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Taller

“Me refiero al taller como tiempo- espacio para la vivencia, la reflexión y la conceptualización; como síntesis del
pensar, el sentir y el hacer. Como el lugar para la particiàción y el aprendizaje…”

“En el taller, a través del interjuego de los participantes con la tarea, confluyen pensamiento, sentimiento y acción.
EL taller, en síntesis, puede convertirse en el lugar del vínculo, la participación, la comunicación y, por ende, lugar
de producción socia, de objetos, hechos y conocimientos.”

María Teresa González Cuberes, “EL taller de los talleres”

A partir de la inclusión de las tecnologías a nuestra vida cotidiana, una realidad cambiante y desconocida
nos interpela en cuanto a la necesidad de acompañar a los estudiantes en el desarrollo de habilidades que
les permitan procesar y fortalecer sus experiencias, sobre todo en el encuentro con lo incierto, la sorpresa
y el misterio de una realidad en permanente cambio. En ese camino resulta fundamental contar con
herramientas que nos den marco y fortalezcan nuestras prácticas, integrando la construcción como
dinámica permanente.

En el marco de proponer una alternativa a la relación educativa tradicional, las técnicas participativas
vienen a cumplir un papel fundamental en tanto en ellas subyace una relación educativa distinta. Bajo este
marco se concibe los procesos de enseñanza no como la transmisión de conocimientos sino como la
producción y recreación de conocimientos, otorgando a los participantes un lugar activo, participativo.

Este saber se construye colectivamente, a partir de un doble movimiento de deconstrucción y


reconstrucción, desestructura y estructura a partir de los saberes que cada uno trae, para construir
conocimientos nuevos. El sujeto es entendido como actor de sus propios aprendizajes, su capacidad
crítica de la realidad, le permite re crearla y transformarla junto a otros.

Los aprendizajes se desarrollan a través de un proceso grupal y es en ese vínculo intergrupal, donde el
sentir, pensar y hacer se vuelve posible con otros.

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Los fenómenos grupales como el de la ilusión y organizadores, pueden ser incorporados para dar sentido
a eso tan especial que se percibe en los grupos y que genera un clima afectivo que puede y debe ser
canalizado de manera de favorecer el aprendizaje.

La propuesta de taller tiene una tarea (estructura) y los materiales que proporcionamos así como nosotros
mismos somos los instrumentos. El desafío es lograr desarmar las estructuras con las que todos venimos
en forma individual y comunicar en ese espacio, con esos compañeros nuestras experiencias, para
recrearlas, re-elaborarlas en la construcción conjunta de ese producto, que no será ya el mío, ni tampoco
el tuyo, será el resultado del interjuego entre un nosotros.

“Un taller expresivo propicia y crea condiciones de juego con las cosas y con materiales diversos sobre
los cuales ejercemos no solamente habilidades, sino que probamos hasta donde proyectarnos y llegar a
conocer versiones inéditas de nosotros mismos.”

Fidel Moccio

La intensidad de la vivencia está marcada por el compromiso que te genera la presencia del otro, surge de
ese “clima” que genera el grupo, en un sentido humano y multidimensional. diferente del sujeto consigo
mismo, con su entorno, sus compañeros o el docente. Ese plus que genera la instancia grupal y que hace a
la vivencia única e irrepetible del aquí y ahora.

En este marco grupal, el juego funciona como herramienta de intervención, favoreciendo el intercambio,
la expresión emocional y la construcción grupal. El juego es el medio a través del cual buscamos llegar a
determinados objetivos, con esa intencionalidad pondremos en palabras lo que el participante pone en
actos. Intervenir implica desde su etimología “venir entre, interponerse”.

El juego constituye la vía por excelencia de comunicación del niño y la dramatización favorece la
proyección de nuestro mundo y las diferentes formas en que lo vivenciamos.

La experiencia de juego genera diferentes sensaciones, las que nos permiten entre otras cosas ir
descubriendo los límites que la realidad nos presenta. Es en ese encuentro con los otros, que cada uno
puede expresar y reconocerse tanto en las diferencias como en las semejanzas, favoreciendo así el proceso
de subjetivación. El juego en tanto técnica le posibilita al niño re-crear y descubrirse en múltiples
situaciones, personajes, lugares, intercambios que lo habitan y lo habilitan tanto desde la expresión de la
fantasía como en la realidad.

Como ejemplo; en el psicodrama, se recrean situaciones a través del “como sí” a diferencia de la
actuación, posibilitando un proceso de simbolización, de comprensión y reflexión sobre una determinada

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situación que se lleva a la escena. La puesta en juego del cuerpo como vía de acceso a las vivencias, a los
afectos, que muchas veces se ven obstaculizados por la palabra, el valor de la espontaneidad que permite
resignificar situaciones conocidas. En este sentido el taller habilita la expresión tanto de nuestros afectos
como de nuestros pensamientos y en el grupo logramos multiplicarlos. Miramos la versión reflejada, que
nos devuelven de nosotros mismos, esto favorece el encuentro con diferentes perspectivas y promueve
una mirada desde la diferencia, posibilitando la apertura a visualizar cosas nuevas, pensamientos
diferentes, desarrollar la imaginación es clave para la creatividad.