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BACHILLERATO AUTOPLANEADO MIXTO

MÓDULO VII

FILOSOFÍA
CONTENIDO

BLOQUE 1: FILOSOFÍA DISCIPLINA GLOBAL……………………….……... 3


1.1 Introducción a la Filosofía
1.1.1 La filosofía como sabiduría
1.1.2 El filosofar y la finalidad de la filosofía
1.2 Las ramas de la filosofía
BLOQUE 2: PENSAMIENTO CLÁSICO GRIEGO……………….……………. 9
2.1 Introducción a la filosofía griega
2.2 Antecedentes de la filosofía griega
2.2.1 La época prefilosófica
2.3 Pensamiento Presocrático
2.3.1 Los Filósofos de Jonia
2.3.2 Filósofos de la Italia Meridional
2.3.3 Los últimos Presocráticos
2.3.3.1 Los sofistas
2.4 La Filosofía en Atenas
2.4.1 Sócrates
2.4.2 Platón
2.4.3 Aristóteles
BLOQUE 3: FILOSOFÍA MEDIEVAL, RENACENTISTA Y MODERNA……. 34
3.1 Transición de la filosofía griega al cristianismo
3.1.1 Estóicos, Epicúreos, Neoplatónicos.
3.1.2 Patrística
3.2 Escolastismo
3.2 Filosofía Renacentista
3.2.1 Filósofos del Renacimiento
3.2.2 La Reforma
3.3 Filosofía Moderna
3.3.1 Idealismo del siglo XVII
3.3.2 La Ilustración siglo XVIII
3.3.2.1 Empirismo
3.3.3 Ilustración Francesa
3.3.4 Idealismo Alemán
3.3.4 Marxismo
BLOQUE 4: FILOSOFÍA POSMODERNA……………………………………… 74
4.1 Pensamiento Filosófico Postmoderno
4.1.1 Nietzsche
4.1.2 Jean FrancoisLyotard
4.1.3 ArjunAppadurai
Referencias……………………………………………………..……… 88
SUGERENCIAS PARA TRABAJAR CON ESTA GUIA

Esta guía ha sido elaborada para los alumnos que cursan el bachillerato en
su modalidad mixta autoplaneada. Tiene el propósito de ayudar a los alumnos a
acceder al conocimiento a través de lecturas y actividades que lo pondrán en
contacto con los contenidos de la asignatura. Es importante que realice todas las
actividades y lecturas.

Para llevar a cabo la lectura de los textos de esta guía se le sugiere hacerlo
siguiendo los momentos que se presentan a continuación.

Antes de comenzar a leer


 Determine el propósito de la lectura: ¿Para qué voy a leer? ¿Qué datos
estoy buscando? ¿Qué voy a hacer con la información que obtenga del
texto?

 De un vistazo general al texto, lea los subtítulos, identifique el tipo de


información que obtendrá de éste.

Durante la lectura
 Identifique las palabras que no conoce y si es necesario busque su
significado en un diccionario o trate de inferir el significado de la palabra por
el contexto del párrafo en que está escrito.

 Si nota que no comprende un párrafo, vuelva a leerlo, intente parafrasearlo,


es decir, explicar con sus palabras lo que el autor quiere decir.

 Decida si es conveniente continuar leyendo, y regresar después al párrafo


anterior, para comprenderlo mejor, o si debe detenerse hasta comprenderlo
totalmente.

 Puede ir tomando sus notas y escribirlas al calce de la hoja o en una hoja


aparte.

Después de leer
 Recupere el contenido del texto, verificando si obtuvo la información
deseada o si es necesario volver a leerlo todo o solo una parte.
 Si tiene alguna duda, anótela y pregúntela a su asesor.
BLOQUE
FILOSOFÍA DISCIPLINA GLOBAL
1

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA

Saberes previos

En pequeños grupos discuta lo que es para usted la Filosofía.

En este bloque se estudiará la definición de filosofía, las categorías


o ramas que ésta estudia, y la forma en que se abordan las
cuestiones que han intrigado a los hombres desde la antigüedad
hasta nuestros días.

Lea el siguiente texto de manera individual y en equipos elaboren


una definición de filosofía.

Definición de filosofía
La definición de la filosofía es una cuestión difícil debido, principalmente, a
la complejidad de su objeto de interés: la realidad. Etimológicamente, filosofía
significa “amor a la sabiduría” (fileo, en griego es amor, y sofía, sabiduría).
Aristóteles decía que “todo ser humano desea, por naturaleza, saber”. Esta
inquietud natural del ser humano resulta fundamental para explicar la existencia
de la filosofía, pero no da una definición lo suficientemente precisa como para
distinguir la filosofía de otros saberes.

Algunos autores han intentado zanjar la cuestión definiendo la filosofía como


aquello que hacen los filósofos. Pero este intento, más humorístico que riguroso,
no clarifica la cuestión. Habría que preguntarse entonces qué es un filósofo, y se
caería en un círculo vicioso de difícil solución. Para buscar una definición más
rigurosa, procederemos afirmando que la filosofía es un tipo de saber que se
determina por una serie de características específicas:

 La filosofía es un saber racional que se cuestiona el porqué último de


las cosas. La experiencia muestra cómo son las cosas pero no por qué
son las cosas. Para responder a esta cuestión, la filosofía procede de un
modo racional, es decir, basándose en argumentaciones y demostraciones
lógicas. Esto no quiere decir que la filosofía desprecie los datos sensibles,
pues no se puede reflexionar en vacío.

 La filosofía es un saber radical que abarca toda la realidad y no


parcelas de la misma, al modo de las ciencias experimentales. No pone
límites a sus preguntas.

 La filosofía es un saber crítico que ofrece pautas de interpretación de


la realidad y de la vida para un acercamiento al ideal humano. La filosofía
no da nada por supuesto, es capaz de cuestionar ideas aceptadas por la
tradición o el mero sentido común.

 La filosofía es un saber autónomo no supeditado a otros tipos de


saberes aunque pueda coexistir con ellos y aportar sus reflexiones sobre
los mismos.

Gómez, R y Torrio,J. Filosofía y Ciudadanía. P.19.

Responda a las siguientes preguntas, con base en la información que


presenta el texto que se muestra a continuación.

Según el autor del texto:

 ¿Cuál es la diferencia entre la “animalidad” y la


“racionalidad”?
 ¿Cuál es la diferencia entre un científico y un filósofo?
 ¿Por qué se dice que todo hombre tiene en el fondo su
filosofía?
La utilidad de la Filosofía
Es muy frecuente oír la pregunta de para qué sirve, cual es la utilidad de la
filosofía. ¿Para qué ciertos hombres se dedican a abstrusas cavilaciones sobre el
rigor y la naturaleza última de las cosas? ¿Para qué sirven estos estudios? ¿Qué
utilidad práctica pueden reportarnos? ¿Simplemente, como parece acontecer, la de
engendrar nuevas especulaciones y enseñarlas a nuevas generaciones?

En términos generales, ha de contestarse a esta objeción que la filosofía, en


efecto, no sirve para nada, pero que en esto precisamente radica su grandeza. Las
diversas técnicas sirven al hombre y el hombre sirve a la filosofía en cuanto que la
escencia diferencial de su naturaleza propiamente humana es la racionalidad, y
éste le exige la contemplación intelectual del ser, el conocimiento desinteresado de
la escencia de las cosas. La diferencia fundamental entre la animalidad y la
racionalidad es, precisamente, ésta: el animal, ante un objeto cualquiera, si es
desconocido para él, puede mostrar algo parecido a la perplejidad inquisitiva, pero
lo que oscuramente se pregunta es: ¿para qué sirve esto?, ¿en qué relación estará
conmigo?, ¿se trata de algo perjudicial, indiferente o beneficioso? Cuando el
animal se tranquiliza respecto a esta cuestión no siente otra preocupación ante las
cosas. El hombre, en cambio, es el único animal que traspasa esta esfera utilitaria
y se pregunta de más ¿qué es? A esto solo se puede responder con la escencia
de las cosas, cuya reproducción en la mente del hombre es la idea o concepto.

Ante un extraño fenómeno que aparece en el cielo no se satisface un hombre


asegurándole “que está muy lejos” o que “es inofensivo”. Será preciso explicarle
que se trata, por ejemplo, de una aurora boreal, y si sabe qué es ello se dará por
satisfecho. De este género de curiosidad puramente cognoscitiva es de lo que
nunca dio muestra un animal. Por eso los animales no hablan: expresan, sí, su
temor, o su dolor, su contento, todas sus reacciones sentimentales ante las cosas,
pero el hablar consiste en expresar juicios, y en los juicios uno por lo menos de sus
términos (el predicado) ha de ser un concepto o universal. Porque lo individual sólo
se puede atribuir a ello mismo (<este pan> o <Juan> sólo se puede predicar de
este pan o de Juan). Por eso tampoco los animales ríen. Porque la risa se provoca
por el contraste entre una idea que poseemos y la realidad concreta, que resulta
mucho más baladí. Por eso tampoco los animales progresan, porque la técnica
nace de la ciencia, y de la ciencia se forma de leyes y principios, que son juicios.

Muchas masas humanas viven de acuerdo con una organización de la vida


que se asemeja mucho a la vida animal. Viven en una actividad incesante, febril,
encaminada a producir medios o útiles para satisfacer las necesidades de la vida
misma. Diríase que su existir es un ciclo estéril que sólo sirve para mantenerse así
mismo y repetirse indefinidamente. Si se suprimiese el todo se habría resuelto dos
problemas a la vez: el de la producción y el de la vida, y podría pensarse que nada
se ha perdido. Quienes viven de tal forma sólo conciben preguntar ante una obra
de arte, ¿cuánto valdrá?, o ante un descubrimiento científico, ¿para qué servirá?
La filosofía –la ciencia pura- y el arte son precisamente las cosas que rompen
ese círculo vicioso y confieren un sentido y un valor a la vida. El científico
especulativo –el matemático, el físico, el químico, etc.- investigan por la
contemplación pura, por el conocer sin más, aunque en estas ciencias, por la
cercana y posible aplicación técnica de sus resultados, sea frecuente el que al
investigador lo muevan también miras utilitarias, prácticas. Por esto, que no ocurre
siempre al científico, no sucede nunca al filósofo porque su campo está más allá
de la posibilidad de aplicaciones técnicas. Así, y como dice Aristóteles, <entre las
ciencias, aquellas que se busca por sí misma, sólo por el ancia de saber, es más
filosófica que la que se estudia por sus resultados prácticos; así como la que
domina a las demás es más filosófica que la que está subordinada a otra> (Mt. I,2.)

La filosofía, pues, no es un medio, sino un fin; no sirve, sino que es servida por
todas las cosas, por el hombre mismo, por lo más noble de él, que es su facultad
intelectual.

Sentado, pues, que la filosofía no tiene una utilidad técnica, cabría, sin
embargo, retrotraer la cuestión a un plano más profundo –metafísico o personal- y
preguntar si la filosofía podrá tener alguna repercusión útil de carácter espiritual. Y
a esta pregunta han sido varias y opuestas las respuestas a lo largo de la
historia…

La filosofía no es así ciencia pura, sino más bien sabiduría, saber total, íntimo,
que incluye y compromete al hombre todo con sus facultades diversas. De este
modo, cuando decimos que todo hombre tiene en el fondo su filosofía, que es
filósofo sin saberlo, queremos significar, no solo que posee una concepción de la
existencia, si no que adopta, en consecuencia, una determinada actitud ante la
vida.

Y esta fusión de la filosofía y la vida humana en su sentido más profundo, hace


que la historia de la filosofía coincida, en rigor, con la historia de la vida del
hombre. Ambas, filosofía y vida, se penetran de tal modo a lo largo de la vida
universal que unas veces es la filosofía la que determina la evolución de la
humanidad y otras es la evolución humana la que exige una determinada filosofía.

Por esto, puede decirse con toda propiedad que la más profunda historia de la
humanidad que puede escribirse es la historia de la filosofía.

Gambra, R. Historia sencilla de la filosofía. P. 26 – 29.


Lea el siguiente texto y elabore un organizador gráfico con la
información que presenta respecto a las ramas de la filosofía.

Las ramas de la Filosofía


Si la filosofía es, antes que cualquier otra cosa, una forma de preguntar,
entonces puede preguntarse sobre prácticamente todo. Conforme vayas
conociendo la historia de las doctrinas filosóficas te darás cuenta en qué
medida los filósofos se han preguntado por todo.
Pero a pesar de esta vastedad de las interrogantes filosóficas, las
respuestas que componen el saber producido por la filosofía no son tan
desmedidas. En realidad, el saber que éstas producen puede agruparse en
unas cuantas categorías o ramas que lo reúnen temáticamente. Por decirlo de
otra manera, los filósofos inquieren por todo, pero las respuestas a sus
preguntas se encaminan siempre a algunas de las áreas en que se suele
dividir la filosofía.
En principio, y de manera tradicional, las ramas de la filosofía son:
 Metafísica
 Ontología
 Lógica
 Ética
 Estética
 Epistemología
A continuación te presentamos, de manera general, las definiciones de
estas disciplinas para que las compares con las formas en que tú las definías.
Metafísica. La historia de esta rama es curiosa. Aristóteles, uno de los
principales filósofos de la antigüedad, escribió una serie de libros. En la Edad
Media estos libros fueron agrupados por un editor en un solo tomo, sin título. El
editor colocó ese tomo después de los libros de física, y entonces se le ocurrió
que ese libro se llamara Metafísica, que quiere decir “después de la física”. […]
La metafísica, por lo tanto, es la rama de la filosofía en la que se agrupan
las inquietudes alrededor del origen de las cosas, su naturaleza y la forma en
que se producen, etcétera. Es, en suma, la disciplina que se ocupa del ser, en
tanto que ser.
Ontología. A diferencia de la metafísica, la ontología se ocupa del ser que
es. Es decir, de cómo existen las cosas que existen. No se preocupa tanto por
preguntarse por las causas, sino por la forma en que las cosas son en la
realidad.
Lógica. Es la rama donde se agrupan las preguntas y los saberes sobre
cuáles son los principios y las formas más adecuadas del razonamiento. Lógica
es un término que proviene del griego logikós (logikê-logikós), que a su vez se
originó de lógos, que significa palabra, razón, pensamiento. En un principio, la
palabra se definía como la inquietud por la forma correcta de pensar.
Por mucho tiempo la lógica más importante fue la de Aristóteles, que
describe las formas más adecuadas de razonar. Pero la lógica ha cambiado,
sobre todo a partir de los desarrollos más complejos de la lógica matemática;
en la actualidad se plantea problemas alrededor de la formalización del
pensamiento, la exploración de la forma de los argumentos, etcétera.
Ética. La ética es la rama de la filosofía que se considera práctica, agrupa
todas las inquietudes y preocupaciones de carácter práctico sobre la
existencia. Ahí se encuentran preguntas teóricas que van desde la que inquiere
qué es el bien, hasta preguntas muy prácticas como la que cuestiona cuál es la
mejor forma de vivir. El término ética viene del griego ethos, que significa, entre
otras cosas, “costumbre” y “carácter”, de modo que la ética es también la rama
de la filosofía donde aparecen las preguntas y las respuestas sobre la
conducta y la naturaleza del hombre como ser moral.
Estética. Si bien el término estética fue adoptado tardíamente (en el siglo
XVIII) para agrupar las preocupaciones sobre la naturaleza de la belleza, el
arte y la sensibilidad, en realidad, las ideas, los problemas y las doctrinas sobre
la belleza existen desde la antigüedad. En ellas se encuentran desde
preguntas de índole teórica, por ejemplo, cuál es la naturaleza del bien, cómo
es que sentimos lo bello, hasta preguntas prácticas como en dónde radica la
belleza, cómo se logra el efecto sublime, etcétera.
Epistemología o teoría del conocimiento. Ésta es una rama de la filosofía
que comenzó a agrupar, a partir del pensamiento moderno y del idealismo
alemán, cierto tipo de problemas y de saberes que no existían con anterioridad.
Se trata de problemas que se ocupan de la definición del saber, pero también
de las fuentes, los criterios de verdad y verificación, los tipos de conocimiento
posible y el grado con el que cada uno resulta cierto, así como de la relación
exacta entre el que conoce y el objeto conocido.

Priani, E y López I. Historia de las Doctrinas Filosóficas. P.5-6.

Actividad de evaluación

Elabore un ensayo de entre 200 y 300 palabras con el título:


“¿Por qué estudiar filosofía en un sistema de bachillerato
autoplaneado mixto?”. Utilice los contenidos aprendidos en este
bloque.
BLOQUE
PENSAMIENTO CLÁSICO GRIEGO
2

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA GRIEGA

Saberes previos

Discuta las diferentes opiniones existentes en el grupo respecto a los


siguientes temas:

 ¿Cómo consideran que se originó el mundo y todas las cosas que


hay en él?
 ¿Cómo inició la naturaleza?
 ¿Quién hizo todas las cosas y cómo las hizo?
 El origen de todo, ¿se puede ver y tocar?
 ¿Cómo es que con el pasar de los años, todo sigue funcionando?
 ¿Las cosas que se disuelven o destruyen a dónde se van?
En este bloque se estudiarán las explicaciones que los
griegos dieron a estas y otras preguntas.

¨EPOCA PREFILOSÓFICA (HOMERO Y HESÍODO)

Responda a las siguientes preguntas, con base en la información que


presenta el texto que se muestra a continuación.

De acuerdo con la lectura de “Los poemas homéricos y los


poemas gnómicos:

 ¿Por qué es indispensable para comprender la filosofía de


un pueblo referirse al arte, la religión y a las condiciones
socio-políticas de éste?
 ¿Qué recursos utilizan Homero y Hesíodo para explicar su
forma de entender lo que sucede en el mundo?
 ¿Cuál es la explicación que dan?
Los poemas homéricos y los poetas gnómicos

Los estudiosos están de acuerdo en considerar que para poder comprender la


filosofía de un pueble y de una civilización es indispensable referirse: 1) al arte 2)
a la religión; 3) a las condiciones socio-políticas de ese pueblo.

1) En efecto el gran arte tiende a alcanzar de modo mítico y fantástico, o sea


mediante la intuición y la imaginación objetivos que también son propios de
la filosofía.

2) Y la religión, análogamente, tiende a alcanzar por vía de fe ciertos objetivos


que la filosofía busca alcanzar con los conceptos y la razón.

3) No menos importantes (y actualmente se insiste mucho en este punto) son


las condiciones socio-económicas y políticas que con frecuencia
condicionan el nacimiento de determinadas ideas y que, en particular, en el
mundo griego, al crear las primeras formas de libertad institucionalizada y
de la democracia, hicieron posible el nacimiento de la filosofía que se
alimenta de manera esencial de la libertad.

Comencemos por el primer punto.

Anteriormente al nacimiento de la filosofía, los poetas tuvieron gran


importancia en la educación y la formación espiritual de hombre griego, mucho
más de la que tuvieron en otros pueblos. La primera cultura griega buscó alimento
prevalentemente en los poemas homéricos, o sea, en La Iliada y en La Odisea.
(Que como se sabe ejercieron solo una influencia análoga a la influencia que
ejerció la Biblia entre los hebreos, pues en Grecia no existían textos sagrados), en
Esíodo y en los poetas gnómicos de los siglos VII y VI a.C.

Ahora bien, los poemas homéricos contienen algunas peculiaridades que los
diferencian de los poetas que están al origen de la civilización de otros pueblos y
contienen ya algunos caracteres del espíritu griego que resultaron esenciales para
la creación de la filosofía.

a) En efecto, Homero tiene un gran sentido de la armonía, la proporción, el


límite y la medida.

b) No se limita sólo a narrar una serie de hechos sino que busca también las
causas y las razones (así sea solo a nivel mítico-fantástico):

c) Busca de varias maneras presentar la realidad en su totalidad así sea sólo


en forma mítica (dioses y hombres, cielo y tierra, guerra y paz, bien y mal,
alegría y dolor, totalidad de los valores que rigen la vida del hombre)
Muy importante para los Griegos fue luego Esíodo con su Teogonía, que
narra el nacimiento de todos los dioses. Y porque muchos dioses coinciden con
partes del universo y con fenómenos del cosmos, la teogonía llega también a
ser cosmogonía, o sea, explicación mítico-poética y fantástica del origen del
universo y de los fenómenos cósmicos a partir del caos original que fue el
primero en generarse. Este poema allanó el camino de la subsiguiente
cosmología filosófica que buscará con la razón, y ya no con la fantasía, el
“primer principio” del que todo se generó. Y el mismo Esíodo, con otro de sus
poemas Los trabajos y los días, pero sobre todo los poetas posteriores
imprimieron en la mentalidad griega algunos principios que serán de gran
importancia para la constitución de la ética y en general del pensamiento
filosófico antiguo. La justicia es exaltada como un valor supremo en muchos
poetas y llegará a ser su concepto ontológico (que concierne al ser, es decir,
algo fundamental), además de moral y político, en muchos filósofos y
especialmente en Platón. […]

Algunos rasgos esenciales de la religión pública

Para Homero y para Esíodo, que constituyen el punto de referencia para


las creencias propias de la religión pública, puede decirse que todo cuanto
existe es divino porque todo lo que ocurre es explicado en función de
intervenciones divinas. Los fenómenos naturales son producidos por seres
divinos: truenos y rayos lanzados por Júpiter desde lo alto del Olimpo, las
ondas del mar son levantadas por el tridente de Poseidón, el sol es llevado por
el áureo carro de Apolo y así sucesivamente. Pero ¿quiénes son estos dioses?
Como ya hace tiempo los estudiosos han reconocido y puesto en evidencia,
estos dioses son fuerzas naturales personificadas en formas humanas
idealizadas también fuerzas de aspectos humanos sublimados y presentados
en espléndidas imágenes antropomorfas (Además de los ejemplos ya dados
recordemos que Zeus es la personificación de la justicia, Atenas de la
inteligencia, Afrodita del amor, etc.)

Estos dioses son, pues, hombres amplificados e idealizados y, por lo tanto,


diferentes del hombre común sólo por cantidad y no por cualidad. Por eso, los
estudiosos clasifican la religión pública de los Griegos como una forma de
“naturismo”, en cuanto ella exige del hombre no el cabio de la propia
naturaleza, o sea, elevarse por encima de sí mismo, sino al contrario, seguir la
propia naturaleza. Todo cuanto se requiere del hombre es que haga lo que
está conforme con la propia naturaleza en honor de los dioses. Y así como la
religión pública griega fue “naturista” así “naturista” fue también la primera
filosofía griega y la referencia a la naturaleza permaneció como una constante
del pensamiento griego a lo largo d todo su desarrollo histórico.

Reale, G. y Antíseri, D. Historia de la filosofía, V. 1. P. 19-22


PENSAMIENTO PRESOCRÁTICO

Lea el siguiente texto.

Los filósofos presocráticos


Los primeros filósofos o físicos se preguntaban de qué están formados los
cuerpos que componen el mundo. El mundo ofrecía un aspecto cambiante; el día y
la noche, el verano y el invierno, el nacer y el perecer; pero también hay un
elemento común, algo que permanece, tras esos cambios. Ese elemento es la
physis, la naturaleza o principio, de la cual forman parte todas las cosas. Los
filósofos griegos buscan ese principio, esa naturaleza común.

¿Cuál es el primer principio de las cosas o physis? Los primeros modelos


racionales fueron muy simples. La actividad de los primeros filósofos se puede
considerar ya como una actividad precientífica porque partían de la observación
de la realidad y mediante el uso de la razón elaboraban hipótesis que pretendían
explicar esa realidad. Los griegos demostraron una gran capacidad de abstracción
y una preocupación por elaborar un conocimiento organizado, sistemático; una
episteme, lo que nosotros llamamos ciencia.

Momparler, A. Historia a la Filosofía. Pág. 17

Lea los dos textos que se presentan a continuación y elabore


un organizador gráfico que plasme la explicación que dieron al origen del
mundo los filósofos de Mileto: Tales, Anaxímenes y Anaximandro.

La Escuela de Mileto: Tales, Anaxímenes y Anaximandro

Mileto fue una antigua ciudad jonia, ubicada en la costa occidental de lo que
hoy es territorio turco. Fue ahí donde surgió una de las primeras escuelas
filosóficas propiamente dichas. A diferencia de los antiguos poetas, cuya labor
primordial fue la composición de obras bellas que preservaran la tradición mítica,
los pensadores de Mileto emprendieron investigaciones que apuntaban hacia fines
muy claros y que se orientaban por una pregunta bien definida: ¿Cuál es el arjé de
todas las cosas?
En filosofía es importante considerar las palabras con que se hacen las
preguntas porque revelan mucho más de lo que se cree. La palabra arjé al mismo
tiempo principio y fundamento, pero también sustancia y materia. Esto quiere decir
que los filósofos de la escuela de Mileto buscaban algo que diera “origen” pero
también que fuera la base de todas las cosas que había en el mundo, y una
materia de la que todo estuviera compuesto.

Si entiendes bien la pregunta, notarás fácilmente por qué llegaron a ciertas


respuestas. Se preguntaban por algo común, que estuviera primero y en todo.
Pero, además, que fuera una forma material o sustancial, identificable en todas y
cada una de las cosas. Por eso no debe extrañarnos que concluyeran que el arjé
fuera un elemento como el agua, el aire o el fuego.

Priani, E y López, I. Historia de las Doctrinas Filosóficas. Pags. 23 y 24.

El problema de la physis (presentación)

El problema que más atrajo la atención de los primeros filósofos griegos –


también llamados presocráticos o filósofos de la naturaleza- se conoce como el
problema de la physis, o el problema de la naturaleza.

El término griego physis tiene el mismo sentido que la palabra latina natura;
ambos significan naturaleza. Natura viene del verbo nascor, cuyas acepciones
principales son nacer, hacer, producir. El término physis, a la vez, se deriva dl
verbo phyo, que también significa hacer, producir.

