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Primer Cuatrimestre: Argentinos I

Textos:

Noemí Goldman – “Crisis Imperial, Revolución y Guerra (1806-1820)”

Consignas:

Primera Parte

1) Identifique los antecedentes que la autora considera importante para entender el proceso
revolucionario. Desarrolle cada uno de esos antecedentes.
2) ¿Qué problemas, según Goldman, enfrentó la revolución y qué tendencias contrapuestas la
atravesaron?
Segunda Parte
3) Tras la disolución de la Junta Central en España ¿Qué planteos comenzaron a difundirse
entre los vecinos de Buenos Aires? ¿En qué corrientes de pensamiento se fundamentada?
Desarrolle.
4) La Revolución trajo la guerra a América ¿Cómo se desarrolló ésta en el Río dela Plata y qué
autoridades fueron surgiendo para intentar dirigirla?
5) La vacancia real dio lugar a un cambio de composición de la soberanía, pero la definición de
la misma y de la forma de gobierno enfrentó a los pueblos rioplatenses. La autora clasifica en
3 tipos la reacción de los pueblos a esta cuestión. Identifíquelos y explíquelos.
Tercera Parte
6) ¿Cómo plantea la autora la cuestión de la representación y la emergencia del concepto
ciudadano?
7) En un esquema de línea cronológica de tiempo ubique estos 3 niveles del proceso
revolucionario: el desarrollo de la guerra, la sucesión de gobiernos, estatutos y reglamentos,
y las reacciones autonómicas de los pueblos.
8) Según Goldman ¿Cuál fue el legado de la Revolución?
1) Reformas Borbónicas: la autora se refiere a ellas como una de las causas que desataron el
proceso revolucionario luego. Las mismas se llevaron a cabo en la segunda mitad del siglo
XVIII, como una reorganización profunda de las relaciones administrativas, militares y
mercantiles con sus posesiones americanas. Tenían como objetivo sanear(reparar) las
finanzas del reino y evitar la marginación de España, de un sistema europeo que estaba
alcanzando dimensión mundial. Por ello, fue de gran importancia el fomento de las
economías coloniales para aumentar los recursos y el poder de rey.

Esta política reformista de los Borbones tuvo 3 importantes motivaciones: la primera, fue la
amenaza naval y mercantil de la potencia británica en ascenso. En segundo lugar, el nuevo impulso
económico español comenzado en 1680, exigió una articulación diferente de su propia economía y
de la de sus posesiones en América. Y, por último, el propósito de afirmar una única soberanía
absoluta, y esto también implicó enfrentarse con la autoridad del pontífice. Lo que llevó a la
expulsión de los jesuitas en 1767.

Por otro lado, también buscaban un ordenamiento más cuidadoso de sus posesiones por lo que se
implantó un sistema de intendencias para mayor control. En el Río de la Plata se crea la intendencia
de Buenos Aires que se denominó Intendencia General de Ejército y de la Provincia, las demás
intendencias tuvieron la jerarquía de intendencias provinciales. Los intendentes se hicieron cargo en
sus respectivas provincias de 4 funciones: justicia, administración general, hacienda y guerra, con
subordinación y dependencia del virrey y la Audiencia.

En el caso de las gobernaciones militares, se encontraron directamente subordinadas al virrey. Un


objetivo militar fue dotar a América de un ejército propio, por la amenaza de Inglaterra y las
rivalidades entre España y Portugal. Así, Buenos Aires se asegura el predominio de los mercados.

Con el régimen de intendencias, la Corona se propuso desplazar del control de la administración a


las familias de las élites criollas que ocupaban posiciones decisivas en casi todas las instancias del
Estado. Casi la totalidad de los cargos altos fue ocupada por españoles. Pero esta política
uniformadora iba en contra de los derechos y privilegios que se habían afianzado en la monarquía
hispánica de los Habsburgo, por lo que terminó produciendo descontentos en la sociedad colonial.
Lo cierto es que la metrópoli, aun después de enfrentar la reacción americana a las reformas, se
mostró incapaz de sobrevivir a los desafíos del conflicto europeo que cobraba dimensión mundial
con las campañas napoleónicas.

Invasiones Inglesas: Este otro importante factor que señala la autora se da entre 1806 y 1807 en las
costas rioplatenses, y reveló la fragilidad del orden colonial. Debido al carácter sumiso del Cabildo y
la Audiencia, frente a los ingleses, por deseo de conservación, como así también a la falta de ejército
que defendiera, y milicias locales eficientes. De modo que se crea por primera vez cuerpos
milicianos voluntarios integrados por ciudadanos de Buenos Aires y otras regiones, para hacer frente
a las ocupaciones inglesas. Las tropas inglesas tenían dos intereses bien definidos: militar y
comerciar; querían asegurarse una base militar, expandir su comercio y golpear a España en el punto
débil de sus posiciones ultramarinas. La primera expedición estuvo al mando de Home Pophan y
Williams Carr Beresford, quienes preveían una fácil conquista. Basados en información sobre las
rivalidades entre criollos y españoles, crearon un plan que contaría con el apoyo de los primeros, a
quienes seducirían con promesas de independencia y libre comercio.

Aunque los invasores no recibieron resistencia por parte de los españoles, no pudieron concretar su
plan ya que los criollos no estaban dispuestos a aceptar una nueva dominación. Además de que los
británicos actuaron más como conquistadores del territorio que como libertadores. Frente a las
invasiones, el virrey Sobremonte se retira al Interior conduciendo las cajas reales. Pero, finalmente,
los depósitos militares caen en manos dos ingleses y el tesoro real se pierde en Luján provocando la
primera grave crisis de autoridad en el Virreinato.

En 1806 se convoca un Cabildo Abierto que por presión popular exige la delegación del mando
militar en Liniers. El mismo planea inmediatamente una reconquista y, finalmente, los invasores se
vieron obligados a capitular (rendirse). Para prevenir nuevas amenazas invasoras, se reforzaron las
milicias que se habían formado de manera precaria, creando verdaderos cuerpos militares. En
febrero de 1807 se origina una nueva expedición inglesa para conquistar Montevideo; nuevamente el
virrey repite su conducta, por lo que el 10 de febrero se reúne una poblada frente al cabildo de
Buenos Aires exigiendo la deposición del virrey. En consecuencia, Liniers convoca una Junta de
Guerra que resuelve destituir al virrey, entregar el gobierno civil del virreinato a la Audiencia y el
mando militar al jefe de la reconquista.
En junio los ingleses avanzan nuevamente sobre Buenos Aires, pero vuelve a capitular frente a una
resistencia organizada de toda la ciudad. Lo cierto es que con estas improvisadas fuerzas militares se
asienta cada vez más el poder que gobierna el virreinato y que otorga a la élite de comerciantes y
burócratas una nueva base de poder local, y a la plebe criolla una inédita presencia en la escena
pública. Además, se fueron dando nuevas posibilidades de ascenso social ya que los criollos
adquirieron status por su superioridad numérica en las milicias. De este modo, la oficialidad criolla
se convierte en un nuevo e importante actor político de cuyo apoyo ya no se pudo prescindir. De su
apoyo dependieron los sucesos revolucionarios del 22 y 25 de mayo de 1810, pero sólo tuvo total
libertad de ser utilizada esta milicia cuando cesa el poder de la corona.

Invasiones Napoleónicas: Noemí Goldman remarca los sucesos políticos peninsulares ocurridos
entre 1808 y 1810 como de fundamental importancia para entender el deterioro de la unidad entre la
península y los territorios hispanoamericanos.

A finales de Mayo de 1808, la Corona de España pasa a manos de los franceses con José Bonaparte
en el trono. Las provincias españolas reaccionan con levantamientos y formando Juntas en nombre
de Fernando VII, y aunque en América sucedió lo mismo, éstos fueron sólo fenómenos espontáneos.
Surgen, entonces, dos grandes interrogantes: ¿Quién gobierna y en nombre de quién?, lo que
conduce al problema de la “legitimidad política”.

Tras la precaria legitimidad de la Junta Central, entra en debate la convocatoria a Cortes Generales y
la elección de los diputados que iban a representar a los territorios hispanoamericanos. La
convocatoria se postergó hasta la primavera de 1809, pero la residencia resolución acerca de la
incorporación de representantes americanos a la Junta Central fue urgente porque éstos querían
ejercer los mismos derechos que los peninsulares. De modo que el 22 de enero del mismo año, a
través de un decreto, se llama a los americanos a elegir vocales a la Junta Central. El decreto
proclama la igualdad de representación que, sin embargo, es negada inmediatamente.

En el transcurso de 1809 crece el malestar americano por el futuro incierto de la península. Las
rivalidades entre los propios españoles, en momentos tan críticos, terminaban de romper la unidad
española. Cuando se disuelve la Junta Central, se establecen las modalidades de la convocatoria a
Cortes. Pero en 1810 sólo algunas regiones de América volverán a aceptar al nuevo gobierno
peninsular representado por el Consejo de Regencia. En Buenos Aires se creó una Junta que en
nombre de Fernando VII negó su reconocimiento al Consejo e inició gobierno propio.

Además de los tres antecedentes anteriores, la autora también marca un factor desencadenante de la
revolución. Podría explicarse en los hechos desencadenados en los dos años anteriores a la
revolución.

Tanto criollos como peninsulares permanecieron abiertos a las posibles salidas alternativas a la crisis
política iniciada en 1808, en la metrópoli; sin limitarse ni por una estricta fidelidad al rey cautivo, ni
por una plena identificación con ideas independentistas.

En 1808 Liniers había sido nombrado virrey del Río de la Plata, pero su prestigio dentro de la plebe
urbana acrecentó las rivalidades con el Cabildo; ambos se disputaron el control por las milicias.
Tales enfrentamientos tuvieron un punto culminante cuando llegaron las noticias sobre las
abdicaciones de Bayona y el nombramiento de José Bonaparte como rey de España. El virrey es
acusado por los cabildantes de connivencia (asentimiento) con portugueses e ingleses en pos de la
independencia.

El 1º de enero de enero de 1809, una delegación del Cabildo se dirigió al Fuerte para exigir la
renuncia del virrey Liniers al mismo tiempo que un tumulto popular se organizaba en la Plaza
Mayor exigiendo “Junta como en España”. El virrey ofrece su dimisión, pero no acepta la formación
de una junta. Gracias al apoyo de Cornelio Saavedra y sus milicias, Liniers no fue destituido. Y el 8
de enero de 1809 se jura fidelidad a la Junta Central de Sevilla en su calidad de única depositaria de
la soberanía del rey cautivo.

