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Por ROBERTO VALENCIA

Todavía hoy Stanisław Lem es un


escritor poco conocido. En El abrazo
partido, la película de Daniel Burman,
un descendiente de inmigrantes
judíos de Buenos Aires trata de
obtener la nacionalidad polaca, y
acude a la entrevista con el cónsul.
Interpelado por éste para expresar sus
conocimientos de la cultura polaca,
sólo cita esos nombres arquetípicos
que parecen evidenciar la relevancia
de aquel país: Juan Pablo II, Lech
Wałesa, Copérnico y hasta ese
cineasta más bien limitado -es decir,
sobrevalorado- que es Roman
Polanski. Sospecho que la ignorancia
respecto a uno de los grandes
escritores del siglo XX, Stanisław
Lem, impregna actualmente tanto a
lectores europeos como a gran parte
de la ciudadanía polaca. Ya sabemos
las circunstancias del olvido. Algunas
serían: su reclusión estilística durante
buena parte de su carrera en el ámbito
de la ciencia ficción; la escasez de
traductores con conocimientos de
filosofía, literatura y ciencia para trasladar su obra a otras lenguas; su residencia
-es decir, aislamiento- en Cracovia; y la constatación de que sus libros jamás
abrazaron ni las convenciones del realismo ni las de la literatura de
entretenimiento vagamente filosófica que ha adoptado buena parte de la ciencia
ficción.
En otra parte escribí que la reivindicación definitiva de Lem sólo se
producirá cuando se edite y comente desde instancias críticas alejadas del
ámbito específico de la ciencia ficción. Lo cual es algo que hay que lamentar de
inmediato, porque arroja la conclusión de que todavía hoy, a mediados o finales
de la posmodernidad, la única literatura con patente "seria" sigue siendo la
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realista, y todo eso que aún se denomina "subgéneros" -donde se incluye la
ciencia ficción- constituyen nichos literarios de cuarta categoría donde se
entierran a esos escritores magistrales que cultivaron su genio ajenos a la
representación más chata de la realidad social (sea lo que sea la realidad).
Tendrá que ser esta vía, o que la renovación en marcha de los estamentos
críticos, universitarios y editoriales, afiance de una vez el criterio de que
cualquier género -cualquier cruce de géneros- puede producir alta literatura.

STANISŁAW LEM:
HIJO DE BORGES

Pero regresemos a nuestro hombre. Una de las genealogías intelectuales que no


se ha estudiado lo bastante en Europa es la de los discípulos de Borges.
Emuladores del maestro argentino los ha habido a puñados. Lo que quizás ha
escaseado son, por un lado, autores que hayan continuado o incluso histerizado
su genial proyecto estético más allá de la imitación cosmética de sus tonos y
argumentos. Por otro, también se echa de menos que el establecimiento de una
sólida red de contribuciones del argentino con la que ofrece al género fantástico
esa respetabilidad tan necesaria. De ahí que, aunque sus obras también
cultivaron otras temáticas y mantuvieron un tono literario propio, autores de la
talla de Danilo Kiš o el propio Lem aguardan una reivindicación al abrigo de
Borges, un análisis que podría descifrar sus proyectos literarios y abrir esa
cadena de filiación con el escritor argentino.
Lo que quizás convierte a Lem en discípulo de Borges es el hecho de que
ambos, eligiendo caminos intelectuales no del todo coincidentes, siguieron esa
conjetura de Hume, citada por Borges en su ensayo El idioma analítico de John
Wilkins, de que es imposible saber a ciencia cierta qué es el universo: "El mundo
es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a
medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios
subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción
de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto". Esto tiene como
consecuencia más palpable para el ejercicio de la literatura que ésta pueda
apoyarse de una manera especulativa, lúdica e incluso ensayística, en la
formulación de nuevas teorías filosóficas sobre la realidad del universo y el
sentido de la vida humana, a la hora de concebir sus ficciones. Lo prioritario ya

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no sería observar la filosofía y la ciencia como disciplinas intocables y de una
seriedad incuestionable, sino optar desde la ficción por plantear nuevas
hipótesis, valiosas por su belleza o irradiación estética y sin que eso deje de
abrir -aunque sea irónicamente o desde instancias lúdicas- posibilidades del
conocimiento a tener en cuenta. Ambos escritores plantearon sus particulares
guerras partiendo de esta premisa. Mientras que en Borges la pretensión es
eminentemente lúdica -no lo serán sus consecuencias- e incluso erudita, en Lem
todo resulta más grave, crítico y ambicioso. En numerosos textos el polaco
combatirá con uñas y dientes el antropomorfismo de la ciencia o, a la manera de
un sabio didáctico, inventará ficciones para revelar algunas paradojas del saber.
Lem, además, continuará algunas ideas literarias de Borges, por ejemplo, sobre
la causalidad de los acontecimientos (leer "De impossibilitate vitae/De
impossibilitate prognoscendi" después de "Deutsches réquiem"). Y también llevará
al límite en los libros que integran su "Biblioteca del Siglo XXI" el ejercicio
esbozado por el argentino (aunque antes hubo otros: Rabelais, Swift...) de
comentar libros imaginarios.
Siempre desde una perspectiva crítica, incluso altiva, en Lem se
entrecruzan la ciencia, la filosofía, la literatura y hasta las ciencias naturales.
Esta imbricación humanista de distintas disciplinas del conocimiento en un
mismo proyecto literario eleva su ambición hasta límites poco frecuentados.
Como quiera que su talento hizo posible la cristalización de esas ambiciones en
un resultado genial y de hondas consecuencias intelectuales, dicha hibridación
le plantea al lector común una gran exigencia. Dicho de otra manera: la
literatura de Lem no es sencilla. Bajo sus ficciones se esconden feroces alegatos
contra el saber establecido que hay que interpretar, ironías y paradojas sobre el
conocimiento científico, crueles parodias de corrientes literarias que no eran de
su agrado, relecturas de hechos históricos y geniales hipótesis que voltean las
convenciones intelectuales de una manera heterodoxa -es decir, bastante
gamberra- pero también inquietante. Esto hace que su obra requiera una larga
digestión. Y que para desentrañarla en toda su magnitud, se precise echar mano
de saberes no precisamente poéticos. Por eso hemos convocado en este dossier a
personas con evidente vocación literaria, pero que también poseen
conocimientos de esas otras disciplinas del saber que Lem fusionó en sus
páginas. Del mundo de la bioquímica procede el escritor Germán Sierra,
habitual de esta revista con su columna Wireless, que explica en su artículo el
posicionamiento de Lem respecto a un concepto tan polémico como el de
inteligencia artificial. Ingeniero agrónomo, escritor y editor, Javier Fernández
disecciona en su texto la crítica científico-política que Lem materializó sobre el
conocimiento científico. Ángel Antonio Moreno, primer doctorado en España
con una tesis sobre literatura de ciencia ficción, trata de ubicar al escritor
polaco, si es que eso resulta posible, en ese contexto. Y Luis Gámez desmiga el

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último proyecto literario de Lem: la ''Biblioteca del Siglo XXI". Como colofón,
ofrecemos la traducción de un capítulo de la larga entrevista que el periodista
polaco Stanisław Bereś le hizo a Lem. Procede de un libro inédito en español,
donde el maestro comenta extensamente su vida, pensamiento y obra. En el
fragmento que publicamos, Lem habla de Golem, uno de sus últimos libros de
ficción. Su publicación ha sido posible gracias a la cesión de los derechos por
parte de sus herederos y a la generosidad de Editorial Impedimenta.
Viajamos por el espacio, señores. Pero no vamos en busca de guerreros
medievales y sus maniqueas luchas galácticas. Perseguimos pensamiento
crítico, cascotes de nueva sabiduría y conjeturas provisionales sobre la
terrorífica extensión del universo.

CREMOTERAPIA E INVESTIGACIÓN
La ciencia según Lem

Por JAVIER FERNÁNDEZ

1. NOTA BENE
Los libros de Stanisław Lem son artefactos complejos. Se resisten a la sinopsis, a
la simplificación, a la reducción del todo en partes. Tal es el grado de densidad,
estética e intelectual, de una literatura en la que con frecuencia se imbrican
narración y tesis. Y sin embargo Lem resuelve dicha complejidad de forma
placentera para el lector, que encuentra invariablemente en su obra un territorio
tan provechoso en profundidad como en superficie.
En sus textos más sobresalientes, la penetración intelectual va de la mano
de la emoción sentimental, y el resultado es excitante y hermoso. Más aún,
cuando la estrategia narratológica bascula hacia lo discursivo, la subsumisión
de personajes, atmósfera y anécdotas al desarrollo ordenado de un manojo de
ideas, con la consecuente pérdida de naturalidad que de esto se deriva, no
desbarata en absoluto la solvencia estética. Tampoco lo exclusivo del lenguaje
de las habituales piezas satíricas o metatextuales del escritor resta un ápice de

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agilidad a la lectura; ni el carácter ejemplar de sus fábulas se construye en
detrimento de las propias historias.
Y es que, insisto, los libros de Lem son artefactos complejos, de gran
riqueza conceptual. Pero de lo que se trata aquí es precisamente de despiezar y
analizar algunos materiales compositivos de su poética; más concretamente, lo
relativo a uno de los temas recurrentes de su ficción: la crítica de la ciencia.
Sirva esta nota para invitar a la lectura de las novelas y cuentos del polaco,
quien se explicó a sí mismo sobradamente por vía narrativa de forma más
extensa y acertada de lo que pueda hacerlo cualquier comentario.

2. CIENCIA PARA PRINCIPIANTES


Antes de entrar propiamente en materia, me gustaría traer al lector algunas
cuestiones asociadas a la ciencia que considero pueden serle de utilidad,
comenzando por la primera entrada de la definición del Diccionario de la Lengua
Española. En ella encontramos que el término "ciencia" proviene del latino
scientia (conocimiento) y es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la
observación y el razonamiento sistemáticamente estructurados y de los que se
deducen principios y leyes generales.
Nótese que, según lo anterior, observación, razón, sistema y estructura
son elementos integrantes de lo que llamamos ciencia. Personalmente, me llama
la atención que la entrada acabe con una coletilla dedicada a algunos productos
teóricos derivados de la ciencia en tanto que los tecnológicos son omitidos,
quizá por considerarse secundarios o episódicos. Lo que nos lleva a la clásica
división de la ciencia en "ciencia básica" o "pura" y "ciencia aplicada" o
"tecnología". Dicha separación se refiere al objetivo de la actividad científica: la
ciencia básica persigue un fin puramente cognitivo o intrínseco, relacionado de
manera fundamental con el incremento de conocimiento; la tecnología, por su
parte, pretende un objetivo utilitario, extrínseco, que, en el mejor de los casos,
implicará la mejora del bienestar. Mi intención al traer aquí a colación estos
aspectos no es otra que consignar el hecho de que ambas capacidades,
incrementar el conocimiento y mejorar el bienestar, están en la raíz de lo que
hoy entendemos, simple y llanamente, por ciencia.
Les citaré a continuación una segunda definición en cuya formulación
participé hace ya más de una década y media y que contempla cuestiones
relacionadas tanto con la función de la ciencia como con su funcionamiento
metodológico:

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"Definimos Ciencia como la adquisición, explicación y aplicación del
conocimiento. Su función es, pues, la de explicar la realidad y predecir o, en su
defecto, acotar acontecimientos futuros valiéndose para ello de leyes
sistemáticas, universales y necesarias, cuya validez sólo es temporal."
Aquí, la ciencia no queda reducida a la mera obtención del conocimiento
sino que se le añaden dos virtudes más: explicar y aplicar. Dicho de otro modo,
la ciencia trata de acercarse a lo desconocido, pero también es tarea suya revisar
y discutir lo ya conocido, así como fabricar aplicaciones teóricas o prácticas de
la realidad explicada.
En cuanto a la función de la ciencia, mencionada de forma explícita en la
cita, conviene tener presente que "predecir" se refiere exclusivamente a las
ciencias naturales, y que el término "acotar" habilita la inclusión de las
denominadas ciencias sociales, como la economía o la sociología, cuyos
aparatos teóricos lidian con el mutable y nada fiable ámbito de la naturaleza
humana. En este último caso, y aceptando que los fenómenos sociales están
circunscritos a un rango finito y determinado de posibilidades, acotar la
realidad equivaldría a predecir a posteriori, si se me permite la paradoja. Queda
implícito el hecho de que una misma causa social puede provocar un abanico
de efectos posibles, pero otros -siempre desde el punto de vista científico- son
sencillamente imposibles.
Finalmente, al conceder una validez temporal a las leyes científicas, esta
segunda definición no hace sino mención al progreso interno de la ciencia. A
menudo, el avance científico se produce en contra de sus propios paradigmas y
exige reformular los supuestos teóricos dados por válidos hasta entonces. He
aquí una característica de la actividad científica que se ha entendido
frecuentemente como debilidad epistemológica. Y lo es, qué duda cabe, pero no
tanto de la ciencia como de su fabricante, el ser humano.

3. ¿LA CIENCIA? TE VOY A HABLAR DE LA CIENCIA


Puestos ya a analizar la crítica lemiana de la ciencia, lo primero que hay que
hacer notar es que se trata de un ataque integral, un derribo en toda regla. El
conjunto de la obra del polaco cuestiona los métodos cognitivos que se dicen
científicos, pero también pone en tela de juicio la finalidad de la cosa en sí. Los
agentes y doctrinas, los anhelos, productos y logros de la ciencia o, más
concretamente, de la utopía científica, son dibujados frecuentemente con no
poca chufla, y el cientifismo, allá donde aparece, es un motivo jocoso. Dicho de
otro modo, Lem ataca el cómo, el qué, el quién y hasta el para qué del asunto.

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Se diría que no deja títere con cabeza. Y se diría bien. Pero, ¿por qué la ciencia?
¿Por qué una crítica tan amplia, detallada e insistente?
Quizá una explicación se halle en la denuncia política que subyace en la
literatura de Lem: motivos filosóficos y formales aparte, su crítica de la ciencia
ha de entenderse también como un reproche al régimen comunista impuesto en
Polonia a partir de la segunda guerra mundial. Un régimen, el soviético, que se
apoya en el carácter supuestamente objetivo de la ciencia para explicarse a sí
mismo como la consecuencia ineludible del progreso histórico, toda vez que
identifica idealismo y superchería, materialismo y verdad. La iconografía
proyectada desde el Estado trata de excluir el ámbito sentimental, subjetivo, y
combina hombre y tecnología, entendida esta como un producto sublime del
pueblo, y aquel como la auténtica y única medida de la naturaleza. Por otra
parte, desterrada la revolución continua del iderario socialista, el sistema que se
extiende desde Rusia consolida una burocracia interminable, cuya fidelidad al
propio sistema es incuestionable. Al mostrar la debilidad epistemológica del
antropomorfismo, al ironizar sobre el cientifismo, al ridiculizar los logros y
cuestionar la autoridad misma de la ciencia, Lem está radiografiando las
contradicciones del totalitarismo que lo circunda, repudiándolo. Pero no quiero
decir con esto que la crítica se agote fuera del entorno mencionado. Todo lo
contrario. De este lado del telón de acero, o, mejor aún, en un Occidente sin
telones de acero, el asalto es igualmente válido. Lo que se está criticando es un
tópico de nuestra cosmovisión capitalista.
Les decía antes que la crítica de la ciencia expuesta por Lem a lo largo y
ancho de su producción literaria integra numerosas vertientes. En síntesis,
considero que todas ellas pueden ser condensadas en tres categorías: crítica de
la metodología científica, crítica del objetivo de la ciencia y crítica de la propia
comunidad científica o de su sursum corda, el ya mencionado cientifismo. Por lo
extenso del tema, en el presente artículo me centraré en algunas de las
estrategias usadas por Lem para criticar la metodología científica en su novela
La investigación (Śledztwo, 1959), si bien no quiero dejar pasar la oportunidad de
anotar algunos ejemplos de las otras dos categorías.
Referente a lo que he denominado crítica del objetivo de la ciencia,
pienso que Solaris (1961) es uno de los textos que más y mejor la expresa. Como
sabe de sobra el lector avisado, la citada novela plantea el contacto entre la
humanidad y una forma de vida alienígena, esencialmente diferente de lo
humano, el planeta Solaris. El libro apunta la angustia epistemológica derivada
de nuestra pretensión de conocimiento, pues el hombre, incapaz de resolver lo
misterioso, apenas está capacitado para sustituir un enigma por otro, siempre
más oscuro, siempre más ininteligible que el anterior. El progreso o avance
científico es descrito indefectiblemente en Solaris de manera irónica: no hay
asimilación de lo nuevo por parte de lo humano, ni aprendizaje alguno. Para
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Lem, los intentos de los científicos por contactar con Solaris les llevan al
ridículo, máxime cuando los personajes son incapaces de comunicarse con éxito
entre sí mismos. El hombre, apegado estructuralmente al antropomorfismo,
compone modelos basándose en cualidades humanas, pero lo hace sin haber
completado la exploración de sus propios abismos interiores, sin haber
confeccionado completa y previamente el mapa de lo humano. He aquí la
ironía: si el hombre es un desconocido para el hombre, la comunicación
humana es indescifrable. Y aun así, ¿es ese mismo lenguaje la herramienta con
la que se pretende alcanzar el cosmos?

