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Módulos de Filosofía

Para la Educación de Adultos


CLASE N° 1

La admiración y la ‘pregunta total’ como origen del pensamiento filosófico.

Introducción: Cuando nos preguntamos por el origen de la filosofía, podríamos contestarnos desde
una visión histórica señalando que el pensamiento filosófico comienza en Grecia,
aproximadamente en el siglo VII antes de Cristo. Si bien este dato nos ayuda en la contextualización
de nuestra pregunta, tendremos que entender de otro modo el concepto de origen para comprender
lo que es realmente la filosofía. En efecto, este origen puede ser entendido en términos psicológicos,
es decir, preguntarnos por qué y cómo cada uno de nosotros enfrentamos la realidad desde una
perspectiva filosófica. La búsqueda de este principio del conocer se hace particularmente
importante en cuanto reconocemos en la filosofía el fundamento del conocimiento occidental. Si
bien existen otros modos de enfrentar el conocimiento de la realidad, pareciera ser que el
pensamiento filosófico es inevitablemente connatural al ser humano e indispensable a la hora de
querer situarnos con sentido en el mundo. La pregunta es, por tanto, ¿qué sucede en nosotros cuando
comenzamos a pensar filosóficamente? Para tratar de responder esta pregunta Rafael Gambra,
filósofo español, en su libro “Historia sencilla de la filosofía” nos ofrece un iluminador ejemplo:
Texto:

“Imaginemos a un hombre que salió de su casa y ha sufrido un accidente en la calle a


consecuencia del cual perdió el conocimiento y fue trasladado a una clínica o a una casa
inmediata. Cuando vuelve en sí se encuentra en un lugar que le es desconocido, en una
situación cuyo origen no recuerda. ¿Cuál será su preocupación inmediata, la pregunta que en
seguida se hará a sí mismo o a los que le rodean? No será, ciertamente, sobre la naturaleza o
utilidad de los objetos que ve a su alrededor, ni sobre las medidas de la habitación o la
orientación de su ventana. Su pregunta será una pregunta total: ¿qué es esto? O, mejor, una
que englobe su propia situación ¿dónde estoy?, ¿por qué he venido aquí? Pues bien, la
situación del hombre en este mundo es en un todo semejante. Venimos a la vida sin que se nos
explique previamente qué es el lugar a donde vamos ni cuál habrá de ser nuestro papel en la
existencia. Tampoco se nos pregunta si queremos o no nacer. Cierto que, como no nacemos en
estado adulto sino que en la vida se va formando nuestra inteligencia, al mismo tiempo nos
vamos acostumbrando a las cosas hasta verlas como lo más natural e indigno de cualquier
explicación. A los primeros e insistentes porqués de nuestra niñez responden nuestros padres
como pueden, y el inmenso prestigio que poseen para nosotros de una parte, y la oscura
convicción que tiene el niño de no estar en condiciones de llegar a entenderlo todo, de otra, nos
hacen aceptar fácilmente una visión del Universo que, en la mayor parte de los casos, será
definitiva e inconmovible.Sin embargo, si adviniéramos al mundo en estado adulto, nuestra
perplejidad sería semejante a la del hombre que, perdido el conocimiento, amaneció en un lugar
desconocido. Si este mundo que nos parece tan natural y normal fuera de un modo absoluta-
mente distinto nos habituaríamos a él con no mayor dificultad. Llegada la inteligencia a su
estado adulto suele, en algún momento al menos, colocarse en el punto de vista del no
habituado, de su nesciencia profunda frente al mundo y a sí mismo. En ese instante está
haciendo filosofía. Muchos hombres ahogan en sí esa esencial perplejidad: ellos serán los
menos dotados para la filosofía; otros la reconocen como la única actitud sincera y honesta y se
entregan a ella: éstos serán –profesionales o no– filósofos.”