La crisis monárquica también generó tensiones en el ámbito económico. La administración colonial


se encontraba debilitada por la falta de comunicación con España y las dificultades financieras. Las
autoridades se vieron obligadas a tolerar el comercio con navíos neutrales y aliados hasta su
legalización por el Reglamento de comercio libre de 1809. Los debates generados en torno a la
convivencia de las nuevas medidas económicas opusieron a los comerciantes monopolistas
españoles con aquellos que defendían los intereses de los productores locales.

Sin embargo, la crisis final del lazo colonial en el Río de la Plata se producirá sólo cuando lleguen
las noticias de una posible derrota total de España por los franceses a mediados de 1810.
2) Según Noemí Goldman, la Revolución tuvo que enfrentarse a los problemas de las bases
sociales y políticas del nuevo poder. Esta cuestión dio lugar al nacimiento de dos marcadas
tendencias en oposición, siendo éstas: la tendencia centralista de Buenos Aires y las
tendencias del autogobierno de las demás ciudades. Buenos Aires buscará formarse como un
estado unitario, mientras que los pueblos buscarán la autonomía, la unión de los gobiernos
centrales y las propuestas confederales hechas por Artigas.

La soberanía se vinculará a la forma de gobierno que adoptarían los pueblos del ex virreinato, una
vez conseguida la declaración de independencia del dominio español en 1816.

Desde 1810, la afirmación de la existencia de una única soberanía, que derivaba de la formulación
del pacto de sociedad, sustentó la tendencia a crear un Estado unitario en oposición a los que
defendían la existencia de tantas soberanías como pueblos había en el virreinato. Parte de los nuevos
líderes sostenía que una vez constituidos los cuerpos representativos, la soberanía deja de residir en
los “pueblos” para pasar a la “nación”.

Dentro del unitarismo porteño, el centralismo se constituyó en la modalidad dominante durante la


primera década revolucionaria. El problema consistió en que esta tendencia no pudo conciliarse con
la fórmula empleada en la Primera Junta (admitía que pueblos habían reasumido parte de la
soberanía). Entonces, entre 1810 y 1820 la Revolución se enfrentó con dos grandes cuestiones: por
un lado, las bases sociales y políticas del nuevo poder y la guerra de Independencia; por otro lado, la
cuestión de la soberanía.

Así, desde el inicio de la Revolución, lo que tejió gran parte de la trama política del período fue la
coexistencia de soberanías de ciudades con gobiernos centrales que dirigieron sus acciones
tendiendo a definir una única soberanía rioplatense.

3) Tras la disolución de la Junta Central en España, los planteos que empezarán a difundirse
entre los vecinos tienen lugar a principios de 1808 cuando la infanta Carlota Joaquina de
Borbón y su esposo real desembarcó en Río de Janeiro huyendo de la invasión francesa. Es
ahí donde la Infanta exigió ser reconocida como regente de los dominios españoles en
América con el objeto de impedir la dominación. Liniers se opondrá a esta petición,
basándose en el juramento de fidelidad a Fernando VII, pero un grupo de criollos, designado
con el nombre de partido de la independencia (integrado por Juan José Castelli, Saturnino
Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, y otros), vio en ella una posible protección frente a las
pretensiones del Cabildo que mayoritariamente poseía peninsulares.

Sin embargo, entre ellos se acusaron mutuamente de independentistas. Podemos observar tres
posibles respuestas a este comportamiento. En primer lugar, este grupo no cree, en la posibilidad de
una declaración de independencia frente al control que tienen los funcionarios del Cabildo, no se
sienten aún con demasiadas fuerzas para constituir un nuevo poder de base local. En segundo lugar,
temen las posibles venganzas que puedan surgir por parte de España, Portugal e Inglaterra.
Finalmente, se temían los manejos del Cabildo y sus pretensiones de instalar una "república
independiente" bajo la protección de los españoles europeos.
Luego surgirá la legitimidad del nuevo poder en las jornadas de mayo de 1810, que al disolverse la
Junta Central el virrey Cisneros, se ve privado de su fuente de legitimidad. De manera que, basados
en la normativa vigente, la mayoría de los participantes del Cabildo Abierto del 22 de mayo invocó
el concepto de reasunción del poder por parte de los pueblos, lo cual significa que una vez caducada
la autoridad del monarca, el poder retrovierte a sus depositarios originarios: los pueblos.
Los criollos fundamentaban sus corrientes en el vínculo entre Ilustración e Independencia, para
determinar las "fuentes" intelectuales de la Revolución.
Los puntos de vista se dividieron entre quienes sostenían que la Independencia fue el resultado de la
influencia de la escolástica española del siglo XVI (fundado aquél en la verdad revelada y en la
habilidad retórica para transmitirla) y quienes afirmaban que derivó de la filosofía política del siglo
XVIII, específicamente del Contrato Social de Rousseau.
Las concepciones pactistas con las que se expresaron las aspiraciones autonómicas de los pueblos,
defendieron sus derechos o se fundamentó la necesidad de una constitución, pudieron inspirarse en
el pensamiento escolástico, en el iusnaturalismo (designa a una teoría del Derecho, no sólo jurídica
sino también ética y filosófica que postula la existencia de derechos en el hombre determinados por
la naturaleza humana y previos a todo ordenamiento jurídico) germánico o en el dogma de la
soberanía popular de Rousseau. De modo que, frente a estas diferentes tradiciones, lenguajes
ilustrados y formas de vocabulario nacieron las prácticas políticas inauguradas por la Independencia.
Por otra parte, los estudios sobre la actividad intelectual de fines del siglo XVIII reconsideraron la
importancia de las modificaciones internas en los cauces tradicionales del mundo cultural hispánico.
De esta manera, la conformación de la cultura rioplatense muestra una relación entre cultura
eclesiástica y cultura ilustrada. Relación que se expresó en lo que ha sido designado con el concepto
contradictorio de "Ilustración católica". Se ve la necesidad de distinguir mejor los intentos de
renovar la escolástica mediante ciertas limitadas aperturas al pensamiento moderno antes de 1810.
Con la Revolución de Mayo, se expandieron las corrientes de pensamiento derivadas de la
Ilustración racionalista. Lo cierto es que parte importante de los hombres públicos del período,
formados en la admiración del clasicismo, no vieron en la Independencia un simple cambio de
gobierno, sino la posibilidad de realizar el pensamiento filosófico en versión republicana.

4) El proceso revolucionario se dio de la mano de la guerra por la independencia en el territorio


americano. Y una serie de gobernaciones se fueron sucediendo a medida que avanzaba el
nuevo movimiento. Puede decirse que el mismo comienza en 1810, cuando llegan al Río de
la Plata las noticias sobre la posible derrota francesa sobre España; aquí se produce el
quebramiento del pacto colonial. Así, el 22 de Mayo de 1810, se convoca a un Cabildo
Abierto. Días después, el 25 de Mayo se destituye al virrey Cisneros y se instala la Primera
Junta. El presidente de esta última fue Cornelio Saavedra, y su secretario, Mariano Moreno.

Pronto se creó una enemistad entre ambos y se fueron formando dos marcadas tensiones opuestas
entre sí, que marcaron todo el periodo que abarca esta lectura: el Club Morenista y los Saavedristas
o moderados. Luego de la misteriosa muerte de Moreno, su partido comenzó a ser perseguido por
los moderados.

El 27 de Mayo la Primera Junta envía una circular a los pueblos que incluía una medida
suplementaria por el cual se disponía que a medida que los diputados arribaran a la capital y se
fuesen incorporando a la Junta. La nueva situación creada por la incorporación de los delegados más
adictos a Saavedra que a Moreno, produjo el 18 de diciembre de 1810 el aplazamiento de la reunión
del Congreso, que debía establecer la futura forma de gobierno y el alejamiento definitivo de
Moreno.

Esta iniciativa estuvo acompañada de una militar: la Primera Junta envía dos expediciones militares,
al norte y al Paraguay, para conseguir adhesiones. La expedición al Alto Perú se enfrentó en
Córdoba en el mes de julio, obteniendo la primera resistencia de parte del Obispo, que luego fue
perdonado, y de Liniers después ejecutado; quienes le habían jurado fidelidad al Consejo de
Regencia. La misma logra ocupar el Alto Perú al mando de Suipacha.

La expedición al Paraguay dirigida por Manuel Belgrano fracasa y provoca la firma del armisticio
en Julio, que dispone el retiro del ejército patriota.

Mientras tanto, las fuerzas navales españolas de Montevideo exigían de su Cabildo y de toda la
Banda Oriental, una dura oposición al poder porteño. De modo que el poder revolucionario
encuentra límites a su expansión, lo cual influyó en el agravamiento de las tensiones políticas que
comenzaban a surgir en el seno del movimiento.

En esta Banda Oriental se iba a dar un alzamiento rural dirigido por Artigas, nombrado luego como
el protector de los pueblos. La conformaban Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe; y poco a poco
influenciaba a Córdoba para que formara parte de este movimiento. Los porteños vieron luego una
importante amenaza de parte del artiguismo.

Por otro lado, el bloqueo del puerto de Bs As por los marinos españoles de Montevideo el 24 de
Agosto, los ataques armados del gobierno del Paraguay y la creciente oposición manifestada por los
españoles europeos en las ciudades del Interior, condujeron a la Junta a tomar medidas por lo que el
17 de Octubre fueron destituidos todos los miembros del Cabildo de Buenos Aires.

El 25 de Mayo de 1811 Castelli, frente a las ruinas de Tiahuanaco, proclamó el fin de la


servidumbre. La liberación indígena constituyó un arma de guerra necesaria para un ejército que
requería hombres y recursos. Pero su proclamación fue suficiente para alarmar a las clases altas
altoperuanas que vivían del trabajo indígena. Por su lado, el Alto Perú no sabe si ha sido liberado o
conquistado por tropas porteñas.

En las gobernaciones intendencias de Tucumán y Cuyo la política revolucionaria tendió a preservar


el equilibrio social, tratando de reducir al mínimo las tensiones dentro de las élites locales.

