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HOLLYWOOD

O porqué el bosque de acebos


no fue el bosque sagrado.

Por Flavio Mateos

2011

[1]
H ay una visión en extremo reduccionista de las cosas que alimenta dos
errores con respecto a Hollywood, la llamada por algunos “Meca” del
cine. La primera visión, escéptica a ultranza, encuentra todo lo que allí
se ha hecho condenable, permisivo, corruptor y pestífero, sin distinguir matices
y sin ver que hubo ejemplos de films “no-hollywoodenses” salidos de las
entrañas mismas de Hollywood, aunque sin apoyo masivo, y como simples
derivados de una gran industria comercial que podía permitirse tales lujos,
aunque sin una negación formal y explícita de la ideas dominantes en Estados
Unidos. Para estos Hollywood es –o mejor dicho fue, porque hoy sólo queda el
cartelito y el supuesto “glamour” de la palabreja- una cloaca de la que no
podían salir sino excrecencias del liberalismo y el paganismo a conquistar el
mundo. Es innegable que en general no se equivocan cuando vemos el curso que
las cosas han tomado a partir del orden instaurado desde el final de la Segunda
Guerra Mundial, en la cual y desde la cual tuvo mucho que ver la
estandarización ecuménica oficiada por el cine norteamericano, a pesar de su
variedad superficial. No obstante lo cual esta visión no puede cerrarse en sí
misma sin ser injusta con muchos valores rescatables en medio de tanta
producción de films. Porque además Hollywood dependía de la demanda y
recepción de un público en una sociedad norteamericana que todavía
conservaba el sentido común, donde la Iglesia católica estadounidense –que
siempre fue liberal- fue muy poderosa para influir en cuestiones de índole
moral, en un pueblo nacido y marcado por el puritanismo protestante, todavía
no degradado como en estos tiempos de absolutas “libertades”. La profusión de
talentos e ideas y su posibilidad de recepción en ese universo que parecían los
Estados Unidos permitían la elaboración de ciertas miradas no uniformadas o
laterales respecto de la mentalidad que se terminó imponiendo a partir de
mediados de los años ’60.
La segunda visión, de signo opuesto, también realiza una simplificación,
como para oponérsele dialécticamente a la primera. Es aquella que postula una
visión blanca o rosada de Hollywood, donde desde los grandes estudios se
habría sostenido una visión del mundo opuesta al “american way of life” de los
WASP, debido a que en Hollywood los que decidían eran los judíos asociados
con los católicos. Esta postura afirma que “el cine norteamericano, sobre todo
en su etapa clásica, fue una cuña con respecto a la visión política, económica,
cultural y sobre todo religiosa en lo que llamamos forma de vida
estadounidense. Y esta es la paradoja: Hollywood, sobre todo en su etapa
clásica, no participó del “modo de vida americano”.1 El mismo crítico que
sustenta este punto de vista sostiene que de la misma forma que hay una
leyenda negra sobre la Conquista española de América, así también habría una
“leyenda negra” respecto de “Hollywood”2. Veremos luego la ligereza de tal
aserto, fundado principalmente en un error religioso contaminado de
liberalismo y en un desconocimiento acerca de la verdadera naturaleza o
identidad del poder.
Lo cierto es que tanto una como la otra posición pecan de simplistas y, de
algún modo, cómodas para delimitar desde ahora y para siempre un asunto que

1
Ángel Faretta, Entrevista Revista Ñ de Clarín, 24-12-2005.
2
Sin embargo, de Hollywood salió una película que sostiene y favorece la leyenda negra antiespañola
como “Capitán de Castilla”.

[2]
es mucho más complejo, cuanto fascinante. Como decía Chesterton: “debemos
desconfiar de la descripción de una nación cuando es una descripción fácil. Si
un pueblo puede quedar cubierto por un solo adjetivo, podemos estar seguros
de que es un adjetivo equivocado”.3
Veremos que esto a nuestro entender no es ni leyenda negra ni leyenda
blanca sobre Hollywood. Ni disolución romántica del poder o bajada de línea
política, pero tampoco polo de poder o “contrapoder tradicional” de los
productores de Hollywood, que si no fueron miopes respecto de cuestiones
artísticas tampoco fueron Príncipes mecenas del Renacimiento4. Trataremos de
entender por qué el “bosque de acebos” no fue nunca el pretendido “Bosque
sagrado”. Pero antes hagamos un poco de historia.
Un dato a tener en cuenta es que Hollywood o la industria del cine nace antes
de que naciera el cine (el cine según lo inventó D. W. Griffith y no según la
invención técnico-mecánica de Edison y los Lumière).
Hollywood como lugar del cine nació a raíz de la feroz pelea entre el poderoso
cartel comandado por Edison en el Este, la Motion Pictures Patents Company
(M.P.P.C.), que agrupaba a compañías como la Biograph, la Vitagraph, la
Essanay entre otras norteamericanas, más las francesas Pathé y Mélies, grupo
éste monopolista, y el grupo de los productores autodenominados
“independientes”, casi todos empresarios judíos que habían ascendido
vertiginosamente en su poder económico en actividades ajenas al cine y que
ahora veían un nuevo negocio donde el rédito podía ser exorbitante.
Una guerra, entonces, entre protestantes norteamericanos o WASP (el Trust
Edison) y hábiles judíos en ascenso (agrupados en la Independent Motion
Pictures Distributing and Sales, IMP)5 fue la que decidió la formación de la
“Meca del cine”. Para huir de estos pleitos constantes por dominar el creciente
mercado del cinematógrafo (aún cinematógrafo y no cine), un adelantado, el
productor William Selig, se trasladó en 1907 a Los Ángeles para filmar
exteriores y encontrar el lugar adecuado para establecerse. Otros productores lo
imitaron y llegaron hasta aquel suburbio de Los Ángeles llamado Hollywood,
esto es, bosque de acebos. Algunos asociaron esta movida con la anterior y
legendaria conquista del lejano Oeste, especialmente por las disputas constantes
y violentas y los personajes estrafalarios que por allí circulaban.

3
Gilbert K. Chesterton, “Cien años después”, Vórtice, pág. 258, 2008.
4
Otro axioma de la teoría de Faretta dice que el cine es un ajuste de cuentas con el Renacimiento, “en
tanto el cine constituye como una toma de distancia con respecto al nudo de sentido, anudado en ese
período, de la obra de arte como autonomía humana, forma autárquica, especiosa o utópica del pensar y
el poetizar” (“El concepto del cine”, Ed. Djaen, 2005). Pero si el cine “ajustó las cuentas con el
renacimiento”, no lo hizo a la manera del Medioevo, sino que, entendemos, sólo ajustó parcialmente las
cuentas en relación con la negación de la idea de la autonomía del arte (también, es cierto, con respecto a
la alegorización del mundo; mas luego esa recuperación de lo simbólico sería desvirtuado en Hollywood
debido a su falta de sentido trascendente). Ahora bien, el Renacimiento se edificó sobre la autonomía del
hombre –progresivamente- respecto de Dios. Por lo tanto, sólo volviendo a depender de Dios –y de la
Iglesia- podía el hombre ajustar cabalmente las cuentas con el Renacimiento y su idea de la autonomía del
arte y del hombre respecto de Dios. ¿Acaso alguien quiere creer que los estudios de Hollywood eran la
Iglesia y la tradición durante el siglo XX? El cine no es autónomo de los “Estudios”, pero los “Estudios”
son autónomos de Dios. Esta es una verdad tan evidente que...algunos no podrán verla.
5
Dirigida por Carl Laemmle, el logotipo de la compañía mostraba significativamente una figura de color
rojo con tridente, dos cuernos y una larga cola: sí, el diablo.

[3]
Los primeros productores judíos se asociaron en la Independent Motion Pictures
Distributing and Sales, IMP. En 1912 se convertiría en la Universal.

Si el lector tiene presente que el cine –no como procedimiento técnico-


mecánico, sino como “lenguaje”- nace a partir del genio de D. W. Griffith, que
realiza su primer corto en el año 1908, puede decirse entonces que Hollywood
nace antes de que el cine, tal como hoy lo conocemos, exista. Es decir, el cine
nace como fábrica e industria (con todas las precariedades del caso) antes que
como lugar o taller de arte, pues éste todavía estaba por inventarse. Fue gracias
a Griffith y sus descubrimientos de las posibilidades del nuevo medio que la
industria se asentó y aprovechó tales innovaciones porque, no se olvide que
Griffith, también, como acertó a decir una vez Faretta, no sólo inventó el cine
sino también al espectador de cine.
Griffith, americano de Kentucky, veterano actor partidario de la causa
sudista, desarrolló el lenguaje del cine e influyó sobre todos los que se acercaban
a esta nueva expresión artística. Fue sin dudas el inventor o por lo menos el
sistematizador de todos los recursos que formaron el lenguaje del nuevo medio
que, desde entonces, se conoce como cine.
El cine americano nacerá de estos pioneros que construyeron la mayor y más
influyente industria cultural del mundo, donde se albergaron los más grandes
talentos en la materia y desde donde también se difundió un modo de ver la vida
subordinado a la corriente de la historia dentro de la cual se movía.
Ahora bien, es sabido por todos que el cine como industria fue obra de los
judíos, ellos mismos se encargan de recordar que es obra suya 6. ¿Cómo y de qué
manera articularon su poder y qué clase de visión del mundo tenían para

6
Los productores que fundaron el Sistema de Estudios fueron:
Carl Laemmle (1867-1939), judío alemán, peón agrícola, empleado en una farmacia, propietario de un
Nickel-Odeon en Chicago, fundará la “Universal” (aunque la precursora que fundó en 1909 se llamaba
“Yankee Film Company”, como para demostrar su afán de asimilarse).Wilhelm Fuchs (1879-1952), más
conocido como William Fox, judío húngaro, tintorero, fundador de la “ Fox”. Los hermanos Warner
(Harry, Jack, Albert y Sam), judíos polacos, propietarios de un negocio de bicicletas, fundaron la “Warner
Bros.” Marcus Loew (1870-1927), hijo de judíos alemanes, corredor de pieles y sastre, creará con Samuel
Goldfish (1884-1974, en realidad llamado Schmel Gelbfisz), judío polaco más conocido como Samuel
Goldwyn, ex-empleado de una casa de guantes, la “Metro-Goldwyn-Mayer” (su logo muestra un león).
Harry Cohn, judío de Nueva York, presidente de la “Columbia Pictures” (la de la damisela con la
antorcha cual estatua de la libertad). Para fines de los años ’50 había sólo dos compañías en manos de
productores cristianos o no judíos, la “20th Century Fox”, por entonces en manos del griego Spyros
Skouras; y la “R.K.O.”, en manos de Howard Hughes. Surgirían luego otras productoras en manos de
judíos, como la “Selznick International Pictures”, de David Selznick.

[4]
ofrecer, si es que se plantearon este asunto a la hora de producir espectáculos
para el mundo?
Debemos recordar, antes que nada, cuál era el país en el que estos
inmigrantes fueron acogidos y prosperaron, integrándose sin dificultades y
gustosamente.
Los Estados Unidos son un país contradictorio desde su naturaleza. Nacido
revolucionario, sus Padres Fundadores han sido hombres de buen sentido y
virtudes naturales, pero de malos principios. Protestantes puritanos y masones
que querían construir un país en base a la herejía, lo cual es ir contra todo lo que
es estable, de por sí contradictorio. El mismo Washington era un gentlemen y a
la vez revolucionario; tenía propiedades y esclavos, y realizó una revolución. Por
un lado la honestidad y por el otro la rebeldía, creando juntas una tensión que
siempre persistirá en el país. Se trata de la libertad colocada antes que la
verdad7. Estados Unidos es un país donde el Presidente norteamericano debería
ser llamado Rey, según Chesterton, pues la República estadounidense era la
última monarquía medieval. Y sin embargo, este “Rey” obedecía a poderes
ocultos que lo transformaban en un lacayo de aquellos que tomaban
verdaderamente las decisiones. Estados Unidos es el país donde un hombre del
Sur, Lincoln, comanda el país del Norte durante la guerra civil. Fue en este país,
donde el liberalismo se hallaba cómodamente aposentado, ocultando
aparentemente esas contradicciones, donde la nueva oleada de inmigrantes
europeos hizo pie. La idea suprema de la libertad, la confianza en el sistema
democrático, la certidumbre de ser la “tierra de las oportunidades”, la pujanza
económica y el naturalismo se hallaban firmes en el ideario del norteamericano
medio. El poder económico en manos de los banqueros internacionales estaba a
punto de acrecentarse al extremo de dominar por completo a la Unión (esto iba
a darse en 1913 con la creación –fraudulenta- de la Federal Reserve). La
Masonería y el poder judío, los protestantes en innumerables sectas y los
católicos se repartían en diferentes proporciones su grado de influencia en una
sociedad dinámica y en crecimiento, en especial luego de la Primera Guerra.
Pero el problema es que el catolicismo norteamericano se había comprometido
con el mundo en aquello que hoy se conoce como “americanismo”, trasladando
“sin más trámite a la vida diaria de los católicos el “espíritu americano”
secular, que a la vez deriva directamente del puritanismo y del iluminismo
inglés”.8 Era el modernismo religioso funcionando con todos sus derechos y
prerrogativas en una sociedad “tolerante”. Los judíos, por su parte, ya insertos
desde su primera oleada inmigratoria, se adaptaron como casi en ningún otro
lugar (mejor incluso que en la Argentina), tal vez porque, en opinión de Israel

7
Por eso finalmente la verdad iba a estar oscurecida. ¿Acaso en el cine se muestra, más allá de la unción
con que se nos da a conocer incontables veces la “Declaración de Independencia”, que 53 de los 65
firmantes de la misma eran masones, y que la Guerra de Independencia fue mayormente una guerra entre
Logias?
8
R. P. Juan Carlos Iscara, “La americanización de la Iglesia Católica”, en Revista Iesus Christus Nº 114,
Noviembre/Diciembre de 2007. “Piénsese, por ejemplo, en los católicos norteamericanos (...) La fe es
(...) antigua, metafísica, poética, elaborada, ascética, autocrítica e intolerante. Confronta al hombre
naturalmente jactancioso –tal es el estadounidense- con miles de negaciones y amenazas. En la
cosmovisión norteamericana todo está en las antípodas de tal sistema. Sin embargo, el católico
norteamericano vive completamente en paz. La impronta que deja en todo, incluso en la religión, es
graciosamente americana” (George Santayana, cit. en R. P. Iscara, ob. cit.) Y también: “La religión
debía desenredarse cuanto fuese posible de la historia, la autoridad y la metafísica, y debía sustentársela
honradamente en los buenos sentimientos de uno, en su indomable optimismo y confianza en la vida” (G.
Santayana, “Carácter y opinión en los Estados Unidos”).

