otras
O N G y diversas organizaciones de inmigrantes, es bastante po­
sitiva y, por tanto, constituye una muestra de una organización
de élite que da buen ejemplo. Claro que se trata de una minoría
y carece de poder.
Deberíamos apuntar tam bién que el increm ento de la inm i­
gración, particularm ente del N o rte de Africa, supone una pre­
sencia mayor de musulmanes en España. U na de las muchas
consecuencias de esta diversidad religiosa es el hecho de que en
diversos lugares están apareciendo mezquitas en un país de tradi­
ción predom inantemente católica, lo que es motivo de una con­
ducta intolerante, no siempre ausente de fricciones, com o suce­
de en otras partes de Europa. En efecto, el multiculturalismo no
representa un reto sólo en el entorno escolar, sino también en el
religioso.

La universidad y su entorno

Por lo que concierne a las universidades, a las instituciones de


investigación y, por extensión, al discurso académico, por ahora
no disponemos de datos empíricos actualizados que nos perm i­
tan form ular unas generalizaciones fiables sobre racismo acadé­
mico en España. C om o sucede en el caso de la Iglesia, mi im ­
presión, basada sobre todo en la lectura de las publicaciones en
prensa y, en especial, en E l País, es que en contadas ocasiones se
formulan abiertamente opiniones racistas o xenófobas en este
entorno. N o obstante, y com o sucede en los Países Bajos y en
otras partes, lo contrario también se da; en el ámbito académico
tampoco existe, al menos entre los profesores, algún movimien­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
87

to antirracista notable. En general, el alumnado es más crítico


con el racismo y con las restricciones sobre la inmigración,
com o se vio en los encierros en Almería y Sevilla que hemos
mencionado anteriorm ente, donde los estudiantes participaron
activamente. Este tipo de manifestación suele generar un amplio
debate acerca de la situación de los inmigrantes indocum enta­
dos, tanto a nivel local com o nacional.
Hasta la fecha los estudios críticos sobre racismo en España
son infrecuentes, por no decir inexistentes; el interés suele cen­
trarse en la problemática sobre la inmigración pero no en los de­
talles del discurso o de la práctica racistas. Existen escasos pro­
gramas de estudios académicos que traten explícitamente sobre
el racismo aunque cada vez abundan más los que conciernen a la
inmigración, el interculturalismo, etcétera.
Los únicos datos recientes de los que disponemos sobre racis­
m o «académico» provienen de un estudio cuantitativo sobre las
actitudes de los estudiantes respecto de la inmigración, efectua­
do por Calvo Buezas (2001). Se trata del últim o estudio dentro
de una serie parecida realizada por el mismo autor entre la po­
blación joven. Sabemos que no hace falta indicar las limitaciones
de los sondeos cuando se quiere estudiar actitudes sociales com ­
plejas, debido a la tendencia prevaleciente de responder con co­
rrección política a las preguntas sobre temas delicados tales como
la inmigración. N o obstante, este estudio aporta algunos resulta­
dos sobre las manifestaciones explícitas realizadas por los estu­
diantes encuestados. Los resultados más destacables del estudio
de Calvo Buezas pueden ser resumidos de la siguiente manera:

• Aproximadamente el 90 por ciento de los estudiantes, espe­


cialmente las mujeres, siente antipatía hacia los «cabezas ra­
padas» y los neonazis.
• El grupo étnico que sigue gozando de mayor antipatía (par­
ticularm ente entre los hombres) es el de los gitanos, cuyo
rechazo entre los estudiantes es de un 36,5 por ciento, se-
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r i c a L a t in a

guido del de los «moros» (26,5 por ciento) y el de los cata­


lanes (23,5 por ciento). Los demás grupos y pueblos son re­
chazados a niveles inferiores del 10 por ciento. Así pues, los
negros son juzgados negativamente por sólo un 3,7 por
ciento de los estudiantes. Nótese que el colectivo feminista
es rechazado por un 27,1 por ciento de los estudiantes y,
com o era de esperar, más por los hombres (39,4 por ciento)
que por las mujeres (17,8 por ciento).
• Estas actitudes negativas son más pronunciadas cuando se
pregunta a los estudiantes si les im portaría casarse con un
miembro de un grupo diferente al suyo. En estos casos tan­
to gitanos com o «moros» son rechazados como consortes
por casi la m itad de la población estudiantil mientras que
los africanos y latinoamericanos negros reciben el rechazo
de un 20 por ciento aproximadamente. Casi nadie m ani­
fiesta tener inconveniente para contraer m atrim onio con
un extranjero europeo blanco.
• Unas actitudes más radicales, com o la expulsión del país,
son compartidas por un 15 por ciento de estudiantes cuan­
do se trata de gitanos y «moros». Por lo que se refiere a los
negros, un 5 por ciento de los estudiantes quisiera verlos
expulsados. U nicam ente un 4 por ciento votaría por un
partido similar al Frente Nacional de Le Pen en Francia o
cuya política fuera similar a la suya.
• U n 77,4 por ciento de los estudiantes discrepa de la tesis
que postula que, históricamente, la raza blanca ha sido la
más desarrollada, cultivada y superior a las demás. Quizá
sea más interesante resaltar que un 20 por ciento está de
acuerdo con esta tesis.
• U na gran mayoría de estudiantes (78 por ciento) considera
que la sociedad española es racista y la mitad se considera a sí
misma algo racista mientras que la otra mitad dice no serlo.
• U na mayoría de estudiantes (56,8 por ciento) considera que
ya hay bastantes extranjeros en el país y que se debería evi­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spañ a
89

tar que entren más. M enos de un tercio de los estudiantes


(30,9 por ciento) no está de acuerdo con esta opinión y
piensa que el núm ero de inmigrantes en España es relativa­
mente pequeño y que España puede dar cabida a más.
• U na mayoría de estudiantes (71,1 por ciento) no está de
acuerdo con la afirmación de que los inmigrantes quitan
empleo a los trabajadores españoles aunque una minoría
significativa (27,6 por ciento) sí lo cree así.
• La conocida asociación de inmigrantes, drogas y delincuen­
cia se acepta explícitamente (41,7 por ciento) y solamente
una pequeña mayoría (56,4 por ciento) no quiere culpar a
los inmigrantes. También una mayoría (52,2 por ciento)
piensa que la inmigración supone más desventajas que ven­
tajas.
• La mayor parte de estudiantes (85,4 por ciento) prefiere una
sociedad multicultural y mestiza y un número similar tam­
bién perm itiría que los inmigrantes preservaran su propia
cultura, aunque un 13,6 por ciento aboga por la asimilación
cultural.
• U na mayoría de estudiantes (57,7 por ciento) cree que Espa­
ña tiene el mismo número (o similar) de inmigrantes que el
resto de países europeos. Sólo un 9,1 por ciento sabe que
hay muchos menos inmigrantes en España que en otros paí­
ses europeos.
• Para muchos otros temas sobre inmigración, la opinión de
los estudiantes en un 70 u 80 por ciento es «políticamente
correcta», mientras que entre un 20 y un 30 por ciento no
la comparte; entre estos temas se citan, por ejemplo, que los
inmigrantes tengan los mismos derechos que los españoles,
que puedan reclamar la reunificación familiar, que even­
tualmente sean aceptados y, para los sin papeles, que no
sean repatriados a sus países. Las mujeres suelen ser más to­
lerantes que los hombres en sus opiniones, salvo en lo que
se refiere a los «moros».
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
90 — -----------------------------------------------------------------------------------------------

• En general, la clase media alta suele oponerse más a la inmi­


gración que el resto: por ejemplo, un 35,4 por ciento de los
estudiantes de clase alta y un 18,9 por ciento de clases más
bajas dice estar contra los «moros». Por otra parte, cuando
se trata de averiguar si se debería expulsar a los gitanos o a
los inmigrantes, las clases altas suelen estar más a favor de
hacerlo que los estudiantes de clase baja. En este caso, la di­
ferencia con las clases medias es, a veces, dramática.
• Comparadas con las opiniones de adolescentes, las de los
estudiantes universitarios son menos prejuiciadas.

A unque los datos del sondeo sobre las actitudes de los estu­
diantes no sean exhaustivos y los estudiantes no representen el
entorno académico al completo, estos datos nos proporcionan
una idea de lo que pueden ser las actitudes de las élites futuras.
Por regla general, los estudiantes se posicionan más a la izquier­
da en política y son más tolerantes respecto de la diversidad étni­
ca y de la inm igración que otras élites de más edad, con lo cual
es posible que a medida que pase el tiempo, las opiniones aquí
expresadas por los estudiantes se vuelvan menos tolerantes. H e­
mos visto que, en general, la población estudiantil tiende a acep­
tar la multiculturalidad y una sociedad mestiza y que no profesa
actitudes contrarias a los extranjeros.
Por otra parte, existen todavía unas minorías de peso que
sienten antipatía por los gitanos y los «moros», ambos grupos
emblemáticos, y desde siempre, punto de mira del prejuicio y
del racismo españoles. En comparación con estas actitudes, los
negros salen bastante menos mal parados. N o obstante, cuando
las imaginarias relaciones pasan a ser reales (matrimonio con una
persona de otro grupo), las actitudes pasan a ser m ucho menos
positivas. D e las respuestas a las cuestiones de este sondeo se des­
prende que una mayoría cree que en España el núm ero de inm i­
grantes ya es suficiente, y que no debería permitirse la entrada a
más (esta opinión tam bién se relaciona con la percepción erró­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n E spa ñ a
91

nea que tiene la mayoría de estudiantes españoles acerca del nú­


mero de inmigrantes presentes en España en comparación con
otros países de Europa). Del mismo modo, casi la mitad de los
encuestados tiende a asociar la inmigración con la delincuencia.
Debería subrayarse asimismo que las clases altas y las más bajas
tienden a ser las más racistas, evidentemente por razones opues­
tas, com o son, por ejemplo, el distanciamiento cultural y social
por lo que respecta a las primeras y por motivos de competitivi-
dad en el caso de las más desfavorecidas. Al extraer algunas sec­
ciones de élite de las clases altas, también obtenemos más infor­
mación sobre las actitudes conservadoras étnicas dentro de las
élites de clase alta, puesto que, norm alm ente, los estudiantes de
clase alta suelen com partir las actitudes sociales de sus padres.
Si tenemos en cuenta que las respuestas de los sondeos tien­
den a ser más positivas cuando se trata de preguntas explícitas
que cuando los encuestados han tenido ocasión de ser más es­
pontáneos (particularmente dentro de su propio grupo), es muy
probable que las actitudes sean, por lo general, menos positivas.
Vemos por otra parte que las actitudes xenófobas tienden a ser
moderadas, en el sentido de que los racistas más extremos (re­
presentados en la opinión de que los «otros» deben ser expulsa­
dos del país) son, definitivamente, muy m inoritarios. Por regla
general, se rechaza tanto la violencia com o a los grupos violen­
tos (cabezas rapadas, neonazis) entre los «nuestros».

Conclusión

Si consideramos globalmente la situación étnica en España, y en


particular el racismo y el discurso de élite, nuestra conclusión
general preliminar, a partir de la limitada cantidad de datos e in­
formes de los que disponemos, es que en este sentido España se
ha convertido en un país com o cualquier otro de Europa occi­
dental. En todos los ámbitos de la sociedad y también en los dis­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
92 -------------------------------------------------------------------------------------------- -—

cursos de élite se pueden encontrar actitudes y prácticas racistas


e ideologías discriminatorias. C on la subida al poder del conser­
vador Partido Popular (y su mayoría absoluta parlamentaria), y
dado el desarrollo de una política racista y de derechas en el res­
to de Europa, esta tendencia se ha exacerbado en años recientes.
C om o en otros lugares, esta tendencia se suele atribuir al creci­
m iento de la inmigración y, en especial, a los inmigrantes indo­
cumentados.
Para com prender el racismo en España es de vital im portan­
cia entender la importancia histórica de la ocupación árabe de la
península, su posterior reconquista y la expulsión de los judíos,
llevada a cabo por los Reyes Católicos hace más de 500 años y
los subsiguientes siglos de colonización racista en América. Es
imprescindible conocer este marco histórico para comprender, al
menos en parte, el racismo actual en España, dirigido contra
«moros» y «sudacas». O tra dimensión histórica notoria y cons­
tante es la presencia de una discriminación ancestral del pueblo
gitano, y su problematización y marginación hasta la fecha.
U na notable diferencia entre España y la mayoría de países de
Europa occidental es la ausencia de un partido racista de dere­
chas. Debería notarse, no obstante, que muchas de las actitudes e
ideologías defendidas por este tipo de partidos en otros países
encuentran cabida en España, de forma natural, dentro del Par­
tido Popular. En efecto, la asociación que efectúan las élites de
liderazgo, empezando por su presidente Aznar, entre inmigra­
ción «ilegal» y delito, amén de otras nociones y políticas, no di­
fieren esencialmente de las de los partidos racistas de derechas en
otros lugares. En las regiones autonómicas, como la vasca y la
catalana, algunas fuerzas más conservadoras del nacionalismo po­
lítico o lingüístico pueden exacerbar aún más el nacionalismo
estatal del gobierno central y del partido conservador de M a­
drid.
En comparación con, por ejemplo, el racismo de los tabloi­
des de Gran Bretaña o de Alemania, los informes actuales y mis
R a c is m o y d is c u r s o de é lite e n E sp añ a
93

propias observaciones sugieren que el racismo discursivo en los


medios de comunicación españoles suele ser moderado, particu­
larmente en la prensa más progresista. Los puntos de vista explí­
citamente racistas no suelen tener acceso a los medios mientras
que las voces antirracistas, por ejemplo sobre la política de inmi­
gración, nacional o europea, son bastante comunes. Predominan
los informes acerca de la inmigración irregular y sobre diversos
debates políticos y legales relativos a la inmigración. Se informa
sobre el delito y la violencia practicados por los inmigrantes
aunque no se trata de un tem or dominante.
Por otra parte, el racismo no es una problemática establecida
y las informaciones relativas al mismo suelen limitarse a los actos
de racismo violentos o a los de discriminación muy evidentes. El
racismo de élite cotidiano, presente en muchas instituciones y
organizaciones, no es tampoco un tema mediático predominan­
te. La conclusión general, por lo que se refiere a la prensa espa­
ñola, es que ni es explícitamente racista ni explícitamente anti-
rracista, y que tiende a emplear estereotipos en sus artículos
sobre inmigrantes y sobre los eventos más espectaculares, como
la llegada de pateras a la costa española cuando cruzan el Es­
trecho de Gibraltar. Ello tam bién significa que los periódicos
liberales de mayor tirada manifiestan, en alguna ocasión, sus opi­
niones antirracistas de forma más explícita y que la prensa con­
servadora publica artículos más explícitamente xenófobos mani­
festando su apoyo a la política antiinmigrdción del gobierno
actual.
Para las demás fuerzas de élite en España, disponemos de
muy pocos datos (discursivos). Los escasos ejemplos que tene­
mos a mano acerca del discurso de élites empresariales apunta
que, por regla general, no rechazan a la inmigración siempre y
cuando represente mano de obra barata. En el ámbito laboral y a
nivel de interacción cotidiana entre patronos y obreros extranje­
ros, existen evidencias de una amplia discriminación y del pre­
juicio con inclusión de ataques (verbales) racistas frecuentes y
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t i n a
94 ---------------------------------- ------------------------------ ,--------------------

otros tipos de discurso discriminatorio de la inmigración.


Respecto a otros ámbitos elitistas, como el educativo, el judi­
cial, el de la investigación, el eclesiástico, el policial, el militar y
las burocracias estatales, entre muchos otros, aún no disponemos
de datos suficientes para llegar a conclusiones generales. Hemos
encontrado algunos indicios que sugieren la preferencia de los
jóvenes académicos en general por una sociedad multicultural y
la manifíestación de pocos prejuicios hacia los negros; no obs­
tante, también es cierto que existen minorías significativas fuer­
tem ente prejuiciadas contra los gitanos y los «moros», particular­
m ente a la hora de establecer unas relaciones personales más
estrechas. Asimismo, y al igual que para el resto de la población,
la mayoría de jóvenes académicos se opone al crecimiento de la
inmigración. C on la llegada de un mayor núm ero de niños de
distintas culturas y países, el sistema educativo está pasando cier­
tas estrecheces y los esfuerzos que se realizan en la actualidad
para implementar una política y una práctica más multiculturales
se limitan con frecuencia a contemplar las diferencias lingüísticas
y culturales como inconvenientes, en lugar de considerarlas con­
tribuciones valiosas en el establecimiento de la diversidad, tanto
en las escuelas com o en la sociedad. También disponemos de al­
guna evidencia que demuestra que, particularm ente a niveles
institucionales superiores de la tradición eclesiástica y judicial, si­
gue habiendo fuertes actitudes de élite contra la inmigración, la
integración y la sociedad multicultural. Para todos estos ámbitos
será preciso investigar m ucho más a fondo a fin de obtener unos
datos más extensos y fiables que nos perm itan establecer cuáles
son las formas prevalecientes de discurso de élite y racismo en
España.
Los datos tam bién confirm an que las actitudes étnicas cam­
bian tan rápidamente com o la situación étnica. En tan sólo unos
años, las opiniones políticas, los medios y la población en gene­
ral han sufrido transformaciones, dramáticas en algunos casos,
hacia un posicionamiento más intolerante e incluso más explíci­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n E spañ a
95

tam ente racista. La inmigración, la integración y el increm ento


de una presencia visible de personas procedentes de otros países,
culturas o continentes se han convertido en temas del lenguaje
hablado y escrito prominente, tanto en la conversación cotidia­
na com o en el discurso de élite, y representan un verdadero de­
safío para la sociedad española.
Racismo y discurso de élite en Latinoamérica
Introducción

El racismo latinoamericano y el europeo tienen muchas caracte­


rísticas comunes, entre otras razones porque también en Am éri­
ca Latina quienes lo practican suelen ser de ascendencia europea
y com parten una ideología similar sobre los no europeos. N o
obstante, también existen particularidades históricas, económ i­
cas, sociales y culturales, y también hay diferencias entre los dis­
tintos países latinoamericanos que deben ser señaladas desde el
prim er mom ento:

• Los racismos latinoamericanos son sistemas de dom inio ét-


nico-racial cuyas raíces históricas se enclavan en el colonia­
lismo europeo así com o en su legitimación, es decir, en la
conquista, la explotación y el genocidio de los pueblos in­
dígenas amerindios y en la esclavitud de los africanos, idea
incluida en el «colonialismo europeo».
• En Europa, el racismo suele dirigirse contra los «extranje­
ros» que son «distintos», mientras que en Latinoamérica son
los propios inmigrantes europeos quienes discriminan a los
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
100 ----------------------------------------------------------------------------------

pueblos indígenas y, asimismo, a los «extranjeros distintos»


de origen africano.
• D ebido a los complejos patrones de la mezcla de razas, las
estructuras de dom inio étnico-racial no implican única­
m ente a los «blancos» (europeos), por una parte, y, a los «no
blancos» (no europeos), por otra, sino también a los mesti­
zos y los mulatos de aspecto, estatus y poder muy diversos
que pueden aparecer com o agentes, colaboradores o vícti­
mas del racismo, según el contexto.
• Además de los colonos europeos y de sus descendientes son
muchos los extranjeros de otros países y culturas que han
emigrado a Latinoamérica: chinos, japoneses, coreanos, li-
baneses y otros árabes, hindúes, etcétera. Junto con los ju ­
díos sefardíes y ashkenazí que emigraron a Latinoamérica
en distintas épocas, todos ellos en su conjunto pueden ha­
berse visto involucrados de distintas maneras en episodios
de desigualdad étnica, ya sea com o víctimas del «eurorracis-
mo» (el racismo practicado por los europeos «blancos» y sus
descendientes) o com o agentes activos en la discriminación
a los pueblos indígenas y afrolatinos.
• A unque ésta sea una compleja variedad de prejuicios, dis­
criminaciones, etnicismos o racismos, la tónica general
prácticamente en todo el continente americano, es la exis­
tencia de grupos de gente de mayor apariencia europea que
discrimina a los de m enor apariencia europea. En este sen­
tido, el racismo latinoam ericano opera como una variante
del racismo europeo.
• A pesar de la prom oción oficial del «mestizaje» en algunos
países y del orgullo, dentro de un contexto internacional,
sobre la com ún identidad «latina», la ideología del racismo
euroamericano tiende a asociar el hecho de ser blanco o de
apariencia más (norte) europea con unas cualidades y unos
valores más positivos, com o la inteligencia, la habilidad, la
educación, la belleza, la honradez, la amabilidad, etcétera.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
101

Por el contrario, un aspecto físico menos europeo se asocia


con la fealdad, la pereza, la delincuencia, la irresponsabili­
dad, la incultura, la necedad, etcétera.
• El racismo latinoamericano se vincula y, por tanto, a m enu­
do se confunde (y se excusa) con la idea de clase social. La
tendencia mayoritaria postula que la jerarquía de clase se
suele corresponder con la «jerarquía de color». Las personas
de aspecto africano o amerindio suelen ser las más pobres y,
en general, su acceso a los escasos recursos sociales y su
control sobre ellos son menores. Aunque esta es la tenden­
cia general, en algunas ocasiones, la raza/etnicidad y la cla­
se no van de la mano. Existen muchas discontinuidades y
contradicciones dentro de tan intrincado sistema de fuerzas
sociales que, además, pueden variar según los países, e in­
cluso de una región a otra.
• Esta compleja asociación de la desigualdad de la raza con la
de clase también significa que la clase, el estatus u otras for­
mas de poder material o simbólico puedan compensar has­
ta cierto punto la desigualdad de «raza»; por ejemplo, un
negro rico o famoso puede ser considerado en algunos
contextos com o «menos negro» y recibir un trato privile­
giado. Este es el caso en particular de algunos personajes
negros famosos de otros países, por ejemplo de Estados
Unidos.
• D e la misma manera que una persona puede ascender en la
jerarquía racial por mejorar su posición en la jerarquía de
clase, existen otros procesos de «blanqueado» entre los que
se incluyen promover la inmigración europea, los matrim o­
nios interraciales, etcétera.
• Este sistema de clasismo-racismo se combina estructural­
m ente con el sexismo y la dominación masculina; por tan­
to, la mayoría de los patrones de dominación mencionados,
afectan especialmente a las mujeres.
• Tal com o sucede con el racismo en Europa, en Latinoamé­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r i c a L a t in a

rica tam bién es habitual negar o disimular su práctica,


com o sucede al atribuir a la clase las diferencias de poder,
posición o estatus.
• Sigue siendo una creencia m uy extendida, en especial entre
las élites de los grupos dominantes «más blancos» (y no úni­
camente en Brasil), que su país es una «democracia racial» o
que las relaciones raciales en su país son más cordiales y be­
névolas que en Estados U nidos o Europa.
• El racismo latinoam ericano es una mezcla variable de fac­
tores «raciales» y «étnicos»: el prim ero acostumbra a dirigir­
se con mayor frecuencia en contra de los pueblos de ascen­
dencia africana, el segundo afecta a los indígenas que son
percibidos socioculturalmente (e incluso geográficamente)
com o más alejados y distintos a los grupos dominantes
(blanco, mestizo, mulato), por lo que son definidos fre­
cuentem ente com o los verdaderos «otros». D entro de los
patrones de dom inio del racismo cotidiano en Latinoamé­
rica, el aspecto («raza») y la cultura suelen entrelazarse y
convertirse en una sola cosa, es decir, en que son «diferen­
tes» de «nosotros».
• La realidad económica y sociocultural del racismo en Lati­
noam érica se basa en formas de discriminación tales como
la subordinación, la marginación o la exclusión, que deri­
van en una distribución desigual tanto de los recursos de
poder material como de poder simbólico. Así, por lo gene­
ral, las personas de aspecto africano o indígena tienen un
acceso limitado al capital, a la tierra, al trabajo, a la vivien­
da, a la educación, a la información, al estatus, a la fama, al
respeto, etcétera.
• Este sistema de discriminación o de racismo cotidiano se
fundamenta y se legitima mediante una ideología del racis­
m o que com prende muchos conceptos, normas, valores y
actitudes sobre las jerarquías de raza, color y etnia m encio­
nadas anteriorm ente.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
103

• D onde hay racismo suelen surgir corrientes de antirracis-


mo, y Latinoamérica no es una excepción. Históricamente
las víctimas del racismo han adoptado un papel activo a fin
de escapar o de resistirse a la esclavitud y a otras formas de
dom inación o de explotación. En la actualidad, tanto los
indígenas com o los negros se agrupan frecuentem ente en
organizaciones que se oponen al racismo, así consolidan su
propio poder e identidad y, en general, abogan por la pro­
tección de los derechos humanos, la igualdad y la democra­
cia. De forma parecida, también en las élites dominantes
blancas, hay organizaciones que luchan activamente contra
el racismo y manifiestan su solidaridad con las mayorías y
las minorías discriminadas. Gracias a estas formas de defensa
de la diversidad etno-racial y al antirracismo en auge, algu­
nos países latinoamericanos han podido establecer, recien­
temente, ciertas modalidades de poder compartido e incluso
se ha pactado a nivel legislativo y constitucional, tal es el
caso de México, Colom bia, Venezuela y Brasil. A pesar de
que, en el ámbito de la política, muchas de estas iniciativas
siguen siendo retóricas y que los cambios reales sean lentos
o prácticamente inexistentes, debe reconocerse una tenden­
cia general hacia un cambio de actitudes, hacia una con-
cienciación y unas prácticas cotidianas más sensibilizadas, lo
cual hace que el racismo se perciba de forma menos obvia,
más sutil, lo que dificulta combatirlo, como ocurre en Euro­
pa y Estados Unidos.

