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Las redes sociales son una perdición para los celosos

Por Iván Chausovsky

En el siguiente artículo Iván Chausovsky analiza las nuevas tecnologías como sistemas
simbólico capaces de generar sentidos. Su interés, sin embargo, no se centra en las
tecnologías en si mismas, sino en el modo de producción de subjetividades
contemporáneas. Específicamente, el autor considera que las “redes sociales se han
convertido en soporte de la constitución de los lazos sociales”. De este modo, las nuevas
formas de comunicación reestructuran la identidad, la sexualidad, el amor y el deseo. Por
último, se indagan los celos como síntoma paradigmático e inherente al uso de redes
sociales en tiempos del amor neoliberal.

La producción de subjetividad y la tecnología

Somos parte fundamental de la tecnología y esta es parte de nuestras vidas. Vivimos una
relación dialéctica de mutua transformación. El lenguaje producido por los soportes
tecnológicos genera transformaciones en nuestros modos de pensar. El psicoanálisis ha
entendido al lenguaje como parte funda-mental para decirnos.

La tecnología y la virtualidad son parte importante de nuestra vida cotidiana. Suena el


despertador, chequeamos correos, miramos redes sociales, ponemos música y nos
comunicamos a través del celular. Debemos entender a ciertas tecnologías como sistemas
simbólicos y máquinas de generar sentido. Las tecnologías como herramientas están al
servicio de quienes las usan, pero también suelen estar al servicio de ciertas ideologías
cuando se convierten en elementos de poder.

La división entre la realidad y la vida en la pantalla se vuelve artificiosa. Lo que pasa en


las pantallas impacta en la relación que tenemos con nosotros mismos. Recibimos el
mundo como imagen y nos proyectamos a nosotros mismos como imágenes evanescentes.

El sujeto de consumo funciona como producto de la misma sociedad que lo construye.


Narciso pasó de ahogarse en el reflejo del lago a hacerlo en las pantallas de los celulares.

Han cambiado las instituciones clásicas que regulan la identidad social. A la familia, la
escuela, el trabajo se le adicionan los llamados no-lugares, estos se convierten en
espectros importantes de la conformación del sujeto. El espacio social está impregnado
por la cultura de la pantalla, las redes sociales se han convertido en soporte de la
constitución de los lazos sociales.

No olvides tu casa al salir del celular

Las máquinas han sabido organizar el saber, la vida económica, las relaciones políticas y
sociales de las personas. La producción de subjetividad hace a un conjunto de elementos
que producen un sujeto histórico. Se construye el relato de la propia persona en las redes
sociales y funciona como semblante.

Así como la histeria fue dialogando con las épocas, las neurosis actuales y los
sufrimientos relatados en los consultorios están entrelazados con la vida posmoderna.
Cuando hablamos de tecnologías nos interesa pensar en los cambios que el uso de éstas
produce y no en la mera novedad tecnológica.
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Parejas y vínculos: tiempo para el amor

Lo romántico es político y el amor carga un potencial revolucionario. Existen fuertes


cambios en la concepción del tiempo. Privilegiando lo inmediato por sobre lo mediato
corremos como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas. Vivimos apurados no
sabemos bien para qué. Los tiempos de las parejas y los vínculos se cocinan a velocidad
de microondas.

Lo mostrativo se vuelve incómodo y no permite muchos engaños. Los fantasmas


digitales, lo que uno no ve, se vuelve arrasador. Esto permite ciertos actingout a través de
medios digitales y redes sociales.

El control de los movimientos y la ubicación, la contabilidad de interacciones y stalkeos


furiosos se convierten en herramientas para hacerse daño. Debemos resituar lógicas
amorosas que lo hagan vivible. Es necesario pensar lo árido de las relaciones amorosas e
intentar separar la lectura de época del rechazo de toda novedad. Las parejas arman y
deciden sus propios pactos respecto a la monogamia, la fidelidad y la transparencia.

Existe una apertura de posibilidades y eso nos llena de preguntas, y de angustia. Cada
relación decide su pacto pero armarlo genera angustia. En el terreno de las relaciones
sexo-afectivas encontramos una oferta desmesurada de personas en redes sociales, cual
góndola de supermercado llena de personas que nos miran con su selfie más provocativa.

El marketing del deseo se pone en juego, una oferta excesiva junto a una demanda
dubitativa producen un efecto voraz respecto a los encuentros. Los desencuentros no son
una casualidad permanente. Ciertos tabúes que se mantuvieron por generaciones
empiezan a resquebrajarse; la fidelidad, la monogamia, el amor para toda la vida.