[5]
Shamir, encontraron en el liberalismo imperante una especie de judaísmo
secularizado9.
Así las cosas, si con el cine surgiría la posibilidad de un último lenguaje
contradictor de los postulados y formas de un mundo desacralizado y anti-
tradicional10 que se extendía con la creciente influencia de los medios de
comunicación, el dominio financiero y, muy pronto, con las guerras, finalmente
en esa lucha se comprobó que ese mismo lenguaje nuevo podía ser refinado pero
a la vez falsificado para muy sutilmente continuar y servir de apoyatura a la
guerra por otros medios. Sembrado el terreno mediante lo cultural, la
supremacía mundial sería mucho menos dificultosa. Las contradicciones que
forjaron la sociedad norteamericana se harían presentes dentro del mismo
Hollywood.
Hagamos un paréntesis antes de seguir. Hay algo que dice Chesterton y que,
como siempre, pero aún más en referencia a nuestro tema, es materia de
reflexión: “Es habitual condenar al estadounidense como un materialista a
causa de su culto al éxito. Pero efectivamente este mismo culto, como cualquier
culto, aun el culto al diablo, prueba que, más que un materialista, es un
místico”11. Esto nos lleva a entender cómo y porqué el cine es algo que sólo pudo
surgir en Estados Unidos y no en Europa. Nos referimos, en este caso, a la
herencia que asumió Griffith y los autores que lo continuaron, antes que a los
industriales que posibilitaron y explotaron sus logros. Nos referimos a ese
sentido del culto ceremonioso y simbólico en la forma de vincularse a la realidad
(que Griffith como buen sureño poseía), un tipo de misticismo que, fuera de la
necesaria guía maestra de la Iglesia Católica, se terminó desviando no hacia el
materialismo sino hacia un neo-paganismo que luego sí, en nuestros tiempos,
abrazaría lo aberrante y lo incomunicable, previa degradación del sentido
simbólico-ritual de la vida. Mientras Europa se había estancado en una
inmovilidad propia de quienes se someten a la máquina, en Estados Unidos la
máquina fue sometida por el hombre que la tomó como objeto sobre el cual
elevar su dinámico misticismo. El europeo se postró ante la máquina porque ya
no se postraba ante Dios. El americano no se postraba ante la máquina porque
su místico culto del éxito le exigía movilizarse. Pero también es cierto que una
reverencia residual del puritanismo y del catolicismo liberal tomó para sí esa re-
utilización de la máquina para mirar el mundo como si éste fuera joven. Por
todo esto el cine norteamericano pudo re-introducir la figura del héroe y la
épica, sin los cuales el cine no hubiese sido lo que fue. Ahora bien, qué clase de
héroe o arquetipo moldeó Hollywood, ese es tema de otro capítulo de nuestro
libro.
Lo cierto es que el materialista europeo agotaba su mirada en el rectángulo de
la pantalla fija de Lumière y Mélies. El místico americano, en cambio, no podía
quedarse quieto sin expandir su mirada más allá hacia el vasto horizonte. El
éxito les pertenecía a estos últimos. Desde luego, no todo misticismo es bueno.
El culto del comercio acechando a la poesía crearía una contradicción que
muchas veces derivaría en la insatisfacción de ver estropeadas nobles cualidades
adaptadas a un fórceps de felicidad final para asegurar el éxito. Esa doble
vertiente del misticismo vinculaba de una forma con la vida a través de la
9
Cfr. “La tiranía del liberalismo”, www.israelshamir.net. Cit. en “Patria Argentina” Nº 235, julio 2007.
10
Esto principalmente por su posibilidad de reinstaurar el uso del lenguaje simbólico para desde allí dar el
salto hacia lo trascendente, aunque lamentablemente muchas veces los símbolos fueron falsos o vaciados
de su poder unificador en el concepto total de muchas películas.
11
“Mi visión de Estados Unidos”, Editorial Losada, 2010

[6]
fantasía, y de otra a través de la realidad. Esto es: la llamada “fábrica de los
sueños” producía films y obtenía dinero. Había films que podían llegar a
vincular –con su lenguaje tributario de la tradición simbólica occidental- con la
realidad, y hablamos de la realidad metafísica; mientras que el culto del puro
éxito llevaba a evadir de la realidad a quienes desde los grandes estudios corrían
tras el éxito y el poder, mensurable en números de taquilla y recaudación. La
fuerza que le daba el misticismo al cine y la industria norteamericanos llevaba
consigo, como el alma de Estados Unidos, una tensión que no era paradoja, sino
una falta de cohesión que a la larga debía resolverse, y hoy se ha resuelto. Pero
ése es un tema posterior.
Ahora bien, que el cine norteamericano no fuera materialista no significa que
no fuera liberal. Si el primer principio liberal es el de “la absoluta soberanía del
individuo con entera independencia de Dios y de su autoridad”12, la
comprobación que nos presenta la amplia mayoría de los films surgidos de
Hollywood –más allá de ocasionales invocaciones a Dios- puede resumirse en
unas palabras de Pío XII: “Con frecuencia a Dios no se le niega, ni se le injuria
ni se le blasfema; sólo que Él está ausente. La propaganda de una vida
terrestre sin Dios es abierta, continua. Con razón se ha observado que
generalmente, aun en los films considerados moralmente irreprensibles, los
hombres viven y mueren como si no existiese Dios, ni la Redención, ni la
Iglesia. No queremos ponernos a discutir las intenciones, pero no es menos
verdadero que las consecuencias de estas representaciones cinematográficas
son ya extensas y profundas”13. Más aún y más allá de esta imposibilidad, en
muchísimos casos ni siquiera es dable advertir una mirada del director donde,
más allá de sus personajes, él sí pueda crear una estructura secreta que nos
conduzca a comprender un Orden en el cual el hombre no puede sustraerse a
Dios (como muy bien sí lo ha mostrado Hitchcock en sus films no
explícitamente católicos; respecto de la mirada del cine sobre el misterio y lo
trascendente ampliamos en otro capítulo de nuestro libro, como también en el
estudio ilustrado “La mirada de Alfred Hitchcock”).

David Wark Griffith, el genio inventor del cine.


Llevó en sí las contradicciones propias de lo que suele denominarse América.

12
Félix Sardá y Salvany, “El liberalismo es pecado”.
13
“Discurso a los predicadores de Cuaresma”.

[7]
Volvamos a esta contradicción que ha marcado desde sus comienzos al cine
estadounidense. Una de las más claras y primeras manifestaciones de este
conflicto y esta rápida utilización del cine por parte del poder se puede ver en el
mismo Griffith. Hijo de un general derrotado en la Guerra de Secesión,
demostró su clara adscripción a la causa sudista con su monumental obra
maestra, “El Nacimiento de una Nación” (1914). Sin embargo, esta inocultable
propuesta “dixie”, esta superproducción de un derrotado no le impidió
colaborar explícitamente con el victorioso liberalismo masónico, como puede
verse en las versiones ingenuas y propagandísticas de “Corazones del mundo”
(filmada por expreso pedido de Lloyd George, primer ministro británico durante
la Primera Guerra), “América”, “Abraham Lincoln” o “Huérfanas de la
tempestad”14. Si podía darse el gusto de glorificar al Sur, de un modo romántico,
superficial y encantador, no podía poner en cuestión el carácter predestinado de
América ni indagar acerca de la verdad histórica, entre otras cosas del asesinato
de Lincoln. Creemos que no fue hasta “El Nacimiento de una Nación” sino
cuando el poder político-económico dominante en Estados Unidos advirtió y
comprendió el poder persuasivo del cine –como lo comprendieron por ese
entonces los comunistas rusos financiados por los banqueros norteamericanos15
(por cierto, ¿qué hacía en 1916 León Bronstein, más conocido como Trotsky,
participando como extra de cine en la costa oeste?)16.
El crecimiento de los grandes estudios estuvo ligado –cosa que nunca se dice
pero resulta obvia- con la financiación de los bancos, muchos en manos de sus
paisanos (el primero en financiar a estos productores en sus primeros pasos fue
el Bank of América; luego Morgan y Rockefeller; Warner fue sostenido por
Goldman, Sachs & Co.). Sin embargo, no queremos simplificar diciendo que esta
condición fuera decisiva a la hora de filmar una película, desde ya, sino que la
orientación general de un gran estudio ante un hecho importante (Guerra),
educativo (Historia) o tema influyente (Religión) en la sociedad, no podía
resultar independiente de semejantes poderes que, lo repetimos, se estaban
haciendo por aquellos años con el control de los resortes más importantes de la
economía norteamericana. No ver esto y pretender que los magnates de los

14
Esta película del año 1921 termina con la música que simboliza la Revolución Francesa (mucho más
que ser el Himno Nacional de Francia), “La Marsellesa”, de igual modo terminaba “Casablanca”, clásico
del año 1941. Como vemos la influencia masónica era inalterable.
15
“De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”, dijo Lenin en 1922.
16
“León Trotski, con pasaporte norteamericano y una gran suma de dinero (alrededor de U$S
20.000.000 en oro) dejó Nueva York a bordo del buque SS. Kristianiafiord, el 27 de marzo de 1917 junto
con 275 judíos revolucionarios. Los canadienses los detuvieron en Halifax, Nova Scotia, porque
lógicamente pensaron que Trotsky intentaba emprender una revolución en Rusia, lo que permitiría el
desvío de gran número de soldados alemanes al Frente Occidental (Francia) y ello causaría la muerte de
muchos soldados canadienses que se encontraban allí.(...)Después de cinco días de detención, Trotsky y
compañía recuperaron la libertad gracias a la intervención de Sir William Wiseman, un socio de la casa
financiera Kuhn and Loeb, y continuaron su viaje a San Petersburgo, donde se reunieron con Lenin en
abril de 1917 en la capital rusa”(Iwo Cyprian Pogonowski, “La momia de Lenin”, cit. en “Patria
Argentina” Nº 269, agosto de 2010). El banquero Jacob Schiff “envió un telegrama de adhesión a un
mitin bolchevique realizado en el Carnegie Hall, donde el orador Kennan proclamó la financiación de
Schiff, para la propaganda revolucionaria” (New York Times, 10/4/1917). “La financiación de la
Revolución Rusa es el hecho histórico más nítido e irrefutable de los últimos cincuenta años.”Cfr. “La
finanza internacional revolucionaria” por Jorge Aníbal Rivero y Pedro Eduardo Rivero, cit. en
Suplemento Patria Argentina Nº 214, septiembre 2005).También “¿Quién financió a Lenín y la
Revolución Comunista de 1917?” por Jacques Delacroix.

