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Cómo obtener el poder de Jesucristo en nuestra

vida
Abril 2017 Conferencia general
Por el presidente Russell M. Nelson
Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

El evangelio de Jesucristo está lleno de Su poder, el cual está disponible


para cada hija o hijo de Dios que lo busque fervientemente.

Mis queridos hermanos y hermanas, vivimos en una dispensación sumamente difícil.


Estamos rodeados de desafíos, controversias y complejidades. Estos tiempos
turbulentos fueron previstos por el Salvador. Él nos advirtió que en nuestros días el
adversario incitaría la ira en el corazón de los hombres y los descarriaría 1. Sin
embargo, nuestro Padre Celestial nunca tuvo la intención de que afrontáramos solos
el laberinto de los problemas personales y las di cultades sociales.

De tal manera amó Dios al mundo que envió a Su Hijo Unigénito 2 para ayudarnos 3; y
Su Hijo Jesucristo dio Su vida por nosotros para que pudiésemos tener acceso al
poder divino, un poder su ciente para sobrellevar las cargas, obstáculos y
tentaciones de nuestros días 4. Hoy me gustaría hablar sobre cómo podemos obtener
en nuestra vida el poder de nuestro Señor y Maestro, Jesucristo.

Comenzamos al aprender de Él 5. “Es imposible que [nos salvemos] en la ignorancia” 6.


Cuanto más sabemos acerca del ministerio y la misión del Salvador 7 —cuanto mejor
comprendemos Su doctrina 8 y lo que Él hizo por nosotros—, más claramente
sabemos que Él puede darnos el poder que necesitamos para nuestras vidas.

A principios de este año les pedí a los jóvenes adultos de la Iglesia que consagraran
un poco de tiempo cada semana para estudiar todo lo que Jesús dijo e hizo, según se
registra en los libros canónicos 9. Los invité a que las referencias de las Escrituras
acerca de Jesucristo que se encuentran en la guía temática [Topical Guide, en inglés]
se convirtieran en su principal material de estudio personal 10.

Extendí ese desafío porque yo mismo ya lo había aceptado. Leí y subrayé cada
versículo acerca de Jesucristo que aparece bajo el encabezamiento principal y los 57
subtítulos de la guía temática 11. Cuando terminé ese emocionante ejercicio, mi
esposa me preguntó qué efecto tuvo en mí. Le respondí: “¡Soy un hombre diferente!”.

Sentí una devoción renovada hacia Él al volver a leer en el Libro de Mormón la


declaración del Salvador mismo sobre Su misión en la vida terrenal. Él declaró:

“…vine al mundo a cumplir la voluntad de mi Padre, porque mi Padre me envió.


12
Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz…” 12.

Como Santos de los Últimos Días, nos referimos a Su misión como la expiación de
Jesucristo, la cual hizo realidad la resurrección para todos y posibilitó la vida eterna
para aquellos que se arrepientan de sus pecados, y reciban y cumplan ordenanzas y
convenios esenciales.

Es doctrinalmente incompleto hablar del sacri cio expiatorio del Señor con frases
abreviadas, tales como “la Expiación”, “el poder habilitador de la Expiación”, “aplicar la
Expiación” o “ser fortalecidos por la Expiación”. Tales expresiones suponen un riesgo
real de centrar la fe en algo equivocado al tratar el acontecimiento como si este
tuviera una existencia viviente y capacidades independientes de nuestro Padre
Celestial y Su Hijo Jesucristo.

Bajo el gran plan eterno del Padre, es el Salvador quien sufrió. Es el Salvador quien
rompió las ataduras de la muerte. Es el Salvador quien pagó el precio de nuestros
pecados y transgresiones, y quien los limpia con la condición de que nos
arrepintamos. Es el Salvador quien nos libera de la muerte física y espiritual.

No existe una entidad amorfa llamada “la Expiación” a la que podamos acudir en
busca de socorro, sanación, perdón o poder. Jesucristo es la fuente. Términos
sagrados como Expiación y Resurrección describen lo que el Salvador hizo, según el
plan del Padre, para que podamos vivir con esperanza en esta vida y obtener la vida
eterna en el mundo venidero. El sacri cio expiatorio del Salvador —el acto central de
toda la historia de la humanidad— se comprende y se aprecia más cuando lo
relacionamos expresa y claramente con Él.

El profeta José Smith hizo hincapié en la importancia de la misión del Salvador


cuando declaró enfáticamente que “Los principios fundamentales de nuestra religión
son el testimonio de los apóstoles y de los profetas concernientes a Jesucristo: que
murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras
cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente apéndices de eso” 13.

Fue esta declaración del Profeta la que incentivó a 15 profetas, videntes y


reveladores a publicar y rmar su testimonio para conmemorar el aniversario
número 2.000 del nacimiento del Señor. Ese testimonio histórico se titula “El Cristo
Viviente” 14. Muchos miembros han memorizado las verdades que contiene; otros
apenas saben que existe. A medida que procuran aprender más acerca de Jesucristo,
los insto a estudiar “El Cristo Viviente”.

Cuando dedicamos tiempo a aprender sobre el Salvador y Su sacri cio expiatorio,


sentimos el deseo de participar en otro elemento clave para tener acceso a Su
poder: elegimos tener fe en Él y seguirlo.

