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Capítulo 3. Clases de obligaciones por razón de su objeto

1. Obligación de dar, de hacer y de no hacer


El art. 1088 CC dice que toda obligación consiste en dar, hacer o no hacer una cosa. A partir de este artículo
la doctrina hace unas consideraciones más bien teóricas sobre cada una de estas obligaciones, de las que
nosotros prescindimos.

2. Obligaciones específicas
Las obligaciones específicas tienen por objeto entregar una cosa determinada individualmente (por
ejemplo, el piso 5º A de la casa núm. 8 de la calle X de la ciudad; o la yegua Z; o el coche modelo tal, de
matrícula X).
La subsistencia de la obligación depende de la existencia de la cosa, por lo que el art. 1182 CC prevé
que queda extinguida la obligación que consista en entregar una cosa determinada cuando ésta se perdiere
o destruyere sin culpa del deudor. Y, como ya vimos, al estudiar el objeto de la obligación, si la cosa se
hubiera perdido antes de la celebración del contrato, éste no nace (art. 1460).

Quien está obligado a entregar una cosa lo está también a conservarla con la diligencia de un buen padre de
familia (art. 1094 CC). El estado en que se ha de mantener la cosa es el estado que tenía cuando nace la
obligación de entregarla (por ejemplo, art. 1468, párr. 1º: el vendedor deberá entregar la cosa vendida en el
estado en que se hallaba al perfeccionarse el contrato; art. 1561: el arrendatario debe devolver la finca tal
como la recibió, salvo lo que hubiere perecido por el tiempo o por causa inevitable).

Según el art. 1097, la obligación comprende la de entregar todos los accesorios aunque no hayan sido
mencionados. Así, el art. 1528 establece que la venta de un crédito comprende la de todos los derechos
accesorios, como la fianza, hipoteca prenda o privilegio.

El acreedor tiene derecho a los frutos de la cosa desde que nace la obligación de entregarla (art. 1095,
primera parte). En el caso de las obligaciones sometidas a plazo -la obligación ya ha nacido, pero no es
exigible- surge la duda de si el acreedor ya tiene derecho a los frutos desde que nace la obligación antes de
cumplirse el plazo. El primer párrafo del 1126 nos dice que el deudor que paga antes del plazo no puede
repetir lo pagado, aunque ignorara la existencia del plazo, y el segundo párrafo añade que tendrá derecho a
reclamar los frutos, si ignoraba la existencia del plazo. En mi opinión si el deudor puede recuperar los frutos
es porque el acreedor no tenía derecho a ellos; en cambio no puede recuperar la prestación pagada
anticipadamente porque el acreedor tenía derecho a ella 1.

4. Obligaciones genéricas
1 No puede recuperar los frutos si paga anticipadamente a sabiendas del plazo no porque el acreedor tenga
derecho a ellos, sino porque el deudor voluntariamente se los ha donado.
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El objeto está determinado con referencia a un género de forma que se cumple entregando cualquier
cosa del género. Se contraponen a las específicas en que el objeto está determinado individualmente. El
Código civil no dedica las obligaciones genéricas ningún epígrafe específico, pero alude a ellas en algún
artículo, como en el art. 1096, párrafo segundo, que las considera susceptibles de ejecución forzosa en
forma específica.
Normalmente la obligación genérica recae sobre cosas fungibles (sustituibles): trigo, un coche de
serie, un libro. Y las específicas sobre bienes infungibles (no sustituibles): una finca, un cuadro de Velásquez.
Pero puede ser que las partes convengan una obligación genérica sobre bienes infungibles: por ejemplo, un
coleccionista de cuadros de Picasso se obliga a entregar uno cualquiera de los cuadros de su colección. O
una obligación específica sobre bienes fungibles: entregar un determinado coche de serie, por ejemplo,
porque lo usó cierta persona (el bien es fungible objetivamente, pero no subjetivamente para el acreedor).

Como especialidad en el funcionamiento de la obligación genérica, nunca se dará la imposibilidad


sobrevenida de la prestación por pérdida de la cosa debida -a la que alude el art. 1182-, con la consiguiente
liberación del deudor si no hubo culpa suya, conforme al principio genus numquam perit.

