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TEMA 11 .

TEATRO ESPAÑOL DESDE LA POSGUERRA HASTA LA ACTUALIDAD

1.- MARCO HISTÓRICO

Dos grandes épocas pueden establecerse en este extenso periodo:

■ LA POSGUERRA Y DICTADURA FRANQUISTA (1939-1975): La Guerra Civil (1936 –1939), el comienzo de la dictadura
franquista (1940-1975) y el exilio de muchos intelectuales españoles cortaron la evolución natural de la literatura española que se
hallaba en la llamada Edad de Plata y la sumieron en un profundo aislamiento, vigilado además por la censura. Este periodo suele
analizarse por etapas que corresponden a grandes rasgos con décadas.

● La inmediata posguerra (1940-1950) se caracterizó por la falta de libertad y por una sociedad cercada por la miseria y el
hambre. En esta situación la literatura tomó los dos caminos posibles:

- LITERATURA ARRAIGADA, la cual aprobaba el régimen político y se sentía triunfadora. Se trata de una literatura que
canta las alabanzas del régimen o bien es costumbrista y evasiva.
- LITERATURA DESARRAIGADA, que refleja la desesperanza del presente y del futuro y es de carácter existencialista.

● La literatura de los años 50 fue de carácter realista y social, aunque muy vigilada por la censura.

● En los años 60, coincidiendo con una sensible apertura del gobierno franquista, se da en literatura una etapa experimental y
vanguardista.

■ EL PERIODO DEMOCRÁTICO, subdividido a su vez en dos etapas:

- LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA (1975-1982): Se trata de unos años duros y difíciles que comienzan con la muerte de Franco,
la instauración de la monarquía, la legalización de partidos políticos, la aprobación de la Constitución Española de 1978, las
primeras elecciones generales, los estatutos de autonomía, etc. Esta etapa, de grandes dificultades sociales y políticas y con la
amenaza constante del terrorismo culmina en el Golpe de Estado de 1981 y la posterior victoria del PSOE en 1982.

- 1982-HOY: Desde el 82 hasta nuestros días la vida política del país viene marcada por la alternancia entre los partidos políticos, la
progresiva estabilidad política, la incorporación a los órganos supranacionales como la Comunidad Económica Europea, la entrada
del euro como moneda común, etc. Por desgracia, aún sigue vigente la amenaza terrorista histórica de ETA y en los últimos años la
de origen radical islamista. En esta etapa se producen diversas tendencias literarias que analizaremos, marcadas generalmente por
una vuelta al realismo.

2.- AÑOS 40. TEATRO CONTINUISTA Y TEATRO DE HUMOR

Al terminar la Guerra Civil, el teatro español había perdido a sus mejores dramaturgos (García Lorca, Valle Inclán), y otros
muchos se vieron obligados a ir al exilio. Si la posguerra fue muy perjudicial para la poesía y la novela, fue peor para el teatro, ya
que este género tuvo que luchar contra una doble censura, la del propio texto y la de la representación, ya que los empresarios se
negaban a representar obras de crítica social por miedo a que les cerraran el teatro.

De esta manera, en los años 40, no pudo llegar la influencia de la renovación teatral europea. Aislado, el teatro de la época
tomó una doble dirección:

1º.- Un Teatro Continuista o burgués, cuyo objetivo era entretener a la clase media urbana con comedias blandas o dramas
históricos, con temas como enredos amorosos, infidelidades, el honor y la honra. Eran comedias de evasión para un público burgués
y acomodado. Sus autores representativos son: José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo y Luca de Tena.

2º.- Un Teatro Cómico, que buscaba la risa complaciente del público, no comprometido, que criticaba levemente las
costumbres de la burguesía sin atacarlas violentamente. Podemos destacar a Enrique Jardiel Poncela con su obra Eloisa está debajo
de un almendro, Edgar Nevile y Miguel Mihura, autor de Tres sombreros de copa. Estos autores renovaron el Teatro Cómico de la
época introduciendo grandes dosis de absurdo. Con ello consiguieron además criticar la moral de la burguesía tras una sonrisa
velada. El Teatro del Absurdo fue un movimiento dramático que se desarrolló principalmente en Francia, Inglaterra y EE.UU.

3.- AÑOS 50. TEATRO EXISTENCIALISTA Y SOCIAL

Como ocurrió en la poesía y la novela, también el teatro de los 50 reflejó las inquietudes sociales y existenciales de la época
mediante una estética realista. A menudo, para evitar la censura, estos dramaturgos utilizaban un lenguaje indirecto y simbólico y
gracias a ello lograron criticar la sociedad de su época con un lenguaje fácil de entender, que imitaba el habla coloquial de la calle.

Se consideran dos vías: el teatro existencialista, formado por un conjunto de obras que representan los conflictos vitales y
existenciales del ser humano y el teatro social, que puso de manifiesto la falta de libertad, las desigualdades y la injusticia social, la
hipocresía del régimen que ocultaba la realidad, la falsa moral de la clase dominante e incluso la explotación de la clase obrera.

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Estas obras de carácter crítico aparecieron por tres razones: la demanda intelectual de que el teatro regresara a la realidad
reflejando los problemas reales del momento, la incorporación de un público joven y universitario que criticaba la situación histórica
que vivía España y una cierta relajación de la censura que permitió el estreno de estas obras políticamente comprometidas.

