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ENSEÑAR ES LA MEJOR FORMA DE APRENDER.

TE EXPLICAMOS LA
PIRÁMIDE DE GLASSER

El psiquiatra William Glasser desarrolló una serie de experimentos para


saber bajo qué técnicas se consolida mejor el aprendizaje de una determinada
materia. La que mejor resultado dio fue tener que enseñar dicho contenido.
Se suele concebir que para llegar a impartir un conocimiento a otras
personas, es indispensable dar el paso previo de alcanzar el nivel de maestría
en dicha materia. De esa forma, uno se asegura conocer al detalle el tema y
poder resolver cualquier tipo de duda que le surja al alumnado, aunque esta se
salga de lo que estrictamente marque el temario, así como saber resolver
cualquier contingencia.
No obstante, los últimos estudios recomiendan no tomar una postura
tan extremista ante este tema, ya que precisamente enseñar parece ser la
herramienta más adecuada y el camino más eficiente para alcanzar dicha
maestría. Así lo expuso el psiquiatra norteamericano William Glasser (1925-
2013), quien estudió la cantidad de aprendizaje que queda fijada en una
persona dependiendo de la forma en el que esta información llegó a él y la
actividad realizada sobre la misma, dónde aquellos individuos que tenían que
impartir una determinada materia mostraban retener el 95% de la
información, porcentaje muy significativo en comparación con las demás
técnicas analizadas, todas ellas situadas en lo que denominó la "Pirámide del
Aprendizaje", las cuales se desglosarán en el presente artículo.

William Glasser
(izquierda) y su
pirámide del
aprendizaje (derecha)

Antes de ello, cabe destacar que “aprender” y “memorizar” son


procesos distintos, aunque se confunden comúnmente. Ambos consisten en
fijar un contenido en la memoria, pero mientras que el segundo se basa
únicamente en la capacidad para recuperar un determinado dato (lo que
alguien dijo o hizo, aquello que sucedió en un determinado momento), el
primero supone comprender el significado y la explicación de un determinado
hecho o proceso.

Escuchar (5%)
Esta es la actividad que peor resultado proporciona debido a ser la más
pasiva. Limitarse a escuchar una explicación no requiere necesariamente ni
comprensión ni análisis de la información, ni mucho menos experimentar o
practicar sobre el contenido, por lo que es fácil que el cerebro considere esta
información poco relevante y cueste encontrar claves para recuperarla de la
Memoria a Largo Plazo.
El esfuerzo que haga el alumno
no deja de ser vital en el proceso de
aprendizaje.
Curiosamente en la actividad que
se produce dentro de un aula, la escucha
pasiva es el método al que más
comúnmente se somete al alumnado, lo
cual se conoce como “clases
magistrales”. Este método de
enseñanza no deja de ser recomendado
en los colegios, ya que implica también la aplicación de ciertas normas sociales
(guardar silencio mientras el profesor expone) que son muy positivas para su
desarrollo. No obstante, estos resultados ponen en evidencia la
importancia de animar al alumno a ser parte activa de este proceso, a
través de la exposición de dudas o siendo cuestionado sobre la materia
después de que esta sea impartida.

Leer (10%)
Existe un refrán que dice que “quien disfruta leyendo aprende sin
querer”. No obstante, el mero hecho de practicar la lectura tampoco parece
tener una incidencia sobre la retención de información. La participación activa
que se ha de realizar parece explicar que sea una técnica que aporta mayores
resultados que la escucha, pero al igual que esta última, no será eficaz si no es
reforzada posteriormente.
Cabe destacar igualmente que
hay personas con distintas habilidades
lectoras y que la comprensión lectora
puede ser entrenada para que produzca
mejores resultados.

Métodos audiovisuales (20%)


La visualización de documentales
o vídeos tutoriales tiene una mayor
incidencia sobre el aprendizaje, ya que son más numerosos los componentes
atencionales y cognitivos que ha de activar el alumno, además de proporcionar
una estimulación más atractiva. Sin embargo, como en las dos técnicas
anteriores, se muestran los efectos de no hacer un procesamiento activo de la
información entrante.

Demostrar (30%)
Una cosa es una prueba de fe y otra
muy distinta la evidencia. Cuando un
alumno, no solo tiene que memorizar un
dato, sino además comprobar su veracidad,
comienza a realizar un procesamiento activo
y a practicar sobre el mismo.
Posiblemente esto es más difícil de
ver en ciencias sociales, sin embargo, en
materias como matemática o química, es
más común que los alumnos, además de memorizar la fórmula, tengan que
emplearla para comprobar que esta es veraz.
Esta técnica no solo funciona cuando es el propio alumno realiza la
tarea, sino también a través del aprendizaje vicario cuando contempla a un
experto realizar un ejemplo práctico.

Argumentar (50%)
La argumentación tiene un componente añadido a la mera exposición,
ya que no se pretende que el alumno crea ciegamente en lo expuesto, sino que
se le pretende convencer a través de la lógica, lo cual no solo supone
proporcionar una explicación más detallada de lo expuesto, sino quizá hacerlo
desde distintos ángulos y tratar de resolver dudas que surjan durante el
proceso.
Un método que acostumbra a ser muy efectivo es solicitar al alumno
que busque argumentos tanto en contra, como a favor de lo expuesto.

Practicar (75%)
Resulta evidente que cuando una persona aprende un proceso, lo
comprenderá mejor e incluso lo mejorará si sigue practicando ese proceso.
Poner en práctica el concepto aprendido supone tratar de recuperar la
información teórica adquirida, relacionarlo con los objetos reales, encontrarse
distintas variables y contingencias, quizás no expuestas en la exposición
teórica y tratar de resolverlas. Todo ello participa en alcanzar la maestría en
una determinada materia.
Realizar este tipo de prácticas en grupo es todavía más recomendable,
puesto que los integrantes pueden debatir, acercar posturas y resolver los
problemas conjuntamente.

Enseñar a otros (95%)


Ejercer de profesor (de forma eficiente) requiere no solo alcanzar una
perfecta comprensión de la materia, así como la búsqueda activa del
vocabulario y la estructura más adecuada para que esta pueda ser
comprendida para el alumno, además de ser capaz de resolver dudas y
demostrar sus argumentaciones. Por todo ello supone el mayor procesamiento
de la información y se traduce en un mejor aprendizaje.
Probablemente, la persona que está
enseñando pudo adquirir uno de los contenidos
de una determinada información o proceso sin
que ello le supusiera un reto, mientras que otros
le resultasen más difíciles. Sin embargo, a su
alumno podría sucederle justo lo contrario, lo
que obligará al profesor detenerse mucho más
en ese fragmento de la materia, lo que le llevará
a comprenderlo aún mejor.
Como consecuencia de estos descubrimientos suele ser una práctica
muy recomendable animar a los alumnos a que expongan el temario al resto de
sus compañeros, que traten de poner en práctica lo aprendido fuera del entorno
del aula y, una vez que sean profesionales de cualquier área, no solo sigan una
formación continua, sino además, que aprovechen cualquier oportunidad para
compartir sus conocimientos.