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HILDA ABELLEIRA NORMA DELUCCA

Clínica Forense en Familias


Historización de una Práctica

Lugar
Editorial
Abelleira, Hilda.
Clínica forense en familias : historización de una práctica / Hilda Abelleira y Norma Delucca. - la ed. la
reimp- Buenos Aires : Lugar Editorial, 2011.
288 p.; 23x16 cm.
ISBN 978-950-892-203-6 1.Cínica Psicológica Forense-Familia 2. Psicología Forense I. Delucca, Norma II.
Título CDD 347.006 019

índice

Prólogo ......................................................................................................................... 7

Parte I: Consideraciones teóricas ....................................................................... 11


Introducción .............................................................................................................. 13
CAPÍTULO I: Intervención psicológico-pericial
con familias en la institución judicial ...................................................................... 17
CAPÍTULO II: La Intervención psicológica en audiencias .......................................... 29
CAPÍTULO III: Acerca de la Familia ............................................................................. 45
CAPÍTULO IV: Teorizando sobre el proceso
de separación en la familia ................................................. .. .................................. 65
CAPÍTULO V: Construcción de un modelo
de abordaje vincular ....................................................... . ....................................... 81
CAPÍTULO VI: Caracterización del dispositivo
de producción vincular ............................................................................................. 89
CAPÍTULO VII: Acerca de cuestiones éticas ............................................................... 105

Parte II: Historiales Clínico-Forenses ...............................................................115

Introducción ............................................................................................................ 117


CAPITULO VIII: Cuando un hijo cuestiona el orden
familiar establecido ................................................................................................ 119
CAPÍTULO IX: Cuando queda cuestionado el lugar
de la madre ............................................................................................................... 145
CAPÍTULO X: Cuando queda cuestionado el lugar
del padre ................................................................................................................... 171
CAPÍTULO XI: Cuando se divide el grupo fraterno ................................................. 195
CAPÍTULO XII: Cuando se produce la exclusión legal
de uno de los padres ............................................................................................... 215
CAPÍTULO XIII: Cuando en nombre de los hijos se cuestiona
una organización familiar ....................................................................................... 241
CAPÍTULO XIV: Cuando predomina la violencia en los vínculos ......................... 259
CAPÍTULO XV: Cuando nos interroga una organización
familiar peculiar ....................................................................................................... 273

Bibliografía ............................................................................................................... 282


Clínica Forense ÜN F AMILIAS 9

Prólogo
ISIDORO BERENSTEIN

Este libro nos instala de pleno en un campo que puede llamarse Clínica Forense y
resulta de una relación entre la Psicología y el Derecho. Habría dos maneras de con-
cebir esta relación: desde la búsqueda de una articulación que trate de mostrar la
consistencia de cada una y andar un camino en búsqueda de su complementación.
Otra manera de vincularlas sería considerarlas dos disciplinas distintas que seguirán
siéndolo y que cada una ofrecen a la otra lo que no tienen ni tendrán y que a partir de
ahí deberán realizar un trabajo de relación, no hecho hasta ese momento. Dos figuras
se encarnan en la realización de ese trabajo: el Juez y el Psicólogo vincular. El primero
da a conocer la Ley en realidad lo que interpreta de ella. Después de todo lo que in-
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terpreta el Juez es la Ley. El Psicólogo vincular interpreta el sentido inconsciente del


conflicto y de la trama vincular que lo sostiene y lo transmite como asesoramiento al
Juez.
Los seres humanos viven en varios mundos y aquí se muestra bien: el mundo
público, uno de cuyos reguladores, no el único, es la ley jurídica; el mundo vincular
de las familias cuya regulación está dada por el parentesco y las reglas del matrimo-
nio y aunque distintas, las del patrimonio; y también vivimos en un mundo interno
cuya regulación se basa en el deseo inconsciente. La clínica forense ha de contar con
esta complejidad que las autoras muestran excelentemente en sus capítulos teóricos
como en los ejemplos de la segunda parte.
Genera una situación difícil ser convocado por el juzgado, por el Juez, por los re-
presentantes de la Ley, ya que ésta fue producida por el medio social que dispone de
ella para mantener su ordenación y su represión, puesto al descubierto por el mismo
conflicto y que desde lo psicológico, puede mostrar esa peculiaridad por la cual la
misma ley genera en su inconsistencia y sin saberlo, eso mismo que luego condena
como transgresión.
En los primeros dos capítulos las autoras nos conducen por los pasillos del espa-
cio jurídico, con sus nombres y ámbitos y los haceres propios de ellos, con el vocabu-
lario pertinente. Es una guía de viaje que para muchos de nosotros conduce por un
territorio que no conocemos, y las autoras con sus 30 años de experiencia nos lo mues-
tran suscitando tanto interés como curiosidad por ese intrincado espacio. Esto hace
que resulte insustituible para los que quieran adentrarse en la práctica de este campo.
El capítulo III trata de las concepciones acerca de la familia que impregnan nues-
tro campo psicoanalítico desde la década del 50. La Estructura Familiar Inconsciente
es un modelo para pensar las relaciones familiares y a la vez, y no podía ser de otro
modo, considerarlas como un conjunto, no como sumación y no como agregado de
partes sino como un conjunto determinante de relaciones. Es un paso decisivo a partir
del cual las familias pueden ser entendidas como productoras de sentidos y significa-
dos. Por efecto del posiciona- miento inconsciente no sólo el terapeuta ocupará un
lugar transferencial, lo cual nos es conocido, sino que también la figura del Juez pue-
de ser investida desde ese conjunto. Cuando se es investido de significaciones incons-
cientes ello afecta no sólo a la familia sino al mismo investido que podrá jugar un pa-
pel importante sin quererlo ni saberlo, determinado por el mismo conjunto familiar.
Pero los psicólogos forenses deberán saberlo a la hora de considerarlo. La Estructura
Familiar Inconsciente tiene una intensa fuerza de atracción hacia los diversos sujetos,
que los empuja a ocupar ciertos y determinados lugares. Cada uno de nosotros tuvi-
mos una familia de origen y tenemos una familia actual, estamos atravesados por sus
significaciones inconscientes y desde allí entendemos, juzgamos, acusamos o defen-
demos. Los representantes de la justicia pueden no saberlo pero puede ser tarea im-
portante de los Psicólogos Forenses darlo a conocer, ponerlo a trabajar como diríamos
hoy. Nociones que atraviesan las funciones sociales como poder, imposición, pertenen-
cia, acontecimiento, novedad y otras, ampliarían este campo de estudio acotando las
creencias corrientes que se tienen acerca de ellas.
El capítulo IV trata de la situación de separación matrimonial en la familia, quizá
el más frecuente motivo de discordia y de apelación a la regulación jurídica. Se trata
de un proceso sumamente complejo, doloroso, peleado, susceptible de generar toda
gama de sentimientos paranoides. No es sencillo incorporar lo que se registra, con
razón o no, como fracaso de un proyecto vincula]‟. Pleno de creencias de filiación
social y epocal, es del orden de las creencias creer en ellas y no examinar su concor-
dancia con los hechos. Para la creencia da lo mismo si es verdadera o si es falsa. Por
ejemplo: la creencia de que los padres debieran seguir juntos para el bienestar de los
hijos, u otra como que debieran separarse para el bienestar de los hijos. Muchas
creencias sociales se apoyan en el argumento del bienestar de esos hijos que por otra
parte contribuyen a descuidar y a maltratar a través de no tenerlos en cuenta a la
hora de dirimir odios y resentimientos y hacerlo bajo la forma de disputar la posesión
o el argumento encubridor del bienestar de esos hijos.
El capítulo V y especialmente el VI, muestran la variedad de recursos creados e
implementados por las autoras a fin de reunir una información significativa en las
familias en conflicto en el breve tiempo y con la economía de recursos imaginables, lo
cual les permite a su vez seguir elaborando los conflictos por los cuales el Juzgado
interviene. Se hace evidente el carácter investigativo de esta indagación; práctica en
cuanto su posibilidad de uso dadas las circunstancias, pero sumamente rigurosa en
cuanto a su evaluación y puesta a punto, como se verá en la serie de Indicadores ge-
nerales y específicos del funcionamiento vincular.
El capítulo VII se refiere a las cuestiones éticas. Nuevos procedimientos inaugu-
ran nuevos problemas hasta ese momento no necesarios de considerar pero que ahora
abren un campo para pensar nuevas subjetividades y que han de requerir nuevas
éticas. Deberemos pensar en un futuro próximo la relación entre el poder Judicial (y
sus diversos fueros Penal, Laboral, Civil, Comercial, de Familia), uno de los poderes
del Estado y la noción de Estado, estando esta última cuestionada a partir del borra-
miento de sus bordes, dados los movimientos para los cuales los límites, geográficos
por ejemplo, dejan de ser relevantes: el fluir de las informaciones y la web, la migra-
ción de grandes números de personas a través de los países, el control de los meca-
nismos estatales desde las empresas multinacionales y tantas otras situaciones que
podemos caracterizar como post-estatales. A su vez se asiste a nuevos movimientos
cuando las instituciones han dejado de representar a sus beneficiarios y se asiste a
manifestaciones populares espontáneas en reclamo de lo que aquellas debieran ofre-
cer y no pueden o no logran hacer. La familia y las cuestiones éticas se nos presentan
a quienes nos ocupamos de ella y no debieran quedar, y de hecho no están, por fuera
de estas cuestiones.
10 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Las autoras de este importante y novedoso libro presentan en la segunda parte


una serie de historiales que ejemplifican la práctica que proponen. Precisamente en
varios de ellos figura el término “cuestionar”: modo de interrogación acerca de lo que
se ha tomado dudoso, discutible, que ha dejado de estar firmemente establecido aun-
que se suponga que todavía se mantiene firme, lo que se ha tornado problemático en
el sentido de que las soluciones previas ya no resuelven. Es posible que ello abarque
los lugares de la familia, pero también la consistencia del mundo familiar tradicional
así como la del mundo social.
“Lo interesante es que lo producido en conjunto siempre causa asombro”. Es una
frase de las autoras. Describe excelentemente esa capacidad de descubrimiento, de
novedad en cada uno de los casos agrupados por la clínica forense. En ellos se mues-
tra una modalidad de operación específica. Los casos son muy detallados lo cual
permite a cada uno de nosotros, los lectores, instalamos en el material y movernos por
nuestra propia cuenta en un mundo no del todo conocido. Indica una apertura hacia
lo incierto en lo que imaginariamente es considerado permanente, como puede serlo
una familia, y ello nos es mostrado desde la perspectiva de los conflictos que los lle-
varon al ámbito judicial. Este libro marca un camino que debiéramos recorrer.

PARTE I
Consideraciones Teóricas
Introducción

Han transcurrido más de 15 años desde que publicáramos en 1985 un primer li-
bro1, dedicado a reflexionar y conceptualizar acerca de nuestra praxis con familias en
el campo clínico y forense.
Habíamos ingresado en 1972 a la Asesoría Pericial de los Tribunales de la Provin-
cia de Buenos Aires, en la ciudad de La Plata. No existía aún la Ley de Divorcio Vin-
cular, sancionada en 1987.
Transmitíamos en esa producción, formulaciones y consideraciones sobre reali-
dades con las que nos enfrentamos en los primeros quince años de tarea. Su modali-
dad coloquial privilegió como interlocutores a los propios integrantes de familias en
proceso de separación.
Los quince años que le siguieron nos permitieron profundizar nuestra formación
y realizar una mayor sistematización y precisión metodológica. Pudimos ampliar y
diversificar la casuística y asistir al desafío de nuevas complejidades vinculares, efecto
de las transformaciones de la realidad social, de los imaginarios y significaciones que
la sostienen, como de la caída de ciertos valores e ideales acerca de la familia.
En este tramo nos propusimos especialmente, que lo elaborado se dirigiera a co-
legas y estudiosos de otras disciplinas de contextos institucionales y privados, que
intervengan o se interesen en estas complejas temáticas.
En la primera parte de este libro, intentamos hoy compartir con nuestros lectores
el modo en que nos acercamos a resolver ciertas problemáticas, los obstáculos que
encontramos para desanudar otras y los interrogantes que aún siguen abiertos respec-
to de las diversidades familiares, como de las difíciles condiciones actuales de las
instituciones, debilitadas y atravesadas por la turbulencia e incertidumbre de estos
tiempos.

1 (1985a) Abelleira, H. y Delucca, N., "La familia en crisis. Alternativas de la separación".


La inserción en la Institución Judicial, nos demandó la necesidad de repensar
nuestra praxis psicológica y sus fundamentos teóricos, e ir profundizando el conoci-
miento del contexto institucional junto a las categorías fundantes del Derecho, a los
efectos de poder ocupar ese nuevo espacio de manera eficaz y creativa (Cap. I y II).
Inicialmente, como todo Perito Psicólogo oficial, transitamos nuestra práctica en
respuesta a demandas de distintos fueros (Penal, Civil y Comercial, Laboral, Menores).
Con el correr del tiempo y posibilitado por las características del grupo de Peritos
Psicólogos que integrábamos, nos dedicamos casi exclusivamente al abordaje pericial
con familias. Estas familias tramitan en la Institución Judicial su separación conyugal o
alguna de sus consecuencias, tanto jurídicas como en la organización familiar (tenencia
de
18 hijos, régimen de visitas). HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Esta especialización se fue dando por la diferencia de intereses y de formación al
interior del grupo.
En nuestro caso se centró en la investigación sistemática del funcionamiento fami-
liar, en esta particular situación crítica de las familias (Cap. III y IV) y en la singulari-
dad de su tránsito por la instancia judicial.
Nuestra intervención es demandada por el Juez o equipo jurídico, cuando la di-
mensión del conflicto vincular planteado por la familia, excede las posibilidades de
comprensión y manejo de la situación, desde la institución judicial.
Las problemáticas familiares más frecuentes, giran en torno a circunstancias en
que la pareja parental ya separada de hecho, no puede resolver con eficacia la convi-
vencia de los hijos con uno u otro, o donde la circulación de los mismos entre los pro-
genitores está obturada. En ocasiones suele irrumpir la violencia vincular, como expre-
sión -en la acción- de las resistencias de la familia a emprender el doloroso proceso
psíquico de elaboración y asunción de la separación y la nueva situación familiar que
de ella deriva.
Repensando nuestro recorrido podemos ver hoy, que su trayecto implicó el tener
que enfrentar situaciones inéditas, que demandaron el esfuerzo, no solo de recurrir a
investigaciones y teorizaciones de importantes autores sobre temática familiar, sino de
tener que reflexionar para crear nosotras mismas, nuevos conceptos y herramientas
que fueran apropiados para este novedoso contexto institucional (en nuestro país) y
para las particularidades de las familias a investigar. En este sentido, es que se nos fue
imponiendo la necesidad de diseñar un modelo de abordaje vincular, cuya instrumen-
tación nos facilitó la tarea de descubrir los conflictos y sentidos encubiertos, como la
modalidad defensiva con que el grupo familiar en un proceso litigioso, habitualmente
se presenta (Cap. V y VI).
Así mismo, transmitimos nuestras reflexiones acerca de cuestiones éticas, que se
nos fueron planteando a lo largo del ejercicio de la función (Cap. VII).

Si bien la construcción de este modelo, partió fundamentalmente del campo foren-


se, pensamos que es una contribución a intervenciones en familias y parejas en el ámbi-
to clínico, ya sea con relación a problemáticas ligadas a la separación conyugal como a
otros conflictos inherentes al funcionamiento familiar.
En nuestra experiencia clínica con familias y parejas, este sistema de evaluación de
los vínculos ha sido enriquecedor, tanto al interior de las entrevistas preliminares a
modo de facilitación de la producción vincular, como al promediar o finalizar el trayec-
to terapéutico. Nos aporta un elemento más para evaluar el proceso, al contar con la
posibilidad de comparar las producciones Vinculares iniciales y finales, detectando
indicadores de cambio -o no- que se hubieran producido.

En la segunda parte, presentamos un conjunto de historiales clínico-forenses, que


hemos seleccionado por representar diferentes situaciones paradigmáticas de nuestras
intervenciones con las familias (Cap. VIII a XV).
La necesidad de definir, profundizar y repensar un marco referencial teórico que
nos permitiera acceder a la comprensión de las problemáticas familiares, nos llevó a
incrementar nuestra formación, ya iniciada, en teorías acerca de la Familia. Encontra-
mos en las conceptualizaciones de Isidoro Berenstein, las formulaciones teóricas que en
parte, mejor daban cuenta de nuestras observaciones clínicas. Años más tarde ingre-
samos al Departamento de Familia de la Asociación Argentina de Psicología y Psicote-
rapia de Grupo, bajo su dirección, donde una de nosotras aún continúa trabajando. El
integrar y coordinar en este ámbito talleres teórico clínicos, nos enfrenta a una constan-
te reflexión acerca de los supuestos teóricos que sustentan nuestra práctica institucio-
nal y privada.
Esta filiación implicó un hito fundamental en nuestras investigaciones que orienta-
ron la mirada hacia el psicoanálisis de los vínculos
La aproximación desde el Psicoanálisis vincular, centrado en la noción de vínculo
como concepto princeps del mundo intersubjetivo (Cap. III), nos permite pensar a la
familia como un entramado vincular; estructura abierta, compleja y heterogénea, que
funda y marca el origen subjetivo de sus integrantes, en forma privilegiada pero no
única.
Este largo tránsito realizado en nuestras vidas profesionales, del que hoy
compartimos un importante fragmento a través de este libro, reconoce marcas
teóricas, metodológicas y de intercambios diversos. Por eso no podemos dejar de
agradecer al Dr. Isidoro Berenstein, por el constante estimulo a pensar e interro-
garse que
CLÍNICA implica
FORENSE el contacto con él y sus ideas; a los colegas del Departamento19 de
EN FAMILIAS

Familia de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, por la


posibilidad de un fértil intercambio acerca de la teoría y clínica familiar; a los Jue-
ces, Asesores y Defensores de Menores, abogados de Familia y colegas de la Ase-
soría Pericial de los Tribunales de la Provincia de Buenos Aires, con quienes fui-
mos construyendo un modo de intervención interdisciplinaria; a colegas docentes;
a alumnos de grado de la Carrera de Psicología y de posgrado de la especialidad,
por el incesante estímulo y desafío que representa la enseñanza. Por último, a to-
das las familias, que en el contexto judicial o en la clínica privada, nos brindaron
sus producciones, realimento constante de reflexiones y teorizaciones.

Las autoras

CAPÍTULO I

Intervención psicológico-pericial con familias en


la institución judicial

Especificidad del Campo Forense


El Campo Forense es diverso y complejo. Los diferentes lugares de inserción
dentro del mismo, delimitan distintos espacios de prácticas de nuestra disciplina,
dada la particularidad de cada fuero.
En el Fuero Penal, se instrumentan el conjunto de normas que regulan el ejer-
cicio del poder punitivo del Estado, determinando qué acciones u omisiones cons-
tituyen delitos o faltas y se establecen las correspondientes penalidades y medidas
de seguridad.
En el Fuero Civil, se opera la regulación de las relaciones privadas de los ciu-
dadanos entre sí, tanto en las derivadas de su integración en la familia, como en
aquellas relaciones que se generan por ser sujetos de un patrimonio dentro de la
comunidad.
El Fuero Laboral, efectiviza el conjunto de normas o principios que regulan las
relaciones de empresarios y trabajadores y de ambos con el Estado, a los efectos de
la protección y tutela del trabajo.
20 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
En cuanto al ámbito de Menores, se apunta a la protección y tutela de niños en
grave riesgo, por maltrato o abandono, como a su institucionalización y asistencia
cuando han intervenido en delitos.
Se incluyen también dentro del Campo Forense, las instituciones peni-
tenciarias y toda otra institución estatal que funcione bajo la jurisdicción de un
Juez.

Por otra parte, desde el ámbito privado, se recortan dos intervenciones posi-
bles de los psicólogos en función de peritos: a)”peritos de Oficio”: aquellos profesio-
nales que son designados por un juez para la realización de una pericia psicológi-
ca, a partir de su sorteo de un listado oficial en el que se inscriben previamente
reuniendo ciertos antecedentes, y b)”peritos consultores o de partes”: aquellos profe-
sionales designados por un juez a propuesta de una o ambas partes para la reali-
zación de una pericia psicológica.
La tarea de ambos se enmarcará dentro de la caracterización general per-
tinente al Campo Forense, aunque sin la impronta que supone la intervención
desde la institución judicial, que describiremos más adelante. El juez lo habilita al
profesional, para actuar solamente en esa determinada causa o expediente judicial.

“Forense” enmarca entonces, toda acción o producción que ha de ser incluida


en un proceso judicial, dirigido por un Juez o Tribunal. A su vez, históricamente y
en los Códigos, adjetiva al médico que se ha especializado en Medicina Legal y se
desempeña en instituciones brindando su asesoramiento a Jueces y Tribunales. Por
extensión, siguiendo esta tradición, hemos adoptado la denominación de “Peritos
Psicólogos forenses”.
En nuestro caso, somos peritos oficiales, que hemos sido designados y prestado
juramento dentro de la Institución, para cumplir esa función.

Cada uno de los espacios o fueros descriptos más arriba, demanda y exige in-
tervenciones específicas del psicólogo, en estrecha relación con los interrogantes
que se le plantean al Juez o representante de la Ley, en su función de aplicarla a:
sujetos que han cometido delitos; intervenciones, en familias en crisis por la vulne-
ración de deberes o derechos; trabajadores que demandan un resarcimiento por
riesgos, daños o accidentes en su ámbito laboral; menores en conflicto con la ley ó
en riesgo grave.
Como lo expresáramos en la Introducción, en los primeros tiempos de nuestra
inserción en la institución judicial, intervinimos en una amplia gama de problemá-
ticas en respuesta a demandas de los diferentes fueros. Paulatinamente, nos fui-
mos dedicando de manera exclusiva al abordaje pericial de familias provenientes
del Fuero Civil y con posterioridad del Fuero Penal, al sancionarse la Ley 24.270
(B. O. 26-11-93 ), que considera como delito el impedimento u obstrucción persis-
tente del contacto de menores de edad con sus padres no convivientes, en tanto
cuestión no resuelta en el ámbito civil. /

Por Ley 11.453 (B. O. 29-11-93) se crearon los Tribunales de Familia depen-
dientes de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, comenzando su fun-
cionamiento en abril de 1995. Pese a ser un fuero específico en relación a las pro-
blemáticas familiares, nuestras intervenciones en el mismo han sido muy acotadas,
como describiremos más adelante.
Especificidad de la intervención pericial psicológica
Caracterizaremos ahora específicamente la intervención psicológica al interior
del campo forense, centrándonos especialmente en nuestra función como Peritos
psicólogos oficiales.
Convocados hace ya varios años al interior de esta institución (1972), ocupa-
mos un lugar y en consecuencia comenzamos a ejercer una función. Función des-
conocida para los integrantes del nuevo vínculo: Peritos psicólogos, Juez y equipo
jurídico. Vínculo a su vez, complejo, difícil y novedoso para ambas prácticas.
Desde un punto de vista descriptivo de nuestra tarea y en relación a cómo está
enmarcada, señalaremos sus particularidades.
Somos designados o habilitados por un Magistrado o Juez que interviene en
un determinado juicio dentro del fuero Penal, Laboral o Civil y Comercial, a fin de
brindar un asesor amiento especializado.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
La demanda puede partir del mismo Juez o de otros funcionarios que21in-
tervienen en el juicio: Defensores oficiales, Asesores de menores, Fiscales.
Así mismo, las partes2 involucradas pueden solicitar el asesoramiento psi-
cológico a través de los abogados o letrados que los patrocinan y en tal caso el Juez
decide si es pertinente y le hace lugar o no.
El expediente que se forma cuando se inicia un juicio, se denomina causa en el
fuero Penal, y autos en el fuero Civil. Todas las acciones y medidas que se han to-
mado, constan por escrito. De modo que cuando el juez solicita nuestra interven-
ción, es importante poder tener acceso a su lectura, para interiorizarnos de los
pasos previos que se han dado hasta ese momento.
De esa lectura, una documentación de especial interés en los juicios de familia,
son los escritos que contienen la demanda y su contestación. La persona que inicia el
juicio es el demandante, y lo dirige hacia la otra parte, ahora llamada en el expediente
o los autos, el/la demandada. La parte demandada deberá dar contestación a ese
escrito.
Si bien quienes las escriben son los abogados que patrocinan, transcriben las
ideas básicas que las personas tienen del conflicto que se ha planteado. De allí que
tengamos una primera idea de la índole de la problemática y del grado de hostili-
dad con que se ha abordado la cuestión.
Somos conscientes de que en estos escritos, mucho de lo que se dice es obra de
los letrados. No obstante, la persona que acude a su asesoramiento lia de aprobar
lo que éste manifieste.

Puntualizaremos los pasos de nuestra intervención:

• La inaugura la demanda del juez (en general escrita), formulada como


“puntos de pericia”.
• La continúa el estudio pericial de una persona o grupo familiar.

En esta etapa, por la metodología utilizada y el objetivo que perseguimos (que


no es la cura ni la disolución de un síntoma), consideramos el estudio pericial, co-
mo una mini-investigación del caso singular, tanto individual como grupal.
Nos planteamos a través de entrevistas (individuales y vinculares), hipótesis
provisorias con las características del método clínico (ya que apuntamos a la sin-
gularidad y nos sabemos incluidos en el vínculo “transferencia! recíproco” con las
personas entrevistadas). Incorporamos otros instrumentos de evaluación que ex-
plicitaremos en el Capítulo V, que nos permiten correlacionar, ratificar o rectificar,
a través de todo el material obtenido, nuestras hipótesis iniciales (más cerca del
método abductivo: establecimiento de ciertas reglas y recurrencias, desde el caso
singular).

• Nuestra tarea concluye, con un dictamen pericial psicológico transmitido


en
un informe escrito elevado al juez, que deberá cumplir con ciertas reglas.

Desde los códigos procesales del Derecho, para que a un informe se lo pueda
considerar una “prueba pericial”, deberá contar con:
a) Una explicitación de la metodología utilizada.
b) Fundamentos científicos de lo afirmado.
c) Conclusiones psicológico-forenses.

2
Partes: término jurídico que designa a cada persona o grupo que interviene en una litis judicial o
juicio, como demandantes y demandados.
Esto supone que no sólo brindaremos una evaluación psicológica de las per-
sonas o grupo familiar que hemos investigado, sino que en las conclusiones psico-
lógico-forenses, constará la contestación a los puntos de pericia que se han solici-
tado, incluida nuestra interpretación del sentido de la problemática que generó la
litis o juicio.
Esta praxis compleja y relativamente novedosa que hemos descripto, implica a
su vez la convergencia o encuentro de diferentes corpus teóricos (Psicología, Dere-
cho) y sus singulares modelos de abordaje, en momentos críticos de la vida de las
personas.
Desplegamos entonces nuestro quehacer como Peritos Psicólogos, en un ámbi-
22 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
to institucional que, como cualquier esfera de la praxis, posee un discurso que le es
propio: el discurso jurídico.
Desde los aportes de la Lingüística, consideramos el discurso de una disciplina
como Lin lenguaje en acción. Abarca su corpus teórico, las herramientas de análi-
sis y las prácticas que de ellos se derivan.
Cada disciplina proviene de historias y modelos diferentes de aproximación al
sujeto y sus vínculos.
En el discurso jurídico tradicional, predomina la concepción positivista que su-
pone al sujeto, racional, consciente y aislado.
La mirada y la escucha del Psicoanálisis vincular/apunta a la investi- j gación de
procesos inconscientes producidos en una trama vincular multideterminada, que
se va construyendo en el atravesamiento por diferentes vínculos intersubjetivos,
dentro de específicas condiciones culturales y socio-históricas.
El discurso jurídico tiende a esperar y encontrar certezas, causas, totalidades. A
manejarse con lo absoluto, lo general. Requiere soluciones y verdades.
El discurso del psicoanálisis vincidar observa y formula hipótesis, aproximaciones.
Da respuestas desde lo relativo, lo singular de cada situación. Da cuenta de posibi-
lidades y ciertas verdades del sujeto o el grupo, objetos de su investigación.
No obstante, si bien dentro de la teoría general del Derecho sigue vigente el
modelo dogmático, en la segunda mitad del siglo XX surge un intento de ruptura
teórica y de renovación, desde una “Teoría crítica del Derecho” (Entelman, R.,
1982).
Se ponen en cuestión las categorías que lo atraviesan, se formulan nuevas res-
puestas e interrogantes, produciendo efectos en la teoría y en el posicio- namiento
de los profesionales de las Ciencias Jurídicas.
Uno de los autores tomado como referente, es el jurista y psicoanalista francés
Pierre Legendre (1974), quien señala: “El discurso jurídico en Occidente es el dis-
curso del Poder por excelencia” y el Derecho entonces, es “reconocido como la
ciencia más antigua de las leyes para regir, es decir, dominar y hacer marchar al
género humano” (Citado por Kozicki, E., 1982).
El discurso jurídico, será parte preponderante del discurso del Poder, tal como
ha sido analizado ampliamente desde el pensamiento filosófico por Michel Fou-
cault (1978; 1981).

El interés que poseen para nosotros estas nuevas tendencias, radica funda-
mentalmente en que denota una interdisciplinariedad efectiva. Citamos nue-
vamente a Ricardo Entelman: “...el producto teórico de los juristas es, a su ve/,,
parte de una totalidad que lo hará comprensible, sólo en la medida en i|iie se lo
enmarque en el producto del resto de las ciencias sociales, y se lo ubique en un
momento histórico determinado de una formación social dada”
... “La interdisciplinariedad aparecerá como un requisito de alta entidad en la
posibilidad de un análisis fecundo de la naturaleza y alcances del discurso jurídico
“... “y deberá entenderse como la interacción de regiones teóricas y no como la
incorporación de conceptos producidos por otra ciencia o la crítica realizada, por
así decirlo „desde afuera‟ de la región demarcada por el discurso jurídico”.
Por lo tanto, se trata de encontrar “intersecciones” con conceptos provenientes
de la antropología y más tardíamente del psicoanálisis.
Si bien se hace referencia fundamentalmente al enriquecimiento teórico que
estas intersecciones con otras ciencias sociales generan en la teoría del Derecho,
entendemos que producen efectos en las prácticas de los profesionales de pensa-
miento afín con estos desarrollos.
En nuestro propio trayecto, hemos comprobado que estos corrimientos han
abierto a la posibilidad de otra mirada y otra escucha, así como a la demanda de
otras disciplinas.

En relación al campo de intervención en que nos fuimos especializando, se


demanda nuestra participación cuando la dimensión del conflicto vincular de la
familia, obstaculiza las posibilidades de comprensión y manejo desde la instancia
judicial.
El aporte psicológico puede ser solicitado por los diversos integrantes del
equipo jurídico, así como por los representantes legales de los sectores en conflicto,
pero siempre es habilitado por el Juez que interviene en el caso.
La cada vez más compleja realidad del hombre y sus vínculos consigo mismo,
con los Fotros
CLÍNICA y FelAMILIAS
ORENSE EN entorno social, ha incrementado la crisis de la familia como ámbi-
23
to de sostén y discriminación. Por lo tanto, la mayor demanda de intervención de
ambas disciplinas (Psicología y Derecho de Familia), ha promovido entre ellas la
necesidad de una aproximación y un diálogo.
En este contexto, se nos hizo necesario ir construyendo una zona de encuentro en
la que ambos discursos se interpenetren, dialoguen. No ha sido tarea fácil, ni rápi-
da.
Supone un esfuerzo mutuo de cuestionamiento de las certezas fundantes de
ambas prácticas, que conduzca a la producción de nuevos conocimientos que mo-
difiquen el operar sobre las familias, transformándolo en una construcción inter-
disciplinaria.
Implica el reconocimiento de los límites de una y otra disciplina, preservando
la especificidad de cada mirada. No se trata de igualar discursos, sino de rescatar
sus singularidades y producir una intervención conjunta, en función de diferentes
aproximaciones al mismo objeto de estudio.
En última instancia, las intervenciones persiguen un objetivo común: pro-
mover la resolución de una problemática vincular-familiar.
Los grupos familiares que abordamos, transitan por situaciones altamente con-
flictivas, que afectan de diferentes modos su organización vincular, su estabilidad
y el ejercicio de sus funciones primordiales. Hay un orden caído, perdido a veces
hace mucho tiempo y un discurso encubridor y estereotipado, con el que se de-
fienden y atacan.
Buscan en el acudir a la justicia, que alguien desde afuera, representante de un
Orden Social, los escuche, los mire, los piense, ponga palabras donde hay vacío y/o
violencia, instaure límites y diferencias, allí donde algo de la legalidad se ha per-
dido y ellos no han logrado construir un orden nuevo.
Sin embargo, las familias suelen otorgarle una función imaginaria a la instan-
cia judicial de avalar las expectativas y escisiones defensivas que esgrime cada
cónyuge.
La intervención interdisciplinaria, no sólo articula Derecho y Psicología. La
complejidad de las problemáticas, requiere con frecuencia la actuación de otros
profesionales de la salud mental, como Médicos Psiquiatras y Asistentes Sociales,
que aportan desde sus saberes, al asesoramiento pericial.
Se instala así entre los psicólogos, las familias y los otros profesionales, una re-
lación caracterizada por complejas redes vinculares, que la familia despliega con el
equipo y éste con ella.
A su vez, la relación de los integrantes del equipo entre sí exige una actitud
cuidadosa y creativa, ya que debe instalarse a partir de la renuncia al liderazgo de
un saber.
De este modo, la intervención del Perito Psicólogo en su asesoramiento al juez,
genera la posibilidad de creación de una instancia de potencial eficacia transformadora,
no siempre posible y suficiente, pero sí generadora de una marca en el devenir de
esa familia, que abrirá a algún tipo de modificación de su manera de funcionar
hasta ese momento.
La potencial eficacia transformadora reside en la confluencia de determinadas
variables:

• El sentido que adquiere para la familia la figura y función del juez.


Sentido que se plasma en su decir y su hacer, su resolver y operar, como repre-
sentante de la Ley y de la autoridad.
Cuando logramos formar con él un verdadero equipo interdisciplinario, puede
hacer suyas nuestras consideraciones sobre las intrincadas tramas vinculares, difí-
ciles de desentrañar únicamente desde el saber jurídico. Disponer de la posibilidad
de acceder al sentido del funcionamiento familiar, lo preserva al juez de quedar
adherido al discurso manifiesto de la familia y favorece la producción de dictáme-
nes de mayor eficacia operativa.
• La cualidad del dispositivo que habilitamos.
Nos referimos a poder ofrecer y que la familia disponga de un espacio neutral de
escucha múltiple, único y diferente a todos los conocidos, en el cual se le abre la po-
sibilidad de pensarse, escucharse y empezar a establecer alguna o varias conexio-
nes de sentido, donde no había más que caos, confusión o certezas, vacío y encie-
rro, hostilidad y dolor.
En este espacio son mirados y escuchados por los otros que, desde sus saberes
específicos
24 preguntan, piensan, tratan de entender el sentido del conflicto
HILDA ABELLEIRA vincular
- NORMA DELUCCA

por el que transitan; intercambian saberes y luego resuelven, teniendo en cuenta


las producciones de la familia.
Se trata de ofrecer un contexto neutral, firme y sostenedor, para la apertura de
las capacidades de reflexión y cambio ante la situación de demanda planteada. Y
en consecuencia, operar sobre las respuestas de cada familia.

• Que nuestra intervención sobre las familias esté sostenida y avalada por el con-
texto institucional y la autoridad del juez.
En otros ámbitos, sin la intervención judicial, suele ser excepcional y a veces
imposible, que un mismo profesional pueda hacer un abordaje vincular de ambos
progenitores enfrentados en una cuestión litigiosa. Este acontecimiento de que el
Juez, la Ley, en el contexto del dispositivo habilitado, le permita conectarse con su
dolor y mirarse desde otros lugares, es tal vez la única garantía para que empiecen
a sostener nuevos ordenamientos familiares. Y para que puedan ir armando otros
de diferente complejidad a medida que el tiempo transcurra, los hijos crezcan y tal
vez construyan nuevas organizaciones familiares.
Queremos enfatizar la cualidad de proceso activo de nuestra intervención, pero
espontáneo y respetuoso de las posibilidades de cada familia. Operamos sobre sus respues-
tas más que proponiendo soluciones ideales o deseadas, o pactos armados desde afuera,
que seguramente caerían rápidamente ya que no podrían ser sentidos y menos
aún sostenidos, como algo que les pertenezca.
Desde esta perspectiva, podríamos definir nuestra práctica, como Clínica Fo-
rense, con especificidades que la diferencian de otras prácticas psicológicas. Clínica
viene de “kliné”: “al lado de la cama del enfermo”.
Es una actividad clínica, por la utilización del método clínico, como lo hemos se-
ñalado: transcurre “al lado de los que sufren”; se centra en el análisis de sus singu-
laridades y considera el contexto en el que se incluye el profesional. Es un queha-
cer del campo forense porque se inscribe en un proceso jurídico.
Clínica que exige al profesional psicólogo pensar con un criterio interdis-
ciplinario, como dijimos, donde nuestro saber parcial y acotado como todo saber
científico, ingresa en un circuito de relaciones y saberes que apuntarán a una pro-
ducción conjunta a fin de aportar alguna solución a la problemática humana psico-
lógica y jurídica, constituida en nuestro objeto de estudio.

Pensamos que la efectiva tarea del equipo interdisciplinario, se inscribe en el


campo de la prevención, en la medida que apunta a ciertos objetivos:

• que la intervención judicial tienda, si es eficaz, a impedir la cronificación


de las situaciones conflictivas de la familia.
• que la resolución de la situación crítica, preserve a los menores de la hiper-
involucración en la conflictiva parental
• que el trabajo interdisciplinario preserve, a su vez, a los profesionales in-
tervinientes y a toda persona que cumpla alguna función en el proceso que inician
las familias cuando acuden a Tribunales, de posibles entrampamientos en la pro-
blemática familiar.

Por otra parte, nuestra propia estrategia para evitar capturas identificatorias -
de las que no estamos exentos- con las posturas extremas que enarbolan los sub-
grupos familiares, ha sido desde el comienzo de nuestra praxis, abordar la inter-
vención en un equipo de dos profesionales.
El vínculo que establecemos con las familias posee características singulares
anudadas al contexto institucional:
• es acotado en el tiempo: lo inaugura la demanda del Juez y lo cierra nuestra
producción pericial escrita.
• es impuesto por la instancia jurídica y no demandado por la familia en for-
ma directa. Esto genera un sentimiento inicial de ajenidad en el grupo familiar,
que incluimos tratando de favorecer condiciones de pertenencia y apropiación,
que den la posibilidad a cada familia de significar este espacio como un lugar
abierto a los interrogantes acerca de ellos y su acontecer y no cerrado a las certe-
zas.
• su finalidad no es la cura, sino la construcción en base a las producciones de
cada familia en ese espacio singular, del sentido de la contienda vincular, transmi-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 25
tida como asesoramiento al Juez.

Al reflexionar para transmitir en este libro nuestra historia como peritos psicó-
logos forenses, nuestra mirada retrospectiva como siempre que se historiza, tiende
a posarse sobre ciertos acontecimientos que actuaron como instituyentes de nues-
tra identidad, desde el desafío que representaron a nuestros propios e inevitables
puntos de certeza.
Sin pretender agotarlos en su enumeración, ni clausurar la emergencia de
otros posibles, dado que los privilegiamos por sus efectos constitutivos en nuestra
función, nos referiremos en especial a tres aconteceres fundamentales:

1) La necesidad de mantener una actitud que podríamos denominar de “aler-


ta teórica”, en tanto esfuerzo de definir, profundizar y volver a pensar de continuo
el marco referencial, que nos permitiera “leer y descubrir” la problemática singular
de cada familia, más que forzar lecturas desde cierto dogmatismo teórico.

2) La creciente demanda de intervenciones que exigen la participación oral,


la inmediatez de ciertas decisiones y en una “escena” compartida y mirada por los
integrantes del Equipo Jurídico.
Nos referimos a las audiencias a las que somos convocadas al Tribunal y con
presencia del juez, letrados, Asesores de Menores y las partes. Generalmente, son
situaciones de urgencia y gravedad en las que hay que resolver algo en la inmedia-
tez (este tema será especialmente abordado en el próximo capítulo).

3) La aparición a nivel de la Clínica Forense, de nuevas problemáticas a las que el


tejido social más laxo ha permitido un mayor protagonismo y en consecuencia, ha
abierto a una lucha por sus derechos en el terreno de la familia. Nos referimos a
diferentes formas de asunción de la identidad sexual, que deriva en la construcción de
modalidades novedosas de parejas y familias con el consecuente surgimiento de
conflictos específicos de estas configuraciones vinculares.

Al respecto, ha sido fundamental contar con un marco teórico que nos permita
aproximarnos a pensar estas cuestiones, evitando como decíamos, que el dogma-
tismo teórico clausure o vele la originalidad y riqueza de lo nuevo No obstante,
nuestro marco teórico puede aumentar las resistencias de algún funcionario a in-
corporar otra mirada, otra escucha de la problemática planteada, en la medida en
que más se aparte de los puntos de certeza que desde lo implícito ideológico, un
Juez o Equipo Jurídico necesita preservar, fundamentalmente en temáticas que
aún están en debate en el campo de las ciencias humanas.
Por otro lado, es a nuestros propios plintos de certeza que ciertas realidades
que se presentan hoy a la demanda pericial ponen en cuestión y nos obligan más
que nunca a compartir las incertidumbres con otros colegas, para no ceder a la
necesidad de ampararnos rápidamente en lo que nos puede parecer una mirada
nueva y terminar siendo “vino nuevo en odres viejos”.
¿Qué pasa cuando la situación a investigar y peritar, no logra acomodarse fá-
cilmente a nuestros marcos referenciales? Encrucijada ésta a la que nos vemos
enfrentadas al tener que abordar estas problemáticas, que generan un campo de
demandas vinculares totalmente novedoso.
Como ejemplo paradigmático desarrollaremos en la segunda parte del libro,
Cap. XV, los avatares de un pedido de intervención pericial en el que dos madres
biológicas que cedieron en guarda a sus hijos recién nacidos a quien se designa
como transexual, inician una demanda de restitución, a los dos y tres años de los
menores.
Por último, la creación de los Tribunales de Familia, inauguró un espacio es-
pecífico para la tramitación de situaciones ligadas a la regulación de las relaciones
familiares y produjo un cambio respecto a la cantidad y cualidad de las problemá-
ticas para las que se requirió nuestro asesoramiento.
En la ciudad de La Plata, el comienzo del funcionamiento de los dos Tri-
bunales de Familia, fue precedido por un curso de capacitación interdisciplinaria
de todos sus integrantes (Jueces, abogados, equipos técnicos y empleados adminis-
trativos).
En dicho curso, desde la disciplina psicológica, estuvimos a cargo de la trans-
misión del modelo teórico acerca de la familia y de la metodología de abordaje de
26 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
la misma en la Institución Judicial.

Cada Tribunal está integrado por tres Jueces, un Abogado-Consejero y un


equipo técnico: Psiquiatra; Psicólogo y Asistente Social, como equipos estables
propios para cada Tribunal.
Los Psicólogos y demás profesionales de los Tribunales de Familia, con-
juntamente con los Consejeros, entrevistan y trabajan con las familias, intentando
encontrar alternativas a la problemática planteada, a los efectos de evitar que se
llegue a la instancia del juicio.
Al comenzar a funcionar los Tribunales de Familia, nuestra tarea desde la Ase-
soría Pericial central, se centró en el seguimiento o en nuevas intervenciones en
casos de familias ya iniciados en los Juzgados Civiles o en demandas ingresadas
en los Tribunales de Familia pero en las que por su grado de complejidad, se soli-
citó nuestro asesoramiento a través de un estudio pericial.
Finalizando este desarrollo, sintetizaremos las dos formas que adquiere nues-
tra intervención como peritos psicólogos:
• En dos espacios:
1) En estudios periciales del grupo familiar, que supone la realización de una
serie de entrevistas individuales y vinculares, con producción del informe pericial.
2) En audiencias con las partes, menores, asesor de menores y el Juez, en dife-
rentes situaciones: cuando se plantea un problema puntual y es necesaria una re-
solución o toma de medidas urgentes o en otras ocasiones que no comportan ries-
go, pero en las que se requiere nuestro asesoramiento previo a una decisión del
juez, que implica un cambio para la familia.

• En dos niveles:

1) De asesoramiento al juez: a través del esclarecimiento psicológico de la proble-


mática familiar.
2) De intervención operativa o transformadora: por el efecto movilizador y promo-
tor de nuevos ordenamientos, que produce nuestra intervención en las familias
i Unica FORHNSE BN FAMILIAS 27

CAPÍTULO II

La Intervención psicológica en au-


diencias

Como hemos mencionado en el capítulo anterior, a lo largo del tiempo de


trabajo y construcción de nuestra función como Peritos Psicólogas pertene-
cientes a la Institución Judicial, se han ido recortando dos escenarios en el
ejercicio de la misma:

a) la Intervención Pericial habitual: solicitud por parte del Juez del Estudio
Psicológico, realización del mismo y producción del Informe Pericial escrito.

b) la Intervención Pericial en Audiencias: de surgimiento posterior, pero de


creciente demanda al consolidarse el vínculo interdisciplinario entre los equi-
pos técnicos y el equipo jurídico de los Tribunales, e incrementarse las situa-
ciones críticas y de urgencia planteadas por las familias.

Se entiende por Audiencia, al espacio jurídico que el juez habilita en el seno


de su Juzgado o Tribunal, para ocuparse de alguna problemática específica de
un expediente o caso a su cargo.
El juez cita para esa ocasión: a las personas involucradas en el juicio, sus
letrados patrocinantes o defensores oficiales, los pertinentes integrantes del
equipo jurídico (Asesores de Menores), así como a los profesionales peritos,
cuyo asesoramiento considere necesario para evaluar la situación por la que
se convoca a la audiencia.
Ya hemos descripto y conceptualizado las particularidades de nuestra In-
tervención Pericial Psicológica, destacando como una de sus peculiaridades su
carácter interdisciplinario, dada la intersección de las conclusiones psicoló-
gicas y el dictamen jurídico.
En el actual capítulo queremos resaltar especialmente la problemática que
se nos plantea cuando somos convocadas para intervenir en el contexto de
una Audiencia ordenada por un Juez o Tribunal, a los efectos de resolver algu-
na situación de urgencia presentada por una determinada familia, al interior
de un proceso de divorcio conyugal.

Diferentes tipos de audiencias


La convocatoria a una Audiencia puede ser realizada con una relativa an-
ticipación, en cuyo caso podremos conocer previamente el motivo de la misma
y los antecedentes o circunstancias familiares que la generan.
28
Pero también puede serlo con carácter de urgente, situación en la cual
HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
nuestro conocimiento previo acerca de la situación familiar será mínimo.
El carácter de esta convocatoria marca una diferencia importante y signi-
ficativa respecto de nuestra Intervención Pericial habitual, en la que trabajamos
con un encuadre construido por nosotras. Incluye un espacio propio y dife-
renciado del espacio del Tribunal, la posibilidad de un tiempo que, si bien
variable, permite la construcción de un vínculo con cada familia y la produc-
ción de un Informe Pericial escrito, producto de lo evaluado, pensado y cons-
truido en ese tiempo de trabajo singular con cada grupo familiar.

Denominamos iniciales, a las audiencias que inauguran nuestro contacto


con las familias.
A lo largo del tiempo, como producto del trabajo del Equipo Interdisci-
plinario que integramos con los Jueces, Asesores de Menores y Abogados de
las partes, se ha ido instaurando otra modalidad de audiencias, posteriores a
alguna intervención (pericial habitual o audiencia inicial), que llamamos de se-
guimiento.
Su finalidad es la instrumentación de un espacio para pensar en conjunto
los efectos de ciertas medidas adoptadas respecto de una familia y las po-
sibilidades de la misma de sostenerlas. Por ejemplo, un cambio en la tenencia
o en el régimen de visitas respecto de los hijos, y en ocasiones el seguimiento
de un proceso terapéutico. En este caso, se incluye en la audiencia la presencia
del terapeuta o de no ser posible, la consideración de su informe acerca del
proceso terapéutico familiar.
Además de esta distinción temporal, por su ubicación en el momento del
vínculo peritos-familia, diferenciamos dos tipos de audiencias de acuerdo a
los objetivos que se plantean.

a) Audiencias de urgencia-resolución: se nos convoca ante una situación de


urgencia y gravedad que afecta el funcionamiento familiar y ante la cual el
Juez debe instrumentar en lo inmediato, alguna medida legal que ponga
un límite o preserve a algún miembro de la familia en riesgo, en general, un
menor (“medida cautelar”, en términos jurídicos).

b) Audiencias de orientación: Se nos convoca ante una situación en la que el


Juez y el Equipo Jurídico necesitan nuestro asesoramiento acerca de alguna
problemática familiar que suscita interrogantes. Interrogantes no ligados a
situaciones de riesgo.
Su finalidad, a semejanza de las audiencias de seguimiento, es la construc-
ción de un espacio para pensar en conjunto con el Juez, Asesores de menores
y Abogados de las partes, alguna decisión a adoptar respecto de una familia.

Características de las audiencias


Los diferentes tipos de audiencias que hemos mencionado, poseen carac-
terísticas comunes y especificidades que señalaremos:

a) Características comunes

• El lugar del encuentro: la privacidad, identidad y pertenencia de nuestro


consultorio en la Asesoría Pericial, es sustituido en todas las audiencias por el
espacio del Juzgado o Tribunal que interviene.
La audiencia propiamente dicha se realiza en el despacho del Juez, con la
presencia de todos los integrantes del equipo jurídico y en diferentes mo-
mentos, se incorporan miembros del grupo familiar (en general los padres,
con menor frecuencia los hijos).
Las entrevistas psicológicas que necesitemos realizar con uno o varios
miembros de la familia o con subgrupos de la misma, se realizan en el espacio
que en cada juzgado pueda reunir condiciones de silencio y privacidad, no
siempre existentes, pero que tratamos sean creadas y respetadas por el con-
junto del tribunal, incluido el personal administrativo.
Esta dificultad, que al principio interfería nuestra tarea, pudo ser resuelta
mediante el planteo claro y firme de estas condiciones básicas sin las cuales no
Unica FORHNSE
iresulta BN FAMILIAS
posible la realización de entrevistas psicológicas, con la obtención de
29
respuestas de aceptación y respeto a nuestros planteos, por parte de los Tri-
bunales.

• Encuentro interdisciplinario: toda audiencia supone -desde los equipos y


profesionales que intervienen- el encuentro de al menos dos discursos: el del
Derecho y el del Psicoanálisis familiar. Discursos que implican concepciones
diferentes acerca del sujeto y sus vínculos, (diferencias que hemos desarrolla-
do en el capítulo anterior), y que por lo tanto enfrentan a los representantes de
ambas ciencias a la ardua y compleja tarea de construir un diálogo que, respe-
tando la singularidad de cada discurso, torne posible la producción de una
intervención eficaz y adecuada a las demandas y necesidades de la familia
que los convoca.
La eficacia de la intervención, estará en estrecha relación con las posibili-
dades de los integrantes del equipo, de poder escuchar y reconocer lo di-
ferente del otro, sin perder la singularidad de su propia mirada y su escucha.
Sin desvalorizarlo ni competir, apreciando el aporte diferencial de cada disci-
plina, utilizándolas para abrir a otras perspectivas de comprensión e interven-
ción ante la problemática familiar.
Esta posibilidad, que exige actitudes flexibles y claras, no sólo garantizará
un asesoramiento eficaz al Juez que debe articular nuestras conclusiones en
una resolución jurídica, sino que también preservará al equipo de la captura
identificatoria en la problemática familiar.

• Intervención oral: en las audiencias, a diferencia de la Intervención Peri-


cial habitual, el perito no transmite sus conclusiones por escrito, sino verbal-
mente.
El tiempo de reflexión y elaboración de la intervención es muy acotado,
por lo que también en este aspecto, hemos ido construyendo ciertas estra-
tegias que preserven y tornen más efectiva nuestra participación.
- El primer paso, es acceder a la lectura de los antecedentes con que pu-
diera contar el juzgado, si se tratara de una situación que surge al interior de
un juicio ya iniciado.
- En segundo lugar, acceder a la problemática a través del Juez que in-
terviene, para conocer su impresión, interrogantes que se plantea y lo que
desea que se esclarezca con nuestra participación.
- En tercer lugar, planificamos la posibilidad de realizar entrevistas pre-
vias a la audiencia, como dijimos, en algún ámbito del juzgado donde conte-
mos con privacidad: una con cada progenitor o familiar adulto que plantea la
demanda y finalmente con el/los niños, donde se incluye alguna producción
gráfica.
Evaluamos lo producido en las entrevistas, para compartirlo posterior-
mente con el Juez y el Asesor de menores. Luego se realiza la audiencia con
las partes y abogados, generalmente sin la presencia de los niños, donde el
Juez transmite sus conclusiones, que generalmente suscitan un intercambio de
ideas, que el equipo técnico contribuirá a fundamentar desde el punto de vista
de su disciplina y el equipo jurídico desde la suya, apuntando a que se llegue
a una decisión acordada.
A continuación, creemos conveniente incluir a los niños para que se les
explicite el sentido de la decisión.
Es importante el hecho de que sea el Juez el que lidera la información a
transmitir, producto del intercambio previo, interviniendo nosotros si se tor-
nara necesario o lo requiriera alguien de la familia o el resto del equipo. Pero
se privilegia la mediatización a través de la persona del Juez, que por su in-
vestidura opera con la fuerza ordenadora de la ley.
El requerimiento de nuestra palabra durante el transcurso de una audien-
cia, hace evidente la necesidad de una sólida formación especializada previa,
para que el profesional que interviene pueda fundamentar sus dichos con
idoneidad y claridad.

b) Especificidades de las Audiencias

• Audiencias de urgencia-resolución. Son precisamente estas situaciones en


30las que somos convocadas, las que nos exigieron una mayor reflexión
HILDA ABELLEIRA tanto
- NORMA en
DELUCCA
el momento del asesoramiento como a posteriori, a los efectos de poder pen-
sar estrategias y criterios a tener en cuenta, a la hora de contribuir a la deci-
sión judicial que debe tomarse en lo inmediato.
Las urgencias, no han sido un espacio habitual de intervención de un psi-
cólogo, ya que estamos formados para requerimientos más acordes con los
tiempos psíquicos de elaboración, tanto desde los sujetos que consultan como
desde los profesionales. Tiempos que suponen un proceso más o menos am-
plio.
Mencionaremos dos obstáculos fundamentales a enfrentar: 1) el prejuicio
a priori de que un psicólogo no podría intervenir eficazmente, si sólo tiene
acceso a una entrevista personal con el sujeto en crisis; 2) la presión de los
abogados, los adultos y a veces de los propios jueces, para que el psicólogo
responda con certeza en la inmediatez, avalando a veces medidas apresuradas
e ineficaces.
Se torna pertinente definir, qué entendemos por una urgencia psicológica en
nuestro ámbito, cuándo es posible intervenir y el alcance de esta intervención.
Lo que definiría una urgencia psicológica como tal, es la presencia de una
situación o estado crítico que pueda ser riesgoso para el sujeto que la está
padeciendo, en cuanto a su equilibrio psíquico-emocional, su integridad física
o que comprometa la existencia misma de uno o varios vínculos dentro del
grupo familiar.
No siempre podemos definir de este modo, todas las situaciones donde
un juez nos convoca de urgencia.
En ocasiones, un padre manipulador, en connivencia con su abogado de
parte, presentan una supuesta crisis de un hijo a la hora de tener que rein-
tegrarlo al otro progenitor, con quien convive en otra localidad.
La urgencia la presenta la ansiedad de un adulto que no acepta o no tolera
el acuerdo al que se ha arribado y busca transgredirlo por este medio. No
obstante, para lograr esta elucidación, tendremos que tomar contacto con las
personas que realizan esa demanda y despejar su sentido, lo que sí entra den-
tro de nuestro quehacer como psicólogos, aunque sea para concluir que no
existe tal crisis del niño.
Otra dimensión importante, es analizar si es posible establecer un mínimo
vínculo con el sujeto de la crisis, generalmente un niño o un grupo de herma-
nos, cuando se trata de un primer contacto con nosotros.
En cuestiones de familia, si bien también puede presentarse uno de los
progenitores en crisis, éstas surgen asociadas a conflictos con los hijos y es
desde el vínculo con ellos que se enfocará la orientación.
En referencia a nuestra práctica, entendemos que es posible establecer una
relación que garantice el acceso a una cierta “verdad de la situación” a través de
la palabra de los partícipes del conflicto, en la medida en que puedan configu-
rarse condiciones de confianza previa desde las partes y sus letrados, en la
idoneidad y neutralidad de los profesionales oficiales. Complementariamente,
que respondamos efectivamente a esta expectativa, desde nuestra formación
profesional y posición ética.
Si se dan estas condiciones, podemos intervenir con eficacia en una situa-
ción crítica, ya que el objetivo fundamental en esta instancia, será asesorar al
juez para que su resolución apunte, en algunos casos, a medidas acordes con
la preservación de los vínculos paterno o materno filiales ya existentes, o en
otros, a evitar transgresiones o alianzas que entrampan a los hijos.
Por otra parte, no siempre podremos dar respuesta en lo inmediato a lo
que se nos demanda, por la índole del conflicto a dilucidar. En tales situa-
ciones, lo resuelto en la audiencia, abrirá a otras intervenciones con objetivos
de mayor alcance y profundidad, como es la realización de una pericia psico-
lógica, o un seguimiento pautado de la problemática familiar.

• Audiencias de orientación. Como dijimos, se nos convoca a este tipo de


audiencias cuando se necesita nuestro asesoramiento al surgir algún interro-
gante en el Equipo Jurídico en situaciones que no comportan riesgo, pero que
requieren de la opinión especializada en relación a alguna medida a tomar en
el curso de un proceso de la familia. Por ejemplo: si pedir una Intervención
Pericial en determinado momento o no; si los planteos de un padre o una
imadre deben
Unica FORHNSE BNser atendidos, cuándo y cómo; si conviene o no sugerir el trata-
FAMILIAS 31
miento psicológico de alguno de los hijos, del grupo familiar o de quiénes; si
las indicaciones de determinado terapeuta privado resultan pertinentes.
Lo importante a destacar, es que se recurre a la oralidad de la interven-
ción, pero con tiempo para pensar y discutir diferentes alternativas con el
equipo jurídico, así como con la familia. La ausencia de situaciones de ur-
gencia y gravedad que caracterizan este tipo de audiencias, favorecen que el
diálogo con los integrantes del grupo familiar se torne de mayor fluidez y
espontaneidad y en consecuencia sean protagonistas más activos del proceso
de orientación.

Tanto las Audiencias de urgencia-resolución como las Audiencias de orientación,


pueden ser iniciales, es decir, inaugurar el contacto con una determinada fami-
lia o ser de seguimiento, posteriores a una intervención pericial o a otra audien-
cia previa.
Diríamos en líneas generales, que las Audiencias iniciales de urgencia-
resolución, se han configurado como las situaciones de mayor complejidad en
la intervención. En parte, por lo costoso que resulta en momentos graves de
una familia asesorar al Juez en la urgencia y por otro lado porque no existe un
vínculo previo con la familia, sino que hay que inaugurarlo en ese encuentro,
así como con el Equipo Jurídico. Toda esta confluencia de situaciones nuevas,
se constituyen en un desafío y una exigencia para el logro de una intervención
eficaz.

¿Qué criterios generales orientan nuestra intervención en una audiencia,


más allá de la singularidad de cada caso?

Apuntaremos a poder evaluar:

• Alcance de la crisis en cada miembro de la familia, a través del análi-


sis de lo transmitido por cada uno en la entrevista.
• Cómo se manifiesta la crisis en el/los hijos: perturbación o inhibición
severa en la expresión verbal y/o gráfica; capacidad de metaforización
del conflicto en estas producciones; posibilidad o imposibilidad de modi-
ficación de las expresiones estereotipadas con que generalmente se pre-
sentan los niños en “eco” de las de los adultos.
• Indicadores de la capacidad de contención y discriminación que evi-
dencia cada progenitor hacia sus hijos, en cuanto a poder diferenciar lo no
resuello del conflicto conyugal, con la eventual problemática infantil.
• Posicionamiento materno y paterno en relación a reconocer el lugar del
otro en la vida de los hijos y sus posibilidades de favorecer u obstaculizar
la circulación de los mismos.
A continuación, relataremos dos intervenciones en Audiencias diferentes
en cuanto a sus objetivos, como al momento de la intervención: a) un caso de
audiencia inicial, de urgencia-resolución; y b) un caso de audiencia de segui-
miento y orientación.

Caso de audiencia inicial de urgencia-


a)
resolución
Se trata de una familia, compuesta por un niño de 7 años (Juan); su madre
(Florencia), la nueva pareja (Mario) y un hijo de ambos, Martín (de 3 años y
medio). El padre (Santiago) vive en otra ciudad, con su nueva pareja (Marce-
la) y un hijo de ella de un matrimonio anterior (Santiago, de 4 años). Los pa-
dres de Juan, están separados desde hace 5 años. El padre viaja quin-
cenalmente a ver a su hijo. A veces le surgen problemas de trabajo y no lo ha-
ce con la misma frecuencia.
El régimen de visitas se cumplía, aunque con algunos obstáculos (por di-
ferencias en relación a horarios).
La Jueza que interviene en el caso desde el divorcio conyugal, solicita
nuestra presencia en una audiencia convocada a raíz de que Juan se negó a
salir con el padre en sus últimos viajes y adoptó conductas de retraimiento
32 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
que preocuparon a la familia.
En el Juzgado, la magistrada hizo el intento de hablar con el niño sobre
los motivos de su negativa a salir con el padre. Como respuesta, Juan tuvo un
acceso de furia, le pegó patadas, gritó, lloró, se pegó la cabeza contra la pared
hasta hacerse un chichón y luego se replegó en un sillón. Así lo encontramos
al entrar al despacho de la Jueza, con quien se negó a hablar y tampoco quiso
hacerlo con su madre.
En el diálogo previo que mantuvimos con la Jueza y Asesora de menores,
se nos brindaron estos datos sobre la familia y el conflicto suscitado con el
niño. El padre pidió intervención del Juzgado, para que se restablezca el ré-
gimen de visitas y se aclare la situación.
Antes de la realización de la audiencia con las partes y sus letrados, pro-
pusimos entrevistar por separado a los progenitores y luego intentarlo con el
niño.
De las entrevistas realizadas previas a la audiencia, se desprende que des-
de hace tres meses (desde marzo) se generaron problemas entre Juan y el pa-
dre, por lo que el niño no quiere verlo. El padre lo atribuye a que puede haber
influido que él se casara legalmente en esa fecha. Supone que influyó negati-
vamente en su ex esposa y de allí en Juan.
Relatan una escena conflictiva en el campo en Semana Santa, donde Juan
pasó unos días con la familia actual del padre. Santiago (hijo de Marcela) y
Juan se pelean. Juan le pega a Santiago y el padre dice que... “por no hacer di-
ferencias”... “porque Juani es mi debilidad” lo reprende a Juan y lo zamarrea. Juan
se queda muy ofendido con su padre y le relata angustiado este episodio a la
madre al volver a su hogar.
El padre comenta a su vez, que está preocupado porque su hijo se refiere
a Mario como “papá” y responsabiliza a la madre por no aclarar esto con Jua-
ni.
En mayo de este año la madre consulta a un psicoterapeuta, que realiza
entrevistas familiares centradas en Juan (“Juani”). En una de las sesiones sur-
ge el interrogante de Juani sobre su origen y sobre si el padre quería que él
naciera. La madre expresa, que por “querer decirle siempre la verdad” le responde
que no; “no quería que vos nacieras. El terapeuta me miró como diciéndome que le conta-
ra la verdad”.
El terapeuta incluyó en las entrevistas a la pareja actual de la madre y
abuelos maternos, pero no lo hizo con el padre, ni la madre le comunicó a
Santiago sobre la cuestión.
Los progenitores de Juan dialogaban muy poco. El padre se queja de que
la mamá no lo participaba de decisiones importantes respecto de su hijo. La
mamá se comunicaba telefónicamente, sólo cuando surgía algún problema
por el cual Juani no pudiera salir con él en sus viajes a verlo.
El padre expresa que el surgimiento del rechazo de Juani a verlo, dio
oportunidad a que Florencia planteara comenzar con algunas visitas de él al
hijo, en su presencia. Lo cual hizo surgir entre ellos, viejos reproches de si-
tuaciones no elaboradas. En una de esas visitas (ya se había producido la se-
sión familiar donde Juani preguntó si su padre quería que él naciera), el niño
le dirige esta pregunta al padre. El padre se siente descolocado por la pre-
gunta e intenta contestarle lo mismo que nos refiere a nosotras, “que ellos se
llevaban mal; tenían muchas discusiones y diferencias y que por esos motivos él con-
sideraba que por entonces, no era el mejor momento para pensar en un hijo. Pero que él
está muy contento de tenerlo como hijo”.
Florencia le dice: “Contale cómo me pegaste cuando yo estaba embarazada”... “por-
que él no me cree a veces” (eso dio por terminada la visita y luego surge el pedido
de la audiencia).
Florencia relata con una angustia de tiempo presente, lo que le significó la
separación:
“Sufrí mucho por la separación. Traté de sacarme de encima rencores y resenti-
mientos. Durante 5 años sentí que era importante que Juani viera al padre… no que-
ría ser yo quien le destruyera la imagen del padre”.
Santiago, si bien padece la separación, la siente como un alivio de la ten-
sión que se había generado entre ellos. Pero intenta mantener el vínculo con
su hijo. Viaja a verlo y lo llama por teléfono frecuentemente. No obstante, la
distancia dificulta su relación con Juani. Santiago reconoce que tal vez come-
itió elFORHNSE
Unica BN Fdecirle
error de AMILIAS insistentemente por teléfono que lo extrañaba mucho 3y3

que eso lo ponía triste. Juani decía: “No quiero verle la cara de trise a papá”.
Luego de ver a los padres, tomamos contacto con el niño. Juani acepta in-
gresar al lugar de la entrevista, donde le aclaramos que le hemos traído hojas
y marcadores, para que pueda expresar lo que le pasa además de contarlo.
Se entusiasma vivamente ante la posibilidad de dibujar, abandonando la
actitud de ensimismamiento con que lo encontramos. Dice sin angustia y más
bien con bronca: “Mi problema es Santiago; habría que matarlo” (aclara que se refiere a
su papá). Sin volver a referirse al padre, dibuja con fluidez y excelente nivel
expresivo tanto gráfico como lúdico, diferentes personajes masculinos de la
serie “Los fantásticos”, entre ellos “Linterna verde”. Al pasar, menciona que
se lo regaló su padre en el último viaje que hizo a verlo (en Semana Santa
donde se inició el conflicto). Dibuja también a “Rambo”: “este „parece‟ malo; pero
pelea para hacer el bien”.

Síntesis de lo evaluado

Para fundamentar nuestro asesoramiento psicológico a la Jueza, equipo


jurídico y a la familia al interior de la audiencia, organizamos algunas puntua-
lizaciones que contribuyeran a la toma de una decisión en lo inmediato.
Se desprende de los relatos de ambos progenitores, que si bien la separa-
ción conyugal se produce hace 5 años y que ambos han formado nuevas pa-
rejas que dicen son satisfactorias, han permanecido inelaborados algunos as-
pectos ligados a la misma.

• En la madre, se evidencia en su frase expresada al respecto, con inten-


sa angustia y llanto.
• En el padre, a través de mostrarse insistentemente ante su hijo, angus-
tiado y triste por su distancia con él, lo que generaba angustia e impotencia en
Juan, quien no tenía posibilidades de resolver esta realidad.
• Lo no elaborado retorna y hace crisis en momentos de cambio en la
familia:
- El padre se ha casado e inicia la convivencia con su nueva mujer y un hi-
jo de ella, de 4 años, edad del hermano menor de Juan, y que lleva el mismo
nombre que su padre (Santiago).
En la primera visita de Juan a su padre con la nueva familia, Juan se pelea
con el niño y el padre lo reprende sólo a él, lo que inicia el rechazo de Juan a
ver a su padre.
- Mientras tanto, la madre ha iniciado una terapia familiar centrada en
Juan, que excluye al padre. Ni ella le avisó a su ex pareja de este tratamiento,
ni el terapeuta lo convocó.
- El terapeuta envía al Tribunal un certificado pidiendo que se suspen-
da el régimen de visitas a favor del padre, hasta que se avance en el trata-
miento del menor. Lo que supone desde esta identificación parcial con la pro-
blemática familiar, que el terapeuta refuerza el movimiento familiar de exclu-
sión del padre y de allí, refuerza también la actitud de rechazo de Juan.
• Los cambios en la situación familiar del padre, la mencionada repri-
menda al niño, la frase enunciada por la madre en la sesión familiar ante una
pregunta de Juan: “No, tu papá no quería que vos nacieras”, y la opinión sesgada
del terapeuta, hacen inteligible la crisis que pone de manifiesto el menor, que
se despliega dramáticamente en la audiencia.

Indicadores de buen pronóstico


• La madre nos expresa, que si desde lo que evaluamos fundamental-
mente en Juani, le garantizamos que volver a salir con el padre, no lo dañará,
está dispuesta a aceptarlo.
• • El padre manifiesta reflexivamente, que ha cometido el error
de expresarle de manera insistente a Juani, su tristeza por no verlo. “Antes me
empeñaba en ver a Juani a toda costa, ahora pienso que lo que más quiero es que esté bien”.
• El niño acepta sin dificultades ingresar al lugar de la entrevista con
nosotras, al ofrecerle material gráfico y lúdico. Su producción es espontánea y
de gran riqueza expresiva. Se logra una comunicación fluida, creándose un
clima de calidez.
34 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Conclusiones
• Teniendo en cuenta las expresiones simbólicas desplegadas por el ni-
ño, su capacidad de superar el malestar inicial y los indicadores de conflictos
no desorganizativos, consideramos que el manifiesto rechazo de Juani al con-
tacto con el padre, encubre un conflicto no resuelto a nivel de la pareja paren-
tal, que potencia las dudas del niño sobre su origen.
• En ambos progenitores persisten dichos conflictos, que obstaculizan
sus capacidades de contención y discriminación de las necesidades y pro-
blemáticas específicas del hijo.
• Por lo tanto, consideramos que no sólo no existe riesgo en que el hijo
vuelva a conectarse con su padre, sino que es necesario, para que el niño pue-
da también plantearle a él directamente, sus incógnitas.
• A su vez, estimamos que estas conclusiones surgidas de un primer
contacto con la familia, tendiente exclusivamente a propiciar el vínculo inte-
rrumpido padre-hijo, nos permiten una aproximación a una problemática
compleja, que haría necesaria su profundización a través de nuestra in-
tervención a nivel de un estudio pericial.

Estas consideraciones compartidas con la jueza y el equipo jurídico, per-


mitieron plantear en la audiencia los tópicos básicos, que generaron una acep-
tación de la reanudación de las visitas del padre y el inmediato comienzo del
estudio pericial.
El trayecto recorrido durante los meses siguientes con esta familia, será
relatado en el Capítulo X, en la segunda parte de este libro sobre “Historiales
clínicos”, bajo el título “Cuando queda cuestionado el lugar del padre”.