Para cumplir la obligación genérica llega un momento en que se ha de especificar o concentrar, es


decir, fijar los individuos del género con que se cumplirá. Si no se ha pactado a quién corresponde hacer esta
especificación, la doctrina entiende que, en virtud del criterio del favor debitoris, corresponderá al deudor.
La especificación es importante a efectos de riesgo de pérdida de la cosa, por eso es dudoso que la
especificación la pueda hacer unilateralmente el deudor separando los individuos del género con los que va
a cumplir antes del momento del cumplimiento, pues supondría trasladar unilateralmente el riesgo de
pérdida al acreedor. Y aunque se pactara la posibilidad de que el deudor separara la cosa con la que se ha de
cumplir antes de la entrega, ALBALADEJO opina que hay que entender (a menos que conste la voluntad de
confiar el acto de separación, sin más requisitos, a la exclusiva decisión del deudor) que no basta la
separación, sino que es preciso poner en conocimiento del acreedor su realización y la identificación de las
cosas separadas.

Según el art. 1167 CC en las obligaciones genéricas el acreedor no podrá exigir la mejor calidad, ni el
deudor pretender cumplir con la peor.

5. Obligaciones alternativas
Son aquéllas en que en la obligación han sido dispuestas distintas prestaciones en forma disyuntiva,
de manera que el deudor se liberará cumpliendo por completo una de ellas, no parte de una y parte de otra,
como precisa el art. 1131 CC. Existe una obligación y no una pluralidad de obligaciones. Aunque
inicialmente varias prestaciones son posibles, finalmente sólo una será debida (plura res in obligatione, una
autem in solutione).

5.1 La facultad de elección


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La facultad de elección o concentración corresponde al deudor a menos que expresamente se hubiera


concedido al acreedor (art. 1132, párrafo 1º). Lógicamente las partes también han podido convenir que la
elección recaiga en un tercero o en el azar. Hay que tener en cuenta el art. 1132, párrafo segundo, según el
cual el deudor no podrá elegir las prestaciones imposibles o ilícitas (prueba de que la ilicitud o imposibilidad
de una de las prestaciones no hace nula la obligación alternativa).

La elección no producirá efectos sino desde que fuere notificada (art. 1133) y, desde este momento, la
elección es irrevocable, como se deduce del art. 1136, que establece, para los casos de elección atribuida al
acreedor, que la obligación cesará de ser alternativa desde el día en que la elección hubiera sido notificada
al deudor. Si la elección convierte la obligación alternativa en normal ya no podrá volver a elegir porque sólo
habrá ya una prestación.

Si el deudor es el titular de la facultad de elección, códigos extranjeros (art. 1287 del CC italiano de 1942 y
el parágrafo 264 del BGB) permiten elegir al acreedor. Ante el silencio de nuestro CC, se podría adoptar esta
misma solución, lo cual lleva, en mi opinión, a consecuencias más equitativas que si se obliga al acreedor a
pedir una indemnización de daños y perjuicios por no poder pedir la ejecución forzosa en forma específica
ya que no se sabría cuál había de ejecutarse.

5.2 La imposibilidad sobrevenida de las prestaciones


El Código civil regula las consecuencias de la imposibilidad sobrevenida y las sistematiza según la elección
corresponda al deudor o al acreedor y según se trata de una imposibilidad de todas las obligaciones o de
alguna de ellas. Para dar la solución de cada caso el Código toma en cuenta si en la imposibilidad
sobrevenida ha habido o no culpa del deudor. No es necesario aprenderse de memoria estas normas

6. Obligaciones facultativas
El deudor debe una prestación, pero el acreedor le faculta a liberarse cumpliendo con otra prestación
distinta. Pero la relación obligatoria tiene una única prestación; la prestación objeto de la facultad solutoria
no forma parte de la relación obligatoria (una res in obligatione, plures in facultate solutionis). De manera
que, si la prestación única deviene imposible sin culpa del deudor, éste se libera, aunque sea posible la
prestación objeto de la facultad solutoria. Y si ésta deviene imposible no afecta para nada a la relación
obligatoria, lo único que sucederá es que el deudor habrá perdido la facultad solutoria.

