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Apuntes sobre religiones, esoterismo y exoterismo

(Benedicto González Vargas)

Muchas veces me ha tocado intentar explicar este fenómeno, pero tengo muy claro
que en poquísimas oportunidades he logrado transmitir cabalmente mis hallazgos sobre este
tema. Una dificultad no menor es, sin lugar a dudas, la semántica que ha abierto múltiples
opciones a la significación de las palabras, donde el uso (mal uso) ha venido canonizando
aquellas que no son, precisamente, las que sirven para entender estos temas. Por esta razón,
permítanme entonces primero precisar algunos vocablos.

Tradición: cada vez que usamos esta palabra se tiende a creer que se trata de una
acción o hecho que se repite reiteradamente casi de manera folclórica y sin que haya
demasiadas razones para ello. Sin embargo, para comprender el fenómeno religioso a la luz de
lo esotérico y lo exotérico, debemos entender por tradición un conocimiento o enseñanza que
es posible reconocer en distintos lugares y tiempos, en la enseñanza y ejemplo de personajes
tan diversos como Buda, Jesús o Zoroastro y que, no obstante pertenecer a diversas
nacionalidades y épocas, se vislumbra con claridad en ellas una comunión de ideas, una
cadena de pensamiento ético, como si una fraternidad anterior y posterior a todos ellos los
envolviera. Cuando la Masonería se declara “tradicional y simbólica” se refiere a esto y no a
unas costumbres arcaicas y a unos símbolos más o menos arbitrarios.

Símbolo: En las universidades de todo el mundo se enseña la Semiótica o Semiología,


que es la disciplina que estudia los signos y símbolos. La academia, no obstante, ha perdido el
conocimiento de los símbolos y se limita a agruparlos como partes del signo, declara que son
arbitrarios y convencionales y no hace mayor distinción entre los que velan información
tradicional y los que podemos ver en cualquier señalización de tránsito. Sin embargo, una
disciplina mucho más antigua y mucho más profunda, la Simbólica, que no se encuentra en las
universidades, sino en las verdaderas escuelas tradicionales, es la única capaz de enseñar
cómo los símbolos velan verdades antiguas y como esas verdades se traslucen en los ritos, en
los mitos, en las alegorías, en las enseñanzas de todas las religiones y tradiciones iniciáticas.

Iniciación: Para la mayoría de las personas equivale a un rito de paso, a un inicio, a una
especie de ceremonia simbólica o alegórica que no añade nada a quien la recibe, salvo la
calidad de iniciado en esas prácticas. La iniciación, por el contrario, es una verdadera
invocación a la apertura de conciencia que, solo en la medida en que el iniciado lo comprende,
podrá ir apropiándose de las energías que le permitan sacar provecho de esas verdades que,
de otra manera, solo serán letra muerta. Algunas escuelas tradicionales, un tanto equivocadas
o demasiado empujadas al proselitismo, aseguran cierta condición mágica a la iniciación que
hace que los recipiendarios adquieran automática las virtudes o calidad que en la ceremonia se
menciona. Una tradición verdadera sabe y enseña que eso no es así, que solo apunta a
predisponer la conciencia, que abre canales para la adquisición de la enseñanza, pero que en
ningún caso actúa mágicamente para transformar al individuo, porque esa es una tarea
personal.

Transformación: La herramienta fundamental de las escuelas iniciáticas es la Alquimia,


tan desprestigiada que en las clases de química de nuestras escuelas se hace burla de ella. La
Alquimia nunca buscó transformar el plomo en oro, entender eso es quedarse en la literalidad
del símbolo, la alquimia buscaba y busca transformar al ser humano, de una naturaleza baja,
demasiado pegado a la materialidad (plomo) en una superior, cercana a la Divinidad (oro). El
atanor del alquimista es, entonces, la misma herramienta del masón cubicando su piedra o del
teósofo, quemando con su Llama Violeta.

Esoterismo: No es en ningún caso una ciencia mágica o adivinatoria de ninguna


especie, sino que el estudio del ser y de los fenómenos, desde su naturaleza intrínseca y
trascendente. Con razón se ha dicho que el esoterismo puede prescindir de la religión, pero no
así la religión del esoterismo. Sin esto, la religión solo es un conjunto de leyes caprichosas, de
rituales vacíos. Sin esoterismo, la religión es superstición. Al margen de las necesidades
exotéricas, la primera función de la religión debería ser atender la realidad esotérica, que no es
otra que la dimensión espiritual del ser humano.