Teniendo en cuenta la etimología de las palabras physis y natura


afirmaremos que el sentido más propio de “naturaleza” es el origen y producción
de las cosas en general. La naturaleza, así entendida, se convierte en el arjé de
las cosas. El problema de la physis es ahora el problema del arjé de la cosas.

La palabra griega arjé significa principio; por lo tanto, el problema de la


physis es el siguiente: ¿cuál es el principio (arjé) de donde proceden todas las
cosas cuando empiezan a existir y a donde regresan cuando se disuelven?
Conviene advertir que este planteamiento es diferente del formulado con
anterioridad: el pensamiento mítico se preguntaba por la causa de las cosas o de
los fenómenos.

Una diferencia muy plausible entre causa y principio es que la primera es


algo externo a lo causado; mientras que el segundo, desde que la cosa se inicia
hasta que se termina, se mantiene como constitutivo de ella.
La naturaleza, además de ser entendida como principio, se empleó también
para designar la totalidad de las cosas, o bien, aquello que es propio de alguna
clase de seres. Cualquiera que fuera el sentido en que se entendiera la physis,
siempre se le anexaban las connotaciones de material y dinámica. Al considerar al
arjé como material, implícitamente se le estaba concibiendo como natural, como
no-divino. Siendo la physis algo dinámico, se le relacionaba con procesos que
tenían que estar regulados y ordenados, es decir, la physis era el fundamento del
cosmos o de un mundo en armonía. […]

Tales de Mileto (624-562 a. C.)


Según Aristóteles, a este personaje se le considera el iniciador de la filosofía
por haber sido el primero que, al preguntarse sobre el origen y principio de la
cosas, concretó, de manera objetiva, el problema con el cual daría comienzo la
actitud filosófica que busca explicaciones racionales.

Dicho problema fue el del arjé o principio de las cosas, es decir, la


preocupación por encontrar el elemento del cual proceden las cosas cuando
aparecen y al cual regresan cuando dejan de ser lo que son.

Tres son las afirmaciones de Tales de Mileto relacionadas con este


problema:
 La Tierra flota sobre el agua.
 El agua es el principio de todas las cosas.
 Todas las cosas están llenas de dioses (o espíritus).

La primera afirmación es todavía una repercusión de las ideas mitológicas


de los siglos VIII y VII a. C. La tercera ha sido objeto de las más variadas
interpretaciones. Algunos dirán que Tales se refería a las fuerzas de la naturaleza;
otros supondrán que a las propiedades de atracción que tienen algunas
sustancias, como el ámbar.

La segunda afirmación es la que contiene propiamente la solución que él


formuló al problema del arjé. Tales consideraba que el agua es la sustancia
primordial, es decir, el elemento primario de todas las cosas, porque sus
observaciones lo llevaron a concluir que toda manifestación vital se da en un
ambiente de humedad y que todas las cosas son húmedas por naturaleza. […]

Anaxímenes (circa 588-524 a. C.)


La escuela de Mileto tuvo tres miembros: Tales, que fue el iniciador;
Anaximandro, asociado de Tales; y Anaxímenes, asociado de Anaximandro. En
una exposición cronológica correspondería presentar, en este apartado, la
solución de Anaximandro al problema del arjé; pero, de acuerdo con el criterio de
clasificación que estamos manejando, nos ocuparemos primero de Anaxímenes,
porque él, al igual que Tales, propuso como principio de las cosas un elemento
observable. Ambas soluciones se pueden considerar como físicas.
Los griegos

Anaxímenes estableció el aire como principio de todas las cosas. El aire,


para que pueda fungir como constitutivo universal, necesita tener básicamente dos
características: ser transformable y ser infinito. El aire es transformable, es decir,
puede adoptar cualquier forma, como veremos después en la teoría de la
evolución. El aire además es infinito y, por eso, no se agota en las múltiples
transformaciones.

Anaxímenes comparó al aire con el aliento o soplo que sostiene nuestro


cuerpo a modo de alma. Afirmaba: “Así como nuestra alma, que es aire, nos
sostiene, así también el soplo y el aire rodean el mundo entero”.

La Tierra, según Anaxímenes, es como una mesa (o una tabla) que está
sostenida sobre el aire; de igual manera se encuentran los astros, aunque éstos
son materia ígnea. Del aire, como sustancia primaria, resultan todas las cosas,
mediante un proceso de dilatación (aráiosis) y condensación (pyknosis). El
proceso evolutivo se opera en esta forma: cuando el aire se dilata se hace cálido y
ligero, y se transforma en éter; por el contrario, cuando se condensa, se hace frío
y pesado y, según que se condensa más y más, va adquiriendo la forma de viento,
nubes, agua, tierra, piedras y de todas las cosas.

Fácil es advertir que uno de los méritos de Anaxímenes fue haber


presentado una teoría de la evolución, apoyada en principios rectores […]

Soluciones metafísicas

A las soluciones presentadas por Tales y por Anaxímenes las hemos


llamado “soluciones físicas”, porque tanto el agua como el aire son objetos de
naturaleza sensible. Por el contrario, los cuatro filósofos que siguieron.
Anaximandro, Pitágoras, Heráclito y Parménides- ofrecieron soluciones al
problema de la physis, basadas en entidades cuyo ser solamente es accesible a la
inteligencia. En otras palabras, el ser de dichas entidades parece existir más allá
de lo físico. Por esta razón las soluciones del segundo grupo de filósofos fueron
calificadas como metafísicas.

Anaximandro de Mileto (circa 610-547 a. C)

Este filósofo es anterior a Anaxímenes, aunque explicamos su posición hasta


ahora porque consideramos que la solución que ofrece al problema de la physis es
de carácter metafísico.

Para Anaximandro el principio de donde proceden todas las cosas no podía


ser una cosa determinada, como el agua, sino algo indeterminado, infinito,
inmortal, que lo gobierna todo y al cual llamó ápeiron. La posición de
Anaximandro no sólo parecía lógica, sino que ofreció una nueva perspectiva para
la comprensión del arjé. En efecto, el principio fundamental tenía que ser
indeterminado, ya que solamente lo indeterminado podría recibir determinaciones.
Por otro lado, también tenía que ser infinito y causa del orden para que no se
agotase y pudiera seguir conduciendo los movimientos procedentes de él.

Con Anaximandro, el arjé como principio primordial adquirió su perfil más


completo:
 Indeterminado e infinito.
 Fuente de justicia y gobierno.
 Dinámico en sí mismo, por contener la oposición de los contrarios. […]

Chavés, P. Historias de las doctrinas Filosóficas. Págs. 19 a la 23.

Lea el texto que se presenta a continuación y al terminar escriba un


párrafo en donde explique si está de acuerdo con la teoría de Pitágoras y
los pitagóricos, recuerde la importancia de fundamentar sus ideas.

Pitágoras y los pitagóricos


Otro filosofo presocrático llamado Pitágoras, originario de Samos (5532 a. C.)
encuentra una solución diferente al problema del origen de todas las cosas.

Se ha considerado que la filosofía de Pitágoras representa una transacción


entre el pensamiento griego y el oriental, del que retomó, por ejemplo, la doctrina
de la trasmigración de las almas o metempsicosis, según la cual las almas van
rencarnando en seres cada vez más perfectos. También se dice que este filósofo
presocrático estuvo en Egipto, donde encontró en contacto con las doctrinas de
connotados sacerdotes, y que además fundó en Crotona, hacia el año de 530, una
comunidad de carácter religiosa. Los miembros de esta comunidad iban vestidos
de blanco y eran vegetarianos, se alimentaban principalmente de miel, pan y agua.

La doctrina pitagórica comprendía dos tipos de seguidores: los llamados


exotéricos que eran solo novicios y los esotéricos, aptos para conocer los más
profundos secretos de esta filosofía en sus dimensiones metafísicas y místicas.

Para los pitagóricos lo permanente, lo que constituye la esencia de las cosas,


se encuentra en los números.

Frente a los continuos cambios que experimenta la realidad, en los que había
reparado Heráclito, los pitagóricos sostienen que los conceptos matemáticos
poseen una validez intemporal, ya que son eternos, increados, imperecederos e
inmóviles. De esta manera perciben que la realidad, que el mundo entero tiene un
orden acorde a un sistema numérico. Declaran que las cosas son copias o
imitaciones de los números.

El conocimiento es una determinación matemática, por medio del número es


posible determinar lo que son las cosas, pues se logra un adecuado
consentimiento de éstas en la medida en que se conciben en una expresión
matemática.

Según los pitagóricos el orden armónico que el elemento matemático le


imprime a la realidad se refleja elocuentemente en la música. La relación entre
las longitudes de las cuerdas y las notas correspondientes fue aprovechada por
estos filósofos para desarrollar un estudio cuantitativo de lo musical. Como las
distancias de los planetas corresponden aproximadamente a los intervalos
musicales, pensaban que cada astro emite una nota y que todas juntas componen
una armonía o música celestial imperceptible al oído por ser constante y sin
variaciones […]

Escobar, G. Filosofía. Pág. 53

En grupos de 3 personas, discutan sobre la existencia de la


realidad y el mundo, tomando cada uno la postura de un filósofo de los que
se presentan a continuación. Para defender mejor sus ideas, investiguen
más sobre ellos.

Últimos presocráticos
Heráclito de Efeso. Para Heráclito lo único constante en el universo es el
cambio; las cosas están siempre deviniendo otra cosa (devenir, “llegar a ser”, el
ser como proceso designa todas las formas de llegar a ser, del cambiar, del
moverse, del pasar). Heráclito afirma que la physis es el fuego, cuya característica
más evidente es el cambio. Su aforismo más conocido era que nadie puede
bañarse dos veces en el mismo río. Para Heráclito el cambio no es caprichoso
sino que obedece a leyes. Existe una armonía universal que mantiene las cosas
en equilibrio dinámico.

Parménides de Elea, discípulo de Pitágoras. Sostenía que los sentidos nos


engañan y que, aunque parezca que todo cambia, en realidad este cambio no es
más que una ilusión. Para Parménides, el mundo existe desde siempre, pues es
absurdo pensar que algo pueda surgir de la nada. Sólo hay una realidad y ésta
sólo puede ser conocida por la razón.
Empédocles, concilia las ideas de alguno de los filósofos anteriores, pues
reduce la realidad no a uno, sino a los cuatro elementos: el agua, el aire, la tierra
y el fuego. Todo cambio se explica, a través de la unión o la separación de estos
cuatro elementos. Y son dos las fueras básicas de la naturaleza que provocan
estos dos movimientos: la fuerza del amor, que une los elementos y la fuerza del
odio que los separa.

Mamparler, A. Introducción a la Filosofía. Pág. 18

SOFISTAS

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.

 ¿En qué contexto histórico aparecen los sofistas?


 ¿Qué caracterizaba a los sofistas?
 ¿Qué tienen en común Cacilces, Gorgias y Protágoras?

El relativismo moral: Sócrates y los Sofistas

El siglo V a. C. es una época de gran dinamismo en Grecia. Las ciudades –


estado crecen en mucha de ellas se consolida la democracia. En Atenas, todos los
hombres libres adquieren la ciudadanía, el derecho a votar y a discutir sobre los
asuntos públicos. También el comercio se desarrolla en Atenas. Los barcos
atenienses cruasán el Mediterráneo. En el puerto ateniense de El Pireo, anclan
naves que transportan ideas y mercancías de lejanas regiones. El ciudadano
ateniense entra en contacto con otras religiones, con otros valores y con otras
maneras de ver la vida.

Al mismo tiempo, el ciudadano ateniense necesita una nueva educación. Para


triunfar en la polis debe aprender a hablar en público, a defender sus ideas, a dar
argumentos y razones.

Los sofistas son la respuesta a esta necesidad. Sofista viene del griego sofos,
que quiere decir sabio. Los sofistas son maestros en el arte de convencer, de
persuadir, de argumentar. Los sofistas enseñan a los jóvenes griegos a discutir y a
defender sus puntos de vista con la fuerza del lenguaje y del raciocinio.
Esta nueva generación de maestros vive de sus enseñanzas. Cobran por
transmitir su arte de la persuasión, a diferencia de los viejos sabios griegos, como
Pitágoras y Tales de Mileto, que no cobraban por enseñar.

El poder de la razón

Los sofistas pronto se dieron cuenta de que la argumentación lógica es


poderosísima, y que puede engañar. Un sofista hábil puede hacer que una acción
buena parezca mala, y que una mala parezca buena. Por ejemplo, se cuenta que
un sofista presumía de ser tan buen maestro que era capaz de enseñar a sus
discípulos a convencer a cualquier persona de cualquier cosa. Cuando uno de sus
discípulos culminó su enseñanza con él, le dijo: “Te voy a convencer de que no me
cobres. Si te convenzo, entonces no me cobrarás, pues ya te he convencido. Si no
te convenzo, no me cobraras, porque no me has enseñado a convencer”. Esta
capacidad de raciocinio llevó: a que muchos empezaran a poner en duda la
existencia de la verdad. A base de defender cualquier causa, o argumentar
cualquier punto de vista si se les pagaba por ello, los sofistas perdieron su fe en la
verdad.

Usualmente se ataca a los sofistas como corruptores del mundo griego. Este
ataque tiene parte de razón, pues la sofística debilitó los valores religiosos y las
tradiciones que sostenían a las ciudades –estado, y difundió un relativismo ético, y
un individualismo que hacía daño a la vida civil. Aunque también es cierto que los
sofistas fueron educadores y forjadores del mundo griego. La democracia requiere
de buenos discursos y buenos argumentos. De lo contrario se convierte en tiranía.
Los sofistas fueron educadores para la democracia.

A continuación enunciaremos brevemente las tesis de algunos sofistas.

Calicles

Calicles ha pasado a la historia por su tesis “la ley es la del más fuerte” según
Calicles no hay que fundamentar la ética con teoría, ni justificarla racionalmente.
Algo es bueno si yo puedo hacerlo. Ser justo equivale a ser poderoso. Hablar de
objetividad y universalidad de la ética es absurdo. El hombre fuerte no justifica su
comportamiento, sencillamente lo impone y aplasta a los demás.

Calicles dice: “pero la naturaleza demuestra que es justo que el que vale más,
tenga más que otro que vale menos, y que el más fuerte, tenga más que el débil.
Ello hace ver en mil ocasiones que esto es lo que sucede tanto respecto a los
animales, como de los hombres mismos, entre los cuales vemos ciudades enteras
donde la regla de lo justo es que el más fuerte mande al débil, y que posea más”.
[…]
Gorgias de Leontino

Gorgias fue un sofista muy respetado por sus conciudadanos, pues su


destreza para hablar y para convencer trajo beneficios a su ciudad. Gorgias ha
pasado a la historia por afirmar que el saber fundamenta y más importante es la
retórica, arte de persuadir.

Gorgias sostenía que el verdadero poder y saber es la capacidad de


convencer. Por ejemplo, un médico experto que no convence a su paciente de
tomarse las medicinas convenientes, no curará a nadie. Si el paciente no es
convencido por el médico de que ingerir tal remedio lo curará, el médico ha
fracasado en su tarea de curar. Sería mucho más útil, en este caso, un buen
retórico que supiera convencer al paciente de tomar tal o cual medicina.

En un alarde de maestría, Gorgias gustaba “demostrar” al público tesis


absurdas (tales como “Nada existe”) para presumir su capacidad persuasiva.

Protágoras de Abdera

A Protágoras se le atribuye la frase “El hombre es la medida de todas las


cosas”. Es difícil de saber qué fue exactamente lo que quiso decir Protágoras. La
mayoría de los estudios, incluyendo a Aristóteles, piensan que implica un
antropocentrismo y subjetivismo, es decir, para Protágoras no existe un punto de
vista objetivo de nada pues todo depende del individuo que juzga. No hay leyes
morales universales, ni conocimientos científicos válidos. Todo son apreciaciones
personales y subjetivas.

Cuando una persona afirma “Esa es tu verdad, pero yo tengo mi verdad” está
adoptando la tesis de Protágoras. Seguramente el filósofo de Abdera estaría de
acuerdo con el dicho aquel; “Nada es verdad, nada es mentira, todo depende del
color del cristal con que se mira”.

Galindo, J y Zagal, H. Ética para adolescentes posmodernos. Págs. 89 a la 91

SÓCRATES

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.
De acuerdo con la información que presenta el texto:

 ¿Qué es la “definición”? ¿Qué trataba de explicar Sócrates


con este término?
 Explique con sus palabras en qué consiste el método
mayéutico y para qué sirve.
 ¿A qué se refiere el autor cuando dice que cada época
necesita a su Sócrates? Redacte una explicación de entre 50
y 60 palabras.

Sócrates

Sócrates nació en Atenas hacia el 470 a. C. Hijo de un picapedrero llamado


Sofronisco y de una comadrona llamada Fenaretres. Fue discípulo de Arquelao, el
sucesor de Anaxágoras. Probablemente comenzó enseñando filosofía natural
como un sofista más. Pero pronto se dio cuenta de que el estudio de la physis
poco podía ayudar a solucionar los problemas de los hombres, sus
conciudadanos, que veían cómo el escepticismo de los retóricos ambulantes había
conducido a la ruina política de Atenas.

Sus convicciones morales y su fina ironía le llevaron a ser procesado por


corromper a la juventud y no creer en los dioses. Sócrates se defendió a sí
mismo, pero no pudo evitar la condena. Rodeado de sus discípulos, bebió la cicuta
y murió en 399 a.C.

Sócrates no escribió nada. Conocemos su pensamiento por lo que dijeron


otros de él, en especial, su discípulo Platón. Aunque nos han llegado noticias de él
por Jenofontes, Aristóteles y otros autores.

Contra los Sofistas.

Sócrates dedicó su vida a combatir a los sofistas. Les reprochaba el hecho de


cobrar por sus enseñanzas, pero, ante todo, la filosofía relativista y escéptica que
latía en el fondo de sus doctrinas.

Cuenta Platón en la Apología que Querefonte, amigo de Sócrates, preguntó al


Oráculo de Delfos quién era el hombre más sabio, a lo cual el dios respondió que
era Sócrates. Después de haber meditado sobre este asunto y de haber llevado a
cabo una encuesta entre diversos profesionales (comerciantes, políticos, poetas),
el maestro concluyó que, si el dios había dicho eso, era porque él único hombre
que reconocía su propia ignorancia. De ahí el famoso dicho socrático: “solo sé que
no sé nada”. Es más sabio el que reconoce su propia ignorancia.

Sócrates pensó que la única manera de superar el relativismo sofista estribaba


en descubrir algo universal y objetivo y, por lo tanto, no sujeto a las opiniones de
los hombres. Esto se encontraba en la definición, que es donde se manifiesta la
objetividad. Si mediante el diálogo alcanzamos la definición de justicia, la justicia
no será algo diferente para cada uno, sino igual para todos. Lo que quiere decir
que esa definición habrá expresado la esencia de la justicia, que habrá mostrado
lo que tiene en común todas las acciones justas.

El diálogo socrático

Pero ¿qué nos asegura que esa definición de justicia es la verdadera? Para
solucionar este problema, Sócrates pensó que en el alma de cada hombre se
encuentra de manera innata los conceptos verdaderos de todas las cosas. Por
ello, de lo que se trata es de ejercer una buena introspección y ayudar a los
hombres a que descubran la verdad que habita en su interior. Con ese fin, el
maestro de Atenas utilizó su método mayéutico, que tiene tres momentos:

*La ironía. Tiene la función de desconcertar al interlocutor hasta que admita su


ignorancia.

*La mayéutica. Mediante el diálogo, Sócrates intenta dar la luz las ideas que
se encuentran en el alma. Él mismo confiesa que aprendió este arte de su madre
que era comadrona, pero que, a diferencia de ella, lo aplica no a los cuerpos, sino
a las almas de los hombres.

*El descubrimiento. Mediante el diálogo se ha logrado discernir lo variable de


lo permanente, lo confuso de lo claro, lo occidental de lo esencial; el resultado es
el descubrimiento del concepto universal que supera e implica las diferencias
particulares y que puede ser expresado en la definición.

Las doctrinas socráticas.

El punto nuclear de la filosofía de Sócrates radica en haber descubierto que el


ser humano es fundamentalmente su alma. El alma, el espíritu, es el centro de la
personalidad tanto intelectual como moral del hombre. El alma es la parte noble,
que se distingue del cuerpo por ser de naturaleza divina, invisible e inmortal,
donde habita la verdad.

Lo propio del sabio es el autodominio, que le permite elegir bien, es decir,


elegir los bienes más útiles para alcanzar la felicidad. El sabio sabe usar bien los
bienes, en cambio, el necio los usa mal y no logra ser feliz. La virtud de las
virtudes será la sabiduría práctica, que, cuando modera los apetitos, se llama
templanza; cuando ayuda a superar dificultades, toma el nombre de fortaleza;
cuando busca dar a cada uno lo suyo, justicia; y cuando regula las relaciones de
los hombres con los dioses, piedad.

Para el alma, “la sabiduría es un bien y la ignorancia, un mal”. El que obra


bien, lo hace porque sabe, y el que obra mal, por ignorancia. Esta identificación
entre virtud y sabiduría se ha llamado “intelectualismo moral”. El bien se presenta
con tal fuerza que no puede ser negado por la voluntad, totalmente determinada
por la razón.

Sócrates convirtió la filosofía en un modo de vida y defendió sus ideas hasta


la muerte. Bien se puede proclamar que cada época necesita su Sócrates. La
nuestra también. Pues, como decía Ortega, el maestro de Atenas es un poco de
todos.
Goñi, C. Breve historia de la Filosofía. Págs. 30 a la 33

PLATÓN

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.

 ¿Cuál es la relación entre la teoría de Sócrates y la de


Platón?
 Según Platón ¿Cómo podemos llegar a conocer el “Bien”?
 ¿A qué se refiere la expresión “el cuerpo es la cárcel del
alma”?
 ¿Por qué para Platón la democracia es la peor forma de
organización de la sociedad?

Platón

No cabe duda de que con Platón y Aristóteles la historia de la filosofía ha


llegado a uno de sus momentos de esplendor. Nos podemos imaginar al maestro
ya anciano discutiendo con su discípulo, cada uno con su estilo propio, pero con
una misma mentalidad y un mismo afán: el amor a la verdad. Los vemos en el
fresco la escuela de Atenas, de Raphael, ocupando el centro y rodeados de
múltiples filósofos: el maestro, con el timeo bajo el brazo, señalando el mundo de
las ideas; el discípulo indicado con la palma de la mano lo que está ante ellos,
portando la Ética.
Hegel dice que la auténtica escuela socrática encontró su continuidad en
Platón. Diógenes Laercio cuenta que “Sócrates soñó tener sobre las rodillas un
pequeño cisne que de improviso se puso a volar y dulcemente cantó y que el día
siguiente, presentándose a él Platón como alumno, dijo que el pequeño cisne era
él”. Esta anécdota pone de manifiesto que la filosofía de Sócrates encontró en
Platón su continuación más lógica y, a la postre, más exitosa. Lo cual indica
también que será Platón, el socrático por excelencia, quien nos ayude a
comprender mejor al propio Sócrates.

Si comparamos la especulación filosófica con un viaje en barco, podríamos


decir que Platón inició una “segunda navegación”. Como nos cuenta en el Fedón.
La “primera navegación” filosófica la llevaron a cabo los presocráticos, pero tanto
los sofistas como Sócrates la abandonaron debido a la gran diversidad de
opiniones. Platón, sin embargo, volvió a enfrentarse con los problemas planeados
por los presocráticos, sobre todo, por Heráclito y los eleatas. La alternativa entre la
vía de Heráclito y la de Parménides se había convertido en un auténtico callejón
sin salida que originó la actitud escéptica adoptada por los sofistas. Platón, a
pesar de este ambiente contrario, no naufragó, sino que vio en la “definición”
socrática la tabla de salvación donde asirse en el oleaje escéptico y el punto
imprescindible para superar la perplejidad originada por las aporías
aparentemente insolubles de los primeros planteamientos.

Estamos entrando en uno de los momentos álgidos de la historia de las ideas.


Platón nos aporta la primera gran síntesis filosófica, con él el pensamiento
adquiere madurez, belleza y plenitud; en él está todo. Por eso, no extraña que
Whitehead considerara que la historia de la filosofía no es otra cosa que las notas
a pie de página de las ogras del genial ateniense.

El fundador de la academia

Su verdadero nombre era Aristocles, pero le apodaron Platón por sus anchas
espaldas. Nació en Atenas en el año 427 a.C. Desde muy joven mostró interés por
la política y la filosofía. A los 20 años se hizo discípulo de Sócrates. Tras su
muerte, huyó a Megara. Después inició un viaje por Creta, Egipto y Cirene. Volvió
a Atenas alrededor de 396. Entre 390 y 388 viajó por la Magna Grecia, donde
entró en contacto con las doctrinas pitagóricas. Realizó tres viajes a Siracusa,
donde intentó poner en práctica sus ideales políticos, pero fracasó. En 387 fundó
su escuela, la Academia. En el dintel de la puerta de entrada había un letrero que
decía: “Que nadie entre sin saber geometría”. Murió en 347 a.C.

Platón transmitió su filosofía mediante Diálogos. Este género literario le sirvió


para mantener el talante socrático. En ellos, pone en boca de Sócrates su propio
pensamiento. Podemos dividir la producción platónica en cuatro períodos: diálogos
sacráticos (Apología, Crilón, Protágoras); de transición (Gorgias, Menón); de
madurez (Banquete, Fedón, República, Fedro); de vejez (Teelelo, Parménodes,
Sofista, Timeo, Leyes).
Dualismo ontológico

La doctrina central del pensamiento de Platón es esta separación entre lo


sensible, inmanente, imperfecto y mudable, y lo suprasensible, trascendente,
perfecto e inmutable. Con este dualismo sintetiza Platón a Heráclito y Parménides,
pues el mundo suprasensible participa de las características del ser de
Parménodes, mientras que el mundo sensible es perecedero y cambiante, como el
de Heráclito. Por tanto, ni solo lo sensible ni solo lo inteligible: ambos caminos por
separado conducen a una perplejidad paralizante, como de hecho ocurrió.