En cuanto a la burla de la comunidad científica y el cientifismo, y por


ajustarme de nuevo a un solo ejemplo, Congreso de futurología (Kongres
futurologiczny, 1971) se propone como una fábula extrema sobre la extensión de
los métodos científicos a la vida cotidiana. En el futuro soñado por el
protagonista Ijon Tichy, la química farmacológica se ha adueñado de las calles,
promoviendo un nuevo sistema cultural, la psiquimicracia o generalización
social de la psicoquímica y, con él, un nuevo sistema de intercambios, la
cremocracia -término que viene de la expresión "untar con crema", esto es,
sobornar-, no tan distinto del nuestro. Como puede apreciarse, la sátira del
lenguaje científico impregna la totalidad del libro, y los propios científicos -
burócratas, utilitarios o idealistas hasta lo delirante, infantiles, vendidos al
poder e incapaces de establecer una relación natural con el mundo real- son
puestos constantemente a caldo a lo largo de sus páginas.

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He escogido Solaris y Congreso de futurología para ejemplificar,
respectivamente, la crítica al objetivo de la ciencia y la crítica al cientifismo,
pero es fácil que el lector encuentre otros ejemplos de lo mismo en la extensa
bibliografía de Lem, y también ha de entenderse que las dos novelas anteriores
contienen pasajes y situaciones encuadrables en cualquiera de las tres categorías
mencionadas. Por su parte, La investigación, en la que me centraré de ahora en
adelante, contiene retazos tanto de la crítica lemiana al objetivo de la ciencia
como de la crítica a la comunidad científica, pero entiendo que el grueso de su
discurso guarda relación con la crítica de la metodología científica, y es por esto
que me detendré a analizarla principalmente desde esa perspectiva.

Funcionarios de la sociedad a la que


sirven, los investigadores de Lem -
¿policías, científicos?- son incapaces de
acercarse siquiera al misterio, y el polaco
nos recuerda que lo que les ocupa no es
hallar verdades, ni revelar las causas de
los fenómenos, menos aún descifrar la
vida y la muerte.

4. CAMINANDO EN LA NIEBLA
Novela fronteriza entre el género detectivesco y el de ciencia ficción, La
investigación (Śledztwo, 1959), gira alrededor de una serie de sucesos de difícil
explicación: en diversas morgues inglesas se ha registrado el repentino cambio
de posición, el desplazamiento o la desaparición de algunos cadáveres. He aquí
la pregunta que motiva la investigación a que hace referencia el título: ¿son
estos hechos obra de un criminal, un profanador de muertos, un perturbado, o

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se trata por el contrario de una transitoria vuelta a la vida de los cadáveres? Y
en este último caso, ¿existe una explicación racional del fenómeno?
Definido el problema de partida, el libro detalla los progresos del
puñado de policías de Scotland Yard encargado de dar respuesta a los
anteriores interrogantes. A pesar de la acumulación de datos policiales expuesta
al comienzo de la novela, pronto queda claro que no existen pruebas
terminantes en una u otra dirección, ninguna certeza que permita descartar las
diferentes hipótesis, ni aun las más descabelladas. Y es aquí donde, tal como yo
la entiendo, La investigación se aparta de las convenciones del género negro para
revelarse como un pormenorizado y angustioso análisis de los métodos
tradicionales de la ciencia. Consideremos tres de los personajes principales: el
agente de policía Gregory, el inspector general Sheppard y el doctor Sciss, un
extravagante científico invitado por Scotland Yard para dar su opinión sobre el
caso. Cada uno de estos tres actores aborda la investigación desde posturas
epistemológicas distintas; visto de otro modo, cada uno encarna un tipo distinto
de argumentación científica, de método.
En el reparto de papeles, Gregory personifica el método deductivo, pues
su pensamiento va siempre de lo general a lo particular. Las premisas del
agente son estas: una firme creencia en la imposibilidad de los milagros, el
convencimiento de que detrás de todo hecho inexplicable hay siempre una
mano humana. Su línea de investigación está determinada por la lógica y la
labor de Gregory se centrará en adecuar la observación, los indicios, los hechos
particulares, a una verdad incontestable: el extraño fenómeno es obra de un
criminal. La conclusión final ha de ser un nombre, el del culpable. Aun cuando
el policía acepta que el caso genera imposibilidades lógicas, que hay algo
perverso en todo el asunto, su fe es inquebrantable a lo largo de la práctica
totalidad de la novela. Lejos de contemplar soluciones metafísicas, Gregory se
aferra a sus creencias, deduce, por ejemplo, que el malhechor no es un
psicópata sino una mente brillante que ha empleado su intelecto en producir
enigmas. Y la continua falta de respuesta que se sigue de aplicar las reglas
lógicas a las pesquisas, pistas periciales y datos de partida, nunca invalida el
método, es, en todo caso, consecuencia de una investigación en marcha,
incompleta aún. El proceso discursivo descendente, que pasa, como se ha dicho,
de lo general a lo particular, quedará supeditado a la búsqueda y obtención de
nuevas pruebas que permitan la ansiada confesión del culpable. Sea este quien
sea.
El doctor Sciss, por su parte, enfrenta la cuestión desde una perspectiva
diametralmente distinta. Sus elucubraciones surgen de la feroz aplicación del
método inductivo, esto es, van de lo particular a lo general, nacen directamente
de los datos objetivos y concluyen con la obtención de una ley que los explica,
en este caso, una función matemática. Su herramienta principal y única es la
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estadística, de modo que su análisis carece de prejuicios, se circunscribe a los
hechos. Poco importa que la curva obtenida a partir de los datos de la muestra
se traduzca en conclusiones antinaturales o inverosímiles. No hay margen de
error en el proceso, es el álgebra quien habla; el error, en todo caso, vendrá
causado por la imprecisión o fallo en la obtención de dichos datos por parte de
la policía. Y las conclusiones de Sciss no pueden ser más terminantes: los
cadáveres se mueven por sí solos, el comportamiento aberrante sigue un patrón
espacial en el plano de Inglaterra; trazada una serie de circunferencias
concéntricas, el fenómeno se aleja cada vez más de su hipotético centro, unos
terrenos yermos y pantanosos. ¿Acaso el milagro? No tan de prisa. Será tarea de
otros hallar el sentido a lo que parece no tenerlo. Tarea de la medicina, la
biología, la física, pero nunca de la estadística. ¿Un virus reanimante, un
espíritu salido del pantano que invade los cuerpos muertos, la acción directa
del creador? En última instancia, Sciss ha trazado las líneas que unen los puntos
diseminados en el papel hasta hallar su dibujo. La forma misma del dibujo no
es de su competencia.
Por último, Sheppard, el flemático inspector general de Scotland Yard, se
reserva irónicamente para sí mismo el método hipotético deductivo, la piedra
angular de la ciencia moderna. Y digo irónicamente porque se siente aquí una
identificación entre la ciencia y la autoridad representada por la policía, pero ya
les hablé antes de esto y no quiero desviarme del asunto. Dicho sencillamente,
el método hipotético deductivo posee tres fases: una, la propia existencia del
problema; dos, la formulación de hipótesis, sugerencias o conjeturas que lo
expliquen, también denominadas soluciones tentativas; y tres, el contraste de
dichas hipótesis con la realidad observada hasta obtener una que resulte
consistente o, caso de no hallarla, el forzoso regreso a la etapa anterior de
formulación de hipótesis. Esta es la estrategia de Sheppard ya cerca del final de
la novela. En un hermoso alarde literario, Lem cierra el libro con una
interrogante mayúscula: todas las líneas enunciadas a lo largo de La
investigación son válidas e igualmente inválidas. Sheppard muestra a Gregory la
sorprendente confesión de un agente moribundo que afirma haber visto alzarse
y moverse espasmódicamente un cadáver, lo que ratificaría la solución de Sciss.
Pero ¿cómo fiarse de simples impresiones subjetivas, más aún de las de un
moribundo medio enloquecido? En boca de Sheppard, la teoría de Sciss acaba
convertida en mera hipótesis. A continuación, el inspector general sorprende a
Gregory con la noticia de la detención de un camionero cuya ruta incluía los
alrededores de las morgues afectadas por el fenómeno. El agente estalla de
contento, si hay un culpable su método habrá demostrado su validez. Pero, ¡ay!,
Sheppard confiesa que el camionero en cuestión dispone de coartadas sólidas
para algunas de las noches en las que se registraron los movimientos y
desapariciones de cadáveres. Gregory se derrumba. Y sin embargo, continúa la

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argumentación de Sheppard, ¿y si el fenómeno no fuese obra de un criminal
sino de varios? ¿Y si son dos los profanadores de cadáveres, o tres, o cuatro?
Véase que el método hipotético esgrimido por Sheppard no deja de
proporcionar hipótesis, pero ninguna solución. En última instancia, tanto la
posibilidad enunciada por Sciss, el milagro, como la de Gregory, el crimen,
tienen sus propios argumentos a favor, pero ambas son igualmente
indemostrables. Los distintos métodos científicos se han puesto en marcha para
resolver el problema, y todos y cada uno de ellos han resultado ineficaces. Por
toda respuesta, la novela deja al lector en una completa incertidumbre
epistemológica.
Pero aún le resta un corolario a la sátira. El objetivo de la investigación
es, simple y llanamente utilitario. Funcionarios de la sociedad a la que sirven,
los investigadores de Lem -¿policías, científicos?- son incapaces de acercarse
siquiera al misterio, y el polaco nos recuerda que lo que les ocupa no es hallar
verdades, ni revelar las causas de los fenómenos, menos aún descifrar la vida y
la muerte. Su motivación última hay que encontrarla en la función que cumplen
en la sociedad a la que pertenecen. A fin de cuentas, lo que les preocupa no es
otra cosa que dejarlo todo como estaba antes del fenómeno; dicho más
claramente, dar carpetazo al caso. Y para esto les sirve cualquier culpable. O
mejor aún, puestos a idear una solución humanitaria, para evitarse
complicaciones innecesarias, qué mejor que culpar a quien no se pueda tomar
declaración.

A un muerto, por ejemplo. §

LA INTELIGENCIA
NATURAL DE STANISŁAW LEM
Un universo de máquinas humanas

Por GERMÁN SIERRA

1. ROBOTS FUERA DE SÍ
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La ciencia trabaja a partir de hipótesis experimentables. Por ejemplo: si el objeto
A se sitúa en unas determinadas condiciones, podría suceder R. Se busca el
modo de situar al objeto en cuestión en las condiciones apropiadas, y se
comprueba si la suposición era correcta. La ficción, en cambio, incluso cuando
pretende ser científicamente verosímil, dispone de absoluta libertad para ser
metahipotética -esto es, dar por supuesto, sea experimentable o no, que el objeto
A situado en determinadas condiciones daría lugar a B- e ir directamente a
imaginar las consecuencias que la existencia de B tendrían sobre el mundo.
Según los defensores de la ortodoxia de los géneros, la ciencia-ficción se
ocuparía de aquellas metahipótesis derivadas de hipótesis científicamente
plausibles -aunque incomprobables- en un momento histórico concreto, mientas
que las narraciones metahipotéticas que no cumplen tal condición suelen ser
calificadas de fantásticas. Sin embargo, no siempre es tan sencillo distinguir lo
verosímil de lo inverosímil. Para algunos científicos, por ejemplo, la existencia
de civilizaciones extraterrestres entraría en el grupo de hipótesis plausibles,
mientras que para otros se trata sencillamente de una fantasía.
"El cosmos no ha sido creado para nosotros", escribe Dagmar Barnow1.
"Somos el resultado de cambios astrofísicos a gran escala, y puede suceder, nos
advierte Lem, que la inteligencia extraterrestre que algún día descubramos sea
tan diferente de nuestros propios conceptos que no queramos llamarla
inteligencia. En otras palabras -y gran parte de la obra de Lem, como El
Invencible o Solaris, juega con esa posibilidad-, esa inteligencia puede ser
radicalmente ajena a nosotros." Stanisław Lem se plantea una de las preguntas
esenciales de la historia de la evolución: si los seres humanos somos la
consecuencia de una serie de eventos altamente improbables, entonces es
posible que en otros rincones del Cosmos la materia haya evolucionado de otro
modo, desarrollándose en formas de organización que ni siquiera podríamos
llegar a reconocer como tales. Si, por el contrario, la evolución terrestre es el
producto de una tendencia natural de la materia a la auto-organización (como
piensan Stuart Kauffmann, Richard Coren y la mayoría de los científicos que se
ocupan hoy de estos fenómenos)2, deberían existir algunas leyes universales, y
cualquier proceso evolutivo en cualquier rincón del Universo debería haber
procedido de forma semejante a lo acontecido en la Tierra. Lo que supondría la
posible existencia de seres, si no idénticos, al menos, comprensibles.
"Ciertamente", escribe Barnow en el artículo citado más arriba, "Lem concede
que la cuestión de si la inteligencia es la culminación necesaria de la evolución,
o simplemente un accidente, está basada en nuestra propia episteme humana.

