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La Estepa Sangrante. Reseña.

Hace unos días fui invitado para estar en la presentación del nuevo libro de León
de Almeida, La Estepa Sangrante. León es un artista que arriesga en pos de lo
que el considera su camino por el arte y es que una de las características de la
poesía, quizá su debilidad, es que los poetas suelen utilizar un lenguaje críptico,
en esa búsqueda que los lleva por una ruta que juega con los límites de sus
lectores. León de Almeida va por ese camino, sobre todo porque siempre ha
demostrado escribir primero para él mismo, a manera de introspección y a través
de él, hacer una crítica del mundo que le tocó vivir. He de reconocer que, de una
primera leída, ese lenguaje críptico que mencioné, suele tornarse sinuoso y
complicado, lo que podría llevar al lector a dejar la obra a un lado, pero que
descubre un gran potencial si, como amantes de la poesía, vamos descubriendo
el universo poético que nos envuelve en un lirismo que va adquiriendo la
personalidad del autor. El propio autor se va descubriendo entre los aparentes
recovecos literarios por los que nos va llevando.
Es una obra con mucha violencia, en la que las imágenes se mueven con
dinamismo dramático, pero una violencia que vive dentro del hablante lírico, a
pesar de que intenta hacernos pensar que está depositada en el ser amado -
odiado que descubrimos en las líneas. Al final, nos encontramos con una obra
llena de ingenuidad disfrazada. Por otra parte, la excesiva adjetivación nos
termina de demostrar toda la pasión y sentimientos contenidos que van saltando
verso a verso.
Podemos decir también, que se identifican dos partes en el poemario y en la
segunda parte, voltea sus esfuerzos hacia un temas más social y, por ende, se
lee mayor sobriedad y el juego de luces y sombras literario se acentúa
contrastante.
Del mismo modo, notaremos una devoción teológica que abunda en cada
poema, en el que puede elevar al ser amado al nivel de sacramento, como elevar
reclamos sacrílegos. Se puede notar mucha religiosidad como la base de su
relación con la vida y con el mundo.
Finalmente, se reconoce en el autor un dominio del lenguaje que enriquece de
imágenes barrocas los textos. Definitivamente, un poemario que se debe leer
con mucha calma y releer para ir descubriendo nuevos caminos en el mismo
texto.
Un trabajo arriesgado, sin duda. Algo que no es para leer a la ligera, un trabajo
que exige del lector una serie de ejercicios que hacen de la lectura de La Estepa
Sangrante algo ríspido, de posibles frustraciones y desencuentros. Como
siempre, el tiempo y los lectores pondrán a cada escritor en su justo lugar. León
de Almeida se tardó veinte años en publicar un trabajo nuevo y no sé si con esa
lentitud, le será concedido su lugar en la literatura, pero llegará.

INDOLENCIA
Rásgame fruncido ceño
Omnisapiente cual mítico demonio
Cuando habito enervado claustro
(indagante fragilidad acogedora)
Ondea sobre mi asta la insignia
por tus ojos colmados de extrañeza
sublimas el humo que mi respirar desgasta
como el tiempo al viejo guardián en su garita
eón cierne infranqueable muralla
enyuga enhiesto el cuello
pende en sinuosa valla
bravío madejo de Caín el sello
doblégame barbecho infame
edredón en que posas esperanza
sacra indolencia me razone
mientras desgarro en resuellos tu tardanza.

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