[8]
estudios no recibían ningún grado de influencia por parte de los dueños del
poder económico norteamericano resulta muy ingenuo.
Vale detenerse acá para confutar ciertas proposiciones que sobre Hollywood
han sido vertidas por Ángel Faretta, en oposición a la muy difundida opinión de
que el cine de Hollywood vendría a ser “el opio de los pueblos”, cosa que
negamos, por lo menos si se vierte en términos absolutos.
En primer lugar, afirma que “Hollywood, sobre todo en su etapa clásica, no
participó del “modo de vida americano”17, y esto debido a que “el cine
norteamericano no es yanqui, es dixie. Dentro de la territorialidad histórica,
imaginaria y legendaria norteamericana, el cine se nos aparece como el
summun y la síntesis de la tradición del Sur norteamericano. (...) Esta
tradición trae aparejada, necesariamente, una toma de distancia, una
reacción con respecto a los imperativos de la apropiación de y por la técnica y
del estado de movilización general de la modernidad liberal”18. Se completa la
afirmación en otra parte expresando que “el cine siempre se pensó desde el sur,
recordemos que la película clásica tal vez más conocida (...) “Lo que el viento
se llevó”, está totalmente del lado del sur, como también lo están Buster
Keaton, el rock and roll, el blues, Truman Capote y Tennesee Williams. Hasta
la Coca-Cola es de Atlanta, la capital que quemaban en “Lo que el viento se
llevó””19.
Digamos en primer lugar que los ejemplos dados (Coca-Cola, rock and roll)
más bien nos darían a pensar que el Sur triunfó en la guerra, ya que la gaseosa
que salió del sur se ha convertido en un símbolo del poderío imperial
norteamericano, o, si quieren, del capitalismo yanqui. Por no hablar del rock
and roll. ¿En qué se opondrían la “Coca” y el “rock” a la modernidad liberal? ¿Se
pretende ver en ello el espíritu del sur, o solamente la inconveniencia de utilizar
el calificativo yanqui para todo lo norteamericano? Ahora bien, ¿puede decirse
así sin más que el cine norteamericano es dixie, o en realidad sólo una parte del
cine norteamericano es dixie? ¿Y dixie o sureño en qué sentido? Ya hemos visto
que lo de Griffith era una cosa más bien mezclada, porque en algunos de sus
films era servicial con el poder liberal. ¿Y el resto de los muchos ejemplos que se
pueden encontrar?
Convengamos que la del Sur con la del Norte fue una oposición o una
“interna diferencial” entre protestantes. Y hay que decir también que hubo sí un
ideal de vida y una tradición en el sur de Estados Unidos opuestos al
modernismo liberal del norte, las diferencias eran innegables. Como escribió
Richard Weaver: “En Estados Unidos, la nueva y la vieja Europa entraron en
conflicto en 1861. El sur estadounidense no sólo había acariciado aquel ideal
(caballeresco), sino que le había insuflado renovadas fuerzas, en parte gracias
a su organización social, pero sobre todo mediante una educación basada en
la retórica y las leyes. La tradición pedagógica del sur se correspondía con la
de la sabiduría y la elocuencia caras a Cicerón. Esta circunstancia permite
comprender por qué las más influyentes y creativas figuras políticas del país,
de Jefferson a Lincoln y hasta Wilson, tuvieran su origen en ese ámbito. Pero
la Guerra Civil supuso la derrota del humanismo ciceroniano y, desde esa
fecha, la adopción por el Sur del comercio y la tecnología en su vida económica
y de la dialéctica de Nueva Inglaterra y Alemania en sus afanes pedagógicos.
El caballero pasó a ser un personaje tan improductivo como excéntrico,
17
“El cine llegó a su fin”, Revista Ñ, 24.12.2005.
18
“El concepto del cine”, Editorial Djaen, 2005.
19
“El cine llegó a su fin”, Revista Ñ.

[9]
arropado por una difusa sentimentalidad que era ya incapaz de
comprender”20 Sin embargo, durante la guerra civil, ya los estados del Sur, tal
vez precisamente por esa “sentimentalidad difusa” que carecía de la perspectiva
universal que sólo el Catolicismo podía dar, habían sido cooptados por la
Masonería que servía a los intereses de la Banca Internacional. Las graves
diferencias entre el Norte y el Sur fueron azuzadas por los agentes de los
Rothschild para quienes esta guerra y la división de los Estados Unidos
resultaban muy convenientes para someterlo. No puede de ningún modo
compararse aquella situación con la división más tajante y definitiva que se dio
entre nosotros entre unitarios y federales, como algunos pudieran sugerir.
Téngase en cuenta que cuando ocurrió la secesión, Judah P. Benjamin, principal
agente de los Rothschild, se convirtió en Secretario de Guerra y de Estado de la
Confederación del Sur. Los Rothschild, a través de sus banqueros dependientes
Er Langer en el Sur y Belmont (Schonberg) en el Norte, financiaban a las dos
partes.21 En las “Declaraciones de Bismarck”, del año 1876 realizadas ante
Conrad Siem, el canciller alemán “explicaba que los Rothschild, que controlan
Europa, temían que EE.UU. no dependiera de ellos si continuaban existiendo
como una sola nación. Previeron un enorme botín si lograban reemplazar a
esta vigorosa república -segura de sí misma y capaz de autoabastecerse- por
dos débiles democracias endeudadas con los financieros judíos. A tal fin,
enviaron a sus emisarios para que explotaran el tema de la esclavitud y de esa
forma excavaran un abismo entre ambas partes de la república”. 22 Además,
Abraham Lincoln23, glorificado incontables veces en el cine norteamericano de
manera folklórica o por el tema de la esclavitud, nunca porque en realidad lo
que quería era evitar el sometimiento de su país a la oculta esclavitud financiera
de la Banca Internacional, el presidente Lincoln “realmente inauguró una
política monetaria que convirtió a los Estados Unidos en independiente de la
Banca Internacional. Por eso, y bajo el impulso del estadista Disraeli, Gran
Bretaña y Francia estuvieron a punto de intervenir militarmente en apoyo del
Sur. A los ingleses se les prometía retomar y someter la parte septentrional de
los Estados Unidos, mientras que a Francia, que estaba viviendo la aventura
mejicana con Maximiliano de Habsburgo, se le ofrecía Lousiana y Texas. Los
Estados Unidos fueron salvados por la providencial intervención del Zar
Alejandro II, que notificó a Francia y a Inglaterra de que consideraría una
eventual ayuda militar al Sur como una declaración de guerra a Rusia; para
reforzar la nota, envió inmediatamente dos escuadras navales rusas: una a
Nueva York y la otra a San Francisco, poniéndolas a las órdenes de Lincoln”24.
Cosas éstas que el cine muy convenientemente siempre se ha encargado de
ocultar mediante mascaradas patrióticas inofensivas o semblanzas pueriles e
inocentes, como –insistimos- las de Abraham Lincoln, de quien siempre se dice
20
Richard M. Weaver, “Las ideas tienen consecuencias”, pág. 73, Ciudadela, Madrid, 2008.
21
Hugo Di Nicola, “El movimiento mundialista en la historia contemporánea”, Suplemento de “Patria
Argentina” Nº 241, 15 de enero de 2007, tomado de “I Quaderni de L’alternativa” Nº 2, Roma, marzo de
1976.
22
Henry Makow, “Por qué los banqueros aman a la izquierda”, en “Patria Argentina” Nº 194, Enero de
2004. Makow cita entre otras obras el libro “The Secret World Government” del Conde Cherep-
Spiridovitch.
23
Son sus textuales palabras: “Tengo dos grandes enemigos, el ejército sureño a mi frente y las
instituciones financieras en la retaguardia. De los dos, el que está en la retaguardia es el enemigo más
grande”, cit. por Eustace Mullins, de la obra “This Difficult Individual” de Ezra Pound, Patria Arg, Nº
194.
24
H. Di Nicola, ob. cit.

[10]
que lo asesinó un actor, cierto, John Wilkes Booth, pero nunca ni que éste era
un masón (pertenecía a la misma logia que el presidente de la Confederación
Jefferson Davis, los “Caballeros del Círculo Dorado”. Booth era además íntimo
amigo de Simon Wolf, más tarde fundador de la Liga Antidifamación –ADL- de
la logia masónica exclusiva de los judíos B’nai B’rith)25, ni tampoco el verdadero
motivo: “La Unión se salvó, pero el presidente Lincoln, que había liberado al
país de la esclavitud financiera y de la división, fue asesinado por emisarios de
las potencias bancarias y ocultas. Así fue como en 1865, los Estados Unidos
-perdiendo su soberanía monetaria y política- entró a operar en la historia
como un instrumento para alcanzar el Gobierno Mundial”.26

El Lincoln cinematográfico (aquí según Griffith), del cual siempre se ha omitido su faceta
más importante, aquella por la que fue asesinado.

Así las cosas, si el cine como dixie y por lo tanto como opuesto a los
postulados del liberalismo y el “american way of life”, al recrear en sus fábulas
el Sur y la Guerra de Secesión, si ese cine dixie, oculta todas estas cosas, ¿es en
realidad un factor de oposición al Sistema de Dominación, o más bien este
Sistema deja que se levante la leyenda negra sobre el Sur, y se recurra a un tema
histórico y polémico pero de manera superficial, dejando que lo sentimental, lo
gestual, lo vestimentario y lo pintoresco evite las verdades que podrían hacer
reflexionar al público norteamericano? ¿Cuáles son los valores que transmite
“Lo que el viento se llevó” y que a un norteamericano le permitirían oponerse al
liberalismo democrático imperante? Precisamente esos valores se los llevó el
viento y, en todo caso, recuperando el ejemplo completo de alguien como
Lincoln, pero decimos completo y no parcial porque esos valores aristocráticos o
caballerescos que se pretenden rescatar explican su acción fundamental y su
25
Otro masón muy influyente fue Albert Pike, que encabezó hasta su muerte en 1891 el Rito escocés de
los Estados Unidos. Además de haber sido general confederado, participó en Memphis de la fundación
del Ku Klux Klan, organización terrorista y racista exaltada en la película “El Nacimiento de una
Nación”. Pike ya le había declarado la guerra a Cristo y la Iglesia Católica con su libro “La moral y el
dogma” en 1871. También fue cofundador junto con Giuseppe Mazzini del Rito Reformado del Nuevo
Palladium, adorador de Lucifer. Cfr. “La guerra de León XIII contra la masonería” por Anita Gallagher,
Revista Benengeli Nº 1, 1993.
26
H. Di Nicola, ob. cit.

[11]
final, sólo así podrían tal vez los norteamericanos comenzar a comprender de
qué manera fueron y siguen engañados. Pero esto no se lo ha dado ni se lo dará
el cine. Tal vez una de las claves para entender todo este asunto, nos la ofrezca la
película de 1975 “Obsesión”, de Brian de Palma. Es un italiano católico (a la
manera norteamericana, es cierto) quien indirectamente pone las cosas en su
lugar en el cine. La historia del film transcurre entre los años 1950 y 1970,
aproximadamente. Allí el protagonista, Michael Courtland (Cliff Robertson) un
sureño rico, caballeresco y ceremonioso, que reside en Nueva Orléans, es
estafado y engañado por su amigo y socio en los negocios, gracias a ese
sentimentalismo que domina al dixie. El sureño Courtland, no contaminado por
la loca ambición de dinero de su socio, es sin embargo un tipo que vive fuera de
la realidad, anclado en el pasado, nostálgico y romántico, pero lo es porque vive
sólo de las formalidades y no de la vida del espíritu y el estudio que le permitan
comprender la realidad. Son los buenos ideales anegados de nostalgia. Por eso
no reconoce a su enemigo, a quien tiene a su lado. Lo mismo de algún modo
ocurrió con Griffith y con los que han sostenido esa mirada hacia el pasado
anclada sobre todo en los sentimientos. El pobre Griffith, genio creador del cine,
maestro consumado, exuberante y sentimental, fue dejado de lado en su
anquilosada visión del pasado para, finalmente, a su muerte en 1948, recibir las
exequias en el templo masónico de Hollywood. Como para que queden claras
unas cuantas cosas.
Otro axioma o postulado a considerar del concepto del cine farettiano, es el
que dice que los grandes estudios se forjaron por una doble diáspora judía y
católica de origen austrohúngara, que desplazaron a Griffith pero
“incorporando el elemento dixie raigal y constitutivo”27 . Algo así como un
pacto o acuerdo de judíos y católicos para representar en sus producciones
cinematográficas una continuidad del Imperio Austrohúngaro (disuelto como
resultado de la Primera Guerra) y de esa manera oponerse a los postulados del
modernismo liberal yanqui, a través de la “política del barroco”28. Si el lector ha
entendido el muy sucinto esbozo que referimos anteriormente sobre la Guerra
de Secesión y sus resultados, parece inadmisible al sentido común –diríamos
que muy ingenuo- creer que aquel poder capaz de dominar naciones enteras,
provocar guerras, asesinar presidentes y tener en sus manos los grandes bancos
internacionales, la prensa y la educación (a través de las fundaciones libres de
impuestos), haya sido tan estúpido e inoperante como para dejar que se le
escapase la mayor y más influyente industria del espectáculo y propaganda de
todo el mundo, como el cine norteamericano. He aquí una clara confesión de
uno de sus agentes circunstanciales: “La cultura popular puede ser con
27
“Diálogos con Ángel Faretta”, www.angelfaretta.com.
28
“Fueron esos miles de judíos y de católicos los que formaron una alianza y construyeron una suerte de
leviatán industrial para –como en toda relación de poder-, primero autofortalecerse, darse “un lugar y,
una vez conseguido esto, volcar esta fuerza polémicamente contra aquellos que necesariamente se les
oponían. Eso fue hecho y sostenido durante décadas por los Warner, los Mayer, los Zanuck, y de
consuno por los Ford, Walsh, los Hitchcock y los Minnelli” (A. Faretta, “Hollywood, del ensueño al reino
de las pesadillas”, Revista adn La Nación, 14/2/2009). Con respecto a la “política del barroco”, digamos
que el barroco fue la política de la Contrarreforma católica, no la política de los productores judíos de
Hollywood. El barroco como política fue un agere contra, que define además la imperfección del hombre
y, por lo tanto, su necesidad de la Gracia de Dios. Fue “ese arte de puro movimiento y de expresiones a
veces patéticas [que] es un grito de triunfo de la Redención, un canto de victoria del catolicismo sobre el
pesimismo de un protestantismo frío y desesperado” (en palabras de Mons. Lefebvre).Un movimiento
contra la autosuficiencia del hombre y por lo tanto una contundente declaración artística de su
dependencia de Dios, cosa que el cine de Hollywood jamás demostró. Respecto de “lo barroco” –cosa
distinta de la “política del barroco”- ampliamos en nuestro capítulo “El cine y el misterio”.

