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LA JURISDICCIÓN

1. EVOLUCIÓN Y CONCEPTO

Los orígenes de la jurisdicción (entendida como poder judicial) se remontan a la revolución


francesa, que creo el Estado de Derecho con la clásica división del poder político en los órganos
legislativo, ejecutivo y judicial. Con la caída de la monarquía absoluta, el pueblo ejerce por
primera vez la soberanía popular, y los gobernantes y gobernados tienen que someterse al
imperio de las leyes. La sociedad decidió delegar la solución civilizada de sus conflictos a un
tercero, que es el juez o tribunal.

El primer elemento relevante consiste en que el presupuesto material de la jurisdicción lo


constituye el conflicto que debe resolverse definitivamente mediante la aplicación del Derecho
material (civil, penal, administrativo, laboral, etc.), para conseguir la pacificación y armonía
social. No hay que olvidar que el derecho es una creación de la sociedad para regular sus propias
relaciones y, como tal, un elemento importante de la cultura.

En las sociedades primitivas no había la institución de la jurisdicción y las controversias se


resolvían mediante la ley de la selva; sin embargo Almagro Nosete1 alega que “la autodefensa, la
autocompensación, el ejercicio del derecho a la venganza contribuyen, finalmente, por
paradójico que parezca, a la reconciliación social”. El mismo autor advierte que “ius”, “iudex”,
“iudicium” son términos latinos cuya etimología común revela la profunda relación entre
derecho, juez, y juicio.
La jurisdicción es un atributo del poder político o imperium que, en todo estado de derecho. Le
corresponde en exclusiva al poder judicial.

Almagro Nosete2 aclara que “jurisdicción es asimilable a lo judicial, es decir, representan una
misma cosa: actividad del Estado ejercida por medio de sus órganos propios para resolver, con
carácter definitivo, los conflictos jurídicos, entre ciudadanos, mediante la eficaz aplicación de las
normas jurídicas”.
3
Couture sostiene que “en el derecho de los países latinoamericanos este vocablo (la
jurisdicción) tiene, por lo menos, cuatro acepciones: como ámbito territorial; como sinónimo de
competencia; como conjunto de poderes o autoridad de ciertos órganos del poder público; y su
sentido preciso y técnico de función público de hacer justicia”.
Agrega que la jurisdicción es “la función pública, realizada por los órganos competentes del
Estado, con las formas requeridas por la ley, en virtud del cual, por acto de juicio, se determina el
derecho de las partes, con el objeto de dirimir sus conflictos y controversias de relevancia
jurídica, mediante decisiones con autoridad de cosa juzgada, eventualmente factibles de
ejecución”4

Olmedo 5 sostiene que “la jurisdicción sea la potestad soberana del Estado cumplida por órganos
públicos predispuestos y conforme a un procedimiento legalmente regulado, consistente en la
actuación concreta del derecho positivo vigente para mantener su imperio”, y su función consiste
en la actuación del derecho objetivo mediante la aplicación de la norma general al caso concreto
y la realización forzosa de la norma general.

1
ALMAGRO NOSETE, José y otros: Derecho Procesal, Valencia, 1991.
2
ibídem.
3
COUTURE, Eduardo: Fundamentos del Derecho Procesal Civil, Buenos Aires, 1981.
4
Ibídem.
5 OLMEDO, Claria: Derecho Procesal, Buenos Aires, 1982.

La ley No 1455 (art. 25) establece que “la jurisdicción es la potestad que tiene el Estado de
administrar justicia por medio de los órganos del poder judicial, de acuerdo con la Constitución
Política del Estado y las leyes. Es de orden público, no delegable y solo emana de la ley”.

La jurisdicción que nace de la soberanía constituye una de las principales garantías procesales y
es la potestad exclusiva que tiene el Estado de administrar justicia o aplicar el derecho material,
mediante los órganos jurisdiccionales que son los jueces y tribunales, conforme a nuestro
ordenamiento jurídico-procesal.