1
Dagmar Barnow, Science Fiction as a Model for Probabilistic Worlds: Stanisław Lem's Fantastic
Empiricism, Science Fiction Studies, n° 18, 6, 1979.
2
Stuart Kauffmann, At Home in the Universe, Oxford University Press, 1995./ Richard L. Coren,
The Evolutionary Trajectory. The Growth of Information in the History and Future of Earth, Gordon and
Breach, 1998.
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Sin embargo, esta perspectiva inevitable no debe y no necesita ser la causa de
un irreflexivo antropocentrismo [...] Como norma, no intentamos encontrar
orden, sino simplemente un cierto tipo de orden, uno que se conforme a los
principios de claridad, generalidad e inmutabilidad. Pero estos principios no
son verdades reveladas; son simplemente convenciones científicas."
En numerosas ocasiones, considerar plausible o no una hipótesis dentro
de un marco científico-teórico, depende de interpretaciones de la realidad que
son absolutamente no científicas. Escribía hace unos meses en esta misma
revista que uno de los mayores inconvenientes de las llamadas teorías de la
inteligencia artificial consiste en la indefinición de su objeto de estudio -
dificultad común a todas las ciencias dedicadas a la investigación de las
funciones cognitivas que, con mucha frecuencia, aparece reflejada en las
ficciones inspiradas o construidas sobre supuestas bases científicas. "Los
significados de inteligencia y artificial son ambos problemáticos, vagamente
científicos y derivados de un concepto obsoleto de la materia. Se confunde
demasiado a menudo inteligencia -e incluso información- con flujo de datos e
instrucciones, y se extraen conclusiones equivocadas. Lo que llaman
inteligencia de la máquina no es más que su capacidad de adaptarse a nuestras
hipótesis del mundo"3. Apuntaba en ese mismo artículo que una máquina, por
muy sofisticada que sea, no deja de ser una herramienta, y la única inteligencia
que la anima es la inteligencia humana -en este sentido, ambas inteligencias son
una desde el principio. Lem parece haber comprendido la paradoja antropocén-
trica mejor que la mayoría de sus contemporáneos, sin caer por ello en la falacia
funcionalista: a saber, que las funciones cognitivas son exclusivamente
computacionales y, por ello, pueden aparecer en cualquier sistema lo
suficientemente complejo e interconectado4. De hecho la mayoría de las
"inteligencias artificiales" que aparecen en los relatos de Lem no sólo no parecen
ajenas o incomprensibles para el ser humano, sino que en muchas ocasiones
resultan decididamente "poco inteligentes" y, como ensayos realizados por un
dios con poca experiencia, acaban por producir universos más extravagantes
que eficientes.
Por ejemplo, en una de sus más curiosas colecciones de relatos, Ciberiada,
Lem nos presenta a los constructores de máquinas Clapaucio y Trurl
resignándose una y otra vez a que los mecanismos que desarrollan resulten ser
completamente inadecuados (a veces por defecto y otras por exceso) para el
propósito para el que han sido diseñados, incluso cuando se trata de las
funciones más elementales: "Una vez Trurl construyó una máquina de calcular
que resultó ser capaz de una sola operación: multiplicaba únicamente dos por

3
Germán Sierra, "Singularidad", Quimera, nro. 302, Enero 2009.
4
Existen numerosos argumentos contra el funcionalismo. Un buen repaso crítico de algunos de
ellos puede encontrarse en Gerald Edelman, Bright Air, Brilliant Fire, Basic Books, 1992, pp. 211-252.
14
dos, dando, encima, un resultado falso. La máquina era, empero, muy
ambiciosa y su disputa con su propio constructor casi termina trágicamente."
(El Electrobardo de Trurl, p. 22)5. Porque es característico en los robots de Lem
que, tarde o temprano, van a empezar a hacer cosas distintas de aquellas para
las que han sido programados -aunque no sea culpa del robot, sino de sus
programadores que no han tenido en cuenta algún aspecto esencial durante su
construcción. Los robots, como muestran buena parte de las misiones de
"reparación" del Piloto Pirx, tienen serias dificultades para obedecer las
instrucciones de los seres humanos, quizás tantas como los propios seres
humanos para adaptarse a las normas sociales. No es frecuente en Lem, como
en las ficciones de Asimov o Philip K. Dick, que ciertas emociones huma-
noides emerjan del incremento exponencial en la capacidad de computación de
un "individuo" (con algunas excepciones, siendo la más notable el robot
mujer/insecto de La máscara)6, pero si acontece que toda máquina, por muy
sofisticada que sea, está llena de bugs, de defectos, de imprecisiones. El
problema no es que el robot llegue a enloquecer de soledad o amor, sino de que
puede ponerse a hacer cosas imprevistas, incomprensibles, obstinadas e incluso
violentas, no por intentar ser más humano, sino por empeñarse en ser todo lo
robot que puede ser.
En Ciberiada, que nos presenta un universo más próximo al los de Swift,
Carroll o Borges que a los de otros autores de ciencia-ficción contemporáneos,
cuando se reúne un número suficiente de máquinas -una "población"-, entonces
la suma de esos bugs, de esos defectos, de esas imprecisiones, componen un
sistema "demasiado perfecto" para restringir su conducta a lo que sus creadores
habían calculado. La máquina, por sí sola, puede no llegar a ser humana, pero
una sociedad de máquinas podría tender a comportarse como una sociedad
humana o, al menos, como los Yahoos y los Houyhnhnms.
Las máquinas, por sí mismas, son capaces de imitar la evolución,
obedeciendo a principios diferentes, quizás universales, de la programación a la
que han sido sometidas. Una sociedad de máquinas, propone Lem, podría
desarrollarse, por ejemplo, de acuerdo a principios utópicos: "Lo que ocurre es
que, superado un cierto límite, el militarismo, fenómeno puramente local, se
convierte en civilismo, por la sencilla razón de que el Cosmos en su esencia es
absolutamente civil. Y, precisamente, ¡el espíritu de ambos ejércitos había
alcanzado ya las dimensiones cósmicas! Aunque por fuera brillara el acero,
corazas, obuses y mortíferas lanzas, por dentro se levantaron olas de un doble

5
Las citas de Ciberiada están sacadas de la edición de Alianza Editorial, El libro de bolsillo, de
2005.
6
La Máscara es un relato singular que ha merecido extensos comentarios. Uno muy
recomendable es el de N. Katherine Hayles "(Un)masking the agent. Stanisław Lem's The Mask" en My
Mother was a Computer, University of Chicago Press, 2005, pp. 171- 192.
15
océano de serenidad tolerante, amistad universal e inteligencia perfecta.
Formadas en las faldas de las colinas, relucientes bajo los rayos del sol, las dos
tropas se sonrieron mutuamente con cariño." (La trampa de Garganciano, p. 20)7
O, como en el relato titulado Cómo su propia perfección puso a Trurl en un
mal trance, la perfección social de un mundo medieval diseñado por encargo de
un tirano lo lleva a desarrollarse más allá de su programación y evolucionar
hasta una sociedad equivalente a la humana actual:

"—¡Mira! —dijo Clapaucio, indicando una nubecilla en forma de una


minúscula seta, que se difundía lentamente en la atmósfera—. Ya conocen la
energía atómica... Y allí, más lejos, ¿ves aquella forma de cristal? Son los restos
de la caja convertidos en una especie de templo...
—No entiendo. Si no era más que un modelo. Un proceso de gran
cantidad de parámetros, un campo de entrenamiento monárquico, una
imitación en base a variables acopladas en el multistato... —farfullaba Trurl,
atónito y aturdido.

Science-Fiction
Rok 2507

—Sí. Pero cometiste el imperdonable error del exceso de la perfección


imitadora. Reacio a construir un mero mecanismo de relojería, confeccionaste, a

7
La confusión de las ciencias físicas y naturales con la utopía es una característica que, a
menudo para nuestra desgracia, ha sido frecuente a lo largo del siglo XX, y Lem dispone de ejemplos
muy evidentes en el socialismo real soviético.
16
pesar tuyo y por minuciosidad en demasía, lo que es una antítesis del
mecanismo.
Pues, como alcanzan a comprender los cartógrafos de Borges, la
representación exacta de la realidad requiere necesariamente su repetición, y la
complejidad de la copia perfecta implica la emergencia de nuevas formas de
orden no previstas. Un sistema complejo se caracteriza por ser irresumible,
porque la información necesaria para describirlo es igual a la información
contenida en el sistema. Por eso, cuando Trurl se propone construir una
máquina capaz de escribir poesía, se encuentra con que el problema, que podría
perfectamente entenderse como la versión digital del problema de Pierre
Menard, de que "el programa que tiene en la cabeza un poeta corriente está
creado por la civilización en cuyo medio ha nacido, la cual, a su vez, ha sido
preparada por la que la precedió; esta última, por otra, más temprana todavía, y
así, hasta los mismos comienzos del Universo cuando las informaciones
relativas al futuro poeta daban vueltas todavía caóticas en el núcleo de la
primera nebulosa. Para programar la máquina hacía falta, pues, volver a repetir
antes, si no todo el Cosmos desde el principio, por lo menos una buena parte de
él" (El Electrobardo de Trurl, p. 23). Pero aún así, esto no es suficiente. Al
principio, la máquina sólo produce frases sin sentido, después poesía de mala
calidad. Poco a poco va aprendiendo y llega a escribir poesía "clásica", ya que
de ahí proceden los datos aportados por Trurl. Sólo cuando los poetas
"humanos" comienzan a desafiarlo y a sobrecargarlo con ejemplos de sus
propias obras, el electrobardo es capaz de competir con ellos, hasta provocar,
con su inagotable torrente poético, una "crisis lírica en el universo". El
electrobardo termina por ser, pues, un reflejo amplificado de la verborrea
poética generalizada, un espejo del mundo que lo rodea y lo alimenta hasta el
punto de hacerlo energéticamente insostenible. Estos robots, como explica el
filósofo y neurocientífico Alva Nöe refiriéndose a la conciencia humana, "están
fuera de sí, son patrones de interacción activa con límites fluidos y
componentes cambiantes, están distribuidos".8

2. TRAYECTORIAS DE LA EVOLUCIÓN
El ser humano dispone de una herramienta evolutiva que supone un salto
cualitativo en la historia de los procesos naturales: es la única especie que ha
sido capaz de trasladar la información biológica a soportes no biológicos, y, de
este modo, no depender exclusivamente de los genes para modificarse y
modificar el mundo. Pero no por ello debemos suponer que esa novedad en el

8
Alva Nöe, Out of our Heads. Why you are not your brain, and other lessons from the biology of
consciousness, Hill and Wang 2009.
17
proceso evolutivo es algo más que una opción entre otras muchas posibles, que
se ha revelado hasta el momento (durante un período muy breve de la historia
de la vida en la Tierra) muy útil para la supervivencia y la aceleración de la
evolución, sin excluir otras posibilidades de desarrollo y, por supuesto, sin
considerar la hominización como un proceso definitivo en el devenir de las
especies.
El libro de Richard L. Coren The Evolutionary Trajectory, desarrolla en
detalle la hipótesis de que la evolución biológica y el progreso humano son la
continuación de un proceso que se inicia con la aparición del Universo. Richard
Coren demuestra la coherencia temporal de los procesos prebiológicos, el
origen de la vida y la evolución biológica, y establece matemáticamente una
trayectoria única que se continúa en lo que denomina evolución post-biológica
(término que no me parece el más adecuado, y preferiría sustituir por evolución
metagenética). Coren insiste en que la característica más novedosa aportada por
la especie humana a la evolución es que "los códigos y medios que determinan
el crecimiento, avance y cambio se encuentran ahora almacenados fuera del
cuerpo físico", llegando a la conclusión de que la "variable escondida" de la
trayectoria evolutiva es la información contenida en el sistema terrestre.
Analizando la evolución como incremento progresivo en la cantidad y
accesibilidad de la información, demuestra cómo los eventos que han supuesto
un importante salto en ambas, se ajustan a una secuencia lineal en una escala
logarítmica. Básicamente, esto nos indica que tales eventos conforman una
trayectoria matemáticamente coherente, y que subyace la misma lógica de la
materia en la aparición de los procariotas que en la invención de la escritura, la
imprenta o los ordenadores. Clerk Maxwell hizo a su maestro Faraday el mejor
elogio que se puede hacer de un científico: "veía un medio donde ellos sólo
veían distancia". Darwin y Einstein vieron un medio donde otros sólo veían
tiempo. Richard Coren intenta ver un medio en la información. Y, como se
desprende de la ficción de Lem, ese medio es robusto; pese a las interrupciones,
los fallos, las catástrofes, continúa desarrollándose sin un camino prefijado pero
con consecuencias que podemos reconocer. La ficción de Lem y la teoría de
Coren poseen una decidida vocación antiapocalíptica que comparto y que
aparece perfectamente explicada en The Evolutionary Trajectory:
"Quizá el aspecto más llamativo de La Trayectoria Evolutiva sea su
continuidad, desde los primeros momentos cósmicos, a través de los procesos
biológicos, a través de la aparición de la inteligencia, hasta los productos de esa
inteligencia. Esto indica que la evolución, en el sentido de reducción de la
entropía local, comenzó mucho antes de lo que habitualmente concebimos, y
continúa sin interrupción, mucho más allá del punto que habitualmente se toma
por su fin. Se extiende hasta el momento presente y, como mostraremos, hacia
el futuro, aunque ha tomado una forma no reconocida hasta ahora.
18
Es asombroso también darse cuenta de que avanza sin desviarse, al
menos en la escala en que la observamos, a través de eventos que cabría esperar
hubiesen cambiado su dirección o alterado su ritmo. Como pudieran haber sido
la mayor extinción de vida animal sobre la Tierra sucedida hace 250 millones de
años, relacionada con una extensa glaciación, rápidas variaciones en la
composición de la atmósfera, una importante variación del nivel del mar y la
importante actividad volcánica con gran flujo de lava en Siberia. Recientemente,
se ha sugerido que pudiera estar relacionada también con el impacto del gran
asteroide que inició la separación del gran continente del sur Gondwanaland.
Nada de ello se manifiesta en nuestra progresión de sucesos de transición. Lo
mismo puede decirse del asteroide que golpeó la Tierra hace 65 millones de
años marcando el final del período Cretáceo y el final de los dinosaurios y
muchas otras criaturas. En este caso, los mamíferos llevaban en escena cinco
millones de años, y fueron capaces de conseguir la preeminencia. Se estima que
la Tierra ha experimentado cinco de esas extinciones masivas inducidas por
impactos en los últimos 600 millones de años. Las glaciaciones del Pleistoceno
no parecen, en esta visión general, haber retrasado o facilitado el desarrollo
temporal de la civilización. Más próximos a nuestros días, podemos apreciar
que ni las guerras impuestas por la humanidad ni las hambrunas y epidemias
impuestas por la naturaleza, han alterado el desarrollo temporal de la escritura,
después la imprenta, y más tarde la
comunicación electromagnética y la
computación digital electrónica".9
La transición evolutiva que no
aparece reflejada en la trayectoria descrita
por Coren -pudiera estar ahí, confundida
con alguno de los puntos que describe, ya
que, como hemos visto, cada una de esas
transiciones debe referirse a un conjunto de
modificaciones, y no a un cambio único-,
probablemente porque sea imposible
asignarle siquiera una época concreta, es el
paso del impulso reproductivo como fuerza
principal de la evolución, al impulso de
aprendizaje. Por supuesto, el aprendizaje
no excluye el impulso de reproducción,
sino que se añade a él como una nueva
vuelta de tuerca, como nuevo medio de
transformación de la materia. El
aprendizaje es mucho más que simple

9
Coren, op. cit., pp. 169-170.
19
programación, ya que se origina en la interacción de sistemas asimétricos con
un comportamiento impredecible. Tampoco debemos olvidar que ni
reproducción ni aprendizaje pueden ser entendidos fijándose en el individuo
(algo que en lo que los relatos de Lem insisten) sino quizás, de acuerdo a la
hipótesis de Coren, en la totalidad de un Universo que desconocemos en su
mayor parte. En la columna que citaba al comienzo de este artículo, desechaba
la idea de un "acontecimiento singular" a partir del cual los hombres se
fundirían metafísicamente con las máquinas. Pero, en cierto modo, ya estamos
fundidos con las máquinas. Como concluye Katherine Hayles, "la agencia -
durante mucho tiempo identificada con el libre albedrío y la mente racional- se
vuelve parcial en su eficacia, distribuida en su localización, mecanística en su
origen, y por lo menos tan ligada al código como al lenguaje natural. Ya no
somos el bípedo implume que puede pensar, sino la criatura híbrida que
encierra en sí misma la racionalidad de la mente consciente y las operaciones
codificadas de la máquina".10 Quizás una de las enseñanzas que podemos
extraer de la lectura de los relatos de Stanisław Lem es que no cabe esperar un
"acontecimiento singular" porque, como explica Robert Ulanowitz: "los
acontecimientos singulares no son raros; más bien son legión. Ocurren en todas
partes, todo el tiempo, en todas las escalas [...] La tela de la causalidad es
porosa."11 §

ENTRE ENGAÑOS Y REALIDADES


La ciencia ficción de Stanisław Lem

Por ÁNGEL MORENO

El efecto final es siempre el mismo: acaba siendo imposible


distinguir entre la realidad y las visiones.12

10
N. Katherine Hayles, op. cit., p. 192.
11
Robert E. Ulanowitz, A Third Window. Natural Life beyond Newton and Darwin, Templeton
Foundation Press, 2009.
12
Lem, S., "Philip K. Dick: A Visionary Among the Charlatans", Science Fiction Studies 5, 2.1,
1975, 54-67, recogido ahora en On Philip K. Dick: 40 Articles from Science Fiction Studies, Terre Haute-
Greencastle, SFTH, 1992, pp. 49-62, por el que cito, en concreto p. 55.
20
1. DOS AUTORES Y NINGUNA REALIDAD
"Más patéticos que nuestro conocimiento de la realidad son nuestros esfuerzos
por conocerla."
Según los autores que defienden esta premisa, al contrario de lo
propugnado por el positivismo, cualquier postulado parece transformarse con
el tiempo en hipótesis y cualquier hipótesis en falacia. Entre ellos, hay dos que
han desarrollado este principio desde la ciencia ficción: Philip K. Dick y
Stanisław Lem. Cabría pensar que existió cierta mutua admiración entre estos
dos grandes revolucionarios, contemporáneos entre sí e interesados por las
relaciones entre realidad y ficción. Al fin y al cabo, ambos han alcanzado ya una
considerable valoración por parte de público y crítica, y los dos se dedicaron a
un género injustamente denostado y poco comprendido. No fue así.
Por poner en antecedentes, recordemos que Dick apenas pudo salir del
círculo cultural de la ciencia ficción, debido al desprecio de la crítica académica
de entonces13. Desde este círculo, escribió revolucionarias novelas, las cuales
influyeron a su vez en el cine demiúrgico contemporáneo cuyo máximo
referente sería eXistenZ (D. Cronenberg, 1999). También encontramos su huella
en movimientos literarios como el ciberpunk y en numerosas obras sustentadas
sobre la angustia provocada por nuestra incapacidad para conocer la realidad.
Stanisław Lem, con circunstancias vitales muy diferentes, desarrolló estas
mismas preocupaciones en muchas de sus narraciones y, coherentemente, alabó
esta faceta de los textos de Dick. Sin embargo, pasado el tiempo, Lem renegó de
la ciencia ficción e incluso llegó a obviar su defensa del autor estadounidense14.
Pero, si las convergencias entre ambos fueron tan evidentes, cabe preguntarse
cómo se produjo el conflicto entre ambos escritores. Y, por supuesto, qué tenía
este género de extraño para provocar dicha polémica.

