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UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS

Licenciatura en Teología Alumno: Carlos Francisco Gil Batz


Libros históricos y sapienciales San Salvador, 08 de noviembre de 2018

Guardini, R., La sabiduría de los salmos: meditaciones, Desclée de


Brouwer, Bilbao, 2014, 176 pp.

EL AUTOR
Romano Guardini (1885 – 1968) es considerado uno de los teólogos prominentes del siglo
XX. Nació en Verona, Italia, pero poco tiempo después sus padres se mudaron a Alemania,
país en el que vivió casi toda su vida. En 1910 fue ordenado sacerdote en la catedral de
Maguncia. Fue catedrático en las universidades de Bonn, Berlín, Tubinga y Múnich. Con su
pensamiento, influyó en los movimientos que condujeron a las reformas aprobadas por el
Concilio Vaticano II. En 1965 Pablo VI le ofreció el nombramiento cardenalicio, pero lo
rechazó a causa de su estado de salud.

CONTENIDO
La sabiduría de los salmos es un libro que compila las meditaciones del autor en torno a
varios salmos. Ya desde el inicio, el traductor nos advierte que las reflexiones no siguen una
«perspectiva particular, sino que presenta algunos salmos que se han hecho cercanos al autor»
y por ello «no tienen tampoco una intención sistemática» (p. 11).
Así, pues, el texto nos ofrece dieciséis apartados. El primero de ellos es una Nota
preliminar en la que el traductor hace algunas observaciones. El segundo es una especie de
introducción del autor. Luego, se da paso a los otros catorce apartados en los que se meditan
trece salmos.
Puesto que —como ya hemos anotado— las meditaciones de los distintos salmos no
siguen un orden sistemático, entonces, no hay ningún problema en acercarse a ellas según el
interés o necesidad del lector. En efecto, no habría una diferencia significativa en leer primero
la meditación acerca del Salmo 90 (91), es decir la última del texto, o la del Salmo 1, o sea,
la primera que propone el autor1.
Eso sí, antes de adentrarse en las reflexiones sálmicas es necesario detenerse en el epígrafe
introductorio, titulado El espíritu de los salmos. Esto se debe sobre todo a dos razones: en
primer lugar, porque el autor nos proporciona una perspectiva general acerca de los salmos
—origen, temática, el carácter precristiano de sus autores, finalidad, el Dios al que se
dirigen—; en segundo lugar, porque nos encontramos con la pregunta que se pretende
responder con cada meditación: «¿Qué significan los salmos para nosotros, para nuestra
vida?» (p. 14).

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Esto, a pesar de que Guardini se refiere al Salmo 1 como «la puerta de entrada por la que se accede al mundo
de estas poesías».

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Ahora bien, Guardini afirma tajantemente que «Por regla general, los salmos surgen del
sobrecogimiento interior de un ser humano que se dirige a Dios en la oración, sea como
individuo o en comunidad» (p. 15). Entonces, para que los salmos tengan un verdadero
significado en la vida hay que acercarse a ellos con humildad y sin prejuicios, y hay que
hacerlos propios, pero no con una simple lectura o una reflexión acerca de lo que quieren
decir, sino dejándose «introducir en su movimiento hacia Dios», es decir, orar con ellos,
asimilar como propia la oración expresada en cada salmo.
Precisamente, este es el camino que el autor intenta seguir en cada meditación. Su punto
de partida es siempre su propia experiencia (cfr. p. 93) y desde allí desmenuza poco a poco
cada salmo haciendo énfasis en diversos aspectos que le llaman la atención, pero sin perder
de vista su intención de llegar al sentimiento que pudo inspirar la pluma del escritor sagrado.
No obstante, Guardini no siempre sigue un orden unívoco: unas veces comienza analizando
el contexto socio-histórico-cultural en que se escribió el salmo; otras, presenta en primer
lugar el texto sálmico y luego lo analiza; otras, inicia reflexionando sobre algún aspecto
antropológico que el salmo resalta. Además, continuamente enlaza sus reflexiones con algún
punto del Nuevo Testamento. De esta manera recuerda al lector que el hombre del Antiguo
Testamento se encuentra en camino hacia la Revelación y que la sabiduría contenida en los
salmos es perfectamente palpable, sobre todo, en la persona de Jesús.
Finalmente, la mayoría de las veces termina aplicando su reflexión a alguna situación de
la realidad actual, ya de la sociedad, ya de la persona.