2. Visión del constitucionalismo moderno


En 1825, Bolivia nace a la vida republicana bajo la influencia de la revolución francesa y adopta
para su gobierno la forma democrática y representativa; es decir, el Estado de Derecho con la
clásica división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), que favoreció el nacimiento y
desarrollo de las democracias actuales y la organización del Estado moderno conforme a
modelos que limitaran los abusos del poder.

Lo que se busca con esta separación de poderes es que el poder limita poder, entendiéndose por
cada uno de los tres poderes grupos de órganos, respectivamente competentes, para desarrollar
cada una de las tres funciones estatales. Esta vieja doctrina de los poderes separados fue recogida
(aunque no siempre respetada, sobre todo por los regímenes de fuerza) por las diferentes
Constituciones bolivianas.
El hecho de que la ley fundamental rescate la denominación de poder judicial, tiene la clara
intencionalidad de subrayar, en consonancia con la propia regulación constitucional, el papel
primordial que han de realizar los órganos jurisdiccionales en la defensa, desarrollo y promoción
de los valores democráticos. Otro aspecto e que la separación de poderes establece que al judicial
corresponde la exclusividad de la jurisdicción ordinaria, que incluye la función de control de los
tribunales sobre la potestad reglamentaria y la legalidad de la actuación administrativa.
La reforma constitucional de 1994, por otra parte, crea el consejo de la Judicatura que “es el
órgano administrativo y disciplinario del poder judicial”, lo cual lo consolida y perfecciona aún
más como un verdadero poder del Estado.

3. La potestad jurisdiccional

La Constitución boliviana establece que “la facultad de juzgar en la vía ordinaria, contenciosa y
contenciso-administrativa y de hacer ejecutar lo juzgado, corresponde a la corte suprema y los
tribunales y jueces respectivos, bajo el principio de unidad jurisdiccional”.

La potestad jurisdiccional se atribuye de forma exclusiva a los juzgados y tribunales que la


detentan en toda su plenitud: no pude atribuirse ni delegarse a otros órganos o poderes. Lo que
sostiene la doctrina está en el art. 25 de La Ley de Organización judicial: “la jurisdicción es la
potestad que tiene el Estado de administrar justicia por medio de los órganos del poder judicial,
de acuerdo con la Constitución Política del Estado y las leyes. Es de orden público, no delegable
y sólo emana de la ley”

4. Exclusividad y unidad jurisdiccional


La exclusividad consiste en que la jurisdicción e una atribución privativa del Estado, que delega
a los jueces y tribunales la solución de los conflictos.

La jurisdicción se cumple mediante un adecuado proceso y, como tal, se convierte en una


moderna y efectiva garantía procesal; incluso la misma Constitución (art. 31) expresa que “son
nulos los actos de los que usurpen funciones que no les competen, así como los actos de los que
ejerzan jurisdicción o potestad que no emane de la ley”.
La especificación de los tribunales no es más que una manifestación de la exclusividad e
integridad de la jurisdicción que, además, no puede ejercer más funciones que las estrictamente
jurisdiccionales.

La Constitución boliviana reconoce que el principio de la unidad jurisdiccional es la base de la


organización y funcionamiento de los tribunales y, consecuentemente, prohibe los tribunales de
excepción o, lo que es lo mismo, reconoce el derecho al juez natural al disponer que “no pueden
establecerse tribunales o juzgados de excepción”, y que, “nadie puede ser juzgado por
comisiones especiales o tribunales especiales ni sometido a otros órganos jurisdiccionales que los
constituidos conforme a la Constitución y a la ley, con anterioridad al hecho de la causa.

5. La función genérica de la jurisdicción

La función genérica está centrada en la resolución de los conflictos mediante la aplicación del
Derecho objetivo, la protección de los derechos fundamentales, el control de la legalidad y la
complementación del ordenamiento jurídico. La jurisdicción es monopolio del Estado y aunque
en el arbitraje, por ejemplo, suelen resolverse las controversias a través de la aplicación del
Derecho, esta modalidad está al margen de la jurisdicción, ya que todos los conflictos,
necesariamente, han de ser resueltos por los jueces y tribunales.

