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Sigmund Freud.

Enfermedad y muerte en su vida y en su obra (resumen)

La amistad con Fliess. Primera etapa.


Cuando sus síntomas cardíacos se hicieron intensos, Freud no contaba aun treinta y ocho
años. Mantenía a su esposa y a sus cinco hijos, el mayor de ellos nacido en 1887 y el menor
en 1892. Su práctica distaba mucho de estar consolidada, como resultado de lo cual tenía
grandes dificultades en proveer a sus necesidades. Aún quedaban viejas deudas de sus años
estudiantiles desesperadamente pobres, y no contaba con ahorros.

Aislamiento: el genio en busca de una causa


Cuando Freud emprendió el tratamiento de la neurosis, no sólo se estaba exponiendo al
ostracismo, sino que arriesgaba la seguridad económica de su familia.
Bajo estas circunstancias la perspectiva de la enfermedad y dela posible muerte hubiera
colocado a cualquiera bajo una gran tensión, pero en mayor medida a un médico que conocía
muy bien las posibilidades diagnósticas y el pronóstico dudoso de su caso. La carrera más
perturbadora era la comprensión de que se encontraba en el umbral de extraordinarios
descubrimientos y que los mismos no podían precipitarse. En su búsqueda, el factor tiempo
era esencial.
Como tantos otros médicos, no contaba con un colega a quién acudir con plena confianza.
Freud tenía plena confianza en su amigo el Dr. Oskar Rie, pero este era pediatra, no
cardiólogo.
La persona a quien entonces acudió Freud fue Breuer, que si tenía la experiencia y
conocimientos necesarios. Lamentablemente, en ese momento sus caminos comenzaron a
separarse, y Breuer veía a Freud a intervalos irregulares y poco frecuentes.
Fue Fliess quien se convirtió en su médico de confianza, en el "curador", en el "hechicero".
Las cartas de Freud descubren que Fliess "se hizo cargo", afirmando con plena autoridad de
Freud no parecía una miocarditis, sino de hipersensibilidad nicotínica y con este
pronunciamiento le devolvió la vitalidad.
Toda relación íntima entre paciente y médico cuenta con aspectos cuyas raíces y
manifestaciones son similares a la relación de transferencia en la situación analítica. A pesar
de los dolorosos síntomas provocados por su abstinencia del tabaco, a pesar de ser
consciente de los fallos lógicos en el razonamiento de Fliess, su confianza básica y su fe en
Fliess como su "curador" nunca hace tambalearon. Con toda claridad, su corazón mejoraba y
no se producía la progresiva dolencia cardiaca que hubiese implicado el diagnóstico de
Breuer sobre una posible miocarditis.
Durante ese mismo período, la relación de Freud con Breuer se tornó más tensa.
Erns Kirs y Jones se han discutido varios factores que contribuyeron a la relación de Freud
con Fliess. Ambos asocian el desarrollo de esa relación con el creciente extrañamiento entre
Freud y Breuer y con sus cada vez mayores diferencias de opinión.
El mismo Freud relacionó posteriormente los aspectos tanto positivos como negativos y
hostiles de su relación con Fliess, con las experiencias de su primera infancia.
Por la correspondencia con Fliess sabemos la profunda impresión que éste causó en Freud
desde el momento de su primer encuentro:
"abrigo la esperanza de mantener con usted una relación continuada y que la profunda
impresión que usted me ha causado podría fácilmente inducirme a declararle con toda
franqueza en qué categoría de personas debo incluirlo"
Esto ocurría en noviembre de 1887, mucho antes de que el distanciamiento de Freud con
Breuer hubiera comenzado a desarrollarse.
Kris consideraba que un factor adicional importante en la evolución de la amistad entre
Freud y Fliess lo constituía la similitud de su formación intelectual y sus intereses
compartidos por la investigación y la literatura. Debemos suponer que había, además, algo
en la personalidad de Fliess que facilitó (estímulo) esta redacción. Debía haber algo
fascinante y resplandeciente en Fliess.
Freud no era el único que abrigaba estos sentimientos con respecto a Fliess. En un plazo de
tiempo breve, Fliess había desarrollado una amplia práctica médica no limitada a la
otorrinolaringología. Aún más, Fliess desarrollo una hipótesis muy original (según la hipótesis
de Fliess sobre la neurosis nasal refleja, la tumefacción de la mucosa nasal y la patología de
los cornetes y los senos eran responsables de diversos síntomas, como: dolor en casi todas las
partes del cuerpo; migraña, tórax, abdomen, extremidades, etc.; funcionamiento alterado
del corazón, de los órganos respiratorios (que causaba asma), del sistema gastrointestinal y,
finalmente, de los genitales femeninos, provocando dismenorrea, abortos, etc.. Llegado a
ese punto, dio un "salto" lógico al afirmar que las "enfermedades neurasténicas, en otras
palabras, la neurosis con una etiología sexual, asumen con mucha frecuencia la forma de
neurosis nasal refleja"). En virtud de que Fliess creía con vehemencia en sus afirmaciones, y
debido a que los pacientes a quienes trataba con este método sufrió frecuentemente
diversos tipos de psiconeurosis y el tenía una personalidad "magnética", parece ser podía
ayudar en gran medida a sus pacientes, lo que a su vez contribuya a consolidada su firme
convicción de que sus hipótesis eran acertadas.
Cuando Freud conoció Fliess en 1877, a la edad de 31 años, era un "genio en busca de una
causa". Ninguna de las conquistas científicas de Freud era equivalente a la resolución de
algunos de los grandes enigmas de la vida. Siendo un rebelde, Freud menospreciaba a la
"vieja guardia" de la facultad de medicina de la universidad de Viena.
Después de abandonar su trabajo en el laboratorio de Brucke, Freud se convirtió en un
marginado.
Charcot, jefe de la Salpetriere, y Bernheim, congeniaban mucho más con el brillante y
rebelde joven que sus antiguos profesores.
Breuer le había comentado los resultados positivos del tratamiento de Anna O. Freud se
proponía llamar la atención de Charcot sobre su nuevo método, pero este no mostró ningún
interés. En ese momento, Freud estaba profundamente enamorado de su prometida Martha y
fascinado por Charcot, de manera que no prosiguió hasta el fin la idea de Breuer.
A su regreso de Paris, Freud envió, en 1886 un informe a la Sociedad Médica de Viena sobre
los trabajos de Charcot acerca de la histeria, subrayando particularmente la manifestación
de la histeria en hombres. Freud presentó un caso de histeria masculina que despertó una
violenta oposición por parte de Meynert, jefe del Instituto Neurológico, perdiendo así su
último apoyo en una institución académica.
A medida que en su práctica neurológica Freud descubría más psiconeurosis que
enfermedades orgánicas, comenzó a utilizar la hipnosis y, recordó el caso de Breuer. Freud
reconoció su importancia en el tratamiento y comprensión de otro tipo de psiconeurosis.
Freud tropezó con la extraordinaria importancia de la sexualidad en la etiología de las
neurosis, territorio inexplorado por Breuer, su maestro y amigo.
Fue entonces cuando el genio encontró su causa y su destino. En esta época conoció también
a Fliess.
También debió atraerle a Freud el hecho de que Fliess basase toda su hipótesis en el efecto
terapéutico de las aplicaciones locales de cocaína cuya acción anestésica había descubierto
Freud. Freud ya había estudiado sobre los efectos de la cocaína. Fliess vivía en otra ciudad,
de manera que sus (“congresos” como los llamaba Freud) se celebraban en lugares
especialmente elegidos, duraban dos o tres días y, tenían lugar en una atmósfera de la más
profunda concentración intelectual en la que ambos hombres expresaban sus ideas.
Después que Freud encontró su “causa” la correspondencia entre ambos se volvió más
intensa y más íntima.
Freud le enviaba sus ideas a Fliess en borradores que formulaba y reformulaba, estimuló a
Fliess a que publicase su idea de la neurosis nasal refleja e incluso la publicación de un
ensayo en conjunto.
En aquel entonces, Freud estaba muy aislado por la indiferencia y hostilidad de sus colegas
profesionales. Su carta del 21 de Mayo de 1894 decía: “aquí estoy mas bien aislado con mi
explicación sobre la neurosis. Me consideran poco menos que un monomaníaco…”. La
correspondencia y los encuentros con Fliess rompían el aislamiento y ofrecían aliento y
estímulo.
Es lamentable que no se hallan conservado las cartas escritas por Fliess a Freud. Cuando la
viuda de Fliess exigió a Freud que se las devolviese, este no pudo encontrarlas y dijo: “no se
si las he destruido o si solo las escondí ingeniosamente…, nuestra correspondencia era de
naturaleza íntima”. Expresado a Marie Bonaparte en 1937.
Freud era proclive a los cambios de humor –los periodos de entusiasmo e intenso trabajo
alternaba con periodos de depresión.
No obstante, durante el periodo Fliess los determinantes de esos cambios de estado de
ánimo eran mucho más complejos. Dependían en parte del estado físico de Freud.
Podemos decir que la principal reacción de Freud consistía en un estado de ánimo depresivo
que acarreaba pensamientos obsesivos con respecto al tiempo de vida que le quedaba.