No vienen reguladas en el CC, pero el art. 1153 considera un supuesto: en caso de que se haya
pactado una cláusula penal para el supuesto de incumplimiento del deudor, éste puede eximirse de cumplir
la obligación cumpliendo con la pena, si se le ha facultado expresamente.

7. Obligaciones pecuniarias
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7.1 Concepto. Pago


Son obligaciones de entregar una suma o cantidad de dinero determinada, en cuanto que es dinero.
Por tanto, son genéricas, con la consecuencia de que se puede aplicar la máxima genus nunquam perit y el
deudor nunca podrá alegar la extinción de la obligación por pérdida del objeto.

Si alguien se obliga a pagar en dinero no una cantidad determinada, sino determinado valor, es decir,
la cantidad de dinero que equivalga a determinado valor, se dice que estamos ante una deuda de valor (se
obliga a pagar en dinero lo que valgan 100 kilos de trigo). Se dice que la obligación de indemnizar daños y
perjuicios es una deuda de valor.

Según el art. 1170, párr. 2º, la entrega por el deudor de pagarés a la orden, o letras de cambio u otros
documentos mercantiles, sólo producirán los efectos del pago cuando hubiesen sido realizados, o cuando
por culpa del acreedor se hubiesen perjudicado. Entretanto la acción derivada de la obligación primitiva
quedará en suspenso. El acreedor tiene derecho a la entrega del dinero, por lo que no está obligado a
aceptar estos medios de pago. La aceptación de estos documentos por el acreedor no significa el
cumplimiento de la obligación, salvo que las partes así lo convengan (STS 28 enero 1998 -RJ 1998, 119).

7.2 Nominalismo o valorismo


El fenómeno de la inflación plantea, en las deudas pecuniarias, el problema de si, cuando transcurre un
plazo de tiempo relevante entre los momentos de nacer y cumplir la obligación, el deudor tiene que
entregar la suma de dinero fijada en el momento de nacer la obligación (nominalismo) o la suma de dinero
correspondiente al poder adquisitivo de la primera (valorismo). Tanto la doctrina como la jurisprudencia
mantienen que en nuestro ordenamiento rige el principio del nominalismo, aunque no se encuentra en el
CC una norma que lo establezca, lo cual no es de extrañar, pues cuando se promulgó el CC no existía el
problema de la inflación como existe en nuestros días.

7.3 Remedios correctores del nominalismo


7.3.1 Legales
Son excepcionales. Por ejemplo, la actualización de la renta que preveía el art. 100 de la LAU de 1964
que cada dos años realizase el Consejo de Ministros.

7.3.2 Jurisprudenciales
El Tribunal Supremo ha corregido el principio nominalista, pero de forma muy restrictiva. Lo ha
corregido en la sentencia de 23 noviembre 1962 (RJ 1962,5005), que considera un caso de un contrato
celebrado en el año 1939 mediante el que se conmutó el usufructo vidual por una pensión vitalicia de 7200
ptas. anuales. El Tribunal Supremo la elevó a 30.000. También admitió la corrección en la sentencia de 28
enero 1970 (RJ 1970,503) en un supuesto en que en 1944 se contrató un suministro de electricidad a 8
céntimos el kw (11 en los 4 meses de verano), con un consumo del cliente de 5 kw. El Tribunal Supremo
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revisó el precio y lo elevó a 64 céntimos (75 en los meses de verano). En los años 60 el cliente había pasado
a consumir 3260 kw por mes y el costo del kw para la compañía eléctrica había pasado de 7 a 34 céntimos.