[12]
frecuencia una fuente importante de poder “blando”. Simples artículos como
los pantalones vaqueros, la Coca-Cola o las películas de Hollywood
contribuyeron a la obtención de resultados favorables respecto de al menos
dos de los más importantes objetivos americanos después de 1945. Uno de ellos
fue la reconstrucción democrática de Europa después de la Segunda Guerra
mundial y el otro fue la victoria en la Guerra Fría. El plan Marshall y la OTAN
fueron instrumentos decisivos pero las ideas transmitidas por la cultura
popular americana reforzó su efecto”.29 Y por si no queda claro, Elmer Davis,
director de la agencia de propaganda estadounidense durante la Segunda
Guerra, Office of War Information (OWI), declaró: “La manera más fácil de
inyectar una idea de propaganda en las mentes de más gentes es hacérsela
entrar por medio de un filme de entretenimiento cuando no se dan cuenta de
que están siendo objeto de la propaganda”30

“Why We Fight”, serie de filmes documentales de propaganda dirigidos por el gran director
Frank Capra y escritos por los hermanos Julius y Philip Epstein, los mismos guionistas de los
films propagandísticos de ficción “Casablanca” y “Mr. Skeffington”.

Aquella tesis del contrapoder judío-católico parece fundamentarse solamente


en una teoría que no se demuestra en la práctica, no en las obras mismas del
cine ni en los hechos, donde tal cosa es imposible de comprobar. Lo cual no
quiere decir que algunos films puedan oponerse a la corriente moderna liberal,
pero no como decisión premeditada de un gran estudio que en definitiva
depende de tal sistema para sobrevivir. Porque si se habla de un supuesto pacto
29
Joseph S. Nye, ex -subsecretario de defensa de EE.UU. “Más Hollywood, jeans y cultura americana que
gestas guerreras”, diario Clarín, 5 de setiembre de 2004.
30
“Las películas en la cultura americana: el control del entretenimiento en América, 1930-1968”, Gregory
D. Black, Universidad de Missouri, Kansas City. “La OWI quería infundir propaganda a las películas, y
escribió un manual para los realizadores que llevó a los estudios a producir filmes que enfatizaban la
guerra como una “guerra del pueblo”, una batalla entre ideologías en conflicto (fascismo vs.
democracia), no una guerra entre diferentes razas. La OWI preguntó a cada realizador: “¿Ayudará esta
película a ganar la guerra?”. Idem. Asimismo Roosevelt ordenó crear una Sección de Cine del War
Department, al frente de la cual estuvo Frank Capra, que movilizó en principio a Anatole Litvak y Joris
Ivens para la serie de documentales de propaganda “Why We Fight”. En realidad no sabían por qué
peleaban.

[13]
o acuerdo entre judíos y católicos, la pregunta es ¿judíos y católicos en qué
sentido? Sólo cabe hacer tal mención en el terreno de lo religioso, no otra cosa
define el ser judío y el ser católico. Porque, en el caso de que no exista tal
práctica o visión del mundo influida por la religión, entonces se tratará de dos
personas agnósticas o ateas que se sientan a hablar, por lo cual su condición
religiosa no estaría definiendo su denominación. Pero si se habla de judíos y
católicos se habla de la religión judía y la religión católica, las cuales son como el
agua y el aceite. Si quienes se dicen judíos y católicos llegan a un acuerdo, lo
harán dejando de lado su condición de judíos y católicos, entonces hablar de
“judíos y católicos” será desacertado. Si el agua y el aceite se mezclan es porque,
o el agua no es tan agua o el aceite no es tan aceite. Y como en el postulado que
analizamos se refiere una determinada visión del mundo coincidente, esa visión
del mundo estará exenta de la mirada religiosa o una de las dos visiones acerca
de lo religioso habrá defeccionado en el camino, para llegar a tal acuerdo.
Siendo los judíos los dueños exclusivos de todos los grandes estudios, ¿quién
cree el lector que habría cedido en su posición? Eso en el caso de existir el
determinado acuerdo o connubio entre católicos y judíos. Si el lector recuerda,
por ejemplo, de qué manera el cine abordó los temas religiosos católicos, y los
temas bíblicos y evangélicos (recuerde por ejemplo las dos versiones de “Rey de
Reyes”), comprenderá quién tiene la última palabra y qué clase de influencia
tienen los católicos en Hollywood en ese punto. Piense también, de paso, que el
único director católico no resabiado de liberalismo o no del todo asimilable para
el Sistema, sino en los réditos económicos de sus películas, Alfred Hitchcock,
nunca recibió el archifamoso premio Oscar31, y más bien fue tratado no como un
gran artista, sino como simple “entretenedor”, papel al que hubo de confinarse
para poder mantener su relativa independencia de criterio32.

31
Especie de canonización profana con la que Hollywood se ensalza a sí mismo.
32
Ya en sus últimos años le dieron de consuelo el premio honorario denominado “Irving G. Thalberg”,
que suele entregarse a directores o artistas ya casi jubilados o que se desea enterrar, y que Hitchcock
recibió con desdén. “Hollywood nunca supo el gran artista que era –dijo uno de sus colaboradores
Samuel Taylor- Bajo las circunstancias adecuadas, hubiera debido ser nominado para todos los premios
de la Asociación de Directores y todos los Oscars. La hipocresía básica de Hollywood es que no creen
realmente que el cine sea un arte. Hitch sabía todo eso, estaba metido muy dentro de él. El y Alma lo
sabían. Lo doloroso que debió ser para ellos el estar donde estaban y no ser totalmente apreciados,
especialmente después de que abandonaran Inglaterra por esa misma razón, esperando que América les
proporcionara lo que no había hecho Londres. Pero Hollywood solamente les convirtió en los payasos
de la casa” (cit. en “Alfred Hitchcock. El lado oscuro del genio”, por Donald Spoto). Ni Hollywood ni su
biógrafo citado le dieron el respeto que merecía, y ni siquiera la Iglesia supo prestar la atención debida a
sus obras. Hasta fue despreciado explícitamente por algunos críticos que llegaron hasta acusarlo de hacer
un cine aburrido (sic) y arrastrar a la juventud hacia una cultura neonazi (sic) (estos ataques provocaron la
sana reacción de críticos como Chabrol y Rohmer a fines de los años ’50). Un periodista llamado Román
Gubern, uno de esos españoles de izquierdas que se creen muy avanzados por seguir la corriente del
mundo, tipos como éstos que son los que lanzan una “leyenda negra” contra Hollywood a la vez que
sacan beneficios de un mundo que Hollywood se negó a combatir, escribió que no había que tomar a
Hitchcock muy en serio. Ni reconocimiento a un lado, ni del otro ni de arriba. De allí el triste final del
genio católico del cine.

[14]
Cecil B. de Mille debió modificar su versión de “Rey de Reyes” (1927) por presión de la Logia
B’nai B’rith, ofreciendo una versión light e infiel a la historia de la Pasión de Cristo. La versión
de 1961 sería más falsa aún.

Pero la referida tesis se asienta fundamentalmente en el llamado elemento


austrohúngaro, y eso se debe a que algunos de los productores, directores,
guionistas, y técnicos judíos procedían originalmente de allí33. Sin embargo, no
fueron tantos como parece. Sí varios (no todos) de los productores judíos que no
habían asimilado la religión imperante del Imperio (católica), como sí
asimilaron la nueva religión del liberalismo “made in USA”. Si hacemos un
recuento de los directores, de un total de 70 de los más activos realizadores que
trabajaron en la etapa clásica de Hollywood, contamos 42 nacidos en Estados
Unidos y 28 en el extranjero. De estos últimos, nacidos bajo el Imperio
Austrohúngaro, se cuentan: Billy Wilder y Otto Preminger (directores muy
talentosos pero corrosivos y bien liberales -que incluso tuvieron problemas con
la Iglesia Católica)34; Michael Curtiz (húngaro, director de la propagandista
“Casablanca”)35; André De Toth (mediano director, húngaro); Edgar G. Ulmer
33
“El elemento austrohúngaro es una forma de continuidad territorial del cine que apareció organizada
desde el comienzo de aquél. Esta territorialidad es asimilable o entendible debido tanto a la cantidad de
autores de films de ese origen, a las diégesis acuñadas, como también a determinado punto de vista
histórico o formal.” A. Faretta, “El concepto del cine”, Ed. Djaen, 2005.
34
Tal vez la gran influencia que sí pudieron haber tenido estos dos directores la hayan recibido de Arthur
Schnitzler, que no necesitó poner un pie en los Estados Unidos para extender hasta allí su sombra. Ophuls
también lo llevaría hasta Hollywood. De todas formas todos estos artistas no tenían más de diez años de
edad cuando el Imperio tocó a su fin. Preminger, cuyo padre había sido el único judío Fiscal General del
Imperio, tenía un resentimiento contra el catolicismo, y se infiere por sus comentarios que los judíos no se
sentían del todo cómodos en el Imperio, pese al cargo obtenido por su padre. Wilder, por su parte,
admirador de Estados Unidos desde niño, retrata así a su padre: “Mi padre era un soñador y un
aventurero que durante toda su vida estuvo buscando algo, sin saber exactamente qué era. Soñaba con
hacerse rico, y por eso cambiaba de negocios a salto de mata” (Billy Wilder, “Nadie es perfecto”, Ed.
Grijalbo 1992). ¿Acaso a ese ideal crematístico puede llamársele mentalidad austrohúngara?
35
Curtiz (Mihaly Kertest) parece haber sido el que mejor se adaptó al liberalismo yanqui, por eso dirigió
una enorme cantidad de películas todas muy diferentes entre sí pero todas complacientes al sistema. Por
ejemplo, el musical “Navidades blancas”, basado en Irving Berlin. Como escribió Jones: “Dios le dio a
Moisés los diez mandamientos, y a Berlin le dio “Desfile pascual” y “Navidades blancas”. Las dos
fiestas celebran la divinidad de Cristo –la divinidad que es la verdadera causa del rechazo judío al
cristianismo- ¿y qué es lo que hace Irving Berlin tan brillantemente? Las descristianiza. A la Pascua la
transforma en un show de moda y a la Navidad en un feriado con nieve...este es el cristianismo

[15]
(talentoso realizador de films clase “B”, pero no “gran autor”); Fritz Lang
(seguramente el mejor de todos, autor pesimista que debió en algún momento
acomodar las cosas forzado por el sistema liberal, volvió a Alemania después de
1945); Charles Vidor (mediocre autor de la tan publicitada “Gilda”); Josef von
Sternberg (otro gran director); Erich von Stroheim, (inasimilable por ninguna
cinematografía); y finalmente el más sobrevalorado y premiado de todos, Fred
Zinemann (autor de bazofias como “A la hora señalada” o “De aquí a la
eternidad”36, entre otras). Había alemanes como William Dieterle (realizador de
“La vida de Emilio Zola”, oscarizada); Henry Koster (el de “El manto
sagrado”37); Ernst Lubitsch (consumado y disolvente comediante, el del “toque”
Lubitsch); Curtis Bernhardt (muy buen director); Douglas Sirk (maestro del
melodrama, últimamente muy sobrevalorado) y Robert Siodmak (uno de los
mejores directores, no suficientemente estimado); los dos últimos regresaron a
Alemania tras el final de la Segunda Guerra. También había ingleses como
Alfred Hitchcock (católico, el mejor de todos los directores para nosotros, y el
más ajeno al sentir hollywoodense, único que no realizó ni westerns ni
musicales, géneros los más representativos del cine norteamericano), Edmund
Goulding (alternó melodramas muy buenos con pavadas acerca de la
espiritualidad hindú como “El filo de la navaja”), Charles Chaplin (liberal de
izquierda) y James Whale (autor de las inolvidables Frankenstein y otras de
terror, luego decayó). Había nacidos en Rusia como Anatole Litvak (director
interesante pero nada destacado) y Lewis Milestone (asimilado). Y rumanos
como Jean Negulesco (hizo cosas valiosas pero no muy personales), o italianos
como Frank Capra (gran director pero católico liberal que llevó su contradicción
a cuestas). Y los nacidos en Francia Jacques Tourneur (talentoso hacedor de
films fantásticos memorables pero nada “esotéricos”, como se quiere ver por
allí, además de films de aventuras) y William Wyler (uno de los mejores de
todos, autor de obras maestras pero también de films muy liberales durante la
guerra). Y nacidos en Canadá como Mark Robson y en Australia como John
Farrow (interesantes pero siempre al servicio de lo que el estudio demandase).
Por no decir que había hijos de inmigrantes como Joseph Mankiewicz, George
Cukor o Vincente Minnelli (tres maestros que habían heredado una impronta
tradicional de la vieja cultura europea, pero en algún momento se mostraron
purificado de odio a los judíos” (E. M. Jones, ob. cit.)
36
“La peor herejía de nuestros tiempos es la supresión –supuesta- del pecado. Ahí tienen una obra
célebre en nuestros tiempos, la novela de ochocientos páginas “De aquí a la eternidad” de James Jones,
que escandalizó a Norteamérica, y de la cual hicieron una cinta. Es un gran fresco muy verídico y
minucioso del ejército norteamericano en tiempos de paz, en Hawai, antes del desastre de Pearl-
Harbor:”our brave boys”. Un montón de hombres sometidos a una disciplina rígida: bravos, sufridos,
altivos, estoicos: una sociedad pagana. Allí se ha suprimido el pecado contra Dios: se peca contra el
Reglamento o contra el Camarada o contra el Superior, o contra la Patria. Se ha echado fuera el pecado
cristiano; y por tanto, todo el Cristianismo. El Pecado retorna en forma de inhumanidad, angustia,
crueldad, desesperación. Es un verdadero horror, que sobrecarga el alma: hizo bien el intendente de
Buenos Aires al prohibir hace poco su traducción. No se puede dar una idea sin leer el enorme libro de
lo que es eso”. P. Leonardo Castellani, “El Evangelio de Jesucristo, Ed. Dictio, pág. 347.
37
“En la Argentina se ha visto mucho una película “holliwoodense” llamada EL MANTO SAGRADO, en
la cual el proceso de Cristo y sus promotores está escamoteado; y la idea que saca el vulgo es que a
Cristo lo mataron los romanos; es decir, ¡los fascistas!; y que Cristo murió por la “democracia”. Han
aplicado a la teología la técnica de los dibujos animados: el manto (no la túnica, que es lo que los
soldados echaron a suertes) obra brujerías; pero no se sabe si Cristo es Dios, o qué. La “cinta” está
inspirada por ese neomahometismo culto que parece ser la teología de una gran parte del pueblo yanqui;
conforme a lo que predijo hace más de un siglo y medio el conde Joseph de Maistre: ”El protestantismo
vuelto sociniano –negada la divinidad de Cristo- no se diferencia ya esencialmente del mahometismo”. P.
L. Castellani, nota en “El Evangelio de Jesucristo”, Dictio, pág. 199.