La nota esencial que ha de revestir la sentencia, que ha de poner fin al conflicto, es la ser una
resolución jurídica, en la que, junto a la declaración de hechos probados, deben siempre
reflejarse, en la premisa mayor del silogismo judicial, los fundamentos del derecho, procesales y
materiales. Esa resolución que debe ser definitiva e irrevocable (que tenga el sello de cosa
juzgada), además debe ser motivada, pues en un Estado de Derecho, las partes y la sociedad
tienen el legítimo derecho a obtener del órgano jurisdiccional una resolución motivada y
razonada en virtud de la cual se estima o desestima una pretensión determinada.
6. Funciones específicas:

6.1 Protección de los derechos subjetivos


La protección de los derechos privados se realiza por medio de los juzgados de instrucción y de
partido y demás órganos jurisdiccionales (civil, familiar, laboral, social, etc.). La tutela de los
derechos subjetivos públicos y libertades públicas es siempre más expedita debido a que la
libertad es un valor superior del ordenamiento jurídico, y que los derechos fundamentales
constituyen el fundamento del orden político y la paz social, vinculante a todos los jueces,
tribunales y autoridades nacionales.

6.2 Control judicial normativo

La misión de la jurisdicción no se limita exclusivamente a la labor de protección de los derechos


subjetivos, sino, que, también, le corresponde velar por la realización y efectividad del
ordenamiento jurídico. El control normativo o de vigencia de la legalidad se realiza en doble
sentido: sobre los particulares y frente a la administración y demás poderes del Estado.

7. Las garantías constitucionales de la jurisdicción

Para poder cumplir las funciones específicas, la jurisdicción necesita de garantías


constitucionales que son todas aquellas normas previstas en la Ley Fundamental que aseguran
directamente el cumplimiento de los fines propios de la jurisdicción. En lo específico, la
reglamentación de las garantías que están previstas en la Constitución están recogidas en la Ley
de Organización judicial (art. 1 al 24), pues establece los principios y disposiciones
fundamentales y define la modalidad de los nombramientos, requisitos, incompatibilidades, etc.

7.1 Independencia de los órganos jurisdiccionales

La independencia de los jueces y tribunales significa que tienen plena libertad de decisión en la
aplicación e interpretación de las normas jurídicas, sin que nadie pueda inmiscuirse en su
actuación con órdenes, consejos, instrucciones, sugerencias o presiones de cualquier tipo para
influir o condicionar sus resoluciones. El Estado debe garantizar la independencia económica de
los jueces y tribunales mediante una retribución adecuada a la dignidad de la función
jurisdiccional.
En los hechos, sin embargo, se advierte que no existe en su totalidad la independencia, y los
mayores peligros siempre han venido del poder político, de las autoridades, de los medios de
comunicación social y de las propias partes.

7.2 La inamovilidad del órgano jurisdiccional

La inamovilidad significa que una vez nombrado el órgano jurisdiccional, conforme lo establece
la Constitución y la Ley de Organización judicial, no puede ser removido del cargo sino en
virtud de causas razonables tasadas o limitadas y previamente determinadas. Esta es una garantía
de la independencia, pues no existe independencia sin inamovilidad.

7.3 Prohibiciones e incompatibilidades

La garantía constitucional de inamovilidad, a su vez tiene su correlato con las prohibiciones e


incompatibilidades. Lo cierto es que si mediante la garantía de inamovilidad se asegura al juez
una independencia frente a los demás, el régimen de prohibiciones y de incompatibilidades
asegura a los demás la independencia del juez, privándole de vinculaciones a poderes o entidades
que pudieran comprometer su imparcialidad.