Los autores más destacados fueron: Antonio Buero Vallejo con Historia de una escalera, El concierto de San Ovidio y El
tragaluz, es el representante del planteamiento posibilista, situado en la corriente existencialista, pues introduce la crítica social de
forma indirecta, no explícita para burlar la censura, y Alfonso Sastre con Escuadra hacia la muerte, La mordaza y La taberna
fantástica, es el representante del planteamiento radical que introduce la denuncia social de forma explícita. Otros autores
destacados fueron Lauro Olmo, José Mª Rodríguez Méndez, José Martín Recuerda y Antonio Gala...

4.- AÑOS 60. EL TEATRO EXPERIMENTAL

Poco a poco la influencia del Teatro Vanguardista europeo de los años 30, 40, 50 llegó a los escenarios españoles. Hacia
mediados de los 60 se produce una amplia renovación dramática que afecta a numerosos elementos del espectáculo teatral: desde el
texto hasta la representación y que se pueden sintetizar en los siguientes aspectos:

■ El personaje dramático no es un protagonista identificado, sino un hombre sin rasgos, anónimo, corriente, que puede representar el
poder, la humanidad, la avaricia… Incluso se utilizaban máscaras para ocultar su identidad.
■ La realidad se presenta deformada, con una visión expresionista.
■ La intriga suele estar dispersa o fracturada, de modo que se rompe la representación lineal de la trama.
■ La escenografía se renueva totalmente y ganan importancia los elementos paraverbales (gesto, voz, postura del cuerpo) y
escenográficos (luz, vestuario, maquillaje) y el decorado se reduce a lo mínimo y es frecuente que el escenario esté vacío.
■ Aparecen algunos tendencias dramáticas como el teatro de la crueldad, el teatro del absurdo, el metateatro (teatro sobre teatro) y el
living teather.

Sin embargo tres peligros se ciernen sobre este tipo de teatro: es abstracto y difícil de interpretar; a lo que se añade la anulación
de los personajes como caracteres y la complejidad del lenguaje utilizado y además en muchas ocasiones no hay tensión ni conflicto
dramático lo que lleva a la monotonía.

Esta etapa de renovación del teatro al final del franquismo se produjo por la actividad de las Compañías de Teatro
Independiente que entendían el teatro como un espectáculo que no se limitaba al patio de butacas y al escenario, sino que se
extiende a la calle y que pretendía conseguir la participación o interactuación del público. Algunos de estos grupos fueron Tábano,
Los Goliardos, Teatro experimental independiente…, incluso algunos han llegado a nuestros días como Els Joglars, Els Comediants
o La cuadra de Sevilla. Entre los dramaturgos más destacados tenemos a Francisco Nieva creador del Teatro furioso y el Teatro de
farsa y calamidad con obras como La Carroza de plomo candente y Malditas sean Coronada y su hijas; y Fernando Arrabal, creador
del Teatro pánico, con su obra El cementerio de coches. También en esta línea se encuadra Manuel Martínez Mediero con obras
como El bebé furioso y las hermanas de búfalo Bill.

5.- LA TRANSICIÓN Y LA LLEGADA DE LA DEMOCRACIA: EL TEATRO ACTUAL, LA VUELTA AL REALISMO


Y TENDENCIAS DIVERSAS (Teatro contemporáneo)

Tras el Experimentalismo de los años 60 y 70, todos los géneros literarios vuelven la vista a la tradición y esto sucede también
en el teatro. Los nuevos autores dramáticos se inclinan hacia la comedia realista, bien construida y que desarrolla temas de
actualidad: la droga, la delincuencia, los conflictos amorosos, la corrupción política, el nuevo rol de la mujer… casi siempre con un
matriz irónico y humorístico. Se abandona toda experimentación y se busca contar historias actuales, bien planeadas, con tensión
dramática y con personajes bien caracterizados, que resulten reconocibles para el espectador. Se trata de llevar al escenario el
mundo en el que vivimos.

Quizás el autor más destacado sea José Luis Alonso de Santos con obras como: La estanquera de Vallecas o Bajarse al moro.
También Las bicicletas son para el verano Fernando Fernán Gómez es una obra interesante por sus temas actuales: la Guerra civil y
las experiencias vividas en el conflicto por personajes cotidianos y sus consecuencias. También destacan otros autores, como José
Sanchís Sinistierra con ¡Ay Camela!, Fermín Cabal, Paloma Pedrero, Carmen Resino, Juan Mayorga, Alfredo Sanzol, Ignacio
García Mai y los extremeños Miguel Murillo, Jorge Márquez y Juan Copete que con Soliloquio de Grillos, retoma la Guerra Civil
desde la perspectiva de la llamada recuperación de la memoria histórica.

Después de la Dictadura, se produjeron algunos cambios en los escenarios españoles como la recuperación de los autores
clásicos y autores censurados durante el franquismo, la creación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico centrada en revitalizar
las obras de autores del Siglo de Oro, la consolidación de algunas compañías de Teatro independiente de los 70, la proliferación de
compañías de aficionados y la aparición de nuevas compañías de teatro, la presencia de espectáculos en la calle y la alta calidad de
algunos festivales dramáticos como los del teatro clásico de Mérida y Almagro.

En la década de los 80 y 90 se produjo una paulatina desaparición de los autores teatrales, debido no solamente a la
competencia del cine, sino porque los empresarios privados no se arriesgan con obras de autores noveles y a que la mayoría de los
teatros públicos prefieren representar obras de autores clásicos para proteger y difundir nuestra cultura literaria. Sin embargo en
estas primeras décadas del siglo XXI, el teatro parece renacer con textos de calidad y con el reconocimiento de algunos autores.
Destacan Juan Mayorga, Laia Ripoll, Alfredo Sanzol y Jordi Galcerán.
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