Pero como, hemos dicho el TS se ha mostrado muy restrictivo. La sentencia, arriba citada, de 23 de
noviembre de 1962 exige para la corrección que el aumento de los precios no se deba al imponderable alza
normal y presumible en toda contratación. Así, la sentencia de 6 junio 1959 (RJ 1959, 3026) (que casa las dos
de instancia) da lugar a la opción de compra de un hotel de San Sebastián concertada en el año 1922, por
treinta años, y ejercitada en el año 52 por el precio fijado en el año 22, cuando el inmueble había adquirido
un precio muy superior por efecto de la inflación. Los vendedores creyeron cubrirse de los efectos de la
inflación facultándoles a elegir que se les pagase en pesetas o francos. Pero el franco también sufrió los
efectos de la inflación. La sentencia de 31 octubre 1963 (RJ 1963, 4264) niega la revisión del canon de una
cantera en arrendamiento pactado en 1946 por 25 años. La sentencia de 15 marzo de 1972 (RJ 1972, 1252)
rechaza la revisión del canon de arriendo de una mina pactado en el año 1881. En el caso de la obligación
del prestatario de devolver el dinero objeto de préstamo, la sentencia de 27 octubre 1968 entiende que la
obligación que al mutuatario corresponde en esta clase de contratos es la de devolver la suma o cantidad
numérica en ellos expresada, cualquiera que sea el aumento o depreciación que el dinero haya podido
tener, a no ser que se hubiese pactado lo contrario.

7.3.3 Convencionales. Cláusulas de estabilización introducidas por las partes

a) Admisibilidad de las cláusulas de estabilización


Actualmente no hay ninguna duda, pero en el siglo XIX y comienzos del XX se discutía su validez.

b) Tipos de cláusulas de estabilización


Caben varios tipos de cláusulas: 1) Que el deudor, en lugar de pagar en moneda nacional, pague en otro
bien diferente que se estima que no va a tener depreciación. Si lo sustituimos por un bien que no es dinero,
la deuda ha dejado de ser pecuniaria. Si lo sustituimos por moneda extranjera la deuda continúa siendo
pecuniaria. 2) Que pague la suma de dinero con la que se puedan adquirir la misma cantidad de
determinados bienes que se podían adquirir con la suma de dinero inicialmente debida (cláusulas valor oro
o valor moneda extranjera o valor trigo); es decir, si con la suma de dinero pactada al inicio se podía adquirir
una determinada cantidad de oro, de monedas extranjeras o de trigo, el deudor ha de pagar al acreedor la
suma de dinero que permita adquirir, en el momento del pago, la misma cantidad de oro o de monedas
extranjeras o de trigo. 3) Actualizar la suma inicialmente debida aplicando determinados índices que
reflejan el aumento de los precios, por ejemplo, el índice de precios al consumo señalado por el Instituto
Nacional de Estadística.
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c) Las cláusulas de estabilización y los préstamos con intereses


Las SSTS 15 febrero y 8 de marzo de 1997 (RJ 1997, 1238 y 1912) consideran que cuando el tipo de interés es
elevado de forma que no sólo cumple la función de remunerar el capital, sino la de cubrirse de la
devaluación monetaria, es incompatible con una cláusula de estabilización y, como eso era lo que sucedía en
el caso debatido, declaran la nulidad de la cláusula, si bien hay que precisar que los intereses que
consideraron incompatibles con la cláusula de estabilización eran los moratorios (que se aplicaron, pues los
prestatarios incurrieron en mora) y no los remuneratorios 2.

8. La deuda de intereses
8.1 Concepto y caracteres
En un sentido estricto es la deuda de una suma de dinero que debe ser pagada por la utilización de un
capital de dinero (sería una deuda pecuniaria). El interés ha de ajustarse a la cuantía del capital recibido y a
la duración de la deuda del capital. En un sentido amplio también se ha hablado de intereses cuando
alguien debe devolver una cosa fungible (100 kilos de trigo) y se pacta un interés, pero en cantidad de trigo.
Y hay incluso quien entiende que se pueden pactar los intereses en bienes fungibles de distinto género que
los de la obligación principal.

La obligación de pagar intereses es accesoria de la obligación principal, en cuanto que nace en la


medida que nace la principal y se extingue cuando se extingue la principal. Pero, en cuanto a los intereses
devengados, es una deuda con sustantividad propia.