Todas las prohibiciones e incompatibilidades buscan que haya una doble garantía: mientras la
inamovilidad asegura al juez una independencia, las prohibiciones e incompatibilidades asegura
a los demás, mediante las privaciones la independencia del juez.
Los jueces y magistrados tampoco pueden concurrir en su calidad de miembros del poder
judicial a cualesquiera actos o reuniones políticas, como tampoco pueden revelar los hechos o
noticias referentes a personas físicas o jurídicas de las que hayan tenido conocimiento en el
ejercicio de sus funciones.

7.4 La responsabilidad personal

La responsabilidad es la contrapartida de la independencia, pues un juez, cuya independencia


éste asegurada, acumula unos poderes que no puede utilizar arbitraria, injusta o negligentemente.
La responsabilidad supone que los jueces y magistrados responden de las consecuencias jurídicas
de sus actos y conductas irregulares o ilícitas mediante las indemnizaciones que sean debidas o
las sanciones que hayan de ser impuestas.
7.5 Sumisión al imperio de la ley

La garantía de sumisión al imperio de la ley consiste en el deber inexcusable que tienen los
jueces y tribunales de resolver todos los asuntos que conozcan, conforme a la Constitución
Política del Estado ya que es “la ley suprema del ordenamiento jurídico nacional y los
tribunales, jueces y autoridades la aplicarán con preferencia a las leyes, y éstas con preferencia a
cualesquiera otras resoluciones”.

8. La jurisdicción y los demás poderes del Estado

Es importante establecer las diferencias entre los tres poderes del Estado que conforman el poder
público, cuya independencia y coordinación es la base del gobierno, según dispone la
Constitución. La finalidad de esta tarea es constatar si el equilibrio de poderes responde a una
concepción democrática del Estado o hay alguna prevalencia de un poder sobre los otros,
especialmente el judicial, con merma de las funciones jurisdiccionales y de su ejercicio en
condiciones de imparcialidad.

8.1 Diferencias con el poder legislativo

La diferencia entre el poder judicial y el poder legislativo e evidente, ya que, según la


Constitución boliviana “el poder legislativo reside en el Congreso Nacional, compuesto de dos
cámaras: una de diputados y otra de senadores” y tiene como función principal, además de
fiscalizar el ejecutivo, la de “dictar leyes, abrogarlas, derogarlas, modificarlas e interpretarlas”.

Aunque haya claridad en las atribuciones constitucionales de cada poder del Estado, en los
hechos se advierte una fuerte y perversa influencia del poder político contra el poder judicial,
influencia perniciosa que deberá disminuir en la medida en que funcione realmente en Consejo
de la Judicatura.

8.2 Diferencias con el poder ejecutivo

Para entender la diferencia con el poder judicial, hay que tener en cuenta que quien gobierna o
administra el ejecutivo se encuentra, respecto al ordenamiento jurídico y en relación con quien
juzga en la misma posición que el ciudadano: obligado en su conducta a la observancia de la ley.
Otra diferencia desde el punto de vista orgánico es que “el poder ejecutivo se ejerce por
Presidente de la República, conjuntamente con los ministros de Estado”. Y que el Presidente de
la República será elegido por sufragio directo, y al mismo tiempo y en igual forma, se elegirá al
Vicepresidente”.

Entre las atribuciones constitucionales del poder judicial está “la facultad de juzgar en la vía
ordinaria, contenciosa, y contencioso-administrativa y la de hacer ejecutar lo juzgado, que
corresponde a la Corte Suprema y a los tribunales y jueces respectivos, bajo el principio de
unidad jurisdiccional”. Y el ejecutivo tiene la atribución de “ejecutar y hacer cumplir las leyes,
expidiendo los decretos y órdenes convenientes sin definir privativamente derechos, alterar los
definidos por ley ni contrariar sus disposiciones, guardando las restricciones consignadas en esta
Constitución”.

La histórica separación de poderes, prevista en al Constitución boliviana tiene la finalidad de


garantizar, precisar y especificar el campo de acción del poder público y corresponde a cada uno
de ellos hacer prevalecer sus propias funciones y atribuciones constitucionales y legales.