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:
1. ¿A qué se refiere el autor cuando afirma que el hombre que filosofa está en "estado de no-habituado"?
2. Da un ejemplo, de la vida cotidiana, en que se muestre esta condición de “asombro” y el surgimiento de la
“pregunta total”.
3. ¿Por qué, según tu visión y en términos concretos, perdemos esta capacidad de asombrarnos o admirarnos de la
realidad que no conocemos?
Conclusiones:
 El origen psicológico de la filosofía se encuentra en nuestra connatural capacidad de asombrarnos frente a lo
desconocido que nos desorienta y evidencia nuestra ignorancia.
 Al asombro sigue la “pregunta filosófica” que se caracteriza por buscar los fundamentos de la existencia en su
totalidad; es, por tanto, una pregunta que tiene múltiples respuestas posibles e incluso contradictorias entre sí.
 La actitud filosófica puede perderse por el hábito de aceptar las verdades que nos llegan en forma ingenua y
acrítica.

Para saber más:


Lee la primera parte de “Los Orígenes de la Filosofía” de Karl Jasper,
[http://www.oocities.com/educcl2002/intro1.htm] identifica en este texto los primeros pasos que el ser
humano recorre para conocer la realidad que lo rodea.

Del ‘mito’ al pensamiento racional.

Introducción: Al asombro que surge frente a lo que no conocemos –y al estado de “no-


habituado” que esto implica– reaccionamos con una pregunta radical frente a lo que nos
admira. La respuesta a esta pregunta por los fundamentos de la realidad puede generarse de
modos distintos. Sin duda, la primera vía a través de la cual el ser humano ha respondido a
esta pregunta es el “mito”. Este concepto no siempre tuvo el sentido de “falsedad” que hoy le
asignamos, en un principio fue un modo de narrar una verdad y que correspondió a los
primeros pasos que dio el conocimiento humano en una época pre-filosófica, es decir, pre-
científica. El mito trata de responder las preguntas fundamentales de la existencia humana,
especialmente la pregunta por el “orígenes” del hombre y del mundo en general, recurriendo
a una suerte de ‘comparación’ entre las fuerzas de la naturaleza y la voluntad de los hombres.
Se trata de dar sentido a aquello que no lo tiene y que nos supera en cuanto no podemos
manejarlo. Se hace necesario entonces recurrir a lo extra-ordinario, a lo sobre-natural, para
explicar y justificar aquello que no somos capaces de comprender. Para el hombre de esta
época pre-científica todo lo incomprensible asume, partiendo de una analogía con lo humano,
las características de una voluntad sobre natural y mágica que justificaría los acontecimientos
de la naturaleza y de la vida social. No obstante –y dadas las condiciones de la Grecia del
siglo VII– se hizo necesaria una explicación más acorde con las exigencias de una
racionalidad naciente. Fue en este momento en que se dio inicio al modo como el hombre
occidental va a enfrentar el conocimiento de la realidad. Pero, ¿qué es precisamente lo que
acá ocurre y que se instalaría como el fundamento del conocimiento científico moderno?
Texto:
[...] lo que considero nuevo en la filosofía griega, la nueva adición a todo esto [a la
explicación mitológica], no consiste tanto en la sustitución de los mitos por algo más
«científico», cuanto en una nueva actitud frente a los mitos. Creo que el hecho de que su
carácter empiece a cambiar no es más que una consecuencia de esta nueva actitud.
La nueva actitud a que me refiero es la actitud crítica. En lugar de transformar
dogmáticamente la doctrina [con el único fin de conservar la tradición auténtica] encontramos
una discusión crítica de la misma. Algunos empiezan a plantear preguntas; ponen en tela de
juicio la integridad de la doctrina: su verdad.
La duda y la crítica existían ya sin duda antes de este estadio. Lo nuevo, sin embargo, reside
en que esa duda y crítica se convierten a su vez en parte integrante de la tradición de la
escuela. Una tradición de orden superior sustituye la tradicional conservación del dogma- en
lugar de la teoría tradicional -en lugar del mito- nos encontramos con la tradición de criticar
teorías (que al principio difícilmente pueden ser algo más que mitos). Sólo en el transcurso
de esta discusión crítica se recaba el testimonio de la observación.
No puede ser un mero accidente que Anaximandro, el discípulo de Tales, desarrollase
explícita y conscientemente una teoría que se apartaba de la de su maestro ni que
Anaxímenes, el discípulo de Anaximandro, se apartase de un modo igualmente consciente
de la doctrina de su maestro. La única explicación plausible es que el propio fundador de la
escuela desafiaba a sus discípulos a que criticasen su teoría y los discípulos convirtieron esta
nueva actitud de su maestro en una tradición.
Es interesante que esto sólo haya ocurrido una vez, que yo sepa. La escuela pitagórica
primitiva era sin duda del viejo tipo: su tradición no encierra la actitud crítica, sino que se
limitaba a preservar la doctrina del maestro. No cabe duda de que sólo la influencia de la
escuela crítica jonia relajó más tarde la rigidez de la tradición de la escuela pitagórica,
preparando así el camino que llevaría al método filosófico y científico de la crítica. [...]
Esto no es solamente un reto crítico; es un enunciado con conciencia plena y dominio de una
metodología crítica.
Por tanto, creo que esta tradición de crítica constituye una novedad característica de la
ciencia. Por otro lado, me parece que la tarea que la ciencia se impone a sí misma [es decir,
la explicación del mundo], así como las ideas fundamentales que utiliza, son asumidas sin
romper con la construcción precientífica de mitos. [Karl Popper, “Conocimiento objetivo”,
Tecnos, Madrid 1992, 4ª p.312-314].

