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CRW 5321 12225 Narrative Theory & Poetics

Nicolás Rodríguez Sanabria


Weekly Response 3 / Sept. 12, 2017

El arte de la ficción
Walter Besant, Henry James & R.L. Stevenson

La discusión sobre la poética de la ficción que desarrollan estos tres


autores en 1884 se podría resumir en tres pasos: primero, Besant
legitima la ficción como un arte; segundo, James aplaude la
intención de Besant, pero no su ejecución: el arte no puede ser
diseccionado según el novelista norteamericano. Tercero, Stevenson
precisa sobre los términos usados por sus colegas: no debería
hablarse de “el arte de la ficción” sino de “el arte de la narrativa”. (A
esta discusión podríamos añadir la intervención de Tzvetan Todorov
casi 100 después, donde responde a los comentarios de James
proponiendo que no solo es posible diseccionar el arte, sino que es
necesario para poder describirlo.) Al mismo tiempo los tres autores
esbozan una poética propia, resaltando los elementos que más pesan
en la construcción de una novela para cada uno de ellos.
Entre todos los elementos que discuten los tres escritores, me
llama la atención en especial la relación que cada uno de los autores
establece entre la vida y la ficción, dos términos que parecen
oponerse a primera vista. Por su lado, Besant las conecta en tres
puntos diferentes durante su conferencia: 1. Al mencionar que “la
novela moderna convierte ideas abstractas en modelos vivientes”, 2.
Al proponer que la segunda gran característica de la ficción es
estudiar a los seres humanos y 3. Al decir que una de las reglas de la
ficción es jamás ir más allá de la experiencia personal. Es interesante
ver que estas conexiones que observa Besant van en sentido
contrario, es decir que mientras el numeral uno sugiere que la ficción
da vida a algo que no lo tiene, los otros dos numerales determinan a
la vida como fuente de toda ficción (lo que nos recuerda el énfasis
que le daba Horacio al estudio de la vida para ser buen poeta). Esto
también se puede ver desde la perspectiva de un ciclo infinito: la vida
se presta para obtener ficción de ella, la ficción por su lado produce
vida, de esta nueva vida surge más ficción, etcétera (un buen ejemplo
sería Borges, un autor que extrajo su ficción más de la vida que veía
en otros libros que de experimentar la vida misma).
Besant también resalta la importancia de la selección: la
ficción toma solo ciertas cosas de la vida para darle sentido
dramático, y es este uno de los puntos particulares en los que James
se detiene en su ensayo. Para el novelista estadunidense el elemento
de selección del que habla Besant adultera la vida y reduce la ficción
a un sustituto de la vida. Esto resulta impermisible para James ya
que su tesis principal de poética es que la ficción compite con la vida
y que esta es su razón de ser: la conexión entre vida y ficción es
absoluta. James define a la novela como “la impresión personal
sobre la vida”, cuyo valor reside precisamente en qué tan intensa es
esa impresión, en qué tanto es vida. Así, lo primordial al escribir son
los detalles, aquello que le da aire de realidad a la ficción. Incluso
llega a comparar la ficción con la historia y exige a los escritores que
se aseguren de mantener dicha relación, juzgando como traición
confesar que la ficción es invención.
Por su lado, Stevenson toma una posición completamente
opuesta a James: no es la semejanza con la vida lo que le da razón de
ser a la ficción sino precisamente su diferencia con ella. Mientras
James hace la analogía de la ficción con la pintura (una reproducción
concreta de la realidad), Stevenson la hace con la geometría: la
ficción ve la realidad como una abstracción. De esta manera, el deber
de la narrativa no es ser fiel a la vida, sino en crear una historia que
apunte a un solo fin. Esta perspectiva se acerca más a la de Besant en
el sentido de que, aunque indirectamente, Stevenson habla de
selección, de escoger cada elemento de la historia para que apunte a
una sola idea. Sin embargo, Stevenson se enfoca en contrastar la vida
y la ficción, en trazar y resaltar las diferencias para darle sentido a la
segunda.
De esta manera cada autor propone un modelo diferente en la
conexión vida-literatura: Besant establece un mutualismo entre
ellas, James las equipara y Stevenson las opone. Es claro que existe
una relación entre ellas y que la forma que tome esa relación
determinará en gran parte la producción de un escritor. Madame
Bovary, por ejemplo, resulta un ejemplo contundente de la teoría de
James, infinita en detalles, un intento de reproducir la vida. También
se podría pensar que los géneros literarios dependen de esta
relación: un cuento se inclina por las ideas de Stevenson mientras
una novela lo hace por las de James, la crónica estará más de lado de
Besant. Por supuesto la existencia de una perspectiva no elimina a
otra, un trabajo cualquiera puede verse a través del lente de cada
una. Por ahora, la posición de Stevenson resuena más conmigo. Me
parece increíblemente ambicioso, tal vez ingenuo (y algo romántico),
que James equipare la vida con el arte. Besant, por su lado, resulta
tibio en sus comentarios al respecto. Al apuntar a un solo fin la obra
resulta auto-contenida, con lo esencial y necesario; lo demás debe
quedar por fuera. Stevenson va demasiado lejos al clasificar todo en
solo 3 tipos de novelas y establecer qué cabe y qué no en cada una de
ellas. Me parece que cada obra en su creación va definiendo los
elementos que le son esenciales y los que deberían quedar por fuera.
Los único que me resulta claro es que hay una relación entre la vida y
la literatura, y que, como todos escritor, consciente o
inconscientemente, necesitaré definirla para guiar mi propia obra.