Caso de audiencia de evaluación se-


b)
guimiento
Se trata de una familia integrada por la madre, Alcira, de 30 años, el padre
Arturo, de 35 años y dos hijas: Soledad, de 10 años, que cursa 5 o grado y Fer-
nanda, de 8 años, que cursa 3o grado.
La pareja se separa hace tres años y a partir de la separación las niñas
quedan a vivir con el padre y los abuelos paternos. Si bien se fijó un régimen
de visitas, el contacto madre-hijas parece haber sido siempre dificultoso.
La madre convive desde poco después de la separación con una nueva
pareja, Oscar de 33 años.
Nuestra Intervención Pericial es solicitada a raíz del reclamo de la madre
ante la interrupción del contacto con la hija mayor, “aparentemente” fundado
en el rechazo de Soledad a verla y los cada vez más esporádicos encuentros
con la hija menor.

El estudio pericial de esta familia incluyó entrevistas individuales con ca-


da uno de los progenitores, en las que trabajamos con la realización del Árbol
Genealógico y los Planos de la Casa Actual y Última Conyugal de cada uno;
entrevistas vinculares con las hermanas, en las que dibujaron la tríada del
Dibujo de la Familia (Imaginaria, Actual y Prospectiva) y entrevistas vin-
culares madre-hijas y padre-hijas, con la instrumentación de la Hora de Juego
Conjunta (ver Cap. V y VI).
Síntesis de lo evaluado

Surge del relato y las producciones de ambos progenitores, que si bien la


separación se concreta hace alrededor de tres años, luego de trece de convi-
vencia, el malestar entre ellos se había iniciado mucho tiempo antes.
Ambos reconocen que sólo los primeros años “se llevaban bien”. Progre-
sivamente el vínculo se fue deteriorando y después del nacimiento de Fer-
nanda, la segunda hija, parecen haber ingresado en un período de malestar e
insatisfacción mutuos de gran intensidad.
Cada uno acusa al otro de abandono y desatención; inestabilidad; relacio-
ines
Unicaparalelas
FORHNSE BNalFAMILIAS
matrimonio y reacciones violentas y agresivas. 35
Ambos se sienten y así tratan de presentarlo ante nosotras, víctimas no só-
lo en cuanto al desamor, sino también en relación a cierta necesidad vengativa
del otro de castigarlo.
Si bien el contenido de sus discursos es semejante, la actitud con que los
enuncian es muy diferente.
Alcira aparece angustiada, temerosa e insegura, tendiendo a ubicarse en
ese lugar que, dice, el otro la quiere poner.
Arturo, por el contrario, se muestra firme y seguro en sus argumentacio-
nes. No admite posibilidades distintas a las evaluadas y percibidas por él,
respecto a los hechos de la historia común. Procura denigrar la persona de
Alcira, oponiéndola a la suya de “hombre bueno, trabajador y paciente”, víc-
tima del comportamiento inadecuado de la madre de sus hijas. No le preo-
cupa el rechazo de Soledad hacia su madre, más bien diríamos, que es lo que
“él cree que Alcira merece y lo que él espera de Soledad”.
Las niñas aparecen, en especial en los comienzos de las entrevistas, con
estilos de funcionamiento casi opuestos. Soledad se muestra seria e inhibida,
de aspecto triste y desvalido, con dificultades para expresarse verbal y grá-
ficamente y dependiente de los juicios y actitudes de Fernanda.
Fernanda aparece sonriente y expresiva. Habla y dibuja con espontanei-
dad, expresando activamente su anhelo de unión familiar: promueve el acer-
camiento de Soledad a la madre expresando ella sin inhibiciones su afecto
hacia Alcira y su necesidad de recuperar la relación con ella, pero sin excluir
al padre. En sus producciones acerca de la familia expresa su deseo de reu-
nión de los cuatro, pese a reconocer que la realidad dista mucho de sus de-
seos. No obstante expresa con claridad su necesidad de conservar el vínculo
con ambos padres, así como su fantasía de vivir con la madre y procura es-
timular a su hermana para que se permita darse cuenta de lo que siente.
Soledad pudo ir cambiando su inhibición inicial, logró ir expresando su
afecto y necesidad de la madre, sin sentir esto como traición al padre.
En las entrevistas conjuntas con cada uno de los padres, realizadas al final
de la intervención, pudieron expresarse con soltura, de manera que impactó a
ambos progenitores, en especial la actitud y los dichos de Soledad.
Con la madre mostraron la necesidad y la importancia de la presencia de
ésta en sus vidas (se estableció un diálogo fluido entre las tres y acercamientos
físicos realizados con naturalidad y placer), verbalizando ambas niñas el pro-
yecto conjunto de vivir con ella, a lo que Alcira responde desde una actitud
firme y convencida de sus derechos, tal vez por primera vez desde la separa-
ción (recordemos que resignó pasivamente la tenencia de sus hijas a favor de
Arturo sin que existieran motivos fundados para que ésta le fuera cuestiona-
da).
Con el padre, en un clima de afecto y con naturalidad, pudieron plantear
sus dificultades con los abuelos paternos, que surgen como figuras autorita-
rias y represivas, pero claramente diferenciadas de Arturo, así como sus sen-
timientos y deseos hacia la madre.
Arturo, luego del impacto inicial y una primera reacción de enojo, pudo
empezar a escucharlas y a reconocer algunas cuestiones como por ejemplo, la
relación conflictiva abuelos-nietas y la inconveniencia de continuar la con-
vivencia con ellos.
Mucho más costoso le resultó admitir los sentimientos de sus hijas hacia
Alcira, pero pudo concederles el espacio para expresarse que hasta ese mo-
mento no era posible.
Lo evaluado nos permitió arribar a las siguientes conclusiones:
• Que la ex pareja conyugal sostenía un vínculo de marcada hostilidad
mutua, incrementada luego de que la madre formara nueva pareja, eviden-
ciada en él por conductas de control, desvalorización y fantasías de castigo
hacia su ex mujer y de cierta dependencia, sentimientos de culpa y au- todes-
valorización, por parte de ella.
• • Que el vínculo madre-hija mayor se encontraba contaminado
por sentimientos inherentes al vínculo de la ex pareja, por lo que la niña apa-
recía como portavoz de un discurso que no le pertenecía, sino que era más
bien el “arma” que castigaba a la madre y mujer “traidora” (castigo necesita-
do por diferentes razones por ambos padres). La hija menor, si bien menos
36
entrampada en la situación, corría el riesgo de llegar a Hestarlo.
ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

• Que en el contexto de las entrevistas vinculares, tanto la madre como


la hija mayor pudieron encontrar nuevas maneras de conectarse y rescatar sus
sentimientos y deseos; la hija menor fortalecerse y el padre empezar a cues-
tionarse y reflexionar acerca de actitudes suyas que realimentaban y sostenían
la exclusión de la madre a quien había “reemplazado” por sus propios padres,
que surgieron en el contexto pericial como vínculos conflictivos desde las
niñas.
De la evaluación realizada se desprendía la conveniencia de incrementar
gradualmente el contacto madre-hijas, tendiendo a producir un cambio en la
tenencia: retorno de las hijas con la madre, previo fortalecimiento de ésta en
su lugar materno y del vínculo materno-filial, así como la necesidad de pos-
tergar la convivencia de Alcira con su nueva pareja hasta que pudiera con-
solidarse la nueva organización familiar y estuvieran más claros los lugares
de cada uno.
Teniendo en cuenta la precariedad de los cambios evaluados, en especial
en la conducta de ambos progenitores, consideramos conveniente y necesario
el seguimiento de esta familia en Audiencias bimestrales durante no menos de
un año, a fin de acompañarlos en el proceso de creación de sentimientos de
confianza recíprocos y de nuevas maneras de relacionarse.
Concurrieron a todas las Audiencias, en las que eran entrevistados en for-
ma individual y posteriormente conjunta con sus hijas por nosotras, previa-
mente a la realización de la Audiencia propiamente dicha con todo el equipo
jurídico.
Lentamente se fue consolidando lo que se había esbozado en el espacio
pericial. Alcira se fue apropiando de su lugar de madre con firmeza y segu-
ridad apuntalada en el creciente afecto que podían transmitirle sus hijas. Es
decir que el vínculo materno-filial se fue construyendo de otro modo, al sen-
tirse sus integrantes legitimadas por la Ley. Esto actuó a su vez, como límite a
las conductas intrusivas y descalificadoras de Arturo, que debió y pudo re-
conocer a sus hijas y a Alcira como sujetos con derechos, más allá de sus de-
seos. Corrimiento que le permitió ir construyendo de otro modo el vínculo
con sus hijas, accediendo al diálogo y a un intercambio afectivo que, como
expresaba con frecuencia, le sorprendía pero lo alegraba mucho.
Alcira y Arturo, si bien con dificultades, pudieron empezar a comunicarse
entre ellos sin agredirse, en torno a los intereses y necesidades de sus hijas.
En esta línea de trabajo se logró al cabo de un año, efectivizar el cambio
de tenencia a favor de la madre, con aceptación de todos los integrantes del
grupo familiar, preservando un contacto estrecho y fluido de las menores con
el padre.

CAPÍTULO III

Acerca de la Familia
Como decíamos en la introducción, se nos hizo necesario recurrir a investigacio-
nes y desarrollos teóricos acerca de la temática familiar, que ya habíamos comenzado
a transitar en la clínica. En los primeros tiempos nos nutrimos de los aportes de Pi-
chón Riviére, Edgardo Rolla, Carlos Sluzki, Ronald Laing, César Liendo, entre los
autores de mayor relevancia.
Dentro de los desarrollos teóricos existentes en nuestro país, las formulaciones de
Isidoro Berenstein concentraron nuestro interés por su riqueza, su sistematización y la
articulación novedosa entre Lingüística, Antropología Estructural y Psicoanálisis, que
fuera el tema central de su libro, Familia y enfermedad mental (1976). Estos conceptos
fueron expuestos sintéticamente por el autor, en un trabajo leído con anterioridad en
el Primer Congreso Argentino de Psicología y Psicopatología del Grupo Familiar,
realizado en Buenos Aires (1970).
El acceso a estas conceptualizaciones, nos posibilitó escuchar de otra manera, leer,
entender e intervenir en estos grupos familiares, donde intentábamos dar cuenta de
sus conflictos, sus padeceres y de la compleja trama de relaciones que la ruptura con-
yugal inaugura.
Han transcurrido treinta años. Tanto nosotras como la teoría de Berenstein, he-
mos transitado por numerosos cambios. Sigue no obstante siendo el marco teórico
básico desde el que se sostiene nuestra tarea con familias. En tal sentido creemos per-
tinente realizar una breve síntesis del transcurso de la misma, que su autor planteara
como a revisarse cada década. Ha sido precisamente ese tiempo, el que fue marcando
cambios significativos en la teoría.
En la década que comienza en 1970, concebía al grupo familiar, como “un sistema
con una estructura inconsciente”. Sistema regulado por el principio de intercambio y
el tabú del incesto, donde metodológicamente se diferenciaban dos niveles de funcio-
namiento: el observable de las relaciones familiares, más accesible a la conciencia de
sus integrantes y el de la estructura inconsciente, inferible desde el terapeuta o inves-
tigador, a partir del marco teórico de referencia. Se accedía al funcionamiento incons-
ciente a través de lo que llamara las producciones familiares: sistema de los nombres
propios, representaciones del tiempo y espacio, circulación del dinero, discurso, mitos
y creencias familiares (Ob. cit., 1976).
Un modo de pensar la estructura inconsciente, parte de las conceptualizaciones
tomadas de Lévi-Strauss (1949,1958), en relación a lo que este autor denomina “la
estructura elemental del parentesco o átomo del parentesco”. Diferencia dos subsis-
temas: el de las denominaciones (padre, madre, hijo, hermana, tío, etc.) y el de senti-
mientos y actitudes, que cada cultura adscribe como esperable para cada término y
relación, junto a lo que prohíbe o rechaza.
De este modo, se hacen manifiestos los sentimientos y actitudes permitidas, mien-
tras que los prohibidos se tomarían inconscientes por efecto de la represión.
Otra referencia que toma Berenstein, la podemos hallar en el estudio de Lévi-
Strauss sobre el “avunculado”. Este define la relación entre el “tío materno”
(avunculus) y el sobrino. Encuentra que en las culturas observadas, existe una relación
de oposición entre las relaciones tío-sobrino y la paterno- filial. Cuando el tío materno
representa toda la autoridad familiar (generalmente en los regímenes matrilineales),
el padre carece de ella. Las relaciones sobrino-tío son positivas y de respeto. Las del
hijo con su padre, suelen evidenciar hostilidad o afecto, pero no es visualizado por el
hijo como quien dicta las normas familiares. En cambio en las organizaciones patrili-
neales, se espera que la autoridad la ejerza el padre, teniendo el tío materno un papel
secundario en la nueva familia.
Señala Berenstein, (ob. cit, 1976, pág. 30) que “esta descripción sincrónica se reen-
cuentra diacrónicamente en la evolución del parentesco desde la Edad Media: si el
lazo entre padre e hijo se debilita, se refuerza el lazo entre tío materno y sobrino y este
vínculo se halla en relación inversa con la disminución del poder del hermano sobre
la hermana y el aumento del poder conyugal del marido respectivo”.
La cuestión del tío materno implica entonces, un nivel de organización fundante
de la familia basada en la noción antropológica de “intercambio”, por el cual lo esen-
cial para el análisis, es la relación de por lo menos dos sistemas familiares: la relación
que el tío materno establece por medio de la hermana, con el sistema de la familia
conyugal.
Berenstein considera que la organización familiar como sistema psicosocial basa-
da en el intercambio, subyace a nivel inconsciente, poniéndose de manifiesto en cam-
bio, los lazos biológicos. Este principio fundante permanece inconsciente, porque está
en relación con la prohibición del incesto y ubica la significación del parentesco, como
dijimos, en la relación de por lo menos, dos sistemas: familia de origen-familia con-
yugal. Se recortan entonces en la estructura elemental, cuatro tipos de relaciones: de
consanguinidad (hermano-hermana); relación de alianza (marido-mujer); de filiación
(progenitores-hijo), avuncular (tío-sobrino). La relación entre cuñados, pasa a ser el
eje en el cual se estructura la relación de parentesco.
Berenstein agrega, que en sus desarrollos tomará el concepto de “tío materno”,
como un modelo para estudiar no sólo a la persona de éste, sino a todo aquel que
represente
38 a la familia de donde proviene la madre y su relación estructural
HILDA ABELLEIRA con la
- NORMA DELUCCA
familia conyugal.
De allí deriva su definición del grupo familiar como un “sistema relacional entre
dos familias, asentada en la prohibición del incesto como regla fundante, reguladora
del intercambio dentro del grupo familiar y de éste con otro para renovar el parentes-
co por medio de la alianza heterosexual” (pág. 31). Otro modo de pensar lo incons-
ciente a nivel del grupo familiar, que surge de la obra citada, refiere a “todo aquello
que de la organización familiar no pasa por la conciencia de los integrantes o aquello
que de su historia no j es apreciado como determinante de la estructura actual” (pág.
55).
Cuando escribe el artículo “Familia y estructura familiar diez años después” (1980),
vuelve sobre algunas proposiciones básicas de su modelo de la Estructura Familiar
Inconsciente (EFI).
Haremos una síntesis de sus proposiciones y ampliaciones conceptuales:

• “Las relaciones familiares tienen un carácter simbólico, cuyo significado yace


en la estructura inconsciente”.
• “La estructura inconsciente de las relaciones familiares, es un conjunto ligado
de las relaciones entre términos” (alianza, consanguinidad, filiación, avuncular).

Entendiendo a “la EFI como un operador a través del cual se generan sig-
nificaciones provenientes de la cultura, éstas llegan a los integrantes de la familia
mediante transformaciones que les dan sentido y significado a las relaciones familia-
res”.
Su planteo de incluir al cuarto término como integrante de la EFI y representante
de la familia materna, despertó cuestionamientos reiterados que sintetizamos en la
siguiente pregunta: ¿Por qué privilegiar la familia materna si cada familia contribuye
con un hijo?
Berenstein responde en este artículo: “perceptiva y empíricamente están en la
misma posición, semánticamente no”. Hombre y mujer en la alianza (y por ende,
familia de origen materna y paterna), tienen distinto significado. Fundamenta esta
afirmación en varias fuentes:
1) La observación clínica realizada durante quince años en tratamientos fa-
miliares prolongados y supervisiones de colegas.
Admite las limitaciones de este argumento, ya que toda observación es depen-
diente del modelo conceptual con que se mira. Si coincide, confirma el modelo; si no
coincide, no lo descarta, sólo demuestra su incompletud.
2) Las numerosas observaciones y descripciones antropológicas sobre las que se
apoyó (Lévi-Strauss). Las limitaciones de este argumento serían las mismas que para
el anterior.
3) La coherencia interna que poseerían las hipótesis formuladas, así como su
poder explicativo abarcativo.
4) Formula así mismo, que “si el modelo es teóricamente eficaz, debe poder in-
cidir y ampliar otras nociones” (por ej., la de Complejo de Edipo).

Se plantea en la explicación, la cuestión de la discontinuidad entre lo biológico y


lo semántico. “Lo que hace del hombre un ser humano, (...) es aquello que apoyado en
lo biológico, se constituye como un campo de significación”.
Esto lo lleva a la distinción hecha por Harold W. Scheffler (1969) -en referencia a
la concepción del parentesco de Lévi-Strauss- entre parentesco natural y parentesco
cultural.
El parentesco natural, considerado en base a la procreación, requiere en conse-
cuencia dos genitores. El parentesco cultural, es un conjunto de relaciones clasificadas
en prohibidas y permitidas. Es decir, la base no es la procreación, sino las condiciones
que le dan significado. Mediante la prohibición del incesto y la ley de exogamia dic-
tada por el padre o en su nombre, aunque pueda ser verbalizada por la madre, se
establece la regla o la norma por la cual se repite para la generación siguiente, la inac-
cesibilidad de la mujer recibida por el padre. Para que el hijo tenga mujer, debe a su
vez recibirla como el padre la recibió, de un grupo dador.

Volviendo a la pregunta inicial, Berenstein responde que desde un punto de vista


biológico y desde lo conciente, los componentes de la alianza tienen un valor semejan-
te. Toda familia entra en un intercambio donde cada una ofrece un varón y una mujer.
Pero, si se considera el intercambio de significados y nos desplazamos hacia la orga-
39 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
nización inconsciente, surge la jerarquía semántica y el valor diferente de cada ele-
mento. Dice Lévi-Strauss: “Ningún sistema es nunca rigurosamente simétrico para los
dos sexos, porque en toda sociedad sus posiciones respectivas no son conmutables”.
Lo que plantea como signo de valor jerárquico diferente a la función paterna y
materna. El hijo varón, al reemplazar al objeto erótico inicial -la madre- por otra mujer
fuera del grupo familiar, se liga al grupo dador de la mujer, operando de este modo la
identificación al padre. En el caso de la hija mujer, la prohibición del incesto la obliga
a ser ofrecida a otro, así como el padre recibió a su mujer de otro hombre. El acento se
desplaza en esta concepción, de la filiación a la alianza.
La alianza se consolida y por consiguiente se debilitan los vínculos con-
sanguíneos, en las culturas que prescriben el intercambio de mujeres y la ubicación de
la nueva familia en lugares diferentes del de sus familias de origen (neolocalidad)
(Nocetti, J.C., 1983).
Esta manera de pensar -según Berenstein- se conecta por último, con reflexiones
sobre el Complejo de Edipo, que como modelo triangular derivaría de un conjunto a
representar por cuatro términos, haciéndole un lugar en la estructura al representante
o dador de la mujer, luego madre. Un padre que no puede instalarse en tanto repre-
sentante de la ley, como padre prohibidor en la relación de deseo entre el niño y la
madre, es un padre que no tuvo la posibilidad de establecer un corte inicial constitu-
tivo de la relación de alianza, entre la mujer y su dador.
Remarca, que otra de las ampliaciones surgidas del modelo de la EFI, refiere al
complejo tema de la transmisión transgeneracional. La transmisión de significados
inconscientes de una generación a otra, sólo se realiza si se establece un acuerdo fun-
dante y estructurante, también de naturaleza inconsciente, entre los distintos inte-
grantes de la familia. Los significados son transmisibles como mensajes, tanto en su
racionalidad como en su irracionalidad. Modelo que reúne un mínimo de tres genera-
ciones, pudiendo un significado tornarse irracional, cuando es impuesto o forzado a
mantenerse a través de las generaciones, sin reformulaciones para los nuevos contex-
tos.
Finalmente, propone como sugerencia para los próximos 10 años, la posibilidad
de relacionar según los datos empíricos, la combinatoria entre los cuatro tipos de
relaciones y sus predominios, que ofrecería modalidades de EFI, que pueden evolu-
cionar hacia funcionamientos psicopatológicos o hacia la normalidad. La normalidad,
estaría más cerca de la exogamia, la diferenciación sexual y generacional, la observan-
cia de la prohibición del incesto y del funcionamiento del padre como doble interdic-
tor.
En “Releyendo Familia y enfermedad mental, diez años después” (1991), retoma el
trabajo comentado, veinte años después de escribir su primer libro. Reflexiona acerca
del cambio en los interrogantes teóricos. Señala que mientras diez años atrás se mul-
tiplicaban las preguntas acerca de por qué el privilegio de la familia materna, en ese
momento ya es algo aceptado y los interrogantes se dirigen a otros aspectos y tienen
mayor nivel de complejidad. No obstante, aporta una mayor precisión respecto de la
razón psicoanalítica de este predominio observado en la clínica. Lo refiere a las vicisi-
tudes del complejo de Edipo de la niña formuladas por Freud. En tanto la amenaza de
castración operaría la posibilidad de su disolución en el varón, en la niña genera su
ingreso y por ende, la falta de un motivo drástico para la salida, la que se produciría
lentamente, tendiendo la mujer a mantener una larga adhesión a su familia de origen.
En sus trabajos de esta época (1990,1991), pone el acento en el concepto de vínculo,
que distingue de la denominación de relación utilizada hasta ese momento, prove-
niente de la antropología. Hace referencia al vínculo, señalando su ligadura incons-
ciente, mientras que el concepto de relación, es adscripto a la multiplicidad de sus
manifestaciones. O bien, es definida la relación, como el conjunto de realizaciones en
que se manifiesta la matriz inconsciente del vínculo.
Esta modificación conceptual, apunta a caracterizar metapsicológicamente el es-
pacio simbólico familiar, para lo que se requería de una noción base del mundo inter-
subjetivo, diferenciado del intrasubjetivo. “Vínculo” ocuparía un lugar equivalente al
concepto de representación y de objeto para lo intrasubjetivo. Señala que el vínculo,
liga duradera y establemente lugares y estos a su vez son ocupados por yoes permu-
tables entre los lugares.
El significado de cada yo, depende del lugar y del vínculo de parentesco corres-
pondiente, lo cual recorta un contexto y otorga un sentido a lo intercambiado (pala-
bras, actos, bienes).
40 El vínculo une al yo y al otro con un sector representable y uno
HILDA que- Nno
ABELLEIRA loDes,
ORMA por
ELUCCA
su condición de exterioridad. Lo no representable, no asimilable al yo, recibe también
una inscripción que es propia de las estructuras vinculares, como la de algo ajeno al
yo con lo que ha de relacionarse. El vínculo genera una representación que posee un
valor agregado a la mera suma de las del yo y del otro.
Se propone para los diez años venideros, la necesidad de formular una metapsi-
cología de lo vincular, así como trabajar el área de lo transubjetivo, lo sociocultural, de
lo cual se consideraba a la Estructura Familiar Inconsciente (EFI) como mediadora
respecto de la subjetividad.

Esta manera de pensar la familia que hemos reseñado, dotaba a la teoría de una
gran coherencia interna y nos suministraba a los que trabajábamos con ella, ciertas
certezas acerca del origen de los padeceres familiares, así como del operar en la clínica
para su superación. Incluía el concepto de transferencia, pero concibiendo al terapeuta
como depositario de lo proyectado por el conjunto familiar y respondiendo desde su
contratransferencia.
En la última década, a la vez que los desarrollos anteriores se iban com- plejizan-
do, también nosotras necesitamos recurrir a otras disciplinas para intentar explicar
fenómenos que observábamos en nuestro trabajo con las familias, de las que no llega-
ba a dar cuenta el Psicoanálisis de las Relaciones Familiares.
Desde nuestra práctica, acceder a las complejas transformaciones que el divorcio
de la pareja conyugal inicia en la familia, de lo nuevo y de lo viejo, de lo que perma-
nece y lo que cambia, de los diferentes tiempos de cada uno y de cada vínculo en el
devenir de la crisis y el duelo, así como de las complicadas operatorias que abren al
armado de nuevas familias, excedían la posibilidad de ser entendidas exclusivamente
desde este marco teórico.
El modelo, quizá sin advertirlo, se basó en la representación de la familia tradi-
cional patriarcal, paradigma del pensamiento de la modernidad. Pensó lugares y
funciones como invariantes y al divorcio, junto a las nuevas construcciones familiares,
como excepciones.
Posiblemente esto influyó para que durante mucho tiempo no hubiera un desa-
rrollo teórico sistemático sobre estos temas desde el Psicoanálisis Familiar.
También nuestro contexto institucional-judicial, que implicó el desafío del trabajo
interdisciplinario, nos exigió posicionamientos y reflexiones críticas sobre el modo de
pensar e intervenir en las familias.
Así mismo, los cambios socio-históricos (entre otros: caída de los ideales de la
modernidad, declinación del patriarcado, incremento del individualismo, cambios en
el lugar de la mujer, nuevas organizaciones familiares, frecuencia de los divorcios,
familias después del divorcio, familias de un solo progenitor, familias con parejas
homosexuales) implicaron nuevas y enigmáticas demandas para nuestra ciencia y
todas las que se ocupan del hombre.
Se produce así la necesidad de un contacto y la apertura a un diálogo entre las
ciencias que va generando nuevos conceptos, amplía interrogantes y abre al pensa-
miento de la complejidad. Se modifica la noción de límite entre las ciencias, de modo
que sin perder la especificidad, las fronteras abandonan su rigidez y se interrogan
interdisciplinariamente problemáticas comunes, que permiten enriquecer posibles
respuestas y abrir a nuevos interrogantes.
Dentro de este contexto de interrogaciones e intercambios, las teorizaciones sobre
la familia, desde nuestro punto de vista, se centran hoy en concebirla como una es-
tructura abierta, compleja, heterogénea y en permanente intercambio entre sí y con el
afuera, como toda construcción de la cultura. Por lo tanto, expuesta a transformacio-
nes, tanto a lo largo de la historia como en su propio devenir. Sería más pertinente
entonces, hablar de “las familias”, dada la validez que actualmente se le otorga a su
heterogeneidad.
Dando un nuevo sentido al concepto histórico de determinación, se abre un lugar
de mayor relevancia al azar y al acontecimiento, como operantes en la construcción de
la subjetividad y los vínculos. Se piensa así, ya no en un sujeto cuyo origen se define
sólo en los primeros años de la vida en el intercambio con sus padres y entorno rele-
vante, sino en un sujeto vinculado, que en cada encuentro significativo a lo largo de
su vida, forma y construye su ser con el otro. O sea, en múltiples orígenes del mundo
subjetivo y vincular.
En relación con transformaciones sociohistóricas en su organización, cambios en
el papel de la mujer y en la crianza de los hijos en especial, la familia o grupo sustitu-
tivo,
41 si bien continúa siendo indispensable para el proceso de humanización
HILDA ABELLEIRA - NORMAdel suje-
DELUCCA
to, comparte tempranamente la producción de subjetividad con otras instituciones
(jardín, escuela, etc.), con figuras significativas no pertenecientes al ámbito familiar y
aun con otros anónimos a través de los medios masivos de comunicación. Por lo tan-
to, pensamos el proceso de construcción del sujeto, en constante operatoria de pro-
ducción de nuevas inscripciones en cada encuentro vincular significativo.
Las nuevas teorizaciones transforman también, la manera de concebir el vínculo
terapeuta-paciente. Vínculo en el que el lugar y función del analista es pensado no ya
como simple depositario de lo proyectado por los integrantes del conjunto familiar y
respondiendo desde su contratransferencia, sino como implicado y co-configurante
de la situación. Pensamos entonces, en un vínculo en el que lo transferencial es recípro-
co. Tanto en su vertiente imaginaria e histórica, como en relación a lo novedoso del
encuentro actual entre sus partícipes. La intervención del terapeuta no se limita a un
decir, sino a un hacer acto, generador de nuevas condiciones de producción de dis-
curso. Es decir, vínculo inconsciente que produce al paciente y al analista.
Retomando la noción de vínculo, éste mantiene un lugar central en la teoría como
concepto princeps del mundo intersubjetivo. Desde los últimos desarrollos de Berens-
tein (1997; 2001), el concepto se ha ido complejizando.
Se piensa en el vínculo, como una relación de un sujeto con otro sujeto, al que
llamaremos “otro”. Vínculo considerado desde cada sujeto como agente de la rela-
ción, centrando la mirada en lo que en conjunto construyen, lo que los une y lo que
los separa.
Para que el vínculo se constituya y se sostenga, es necesaria la presencia del otro.
Aunque no será necesaria ni posible su permanencia constante, lo fundamental que se
señala, es que en el mundo vincular, el otro real externo no puede faltar como garante
y soporte del vínculo. Esto implica la relación con otro cuya presencia se impone a
cada sujeto y éstos se verán conducidos a tener que tomar noticia de esa realidad.
En tal sentido, la imposición aparece como un mecanismo constitutivo del vínculo,
que se diferencia de la identificación, la proyección o la introyección como procesos
intrasubjetivos, que son el basamento de la construcción de representaciones sobre el
otro.

Cada sujeto construye, ante la discontinuidad de la presencia o en ausencia del


otro, representaciones sobre lo que anhela y desea inconscientemente que el otro sea
para él. Siempre habrá una distancia entre esa representación imaginaria que cons-
truimos y lo que el otro es en tanto sujeto singular. Distancia que se hará patente en
los sucesivos encuentros reales, en tanto cada cual resistirá al movimiento de ser re-
ducido a nuestra mirada.
Es ese punto enigmático, desconocido, de la presencia que se impone, lo / que
nos enfrenta con la irreductible imposibilidad de que el otro del vínculo sea abarcado
totalmente por nuestro mundo representacional. Si toleramos esta imposibilidad, lo
ajeno del otro se constituirá en el motor mismo de la vincularidad, aun dentro del
malestar que le es inherente. De lo contrario, se instala como razón de un enfrenta-
miento permanente y estéril, que puede conducir a la ruptura del vínculo.
Las estrategias que cada uno y el conjunto elaboren para relacionarse, serán di-
versas y conducirán a la construcción de un vínculo de mayor o menor complejidad.
La imposición puede devenir mecanismo defensivo en aquellos vínculos en los que
no es tolerada la diferencia y se insiste en que el otro se adecue a la representación
que tenemos de él.
En cada vínculo significativo, se da entonces un encuentro con tres dimen-
siones del otro: con lo semejante, de lo que cada sujeto toma noticias a través del
mecanismo de la identificación, que permite la vivencia de lo compartido; con lo
diferente, que si bien son aspectos del otro con los que no nos identificamos, po-
demos acceder a ellos, conocerlos, aceptarlos y tornarlo compartibles a través de
diversos intercambios; y con lo ajeno, lo inasimilable, no compartido ni compar-
tible, que refiere a un límite, a aspectos incognoscibles e irrepresentables del otro
como de sí mismo.
Lo incognoscible e inabarcable por el yo, como ajenidad, no sólo implica lo inasi-
milable del otro, sino la dimensión inconsciente del propio yo y ciertos sectores del
mundo social.
Dentro de la familia distinguiremos dos órdenes de vínculos: simétricos y asimé-
tricos.
Los vínculos simétricos, se dan entre sujetos en quienes las estructuras psíquicas
están
42 constituidas en sus aspectos diferenciales, aunque permanecen
HILDA ABELLEIRAabiertos a nue-
- NORMA DELUCCA
vas construcciones subjetivas a lo largo de la vida. Por ejemplo, entre el hombre y la
mujer que forman la pareja conyugal.
Al devenir padres, conforman un vínculo asimétrico con los hijos, dada la necesa-
ria dependencia de éstos con las instancias parentales al estar transitando los inicios
del proceso de constitución subjetiva.
También sería del orden simétrico el vínculo entre hermanos, en tanto se estable-
ce entre dos o más miembros del grupo, con subjetividades en vías de constitución.
Este entramado vincular que constituye la familia, se organiza en torno a los lu-
gares materno, paterno y filial, en tanto denominaciones del parentesco instituidas y
subsistientes aún, más allá de las diversidades con que aparecen las familias, tanto en
distintas épocas de la historia como en el momento actual.
En relación a los lugares pero no estrictamente ligados a ellos, se espera y es
deseable que se ejerzan en la familia, fundones de sostén y amparo, de discrimina-
ción-corte y transmisión de la ley, que se han denominado clásicamente en la teoría,
como funciones materna y paterna.
Hoy consideramos que mantener las denominaciones materna y paterna para las
funciones, genera el efecto imaginario de que las mismas sean referidas exclusiva-
mente a la persona concreta de la madre y el padre, respectivamente.
Las funciones, son operatorias necesarias para la constitución y construcción de la
organización psíquica de los sujetos. Han de estar encarnadas, o al menos transmiti-
das por personas reales o que posean un índice de realidad para el hijo. Si bien son
funciones provenientes del conjunto familiar en forma preponderante en el comienzo
de la vida, son ampliadas a otras redes vinculares extrafamiliares a lo largo del deve-
nir.
Como también pueden encarnarlas otras personas, cuando un niño no posee o ha
perdido, la pertenencia a los vínculos de origen.
Las dos funciones fundamentales que se ejercen desde las instancias parentales, o
por quienes ocupen estos lugares dentro de la diversidad de configuraciones familia-
res existentes, podemos caracterizarlas del siguiente modo: 1) función amparadora pri-
maria y 2) función simbólica, de corte y diferenciación, de transmisión de la ley de la cultu-
ra. Estas dos funciones se transmiten desde el comienzo de la vida del hijo, en articu-
lación la una con la otra. Las diferenciamos no sólo para una mayor claridad expositi-
va, sino porque dan lugar a diferentes procesos psíquicos en el ser en formación,
quien se va apropiando paulatinamente de lo transmitido, inscribiendo en una com-
plejización creciente, estas marcas provenientes de sus progenitores.
Como dijimos, se han denominado clásicamente en la teoría, como función ma-
terna la primera y paterna la segunda. En distintos momentos y etapas de la familia
son ejercidas preponderantemente por uno u otro progenitor, o quien ocupe esos
lugares y esto es singular para cada grupo familiar.
1) llamamos función amparadora primaria: a) al conjunto de cuidados brinda-
dos al infans3 por la madre, padre o sustitutos, como “asistentes” de las
necesidades del recién nacido (de alimento, abrigo, etc.); b) al amparo y sos-
tén biológico y psíquico que provee quien o quienes ocupan ese lugar.
En tanto sostén psíquico, esto supone que para sobrevivir y constituirse como
sujeto humano, todo ser en crecimiento necesita, no sólo de alimento, sino que al-
guien (otro u otros) catectice, libidinice, desee que ese niño viva y le signifique en
un comienzo, cada una de sus experiencias sensoriales y vitales, con los objetos
de su entorno y con los otros.
Por lo tanto esos otros privilegiados, se constituyen en el primer portavoz de la
cultura a la que pertenece el infans (Aulagnier, 1975).
No sólo puede encarnarla la madre real del recién nacido, sino también el

3
Infans: denominación dada al bebé, antes del acceso a la palabra.
padre que asiste al bebé, u otras personas del entorno, a condición de que se ejer-
za en un vínculo significativo. Es decir, para quienes ese niño esté incluido en su
proyecto vital y hacia quien se transmiten anhelos concientes, ilusiones y deseos
inconscientes.
Por lo señalado, posibilita: la erogeneización del cuerpo del bebé como fuente
de placer y sufrimiento (no sólo como organismo viviente); las vivencias de unifi-
cación narcisizantes como efecto de la ternura que los otros le transmiten; la indi-
cación y significación de sus experiencias tempranas a través del discurso paren-
tal, siempre desde las propias interpretaciones que ellos hagan de las mismas. En
43 tal sentido, ese otro u otros privilegiados, operan y se constituyen
HILDA ABELLEIRApara elDhijo,
- NORMA ELUCCAen
el primer contexto identificatorio que fundará el Yo..
2) Llamaremos función simbólica, ordenadora, de corte y diferenciación: a la fun-
ción ordenadora de los vínculos intersubjetivos ejercida desde las instancias
parentales, en tanto representantes para el hijo del acceso a lo simbólico, al
lenguaje y al discurso del conjunto de esa cultura y sociedad determinada.
Esto implica, que los progenitores no sólo le otorgan y brindan un sentido a
las experiencias inmediatas, emocionales del hijo, sino que se ubican como re-
ferentes de una ley de la cultura y le transmiten de manera explícita e implíci-
ta, los valores, ideales y modelos predominantes que ellos han interiorizado
en cuanto a lo prohibido y lo permitido para cada vínculo.
Tradicionalmente definida como función paterna, debemos diferenciar claramente
la función simbólica, de la persona concreta del padre de una familia determinada.
Esa delegación en el padre de la transmisión de la ley como representante de la auto-
ridad en la familia, está ligada a la representación social del patriarcado, cuya fuerza
instituyente está en declinación actualmente.
Lo que la cultura aún retiene de esta función simbólica asignada al padre, es el re-
conocimiento de que es quien dona el apellido al hijo. Por lo tanto, a diferencia de la
madre en ese punto, se ubica como transmisor en la cadena generacional.
Función paterna, entonces, no puede ser equiparada a función simbólica ya que el
corte y el proceso de diferenciación que el hijo pueda ir realizando entre él y la ma-
dre, entre él y el padre y paulatinamente asumirse como otro con deseos propios más
allá de los enunciados identificatorios familiares, implica un largo recorrido por dife-
rentes vínculos y la apropiación-elaboración de enunciados del conjunto. Enunciados
que no sólo recibe de los padres, sino de otras instancias, que lo ubicarán y por los
que se ubicará, tanto como un eslabón de su cadena generacional, como otro (mujer o
varón) del conjunto al que pertenece.
Si por el amparo y sostén primario recibido, necesarios por su indefensión inicial,
el hijo construye su Yo, el efecto de la función simbólica abre a la inscripción de las
categorías de lo permitido y lo prohibido y a la construcción psíquica del Superyó y
los ideales del yo, como ideales a ser.
Cada cultura ha propuesto un modelo de este aspecto de la función simbólica que
en su representación se le asignaba tradicionalmente al padre. Una ley que decide en
qué condiciones el hombre puede o no dar su nombre, las reglas y prestaciones que
exige el sistema de parentesco. (Lévi- Strauss, 1949; Aulagnier, 1975). Prescripciones
que instituyen también, un modelo de relación de la pareja parental y de su vínculo
con el niño.
Otros sistemas de parentesco pueden asignar esta función de transmisión a otros
representantes: tío, antepasado, sacerdote, la clase de las madres. Pero el cumplimien-
to de esta función es una condición estructural.
Quién sea el soporte de esa función, no es indiferente para el destino psíquico del
sujeto, como tampoco lo es la mayor o menor valorización del modelo y sus funda-
mentos, por parte del grupo.

La relación que mantienen las instancias parentales con el niño, llevará la huella
de su relación con el medio social al que pertenezca.
En consecuencia, la familia ha sido considerada hasta ahora, como el con texto privi-
legiado, mediador entre el sujeto en construcción y la cultura, en cuanto a reproducir
o transformar sus valores e ideales, lo rechazado o lo denigrado, por dicha cultura.
En síntesis, ambas funciones operan en el psiquismo infantil, como condiciones de
posibilidad de los procesos de identificación y diferenciación constituyentes de la
alteridad, y a través de las mismas se produce la transmisión de valores, ideales y
significaciones tanto del conjunto social como de las generaciones anteriores.
Este proceso de construcción de la subjetividad, incluye la vertiente intrasubjetiva (la
capacidad de cada sujeto de inscribir y metabolizar), intersubjetiva (lo que se constru-
ye en y por los vínculos) y transubjetiva (lo que se inscribe de las marcas sociales y
culturales)
Otras funciones que se destacan al interior de una familia, junto a las ejercidas por
las instancias parentales, son la función filial y la de las familias de origen.
La función filial, implica la impronta de lo novedoso que cada hijo le impone á la
organización familiar. El hijo no sólo se constituye sobre las imágenes, afectos y mo-
44 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
delos parentales, sino que a través de su singular metabolización-apropiación de lo
transmitido, aporta nuevas significaciones, que en el advenimiento de la adolescen-
cia, cuestionan y formulan lo heredado de manera novedosa. Generalmente producen
transformaciones creativas, otras tienden a repetir lo recibido y en ocasiones se en-
frentan y enfrentan a la familia con vacíos de significaciones que evidencian sostenes
imaginarios y simbólicos fallidos o deficitarios.
Las funciones siempre muestran fallas de diferente cualidad. Es espera- lile que
así sea en cierto nivel, para dar lugar a nuevas interpretaciones de la realidad vincu-
lar y social y de la propia historia vivida.
Las fallas potencialmente desestructurantes o patógenas, están vinculadas como
dijimos, a un déficit en el sostén y apuntalamiento psíquico, o bien a un exceso abusi-
vo de las instancias parentales, que transmiten inconscientemente la prohibición de
un pensar y sentir autónomos, que obstaculizan el surgimiento del deseo propio del
sujeto (“violencia secundaria”, en el sentido dado por Piera Aulagnier, 1975).
Las familias de origen, o los ancestros, representan las tradiciones familiares. Se in-
cluyen a través de las creencias y mitos que la familia conyugal sostiene, aunque
formulados en nuevas síntesis, que constituyen el relato de su origen como familia.
Desde ese lugar, avalan y son garantes de la nueva organización familiar. Pero pue-
den obstaculizar los acuerdos y transacciones de la pareja, tanto a través de una pre-
sencia que interfiere la concreción de los mismos, o expresado en la puja entre marido
y mujer por imponer los modelos e ideales heredados por cada uno. Si se ubican en el
lugar de garantes, cumplen la función de abuelidad, reforzando el sostén afectivo de
los nietos.
En síntesis, este entramado vincular o estructura abierta, compleja y heterogénea,
como pensamos hoy a la familia, funda y marca el origen subjetivo en forma privi-
legiada pero no única, sentando las bases de lo prohibido y lo permitido a través de
la operatoria de la prohibición del incesto, ejercida y recibida desde los lugares del
parentesco y sus funciones.

Hemos definido las funciones que consideramos dentro de la estructura fami-


liar. De lo dicho se desprende, que en este proceso de constitución de subjetividad,
no son sólo los hijos quienes realizan esta construcción en los vínculos intersubjeti-
vos familiares, sino que los propios padres van siendo afectados en el devenir fami-
liar por nuevas marcas.
Así como desde este contexto vincular, se constituye y construye la sexualidad y
los procesos identificatorios, también son constituyentes de subjetividad las relacio-
nes de poder, dada la asimetría de los vínculos parento-filiales y el sentimiento de
pertenencia.
El tema del poder, no ha sido conceptualizado de modo sistemático por el psi-
coanálisis, salvo en relación a su origen pulsional. En tal sentido ligado al sadismo
o a la pulsión de dominio. En cambio, es una cuestión de la que se han preocupado
los filósofos y especialmente trabajada por Michel Foucault (1978; 1981) y pensado-
res de otras ciencias. Dentro del psicoanálisis vincular, Berenstein propone pensar-
lo como “las k acciones y la experiencia emocional que se constituyen en una rela-
ción de imposición entre un sujeto y otro u otros, que lleva a una modificación del
cuerpo y la subjetividad” (2001, pág. 52).
Vínculo que se establece entre uno que impone y otro que es impuesta, Un mo-
delo de este poder, sería la relación primaria madre-hijo. La madre (o quien ocupe
ese lugar), supone un “saber hacer”, así como el derecho a imponer al hijo a través
de su accionar, determinadas significaciones. En un sentido afín, hemos menciona-
do más arriba el concepto de “violencia primaria” (Aulagnier, 1975).
No obstante, ambos, modifican mutuamente su cuerpo y sus subjetividades, si
bien se ha señalado menos la forma en que el bebé aporta al vínculo.
Hasta aquí, poder funciona como verbo: la madre, el padre, otros adultos, pueden
dejar su marca en el infans. El bebé, niño después, puede responder de un modo
singular.
Pero cuando el que está ubicado en el lugar de imponer al niño a través de de-
terminadas acciones tiende a perpetuarse en esa posición, poder pasa a ser sustanti-
vo y hablamos de exceso de poder. El que es impuesto pierde en parte su condición
de sujeto, especialmente en lo que hace a su ajenidad. Pero no totalmente, ya que si
45
así fuera, desaparecería el carácter vincular de la relación. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Las relaciones de poder, en las dos modalidades, pueden circular en la familia tan-
to en el vínculo de alianza como en el de los padres con los hijos. Serían constituyen-
tes-instituyentes de subjetividad en un caso, o tenderían a la supresión de la misma
en el otro.

Inclusivo de la aspiración y el deseo de ser, tener, saber hacer, se va configurando el


sentimiento de pertenecer, de formar parte del conjunto familiar que nos incluye y al
que incluimos dentro de nuestros ideales y valoraciones.
A lo largo de la vida, el sentimiento de pertenencia podrá ampliarse, transformar-
se, multiplicarse. Iremos construyendo nuevas pertenencias, algunas más valoradas
que otras en cuanto a lo que aporten a nuestro sentimiento de identidad, siempre
expuesto a cambios.
Podemos formar parte de conjuntos de hecho o de derecho. Esta diferenciación que
realiza Janine Puget (1999), implica que un conjunto de hecho, reúne sujetos que aún
no tienen claro aquello que los agrupa. Puede transformarse en un conjunto de dere-
cho, en tanto se van creando códigos comunes, reglas de funcionamiento, símbolos
que los representan y una historia-argumento que da sentido a la existencia del con-
junto, cuyos puntos de semejanza aportarán a sus miembros una identidad compar-
tida.
En tal sentido, un grupo familiar es un grupo de derecho, cuya historia comparti-
da posee un guión central en el que todos pueden reconocerse, pero que a su vez se
irá complejizando, admitiendo diferentes versiones.
Para el hijo en formación, la pertenencia a esa determinada familia, es de obliga-
ción. Sin embargo, a medida que avance en su crecimiento y capacidad de discerni-
miento, podrá conquistar su propia modalidad de pertenecer a ella.
Del mismo modo, no podemos elegir la pertenencia a un conjunto social o cultura
determinada, pero nuestro modo de inserción en ella, llevará la marca de la adecua-
ción a lo instituido por esa sociedad, pero también de nuestras posibilidades y capa-
cidades de creación e institución de nuevas formas de habitar el conjunto.
Por lo tanto, el sentimiento de pertenencia otorga contención y cohesión. Y a su
vez, como lo hemos marcado para toda construcción subjetiva, será importante que
junto a los puntos de certeza que brinda la pertenencia, los integrantes del conjunto
familiar se abran a la complejización que promue v e n los nuevos intercambios con
otros sujetos y grupos.
Hemos señalado ya, que al interior de las familias se transmiten reglas, valores e
ideales construidos por el conjunto, en un momento histórico determinado. A estas
construcciones colectivas se las denomina, según diferentes autores, significaciones
sociales o significaciones imaginarias sociales y cumplen un importante papel en el proce-
so de construcción de las subjetividades.
Se entiende que el conjunto de significaciones imaginarias sociales, operan como los
organizadores de sentido de cada época social-histórica, estableciendo lo permitido y
lo prohibido, lo valorado y lo devaluado, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, etc. Son
un sistema de interpretación de la realidad, pero también de valoración, produciendo
adhesiones y su interiorización en los sujetos en representaciones, transformadas por
su singularidad. A su vez, son una pieza eficaz del sistema de control social de la
vida colectiva, en especial del ejercicio del poder.
Diversos pensadores del campo histórico-social (Baczko, B., 1984; Lipo- vetsky, G.,
1983; Castoriadis, C., 1975,1996.; Lewkowicz, I., 1999, 2000; Duschatzky, S. y Corea,
C., 2002) hacen referencia a que se asiste en el momento actual, a un resquebrajamien-
to de valores, mitos, representaciones del conjunto y a un estado crítico y de fragmen-
tación de los imaginarios sociales y de las significaciones sociales que construyen los
colectivos sobre lo que son como sociedad y aspiran ser.
Las significaciones en crisis, trastocan también las representaciones de los sujetos
sobre el ser hombre o mujer, ser padre, madre o hijo.
Estas significaciones organizan-desorganizan el conjunto familiar, ya que en su
seno se producen flujos transformadores que instituyen nuevas significaciones, fun-
damentalmente desde la función filial.
Las funciones parentales que hemos caracterizado como necesarias para la cons-
trucción psíquica y subjetiva, hasta hace unas décadas operaban claramente como
46 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
anclaje identificatorio de sostén y diferenciación para los hijos. Aunque no hayan
desaparecido totalmente y muchas familias las sigan sosteniendo, en la crisis social,
vacilan y se desdibujan.
Este opacamiento de las funciones familiares, deviene de diversas variables que se
intersectan: la caída del modelo patriarcal; la no vigencia de las significaciones que el
conjunto social sostenía hasta ahora sobre el ser madre, padre, hijo; la precarización
creciente del trabajo, que afecta fundamentalmente a la figura del padre.
Queda abierta la pregunta sobre las estrategias novedosas que construyen las fa-
milias, a modo de movimientos instituyentes en que sostener sus subjetividades y sus
vínculos.
No podemos predecir los efectos sobre las familias de esta crisis que nos atraviesa.
Nos vamos aproximando a su conocimiento y las respuestas son diversas.
Será a posteriori, tal vez en las próximas décadas, donde podamos evaluar la pro-
fundidad de las transformaciones.
Citamos a Cornelius Castoriadis (1996):
“A través del tiempo, de la historia, lo nuevo adviene. La creación pertenece al ser y a
la capacidad de la psique. El ser humano, es él mismo creación. Pero el surgimiento de lo
nuevo, tiene siempre lugar en medio de lo que ya está creado y esto lo condiciona y lo
limita, pero no lo determina inexorablemente”.
En sentido afín, aquello que se designa como “acontecimiento” en la vida de un su-
jeto o grupo, resulta de lo que no cabe en la representación en ese momento, sino que
se presenta y exige una operación que se describe como suplementación (Berenstein,
1997, citando el concepto de “acontecimiento” enunciado por Alain Badiou, 1988).
Implicaría la creación de “nuevos territorios” (Pavlovsky, E., 1996); lugares psí-
quicos antes no existentes y eso a su vez resulta productor de “nuevas subjetivida-
des”.

Para finalizar este capítulo, desearíamos realizar una fundamentación acerca de


los motivos por los cuales no hemos desechado seguir conceptualizando a la familia
como una estructura, ya que en la última década se ha cuestionado este modo de con-
cebirla.
El tema ha sido abordado de modo diferente por distintos autores del campo del
psicoanálisis vincular. La necesidad de “poner a trabajar conceptos” y realizar nuevas
formulaciones a medida que se complejizan tanto la práctica como la teoría y se con-
sideran otras reflexiones extra- disciplinares, impone tomas de decisiones al respecto
que se deberán fundamentar.
En nuestro caso, dijimos que la teoría de la Estructura Familiar Inconsciente for-
mulada por Berenstein, nos resultaba insuficiente a la hora de analizar los avatares de
los vínculos familiares después del divorcio, temática -como dijimos- postergada por
el psicoanálisis. Berenstein basó inicialmente sus formulaciones no sólo en el psicoa-
nálisis, sino fuertemente en el modelo estructural de Lévi-Strauss.
El estructuralismo levistraussiano ha sido cuestionado en parte, por tender a pre-
sentar la estructura familiar o sistema elemental del parentesco, con sus denomina-
ciones, lugares y funciones, no sólo como una invariante, en cuanto a ser una matriz
simbólica que se expresa y se realiza de manera diferente en cada sociedad, sino que
se infiere la suposición de cierto esencialismo otorgado a la estructura, como forman-
do parte del objeto que se estudia, que no sería alterado por el devenir histórico.
Se diría entonces desde esta perspectiva, que se producen cambios en la estructu-
ra, pero no de la misma. Modelo fuertemente ligado a una concepción determinista
que da poco lugar a la creación.
Las hipótesis del paradigma de la complejidad (Morín, E., 1990; Prigogi- ne, I.,
1983, 1992; Thom, R., 1986; Atlan, H., 1979) y los planteos de los estudios sobre la
Historia de la subjetividad, ponen en cuestión esta inalterabilidad de las matrices
simbólicas otorgadas por el sistema del parentesco.

Sin embargo, se ha cuestionado fundamentalmente cierto ahistoricismo que


se deduce del estructuralismo en las ciencias sociales, sin que por ello se abando-
ne el concepto en sí de estructura, que resulta formulado de manera diferente y
47
novedosa. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Así, por ejemplo, Prigogine propone el término estructuras disipativas, para re-
ferirse a aquellas estructuras abiertas, complejas, en las cuales los sucesivos in-
tercambios con lo exterior a sí a través del tiempo, darán lugar al encuentro con
lo azaroso y podrán imprimir a su recorrido diferentes vías de desarrollo que no
se pueden predecir en el punto de partida.

El criterio de predictibilidad, decae para las organizaciones complejas como


es la familia y como también lo es, la propia estructura psíquica. En su lugar,
parece más apropiado hablar de condiciones de posibilidad. El camino que cada es-
tructura elige en un determinado momento desde estas condiciones de posi-
bilidad, sólo podrá conocerse a posteriori. Y a su vez, se considera que estas
transformaciones posibles, también pueden generar un cambio de la estructura
misma; de las propias reglas que la organizaban de una manera dada.

Otros aportes brindados por la antropología estructural, no obstante, siguen


vigentes. Lévi-Strauss en consonancia con Freud, planteó dos niveles de lectura
de la realidad que responden a lógicas diferentes: el nivel fenoménico, de lo ob-
servable y el nivel de lo inferible por el investigador, de acuerdo a su teoría de
referencia sobre lo que ha recortado para investigar y al método de abordaje
construido a partir de ella.

Autores como Deleuze, Foucault, Castoriadis y más actualmente Badiou,


aportan un concepto de estructura operando como “condición necesaria” pero no
ya como “condición suficiente”, en los nuevos desarrollos en relación al concepto de
“acontecimiento” (Diccionario de las Configuraciones Vinculares, 1998, pág. 114).

Lo que está, lo instituido, lo constituido, le pone un límite a lo nuevo, a la


creación, pero no lo determinan.

Hemos hecho este rodeo, para fundamentar nuestra conceptualización de la


familia como una estructura vincular compleja, con especificidades que la dife-
rencian de otras estructuras complejas (grupos, sociedades, etc.).

La pertenencia a un parentesco social y cultural que se funda en el vínculo de


alianza (o de pareja de hecho) implica que, más allá de las perturbaciones que a
este orden generen las nuevas realidades vinculares ya señaladas (familias mo-
noparentales y otras), como lo que plantean las actuales tecnologías de reproduc-
ción (mujeres fecundadas a través de un banco de espermas, por ejemplo), se
hace al menos necesario, conservar las denominaciones de lugares diferentes
para designar a una madre, un padre, unos hijos, ya que sin esta semantización,
no podría sostenerse ninguna regulación de la sexuación a su interior, que mar-
que desde la cultura lo que sigue estando prohibido para unos vínculos y pres-
cripto para otros.

La prohibición del incesto sigue vigente como prescripción de la cultura, aun-


que se transgreda. Porque quizá lo único verdaderamente invariante y universal,
sea la existencia de una regulación, aunque varíen sus contenidos. Toda cultura ha
mostrado su necesidad de instituir reglas, de regular sus vínculos y relaciones interper-
sonales para hacer habitable la vida en sociedad y construir sentidos comparti-
dos, como lo hemos señalado.

La necesidad de fundar un orden, de construir reglas, distingue el funcio-


namiento de la cultura respecto de los hechos de la naturaleza. Y la familia, es
fundamentalmente una creación de la cultura.

En tal sentido, se impone a las ciencias humanas, el seguir pensando y traba-


jando interdisciplinariamente, acerca de las nuevas complejidades del espacio
social y familiar, como así mismo, se necesitará de la construcción de nuevas sig-
48 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
nificaciones avaladas por el conjunto, para consensuar y legitimar lo que hoy
puede ser leído como intentos fragmentarios de los sujetos y las familias, para
sostener o crear marcos reguladores de sus vínculos.

CAPÍTULO IV

Teorizando sobre el proceso de se-


paración en la familia

Nos vamos a referir en este capítulo, al proceso de separación de la pareja


conyugal, cuando se ha constituido una familia. Es decir, a la separación de un
hombre y una mujer que además de haber estado unidos por el amor y por lazos
legales o de hecho, son padre y madre de uno o más hijos producto de esa unión.
Subrayamos esto, porque es muy diferente enfrentar la disolución del vínculo de
pareja cuando no se han tenido hijos.

En esta circunstancia, con mayor o menor dolor y tiempo de tramitación del


duelo por la pérdida de un vínculo significativo para los sujetos, en la mayoría de
los casos es posible su elaboración y resolución.

La presencia de hijos y en consecuencia el formar parte no sólo de una pareja


sino de una familia, dificulta la aceptación de la ruptura y el afrontar la decisión,
complejizando su tránsito y resolución, tanto en intensidad como en cualidad.

Pensamos al divorcio incluido en un proceso, anudado a la historia de la pare-


ja, a su devenir como familia y a los tiempos históricos en que éste transcurre. En
tal sentido, hemos formulado para su abordaje e investigación, tres momentos de
este proceso: tiempo de construcción; de deconstrucción y de nuevas construcciones (Abe-
lleira, H., Delucca, N. y otros, 1992).

Utilizamos la palabra divorcio, con el mismo sentido que ruptura, separación


o disolución del vínculo de pareja. Si bien “divorcio” es el concepto que se
utiliza a nivel jurídico, para denominar el proceso legal de separación de dos
cónyuges unidos a su vez por un matrimonio legal, se ha incorporado al lenguaje
corriente para comprender los avatares de toda disolución de un vínculo de pare-
ja (legalizada o no) que ha convivido durante un determinado lapso. Si la pareja
no ha convivido, es más habitual que se hable de ruptura.

En la época actual, como dijimos en el capítulo anterior, se legitima una pareja


y la constitución de una familia, por su relativa estabilidad y convivencia y no
sólo por el cumplimiento del trámite legal del matrimonio civil.

El momento de construcción, alude al tiempo transcurrido entre el encuentro


inicial de la pareja, la constitución del vínculo, su decisión de iniciar la conviven-
cia, el advenimiento de los hijos (hechos que pueden tener una mayor o menor
convergencia temporal) y el comienzo del malestar vincular. Malestar que podrá
instalarse como conflicto insoluble, llevándolos al planteo de la separación.

Esta diferenciación al interior de los aconteceres vinculares, sólo podrá ser


conocida a posteriori a través del análisis de sus efectos en el trabajo con cada
familia singular.

El tiempo de la convivencia, va armando sin que los integrantes del grupo


49 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
familiar sean conscientes, significaciones compartidas, creencias y mitos acerca
de su origen, sobre lo que son y no son como familia.

Se va construyendo el lazo familiar, que conformará un sentimiento de perte-


nencia y de identidad familiar. Esta vincularidad construida, posee una función
amparadora para el conjunto, que se apuntala en diferentes vertientes: por un
lado, en investiduras libidinales privilegiadas entre sus miembros y por otro, en
el soporte institucional que significa ubicarse y ser reconocidos por los demás
como una familia.

Tendremos en cuenta, que en la familia existen diferentes tipos de vínculos y


sujetos de esos vínculos. Por lo tanto, junto a un “nosotros” que los incluye a
todos, se recortan en el discurso un “nosotros” de la pareja, un “nosotros” de los
hermanos, “nosotras” las mujeres, “nosotros” los varones. Cada familia a su vez,
en distintos momentos del devenir y de sus propios avatares, puede construir
otros “nosotros” derivados de procesos identificatorios, de alianzas ocasionales
frente a una crisis, o de mecanismos grupales defensivos: “nosotros” los sanos,
los que no tenemos conflictos, los inteligentes, los pacíficos, los que producimos,
los fieles, las víctimas, etc.

Esto nos indica, que las significaciones compartidas señaladas, tienen algunos
anudamientos en común y diferentes combinatorias, dado que cada sujeto man-
tiene dentro de la familia -o es deseable que mantenga- un sector de su espacio
psíquico, creativo y singular, que lo habilita para otorgar nuevos sentidos a lo
recibido o a lo vigente hasta ese momento y a establecer vínculos por fuera del
espacio familiar.

Retomando los orígenes, es habitual en nuestra cultura, que una familia se


funde en el vínculo de alianza o conyugal, que antes del advenimiento de los
hijos se haya constituido la pareja. Decimos que es lo habitual, lo esperable, aun-
que asistimos en el tiempo actual a la conformación de organizaciones familiares
en torno al vínculo materno-filial, sin la presencia de la conyugalidad o parejas
que inician la convivencia a partir de un embarazo imprevisto o del nacimiento
de un hijo.
De modo que es importante diferenciar, a los fines de nuestra temática, la con-
yugalidad de la parentalidad, haciendo referencia a dos órdenes o funciones que se
ejercen desde la pareja.

La conyugalidad refiere al vínculo que se crea en una pareja, también en lo habi-


tual entre un hombre y una mujer, legalizado por el matrimonio o en una unión
de hecho, que supone hasta ahora, una convivencia medianamente estable, la
prescripción de relaciones sexuales genitales, la construcción de un proyecto de
vida común y la expectativa de fidelidad mutua. Históricamente instituido desde
laCLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
sociedad burguesa, matrimonio y amor se superponen. 50

No es un simple acuerdo de las partes, sino que lo inaugura un vínculo amo-


roso. “Placer sexual, amor y reconocimiento narcisista”, dirá Piera Aulagnier (1979), es
lo que mutuamente se demandan y esperan recibir ambos miembros de una pa-
reja, que se ubican en posiciones simétricas en ese sentido. Esta posición a ocu-
par, dependerá de diferentes operatorias: del acto eficaz de salida de las respec-
tivas familias de origen y de las creencias predominantes o mito fundante respec-
to del amor y la pareja, que cada uno haya construido como representación y en
conjunto como integrantes de ese vínculo.

Estos mitos de los que nos hemos apropiado inconscientemente, están en rela-
ción con nuestros deseos y anhelos más o menos conscientes. Su construcción,
que tiene una expresión intrasubjetiva, interviene como una importante variable
intersubjetiva, en el momento de la elección de pareja.

En su entramado, se entretejen siempre ideales culturales que circulan en el


imaginario social, que nunca es homogéneo.

Podemos hacer mención a dos grandes mitos sobre el amor: el de lo Uno, ex-
presado por el lenguaje popular como el encuentro de “la media naranja”, “la
horma de mi zapato”. Una variante de lo mismo, es la expresión “mi alma geme-
la”, que si bien refiere a un dos, es un dos en espejo.

El otro mito, es el de la eternidad, la perennidad del amor.

Sabemos que los mitos son construcciones surgidas de los deseos, a los efectos
de enfrentar las contradicciones irresolubles con que nos desafía la realidad. Pero
pueden operar con la fuerza de un mandato inconsciente, cuyo no cumplimiento
implicará sufrimiento.

Desde la aceptación de la realidad, podemos pensar la experiencia amorosa


hombre-mujer, como una especial situación de encuentro, que tal vez j constituya
un “acontecimiento” fundante, por el brillo del enamoramiento, la idealización
que lo acompaña y lo inédito de la experiencia en la vida de mis protagonistas.
Pero para “ser fieles al acontecimiento”, como lo expresa Alain Badiou (1993), es
necesario “trabajar” sobre ese punto de encuentro, para no quedar sumergidos
en la ilusión del mito.

Esto implica poder aceptar y tolerar: lo semejante, lo diferente y lo irremisi-


blemente ajeno del otro. Amarlo por su alteridad. Pero aún cuando hayamos po-
dido realizar este proceso, será necesaria otra asimilación de la realidad: que el
conflicto es inherente a todo vínculo y que amor y deseo, pueden caducar.

En cuanto a la parentalidad, el nacimiento de los hijos por lo cual un hombre y


una mujer devienen padre y madre y un niño es reconocido como hijo, complejiza
el vínculo de la pareja, al inaugurar en el mismo esta nueva dimensión, que pasa a
coexistir y debe construirse diferenciada de la conyugalidad. Inaugura a su vez, el
pasaje de pareja a familia y los vínculos paterno y materno-filial.
A través de su construcción en el tiempo, se generan afectos y se transmiten
modelos, normas, valores, ideales y significaciones, que como ya dijimos, es espe-
rable que admitan cambios, reformulaciones y el surgimiento de nuevas produc-
ciones.

Cuando por diferentes motivos la pareja enfrenta la separación del vínculo con-
yugal, se abre en la familia una operatoria de transformaciones en los vínculos,
que supone un complejo trabajo de reconocimiento de pérdidas, reformulación de
las modalidades de intercambio relacional y necesidad de creación o producción
de otras alternativas vinculares. Es lo que hemos llamado, momento de deconstruc-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 51
ción y momento de nuevas construcciones.

Esta caracterización que hacemos de los procesos vinculares, marcando el pre-


dominio de un tiempo de construcción anterior al cisma, como de deconstrucción
cuando se enfrenta la separación, debe ser entendido no enmarcado en una linea-
lidad temporal.

A su vez, toda nueva construcción vincular -como es una pareja- lleva implícita la
deconstrucción de otros vínculos, que adquieren a partir de los nuevos un estatuto
y cualidad diferentes: los que se tienen con las familias de origen.

En el contexto de la separación conyugal, sucede a la inversa: el proceso de de-


construcción se torna relevante emergiendo en un primer plano, mientras que el
proceso de nuevas construcciones vinculares va intentando hacerse un lugar.

Utilizamos el concepto de deconstrucción, en alusión a un proceso psíquico ac-


tivo que no sólo supone la elaboración del duelo por lo perdido, sino que implica una
mirada crítica sobre el vínculo por parte de los sujetos, tanto en sus aspectos histó-
ricos como presentes. Esta puesta en cuestión es necesaria para que puedan surgir
nuevos modos de encarar la relación que han de mantener de ahora en más, en la
medida en que se preserve para ambos, el vínculo con los hijos y que deban to-
marse otras decisiones respecto de áreas anteriormente compartidas: patrimonio,
bienes, etc.

Los motivos que las parejas relatan como causales de su separación, son nume-
rosos y variados en cuanto a lo anecdótico. Pero podríamos decir que en lo refe-
rente a los sentimientos que promueve, observamos un amplio arco que con dife-
rentes intensidades, va del dolor a la furia, ya sea que predominen respecto al otro
de la pareja, las vivencias de desilusión o que con grados de intensidad creciente
hacia lo negativo, devengan vivencias de estafa.

Es decir, ese otro con quien en los primeros tiempos del encuentro se coincidía
al punto de que casi se sentían formando una unidad, se va transformando en
alguien tan diferente que ya no se tolera, o tan amenazador que se torna un
enemigo.

Este arco, como decimos, va de la vivencia de desilusión a la de estafa y en la


exacerbación de esta última, se genera violencia, que puede llegar al extremo de la
muerte.

El predominio de uno u otro polo, estará en relación a cómo cada pareja lia
podido enfrentar el complejo proceso de construcción vincular. Proceso que im-
plica reconocer que el otro y yo estamos unidos por aspectos semejantes, que se-
rían los esperables; aspectos diferentes, tal vez no esperados pero si posibles de
ser tolerados en base a un trabajo psíquico personal y vincular; y aspectos ajenos,
o aquello del otro que no se espera y con lo que no se sabe qué hacer, por lo que
desconcierta o enoja y en este caso puede tornarse amenazante, persecutorio y
posible generador de violencia.

De acuerdo a cómo cada pareja enfrente y reconozca estas dimensiones del


vínculo, a cómo sienta y opere frente a las mismas, se recortarán las cualidades
del momento de deconstrucción.

Podríamos representar este arco de la siguiente manera:

52 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Desde lo social, la legalización del divorcio (1987 en nuestro país) ha sido un


importante avance al quitar una parte de los aspectos desvalorizantes inherentes
a la separación matrimonial. Ha permitido a las parejas separadas, reconocerse en
una denominación instituida socialmente.

Esta transformación en lo histórico social: ¿ha desprovisto a la ruptura de la


pareja del sentido de acontecimiento traumático? Pensamos que no. La clínica nos
muestra la intensidad del dolor, la hostilidad y el tiempo que comprometen las
parejas en enfrentar y resolver su separación, como en tomar las decisiones a ella
anudadas.

A su vez, nuestra intervención en la institución judicial, da cuenta de todas


aquellas parejas que no pueden tomar las decisiones por sí mismas, acudiendo a
los Tribunales en esta búsqueda, que a veces se prolonga en una litis intermina-
ble.

Por lo señalado, más allá de que las personas sean conscientes de que la diso-
lución del vínculo de alianza es una vicisitud posible, cuando se transita el proce-
so de separación de la pareja conyugal, se sufre una profunda desilusión, sobre-
viene el estado de conflicto, de crisis y dolor por lo perdido.

El dolor psíquico que instala este proceso traumático es imprevisible. Más allá
de que el malestar vincular tenga una antigua historia, la decisión de la se-
paración, por uno o ambos integrantes de la pareja, es descripto con frecuencia
por sus protagonistas, como un “darse cuenta de golpe”. No es lo mismo hablar
de una posible separación o haberla imaginado, que su puesta en acto.
El inevitable “dolor del duelo”, impone un trabajo psíquico de elaboración- sim-
bolización de los movimientos de desinvestidura ligados al otro, otrora amado,
que con frecuencia es investido con la “pasión del desamor”, como la denomina
André Ruffiot (1987), por la intensidad y el sufrimiento que conllevan. (...) “Los
cónyuges en situación de ruptura viven, reviven, fenómenos psíquicos de la
misma naturaleza que aquellos que experimentaron en estado de ena-
moramiento, pero en negativo”... “Se „cae‟ desenamorado de la misma manera
que se „cae‟ enamorado”... “La pasión del desamor, es un fenómeno sufrido con
todas las características de la pasión pero en sentido inverso de la investidura
amorosa de otra época”... “El desamor, no es el regreso a lo neutro”.
El autor se refiere al término pasión en dos aspectos: 1) como actividad psíqui-
ca intensa y 2) en el sentido de sufrimiento.
La intensidad de los afectos que moviliza el reconocimiento de la pérdida de la
presencia del otro del vínculo en la cotidianeidad, pone en marcha el trabajo del
duelo.

Se ha señalado que lo opuesto del amor y más precisamente del enamo-


ramiento apasionado, es la indiferencia. Es decir, la desinvestidura, la disolución
de la corriente erótico-amorosa que sostiene un vínculo.
La separación de la pareja en los hechos, no supone en lo inmediato una tal di-
solución. En sentido afín, David Nasio (1985) señala, que “el dolor del duelo” es efec-
to especialmente, de la “sobreinvestidura” de todas aquellas representaciones
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 53
ligadas al otro, real o imaginario, producida en su ausencia y sin su respuesta
recíproca.
El otro ha sido sostén tanto del vínculo, como de la propia subjetividad cons-
truida con él y del sentimiento compartido de pertenencia. Esta pérdida-despojo,
no puede ser vivida apaciblemente, sino con pasión. Con mayor o menor
intensidad de acuerdo a cómo se posicione cada uno: como abandonado o aban-
donante.