[16]
complacientes a las ideas liberales). Hasta aquí lo dicho, del conglomerado
estrictamente austrohúngaro, es decir, de aquellos que nacieron y se criaron en
su niñez allí, y que habrían trasladado la mentalidad del Imperio a Hollywood,
resultan un total de tan sólo diez realizadores que no tuvieron una influencia
decisiva en el cine norteamericano, o, en todo caso, algunos de ellos la tuvieron
en forma negativa (de los buenos films católicos –no decimos únicamente de
fábula confesional, sino de sentido católico- que se hicieron en Hollywood, y por
lo tanto contrarios al “modo de vida americano”, ninguno salió de sus manos; se
mencionará “Un hombre de dos reinos”, pero es un film muy mediocre
probablemente premiado por razones políticas, al que incluso su director Fred
Zinemann contradijo en muchos otros de sus films liberales). El personal
técnico devenido de aquellas tierras, consumados artistas, músicos y actores,
debieron adaptarse a esa gran industria regida con mucha inteligencia y talento
por los productores. ¿Fueron éstos los que le dieron el contenido
austrohúngaro, o en realidad el tono general se ajusta a una gran variedad de
influencias europeas todas asimiladas al liberalismo de América? Tal vez los
restantes ensayos de este libro ayuden a completar el panorama de una pugna
entre una forma de ver el mundo tradicional y simbólica y un naturalismo y
paganismo que se imponen y se utilizan como forma de dominio cultural. Pero
nunca hay que dejar de tener en cuenta que Hollywood ha sido un reflejo de la
sociedad norteamericana, profundamente contradictoria, capaz de ofrecer lo
mejor y lo peor del ser humano. Decir que “tampoco deberíamos olvidar que el
cine clásico norteamericano es obra de descendientes de italianos como
Minnelli, de ingleses católicos como Hitchcock y alemanes como Lang” 38 nos
parece una simplificación. El cine norteamericano clásico es mucho más que
eso, lamentablemente.

La Navidad hollywoodense: descristianizada.

Quizás la mejor tradición del Imperio disuelto en 1918 se haya quedado


desperdigada por Europa, en las obras de escritores como Hugo von
38
A. Faretta, “El cine llegó a su fin”, Revista Ñ Clarín, 24-12-2005.

[17]
Hoffmannsthal, Karl Kraus, Robert Musil, Hermann Broch, Franz Werfel y
Joseph Roth39. Esa realidad perdida que entonces se añora y se piensa saben no
podrán ya encontrarla ni recrearla sino en sus obras. Un Imperio que era sacro
pero también mundano, y cuya unidad de diferentes etnias y religiones sólo
pudo mantenerse en la cohesión católica que, cuando empezó a defeccionar
influida por sus enemigos y por los nuevos tiempos modernos, terminó de
preparar al Imperio para su final. Porque no se olvide que de la Viena de la
efervescencia cultural también salió Freud, y allí nació también el movimiento
sionista de Theodor Herzl. Contradicciones inasimilables en un cuerpo que
resultaba extraño para los nuevos tiempos que la sinarquía mundial planeaba.
Los autores mencionados comprendieron que ese “alegre apocalipsis”, como lo
llamó Kraus, no podría ser superado, porque ya no había una tierra de
promisión sin su Emperador40.
Tal vez lo que se quiera afirmar en la tesis que confrontamos sea que lo que se
vio continuado en el cine de Hollywood ha sido el “espíritu austro-judío”,
expresión usada por Paul Engelmann para describir el ambiente del cual
participó Ludwig Wittgenstein. Lo cual sería distinto, pero también algo difícil
de evaluar. En todo caso, si “el imperio demostró entonces que se podían tener
todos los beneficios de la era industrial, técnica y científica pero sin aceptar los
parámetros liberales que supuestamente hacían posible tal estado de cosas”41,
no parecieron entenderlo así los productores y directores refugiados en
Hollywood, que en gran medida con su aporte a la campaña bélica y
“democratizadora” de las dos guerras mundiales –en especial de la Segunda-
contribuyeron a extender los parámetros liberales a la vieja Europa y el resto del
39
Pero sin dudas el espíritu del Sacro Imperio se quedó refugiado con Carlos I, su último monarca, que
murió desterrado en la isla de Madeira, Portugal, en 1922. Hoy es Beato de la Iglesia Católica.
40
Otro hijo del Imperio Austro-Húngaro que se quedó en Europa fue el talentoso director Ladislao Vajda,
que filmó mayormente en la España católica de Franco, pero también en Portugal, Italia, Alemania y
Suiza.
41
A. Faretta, “Espíritu de simetría”. Creemos también que es simplificar demasiado decir, unas líneas
más abajo, que “para acabar con esa “mancha”, con ese baldón, con ese testigo peligroso y constante de
que podía haber modernidad sin liberalismo, se inventó toda una guerra; y mundial”. Es cierto que el
Imperio Austrohúngaro era un inconveniente para la masonería y los planes mundialistas. Pero acabar con
él no fue la única ni principal razón para inventar la primera guerra. La estrategia de Gran Bretaña (y la
élite mundialista) para el control del oro, las materias primas, los mares y el petróleo tenía un gran
enemigo y ése era Alemania. El avance por parte de este país en la construcción del ferrocarril Bagdad-
Berlín le permitiría el acceso rápido y directo a los campos de petróleo de Medio Oriente, además de
acceder a un lugar de suma importancia geo-política. Anteriormente el Imperio Británico había impedido
la extensión del ferrocarril al Golfo Pérsico, asentando en Kuwait un “protectorado británico”. La última
conexión ferroviaria en Europa se encontraba en Serbia. Poco antes de concretar este enlace fue asesinado
el heredero del trono austríaco por un asesino serbio, por lo cual Austria-Hungría le declaró la guerra a
Serbia. Así ingresaron en la misma por diferentes tratados previos Alemania, Francia, Rusia e Inglaterra.
La finanza internacional a través de la Masonería, que excitaba estas diferencias y provocó el crimen
desencadenante, también hizo entrar en la guerra a los Estados Unidos, mediante la sucia maniobra del
“Lusitania”. Una forma de dominar aún más a aquel país y utilizarlo para sus fines, además de cambiar la
mentalidad de su pueblo. Como resultado se destruyó el Imperio Austro-Húngaro, último imperio
católico; se arruinó a Alemania; se entregó Rusia al Comunismo; Inglaterra y Francia se repartieron
Medio Oriente; y los británicos –a través del sionismo- obtuvieron el “protectorado” sobre Palestina, en lo
que luego se iba a transformar, tras la segunda contienda mundial, el Israel judío. El nacionalismo
desenfrenado de cada nación tuvo su castigo, y el interés de formar un gobierno mundial, a través de la
“Liga de Naciones” fracasó. Pero el empeño continuó. Se formó el “Instituto Real de Asuntos
Internacionales” (RIIA) para coordinar las acciones imperialistas anglo-americanas, y su filial
norteamericana “Council on Foreign Relations” (CFR), financiada por el banquero J. P. Morgan, que
continúa funcionando hasta nuestros días. Cfr. Alan B. Jones, “Cómo funciona realmente el mundo”,
Editorial Segunda Independencia, 2000.

[18]
mundo, como cualquiera puede observar a través de los films de guerra
norteamericanos, por no hablar de otros géneros interesados en la movilización
total.
Debe decirse entonces que había una larga tradición artística, una manera de
hacer las cosas heredada que encontró en Hollywood su “paraíso” donde poder
desplegar ese talento. Pero luego esa tradición no fue abonada o nutrida por una
forma de pensamiento que necesariamente debía asentarse en lo católico, ya
que aquellos autores habían crecido en los restos finales de una sociedad
edificada por el Cristianismo. Muchos de esos artistas ya habían empezado a
pensar como liberales en los estertores finales del Imperio. Por lo cual parece
que fue en Estados Unidos, la tierra del Liberalismo, donde su pensamiento –
especialmente el de los artistas judíos- se terminó de secularizar, lo cual no les
quitó, por supuesto, el talento.

Hollywood ofreció sus mejores recursos para que maestros como Alfred Hitchcock desarrollaran su
potencial artístico, pero al costo de tener que volverse un entertainer y casi un clown para poder soportar
la independencia de criterio en una industria que nunca le reconoció su talento.

No está muy lejos de la verdad, aunque resulte una generalización, la


afirmación de los mismos interesados de que “podemos concluir que el cine fue
un paso gigantesco hacia la sociedad de consumo de finales del siglo XX. Por
lo tanto, hay quien afirma que fueron judíos de Hollywood los que refinaron,
pulieron y popularizaron el concepto del modo americano de vida, al
convertirse en la herramienta capaz de mostrar a los trabajadores comunes la
visión de una existencia mejor”42. Esta visión exclusivamente terrena se ha
unido a la vocación “salvacionista” del “destino manifiesto” norteamericano:
“La vocación de América no es la que Virgilio expresara a propósito de Roma:
“Tu regere...”, sino la de salvar a la humanidad de los oscurantismos, de las
guerras, de las revoluciones, de la miseria de la condición humana. En una
palabra: la salvación por la buena fórmula cuyo principio y cuyo final están
inscritos en la Constitución y en las leyes americanas. El American way of life
es su traducción fiel, invariable para todos los pueblos. Tarde o temprano, y
con ayuda de la pedagogía americana, la humanidad entera la adoptará”.43 La
42
Jaime Broner, “El cine como entretenimiento de masas”, “Nuevo Mundo Israelita”, Venezuela.
43
Thomas Mollnar, “La influencia de América en Europa”.