El mundo de las ideas se ordena jerárquicamente, a la manera de una


monarquía. Por encima de todas se encuentra la idea suprema de Bien, en la que
se condensa la plenitud de ser y de perfección. La idea de Bien es la idea de las
ideas, la causa, el fin y la razón última de la que participan las demás cosas.
Platón la representa con la imagen del Sol.

El ámbito suprasensible es por esencia imparticipado y sirve de modelo para


que el Demiurgo, dios hacedor, plasme las ideas en lo sensible. La esencia de lo
sensible no consistirá sino en ser mera imagen, copia, sombra e imitación de la
verdadera realidad.

El mito de la caverna

Para explicar su pensamiento, Platón ideó una alegoría, conocida como el mito
de la caverna, en la que compara a los hombres como prisioneros que nunca han
visto la luz del sol y permanecen encadenados en el fondo de una caverna, de
espaladas a la única abertura que comunica con el exterior, los prisioneros tienen
a su espalda un muro elevado y solo pueden oír las voces de los hombres que
pasan tras él transportando diversos objetos sobre sus cabezas. Esos objetos,
gracias a un fuego que arde a la entada, proyectan sus sombras en la pared del
fondo de la cueva. Los prisioneros solo pueden ver esas sombras. En este estado
permanecen hasta que alguien les libere de las cadenas y les haga ver el engaño.
Entonces podían contemplar los objetos reales.(las ideas) y salir afuera, donde
brilla el Sol (idea de Bien).

De forma similar vivimos los hombres. Mientras nos dejamos encadenar por
nuestros sentido, solamente podemos ver las cosas sensibles, que no son sino
imágenes o sombras de la verdadera realidad. Pero gracias al ejercicio de la
Dialéctica, del diálogo filosófico, somos capaces de liberarnos de las cadenas y de
contemplar el mundo verdaderamente real.

La reminiscencia

Platón admitió una gradación en las formas de conocimiento, desde el sensible


hasta el racional intuitivo. En la república utiliza la alegoría de la línea dividida para
explicar los versos grados de conocimiento: opinión (conocimiento sensible,
dividido en conjetura y creencia) y episteme (conocimiento intelectual, dividido en
dianoia, o conocimiento matemático, y noesis, o intuición de las ideas).

El paso del no conocer al conocer se produce como en el acto de recordar. El


conocimiento de las ideas no es sino reminiscencia. Conocer supone despertar en
el alma el conocimiento que ya poesía antes de encarnarse en un cuerpo, cuando
gozaba de la contemplación de las ideas. Al encarnarse, y precisamente por ello,
el alma olvida por completo todo lo que sabía. De ahí que nuestro conocimiento no
sea otra cosa que un esfuerzo continuado por recuperar lo que el alma perdió en
su caída.

La teoría de la reminiscencia supone que las ideas son innatas, es decir, que
el alma posee desde siempre las ideas de todas las cosas, solo que las ha
olvidado. El alma, por tanto, no es una “tabula rasa”, como será para Aristóteles,
donde no hay nada escrito, sino que se va llenando a medida que se van
adquiriendo nuevos conocimientos. No, el alma es, más bien, una “tabula plena”,
grabada con todos los conocimientos que le proporcionó su existencia anterior.
Nuestras ideas son como las huellas en el barro tapadas por la nieve, el recuerdo
deshace la nieve y recupera las huellas.

El carro alado

Platón aplica el esquema dualista a todos los ámbitos, incluido el hombre. Los
seres humanos son seres compuestos por alma y cuerpo. La parte más digna es
el alma, connatural a las ideas; el cuerpo, en cambio, pertenece al mundo
sensible, es imperfecto y obstaculiza el desarrollo de su parte noble: como en
Pitágoras, el cuerpo es la “cárcel del alma”.

La unión del alma con el cuerpo hace que esta tenga una naturaleza tripartita,
como pone de manifiesto el mito del carro alado, tal y como aparece en el Fedro:
el alma es semejante a un carro alado tirado por dos caballos, uno blanco y otro
negro; el caballo blanco representa las inclinaciones nobles, el negro los instintos
más bajos y el auriga, la razón que regula a ambos. El alma, por tanto, posee
estas tres partes: una parte racional por la cual entendemos, una parte irascible
por lo cual nos irritamos y una parte concupiscible por lo cual deseamos. Platón
está convencido de que el alma es inmortal y aduce diversos argumentos
demostrativos, que, aunque no constituyen pruebas rigurosas, son el primer
intento racional de demostrar la inmortalidad del alma.

El hombre virtuoso es el que logra el autodominio, el que es dueño de sí


mismo. Pero Platón se pregunta si “ser dueño de sí mismo” no es ridículo, porque
entonces uno sería también esclavo de sí mismo. La solución viene por la
distinción en el alma de una parte que gobierna y otra que es gobernada. La parte
racional debe regir sobre la irracional, es decir.
La sociedad perfecta

Para encontrar la organización social perfecta, se le ocurrió estructurarla del


mismo modo lo está el alma humana, ya que la sociedad es como un hombre en
grande. En ella, los filósofos desempeñarán la función de gobernar, desarrollando
la prudencia o sabiduría práctica como la virtud propia de la parte racional del
alma (alma de oro). Junto a ellos, los guardianes deberán ocuparse de la
protección del orden social como reflejo que son del valor de alma irascible (alma
de plata). A su vez, los artesanos y labradores son los que deberán mantenerla,
pues son el espejo del alma templada en su parte concupiscible (alma de hierro y
bronce), ya que se encargan de procurar y distribuir los bienes materiales. La
ciudad será destruida cuando gobierne un hombre de hierro o bronce.

Del mismo modo que el hombre armónico debe integrar las tres funciones del
alma, la sociedad no sería perfecta sin la integración de las tres clases sociales.

De ello se ocupa la virtud social por antonomasia que es la justicia. El cuidado


por no mezclar las clases sociales le llevó a Platón a mantener lo que se ha dado
en llamar el “comunismo” platónico. Piensa que los guardianes por su dedicación
al orden social debían vivir en comunidad, compartiéndolo todo, incluso las
mujeres.

Pero la sociedad perfecta es un ideal al que hay que tender (de hecho, Platón
fracasó en el intento de ponerla en práctica en Siracusa) pero que generalmente
deviene timocracia, oligarquía o democracia es el peor régimen político alejado al
máximo del gobierno del filósofo-rey.

Platón fue llamado el “divino”, y después de recorrer su obra entendemos por


qué. Su hubiera un Olimpo de la Filosofía, seguro que Platón moraría en él. El
genial filósofo ateniense se merece el halago de Whitehead. Por nuestra parte,
debemos sentirnos orgullosos de poder ir poniendo notas a pie de página en los
Diálogos de Platón.
Goñi, C. Breve historia de la Filosofía. Págs. 35 a la 41

ARISTÓTELES

Lea el siguiente texto y elabore un cuadro comparativo de las teorías


de Platón y de Aristóteles, utilice el modelo que se presenta a
continuación.
Platón Aristóteles
El origen del conocimiento
La composición del viviente
La perfección del hombre
El ideal de organización social

Aristóteles

Un hombre vino a coronar la filosofía griega. Se llamaba Aristóteles. Disponía


de una mente privilegiada, abierta y ordenada, justo lo que necesitaba la filosofía
platónica para no perderse en un exceso de idealismo. Los veinte años en la
Academia le sirvieron para conocer en profundidad el platonismo y renovarlo
desde dentro, logrando una filosofía original e integradora del saber humano. Si
Platón nos enseñó a filosofar, Aristóteles nos preparó para pensar científicamente.
Aristóteles, discípulo de Platón (y, por tanto, nieto filosófico de Sócrates), también
se nutrió de las doctrinas de su maestro, pero no admitió el dualismo ontológico

El estagirita

Aristóteles nació en Estagira, pequeña ciudad de la península Calcídica, hacia


el 384 a. C. A los 17 años fue a Atenas a estudiar en la cuna del saber griego: la
academia de Platón, donde permaneció veinte años. Fue preceptor de Alejandro
Magno y fundó en la capital del Ática su propia escuela: el Liceo, donde daba las
clases paseando (de ahí que a sus discípulos se les llamara “peripatético”, de
peripatos, paseo). Murió en el año 322 a. C.

De espíritu sistemático y ordenado, los escritos de Aristóteles impresionan no


solo por su cantidad, sino también por la amplitud de ámbitos trataos. Al conjunto
de sus obras, ordenadas y publicadas por Andrónico de Rondas hacia el año 60 a.
C., se conoce como Corpus Aristotelicum, y pueden clasificarse en escritos de
lógica (órganon), de física y biología (Física, sobre el alma), de Filosofía Primera
(Metafísica), de ética y política (Ética a Nicómaco, Política) y de estética (Retórica,
Poética).

Fue el iniciador de la investigación científica en Occidente y puso las bases de


las ciencias que se desarrollarán posteriormente, Basta abrir un libro sobre historia
de la ciencia para encontrar el nombre de Aristóteles como uno de sus iniciadores.
La lógica y la ciencia

Kant dice que la lógica salió perfecta de las manos de Aristóteles. Las
sustancias reales son individuales, pero los conceptos son universales. Estos no
son sustancias reparadas, como pensaba Platón, sino existentes solo en la mente
y regidas por leyes lógicas. Una de ellas es el silogismo, es decir un raciocinio en
el cual, supuestas algunas proposiciones o premisas, se sigue necesariamente
una nueva proposición.

Al igual que Platón, Aristóteles creyó que la ciencia debía versar sobre lo
universal y necesario, pero, a diferencia de su maestro, pensó que esa esencia
universal se encuentra en las cosas y que hallarse por abstracción. El principio
básico es que todo conocimiento procede de la experiencia, de lo singular y
concreto y, gracias a la capacidad de abstracción, llegamos a la inteligencia de los
primeros principios, que, como tales, son evidentes e indemostrables, fuente y
fundamento de toda demostración científica. La ciencia es un conocimiento cierto
por causas, un saber mediato, elaborado, que parte de principios inmediatos,
necesarios y universales, evidentes e indemostrables.

“Todos los hombres desean por naturaleza saber”.


Según su finalidad, las ciencias se pueden dividir en tres grandes ramas: las
ciencias poiéticaso productivas, las ciencias éticas y las ciencias especulativas,
como la Física, la Matemática y la Metafísica.

La Física y la Metafísica

La Física estudia el mundo físico, que está compuesto por potencia y acto. La
potencia indica una cierta imperfección y perfectibilidad (el niño es adulto en
potencia). El acto, en cambio, indica perfección, acabamiento (el adulto lo es en
acto). En el mundo físico no se da ni la pura potencialidad ni la actualidad pura,
todo entre está compuesto por potencia y acto. Todo ser material está
continuamente actualizado sus potencialidades, es decir, está movimiento, porque
el movimiento no es otra cosa que el paso de la potencia al acto.

Según esto, nada llega a ser si no es por algo que está en acto. Es decir, todo
lo que se mueve se mueve por otro que está en acto. Este principio de origen a la
prueba física de la demostración de Dios. Aplicando ese principio, nos vemos
obligados, pues repugna una serie infinita de motores, a llegar a un Primer Motor
inmóvil y, en consecuencia, Acto Puro, sin mezcla alguna de potencialidad,
Aristóteles identificó con la divinidad.

Para poder explicar el movimiento se ha de tener en cuenta que siempre hay


algo que cambia y algo que permanece. Por eso, ni Heráclito no Parmédides
pudieron explicar el problema del cambio, ya que el primero no advirtió que en
toda mutación hay algo que permanece y el segundo no admitió que lo
permanente puede coexistir con el cambio. Existen dos tipos de cambio: el
accidental, donde cambian las cualidades accidentales y permanece la sustancia,
y el sustancial, donde cambia la forma sustancial y permanece la materia primera.
Este último tipo le llevó a enunciar su teoría hilemórfica (todo entre material está
compuesto de materia y forma).

A partir de la experiencia de la acción casual, el entendimiento puede llegar a


descubrir el principio de casualidad: “todo puede llegar a ser es por una causa”.
Pero no solamente intervienen la materia y la forma en la formación de la
sustancia, sino también dos causas más: la eficiente y la final. Esta última causa
adquirió para Aristóteles una importancia capital y supuso una visión finalística de
la naturaleza, que no existía en la concepción atomista, por ejemplo.

Aristóteles sometió a dura crítica la doctrina central del pensamiento de su


maestro: la Teoría de las Ideas. Esta crítica dio como resultado un pensamiento
original, conocido como realismo filosófico. Aristóteles bajó las ideas a la tierra. Lo
que significa que las esencias de las cosas no hay que ir a buscarlas en un mundo
suprasensible, sino que se encuentran en la misma composición de las
substancias sensibles. Lo suprasensible está unido a lo sensible. No hace falta
reduplicar la realidad sin necesidad.

La vida y el conocimiento

Aristóteles tiene vocación de biólogo. Esa vocación le lleva a observar a los


seres vivos y a concluir que todo viviente es un ser compuesto de cuerpo
(material) y alma (forma). La forma sustancial del ser vivo es, por lo tanto, su alma,
esto supone no son dos sustancias que se unen “accidentalmente”, sino dos
principios (material y formal) que forman una única sustancia: el viviente.
También a diferencia de Platón, nuestra mente es una “tábula rasa” en la que
nada hay inscrito en acto, aunque sí en potencia. Gracias a la experiencia, la
“tábula rasa” se va llenando de conocimientos. De este modo, rechaza de raíz la
existencia de ideas innatas. Si el mundo tiene una estructura hilemórfica, el
entendimiento humano ha de ser capaz de abstraer las formas inteligibles de las
cosas prescindiendo de lo particular y sensible, que le presentan los sentidos.

Al igual que Platón, Aristóteles distingue el conocimiento sensible del


intelectual.

La diferencia radica en que el maestro desprecia el primero, mientras que el


discípulo piensa que sin la ayuda de la experiencia no es posible ningún
conocimiento intelectual ulterior. Estamos, otra vez, ante el dilema, que ya había
aparecido en el pensamiento presocrático, entre la experiencia y la rezón. Platón
tiene que rechazar la primera para poder llegar a conocer las ideas; Aristóteles, sin
embargo, asume ambas y aparece solucionar el problema. Pero veremos cómo, a
lo largo de la Historia de la filosofía, este problema vuelve a surgir una y otra vez.
Ética y política

Podemos considerar a Aristóteles como uno de los grandes teóricos de la


ética. Definió esta disciplina como el estudio de la conducta de los hombres en
relación al bien. Para Aristóteles, el bien depende del ser, es “aquello hacia lo que
todas las cosas tienden” y lo que perfecciona su naturaleza. El bien supremo, del
cual dependen todos los demás, es la felicidad (eudaimonía), que el hombre debe
buscar en la vida intelectiva, propia y exclusiva de él. La felicidad consistirá,
entonces en el ejercicio de la facultad suprema, la razón y en llevar una vida
virtuosa prudentemente orientada.

Para conducirnos hacia el bien necesitamos las virtudes, que son hábitos
operativos buenos que se adquieren por repetición de actos. Aristóteles distinguió
entre virtudes éticas y virtudes dianoéticas. Las primeras perfeccionan la parte
apetitiva del alma (templanza, fortaleza, justicia) y las segundas, la parte racional
(ciencia, inteligencia, sabiduría, arte y prudencia). Estos hábitos versan sobre el
justo medio tal y como la determina el buen juicio de un hombre prudente. Por
eso, para obrar bien es muy importante seguir el ejemplo de personas honestas y
prudentes. El justo medio excluye los extremos, que son viciosos ya que uno se
pasa por exceso y el otro por defecto. El justo medio no indica mediocridad, sino
equilibrio y excelencia; por ello, la prudencia es la virtud por excelencia.

Como para Platón, el hombre, fuera de la sociedad, no puede alcanzar su


perfección y su felicidad. El núcleo social elemental es la familia, la agrupación de
familias da lugar a la aldea y agrupación de aldeas organizadas “políticamente” da
lugar a la polis o lo que podríamos llamar sociedad civil. La polis es anterior, no
temporalmente, sino en cuanto a la perfección, al individuo. El individuo está
ordenado al estado y cumple su fin en él. La polis es “la comunidad de hombres
libres, orientada al bien común”, es decir, a la felicidad.

Para lograr el bien común, la sociedad se organiza de diferentes maneras.


Aristóteles distinguió tres formas buenas y tres malas:

*Monarquía: gobierno de uno solo. Es la forma más perfecta, pero su contraría,


la tiranía, resulta la peor.

*Aristocracia: gobierno de unos pocos, los mejores (aristoi). Su contraria es la


oligarquía: no ya el gobierno de los mejores, sino de los poderosos.

*Democracia: gobierno de muchos. Su forma degenerada sería la demagogia.

Aristóteles, aunque consciente de que la forma más perfecta es la monarquía,


creía que la forma más duradera y estable, y, por tanto, la más factible, sería un
régimen intermedio (politeia). Esta forma contaría con una clase media amplia que
equilibraría los extremos y facilitaría una mayor participación de los ciudadanos en
el gobierno de la polis. […]
Junto a la de Platón, la filosofía de Aristóteles supone la mayor sistematización
del pensamiento antiguo, solo comparable a la que realizarán, en la Edad Media.
Tomás de Aquino y, en la Modernidad, Kant o Hegel. Por sus investigaciones en el
ámbito de la lógica y de la ciencia, con todo derecho se puede llamar a Aristóteles
“maestro de Occidente”.

Goñi, C. Breve historia de la filosofía. Págs. 41 a la 48.

Actividad de evaluación

Elabore un ensayo de entre 250 y 350 palabras con el título: “Ideas


de la Grecia Antigua, aún presentes”. Utilice los contenidos aprendidos
en este bloque.
BLOQUE FILOSOFÍA MEDIEVAL, RENACENTISTA Y
3 MODERNA

TRANSICIÓN DE LA FILOSOFÍA GRIEGA AL CRISTIANISMO

Saberes previos

En el bloque anterior se estudió la filosofía griega, su forma de entender


el mundo e identificar cuál era la mejor forma de vivir.

¿Qué sucedió en esta época en Asia y Europa, que cambió la forma de


pensar de los hombres y qué aún está presente en nuestros días?

En este bloque se estudiará el cambio tan importante en el


pensamiento de los hombres que trajo consigo el cristianismo. Así
como el renacer de las ideas griegas que dieron otro significado a la
razón y la organización política, Finalmente las ideas que dieron
paso al modernismo.

Transición del Pensamiento Antiguo al Pensamiento Medieval

Lea el siguiente texto.

El Transito del Mundo Antiguo y el Mundo Cristiano

Comencemos ahora por recordar algo de historia. La fecha clave aquí es el


año 323 a. C. En ese año muere Alejandro Magno, luego de haber ampliado su
imperio desde Grecia hasta Egipto y Persia. Una de las consecuencias más
significativas de sus conquistas fue el haber extendido con ellas la cultura griega
prácticamente a todo el Mediterráneo. La época que comenzó con su muerte y
finalizó en el siglo I de nuestra era se conoce con el nombre de helenismo, porque
en ella se dan un grupo de fenómenos sociales y culturales producto de la difusión
de la cultura helénica, los cuales engloban incluso al imperio romano. Entre estos
fenómenos se cuenta la aparición de tres nuevas escuelas filosóficas: el
epicureísmo, el estoicismo y el neoplatonismo, que reciben la herencia filosófica
de Platón y Aristóteles pero desarrollan su propia reflexión a partir de inquietudes
que les son características.
Antes de continuar con la explicación del pensamiento de estas escuelas, es
importante que tomes en cuenta que cuando el cristianismo comenzó a construir
su propia filosofía, lo hizo teniendo a esas doctrinas como interlocutoras; en ese
proceso, adoptó y rechazó algunas de sus ideas. Es por esto que es importante
apreciar cómo es que las preocupaciones que caracterizan a estas escuelas
pasaron a formar parte del cristianismo o se opusieron a él.

Priani, E y López I. Historia de las Doctrinas Filosóficas. P.73.

Lea el siguiente texto y elabore un cuadro comparativo de las ideas


de los estoicos, epicúreos y neoplatónicos, utilice el modelo que se
presenta a continuación.

Semejanzas Diferencias
Estoicos Epicúreos Neoplatónicos Estoicos Epicúreos Neoplatónicos

Estoicos, Epicúreos y Neoplatónicos

El estoicismo y el epicureísmo son escuelas que tienen muchas características


en común. Pero la principal característica que comparten en su preocupación por
saber cuál es la mejor manera de vivir la vida. Y es que, en efecto, durante el
helenismo, y en especial dentro del Imperio Romano, en ambas florecieron, la
inquietud por saber cómo vivir mejor estaba presente en los pensamientos de
muchos. En una obra de Luciano de Samosata, un autor romano nacido en el año
120 d. C., llamada subasta de vidas, se cuenta cómo los dioses romanos
organizan una subasta en la que los distintos filósofos intentan vender la forma
que ellos proponen al mejor postor. Y es que esto había llegado hasta el punto de
la burla y la ironía. Sin embargo, en la actualidad esto nos permite imaginar qué
era lo que buscaban los hombres del helenismo y los habitantes del Imperio
Romano, y por qué el cristianismo encontró ahí un campo fértil para difundirse. El
cristianismo, entre otras cosas, fue una de las formas que se propusieron para
responder a la pregunta de cuál es la mejor manera de vivir la vida.
El estoicismo y el epicureísmo, a pesar de compartir todas estas inquietudes,
son muy distintos en cuanto al fondo de su pensamiento. La diferencia principal
radical en que el epicureísmo considera el placer como un bien, en tanto que el
estoicismo desdeña los placeres sensibles y postula que el hombre debe guiarse
por la razón y la virtud. El pensamiento cristiano, que desde un principio postuló
que la mayor parte de los placeres corporales eran negativos, consideró al
epicureísmo como una doctrina completamente contraría, mientras que encontró
afinidad con el estoicismo.

Finalmente, el neoplatonismo es una escuela distinta en varios sentidos. En


primer lugar, aparece un poco más tarde que las demás, hacia el siglo primero de
nuestra era, y se desarrolla casi a la par que el cristianismo. En segundo lugar, es
un pensamiento filosófico mucho más complejo- por la amplitud de su reflexión-
que el de los estoicos y epicúreos. Su filosofía no se centra tanto en cómo vivir,
sino que especula sobre cómo todas las cosas pueden haber surgido de un solo
origen y cómo es que lo existente- la realidad de todo lo que es- constituye una
unidad fuera de la cual no hay nada.

En suma, el neoplatónico filosofa en el campo de la metafísica, y en ese


terreno influirá enormemente en la aparición de la filosofía cristiana y en la
especulación acerca de la naturaleza de Dios, a diferencia de los estoicos y
epicúreos, que filosofan en el terreno de la ética.

Priani, E y López I. Historia de las Doctrinas Filosóficas. P.74.

FILOSOFÍA MEDIEVAL

Patrística

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.

 ¿Cuál es la importancia histórica de Agustín de Hipona?


 ¿Cómo explicaba San Agustín que la fe y la razón no se
contraponen?
 ¿Cómo entiende San Agustín al alma humana? ¿Cuál es su
relación con Dios?
 ¿En qué considera San Agustín que está la forma de actuar
bien?
 Explique con sus palabras las 3 pruebas agustinianas de que
Dios existe.
Agustín de Hipona. El Pensamiento Agustianiano sobre la
existencia de Dios, la relación entre la Razón y la Fe, la
Participación Humana en el Proyecto Histórico y el Interiorismo
Antropológico.
San Agustín es uno de los filósofos más importantes del cristianismo. No
perteneció propiamente a la Edad Media, sino a un anterior como La patrística
que se desarrolla durante los ocho primeros siglos de nuestra era. Este periodo se
caracteriza por el surgimiento de los primeros Padres de la Iglesia que realizara la
obra formidable de definir la posición cristiana y defender los dogmas y principios
de nueva religión.

Se ha dicho que San Agustín es el último hombre antiguo y el cristiano en todo


lo que cabe, ya que él trazó una verdadera línea divisora entre los dos mundos y
contribuyó de manera notable a la construcción orgánica de la religión cristiana.
San Agustín (354-430) nació en Tagaste, una provincia romana de Numidia. Su
padre, llamado Patricio, era pagano y de carácter violento, mientras que su madre,
Mónica, era profundamente cristiana, al grado de que llegó a ser canonizada.
De joven estudió gramática y profundizó en los clásicos latinos. En la ciudad de
Cartago estudió retórica y se interesó en problemas filosóficos y religiosos. Uno de
sus autores predilectos fue Cicerón de quien leyó con entusiasmo su diálogo
Hortensius, hoy perdido.

Este Padre de la Iglesia y filósofo cristiano fue un converso, es decir: durante


algún tiempo no fue cristiano, e incluso perteneció a una secta pagana o herética
llamada “maniqueísmo” que tenía como punto de partida un dualismo irreductible
entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas, Dios y el diablo. Concebía la vida
entera como una lucha entre esas dos fuerzas irreconciliables.

Antes de convertirse al cristianismo, San Agustín llevó una vida que él mismo
calificó de disipada, aborrecible y apartada de Dios. Sin embargo, los ruegos de su
madre, Santa Mónica, los consejos de su amigo San Ambrosio y experiencias y
profundas reflexiones que él mismo tuvo lo guiaron a abrazar el cristianismo como
religión y forma de vida. Una vez hecho cristiano llegó a ser, en 396, obispo de
Hipona, dedicándose el resto de su existencia a propagar el cristianismo, a
defenderlo de aquellos que se aparaban de sus dogmas y a escribir obras
filosóficas desde las perspectivas de esta religión y con la influencia de santos
como San Pablo y de filósofos antiguos como Platón y el neoplatónico Plotino.
Aquí debemos decir que así como Santo Tomás de Aquino elaboró una gran
síntesis de la filosofía de Aristóteles con el cristianismo, San Agustín, antes que él,
enlazó la filosofía griega a través de Platón con la propia religión cristiana.