2 Los dos supuestos de hecho de ambas sentencias son idénticos: las partes litigantes son las mismas y las
cláusulas del préstamo son las mismas, únicamente que se refieren a dos préstamos distintos (6 millones en el
supuesto de la de 8 de marzo 1997 y 8 millones en el supuesto de la otra sentencia). Se había pactado un interés
remuneratorio del 4% y una cláusula de estabilización consistente en revisar el valor del dinero por los índices
publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Además, se habían pactado unos intereses moratorios del
15%. El préstamo se había de devolver en el plazo de un año. Estaba garantizado con hipoteca. Los prestatarios
habían pagado anticipadamente el interés remuneratorio. Pero llegada la fecha del vencimiento no devuelven el
préstamo. Lo prestatarios habían pagado los intereses moratorios (que el prestamista les había reducido al 10%)
correspondientes a las dos anualidades siguientes a la del vencimiento del préstamo, pues aún no lo habían
devuelto. Pasada otra anualidad, los prestatarios mediante notario les entregan unos cheques por el nominal del
capital prestado y los intereses moratorios, al 15%, correspondientes a la otra anualidad y requieren a los
prestamistas para que otorguen carta de pago y cancelación de la hipoteca. Los prestamistas se niegan, pues los
prestatarios habían incumplido la estipulación que les obligaban a devolver no el nominal del capital prestado
sino el resultante de aplicar los índices del INE. Como durante todo este tiempo, en el caso del préstamo de 6
millones, el índice acumulado era 107.1 tenían que devolver, además de los 6 ya devueltos, 6.426.000 ptas. y en
el caso del préstamo de 8millones, como el índice era de100.9, tenían que devolver, además de los 8 ya
devueltos, 8.072.000 (FD 1º de ambas sentencias). El TS argumenta que cuando el interés pactado... (por la
baja tasa estipulada…) no cumple más que la primera función…(retribución…por la utilización…de un dinero
ajeno)…es plenamente compatible don la cláusula de estabilización, pues…desempeñan funciones…distintas.
Pero cuando, por la más elevada tasa estipulada para el interés convencional, ha de entenderse que éste,
además de la primera, cumple también la segunda de las…finalidades (compensación de la devaluación
monetaria…) no puede admitirse su compatibilidad con una cláusula de estabilización…Pero agotando…la
línea de nuestro razonamiento…si además de pactarse un primer interés de tasa notablemente baja (por lo que
ha de atribuírsele únicamente la primera de las funciones…), se estipula también un segundo interés de tasa
significativamente muy superior a la del primero, para el supuesto de que el prestatario incumpla lo
pactado…ha de entenderse…que dicho interés superior tiene también como finalidad la de compensar la
devaluación monetaria producida por la inflación durante el mayor plazo de duración del contrato por lo que
resulta, ética y jurídicamente, incompatible con una cláusula de estabilización específicamente estipulada con
esa misma finalidad, la cual ha de tenerse por nula e . ineficaz. Esta última es la situación producida en el
peculiar supuesto aquí enjuiciado…(FD 5º de ambas sentencias).
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8.2 Clases de intereses


Por el origen, se puede distinguir entre legales, impuestos por la ley (por ejemplo, el art. 282 CC: el saldo de
la cuenta de rendición de cuentas de la tutela devengará interés) y convencionales, impuestos por la
voluntad de los particulares.

Pero también se habla de interés legal por razón de la cuantía: la cuantía del interés es la señalada por
la ley. Normalmente cuando la ley impone el pago de un interés es por la cuantía legal, pero no siempre es
así (por ejemplo, el art. 1108: la ley impone la obligación de pagar un interés al deudor pecuniario moroso,
pero la cuantía de este interés puede ser legal o convencional). Según la Ley de 29 junio 1984 de
modificación del interés legal del dinero, éste se determinará para cada año en la Ley de Presupuestos
Generales del Estado (art. 1) (en la redacción originaria, era el tipo básico del Banco de España, salvo que la
Ley de Presupuestos del Estado estableciera uno diferente).