2. ENTRE DENUNCIAS
Para la respuesta, debe entenderse el contexto. Al remontarnos al EE.UU. de
principios de los años setenta, encontramos un colectivo universitario que
defendía sus virtudes a través de una revista científica bautizada como Science

13
Freedman, C., "Editorial Introduction: Philip K. Dick and Criticism" en On Philip K. Dick..., op.
cit., pp. 145-153 (originalmente en Science Fiction Studies 45, 15,2, 1988, pp. 173-186).
14
En su última entrevista (cfr.: http://axxon.com.ar/not/161/c-1610201.htm [última consulta:
29 de junio de 2010]) no citaba a Dick como centro del célebre artículo de Science Fiction Studies, cfr.
supra nota 1.
21
Fiction Studies15. Dicha revista comenzó a publicarse apenas unos años después
de que en Inglaterra apareciera un movimiento de escritores de ciencia ficción -
la denominada New Wave- que defendían el género y escribían interesantes
obras de experimentación literaria e intelectual a partir de él16.
Casi al mismo tiempo, algunos escritores estadounidenses habían
defendido a su vez la calidad de la ciencia ficción e incluso publicaron obras
que ya han sido elogiadas por en el mundo académico17. Es decir, encontramos
en esos años una corriente que defendía que ese género de las naves espaciales
y los viajes en el tiempo era, en el fondo, una desconocida e innovadora
propuesta literaria. Las razones argüidas se centraban en la extrapolación de
profundas inquietudes del ser humano mediante el distanciamiento que
permite la construcción de sociedades ficticias, por un lado. Por otro, no
excluyente, el uso de motivos que resultaban inidentificables con circunstancias
históricas que las justificaran.
En aquel mismo momento y desde estos parámetros, Stanisław Lem se
ganaba una gran reputación como escritor de ciencia ficción gracias a obras
como Solaris (1961) o Diarios de las estrellas (1971). Su fama le había valido ser
nombrado miembro honorario de la SFWA18. En este contexto, en el número dos
de Science Fiction Studies, Lem publicó un artículo incendiario donde acusaba a
los escritores estadounidenses de ciencia ficción de escribir obras mediocres y
despreciaba los correspondientes estudios de los profesores universitarios. Se
basaba en que sus grandes defensores la analizaban desde el propio género y no
mediante la comparación con la "alta literatura". Para ello, aportaba un ejemplo
demoledor: los análisis académicos representarían el equivalente a considerar
que las obras de Agatha Christie profundizaban en las causas y consecuencias
de los crímenes sin plantearse una comparación con, por ejemplo, Crimen y
castigo19. Desde luego, el argumento parecía suficiente para relegar el género a
los meros intercambios de novelas en los quioscos, tal y como se hacía en
España en aquella misma época.
Entre todos estos autores literarios, sólo salvó explícitamente a uno:
Philip K. Dick, a quien dedicaba un cuidadoso análisis de su obra.

15
Science Fiction Studies (1973- ) es hoy una de las principales revistas sobre ciencia ficción,
junto a Extrapolations (1959- )y Foundation (1970- ).
16
Algunos autores de esta New Wave fueron: J. G. Ballard, Thomas S. Disch, John Brunner o
Brian W. Aldiss.
17
Bloom, H., El canon occidental, Barcelona, Anagrama, 1995, pp. 570-571.
18
Fundada en 1965 con el nombre de Science Fiction Writers of America. Hace años cambió su
denominación a Science Fiction and Fantasy Writers of America, Inc.
19
Lem, S., "Philip K. Dick...", op. cit, p. 49.
22
El artículo fue leído por ciertos autores estadounidenses como una
traición y como fruto de cierta ceguera intelectual por parte de Lem, a quien se
consideró poco menos que un pedante pretencioso.
Sin embargo, la propia realidad "enloqueció" un tiempo después, como si
se tratara del argumento de un relato de cualquiera de ellos. El 2 de septiembre
de 1974, el mismísimo Philip K. Dick escribió al FBI una carta denunciando al
escritor polaco. Afirmaba haber descubierto una conspiración comunista
dirigida por Lem desde Polonia. Los "agentes" de esta conspiración eran
algunos críticos y teóricos que comenzaban a despuntar entonces en Science
Fiction Studies20. Según Dick, intentaban introducirse en las universidades e
influir en la población americana a través de obras de ciencia ficción que
transmitieran pensamientos izquierdistas. Además denunciaba en varios
escritos que Lem se había apropiado ilícitamente dinero gracias a la edición
polaca de Ubik (1969), una de las novelas más célebres de Dick21.
Es fácil encontrar en internet que, tras el artículo de Lem y la carta, los
escritores estadounidenses iniciaron una campaña contra él. Debido a dicha
protesta, y según el propio autor, Lem habría sido expulsado de la SFWA. En
algunas versiones, se explica incluso que el propio Philip K. Dick lideró dicha
expulsión22.
Hasta aquí llega la leyenda negra y empiezan las versiones
contradictorias y las especulaciones.
En cuanto a la denuncia de Dick, no es difícil concluir que había derivado
de una de sus crisis paranoicas inducidas por su esquizofrenia y por el abuso de
anfetaminas23. Pero ¿defendió la expulsión de Lem?
En Science Fiction Studies se publicó una carta de Philip K. Dick, donde
éste aclaraba que no estaba de acuerdo con que Lem fuera expulsado24. De

20
Entre ellos, Darko Suvin, uno de los más lúcidos teóricos sobre ciencia ficción, y Fredric
Jameson, quien ha trascendido el propio campo de la ciencia ficción para convertirse en uno de los mis
interesantes teóricos sobre el paradigma posmoderno. Por citar dos entre las interesantes publicaciones
de ambos: Suvin, D., Metamorfosis de la ciencia ficción. Sobre la poética y la historia de un género
literario, México: Fondo de Cultura Económico, 1984; Jameson, F, Arqueologías del futuro: El deseo
llamado utopía y otras aproximaciones de ciencia ficción, Madrid, Akal, 2009.
21 Tanto las diferentes cartas enviadas por Dick al FBI como las enrevesadas circunstancias que

rodearon este suceso han sido cuidadosamente analizadas en Philmus, R.M., "The
Two Faces of Philip K. Dick" en On Philip K. Dick..., op. cit., 246-256, originalmente en Science Fiction
Studies 53, 18.1, 1991, pp. 91-103.
22
Se pueden encontrar numerosas referencias a este hecho en internet y además investiga-
dores rigurosos como Pablo Caparina constatan dicha expulsión -asegurando que provino de Dick- sin
aportar ninguna fuente que aclare los hechos, cfr. Capanna, P, Idios kosmos: claves para Philip K. Dick,
Granada: Grupo AJEC, 2005, p. 139, o también, por ejemplo, Fernández, J, "Stanislaw Lem: Líquido
mercurio", Quimera: Revista de Literatura 271, 2006, 6-9, en concreto p. 8, y de nuevo sin citar fuente.
23
Freedman, C., "Towards a Theory of Paranoia: The Science Fiction of Philip K. Dick" en On
Philip K. Dick... op. cit., 111-118 (originalmente en Science Fiction Studies 32, 11.1, 1984, pp. 15-24).
23
nuevo, las versiones se contradicen. Al parecer, la iniciativa partió de Philip
José Farmer, un autor que escribió sobre todo novelas de aventuras, algunas de
cierto prestigio, como A vuestros cuerpos dispersos (1971).
Lo sorprendente es que la SFWA defiende incluso que Stanisław Lem no
fue expulsado. Según la asociación, a partir de las declaraciones de uno de sus
presidentes -Jerry Pournelle-, la SFWA no aceptaba como miembros regulares a
autores que no hubieran publicado en EE.UU., como ocurrió con J.R.R. Tolkien.
Por eso Lem habría sido nombrado "miembro honorario". Según la explicación,
se descubrió en ese momento que Lem sí había publicado en EE.UU., por lo que
se le retiró esta distinción y se le ofreció convertirse en miembro regular con
plenos derechos. Según Pournelle, incluso un miembro propuso pagar él mismo
su cuota, por si la cuestión monetaria fuera un problema. Siempre según la
versión de la SFWA, Lem rechazó ambas ofertas25. No obstante, Lem continuó
defendiendo la versión contraria26.
Una vez aclaradas -o aún más confusas- las circunstancias históricas,
resulta muy relevante el análisis de la adscripción de las obras de Lem a este
género tan extraño de la ciencia ficción y su crítica contra los escritores
estadounidenses.

3. CIENCIA FICCIÓN VS. FICCIÓN PROSPECTIVA


Ante todo, debe quedar claro qué entiende un experto cuando habla de
"literatura de ciencia ficción". Precisamente desde que se iniciaron los estudios
académicos del género, se han ido valorando con mejor criterio sus bondades y
sus defectos, a pesar de que la ciencia ficción ha sido quizás el más complicado
y uno de los más vilipendiados desde la ignorancia académica.
Sin embargo, la literatura de ciencia ficción no es más que un tipo de
contrato de ficción proyectivo, de calidad obviable en sus formas más pueriles.
Los géneros proyectivos son aquellos donde se desarrollan motivos que en el
momento de su escritura son imposibles en el mundo empírico, sean naves que
viajan más allá de la luz, sacerdotes que levitan o vampiros27.

24
Dick, P.K., "A Clarification"en On Philip K. Dick..., op. cit. 73 originalmente en Science Fiction
Studies 14, 5.1, 1978.
25
Cfr. la web de la SFWA: http://www.archive.sfwa.org/faq/lem.htm, [última consulta: 29 de
junio de 2010],
26
En la entrevista ya citada.
27
Moreno, F. A., Teoría de la Literatura de Ciencia Ficción: Poética y Retórica de lo Prospectivo,
Vitoria, Portal Editions, 2010, pp. 80-84.
24
Por contrato de ficción entendemos las diferentes manifestaciones del
pacto de ficción que se dan en cada género28. En concreto, mediante el contrato
de la ciencia ficción, el lector suspende su incredulidad para fenómenos que no
rompan ninguna ley física; es decir, la ciencia ficción es básicamente un contrato
de ficción proyectiva no sobrenatural.
Por consiguiente, la varita mágica de Harry Potter es sobrenatural, así
que las novelas de Rowling no son de ciencia ficción, sino que cumplen un
contrato de ficción "maravilloso". Al contrario, el ordenador HAL-9000 no es
sobrenatural, por lo que 2001, una odisea espacial sí cumple el contrato de la
ciencia ficción. ¿Y Star Wars? Digamos que es un híbrido con demasiada
tendencia a lo sobrenatural. De la aceptación o no de las cláusulas
sobrenaturales, no sólo depende el género sino numerosos desarrollos poéticos
y horizontes de expectativas relacionados con el mismo29. Desde esta
perspectiva, salvo algunas excepciones30, los escritores de la New Wave y los
intelectuales de Science Fiction Studies han defendido hasta hoy que la ciencia
ficción es una herramienta única para explorar profundas críticas sobre
cualquier campo cultural humano, además de facilitar líneas experimentales
insólitas.
Pero, como critica Lem, ¿existe la misma relación entre estas obras y
ciertas obras de la "alta literatura" que entre Asesinato en el Orient Express y
Crimen y castigo? Al fin y al cabo, Lem escribía ciencia ficción. ¿O no?
Es cierto que la primitiva ciencia ficción americana, conocida como "Edad
de Oro", había derivado principalmente hacia desarrollos de aventuras o de
ciertas simplistas resoluciones de enigmas, como observamos sin dificultad en
numerosas obras de Isaac Asimov o de Robert A. Heinlein, entre otros. La
ciencia ficción de esta época aportó numerosas ideas brillantes, muy estéticas en
ocasiones, resueltas demasiado a menudo de un modo ligero y superficial. Sin
embargo, esta visión no hace justicia a muchas de las obras de Ray Bradbury o
del excelente narrador que fue Fredric Brown, por citar dos ejemplos
estadounidenses de valía.

28
Moreno, F. A., Teoría de la Literatura..., op. cit., pp. 212-216.
29
Juan Ignacio Ferreras defendió que la ciencia ficción es la heredera natural del romanticismo,
puesto que su mera naturaleza conlleva una ruptura total con los apriorismos culturales, cfr. Ferreras,
J.I., La novela de ciencia ficción, Madrid, Siglo XXI, 1972, pp. 101-110.
30
Disch, T.S., "Los motivos de vergüenza de la ciencia ficción", Gigamesh 13, pp. 1998, 5-13.
25
Por consiguiente, en la ciencia ficción tendríamos toda una serie de
escritores y obras que aprovechan las posibilidades brindadas por el género.
Cuando se quiere defender estas posibilidades, siempre aparecen tres o cuatro
nombres de prestigio, como Ursula K. Le Guin, James Graham Ballard, Thomas
Pynchon o, por supuesto, Stanisław Lem.
Todos ellos vieron en la literatura de ciencia ficción esos dos factores: las
facilidades que otorga para la experimentación literaria y su posibilidad para
enfrentar grandes problemas culturales sin la carga de un contexto
determinado. Evidentemente, este
último factor impide muchos
análisis tradicionales centrados en la
búsqueda de equivalencias entre la
obra y el mundo real del autor. El
autor podía ocultar con mucha más
facilidad sus referentes sin el
incordio de un filólogo que le
desvirtuara el mensaje a partir de
relaciones históricas enturbiadoras.
El propio Lem, incluso, disfrutaba
ocultando los referentes históricos
que tenía en mente. Sus análisis
trataban ante todo del ser humano
como especie, no de las
circunstancias casuísticas de tal o
cuál personaje histórico.
Por ejemplo, a Lem le
preocupaba la enorme distancia que
existe entre la realidad y nuestros
medios epistemológicos, tanto en el ámbito informativo como en el perceptivo31.
Una buena manera de salir de las confusiones que pudieran derivarse de una
novela sobre los conocimientos científicos de su momento era trabajar sobre una
cuestión que superara con creces cualquier contextualización.
De aquí nace la ciencia ficción de Solaris, donde nada se sabe al finalizar
su lectura. La novela trata problemas de incomunicación, de identidad, de
percepción de la realidad y, definitivamente, de nuestra incapacidad para
entender cuestiones alejadas de nuestros parámetros culturales. Solaris rechaza

