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Ternavasio, Marcela “La desunión de las Provincias Unidas”, en Historia de la

Argentina 1806-1852, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2009, pp. 119-148

1- Pueyrredón renuncia a su cargo como director supremo en abril de 1819,


siendo reemplazado por el general José Rondeau, quien asume en un
contexto de crisis. En noviembre estalló una revolución dirigida por Bernabé
Aráoz que declaró a Tucumán autónoma del poder central. Mientras tanto, se
reanudaba el enfrentamiento armado entre el poder central y el litoral.
Rondeau decidió reanudar recurrir al ejército de los Andes y a lo que restaba
del ejército del Norte para combatir las fuerzas de Estanislao López. Pero
San Martin no acude al auxilio del gobernador y el ejército del Norte,
liderado por Juan Bautista Bustos, se sublevó en Arequito y se negó a apoyar
al director. Bustos, queriendo consolidar su poder político, convocó a un
congreso de todas las provincias, desafiando al Directorio y al Congreso
dictado en la constitución de 1819.
Estanislao López y Francisco Ramírez avanzaron militarmente sobre Buenos
Aires y Rondeau los enfrenta delegando el mando, por decisión del congreso, a
Juan Pedro Aguirre. Las escasas fuerzas del ejército nacional fueron derrotadas
por los caudillos del litoral en Cepeda. Rondeau debió delegar la firma de la paz
en el Cabildo de Buenos Aires, y también delega su autoridad. El Cabildo asume
provisoriamente el poder, obligando al Directorio y al Congreso a
autodisolverse. El orden político del que Buenos Aires era la cabeza acababa de
disolverse.
Con la acefalía se abrió una doble crisis: la que se desarrolló durante todo el año
de 1820 en el interior de Buenos Aires y la que afectó a las diferentes regiones
del ex virreinato. La ambigua expresión de “Provincias Unidas de Sudamérica”
dejaba de tener sustento. Las provincias que ahora surgían como nuevos sujetos
políticos con epicentro en sus cabildos cabeceras, quedaron en una situación de
autonomía de hecho que pronto se tradujo en una autonomía de derecho.

2- El nombre de “anarquía del año 20” se caracterizó por un vacío de poder.


Esta situación inició cuando los victoriosos de Cepeda exigieron que el
cuerpo capitular se encargara de formar un nuevo gobierno que garantizara
una negociación favorable a sus intereses. De tal manera que el
Ayuntamiento convocó a un cabildo abierto que en febrero de 1820 decidió
la creación de la primera Sala de Representantes de Buenos Aires, también
llamada Junta de Representantes, en el cual se debía designar gobernador de
la provincia de Buenos Aires. En esta Sala, se conformó sólo de
representantes de la ciudad, donde Manuel de Sarratea será designado
gobernador provisorio hasta que se completará la representación con
diputados elegidos por la campaña. Sarratea quedo a cargo de establecer la
paz con el litoral que se concretara con el Tratado del Pilar en febrero del
mismo año.

En este tratado se establecía como principio, la futura organización federal para el país y
se acuerdo una reunión convocada en San Lorenzo para discutirlo. Buenos Aires debió
aceptar la libre navegación de los ríos y someter ante un tribunal a los miembros de la
caída de administración directorial.

Por otro lado, López y Ramírez se comprometían al retiro inmediato de sus tropas,
pactando así una amnistía general. Pero este tratado no fue bien recibido por algunos
grupos porteños que veían esto como una humillación al honor de la ex capital virreinal.
Como consecuencia de esta oposición, se creó una crisis de gobierno. El ex directorial
Juan Ramón Balcarce, convocó a una asamblea popular el 6 de marzo que destituyó al
gobernador Sarratea. Así sería nombrado él como gobernador, pero no duraría en el
cargo más que una semana, debido a que la reacción de Ramírez no se hizo esperar,
derribo a Balcarce y restituir a Sarratea. El 6 de abril, Sarratea convocó a elecciones
para designar una nueva Sala de Representantes con doce diputados por la ciudad y
once por la campaña.

Dichas elecciones se realizaron el 27 de abril y los diputados electos no tardaron en


entrar en conflictos con el poder ejecutivo. Sarratea debió reconocer por escrito que la
soberanía residía en la Junta recientemente elegida y por lo tanto debían obedecer las
resoluciones que proponían. Así, la Sala se iba transformando de Junta electoral
encargada de escoger al gobernador, en un cuerpo capaz de establecer los principios que
guiarían al nuevo gobierno. Paralelamente a esto, la campaña bonaerense se agravaba. A
la presión practicada por López y Ramírez se le sumaba el desorden provocado por
tantos años de guerra revolucionaria.
En este contexto, la junta de Representantes suspendió sus sesiones nombrando nuevo
gobernador a Idelfonso Ramos Mexía, quien debido a la crisis de gobernabilidad tuvo
que renunciar el 19 de junio exponiendo que su autoridad no era obedecida por nadie.

Después de la autodisolución de la Junta de Representantes, el Cabildo convocó a la


elección de una nueva junta que designara gobernador, quien nombró a Manuel Dorrego
para el ejercicio del poder ejecutivo. Al mismo tiempo, la campaña se encontraba
dividida, existían grupos que seguían sosteniendo en el cargo al general Soler mientras
que otros habían nombrado gobernador a Carlos María de Alvear.

Para agosto se eligió una nueva Sala de Representantes que determinó revalidar en el
cargo a Dorrego. Éste decidió enfrentarse con Estanislao López a quien vencería en
Pavón el 2 de septiembre, aunque al correr los días será derrotado por un caudillo
santafesino en Gamonal.

Con estos desacuerdos miliares, las milicias de campaña al mando del general Martín
Rodríguez y de Juan Manuel de Rosas decidieron intervenir, la Junta de Representantes
nombra gobernador a Martín Rodríguez que debió enfrentarse a una revuelta por parte
de los ciudadanos dependientes del Cabildo. Rodríguez fue apoyado por las milicias al
mando de Rosas y derrotando dicha rebelión, así ambos comandantes surgieron como
los salvadores del orden en Buenos Aires.

Rodríguez buscará la paz con López, firmando el Tratado de Benegas. Así se aseguraría
la paz entre Buenos Aires y Santa Fe, pero dejando de lado al caudillo entrerriano
Francisco Ramírez que no había participado de los enfrentamientos bélicos, debido a
que se estaba disputando en ese entonces el control de la Mesopotamia con Artigas. La
unión que antes existía entre los Pueblos Libres del Litoral se había roto por completo.