Comienzo del autoanálisis


Freud se encontraba en el umbral de extraordinarios descubrimientos. Lo que había
comenzado como un método del tratamiento de la histeria lo envolvió en una búsqueda en la
que gradualmente comprendió que había dado con uno de los grandes misterios de la
naturaleza. Los progresos eran dolorosamente lentos, dependía de sus pacientes. El
autoanálisis sistemático de Freud comenzó en 1897.
Las motivaciones del autoanálisis fueron múltiples: Freud se había dado cuenta de que
tampoco el estaba libre de síntomas neuróticos. Progresivamente fue tomando conciencia de
que ciertos fenómenos que observaba en sus pacientes solo podían ser distorsiones y
exageraciones de fenómenos característicos del funcionamiento psíquico de todos los
hombres. Los pacientes de Freud habían empezado a contarle sus sueños, y el comenzó a
comprender que estos eran significativos. Por tanto, fue un paso lógico que Freud comenzase
a investigar sus propios sueños.
Hubo más motivaciones. Durante el estudio de las manifestaciones psíquicas de sus
pacientes, Freud se dio cuenta de que cada vez que creía haber encontrado la clave de la
evolución de sus síntomas, se veía obligado a reconocer la existencia de otro nivel que
permanecía oculto, y la compunción de las experiencias traumáticas de sus pacientes debían
buscarse en épocas cada vez más tempranas. Comenzó a apreciar gradualmente el poder de
la represión y de la resistencia mucho antes de acuñar estos términos.
El sueño de “La Inyección de Irma”, puede haber constituido su primer análisis sistemático
de los sueños, en el sentido de que estableció las asociaciones de cada elemento del sueño,
y descubrió los modos de funcionamiento del trabajo del sueño. No obstante, un
procedimiento tan sistemático debe haber sido precedido por una larga serie de análisis de
sus propios sueños y de los de sus pacientes.
Sabemos que uno de los ingredientes esenciales de todo análisis es la transferencia. El
analizado establece una relación de carácter muy especial con el analista, que refleja su
intensa relación con importantes figuras del pasado, por ejemplo padres y hermanos. En
consecuencia, una relación de transferencias es esencialmente una repetición del pasado. El
análisis de las manifestaciones de transferencia ofrece claves fundamentales para la
comprensión de impulsos, fantasías, conflictos e incluso acontecimientos reales del pasado.
Podemos distinguir entre fenómenos de transferencia positivos y negativos. El analizado
puede desarrollar intensos sentimientos positivos hacia su analista, que atraviesan toda la
gama de confianza, enamoramiento, fantasías sexuales, sobrevaloración irreal de sus
cualidades, expectativas mágicas sobre el resultado del análisis; por otra parte el analizado
atraviesa también períodos de intenso resentimiento, odio, deseos de muerte y desilusión.
La transferencia es parte esencial del análisis.
La intensa transferencia sexual que manifestó la primer paciente de Breuer hizo que este se
abstuviera de proseguir con su método terapéutico.
Freud era su propio analista y, no obstante, la necesidad esencial de un objeto
transferencial, se manifestó incluso en su autoanálisis y se reflejó en su relación con Fliess.
En un análisis regular, es condición importante para el desarrollo de una transferencia típica
cierta distancia personal entre el analizado y el analista. En este caso, el analista provee las
interpretaciones, incluyendo la transferencia, lo que influye en el curso del análisis. Casi
todo esto fue distinto en el caso de Freud. Era el quien debía proveer las interpretaciones de
mecanismos psicológicos que iba descubriendo en el proceso. No es de extrañar que en
ocasiones se encontrara en un callejón sin salida. El 14 de Noviembre de 1897, por ejemplo,
escribió:”mi autoanálisis sigue interrumpido. Solo puedo analizarme a mi mismo mediante el
conocimiento adquirido objetivamente (como si yo fuese un extraño); el autoanálisis es
imposible, pues de lo contrario no existiría enfermedad”.
Volveré sobre los factores que pueden haber contribuido al desarrollo de la relación Freud
con Fliess.
Los lazos genéticos arraigados en las relaciones infantiles de Freud que se manifestaron en
su relación con Breuer y Charcot; el progresivo distanciamiento de Freud con respecto a
Breuer.
Su aislamiento casi total, tanto social como intelectual; su creciente conciencia de que no
solo había descubierto un nuevo tratamiento para la histeria, sino que estaba a punto de
descubrir una clava de los misterios de la mente humana; la urgente necesidad de encontrar
un alter ego “simpático” que lo escuchase con empatía y comprensión; las cualidades
específicas de la personalidad de Fliess.
El prolongado episodio cardíaco de Freud, durante el cual Fliess asumió gradualmente el
papel de médico de confianza, y de “árbitro” de la vida y la muerte.
¿Qué aspectos de la relación de Freud con Fliess son comparables a la relación de
transferencia de la situación analítica? En primer lugar, la sobrevaloración extrema del
objeto, que dificulta la evaluación crítica de sus cualidades; además, una exagerada
necesidad de aprobación y elogios; la tendencia a negar todo sentimiento negativo; una
alternancia entre sometimiento y el desafío que indican la ambivalencia inevitable en
cualquier análisis regular.
Estos factores (transferenciales) comenzaron a aparecer durante el año 1893.
Es característico de la necesidad de preservar una imagen algo exaltada del analista que se
resienta y se tema, al mismo tiempo, cualquier signo de debilidad. Esto ocurre también en el
caso de enfermedad física del analista y cualquiera que esta sea, es capaz de crear tensión
en la relación de transferencia.
Este fue un elemento muy destacado durante la prolongada etapa introductoria del
autoanálisis de Freud. Al parecer, Fliess sufría de fuertes dolores de cabeza. Por un lado, los
atribuía a la patología de la nariz y de los senos y, por el otro, los relacionaba después de
desarrollar su teoría de la periodicidad, con los “periodos críticos” durante los cuales los
dolores de cabeza podrían reaparecer, con o sin reaparición de la patología nasal.

El episodio de Emma

Freud estaba tratando a Emma, una paciente que sufría de histeria. Le había pedido Fliess
(como en otros casos) que le examinase para detectar cualquier patología de los cornetes y
de los senos nasales que pudieran constituir un factor determinante de sus síntomas
abdominales histéricos. Fliess llegó desde Berlín para operar a Emma en febrero de 1895,
pero no pudo permanecer en Viena el tiempo suficiente para ocuparse de su asistencia post
operatoria.

Después de la operación, la paciente de Freud sufrió dolores persistentes, secreciones


fétidas y algunas hemorragias. En principio, Freud atribuyó sus quejas a la histeria, pero
después de realizar algunos intentos por mejorar el drenaje de la herida, se consultó a un
otorrinolaringólogo quien descubrió que Fliess había dejado, inadvertidamente, una tira de
medio metro de gasa iodada en una cavidad (cavidad que se había producido por la
extracción del cornete y la apertura de un seno). Cuando le fue extraída la gasa, la paciente
sufrió una grave hemorragia y entró en coma durante algunos segundos, hasta que una nueva
compresa restañó el flujo de sangre. Freud, que estaba presente en ese momento, se sintió
enfermo y tuvo que abandonar el lugar; se recuperó después de beber un poco de cognac.

Posteriormente, la paciente debió someterse a otras intervenciones y debió permanecer


vendada durante un prolongado período, durante el cual siempre estuvo presente el peligro
de una infección. Transcurrieron muchas semanas antes de que fuese declarada fuera de
peligro.
Después de descubrir que Fliess había cometido una de las no poco comunes "parapraxis"
quirúrgicas Freud vaciló durante un día entero antes de comunicarle la noticia; luego, le
envió una larga carta que contenía una declaración de su inconmovible confianza en Fliess y
la seguridad de que nadie podía ocultar a Fliess por lo ocurrido. La racionalización del
desplazamiento de la culpa era que la gasa había sido extraída en casa de la paciente y no
en un hospital, donde podría haberse ampliado la herida (como se hizo después) antes de
extraerla.
Podemos afirmar que Freud sabía muy bien, inconscientemente, que Fliess era responsable
de las complicaciones críticas y lo culpó por ellas, de forma que su confianza en Fliess se
había visto profundamente perturbada.
En aquella época, Freud no podía permitirse abandonar su relación positiva (transferencia),
que debía ser protegida mediante la negación y un desplazamiento de la acusación.
La correspondencia cursada durante todo éste período, desde el comienzo del episodio de
Emma, en febrero de 1895, hasta el día del sueño de Irma (23-24 de julio), testimonia un
cambio no sólo en los síntomas físicos de Freud, sino también en su respuesta a ellos, cambio
estrechamente relacionado con un giro en su relación con Fliess.

El primer triunfo

A lo largo de todo éste período se encontraba dedicado a escribir sus contribuciones a los
"estudios sobre la histeria". Además trabajaba en un ensayos sobre la neurosis de angustia.
No obstante, ninguno de ellos representaba el área de sus esfuerzos principales. Freud
estaba siendo su primer intento por llegar a una psicología general. Al hacerlo, se debatía
entre la tentación de formular su hipótesis dentro del marco de la neurofisiología y el
creciente reconocimiento de que tendría que desarrollar sus conceptos dentro de un marco
puramente psicológico. La primera línea de pensamiento dio lugar, en el otoño de 1895, al
"Proyecto"; la segunda, después de cuatro años más de tanteo, al capítulo 7 de "La
Interpretación de los Sueños".
Por otra parte, Freud había comenzado a entender que una comprensión satisfactoria de la
patología psíquica sólo podía alcanzarse si se la basada en una verdadera comprensión del
funcionamiento psíquico normal. Estaba naciendo el postulado de que el psicoanálisis tenía
que ser parte integral de una psicología general.
Freud le envió una carta el día siguiente de su sueño de Irma. Según la propia interpretación
de Freud, el tema principal del sueño de Irma era su deseo de exculparse de cualquier
responsabilidad por los continuados síntomas de su paciente. Si continúa con síntomas, éstos
tenían que deberse a alguna enfermedad orgánica. La exculpación desplazó toda culpa hacia
su amigo Otto (el doctor Oskar Rie), que aparentemente había cuestionado sus resultados
con Irma en una conversación con Breuer, y delineó dos grupos de personas a las que
adjudicada ideas opuestas. Uno de los grupos estaba compuesto por aquellos que "no sabían";
que hacían diagnósticos disparatados; que como Otto, aplicaban inyecciones con jeringas
sucias; que, como M (Breuer) hacían observaciones estúpidas mientras examinaban a la
paciente. El segundo grupo estaba compuesto por una sola persona: la exaltada figura de su
amigo Fliess. Las asociaciones de Freud también incluían su preocupación por Fliess porque
éste sufría de rinitis supurante, dolencia que podía provocar piemia.
Freud también mencionó que había hecho examinar a Irma por Fliess para descartar dicha
patología nasal. Todas estas conexiones con el episodio de Emma indican que él deseo
principal que se escondía detrás del sueño de Irma no era el de exculparse a si mismo, sino a
Fliess. Su deseo consistía en no poner en peligro su relación positiva con Fliess.
Interpretación del primer sueño no sólo marcó un hito en la evolución del psicoanálisis, sino
que también se convirtió en el vehículo fundamental del autoanálisis de Freud y, por tanto,
de su evolución personal. A partir de ese momento, una parte de Freud comprendió que era
él que estaba explorando algunos de los grandes enigmas de la vida, mientras Fliess iba
camino de perderse en especulaciones cada vez más fantásticas. La inevitable disolución del
elemento de tipo transferencial en su relación seguirá un curso lento y difícil.
En septiembre de 1895, Freud visitó a Fliess en Berlín. En el tren, de regreso a Viena,
comenzó a escribir su "proyecto para una psicología científica", que completó en unas pocas
semanas. Aunque se trata de una obra fragmentaria, es ahora, después de 70 años, cuando
comenzamos a comprender todas sus implicaciones en el desarrollo pasado y futuro del
psicoanálisis como psicología general, y a correlacionarla con los más modernos
descubrimientos de la neurofisiología.
Además dentro de describir las enormes dificultades que encontró en sus intentos para
terminar el "proyecto", las cartas de Freud correspondientes a éste período reflejan también
la agitación creada por su autoanálisis y el flujo de nuevas ideas sobre la génesis de la
neurosis, acompañados de un resurgimiento de los sentimientos positivos hacia Fliess,
obviamente intensificados por su encuentro en septiembre.
Los síntomas de Freud no duraron mucho y a partir de ese momento parecieron ceder
gradualmente, aunque Freud se hallaba inmerso en el período más intenso de su
autoanálisis. Esto ocurría dos años después de que los síntomas se hubieran presentado por
primera vez y unos 20 meses después de los ataques más agudos de dolor anginal y de
taquicardia paroxística, calendario que se ajustaba a mi hipótesis de que, en la primavera de
1894, Freud había sufrido una trombosis coronaria leve.
A partir de ese momento, el síntoma físico que Freud mencionó, con mayor frecuencia fue la
"migraña", dolencia que tanto el cómo Fliess padecían.
El año acabó, para Freud, con un acontecimiento optimista. El 3 de diciembre de 1895, nació
su sexto hijo y "evidentemente fue portador de fortuna" porque a partir de entonces la
práctica profesional de Freud casi se duplicó.