Actividades:
1. Según el texto ¿en qué consiste la ‘nueva actitud’ que asume el pensamiento humano y que sería el
inicio del conocimiento científico?
2. ¿Por qué se afirma en el texto que la escuela pitagórica primitiva no asumió el camino de la ciencia
moderna?
3. Describe brevemente una situación de la vida cotidiana donde se refleje la actitud mítica o a-crítica en
la explicación de un fenómeno natural o de ciertas valoraciones sociales.

Conclusiones:
 El mito recurre a explicaciones sobrenaturales para justificar fenómenos naturales y estimaciones
sociales desconocidas en una época pre-científica.
 La desconfianza y la duda en la explicación mitológica dan inicio a la “actitud crítica” en función del
establecimiento de una “verdad” frente a lo que se intenta conocer.
 La creencia dogmática y a-crítica en las opiniones de una autoridad es contraria al método científico.

Para saber más:


Lee algunos “Cantos” de la Ilíada de Homero. Dedica especial atención a la relación que los dioses
tienen con los seres humanos y a las actitudes que asumen frente a los conflictos suscitados en la
trama de la obra. Reflexiona: ¿son estas actitudes apropiadas y coherentes con el carácter de un
“dios”? Qué crítica podríamos hacer entonces a los mitos presentes en los relatos de Homero.

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apellidos, además de la Unidad Militar a la que perteneces, señala el número de la clase indicado al
comienzo de cada documento.

ulos de Filosofía
Para la Educación de Adultos
CLASE N° 3

La mera opinión y el conocimiento científico.


Introducción: Las primeras respuestas que el ser humano ensaya frente a las preguntas que naturalmente
tienen sobre la existencia provienen del mito. Se trata de justificar una realidad que se desconoce a través de
una narración extraordinaria y sobrenatural. Sin embargo, estas explicaciones se hicieron insuficientes para una
nueva visión que ponía en duda y criticaba la incoherencia de los mitos con ciertos principios que el
conocimiento comenzaba a descubrir. Se trata de buscar una Verdad y no sólo una explicación. El
conocimiento que tenemos de nuestra realidad puede ser adquirido por diversos medios. El más elemental
modo de conocer y también el más inseguro fue llamado por los griegos “doxa”, que podemos traducir como
opinión. La opinión que se da frente a un asunto no es necesariamente verdadera o falsa en cuanto no está
fundamentada. Por esta misma razón una opinión no pretende convencer sobre la verdad de algún hecho. La
mera opinión sólo se comunica y no pretende el conocimiento de la verdad ni el avance en la comprensión de la
realidad. Este modo de conocer –que sólo puede basarse en la confianza y que está muy cercana a la
ingenuidad– está lejos aún de la filosofía. El conocimiento filosófico y científico busca una verdad
intersubjetiva, partiendo de las causas naturales de los fenómenos físicos ordenándolos a través de las
facultades racionales que todos los seres humanos poseen. Estas facultades racionales que ordenan el mundo de
la naturaleza son las más importantes a la hora de explicar los fenómenos naturales y las acciones humanas.
Dicho de otra manera, una argumentación, coherente en sus fundamentos, es la única metodología capaz de
mostrarnos la Verdad del mundo que nos rodea.
Texto:
“Para llegar a una más clara noción de lo que sea filosofía tratemos de sentar y de
comprender una definición de la misma. [...]