Estos principios son obviamente muy genéricos y tienen


múltiples variantes locales y excepciones. Para cada región y país
precisan adaptarse a la realidad de grupos específicos, a las formas
de dom inación y a los contextos socioculturales que se hayan
desarrollado históricam ente en cada uno de ellos. (Aunque no
existe prácticamente ningún estudio general de racismo en Lati­
noamérica, se puede consultar por ejemplo: Domínguez, 1994;
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
104 ------------------------------------------------------------------------------------------------

Knight, 1996; M inority R ights Group, 1995; Sagrera, 1998;


Stonich, 2001; Wade, 1997; W hitten y Torres, 1998; además de
las referencias específicas para cada país que se incluyen al final
de este capítulo.)

Diferencias contextúales

Así pues, el racismo hacia los pueblos indígenas de M éxico es


distinto del que sufren los mulatos en Brasil, los peruanos o bo­
livianos que emigran a Argentina para trabajar. Los negros co­
lombianos sufren el racismo cotidiano de distinta manera que los
brasileños, nicaragüenses o cubanos. Los negros en Brasil, Vene­
zuela o Colom bia tam bién experim entan un racismo distinto a
los indígenas dentro del mismo país.
M ucho de lo dicho hasta ahora no vale en la zona sur del
Caribe, donde varios países o islas no tienen virtualm ente nin­
gún tipo de dom inación europea blanca pero donde sin embar­
go encontramos otras modalidades de predom inio etno-racial.
Nos referimos, por ejemplo, a los casos de Surinam, Guayana,
Trinidad y Tobago donde, además de africanos, amerindios y
europeos tam bién conviven grupos del sur de Asia, lo que con­
form a una compleja estructura etno-racial (Premdas, 1995).
Puesto que este capítulo se centra en Latinoamérica y, en parti­
cular en aquellos países más vastos del centro y del sur de Amé­
rica, no nos detendremos demasiado en el análisis concreto del
racismo en los países del Caribe.
En ciertos países com o en Argentina, Chile y Brasil, los gru­
pos indígenas son pequeñas minorías mientras que en otros for­
man parte de un grupo más numeroso com o ocurre en Perú y
en muchos países de Am érica central. Esto puede extenderse a
los de ascendencia africana, que son pequeñas minorías en M é­
xico y en el C ono Sur pero que representan grandes minorías o
mayorías en Brasil y en el Caribe.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
105

Judíos

Puesto que el antisemitismo no es el tema central de este libro,


nos limitaremos a apuntar sus rasgos generales. Para un análisis
específico se pueden consultar: Elkin (1987) y Elkin y Sater
(1990). C om o hemos m encionado brevemente en el capítulo
anterior, la presencia de los judíos sefardíes en Latinoamérica se
puede rem ontar a los primeros años de la conquista española,
que coincide con la expulsión de los judíos de España.
En el transcurso del tiempo, los judíos ashkenazí procedentes
de otras partes de Europa se unieron a los exiliados como conse­
cuencia de la persecución nazi a partir de los primeros años de la
década de 1930. El destino de los judíos en los países latinoame­
ricanos ha sido tan dispar com o la variedad de países y de sus
respectivos regímenes políticos, desde Cuba y M éxico hasta Bra­
sil y Argentina (véanse, entre otros estudios: Lesser, 1995; Levi-
ne, 1993; Loker, 1991). Aunque muchas comunidades judías, la
mayoría de las cuales son bastante pequeñas, están integradas en
mayor o m enor grado donde residen, a menudo se advierte cier­
ta rémora, reciben un trato distinto y es posible que todavía se
les siga discriminando (Elkin, 1987).
Las minorías indígenas y afroamericanas consideran a los j u ­
díos com o «blancos» y, si han prosperado, también como miem­
bros de las élites que, por tanto, pueden discriminarles. Por otra
parte, tal com o sucede en Europa y en Estados Unidos, los j u ­
díos en Latinoamérica tienden a comprometerse con los movi­
mientos antir racistas.
La inmensa mayoría de los judíos latinoamericanos (unos
200.000) vive en la actualidad en Argentina, donde su centro
cultural (AMIA) sufrió un ataque terrorista el 18 de julio de
1994, en el que m urieron 86 personas y otras 300 resultaron he­
ridas, dos años después de que una explosión en la embajada de
Israel en Buenos Aires matara a 29 personas y dejara heridas a
242. La investigación de estos hechos se vio frustrada durante
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r i c a L a t in a
106 ------------------------------------------------------------------------------------------------

años, debido a la supuesta implicación de la policía argentina en


una conspiración que, en la actualidad, se ha relacionado con
agentes sirios y cuyo objetivo era persuadir al presidente M enem
para que cambiara su política pro-israelí. Aparte de estos ataques
terroristas, los judíos argentinos son víctimas de formas cotidia­
nas del antisemitismo practicado por la población argentina
(Avni, 1986; Gardosky, 1988; Kleiner, 1984; M irelman, 1990;
Senkam, 1989).

Otras comunidades inmigrantes

Son varias las comunidades inmigrantes en Latinoamérica que


pueden ser objeto de discriminación por parte de los latinos
europeos; entre estas comunidades se cuentan los coreanos en
Argentina, los japoneses en Brasil, los indios asiáticos en el Cari­
be o los libaneses y otros árabes y orientales en toda Latinoamé­
rica. C om o sucede con los mestizos, mulatos y judíos, cuando
estas comunidades ocupan, o se les asigna, posiciones sociales «in­
termedias», pueden ser tanto víctimas del racismo europeo como
agentes activos de la discriminación de los negros o los pueblos
indígenas, según sea su clase, estatus social o poder económico.
Lamentablemente los datos de que disponemos no son suficientes
para explicar este tipo de racismo o etnicismo (véase: Baltazar
Rodríguez, 1997; Cazorla, 1995; Gómez Izquierdo, 1991; Grei-
ber, M alufy Mattar, 1998; Lone, 2001; Look Lai, 1998).
Finalmente, y también dentro del contexto latinoamericano,
podemos referirnos a la migración entre países, generalmente de
los más pobres a los menos pobres; ello significa que mucha gen­
te de Perú, Bolívia y Paraguay se han desplazado a Argentina en
busca de empleo, al menos hasta poco tiempo atrás, antes de que
la economía argentina también se hubiera debilitado. Lo mismo
puede decirse de los peruanos y bolivianos que emigraron a
Chile. Por lo que respecta a Argentina, veremos a continuación
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
107

con más detalle cóm o estos inmigrantes pobres (a m enudo de


marcados rasgos indígenas) suelen recibir tratos discriminatorios
similares a los recibidos por los inmigrantes en Europa.

Los agentes del racismo

Además de las diferencias entre las víctimas del racismo en Lati­


noamérica, también hay que considerar, entre quienes participan
activamente en este tipo cotidiano de dominación, la divergen­
cia de los patrones de com portamiento. En M éxico o Brasil, por
ejemplo, existe una diferencia notable entre el racismo tal vez
más sutil y simbólico de las élites de las capitales y otras modali­
dades, a veces más violentas, com o la de los terratenientes, por
ejemplo en Chiapas o en la región amazónica. El racismo de las
élites argentinas hacia los inmigrantes trabajadores y pobres de
los países vecinos se practica y se legitima de una manera distin­
ta al que tiene por objeto a los argentinos pobres que viven en
las mismas barriadas míseras de los inmigrantes («villas»). El ra­
cismo de la clase alta blanca de Sao Paulo contra los negros y los
mulatos de la ciudad (o en Bahía cuando están veraneando) es
bastante distinto del que demuestra el nordestino blanco y pobre
a su convecino indígena. De hecho, existen incluso modalidades
de racismo muy diferentes entre las propias élites blancas de Sao
Paulo; por ejemplo, entre un profesor universitario de izquierdas
y un gerente de empresa conservador.
Estas diferencias locales y regionales de los partícipes, dispari­
dad de clase, de profesión, de educación, de ideología política y,
también, en lo relativo a la interacción contextual, definen una
infinita variedad de modalidades de racismo. De ahí que utilice­
mos la palabra «racismos», en plural, cuando hablamos de la si­
tuación en Latinoamérica. Por el mismo motivo, nos referimos a
«racismo(s)» y no a «etnicismo», porque los racismos en Latinoa­
mérica no suelen ser únicam ente culturales sino que tienen un
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t i n a
108 ------------------------------------------------------------------------------------------------

com ponente de apariencia «racial», incluso cuando, por ejemplo,


las diferencias culturales, y por extensión «étnicas», con la pobla­
ción indígena trasciendan a su apariencia física.
Esta inmensa diversidad de formas de dom inio y de exclu­
sión en contextos concretos no suele diferenciarse de los patro­
nes de discriminación de clase o de género. Lo cual no significa
que el racismo latinoam ericano no exista o que no puedan ha­
cerse generalizaciones, antes bien, las características generales del
racismo formuladas anteriorm ente son aplicables a la mayoría de
los países y de las situaciones. Esto, precisamente, nos perm ite
hablar de racismo en todas estas circunstancias. Los detalles más
relevantes se encuentran, por supuesto, en los contextos y en las
experiencias específicas así com o en las formas particulares de
representación del racismo en cada país, región y situación so­
cial, y veremos cóm o dicho racismo (o antirracismo) se mani­
fiesta en el discurso.

Discurso de élite y racismo en Latinoamérica

Desde el trasfondo hasta aquí explicitado, investigaremos de ma­


nera concisa algunas características del discurso de élite y racismo
en diversos países latinoamericanos, concretam ente en México,
Argentina, Brasil y Chile. C om o hemos indicado anteriorm en­
te, podem os esperar similitudes con el discurso de élite y racis­
m o en Europa y Norteam érica aunque, probablemente, también
existan particularidades y diferencias en los distintos países de
Latinoamérica.
Considerando los patrones generales de racismo en Latinoa­
mérica, resumidos anteriorm ente, cabe suponer que las élites la­
tinoamericanas y sus discursos sean una parte de la problemática
tratada, así com o confiamos en que form en parte de la solución.
Si, en efecto, el racismo en Latinoamérica es mayoritariamente
«blanco» y si las élites dominantes son también «blancas» (o «más
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
109

blancas que...»), existen no pocos motivos para suponer que el


discurso dom inante sea coherente con dicha tendencia. Supon­
dría, en efecto, una contradicción que el racismo político, eco­
nómico, social y cultural sólo se reprodujera de manera no verbal,
es decir, sin las condiciones discursivas e ideológicas necesarias
para la legitimación de tales racismos y para la formación y el
cambio de estas ideologías racistas.
D icho esto, el racismo de élite puede diferir del europeo. Es
posible imaginar, por ejemplo, que algunas de las élites «simbóli­
cas», entre ellas la prensa y el entorno académico, tiendan a ser
más antirracistas que en Europa, form ando un grupo disidente
respecto a los políticos y a los gestores empresariales. Si éste fue­
ra el caso, el papel especial desempeñado por los periodistas y los
académicos podría explicarse desde la diferente posición cultural
y sociopolítica que ocupan, por ejemplo porque gozan de más
credibilidad moral o política que los políticos, los jueces o los
empresarios.
Así pues, en Argentina es bastante com ún aceptar que los
profesionales de la prensa de prestigio hayan adquirido entre la
población la autoridad y la credibilidad que ya no tienen los po­
líticos al haber denunciado, por ejemplo, la corrupción política
y la desigualdad social. En principio esta actitud podría exten­
derse a la denuncia del racismo político y algunos otros, pero
también puede ocurrir lo contrario. Si un periodista representa
la voz del pueblo y tiene la impresión de que el resentimiento
popular contra la inmigración o contra un grupo m inoritario se
extiende a un amplio segmento de la población, es posible que
pierda su credibilidad y su prestigio ético por haberse distancia­
do excesivamente de estos sentimientos populares.
U na de las tesis principales de este libro es que la tendencia
general del racismo va de arriba a abajo, es decir, que está pre-
formulado, posiblemente de un m odo bastante moderado, por
las élites simbólicas en general y por los políticos y los medios de
comunicación en particular. En otras palabras, es difícil suponer,
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
110 -------------------------------------------------------------------------------------------

tam bién en Latinoamérica, un racismo popular carente de pre-


formulaciones racistas, cuanto menos, en una parte de los m e­
dios. El racismo se aprende y, por tanto, se enseña, no surge
espontáneamente a partir de las experiencias cotidianas. La so­
ciedad necesita categorías sociales de diferencia, criterios de su­
perioridad, pautas, es decir, una legitimación para su racismo.
Los medios masivos y los discursos políticos o didácticos son las
fuentes principales de estos procesos de com unicación y de re­
producción del racismo.
Si el racismo de élite en Latinoamérica es menos notable que
en Europa occidental, o si se considera únicamente circunscrito
a unos sectores concretos de la población (a los políticos, por
ejemplo), aún queda por explicar de qué forma se puede repro­
ducir y extender al resto de la población. Podría formularse una
explicación en términos de cambio histórico: el racismo popular
(«juicioso») puede estar más difundido en Latinoamérica que en
Estados U nidos o que en Europa, no sólo por el hecho de que
las experiencias intensivas «interraciales» sean más frecuentes en
lo cotidiano, sino también porque las ideologías populares subya­
centes pueden derivarse de discursos de élite racistas precedentes,
por ejemplo, de los discursos políticos, mediáticos o científicos.
Es decir, que las élites, o algunas de ellas, quizá hayan cambiado
su ideología en las décadas últimas a causa de los acontecimien­
tos sociopolíticos internos (la desaparición de algunas dictaduras)
o bien por la influencia de los movimientos en defensa de los
derechos civiles en Estados Unidos, o por una actitud crítica con
los crecientes acontecimientos racistas en Europa. Es posible que
las actitudes populares étnicas actuales no hayan advertido aún
estos cambios.
Dejaré de especular acerca de si el racismo y el discurso de
élite en Latinoamérica difieren de los presentes en Europa y Es­
tados Unidos, para poder examinar los datos que hemos encon­
trado en algunos estudios sobre discurso de élite y racismo en
Latinoamérica.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
111

Es im portante recordar, sin embargo, que el racismo en Lati­


noamérica tiene sus raíces históricas en el colonialismo europeo,
así com o sus creencias racistas y su práctica. Además de otros
desmanes e injusticias, el racismo fue «importado» por los espa­
ñoles, holandeses, portugueses y otros europeos, que llegaron
com o conquistadores o colonos, y sus descendientes ayudaron a
perpetuarlo, ju n to con tantos otros que aprendieron a ejercer el
poder y a legitimar su abuso, aduciendo diferencias étnicas y «ra­
ciales» (Lewis, 1995).
Pero al mismo tiem po hay que destacar que los racismos ac­
tuales en Latinoamérica no constituyen un mero legado de la
dominación colonial o neocolonial. C on algunas transformacio­
nes en términos de virulencia, de expresión y de selección de las
víctimas, se desarrolla en todos los países del Caribe y de Suda-
mérica. Su práctica cotidiana afecta a la existencia de millones de
indígenas y de africanos latinoamericanos y conforma el orden
social y político de muchos países del continente. Con otras cau­
sas, está en la raíz de la pobreza y la discriminación desde M éxi­
co hasta el C ono Sur.
Hasta aquí hemos señalado que el racismo proporciona la es­
tructura explicativa fundamental de la innegable experiencia y
observación cotidianas prácticamente en todos los países de La­
tinoamérica, es decir, que (más) blanco significa «mejor» y (más)
negro o (más) indígena significa «peor» sea cual sea el ámbito so­
cial y el tipo de experiencia. N o se trata de una evaluación esté­
tica superficial, sino de una simple regla com ún que resume una
generalización profunda de la jerarquía social y de la dom ina­
ción, según la cual, a un mayor aspecto físico europeo, se corres­
ponden más posibilidades de éxito y prestigio social en todos los
sectores, político, empresarial, educativo, etcétera, mientras que
los «otros» perm anecen relegados a los rangos inferiores o a los
escalafones más bajos de la jerarquía.
Por supuesto, la «raza», la etnicidad o el color no son las úni­
cas fuerzas organizativas sociales en Latinoamérica y, com o he­
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
112 ------------------------------------------------------------------------------------------------

mos señalado, están inextricablemente entrelazadas con los con­


ceptos de casta, clase y género en la reproducción de las comple­
jas estructuras socioeconómicas, políticas y culturales de cada
país y región. Además, estos conceptos tienen una función va­
riable en el Caribe, o en Brasil, donde muchas personas son des­
cendientes de africanos, en Perú, donde la mayoría de la población
es indígena, o en Argentina, donde gran parte de la ciudadanía
es de origen europeo.
Aparte de las raíces comunes, una de las múltiples caracterís­
ticas que el racismo latinoamericano comparte con el europeo es
su asidua negación por parte de las élites blancas o mestizas, tan­
to en el discurso político com o en el académico y también en las
conversaciones corrientes (Dulitzky, 2000). Hemos visto que la
explicación habitual (y juiciosa) para justificar la pobreza y la mar-
ginación de los pueblos indígenas y de los descendientes africa­
nos es que se debe a su pertenencia a una clase social determina­
da, y no a su color o a su raza. El hecho de que algunos negros
sean ricos y famosos, por ejemplo en Brasil, o que algún indí­
gena se convierta en presidente de la nación, com o sucedió en
M éxico o actualmente en Perú, todavía se interpreta com o la
prueba evidente de que el color o la «raza» no son un im pedi­
mento.
Tomando com o referencia las experiencias cotidianas de los
indígenas y de los negros en Latinoamérica, además de basarme
en abundante investigación especializada, sostendré, en lo que
queda de este capítulo, que en Latinoamérica las variantes parti­
culares del racismo representan una im portante dimensión de la
vida cotidiana y de su estructura social.
Es posible que el racismo no tenga su origen en «razas» cons­
truidas de distintos modos sino en las percepciones sociales del
color o del aspecto, así com o en las diferencias étnicas com o el
lenguaje, la religión o las costumbres. Aun cuando muchos lati­
noamericanos declaran ser y sentirse mestizos, por lo que el
concepto de racismo basado en la diferencia y en la dominación
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
113

no tendría sentido, debo interpretar estas negaciones com o sín­


toma, precisamente, del problema del racismo.
Este capítulo tam bién está escrito para apoyar las crecientes
protestas, los movimientos sociales y la investigación académica
crítica, que se proponen cuestionar estas negaciones y contrastar
los mitos recurrentes sobre la democracia y la igualdad racial, se­
gún constan en las constituciones y en muchos de los discursos
dominantes del ámbito político, mediático y académico latinoa­
mericanos (para un detallado recuento de las negaciones oficia­
les sobre el racismo y la discriminación en Latinoamérica hasta la
fecha, véase el excelente informe de Dulitzky, 2000).

Racismo discursivo

El objetivo concreto de este capítulo es el de explicitar algunas


de las características del racismo en Latinoamérica mediante el
análisis de algunos ejemplos del discurso de élite en la política,
los medios y otros ámbitos del discurso dominante. Si la nega­
ción es una de las características de este racismo, esto también se
mostrará en el discurso, por ejemplo, en negaciones explícitas,
en mitigaciones, eufemismos, explicaciones alternativas sobre la
desigualdad y otras formas de negación. Por otra parte, dicho
análisis debería explicitar las creencias subyacentes que forman la
base sociocognitiva del racismo latinoamericano, así com o los
criterios que emplean los integrantes de los grupos dominantes
y de las instituciones, con el objetivo de excluir, marginar o pro-
blematizar a los grupos dominados.
Es innecesario recalcar que, en la sociedad, el discurso no es
la única, ni la más im portante o más incisiva manifestación de
racismo. Decididamente, no es mi intención reducir el racismo a
sus prácticas discursivas ni localizar la mayor parte de sus explica­
ciones en textos y expresiones orales. En todas partes, y de
m odo m uy particular en Latinoamérica, el racismo se manifiesta
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
114 ------------------------------------------------------------------------------------------------

principalmente en las prácticas sociales cotidianas de discrimina­


ción, exclusión y problematización, que dan lugar a una desi­
gualdad social manifiesta en la falta de viviendas dignas, de servi­
cios sanitarios, de educación, de empleo o de ingresos. Ante
todo, el racismo cotidiano en Latinoamérica significa pobreza
material más que marginación discursiva. En efecto, gran parte
del discurso oficial, por ejemplo en política y en los medios,
puede parecer sorprendentem ente antirracista.
Por otra parte, de forma similar a lo que ocurre en Europa y
Estados Unidos, el racismo de élite con frecuencia se ampara en
el discurso, se adquiere a partir suyo o incluso se legitima en él.
Precisamente a través de este discurso los miembros de un gru­
po dom inante aprenden las ideologías dominantes de su círculo,
sus normas, valores y actitudes, las cuales organizan, día a día,
las prácticas sociales de la exclusión y de la discriminación. La
d iscrim in a c ió n cotidiana tiene sus razones y éstas n ecesitan ser
aprendidas, reproducidas y legitimadas dentro del grupo dom i­
nante. Así, las representaciones sociales prevalecientes acerca de
la población de negros o indígenas no son las únicas razones
para que sean tratados de form a distinta, también deben consi­
derarse los diferentes discursos elitistas de los grupos dom inan­
tes. Es decir, a pesar de que tales discursos no constituyan la
principal manifestación de racismo en las experiencias cotidia­
nas de los dominados, su análisis perm ite com prender aspectos
decisivos de los mecanismos ideológicos de la reproducción del
racismo.
La predom inante negación del racismo en Latinoamérica no
sólo significa que los estudios sistemáticos al respecto son esca­
sos, sino además que sus formas discursivas hasta la fecha apenas
han sido estudiadas. Por este motivo no disponemos de un cuer­
po de investigación rigurosa de cada país latinoamericano sobre
los discursos dominantes, ya sean políticos, mediáticos, educati­
vos, científicos, corporativos, legales, o sobre las gentes indígenas
o negras. En realidad, estos insuficientes estudios se limitan a un
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
115

puñado de tesis locales, doctorales o magistrales, difíciles de ob­


tener, o cuya inform ación bibliográfica a nivel internacional es
mínima. M uchos de nuestros datos han sido recabados a partir
de publicaciones heterogéneas en Internet donde, a menudo, las de
organizaciones m inoritarias es bastante reveladora del racismo
cotidiano en Latinoamérica.
O tro motivo para la escasez de publicaciones sobre racismo
discursivo en Latinoamérica es que la mayoría de los estudios re­
levantes sobre relaciones raciales han sido llevadas a cabo por so­
ciólogos o por antropólogos, locales o extranjeros, cuyo objetivo
primordial es la investigación de los grupos étnicos propiamente
dichos y no los patrones de abuso de poder de las élites dom i­
nantes. El racismo y otras formas de marginación representan,
ciertamente, una im portante dimensión del estado en que se ha­
llan los pueblos negros o indígenas, pero no siempre se conside­
ran com o tales en su interacción cotidiana con los miembros de
los grupos dominantes y, por tanto, no son verbalizados en estos
términos por los propios miembros de los grupos étnicos m ino­
ritarios. M uchos científicos sociales parecen estar más interesa­
dos en estos aspectos sociales de la pobreza y de la desigualdad
(estén o no conceptualizados en un marco de racismo) o en di­
mensiones culturales com o el lenguaje, la literatura, el arte o la
religión de los grupos étnicos minoritarios, que en los discursos
de élite dominantes sobre la política, los medios o la educación.
En otras palabras, mi interés se centra en el estudio de los grupos
blancos dominantes y su discurso antes que en los pueblos ne­
gros o indígenas.
Por el contrario, a pesar de la amplia atención latinoamerica­
na por el discurso y el análisis del discurso (se trata, en efecto, de
la única región en el m undo que dispone de su propia asociación
de análisis del discurso, la ALED), la mayoría de lingüistas y de
analistas del discurso se han dedicado hasta la fecha a estudiar
otros de sus aspectos, com o la comunicación en las aulas o, qui­
zá, el discurso político.
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
116 ------------------------------------------------------------------------------------------------