Autoanálisis

Freud comenzó el nuevo año -1896- con una larga carta en la que expuso una especie de
síntesis de sus últimos esfuerzos por conceptuar sus descubrimientos. Desde entonces (con
ciertas excepciones, como en “Más allá del principio de placer”, de 1920, y “El bloc
maravilloso”, de 1925), Freud abandonó sus propósitos de formular conceptos en términos de
neuroanatomía y neurofisiología y se dedicó a las formulaciones expresadas en términos
psicológicos. Al parecer, durante esta época, Fliess ya estaba profundamente envuelto en
sus hipótesis sobre la “periodicidad”.

El inicio de las diferencias con Fliess

En una carta del 13 de febrero de 1896, Freud utilizó por primera vez el término
"metapsicología" en relación con su intento de formular una psicología general "en
profundidad".
Durante esta época, también podemos destacar cierto cambió en la relación de Freud con
Fliess.
Una semana después de escribir la carta del 13 de febrero, Freud recibió el manuscrito del
libro de Fliess, Diebeziehungen zwischen nase und weiblichen gescklechtsorganen in iheren
biologischen bedeutungen dargestallt, que se publicaría en 1897. Este manuscrito contenían
las inverosímiles especulaciones de Fliess sobre la periodicidad, es formulada de la siguiente
manera:
"la hemorragia menstrual de la mujer es un proceso que afecta a ambos sexos, y cuyo
principio es anterior a la pubertad...
aparte del proceso menstrual de 28 días, existe otro tipo de fenómenos periódicos, con un
ciclo de 23 días, al que se encuentra sujeta gente de todas las edades y de ambos sexos.
Y si ambos están presentes tanto en el hombre como en la mujer, eso resulta coherente con
nuestra constitución bisexual. Además, tanto el día de nuestra muerte como el de nuestro
nacimiento están determinados por los mismos y los trastornos de las enfermedades están
sujetos a las mismas leyes periódicas.
La madre trasmite sus periodos al hijo. Los períodos se continúan en el hijo y se tramiten de
generación en generación. Estos ritmos no están limitados a la humanidad, sino que se
extienden al mundo animal y, probablemente, a todo el mundo organico.La maravillosa
precisión con que se cumple el periodo 23 o, según sea el caso, de 28 días enteros, permite
sospechar una conexión más profunda entre las relaciones astronómicas y la creación de los
organismos.

Freud, a cambio del interés y el estímulo que proporcionará Fliess, le brindaba admiración
efusiva y alabanzas pro su obra. Había estado dispuesto aceptar teorías inverosímiles
lo que probablemente atrajo Freud de la hipótesis de la neurosis nasal refleja fue que Fliess
relacionaba muchos de los síntomas, presuntamente vinculados con la patología nasal, con
trastornos vasomotores de origen sexual que trataba, y afirmaba curar, mediante
aplicaciones locales de cocaína, una forma de terapia basada en la investigación de Freud
sobre la cocaína.
Más difícil resulta comprender que indujo a Freud aceptar la especulaciones de Fliess sobre
la periodicidad de los acontecimientos biológicos. En cualquier caso, la especulaciones de
Fliess sobre la influencia de ciertos períodos en la fecha de las enfermedades y de la muerte
contribuyeron a la preocupación obsesiva (tan semejante la superstición) de Freud con
respecto a su propia muerte y a la fecha en que se produciría.
En un principio, Freud creyo que en la hipótesis de la periodicidad de Fliess había un area
que podía proporcionar algún tipo de base "orgánica", fisiológica, a la periodicidad de los
ataques de angustia que se producen en la neurosis de angustia. Pero Fliess llego,
progresivamente, a considerar que los "períodos críticos" constituía en el factor etiológico
decisivo, en tanto que Freud subrayó la importancia del conflicto psíquico como factor
desencadenante de la neurosis.
Las últimas hipótesis de Fliess crearon una nueva complicación; la migraña y otros tipos de
dolor de cabeza parecidos por Fliess se proyectaban y se predecían para ciertas fechas
"críticas" y, por supuesto, con frecuencia se cumplían. Pronto, para consternación de Freud,
hasta las fechas de sus "congresos" tenían que coincidir con períodos "no críticos". En su carta
del 16 de marzo de 1896, Freud expresó: "realmente, todavía no ha superado la depresión
que me produjo tu calendario de dolores de cabeza. De algún modo me alegro de que la
próxima Pascua esté alejada del periodo que has subrayado como más crítico".
En la siguiente carta del 16 de abril de 1896 dice Freud: "... con la cabeza llena de períodos
y de presentimientos sobre sumas, orgulloso de haber alcanzado cierto reconocimiento y con
un audaz sentimiento de independencia, regrese con una sensación real de bienestar y tengo
la esfera intermedia, un refuerzo de la impresión de que todo es como yo supongo y que
todo quedará claro. REESCRIBIR LA CARTA esta carta es notable. Es raro encontrar tantas
expresiones de su estado de ánimo y tantas descripciones de su estado físico, aparentemente
contradictorias, en una sola carta.
En la primera parte de la carta, Freud manifestaba su independencia y su convicción de que
todas sus resoluciones se iban confirmando gradualmente. Al mismo tiempo, le asegurara a
Fliess que se estaba sometiendo a su sugerencia de romper todo contacto social y científico.
Por un lado, algunas cartas de ésta época indicaban que Freud tomaba nota sobre sí mismo y
su familia para controlar la validez de los "períodos" y, por el otro, que sus ataques de temor
a la muerte no tenían nada que ver con la periodicidad, para proclamar en el párrafo
siguiente cuando bien le habían dicho su encuentro con Fliess.
Añadase a esto las aparentes contradicciones entre la manifestación inicial de bienestar
físico y la enumeración de síntomas tales como migraña, secreción nasal y accesos de temor
a la muerte. La migraña y la secreción nasal crean síntomas que tanto Freud como Fliess
padecían y en cuya etiología los dos estaban interesados.
En principio, Fliess atribuyó la migraña, en gran medida, a la patología de la nariz y de los
senos nasales. Más tarde intentó también enlazar las fechas de los ataques de migraña con
sus cálculos de las leyes de periodicidad.
Las ideas de Freud referentes a la causas de migraña y a los factores que desencadenaban
dicho ataques reflejadas las vicisitudes de su relación con Fliess, su autoanálisis y el progreso
alcanzado en sus conceptualizaciónes.
Durante la década de 1890, Freud hizo alusión con frecuencia ataques de migraña y
resfriados. Se inclinaba a relacionar sus dolores de cabeza con la nariz. En consecuencia, no
sólo recurrió a frecuentes aplicaciones locales de cocaína, sino también permitió que Fliess
le practicará diversas cauterizaciones y, quizá, algunas intervenciones quirúrgicas de los
cornetes, en ocasión de sus "congresos". Cuando Fliess comenzó a ser cálculos sobre las leyes
de "periodicidad", Freud intentó averiguar si, al menos, era discernible alguna recurrencia
periódica de su migraña. Pero simultáneamente tomó conciencia de la conexión existente
entre la migraña y el conflicto neurótico. Aunque Freud clasificó repetidas veces este
síntoma de como perteneciente a la histeria, en realidad estaba describiendo lo que ahora
denominaríamos como síntoma "psicosomático".
Pero éste punto Freud entró en conflicto con sus descubrimientos psicológicos, con la
hipótesis de Fliess y con sus sentimientos personales hacia el. ¿Debía asignar mayor
importancia a los factores "psicogenéticos", a la patología nasal o a los cálculos de
periodicidad? Durante un tiempo transigió; la "nariz" y, cada vez con mayor renuencia, los
"períodos" eran reconocidos, y el conflicto neurótico se consideraba un factor
desencadenante; no obstante, en la valoración de Freud creció la importancia de éste
último, y no sólo con respecto a la migraña.
Sobre la base de su correspondencia con Fliess, podemos asumir que durante la década de su
relación íntima muchos de los ataques de migraña de Freud se vieron precipitados en su
autoanálisis. Cuando el análisis lo liberó no sólo de síntomas como su fobia a los viajes, su
preocupación excesiva por la fecha de su propia muerte y, sobre todo, de sus conflictos de
tipo transferencial, los ataques de migraña perdieron importancia y, en consecuencia,
disminuyó el interés de Freud en la misma.