Los discípulos verdaderos de Jesucristo están dispuestos a destacarse, defender sus


principios y ser diferentes a la gente del mundo. Son impávidos, devotos y valientes.
Conocí a tales discípulos durante una asignación reciente en México, donde me reuní
con funcionarios gubernamentales y también con líderes de otras denominaciones
religiosas. Cada uno de ellos me agradeció por los heroicos y exitosos esfuerzos de
nuestros miembros por proteger y preservar matrimonios y familias rmes en su
país.

El llegar a ser discípulos tan poderosos no es fácil ni automático. Nuestro enfoque


debe estar anclado en el Salvador y Su evangelio. Es mentalmente riguroso
esforzarnos por mirar hacia Él en todo pensamiento. 15, pero cuando lo hacemos,
nuestras dudas y temores desaparecen 16.

Hace poco me hablaron de una joven y valiente Laurel. La invitaron a participar en


una competencia estatal para su escuela secundaria durante la misma tarde en que
se había comprometido a participar en una reunión de la Sociedad de Socorro de
estaca. Cuando se dio cuenta del con icto y les explicó a los organizadores de la
competencia que necesitaba irse de la misma más temprano para asistir a una
reunión importante, le dijeron que sería descali cada si lo hacía.

¿Qué hizo esta Laurel de los últimos días? Cumplió con su compromiso de participar
en la reunión de la Sociedad de Socorro. Según lo prometido, quedó descali cada de
la competencia estatal. Cuando le preguntaron sobre su decisión, ella simplemente
respondió: “Bueno, la Iglesia es más importante, ¿no?”.

La fe en Jesucristo nos impulsa a hacer cosas que de otro modo no haríamos. La fe


que nos motiva a actuar nos da más acceso a Su poder.

También aumentamos el poder del Salvador en nuestra vida cuando hacemos


convenios sagrados y guardamos dichos convenios con precisión. Nuestros
convenios nos unen a Él y nos dan poder divino. Como eles discípulos, nos
arrepentimos y lo seguimos a Él hasta las aguas del bautismo. Recorremos el camino
de los convenios para recibir otras ordenanzas esenciales 17. Afortunadamente,
además, el plan de Dios permite que esas bendiciones se extiendan a los
antepasados que murieron sin tener la oportunidad de obtenerlas durante su vida
terrenal 18.

Los hombres y las mujeres que guardan sus convenios buscan la manera de
conservarse sin mancha del mundo a n de que nada impida que tengan acceso al
poder del Salvador. Recientemente, una el esposa y madre escribió lo siguiente:
“Estos son tiempos difíciles y peligrosos. Qué bendecidos somos de tener un mayor
conocimiento del Plan de Salvación y la guía inspirada de amorosos profetas,
apóstoles y líderes para ayudarnos a navegar a salvo en estos mares tormentosos.
Hemos abandonado el hábito de encender la radio por la mañana. En vez de eso,
ahora escuchamos un discurso de la conferencia general en nuestros teléfonos
móviles cada mañana al prepararnos para otro día”.

Otro elemento para obtener el poder del Salvador en nuestra vida es acudir a Él con
fe. Ese “acudir” requiere un esfuerzo diligente y enfocado.
¿Recuerdan el relato bíblico de la mujer que padeció durante 12 años un problema
debilitante? 19 Ella expresó gran fe en el Salvador cuando exclamó: “… Si tocare tan
solo su manto, quedaré sana” 20.

Esta mujer el y centrada necesitaba estirar lo más posible la mano para acceder al
poder de Él. Su “estiramiento” físico era un símbolo de su “estiramiento” espiritual.

Muchos de nosotros hemos exclamado desde lo más profundo de nuestro corazón


una variante de las palabras de esta mujer: “Si pudiera estirarme espiritualmente lo
su ciente como para obtener el poder del Salvador en mi vida, sabría cómo afrontar
mi desgarradora situación. Sabría qué hacer y tendría el poder para hacerlo”.

Cuando procuren el poder del Señor en su vida con la misma intensidad que tiene
uno que se está ahogando y lucha por respirar, el poder proveniente de Jesucristo
será de ustedes. Cuando el Salvador sepa que ustedes realmente desean acudir a Él
—cuando Él pueda sentir que el mayor deseo de sus corazones es obtener el poder
de Él en sus vidas—, serán guiados por el Espíritu Santo para saber exactamente lo
que deben hacer 21.

Cuando se estiren espiritualmente más allá de lo que jamás se hayan esforzado,


entonces Su poder se derramará sobre ustedes 22. Entonces comprenderán el
profundo signi cado de las palabras que cantamos en el himno “El Espíritu de Dios”:

Aumenta el Señor nuestro entendimiento…


El conocimiento de Dios se extiende;
el velo del mundo se ve descorrer23.

El evangelio de Jesucristo está lleno de Su poder, el cual está disponible para cada
hija o hijo de Dios que lo busque fervientemente. Testi co que cuando obtenemos
Su poder en nuestra vida, tanto Él como nosotros nos regocijamos 24.

Como uno de Sus testigos especiales, ¡yo declaro que Dios vive! ¡Jesús es el Cristo! ¡Su
Iglesia ha sido restaurada en la tierra! El profeta de Dios sobre la tierra hoy en día es
el presidente Thomas S. Monson, a quien sostengo con todo mi corazón. De esto
testi co, y les expreso mi amor y bendición a cada uno de ustedes, en el sagrado
nombre de Jesucristo. Amén.

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