Sin embargo, ninguno de los miembros de una pareja puede soslayar estos
avatares, pese a que surjan mecanismos defensivos para evitarlos.

La separación de la pareja conyugal se configura entonces, como una crisis en


el devenir de ese vínculo que involucra, como dijéramos, a todo el grupo familiar.

Nos referimos a crisis en el sentido de que instala un cambio brusco y decisivo


en el curso de un proceso, asociado a la idea de muerte en tanto ruptura y desga-
rramiento de una continuidad. Se desmoronan desde sentimientos e ideales hasta
los establecidos rituales de la cotidianeidad. Distintos y variados aspectos, pero
cumpliendo todos una función importante en el sostén y apuntalamiento de los
sujetos y los vínculos de la familia.

La emergencia de sufrimiento, las vivencias de caos y desorganización son


inevitables, pero a la vez toda crisis implica la posibilidad de crear otras maneras
de funcionamiento, de generar nuevas organizaciones vinculares, impensables en
el momento de la ruptura.

No obstante, entre el momento de la pérdida segura y de la incierta creación


de lo nuevo, transcurre un tiempo singular para cada pareja y cada familia, en el
que predominan el dolor, la hostilidad, la incertidumbre y los interrogantes.
Hemos observado con llamativa regularidad, que una de las maneras iniciales de
transitar la crisis de la separación conyugal, es la división de la familia en organizacio-
nes dualistas. Dice Lévi Strauss (1949): “un sistema dualista es aquel en el cual los miem-
bros de una comunidad se reparten en dos mitades, las cuales mantienen entre sí relacio-
nes complejas que van desde la hostilidad declarada hasta una intimidad muy estrecha y
donde en general se encuentran asociadas diversas formas de rivalidad y cooperación”.
La organización dualista que observamos más frecuentemente en estas fami-
lias es la división en dos grupos: inocente vs. culpable o víctima vs. victimario, encar-
nado por uno y otro miembro de la ex pareja, siendo variable la ubicación de los
hijos: todos con uno de los padres (el inocente o víctima) o divididos a su vez los
hermanos entre uno y otro progenitor.

Esta primera forma de organización de mínima complejidad de la familia ante


la crisis de la separación, en algunos grupos familiares es sólo el primer paso del
tiempo de deconstrucción. A medida que puedan ir transitando el mismo, enfren-
tando y reconociendo el dolor y las pérdidas, deponiendo la hostilidad, podrán ir
construyendo nuevas y más complejas maneras de vincularse.

Estas organizaciones dualistas constituyen lo que en un trabajo anterior (Abe-


lleira, H. y otros, 1989) denomináramos organizaciones dualistas dinámicas o instru-
mentales, sólo una etapa de pasaje a otros momentos del tiempo de deconstrucción.
Otros grupos familiares, permanecen un tiempo prolongado, a veces in-
definidamente, en esta modalidad de funcionamiento, constituyendo lo que de-
nomináramos organizaciones dualistas estáticas, que dan cuenta de la imposibilidad
de esas familias de transformar la crisis en oportunidad de cambio.

Hemos observado en nuestra casuística, con relativa frecuencia, que en algu-


nas de estas familias, las vivencias y fantasías de muerte suelen concretarse en la
muerte real de alguno de sus miembros (suicidio de un hijo en un grupo familiar;
muerte súbita del progenitor en otro; asesinato de una de las hijas por el padre, en
otra familia).
54 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Esto nos lleva a diferenciar dentro del concepto de crisis, distintas posibi-
lidades según el efecto sobre los sujetos o grupos que la padecen.

Rene Thom en 1976, decía que toda crisis genera un sentimiento de angustia
que funciona como señal de alarma, que pone en movimiento los mecanismos de
extinción de la crisis. Cuando ciertas condiciones fisiológicas, psicológicas o socio-
lógicas no se conjugan para contribuir a la eficacia de los mecanismos de extin-
ción, sobreviene la catástrofe.

Ignacio Lewcowicz (2002), menciona cómo frente a la experiencia de ruptura


de una lógica ante algo que irrumpe o desestabiliza, los efectos pueden ser di-
ferentes: trauma, acontecimiento y catástrofe, dando lugar a situaciones diversas.

Cuando el efecto es el trauma, según el autor, luego de un primer tiempo de


perplejidad, de falta de respuesta ante la ruptura, la intensidad de lo traumático
va cediendo y todo parece volver a su lugar sin producirse ninguna alteración
radical.

Cuando frente a lo que irrumpe, el sujeto y el grupo lo incorporan y logran


cambios y transformaciones radicales subjetivas y vinculares, hablamos de aconte-
cimiento. Sería cuando la familia logra acceder al tiempo de las nuevas construc-
ciones vinculares.

Por el contrario, cuando la crisis se inscribe como catástrofe, no hay esquemas


previos ni esquemas nuevos que posibiliten seguir construyendo. Hay mutilación,
devastación. Imposibilidad de registro y elaboración por parte de la familia y sus
integrantes. Pensamos que dentro de esta línea se inscribirían aquellos grupos
familiares en los que la muerte de uno o varios de sus miembros sobreviene en el
proceso.

Así como las parejas se “encuentran” de un modo particular, los “de-


sencuentros” y su culminación en separación, constituyen también un proceso
singular, que adquiere notas distintivas en cada familia y en cada integrante de
la misma. El dolor que enfrentan es compartido, pero su impacto, significación,
modo y tiempo de elaboración, difieren de uno a otro, de una familia a otra.

Transcribiremos una viñeta, con las diferentes expresiones que vuelcan en


las primeras entrevistas, los integrantes de una familia.

La madre deja el hogar hace un año, luego de un enfrentamiento violento con su


marido, que él niega.
En las entrevistas individuales dicen:
Las hijas: -“La ida de mamá nos cambió la vida”.
Ana (16 años): -“Yo no quiero verla porque no la reconozco. Me siento mal. No es
la madre que tenía”.
Bettiana (10 años): -“No es lo mismo que antes, pero a mí me hace bien ir a verla,
estar con ella”.
Carla (17 años): -“Yo me siento mejor ahora. Volvió la paz. Yo no tenía diálogo con
mi mamá. No necesito verla.”
Padre: -“Mi vida se terminó. Lo único que quiero es que ella me pase alimentos y
criar a mis hijas. Que ellas estén bien”.
Madre: -“Fue muy doloroso, pero yo me siento más aliviada. He recuperado mi per-
sonalidad. Vivía sometida y desvalorizada. Lo que desearía es poder ver a mis hijas ma-
yores que se ponen a la defensiva a favor del padre”.
Es decir, que cada integrante y cada vínculo de la familia, más allá del dolor com-
partido, va a ser atravesado en forma singular por la situación crítica de Ib rup-
tura conyugal. Atravesamiento que guarda relación no sólo con cómo lo inscri-
ba la subjetividad de cada uno, sino con su lugar en la trama vincular: hijos, pa-
dre, madre, hermanos.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 55
Los integrantes y el vínculo de la pareja, se ven enfrentados a una situación > Ine
constituye una paradoja. Tienen que desprenderse de un otro (esposo/esposa) con
todo el esfuerzo que supone, pero a su vez y simultáneamente, necesitan construir
un nuevo vínculo en tanto padres, como algo diferente al que ejercían en la con-
vivencia.

Una de las definiciones de paradoja señala, que consiste en un “enunciado


que incluye dos juicios, afirmaciones o proposiciones que son inconciliables entre sí, pe-
ro formuladas como posibles de coexistir”. La oposición simultánea de dos tipos
de razonamiento, lleva generalmente a una elección entre la posición A o la
B. En la situación paradojal que señalamos, no se puede optar o elegir entre A
o B: hay que tolerar la coexistencia de ambos procesos. Es decir, des-
prenderse y no desprenderse a la vez.

Esta es una ardua y compleja operatoria, que exige a cada sujeto del vín-
culo, una lucha permanente entre la necesidad de “ ausencia” del otro (ex
cónyuge), para realizar el duelo como pareja conyugal y la necesidad de
“presencia” del otro (padre o madre de los hijos) para construir un nuevo
vínculo como padres.

Oscilación enloquecedora que supone tal vez el desafío central de la


pareja que se separa. Puede constituirse en el devenir del nuevo vínculo, en
fuente de conflictos y malentendidos ante situaciones que impliquen algún
cambio en las relaciones familiares (formación de nuevas parejas por parte
de alguno de los ex cónyuges; cumpleaños, graduaciones, casamiento de al-
guno de los hijos).

A esta cualidad del proceso de separación, ligada a un área del vínculo


de la ex pareja, que a partir de determinados sucesos da lugar a conflictos,
la hemos denominado “zona de irresolución” (Abelleira, H. y Delucca, N.,
1989ª).

Del reconocimiento y aceptación de esta complejidad, depende en gran


medida el camino que sigan los otros vínculos familiares y el lugar que
ocupen los hijos. Pueden surgir en la ex pareja conyugal, diferentes estrate-
gias que prolongarán más o menos en el tiempo, la posibilidad de alcanzar
ciertos acuerdos en la construcción del nuevo vínculo como padres, como
también que esta construcción no sea posible, generándose alternativas que
incluyen: la exclusión del otro, el abandono de la función parental o la per-
sistencia de la competencia hostil.

El vínculo materno y paterno filial se verá involucrado inevitablemente en el


cambio. Tal vez el cambio más importante en lo inmediato para ambos in-
tegrantes de la relación, sea el hecho de que dejan de ser vividos en simul-
táneo (o se está con papá o se está con mamá). Esta pérdida, esta percep-
ción de la ausencia de uno de los padres, enfrenta a los hijos con la doloro-
sa evidencia de que sus padres han dejado de quererse.

En hijos pequeños, suele despertar la fantasía de que ellos también pue-


den dejar de ser queridos por sus padres en base al razonamiento de que si
un amor (el de papá y mamá) se termina, también puede terminarse el otro
(el que me tienen a mí).
El transcurrir del tiempo, y la posibilidad que tengan los padres de realizar
ellos mismos esta diferenciación y en consecuencia preservar el afecto por sus
hijos, irá desalojando esta fantasía. De no existir esa posibilidad, la fantasía se
verá dolorosamente confirmada.

Queremos marcar una diferencia en el vínculo materno y paterno-filial des-


de el polo parental, en cuanto al progenitor que queda a cargo de la tenencia de
los
56 hijos, respecto al que no convive con ellos. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

El que sigue conviviendo con los hijos, (que en general continúa viviendo
en el que fuera el hogar conyugal), se siente menos despojado y con más posi-
bilidades de preservar la vivencia de familia y de cierta continuidad, pese a la
ruptura conyugal. Puede surgir la tendencia al ejercicio omnipotente de su
función y el peligro de que obstaculice el contacto de los hijos con el otro pro-
genitor.

Con él paso del tiempo suele observarse la aparición de sentimientos de so-


brecarga, ante las exigencias del ejercicio cotidiano de la parentalidad en sole-
dad. Esto aun en situaciones en que la misma haya podido diferenciarse y
construirse eficazmente.

El progenitor que no convive con los hijos, se ve expuesto a intensos senti-


mientos de pérdida y profundas vivencias de soledad, resultándole costoso en
ocasiones armar en lo inmediato (y esto más allá de lo económico) un nuevo
lugar que pueda sentir “su casa” y que pueda brindar a los hijos cuando se dan
los encuentros con ellos. Es decir, otro “espacio familiar”.

Desde la ley, a este contacto del padre que no convive con los hijos, se lo
denomina “Régimen de visitas” y usualmente se estipulan días y horas pa- ‟ra
tales encuentros. Este carácter de “visitas” que parece contraponerse a lo “fa-
miliar”, así como la “imposición” de días y horas, suele ser promotor de angus-
tia ya que enfrenta a padres e hijos, con algo que ese vínculo ha perdido: la
fluidez y espontaneidad del contacto en convivencia.

Estos sentimientos angustiosos suelen intentar ser desmentidos tratando de


transformar dichos encuentros, en situaciones de suministro y demandas in-
discriminadas, en las que el placer sin límites parece ser el objetivo. De ins-
talarse esta situación, el vínculo materno o paterno-filial, se ve desprovisto de
su eficacia como tal.

El padre o madre se ubicarían en un lugar idealizado como proveedor ele


placer pero carente de su función de organizador y transmisor de normas.

Desde el polo filial, los hijos pasarían a sentir que pueden ejercer un cierto
poder que los confundiría como tales y que posiblemente les acarrearía conflic-
tos con el progenitor no conviviente y con todas aquellas situaciones en que
tuvieran que admitir límites.

Una alternativa posible del progenitor que no convive con los hijos es el aban-
dono parcial o total de su función, que lo lleva a perder el contacto con éstos. Esta
pérdida irreparable para los hijos tendrá un mayor o menor efecto traumático, de
acuerdo a cómo se posiciona el progenitor conviviente. Puede estabilizarse acti-
vamente en el lugar de omnipotencia y omnipresencia señalado antes (en general
con el apoyo de alguna figura de las familias de origen o una nueva pareja), con
cuya actitud habría contribuido a este alejamiento, o por el contrario, quedar su-
mergido en la impotencia de no lograr contar con la presencia del otro y su nece-
saria participación en la vida de los hijos.
El abandonante puede adoptar una actitud de resentimiento como modo de
venganza hacia su ex cónyuge, poniendo en evidencia serias fallas en sus investi-
duras afectuosas hacia los hijos.

En relación al vínculo fraterno, que en cierto sentido es el menos involucrado en


los cambios que la separación de la pareja promueve, observamos que en general
se refuerza en sus aspectos solidarios, apuntalando a sus integrantes en su solidez
y permanencia. De ahí que en aquellas familias en las que unos hijos quedan con
el padre y otros con la madre, dividiendo la fratría como pueden dividirse los
bienes, se despoja a éstos de una de las apoyaturas más significativas de este pro-
ceso.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 57

Los hijos pueden responder a esta actitud de los padres instalándose sobre la
vertiente de rivalidad del vínculo fraterno, armándose como consecuencia dos
grupos enfrentados entre sí (padre/hijos versus madre/hijos).

En ocasiones también pueden producirse divisiones que pueden obedecer a


una alianza identificatoria de un hijo con el padre que percibe más debilitado y
elige vivir con él para apuntalar su figura, sin que esta “elección” coincida ple-
namente con su deseo. Esta derivación suele fragilizar el vínculo fraterno.

El vínculo con las familias de origen, surge con frecuencia en este momento dé la
vida de las familias con una clara función amparadora, que se expresa en un es-
trechamiento del contacto o en el retomo a residir con alguna de ellas o con am-
bas, de manera transitoria o permanente. Si la convivencia es permanente, puede
favorecer que alguna figura de la familia de origen se deslice a ocupar el lugar del
progenitor ausente, contribuyendo a su exclusión.

Hemos descripto en general, sin pretender agotarlas, las diferentes y más fre-
cuentes alternativas por las que transcurren los vínculos en las familias.

En algunas son momentos del proceso de separación, en otras suelen cronifi-


carse en el tiempo, constituyendo operatorias defensivas que pueden organi-
zarse en lo que hemos llamado producciones psicopatológicas vinculares. S Sistema-
tizaremos caracterizándolas a continuación, dichas producciones psicopatológicas
vinculares, que por su presencia recurrente hemos evaluado de mayor relevan-
cia en las familias investigadas.

Desdibujamiento o nivelación de las diferencias

Hemos señalado, que junto a la pérdida básica que inaugura el proceso de


ruptura del vínculo conyugal o de pareja, se enfrenta una situación paradojal:
reconocer la disolución del vínculo conyugal, con la subsistencia de la parenta-
lidad. Algunas familias lo logran y esto facilita la circulación de los hijos. Otras,
como la de la viñeta, desconocen esta complejidad.

El sentimiento amoroso perdido en la pareja, es lo que los hijos deben di-


ferenciar del amor filial, para preservar el vínculo con cada uno de los pro-
genitores. Y es necesario que los padres puedan reconocer esta diferencia.

Esta producción defensiva conjunta, surge en el vínculo materno o paterno


filial y en el fraterno, ante las vivencias traumáticas de desestructuración del
lazo familiar que los amparaba, como consecuencia de una no tramitación del
proceso señalado de diferenciación entre los procesos de desprendimiento del
vínculo conyugal y nueva formulación del parental.

De este modo, se genera la expectativa de que todos compartan los mismos


sentimientos y actitudes. Es decir, que los hijos se alíen al desamor o la hostili-
dad hacia un padre o una madre, tal como lo experimenta un progenitor hacia
el otro. Esto puede generar en los hijos la descomplejización y empobrecimien-
to de las áreas de autonomía yoicas logradas hasta ese momento, quedando
incluidos en este mecanismo defensivo familiar de desdibujamiento o nivelación de
las diferencias.

Suele ser más frecuente que se construya en el grupo conviviente. Sin em-
bargo, puede observarse con ambos progenitores, generando efectos más en-
loquecedores para los hijos. Así entonces, la madre con sus hijos y/o el padre
con sus hijos, transmiten sin poderlo reconocer de modo consciente, este impe-
rativo hacia su descendencia.

58No pocas veces adquiere la forma de un mandato, ejerciéndose una


HILDA ABELLEIRA - N “vio-
ORMA DELUCCA
lencia secundaria”, como denomina Piera Aulagnier (1975), a los enunciados
parentales que desconocen las necesidades, anhelos y deseos propios de sus
hijos. Puede originarse fundamentalmente desde los progenitores y no pocas
veces la refuerza un hermano o hermana mayor.

Que la estrategia instrumentada sea producto de la represión, la desmentida


o directamente de la mala fe, condicionará nuestra mayor o menor posibilidad
de intervención operativa sobre la problemática.

Dependerá de la transitoriedad o cronificación de esta formación incons-


ciente vincular, que el funcionamiento familiar pueda tornarse patológico.

Posicionamento omnipotente y omnipresente

Otra operatoria, en íntima conexión con la anterior, es el posicionamiento omni-


potente y omnipresente del padre o la madre que convive con los hijos, como una
denegación del cambio.

No implica que la madre o el padre suplan en la convivencia algunos de-


sempeños que en la cotidianeidad estaban a cargo del progenitor con el que no
se convive. Nos referimos a un movimiento que intenta borrar el valor y signifi-
cado del otro. El que tuvo antes de la separación y el que sigue teniendo en la
subjetividad de los hijos.

... “Nada ha pasado. O si pasó, estamos mejor. Nada nos falta” (frases de una madre
cuyos hijos “dicen” no querer ver más al padre). Esto tiende a la exclusión del
progenitor no conviviente de la vida de los hijos.

Desmentida de la dimensión vincular del conflicto y su


carácter paradojal
Esta operatoria defensiva es específica de los miembros de la pareja cuyo
vínculo está en proceso de disolución. Se presenta siempre, en todo conflicto de
pareja, como primer recurso para desalojar el malestar que se ha producido en
el vínculo ante un desencuentro crucial y es de los mecanismos de menor nivel
de complejidad que elaboramos los seres humanos para defendernos de la an-
gustia. “La culpa es del otro”.

Suele predominar en la pareja, que cada uno tienda a desinvolucrarse de su


participación en el proceso de ruptura conyugal.

La hostilidad franca, surge como un intento de simplificación del proceso:


pospone el dolor psíquico por lo perdido y desmiente la dimensión vincular del con-
flicto y su carácter paradojal.

Este es un mecanismo de desconocimiento del otro, donde sus protagonistas


parecen haber borrado de sus inscripciones, la pertenencia al vínculo que los
constituyó como pareja. De allí la dificultad presente en imaginar y construir un
escenario donde el otro tenga alguna presencia aunque sólo sea en la vida de
los hijos.
Permutación de lugares y funciones

Nos referimos a una operatoria que se configura en el vínculo materno o pa-


terno-filial. En un intento de obturar la carencia que se produce en la familia por la
ausencia de uno de los progenitores, puede generarse una permutación de lugares y
funciones en los vínculos.

Así, uno de los hijos se posiciona con el acuerdo inconsciente del grupo, en el
lugar del progenitor ausente.

C IEsta
. IN K ' A Foperatoria tiene efectos diversos en la configuración familiar. Por un lado
ORE N SE E N F AMILIAS 59
supone para el hijo así ubicado, una sobreexigencia que implica una pérdida par-
cial o total -según la dimensión del mecanismo instrumentado- de su lugar y fun-
ción de hijo. Para el grupo, supone el reemplazo-borramiento del progenitor así
sustituido, el empobrecimiento e indiscriminación a nivel del vínculo fraterno, así
como el debilitamiento-amenaza de desconocimiento, de la prohibición del inces-
to, en estrecha relación con la intensidad de la operatoria vincular.

En efecto, la permutación puede estar referida a cuestiones periféricas de la


función (por ej.: una hija en ejercicio de la función de la madre ausente se hace
cargo de la atención de sus hermanos varones, pero sigue conservando en otras
vertientes su singularidad de hija) o por el contrario, que la sustitución ocupe
prácticamente su subjetividad, al punto de confundirse y ser confundida con la
persona ausente.

Otra posibilidad, es que el lugar sea ocupado por un miembro de la familia de


origen (abuela o tía paterna; abuelo o tío paterno). Implica el riesgo de que se fra-
ternalice el vínculo madre o padre-hijos.

Para finalizar y reiterando que no consideramos al proceso de divorcio enten-


dido en una linealidad temporal, señalaremos los procesos puestos en juego en el
momento de nuevas construcciones vinculares, que se producen con posterioridad a la
separación conyugal.

Las nuevas construcciones, incluyen los modos singulares en que cada sujeto y
cada vínculo de la familia se va posicionando en el nuevo escenario.

Así, consideramos que se ha logrado una nueva construcción, cuando la eficaz


elaboración del duelo y la crisis por la ruptura, da lugar al acontecimiento. Es de-
cir, cuando ambos miembros de la ex pareja conyugal, han podido elaborar nue-
vos pactos entre ellos para sostener la parentalidad, preservándose los lugares de
cada uno, pero significados desde la nueva organización vincular.

Un logro fundamental de este momento de construcción, tiene que ver con


que a los hijos se les permita y estos puedan, sostener de manera estable y no con-
flictiva, la circulación entre los padres.

Este momento puede incluir o no la formación de nuevas parejas y familias,


por uno o por ambos progenitores.

Sin desconocer que estos cambios devendrán en un desafío para todos los in-
tegrantes de la familia y pueden hacer tambalear la nueva organización construi-
da, los incluimos dentro de este tiempo, si los conflictos que pueden suscitarse
sólo son un momento de pasaje que no arrasa con las transformaciones logradas,
sino que por el contrario contribuyen a complejizar el entramado vincular.
CAPÍTULO V

Construcción de un modelo de abordaje vincular

60 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Antecedentes y fuentes
Referirnos a los antecedentes de nuestro modelo de abordaje, nos lleva a si-
tuarnos en el contexto en el que se desarrollaba en nuestro país el trabajo de abor-
daje psicológico del niño y la familia. Hablamos de la década del „70. Se realizaba
en Buenos Aires el Primer Congreso Argentino de Psicopatología del Grupo Fami-
liar.

Empezaban a aparecer las primeras teorizaciones acerca de la temática, con-


tándose entre las más relevantes las realizadas por Isidoro Berenstein, Carlos
Sluzki y Aurora Pérez.

El diseño de este modelo de evaluación e intervención vincular, fue una cons-


trucción y un proceso que fuimos concretando en sucesivas etapas.

Proveníamos del trabajo psicoanalítico con niños y del predominio de los enfo-
ques individuales, pese a que ya habíamos comenzado por ese entonces (finales
de los años „60) a incorporar esporádicamente, entrevistas familiares en la práctica
clínica.

En un primer tiempo, intentábamos conocer el sentido del conflicto al interior


del grupo familiar, a través del estudio de las producciones individuales de cada
miembro de la familia, privilegiando el análisis de las representaciones de cada
uno sobre el otro y el conjunto, apuntando a realizar una reconstrucción a poste-
riori de la trama vincular.

Fue en el grupo fraterno donde casi desde el inicio y con niños pequeños, utili-
zamos la observación de la hora de juego compartida.

Analizamos entonces, que pese a realizar ya de manera sistemática, en-

I revistasconjuntas padres-hijos, necesitábamos otras herramientas que enrique-


cieran y facilitaran evaluar, no sólo el nivel representacional, sino el despliegue y
puesta en escena frente a nosotras, de las diferentes modalidades vinculares, fun-
damentalmente de la relación materno y paterno filial.
En las sucesivas entrevistas conjuntas parento-filiales, comenzamos por es-
timular el intercambio a través de un juego compartido, utilizando la caja de
juego tradicional. Sistematizamos su utilización como “ Hora de Juego Conjunta
Familiar”, técnica que sigue siendo hoy pertinente cuando los hijos son muy
pequeños.

Con niños en edad escolar incluíamos en la caja de juego: papel, lápices y


fibras de color. Al observar la frecuencia con que espontáneamente tendían a
privilegiar el dibujo como expresión lúdica, requiriendo ellos, o a veces noso-
tras, la participación de los padres en el mismo, fuimos instalando y recortan-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 61
do el “Dibujo Conjunto Familiar” como una técnica específica, proponiendo su
realización en una única cartulina y el uso de un solo color para cada miembro.

Simultáneamente al uso de estos recursos que compartimos con otros co-


legas que trabajaban con niños y familias, realizamos un rastreo bibliográfico
sobre técnicas de evaluación grupal, encontrando -entre otros- los aportes de:
.Raúl Usandivaras (1982); Elsa Labos (1972); Luis Juri (1979); Hugo Bleichmar y
otros (1970); quienes formularon técnicas de abordaje de pequeños grupos, pa-
rejas y familias.

Hemos encontrado similitudes entre nuestras propuestas y las ya existen-


tes. Lo producido por otros autores nos ayudó a profundizar y ampliar ideas o
nos inspiraron otras nuevas. Algunos de estos aportes los fuimos articulando
con aquello que en el quehacer nos iba resultando de mayor eficacia reveladora
de las cualidades vinculares.

Nos propusimos entonces, el diseño de un conjunto de herramientas de eva-


luación, que se adecuaran especialmente a nuestra casuística: grupos familiares
en proceso de divorcio, provenientes de diferentes niveles socioeconómicos.

En este proceso de elaboración, acotamos el uso de la “Hora de Juego Con-


junta” a la familia con niños pequeños; el “Dibujo Conjunto Familiar”, como com-
plemento de ésta en niños de edad escolar y como única técnica vincular, con
hijos adolescentes. Nos surgió entonces la necesidad de contar con otras posi-
bilidades de abordaje en este tipo de familias. A su vez, era importante ampliar
nuestros recursos, cuando las otras técnicas no aportaban elementos esclarece-
dores o cuando la problemática familiar imponía la necesidad de un segui-
miento. Resultaba más enriquecedor introducir instrumentos nuevos, en este
segundo abordaje.

Tomando en cuenta aspectos de las técnicas grupales investigadas, así como


observaciones realizadas en la Hora de Juego sobre diálogos espontáneos de
personajes del mismo, construimos una técnica de abordaje vincular, que ini-
cialmente llamamos “Dibujo del personaje en interacción” (Abelleira, H. y Delucca,
N., 1989b). Desde hace ya unos años convenimos en llamar “Dibujo del Personaje
en la Familia”, aplicándolo en las diferentes configuraciones vinculares estudia-
das (pareja, padre o madre-hijos, grupo fraterno).

La primera denominación, surgió en relación a los comienzos de nuestras cons-


trucciones metodológicas, que no poseían como en el presente, un marco concep-
tual sobre la teoría del vínculo de raigambre tanto psicoanalítica como de las
“Ciencias de la Complejidad”.

Términos como “interacción” o “percepción interpersonal” habían sido utili-


zados por autores provenientes de diversos marcos teóricos: Laing y otros (1973);
Juri y otros (ob. cit.); Bleichmar, H. (Ob. cit.).

A partir de nuestra concepción acerca de lo vincular, como fundante de la subje-


tividad, se nos impuso la necesidad de dos cambios importantes:

• El abandono del término “interacción”, y por lo tanto, un cambio conceptual.


• Nuestra propuesta de llamar a los instrumentos o métodos por nosotras utiliza-
dos, “Dispositivos de producción vincular”, más que “Técnicas Proyectivas Grupa-
les”.

En efecto, la manera en que se denominan las cosas, no es ajena a cómo se las


piensa. Por el contrario, es su consecuencia. Como lo enuncia Pierre Bourdieu
(1988) ...”Nombrar, es un acto político”.

Así, el cambio conceptual respecto de lo vincular que fuimos incorporando, es


el fundamento del abandono del término interacción, que alude n los diferentes
intercambios comunicacionales que se dan entre los sujetos de un grupo.

El concepto de interacción deja por fuera ese plus que se pone en evidencia en
lo que produce el conjunto familiar cuando les proponemos una tarea comparti-
da. La lectura actual, constituye lo novedoso que aportamos con la instrumenta-
ción del dispositivo vincular. A la vez, también es una novedad para el grupo que
posibilita efectos creativos, ver emerger en presencia de los otros, contenidos y
significaciones tanto compartidas como no compartidas.

En relación al concepto de proyección, éste ha sido empleado en psicología y


en psicoanálisis, con sentidos diversos

Freud recurrió al concepto de proyección, para explicar diversas manifestacio-


nes de la psicología normal y patológica. En términos generales, .ilude a un me-
canismo psíquico de defensa primaria, por el cual se busca en lo exterior a sí, el
origen de un displacer. Y más específicamente, refiere a la atribución a otro (per-
sona, animal o cosa) de cualidades, sentimientos, deseos, que el sujeto rechaza, no
reconoce o desconoce de sí mismo. La persona envía fuera, la imagen-
representación de lo que existe en ella en forma inconsciente. Reconoce en otro, lo
que desconoce como propio de sus procesos intrapsíquicos.

Desde esta perspectiva entonces, en lo producido a través de las “técnicas


proyectivas”, el sujeto proyecta no sólo lo que él es, sino lo que desearía ser o
lo que él no quiere ser.

En psicología, se hace referencia en primer lugar, a que las estructuras y


rasgos esenciales de la personalidad, son factibles de emerger en el compor-
tamiento manifiesto. Y en segundo lugar, en concordancia con lo anterior, se
ha enunciado como “hipótesis proyectiva” (Rapaport, D., 1965), que “el individuo
moldea sus producciones personales de acuerdo con las disposiciones de la matriz de su per-
sonalidad activa”. Esta hipótesis ha sido el fundamento de la construcción de las
diferentes “técnicas proyectivas”: desde el dibujo infantil, hasta la técnica del
Psicodiagnóstico de Rorschach; el Test de Apercepción Temática de Murray y
muchas otras. La base común, es la presentación a los sujetos de situaciones no
estructuradas o ambiguas, lo que da ocasión a que la persona las estructure e
interprete de acuerdo a su organización singular, y permitiendo que se pueda
inferir la estructura de su personalidad, como así también, procesos y meca-
nismos inconscientes (identificaciones predominantes; defensas inconscientes
del yo, etc.).
Luis Juri (1979), articulando la “hipótesis proyectiva” elaborada por Rapa-
port, con conceptos psicoanalíticos, enuncia la “hipótesis proyectiva grupal”, en
relación al estudio que realiza en pequeños grupos (parejas, familias, pares)...
“Los integrantes de un grupo, al enfrentarse con una situación-estímulo inestructura-
da, manifestarán o revelarán al organizaría -en forma proyectiva- la dinámica de las
relaciones inconscientes establecidas entre ellos”.
Los autores ya mencionados que han elaborado instrumentos de indaga-
ción grupal o interpersonal, producen un avance al investigar las interrelacio-
nes de los sujetos en un grupo. No obstante, han mantenido el concepto de
proyección, coherente con la concepción vigente en ese momento, respecto al
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 63
modo en que se encuentran, se aman, o se odian las personas, a través de pro-
cesos de “proyecciones cruzadas” (Bleichmar, H., 1981).

Si bien el mecanismo proyectivo se pondrá en juego en la situación grupal,


no será el único ni el esencial, porque el vínculo con otros, en especial los víncu-
los familiares, son una construcción compleja que se hace evidente al tener que
generar ante nosotros, un trabajo conjunto. Se movilizan complejos procesos
identificatorios, transferenciales (tanto entre los miembros de la familia como
con los profesionales que intervienen), los acuerdos y alianzas inconscientes
construidas en la historia vincular, como así también, las nuevas producciones
que se gestan ante este espacio de intervención, que abre a elaboraciones iné-
ditas.

Por lo tanto, consideramos que la denominación de “técnicas proyectivas”, no


daría cuenta de cualidades específicas del proceso de producción vincular que
hemos explicitado y de cuyo estudio y formulación -como dijéramos- se está ocu-
pando el psicoanálisis de las configuraciones vinculares.

Dispositivo de producción vincular


Lo que queremos remarcar una vez más, es que nuestra mirada apuntará a la
producción vincular conjunta, que necesita y responde indefectiblemente a la presen-
cia de los otros.

El espacio que brindamos, más allá de la introducción de los diversos es-


tímulos que en cada instrumento utilizamos (verbal, gráfico, lúdico) genera la
posibilidad de que tal vez por primera vez el grupo o subgrupo familiar, deba
elaborar en conjunto y con nosotras, una tarea en apariencia alejada de la situa-
ción problemática presente, pero que pone en juego la capacidad de producción
vincular.

Por otra parte, nos resultaba necesario seguir contando con producciones in-
dividuales de los padres y de los hijos que dieran cuenta de su percepción respec-
to de su lugar en el grupo y su registro del conjunto familiar. Mantuvimos así, el
abordaje individual inicial de cada miembro de la familia, pero integrándolo y
correlacionándolo con las producciones vinculares. Discriminamos de este modo
los dos niveles de inscripción del conflicto (singular y vincular) que se torna ne-
cesario evaluar y diferenciar, en esta particular situación crítica de la familia y en
este contexto institucional.

Respecto de los progenitores, en la primera entrevista con cada uno de ellos


por separado, apuntamos a conocer su posicionamiento e interpretación del con-
flicto familiar, así como sus expectativas ante la intervención ju- rídico-
psicológica.

Es al final de esta primera entrevista que les solicitamos como tarea personal,
la elaboración de dos producciones:

• Un dibujo (croquis) del Plano de la Casa Actual y de la Última Vivienda Conyugal


compartida.
-• La confección (por escrito) del Árbol Genealógico que incluya: la línea materna y
paterna y la familia actual.

Estas producciones, se basan en las que han sido propuestas por Isidoro Be-
renstein (1976), ampliadas por nosotras para su instrumentación con las familias
en proceso de divorcio. A tal efecto, incorporamos el Dibujo del Último Domicilio
Conyugal, analizando en forma comparativa la producción individual de cada
uno.

Las elegimos en reemplazo de otras técnicas proyectivas individuales (Psico-


diagnóstico de Rorschach, Test de Apercepción Temática -TAT-; Test de Relacio-
nes Objetales de Phillipson) que en un principio utilizábamos.

La sustitución no se debió a que estas técnicas no fueran instrumentos idóneos


y privilegiados para la exploración de los procesos intrapsíquicos, sino por consi-
derar que exigen un tiempo para su administración y evaluación, que resulta ex-
cesivo y que excede los posibles para el contexto institucional, que precisamente
se caracteriza por el tiempo acotado de la intervención. Además, porque nos
brindan una información de cada uno de los progenitores que, en las problemáti-
cas familiares, no aportan lo esencial para las finalidades de nuestra investigación.
Las seguimos implementando al interior de otras indagaciones y de demandas de
otros fueros.

En tal sentido, las dos técnicas elegidas resultan más adecuadas por dos razo-
nes:

1) por la economía de tiempo. Su realización es rápida, incluso es posible solicitar


la parte gráfica entre una entrevista y otra, como una tarea a realizar en sus
domicilios;
2) porque si bien brindan menor información que las otras técnicas acerca del
funcionamiento intrapsíquico en sí mismo, posibilitan de manera privilegiada,
los movimientos de apertura para la construcción de la historia personal y la
exploración de los vínculos actuales y pasados, más acordes con los objetivos
de nuestra intervención.

Respecto de los niños mantuvimos inicialmente en nuestro modelo, el Dibujo


de la Familia (Imaginaria y Actual) que utilizamos teniendo en cuenta los aportes
de: Porot, M.(1952); Corman, L.(1971) y Koppitz, E.(1973).

Con posterioridad, atendiendo a nuestra necesidad de dar cuenta de cierta se-


cuencia temporal del trabajo del duelo familiar, incorporamos algunas sugeren-
cias al respecto de Renata Frank de Verthelyi (1985).
De esta confluencia, resultó el armado de una tríada del Test de la Familia, que
incluye: el Dibujo de la Familia Imaginaria, Familia Actual y Familia Prospectiva.
Esta diferencia en las producciones individuales solicitadas a padres e hijos, se
relaciona por un lado, con la diferencia generacional y por otro, con los efectos
que, según nuestra experiencia, suscita el Dibujo de la Familia. Observamos que
dibujar la familia, es aceptado sin dificultades ni reticencias por parte de los ni-
ños. Mientras que en muchas ocasiones genera resistencias por parte de los pa-
dres. A su vez, la representación gráfica del Plano de la Casa, y el Árbol Genealógico -
aceptados con agrado por los adultos-, requieren de un nivel de abstracción y de
información con que generalmente no cuentan los hijos.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 65

Como consecuencia del recorrido realizado, apuntamos a que el modelo dise-


ñado reuniera las siguientes características generales:

• Que los recursos utilizados impliquen consignas simples, comprensibles tanto


por adultos como por niños y accesibles a diferentes niveles socio- culturales.
• Que puedan ser administradas en un tiempo relativamente breve y con econo-
mía de medios (lápices, marcadores, papel, cartulina, juguetes sencillos).
• Que brinden, por su estructura, la posibilidad de promover la escenificación de
la problemática vincular de la familia en forma mediatizada y alejada de sus
formulaciones estereotipadas.
CAPÍTULO VI

Caracterización del disposi-


tivo de producción vincular
C L I N ICA F ORBN SIÍ UN F AMILIAS 66

Nos interesa transmitir en este capítulo, lo que nos han aportado estos instru-
mentos de evaluación e intervención vincular, por la riqueza de los materiales que ob-
tenemos en su implementación y los efectos que producen en los integrantes de la
familia.

Apuntamos a generar diferentes espacios: por un lado, de producciones indi-


viduales de expresión gráfica, lúdica y verbal, que incluye la historia de las fami-
lias de origen de los progenitores y la historia de la pareja desde la perspectiva de
cada cónyuge. A su vez, ofrecemos un espacio de producción conjunta de las dife-
rentes configuraciones vinculares: madre-hijos, padre-hijos y a veces también del
conjunto fraterno.

En estos subgrupos, privilegiamos un tiempo de relato conjunto de lo produ-


cido, donde se va poniendo en juego y se evidencia la complejidad de la trama
vincular.

La presencia real de los otros introduce la dimensión vincular que se entre-


cruza con las representaciones imaginarias que cada uno tiene sobre los demás.

El proponerles la realización en nuestra presencia de una tarea conjunta (Jue-


go, Dibujo conjunto familiar o Dibujo del personaje en la familia), despliega una
“escena” mostrada y mirada tanto por ellos como por nosotras, que supone e in-
cluye un “vínculo transferencial recíproco”. En este contexto, implica haber logrado en
las primeras entrevistas con los integrantes de la familia, una relación de confian-
za en nuestra posición de neutralidad frente al conflicto que sobrellevan y la acep-
tación y reconocimiento por parte de la familia, de que estos encuentros produci-
rán algún conocimiento beneficioso para su posible resolución. Y desde nosotras,
la disposición e interés por involucrarnos en su historia y ser afectadas por la sin-
gularidad de lo que se produzca en esa situación particular.

Se abre así la posibilidad de que, en ese diálogo compartido, se generen nuevos


sentidos o que surjan aspectos novedosos tanto para nosotras como para ellos
mismos, que no se manifestaron en los abordajes individuales.

Habitualmente, cada uno despliega sus singularidades ante el otro, de un mo-


do diferente frente a cada figura significativa y distinto de lo que muestra en so-
ledad.

De esta manera, la producción vincular enfrenta al grupo, no sólo con lo com-


partido y lo compartible, sino con la heterogeneidad. Se produce así, un quiebre
de la ilusión narcisista de “coincidencia”, que moviliza en alguna medida al me-
nos, el proceso de elaboración y aceptación de las diferencias, abriendo hacia al-
guna otra forma del compartir.

Suele ser un momento privilegiado para que, sin saberlo conscientemente,


afloren vivencias, ilusiones y afectos, que desde el discurso consciente aparecían
negados, desestimados, desmentidos o con signo contrario. Por ejemplo: donde se
mostraba odio y rechazo, surge la demanda de amor; donde se enunciaba sumi-
sión y aceptación, surge oposición y hostilidad; donde se ofrecía amparo, se
muestra encierro narcisista; o la figura más denigrada de la familia surge con ma-
yores posibilidades de contención y discriminación.

Lo interesante es que lo producido en conjunto siempre causa asombro. Es un


momento de pequeños o importantes descubrimientos, que luego suscita refle-
xiones. A veces son dolorosas y otras promueven reencuentros.

Desde nuestro lugar, es el momento de formular hipótesis acerca del funcio-


namiento
CLÍNICA FORENSEvincular,
privilegiando la evaluación de determinados parámetros: 67
EN FAMILIAS

• El estado de preservación de la parentalidad y su diferenciación de la conyuga-


lidad.

• Cualidad diferencial en los vínculos materno-filial y paterno-filial, en cuanto a


capacidad de contención y discriminación.
V

• Lugar que ocupan los hijos en el conflicto conyugal e inscripción en los mismos
de la problemática familiar.

Pasos del proceso de evaluación e intervención familiar


A) Propuestas de producción individual y vincular
Especificaremos ahora, en relación al proceso de evaluación e intervención fa-
miliar, la propuesta que introducimos en cada paso, así como el objetivo y significación
de las mismas.

Las familias, como expresáramos en el Capítulo I, acuden al encuentro con no-


sotras sin que exista demanda por parte de ellas de nuestra intervención. El pri-
mer contacto se torna así fundamental para crear lo que llamáramos sentimiento de
pertenencia y apropiación del proceso que iniciaremos, que desplacen las vivencias de
ajenidad e imposición inherentes a su tránsito por la institución judicial.

Dado que la ex pareja conyugal está en proceso de separación, enfrentados


hostilmente en la contienda judicial, realizamos entrevistas individuales con cada
uno. En las mismas nos interesa dar una cuidadosa información del objetivo, ca-
racterísticas y pasos del proceso a transitar juntos, de nuestra función y de su
culminación en una producción escrita (Informe Pericial) dirigida al Juez.

También nos interesa conocer la versión de cada uno acerca del conflicto ac-
tual, de su historia, así como las expectativas depositadas en la intervención del
Equipo Jurídico, en relación a posibles cambios en la situación familiar.

Como ya lo expresáramos, en el transcurso de las primeras entrevistas, solici-


tamos a cada progenitor la confección del Plano de la Casa (actual y última conyu-
gal) y del Árbol Genealógico de las familias paterna y materna y de la familia actual.

La representación del espacio habitacional -Plano de la Casa- nos permite acce-


der a significaciones ligadas a los lugares que ocupa cada uno, la distancia entre
los vínculos, el encierro o la apertura al espacio extrafamiliar, la relación-distancia
con las familias de origen, la confusión o hiperdiscriminación de los espacios in-
dividuales y de cada vínculo de la estructura familiar, la presencia o ausencia de
zonas compartidas y la cualidad del lazo emocional respecto de los espacios del
antes y después de la separación.

El análisis del Árbol Genealógico, tanto en su diagramación espacial, como en


cuanto a la omisión-inclusión de los nombres propios y al relato que en torno a él
se despliega, nos brinda datos relevantes acerca de la historia familiar, del lugar
de cada uno en la cadena transgeneracional, así como de la ubicación de la familia
actual.

La implementación de la misma producción con ambos ex cónyuges, nos per-


mite realizar un análisis comparativo de lo realizado por cada uno, respecto al
espacio que fuera compartido (ex casa conyugal), al espacio nuevo que habitan
por separado, así como la particular manera en que cada cual ubica gráficamente
en el Árbol Genealógico, las familias de origen y la familia actual. Nos interesa
respecto a ésta, qué registro podemos evaluar del cambio en la configuración fa-
68 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
miliar luego del proceso de divorcio.

En la entrevista individual con los niños utilizamos la Tríada del Test de la Fami-
lia: Familia Imaginaria (“Dibuja una familia”), Familia Actual (“Dibuja tu familia”) y
Familia Prospectiva (“Dibuja tu familia dentro de X años”).

A continuación de la producción gráfica, realizamos las siguientes preguntas


en todas o en alguna de las familias dibujadas, según cada caso singular:

• Dónde están?
•• Qué están haciendo?
• Quién le parece la persona más feliz?
• Quién la menos feliz?
• Quién la persona más buena?
•• Quién la menos buena?
• De no ser él, quién elegiría ser de esa familia.

El análisis de estas producciones nos da acceso a la complejidad del “trabajo


psíquico” que ese niño en particular está transitando, a la singular representación
de sí, de su lugar en la familia y del lugar que los otros ocupan para él, a su re-
presentación sobre la familia deseada y la que cree tener, así como su posibilidad
de reconocimiento del duelo por lo perdido y la disponibilidad para registrar
nuevas formas de organización de su familia en el futuro, que incluyan y reco-
nozcan la separación.

En un segundo tiempo, en el transcurso de las entrevistas conjuntas, in-


corporamos los dispositivos de abordaje vincular que hemos diseñado. Se-
leccionamos su utilización, de acuerdo a las características de cada caso.

En todas las producciones vinculares esperamos la libre ubicación del grupo


alrededor de una mesa, manteniendo nosotras lugares fijos. Registramos las ac-
ciones y verbalizaciones de cada uno y los intercambios grupales que se produ-
cen.

Dibujo Conjunto Familiar

Como dijimos, ofrecemos a cada subgrupo una cartulina y fibras de colores. En


la primera parte, les hacemos la siguiente propuesta: “En esta cartulina hagan entre
todos un dibujo. Elija cada uno un color que va a usar hasta que terminen el dibujo, sin cam-
biarlo”. El objetivo del color único para cada integrante, es que se nos facilite la
tarea de identificar el recorrido de cada uno en el dibujo.

Nos interesa investigar:

• La posibilidad del grupo de realizar una tarea conjunta y cómo la organizan.


• La posibilidad que tiene cada uno de aceptar el color elegido en contraposición
a desear el color que eligió otro, como modo de expresar un conflicto con su
lugar en la familia.
• El nivel organizativo y grado de complejidad de la producción gráfica y su
contenido.
• El “espacio” dibujado por cada uno así como la posibilidad de que los colores
de cada integrante se interpenetren.

Finalizada la producción gráfica, solicitamos al grupo: “Relaten entre todos lo que


dibujaron”.

En esta producción verbal final, tenemos en cuenta lo que cada uno dice y la
posibilidad de que el relato resulte de un intercambio entre todos. Privilegiamos
la observación del grado y cualidad de la participación de cada integrante en la
construcción conjunta, así como la coherencia y nivel de complejidad de lo rela-
tado.

Es importante comparar la complejidad de la producción gráfica y la verbal,


Canalizando
LÍNICA FORENSE EN coincidencias
y discrepancias que nos permitirán evaluar su signifi-
FAMILIAS 69
cación en esa familia.

Dibujo del Personaje en la Familia

Esta técnica consta de dos momentos: 1o) gráfico y de ejecución individual y 2o)
verbal y de participación conjunta.

En la primera parte, ofrecemos a cada integrante, hoja y lápices, enunciando la


siguiente propuesta: “Dibuje cada uno en su hoja, una persona o personaje y pónganle
un nombre. Piensen que luego armarán un diálogo entre sí, como si cada uno fuera esa
persona o personaje que dibujó, fijando un lugar de encuentro. Realícenlo sin mirar lo
que dibujan los otros”.
En la segunda parte, finalizado el dibujo, se les reitera: “Ahora imagínense que se
encuentran en algún lugar. Acuerden entre Uds. dónde. Preséntense brevemente cada uno,
diciendo cómo se llama y qué edad tiene e inicien una conversación entre Uds.”
Privilegiamos la observación del tipo de elección de la persona o personaje
(real-imaginario, humano-animal, familiar-extrafamiliar, vivo-muerto). Si surgen
elecciones superpuestas o no, así como el impacto que produce en cada uno la
elección del personaje realizado por los otros.

En relación a la producción verbal, evaluamos la posibilidad de cada uno de


“jugar” a ser el personaje dibujado y las posibilidades o no de construir estrate-
gias para armonizar en una misma historia la diversidad y heterogeneidad de lo
producido.
El hablar desde un personaje les permite un despliegue más abierto y fa-
cilitador de la emergencia de aspectos identificatorios reprimidos o sentimientos
inhibidos. Dando cuenta la producción verbal conjunta, del lugar de cada uno en
la familia y su posicionamiento ante el conflicto.

Hora de Juego Conjunta Familiar

Este recurso, lo instrumentamos en familias con niños pequeños.

Les ofrecemos la Caja de Juego, habitualmente utilizada en la evaluación psico-


lógica con niños, proponiéndoles: “Armen entre todos un juego”. Nuestra observación
se centra en la posibilidad del grupo de armar un juego conjunto y en la modali-
dad de organización del mismo. A su vez evaluamos el nivel simbólico de la pro-
ducción lúdica, la estructuración y sostén de una secuencia, así como las posibili-
dades de construcción de un relato conjunto Acerca de lo realizado.

Finalizadas las producciones vinculares, evaluamos las particularidades de ca-


da una, así como las semejanzas y diferencias que se ponen de manifiesto, entre la
configuración vincular madre-hijos y la padre-hijos.

B)Categorización de la producción en base a indicado-


res
Teniendo en cuenta que en el abordaje de estas familias podemos utilizar uno,
más de uno o todos los dispositivos de producción vincular descriptos, hemos
categorizado en su evaluación, indicadores generales de todas las producciones, así
como específicos de cada una de ellas.

Hacemos referencia por indicador, a aquellos observables que recortamos del


registro gráfico así como del verbal, por considerarlos pertinentes para dar cuenta
del funcionamiento familiar y su sentido inconsciente.

70
De las producciones vinculares analizamos: la modalidad, estilo y cualidad de
HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
su presentación en cada subgrupo, evaluando en cada uno de los indicadores dis-
tintas variables y categorías, así como las especiales combinatorias que se crean
teniendo en cuenta lo que ha predominado en el transcurso de la producción. El
criterio de predominio, supone que lo que marcamos como categoría en relación a
determinado funcionamiento familiar, no implica que no surjan en algún momen-
to otros aspectos diferentes a los señalados. Indica que la producción ha estado
fundamentalmente orientada en un determinado sentido.

El siguiente modelo de categorización de los indicadores, ha sido producto de


la sistematización de nuestra casuística. No lo planteamos como un modelo ce-
rrado, sino abierto a posibles modificaciones y/o a la construcción de nuevas
categorías que puedan surgir como necesarias, al abordar las complejidades es-
pecíficas de cada producción familiar. Hasta el momento, nos ha resultado un
instrumento ordenador, como paso previo a la interpretación global de las pro-
blemáticas vinculares analizadas.

1. Indicadores generales del funcionamiento vincular

1.1 Modalidad del funcionamiento grupal


a) Planeamiento • presente
• ausente

b) Tarea conjunta • concreción


• fracaso

c) Figura organizadora • presencia


• ausencia

d) identidad del liderazgo • progenitor


• hijo

e) Cualidad del liderazgo • democrático


• autoritario
• prescindente

f) Modo de participación • inclusiva de todos los integrantes


• con exclusiones: - parciales
- totales

g) Tipo de intervenciones

• Modo • a predominio de preguntas


• a predominio de respuestas
• combinado
• Direccionalidad • circunscripta a algunos
• radial
• circulante en el conjunto

• Contenido • cooperativo - facilitador


• individualista - inhibidor
• crítico
• intrusivo
• elusivo

h) Ubicación espacial
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
• espontánea 71

• dirigida
• aceptada
• rechazada

1.2 Estilo vincular predominante


• cálido, distendido, ameno.
• exaltado, de alegría forzada.
• tenso, silencioso,
a) Clima afectivo con intercambio verbal acotado.

• distante, apático, frío.


• angustioso, triste,
con irrupciones de llanto.

b) Ejercicio de las funciones parenta- • combinado


les

• abarcativa
• Contención • desapego
• restringida: - plasticidad
- rigidez

• abarcativa
• Discriminación-orden • restringida: - plasticidad
- rigidez

• abarcativa
• Indiscriminación • restringida

c) Modalidad de expresión de los hi- • espontánea


jos • creativa
• coartada - inhibida
• agresiva - hostil
• agresiva - violenta
• independiente
• dependiente
• desorganizada

d) Lugar del progenitor ausente • incluido: - preservado

- atacado
• no incluido
1.3 Expresión simbólica de las funciones e identificaciones (en la
elección de personajes; dibujos o juegos)

• Personas o personajes • presencia: - escasa


- numerosa

• ausencia
72 • Diferenciación sexual • acorde al propio sexo HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

• de sexo contrario
• con distorsiones

• Diferenciación generacional • acorde a la propia edad


• de otra generación

• Identidad de los personajes • de la vida real


• ficcional o imaginario
• vivo
• muerto
• humano
• animal

• Tipo de personajes • activo, con proyectos


• pasivo, estático
• conflictivo: - explícito
- implícito

• satisfecho
2. Indicadores específicos del funcionamiento vincular

2.1 Dibujo Conjunto Familiar

a) Producción gráfica

• Cualidad del dibujo conjunto - Sim-


ple • uso individual del espacio
• realización de dibujos elementales (dibujos es-
quemáticos, escasos elementos dibujados por cada uno)
( U N ICA F OREN SE UN F AMILIAS
• predominio de elementos no reconocibles (líneas, 73
puntos, etc.)
• ausencia de interpenetración de los colores

- Compleja • uso conjunto del espacio


• realización de dibujos elaborados (dibujos diferencia-
dos, diversidad de elementos dibujados por cada uno)
• predominio de elementos reconocibles (personas,
animales, objetos)
• presencia de interpenetración de los colores

• conjunto
• Uso del espacio
• sectorizado
• equivalente
• monopólico

• Relación de los colores • interpenetración: - aceptada


- espontánea
- acordada
- intrusiva
- competitiva
• aislamiento

• Autores de elementos • principales


• accesorios

b) Producción verbal:  descriptiva


• Simple  forzada
 diálogo formal
 participación desigual
 incoherencia en el relato o no construcción de
un relato conjunto
 dificultad de sostener el nivel lúdico

 espontánea
• Compleja  participación activa de todos
 construcción de un relato conjunto coherente
 contenido de los relatos imaginados:
-logros
-conflictos
-anhelos
 desenlace de los relatos imaginados:
-posible
-ilusorio
-acordado
-no acordado
 posibilidad de sostener el nivel lúdico
-amplia
-variable
-restringida
2.2 Dibujo del Personaje en la Familia
a) Producción gráfica

• Simple • realización de dibujos elementales


74
• personas o personajes H ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
esquemáticos
• personas o personajes incompletos
• ausencia de rasgos faciales
• sin ciara diferenciación sexual y/o generacional
• personas o personajes con posibilidades restringidas
de intercambio
(muertos, inanimados, mudos)

• Compleja • realización de dibujos elaborados


• personas o personajes no esquemáticos
• personas o personajes completos
• presencia de rasgos faciales
• personas o personajes con posibilidades amplias de
intercambio

b) Producción verbal • descriptiva


• Simple
• forzada
• diálogo formal
• participación desigual
• escasa coherencia del relato con el personaje
• incoherencia en el relato o no construcción de un re-
lato conjunto
• dificultad de acordar lugar de encuentro y desenlace
• dificultad de sostener el nivel lúdico

• espontánea
• participación activa de todos
• Compleja • coherencia del relato con el personaje
• construcción de un relato conjunto coherente
• contenido de los relatos imaginados:
- logros
- conflictos
- anhelos
• posibilidad de acordar lugar de encuentro y desenlace
• desenlace de los relatos imaginados:
- posible
- ilusorio
- acordado
- no acordado
• posibilidad de sostener el nivel lúdico:
- amplia
- variable
- restringida
102
2.3. Hora de Juego Conjunta Familiar

En su evaluación seguimos los indicadores generales formulados para to-


dos los dispositivos. Analizamos en especial:

Producción lúdica • uso limitado de los materiales


• Simple
• escasa o desigual participación lúdica del conjunto
• dificultades para configurar un juego de nivel simbólico
• uso instrumental de los materiales con construcciones
( U N ICA F OREN SE UN F AMILIAS lúdicas fragmentarias 75
• dificultad de organizar un relato verbal

• Compleja • uso amplio de los materiales


• activa participación lúdica del conjunto
• nivel simbólico de juego y posibilidad de transmisión
de un relato verbal

Sintetizando la instrumentación de los indicadores, hemos recortado:

1. Tres Indicadores Generales:


1.1. Modalidad del funcionamiento grupal
1.2. Estilo vincular predominante
1.3. Expresión simbólica de las funciones e identificaciones
2. Tres Indicadores Específicos:
2.1. Producción gráfica
2.2. Producción verbal
2.3. Producción lúdica
En referencia a categorías: -Simple
• Compleja
C) Consideraciones sobre el análisis e interpretación de los
indicadores

Las producciones vinculares realizadas por los integrantes de las fami-


lias, brindan un material gráfico y un material verbal, amplio y complejo.
 Por lo tanto, para el análisis e interpretación de los indicado-

res, a fin de inferir el significado de la producción vincular, se


requiere un registro minucioso de todo lo producido, a fin de re-
ducir los efectos distorsivos de la subjetividad de quien reali-
za la interpretación.
 • Como expresáramos en un comienzo respecto de la me-
todología elegida, el análisis e interpretación de los datos
tendrá un carácter eminentemente cualitativo. Hecho el análisis
de los indicadores, apuntamos en la evaluación final a ponde-
rar el grado de complejidad de la producción (categorías que
van de lo simple a lo complejo).
Por ejemplo: una familia puede haber tenido un desempeño
de poca complejidad a nivel gráfico, expresado en dibujos
pobres en elementos, pero mejorar su producción en los in-
tercambios verbales, surgiendo así posibilidades creativas
que no se expresaron en un inicio.
Es menos frecuente que ocurra lo contrario. Si desde el comienzo
logran una producción gráfica compleja, sin muchos esfuerzos el
grupo tiende a componer un rico relato sobre lo realizado.
No obstante, en algunas familias, durante la producción gráfica,
menos conscientes de lo que cada uno está proyectando en el di-
bujo, construyen con espontaneidad una rica escena desde el
lenguaje no verbal. Al verbalizar cada uno sus interpretaciones
sobre lo realizado descubren desacuerdos, lo que puede enfren-
tar al grupo con un conflicto. En determinadas familias esto pue-
de abrir a la reflexión y a un aumento de la complejidad del fun-
cionamiento. En otras, el enfrentamiento con lo diferente y des-
conocido, puede empobrecer la producción final.
76 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
• Incluimos a su vez dos vertientes: a) una sincrónica que incluye el análisis de
las producciones gráfica y verbal conjunta, especificándose diferencias de
complejidad entre cada una y b) otra vertiente diacrónica, tendrá en cuenta
posibles secuencias temporales.

• En algunos indicadores es necesario realizar una evaluación de la dinámica


del grupo en distintos momentos de la producción. En esta ponderación a
través del tiempo vamos registrando paralelamente tanto los cambios de
actitudes entre los miembros de la familia, como las variaciones del vínculo
transferencial.

• Consideramos importante registrar las apreciaciones que ellos mismos ha-


cen al final sobre el trabajo realizado y lo que el recorrido por esta ex-
periencia compartida les ha aportado.
• Refiriéndonos al Dibujo del Personaje en la Familia, si bien tenemos en cuenta
aspectos específicos de los personajes en cuanto a edad, ubicación en la ho-
ja, expresión, tamaño, etc., no nos centramos en su análisis a la manera de
los tests de figura humana realizados en el contexto individual. Privi-
legiamos el análisis de las posibilidades de cada personaje de relacionarse
con los otros y producir un relato de cierta complejidad. Por ejemplo, se ve
coartado u obstaculizado el diálogo, si en una familia dos miembros di-
bujan el mismo personaje (la madre a sí misma y el hijo a la madre); si al-
guno o varios dibujan un personaje muerto o un ser inanimado; si se di-
bujan a ellos mismos o a un personaje de características abstractas.

• Otra característica de nuestro trabajo interpretativo es el de evitar realizar


análisis aislados. Cada indicador debe ser correlacionado con los otros.
Nunca uno en sí mismo, sino en conjunto y en secuencia, incluido el mate-
rial de las entrevistas, el conflicto actual y la historia familiar. Dicha meto-
dología evita, o al menos disminuye, la posibilidad de asignar significacio-
nes prematuras a determinadas expresiones de un miembro de la familia
que en el transcurso de la producción conjunta cambian de signo o relativi-
zan el mismo.
Por ejemplo, un padre puede tomar la iniciativa de comenzar el Dibujo Con-
junto y enunciar el tema, acompañar esta actitud con comentarios y estímu-
los a sus hijos para dibujar, lo cual impresionaría como que es quien deten-
ta el liderazgo del grupo. Sin embargo, al finalizar dicho dibujo puede ob-
servarse que lo dibujado por él resulta secundario e irrelevante en la pro-
ducción conjunta, lo que impone la necesidad de relativizar su liderazgo o
bien, de discriminar diferentes tipos de liderazgos en la familia.
CAPÍTULO VII

Acerca de cuestiones éticas4

Nos vamos a ocupar en este capítulo, de aquellas cuestiones que hacen a la


ética en el campo forense, en especial referencia a la función del Perito Psicó-
logo.
Transmitiremos las encrucijadas éticas a las que un perito psicólogo puede en-
frentarse, como la posición ética, que a nuestro entender, debe sostener desde el
inicio de su función.
No desconocer la complejidad de estos ejes problemáticos, contribuye a
construir su lugar: en la institución, frente a la tarea y a las personas a las que
está convocado a conocer e investigar y acerca de las cuales debe producir un
dictamen psicológico.
Como definiéramos en el Capítulo I, el perito psicólogo, es aquel profe-
sional de la Psicología que es convocado o habilitado por un Magistrado o Juez
que entiende en una causa o expediente (es decir, que la dirige), a fin de recibir
su asesoramiento especializado, en el contexto de un juicio dentro del fuero
Penal, Laboral, Civil y Comercial y de Familia.
También hemos explicitado, que durante nuestros años de trabajo en el Po-
der Judicial (Asesoría Pericial de Tribunales de la Provincia de Buenos Aires),
si bien en los inicios nos desempeñamos en los diferentes fueros, poste-
riormente nos centramos muy especialmente en el ámbito civil, en juicios de fami-
lia (divorcios, tenencia, régimen de visitas).
Nos ocuparemos por lo tanto, de aspectos éticos con los que nos enfren-
tamos en las diferentes áreas de la práctica pericial, centrando la mirada en lo
relativo a la intervención con familias.
En primer lugar, quisiéramos referirnos a la posición ética que uno asume
como persona y como profesional. En alguna medida, esta posición se cons-
truye en una articulación entre libertad y sujeción (Puget, J., 1992). Incluir la
capacidad de optar, implica que cada uno de nosotros, elige y adopta valores e
ideas (en parte sabiéndolo, en parte desconociéndolo). A su vez encuentra y
construye modelos, algunos compartidos con el contexto en el cual está inserto
y otros universales, que se le imponen, que establecen lo prohibido y lo permi-
tido en relación a grandes cuestiones de la vida: respeto por la vida propia y
ajena; aceptación y respeto por las diferencias.
Consideramos esencial, la posibilidad de construir y preservar la capacidad
para reflexionar, cuestionar y volver a formular estas ideas y valores elegidos y
para asumir la responsabilidad personal de los actos.
La voluntad ética no es estática y debe ser formulada y transformada en di-
ferentes circunstancias de acuerdo al contexto. Pero además, activamente, cada
uno puede imprimir a su elección una modalidad que le es singular. Esta con-
dición, la de poder elegir y sin embargo, la obligatoriedad de reconocer y res-
petar que se pertenece a un conjunto, es la base de la construcción de nuestras
posiciones éticas, cambiantes en parte, como lo simbólico.
A partir de esta posición, surge nuestra ética profesional, consensuada y de
acuerdo a un código y en parte singular.
Como personas atravesadas por la ley fundamental de la cultura, por el
pacto fundante, por la comunidad de la renuncia pulsional, estamos obligados
(lo cumplamos o no) a poner un coto al goce total, mortífero, en el plano de la
sexualidad y también en el plano del poder.

4 Este capítulo es una actualización y ampliación de un trabajo anterior realizado por una de las autoras
(Delucca N., 1999).
La ley fundamental supone la renuncia a la endogamia, la prohibición de
destrucción del otro y la exhortación al intercambio. Y como profesionales, lo
exogamizante también nos alcanza. Si podemos acceder a salir del encierro,
podremos intercambiar y poner en cuestión nuestras ideas (no sólo dentro de
los “ghettos” en que muchas veces nos amparamos), sino también, abrimos
verdaderamente a la interdisciplina.
Apuntamos a mostrar con lo señalado, que en el campo forense esta aper-
tura es absolutamente necesaria. Porque hemos de poder construir nuestro
quehacer, en intersección con otros quehaceres: el del Juez fundamentalmente
y78 el de otros profesionales (asistentes sociales, médicos,HILDA
psiquiatras, abogados
ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
y otros pensadores).

Como psicólogos, ingresamos en la Institución Judicial con el bagaje de


nuestras propias posiciones éticas personales y profesionales.

El nuevo contexto, impone considerar problemáticas inéditas que exigen


una permanente reflexión crítica y una complejización de las posturas éticas.

Dentro de la especificidad del campo forense, consideramos necesario pun-


tualizar a continuación, las responsabilidades y cuestiones éticas que pensamos
se constituyen en “nudos” centrales de nuestro quehacer.

1, Nuestra primera responsabilidad ética como profesionales, nos impone


conocer el contexto institucional (sus fines, objetivos) y sus peculiares reglas de
funcionamiento, dentro de las cuales estará enmarcado el quehacer del perito
psicólogo.
Esto implica conocer, que el desempeño como psicólogos estará doblemente
marcado y enmarcado:

 Por los códigos del Derecho: Penal, Civil, Laboral y sus respectivos códigos
de Procedimiento.

 • Por el marco teórico de la disciplina psicológica (en el paradigma en el


que uno se ha formado y por el que ha optado) y los códigos de ética pro-
fesional y personal.

Por lo tanto, saber para qué estamos convocados.

Unos y otros enmarcamientos, no pueden entrar en contradicción al mo-


mento de realizar el dictamen pericial psicológico (que es el punto de llegada
de nuestra tarea).

Cuando decimos “conocer el contexto institucional y sus reglas de funcio-


namiento”, nos referimos a algo más que poseer una información de sus parti-
cularidades. Supone una clara conciencia y aceptación de las diferencias que
tendremos que afrontar, en el marco de una actitud de alerta crítica.

Entendemos por alerta crítica, a una actitud reflexiva de nuestra parte sobre
la función que cumplimos en la institución, que nos ponga a resguardo tanto
de una confrontación estéril como de la sumisión. Lo estamos planteando es-
trictamente en el nivel de nuestro desempeño profesional. No hacemos refe-
rencia en estas conceptualizaciones, a conflictos a nivel interpersonal que como
en toda institución o grupo humano se podría plantear.

Confrontación estéril, sería oponernos en forma manifiesta a aceptar las re-


glas y códigos con que se maneja la institución, o de manera más sutil, trans-
gredirlas solapadamente no cumpliendo la función para la que se nos convoca.

Una actitud de sumisión, implicaría aceptar acríticamente y sin las explica-


ciones que será necesario realizar, cualquier demanda que entre en contradic-
ción con nuestros códigos de ética profesional y personal.

2. La institución nos demanda el aporte de un conocimiento especializado,


lo que exige una permanente profundización, ampliación y actualización de esos saberes.
La aceptación y respeto por nuestra palabra, dependerán en gran parte de la
solvencia y fundamentos científicos en los que la apoyemos.

3. Conocer los obstáculos y la especificidad de los discursos. Como ya hemos seña-


lado en el Capítulo I, los paradigmas y discursos sobre el sujeto, los hechos, las
conductas,
C laFAMILIAS
LÍNICA FORENSE EN implicación del investigador sobre lo investigado, difieren am-79
pliamente y a veces son antagónicos, en el discurso jurídico y en el psicológico
con el que nos manejamos. Los códigos escritos, aún hoy, están atravesados en
gran medida por lo dogmático y por el paradigma positivista. Esto implica
suponer que la ley (de los códigos) posee: objetividad, neutralidad, universali-
dad e indiscutibilidad y a la respuesta del sujeto, tanto del destinatario de la
ley como del emisor, se la supone racional, conciente y medianamente aislada
de su contexto.
Nuestra concepción del sujeto implica:

• Considerar la subjetividad, como una construcción atravesada por la cultura,


el momento histórico-social, el grupo social de pertenencia y constituida en
los vínculos familiares y con los otros.
• Metabolizada por la propia interpretación o significación de lo vivido, sien-
do la dimensión inconsciente generadora de efectos singulares que lo cons-
tituyen como sujeto deseante.

Por lo tanto es un sujeto:

• Escindido (sujeto del inconsciente)


• Vinculado: a la estructura familiar y a la estructura social
• Multideterminado o sobredeterminado

En un artículo sobre el discurso jurídico, Daniel Varacalli (abogado y pe-


riodista, 1995), cita al respecto a Foucault, quien señala que el poder, sólo es
“...tolerable, con la condición de enmascarar una parte importante de sí mis-
mo. Su éxito está en proporción directa con lo que logra esconder de sus me-
canismos. Para el poder, el secreto no pertenece al orden del abuso: es indis-
pensable para su funcionamiento”. Y afirma Varacalli: “...la opacidad del dis-
curso jurídico es la condición de su eficacia”.

En tal sentido, es cierto también que las leyes y códigos que manejan quie-
nes deben administrar justicia, enuncian conceptos no tan claros ni tan certeros
y por lo tanto interpretables. De allí lo abultado de la bibliografía sobre juris-
prudencias. En consecuencia, siempre está presente la vertiente ideológica del
interpretante, como para que distintos jueces y profesionales del Derecho
acentúen o se enmarquen en diferentes y contradictorias posturas, unas con
otras.

Así mismo, hemos considerado que dentro del dogmatismo y positivismo


aún vigentes, un importante sector de juristas más cercanos a una “teoría críti-
ca” (Cap. I), dan entrada a concepciones de la Ley y el sujeto provenientes de
otras ciencias sociales, que abre a la aceptación de enfoques interdisciplinarios.
Esto es fundamental en el campo del Derecho de Familia.

Desde nosotros, nos ha permitido la construcción de un espacio de trabajo


interdisciplinario para poder producir conjuntamente nuevos conocimientos y
hacer más efectivas nuestras intervenciones y la del juez, a nivel de las familias.