Se trate de Europa o de Latinoamérica, el racismo no forma


parte inherente de las experiencias vitales cotidianas de las élites
académicas blancas, con lo cual raramente suscita un interés di­
rectamente personal en el estudio de textos y expresiones orales
del propio grupo. Cabe añadir que se trataría potencialmente de
una modalidad de autocrítica amenazadora que los pondría en una
situación incómoda.
En lo que sigue, nuestra exposición se ocupará de cada uno
de los países por separado, ya que nos proponemos describir y
explicar las diferencias históricas y locales de los diversos tipos de
racismo y de los grupos de gente involucrados. N o obstante,
puesto que no disponemos de datos sistemáticos ni siquiera en lo
que se refiere a los países y regiones más relevantes y no desea­
mos ser repetitivos, seleccionaré algunos estudios que abarcan
distintos tipos de discurso para varios países, a fin de dar cuenta
del estado del racismo discursivo en Latinoamérica. D onde pare­
ce necesario agregaré la inform ación pertinente para indicar
cuándo o cóm o estos discursos se diferencian entre sí en diversos
países o regiones del continente.
Es evidente que no podremos aportar en este escueto ensayo
más que una breve y superficial reflexión del racismo discursivo
en Latinoamérica. En efecto, cada país se merecería, cuanto m e­
nos, un com pleto m onográfico para empezar a com prender las
complejidades de los múltiples tipos de textos y expresiones ora­
les de las élites que contribuyen a la reproducción (y a la resis­
tencia) del racismo y del etnicismo en cada país. Ello significa
que sólo estudiaremos algunos países y únicamente algunos tipos
de discurso que, además, representan solamente un análisis preli­
minar. En el futuro será preciso realizar una investigación más
intensa que aporte los detalles necesarios acerca del racismo dis­
cursivo en los diversos países de Latinoamérica.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
117

Discurso político

El discurso político en Latinoamérica, igual que en Europa,


acostumbra a ser público y oficial. Ya por tem or a perder algu­
nos votos importantes, ya debido a las ideologías oficiales de la
democracia racial, del pluralismo y de la tolerancia, o simple­
m ente por motivos de corrección política, los políticos latinoa­
mericanos apenas hacen uso del menosprecio explícito contra
los grupos minoritarios. Al contrario que en Europa, quizá con
la excepción de Argentina (Margulis y Urresti, 1998), la inm i­
gración «extranjera» en Latinoamérica no se recibe com o una
amenaza desde un amplio sector de la población, por consi­
guiente, tampoco representa una preocupación política grave ni
un tema populista que pueda utilizarse con un interés táctico. La
histórica inmigración de los europeos fue a m enudo interpreta­
da com o positiva, puesto que era una manera de «blanquear» el
país. Así pues, cuando el discurso político m enciona a grupos
étnicos debe entenderse que alude a los grupos indígenas o bien
a los pueblos de ascendencia africana en la mayoría de los casos.
Desde M éxico hasta Brasil, gran parte del discurso político
oficial manifiesta una actitud respetuosa hacia las raíces indígenas
de las naciones oficialmente definidas como mestizas (véase tam­
bién: Urban y Sherzer, 1991), así com o hacia los derechos de los
pueblos de ascendencia africana. Por otra parte, las tribulaciones
económicas y sociales más básicas de los Estados latinoamerica­
nos no pueden atribuirse a los indígenas ni a las minorías negras
(en algunos casos mayorías, com o en Brasil y Perú), cosa que sí
se da con respecto a la inmigración en los países de Europa occi­
dental.
En otras palabras, no existe una razón política obvia que justi­
fique que el discurso político en Latinoamérica se inclinara ex­
plícitamente hacia el racismo o contra los grupos minoritarios.
Antes bien, entre las élites blancas dominantes el reconocimento
formal de las raíces indígenas de la nación puede inspirar senti­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
118 ----------------------------------------------------------------------- :-----------------------------

mientos de orgullo nacional, por ejemplo, en México, Perú o


Brasil, al contrario que en Chile o Argentina. Cuando este dis­
curso político es racista suele deberse a la pertenencia de clase de
los propios políticos que, p o r razones sociales, y no políticas, se
sienten superiores a los pobres, en general, los negros o los indí­
genas. Así, el racismo político en Latinoamérica se justifica en
parte por motivos de clase y del clientelismo de los políticos que
protegen a otras élites (blancas), como la de los terratenientes, de
las consecuencias de la igualdad étnica o racial.
Es preciso señalar que en Latinoamérica aunque la herencia
indígena, africana o mestiza se com prenda oficialmente como
un motivo ideológico para el orgullo nacionalista colectivo, di­
cho sentim iento puede no ser com partido en absoluto a nivel
individual. En Latinoamérica m uy pocos políticos blancos se
sentirían honrados si, a m odo de halago, alguien les llamara «in­
dígena» o «africano». Tampoco el discurso político oficial, muy
positivo para con las minorías étnicas, representa una garantía de
que el trato hacia sus sirvientes indígenas o negros sea antirracis-
ta o, cuanto menos, de que no caerá, aun sin darse cuenta, en el
paternalismo o en el autoritarismo. En este sentido, los políticos
no difieren de otras élites (blancas, mestizas) en Latinoamérica.
Obviam ente el discurso político público no tiene semejanza
alguna con el discurso informal, cotidiano, entre amigos y miem­
bros de la familia, donde puede ser tan abiertamente racista como
cualquier político racista de Europa occidental. En otras pala­
bras, las características del discurso político público, incluidos los
matices racistas o antirracistas, no son únicam ente la expresión
de los prejuicios personales, sino también la manifestación de
una función de contexto, es decir, la muestra del contexto social
de la clase dom inante por una parte y, por otra, la de las condi­
ciones políticas e implicaciones de la política de partido, relacio­
nes de poder, ideologías nacionales y el mantenimiento de situa­
ciones de privilegio y autoridad de los grupos dominantes y de
sus élites.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
119

Examinemos ahora algunos fragmentos de discurso político


com o ejemplo de este tipo de discurso oficial sobre minorías ét­
nicas; comenzaremos p o r México, el país más septentrional de
Latinoamérica.

Discurso parlamentario mexicano


sobre pueblos indígenas

U no de los estudios más reveladores acerca del discurso sobre


minorías realizados hasta el m om ento en Latinoamérica es la
monum ental tesis de Teresa Carbó dedicada a los debates parla­
mentarios en M éxico sobre los pueblos indígenas (Carbó, 1995).
Para ello eligió tres eventos clave en la historia mexicana, a saber,
la creación de los departamentos de asuntos indígenas, el D E -
C R I en 1921, el DAI en 1935 y el INI en 1948. A continuación
de una detallada explicación de enfoque analítico discursivo,
Carbó dedica una gran parte de su estudio a los detalles del con­
texto político de dichos debates.
Este enfoque es crucial, puesto que el discurso político y sus
características se entienden, a fin de cuentas, solamente porque
su práctica toma significado en el contexto político y social. Así
pues, las palabras de los parlamentarios mexicanos no deben en­
tenderse com o mero discurso transparente sobre indígenas y ni
siquiera com o la única expresión o implementación de un sesgo
étnico por parte de los miembros del grupo dominante, sino que
deben interpretarse principalm ente según las múltiples condi­
ciones e implicaciones de las relaciones de poder político entre
los jespectivos presidentes, gobiernos y partidos políticos.
En efecto, como demuestra Carbó, la mayor parte de los dis­
cursos parlamentarios se refieren al ritual y a la argumentación
política de estos departamentos, pero apenas a los indígenas en sí
mismos y m ucho menos se preocupan de que éstos tengan una
voz sólida en las deliberaciones. El tema principal del prim er de­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
120 -----------------------------------------------------------------------------------------------

bate es «mejoran) la situación de la población indígena, las dificul­


tades que presenta su integración y los prejuicios que prevalecen
contra la misma. La noción paternalista y racista de «mejora» de la
población indígena (o negra) se puede encontrar en varios países
latinoamericanos, bajo las influencias eugenésicas de Estados
Unidos y de Europa en la prim era mitad del siglo XX (Stepan,
1991). Discursos parecidos sobre los pobres gozaron de gran po­
pularidad en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial.
C om o en casi todos los debates políticos sobre las minorías,
uno de los temas principales es que los pueblos indígenas repre­
sentan un problema. C on ironía, Carbó subraya que los mismos
pasajes sobre los prejuicios acerca de la elección de un léxico,
realizada por los propios delegados, no están precisamente libres
de sesgo cuando se refieren a «los indios» (pág. 460). Décadas
más tarde, en 1948, el conocido prejuicio paternalista de «mejo­
rar a los indios» siguió encabezando el discurso del PR I, m ien­
tras que el opositor PAN (partido que finalmente derrotó al PR I
y que ganó la presidencia en 2000) habla de «incorporación» de
los indios. La única diferencia con respecto a 1921 radica en que
«mejorar a los indios» representa, en este último caso, una pro­
puesta que parte de los resultados de una investigación antropo­
lógica.
Tomando com o trasfondo la investigación de Carbó, hemos
examinado diversos pasajes del discurso parlamentario mexica­
no, empezando por el más antiguo, el de 1921. Puesto que el ra­
cismo en M éxico se centra principalm ente en los pueblos indí­
genas y la pequeña com unidad afromexicana suele ser ignorada
por el discurso político público, examinaré sólo algunos pasajes
del discurso parlamentario referidos a los pueblos indígenas.
C om o sucede con otros países ya citados, no dispongo del
espacio para detallar la temática general de las relaciones étnicas
y del racismo en M éxico más allá de lo com entado al principio
sobre Latinoamérica. Debo, por tanto, limitarme al estudio bre­
ve de algunos ejemplos del discurso sobre las minorías étnicas tal
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
121

y com o he hecho en el resto del capítulo (para detalles sobre re­


laciones étnicas y racismo en México, véase, por ejemplo, Caste­
llanos y Sandoval, 1998).
Cuando nos fijamos en los debates parlamentarios de M éxi­
co es interesante constatar que desde principios del siglo x x al­
gunos delegados, com o por ejemplo Pedro de Alba, reconocían
la importancia de las relaciones con los pueblos indígenas mexi­
canos con argumentos parecidos a los del famoso sociólogo afro­
americano W.E.B. Dubois:

(...) el problema fundamental de nuestro país, [es] el problema del


indio, el problema de la raza. (Aplausos.) El problema, hace años,
en la XXVI Legislatura, casi tengo la seguridad de que fue en ella,
uno de los diputados, cuando hablaba de la lucha con los zapatis-
tas, tan escarnecida, tan caótica, que nadie sabía por qué era aque­
llo, que todos se preguntaban por qué no se sometían, por qué si
Zapata era amigo de Madero no venía a someterse, a acompañar­
lo a protestar en la Cámara, entonces hubo un diputado que aquí
dijo: «Señores, la guerra de Morelos es la guerra de razas, la lucha
de castas, la lucha de clases». Aquel diputado produjo estupor en la
Asamblea; en la prensa apareció con letras rojas como si fuera un
sarcasmo aquello, pero siempre con cierto recelo, con cierto te­
mor porque en el fondo había una enorme profecía, a la que de
seguro estamos avocados (Pedro de Alba, 6-5-1921, Diario 41).

Vemos en este debate, al igual que en el debate relativo a la


marcha del EZLN en M éxico ochenta años más tarde, que tam­
bién en este pasaje se relaciona la temática de los indígenas con
la de los zapatistas y se cuestiona si aceptarían hablar en el Parla­
mento. Del mismo m odo y emulando las palabras de un diputa­
do precedente, que el propio Pedro de Alba describe como pro-
féticas, comprobamos que de Alba también lo es. Aparte de la
utilización habitual del térm ino «indio» en los debates parlamen­
tarios de aquella época, también hemos encontrado en este de­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
122 --------------------------- :--------------------------------------------------------------------

bate la reiteración del «problema de la raza» y del «Día de la


Raza», en el que se celebra, hasta la fecha, el singular legado mes­
tizo de México.
Para tener una idea de lo ancestral del prejuicio supuesto en
estos debates, citaremos una vez más a Pedro de Alba, que en un
pasaje antirracista previo denuncia estos prejuicios y su legitima­
ción pseudocientífica:

Quiero hacer hincapié en un asunto que se ha ventilado en la


práctica y que es oportuno traer a esta tribuna: el que se refiere a
la falta de regeneración posible en el indio; a que es una raza infe­
rior, a que es una raza irredenta, a que es una raza que no puede
nivelarse con la corriente civilizadora de nuestro tiempo. En fin,
todas estas zarandajas, como dije, que no tienen en el fondo sino
un convencionalismo perfectamente inhumano, perfectamente in­
consecuente con los postulados mismos de la ciencia que ellos in­
vocan. (Voces: ¡Muy bien!) A propósito de estas cuestiones de
raza, se cita a Lebón, se cita a Lombroso, se cita a los antropologis-
tas de aquí y de allá, y, señores, estas teorías, estas ideas, son ideas
en desuso, descalificadas y, tanto en serio como en broma, ya se
han dicho una infinidad de cosas a propósito de estos prejuicios de
raza (Pedro de Alba, 6-5-1921, Diario 41, pág. 11).

El aspecto sobresaliente en estas descripciones es que el argu­


m ento predom inante en el Parlamento se fundamenta, precisa­
mente, en el «atraso» del «indio».
A lo largo del siglo XX los diputados mexicanos formulan
repetidam ente unos herm osos discursos en los térm inos pater­
nalistas de «ayuda» a los «indios», con el fin de que se conviertan
en gente com o nosotros. N o podem os olvidar que este discur­
so se pronunció en 1921, es decir, durante un período en el que
políticos y académicos legitimaban por igual el racismo y el co­
lonialismo de Estados U nidos y de Europa que todavía estaban
vigentes.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
123

Hemos de advertir que el rechazo explícito del racismo pue­


de combinarse con otras formas de paternalismo que implican la
inferioridad de los «otros». Por ejemplo, un poco más adelante en
ese discurso, el mismo orador describe la conducta de los indíge­
nas cuando entraron en contacto con sus conquistadores, como la
de unos «adolescentes» que se impresionan con facilidad:

Pues las razas aborígenes de América que encontrándose en la


adolescencia tomaron contacto con los conquistadores en esa for­
ma a que vengo refiriéndome y seguramente que ese hecho por sí
solo bastaría si los procedimientos posteriores no lo explicaran
para darnos la llave, por decirlo así, de todo aquello que hemos
observado posteriormente (Pedro de Alba, 6-5-1921, Diario 41,
pág. 12).

En este discurso contradictorio que caracteriza a gran parte


del lenguaje político oficial sobre los indígenas tanto en México
com o en otros países latinoamericanos encontramos, por una
parte, el reconocim iento del legado de los indígenas, la riqueza
de sus lenguas y culturas y la necesidad de protegerlas. Por otra
parte, estos discursos apenas disimulan el etnocentrism o de la
cultura y del paternalismo europeos desde donde pretenden re­
dim ir a «nuestro indio». Esto es, la reiteración de la idea del
com pleto «retraso» de la población indígena, a lo largo de todo
el discurso. A pesar de que siempre hayan existido en la historia
llamamientos para «ayudar» a los pobres «indios», la realidad es
que apenas se les ha otorgado algún derecho digno de recibir
este nombre, ni algún recurso importante, com o la tierra, el po­
der político, etcétera (Valdez, 1998). Por este motivo, el 1 de
enero de 1994 los zapatistas se levantaron en Chiapas contra el
Estado mexicano.
Para obtener una impresión particularm ente relevante de la
insistente retórica positiva del discurso político mexicano hemos
estudiado uno de los debates más recientes sobre la población in­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
124 ------------------------------------------------------------------------------------------------

dígena, concretam ente el del 15 de marzo de 2001. E n dicho


debate, de difusión internacional, se pone de manifiesto el deseo
del E Z L N de dirigirse al Parlamento con ocasión de una nueva
ley indígena que había prom etido el actual presidente Fox. El
discurso culminó con la famosa marcha zapatista sobre la ciudad
de México. M uchos parlamentarios, en especial los del propio
partido de Fox, el PAN, rechazan la presencia «ilegal» y sin pre­
cedentes en el Parlamento de los que ellos consideran rebeldes,
aunque lo hacen escudándose de manera solapada en la retórica
proindígena habitual que citamos al completo:

Históricamente los grupos parlamentarios del Partido Acción


Nacional hemos concebido a la persona humana con inminente
dignidad y un destino espiritual y material que cumplir, por lo
que la colectividad y sus órganos deben asegurar el conjunto de
todas las libertades y medios necesarios para cumplir cabalmente
con su destino.
Estamos convencidos que en la organización política nacional
es preciso que las comunidades naturales sean reconocidas, respe­
tadas y en cuanto se encuentren dentro de la jurisdicción del Esta­
do, ordenadas y puntualmente jerarquizadas, dándoles el lugar y la
participación debida en la estructura y el funcionamiento del Es­
tado mismo, a fin de que éste coincida verdaderamente con la rea­
lidad nacional y el gobierno y el Estado en su conjunto sea siem­
pre una expresión genuina de la nación.
Son nuestras convicciones, nuestros ideales, por lo que las di­
putadas y los diputados del Partido Acción Nacional hacemos
nuestras las legítimas aspiraciones de los indígenas de México. Sa­
bemos bien del orgullo de cada indígena por su cultura, por sus
raíces, por sus tradiciones, por su historia; sabemos bien del orgu­
llo de la lengua que habla cada una de las etnias de nuestro país,
del clamor indígena por ser tratados no sólo con dignidad, sino
por asegurar que el Gobierno haga presentes las oportunidades
para su desarrollo (Armando Salinas Torre, Diario de los Debates, 15
de marzo, 2001).
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
125

R econocem os el mismo tipo de retórica interesada y nacio­


nalista que se utiliza al com ienzo de los debates sobre inmigra­
ción en Europa occidental, analizados en mi libro Racismo y dis­
curso de las élites: nuestra nación y, en especial, nuestro partido
celebran los ideales más altos de la humanidad, los derechos hu­
manos y la igualdad entre todos los pueblos. A pesar de ello, en
el prim er párrafo de este fragmento, el orador inserta las palabras
clave de la ideología liberalconservadora del PAN, su individua­
lismo y la referencia a las «libertades»; de este modo, los indíge­
nas (a los que él denom ina «comunidades naturales») se suponen
objeto de reconocim iento y de respeto, así com o se les otorga
un lugar y una participación en el gobierno de la nación. N o
obstante, el orador esgrime una condición: sólo puede cumplir­
se lo anterior cuando los indígenas estén dentro de la jurisdic­
ción del Estado.
Muchas de estas formulaciones en apariencia positivas de re­
conocim iento de los indígenas sólo pueden entenderse por
completo si se porm enorizan sus múltiples proposiciones implí­
citas. Así, cuando los zapatistas no aceptan la jurisdicción del
Estado sobre las tierras indígenas, y piden su autonom ía, no
pueden pretender ser reconocidos y respetados. El últim o pá­
rrafo es el lugar clásico de la retórica y de la argum entación
proindígenas, ya mencionadas: com partimos las legítimas aspi­
raciones del pueblo indígena y reconocemos el orgullo que su­
pone su propia lengua y cultura. En efecto, todas las ideas clave
de los alegatos indígenas están aquí resumidos en un form ato
repetitivo que incluye el alegato simbólico de la «dignidad» y el
alegato material del «desarrollo». Este topos no se presenta com o
una mera opinión sino que se introduce con el uso reiterativo
del concepto de «convicción» y, en el último párrafo, con la no­
ción de los «ideales», táctica que podríamos definir com o «sin­
ceridad ideológica». En resumen, el hecho de com partir las as­
piraciones del otro grupo no representa un criterio superficial
sino un juicio que se expresa retóricam ente y se subraya com o
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
126 ---------------------------------------------------------------------------------------

profundam ente sentido, honesto y piedra fundamental de nues­


tras creencias.
Para suavizar los polos N O S O T R O S /O T R O S que organiza,
por definición, cualquier acto de habla político sobre los «otros»,
el orador utiliza la conocida estrategia de «nuestro grupo/su
grupo» mediante la fórmula «hacer nuestras, sus...», haciendo
hincapié en el hecho de compartir, y, por extensión, la unidad
nacional. D entro de los parámetros generales de la retórica
proindígena, la tendencia actual hacia el diálogo con el EZ LN se
formula en términos positivos:

Los diputados del PAN hemos estado dispuestos a recibir a los


interlocutores del Ejército Zapatista en el marco del respeto y la
legalidad. El grupo parlamentario del Partido Acción Nacional se­
guimos insistiendo, insistimos e insistiremos, pedimos dialogar y
conciliar los contenidos inscritos en la iniciativa de Ley de Dere­
chos y Cultura Indígena. En el marco de la ley, el respeto al Con­
greso y en el respeto a la representación indígena.

U na vez más, las palabras clave de la autopresentación positi­


va abundan en estos párrafos que, de hecho, pueden ser inter­
pretados como una larga negación tras la cual se espera un «pero»
contundente. Así, el PAN está, por supuesto, oficialmente a fa­
vor del diálogo y de la reconciliación. Pero una vez más, incluso
com o exim ente «positivo», las restricciones ya se han transfor­
mado en algo explícito, no sólo com o signo de respeto sino,
además, com o algo dentro de la legalidad.
En breve, y de forma indirecta, se evidenciará que recibir al
E Z L N en el Parlamento no es legal y, por ende, se rechazará el
diálogo con el Congreso. Por otra parte, los que están a favor de
recibir al E Z L N no piensan que sea ilegal invitar oradores para
que hablen ante el Parlamento, puesto que, a menudo, se invita a
jefes de Estado para que así lo hagan; para ellos, el Parlamento
tiene el poder de hacer y deshacer, de crear nuevas reglas según
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
127

convenga. El problema real es que el hecho de invitar al EZLN


representa un im portante reconocimiento simbólico y un m odo
de diálogo entre iguales, pero el PAN no está dispuesto a ir tan
lejos. Simbolismos aparte, el factor decisivo es que, por supuesto,
el PAN representa intereses poderosos (terratenientes que discre­
pan de los alegatos indígenas por ejemplo). Así pues, una nega­
ción tajante, que fuera interpretada com o una contrariedad para
el pueblo indígena (posicionamiento que no se puede defender
políticamente), necesita esconderse tras una serie de argumentos
de apariencia legal, tras unos eximentes variados que enumeran
los ideales positivos del partido, entre los cuales se encuentra el
respeto hacia la ley y que es, probablemente por definición, el pri­
mer valor al que tendrían que adherirse los legisladores. Por con­
siguiente, se formula la negación con una retórica similar, es de­
cir, en términos positivos de obligaciones de los legisladores:

Los diputados del PAN estamos conscientes de la altísima res­


ponsabilidad de nuestra representación política y función como
miembros del Congreso de la Unión. Sabemos que la soberanía
nacional reside esencial y originalmente en el pueblo y que todo
poder público dimana de éste para su beneficio. La naturaleza de
la república representativa se inscribe en la idea de que todo el
pueblo no puede, a la vez, ejercer su soberanía y que en conse­
cuencia necesita nombrar representantes que decidan por él y para
él. La república representativa significa que la colectividad dueña
de su propio destino transmite a sus representantes, que pueden
serlo por distintos títulos, la capacidad de decidir. ¡Ese es nuestro
origen y destino en la función como congresistas mexicanos! (...)
Aquel legislador que cede su espacio de representación política re­
nuncia a su máxima obligación en el mandato concebido por la
voluntad democrática del pueblo...

Hay que puntualizar, una vez más, que el hecho de negar la


voz al EZ LN nunca se explícita sino que se formula en unos tér­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
128 ------------------------------------------------------------------------------------------------

minos en exceso positivos de obligación de los miembros del


Parlamento, de reconocim iento de los valores básicos de la de­
mocracia, del poder del pueblo, aunque sólo mediante la repre­
sentación. En este sentido, la autopresentación positiva es, a la
vez, una form a de autodefensa, concretam ente de los derechos
de los miembros del Parlamento a ser los únicos representantes
del pueblo. El perm itir que otros hablen en su lugar, supondría
para ellos infringir las reglas fundamentales del juego democráti­
co. Nadie en el Parlamento niega, tampoco a nadie se le escapan
los motivos por los cuales el delegado utiliza argumentos como
la retórica de conveniencia para interrum pir el diálogo parla­
m entario con los representantes del EZLN.
Esta retórica es representativa del doble rasero que se emplea
en buena parte de los discursos políticos oficiales acerca de los
pueblos indígenas en Latinoamérica: reconocim iento formal de
sus derechos, de su cultura y de sus aspiraciones pero, en la prác­
tica, se les m antiene al margen de la estructura de poder y se les
margina socialmente. U n abismo separa la hermosa retórica
proindígena de los Parlamentos y de los partidos conservadores
del discurso sobre las condiciones de vida de los indígenas fuera
del Parlamento. Cambiar estas condiciones significa, por supues­
to, cambiar las relaciones de poder y, además, no es responsabili­
dad nuestra el miserable estado en el que se encuentran «nuestros
indios». En lugar de ello, com o otro orador dice más adelante, el
«enemigo común» es la pobreza personificada a la que se atribu­
ye la culpa de la situación indígena que podría reprocharse a los
que ostentan el poder.
O rador tras orador van reconociendo que «las comunidades
indígenas han sufrido la marginación, el olvido, durante m u­
chos, muchos años» y que m erecen toda la admiración y el res­
peto, aunque m uy pocos estén dispuestos a com partir el poder y,
menos aún, su riqueza.
En un caso concreto de conflicto político, durante la revuel­
ta de los indígenas de Chiapas, el 1 de enero de 1994, constata­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
129

mos de qué manera el discurso político formula la ideología do­


minante sobre las minorías indígenas, discurso, por otra parte,
repleto de infinidad de indicios de autopresentación positiva y
de elogio, aunque sea retóricamente paternalista sobre «nuestros
indios».
Para ver con detalle en qué contextos aparecen las nociones
de «indio» e «indígena», hemos examinado todos los pasajes de
aquellos debates efectuados entre 1994 y 1997, es decir, los últi­
mos debates del Parlamento mexicano que se pueden analizar
por palabras clave. También elegimos este período porque coin­
cide con la revuelta zapatista de 1994 y, por tanto, es simultáneo
con una época en la que se destacó la prominencia del pueblo
indígena, tanto en M éxico com o en el mundo entero.
Tal com o se deduce de lo anterior, los indígenas se m encio­
nan dentro del discurso político mexicano a menudo como parte
de expresiones tan poco claras como «comunidad(es) indígena(s)»,
«población indígena», «zonas indígenas» o «pueblos indígenas» e
incluso «hermanos/-as indígenas» si el miembro del Parlamento
es indígena.
Los contextos de referencia a los indígenas, generalmente es­
tereotipados, del discurso político mexicano son los siguientes:

• Son pobres, pasan hambre y viven en la miseria desde hace


siglos.
• Son analfabetos pero hablan sus lenguas propias.
• Están marginados, oprimidos y discriminados.
• Debemos, ayudarles, asistirles y «animarles».
• Se han levantado (ahora, en Chiapas) contra estas condicio­
nes.
• Sus demandas están justificadas.
• Cualquier intento de reforma debería tener en cuenta a la
población indígena.
• Sólo tendremos paz cuando las demandas legítimas de los
pueblos indígenas se cumplan.
D o m i n a c i ó n é t n i c a y r a c i s m o d is c u r s i v o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
130 ------------------------------------------------------------------------------------------------

• Necesitan tierra, sanidad, educación.