Pero en Julio de 1811, la derrota sufrida por las tropas criollas en el Alto Perú (Huaqui) produjo un
duro golpe al poder del gobierno. Saavedra debe partir al Norte junto a sus tropas para brindar apoyo
militar, situación que fue aprovechada por el Cabildo para reemplazarlo por un Triunvirato en
septiembre de 1811. Los diputados de los pueblos pasaron, a su vez, a conformar la Junta
Conservadora de la Soberanía, que luego fue disuelta por los triunvirus.
El nuevo orden determinó que las milicias urbanas debían incorporarse al ejército regular, al mando
de su nuevo jefe Manuel Belgrano. La nueva dirigencia concibe a la guerra de independencia como
una guerra convencional, la cual integra cada vez más a fuerzas rurales y marginales.

El primer triunvirato no tuvo mejor éxito que su predecesor. En enero de 1812 resurge el Club
Morenista con el nombre de Sociedad Patriótica y su principal portavoz fue Monteagudo. Este
recoge y recrea las ideas de Moreno, los objetivos a alcanzar eran: recuperar el espíritu
revolucionario de Mayo, declarar la independencia y dar una constitución. Pero la falta de calidad de
letrados obstaculizó la realización de estos objetivos.

En marzo de 1812 desembarcaban en Buenos Aires un grupo de oficiales criollos formados en los
ejércitos de peninsulares. Éstos impulsaron una Nueva Reforma en la organización militar
rioplatense. Se destacaron entre ellos 2 oficiales: el Teniente Coronel José de San Martín y el
Alférez Carlos Alvear. Ambos consideraban que el esfuerzo militar debía servir una causa más
americana que local.

Este grupo, junto al resto de los seguidores morenistas de las políticas anteriores, conforman la
Logia Lautaro basada en una política más reservada y secreta, en Octubre de 1812. La misma tenía
dos objetivos claves: la organización del ejército libertador y la declaración de la independencia.

Pero en 1812 el Triunvirato es acusado por Monteagudo de moderado. Las acusaciones fueron luego
confirmadas al descubrir una conspiración realista liderada por Alzaba. Así, bajo el influjo de la
reciente Logia Lautaro, el ejército depuso al gobierno y construyó el Segundo Triunvirato para
retomar la línea impulsada por la Sociedad Patriótica. La primera iniciativa política fue la reunión de
la primera Asamblea General Constituyente rioplatense en Enero de 1813.

Mientras tanto, en el transcurso de la guerra, se dan dos victorias relativamente cortas del ejército de
Belgrano: una en Tucumán en 1812 y otra en Salta en 1813. A ellas les siguieron dos derrotas en
este último año, una en Vilcapugio y otra en Ayohíma.

Volviendo a la primera Asamblea, en ella se realiza un juramento que excluía la fidelidad a


Fernando VII y se declara la independencia de toda autoridad eclesiástica existente fuera del
territorio. Dispone también la libertad de prensa, la libertad de vientre, la extinción del tributo, la
mita, el yanaconazgo y el servicio personal, la supresión de los títulos y signos de nobleza, y la
eliminación de los mayorazgos. Sin embargo, la independencia no se declara y ninguno de los
proyectos presentados se efectuó debido al temor que aportaba una cada vez más cercana
restauración monárquica en España, junto con las conflictivas relaciones con la Banda Oriental.
Además, San Martín, quien se mantiene más cerca de los objetivos de la Logia, se aleja de Alvear
convirtiéndose este último en el jefe de la Logia y en director supremo del Estado. Pero la política
de Alvear poco a poco se vio opacada: en 1814 parecía que negociaría el fin de la Revolución
mediante un retorno a la obediencia al rey de España, o aceptando el protectorado británico. Pero la
entrega de la Banda Oriental, luego de recuperarla él mismo, al jefe de los orientales José Gervasio
de Artigas, terminó de socavar su prestigio en Buenos Aires. Finalmente, el 3 de abril de 1815 una
división de su propio ejército, comandada por Álvarez Thomas, se subleva en Fontezuelas, a donde
había llegado para apoderarse de Santa Fe.

Por su parte, el ejército del Norte se autogobernaba apoyado en los pueblos del Noroeste. Cuyo,
desde 1814, constituía la base de poder de San Martín ahora gobernador intendente de aquel
territorio. Desde allí comienza a preparar una fuerza militar para la liberación, primero de Chile y
luego de Perú.

El desastre de Sipe Sipe (actual Bolivia) ocurrido en noviembre de 1815, obligó al ejército
rioplatense, comandado en ese momento por José Rondeau, a abandonar definitivamente el Alto
Perú. Lo que dio lugar a la instalación del gobierno de Martín Güemes, en Salta, más tolerado por el
gobierno central. Desde allí se encargaría de defender la frontera de dividía a la Audiencia de
Charcas con la de Buenos Aires. Pero en este territorio se habían formado divisiones muy profundas
en la sociedad, entre el bando realista y el patriota identificado con los llamados gaucho de Güemes.

A la caída de Alvear había seguido una crisis muy profunda en el seno de la élite porteño. La
convocatoria a un nuevo Congreso, que sesionará en la ciudad de Tucumán, marcaba un cambio en
su política, que ahora se mostraba más atenta a los intereses del pueblo. Así, el denominado
Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas de Sudamérica comenzó sus reuniones en
marzo de 1816, y designó como nuevo director supremo a Juan Martín Pueyrredón en mayo del
mismo año.

Resurgieron de este nuevo contexto, distintas alternativas para salvar la Revolución. Dentro de ellas,
los proyectos monárquicos ocuparon un lugar importante. Manuel Belgrano, por ejemplo, propone la
creación de una monarquía inca que favorezca la restauración de uno de sus descendientes. Pero los
pueblos se oponían a cualquier solución monárquica.

Lo fundamental del Congreso fue la deflación, en Julio de 1816, de la Independencia de las


Provincias Unidas en Sudamérica y la afirmación de la voluntad de investirse (proclamarse) del alto
carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y la metrópoli. Sin
embargo, en 1819, el texto constitucional de carácter centralista propuesto por el cuerpo
representativo es rechazado por los pueblos y el Congreso se disuelve.

Mientras tanto, el director Pueyrredón se había comprometido para obtener los recursos necesarios
para una campaña a Chile liderada por San Martín. En el transcurso de sus años de gobierno (1816-
1819), anuda una alianza con Güemes y San Martín, que le proporciona una nueva base de poder
depositada en los ejércitos en campaña; aunque esto no resultó suficiente para impedir una gradual
pérdida de su autoridad política. Un punto crítico lo constituyó su política pro-Portugal que lo llevó
a desentenderse del avance de las tropas portuguesas sobre la Banda Oriental. Además de la
posición de San Martín, que, en lugar de adscribir las luchas por la formación de un Estado en el ex
virreinato, asume se causa como americana.

En Chacabuco, en febrero de 1817, el general con sus tropas obtiene el primer triunfo que les
permite ingresar a Santiago, ocupar el puerto Valparaíso y declarar la independencia de Chile en
febrero de 1818, aunque los realistas no fueron derrotados en todo el territorio. La expedición al
Perú concluirá con la declaración de su independencia en julio de 1821 allí es nombrado protector
del territorio.

En Santiago, San Martín firma con O’ Higgins, director de Chile, un acuerdo para realizar la
segunda etapa del proyecto libertador, que contaba con el apoyo financiero y político de Pueyrredón.
Pero una nueva tentativa del gobierno de someter la disidencia artiguista lo llevó a lanzarse a una
campaña contra Santa Fe, para la cual requería fuerzas del ejército del Norte estacionado en
Tucumán, y del ejército de los Andes. San Martín se negó a participar, mientras el ejército del norte
fue obligado a hacerlo. Este ejército se subleva y nunca llega como apoyo a las tropas de
Pueyrredón. Y en febrero de 1819 se firma el armisticio de San Lorenzo que obliga a la evacuación
de las tropas directoriales del territorio santafesino. Pueyrredón renuncia a su cargo y es
reemplazado por Rondeau, director que marcó el tramo final del poder directorial hacia 1820, en la
batalla de Cepeda. Y al mismo tiempo, cae el poder del caudillo Güemes empobrecido por la guerra
defensiva en Salta y jaqueado por la creciente oposición de la élite salteña.

5) En la historiografía argentina se puede interpretar diversas expresiones autonómicas de los


pueblos, como lo fueron las resistencias de los partidarios del antiguo régimen contra los
partidarios de un nuevo orden encarnado en los gobiernos revolucionarios. Otra
interpretación fue la expresión que se da en los efectos sociales de la guerra de
independencia: los descontentos se habrían generalizado en todo el territorio del ex
Virreinato por los esfuerzos financieros exigidos desde Buenos Aires. Una tercera
interpretación son las tempranas manifestaciones del federalismo.

Desde el inicio de la Revolución, gran parte de la trama política del período fue la coexistencia
conflictiva de soberanías de ciudades con gobiernos centrales que dirigieron sus acciones tendiendo
a definir una única soberanía rioplatense. Así una de las cuestiones que se plantean es la de entender
la identificación de esas expresiones con formas federales, en qué medida la emergencia de la
soberanía de los pueblos durante el proceso emancipador puede ser vinculada a una tradición, la del
autogobierno de los pueblos.

Otra de las cuestiones se vincula con la necesidad de comprender mejor el alcance y el significado
de las expresiones de defensa de los llamados "derechos de los pueblos". Bajo la defensa de esos
derechos pudieron encerrar tanto una declaración de independencia provisional del gobierno central
en un momento de crisis, como una manifestación de unión con Buenos Aires.

Todo este proceso tiene tres tipos de reacción en los pueblos que el texto presenta como:
 La lucha de las ciudades subordinadas para independizarse de las ciudades cabeceras de las
intendencias a partir de 1810.
 Las instituciones de Artigas a los representantes del Pueblo Oriental.
 El surgimiento de la primera tendencia federal.
 Ricardo Levene (historiador argentino) en 1940 postula en antecedentes iniciales del
federalismo rioplatense, a la idea del Cabildo jujeño de solicitar su autonomía respecto de
Salta. En 1811 el poder central había creado las Juntas Provinciales para dejar en claro los
alcances que podían obtener los gobiernos locales. El Cabildo jujeño buscaba junto con
Gorriti (diputado de ahí) exigir la “igualdad” entre las ciudades del ex virreinato aunque sin
cuestionar el vínculo con el gobierno central; se trataba del derecho al autogobierno pero
manteniendo la relación de dependencia con el poder central representado por la Junta de
Buenos Aires.
Como consecuencia, esto hizo que se iniciara un proceso de separación de las antiguas provincias
del régimen de intendencias, esto dará el surgimiento a nuevas provincias. En 1813 el Triunvirato de
Buenos Aires, separa a Mendiga, San Juan y San Luis del gobierno de Intendencia de Córdoba. En
1814 se crean las provincias de Entre Ríos y Corrientes desprendiéndolas del gobierno de Buenos
Aires, y luego se separa Tucumán de la Gobernación de Intendencia de Salta de Tucumán.
Un año más tarde, con la restauración de Europa, el gobierno central debió accionar en el norte
frente al avance de las tropas realistas, donde Alvear reemplaza a Rondeau en el mando del ejército
del Norte, este ejército le niega obediencia, junto con esto, otra batalla que desatará la crisis será la
“Batalla de Guayabos” donde en la Banda Oriental, Borrego es derrotado por Árticas que extendía
sus influencias en Córdoba. A su vez, esto provoca en Mendoza un cabildo abierto declarando
“independencia provisional”, donde es apoyada por Salta y Tucumán.
Esto sugerirá la necesidad de considerar el surgimiento de soberanías locales.