Ciencia
de la totalidad de tas cosas
por sus causas últimas,
adquirida por la luz de la razón.

Ciencia: Muchos de nuestros conocimientos no son científicos. Así el conocimiento


que los hombres siempre tuvieron de las fases lunares, de la caída de los cuerpos.
Así el que tiene el navegante de la periodicidad de las mareas, etc. Estos son
conocimientos de hechos, vulgares, no científicos. Pero quien conoce las fases de la
Luna en razón de los movimientos de la tierra y su satélite, la caída de los cuerpos por
la gravedad, las mareas por la atracción lunar, conoce las cosas por sus causas, esto
es, posee un conocimiento científico. Para hablar de ciencia, sin embargo, hay que
añadir la nota (o característica) de conjunto ordenado, armónico, sistemático, frente a
la fragmentariedad de conocimientos científicos aislados. La filosofía es, ante todo,
conocimiento por causas, esto es, no se trata de un mero conocimiento de hechos, ni
tampoco de una explicación mágica –por relaciones no causales– de las cosas; y en
forma coherente, unitaria, por oposición a cualquier fragmentarismo. Por ello
Aristóteles definía a la ciencia –y a la filosofía, que para él se identifican– como “teoría
de las causas y principios”. [...]
Adquirido por la luz de la razón: Cabría todavía confundir la filosofía con otra ciencia
que trata también de la realidad universal por sus últimos principios, envolviendo la
cuestión del origen y el sentido: la teología revelada o, más exactamente, el saber
religioso. Distínguense, sin embargo, por el medio de adquirir ambos conocimientos,
pues al paso que el saber religioso procede de la revelación y se adquiere por la fe, el
saber filosófico ha de construirse con las solas luces de la razón. Al revelar Dios el
contenido de la fe quiso que todo hombre tuviera el conocimiento necesario de su
situación y de su fin para salvarse; pero este conocimiento, aunque para el creyente
sea indudable, no constituye por sí una concepción del Universo, sino sólo los datos e
hitos prácticos necesarios para la salvación, y no exime al hombre de la necesidad y
del deseo de poseer una concepción racional de la realidad, porque, como dice
Aristóteles: «es indigno del hombre no ir en busca de una ciencia a que puede
aspirar».”
Historia sencilla de la Filosofía. Rafél Gambra Ciudad. Ed. Rialp Barcelona 1987.-

Actividad:
1. Según el texto ¿en que se diferencia el “conocimiento vulgar” del conocimiento
filosófico?
2. Según el texto, ¿qué rol juega la “razón” en el conocimiento filosófico y científico?
3. Da un ejemplo de un conocimiento vulgar o de opinión y explica por qué este tipo de saber no es un
conocimiento filosófico o científico.

Conclusiones:
 La filosofía es un saber científico en cuanto pretende explicar los fenómenos por sus
causas físicas y lógicas.
 La argumentación racional es el requisito más importante del conocimiento filosófico y de la ciencia
moderna.
 La filosofía se aparta de la ciencia en cuanto esta última se limita a los fenómenos físicos y reduce su
objeto de estudio a sólo una parte de la realidad.

Para saber más:


Lee el Apartado “El sabio y el filósofo” dentro de el libro “Breve historia de la filosofía” de
Humberto Giannini. Ed. Universitaria, 6° edición, Pág. 13. Santiago de Chile1987, y reflexiona
en torno a lugar que le corresponde al pensamiento racional en el surgimiento de la filosofía y
la ciencia moderna.

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estudiadas y apoyado por el resumen de unidad presente en esta
evaluación contesta las preguntas señaladas al final de este
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Unidad Militar: Curso

Aspectos a evaluar:
Orden formal y caligrafía.
Relación pregunta-respuesta: síntesis y atinencia.
Comprensión y aplicación de los contenidos básicos estudiados en clases.
Logicidad en la redacción: coherencia e ilación del argumento.
Estructura del argumento y fundamentación de los juicios.
Originalidad en la redacción, ejemplificación y/o crítica.