• Viven en el campo como campesinos.
• Necesitan su propia organización y gobierno.

Este sumario de tópicos abarca aproxidamente 1.000 usos del


térm ino «indígena». El análisis de la palabra «indio(s)», mucho
menos frecuente en la década de 1990, no altera este sumario de
contextos típicos de uso. Se utiliza también entre los propios in­
dígenas, en el compuesto «pueblos indios», para designar a la
«población» indígena (no los «poblados» indígenas).
C om o ya hemos observado en repetidas ocasiones, el discur­
so político oficial sobre los indígenas de M éxico (o de cualquier
otro lugar de Latinoamérica) es, por lo general, políticamente
correcto pero se basa en una imagen estereotipada que no ha
evolucionado. Al margen de la usual retórica paternalista no he
encontrado, en los debates parlamentarios, ninguna expresión
abiertamente racista aunque eso tampoco garantiza que las leyes
y la política favorezcan necesariamente a la población indígena.
Al contrario, su situación de pobreza perm anente y, finalmente,
la revuelta zapatista demuestran que incluso en el ámbito políti­
co las cartas no están a su favor. N o hace falta utilizar un discur­
so abiertamente racista para, simplemente, ignorar a la población
indígena. El discurso retóricam ente positivo, salvo cuando lo
emplean los delegados indígenas, no implica necesariamente po­
líticas favorables para unos u otros («nuestros indios»).
En efecto, se ha comprobado en los ejemplos anteriores que
la negativa de los políticos del PAN para admitir a los zapatistas
en el Parlamento se formula con un lenguaje correcto, educado
y positivo, lo cual no es más que una m etonim ia de la negación
más genérica de los derechos de la población indígena.
Hemos visto cóm o en Europa occidental se emplean los cor­
teses térm inos de hospitalidad y de tolerancia como prólogo a
unas políticas de inmigración restrictivas. Ignoramos por el m o­
m ento de qué m odo los políticos mexicanos se refieren a los
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
131

pueblos indígenas en contextos menos formales. Será preciso


realizar más investigaciones de análisis crítico del discurso para
responder a esta cuestión. Es posible que el discurso parlamenta­
rio positivo no sea mera retórica, quizá las expresiones política­
mente correctas que manifiestan preocupación y buena voluntad
no sean del todo hipócritas. Sin lugar a dudas algunos políticos
mexicanos, com o en cualquier otro lugar, se han comprometido
seriamente con la mejora de la situación de las minorías. Algu­
nos gobiernos, recientemente, han favorecido a las poblaciones
indígenas, también en Chiapas. Los críticos, presentes en el Par­
lamento mexicano, insisten en la insuficiencia de las medidas to­
madas y denuncian que la situación de la población indígena si­
gue siendo miserable, a lo que contribuye, entre otras causas, la
marginación racista. Por lo tanto, para aproximarnos a los verda­
deros pensamientos y a las actuaciones reales de los políticos, ne­
cesitaremos datos discursivos concretos sobre el ejercicio del po­
der y las decisiones administrativas en México.
U na de las conclusiones de nuestro modesto análisis del dis­
curso político sobre los pueblos indígenas mexicanos confirma el
postulado general de esta obra, a saber, que también aquí las éli­
tes superiores practican contra los «otros» diversas modalidades
de exclusión, marginación y problematización racistas. Debería­
mos añadir que el racismo cotidiano contra los indígenas en M é­
xico conlleva algo más que unas opiniones de la élite, un discur­
so y una legislación impuesta. Por una parte, tenemos el racismo
y la violencia habituales que ejercen los terratenientes blancos o
mestizos además del prejuicio y la discriminación de los com er­
ciantes y de los funcionarios, entre otros. Pero, por otra parte,
son estas mismas reglas de señorío las que precisamente favore­
cen algunos modos de colaboración y de protección selectiva de
los caciques locales, responsables de la violencia entre la comuni­
dad indígena. A unque también es posible encontrar a algunos
miembros del grupo dom inante de élite política, mediática o
académica, activamente comprometidos en la lucha antirracista.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
132 ------------------------------------------------------------------------------------------------

El líder del EZLN , el subcomandante Marcos, es solamente un


ejemplo destacado de dichas élites intelectuales. Queda claro que,
tanto en M éxico com o en otros lugares, el racismo no es una
simple estampa de la maldad de los blancos y la prueba de la ino­
cencia de las minorías, sino que se trata de una estructura de do­
minio intrincada en la que distintos grupos e intereses están in­
volucrados incluso de maneras contradictorias.

Discurso político y mediático en Argentina

Después del prim er encuentro con el discurso oficial sobre


«raza» y «etnicismo» en Latinoamérica tal como se expresa en el
discurso parlamentario mexicano, viajaremos al otro extremo del
continente para observar algunos datos de la prensa y de la polí­
tica argentinas.
El racismo en Argentina tiene cinco vertientes principales:

• El genocidio histórico y el racismo presente contra la po­


blación indígena mapuche.
• Los prejuicios y la discriminación actuales de la población
mestiza pobre, llamada «cabezitas negras».
• El antisemitismo.
• El prejuicio y el racismo existentes contra los trabajadores
inmigrantes, en particular de Perú, Bolivia y Paraguay.
• Los prejuicios y la discriminación contra los coreanos.

M e ocuparé brevemente de las últimas formas de racismo in­


cluidas en esta lista para centrarm e luego en la población indíge­
na m apuche de Chile. (Para Argentina, véase, por ejemplo,
Briones, 1998; R adovich y Balazote, 1992; para un estudio del
discurso político argentino sobre pueblos indígenas véase B rio­
nes y Lenton, 1997; Lenton, 1999.)
Ya he m encionado que la prensa argentina, debido a la cri­
sis actual y al popular y extendido desencanto de la política, ha
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
133

adquirido una posición de prestigio y de influencia que le


otorga unos poderes que disfrutan pocos medios de com unica­
ción. D e manera que se considera a la prensa argentina com o
el único m uro de contención frente a la corrupción política y
la mafia, com o el único recurso contra la violencia estatal y po­
licial, y, en general, com o la defensora y la voz del pueblo. Los
periodistas no están en absoluto a salvo de la violencia, lo que
se hizo evidente el 25 de enero de 1997 con la tortura y asesi­
nato de José Luis Cabezas, fotógrafo de Noticias, una im portan­
te revista política del país. El suceso tuvo un profundo efecto
en los medios y en la opinión pública debido a la participación
de la policía de la provincia de Buenos Aires y de un conocido
empresario, Yabrán, supuestamente asociado con la mafia, que
term inó suicidándose en circunstancias misteriosas. La prensa
de prestigio, por ejemplo, Página 12, Clarín e incluso el conser­
vador diario La Nación, denuncian regularm ente casos de co­
rrupción, de violencia política y otros abusos de poder. N o
cabe duda de que el ciudadano com ún preferiría hablar de la
delincuencia y de abuso del poder a un periodista antes que a
la policía.
Mi preocupación, no obstante, es ver de qué forma la prensa
argentina trata a los inmigrantes y a las minorías étnicas. En
cuestiones políticas, hacer periodismo progresista o com prom e­
tido no equivale siempre a la coherencia, como que un periodis­
ta masculino se oponga al sexismo en los medios. Lo mismo
ocurre con la cobertura antirracista de los asuntos étnicos o las
relaciones raciales por parte de los periodistas «blancos».
Así que necesitamos averiguar hasta dónde los periodistas ar­
gentinos pueden ser considerados la voz y los defensores de las
pequeñas comunidades indígenas, por ejemplo, de los m apu­
ches, de la población mestiza pobre y de los inmigrantes de C o­
rea, de Perú, de Paraguay o de Bolivia. ¿Cuál es el papel de la
prensa en la form ación y en la propaganda de estereotipos y de
prejuicios sobre éstas u otras minorías étnicas en el país? ¿Intenta
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
134 ------------------------------------------------------------------------------------------------

enm endar los prejuicios ampliamente difundidos sobre los


«otros» en Argentina? ¿Ignora a dichas minorías? ¿O las repre­
senta de forma equilibrada?
En su libro Racismo y discriminación en Argentina (1999), Víc­
tor Ram os, antiguo periodista y en la actualidad director del
IN A D I (Instituto Nacional contra la Discriminación, la X eno­
fobia y el Racismo), también presta atención al papel de los m e­
dios; en un capítulo que empieza con una cita de una de mis
obras sobre racismo en la prensa (Van Dijk, 1997), resume en
prim er lugar algunos elementos de racismo encontrados en la
prensa europea y norteamericana, para después concluir:

Justo es reconocer que no es común que la prensa argentina


adopte actitudes discriminatorias de esta gravedad. Por lo general,
los medios de comunicación locales juegan un papel positivo en
materia de integración de los inmigrantes. Aunque no faltan ex­
cepciones, en particular en las zonas de la frontera, donde los pe­
riódicos, la radio y la televisión expresan sentimientos de xenofo­
bia hacia los habitantes de determinados países vecinos. Eso pasa
en el sur con los chilenos y en el norte con los bolivianos, para­
guayos y brasileños (pág. 129).

Estas líneas representan todo cuanto el autor tiene que decir


sobre el racismo y la prensa en Argentina. El resto del capítulo
trata de la juventud y de otros temas, pero no comenta cóm o la
prensa publica y escribe sobre las minorías o simplemente las ig­
nora, a pesar de lo que sugieren el título y la temática de su li­
bro. El hecho de que Ram os describa la prensa como no discri­
minante y que, según él, los casos de discriminación suelen
encontrarse «en otras partes», en los medios fronterizos, lejos de
los medios prestigiosos nacionales de Buenos Aires, es un signo
de negación elitista del racismo, en el sentido antes mencionado.
Es posible que el hecho de que el autor sea periodista justifique
que algunas de sus presentaciones mediáticas resulten en extre­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
135

mo positivas, lo cual se corresponde con nuestras experiencias


en los Países Bajos y en otros lugares, donde muchos periodistas
tienen apuros para reconocer sus propios fallos, en especial con
respecto al ámbito de las relaciones raciales. De hecho, ¿cuándo
encontramos artículos sobre el racismo en la prensa? Q ue R a­
mos sea director del IN A D I hace que sus conclusiones tengan
aún más autoridad y, por consiguiente, al ser demasiado benévo­
las sobre la actividad periodística se convierten en una especie de
encubrim iento que no deja de ser preocupante y que precisa
de una ulterior investigación.
Es lamentable que a pesar del profundo interés que suscitan
en Argentina el análisis crítico del discurso y el análisis mediáti­
co sólo se hayan realizado, hasta la fecha, muy pocos trabajos de
análisis del discurso sobre la manera en que se trata a la inmigra­
ción, las minorías y el racismo en la prensa argentina. La obra de
la antropóloga Corina Courtis es uno de los pocos estudios en
forma de libro del discurso cotidiano sobre los inmigrantes core­
anos que también se refiere brevemente a los medios (Courtis,
2001). Junto al estudio de Carbó sobre el discurso parlamentario
referido a los indígenas mexicanos comentado anteriorm ente, el
de Courtis es uno de los pioneros en el análisis del discurso del
racismo en Latinoamérica.
Hay unos 32.000 coreanos en Argentina que se dedican prin­
cipalmente a pequeños negocios com o las tiendas de barrio y
que al igual que sus compatriotas en Los Angeles, por ejemplo,
son víctimas del prejuicio y del resentimiento que se hizo paten­
te en la revuelta de 1992 en aquella ciudad. Courtis basa sus ob­
servaciones en un cuerpo de artículos publicados entre 1988 y
2000 en los periódicos más prestigiosos de Buenos Aires: Clarín,
La Nación y Página 12. U na de sus observaciones es que los m e­
dios tienden a mostrar los negocios coreanos com o centros de
explotación de inmigrantes pobres y de evasión de impuestos; se
trata de un estereotipo que, por supuesto, suena bien en cual­
quier contexto: es progresista porque adopta la perspectiva de los
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
136 ------------------------------------------------------------------------------------------------

pobres inmigrantes y, a la vez, es coherente con los sentimientos


xenófobos anticoreanos entre algunos argentinos. Courtis cuen­
ta (pág. 66) que, ju n to a su colega Eugenia Contarini, escribió
una carta al diario conservador La Nación, subrayando que a am­
bas les parecía bastante notable que de todas las variedades de
explotación de los inmigrantes, el periódico hubiera elegido
precisamente aquella que venía a culpar a los coreanos y a los
chinos. Según ellas, esta práctica sólo sirve para disimular otras
formas de explotación, exacerbadas por las políticas públicas es­
tatales.
En otro estudio, Diego Casaravilla (2000) se centra en ciertos
artículos mediáticos sobre trabajadores inmigrantes de los países
vecinos que, por lo general, viven en condiciones precarias, es­
tán muy discriminados, son víctimas de ataques e incluso a veces
de asesinatos (véase también Casaravilla, 1999, y además muchos
informes sobre derechos humanos, por ejemplo, www.derechos,
org.normaliza). N o es sorprendente pero sí llamativamente pare­
cido con los resultados europeos sobre el racismo y el prejuicio
antiinmigración lo que el autor descubre con relación a las estra­
tegias mediáticas y otros discursos que estigmatizan a los inm i­
grantes trabajadores. Su estudio se detiene, en particular, en el
discurso público sobre el intento (frustrado) de aprobación de
una ley de inmigración negativa. El autor define 16 de las estra­
tegias utilizadas con este fin, entre ellas la asociación directa entre
inmigrantes y delito, la manipulación arbitraria de las estadísticas
(tantos inmigrantes com eten tantos delitos), la identificación de
sospechosos o detenidos (cuando se verifican sus documentos)
ju n to a delincuentes, el m ito de que los inmigrantes delinquen
para evitar la deportación, la interpretación de la documentación
falsa com o prueba de que quieren delinquir, la asociación de los
inmigrantes indocumentados con las mafias, la relación de los in­
migrantes con la inseguridad, la agresión, el desorden, etcétera,
y la amenaza de una invasión masiva de inmigrantes, entre otras
muchas.
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
137

Estas mismas estrategias y sus ejemplos se encuentran leyendo


la prensa española (o europea), cuyo discurso mediático y políti­
co se ha estudiado anteriorm ente (acerca del discurso de la pren­
sa argentina sobre inmigrantes, véase también Courtis y Longo,
2001; Margulis, 1998).
C om o ya hemos comprobado, el discurso cotidiano de los
ciudadanos de a pie refleja a m enudo estas imágenes mediáticas
sobre los inmigrantes. (Para estudios sobre el discurso cotidiano
referido a inmigrantes en Argentina, véase Caggiano, 2000, 2001;
Margulis, 1998.)
Al no disponer de otros datos cuantitativos sistemáticos o de
análisis del discurso mediático argentino referido a la inmigra­
ción, nos formaremos una idea más exacta si examinamos la car­
ta publicada por La Nación, que escribió Amílcar E. Argüelles,
antiguo ministro de Sanidad del gobierno militar del dictador
R oberto Viola y vicepresidente de la Academia de las Ciencias.
Esta carta es tan reveladora de las actitudes e ideologías racistas de
la derecha argentina que merece ser transcrita en su integridad:

Recientes estudios sobre la población argentina demuestran


que la salud ha empeorado por aumento de la enfermedad de
Chagas, meningitis, tuberculosis, parasitosis y, particularmente, el
cólera, hasta hace poco desconocido en nuestro país. Este alar­
mante aumento de la morbilidad se relaciona con el ingreso de la
inmigración ilegal sudamericana que, en aumento, se hacina pro­
miscuamente en la periferia de Buenos Aires y en otras zonas ru­
rales de Misiones, Chaco, Formosa, Salta, Jujuy y toda La Patago-
nia, con lo que introduce enfermos chagásticos, parasitados y casos
de cólera de Bolivia, Perú, Paraguay y Brasil. En el Gran Buenos
Aires, la contaminación es ya gravísima. Los últimos exámenes
médicos para conscriptos registraron déficit de estatura de diez a
doce centímetros en los adolescentes de zonas de frontera y Gran
Buenos Aires en relación con los del resto del país. Dos tercios del
presupuesto de los hospitales públicos argentinos se gasta en pacientes in­
migrantes sudamericanos. Pero más grave aún que el empeoramiento
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t i n a
138 -------- :------------------------------------------------------------:--------------------------

de la salud de nuestra población es el descenso de los niveles intelec­


tuales y de escolaridad que se está observando, debidofundamentalmente a
la incorporación creciente defamilias indocumentadas de pulses cordillera­
nos y limítrofes. Desgraciadamente esa corriente entre legales e in­
documentados ya es de millones de inmigrantes, gran número de
ellos con capacidad mental limitada por siglos de desnutrición, de sus an­
tepasados e infancias, por carencias vitamínicas y de aminoácidos
esenciales para el desarrollo cerebral, necesario para su educación.
Ante el bajo índice demográfico de las familias argentinas, el nota­
ble número de nacimientos entre los inmigrantes sudamericanos de menor
nivel intelectual llevará a una reducción apreciable del promedio intelectivo
de los habitantes de nuestro país. Ya Estados Unidos, con grandes
recursos naturales y amplia disponibilidad de capital y gran fuerza
laboral, retrocedió ante los países que basaron su desarrollo en las produc­
ciones «cerebrointensivas», condición que sólo es posible si existe una po­
blación con capacidad intelectual destacada. Los países adelantados re­
quieren ya poseer la mitad de su población menos educada con
capacidad para controles de equipos y manejos computadorizados,
como ya ocurre en Japón y Alemania. Por ello un descenso del nivel
de capacidad cerebral de nuestros pobladores por migraciones subdotadas
condenaría al país a un desarrollo parcial y detenido. Ya no es po­
sible soslayar que la subcultura de una inmigración aluvional de bajo
nivel intelectual en nuestro país nos impide lo que debe ser una existencia
civilizada y está en pugna con los valoresfundamentales sobre los que ba­
sar un proyecto nacional. (...) Postergar la realización de estas accio­
nes arriesgará nuestra soberanía territorial y mas grave aún, traerá
un monstruoso crecimiento de arrabales contaminados tercermundistas, po­
blados por subdotados, en detrimento del nivel intelectual y cultural nacio­
nal y del desarrollo y la competitividad de la Argentina del Siglo
XXI (La Nación, 21 abril de 1994; cursivas en el original).

Tal com o sugirió Margulis (Margulis, 1998), sería m ejor no


com entar esta carta, puesto que habla por sí misma. N o obstan­
te, en el marco del análisis crítico del racismo de élite de esta
obra, es preciso hacer algunos comentarios analíticos.
R a c i s m o .y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
139

En prim er lugar y por coherencia con la temática de este li­


bro, debería recordarse que se trata de un ejemplo característico
del discurso de élite: el autor es un antiguo ministro de Sanidad,
médico especialista y vicepresidente de la Academia de las C ien­
cias. En segundo lugar, podemos deducir sus tendencias políticas
a partir de su participación en el régimen militar de Viola y por
la consonancia de su carta con la ideología fascista. En tercer lu­
gar, para demostrar de qué forma las élites mediáticas y militares
pueden estar íntim am ente relacionadas, sólo hace falta constatar
el notable acceso que La Nación, periódico nacional de gran ti­
rada, concede a Argüelles. Se mitigaría la relevancia de la carta
aduciendo que se trata de un caso aislado y que su autor es un
viejo racista o fascista. Sin embargo, el hecho de que un periódi­
co de tanta relevancia publique dicha carta la convierte automá­
ticamente (junto a los credenciales de «ministro» al lado del
nom bre de su autor) en una autoridad con acceso al dominio
público. En efecto, el diario es totalm ente corresponsable de la
publicación de esta carta y de las ideas contenidas en la misma.
Por ahora no podemos saber cuántos argentinos com parten las
ideas que en ella se expresan, pero estamos seguros de que no se
trata de un puñado de marginales puesto que, de ser así, la carta
nunca se habría publicado.
Por lo que se refiere al contenido y al estilo del escrito en
cuestión, debemos decir que, sencillamente, concuerda con la
expresión más fiel de una ideología racista, incluso desprovista de
los eximentes o del estilo indirecto habituales. Puesto que un
análisis detallado de la carta ocuparía el resto de este capítulo, re­
sumiremos solamente sus características esenciales:

• Legitimación pseudocientífica de creencias racistas.


• Falaz abuso de la jerga científica a m odo de argumento de
peso.
• Discriminación de «otros» distintos por motivos de raza o
de etnia.
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
140 -----------------------------------------------------------------------------------------------

• Abuso de hipérboles y de terminología alarmista (alarman­


te, gravísima, monstruosa, etcétera).
•Juego de números: abuso de estadísticas (por ejemplo, dos
tercios del presupuesto de los hospitales públicos se destina
a los inmigrantes, etcétera).
• Presupuesto racista de la superioridad intelectual propia (el
nivel de inteligencia desciende, debido a la inmigración) y
falso presupuesto acerca de la supuesta falta de inteligencia
de los inmigrantes.
• Argumentos pseudocientíficos y racistas sobre las condicio­
nes genéticas de la inteligencia y de la conducta de los
«otros» (étnicamente distintos).
• El argum ento racista consuetudinario acerca de la alta tasa
de natalidad entre los inmigrantes (comparada con «nuestra»
baja tasa de natalidad), sin explicar que suele bajar y adap­
tarse a la del país de acogida.
• Culpabilización de los inmigrantes por el declive económ i­
co del país.
• Representación de los inmigrantes como una amenaza para
nuestra civilización, sistema sanitario, bienestar social, etcé- «

tera.
• Polarización de «nosotros» (desarrollados, civilizados, inteli­
gentes, saludables, etcétera) y «ellos» (atrasados, ignorantes,
enfermos, etcétera).

El resto y los detalles del texto, ju n to a todas las suposiciones


e implicaciones, no necesita de más comentarios. Ignoro si esta
carta causó un escándalo en el país; supongo que no fue así y
que, en todo caso, sería considerada com o un poco extremista
y demasiado «sincera» en sus planteamientos.
Por desgracia, sus nociones racistas coinciden con las de m u­
chas élites conservadoras, tanto de Europa como de Latinoamé­
rica, a pesar de que sus planteamientos quizá ya no se consideren
políticam ente correctos. Son muchos los argum entos plantea­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
141

dos en esta carta que todavía rigen los debates parlamentarios


sobre inm igración en Europa. Extremista, y también caracterís­
tica del texto, es la noción abiertam ente racista de «nuestra» su­
perioridad intelectual y de la «contaminación» que representa la
inmigración de gente «inferior» para nuestra raza. Las investiga­
ciones futuras deberían poner de manifiesto si este tipo de opi­
niones son compartidas p o r la sociedad argentina. Por lo que a
nuestro debate se refiere, es muy im portante comprobar que di­
chas ideas, en efecto, están presentes y que, además, tienen ac­
ceso a los periódicos de mayor tirada y, por ende, al debate pú­
blico.
Podría aducirse que el texto de Argüelles es una aberración,
una excepción, que la mayoría de políticos argentinos son emi­
nentem ente democráticos y antirracistas. Existen por desgracia
demasiados indicios de exculpación masiva de las élites políticas
argentinas, pero la legislación antiinmigración reciente (y su de­
bate político inherente) ratifica estas actitudes.
Para proporcionar otro ejemplo citaremos algunos fragmen­
tos del debate parlamentario celebrado el 14 de marzo de 2002
sobre la abolición de una ley relativa a la modificación de encar­
celamientos (agradezco a C orina Courtis que me señalara este
ejemplo). Cuando se trata el tema de la seguridad, se sostiene
que en Argentina es imprescindible que bajen los niveles de in­
seguridad percibidos, y el parlamentario prosigue:

Sr. Pichetto: Es imprescindible debatir fuertemente una ley in­


migratoria en la Argentina y avanzar en esta materia. De ninguna
manera hago un planteo xenófobo ni creo que los autores de los
delitos que se cometen sean solamente inmigrantes clandestinos o
ilegales. Simplemente señalo un dato de esta sociedad y creo que
es importante analizar esta temática.
Debemos contar con una ley de inmigración seria y responsa­
ble como la que tiene cualquier Estado moderno. No puede ha­
ber ilegales en el país que cometan ilícitos, y si los hay, inmediata­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
142 ------------------------------------------------------------------------------------------------

mente debemos deportarlos. No nos tenemos que hacer cargo de


este tema.