[19]
vocación “salvadora” se ha dado a través de una de las más notorias
contribuciones de los artistas judíos al “american way of life”, nos referimos a la
creación de los Superhéroes, que de la historieta pasaron luego al cine y el serial
con gran éxito. “Superman, Batman y el Capitán América fueron creaciones de
autores judíos que hasta hicieron luchar a algunas de sus criaturas contra los
nazis”, nos informa una nota de la Revista Viva de Clarín (a raíz de una
exposición en París de tal temática llamada “De Superman al gato del rabino”)
que lleva este significativo título: “Superjudíos”. También lo fue “El hombre
araña”. Pero es el gran superhéroe norteamericano el que muestra de qué
manera se asimiló a América: “El psicólogo y profesor de la Escuela Integral
Hebreo Uruguaya, Yehudá Ribco, en su página serjudío.com, señala una serie
de características —algunas explícitas, otras no tanto— de Superman en su
etapa más conocida de defensor de la justicia, las cuales, a su parecer, podrían
estar vinculadas con el Judaísmo. “Para empezar, Superman nació de la
mente de un adolescente judío en 1933 y su meta era proteger a los indefensos,
precisamente en la era del comienzo del auge de Hitler y su imperio del mal”,
apunta Yehudá Ribco, lo cual podría explicar detalles como los nombres de los
personajes y del planeta natal de Superman, así como su salvación en un arca
“espacial”, que parece una referencia bíblica a la salvación de Moisés, aunque
también podría referirse a los Kindertransports que salvaron a miles de niños
judíos de la amenaza nazi, llevándolos a Gran Bretaña. Ribco también señala
que Superman es un individuo que vive en el exilio, la Diáspora, ya que su
patria fue destruida en un inmenso cataclismo. Al igual que muchos judíos,
ama su patria de adopción, pero no desdeña su origen. El personaje de
Superman es un extranjero que, cuando oculta su identidad, se muestra débil y
apocado, pero cuando actúa de acuerdo a su esencia auténtica es
increíblemente poderoso. En particular, el hecho de que este héroe de capa
roja y mallas azules tenga un alter ego puede guardar relación con la historia
del Pueblo Judío, que ha sido víctima de asedio y cuyos miembros incluso han
tenido que cambiar sus nombres para evitar ser reconocidos, pasar desa-
percibidos y salvarse de sus persecutores. “Superman trabajó la tierra, pero
escogió un oficio que lo vincula con las letras, tal como el Pueblo Judío, que era
campestre pero siempre unido al Libro”, afirmó Ribco y asegura que el
personaje está para servir al prójimo sin pedir nada a cambio: “La justicia y el
servicio son sus objetivos, los villanos lo odian de corazón y no descansan en
su afán de exterminarlo”. Además observa que cuando Superman está cerca
de ciertos elementos impuros —la criptonita—, pierde los poderes que lo hacen
especial.44 Pero no se vaya a creer que estos superhéroes tan impolutos y
democráticos eran unos santos. Porque podían combinar las hazañas contra los
malvados que atacaban la Libertad con el sadomasoquismo, “mujeres desnudas
con látigos y tortura exótica”, como nos informa otro artículo de Clarín titulado
“Superman y el sexo con látigos”, donde se muestra un ejemplar de la historieta

44
“Superhéroes con raíces judías”, Andrea Hernández. “Nuevo Mundo Israelita”, Venezuela. Desde
luego, Superman es una evidente burla hacia el único Hombre-Dios, Jesucristo, e inclusive en las
historietas se ha podido ver una explícita parodia de la imagen de La Pietá. Digamos también como dato
curioso pero significativo, que pocos días antes de que el Presidente de EE.UU. anunciara que habían
matado a Osama Bin Laden, en la revista de Superman éste había renunciado a su ciudadanía
estadounidense, principalmente debido a que esa condición le ocasionaba problemas de impopularidad.
Ahora, como ciudadano global, podrá impartir justicia por todo el planeta, y nos atrevemos a suponer que
nadie osará criticarlo desde los medios de comunicación, en su oculta condición de judío, como suele
ocurrir habitualmente.

[20]
de Joe Shuster llamado “Secret Identity: The Fetish Art of Superman’s Co-
Creator Joe Shuster”, con su correspondiente portada “erótica”.

Superman, superhéroe judío salvando al mundo, y luego disfrutando de placeres que su


moral le permite sin ninguna culpa. Los dibujos animados y luego el cine de actores rescataron
su figura hasta el día de hoy.

Podríamos hacernos muchas preguntas acerca del lado oscuro de Hollywood


que no se quiere ver, o arrimar datos, como por ejemplo:
¿Por qué convirtieron en leyenda al productor Irving Thalberg, muerto en
1936, velado en la sede de la logia masónica B’nai B’rith45?
45
Su nombre completo es “The Independent Order of B’nai B’rith” (La Orden Independiente de los Hijos
de la Alianza). Uno de los antiguos presidentes de la Orden ha escrito: “Los miembros de la B’nai B’rith
están destinados a preservar nuestra preciosa herencia judía (...) el refuerzo de nuestros rangos a través
del mundo dará más peso a nuestra voz”. Los “Hijos de la Alianza” quieren ser, a la vez, la punta de
lanza del pueblo judío y los poderosos jefes de sección de las obediencias masónicas en la lucha contra
la religión católica y en la creación y organización de diversos grupos que operen para la desaparición
de las naciones y de los pueblos para llegar a instaurar un poder supremo mundial que se remita,
finalmente, a sus manos. Su influencia es considerable: “Su influencia es tal que incita a los candidatos a
la presidencia de los Estados Unidos de América a presentarse delante de ellos antes de cada elección
(...) Los B’nai B’rith están representados en el seno de la mayoría de las organizaciones internacionales
tales como las Naciones Unidas y la UNESCO, y en cuanta organización no gubernamental haya (...) La
Orden hasta tiene sus entradas en el Vaticano”(publicado en “Tribuna judía” del 23 de diciembre de
1985). Los banqueros Warburg, Jacob Schiff y Gugenheim, que aportaron los fondos necesarios para el
éxito de la revolución bolchevique, pertenecían a esta organización.” “Hacia el gobierno mundial y su
religión universal. La acción de la B’nai B’rith”, Revista Iesus Christus Nº 47, septiembre/octubre de
1996. Otro que pertenecía a la logia era Sigmund Freud. El premio honorífico que otorga la Academia de
Artes y Ciencias Cinematográficas, en la ceremonia del Oscar lleva el nombre “Irving G. Thalberg”.
Dice Ricardo de la Cierva en su libro “Los signos del Anticristo”, siguiendo a Emmanuel Ratier en su
obra “Mystéres et secrets du B’nai B’rith”, que “el B’nai B’rith se instaló en medio de ese mundo (del
cine) y creó una serie de logias profesionales entre los judíos que se sentían atraídos por el cine, entre
los que no pocos se pueden considerar como los creadores de Hollywood (...) El presidente de la orden,
Alfred M. Cohen, consiguió del gran director Cecil B. de Mille la modificación de algunas escenas de su
famosa película “Rey de Reyes” para que no recayese sobre los judíos las culpas de la pasión de Cristo.
En 1927 la orden judía firma un acuerdo con el organismo más importante de Hollywood para la
producción y distribución de películas con el fin de evitar tratos antisemitas en ellas. Desde entonces la
influencia judía en el mundo del cine ha alcanzado una gran amplitud y profundidad, a partir del
dominio judío en las productoras Paramount y Warner. La orden judía creó una Logia especial para el

[21]
¿Por qué Hollywood (la Metro con Thalberg a la cabeza) contrató a Buñuel en
su etapa surrealista, luego de escandalizar con su anarquismo anticlerical en
“La Edad de oro”, y por qué durante la Guerra civil española los republicanos lo
enviaron a Hollywood, donde iban a hacerse con los años varias películas
favorables a la causa comunista? Entre ellas “The angel wore red” (Nunnally
Johnson, 1960), “Por quién doblan las campanas” (Sam Wood, 1943) y “Behold
a pale horse” (Fred Zinemann, 1963). La causa roja no fue apoyada
abiertamente por el gobierno debido a la presión de los católicos
norteamericanos, pero tanto el presidente Roosevelt como la industria del cine
apoyaron la realización de este cine (el que Buñuel se haya ido casi enseguida de
Hollywood se debió a su autenticidad española y una independencia de criterio
que lo hacía irreductible: encontró hipocresía en la corrosión hollywoodense).
El carácter propagandístico de las películas norteamericanas se explicita
indudablemente: “A principios de 1939, Will Hays, presidente de la “Asociación
de Productores y Distribuidores de América”, celebró una reunión de
representantes de las principales instituciones educativas, grupos civiles y
religiosos, clubs de mujeres, organizaciones juveniles y algunos miembros de
la Comisión de Relaciones Públicas del MPPDA. Hablaron de las películas
como si fueran parte de los archivos de la nación, símbolos de su poder, armas
muy eficaces. Los asistentes pidieron “la continuación y aumento...de esos
tratamientos que han hecho que el cine norteamericano sea un verdadero
producto de la democracia, al poner de relieve en espectáculos populares la
larga lucha por la libertad, y las esperanzas y aspiraciones de los hombres
libres en todos los lugares del mundo”46.
¿Por qué el presidente masón Roosevelt puso a su hijo James a trabajar como
vice-presidente de la compañía de Samuel Goldwyn, en 1939? El hijo del
presidente comentaría años después, sin aclarar demasiado: “En realidad,
Hollywood era potencialmente importante para mi padre”47.
¿Por qué afirma A. Scott Berg en su libro sobre Goldwyn que “Ahora que por
primera vez Estados Unidos y los judíos tenían un enemigo común (2GM)
Hollywood empezó a encontrar su verdadera religión”? ¿Cuál era esa religión?
Uno de los íconos de la cultura norteamericana, el famoso arquitecto Frank
Lloyd Wright, afirma en uno de sus libros que la nueva religión es la
democracia, por lo tanto la Iglesia debe ser “enterrada”: “La democracia es
inherente al alma, y no un recurso práctico (...) Las tradicionales formas
religiosas, como tantas tradiciones, hoy, deben extinguirse en todas sus
formas menores para que las formas superiores de la Tradición puedan vivir.
Comprender esta verdad equivale a comprender el cambiante desarrollo que
ya debemos a la idea de democracia, y abrir paso al retorno del culto en la
vida del ciudadano así como a la elevación y a la integridad que la nación
exige para sobrevivir (...) La auténtica religión jamás muere, porque lo mismo
que el trabajo, es indispensable para la vida del hombre. Pero desde la última
gran guerra, la Iglesia –según la vimos entonces- debe ser enterrada. Y muy
hondo” 48. Este personaje fue glorificado por Hollywood en un film basado en su
vida, llamado “The Fountainhead” (dirigido por King Vidor y protagonizado por
Gary Cooper; aunque no refleja la faceta mencionada, sí una soberbia

cine que en los años cuarenta llegó a contar mil seiscientos afiliados.”
46
A. Scott Berg, “Goldwyn”, Ed. Planeta.
47
A. Scott. Berg, ob. cit.
48
“La ciudad viviente”.

[22]
individualista que prescinde de toda consideración trascendente o sobrenatural;
allí el hombre es como un dios).
El presidente Roosevelt le pidió a Goldwyn que hiciera una película a favor de
la Unión Soviética. El ministro de asuntos exteriores de Stalin, Molotov, aprobó
la idea. No se sabe por qué, dicen que por una cuestión de dinero, pero no se
asegura, el director estipulado para realizarla, William Wyler, se negó a viajar a
Moscú para filmarla. Finalmente Michael Curtiz dirigió una película favorable a
los soviéticos llamada “Mission to Moscow” (1943)49.
Fue tan evidente la infiltración comunista50 en el cine tras la guerra que –
probablemente provocada por el mismo establishment para no ser descubiertos
y lograr el efecto adverso al pretendido- se formó una comisión llamada
“Alianza Cinematográfica para la Defensa de los Ideales Americanos”, liderada
por John Wayne, Gary Cooper y Walt Disney entre otros, una extraña mezcla. A
conveniencia de la Guerra Fría se suscitaba una impostada reacción del
liberalismo contra el comunismo (aunque por parte de muchos de sus
participantes había una sincera preocupación ante el avance comunista en todos
los grupos decisorios e influyentes), en verdad favorable para la causa marxista,
que dejó se expurgaran sus eslabones más débiles e insignificantes, dejando
intactas las altas esferas del poder. No faltó el rabino Edgard Magnin que
afirmara: “Yo no tenía ninguna duda de que el comité iba a la caza de judíos”,
sugiriendo tal vez involuntariamente una ligazón íntima entre el comunismo y el
judaísmo. Dejamos al lector perspicaz e informado que saque sus conclusiones.
Uno de los géneros que con más brillantez sirvió para promover conductas
permisivas o destilar simpáticamente ideas liberales sobre moral fue el de las
comedias de enredos matrimoniales, que en los últimos años –sin la calidad de
aquellas- se viene entregando profusamente desde el cine y la televisión
norteamericanos. El tema del divorcio como motivo recurrente nos hace
comprender que aquel cine superprofesional, elegante y simpático no dejaba de
ser un cine revolucionario. Para ampliar el tema, nadie mejor que Castellani:
“No podríamos decir, porque no sería exacto, que las luchas sociales de
nuestros tiempos han nacido directamente de la ruptura de la ley de los
matrimonios sacros, como en Roma; pero sí se puede decir que las dos cosas
aparecen juntas, y tienen una causa común, que es la filosofía antitradicional
llamada liberalismo; nacido en el seno del empirismo inglés, que a su vez
recibe la impulsión de la filosofía antitradicional de Descartes. El primer
49
Esta película “se adentraba en un tema tan espinoso como las purgas de Stalin en el período 1937-
1938. Durante esos años, la dictadura soviética acusó de alta traición a numerosos intelectuales y
políticos, acusándoles de deslealtad con el régimen, de colaboración con el nazismo (hecho curioso,
cuando poco después Stalin pactaba con Hitler) y de trotskysmo. Testigo de esos procesos (farsa de
procesos) fue el entonces embajador americano en la URSS, Joseph Davies (interpretado en la película
por Walter Huston). El embajador escribió un libro sobre su experiencia justificando a Stalin, y la
película recoge todos estos procesos presentando al stalinismo como el bueno de la función (...)El
estreno de esta película pseudo histórica (...) fue polémico a causa de la abierta propaganda soviética
que contenía (aparte de su escasa calidad artística). Pero el poderoso Jack Warner la defendió a
ultranza acusando de fascistas a los que osaban atacarla”. (Fernando Alonso Barahona, “McCarthy o la
historia ignorada del cine”, Criterio, 2001). Lamentablemente, el autor de este libro, desde un punto de
vista conservador de derecha, no alcanza a ver el fondo de la cuestión, siendo involuntariamente parte de
la estudiada dialéctica derecha vs. izquierda. Otras películas pro-soviéticas made in Hollywood fueron:
“Days of glory” (Jacques Tourneur, 1944); “Song of Russia” (Gregory Ratoff, 1943); “The north star”
(Lewis Milestone, 1944).
50
Para entender mejor la infiltración comunista o más bien stalinista en Hollywood en los años ’20
conviene remitirse a la obra de Stephen Koch “El fin de la inocencia. Willy Münzenberg y la seducción
de los intelectuales”, Editorial Tusquets, 1997.