Lee compresivamente el siguiente texto de apoyo y contesta


brevemente las preguntas que siguen:

Texto:

Todo ser humano, inevitablemente, se ha enfrentado y se enfrentará a situaciones que


le son absolutamente desconocidas y de las que nacerán sus más profundas
interrogantes. Es este el momento del asombro, de la admiración que nos provoca
aquello que se destaca ante nuestra vista por sobre lo cotidiano y habitual de nuestra
realidad. Nos asombramos frente a aquello que no comprendemos y que, por tanto, nos
desorienta. De esta manera, nos damos cuenta de nuestra ignorancia y de la más radical
falta de sentido para explicarnos el mundo y para tomar las decisiones que la
cotidianeidad nos exige. la reacción inmediata a este estado de asombro es preguntar
por aquello que desconocemos. Ahora bien, como aquello que nos asombra es algo que,
por alguna razón, escapa a lo habitual; la pregunta que haremos en esta situación es una
pregunta especial. Lo que nos interesa conocer bajo las especiales circunstancias del
asombro no es lo superficial ni lo particular. Se trata de preguntar por los fundamentos
de aquello que nos causa admiración. Queremos conocer la totalidad de aquello que nos
asombra y no sólo parte de ello, por esto, la pregunta que formulamos se hace a los
principios de aquello que es objeto de nuestra admiración. Así por ejemplo, nos
admiramos de una noche estrellada, cuando ciertas circunstancias permitan que este
fenómeno deje de ser algo habitual, Frente a esto no nos hacemos preguntas puntuales
como el número exacto de estrellas en el cielo o la distancia que existiría entre cada una
de ella. Nuestra interrogante es una "pregunta fundamental": ¿cuál es el origen del
universo? ¿cómo es posible el orden del cosmos?. Por otro lado, las preguntas de la
filosofía son “abiertas" en cuanto pueden ser contestadas por más de una respuesta
posible.

Las primeras respuestas que el hombre occidental dio a las preguntas fundamentales de
la filosofía tuvieron su origen en la mitología. Se trataba de justificar lo que no conocían
a través de un relato sobrenatural y fantástico. Fue esta una postura ingenua frente a los
datos que nos llegan del exterior. Con esta postura, que cree lodo sin dudar de su
posibilidad de existencia, nunca podremos tener una humana certeza de lo que
pretendemos conocer. Pero hubo un momento en que los hombres no se conformaron
con estas explicaciones mágicas puesto que ya no les resultaban coherentes con la
verdad que buscaban. Este fue el momento de una nueva forma de concebir el
conocimiento de la realidad: la aparición de una “actitud crítica” que sería el comienzo
de la filosofía y posteriormente de la ciencia como hoy la conocemos. Se trata de
verificar si los postulados que intentan explicar la realidad son verdaderos o no. Sólo
se dará por cierto lo que está previamente argumentado. El modo en que
fundamentaremos los juicios acerca de la realidad será lo más importante para el
conocimiento científico posterior.

De esta manera, la filosofía fue definida en principio como “una ciencia de la totalidad
de las cosas, por sus causas últimas, adquirida por la luz de la razón”.

La filosofía en cuanto coincide, en este aspecto, con la ciencia buscará comprender la


coherencia lógica de las causas de los fenómenos, exigiendo siempre argumentos
racionales a quien pretende sostener una verdad. De esta manera la explicación racional
de un fenómeno natural o de una acción humana debe hacer referencia a sus causas
utilizando ciertas “leyes del razonamiento" o de la argumentación. Se diferencia así de
la “mera opinión” o del “conocimiento vulgar” que carecen de fundamentos y que no
pretenden avanzar en el conocimiento de la realidad.