Luego de la crisis del año ’20 había dejado una imagen triste, lo más grave de esta crisis
se expresó en la cantidad de autoridades nombradas en ese período. Llegando a la
conclusión que era imprescindible imponer un orden nuevamente, y dicho orden debía
concentrarse en dotar a la provincia de las condiciones necesarias para alcanzar el
progreso económico y social, que se veía imposibilitado debido a las consecuencias que
tuvo la guerra revolucionaria y las disputas que hubo entre las regiones del territorio.
Buenos Aires se había dado cuenta de todos los costos que implico ser la capital, por
eso había determinado mantenerse al margen por un tiempo, paso de sentirse derrotada
y humillada a gozar de su autonomía.

3- De las gobernaciones de intendencia creadas a fines del siglo XVIII, sólo se


conservaron tres, dentro del poder revolucionario liderado por Buenos Aires:
la de Buenos Aires, la de Salta y la de Córdoba.

Las situaciones vividas en las provincias ubicadas en el Alto Perú se deberán a los
fracasos sufridos por el ejército del Norte en la década del 10, donde se separa esta
jurisdicción respecto del gobierno rioplatense.

En 1825 después de la victoria de Ayacucho se creará un nuevo estado en la zona


denomino Bolivia, que expresará la gratitud hacia su libertador, Simón Bolívar.

Hacia 1813 se iniciará una etapa revolucionaria en la provincia de Paraguay bajo el


liderazgo de Gaspar Rodríguez de Francia buscará su autonomía culminando en la
separación definitiva.

Respecto a la Banda Oriental, había sufrido un lento y constante avance de los


portugueses que termino en la anexión en 1821 al Reino de Portugal, con el nombre de
Provincia Cisplatina.

Con las sucesivas fragmentaciones en el Virreinato del Río de la Plata, durante la


década de 1810 se conformaron nuevas provincias. Algunas serán diseñadas por el
gobierno central y otras se autoerigieron autónomas respecto de su jurisdicción. En el
Litoral en 1814 se crearon las provincias de Entre Ríos y Corrientes separadas de la
gobernación intendencia de Buenos Aires, y Santa Fe se autoproclamo autónoma de
dicha intendencia en 1815.

En el Oeste, Cuyo se conformó en 1814 como una nueva provincia separada de la


intendencia de Córdoba. En el Norte, Tucumán se separa de la gobernación de Salta en
1815. Tucumán se separó del poder central y se creó la llamada República del Tucumán
que incluía las jurisdicciones subalternas tales como Santiago del Estero y Catamarca.
Córdoba por su parte, también se independizó después de la sublevación de Arequito y
se estableció como un nuevo foco de poder al imponerse con mayor presencia del
interior frente a Buenos Aires y el litoral. Siguiendo su ejemplo de provincia autónoma,
también lo hará San Juan, y luego Mendoza y San Luis, que crearon sus propios
ejércitos provinciales y se unieron en la liga Cuyana dispuestas a apoyar el congreso
convocado por Córdoba. Catamarca por su parte se separará de la república tucumana
en 1821.

En el Litoral todo se vuelve tenso entre sus caudillos y se agravara aún más después del
Pacto de Pilar, donde López y Ramírez, rompen relaciones con Artigas, debido a que el
líder oriental desaprobó el tratado por dejar las cosas libradas a un futuro congreso y por
no proveer a su provincia de la ayuda esperada contra la invasión portuguesa. Dicha
ruptura culmina en la lucha donde Ramírez vence a Artigas en Las Tunas en 1820 y en
Cambay del mismo año. Después de esto, Ramírez quiere obtener el poder en el litoral
que lo lleva a enfrentarse a López, finalmente Ramírez fue derrotado y muere en 1821
consolidándose el liderazgo de López en la región.

Después de todos estos conflictos, el mapa político cambio rotundamente: Buenos


Aires, Córdoba, La Rioja, San Luis, San Juan, Mendoza, Corrientes, Santa Fe, Entre
Ríos, y más tarde Jujuy se separa de la jurisdicción salteña en 1834.

Las provincias, en prescindencia (que no contaron con) de Bs. As. Encararon su


reorganización tras la experiencia revolucionaria. Sintetice este proceso dando cuenta de
los desafíos, particularidades y similitudes que presento cada caso provincial.

En 1820, Bs.As. ya no podía representar a las demás provincias, por la sencilla razón
que había perdido el poder político como cabeza, esta ausencia de poder abrió una doble
crisis: la que se desarrolló durante todo el año de 1820 en el interior de Bs. As, y la
afecto a las diferentes regiones del ex virreinato.

¿En el interior quienes fueron los responsables? Los caudillos del litoral, los ex
directoriales y sus tendencias centralistas, sumado a los grupos federalistas porteños.

Mientras tanto en las diferentes regiones, emergieron nuevas entidades territoriales


autónomas, que fueron organizando sus instituciones siguiendo el molde republicano,
con epicentro en sus cabildos cabeceras, algunas con mayor grado de
institucionalización política y otras mostraron mayor inestabilidad, donde los caudillos
locales fueron los protagonistas. De esta manera la autonomía de los pueblos pasó a las
autonomías provinciales, en sus reglamentaciones casi todas las provincias, a excepción
de Córdoba y Mendoza, abrazaron paulatinamente la forma republicana de gobierno.
A diferencia de la década revolucionaria, cuando las comunidades políticas que
demandaban el autogobierno tenían por base a las ciudades con cabildo, las repúblicas
provinciales formadas luego de la caída del poder central se organizaron según los
principios del moderno constitucionalismo liberal.

En cada una de las provincias se fueron suprimiendo los cabildos, comenzando por Bs.
As, significo redefinir los territorios y las bases de gobernabilidad; al eliminarse la
institución más arraigada del régimen colonial y adoptarse, el principio de división de
poderes, se redistribuyeron las funciones y atribuciones capitulares entre las nuevas
autoridades creadas y se redefinieron las bases del poder entre la ciudad y el campo, el
cual cobraba nueva entidad política. Pero estas nuevas republicas provinciales
presentaron desigualdades, algunas experiencias, desde el punto de vista institucional
resultaron más frágiles que otras, teniendo como exclusivos protagonistas del proceso
de fragmentación del poder a los caudillos y sus tropas, con diversas experiencias según
la región y coyuntura; por ejemplo, Bs. As, Salta, Mendoza o Córdoba, fueron casos de
mayor estabilidad institucional durante la década de 1820, en contraste a estas Santa Fe
y Santiago del Estero donde sus gobernadores permanecieron en el poder durante casi
dos décadas. Al extremo de esto se encontraba la completa inestabilidad entrerriana,
donde en el término de cinco años, sucedieron más de 20 gobernadores.