U na de las asociaciones más frecuentes, tanto en Europa


com o en Latinoamérica, es la de inm igración (o minorías resi­
dentes) y delincuencia. En Argentina se atribuye habitualmente
el notable aum ento del índice de criminalidad a los inmigrantes
pobres de Perú y Bolívia. El señor Pichetto lo confirma así en su
discurso al emplear dispensas típicas tales como «de ninguna ma­
nera hago un planteam iento xenófobo», etcétera. En efecto, al
igual que siempre ha sucedido en los partidos políticos europeos
de derechas, se propone deportar a aquellos inmigrantes que ha­
yan com etido algún delito. El señor Scioli, colega de Pichetto,
apoya este extremismo e incluso lo reafirma al pronunciar las si­
guientes palabras:

Sr. Scioli.- Señor presidente: quiero poner mucho énfasis en


este punto que está describiendo el señor diputado Pichetto, por­
que nada tienen que ver las características de los inmigrantes que
hoy están llegando a nuestro país, especialmente a nuestras grandes
ciudades, con las de aquellos inmigrantes italianos y españoles que
han hecho grande a nuestra patria, cuando vinieron a trabajar y a
poner industrias.
Esto se ve claramente reflejado en el caso concreto de muchos
delitos que están azotando la ciudad de Buenos Aires con tours de
delincuentes que vienen de otros países, con tours sanitarios que
vienen a ocupar nuestros hospitales, con delincuentes que vienen
a usurpar casas y a ejercer la prostitución.
Argentina hoy vive al revés: estamos exportando ingenieros y
científicos, y estamos importando delincuentes. Esto no significa
ir contra la inmigración. Tenemos que tomar los ejemplos de
otros países, como España, que ha producido un sinceramiento en
la situación y protegido a los suyos.
Por eso tenemos que empezar a proteger a nuestra gente, san­
cionando una ley migratoria que contribuya a erradicar gran par­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
143

te de la delincuencia, porque como bien se dijo aquí, la deroga­


ción del «dos por uno» no es suficiente.

Es interesante darse cuenta en este ejemplo de que, aparte de


la directa y familiar asociación de la inmigración con la delin­
cuencia, o con el abuso de los servicios sanitarios y sociales, el
señor Scioli también realiza una distinción entre «antiguos» y
«nuevos» inmigrantes donde califica, obviamente, a los primeros
de óptimos para Argentina, pero no así a los segundos quienes
apenas hacen contribución alguna al país. Del apellido Scioli po­
dría sospecharse que es de ascendencia italiana, con lo cual acla­
ra la distinción que hace entre unos inmigrantes y otros. Este an­
tagonismo podría explicarse en los términos de la conocida
categorización de los «establecidos» y los «de fuera» (Elias y Scot-
son, 1965). N o obstante, este caso es todavía más grave ya que
una reacción negativa de ese tipo no se refiere a ningún recién
llegado, sino que se emplea selectivamente contra aquellos que
se perciben como «racialmente» distintos, por ejemplo los que tie­
nen un aspecto «más indígena» o los inmigrantes pobres de Perú
y Bolívia. U na vez más se trata de un racismo parecido al que se
da en Europa occidental contra los inmigrantes, y que se dirige
de manera selectiva según sean más o menos evidentes las «dife­
rencias», es decir, hacia la mayoría de individuos de Africa, Asia
o Latinoamérica, o a los de una cultura más o menos distinta,
com o los turcos en Alemania y en los Países Bajos. La conocida
estrategia de la autorrepresentación positiva y de la presentación
negativa de los «otros» que caracteriza el discurso abiertamente
racista del señor Scioli se apoya en una retórica de contrastes que
opone la inmigración antigua (buena) a la nueva (mala), y, tam­
bién, en la imagen especular que contrasta la exportación de
personal altamente cualificado con la importación de delincuen­
tes. N o satisfecho con esto, a estos patrones de generalización hi­
perbólica y explícita sigue alguna disculpa rutinaria, por ejemplo
cuando asegura que personalm ente no está contra la inm igra­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t i n a
144 ------------------------------------------------------------------------------------------------

ción. Nótese que, finalmente, en su referencia positiva a España


y a la ley de extranjería española, vuelve a introducir un elemen­
to de confrontación de grupo local/grupo ajeno cuando alega
que España proteje a los «suyos».
En Argentina, estas formas de racismo abierto tampoco sue­
len estar consensuadas, y no aparecen en el discurso público. Por
este motivo Scioli se ve interrum pido por otro miembro de su
propio partido, el señor Galland, que le acusa de estar llevando al
país hacia la peor de las xenofobias. Este com entario recibe la
ovación del resto de representantes. Gallard recuerda brevemen­
te que en Argentina existen leyes para atajar el delito y que éstas
deberían ser aplicadas tanto a los argentinos com o a los extran­
jeros.
Sin embargo, estas reflexiones van seguidas del com entario
del prim er orador, Pichetto, quien subraya que ni él ni el señor
Scioli están «sosteniendo la bandera de la xenofobia». U na vez
más, este tipo de mitigación sirve para introducir un ejemplo de
delito (en este caso, asesinato) com etido por inmigrantes «ilega­
les», que según el orador tiene «características transnacionales» y
que atribuye a «quienes vienen a la Argentina a robar autom oto­
res». D e este modo, tanto el asesinato como el hurto de vehículos
quedan definidos com o «delitos extranjeros», lo que exime a
los argentinos, o al menos puntualiza, que no son ellos quienes lo
hacen más a menudo.
U na vez más no disponemos de datos suficientes para averi­
guar qué proporción de la población comparte estos puntos de
vista xenófobos de los políticos argentinos. Ahora bien, la ova­
ción recibida por el orador que critica aquellos planteamientos
racistas sugiere que muchos parlamentarios los consideran extre­
mistas, tal y com o sería el caso en Europa.
A un así, eso no significa que otras formas más moderadas de
racismo o de xenofobia no sean compartidas por muchos, como
sugiere la legislación argentina antiinmigración (para más refe­
rencias y detalles sobre racismo en Argentina véase: Margulis y
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
145

Urresti, 1998; N oufouri y otros, 1999. Para estudios sobre el ra­


cismo en libros de texto, que no nos es posible comentar en esta
obra, véase: Gvirtz, Valerani y Cornejo, 2000).

Discurso mediático en Chile

Cruzaremos los Andes hacia el oeste, hasta llegar a Chile, el país


vecino. Las relaciones étnicas en Chile se definen en términos
de las relaciones entre una gran mayoría europea, descendiente de
emigrantes españoles, italianos, alemanes, etcétera, y los m apu­
ches, que representan aproximadamente un 94 por ciento de las
minorías indígenas (los aymara al norte del país representan un 4
por ciento y los rapanui en la Isla de Pascua un 2 por ciento).
C on la actual inmigración de Perú y Bolivia ha aumentado el ra­
cismo contra estas minorías (según datos encontrados mediante
el buscador Google, en agosto de 2002 existían más de 700 sitios
en Internet que documentaban el racismo en Chile hacia las m i­
norías peruana y boliviana). En esta sección nos centraremos en
el racismo hacia los grupos indígenas mayoritarios, es decir, ha­
cia los mapuches.
Históricamente se conoce a los mapuches (es decir, el tópico
los describe) com o valientes guerreros que resistieron la ocupa­
ción española durante casi 300 años hasta que sus tierrras al sur
del río Biobío, también conocidas como Araucanía, fueron colo­
nizadas paulatinamente por los españoles y por otros inmigrantes
durante el siglo xix, después de que Chile se independizara en
1810. Durante siglos, desde el genocidio de los mapuches, eufe-
místicamente conocido como «la pacificación de la Araucanía»,
hasta el presente el mayor conflicto entre los mapuches y los es­
pañoles y, posteriormente, el Estado chileno, se ha concentrado
en las tierras mapuches y en sus recursos (Barra González, 2000;
Barrera, 1999; Bengoa, 1999; Millamán Reinao, 2001; Vítale,
2000).
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
146 ----- ------------------------------------------------------------------------------- ------------

El discurso público actual, tanto en lo político com o en la


prensa, se centra tam bién en la reclamación de las tierras por
parte de los mapuches, principalm ente en el sur de Chile, don­
de las poderosas madereras e hidroeléctricas, como Raleo, tienen
grandes intereses que están en conflicto con los de los mapuches
(Johnston y Turner, 1999; Nam uncura, 1999). Por este motivo,
los titulares recientes de los periódicos suelen referirse a éstos y a
otros conflictos relacionados con el hecho de que los mapuches
«ocupan» (o m ejor dicho, reclaman sus) tierras, im piden la tala
de árboles o se movilizan contra las empresas que negocian allí.
Estas historias suelen referirse a la intervención de los carabine­
ros (policía nacional de Chile), a la resistencia y detención de los
activistas mapuches o a la solidaridad internacional hacia los in­
dígenas mapuches. Dicha cobertura sugiere que los mapuches
son activistas de izquierdas cuando, de hecho, están representa­
dos en todos los partidos políticos del país.
Aparte de los conocimientos necesarios para entender la his­
toria de los mapuches y las reclamaciones actuales que de ella se
derivan, debemos com prender el contenido informativo sobre
los asuntos étnicos presentes en la prensa chilena (Human Rights
Watch, 1998). Com o sucede en otros ámbitos, por ejemplo en el
de la Iglesia, las Fuerzas Armadas y la empresa, los medios en
Chile son muy conservadores, com o es el caso del periódico de
gran tirada E l Mercurio, que apoyó tanto al dictador Pinochet
com o a su gobierno militar (Dermota, 2003; Sunkel, 1983). Ese
régim en fascista fue particularm ente cruel con los mapuches,
encarceló, torturó y asesinó a muchos de sus líderes (Declaración
en Londres, 1978, de mapuches en el exilio; véase también M i-
llamán Reinao, 2001).
O tros periódicos son menos conservadores, por ejemplo E l
Sur y La Tercera (que, no obstante, también fue partidario de Pi­
nochet durante su régim en militar). Otros, com o La Segunda y
La Cuarta, son tabloides. Al contrario de otros países latinoame­
ricanos, la prensa influyente, crítica, independiente y de calidad
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
147

apenas existe. Las fuerzas conservadoras dominantes, que tampo­


co toleran la práctica del divorcio ni el aborto en su país (uno de
los pocos que quedan en el m undo), no perm iten el desarrollo
de una prensa crítica e independiente. La Época, el único perió­
dico algo más crítico que el resto, se vió obligado a cerrar tras
una breve existencia, al ser incapaz de conseguir financiación
mediante la publicidad. D entro de esta amplia perspectiva han
existido alteraciones importantes por lo que se refiere a las acti­
tudes de la prensa durante la dictadura, la transición y la dem o­
cracia actual. Nos pesa no disponer del espacio necesario para
describir detalladamente las actitudes y el desarrollo de las mismas
en la prensa chilena (para más detalles, véase Dermota, 2002).
Quizá esta situación sea la causa de que pocos chilenos lean
la prensa de forma regular. La inmensa mayoría depende de la
televisión para informarse. Afortunadamente, la variedad de opi­
niones es algo más frecuente en este medio, aunque el católico
Canal 13 no represente exactamente a las fuerzas progresistas,
com o se desprende de su rotunda negativa a divulgar una cam­
paña estatal contra el sida que recomendaba el uso de condones.
En tales circunstancias no se espera que la prensa pueda ser
muy positiva cuando informa de la situación actual de los mapu­
ches. E l Mercurio representa los intereses de la política de dere­
chas, de las Fuerzas Armadas y del sector empresarial, ninguno
de estos grupos es conocido por ser un ferviente defensor de los
mapuches ni de sus reivindicaciones de tierra. Esta actitud no
puede considerarse novedosa, pues ya en 1859 E l Mercurio publi­
có lo siguiente sobre los mapuches:

Los hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los


animales selváticos, sin provecho del género humano; y una aso­
ciación de bárbaros, tan bárbaros como los pampas o como los
araucanos, no es más que una horda de fieras, que es urgente en­
cadenar o destruir en el interés de la humanidad y en el bien de la
civilización (El Mercurio, 24 de mayo de 1859).
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
148 ----------------------------------------------------------------------------------;-------------

Por supuesto que esto no significa que la prensa pueda seguir


publicando artículos explícitamente racistas contra las minorías
étnicas, porque también en Chile esta práctica ha dejado de ser
políticam ente correcta (para analizar un ejemplo de representa­
ción sutil e indirecta, publicado en E l Mercurio, sobre la «amena­
za» que representan los mapuches, véase M erino, 2001). Lo que
sucede es que tanto en la selección com o en los tópicos y en el
análisis de estilo de los artículos periodísticos sobre conflictos se
asocia a los mapuches con problemas, acciones y ocupaciones de
la tierra, cuando no directamente con violencia. Así, si en otras
épocas se les representaba com o bárbaros o beodos, en la actua­
lidad se les tilda de extremistas o de terroristas. El resto de ar­
tículos sobre los mapuche es, esencialmente, folclórico (lengua­
je, costumbres, etcétera) y aunque tiene una apariencia inocente,
com o ha demostrado Eugenia M erino en su investigación, no
está libre de estereotipos (Merino, 2000).
E n la conclusión de su tesis doctoral sobre cobertura de los
mapuches en la prensa, Berta San M artín afirma que a pesar de
existir algunas afirmaciones explícitamente racistas contra los
mapuches, los periódicos en general utilizan abundantes estrate­
gias indirectas para representarlos de form a estereotipada y pre-
judiciosa, es decir, com o atrasados, irracionales, irresponsables,
violentos, delincuentes y opuestos al progreso (San M artín,
2002). Las escasas historias positivas sobre los mapuches hablan
de los valientes guerreros de antaño, ya fallecidos, o de aconteci­
mientos folclóricos. C om o sucede en la prensa de otros lugares
cuando se refiere a minorías, San M artín confirm a que ha en­
contrado en su investigación que el grupo y la cultura dom inan­
tes (los no mapuches o «winkas») se representan com o muy su­
periores, que raramente se citan las fuentes de inform ación
mapuches, que los artículos nunca se escriben desde una pers­
pectiva mapuche y que éstos nunca son descritos más allá de es­
tereotipos, es decir, en roles concretos de maestros, académicos o
empresarios. Aparte de esta estrategia de presentación negativa
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
149

de los «otros», San M artín encontró también una marcada ten­


dencia a la conocida estrategia ideológica de pasar por alto
«nuestros» defectos: las agresiones históricas y contemporáneas
de los «winka» y su explotación de los mapuches, hechos que se
mitigan, se niegan o se ignoran.
Para ilustrar estas conclusiones, tanto de los estudios previos
com o de los actuales, acerca de la situación en Chile (que, a la
sazón, usan, confirman, ilustran y amplían mi trabajo preceden­
te sobre el racismo y la prensa), comentaré un ejemplo caracte­
rístico de este tipo de informaciones en la prensa con algunas
observaciones sobre un artículo aparecido en E l Mercurio acerca
de una acción mapuche en la ciudad sureña de Temuco. Cita­
mos el artículo casi en su totalidad para proporcionar una idea
clara de este tipo de cobertura típica (para más detalles, véase
D erm ota, 2002):

Temuco:
500 Mapuches Atacan Sede de La Intendencia
Iván Fredes
El Mercurio
Jueves 26 de julio de 2001

Catorce carabineros lesionados, un transeúnte herido y


120 detenidos, más millonarios daños luego que enfureci­
da turba se lanzó contra edificios, locales comerciales y
bienes públicos.
Intendenta de la Araucanía anunció posibles acciones
legales contra los manifestantes.
En acción paralela, otros grupos levantaron barricadas
y saquearon gasolinera, para robar combustible y confec­
cionar artefactos incendiarios.
TEM UCO (Iván Fredes).- Un verdadero caos en el sector
céntrico y calles aledañas de esta ciudad provocó la acción coordi­
nada de varios grupos mapuches -con un total cercano a 800 in­
dígenas-, que atacaron sin provocación alguna a efectivos de Cara-
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
150 ------------------------------------------------------------------------------------------------

bineros, edificios y bienes públicos y privados, levantaron barrica­


das y robaron combustible desde una gasolinera, para confeccionar
artefactos incendiarios.
(...)
El agresivo y violento proceder de los manifestantes contra la
sede del gobierno regional puso por momentos en peligro la inte­
gridad física de los funcionarios que trabajaban allí.
El inmueble resultó con una veintena de ventanales rotos, al
igual que las oficinas aledañas de la dirección regional del Serna-
tur, cuyos tres funcionarios debieron arrastrarse por el piso para
evitar ser alcanzados por una lluvia de piedras lanzadas al interior.
Los disturbios fueron los más graves que han ocurrido en la
ciudad hasta la fecha. Dejaron a 14 efectivos policiales lesionados,
un transeúnte herido y 120 detenidos, además de millonarios da­
ños en edificios, locales comerciales y bienes públicos.
Se desarrollaron al concluir una marcha pacífica a la que ha­
bía convocado la agrupación mapuche Consejo de Todas las Tie­
rras, con apoyo de otras diez organizaciones indígenas, para protes­
tar contra la reforma procesal penal, en vigencia en la región desde
diciembre último.
Ello a raíz de al menos una docena de investigaciones que ins­
truyen los fiscales del Ministerio Público por diversas acciones de­
lictivas protagonizadas por indígenas que reivindican tierras -aso­
ciación ilícita, usurpación, lesiones, daños, robos—, las que han
derivado en la detención de sus presuntos responsables.
También en la incautación y registro de la sede de la agrupa­
ción Consejo de Todas las Tierras, liderada por el dirigente Aucán
Huilcamán -que según la intendenta reúne entre 10 y 20 comuni­
dades—, registrada el viernes último en cumplimiento de una orden
judicial, y que dio origen a una masiva y violenta manifestación.
Tanto organizaciones como grupos de comuneros mapuches
investigados por reiteradas ocupaciones a predios de empresas fo­
restales y particulares han adoptado la decisión de resistir y enfren­
tar el cumplimiento de las órdenes judiciales. Estas han sido dictadas
por casos de ataque a personas, emboscadas, sabotajes, incendios,
secuestro, robos de madera y especies.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
151

En la madrugada del martes último indígenas de la comunidad


de Cherquenco, comuna de Ercilla, ocasionaron heridas a cuatro
funcionarios de la Policía de Investigaciones, cuando éstos inten­
taron rescatar a un comunero detenido por orden judicial, la que
contemplaba también el arresto de otros cinco indígenas, imputa­
dos de asociación ilícita, secuestro, robo, daños y tenencia ilegal de
armas.
(■••)
Acciones similares, a las que agregaron la destrucción de seña­
les de tránsito, instalación de grandes piedras y neumáticos encen­
didos, se repitieron en al menos otras cuatro intersecciones de la
vía, la más transitada de la ciudad, generando un caos en el tránsi­
to vehicular.
La autoridad policial dispuso el despliegue de 300 efectivos de
fuerzas especiales, apoyados por dos carros lanzaguas, dos lanzagn-
ses y al menos tres buses, desplegados en calles aledañas, para evi­
tar cualquier asomo de provocación.
(...)
Sin mediar provocación, el contingente de seguridad fue ata­
cado con una lluvia de piedras lanzadas con boleadoras y hondas,
en tanto que otros mapuches se aproximaron a menos de un me­
tro de los policías para asestar golpes de chueca en sus piernas.
El piquete, virtualmente acorralado bajo el ataque de inusitada
agresividad, lanzó un artefacto lacrimógeno para dispersar a los
manifestantes. A partir de ese momento intervino el resto de la
policía, que empleó todos los recursos para detener y controlar a
los indígenas.
Estos continuaron los enfrentamientos empleando chuecas,
boleadoras, hondas y bombas incendiarias, e incluso en peleas
cuerpo a cuerpo. Simultáneamente, otros grupos mapuches pro­
vocaban desórdenes en calles aledañas y la avenida Caupolicán.
También otro grupo saqueó e intimidó a los empleados de una
gasolinera en Caupolicán con Rodríguez, donde exigieron la en­
trega de combustible para confeccionar bombas incendiarias.
Los manifestantes concentraron también su acción al interior y
alrededores de la Plaza Aníbal Pinto, donde los transeúntes, inclu-
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
152 ------------------------------------------------------------------------------------------------

so madres con sus hijos pequeños, debieron buscar apresurado re­


fugio en galerías comerciales, para así protegerse de las piedras y
los efectos de la acción del carro lanzaguas y los gases lacrimóge­
nos.
En la refriega resultó herido un transeúnte que realizaba trámi­
tes bancarios en una sucursal de las inmediaciones.
(•••)
La intendenta Belmar, que en un comienzo había minimizado
las acciones de violencia perpetradas por comuneros indígenas y
culpado a la prensa de magnificar los hechos, admitió ahora que
los indígenas habían actuado con una agresividad y violencia inu­
sitada.
«La mayoría de las marchas son sin autorización, pacíficas, y se
limitan a entregar una carta», subrayó. Puntualizó que en la mar­
cha participaron entre 380 y 400 mapuches, según Carabineros.
La intendenta dijo que se evalúan los daños para interponer
acciones legales contra el Consejo de Todas las Tierras.

Com o ya hemos visto, existen pocas dudas acerca de quién es


el malo y quién es la víctima en este tipo de noticia. Los mani­
festantes mapuches se representan com o agresivos, violentos e
irracionales. La perspectiva general es la que aporta la policía
que, según sus portavoces, ha sido atacada «sin que mediara pro­
vocación», de lo cual desprende que el ataque es irracional.
Aunque un párrafo más adelante inform e de que el edificio de
una organización mapuche ha sido ocupado por la policía, pare­
ce no ser un motivo legítim o suficiente para la manifestación
(véase también el análisis de M erino, 2001).
En el titular principal también encontramos un popular ju e ­
go de cifras («500 mapuches»), el térm ino negativo «ataque» y a
los mapuches com o actores y responsables principales del mis­
mo. El subtítulo nos relata a continuación el papel desempeñado
por el resto de participantes, es decir, la policía, en términos tó­
picos y subjetivos y los coloca com o víctimas/pacientes en lugar
de en un papel activo.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
153

M ediante esta macroestrategia, el artículo en su totalidad


presenta a los mapuches, de forma sistemática, únicamente como
agentes de un acto negativo. N o sólo son agresivos, se manifies­
tan, m ontan barricadas, son violentos, atacan a la policía, destru­
yen bienes urbanos y arrojan piedras, sino que también cometen
el terrible delito de robar gasolina de las estaciones de servicio
para fabricar «cócteles molotov». Se llega incluso a especificar el
núm ero de ventanas rotas, además de un (vago) cálculo de des­
perfectos cifrados en «millones» de pesos (que en dólares, por
ejemplo, sólo serían algunos millares). El artículo culmina recor­
dando reiteradamente otros delitos cometidos por los activistas
mapuches.
C om o suele suceder en este tipo de relatos, que ya conoce­
mos a través del clásico Demonstrations ntid comumcations (Hallo-
ran, Elliott y M urdock, 1970), el hecho de que los sucesos con­
cluyeran con una manifestación pacífica sólo se menciona de
pasada y sin ningún tipo de énfasis.
C om o de costumbre, los involucrados se describen como j ó ­
venes, incluso «menores de edad», con lo cual se combina el de­
lito y la violencia con el tópico del adolescente rebelde. En otras
palabras, la narración sigue una pauta muy estereotipada de no­
ticia sobre protesta social, incluyendo una referencia del incen­
diario discurso pronunciado por el líder com o agitador político.
Quizá lo más interesante para nuestro análisis sea el conocido
uso del térm ino «supuesto» cuando se habla de la represión y de
la discriminación ejercidas por el Estado, con lo que se formulan
explícitamente ciertas dudas sobre la acción estatal contra los
mapuches o bien se trata a éstos de falsos acusadores.
Además, a lo largo de todo el artículo se describen con gran
detalle las acciones negativas de los mapuches mientras que las de
la policía se definen com o defensa propia o bien como piquetes
pasivos. Cuando finalmente se desata la actuación policial sólo se
indica que «han utilizado sus recursos para detener y controlar a
los indígenas», dejando a la fantasía del lector de qué clase de re­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r i c a L a t in a
154 ------------------------------------------------------------------------------------------------

cursos se trata. Si se efectuaron 120 detenciones resulta bastante


improbable que no mediara ningún tipo de violencia, aunque el
periódico no proporciona detalles. La evidencia, que no provie­
ne únicamente de las fuentes mapuches, es que la brutalidad po­
licial es moneda de cambio habitual en estas circunstancias.1
Cuando las madres y los niños transeúntes deben ponerse a
resguardo de los manifestantes, se cita y se tipifica, una vez más,
la acción de los mapuches mientras que de la policía, que utiliza
cañones de agua, bombas de hum o, sólo se m enciona la acción
como si las bombas de hum o y los cañones de agua funcionasen
solos, sin la intervención policial. También en este artículo cons­
tatamos el uso de tácticas gramaticales con estructuras transitivas
y el énfasis o la mitigación del sujeto según convenga al procedi­
m iento estándar.
El artículo concluye con una figura semántica de contraste
en la que el propio representante del gobierno, al que antes se
atribuía el hecho de haber «minimizado» las acciones y de haber
acusado a la prensa de exageración, ahora se le imputa haber re­
conocido que las acciones actuales de los indígenas han sido, de
hecho, violentas. La función de esta inform ación en el artículo
de prensa es confirmar y legitimar la exactitud de la prensa al na­
rrar este evento con la autoridad del representante gubernamen­
tal negando, com o de costumbre, cualquier exageración y, por
ende, cualquier práctica improcedente por parte de los periodistas.
U n análisis más detallado llevaría muchas páginas; sin embar­
go, hemos aclarado lo esencial mediante nuestra observación crí­
tica: a saber, que estamos ante un típico caso de estrategia global
de presentación negativa de los «otros», de un grupo étnico mi­

1. Hemos consultado, por ejemplo, las siguientes páginas en Internet para ob­
tener más detalles sobre la brutalidad policial contra los mapuche:
w w w .rebelion.org/ddhh/m apuchesl 10601.htm; y -150301;
www.derechos.org/nizkor/espana/doc/endesa/ denuncia.html;
www.soc.uu.se/mapuche/docs/CAPM a001127.html;
www.xs4all.nl/rehue/act/act259.html
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
155

noritario, que se caracteriza por la autopresentación positiva que


com porta el papel de víctima y por la mitigación, la negación o
la mera elisión de cualquier acción policial negativa. O tra estra­
tegia habitual en este caso es la ausencia y minimización de las
posibles causas o motivos que llevan a manifestarse, con lo cual la
violencia parece ser totalm ente arbitraria e irracional.
Hay que decir por último, que estamos ante un recuento su­
m am ente detallado de la conclusión violenta de una manifesta­
ción pacífica sobre la que, por cierto, no se facilita ninguna infor­
mación. Así, una vez más somos testigos de las clásicas técnicas
de enfatizar la mala conducta de los «otros» y de mitigar la «nues­
tra» (la de la policía, la de la prensa), tácticas que, en este caso, se
aplican para ejecutar estas estrategias generales.