Es esta última característica de la filosofía -el ser un conocimiento racional- lo que la


diferencia de otros modos de comprender la realidad en su totalidad, como por
ejemplo, de la religión. Esta Se basa en la creencia de un conjunto de dogmas o
postulados no fundamentados. Lo que la religión entiende como verdad es un dato
revelado que debe ser creído por fe. Pero la religión no limita el conocimiento
humano y no es obstáculo para la investigación racional de la filosofía y la ciencia. En
conclusión, el modo como conoce hoy el hombre occidental comienza con la filosofía
y con la actitud crítica que la caracteriza

_________________________________

1. ¿Qué relación existe entre el asombro y la pregunta


filosófica en el origen psicológico del pensamiento
racional? [20 Ptos.]
2. Da un ejemplo de una creencia mítica o sobrenatural y
explica por qué no corresponde a una actitud filosófica.
[20 Ptos.]
3. Según se puede deducir del texto anterior ¿es suficiente
la “mera opinión" si queremos plantear una verdad
sobre determinado asunto o si querernos avanzar en el
conocimiento de la realidad? Fundamenta tu respuesta.
[20 Ptos.]
La filosofía es un conocimiento ‘práctico’.
Introducción:

Mucho se ha hablado sobre la aparente “inutilidad” de la filosofía o del pensamiento reflexivo. Se sostiene que el
hecho de dedicarse a los abstractos y discutibles problemas del pensamiento filosófico es “inútil”, que en nada aporta
a la manutención de la vida cotidiana. La filosofía no terminaría con las necesidades básicas de la vida como la
alimentación, la vivienda, la salud o la seguridad personal. La tradición latina incluso formuló una sentencia para
esto: “primum vivere deinde philosophare” (primero vivir, luego filosofar). Sostener esta visión sesgada es
confundir lo “útil” con lo “práctico”. Por cierto que el pensamiento abstracto y reflexivo de la filosofía se aparta y se
eleva por sobre la contingencia de la industria y el mercado, en este sentido, no es un conocimiento que proporcione
inmediatamente un objeto útil para la solución de un problema particular y concreto. La filosofía no es un quehacer
“técnico”. Esta última afirmación, sin embargo, no se contrapone con que la filosofía sea un quehacer
eminentemente “práctico”. El hombre no es solamente un ser que busque la sobre vivencia sino que es,
además, libre para decidir cómo hacerlo. Que el ser humano posea una “dimensión práctica” significa que es libre
para decidir sus acciones en el mundo. Esto es lo que hace del hombre un “ser moral”. Ahora bien, toda acción
humana tiene su origen en una idea o en un conjunto de ideas formuladas filosóficamente por la tradición o por el
mismo sujeto. Así por ejemplo, la Revolución Francesa (en cuanto hecho histórico concreto) tuvo como fundamento
el concepto abstracto de la “libertad”. Antígona, la protagonista de la obra de Sófocles del mismo nombre, da su vida
por lo que ella considera el verdadero concepto de “justicia”. Libertad y justicia son conceptos filosóficos presentes
en la vida cotidiana de todos los hombres y posibilitan la conducta práctica o moral de cada uno de nosotros. Por esta
importante razón, se hace necesario el análisis serio e informado de todos aquellos conceptos o doctrinas que puedan
motivar las decisiones del hombre. La filosofía no es “útil” en cuanto no busca primera y exclusivamente un
conocimiento artesanal o técnico, pero es eminentemente práctica y necesaria para la dimensión más importante del
ser humano: lo moral. Por esto se ha sostenido que “la filosofía es, esencialmente, ética”.
Texto:

Todos los hombres y todas las mujeres son filósofos: o, permítasenos decir, si ellos no
son conscientes de tener problemas filosóficos, tienen, en cualquier caso, prejuicios
filosóficos. La mayor parte de estos prejuicios son teorías que los humanos
inconscientemente dan por sentadas o que han absorbido de su ambiente intelectual o de la
tradición.
Puesto que pocas de estas teorías son conscientemente sostenidas,
constituyen prejuicios en el sentido de que son sostenidas sin examen
crítico, incluso a pesar de que puedan ser de gran importancia para las
acciones practicas de la gente y para su vida entera.
Una justificación de la existencia de la filosofía profesional reside en el hecho de que los
hombres necesitan que haya quien examine críticamente estas extendidas e influyentes
teorías.
Este es el inseguro punto de partida de toda ciencia y de toda filosofía.
Toda filosofía debe partir de las dudosas y a menudo perniciosas
concepciones del sentido común acrítico. Su objetivo es el sentido común
critico e ilustrado: una concepción más próxima a la verdad y con una
influencia menos perniciosa sobre la vida humana.
K. R. POPPER: “Cómo veo la filosofía”. Pág. 64