Exoterismo: Ni siquiera se menciona en ninguna parte. Equivale a la expresión pública,


a la cara visible de la religión, a la enseñanza ritual, simbólica o mítica, desprovista de todo
entendimiento profundo y que funciona para enseñar a las masas que no buscan conocimiento
profundo, sino solo una guía de comportamiento.

Teniendo estos conceptos más o menos claros, se puede abordar este tema señalando
que todas las grandes religiones tienen, énfasis más o menos, enseñanzas similares, que
pueden resumirse, por ejemplo, en la llamada Regla de Oro que incluyo al final. Estas
enseñanzas similares son tan profundas que deben ser veladas a través de símbolos, ya que su
comprensión excede las posibilidades de transmisión a través de las palabras. Desde esta
perspectiva, tanta enseñanza tradicional hay en el budismo, como en el cristianismo, en el
islamismo, hinduismo, zoroastrismo, taoísmo, judaísmo, odinidmo, sintoísmo o en las
religiones greco-romana, egipcia, azteca, hopi o mapuche. No quiere decir que todas las
religiones sean tradicionales, pero sí que podemos reconocerlas por sus innegables vínculos
iniciáticos (que solo se revelan tras el estudio desapasionado y desprejuiciado).

El símbolo velado funciona como las capas de una cebolla. La cebolla en su


exterioridad, es la religión exotérica, la que todos pueden ver y que suele ser muy distinta o
similar a otras cebollas. Sin embargo, al quitar la primera capa, ya estamos en presencia de un
símbolo velado que es netamente esotérico. Sólo algunos iniciados podrán avanzar hasta una
segunda capa y continuar avanzando velo tras velo. Cada sistema tradicional y simbólico tiene
sus propios grados (velos o capas), pero la profundidad de las enseñanzas es similar, mientras
se avanza en el estudio y comprensión de estos símbolos, más se parece una cebolla a la otra.
Obviamente, lo que el iniciado ya conoce, deja de ser esotérico para su ser interno y se
convierte en exotérico, siendo lo esotérico lo que se encuentra adquiriendo y lo que viene
después, que no sabe si podrá alcanzar.

En ciertas instituciones no religiosas, pero si tradicionales o simbólicas, los iniciados


deben pasar por múltiples grados, desde los sencillos tres grados de los esenios o del
compañerazgo francés, hasta los 100 grados masónicos del Rito de Memphis Mizraim. Aunque
una división en 33 grados suele ser la más común, dado el significado esotérico de dicha cifra.
En las instituciones religiosas propiamente tales, los grados se convierten en jerarquías
más o menos reconocibles: Del papa a los cardenales hay una distancia, de éstos a los obispos,
otra. Luego vienen los sacerdotes, los diáconos, los novicios y finalmente los feligreses (7
grados).

Similares jerarquías tienen otras religiones, encabezadas por un Lama, maestro, Gurú,
Patriarca, Hierofante, Sumo sacerdote o cualquier nombre que queramos darle.

En definitiva, toda enseñanza religiosa lleva implícita una esotérica, reservada o velada
solo para quienes tienen la capacidad de comprensión y la amplitud de conciencia para
acceder a ella y una dimensión exotérica que es para la masa militante. Por lo tanto, a partir,
de la comprensión de esa dimensión esotérica es posible superar las limitaciones de la Religión
(que suele identificarse más con lo exotérico) y seguir avanzando por el estudio del
conocimiento más profundo y superior.

BIBLIOGRAFÍA:

AUKAN NAHUEL: La ciencia secreta de los mapuche

CEDEÑO, Rubén: Sacerdocio del Fuego Sagrado

GONZÁEZ, Federico: Programa Agartha

NANDRÖM, Tsering: Filosofía espiritual

SCHOURÉ, Edouard: Los grandes iniciados

TREJOS, Fernando: Introducción a la Simbólica

WILBER, Ken: Psicoterapia y espiritualidad