Si bien los dos discursos pueden no tener una identidad conceptual, ten-
drán puntos de aproximación y de articulación, en el proceso de construcción
del fallo o dictamen jurídico (Degano, J., 1995). Cuando se logra la articulación
de las dos funciones (la de los peritos y la del juez como representante de la
110 autoridad), sin que ninguna pierda su especificidad, se hacen eficaces
intervenciones que probablemente en los casos que nos ocupa, desde una
u otra disciplina aislada se tornarían inoperantes.

Con las familias, el objetivo último es el mismo: lograr un cambio en


sus posicionamientos y en su organización.

En otros fueros, apuntamos con nuestro aporte de lo producido y el de otras


disciplinas, a ampliar la mirada del juzgador, intentando contribuir a un dic-
tamen
80 jurídico más justo. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

4. En esta posibilidad de articulación, juega un papel no menor que la trans-


misión al juez, sea clara y explícita. Que podamos traducir de manera comprensible
conceptos sobre procesos muy complejos. Sabemos que no siempre pueden ser
traducidos en toda su riqueza y que siempre en las “traducciones” algo se per-
derá.
Pero más se pierde para la escucha del juez si nos cerramos en una larga
fundamentación teórica con el uso de terminología que para nosotros puede
resultar obvia o sobreentendida y para el no-especialista en el tema, será estéril.

También podemos ser oscuros para suscitar fascinación en el destinatario,


haciendo uso del ejercicio de un poder sobre ciertos saberes o para desrres-
ponsabilizarnos a través de no brindar al juez conclusiones claras.

Como dice Umberto Eco (1977): “transmitir explicando”, seleccionando del


material obtenido, aquello que posea una coherencia interna, desde donde algo
adquiera sentido y fundamento (no amontonar información, sino seleccionar
coherentemente).

En nuestras conclusiones, aportamos no sólo lo psicológico propiamente di-


cho de tal persona o de tal grupo familiar. Las conclusiones psicológico-fo-
renses, deben aportar también la lectura que hacemos sobre el sentido del he-
cho motivo de la litis o del juicio. No desconocemos que en ocasiones;‟ nuestro
receptor podrá estar imposibilitado de escuchar algunas consideraciones por
muy claras que las formulemos.

5. Conocer la propia función y la de los demás. En su aporte al tema de la ética en


el campo forense, el Dr. Fernando Ramírez (Juez Tribunal Oral, Justicia Nacio-
nal, 1990, 1995), señalaba que el surgimiento de conflictos en el ámbito del
psicólogo forense, se debía a “una suerte de indeterminación inicial respecto
de su rol”, fuente de confusión para el o los magistrados o funcionarios que
nos dirigen sus demandas, como para nosotros mismos para interpretarlas
correctamente.
Es en este punto donde pensamos que es indispensable que actuemos des-
pejando y diferenciando lo que podemos, debemos o no debemos ni podemos
hacer.

Asumir una posición clara sobre los alcances y límites de nuestra interven-
ción psicológica, resguarda a su vez, de invadir las incumbencias de otros.

No pocas veces se corre el riesgo de confundirse con el lugar y función de


un abogado defensor o de un juez.

Por lo tanto, debemos dar contestación exclusivamente a lo que atañe a


nuestra profesión.

6. Ubicarse en una posición de neutralidad. En relación a una evaluación del


grupo familiar, por ejemplo, implica hacer una lectura contextualizada de los
puntos de pericia que se solicitan.
Ciertas demandas o pedidos explícitos, suelen ser algunos de los dilemas
ético-profesionales con que nos podemos enfrentar.

Desde una concepción de la trama vincular, un pedido (formulado por los


abogados de parte) excesivamente sesgado hacia lo personal-individual de
uno o del otro progenitor, puede hacernos caer en el error de no ver el contex-
to del conflicto que hay que develar.

¿Debemos contestar acríticamente? Pensamos que no. Es nuestra convic-


ción, sustento de nuestra postura como peritos, que una fundada contextua-
lización implica
CLÍNICA FORENSE incorporar desde nuestra mirada, aquello que desde el pedido
EN FAMILIAS 81

explícito queda silenciado o excluido. Evaluamos lo pertinente a cada caso,


desde el punto de vista psicológico.

Entendemos que la neutralidad, no significa descomprometerse, sino todo lo


contrario. Una acción de nuestra parte que no tenga en cuenta el contexto vin-
cular de donde proviene el conflicto, puede tornarse iatrogénica para el con-
junto y acentuar las disociaciones familiares. Devolver el conflicto a la trama
vincular, es lo que torna operativa la intervención (y no sólo el asesoramiento
al juez).

Esta postura, genera efectos no sólo en el equipo jurídico sino también en


las familias entrevistadas.

Decíamos en el Capítulo I, que nos ocupamos muy especialmente en el


primer contacto con el grupo familiar, de explicitar con claridad las caracte-
rísticas de nuestra intervención, a la manera de un establecimiento del en-
cuadre del dispositivo.

No obstante puede ocurrir, que si en el transcurso del trabajo pericial no se


producen corrimientos y modificaciones que el dispositivo suele favorecer,
algunas personas se sientan afectadas por las conclusiones de la pericia, que no
las confirmaría en su objetivo (consciente o inconsciente) de ubicar en el otro la
totalidad de la culpa del conflicto familiar.

En tal sentido es importante diferenciar, “no producir iatrogenia” de es-


tablecer alianzas con esciciones o desmentidas de nuestros entrevistados.

Por lo tanto, nuestro propósito es no contestar “pericias a medida”, ni so-


meterse al pedido de aplicación de una lista interminable de tests (Dragone, C.,
1994). La metodología de investigación ha de ser decidida en cada inter-
vención, de acuerdo a las características de los sujetos o del grupo familiar a
investigar (Capítulo V y VI).

7. El tiempo necesario para hacer una pericia. En el ámbito judicial, dentro de un


proceso litigioso o juicio, suele haber plazos perentorios. Es una variable a te-
ner en cuenta, para organizar los tiempos de la investigación y la elaboración
del informe.
Esta variable, manejada con criterio de realidad, no debe ir sin embargo en
desmedro de la seriedad, profundidad y criterio científico de nuestros aborda-
jes. Esto debe ser conocido tanto por los peritos, como por el juez y las partes
que demanden nuestra intervención.

La cuestión significa por un lado, que el perito siempre deberá dar alguna
respuesta a lo que se le solicita. Pero no siempre lo que pueda responder, abar-
cará la totalidad de lo demandado.

Por ejemplo: si un magistrado ordenara que se realice un pormenorizado


estudio de la personalidad sobre alguien imputado de un homicidio, para co-
nocer la organización de su pensamiento, capacidad de comprensión y dina-
mismos profundos de su accionar y se nos diera solamente la posibilidad de
una entrevista, este objetivo no se podrá cumplir, científicamente hablando.

Si el magistrado contara dentro del proceso, con un límite mayor de tiempo,


una explicitación fundamentada de nuestros argumentos científico-me-
todológicos, le permitirán ampliarnos el plazo acordado. Si esto no fuera po-
sible, corresponde dar una semblanza aproximativa sobre aspectos descripti-
vos de la personalidad, lo que implica que nuestro informe no será una pericia
psicológica propiamente dicha y su aclaración, es de nuestra responsabilidad
profesional y ética.
82 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Que en algunos expedientes -con el fundamento de que se respondió a una


demanda de urgencia- nos hayamos encontrado con informes de otros profe-
sionales que se presentan como “pericias” de una página y que fueron realiza-
das luego de una entrevista, nos lleva a remarcar especialmente este tópico.

Hemos tomado contacto con estas situaciones, cuando el mismo magistrado


decide enviar el caso a otro profesional, para que realice un nuevo y pormeno-
rizado estudio, porque el anterior no le fue de utilidad. Lo que confirma la
esterilidad de una respuesta desde un acatamiento acrítico de lo demandado.

En nuestra larga experiencia, siempre contamos con la buena disposición de


los jueces para ampliar los plazos, si nuestros fundamentos lo justificaban y
estaba dentro de sus posibilidades procesales. El diálogo interdisciplinario,
nuevamente surge como esencial.

8. El secreto profesional. La responsabilidad del profesional, es decir lo que se


tiene que decir de acuerdo al conflicto que se pretende resolver o al hecho pun-
tual que está en cuestión y no decir aquello que no es necesario ni pertinente,
aunque surja en una entrevista.
Si bien los entrevistados son informados de las características del estudio
pericial y del informe escrito que se elevará, a lo largo de las entrevistas se
sienten en un clima de confianza y confidencialidad, que puede hacerles verba-
lizar o poner de manifiesto aspectos personales desventajosos o dolorosos y no
siempre tienen la lucidez o la energía para pedirnos que no figure en el infor-
me.

Por ejemplo: al interior de una evaluación tendiente a establecer el régimen


de visitas padre-hijos más adecuado, la madre de los niños relata en una entre-
vista que está alejada de su progenitor desde la adolescencia, a raíz de sus
reiteradas infidelidades matrimoniales exhibidas sin recato.

Podría ser de utilidad la sola mención del alejamiento, pero agregaría se-
guramente un elemento innecesariamente irritativo, que nos detuviéramos a
pormenorizar por escrito estos avatares de su historia pasada.

En otras circunstancias, si ese hecho del pasado fuera evaluado por noso-
tras, como un elemento que está incidiendo en la actitud hostil, desconfiada y
sin bases reales sobre el ex cónyuge, obstaculizando la libre circulación de los
hijos, tendrá que ser explicitado aunque sea doloroso.

Otro aspecto más delicado y polémico, referido al Fuero Penal, lo constituye


la eventual revelación por parte del entrevistado, de la autoría de un hecho
delictivo que no fue admitido en la indagatoria judicial.

En el mismo artículo citado, el Dr. Ramírez señala: “... resultaría perverso


que un juez procurara obtener información (sobre un delito no confesado en el
ámbito judicial) instrumentando para ello a un psicólogo...” (...) “....y esta in-
formación, por otra parte, no sería válida.”

Pero somos nosotros mismos los que tenemos que tener en claro que el va-
lor de la palabra en el contexto de una entrevista psicológica, no es el mismo
que el que tiene en una declaración ante el juez. Es sólo ante su investidura y
con las debidas garantías procesales, que la palabra de alguien puede adquirir
el valor de una “confesión de culpabilidad”.

Lo que en el transcurso del estudio pericial (que por otra parte, nadie está
obligado a hacer) un sujeto enuncia, formará parte para nosotros, de un discur-
so que esclarezca su estructura de personalidad y la capacidad de subjetivar y
de hacerse responsable de sus actos.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 83

Es el contexto pericial y el pertinente criterio profesional y científico el que


permitirá articular “confidencialidad” con la función de “mostrar fun-
damentando”.

El secreto profesional no puede ser absoluto y nadie debería esperar esta ac-
titud, si se explícita claramente el encuadre psicológico-forense.

Tanto en este punto como en los otros enunciados en este capítulo, a los
psicólogos nos alcanzan “las generales de la ley”. También somos interpre-
tantes de lo que se nos demanda y como señalamos en el principio, construi-
mos nuestra ética profesional no sólo desde el consenso, sino desde la singu-
laridad, incluida nuestra ideología.

Las dificultades de articulación, no sólo surgen entre discurso jurídico y


psicológico, sino entre los mismos psicólogos forenses. Hemos asistido y co-
nocido, lamentables difusiones a los medios de comunicación, de ciertos con-
tenidos de una pericia, con nombres y apellidos. Esta actitud, a nuestro juicio,
no puede sostenerse desde ninguna supuesta obligación del profesional de dar
a conocer el producto de su investigación. Es el propio Código de Procedi-
miento Penal, el que nos excusa de tales revelaciones:

Art. 82 : “los médicos, parteras, farmacéuticos y demás personas que pro-


fesan cualquier rama del arte de curar, denunciarán dentro de veinticuatro ho-
ras, los envenenamientos y otros graves atentados personales, cualesquiera
que sean, en los que hayan prestado servicios de su profesión. Se exceptúa la
obligación impuesta por este artículo, el caso en que las personas mencionadas, hubie-
ran tenido conocimiento del delito por revelaciones que les fuesen hechas bajo expreso o
tácito secreto profesional” (la cursiva es nuestra).

Por último: dejamos abierta la profundización o ampliación de las proble-


máticas éticas de nuestro campo, a nuevas producciones tanto propias como de
otros colegas, teniendo en cuenta que con nuestro quehacer, podemos tener
éxitos y fracasos, aciertos y errores. Nos enriquecerá poder aprender de ellos,
reflexionando con otros.

PARTE II
Historiales Clínico-Forenses
Introducción

En esta segunda parte del libro nos ocuparemos de analizar el funcionamiento


y las producciones vinculares de familias diversas, que enfrentan algún momen-
to del proceso de divorcio y en las que, desde la justicia, se ha solicitado nuestra
intervención. Si bien hemos tomado indicadores de las producciones individua-
les como aporte a la construcción de las hipótesis interpretativas finales, en tanto
corroboran o consolidan lo aportado por las producciones vinculares, transmiti-
remos sólo este material conjunto y su evaluación. La metodología elegida obe-
dece a varios motivos:

a) Que nuestra idea central en este libro ha sido priorizar la lectura de lo vin-
cular.
b) Que deseamos presentar problemáticas familiares en sus diversidades, lo
que torna necesario acotar la transmisión de los materiales obtenidos.
c) Que queremos mostrar en los historiales seleccionados, las particularidades
de cada familia y de cada intervención, así como la aplicación de las técnicas
de producción vincular que hemos elaborado.
La vastedad del material con que contamos, nos obliga a realizar una se-
lección de los mismos. Selección que nos enfrenta con interrogantes acerca de los
criterios con que la realizamos.
Recorriendo nuestra casuística se nos fue armando la idea de que la selección
de las familias podía ser realizada desde el punto de vista de la operatoria vincular
predominante que, a consecuencia del divorcio, se producía en cada grupo fami-
liar.
De tal modo ordenaremos los historiales bajo las siguientes denominaciones
que compondrán los capítulos de esta segunda parte del libro:

• Capítulo VIII: Cuando un hijo cuestiona el orden familiar establecido.


• Capítulo IX: Cuando queda cuestionado el lugar de la madre.
• Capítulo X: Cuando queda cuestionado el lugar del padre.
• Capítulo XI: Cuando se divide el grupo fraterno.
• Capítulo XII: Cuando se produce la exclusión legal de uno de los padres.
• Capítulo XIII: Cuando en nombre de los hijos, se cuestiona una organización
familiar.
• Capítulo XIV: Cuando predomina la violencia en los vínculos.
• Capítulo XV: Cuando nos interroga una organización familiar peculiar.
Cada capítulo, se organizará de acuerdo al siguiente modelo:
a) Presentación
b) Singularidades de la demanda institucional
c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia
d) Producciones vinculares
e) Evaluación de las producciones vinculares en base a Indicadores
- clasificación
- interpretación
f) Interrogantes e hipótesis interpretativas
g) Reflexiones acerca de nuestra Intervención Pericial Psicológica
Así mismo, daremos a cada familia un nombre figurado, tomando como de-
nominación lo que ha resonado en nosotras como significativo en el transcurso
de las producciones vinculares, desde vina frase o personaje elegido.

CAPÍTULO VIII
Cuando un hijo cuestiona el orden familiar estableci-
do

Introducción
En este capítulo relataremos los avatares de un grupo familiar, en el que, a
través de diferentes síntomas o actos de uno de los hijos con posterioridad a la
separación de la pareja conyugal, el orden instituido al interior del funciona-
miento familiar, queda cuestionado y obliga a los adultos a la reflexión, a revi-
sar conflictos eludidos, a enfrentar el dolor de duelos no tramitados, así como a
acudir a la Justicia a convalidar y acordar los cambios que vía el hijo se recla-
118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
man.
Esta revisión siempre implica un cierto grado de sufrimiento para los in-
tegrantes de la familia. Sin embargo, es la vía que se abre como posibilidad para
que este grupo familiar, encuentre nuevas formas de vincularse y ampliar el
circuito de sus intercambios.
Familia “Mr. Rock”
a) Presentación
Organigrama familiar
Sonia, 45 años Martín, 45 años —
Empleada Comerciante

Gustavo, 13 años María, 11 años Antonia, 8 años


1o año 6° grado 4° grado
La familia está integrada por el padre, Martín de 45 años, la madre, Sonia de
45 años y tres hijos: Gustavo de 13 años, María de 11 años y Antonia de 8 años,
los que vivían con la madre desde la separación de la pareja, concretada hace 8
años atrás. El padre, quien a partir de la separación se quedó a vivir en lo que
fuera el hogar conyugal, no los visitaba con regularidad. Siendo mayores los
hijos, lo visitan esporádicamente Gustavo y Antonia. María lo ve muy pocas ve-
ces.
Poco antes de solicitar nuestra intervención, Gustavo, el hijo varón, reitera ac-
titudes violentas hacia la madre y hermanas, que la madre no logra controlar. Se
apropia de un dinero que a través de él era enviado por el padre a la madre, a
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121
raíz de que ésta había sido asaltada y lo gasta en jueguitos. Ambos padres signi-
fican como “robo” esta actitud de Gustavo.
Esta acción del hijo, novedosa e imprevista para todos, parece ejercer un efec-
to de intensa movilización en la pareja parental. En efecto, ésta, que no mantenía
ningún diálogo desde la separación, ante el impacto de la conducta del hijo, se
reúne a pedido de la madre, dialoga y resuelve una modificación de la conviven-
cia: Gustavo pasa a vivir con el padre e inicialmente no va a la casa materna. La
madre y hermanas lo visitan en lo del padre.
Modificación que implica un mayor protagonismo de la figura paterna, la
creación de ciertos acuerdos en la pareja parental y la interrupción de la con-
vivencia de los hermanos entre sí y del hijo varón con la madre.
Gustavo había iniciado tres meses antes tratamiento psicoterapéutico con la
misma profesional que lo había atendido alrededor de sus cuatro años.
b) Singularidades de la demanda institucional
La familia luego de resolver por sí misma el cambio en la convivencia, decide
acudir al Juzgado en el que la pareja tramitó su divorcio, a informar las modifi-
caciones en la tenencia y el régimen de visitas de los hijos. A la vez, solicitan ase-
soramiento acerca de si las decisiones que tomaron son beneficiosas o no para la
familia, en especial para el hijo. El Juez requiere nuestro asesoramiento a fin de
resolver si la reorganización que ha realizado la familia en forma espontánea,
ante la conducta violenta del hijo, es conveniente o no para los menores, ya que
supone separar a los hermanos y que el hijo varón esté a cargo del padre con el
que no existe una relación estable y estrecha. Estos cambios le suscitan dudas e
interrogantes, por lo que solicita nuestra intervención para la realización de un
Estudio Pericial del Grupo Familiar.
c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia
Martín y Sonia están separados desde hace ocho años.
Dice Sonia: “él nunca aceptó el divorcio, no tolera la separación, ni mi casa co-
mo alquilada... a los chicos les dice que la casa de la familia es donde él vive”.
“El Juez trató de transformar el divorcio en mutuo acuerdo en una audiencia
y él no quiso... dice que la causal debe ser falta de cariño”. Al preguntarle sobre
sus sentimientos dice que ella se siente segura de no quererlo más... lo pensó
mucho y se lo ha dicho, pero él no lo acepta.
Dice Martín: “Esta es mi familia”... “No hay divorcio”...”La familia es ina-
movible... Es una decisión de Sonia, yo ni la echo ni la llamo. El domicilio de
Sonia y de los chicos es mi casa... A Sonia la adoro...
Yo creo que las relaciones son pasionales, tienen dos componentes: el amor y
el odio y no está escrito el fin de la historia... Tanto yo como ella no hemos con-
formado nuevas parejas”.
Sonia espera de la Intervención Pericial: “Que Martín acepte el divorcio y que
Gustavo pueda volver a vivir con nosotras, ...pero bajo determinadas condicio-
nes que no impliquen riesgos para ninguno”.
Martín espera de la Intervención Pericial: “Un grado de fortalecimiento familiar”.
Al preguntarle qué significa esta expectativa, dice: “Que se puedan ir recompo-
niendo un montón de cosas, no sé si todas...
Así como el odio es de ida y vuelta, el amor también”.
Martín y Sonia convivieron durante siete años. Se conocieron a los 29 años en
el “Club de Paracaidismo”. Ninguno había tenido parejas previas de relevancia.
Martín: “Me gustó de ella que era atractiva y misteriosa”. Sonia: “A mí me atrajo
él, tal vez por mi espíritu de aventura”.
Se casan luego de siete meses de noviazgo. Los primeros tiempos de casados
fueron satisfactorios para ambos. Luego, la relación se va resquebrajando con
diferentes vivencias para cada uno.
Sonia: “ Con el tiempo vi que lo que me atrajo de él era desconexión de la rea-
lidad”... “Que se manejaba presionando”...”Yo no recibí agresiones físicas, pero
sí presiones psicológicas.”...”Muy pegado a mí”. “Cuando nacieron los chicos, el
primero se murió a los cinco días, nació con una malformación congénita... al año
de casados”.. “Yo dejé de trabajar para atenderlos”. Quedó embarazada de Gus-
tavo a los seis meses de la muerte del primer hijo... “El se fue desinflando”...
“Quería poner una gran empresa”...”Yo le decía, tenés que empezar de abajo,
como peón y se enojaba, yo era la bruja de la película”...”Ya no teníamos para
comer, yo embarazada de Antonia, me fui a lo de mamá y él deprimido en la
118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
cama”...”Yo me sentía mal, el último año fue un calvario”...
“Ahí empecé un tratamiento psicológico... lo hice como cinco años”.
A poco de instalarse con sus hijos en casa de sus padres, la muerte inesperada
de su progenitor la enfrenta con una nueva pérdida, muy relevante, ya que éste
había asumido un papel protector en lo afectivo y económico.
Cuando se separaron, los hijos perdieron contacto con el padre. Al comenzar
Gustavo con problemas de conducta, la terapeuta de ella le dio el nombre de ima
terapeuta para el niño. Éste comenzó el tratamiento y la Psicóloga hizo entrevis-
tas con ella y las niñas. Indicó la necesidad de que vean al padre, pero iban muy
poco y él no venía a verlos... “Por eso ahora es un adelanto que quiera estar al
tanto de los hijos y lo que está pasando con ellos”.
Sonia mantiene actualmente buenas relaciones con su madre, con su única
hermana y la familia de ésta, los que le brindan apoyo económico y a veces la
ayudan en el cuidado de sus hijos.
Martín: Recuerda su relación de pareja como buena... “Charlábamos mucho...
luego yo caí en un pozo depresivo y ella me dejó”...”Yo en tratamiento psicológi-
co, a veces íbamos en pareja y luego yo solo”...”Se va en pleno puerperio de An-
tonia, en duelo porque se había muerto el padre”...”Cuando me comunica que
me deja, yo le digo que está bien, pero hagamos los papeles del divorcio. Fuimos
a un abogado, después Sonia no lo quiso seguir”...”Y se me queda con los chi-
cos” (nombra a los cuatro, incluyendo al pequeño muerto a los cinco días de na-
cer)...”Habré estado semanas en estado de depresión absoluta y luego me puse
bien- “...”No tenía defensas. Había perdido la voluntad”...”Al caérseme lo único
que tenía: la familia, me vine abajo. Inclusive, no creé nuevos afectos”.
“Ahora hemos podido hablar con Sonia otra vez, a raíz de Gustavo. Está
conmigo y para ver a la madre tiene que ser invitado por ella y yo darle au-
torización”... “Hemos organizado la vida: él se levanta temprano, se compra un
yoghurt. Yo salgo a trabajar. Almorzamos juntos” Gustavo se queda y él vuelve a
trabajar y cenan juntos. Para salir le tiene que pedir permiso. Va a la Psicóloga
solo y luego él tiene entrevista con ella. Si Gustavo no hace lo pactado, recibe
alguna penitencia. “Le he puesto límites claros”...”Así funciona once puntos”.
Con las chicas no se ve regularmente. “Antonia viene más, pero María no”.
Ayer las invitó al cine.
“Quisiera que se abra el paquete y ver qué pasa, si yo he cometido un error o
qué...”.
Su vida social, aparte del trabajo es muy acotada. Sus padres y sus dos her-
manas casadas viven en Mar del Plata y si bien se mantiene en contacto con ellos,
sólo se ven esporádicamente.
Lo que antecede es una síntesis, que incluye fragmentos de verbal ¡/aciones
de ambos padres durante las entrevistas individuales realizadas al comienzo de
la intervención.
Posteriormente entrevistamos a los hermanos en conjunto y por separado, es-
pacios en los que implementamos la tríada del Dibujo de la Familia Imaginaria,
Actual y Prospectiva (ver capítulo VI).
Sobre el final, armamos las entrevistas vinculares madre-hijos y padre-hi- jos,
en las que solicitamos la realización del Dibujo del Personaje en la Familia, cuyo
material transcribimos a continuación.
d) Producciones vinculares
• Entrevista conjunta madre-hijos:
“Dibujo del personaje en la familia”
Ubicación: María Antonia Gustavo Madre
Damos la consigna.
Madre: A mí me salieron mamarrachos.
Antonia: Habla sin cesar y sin que se le entienda.
María: Es Marisa.
- Una mujer de 21 años, que levanta faroles con el cuello.
- En un circo.
- Vive
CLÍNICA enENuna
FORENSE casa sola, no, con una amiga.
FAMILIAS 121
- El circo anda por todo el mundo...La casa está en La Plata.
- La amiga también trabaja por el circo.
Antonia: Hice a Pajarín... Es un pájaro, un pájaro con el pico chueco, mediano.
- Tiene 20 años, viejo no es, en la juventud.
- Vive con su familia.
- La madre como siempre, el padre como siempre y dos hermanas.
Gustavo: Pedro... lo que pasa que no me gusta.
Antonia: Es un boxeador.
Gustavo: No es un boxeador, es un jugador de... ¿Cómo se llama esto? ...de soft-
ball.
Tiene 18 años, vive con su familia... el padre, la madre y un hermano más
grande.
Madre: Mamá, una mamá.. .no, yo creo que dibujé pensando en mí como mamá.
En este momento.
45 años.
A poco de instalarse con sus hijos en casa de sus padres, la muerte inesperada
de su progenitor la enfrenta con una nueva pérdida, muy relevante, ya que éste
había asumido un papel protector en lo afectivo y económico.
Cuando se separaron, los hijos perdieron contacto con el padre. Al comenzar
Gustavo con problemas de conducta, la terapeuta de ella le dio el nombre de una
terapeuta para el niño. Éste comenzó el tratamiento y la Psicóloga hizo entrevis-
tas con ella y las niñas. Indicó la necesidad de que vean al padre, pero iban muy
poco y él no venía a verlos... “Por eso ahora es un adelanto que quiera estar al
tanto de los hijos y lo que está pasando con ellos”.
Sonia mantiene actualmente buenas relaciones con su madre, con su única
hermana y la familia de ésta, los que le brindan apoyo económico y a veces la
ayudan en el cuidado de sus hijos.
Martín: Recuerda su relación de pareja como buena... “Charlábamos mucho...
luego yo caí en un pozo depresivo y ella me dejó”...”Yo en tratamiento psicológi-
co, a veces íbamos en pareja y luego yo solo”...”Se va en pleno puerperio de An-
tonia, en duelo porque se había muerto el padre”...”Cuando me comunica que
me deja, yo le digo que está bien, pero hagamos los papeles del divorcio. Fuimos
a un abogado, después Sonia no lo quiso seguir”...”Y se me queda con los chi-
cos” (nombra a los cuatro, incluyendo al pequeño muerto a los cinco días de na-
cer)...”Habré estado semanas en estado de depresión absoluta y luego me puse
bien- “...”No tenía defensas. Había perdido la voluntad”...”Al caérseme lo único
que tenía: la familia, me vine abajo. Inclusive, no creé nuevos afectos”.
“Ahora hemos podido hablar con Sonia otra vez; a raíz de Gustavo. Está
conmigo y para ver a la madre tiene que ser invitado por ella y yo darle au-
torización”... “Hemos organizado la vida: él se levanta temprano, se compra un
yoghurt. Yo salgo a trabajar. Almorzamos juntos” Gustavo se queda y él vuelve a
trabajar y cenan juntos. Para salir le tiene que pedir permiso. Va a la Psicóloga
solo y luego él tiene entrevista con ella. Si Gustavo no hace lo pactado, recibe
alguna penitencia. “Le he puesto límites claros”...”Así funciona once puntos”.
Con las chicas no se ve regularmente. “Antonia viene más, pero María no”.
Ayer las invitó al cine.
“Quisiera que se abra el paquete y ver qué pasa, si yo he cometido un error o
qué...”.
Su vida social, aparte del trabajo es muy acotada. Sus padres y sus dos her-
manas casadas viven en Mar del Plata y si bien se mantiene en contacto con ellos,
sólo se ven esporádicamente.
Lo que antecede es una síntesis, que incluye fragmentos de verbalizaciones de
ambos padres durante las entrevistas individuales realizadas al comienzo de la
intervención.
Posteriormente entrevistamos a los hermanos en conjunto y por separado, es-
pacios en los que implementamos la tríada del Dibujo de la Familia Imaginaria,
Actual y Prospectiva (ver capítulo VI).
Sobre el final, armamos las entrevistas vinculares madre-hijos y padre-hi- jos,
en las que solicitamos la realización del Dibujo del Personaje en la Familia, cuyo
material transcribimos a continuación.
d) Producciones vinculares
• Entrevista conjunta madre-hijos:
118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
“Dibujo del personaje en la familia”
Ubicación: María Antonia Gustavo Madre

Damos la consigna.
Madre: A mí me salieron mamarrachos.
Antonia: Habla sin cesar y sin que se le entienda.
María: Es Marisa.
- Una mujer de 21 años, que levanta faroles con el cuello.
- En un circo.
- Vive en una casa sola, no, con una amiga.
- El circo anda por todo el mundo...La casa está en La Plata.
- La amiga también trabaja por el circo.
Antonia: Hice a Pajarín... Es un pájaro, un pájaro con el pico chueco, mediano.
- Tiene 20 años, viejo no es, en la juventud.
- Vive con su familia.
- La madre como siempre, el padre como siempre y dos hermanas.
Gustavo: Pedro... lo que pasa que no me gusta.
Antonia: Es un boxeador.
Gustavo: No es un boxeador, es un jugador de... ¿Cómo se llama esto? ...de soft-
ball.
Tiene 18 años, vive con su familia... el padre, la madre y un hermano más
grande.
Madre: Mamá, una mamá.. .no, yo creo que dibujé pensando en mí como mamá.
En este momento.
45 años.
No me gustaría como es ahora... a mí me gustaría cumpliendo mi función
como madre lo mejor que pueda, con mis hijos pero no sola, tampoco con el
padre, con una pareja, con estos tres chicos. Me gustaría modificar mi situa-
ción que es muy dura. Vivir con ellos, pero sentirme acompañada, en el sen-
timiento de mujer... Porque acompañada por mis hijos estoy, aunque Gustavo
no está conmigo, está... yo sé que lo tengo dentro mío y lo tengo presente...
Estaría en la casa, con mis tres hijos, con una pareja, trabajando menos. Más
en casa.
Diálogo:
Antonia: Chamigo, ¿Cómo andás? ¿Tanto tiempo? ¡Hola Pedrito!
Madre: Yo le pregunto a María como es eso que hace en el circo porque no lo
entendí bien.
María: Yo para ganarme la vida levanto faroles con el cuello.
Madre: ¿Cómo hacés equilibrio?
María: Es como llevar la mochila a la escuela mami... digo, Sonia.
Madre: O sea que identificás eso con la mochila.
María: Sí.
Madre: ¿O sea que llevás tanto peso?
María: Porque le pongo muchas hojas.
Madre: ¿Cuántas horas trabajás?
María: Una hora... dos funciones, cada una de una hora.
Madre: Y a Pedro... ¿Qué haces?
Gustavo: Juego soft-ball.
Madre: ¿Y nada más? ¿Cuántos años tenés?
Gustavo: 18.
Madre: ¿Jugás y hacés algo más?
Gustavo: No, juego en forma profesional, juego y estudio para recibirme de
ing... no ¿cómo se llama esto? ...computación, analista de sistemas.
Madre: ¿Y con quien vivís?
Gustavo: Con mi papá, mi mamá y un hermano.
Madre: ¿Más grande?
Gustavo: Sí.
Madre: A Pajarín... ¿Dónde vivís?
Antonia: En un nido, como todo pájaro, en un árbol muy lindo con mi familia.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121
Madre: ¿y cómo es?
Antonia: Con mi mamá y papá pájaros y dos hermanas.
Madre: ¿Mujeres?
Antonia: Sí.
Madre: ¿Y cómo hacen para comer? Porque del árbol tienen que salir. Anto-
nia: Pregúntale a mi papá... no, es un chiste... va a buscar lombrices y las trae
y las empezamos a manducar.
Madre: Y vos... María, ¿No dependés de nadie?... ¿Te compraste la casa? Ma-
ría: Si, yo me compré la casa sola.
Madre: Y vos Gustavo... Pedro.
Gustavo: ¿Qué?
Madre: ¿Vos vivís en una casa tuya?
Gustavo: La casa la compró mi mamá y mi papá.
Antonia: María, no entiendo, no capto la punta del ovillo... andás por el
mundo y ¿Cómo haces para vivir en tu casa?...Irte a la otra punta del mun-
do. María: Cuando voy por el mundo alquilo un departamento.
Antonia: ¡Ah! Entiendo, un departamento por un día.
María: Le pregunto a Pedro... ¿Qué hacés en el campo de soft-ball? ¿pit- cher...
umpire?
Gustavo: En castellano, soy el bateador.
María: ¿En inglés como se dice?
Gustavo: No sé.
Antonia: A Sonia, ¿Cómo es la vida de mamá?
Madre: Es linda, tenés momentos duros, pero es linda.
Antonia: ¿Su esposo es lindo?
Madre: Mi esposo, el que tengo ahora, a mí me gusta.
Antonia: ¡Ah bueno! Algún día me lo va a tener que presentar.
Madre: ¡Ah! Bueno.
María: Pajarín...
Antonia: ¿Qué, Marisa?
María: ¿Quién construyó el nido?
Antonia: Somos una cooperativa... uno trajo ramitas... cada uno trajo algo...
Pedro ¿Cómo es su vida de familia?
Gustavo: ¿Cómo es?
Antonia: Su convivencia.
Gustavo: Es divertida.
Antonia: ¡Que sencilla explicación! No tenés vueltas.
{¿Qué hacen?)
Gustavo: y... vamos a pasear, vamos al cine... y somos todo el día felices. An-
tonia: A Marisa... que deje de girar que me marea.
Madre: (a Gustavo) ¿Quiénes trabajan en tu casa para mantener a tu familia?
Gustavo: Todos.
Madre: ¿Vos también?
Gustavo: A veces hago algo para ayudar a mi papá.
Madre: Marisa, no me quedó claro, vos vivís con una amiga... ¿y cómo está for-
mada tu familia?.
María: Mi mamá, mi papá y una hermana... Y yo la voy a visitar... viven en el
sur.
Antonia: Pedrito ¿Cómo jugás al soft-ball?
Gustavo: Juego.
Antonia: Bien, mal, demasiado bien, demasiado mal. Horrible.
Gustavo: Bastante bien.
Antonia: Me alegro.
(¿Se conocían de antes?)
Antonia: Eramos amigos de la juventud, de la secundaria. Ibamos todos juntos.
Gustavo: Imposible, porque yo tengo 18, ella 20, ella 21, ella como 80. Para mí no
nos conocíamos.
María: Para mí tampoco.
Madre: Para mí, como mamá los conozco... sí, podríamos conocernos.
Bueno, no sé, desde que nacieron. Puedo muy bien, por mi edad, conocerlos
a todos desde que nacieron... Me cuesta separar el personaje de las personas.
Antonia: A Marisa la conocí un día que fui al circo y como levantaba muy bien
118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
los faroles, muy prolijamente, la fui a saludar, nos hicimos amigas y hoy la
reencontré... Y a Pedro lo conocí cuando fui a ver un partido de soft-ball y
como se había escapado la pelota para la tribuna me la tiró en la cara y me
pidió perdón. . . Y a Sonia la conocí un día que nos encontramos en la pelu-
quería. Ahí nos conocimos, nos saludamos y me contó sobre sus hijos que la
hacían renegar, que tenía sus momentos felices y me invitó a tomar el té. Me
fui a cortar el pelo.
Gustavo: Las plumas.
Antonia: Nos habíamos encontrado en el centro, estábamos paseando y de re-
pente nos llamó la atención una vidriera a los cuatro, de un bazar de adornos
y nos encontramos y nos pusimos a charlar.
Gustavo: ¡Ah! Puede ser eso.
María: No, en California, en una playa, todos felices y contentos y fuimos a pa-
tear una pelota corriendo y nos chocamos los cuatro y ahí nos conocimos. A
cada uno le pasó algo: a Gustavo se le rompió la nariz, a Antonia un more-
tón...
Antonia: ¿En dónde?
María: en el ojo... yo me rompí un dedito y a mamá se le rompió, se le dobló un
pie, a ella no le pasó nada, se golpeó nada más.
Gustavo: La vidriera del bazar.
Madre: Aparecieron los tres en mi casa.
Antonia: ¿Te robamos la dirección o qué?
Madre: Eramos conocidos, nos conocíamos...
Los conocía desde que nacieron y vinieron a verme. Ese día los tres juntos:
Marisa cuando vuelve del viaje del circo, Pajarín cuando baja del árbol, Gus-
tavo-Pedro, cuando no está jugando o estudiando.
Tocaron el timbre, abrí la puerta y me encuentro con Marisa, Pajarín y Pedro.
(¿?)
Los chicos: Si nos gustó.
Madre: Es rarísimo esto, no me imaginé que hubiera algo así.
María: Es la curación moderna mamá.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121

Dibujo de la Madre: “Mamá‟

Dibujo de Gustavo: “Pedro”


118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Dibujo de Antonia: “Pajarín”

• Entrevista conjunta padre-hijos:


“Dibujo del personaje en la familia”
Ubicación: María Antonia Gustavo Padre

Damos la consigna.
(El padre queda afuera de la mesa. Se lo invita a acercarse y luego durante el
relato se aleja nuevamente.)
Padre: Yo hice al Sr. Bueno. Se llama Sr. Bueno...
Gustavo: Hice a Mr. Rock.
Antonia: Juanita, la tortuga.
María: Gabriela.
Antonia: Papá está en primera fila, que hable él.
Padre: Bueno, decidan ustedes... Bueno, este es un personaje, una persona que
está lejos y mira desde la distancia la situación, nos está mirando a nosotros
desde lejos.
A toda la familia, a la madre también.
Por eso está con una expresión de explicación, por eso tiene ese gesto en las
manos, porque va a explicar algo... Haciendo honor a su nombre él va a tra-
tar de hacer el bien en lo que nos va a decir. Porque se llama Bueno y es una
persona buena.
Tiene 50 años.
Antonia: A vos, Gustavo.
Gustavo: Se llama Mr. Rock, es una persona común.
20 años... no sé, vive en familia. Vive de la música que toca. Bueno, y nada
más.
Antonia: Una tortuga... Juanita... que está paseando.
39 años.
María: Gabriela. Es una chica que corta árboles, pero ya viejos los árboles, que
no viven.
40 años.
Diálogo:
Padre: Ya que podemos elegir, vamos a elegir un lugar lindo, ya que es un jue-
go de imaginación podemos elegir un parque o una plaza.
María: Miami, Los Ángeles.
Antonia: Una plaza.
Gustavo: Sí, una plaza.
Padre: Plaza Italia a mí no me gusta... algo con verde... Parque Saavedra, ¿lo
conocen?
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121

Gustavo: Fuimos una vez con mamá.


Padre: ¿Quién habla, la tortuga, ...la nena, o...?
María: La nena tiene 40 años.
Gustavo: El Sr. Bueno.
Padre: El Sr. Bueno que no es una persona, es un personaje. Le dice al Sr. Rock
que le parece bien que viva de la música y hacer lo que le gusta porque el
trabajo se convierte en una fiesta... ¿y la tortuga esa qué viene a ser, Anto-
nia?
Antonia: Un animal (con ironía).
Padre: Es buena.
Antonia: Tiene un, o sea que también es una cosa buena, pone los huevitos, los
cuida y aquella señora también es buena, porque no corta los árboles vivos,
sino los que están secos... se ha demostrado que los árboles tienen sensibili-
dad. Por ejemplo, si un árbol está vivo y se lo golpea tiembla y si le arran-
can las hojas es como si te arrancaran los pelos... y tiene un perrito que se
llama Teto.
Padre: Yo rescato de ustedes, tanto de Mr. Rock, como la tortuga con sus tortu-
guitas y la señora, que tengan una vida, que estén bien en familia, que ten-
gan como modelo una vida linda como familia... la familia es una red de
contención cuando uno se cae, como me ha pasado a mí, a nosotros.
Antonia: Gabriela ¿Cuándo vos talás el árbol, después ponés una semillita para
que salga otro?
María: ¡Uhum!
Antonia: ¿Y? ¿Qué quiere decir uhum?
María: Sí (con fastidio) (gira la silla y chupa el lápiz).
Padre: ¡Sacate el lápiz!... (se levanta y le cambia la silla por la de él que no es
giratoria)
(Silencio)
Padre: ¿No dicen nada?
Antonia: Gabriela y Mr. Rock no dicen nada.
Gustavo: Trabajando se ganaría la vida. Está dentro de un conjunto.
Padre: ¿Dentro de un conjunto o solito?
Gustavo: En un conjunto.
Padre: Difícil la convivencia.
Antonia: Rock, ¿Qué hace un roquero en una plaza?
Gustavo: Vine un rato para olvidarme de los problemas.
Antonia: (al padre) ¿Cómo era que se llamaba?
Padre: Bueno.
Antonia: Y... ¿Por qué?
Padre: Porque es bueno.
Antonia: Y los padres cuando le pusieron el nombre, ¿sabían que era bueno,
tenía cara de tonto?
Padre: Uno siempre la intención y si se le dan buenos modelos después salen
buenos. Los bebés siempre son buenos.
Gustavo: Pero lloran y molestan.
Antonia: Vos también lloraste.
Padre: Tienen que llorar... el problema es cuando lloran de grandes... A mí lo
que me preocupa es la cortadora de árboles, ¿Por qué va a cortar?
María: Para hacer leña, muebles.
Gustavo: Como el árbol es viejo y podrido cuando hacés sillas se caen.
Padre: ¿Y cómo anda esa nena?
Antonia: ¡Una nena pa!
Padre: ¡Ah! 40 años... ¿tiene esposo?
María: no, es soltera.
Padre: ¡Ah! Y la tortuga.
Antonia: Un animal...
Padre: Pero no me decís nada... traéle una sapita al sapito... por ahí se enamora.
Antonia: ¿Y dónde metemos los sapitos?
Gustavo: Contá tus secretos...
118 (silencio) HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Padre: ¿Y Mr. Rock?¿Tiene novia?


Gustavo: Esposa y su hijo.
Padre: ¿Y la esposa de qué trabaja?
Gustavo: Nada... bah, ama de casa.
Padre: Se casó muy jovencito.
Gustavo: ¡Y qué le vamos hacer!
Padre: ¿Por qué se casó?
Gustavo: Porque sí, si no me iba a aburrir todos los sábados.
(¿Cómo se encontraban?)
Antonia: Yo iba a pescar como todos los sábados.
María: Yo había sacado a pasear mi perrito.
Antonia: Pero tenés el hacha.
María: Siempre va donde yo voy el hacha.
Antonia: Es una amiga inseparable.
María: Por las dudas si el perro se porta mal... pero no, no es por eso. La llevo
de adorno.
Padre: El Sr. Bueno fue a hablar con los amigos... y bueno me encontré con Mr.
Rock, con Gabriela y la tortuga Juanita.
(?) No, los conocí ahí.
(Los tres dicen que no se conocían antes.)
Antonia: Qué de acuerdo nos pusimos.
Gustavo: Sí, me gustaría encontrarme otra vez, pero tengo que trabajar. María:
Yo también.
Antonia: Sí, pero tengo que tortuguear... estar con mi familia.
Atender a mi familia... yo soy la mamá tortuga... Vivo con el papá tortugo,
la hijita tortuguita y el hijito tortuguito.
El esposo se llama Alberto, la hija María y el hijo Josecito.
Pasean por plazas, el parque, el bosque, donde hay pasto y sol.
Viven en una casa donde hay gente que un día encontró un tortugo en la ca-
lle, lo alimentó, lo cuidó, nos casamos, fuimos felices y tuvimos a Josecito y
María.
Viven con una señora y un señor.
Gustavo: Y señorcitos.
Antonia: No tienen hijos, son novios.
Gustavo: Claro, no están casados.
Antonia: No nos adelantemos a los aconte-
cimientos, yo estoy hablando del ahora,
del presente.

Dibujo de Gustavo: “Mr. Rock”


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121
118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Dibujo de Antonia: “Juanita, la tortuga”


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 133

Dibujo de María: “Gabriela”


e) Evaluación de las producciones vinculares en base a indicadores

• Clasificación de los indicadores


A - Indicadores Generales

Entrevista conjunta madre- Entrevista conjunta padre-


hijos hijos
1) Modalidad del funcio- 1) Modalidad del funciona-
namiento grupal miento grupal
a118
) Planeamiento a) Planeamien t o ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
HILDA
Presente, no desde el comienzo, pero Presente, con relativa aceptación de la
aceptando la propuesta materna. propuesta paterna.

b ) T a r e a c o n j u n t a Se concreta b ) T a r e a c o n j u n t a Se concreta

c ) F i g . o r g a n i z a d o r a Presente, c ) F i g . o r g a n i z a d o r a
formalmente en la madre, secundada Presente, compartida entre el padre
por Antonia. y la hija menor.

d) Ident. del liderazgo d ) I d e n t . d e l l i d e r a z g o Com-


Compartido entre un adulto (la ma- partido entre un adulto (el padre) y
dre) un niño (hija menor).
y un niño (hija menor).
e ) C u a l i d a d d e l l i d e r a z g o Es e) Cualidad del liderazgo
predominantemente democrático. Paterno: predominantemente autori-
tario,
con tendencia a asemejarse en la hija.
f ) M o d o d e p a r t i c i p a c i ó n Es f ) M o d o d e p a r t i c i p a c i ó n In-
inclusivo de todos. clusivo de todos, pero de manera de-
sigual.

g) Tipo de intervenciones g) Tipo de intervenciones


M o d o : La madre, a predominio de M o d o : El padre, a predominio de
preguntas dirigidas a todos con esca- preguntas e indicaciones dirigidas a
sas respuestas. todos. Intervención de corte violento
hacia María. Respuestas elusivas de
generalidades abstractas.

Gustavo responde pero no pregunta. Gustavo: responde y formula pre-


María le pregunta sólo a los hermanos. guntas predominantemente dirigi-
Antonia combinado; pregunta y res- das al padre. Da respuestas descali-
ponde a todos. ficadoras a las hermanas.
D i r e c c i o n a l i d a d : es circulante en María: no pregunta, responde a to-
el conjunto. dos. Antonia: combinado, pregunta
Contenido: predominantemente y responde a todos.
cooperativo y facilitador en el conjun- D i r e c c i o n a l i d a d . circunscripta
to. Se destacan los efectos facilitadores a algunos (padre-hijos; Antonia-
de las intervenciones de Antonia. resto del grupo; María y Gustavo
con Antonia, pero sin intercambio
entre sí).
C o n t e n i d o : predominantemente
elusivo, Con aspectos intrusivos y
descalificadores.
h ) U b i c a c i ó n e s p a c i a l Espontá- h) Ubicación espacial
nea y aceptada. Espontánea y aceptada en los hijos.
Aceptada con resistencia por el pa-
dre.
2) Estilo vincular 2) Estilo vincular

a) Clima afectivo a) Clima afectivo


Cálido, distendido y ameno, con cierta Tenso, con presencia de silencios e
tendencia a la exaltación por parte de intercambio verbal acotado que in-
Antonia. tenta compensar Antonia con una
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS producción verborrágica de conteni- 135
do hipomaníaco.

c) Ejercicio de las funcio- b) Ejercicio de las funci o-


nes parentales nes parentales Contención:
C o n t e n c i ó n : Restringida/plástica. Restringida/ rígida.
El desempeño materno centrado en la El desempeño del padre, desde la
formulación de preguntas dirigidas a los elección desdoblada de una perso-
hijos/personajes, sin poder ser ella un na/personaje, que lleva un nombre
personaje, traducirían una actitud de inusual (virtud humana) y se dirige
asombro y perplejidad ante la produc- desde la distancia a través de pre-
ción de éstos, claramente inesperada guntas, indicaciones y una interven-
para ella. Podemos decir entonces, que ción de corte violento darían cuenta
si bien se expresa con plasticidad, el de rigidez y dificultad de contención
grado de contención de su función es en el ejercicio de su función. Vacío
que se exige
escaso. Esto parece promover en An- llenar de algún modo Antonia con sus
tonia la necesidad de co-liderar la intervenciones de corte hipomaníaco.
producción conjunta. D i s c r i m i -
n a c i ó n - o r d e n : Restringi- Discriminación-orden: Res-
da/plástica Acorde con lo señalado tringida/ rígida. El padre no puede
en relación a su liderazgo, la madre, sostener la función de discriminación-
a través de sus intervenciones inter- orden en forma estable. Lo hace de
mitentes pero claras, cuando se dan, manera irregular y a través de inter-
ejerce la función de discriminación- venciones autoritarias y rígidas.
orden de modo restringido y sin ri-
gidez.
c ) M o d a l i d a d d e e x p r e s i ó n c ) M o d a l i d a dHILDA
118 d e AeBELLEIRA
x p r -eNsORMA
i ó nDELUCCA
de
d e l o s h i j o s Gustavo: coartada, l o s h i j o s Gustavo: coartada, inhibida
inhibida y dependiente de los otros. y dependiente de los otros, con algunas
María: espontánea y creativa. intervenciones espontáneas de corte
Antonia: espontánea y creativa. To- descalificador. María: creativa, pero
ma iniciativas. irritada y parcialmente coartada en su
espontaneidad. Antonia: espontánea y
creativa. Toma iniciativas, con sobre-
exigencia
d) Lugar del progenitor au- d) Lugar del progenitor au-
s e n t e No incluido. s e n t e Incluido forzadamente por el
padre al inicio, sin respuesta de los
hijos.
3) Expresión simbólica 3) Expresión simbólica
de las funciones e identi- de las funciones e identifi-
ficaciones caciones
P e r s o n a s o p e r s o n a j e s : Pre- P e r s o n a s o p e r s o n a j e s : Presen-
sente te
a ) D i f e r e n c i a c i ó n s e x u a l To- a ) D i f e r e n c i a c i ó n s e x u a l To-
das acorde al propio sexo. das acorde al propio sexo.

b) Diferenciación genera- b) Diferenciación generacio-


c i o n a l La madre acorde a la propia n a l El padre acorde a su propia
edad (es ella misma). edad.
Los tres hijos se representan como Gustavo. Un adolescente (siete años
adolescentes. Gustavo cinco años mayor).
mayor; María 10 años mayor; y An- María: una mujer de 40 años (24 años
tonia 12 años mayor. mayor).
Antonia: un animal (32 años, mayor).
c) Identidad de los persona- c) Identidad de los persona-
j e s La madre, de la vida real (ella j e s El padre, un personaje o persona
misma). con nombre abstracto que los mira de
Los tres hijos, personajes imaginarios. lejos. Los tres hijos imaginarios. Gus-
Gustavo y María, humanos. Antonia, tavo y María, humanos. Antonia,
animal. animal.

d) Tipo de personaje d) Tipo de personaje


Madre: pasivo, insatisfecho, con anhe- Padre: pasivo, distante, insatisfecho.
los. Conflictivo implícito.
Gustavo: activo y satisfecho. Gustavo: activo y satisfecho.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 135
María: Activo, con proyectos y conflic- María: Activo. Poco claro. Conflictivo
tivo implícito. implícito.
Antonia: activo, satisfecho. Antonia: activo y satisfecho, pero con
rasgos hipomaníacos.

B - Indicadores Específicos

Producción gráfica Producción gráfica


C o m p l e j a : Todos realizan dibujos C o m p l e j a : Todos realizan dibujos
elaborados y completos. (Madre, con elaborados y completos (Padre, con
ojos cerrados). ojos sin pupilas).
La posibilidad de intercambio entre La posibilidad de intercambio entre
los personajes es abierta y amplia en- los personajes es abierta desde el tipo
tre los hermanos. Restringida en la de personaje entre los hermanos. Res-
madre que no puede dejar de ser ella tringida en el padre por las caracterís-
misma. ticas del personaje elegido.

Producción verbal Producción verbal


C o m p l e j a : es espontánea; tiende al S i m p l e : poco espontánea; tiende al
armado de una historia conjunta con diálogo formal. Hay participación de-
participación de todos, coherencia en sigual, por el clima general y el tipo
el relato y posibilidades de lograr de intervenciones del padre. Apare-
acuerdos. cen incoherencias en el relato y difi-
cultades para establecer acuerdos, só-
lo ocasionales.
El contenido de los relatos imagina- En el contenido de los relatos imagi-
dos, expresa una mezcla de logros, nados, predominan los conflictos y
conflictos y anhelos. anhelos. Logros parciales enunciados
por Gustavo y Antonia.

El desenlace de los relatos Imagi- En relación al desenlace de los


nados, es posible y con divergen- relatos imaginados, no logran
tes propuestas previas. Final acor- acordar claramente un desenlace
dado en torno a la propuesta ma- conjunto. Actitud elusiva de los
terna. hijos y débil del padre.
La posibilidad de sostener el La posibilidad de sostener el nivel
nivel lúdico, es amplia en los lúdico, es amplia en los hijos.
hijos. Restringida en la ma- Algo menor en el padre, variable.
dre.

• Interpretación de los indicadores


Entrevista conjunta madre-hijos:
Logran una producción compleja tanto en lo gráfico como en lo verbal. La
misma transcurre en un clima cálido, distendido y ameno en el que hay parti-
cipación de todos, si bien con diferencias marcadas en la modalidad expresiva.
La madre ejerce un liderazgo democrático, con capacidad organizativa y de
relativa contención, aunque necesita ser apoyada por la hija menor, y participa
a predominio de preguntas formuladas desde sí misma (elige dibujarse).
Lo señalado, daría cuenta de un vínculo materno-filial con capacidad de
contención y posibilitador de las producciones de sus hijos, pero con ciertas
limitaciones
118 en relación a que, al hacer de sí misma, enHeste aparente refuerzo
ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

de su identidad materna, se despoja de la función mediatizadora que ca-


racteriza el nivel lúdico y a su vez limita a los personajes de los hijos en el des-
pliegue del juego creativo.
Los hermanos dibujan personajes que coinciden con el propio sexo, aunque
son de mayor edad. Los personajes intercambian en forma amplia y abierta y
sostienen sin dificultades el nivel lúdico, a través de personajes activos y con
proyectos. Dan cuenta de este modo de un vínculo fraterno sólido y con una
clara función de sostén, más allá de que en la situación actual aparecería invo-
lucrado en cierto riesgo. Sólo en el personaje esforzado de María se observa
una sobrecarga, posiblemente asociada al lugar de sostén de aspectos desvali-
dos de la madre, que desempeña en lo cotidiano.
Entrevista conjunta padre-hijos:
La producción gráfica es compleja, en tanto todos realizan dibujos elabora-
dos y completos, con amplia posibilidad de intercambio desde el tipo de per-
sonajes entre los hermanos, pero restringida con el padre por las característi
cas del personaje dibujado por éste: Sr. Bueno. Por el contrario, la producción
verbal es simple, poco espontánea y tiende al diálogo formal. Se desarrolla en
un clima afectivo, pero tenso, con presencia de silencios e intercambio verbal
acotado, que intenta compensar la hija menor Antonia con cierta producción
de ribetes hipomaníacos.
Contribuyó a esta escena el liderazgo autoritario que ejerce el padre, quien
interviene a predominio de preguntas e indicaciones dirigidas a todos, con una
intervención de corte violento hacia María.
Luego de una intervención del Sr. Bueno que finaliza... “la familia es una
red de contención, cuando uno se cae, como me ha pasado a mí, a nosotros”, la
menor Antonia le pregunta al personaje de María: “Gabriela ¿cuándo vos talás
el árbol, después ponés una semillita para que salga otro?” Gabriela:
“¡Uhum!”. Insiste el personaje de Antonia: “¿Y qué quiere decir uhum?” Ga-
briela responde: “Sí”, con fastidio, mientras chupa el lápiz y hace girar la silla
en que está sentada. Acá el padre le dice imperativamente: “Sacate el lápiz” y a
continuación se levanta, y le cambia la silla por la que tiene él, que no es gira-
toria.
También el tipo de respuestas del padre, de corte elusivo y contenido abs-
tracto, no favoreció el diálogo más espontáneo.
Indicadores que dan cuenta de un vínculo paterno-filial de escasa conten-
ción y en cierto modo, inhibidor de las posibilidades creativas de sus hijos. El
padre no parece poder sostenerse en su lugar, sino a través de intervenciones
de corte autoritario y rígido.
Los hermanos mantienen en cuanto al tipo de personajes y al intercambio
entre los mismos, una organización semejante a la que armaron en la pro-
ducción realizada con la madre. Confirmamos así el papel que cumple el
vínculo fraterno en esta familia, en tanto apuntalador de los niños en este mo-
mento crítico del grupo familiar.
f) Interrogantes e hipótesis interpretativas
• Interrogantes que nos planteamos ante la crisis fami-
liar y sus producciones
1: ¿Cuál es el sentido de la conducta violenta del hijo?
2: ¿Qué grado de elaboración de la separación inferimos en la pareja pa-
rental y en los hijos?
3: ¿Qué posibilidades ponen de manifiesto cada uno de los padres para
ejercer sus funciones como tales?
4: ¿Qué lugar ocupan los hijos en la configuración familiar?
5: Conveniencia o no de la organización familiar actual.

 Hipótesis interpretativas
El momento del enamoramiento, está marcado en ambos por el descono-
cimiento del otro. Se privilegia “el misterio” y el “espíritu de aventura”, por
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 135
sobre el interés de conocer al otro. Los dos, luego de un breve noviazgo, “se
largan en paracaídas” a la convivencia, con ilusiones sin demasiado sustento
en la realidad.
A poco de casarse se producen dos sucesos traumáticos para la organiza-
ción narcisista de ambos y para el proyecto de familia, que tienen efectos dis-
ruptivos en el frágil vínculo construido:
a) muerte del primogénito a los cinco días de nacer, por malformación
congénita
b) imposibilidad de él de concretar su proyecto (sin sustento real) de “em-
presario” independiente (gran hombre).
A ella “se le cae” él. Se “malforma” el vínculo e intentan llenar el vacío con
los sucesivos hijos. El la presiona a ella para que sea la mujer contenedo- ra-
esposa-madre de familia, que él necesita, pero aportando poca contención a las
expectativas de ella y a las necesidades concretas de supervivencia de la fami-
lia.
A lo largo de esos años sobrellevaron situaciones difíciles, no elaboradas
convenientemente. A los seis meses de fallecido el primer hijo varón, ella que-
da embarazada de Gustavo, que si bien no presentó problemas iniciales, su na-
cimiento implicó revivir todas las angustias e incertidumbres del anterior.
Ninguno de los dos parece registrar claramente los efectos de aquella muer-
te rápidamente sustituida y que se hace presente en alguna de sus pro-
ducciones (Martín lo incluye en el Árbol Genealógico como un hijo más, sin
diferenciarlo de los hijos vivos). Siendo Gustavo aún pequeño (20 meses), nace
María, también con una malformación (de riñón), que obligó a una temprana
operación.
Con posterioridad al nacimiento de María se agrava la crisis de la pareja
asentada en la desilusión. No obstante, continúan juntos y dos años más tarde
se produce el embarazo de Antonia. El nacimiento de la tercera hija aparece
como un último intento de sostener un vínculo y una idea de familia, que nin-
guno estaba en condiciones de continuar alimentando, tornándose en una car-
ga y nueva exigencia para ambos.
El responde con depresión y pasividad; ella siente incrementadas sus viven-
cias de desamparo. No lo puede contener, ya que sería como hacerse cargo tic*
un hijo más. Es el momento en que, buscando el amparo afectivo y económico
que su esposo no puede darle, toma la “decisión” de la separación, retornando
a su familia de origen con sus hijos.
El tipo de ruptura del vínculo conyugal no fue, como vemos, producto de
un diálogo de la pareja, ni de una elección reflexiva. Es una puesta en acto de
ella, que intenta de ese modo la huida de una situación que ninguno podía
modificar.
Durante todo el período de separación (ocho años), ninguno de los dos lo-
gró superar el malestar. Sólo parece quedar el registro melancólico de lo perdi-
do y no se produce nada nuevo en la ex pareja que permita un proceso elabora-
tivo más eficaz. Si bien ella es más proclive a la acción y no se muestra depri-
mida, transmite al interlocutor, una sensación de agobio y sin salida, muy an-
gustiosa.
Él se vuelve a refugiar en la ilusión, lo que le significa un alivio, porque no
lo confronta con el cotidiano cuestionamiento vincular. Luego de la separación
se reconecta laboralmente y se queda “custodiando” el hogar-“templo” conyu-
gal (propiedad de su familia) y sostenido por la ilusión del retorno de su ex
esposa, por medio de la desmentida de la realidad.
Ella alimenta esta ilusión de fijeza, porque si bien rompe con la convivencia
y expresa su rechazo a recomponer la relación, no le pone fin a la representa-
ción del vínculo conyugal, a través de reclamar siempre algo más de él, cuando
la historia de pareja le había mostrado sus limitaciones. Él no parece poder
brindar ahora separados, lo que no dio cuando estaban juntos.
La irrupción reiterada de actos violentos encamada en Gustavo, parece te-
ner el significado de expresar la necesidad de un corte, de apelar a una ins-
tancia
118 de diferenciación. A la vez que pone de manifiesto laAimpotencia
HILDA de las
BELLEIRA - NORMA DELUCCA

instancias parentales para aportarlas hasta ese momento.


Este “llamado” dramático del hijo, produjo sin embargo una respuesta de
los padres (tal vez porque Gustavo ya tiene 13 años). Por primera vez pueden
dialogar y acordar algo ante la crisis: convivencia de Gustavo con el padre:
“para que él le ponga límites” y “condiciones” para visitar a la madre y her-
manas, con llamado previo a ella y autorización del padre.
Este cambio de situación en la organización familiar promueve la necesidad
de legalizarlo ante la justicia, de recibir asesoramiento psicológico para conva-
lidar lo adecuado o no de esta propuesta u otras alternativas posibles.
Esta disposición actual de ambos padres a recibir asesoramiento profesional
da cuenta de que junto a la monotonía de los mecanismos de repetición fami-
liar, han surgido condiciones actuales para hacer algún ordenamiento diferente
de su historia, lo que apuntalaría la fragilidad de sus funciones parentales.
Pareciera que a cada uno de los hijos, se le asignó y éstos asumieron dis-
tintas funciones ante las fallas parentaires: María, de complemento de las fun-
ciones instrumentales maternas; Gustavo de denuncia explosiva del dolor no
tramitado y de llamado -como dijimos- a que alguien aporte la diferenciación.
Y Antonia de mediadora en el conflicto, pero a través de intentos de restitución
ilusoria de la identidad familiar, más ligados a la desmentida paterna de la
realidad.
Al término de la Intervención Pericial, podemos evaluar que algo de las
funciones de contención y discriminación reclamadas, comienzan a efectivi-
zarse. Logros que pensamos de cierta precariedad, porque como hemos mos-
trado en el material, subsisten en la mayoría fantasías de retorno al tiempo
anterior. Tal el motivo de indicación de un abordaje terapéutico familiar (en
otro ámbito), que pudo ser aceptado por la propia familia, tendiente a pro-
mover un real proceso de elaboración en todos sus miembros. Este proceso
sería indispensable, antes de considerar la posibilidad de que los hermanos
vuelvan a compartir la convivencia.
Vamos a sintetizar las respuestas a los interrogantes que nos planteáramos al
iniciar la intervención con esta familia:
1: Sentido de la conducta violenta del hijo: la “conducta violenta” de Gustavo
no es efecto de un trastorno en su subjetividad, como tampoco de conflictos
serios y específicos del joven con su madre y hermanas.
Desde nuestro enfoque vincular decimos que Gustavo es la “voz” que en es-
ta familia reclama una instancia de orden, diferenciación y corte con un
tiempo y un funcionamiento que parecía desconocer “aconteceres “ fami-
liares (el divorcio) y la necesidad de cambios y transformaciones en los
vínculos en relación a éste así como al transcurrir temporal. Cambios li-
gados a la necesidad de la presencia del padre y al diálogo entre los inte-
grantes de la pareja parental, que liberara a los hijos de entrampamientos
riesgosos para su devenir como sujetos.
2: Grado de elaboración de la separación: la separación conyugal, a pesar del
tiempo transcurrido y de la legalización de la misma (sentencia de divorcio),
no es un “trabajo” que Sonia y Martín pudieron ir construyendo. Ambos
aparecen, de diferentes modos, como “detenidos” en tiempos anteriores.
De una manera muy directa Martín -recordemos sus expresiones en el pun-
to c)- y en forma menos clara pero no menos significativa Sonia, quien por
primera vez en el transcurso de la Intervención Pericial pudo reconocer su
soledad y su deseo de armar una nueva pareja.
En los hijos observamos diferentes registros del desconocimiento de la
realidad familiar. Antonia, la hija menor es quien parece hacerse cargo con
más intensidad de esta “ilusión” familiar de continuidad, en especial en su
dibujo de la Familia Prospectiva, donde se los imagina a todos juntos diez
años después.
3: Capacidad de los padres de ejercer sus funciones: Respecto a la capacidad para
el desempeño de las funciones parentales, que hasta la crisis actual parecían
ser ejercidas en soledad por Sonia con la involucración de los hijos y de las
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 135
que Martín aparecía desligado, se produce, a partir del “acto-convocatoria”
de Gustavo, un cambio importante que permitió organizar de otro modo la
familia fundada en el diálogo Sonia-Martín, que por primera vez toman de-
cisiones en conjunto desde el lugar de padres.
4: Lugar de los hijos: Durante estos años, los hijos han ido ocupando lugares
que habían quedado vacantes luego de la separación de sus padres, en es-
pecial, los dos mayores. El estallido de Gustavo, da cuenta de la necesidad
de correrse de esos lugares y ubicarse como hijo, a lo que la actitud de Sonia
y Martín, en este momento parece poder dar respuesta, si bien con dificul-
tades.
5: Conveniencia de la organización familiar actual: Pensamos que la organiza-
ción familiar actual, si bien de cierta precariedad, debe sostenerse con el
apoyo psicoterapéutico indicado, hasta que cada uno y el conjunto familiar
pueda ir construyendo otra manera de relacionarse.
g) Reflexiones acerca de nuestra intervención
Nos resulta interesante marcar en estas reflexiones que en esta familia, a di-
ferencia de la mayoría en las que intervenimos, hay una demanda de ayuda
psicológica, no directa pero sí implícita en el pedido de que se evaluara si lo
decidido por ellos era o no beneficioso para sus hijos.
Este hecho, favoreció desde el inicio la vinculación con nosotros y, diríamos
que, potenció las cualidades de “espacio abierto a lo novedoso” de nuestro
dispositivo de intervención. Sostenido además, por la firme decisión del Juez
de considerar fundamental para su Dictamen, contar con el asesoramiento de
Peritos Especialistas en Familia.
La lectura de las producciones vinculares muestran con claridad la mirada y
la escucha atenta de esta familia (aun del padre, que aparecía como el más re-
sistente) a las producciones de los otros. Recordemos en la entrevista conjunta
madre-hijos la actitud de asombro y “descubrimiento” de la madre ante las
expresiones de los personajes imaginados por sus hijos y cómo finaliza: “es
rarísimo esto, no me imaginé que hubiera algo así”. A lo que el personaje de
María responde: “Es la curación moderna, mamá”.
Capítulo IX
Cuando queda cuestionado el lugar de la madre
Introducción
Vamos a centramos en este capítulo en el análisis de la historia y produc-
ciones de un grupo familiar en el cual, con posterioridad a la separación de la
pareja conyugal, se produce una severa crisis psicológica en la madre, quien
había quedado a cargo de la tenencia del hijo menor. Esta vulnerabilidad del
lugar materno genera efectos desorganizativos en el vínculo matemo-filial y
promueve nuevas intervenciones desde la Institución Judicial y cambios en la
organización familiar: el niño pasa a vivir con su padre en régimen de tenen-
cia provisoria.
Familia “Melgacho”
a) Presentación
Organigrama familiar
Juan Elsa Oscar Nora
50 años 47 años 46 años 45 años
Empleada Médico

Diego, 22 años Martín, 7 años Ernesto León


Est. Universitario 2º grado 18 años 16 años
La familia está integrada por el padre, Oscar, de 46 años, médico; la ma-
dre, Elsa, de 47 años, empleada de comercio y dos hijos: Diego, de 22 años,
estudiante de medicina y Martín, de 7 años, que cursa 2 o grado en una es-
cuela religiosa. A partir de la separación de la pareja, que se concretara hace
tres años y medio, la madre se queda a vivir en el ex hogar conyugal con su
hijo menor Martín.
La separación se produce durante una pelea de la pareja que culmina con la
expulsión de Oscar por parte de Elsa, quien le arroja el bolso con su ropa fuera
de la casa. Oscar se va a lo de sus padres. El hijo mayor, Diego, estaba en Europa
de viaje. A su retorno encuentra a sus padres separados. Se produce un enfren-
tamiento y discusión del joven con la madre, quien repite la escena de la expul-
sión de Oscar con el hijo, por lo que Diego pasa a vivir con el padre, en casa de
los abuelos paternos. A partir de ese momento el vínculo de Diego con su madre
se ve afectado y sólo mantienen esporádicos encuentros. Martín ve a su padre y
hermano regularmente un día en la semana y los domingos cada quince días.
Con posterioridad, por situaciones que desarrollaremos más adelante, se pro-
duce un cambio de tenencia y Martín pasa a convivir con su padre y hermano.
b) Singularidades de la demanda institucional
Las complejas situaciones de riesgo por las que transcurrió esta familia desde
el momento de la separación y la imposibilidad de los padres de armar por sí
mismos una nueva organización de cierta estabilidad, determinaron que se tor-
nara necesaria la intervención reiterada desde lo judicial a través de equipos
interdisciplinarios, así como de profesionales del campo clínico ( psicólogos y
psiquiatras). Intervenciones que, como más adelante analizaremos, no siempre
fueron acordadas y coherentes.
- En un primer momento, a raíz del pedido del padre de cambio de tenencia por
alteraciones en la conducta de Martín, quejas de éste acerca de ciertas actitu-
des de su madre y reiteradas faltas al colegio, el Juez designa al primer equipo
de Peritos Psiquiatras y Psicólogos para realizar la “Evaluación Psicológico-
Psiquiátrica” de Elsa. Los Peritos designados la entrevistan y producen un
Informe Pericial en el que sugieren, en base a la evaluación de “descompen-
sación psíquica seria” en la misma, el tratamiento urgente de Elsa y la conve-
niencia de que el menor esté al cuidado del padre.
- Antes de tomarse una resolución judicial en base al asesoramiento pericial,
una integrante del equipo jurídico (Defensora Oficial de Elsa), realiza entrevis-
tas con ambos progenitores y “acuerdan” el inicio de una terapia familiar de
Elsa, Oscar y Martín, con el terapeuta de Elsa.
- A los tres meses de este “acuerdo”, Elsa abandona con su hijo la terapia fami-
liar. El conflicto entre Elsa y Oscar, así como las alteraciones en la conducta
de Martín, se incrementan.
Oscar reitera el pedido de cambio de tenencia. El Juez ordena una nueva in-
tervención del Perito Psiquiatra. Del estudio realizado por éste surge que “no se
evalúa una mejoría sensible en la personalidad de la madre, ni en la situación
familiar respecto a la intervención pericial anterior”.
- Por lo que el Juez resuelve otorgar la tenencia provisoria de Martín al padre y
fijar un régimen de visitas a favor de la madre a realizarse en presencia de
terceros, por considerar riesgoso para el niño permanecer a solas con su ma-
dre. Se designa una Asistente Social para cumplir esa función. Esta retira a
Martín de la casa del padre, lo traslada a la casa de la madre y lo reintegra a
lo del progenitor, un sábado por la tarde, cada quince días.
- A raíz de que Elsa retoma el tratamiento psiquiátrico y su terapeuta informa al
Juzgado que evalúa cambios favorables en su organización psíquica y por los
informes también favorables de la Asistente Social respecto del vínculo madre-
hijo, la madre solicita y el Juez resuelve, ampliar el régimen de visitas a todos
los domingos de 10 a 20 hs. y sin la presencia de la Asistente Social.
- A muy poco tiempo de incrementarse el contacto madre-hijo (alrededor de
dos meses), se suscitan situaciones críticas en Martín al momento de separar-
se de su madre, que culminan en una escena en la que amenaza arrojarse por
la ventana para no sufrir más. Ante este hecho, Elsa decide acudir nuevamen-
te al Tribunal, solicitando un estudio psicológico de Martín. En este momento
y a sugerencia de la Asesora de Menores, el Juez ordena una actualización de la
Pericia Psiquiátrica de Elsa y una Evaluación Psicológica del grupo familiar por un
nuevo equipo. En esta instancia comenzamos nuestra intervención.
c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia
Elsa y Oscar se conocieron cuando él tenía 16 y ella 17 años. Mantuvieron un
noviazgo durante algo más de 7 años. Se infiere de sus relatos, que la relación se
caracterizó por actitudes muy diferentes de cada uno, pero de posiciones com-
plementarias. De intensa idealización de él, de complacencia de ella por sentirse
tan amada. Sin embargo, Elsa dudaba con frecuencia de sus sentimientos, plan-
teando interrupciones en el noviazgo y algunas durante el matrimonio. En cam-
bio Oscar
CLÍNICA FORENSEexpresa:
EN FAMILIAS
...”Elsa abarcaba todo el espectro de mis sentimientos”.../‟Para109

era como un ideal, como una reliquia”... “No puedo negar mi encantamiento”; como
tampoco el sufrimiento ante los alejamientos de ella.
Es luego de uno de estos reencuentros, que toman la decisión de casarse en 6
meses, coincidiendo con una pelea de Elsa con su madre. “Se cambió el irse a vivir
sola, por nuestro casamiento”.
Los primeros años del matrimonio, son reconocidos como armoniosos.
Nace Diego, el primogénito varón. A los 7 años nace Mercedes, la hija mujer.
Estos dos hijos, completaban la aspiración de plenitud de ambos. Aunque rela-
tan una separación de una semana a los 4 años de Mercedes, se superó con un
retomo renovado de la pareja.
El bienestar vincular duró un breve lapso, ya que Mercedes enferma de leu-
cemia y muere en siete meses. A partir de este hecho doloroso y devastador,
transcurre un período confuso y conflictivo para la familia, que intenta resolver-
se con el embarazo de Martín.
Expresa Oscar: “Después de la muerte de Mercedes, mi hijo mayor le reprocha
a Elsa que se quedó sin madre. Yo no le pude dar eso que le falta. Ella era una
madre dedicada por entero a sus hijos”. Decía que “eran dos esmeraldas que
lucía con orgullo en su corazón”...”La idea fue rearmar la familia, por eso la
venida de Martín”. Oscar, se recibe de médico durante su matrimonio. “Elsa me ayu-
dó y me apoyó mucho en eso. Pero tal vez se sintió muy sola. Tuvimos un cre-
cimiento dispar”.
Elsa no había terminado el secundario y trabajaba cuando se casaron. Lo dejó
con la llegada de los hijos: “Yo me dediqué con pasión a mis hijos. Pero después...”
Hasta los 4 años de Martín, la familia intenta precariamente mantenerse unida.
Diego termina el secundario y decide seguir la carrera del padre. Previamente
hace un viaje a Europa.
Se había planteado ya entre Elsa y Oscar el resquebrajamiento de la pareja y
la necesidad de la separación. Pero se efectiviza de manera violenta poco tiempo
antes del retomo de Diego y culmina con el retiro de Oscar del hogar conyugal,
la expulsión-alejamiento del hijo mayor al reencontrarse con su madre, el quie-
bre psíquico de Elsa con posterioridad (no admitido por ella como tal) y como
consecuencia, la necesidad de que Martín pase a convivir con el padre.
En los primeros tiempos de la separación, Oscar y Diego se alojaron con los
abuelos paternos, luego se integra Martín y más tarde se mudan los tres a una
casa independiente.
Los padres de Oscar, como su hermano mayor, siguieron recibiendo y apo-
yando a Elsa luego de la separación. Oscar: “Para ellos fue la hija mujer que no
tuvieron y Elsa, encontró el apoyo que no tenía en su familia”.
Elsa: “Mi padre trabajaba como sastre en casa. Casi no salía por un problema
de columna. Yo fui su „maniquí‟ durante muchos años. Extrañé no poder pasear
con él de la mano. Era protector, pero no demostraba sus afectos. Murió justo el
mismo año que mi hija Mercedes. No tenían buena relación con mi madre, mu-
cho menor que él”. “Mamá se volvió a casar al poco tiempo. Antes de mi padre,
cuando Diego tenía un año y yo 27, muere mi única hermana de cáncer de útero
a los 39 años. Mi madre no se repuso. Es depresiva, hay que consolarla a ella;
soy la madre de mi mamá. No asimila las pérdidas.
Actualmente y desde hace dos años, Oscar convive con sus dos hijos; con Nora de 45
años, su nueva pareja, viuda con dos hijos adolescentes (Ernesto y León ) y la madre de
ella. “Es una esposa de esta etapa. Compartimos, tenemos una vida tranquila”.
(?) “De esta pericia, espero que se logre lo mejor para Martín.” “Que Elsa sea la
madre afectiva que necesita, pero que yo pueda manejar organizativamente su
vida: el colegio por ejemplo”.
150 Elsa formó recientemente nueva pareja sin convivencia, con Juan, separado, de 50
años. Continúa viviendo en el que fuera el hogar conyugal y logró comenzar a trabajar.
Primero lo hizo en una fábrica de alimentos y ahora en un estudio contable, con mayor
estabilidad. “Esto me hace sentir muy bien, dentro de la situación que estoy vi-
viendo.” “El retorno nos está haciendo pedazos a Martín y a mí. No he enfren-
tado ni con la situación de la nena lo que estoy enfrentando. Cada vez que nos
tenemos que despedir, son llantos...” “Comencé un nuevo tratamiento con una
psicóloga, una vez por semana... por mi responsabilidad de madre”. ..(?) “Qui-
siera
110 que se aclare lo que le pasa a Martín. Creo que porHlo ILDAmenos,
ABELLEIRA -sería
NORMA impor-
DELUCCA

tante que se pueda quedar un fin de semana a dormir en casa.”