Nuestra sociedad se vuelve cada vez más liviana. Objetos cada vez más pequeños, menos
duraderos y más fácilmente reemplazables. “Los encuentros entre hombres y mujeres
están crecientemente regidos por una ley de la oferta y la demanda de jerarquía y
devaluación.

Tinder, con sus cien millones de usuarios, es uno de los vehículos modernos de esa
devaluación del cuerpo sexuado” cuenta Eva Illouz. Hay un replanteo de las bases de la
pareja tal cual la conocemos. Estamos viviendo ciertas reestructuraciones a nivel
identidad, sexualidad, amor y deseo. Las redes sociales funcionan como anzuelo del deseo
del otro y esto ha generalizado el uso de tecnología para la seducción.

Estas cuestiones pueblan hoy los consultorios de los analistas. Estamos más expuestos a
la mirada del otro. Las herramientas de la última hora de conexión o el visto plantean
nuevas reglas para este tipo de comunicación: si tarda mucho en responder, a qué hora se
conectó, generando infinitas suposiciones. El exceso de oferta complejiza la demanda y
el carácter metonímico del deseo encuentra un espacio donde moverse con facilidad.

Celos

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¿Pueden los celos ser un síntoma? Los celos son uno de los problemas que pueden
presentarse en una relación. Pensemos las consecuencias que devienen de tomar a la
pareja como un bien propio. Muchas parejas sufren por la exposición de su partenaire.

Las redes sociales son una perdición para los celosos. Un lugar donde ahogarse y echar a
perder un vínculo. Que si te likeó, que quién es, que por qué agregaste a esa persona a
Instagram. Existe la exigencia de justificar ciertos movimientos virtuales y esto va
limando el vínculo convirtiéndolo en algo insoportable para el celoso como para el celado.
Quien cela da testimonio de que no ama de buena manera, ama al bien que imagina de su
posesión, se cree dueño.

Los celos son parte de la vida cotidiana. Se dice que presentan diferentes características
en el hombre y en la mujer. Suelen estar representados por un sentimiento penoso
experimentado por “el amante” al sospechar que el objeto amado puede ser disfrutado por
un tercero y hasta puede ser sustraído por este. Vienen al lugar de una pérdida.

Siempre están en relación con un tercero y con el objeto de deseo del otro. Esta
configuración se ha potenciado por la época. Quien cela no es fiel a su autoestima, no
puede manejar el impulso y el enojo. Las redes sociales dejan huella para que las personas
heridas construyan rápidamente un camino de investigación y paranoia. La
hipervisibilidad no es ventajosa para la imaginación.

Existen tantas formas de celos como personas celosas en el mundo. Neuróticos,


psicóticos, perversos todos pueden sentir celos. El fundamento de los celos es la
proyección y suponer un goce del otro al que se quisiera acceder.

“El enamorado es como el paranoico, cree que todo le habla a él”. Se ha sugerido un
vínculo entre la psicosis y la creatividad. Los celosos también funcionan de este modo.
La apofenia es la capacidad de encontrar sentido a partir de coincidencias, es la
experiencia consistente en ver patrones y conexiones en sucesos aleatorios o en datos sin
sentido. Ese fenómeno que comparten los creadores con la psiquiatría no es otra cosa que
un síntoma del delirio.

Más allá de los géneros, los celos llevan a asumir una posición pasiva. Los hombres se
vanaglorian de sus hazañas, siempre fálicas, y se reconocen tanto más hombres cuanto
más goce fálico. Se miden, se contabilizan, impresionan.

En cambio, el amor de las mujeres demanda al ser. Funciona como un borramiento


temporal del efecto de falta en ser, un correctivo transitorio de la castración. El goce
femenino suele jugarse en el ser. Pero no se es por tener, ni por tener más. Las mujeres
aman al amor más que los hombres. Sin embargo, el goce fálico les es cada vez más
accesible.

Los celos son una sed de saber. El celoso no es amante de la verdad, sino de la suposición.
Celoso y juez juntos en una misma persona buscan la confesión. El celoso quiere ver todo,
saber y ver. Quiere ver, pero no confirmar. Ama las pistas, las sugerencias.

Los celos son una estructura de la mirada, no son extraños, lo ilógico es la intensidad
desmedida. Para practicar un amor menos torpe primero debemos abandonar el amor
narcisista neoliberal.