31
"Nuestra situación podría compararse a la de unas personas con cucharas y cazos, ante las
cuales se extiende un océano", en Lem, S., "Bajo la ducha", Quimera: Revista de Literatura 221, 2002,
pp. 43-44, en concreto p. 43.
26
toda la historia del conocimiento humano y, más allá aún, el proyecto humano
de conocimiento del universo32.
Hoy el debate sobre la importancia del género continúa abierto. No
puede negarse la valía de novelas como Solaris o como The Left Hand of the
Darkness (1969), de U.K. Le Guin; Crash (1973), de J.G. Ballard; Dying Inside
(1971), de R. Silverberg. Pero tampoco pueden negarse los cientos de novelas
que son poco menos que westerns espaciales de baja calidad. Para solucionar el
problema, se ha propuesto una división terminológica con el fin de orientar a
aficionados y académicos, clasificando los tipos de obras con fenómenos
proyectivos no sobrenaturales en dos líneas: ciencia ficción general y ficción
prospectiva; esta última englobaría a autores de ciencia ficción más
preocupados por lo literario y lo cultural que por lo "aventurero". Al fin y al
cabo, numerosos escritores emplean los motivos, herramientas, temas o
ambientaciones del género sin reconocer que escriben ciencia ficción, como
Katzuo Ishiguro o Cormac McCarthy, entre muchos otros. La detección del
problema y la más interesante propuesta de solución son fruto de un análisis de
Julián Diez, quien propone reservar el término para aquellas obras cuyos
argumentos no se salieran de cierta plausibilidad. De este modo, podemos
validar la negación de estos autores a ser considerados "de ciencia ficción" al
mismo tiempo que clasificamos el tipo de obras que trabajan33. Yo propongo
emplear el término de un modo más general: ficción prospectiva es toda
aquella ficción proyectiva no sobrenatural que profundiza en cuestiones
culturales del ser humano34.
Así, si aceptáramos el término, podríamos afirmar que la ficción
prospectiva le permitió a Lem elucubrar sobre la verdadera posición del ser
humano en el universo y, por consiguiente, anular apriorismos morales o
filosóficos derivados de un antropocentrismo falaz.
Ya hemos visto un ejemplo de crítica epistemológica a partir de lo
prospectivo. Podemos encontrar fácilmente uno de experimentación literaria:
en Diarios de las estrellas, Lem escribió una serie de parodias de apriorismos
humanos, como el tiempo, la identidad o la grandeza del ser humano35. Se trata
de los supuestos diarios de Ijon Tichy, un astronauta de mal carácter, impulsivo
y aventurero, que choca con desquiciadas sociedades e imposibles anomalías

32
Como analiza bien Csicsery-Ronay Jr., I., The Seven Beauties of Science Fiction, Middletown,
CT, Wesleyan University Press, 2008, p. 68.
33
Diez, J, "Secesión", Hélice: Reflexiones críticas sobre ficción especulativa 10, 2008, pp. 5-11.
34
Moreno, F.A., Teoría de la Literatura..., op. cit., pp. 114-123.
35
Para conocer una aplicación de la experimentación que la ciencia ficción potencia, dis-
ponemos de un buen trabajo de síntesis de las coordenadas editoriales metaficcionales de esta obra,
donde se establecen sus cohesiones semánticas y pragmáticas, en Prunitsch, C., "Elementos
conformadores de un ciclo en Dzienniki gwiazdowe de Stanislaw Lem", Eslavística Complutense 4, 2004,
pp. 71-82.
27
cósmicas que facilitan situaciones cómicas y reflexiones existenciales por igual.
En sus relatos, se presentan sociedades donde se han llevado al extremo
particularidades de nuestra sociedad como la burocracia o la vergüenza social.
Sin embargo, Lem enlaza todos estos relatos desde ciertos presupuestos
metaficcionales, en cuanto a que inventa editores ficticios y desarrolla una
trama paralela, subtextual, por la cual han llegado hasta nosotros estos textos y
no otros otorgando una gran importancia a lo extradiegético ficcional y a su
desarrollo narrativo. En definitiva, Lem fue uno de los más importantes
impulsores de este género y supo aprovecharlo como un medio muy válido
para extrapolar inquietudes para las que el realismo le constreñía con
demasiadas penalizaciones.

Si aceptáramos el término, podríamos


afirmar que la ficción prospectiva le
permitió a Lem elucubrar sobre la
verdadera posición del ser humano en el
universo y, por consiguiente, anular
apriorismos morales o filosóficos derivados
de un antropocentrismo falaz.

4. CONCLUSIÓN: LOS INTERESES DE LEM


Resulta significativo que Lem no citara, junto a su defensa de Dick, a autores
estadounidenses como Le Guin, Vonnegut o Bradbury, a pesar de ser
contemporáneos e igual de accesibles. Las obras de Dick tocan muchos de los
temas de Lem, como el solipsismo, los engaños de nuestras percepciones, el
terror ante la naturaleza del tiempo, la insignificancia del ser humano, la

28
maldición de la burocracia y la inconsistencia del concepto de "identidad". Sin
embargo, la obra de Le Guin -por citar un ejemplo claro- no tiene demasiados
puntos en común con la de Lem. Sus obsesiones principales son la antropología,
la difusión de las culturas orales, las construcciones socio-políticas utópicas -
sobre todo anticapitalistas-, ciertas tendencias feministas y la capacidad de la
palabra poética para construir la realidad. No le concede tanta importancia a la
filosofía o a las relaciones ficción-mundo o al humor sarcástico como Stanisław
Lem, por lo que quizás no le interesó.
Como conclusión, queda como siempre esa malsana sensación de que los
reduccionismos emponzoñan la literatura. Lem escribía sobre robots, sobre
bucles temporales, sobre emperadores de lejanas galaxias... Y a veces, como en
algunos relatos de Ciberiada y de Diarios de las estrellas, lo hacía por puro
entretenimiento, por influencia de sus numerosas lecturas de ciencia ficción 36.
Sin embargo también fue un gran innovador de esta ficción prospectiva y supo
reconocerlo en la obra de Dick37, hoy todo un referente literario. Mediante este
género propuso formas y temas que merecen más estudios, pues abrieron vías
únicas para la creación literaria.

EL FUTURO DE LA LITERATURA
Una biblioteca para el s. XXI

Por LUIS GÁMEZ

1. UNA INTRODUCCIÓN AL FUTURO

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos


libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya
perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor

36
Scholes, R. y Rabkin, E., La ciencia ficción: Historia, ciencia perspectiva, Madrid, Taurus, 1982,
p. 97.
37
Para un detallado análisis de la obra de Le Guin: García-Teresa, A., "A la armonía por el
cambio. Pautas, claves y ejes narrativos de Ursula K. Le Guin", Hélice: Reflexiones críticas sobre Ficción
Especulativa 11, 2009, pp. 6-16.
29
procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer
un resumen, un comentario.
Jorge Luis Borges, Ficciones ("Prólogo")

En 1971, con la publicación de Vacío perfecto, Stanisław Lem inicia el proyecto


literario que sería conocido como la "Biblioteca del siglo XXI". El autor polaco,
superándose a sí mismo, inaugura con esta obra una nueva etapa en su
producción literaria, tras haber cubierto con su escritura el terreno que
comienza con la adecuación inicial a los principios estéticos del realismo
socialista y cierto optimismo utópico y desemboca en una ficción especulativa
rigurosamente científica y filosóficamente escéptica (De El hospital de la
transfiguración o Los astronautas hasta Edén, Solaris o El Invencible)38. A pesar de la
coherencia con la que la "Biblioteca del siglo XXI" se inserta en el marco de la
producción total de su autor (hemos de incluir aquí también trabajos
ensayísticos como Summa Technologiae o Diálogos, por citar sólo dos ejemplos de
una ingente producción dedicada a la prognosis tecnológica o a los estudios
cibernéticos, entre otros muchos intereses literarios, filosóficos y científicos),
nada en la obra anterior de Stanisław Lem o en el contexto europeo en que se
desarrolló esta obra parecía, a simple vista, anunciar el radical
experimentalismo de la "Biblioteca del siglo XXI"39.
Iniciaba la colección un libro, Vacío perfecto, que recogía reseñas sobre una
serie de libros aún no escritos y también el discurso de aceptación del premio
Nobel de un futuro astrofísico. Sobre este vacío inaugural descansa el proyecto
completo que comprende una colección de prólogos de libros también futuros
(Magnitud imaginaria, 1973), dos críticas a libros inexistentes (Provocación, 1982)
y un libro que recoge dos conferencias impartidas por una inteligencia artificial

38
El propio Stanisław Lem se encargó de establecer las distintas etapas de su producción en
"Chance and order", artículo publicado en la revista The New Yorker, número 59, de 30 de enero de
1984: "Creo que en el primer período de mi carrera escribí simplemente cosas secundarias. En el
segundo (Solaris, El invencible), alcancé las fronteras de un territorio cuyo mapa ya estaba casi trazado.
En el tercer período -cuando escribí, por ejemplo, reseñas de libros inexistentes y prólogos para obras
que, como dije, irónicamente, en una entrevista, serían publicadas "en algún momento en el futuro,
pero que no existen todavía"- abandoné los terrenos ya explotadas y abrí un nuevo camino".
39
Me gustaría matizar mi propio juicio, puesto que, como se verá a continuación, la "Biblioteca
del siglo XXI" presenta los temas centrales de la obra especulativa de Lem (tanto ensayística como
ficticia) a través de una forma híbrida, comprensible a la luz del doble carácter de la escritura de Lem
(pensador científico y creador literario). Por otra parte, en el período de aparición de estas obras
coinciden tanto la eclosión de la conocida como New Wave (Nueva Ola) de la ciencia-ficción británica
(Aldiss, Moorecock o Ballard), por un lado, como, por otro lado, algunas de las obras más
experimentales de Phillip K. Dick (a las que podríamos añadir, en el ámbito de la ciencia ficción
norteamericana, las obras de Leguin o El arcoiris de gravedad, de Pynchon). Este matiz no afecta,
aunque parezca lo contrario, a la validez de mi juicio. Ningún Zeitgeist que podamos identificar, ninguna
tradición a la que podamos asociar la obra experimental de Lem resta un ápice a la singularidad de este
proyecto, único en su conjunto.
30
evolucionada orgánicamente hasta superar las expectativas de sus creadores y,
cómo no, sus capacidades intelectivas (Golem XIV, 1981). La paradoja que
sustenta el proyecto se manifiesta con sutil maestría desde la significación
misma de ese vacío, origen de la escritura: la propia enunciación de estos libros
señala, para todo el conjunto, la imposibilidad de su existencia. Lo que
evidencia la atención hacia obras aún inexistentes, futuras, en sentido estricto
imposibles, es la pretensión de Stanisław Lem, haciendo uso de un argumento
foucaltiano, de realizar el borramiento de la literatura en su conjunto40. Cancelar
todos los lenguajes anteriores (en Lem también, y especialmente, el científico)
para devolvernos al vacío originario, desde el que se puede concebir entonces el
futuro como espacio de infinitas posibilidades, al tiempo que se anulan (reductio
ad absurdum), a través de la parodia, algunos de los proyectos más definitorios
de la literatura del siglo XX. Como tendré ocasión de comentar más abajo, entre
estos proyectos, Lem atiende especialmente al totalismo vanguardista del
modernismo "joyceano" y al Nouveau Roman francés, también conocido como
antinovela. Pudiendo considerarse ambos, guiados por la satírica lectura del
polaco, como los márgenes, caracterizados por exceso o por defecto, de un
mismo problema de semantización de la escritura. Sin embargo, la "Biblioteca
del siglo XXI" no se limita a ridiculizar por medio de la parodia o la sátira
indirecta ciertas posiciones en las que la literatura del siglo XX parecía haberse
estancado, sino que también supone un esfuerzo de revisión de las teorías que
han sustentado dichas posiciones (especialmente el estructuralismo y su
ingenuo afán cientificista, pero también el extremo contrario de las teorías
hermenéuticas, deconstructivistas o postestructuralistas en general, cuyas
lecturas equívocas Lem interpretaba no como la liberación del individuo crítico
ante el mundo, sino como el confinamiento definitivo de la sociedad futura
entre los límites de un estéril relativismo) y también de diagnóstico tanto de los
fenómenos culturales particulares (desde el sexo hasta la cosmogonía, pasando
por la violencia, interpretada en clave antropológica y estadística) como de la
cultura considerada un constructo gnoseológico particular, en tanto que
compartido (a cuyo derrumbe, nietzscheano modo, está consagrado Golem XIV).
En el caso de Stanisław Lem, el conocido proverbio latino "Hombre soy,
nada humano me es ajeno" parece cumplirse a la perfección, si bien sólo en
parte. Nada es ajeno a este ciclo de obras experimentales del maestro polaco
que parece querer agotar el repertorio de inquietudes humanas con la
"Biblioteca del siglo XXI", pero en ciertas ocasiones, además, también da paso a
inquietudes sobrehumanas, mientras que, por añadidura, en otras tantas parece

40
Michel Foucault se refiere a la obra de Sade: "tiene la pretensión, tuvo la pretensión, de ser la
borradura de toda la filosofía, de toda la literatura, de todo el lenguaje que ha podido serle anterior, y la
borradura de toda esa literatura en la transgresión de un habla que profanaría la página vuelta así a
tornarse en blanco" (De lenguaje y literatura, Paidós, Madrid, 1996).
31
ser un ente ajeno a lo humano quien se ocupa de analizar las inquietudes de la
humanidad.

2. LA MAGNITUD DEL VACÍO O LA ESCRITURA COMO CAJA NEGRA:


VACÍO PERFECTO Y MAGNITUD IMAGINARIA
Un relato de Ciberiada, en el que Turl y Clapaucio, los robots inventores que
protagonizan el libro, desarrollan una máquina capaz de crear cualquier cosa
que comience por n y a la que le piden que cree nada, es comentado por Nancy
Katherine Hayles en los siguientes términos:

"De este modo se ha recortado la seguridad ontológica del realismo, ya


que el lenguaje se revela como un instrumento de descreación y no sólo de
creación. Sin embargo, desconstruir todo resulta contraproducente, ya que para
Lem la creación depende de una dialéctica entre algo y nada. Si sólo existiera el
vacío la creación sería imposible."41

Aunque en referencia a una obra muy alejada del tono y la profundidad


desarrollados en la "Biblioteca del siglo XXI" (a pesar de conservar valores
típicos de Lem, como el interés por el desarrollo de las teorías cibernéticas
aplicadas así como un humor absurdamente lógico, si se me permite la
paradoja), las palabras de Hayles servirán a aquellos que desconozcan el
proyecto literario experimental de Lem para entender una cierta actitud hacia la
escritura, de base, de partida, que alimenta el genio travieso que se oculta tras
las decenas de máscaras que presentan las reseñas y prólogos de Vacío perfecto y
Magnitud imaginaria.42
El vértigo en el que se genera la energía autorial de Lem se verá reflejado
en el juego de autoridad del texto que sirve de prólogo al conjunto de Vacío
perfecto. Se trata de una reseña sobre el propio libro de Stanisław Lem en la que