El pensamiento de San Agustín ha tenido una gran influencia en el transcurso


de la historia de la filosofía, ya sea en la escolástica medieval en la que va a
figurar filósofos como San Anselmo y San Tomás de Aquino, o ya sea en la
modernidad y tanto en la Reforma como en la Contrarreforma, movimientos
religiosos que han recurrido a su pensamiento para fundamentar sus tesis.

Los temas fundamentales de la filosofía agustiniana son Dios y el alma.


¿Cómo conocer a Dios? Sin duda el camino de la fe es necesario para llegar a él y
junto con la fe, la caridad o el amor. El alma, por su propio peso, de amor, gravita
hacia Dios. Sin embargo, hay otro elemento importante que se tiene que tener en
cuenta para llegar al conocimiento de Dios: la razón, tan valiosa para los filósofos.
¿Acaso la fe y la razón se riñen? San Agustín no lo cree, si bien la fe ocupa un
lugar primordial, ésta debe ser reforzada por la razón, ya que el autor de las
confesiones nos dice: “si no puedes entender, cree para poder entender”. Esto
significa que la fe, para no extraviarse, para no andar “a ciegas” debe apoyarse en
la razón. El entendimiento humano por medio de las sensaciones, percepciones,
hasta elevarse a la razón serán de gran ayuda en los caminos sobrenaturales de
la fe y la gracia divina.

Por su parte, el alma está íntimamente vinculada con Dios, su Creador. El


alma es la morada donde reina Dios. San Agustín le aconseja a los hombre: “no
salgan de sí mismo, en su interior está la verdad”. En efecto, San Agustín hace
hincapié en el tema del hombre interior, de la interioridad como punto de partida
en la faena del conocimiento y sobre todo de Dios.

Cuando el alma entra en sí misma, descubre la divinidad, pero sólo mediante


una iluminación sobrenatural puede el ser humano conocer en verdad a Dios. El
saber se convierte en un acto de iluminación: Dios ilumina al hombre. Según San
Agustín, el alma es movida por el amor. El amor es una fuerza activa, determina y
califica la voluntad.

El amor en su sentido positivo, como caridad, es el centro de la ética


agustiniana, donde cobre sentido pleno el imperativo que ordena: “ama y haz lo
que quieras”. Porque si te guías por ese amor (caridad, ayuda, solidaridad) tu vida
se torna valiosa y es buena.

Cuando hablábamos de la obra de San Agustín nos referimos a La ciudad de


Dios que viene siendo una filosofía de la historia, en este caso de carácter
providencialista, ya que según San Agustín la historia misma está determinada o
guiada por Dios o la providencia divina. El discurso de la historia, como obra
divina, es misterioso pero hay suficientes señales que nos permiten conocer la
voluntad de la Providencia. La historia comienza con la creación del hombre y
concluye con el juicio final y nos conduce a poner en juego una elección crucial:
optar entre dos ciudades antagónicas: la ciudad terrena (o ciudad del diablo)
perecedera y pecaminosa y la ciudad de Dios, la ciudad eterna y buena de por sí,
ciudad primeros cristianos simbolizaron en la Jerusalén celeste, y así dice San
Agustín:

Si los individuos o pueblos eligen vivir de acuerdo con los preceptos de La


ciudad de Dios, encontrarán la salvación; en cambio si se conducen de acuerdo
con la ciudad terrena se condenarán, sucumbiendo al mal; a un estado de
corrupción y violencia.

Pruebas agustinianas de la existencia de Dios. En su afán por explicar el


principio de todos los seres, San Agustín recurre a fincar ese principio en un ser
Supremo y creador de todo, poseedor de toda la sabiduría y verdad que es Dios.

Para fundamentar este principio propone algunas pruebas de su existencia, las


cuales podemos resumir en lo que sigue:

1. Si el sujeto pensante es capaz de aprehender verdades necesarias, las


cuales son superiores a la mente humana, entonces ésta debe estar
fundadas en un ser supremo, fuente de toda verdad que es Dios.

2. Si existe el mundo corpóreo y extenso, el cual es efecto y hechura de Dios,


entonces el mismo orden, disposición, belleza, cambio y movimiento del
mundo y de todas las cosas visibles, proclaman de manera silenciosa que
sólo pueden haber sido hechas por Dios, el inefable e invisiblemente
grande, el inefable e invisiblemente bello.

3. Los atributos de Dios tales como ser perfecto, única, eterno, inmutable,
poderoso, bondadoso y sabio se reflejan y se manifiestan en las criaturas,
aunque no de una manera perfecta, sino una especie de copia o imitación.
Así, las criaturas en particular son algo así como ejemplo de las ideas o
formas arquetípicas estables e inmutables contenidas en la mente divina
desde toda la entidad.

Escobar, G.Filosofía.P.103 -106.

Escolastismo

Lea el siguiente texto.

La Escolástica

El término escolástica tiene dos significados. En primer lugar, denota el


movimiento de reactivación de la enseñanza propiciado por Carlo Mango cuando,
a fines del siglo VIII, instruyó al obispo de Fulda para que abriera escuelas
episcopales y monacales. Los primeros promotores de la restauración de las
escuelas fueron Alcuino, entre los francos, y Rabano Mauro, entre los germanos.
La escolástica (del latín schola= escuela) fue, en sus inicios, un movimiento
restaurador de las escuelas.
La segunda denotación del término escolástica se refiere a la filosofía que se
enseñaba en las mencionadas escuelas, que eran cristianas. Así, filosofía
escolástica equivale a filosofía de las escuelas o también a filosofía cristiana. En la
filosofía escolástica hubo dos corrientes: la agustiniana, de carácter platónico, y la
tomista, de filiación aristotélica. En la Edad Media, hasta principios del siglo XII,
predominó el platonismo a través de la influencia agustiniana, aunque a partir de la
segunda mitad del siglo XII y, sobre todo en el siglo XIII, el sistema filosófico de
aceptación general fue el de Aristóteles. Según la historia, la escolástica tuvo su
apogeo en el siglo XIII con Santo Tomás de Aquino como su máximo exponente.

Chávez, P. Historia de las Doctrinas Filosóficas.P.94

Lea el texto que se presenta a continuación e identifique la relación


existente entre la filosofía de Santo Tomás, San Agustín, y los filósofos
griegos: Aristóteles y Platón. Utilice el siguiente modelo:

FILOSOFÍA DE SANTO TOMÁS


Filósofos Ideas compartidas Discrepancia en
ideas
San Agustín
Aristóteles
Patón

Tomas De Aquino (1225-1274).


Es el principio filósofo del escolasticismo. La filosofía de Santo Tomas forma
un sistema completo deslindado de la teología y de valor científico independiente.
Su fondo es el aristotelismo, pero depurado con la revelación y completando con
muchos elementos del pensamiento del platonismo. En moral es tributario del
estoicismo. Sin dejar de ser genial en algunos puntos, es sobre todo didáctico y
eminentemente sintético. Su lenguaje es sobrino y de gran precisión científica. El
plan de sus obras es sistemático, sin digresiones inútiles. Las explicaciones,
concisas. Llama la atención la cohesión doctrinal y encadenamiento lógico de las
ideas y la trabazón de sus partes subordinadas. Se le ha comprado a un gran
arquitecto del pensamiento. Sus obras, como las catedrales de su tiempo
muestran una vigorosa construcción en las que se unen la sencillez, la sobriedad,
la robustez y la elegancia de líneas.
El primer problema que tuvo que solucionar fue el de las relaciones entre la
filosofía y la teología, entre razón y fe. Ante todo afirma que teología y filosofías se
distinguen por su objeto formal. Aunque en las doctrinas propias cada una es
independiente de la otra, en las mixtas, la teología debe servirse de la filosofía. Si
la filosofía demuestra y defiende la fe, en cambio la fe corrobora, preserva de
errores, y perfecciona la razón natural. Su gran labor fue acoplar lo racional a lo
revelado. Partir de la revelación para demostrar lo demostrable. Para ello toma
como punto de partida la existencia de Dios que estima susceptible de ser
probada por la vía filosófica, arrancando de lo sensible del mundo que es su obra.
En Teodicea se habló de las cinco vías o caminos para demostrar la existencia de
Dios.

Principales Puntos de la Filosofía Tomista:

a) El ser. Para Tomás de Aquino el ser real no está en las ideas de Platón, ni
tampoco en la esencia (ousia) de Aristóteles, sino en las cosas particulares
existentes. Pero Tomás no identifica esencia y existencia sino que las distingue
claramente por estas razones: al nacer y morir el hombre, al originarse y
parecer las cosas, no se origina o parece su esencia, sino su existencia. La
existencia es pasajera (hombres particulares); la esencia (humanidad) es
eterna pues existe como designio o plan de la creación en la mente de Dios
Sólo en Dios son igual esencia y existencia. Potencia y acto. Todas las cosas
creadas constan de potencia y acto. El acto es la realización de la potencia, y
por lo tanto, su perfección. Tomás rechaza una materia espiritual. Sólo en el
dominio de lo material se aplican estos dos principios de materias y forma.
Materia es pura posibilidad (materia primera) que sólo por la forma substancial
pasa a ser una cosa determinada, por ejemplo: hierro, que es la materia
segunda. La forma primera convierte a la materia primera en substancia
(hierro). Toda forma que reciba el hierro, será forma accidental: círculo, varilla,
etcétera. El principio de individuación. ¿Cómo puede existir dentro de la misma
esencia (humanidad) una pluralidad de individuos (hombres particulares)? No
pueden distinguirse por la forma substancial, pues en tal caso no tendrían ya la
misma esencia; la distinción radical en la materia (la materia segunda). La
materia no es real sino en cuanto informada. Ya veíamos que Tomás por forma
entiende la limitación y contracción de la materia a un determinado ser. Y no se
precisa de muchas, sino de una sola forma para determinar a una cosa en su
totalidad y a todas sus partes en su esencia. Impugnó siempre la pluralidad de
formas substanciales.

b) El alma. Santo Tomás la define como el “principio de vida”, es la forma de un


cuerpo físico que tiene vida en potencia. El cuerpo físico recibe la vida en acto,
por el alma, que es la forma vital. El alma es acto de un cuerpo organizado, es
decir que supone un cuerpo dotado de los órganos necesarios para realizar las
funciones vitales. Este concepto se aplica a todo ser viviente: planta, animal y
al mismo hombre. En el hombre hay solamente un alma (unidad de forma
sustancial) que informa el cuerpo y le comunica la vida vegetativa, sensitiva y
racional. La forma sustancial en el hombre es el alma, que no sólo constituye el
cuerpo hasta su última célula, sino que opera también en él la vida biológica,
psicológica y espiritual. El hombre es una unidad substancial: esta unidad
excluye el dualismo (cuerpo + alma) que consideraba el cuerpo como mero
instrumento del alma. El alma y el cuerpo se unen como forma y materia forma
la unidad substancial “hombre”. Los averroístas enseñaban que una sola alma
racional operaba en todos los hombres el conocimiento. Negaban pues la
existencia de un alma individual. Origen del alma. Tomás rechaza la
preexistencia del alama en el sentido de los platónicos. Tampoco puede venir
de los padres por generación. El alma, afirma Santo Tomás es creada por Dios
en cada caso particular. El alma es una sustancia perfecta en cuanto ser, pero
no una sustancia completa, porque está destinada a unirse como forma a un
cuerpo para constituir un único individuo de suerte que el individuo humano es
más digno y superior que el alma, en cuanto que es más completo que ella. El
alma separada no es una naturaleza completa, sino una parte de la naturaleza
humana.

c) El conocimiento. Todo conocimiento se inicia por los sentidos, no por una


“iluminación” (Agustín) ni por una “visión de las ideas” (Platón). Pero si el
conocimiento empieza por los sentidos, no acaba en ellos; entra en juego el
“intelecto” que tiene dos formas: el entendimiento pasivo es mero receptor de
las experiencias que le llegan por los sentidos y que dejan en él sus imágenes.
El entendimiento activo comienza iluminando esas imágenes que son copias
de objetos singulares, para después extraer de ellas la idea general que ha de
corresponder a su esencia, la cual, siendo inteligible, permite el acto del
conocimiento. La esencia, por lo tanto, está en los objetos, pero aprisionada
por lo singular (por este o aquel objeto). El intelecto agente o activo, abstrae la
esencia, de las imágenes y la libera, dejando lo esencial del objeto. La verdad
es la concordancia del esquema mental con la realidad objetiva, de lo ideal con
lo real.

d) Ética y Política. Al igual que San Agustín, San Tomás admite la libertad de la
voluntad para poder enjuiciar moralmente las acciones humanas, cuya bondad
se produce cuando coinciden con los preceptos divinos. En cuanto al Estado,
su misión es la educación del hombre para una vida virtuosa; la Iglesia el de
prepararlo para su unión con Dios. Nos da esta definición de ley: “Es la
ordenación de la razón para el bien común, promulgada por el que está al
frente de la comunidad. “Los hombres participan de la ley divina por medio de
la ley moral natural que Dios ha impreso en el corazón de cada uno. La
aplicación práctica de la ley se hace por medio de la conciencia, que es la
norma subjetiva de nuestro obrar, y, por consiguiente, es inmoral obra contra la
conciencia.

e) Reacción frente al tomismo. Algunos consideraron la doctrina tomista como


una provocación, una novedad sospechosa, una atentar contra la fe. En primer
lugar se le enfrentaron los franciscanos que seguían la doctrina de San
Agustín. Le achacaban a Santo Tomás que se apoye en los gentiles y
desprecie a los padres de la Iglesia. El obispo de París, Esteban Tempiar
condenó en 1277 nueve tesis de Tomás.

Tomás fue canonizado en 1323 y de inmediato se revocaron las condenaciones


eclesiásticas del tomismo.

Aceves, J. Filosofía Introducción e Historia. P.180.

FILOSOFÍA RENACENTISTA

Realice la siguiente actividad.

El Renacimiento se caracteriza por:

 El renacer de las ideas y valores de la época clásica


griega.
 Los eventos que cambiaron la forma de pensar de los
hombres.
 El humanismo.
 El pensamiento Utópico.
 El pensamiento científico.

Describa cada uno de estos 5 puntos, tome como base el texto que se
presenta a continuación y otras fuentes bibliográficas o
electrónicas.

Humanismo y Utopía

El Renacimiento es una época de transito en la que se va transformando el


pensamiento medieval y se establecen algunas de las bases para el pensamiento
moderno. Es un periodo en el que se desarrolla una reflexión filosófica propia y
singular enmarcada dentro de una sucesión de eventos extraordinarios, como el
descubrimiento de América y la Reforma, que hacen más evidentes una ruptura
entre dos formas de concebir el mundo. Podemos decir que el Renacimiento es un
momento de crisis; sin embargo, ésta no se produce a raíz de un hecho que
trastorna toda la vida, sino a través de pequeños cambios que poco a poco fueron
modificando el orden establecido.

Como ya anticipamos, uno de los cambios más significativos fue el reconocer


el valor de la vida humana en la Tierra; esto implicó que el hombre terrenal y sus
actividades cotidianas adquirieran tanto valor como las del hombre espiritual. De
esta forma, adquirieron un valor enorme no sólo la vida en la Tierra, sino también
las actividades humanas que antes del Renacimiento eran menospreciadas, como
el pensamiento, el habla y la escritura; también se valoraron muchas otras
actividades que hoy consideramos artísticas, como la arquitectura, la escultura y la
pintura. Y ese solo hecho lo transformó casi todo, pues la vida espiritual, cuyo
modelo es la vida del hombre religioso, no sólo dejó de ser centro alrededor del
cual debe girar la vida, sino que el objeto de esa vida, es decir, Dios dejó su lugar
central para que éste fuera ocupado por el hombre. Y no porque el hombre del
Renacimiento haya dejado de ser religioso, sino porque la religión se comenzó a
ver como un hecho humano.

Pero antes de seguir leyendo, piensa si alguna vez se te ha ocurrido


preguntarte a qué se debe los hombres de las distintas épocas históricas.
¿Quiénes eligieron esos nombres, nosotros o las personas que vivieron en ellas?
En el caso del Renacimiento, fueron los hombres de esa época quienes utilizaron
esa palabra para comprender el tiempo en que vivieron. Se veían a sí mismos
formando parte de un momento en que el hombre y su cultura volvían a nacer a
través de la recuperación de la antigüedad clásica, a la que tenía como modelo
perfecto. Valoraban principalmente a la antigüedad latina, porque el Renacimiento
comenzó en la ciudad de Florencia, Italia, en donde, como ya sabes, antes había
florecido el Imperio Romano. La gente de la época pensaba que estaba
recuperando el esplendor latino mediante la imitación de la cultura y los modelos
de los antiguos. Eso no quiere decir que quisieran hacer una copia idéntica, lo que
querían era seguir los cánones y las formas que eran más comunes en la
Antigüedad porque, según ellos, eran los mejores modelos a seguir para hacer lo
que entonces se proponían. Pero con la recuperación del pensamiento antiguo
renacieron también dos formas de pensamiento, la magia y la astrología, que
desempeñarían un papel fundamental en la formación del pensamiento
renacentista.

Este cambio de perspectiva, que coloca al hombre en el centro de las


preocupaciones filosóficas, y el fenómeno de la recuperación de la cultura clásica
trajeron consigo en el Renacimiento la aparición de distintas formas de enfrentar
los problemas filosóficos. Aquí nos ocuparemos de las tres más importantes: el
humanismo, el pensamiento utópico y el pensamiento científico.
Algunos de los filósofos del renacimiento son conocidos como humanistas por que
se interesan en el hombre pero también en las cosas humanas. Esto quiere decir
que no sólo les preocupaba la naturaleza del hombre, sino que también se
preocupaban por el cultivo de las cosas que nos distinguen: el habla, la escritura,
la música, las matemáticas, la política, la ciencia, el arte, la astrología y la magia.
Es en torno al hombre y a su actividad, su psicología, sus formas de relación con
los otros y con Dios, que los humanistas tejieron los problemas y las cuestiones
que le son propias desde el inicio del Renacimiento.

El pensamiento utópico, en cambio, es una forma de reflexión sobre la vida


política pero también sobre la forma de la vida humana, que aparece hacia
mediados y finales el Renacimiento. Este pensamiento surge en el momento en
que los hombres se dan cuenta de que lo que guía a los principales es su deseo
de permanecer en el gobierno, pero también cuando adoptan el ideal formulado
por el humanismo de que el hombre puede, a través del uso de la razón, alcanzar
una organización social perfecta.

Finalmente, el pensamiento científico se desarrolla a todo lo largo del


Renacimiento, no sólo como consecuencia de los trabajos prácticos y el interés
por desarrolla nuevos conocimientos y nuevas tecnologías tanto para la guerra
como para la paz, sino también como resultado de la forma en que el humanismo
concibe al hombre. Para los humanistas, el hombre es capaz de interpretar el
cosmos por medio de las herramientas racionales con las que cuenta, entre ellas
el pensamiento matemático y el método experimental.

Como puedes ver, el Renacimiento, que apenas duró dos siglos, fue una
época de gran riqueza filosófica en la que surgieron de las cuestiones y los temas
que hoy son la base de nuestro pensamiento.

Priani, E y López I. Historia de las Doctrinas Filosóficas. P.96-99.

Lea el texto que se presentan a continuación y elabore un


organizador gráfico en donde se plasmen las ideas de:
Erasmo de Rotterdam Tomás Moro
Juan Luis Vives Nicolás Maquiavelo
Giordano Bruno Francis Bacon

Es importante que en el organizador esté representada la relación que


existe entre estos pensadores y las características del Renacimiento.

…El intelectual más influyente de esa época fue Desiderio Erasmo, nacido en
Rotterdam pero viajero por toda Europa y considerado maestro del saber en todos
los países. Aunque educado como sacerdote pidió ser dispensado de sus votos y
colgó los hábitos. Era un espíritu sumamente independiente y nunca quiso
someterse a ninguna disciplina ni afiliarse a ninguno de los partidos religioso que
enfrentaban virulentamente. En la historia del pensamiento no faltan mártires
valerosos que han pagado con la cárcel y hasta con la vida la defensa a ultranza
de sus teorías. El cauteloso y prudente Erasmo estuvo siempre firmemente
decidido a que no incluyeran su nombre en esa nómina heroica. De modo que se
las apañó para exponer sus ideas con precisión, elegancia y mucha ironía, pero
arreglándoselas también para esquivar los peligros y evitar que los fanáticos de
cualquier signo se cebaran en su frágil persona.

Y es que Erasmo pensaba que todos los humanos estamos necesariamente


más o menos locos. No locos en el sentido clínico del término, como para
internarnos en un manicomio (aunque también hay bastantes de estos), sino
poseídos por obsesiones fantásticas e ilusiones de todo tipo sin las cuales la vida
se nos haría imposible. En una palara, nos alimentamos de mentiras e imposturas
sin las cuales no podríamos ni respirar. En el amor, en la política, en la religión y
en todos los campos nos movemos gracias a fantasías o exageraciones que
tomamos tremendamente en serio. Éste es el argumento de la obra más conocida
de Erasmo, titulada Elogio de la locura, en la que realiza con humor malicioso un
supuesto encomio de nuestros delirios más queridos y frecuentes. Por supuesto,
Erasmo sabe muy bien que no todas esas “locuras” tienen el mismo mérito ni el
mismo peligro: algunas nos permiten disfrutar con mayor ahínco de las
posibilidades que ofrece la existencia, pero otras se convierten en motivo para
intransigencias, hipocresías, guerras y persecuciones.

A pesar de ser un hombre religioso, Erasmo era muy crítico con la Iglesia y
sobre todo con los papas, demasiado dedicados en su época al lujo, a la
sensualidad y a las intrigas políticas: vivían literalmente como príncipes, no como
sacerdotes y representantes de la humildad cristiana. Erasmo escribió páginas
demoledoras contra ellos, que probablemente inspiraron en parte a los
reformadores protestantes. Pero cuando Lutero lanzó su cisma, Erasmo no se
decidió a ponerse de su lado abiertamente: prudente hasta parecer a voces
cobarde (aunque no faltaban en esos tiempos, como en todos, muestras de
brutalidad que justificaban su actitud), desconfiaba de la vehemencia y el
fanatismo del monje rebelde, a pesar de comprender y en cierta medida compartir
sus razones. De modo que se mantuvo en una actitud ambigua, que le hizo
sospechoso ante todas las facciones… pero le permitió llegar a viejo.

En lo que Erasmo fue indudablemente más claro fue en su oposición a la


guerra, a cualquier guerra, a todas las guerras. En uno de sus Adagios (es decir,
comentarios de proverbios griegos y latinos en los que daba muestras de su
erudición a la par que exponía sus propias ideas), glosa el proverbio “la guerra es
dulce para quien no la conoce”. Dice Erasmo que sólo los muy jóvenes a quienes
le comen el coco con soflamas guerreras pueden creer que la guerra es una
ocasión magnifica y heroica. En realidad el hombre no está hecho para
enfrentarse a los demás hombres, sino que es el único animal nacido
exclusivamente para la amistad y que madura y se refuerza principalmente gracias
a la ayuda mutua. Las trampas y crueldades de la batalla son todas infames,
aunque nos hayamos acostumbrado a ellas y las consideremos “normales”. En
cuanto a los motivos para declarar la guerra al vecino, todos le parecían fútiles y
engañosos, por que quien quiere reñir siempre encontrará en el pasado alguna
justificación para su agresión. La verdadera causa de las guerras suele ser
siempre la ambición y el deseo de conseguir por la fuerza riquezas ajenas.

Tampoco le convencían quienes predicaban la cruzada contras los turcos


pretextando que tenían una religión distinta y “peligrosa”. Vamos a ver, si los
cristianos no practican la caridad y la mansedumbre evangélicas, ¿en qué son
mejores que los musulmanes? Incluso llegó a decir que “si se prescinde del
nombre y de la insignia de la cruz, somos turcos luchando contra turcos”.
Valientemente Erasmo sostuvo que los príncipes deben recordar que gobiernan a
hombres libres y no a simple ganado al que se puede llevar con engaños al
matadero para servir a sus propios intereses particulares.

En alguno de sus viajes, Erasmo fue a Inglaterra y se alojó en casa de su


amigo Tomás Moro. El canciller Moro era un estudioso de los filósofos clásicos,
como Erasmo, pero también un hábil político, consejero durante cierto tiempo del
rey Enrique VIII. En bastantes aspectos se parecía a Erasmo: erudito, irónico,
firme en sus convicciones religiosas pero tolerante con las de los demás. Y
también un espíritu libre e independiente, que servía a su país sin sentirse sin
embargo obligado apegarse a los caprichos del poderoso. Seguramente, Erasmo y
él se lo pasaban muy bien charlando y riéndose de las locuras necesarias de los
humanos. Por cierto, ¿en qué legua hablaban entre sí los amigos? Pues en latín
seguramente, el idioma de todas las personas cultas de Europa en aquella época,
en la que escribieron sus obras más destacadas. La diferencia entre ambos era
que Moro ocupó cargos políticos, en vez de mantenerse al margen de esos
asuntos como el prudente Erasmo. Por ello, cuando el polígamo Enrique VIII
ordenó al parlamento inglés anular su matrimonio con Catalina de Aragón y
nombrar heredero del trono al hijo que había tenido con su segunda esposa, Ana
Bolena (a la que también eliminó luego de un hachazo), Tomás Moro se negó a
firmar esa acta. El rey le encarceló, le condenó a muerte y terminó ordenando que
le cortaran la cabeza. Cuando quienes querían salvarle la vida le sugerían que
dijese una palabra de arrepentimiento al rey, probablemente propicio a indultarle
en nombre de sus servicios pasados, Moro contestó con sencilla firmeza: “Soy el
único que lleva la responsabilidad de mi propia alma”.

Tomás Moro escribió un libro cuya celebridad ha llegado hasta nuestros días:
Utopía. Es uno de los pocos casos en que el título de una obra se convierte en el
nombre de una forma de pensamiento: ¿quién no ha oído hablar de utopías
buenas o malas e incluso ha calificado un proyecto supuestamente irrealizable de
“utópico”? La Utopía de Moro es una especie de novela que cuenta la llegada de
un naufrago, Rafael, a una isla denominada Utopía (un nombre de la etimología
griega que significa algo así como “en ningún lugar” “en ningún sitio” y que indica
la intención satírica del autor). Este mínimo argumento sirve para contarnos las
instituciones y la forma de vida que imperan en ese lugar fabuloso.