También se distingue entre intereses moratorios y compensatorios. Los primeros son debidos como
indemnización por el retraso en el cumplimiento de devolver el capital y los segundos como
contraprestación del capital recibido. Esta es la terminología más frecuente. Normalmente se pacta un tipo
de interés moratorio superior al remuneratorio. Obsérvese que mientras el prestatario moroso no devuelve
el capital ya vencido continúa utilizando un capital ajeno y, por tanto, se puede sugerir que los intereses que
devenga el capital vencido todavía no devuelto son remuneratorios, en la medida en que siguen
remunerando el capital y moratorios en la medida en que suponen una indemnización de daños y
perjuicios. Esta observación también lleva a precisar que los intereses remuneratorios se caracterizan por
devengarse por las sumas de capital prestado en poder del prestatario dentro de los plazos pactados y los
moratorios por devengarse por sumas de capital prestado durante el tiempo que han estado en poder del
prestatario cuando tenían que haber sido ya devueltas al prestamista.
Normalmente las partes pactan un interés moratorio superior al remuneratorio. Pero supongamos
que no hayan pactado un tipo para el interés moratorio. Entonces, se aplicará el legal
La ley de 23 julio 1908 -llamada Ley AZCARATE, ministro bajo cuyo mandato se promulgó, o Ley de la
Usura- impone un límite a la cuantía de los intereses convencionales. Declara nulo el contrato estipulado
con un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las
circunstancias del caso3 (interés usurario) o el aceptado por el prestatario en situaciones angustiosas,
inexperiencia o por lo limitado de sus facultades mentales (interés leonino) (art. 1.1); también declara nulo
el contrato en que se suponga recibida mayor cantidad que la realmente prestada (art. 1.2). Además, el art.
9 considera aplicable la ley a toda operación sustancialmente equivalente a un préstamo en dinero
cualquiera que sea la forma que adopte. La jurisprudencia no es unánime sobre si la Ley de Usura es
aplicable a los intereses moratorios.

Con base en la legislación de los consumidores y usuarios, el Juez puede declarar nulos los intereses
moratorios pactados cuando son abusivos. Pero en cuanto a los intereses remuneratorios, sólo cabrá la
declaración de abusividad de manera excepcional.

3 Por ejemplo, beneficio que obtiene el prestatario o riesgo que corre el prestamista.
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8.3 La prescripción de la deuda de intereses


Se ha planteado si es aplicable el plazo de prescripción especial del supuesto de pagos periódicos que
deban hacerse por años o en plazos más breves (3 años, art. 121-21 CCC y 5 años art. 1966-3º CC). La
posición, tras algunas vacilaciones, a la que ha llegado la jurisprudencia del Tribunal Supremo es aplicar la
prescripción especial a los intereses remuneratorios, pero no a los moratorios, a los que se aplica el plazo
genérico de 10 años CCC y 5 años CC. Se justifica la exclusión de la prescripción quinquenal en que se trata
de una indemnización de daños y perjuicios 4.

9. Intereses de los intereses (anatocismo)


El anatocismo consiste en capitalizar los intereses vencidos y no pagados para que produzcan, a su
vez, intereses. Las partes pueden pactar el anatocismo. Se dice que el art. 1109, párr. 1º CC se establece un
caso de anatocismo legal. Según esta norma, los intereses vencidos devengan el interés legal desde que son
judicialmente reclamados, aunque la obligación haya guardado silencio sobre este punto (obsérvese que se
exige la reclamación judicial, mientras que para constituir al deudor en mora, como veremos, es suficiente la
reclamación extrajudicial). Pero si partimos de la definición de anatocismo dada, no estamos propiamente
ante un caso de anatocismo, pues para ello es necesario que los intereses vencidos, al acumularse al capital,
devenguen el mismo interés que el capital y el 1109 nos dice que devengan el interés legal. En los
préstamos que conceden las entidades financieras es habitual pactar que los intereses vencidos devenguen
ya no el interés del capital, sino el interés moratorio pactado.

Sólo si entendemos el anatocismo como intereses de los intereses, en general, es correcto decir que el
art. 1109 establece un caso de anatocismo legal.

4STS de 14 marzo 1964 (Jurisprudencia Civil, núm. 252, p. 24, considerando penúltimo, p. 32): excluye dicha
prescripción de los intereses de demora... que tienen carácter de indemnización de daños y perjuicios .
Sentencia de la AP de Asturias de 20 mayo 1996 (AC 1996, 986, F. D. 5º).