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Lluvias de bendición - 01
“No más condenación”
Pastor Erich Engler

Coincidiendo con el inicio de este nuevo año 2019, deseo dar comienzo a una nueva serie
que he dado en titular “Lluvias de bendición”.

En este nuevo año, el Señor habrá de derramar abundantes bendiciones sobre nosotros. Por
lo tanto, nuestra tarea es, preparar nuestros recipientes para que estén en condiciones de
recibir la avalancha de bendiciones que se avecina.

El domingo pasado, el último del año 2018, el pastor Joseph Prince compartió con su Iglesia
en Singapur las palabras que voy a citar textualmente a continuación acerca de una visión
que recibió en su espíritu. Debido a que él es mi pastor, estas palabras son válidas para
nosotros también. Él dijo:

“El año 2018 ha sido un año maravilloso en cuanto a lo que a la gracia divina respecta. Es
posible que hayamos tenido que pasar por valles pero también hemos experimentado
grandes victorias”.

“Hoy deseo compartir con vosotros un cuadro en relación a la postura del cuerpo de Jesús
en relación al año 2019. Vi a Jesús en visión con sus brazos extendidos sobre nosotros
dispuesto a bendecirnos”.

“Dios tiene muchas cosas buenas preparadas para nosotros para el año 2019, lo cual no se
puede comparar con lo que ha sido hasta ahora. Su mayor deseo es derramar sus
bendiciones sobre nosotros. El Señor tiene un depósito repleto de cosas buenas para
nosotros. Él desea que experimentemos la plenitud y la riqueza de todo lo que tiene
preparado para darnos. Se avecina un tsunami de bendiciones, el cual nos habrá de
alcanzar de una manera u otra y no podremos hacer nada para evitarlo. Pero, lo que sí
podremos hacer, es dejarnos arrasar por él”.

“A lo largo del año 2018 hemos experimentado pequeñas gotas de su gracia, sin embargo,
en el 2019 habremos de recibir lluvias de bendiciones”.

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“Nuestra parte en todo esto, tiene que ver con preparar recipientes más grandes que sean
capaces de contener las bendiciones divinas. Tenemos que prepararnos para crecimiento,
ampliación, y aumento. No vamos a seguir permaneciendo en el mismo nivel en el que
estuvimos hasta ahora”.

En el mundo nos confrontamos permanentemente a cosas negativas, sin embargo, lo que


sucede en el mundo no afecta a la Iglesia, lo que sucede en el mundo no tiene por qué
suceder en la vida de un creyente. Por el contrario, precisamente en la Iglesia, y en la vida
del creyente en particular, debería suceder exactamente lo opuesto a lo que sucede en el
mundo.

El mundo y la Iglesia son absolutamente incompatibles entre sí. La Iglesia se maneja con
otras reglas y/o leyes, las cuales son las leyes celestiales.

Es de vital importancia que entendamos esto, pues, a menudo, nos adaptamos al sistema
económico del mundo y medimos nuestro bienestar de acuerdo a sus parámetros. Sin
embargo, no debemos depender de la manera en que el mundo maneja la economía, pues,
el reino de Dios funciona de otra manera y se rige por reglas espirituales.

Sólo bendiciones

Jesús cargó con la maldición de la ley para que ahora nosotros, podamos disfrutar sus
bendiciones.

El cuerpo de Jesús fue maltratado por medio de manos humanas para que nosotros hoy
podamos disfrutar las bendiciones que provienen de la mano de Dios. Fueron las manos
humanas las que castigaron, apresaron, flagelaron, destrozaron, y finalmente crucificaron a
Jesús. Sin embargo, es la mano divina la que ahora está preparada para bendecirnos.

Hay algo muy importante que debemos entender, y es que Jesús, quien en la actualidad
tiene un cuerpo espiritual, es igualmente de poderoso como cuando estaba sobre la tierra
con un cuerpo humano. No hay ninguna diferencia entre el Jesús terrenal y el celestial.

En la actualidad, Jesús está sentado a la diestra del Padre e intercede por nosotros como
nuestro abogado defensor. Pero, además, hace algo que es sumamente importante también.