Todesangst - El episodio de Tilgner

En la singular carta del 16 de abril de 1896, fueron mencionaba también ataques de temor a
la muerte. En ese caso había reconocido que los mismos eran carácter neuróticos, originados
por una identificación neurótica con la muerte de del escultor Tilgner.
Víctor Tilgner era un escultor que había conquistado considerable reputación en Viena. Su
biografía y ciertos detalles de las últimas semanas de su vida parecían, "hechos a medida"
para favorecer una identificación neurótica con el.
Habitualmente, Freud escribía sus cartas -como ésta dirigida a Fliess-a última hora de la
tarde, de modo que tuvo oportunidad de enterarse de la muerte de Tilgner en la edición
vespertina de Neue Freie Presse, que leía fielmente todas las tardes y que contenía una
extensa nota necrológica con la biografía de Tilgner y una amplia descripción de su ataque
mortal, una típica trombosis coronaria que era, en muchos aspectos, una réplica de los
ataques de Freud.
El nombre de Tilgner, Víctor, era el mismo que el de Adler, uno de los fundadores y líderes
del partido socialdemócrata, quien había desempeñado un papel importante en la evolución
de Freud durante sus años estudiantiles.
La vida y la obra de Víctor Tilgner habían sido, en muchos sentidos, paralelas a las de Freud.
Nacido en 1844 (12 años antes de Freud) había llegado a Viena a los dos años de edad y
pasado su infancia en una gran pobreza. Había mostrado talento artístico ha edad muy
temprana y le fue concedida una beca para estudiar esculturas en la academia de arte de
Viena; aunque recibió muchas medallas, debió luchar duramente por su sustento diario. Era
conocido por su resistencia a hacer concesiones en su credo artístico en respuesta a la crítica
pública.
Incluso cuando Tilgner había alcanzado ya moderado éxito como escultor, no se atrevía a
probar suerte monumentos y estatuas que, poblaban palacios, teatros y plaza de Viena.
Sentía que antes de hacerlo debía visitar Italia, el país de sus sueños. El viaje fue posible por
el generoso regalo de un acaudalado industrial, que le proveyó de fondos necesarios.
Las cartas de Freud a Fliess, estaban impregnadas de su anhelo por ver Italia, especialmente
Roma. Logró ver Toscana y el norte de Italia antes de 1897, pero no visitó Roma hasta 1901.
El tema del sufrimiento por las deudas económicas (a las que presuntamente escapó Tilgner)
también figuraba en la vida de Freud. En 1896, todavía debía dinero a algunos de sus amigos,
principalmente a Breuer, situación que le molestaba en exceso. En años posteriores no podía
tolerar deberle nada a nadie.
Cuando la ciudad de Viena decidió erigir una gran estatua de Mozart, Tilgner se presentó a
concurso y lo ganó. El último año de su vida estuvo principalmente dedicado a la creación de
este monumento. Cuando presentó síntomas anginales, sus médicos le aconsejaron limitar
drásticamente su actividad. Sin embargo, continuó trabajando sin cesar y sólo consintió en
tomar unas breves vacaciones cuando su obra estaba preparada para ser trasladada de su
estudio a la plaza. Comenzó a sentirse acosado por ansiosas dudas, "mi gratificación sólo será
completa si pudo verla [la estatua] libre y totalmente descubierta".
De inauguración de la estatua de Mozart estaba programada para el 21 de abril de 1896. La
tarde del 15 de abril, Tilgner dio las instrucciones finales para grabar algunos compases del
don Juan de Mozart en la base del monumento. Pasó la tarde jugando "Taroco", el juego de
cartas predilecto de Freud y durante la noche, Tilgner tuvo repetidos ataques de dolor muy
intensos en la región del corazón, acompañado de dificultades respiratorias y murió a la
mañana siguiente.
Es bastante curioso que a Freud, que no era en absoluto amante de la música, preguntarán
las óperas de Mozart, especialmente don Juan. Los compases que debían grabarse en el
monumento estaban tomados de la escena final de la ópera: la escena en la que el espectro
del comendador, a quien don Juan había matado después de seducir a su hija, aparece ante
el villano, que muere bajo el impacto de la aparición. Es difícil pensar que fuera casual el
hecho de que Tilgner eligiese este motivo, en una época en que sentía desgarrado entre
expectativas conflictivas de triunfo artístico definitivo y la muerte. Freud todavía no había
alcanzado el punto de poder hacer frente a la última e inescrutable realidad con plena
serenidad. Por otra parte, su propio padre envejecía con rapidez y, de hecho, enfermó
mortalmente pocos meses después.
No es sorprendente que la lectura de todos los detalles de la vida y muerte de Tilgner
evocara en Freud un ataque de temor a la muerte. Más aún, reconoció su relación como una
respuesta neurótica y no presentó ningún síntoma de este tipo después de su autoanálisis.
Por esta razón, Freud podía decir en ese entonces que se sentía bien, porque cada vez era
más capaz de no preocuparse por ligeras molestias físicas. Podía dominar su temor a la
muerte en tanto comprendía su causa.
Podemos atribuir ambas contradicciones aparentes -la que hay entre su orgullosa
independencia y su agradecida sumisión a Fliess, y ya que aparece entre el bienestar físico y
diversos síntomas físicos y temores neuróticos-el progreso de su autoanálisis.
Como Freud decía en su carta del 16 de abril de 1896, tenía que cumplir un compromiso
antes de refugiarse en un aislamiento completo: una conferencia en la sociedad psiquiátrica.
En una carta a Fliess, comenzaba el 26 y terminaba el 28 de abril, describía esa experiencia:
"una conferencia sobre la etiología de la histeria en la sociedad psiquiátrica mereció una
gélida recepción por parte de los asnos y esta singular evaluación de Krafft-Ebing: "suena
igual que un cuento de hadas científico". ¡Esto después que uno les ha demostrado la
solución a un problema que tiene más de 1000 años... una "fuente del Nilo"!".

Enfermedad y muerte del padre de Freud


Freud había pasado su 40 cumpleaños, era que dos años antes había dudado alcanzar. Freud
había develado el enigma del sueño. Su salud había mejorado. Su relación con Fliess se había
vuelto más independiente y, se hallaba impregnada de dudas y conflictos inconscientes. En
este punto Freud informó a Fliess (el 30 de junio de 1896) que su padre, de 81 años de edad,
estaba gravemente enfermo, aquejado de deficiencias cardiacas, problemas urinarios, etc..
El siguiente pasaje, no sólo ilustra las reacciones de Freud ante la inminente muerte de su
padre sino también su actitud ante el proceso de la muerte.
"El viejo tiene parálisis de la vejiga y del recto, su nutrición decae y, al mismo tiempo, esta
mentalmente despabilado y eufórico. En realidad creo que éstos son sus últimos días.
Dicho sea de paso, el estado del viejo no me deprime. No le quiero regatear el merecido
descanso, que el mismo desea. Ha sido un ser humano muy interesante, intrínsecamente muy
feliz. Ahora sufre muy poco y se apaga con decencia y dignidad. No le deseo una enfermedad
prolongada, [ni tampoco deseo que así ocurra] mi hermana soltera, que lo atiende y sufre al
hacerlo [inédita]".
El padre de Freud tuvo una muerte lenta que se prolongó casi cuatro semanas más.
En su carta del 26 de octubre de 1896, Freud anunciaba la muerte de su padre, describiendo
la fiebre, los repetidos períodos de inconciencia y el último ataque de edema pulmonar
antes del fin y agregó: "todo esto ocurrió durante mi propio período crítico (el padre de
Freud murió el 23 de octubre, unas dos semanas antes de que éste alcanzase los 40 años y
medio), y en consecuencia, estoy realmente abatido".
En su prefacio a la segunda edición de la interpretación de los sueños, Freud escribía:
"durante mis largos años de trabajo en los problemas de la neurosis, muchas veces he
vacilado y, en ocasiones, el dudado de mis convicciones. En esos momentos, la
interpretación de los sueños me ha devuelto siempre la seguridad.
... este libro encierra para mí, personalmente, una importancia subjetiva adicional que sólo
alcancé a comprender cuando lo concluí. Descubrí que se trataba de una parte de mi
autoanálisis, de mi reacción ante la muerte de mi padre, es decir, ante el acontecimiento
más significativo, ante la pérdida más dolorosa de la vida del nombre".
Sólo después de ese acontecimiento pudo Freud investigar a fondo la ubicuidad de la
ambivalencia en las relaciones del hombre con los amados y reverenciados padres, y
finalmente descubrir el complejo de Edipo y la "culpa del sobreviviente".
El padre de Freud, especialmente en relación con su última enfermedad y muerte, aparece
con frecuencia en los sueños y asociaciones que Freud relata en la interpretación de los
sueños.
El 22 de noviembre, Freud escribió a Fliess:
"el buen humor y el entusiasmo por la vida están totalmente ausentes. En cambio, tomo
notas diligentemente, para cuando llegue la ocasión en que deba ocuparme del estado de
cosas posterior a mi muerte".
Así, después de la muerte de su padre, Freud dirigió su atención hacia el "estado de cosas"
que seguiría a su propia muerte. Por los términos en que está escrita, la carta podría
significar: "tengo una gran familia a la que debo proveer durante mi vida y también después".
La gran cuestión por la que debe preocuparse es el "después", el "mas alla".