En Utopía no existe la propiedad privada no el dinero (el oro y la plata son


considerados metales viles, que sirven para fabricar los instrumentos domésticos
menos preciosos). Todos los ciudadanos cultivan el campo por turnos y nadie
puede permanecer ocioso salvo riguroso castigo. Se trabaja seis horas al día y el
resto del tiempo se dedica al ocio o al estudio. Sólo se cultivan las ciencias que
sirven para fines prácticos, no las especulaciones lógicas o metafísicas. La
religión de los utopianos se basa en la inmortalidad del alma y por tanto los
castigos o premios eternos que le corresponden tras la muerte (es decir, los
aspectos prácticos de las creencias que sirven para mantener el orden), pero si se
aceptan estos dogmas, no es preciso ya pertenecer a ninguna iglesia determinada
y el cristianismo coexiste sin hostilidad con cualquier otra devoción. Sólo son
condenados los fanáticos religiosos que intentan perseguir a los fieles de otras
doctrinas, de modo que el único pecado imperdonable socialmente es la
intolerancia. La guía racional de la conducta humana es el placer y sobre el placer
se basa la solidaridad social, porque el placer de todos es parte del placer de cada
uno de los miembros de la comunidad.

La verdad es que la vida en Utopía, si nos tomamos en serio esta sátira, no


parece demasiado atractiva: todo es excesivamente rígido y formal, nada puede
ser discutido y las novedades están descartadas por decreto (las leyes vigentes
fueron establecidas por el mítico rey Utopos, que las promulgó de modo inapelable
e inmodificable… ¡hace ochocientos años!). Sin embargo, lo cierto es que Tomás
Moro no intentaba proponer realmente un programa de gobierno ni un modelo de
paraíso, sino criticar usos y abusos frecuentes en la Inglaterra de su época. Lo
malo es que muchos de los utopistas que han seguido las trazas de Moro
(imitando preferentemente el comunismo elemental de la primera Utopía) han
pretendido después establecer en serio paraísos obligatorios en los que todo
estuviera previsto de antemano y los disidentes fuesen castigados como traidores
a la comunidad. De este modo, en demasiados casos, el sueño idealista de unos
pocos se ha convertido en pesadilla carcelaria para todos los demás. Pero sería
injusto echar la culpa de estas peligrosas aberraciones al ingenioso y valiente
canciller.

En España, el valenciano Juan Luis Vives fue amigo de Tomás Moro y de


Erasmo, manteniendo correspondencia con ellos. A Vives le preocupaba que la
lógica aristotélica, admirable en su día, hubiera llegado a convertirse en la Edad
Media en una intocable vaca sagrada que impedía el desarrollo de la ciencia
moderna. Sostuvo que los verdaderos discípulos de Aristóteles no eran quienes
leían devotamente sus obras y se las aprendían de memoria, obstaculizando así
nuevos descubrimientos, sino los que seguían el ejemplo vivo de Aristóteles, que
fue en su época un gran observador de la naturaleza y para nada un memorizador
de textos antiguos. El conocimiento científico avanza a través de la investigación
experimental de los hechos naturales y no por el estudio de obras del pasado, por
muy ilustres que sean. También escribió un tratado Sobre el alma y la vida, en
donde obtiene que lo importante no es elucubrar sobre qué sea el alma en
abstracto sino estudiar empíricamente sus propiedades y la manera en que se
manifiestan en la vida cotidiana.

Si la Utopía de Tomás Moro sirvió para nombrar todo un nuevo género de


obras, el apellido de Maquiavelo se ha convertido en adjetivo calificativo (o más
bien descalificador) de ciertos políticos: llamamos hoy “maquiavélico” a alguien
muy astuto, hipócrita y tramposo que no retrocede ante ninguna fechoría para
conseguir lo que se propone. No es del todo justo: Nicolás Maquiavelo nacido en
Florencia, fue un historiador dedicado a hacer política pero también a reflexionar
sobre ella, no un desaprensivo ni mucho menos un criminal. Ante todo, fue un
patriota con el mayor de los problemas: su patria no existía… aun. Italia era un
mosaico de ciudades y feudos frecuentemente enemistados, en donde los reyes
de España y Francia hacían y deshacían a su conveniencia. Maquiavelo quería
conseguir que los italianos se unieran entre sí y se independizaran del dominio de
los extranjeros. Aspiraba a recuperar la antigua gloria que Roma había conocido
en Europa. Para ello eran imprescindibles al menos dos cosas: un buen
conocimiento histórico del pasado, para aprender de él lecciones útiles y también
para saber de dónde venían las instituciones buenas o malas del presente, así
como gobernantes capaces y enérgicos que asegurasen la libertad cívica del país.
Fueron precisamente sus consejos a esos futuros gobernantes –recogidos en su
obra más célebre, El príncipe– los que le han granjeado mala fama en la
posteridad…

Según Maquiavelo, el gobernante tiene ante todo que ser un político (capaz y
decidido, conocedor del terreno y con proyectos viables, etcétera), pero no
sencillamente lo que llamamos “una buena persona”. La moral corriente está muy
bien para las relaciones cotidianas que los humanos mantenemos entre nosotros,
pero no sirve –o al menos no basta- para quien tiene que dirigir toda una
comunidad, sortear conspiraciones y revueltas o enfrentarse a enemigos
exteriores. El cristianismo puede ser estupendo para salvar el alma particular de
cada cual, pero se convierte en un obstáculo cuando de lo que se trata es de
salvar a todo un país. No es que Maquiavelo aconseje a su príncipe que disimule,
mienta o incluso elimine por las bravas a sus oponentes políticos: pero deja claro
que si hay que acudir a esos métodos por razones justificadas no debe ponerse
demasiado melindroso. Si los ciudadanos aman a su príncipe será mejor para
todos, pero es más seguro que al menos le teman. Muchas veces un príncipe
temido pero eficaz es mucho mejor para garantizar la libertad de los ciudadanos
que uno muy amado por bondadoso y tontorrón.

Este manual de instrucciones convierte a Maquiavelo en padre de lo que


después de llamó la “razón de Estado”, es decir, la justificación por el bien de la
comunidad y la paz social de los actos menos recomendables que a veces
perpetran los gobernantes. Sería injusto, sin embargo, hacerle responsable de
tantos abusos y maldades como luego se han cometido y se cometen bajo el lema
de la dichosa “razón de Estado”. Quizá el descuido de Maquiavelo fue no prever
que muchos políticos confunden sus intereses personales o los de su partido con
el bien común de la sociedad: claro que estos pájaros n son “maquiavélicos” sino
sencillamente sinvergüenzas… La visión que tiene Maquiavelo de la historia y la
política es sin duda más pagana que cristiana; lo que él llama “virtud” se parece
más bien a lo que los antiguos roanos consideraban así, no a lo que predican los
santos padres. Algunas de las figuras políticas más admirables como él, como el
feroz César Borgia o el marrullero Fernando el Católico, aspiraron a reinos más
terrenales que el de los cielos. Por lo demás, Maquiavelo tuvo una clara
conciencia de que organizar la convivencia humana es algo muy complejo,
sometido a constantes vaivenes según las fuerzas en conflicto y donde
constantemente influye el azar, es decir, lo imprevisible que desbarata los mejores
planes. Es el azar (lo que los paganos llamaron “fortuna” y los cristianos quisieron
contrarrestar con la noción de Providencia divina) el mayor y más constante
enemigo con el que los príncipes deben enfrentarse… como el resto de los
humanos, si bien se mira.

En esta época comienza también a desarrollarse la ciencia en el sentido


moderno de la palabra, basada en la observación, en la experimentación y luego
en la aplicación de cálculos matemáticos. Pero los descubrimientos científicos
hicieron tambalearse muchas creencias tradicionales, algunas sostenidas por
supuestos “argumentos” religiosos y otras basadas en un respeto acrítico a lo que
decían Aristóteles y otros sabios de la Antigüedad. El gran astrónomo Nicolás
Copérnico, por ejemplo, estableció que el centro de nuestro sistema planetario es
el Sol y no la Tierra (como se creía desde Tolomeo). Después otro astrónomo,
Kepler, reforzó la teoría heliocéntrica y descubrió las leyes del movimiento
planetario, la órbita elíptica que describen estos cuerpos celestes, etcétera. De los
descubrimientos de ambos se derivaron luego los grandes avances de genios
como Galileo o Isaac Newton. Ya no en los cielos sino en la tierra, Gilbert teorizó
sobre las propiedades del imán. Harvey descubrió la circulación de la sangre,
Leeuwenhoek hizo lo propio con los espermatozoos y los organismos unicelulares,
Robert Boyle hizo avanzar extraordinariamente la química etcétera. La gran
carrera por el desvelamiento de los componentes materiales de mundo había
comenzado.

Lo mismo que la política fue pensada filosóficamente por Maquiavelo, otros se


dedicaron a la reflexión sobre las nuevas perspectivas cósmicas y materialistas
que abría la nueva ciencia. A veces, esas reflexiones tenían más de imaginación
poética que de un método científico, como en el caso de Giordano Bruno, nació en
Nola. Eran tiempos en que las fronteras entre la magia y el conocimiento
experimental, la observación de lo real y el vuelo fantástico que se pasea por el
Universo inmenso estaban todavía poco claras. Bruno tenía interés en todos esos
campos y se movía con fulgor y cierta arbitrariedad a través de ellos. Consideraba
mersa supersticiones las creencias religiosas, con sus milagros y resurrecciones,
aunque les concedía algún valor –muy relativo– de orientación moral. Creía en un
Dios pero al que identificaba con la naturaleza y sentía el entusiasmo vital del
hombre enfrentado ante las posibilidades infinitas del Universo, semejante por
tanto al propio Dios en su aspiración a lo ilimitado. Como otros pensadores del
pasado, padeció cárcel y persecución por sus ideas. Finalmente vino a caer por la
traición de un falso protector en manos de la Inquisición, en Roma. Tras un largo
encierro, en el que se negó a renegar de sus doctrinas –que apreciaba tanto como
su vida misma y por las que estaba dispuesto a arriesgarla-, terminó quemado vivo
en el Campo dei Fiori, donde una estatua severa y oscura conmemora hoy su
martirio.
Bruno consideró dañinos para el conocimiento a los seguidores acríticos de
Aristóteles, que pretendían conocer la naturaleza de antemano y basándose sólo
en los razonamientos, ya remotos en el tiempo, de su maestro. Y también fue
decididamente antiaristotélico Francis Bacon, un pensador inglés al que se le
considera padre del método científico. Ciertas personas pueden ser muy
interesante en el terreno de la filosofía, pero en cambio tener una moralidad
dudosa (me refiero a los modernos, porque los antiguos –como Sócrates o
Séneca– pensaban de otro modo). Bacon no sólo se dedicó a la reflexión filosófica
sino también a la política, y llegó a ostentar el cargo de Lord Canciller de
Inglaterra, algo así como Primer Ministro. Sin embargo perdió su puesto por
acusaciones de corrupción, parece que bien fundadas, y hasta pasó una
temporada en la cárcel: también fue moderno en esto.

Bacon sostenía que la aplicación mecánica de la lógica aristotélica y su intento


de anticiparse a la naturaleza para determinar cómo funciona pero sin observarla
realmente funcionar puede hacer que uno gane una disputa verbal pero o que
aumente realmente la ciencia ni nuestro control de los hechos naturales. La única
forma de llegar a dominar la naturaleza (y eso es lo que, según Bacon, desea el
hombre) sólo se consigue observándola y obedeciéndola. Es preciso estudiar lo
que sucede, anotar los resultados y hacer experimentos para reforzar las
observaciones realizadas: a partir de esa base pueden obtenerse interpretaciones
acertadas científicamente. En el verdadero conocimiento no valen la magia ni la
invocación a sabios del pasado, sino la experiencia y la paciente constatación de
lo que ocurre en el mundo. A su modo, también Sir Francis Bacon fue mártir de
sus ideas, porque murió a causa de un enfriamiento contraído cuando hacía
pruebas llenando de nieve unas cuantas aves muertas para comprobar si así se
retrasaba su putrefacción.

Bacon denunció que la mayoría de los humanos permanecen en la ignorancia


porque adoran a determinados ídolos, es decir, falsas opiniones generalmente
aceptadas. Hay ídolos de la tribu, compartidos por todos los humanos, y otros
específicos de ciertos individuos y ciertas culturas. Entre ellos destaca el propio
lenguaje, porque está lleno de palabras como “fortuna”, “primer motor”, “elemento
del fuego” y otras semejantes, que son residuo de teorías falsas pero que no se
discuten. Otras palabras, como “húmedo”, se refieren a cosas verdaderas pero
imprecisas y ambiguas, que pueden ser tomadas en muchos sentidos
contradictorios. Otros ídolos, que Bacon llama “del teatro”, provienen de las
convenciones sociales y de doctrinas antiguas que está mal visto contradecir. Si
queremos asegurar nuestra ciencia, es preciso librarnos de todos los ídolos
sociales y personales para dedicarnos de lleno al estudio sin prejuicios de la
naturaleza. Aunque en la obra de Francis Bacon estás ideas están sólo esbozadas
y él mismo no estaba aún libre de muchos prejuicios, ya podemos percibir en sus
escritos la voz de la ciencia moderna: y también la determinación de poner el
conocimiento al servicio de los objetivos y las ambiciones de los hombres,
renunciando a la mera contemplación desinteresada del Universo.

Savater, F. Historia de la Filosofía. P.114-119


La Reforma

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.

 ¿En qué contexto se desarrolló la Reforma protestante?


 ¿Cuáles fueron las causas de este movimiento?
 ¿Cuáles fueron sus consecuencias?

La Reforma
A pesar de que tanto Erasmo de Rotterdam (1467-1536) como Juan Vives
(1492-1540) se preocuparon por depurar la religión cristiana de su época,
ajustándola a los preceptos fundamentales del Evangelio, no optaron por romper
con la Iglesia católica.

Sin embargo, esta ruptura sí dio con otro personaje histórico llamado Marín
Lutero, promotor de la Reforma protestante.

Si bien en sus inicios la Iglesia basaba doctrina en una prédica sencilla de la


caridad y la fe como camino de salvación, al paso del tiempo se fue convirtiendo
en una institución política y económicamente poderosa, con una serie de vicios
arraigados: afán de riqueza, corrupción, fanatismo, etcétera.

Antes la descomposición de la Iglesia, pese a la existencia de ordénenos


religiosas que predicaban con sinceridad el regreso a los ideales originales del
cristianismo (caridad, pobreza, humildad, etc.), algunos frailes buscaron realizar
una reforma total de la iglesia: tal es el caso, del fraile agustino Martín Lutero
(1483-1546). Fue hijo de un minero alemán que era muy popular entre la gente.

En 1517 a la Iglesia clavando en la puerta de su convento, en Wittenberg, 95


tesis que protestaban contra la escandalosa vida de la Corte pontificia y el
desolado espectáculo de la venta de indulgencias, cuyas ganancias servían para
financiar la construcción de la Basílica de San Pedro.

Las tesis de Lutero alcanzaron una gran difusión gracias a la imprenta y así
tuvo muchos seguidores.

Algunas tesis luteranas

El hombre es libre sólo cuando se abandona a la voluntad de Dios, cualquiera


que sea ésta. No puede creer que ganará el paraíso simplemente acumulado la
mayor cantidad de buenas obras. Admitir una relación automática y obligada entre
acciones meritorias y la salvación eterna del alma reduciría a Dios al papel de
mero contable, a una especie de divino notario del bien y del mal.

Todo cristiano tiene una noble naturaleza, espiritual y corporal. Por el alma se
le llama hombre espiritual, nuevo, interior; por la carne y la sangre se le llama
hombre corporal, viejo y exterior. Este dualismo nos recuerda el concepto del
hombre que tiene San Agustín: el hombre posee una parte angelical que convive
con una parte bestial o demoniaca. Sin duda, la parte espiritual es fuente de
salvación.

Si consideramos al hombre interior y espiritual con la intención de saber qué


se requiere para que éste sea y se le llame un cristiano justo y libre, resulta
evidente que nada exterior puede hacerlo justo y libre, ya que su justicia y su
libertad, e inversamente su malicia y su servidumbre, no son corporales ni
exteriores. De nuevo Lutero acude a la interioridad humana como motor de la
religión, como en el caso de San Agustín cuando, como vimos, nos dice: “no
salgas de ti mismo, en tu interior está la verdad”.

Ha de haber otra cosa que acarree y confiera al alma integridad y libertad.


Puesto que todas estas obras y comportamientos pueden asumirlos y ejercerlos
incluso un malvado, un hipócrita y un santurrón. Esto nos sugiere que los actos
meramente exteriores no son valiosos en sí si no emanan de lo interior, de la fe
verdadera.

Ni en el cielo ni en la tierra tiene el alma otra cosa en la que vivir ser justa libre,
cristiana, sino en el Santo Evangelio, la palabra de Dios predicada por Cristo. Él
mismo nos dice: “soy la vida y la resurrección, quien cree en mi vive eternamente”.
El libre albedrio, sin la gracia de Dios, no es libre en ningún caso, sino
inmutablemente prisionero y esclavo del mal, incapaz por sí mismo de dirigirse al
bien. El hombre pues, no es propiamente libre, sólo puede combatir el mal con la
ayuda de Dios.

Mientras Dios no se haga presente en nosotros con sus acciones, todo lo que
hagamos será malo y por fuerza haremos obra sin ningún valor para lograr la
salvación. Dios otorga la salvación. El hombre está determinado por Dios,
quienes es el único que dota l ser humano de la gracia divina.

Con todo, la Reforma dio al transe con la supremacía de Roma. Dio impulso a
nuevas doctrinas teológicas, originó profundo cambios en la distribución de la
riqueza, facilitó el establecimiento del Estado secular. Dio un gran impulso al
racionalismo al poner en tela de juicio algunos principios tenidos por mucho tiempo
por intangibles.

Tanto sus doctrinas como sus resultados sociales redundaban a favor de la


emancipación del individuo. Pero sobre todo la Reforma fue una revolución contra
el papado, un intento para descubrir de nueva cuenta el verdadero sentido de la
vida cristiana, para ello se ponía énfasis en la palabra de Dios consignada en los
Evangelios que transmitía un código de conducta.

Escobar, G. Filosofía. P.113-115

Organicen un debate en el grupo sobre la tesis de Lutero: “El


hombre es libre sólo cuando se abandona a la voluntad de Dios”. Recurran
a las ideas de los filósofos que se han estudiado hasta ahora.

FILOSOFÍA MODERNA

Lea el siguiente texto para responder a la pregunta: ¿Cómo


impacto el Renacimiento en el surgimiento de la filosofía moderna?

El Idealismo del Siglo XVII

En el siglo XVII empieza propiamente la filosofía moderna. El Renacimiento


fue una época de transición, con intentos de restaurar la antigüedad y oposición a
la escolástica.

En la historia de la filosofía se repiten períodos de esplendor y otros de


decadencia, de cansancio. En Grecia durante los siglos IV y V a.C. aparecen los
presocráticos con las figuras de Heráclito y Parménides para seguir con la trilogía
Sócrates, Platón y Aristóteles. Luego viene el período helenístico-romano de poca
fecundidad filosófica. En la edad Media, durante los siglos XIII y XIV aparecen
grandes figuras: San Buenaventura, San Tomás, Escoto, Bacon, Eckehart,
Ockam, Nicolás de Causa, luego viene el Renacimiento, muchos cambios, mucho
ruido pero poca profundidad y creatividad, hasta el siglo XVII. Entonces aparecen
por un lado Descartes, Spinoza, Leibniz, grandes filósofos; y Bossuet, Fenelón,
Pascal que aportan pensamientos filosófico-religioso. Por otro lado, en Inglaterra
se desarrolla el empirismo con Francis Bacon, Locke, Berkeley y Hume. Viene
después el idealismo alemán con Kant a la cabeza y el siguen Fichte, Schelling y
Hegel. Seguirá el siglo XIX con el positivismo y el naturalismo hasta aparecer un
resurgimiento de la metafísica que es la época actual.

Aceves, J. Filosofía Introducción e Historia. P. 203.


IDEALISMO (DESCARTES)

Responda a las siguientes preguntas, con base en la lectura que


presenta a continuación.

 ¿Qué significaba para Descartes la frase: “Pienso entonces


existo”?
 ¿En qué basa Descartes su afirmación de la existencia de Dios?
 ¿Por qué se considera a Descartes el padre dela filosofía
moderna?

René Descartes, Filósofo del Método


Si preguntamos quién es el padre de la filosofía moderna y quién marca en
final del pensamiento antiguo y medieval, el noventa y nueve por ciento de los
consultados responderá: René Descartes fue uno de los grandes talentos de la
humanidad en disciplinas tan distintas como la matemática, la ciencia y la filosofía.

Probablemente su aporte no ha sido concluyente, pero podemos decir que se


dedicó a abrir caminos antes que a recorrerlos por completo. Su primera vocación
fueron la matemática y la geometría. Dos temas que dan la tranquilidad de estar
pisando terreno seguro, porque cuando se dice que algo es matemáticamente
exacto y cierto, tenemos pruebas que lo demuestran. Por lo tanto, eliminamos las
dudas respecto a lo que sabemos y cuánto no sabemos, cuando estamos
alcanzando una conclusión podemos estar seguros de que llegamos a ella de
manera adecuada. Lo mismo ocurre con un teorema geométrico. Descartes se
preguntó si esto era seguro en todos los campos. Sabemos se preguntó si esto
era seguro en todos los campos. Sabemos que existe la verdad, es decir, que
habrá cosas, situaciones y opciones que corresponden mejor a la realidad que
otra. Pero, ¿cómo tener la certeza de que lo que nosotros creemos que es verdad
lo es auténticamente? Creemos que alguna cosa es verdad, pero ¿cómo tener la
certeza de que lo es? ¿Cómo sabemos que no nos engañamos? El problema no
es que exista la verdad, sino que nosotros podamos reconocerla, que en nuestro
pensamiento lleguemos a tener una visión, opiniones y doctrinas que respondan y
que nos tranquilicen, dándonos la verdad de una manera indiscutible. Esto fue lo
que buscó Descartes a lo largo de su vida y lo hizo recorriendo Europa, dese sus
reflexiones como un pensador privado, no como profesor, ya que nunca tuvo
cátedra. Fue una persona que caminó por la vida con discreción, y suponemos
que lo hizo por medio a despertar la atención peligrosa de la inquisición. Vivió
pensando por sí mismo y para sí mismo. Su legado nos enseña que no nos
podemos fiar de las autoridades, ni de la tradición ni de lo que nos cuenta.

Tenemos que buscar la certeza a partir de lo que nosotros mismos podemos


desarrollar. Ninguna de las opiniones establecidas, por venerables y respetables
que sean quienes las sostienen, nos pueden dar dicha certeza. Los medievales
tardíos se contentaban citando opiniones de Aristóteles y les parecía un
argumento suficiente decir “Lo dijo el maestro” o incluso “lo escribió el filósofo”.
Descartes, inaugurando la época moderna dice: No. No basta la autoridad, no
alcanza con la tradición. Hace falta que a partir de mi propio pensamiento yo
llegue a descubrir la certeza.

La Clave es el Método

La filosofía moderna por medio de Descartes aparece con un propósito


aparentemente modesto. Conocer cuál es el camino que se puede seguir para
llegar al conocimiento y a la verdad. No empieza, como otros filósofos,
preestableciendo verdades, no defendiendo qué es el mundo, qué es el ser
humano, qué es el alma, sino intentando buscar una ruta para llegar a
conclusiones fiables. La clave de su búsqueda es el método, que proviene de la
palabra griega methodos que quiere decir camino, que es lo primero que busca
Descartes. Un sendero que nos lleve a ideas que nos resulten claras y distintas.
No aquellas que están confusas, que más o menos aceptamos al tún tún, sin
verlas con precisión. Descartes, que estaba reflexionando sobre muchos temas-
físicos, astronómicos, fisiológicos y matemáticos, por supuesto-, organiza un
discurso del método. Crea un planteamiento para tratar de estar seguros de que
hemos encontrado la verdad.

Descartes es el protagonista de una de las más celebres anécdotas de la


historia de filosofía. Estaba sentado dentro de una estufa- en aquellos años las
estufas eran un especie de lugar cerrado en torno a un fuego central-, durante una
de las campañas militares en las que participó. En un momento se pone de pie y
empieza a dar vueltas y se cuestiona: “Bueno… ¿Cuál puede ser la seguridad,
qué seguridad puedo tener yo de algo? Puedo dudar de lo que me han dicho,
puedo dudar de lo que veo y de lo que toco, puesto que existen los espejismos y
las alucinaciones. Si puedo dudar de todo, ¿de qué cosa puedo estar seguro? De
la única cosa que puedo estar seguro- llegar a la conclusión- es de mi duda
misma, de que yo estoy aquí dudando, y si dudo, existo”. Si dudo, tengo unas
capacidades intelectuales, pienso, y si pienso, entonces éxito. De esa certeza
paradójica, la certeza de la duda, nace el pensamiento moderno.

La Frase más conocida de la Filosofía

Uno de los pocos lemas que incluso los más profanos a la filosofía conocer es
el famoso contigo ergo sum, es decir, “pienso luego soy”, “pienso entonces existo”.
Para Descartes el concepto “pienso” es muy amplio. No se refiere simplemente a
lo que nosotros llamamos el pensamiento, como pura reflexión y búsqueda de un
conocimiento. Se trata de toda la actividad mental que tiene un ser humano: la
duda, la vacilación, la certeza, incluso los sentimientos como la alegría y el
reconocimiento. También lo que forma la vida, lo espiritual, lo intelectual. Todo eso
entra más o menos en la amplísima concepción de lo que es el cogito. Y lo que
simplemente dice Descartes es: “veo o noto existo”. “noto que existo porque si
estoy equivocándome existo, porque no puedo equivocarme sin existir, si estoy
dudando existo, si estoy perplejo existo”. Es decir, a partir de cualquiera de los
movimientos intelectuales, anímicos, espirituales, llega a la conclusión de que al
menos eso es seguro: existo. Y a partir de esa certeza va desarrollando las
demás.