Ustedes, pues, son herederos de los profetas y del pacto que Dios estableció con nuestros
antepasados al decirle a Abraham: “Todos los pueblos del mundo serán bendecidos por
medio de tu descendencia”. “Cuando Dios resucitó a su siervo, lo envió primero a ustedes
para darles la bendición de que cada uno se convierta de sus maldades”. Hechos 3: 25 y 26
(NVI)

Cabe recordar que la palabra descendencia es sinónimo de simiente, y dicha simiente es


Cristo.

Jesús vino a este mundo para bendecirnos, y es tan poderoso en la actualidad en el cielo
como lo era mientras estaba sobre la tierra hace más de 2000 años atrás. Jesús vino al
mundo para traer la bendición divina al ser humano, y eso es lo que hace también ahora:
nos bendice. ¡Jesús siempre está presto a bendecirnos!

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Dios envió a su siervo Jesucristo con el propósito de bendecirnos. La bendición de Abraham
se hizo extensiva hacia nosotros, pues, somos la simiente en Cristo. Jesús está preparado
para bendecirnos en este nuevo año que comienza. Por tal razón, debemos ampliar nuestros
recipientes para que puedan contener tanta bendición.

Permíteme mostrarte ahora 5 aspectos por medio de los cuales puedes tener la plena
seguridad que Jesús sólo desea bendecirte. Tú puedes tener toda la seguridad de que Él
sólo desea bendecirte porque, no hay más condenación para el creyente.

No existe ningún tipo de condenación para aquellos que están en Cristo, eso se acabó de
una vez y para siempre. Por tal razón, el sólo desea bendecir a sus hijos. La condenación,
en cualquiera de sus formas, pertenece al pasado. Ahora solo hay bendición.

1- Ni Dios el Padre, ni su Hijo Jesucristo, ni el Espíritu Santo nos condenan

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Romanos 8:1 (RV60)

Es interesante notar, que el original griego utiliza el término OUDEIS para expresar la
palabra que en español se traduce como “ninguna”. En el idioma griego existen diferentes
escalas para expresar negación, de las cuales, el término OUDEIS es una de los más altas.

Teniendo en cuenta el grado superlativo de negación que expresa esta palabra, podríamos
traducirla no sólo como “ninguna” sino más exactamente cómo “absolutamente ninguna”, o
incluso “ni siquiera una sola”.

Jesús cargó con toda la condenación y el castigo que nosotros nos merecíamos para que
podamos vivir libres de culpa. El profeta Isaías nos dice que Jesús fue herido por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue puesto sobre Él, y
por su llaga fuimos nosotros curados. Esto lo encontramos en Isaías 53.

El castigo por el pecado fue puesto sobre Jesús, y no sobre nosotros. ¿Por qué castigó Dios
a Jesús si es que todavía podría o desearía castigarnos a nosotros? Esto no tiene ningún
sentido ¿verdad?

Hay muchos creyentes que viven una vida cristiana relativamente buena, en la cual la
Palabra de Dios produce sus resultados, y reciben cada vez más revelación sobre la gracia
divina… pero, así y todo, si no están completamente seguros que para ellos no hay más
condenación, el enemigo siempre habrá de encontrar una fisura por la cual infiltrarse en sus
vidas.

Dicho de otra manera, si estamos 99,9 % seguros que para nosotros no hay más
condenación, pero tenemos sólo un 1 % de duda acerca de ello, nuestra seguridad no es
completa. Podríamos aducir que, al fin y al cabo, este es un porcentaje sumamente ínfimo y
que casi ni se nota, pues, salvo ese pequeñísimo 1% estamos “casi” completamente
seguros. A veces es que hasta nos conformamos con ese 1% de inseguridad ya que, en la
totalidad del perdón que hemos recibido, este pequeño porcentaje pasa casi desapercibido.
El mismo diablo nos susurra al oído que esa pequeña duda puede pasar casi inadvertida y
nosotros creemos su mentira.

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Permíteme decirte que dicha ecuación, 99,9% de seguridad con 1% de duda, no representa
la absoluta verdad de lo que realmente es la gracia divina. Esto es, nada más ni nada
menos, que una mixtura.

Sería lo mismo que si tenemos un vaso con Coca-Cola y le añadiéramos sólo una gota de
leche, la Coca-Cola dejaría de ser lo que es ¿verdad? Esta única gota de leche cambiaría
radicalmente el aspecto, el gusto, y la consistencia de la Coca-Cola y se transformaría en
una mixtura extraña. Lo mismo sucede con la mezcla de 99,9% de seguridad con 1% de
duda.

