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1. Es una larga historia.

Allá en el año 2007, se inició la lucha, precisamente contra la

reconfiguración del Programa de Cívica. En el 2009 se aprobó a golpe de tambor. Luego durante el

año 2010 y hasta el 2014 participé como docente en la elaboración de un Programa de Estudios

Sociales en el que además de docentes activos pertenecientes a APSE, también se unieron la

Escuela de Historia y la Escuela de geografía, tanto de la UCR como de la UNA y de la UNED. Luego

de un arduo trabajo de actualización del programa, no sólo en contenidos sino además en la

estructuración de un sistema curricular y evaluativo acorde a las necesidades actuales establecidas

en el marco de la presión que por entonces ejercía el famoso Plan Bolonia y el Banco Mundial para

modificar los programas públicos de educación en pro de sus intereses político ideológicos. No

más. En el 2014 y ya de salida, un Garnier que quería dejar la cartera ministerial en llamas, no sólo

ocasiona una huelga de casi 3 meses, sino además, aprueba entre otras cosas el actual Programa

de Estudios Sociales sin tomar en cuenta el trabajo interinstitucional e intersectorial que

realizamos docentes y casas de educación superior por meses.

Por supuesto, estaba en contra y lo sigo estando en muchos aspectos: Aún carece el programa de

estudios sociales de una evaluación que le de coherencia a lo que en su presentación señala como

norte curricular y pedagógico. En otras palabras, está a “medio palo” y se validó a la fuerza,

mediante la contratación millonaria de una firma extranjera que tuvo a cargo el diseño del

programa. Aún hoy en día, no se sabe a ciencia cierta quienes son los autores reales de éstos

programas.

2. La mayor debilidad, la carencia de un sistema evaluativo acorde a los parámetros curriculares.

La evaluación sigue siendo la misma, clásica y academicista de siempre, para un programa que en
teoría fue diseñado para evaluarse mediante otras metodologías menos ortodoxas y que

supuestamente propiciaran más la construcción participativa del conocimiento.

3. La mayor fortaleza vendría siendo la innovación en líneas de trabajo colectivo y participativo a

nivel de la malla curricular, proponiendo el trabajo colaborativo y algo del andamiaje vigostkiano

que permite la contextualización y que de hecho la hace vital. El choque se da en lo evaluativo,

donde todo eso se cae por completo. Ni hablar a nivel de educación diversificada.

4. Los cambios los haría en lo evaluativo que no tiene nada nuevo. No existe. Lo demás en general

me parece bien, aunque incluiría temas que se dejaron antojadizamente por fuera, como el

derecho laboral y el código de trabajo en Educación Cívica y en Estudios Sociales me parece que la

historia del siglo XX se recortó sin miramientos ni sonrojos a la visión del bloque occidental,

dejando casi fuera la historia de las revoluciones rusa, china, mexicana y cubana. La historia de la

clase obrera aparece en algunos párrafos de forma accidental. Me parece un acierto eso sí, la

forma en que ahora se integra la historia de las civilizaciones precolombinas con la historia antigua

mediterránea y asiática, que antes se encontraba separada, ya en séptimo/octavo en mis tiempos

o luego octavo y noveno.

5. Desde la experiencia sí y no. Es decir, ningún programa va a adaptarse o ésta hecho para eso. Un

programa representa la visión oficial de la educación y en éste caso de la historia, nunca tiene por

fin representar a todas las versiones ni a todas las voces. No es su fin ni su objetivo. Nunca lo ha

sido ni lo será. Menos si te encuentras fuera del valle central como en Talamanca. Toca al docente

y queda sujeto a su sensibilidad por esas situaciones, rescatar, apropiar, presentar y posibilitar

como último escalafón, el proceso de recuperación, revalorización y empoderamiento de esas


versiones no adscritas al programa oficial. El docente crítico comprometido no está llamado a

ideologizar ni tampoco resuelve… tampoco está para crear escenarios lastimeros o folclóricos, sino

que presenta oportunidades, pese es su trabajo, posibilitar que quienes no encuentran razón de

ser en esa imagen nacional oficial, recuperen la suya, se apropien de su historia y de su voz, por lo

que el docente no debe de romantizar, debe de confrontar, debe ser pregunta y no respuesta. Si el

docente lo da todo ya listo, una app lo podría reemplazar, pero como lo suyo es problematizar, su

función sigue siendo vital para la sociedad, y a veces, a costa, a contrapelo del sistema político

dominante.

6. Me parece mejor que la del programa anterior. Es más coherente en razón de articular lo

geográfico con lo histórico: La linealidad de la historia o la historia lineal, no son lo mismo, queda

sujeto a la capacidad intelectual y académica del docente poder desentrañar la importancia de la

lógica formal en el devenir histórico y sopesar el peso de la razón dialéctica como causalidad del

cambio histórico.

7. Por supuesto. Ahora no es que responda, porque pregunta no hay. El programa es hijo de esas

políticas. Punto.

8. Me parece que nivel curricular está bastante vanguardista si se le compara con los programas

del resto del istmo y del Caribe incluso. Podría ser bastante bueno si se hubieses construido

participativamente y mejor, si se le hubiese incluido la evaluación pertinente al enfoque cualitativo

que denuncia. Torpezas políticas y mezquindades evitaron que tuviésemos un programa que bien

pudo haberse codeado con los más competitivos y críticos del mundo.
9. Parecerá cansino, pero volvemos a lo mismo. Lo evaluativo. En otras sociedades con distintas

líneas políticas educativas, incluso se ha prescindido de prácticas tradicionales como exámenes

escritos, disminuyendo su uso de forma cuantiosa. Aquí lo que sucede es que, a diferencia de

Japón, existen brechas tremendas que diferencian la calidad educativa de una zona a otra. Si se

compara al Colegio de Palmares, donde el estudiantado participa de videoconferencias con mucha

regularidad, en donde las clases son bilingües realmente y hay un fuerte énfasis con la tecnología

educativa para todas las asignaturas, y se pone a la par al CTP de Talamanca donde la tercera parte

del estudiantado recibe clases en el comedor, en un pollito, a punta de dictados por falta de

herramientas, y en donde la cultura educativa hace que aún en marzo no hayan empezado las

clases, entre otras cosas. Se está a años luz de poder implementar un programa competitivo de

forma generalizada, incluso entre colegios públicos.

La ventaja de los países que repuntan en temas educativos, pues, no se debe a un número absurdo

de computadoras por cabeza. Sino más bien a un ordenamiento de las condiciones básicas en todo

el territorio, lo que permite ejecutar eficientemente las políticas innovadoras de forma más

acertada.

10.

SIMILITUDES DIFERENCIAS
1 Ambos terminan siendo academicistas y memorísticos en El viejo es bastante academicista y el nuevo evoca el
lo evaluativo constructivismo.
2 En ambos no se consultó al profesorado responsable de El programa nuevo, elimina toda temática
dar las clases, lo que no sólo es algo político, sino un correspondiente a temas que aborden la conflictividad
hecho que no deja de ser totalmente pedagógico: El social como parte de la dinámica natural de las
mensaje es despotricar contra la capacidad del magisterio sociedades. El viejo aún conservaba algo de esto.
para pensarse a sí mismo.
3 Ambos están realizados desde una visión centralista del El programa nuevo no posee una evaluación acorde a su
estado y de la nación. Las concesiones que podrían malla curricular.
señalarse en el programa nuevo, no son más que
folclorismo.