Los conflictos de las distintas provincias, se dieron en un espacio en el que muy


trabajosamente intentaban imponerse las reglas del nuevo arte de la política. En ese laxo
y común encuadre republicano, éstas fueron dictando sus propias constituciones o
reglamentos. En Bs. As, La Rioja y Mendoza no se dictaron constituciones, pero sí un
conjunto de leyes fundamentales que rigieron, durante esos años según el caso y
coyuntura. Por su parte, Santa Fe dicto su Estatuto Provisorio en 1819, Tucumán en
1820, Corrientes y Córdoba en 1821, Entre Ríos en 1822, Catamarca, Salta y San Juan
en 1823 luego, Santiago del Estero en 1830, San Luis en 1832 y Jujuy en 1839 (cuando
su jurisdicción se separó definitivamente de Salta). Casi todos los reglamentos se
atribuyeron la organización de la tropa provincial y el derecho de patronato, incluyeron
la declaración de derechos fundamentales y organizaron sus aparatos fiscales.

En cuanto a lo económico, la mayoría de las provincias no alcanzaba para cubrir los


gastos, luego de la disolución del poder central, ya que cada una de ellas debía
solventarse con su propio comercio, que eran insuficiente para recaudar impuestos
capaces de cubrir el déficit fiscal, como fue el caso de Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe.
Bs. As que alentó más que nunca la ley librecambista, era dueña del principal recurso
fiscal de la aduana de ultramar.

Corrientes, como Bs As, mostró mayor estabilidad política, se caracterizó bajo la


hegemonía de un grupo dirigente integrado por hombres de los principales sectores
propietarios, fundamentalmente mercaderes y hacendados, que supieron controlar a las
fuerzas militares y posibles revueltas. Corrientes dio un ordenamiento legal bastante
eficaz, el mandato de sus gobernadores duraba tres años regularmente, la reelección fue
prohibida por la constitución provincial; sucedieron así, Juan José Fernández Blanco
(1821-1824), Pedro Ferré (1824-1828), Pedro Cabral (1828-1830) y nuevamente Pedro
Ferré (1830- 1833).

Santa Fe, dependió de la capacidad del caudillo que la gobernó durante 20 años, usando
a su favor los reglamentos y normas sancionados; Estanislao López, se hizo llamas
“caudillo” en el reglamento provisorio dictado en 1819 y supo convertir a la sala de
representantes en un instrumento consultivo más que legislativo o deliberativo.

En el caso de Entre Ríos, luego de la muerte de Ramírez, no hubo en la provincia un


hombre fuerte, sino un grupo de caudillos menores, en la década de 1820, se sucedieron
hombres solidarios con Bs.As: Lucio Mansilla, (el más destacado de esta década) 1821-
1824, sufrió revueltas de distintos caudillos por ser considerado con inclinación hacia
intereses ajenos a la provincia. En 1821, 1825 y 1830 fue elegido gobernador por el
congreso de la provincia Ricardo López Jordán, entre 1826 y 1831, hubo 21
gobernadores, este periodo fue conocido como la “anarquía entrerriana”

Córdoba, tenía una constitución que otorgaba al ejecutivo fuertes poderes, el


gobernador era capitán general de las fuerzas militares, durante la década de 1820, Juan
bautista Bustos domino la escena provincial y fue considerado un caudillo que logro
dominar las disputas facciosas desplegadas luego de 1810.

Mendoza, dejo de ser capital de la intendencia de cuyo para erigirse en provincia


autónoma, a diferencia de otras provincias los mendocinos no tuvieron un caudillo
predominante, como tampoco San Juan, también separada de la gobernación de Cuyo en
1820, lo que caracterizo al gobernador de los sanjuaninos, Salvador María del Carril,
fue la carta de mayo de 1825, donde se establecía la libertad religiosa, esta sanción de
libertad de cultos provoco una gran reacción.

Tucumán tuvo como figura a Bernabé Araoz, este baso su poder en las fuerzas
milicianas que le daban apoyo y en las redes que supo tejer mientras estuvo al poder; en
1824 fue fusilado, luego a esta provincia le toco vivir años de inestabilidad política.
Santiago del Estero, una vez desgajada de la republica de esta, inicio un camino de
estabilidad, gracias al caudillo Felipe Ibarra, quien se mantuvo en el poder durante más
de dos décadas, desplazando a las familias tradicionales de origen virreinal y
apoyándose tanto en milicias como en fuerzas armadas permanentes. Catamarca se
separa un poco más tarde de Tucumán, a raíz de la intervención de las tropas
santiagueñas y salteñas, enemigas de Aráoz. Lo que domino luego la escena
catamarqueña fue el cruce de alianzas y hostilidades entre linajes de origen local y
externo a la provincia.

En Salta, luego de la muerte de Güemes, las familias más poderosas retomaron el poder
y ubicaron en dos oportunidades a José Ignacio Gorriti como gobernador, gozo de una
gestión en 1820, con un historial como doctor de Chuquisaca y general de los ejércitos
revolucionarios.

En La Rioja, el comandante general Juan Facundo Quiroga comenzó a acrecentar su


poder a partir 1823, coexistiendo con los poderes legales de la provincia, que
condicionaron los recursos de acción.

Las provincias se constituyeron en cuerpos políticos autónomos, pero en ningún


momento renunciaron a conformar un orden supra provincial, la fragmentación se
presentaba como algo provisorio, el interés por este orden se mantuvo por medio de
pactos y de ligas regionales, se señalaba un futuro CONGRESO para alcanzar la unidad,
pero el problema era el acuerdo respecto de la forma de gobierno que debía establecerse
y el grado de autonomía de estas nuevas entidades políticas.

Pero quien NO estaba de acuerdo con la conformación de este CONGRESO fue Bs. As,
ya que uno de los principales temas era, la cuestión de los recursos procedentes de la
Aduana del mismo. Las provincias reclamaban acceder libremente al comercio de
ultramar, logrando que la ex capital no fuera la única beneficiada con la recaudación. Al
estar Bs. As en condición de autónoma se consideraba dueña de las costas y los lucros
de ellas, esto significo el descontento manifestado en las relaciones interprovinciales.

Esta provincia disparo también que la idea de un congreso era muy prematura y correría
el riesgo de conflictos revolucionarios como la década anterior, durante la gestión de
Martín Rodríguez, gobernador hasta 1824, acompañado por Bernardino Rivadavia
impulsaron un plan de reformas, tendientes a transformar la provincia en todos sus
aspectos: política, económica, social, cultural y urbana. Estos conjuntamente con el
acompañamiento de un grupo letrado de miembros del partido del orden, o también
llamado “de la reforma”, compartían las ideas respecto al camino para iniciar el orden y
progreso. Bs. As asumía el papel central frente a las demás provincias y se sentía
heredera de dicho poder como también protagonista de cualquier emprendimiento
constitucional a nivel nacional. El consenso (acuerdo) que rodeó a la gestión de Martín
Rodríguez, estuvo vinculado al deseo de la población bonaerense de NO volver a pasar
por la crisis del año 20, y que los sectores económicamente más poderosos cedieran los
nuevos límites de la provincia para capitalizar al máximo los recursos que ya no
deberían repartir con el resto.