[23]
proyecto de divorcio surgió durante la Revolución Francesa, en la Asamblea
Legislativa; pero le tocó a la Tercera República implantar el divorcio en
Francia, con la ley Naquet. El Protestantismo dio el mal ejemplo del divorcio
con Enrique VIII y la aprobación de Lutero a la bigamia del Príncipe de Hesse;
pero no lo convirtió en ley; lo mismo que Napoleón I que lo usó para sí mismo,
pero no dejó aprovecharlo por los otros. Había una ley de divorcio legada por
la Revolución Francesa, pero Napoleón no la reglamentó ni la usó: hizo
declarar nulo su matrimonio con Josefina por cinco Cardenales venales.
Cuando el divorcio apareció, el capitalismo estaba fuertemente formado en
Inglaterra, estaba formado el proletariado y la lucha social estalló. Al
capitalismo le conviene el divorcio; está dentro de su filosofía. Carlos Marx
por otra parte, en el Manifiesto Comunista es el testigo de la ley de Vico,
porque hace valer, como argumento a favor suyo, la disolución del
matrimonio sacro entre los burgueses. “¿Vosotros nos acusáis a los comunistas
de propiciar el amor libre?”, dice. “Vosotros vivís en un hervidero de
adulterios, legalizados o no legalizados. Vosotros vivís de hecho en el amor
libre”. Estas rupturas sociales, en parte fruto de las pasiones, están apoyadas
y cobran consistencia por la ruptura de la tradición en filosofía, por una
filosofía antitradicionalista”51 . La liviandad con que en tales comedias se
trataba el divorcio52 (que es un desorden con el que se quiere reparar un orden
alterado, o la apelación sentimental de que el fin justifica los medios), algo
comúnmente aceptado en la sociedad norteamericana, se unía también a las
comedias donde la mujer pasaba a ocupar el rol masculino y tomaba la
iniciativa, todavía como anomalía, pero ya como rol protagónico erotizante del
hombre por parte de la mujer, que, ahora emancipada en cuestiones de amor,
ocupaba un nuevo puesto en la llamada por Jünger “movilización total”. Se trata
de las llamadas screwball-comedy, que tanto podían servir para mejor conocer
la relación de pareja como para simplemente animarse a buscar la aventura que
sólo se obtiene fuera del hogar. Esto es lo que Castellani llamaba el “amor libre
o matrimonio de Hollywood.”53

51
“San Agustín y Nosotros”, pág. 194, Ed. Jauja, 2000.
52
Una comedia musical se titula “La alegre divorciada”. Su afiche vergonzante muestra una serie de
bataclanas contoneándose y revoleando sus piernas, etc.
53
Billy Wilder llega al extremo, en 1959, de poner en el papel de la mujer a un hombre travestido, en su
famoso film “Una Eva y dos adanes” (Some Like it Hot), al que el director de la Legion of Decency,
Padre Thomas Littel calificó como “absolutamente obsceno” y censuró su tema por “travestismo con una
clara implicación de homosexualidad y lesbianismo” (Gregory D. Black,”Las películas en la cultura
americana: El control del entretenimiento en América, 1930-1968. Univ. de Missouri). Pero la Legión al
final fue complaciente con la película, ya que estaba hecha con mucha gracia: estábamos en tiempos
cercanos al Concilio Vaticano II y no había que oponerse al mundo.

[24]
“La alegre divorciada” o la comedia musical como forma de traficar el “amor libre o
matrimonio de Hollywood”.

A pesar de que Hollywood era capaz de meterse con todos los temas, todos
los tiempos y todos los lugares, desde un simple drama rural a un negro policial
urbano, desde una historia de los egipcios hasta la vida de Napoleón, desde una
historia de gauchos hasta el futuro en el espacio sideral, desde los hombres
primitivos hasta la mitología griega, desde la guerra de los Boers hasta los
caballeros del Rey Arturo, sin embargo, hubo temas que resultaron tabú, lo que
indica claramente que la supuesta oposición del poder hollywoodense con
respecto al poder político norteamericano no era tal. Por ejemplo, la Pasión de
Jesucristo. Sí, porque aunque se realizó muchísimas veces, jamás de acuerdo a
los Evangelios y los datos históricos, sino siempre de una manera lavada,
enjuagada y planchada, cosa de no hacer enojar a los judíos fariseos de nuestro
tiempo. Tampoco se mostraron los horrores del comunismo, sus matanzas, su
esclavitud. Apenas se esbozó una aparente oposición durante la guerra fría, para
reforzar la tramposa dialéctica de “capitalismo vs. comunismo”, con películas
que no daban al espectador una verdadera noción de lo que aquello
representaba. Otros temas prohibidos fueron el genocidio armenio, las bombas
atómicas arrojadas en Japón, las matanzas a civiles tras la Segunda Guerra
Mundial por parte de los aliados, la destrucción de Monte Casino, el martirio de
los católicos en los países orientales, el islamismo54, etc.
54
“El mundo moderno, hoy descristianizado, no difiere en nada esencial del mahometismo, a no ser por
su atavismo cristiano, y por la resistencia desesperada de los fortines católicos aún en pie.
(...) Tomando por ejemplo los libros que documentan fidedignamente la mentalidad común de
Yanquilandia, en lo que concierne la moral y la religión (como el “Babbit” y el “Elmer Gantry”, de
Sinclair Lewis, la veintena de novelas policiales difundidísimas de Erle Stanley Gardner o la ingeniosa
obra maestra de Kenneth Fearing, “The big clock”), uno comprueba en forma contundente que ese
pueblo vivaz, poderosísimo y temible no es amoral ni inmoral como lo tachan los resentidos de
Sudamérica, sino que tiene realmente una moral y una religión, quizá más acremente afirmada que la
golpeada moral católica de South America; pero que esa moral y esa religión corresponden rasgo a
rasgo y punto por punto al mensaje de Mahoma y no al de Cristo. La misma comprobación se podría
hacer con la literatura de los demás países protestantes; lo cual omito, por no incurrir en prolijo. La
profecía de De Maistre se ha cumplido tanto en la Moral como en la Dogmática.
A saber: creencia en un solo Dios inaccesible; supresión o falsificación de la mística; negación de la
Encarnación y, en general, del misterio; naturalismo, antisacramentalismo, apelo a la emoción y la
acción, socialización de lo religioso...Todo esto en lo dogmático; mas en lo moral: poligamia, esclavitud,

[25]
En un documental exhibido hace pocos años en un festival de Buenos Aires,
llamado “Hollywoodism, Jewish, Movies and the American Dream”, dirigido
por Simcha Jacobovici55 y escrito por Stuart Samuels, se dice que “La gran
ironía de Hollywood es que los americanos llegaron a definirse a sí mismos
por la fantasía de América creada por judíos venidos de Europa que
inicialmente no fueron admitidos en los lugares de poder de la América real”.
Creemos ver allí un intento de reivindicación, a partir de una verdad que hoy se
concreta, de los valores artísticos que se dieron en Hollywood como obra
absoluta y exclusiva de los judíos. Hoy son posibles tales actitudes porque los
judíos sí tienen el poder absoluto en la industria del cine, la comunicación y los
entretenimientos56. Pero está claro que si gran parte de verdad es la afirmada,
también es cierto que por entonces Hollywood entregaba también los mejores
films del mundo, los clásicos más perdurables, y los valores morales que hoy se
ignoran. Y, aunque Hollywood fue una creación judía, sin embargo, como dice
E. M. Jones, “desde 1934 a 1965, los judíos de Hollywood fueron forzados a
reprimir su “actitud permisiva” en las películas que producían57. La era

guerra santa, culto a la riqueza, energía bárbara de struggleforlifer...me remito a todos los que conocen
a Norteamérica. La mentalidad actual del protestantismo degenerado es mahometismo cultural y
religioso. Su cosmovisión o su mensaje actual no difieren esencialmente del Islam”. R. P. Castellani,
“Cristo ¿vuelve o no vuelve?”, Dictio, 1976.
Interesante comprobar cómo esa mentalidad permite el avance y la mayor aceptación del islamismo. El
diario del 30 de agosto de 2010 (La Nación) trae dos noticias aparentemente menores. Por un lado, el
Presidente de EE.UU. Obama apoya la construcción de una mezquita en Manhattan, a sólo dos cuadras de
donde estuvieron emplazadas la Torres Gemelas, sustentado en la “libertad religiosa”, siendo que en el
islam no se permitiría la construcción de una iglesia católica o de cualquier otra religión que no fuere la
mahometana. Por el otro, en Europa, y esto es más grave, el presidente libio Kadhaffi realizó un
“meeting” para adoctrinar a mujeres jóvenes en el islamismo, diciendo sin problemas que “El islam
debería convertirse en la religión de toda Europa.” Y anticipando que con el ingreso de Turquía a la
Unión Europea esto será una realidad. En China, por su parte, se anuncia la construcción de la ciudad
“Mundo del Islam”, en la región de Ningxia, la cual estará lista para el 2012. “Expondrá las costumbres y
tradiciones de los musulmanes de todo el mundo” (AIN, “Valores religiosos, Clarín”). Y en Bélgica,
aunque no se lo crea, un templo católico, cedido por su párroco, se convierte en mezquita los viernes,
donde “el suelo se cubre con alfombras, se tapan las imágenes cristianas y se llama a la oración desde el
campanario” (Rel, “Valores religiosos, Clarín”). En Estados Unidos, año 2010, los musulmanes y judíos
“son los que más contentos están con la gestión del mandatario de los Estados Unidos. Los protestantes,
mayoría en el país, les siguen en optimismo”. (Prensa latina, “Valores religiosos, Clarín”). Finalmente,
recordemos que a Hollywood siempre se lo llamó “La Meca” del cine.
55
Éste es el mismo que produjo el falso documental de James Cameron sobre “El sepulcro perdido de
Jesús”.
56
Están en sus manos: AOL Time Warner (HBO, TNT, TBS, CNN, TCM, Warner Brothers, Time Inc.);
Walt Disney Company (ABC, ESPN, A&E, Lifetime, Miramax Films, Caravan Pictures, Touchstone
Pictures); Viacom Inc. (CBS, Paramount, MTV, Nickelodeon, Showtime, Country Music Television,
Nashville Network Cable, Infinity Broadcasting (radio), Pocket Books, Free Press, Schribner, Simon &
Schuster); Vivendi Universal (Universal Studios, USA Networks, Houghton Mifflin Publishers);
Murdoch’s News Corporation (Fox Television Network, 20th. Century Fox Films, Fox 2000, New York
Post, TV Guide); New World Entertainment; DreamWorks SKG. Cfr. “El sionismo y los medios”,
zionismexplained.org, cit. en “Patria Argentina” Nº 27 octubre 2006.
57
Las ligas puritanas, las asociaciones católicas y la Iglesia fueron las que, viendo la creciente
corrupción moral que el cine derramaba en la sociedad, empujaron hasta lograr el hoy tan denostado
código de censura (Production Code o Código Hays) que se creó en 1930 y entró a regir en 1934. Ya en
1933 se había creado por parte de los católicos la National Legion of Catholic Decency (los católicos
representaban el veinte por ciento de la población estadounidense). Las siete grandes productoras que
controlaban el negocio del cine debieron aceptarlo so pena de perder taquilla en un negocio que estaba en
crisis tras el crack del ‘29. La sociedad todavía no estaba preparada para lo que se muestra hoy sin ningún
tipo de censura. El gran error de aquella censura fue fijarse en pormenores de escotes o besos antes que en