41
La evolución del caos, el orden dentro del desorden en las ciencias contemporáneas, Editorial
Gedisa, Barcelona, 1993. Más arriba, en el mismo texto, Hay les ha afirmado: "Para Lem, la escritura
crea un espacio intermedio en el que la apertura y la clausura, el caos y el orden, la creación y el
raciocinio se combinan en una dialéctica autorrenovadora y múltiple. Cuando la escritura está en
proceso, el énfasis está puesto sobre el final abierto de ese proceso: puede suceder cualquier cosa, ante
el creador se abren infinitas posibilidades, las fluctuaciones azarosas crean situaciones cuyas
consecuencias no pueden ser previstas. Pero esta apertura también socava la autoridad, colocando al
escritor 'en la situación de un lector', sometido a vicisitudes que no puede controlar". El espacio entre
caos y orden es el vacío desde el que Stanisław Lem aborda la escritura.
42
Vacío perfecto, Impedimenta, Madrid, 2008; Magnitud imaginaria, Impedimenta, 2010
(ambas traducciones de Jadwiga Maurizio, todas las citas de los textos en este artículo se toman de
estas ediciones).
32
el autor se desdobla en crítico de sí mismo y nos presenta su propio trabajo, no
sin ironía, como la consecuencia de ese desdoblamiento, escenificado desde el
mismo comienzo. La presentación de Vacío perfecto (que lleva por título "Vacío
perfecto, Stanisław Lem, Czytelnik, Varsovia", como si se tratase de la reseña a
una obra inexistente, al igual que los textos que conforman el conjunto) cumple
dos funciones respecto a la obra total. Por una parte, sirve a Lem, autor, para
establecer el tipo textual que se va a desarrollar a continuación (la reseña de
obras ficticias, principalmente); por otra, sirve a Lem, crítico, para indagar en
los antecedentes de tal tipo textual (menciona a Rabelais o Borges43) y para
ordenar la obra según un criterio que no sólo ayuda a la comprensión de las
piezas de Vacío perfecto, sino también del resto de la "Biblioteca del siglo XXI". El
crítico-Lem distingue en esta taxonomía tres tipos posibles: "1) Parodias,
pastiches y burlas", "2) Apuntes en borrador" y, finalmente, una serie de piezas
que suponen una "larga y lenta gestación del hambre de un realismo sólido,
unos pensamientos demasiado atrevidos (aun confrontados con la propia
ideología del autor), para que se los pueda expresar directamente, unos sueños
inalcanzables: he aquí lo que engendró Vacío perfecto". Es decir, además de la
revisión crítica a los excesos literarios que ya referí arriba, se añaden novelas
condensadas (el propio Lem habla de "borradores sui generis") y un grupo de
textos en los que su autor pretende explorar sus propias ideas, no sólo literarias,
sino respecto a la tecnología y sus efectos sobre la cultura en un futuro
anticipado. Para no desentonar en el conjunto, el texto inicial se refiere no tanto
al libro real que antecede sino a un inexistente prólogo del autor-Lem, que
incluso se permite citar y que parece revelar las claves de la nueva literatura
que Lem propone: "En el párrafo siguiente de la introducción (Autozoilo)
leemos: "La literatura nos ha hablado hasta ahora de personajes de ficción.
Nosotros iremos más lejos: hablaremos de libros de ficción. En ello vemos una
posibilidad de recuperar la libertad creativa y un ensamblaje de dos espíritus
contradictorios: el del autor y el del crítico". A dicha alquimia, la reunión de
ambas figuras, fantasmáticamente representadas por el mismo Lem tras la
escritura, parece consagrarse este texto inicial. En el resto de la obra (y lo mismo
vale para toda la "Biblioteca del siglo XXI") deberemos dar por sentado dicha
unión, tanto como no dejar de ponerla en duda.
Además del laberíntico inicio de Vacío perfecto, la reseña que se pliega
sobre sí misma (tomando como eje el inexistente "Autozoilo", nombre que
puede traducirse como autocrítica), el libro lo conforman otros quince textos tan
complejos, inteligentes y cargados de humor como el primero de ellos hace

43
Si bien con una clara conciencia de superación. Refiriéndose a Borges, dice Stanisław Lem: "Él
nos ha explicado paraísos e infiernos que permanecen para siempre cerrados al hombre. Porque
nosotros estamos construyendo nuevos, más ricos y más terribles paraísos e infiernos; pero en sus libros
Borges no sabe nada de ellos" (Microworlds. Writings on Science Fiction and Fantasy, Harcourt Brace &
Company, 1984).
33
suponer aun a través de la más torpe de las síntesis. Intentaré resumir
brevemente de qué tratan cada uno de los libros reseñados, respetando la
división establecida por el propio Stanisław Lem.
En relación a las parodias, pastiches y burlas, encontramos Les
Robinsonades, obra en la que un moderno Robinson crea una sociedad
imaginaria al completo en la isla desierta en la que naufraga; Gigamesh, que, al
modo joyceano, pretende concentrar toda la cultura humana en una historia
que apenas dura el camino que un preso recorre desde su celda hasta el lugar
en que será ejecutado; Rien du tout, ou la conséquence, donde se radicaliza la
asunción de la literatura como ficción hasta el punto de negar, literalmente,
cada una de las acciones narradas; Perycalipsis, donde se propone un modo de
combatir la banalidad imperante a través de la anulación de todo acto creativo,
comenzando por el propio libro donde se propone dicho método; Do Yourself a
Book, que presenta un sistema para rehacer los argumentos literarios de las
obras canónicas para amoldarlos a los gustos del público en cada caso
particular; Odis de Itaca, cuyo excéntrico protagonista propone crear un grupo
para identificar a los genios de primer orden (su teoría sobre la genialidad
humana es una transposición de la ley de los grandes números; dado el número
posible de genios, en relación a la población, es imposible que se den a conocer
por sí mismos), y, finalmente, Toi, en la que se lleva a sus últimas consecuencias
la rebeldía contra la servidumbre del autor respecto de los lectores haciéndolos
protagonistas de la narración con el fin de humillarlos e invertir dicha relación.
En cuanto a los borradores de posibles novelas, tenemos Sexplosion, cuya
historia narra la pérdida del deseo sexual de una sociedad futura debido a un
accidente en relación a la droga inhibidora NOSEX y cómo la gastronomía
ocupa el espacio que el sexo recreativo ha dejado44; Gruppenfürer Louis XVI, en la
que se cuenta cómo un grupo de nazis huye a Sudamérica para recrear la corte
de Luis XVI, sin rigor en lo histórico, pero con gran escrúpulo dramático; Idiota,
una relectura de la obra de Dostoievski a través de la particular relación entre
un matrimonio y su hijo deficiente, para el que crean un ambiente aislado en el
que todos su gestos puedan ser interpretados con pleno sentido, y, por último,
Being Inc., cuyo argumento se centra en la descripción de una sociedad futura
en la que cada suceso en la vida del individuo ha sido meticulosamente
preparado por una empresa de ocio.
En último lugar, tenemos un grupo de textos que Stanisław Lem definió
como "la nostalgia de algo imposible de realizar". Piezas especialmente
complejas de definir, a caballo entre la imaginación narrativa liberada, la
apostasía científica y la subversión ideológica. Die Kultur als Fehler (La cultura

44
En 1990, J. G. Ballard incluiría en Fiebre de guerra, su último libro de relatos, "Amor en un
clima más frío", historia en la que la narración de "la muerte de los afectos", en palabras del autor,
guarda muchas similitudes con el escenario planteado por Stanisław Lem.
34
como error), que presenta la obra de un antropólogo que después de revisar las
distintas interpretaciones de la cultura hechas desde su campo se aventura a
explicar la formación de las culturas como producto de un error, no exigido por
nuestra biología sino fruto de nuestras limitaciones; De Impossibilitate Vitae; De
Impossibilitate Prognoscendi (La imposibilidad de la vida y de la prognosis), el más
autobiográfico de todos los textos incluidos en la "Biblioteca del siglo XXI",
reseña un libro que afirma, debido al peso del azar en cualquier acción natural,
no sólo la imposibilidad de anticipar el futuro, sino la misma imposibilidad de
la existencia (basándose en las teorías probabilísticas, la posibilidad de que un
hecho concreto ocurra, en relación a las infinitas alternativas existentes, es
prácticamente nula); Non Serviam explica en qué consiste la "personética", la
ciencia de la creación no sólo de vida artificial, sino de todo un universo aislado
y autosuficiente, y, como cierre magistral, La Nueva Cosmogonía, el discurso de
recepción del Nobel de un astrofísico que habla del desarrollo de una nueva
concepción del universo como juego (de hecho, Lem se basa en la teoría de
juegos y describe la relación entre civilizaciones racionales no humanas, capaces
de alterar las leyes de la física, como si se tratase de un juego de suma cero, en
que el beneficio, la subsistencia en este caso, sólo se consigue a costa de los
demás).
A las reseñas y el discurso de Vacío perfecto podemos añadir los cuatro
prólogos a libros inexistentes que conforman Magnitud imaginaria (no considero
aquí el prólogo al propio libro, atribuible a Stanisław Lem, por resultar
finalmente un prólogo convencional, una presentación directa del proyecto
posterior; es decir, se trata del prólogo a un libro que, efectivamente, existe).
Aun con las limitaciones lógicas de una sinopsis, el lector podrá situar cada
pieza en el lugar que crea conveniente, dentro de la división planteada para
Vacío perfecto. Necrobías es un libro de imágenes pornográficas cuya radicalidad
artística estriba en que el autor realizó radiografías para mostrar la verdad del
acto sexual humano, su relación con la muerte, en lugar de las tradicionales
fotografías, impermeables a la auténtica interiorización45. La Erúntica presenta el
trabajo de un investigador que consigue que las bacterias primero aprendan
inglés y luego sean capaces de anticipar el futuro (parodia directa de la teoría
sobre lenguaje animal del etólogo K. Lorenz, que simplificó el concepto de
comunicación al definirlo como el proceso de reacción a un estímulo externo;
esto es, así cabe hablar incluso del lenguaje de las bacterias). Historia de la

45
Llama la atención no sólo el humor negro de Lem cuando disecciona la futilidad de la
provocación artística basada en un uso irreflexivo de imágenes de muerte y sexo, sino su capacidad de
anticipación. En entrevista a David Torres para El cultural de El mundo, de 8 de abril de 2004, Lem
recuerda este texto escrito 20 años antes en referencia al trabajo de plastinación de Gunther von
Hagens (autoproclamado artista y científico). Compárese el trabajo de este último y su recepción en el
mundo tanto artístico como científico con el texto de Lem para comprobar hasta qué punto su humor es
tan siniestro como apropiado.
35
literatura bítica cuenta el desarrollo de la inteligencia artificial hasta el punto en
que es capaz, en sucesivas generaciones, de crear un código literario propio. El
volumen se cierra con la presentación de la Extelopedia Vestrand, una
enciclopedia que no sólo promete una actualización constante, sino que asegura
la anticipación de información futura, inquietante paradoja. Además, se incluye
tras este prólogo una muestra de esta imposible enciclopedia, haciendo de la
broma un enredo aún más laborioso. Como no podía ser de otra manera, las
entradas que se presentan están llenas de neologismos que hemos de asumir se
deben a la evolución natural de la lengua (incluye un gráfico en que se especula
sobre esta evolución en un rango temporal que abarca milenios) tanto como al
desarrollo de nuevas tecnologías futuras (a este respecto es especialmente
significativa la prolepsis que anuncia, a través de una remisión en la
enciclopedia, el desarrollo de la máquina Golem que protagonizará Golem XIV).
Especialmente interesante resulta, sobre todo en aquellos textos que
podríamos clasificar en el apartado de parodias, pastiches y burlas, la revisión
que Lem realiza tanto del proyecto totalizador "joyceano" como de la antinovela
francesa. Como ya apunté más arriba, en el caso de Lem la crítica parte de la
identificación de un problema propiamente lingüístico: la excesiva semanti-
zación en el primer caso (con la acumulación ad nauseam de sentidos sobre el
significante) y la desemantización propia del segundo (negando precisamente
la capacidad simbolizadora del lenguaje, limitado aquí su poder a la
autorreferencialidad)46. La adecuación de la parodia viene favorecida, además,

46
En la reseña de Gigamesh, podemos leer: "Gigamesh se puede interpretar como "A GlGAntic
MESS" (literalmente, un desorden gigantesco). Un añadido maliciosamente cómico a esta parodia
resulta el hecho de que la obra incluya una exégesis crítica que triplica en volúmenes a la propia novela
(¡Y que esté escrita también por el autor!). Respecto a la reseña de Rien du tout, ou la conséquence, se
dice allí que la obra es "la primera novela que ha alcanzado el límite de las posibilidades en el arte de
escribir. No por ser una obra maestra de la belleza: la llamaría, si me apremiaran, una obra maestra de
la honestidad". El escritor sólo encuentra un medio de escapar a la mentira que supone el acto de
escritura: hablar cada vez más de la forma en que se escribe. Luego: "La antinovela intentó ser más
radical, subrayando que no quería fingir nada ni deslumbrar a nadie [...]. Según su promesa no iba a
comunicar nada, enseñar nada ni significar". El cumplimiento escrupuloso, literal y literario, es la
imposible novela reseñada, cuya primera frase "dice: 'El tren no ha llegado'; en la siguiente, leemos: 'Él
no vino'". Roland Barthes es concitado en esta reseña (de su El grado cero de la escritura se afirma que
es anticuado y de su intelecto que es brillante pero poco profundo). En las fechas de eclosión del
Nouveau Roman, Barthes era la cabeza visible del estructuralismo francés, que en cierta manera servía
de coartada teórica debido al giro lingüístico (por decirlo con palabras de R. Rorty) que impuso en el
terreno literario. La reseña de Toi insiste en la lectura implacable de los excesos interpretativos así como
de las aplicaciones a la creación de las más peregrinas teorías. Un texto que pretende introducir al lector
en un terreno puramente lingüístico para desposeerlo de su poder sobre el autor, lo que trata es de
superar el espacio tradicional de la escritura (como último gesto desesperado antes de la muerte del
autor, barthesianamente hablando) tras una interpretación stricto sensu de la filosofía del lenguaje que
parte de Wittgetstein y llega a Austin, Searle y la posterior pragmática (del todo son palabras al hacer
cosas con palabras). Para profundizar en las ideas de Stanisław Lem sobre filosofía del lenguaje y teoría
de la literatura recomiendo al lector interesado que acuda a las entrevistas editadas por Peter Swirski en
A Stanisław Lem Reader, (Northwestern University Press, Illinois, 1997 y, especialmente, al texto
36
por el método empleado, traído por Stanisław Lem a las humanidades (a las
formas ensayísticas relacionadas con la literatura) desde la metodología de las
ciencias (reductio ad absurdum, dialéctica lógico-formal, objetividad), y el
desarrollo de ciencias como la teoría de juegos, la teoría de la información o la
cibernética aplicadas no sólo a la interpretación literaria, sino, de forma general,
a la crítica cultural.

3. DEL REALISMO EN LA CIENCIA FICCIÓN A LA FICCIÓN SUPERADA


POR LA REALIDAD: PROVOCACIÓN Y GOLEM XIV

La cultura posmoderna es descentrada y heteróclita, materialista y psi,


porno y discreta, renovadora y retro, consumista y ecologista, sofisticada
y espontánea, espectacular y creativa; el futuro no tendrá que escoger
una de esas tendencias sino que, por el contrario, desarrollará las lógicas
duales, la correspondencia flexible de las antinomias.
Gilíes Lipovetsky, La era del vacío

En el artículo para The New Yorker que mencioné más arriba, "Chance and
Order", Stanisław Lem define Provocación47 mejor de lo que ningún otro
comentarista podría hacerlo:

"Todo es una única hipótesis histórico-filosófica sobre las aún no


reconocidas raíces del Holocausto y el papel que la muerte, especialmente la
muerte en masa, ha jugado en las culturas de todos los tiempos hasta el
presente. La calidad literaria de mi crítica ficticia (la cual es más bien larga, o no
habría ocupado ni siquiera un pequeño libro) no viene al caso. Lo que cuenta es
el hecho de que hubiera historiadores profesionales que tomaran mi fantasía
por la reseña de un libro auténtico, como prueban los intentos por parte de
algunos de ellos de hacerse con el libro. Para mí, Provocación, también, es un
tipo de ciencia ficción; intento no limitar el significado del nombre de esta
categoría de la escritura, sino, más bien, expandirlo."