Lo que hemos transcripto, es una síntesis extraída de las entrevistas indi-
viduales concretadas con cada uno de los progenitores. Luego entrevistamos a
los hermanos por separado, e incluimos en las entrevistas con Martín: Dibujo
Libre, Familia Imaginaria, Familia Actual, y C.A.T. (Test de Apercepción Temá-
tica Infantil) abreviado.
Por último, realizamos las entrevistas vinculares madre-hijo (Martín) y pa-
dre-hijo, implementando el Dibujo Conjunto Familiar (ver Cap. VI), cuya pro-
ducción verbal, transcribimos a continuación.
(Ver producciones gráficas en Anexo)
d) Producciones vinculares
• Entrevista conjunta padre-hijo:
“Dibujo Conjunto Familiar”
Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores ele-
gidos por cada uno luego de dar la consigna:
Martín (Hijo) Padre

verde turquesa

Martín (Hijo): (empieza) Un bosque (se queja de que no puede pintar con todos
los colores).
Padre: La consigna es un solo color cada uno.
Hijo: Acá pasto (dibuja de un lado y del otro).
P: (agrega en el medio, entre los dos pastos, agua) Una laguna... ¿Hago un pesca-
dito?
H: No... Esperá. Podemos hacer acá unas nubecitas... Hacelas acá (señala arriba).
(A Martín le cuesta mucho aceptar la consigna de un solo color. El padre ma-
neja bien la situación, calmándolo).
P: Yo hago nubes...
H: No, así no porque va el sol.
P: ...y vos hace un árbol.
H: Pero no tengo marrón...
P: (hace el tronco con su color) Como si fuera marrón.
H: (hace la copa ) Para acá, porque el viento viene de este lado, (derecha)
P: (agrega manzanitas)... Ahora hacé un bote.
H: (hace el bote y el padre lo completa).
H: (como en secreto al padre) Una motito de agua.
P: Es difícil.
H: (la empieza a hacer)
P: ...y yo le dibujo el nene que va arriba.
H: Yo ya lo había hecho en verde! (se enoja) (?) Y... ¡dos en la motito de agua yo
no conozco!
P: ¿Qué más?
H: (Hace el sol) ¡Dios mío, le falta algo! (el padre le agrega la nariz al sol y Martín
se Fríe).
CLÍNICA ORENSE EN FAMILIAS 111

(Ambos hacen pajaritos. Van dibujando en espejo: un pájaro verde y uno tur-
quesa).
P: (hace una casa).
H: ¿Qué hacés? ¿El techo azul?
P: Yo me lo imagino azul.
H: Yo me lo imagino verde (le hace a la casa una puerta, una ventana, chimenea y
humo y algo a la derecha).
P: (dibuja a la izquierda de la casa, dos redondeles unidos por una línea) ¿A ver
qué te parece esto?
H: Un auto.
P: No sé...
H: Una camioneta.
P: No sé. Invéntalo vos.
H: (hace una camioneta) Hacele una raya azul (al padre).
P: (pinta el vidrio del auto de azul) ¿Vamos a dibujar un señor pescando en el
bote? (lo hace) y acá un nene pescando (señala la costa izquierda).
H: (lo hace).
P: ¿Acá abajo qué falta?
H: (se ríe).
P: ¿Qué hay por abajo del agua?
H: Los pescaditos (los dibuja).
P: ¿Qué dibujaste?
H: (a raíz de diferencias y dudas sobre el pez dibujado por Martín, éste se irrita)
¿Vos no entendés nada de lo que estoy diciendo?
(Intercambian entre ambos sobre las características de la raya y el melgacho.
En hoja aparte dibujan: Martín la raya y el padre, el melgacho, explicando las
diferencias de forma. Con el dibujo, retorna la calma).
H: Ahora podés hacer una tortuga (el padre la dibuja) ...Una tortuga de agua
H: ¿Qué te imaginás que sea esto? (dibuja) ¿Esperá eh? (dibuja un barrilete y un
niño teniéndolo, pasándose a la orilla opuesta).
P: Es un barrilete (le agrega la cola) ¿Quién es?
H: (en secreto al padre) (Preguntamos, no quiere decir, pero luego contesta).
Este soy yo.
P: Le vamos a poner un caminito a la casa (lo hace).
H: ¿Por qué?
P: Si no, ¿cómo se sale de la casa?
H: Y yo le pongo otra planta. Así, así, así, con pinches.
P: Una espina (la agrega).
H: Yo aquí, una con olorcito lindo.
P: Una rosa... Este lado está muy lindo (derecha).
H:
112Pero este no. (izquierda) ...¿A ver qué se me ocurre? Vamos
HILDA a -dibujar
ABELLEIRA una
NORMA DELUCCA

cosa (dibuja). ¿Qué será? ...Un hombre pescando, un auto y dos jugando a la
pelota.
P: ¡Qué lindo! ...Y muchas cosas más no podemos.
H: Ah! Y una rama y una ardillita y un cosito con dos huevitos. Hacelos vos
P: (el padre hace los huevitos) ...Y acá un...
H: Mostrémosle a ella. (Muestra a una de nosotras) (?) Una gallina... Pero se-
guimos.
P: Si están pescando cerca del río, podemos hacer una carpita.
H: Hacela así (hace un punto) ¿Sabés qué es?
P: Una cosa que a mí me gusta que estén libres.
H: ¿Qué?
P: Los pajaritos.
H: No, la caca... ¿Qué más? Por el culo...
P: Yo dibujo acá un avión (lo hace arriba a la derecha).
H: (hace otro avión a la izquierda y al lado otro objeto).
P: Me sonaste. Eso me parece que es una nave.
H: No, un helicóptero que viene para acá.
P: Ah! Tengo una idea!
H: Decimelo en el oído (el padre se lo dice). No, algo más lindo (le
dice él también algo en secreto al padre).
P: (agrega un nene con un perrito) Agachadito, jugando con un perrito.
H: ¿Qué están haciendo?
P: Un nene jugando con el perrito.
H: ¿Qué más?
P: Acá falta gente (se refiere al lado derecho).
H: Pueden estar adentro de la casa... ¿Podés hacer sabés qué? (le dice al padre en
secreto. El padre lo hace. Aparentemente son dos figuras humanas). (Una de
nosotras sale brevemente de la entrevista, por un llamado. Al reintegrarse,
Martín tapa lo que había dibujado y sólo se lo muestra a la que permaneció
en la entrevista)... Están abrazados (?) Son amigos (quiere seguir agregando
cosas).
P: Yo voy a dibujar un gatito, Napi, y basta!
H: ¿Qué más que siempre hay en Córdoba que empieza con “ce” de casa? (secre-
tea).
Hacé uno acá y uno acá.
P: ¡No me gustan las cosas no compartidas!
H: Vos hacé un caballo y yo hago el nene arriba (lo hacen).
Relato:
(Hijo-Martín descubre el dibujo que mantenía tapado).
H: Acá están los amigos, en Córdoba. Esto es un caballo de nosotros.
P: Parte
CLÍNICA de las
FORENSE vacaciones... (Martín lo interrumpe)... La casita de nosotros...
EN FAMILIAS 113

P: Esta es una casita que teníamos en Córdoba, que tiene una pileta en el fondo...
H: ...el humito, la chimenea y al lado hay una fogata.
P: ¿Qué hicimos?
H: ¿Qué?
P: Un asado... Dos amigos abrazados (?).
H: Yo no estoy ahí. Mi hermano con su novia (?). Un nene remontando el ba-
rrilete (?). No, no soy yo el del barrilete. Yo estoy del otro lado jugando con el
perrito. Sería Ernesto, mi hermano, el del barrilete.
H: Un avión viajando, otro avión viajando y un helicóptero (¿). Van los abuelos.
En el azul el abuelo Antonio y la abuela Dora (paternos); acá (verde) el abue-
lo Antonio y la abuela Erna (maternos). (?) Se van para su casa. (?) En el heli-
cóptero, alguien de América 92 que yo no conocía. (?) En la mo- tito de agua
dos amigos. Y en el velero dos amigos nuestros. (?) Yo con el perrito. (?) El de
verde pescando es León. (¿Carpa?) La carpita la armó papá y durmió papá
(?). Papá está pescando conmigo. No, con alguien. (?) En la carpa no hay na-
die.
(?) No, yo no soy el del perrito (secreto al padre).
P: Perfecto.
H: Bueno, yo soy el del perrito. Acá, jugando a la paleta, José Ignacio y el hijito
(?).
P: Este verano fuimos a Córdoba a la casa de unos amigos (?). Esta es más la
realidad de la casa (lado izquierdo). La parte ésta del árbol, es como la casa ac-
tual. ...Acá, (a la derecha) Bony, un perro muy juguetón que juega con él. H:
Adentro dejaron una pava calentándose y sale humo.
• Entrevista conjunta madre-hijo:
“Dibujo conjunto familiar”
Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores
elegidos por cada uno luego de dar la consigna:
Madre Hijo

Rojo amarillo
Encuentro entre ambos, afectuoso, muy cordial.
Hijo: Para hacer el sol elegí el amarillo. ¿Y vos?
H M H M

Madre: Yo voy a empezar por el techo de una casita, ya elegí el rojo (Dibuja y le
dice). No es como la que hacés vos...
H : ...la casita del country (Quiere hacer la parte de abajo).
H

M : Sí, Martín hace la casa del country que tiene un techo atípico; entonces Mar-
M

tín siempre hace cosas así. No es que él haga las casas raras, sino que el techo de
H M

la114
casa del country es raro. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

H: (completa la casa). Ahora vos.


H M H M

M: La entrada del auto...


H: ¿Qué auto?
M: El caminito, las huellas (Lo hacen entre los dos, Martín saca otro camino del
que hizo la madre; ella hace las huellas; Martín agrega una al lado).
H

H: ¿Puedo dibujar? (Hace nubes, un árbol, un auto). Rápido anda (La madre lo
mira arrobada).
M H M H

M: El árbol tuyo. Le puedo hacer las violetas que están acá (Martín le pone ama-
rillo a las flores).
H: ¿Por qué elegiste el rojo?
M: Porque es un color alegre. Y como estoy contenta de verte, elegí un color ale-
M H M H M H M H M H M H M H M

gre.
H: El pocito que hay siempre en casa.
M: ¿El de la zanja?
H: Sí. Ahora hago una plantita. Vos hacele las hojitas.
M: Ah, vos le hiciste el centro de la flor. Yo las completo. Completo todas. ¿Y
también hojitas?
H: Sí, sí, sí. Acá hay muchas flores. ¿Te acordás el jardín que estaba al lado de
casa?
M: El de Chela...
H: No, el de adelante.
M: Ah, sí, el arreglo de adelante.
H: (hace rayas abajo) (se miran cómplices) Hay una cosa acá... (algo arriba del
techo).
M: ¡El gato! ¡Sí señor!... El gato (clima de encanto mutuo).
H: (hace una casita y otro gato).
M: ¿Quién es? ¿Es Pipo o Lulú?
H: Faltan las orejas.
M: ¿Pipo?.
H: No.
M: Ah, pero tengo que adivinar.
H: Lulú (hace una moto con una persona). La moto con Raúl y aquí yo.
M: Raúl es el marido de mi vecina que solía llevarlo en moto...
H: Vos hacele con rojo los ojitos y la boquita.
M: ¿Sos vos?
H: Sí... y el gato también, la boquita.
M: El hocico y los bigotes.
H: ¿Qué es el hocico?
M: La boca con la nariz.
H : (hace un dibujo como una red o globo indicador de diálogo). Una persona
dice: ¡Chau Martín!
M : Es Manu. Un amiguito de él del Country. Te dice, Chau Martín.
H : (agrega) ¡Chau Manu! (escribe Mici).
H : ¿Qué más podemos hacer?
M : ¿A ver qué cosas te acordás? Hace mucho que no lo veías a Pipo.
H : (hace una línea derecha, con puntos amarillos y con rojo) (Le hace adivi-
nar a la madre). ¿Qué son?
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 115
M : ¿Del country?
H : Sí.
M: El cerco.
H : Sí y las florcitas.
M : El cerco con las grataegus.
H : ¿Te acordás que había acá una cosa de orégano?
M : Sí, todavía está.
H : (Martín mirándonos) Ella tiene letra más grande (por una de nosotras);
escribió otra hoja (dibuja algo). Acá hay una cosa grande donde siempre me
meto yo.
M : ¿La pileta del tío?
H : No, la mía.
H : Dibujá unas cositas.
M : ¿Qué cositas? ¿Las tejas?
H : No, acá (señala base inferior del techo).
M : ¡Ah, donde cae agua! (lo hace).
H : Dibújale acá al techo. Los caños, mejor. Hacele las cositas y yo hago las te-
jas.
M : (hace las rayas paralelas de guía de las tejas). Bueno, cuando te canses si-
go yo.
H : (hace algunas) Seguí vos (la madre sigue y termina él. Se alternan).
Vos hacé unas cositas. Hacé acá unas tejitas. Como el día que se cayeron.
H: ¿Hay una hoja para dibujarle? (a nosotras).
M : ¿Qué, los montoncitos de tejas?
H : ...que yo rompí con el martillo. (La madre los empieza a hacer intentando
interpretar lo que él quiere; Martín se pone exigente, crítico. No queda con-
forme y pide nuevamente una hoja en la cual intenta dibujarle a la madre lo
que quiere).
M : ¡Ay! ¡Es que yo no sé lo que pasa en tu cabecita!
H : (enojado) ¡Yo no trabajo! ¡Si no me entendés, prefiero no trabajar!
M : ¡ Ya te agarraste el berrinchito! (Lo empieza a tocar, le hace cosquillas y él
se ríe).
M : ¿Jugamos a las cosquillas?
H : Sí, bueno...
H : (insiste con el dibujo. Le pide a la madre que haga de nuevo la casa y las
tejas que se cayeron y que él rompió. La madre prueba en una hoja aparte.
Discuten sobre cómo son las cosas. El dice que es un techo el que se rompió y
ella dice que es otro. Se vuelve a enojar). ¡Ay, no me entendés nada! ¡No di-
bujo más nada!
M : Lo que pasa, es que me tengo que imaginar, porque yo no lo vi.
H: ¡Pero yo sí lo vi!
M : Bueno, no me tenés paciencia a mí. Yo te explicaba. Yo te tenía paciencia.
H : ¡Pero yo no. No te voy a explicar nada, porque no me entendés lo que yo
te digo.
M : Hacé de cuenta que soy muy chiquita y me tenés que explicar. Con el de-
dito señalame.
H : Bueno, te perdono una vez más... Acá hacé el techito que yo rompí (se-
ñala la parte de adelante del techo).
M : (insiste con que no es ese el techo roto).
H : (Le muestra lo que quiere explicarle en mal tono).
¡Yo rompí una teja acá, acá y otra acá!
M: (insiste) Haceme el techito acá (en la otra hoja).
116 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
H : (se enoja mucho; golpea la mesa) ¡Yo ya te enseñé noventa veces!
M : Cuando te explican a vos, ¿Se enojan así los maestros?
H : ¡Pero yo no soy un maestro!
M: Cuando seas grande y tengas un hijito. ¿Le vas a decir así, no te explico
nada?
H : ¡¿Vos me entendés lo que yo te digo?!
M : A medias. Si te hubiera entendido, hubiera hecho lo que vos querés.
H : Entonces no hagas nada. ¡Me pierdo la hora acá y me jodo! (retira la silla,
y se pone contra la pared, como en penitencia. Vuelve y pide a una de noso-
tras que tache lo que anotó de la madre).
(La madre nos explica que es habitual que haga eso y que después pida dis-
culpas cuando se va).
M : Esto es todos los domingos... (dirigiéndose a Martín) ¡A ver si me ponés
muy bien 10!
H : Yo quiero hacerlas de verdad. No esa porquería.
M : Yo la hice con buena voluntad.
H : (gritando a viva voz) ¡Quiero que me den un cartón nuevo! Si no, me voy!
(se enoja mucho, mucho).
Nosotras: ¿Para qué lo querrías?
H : Dibujaría otra vez para enseñarle a mamá que haga las cosas bien. Que
las haga como yo quiero. ¡Parece que tienen mal el cerebro! ¡Parecen los tres
chiflados ustedes tres! (la madre y nosotras dos).
(Hacemos retirar un momento a la madre a otro consultorio. Martín pasa del
enojo a la angustia e irrumpe en llanto. Cuando se calma un poco, invitamos
a la madre a ingresar nuevamente. En un cartón nuevo intentan hacer lo que
él cree que quiere. Pero no logran lo deseado. Martín angustiado se abraza a
la madre y al terminar la entrevista, no se quiere separar).

En razón de este desenlace inconcluso y angustioso de la entrevista conjunta,


decidimos continuar la tarea en un segundo encuentro.

• Segunda entrevista conjunta madre-hijo:

Hacen un pacto con la mano, que no se van a enojar.

Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores


elegidos por cada uno luego de dar la consigna:

Madre Hijo

Naranja Rojo
Martín muy contento, elige dibujar.
H: (Hace un sol). Quiero hacer de nuevo la casa del Country.
M: Yo la casa del country no la hago, porque el otro día...
H: ¡Lo siento! La tenés que hacer. Si lo hacés mal... (Empieza a hacer la casa).
M: Yo las tejas no las hago. Hacé vos la imagen que tenés en tu cabecita de las
tejas (Le limpia la nariz).
H: ¿A qué no sabés que es esto?
M: ¿Los ladrillitos?
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 117
H: Sí.
M: Estás muy minucioso con el dibujo (Martín hace infinidad de pastito).
H: Estoy disimulando... porque es el pastito. Me copio de la casa del Country o
lo que me acuerdo. Acá hay un árbol muy viejito. (Sigue haciendo muchísi-
mo pasto).
M: El sauce llorón y el sauce mimbre.
H : H oy salió bien, ¡Ves! (La madre todavía no hizo nada). Acá van las rayitas
(Martín mira lo que anotamos).
H: ¿Qué es esto?
M: ¿Las manchitas del tronco?
H: No, las chicharras.
H: Todavía no hice ningún chico. Yo lo voy hacer. Este soy yo. Estas son las ra-
mitas. Hoy está quedando lindo. ¡No te vas a equivocar hoy! (a la madre).
(Cuentan que este fin de semana no fueron al Country porque llovía. Fueron al
cine a ver Bambi).
M: No me hizo triste.
H: (Sigue haciendo pasto. Hace gesto de cansado y dice:) ¡Estoy tan cansado!
(hace un jardinero) El jardinero cortando el pasto (Hace a Manu al lado de él en
el árbol diciendo: “el sol a la vista”; lo escribe en el dibujo y agrega: “Yo tam-
bién”). Mirá todo lo que dibujé yo (a la madre). Vos hiciste nada más que éstos
dos puntitos.
M: Me dejó hacer sólo el centro de las flores para que no me equivoque.
¡Muchas gracias por tu bondad y consideración!
H: ¿Me ayudás a hacer el pasto?
M: Sí.
H: ¡No, no! Mejor que no, porque si te llegás a equivocar... Ya terminamos, todo
de un solo color. Bueno... Dibujá lo que hay en el Country... pero decime a mi
primero.
M: ¿O sea que me estás diciendo que te pida permiso a vos antes de dibujar?
¿Por qué?
H: Porque si no me voy a enojar. Porque si lo hacés mal... Yo quiero que lo hagas
igual que como está en casa. Sin ninguna falta.
M: Voy a tratar de que sea un mellizo exacto del que vos hacés.
H: ¡Mamá! Igual, ¡eh! ¡Sin ninguna falta! (no le conforma el gato que hizo la ma-
dre como copia del de él). Sos una tonta que no sabés hacer gatos y perros.
M: A Diego yo le enseñé y aprendió bien. (Calca el gato que hizo Martín de mo-
delo). Me parece que va a salir un hermanito perfecto.
H: (a nosotras) No anotés eso de Diego (deja que la madre haga flores. Le quita a
una de nosotras las hojas porque dimos vuelta el dibujo para verlo. Se vuelve a
enojar pero en forma más leve). ¡Es una porquería este dibujo! Y es una porque-
ría compartir...!, No la voy a dibujar a mamá. (Preguntamos a la madre dónde
estaría ella): Yo estaría adentro de la casa.
M: Siempre estaba yo cocinando, bordando, cosiendo y esperando que venga
Martín (¿?) Martín estaría en un sauce mimbre que es una cueva (¿?). Manu es
un vecinito.
H: (se levanta y abre los cajones de nuestros muebles del consultorio). ¡A ver si
estos juguetes están bien!
(finaliza la entrevista)
e) Evaluación de las producciones vinculares en base a indicadores
• Clasificación de los indicadores
A - Indicadores Generales

Entrevista padre-hijo Entrevista madre-hijo


118 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
1) Modalidad de funciona- 1) Modalidad de funciona-
miento grupal miento grupal
a ) P l a n e a m i e n t o Ausente a ) P l a n e a m i e n t o Ausente

b ) T a r e a c o n j u n t a Se concreta b) Tarea conjunta


Se concreta con dificultades en la
segunda entrevista
c ) F i g u r a o r g a n i z a d o r a Pre- c ) F i g u r a o r g a n i z a d o r a Pre-
sente: compartida entre el padre y el sente: encarnada de manera conflicti-
hijo va por el hijo

d) Identidad del liderazgo d) Identidad del liderazgo


Compartido entre padre e hijo. Ejercido por el hijo.

e) Cualidad del liderazgo e) Cualidad del liderazgo


Democrático Autoritario

f ) M o d o d e p a r t i c i p a c i ó n In- f ) M o d o d e p a r t i c i p a c i ó n A
clusiva de ambos predominio de exclusiones de la ma-
dre por parte del hijo y autoexclusio-
nes maternas.
g) Tipo de intervenciones g) Tipo de intervenciones A
Modo: Combinado con preguntas y predominio de preguntas en la madre
respuestas en ambos. A predominio de respuestas en el hi-
Direccionalidad: Circulante en el con- jo. Direccionalidad: Circulante en el
junto padre-hijo. conjunto madre-hijo.
Contenido: Cooperativo-facilitador, Contenido: Individualista, inhibidor,
en especial por parte del padre, con crítico e intrusivo por parte del hijo.
algunas irrupciones críticas del hijo. Elusivo por parte de la madre.
h ) U b i c a c i ó n e s p a c i a l Espon- h ) U b i c a c i ó n e s p a c i a l Espon-
tánea tánea
2) Estilo vincular predomi- 2) Estilo vincular predom i-
nante nante
a ) C l i m a a f e c t i v o Cálido, dis- a) Clima afectivo
tendido, ameno. Inicialmente cálido. Se va tornando
tenso, con irrupción de furia y llanto
en el hijo y angustia en ambos, en el
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 119
primer encuentro.
En la segunda entrevista conjunta, es
cálido, con momentos de cierta ten-
sión y tristeza.
b) Ejercicio de las funciones b) Ejercicio de las funciones
parentales parentales
Contención paterna y discriminación- Contención materna: muy restringida
orden, abarcativa. y rígida, lo que la torna ineficaz. Dis-
criminación-orden: predominio de la
indiscriminación madre-hijo. Ausen-
cia de institución de un orden por
parte de la madre.

c) Modalidad de expresión c) Modalidad de expresión


d e l h i j o Espontánea y creativa. d e l h i j o Espontánea, con tendencia
a tornarse hostil, violenta y desorga-
nizada, disminuyendo por lo tanto la
creatividad.
d) Lugar del progenitor a u- d) Lugar del progenitor a u-
s e n t e No incluido s e n t e No incluido

3) Expresión simbólica 3) Expresión simbólica


de las funciones e identifi- de las funciones e identifi-
caciones caciones
P e r s o n a s o p e r s o n a j e s : Pre- P e r s o n a s o p e r s o n a j e s : Presen-
sencia numerosa de personas y ani- cia escasa de personas. Algunos ani-
males. males. D i f e r e n c i a c i ó n s e x u a l y
D i f e r e n c i a c i ó n s e x u a l y g e - g e n e r a c i o n a l : Acorde al propio
n e r a c i o n a l : Acorde al propio sexo sexo y edad
y edad. Identidad de los personajes:
Identidad de los personajes: de la vida real, vivos, humanos y
de la vida real, vivos, humanos y animales.
animales.
T i p o d e p e r s o n a j e s : Activos e T i p o d e p e r s o n a j e s : Activos e
implícitamente satisfechos. implícitamente satisfechos.
B - Indicadores Específicos

Producción gráfica Producción gráfica


Cualidad del dibujo conjun- Cualidad del dibujo conjun-
t o Compleja t o Simple: la primera producción.
Tendiendo a compleja la segunda.
Uso
120 equivalente del espacio HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Uso monopólico del espacio por parte
del hijo.
Dibujos elaborados, diferenciados y
diversos. Algunos elementos más elaborados
que otros.
Interpenetración aceptada y espon-
tánea de los colores. Interpenetración de los colores, acep-
tada en tanto es acordada.
Ambos son autores de elementos
principales. El hijo es el autor de los elementos
principales; la madre de los secunda-
rios o accesorios.
Producción verbal Producción verbal
Simple: Descriptiva, con menor par- Simple: Descriptiva.
ticipación del padre en el relato.
No construyen una historia. Poco No construyen un relato conjunto. Di-
sostén del nivel lúdico ficultad para sostener el nivel lúdico .

• Interpretación de los indicadores

Entrevista conjunta padre-hijo:


La producción gráfica, resultó de mayor complejidad que la producción ver-
bal.
El padre, se mostró contenedor. Con una actitud organizadora y a su vez fa-
cilitadora del despliegue del hijo. Brinda alternativas para que Martín acepte las
restricciones de la consigna (de uso de un solo color) y por consiguiente de la
realidad, dándole un sentido ficcional: Martín: “¡¿El techo azul?!” Padre: “Yo me
lo imagino azul”. O el tronco del árbol azul “como si fuera marrón”.
La producción gráfica resultó rica, compleja, con un liderazgo compartido y
fluidez comunicativa. Cuando Martín comienza a discutir sobre si el pez es raya
o melgacho, o se enoja porque el padre hizo un segundo nene en la motilo de
agua (M: ¡Y... dos en la motito de agua yo no conozco!) se pudo resolver ese mo-
mento crítico que surge en el vínculo, por la mediación de la actitud conte-
nedora y a la vez de puesta de límites del padre.
El relato de lo dibujado, es mayormente descriptivo, con algunos elementos
interpretativos aportados por Martín.
Lo que llama la atención, es que en la producción verbal no se logra la cons-
trucción de una historia propiamente dicha que coherentice lo dibujado. y ¿Esta
dificultad de historizar desde la ficción, daría cuenta de que lo obstaculizado es
el proceso de historización de la familia? ¿Temor quizá, del surgimiento a tra-
vés de la palabra de un retorno de lo traumático? También podemos pensar,
que el momento del relato es un momento de síntesis. En este dibujo, se marca-
ron tajantemente dos espacios separados por una ancha laguna. El padre esboza
que el lado izquierdo “es más la realidad de la casa” de ellos, que tenían en Cór-
doba. Antes había señalado que el lado derecho estaba muy lindo. Y Martín
duda en dónde ubicarse él. No está en el lado derecho donde se dibujó la casa,
ni remontando el barrilete que él hizo. Dice que tampoco es el que juega con el
perrito y finalmente dice que sí. Surgen en ambos lados algunos elementos que
delatan aspectos conflictivos dentro de la armonía que logran: los pinches de la
rosa pese al “olorcito lindo”; “la caca por el culo” del pajarito, que el padre deja
pasar sin comentarios. En varias oportunidades en que el padre dibuja algo de
un lado, Martín tiene la necesidad de realizar su propia versión casi en espejo,
del otro lado: los pajaritos, el avión. Surgen los nuevos personajes familiares co-
mo Ernesto, “mi hermano” y su novia (hijo mayor de la nueva pareja del pa-
dre). Si bien no se hace referencia directa a la madre, podría estar representada
por los abuelos maternos que viajan en el avión que Martín dibujó.
Dos universos distintos, fragmentados, que resultan de difícil conciliación.
Lo real y lo deseado. Lo deseado y lo temido.

Entrevista conjunta madre-hijo:


Podemos observar en estas producciones cómo se escenifica dramáticamente
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 121
el conflictivo vínculo materno-filial. Es interesante apreciar el modo en que las
reiteradas apelaciones de Martín a la madre se “estrellan” con la incapacidad de
ésta de dar respuesta a las demandas del hijo, así como también el hecho de que
las mismas, por momentos, se tornan difíciles de decodificar desde el estilo en
que son enunciadas por el niño. Podríamos decir que Elsa da respuestas desde
una posición de demanda (“ Hacé de cuenta que soy chiquita y me tenés que
explicar”), lo cual va erosionando la integridad psíquica de Martín, que paula-
tinamente se angustia, se enoja y se descontrola (enloquece).
Resultó tan traumático para el vínculo madre-hijo la dificultad de realizar la
tarea conjunta que le solicitáramos, que se nos ocurrió abrir un nuevo espacio
(algo que nunca se nos había tornado necesario hacer con otras familias), para
explorar ellos y nosotras, las posibilidades del vínculo de correrse del funcio-
namiento simétrico-enloquecedor en que aparece instalado.
Esta modalidad vincular se traduce con claridad en los indicadores: ausencia
de planeamiento; imposibilidad de realizar una tarea conjunta, tanto desde el
nivel gráfico como verbal; liderazgo ejercido por el hijo, con características au-
toritarias, así como en el modo de participación y el tipo de intervenciones.
En el segundo encuentro madre-hijo lograron correrse levemente del fun-
cionamiento enloquecedor de la primera producción (al inicio hacen un pacto
con la mano de que no se van a enojar), apelando la madre a una participación
más acotada y el niño a una disminución de sus demandas, lo que permitió la
concreción de la tarea conjunta a nivel gráfico y ciertas variaciones en el clima
afectivo, pero sin modificaciones esenciales en cuanto a la figura organizadora e
identidad del liderazgo, que siguió siendo detentado por el hijo. La producción
verbal es eminentemente descriptiva. No logran realizar un relato conjunto de
lo dibujado. Dificultad claramente expresada por Martín cuando dice: “Es una
porquería compartir”.

f) Interrogantes e hipótesis interpretativas

• Interrogantes que nos planteamos ante la problemática familiar y


sus producciones

1. ¿Qué lugar ocupa el hijo en la problemática familiar (anterior y posterior


al divorcio)?
2. ¿Cuál es el sentido del conflicto y quiebre en el vínculo materno-filial y en
las subjetividades de la madre y del hijo?
3. ¿Cómo se inscribe la separación conyugal y SLI procesamiento en los in-
tegrantes de la familia (estado del duelo)?
4. ¿Qué recursos se evalúan en cada uno de los progenitores para ejercer sus
funciones parentales y reconocer la del otro?
5. ¿Es la organización familiar actual, el contexto vincular más apto para el
desarrollo psicológico de Martín?

• Hipótesis interpretativas

Comenzaremos por hacer una semblanza de nuestras impresiones sobre los


integrantes del grupo familiar.

Elsa, 47 años, es una mujer hermosa, elegante, impecablemente vestida, de porte


altivo. Se conectó y comunicó con facilidad con nosotras, mostrándose expansi-
va, con una rica y frondosa verbalización sobre aspectos de sus circunstancias
vitales, pero sin poderse centrar en profundidad en otros temas, como los relati-
vos a su relación de pareja.

Dentro de la aparente facilidad para abordar su historia, predomina en su re-


lato un estilo descriptivo, de cierta distancia emocional con los hechos, que se-
guramente forma parte de sus recursos defensivos frente al dolor y las pérdidas.
En las primeras entrevistas, surgen con mayor frecuencia sus sentimientos ad-
versos hacia su ex esposo, a quien adjudica fundamentalmente la responsabili-
dad de la separación y de las circunstancias conflictivas que la siguen rodeando.
122
Promediando los estudios, afloró la angustia referida aHILDA
lasAdificultades
BELLEIRA - NORMA DELUCCA
en su
vínculo con Martín y a la pérdida de su pequeña hija, hace 10 años.

Le resulta costoso reflexionar sobre su participación en los conflictos fa-


miliares. Si bien se la percibe lúcida, tranquila, organizada y equilibrada emo-
cionalmente, de buen ánimo en general (teniendo en cuenta los informes psico-
lógicos y psiquiátricos anteriores) y haciendo mención a la continuación de su
tratamiento psicológico, no puede pensarse a sí misma como habiendo atrave-
sado una crisis personal de importancia, como para justificar que el padre de
Martín se hiciera cargo del niño.

Este es su punto de mayor inabordabilidad, ya que parece necesitar mante-


ner una imagen de sí omnipotente e inquebrantable. Desde esta posición, se le
obstaculiza la elaboración de las pérdidas sufridas, que exigen frente al recono-
cimiento de las mismas, un proceso psíquico de profunda conexión con los sen-
timientos, las necesidades, las carencias y las limitaciones propias.

Este largo y doloroso trabajo interior, parece no poder ser tolerado por su
frágil estructura psíquica, que por este motivo necesita erigir defensas protec-
toras, que a su vez empobrecen sus intercambios afectivos, como se pudo apre-
ciar en la relación con Martín. Puede sí percibir o representarse esta fragilidad
en su madre, como señalamos: “Soy la madre de mi mamá. No asimila las pérdidas”.

Sin darse cuenta, nos está hablando en esta interpretación, de su propio posi-
cionamiento con Martín, como una nenita a quien su hijo tiene que enseñar y
proteger, promoviendo en él, sentimientos de carencia de contención y sostén,
que se expresan con furia.

Conviven en ella sus deseos de mantener la imagen de mujer-madre ideali-


zada e idealizante (por lo tanto inalcanzable, desvitalizada, “maniquí” del pa-
dre, “reliquia” del marido) con los de recibir la protección y el sostén que in-
conscientemente busca en el hijo, acarreando a ambos una inevitable cuota de
frustración. En otras vertientes de la relación materno- filial, evidencia una rela-
ción afectiva intensa con su hijo, dando muestras actualmente, de poder hacerse
cargo de su cuidado en lo que hace a aspectos generales de la crianza.

Es en el punto de la angustia de Martín por no poder reproducir exactamente


lo que supone que su madre desea, ni encontrar en ella respuesta a sus perento-
rios interrogantes, donde Elsa se siente desbordada y se fragiliza en su función
de contención y diferenciación de su hijo.

Función que pudo ejercer en su complementación con la ejercida por Oscar,


durante buena parte de la relación matrimonial.

Oscar, 46 años, es un hombre de aspecto común, locuaz, expresivo, que rela-


ta en forma minuciosa y pormenorizada los avatares de la historia familiar,
conmoviéndose intensamente ante el recuerdo de momentos dolorosos y angus-
tiantes, referidos a la muerte de su hija y a su separación conyugal definitiva,
como a las fantasías y proyectos con que comenzó su matrimonio.
Inicialmente su discurso se centraba obsesivamente en las críticas y repro-
ches hacia Elsa, tendiendo a descalificar su figura y ubicándose él como víctima.
Paulatinamente se fue corriendo de ese lugar, conectándose de otro modo con
aspectos valorados de su ex esposa que fueron muy importantes para él y su
vínculo de pareja, como para sus hijos desde la relación maternal.

Este cambio observado, le permite desde lo “racional”, una mayor acep-


tación de los sentimientos y necesidades de sus hijos en relación a la madre,
expresando en lo manifiesto sus ideas respecto a la conveniencia de que en es-
pecial Martín, mantenga un vínculo estable con ella (aunque acotado). Pero123
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
en
las alusiones e interpretaciones sobre Elsa a lo largo del relato, su figura aparece
como depositarla de sentimientos de destrucción y muerte.

Esta transmisión no consciente, es la que hace obstáculo desde él, para una
conexión más eficaz de Martín con su madre.

En el vínculo con Martín, como dijimos, se muestra protector, afectuoso y


continente, con la capacidad de limitar y sostener a su hijo con firmeza cuando
éste entra en momentos de angustia, confusión o desafío crítico, posibilitando
reenmarcar la situación y evitando la desorganización del niño.

Martín, de 7 años, se muestra como un niño inteligente, vivaz, expresivo y


observador. Ocurrente, alegre y muy afectuoso, se relacionó con facilidad con
nosotras, mostrando gran placer en dibujar, hablar y jugar. A lo largo de las
entrevistas (y en especial las vinculares, como ya mostramos) y casi en oposi-
ción a lo descripto, irrumpen sus facetas hipercríticas, demandas exigentes fren-
te al adulto con planteos dilemáticos y finalmente la angustia, al no obtener la
respuesta esperada.

Si bien lo entrevistamos a Diego para conocer su posición en el conflicto fa-


miliar, no lo incluimos en nuestra intervención, ya que la demanda judicial está
centrada en la tenencia y visitas respecto de Martín.

Más allá de las peculiaridades personales de cada uno de los miembros de es-
ta familia, nos parece fundamental centrar el análisis en el particular entramado
vincular que se fue construyendo desde su constitución, cómo se insertó en él la
traumática e inelaborada muerte de la única hija mujer de la pareja de Oscar y
Elsa; el advenimiento de Martín; el sesgo violento de la separación conyugal y
los efectos que produjo, dramatizados en los intrincados avatares del juicio le-
gal.

Iremos retomando fragmentos consignados en la síntesis de la historia fa-


miliar, como de las producciones vinculares.

Remontándonos al origen y constitución de la pareja, podemos señalar que


se fundó tempranamente en sus vidas, siendo adolescentes. Se infiere de sus re-
latos, como señalamos en la historia, que la relación se caracterizó por actitudes
muy diferentes de cada uno, pero de posiciones complementarias: de intensa
idealización de él, de complacencia de ella por sentirse amada de ese modo.

Los primeros años del matrimonio, son reconocidos por ambos como armo-
niosos.

Oscar parece haber confirmado su aspiración de vinculación con un objeto


ideal, que conjuraba sus carencias y debilidades. Elsa asume satisfactoriamente
ese lugar de apoyo y sostén de sus hijos y del “marido-hijo”, pero a la vez “ma-
rido-padre” que al entronizarla la escudaba del contacto con sus propios temo-
res y limitaciones.
Cimientos frágiles, poco propicios para sostener las inevitables situaciones
problemáticas de la cotidianeidad. Las primeras crisis, de poca envergadura, se
sortearon vía la negación, el desconocimiento o desestima de la realidad de cada
uno, tendiendo a reinstalar el vínculo en el nivel necesitado por ellos.

La muerte de Mercedes, situación traumática de impredecibles consecuencias


para cualquier familia, operó en ellos a la manera de un sismo de lentos efectos, que
fue destruyendo paulatinamente lo que con esfuerzo y creciente empobreci-
miento en el funcionamiento vincular sostuvieron hasta el momento de la sepa-
124
ración, hace tres años y medio (y diez actualmente, de la H ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
muerte de la hija).

El fallecimiento de Mercedes atravesó a todos, pero en especial a Elsa, que se


sintió “caer” del lugar en que fuera ubicada y en el que inconscientemente se
ubicó...”Ella se hizo cargo de la falla ... “A partir de ese momento me costó retenerla”
...dice él.

En un intento de explicar lo inexplicable, Elsa había construido la teoría de


que quizá la enfermedad de su hija fuera producto de una radiografía que ella se
habría realizado en el embarazo. Primero se autoculpó, después culpó a su ma-
rido médico por no haberla advertido.

Luego transcurre un período confuso y conflictivo para la familia, que in-


tenta resolverse con el embarazo de Martín, pero sin elaboración ni reconocimiento
del significado culposo y traumático de la enfermedad y muerte de la hija.

Martín adviene a esta historia vincular previa. ¿Cuál es su función? ¿Com-


pensar la pérdida? ¿Cubrir una falla? ¿”Calcar” la hija muerta? Función impo-
sible para todos, que culmina con una separación violenta de la pareja, expul-
sión-alejamiento del hijo mayor, el quiebre psíquico de Elsa con posterioridad y
como consecuencia, la necesidad de que Martín pase a convivir con el padre.

El drama que encadena a esta familia, no parece hallar hasta el momento,


otra salida que el castigo y sacrificio del lugar de la madre, el intenso su-
frimiento del niño, descolocado y luchando permanentemente por “ser” y el
riesgo del vínculo materno-filial.

La madre, parece resignada a la distancia que se instaurara con Diego. No


encuentra caminos eficaces de contención y acercamiento a Martín. Le cuesta
conectarse con su hijo, reconocerlo en su singularidad y aceptar su presencia en
diferencia con la imagen de su hija perdida. A la vez, parece presa de la in-
terpretación culposa que hizo de la muerte de Mercedes y “teme dañarlo”.

Así oscila entre agredirlo desde la ironía o el desconocimiento por lo que no


es, o intentar “aplacarlo” desde una actitud regresiva ante sus propias li-
mitaciones. Ambas facetas de su hacer dejan fuera a Martín, quien nunca se
siente suficientemente alojado en el vínculo con su madre. O se siente “ex-
pulsado” porque no es quien ella espera que sea o se siente ubicado en el lugar
protector y de amparo que ella no puede ocupar.

Las dos alternativas le impiden anidar en su lugar filial. La mayor parte de


las veces se enoja, otras la “perdona” y vuelve a iniciar el ciclo esperanzado de
encontrar una madre, “su” madre. Momento en general fugaz, en que Elsa se
puede despojar de sus estrategias defensivas y logra captar al hijo como algo
nuevo y diferente y permitirse ser ella otra madre que la que siente ser, pero que
cae rápidamente cuando la realidad de las demandas de Martín la enfrentan con
el vacío angustioso, sinónimo de muerte. El vínculo vuelve a claudicar: “Es una
porquería compartir”, dicho por Martín, podría expresar el sentimiento de ambos.

El padre, en los primeros tiempos de la separación, atacó ferozmente aquello


que había endiosado, como única significación posible. La mujer-madre ideali-
zada se había derrumbado y se mostraba sólo como una mujer con limitaciones,
culposa y angustiada. Elsa ha devenido “otra”, opuesta a la mujer- madre ideal.
De otro modo que Elsa, Oscar sigue apresado en la añoranza de lo que ya no
está. Parece no poderla perdonar por haberla perdido: “Mi enojo -y el de todos-
con Elsa, es porque no pude encontrarla más. Elsa ya no fue más lo que era...”
“El recuerdo no se puede modificar...”

“Era justa y sincera. Tal vez fue un ideal. Por eso la bronca: para romper esto de hoy
125
yCLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
reencontrar a la Elsa que era”. Esta no renuncia a la idealización de un pasado
perdido, sostuvo durante los primeros tiempos de la separación, sus reivindica-
ciones hostiles litigiosas (plasmadas en el abultado expediente del juicio de di-
vorcio y tenencia) y los ataques a Elsa como castigo, estrategia defensiva con la
que podemos pensar se identifica Martín.

Luego se fue corriendo a la situación actual de aceptación racional, pero no


profunda y vivencial, de la dolorosa realidad. Esto le permite contener y rela-
cionarse con sus hijos, pero no favorecer eficazmente la conexión de ellos con la
madre.

Diego, por su edad (22 años) y personalidad, pone distancia con la madre,
negando su afecto y necesidad de mantener ese vínculo. “Humanamente me da
pena... pero afectivamente no. Yo trato de arreglármelas solo para no cargar las tintas”.

Martín, con su lugar poco claro desde el inicio de su vida, mantiene pre-
servados aspectos de su personalidad que le permiten una inclusión positiva en
otros vínculos. Pero “cae” también en verdaderas crisis de angustia y desorgani-
zación, ante la imposibilidad de satisfacer su necesidad de recuperar un vínculo
estrecho y deseado con su madre, necesidad que choca con sus temores y los de
ella, de efectivizar lo.

Porque en la realidad del vínculo, no en su representación idealizada, surgen


las limitaciones de la comunicación empática, las no coincidencias vividas como
fallas, el paso del tiempo con sus pérdidas, la acentuación de las defensas diso-
ciativas de la madre ante la intensificación de los conflictos y la pérdida del sos-
tén que operaban la presencia y el amor de su marido. Como también forman
parte de la realidad vincular actual, las exigencias de Martín reduplicadas por la
interrupción del vínculo con su madre, con un tiempo insuficiente de contactos
como para que se generen momentos de choques, desencuentros y reencuentros
posibles. Los sentidos enigmáticos y traumáticos que circulan por los vínculos
familiares y que enloquecen a Martín, lo llevan a expresar su deseo de no vivir
más.

Diferentes personajes familiares, para una sola captura mortífera en un ideal


inalcanzable.

g) Reflexiones acerca de nuestra intervención

Nuestra intervención, centrada en la lectura de las diversas situaciones críti-


cas por las que transcurría esta familia desde un abordaje y una mirada del con-
junto familiar, permitió que se realizara un corrimiento de la lectura fragmenta-
da, que en forma especular con la problemática de esta familia se venía operan-
do desde las sucesivas intervenciones llevadas a cabo en la Justicia. Diferentes y
contradictorias algunas de ellas, que las llevó a esterilizarse entre sí. Se miraba o
sólo se veían “pedazos” del conjunto sin ponerlos en relación: la patología ma-
terna, las crisis de Martín, la hostilidad vengativa del padre, traducida en las
innumerables presentaciones judiciales cuestionando la capacidad de la madre.
X Como hemos expresado en otros puntos, la apertura de un “espacio
neutral y novedoso”, que apela al discurso del conjunto, que no señala, ni cues-
tiona a nadie, sino que tiende a interrogar y a través del interrogar a favorecer el
interrogarse de cada uno y la reflexión crítica, permitió que la familia, en especial la
pareja parental, empezara a encontrar ciertos “bordes”, ciertos límites en esa
especie de dilución en que parecían precipitarse, arrastrando consigo al hijo
menor. Pequeños signos, pero que dan cuenta de la posibilidad del inicio de otra
etapa en su devenir.

Elsa, levemente más firme en el vínculo con Martín. No lo suficiente para ha-
cerse cargo de su tenencia, pero sí para que el niño pueda mantener un contacto
más prolongado con ella sin riesgos para su persona.
126 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Oscar, deponiendo parcialmente la hostilidad hacia Elsa que encubría el in-


tenso dolor y la no aceptación de lo que no pudo ser como él lo había deseado.
Dejó de estar enojado y pudo reflexionar acerca de lo perdido, de lo que dan
cuenta frases que hemos transcripto en c); y entre ambos Martín, también leve-
mente aliviado de soportar la pesada carga de no tener un lugar claro y propio.

Teniendo en cuenta que la conflictiva familiar es compleja y de larga data y


que los movimientos observados difícilmente se consoliden y complejicen sin
ayuda psicoterapéutica, sugerimos la necesidad de que tanto el niño como cada
uno de sus padres, realicen tratamiento psicológico con un terapeuta especiali-
zado en familias en proceso de divorcio.

El objetivo de esta indicación se basó en que se pudiera armar un encuadre


posible de trabajo, que no los entrampara en el funcionamiento anterior, ni los
expusiera a propuestas que no tuvieran en cuenta la realidad de esta familia, co-
mo ocurrió en cierto momento de la intervención judicial. Nos referimos a cuan-
do el terapeuta de Elsa impuso el tratamiento de la familia: padre, madre e hijos,
que rápidamente fracasó por imposibilidad de Elsa y Oscar de sostenerlo, como
era de esperar en un momento del proceso de separación de franco predominio
de hostilidad, poco propicio al armado de este dispositivo terapéutico.

CAPÍTULO X

Cuando queda cuestionado el lugar del padre

Introducción

En este capítulo nos vamos a centrar en el análisis de un grupo familiar en


el que luego de producido el divorcio, se logra el armado, con cierta pre-
cariedad, de otra manera de funcionar que permitía la circulación del único hi-
jo de la pareja. A cinco años de la separación, se produce una situación crítica a
partir de la cual queda cuestionada la figura paterna, peligrando la continui-
dad del vínculo paterno-filial.

Famila “Linterna Verde”


a) Presentación
Organigrama familiar
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 127

Esta familia está integrada por la madre, Florencia, de 32 años; el padre,


Santiago de 33 años y Juan (“Juani”) de 7 años. Juani cursa 2o grado, vive en La
Plata con su madre, Miguel, la nueva pareja y un hijo de ambos, Matías de 3
años y medio. Santiago vive en Neuquén con su nueva pareja Mónica y un hijo
de ella de un matrimonio anterior, Santiago, de 4 años.

Florencia y Santiago están separados desde hace 5 años. Santiago viaja a La


Plata quincenalmente a ver a su hijo y a su familia de origen (madre y herma-
nos). A veces le surgen problemas de trabajo y no lo hace con la misma frecuen-
cia.

Trabaja en investigaciones antropológicas. Mantuvo una buena relación con


los padres de Florencia hasta el momento de la crisis actual y los visitaba cuan-
do iba a buscar a su hijo, ya que el lugar de encuentro era la casa de los abuelos
matemos de Juan. El régimen de visitas se cumplía, aunque con algunos obs-
táculos y reclamos mutuos, por diferencias en relación a horarios de salida o
retorno.

Desde hace aproximadamente tres meses Juani se niega a salir con el padre.
En su último viaje el niño adoptó conductas que preocuparon a la familia: según
relata la madre, se encerró en una habitación y no quería verlo. “El papá gritó
durante 20 minutos llamándolo, en la puerta de la casa de mis padres. Juani dibujaba y
no respondía. El nene tiene estrabismo y usa anteojos. Ese día se le notó el ojo totalmente
desviado hacia adentro”.

El padre ante este hecho, pide intervención del Juzgado para que se res-
tablezca el régimen de visitas y se aclare la situación.

b) Singularidades de la demanda institucional

La Jueza que recibe la demanda del padre, convoca a una audiencia para que
concurran ambos padres y el niño, para interiorizarse del problema.

Los avatares de esta audiencia, forman parte de lo relatado en el Capítulo II,


como ejemplo de una Audiencia de urgencia-resolución. Algunos de los datos re-
cabados en esa oportunidad, los repetiremos para darle continuidad a lo que fue
surgiendo al interior del posterior estudio pericial.

Como dijéramos, en el despacho de la jueza Juani tuvo un acceso de furia, le


pegó patadas, gritó, lloró, se pegó la cabeza contra la pared hasta hacerse un
chichón y luego se replegó en un sillón. Esta reacción del niño alarmó a la jueza,
quien pide nuestra intervención inmediata, al interior de la audiencia.

Cuando ingresamos, encontramos todavía al niño en esa posición. Se negaba


a hablar con la jueza y también con su madre.

Implementamos a partir de ese momento, el dispositivo que hemos cons-


truido para situaciones de urgencia en audiencias, tal como lo desarrollamos en
el capítulo citado. Previamente recibimos de la jueza la información sobre el
caso y las precisiones sobre el asesoramiento psicológico que necesitaba en ese
momento, para implementar la medida jurídica más adecuada.

En primer lugar, realizamos una entrevista con cada uno de los progenitores,
en un espacio adecuado brindado por la jueza y tomamos contacto con los res-
pectivos abogados.

Tanto Santiago como Florencia, se muestran inicialmente tensos y des-


confiados. El a la defensiva e inculpando a su ex pareja por el rechazo de su hijo.
128 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Ella con la misma actitud de ubicar en él la fuente del conflicto, pero a su vez,
trayendo como verdad sancionada la palabra de un psicoterapeuta con el que
Florencia y su familia actual habían iniciado entrevistas familiares. La abogada
de Florencia también tiene en alta estima la opinión del psicoterapeuta y dan por
sentado que lo que éste aconsejara por escrito en el expediente, es lo más ade-
cuado: “...Que se suspenda el régimen de visitas al padre, hasta tanto avance el trata-
miento con Juan.”

Sin embargo, ambos progenitores, como cada letrado desde su propia postu-
ra, se muestran fundamentalmente interesados en que se esclarezca y se decida
lo mejor para Juan.

De las entrevistas se desprende, que desde hace 3 meses comenzaron los pro-
blemas entre Juani y el padre, agravados en la última visita. El padre lo atribuye
a que puede haber influido que él se casara legalmente en esa fecha (supone que
influyó en su ex esposa y de allí en Juani). También surge ocasionalmente que
Florencia desearía quedar nuevamente embarazada (Florencia: “mamá espera la
nieta”).

Relatan una escena conflictiva en el campo, en Semana Santa, donde Juani


pasó unos días con el padre y su familia actual. Juani y Santiago (hijo de Mónica)
se pelean. Juani le pega a Santiago y el padre expresa: ...”por no hacer diferen-
cias”...”porque Juani es mi debilidad, ...lo reté a Juani y lo zamarreé”. Juani se queda
muy ofendido con su padre y le relata angustiado este episodio a la madre, al
volver a La Plata.

El padre comenta a su vez, que está preocupado porque su hijo se refiere a


Miguel como “papá” y responsabiliza a la madre por no aclarar esto con Juani.

Hace un mes, en mayo de este año, la madre consulta al mencionado psi-


coterapeuta quien realiza entrevistas familiares centradas en Juani, por los pro-
blemas de inhibición y en la lecto-escritura que el niño presentaba en la escuela.
En una de las sesiones surge el interrogante de Juani sobre su origen y sobre si el
padre quería que él naciera. La madre por “querer decirle siempre la verdad” le
responde: “No, no quería que vos nacieras”...”El terapeuta me miró como diciéndome
que le contara la verdad”. Juani respondió: “Ah, entonces ahora me puedo quedar más
tranquilo”.

El terapeuta incluyó en las entrevistas a la pareja actual de la madre y abue-


los maternos, pero no lo hizo con el padre, ni la madre le comunicó a Santiago
sobre la iniciación de este tratamiento. La madre relata que el terapeuta le había
dicho que había que ayudarlo a Juani a que no sienta que lo tenía que apoyar al
padre porque estaba triste por su distancia con él; que así el padre era letal para
él. (La madre parece haber interpretado a la letra el señalamiento del terapeuta,
anudado a sus propios resentimientos hacia Santiago, por no haberla sostenido
suficientemente en el embarazo y primeros años de Juani).

Los progenitores de Juani dialogaban muy poco luego de la separación. El


padre se queja de que la mamá no lo participaba de decisiones importantes res-
pecto de Juani, como la del tratamiento. La mamá se comunicaba sólo telefóni-
camente cuando surgía algún problema por el cual Juani no pudiera salir con él
en sus viajes a La Plata.

El surgimiento del rechazo de Juani a ver al padre de un modo sistemático en


los últimos meses, dio oportunidad a que Florencia planteara comenzar con
algunas visitas del padre a Juani en su presencia, lo cual hizo surgir entre ellos,
viejos reproches de situaciones no elaboradas. En una de esas visitas (ya se había
producido la sesión familiar donde Juani preguntó si su padre quería que él
naciera), le dirige esta pregunta al padre. El padre se siente descolocado por la
pregunta e intenta contestarle lo mismo que nos refiere a nosotras: “Nosotros 129
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
nos
llevábamos mal; teníamos muchas discusiones y diferencias y por esos motivos conside-
raba que por entonces, no era el mejor momento para pensar en un hijo. Pero yo estoy
muy contento ahora de tenerte como hijo”.

Florencia le dice: “Contale cómo me pegaste cuando yo estaba embarazada”... “por-


que él no me cree a veces”. Eso dio por terminada la visita. El padre acuerda con
los abuelos verlo al día siguiente en casa de ellos, se produce el episodio del
rechazo de Juani ya relatado y el pedido de la audiencia.

Luego de entrevistar a los progenitores, lo invitamos a Juani a pasar. Le mos-


tramos hojas y marcadores que habíamos llevado para que pudiera dibujar si lo
deseaba. Juani se incorporó del sillón y entró de buen grado. Explicado el moti-
vo de nuestra presencia y mientras comenzaba a dibujar, expresó muy resuelto y
sin angustia: “Mi problema es Santiago. Habría que matarlo”. Dibuja varios per-
sonajes de Rambo y entre ellos a “Linterna Verde”. Muñeco que le regaló el padre
antes del conflicto y que él dibujará en la entrevista conjunta con la madre.

Da muestras de gran capacidad expresiva y de muy buena disposición al diá-


logo dentro del contexto lúdico que le ofrecemos. Sus producciones, no ponen
de manifiesto trastornos severos. Abren al interrogante sobre un nivel de con-
flictos que expresan diversos atravesamientos derivados de problemáticas no
resueltas de y entre los progenitores.

Esta primera aproximación a la familia, nos permitió evaluar como necesario


que Juani pudiera conectarse nuevamente con su padre y que se continuara el
abordaje psicológico iniciado en la audiencia.

Este segundo tramo de nuestra intervención, apuntó a profundizar el co-


nocimiento de la complejidad de la trama vincular familiar y poder comprender
a qué respondía la crisis planteada.

c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia

Florencia y Santiago se ponen de novios muy jóvenes: ella 14 y él 16 años.


Los dos dicen de cada uno que eran muy “hermosos y atractivos”. El noviazgo
fue armonioso y placentero para ellos, durante los primeros años. Ambos perte-
necen a familias de profesionales de buena posición económica. Ella se recibe de
Arquitecta y él de Antropólogo.

A Santiago le ofrecen y acepta un trabajo importante en Neuquén. Surgen


discrepancias en la pareja al respecto. El intenta romper la relación: Santiago:
“Yo veía que ella no se iba a adaptar a mi vida de viajes permanentes, de vida al aire
libre.”...”Florencia era tímida y retraída y tenía aerofobia”. Se alejan por un tiempo,
pero él vuelve y deciden casarse, teniendo ella 22 y él 24 años trasladándose a
vivir a Neuquén, a la casa de su abuelo paterno fallecido.

Santiago pasaba de soltero los veranos en ese chalet con su abuelo. Mientras
él se siente muy satisfecho con el cambio, Florencia sufre el desarraigo. Dice
Santiago: “Yo era cada vez más antropólogo. Me gusta el aire libre. Y Florencia cada
vez más arquitecta, encerrada en la casa, que no le gustaba”. Florencia: “A Santiago le
gustaba mucho esa casa. Pero yo me sentía insegura. Me dejaba sola todo el día y yo
extrañaba mucho. Decidí aceptar unas horas de cátedra en La Plata y viajar cada dos
semanas”.
La familia de Florencia les compra un departamento en Neuquén, para que
ella se sienta más cómoda.

A los dos años de casados, Florencia queda embarazada.

130 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA


Santiago: “Yo no quería tener hijos porque empezamos a llevarnos mal”...”Una
amiga en común me dijo después, que Florencia se había embarazado para poder volver a
La Plata”.
Florencia reitera: “Yo siempre sola. Yo soy muy casera y Santiago no estaba nunca
en forma estable”. Fundamentalmente por este motivo, promediando el embarazo
se vuelven a vivir a La Plata.

Santiago retiene su trabajo en el sur y viaja semanalmente. Mientras tanto se


enferma y fallece de modo repentino el padre de Santiago. “Me afectó mucho la
muerte de mi padre. Yo estaba muy deprimido por eso. Teníamos muchas discusiones
con Florencia. Me sale una beca a EE.UU. por tres meses y acepté ir. Florencia rompió y
me tiró cosas; yo le di una cachetada para frenarla. Ella dice que la golpeé”.
Florencia: “No le pude perdonar a Santiago que me golpeara estando embarazada”.
Queda inscripta en ella como una escena traumática. Al evocarla, llora con an-
gustia y resentimiento de tiempo presente. Se suceden reproches mutuos: el
quiere más libertad y comprensión de sus necesidades profesionales y ella de-
manda más amparo frente a su embarazo.

Nace Juani y a los pocos días Santiago concreta su viaje. Vuelve y sigue via-
jando a Neuquén por su trabajo. La relación se va deteriorando porque ninguno
de los dos recibe del otro lo que esperaba. A los 2 años de Juani, deciden sepa-
rarse.

Florencia exterioriza más sus sentimientos al respecto: “Sufrí mucho por la se-
paración. Traté de sacarme de encima rencores y resentimientos. Durante 5 años sentí
que era importante que Juani viera al padre... no quería ser yo quien le destruyera la
imagen del padre”.
Santiago, si bien padece la separación, la siente como un alivio de la tensión
permanente que vivía con Florencia. Pero intenta mantener el vínculo con su
hijo. Viaja a La Plata y lo llama por teléfono frecuentemente. No obstante, la
distancia dificulta su relación con Juani. Santiago reconoce: “...tal vez cometí el
error de decirle insistentemente por teléfono que lo extrañaba mucho y que eso me ponía
triste. Juani decía: “No quiero verle la cara de triste a papá”.

Florencia refiere en relación a Juani, que el año pasado, en primer grado, la


llamaron del colegio, para informarle que su hijo era muy tímido e inhibido en
la clase y en los recreos. Presentaba dificultades en el aprendizaje de la lectura y
escritura. No le respondía a la maestra. Se quedaba mudo. Se replegaba si algún
compañero lo agredía.

La madre “descubre” en la consulta al pediatra, que Juani tiene problemas


auditivos por no respirar bien, además de sus dificultades en la visión, no sólo
por el estrabismo sino por un párpado semi-caído que le fue operado ese año (6
años).

Continúa Florencia: “Cuando nació Matías, Juani no manifestó nada por este na-
cimiento. Era raro. Era afectuoso. No sufría. Parecía que todo andaba bárbaro. Se refu-
giaba en Miguel. Me preguntó si le podía decir papá. Yo le dije que podía hacer lo que él
quisiera” (pero no le aclaró nada más). “Yo hice la consulta con un psiquiatra infantil
por este tema”. “Me da la impresión de que no tenía miedo de perder el cariño mío por el
bebé, sino el de Miguel por no ser el papá”.
A su vez, relata que Juani (después de la sesión familiar) jugando con su
hermano Matías en el jardín, entró muy excitado diciendo que vio “un extra-
terrestre: alto, verde, y con una luz blanca en la cabeza” y preguntó: “Se lo puedo con-
tar a X?” (el terapeuta). “Seguro que si se lo cuento a Santiago no me va a creer” (en
referencia al padre). Expresa que durante mucho tiempo le costó comunicarse
con su hijo, o que Juan lo hacía en horas insólitas. La llamaba a las 3 o 4 de la
mañana y le preguntaba “cosas del pasado”.

Referido a sus familias de origen expresan:


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 131

Florencia: “Somos yo y una hermana menor en mi familia. No tengo hermanos va-


rones. Por eso Juani fue sobreprotegido por mis padres. Primer hijo y primer nieto... Mi
mamá perdió un varón al nacer. Anterior a mí... Este chico, Fernando, nació como San-
tiago, que tenía un año y medio más que yo.”
Santiago: “Somos todos varones. Cuatro hermanos. Yo soy el mayor. Mis padres tu-
vieron que ser muy severos para poder manejarnos. Cuando murió papá, yo tuve que
hacer un poco de padre con los menores. Pero eso creaba choques con ellos”. “No te me-
tas en un lugar que no te corresponde, me decían. Y también mamá. Descubrí la fuerza
que ella tenía. Cómo pudo manejar todo”.
Ambos describen a sus parejas actuales, como más afines a sus intereses per-
sonales.

Florencia: “A Miguel le encanta la casa. Vuelve siempre temprano”.


Santiago: “Mónica se dedica a la arqueología y entiende mis necesidades de viajar”.
En la última entrevista individual, Florencia trae para mostrarnos el dibujo que
le dejó Juani la primera vez que salió con el padre después de la audiencia. En él
puede verse la casa, Florencia en la puerta, Juani en medio del camino hacia el
portón, el padre detrás del portón esperándolo. Juani en el dibujo lleva una pie-
dra en la mano. Le dice a la madre que “es para arrojársela a Santiago”. Traza en
línea de puntos la dirección de la flecha y se advierte sutilmente que la flecha
apunta en dirección a la madre y no al padre. Este “detalle”, no es mencionado
por Florencia, que parece no haberlo notado.