Descartes admite – un genio maligno, alguien que estuviera siempre


engañándome, permanentemente lanzando alucinaciones sobre mí, mostrándome
apariencias falsas, pero lo que no puede impedir es que yo siga, pese a todo,
existiendo. Esta hipótesis del genio maligno representa simplemente la posibilidad
de que la realidad no sea lo que yo supongo que es a partir de mis sensaciones y
raciocinios. En ese contexto la demostración de la existencia de Dios, cuya
necesidad se le impone a Descartes, no es un tema teológico, sino más bien la
defensa de la idea de que hay efectivamente un orden en el mundo. Si no hubiese
tal orden, la circunstancia de que una determinada idea sea clara y distinta- esto
es, evidente- no garantizaría su verdad. Por otra parte, Descartes va a concluir en
la existencia, primero de un Dios benévolo- es decir, un Dios que no me engaña,
lo cual es una profesión de fe en la inteligibilidad de la Naturaleza- que a él le
parece que deriva de ese Dios una serie de ideas claras y distintas que van a
formar el conjunto de nuestros conocimientos.

En Descartes hay una separación entre el espíritu y la materia. La materia es


aquello a lo que el espíritu está destinado para conocer. Nuestro espíritu está
destinado a conocer y a vivir dentro de la materia que es mecanismo es una bien
tramada urdimbre de causas y efectos que el espíritu va a conocer y desde el
exterior va a reflexionar sobre él.

Lo Cartesiano en nuestros días

René Descartes pasa, como hemos dicho, por ser el padre de la filosofía
moderna y contemporánea. Es decir, aquel que convierte la subjetividad humana
en el baremo de lo que es real y no es real, de lo que es verdadero y lo que no es
verdadero. Ese baremo que antes estaba en la divinidad o en la tradición o en la
autoridad de los antiguos, él lo lleva a la subjetividad. Es decir, esa comprensión
que tenemos de nuestro movimiento espiritual y sus dudas, pero también de la
búsqueda de la verdad, es la que va a establecer lo que existe y no existe, lo que
es y no es verdadero. A partir de Descartes va a nacer el idealismo, la búsqueda
de la ciencia en el sentido moderno del término. Probablemente la filosofía
propiamente cartesiana, las Meditaciones, incluso las aportaciones en torno al
Discurso del método pueden sonarnos un poco obvias o, tal vez, pasadas de
moda. Las aportaciones matemáticas siguen válidas en sus campos, otras ya no.
Él se equivocó en física, al hablar, por ejemplo de los torbellinos. Descartes
propone una “teoría de los torbellinos” según la cual el éter formaba vórtices
alrededor del Sol y las estrellas, siendo esos torbellinos los que explicaban el
movimiento de los planes. Fue Isaac Newton el que tuvo la razón frente a
Descartes en casi todo. Incluso Descartes cometió equivocaciones en el mundo de
lo psicológico cuando dijo que el alma y el cuerpo se unían en la glándula pineal
(lo que hoy llamamos hipófisis), esa parte del cuerpo que es ese momento no se
sabía para que servía. Todo esto hoy no funciona, no es operativo. Pero sí el
planteamiento de la subjetividad humana como centro y único referente del
pensamiento. Este aporte, sus derivaciones y las múltiples consecuencias que
tuvo ese descubrimiento, sigue absolutamente vigente, y por lo tanto Descartes es
una referencia inexcusable del pensamiento moderno.

Savater, F. La aventura de pensar. P. 91-101

ILUSTRACIÓN

Lea el siguiente texto para responder a la pregunta: ¿Cómo se


explica el paso de Edad Media a la Ilustración, pasando por el
Renacimiento y el Idealismo?

LA ILUSTRACIÓN SIGLO XVIII

Introducción. La ilustración se extiende por Europa como un movimiento


general que proclama altanero su fe en el progreso moderno y ambiciona llevarlo a
todos los terrenos de la vida. Ya no se trata de la investigación; el “ilustrado” se
siente seguro de sí mismo y trata de beneficiar a los demás con los frutos del
progreso. Es una típica filosofía popular en la que la vastedad sacrifica la
profundidad.
La fe en los adelantos de la edad moderna y la voluntad de un progreso
inspirado en los nuevos principios, provocó una hostilidad inspirado en los valores
tradicionales. Esto se nota en la nueva manera de ver el mundo, la religión y la
sociedad. Naturaleza, hombre y derechos del hombre, razón y ciencia, son las
nuevas consigas. La era de la ilustración es antihistórica, sus ojos están dirigidos
hacia el porvenir; sueña con un hombre ideal y universal, en el que la naturaleza y
razón constituyen las supremas normas de valor en el ámbito humano. “Difundid la
luz de la razón, que la virtud y la dicha juntará por sí misma sus manos”.

Todo este movimiento culminará en la revolución francesa de 1789.

Aceves, J. Filosofía introducción e historia. P. 217


Lea los textos que se presentan a continuación: tanto John Locke
como David Hume afirman que se llega al conocimiento a través de la
experiencia que dan los sentidos: ¿Cuál es la discrepancia en las ideas de
estos dos representantes del Empirismo?

DISCREPANCIA ENTRE EMPIRISTAS


John Locke David Hume

1
JOHN LOCK

Filosofó y político inglés nació en el año 1632, es considerado el expositor


principal de la corriente empirista manifestada ya por Bacon y Hobbes, y que
penetró tan profundamente en el anglosajón que puede decirse, desde entonces
forma parte de su carácter nacional.

En filosofía, Locke parte del pensamiento de Descartes sobre la existencia de


las ideas, el cual comparte, pero rechazando el concepto de las ideas innatas que
están presentes en la mente humana a pesar de no ser pensadas. Para Locke, las
ideas son fruto de la experiencia sensible, de nuestra receptividad frente al mundo,
y estas ideas son simples o concretas, pues proceden de cualquiera de nuestros
sentidos, son sensaciones que no constituyen en sí un saber; para ello deben ser
elaboradas mediante el entendimiento que consiste en comparar, combinar,
abstraer y demostrar las ideas simples obteniendo así las ideas complejas o
abstractas, que van a conformar nuestra reflexión. El conjunto de estas ideas
simples, complejas y mixtas, por su combinación forman en última instancia
nuestra razón, la cual no tiene capacidad ilimitada, su límite está constituido por el
número y la cualidad de las ideas que la experiencia ha puesto a nuestra
disposición, por lo que deducimos que cuando estas ideas faltan, son escasa,
oscuras o imperfectas, la misión de la razón resulta deficiente, por no decir
imposible, de ahí parten los problemas, o arbitrariedades de todo género que un
ser humano durante su vida puede representar. Agrega que a la razón, puede
contraponerse la fe, que es la aceptación de proporciones de ninguna forma
garantizadas, pero inspiradas por Dios en algunos hombres que se han hecho
llamar profetas, por lo que, la fe se apoya en la revelación, la que no puede
pretender ser creída si contradice la evidencia de la razón, por lo tanto, dice, es
censurable ese “entusiasmo” religioso que hace creer que está en posesión de la
verdad absoluta de una manera tan intolerante.

En cuanto a su concepto político, parten de su oposición a Hobbes que


concebía el derecho natural, como un derecho ilimitado de todos o algunos sobre
todo (de donde se derivan los estados de guerra constantes y la agresividad de los
hombres entre sí). Locke considera el derecho natural de un hombre limitado por
el mismo derecho natural de los demás. El hombre en sociedad debe establecer
un contrato con el Estado, al cual no entrega totalmente su libertad, sino que,
reconocerá la autoridad pública a condición de que la autoridad se comprometa a
respetar y hacer respetar, los derechos naturales del hombre, garantizándole su
seguridad, propiedad y libertad. Si el soberano o gobierno traspasa estos límites y
se convierte en despótico y opresor, el contrato se anula automáticamente y el
ciudadano tiene derecho a sublevarse. Un medio para impedir que la autoridad
soberana se convierta en tiranía, consiste en la división de esa soberanía
mediante su separación en tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Podemos apreciar la enorme importancia y repercusiones que las


concepciones filosóficas, éticas y políticas de este pensador, tuvieron no solo
sobre los acontecimientos que sucedieron en su inmediato siglo XVIII, el siglo de
la ilustración y de la Revolución francesa, sino que son la base e inspiración de
todas las constituciones políticas progresistas de los pueblos de América a medida
que iban rompiendo las cadenas del yugo colonial y adquiriendo su independencia
política.

Herrera, F. Historia de las teorías. P. 118 y 119

2
DAVID HUME

(1711-1776). Filósofo, psicólogo historiador inglés, lo básico en su


pensamiento se encuentra en la frase “el saber no estriba en llegar al
conocimiento del ser, sino en la capacidad de servir de guía para la vida práctica”.
Como buen inglés y seguidor de Locke, fue un sólido empirista, aceptaba como
única fuente del conocimiento la sensación y que las ideas eran solo meras copias
de ésta, asociándolas, sensación-idea, fundó la teoría “asociacionista”, sin
embargo, parece mostrar una sombra de duda al exponer otra cara al empirismo,
decía: considero insoluble el problema de si existe o no el mundo objetivo, y
aplicaba un interrogante a las relaciones en la experimentación de causa-efecto,
diciendo que esta relación no puede ser inferida ni de la ilustración, ni el análisis
lógico y la demostración, puesto que aseguraba que ; del hecho de que un
fenómeno precede a otro, no puede deducirse que el primero es la causa y el que
sigue el efecto, así, Hume niega el carácter objetivo de la causalidad, y termina
diciendo sobre este tema: “la realidad no es más que un “ torrente de impresiones”
cuyas causas son desconocidas e incognocibles, pero no se crea que esto
constituye un caos absoluto, puesto que la fuente de la seguridad de su
secuencia, no es el conocimiento teórico, sino la fe”

En ética, Hume se muestra como el primer pragmático, al decir que lo último


es el criterio de la moralidad, esto desarrollará la teoría del utilitarismo.

Herrera, F. Historia de las teorías. P. 149 y 150

ILUSTRACIÓN EN FRANCIA

Lea el siguiente texto.

Qué es la ilustración

Cómo pudiste ver en el capítulo anterior, el siglo XVII inaugura una época en
que se confiaba en la razón y en lo que ésta hacía posible. En el siglo XVIII esa
confianza alcanzaría niveles casi absolutos. De hecho, podemos decir que en siglo
XVIII es una época que se define por tener una actitud entusiasta frente al
pensamiento racional. El concepto mismo de ilustración, con el que hoy
conocemos al pensamiento de ese siglo, pone relieve la importancia que tiene la
educación y la capacidad de pensar de los hombres, y sostiene una confianza
plena en el progreso de la humanidad.

Esto quiere decir que la ilustración no es en realidad sólo una forma propia de
la filosofía de esa época, sino una actitud general frente al pensamiento y sus
frutos: la educación, el buen gusto, el refinamiento, la ciencia y la cultura. Así, ser
ilustrado era una disposición a utilizar la inteligencia en todos los ámbitos de la
vida: la ciencia, la política, el arte y la vida práctica. Ése fue el espíritu que condujo
a cambios decisivos durante ese siglo en la biología, las matemáticas, el
conocimiento de la Tierra, la manufactura de los objetos cotidianos, la política y
hasta en las buenas maneras a sentarse a la mesa. Se considera que la
ilustración incluso fue uno de los factores que condujeron a la Revolución
Francesa.
La filosofía de la ilustración se caracteriza por mostrar optimismo hacia los
logros de la razón y el progreso de la humanidad. Las ideas ilustradas aparecen
sobre todo en Francia, Alemania e Inglaterra, aunque en cada lugar adquiriera
características y orientación diferentes. En Francia, por ejemplo, la ilustración gira
alrededor de un proyecto monumental: La Enciclopedia.

Probablemente ya imaginas que esta enciclopedia es el antecedente y el


origen de todas las que conocemos hoy, sólo que entonces era una empresa
colectiva y tenía como finalidad producir breves tratos que, reunidos, formaran un
libro en el que se encontrara todo el conocimiento adquirido hasta entonces, una
especie de compendio de todo el saber. La mayoría de los filósofos y científicos
franceses de la época colaboraron en la escritura de la Enciclopedia: Diderot, D´
Alembert, Montesquieu, Rousseau y Voltaire, entre otros, contribuyeron a hacer
realidad el proyecto. Por eso en el movimiento enciclopedista podemos encontrar
los ejes más característicos del pensamiento ilustrado: la confianza en la razón en
el progreso, y la crítica- que ya no abandonará a la filosofía- a los dogmas y a las
tradiciones que no tienen fundamento en la razón. Muchos de los artículos de la
Enciclopedia reflejan ese ánimo en casi todos los terrenos: se escriba en contra de
las supersticiones que aparecían en la religión o en las prácticas tradicionales o en
las pseudocientíficas. Se cuestiona al poder y a los poderosos, pero sobre todo, se
cuestionan las falsas creencias y las ideas que no son probadas ni probables, al
mismo tiempo que se exaltan los nuevos conocimientos o se defienden las ideas
de vanguardia en las ciencias.

Entre los filósofos más críticos, pero también menos reconocidos por tener una
obra dispersa en cartas, obras literarias y algunos pequeños tratados filosóficos,
están Diderot (1713-1784) y Voltaire (1694-1778). El primero fue un crítico de las
convenciones sociales que chocaban con los conocimientos y con las
posibilidades que ofrecían los avances de la biología. Diderot fue coordinador y
promotor, junto con D´Alembert, de la Enciclopedia. Por su parte, Francois Marie
Arouet, conocido como Voltaire, fue un escritor y polemista muy convertido, crítico
de las ideas filosóficas que consideraban absurdas, como la tesis de la armonía
preestablecida de Leibniz, y de las ideas religiosas que consideraban dogmáticas
y políticamente insostenibles.

Este sentido crítico se encuentra también en la base de la filosofía de


Emmanuel Kant, el filósofo más importante e incluye de la ilustración alemana,
pero también en pensadores ingleses como Adam Smith, quien reflexiona sobre la
naturaleza económica de la sociedad y en cuyas ideas se funda buena parte de
las bases del pensamiento económico liberal actual

En suma, la ilustración es una época de la razón, la cual se ejercía de manera


crítica contra dogma y prejuicios, y en aras de un progreso que se consideraba no
sólo posible. En este contexto se desarrolla la filosofía del siglo XVII.

Priani, E y López, I. Historia de las doctrinas filosóficas, P.136 y137

Apoyándose en la información que presenta el texto anterior y en las


ideas de Montesquieu y Rousseau, explique ¿cómo se entendía en el siglo
XVIII los siguientes conceptos: Humanidad, Razón, Religión, Gobierno?
1

Montesquieu

1689-1755). Desempeñó varios cargos públicos y conoció bien la situación


social y política de Inglaterra. Su obra principal fue: “El espíritu de las leyes” que
fue traducido a muchos idiomas y construyó a la difusión de las ideas de Locke,
cuya filosofía aprendió Montesquieu. Para el pueblo francés, Montesquieu significa
el comienzo de su educación pública y un giro radical en la concepción del poder
público.

Según Montesquieu, el espíritu de las leyes proviene del “genio del pueblo”
que proviene de la naturaleza, de la historia, de la religión y de la forma de
gobierno. Por eso las leyes no pueden pasar de un Estado a otro, ni en el mismo
país permanecer siempre las mismas. El supremo principio político debe ser el
bienestar del pueblo y la libertad de los ciudadanos. El amor a la libertad exige la
separación del poder en los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.

Libertad no es que cada uno haga lo que le dé la gana, sino que haga lo que
debe hacer. Igualdad no consiste en que nadie mande y nadie obedezca, sino que
uno igual mande a otro igual, e iguales obedezcan a iguales. El principio
fundamental de la democracia es la subordinación del bien particular al bien
común.
Aceves, J. Filosofía introducción e historia. P. 223 y 224
.

Juan Jacobo Rousseau

(1712-1778). Nació en Ginebra, hijo de un relojero protestante. Su madre


murió muy pronto y creció sin una educación regular. Tuvo muchos oficios. La
señora Warrens que acababa de convertirse al catolicismo, se interesó por él y lo
protegió; aquellos años de vida campestre (1738-1741) le impresionaron durante
toda su vida. Va a París y le disgusta la frivolidad y perversión de la sociedad. En
Montmorency escribe sus principales obras que fueron desde luego prohibidas.
Huye a Suiza donde conoce a Hume lo lleva a Inglaterra. Vuelve por fin a Francia
donde muere.

Rousseau, a pesar de sus conexiones con los enciclopedistas, se aparte de


ellos en varios puntos. En su obra Discurso sobre las ciencias y las artes, niega
que éstas hubieran contribuido a la depuración de las costumbres. Rousseau
considera que el hombre es naturalmente bueno y que la civilización lo echa a
perder. Por eso su ideal es la “vuelta a la naturaleza”. Su naturalismo está fundado
en su calvinismo primitivo y tiene bases religiosas. Niega el pecado original y por
eso afirma que el hombre es naturalmente bueno. Estas ideas le inspiran el
segundo libro: Discurso acerca del origen de la desigualdad entre los hombres y
aplica dichas ideas a la pedagogía en su libro Emilio. Es curioso advertir que
Rousseau conoció en Ginebra a Teresa Levasseur, inculta y ruda, de la que nunca
se separó y con la cual tuvo cinco hijos a los cuales nunca educó y siempre los
colocó en el hospicio.

Quizá la mayor influencia de Rousseau fue en el campo sociológico con su


obra El Contrato social. Los hombres vivían en plena libertad e independencia.
Para salvaguardar estos bienes se reúnen por un “contrato social” para formar un
solo pueblo, y ese contrato es el origen de la sociedad y del Estado. El individuo
es anterior a la sociedad. Rousseau distingue, además de la voluntad individual,
dos voluntades colectivas: “la voluntad general” y la “voluntad de todos”. La
voluntad de todos es la suma de las voluntades individuales y casi nunca es
unánime; lo que importa políticamente es la voluntad general, la voluntad de la
mayoría, que es la voluntad del Estado. Las minorías tienen el derecho a hacer
valer su voluntad, pero esas mayorías deben aceptar la voluntad general. En todo
lo posible, los tres poderes deben ser ejercidos inmediatamente por el pueblo.

No deben importarse a los ciudadanos mandamientos religiosos que vayan


más allá de la mera razón. El estado puede contentarse con tres exigencias: fe en
la existencia de Dios, en la otra vida, y en la retribución eterna. El pueblo debe
rechazar la intolerancia religiosa.

En la cuarta parte del Emilio, bajo el título: confesiones del vicario de Saboya,
Rousseau desarrolla sus ideas sobre religión y moral. Rousseau cree que la moral
y la religión se fundan no en el entendimiento, sino en el corazón o sentimiento.
Como el instinto es una guía segura para las necesidades del cuerpo, la ciencia es
una guía no menos segura en las cuestiones morales. La conciencia es la voz
celestial por la que nos hacemos semejantes a Dios. La dignidad del hombre en su
conciencia. Si la inteligencia falla, el corazón piadoso nos señala el camino a
seguir. Afirma que la sublime sencillez de la Sagrada Escritura prueba que no es
obra humana. Esa voz interior nos dice que el evangelio cristiano es un mensaje
celestial. El verdadero templo es el corazón piadoso. Afirma: “guarda siempre tu
alma de forma que desees que haya Dios, y no dudarás nunca de su existencia”.

Rousseau influye mucho en los alemanes: Goethe, Schiler y en el mismo Kant,


cuando fundamenta la religión sobre base de fe en oposición al saber, así como
en el primado de la razón práctica sobre la razón teórica.

Aceves, J. Filosofía introducción e historia. P. 224 - 226


IDEALISMO ALEMÁN

Lea el siguiente texto en donde se exponen las ideas de Emmanuel


Kant; y con base en éste explique con sus palabras las tres preguntas
inevitables:

 ¿Qué puedo saber?


 ¿Qué debo hacer?
 ¿Qué puedo esperar?

KANT

… Sin duda el filósofo más importante del Siglo de las Luces no fue francés ni
anglosajón, sino alemán. Se llamó Immanuel Kant y nació, vivió toda su vida y
murió en la ciudad prusiana de Königsberg, que hoy forma parte de Rusia.
Quienes suponen que para adquirir conocimientos y ampliar nuestra visión del
mundo es imprescindible viajar, tropiezan en Kant con un argumento contra su
teoría: sin dar nunca un paso fuera de su ciudad natal llegó a ser no sólo uno de
los hombres más cultos y sabios de su época sino también uno de los tres o
cuatro pensadores más grandes de la historia de Occidente […] Al final de su vida
se fue apoderando de él la demencia senil, lo que ahora llamamos enfermedad de
Alzheimer. Como iba perdiendo la memoria, anotaba en su dietario los temas de
conversación que ya había tenido con sus amigos, para no repetirse. También
empezó a tener pesadillas nocturnas a causa de sus trastornos cerebrales; una de
sus últimas anotaciones se refiere probablemente a ellas: “No entregarse a los
pánicos de las tinieblas”. Ahí se oye la definitiva palabra firme y valerosa del gran
ilustrado.

Kant admiraba la obra de Isaac Newton, que había logrado asentar la ciencia
física sobre una base segura. Y aspiró a convertirse en el Newton de la filosofía,
es decir, transformarla también en una ciencia bien fundada. ¿Es posible tal
cosa? Dado que el instrumento de la filosofía es indudablemente la razón, será
necesario hacer un uso crítico de ella y convertirla en juez de sí misma, de su
método y de sus posibilidades. El gran tema de la filosofía es el ser humano,
sujeto de la razón y también objeto de su estudio. Para Kant, ese tema humano
abarca tres grandes preguntas insoslayables: primera: ¿qué puedo saber?;
segunda: ¿qué debo hacer?; y tercera: ¿qué puedo esperar? Del grado de certeza
con que podamos responder a esas cuestiones dependerá el destino como saber
científico de la filosofía.
A la primera de ellas, la que trata del conocimiento, responde Kant con la
Crítica de la razón pura, su obra más célebre e influyente, Escrita cuando contaba
ya cincuenta y siete años, la edad en la que otros comienzan a pensar en su
jubilación. En el tema del conocimiento humano se han enfrentado a lo largo de
los siglos filósofos racionalistas, como Descartes, que consideran nuestro
entendimiento como la fuente principal del saber, y otros empiristas, como Locke o
Hume, que aseguran que todo lo que sabemos nos llega por la vía de los sentidos.
Ninguna de estas perspectivas convence a Kant, aunque piensa que ambas tienen
parte de razón. En el conocimiento humano se da una materia y una forma: la
materia la aportan los sentidos con su experiencia, pero la forma la pone el
entendimiento con su capacidad de organizar los datos sensoriales. Sin la materia
que nos aportan los sentidos nuestro entendimiento permanece vacío, pero sin el
orden aportado por el entendimiento los datos sensoriales son un caos ciego e
informe. Es algo parecido a cuando los niños hacen flanes de arena en la playa
utilizando un cubo como molde: si el cubo nos se llena de arena no puede haber
flan, pero tampoco lo hará si la arena no se somete a la forma que le da el cubo.

De modo que lo que lo que podemos conocer es una combinación entre lo que
nuestros sentidos perciben de las cosas y la forma que nuestro entendimiento
proporciona a esos datos: el resultado es lo que Kant llama fenómenos, que no
son ni las cosas en sí mismas (nosotros todo lo conocemos de acuerdo con las
categorías o capacidades de nuestro entendimiento, quizá otros seres con
entendimiento distinto y sentidos diferentes las conozcan de otro modo) ni
tampoco un invento de nuestra razón pura y desligada de la experiencia. Pero
sucede que la razón no se resigna a limitarse a trabajar con datos sensoriales y
quiere ir más allá: las grandes ideas metafísicas, es decir; el alma, el mundo como
totalidad universal y Dios son aspiraciones ambiciosas de la razón a volar más
lejos de lo que la experiencia concreta aporta. Es una ambición muy humana pero
que fracasa en un cúmulo de contradicciones insuperables: algo semejante a una
paloma que, al volar, nota la resistencia que el aire le ofrece y puede suponer que
sin aire –en el vacío– volaría mejor y más alto, ignorando que ese aire que se le
resiste es también lo que la sostiene en su vuelo.

La siguiente gran pregunta: ¿qué debo hacer? Los seres humanos somos
activos y constantemente debemos tomar decisiones para hacer esto o lo otro. En
la mayoría de los casos, son las circunstancias las que nos imponen el camino
que debemos seguir: la necesidad de comida o cobijo, el instinto de conservación,
el afán de recompensas o el miedo a los castigos, la simpatía o antipatía que
sentimos por los demás, etcétera. Así, nuestro comportamiento es heterónomo (o
sea, que sigue una norma ajena que nos llega desde fura, como si alguien o algo
nos diese una orden que obedecemos). Para Kant, esa forma de actuar puede ser
prudente o justificada, pero no es propiamente moral. El verdadero
comportamiento moral tiene que ser autónomo, es decir, que brote de una propia
libertad de ser racional. Esa norma autónoma tiene que expresar lo mejor de mi
voluntad, no mi apetito, ni mi ambición, ni mi miedo a los castigos. Será un
imperativo, o sea, una orden que yo me doy a mí mismo por simple respeto a lo
mejor que hay en mí: no estará condicionada a conseguir esto o aquello sino que
será un imperativo categórico que busca lo bueno de un modo absoluto y nada
más.