Casi que puedo oír lo que estás pensando: “estoy de acuerdo contigo pastor, sin embargo, la
Biblia dice aquí que esto es para aquellos que no andan conforme a la carne, sino conforme
al Espíritu. Por lo tanto, creo que esto es válido solamente para aquellos momentos cuando
vivo, hablo, actúo, y me siento espiritual, pero, tan pronto como actúe o hable según la
carne, las cosas habrán de cambiar completamente y volveré a sentir algo de condenación”.

¿Sabías que esta última parte del versículo no aparece en el original griego?

De hecho, en muchas de las traducciones al español, esta segunda parte ni aparece.


Ejemplo de ello son la NVI, BLA entre otras varias más.

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús. (NVI
1984)

Ahora bien, esta condenación ya no existe para los que viven en Cristo Jesús. (BLA)

Aquí aparece la traducción literal del original sin agregado de la segunda frase y culmina con
un punto que indica el final del enunciado.

La última frase fue añadida al original algún tiempo más tarde. Por lo tanto, esta verdad debe
ser tomada textualmente tal y como está escrita. No hay ningún tipo de condenación para los
que están en Cristo, ¡punto y basta! independientemente si andamos en la carne o conforme
al Espíritu.

Podríamos argumentar bastante acerca de lo que significa andar en la carne o vivir conforme
al Espíritu, pero, permíteme decirte que vivir conforme al Espíritu es, nada más ni nada
menos, que mirar hacia Jesús y su obra hecha en la cruz a nuestro favor, mientras que
andar en la carne significa estar basado en el propio esfuerzo humano.

2- No necesitamos cargar con ningún sentimiento de culpa cuando hemos pecado

En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él: que
aunque nuestro corazón nos condene, Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe
todo. Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos confianza delante de Dios.
1 Juan: 3: 19-21 (NVI)

Dentro de este contexto el término corazón es sinónimo de conciencia.

Aunque tú puedas argumentar que los sentimientos de culpa son positivos en este caso,
permíteme mostrarte lo que dice la Palabra de Dios al respecto. Dios no desea que nos

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atormentemos con sentimientos de culpa, pues, estos son los causantes principales de la
extinción de la fe en nuestras vidas.

La condenación, la culpa, la vergüenza, y los pensamientos de autocastigo son los


responsables principales de la extinción de la fe en nuestros corazones.

Tú puedes argumentar ahora: “bueno, pero cuando me asaltan esos sentimientos de culpa
tendría que hablar con Él al respecto ¿verdad?”

Sí, por supuesto que lo puedes hacer, es más, Él está esperando que derrames tu corazón
delante de su presencia cuando te sientes agobiado, pero, Él no te va a condenar ni culpar,
sino que te va a otorgar libertad.

Cuando nos sentimos culpables por algo, automáticamente estamos esperando ser
castigados por eso. Si nos sentimos culpables, pensamos que no somos suficientemente
buenos y por eso, nos predisponemos automáticamente para recibir el castigo.

Y aunque parezca exagerado lo que voy a decir, esto no es ni más ni menos que lo que
antes era denominado como “absolución sacramental” y esto no es una exclusividad de
determinada corriente religiosa, sino que este tipo de mecanismo, con alguna que otra
variación, se extiende por todas partes hasta nuestros días.

Existen infinidad de formas y fórmulas diferentes de practicar la absolución. Sin embargo, lo


que acabamos de leer en la Palabra de Dios es la absolución por excelencia, Dios es más
grande que las acusaciones de nuestro corazón y/o conciencias. Si estamos esperando
castigo no estamos esperando bendición.

Todo aquel que espera ser castigado, que acarrea sobre sí mismo sentimientos de culpa y
de condenación, no puede predisponerse de ninguna manera para recibir las bendiciones
que provienen del favor divino. Jesús vino al mundo para bendecir al ser humano y no para
condenarlo.

Cuando nos despojamos de los sentimientos de culpa, nos acercamos a la presencia de


Dios con mayor valentía y confianza, crecemos en la fe y estamos preparados y dispuestos
para recibir la avalancha de bendiciones que provienen de su presencia.