 En junio de 1810, el Cabildo de Montevideo declara lealtad al Consejo de Regencia, las


zonas rurales de la Banda Oriental se resistirían a las autoridades españolas de Montevideo,
esto se da bajo el liderazgo de Artigas y el apoyo de Buenos Aires. Así comenzará una
alianza entre ambos, que durará solo algunos meses ya que Buenos Aires firma un pacto
donde la campaña oriental vuelve al dominio realista, esto provocará el llamado éxodo,
donde el 80% de la población oriental se traslada al interior de Entre Ríos. En 1813 los
orientales convocan en el Congreso de Tres Cruces la resolución del reconocimiento de la
Asamblea General donde postularían algunas condiciones frente a Buenos Aires. Por un
lado, querían obtener la rehabilitación de Artigas, además de que se aceptara la
confederación de la Banda y que se eleve la representación oriental a seis diputados; a todo
esto, la Asamblea no estuvo de acuerdo y originaría una disputa entre ellos.
Los diputados orientales habían llevado a Buenos Aires una propuesta confederal, inspirada en los
artículos de confederación y la unión de los estados norteamericanos. En las Instituciones se
proclama que la provincia “retiene su soberanía, libertad e independencia, y todo poder”. Así se
daba a conocer la soberanía y autonomía de la Provincia Oriental, al mismo tiempo que se integraba
en confederación al resto de los pueblos rioplatenses.

 La emergencia de una tendencia confederal no fue privativa de la Banda Oriental; sino que
en Buenos Aires surgirá la primera expresión pública de esta tendencia en 1816. Pero desde
1812, ya había indicios de su existencia, aunque no tuvo manifestación pública hasta
mediados de 1816.

En junio de 1816, Manuel Luis de Oliden, gobernador intendente de la provincia recibió tres
representaciones: dos firmadas por los vecinos de la ciudad y la campaña, y una tercera por los
vecinos del pueblo de Areco, en las cuales se solicitaba que el territorio de Buenos Aires se
convirtiera en una provincia independiente bajo un "gobierno federal". Circulaban diversos
conceptos de "federalismo", las representaciones hacen referencia a una modalidad de alianza
confederativa donde proponen la creación de un gobierno general para dirigir la guerra, la paz y los
negocios exteriores de los llamados "Estados federales" a constituir. Los confederacionistas de
Buenos Aires intentaron así crear una fuerza alternativa a los gobiernos centralistas, pero que serán
derrotados en 1816.
Luego de la caída del gobierno unitario en 1827, la unión confederal se convirtió en la forma
preferida de Buenos Aires, ya que con ello defenderían sus intereses frente a las pretensiones de las
demás provincias.

6) La cuestión de la soberanía se vinculó con otro rasgo básico de la vida política luego de la
Revolución, esto está referido a las prácticas representativas inauguradas por el nuevo poder.
Esto significa que, por primera vez, los habitantes del Río de la Plata empiezan a ser
habitualmente convocados para elegir juntas gubernativas, diputados constituyentes,
gobernadores y miembros de cabildos. Sin embargo, las nuevas formas representativas
comenzaron rigiéndose por las mismas que se desarrollaron en España.
Durante la primera década revolucionaria todo el sistema de representación se encontraba regido por
la ciudad, y dentro de ésta estaba limitada la porción de habitantes que eran considerados “vecinos”
según la tradición hispánica.
La definición actualizada del concepto “ciudadano”, como tema central para la decisión sobre la
calidad de elector apareció recién en el Estatuto de 1815 y se ajusta al principio de la soberanía
popular y la igualdad ante la ley. El Estatuto incorporo además la representación de la campaña. En
las elecciones de diputados al Congreso de 1816, solo se realizaron elecciones en las campañas de
las ciudades. Otro rasgo característico de este período fue el mandato imperativo, haciendo
referencia al derecho privado castellano, donde los representantes electos eran mandatarios de sus
electores y debían ajustar su actuación a las instrucciones que les eran dadas.
Entre 1810 y 1820, en Buenos Aires coexistieron conflictivamente el Cabildo y los gobiernos
centrales, dos ámbitos políticos de distinta naturaleza por su origen y por sus funciones. Durante la
primera década revolucionaria el Cabildo no podía ser suprimido porque representaba la soberanía
de la ciudad capital del territorio; al mismo tiempo, se intentaba fundar un poder “nacional”
depositado en las asambleas y en los poderes centrales. Sólo a partir de 1820, cuando el nuevo
Estado provincial genere dos ámbitos de poder, el gobierno provincial con su Junta de
Representantes, y el Cabildo, se producirá una superposición de jurisdicciones que llevará a la
destrucción del Cabildo, algo que se producirá en todas las provincias.

7)

Desarrollo de la guerra
Reacciones autonómicas de los pueblos

8) Según la autora el legado de este proceso revolucionario fueron los cambios: económicos-
políticos- sociales. Lo que significo durante el mismo el ascenso político de caudillos
rurales, quienes reclamaban soberanía dentro de este proceso.

El pueblo como principal actor, deseaba una identidad Nacional tanto hispanoamericana como local,
estos deseos no se veían reflejados en los gobiernos centrales y las asambleas constituyentes. Hasta
1820, donde desaparece el poder central y las provincias son reconocidas como soberanas.

Al factor económico la autora dedica unas líneas donde compara a los cambios transcurridos con las
reformas borbónicas y los que suceden en el periodo revolucionario, considerando que los que se
producen en este último fueron más drásticos.
Geneviéve Verdo – “¿Soberanía del pueblo o de los pueblos? La doble cara de
la soberanía durante la revolución de la independencia (1810-1820)”

Consignas:

1) Detecte cuál es la hipótesis de la autora y cómo intenta probarla.

2) Confecciones una línea de tiempo desarrollando brevemente los momentos del proceso que
describe la autora en su artículo.

3) Compare el abordaje y las hipótesis que Verdo sostiene respecto de la soberanía con el
planteo que al respecto realiza Goldman en “Crisis imperial, revolución y guerra (1806-1820),
Nueva Historia Argentina, Tomo III, Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 2005, pp. 23-69.

1) La autora propone estudiar las dos caras que surgirán a partir de la Revolución de
Independencia, a raíz de la formación de la junta, donde el pueblo se levanta como nuevo
sujeto de la soberanía. El comportamiento de las ciudades será para la autora el hilo
conductor del texto, desde 1808 hasta 1820, cuando las provincias logran sus autonomías.
Pero para llegar a esto, las ciudades pasaron por un proceso que no fue lineal sino producto
de una combinación de factores.
Cuando el pueblo se levanta como nuevo sujeto de la soberanía, la autora dispara una serie de
interrogantes: ¿este se identifica con la ciudad o con una nueva identidad que debe ser creada? ¿en
este contexto, cual es el peso de la jerarquía de las ciudades y el derecho que tiene la prima inter
pares, Bs. As. ¿De representar a las demás? ¿De qué manera logro esta interponer su autoridad y
mantener la unión de la mayor parte del antiguo virreinato durante la década? Ofreciendo una
reflexión a las mismas, donde pretende demostrar a lo largo del texto, cómo dos tendencias
opuestas, respecto a la manera de ver la soberanía y la organización política del nuevo estado,
podían estar ligadas íntimamente aunque parecieran contradictorias. Una de las tendencias tiene
como ideal la centralización y la unificación de los asuntos políticos, se la llamo “Moderna” y la
otra tiene como ideal la autonomía de gobierno. Estas dos tendencias existían dentro del mismo
proyecto político a nivel pragmático, y explican los vaivenes, los compromisos y las ambigüedades
del régimen revolucionarios de estos años, dando sentido a las artificiales representaciones políticas,
como también a las dificultades del poder central para fijar una forma de gobierno, dando luz sobre
la fragmentación progresiva de la soberanía.

Luego afirmara que estas dos tendencias dividieron la soberanía entre la Moderna y la Tradicional
(antiguo régimen), pero existían en el mismo núcleo como lo menciona anteriormente. Remarca la
autora que las jornadas de Mayo fue clave para la transferencia de soberanía monárquica,
representada por el Virrey, al pueblo, en pocas palabras “la retroversión” al mismo. De esta manera
nos deja expuesto que su hipótesis y luego su afirmación es dirigida a las dos tendencias de
soberanía, LA DEL PUEBLO y LA DE LOS PUEBLOS, no eran excluyentes una de otra,
tratándose de una soberanía hibrida que recién en 1816 con la constitución se da una negociación de
las mismas.

2) Confeccione una línea de tiempo, desarrollando brevemente los momentos del proceso:

1776: formación del virreinato del Río de la Plata.

1782: Formación de intendencias.

1807: Buenos Aires, después de su desempeño en las invasiones inglesas mostró su


capacidad para ser autónoma, ya que organizó la defensa de la ciudad, así como el de las milicias,
logro derrocar al virrey y elegir a otro, también debe agregarse que empatizó con las demás
provincias y se convirtió en su defensora. Por lo cual, su cabildo pide al Rey el título de “Defensor
de la América del Sur y protector de los Cabildos del Virreinato” que luego será concedido. Así será
conocida como cabecera del virreinato.

1809: por diversos factores la Junta Central de Cádiz organiza elecciones por primera vez en
América para elegir representantes a las Cortes; aunque el diputado argentino nunca viajará.