¿’Cómo saber que este imperativo proviene verdaderamente de la buena


voluntad y no de algún interés menos elevado? Cuando yo hago algo que me
beneficia a mí pero no a otros es como si dictase una ley que vale sólo para mí,
aunque no para los demás; el que miente es como si pensara: “Está bien que yo
mienta cuando me conviene, pero quiero que los demás me digan la verdad
(porque si a todo el mundo le da por mentir ya no sacaré ventaja de mis propias
mentiras)”; y el que roba piensa: “Está bien que yo robe lo que quiera pero no que
me roben los demás a mí (porque si no será imposible disfrutar lo que he robado)”,
etcétera. Pero cuando hago algo realmente bueno es como si dijese: “Quiero que
todo el mundo actúe como yo, es decir, como un ser humano racional, que respeta
a sus semejantes y no los utiliza como herramientas o simples marionetas. De
este modo no me comportaré por capricho o buscando provecho, sino porque
debo respetar la humanidad en mí y en todos los demás”.

Y por último: ¿qué puedo esperar? Aquí la repuesta de Kant tiene dos
vertientes, una histórico-política y la otra religiosa. Como espíritu realmente
ilustrado –hoy diríamos “progresistas” –, es un decidido universalista, es decir,
cree en la importancia primordial de todos los seres humanos y su autonomía por
encima de países, razas, estados, clases sociales, etcétera. A pesar de sus
hábitos aparentemente nada levantiscos, Kant simpatizó con la Revolución
francesa y condenó enérgicamente los abusos del colonialismo europeo. Sin
embargo, en cuestiones políticas podía ser idealista, aunque no meramente
ingenuo: sabía que los seres humanos tienen tendencia a cooperar unos con otros
por su propia naturaleza social, pero también que encuentran en ideologías,
religiosas, ambiciones políticas, etcétera, mil razones para enfrentarse.
Padecemos una “insociable sociabilidad” y las comunidades humanas se vuelven
entre guerras que las arruinan y la cooperación comercial que las hace prósperas.
El ideal es una paz perpetua que no sea la de los cementerios, sino la que
proviene de la armonía de intereses bien entendidos. Para obtenerla, los países
deberán dotarse de constituciones republicanas (los monarcas declaran guerras,
pero no así los pueblos) y habrá que ir creando federaciones internacionales de
Estados libres que favorezcan la hospitalidad cosmopolita y prohíban los
enfrentamientos bélicos. Es difícil, pero no imposible: sobre todo, asegura Kant, es
necesario para que se cumpla el mejor destino de la historia humana.

En el terreno personal, cada uno de nosotros sabe que el cumplimiento del


deber ético no va acompañado de la felicidad mundana. De hecho, la verdadera
moral no actúa nunca en espera de premios de ningún tipo. Pero el hombre puede
preguntarse por el sentido del deber moral, que no nos hace felices sino dignos
de la felicidad… si el mundo estuviese bien hecho. ¿Porqué no creer que, en
efecto, el deber moral y la felicidad se armonizan en algún sitio? No en este
mundo, desde luego, pero quizá en el más allá, si Dios existe y nuestra alma es
inmortal. Nada podemos conocer de eso, porque supera y trasciende cuanto
nuestros sentidos aportan a nuestro entendimiento. Por tanto, es inadmisible
cualquier fanatismo religioso o la pretensión de imponer creencias a los demás por
la fuerza, no digamos ya torturarles o asesinarles en nombre de la fe. Pero la
esperanza no puede ser descartada. Kant, finalmente, se esfuerza por reconciliar
su racionalismo pensante y su fe de creyente.

Fernando Savater, Historia de la filosofía sin temor pag.189-197

Lea el siguiente texto sobre Friedrich Hegely explique con sus


palabras las siguientes afirmaciones:

“Lo infinito no se opone a lo finito como si fueran cosas


distintas”.

“Una afirmación o tesis supone siempre su negación o antítesis, y
la diferencia entre ambas resulta superada en una síntesis.

Hegel, un filósofo, un sistema

Hay filósofo que han pretendido explicar tal o cual faceta de la realidad,
llegando a especializarse en temas determinados. Todos sabemos que a partir de
la gran filosofía griega comenzaron a desgajarse del tronco filosófico ciencias
específicas. Por ejemplo, ése ha sido el caso de la física, la cosmología y
astronomía y también la biología. Sin embargo, a pesar de esta división en
saberes particulares, no deja de haber siempre un espíritu de absoluto, de unidad,
de sistema en la filosofía. Es decir, el verdadero sueño es explicarnos más o
menos todo. Recibimos en forma permanente conocimientos fragmentarios desde
distintos ámbitos específicos. Pero, cómo pueden organizarse, instrumentalizarse
dentro de un gran sistema en el que tendría lugar todo el saber sobre el mundo.
Éste fue el propósito de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, el gran pensador del
idealismo alemán: intentar alcanzar la gran síntesis del sistema filosófico
omnicomprensivo. El ideal del sistema es poder albergar dentro de una gran
armazón mental todo lo que los hombres saben y han sabido. La evolución del
conocimiento a través de los tiempos y todo lo que la humanidad puede llegar a
conocer de un modo completo y determinado. El propósito era inmenso y el de
Hegel fue el gran intento de convertir la filosofía en un saber sustancial, es decir,
la base de todos los saberes restantes del mundo.

Hegel nació en Stuttgart en el actual territorio alemán, en 1770, y falleció en


Berlín 1831, a causa de una epidemia de cólera. Era hijo de un funcionario fiscal
de Ducado de Würtemberg. A los dieciocho años se inscribió en la carrera de
teología de la universidad de Tubinga. Sus grandes amigos de esos años fueron
Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, futuro gran filósofo, Friedrich Hölderlin, que
llegaría a ser uno de los más importantes poetas de lengua germana.[...]

Después de su casamiento con Marie von Tucher en 1810, escribió una de sus
principales obras, la Ciencia de la lógica, que comienza donde termina la
Fenomenología del espíritu y constituye la primera parte del sistema hegeliano
una de las pocas que desarrolló en detalle.

Las ideas príncipes son dos. En primer lugar, lo infinito no se opone a lo finito
como si fuera cosas distintas. Si así fuera, lo infinito tendría a lo infinito como límite
y, entonces, no sería infinito. Más bien hay que decir que lo finito pertenece a lo
infinito y que éste se expresa en aquel. Si el hombre es infinito y Dios infinito, no
es sostenible que estén separados, porque en ese caso la finitud del hombre sería
un límite para Dios y, así, éste no sería infinito. Más bien habría que decir, piensa
Hegel, que el hombre y cada cosa finita es un modo de ser de lo infinito. Este
planteo había sido ya expresado por Baruch Spinoza. Pero Spinoza había
pensado al Absoluto como sustancia, esto es, como un cierto algo. Para Hegel, en
cambio, el Absoluto debe ser pensando a la vez siempre como sujeto. Pero no
separado de los múltiples sujetos finitos. No se trata de que nosotros pensemos el
Absoluto como un objeto cognoscible entre otros, captable por nuestro
entendimiento, sino que, más bien, el Absoluto se piensa a sí mismo en nuestro
pensar. Hegel señala: “por eso el Absoluto está en nosotros”.

En segundo lugar, todas las categorías están íntimamente relacionadas entre


sí, y el modo dinámico de su relación es o que Hegel llamó “movimiento
dialéctico”. Según él, una afirmación o tesis supone siempre su negación o
antítesis, y la diferencia entre ambas resulta superada en una síntesis, que a su
vez supone su negación y así sucesivamente. Este proceso no permite el
pensamiento detenerse. El movimiento dialéctico opera en la Ciencia de la lógica
desde el principio al fin. Hegel decide comenzar por lo más indeterminado y vago:
el ser. Pero un ser tan vacío que no admite más predicados que el solo ser es lo
mismo que la nada, y ésta es su antítesis. La síntesis de ser y nada es el venir,
porque es un pasar de ser a no ser, o de no ser a ser. Así, lo que deviene es un
ser, pero un ser que tiene en sí la negación: es el ser determinado, que es algo y
no otra cosa.

A partir de estos trazos con los que comienza su estudio, Hegel está en
condiciones de afirmar que cualquier cosa que podamos señalar está en devenir,
que todo lo que existe es íntimamente contradictorio, y que toda afirmación que
efectuemos implica también su negación. Dicho de otro modo: si Dios es la
representación imaginativa del Absoluto, entonces Dios no es, para Hegel, la
suma de las perfecciones, sino la síntesis de las contradicciones. Más radicales:
Dios es puro devenir. También podríamos decir: Dios deviene en nosotros. Y
nosotros en él. Lo Absoluto es el proceso infinito de su autodeterminación y de su
autoconciencia. Dios deviene quiere decir: dios se está haciendo. Lo verdadero es
el proceso mismo, considerando en su totalidad infinita y en cada uno de sus
momentos […]
Hegel y su legado

En 1818, Hegel aceptó las reiteradas propuestas de la Universidad de Berlín y


ocupó una cátedra de filosofía. Tres años después publicó sus principios
fundamentales de la filosofía del derecho, en el que exponía con más detalles
algunas ideas que ya había planteado en su Enciclopedia. En 1830 fue nombrado
rector de la Universidad, cargo que ejerció hasta su repentina muerte, en 1831.
Los textos de sus clases y cursos fueron publicados póstumamente por sus
discípulos, cotejando los borradores del filósofo con los apuntes tomados en clase
por los diferentes alumnos. Así hemos podido conocer sus lecciones sobre
Historia de la filosofía, Filosofía de la historia universal, Estética y otros temas.

La obra de Hegel fue enormemente influyente y él en su época fue casi un


pensador dictatorial, porque era el gran capo de la filosofía alemana. Por tal
motivo, fue detestado por gente como Schopenhauer y, en general, por los
marginales de la filosofía. Personificarlo como el gran amo, el dueño de la filosofía
alemán, no es errado.

El sentido global de la filosofía hegeliana sigue siendo materia de discusión.


No cabe duda, por ejemplo, de que afirmó la identidad de la naturaleza humana
con la divina. Y así dijo que la verdad del cristianismo está en la figura de Cristo
como hombre y Dios a la vez. Pero esa concepción fue interpretada de diferentes
maneras. Para los llamados hegelianos de derecha significaba que lo humano era
nada menos que divino. Para los llamados hegelianos de izquierda, que lo divino
era nada más que humano. También en lo político cabe el desacuerdo. Para
algunos, Hegel fue algo así como el filósofo oficial del Estado prusiano, a pesar de
que en su Filosofía del derecho propone un parlamentarismo al estilo británico y
otras particularidades ajenas al régimen prusiano. Otros lo califican de jacobino
moderno, es decir una especie de demócrata revolucionario. Hegel pretendía estar
más allá de conservadurismo y revolución. También pretendía estar más allá de
teísmos y ateísmos, o de derechas e izquierdas. Pretendía describir cómo son las
cosas, cómo es el Todo.

La influencia de Hegel se generó a través de sus discípulos, seguidores y


lectores. Muchos pensadores, entre los que podemos nombrar a Ludwig Andreas
Feuerbach y Karl Marx, por ejemplo, son todos seguidores de una nueva corriente
de pensamiento que parte de Hegel. Sin duda fue enormemente influyente, pero a
través de estos lectores, a través de estos discípulos, que pusieron a Hegel con lo
que era la cabeza en los pies y le dieron la vuelta, garantizando así que el
esfuerzo teórico de Hegel, tan rico en aspectos difíciles de resumir, haya
perdurado hasta nosotros.
Fernando Savater, La aventura de pensar. P. 181-191
MARXISMO

Lea el siguiente texto.

El materialismo se desarrolló a mediados del XIX de manera intempestiva y


preparó las bases para el socialismo marxista y el positivismo.

Varias causas pueden explicar esta aparición del materialismo radical: 1.- Las
fantasmagorías y tesis inverificables del idealismo, provocaron la antítesis radical:
el materialismo. 2.- Los adelantos de las ciencias naturales y los inventos y su
aplicación a la industria, contribuyeron a la convicción de que las románticas
especulaciones de los filósofos de nada servían, y en cambio, la fidelidad a la
materia, trae el progreso y el bienestar. 3.- La revolución industrial y la aparición
del proletariado que vivía en pésimas condiciones, trajeron una reacción a veces
violenta, para mejorar las condiciones de los trabajadores; la solución de este
problema pareció más importante que las teorías y sueños de los filósofos
racionalistas e idealistas. Por eso el materialismo se convirtió en la base del
socialismo y comunismo.

Aceves, J. Filosofía introducción e historia. P. 255

Lea el siguiente texto para responder las preguntas que se


presentan a continuación:

  ¿Cuáles fueron las causas del materialismo?


  ¿Para qué pretende Marx usar la filosofía?
  ¿Qué era lo que Marx quería cambiar?
  ¿Qué hizo que Marx llegara a decir: “Yo no soy marxista?

La revolución de las ideas


…Sin duda, el más destacado seguidor del Hegel fue Karl Marx, que no sólo
fue filósofo, sino también economista, periodista y político. No se dedicó a la
enseñanza universitaria- aunque estaba calificado para ello-, sino que se entregó
a la crítica de las instituciones y a la agitación revolucionaria, colaborando en
diversas publicaciones radicales de izquierda y padeciendo el hostigamiento de las
autoridades, lo que le llevó de Alemania a París, después a Bruselas y más tarde
a Londres, donde murió y está enterrando en el cementerio de Highgate. En París
se hizo amigo de Friedrich Engels, su fiel compañero y también colaborador en
gran parte de sus obras, así como su mecenas durante los últimos años en
Londres. Con él escribió el Manifiesto del partido comunista, una pieza magistral
de literatura subversiva cuya enorme influencia, no sólo intelectual, sino histórica,
ha llegado hasta nuestros días. Pero fue en Londres, y más concretamente en la
excelente biblioteca del Museo Británico, donde escribió El capital, una obra
monumental e inacabada en la que expone sus ideas sobre economía, historia y
filosofía política.

Marx se interesó mucho por la obra de Feuerbach, porque sostiene que todo
pensamiento crítico comienza por la crítica a la religión. Pero le parece que éste
se mantiene exclusivamente en el terreno de la teoría y el debate ideológico. En la
última de sus Tesis sobre Feuerbach contrasta esta actitud con la suya propia:
“Hasta el momento, los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, pero de
lo que se trata es de cambiarlo”. Durante siglos, los pensadores han pretendido
dedicarse a una contemplación desinteresada del mundo, pero Marx (¡como
Platón!) quiere utilizar su reflexión para combatir la tiranía y emprender una mejor
organización de la sociedad. Si la filosofía no tiene efectos prácticos, incluso
revolucionarios, será solamente otra modalidad de “opio del pueblo” como la
religión, que no sirve más que para adormecer a los ciudadanos y acostumbrarles
a que se resignen a la injusticia social.

El propósito de Marx es dar la vuelta a la dialéctica hegeliana y apoyarla sobre


los pies en lugar de sobre la cabeza, o sea: en vez de convertir a la idea Absoluta
en la última etapa del despliegue de la razón, poner en ese lugar privilegiado el
descubrimiento de la condición material de la vida humana. Hegel cree que es la
conciencia (en forma de razón, religión o arte) lo que determina el ser del hombre,
pero Marx le corrige: es el ser humano en su materialidad (es decir, en sus
relaciones sociales, laborales, económicas y en su desarrollo técnico) el que
determina lo que los hombres van a pesar filosóficamente, van a creer
religiosamente o van a admirar como arte sublime. Lo que mueve la dialéctica
universal no es la idea, sino la Materia, que en el caso humano no es nunca mera
cuestión de átomos y mecánica sino de confrontación social y luchas por el poder.

En sus obras sobre economía política, Marx denuncia lo insostenible del


sistema productivo de su época: los propietarios de los medios de producción
industrial, es decir, los capitalistas, compran la fuerza de trabajo del proletariado
cada vez a precio más bajo, de modo que van convirtiendo a los obreros primero
en explotados y luego en pobres miserables. Es cierto que los burgueses
capitalistas fueron imprescindibles históricamente para acabar con el feudalismo y
la aristocracia, pero ahora se han convertido en un obstáculo para que llegue a
realizarse la futura sociedad, sin clases ni jerarquías sociales, en la que se
emanciparán los trabajadores proletarios y todos seremos igualmente propietarios
de lo común (de ahí el hombre de “comunismo”). Por tanto, la revolución social no
es una existencia moral ni un imperativo ético, sino una necesidad histórica que
debe acelerarse sublevando por medio de la crítica y el adoctrinamiento a los
explotados que aún no sabe que lo son.
En el terreno económico, Marx describió con bastante acierto la situación de
su época- los comienzos de la era industrial-, pero no previó que las propias
luchas sociales fomentadas por su pensamiento corregirían muchos de los males
que señalaban y frenarían la pauperización de los trabajadores. Los verdaderos
triunfos revolucionarios que consiguió su doctrina no consistieron en un cambio de
gobierno tras una guerra civil (que era lo que muchos esperaban e intentaron a lo
largo del siglo en varios países), sino en conquistas como el Estado de bienestar,
la seguridad social en materia de salud y educación, etcétera, arrancadas por la
fuerza a los capitalistas, que precisamente querían evitar así males mayores. En
cambio, en algunos países en que aparentemente triunfó y exterminó a sus
adversarios- la Rusia soviética primero, luego la China de Mao, la Cuba actual,
etcétera-, el comunismo marxista se convirtió en justificación ideológica de
dictaduras sanguinarias que acaban con las libertades sin propiciar realmente la
justicia ni el desarrollo social. En tales casos es lícito recordar que el desarrollo
social. En tales casos es lícito recordar que el propio Marx dijo en alguna ocasión:
“Yo no soy marxista”

Savater, F. Historia de la filosofía sin temor, P. 211-215

En equipos realicen una investigación sobre la historia del


socialismo en países como Rusia, China y Cuba. Compartan con el grupo los
hallazgos respecto a las ventajas y desventajas de esta forma de
gobierno.

Actividad de evaluación

Elabore un ensayo de entre 250 y 350 palabras con el título:


“Evolución en el pensamiento de los hombres: de la Edad Media a la
Edad Moderna”. Utilice los contenidos aprendidos en este bloque.
BLOQUE
FILOSOFÍA POSMODERNA
4

PENSAMIENTO FILOSÓFICO POSMODERNO

Saberes previos
Comente con sus compañeros sobre las circunstancias sociales y
políticas al terminar la época del modernismo. ¿Qué creen que pasó
después?

En este bloque se estudiará el pensamiento de filósofos de


finales de los siglos XIX y XX, cuando el mundo era más
parecido a cómo lo conocemos ahora. Y un filósofo que ha
escrito sobre los problemas que vivimos en el siglo XXI.

Elabore un organizador gráfico que plasme lo que el siguiente


texto explica como posmodernidad.

Modernidad y Posmodernidad. La pérdida del fundamento


Cuando en los libros de historia se hablan de modernidad, se alude a una
nueva etapa de la historia que comenzó a gestarse después de la bancarrota de la
Edad Media, un nuevo periodo de la humanidad que desde el punto de vista
económico-social representa el proceso de transformación del feudalismo al
capitalismo alrededor de los siglos XIV al XVI. Se suele tomar como punto de
partida al Renacimiento que tuvo su foco de desarrollo en la Italia de los siglos XV
y XVI. En esa época surgió la ciencia moderna, cuando Galileo concibió al
universo escrito con caracteres y símbolos matemáticos, surgieron, asimismo, las
grandes utopías que imaginaban mundos y sociedades perfectas guiadas por la
razón, la tolerancia, el progreso científico, etc.; se desarrolló el humanismo que
concebía como un ser libre para forjar su propia destino y como el centro a partir
del cual giran todas las cosas, postulándose como el dueño y dominador de la
naturaleza.
En el siglo XVIII conocido como el siglo de la ilustración o del “iluminismo” el
proceso de modernidad llega a un momento culminante. Se concibe a la historia
como una marcha incesante hacia el progreso. Se piensa que las luces de la
razón desterrarán las sombras de la intolerancia, el fanatismo y la mentira. Los
ilustrados franceses como Voltaire. Rousseau, Diderot participan en la elaboración
de una Gran Enciclopedia que mostrará, a los ojos del mundo, los monumentales
avances de la cultura, de las artes y las ciencias. Priva, pues, una decidida fe en la
razón y el progreso. La razón, es para los filósofos ilustrados, no algo pasivo que
sólo permita completar las cosas, sino un principio activo, un “hacer” como la llama
Ernesto Cassirer; es decir, una herramienta para trasformar las cosas, lo que
filósofos como Horkheimer, Adorno y Marcuse llamarán “razón instrumental”, una
razón en la cual la ciencia, la técnica y la propia razón son concebidos como
instrumentos para sus propios proyectos, incluso de manipulación, poder y
enriquecimiento.

El proyecto ilustrado que marca las pautas de la modernidad se proponía, ante


todo:

 Desarrollar una ciencia objetiva que minimizara el poder de la magia, la


superstición y la religión.
 Impulsar una moralidad cuyos principios éticos estuvieran cifrados en la
libertad, la fraternidad, la igualdad y la justicia.
 Propiciar una fe en leyes universales como fundamento no sólo de la moral
sino también de la ciencia, la política, el arte y la filosofía. Se toma como
modelo la física de Newton que mediante leyes sencillas lograba explicar el
orden del universo.
 Contribuir a la acumulación enciclopédica del conocimiento y de la cultura.
 Realizar la secularización de la política con respecto a la época feudal en la
cual se encontraba supeditada a la religión o teología.
 Concebir la historia como un proceso lineal y ascendente.

De esta forma, con el paso del tiempo la técnica empezó a colocarse cada vez
más como uno de los pilares del proyecto de la modernidad.

Las bases o principios en los que descansa el proyecto de la modernidad


delatan un sentido y una comprensión teleológica de la historia en la cual se
vislumbra un plan previo, una finalidad que es menester cumplir.

De esta manera, cada hombre ya tiene una misión impuesta en el todo de la


historia. La historia con su sentido lineal se orienta a un progreso regido por la
racionalidad. La modernidad configura una metafísica que abriga la totalidad, la
plenitud, la suma de los máximos ideales, utopías y valores posibles, el fin y
fundamento que da sentido a todo lo existente, y particular a la existencia humana.
Ahora bien, esta racionalidad, esta fe en el progreso material y técnico ha
entrado en crisis desde la perspectiva de los filósofos llamados “posmodernos”. La
noción de posmodernidad, históricamente, surgió en el mundo hispano en los años
treinta del siglo XX, una generación antes de su aparición en Inglaterra y Estados
Unidos. Se le atribuye a Friedrich Onis la introducción de este término, el cual lo
empleaba para describir un reflujo conservador dentro del modernismo en el arte,
posteriormente el término se hizo extensivo a otras áreas de la cultura como la
filosofía. Así. Lyotard – en su obra La modernidad explicada a los niños –
menciona que en estos tiempos vivimos un relajamiento (un espíritu posmoderno)
no solo en el arte, sino también en otros ámbitos como en la política, la filosofía, la
literatura, etcétera.

La posmodernidad entraña una desconfianza, un desencanto de la


modernidad con todos sus principios, sus ideales y sus utopías. El desarrollo de
las ciencias y las técnicas no pueden pretender ya más hacer progresar la
humanidad, la barbarie no ha cedido el paso ante una civilización que parece, al
contrario, segregar, a medida que avanza, formas de barbarie desconocidas y
desiguales, nos encontramos pues, en la “era del vació”.

Para Jean-Francois Lyotard posmodernidad no es propiamente una nueva


etapa que viene después de la modernidad, es más bien una condición, un estado
de cultura que se da después de las transformaciones que han afectado las reglas
de los juegos de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del fin de siglo
XIX.

Las sociedades modernas se basan en discursos de verdad y de justicia


conformados en grandes relatos históricos y científicos, pero esos grandes relatos
o metarrelatos han declinado, por lo cual hay que comenzar a pensar en preparar
una legitimidad para la sociedad del futuro.

Hemos visto cómo la posmodernidad pone en tela de juicio los postulados de


la modernidad. Se cuestiona la idea de progreso, ya no es posible- como observa
Vattimo- hablar de la historia de manera lineal, como un proceso unitario con un
centro fijo (eurocentrismo). No hay una historia única, hay sólo imágenes del
pasado propuestas desde diversos puntos de vista; es iluso pensar que hay un
solo punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los hechos. Se
rompe, pues, con ese mundo ordenado por la razón con que soñaron los
ilustrados. Ya Nietzsche, piensan los posmodernos, ha mostrado que la imagen de
una realidad ordenada racionalmente sobre la base de un fundamento es tan solo
un mito tranquilizador. La posmodernidad, acorde con esto, recupera las tesis de
Nietzsche y de Heidegger. Nietzsche con su lema de que “Dios ha muerto” pone
las bases para la destrucción de la modernidad y de la metafísica. Las
instituciones de la modernidad ya no tienen validez, son resultado de su
decadencia. Es el superhombre el que va a remediar y reorientar la civilización, ya
que representa al conquistador, al dominador de las masas y del mundo. Es él el
único que tiene la “voluntad de poder” capaz de llenar el vacío que ha dejado la
civilización moderna.
Por su parte, Heidegger considera que la modernidad concluye con el “olvido
del ser” que conduce a la deshumanización del hombre moderno, ya que todas
sus capacidades están concentradas en el mundo tecnológico y en la lucha por el
poder y no en las capacidades creativas del arte y la cultura que son las únicas
formas que le pueden dar sentido humano a la existencia. Así, con los filósofos
posmodernos como Lyotard, Baudrillard, Vattimo, Foucault, Derrida y otros,
siguiendo la línea de Nietzsche y Heidegger, la modernidad ha sido sometida a
una crítica severa.