Autoanálisis sistemático
sólo pocos días después encontramos dos cartas, escritas con 48 horas de diferencia (4:06 de
diciembre de 1896) rebosan ideas, descubrimientos y planes para el futuro.
La carta del 3 de enero de 1897 dice:
"no fracasaremos: es posible que el lugar del estrecho que buscamos hallemos océanos cuya
exploración completa deberá ser emprendida por quienes nos sucedan. Dame diez años más
y concluire la neurosis y la nueva psicología... cuando no me dominan los temores, me siento
capaz de enfrentarme con todos los demonios y en cuanto a ti, todavía no sabes lo que es el
miedo (C.54)".
Todo el pasaje indica un cambio sutil pero importante en la actitud de Freud ¡ahora es el
quien tranquiliza a su amigo!.
La vena optimista continuó.
La carta del 24 de enero terminaba así: "creo haber pasado ahora el límite de edad; mi
estado [mental y de salud] es mucho más estable" (C.57).
Las cartas de este período, que comenzó el 4 de diciembre de 1896 y se prolongó durante
todo 1897, estaban plagadas de indicios de constante progreso y de esfuerzos.
En 1987, Freud se había aproximado mucho más al desarrollo de la técnica de la asociación
libre.
Los logros de Freud en este período derivaban de la plana atención con que escuchaba las
declaraciones de sus pacientes y la suiza propias.
En marzo de 1897, la lucha interior de Freud se vio intensificada a causa de su profunda
preocupación por la enfermedad de su hija mayor Mathilde, que sufría un grave caso de
difteria (la difteria era entonces una de las enfermedades más temidas de la infancia).
Eso carta del 16 de mayo de 1897, Freud le dijo a Fliess: "algo hierve y fermenta dentro de
mí. Sólo aguarda o una nueva embestida". En esta carta mencionó, por primera vez, su
proyecto del libro de los sueños.
La carta de Freud del 31 de marzo de 1897 demostraba que se había descubierto la
importancia de los impulsos hostiles contra los padres y que había vislumbrado las causas de
los tabues contra el incesto, antes de comenzar consciente y "oficialmente" su autoanálisis.
El autoanálisis consumió todo el tiempo y las energías de Freud y frecuentemente
experimentaba algo semejante a la "parálisis". El 14 de agosto, Freud manifestó:
"este análisis es más difícil que ningún otro. Sin embargo, creo que debo proseguirlo (C.67)".
En esto Freud se comportaba como esperariamos que lo hiciese un paciente en análisis. No
vaciló en comunicarle a su "analista" todos sus pensamientos con respecto a él, incluso los
hostiles y desaprobatorios. Y podemos preguntarnos cómo respondió Fliess, a tales
observaciones.
En rápida sucesión comprendió la naturaleza de las fantasías sexuales infantiles y la rivalidad
entre hermanos, que en su caso implicaba deseos de muerte contra su hermano menor, los
cuales posteriormente llegaron a ser una fuente importante de sentimientos de culpa.
Reconoció que las fuentes infantiles de la ambivalencia hacia sus amigos, incluyendo a
Fliess. Finalmente, logro comprender el complejo de Edipo como un fenómeno universal en
el desarrollo humano.
Uno de los primeros resultados importantes de su autoanálisis fue la comprensión de que las
"seducciones" tempranas cometidas por parientes y relatadas por sus pacientes eran, en la
mayoría de los casos, fantasías. Entusiasmado, se comunicó a Fliess el 21 de septiembre de
1897 (C.69).
Con la carta mencionada del 21 de septiembre de 1897 comenzó el que fue, quizás, el
período más dramático de la vida de Freud. En el plazo de tres meses, su autoanálisis
desvelo recuerdos de la primera infancia, que condujeron a descubrimientos de influencia
radical en el futuro del pensamiento humano.
El reconocimiento de que las fantasías de sus pacientes representaban lo que más tarde
designó como "realidad psíquica", preparó el camino para el descubrimiento de la sexualidad
infantil.

Extraordinarios progresos en el autoanálisis


Pocos días después, a fines de septiembre, Freud y Fliess se encontraron en Berlín. Las
semanas posteriores a este encuentro produjeron verdaderos "progresos extraordinarios" en
el autoanálisis de Freud. Tres cartas escritas durante el mes de octubre de 1897 (C.70, 71 y
72) contienen, en esencia, muchos de los descubrimientos básicos del psicoanálisis.
Cada vez era más evidente que no podía seguir las nuevas ideas de Fliess. Y comenzó la
primera carta posterior a su regreso de la siguiente manera:
"una ventaja de la visita que te hice es que, como ahora conozco a grandes rasgos tu
trabajo, puedes seguir informandome de los detalles. Que te dé respuesta a todo, y espero
que sepa disculpar mis limitaciones en los temas de qué te ocupas, que son ajenos a mi
competencia... (C.70)".
Al parecer, Freud daba por descontado que Fliess aceptaría su pretexto de ignorancia con
respecto a su trabajo, porque en esta carta y en las posteriores sigue describiendo los
sorprendentes resultados de su autoanálisis. Por ejemplo, le informaba triunfantemente de
la reconstrucción de un acontecimiento que había ocurrido cuando él tenía dos años y medio
de edad, y que su madre confirmó. Al final de esta carga (15 de octubre de 1897).
Las reconstrucciónes a las que Freud hacía referencia eran, principalmente, el resultado de
la interpretación de sus sueños.
Son esenciales algunos factores adicionales para una evaluación de esas reconstrucciones.
Éstas deben ser correlacionadas con datos "registrales".
Comparación que indica que las primeras eran, parcialmente, recuerdos encubiertos que, en
algún momento, se complementaron con información provista por el medio ambiente y que
las primeras percepciones, que debieron dejar huellas mnémicas, sufrieron
transformaciones. En su ensayo sobre los recuerdos encubridores (1899) Fred manifiesta:
"tengo mi disposición un considerable número de recuerdos tempranos que datan de mis dos
y tres años de edad. Se trata en su mayor parte de breves escenas, están muy bien
conservadas y provistas de todos los detalles de percepción sensorial, en claro contraste con
mis recuerdos de los años adultos... que carecen por completo de elemento visual".
Freud distingue tres tipos de recuerdos pertenecientes a los tres primeros años de vida: 1)
escenas que sus padres le describieron repetidas veces; 2) escenas que no le habían sido
descritas (este tipo de recuerdos aparece en sus reconstrucciones); 3) recuerdos
encubridores.
En la carta del 3 de octubre de 1897 (C.70), Freud afirmaba que había recibido el nacimiento
de su hermano menor (Julius, que nació en 1857 y murió el 15 de abril de 1857, año del
nacimiento de Fliess) con "malos deseos y verdaderos celos infantiles" y que la muerte de
Julius, dejó en el germen de culpa.
En la misma carta Freud hablaba de su compañero de juegos, su sobrino y "cómplice de
diabluras entre su primer y segundo año de vida", y que su sobrina, a quien ambos "trataban
de manera espantosa". Después escribió: "mi sobrino y mi hermano menor no sólo
determinaron el aspecto neurótico de todas mis amistades sino también su profundidad". El
sobrino era John (nacido en 1854 o 1855) y la sobrina Pauline (nacida en 1856), ambos hijos
de Emanuel, el hermanastro de Freud. Estos dos recuerdos fueron reconstrucciones.
En la misma carta, Freud afirmaba que su "libido" hacia su madre se despertó entre los dos y
dos años y medio, que la "ocasión debió producirse durante el viaje que hice con ella de
Leipzig a Viena, en el que pasamos la noche juntos y debí tener la oportunidad de verla
nudam". También esta es una reconstrucción. Luego, Freud, conectó su (leve) angustia ante
los viajes con este incidente.
Una comparación de los recuerdos construidos con los datos "registrales" muestra, una
discrepancia en la cronología. El viaje de Freud de Leipzig a Viena tuvo lugar en 1860,
cuando Freud tenía alrededor de cuatro años. También es muy poco probable que, teniendo
en cuenta el abarrotamiento del habitáculo familiar, Freud no hubiese estado expuesto
mucho antes a la desnudez de su madre y a otros estímulos sexuales.
Una compleja serie de recuerdos se refiere a una sirvienta que cuidaba a Freud en Freiberg.
Según la reconstrucción de Freud, a menudo lo llevaba a los servicios de iglesias católicas y
le hablaba del cielo y el infierno, pero también había sido su instructora en cuestiones
sexuales y "lo reprendía con torpeza". Y lo estimulaba a robar dinero para ella.
En cuanto a este recuerdo referente a la sirvienta, Freud le pidió a su madre lo confirmara.
La madre le había respondido de la sirvienta en cuestión había resultado ser una ladrona,
que las monedas que él tenía ahorradas fueron encontradas en posesión de ella. Su
hermanastro Philipp había llamado a la policía y le condenaron a prisión.
Freud dio dos versiones y tres interpretaciones de este recuerdo. En la misma carta se ofrece
la primera versión y una breve interpretación.
Freud volvió a este recuerdo, clasificando lo ahora como "recuerdo encubridor", en
psicopatologia de la vida cotidiana. Esta segunda versión incluye material adicional y su
interpretación es mucho más elaborada.
"Cuando los 43 años de edad comencé dirigir mis intereses hacia los residuos de recuerdos de
mi propia infancia, recordé una escena que desde hacía mucho tiempo acudía a mi
conciencia de vez en cuando y que debía situarse cronológicamente antes de haber cumplido
sólo los tres años. En mi recuerdo me veía frente un armario pidiendo algo y llorando,
mientras mi hermanastro, 20 años mayor que yo, lo mantenía abierto. Entonces mi madre
entró repentinamente en el cuarto, hermosa y esbelta, como si viniese de la calle. El
esfuerzo analítico me condujo a un enfoque inesperado del imagen evocada. Yo había
echado de menos a mi madre y había llegado a sospechar que estaba encerrada en aquél
armario o guardarropa; por lo tanto, exigí a mi hermanastro que lo abriese. Cuando me
complació, y me convencí de que mi madre no estaba dentro del armario, comencé gritar y
llorar. Más, ¿cómo se le ocurrió al niño la idea de buscar en el armario a su madre ausente?
Varios sueños que tuve en esa misma época [que el análisis de este recuerdo] aludían
oscuramente a una niñera sobre la que también conservaba otras reminiscencias. Ante estas
indicaciones decidí volver más sencillo el trabajo interpretativo, interrogando a mi ya
anciana madre sobre la niñera. Averigüe que está a astuta pero poco honrada mujer había
cometido, durante el tiempo que mi madre debió guardar cama, importantes sustracciones
en la casa, y que había sido entregada a la justicia por mi hermanastro. Mi hermanastro,
indirectamente y entre burlas, como era su costumbre, me había respondido: "esta
encajonada". Pero, cuando unos días después, advertí la ausencia de mi madre, sospeche
que el "malvado" de mi hermanastro le había hecho correr igual suerte que a la niñera y lo
obligue a abrir el armario. Ahora también comprendo por qué en la traducción de esta
escena visual infantil aparecía acentuada la esbeltez de mi madre: entonces me debió de
parecer que acababa de recuperarla. Yo soy dos años y medio mayor que mi hermana, que
nació por aquel entonces, y cuando yo cumplí tres años mi hermanastro dejó de vivir con
nosotros".
En una nota al pie, agregada en 1924, Freud ofreció su interpretación definitiva:
"el pequeño, aún no ha cumplido los tres años, ya se ha dado cuenta de que la hermana
recién nacida se ha formado en el interior de su madre. Insatisfecho con tal incremento en la
familia, siente desconfianza y angustia ante la posibilidad de que el seno de su madre oculte
más niños. El armario o guardarropas son, para el, símbolos del seno materno. Insiste, por
tanto, en echar una mirada al interior del armario y se dirige para ello al hermano mayor,
hacia quien se ha desplazado la rivalidad con el padre. Además de la bien fundada sospecha
de que este hermano ha hecho "encajonar" a la niñera desaparecida, existe contra el otra
sospecha: la de haber introducido al niñera recién nacida en el cuerpo de la madre".
Como ya he observado, en un principio, Freud situó la seducción por parte de la sirvienta y
sus robos en una época en que tenía menos de dos años. No obstante, según su madre, estos
hechos ocurrieron en la época del nacimiento de su hija, Anna, tercera de los hermanos,
ocurrió el 31 de diciembre de 1858, cuando Freud tenía más de dos años y medio. El impacto
de éste nacimiento no fue reconstruido en esa época, y en cambio reconstruyó su respuesta
al nacimiento y muerte de su hermano Julius, ocurridos con anterioridad (Julius nació
cuando Freud tenía aproximadamente un año y medio y murió cuando éste tenía algo menos
de dos años). Freud tampoco mencionó nunca el hecho de que, muy poco después de
nacimiento de Anna, nació Bertha, hija de Emanuel y María Freud, el 22 de febrero de 1859.
Teniendo en cuenta la estrecha relación entre ambas familias y el hecho de que compartían
la sirvienta, esta omisión es significativa. Sólo en un desarrollo muy posterior consideró
Freud la posibilidad de que, en ocasiones, los recuerdos de rivalidad y deseos de muerte
dirigidos contra su hermano menor, que muere cuando el mayor es aún muy joven, son
realmente recuerdos encubridores contra sentimientos hacia otro hermano nacido muy poco
después de la muerte del primer.
El sentimiento que aparece con mayor fuerza en estas reconstrucciones es el desesperado
temor de perder la madre, algo que ahora se incluye generalmente bajo el término "angustia
de separación". Por otra parte, estos acontecimientos se produjeron en el marco de la
aparición y desaparición de su hermano, y que la aparición de su hermana Anna y de su
sobrina Bertha.
En su carta del 3 de octubre, pero hablaba de este "Urheberin", traducido en los orígenes del
psicoanálisis como "originador primario [de la neurosis]". Lo que Freud quería señalar es que
esa había sido la "seductora" y no su padre, como se había sentido inclinado a pensar
anteriormente, en analogía con sus pacientes histéricos.
También afirmó que esta sirvienta le había manifestado "una elevada opinión de sus [de él]
propias capacidades".
Ya he señalado que Freud debió de haberse expuesto a la desnudez durante sus primeros
años en Freiberg. Según Freud la observación de actividades sexuales entre adultos -
particularmente entre los padres- tiene un lugar especial entre los acontecimientos
potencialmente traumáticos de la primera niñez.
Freud designó al período comprendido entre el nacimiento y los cuatro años como Ia y utilizó
la expresión "escena sexual" para referirse a las experiencias traumáticas de ese período (30
de mayo de 1896, C.46). La expresión "escena primaria" aparece, por primera vez, en una
carta de fecha 2 de mayo de 1847.
También es muy oportuna una referencia posterior (13 octubre de 1898):
"me parece que toda la vida onírica procede directamente de los residuos de la etapa
prehistórica de la vida (uno a tres años), que constituye la fuente del inconsciente y la única
que contiene la etiología de todas las psiconeurosis".
En obras posteriores, suelen encontrarse muchas referencias al respecto; por ejemplo, en el
caso de Dora, Freud se refirió al conocimiento auditivo de la relación sexual de los padres
como fuente de la disnea "histérica" de sus pacientes. En dos famosas historias clínicas la de
Juanito y la del hombre de las ratas, Freud afirmaba que la observación de la relación sexual
de los padres había desempeñado un papel importante en la génesis de la neurosis de los
respectivos pacientes. Sin embargo, en estos textos no utiliza la expresión "escena
primarias".
A lo largo de toda su vida, Freud luchó con la idea de las fantasías "primarias", de
conocimiento heredado filogenéticamente.
Dice Freud:
"estaría satisfecho si pudiera saber si la escena primaria en el caso de mi actual paciente (el
hombre los lobos) fue la fantasía o una experiencia real... estas escenas de observación de la
relación sexual de los padres, de ser seducido en la infancia y de ser amenazado con la
castración constituyen, indudablemente, un conocimiento heredado, una herencia
filogenética; pero con la misma facilidad podrían ser queridas mediante la experiencia
personal.
Todo lo que descubrimos en la prehistoria de las neurosis es que el niño apela a esa
experiencia filogenética allí donde carece de experiencia vivida. Llenar los vacíos de verdad
individual con verdad prehistórica".
Ahora, volvamos otra vez a las reconstrucciones hechas por Freud durante el mes de octubre
de 1897. En la misma carta (15 de octubre), revelaba también el descubrimiento del
complejo de Edipo:
"también en mi propio caso comprobé el amor por la madre y los celos contra el padre,
sentimiento que actualmente consideró un fenómeno general de la primera niñez... si es así,
si comprende perfectamente el apasionante hechizo del Edipo rey, a pesar de todas las
objeciones racionales contra la idea del destino inexorable que el relato presupone... todos
los espectadores han sido, alguna vez, en germen, un Edipo en su fantasías, y está
realización onírica trasladada a la realidad hace que todos retrocedan horrorizados,
dominados por el impacto pleno de la represión que separa el estado infantil del estado
actual.
Se me ha ocurrido que esto mismo podría estar en las raíces de Hamlet. ¿Cómo podría
explicarse... la expresión de Hamlet: "la conciencia nos hacia todos cobardes?" ¿Cómo
explicar sus vacilaciones para vengar al padre matando a su tío, cuando el mismo no tiene el
menor reparo en mandar a sus cortesanos a la muerte...? ¿Cómo explicarlo mejor que
mediante el tormento que en él despertaba el oscuro recuerdo de que el mismo había
pensado en idéntico crimen contra su padre, a causa de la pasión por su madre? "Si todo
hombre fuese tratado de acuerdo con sus merecimientos, ¿quién se liberaría del castigo?" Su
conciencia es su sentimiento inconsciente de culpa".
Así, en el plazo de dos semanas, en dos cartas, Freud reveló las fuentes de la repugnancia
universal por el fratricidio y el parricidio, los complejos de Caín y de Edipo, además de las
raíces incestuosas de las fantasías sexuales de la primera infancia. También reconoció lo que
sólo muchos años despues conceptualizaría: que la "conciencia" está basada en sentimientos
inconscientes de culpa.
A continuación, Freud informó sobre su último descubrimiento: la relación entre la
resistencia en el análisis, y la represión en la infancia.
Es bastante significativo que, durante este período, Freud observara que "bajo la influencia
del análisis ni molestias cardiacas [que no había sido mencionada durante más de un año]
han sido reemplazadas, frecuentemente, por trastornos gastrointestinales".
Hubo evidencias posteriores de que tenía un "colon irritable". Años más tarde, Freud sostuvo
que la aparición de materia "anal" en el análisis se ve frecuentemente precedida o
acompañada por una patología gastrointestinal funcional. En consecuencia, es posible que el
descubrimiento que hizo de esta fase, sobre la que hablo durante los dos meses siguientes,
tuviera algo que ver con el tipo de síntomas somáticos que él padeció durante ese período.
Es su carta de 14 de noviembre de 1897, Freud presentó las etapas de maduración de la
sexualidad infantil.
En la carta siguiente (22 de diciembre de 1897), Freud presentó la novedad recién
conquistado de que la adicción al alcohol, a la morfina y al tabaco, sólo los sustitutos de la
"adicción primaria": la masturbación. Este reconocimiento es característico de la indefectible
honestidad de su introspección. Freud nunca logró curar su propia adicción a la nicotina. Las
consecuencias somáticas de esta imposibilidad fueron obvias. Es mucho más difícil calcular
en qué medida está adicción siguió constituyendo un obstáculo para la solución de ciertos
problemas analíticos.