1810: se forma la Junta de Mayo. Algo clave que ocurrirá es la transferencia de la soberanía
monárquica al pueblo. La Junta de Mayo se ponía en primer lugar de cabeza del virreinato. Como
primeras acciones, se mandó al Interior “fuerza auxiliar” con el propósito de ser reconocido como el
nuevo poder. Pero se encontrará con la fuerte oposición de Córdoba que seguiría reconociendo al
Consejo de Regencia. Las demás ciudades, por el contrario, no dudaron en reconocer a la Junta,
además del miedo a las expediciones auxiliares, verían la oportunidad de reformas y la idea de
lograr un autogobierno o autonomía; además ahora podrían expresar quejas y defender sus intereses
de manera más eficaz que antes.

1811: se localizan dos tendencias opuestas que engloban el concepto de soberanía; la primera
tendencia la encara, la Junta Grande integrada por los representantes de las provincias, luego
incorporados a la Junta de Mayo, donde se pretendía representar y ser portavoz de los pueblos. A su
vez en el Interior se impone la creación de juntas provinciales en febrero. Todo esto, dejo entrever el
deseo de autonomía. Otra tendencia será representada por el Triunvirato, creado en septiembre por
la Junta Grande, se conformó por partidarios de Mariano Moreno, que terminaron por la disolución
de la Junta. Este triunvirato durante el 1812 hará todo lo posible para que el poder no caiga en
manos de la asamblea, quitándole a las provincias fuerza en las elecciones. Esto será distinto con el
nuevo triunvirato.

1812- 1814: éste nuevo Triunvirato convocará a lo que se llamará la Asamblea del Año
Trece, donde todas las provincias tendrán participación igual a la de Buenos Aires. Esta asamblea
llevó a cabo en el orden jurídico, la transferencia de la soberanía del rey al pueblo, junto con la
reforma liberal de la sociedad muy parecida a la realizada por las Cortes de Cádiz. Una vez que los
diputados estaban reunidos en asamblea, no representaban a su provincia, sino a un conjunto que se
llama “Nación”.

1815: en este año pasaron cosas como: bajo la influencia de Artigas, las provincias del
Litoral se separan de Buenos Aires, luego también lo hace Córdoba. Se dará también, la sublevación
de las tropas porteñas en Fontezuelas, esto provocará la caída del Director Alvear y es reemplazado
por Rondeau. Las autoridades del interior reconocerán al nuevo Director, con la esperanza que se
logre reunir un congreso que represente la soberanía de los pueblos.

1816: esta vez en Congreso tendrá lugar en Tucumán, donde se pretenderá una conciliación
entre la unidad de los pueblos y la defensa de sus intereses particulares. Ya que el Congreso se
ocupa de “asuntos interiores” y el Director de “asuntos exteriores” como la guerra y la diplomacia,
pero este equilibrio no duraría mucho, luego de la declaración de la Independencia, el Congreso
sufrirá presiones debido a la guerra, expedición española y la invasión portuguesa, esto tuvo como
consecuencia que el Director Pueyrredon vuelva su posición más autoritaria y centralizadora,
implicando reducir la soberanía dada a los pueblos.

1817: el Congreso se traslada a Buenos Aires, donde ya las provincias reducen su


representación, donde muchos con la excusa de no tener recursos para solventar su estadía,
volvieron a sus provincias. Esto significaba que los pueblos ya no contaban con la representación
para defender sus derechos. Pero existía algo que les daba prestigio, y esto era la guerra; es por eso
que la epopeya san martiniana tendrá gran importancia en las decisiones del Congreso. Ahora habrá
dos frentes en la Revolución; por un lado: militar, donde participaban ciudades del Interior y el civil.
Y en la Capital, donde el poder directorial pierde de a poco su crédito y fuerzas. Este poder
debilitado es el dará la primera constitución definitiva. Donde las dos tendencias que representan a
los pueblos y, por otra parte, la nación, tratan de conciliarse dentro de un mismo régimen político.

1819- 1820: pese a los intentos de solucionar el vínculo entre las provincias, esto no se
logrará y además se le deben de sumar los conflictos a Buenos Aires con la invasión de las tropas
litorales, y la derrota de Cepeda, sin dudas provocará la caída del directorio y con él, su papel de
“cabecera”. Durante los siguientes años se reorganizará el panorama político de las Provincias
Unidas, que tendrá como primer paso importante: la creación de los Estados Provinciales. Se
aprovechará la debilidad del poder central y siguiendo el camino de las provincias del Litoral;
Córdoba, Salta, Tucumán y Mendoza se declaran provincias autónomas respecto de Buenos Aires, a
ellas, le seguirán la emancipación de las ciudades subalternas en pocos días.

1820- 1821: con los nuevos Estados, se puede observar que no contaban con hombres
capaces de ocupar puestos políticos, esta situación entre otras más permitirá el desarrollo del
caudillismo y la coexistencia del uso de la fuerza con un orden legal. Además, se verá como estallan
los conflictos entre las ciudades al no encontrar un equilibrio de poderes, todas las ciudades
coincidirían en buscar la paz entre todas, para lo cual se postularon varias ideas, de todas ellas, la
propuesta cordobesa fue la elegida. Córdoba se había impuesto como el epicentro de la
reorganización política bajo el modelo federal. En 1821 los diputados arriban a Córdoba, su objetivo
será crear una confederación para acabar con la guerra y organizar lo que se llamaría “nación”. La
única provincia que no se hizo presente fue Buenos Aires a esto, ella se declara independiente y
gozando sola de los productos de la aduana.
3) Comparación entre hipótesis de Noemí Goldman y Geneviéve Verdo:

Según la hipótesis sobre la “soberanía” de Noemí Goldman en “Crisis, revolución y guerra de


independencia”, entre los años que van de 1810 a 1820, en la ex capital del Virreinato coexistieron
conflictivamente el Cabildo y los gobiernos centrales, dos ámbitos políticos de distintas tendencias
por su origen y sus funciones. Es decir, remarca la idea de que son dos tendencias bien diferenciadas
y conflictivas que durante el proceso revolucionario no tuvieron relación alguna. En cambio, la
hipótesis de Verdo refleja con claridad que estas dos tendencias opuestas que terminaron por
fragmentar la soberanía del proceso revolucionario, al mismo tiempo se relacionan por pertenecer a
un mismo núcleo, a un mismo proyecto político, además de que explican los vaivenes, compromisos
y transformaciones del proceso revolucionario. Para la autora, lo que se logra es una forma “híbrida”
de la soberanía y de la representación política.
Raúl Fradkin – “La revolución en los pueblos del litoral rioplatense”

Consignas:

1) ¿Cómo operó la fragmentación del espacio político que trajo consigo el principio de
retroversión de la soberanía en los pueblos rurales del litoral rioplatense?
2) Cuestiones de contexto: el espacio que analiza Fradkin ¿qué jurisdicciones se cruzan y
superponen? ¿qué ciudades y qué autoridades la componen? Por otro lado, las poblaciones
rurales que estaban bajo la autoridad de estas ciudades, ¿qué nucleamientos conformaron?,
¿cuáles fueron sus características y aspiraciones?
3) Fradkin afirma que las guerras de la revolución adquirieron en este espacio la forma de una
“guerra de recursos” ¿a qué se refiere con esto y qué efectos tuvo sobre la región?
4) El derrotero político que se inicia con la vacancia real en 1809 hasta 1815/16 que se
consolida la ruptura del Litoral respecto de Buenos Aires ¿incluyó a los poblados rurales?
Sintetice este proceso desde la perspectiva de los poblados rurales del Litoral.
5) ¿Cuál fue la suerte de los grupos indígenas de esta región durante esta década
revolucionaria?
6) La segunda mitad de la década de 1810, en el Litoral, estuvo caracterizada por la
desintegración del Sistema de los Pueblos Libres y la consolidación de las flamantes
jurisdicciones provinciales que centralizaron el poder en desmedro de la insurgencia
indígena y de la autonomía de los poblados rurales. Sintetice este proceso destacando los
argumentos explicativos del autor. ¿Cuál termina siendo el saldo de la experiencia
revolucionaria para el Litoral? Realice un balance de la situación de las poblaciones de la
región en los primeros años de la década del 1820.
7) Siguiendo el proceso de apropiación de la soberanía por parte de los pueblos que desarrolla
el autor a lo largo de todo su artículo, confeccione una línea de tiempo ubicando la
emergencia/consolidación de provincias, ciudades y villas del Litoral.

1) Para poder detectar la fragmentación del espacio político, debemos subrayar que el autor, nos
ofrece un análisis de lo que ocurría dentro de cada ciudad, dentro de cada población, donde
los más marginados a la hora de hablar de soberanía comenzaron a hacerse sentir y escuchar,
estamos hablando de la sociedad rural, las villas, donde estaba la mayoría de la población y
a las que el señor Fradkin nos expone como otro bloque relevante en los procesos sociales
que trajo consigo la revolución, ¿hasta dónde y quienes llegaban a la soberanía? ¿Cuál era el
límite de la misma? Esto advierte para el autor, por lo menos, tres fenómenos:
El primero, las luchas desatadas por algunas ciudades de constituirse como cabeceras, las llevó no
solo a la confrontación con el gobierno superior, también las ubico en una encrucijada con los
pueblos rurales ya que debían encontrar una forma de representación y a la vez resistir que éstas
pretendían soberanía.

El segundo fenómeno, que las guerras no pueden ser vistas sólo como una confrontación entre
bandos (revolucionarios y realistas) o entre los dos bloques regionales de poder (el Directorio y el
Sistema de los Pueblos Libres) sino también como luchas por obtener la adhesión de los pueblos
rurales y como disputas en cada uno por obtener la supremacía. Por último, esto trajo consigo
confrontaciones internas étnicas muy fuertes en los pueblos.

2) En el espacio que analiza Fradkin abarca la Jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires,


que estuvo formada a principios del XVII y será reemplazada en 1783 por una Intendencia.
A su vez, coexistió con el Gobierno Político y Militar de Montevideo, con la inestable forma
de gobierno que presentaban las Misiones Guaraníes se adoptó una forma análoga junto con
algunas comandancias militares como las de Colonia del Sacramento y Entre Ríos. Estas
jurisdicciones pertenecían al mismo Obispado.
Las ciudades que componían este espacio eran pocas, estaban las situadas en el Río de la Plata:
Buenos Aires, Montevideo, y Maldonado, y las ubicadas en el Paraná: Corrientes y Santa Fe, todas
ellas mostraban dificultad a la hora de ejercer autoridad sobre las poblaciones rurales y que a su vez
dependían de los grupos sociales resaltantes de los pueblos rurales. Alrededor de 1760 eran muy
pocos los que adquirieron derecho a tener sus propios cabildos; las ciudades mencionadas
anteriormente los pueblos formados a partir de pueblos de indios que habían perdido tal condición,
algunos de los nuevos poblados como la villa de Luján en la campaña bonaerense. Luego esta
situación se modificará a partir de la década de 1770 cuando la política gubernamental impulsó la
multiplicación de nuevas villas.