VALORACIÓN PERSONAL
Me parece que el libro en general representa una valiosa luz para el lector profano de los
libros sapienciales, especialmente por el análisis del contexto socio-histórico-cultural que el
autor realiza de cada salmo. Además, también resulta de gran ayuda para quien desee
acercarse a la oración sálmica, sobre todo por la libertad que el texto da para leer cada
reflexión de manera independiente y cómo estas mueven al lector a preguntarse sobre su
propia realidad.
Por otra parte, el autor logra que la lectura de su libro sea amena, especialmente a causa
del estilo paternal del que ha impregnado todo el texto. Ciertamente, a lo largo de estas líneas
el lector se siente interpelado por los diversos consejos que emergen en cada párrafo como
de los labios de un padre y el palpable deseo del autor de conducirle al conocimiento de la
verdad a través de compartir su propia experiencia, lo cual es sumamente grato.
Me han llamado fuertemente la atención algunas afirmaciones.
En primer lugar, la que hallamos en una de las últimas páginas de la reflexión acerca del
salmo 113 (114), titulada El Dios viviente, pues me parece que ayuda a entender el
comportamiento de muchas personas religiosas que, aunque puede parecer absurdo, siempre
tiene una razón de fondo:

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«según la índole que tenga lo divino en que el hombre cree, así se hará también él. Y si no cree en
ningún ser divino, entonces lo que determine su interioridad más íntima será esa nada absoluta» (p.
43), y más adelante remata: «el hombre se vuelve como el Dios en el que cree» (p. 45).

En la meditación sobre el tema de la caducidad presente en el salmo 89 (90), Guardini


hace una interesante reflexión sobre la necesaria relación entre sabiduría y amistad, sabiduría
y amor:
«La sabiduría dice: ¡No puedes actuar así! No puedes escoger en una persona, pues en ella todo está
relacionado: hasta en su mejor cualidad se filtra su debilidad más profunda. Si no aceptas por
completo a una persona, la pierdes. Esta aceptación es paciencia. Es de la índole de Dios. Él lo hace
contigo y con cada uno. También tú debes hacerlo de ese modo. Solo entonces se hará permanente tu
amistad» (p. 149).

Por último, me parece sublime la afirmación que el texto ofrece en la p. 158, por el llamado
a la humildad que entraña:
«Se puede decir: confío en que Dios me concederá llegar a ser un cristiano, y esto puede darle a uno
la más honda alegría. Pero no se debe decir: soy cristiano y me está permitido juzgar sobre la
condición cristiana de otros. Siempre estamos de camino».

PREGUNTAS QUE GENERA LA LECTURA


En la p. 20, el autor expresa su deseo de que al leer los salmos:
«nos revelemos a nosotros mismos […] Que no veamos nuestro corazón como querríamos que fuese,
sino como realmente es […] Y que lo llevemos todo ante Dios». Que, a fin de cuentas, sepamos
reconocer: «Odio, deseo el mal a mi enemigo, lo aniquilaría si estuviese dentro de mis posibilidades.
Pero entro en tu presencia, Señor, con todo lo que hay en mí. Tú debes verlo. Tú debes juzgar. Sáname
tú».

Así, este texto hace que me pregunte: ¿Esta actitud puede propiciar que la persona caiga
en el conformismo? Acaso, al pedirle a Dios que él nos sane ¿estamos descargando en él la
responsabilidad que tenemos de transformarnos a nosotros mismos, de tal manera que si Dios
no sana nuestros odios y sentimientos malsanos nos podemos resignar a permanecer así?
¿Espera la persona con esta actitud solamente un cambio que venga de lo alto?

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