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Platón rehusa expresamente atribuir a un saber que ya no sería ninguno de los saberes

particulares característica alguna del saber ordinario, esto es, del saber acerca de cosas. Más
aún, en cierta menra, como veremos, Platón caracteriza aquel saber del filósofo precisamente
por la negación de caracteres del saber ordinario. ¿Qué características son éstas, las del saber
acerca de las cosas, las del saber ordinario, características que Platón excluye del saber del
filósofo o por cuya exclusión define el saber del filósofo? Lo cierto es que sólo en el choque de
Platón con los sofistas se perciben estas características. Lo que se pone de manifiesto es un
sentido del saber (esto es: en principio del saber ordinario, de cada uno delos saberes
particulares) que ya no es el originario.

Lo que no sinteresa ahora es hacer ntoar que la interpretación "tematizante" o, más


exactamente, aquella interpretación en la cual el saber o el decir aparecen como "tematizantes".
Lo que hay, en efecto, en esa interpretación es que el decir siempre ya presupone algo que ya
está ahí a lo cual se refiere, es decir, siempre ya ha dado por fijado algo de lo cual trata.

LLamaremos "interpretación apofántica del saber y el decir" a aquella interpretación que hemos
vinculado con el análisis aristotélico. No asociamos la interpretación apofántica con restricción
alguna de lo que hoy llamaríamos la estructura "lógica" del "enunciado", pues no se ha dicho en
modo alguno que el decir haya de ser siempre traducible a la fórmula "A es B"; lo que se ha
esbozado no es ningún análisis de fórmulas y no trata de la "estructura lógica". Ni Platón ni
Aristóteles tienen una concepción "lógica", esto es, "proposicional", del saber o del decir.

Pues bien, Platón es el primer autor que nos presenta la interpretación apofántica del saber y el
decir. Lo que ocurre es que continuamente rechaza aplicar esta interpretación al propio "saber"
que el filósofo pretende. Podemos decir que la interpretación apofántica es referida al saber
ordinario, al saber de las cosas, a la presencia de las cosas. Y comoquiera que la filosofía tiene
lugar como ruptura o distancia frente al saber ordinario, el que la filosofía no sea ella misma
apofántica no es mera caracterización negativa externa, sino algo que, debidamente
desarrollado, conduce al centro del pensamiento de Platón.

Para todo lo posterior a Grecia, desde el helenismo hasta nosotros mismos, es evidente que, en
principio, la filosofía asume la forma literaria de lo que en sentido amplio llamamos prosa
enunciativa o doctrinal; es decir: cualquier apartamiento de esta forma literaria constituye una
"marca". Sería desafortunadísimo, sin embargo, tomar como uno de tales apartamientos el
diálogo de Platón, porque cuando Platón escribe, todavía no hay el referente de la prosa
enunciativo- doctrinal como forma en principio normal; incluso puede decirse que, en general,
no hay, esa forma literaria. En Grecia no llega a constituirse esa forma literaria normal de la
filosofía. El diálogo platónico se relaciona con la prosa enunciativo- doctrinal, pero de muy otra
manera, a saber, en el sentido de que es la constante ruptura con lo enunciativo- predicativo.
Ello empieza ya por el hecho de que haya algo así como una situación escénica, lo cual implica
que el lector y autor se sitúan en una distancia frente a ellas; y se desarrolla mediante un amplio
y sofisticado repertorio de técnicas de dsitanciamiento y destematización (diálogo contado por
alguien que a su vez lo oyó contar a otro. En Platón, pues, la forma enunciativo- doctrinal está
ciertamente presente, pero está como aquello frente a lo cual se distancia la filosofía. Dicho de
otra forma: la forma enunciativo- dosctrinal es solidaria de eso que hemos llamado la
concepción apofántica del saber y el decir, concepción que está en Platón por lo que se refiere al
saber ordinario. por lo cual la actitud del filósofo es para Platón mismo constante ruptura o
distancia con respecto a precisamente ese modo de saber.

En este mismo círculo debe incluirse el que Platón considere que el saber del filósofo no puede
ser escrito. Evidentemente, no se refiere al hecho material de la escritura, sino a que éste
comporta la fijación de tesis, las cuales, en cuento tesis, esto es, tomadas ellas mismas en el
marco de la interpretación apofántica, son precisamente aquello frente a lo cual el saber del
filósofo es distante. La filosofía no se escribe ella misma, no en el sentido de que sea ajena a la
escritura, sino porque tiene lugar en la continuada ruptura con (o distanciamiento frente a)
aquello que en la escritura tiene lugar. Por eso mismo, el rechazo de que la filosofía pueda ser
escrita no constituye modo alguno de descalificación (ni siquiera relativa) de la propia obra
escrita (diálogos) de Platón, sino todo lo contrario, pues en el sentido que hemos reconocido en
la escritura, los diálogos no son otra cosa que precisaente la continuada ruptura con la escritura.

Cuando Platón expresa la concepción apofántica del saber y el decir, expresa por un lado la
designación de algo, el "nombre", es el decir propiamente dicho. Esta dualidad significa: sólo se
designa, fija o establece algo por cuanto de ello se dice algo, o sea, por cuanto se le refiere o
atribuye algo, y viceversa: el decir es a la vez un fijar algo de lo cual se dice. Establecemos algo
como cosa, como ente, en cuanto que de ello decimos algo. No se nombre cosa alguna si noe s
para y en el acto de decir algo de ella. Lo que se tematiza, se tematiza solamente por cuanto se
le refiere otra cosa, la cual no se tematiza, sino que simplemente está supeusta como
constitutiva en la tematización de la primera. Algo es en cuanto le son atribuibles ciertas cosas y
no ciertas otras; por lo tanto, en els er de algo están supeustas esas cosas como atribuibles en
general, está supeusto eso que constituye el sentido o significado .

Eso que está supeusto como constitutivo del hecho de que algo sea es, pues: una constitución,
un "qué es ser..." o "en qué consiste ser...", como, por ejemplo, qué es en general ser inteligente.
Esta contitución, "qué es ser..." es designada por Platón con (palabra griega).