Así a fines del siglo XVIII en la Intendencia de Buenos Aires había 5 ciudades, 22 villas, 20
parroquias, 28 pueblos de indios y 10 fuertes, esto logró desarrollar las aspiraciones autonómicas de
los poblados, que solían estar vinculadas a las Jurisdicciones civiles, militares y eclesiásticas. Con la
población rural en crecimiento, heterogénea y móvil de diversos orígenes, ponían en duda la
capacidad de las autoridades de cada poblado para controlar sus territorios y provocaba tensiones
con las autoridades superiores que serían los jueces comisionados y comandantes militares.

3) En este espacio las guerras de la Revolución adquirieron forma de una “guerra de recursos”,
cuando se irrumpió la primera expansión de la ganadería de exportación que tenía al litoral
como epicentro y amenazó la subsistencia de la población rural y el de la reproducción de la
economía agraria.
De modo que el reclutamiento compulsivo, la apropiación de caballadas, ganado y cosechas,
imposición a los auxilios, saqueo de establecimientos productivos y de poblados, el desplazamiento
forzado de poblaciones y la emigración de pobladores fueron parte de las guerras en el Litoral; esto
terminó siendo habitual. A las poblaciones rurales no les quedaba alternativa que probar una política
autónoma para evitar el saqueo de sus tierras, ya que la guerra amenazaba sus bases materiales del
orden social local justo cuando el orden político se derrumbaba.

A finales de la época colonial, el territorio del litoral fue escenario de un proceso donde las
autoridades tenían limitada su capacidad sobre la población campesina. Pero también los pueblos se
encontraban confrontados entre ellos debido a las dimensiones demográficas, orígenes, trayectorias
y estatutos; esto fue buen visto por las autoridades para buscar colaboración. Esta guerra potenciaba
la emergencia de actores locales en los poblados, que tenían como sustento material y forma de
estructuración política, un proceso en el cual se dieron las prácticas y principios de legitimidad.
4) Los poblados rurales, no sólo estaban incluidos, sino que fueron el eje del conflicto, como el
autor lo remarca, producto de una población en crecimiento, heterogénea y móvil, en la cual
los indios emigrantes tenían un papel relevante.
Las tensiones entre las autoridades locales cada vez eran más pronunciadas, la revolución logro
desestabilizar los grupos vecinales, los dividió y trajo consigo una movilización de las poblaciones
rurales, quienes tomarían un lugar en la historia.

Algunas de estas tensiones ya se manifestaban a principios de la revolución, el hecho de que la


convocatoria a la Junta Central solo se limitaba a las principales ciudades fue un desencadenante de
dicha movilización sectorial.

Cuando Belgrano dirige su expedición militar a Paraguay, a pesar de su fracaso al tratar de imponer
su reconocimiento en el mismo, tuvo efectos importantes en el Litoral, multiplico las “milicias
patrióticas” en poblados y partidos rurales. Intento resolver antiguas disputas, reconociendo el
estatuto de pueblo a algunos poblados, entre ellos el pueblo de CaruzúCuatiá y Mandisoví,
quedando bajo jurisdicción de Corrientes y Yapeyú.

A fines de 1810, con la imposición de un nuevo reglamento para el gobierno de los pueblos
guaraníes, donde los NATURALES de Misiones quedaban liberados del tributo y establecía que
serían “en todo iguales a los españoles, nacidos en el suelo de américa, quedando habilitados para
ejercer todos los empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos; este reglamento permitía que en
los pueblos y sus campañas fijaran sus poblaciones tanto los naturales como los españoles, si bien
los primeros recibirían “gratuitamente las propiedades de las suertes de tierra que se les señalen” y a
los segundos se les permitía comprarlas “ después de acomodados los naturales”. Con Artigas como
teniente Gobernador de las misiones, los pueblos guaraníes tendrían sus pautas y derechos
reconocidos.

En 1812 aparece otra cuestión, los vecinos de la ciudad y de la campaña podían participar en Bs. As
en las elecciones. Así dos problemas quedaban entrelazados; el derecho de los pueblos a ejercer la
soberanía y el de los vecinos de campaña a integrarse al cuerpo político en igualdad de condiciones.
Estos dos problemas se encontraban dentro de un contexto de movilización rural. A fines de 1811 un
nuevo cuerpo político, conjugado por el pueblo y el ejército se expresaba, demostrando que la guerra
es donde fusiona lo militar y lo político de los cuales surgen masivos movimientos internos,
acentuando autoridades militares y milicianos.

5) La suerte de los grupos indígenas fue que se transformaron en actores cada vez más
decisivos en las confrontaciones entre ciudades y pueblos, entre “puebleros y paisanos” y
entre americanos y europeos, la cual reflejaba una confrontación interétnica. Los pueblos
guaraníes se manifestaban contra el que consideraban europeo, reformulaban así la oposición
entre americanos y europeos, dejando entrar una amenaza al orden y las jerarquías sociales
locales. Un ejemplo fue Domingo Manduré, un indio minuán, quien toma el pueblo de
Mandisoví, convirtiendo el poblado en un foco de poder regional.

6) El autor señala que las emergencias de estos nuevos liderazgos políticos expresaban una
trama de oposiciones que no se daban entre sectores sociales, sino entre regiones. Lo que
confirma el anclaje social marcadamente territorial de los actores y los liderazgos
emergentes. Situación entendible si se atiende a las trayectorias de las disputas
jurisdiccionales y a la dinámica de la guerra que terminó adoptando forma de una guerra de
autodefensa local. Otras cuestiones refieren a las profundas divisiones entre facciones
elitistas de los pueblos y al papel decisivo que adoptaron los actores rurales en la definición
de sus alineamientos.
Se configuraron una serie de coaliciones territoriales que expresaron tanto las tensiones entre
territorios y cabeceras como entre paisanos de las campañas y “puebleros”. Se dieron en los pueblos
situados en las riberas del Paraná y del Uruguay. En los primeros, los liderazgos parecen haberse
constituido en torno a familias de prestigio local con posiciones de poder y, en los segundos, un
papel decisivo lo tuvieron los grupos indígenas movilizados. Situación que llevó a las
confrontaciones de perfiles sociales y étnicos más marcadas en aquellos territorios.

Desde esta perspectiva, la reconstrucción del orden primero en Corrientes y luego en Entre Ríos
tuvo como condición de posibilidad la derrota del Sistema de los Pueblos Libres como alternativa
política y con ella la derrota de la insurgencia indígena y de las aspiraciones autonómicas de sus
pueblos.
De este modo, las estructuras administrativas coloniales no pudieron superar la crisis revolucionaria
y tras los sucesos de vaivenes emergió una configuración estatal conformada por entidades
soberanas llamadas provincias.

Hacia 1820 los poderes supra-regionales que se habían forjado con la revolución y la guerra con la
pretensión de sustituir a la quebrantada arquitectura institucional virreinal sucumbían y se
desintegraban. Simultáneamente: el Directorio bajo las fuerzas de las provincias de Santa Fe y Entre
Ríos, y el Sistema de los Pueblos Libres bajo el impacto de la invasión portuguesa.

En el nuevo contexto, se configuró una situación de “provisionalidad permanente” definida por un


conjunto de entidades estatales soberanas con diferente grado de solidez y consistencia. En todos los
casos se fue adoptando un sistema de gobierno representativo que incluía a la ciudad y a las
campañas en un único cuerpo político depositario de la soberanía.

Como conclusiones, el autor rescata que la revolución adquirió características propias en los pueblos
rurales. Por lo tanto, la lucha contra los “europeos” intensificó las disputas de poder entre facciones
locales en contexto de fuerte desestabilización de los equilibrios de poder local e intensa
movilización rural.

Entonces, mientras algunos pueblos veían la coyuntura como propicia para ampliar sus
jurisdicciones, otras la percibieron como favorable para liberarse de la dependencia de sus antiguas
cabeceras. Sin embargo, estas pujas autonómicas debían desplegarse en un contexto en el que
intervenían fuerzas externas que intentaban imponer su primacía. Esta conjunción de ejes de
conflictividad superpuestos y multiplicación de actores y liderazgos construyó configuraciones y
coaliciones diferentes que convirtió a la era revolucionaria en una prueba de ensayos políticos con
aspiraciones contradictorias y de resultados incompletos.

Con respecto a los pueblos, quedaron subordinados a proyectos centralizadores de estados. De modo
que los cabildos fueron disueltos y las atribuciones de justicia quedaron en manos de una nueva
justicia letrada de carácter provincial, y la justicia local en manos de una nueva institución (los
jueces de paz) reclutados entre vecinos de cada partido, pero designados por el gobierno provincial a
través de un sistema de cooptación. En Entre Ríos y Corrientes, el modelo institucional adoptado fue
la división del territorio provincial en departamentos principales y subordinados, y al frente se
encontraban los comandantes militares. Así se mantiene un sistema de gobierno local centrado en las
figuras de los jueces de paz, salvo en los partidos de frontera donde en la práctica la autoridad local
residía en el comandante.

7)

Raúl Fradkin – “¿Qué tuvo de revolucionaria la revolución de independencia?”

Consignas:

1) Sintetice el “Estado de la Cuestión” que presenta el autor respecto de las interpretaciones


recientes sobre el proceso de independencia del Río de la Plata.
2) ¿Por qué el autor se pregunta por el sector agrario y qué consideraciones realiza respecto del
mismo?
3) Sintetice cada caso provincial/regional que presenta el autor y explique qué función posee en
el texto este desarrollo
4) Según Fradkin ¿Qué cambió la Revolución? Explique la interpretación que propone el autor
sobre el proceso de independencia rioplatense
5) Aborde metodológicamente este texto intentando completar la siguiente ficha.
1) Afirma que si hubo una revolución y se enfoca en dos momentos historiográficos tras una
larga primacía de un “enfoque patriótico” que había entendido la independencia como una
ruptura que suponía la emergencia de la Nación.