3- Bienaventurado o dichoso es aquel que no se condena a sí mismo

La fe que tienes, guárdala para ti mismo delante de Dios. ¡Dichoso aquel que usa de su
libertad sin cargos de conciencia! Pero el que no está seguro de si debe o no debe comer
algo, se hace culpable al comerlo porque no lo come con la convicción que da la fe; y todo lo
que no se hace con la convicción que da la fe, es pecado. Romanos 14: 22 y 23 (DHH 2002)

El contexto tiene que ver aquí con el asunto de si está bien comer carne o no.

Uno dice que está bien y el otro dice que está mal, pero, Pablo dice que es dichosa la
persona que come carne sin tener mala conciencia. Por otra parte, aquel que decide no
comer carne e ingerir sólo verdura, también está bien mientras lo haga sin tener cargo de
conciencia por eso. Lo importante es que cada uno haga uso de su libertad para decidir sin

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cargarse con sentimientos de culpa, pues, de esa manera, la persona es feliz y disfruta de lo
que hace.

Este consejo del apóstol Pablo puede ser aplicado también de manera general. Dichosa es
la persona que usa su libertad de elección sin cargos de conciencia, y que al mismo tiempo,
está abierta para evaluar las cosas en forma coherente y racional.

Liberarse de condenación o cargo de conciencia no equivale a ponerse orgulloso y no


permitir ser corregido. Por el contrario, la persona debe mantenerse abierta para recibir
corrección si es necesaria, pero así y todo, no tener cargos de conciencia.

Cada duda trae condenación y culpa consigo.

En el ámbito cristiano es muy popular pensar que la duda forma parte de la vida cristiana,
pero en realidad no es así. Es posible alcanzar un nivel de seguridad, de plena confianza, y
libre de toda duda. Cuando nos liberamos de las dudas también nos liberamos de la
condenación y la culpa.

La última frase de este versículo es problemática para muchos cristianos pues dice que lo
que no proviene de la fe es pecado.

A decir verdad, todos nosotros hemos tenido dudas alguna vez ¿no es cierto?

Precisamente aquí es cuando debemos mantener la calma y no llenarnos de culpa y


condenación por haber dudado. Es más, es bastante probable que volvamos a dudar
nuevamente alguna vez.

Sin embargo, lo maravilloso es que cuando no nos condenamos a nosotros mismos nuestra
fe se acrecienta y aumenta nuestra valentía.

La clave para una vida cristiana victoriosa consiste en despojarse de todo tipo de
condenación y sentimiento de culpa.

4- Donde no hay condenación el enemigo no nos puede culpar

Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos han
ofendido. Y no nos expongas a la tentación, sino líbranos del maligno. Mateo 6: 12 y 13
(DHH 2002)

Cuando estamos libres de condenación y de sentimientos de culpa el diablo no puede


atacarnos más con acusaciones y reproches y jugar con nosotros al gato y al ratón. A veces,
pareciera que el diablo siempre nos anda persiguiendo para devorarnos y escapamos de sus
garras como por milagro ¿verdad?

Pero en realidad esto no debería ser así, como si fuera el juego de Tom y Jerry.

Precisamente cuando no hay condenación, el enemigo no nos puede reprochar


absolutamente nada. Cuando dejamos de condenarnos a nosotros mismos, el diablo pierde
el derecho a echarnos la culpa por algo. Cuando nos despojamos de la culpa y la
condenación le impedimos al enemigo ganar terreno en nuestra vida.

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Esta es la razón de la última parte de la oración del Padre Nuestro, tan conocida por todos
nosotros.

Donde no existe la condenación tampoco hay lugar para el reproche. Cuando sabemos que
Dios no nos condena, y cuando dejamos de condenarnos a nosotros mismos, el diablo
pierde el derecho a echarnos la culpa por algo.

En esta oración que pronunció Jesús es abordado el tema de la culpa, porque son
precisamente los sentimientos de culpa y condenación los que nos hacen alejar de Dios.
Cuando nos sentimos culpables nos distanciamos de Dios, pues pensamos que Él es
demasiado santo y nosotros demasiado culpables, por lo tanto, debería existir un juicio entre
ambos.

Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían.
Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos.
Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. Al ver esto,
Simón Pedro se puso de rodillas delante de Jesús y le dijo: ¡Apártate de mí, Señor, porque
soy un pecador! Lucas 5: 6 al 8 (DHH 2002)

Pedro experimenta un tremendo milagro divino, es el día de trabajo más exitoso que había
tenido hasta ese momento, sin embargo, sus sentimientos de culpa no le permiten alabar y
glorificar al Señor por ello. En lugar de eso, se postra de rodillas y le pide a Jesús que se
aparte de él porque se siente un indigno pecador. La culpa y la condenación nos hacen
tomar distancia de nuestro Dios.