Discurso político en Chile

Hay que señalar también que este tipo de discurso no es exclusi­


vo de la prensa ya que el discurso político refleja aproximada­
mente las mismas actitudes. Aunque sea posiblemente más explí­
cito en la derecha conservadora, por ejemplo entre los que
apoyan la U D I, los partidos de centro y de izquierda, tanto a ni­
vel nacional com o regional, también han practicado varias m o­
dalidades de paternalismo y de prejuicio para con el pueblo ma­
puche (para más detalles véase M erino, 2003). D e hecho, la
marginación de los mapuches también se ve reflejada en su ex­
clusión del debate político, hasta el punto de que muchos políti­
cos conservadores nunca rozan el tema. En algunos discursos
parlamentarios hemos encontrado la negación típica del racismo
ya presente en otras partes, en particular, cuando se subraya que
todos los chilenos tienen sangre mapuche (véase entre otros el dis­
curso de Eduardo Díaz, 20 de mayo de 1998). En este mismo
discurso se describe la resistencia mapuche com o un asalto a la
propiedad privada, inspirado por los extranjeros y no representa­
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
156 ------------------------------------------------------------------------------------------------

tivo del pueblo mapuche, es decir, con los conocidos métodos


de la estrategia de deslegitimación.

Discurso de élite y racismo en Brasil

El estudio del racismo discursivo en Brasil justificaría un libro


entero, por no decir varios, por las mismas y hasta por más razo­
nes que cualquier otro país de los analizados aquí. Las relaciones
raciales en este enorm e país son la quintaesencia de las del resto
del continente, con un 44 por ciento de población de origen
africano (oficialmente, según datos censales),2 aunque en reali­
dad es posible que sobrepase el 50 por ciento, y más de 200 pue­
blos indígenas, además de grupos muy variados de ascendencias
europea o asiática que, debido a tantos siglos de cruce, ha dado
lugar a una infinita variedad de aspectos físicos. N o obstante,
puesto que la población indígena representa únicam ente el 0,2
por ciento de una población actual de 160 millones de brasileños
(Ramos, 1998), la dimensión principal de las relaciones cotidia­
nas en Brasil es la existente entre blancos y negros (Reichmann,
1999; Silva y Hasenbalg, 1992).
A pesar de la enorm e complejidad de las relaciones raciales
en Brasil, las tendencias fundamentales de las relaciones de poder
étnicas no difieren demasiado de las del resto del continente. La
regla general de las relaciones étnicas, dom inio y racismo, tam -

2. Debería notarse no obstante que no sólo la mayoría de blancos sino también


muchos negros utilizan, en conversación cotidiana, los términos «pardo», «moreno»
o «mulato» para referirse a negros o a gente de tez más clara, cuando no los consi­
deran «pretos». Según el censo del año 2000, únicamente el 6,2 por ciento de los
declarantes se consideraba «preto», mientras que un 39,1 por ciento manifestaba ser
«pardo». N o obstante, comparado con el censo de 1991 existe una tendencia a que
los negros se manifiesten «pretos» en lugar de «pardos», o bien utilizan otros eufe­
mismos como, por ejemplo, «moreno», «moreno claro», «mulato», etcétera. Para más
información véase Piza y Rosemberg, 1999.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
157

bien es aplicable en este caso: los blancos (europeos) dominan a


los demás grupos de muchas maneras. Este hecho se puede ob­
servar directamente entre las clases medias y altas, en las élites, en
los centros de poder y de riqueza donde se ubica la mayoría de
gente de ascendencia europea, es decir, en la política, en los me­
dios, en la universidad, en la investigación, en la empresa, en los
tribunales, etcétera.
Ello se pone tam bién de manifiesto en la historia del «blan­
queamiento» (embranquecimiento o branqueamento), a través de las
políticas inmigratorias selectivas, de la preferencia general de
consortes (más) blancos (Piza, 2000; Twine, 1998) o de la adop­
ción de niños blancos (véase Corrcio da Bahia, 1 de julio del
2002), entre otras tantas manifestaciones de la vida cotidiana. De
la compleja jerarquía de color, de sus denominaciones y valores
asociados, se desprende que siempre es mejor ser más blanco que
ser más negro, casi siempre considerado como peor (Piza, 2000).
Los anuncios explícitamente racistas solicitan personal «de boa
apariencia», es decir, hombres y mujeres blancos (Damasceno,
2000).
Si encendemos el televisor en Brasil y nos dedicamos a mirar
una de las muchas telenovelas u ojeamos un periódico o una re­
vista, constataremos que la mayoría de rostros son blancos e in­
cluso que sus cabellos son rubios. Así pues, el hecho de ser blan­
co no es sólo estéticamente preferido (incluso entre muchos
negros),3 sino que también representa más poder social, econó­
mico, intelectual y cultural (D ’Adesky, 2001; Guimaraes, 1999,
2002; Guimaraes y Huntley, 2000; Reichm ann, 1999).
O tra característica principal del racismo en Brasil, comparti­
da con el resto de Latinoamérica y de Europa, es su negación.

3. Siguiendo la costumbre de las organizaciones afrobrasileñas actuales y de sus


líderes, para el resto de este apartado sobre Brasil utilizaremos el térm ino «negro» o
«afrobrasileño» para referirnos a todos los brasileños cuyo origen sea africano. En
Brasil también se utiliza el térm ino «afro-descendentes» para referirse al mismo co­
lectivo.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
158 ------------------------------------------------------------------------------------------------

D e forma más insistente que en cualquier otro país, Brasil ha


mantenido su negación sustentándola en una compleja estructu­
ra ideológica de «democracia racial», que fue promovida por in­
fluyentes sociólogos tales como Gilberto Freyre (Azebedo, 1975;
Guimaraes, 2002; Twine, 1998). Según esta ideología las relacio­
nes raciales en Brasil son más «cordiales» que, por ejemplo, en
Estados Unidos (Degler, 1986), con una distancia interpersonal
m enor y una polaridad m enor que entre blancos y negros (Folha
de Sao Paulo /Datafolha, 1995).
Por este motivo, muchas formas de racismo cotidiano se han
hecho invisibles e incluso en la actualidad son muchos los blan­
cos (también algunos negros) que en Brasil opinan que los pro­
blemas y conflictos sociales en su país se basan en la clase y no en
la raza. El hecho de que la desigualdad económ ica y social más
extrema, tanto a nivel latinoam ericano com o mundial, sea la
brasileña, con enormes diferencias entre la riqueza y la pobreza,
se debe a su desigualdad racial (Hasenbalg y Silva, 1988; Silva,
2000).
Para justificarlo citaremos únicam ente una estadística del
IB GE (oficina brasileña de estadísticas): el salario medio anual de
un hom bre blanco en 1999 era el doble (R$ 670 = US$ 300 al
cambio de la época) que el de los «pardos» (R$ 320) o el de los
«negros» (aproximadamente R $ 314). Esto también implica que
si nos atenemos a los ingresos, los «pardos» (mulatos) están en el
mismo escalafón de clase que los «negros» y no ubicados en una
clase interm edia entre los blancos y los negros (véase también
Silva, 1999).
En 2002, Pierre Sané, subdirector de la U N E SC O , antiguo
director general de Amnistía Internacional y originario de Sene-
gal, manifestó en una visita a Brasil que la lucha contra el racis­
m o en este país tiene un retraso de cuarenta años, debido, por
ejemplo, al hecho de que hasta ahora no habían tomado medidas
de acción afirmativa adecuadas {Jornal do Brasil, y otros periódi­
cos, 13 de ju n io de 2002).
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
159

En las últimas décadas, el m ito de la democracia racial ha sido


valorado efectivamente por lo que es, a saber, un m ito (Azevedo,
1976; Munanga, 1996). Entre 1950 y 1960 se efectuaron algunos
estudios subvencionados por la U N ESCO , a fin de docum entar
los aspectos socioeconómicos fundamentales de la desigualdad
racial, aunque ignoraron muchas de las otras dimensiones que
caracterizan al racismo (Guimaraes, 2002). Por otra parte, al ini­
cio del movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos,
entre 1970 y 1980, los científicos sociales críticos fueron apor­
tando paulatinamente una serie de datos que demostraba clara­
m ente la discriminación contra los pueblos indígenas y negros
de Brasil (D’Adesky, 2001; Hasenbalg, 1979; Lovell, 1999; M u-
nanga, 1996; R eichm ann, 1999).
Finalmente y de form a notable, los brasileños africanos se
dispusieron a fundar organizaciones y publicaciones que mani­
festaran su cultura y su orgullo negro (Fernandes, 1989; G ui­
maraes, 1999; Hanchard, 1994; Nascimento y Larkin Nasci-
mento, 2000; Santos, 2000).
En 1989, con ocasión del centenario de la abolición de la es­
clavitud, se adoptó una ley que castiga duram ente (incluso con
penas de encarcelamiento muy severas) la discriminación «ra­
cial», así com o los actos y el discurso racistas. En consecuencia,
los medios y la autoridad policial han efectuado duros ataques
contra el racismo; en otras palabras, la lucha contra el racismo en
la población negra y, al menos en teoría entre otros grupos de
élite o agencias estatales, está en auge. Este desarrollo no siempre
implica grandes cambios en lo cotidiano, tanto por lo que con­
cierne al discurso com o a las prácticas de los miembros de los
grupos dominantes. N o obstante, los indicios de debate repre­
sentan un principio de cambio.
Considerando la enorm e extensión del país, las muchas uni­
versidades existentes y la gravedad del problema del racismo así
com o de otras formas de exclusión social, sería de esperar que
existiera una ingente cantidad de estudios sobre el racismo en
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
160 ----------------------------------------------------------------------------------------------- -

Brasil. Pero nada está tan lejos de esta realidad aunque abunden
los escritos sobre la cultura negra y temas históricos, publicados
en especial durante 1988 con motivo de los preparativos para ce­
lebrar el centenario de la abolición de la esclavitud (véase, por
ejemplo, los im portantes y numerosos estudios históricos lleva­
dos a cabo por Lilia M oritz Schwarcz, Schwarcz, 1987). Existen
también diversos estudios lingüísticos y antropológicos sobre las
culturas indígenas y sus lenguas. Los que se refieren al racismo
propiam ente dicho suelen centrarse, por lo general, en la desi­
gualdad socioeconómica, destacando los diversos sectores de la so­
ciedad en los que la población negra tiene que enfrentarse a la
discriminación: m enor acceso al mercado laboral, m enor acceso
a rangos más altos, salarios más exiguos, viviendas peores, segre­
gación urbana, m enor acceso a una educación digna, etcétera.
Las modalidades simbólicas del racismo se estudian por su re­
ferencia a los medios en general y a la televisión en particular, así
com o a la educación, aunque a pesar de ello sigan existiendo
muy pocos monográficos dedicados al tema (véase referencias a
continuación). Hasta la fecha, los estudios sistemáticos sobre ra­
cismo en el discurso político son escasos y ocurre lo mismo con
los discursos de la inform ación, el científico y el jurídico, entre
otras modalidades de escritura y de habla elitistas. D e esta mane­
ra, nuestros escuetos informes han sido recabados, para esta obra,
a partir de un puñado de breves estudios, artículos, tesis, publi­
caciones de Internet y de otros análisis menos ambiciosos. La
mayor parte del trabajo que se debe efectuar sobre el discurso
del racismo sigue siendo todavía un proyecto.

Conversaciones cotidianas

Por lo general, los investigadores blancos sólo pueden especular


sobre el m odo de hablar utilizado por otros blancos cuando se
dirigen a los negros en sus conversaciones cotidianas. Los datos
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
161

fidedignos sobre este tipo de habla espontánea no suelen estar


registrados. El m ito de las relaciones raciales cordiales y el de las
relaciones sociales en Brasil sugiere que la comunicación interra­
cial también es por norm a cordial. Es posible que esto sea cierto
para muchos y en muchas situaciones, pero existen algunos datos
policiales bastante inauditos en los que se registran quejas ciuda­
danas sobre insultos racistas (recogidos por Antonio Guimaraes,
2002), que demuestran que el discurso cotidiano referido a las
relaciones raciales en Brasil puede ser hiriente y explícito. En
las tiendas, en el trabajo, en el autobús o entre vecinos, los blancos
suelen tratar a los negros en términos racistas con crudeza, como
por ejemplo «macaco», «bcsta», «vagabundo», «'Jilho da puta», «safa­
do» (insolente), «ladrao», etcétera.
Algunos ejemplos citados por la policía son:

• N egro insolente, ladrón, sinvergüenza (entorno laboral).


• Sus negritas hijas de puta, negras malolientes (entre veci­
nos).
• Estoy harta de esa raza, de esta raza que no da nada (tam­
bién entre vecinos).

En otras palabras, se tiende a asociar a los negros con anima­


les, con cualidades com o la pereza, la suciedad y la im pertinen­
cia, y se refieren a ellos o se los representa como delincuentes,
seres amorales, faltos de inteligencia o de baja estofa. Es intere­
sante notar que existen más quejas contra las mujeres y que los
blancos (hombres) tienden a insultar más a los hombres negros
que a las mujeres negras (en términos racistas). N o disponemos de
elem entos para valorar la representatividad de estas quejas en
la com unicación interracial brasileña4 pero podemos deducir,

4. «Disque-Racismo», una organización antirracista de Bahía, que recibe que­


jas por teléfono, registró 300 llamadas de denuncias por racismo en un período de
18 meses (Correio da Bahía, 14 de mayo, 2002).
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
162 ------------------------------------------------------------------------------------------------

con bastante seguridad, que estos datos de las comisarías de poli­


cía sólo representan la punta del iceberg. También hemos visto
que gracias a la ley de 1989 este discurso del racismo está actual­
m ente considerado com o delito y que, en teoría, está penado
con el encarcelamiento, aunque no suela llevarse a la práctica.
Hemos comprobado que para algunos blancos y en ciertos con­
textos, los insultos racistas no provocados son frecuentes y que
las restricciones impuestas por criterios de la corrección política
en el discurso de élite público no funcionan.

Política

C om o viene siendo habitual, desgraciadamente disponemos de


m uy pocos datos o estudios sobre el racismo en el ámbito del
discurso político contem poráneo en Brasil. La mayor parte de
estudios históricos subraya, por supuesto, el papel del Estado y
de los políticos en la instauración y el m antenim iento de la es­
clavitud. Brasil fue, en efecto, el último país en aboliría, en 1888,
y pocos fueron los políticos, blancos, entonces y aún ahora, que
mostraron interés por las poblaciones negra o indígena. N o fue
hasta la década de 1930, especialmente en el estado de Novo
(1937-1945) y durante la Segunda República (1945-1964), que
el Estado empezó a descubrir a su «povo» (pueblo), aunque tam­
bién es cierto que redujo su diversidad a una sola «raza», la brasi­
leña, evitando así el estallido de una auténtica bomba de relojería
étnica (Guimaraes, 2002, pág. 117 y ss). Estos intentos contaron
con el apoyo académico de personajes como Gilberto Freyre y con
la propagación de la conocida noción de «democracia racial»,
inspirada por él y por otros académicos. D e m odo similar, en la
década de 1970, cuando los movimientos negros comenzaron a
hacer notar su influencia, el ámbito académico y el político em­
pezaron a despertar lentamente para aceptar que Brasil no era, ni
es, una democracia racial.
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
163

U nicam ente en 1988, con motivo del centenario de la aboli­


ción de la esclavitud, el racismo fue declarado acto delictivo im ­
procedente, según el artículo XLII de la nueva Constitución.
En consonancia con otros discursos de élite, durante las últi­
mas décadas en Brasil, el discurso político oficial sobre los pue­
blos negro e indígena tiende a ser políticamente correcto, en el
sentido de que apoya retóricam ente los ideales de igualdad más
encomiables. N o obstante, no disponemos de datos sobre la for­
ma de hablar cotidiana de los políticos cuando se refieren o se
dirigen a los negros y a los indígenas, ni siquiera cuando se trata
de contextos más informales o de política local. Estos datos ten­
drían que proceder de los propios testimonios de las víctimas, y
deberían recabarse en una futura investigación, a fin de proceder
a un com pleto análisis del discurso del racismo en Brasil (para
investigaciones semejantes en los Países Bajos y en EE.UU., vé­
ase, por ejemplo, Essed, 1991).
Asimismo, por iniciativa de los parlamentarios negros, en
2001 se estableció un com ité parlamentario específico con la in­
tención de debatir el estatuto de igualdad racial, propuesto por el
diputado Paulo Paim. Es interesante resaltar que, en otoño de
2001, uno de los primeros puntos debatidos por el comité in­
tentaba esclarecer si dicho estatuto debería o no aplicarse a todos
los grupos étnicos o sólo a la comunidad brasileña más afectada
por la discriminación, es decir, los afrobrasileños; com o Paim y
otros representantes negros subrayaron: «el negro es el gran dis­
criminado» (comisión de debate, 20 de septiembre, 2001, pág.
17). O tro punto en el debate, propuesto por la representante
Tania Soares, cuestionaba si las mujeres negras en dichas circuns­
tancias recibirían un trato especial, dado que son ellas las que su­
fren de una doble discriminación (véase también Roland, 2000).
Este punto de vista fue enérgicamente rechazado por Paim, para
quien la unidad de la com unidad negra es indispensable: «es im­
portante dejar bien claro que, para nosotros, negro es negro, sea
mujer u hombre» (pág. 26). Q ueda por ver si ésta y otras inicia­
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
164 ------------------------------------------------------------------------------------------------

tivas políticas proporcionan el encuadre oficial adecuado que


perm ita llevar a cabo una auténtica mejora de los asuntos socia­
les de los negros en Brasil, p o r ejemplo la reducción del estado
de pobreza, de la discriminación, del acoso policial, un mejor
acceso a la universidad o una mayor presencia en los libros de
texto escolares, entre tantos otros asuntos pendientes para la co­
munidad negra.

Los medios

Aparte de los estudiosos del racismo, cualquier observador oca­


sional o cualquier turista que haya visto la televisión en Brasil
queda impresionado por la apabullante presencia de rostros
«blancos» en la pantalla, comparado con la cantidad de gente de
color que se ve en la calle. E n cierto sentido, la televisión refleja
una realidad social en la que poca gente de color tiene posicio­
nes de poder político, social, económico o cultural (Araújo, 1996,
2000a, 2000b; Lima, 1984, 1996, 2000, 2001).
Dado que las élites tienen un acceso preferente a los medios
en cualquier lugar, este estado de cosas implica que en Brasil los
descendientes de africanos y, en particular, los pueblos indíge­
nas, no acostum bran a ser directores de program a, realizado­
res, comentaristas, reporteros, presentadores, protagonistas de las
telenovelas o de las noticias, ni fuente alguna de interés informa­
tivo. Cuando un negro, en cierta ocasión, ocupa un lugar desta­
cado, recibe una mayor discriminación directamente proporcio­
nal al escalafón que ocupa; es, por tanto, la confirmación de uno
de los corolarios que configuran la tesis principal de esta obra, ya
se refiera a los medios o a la universidad (véase, Silva Bento,
1999: págs. 115-117).
Por los mismos motivos, también sucede lo contrario: cuando
un negro o un brasileño de color aparece en pantalla, su rol suele
ser el de sirviente o cualquier otro papel secundario en la teleno­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
165

vela, de delincuente o de víctima de la delincuencia y, cuando se


trata de los informativos, se le muestra com o un ciudadano sin
identificar, como esclavo en un reportaje histórico y, por supues­
to, como músico, bailarín, mulata sensual, mamá macumbera, et­
cétera, pero sobre todo en escenas de carnaval. Esporádicamente
aparecen como víctimas de discriminación o de prejuicio. Algu­
nas honrosas excepciones son el famoso futbolista Pelé, o músicos
com o M ilton Nascimento o Gilberto Gil, los cuales sólo son la
confirmación de la regla. En contadas ocasiones se presenta a los
negros como familias «normales» y tampoco aparecen en contex­
tos cotidianos. N o es sorprendente que con esta clase de retrato
público negativo en el omnipresente medio (74 por ciento de los
hogares tienen televisión), y dado el especial valor de las imáge­
nes y de las normas estéticas, los propios negros se consideren
feos si tienen la tez oscura y guapos si son más blancos. En efecto,
la investigación demuestra que son aún menos los negros (34 por
ciento) que los blancos (56 por ciento), quienes encuentran ne­
gativa la imagen de los negros en televisión.
Araújo (1996, pág. 248; 2000a, 2000b) lista las siguientes
propiedades de representación de brasileños africanos en la tele­
visión:

a. Se representa a los negros en términos negativos que se re­


trotraen a la época del esclavismo y su papel en televisión
es el de servidor sumiso en las telenovelas o bien el de có­
mico.
b. Las imágenes positivas no existen, por ejemplo, la repre­
sentación de negros com o líderes cuando se tratan temas a
nivel nacional, com o la cuestión de la población africana
brasileña.
c. La cultura negra se restringe a nivel folclórico com o parte
de una cultura que no está viva, con lo cual los negros sólo
aparecen com o sambistas, «paes de santo» y otros roles afi­
nes al carnaval y a otros festejos parecidos.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t i n a
166 ------------------------------------------------------------------------------------------------

d. Si en alguna ocasión se representa a los negros de forma


rutinaria, es asociándolos con drogas, pobreza, ignorancia,
hom icidio y otras situaciones negativas (véase también
Lima, 1984, 1992, 1996, 2000, 2001).

C om o suele ser habitual, la representación marginal de los


negros en la televisión no tiene nada que ver con una falta de ca­
lificaciones dramáticas sino únicam ente con la discriminación
por parte de la mayor parte de los jefes de personal, como lo de­
muestra el siguiente fragmento que evidencia un estudio sobre la
discriminación laboral en Brasil (Silva Bento, 1999: pág. 114):

Dos mujeres que tenían más de cinco años de experiencia en


producción televisiva, presentaron una solicitud para el mismo
puesto de trabajo, que hice llegar a manos del director, el señor
Pires. Cuando su asistente regresó y me dijo que sólo había una
plaza disponible, llamé al señor Pires para recordarle que acababa
de decirme que necesitábamos a dos personas en producción. Me
respondió: «¡Ah, doña Rosana, pero usted no me advirtió que una
era criolla!, ¡Usted no me dijo nada de eso!». Le respondí: «¡Qué
lástima que no tenga usted una cámara de vídeo conectada a su te­
léfono para verme la cara!», y colgué.