Las aspiraciones, los grandes relatos que justificaban un orden, una


metafísica, se han perdido, el sujeto moderno, autónomo y racional ha muerto,
vive en la inseguridad y la incertidumbre. […]

Es preciso indicar que la posmodernidad, con los rasgos que la caracterizan


no es del todo aceptada. Pensadores como Jürgen Habermas se niegan a pesar
que la modernidad esté concluida. En el caso de nuestro contexto histórico es un
hecho de que América Latina, en general, ha entrado tarde a la modernidad y en
particular a su proceso socio-económico-tecnológico. Además, los niveles de ésta
son muy irregulares en los distintitos países y regiones. Es más, existen regiones
que ni tan solo ha llegado. La modernización tecnológica ha despertado
decepciones profundas tal como lo consigna la posmodernidad, pero abstraerse a
ellas no es la solución porque esto equivaldría a ponernos a disposición del poder
de los países altamente tecnificados. Así, pues, es difícil aceptar que ha terminado
el proyecto de modernidad sobre todo en los ámbitos éticos, jurídico, educativo y
político. Éticamente es mucho lo que falta por realizar, por lo que es menester
estudiar la forma de construcción de un sistema distributivo, justo y participativo en
los diversos aspectos, sobre todo en comunidades marginadas.

Para concluir anotaremos que para los detractores del posmodernismo éste
representa una anti-filosofía guiada por el propósito fundamental de destruir toda
la herencia de la filosofía clásica. El discurso posmodernista no es solamente
destructivo, sino oscuro. De ahí la imposibilidad de comprender la obra de Jean-
Francois Lyoyard (1924-1998), de Gilles Deleuze (1925-1995) y de Jacques
Derrida (1930-2004) sin tener en cuenta el carácter crítico, esotérico y cabalístico
de su lenguaje. Partiendo de su radical insularidad monádica, los teóricos
posmodernistas rechazan el concepto de “totalidad”, blanco predilecto de sus
ataques constantes a la filosofía antigua y moderna.

El todo es una ficción abstracta, lo único verdadero son las partes. No hay
lazos comunes ni verdades objetivas y universales válidas para todo el mundo,
sino únicamente la perspectiva individual de cada sujeto, como está contemplado
en los sofistas. El discurso posmodernista significa, en última instancia, una vuelta
al escepticismo de Pirrón en la versión pequeño-burguesa de la sociedad tardo
capitalista. O como dice Lyotard en su libro La condición posmoderna: “Para la
mayoría de la gente, la nostalgia por el relato perdido ha dejado de existir”.
Sin embargo, pese a este cuadro pesimista que se ha trazado sobre la
posmodernidad, es preciso pensar, como dice el propio Lyotard, en nuevos
proyectos que nos ayuden a legitimar la sociedad del futuro. Creemos que en
estos nuevos proyectos la filosofía tiene aún mucho que decir.

Escobar, G. Filosofía. P. 153-155

FRIEDRICH NIETZSCHE

En el siguiente texto se exponen 12 presupuestos el pensar


nitzscheano para explicar la crítica de la moral y la religión que hace
Nietzsche. Lea con detenimiento y explique cada uno de éstos.

Nietzsche: La crítica de la moral y de la religión


GRAN PARTE DE LA FILOSOFÍA dE FEDERICO NIETZSCHE, (1844-1900)
se concentra en una crítica de la cultura. Esta crítica de la cultura se lleva a cabo
desde la perspectiva que él denomina “la gran política”. El filósofo como
legislador, es decir, como alguien que se atreve a crear valores, a jerarquizarlos y
a proponerlos a su mundo. En esa crítica de la cultura, en esa gran política,
Nietzsche llevó a cabo una radical crítica de la moral y de la religión.

Para entender mejor esta crítica de la moral y de la religión debemos ir a los


presupuestos del pensar nietzscheano.

1. Nuestro conocimiento es interpretativo porque es necesariamente


perspectivístico. Pero es posible una infinidad de interpretaciones del mundo.
Cabe que cada uno ensaye su propia interpretación. De todos modos,
Nietzsche ensaya a darnos su propia interpretación:

2. El mundo es un entramado de fuerzas en relación constante. Masa de fuerzas


finita desde el punto de vista de la cantidad, pero infinita en el tiempo. Si la
cantidad de fuerzas es finita pero el tiempo es infinito, entonces las
configuraciones del mundo han debido repetirse, y repetirse eternamente. El
mundo es un eterno retorno. El gran año es el tiempo que dura cada círculo del
eterno retorno. Veremos, más adelante, que Nietzsche presenta esta tesis
también bajo una forma ética (axiológica).
3. Las fuerzas entran en determinadas relaciones. Las solas diferencias
cuantitativas de fuerzas importan incluso en su efecto cualitativo. Pero la fuerza
puede ser vista desde su lado externo o desde su lado interno. Lo que
Nietzsche denomina voluntad de poder es el lado interno de la fuerza.

4. Las fuerzas pueden ser activas o pasivas. La voluntad (o sea el lado interno de
la fuerza), en cambio, es afirmativa o meramente reactiva. “¿Eres tú una nueva
fuerza y un nuevo derecho? ¿Un primer movimiento? ¿Una rueda que se
mueve a sí misma? ¿Puedes forzar incluso a las estrellas a que se muevan a
tu alrededor?” (Así habló Zaratustra, p.101).

5. La vida es voluntad de poder. Es decir, fuerza activa y voluntad afirmativa. La


vida no es un valor, sino que la fuerza activa de la vida y su voluntad afirmativa
son las auténticas creadoras de valores. La vida en crecimiento, en expansión,
es afirmativa y crea valores activos. En cambio, la vida decadente se limita a
tener valores pasivos y reactivos.

6. La metafísica desde el platonismo ha sido moralista. Enseñó la mutua


transferencia de ser y la verdad, y de la verdad y el bien. Para acceder a la
verdad, al conocimiento, se tenía que ser bueno. El alma debía pasar por un
proceso ascético para llegar a la contemplación del bien y la verdad. Hay,
pues, en la metafísica una moralización del ser. Nietzsche, en cambio, enseña
la “inocencia del devenir”. El verdadero ateísmo es no sentirse culpable, no
pensar en una realidad cargada ya con el peso del pecado y la culpa. Otra
consecuencia importante que saca Nietzsche de la no equivalencia entre la
verdad y el bien es que el conocimiento no necesariamente es bueno, hasta
podría ser peligroso. Además, continúa el filósofo, los grandes teóricos de la
moral, como Sócrates, Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, e incluso
Spinoza, han puesto la clave del bien en la felicidad, pero han definido la
felicidad por el conocimiento, la contemplación o la teoría. Moral intelectualista
a la cual Nietzsche opone la voluntad de poder, la vida con afirmación de sí
misma.

7. Podemos evaluar las tablas de valores según que sean activas y afirmativas, o
según que sean pasivas y reactivas. Una moral es decadente si se limita a
formular valores pasivos y reactivos. Asimismo, Nietzsche analizó muchas de
las religiones como negadoras de la vida, decadentes. Por ejemplo, dice del
budismo que es nihilista, es decir, negador de la vida.

8. Nietzsche fue especialmente crítico con las religiones judía y cristiana; veía en
ellas meramente una moral de resentimiento. El resentimiento nace de una
voluntad reactiva y de una fuerza pasiva. El ideal ascético es nihilista. El
nihilismo es el triunfo de las fuerzas reactivas. Las fuerzas reactivas tienen su
motor en el nihilismo. En la historia han triunfado las fuerzas reactivas. El
resentimiento y la mala conciencia conforman la historia. Las fuerzas activas
destronadas por las fuerzas reactivas. Nietzsche denuncia el resentimiento, la
mala conciencia y el ideal ascético como el poder de lo negativo. La voluntad
de poder es afirmación de la vida. Afirmar es crear, liberar. Crear valores
nuevos es la suprema afirmación. El cristianismo nada tiene que ver con la
verdad histórica de Jesús. Nietzsche ha descubierto en la psicología del
resentimiento la importancia. El cristianismo nace como una falsificación de
Jesús. El sentimiento más extraño al Evangelio, que es la venganza, se afirma
de nuevo. El nihilismo es una consecuencia del cristianismo, de su desviación
del mensaje original.

9. Los valores se legislan (o crean) desde la perspectiva de la voluntad de poder.


“Antes bien, fueron los “buenos” mismos, los nobles, los poderosos, los
hombres de elevados sentimientos quienes se sintieron y se valoraron a sí
mismos y a su obrar como bueno, o sea como algo de primer rango, en
contraposición a todo lo bajo, abyecto, vulgar y plebeyo. Partiendo de este
pathos de la distancia fue como se arrogaron el derecho de crear valores”.
(Genealogía de la moral, I, 2). Bueno (bonus) es el guerrero, la bondad de un
barón. Bueno es también el hombre de estirpe divina (göttlichen). Nietzsche
contrapone el modo caballeresco o aristocrático al modo sacerdotal. Tal casta
sacerdotal sobresale por la importancia, el odio, la venganza y el veneno, la
casta sacerdotal ha invertido la jerarquía de valores de la aristocracia. Para la
casta sacerdotal los buenos son los importantes, los indigentes, los miserables.
La casta sacerdotal inaugura una moral de esclavos.

10. Nietzsche denomina superhombre al ser humano en tanto que afirma la


voluntad de poder. Esto es, aquel que se arriesga a realizar todo lo que puede.
O como dice Gilles Deleuze, la voluntad de poder consiste en tender al arco de
nuestra posibilidad hasta la enésima potencia.

11. El superhombre se guía por la máxima de que lo que quiere ha de quererlo de


tal modo que se repita eternamente. Interpretación axiológica del eterno
retorno: “¿Quieres eso? ¿Lo vuelves a querer? ¿una vez?, ¿siempre?, ¿hasta
el infinito? ¡y esa pregunta pesaría sobre ti con una gravidez decisiva y terrible!
O más bien, ¡ah! ¿cuánto tendrías que amarte a ti mismo y amar la vida para
no desear nada más que esa suprema y eterna afirmación” (La Gaya ciencia,
No. 341) “Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser
superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Todo los seres han creado
hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo
de esa manera, y retroceder al animal más bien que superar al hombre?” (Así
habló Zaratustra, p. 34).

12. Nietzsche se refiere también a la “muerte de Dios”. Con esta expresión


entiende el ocaso de los valores trascendentes que han dominado la metafísica
y la moral occidental desde los griegos y el cristianismo. El mundo platónico de
las esencias ultraterrestres queda superado. El motor inmóvil de la teología
aristotélica, la causa incausada, el pensamiento que se piensa a sí mismo, en
una palabra el Dios de Aristóteles llega a su ocaso. El Dios cristiano, garante
de los valores trascendentes, ha dado todo lo que podía dar, ya el hombre
moderno no cree en él. Pero Nietzsche entiende que el cristianismo es una
religión negadora de la vida, es mera vida decadente, surgió como el judaísmo
del resentimiento, es moral de esclavos, moral de rebaño. “La rebelión de los
esclavos de la moral comienza cuando el resentimiento mismo se hace ceador
y engendra valores”. (Nietzsche, Genealogía de la moral, I 10).

Por eso, el anuncio de la muerte de Dios es una oportunidad para que el


superhombre ejerza su suprema tarea, la de crear nuevos valores. El ser humano
es el ser que crea valores. Cada pueblo ha ensayado su tabla de valores. Pero
quedan aún infinitas interpretaciones. La muerte de Dios puede traer más nihilismo
aún, se puede llegar a no creer en nada y el último hombre se encontrará con el
hecho de que ya no tiene nada que perder.

“¡Ay!, yo he conocido nobles que perdieron su más alta esperanza, y desde


entonces calumniaron todas las esperanzas elevadas”. (AHZ, p. 74). Luego
prosigue: “Mas por mi amor y mi esperanza te conjuro: ¡no arrojes al héroe que
hay en tu alma!”. (Id, p. 75)

No es posible vivir en una nada de valores. La vida es afirmación y actividad,


y como tal es creación. La metafísica moral que ha dominado en Occidente ha
calumniado los sentidos y despreciado el cuerpo. Se nos ha ordenado reprimir
nuestras pasiones y nuestros instintos. El sentimiento de culpa surge cuando los
instintos reprimidos se vuelven contra sí. En el Dios cristiano los instintos
reprimidos se vuelven contra sí. En el Dios cristiano la culpa se hace máxima. (Cfr.
Lección 39: Bataille y la religión). En realidad, para Nietzsche, la conducta puede
tener una base natural en cuanto afirmación de la vida y todas sus fuerzas y
poderes. No se trata de reprimir los instintos, en cambio, Nietzsche enseña, la
espiritualización de las pasiones.

Nietzsche propone, pues, una nueva axiología. Unas valoraciones que ya no


parten de un fundamento ultraterreno, sino que se afincan en el “amor a la tierra”.
Que ya no espera ningún premio ni cargo en el allende, pero que afirma la vida e
invita a la potenciación de nuestro ser en el arco tenso de nuestras posibilidades.

Rojas, C. El asombro del pensar: La filosofía en el ámbito de las humanidades. P. 169-173


JEAN-FRANCOIS LYOTARD

Conteste las siguientes preguntas, utilizando la información del texto


que se presenta a continuación.

 ¿Qué critica Lyotard de la forma de entender el pasado de


los pensadores modernos?
 ¿Qué crítica hace Lyotard a la idea de progreso?
 ¿Qué se entiende por “razón instrumental”? y ¿cuál es la
crítica que se le formula?

Progreso material y razón Instrumental en Jean-Francois Lyotard


Entre los filósofos llamados posmodernos destaca la figura de Jean-Francois
Lyotard, filósofo francés nacido en Versalles en 1924 y muerto en París en 1998.
Antes de abordar el estudio de la posmodernidad, en 1970, fue miembro del grupo
“socialismo o barbarie”, un grupo de la izquierda critica conformada por
intelectuales franceses iniciado en 1956, durante las revueltas de Hungría que se
oponían al stalinismo del comunismo soviético.

Lyotard fue profesor emérito en la Universidad de París y miembro del colegio


de Francia. Entre sus obras figuran: Economía libidinal (1974), La condición
posmoderna (1979), La diferencia (1983), La confesión de Agustín (obra póstuma
e incompleta), La posmodernidad explicada a los niños.

Bajo una mirada pesimista, propia de la posmodernidad, Lyotard hace una


crítica al concepto de razón de sujeto que impera en la modernidad. Los valores
de libertad y de progreso sustentados en la razón fueron las bases en donde
descansaba la modernidad, sobre todo en la época de la ilustración donde se
comenzaba a estructurar el mundo moderno por medio de sistemas filosóficos,
científicos, económicos y políticos. La ilustración tenía una gran confianza en los
poderes de la razón como motor de un progreso, cada vez más definido. Se
suponía que las diversas áreas del saber humano avanzaban a un desarrollo lineal
marcado siempre por la esperanza de que el futuro sería mejor. Frente a esta idea
de progreso la posmodernidad establece una ruptura, rechazando, cuestionando
que en la historia se encuentra una linealidad temporal, misma que privó en gran
parte de la cultura occidental, en el cristianismo, el cartesianismo y en el
jacobinismo o liberalismo. La idea de progreso en la modernidad supone que es
posible y necesario romper con la tradición, con épocas oscuras, para instaurar un
nuevo orden, una nueva civilización. Por ejemplo, la ilustración estableció una
ruptura frente a la Edad Media, la cual vio como una época irracional y preñada de
tinieblas.

Lyotard sospecha que estas rupturas frente al pasado que conlleva el progreso
según la modernidad, no son más que una manera de olvidar o reprimir el mismo
pasado, es decir de repetirlo en lugar de superarlo, a la manera de un paciente
que trata de elaborar su problema presente asociado libremente elementos
aparentemente inconscientes con situaciones pasadas, lo cual le permite descubrir
sentidos ocultos de su vida y de su conducta. (anamnesis).

Los modernos pensaban que la capacidad de progreso era consustancial a la


naturaleza humana que de acuerdo con Descartes es eminentemente racional. De
este modo, el mal, el atraso, es la ignorancia y el bien o progreso es la razón. Con
la misma seguridad con que triunfaría Dios del diablo, prevalecería la razón sobre
la ignorancia. Pensando racionalmente sobre el mundo que le rodeaba, el hombre
podía mejorarse y perfeccionar sus instituciones.

Esta idea de progreso material e intelectual, tan caro a la modernidad, ha


entrado en crisis con la posmodernidad. En efecto, la idea del progreso está
agotada, la permanente innovación que pone en juego la actual sociedad ha
rutinizado, trivializado la noción de progreso, vaciándola de contenido, de tal
manera que se ha convertido en una mera ilusión. Los proyectos ilustrados han
sufrido una crisis, se asiste a un desmoronamiento de la idea de futuro; el futuro
ya no es visto como redención, como se le vio en la modernidad. Tal es el
desencanto donde nos coloca la posmodernidad.

El proyecto moderno, entonces, ha sido destruido y esto anuncia el fin de la


modernidad. Lyotard apela a dos argumentos para sostener esta tesis: las
consecuencias sociales y morales de “Auschwitz” y el triunfo de la ciencia y la
tecnología, ambos fundamentos en lo que llama “metarrelatos”. La condición
posmoderna trae consigo el fin de los grandes relatos explicativos que tratan de
legitimar un mundo racional lleno de promesas metafísicas, que refieren “grandes”
movimientos emancipadores enmarcados en un sentido y una visión totalizadora
de la historia.

Signos evidentes de la bancarrota del ideal de progreso, además de las


guerras y campos de exterminio, son las crisis económicas que han sufrido el
capitalismo a consecuencia del liberalismo económico, los graves efectos de la
tecnociencia capitalista como armas de poder y control, el analfabetismo, el
empobrecimiento, el despotismo y control de la opinión aplicado por los medios de
comunicación, el derrumbe de valores.

Ahora, la violencia se ha generalizado de tal forma, que la agresión verbal y


física forma parte de la cotidiana socialización actual, se asesina por ocio, algunos
viven en carne propia el autismo de su violencia para sentirse vivos, otros son
bombas humanas, homicidas que asisten a lugares donde se encuentra reunida la
masa para detonarse.

Por otra parte, la crítica a la idea de progreso conlleva una crítica a la


racionalidad ilustrada, lo que significa que si ya no hay fundamentos, entonces se
inicia una sesión de pérdida de sentido de la historia, de proyectos, de utopías y
de toda visión teleológica o finalista. La razón ilustrada o moderna cobra expresión
en lo que se denomina razón instrumental.

Se trata de una razón pragmática encaminada a conseguir fines materiales,


empleando para ellos las herramientas más adecuadas desde el punto de vista
técnico y económico. La razón instrumental plantea una paradoja: se supone que
está al servicio de la humanidad, de sus ideales de felicidad, de justicia libertad,
etc.; sin embargo, acabar por convertir al ser humano en esclavo de la máquina, la
posmodernidad desemboca en una “pragmática del saber científico”.

En estos momentos del estudiante profesionista, el Estado o la institución de


enseñanza superior, ya no se pregunta si un relato es o no verdadero, sino ¿para
qué sirve?, aunado a ello en el contexto de la mercantilización del saber pone la
mira en la capacidad de venta del relato y su posible eficacia para una toma de
decisión que involucra directamente al poder.

Los metarrelatos

Los relatos populares cuentan lo que se puede llamar formaciones (Bildungen)


positivas, es decir, los éxitos o fracasos que coronan las tentativas del héroe, y
esos éxitos o fracasos, o bien dan su legitimidad a instituciones de la sociedad o
bien representan modelos positivos o negativos (héroes felices o desgraciados) de
integración en las instituciones establecidas (leyendas, cuentos). Esos relatos
permiten, en consecuencia, por una parte definir los criterios de competencia que
son los de la sociedad donde se cuentan, y por otra valorar gracias a esos criterios
las actualizaciones que se realizan o pueden realizarse con ellos. (Jean-Francois
Lyotard. La condición posmoderna.)

Escobar, G. Filosofía. P. 170-173


ARJUN APPADURAI

Realice una investigación a través de medios impresos o electrónicos


respecto a uno de los libros de Appadurai: La modernidad desbordada.
Dimensiones culturales de la globalización (Fondo de Cultura Económica,
2001) y El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la
furia (Tusquets, 2007).

Elabore una breve reseña y comparta con sus compañeros, (Utilice el


texto que se presenta a continuación como referencia general)

Lea el siguiente texto.

ARJUN APPADURAI

Perfil biográfico y académico

Nacido en Bombay, India, comenzó sus estudios en la Universidad de


Bombay, que continuó en Estados Unidos, primero en la Brandeis University y,
posteriormente, en la de Chicago, donde se doctoró en pensamiento social (1976).
Inició su actividad académica como docente de antropología en la Universidad de
Pennsylvania (1976-92). Profesor de antropología en la Universidad de Chicago
(1992), donde fue director del Chicago Humanities Institute y director del
Globalization Project. Profesor de ciencias sociales de la New School de Nueva
York, de la que es director (2003-). Profesor visitante de la École des Hautes
Etudes en Sciences Sociales de París y de las universidades de Michigan, Iowa,
Columbia y Nueva York.

Cofundador de la revista Public Culture, fundador de Partners for Urban


Knowledge, Action, and Researchn (PUKAR), en Mumbai, y cofundador de la
Interdisciplinary Network on Globalization (ING). Ha asesorado y trabajado para
las fundaciones Ford, Rockefeller, MacArthur y National Science, UNESCO, Banco
Mundial, etcétera.

Especialista en nuevos enfoques socioculturales, realiza una visión


antropológica de los grandes problemas contemporáneos como la globalización,
los flujos migratorios y los nuevos medios de comunicación.

Entre sus libros, destaca Modernity at large: cultural dimensions of


Globalization, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1996, donde despliega
las bases generales de su pensamiento teórico (La modernidad desbordada.
Dimensiones culturales de la globalización, Fondo de Cultura Económica, Buenos
Aires, 2001). Su última obra: Fear of Small Numbers. An Essay on the Geography
of Anger (Duke University Press, 2006).

Pensamiento y expresión científica

Appadurai presta especial atención a las migraciones y a las nuevas


extensiones tecnológicas de la comunicación en la sociedad actual, ya que ambos
factores articulan lo que plantea como una teoría de la "ruptura general" entre el
pasado y el presente en construcción que va alumbrando los escenarios de futuro.

Flujos migratorios y comunicación global descubren una realidad nueva: la


dispersión o diáspora de los espacios públicos locales y la aparición de nuevas
formas de identidad no sujetas a las definiciones de lo nacional, que describe
como identidades postnacionales. En definitiva, un desplazamiento de los centros
de soberanía asociados en la cultura política moderna a la idea del Estado-nación.

Migraciones y comunicación rompen con las formas previas de percepción de


la realidad, ya que trazan nuevas subjetividades, nuevas formas de ver, interpretar
e imaginar el mundo. El mundo imaginado a partir de las construcciones de los
medios y, en general, a través de la permeabilidad de la comunicación, mueve no
sólo a la búsqueda transfrontera de un espacio de asentamiento, sino que
despliega soluciones imaginativas de participación en la creación de identidades
deslocalizadas. En conjunto, señala, los medios de comunicación y la migración
crean observadores e imágenes que están en una circulación simultánea, que no
encajan en circuitos o audiencias ligados con espacios locales o nacionales.

Los medios son para Appadurai una de las bases de la experiencia que activa
la imaginación -crea nuevas subjetividades- y permite la ruptura con los
mecanismos de conservación localistas y reduccionistas, pasando del hábito a la
propuesta creativa. Los medios, escribe en La modernidad desbordada, "ofrecen
nuevos recursos y nuevas disciplinas para la construcción del yo imaginado y de
los mundos imaginados", y añade que la imaginación es proyectiva, "es el preludio
de algún tipo de expresión, es el combustible para la acción..."

(http://www.infoamerica.org/teoria/appadurai1.htm)

Actividad de evaluación

Elabore un ensayo de entre 250 y 350 palabras con el título:


“Posmodernidad en mi entorno”. Utilice los contenidos aprendidos
en este bloque.
REPASO GENERAL

Contenidos principales

Al concluir esta asignatura deberá dominar los siguientes contenidos:

 El significado de filosofía, su objeto de estudio y la finalidad

que tiene su estudio.

 Orígenes del pensamiento griego.

 Teorías de los filósofos presocráticos.

 Teorías de: Sócrates, Aristóteles y Platón.

 Filosofía medieval: Patrística y Escolástica, sus principales

filósofos y sus tesis.

 Filosofía renacentista: sus orígenes y los cambios que ésta

generó en el mundo.

 Filosofía moderna: el Idealismo, la Ilustración, el Empirismo, el

Idealismo alemán y el Marxismo. Los principales exponentes de

estas teorías, sus razonamientos para llegar al conocimiento.

 Filosofía posmoderna: Las explicaciones que dan Nietzsche,

Lyotard y Appadurai del mundo y la forma de pensar y actuar

de los hombres.
REFERENCIAS

Aceves, J. (1983) Filosofía introducción e historia. Publicaciones Cruz O. S.A:


México.

Chávez, P. (2004) Historia delas doctrinas filosóficas. Editorial Pearson


Educación, tercera edición: México.

Escobar, G. (2011) Filosofía. Grupo Editorial Patria: México

Galindo, J y Zagal, H. (2006) Ética para adolescentes posmodernos. Publicaciones


Cruz O. S.A. Sexta edición: México.

Gambra, R. (2001) Historia Sencilla dela filosofía. Ediciones RIALP, S.A: Madrid.

Gómez, R y Tarrio, J. (2008) Filosofía y ciudadanía. Editorial Editex: España.

Goñi, C. (2010) Breve historia de la filosofía. Ediciones Palabra: España.

Herrera, F. (1990) Historia de las teorías. Editores Asociados Mexicanos,


EDAMEX: México.

Momparler, A. (2012) Introducción a la filosofía. Ediciones Nau Llibres: España.

Priani, E y López, I. (2009) Historia de las doctrinas filosóficas. Editorial Pearson:


México.

Reale, G y Antíseri, D. (S/A) Historia de la filosofía, Volumen 1. Ediciones San


Pablo: Colombia

Rojas, C. (2005) El asombro del pensar: La filosofía en el ámbito de las


humanidades. Isla Negra Editores: Puerto Rico.

Savater, F. (2008) La aventura de pensar. Editorial DEBATE: México.

Savater, F. (2010) Historia de la filosofía sin temor ni temblor. Editorial Planeta


Mexicana: México.

REFERENCIAS WEB

Consultadas el 27 de agosto de 2013


http://www.infoamerica.org/teoria/appadurai1.htm