El proceso de ruptura
el encuentro en Breslau, puso en evidencia algunas dificultades insalvables en su relación
con Fliess. Durante el período de su sobrevaloración de Fliess, las facultades críticas de
Freud estaban embotadas. Suponiendo que todo este periodo-es decir desde 1893 hasta 1901
aproximadamente-coincidiera con el autoanálisis de Freud, podemos distinguir varias etapas
en su relación de tipo transferencial.
La primera etapa concluyó con el sueño de Irma (24 de julio de 1895). Durante la misma,
Fliess desempeñar el papel de juez y mentor exaltado que, además, durante el episodio
cardíaco se convirtió también en el médico de confianza y en representante del destino que
decidiría la duración del plazo de vida que le quedaba a Freud.
En la época del sueño de Irma, sus síntomas cardíaco se habían vuelto también menos
intensos y a partir de entonces disminuyeron gradualmente. En consecuencia, de manera
muy gradual, Freud se volvió menos dependiente de la aprobación de sus ideas por parte de
Fliess, relativamente menos vulnerable a sus propias dudas y a las decepciones por la
evolución de sus pacientes.
Con esa seguridad creciente luminoso también la necesidad que Freud tenía de aceptar la
hipótesis de Fliess. Por otra parte, pero se dio cuenta de la ambivalente aceptación de Fliess
con respecto a sus propios descubrimientos: por un lado, Fliess parecía creer en la
"psicogénesis" desiertos síntomas neuróticos; pero por el otro, insistía en que la
manifestación de todos síntomas se precipitaba por el factor de periodicidad.
La creciente convicción de Freud respecto de la importancia de los primeros años de vida,
estaban cubiertos por la aprecia; su cada vez mayor dominio de la interpretación de los
sueños, que le había enseñando la crucial importancia de la asociación libre; y su reacción
ante la muerte de su padre, todo esto lo condujo, aparentemente en la primavera de 1897, a
comenzar su autoanálisis sistemático. Éste hecho marcó el fin de la segunda etapa de su
relación de tipo transferencial.
Durante la última etapa, la relación continuó en dos planos diferentes. Freud extrajo de una
"derrota" la victoria de descubrir la realidad psíquica, cuando comprendió que las fantasías
de sus pacientes, más que tempranas seducciones, eran el factor etiológico más frecuente
de su histeria; descubrió el papel de la sexualidad infantil y el conflicto edipico en el
desarrollo normal y anormal. Junto con esta convicción, alcanzó una independencia interior,
y se reafirmó en el la parte crítica en relación con Fliess. El conflicto entre ambos aparece
abiertamente por primera vez cuando Fliess cambió la teoría de la bisexualidad genética
inherente al ser humano por una teoría de la bilateralidad. La bisexualidad tenía
connotaciones evolutivas, embriologicas, biológicas y psicológicas, en tanto la bilateralidad y
a arbitraria y literalmente en una mitad femenina (izquierda) y otra masculina (derecha) en
todo ser humano.
Con la evolución de su autoanálisis, Freud comenzó a comprender que no sólo había
sobrevalorado a Fliess, sino que este estaba llegando aún. Sin retorno, en tanto el "trataba
de alcanzar el cielo". Además, Fliess comenzó a exigir de Freud la aceptación incondicional
de sus hipótesis. En consecuencia era inevitable que esta relación se encaminará hacia una
ruptura dolorosa.
Durante los dos años siguientes, los sueños dominaron completamente el pensamiento de
Freud. Esto se reflejaba con claridad en sus cartas a Fliess, en las que a menudo aludía a
sueños que más tarde aparecieron en "la interpretación de los sueños".
El 24 de marzo de 189 8, Freud le rodaba Fliess: "no debe negarte mi primer público y mi
juez supremo"
esta necesidad de tener a Fliess como público, crítico y "juez supremo" explica porque la
crisis de su relación, que se produjo a principios de 1 8 de 8, a causa del problema de la
bilateralidad, no sólo no terminó en una ruptura abierta, sino que fue seguida por otro-el
último-resurgimiento de las manifestaciones positivas de tipo transferencia al, que
continuaron hasta 1900. No obstante, el lado negativo aparecían las cartas y, mucho más
directamente, en algunos de los sueños de Freud.
En ese momento, justamente cuando Freud tenía tanta necesidad de Fliess, su relación
volvió a verse expuesta atenciones externas. La esposa de Fliess parecía un embarazo
complicado, Fliess se sentía muy mal y sufría dolores de cabeza "periódicos".
No obstante se produjo un incidente mucho más serio. Fliess (1897) había publicado su libro
sobre la relación entre la nariz y los órganos sexuales femeninos, en el que aparecían la
mayor parte de sus ideas sobre la periodicidad.
Apareció una devastadora crítica del libro de Fliess en Weiner Klinsch Rundschau, de cuyo
consejo de reacción forma parte Freud, curso redactor jefe, El Dr. Paschkis, era amigo de
Freud. La crítica, firmada "Ry", fue publicada en el número del 10 de abril de 1898 (justo
cuando Freud había salido de viaje haciaIstria). Cuando Freud Center donde está crítica,
escribió una firme carta de protesta aPaschkis. Al no recibir una respuesta satisfactoria,
dimitió del consejo de reacción, lo mismo que hizo finalmente el Dr. Oska Rie, amigo de
Freud y cuñado de Fliess. Pero lo sorprendente es que el propio Freud no se diera cuenta de
lo disparatado de las hipótesis de fíes.
No obstante, debemos recordar que Freud estaba profundamente inmerso en el libro de los
sueños: un extraordinario mundo nuevo. ¿Podía atreverse hacer crítico cuando el mismo
estaba explorando lo desconocido? Freud llegó a decirnos por qué ocurría todo esto, al
manifestar que esperaba recibir el mismo tipo de críticas duras para su propia obra y que se
preparaba a recibir la, misma burla que supuestamente atribuida a los críticos de fíes. Es
significativo el hecho de que incluso mientras escribía el ensayo "los sueños" en 1900, cuando
la ruptura con Fliess sea en un hecho consumado, aún necesitará aferrarse a la ficción de
que las especulaciones de Fliess sobre la periodicidad eran válidas. Como veremos más
adelante, no superó totalmente esta convicción durante muchas décadas, si es que alguna
vez la superó. En lo que respecta a los temores de Freud sobre la acogida de su libro de los
sueños, demostraron ser realistas. La obra fue recibida con burla en algunos círculos y
totalmente ignorada en otros. El 9 de junio, Freud se vio obligado a informar que su trabajo
en el libro de los sueños había tropezado con una seria dificultad. Todavía no podía
conceptualizar plenamente lo que llamaba "nueva psicología" de los sueños. Escribió:

"Estoy atascado ante la relación entre los dos sistemas de pensamiento: tendré que
decidirme a abordar seriamente esta cuestión".
Interpretación de los sueños, Freud conceptualizó lo que en esta cartas llamaba "los dos
sistemas de pensamiento", como proceso primario y secundario del funcionamiento mental.
Freud había aprendido que la afluencia de nuevas ideas creativas o de nuevos materiales en
su autoanálisis no podía aparecer a voluntad, que debía aceptar dolorosos períodos de
espera. Durante el verano de 1898, Freud llenó uno de esos períodos de espera con la lectura
de las obras de Meyer, novelista suizo y autor favorito de Fliess. La carta 91 (20 de junio de
1898) contenía la primera muestra del análisis aplicado a una obra de arte. También observó
que todos los poetas, escritores y pintores revelaban en sus obras de arte muchos de sus
propios conflictos.
En vista de la compleja constelación familiar en la que Freud pasó los primeros años de su
vida, en Freiberg, es pertinente que el primer problema que escogió fuera el de la novela
familiar (acuñó esta expresión para describir las frecuentes fantasías del niño pequeño que a
menudo afirma que una figura venerada es uno de sus padres, generalmente el lugar de su
padre real, o que es hijo adoptivo (o encontrado) de un "rey" o de un "héroe" .)
En una carta escrita durante sus vacaciones, Freud informó que por fin había comprendido
"una pequeña cosa": el significado de una parapraxia, al igual que los medios de descifrarla
mediante el método de la asociación libre. De este modo, descubrió un nuevo enfoque del
"inconsciente" que condujo a la psicología de la vida cotidiana. La primera parapraxia
analizada de este modo se refería al olvido del nombre del poeta alemán Julius Mosen. Julius
era el nombre del hermano de Freud que había muerto el 15 de abril de 1858. El interés
principal de Freud seguía centrado en el libro de los sueños.

La muerte de una amistad


el padre de Freud murió en 1896, en el mes de octubre. Un año después en octubre de 1897,
Freud planteaba a Fliess sus descubrimientos más revolucionarios, basados en la
reconstrucción de su infancia, olvidando también el 39 aniversario de Fliess. El mes de
octubre siguiente, es decir de 1898, fue el período más crítico para este: sus 40 años, su
intervención quirúrgica.. Por último, en octubre de 1899, Freud estaba preparando la
primera edición de su libro de los sueños como regalo para Fliess en su 41 aniversario. El
primero de febrero de 1900, escribió a Fliess una carta, en la que dice: "si viviésemos en la
misma ciudad-aunque tendría que ser Berlín y no Viena-muchas cosas hubieran sido distintas
y creo que nunca me hubiera visto en dificultades o ya me hubiera liberado de ellas. Por esta
razón, he lamentado tan a menudo nuestra separación.. He notado que demasiado a menudo
me sobreestimas. Porque, en realidad, no soy en absoluto un hombre de ciencia, ni un
observador, ni un experimentador, ni un pensador. Por temperamento, no soy otra cosa que
un conquistador, un aventurero, si deseas traducirlo... con toda la curiosidad, el arrojo y la
tenacidad características de un hombre semejante. Estas personas sólo suelen ser valoradas
sí han alcanzado el éxito, si han descubierto realmente algo; de otro modo son dejadas de
lado. Lo que no es del todo injusto. En el momento actual, no obstante, la suerte me ha
abandonado; yo no descubro nada que valga la pena. Encuentro que la ciencia es cada vez
más difícil. Por las tardes, quisiera algo recreativo y refrescarme. Pero siempre estoy solo.
Me hago la ilusión de que también yo hubiera compartido de manera totalmente distinta tu
trabajo si hubiese vivido en Berlín. Así, nos estamos apartando el uno del otro a través de lo
que es más nuestro".
Aunque no espera una rápida aceptación de su libro de los sueños, no había previsto la
peculiar combinación de indiferencia total, especialmente en los círculos profesionales, de
distorsión maliciosa y de burlas.. Como señalaba Strachey en su introducción a la
interpretación de los sueños, sólo se vendieron 351 ejemplares del libro en los seis años que
siguieron a su publicación.
Su contacto con Breuer había terminado en amarga decepción. De ahí la afirmación de
Freud: "¡pero siempre estoy solo!". Y ahora, el y su único interlocutor válido, su "otro", su
querido amigo, se estaban distanciando.
Era necesario que Freud atravesace una última crisis en su relación con Fliess antes de poder
soportar la carga completamente solo y estar preparado para décadas de luchas, de triunfos
pero también de decepciones y, finalmente, el sufrimiento, la enfermedad, el exilio y una
agonía prolongada y cruel.
Los sentimientos conflictivos de Freud se expresaron de diversas maneras en las cartas
posteriores a las que acabamos de citar.
"En muchas horas oscuras ha sido para mí un consuelo poder dejar tras de mi este libro. Es
verdad que la recepción que hasta ahora he tenido no me ha deparado ningún placer. Hasta
ahora no he advertido que nadie haya sospechado lo que tiene de significativo. Me explico
esto diciendome a mi mismo que me he adelantado a mi tiempo en 15 o 20 años. Nunca hubo
un período en el que anhelada tan persistente y ardientemente vivir en el mismo lugar de tu
familia y tu, con estos últimos seis meses. Ya sabes que he pasado una profunda crisis
interior y si nos encontráramos te asombraría de ver cuánto me ha envejecido. Por ello, me
sentí profundamente conmovido cuando me hiciste la propuesta de que nos reuníésemos en
Pascua. Quien no comprendan la más sutil naturaleza de las contradicciones encontrará
incomprensiblemente que no me apresure a aceptar la propuesta. En mi anterior estoy
profundamente empobrecido; he tenido que demoler todos mis castillos en el aire y acabado
de reunir un poco de coraje para poder volver a levantarlos. Durante el catastrófico
derrumbamiento habrías sido inapreciable para mí: en la etapa actual, no podría hacer que
me comprendieses. Domine mi depresión con la ayuda de una dieta especial de cuestiones
intelectuales y ahora, bajo la influencia de la distracción, cicatriza lentamente. Estando
contigo, inevitablemente intentaría captar todo a nivel consciente y exponertelo. El
resultado sería que te agobiaría con mis infortunios durante cinco largos días y regresaría
perturbado e insatisfecho. Nadie puede ayudarme con lo que me oprime: es mi cruz y debo
llevarla yo; Dios sabe que, en el proceso de adaptación, mis espaldas se han encorvado
sensiblemente". Fue el encuentro de ese verano el que dio lugar a la ruptura definitiva.
Aproximadamente en esa época, Freud llegó a la conclusión de que la duración
"interminable" de un análisis podría ser, fundamentalmente, una expresión de los fenómenos
de transferencia. El 16 de abril de 1900, escribió a Fliess acerca de un paciente que estaba
concluyendo su análisis: "comienzo a comprender que la aparente interminabilidaddel
tratamiento es algo inherente al mismo y que está relacionada con la transferencia.... si lo
hubiese deseado podría haber continuado el tratamiento, pero intuí que esa prolongación
significa una transacción entre la salud y la enfermedad que los propios pacientes desean y
la que el médico no se debe prestar (C. 133)".
Hubo otro encuentro entre Freud y Fliess, a fines de julio de 1900, cuya descripción fue
publicada por Fliess en 1906. Es de destacar que Freud tardaría un año, en una carta escrita
el 7 de agosto de 1901, en darnos una idea de lo que precipitó la ruptura final: la
incompatibilidad entre la creencia de Freud en el determinismo psíquico y el rígido
presupuesto de Fliess de que todas las psicopatología se hallaba regulada por las leyes de
periodicidad, punto de vista que condujo Fliess a decir: "el adivinador del pensamiento sólo
lee sus propios pensamientos en los de los otros".
Y, aunque en 1906, Fliess afirmara que fue él quien interrumpió la correspondencia, por las
cartas de Freud podemos deducir fácilmente que no fue exactamente así.
Ahora, un nuevo tema comenzó ocupar buena parte de la correspondencia entre ambos. La
madre de la señora Fliess (y de la señora Rie) se encontraba bastante enferma. Su médico
era Breuer, aunque Rie también la asistía. Fliess no estaba de acuerdo con el tratamiento de
Breuer. De ahí que gran parte de la ambivalencia de Freud hacia Fliess pudiera ahora
expresarse en términos de agrias críticas contra Breuer.
Freud comenzó el nuevo año (1901) expresando una esperanza:
1º de enero de 1901.
Querido:
dejo un lado las psicopatología de la vida cotidiana para responderte de inmediato, ahora
que, por fin, la última carta ha roto el alarmante silencio. No pude decidirme presionar que
una vez más pidiendo una respuesta, cuando había demostrado tan claramente que escribir
que resultaba tedioso y que no tenía ninguna necesidad de comunicación. Imagino cuánto te
habrá afectado la enfermedad de tu madre.
Permite me preguntarte si debemos esperar, para intercambiar cartas, a que seguir el
momento que no nos depare nada difícil de soportar.