Las reformas apuntaron a modernizar la estructura política y administrativa heredada de


la colonia, para ello debía garantizar un orden político estable y legítimo. En 1821 la
Ley electoral, cristalizo un régimen representativo, muy novedoso para la época, con un
sistema de elección directa de sufragio activo amplio, habilitando a votar a todos los
hombres libres, el gobierno buscaba así encauzar la actividad política por medio del
sufragio, para erradicar las asambleas populares. (Evitando revueltas contra los
gobiernos). En diciembre del mismo año (1821), se sanciona la ley de supresión de los
dos cabildos existentes en la provincia, el de Bs. As y el de Lujan, el cabildo competía
siempre con las autoridades creadas después de la revolución, el modo de resolver dicha
competencia fue drástico, los transformaban en organismos municipales modernos,
suprimiéndolos del espacio provincial, triunfando de este modo el proyecto del
ejecutivo.

La sala se convirtió en el centro del poder político provincial, era la encargada de


nombrar cada tres años al gobernador, debía votar el presupuesto de gastos anual,
aceptar la creación de todo tipo de impuesto, evaluar lo actuado por el ejecutivo, fijar el
periodo de sus sesiones y discutir y aprobar el plan de reformas propuestos por los
ministros; las viejas funciones capitulares se redistribuyeron en nuevas autoridades
dependientes ahora del gobierno de la provincia. Las funciones de justicia fueron
derivadas hacia un régimen mixto, que estableció una justicia de primera instancia,
letrada y rentada, y una justicia de paz, lega y gratuita, ambas en ciudad y campaña. Las
funciones de la policía quedaron a cargo de un jefe de policía con 6 comisarios para la
ciudad y 8 para la campaña. En el campo para 1825 el fracaso se mostró, en cuanto a
esta organización, se suprime la comisaria y la justica letrada, los jueces de paz
absorbieron más funciones y más poder. Con los mismos objetivos de racionalización se
crearon los órganos dependientes del poder ejecutivo, como los ministerios de gobierno,
hacienda y guerra, también se dictó una ley de retiro para empleados civiles. Entre las
reformas se destacan las que afectaron a dos corporaciones fundamentales; el ejército y
la iglesia. Se redujo el aparato militar heredado de la revolución, para reducir gastos y
reorientar hacia nuevos objetivos; poco después le tocó el turno a las milicias,
reorganizadas por la ley en 1823. Por otro lado, la ley suprimió algunas órdenes
religiosas, pasó sus bienes al estado, suprimió los diezmos y sometió a todo el personal
eclesiástico a las leyes de la magistratura civil. Esto obviamente generó descontento
entre estos grupos.

Un rasgo que caracterizo a este periodo, fue la expansión de la prensa. La ley de prensa
dictada en 1821, otorgo un amplio margen de libertad al periodismo local, (aunque no
pudo evitar algunos episodios de censura). Además del impulso otorgado a la Biblioteca
Pública, se crearon; la academia de medicina, la de ciencias físicas, matemáticas y la de
música; se dio un nuevo estímulo a la enseñanza del derecho al intensificar la acción de
la academia de jurisprudencia, fundada en 1815, y con la creación del departamento de
jurisprudencia en 1821. Tuvo su lugar la formación de la sociedad literaria responsable
de la publicación del periódico más importante de la década. Aunque la autora remarca
como la más significativa durante la feliz experiencia rivadaviana, a la universidad de
Buenos Aires en 1821. Otra importante entidad fue la casa de expósitos y se creó la
sociedad de beneficencia, encargada de organizar hospitales, asilos y otras obras de
asistencia para los sectores pobres, estas tareas eran asignadas a las mujeres de la alta
sociedad porteña. Este plan de reformas también apunto a capitalizar, todos los
recursos disponibles para impulsar el crecimiento económico. Para esto debía estimular
la producción rural y asegurarse exportaciones en el mercado internacional. Se creó el
departamento topográfico destinado a establecer con cierto rigor el catastro territorial de
la provincia; en 1822 se dictó la ley de ENFITEUSIS, como plan también de promover
la inmigración, que procuraba la instalación de colonos en tierras públicas para su
explotación; estas se entregaban a cánones bajos, como garantía de la deuda del estado.
Pero dicha ley no ofreció suficientes incentivos a los pobladores. Sin embargo la
expansión ganadera seguía su curso. Al promediar la década de 1820, Buenos aires
había reemplazado la arruinada economía del litoral, transformándose en la principal
región ganadera del país.

En el campo financiero, una de las primeras acciones del gobierno fue la creación del
Banco de descuentos; su directorio estuvo conformado por representantes del sector
económico-social y por comerciantes ingleses residentes en Buenos Aires. El banco
estaba autorizado para emitir billetes, una creciente emisión de estos a lo pocos años los
llevo a una crisis financiera insalvable.

Por su parte el ámbito urbano de esta provincia exhibió cambios significativos: se fue
transformándose la fisonomía de la vieja ciudad colonial, se construyó el edificio de la
nueva sala de representantes, se erigió el pórtico de la catedral, se reestructuro la planta
urbana y se multiplico la construcción de viviendas.

En julio de 1824, se contrató un empréstito con la firma Baring Brother& Co, en


Londres, cuyos fondos serían utilizados para la construcción del puerto, las obras
sanitarias de Buenos Aires y el establecimiento de pueblos en la campaña. El plan para
librarse fácilmente de esta deuda era, mantener el volumen del comercio marítimo y
reducir el presupuesto militar; pero no contó con el desenlace de la guerra contra Brasil.

4- La independencia de Brasil es un caso peculiar en Latinoamérica. Posterior


al traspaso de la corte portuguesa a Río de Janeiro en 1808, inicia una
especie monarquía dual con centro en el nuevo mundo. En 1815 Brasil fue
proclamado “reino” con misma jerarquía que Portugal, pero las tensiones
entre ambos márgenes no tardaron en aparecer en distintos planos.

La presencia del rey en América implicó mayor control sobre los territorios, pero
también una mayor carga fiscal para solventar los gastos de la corte. Los hechos de
precipitaron en 1820, cuando se produjo una revolución liberal en Portugal que postuló
el establecimiento de una monarquía constitucional. Por lo que se exige el retorno del
rey Juan VI a Lisboa para que aportara provisoriamente la constitución española
sancionada en Cádiz en 1812, hasta que se dictara una nueva constitución portuguesa en
el marco de convocatoria a Cortes Generales. Pero éstas, que contenían una mayoría de
representantes portugueses, adoptaron medidas poco liberales para sus colonias
americanas; y en Brasil reinó el descontento.