Finalizadas las entrevistas individuales con ambos padres, ampliamos lo in-


vestigado con Juan, realizando horas de juego y dibujos libres. Luego ins-
trumentamos las entrevistas vinculares madre-hijo y padre-hijo, que repro-
ducimos a continuación.

d) Producciones vinculares

• Entrevista conjunta padre-hijo:

Juani llega con la madre. El padre lo espera dentro de nuestro consultorio. En


un primer momento, el niño no quiere entrar. No mira al padre a la cara. Ac-
cede a pasar con nosotras. Se sientan. El padre ha traído y le muestra a su hi-
jo, un álbum de fotografías familiares. Figuran sus padres cuando se casaron
y él y sus hermanos cuando eran niños.

Juani se interesa y las mira con entusiasmo. Grita alborozado “\Este soy yo\”.

Padre: “No, este soy yo cuando era chiquito.¿Viste como nos parecemos?”.
Juani: “Y este es el abuelo” (señala al padre de Santiago) “Pero yo ni lo vi”

Padre: “No, el abuelo falleció antes de que vos nacieras”.


El clima se tornó distendido a partir de esta escena y Juani quiere dibujar.

“Dibujo del personaje en la familia”

Ubicación: Juani Padre


Damos la consigna.

Juani: (Comienza a hacer un personaje muy complejo y extraño. Cuando ter-


132mina dice) ¡Adivinen a quién hice! ¡Adivinen! HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Padre: ¿El hombre de piedra?

J: ¡¡Bieeen!!

P: (termina con su dibujo) ¿Y yo qué hice?

J: A Clark Kent.

P: No, a Juani con traje de Superman. (El padre comenta que Juani le mandó a
Santiago -el hijo de Mónica- el dibujo de un Rey y la Sota de espada y que
Santiago le mandó otro dibujo).

J: ¡Este es el “Hombre de Piedra”!


(Sugerimos: “Ahora inicien una conversación”.)

Diálogo:

J: Las personas no entienden lo que dice éste. No puede hablar. Habla poco.
Como los locos. Es uno de los cuatro fantásticos (lo escribe). (El padre le se-
ñala que se comió una letras al escribir y se las completa). Uno se hace de
goma. Es el hombre de goma. Otra, la mujer invisible. Y el robot que muestra
películas y vuela (Juani hace sonidos guturales, hablando como su persona-
je).

P: (se sale del personaje).

¡Hablá bien que nos van a echar! Llegamos tarde y no hablás... (Juani se le
sube a la falda por un momento).

J: ¡Hola viejo!

P: Hola, hombre de piedra.

J: Soy una piedra; no soy un hombre.

P: Bueno, voy a tratar de hablar con una piedra. Es difícil. ¿De dónde viene?

J: Del campo.

P: ¿No vio el vidrio de mi anteojo? Me van a matar si no lo encuentro (se refiere


al cristal de los anteojos de Juani, que estando en el campo el día del conflic-
to, se le cayó en el pasto).

J: ¡Pero si vos tenés mucha fuerza! Los podés matar a ellos. ¡A tu padre y a tu
madre!

P: Yo lo que quiero es encontrar el vidrio, porque tengo que ir al colegio y tengo


que leer.

J: ¡Ponete ojos de vidrio!

(Intenta ponerle sus anteojos al Hombre de piedra).

P: ¿Te gusta mi disfraz de Superman y mis anteojos?

J:CLÍNICA
Sí, ¡parece
FORENSE EN una chatarra! Y los anteojos parecen un moño en la cara. Sos 133
FAMILIAS un
alcahuete (se hace el gracioso y se ríe).

P: ¿De quién?

J: De tu cabeza.

P: ¿Y mis botas?

J: Eso parece un sorete doblado.

P: Ahora no te puedo retar por lo que decís. ¡Pero mirá que a la salida me trans-
formo en papá! (Se ríen ambos).

(Vuelve a sentarse en la falda del padre y los dos dicen que no quieren jugar
más).

J: Yo quería una competencia.

P: Si es a quién termina primero, yo te gano. Pero si es al más lindo, ganás vos.

J: Voy a hacer otro que hable bien.

P: Hacelo rápido. No tiene que ser una obra de arte.

J: Yo “soy” una obra de arte. Voy a hacer al Hombre de Goma.

(El padre comenta que le regaló a Linterna Verde para el día del niño. Per-
sonaje que Juani dibujó en la entrevista individual y luego con la madre)

J: “El hombre de goma”. Se encuentran en el espacio. Parece que tendremos que


hacer un papá y una mamá que le digan a Superman: ¿Cómo vas a ir al es-
pacio? No seas “amarrete” ¿No ves que no vas a poder respirar? (Hace una
nave en otra hoja). Siempre me pasa algo con la nave. Se me estrelló.

P: ¿Quiere que le ayude?

J: No, deje.” (Luego agrega) ¡Agarrame de las patas! (Se tira al suelo y queda
colgando, dejando las piernas en la falda del padre).

P: (El padre lo sostiene y lo levanta de los pies) Yo en el espacio tengo la fuerza


de Superman. Yo te salvo. ¿Te gusta que te salve?

J: ¡Sí! Y me tiene que ayudar a arreglar la nave. ¿Cómo viniste vos? Tenés que
venir con una máscara de oxígeno. Si no, estás muerto.

P: Me tomé una pastilla de oxígeno.


J: Pero dentro de dos horas se apaga, ¿eh?

P: ¿No puede ir a un kiosco y comprarme una de repuesto?

J: Tengo que ir disfrazado de un agente. No puedo ir con este traje. ¿No me trae
un vestido de tu padre?

P: ¿De Santiago?
134 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
J: Si, un traje. Para pensar que soy un hombre común. Para que no crean que soy el
Hombre de Goma.

P: ¿Para ir al kiosko?

J: Sí.

P: Tengo que ir a Neuquén a buscarlo.

J: Bueno, ya está. The end (lo dibuja).

“El hombre de piedra”

“Juani con traje de Superman"


a) Segundo Dibujo de
Juani: “El hombre de
goma”

b) Tercer Dibujo de
Juani: “Nave que se es-
trelló”

c) Quinto Dibujo de
Juani: “Traje de hombre
común”
136 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

• Entrevista conjunta madre-hijo:

El comienzo de la entrevista madre-hijo fue precedida por el anuncio de la


madre: “Pensé que no íbamos a poder venir hoy, porque a Juan le duele la panza
desde anoche... Por eso mi mamá nos trajo en su auto” (afuera esperan los abue-
los y Miguel, su pareja actual). Entran. Juan serio, pegado al cuerpo de la
madre, sin mirarnos. Al ver los materiales para dibujar, supera de inmedia-
to el “malestar” y se entusiasma.

“Dibujo del Personaje en la Familia”

Ubicación: Madre Hijo

Damos la consigna.

Juani: (Comienza a dibujar con cierta actitud de “carrera a ver quien gana”.
Espía lo que dibuja la madre) ¡Hmmm! ¿Una nena con bombacha?

(Hace el tronco y los brazos de una figura humana; sigue por las piernas y
al final dibuja la cabeza. Figura muy proporcionada y bien distribuida en
todo el espacio de la hoja). Este es Linterna Verde. (Escribe “Linterna Berde”)
(?) Es un muñeco que me regaló Santiago.

Madre: Esta es Patricia.


J: Linterna Verde, es un superhéroe que hace cosas con su linterna mágica: má-
quinas, martillos, trampas... ¡Combatiré al mal, con ayuda de mi linterna
verde! Y pone el anillo adentro de la linterna. También se transforma en po-
deroso y hasta vuela. Puede transformar paracaídas, botes, trampas y tira
rayos por los ojos... No, de la linterna, ...del anillo. (¿Cuántos años tiene?) Ni
la menor idea. Es un hombre y vive con los superamigos.

M: Esta es Patricia. Tiene 10 años.

CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 137


J: ¿Pusiste que tiene un antifaz?

M: Soy una nena muy curiosa que le gusta preguntar mucho y leer mucho. Me
gusta tener amigos y amigas. Tengo un hermano más grande que yo. Me
gustaría hacer lo que hace mi hermano mayor: jugar a la pelota... Y también
lo que hace mi hermana más chica. Contar cuentos, jugar a las muñecas. Me
gusta que me cuenten cuentos. Son cuatro. Tiene un hermanito más chico
todavía. Un bebé que es medio hincha. Cuando no puede jugar con la her-
mana ni con el hermano porque el bebé la hincha, se va a lo de la amiga y se
imaginan cosas. Todos podemos imaginar que somos como Shira, la her-
mana de Hi-man. O que tenemos poderes y somos superhéroes (?). Vive con
la mamá, el papá y los tres hermanos.

Diálogo:

M: Nos podemos encontrar en un bosque.

J: Mejor debajo de un edificio. Que se estaba por caer en pedazos. Vos estabas
abajo y yo venía volando y te salvaba.

M: Ya me salvaste del pedazo del edificio. Muchas gracias Linterna Verde.

J: De nada. Ya está.

M. ¿Vamos a charlar algo?

J: Tengo muchas cosas que hacer.

M: Vení, así le cuento a mis amigos como sos.

J: No te van a creer.

M: Sí, porque yo no miento nunca. ¿Cómo supiste que estaba en peligro?

J: Linterna me alumbró desde el cielo y vine volando.

M: ¿Cómo tenés tanta fuerza?

J: Mi linterna me da fuerza.

M: ¿Y si te la olvidás?

J: No, nunca me la puedo olvidar. Vos no sabes algo. Siempre se carga la lin-
terna, en la casa.

M: Si no tuvieras la linterna también serías importante.


J: No. Pero siempre se la carga.

M: ¿Te gusta ser superhéroe y tener poderes?

J: A mí me gusta ser superhéroe.

M: ¿Y los que no lo tienen?¿Y los que no son superhéroes?

J:138
¡Pobres! Todos quieren tener poderes... Y yo tambiénH(parece decirlo
ILDA ABELLEIRA - NORMA como
DELUCCA
Juani y se abraza a la madre).

M: Pero vos tenés la linterna.

J: ¡No, boluda, Yo, digo. Yo también, Juani, quiero tener poderes!

M: Pero estamos jugando a Linterna Verde.

J: ¿Cuántos hermanos tenés?

M: Mi hermano grande que admiro y una de 6. Y un chiquito que me rompe


todas las cosas. ¿Me podrías arreglar lo que me rompió mi hermanito?

J: Yo con mi anillo te puedo hacer uno igualito.

M: ¿Y cómo hago para llamarte?

J: Sólo tenés que mirar hasta el cielo.

M: ¿Y te puedo llamar si estoy aburrida?

J: No, porque no tengo tiempo.

M: ¿Sólo para solucionar problemas estás? ¿ No podes jugar ni charlar?

J: No.

M: Entonces es aburrido ser un superhéroe.

J: Es lindo. Es “demasiado” lindo... Te dibujo adonde vivo (lo hace) y sigo un


poquito más. Ahora hacemos que yo estoy en casa y vos estás en tu cama y
pasan cosas raras.

M: Yo miro para el cielo, te abro la ventana y después cerramos para que nadie
sepa que estás y te muestro todas mis cosas. ¡¿Mirá lo que tengo acá en este
cajón?! ...¡Revistas de los superhéroes!

J: (se sube a la falda de la madre) ¡Basta! Me duele la panza. (Pide ir al


baño e irse a su casa. Retorna el malestar inicial).
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 139

Dibujo de la Madre: “Patricia”


e) Evaluación de las producciones vinculares en base a indicadores
• Clasificación de los indicadores
A - Indicadores Generales

Entrevista padre-hijo Entrevista madre-hijo

1) FModalidad
CLÍNICA ORENSE EN FAMILIAS
de
funcionamiento 1) Modalidad de funcionamiento
191
grupal grupal
a) Planeamiento Ausente a) Planeamiento Ausente

b) Tarea conjunta Se concreta b) Tarea conjunta Se concreta

c) Figura organizadora c) Figura organizadora Presente: com-


partida entre el hijo y la madre, pre-
Presente: Predominio del padre con dominando sugerencias del hijo.

d) Identidad del liderazgo El padre, con d) Identidad del liderazgo Compartido


incorporación de las sugerencias del
participación del hijo. entre la madre y el hijo.
hijo.
e) Cualidad del liderazgo Democrático e) Cualidad del liderazgo Democrático

f) Modo de participación Inclusiva de f) Modo de participación Inclusiva de


ambos ambos

g) Tipo de intervenciones Modo: Com- g) Tipo de intervenciones Modo: Com-


binado con preguntas y respuestas en binado con predominio de preguntas
ambos. por parte de la madre. Direccionali-
dad: Circulante en el conjunto madre-
Direccionalidad: Circulante en el con- hijo.
junto padre-hijo.
Contenido: Cooperativo facilitador.
Contenido: Cooperativo-facilitador,
con irrupciones críticas del hijo, en
tono irónico.
h) Ubicación espacial Espontánea h) Ubicación espacial Espontánea
2) Estilo vincular predominante 2) Estilo vincular predominante

a) Clima afectivo Cálido, distendido, a) Clima afectivo


ameno.
Cálido. Aunque con presencia de
b) Ejercicio de las funciones parentales b) Ejercicio de las funciones parentales
Contención paterna y discriminación- malestar
Contenciónfísico inicialyydiscriminación-
materna final, en el hi-
orden,
192 abarcativa. jo.
orden: restringida,
HILDA Apor la- Nactitud
BELLEIRA de-
ORMA DELUCCA

pendiente que asume desde el perso-


naje-niña elegido y evidente en el fi-
nal, por cierta sutil actitud seductora
de ribetes transgresivos.

c) Modalidad de expresión del hijo Es- c) Modalidad de expresión del hijo Espon-
pontánea y creativa tánea y creativa

d) Lugar del progenitor ausente Incluido d) Lugar del progenitor ausente Incluido
indirectamente en el discurso, por el simbólicamente por el hijo, a través
hijo. del personaje elegido que representa
un muñeco regalado por el padre.

3) Expresión simbólica 3) Expresión simbólica


de las funciones e identificaciones de ¡as funciones e identificaciones

• Personas o personajes: Presencia de • Personas o personajes: Presencia de


personajes de ficción en el hijo; per- personajes de ficción en el hijo, perso-
sona real, el padre. na imaginaria, la madre.
• Diferenciación sexual y generacional: • Diferenciación sexual y generacional:
Acorde al propio sexo. Acorde al propio sexo.
• Generacional invertido: padre dibuja • Generacional invertido: hijo a un
al hijo; el hijo a un hombre. hombre; madre a una niña.
» Identidad de los personajes: de la vida• Identidad de los personajes: Ficcionales,
real, ficcionales; vivos, humanos. vivos, humanos.
• Tipo de personajes: Activo, con pro-
• Tipo de personajes: Activos yectos e implícitamente conflictivo, el
e implícitamente conflictivos, con logro del hijo. Pasivo y conflictivo explícito,
de resolución en el plano imaginario el de la madre.
Con resoluciones parciales en el,
plano imaginario
B - Indicadores Específicos

Producción gráfica Producción gráfica

Compleja: Los personajes dibujados Compleja: Personajes elaborados,


son elaborados, completos, ricos en completos y ricos en elementos. Con
elementos, sobre todo en el hijo. Con posibilidades amplias de intercambio
unaFORENSE
CLÍNICA restricción
EN FAMILIASinicial desde el hijo, 193
para el intercambio entre sí, que lue-
go se supera.
Producción verbal Producción verbal

Compleja: Arman una historia con una Compleja: en cuanto al armado de una
combinación de conflictos, anhelos y historia con una combinación de con-
logros. Lugar de encuentro propuesto flictos, anhelos y logros.
por el hijo. Con un desenlace acordado,
posible y coherente, desde el nivel Lugar de encuentro propuesto por el
imaginarlo en que transcurre la histo- hijo. Disminuye su complejidad, en
ria. Participación activa de ambos. relación a la participación desigual y
Amplia posibilidad de sostener el nivel al extraño desenlace en el que Irrum-
lúdico. pen contenidos seductores y transgre-
sivos, que reenvían al niño al síntoma
Inicial, así como a cierta caída del ni-
vel lúdico en este momento de la
producción.

• Interpretación de los indicadores

Entrevista conjunta padre-hijo:


El encuentro de Juani con el padre, se produce muy poco tiempo después de
la audiencia en que se decidiera y acordara restablecer las salidas de ambos.

Habían realizado dos paseos, donde Juani aún mostraba alguna resistencia
inicial, que luego se diluía y tanto la madre como el padre expresan que al final
del día Juani volvía contento a su casa.

De alguna manera esto se reproduce en la entrevista vincular. El recurso de


acercamiento propuesto espontáneamente por el padre de iniciar el diálogo con
su hijo a través de mostrarle el álbum de fotos familiares, fue muy eficaz y ope-
ró en Juani como un reaseguro de su pertenencia a la familia y a sus orígenes,
en relación a la línea paterna. Nos muestra a su vez, las posibilidades del padre
de captar las angustias de su hijo al respecto.

La construcción lograda en el transcurso de la producción vincular, da cuen-


ta de esta posibilidad del padre de recuperar un lugar de contención y discrimi-
nación para su hijo, que la distancia y el poco tiempo de convivencia comparti-
da en familia, han dificultado y continúan obstaculizados en el presente.

El padre predomina como figura organizadora, facilitando un diálogo fluido


con su hijo.

Juani pone en evidencia en la secuencia de los personajes elegidos (I o el


“hombre de piedra” que no puede hablar o habla como los locos y no lo en-
tienden), las reticencias con que aborda el vínculo con el padre, con quien no ha
terminado de “hacer las paces”. No está dispuesto a hacerle fácil la comu-
nicación y le presenta un desafío en varios tramos. Lo pone a prueba, le des-
califica su dibujo con palabras soeces que el padre acota con humor.
Juani responde flexibilizando su segundo personaje, que transformándose en
“hombre de goma”, puede sí comunicarse.

Retornan sin embargo desde Juani, las vivencias de obstáculos en el vínculo,


a través de referir a que se encuentran en el espacio y que el personaje del padre
si no tiene máscara de oxígeno no va a poder respirar y “está muerto”.

194 Doble alusión: al padre y a él mismo, a través de ese personaje


HILDA queDlo
ABELLEIRA - NORMA re-
ELUCCA

presenta. Si el padre está muerto en su función, él también. Y el vínculo que los


une.

No podemos dejar de hacer referencia, al sesgo transferencial que parece te-


ner la expresión de Juani, de que el oxígeno que tiene el personaje del padre
(padre-Juani-Superman), se acaba en dos horas. Tiempo que duró la entrevista
con nosotras y que Juani pudo haber percibido como un espacio de neutralidad,
en que no se lo atacaba al padre.

Juani trae al juego, el lugar de una de las escenas traumáticas: el campo. En


sus verbalizaciones, se leen críticas hacia las figuras parentales, tanto hacia el
padre como hacia la madre, que no lo han cuidado suficientemente para no ex-
ponerlo a situaciones de riesgo. O bien, le está indicando que esos son cuidados
que los padres tienen que tener con sus hijos (advertirles de los peligros mortí-
feros).

Juani le da la oportunidad al padre de que se ubique en un lugar de pro-


tección, de ayudarlo y de salvarlo, cuando la nave se le rompe. La ayuda pedida
y ofrecida es mutua, porque luego será él quien le traiga el oxígeno de repuesto
al padre.

Lo más significativo en este final de la historia, que marca como posible la


reconciliación, es el pedido de Juani de un traje del padre de “hombre común”.

Podría interpretarse como demanda de un emblema identificatorio paterno


que él desea portar. Identificaciones con ese padre real, que necesita con mayor
presencia, para poder él también ser un niño real y no “una obra de arte” como
él se autodefine, ni un superhéroe.

Están planteadas las fragilidades del vínculo y las necesidades de contención


que requiere Juani desde su lugar de hijo.

El padre ha podido responder a esta demanda, al menos en este tramo, con


el clima afectivo que supo propiciar y su actitud contenedora.

Entrevista conjunta madre-hijo:


La producción vincular madre-hijo, que comienza con el malestar de Juani
superado no bien se inicia el juego, resulta más enigmática y nos plantea inte-
rrogantes que sólo podremos dejar enunciados como líneas de reflexión, pero
que abren a diferentes respuestas posibles.

El clima es cálido y ameno. La organización de la historia se reparte entre la


madre y el hijo, tomando Juani a través de su personaje de superhéroe el rol
más activo, ante el personaje-niña con quien la madre se identifica.

Desde el inicio surge en Juani un contenido erotizado o de curiosidad sexual,


al preguntar si es una “nena con bombacha” el personaje materno. Refiere a un
aspecto enigmático o velado, al atribuir en lo dibujado por la madre la posesión
de un antifaz.
La madre no responde estos interrogantes del hijo en forma directa. Lo hace
alusivamente, a través de un enunciado complejo para compartir con su hijo de
7 años, que parece condensar diversas líneas identificatorias y conflictivas per-
sonales.

En el juego, Juani necesita ponerla en riesgo a la madre para cumplir su ha-


zaña de salvarla. Aspiración infantil, que puede interpretarse en el doble senti-
do que
CLÍNICA psicoanalíticamente
FORENSE EN FAMILIAS se ha atribuido a esta fantasía: un deseo de poder
195y
de autonomía frente a su figura y por otra parte, el sentido edípico de ser “su
propio padre”.

En un sentido más abarcativo, “el edificio que se estaba por caer en pe-
dazos”, también puede responder a la percepción del niño de lo catastrófico
familiar que se movilizó. Conflictivas cuya resolución es aún incierta para él.

En lo vincular, la madre se ubica o bien como un par, o demandante de una


respuesta del hijo a sus incógnitas.

Pareciera que Juani vivencia esta demanda materna con un sentido seductor
y transgresivo, que lo lleva a “la cama de la madre” y al retorno del síntoma
inicial, tal vez por poner esa complicidad en evidencia frente a nosotras.

f) Interrogantes e hipótesis interpretativas

• Interrogantes

1. ¿Cuál es el sentido del rechazo manifiesto de Juani al contacto con su pa-


dre?
2. ¿Qué significación expresa la sintomatología que pone Juani en evidencia
(crisis en Tribunales; trastornos en la escuela y en la casa; expresiones somá-
ticas)?
3. ¿Qué cualidad posee el vínculo paterno filial, puesto en cuestión?
4. ¿Qué recursos se evalúa en los progenitores para ejercer sus funciones y
reconocer la del otro?
5. ¿Qué modalidad ha adquirido el intercambio entre el padre y la madre
con posterioridad a la separación?
6. ¿Se ha elaborado la separación conyugal?
7. ¿Qué lugar ocupa el hijo en esta conflictiva?
8. ¿Qué posibilidades de cambios evaluamos para que se sostenga la cir-
culación del hijo?

• Hipótesis interpretativas

Como señalamos en la síntesis de la historia de la pareja y la familia, el


vínculo conyugal de Florencia y Santiago, pasó de la intensa idealización a la
decepción, no bien se inicia la convivencia.

Todo fue armonioso, mientras cada uno siguió ocupando el lugar de hijo en
sus respectivas familias de origen. Pero los proyectos personales comienzan a
obstaculizar la construcción del espacio compartido y podríamos decir, que el
“nosotros” de la pareja, no logró la consistencia necesaria para que el nuevo
contexto se estabilizara.

El nacimiento de Juani adviene en un momento de conflicto y duelo. San-


tiago se debilita por la pérdida del padre y no puede sostener ni a Florencia ni a
su hijo recién nacido. Se inscribe en Florencia esta declinación, con la marca de
lo traumático inelaborable, aunque pasarán dos años más para que se concrete
la separación.

Frente a las situaciones angustiosas, Santiago pasa a la acción para evadir su


vivencia. Ante la separación, queda en él más registrado el alivio por poner fin
a la tensión vincular. Pero retornará lo perdido, en la insistencia frente a Juani
de
196 su tristeza por no verlo. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

En Florencia, como dijimos, la ruptura formará parte de un resentimiento


que no logró disolver totalmente, aunque pudo racionalizarlo como para per-
mitir -no sin obstáculos- el vínculo de Juani con su padre.

Ambos tuvieron un lugar de relevancia en las familias de origen del otro.


Santiago, quizá como sustituto del hermano varón de Florencia fallecido al na-
cer, siguió manteniendo un vínculo estrecho con sus ex suegros después de la
separación.

También Florencia, como la hija mujer que no tuvieron, fue querida y mi-
mada por los padres y hermanos de Santiago.

La ruptura generó, por consiguiente, sentimientos de pérdida en distintos


vínculos familiares.

Construyen al poco tiempo las nuevas organizaciones familiares. Bastante


rápidamente Florencia, más tardíamente Santiago.

La aparente satisfacción por la nueva familia que se expresa en los dichos de


Florencia, no alcanza sin embargo para liquidar la antigua fisura abierta por la
separación con Santiago. A su vez, hacen su entrada las problemáticas de Juani
expresadas en diversos niveles: un trastorno en el aprendizaje por una disminu-
ción en la visión y la audición; inhibición de su conducta en la escuela frente a
los pares. Y en la familia, la incomodidad que producen sus interrogantes por el
origen, incentivados por la presencia del hermano menor, de diferente apellido
al suyo.

El comienzo de la terapia de Juani y el grupo familiar materno, vuelve a San-


tiago al primer plano de la escena para Florencia. La cuestión del “padre triste”,
perturba a Juani por no poderle dar respuesta y justifica el objetivo terapéutico
de liberarlo de esa pesada carga.

Mientras tanto, la legalización de la nueva pareja de Santiago, parece darle


razón en parte, a su interpretación de lo que se puso en juego en la crisis de Jua-
ni.

En Florencia, se hacía patente el deseo de borrar a su ex pareja de su historia,


pero para eso era necesario que la imagen de Santiago se diluyera también para
su hijo. Tal como queda expresado en su frase de enunciación negativa: “No
quería ser yo quien le destruyera la imagen del padre...” En un sentido, se le presen-
taba a ella la oportunidad de cobrarse la vieja deuda. Si él se volvió a casar y
armó una nueva familia, tendría que soportar ahora que Juani no lo quiera ver y
deje de perturbar su vida a través de las cuestiones planteadas por el hijo. “No,
no quería que vos nacieras”, parecía liquidar el problema.”Ah, ahora me puedo que-
dar más tranquilo”, fue la respuesta funcional de Juani.

Pero obviamente, para Juani el padre no estaba tan sencillamente borrado de


su vida. Surge el viaje de Semana Santa a Neuquén. Se encuentra con el hijo de
la nueva esposa, que tiene el mismo nombre que el padre. El padre no capta las
inquietudes del hijo y se descoloca en su accionar reprensivo.

Ante esta secuencia de aconteceres, se hace comprensible que se precipite en


Juani una crisis identificatoria. ¿Soy el hijo de mi padre? ¿O es

Santiago?
CLÍNICA FORENSE¿A qué familia
pertenezco? ¿Qué quiere mi padre? ¿Qué quiere 197
EN FAMILIAS mi
madre? ¿Quién soy? Podrían traducir algunos de los angustiosos interrogantes
del niño.

Resulta significativo el surgimiento por entonces, de la ilusión-“ alucina-


ción” que el niño plantea del extraterrestre visto en su jardín, con cualidades
similares a las del muñeco-héroe que le regala el padre y que reaparece rei-
teradamente en sus producciones: “Linterna Verde”.

Lo que no pudo simbolizarse eficazmente, reaparece desde lo real. Pero está


allí como denuncia. En la cuasi-alucinación, en los golpes en el cuerpo, en los
síntomas psicosomáticos.

La representación del padre se niega a desaparecer. Pero para que el vínculo


se sostenga, es preciso que Santiago se haga presente como padre adulto y no
como niño quejoso, si advierte la necesidad de su hijo de no enloquecer.

Del análisis del caso y en contestación a los interrogantes planteados, pode-


mos extraer las siguientes conclusiones:

• El manifiesto rechazo de Juani al contacto con el padre, encubría un con-


flicto no resuelto a nivel de la pareja parental, que potenció las dudas del ni-
ño sobre su origen.
• Desde su lugar de hijo, quedó totalmente involucrado en la conflictiva pa-

rental.
• Su crisis develaba la necesidad de un corte, una limitación. Una apelación a

la discriminación y recuperación de la alteridad y de la dimensión subjetiva.


• El vínculo materno-filial, evidencia a la madre posicionada como un par y

en una vertiente de seducción, enloquecedora para el niño; donde la eli-


minación del padre condensa la consumación de un deseo.
Ubica al hijo en un lugar de salvador omnipotente (resolverle los duelos de
la historia infantil; de la pareja).

• El vínculo paterno-filial, si bien no es suficientemente continente y también


presenta facetas de indiscriminación, parece poder ubicar al hijo en un lugar
desde el cual éste puede expresar sus deseos y por lo tanto correrse de un
posicionamiento omnipotente (pasar de superhéroe a terminar ocupando su
lugar de hijo).
• En relación a las posibilidades de circulación del hijo entre ambos, evalua-

mos:
- En el padre: recursos para llegar a acuerdos y no reaccionar especularmen-
te.
- En la madre: si bien entrampada en la necesidad de borrar al padre de Jua-
ni de su historia (necesidad que encontró avalada en el terapeuta), pudo
posicionarse de otra manera frente a la crisis del hijo y ante la in-
tervención pericial-judicial.
g) Reflexiones sobre nuestra intervención
Nos interesa destacar en esta intervención, los efectos modificadores ejer-
cidos tanto en lo que hace a la posibilidad de que padre e hijo puedan empezar a
construir otra manera de relacionarse, como la disminución de la hostilidad en
el vínculo de la pareja parental. Efectos anudados no sólo a la intervención vin-
cular inclusiva de todos los integrantes de la familia, sino también al contexto
interdisciplinario de la misma.

Este dispositivo permitió un enfoque complejo y neutral, diferente al que se


hiciera desde el ámbito clínico en soledad, que había tendido a reforzar los este-
reotipos de funcionamiento vincular previos de esta familia, consolidando la
exclusión
198 del padre. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

En las últimas entrevistas con los padres, cuando ya el régimen de visitas es-
taba totalmente normalizado, surgen algunas reflexiones importantes en cada
uno.

Florencia (madre): “En realidad, ahora me doy cuenta de que Uds. tienen una vi-
sión más neutral, que les permitió ver cosas que tal vez otros no pueden ver”.
Santiago (padre): “Creo que he cometido errores. Cargarlo con mi tristeza por no
verlo. Empecinarme en verlo. Ahora lo que más deseo es que esté bien.”
Se evitó así, el vacío del lugar del padre y del hijo.

Capítulo XI

Cuando se divide el grupo fraterno

Introducción

Analizaremos en este capítulo nuestra intervención en una familia en la que


luego del divorcio de la pareja conyugal, los tres hijos quedan conviviendo con
la madre y ven con frecuencia al padre, pero siendo espectadores permanentes
de violentas discusiones entre sus progenitores.

Luego de una de esas peleas, el segundo de los hijos se niega a retornar con
su madre y a verla. La madre solicita al Juez el reintegro del hijo, impidiendo
hasta que éste se concrete que los otros dos hijos vean al padre.

Familia “El Arca de Noé”


a) Presentación

Organigrama Familiar
Sara, 31 años Hugo, 47 años
Docente Jubilado por

CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 199


Susana, 10 años Héctor 9 años Mariano, 7 años
5º Grado 4º grado 2º grado

Incapacidad

La familia está integrada por el padre, Hugo de 47 años, jubilado por inca-
pacidad luego de numerosos accidentes; la madre, Sara, de 31 años, docente de
escuela primaria y tres hijos: Susana de 10 años, que cursa 5 o grado, Héctor de
9 años, que cursa 4o grado y Mariano de 7 años, que cursa 2o grado.

Desde la separación de la pareja conyugal concretada hace cuatro años por


divorcio de mutuo acuerdo, Sara se queda a vivir en el ex hogar conyugal, a
cargo de la tenencia de los tres hijos, los que ven con frecuencia y regularidad
al padre. Hugo, pese a la separación, tiene la llave de la casa y entra a la misma
sin aviso previo. Se suscitaban discusiones de mucha violencia entre Hugo y
Sara, a raíz de esta situación, que eran presenciadas por los hijos.

Luego de una de estas peleas, los niños van a la casa del padre como parte
del régimen de visitas y al finalizar ésta, Héctor se niega a quedarse en lo de su
madre, dice que quiere vivir con el padre y a partir de ese momento se niega
también a ver a Sara. Hugo parece no preocuparse por la conducta de Héctor,
mas bien lo apoya, lo que desencadena nuevas peleas entre ellos. Sara decide
denunciar en el Juzgado la situación y solicita al Juez el reintegro al hogar de
Héctor, impidiendo mientras tanto que los otros dos hijos vean a Hugo.

b) Singularidades de la demanda institucional

Ante la denuncia que realiza la madre el Juez convoca con urgencia a una
audiencia a los padres y a Héctor y solicita nuestra presencia en la misma con-
juntamente con una Perito Psiquiatra. Nuestra intervención en la audiencia
(ver Cap. II) en la que entrevistamos a cada uno de los padres y al niño, nos
permitió evaluar que la complejidad del conflicto familiar, excedía la crisis en
el vínculo madre-hijo.

Héctor aparecía muy angustiado tras el aparente enojo con su madre y nin-
guno de los padres parecía poder correrse de la hostilidad entre ellos. Plantea-
mos, en consecuencia, la necesidad de hacer un estudio pericial de todo el gru-
po familiar, previo a asesorar sobre la situación planteada de hecho. El Juez
decidió ordenar la realización de la Pericia Psicológica, antes de decidir cual-
quier cambio en la familia.

c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia


La pareja se conoce estando Sara embarazada de Susana. El embarazo era
producto de una relación anterior con un joven de la provincia de la que Sara
es oriunda, con el que había mantenido un noviazgo de seis años.

Dicha relación se cortó ante la negativa de él a venirse a vivir a la ciudad de


La Plata, donde ella quería permanecer para conservar su trabajo. El le propo-
nía casarse, pero permanecer en la provincia, propuesta rechazada por Sara.

Ella estaba deprimida pues se sentía sola, aunque no arrepentida de su de-


cisión. Hugo la había invitado varias veces a salir, pues se conocían de vista ya
que Sara pasaba por el comercio de Hugo todos los días, a la salida de su traba-
jo. Un día ella decidió aceptar la invitación de él a salir y rápidamente, ante la
insistencia
200 de Hugo, a quien sentía sobreprotector como su padre,
HILDA comenzaron
ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
la relación de pareja.

Él estaba enamorado y ella lo admiraba, pues se sentía protegida. Enterado


de su embarazo, Hugo decide reconocer al bebé por nacer como hijo suyo y se
casan. Este hecho es ignorado por Susana, la hija, hasta hace poco tiempo, en
que Sara se lo dice por temor a que Hugo cumpla la “amenaza- “de hacerlo él,
en el contexto hostil de la separación.

Ambos relatan un primer tiempo del matrimonio de armonía y buena re-


lación. Dice Sara: “El primer tiempo era como que lo admiraba”...”Para los
negocios es muy correcto, honesto, quiere a los chicos... Es obsesivo para que-
rer, a mí también me quiere”. Dice Hugo: “Yo la quise mucho a mi mujer, era
buena, pero se mareó con mi dinero, se vio de pronto con plata, salía a cenar,
viajaba en avión a su provincia”.

Del advenimiento de los hijos y de esta etapa de formación de la familia,


ambos parecen tener poco que decir. El nacimiento de los dos hijos comunes
fue algo aceptado pero no buscado. El malestar en la pareja se inicia a poco de
nacer Héctor y se va incrementando, siendo tal vez Mariano, un intento de
mantener lo que ya se tornaba poco sostenible.

La pareja se deterioró rápidamente, ingresando en un circuito de agresión y


violencia mutua, que culmina con la decisión de Sara de dejar de convivir.
Acuerdan con dificultades iniciar el divorcio por mutuo acuerdo, que se con-
creta tiempo después.

Dice Sara: “Vivíamos discutiendo por cualquier cosa, yo soy gastadora y él


es mezquino”. Dice Hugo: “A mí me fundió mi mujer”.

Hugo está jubilado por incapacidad después de sucesivos accidentes: “Yo


me caí del camión y me abrí la pierna, aproximadamente a los 40 años, después
volqué con la camioneta, me metí debajo de un camión y me abrí la cabeza”.
Vive de su jubilación y del alquiler de un local.

Es un hombre exaltado, que tiende a hablar en forma descontrolada y cen-


trando el discurso en críticas a su ex mujer. Está desocupado todo el día y su
única preocupación parecen ser sus hijos: si comen, si se quedan solos, si van a
la escuela; y Sara: si tiene otra pareja, si sale o está en la casa.

Oriundo de una localidad cercana a La Plata, es el quinto de siete hermanos,


respecto a los cuales se describe como “el burro de carga”. Los demás, dice, son
profesionales o están en buena posición económica. Vivió con su familia de
origen hasta pasados los 30 años.

Era socio con su padre y hermanos de la empresa de aquél. A su muerte de-


cide romper la sociedad porque -dice- uno de sus hermanos era medio dicta-
dor. Con la madre, que aún vive, mantiene una buena relación, así como con la
hermana mayor María Elisa, casada y sin hijos, quien vive cerca de su casa y
colabora con él en el cuidado y educación de sus hijos (les enseña inglés, les
compra ropa y libros).

De su padre, quien fue Juez de Paz y empresario, dice que “era fino, de ca-
misa y chaleco”...”Yo soy un croto”...”Mi padre me dijo: el que no estudia, tra-
baja y yo, pese a la posición económica me fui de obrero a la fábrica X..., porque
no me daba la cabeza”.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 201
Sara es la segunda de cinco hermanos, tiene tres hermanos más del primer
matrimonio del padre (viudo) y una hermana fallecida a los 18 años en un ac-
cidente. Sus padres viven en su provincia natal, de donde ella vino a La Plata a
casa de una de sus hermanas al terminar el secundario. A los 20 años comienza
a trabajar como maestra en un colegio, situado en las afueras de la ciudad.

Respecto a los hijos: Héctor aparece mimetizado con el discurso del padre,
en los reproches y críticas incesantes hacia la madre. Susana, suave y tranquila,
preserva el vínculo con ambos padres, así como con sus hermanos. Desea vivir
con su madre, pero mantener el contacto con su padre.

Mariano se muestra confuso y desorganizado. Parece más ligado a su ma-


dre, con quien desea vivir. El contacto con su padre es importante para él, pese
a enfrentarlo con situaciones que lo angustian, ligadas al conflicto que le suscita
el deseo de preservar unidas dentro de sí, por el cariño y la necesidad, a las
figuras parentales que imponen a los hijos su enfrentamiento violento.

Finalizadas las entrevistas individuales con cada progenitor, entrevistamos


a los menores quienes realizaron: Dibujo Libre, Familia Imaginaria, Actual y
Prospectiva.

A continuación, implementamos las Técnicas de producción vincular, en en-


trevistas conjuntas madre-hijos y padre-hijos.

(Ver producciones gráficas en Anexo)

d) Producciones vinculares

• Entrevista conjunta madre-hijos:

“Dibujo Conjunto Familiar”


Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores
elegidos por cada uno luego de dar la consigna:

Héctor Susana Madre “Manu”


□ □ □ □

negro amarillo violeta verde

Madre: Anduvo con paperas Susana.

Héctor: (Empieza a hacer un animal).

Susana: Héctor va a hacer un perrito... Vos hacés árboles o el pasto (a la ma-


dre). (Ella dibuja un sol).

(Mientras, Mariano quiere salir a darle al padre -que está afuera esperando a
Héctor- una parte del “wakitoki”. Sale, vuelve y pretende hablar con el padre.
Al decirle que no, se enoja mucho).

Madre: ¿Qué querés hacer? (a Mariano), ¡vení, dibujá! Ella hizo el pasto. Ma-
riano (Manu): Caca... caca... pis.

Héctor: (Dibuja dos o tres personas).


202 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Susana: Una casita.

Madre: (Hace pasto, árboles).

Susana: Hacé el humo de la casa (a la madre), y vos Manu hacé las nubes. Ma-
dre: Parece el cuentito de los 3 osos.

Susana: Mami hacé hojas acá.

Madre: (Hace hojas y flores) ¡Dale!, hacé una plantita Manu. (A Héctor) ¿Te
hago pasto?

Héctor: (Muy serio, no contesta).

Susana: Sí.

Madre: (Hace pasto debajo de cada persona que dibujó Héctor y de la carpa).
Susana: Estos viven en la carpa, nada más que van a investigar acá (casa amari-
lla).

Héctor: Son exploradores.

Madre: ¿Son exploradores?

Susana: Pintá adentro del pino, ma.

Madre: (Pinta). Dale Mariano, hacé algo... ¿qué son Héctor?

Héctor: (No le contesta).

Manu: (Sigue sin hacer nada).

Susana: ¿Qué puedo hacer?

Madre: Hacé...

Susana: Al gallito ciego. Hacele el pañuelo para tapar (a la madre). (Ella hace
nenes).

Madre: (Lo hace).

Héctor: (Completa los exploradores).

Susana: (Hace otro nene). (A la madre) hacele la boquita.


Madre: (Hace). Ay, me duele tanto (se toma el cuello), estoy con tortícolis.

Héctor: ¿Susi, me dibujás fuego?

Susana: (Lo hace).

(Mariano se esconde bajo la mesa).

Madre: Manu,
CLÍNICA FORENSE EN Fvení
AMILIASacá. 203

Susana: (Sigue dibujando personas y la madre los rasgos).

Héctor: (Hace una pila de ladrillos).

Madre: ¿Qué es eso Héctor?

Héctor: Un grupo de exploradores que están acampando, acá las latas de reserva y
cocinando un pollo.

Madre: ¡Qué lindo Héctor!

Héctor: Acá está el que dirige (abajo) y acá los chicos del campamento... ¡Son pe-
rros!

Manu: (Quiere ir al baño).

Héctor: Está mintiendo, quiere ir con el padre.

(Sugerimos a Héctor y Susana que lo inviten a participar).

Susana: Vení, hacé nubes.

Manu: (hace redondeles y pone “TROLBILLI PUTOS”)

Héctor: (En un aparte a una de las entrevistadoras) Acá en la carpa están los platos
para comer, acá adentro (al invitarlo a que lo diga para todos). Yo ya terminé
mi dibujo (Intenta hacer una comunicación con el padre por el “wakitoki”).

Manu: (Hace algunos dibujos).

Relato:

Héctor: Acá están los cuatro exploradores, el que dirige, las latas de reserva, el
pollo y la carpa y los vasos y todo para comer adentro de la carpa.

Madre: Se van de día de campo.

Susana: ¿Los exploradores o van a la casa?

Héctor: Son exploradores, están acampando.

Susana: (¿Vos qué pensabas?) Que ellos van a explorar esta casa, a ver si vivía al-
guien. Hice a los chicos jugando al gallo ciego y acá teman una cueva donde se
reunían y tenían los juguetes.
Madre: ¿Esos chicos son de esa casa?

Susana: Sí, son como de un orfanato.

Héctor: ¿Un orfanato en el bosque, existe?

Susana: Los exploradores son diferentes de los chicos... yo acá a Héctor le hice el
fuego... tendría que ser de noche.
204 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Y acá hice pinos con ayuda de mi mamá que hizo verdes y acá un carro con ho-
jas... para sacar las hojas del techo... nada más que mi hermano arruinó eso
(¿Por qué?). Porque hizo pis y caca... (¿Dónde?) acá la cola de él y pis.

Manu: Las bolas de él y la concha de ella... (TROLBICH) (?) Quiere decir puta.

Héctor: Beach en inglés quiere decir playa.

Susana: Yo no sé malas palabras en inglés.

Héctor: Go to head, quiere decir andate al diablo, por lo menos hubiera puesto
eso.

Manu: (Pone “prostitutas, genios”) ¿Y usted, vieja?

Madre: Colaboraba haciendo cosas.

Héctor: (¿Vos, Héctor?) Yo hice estos; los exploradores se quedan acá, van a sacar
los cubiertos de la carpa y van a comer y dormir, no van a ir a la casa como de-
cís vos... (?) Al otro día van a explorar todos los lugares. Ahora tienen que des-
cansar porque es un largo viaje... Al otro día van a irse a la casa... Esa es mi his-
toria... (?) Van a explorar la parte de árboles.

Susana: Van a buscar frutas.

Héctor: Van a buscar ramas secas para hacer fogatas... después pueden encontrar
hongos para examinarlos... Eso digo yo.

Manu: (Hace palabras y un chico, hace algo dentro de la casa).

Susana: Una nena.

Manu: Una bruja.

Madre: ¿Me hiciste pescando?

Manu: (Hace una bici, pinta la ventana de la carpa y las etiquetas de las latas).

Héctor: ¡¿Qué estás haciendo?!

Susana: Déjalo pobre, que él no hizo nada.

Manu: (¿Vos qué decís de esta historia?) (No contesta).


Susana: ¿A ver si tus ojos son como los del gato siamés? (a Héctor).
Héctor: Toda mi familia, los J... tienen ojos verdes.

Susana: Pero papá los tiene celestes.

Héctor: Depende de la ropa los tiene celestes o verdes.

Manu: (Hace un explorador igual al de Héctor).

Madre: No trabajes
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIASencima de lo de tu hermano (lo enuncia pero no lo impide).
205

Héctor: (mira, se fastidia). Es el último dibujo que hago (Saca un jueguito electró-
nico, dice que se quiere ir). (Canta) Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, que la vida
tiene sus cosas...

Susana: (Se engancha con el jueguito).

Madre: Héctor guardá eso.

Héctor: No quiero.

Madre: Susana, decile a tu hermano que guarde.

Manu: (Dibuja un chico y la canción que canta Héctor).

Madre: Te ha hecho cantando.

Manu: (Sigue dibujando. Hace una tortuga ninja que copia de un modelo). Ay, ay,
ay, ay, cago en dolores... (Le pide a la madre que cante algo) (¿Qué dibujaste?) A
mi mamá y a mi papá... la que pesca es mi mamá y el que anda en bici es mi
papá. (?) En la loma de la mierda, del quinoto. (La madre lo reta y lo sube a su
falda). (?) Una bruja... un castillo de brujas y vos sos media bruja... es el jefe de
esos... Mariano, que canta cago en dolores y Héctor que canta. (Eructa) ...mi
tortuga... mi coqueja.

Madre: Tu coneja.

Susana: Corre.

Manu: No, orejita...

(Silencio)

(¿Qué les pareció el juego?)


Madre: Que Mariano haya escrito arriba de todos no me gustó.

Héctor: No me gustó que diga malas palabras.

Susana: No me gusta lo que escribió y la mala educación... me gustan los pinos, lo


que hizo Héctor de los exploradores y la bruja también.

Héctor: Todo lo que hizo mi hermana y lo que hice yo. Lo que hizo mi mamá y lo
que hizo mi hermano no me gustó. Mi hermano dijo malas palabras y dibujó
mal, mamá dibujó mal y yo tampoco tan bien. Me gustó más lo de Susana.
• Entrevista conjunta padre - hijos:

“Dibujo conjunto familiar”

Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores elegi-


dos por cada uno luego de dar la consigna:

Susana “Manu” Padre Héctor


□ □ □ □
206 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
rosa turquesa violeta verde

(El padre se resiste a dibujar. Se para y se coloca al lado de Héctor a pedido de


éste. Mariano se enoja, se queja y el padre vuelve a sentarse).

Padre: La verdad está en lo que puedo decir, no en el dibujo, esto no va para mí.
(Al sentarse le pregunta a Mariano) ¿de quién sos vos?

Manu: De mamá.

Padre: (Protestando, empieza a dibujar una cara con ojos y nariz. Rápidamente
empiezan a dibujar. Mariano hace dos o tres trazos y lo deja.

El padre lo alza y lo sienta en su falda). La maestra dice que le falta estima.

Susana: (Hace un mono, cuenta que hizo un dibujo para la primavera). Vos papá
hacé los remos y vos Mariano...

Padre: (Hace los remos).

Susana: (Al padre) Hacé olas.

Héctor: (Deja su marcador).

Padre: Mariano, hacé los pescaditos.

Manu: (Dibuja por encima de los otros dibujos).

Padre: ¿Qué es eso Mariano?

Manu: La arca de Noel.

Padre: ¿Cómo sabés?

Susana: Se lo contó mamá (Sigue dibujando).

Padre: ¡Mirá la Susi qué aplicada, es una maravilla!... ¡qué aplicada sos Su- si!... es
seria, ¿viste Héctor?

(Mariano y Héctor ríen y hacen bromas). Es seria, ja, ja, ja...

(Susana y Héctor dibujan. Mariano y el padre quedan en un costado. Susana


dice que terminó. Mariano dice que quiere dibujar).
Padre: ¿Qué?

Manu: El Titanic (Se baja y vuelve a sentarse en la falda del padre).

Héctor: Yo quiero dibujar pero no tengo lugar.

Susana: Acá sí.

(El padre
CLÍNICA FORENSE ENyFAMILIAS
Mariano dialogan sobre qué va a ser cuando sea grande: militar,
207
policía)

Manu: El Titanic cuando se va hundiendo.

Padre: Este es bueno, le falta cariño (Refiriéndose a Mariano).

(Susana y Héctor dicen que terminaron).

Héctor: Yo hice pavadas... ¡ay!, ahora me acordé de un dibujo... ¿hoy se puede


hacer un dibujo único? (Susana y Héctor juegan juntos con las manos).

Relato:

Padre: Quise hacer una cabeza.

Susana: Empecé a hacer los rayos del sol.

Manu: Un tiburón que se estaba comiendo la arca de Noel y como cinco Titanic. El
Titanic que se está hundiendo que quedó un pedacito así y el padre del Titanic
que tiene cuatro chimeneas, cuando estaba yendo bien (¿Cómo se te ocurrió
eso?). Lo vi en la tele y mamá tiene un libro. Se hundió en el primer viaje y que
con una cámara los fueron a filmar (?). Ahí cuando estaba yendo bien.

Héctor: El cuerpo, un brazo y cualquier pavada... que diga mi hermana.

Susana: Un buzo con un brazo que tiene fuerza.

Padre: (Dice que es el brazo que le agarró la madre).

Manu: Un colgante con una cadenita de Dios.

Héctor: Es un gusano dibujado.

Manu: Una cascabel que la quería apretar y se le salen las tripas, los dientes.

Padre: ¡Qué linda vincha tenés Susi!, ¿quién te la regaló?

Susana: Me la regaló mamá.

Padre: ¿Y papá no te regaló nada?

Susana: Sí (Sonríe).

Susana: Yo dibujé una mariposa, un gusano, un árbol y un mono colgado en una


rama y un barco (¿Tienen que ver con un barco?). Sí, porque son animales y este
señor viene en un barco y lo deja en la orilla... y el remo (?). Están en una isla
(?). El señor es Noé, un señor cristiano que era muy bueno y vivía en una ciu-
dad que la gente era muy mala y Dios los castigó... e iba a hacer una lluvia de
40 años y le dijo que hiciera un arca, un barco, subió a los amigos buenos y a
los animales (?). Él se salvó (?). La familia se salvó y dijo Dios que le iba a
mandar una paloma que le iba a decir que ya pasó el día de la lluvia.

Manu: Dios hizo un arco iris y dijo que nunca más iba a hacer un diluvio.

208 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA


Padre: Yo puse eso para que dibujen ellos. Soy un analfabeto.

Héctor: Iba a hacer un águila y me salió un cuchuflito; éste iba a ser yo, pero es un
cuchuflito y acá un oso y después un cuchuflito (Se resiste a hacer una histo-
ria).

Padre: Ayer tuvo un día malo (Por Héctor).

Susana: ¡Ay, ese oso! (el que hizo Héctor).

Héctor: No sé.

Susana: Era tu águila y la querías atrapar porque se te escapó.

Héctor: Que cuente mi hermanita que tiene más imaginación.

Manu: No puedo ver sin mis anteojos. (Burlando al padre). El oso lucha contra
éste (?). Noé.

Susana: ¡Ay!, éstos podrían ser los animales que salvó Noé.

Manu: Claro, cuando se van.

Padre: No va para mí... ellos retienen lo que ven en TV; es bueno para la salud
mental de ellos, que no tienen perversión, como La aventura del hombre, de
Grasso.

(?) Susana: Que Noé se hace viejo y muere y que los animales tienen cría... y se
alimentan solos los animales.

(?) Padre: Igual que dice la nena, está bien, ¿conoce a alguien eterno?

(?) Manu: Que viene Drácula y le chupa los gobelingres a todos.

(?) Héctor: Soy analfabeto (Con ironía).

Susana: Dale che, hacelo por tu hermanita.

Héctor: ¡¡Es tan buena!!

Padre: Se quieren mucho esos dos.

(¿Y para vos cómo termina la historia?). Héctor: Que este pibe mata a todos con un
arma (?). Una 38 (?).
Después se tira un tiro y se termina todo el dibujo (?). Se termina esa isla.

e) Evaluación de las producciones vinculares en base a indicadores


• Clasificación de los indicadores
A - Indicadores Generales

Entrevista conjunta madre - hijos Entrevista conjunta padre - hijos

CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 209


1) Modalidad del funcionamiento 1) Modalidad del funcionamiento
grupa! grupal
a) Planeamiento Ausente a) Planeamiento Ausente

b)Tarea conjunta Se concreta b) Tarea conjunta Se concreta

c) Figura organizadora Presente en in- c) Figura organizadora


tentos intermitentes de Susana.
Ausente, con intentos fallidos de Su-
sana
d) Identidad del liderazgo Parcialmente d) Identidad del liderazgo No hay lide-
ejercido por la hija razgo
de serlo.
e) Cualidad del liderazgo Democrático. e) Cualidad del liderazgo No se organiza

f) Modo de participación f) Modo de participación Inclusiva de


todos.
Inclusiva de todos en la producción
final.

Con momentos de autoexclusión

en el transcurso por parte de Ma-


riano.
g) Tipo de intervenciones: g) Tipo de intervenciones:
Modo: Modo:
Madre: escasas, con predominio de Padre: a predominio de preguntas y
preguntas dirigidas a Héctor. comentarios sobre las producciones
de Mariano y Susana, con elogios a
ésta lo que genera burlas de los her-
Héctor: predominio de comentarios manos. Héctor: predominio de co-
acerca de su hacer y respuestas a Su- mentarios autodesvalorizantes. Breve
sana. Responde a una sola de las intercambio con Susana.
210 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
preguntas de la madre.
Susana: combina respuestas e indica-
Susana: combinado: preguntas, res- ciones y comentarios sobre sus pro-
puestas e indicaciones al resto del ducciones al resto del grupo. Tiende a
grupo. Mariano: no pregunta, da valorizar lo de Héctor.
respuestas escasas y soeces.
Mariano: no formula preguntas ni da
respuestas y hace comentarios con-
densados sobre su producción. Direc-
Direccionalidad: circunscripta a algu- cionalidad: circunscripta a algunos:
nos: Susana a la madre y Héctor. Padre a Mariano y Susana; Susana a
Contenido: inicialmente individualis- Mariano y Héctor.
ta, se torna parcialmente cooperativo
por las intervenciones de Susana. Contenido: inicialmente Individualista,
deviene parcialmente cooperativo por
Intrusivo por parte de Mariano. las intervenciones de Susana, Mariano
h) Ubicación espacial Espontánea y h) Ubicación
y el padre. espacial
Finalizando con una res-
aceptada puesta destructiva de Héctor.
Espontánea y cuestionada por Ma-
riano
2) E STILO VINCULAR PREDOMI- 2) E STILO VINCULAR PREDOMI-
NANTE NANTE
hacia el padre.
a) Clima afectivo a) Clima afectivo
Tenso, con intercambio verbal acota- Combina momentos de expresión
do. Con momentos de funcionamien- afectiva e intercambio verbal acotado,
to caótico. con otros de tensión expresada por
Héctor.
b) Ejercicio de las funciones parentales b) Ejercicio de las funciones parentales
Desapego: la madre sólo interviene a Intentos del padre de contención res-
Indicación de Susana. tringida hacia Susana y Mariano.
Discriminación: escasamente presente. Discriminación: escasamente presente.
c) Modalidad de expresión de los hijos c) Modalidad de expresión de los hijos
Espontánea y relativamente creativa en Emergencia final de formulaciones de
Héctor y Susana; desorganizada en agresión y violencia por parte de Héc-
Mariano. tor. Espontánea y creativa, con cierta
organización en Susana y Mariano, pero
con un vuelco a verbalizaciones agresi-
vas hacia el final, en Mariano.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 211
d) Lugar del progenitor ausente In- d) Lugar del progenitor ausente In-
cluido y preservado. cluido en forma ambigua por el padre
y directa por Mariano. Preservado.

3) E XPRESIÓN SIMBÓLICA 3) E XPRESIÓN SIMBÓLICA


DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICA- DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICACIO-
CIONES NES
• Numerosa presencia de personas, • Escasas personas, algunos personajes y
algunos personajes y un animal. animales.
• Hay diferenciación sexual y genera- • No aparece una clara diferenciación
cional en personas de la vida real o sexual y generacional.
imaginarias.
La excepción sería Mariano que tiende
a dibujar fragmentos del cuerpo hu-
mano (genitales), que acompañan sus
frases soeces. 0 hace personajes terrorí-
ficos. La única figura claramente dife-
renciada reproduce una de los dibujos
de Héctor. • El tipo de personajes: son imaginarios,
a excepción de Héctor que es él mismo.
Son personajes activos, que, exceptuan-
• El tipo de personajes: son en general
do a Noé, son conflictivos explícitos.
activos, algunos con proyectos.

B - I NDICADORES E SPECÍFICOS

P RODUCCIÓN GRÁFICA P RODUCCIÓN GRÁFICA

• Cualidad del dibujo conjunto: Es • Cualidad del dibujo conjunto:


parcialmente compleja. Es parcialmente compleja,
pero predominando la confusión de lo
producido por cada uno y el conjunto.

• Tendencia al uso del espacio manos.


por sectores, a excepción de Mariano • La interpenetración de los colores
que interviene en todo el espacio, en se da y con aceptación entre Susana
general, de manera intrusiva y la madre, en menor medida pero
y sin respetar el dibujo de los otros. también aceptada entre Susana-
• Susana y Héctor realizan dibujos Héctor y Mariano-Susana. Entre
elaborados, diferenciados Mariano y Héctor, se produce, pero
y con diversidad de elementos. con menor aceptación por parte de
La madre, diferenciados, pero poco Héctor.
elaborados. En Mariano predominan • Susana y Héctor son los autores de
dibujos indiferenciados, con tenden- los elementos principales. Mariano
cia a la fragmentación y simplifica- también realiza elementos centrales
ción. Complejiza su producción (con las características señaladas). La
cuando se incluye en la de los her- madre hace elementos accesorios.
• Hay interpenetración de los colo-
res. Es espontánea, pero no al servi-
cio de una producción conjunta
acordada.

• Los cuatro son autores de


elementos principales.
212 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Producción verbal
Producción verbal
• Producción de complejidad res-
• Producción de complejidad res- tringida. No logran armar un relato
tringida. No logran construir una conjunto. Susana y Mariano inten-
historia conjunta. Hacen breves rela- tan construir un relato vinculando
tos basados en las producciones grá- las producciones gráficas de ambos.
ficas de Héctor, Susana y Mariano, Héctor hace intentos de incluirse en
con algunos intentos de intercambio esa historia, con intervenciones
entre los relatos de cada uno. hostiles. El padre se abstiene.
• El contenido es trágico en Ma-
• El contenido de los relatos no es riano. En Susana inicialmente trági-
conflictivo, es posible, y mantienen co, puede tomarse reparatorio y
una capacidad variable de sostener posible. En Héctor el contenido
el nivel lúdico, permanentemente trágico es hetera y autodestructivo
boicoteada por Mariano (fantasía de fin del mundo).
• Tendencia al uso conjunto
del espacio, pero con indiferencia-
ción.

• Hay diversidad de elementos di-


bujados por cada uno, algunos dife-
renciados y otros no.
• Interpretación de los indicadores

Entrevista conjunta madre-hijos:


Logran una producción gráfica, que sin carecer de complejidad en una de
las zonas del espacio, se va simplificando hasta terminar en el extremo opuesto
en una producción de las que caracterizamos como simple: con ausencia de
dibujos definidos, constituida por rayas, círculos y palabras.

No hay planeamiento de la tarea, ni liderazgo ejercido por la madre, sino


que de éste se hace cargo con intermitencias la hija mayor.
Las características descriptas de la producción gráfica, que transita de la
complejidad a lo simple, tiene mucho que ver con el desempeño del hijo menor,
quien tiende a la desorganización y el desborde, no encontrando en su madre
una figura sólida que lo contenga. Esta sólo hace débiles intentos de incluirlo
que fracasan reiteradamente.
Las producciones de Héctor y Susana por el contrario, ocupando zonas cla-
ramente delimitadas, generan dos escenas que, pese a los intentos de Susana de
que se vinculen a través de lo verbal, no se logra por la firme oposición de Héc-
tor: la zona del orfanato (Susana) y el campamento de los exploradores, que
son cuatro con un conductor (Héctor).

Esta actitud de diferenciación de Héctor respecto de la zona-producción de


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 213
la madre y Susana, y en especial de la historia imaginada por la hermana, pue-
de abrir a diversas interpretaciones. Por un lado, no ceder a conciliar con la
madre; posición coherente con la distancia que Héctor ha instalado con ella.
Por otra parte, pone de manifiesto una vertiente del vínculo con su hermana
Susana que, si bien en un sentido es cálido y comunicativo, tal vez necesita di-
ferenciarse de ella (como “ huérfana”) por no ser hija del mismo padre.

También nos preguntamos cuánto de lo que están sintiendo ambos niños en


el estrecho vínculo que mantienen, puede habérseles tornado peligroso ante la
separación de la pareja y ciertos ribetes perversos de la misma: como el inicio
de diversas relaciones con hombres por la madre, las frecuentes y violentas
escenas de celos del padre a la madre por sus aventuras en presencia de los
hijos.

Estos aconteceres, junto a la ausencia del padre en la convivencia y a la reve-


lación del verdadero origen de Susana, hacen caer principios organizativos y
de límite en la familia. Irrumpen fantasías de caos e intrusión, como si ya nadie
en este grupo familiar, pudiera decir o saber dónde empiezan y terminan las
cosas: los vínculos, las casas, las decisiones.

Situación que actúa Mariano en sus tendencias intrusivas, tanto en el ma-


nejo del espacio, como del lenguaje (permanente alusión a genitales y dibujo de
ellos) e incluso en su dibujo/calco del explorador de Héctor, que cuenta con la
tácita aceptación de la madre y Susana. Confusión a la que Héctor responde
reforzando su decisión de sostener historias separadas.

Entrevista conjunta padre-hijos:


La producción vincular padre-hijos, alcanza niveles de complejidad en
unos aspectos y de restricción o pérdida en otros. Inicialmente logran una
producción individual por parte de los hijos con aportes de elementos signifi-
cativos.

El padre participa poco del dibujo, desde una actitud manifiesta de resis-
tencia: “Mi verdad es la palabra, no el dibujo”. No obstante, es quien comienza
la tarea con un elemento central (una cara), sobre el que va a girar parte de la
historia construida.

El contenido del relato, que no alcanza a ser construido como historia con-
junta, es predominantemente trágico: el hundimiento del Titanic, el diluvio, la
matanza de todos. Susana hace un intento reparatorio de imaginar una salva-
ción posible a través del Arca de Noé, que no acompañan sus hermanos y que
el padre acepta pasivamente sin involucrarse.

Mariano hace referencia a un tiempo anterior de funcionamiento más sa-


tisfactorio, metaforizado en su dibujo del “padre del Titanic cuando iba bien,
antes de hundirse”. Clara alusión a los efectos devastadores de la separación
parental.

El rechazo a estos efectos, surge en Susana ligado a un lugar imaginario


donde todos volvieran a estar juntos y protegidos “después del diluvio”. Pero
se contrarresta con una percepción más cercana a la realidad, cuando enuncia
que...”Noé se hace viejo y muere y los animales tienen cría... y se alimentan
solos los animales”.

f) Interrogantesehipótesisinterpretativas

• Interrogantes que nos planteamos ante la problemática familiar y sus pro-


ducciones

214
1: ¿Cuál es el sentido de la oposición del hijo a vivir Hcon la madre e incluso
ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
a verla?

2: ¿Qué efectos ejerce en el vínculo materno-filial el rechazo manifiesto del


hijo?

3: ¿Cómo incide en el vínculo fraterno la división que se produce?

4: ¿Cómo se posiciona el padre ante la conducta del hijo?

5: ¿Cómo se inscribe la separación conyugal y su procesamiento en la fami-


lia?

6: ¿Qué recursos evaluamos en cada uno de los progenitores para ejercer sus
funciones parentales y reconocer las del otro?

7: Conveniencia o no de la organización familiar actual

• Hipótesis interpretativas

Algo que caracteriza desde el inicio a la pareja de Hugo y Sara, es que no los
une el amor y la atracción mutuas, que sólo están presentes en Hugo. Desde
Sara primó la necesidad de llenar el vacío y la soledad en que decide enfrentar
su embarazo, que él se ofrece a ocupar, lográndolo sólo en un aspecto. Ella dice
que le gustaba de él que era sobreprotector como su padre (Hugo es 16 años
mayor) y que le dio el nombre a la hija de su primer novio. Parece entonces que
en la pareja él se posiciona y así es aceptado por Sara, en un lugar paterno en el
que suple a otro que no está: el añorado padre de Sara y el padre ausente de la
hija de ésta.

¿Qué pasa con sus necesidades y deseos como hombre? ¿Es un intento de
Hugo de compensar a través de esta sobreexigencia los intensos sentimientos
de inferioridad ligados al lugar que ocupó en su familia de origen (el cro- to, el
analfabeto, el obrero) o en la vida hoy (el jubilado incapacitado y “viejo” res-
pecto a su mujer)? En la vida, ¿sólo puede ser suplente, no titular?

Y para Sara, ¿en qué deviene este vínculo?

Sobre esta endeble y singular base se edifica esta pareja, que rápidamente
deviene familia: se casan en marzo del 81, a los tres meses nace Susana, un año
después Héctor y al año siguiente Mariano.

La sobreprotección de que habla Sara como un rasgo de Hugo que le gusta-


ba, pensamos que estaría ligada a actitudes protectoras de él, pero también a la
marcada diferencia de edad entre ambos, así como a la diferencia económica.

Ella accede a través de esta relación a un nivel de vida novedoso y atractivo


para su humilde origen. Es en este aspecto donde empiezan a surgir serios
conflictos en la pareja: el manejo del dinero. Ella lo gasta y él lo retacea.
La sospecha de “robo” se instala en Hugo y se inician e incrementan las es-
cenas de violencia mutua que exacerban el control y la desconfianza por parte
de él y él oculta miento de sus gastos por parte de ella.

El vínculo de la pareja inicia su deterioro más evidente coincidiendo con el


derrumbe económico de él, que lo obliga al cierre de su comercio. Tero también
se derrumban para Hugo, junto a la disminución de su poli er adquisitivo, em-
blemas identificatorios que -pese a que sus hermanos lograron un mejor nivel
profesional y social- le permitían sostener cierta autovaloración, tanto frente a
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 215
su familia de origen como en la pareja matrimonial.

Para Sara, él va perdiendo el atractivo inicial en relación a su lugar de pro-


veedor privilegiado, percibido con potencia. Seguramente incide la juventud
de Sara, en el surgimimiento de necesidades y anhelos como mujer, a los que él
no podía responder desde su posición empobrecida de “jubilado incapacita-
do”.

Simultáneamente a esta caída del vínculo de la pareja, Hugo se va posi-


cionando como padre de “dedicación plena”. Vive para el cuidado de sus hijos
y cada vez le resulta más criticable la actitud de Sara, centrada en la sa-
tisfacción de sus necesidades. Discuten, la cela y ante el creciente clima de vio-
lencia, ella propone la separación, a la que él accede. Curiosamente logran ini-
ciar y terminar el divorcio por mutuo acuerdo, quedando Sara con la tenencia
de los tres hijos y residiendo en el ex hogar conyugal. Hugo tiene un amplio
régimen de visitas con sus hijos y circula según sus deseos y necesidades, ya
que tiene la llave de la casa.

Es probable que en los inicios del planteo de separación por parte de Sara,
las vivencias depresivas de Hugo y sus propias necesidades de encontrar un
contexto protector que no podía brindarle Sara, hayan incidido para qLie bus-
cara refugio en su familia de origen (con quien se va a vivir al separarse) acep-
tando el divorcio por mutuo acuerdo.

Pese a que en lo formal hicieron un divorcio por mutuo acuerdo, en la


realidad no concretaron la disolución de su vínculo, ni reconocieron o cum-
plieron los acuerdos firmados ante el Juez.

La llave de la casa conyugal en poder de Hugo, le permitía el acceso directo


a la misma y al conocimiento de las nuevas relaciones de Sara, a las que ésta
solía dejar notas escritas cuando salía. Por otra parte, los ingresos de Hugo sin
previo aviso, daban oportunidad a que Sara lo invitara para que se quedara a
cenar, y propiciaban a posteriori, encuentros sexuales entre ellos.

El divorcio legal, más que ayudar a una instancia de discriminación, pa-


reció incrementar los sentimientos persecutorios y hostiles, así como facetas
perversas del vínculo de la pareja: las nuevas relaciones amorosas de Sara, que
ella no sólo no ocultaba sino que parecía exhibir, eran registradas por Hugo
como infidelidades que lo enfurecían. ,

En esta situación, Plugo ya sin sus hijos en la cotidianeidad, pierde la ca-


pacidad de contención y ordenamiento que ejercía en la familia, mientras Sara
lo apuntalaba con su valorización.

Sara, por su parte, como dijimos, actúa como una hija adolescente trans-
gresora, perdiendo eficacia su lugar materno.

En este contexto, de creciente confusión y violencia de la que los hijos eran


testigos: ¿Qué papel cumplen? ¿Cómo se ubican en esta trama vincular?
Pensamos que un primer efecto en los dos mayores, es su vivencia de estar
exigidos a resolver cuestiones que los padres no pueden enfrentar. Esta madre
transgresora “debe ser” limitada y castigada de algún modo y este padre em-
pobrecido y burlado “debe ser” sostenido, también de algún modo.

Como primogénito varón, pareciera que Héctor elige la fractura con la ma-
dre, renunciando a la convivencia con los hermanos. En parte en apoyo a la
debilitada figura del padre y en parte porque, en identificación con él, rechaza
las nuevas relaciones de pareja de la madre, que fueron introducidas con poco
216 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
cuidado por parte de Sara, de los sentimientos de sus hijos y de la necesidad de
preservar ámbitos de diferenciación.

La separación se instaló en la familia a la manera del “diluvio universal”


(entrevista conjunta padre-hijos) que parece amenazar el sentido de existencia
de cada uno y del conjunto familiar.

Ante las intensas vivencias de desorganización y muerte, cada uno de los


hijos parece encarnar un intento diferente de ubicarse ante la catástrofe. Héctor
tiende a sostener al padre (aun al costo de su propia vida), castigando a la ma-
dre “pecadora” y poniendo cierta distancia con su peligrosamente amada her-
mana. Susana, que junto a la unión familiar, perdió la certeza de ser una JJ
(apellido familiar), parece recurrir a la fantasía de retorno a un tiempo anterior
en que, aun precariamente, la familia estaba unida y se ejercían de algún modo
las funciones de contención y orden, en especial desde Hugo.

Mariano, el menor de los hijos, se ve arrojado a expresar sin mediación, los


aspectos más fragmentados y desorganizativos de la familia, cercanos al fun-
cionamiento psicótico.