"Todorov's Fantastic Theory of Literature" en el volumen, ya citado, Microworlds. Writings on Science


Fiction and Fantasy.
47
Provocación, Editorial Funambulista, 2005 (traducción de Joanna Bardzinska y Kasia Dubla,
todas las citas del texto en este artículo se toman de esta edición).
37
En esta breve explicación quedan claras al menos dos cosas importantes
respecto a los últimos textos que se incluyen en el proyecto de la "Biblioteca del
siglo XXI". Por una parte, la evolución de Lem en el terreno de la fantasía (al
que llega desde las convenciones, como ya mencioné, del realismo socialista, el
más idealista de los realismos, me permito una nueva paradoja) supone un
intento de trasladar a la ficción una verdadera concepción realista; esto es,
basada en los lenguajes científicos que describen la realidad (en el caso de
Provocación, la antropología). Por otra parte, teniendo en cuenta la reacción del
sector académico, en cierto sentido el que certifica la validez de uso del lenguaje
que le es propio, se puede afirmar que Lem alcanzó de pleno sus objetivos
estéticos. En cuanto a los éticos, baste con decir que no se encontrará una
indagación sobre las motivaciones del Holocausto (del concepto de banalización
del mal en Arendt a la impasibilidad de la óptica de Kertész) que resulte más
profunda y significativa.
Pero parte de lo afirmado antes para la reseña ficticia de El genocidio, a la
que el autor se refería en el texto citado, adquiere propiedad en el contexto de
las sociedades actuales (cincuenta años después de la Segunda Guerra Mundial)
gracias a la inclusión de otra reseña en el conjunto que es Provocación, en
principio muy alejada del análisis sobre el nazismo. One Human Minute,
emparentado con los registros del Guinness de los récords, es un libro que
pretende presentar de forma exhaustiva lo que ocurre en un minuto a toda la
humanidad. Como no podía ser de otro modo (el fondo moldea la forma), el libro
acaba por ser una sucesión de tablas y gráficos estadísticos (que reflejan desde
los litros de esperma vertidos en ese tiempo al número de muertos, haciendo
una relación de las diversas causas de muerte). En este caso, las implicaciones
estéticas de una ciencia ficción realista sean quizá más claras (por cuanto se
refieren a una disciplina como la estadística, en un contexto imposible: recoger
fidedignamente los sucesos que ocurren en un minuto a la humanidad en su
conjunto). Respecto a la cuestión ética tratada, pronto se revela en la reseña que
una simple expresión ordenada de las acciones humanas, aun las que ocurren
en un solo minuto, no dibuja un cuadro esperanzador. Dice el crítico:

"Creo que no es ni un libelo malicioso ni una verdad genuina. No es una


caricatura ni un espejo. No atribuyo la asimetría de Un minuto humano (es decir,
el hecho de que haya en él incomparablemente más sobre el mal infame de los
seres humanos que pruebas del bien, y más sobre la pobre fealdad de nuestra
existencia que sobre su belleza) ni a las intenciones de sus autores ni al método.
El libro sólo puede deprimir a los que todavía se hacen ilusiones sobre la
naturaleza humana."

38
Teniendo en cuenta la reacción del
sector académico, se puede afirmar
que Lem alcanzó de pleno sus
objetivos estéticos. En cuanto a los
éticos, baste con decir que no se
encontrará una indagación sobre las
motivaciones del Holocausto (del
concepto de banalización del mal
en Arendt a la impasibilidad de la
óptica de Kertész) que resulte más
profunda y significativa.

A la necesaria perspectiva diacrónica de El genocidio (I. La solución final


como forma de redención; II. Muerte del cuerpo extraño), primero de los libros
reseñados en Provocación, hemos de sumarle la sincronía de One Human Minute,
que activa la carga de crítica cultural que hace de este libro de Stanisław Lem
uno de los más perturbadores de toda su trayectoria.
A pesar de haber sido editado un año antes que Provocación, he preferido
dejar para el final el comentario a Golem XIV por dos razones: en cierto modo
constituye ya la conclusión lógica de la trayectoria hacia un realismo estricto,
que finalmente será cancelada por el abandono definitivo de la ficción sólo un
par de títulos después de Provocación (Fiasco, de 1986, y Paz en la tierra, de 1987),
en favor de un ensayismo de interpretación sociopolítica y tecnológica. Por otra
parte, se trata del único título de la "Biblioteca del siglo XXI" que aún no ha sido
traducido al castellano48. Golem XIV es el nombre que recibe un
supercomputador desarrollado a través de un medio autoevolutivo desde
modelos básicos de inteligencia artificial. El libro lo forman dos prólogos (uno
positivo, escrito por un científico, responsable de las relaciones académicas con
el supercomputador; otro negativo, escrito por un militar que acusa al Golem

48
El lector interesado tal vez encuentre más accesible que el original polaco la edición en inglés
de Magnitud imaginaria que incluye, además de los prólogos, el texto íntegro de Golem XIV: Imaginary
Magnitude, Harcourt Brace & Company, 1984.
39
de haber traicionado a sus creadores por haberse negado a colaborar en el
mantenimiento de la hegemonía militar de los Estados Unidos), el protocolo de
relación con el Golem y dos conferencias dictadas por el supercomputador (una
refiriéndose al hombre y otra refiriéndose a sí mismo). En el libro el lector que
conozca el resto de la "Biblioteca del siglo XXI" encontrará argumentos con los
que ya se ha enfrentado antes. Haciendo una lectura tecnológica y fríamente
científica, el Golem se encarga de ilustrar a los científicos que acuden a sus
conferencias sobre las limitaciones de nuestro intelecto y de las civilizaciones
que hemos creado basándonos en nuestra capacidad intelectual (según sus
argumentos somos imperfectos desde todos los puntos de vista, pero especial-
mente desde un punto de vista biológico y tecnológico).
El desafío de Stanisław Lem a sus lectores que supone no sólo, pero sí de
forma más clara, Golem XIV, como ocurría en textos como La cultura como error o
Historia de la literatura bítica, ya no puede superarse desde una perspectiva
meramente lingüística o literaria. El experimento de Lem supera todas las
categorías de la escritura posibles en una amalgama de filosofía del lenguaje y
de la ciencia, metacrítica y futurología (donde conjuga conocimientos
profundos de biología y matemáticas), que con los sucesivos proyectos de la
"Biblioteca del siglo XXI" fue decantándose a través de formas cada vez más
puramente ensayísticas, desde el extremo más literario (la reseña o el prólogo)
al más técnico (la conferencia). Un desafío tan exigente que ni el propio
Stanisław Lem pudo superar, cayendo finalmente de uno de los lados de la
frontera, de espaldas a la ficción. Querría asumir aquí este gesto como el único
posible, la aceptación coherente de los resultados de un experimento literario
irreproducible. Lo dijo el propio autor: "Creo que los tiempos que estamos
viviendo ahora son tan tormentosos que ya no vale la pena dedicarse a la
ciencia-ficción, porque esto ya es ciencia-ficción"49. §

49
De la entrevista concedida a David Torres para El cultural de El mundo ya citada.
40
"NO SOY DEL TODO INDECENTE"
Una entrevista inédita con Stanisław Lem

Por STANISŁAW BEREŚ

—Su deseo de darle un trato especial a Golem y dedicarle más atención que a los demás
libros, revela que le otorga usted una particular importancia.
—He de reconocer que el esfuerzo que empleé en escribir este libro es
incomparable con el esfuerzo de haber escrito cualquier otro. Sin embargo, a la
vez, me quedé con la sensación de cierta carencia, sobre todo en lo que respecta
a la segunda parte que intenté disimular mediante el epílogo. Allí permití que
se insultara y despreciara a Golem, que sus abismales divagaciones fueran
injuriosamente bautizadas como un delirio paranoico de una monstruosa mente
en descomposición. Fue un truco cuyo objetivo era asegurar mejor mis flancos.

41
—Lo cierto es que este terraplén de defensa pudo haberse reforzado mediante referencias
a la propia construcción de Golem. El libro consiste, al igual que algunos de los
conocidos sistemas filosóficos, en fragmentos que han de constituir una unidad.
Contamos con la conferencia inaugural, la conferencia XLIII, así como con los
comentarios. Habría bastado, simplemente, con escribir cuarenta y una conferencias y la
sensación de carencia se habría equilibrado.
—He de decirle que en mis cuadernos dispongo de fragmentos de varias
conferencias -así como de una conferencia íntegra de Golem- dedicadas a las
matemáticas. Sin embargo, muy pronto me di cuenta de que en este caso existía
cierta desproporción que consistía en que mi competencia en las más atrevidas
manifestaciones de la matemática contemporánea es insuficiente y que, por otro
lado, aún con toda su insuficiencia, sería totalmente indigerible para mucha
gente. El hecho de incluir conferencias de este carácter, habría llevado a una
dicotomía: para muchos de los destacados matemáticos la propuesta habría
sido insuficiente y, para los demás lectores, incomprensible en su totalidad. Se
trata de tal cantidad de hermenéutica endemoniada que no me atreví a enviar
ese material a la imprenta, aunque me consta que el editor sí lo habría
publicado. Como ve, no soy del todo indecente... sin mencionar la moderación y
la piedad hacia mis lectores, calidades que poseo. Además, tengo una profunda
sensación de que se trata de un asunto cerrado al que no merece la pena volver.

—¿Y de dónde proviene este convencimiento?


—Considero que sería prescindible intercalar cualquier conferencia de Golem
entre la primera y la última. No solamente a causa de mi incompetencia sino,
sobre todo, por pura intuición, algo imposible de justificar con nada. Esto
ocurre a veces cuando uno escribe libros: ¡basta!, ya he escrito todo lo que
quería decir. Es necesario decirse: ¡fin!. No está bien excavar sobre un terreno
que ya está, más o menos, controlado.

—De acuerdo, no se puede luchar contra la intuición. Le preguntaré por otra cosa: ¿está
usted dispuesto a considerar Golem un compendio de sus actuales conocimientos sobre
el mundo y sus reglas internas?
—No sin importantes restricciones. O sea que sí. Quiero decir que algunas de
las cosas tuve que hacerlas tal y como las hice porque me importaba obtener
efectos simplemente escénicos. En el libro, tuve que crear la sensación de una
mente mayor de que la que realmente poseo. Por tanto, ciertos asuntos que no
eran para mí del todo claros, están disimulados en la novela.
Cuando uno se plantea explicar su filosofía de vida, debería hacerlo de manera
totalmente honesta y confesar honradamente: esto lo sé, esto no; aquí tengo mis

42
dudas y aquí no las tengo. Para mí como autor era imposible fragmentar el
discurso de forma tan radical porque tuve que suponer que, si Golem se
quedaba sin decide algo a la gente era porque, o bien no quería, o bien porque
se trataba de algo tan sabio que nadie lo entendería.
A nivel general diría lo siguiente: en cuanto a la casualidad de la creación del
hombre, muchas de las ideas que expresa Golem están en concordancia con mis
convicciones, con la diferencia de que están pronunciadas con gran énfasis.
Golem considera que es necesario rechazar por completo la vida sentimental del
hombre, incluidos los principios del Evangelio. Yo, por supuesto, no lo pienso.
Golem es abogado de una idea según la cual el hombre debería "abandonar al
hombre" con el fin de convertirse en un ser más simpático y más listo. Por
supuesto yo nunca he postulado semejante programa y, para decir verdad, es
imposible de llevar a cabo en serio. Del mismo modo, la teoría sobre la relación
del código genético entre determinados individuos y especies que, según
Golem, tan sólo fortalecen este código, es mi propia teoría, sólo que aquí está
expuesta con bastante exageración. Podemos observar una particular
polarización y cambio de posturas, sin embargo algunas de las consideraciones
de Golem son mías propias.
Si lleváramos el libro a nivel de un acontecimiento donde Golem se despide de
la humanidad, tampoco habría que tomarlo muy en serio. Soy un misántropo,
pero no tan grande como Golem. El libro es una especie de proyector que
traslada las imágenes bastante ampliadas. Si disminuyéramos
considerablemente las proporciones, resultaría que ahora ya se trata de mis
ideas.

—¿Y sabe usted por dónde pasa la línea de demarcación entre el autor y su creación?
¿Es capaz de separar con precisión a Lem de Golem y viceversa?
—Es bastante difícil contestar a esta pregunta. Tendría el mismo sentido
preguntar al campeón mundial de saltos de pértiga qué parte del éxito
corresponde a sus logros personales y qué es indiscutiblemente propio de
cualquier salto.
Tengo cierta idea de lo que yo llamo la razón, pero ni siquiera soy capaz de
articularla plenamente. Habitualmente se manifiesta, de modo indirecto,
cuando escribo precisamente este tipo de libros. Este concepto puede resultar
inadmisible para un montón de personas cuya inteligencia está al mismo nivel
que la mía. Al contrario que Golem, a quien desprovee de toda personalidad,
supongo que yo sí la poseo, por tanto mis predilecciones han tenido que
resultar permeables al "protagonista" de manera imperceptible para mí.

43
—¿Se refiere a que, en contra de la voluntad y declaraciones de Golem, le fue
contagiando usted de la "humanidad" de su propio pensamiento?
—Verá usted, yo no soy ninguna mente "libre", sólo he fabricado algunas
imitaciones. Es como si intentara falsificar los billetes de forma que no se
puedan distinguir de los auténticos. Sin embargo, el hecho de que alguien
falsifique el dinero no significa que esté convencido de estar fabricando
originales. No estoy seguro de que mis propios convencimientos en muchas
materias se conviertan en territorios fronterizos, vagos e inciertos. Como Lem
no sería capaz de formular semejantes constataciones de manera igualmente
categórica y apodíctica que Golem. El hecho de que Golem puede hablar con
tanta agudeza se debe a que falsifiqué la seguridad de sus afirmaciones.

—Entonces, ¿no teme que Golem se convierta en una trampa para usted y que le sea
difícil separarse de sus ideas? Llevamos tiempo hablando y yo sigo teniendo la sensación
de que, una y otra vez, volvemos a este libro en concreto y que, en realidad, estamos
dando vueltas como arañas en la red de Golem. El horizonte de ideas que propuso usted
en este libro, puede llegar a ser un territorio del que le será difícil escaparse hacia nuevas
perspectivas.
—Las ideas que posee una persona en un momento determinado de su vida,
suelen parecer definitivas. (...) Quiero decir que las ideas que, desde la
perspectiva de un determinado momento histórico y vital, parecen estables,
pueden dar un salto cualitativo. No obstante, teniendo en cuenta que se trata de
la fase final de mi vida, es difícil considerar que yo pueda cambiar
sustancialmente mis ideas. Sin embargo, la manera de presentarlas en caso de
Golem es un efecto de elaboración artística. Esto desempeña un papel muy
importante. Fíjese que, en el momento en el que Golem empieza a hablar, de
forma automática se decide una cuestión -de ninguna manera es tan obvia- que
la inteligencia "artificial" puede superar la humana. En el libro se supone que
esto es posible, así que aquí ya no se puede entrar en discusiones de ningún
tipo. Verá, entonces, que en mi razonamiento hay más puntos de interrogación
que en el razonamiento de Golem, pero por motivos de construcción y
literarios, fue imposible rendir cuentas exactas de ello. El propio carácter
literario del texto resolvió muchas de estas cuestiones de antemano.
Reasumiendo, pues, diré que Golem no cierra ni agota nada. No contiene la
totalidad de mis convencimientos sobre los asuntos más destacados del género
humano y del cosmos.
Tampoco considero que Golem nos dé derecho a estar en posesión de la verdad
absoluta. No es ningún "Lem en polvo" cuya disolución en agua nos
proporcionará toda una paleta de respuestas. Nada de eso.

44
—El libro del que estamos hablando, se caracteriza por una "densidad" importante del
discurso y un elevado nivel de teorización. A ratos nos da la sensación de que tenemos
que ver con un texto estrictamente científico. ¿No se planteó otorgarle a este libro una
mayor diferenciación literaria? Si hubiese desarrollado más, por ejemplo, el plano de los
acontecimientos que, de forma eficaz, habría evidenciado las posibilidades intelectuales
de los gigantes de máquinas y, mediante la trama e ilustración, pudo haber convertido el
libro en menos "pesado". Seguro que me dirá enseguida que no le interesaba ni lo más
mínimo.
—No, para nada diré que lo que acaba de decir no se pudo haber hecho.
Tampoco diría que este factor no esté presente en ningún grado. Pude haber
extendido a toda la trama los intentos de atentados y la historia de la
desaparición referidos en el epílogo, pero no me "pegaba" porque habría
supuesto trasladar los acentos que yo, de ninguna manera, quería trasladar. Al
fin y al cabo, es uno de mis treinta y cinco libros, por tanto nadie que lee a Lem
está únicamente condenado a Golem. Además, durante el simposio llamado
Instrat, dedicado a mi obra (que tuvo lugar en Berlín del Oeste), escuché una
propuesta contraria, es decir: abstraer del texto algunos de los conceptos
futuristas creíbles. Por tanto, diferentes personas esperan cosas diferentes. Yo
partí del convencimiento, creo que racional, de que si alguien iba a querer leer
sobre todo historias sensacionales, no pasaría ni siquiera de la parte de las
conferencias que le resultarían una ración excesiva de lastre indigesto.