Los periódicos más progresistas, com o la Folha de Sao Paulo,


se suelen unir a las voces de quienes en las últimas décadas han
plantado cara al m ito de la democracia racial (R eid Andrews,
1996: págs. 226 y ss; véase tam bién Concei^ao, 2001; G ui­
maraes, 1996). Sin embargo, otros periódicos todavía reflejan
hasta qué punto este m ito sigue estando vivo entre los brasileños,
especialmente para los de derechas. Así pues el centenario de la
abolición de la esclavitud (13 de mayo de 1988) fue aclamado
por O Globo con un editorial que negaba el racismo en los tér­
minos habituales, es decir, mediante la atribución de la desigual­
dad social a las clases brasileñas y advirtiendo a la población ne­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
167

gra que no se dejara manipular por cualquier otra idea, haciendo


referencia a la violencia del movimiento por los Derechos Civi­
les en Estados Unidos.
Si examinamos recortes de prensa recientes de la única pero
excelente base de datos existente del M inisterio de Cultura
(www.palmares.gov.br), constataremos en prim er lugar que los
artículos sobre racismo, aun cuando se conceptualicen en térm i­
nos de prejuicio o de discriminación, son bastante comunes en
los medios.
Por otra parte, las medidas oficiales contra el racismo reciben
una cobertura frecuente en la prensa. Asimismo, muchos artícu­
los cubren aspectos culturales de la com unidad afrobrasileña,
com o el candomblé, el teatro, la literatura o la danza. A juzgar
por estos recortes de prensa, que, presumiblemente, no abarcan
la mayoría de los artículos donde los negros figuran sólo como
ciudadanos normales (o cualquier m iem bro de élite), podría
concluirse de forma provisional que los negros sólo aparecen
com o víctimas del racismo, como activistas antirracistas o como
agentes en eve.ntos culturales afrobrasileños, es decir, en roles es­
tereotipados. En otras palabras, la participación negra en la eco­
nomía, en las ciencias o en otras áreas de prestigio, no resulta tan
prom inente en los medios. N i que decir tiene que se precisará
de un análisis detallado del contenido y del discurso para confir­
mar estas primeras impresiones sobre los medios de comunica­
ción brasileños.
D ’Adesky (2001), en su tesis doctoral sobre el racismo y el
antirracismo en Brasil, dedica un capítulo al papel de los medios
basándose en otros estudios previos (pág. 89). Destaca algunas
pruebas, evidentes para todos, sobre el rol tan im portante de las
telenovelas en Brasil. E n efecto, se trata de un fenóm eno cultu­
ral mayoritario. En comparación con el porcentaje en la socie­
dad real, el núm ero de actores brasileños africanos es insignifi­
cante en estas series de tanta audiencia. D e las veinticinco que se
retransmitieron entre 1993 y 1997, menos de un 8 por ciento de
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
168 ------------------------------------------------------------------------------------------------

los actores eran negros; para matizar, la tendencia fue elegir ac­
tores de un ligero color tostado para personajes serviles o de
poca m onta (págs. 91-92). U n análisis de la publicidad confirma
que los porcentajes de personas de raza negra en los anuncios
son similares: alrededor de un 6,5 por ciento en 1995, en Veja
(revista comparable a Newsweek), e incluso menos de un 4 por
ciento en revistas como Cosmopolitan (pág. 106) (Para cifras sobre
la .representación de negros en publicidad, véase, también, H a-
senbalg, 1988.)
Según un estudio de Fernando de Sá, citado por D ’Adesky,
que analiza la presencia de los negros en los telediarios, Brasil
parece un país blanco del m undo desarrollado aunque la realidad
sea que, aparte de Africa, Brasil es el país con más población ne­
gra que queda prácticamente invisible.
D ’Adesky recuerda que la exclusión de los negros no queda
relegada a este medio y que sucede lo mismo en la prensa y en
el cine (para el posicionam iento de los negros en películas bra­
sileñas, véase R odrigues, 1988). Los periódicos afrobrasileños
no existen y, por lo general, las revistas están dirigidas a las cla­
ses medias altas (blancas), en un país donde sólo unos 26 millo­
nes, de una población total de 160 millones, son lectores. Son
pocas las revistas especializadas, publicadas por y para el público
negro, entre las que m ejor se venden Raga Brasil y Black People,
que están dirigidas a lectores más cultos (véase también Pereira,
2001, sobre periodistas negros y su acceso a la radio en Sao
Paulo).
Algo muy parecido se desprende del contenido de la prensa
que ignora sistemáticamente a los negros (salvo en carnaval), y
no refleja la diversidad cultural del país, aun cuando últimam en­
te haya aumentado la publicación de artículos sobre racismo.
Estas observaciones pueden extenderse a la reducida pobla­
ción indígena, cuya representación en los medios sigue siendo
marginal y estereotipada; son descritos com o atrasados, prim iti­
vos, únicam ente se resaltan sus costumbres culturales como la
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
169

vestimenta, etcétera (Warren, 2001). Warren narra el caso del ex


ministro de Defensa, Leónidas Pires Gon^alves, quien declaró en
el día nacional indio de 1989 que los «indios» no necesitaban
protección ya que «las culturas indias son muy secundarias y, por
lo tanto, no son respetables» (Warren, 2001, pág. 175). Es evi­
dente que una opinión particular no es representativa de la clase
política, pero el hecho de que se pueda expresar pública e im pu­
nem ente una idea semejante hace sospechar que más de un mi­
litar de rango y de un político piensan de forma parecida, como
en efecto sugiere el título de esta obra.

Educación

En Brasil el discurso del racismo está tan arraigado que aparece


en casi todo tipo de géneros y de contextos, no sólo en los m e­
dios de com unicación de masas sino también en otros ámbitos
principales del discurso público, como el de la educación. Histó­
ricamente, las minorías han tenido menos acceso a la escolariza-
ción y, por lo general, sólo han podido acudir a las peores escue­
las públicas (Rosemberg, 1991, 2000), con lo cual la tasa de
analfabetismo ha sido más del doble (aproximadamente un 36
por ciento en 1980) que la de los blancos, y sólo un 0,6 por
ciento de los negros ha conseguido diplomarse en secundaria
(Hasenbalg y D o Valle Silva, 1990).
Tampoco en tanto que agentes sociales los negros han tenido
acceso al discurso educativo; están marginados en los libros de
texto, al igual que las poblaciones indígenas, salvo en los temas
culturales o históricos, por ejemplo la esclavitud, o los hábitos cul­
turales «interesantes» de los indígenas. C om o sucede con los li­
bros de texto de otros países de Latinoamérica, los negros y los
indígenas sólo cobran un especial interés cuando el discurso edu­
cativo versa sobre un tiem po pasado, es decir, cuando ya han
m uerto (Donisete Benzi Grupioni, 1995).
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
170 ------------------------------------------------------------------------------------------------

Los negros y los indígenas de hoy, así como su vida cotidiana,


son raramente considerados en un libro de texto. El hecho de
que la mitad de la población brasileña sea de color no parece
afectar al contenido educativo (Silva, 1995). Esto no nos sorpren­
de si recordamos que hasta finales de la década de 1980 dicha te­
mática era apenas tratada en el discurso pedagógico, de manera
que los educadores ni siquiera están preparados para enseñar este
tema en las aulas (Fernandes de Souza, 2001; Silva, 2001).
Tal como sucede en los medios, en la última década también
se han producido algunos cambios aunque sean modestos, que se
perciben en un creciente interés por la educación multicultural
y el racismo, tanto en la programación como en los contenidos y
en los libros de texto (Cunha Jr., 1996). N o nos referimos a los
barrios de población culta donde dom ina el discurso de élite
(donde habitan las élites políticas, mediáticas y académicas), sino
a la presión ejercida por la propia presencia de muchos alumnos
de color en las escuelas, lo cual ha forzado a los pedagogos, a los
maestros y a los investigadores del sector a sensibilizarse con las
necesidades de la población negra (Carvalleiro, 2001). En un es­
tudio posterior a su obra citada anteriorm ente, sobre los libros
de texto en lengua m aterna para la escuela primaria, Ana Celia
da Silva encontró algunos avances durante la década de 1990: en
los 15 libros analizados, publicados en Sao Paulo entre 1994 y
1998, se sigue representando a los negros como minoría pero ya
no aparecen en los textos e imágenes com o meras caricaturas; se
incluye a los niños negros en un entorno escolar, jugando, y no
sólo com o niños de la calle o com o mano de obra barata. Tam­
bién se representa la interacción entre niños blancos y negros,
donde estos últimos realizan acciones positivas (Silva, 2001; véan­
se también Bittencourt, 1997; Carmo, 1991; Oliveira, 2000; Sil­
va, 2000).
Oliveira (2000), en un estudio acerca de la enseñanza que
abarca dos décadas (programaciones, libros de texto, etcétera),
entre 1978 y 1998, llega a la conclusión de que ha habido cam­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
171

bios en el sentido de que se ha llegado a prestar atención a las ac­


tividades cotidianas de la gente, incluida la de color, y a su cultu­
ra. N o obstante, los libros de texto siguen m anteniendo ciertos
estereotipos, com o el hecho de representar a la com unidad ne­
gra com o víctima, tanto en épocas de esclavitud com o en la ac­
tualidad, y no en una posición de resistencia activa contra la
opresión y la marginación. Así pues, la diversidad de negros en
la actualidad, en todos sus contextos y funciones, no queda re­
flejada en los libros de texto. El autor hace hincapié en el hecho
de que una cosa es reconocer que, hasta la fecha, los negros han
sido marginados a m enudo y otra, representarlos únicamente en
el papel de víctimas pasivas. Los profesores entrevistados por el
autor también manifiestan que existe cierta resistencia por parte
de los alumnos a la hora de estudiar cuestiones de racismo y pre­
juicio, porque consideran que estos temas sólo son de relevancia
para los negros.
Sonia Irene Silva do Carm o, en uno de los escasos estudios
de análisis del discurso existentes, que trata la representación de
los pueblos indígenas en Brasil (y por extensión, Latinoamérica),
llega a la conclusión de que, para empezar, la forma de represen­
tarlos está vinculada al hecho de su «descubrimiento», es decir, al
m om ento en que los europeos blancos, los portugueses en con­
creto, se dieron cuenta de su existencia hace 500 años (Carmo,
1991). D e hecho, los libros de historia suelen incluir a los pue­
blos indígenas en los últimos capítulos, mientras que reservan los
primeros para los europeos. Muchas de sus características no son
descritas en sí mismas sino mediante comparaciones explícitas o
implícitas con los europeos blancos, al lado de los que vivían en
un estado «neolítico», usando instrumentos «primitivos». Com o
ya hemos sugerido, la representación más com ún de los pueblos
indígenas se asocia con el pasado y sólo en raras ocasiones con el
presente. D e cualquier manera, este pasado suele calificarse en
términos positivos, com o si se tratara de una Arcadia de equita­
tiva y armoniosa convivencia rural. Es interesante reparar en que
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
172 ------------------------------------------------------------------------------------------------

la noción de ruralidad, de pueblo, si bien nunca la de territorio


(ocupado por los colonizadores), es la atribución más típica. Es
cierto que la colonización tam bién ha sido objeto de un análisis
crítico en muchos de los actuales libros de texto, pero dicho aná­
lisis sólo se refiere a la aniquilación física y cultural de los indí­
genas obviando los acontecimientos de la invasión de su propio
territorio. En lugar de utilizar términos como «invasión» o «con­
quista», se recurre a eufemismos, com o sucede tam bién cuando
se explica la masacre sufrida por los pueblos indígenas. D e esta
manera, el autor concluye que los libros de texto no son hom o­
géneos; a pesar de que los «indios» suelen representarse en tér­
minos generales y de distancia, y siempre como los «otros», en
alguna ocasión, cuando son víctimas de la dom inación blanca y
necesitan «nuestro» apoyo, se les caracteriza por los conocidos
términos del prejuicio tradicional, com o lo «exótico» y el «salva­
je», o el «buen salvaje». En otras palabras, incluso cuando se trata
de representaciones positivas y compasivas, se los representa como
agentes pasivos: en los libros de texto estudiados, el «indio» no
habla y no se resiste.
Por otra parte, se ensalza la acción positiva y «civilizadora» de
los jesuítas, lo que confirma nuestra parcela ideológica general,
según la cual sólo se destacan «nuestras» buenas acciones, aunque
es cierto que alguna vez tam bién se incluye una nota crítica. El
concepto que describe más adecuadamente todas las característi­
cas de la representación de los negros y de los indígenas en los li­
bros de texto es el concepto de eurocentrismo, lo cual no es una
sorpresa sino que sólo define la ideología dominante. Pese a ello,
no podemos olvidar a quienes se esfuerzan por formular nuevas
perspectivas críticas con los europeos, y por tanto, solidarias con
la población negra e indígena.
Las élites brasileñas, al igual que cualquier otra élite, quieren
m antener sus privilegios y rechazan, por lo general, cualquier
tipo de acción afirmativa o de cuota. Esto se demuestra, por
ejemplo,, en la enorm e oposición al proyecto de ley (289/99)
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
173

que pretendía garantizar el 50 por cien de las plazas universitarias


para estudiantes de la escuela pública, de la que proviene la ma­
yoría del alumnado negro (Guimaraes, 2002, pág. 70). Entre
tanto, la presencia de rostros negros en las universidades sigue
siendo limitada y esta selección académica es uno de los factores
decisivos para la reproducción de las clases de élites, formadas
por blancos en un 80 por cien (Oliveira y otros, 1982). Para ha­
cerse una idea de los argumentos que ese discurso de élite em­
plea para rechazar las cuotas universitarias, o cualquier otra, nos
serviremos del siguiente artículo de opinión publicado en Jornal
da Tarde:

«Cuotas de discriminación»
El sistema de cuotas, según la raza, para ingresar en las univer­
sidades brasileñas está destinado a provocar los mismos problemas
que en Sudáfrica, donde la ley de acción afirmativa dictaminó que
los blancos debían ser reemplazados por negros, tanto en las em­
presas como en el servicio público. No hay suficientes profesores
negros para ocupar las vacantes dejadas por los blancos, que, con la
democratización, cesaron de colaborar a la unidad del país, hicie­
ron las maletas y se marcharon a otros países. En Brasil, una legis­
lación que promueva, en lugar de reducir, el racismo, cambiará el
criterio de acceso a las universidades, basado en la competencia,
por una raza de «aspirantes». Para empezar, va a ser difícil identifi­
car quién es negro y quién no. «Moreno», ¿es negro o blanco? In­
genieros, médicos, abogados, ejecutivos de grandes multinaciona­
les se han transformado, a la desesperada, en mozos portamaletas,
o se han dedicado a otras actividades no profesionales, hasta que
han encontrado trabajo fuera del país, al haber sido apartados de
los cargos que ocupaban antes de la democratización de Sudáfrica.
Los partidos brasileños no han conseguido cumplir con la ley que
les obliga a inscribir un mínimo de candidatos femeninos. En la
actualidad la opción a la candidatura depende de cada individuo.
No puede ser determinada por ley, siguiendo las cuotas universita­
rias para los afrodescendientes porque es un sistema racista que
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
174 ------------------------------------------------------------------------------------------------

también peijudicará la calidad de la enseñanza en Brasil. El ejem­


plo de Sudáfrica no deja dudas sobre tal afirmación {Jornal A Tar­
de, 2 de agosto, 2002).

Este texto evidencia algunas de las estrategias conocidas que


emplean las élites para negar y rechazar las medidas antirracistas
que combaten la discriminación, por ejemplo, el «cargo reverti­
do» que consiste en tildar de discriminante y racista una pro­
puesta que, precisamente, pretende lo contrario. Otros ejemplos
son las comparaciones irrelevantes con otros países, la inversión
de representaciones (negros que sustituyen a blancos), la aporta­
ción de datos cruzados erróneos o alarmistas (si se implementa-
ran las medidas sugeridas no habría suficientes negros); incapaci­
dad para determ inar quien es blanco y quien no; los especialistas
blancos huirían del país, etcétera), y, por supuesto, la estrategia
de autopresentación positiva por parte del discurso de élite cuan­
do se ocupa de los «otros» (nos concierne que exista una buena
educación). Ante todo, la típica falacia neoliberal es la de que la
ley (el Estado) no debería interferir en la universidad mediante
la imposición de cuotas y que es el individuo quien debe deci­
dir. Huelga decir que una comparación rigurosa con lo que su­
cedió en Estados U nidos con la imposición del sistema de cuo­
tas hubiera sido suficiente para dem ostrar su validez. N o sólo
tuvo una enorm e influencia sino que perm itió la form ación de
expertos afroamericanos, quienes de otro m odo no hubieran
tenido la posibilidad de obtener un título universitario. Tam­
bién debería notarse que las élites brasileñas en la prensa y en las
universidades com parten de form a muy notoria las mismas ac­
titudes negativas y, por ende, la misma ideología, sobre la acción
afirmativa.
El 7 de febrero de 2002 se publicó otra carta reveladora en
contra de la acción afirmativa para los negros en las universida­
des, bajo el título Preto e Branco, en el prominente periódico Jor­
nal do Brasil. La carta la firma José Carlos Azevedo. Para em pe­
R a c i s m o y d i s c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
175

zar, del contenido y del estilo de la misma se desprende que su


autor es profundam ente conservador y racista; ju n to a su firma
aparecen las siglas que indican que tiene un doctorado en física y
que, además, es el antiguo rector de la UnB o UB, la universidad
de Brasilia, lo cual realza su estatus y su competencia. Lo que
Azevedo no escribió, pero que una búsqueda rápida de su nom ­
bre en Internet reveló, es que desempeñó su cargo de rector du­
rante la dictadura militar y que él fue el responsable de la repre­
sión estudiantil. C om o en el caso de un antiguo miembro del
régimen militar argentino, cuya carta hemos analizado con ante­
rioridad, constatamos de nuevo que las viejas voces autoritarias,
lejos de desaparecer, siguen teniendo acceso a los diarios de ma­
yor tirada. Es bastante improbable que Jornal do Brasil no cono­
ciera la identidad de Azevedo. Es decir, que los representantes de
los antiguos regímenes fascistas pueden expresar y reproducir sus
opiniones racistas. En dicha carta, Azevedo ridiculiza el criterio
de autocategorización de los negros al suponer que un chino o
un sueco que precise una beca puede, a partir de ahora, procla­
marse «negro». Asimismo, emplea otros ejemplos absurdos como
el de una pareja negra con un hijo albino, etcétera. De forma
parecida, denuncia la utilidad del térm ino «raza» que según dice
(correctamente) no se sustenta en una base científica, argumen­
to que, por otra parte, se adapta a lo que se propone decir en
esta ocasión. N o obstante, Azevedo «olvida» que también en el
propio Brasil la función social de «raza» o de color es fundamen­
tal y, com o es capaz de distinguir entre un blanco y un negro sin
ningún género de dudas, sabrá tratar a cada cual según sus crite­
rios.
Sin embargo, no todos los académicos aceptan estos argu­
mentos ideológicos contrarios a las cuotas y, entre otros muchos
argumentos contrastados, hacen hincapié en el hecho de que el
Vestibular (examen para entrar en la universidad en Brasil) no
sólo sirve para m edir los méritos individuales, sino también la
calidad de las escuelas, para que la identificación de quién es ne­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
176 ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ — ---------------------------

gro y quién no, se haga, com o siempre se ha hecho, también por


medio del censo y de preguntas a la gente para que en lugar de
rebajar la calidad de las universidades, éstas puedan contar con
un mayor núm ero de estudiantes brillantes que en el pasado no
podían estudiar debido a sus escuelas de procedencia (véase Edna
Roland, Folha on Une, mayo, 23, 2002).

Otros países

Por razones de espacio no me es posible examinar las formas más


destacadas del discurso del racismo en el resto de países latinoa­
mericanos. N o obstante, al menos deberíamos prestar atención a
las relaciones étnicas en algunos países mayores, principalmente
Cuba, Colombia, Venezuela, Bolivia y Perú. En la mayoría de
estos países una numerosa población negra e indígena, norm al­
m ente dominada por una élite o una mayoría blanca, es la situa­
ción general que define las relaciones étnicas. Voy a hacer sólo a
continuación algunas observaciones generales sobre estos países.

Cuba

En Cuba, la ideología socialista dom inante y su discurso oficial


prohíbe y niega que la población (más) blanca depare un trato
discrim inatorio o prejuicioso a la población (más) negra; por
otra parte, hace hincapié en el hecho de que la práctica del racis­
m o ocurría especialmente antes de la revolución (Serviat, 1986).
El discurso oficial es igualitario y, por tanto, antirracista, aunque,
com o en otros lugares de Latinoam érica, los líderes cubanos
actuales son mayoritariamente blancos, m ucho más que en las
décadas de 1960 y 1970. El racismo cotidiano practicado por la
oligarquía cubana de supremacía blanca contra el pueblo negro
sigue estando a la orden del día. Las protestas de los negros han
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
177

sido reprimidas con frecuencia y el m ovim iento por los D ere­


chos Civiles norteam ericano apenas ha tenido influencia en
Cuba. En otras palabras, para un análisis y un discurso de oposi­
ción fundamentalmente distintos acerca del posicionamiento de
los negros hay muy poco espacio. Por otra parte y debido a la
política de control aludida, el discurso público explícitamente
racista es apenas destacable (Fuente, 2001; M cG arrity y Cárde­
nas, 1995; Stubbs y Pérez Sarduy, 2000).

Colombia

En Colombia, después de una larga historia de colonialismo y de


esclavitud seguida por otras formas de marginación y de dom i­
nación de los afrocolombianos y de los indígenas, emergió en la
década de 1980 un m ovim iento negro cada vez más consciente
y crítico. C om o consecuencia de esta resistencia, se ha generado
un interesante debate sobre derechos territoriales y de otro tipo
de los pueblos negro e indígena, por ejemplo, la asamblea mul-
tiétnica que preparó la Constitución de 1991. En este debate se
pusieron de manifiesto unas diferencias de trato espectaculares
hacia los indígenas y los negros. A los primeros ya se les recono­
cía sus territorios en función de su definición étnica ya exis­
tente, al igual que ocurre en Brasil y Venezuela. Pero los ne­
gros, especialmente los del C hocó de la costa del Pacífico, tenían
muchas más dificultades para conseguir que se aceptaran sus ale­
gatos colectivos porque no estaban definidos como grupo «étni­
co» diferente y también porque sus peticiones chocaban con las
de los intereses indígenas de la región. A pesar de la relevancia de
estos debates acerca de los derechos de las minorías oficiales,
los negros y los indígenas de Colom bia siguen siendo pobres,
tienen menos poder y un difícil acceso a los escasos recursos
controlados por los blancos, y el racismo cotidiano practicado
por éstos es tan prevaleciente com o en cualquier otro lugar de
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
178 -------------------------------------------------------------------- :---------------------------

Latinoamérica (para más detalles, véase Friedemann, 1993; Frie-


demann y Arocha, 1986; Wade, 1993). En efecto, la mayoría de
los discursos de las organizaciones negras y de los grupos de re­
sistencia continúa refiriéndose a la situación de «invisibilidad» de
los afrocolombianos en la vida pública. U na breve ojeada a los li­
bros escolares colombianos pone de manifiesto que se presta
mucha atención a la historia y cultura de los grupos indígenas
pero que no tienen nada que decir respecto a su vida actual.
C om o ejemplo del tipo de discurso que se pronunciaba en
Colom bia antes de la guerra (¡publicado aún en 1970!), y que
exibe una ideología profundam ente racista, citaremos a conti­
nuación el fragmento de una alocución en un lenguaje bastante
habitual que hizo un tal Laureano Gómez en 1929, en el Teatro
Municipal de Bogotá:

Nuestra raza proviene de la mezcla de españoles, de indios y


de negros. Los dos últimos caudales de herencia son estigmas de
completa inferioridad (...).
Otros primitivos pobladores de nuestro territorio fueron los
africanos, que los españoles trajeron para dominar con ellos la na­
turaleza áspera y huraña. El espíritu del negro, rudimentario e in­
forme, como que permanece en una perpetua infantilidad. La
bruma de una eterna ilusión lo envuelve y el prodigioso don de
mentir es la manifestación de esa falsa imagen de las cosas, de la
ofuscación que le produce el espectáculo del mundo, del terror de
hallarse abandonado y disminuido en el concierto humano.
La otra raza salvaje, la raza indígena de la tierra americana,
segundo de los elementos bárbaros de nuestra civilización, ha
transmitido a sus descendientes el pavor de su vencimiento. En el
rencor de la derrota, parece haberse refugiado en el disimulo taci­
turno y la cazurrería insincera y maliciosa. Afecta a una comple­
ta indiferencia por las palpitaciones de la vida nacional, parece re­
signada a la miseria y a la insignificancia. Está narcotizada por la
tristeza del desierto, embriagada con la melancolía de sus páramos
y sus bosques (Editorial Revista Colombiana, Colección Populi-
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
179

bro, No. 29, Bogotá, 1970, págs. 44-47; citado en Saúl Franco
(comp.), Colombia contemporánea, Bogotá: ECOE/IEPRI, 1996,
págs. 237-266).