[26]
dorada de Hollywood no fue un esfuerzo conjunto; fueron los católicos
salvando a los judíos de sus peores instintos. Los católicos perdieron, con
terribles consecuencias para la nación. El tipo de judío representado por el
rabino Dresner declinó, mientras que el tipo representado por Woody Allen se
elevó hasta convertirse en icono cultural. Los católicos perdieron la guerra
cultural porque aceptaron valores judíos sobre sexualidad representados por
Woody Allen, de la misma manera que habían aceptado valores WASP sobre
anticoncepción”58 . Por supuesto, Jones señala que los mencionados pecados
sexuales no se aplican a todos los judíos o a toda la cultura judía, por eso resalta
al rabino Samuel Dresner en su larga oposición a la cultura degenerada, hoy
dominante, y que encarna Woody Allen. Pero esto es algo que -según relata
Jones- ya en 1970 el Time lo señalaba: “Estaba en la vanguardia anunciando el
copamiento de la cultura norteamericana por parte de los judíos. “Los EE.UU.,
afirmaba Time, “se están volviendo más judíos...Entre los intelectuales
norteamericanos el judío se había vuelto un héroe cultural”. El artículo en el
Time fue precedido por un artículo más revelador aun en la revista Look, que
se publicó “el 25 de enero de 1966 explicando “cómo los judíos cambiaron la
enseñanza católica”. Esto fue retomado por Leo Pfeffer en un discurso en
octubre de 1976 sobre “El triunfo del humanismo secular”, donde “declaraba la
victoria en la guerra cultural y anunciaba que los judíos habían derrotado a
los católicos luego de 40 años de guerra por la cultura norteamericana. Los
términos de la paz cartaginesa impuestos a los derrotados católicos
norteamericanos incluían aborto, pornografía, la pérdida del control de las
universidades católicas, la redefinición de la perversión, y la transformación
del discurso”59 . Las evidencias de esto que se dice están a la vista en el cine, la
televisión, la publicidad y los espectáculos de hoy, donde rige, como afirmó
James Hirsen en su libro “Tales from the left coast”, “una agenda anti-
cristiana”,60 y más aún, satánica. Pero es bueno aclarar que las cosas no
funcionaban así durante el período clásico, por la razón ya asentada. Así que
puede decirse que tanto los católicos que defeccionaron como los judíos de
entonces que no estarían de acuerdo con este estado actual de las cosas fueron al
menos permisivos o miraron para otro lado. Ahora se quieren apoderar de todas
las cosas buenas que se hicieron entonces, olvidando el aporte sustancial que los
católicos y los judíos no pervertidos por el liberalismo hicieron para que
Hollywood no se convirtiera en lo que es hoy61.

ideas y comportamientos corrosivos e inmorales, por eso muchas veces el código se tornó inútil ante las
ideas liberales que, desde luego, tenían que ser más sutiles. Además al tratarse de un país con “libertad
religiosa”, toda clase de errores en la materia eran propalados sin que la censura lo pudiera impedir. De
todos modos el mejor cine se hizo bajo la censura. Ya casi en desuso, el código fue abolido en 1967.
58
E. Michael Jones, “El judío revolucionario”, revisión realizada por Robert Sungenis, Ph. D. En “Patria
Argentina” Nº 263, Enero 2010.
59
E. Michael Jones, Ob. cit.
60
“El periodista sostiene que en “Tales from the left coast” reveló cómo el mismo Hollywood que se
presenta a sí mismo como un lugar de tolerancia e inclusión, es hostil con los compañeros que quieren
ser conservadores, republicanos o cristianos”. El caso que más destaca es el de Mel Gibson y su película
“La Pasión de Cristo”. (“Libro sobre Hollywood defiende La Pasión de Mel Gibson y se convierte en best
seller”. ACI).
61
Para dar de rebote enseguida a la viciosa tendencia a considerar “antisemita” a todo aquel que se
propone profundizar el estudio de asuntos que involucran a personas judías, nos adherimos a lo que decía
hace mucho el Padre Castellani: “Yo rezo todos los días por la conversión de los judíos; es muy buena
devoción. Y es devoción segura, porque es seguro que se convertirán un día. Esa devoción para en seco
el antisemitismo, que es una tentación del pueblo cristiano, y es un grave error”. (Domingueras prédicas
II, pág. 20.) Por otra parte, evidenciadas verdades indiscutibles, “no debe la cuestión judía servir de

[27]
Hellboy, ejemplar de la nueva agenda hollywoodense: anticristiana y satánica (nótese el
rosario colgado al cinto y la cruz en el pecho de la “novia” del “héroe”).

¿Cómo entender el cambio que se operó en el cine de Hollywood a partir de


mediados de los años ’60? ¿Por qué si durante su época clásica, de alguna forma
“la industria del entretenimiento encontró la forma de dramatizar la decencia
y hacer fascinante el heroísmo”62, durante las últimas décadas “Estados Unidos
ha estado exportando una imagen extremadamente negativa de sí mismo”63?
Como dice el citado autor, “el cambio se produjo en parte debido a un cambio
en las personas que dirigían los grandes estudios y cadenas de televisión”. Los
grandes y talentosos productores ya no están, es cierto. Esto es lo que afirma
también Ángel Faretta en un artículo64. Pero hasta ahí llegan, sin dar la
respuesta a por qué se produjo ese cambio que no fue sólo de personas. El
problema es que antes había cambiado la sociedad norteamericana y la agenda
mundialista respecto de los EE.UU., que ahora eran arrastrados a toda clase de
guerras que no debían ser ganadas. Una nueva oleada de derrotismo y
sometimiento al pueblo norteamericano (como se dio hacia la Guerra de
Secesión) se había instalado, de la mano de la televisión, las drogas y el
rock’n’roll. El cine también debía aportar lo suyo. Estados Unidos, de dar la
imagen del campeón de la libertad pasó a ser el malo de la película, hasta el
punto de que hoy pareciera que se quisiera “desmitificar” todo el cine realizado
en su etapa clásica. Lo que ocurre es que aquellos primeros productores judíos
llegaron a América con el deseo de asimilarse, y se hicieron más
derivativo al descontento y decepciones de la hora presente, de suerte que “EL JUDIO” aparezca en una
especie de mitología simplista como la única causa de los males que sufrimos. Trátese de ideas, de
hombres o de instituciones, hay otros culpables, y en especial nos sería realmente muy cómodo golpear
nuestra “mea culpa” en el lomo de los judíos, cuando las faltas e infidelidades de los cristianos tienen el
primer rango entre las causas del desorden universal”. (L. Castellani, “Las ideas de mi Tío el Cura”,
Editorial Excalibur, pág. 58.) También debe decirse que, “los antisemitas que hoy día odian ciegamente
al judío, por despecho, envidia o superstición, son en realidad cristianos judaizados. No israelitas, no
ciertamente; ni tampoco católicos” (Castellani, “Las parábolas de Cristo”).
62
“Hollywood y el antiamericanismo”, Michael Medved. Neoliberalismo.com.
63
Idem ant.
64
“Hollywood, del ensueño al reino de las pesadillas”, Revista adn La Nación, 14/2/2009.

[28]
norteamericanos que los mismos norteamericanos, en cuanto liberales. En
cambio, estos productores y directores judíos de hoy –que son en realidad
gerentes o empleados de grandes corporaciones multimediáticas- obedecen a la
agenda sionista del lobby israelí. Su lealtad ha cambiado de lugar y no hay
fuerza católica que se los impida65. De allí que aparezcan films como “Bastardos
sin gloria”, aberrante película que celebra y glorifica el terrorismo judío contra
los alemanes, incluyendo la tortura y los asesinatos “selectivos” (como dijo
alguien, en una reactualización de las ideas criminales de Erenburg, el carnicero
soviético)66, o el triunfo de la sexualidad depravada en comedias tributarias del
modelo Woody Allen. Por todo esto, “aunque los productos populistas de la
época de oro de Hollywood ciertamente alentaron un afecto mundial por
Estados Unidos, la actual producción degradante y nihilista pudiera provocar
el efecto contrario, ayudando a aislar a este país visto como símbolo de una
morbosa decadencia”67. Y, sin haberlo previsto, los grandes estudios que
pelearon y ayudaron a ganar la Segunda Guerra Mundial con su cine de
propaganda han contribuido indirectamente a llegar a esto68.

65
A tal punto llega la dominación de este lobby sobre los EE.UU. –al que algunos llaman el “Imperio
Conquistado”- que hasta el entonces Primer Ministro israelí Ariel Sharon lo confesó, el 3 de octubre de
2001:”Cada vez que hacemos algo, se nos dice que los EE.UU. van a responder así o asá…yo quiero
aclarar, que no deben inquietarse por las presiones americanas sobre Israel. Nosotros, el pueblo judío,
controlamos a América y los americanos lo saben” (Emmanuel Ratier, “Una camarilla sionista detrás de
la política norteamericana en Medio Oriente”, Patria Argentina, junio de 2002).
66
Es interesante destacar que por una escena similar de tortura, pero menos violenta, el establishment
políticamente correcto calificó de “fascista” la película –muy buena, por otra parte- “Dirty Harry” (1971),
pero donde su director, judío por cierto, Don Siegel, remarcaba en una excelente resolución formal, la
gravedad y conflictividad del hecho. Hoy el establishment aplaude esta deplorable muestra de odio en un
bodrio que recibió las mejores críticas y nominaciones al Oscar en todos los rubros principales, a la vez
que las obras maestras de Mel Gibson eran reprobadas e ignoradas en todas las nominaciones.
67
M. Medved. “Hollywood vs. América”, Idem.
68
Tal vez la imagen más contundente sobre lo que significó el nuevo orden instaurado por el triunfo
yanqui-comunista-sionista en la Segunda Guerra, lo dé, indirectamente, la película “Hellboy”,
absolutamente satánica. Allí, al comienzo, cerca del final de la guerra, un asesor paranormal “católico”
del presidente Roosevelt conduce a unas tropas hasta Escocia, donde un grupo de ocultistas nazis,
ayudados por Rasputín, planean desatar las fuerzas demoníacas que servirán a Hitler para su reinado del
mal en todo el mundo. Pero los yanquis lo impiden, no pudiendo evitar que del gran agujero abierto hacia
la oscuridad haya caído a la tierra un pequeño demonio. Este demonio es adoptado por los
norteamericanos y por este sabio “católico”, quienes posan felices para una foto. El demonio será hecho
bueno por aquellos, transformándose en un superhéroe que combate a las fuerzas del mal nazis que están
de vuelta. En definitiva: la reivindicación del diablo desde el lado democrático-católico, con claras
ofensas a la Religión católica. A esta película (producida por “Revolution Productions”) se llegó gracias a
ese triunfo sobre un enemigo real que habían contribuido a erigir ellos mismos para ubicarse en el lugar
del “Bien”. Pero parece que en Hollywood la idea de “redimir al diablo” estaba desde hace mucho
tiempo, pues aunque con sentido metafórico, había una película del año 1924 llamada “El diablo
santificado” (A sainted devil), con Rodolfo Valentino. Recordemos finalmente que el logo de la primera
asociación de productores formada por los judíos, como ya lo asentamos, tenía la imagen del diablo.

[29]
“The Searchers” (1958), de John Ford. El gran cine que nos dejó el viejo Hollywood.
Hoy los héroes del cine son monstruos o “avatares”, cuando no humanos bestializados como
los de “Bastardos sin gloria”.

Aunque podría decirse mucho más sobre aquello que se llamó “Hollywood”, y
se podrían enfatizar valores artísticos o ejemplos de nociva divulgación (el cine
que amamos y el cine que odiamos ha salido de allí), hemos querido ceñirnos a
aclarar aquellas aseveraciones polémicas que nos parecían inexactas y
simplificadoras. Volvemos al comienzo para afirmar que no basta lanzar una
“leyenda”, trátese del color que se trate, sino que es mejor recuperar la verdad,
distinguir para además poder entender el porqué de este hoy. Porque las cosas
vienen desde el ayer, y se hace necesario entender cómo y por qué, a través de
qué medios el mundo de hoy es como es, y cómo se ha descristianizado
Occidente y se ha destruido una tradición. “Las ideas tienen consecuencias”, se
llama un libro que hemos citado, y las ideas se despliegan y se difunden a través
de la cultura en que viven los hombres, a través de sus comportamientos,
costumbres, modas, a través de los medios masivos de comunicación y, sin
dudas, a través del cine. La formación de Hollywood tuvo que ver
necesariamente con el liberalismo que lo acunó, y una gran parte de su cine
(pero no todo) refleja estas ideas. Si hubo directores de talento o incluso genios
que se beneficiaron de sus estructuras, y productores creativos con quienes
debemos estar agradecidos, ello fue posible porque la sociedad norteamericana
todavía conservaba entonces sus focos de resistencia y de tradición cultural,
religiosa y patriótica, cuya influencia en lo cultural era sostenible. Pero no hay
que quedarse con las excepciones que no nos permiten entender la regla, como
tampoco por un árbol creamos conocer lo profundo del bosque y encima hacer
de éste algo sagrado. Hoy los mercaderes han llegado a usurpar el templo, con
sus pompas y sus fastos brillantes de alcantarilla. Parece que las cosas se
mostraran mucho más claras que antes, y sin embargo son cada vez más los que
se niegan a ver. Como decía Castellani: “Dime quién te divierte y te diré quién te
domina; a los argentinos antes nos divertía Cervantes, ahora nos divierte el
Cine Yanqui”69. Que también puede ser “dixie”, lo mismo da. El cine que a
nosotros nos interesa es en verdad universal, que no es lo mismo que decir
ecumenista liberal. Universal porque se sostiene en la verdad, que es objetiva,
anterior a nosotros y está por encima de nosotros, como el sol que nos ilumina y
69
Leonardo Castellani, “Las ideas...” pág. 137.

[30]
nos permite ver. Eso si no cerramos los ojos o nos ponemos anteojos para ver las
cosas del color que más nos guste. Un cine universal que salió algunas veces de
Hollywood, pero muchas otras no.

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