Cuando Juan VI regresa a Portugal, su hijo Pedro queda como regente de Brasil. Con el
alejamiento del monarca y la evidencia de que las Cortes no estaban dispuestas a
negociar las reformas políticas reclamas por los brasileños, Pedro decide permanecer en
Río de Janeiro y proclama la independencia de Brasil, la cual se da en términos
pacíficos. Dando lugar a la formación de un imperio que, bajo la forma de monarquía
constitucional, reveló gran estabilidad. Pedro I asume como emperador y es coronado el
1 de diciembre de 1822. En febrero de 1824 dictó una constitución que le proporcionó
destacado poder.

A partir de la sanción de la ley electoral de 1821 se realizaron elecciones todos los años
para renovar los miembros de la Sala de Representantes de Buenos Aires. El Partido del
Orden logró multiplicar el índice de votantes en ciudad y campaña y ganar las
elecciones en los primeros años. Pero en 1824 le disputó el triunfo un grupo de
oposición con arraigo en sectores populares urbanos, organizado por líderes como
Manuel Dorrego y Manuel Moreno, que ocuparon parte de los bancos de la Sala. Esta
primera escisión de la elite dirigente bonaerense se acentuó cuando se produjo la
sucesión del gobernador, en ese momento, la Sala de Representantes y el grupo cercano
a Rivadavia mostraron sus primeros descontentos. La designación del general Juan
Gregorio Las Heras puso en evidencia las tensiones en el interior del Partido del Orden:
Rivadavia se retiró del gobierno y lo reemplazó Manuel García.

La situación se agravó cuando la coyuntura internacional obligó a la elite bonaerense a


tomar decisiones respecto de la futura organización del país. El Rio de la Plata carecía
de una unidad y político estatal y además sufría la presión de la ocupación brasileña de
la Banda Oriental, capitalizado por la oposición porteña al Partido de la Orden. Se
genera, de este modo, un clima de cierta urgencia; y estas cuestiones actualizaron el
debate de un nuevo congreso de todas las provincias para establecer definitivamente una
constitución nacional.

La convocatoria al Congreso Constituyente realizada por el gobierno de Buenos Aires


hizo renacer las diferencias entre las provincias y, en cada una de ellas, entre diversas
formas de concebir la organización del estado. El congreso inició sus sesiones el 16 de
diciembre de 1824, con diputados elegidos por las provincias en número proporcional a
su población, y con cierta mayoría de la delegación porteña.

La primera disposición tomada por el congreso fue dictar la Ley Fundamental que
declaró constituyente a la asamblea y estableció que, hasta que se sancionara una
constitución, las provincias se regirían por sus propias instituciones, delegando
provisoriamente las funciones del poder ejecutivo nacional en el gobierno de Buenos
Aires. Días después se firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Gran
Bretaña en el que se ratificó el reconocimiento de la independencia de las Provincias
Unidas.

Por la Ley Fundamental, el gobernador Las Heras quedó a cargo de las relaciones
exteriores y con facultad de hacer propuestas al Congreso y de ejecutar sus decisiones.
La sanción de la Constitución quedó postergada a la espera de un momento más
favorable, y una vez dictada debía ser elevada a los gobiernos provinciales que podrían
rechazarla y permanecer al margen de la unión perseguida.

Pero la creciente independencia de criterio del gobernador Las Heras irritaba al séquito
más cercano a Rivadavia, en particular a los diputados bonaerenses del Congreso
Constituyente, que esperaban proponer al ex ministro de gobierno de Buenos Aires
como futuro presidente. Además crecía en Buenos Aires el ambiente belicista frente a la
situación de la Banda Oriental, lo cual volvía urgente la creación de un poder ejecutivo
nacional permanente. A fines de 1825, el Congreso doblar el número de sus miembros.
Con este gesto, los diputados por Buenos Aires buscaron reforzar su control y
reemplazar así la moderación por actitudes más radicales. La nueva elección favoreció
al grupo porteño liderado por Rivadavia, aunque también permitió el ingreso de algunos
líderes de la oposición porteña, como Dorrego y Moreno en representación de otras
provincias.

El 6 de febrero de 1826, el Congreso dictó la ley de Presidencia que creaba un ejecutivo


permanente; Bernardino Rivadavia fue nombrado presidente. Y las tensiones en el
Congreso se hacían cada vez más evidentes. El vocero de la oposición al grupo
rivadaviano fue Moreno, quien afirmaba que la Ley de Presidencia violaba la Ley
Fundamental por la cual se habían limitado las atribuciones del Congreso.
Por otro lado, la Asamblea objetaba las divisiones que se estaban constituyendo en dos
partidos con nombre propio: los unitarios, que pretendían instaurar una forma de
gobierno de unidad y centralizada, y los federales que buscaban organizar una forma de
gobierno que respetara las soberanías de las provincias. Estas divisiones revelaban la
creciente polarización del espacio político. Las tensiones terminaron de dividir las
opiniones cuando Rivadavia presentó al Congreso el proyecto de Ley de Capitalización.
En él se declaraba a Buenos Aires capital del poder nacional, a la que se subordinada un
territorio federal que iba desde Puerto de Las Conchas (Tigre) hasta el Puente de
Márquez y desde allí, en línea paralela al Río de la Plata, hasta Ensenada. La provincia
de Buenos Aires, separada del distrito federal, se reorganizaba en dos nuevos distritos:
las provincias del Salado, con capital en Chascomús, y la del Paraná, con capital en San
Nicolás. Los impulsores del proyecto debieron enfrentar la oposición del sector federal
con Moreno a la cabeza.

La promulgación de la Ley de Capital en marzo de 1826 terminó aislando al grupo


unitario rivadaviano de sus antiguos apoyos. Además, para los intereses económicos
locales fue alarmante que la provincia perdiera, con la federalización del territorio
asignado a la capital, la principal franja para el comercio ultramarino, y con ella, la
fuente más importante de recursos fiscales. Así se le unieron a la oposición federal, los
sectores económicamente dominantes de la provincia. Los Anchorena, los Terrero, los
Rosas, dueños de grandes estancias en la campaña bonaerense, intentaron evitar la
sanción de la Ley de Capitalización, que reduciría la posibilidad de expandir sus
negocios. Y como como los intereses del campo se hallaban articulados con los del
comercio urbano, creían indispensable sostener la unidad entre ciudad y campaña.