D e form a parecida, en la década de 1940, el ex ministro de


Educación y fundador de la sociología colombiana, Luis López
de Mesa, manifestó lo siguiente acerca de la población indígena:

(...) un pueblo ignorante y deprimido durante los siglos de la co­


lonia, y tal vez no preparado nunca antes para las reacciones de
una ética espiritual... De ahí que sea notable todavía un compor­
tamiento indeseable, tal el poco respeto por la propiedad ajena, la
crueldad fría, casi torpe, de sus castigos y venganzas, la incuria en
sus relaciones sexuales, que va hasta el incesto, la mentira y la fal­
sedad en todas sus formas, la embriaguez que busca para alejarse
de la realidad y como única expansión de ánimo o lenitivo a su al­
cance (pág. 75) (...) Sobre estas materias de la civilización de los
aborígenes americanos la historia y la sociología tienen una pala­
bra que añadir: y es que sólo el cruzamiento con las razas superio­
res saca al indígena de su postración cultural y fisiológica. De ahí
que el esfuerzo catequista de varios siglos en nuestras selvas del sur
y en las estepas del oriente, con un gasto que ya monta a muchos
millones desde el tiempo de la colonia hasta nuestros días, no está
representado por nada, por absolutamente nada que no sea el rela­
to anual de los inmensos sacrificios que hacen los misioneros en
meterse en esas desoladas regiones de cuando en cuando para bau­
tizar por la décima vez a los mismos salvajes que eternamente per­
manecen salvajes. Son cincuenta mil indios que allá viven, que allá
han vivido, y cuya educación total en Oxford habría costado a la
República menos tal vez que la secular tarea de evangelizarlos cada
año nuevamente (pág. 113) (De cómo se ha formado la nación
colombiana. Bedout, Colección Bolsilibros, Medellín).

Sin lugar a dudas, ningún discurso público oficial de esta cla­


se podría pronunciarse hoy día en Bogotá, ni ningún libro aca­
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
180 ------------------------------------------------------------------------------------------------

démico podría ser escrito en estos términos, y no sólo por el he­


cho de que el discurso público en Colombia también se ha vuel­
to políticamente correcto, sino porque las ideologías y actitudes
subyacentes entre las élites han cambiado en las últimas décadas.
Sin embargo, si pudiéramos acceder al discurso, también el de las
élites, que los indígenas y los negros deben soportar a diario,
comprobaríamos que buena parte del antiguo discurso sigue es­
tando vigente en la actualidad, y no únicamente en Colombia.

Venezuela

En 2002, es probable que la gente en Venezuela esté menos pre­


ocupada por el racismo, si es que alguna vez lo estuvieron, que
por el creciente conflicto entre el controvertido presidente Hugo
Chávez y ]a oposición. Pero incluso este conflicto tiene muchas
conexiones con el racismo, la pobreza y las relaciones étnicas del
país. Chávez, que es mulato, se suele considerar el presidente de
los pobres, incluidos los negros y los indígenas. Los líderes de la
oposición se suelen identificar com o representantes de la bur­
guesía m ayoritariamente blanca que controla la economía, la
prensa y —hasta la elección de Chávez por mayoría absoluta—el
Estado y sus agencias. En este conflicto político podemos reco­
nocer una com binación de la lucha de clase y de la disputa ra­
cial, en la que se encuentran por una parte los negros y los m u­
latos pobres y, por la otra, las clases media y alta blancas. Aunque
com o en cualquier otra parte de Latinoamérica, el panorama es
m ucho más complejo y no puede reducirse únicamente a un an­
tagonismo entre blancos y negros, ricos y pobres, y los eventos
en Venezuela nos recuerdan en cualquier caso que el racismo
está más que vivo en este país caribeño.
La historia del racismo en Venezuela es muy parecida a la de
otros países del Caribe y de Latinoamérica y puede resumirse en
pocas palabras: esclavitud de los africanos, rebelión de los negros,
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
181

opresión del pueblo indígena. Después de la independencia y de


la separación de Colom bia en 1830, y tras la abolición de la es­
clavitud en 1854, la explotación, el m antenim iento del estatus
inferior de los afrovenezolanos y la marginación de los indígenas
continuaron vigentes, bajo diversas formas de racismo cotidiano
y del dom inio de las élites de origen europeo (Montánez, 1993).
C om o sucede en Colom bia, la revolucionaria Constitución de
1999 en la nueva «República Bolivariana» reconoce a los pue­
blos indígenas así com o sus territorios y sus derechos, una vez la
igualdad étnica fuera establecida formalmente en la Constitución
de 1961.
A pesar de la herm osa retórica política, de la participación
desde 1959 de los líderes afrovenezolanos en el partido Acción
Democrática y de las relajadas relaciones entre los grupos caribe­
ños, la discriminación cotidiana de los negros e indígenas sigue
igual que siempre: hay muy pocos rostros negros (y todavía me­
nos, indígenas) en los medios, en las universidades, en los tribu­
nales de justicia y en los despachos empresariales (W right,
1990). Los presentadores de prim era línea en televisión son
siempre blancos (o casi), así com o lo es Miss Venezuela, entre
otras muchas celebridades, y con la excepción de un puñado de
negros que confirmaría la regla. Así, a pesar de la gran escasez
de investigaciones sobre el racismo, incluso en el discurso acadé­
mico contemporáneo, Venezuela sigue describiéndose como una
«democracia racial» donde, al igual que Brasil, «los niños blancos
de las clases altas tenían ayas negras, y los blancos apreciaban y se
fiaban de los negros que les habían ayudado a cuidar de sus hi­
jos» y donde la posición marginada de la gente de color se expli­
ca en térm inos de clase (Bermúdez y Suárez, 1995, págs. 243,
248, 264). E n otras palabras, también en Venezuela la negación
del racismo por parte de la élite es cómplice del problema.
C om o en otras partes, los discursos oficiales actuales tam ­
bién se formulan en términos de los valores positivos de una so­
ciedad m ulticultural mestiza, por ejemplo, el m odo en que se
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
182 ------------------------------------------------------------------------------------------------

manifiesta en el discurso siguiente, pronunciado por Luis Al­


fonso Dávila, secretario de Asuntos Extranjeros, con motivo del
Congreso Internacional Antirracismo, celebrado en Sudáfrica
en 2001:

Venezuela es una sociedad multiétnica y multicultural, resulta­


do de la fusión de etnoculturas e idiosincrasias muy diversas, en
cuya formación tomaron parte y se amalgamaron las tres razas pri­
migenias de América, como lo fueron la india, la negra y la blan­
ca, y de la inmigración proveniente de todas las naciones del mun­
do entero durante varios siglos.
Los venezolanos estamos orgullosos de este mestizaje.
Hemos creado una cultura de respeto a las diferencias, lo cual
nos ha permitido un mejor manejo de la diversidad.
Este proceso de mestizaje ha operado de manera decisiva.
Sra. Presidenta, acudimos a esta Conferencia porque Venezue­
la quiere hacer oír su voz ratificando su tradicional e histórica po­
sición y compromiso de luchar contra el racismo, la discrimina­
ción racial, la xenofobia y cualquier otra forma de intolerancia
que se pueda dar en el mundo (Durban, 2 de septiembre de
2001).

A unque existen pocas dudas acerca de que éstas y otras so­


lemnes declaraciones similares no sean bienintencionadas, como
también lo son las políticas gubernamentales en las que se basan,
debería apuntarse que tam bién en Venezuela existe un abismo
entre la retórica oficial y los discursos prejuiciosos y las prácticas
discriminatorias cotidianas. Centenares de páginas de organiza­
ciones en Internet, repletas de declaraciones y experiencias sobre
negros e indígenas, atestiguan que el racismo sigue constituyen­
do una im portante dimensión en la vida cotidiana de los vene­
zolanos de color.
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
183

Bolivia

Bolivia suele describirse com o el país latinoamericano con el


mayor porcentaje de indígenas y mestizos (aproximadamente un
70 por ciento). En una democracia esto debería significar que
muchos de ellos detentaran el poder y que el prejuicio, la discri­
minación y el racismo estuvieran relegados al discurso informal
y a las prácticas cotidianas de la minoría blanca que habita las
ciudades. En tal caso, el gobierno, el Parlamento, los tribunales,
las universidades, los medios y las escuelas celebrarían formal­
mente, y además implementarían de verdad, la igualdad racial y
étnica al ciento por ciento, cosa que repercutiría también en la
minoría afroboliviana. Pero nada dista más de la realidad y, como
en otras partes de Latinoamérica, las instituciones de élite, y por
tanto sus discursos, están controlados por personas de ascenden­
cia europea (llamadas «k’aras» o «carai» por los distintos grupos
indígenas).
Existe una dilatada tradición de dom inio y marginación his­
pánicas sobre los indígenas, así com o un discurso urbano preva-
lente en el que los indígenas, los indígenas urbanos (llamados
despectivamente «cholos») y los mestizos, son tradicionalmente
asociados a la pereza, la mentira, el alcohol, el atraso, o a veces, y
de forma romántica, a términos más exóticos referentes a su cul­
tura (Abercrombie, 1991; Zavaleta, 1986).
En un estudio de los editoriales de prensa acerca de la cono­
cida marcha de 700 kilómetros que, en 1990, realizaron los indí­
genas debido a una disputa de sus tierras, y del bloqueo de la ca­
rretera de La Paz en el año 2000, Gonzales (2002) argumenta
que es posible que el discurso público actual sea abiertamente
menos racista, aunque la imagen de los indígenas sigue siendo
generalmente negativa. Tal y com o hemos visto anteriorm ente
en el apartado de representación mediática respecto de los ma­
puche en Chile, éstas serían las fórmulas discursivas:
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
184 ------------------------------------------------------------------------------------------------

• Los indígenas son una amenaza y unos extremistas subversi­


vos.
• Sus acciones son irracionales.
• Los indígenas no saben gestionar sus tierras.
• Se debe educar a los indígenas.
• Se debe integrar a los indígenas en el proceso de produc­
ción y de educación nacional.
• El problema de los indígenas no es la tierra sino su falta de
cultura.

En otras palabras, el discurso mediático dom inante hasta la


fecha construye una imagen de los «indios» como los «otros» in­
civilizados y atrasados que precisan ser civilizados por «nosotros».
N o obstante, y com o en los casos de Colom bia y Venezuela, la
C onstitución reciente define a Bolivia com o formada por una
sociedad multicultural donde todos los grupos gozan de los mis­
mos derechos. Si bien los especialistas reconocen que se trata de
un prim er paso hacia adelante, se manifiestan cautelosos y subra­
yan que el orden social y político en Bolivia sigue siendo racista.

El racismo en Bolivia es una institución que está enraizada en


nuestro orden social desde la colonia. Es más, incluso es aceptado
por quienes son sojuzgados, excluidos y marginados por esta acti­
tud. Los indígenas y los mestizos se sienten obligados a aceptar que
a los ojos de la minoría blanca no son iguales sino también inferio­
res (Mauricio Imaña de la Barra, Aula Libre, www.bolivia.com;
véanse también otras opiniones en esta web).

Y, com o en otras partes, el discurso dom inante y sesgado re­


presenta una fachada para el racismo violento y para la opresión
de los indígenas en su tierra, tal y com o queda documentado en
múltiples publicaciones indígenas y otras tantas páginas de Inter­
net (por ejemplo: www.aymaranet.org). Reproducim os a conti­
nuación un fragmento de este tipo de discurso contrario, que no
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
185

precisa comentarios adicionales, a m odo de respuesta a los que


minimizan o niegan la presencia de racismo en Bolivia:

Los indios, campesinos y urbanos (que ahora somos más) so­


mos originarios de esta patria, la colonización nos despojó de
nuestro dominio como nación y de nuestras propiedades familia­
res y, junto con ella, nuestra libertad se trocó en servidumbre y es­
clavitud. ¿Hasta cuándo podrá durar esta situación, cuál la seguri­
dad física y jurídica que sirven de resguardo a los privilegios de
una minoría que usurpando acapara tierras y territorio? ¿Hasta
dónde llega la incomprensión de esa gente en continuar empeci­
nándose en creer que los indios les seguirán sirviendo, trabajando
con salarios de hambre, y teniendo la conciencia de que estas tie­
rras son suyas? Bajo este marco el conflicto por la tierra muestra su
brutalidad colonialista. Los latifundistas, aparte de contar con ban­
das paramilitares, gozan de la protección estatal, de sus aparatos de
represión con cuyo respaldo buscan sentar propiedad en tierras co­
munales indígenas, siendo que estas se encuentran poseídas por sus
legítimos propietarios.
Esta innegable situación colonial se ha traducido en el asesina­
to genocida de 10 campesinos indígenas agrupados en la organi­
zación Movimiento Sin Tierra en el paraje de Parantí, jurisdic­
ción de Yacuiba. Los autores de este crimen fueron latifundistas y
asesinos a sueldo que dejaron además a 20 heridos entre mujeres
y niños. La defensora del pueblo Ana María Campero declaró
«todos los campesinos fueron muertos con un tiro en el corazón»,
quiere decir, fueron cazados por veteranos como si fueran enemi­
gos o simplemente animales, a quienes hay que despejar del lati­
fundio.
Esta violencia colonial no puede quedar impune, así como la
masacre de Amayapampa y Capacirca, que fue encubierta por un
indio que presidía el Congreso de la República; es obligación mo­
ral denunciarlo y pedir el castigo de los criminales. Las personas,
instituciones y organizaciones indígenas tenemos el deber ineludi­
ble de poner fin al colonialismo, para que nunca más haya víctimas
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spa ñ a y A m é r ic a L a t in a
186 ------------------------------------------------------------------------------------------------

de nuestro pueblo, para que nunca más el llanto de sus viudas des­
garren el corazón del Qullasuyu.
Qullasuyu, noviembre de 2 0 0 Í

Perú

Para finalizar nos trasladaremos de nuevo al oeste, a Perú, para


hacer un esbozo sobre esta nación de 25 millones de habitantes,
de los cuales un 36 por ciento es indígena, un 40 por ciento
mestizo y entre el 6 y el 10 por ciento de la población es afrope-
ruana. U na mayoría de esta población eligió recientem ente al
mestizo Alejandro Toledo com o presidente.
Las relaciones étnicas en Perú son semejantes a las de Bolivia
en muchos sentidos; por ejemplo, los quechua y los aymara de
las montañas y los grupos indígenas de las junglas amazónicas es­
tán sometidos por una minoría de blancos y de mestizos de clase
media que habitan en las regiones y ciudades costeras (Mendoza
Arroyo, 1993). U n estudio, efectuado por Federico Dejo, de la
Universidad Agraria, muestra que un 81 por ciento de los indí­
genas urbanos manifiestan haber sido víctimas de la discrimina­
ción, sobre todo en el entorno laboral. León, en su análisis sobre
las actitudes en relación con la raza y el etnicismo de los estu­
diantes, sostiene que, en Perú, el racismo es etnosocial, es decir,
una combinación de raza (aspecto) y cultura, pero que, en gene­
ral, la tez más morena y el aspecto físico más indígena equivalen
a un estatus inferior (León, 1998). W ilfredo Ardito lo explica
con las siguientes palabras:

En el Perú, arrastramos desde la Colonia la creencia de que la


capacidad intelectual, la belleza física y el estatus son propios de
la raza blanca. Es verdad que actualmente el dinero, la posición so­
cial, el nivel educativo, el cargo que se ocupa, pueden hacer que
muchas personas olviden el aspecto racial. Sin embargo, es cierto
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
187

también que, cuando estos factores no son evidentes o visibles, las


personas pueden padecer maltratos o discriminación. De hecho,
muchas personas cuyos rasgos físicos los harían discriminables, en­
fatizan siempre dónde viven, qué cargo ocupan y en dónde han
estudiado, con la finalidad de ser respetados (www.lainsignia.org,
Sociedad, marzo de 2002).

A diferencia de otros países latinoamericanos, incluso el dis­


curso oficial y la política se volvieron más duros contra la po­
blación indígena. La Constitución adoptada en 1993 durante el
régim en de Fujim ori limitaba los derechos de los indígenas,
otorgados por la Constitución de 1930, con la excusa de que su
problemática precisaba ser resuelta dentro del marco de un m o­
delo económ ico liberal.
Algo parecido sucede con la dom inación histórica de los
afroperuanos en las urbes, quienes com parten su pobreza y su
posición de segunda categoría con los «cholos». Al igual que en
Brasil, los negros peruanos empezaron a organizarse en la déca­
da de 1980 a fin de oponer resistencia al racismo y de fomentar
un discurso consciente de disenso, siguiendo la antigua tradición
de resistencia frente a la esclavitud y al cimarronaje (Couche,
1975). Veamos a continuación en el texto de la página de ASO-
N E D H (Asociación N egra de Defensa y Promoción de los D e­
rechos Humanos) en Internet, cóm o allí se pone de manifiesto
el tratamiento que reciben en la actualidad los negros y los indí­
genas peruanos:

En el Perú contemporáneo la mayoría de los grupos étnicos


padecen graves problemas económicos, culturales y represivos,
además de estas dificultades son víctimas de prejuicios raciales. Los
hombre y las mujeres son considerados como ciudadanos de se­
gunda y última categoría, y sospechosos de haber cometido algún
delito, o presuntos delincuentes en contra de la Sociedad Civil,
existiendo marginación y discriminación racial encubierta con
D o m in a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
188 ------------------------------------------------------------------------------------------------

una máscara de igualdad legal, siendo muchas veces los entes polí­
ticos, militares y policiales los que contribuyen con su racismo a
colocar dolosamente pruebas o indicios para acusar a miembros de
las comunidades peruanas con el fin de que se les recluyan en las
cárceles, lo que contribuye a que el 80% de la población peniten­
ciaria en el Perú sean de raza negra e indígena entre inculpados y
sentenciados. Generalmente, estas víctimas del racismo permane­
cen en la cárcel durante un período de tiempo que oscila entre 8 y
24 meses.
En el factor educacional las oportunidades son mínimas, pues
existe escasez de colegios, por lo que nuestros jóvenes tienen que
emigrar a la capital en busca de una educación digna, siendo obje­
to de una serie de maltratos por parte de la sociedad, negándoles
de esta manera espacios merecidos.
Cabe mencionar que muchos de nuestros jóvenes llegan a cur­
sar estudios superiores con mucho esfuerzo, pero igualmente si­
guen siendo relegados pues cuando tratan de obtener algún traba­
jo digno, siempre está supeditado a la buena presencia, lo cual está
determinado por el color de la piel y las características físicas, no
tomando en cuenta su capacidad profesional e intelectual.
Por ejemplo y a manera de ilustración y resumen diremos que
en el caso del poblador de raza negra esto significa ser delincuen­
te, vivir en los lugares más pobres, tener los empleos más bajos
(chofer, mayordomo, albañil, pescador, agricultor, técnico, porte­
ro de hotel, etcétera).
Hay una serie de mitos y prejuicios en torno a los ciudadanos
de raza negra como son:

• Que sólo piensan o razonan hasta el mediodía.


• Que las mujeres negras son prostitutas.
• Que las personas negras son delincuentes y gente de mal vivir.
• Que son una raza ociosa.

Al no disponer de datos referentes al discurso de élite en


Perú, este testimonio deberá servir para hacerse una idea preli­
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
189

minar de los tipos cotidianos de racismo de élite que se depara a


los afroperuanos y a los indígenas, por ejemplo en el entorno la­
boral. La investigación futura debería examinar detalladamente
de qué forma los políticos, los medios, los académicos, los maes­
tros, los jueces, los burócratas y otras élites hablan y escriben
cuando se refieren a los negros, a los mestizos y a los indígenas
de Perú, incluso cuando se trate de contextos menos formales.

Conclusiones

A partir de nuestro breve estudio sobre el racismo discursivo


contem poráneo en Latinoamérica, se puede llegar a las siguien­
tes conclusiones generales:

• El racismo discursivo expresa, reproduce y legitima las de­


más formas de racismo, a la vez que lo niega, mitiga, escon­
de o excusa.
• Al igual que el racismo en general, el racismo discursivo
tiene sus raíces históricas en la colonización, la esclavitud y
la dom inación europeas, fundamentadas en una ideología
de superioridad sobre los pueblos, grupos étnicos o «razas»
no europeas.
• M ediante un sofisticado vocabulario étnico, somático y
cromático (negros, pardos, pretos, morenos, mulatos, in­
dios, cholos, etcétera), el discurso expresa y reproduce, día
tras día, las categorías evaluativas y perceptuales de las ideo­
logías de dom inación blanca.
• La «negación positiva» es la estrategia predominante del dis­
curso de élite racista, por ejemplo, mediante la autoatribu-
ción de la «democracia racial» al propio Estado nacional.
• O tra estrategia de negación consiste en la «explicación al­
ternativa»: se justifica en términos de clase la discriminación
y la desigualdad racistas.
D o m in a c ió n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
190 ------------------------------------------------------------------------------------------------

• U na tercera estrategia es la de negar o minimizar las dife­


rencias étnicas o raciales y, por extensión, la desigualdad al
describir a todos los ciudadanos o al país com o «mestizo» o
«mulato» y celebrar de form a retórica las raíces y la cultura
indígenas y /o africanas de la nación.
• D ebido a estas estrategias de negación y a sus ideologías
subyacentes, los discursos público y oficial actuales no sue­
len ser explícita ni directamente racistas, y, en este sentido,
pueden parecer muy distintos de la escritura y del habla in­
formales, cotidianos y no oficiales.
• A menudo, dentro de un exim ente paternalista, se recono­
ce que el pueblo indígena es pobre, que necesita ayuda y
protección.
• Por otra parte y en particular en lo que se refiere a las clases
bajas de origen africano, las minorías mestizas pobres o los
inmigrantes, los discursos mediáticos o políticos menos ofi­
ciales, además de las conversaciones cotidianas, pueden
marcar una clara diferencia entre «nosotros» y «ellos» m e­
diante la asociación negativa de los «otros» con valores y
atributos negativos tales com o la delincuencia, la violencia,
la pereza, el atraso, la estupidez, la amoralidad, la im perti­
nencia, etcétera, y «demostrando» su veracidad mediante la
frecuente divulgación de artículos mediáticos y de relatos
personales negativos sobre los «otros».
• El discurso televisivo, las imágenes, las películas y las tele­
novelas tienden, por lo general, a ignorar a los pueblos indí­
genas y a exhibir de form a marginal su exotismo cuando
son pacíficos, o a tildarlos de violentos cuando oponen re­
sistencia; los negros suelen ser del todo invisibles y, de repre­
sentarlos, es siempre en papeles negativos o subordinados,
asociados a alguna problemática, a la pobreza y a la discri­
minación, com o si de fuerzas inevitables de la naturaleza se
tratara.
• Hay claros indicios de cambio en el discurso racista, esen-
R a c is m o y d is c u r s o d e é l it e e n L a t i n o a m é r ic a
191

cialmente entre los explícitamente racistas y los supremacis-


tas blancos o el discurso paternalista más evidente de antes
de la Segunda Guerra M undial y los discursos oficiales más
conscientes de la última década, más políticamente correc­
tos e incluso a veces antirracistas. Aunque no disponemos
de medios para saber en qué proporción el discurso cotidia­
no ha cambiado en situaciones informales, son suficientes
los datos que tenemos para deducir que persiste la evidencia
de racismo explícito en el habla cotidiana, particularmente
dirigido contra los negros de clase baja.
• En general, después de un período de transición que siguió
a las dictaduras de la década de 1970, en las décadas de
1980 y 1990, se ha evidenciado un cierto auge en el discur­
so de resistencia antirracista por una parte y, por otra, un
modesto desarrollo positivo en el discurso oficial, que reco­
noce cierta autonom ía, valores, quejas y exigencias de los
grupos indígenas y negros, por ejemplo, en los discursos de
política, los medios y la educación. N o obstante, estas m e­
joras se interpretan com o prueba suficiente de corrección
ideológica de la democracia racial y de la negación del ra­
cismo, que continúan definiendo los parámetros principales
del discurso oficial estatal.

N o hace falta subrayar que estas conclusiones generales va­


rían según los distintos países y contextos. De m odo general, el
discurso dom inante sobre asuntos étnicos reproduce, por su­
puesto, la profunda desigualdad social basada en «raza» (color, as­
pecto) y etnicidad en todos los países de América Latina. Ello se
manifiesta de form a más sutil e indirecta en el discurso público
oficial, por ejemplo en los ámbitos de la educación y la política,
y más explícita y crudam ente en la conversación cotidiana y en
los medios. Por otra parte, algunos discursos de élite contem po­
ráneos también ponen de manifiesto y provocan un cambio so­
cial, del cual es responsable en gran medida la creciente concien-
D o m i n a c i ó n é t n ic a y r a c is m o d is c u r s iv o e n E spañ a y A m é r ic a L a t in a
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