Reflexiones acerca de nuestra intervención


El trabajo con esta familia nos ubicó ante una situación compleja y difícil,
enfrentándonos con los límites de nuestra intervención, aun contando con la
posibilidad, que se dio en este caso, de trabajar en un verdadero equipo in-
terdisciplinario, tanto con el Juez interviniente, como con la Asesora de Me-
nores y aun los abogados de las partes.

Las características fusiónales del vínculo de esta pareja y sus efectos en los
vínculos parento-filiales y fraternos, tornaron imposible, como decíamos antes,
asesorar con claridad al Juez al terminar la Intervención Pericial.

Nos resultaban claros los lugares de cada uno, las características de los
vínculos, así como la violencia y el riesgo que la situación implicaba.

No era claro si tenían posibilidades de operar un cambio en su funciona-


miento, ya que a diferencia de otras familias abordadas en este contexto, eva-
luamos escasas posibilidades de corrimientos y reflexiones o aperturas durante
el proceso de nuestra intervención. Por esta razón, nuestro asesoramiento plan-
teó la necesidad de derivar la familia a un Centro Especializado en familias en
proceso de divorcio a fin de realizar un tratamiento psicoterapéutico.

Complementamos esta indicación, con la de efectuar un seguimiento en


Audiencias en el Juzgado, durante un tiempo no inferior a un año y medio y
con frecuencia bimensual. Así fue ordenado por el Juez y con este encuadre se
llevó a cabo.

En las mismas estuvieron presentes el Juez, la Asesora de Menores, una de


nosotras, la Perito Psiquiatra, Sara y Hugo y posteriormente las terapeutas
familiares.
Cada una de las audiencias realizadas a lo largo de 18 meses, implicaron
momentos de mucho esfuerzo para todos. En cada encuentro debía trabajarse
sobre la dificultad de Sara y Hugo para armar la posibilidad de un diálogo
entre ellos y sostener límites en su relación y con los hijos (el encuadre de cada
audiencia se iba construyendo sobre la marcha y de acuerdo a lo que iba ocu-
rriendo en la familia en el tiempo entre una y otra, información aportada fun-
damentalmente por las terapeutas y los abogados de cada progenitor).

Como resultado de este trabajo interdisciplinario se logró:


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 217

a) Que los hermanos se encontraran en forma estable en al casa de Hugo,


con la participación de la tía paterna en algunos encuentros.
b) Que Sara mantuviera sus relaciones de pareja al margen de la vida fa-
miliar, reconociendo los efectos negativos de su conducta anterior.
c) Que entre ambos cónyuges acordaran la entrega de la llave del ex hogar
conyugal, por parte de Hugo a Sara, así como la necesidad de comunicar
con anterioridad cada uno al otro cualquier cambio en relación a los hijos.
d) La disminución de las escenas de violencia entre Sara y Hugo.

Por el contrario, no pudo lograrse en este tiempo de trabajo con la familia:

a) La reanudación del contacto de Héctor con la madre, fuera de las en-


trevistas terapéuticas.
b) No se pudieron crear condiciones para algún probable cambio en la or-
ganización de la convivencia instalada.

Sobre el final de las audiencias, el padre planteó su negativa a proseguircon


el tratamiento familiar, que sí continuaría Sara con sus hijos. Indicamos el tra-
tamiento individual de Héctor, que fue aceptado tanto por éste como por Hu-
go.
Capítulo XII

Cuando se produce la exclusión legal de uno de los pa-


dres

Introducción

Desarrollaremos en este capítulo las particularidades del proceso de separa-


ción de una familia en la cual la pareja conyugal no logra acordar la decisión
de la ruptura. Se reiteran situaciones de violencia vincular y por la obstinada
negativa de él a efectivizar la separación, ella acude a la justicia para pedir el
divorcio y la exclusión del esposo del hogar conyugal, la que es ordenada por
el juez.

Familia “El Árbol”

a) Presentación
Organigrama familiar
Juli Diana Julieta Pedro Miguel Federico
51 años, Prof. Idiomas 52 años, Ingeniero

Luisa Julia Justo Lorena


Carla Julieta Diana María Miguel Mario Raquel Noemí
21 años, Est. Univ. 19 años, Est. Univ. 16
años, 2º Polim. 11 años, E.G.B.
La familia está integrada por la madre, Juli de 51 años, profesora de idio-
mas; el padre, Pedro de 52 años, ingeniero; y cuatro hijos: Luisa de 21 años, y
Julia de 19 años, ambas estudiantes universitarias; Justo de 16 años, 2 o año del
Polimodal y Lorena de 11 años, EGB.

Luego de reiterados planteos de separación por parte de Juli ante el dete-


rioro creciente del vínculo conyugal y la negativa de Pedro a aceptarlos, ésta
decide solicitar el divorcio y la exclusión del esposo del hogar conyugal, frente
al incremento de situaciones de violencia en la pareja.

A partir de esta acción legal de Juli, a la que Pedro responde negando todo
lo planteado por ella, se suceden apelaciones de ambos, mientras continúa la
convivencia en un clima de intenso sufrimiento familiar. Un año y medio des-
pués la Cámara de Apelaciones en lo Civil, efectiviza la exclusión del hogar
conyugal de Pedro.

Desde la separación, la madre y los cuatro hijos continúan viviendo en el


que fuera hogar conyugal. Pedro alquila una casa de dos habitaciones, en la
que es visitado regularmente por Luisa y Justo, quien con frecuencia se queda
a dormir en lo del padre.

Lorena ve a su padre solamente en cumplimiento del régimen de visitas fi-


jado por el Tribunal y Julia interrumpió hace casi un año su contacto con él.

Esta situación genera reiteradas presentaciones del padre, reclamando su


retorno al hogar, así como el contacto con su hija Julia, alegando interferencias
maternas en esta interrupción.

b) Singularidades de la demanda institucional


Nuestra intervención es solicitada por el Tribunal, al interior del juicio de
divorcio contradictorio. Al no ser éste un juicio de divorcio de común acuerdo,
cada uno de los cónyuges solicitó puntos de pericia por separado. El Tribunal,
sólo hizo lugar a los planteados por ella.

En un principio Pedro se negó a la pericia y luego la aceptó, no sin antes


protagonizar
C discusiones
LÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 219
fuertes con el Juez interviniente, quien nos citó para
alertarnos del carácter violento del demandado y sobre la actitud amenazante
que había observado en el Tribunal. Los 22 puntos de pericia ordenados por el
Juez, a propuesta de Juli, apuntaban en su mayoría, a determinar característi-
cas de personalidad de Pedro e implícitamente a culpabilizarlo por la separa-
ción y el conflicto familiar.

Este sesgamiento en la presentación de una problemática vincular, nos mo-


tivó a plantearle al Magistrado la necesidad de centrar nuestra intervención en
una evaluación de la trama vincular familiar, única manera desde nuestro pun-
to de vista, de entender su significación y “lo más conveniente para los hijos”
como se nos había requerido. Aceptado por el juez nuestro planteo, iniciamos
la tarea teniendo en claro que había un cierto destiempo en ella, en el sentido
que desde lo legal ya se habían resuelto cuestiones conflictivas y difíciles para
esta familia, como fue la exclusión del padre.

Construimos de este modo con el juez, un encuadre en interdisciplina, al


menos a partir de este momento de la familia, a los fines de aportar acerca de
las razones de la crisis matrimonial, sus efectos en los hijos y conveniencia para
éstos de mantener la no convivencia del padre en el hogar conyugal.

c) Síntesis de la historia de la pareja y la


familia
Desde un comienzo, en relación a todo lo que involucre los últimos años de
la convivencia y los motivos y circunstancias de la ruptura conyugal, ambos
brindan versiones absolutamente contrapuestas, que en el caso de él incluye su
rechazo a la separación.

Juli: “Estoy bien, al no estar él en casa. Hay tranquilidad.”

Pedro: “Considero mi domicilio la casa de la que fui expulsado”. “Ellos pi-


den mi exclusión del hogar. Digo ellos porque está tan influenciada por la abo-
gada, mi cuñada y mi sobrino, que creo que no es ella.” “No acepto el divorcio,
pero vivo en un país que tiene ley de divorcio. Lo acepto pero no lo doy, que lo
dicte otro. No lo acepto por tradición familiar y por religión.”

Casados alrededor de los 30 años de ella y 31 de él, nace a los pocos meses
la hija mayor, Luisa, dos años más tarde Julia, tres años después Justo, el hijo
varón y finalmente luego de cinco años, la última hija, Lorena.

Pareciera, y en esto ambos coinciden, que los primeros años de casados y


durante la crianza de los hijos, la relación conyugal y familiar fue armónica y
satisfactoria. Para ambos la conformación de la familia era un ideal com-
partido. A dos años de casados, comenzó la construcción de la casa conyugal,
en la que él participara activamente. Tuvo sucesivas etapas y parece no haber
podido ser finalizada.

No es claro cuándo y por qué se inicia el malestar en la pareja. Aquí co-


mienzan las distintas versiones de cada uno.

Dice Pedro: “Ella empezó a engordar. Pesaba 58 kilos cuando nos casamos y
llegó a pesar 108 kilos. A no querer salir porque la ropa le quedaba chica. De-
cía: „no me quiero poner ropa de gorda‟.” Relata que esta situación estalló en la
adolescencia de las hijas, quienes comenzaron a usar su ropa. Por entonces,
habría iniciado diversos tratamientos para adelgazar. “En uno de los trata-
mientos le indicaron medicación, que produjo un cambio total de su conducta.
Se tornó agresiva y grosera. Era suave, delicada, amable, solidaria con los de-
220 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
más y conmigo. Pasé a ser el objeto de sus odios.”

Dice Juli: “El no aceptaba que no se hiciera su voluntad. Tuvimos desacuer-


dos y muchas discusiones, algunas violentas, respecto de la construcción de la
casa y en cuestiones económicas, pese a que yo por mi actividad privada hacía
un mayor aporte que él. Se fastidió mucho con los gastos de mi última opera-
ción (colicestomía y prolapso, seis años previos a la separación), pero para mí
se quebró todo cuando al volver de la internación a casa, él me desatendió
completamente. Era como si yo no existiera. No se lo perdoné nunca”.

Pedro, proveniente de una familia tradicional del interior, es el quinto de 7


hermanos (6 varones y una mujer). Permanece estrechamente ligado a su fami-
lia de origen, con la cual se mantiene en permanente contacto, a través de fre-
cuentes viajes a su ciudad natal, donde residen cuatro de sus hermanos, casa-
dos y con hijos. Conservan la casa paterna (en la que reside uno de los sobrinos
con su familia), así como la empresa que fuera de su padre.

Se destaca en el relato, el lugar central que tienen para Pedro los emblemas
familiares en los que se sostienen aspectos importantes de su identidad perso-
nal. “Nuestra familia era de la época del mayorazgo”. Ligados también a estos
emblemas, se expresan su afición a la música folklórica y a la poesía. Relata con
admiración, que su padre escribió once libros.

“El apellido XX (el suyo) es muy fuerte en mi provincia”. “Yo me debo a


mis mayores y a mis hijos”.

Es ingeniero y dice sentir cierta vanidad, porque siendo maestro en su lugar


de origen, vino a La Plata, obtuvo un título y “gozo de cierto prestigio en mi
lugar de trabajo”. Acota: “dentro de mi especialidad, estoy en la punta de la
ola”. Entre sus aspiraciones, figura de modo sostenido, el propósito de retornar
al hogar conyugal con sus hijos.

En un pasaje del diálogo, afirma su proyecto de llegar a ser presidente de la


república. En ese momento, dice ser del cuerpo de asesores técnicos de un par-
tido político.

Pedro es un hombre expresivo. Habla enfáticamente de su vida y de su his-


toria y necesita corroborar sus dichos con distintos “documentos” que trae a las
entrevistas y exhibe con satisfacción y orgullo. Desde fotos y boletines de sus
hijos, poesías y canciones, así como un detallado inventario de las etapas de
construcción de la casa conyugal y las tareas que él realizaba.

Aparece profundamente dolorido y humillado por haber sido “echado”


(como él dice) del hogar conyugal, por lo que guarda mucho resentimiento
hacia su ex esposa. Muy apegado a sus hijos Luisa y Justo, se, refiere a Julia
como “la opositora”.
Juli, es la segunda de dos hijas mujeres. Su hermana, ocho años mayor que
ella, vive muy cerca de su casa con la madre de ambas, de 88 años; tiene un hijo
de 27 años, que está haciendo un posgrado en el exterior. Las dos hermanas
siguieron los mismos estudios y dan clases de idiomas. Según Juli, tienen muy
buena relación entre ellas, y también sus hijos ahora.

El padre de Juli falleció meses antes de que se casara con Pedro. Todos los
integrantes de la familia nacieron en Portugal. Vinieron a la Argentina y se
radicaron en La Plata, cuando ella tenía 2 años y medio. El padre trabajaba co-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 221
mo constructor en otras ciudades y lo veían los fines de semana, cada quince
días. Lo recuerda afectuoso, leyéndoles cuentos infantiles portugueses.

Su madre es ama de casa y proviene de una familia portuguesa de buena


posición económica. De su infancia la recuerda alegre, muy dedicada a su fa-
milia, pero de poco diálogo y distante afectivamente. “No recuerdo que nos
haya dado un abrazo”. El resto de los familiares, permanecieron en Portugal.

Juli es una mujer corpulenta, con sobrepeso disimulado por su altura. Se


expresa con fluidez y racionalidad sobre los avatares familiares. Se muestra
tranquila, controlada, como habiendo en parte dejado atrás las hostilidades y
conflictos vividos con su ex esposo. “Ya pasó”. “Lo que quiero ahora es que
mis hijos puedan tener con él una buena relación”.

Denota una cierta reticencia a hablar sobre la problemática matrimonial.


“Prefiero centrarme en el presente”.

Se la percibe segura, de buen ánimo, ya que considera que el divorcio esta-


ría próximo a serle otorgado. No obstante, señala que persisten algunos pro-
blemas en sus hijos, así como otros se han ido encaminando positivamente.

El mayor problema parece presentarlo Julia, que está profundamente dolida


por la negativa del padre a autorizarle un viaje de intercambio en el exterior,
que sí pudo hacer Luisa cuando aún no estaban los padres separados. El hecho
de que Luisa visite al padre y Julia no, pareciera que también influye en ciertos
choques entre las hermanas. Juli interpreta tendenciosamente esta hostilidad:
“Puede ser que Luisa pelee a la hermana porque Julia se liberó del padre”. No
se le ocurre pensar que pueda ser a la inversa.

Luego de las entrevistas individuales con cada uno de los progenitores, cu-
yos tramos más significativos hemos sintetizado, realizamos una entrevista con
el grupo fraterno. A continuación, llevamos a cabo las entrevistas vinculares
madre-hijos y padre-hijos, instrumentando el Dibujo del Personaje en la Fami-
lia, cuya producción transcribimos a continuación.
d) Producciones vinculares I
• Entrevista conjunta madre-hijos:

“Dibujo del personaje en la familia”

Ubicación: Julia Lorena Justo Juli (madre) Luisa

□ □ □ □ □
Damos la consigna.

Madre: ¿Hombre o mujer?

Justo: ¿Uno sólo o muchos?

(Julia y Lorena tardan en empezar. Madre y Justo empiezan primero, luego


Luisa).
222 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
(Julia hace algo y borra).

(Justo espía lo que hace la madre y se ríe).

Madre: Listo (la madre termina primero). Se quedó sin pies. Don Pascual, el pira-
ta bueno.

(Julia todavía no dibuja).

Madre: ¡Dale Julia! Hacé cualquier cosa.

(Julia hace un árbol. Pone un nombre y borra. Luego deja “El árbol”).

Justo: (dibuja con muchos detalles) Panchito.

(Las demás no dicen nada en este momento).

Presentación de los personajes:

Julia: Este sería mi viejo. Que siempre está presente, y acá nosotros. (¿Cuáles son
ustedes?)

Las hojas (?). Se llama “El árbol”. (?) Como un tilo.

Lorena: Juliloni (?). Es un apellido. Inventado. Juli por Julia y Loni lo inventé.
Mezclé las caras de todos: pelo de Julia, cara de Justo, corbata y camisa de papá,
y las manos de cualquier cosa. (?) Un chico. De 26 años. (?) Es marinero. Justo:
Panchito. Es un jubilado (?), 67 años, que está paseando a su mascota Maxwel (?).
Es un bichito.

Madre: Don Pascual. Un pirata bueno. Joven. Pero le dicen Don porque hace
cosas de adulto. Era un chico rico y como desde donde estaba no podía ayu-
dar a los demás... Pienso que la familia no le ha permitido... Se hizo pirata pa-
ra robar a los ricos y darles a los pobres. Como Robin Hood pero del mar. Y
ahora se sentía muy feliz.

Luisa: Sony (?). Una chica de 24 años. No es de esta época. Vive en el futuro.

Diálogo:

(Reiteramos consigna: que acuerden un lugar de encuentro y que dialoguen


como si cada uno fuera ese personaje)

Madre: ¿Empiezo yo? Hola árbol.

Luisa: Entonces nos encontramos en la playa.

Madre: Es invierno y se cayeron las hojas. ¿Por qué están esas?


Julia: Y... porque sí.

Justo: ¿Me puedo meter yo? Flaco, chabón, le estás hablando a un árbol, estás
medio pirado. ¡Volvete al mar!

Madre: Este árbol habla.

Luisa: (a Justo) ¡Los viejos no hablan así!

Madre:
Clínica ¿Cómo
Forense te
en Familias llamás? 223

Justo: Pancho. Estoy paseando a mi mascotita y le voy a dar de comer. Madre:


¿Qué le das de comer?

Justo: Panchos.

Madre: ¿Y vos?

Justo: Yo no como porque soy gordo. Estoy a dieta.

Madre: (a Luisa) No sos como nosotros. ¿Por qué sos distinta?

Luisa: No soy distinta. Bueno, soy de otra época. Vengo de una nave espacial a
investigar.

Madre: ¿Qué investigás?

Luisa: Me escapé del lugar donde vivía y caí en esta época (a la Madre). Me
descubriste cuando estaba mirándolos.

Madre: ¿Y vos Pancho?

Justo: ¿Le presentamos a Fashion, a la ...¿Cómo te llamabas? (mirando a Lore-


na) ¿Buriloni?

Lorena: Juliloni.

Justo: ¿Quién te puso ese nombre tan feo?

Lorena : Me lo puse yo.

Luisa: Por ahí, quiso cambiar de nombre. No le gustaba el de ella y se puso


otro nombre.

Madre: Ahora vamos todos juntos a hablar con el árbol. Hablemos con el árbol.
¿Qué le pasa al árbol?

Dibujo de Justo: “Panchito”


Julia: Nada.

Justo: Maxwel quiere hacer pichín y va al árbol.

Madre: Llévalo a otro árbol porque se va a morir, si no.

Luisa: No hay otro árbol porque no hay árboles en la playa.

Madre: Era camino a la playa.


224 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Luisa: ¡Ah!

(Silencio...)

Justo: Se está nublando. ¿Va a llover Sony?

Luisa: Seguro que sí.

Justo: ¿Tenés algún aparato para que lo diga?

Luisa: Sí. Tuc, tuc, tuc. Sí. Va a llover. Vengan a mi nave. Ah, pero el árbol no
puede.

(Silencio prolongado...)

Madre: (a Lorena) ¿Vos vas a ir a la nave de Sony? Porque va a llover.


Lorena: Sí.

Madre: (a Justo) ¿Vos?

Justo: Yo no entro por la puerta. Me quedo afuera porque soy gordo.

Luisa: (a Justo) ¿A Maxwel lo dejás entrar?

Justo: Sí. Con la soguita.

Luisa: Pero que no me haga lío ni pis.

Justo: ¿Tenés comida para Maxwel? Le gusta comida fresca.

Luisa: Tengo comida de astronautas.

Justo: Entonces voy al almacén a comprar comida fresca.

Madre: Yo me quedo con el árbol y le saco las hojas y las guardo.

Luisa: ¿Por qué le vas a sacar las hojas?


Madre: Para que en la primavera vuelvan a crecer.

Luisa: ¿Por qué? ¡Se tienen que caer solas!

Madre: Sí. Pero éstas no se cayeron.

Luisa: ¿Dónde las guardás? ¿En un libro?

Madre: En una cajita. ¿Me dejás Don Árbol?


Clínica Forense en Familias 225
Julia: (Asiente con la cabeza).

(Silencio...) (?)

Justo: Panchito vuelve del almacén y Maxwel quiere hacer pichín de nuevo y
pasa por el árbol. ¿Ya se habían caído las hojas?

Madre: No. Yo las saqué. Está peladito.

Justo: Maxwel ladra porque hay muchos pájaros que están haciendo nido.
Madre: Y vos no querés?

Justo: No sé. Porque es Maxwel el que ladra. Viene un gato que ataca a los
pajaritos y Maxwel lo ataca a él.

Madre: Defiende a los pájaros.

Justo: No. A los pájaros los quiere atacar pero no llega.

(Mientras Justo habla, Julia repasa el árbol varias veces).

Madre: (a Julia) ¡No hagas más!

Justo: (Continúa) Maxwel salta arriba de la cabeza de Juliloni (hace el ges-


to). Luisa: ¿Es un perro?

Justo: Sí.

Luisa: (a Lorena) Y vos qué decís de eso?

Lorena: ¡Salí de mi cabeza! (lo dice con voz apenas audible).

(Silencio...)

(¿Qué pasó entonces)


Justo: Se le escapó Maxwel y no lo puede atrapar.

Dibujo de Justo: “Panchito”


(¿Y Usted?)
Madre: Don Pascual se despide y se va al mar.
Luisa: Sony va a buscar a Maxwel para dárselo a Panchito. Lo encuentra y se lo
da a Panchito y ellos se quedan. Sony se va también. (?) Se vuelve y sigue
viajando. (?) Al pasado. (?) No sé a qué época.

Justo: Panchito se fue feliz con Maxwel a jugar a las bochas, con los viejos de la
plaza.

Lorena:
226 Se va a su casa (?). Vive solo. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Julia: El árbol se queda ahí.

Madre: Te gustó que te saquen las hojitas?

Julia: Sí... Bueno, no sé.

Madre: ¿Que te hagan pis y que se te suban los pajaritos?

Julia: Me gustó que cada uno tenía su camino.

Madre: ¡Cinco personas! ¡Qué cosas diferentes! Somos una familia e hicimos
personajes tan distintos...!

Dibujo de Juli, la Madre:


“Don Pascual”, el pirata bueno
Dibujo de justo: “Panchito”
227 Hilda Abelleira - Norma Delucca

Dibujo de Julia: “El Árbol”


• Entrevista conjunta padre-hijos:

“Dibujo del personaje en la familia”

Ubicación: Justo Padre Luisa Lorena Julia

(En la ubicación, quedaba primero el lugar vacío al lado de Julia. Esta le pidió a
Lorena que se corra.)

Damos la consigna.

P a d r e : ¿ Y p a r a q u é e s e s t o ? ( Explicamos. Repetimos consigna).


Padre: (Pregunta
ClInica Forense en Familiaspor diferencia entre persona o personaje). (Repetimos consigna).
228
Ah, persona con nombre y apellido o personaje simbólico.

Padre: (empieza a dibujar en la falda).

Justo: Dibujá en la mesa (al padre), (justo comienza su dibujo) (El padre tam-
bién).

(Luisa, Lorena y Julia, no se deciden a empezar. Lorena mira a Julia). Luisa: (a


Lorena) ¡Dale! (Empiezan las tres juntas. Julia y Lorena borran). Padre: (termina
primero) Guali. Una palabra quechua... Por eso soy ingeniero. ¿Vió que terminé
rápido? (a una de nosotras). (Mira alrededor, a Justo y lo que hacen Justo y Lui-
sa).

Luisa: Katy. Un gato.

Julia: Bart, con una honda. (El padre le susurra algo a Luisa). (Luisa le susurra
algo a Lorena). Hacelo así nomás. No borres tanto. (Continúan dibujando Jus-
to y Lorena).

Lorena: (termina la persona y hace montañas). Una casa.

(Julia mira para afuera. El padre dialoga con Luisa. Lo miran a Justo. Justo
dibuja muy concentrado, sonriendo al parecer por lo que hace. El padre espe-
ra tranquilo. Luisa, más ansiosa. Julia le acaricia el pelo a Lorena.)

Lorena: (termina) San Martín de los Andes. Mamá.

Justo: Motoneta.

Presentación de los personajes:

Padre: (a Lorena) ¿Querés vos hacer...?


Lorena: No.

Padre: Este señor es el abuelo Alberto O., el abuelo de los chicos. Como era muy
inteligente, muy vivaz, rápido y despierto, le decían Guali, que significa eso en
quechua. En la época en que vivió, se usaban polainas, moño en lugar de cor-
bata, capa, sombrero de copa, ancho.
Dibujo de Justo: “Motoneta”
Luisa: Pero no era gordo.

Padre: No. Es por la capa negra que usaba. Como algunas modelos. Era una capa
negra con broches dorados. Mi mamá nos hizo una capa para cada uno de los
siete hermanos. Él conoció a Julia y Luisa solamente. A Justo y a Lorena no...
¿Vos lo viste Lore en Chilecito?
Lorena: En un cuadro grande.

Luisa: Es un gatito que es gris. Le puse Katy, pero es un gato. No es una gata (?).
En inglés cat es gato. Puede ser un diminutivo de gato. Estaba abandonado y
ahora está en casa. En una casa. El va a una casa y le dan de comer. Lo adopta-
ron.

Justo: Este es Motoneta. Es un personaje. Lo tienen como personaje por todas las
cosas que hace y anda siempre en su skate que tiene motor y hasta en los bar-
cos anda (?). Va al secundario.

CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 229


Julia: Bart. Todo el mundo lo conoce (¿edad?) Igual que en los dibujitos animados.
Lo dibujé porque es lo primero que se me ocurrió.

Lorena : A mi mamá. Juli. Que está en San Martín de los Andes. Yo estoy acá
adentro (en la casita).

Diálogo:

Luisa: ¿Dónde nos encontramos?

Justo: En el barco y Katy está buscando a este pajarito y Guali en la terraza escri-
biendo.

Luisa: ¿Por qué?

Justo: Porque le gusta escribir.

Justo: Katy ¿tenés hambre?

Luisa: Sí, decime Motoneta, ¿esto que es? (señala dibujo de Justo) ¿Podés volar o
algo? ¿Para qué lo usás?

Justo: Para hacerme propaganda.

Luisa: Creí que era un barrilete o un globo.

Padre: ¿En qué lugar está Juli, Lorena? (se refiere a la escena que ellos tres están
armando).

Justo: Juli está de paisaje. Es una montaña.

Padre: Tenemos que estar juntos en un lugar.

¿Dónde nos encontramos? ¿Dónde querés que esté Juli? ¿Dónde la vas a poner
a Juli?

Lorena: Con Barí...

justo y Luisa: En el televisor del barco (Se ríen). (Luisa se impacienta cuando Lo-
rena tarda en contestar).

Padre: Y vos Bart, ¿dónde querés estar?

Julia: Con el capitán del barco.

Justo: Motoneta está como pasajero.


Padre: Y Juli, ¿dónde está? ¿Con Motoneta, con Guali, con Katy o con el capitán?
Lorena: (repite) Con Bart.

Justo: Y vino viento y tormenta y tiró el cartel sobre Guali.

Padre: ¿Y le hizo daño?

Justo: No, porque Guali lo atajó y le recitó una poesía.

Luisa: Y Katy clavó las uñas en la palmera; quería alcanzar el pajarito y no pudo.
230Está agarrado. No podía hacer nada. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Justo: Y Motoneta lo invita a tomar un café a Guali.

Padre: ...en el entrepiso que está en la cafetería. ¿Vamos?

Justo: ¿Vos me pagás?

Padre: ¿Y a Katy lo dejamos pegado en la palmera?

Justo: No, le damos leche. Andá vos (al Padre) que yo no quiero salir con la tor-
menta.

Padre: ¿No los invitamos a tomar café a Juli y a Bart?

Justo: Esperamos.

Padre: ¿Querés venir Juli?

Lorena: No.

Padre: ¿Por qué?

Lorena: Porque no me gusta el café. No tomo.

Justo: ¿Una chocolatada?

Padre: (Gesto de interrogación a Lorena).

Lorena: No, no quiero.

Padre: ¿Y Bart?

Julia: No, yo tampoco. Deseo quedarme con el Capitán.

Padre: ¿Y Katy?

Luisa: Sí, ¡me encanta la leche!

Justo: Y Katy se puso inquieto y se tiró al agua.

Luisa: ¡ÉjJo! Qué mentira! Se quedó en una silla calentito como todos los gatos.
Justo: Y Motoneta se sacó el skate y se subió al puente del barco.

Luisa: ¿Y para qué?


Justo: Para perder el tiempo. No tengo otra cosa que hacer.

Luisa: Yo quiero ir a tierra a buscar más pajaritos.

Justo: Le doy una vuelta al timón y dejo. Bueno, hablen Uds. (a Lorena y Julia).

A Motoneta, el capitán lo echa de la cabina y Motoneta se va enojado a tomar


café.

Luisa: ¿Por qué te echaron? Y los demás ¿que hicieron en la cabina?


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 231
Justo: Yo quería mover el timón y el capitán no me dejó. Me echó. Y si no, me iba
a tirar al agua.

Luisa: ¿Nadie te ayudó?

Justo: No, no me ayudó nadie y enojado me fui enseguida. Y Guali le dice a Mo-
toneta que se tranquilice y le recita una poesía, dale.

Padre: ¿Que te recite un poema te va a tranquilizar? Vamos a decirle al capitán


que ponga rumbo fijo al puerto para que esté Katy tranquilo.

Justo: Me voy a cambiar el buzo para que no me reconozca.

Luisa: Katy es chusma. Lo acompaña a la cabina.

(Diálogo entre Luisa y Justo)

Justo: Está cerrada la puerta. Entrá por la ventana Katy.

Luisa: Golpeá la puerta y esperá que abran. El capitán no lo reconoce y lo deja


pasar. Katy lo sigue.

Justo: Motoneta le dice al capitán que ponga a toda máquina el barco para ir al
puerto. El capitán le dijo que no, porque hay muchos iceberg. El ayudante del
capitán dice que no importa, que tenemos rompehielos. Y Katy toca uri botón
y se para el barco.

Luisa: Fue sin querer. Yo quiero llegar a tierra. ¿Quién es el ayudante del capitán?

Justo: Se llama Acéfalo.

Padre: Sin cabeza...

Justo: Acéfalo se lleva al gato al camarote y prende el barco.

Motoneta se va todo contento y los invita a todos los de la cabina a festejar.

Luisa: ¿Y van todos? Seguro que no quieren venir (a Lorena y Julia. No contes-
tan).

Justo: Motoneta va con Guali a tomar café. Lo va a rescatar a Katy. Katy espera.

Padre: Y Juli ¿vio todo lo que pasó cuando entró Motoneta?

Justo: Esperá, no volvamos a la cabina.


Luisa: Ninguno aporta.

Padre: ¿Juli estaba con el capitán?

Justo: Sí.

Padre: ¿Le dijo algo al capitán? ¿Le dijo algo a Motoneta Juli? (Lorena hace silen-
cio).

Justo: El capitán puso piloto automático y se fue a tomar café a la cafetería con
232todos los tripulantes. HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Padre: ¿Se encontró con Guali?

Junto: Sí, so sentaron a disfrutar de la cerveza y a hablar del mar.

Luisa: Choca con un iceberg.

Justo: Lo rompe el rompehielo.

Padre: Y cuando el capitán se fue a la cervecería, ¿qué hizo Bart?

Julia: Se fue al camarote.

Padre: ¿Y Juli?

Julia: Se fue con Bart.

Justo: Y Guali interrumpe todo y se va a dormir la siesta. Y se equivoca de cama-


rote y se mete donde están Juli y Bart.

Padre: ¿Y dónde se quedaron Motoneta y Katy?

Justo: Calíate. Vos estás en el camarote. Ellos en la confitería.

Padre: Juli, ¿cuántos duermen en el camarote?

Lorena: Dos.

Padre: ¿Hace frío o hay sol?

Lorena: Hace frío.

Padre: ¿Por qué, hay un iceberg?

Lorena: Sí.

Padre: ¿No querés venir a tomar un café o algo calentito?

Lorena: No.

Padre: (a Julia) ¿Vos?

Julia: No, ya tomé con el capitán.

Padre: Chau Juli. Chau Bart. Me voy con Katy y Motoneta.


Justo: Motoneta se queda festejando y le dice a Guali que cuando se levante, vaya
a festejar. ¿Vos Katy dónde vas?

Luisa: A la cama calentita.

Justo: ¿De Guali?

Luisa: Sí.

Justo: Motoneta sigue festejando y se hacen las 6 de la tarde y vuelve Guali con el
gatito
CLÍNICA y se
FORENSE EN ponen
FAMILIAS a jugar al chin-chón. 233

Luisa: No, Katy no juega a las cartas. Yo me voy a pasear por el barco.

Justo: Katy va a treparse a la palmera a agarrar un coco.

Luisa: No, es re-fiaca. No quiero ir a agarrar coco ni nada.

Justo: Entonces se tira al agua a nadar.

Luisa: ¿¡Nadar!? Menos. ¡Qué malo!

Padre: Motoneta, ¿por qué no vas a buscar a Juli y a Bart para ver la puesta del
sol?

Justo: Y después me recitás una poesía. Se acuerda de que están en el camarote.


Va y encuentra cerrada la puerta. No se animó a golpear, pensando que están
durmiendo y se va.

(¿Qué hacían Uds?)


Julia: Viendo una película tranquilos.

Justo: Y Guali le recita la poesía y Motoneta se pone a llorar de la emoción. Luisa:


Katy los mira de lejos. ¡Ojalá mañana lleguemos al puerto!

Padre: Che, Motoneta, andá a invitarlos a Juli y a Bart a cenar y traelo a Katy que
debe tener frío.

Justo: Motoneta va a buscarlos, pero se meten en el baño.

Katy invita a Juli y Motoneta a Bart.

( ¿ V o s qué hacés?)
Julia: Voy. Yo voy

Luisa: Juli, ¿querés venir a comer?

Lorena: Bueno, sí.

Padre: ¿Que vas a pedir, Juli? ¿Qué te gusta comer?

Lorena: Ensalada.

Padre: ¿Nada más que ensalada? ¿Estás haciendo dieta?

Lorena: Sí.
Padre: ¿Por qué? ¿Estás enferma, te falla el hígado?

Lorena: No. Porque tengo ganas.

Justo: Y Bart ve la patineta de Motoneta y se va a dar unas vueltas por la cafete-


ría.

Padre: ¿Qué le pedimos para Katy, Juli?

Julia: Leche.
234 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Padre: ¿Otra vez?

Lorena: Carne entonces.

Justo: Dos superpanchos con mostaza.

Padre: ¿Y Bart?

Justo: ¿Y Guali?

Julia: Una rica hamburguesa.

Justo: ¿Y vos Guali?

Padre: Yo, bife de chorizo.

Luisa: A Katy le encanta el pescado, pero se comió la carne picada. Se cansó y se


fue.

Padre: ¿Con quién duerme?

Luisa: Está ahí.

Padre: ¿Qué van a beber Juli y Bart?

Julia: Coca-cola.

Lorena: Agua.

Padre: Yo vino tinto, soda y hielo.

Justo: Hoy todo es gratis, dijo el capitán. Está contento porque mañana se jubila.
Padre: ¿No querés palmitos? (a Lorena-Juli).

Lorena: No.

Luisa: A Juli le encantan los palmitos.

Lorena: Me gustan, pero no quiero comer.

Luisa: Bueno, terminamos todos de comer y todos nos vamos a dormir y se


terminó la historia.

Justo: Motoneta le pide que recite otra poesía y Guali se queda escribiendo con
el velador.
Padre: Que no tome frío Katy a la noche.

Luisa: Katy se arregla solo.

CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 235


236 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

a) Dibujo de Luisa: “Katy”


b) Dibujo de Julia: “Bart”
c) Dibujo de Lorena: “Mamá” (Ju-
li)
Evaluación de las producciones vinculares en base
a indicadores
• Clasificación de los indicadores

A - I NDICADORES G ENERALES

E NTREVISTA CONJUNTA MADRE - E NTREVISTA CONJUNTA PADRE - HIJOS


HIJOS
1) M ODALIDAD DEL FUNCIONA- 1) M ODALIDAD DEL FUNCIONAMIENTO
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
MIENTO GRUPAL GRUPAL 237

a) Planeamiento a) Planeamiento
Ausente. Se acepta tácitamente lo Presente, a partir de una propuesta de
enunciado por la hija mayor Luisa. Justo y una interrogación de Luisa, con
aceptación tácita del resto.

b) Tarea conjunta Se concreta parcial- b) Tarea conjunta


mente. Se concreta con esfuerzo hacia el final.

c) Fig. organizadora c) Fig. organizadora Presente. En el pa-


Presente. Esbozos organizativos, re- dre en los intentos de una producción
partidos entre Luisa y la madre. conjunta. En Luisa y Justo en la pro-
puesta y desarrollo de acciones.

d) Ident.del liderazgo d) Ident.del liderazgo


Alternado entre un adulto (madre) y El padre y compartido con los dos
una joven (hija mayor). jóvenes (Luisa y Justo).

e) Cualidad del liderazgo Relativamente e) Cualidad del liderazgo Democrático


prescindente. por parte del padre y Luisa, con algu-
nos ribetes autoritarios en Justo.

f) Modo de participación Inclusivo de f) Modo de participación Con autoexclu-


todos, con diferencia de grados. sión de Lorena y Julia al inicio, con in-
clusión de todos en la última parte de
la entrevista.

g) Tipo de intervenciones g) Tipo de intervenciones Modo: combi-


Modo: la madre y Luisa, a predominio nando preguntas y respuestas en el
de preguntas y de indicaciones, diri- conjunto.
gidas
a todos, con algunas respuestas. El padre: a predominio de preguntas.
Justo hace algunas preguntas a to- Lorena y Julia: sólo de respuestas
dos, pero predominan sus interven-
ciones en respuesta a preguntas de
los otros, que le dan oportunidad de
un despliegue sobre sus personajes.
Julia y Lorena, no dirigen ninguna
pregunta, responden escuetamente a
preguntas de los otros. Lorena deno-
ta una sensible coartación.
238 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
A su vez, se producen respuestas que
no guardan relación con lo pregunta-
do, lo que interfiere el diálogo, gene-
rando silencios reiterados.
Direccionalidad: circunscripta a algu-
nos: madre y Luisa entre sí y hacia el
Direccionalidad: circunscripta a algu-
resto del grupo. Justo hacia la madre
nos en la primera parte de la entrevis-
y Luisa, en menor medida a Lorena;
ta (padre, Luisa y Justo). Circulante
no intercambia con Julia.
en el conjunto, hacia el final.
Contenido: Escasa cooperación. Facili-
tador a través de quienes formulan
Contenido: cooperativo y facilitador al
las preguntas, especialmente Luisa.
comienzo entre el padre, Luisa y Justo,
Emergen aspectos intrusivos en la
con ciertas intervenciones críticas de
madre y descaiificadores e irónicos
Justo. Elusivo por parte de Lorena y
en Justo.
Julia. Facilitador en el conjunto en el
último tramo de la entrevista.

h) Ubicación espacial Espontánea y h) Ubicación espacial Espontánea y


aceptada. aceptada en el conjunto. Sólo Julia pi-
de a Lorena que se siente junto a ella.

2) E STILO VINCULAR PREDOMINAN- 2) E STILO VINCULAR PREDOMINANTE


TE
a) Clima afectivo a) Clima afectivo
Relativamente distante, con inter- Ameno en general, aunque con ten-
cambio verbal acotado. sión paterna y de Luisa, ante el recha-
zo de Lorena y Julia a participar.
En la segunda parte se tornó más dis-
tendido y con cierta calidez.
b) Ejercicio de las funciones parentales b) Ejercicio de las funciones parentales El
Funcionamiento a predominio simétri- padre hace esfuerzos fallidos por inte-
co. Surgen algunas actitudes de con- grar a las dos hijas silenciosas. Sólo
tención en Luisa. con la mediación conjunta de Justo y
Luisa logra su propósito, dando cuenta
de limitaciones para el ejercicio de su
función.

c) Modalidad de expresión de los „hijos c) Modalidad de expresión de los hijos


Espontánea y medianamente creativa Luisa y Justo: espontáneos y creativos.
en
C Luisa
LÍNICA y Justo.
FORENSE Coartada e inhibida
EN FAMILIAS Toman iniciativas y logran la inclusión239
en Lorena. Julia, predominantemente de sus hermanas a pedido del padre,
coartada, es creativa en el cierre de la pedido que inicialmente boicotearon.
producción. Lorena y Julia coartado e inhibido al
principio, logran participar al final.

d) Lugar del progenitor ausente Inclui- d) Lugar del progenitor ausente Incluida
do de modo peculiar y a nivel meta- a través de la producción gráfica de
fórico en la producción gráfica de Ju- Lorena que dibuja a su madre.
lia y en un “condensado familiar” en
el personaje de Lorena.

3) E XPRESIÓN SIMBÓLICA 3)E XPRESIÓN SIMBÓLICA


DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICACIO- DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICACIO-
NES NES
a) Diferenciación sexual Sólo Justo y a) Diferenciación sexual
Luisa producen un personaje del
mismo sexo. El padre, Justo, Lorena y Luisa, acorde

b) Diferenciación generacional Sólo b) Diferenciación generacional Sólo Justo


al propio sexo. Julia, de sexo contrario.
Luisa de acuerdo a su edad. y el padre hacen un personaje acorde a
la edad. Lorena a su madre. Julia a un
Los personajes de Julia, Lorena y Justo, niño.
son de mayor edad y el personaje de la
madre es de menor edad.
c) Identidad de los personajes Todos los c) Identidad de los personajes El padre,
personajes son ficcionales, vivos y Justo y Lorena hacen un personaje de
humanos o “humanoides”. la vida real; pero el del padre está
muerto. Julia un personaje imaginario
Lo que Julia dice que es el padre, y Luisa un animal.
gráficamente es un árbol. El “Panchi-
to”
de Justo, no tiene un cuerpo clara-
mente humano.
d)Tipo de personaje d) Tipo de personaje
• Madre y Justo: activos, con proyec- • El padre, Justo y Luisa: activos, con
tos y satisfechos. proyectos y satisfechos.
• Luisa: activo y con proyectos. • Lorena y Julia: pasivos y conflictivos
• Julia y Lorena: pasivo, estático y implícitos.
conflictivo implícito.

240 B - I NDICADORES E SPECÍFICOS HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

P RODUCCIÓN GRÁFICA Predomi- P RODUCCIÓN G RÁFICA


nantemente compleja, con algunas Compleja en todos.
restricciones:
• Todos realizan dibujos elaborados
y completos (la madre sin los pies,
porque hizo el dibujo demasiado
grande)
• El dibujo de Justo, no presenta una
clara diferenciación sexual ni genera-
cional.
• Posibilidad de intercambio entre los
• Posibilidad de intercambio entre
personajes: abierta y amplia entre el
los personajes: la posibilidad de in-
padre, Luisa y Justo. Restringida en
tercambio entre los personajes es res-
Lorena y Julia.
tringida en Julia, que dibuja un ár-
bol.
Producción Verbal Es simple, algo for- Producción Verbal
zada, con participación desigual y
con dificultad de acordar lugar de Es compleja, con armado de una his-
encuentro y desenlace. La posibili- toria y desenlace, pero con la partici-
dad de sostener el nivel lúdico es pación desigual ya señalada. La posi-
restringida. De ahí que no logran bilidad de sostener el nivel lúdico es
construir una historia, sino que se amplia en Luisa y Justo, compartida
limitan a presentarse y sólo Luisa por el padre en el Inicio. Pueden cons-
expresa un anhelo de reunión. truir una historia con logros y anhe-
los. Pese al conflicto de la inclusión de
El desenlace es rápido y no acorda- los personajes de Lorena y Julia, pro-
do, lo que expresa Julia con satisfac- ducida ésta, comparten el logro de ce-
ción: “Me gustó que cada uno tenía nar juntos y acuerdan tácitamente el
su camino”. final propuesto por Luisa y Justo.

 Interpretación de indicadores
Entrevista conjunta madre-hijos:
Podemos decir que asistimos a una producción vincular de escasa complejidad,
en la que se tornó dificultoso para todos “hacer algo juntos”. Desde la ausencia
de planeamiento de la tarea a realizar, la dificultad de armar un diálogo, la falta
de un liderazgo claro, la escasa cooperación entre ellos, el clima de distancia
afectiva y el desdibujamiento de la figura materna, no se crearon condiciones
para que pudieran realizar la tarea conjunta como se lo solicitáramos, la que
sólo logran concretar parcialmente.

Llama la atención, la falta de fluidez del diálogo y los prolongados silencios.


Los integrantes del grupo más activos como Luisa y Justo y en menor medida la
madre, intervienen comentando acerca de sus personajes y en ocasiones con
preguntas, pero éstas con frecuencia no reciben respuestas de los otros, sino que
el que habla a continuación suele enunciar comentarios sin conexión con lo ex-
presado antes por el otro.
También llama la atención la casi no intervención de Julia (no pregunta y
apenas responde) y escasa de Lorena, así como la indiferencia materna ante este
borramiento de ambas hijas. Aparece casi como un no registro. En con-
secuencia, la madre no instrumenta ninguna actitud tendiente a efectuar un
cambio. Al no ejercer efectos de contención, no posibilitó el armado de una his-
toria ni un desenlace consensuado.

Se ponen de manifiesto otros indicadores significativos en algunos vínculos


en especial. Desde la madre hacia Julia, surge una actitud claramente intrusiva
con el enunciado racionalizado de querer “arrancarle las hojas” (hijos) del árbol
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 241
que representa al padre, para que “crezcan en primavera”.

Ataca así la introducción de la presencia del padre por parte de Julia y su


anhelo de ligarse a él. Recordemos que al final de la entrevista individual, la
madre había expresado: “Puede ser que Luisa pelee a la hermana, porque Julia
se liberó del padre”. Interpretación que quedaría cuestionada ante lo re-
presentado por Julia en la producción vincular.

Sin embargo, la hija permanece pasiva ante esta intrusión y no reacciona. Lo


hace Luisa, quien identificada en este punto con su hermana dirige una crítica al
corte forzado propuesto por la madre, crítica que se diluye al no ser sostenida
por ella ni tomada por otro integrante del grupo familiar.

Entrevista conjunta padre-hijos:


Se logra una producción vincular compleja tanto en lo gráfico como en lo
verbal, a través de la concreción de una historia y su desenlace. No obstante,
dicha complejidad no se sustenta en una participación compartida de todo el
grupo familiar.

En efecto, es notorio el protagonismo del padre, de Luisa y Justo, así como


las reiteradas autoexclusiones que en mutua alianza hacen Julia y Lorena. Lla-
ma la atención ante esta actitud de las hijas, los esfuerzos que realiza el padre
con el objeto de hacerlas participar, por sí mismo o apelando a los otros dos hi-
jos con insistencia, pero con ofertas claras y pertinentes que finalmente rompen
la reticencia de las hijas, quienes acceden a integrarse. Participación que por
otro lado se veía seriamente dificultada desde Lorena, que eligió dibujar a la
madre.

f) Interrogantes e hipótesis interpretativas


• Interrogantes

1. ¿Qué grado de elaboración de la separación podemos inferir en la ex pa-


reja conyugal y en los hijos?
2. ¿Qué posibilidades muestran cada uno de los progenitores para ejercer
sus funciones como tales?
3. ¿Qué diferente lugar ocupan cada uno de los cuatro hijos en esta con-
figuración familiar?
4. ¿Qué sentido adquiere la división del grupo fraterno entre sí y con res-
pecto al padre?
5. Conveniencia o no de la organización familiar actual.
6. Posibilidades de modificación evaluadas.

 Hipótesis interpretativas

Diríamos que se registran algunas semejanzas entre ambas producciones y


muchas diferencias. Tal vez lo paradójicamente semejante tenga que ver con
que en ambos subgrupos las dos hijas que en el discurso manifiesto aparecerían
más cercanas a la madre (Julia no ve al padre y éste la califica de “opositora” y
Lorena lo ve en un régimen de visitas impuesto y el padre dice que la madre le
hace la cabeza contra él), en las dos entrevistas se autoexcluyeron, ubicándose
juntas, en los bordes, en un papel pasivo y los dos hijos que ven al padre, en
ambas se ubicaron a cada lado de los progenitores, fueron activos y con proyec-
tos.

Las diferencias en cambio son múltiples:

Con la madre, las dificultades de inclusión de Julia y Lorena y el predominio


participativo de Luisa y Justo, no parecieron ser advertidos por ésta, y en con
Hedionda no instrumentó ninguna actitud tendiente a efectuar un canbio, Su
intervención
242 a predominio de preguntas dirigidas a losH“activos”,
ILDA ABELLEIRA -desdibujó su
NORMA DELUCCA
figura materna, que al no ejercer efectos de contención, no posibilitó el armado de una
historia, ni un desenlace consensuado.

Frente a la misma organización, el padre asume una actitud más activa. Re-
gistra el aislamiento de sus hijas, le preocupa e intenta reiteradamente in-
cluirlas, sin poder tener éxito. No obstante, logra la “mediación” de Luisa y
Justo (quienes inicialmente la eludieron, en especial Justo) y con ello la inclu-
sión de ambas menores, pese al difícil personaje de Lorena que “es la madre”.

En síntesis:

• Ambos progenitores, desde diferentes modalidades de funcionamiento,, no


dan cuenta de una elaboración eficaz de la separación.
El padre, negando obstinadamente la existencia de un creciente deterioro del
vínculo conyugal con surgimiento de hostilidades y violencia, que hacían
necesario el corte de la relación. Su posición de negativa al divorcio, está al
servicio de sostener una representación idealizada de “la familia”, sin sus-
tento en la realidad. La madre, si bien en lo manifiesto se muestra complaci-
da por la interrupción de la convivencia, denota la no tramitación de la rup-
tura, a través de sostener una actitud de ataque a la figura de su ex cónyuge,
de manera explícita en el juicio contradictorio que apunta exclusivamente a
culpabilizar a Pedro y de manera sutil y solapada en la alianza que propicia
en sus hijas Julia y Lorena, a quienes no les reconoce deseos y sentimientos
diferentes a los suyos respecto del padre, como se evidenció en las produc-
ciones vinculares.

• Desde estas posiciones, las funciones parentales de ambos, resultan opaca-


das.

g) Reflexiones sobre nuestra intervención


En esta familia, como dijéramos al comienzo de este capítulo, nuestra in-
tervención se produce con posterioridad al dictamen de medidas judiciales que
significaron una modificación esencial en su funcionamiento y organización,
como fue la exclusión del padre del hogar. Si bien se nos demandó entonces
para asesorar acerca de cuál era la organización familiar más favorable para los
hijos, ya se había decidido el cambio, de efectos en cierto modo paradojales para
los mismos.

¿Qué queremos decir con esto? Que al resultar el dictamen judicial, funda-
mentalmente fruto de la mirada y la escucha de una sola voz -la materna-, con-
tribuyó a convalidar la escisión con que habitualmente se presentan las parejas
en los discursos dilemáticos. Esta circunstancia que siempre es difícil para los
hijos y en la que se entrampan fácilmente, en esta familia al quedar “legaliza-
da”, operó como una divisoria de aguas entre los hermanos que se dividen a su
vez, para sostener las inconsistencias, desamparos y desmentidas de sus proge-
nitores.

La exclusión fue un hecho impensable para Pedro, que le produjo un efecto


devastador, acentuando sus aspectos rígidos y persecutorios. El triunfo de su
posición generó en Juli, un cierre de sus posibilidades de reflexionar acerca de
la participación de sus propios conflictos en la crisis de la pareja.

La problemática queda entonces intensamente ligada a las luchas de cada


uno por desacreditar al otro y el interés en el vínculo con los hijos y sus nece-
sidades, pasa a un segundo plano. De allí que provoque el movimiento de di-
visión de los hermanos para sostener a cada una de las partes en conflicto.

Justo, parece sostener al padre en ciertos aspectos referidos a las vivencias


paternas de desamparo e injuria narcisista ligadas a las circunstancias de la se-
paración.
CLÍNICA FORENSELo
EN Fhace
AMILIAS al precio de renunciar a facetas de su identidad y lugar243
de
hijo, que parecen evidenciarse en sus producciones en la elección de personajes
de mayor edad y en aspectos bizarros de uno de ellos (“Panchito”). En esta ta-
rea de apuntalamiento paterno, lo acompaña su hermana Luisa, desde Lina
posición de mayor autonomía. Luisa, más segura de su lugar de cierto privile-
gio por parte del padre, entra y sale de la situación, con menor sacrificio de sí
misma.

La posición de rígida escisión en que encontramos a los progenitores, hizo


menos operativa nuestra intervención con ellos, pero aún así, rescatamos algu-
nos efectos transformadores:

• El padre logró vincularse con nosotras sin el sesgo persecutorio-hostil que


exhibió con el juez, lo que le permitió abrirse a aspectos tiernos en el vínculo
con los hijos.
• La producción vincular madre-hijos, logró desconcertar a la madre y en-
frentarla con la realidad -desmentida por ella- de los sentimientos de sus dos
hijas (supuestamente sus “protegidas”) respecto del padre. A su vez, tomó
contacto más claramente con las diferencias, desmitificándose la percepción
de un bloque familiar solidario y sin fisuras.
R e c o r d e m o s s u f r a s e d e l f i n a l : “¡Somos una familia e hicimos co-
sas tan distintas!...”
• Lo de mayor importancia quizá, lo constituye lo que el juez tomó de nuestro
asesoramiento, decretando el divorcio por responsabilidad de ambos cónyu-
ges, lo que podemos pensar que con posterioridad, pudo haber relativizado
las posiciones irreductibles en las que cada progenitor se refugió.
Capítulo XIII

Cuando en nombre de los hijos se cuestiona una organización familiar

Introducción

Abordaremos en este capítulo los conflictos surgidos en una familia en la


que, alrededor de nueve años después de producida la separación de la pareja,
ya resuelto el divorcio, la tenencia de los hijos a favor de la madre y un régimen
de visitas padre-hijos, en forma intempestiva, sorprendente y basándose en
supuestos deseos expresados por los hijos, el padre plantea un cambio de te-
nencia fundado en acusaciones a la madre de los niños y a la nueva pareja de
ésta, de algún tipo de maltrato hacia sus hijos.

Familia “Disney World”

a) Presentación
Organigrama Familiar
Juan Pedro ---- María ---/--- Juan Ignacio ---- Rosa
41 años 39 años 39 años 29 años
Comerciante Abogada Ingeniero Sec. Ejecutiva

Juan José María Inés Santiago Mercedes


5 años 2 años 3 años 1 año

Leandro 12 años Rosario, 10 años

El grupo familiar en que centraremos nuestro análisis, está formado por Ma-
ría, abogada de 39 años; Juan Ignacio, ingeniero de 39 años y los dos hijos de
esta unión: Leandro de 12 años y Rosario de 10 años, Ambos niños cursan en
diferentes escuelas 6o y 4o grado respectivamente.

Leandro y Rosario, viven desde la separación de sus padres (hace 9 años y


medio) con la madre y la nueva familia de ésta.

Siempre han visto con regularidad al padre, fijándose distintos regímenes de


visita que acordaban de acuerdo a los cambios en relación al crecimiento de los
menores. En los últimos cuatro años, el padre los retiraba los viernes a las 18 hs.
y los reintegraba: un fin de semana el sábado a las 22 hs. y el otro, el domingo a
la misma hora. Hace un año, el padre pide un cambio en el régimen de visitas
(dice que lo hace, porque sus hijos le pedían estar más con él). No logran poner-
se de acuerdo ni los progenitores ni los abogados.

Dice él: “No había problemas con el régimen, pero sí con las variaciones”
...”Siempre que le he pedido a María los chicos, me decía que no, porque tenía
planes”...”Mantener el contacto con los chicos fue difícil”.

Dice ella: “No nos pusimos de acuerdo porque él quería verlos mucho a los
chicos”...”En diciembre él pidió ampliación del régimen de visitas, que era prác-
ticamente una tenencia compartida”.

Se realizan audiencias, queda la cuestión en suspenso. El cambia de abogado


y pide el cambio de tenencia.

A pedido de ambos, el Tribunal solicita la realización de una pericia psi-


cológica del grupo familiar.

Singularidades de la demanda institucional 245


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS
b)
Por las características ya señaladas de lo intempestivo de esta demanda, los
escritos judiciales se plantearon desde ambas partes con intenso nivel de hosti-
lidad. Cada uno solicitaba la realización de Pericias Psicológicas, pero tendien-
do a centrar en el otro la evaluación de supuestos “trastornos de la personali-
dad”. El Juez interviniente, de amplia experiencia en el trabajo con familias,
luego de la realización de audiencias con Juan Ignacio y María y los abogados
de ambos, ante la magnitud del conflicto planteado, desde una mirada vincular
de la situación, solicitó una “evaluación psicológica del grupo familiar, que in-
cluyera a las nuevas parejas de cada uno”.

c) Síntesis de la historia de la pareja y la


familia
Juan Ignacio y María se separaron hace 9 años y medio, luego de tres años y
medio de convivencia. Los dos reconocen que hasta hace un año, sus hijos circu-
laban sin dificultades entre ellos, si el régimen se atenía a lo pactado. Cualquier
modificación en el mismo generaba malestar y malentendidos. Para María pare-
ciera que así debía ser. Para Juan era fuente de frustración, no poder tener una
relación más espontánea con sus hijos.

También concuerdan en que el diálogo entre ellos está cortado.

María no entiende el pedido de cambio de tenencia y se siente agraviada por


los términos de la demanda.

Juan dice que decidió el pedido de cambio de la tenencia de sus hijos muy
preocupado por los planteos que los niños empezaron a hacerle acerca de su
necesidad de verlo más tiempo. Los reclamos continuaron durante un viaje a
Miami que hizo él solo con los dos hijos, con relatos acerca de agresiones físicas
de la madre y el marido actual de ésta, hacia ellos. También se quejaron de que
los trataban diferente que a los hermanos y que no los dejaban hablarle por telé-
fono a él cuando lo deseaban...

Juan Ignacio y María se conocieron cuando ambos tenían 25 años en una


fiesta de un centro de estudiantes. El estaba sin pareja y ella con un novio re-
ciente. A él le atrajo mucho físicamente e intentó conquistarla sin conseguirlo.
Se siguieron viendo periódicamente hasta que María respondió a las demandas
amorosas de Juan Ignacio (había transcurrido casi un año y medio).

Luego de seis meses de noviazgo, decidieron casarse, “Creíamos conocernos,


quisimos ganarle al tiempo”, dice él.

Ella puede referir muy poco acerca de la relación con Juan Ignacio en sus
comienzos. Él dice: “Yo en ese tiempo era feliz, iba a hacer lo que quiero más...
siempre idealicé mucho la familia”

Los primeros tiempos de casados fueron satisfactorios para ambos. Luego


empezó el malestar, del que aportan versiones diferentes. María relata haberse
sentido muy sola y abandonada por el interés de Juan Ignacio en lo laboral y
económico. Éste ubica en el nacimiento de Leandro (al año de casados), el co-
mienzo del cambio de María: “empezó a alejarse de nosotros... yo me llevaba al
estudio a Leandro con la cunita... no sé cuál fue el motivo”.

Parecen intentar salvar la relación buscando otro hijo (así nace Rosario) y
comprando una casa, pero a poco del nacimiento de Rosario se separan. La
otrora casa conyugal, queda en la división de bienes como propiedad de María
y es donde habitan los niños con la nueva familia de María.
246 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Si bien luego de la separación los hijos no perdieron contacto con el padre,


siempre han estado presionados por la falta de diálogo entre ellos y por nume-
rosos conflictos con la circulación del dinero y las diferencias de nivel económi-
co entre ambos padres. Dice María: “Mi casa es linda, pero la de él es Dinastía”.

María es hija única. Sus padres viven. Se mantiene en contacto con su madre,
pero no se habla con su progenitor. Relata que pasó su vida siendo espectadora
de las reiteradas infidelidades del padre y las continuas amenazas de la madre
de separarse, que nunca se concretaron. No obstante, posee buenos recuerdos
de él como padre en su niñez. Con su madre tiene una relación estrecha y de
afecto.

Al año y medio de su separación de Juan Ignacio conoció a Juan Pedro, su


actual marido, separado y con una hija. Aproximadamente un año después de-
cidieron convivir. Han tenido dos hijos y él participa activamente en el cuidado
y crianza de los cuatro niños. Dicen que se llevan bien entre ellos, que cuidan de
no hacer diferencias entre los chicos y de discriminar su lugar del de Juan Igna-
cio como padre de Leandro y Rosario.

Juan Ignacio es el menor de dos hermanos varones. Sus padres viven y se


mantiene en estrecho contacto con ellos, con los que suelen reunirse los fines de
semana, así como con los padres de su actual mujer. “Nosotros somos como las
familias de antes”. Expresa afecto y respeto por su padre: “Me asombro cómo
mantiene los ideales”... “Siempre ha sido el protector de todos”. Y algunas dife-
rencias con su madre: “Tenemos los choques de dos parecidos... Siempre ha
tratado de influir”.

Se conoció con Rosa, su actual pareja, dos años y medio después de su se-
paración de María. Hace algo más de siete años que conviven y tienen dos hijos.

Trabajan juntos, ya que él se dedica al comercio y ella es secretaria contable.


Dicen que se llevan bien entre ellos y con los chicos. Rosa dice: “Tengo una rela-
ción muy linda, compinche”... “Lo conocí cuando yo tenía 21 años, no tenía
hijos, nos divertíamos mucho”.

Luego de las entrevistas individuales con ambos progenitores, cuya síntesis


hemos transcripto, realizamos entrevistas conjuntas e individuales con Leandro
y Rosario durante las cuales incluimos la realización de “Dibujo Libre” y la
tríada del “Dibujo de la Familia Imaginaria, Actual y Prospectiva”.

También efectuamos entrevistas conjuntas de cada uno de los progenitores


con sus parejas actuales.

Por último, incluimos entrevistas conjuntas madre-hijos y padre-hijos, ins-


trumentando el Dibujo Conjunto Familiar, cuya producción verbal transcribi-
mos a continuación.

(Ver producciones gráficas en Anexo)


d) Producciones vinculares
• Entrevista conjunta madre-hijos:

“Dibujo Conjunto Familiar”


Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores
elegidos por cada uno luego de dar la consigna:

Madre Rosario Leandro


□ □ □
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 247
Naranja verde rojo

Leandro: Yo con rojo dibujo una casa, el pasto vos (a Rosario), el árbol (a la ma-
dre). (Empieza la casa).

Madre: (Se para y hace un tronco).

Rosario: (Dibuja pasto).

M: (A Leandro) ¿No es muy chica?

L: No, porque después hago el resto y vos (a Rosario) le podés agregar las pie-
dras (Agranda la casa hacia la derecha).

M: (Despliega el árbol y se dedica cuidadosamente a hacer el pasto).

M: (A Leandro) ¿Lo relleno?

L: No sé... yo a la casa no la relleno.

M: (Rellena el tronco).

M: Leandro vos sabes que podrías con el rojo dibujarme imas manzanas (Le
pide a Rosario que haga pasto que llegue al tronco).

R: No, alargá un poco el tronco.

M: (Prolonga el tronco hacia abajo).

L: (Le pide a la madre que le pinte la puerta).

M: (Se levanta y la pinta).

L: (Hace una cucha y un perrito).

(Leandro y la madre le dan indicaciones a Rosario: hojas en el árbol, la co-


pa...)

R: ¡Pará!, que no terminé el pasto.

L: (Hace las manzanas).

M: El sol te lo dejo para vos (a Rosario).

L: ¡Un sol verde!

M: ¡No hay que atenerse tanto a la realidad!


R: (Se aburre de hacer el pasto).

M: (A Rosario). No importa, se puede hacer otra cosa debajo de la casa.

R: (Hace la copa del árbol).

M: Marcalo un poquito más.


248 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
L: (Hace el sol).

R: Así no, ¡queda feo!... hacé nubes.

(Quiere hacer una mariposa y protesta por el color).

M: Hacelas como te gustaría que fueran o por lo menos con las posibilidades que
tenés ahora.

R: (Hace una mariposa verde).

L: Otra mariposa, hacele pintitas marrones.

R: ¿Puedo hacer...? (No se entiende qué).

M: Hacé lo que quieras mi amor (Parada entre Leandro y Rosario).

M: ¿Querés que le haga las cortinas?

L: Bueno.

M: (Las hace).

R: (Hace una persona apoyada al árbol).

M: Hacé unas manzanitas.

L: (Hace unas manzanas rojas) Y vos Rosario, hacé unas manzanas verdes.

M: ¡Qué bien!

R: (Las hace) Está bien.

M: ¡Me encanta!

L: (Hace un nido con un pichoncito y un pájaro que lleva comida).

M: ¿Puedo hacerle algo al pájaro? (Hace).

L: Un gusano.

M: Puede ser una pajita.

R: (Hace manzanas verdes) (La madre y Leandro le indican a Rosario que haga
tallos, así Leandro hace las flores).
R: (Los hace muy juntos y Leandro insiste que los haga separados para poder
hacer él las flores).

L: (Agrega flores y la madre también).

L: Haceme uno más grande.

M: Hacele el gusto.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 249

R: (Lo hace).

L: (Hace una flor más grande).

M: (Hace una flor). Es una rosa (a Leandro). ¿Está bien?, ¿te gusta?

R: (Busca agregar algo a la casa).

L: ¿Y eso qué es?

R: (Agrega algo a la cortina y el timbre).

L: (Le hace un gusano a la manzana verde, con actitud negativa) ¿Qué le pasó al
pichón? (Con gesto de desagrado porque Rosario pintó el pichón). ¿Lo pin-
taste?

M: ¿Si le hacés un poco de verde para tapar esto (el tronco)? (A Rosario).

R: (Hace hojas).

L: (Quiere agregar algo).

M: Dejala que termine.

L: ¡Ah!, ¿y qué? ¿Ella no me tocó el pájaro.

M: No pelées.

L: (Cara de enojo).

R: (Sigue dibujando tranquila).

M: ¿Querés que haga los juegos?

L: No, (con gesto despectivo) ...no hay lugar.

M: Sí, acá en perspectiva hacé la hamaca.

R: (La completa).

L: Un arco, hacé un arco.

M: Hacelo vos acá.

L: (Lo hace).
R: (Completa juegos).

L: Listo.

M: Listo.

R: No quiero hacer más nada.


250 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
Relato:

L: Una casa y una cucha con perro que se llama Tim y tiene los juegos, un árbol
y una nena tratando no sé, de agarrar una manzana.

R: No, está apoyada.

L: Y en el árbol un nido con un pichón y un poco más lejos, un pájaro llevándole


un gusano y más atrás de los juegos hay dos arquitos de fútbol.

R: (Dice algo que no se entiende y se niega a aclarar).

M: Se nota que en la casa están cocinando porque sale humo. ¿No, Leandro? L:
Un asado.

M: Se nota que tienen televisor, que es un lindo día porque hay sol y que debe
ser primavera o verano porque si en el árbol hay frutas...

R: (Con dificultad) Hice el pasto, la nena, algunas hojas, una manzana, los jue-
gos, una mariposa...

L: La copa del árbol.

R: La copa del árbol, la cucha del perro... (?) No sé quién es... se está apoyando
en el árbol. (Se enoja Rosario porque Leandro se ríe de su dibujo).

L: No me río, che.

R: (Sigue muy enojada y se niega a seguir hablando).

L: (?) Viviría una familia... yo que sé (?).

R: Los abuelos de esa chica (?). 10,11 años.

L: Vos lo dibujaste, decí vos quién es.

M: Puede ser Anahí.

R: No, no es, se llama Catherine... va a visitar a los abuelos (?).

L: En La Plata.

R: En París.

M: Yo pensé en Catherine Deneuve... y ella dice París (?). Yo pienso en La Plata


(¿Con quién viviría?).
L: La madre, el padre y el hermano.

R: (Gesto de no sé, se enoja). No voy a decir porque Leandro se ríe.

M: (Intenta consolarla).

L: (Se divierte).

R: Siempre
CLÍNICA FORENSE se
EN Fríe de todas mis cosas.
AMILIAS 251

M: No tenés que darle importancia.

(?) R: Que se había ido de viaje a París con la madre o con el papá. (?) No sé qué
abuelos. (?) No, no tiene hermanos, es hija única.

M: Yo me la imagino con varios hermanos.

L: Pero que sea la menor, es re feo ser mayor (se ríe). (?) Yo que sé.

M: Yo me imagino, como hoy decíamos, que la abuela está haciendo una torta.
L: No, un asado, para mí, el abuelo está haciendo un asado para la chica y ellos
dos. R: La chica quiso ir sola. (?) Los padres iban de compras.

• Entrevista conjunta padre-hijos:

“Dibujo Conjunto Familiar”

Consignamos a continuación la ubicación de la familia, así como los colores


elegidos por cada uno luego de dar la consigna:

Leandro Padre Rosario

□ □ □

Negro verde azul

P: ¿Qué dibujamos? ¿La casita del árbol?

R: No...

P: Una que les hice yo.

L: Hicimos... Rosario miró... yo que sé...

P: Algo de Disney, el Magic Kindom...

R: La montaña rusa.

L: Sí, sí.

P: Vos dibujás la Montaña Rusa (a Leandro) y vos (a Rosario) ¿de qué te acor-
dás? R: El castillo, yo voy a hacer el castillo (el padre la acerca con cariño).

P: ¿Y yo qué hago? (a Leandro).

L: Vos podés hacer el King Kong.


P: El mono...

(Empiezan los tres).

P: Me sale con cara de bueno el mono.

L: (Mira y se ríe).

R:252Acá es como se veían las ventanas (mirando sonrienteHILDA


al padre).
ABELLEIRA - ¡No
NORMAme sa-
DELUCCA
le!... P: Si, hacé así (Le da indicaciones para que siga).

R: ¿Eran dos ventanas, no?

P: Me parece que sí. (El padre hace a King Kong, Leandro la montaña rusa y
Rosario el castillo. Hablan de cuando estuvieron en Disney).

R: Llovía.

P: Compramos las capas amarillas.

R: Yo lloré porque pensaba que íbamos a ir de vuelta al castillo.

L: Las ciudades tenés que hacer, pa.

P: ¡Eh!... acá estamos nosotros en la...

R: (Completa el castillo y pregunta cómo pone “entrada”).

L: Enter (Se consultan entre los tres).

P: No, no se usa... poné entrada, hacemos un parque en castellano.

R: (Pone ENTRADA).

P: Y el ascensor.

L: Hago una parte de la montaña rusa porque si no, me voy a quedar sin negro.
(Clima muy distendido, tranquilo, recordando los detalles del paseo a Dis-
ney).

P: Nos sentamos al revés, vos tendrías que haberte sentado del otro lado. (A
Leandro).

L: ¿Por qué?

P: Porque sos zurdo.

L: (Sigue con las rayas horizontales de la montaña).

P: (A Rosario) ¿por qué no hacés el barco que pisabas y largaba agua?

