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Rangel Reyna Alejandra

“Análisis textual de un cuento de Edgar Poe”, Roland Barthes

El análisis estructural del relato tiene su origen en la semiología o ciencia de las


significaciones; sin embargo, en ellas hay divergencias que responden a su propio discurso.
Las divergencias pueden unificarse de dos maneras: la primera, si el análisis busca establecer
un modelo narrativo a partir del cual se podría analizar un relato; y la segunda, si el relato
está subsumido bajo la noción de texto, el cual corresponde al proceso de significancia. La
significancia se observa como una producción que va haciéndose, sobre otros textos y
códigos, la cual está articulada sobre la sociedad. El análisis estructural se aplica sobre todo
al relato oral; mientras que el análisis textual se aplica al relato escrito.

El análisis textual trata de producir una estructuración móvil del texto, es decir, que
se desplaza de lector a lector, mientras que trata de permanecer dentro de su significancia. El
análisis registra y clasifica sin rigor las formas y los códigos de acuerdo a los cuales los
sentidos son posibles. La finalidad del análisis textual es llegar a concebir y a vivir la
pluralidad del texto, la apertura de su significancia.

Para el análisis se sigue una serie de pasos ordenados. En primer lugar se divide el
texto en segmentos contiguos; estos se numeran formando unidades de lectura, llamadas
lexías (significante textual). La fragmentación del texto en lexías es de carácter empírico,
pues se realiza de manera arbitraria con la finalidad de observar la distribución de los
sentidos. Una lexía es útil cuando no transita más que uno, dos o tres sentidos. En segundo
lugar, se observan los sentidos que resulten en cada lexía; por sentidos se entienden las
connotaciones de la lexía, que pueden ser asociaciones o relaciones. En tercer lugar, se trata
de realizar un análisis progresivo, recorrer paso a paso la longitud del texto. Esto significa
que no se busca reconstruir la estructura, sino seguir su estructuración. Por último, se hace
énfasis en la importancia de demostrar las partidas de los sentidos, no sus llegadas; se busca
lo que funda al texto, es decir, la desembocadura del texto sobre otros textos, otros códigos,
otros signos. Lo anterior corresponde a la idea de intertextualidad, la idea de estructura y de
infinito combinatorio.
Durante el análisis se estudian distintos aspectos del relato. Se comienza con la
función del título ya que se refiere a asimilar el texto como una producción, pues marca el
comienzo de este. Además, tiene diversos sentidos simultáneos: enunciadora y deíctica.
Posteriormente se codificó el primer sentido de la lexía, el enigma, que está en presencia de
un código metalingüístico. Este último código tiene la función de aperitivo, se trata de
despertar el apetito del lector. También, se señala al nombre propio como el príncipe de los
significantes con connotaciones ricas, sociales y simbólicas; este también conlleva un efecto
de realidad social o histórica, es decir, el héroe resulta socializado para consignar un código
social. Por otra parte, el código científico corresponde a la segunda mitad del siglo XIX, lo
cual hace referencia a la ideología y a la conjunción entre el código del enigma y el de la
ciencia. Las acciones narrativas esbozan una secuencia; así mismo el énfasis en la oposición
entre el hecho y el rumor invoca a una ficción. El hecho tiene como función estructural
sostener el discurso de lo real.

Sobre la secuencia actancial, estas se hallan distendidas y entrekazadas con otras


secuencias. En el relato se aprecia un contrato entre el sujeto y el experimentador, es decir,
condiciones y aceptaciones que constituyen una secuencia. El relato también está
conformado por secuencias de catalepsia (escenas que retroceden en el tiempo de la historia),
y por interrogaciones. En el relato, se nota el trenzado de los códigos entre el código
simbólico y el científico: signos médicos son también elementos de horror, o el horror es
dado bajo la coartada de ciencia.

El anuncio de un discurso que habrá de producirse es un término del código retórico.


En este código surge la promesa de una realidad increíble, con elementos simbólicos (como
el de mutilar al lenguaje cortando la lengua). El código metalingüístico también está presente
mediante un discurso sobre la dificultad de hacer un discurso; se emplean términos como:
epítetos, definir y describir. La combinación en el código cronológico de tres temporalidades,
el tiempo de la historia, de la escritura y de la lectura, produce un efecto de realidad. Y para
concluir, también está presente una confusión paradigmática del sentido de la vida y de la
muerte. En el relato, la acción del muerto es una pura acción de lenguaje, es el desplazamiento
de la forma propia del simbolismo.
A lo largo del análisis se observa un lenguaje que se construye, es decir, el desarrollo
progresivo del texto y los principales códigos. Los códigos son campos asociativos, una
organización supratextual de anotaciones con una cierta estructura que es esencialmente
cultural. El código cultural es el código del saber humano, de las opiniones públicas. Los
subcódigos del código cultural general que se encontraron en el relato son: el código
científico, los preceptos de la experimentación; el código retórico, las reglas sociales del
decir; la enunciación metalingüística, el discurso del habla en sí mismo; el código
cronológico, cierta ideología del tiempo; y el código socio-histórico que permite movilizar
el conocimiento que se tiene de un determinado tiempo. También se puede definir al código
como un cuerpo de reglas tan usuales que se toman pos rasgos naturales, pero que si el relato
se saliera de ellas se volvería ilegible.

La comunicación deber ser entendida en un sentido restringido, pues no cubre toda la


significación sino que designa todas las relaciones que, dentro del texto, son enunciadas como
dirección. La comunicación se entiende en un sentido económico, como circulación de
mercancías. En cuanto al campo simbólico, se entiende como símbolo al trazo del lenguaje
que desplaza al cuerpo y deja entrever otra escena de la enunciación. Por otro lado, el código
de las acciones se presenta como la parte anecdótica del relato: las acciones se organizan en
secuencias y tienen una identidad aproximada, se tiende a concederle un nombre genérico.
Los términos de la secuencia están ligados entre sí, dando una apariencia lógica, la cual
procede de nuestros hábitos de razonar, de observar, de una lógica cultural. Así mismo, la
temporalidad y la causalidad parecen fundar una especie de naturalidad.

Por otro lado, el relato también presenta el código del enigma. En este se reúnen los
términos por los cuales se plantea el enigma. Los términos del código enigmático están
diferenciados por su posición dentro del enigma o por la formulación. Así, todo lo anterior
se dirige hace adelante provocando una impaciencia de lectura debido a la distorsión de los
términos de una secuencia; y a la irreversibilidad por los dos códigos que mantienen un orden,
el código accional y el del enigma, que tratan de expulsar el residuo lógico-temporal,
oponerse a la empiria (lógica de los comportamientos, código accional) y a la verdad (código
de los enigmas).