En los años 60’ y 70’ cobró predicamento una visión desencadenada que recuperó un tópico
recurrente en la reelección de las izquierdas latinoamericanas: la independencia había sido un mero
cambio político que dejó intactas las estructuras económicas y sociales; o directamente no hubo
revolución o se trató de una revolución inconclusa, fallida o incompleta.
A comienzos de los años 90, se estaba en otro momento historiográfico y político, lo ejemplifica la
aceptación que tuvieron los planteos de Francois Guerra: A partir de 1808 se había abierto una
“revolución hispánica” que situaba en la esfera política la sede del contenido revolucionario y donde
había que buscar las casualidades primeras. Sin embargo, ese cambio rotundo en la esfera política se
habría producido en una sociedad que seguía siendo “holista”, poblada de actores colectivos basados
en lazos de adscripción frente a reducidos actores “modernos”.
Este cambio de perspectiva expresaba el desplazamiento ocurrido en la centralidad de la historia
económica y social como territorio por excelencia de la innovación, pero también de la proliferación
de enfoques “revisionistas” sobre las revoluciones que tendían a enfatizar su carácter de empresas
políticas y privilegiaban el papel de las elites, desplazando la atención que la historia social había
prestado a los sectores subalternos. De esta manera, donde unos no vieron revolución alguna porque
el cambio se circunscribía a la esfera política, otros postularon que justamente allí era donde residía.
Pero había una convergencia: unos y otros enfatizaron las continuidades de las estructuras sociales y
compartieron la convicción que “podía disociarse su análisis de la esfera política”.
Surge entonces el interrogante del autor: “aun aceptando el supuesto que la revolución fuera
esencialmente política, ¿hasta qué punto cambió también la estructura de las relaciones sociales,
económicas y culturales? ¿Cuáles fueron los vínculos entre las transformaciones de las relaciones
económicas y sociales y las que emergieron en las relaciones, las prácticas y las culturas políticas?
Esta perspectiva tiene el desafío de cerrar la brecha existente entre 2 modos de hacer historia, uno
concentrado en las dinámicas políticas locales y regionales, y que presta atención mayor a las elites.
Para los años 60’ en Argentina, en la llamada “historia oficial”, las interpretaciones afincadas en la
tradición decimonónica resultaban insuficientes y se escuchaban voces que consideraban la guerra
de independencia como una guerra civil; otras intentaban invalidar el carácter popular de la
revolución y destacar el protagonismo excluyente de las minorías elitistas. Para ellas, la revolución
habría sido un fenómeno estrictamente político protagonizado por pequeños grupos de la elite
urbana contra la administración virreinal. Mientras tanto, las versiones que confrontaban en la
cultura histórica de izquierda iban desde aquellas más afines a la tradición liberal que postulaban los
contenidos nacionales, democráticos y populares de la revolución; no traía consigo un nuevo
régimen de producción ni modificó la estructura de clases, y había tenido carácter esencialmente
político. Debe tenerse en cuenta que cuando se hablaba de revolución se hacía referencia sobre todo
a la Revolución de mayo, como si explicara casi todo.
Sin embargo, en los años 70’ se ofrecieron dos versiones que superaban estas limitaciones:
o Hacia 1972: Halperin Dongui proponía que la revolución había significado “el fin de
ese pacto colonial” concluyendo que en 40 años se había pasado “de la hegemonía
mercantil a la terrateniente, de la importación de productos de lujo a la de artículos de
consumo perecedero de masas, de una exportación dominada por el metal precioso a
otra marcada por el predominio de los productos pecuarios. Tal transformación
también produjo cambios sociales cuyos primeros aspectos evidentes serán negativos;
el aporte de la revolución aparecerá como un empobrecimiento del orden social de la
colonia”. Es decir, tanto se había tratado de una revolución que ella había significado
el “pasaje de un tipo a otro de hegemonía” y permitió la constitución de una “nueva
clase dominante” que aparecía como un producto y no como un protagonista de la
misma. De este modo, los cambios en el mercado mundial y la capacidad de las
clases terratenientes para aprovechar sus oportunidades habían permitido construir la
“hegemonía de los hacendados del Litoral” (hegemonía oligárquica).
o Chiaramonte ofrece otra explicación en los 90’ a partir de la experiencia correntina:
su perspectiva concentraba la atención en la emergencia de una “forma de Estado
transicional entre el orden colonial y el Estado nacional”, y postulaba que era un
producto histórico acorde con los rasgos de las estructuras de producción y
circulación, puesto que “el rasgo más decisivo de la estructura social rioplatense era
la inexistencia de una clase social dirigente de amplitud nacional” en condiciones de
ser el sujeto histórico de ese proceso”. Enfatizaba que la independencia era resultado
combinado de la crisis imperial, la presión británica y dl descontento de las capas
sociales coloniales. También agregaba que los principales sectores sociales no
estaban en situación de “trascender los particularismos regionales o locales” y entre
las razones que explicaban esta permutación del particularismo estaba “el dominio
del sector comercial sobre la vida económica colonial”. Es decir, Chiaramonte
postulaba su perduración pese a la crisis de los sectores mercantiles coloniales y la
irrupción de los grupos comerciales extranjeros.
Así, mientras Halperin afirmaba el “pasaje de una hegemonía mercantil a una terrateniente” (y aun
la liberación de los productores del predominio de los comercializadores), Chiaramonte resaltaba la
“perduración del predominio del capital mercantil o, a lo sumo, la formación de unidades
mercantiles a través de la asociación de productores y comerciantes”. Son dos hipótesis
interpretativas fuertes acerca de los contenidos económico-sociales del proceso revolucionario.
Ambas pueden ser tomadas como punto de partida para intentar resolver el interrogante del autor.
Para intentar hacerlo se enfocará la atención en un aspecto decisivo: ¿Qué sucedió en el entramado
de relaciones sociales agrarias? Pues hacia 1869 todavía la inmensa mayoría de la población seguía
siendo rural.

2) Cuando el autor se pregunta por la estructura de las relaciones sociales agrarias, ocurre de
una comprobación de que hacia 1869 la mayoría de la población seguía siendo rural.

La primera región para analizar fue Buenos Aires, el espacio social mejor conocido. A fines de la
colonia no se contaba con una clase terrateniente consolidada y, menos con una clase que estuviera
en condiciones de disputar el poder cuando el orden colonial entró en crisis. Se trata de una
constatación que desarma la tradición que conjeturó que la revolución expresaba una confrontación
entre la clase dominante “comerciantes” y los emergentes “hacendados”. Pero con la revolución se
dio paso a la formación de un sector de grandes propietarios de tierras y ganados. Se puede señalar
que se desplegaron de tal modo que se ampliaba la zona del trabajo asalariado y reducía formas de
trabajo forzado, al mismo tiempo, se mostraba la capacidad de adaptación de diferentes formas de
producción familiar a las nuevas condiciones.

Esta expansión de las grandes propiedades pudo coexistir y articularse con la reproducción de las
diversas formas de producción familiar, gracias a la disponibilidad de tierras y la escasez de
población. Hacia 1815 la población de la campaña bonaerense rondaba los 42.700 habitantes
agrupados en 6779 unidades empadronadas. Hacia 1838, cuando la expansión de la ganadería
exportadora estaba en pleno desenvolvimiento y la población empadronada ascendía a 86685
habitantes que formaban 13485 unidades empadronada. Hacia 1815 la categoría ocupacional con
mayor registro era la de labradores con 24,6% con ocupación registrada, los esclavos y criados eran
del 22%, un 21% eran los jornaleros, peones y conchabados, en su mayor parte hombres jóvenes y
migrantes. Por otro lado, el 12,6% eran individuos calificados como hacendados, estancieros o
criadores de ganado, y un 2,7% comerciantes y pulperos.

Luego de cuatro décadas, los esclavos habían desaparecido del registro oficial y un 56,5% de los
individuos con ocupación eran registrados como peones y jornaleros. El sector del trabajo asalariado
había crecido en forma significativa y por diversos motivos: la persistencia de las migraciones, el
aumento de la demanda laboral por la expansión ganadera, el crecimiento de los pueblos rurales se
había transformado más denso y complejo en el entramado social rural, de tal manera que algunos
partidos podían juntar el 75% de la población. Se debe de destacar que, por supuesto no todos ellos
eran terratenientes, sino que en gran medida eran productores familiares dedicados a la cría de
ganado vacuno y ovino.

Respecto del trabajo asalariado no llegaba a ser todavía la relación social fundamental, debido a que
la reproducción de fuerza de trabajo seguía dependiendo de múltiples formas de producción
mercantil doméstica y de su capacidad para preservar márgenes de autonomía. Esto definió un rasgo
importante, el de los antagonismos sociales; mientras que una reducida porción de la población rural
vivía dentro de los dominios de las grandes propiedades, el eje de los conflictos se centraba en las
presiones que el estado le imponía a la población campesina. Y en la clase dominante en formación,
se muestra que el grupo de grandes propietarios rurales durante la primera mitad del siglo XIX un
modelo de inversiones variado y que no habían abandonado ni el comercio ni otras formas de
acumulación basadas en el crédito, renta urbana, abastecimiento del estado y la especulación
financiera y cambiaria.

Esto daba cuenta que se trataba de una economía rural mercantilizada en la cual gran parte de las
familias combinaban la producción de subsistencia con la producción mercantil y el trabajo
asalariado. En estas condiciones se daría una expansión simultánea de distintas formas de trabajo
asalariado y de diferentes formas de producción familiar que se articulaban con las empresas
agrarias o se desarrollaron autonómicamente. Se deja en manifiesto que ninguna de las hipótesis
marcadas por Halperin y Chiaramonte estaban corroboradas completamente.
El análisis de las transformaciones que se producen por las relaciones políticas no puede estar
separadas del estudio de las relaciones sociales. El cambio más importante fue el desgaste del
régimen de esclavitud y la pérdida de importancia de los esclavos como fuerza de trabajo
permanente de los grandes establecimientos agrarios cuando la demanda de fuerza de trabajo se hizo
cada vez más intensa. También se le debe de agregar el fracaso al implementar formas sustitutivas
de trabajo forzoso, como la utilización de indígenas cautivos a la inmigración europea y el
endeudamiento cómo mecanismo de control y subordinación.

Los propietarios rurales se vieron forzados a negociar con sus peones asalariados. Su capacidad de
negociación con estos sectores subalternos rurales, emanaba de las posibilidades que tenían de
transformarse en productores medianamente autónomos y de las oportunidades que encontraban en
un mercado de trabajo en expansión.