Este es el comienzo de la historia de Pedro, pero la misma tiene un final maravilloso pues él
se convierte en un seguidor de Jesús. Es precisamente Pedro, quien, dejando todo de lado,
se atreve a caminar sobre el agua para ir a donde está Jesús.

Nuestra vida cristiana comienza generalmente con sentimientos de culpa y de condenación,


pero no debería terminar de esa manera. En realidad, deberíamos despojarnos lo más
pronto posible de todo sentimiento de culpa y de condenación para poder seguir libremente
a Jesús y recibir todas las bendiciones que Él tiene para darnos.

5- Jesús ni siquiera condenó a la mujer que había caído en adulterio

Jesús se enderezó y le preguntó: –Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?


Contestó ella: –Ninguno, Señor. Jesús le dijo: –Tampoco yo te condeno. Vete y no vuelvas a
pecar. Juan 8: 10 y 11 (DHH 2002)

Esta es una de las historias más conocidas de toda la Biblia. Se trata de la mujer que fue
hallada en el mismo acto del adulterio. Ella es llevada delante de los escribas y fariseos para
ser juzgada.

¿Qué es lo primero que le dice Jesús? ¿Le dice primero que no vuelva a pecar para estar en
condiciones entonces de no ser condenada? ¡No, todo lo contrario!

Primero le dice que no la condena y recién después le aconseja que no peque más. Dios no
pone la prioridad sobre la ausencia de los pecados como condición para no condenarnos,

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sino que primero nos extiende su perdón en forma incondicional y eso nos capacita para no
seguir pecando.

Seguramente que si esta mujer hubiera vuelto más tarde a caer en pecado nuevamente,
Jesús le hubiese dicho exactamente lo mismo.

Debemos tener en cuenta que, frente a ella, se encontraba el único que hubiese podido
llegar a condenarla. Todos los demás que la acusaban no tenían ningún derecho a castigarla
porque ellos mismos no estaban exentos de pecado. Sin embargo, el que estaba delante a
ella, quien era el único que hubiese podido hacerlo, quien tenía todo el poder y el derecho de
ejecutar un juicio y castigo debido a que en Él no había absolutamente nada de pecado y era
completamente limpio y puro, no la condena.

Debido a que no hay más condenación para nosotros el cielo está abierto sobre nuestras
cabezas para que podamos recibir todas las bendiciones que Dios tiene para derramar.

Entonces les daré un pastor, mi siervo David, que las apacentará y será su único pastor. Yo,
el SEÑOR, seré su Dios, y mi siervo David será su príncipe. Yo, el SEÑOR, lo he dicho.
Estableceré con ellas un pacto de paz: haré desaparecer del país a las bestias feroces, para
que mis ovejas puedan habitar seguras en el desierto y dormir tranquilas en los bosques.
Haré que ellas y los alrededores de mi colina sean una fuente de bendición. Haré caer
lluvias de bendición en el tiempo oportuno. Ezequiel 34:23 al 26 (NVI)

Este pacto de paz es el nuevo pacto, el pacto de la gracia, que a su vez, se extiende hasta el
milenio. El milenio no es un pacto en sí mismo, sino que entra en el espacio de tiempo que
abarca el nuevo pacto. El pacto de paz es el nuevo pacto.

Cuando el Señor hace una promesa la cumple, por lo tanto, estas lluvias de bendición
comenzarán a caer inmediatamente sobre algunos de nosotros, más tarde sobre otros, y así
sucesivamente hasta alcanzar a todos.

¡En este nuevo año 2019 habrán de caer lluvias de bendición sobre nosotros!

Resumen:

No hay ningún tipo de condenación para aquellos que están en Cristo. Dios desea que
nuestros recipientes estén completamente limpios y libres de toda culpa y condenación para
recibir el cúmulo de bendiciones que tiene para darnos.

Oración:

¡Gracias Jesús por saber que para mí no hay más condenación! ¡Gracias por saber que el
cielo está abierto y que estás dispuesto a enviarme lluvias de bendición! Amén

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