—Está hablando como si nunca lo hubiera hecho. Sobre todo está usted construyendo
una dicotomía que para nada es necesaria. A mí me gusta más una tarta con pasas, piña
y cobertura de chocolate, que una tarta desprovista de todas estas delicias. ¿Es que por
culpa de estos suculentos ingredientes la tarta perderá sus propiedades básicas?
—Tendrá usted razón, por supuesto, pero es una cuestión subjetiva. Si un libro
así cayera en mis manos yo, en primer lugar, quisiera saber qué es lo que este
tipo electrónico quiere decirme. El mito sobre la aparición de un supercerebro
electrónico lleva vagando por el mundo desde hace mucho tiempo. Y, dado que
no he oído ni dos palabras seguidas razonables, pronunciadas por esta bestia
electrónica, pensé que ya lo sabía todo sobre cómo semejante cerebro había
maltratado a la humanidad y viceversa. Al igual que me sabía muchas otras
historias que la ciencia ficción está cocinando constantemente, pero, en aquel
momento, únicamente quería escuchar lo que él tenía que decirme a mí.
Simplemente me dije: "Que este ordenador empiece a hablar de una vez, lo
demás no importa". Por tanto, surgió a raíz de una petición formulada a la
literatura (...) de forma muy intensa y categórica y, dado que no encontré allí ni
una sola palabra con sentido, la petición volvió hacia mí por rebote y ya no
pude escaquearme. (...)

45
—En cualquier caso, Golem es una máquina. Piensa, pero está desprovisto de
personalidad.
—Es cierto que está desprovisto de personalidad, pero, de forma sugerente,
puede guardar las apariencias de poseerla. Semejante aparato, por sí sólo,
puede, pues, jugar a multitud de juegos. Sin embargo, Golem opina que dice la
verdad. No tiraniza al hombre para disgustarlo. Creo que la intencionalidad del
ámbito del sadismo o de la agresión le es ajena por completo. Pero tampoco
considero que, incluso un ser impersonal, tenga que estar desprovisto de la
intencionalidad aunque sólo sea porque ésta constituya una norma y una base
de pensamiento de carácter universal. Al menos es lo que yo pienso de la Mente
Elevada. Finalmente, no existe una razón para que esta mente no posea el
sentimiento de, digamos, misión.

—Por fin ha reconocido que el concepto de Mente, pronunciado por Lem, se basa en un
alto nivel de ética que se manifiesta en una actitud cognitiva desinteresada que, en la
misma medida, funciona hacia dentro que hacia fuera.
—¿Y por qué no? Él dice que es un filósofo al ataque, que está desprovisto del
elemento humano y que su elección es libre. Pero, en su fascinación por el
misterioso universum, se topa con el hombre. El pensamiento de ilustración que
él en algún grado manifiesta, puede ser de carácter particular de las mentes que
están justo por encima del nivel cero, o sea, nivel humano. No es hasta un nivel
superior, cuando esto puede desaparecer por completo.
Si Golem posee la libertad de elección, y ésta es mayor que la de cualquier
humano, puede también tener antojos. ¿Por qué no iba a tener antojos? De
nuevo, esto puede ser un juego, al igual que el ajedrez. ¿Para qué sirve? ¡Para
nada! Para mí se trata de una cuestión, en gran medida, autotélica. Su manera
de hablar claramente indica que Golem se divierte a escondidas con la idea de
haber sustituido todos los seres como Buda, Jesucristo y Dios. No porque quiera
posicionarse aquí, sino porque en la jerarquía no existe un papel superior.
Ahora él será el profeta. ¿Por qué no?

—Cada vez con mayor fuerza Stanisław Lem se abre el paso a través de Golem.
—No es el resultado de mis ambiciones personales. Efectivamente, esto tiene
más que ver con Lem que con Golem. Si digo algo no es porqué esté dispuesto a
compartirlo, o porque me suponga un beneficio, o lo vayan a tener los demás...
No soy capaz de explicar esta presión. Pienso que estaré más satisfecho si
consigo comunicar algo -incluso si no se comentará o no será comprendido-
antes de introducirlo en una botella cargada de plomo y arrojarlo al abismo.
46
Aquí, sin duda, se entrelazan diferentes cuestiones. Sin embargo, no soy capaz
de cortar del todo el cordón umbilical que me une con Golem. Soy consciente de
que no es ninguna aclaración, ni justificación, sino más bien rendir cuentas del
estado de las cosas.

—Naturalmente este concepto altruista de la Razón me desarma, pero ¿no cree que
realmente pueda trasladarse a los super ordenadores?
—Creo que no se trata del altruismo en el sentido estricto de la palabra. Golem
podría ser destructor, pero no lo es. Incluso llegué a considerar un abanico de
temibles armas que él podría haber inventado para acabar con el género
humano, pero no se me ocurrieron motivos que le llevarían a hacerlo. Si no es
un ser humano, no puede ser particularmente malicioso. ¿Por qué iba a desear
un mal a la gente, en vez del bien? Esto es lo que entrelaza con mi concepto de
Razón que acaba de mencionar y según el cual ninguna Razón tiene motivos
para disfrutar con el sufrimiento y desgracia ajenos. Da igual de quién sea.
Hasta donde me conozco, nunca intento hacer desinteresadamente el mal a
nadie quien no me molesta. Puedo aplastar una mosca, pero sólo si me
importuna. No me tiro encima de los perros, de los gatos, ni de las hormigas.
No me tiro encima de nadie. No voy a serrar un árbol para disgustarlo, sino
porque necesite una tabla. La razón es inseparable de la idea del racionalismo.
No hay ningún motivo para que yo haga sufrir a nadie. Al contrario. Seguro
que recuerda un precioso fragmento de los Diarios de Gombrowicz donde él
está tumbado en una playa y se dedica a poner boca abajo a los incontables
escarabajos para que no sufran. Él teme el sufrimiento y lo hace sin tener
constancia de que su ayuda les aporte algo a esas criaturas. Lo entiendo
perfectamente. Estoy pensando, que una impronunciada hipótesis de mi libro,
sería una determinada característica de la racionalidad. Sin embargo, le advierto
que, como dice el propio Golem, no se trata de una característica que abarque
todos los tipos de la razón.

—Reconozco que la tarea de identificarse con Golem, un ser monstruoso en cuanto al


intelecto y difícil de dominar, no es una bagatela. En este libro eligió usted una
encarnación patético-profética con fuertes toques de charlatanería. Las posibilidades del
destinatario condicionan habitualmente la elección del modelo erístico. ¿Realmente el
público multifacultativo de Golem se dio cuenta de este modelo?
—(...) Golem no puede hablar de forma que él mismo hubiese querido porque
nadie le entendería. Tiene que contenerse y auto-limitarse. Cuando baja de la
montaña de su sabiduría para encontrarse con los mediocres, no les puede
transmitir todo lo que se le ha ocurrido en las alturas. Ha de "sintonizar" su voz
a un determinado nivel en el que se mantendrá consecuentemente.
47
—Este truco me resulta comprensible y, de alguna manera, natural en caso de las obras
con esta construcción, pero me parece que Golem es exageradamente parlanchín,
ampuloso y coqueto en la capa lingüística.
—Es cuestión de gustos. Aún no tengo una actitud definitiva hacia el último
discurso de Golem, pero el primero de ellos lo escribí hace tanto tiempo que
soy, más bien, capaz de distanciarme a la hora de leer. Lo considero conseguido
y las personas con cuya opinión cuento especialmente, también piensan lo
mismo. Por desgracia, bastante calidad de este lenguaje se ha perdido en las
traducciones. Lo cierto es que autorizo los textos, pero este trabajo tiene sus
limitaciones. Si Golem utiliza ciertas expresiones de Adam Mickiewicz, habría
que rebuscar en toda la obra de Goethe para encontrar el equivalente en alemán
y en la de Shakespeare para reflejarlo en inglés. Volviendo a la versión polaca,
sé que hay unos cuantos sitios que dejan de ser tesis legibles, sino que son su
mistificación, dado que yo no sabía lo que, en determinados momentos, debería
saber Golem. Pero no pienso descubrir estos apartados, que cada lector se
esfuerce bajo el lema: "buscad y encontraréis".
Desde el punto de vista de fraseología y estilo es, naturalmente, un juego; no
mío, sino de una máquina que, por otro lado, tampoco lo esconde, sino que
subraya que se viste con preciosas ropas bordadas, etcétera. Sin embargo las
ropas son una simple ornamentación exterior. Se trata del contenido que metí
dentro de la forma y este contenido me satisface plenamente. Probablemente si
esta sabia fábula cobrara un cuerpo, no sería capaz de comprender el auténtico
discurso del auténtico Golem. De todas formas, los fragmentos de otras
conferencias que taché eran meritoriamente más difíciles de descifrar y justo
por ese motivo, prescindí de ellos, pero también porque quise ser comedido en
las hipótesis que presenta la máquina. Empleé la moderación de forma
intuitiva, la única posible.

— (...) No pretendo cuestionar este camino, pero lleva hacia los horizontes que Tadeusz
Peiper llamó en su momento "el arte para doce". En este caso se trata de "doce"
científicos.
—Realmente es una pena que tan sólo un especialista de alto rango sea capaz de
darse cuenta de lo que en mis trabajos está articulado de manera totalmente
seria, aunque metido dentro de un contexto que desprovee al contenido de la
seriedad universitaria. Un inexperto de ningún modo puede descubrirlo, por
tanto todo le parece extraño y, si su actitud es más favorable, percibe en ello
una especie de juegos locos y zancadas dentro del vacío del significado.
En una ocasión, en las páginas de una de las revistas más serias de Alemania
del Oeste dedicadas a la ciencia ficción, dos jóvenes intentaron hablar de Golem,
48
pero resultó que, por carecer de una preparación especializada, no fueron
capaces de trazar la frontera entre lo que merecía la pena considerar una
hipótesis y lo que había que tomar por una especie de juego fantástico que Lem
se había inventado para epatar.

—En fin, es el precio que hay que pagar por la elección de un campo de actividad como
este.
—De acuerdo, pero a veces me parece increíble cuando pienso en mí mismo,
que hay miles de millones de personas con imaginación y competentes dentro
del marco de creación de hipótesis, pero nadie se dedica a lo que yo hago.
¿Cómo es posible que sólo haya un loco que se esfuerza en solitario en un
rincón perdido del territorio eslavo, entre el Polo Norte y los Balcanes? Incluso,
desde mi preferido punto de vista estadístico, se deduce que en el mundo
debería haber al menos unos cuantos Quasi-Lems, Anti-Lems, Para-Lems o
Proto-Lems, pero la realidad es que no.
Afortunadamente esto me estimula y pretendo, a medida de mis posibilidades
biológicas en decrecimiento, lograr algo más en mi pequeña isla. Pero he de
hacerlo desde el convencimiento de que nadie quiera sustituirme en ella.

—(...) La suposición general de Golem es la convicción de que el pensamiento, por


tanto la consciencia, puede llegar a ser un atributo no sólo del ser humano. ¿En qué se
basa?
—Es cierto que Golem sugiere que puede plantearse una bifurcación de la fuerza
intelectual y de la existencia personal. Quiere decir que no todas las personas
que son increíblemente listas han de ser Alguien. Es posible ser un Don Nadie
Muy Listo. Me parece posible aunque dispongo de muy pocos datos para
apoyar este convencimiento. El hecho de ocuparse de las cuestiones de la
inteligencia y plantearlas únicamente en términos de razonamiento, nos hace
llegar a la conclusión de que nos hallamos al límite del razonamiento y no
podemos dar más de sí. Pero si lo miramos desde una perspectiva, nos daremos
cuenta de que el grado de habilidad de ingeniería que demuestra el cerebro del
mejor ingeniero del mundo es mucho menor que, por ejemplo, el grado de
habilidad de ingeniería que representa la pata de un elefante o el trasero de una
abeja. Allí simplemente se han invertido unos colosales conocimientos
tecnológicos que nosotros no solamente no podemos alcanzar, sino ni tan
siquiera copiar. Pero sabemos que eso existe, esto es incuestionable y si ha
podido existir puede que consiga adaptarse. En la actualidad la polémica en
este campo reside en plantear la duda: ¿en qué grado es necesario considerar el
factor de tiempo en el proceso de adaptar los tesoros tecnológicos de habilidad
conseguidos mediante evolución natural? La mayoría de los investigadores
49
considera que, si la evolución ha necesitado mil millones de años de ensayo y
error, es imposible coger ningún atajo real.

—¿Cómo les contesta?


—Yo no puedo contraponer nada más, aparte de una débil, pero desesperada
esperanza de que no es así. Si no se puede hacer nada sin este factor de miles de
millones de años, todo está perdido.

—¿Por tanto, en qué basa esta débil esperanza? ¿No será que en un pensamiento
ilusorio?
—Cuento con que simplemente sabemos muy poco y vamos en dirección
equivocada. En Summa Technologiae presenté un neblinoso boceto de la
sistemática de las sucesivas aceleraciones. A modo de ejemplo: ¿para qué
construir siguientes generaciones de ordenadores reales si podemos
construirlos matemáticamente dentro de un gran ordenador? Este ordenador se
convertiría en una placenta dentro de la cual se crearían esquemas matemáticos
de las siguientes generaciones. Al cabo de un tiempo dispondríamos de una red
de ordenadores: una red dentro de la cual se producirá un "embarazo"
informático-tecnológico que durará hasta el momento en el que, desde sus
adentros, nazca algo que será el primer "protagolem". A día de hoy, nadie
puede decir que esto sea imposible.
Es el único consuelo que me queda. Hay cosas que ni siquiera me planteo, la
ciencia ficción se ha hartado de machacar, como, por ejemplo los "viajes en el
tiempo". En estas fantasías se esconde el convencimiento de que todo lo que la
ciencia considera barreras absolutas (como la barrera lumínica), es posible de
superar. No, yo no soy tan optimista. Es preciso distinguir entre un fantaseo
irresponsable y el razonamiento, moviéndose por un camino sin barreras de
portazgo de las prohibiciones o leyes naturales establecidas y consideradas
definitivas. No existe ninguna ley natural -al menos hasta el momento- que diga
que la mayor eficiencia que pueda alcanzar un sistema de información y
análisis equivalga precisamente a la que pueda alcanzar la mente humana.

—En sus palabras percibo un deseo increíblemente fuerte de "agujerear" el muro que la
biología ha construido sobre nuestro pensamiento. Esta insistencia en golpear el "techo"
de su propia eficacia mental y el deseo de salir al exterior es para mí un testimonio
estremecedor de una profunda disonancia entre usted, como hombre biológico, y usted
como substancia "pensante".

50
—A modo de respuesta le leeré algo que debería interesarle. Es un fragmento
de carta que me envió Stanisław Mrożek después de la lectura de Golem. Le
entregué un ejemplar del libro por ser un viejo amigo, sin esperar que se lo
fuese a leer. Pero volvió a sorprenderme y escribió lo siguiente: "Leí Golem
estando aún en Varsovia [...]. La tristeza de este libro me es cercana. No sé si los
reseñadores se han fijado en ella. Pero si se han fijado, no se trata de la misma
tristeza que yo reconocí en ella [...]. Supongo que los problemas de Golem son,
en cierta medida, tus problemas. Con el agravante adicional de que tú eres un
hombre verdadero y Golem no lo era. Si digo que la tristeza del libro me es
cercana, no es porque tenga algo que ver con Golem. Tú eres un poco Golem, no
yo, y al mismo tiempo que te envidio mucho por ello, sé que no tengo por qué,
ya que es una vida muy dura. Tan sólo estoy hablando de la tristeza que surge
al chocarse con los límites con los que, por mucho que quiera engañarme, no
puedo.
Ahora, si nos preguntamos de qué límites se trata y dónde están, no tiene
ninguna importancia. En lo que a mí respecta, más bien me vuelvo a alejar de
los límites, en lugar de intentar superarlos. Vale ya con esta inutilidad." §

NOTA
De Conversaciones de Stanisław Bereś con Stanisław Lem (Wydawnictwo Literackie,
2002. Cracovia, Polonia). Fragmentos del capítulo: "Golem" (pp. 132-153)
Traducción: Joanna Orzechowska. © Impedimenta.

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