En esta carta, Freud seguía ofreciendo su amistad, pero esta vez era el quien ayudaba y
aconsejaba, quien ofrecía comprensión y consuelo. Se estaba invirtiendo los papeles.
El 9 de junio de 1901, Freud escribió Fliess una carta de extraordinaria belleza, que puede
considerarse como la carta del adiós:
Querido Wilhelm:
aprovecho este extraño domingo para escribir que una vez más. Se trata del primer domingo
en que soy completamente libre y del cual nada me recuerda que, en otros momentos, soy
médico. ayer trajimos al campo a mi anciana madre, a quien he estado visitando dos veces
por día a horas determinadas, y yo he estado mirando el reloj cada quince minutos para
asegurarme de que no le hacía esperar demasiado tiempo para su inyección. Así, seguimos
sintiendo las cadenas aún después que no son quitadas e ignoramos, realmente, como gozar
de nuestra libertad
me has traído a la memoria aquella época hermosa y difícil en que tenía razones para creer
que estaba muy próximo al fin de mis días y fue tu confianza la que me permitió continuar.
Por cierto, no me comporte muy valiente ni muy sensatamente, entonces. Era demasiado
joven, mis instintos eran excesivamente ávidos y mi curiosidad todavía demasiado grande
para lograr permanecer indiferentes. No obstante, nunca he sentido el mismo optimismo que
tu. Indudablemente, es tonto desear eliminar el sufrimiento y la muerte de la tierra, como
hacemos en nuestros buenos deseos de Año Nuevo, y no fue ésa la razón de que
prescindiéramos de Dios nuestro señor, para traspasar ambas cosas de nosotros y nuestros
seres queridos a los extraños.
En consecuencia, soy más humilde ahora, y estoy más dispuesto soportar lo que haya de
venir. No hay duda de que no todos los deseos pueden cumplirse.
Es verdad que muy duro soportar a personas quejumbrosas. También esto he aprendido
comprenderlo. Hace ya muchas semanas que estoy satisfecho con estado de ánimo.

Aunque, a primera vista, esta carta podría parecer pesimista, de hecho es indicativa de los
grandes progresos realizados por Freud en su capacidad para mantener el equilibrio sin
ayuda de ilusiones. Por su serenidad, es comparable a carta que escribió en época muy
posteriores. Sus observaciones sobre el abandono de la creencia en Dios y la omnipotencia
mágica de nuestras deseos constituyen un preludio de "el porvenir de una ilusión".

La carta siguiente (7 de agosto de 1901), no sólo puso al descubierto todo el conflicto, sino
que reveló gran parte de sus orígenes a diferentes niveles. Discutió en primer lugar, los
desagradables conflictos surgidos entre las familias Fliess y Rie. No vaciló en reiterar su
absoluta confianza directiva por su antiguo amigo Rie y continuó la carta diciendo:
no puede ocultarse el hecho de que nos hemos distanciado. Aquí y allá encuentro evidencia
del distanciamiento.

El siguiente párrafo, crucial, estaba relacionado con el hecho de que Fliess y su esposa se
sentían profundamente decepcionados por la forma en que Breuer llevaba el tratamiento de
la madre de Fliess y, aparentemente, estaban a punto de "descartarlo":
... lo mismo que en el juicio sobre Breuer. Ya no lo desperdició. He sentido su fortaleza. Si
está muerto en lo que a vosotros dos concierne, sigue ejerciendo su poder póstumamente.
¿Qué otra cosa hace tu esposa salvo elaborar, bajo una oscura compulsión, la sombra que
Breuer instaló en su espíritu cuando la felicitó por el hecho de que yo no viniera a Berlín y no
pudiera desbaratar su matrimonio?.

En los dos párrafos siguientes, Freud expresó su dolor por la pérdida del amistad de Fliess:
también es esto has alcanzado el límite de tu perspicacia, toma partido contra mi y me dices
algo que invalida mi obra: "el adivinador del pensamiento sólo lee los suyos propios en los
demás".
Si eso es lo que soy, que aconsejó que arrojes "psicopatología de la vida cotidiana" al cesto
de los papeles, sin leerla. Esta plagada de referencias a ti. Aparte de cualquier valor
permanente que su contenido pueda tener, puede considerarlo como testimonio del papel
que ha desempeñado hasta ahora en mi vida.

Finalmente, un párrafo inédito constituye un elocuente testimonio de la comprensión de


Freud acerca de su propia personalidad:
en lo que respecta al Breuer, tiene ciertamente razón al llamarlo el hermano. No obstante,
no comparto tu desprecio por la amistad entre hombres, probablemente por qué, en gran
medida, soy una parte de ella. Como tú sabes bien, en mi vida una mujer no ha sido jamás
un sustituto de una camarada, de un amigo. Si la inclinación masculina de Breuer no fuese
tan extraña, tan pusilánime, tan contradictorias-como lo es todo en su vida emocional-,
continuaría un hermoso ejemplo del tipo de logros en que podría sublimarse la corriente
andrófila del hombre.
Esta carta contiene el choque inevitable en dos niveles. Los intransigentes sistemas de
Fliess, en el sentido de que los acontecimientos humanos están determinados por factores
cósmicos, eran incompatible con la creencia de Freud en el determinismo psíquico.
El conflicto, en el segundo nivel, derivaba de una incompatibilidad aún mayor. Freud
reconocía abiertamente que la intimidad y amistad entre hombres podía ser el resultado
sumamente adaptativo de tendencias " andrófilas" sublimadas en los hombres o de la ubicua
homosexualidad masculina latente. Lo que lo hacía tan doloroso y producía sentimientos de
culpa era el hecho de que Freud, mientras hablaba de Breuer, en realidad le estaba diciendo
Fliess: "tú también sientes desprecio por este tipo de amistad".
Después de dar este paso decisivo, Freud podía permitirse la realización de su viejo sueño.
En septiembre satisfizo su ardiente deseo de ver Roma.

19 de septiembre de 1901.
Querido Wilhelm:
se, en mi fuero interno, que cuanto dices acerca de mi actitud ante tu obra más importante,
es injusto. Se con cuánta frecuencia he pensado en ella con orgullo e inquietud y cuánto me
perturbó no poder seguirte en alguna conclusión. Bien sabes que carezco y la más mínima
capacidad matemática y que no tengo memoria para los números y las medidas; quizás eso
te dio la impresión de que no sabía apreciar lo que me comunicabas. Quizás te hayas
apresurado al eliminarme como interlocutor.
Yo lamentaba perder a mi "único público". ¿Para quien escribiré ahora?. Si, en cuanto una
interpretación mía te hace sentir incómodo, estas dispuesto a concluir que el "adivinador del
pensamiento" no percibe nada en los demás, sino que proyecta, meramente, sus
pensamientos en ellos, entonces ya no eres realmente mi público y debe considerar toda la
técnica tan inútil como la considerar los demás.
No comprendo tu respuesta sobre la bisexualidad. Obviamente, no resulta muy difícil
comprendernos.
Por mi referencia a ti en "vida cotidiana", como descubridor de la idea, habrá comprobado
que no tengo la intención de exagerar la parte que me corresponde.

La carta de los dos últimos años indican el reconocimiento por parte de Freud de que la
ruptura era inevitable y, por el otro, que resultaba sumamente dolorosa.
La última comunicación fue una tarjeta postal de una línea, enviado durante un viaje a
Italia, escrita del 10 de septiembre de 1902.
Lo que había sido prolongada agonía de una amistad se convirtió en una lamentable ruptura
final en 1904, cuando Fliess acusó Freud de no haber reconocido suficientemente su
prioridad en la conceptualización de la bisexualidad y de no hacer guardar con suficiente
cuidado el "secreto" de las teorías de Fliess: en síntesis, lo acusó de plagio.