La próxima tarea del grupo unitario que dominaba el Congreso consistía en dictar una
Constitución. A comienzos de 1825, este sector unitario había promovido una consulta a
las diferentes provincias para que expidieran en torno a la futura organización del
estado. Un año después, la respuesta de aquellas fue la siguiente: 6 provincias se
pronunciaron por el sistema federal (Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, San
Juan, Mendoza y Córdoba), 4 lo hicieron por el sistema unitario (Tucumán, Salta, Jujuy
y La Rioja) y 6 remitieron a la decisión del asunto al Congreso (Corrientes, Catamarca,
San Luis, Misiones, Montevideo y Tarija). La Asambleas constituyente, con mayoría
unitarios, quedaba como árbitro de la organización definitiva; por lo que diputados se
dispusieron a estudiar el proyecto de constitución.
En el mes de septiembre de 1826, la Comisión de Negocios Constitucionales mostrará
su proyecto, donde sus miembros reconocen haber tomado como base la Constitución
de 1819. Los diputados federales argumentaron que la carta orgánica propuesta sujetaba
los derechos soberanos de las provincias, recordando las experiencias ya vividas en el
Río de la Plata luego de sus intentos con imponer regímenes centralizadores.

Además, criticaban la restricción del régimen representativo, al excluir del derecho al


voto a criados, peones, jornaleros, soldados de línea, y los considerados “vagos”.
Después de debates, la votación fue por mayoría a favor del proyecto. La Constitución
fue sancionada en 1826 el 24 de diciembre y en ella se insinuaba un doble
desplazamiento respecto de la aprobada en 1819. Por un lado, había un cambio en
significativo respecto a la denominación del nombre, donde se reemplazaba Provincias
Unidas de Sudamérica por el de República Argentina. Y por el otro lado, se declaraba
que la nación argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana,
consolidada en unidad de régimen.

Esta nueva república nacía en un clima político tanto interno como externo que atraía un
mal futuro para su subsistencia. En el plano interno, la reacción en las provincias ya
estaba comenzando. En Córdoba, Bustos lideraba una gran oposición frente a esta nueva
constitución. Sus intentos de hegemonizar un bloque contra el Congreso y la política de
Buenos Aires habían fallado tras no conseguir el apoyo de las provincias del Noroeste.

En La Rioja, Facundo Quiroga por su lado, se mantenía a favor del Congreso. Luego la
relación entre el riojano y Buenos Aires fue otra, este desenlace se produce a partir de la
conflictiva situación interna de las provincias de Catamarca y San Juan, donde se
disputaban el poder y en las que participaron después La Rioja y Mendoza.

Finalmente, la guerra civil se desató cuando Rivadavia decide enviar al general


Lamadrid a reclutar tropas para la guerra contra el Brasil, y éste se adueñaría del
gobierno provincial de Tucumán, atrayendo además al gobernador de Catamarca.
Facundo Quiroga junto con sus milicias se lanza primero contra Catamarca donde
destituye al gobernador, y luego sobre Tucumán venciendo a Lamadrid, en San Juan se
encargaría de imponer un gobernador y respecto de Santiago del Estero, colaboraría con
Felipe Ibarra para derrotar finalmente a Lamadrid. En conclusión, Quiroga se posiciono
como una especie de árbitro enfrente a las relaciones de poder del Noroeste.
A principios de 1827, varias provincias (como Córdoba, La Rioja, Santiago del Estero,
San Juan) habían rechazado la Constitución dictaba hace pocos meses y al presidente
Bernardino Rivadavia. Mientras tanto en el litoral, Santa Fe gobernada por Estanislao
López dejo de apoyar a Buenos Aires cuando la posición unitaria del Congreso dividió
al Partido del Orden.

El agravamiento de la situación de la Banda Oriental con Brasil, se produjo luego del


movimiento de los “treinta y tres orientales”, contra la ocupación brasileña, liderada por
el coronel Juan Antonio Lavalleja en 1825. Obteniendo el apoyo de los diputados al
incorporar la Banda Oriental a las Provincias Unidas, provocando la reacción del
emperador brasileño a declarar la guerra.

Las repercusiones de dicha declaración, se hicieron sentir internamente como


consecuencia del bloqueo naval impuesto por la escuadra brasileña al Rio de la Plata,
logrando deteriorar las finanzas tanto privadas como públicas, ya que no podían
comercializar con el extranjero. En febrero de 1827, los ejércitos se enfrentaron en
Ituzaingo, donde la derrota brasileña fue total. A consecuencia de esto la crisis se hacía
sentir, el comercio local se hundía, repercutiendo en el ya debilitado gobierno central.

Inglaterra se vio afectada en los intereses que tenía en el Rio de la Plata, y manda
refuerzos, ya que veían sus negocios arruinados con la prolongación del bloqueo. Esta
propuso que la Banda Oriental no perteneciera ni al imperio del Brasil, ni a la novel
República Argentina. Manuel García, el enviado del gobierno, paso a la historia con el
exceso de instrucciones favorables para Brasil, firmo un acuerdo de paz donde aceptaba
la incorporación de la Banda Oriental al imperio y la libre navegación de los ríos. Este
acuerdo es sometido al Congreso y al Presidente Rivadavia, quien no estuvo de acuerdo,
y termino renunciando a su cargo en junio de 1827. El congreso por su parte, acepto
dicha renuncia y rechazo el acuerdo, es designado presidente provisional Vicente López
y Planes. Quien no tuvo una buena figura respetada, ya que su autoridad no era acatada
en las provincias ni en el congreso; este renuncia y el congreso se disuelve.

Las consecuencias del conflicto con Brasil, sumado al proceso de Constitución de 1826,
se vieron reflejadas luego de las elecciones convocadas para designar a los diputados
bonaerenses que debían conformar la Sala de Representantes y elegir un nuevo
gobernador. La división entre unitarios y federales cristalizada en el Congreso
Constituyente se trasladó a la provincia y exacerbó al espíritu de facción. Las elecciones
se realizaron en un ambiente de creciente tensión. La votación dio el triunfo al Partido
Federal cuyas filas se engrosaron con los disidentes del Partido del Orden. La Sala
designó a Manuel Dorrego gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien frente a
la acefalía del poder central, debió asumir provisoriamente el manejo de las relaciones
exteriores; y por lo tanto también tuvo que hacerse cargo de finalizar la guerra y firmar
la paz con Brasil. Dorrego reconocía que no se podía prolongar más tiempo la situación
de guerra y menos aún la de un bloqueo ruinoso para el Río de la Plata. La propuesta
británica de dar independencia a la Banda Oriental parecía la única opción de lograr la
paz. Con este propósito, el gobernador envió una misión diplomática que, en agosto de
1828, firmó un tratado de paz sobre la base de la independencia absoluta de la Banda
Oriental, naciendo así la República Oriental del Uruguay.