R: ¡Ah! sí, ya me acuerdo (Lo hace).

P: ¿Querés que te dibuje un poco el barco? (Sugiere a Leandro que haga Epcot).
L: ¿Todo?
P: Bueno, hacé el redondo.

L: (Lo hace) (El padre sugiere a Leandro que haga el barco que cae al agua. Él
hace la estructura y Leandro, el barco. El padre le da lugar a su zurda. Ríen
cómplices entre los tres recordando cuando viajaron).

R: (Hace lluvias).

P: ¿Qué
CLÍNICA másENse
FORENSE acuerdan?
FAMILIAS 253

L: No, ya estoy podrido.

(Comentan lo que hicieron. El padre saca la agenda y recuerdan los juegos).


R: Dice Orea.

L: Hacé el agua y yo la orea.

R: No, yo la orea.

L: Bue...

R: (Pinta agua y una ballena orea) ¿Me salió bien?

P: ¡Bárbara!

L: Yo voy a hacer la mina en el escenario, una contorsionista.

P: Y equilibrista.

L: (Repasa la orea de Rosario con negro). Le hice cara de mala.

R: No, dejala así, que si no, queda horrenda.

Relato:

P: Un collage de los parques de Disney.

L: El globo de las comunicaciones.

(Entre los tres repasan los juegos: montaña rusa fuimos, montaña rusa acuá-
tica, Epcot, contorsionista, orea, dos veces King Kong y el castillo). El casti-
llo es de 13 pisos y tiene un ascensor que cae. Ellos son los tres primeros que
caen en la acuática.

(Muy buen clima entre los tres y de los hermanos entre sí).
e) Evaluación de las producciones vinculares en base a indicadores

• Clasificación
A - I NDICADORES G ENERALES

E NTREVISTA CONJUNTA MADRE - HIJOS E NTREVISTA CONJUNTA PADRE - HIJOS

1) M ODALIDAD DEL FUNCIONAMIEN- 1) M ODALIDAD DEL FUNCIONA-


TO
254 GRUPAL MIENTO GRUPAL
HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA
a) Planeamiento a) Planeamiento
Presente desde el comienzo, Presente. Propuesto por el
impuesto por el hijo varón y padre, con diálogo y acue r-
aceptado por el resto, (pasi- dos.
vamente en parte).
b)Tarea conjunta S e c o n c r e t a b)Tarea conjunta S e c o n c r e t a

c) Figura organizadora P r e s e n t e . c) Figura organizadora


Predomina el hijo comple- Presente. Con predominio de
mentado con algunas inter- la figura del padre.
venciones de la madre.

d) Ident. del liderazgo D e s e m p e ñ a - d) Ident. del liderazgo D e s e m p e ñ a -


d o FpORENSE
CLÍNICA o r ENe lFAMILIAS
hijo varón. do por el padre. 255

e) Cualidad del liderazgo I m p o s i t i - e) Cualidad del liderazgo D e m o c r á t i -


vo. De sesgo autoritario. co.
Genera reacciones de ma-
lestar.
f) Modo de participación I n c l u s i v o f) Modo de participación I n c l u s i v o
de todos, pero desigual de todos.
(menor participación de Ro-
sario).
g)Tipo de intervenciones Modo: L a g)Tipo de intervenciones
madre: a predominio de Modo: c o n p r e g u n t a s y r e s -
preguntas, dirigidas al hijo puestas de
varón; pedidos e indicacio- todos, en general aceptadas;
nes a la hija mujer. con
Leandro: a predominio de propuestas, predominante-
resoluciones propias e ind i- mente del
caciones a los demás; con padre.
algunos pedidos a la madre.
Rosario: a predominio de
acatamiento a las indica-
ciones con algunas iniciati-
vas propias, sobre el final.
Direccionalidad. c i r c u n s c r i p t a a
algunos (a predominio ra- Direccionalidad: c i r c u l a n t e e n e l
dial), madre-hijo varón; conjunto. Con momentos de
madre-hija mujer. centramiento padre-hijo; pa-
Contenido: g e n e r a l , i n d i v i d u a - dre-hija.
lista.
Madre: * elusivo: con algu- Contenido: c o o p e r a t i v o -
nos intentos fallidos de facilitador, desde la figura
promover cooperación (de- paterna.
pendiente/seductor en re-
lación al hijo varón; en oca-
siones pidiendo su aproba-
ción.
• aplacatorio/valorativo
hacia la hija mujer; ante
momentos de tensión entre
hermanos.
Leandro: predominante-
mente inhibidor y crítico
hacia la hermana (con al-
gunos pedidos a la madre,
que ésta acepta). Rosario:
predominantemente indivi-
dualista y elusivo.

h) Ubicación espacial E s p o n t á n e a h) Ubicación espacial E s p o n t á n e a y


y aceptada. aceptada.
256 HILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

2) E STILO VINCULAR 2) E STILO VINCULAR

a) Clima afectivo a) Clima afectivo C á l i d o , d i s t e n -


Tenso, con intercambios dido, ameno.
verbales
acotados y momentos de si-
b)lEjercicio
e n c i o .de las funciones parentales b) Ejercicio de las funciones parentales
Madre: • ejerce de modo in- Padre: • ejerce con natural i-
consistente la función de dad y eficacia las funciones
sostén y contención de los de sostén, contención y dife-
hijos. renciación (sexual y genera-
• facilita el sesgo de rivali- cional)
dad y hostilidad entre los • diluye la rivalidad y host i-
hermanos lidad entre los hermanos.
• debilitamiento en la fun-
ción de diferenciación,
predominantemente en lo
generacional.
c) Modalidad de expresión de los hijos c) Modalidad de expresión de los hijos
Leandro: espontáneo y rela- Leandro y Rosario: espontá-
tivamente creativo. Indepe n- neos, creativos, con cierta
diente. dependencia de las propue s-
Rosario: al inicio, coartada y tas paternas.
dependiente. Luego, con
creatividad e independencia
relativa.
d) Lugar del progenitor ausente N o d) Lugar del progenitor ausente N o I n -
incluido. cluido

3) E XPRESIÓN SIMBÓLICA 3) E XPRESIÓN SIMBÓLICA


DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICA- DE LAS FUNCIONES E IDENTIFICACIO-
CIONES NES
a) Personas o personajes a) Personas o personajes Presencia: n u -
Presencia: e s c a s a merosa, de figuras humanas.
(surgen con posterioridad
al relato).
b) Diferenciación sexual A c o r d e a l b) Diferenciación sexual A c o r d e a l
propio sexo. propio sexo.

c) Diferenciación generacional A c o r d e c) Diferenciación generacional A c o r d e


a la propia edad a la propia edad.

d) Identidad de los personajes I m a g i - d) Identidad de los personajes


narios, animales, humanos De la vida real (ellos mis-
yCLÍNICA
v i vFoORENSE
s . EN FAMILIAS mos) y ficcional 257

e) Tipo de personaje e)
a nTipo
i m adel .personaje
Animales: activos Humanos: Activos, con proyectos y sa-
conflictivo implícito. tisfechos

B - I NDICADORES E SPECÍFICOS

P RODUCCIÓN GRÁFICA P RODUCCIÓN GRÁFICA


Compleja Compleja
• Uso del espacio: c o n j u n t o , r e l a t i - * Uso del espacio: c o n j u n t o y e q u i -
vamente equivalente. valente.
• Relación de los colores: i n t e r p e n e - • Relación de los colores: i n t e r p e n e -
tración aceptada y acordada tración escasa. Aceptada y
entre madre e hijo varón y espontánea entre los tres.
madre-hija mujer. Predomi-
nio de interpenetración in-
trusiva y competitiva entre
los hermanos. •Autoría de elementos: p r i n c i p a l e s
• Autoría de elementos: p r e d o m i n i o en forma equitativa entre los
de principales por parte del tres.
hijo varón y en menor medi-
da por la madre. Predominio
de elementos accesorios, con
e xRODUCCIÓN
P c e p c i ó n dVERBAL
e la figura hu- P RODUCCIÓN VERBA !
mana: hija mujer.
Complejidad restringida • Complejidad restringida •
Intentos de construcción de Descripción de una expe-
una historia, dificultado riencia feliz compartida en
por los disensos tanto en su el pasado reciente por los
desarrollo como en su final. tres.
Posibilidad de sostener ni- Desenlace: acordado
vel lúdico: variable Posibilidad de sostener nivel
lúdico:
restringido
• Interpretación de las producciones vinculares

Entrevista conjunta madre-hijos:


En la producción vincular de los hijos con la madre, logran la realización de
una tarea conjunta compleja en el nivel de expresión gráfica, de complejidad
restringida en relación al intercambio verbal entre todos. Madre e hijos partici-
pan, aunque se marcan algunas diferencias. El uso del espacio resulta más aco-
tado en la hija mujer y el resto se reparte entre la madre y el hijo. Se busca y se
acepta la interpenetración de los colores desde la madre hacia cada uno de los
hijos
258 y de éstos hacia ella. Pero genera conflictos entre los H
hermanos.
ILDA ABELLEIRA - NORMA DELUCCA

Esta comunicación radial madre-hijos con obstáculos en el vínculo fraterno,


se expresó a lo largo de la entrevista tanto en la realización del dibujo como en
la dificultad para llegar a acuerdos en la historia construida, que le quitó com-
plejidad al relato. Desde lo que cada uno produce y los personajes que se in-
cluyen, se pone de manifiesto una identificación acorde a su sexo y edad.

Sin embargo, se desdibuja la asimetría madre-hijos a partir del lugar de re-


levancia que la madre le asigna al hijo varón. Pese a que la madre pone de ma-
nifiesto un vínculo cálido y afectuoso hacia los hijos, el clima se torna tenso en
varios tramos de la entrevista por el surgimiento de actitudes hostiles y de riva-
lidad entre los hermanos, que con posterioridad produce como efecto la inte-
rrupción del diálogo y momentos de silencio.

La madre no logra equilibrar la situación, porque desde un sesgo seductor


de su parte, le otorga excesivo espacio a Leandro, a través de pedirle per-
manentemente su opinión sobre lo que ella hace, colocándolo en el lugar de
quien organiza el juego, potenciando así la rivalidad. En respuesta a esta de-
legación, Leandro se torna autoritario e intrusivo en relación a su hermana,
contribuyendo a una disminución de la productividad de Rosario y a que
emerjan en ella momentos de angustia.

Esta vertiente de cierta simetrización del vínculo madre-hijos, es lo que po-


dríamos marcar como el punto de mayor inconsistencia materna, que va en
desmedro de su capacidad de contención y de facilitación de la resolución de
los conflictos entre hermanos.

Pero desde ella hacia los hijos y desde éstos hacia la madre, se evidencia
fluidez y solidez afectiva, no surgiendo indicadores de rechazo o temor, en el
vínculo materno-filial.

Entrevista conjunta padre-hijos:


En la entrevista conjunta con el padre logran una producción gráfica com-
pleja, en la que participan los tres, usando el espacio de manera conjunta y
equivalente. La interpenetración de los colores está presente, pero es escasa. No
obstante, resulta interesante señalar que cuando se produce tiene que ver con
brindar al otro la base para su desplazamiento: el agua que hace Rosario a la
orea de Leandro o la estructura que el padre dibuja al barco que desciende rea-
lizado por Leandro. Lo señalado se desarrolla en un clima cálido y ameno, in-
dicadores todos que dan cuenta de un vínculo patemo-filial afectivo y sólido.

Hay planeamiento de la tarea y la figura organizadora de la misma es el


padre, quien ejerce un liderazgo democrático, con intervenciones que favo-
recen la participación de los hermanos, diluyendo la competencia y hostilidad
que se había generado en la entrevista conjunta con la madre. Esto posibilitó
una rica y activa participación de Rosario, quien en este contexto puede valori-
zar sus producciones y éstas ser respetadas por Leandro.

Ambos niños dibujan numerosas personas que, en tanto los incluyen, se


muestran acordes en cuanto a su identidad sexual y generacional. También
este aspecto de la producción daría cuenta de cierta plasticidad y apertura al
espacio social.

En relación a la riqueza del nivel gráfico podríamos decir, que si bien la


producción verbal no puede ser considerada simple, quedó limitada al relato
de algo ya ocurrido, sin el agregado de nada nuevo y con cierto desgano en
Leandro para seguir el relato que intentaba estimular el padre. Pensamos que
daría cuenta de ciertos aspectos idealizados en la relación paterno-filial, exa-
cerbados tal vez por el hecho de no convivir, así como por las marcadas dife-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 259
rencias económicas entre el contexto familiar paterno y materno, que favorecen
el acceso a un nivel de vida que ejerce gran atracción en los menores.

f) Interrogantes e hipótesis interpretativas

• Interrogantes que nos planteamos ante la problemática familiar y sus producciones


1: ¿Qué sentido adquiere el pedido de cambio de tenencia de los hijos por parte
del padre, a nueve años y medio de la separación de la pareja conyugal y con
un régimen de visitas padre-hijos que nunca se vio interrumpido?
2: ¿Qué efectos ejerce esta demanda en la madre?
3: ¿La “demanda manifiesta” de los hijos que en ciertos aspectos coincidiría con
la del padre, se originó en ellos espontáneamente?
4: ¿Qué ocurre en el contexto de las nuevas organizaciones familiares construi-
das por el padre y la madre?
5: ¿Cuáles son las posibilidades de cada progenitor para ejercer sus funciones
como tales?
6: Conveniencia o no para los hijos, de mantener la organización familiar ac-
tual.

• Hipótesis interpretativas

Desde la separación, la pareja parental parece haber podido preservar, en


líneas generales, la convivencia y circulación de los menores entre ambos. La
tenencia de los niños quedó a cargo de la madre y se fijaron distintos regímenes
de visitas padre-hijos, que permitieron que el vínculo paterno filial se mantu-
viera estable.

Tanto María como Juan Ignacio relatan permanentes hostilidades entre


ellos, motivadas según ella por inconvenientes en el pago de alimentos y según
él por la conducta inflexible de María ante cualquier propuesta suya de varia-
ción en el régimen de visitas acordado. Como también reconocen los dos la
imposibilidad de mantener un diálogo. No obstante estos obstáculos para cons-
truir un vínculo como padres, insistimos, la convivencia con la madre y las
visitas de los niños al padre, se mantuvieron sin interrupciones.

¿Qué pasó entonces en esta familia nueve años después de la separación, en


que a partir de demandas de los niños a Juan Ignacio de estar más tiempo con
él, se inicia el complejo proceso que culmina con el pedido de cambio de tenen-
cia por parte del padre? Proceso signado por el incremento de las hostilidades
y descalificaciones mutuas entre ambos padres y la ubicación de los hijos en un
confuso y difícil lugar como es el de elegir ellos con quién desean vivir, equivalente
a elegir a quién quieren más.

Hemos visto que los hijos expresan un mayor bienestar en las producciones
conjuntas con el padre. El malestar que surge con la madre, está más centrado
en el conflicto de rivalidad entre los hermanos, que la madre no logra manejar
adecuadamente en esta entrevista ante nosotras, sino que más bien incentiva
con su actitud hacia el hijo varón. Quizás necesita mostrarse muy complaciente
en este contexto con Leandro, que es quien verbalizó la posibilidad de irse a
vivir con el padre de modo interrogativo ante ella:”¿Mamá, vos nos dejarías ir a
vivir con papá?” Esto originó una crisis de angustia y llanto en la madre. Un
verdadero derrumbe narcisista.

Es importante evaluar, que los hijos no dan cuenta, ni en las producciones


conjuntas ni en las individuales, a través del material simbólico, mediatizado,
de deseos definidos respecto de un cambio de convivencia en lo inmediato o de
rechazo a convivir con la madre. En todo caso, aparece como un anhelo que
sólo se podría disfrutar si no causa dolor a la madre. Leandro: “Me da cosa”.
Rosario: “Si ella llora, yo lloro”.

260 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA


Lo que insiste, (como suele ser habitual en separaciones conflictivas) es el
rechazo y el dolor por no tener a los padres juntos. Juntos, puede significar no
sólo en la convivencia, sino en el ejercido de una parentalidad más fluida. Ima-
gina Rosario en el dibujo de la Familia Prospectiva: “Ah, cuando me reciba van a
poder estar juntos”.
Juntos como padres, no necesariamente como pareja. Ambos progenitores
contribuyen a esta falencia. Rosario: “Papá se pelea con mamá y mamá con el abue-
lo”.

Quizás éste sea el sentido del reclamo de los hijos: no el dejar de vivir con la
madre como opciones excluyentes, sino el reclamo de poder unir lo frag-
mentado a través de un vínculo fluido y espontáneo con ambos que el otro
permita, tolere y respete.

Así mismo, nos podríamos preguntar si esa ubicación de la hostilidad de


ambos progenitores en el otro, no está al servicio de mantener la ilusión de que
en estas nuevas parejas y familias construidas luego de la separación se cum-
plió con el ideal de familia libre de conflictos. El malestar queda concentrado y
circula en el vínculo anterior.

Sintetizaremos a continuación, las respuestas que nos fuimos dando a los in-
terrogantes que se nos plantearon ante esta crisis familiar:

1) Sentido del pedido de cambio de tenencia: El pedido legal del padre de que
Leandro y Rosario pasen a vivir con él, toma expresiones de deseo de sus hi-
jos que por el momento vital que atraviesan, no sólo necesitan cambios que
hasta ahora no fueron escuchados (de mayor tiempo en los contactos con el
padre), sino que en el momento actual pueden ser formulados por ellos con
un mayor nivel de elaboración, apuntando a que sus padres les respondan
ayudándolos a decodificar sus nuevas necesidades.
El padre, desde sus posibilidades actuales de brindar mayor presencia en la
vida de sus hijos, se hace eco de esta genuina demanda, pero la traduce en
su propio código que se asocia a las hostilidades no resueltas con la madre
de los niños, lo que resulta en un reclamo reivindicativo, de ataque a su ex
mujer.

2) Efectos en la madre: En la madre, la demanda de cambio de tenencia y los ar-


gumentos en que se basa, ejerce efectos de intenso ataque a su autoestima y
a su lugar materno, incrementando los sentimientos de hostilidad hacia su
ex marido. Todo lo cual actúa como obstáculo para tratar de entender qué
sienten y piensan sus hijos en este momento de sus vidas.
3) Origen de la demanda de los hijos: Pensamos que la demanda manifiesta de los
hijos, si bien tuvo un origen en malestares y ambigüedades afectivas de
ellos en relación a su inclusión y circulación entre las dos familias, fue in-
crementándose y cambiando su sentido por las señaladas necesidades del
padre y la ausencia de diálogo y persistente hostilidad entre ambos progeni-
tores.
4) Ubicación de Leandro y Rosario en las nuevas organizaciones familiares construidas
por sus padres: En cada una de las nuevas organizaciones familiares construi-
das por el padre y la madre, ambos niños tienen un lugar y son aceptados
por las nuevas parejas y sus hijos, pero por la cualidad del vínculo entre sus
padres, han debido funcionar como “universos escindidos”, y esto parece
constituirse en una carga excesiva en esta etapa de sus vidas.
5) El vínculo paterno y materno filial, denota características predominantemente
positivas en cuanto a cuidados y afecto, con las modalidades diferenciales
señaladas: actitud paterna de mayor contención y ordenamiento eficaz del
vínculo fraterno; dificultades de la madre en esta función de mediación y en
el reconocimiento de las demandas de sus hijos.
6) Conveniencia o no para los niños de la organización familiar actual: Teniendo en
cuenta el vínculo que Leandro y Rosario tienen con su madre y la nueva fa-
milia
CLÍNICA FORENSEde ésta
EN F (que ellos integran), no se evalúan motivos que justifiquen261
AMILIAS un
cambio radical en la organización familiar actual. Lo que sí se toma necesa-
rio es flexibilizar el contacto de los niños con el padre, dotando de mayor
espontaneidad la circulación entre ambos contextos familiares, lo que se ve
posibilitado por la edad de los niños y la escasa distancia entre las dos casas.

g) Reflexiones acerca de nuestra Intervención Pericial Psicológica

Nuestra intervención permitió el “descentramiento” del conflicto vuelto a


instalar (si bien nunca dejado de lado), en el centro de la escena familiar entre
Juan Ignacio y María. La sorda hostilidad subsistente en la ex pareja conyugal,
que no permitía ningún diálogo entre ellos, ni a los hijos compartir en una casa
lo que vivían en la otra, irrumpió en hostilidad franca y abierta traducida en los
escritos judiciales en acusaciones mutuas de alto contenido ofensivo.

El abordaje vincular en el contexto de la Institución Judicial, con la creación


de espacios para cada uno y los subconjuntos vinculares, permitió a Leandro y
Rosario correrse del lugar en que aparecían ubicados. Pudieron sentir que otros
(el Juez y Equipo Jurídico) tomarían decisiones acerca de la encrucijada familiar
y no que ellos y sus deseos eran los responsables de lo que se decidiera. Pudie-
ron por lo tanto empezar a diferenciar sus dichos y deseos de los de los adul-
tos.

A Juan Ignacio y María les permitió verlos. Mirarlos y escucharlos como hijos
con presencia propia, diferenciarlos de la representación de hijos anudada a lo
paterno y materno-filial y subsumido en la vieja/nueva contienda conyugal.

Los corrimientos operados en los cuatro, acompañados por una actitud co-
laboradora de las nuevas parejas, abrieron a la posibilidad de una escucha dife-
rente de la demanda de los hijos y en consecuencia, al comienzo de la cons-
trucción de una manera de circulación de Leandro y Rosario más espontánea y
acorde a las necesidades de este momento de sus vidas.

Juan Ignacio decidió retirar su pedido de cambio de tenencia y acordaron


un régimen de visitas más abierto.

Capítulo XIV
Cuando predomina la violencia en los vínculos

Introducción
262 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA

En este capítulo nos ocuparemos del análisis de un grupo familiar en el


que el predominio de la violencia en el vínculo de la pareja, produjo efectos
devastadores en la trama familiar y las subjetividades de los integrantes.

Familia “Juan Moreira”

a) Presentación

Organigrama Familiar

La familia está integrada por el padre, Juan Benjamín, de 43 años, carpin-


tero; la madre, Rosa, de 31 años, empleada; y cuatro hijos: Juan Benjamín, de
10 años, que cursa 5o grado; Marina María, de 8 años, que cursa 2° grado; Jo-
sefa Leonor (“Noni”), de 6 años y Justo José (“Toti”), de 4 años.

Los hijos conviven con el padre y la abuela paterna en el que fuera el ho-
gar conyugal, desde la separación de la pareja concretada hace tres años. La
separación se produce a raíz de los reiterados episodios de violencia física de
Juan Benjamín a Rosa: la pateaba ferozmente en el piso, golpes que ella reci-
bía en posición fetal, en silencio y sin defenderse. Luego de uno de estos ata-
ques, Rosa decide “huir” de la casa, sin llevarse a sus hijos, refugiándose en
casa de sus hermanos.

Al principio, pese al temor que la embargaba, visita a los niños diariamente,


pernoctando en ocasiones, que a veces incluían relaciones sexuales con Juan
Benjamín. Pasados unos meses pretende, y así lo plantea a su ex marido, llevar-
se a los niños con ella los fines de semana. Juan Benjamín accede, pero luego de
pocos encuentros madre-hijos, el padre se opone con violencia, acusando a
Rosa de exponer a sus hijos por mantener ésta relaciones incestuosas con sus
hermanos. Dice basarse en informaciones que su hijo Juan Benjamín le ha
transmitido.

Apoyándose en este argumento, impide que Rosa retire a los niños los fines
de semana, surgiendo en éstos una conducta de oposición activa al contacto
con su madre.

b) Singularidades de la demanda institucional


Ante la pérdida de contacto con sus hijos, ya que la situación de violencia
instalada cortó el encuentro diario con ella en el hogar conyugal, Rosa acude a
un Defensor oficial de los Tribunales y le inicia un juicio a Juan Benjamín por
“Régimen de Visitas”.

Al interior del juicio se plantean y debaten en audiencias con la presencia


del magistrado y representantes letrados de ambos, varias alternativas.

La intransigencia de Juan Benjamín, obliga a acordar que Rosa vea a sus hi-
jos sólo dos o tres horas los domingos en una casa supuestamente “neutral”. Se
entiende por tal la vivienda de una familia vecina del hogar paterno, cuyo pa-
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 263
tio es visualizado por el padre desde la ventana de su taller.

Este régimen se cumplió durante varios meses, aunque con obstáculos que
surgían cada vez que se hacía evidente la significación de la presencia de la ma-
dre para los hijos. Por ejemplo, cuando ella les traía regalos y los niños expre-
saban su alegría o al manifestar alguno de los hijos deseos de acompañarla al
quiosco. Con posterioridad, uno o todos los niños adoptaban actitudes reticen-
tes al encuentro con la madre o a permanecer la totalidad de la visita con ella.

Las interferencias se fueron acentuando hasta culminar con el cese de la


concurrencia de los niños al lugar convenido.

Esta nueva interrupción obliga a Rosa, una vez más, a recurrir a la instancia
judicial.

Es en este momento que el juez que actúa en el juicio, solicita nuestra


intervención, a los efectos de realizar “un pormenorizado estudio de todo el
grupo familiar, tendiente a esclarecer los conflictos que impiden mantener la
continuidad y estabilidad de la relación madre-hijos.”

c) Síntesis de la historia de la pareja y la familia


Rosa y Juan Benjamín se conocen en el gran Buenos Aires, en un baile, con-
tando ella con 20 y él con 31 años. Luego de un noviazgo de 9 meses inician la
convivencia. Deciden instalar su vivienda en el galpón en que Juan Benjamín
tiene su taller de carpintería, sin establecer límites entre el espacio habitacional
y el laboral.

El comienzo de la relación coincide con la migración de Rosa de su lugar de


origen, siguiendo a una de sus hermanas mayores.

Rosa proviene de una familia numerosa, oriunda del interior, integrada por
sus padres y once hermanos, ocupando ella el sexto lugar.

Por lo que expresa Rosa, Juan la fascina de inmediato por lo atípico de su


modalidad dentro del contexto social al que pertenece: caballero, seductor,
ampuloso en sus actitudes y de un decir fluido y matizado de refranes y sen-
tencias que impactaron su simpleza provinciana, generándole admiración y
respeto.

De acuerdo al relato de Juan, es deslumbrado por la fascinación que pro-


mueve en Rosa. Expresa ser atraído por su silencio, su ternura, su sumisión
admirada y respetuosa. Parece encontrar en ella el ser moldeable que realimen-
ta su narcisismo.

La pareja logra en un comienzo una buena complementación de sus ne-


cesidades: contención y protección ella en un ámbito nuevo; la reafirmación de
su identidad familiar, él, que siendo el menor de los hermanos, es el único hijo
extramatrimonial que lleva el apellido materno desconociendo la identidad de
su padre.
Juan Benjamín crece en otra provincia del interior con una convivencia bre-
ve con sus hermanos mayores que fueron dejando el hogar para casarse o
trabajar.

No sólo fue el menor, sino que nace varios años después de enviudar su
madre.

Siempre tuvo una vida aislada de sus hermanos que parecen haberlo mar-
ginado, posiblemente por su condición de hijo extramatrimonial.
264 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA

Aunque no aporta datos precisos de estos momentos de su vida, surgen de


sus relatos comentarios acerca de actitudes hostiles de los otros hijos hacia su
madre. Estas se centraban en las relaciones clandestinas con varios hombres
que la misma había mantenido antes y después de enviudar.

Los primeros años de la convivencia que incluyen el nacimiento del pri-


mogénito, Juan Benjamín (nombre del padre) y de la segunda hija, María Mari-
na (primer nombre de la abuela paterna), son descriptos por ambos como satis-
factorios.

Aun en estos primeros tiempos, Rosa reconoce que cada tanto la castigaba
físicamente, pero lo justifica diciendo que lo hacía sólo cuando tomaba.

Juan por su parte se queja de que ella comenzó a desatender la casa y los hi-
jos y dejaba el hogar para visitar a su hermano.

Se va resquebrajando así la complementariedad inicial que los mantenía en


equilibrio, siendo la violencia física y psicológica de Juan Benjamín a Rosa el
primer intento de restablecerla. Otro intento fue el nacimiento de los dos últi-
mos hijos: Josefa Leonor y Justo José.

Por esta época, la madre de Juan Benjamín argumentando que el resto de


sus hijos no querían vivir con ella, pasa a residir con la familia.

La presencia de la madre de Juan Benjamín incrementa el malestar y la vio-


lencia familiar, propiciando reyertas entre los cónyuges.

Según lo relatado por Rosa y por los niños, la abuela paterna atribuía a su
nuera “poderes del diablo” e intenciones malignas. Juicios a los que Juan Ben-
jamín adhiere sin discusión. Por otra parte, Juan Benjamín había iniciado hacía
tiempo y a raíz de un problema con un cliente, consultas con Tibor Gordon
(reconocido y popular curandero de ese momento), de quien actualmente se
considera discípulo. Este vínculo parece haber incrementado en Juan Benjamín
ideas megalómanas (dice: “llevo a Dios en la diestra y en la izquierda, el tiem-
po y la verdad”), así como las interpretaciones supersticiosas y persecutorias
acerca de Rosa. Tibor Gordon le había transmitido en una de sus visitas que su
esposa y la suegra le hacían brujerías. Estas alianzas de- liroides comienzan a
ejercer influencia en los hijos, fundamentalmente en los dos mayores. Benjamín
(hijo) dice que la madre “tiene altos poderes y altas habilidades”. Luego agrega
“pero yo tengo poderes de Dios como papá y ella tiene poderes del Diablo”

La reiteración en el tiempo de este funcionamiento vincular, culmina con la


separación de la pareja conyugal concretada por Rosa. Impotente ante el in-
cremento de la violencia de Juan Benjamín, la permanente descalificación que
recibe de su suegra y la alianza que percibe en sus hijos con el discurso del
padre y la abuela, Rosa, carente de recursos económicos, deja el hogar sin sus
hijos, para vivir con la hermana casada.

Luego de las entrevistas individuales con ambos progenitores de las que


hemos transmitido una síntesis, realizamos entrevistas vinculares padre-hijos y
madre-hijos.

Previo al encuentro padre-hijos, entrevistamos brevemente a los hermanos,


ya que el progenitor había eludido argumentando razones laborales, traerlos
especialmente para una entrevista.

En las entrevistas conjuntas madre/padre-hijos, no pudimos trabajar con


técnicas de producción vincular como lo hacemos habitualmente.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 265

Con el padre, su actitud hostil y controladora lo hizo negarse a cualquier


sugerencia, incluso a sentarse. No favoreció, desde esta posición, la integración
de los hijos en una tarea compartida. Por la carencia de una figura or-
ganizadora, los niños sólo lograron realizaciones individuales y algunas pro-
ducciones vinculares por subgrupos.

Con la madre, por la intensa inhibición y temor que mostraban los menores
(traídos por el padre), evaluamos la conveniencia de no interrumpir con una
tarea propuesta por nosotros, lo que la madre espontáneamente introdujo al
comienzo del encuentro para facilitar la comunicación con los hijos.

d) P r o d u c c i o n e s v i n c u l a r e s

 Entrevista conjunta de los hermanos:

No habiendo podido concretar la entrevista con los menores a solas, pro-


ponemos el día fijado para la entrevista conjunta padre-hijos, entrevistarlos
previamente. El progenitor, si bien accede, permanece de pie junto a la puerta
del consultorio esperando ser incorporado.

Les explicitamos a los niños el motivo y contexto de la entrevista, como así


mismo la realizada con el padre y la madre.

En este primer encuentro los niños aparecen tensos, coartados y depen-


dientes de las actitudes y dichos del hermano mayor.

Benjamín inicia su participación con un discurso mimetizado con el del pa-


dre, centrado en críticas y comentarios acerca de los “poderes” maternos. Es
secundado por Marina, mientras “Noni”y “Toti” permanecen al margen.

Luego Noni, es presionada por su hermano mayor para contar un episodio


que involucra a la madre en estas supuestas actitudes brujeriles. La niña, con
vacilación y angustia inicia un confuso relato que no puede finalizar.

Benjamín justifica de este modo el rechazo que dice sentir él y también sus
hermanos a ver a su madre en este momento. Recordemos sus frases: “Mamá
tiene altos poderes y altas habilidades.” [...] “Pero yo tengo poderes de Dios
como papá y ella tiene poderes del Diablo.”

Para fundamentar lo afirmado acerca de los poderes de la figura materna,


Benjamín relata tres hechos:
M y N: (En conjunto, sacan juguetes y los llevan al banco y al suelo, ordenán-
dolos por semejanzas: platos, tacitas y elementos de la casa).

M: (Sigue distribuyendo: autos a Toti, animales al padre, autos y goma de bo-


rrar a Benjamín. Toti sigue en el suelo con todos los autos y los hace correr).

M: (Dirigiéndose a Noni). Vamos a jugar a la mamá... y al papá... y al tío y la tía.

P: (Los mira en silencio y sigue inmóvil).


266 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA

(Benjamín continúa pintando lo dibujado en silencio y Toti, también si-


lenciosamente, accionando los autitos. Marina y Noni, muy activas armando
la casita y conversando entre ellas).

(Marina se levanta y se lleva los animales que quedaron en la mesa y le


muestra al padre la víbora).

P: (Con actitud corporal rígida). Yo no juego, yo hago muebles y puertas.

B: (?) Auto de un señor que va con un chofer (?). Un señor con un amigo.

M y N: (Siguen jugando activamente. Noni lava, Marina organiza las tareas,


reta a los muñecos. Nombran a Pelopincho y Cachirula, dibujitos que ven
los domingos en casa del vecino -donde se encontraban con la madre-).

M y N: (Pretenden dirigir a Toti que en silencio sigue haciendo lo suyo).

B: (Sigue dibujando en silencio, de espaldas al grupo de los hermanos. Sólo una


vez se le acerca Marina y le dice) Ay, qué lindo.

B: (?) El hombre que va a la casa. (?) ...de la familia... (?) la señora y cuatro hijos,
que están adentro jugando.

M: (Se acerca con un muñeco mediano y una canastita con cuatro muñecos
pequeños). El viejo se llevó los cuatro chicos... nosotros. (?) A Mar del Pla-
ta... y los tiró al río. (?) No se pueden salvar. (?) No hay nadie que los ayu-
de... se van a ahogar.

B: (Va a buscar un auto y vuelve a dibujar, copiando sus características).

M: (Dice que ahora quiere dibujar. Hace con regla la puerta de una heladera,
mientras Noni reclama muñecos. Marina le dice) Acá están, se los había lle-
vado el viejo de la bolsa.

M: (Dramatiza la escena y reta al viejo) (?) Yo lo reto. (¿Quién serías vos?) La


mamá.

(Noni y Toti intercambian juguetes y dramatizan otro juego).

N: Los nenes van a pasear una semana a la casa del tío (que lo representa Toti)
...Y se van a hacer los mandados.

B: (En silencio sigue copiando el auto).

M: ¿Qué más puedo hacer? (?) Hice los instrumentos de la cocina. ...Se enojan
con los nenes, porque por irse a lo del tío, no quieren hacer la tarea.
B: (Dibuja una carrera de autos). El primero es Reutemann, en la Ferrari.

M: (Sigue dibujando una mesa y pinta el dibujo). ¿No lo puedo pegar en la


pared?

N: (Sigue armando la casita y Toti con los autitos).

(Al terminar de dibujar los dos mayores, el padre da por finalizado el encuen-
Ctro).
LÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 267

• Entrevista conjunta madre-hijos:

Recordemos que el contacto de los menores con la madre cuando comen-


zamos nuestra intervención, estaba interrumpido desde hacía varios meses.

Los niños son traídos a la Asesoría Pericial por el padre, quien permaneció
junto a la puerta del consultorio durante el transcurso de la entrevista.

Antes de entrar, la madre intenta saludarlos con un beso, que cada uno de
los hijos elude, así como mirarla.

Ya en el consultorio se sientan los cuatro juntos, alejados de la madre. Rosa,


si bien intenta aproximar la silla a sus hijos, al ver la actitud de éstos decide
respetar la distancia que ellos imponen.

Los cuatro permanecen en silencio, evitan mirarla y sí en cambio miran con


inquietud por el rabillo del ojo, hacia la puerta tras la cual espera el padre.

Rosa, luego de unos minutos en que se angustia y parece amilanarse, inicia


lentamente y con voz que se va afianzando en firmeza y ternura, la evocación
de lindos momentos de cuando ellos eran más chiquitos.

Se va refiriendo a cada unos de sus hijos y de cada uno relata dos o tres he-
chos, algunos cómicos, otros no, pero referidos a logros y ocurrencias de ellos.

Esto va generando un clima de distensión y creciente interés. Los niños la


miran, la escuchan, le preguntan, aportan a los recuerdos, se acercan, le dicen
“mamá” una y otra vez y terminan alrededor de la silla materna. Los dos más
pequeños, se ubican en su falda y los dos mayores cerca, buscando el abrazo y
el contacto físico entre todos.

Varios de los recuerdos evocados por Rosa, giran alrededor de personajes


de cuentos que ella les había contado en diferentes etapas de cada uno y de las
identificaciones de ellos con algunos de esos seres. Así, todos le pedían a Ben-
jamín que hiciera el oso que a él le gustaba, llamado “Piolín”, o a Marina la
mariposa “Panchita”, su predilecta. Noni y Toti, sonrientes, dudaban elegir
entre dos o tres personajes y recibían sugerencias de sus hermanos mayores, en
un clima risueño y armonioso, bajo el amparo materno.

• Interpretación de las producciones vinculares

Entrevista conjunta padre-hijos:

En el breve encuentro a solas con los cuatro hermanos, como ya señalamos,


los niños se muestran tensos y coartados. Las permanentes miradas de reojo a
la puerta del consultorio, detrás de la cual espera el padre, marca inicialmente
la actitud reticente de los niños con nosotras. En esta ausencia-presencia del
padre, Benjamín parece necesitar ocupar su lugar, dirigiendo por delegación las
pocas expresiones que sus hermanos menores intentan, para luego tomar la
palabra con el objetivo de sentar posición respecto de los “fundados” motivos
para mantenerse a distancia de la madre.

La irracionalidad de los argumentos, resulta preocupante en relación a los


efectos que este clima de pensamiento mágico-delirante en el cual están atra-
pados, pueda tener en su salud psíquica.

Ante el ingreso del padre, fundamentalmente Benjamín, continúa rea-


268 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA
lizando veloces movimientos de reojo en su dirección mientras dibuja. Pero tal
vez el hecho de que el padre estuviera concretamente presente controlando y
su actitud de otorgar permiso a sus hijos al decir: “hagan lo que quieran”, dis-
minuyó el clima persecutorio inicial que mostraban los niños, por temor a decir
algo involuntariamente, que no les estuviera permitido.

Marina que en principio parecía secundar a Benjamín en los argumentos


“brujeriles”, introduce la representación de la madre en su propia dramatiza-
ción de retar al viejo, que roba y ahoga a los niños... “¡Nadie los ayuda!” -es su
apelación a nosotras a ser socorridos-.

El clima que crearon los niños entre ellos y con nosotras fue ameno, diri-
giéndonos el relato de sus juegos. Toti se concentró en su juego de autitos y se
integró breve y pasivamente en un fragmento del juego de sus hermanas
(cuando le adjudicaron ser el “tío”). Benjamín relató lo dibujado en otro tono
del inicial, con su “voz de niño” y con amabilidad. Cuando dirigía su “discurso
sobre la madre”, el tono era impostado, mimetizado con el discurso del padre y
la abuela.

El padre no posibilitó una tarea conjunta, al mostrarse dentro de su posición


y actitud corporal rígida y en su decir: “Yo hago mesas y puertas, no juego.”
Pero tampoco obstaculizó con ningún comentario el despliegue lúdico de los
niños. Afectó tal vez la no integración de Benjamín al juego, por su “marcación
corporal”, limitándose el niño a un dibujo bien realizado, pero acotado en sus
posibilidades expresivas.

Lo interesante, al menos en la producción de las niñas, es que pudieron di-


rigirnos y no de un modo demasiado disfrazado, una versión diferente de la
“oficial”, respecto de los obstáculos que exhiben para ver a su madre.

Indudablemente, el ofrecer materiales de juego para que en forma media-


tizada se expresaran, disolvió la tensión frente a los temas tabú.

El padre no se movió en ningún momento de su Ligar de “padre patrón”, lio


dando muestras de signos afectivos hacia sus hijos.

Entrevista conjunta madre-hijos:


Como queda evidenciado en la descripción del encuentro de los hijos con
su madre frente a nosotras, los niños inicialmente armaron un bloque junto a
Benjamín, rechazando todo contacto con la progenitora. También en un co-
mienzo, Rosa mostró el sesgo más impotente y pasivo de su personalidad, in-
movilizada en una angustia silenciosa. Pero se repuso y dio muestras es-
pontáneamente de sus posibilidades de generar las condiciones para construir
un puente desde el afecto, tendiente a romper las barreras defensivas de sus
hijos, que lentamente pudieron volver a percibir a la madre en ella y no la so-
breimpresión de la figura de la bruja maligna.

El final de la entrevista fue realmente conmovedor, con todos sus hijos


abrazados a ella, siendo nosotras espectadoras de esa escena tierna, ya que
transcurrió sin que hiciéramos ninguna intervención verbal. Fue el ofrecer ese
espacio, que Rosa supo aprovechar, lo que abrió a la posibilidad de que los
niños expresaran sus genuinos afectos y sentimientos hacia la madre, libres de
las interferencias del entorno familiar paterno.

f) Interrogantes e hipótesis interpretativas

• Interrogantes

1: ¿Cuáles son los motivos del rechazo de los hijos al contacto con la madre?
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 269

2: ¿Qué influencia ejercen en este rechazo las características de Juan Benjamín


y Rosa?

3: ¿Qué papel juega la actitud hostil y violenta del padre?

4: ¿Qué influencia ejercen las actitudes de la madre?

5: ¿Cómo influyen las nuevas organizaciones familiares en que se incluyen la


madre y el padre luego de la separación?

6: ¿Cuáles son las posibilidades de cada progenitor para ejercer sus funciones
parentales?

7: ¿Qué grado de involucración evaluamos en los hijos en la conflictiva de la ex


pareja conyugal?

• Hipótesis interpretativas

Comenzaremos haciendo una breve semblanza de cada uno de los inte-


grantes de la ex pareja conyugal.

Rosa es una mujer afable, de rostro dulce y expresivo. Sencilla pero cuidada
en su vestir. Transmite en un diálogo abierto, los avatares de su vida.

En el comienzo de las entrevistas se mostraba con una angustia casi resig-


nada. No obstante, hacia el final de los estudios y relacionado con una mayor
estabilidad laboral que le permitió comenzar a construirse una pequeña casa en
el terreno de su hermana, se la percibe de buen ánimo, con renovadas esperan-
zas de lograr con el tiempo, no sólo una relación de afecto estable con sus hijos,
sino la tenencia.

La creciente autonomía económica alcanzada, hacen más factibles sus pro-


yectos, a la vez que la autoestima recuperada, la predispone a sostener activa-
mente sus reclamos.

Juan Benjamín, es un hombre muy peculiar. No sólo impacta el discurso de


certezas absolutas con que se comunica, sino su atuendo y la actitud corporal
con la que se presenta. En parte vestido como un gaucho, con bombachas de
lino, alpargatas y faja negra, remata su figura con un sombrero negro, tipo fla-
menco.

Entra al consultorio con porte arrogante y expresión seria. Más que pre-
sentarse, parece presentar a un personaje: “Soy Juan Moreira” -dice al estrechar
su mano-.

Dentro de su comunicación controlada, reticente a veces, transmite no obs-


tante algunos hechos significativos de su historia y de la relación inicial que
mantuvo con Rosa.
Como señaláramos en la síntesis de la historia de la pareja y la familia, Juan
Benjamín y Rosa, se encontraron y lograron durante los primeros años de la
convivencia, un vínculo de apuntalamiento mutuo: de aspectos de su identidad
él, de necesidades de amparo ella.

Es interesante señalar las características de la vivienda de la familia: un gal-


pón en el que Juan Benjamín tiene su carpintería, casi sin límite con la zona de
vivienda. Esta configuración del espacio familiar, no es atribuida solamente a
sus modestos recursos económicos, sino que tiene un sentido en la relación de
la270
pareja. De esta manera, él participa, controla y supervisa
l I II DA todo
A BHLLE el
IRA movimiento
- N O RMA D BLUCCA

familiar, sintiéndose Rosa protegida y amparada en un principio, por la omni-


presencia de su marido.

Es factible pensar, en relación a Juan Benjamín, que las actitudes de censura


crítica de sus hermanos hacia la progenitora por sus relaciones extramatrimo-
niales, lo hayan abarcado también a él, por configurarse con su presencia la
“denuncia” del hecho. Esta circunstancia, parece haber marcado el vínculo de
ambivalente alianza con su madre.

La identificación de Juan Benjamín con esta madre de pensamiento mágico,


asentada en una cultura supersticiosa, conjuntamente con la carencia de la figu-
ra paterna cuya identidad desconoce, fueron plasmando la tendencia al apoyar
sus creencias en figuras omnipotentes y omniscientes como Tibor Gordon,
constituyéndose para él, en dictadores de la verdad.

Por identificación ahora con esta figura, él mismo se siente investido de ta-
les dones. Recordemos su frase, toda vez que necesita reafirmar su propia
imagen ante nosotras: “...llevo a Dios en la diestra y en la izquierda el tiempo y la
verdad”.

Rosa por su parte, que necesitó migrar de su provincia natal, retiene de


sus padres y numerosa familia, una imagen idealizada donde no se filtra nin-
guna referencia crítica o de carencias.

Por haberlas padecido y no poderlo reconocer o por añoranza, Rosa sus-


tituye y condensa en Juan Benjamín, las funciones parentales idealizadas.

En la relación Rosa-Juan Benjamín, se dieron las condiciones vinculares


para que se instale la violencia.

Juan Benjamín, cuya identidad incierta debió apuntalar con mecanismos


defensivos megalomaníacos y omnipotentes, no ofrecía posibilidades de
aceptar que Rosa se moviera de su primera actitud de sumisión, fascinación y
respeto.

El reparto de Rosa de la atención y de su afecto cuando advienen los hijos


y fundamentalmente su actitud de mantener el vínculo con la hermana, des-
estabilizan la seguridad de Juan Benjamín en su capacidad de control ab-
soluto del otro, al servicio de sus intereses narcisistas.

Rosa necesitó creer en el poder de Juan Benjamín y como dijimos, lo idea-


lizó en ese lugar, obteniendo en un principio el amparo anhelado, como ocu-
rre en todo vínculo sometedor-sometido, donde irrumpe la violencia para re-
instalarlo.

El ingreso de la abuela paterna, que intensificó la violencia conyugal, tam-


bién le permitió a Rosa, por el grado de intolerabilidad de la situación, poner-
le un tope con su huida y ubicar la culpa del fracaso de la relación en la figura
de la suegra.

Cuando se frustran las expectativas idealizadas puestas en la pareja, cada


uno parece retornar a sus vínculos originales: intensificación del vínculo de
Rosa con su hermana casada (y con los dos varones que también migraron
más tarde), “cesión” del espacio familiar a la madre de Juan Benjamín. Acen-
tuación en Juan Benjamín de la vertiente fusional con la madre, a través de la
adhesión a su pensamiento mágico y su mayor predisposición -tal vez por li-
brarse de esta fusión- a identificarse con otro personaje extra familiar.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 271

Tibor Gordon, de características similares a la madre de Juan en un as-


pecto, le permite recuperar la omnipotencia perdida con la separación y qui-
zá quedar a resguardo del delirio franco. Pareciera que ocupando más tarde
como discípulo el lugar del “curandero”, sale del encierro endogámico, lo-
gran- \ do el reconocimiento de otros que lo consultan.

Por otra parte, Juan Benjamín, es un hombre inteligente. La vertiente de su


pensamiento de características deliroides que hemos señalado, no afecta n
otros aspectos de su vida.

Han sido puestos al servicio de desacreditar, atacar y destruir la imagen de


Rosa, como castigo por el abandono de su incondicionalidad.

Rosa “huye” de la violencia y los ataques de irracionalidad, pero se debilita


como madre, dado que en un primer momento, por el vínculo de dependencia
y sumisión que estableció con Juan Benjamín, facilitó una cierta renuncia a su
lugar, delegándolo en la suegra. Los niños, perciben la debilidad materna y
optan para resolver la angustia que les genera el conflicto planteado, por adhe-
rirse a la postura paterna.

La separación conyugal por lo tanto, estabiliza la organización dualista ya


instalada. Rosa queda excluida, se empobrece visiblemente el funcionamiento
familiar y los niños quedan en riesgo psíquico.

El amparo afectivo que Rosa logra con su hermana y la necesidad de aportar


por sí misma al sustento económico, la obligan a buscar trabajo, logrando por
primera vez autonomía en ese aspecto.

Esta apertura a nuevos vínculos, genera el posicionamiento activo de de-


fensa de su lugar de madre con los hijos, lo que permite escribir un nuevo capí-
tulo en la vida de Rosa y de los niños.

Este camino no fue fácil, ni rápido. Debió transcurrir un año desde nuestro
dictamen pericial, para que Rosa lograra, terminada su casa, la tenencia legal
de sus hijos.

Juan Benjamín había iniciado a esa altura otra relación de pareja, lo cual
también favoreció que no opusiera demasiadas resistencias a esta resolución
judicial.

Como en tantas otras ocasiones, la instancia tercera, que trabajosamente


permitió otra salida de la situación, fue por un lado la intervención judicial y
por otro los nuevos vínculos laborales y sociales que Rosa pudo construir y
quizá los que logró también Juan Benjamín.

g) Reflexiones sobre nuestra intervención

Como puede desprenderse de lo relatado, nuestra intervención psicológica


con esta familia, tuvo un primer efecto:
• En relación al padre, contribuyó a acotar parcialmente el manejo omnipo-
tente de la situación familiar.

Como segunda consecuencia, aportó los fundamentos para que la instancia


judicial, resolviera la tenencia de los hijos a favor de la madre. Como ya señalá-
ramos, esta medida se pudo concretar al año de realizado nuestro asesoramien-
to, cuando se dieron las condiciones tanto en Rosa como en Juan Benjamín para
hacerla efectiva.

Se preservó el vínculo padre-hijos mediante un régimen


272 l I II DA Aprovisorio deDvisi-
BHLLE IRA - N O RMA BLUCCA

tas, a ser evaluado periódicamente en relación a las posibilidades del padre de


sostenerlo y respetarlo y considerando los efectos del contacto en los hijos.
Capítulo XV

Cuando nos interroga una organización familiar peculiar 5

Consideraciones previas
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 273

En este último capítulo hemos decidido incluir un historial que en su mo-


mento se constituyó en un desafío teórico-clínico por lo novedoso de su planteo
en lo que hace a cuestiones familiares, así como a los interrogantes que despier-
ta la subjetividad de su protagonista central y los vínculos en torno a los cuales
estalla el conflicto.

Las características de la configuración vincular en juego, así como la relativa


proximidad en el tiempo de nuestra intervención, junto al carácter mediático
que adquirió en su momento la disputa legal, determina que sea éste un capítu-
lo atípico.

Nos manejaremos con lo que pensamos es la información mínima necesaria


para compartir nuestro análisis con los lectores, a fin de respetar la privacidad
de las personas, por lo que omitiremos algunos de los puntos del ordenamiento
que dimos a los capítulos de esta segunda parte.

a) Introducción

Nos vamos a ocupar de los conflictos surgidos en una configuración vincular


en la que dos madres biológicas que cedieron sus hijos recién nacidos a un tran-
sexual que los crió, deciden -contando los niños cuatro y tres años- denunciarla
por presunta apropiación de los menores, e iniciarle un juicio por restitución de
hijos.

b) Presentación
La organización vincular a la que nos referiremos, está constituida por Celi-
na, de 45 años, masajista y sus dos “hijos”, como ella los llama, Laura, de 4 años
y Braulio de 3.

Celina es transexual y concretó el cambio físico y legal de su identidad al-


rededor de sus 30 años, en un país extranjero. Está casada con Rafael, quien a
partir de este juicio dejó de convivir con ella.

Ana, madre biológica de Laura, quien tiene 27 años, es soltera, vive con su
familia de origen y trabaja en un comercio, e Inés, madre biológica de Braulio,
de 29 años, soltera, vive con sus padres y es empleada administrativa.

Ambas jóvenes conocieron a Celina a través de la profesión de ésta, quien les


hacía masajes. Cada una en su momento, le fue confiando en base a la relación
de intimidad y afecto que habían establecido, sus dudas y temores ante sus em-
barazos no deseados.

El de Ana era producto de una violación y no se atrevía a comentarlo en su


casa por temor a la violencia de su padre, quien golpeaba habitualmente a su
madre.

5 Este capítulo es una actualización y ampliación de un trabajo anterior realizado por una de las autoras
(Abelleira, H., 1995b).
Inés quedó embarazada de una relación que su familia ignoraba. Por temor a
la censura de ésta y a la reacción negativa del padre de su hijo, decidió ocultar
su estado.

A ambas, Celina les aconsejaba no abortar, idea que las rondaba y se ofrece a
criarles los hijos, hasta que ellas se sientan en condiciones de hacerse cargo de
los niños.

Las dos acceden y una vez nacidos los menores, tanto Ana, como mas tarde
274 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA
Inés, los visitan en casa de Celina. Inés lleva a Braulio algunos fines de semana a
su casa, diciéndole a su familia que el niño es hijo de Celina.

Ana, en varias ocasiones en que tuvo enfrentamientos con su familia, se


queda a vivir por algunos meses en lo de Celina.

Los dos niños le dicen mamá a Celina, papá al esposo de ésta y llaman a Ana
e Inés por sus nombres, como amigas de su madre.

Tanto Ana como Inés, dicen que deseaban tener en algún momento a sus hi-
jos con ellas.

Ana estaba de novia con un joven que le proponía casarse. No quería hacerlo
hasta no poder traer a Laura a vivir con ella, pero le costaba decidirlo.

Inés lo deseaba, pero no se animaba aún.

Las dos lo habían hablado con Celina, quien no se oponía a sus planes.

En determinado momento, Ana empieza a desconfiar de las reales intencio-


nes de Celina de reintegrarle su hija. Estimulada por su novio y sospechando
que Celina podría irse del país con los niños, consulta un abogado.

Aconsejada por éste, hace la denuncia por apropiación de menores y junto


con Inés, que parece plegarse pasivamente a esta decisión, le inician un juicio de
restitución de hijos.

El comienzo del juicio y la denuncia sorprenden y enfurecen a Celina, quien


se siente injustamente atacada por aquellas a quienes ayudó. Niega en todo
momento haber tenido intenciones de irse del país con los niños.

También el juicio inicia el develamiento del transexualismo de Celina, hecho


ignorado hasta ese momento por Ana e Inés y por el entorno de las tres.

El conflicto legal trasciende rápidamente el espacio de Tribunales, toma es-


tado público y el transexualismo de Celina parece transformarse en el eje del
cuestionamiento de la tenencia de los menores.

El Tribunal que interviene resuelve quitarle los niños a Celina y darlos en


guarda provisoria a un matrimonio que los conoce, pero que no tiene un vín-
culo significativo con ellos.

Se fijan encuentros de Laura y Braulio con sus madres biológicas en un cen-


tro de salud, con presencia de psicólogos y custodia policial, tendiendo a insta-
lar un tratamiento terapéutico.

Se suspende el contacto de Celina con los niños hasta la realización de los


estudios periciales.
En este momento se solicita nuestra intervención a fin de “evaluar el estado
psicológico de los niños, así como las personalidades y capacidad maternal de
las tres: Celina, Ana e Inés”.

Nuestra intervención es solicitada cuando ya se habían tomado decisiones


de relevancia respecto a esta organización vincular, algo no habitual en cues-
tiones de familias, salvo cuando se piensa que los niños están en situación de
riesgo. Y aún en esos casos, lo usual es convocar a una audiencia (ver Cap. II) y
resolver en base al asesoramiento psicológico.
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 275
Nos preguntamos entonces: ¿Estaban en riesgo Laura y Braulio?... ¿De qué
había que preservarlos?... ¿Qué amenazaba en la inmediatez sus subjetivida-
des?... ¿Era el vínculo con Celina tan nocivo para ellos que había que desalojar-
los del contexto vincular en que habían transcurrido sus vidas desde que nacie-
ron y trasladarlos a un lugar desconocido para ellos, y a cargo de dos personas
a las que conocían muy poco?... ¿Por qué suspender todo contacto de los niños
con Celina?... ¿Cuál era el sentido de fijar encuentros con Ana e Inés en un lu-
gar también extraño y “supervisado” por expertos?

Todos estos hechos y sus efectos en los niños, nos interrogaban y tratába-
mos de poner distancia frente a esta especie de “compulsión a actuar”, que
parecía haberse adueñado de la intervención judicial.

Inclusive fuimos citadas al Tribunal para tener una conversación previa a la


Intervención Pericial y advertimos una situación no habitual en los funciona-
rios.

Observamos una división entre ellos en las actitudes ante el conflicto plan-
teado: por un lado, estupor e incredulidad ante las características de Celina, sus
dichos, su postura, su relación con los niños y en consecuencia una especie de
parálisis para pensar y resolver; por otro, una postura crítica, de rechazo y de
intensa censura a la existencia misma de un ser como Celina, que sin duda,
condicionó las primeras medidas que se tomaron respecto a los menores: inte-
rrumpir abruptamente no sólo la convivencia sino todo contacto de los niños
con Celina, sin poder esperar el Dictamen Pericial… ¿O suponiendo a priori
que el mismo avalaría desde lo psicológico la exclusión de Celina de la vida de
Laura y Braulio?

c) Reflexiones teórico-clínicas en torno a esta intervención

Se nos tornaba ineludible, la necesidad de reflexionar y problematizar


nuestros posicionamientos teóricos y nuestras prácticas, a fin de evitar frente a
este desafío, la huida del enfrentamiento con la incertidumbre y el puro inte-
rrogante, o el refugiarnos en la supuesta seguridad de las “certezas teóricas” o
en el “todo vale” facilitando por cierto clima actual.

Un hecho que nos resultó interesante para reflexionar en relación al transe-


xualismo es la relativamente escasa presencia de un lugar en la Psicología des-
de el cual se los nombre, se reconozca su existencia, primera forma de legitima-
ción. Nos referimos a la escasez de bibliografía y estudios especializados sobre
el tema, especialmente desde conceptualizaciones vinculares.

Esto daría cuenta de una dificultad de reconocer lo diferente, pese a que el


tejido social más laxo les ha permitido un mayor protagonismo y en consecuen-
cia, una lucha por sus derechos en diferentes terrenos.

Entre ellos, el terreno de lo jurídico, donde empiezan a aparecer sujetos que


portan la denominación de transexuales, en la búsqueda de legalización de
lugares y funciones parentales, que ejercían de hecho hacía tiempo o que aspi-
raban a ejercer.

Demanda impensada hasta hace relativamente poco tiempo y que promue-


ve en los profesionales intervinientes, obstáculos para pensar, provenientes de
un primer entrampamiento en actitudes valorativas (bueno/malo;
sano/enfermo) como expresión de la dificultad ante la complejidad e incerti-
dumbre que estas situaciones plantean.

Un primer interrogante entonces sería: ¿Qué es el transexualismo, cómo lo


conceptualizamos tanto en el terreno de lo subjetivo como de lo vincular?

El diccionario dice: “Transexualismo: sentimiento delirante que sufre un su-


jeto de morfología sexual normal, de pertenecer al sexo opuesto, general mente
acompañado del deseo de cambiar de sexo”. (Diccionario Enciclopédico Hache-
tte276Castell), l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA

El término fue introducido en 1953 por el psiquiatra norteamericano Harry


Benjamín, para designar un trastorno puramente psíquico de la identidad se-
xual (Roudinesco, E. y Plon, M., 1998).

Si pensamos desde el Psicoanálisis, el sujeto humano sexuado no viene cons-


tituido desde el nacimiento, sino que por el contrario, se organiza en el seno del
entramado edípico.

Es decir, que la identidad sexual, no es natural y dada (más allá del cuerpo
biológico), sino que es algo sujeto a ser construido y asumido. Algo que puede
acontecer en una dirección diferente de lo que la biología estaría marcando.

Cualquiera sea el derrotero, este proceso transcurre siempre en el seno de un


campo vincular estructurante de la subjetividad y atravesado por los modelos
culturales predominantes.

El camino elegido o el camino posible para un niño, depende de la singu-


laridad de esta trama vincular en la cual recibe y promueve efectos. Proceso
ligado al establecimiento y consolidación de identificaciones predominantes en
cuanto a su ser sexuado.

Desde esta mirada, el rastreo de la historia identificatoria en orden a la eva-


luación de las identificaciones predominantes y la cualidad de las mismas en la
construcción de la subjetividad, las características de su operatoria en el vínculo
con los menores ubicados en el lugar de hijos, así como con respecto al lugar de
la ley y la terceridad, se constituyen en indicadores a tener en cuenta.

Es decir, que pasado el impacto de lo nuevo y diferente como obturador del


pensamiento, pudimos poner distancia de la involucración inicial y la toma de
partido y volver a posicionarnos ante la lectura y develamiento del significado
de esta contienda vincular, privilegiando el interés de los menores en orden a:

• Las características psicológicas de quienes ocupan o disputan el lugar ma-


terno en relación al tipo de identificaciones predominantes.
• Cualidades del vínculo materno-filial de cada una, en especial en cuanto a las
funciones de sostén y diferenciación.
• Posibilidad de quien ocupa ese lugar, de incluir al otro. Desde dónde y cómo.
• Lugar de los hijos ante el conflicto vincular.

Así, en este caso singular, una manera de preservar una intervención no ob-
turada por aspectos ideológicos, se sustentó en el esfuerzo de un encuadre de
trabajo centrado en la evaluación de todo el contexto vincular de los menores,
así como del funcionamiento psicológico de éstos. Tendiendo a priorizar, como
es habitual en la intervención con familias, aquellos vínculos más próximos a la
exogamia y la cultura.

d) Reflexiones acerca de nuestra intervención

Realizamos varias entrevistas individuales con Celina, Ana e Inés; una en-
trevista conjunta con los menores Laura y Braulio y entrevistas vinculares de
los niños con Celina, de Ana con Laura y de Inés con Braulio. Trabajamos en
las tres entrevistas vinculares con la consigna “Hora de juego conjunta” (Cap. V y
VI).

Celina se presenta como una mujer, tanto en lo que hace a su aspecto físico
y su vestimenta, como a su manera de expresarse y ubicarse ante el otro.

Es expresiva, vivaz, inteligente y sagaz observadora. Posee un lenguaje am-


CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 277
plio y rico, y expresa sin dificultades sus emociones. Por momentos, se muestra
intensamente angustiada ante la situación actual, que vive como un despojo de
los niños y un ataque a su persona, que a la vez la enfrenta con momentos críti-
cos de su historia personal. En otros tramos de la entrevista, surgen aspectos
exhibicionistas de su personalidad, que favorecidos por el estado público que
ha adquirido la contienda, tienden a confundirla y a estimular en ella actitudes
e ideas de corte narcisista.

Dice de sí misma: “Soy polémica”. Y en realidad, su ser y su historia lo son.


El enfrentamiento con la identidad de Celina promueve y moviliza en el en-
torno, sentimientos y fantasías anudadas a cuestiones fundantes de la vida del
hombre.

¿Quién es Celina? Nació varón, pero como ella relata, desde muy pequeña
jugaba y se vestía como una nena. En su familia pareció encontrar condiciones
que favorecieron su posicionamiento femenino.

Su larga y dolorosa lucha por definir el conflicto entre su identidad bio-


lógica y su identidad psicológica (que incluyó tratamientos diversos, consultas
médicas y numerosos estudios), culmina con la operación que aproxima su
cuerpo a lo que siente ser, realizada alrededor de sus 30 años, aconsejada por
un médico que considera su salvador.

Psicológicamente, Celina es mujer. Hay un predominio marcado de iden-


tificaciones femeninas en la construcción de su subjetividad, con una peculiar
acentuación dentro de lo femenino, del aspecto maternal, aquello que biológi-
camente no podrá lograr.

Esto parece determinar en ella una búsqueda obsesiva de satisfacción de esa


vertiente de su identidad, que se canaliza en el desempeño de la maternidad
con numerosos niños o jóvenes que por diferentes razones carecían de madre y
a quienes cuida en distintas etapas de sus vidas. Cuenta de este modo con gran
número de hijos, “hijos del amor” como ella dice, con todos los cuales sigue
manteniendo un vínculo positivo y estable y por los que es llamada “mamá”,
pese a que no conviven con ella desde hace años.

Pero es recién con Laura y Braulio que Celina concreta sus anhelos de ma-
ternidad casi desde el comienzo de la vida de los pequeños. Con los otros hijos,
el vínculo se había iniciado a los 4, 7, 8 y más años y por períodos diversos, de
ahí que su vínculo con estos dos niños, sea intenso y especialmente significati-
vo.

Lo maternal, eje y sustento de su “ser mujer”, se escenifica en las entrevistas


vinculares en la posibilidad de percibir y discriminar las necesidades de los dos
pequeños, intensamente afectados por la situación de abrupto cambio de su
organización cotidiana, devolviéndoles contención y amparo. Su presencia y su
manera de relacionarse con ellos, calma y alegra a los niños, que parecen recu-
perar una conducta más organizada y segura, que les permite armar un juego,
plantear preguntas y reclamos y expresar afectos y necesidades.
Ana es una joven seria y distante, que relata en forma clara, pero con un
lenguaje simple y con escaso compromiso afectivo, tanto la situación actual
como las circunstancias de su historia, marcada por un clima de violencia con-
yugal constante entre sus padres, de la que ella y sus hermanos eran es-
pectadores habituales.

Este padre alcohólico, violento y esta madre sometida, siempre padeciendo


algo en el cuerpo, no parecen haberle brindado el afecto y la contención que
hubiera necesitado, especialmente cuando es violada y queda embarazada.
278 l I II DA A BHLLE IRA - N O RMA D BLUCCA

Ya iniciada su relación con Celina, es con ella con la única que comparte lo
que le promueve este hecho y es con su apoyo que decide tener su hija y dárse-
la para que la críe, con la idea de poder hacerse cargo ella de la niña, en algún
momento futuro.

Llama la atención en Ana, cómo su estilo monocorde de relato y la distancia


emocional que instala, cambian cuando se refiere a Celina. Al hablar de ésta se
enoja mucho y se expresa con resentimiento por lo que considera un manejo
por parte de ella y por quien se siente engañada. Resultan, no obstante, muy
poco consistentes las referencias y razones que da de dicho manejo.

En el vínculo con Laura, Ana se maneja con dificultades. Le resulta costoso


acercarse a la niña y comprender sus necesidades.

Ésta inicialmente la rechaza y luego reclama su atención en forma imperati-


va. Con cierta rigidez y gran distancia afectiva, Ana trata de imponerle un or-
den, un “deber hacer” que sólo genera en Laura más demanda y más desorden.

Impotente ante sus limitaciones, aparece recurrentemente en Ana, la atri-


bución a Celina de la culpa por el rechazo de Laura a quien, según ella, aquella
“le ha llenado la cabeza en su contra”.

Inés es una joven sonriente y que establece fácilmente contacto con el otro.
No obstante, frente a la situación de su maternidad, la relación con Celina y
Ana, y el juicio que se tramita, se muestra insegura, vacilante y llena de dudas
y contradicciones.

De la relación con su familia puede hablar muy poco. Parece arrepentida del
juicio iniciado; dice estimar y valorar a Celina y si bien desearía tener a su hijo
con ella, es claro que no se siente aún en condiciones de concretarlo.

En la entrevista vincular con Braulio, aparece vacilante, insegura, des-


concertada, buscando apoyo constantemente en nuestras presencias. Las de-
mandas del niño la angustian y reacciona como una niña más, sin poder ins-
trumentar recursos de contención, lo que irrita y desorganiza al pequeño.

Nuestra mirada, centrada como decíamos antes, en la evaluación de esta


trama constituida por tres mujeres (una de las cuales es lo que se denomina
“transexual”) y dos niños, tendía a descentrarse una y otra vez de la confi-
guración vincular, atraída por la fuerza de ese campo de interrogación que
resulta el transexualismo y sus efectos vinculares.

¿Con qué rango incluirlo en la evaluación psicológica de Celina y de su ca-


pacidad maternal?

¿Es un obstáculo o no para la función que viene desempeñando en la vida


de estos niños desde su origen, como parecen considerarlo las resoluciones del
Tribunal?
Volviendo a los vínculos de las tres con los niños, es en su evaluación que
debía centrarse nuestra reflexión y análisis.

¿Qué cualidad maternal posee el vínculo de cada una de ellas con los meno-
res?

Las entrevistas vinculares dieron cuenta con claridad, de que la relación de


Celina y los niños se recortaba como un vínculo sólido, de indudables ca-
racterísticas materno-filiales, que contenía a Laura y Braulio en forma natural y
CLÍNICA FORENSE EN FAMILIAS 279
espontánea, favoreciendo la capacidad lúdica de ambos, así como el acerca-
miento entre ellos y actitudes autónomas.

Los dos niños mostraron un desarrollo intelectual y emocional esperable pa-


ra sus edades, dando cuenta en su desempeño y sus producciones simbólicas,
de una adecuada identificación con su propio sexo.

Por el contrario, ni Ana ni Inés lograron crear condiciones en las entrevistas


v i n c u l a r e s con los niños, que permitieran evaluar capacidad de ejercer en
esos momentos, alguna modalidad de acercamiento maternal.

Pareciera tornarse claro que el reclamo de los hijos biológicos, más que en
un genuino deseo de ejercicio de lo maternal, se basaba en situaciones competi-
tivas y ambiguas del vínculo de ambas jóvenes con Celina, así como de la eclo-
sión de situaciones críticas en la relación consigo mismas.

Otro dato que corroboraba la mayor solidez del vínculo de Celina con los
menores, era su disposición a seguir favoreciendo el encuentro de Ana e Inés
con los niños, si el Tribunal decidiera no quitarle a ella la guarda de Laura y
Braulio, así como sostener firmemente el vínculo con los niños, si fueran res-
tituidos a las madres biológicas.

Ana por el contrario, se oponía a todo encuentro de Celina con Laura, e Inés
si bien no se oponía, se sentía incapaz de enfrentar esa situación.

Por el momento y con el carácter de provisoriedad de todo lo nuevo, po-


demos decir que sólo la evaluación rigurosa de cada situación singular, permite
dar respuestas claras y desideologizadas.

En capítulos anteriores, mostramos otras situaciones donde la focalización


en el discurso de una sola de las partes, impedía la evaluación de la compleji-
dad de una trama vincular. En este caso, directamente se desestimó de ante-
mano la posibilidad de que Celina, por quedar cercada por su condición de
transexual, pudiera ser más apta que las madres biológicas para ofrecer a estos
niños un contexto familiar donde vivir, crecer y autonomizarse.

Así también nos parece importante señalar, que a los que trabajamos en el
campo de la Psicología Forense, un tema como el planteado en este capítulo,
exige renovados esfuerzos de construcción interdisciplinaria con los jueces y
equipo jurídico, a los efectos de evitar lecturas defensivas y unilaterales, que
desde lo ideológico obturan la percepción y captación, de los procesos centrales
que se juegan en los vínculos materno-filiales.
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