En este contexto adquiere importancia el papel de las nuevas relaciones políticas, ya que la
capacidad de resistencia fue posible por la vigencia de condiciones estructurales y por el
aprovechamiento de las oportunidades políticas. Si algún cambio trajo la revolución fue la
multiplicación de esas oportunidades por la masiva movilización política de los sectores subalternos.

La militarización amplió los ámbitos en que se extendían las relaciones salariales y acentuó la
escasez de fuerza de trabajo, pero también dio mecanismos de reconocimiento social y espacios de
construcción de nuevos liderazgos y solidaridades. La inclusión de los sectores subalternos rurales
en el sistema político no se limitó a la militarización, sino que además se les incluyó a la
participación electoral y otras formas de movilización política.

3) Las décadas posrevolucionarias acentuaron las diferencias entre las provincias del Litoral y
del interior, y en especial entre Buenos Aires y el resto. Lo más evidente fue la distribución
de la población. Hacia 1770, la antigua jurisdicción del Tucumán contenía en ella casi el
53% de la población de las futuras provincias argentinas, luego de casi un siglo, se había
reducido al 41%, las provincias cuyanas mantenían el 10%, el Litoral el 49%, esto deja en
claro que existían tierras de emigración y tierras de inmigración, debido a las oportunidades
de trabajo y de acceso a la tierra. Los salarios rurales en Buenos Aires y el Litoral eran más
altos que en otras, variaba su forma de pago. Tras la revolución, Buenos Aires pidió la
emisión de la moneda que pasó a formar parte de la retribución salarial mientras que en el
resto de las provincias los salarios rurales seguían siendo más bajos y menos monetizados y
siguieron combinando pagos en especie y en moneda.
En Jujuy la estructura agraria posrevolucionaria se caracterizó por la extrema concentración de la
propiedad de la tierra por una pequeña elite regional tardocolonial, tanto acá como en Salta, el
sistema de arriendo se distinguió por la combinación de rentas y obligaciones laborales no pagadas.

La transformación de los propietarios agrarios en rentistas dio inicio a combinación de desgaste de


la esclavitud, abolición del tributo indígena y la disgregación de los pueblos de indios. La abolición
del tributo era una amenaza a los ingresos fiscales tras una fase en que las autoridades coloniales
lograron aumentar su recaudación convirtiendo a los pobladores de los pueblos de indios sin tierras
asignadas y a miembros de las castas. La disgregación de los pueblos indios dependió de la
importancia que tenían en cada zona.

En Salta durante la década de 1820 gran parte de las tierras de las reducciones fueron directamente
traspasadas a comerciantes y hacendados en pago de la deuda pública. Las transformaciones de las
relaciones sociales no tuvieron un curso lineal.

La suspensión y abolición del tributo fueron algo esencial en las estrategias de las autoridades
revolucionarias, su definitiva anulación al menos en Jujuy se dio hacia el 1851 y aun así, fue
sustituido por una “contribución indígena”. Los indios de la Puna se transformaron en arrenderos de
las mismas tierras que habían perdido su derecho comunal, y las autoridades decidieron transformar
el pago del arriendo mediante préstamos a los servicios de milicias.

El saldo de estos movimientos sociales se argumenta a la relación social de la estructura agraria


regional, el sistema de arriendos, y al hacerlo pone en cuestión las relaciones de poder rural previas
ya que la principal compensación de los campesinos fue la suspensión del pago de los arriendos. El
bloque social que lidera Güemes había permitido contener y regularizar los desacuerdos de esa
movilización, su descomposición terminó por constituir una derrota de los campesinos que dio paso
a la restauración de la emergencia de liderazgos.

Esta situación no se da de manera general, en Tucumán, la movilización bélica no habilito la


emergencia de liderazgos. Acá la estructura de las relaciones sociales era distinta, la gran población
rural estaba conformada por un campesinado mestizo, la utilización de esclavos era limitada, y
también parece que lo fue el trabajo asalariado permanente. También existía un pequeño sector de
pequeños productores autónomos especialmente dedicados a la labranza, pero también a la crianza
de ganados. Tucumán era una sociedad poco jerárquica y con conflictos socio- étnicos menos
intensos, y la superioridad de las familias principales no tenía que ver tanto con el control territorial
sino con el monopolio del comercio, el crédito y el poder público.

En Santiago del Estero existía también la tendencia hacía la concentración de la propiedad, pero se
dará de manera más lenta. Se les daba la tenencia de la tierra como propiedad mancomunada, y fue
limitada la ampliación del trabajo asalariado y sus montos eran más bajos que en otras zonas. Es
posible que se haya producido en esta zona un empeoramiento de las condiciones de vida campesina
debido a que su reproducción dependía de una agricultura frágil y de la recolección.

En Córdoba, la situación posrevolucionaria fue complicada y también fue una tierra de emigrantes.
Los pequeños productores predominaban en la población rural. En esta provincia se darán cambios
como por ejemplo la disminución de números de esclavos y la población clasificada como india. En
esta zona las condiciones de vida empeorarán con la crisis textil doméstica y provocaron la
emigración hacia el sur. Sin embargo, esto no opacó la perduración del predominio de la élite urbana
que lograba controlar el comercio, el crédito, las mejores tierras y los poderes públicos.

En Mendoza, se aprovechaban las posibilidades del mercado chileno, y resulto ser muy dificultoso
para San Juan y San Luis que no encontraban una actividad económica para sustentarse. Mendoza se
sostenía con una orientación hacia la ganadería expansiva. Además, deben de resaltarse dos
cambios, por un lado, la reducción de la población esclava liberada casi en su totalidad para
incorporarse al Ejército de los Andes. Y por otro lado la tendencia a la multiplicación de formas de
tenencia precaria que ondeaban entre el arrendamiento y el inquilinato.

En Corrientes, la economía tuvo que adaptarse y se orientó más hacia la producción ganadera en las
tierras del sur y se impulsó a la formación de grandes propiedades, aunque también persistieron las
formas domésticas de producción agraria y artesanal y parece haberse dado una reducida ampliación
del trabajo asalariado.

Menos conocida es la situación santafesina posrevolucionaria aunque queda claro que las guerras
contribuyeron a la destrucción de sus recursos ganaderos y acentuaron la decaída situación de su
elite después de haber perdido toda capacidad de controlar Paraná y los territorios entrerrianos.
Entre Ríos donde los cambios fueron mejores, tras superar la conmoción política y social de la
década revolucionaria los linajes coloniales entrerrianos lograron reconstruir y acrecentar su poder y
conformar una nueva hegemonía territorial asentada en las regiones orientales. Al igual que en otras
zonas, la recuperación de la producción ganadera afrontó el desafío de la disminución del número de
esclavos y la necesidad de acrecentar el de asalariados. Pero el mayor de los problemas seguía
siendo la intensa militarización de las relaciones sociales que terminó de permitir la formación del
estado provincial mediante un sistema de intercambio de servicios milicianos a cambio del
reconocimiento de derechos como recompensa.

A fines de la década de 1840 la consolidación de la gran propiedad y la formación de los primeros


saladeros conformaban una reducida elite mercantil, ganadera y saladeril que habría de impulsar un
endurecimiento de las relaciones laborales.

4) Para el autor, la revolución trajo aparejada una serie de cambios que resultan decisivos y
remarca que el más importante fue la erosión del régimen de esclavitud y la pérdida de
importancia de los esclavos como fuerza de trabajo permanente de los grandes
establecimientos agrarios justamente cuando la demanda de fuerza de trabajo se hizo más
intensa. A lo que se le debe sumar el fracaso de implementar formas sustitutivas de trabajo
coactivo (forzoso), desde la utilización de indígenas cautivos a la inmigración europea y el
endeudamiento como mecanismo de control y subordinación. Los propietarios se vieron
forzados a ensayar múltiples formas de negociación con sus peones asalariados, recurrir a
incentivos salariales y negociar con arrendatarios, puesteros, pobladores, etc.
También trajo consigo la multiplicación de oportunidades políticas por la masiva movilización
política de los sectores subalternos. La militarización amplió los ámbitos en que se desplegaban las
relaciones salariales y acentuó la escasez de fuerza de trabajo, pero también ofreció mecanismos de
reconocimiento social y espacios de construcción de nuevos liderazgos y solidaridades. La inclusión
de los sectores subalternos rurales en el sistema político incluyó su participación electoral y otras
formas de movilización política.

Como efecto, empujó a la transformación de los propietarios agrarios en rentistas y dio inicio a un
proceso que combinó la erosión de la esclavitud, la abolición del tributo indígena y la disgregación
de los pueblos de indios, contribuyendo a acentuar la configuración de un heterogéneo campesinado
mestizo sin las imposiciones como sin las “protecciones” del orden colonial.
En definitiva, la revolución trajo consigo transformaciones en las relaciones sociales agrarias,
acentuó procesos que estaban en curso y terminó por profundizar desigualdades regionales. Por lo
que resulta imposible circunscribirla a sólo cambios en la esfera política, aunque no se puede
menospreciar la incidencia de las transformaciones políticas.

El autor toma, en este contexto, la experiencia porteña ya que vivió uno de los procesos de más
exitosa adaptación al nuevo orden. Sin embargo, resalta que sus singularidades no emergen sólo de
sus resultados, sino también de su desenvolvimiento y, en este sentido, resultan notables los
contrastes con la experiencia oriental. En primer término, porque no puede obviarse que la sociedad
montevideana ofreció firme sostén a los sectores fieles a la regencia que no pudieron lograr en otras
jurisdicciones y que contrasta con lo sucedido en Buenos Aires. A su vez, ambas vivieron una
intensa movilización política desde 1806/7, pero el alineamiento político de las poblaciones fue
opuesto en la crisis imperial, por lo que parece evidenciarse que en la intensa movilización de los
sectores subalternos pareciera haber primado el alineamiento con las facciones elitistas que
predominaban en cada una.

Además, la tensión social prerrevolucionaria era mayor en la campaña oriental que en la porteña y
allí eran más conflictivos los vínculos entre la sociedad rural y la ciudad, que ni siquiera era la
cabecera política de toda esa campaña. En estas condiciones, la revolución significó un quiebre de
las jerarquías, las obediencias y las lealtades y la posibilidad que emergieran otras que hicieron
factible la insurgencia artiguista y la larga disputa histórica que tardaría décadas en saldarse. Nada
de ello parece haberse dado del otro lado del Río de la Plata.