Pero la firmes del tratado disparó conflictos latentes. A la difícil situación


interprovincial y a la división facciosa entre unitarios y federales, se le sumó el
descontento de algunos jefes del ejército que lucharon contra el Imperio del Brasil,
quienes no le perdonaban a Dorrego la firma de un tratado que consideraban
deshonroso. Parte del grupo unitario de Buenos Aires aprovechó este descontento para
derrocar al gobernador. Liderado por el general Juan Lavalle, se produjo un movimiento
militar de signo unitario que el 1º de diciembre de 1828 destituyó a Dorrego de su cargo
y disolvió la Sala de Representantes. Dorrego debió huir en busca de auxilio hacia la
Campaña, donde se hallaba Juan Manuel de Rosas, comandante de milicias de la
provincia de Buenos Aires.

Rosas había sido designado en aquel cargo por Vicente López y Planes y ratificado por
Manuel Dorrego cuando fue designado gobernador. El rápido acceso de su carrera
política comenzó cuando, desplazado Dorrego del poder, asumió el doble papel de
defensor del orden en la campaña y árbitro de la conflictiva situación creada entre
unitarios y federales, identificándose cada vez más con los segundos.

Lavalle, luego de hacerse nombrar gobernador a través de un mecanismo de dudosa


legitimidad, delegó el mando en el almirante Brown y salió a la campaña en una
persecución de Dorrego, quien finalmente fue capturado y luego ejecutado por Lavalle.
El fusilamiento de Dorrego el 13 de diciembre de 1828, no hizo más que avivar los
conflictos y dar inicio a una guerra civil. Los unitarios tenían controlada la ciudad
gracias al apoyo que recibieron de algunas divisiones del ejército regular, y los federales
dominaban la campaña con sus milicias. Rosas buscó el apoyo de Estanislao López y,
luego de algunos enfrentamientos, logró derrotar a Lavalle en Puente Márquez el 29 de
abril de 1829.

El 24 de junio se firmó el Pacto de Cañuelas entre los líderes de los bandos enfrentados:
Rosas y Lavalle. Así, se ponía fin a las hostilidades y se asumía el compromiso de
convocar a elecciones para formar una nueva Sala de Representantes, que a su vez
designaría al gobernador de Buenos Aires. Pero no se supo públicamente que Rosas y
Lavalle firmaron una cláusula secreta en la que se comprometieron a asistir a dichas
elecciones con una lista unificada de candidatos que debía intercalar miembros
moderados del bando unitario y federal respectivamente, que de todos modos no fue
respetada. La violencia estuvo a la orden del día durante las elecciones, por lo que
Lavalle las anuló. Al borde nuevamente de la guerra civil, se arribó a un nuevo pacto en
Barracas el 24 de agosto, por el cual de nombró gobernador provisorio al general Juan
José Viamonte, un federal moderado que debía hacer cumplir el Pacto de Caañuelas.

A esa altura, era el comandante general de la campaña el que se había convertido en el


árbitro de toda esta conflictiva situación. Luego de debatir con el gobernador provisorio
cuáles serían las medidas más convenientes, la decisión fue restituir la misma Junta de
Representantes derrocada por el motín militar del 1º de diciembre de 1828 para que ésta
designara gobernador. Así volvió a reunirse la Sala y nombró casi por unanimidad al
nuevo titular del poder ejecutivo provincial: Juan Manuel de Rosas.

Mientras Buenos Aires parecía regresar a un clima de orden, no sucedía lo mismo con la
situación del interior. El conflicto interprovincial reapareció una vez más y la guerra
civil se reanudó. En 1829 las provincias del interior estaban lejos de conformar un
bloque homogéneo. Aunque las provincias andinas (La Rioja, Catamarca y Cuyo)
continuaban bajo el control del caudillo riojano, no sucedía lo mismo con Salta y
Tucumán. La primera seguía en manos de sectores unitarios, y en la segunda, el
gobernador impuesto por Quiroga, Javier López, comenzó a distanciarse de él. En
Santiago del Estero, Felipe Ibarra mantenía una posición relativamente neutral, mientras
que en Córdoba, Bustos no lograba controlar la situación interna, aunque confirmó su
alianza con el riojano.
De hecho, el conflicto abierto estalló a partir de la situación cordobesa. Mientras que en
Buenos Aires los unitarios liderados por Lavalle habían sido vencidos por las fuerzas
federales, el general unitario José María paz intentó revertir la hegemonía lograda por
los federales avanzando sobre Córdoba, su provincia natal. En un primer momento,
durante la década del 20, Paz junto con Bustos, había conducido la sublevación de
Arequito. Ambos se habían opuesto a enfrentar con su columna del ejército del Norte a
las fuerzas federales que acechaban Buenos Aires, y habían acordado instalar en el
gobierno cordobés a los jefes de la facción federal local que hasta ese momento
intentaban aliarse con las fuerzas artiguistas. Pero el acuerdo duró poco: Bustos decidió
alzarse con el poder y distanciarse de los federales de su provincia y del general Paz,
quien entonces se identificaba con la fuerza federal local cordobesa. Mas tarde, en la
guerra contra Brasil, Paz dirigió una de las columnas del ejército; una vez terminado el
enfrentamiento, regresó de la Banda Oriental. En aquellos años, Paz había abandonado
su antigua filiación federal y su nuevo proyecto se basaba en avanzar sobre Córdoba y
derrocar al gobernador Bustos. No encontró en Buenos Aires el apoyo que separaba
para dicho avance, aun así conformó un pequeño ejército y en abril de 1829 avanzó por
el sur de Santa Fe hasta penetrar en Córdoba. Este éxito logrado por el general Paz, sólo
se explica por la debilidad que presentaba el bloque adversario. Con el derrocamiento,
Bustos debió retirarse a buscar refugio en Quiroga, y le proporcionó a Paz una sólida
base de operaciones, además de la adhesión de las provincias de Tucumán y Salta.

En Junio de 1829, Facundo Quiroga, quien aún dominaba el frente andino, avanzó sobre
Córdoba. Pero el general cordobés demostró sus superiores dotes de estrategia
venciendo al caudillo riojano en La Tablada. A comienzos de 1830, Quiroga volvió a
invadir Córdoba, pero nuevamente resultó vencido por las fuerzas de Paz en la batalla
de Oncativo.

La principal consecuencia del triunfo de Paz fue la constitución de un bloque opositor


en todo el interior que, en nombre del unitarismo, intentaría erradicar a los federales del
conjunto del territorio. Luego de buscar apoyo en las provincias del interior para
neutralizar el avance de las fuerzas federales y consolidar así su autoridad en Córdoba,
se lanzó a trascender la esfera provincial, valiéndose de las alianzas previas. El general
Lamadrid, quien había participado anteriormente en conflictos del interior a favor del
grupo unitario del Congreso, se apoderó de San Juan y La Rioja, mientras otras
divisiones ocuparon Mendoza, San Luis, Catamarca y Santiago del Estero. El poderío
de Quiroga parecía destruido frente al avance del general Paz.

A mediados de 1830, los unitarios victoriosos buscaron institucionalizar el éxito


obtenido a través de la formación de una “liga de provincias” que, además de
comprometerse a convocar a un congreso nacional para dictar una constitución, le
entregó al gobernador de Córdoba el supremo poder militar con plenas facultades par
dirigir el esfuerzo bélico y le retiró a Buenos Aires la representación de las relaciones
exteriores. Quedaban excluidas de esta liga Buenos Aires y las provincias del litoral: el
país se dividía así en dos grupos antagónicos que mostraban puntos de debilidad interna.

La Liga del Interior estaba montada sobre un fuerte control militar en cada una de las
provincias ganadas a la anterior influencia del caudillo riojano, refugiado ahora en
Buenos Aires.

Por otro lado, si el dominio federal parecía más sólido en el litoral, no lo era la unión
que existía entre sus provincias. En Entre Ríos, la situación era de absoluta
inestabilidad, dadas las disputas regionales entre caudillos y grupos de la elite
provincial. Santa Fe y Corrientes, aunque más consolidadas internamente, bregaban por
reunir un congreso constituyente que dictara una carta orgánica consagrando el
principio de organización federal. Finalmente, Rosas se niega de manera categórica a
reunir dicho congreso.

En ese contexto, y como respuesta al pacto que unió a las provincias del interior,
Buenos Aires retomó la iniciativa con el objetivo de formar una alianza ofensiva y
defensiva de las provincias del litoral para enfrentar el poderío del general Paz.
Convocó así, al gobernador de Santa Fe y a un representante de Corrientes para discutir
los términos de un futuro tratado. En esa discusión quedó de manifiesto la disidencia
entre Pedro Ferré, representante de Corrientes, y Rosas con respecto a la futura
organización del país. Estaba en juego la opción de dictar una constitución y sus
consecuencias económicas.

En mayo de 1830 se firmó un primer tratado entre Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes,
del que quedó excluido Entre Ríos, dada la convulsión interna que sufría en ese
momento por el alzamiento de López Jordán. Al resolverse la situación entrerriana, se
consideró necesario firmar un nuevo tratado, por lo que los delegados de las cuatro
provincias se reunieron en Santa Fe. Comenzaban las tratativas de lo que daría como
resultado la firma del Pacto Federal. Se revelaron allí las disidencias entre Corrientes y
Buenos Aires; el delegado correntino Ferré pretendía acelerar la organización nacional
para lograr con ella una redistribución de los recursos aduaneros, garantizar la libre
navegación de los ríos Uruguay y Paraná y establecer cierto proteccionismo económico
que evitara la ruina de las economías regionales. Santa Fe y Entre Ríos se sentían
atraídas por tales planteos, aunque preferían no asumir una postura extrema en pos de
mantener una alianza que les resultaba beneficiosa. Buenos Aires no aceptaba estos
planteos porque con ellos veía cuestionados los principios sobre los cuales se montó su
creciente poderío económico: el librecambio, su dominio sobre el comercio exterior y su
monopolio aduanero. En medio de este forcejeo, Rosas evaluó el peligro que significaba
retirarse de la alianza e inducir así a las provincias del litoral a firmar paz con la liga del
Interior, lo cual lo dejaría aislada del resto de las provincias. Entonces era preferible
ceder en algunos puntos para avanzar en otros.

El 4 de enero de 1831 se firmó el Pacto Federal. En su artículo nº 1 se estableció que las


provincias signatarias expresaban voluntad de paz, amistad y unión, reconociéndose
recíprocamente libertad e independencia, representación y derechos. En el artículo 16,
se incluyó una vaga y ambigua referencia respecto a la futura reunión de un congreso, el
cual debería adoptar el principio federal. Asimismo, se estipulaba que la Asamblea
Constituyente debía consultar “la seguridad y engrandecimiento general de la
República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada
una de las provincias”. Esta convocatoria quedaba en manos de una Comisión
Representativa de los Gobiernos de las Provincias Litorales, integrada por un diputado
de cada una de las provincias signatarias. El pacto fue firmado por Buenos Aires, Santa
Fe y Entre Ríos; Corrientes se negó en principio a ser incluida por no tener el tratado
definiciones más contundentes respecto del futuro congreso. De inmediato, se iniciaron
las operaciones militares para vencer a la Liga del Interior.

Estanislao López asumió el mando supremo de las fuerzas federales y Rosas comandó
la reserva desde San Nicolás. Mientras López rehuía el enfrentamiento con Pas a la
espera de los resultados de la ofensiva iniciada por Facundo Quiroga en el sur de
Córdoba, el caudillo riojano hizo una campaña relámpago y recuperó parte del territorio
perdido: en marzo tomó Rio Cuarto, ganó a su paso la adhesión de San Luis y conquistó
Mendoza. Hacia fines de ese mes, Quiroga dominaba Cuyo: quedaba libre el camino
hacia La Rioja y Córdoba. Paz, decidido en atacar a López, fue tomado de sorpresa
prisionero. Comienza la rápida caída de la Liga del Interior, pero resultaba necesario un
ataque frontal a las tropas del general Paz para evitar una guerra de desgaste demasiado
larga. Lamadrid, que había reemplazado a este último en la dirección del ejército, fue
vencido por Quiroga en la Ciudadela de Tucumán en noviembre de 1831.

El desmoronamiento de la Liga del Interior dejó a buena parte del territorio bajo el
control de los tres principales líderes federales: Rosas, Quiroga y López. En
consonancia con las disidencias internas, durante los años siguientes se disputaron entre
los tres la hegemonía regional. Quiroga volvía a dominar el frente andino y acrecentaba
su tradicional animosidad contra el gobernador santafesino. López introducía su cuña en
Córdoba, apoyando al nuevo gobernador Reinafé y colocaba en Entre Ríos a Pascual
Echegüe. Rosas buscaba consolidar internamente su poder en Buenos Aires, mientras
desarrollaba estrategias de alianza en pos de convertirse en el supremo árbitro de futura
confederación. Una vez culminada las acciones militares, Corrientes advirtió el riesgo
de quedar excluida del Pacto Federal y se adhirió al mismo.

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