Actividad:

1. Según el texto ¿Qué inconveniente podría tener el hecho de fundar nuestras acciones prácticas en “prejuicios
filosóficos”?
2. A partir del texto anterior ¿cuál sería entonces el papel de la filosofía dentro de la dimensión práctica del
hombre?
3. Da un ejemplo donde se muestre una acción concreta motivada por un concepto abstracto o en una idea
susceptible de ser analizada por la filosofía.

Conclusiones:
 La filosofía es práctica en cuanto estudia los conceptos abstractos que motivan las acciones humanas.
 Los prejuicio filosófico que se asumen de forma acrítica pueden ser erróneos al momento de determinar una
decisión.
 La filosofía, en cuanto es esencialmente ética, se hace necesaria e imprescindible si queremos decidir
correctamente nuestras acciones.

Para saber más:

Revisa la obra de E. Kant: Filosofía de la historia, en el capítulo denominado: Acerca del refrán: “lo
que es cierto en teoría para nada sirve en la práctica”. Nova, Buenos Aires. 1964 Pág. 137-140. y
reflexiona sobre la afirmación:

“[...] La sabiduría se oscurece si se cree que con ojos de topo, apegados a lo empírico, se puede ver
más y con mayor precisión que con los ojos propios de un ser constituido para estar erguido y
contemplar el cielo.”

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Estructura del argumento y fundamentación de los juicios.
Originalidad en la redacción, ejemplificación y/o crítica.

1. Sabemos que la libertad (la autonomía de la voluntad) es lo que


permite la moralidad del ser humano. ¿Qué consecuencias
podemos extraer de esta afirmación en relación con los efectos de
nuestras decisiones?. Ejemplifica. [20 Ptos.]
2. Si la moral es un conjunto de costumbres que un grupo social
determinado considera como buenas o malas, y qué, además,
cambian según el lugar y la época en que se definen ¿Qué función
cumple la ética como disciplina filosófica en la relación de los
distintos modos de entender la acción moral del hombre? [20
Ptos.]
3. Sabemos que lo moral no siempre se identifica con la Ley o el
Derecho positivo. Da un ejemplo a través del cual se muestre esta
diferencia entre la moral y la Ley positiva. [20 Ptos.]

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Comprensión y aplicación de los contenidos básicos
estudiados en clases.
Logicidad en la redacción: coherencia e ilación del
argumento.
Estructura del argumento y fundamentación de los juicios.
Originalidad en la redacción, ejemplificación y/o crítica.

Lee compresivamente el siguiente texto de apoyo y


contesta brevemente las preguntas que siguen:

TEXTO: La libertad que el ser humano posee como condición


frente a la realidad es el fundamento de su moralidad. Somos seres
morales porque nuestra voluntad puede decidir autónomamente
nuestro actuar frente a las múltiples opciones que las situaciones
nos plantean. De esta manera, somos plenamente responsables de
nuestras decisiones y estamos obligados a justificar la corrección
de estas frente a los demás y ante nosotros mismos. La
justificación moral de nuestras acciones se fundamenta,
generalmente, en ciertos principios o normas que determinan a
nuestra voluntad a actuar de cierta manera y no de otra y también
a recriminar a aquellos que faltan a esta normativa y,
eventualmente, dañan nuestra dignidad como personas. Así por
ejemplo, un principio general señala que todos tenemos el derecho
a disponer libremente de nuestra propiedad privada y que, por
tanto, el robo o el hurto son conductas moralmente reprochables,
que no tienen justificación alguna. La misión de la ético como
ciencia es establecer estos principios que determinan, a su vez, las
decisiones moralmente correctas. No obstante, visualizar estos
‘principios de acción’ es, en ocasiones, extremadamente
complejo. Si la realidad a la que el hombre se enfrenta fuera
siempre y para todos la misma podríamos establecer un conjunto
de principios morales válidos para todos. Pero la realidad cambia
constantemente y todos y cada uno de los hombres está sometido
a circunstancias particulares. Sabemos que todos tenemos
derecho a conservar nuestra propiedad privada pero esto es
moralmente inaplicable para un sujeto que, por ejemplo, ha
perdido las facultades mentales y posee un arma de fuego. Estas
circunstancias específicas deben ser consideradas a la hora de
tomar una decisión éticamente correcta. La dificultad en
determinar la Verdad o la certeza de los principios morales, por la
mutabilidad de las circunstancias en que cada ser humano vive, es
lo que se ha denominado: “el problema ético”. El origen del
problema ético está presente ya en los inicios de nuestra
civilización occidental, en la Grecia del siglo VII a. de C. Ahí
surgió un grupo de maestros llamados ‘sofistas’ que, por
conveniencia, extralimitaron la inestabilidad de las
circunstancias humanas y concluyeron que la Verdad de los
principios morales no podía ser conocida y que, por tanto, cada
uno de los hombres podría determinar arbitrariamente la Verdad
de las cosas. “El hombre es la medida de todas las cosas”
sentenció Protágoras, el más insigne de los sofistas, para afirmar
que la conducta moral del hombre es relativa, que depende
absolutamente de las circunstancias de cada situación. De esta
manera, los principios morales serían sólo convencionales, es
decir, válidos únicamente por el acuerdo y según la conveniencia
de la mayoría de los individuos de un grupo social determinado.
Lo que es bueno para los atenienses no es necesariamente bueno
para los espartanos y viceversa. Lo bueno estaría determinado por
la mayoría y –por lo que es más peligroso– la conveniencia. A
este relativismo ético de los sofistas se enfrentó Sócrates, el
primero de los grandes filósofos, a quien le interesaba más la
Verdad y la Justicia que lo que meramente le convenía. El
relativismo, sostiene Sócrates, es una salida fácil y está fundada
en el “amor a sí mismo” de los hombres. Es mucho más difícil y
peligroso embarcarse en la búsqueda de lo que es verdadero y
justo para sostenerlo incluso a riesgo de nuestra propia seguridad
como personas. Pero Sócrates no sólo asume el riesgo sino que
señala un camino para encontrar esta Verdad ética en la que
confía. Lo importante, concluirá este filósofo griego, es buscar
esta verdad desde nosotros mismos, a través de la única facultad
que tenemos para conocer con certeza la realidad: la razón. La
investigación y el diálogo racional con los demás ciudadanos
podrán definir los principios en los que fundamentaremos
nuestras decisiones morales. De esta manera, sólo el que conoce
la justicia podrá actuar justamente. Por otro lado, el que comete
un mal moral lo hace por ignorancia, porque no conoce lo que en
ese momento era bueno hacer.

__________________

Actividad:

1. ¿Por qué, en la mayoría de los casos, es muy


difícil determinar correctamente nuestras
decisiones morales? Fundamenta tu respuesta.[20
Ptos.]
2. ¿Qué inconveniente podría traer el relativismo o
del convencionalismo moral para las relaciones
humanas? [20 Ptos.]
3. Da un ejemplo de cómo, según Sócrates,
deberíamos enfrentar los problemas que nos
plantea la ética a diferencia de la solución
relativista o convencionalista de los sofistas. [20
Ptos.]
Colegio Washington Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 1

La actitud crítica de la filosofía como fundamento de la ética.

Introducción: Mucho se ha hablado sobre la ‘utilidad’ de la filosofía. Un principio es cierto: la


filosofía no es un conocimiento técnico que pueda ser usado en el mundo del ‘trabajo’. “El hombre
trabaja para tener ocio”, sentencia Aristóteles, es en él donde nace propiamente el pensamiento
reflexivo de la filosofía. Se trata de suspender toda mecánica para ‘criticar’ la realidad. Sólo en este
ámbito de escepticismo y análisis racional puede el ser humano encontrarse con la búsqueda de una
verdad intersubjetiva. Esta Verdad, así con mayúscula, es necesaria para conseguir el anhelo más
importante del ser humano el bien y la felicidad. Sólo a partir de una verdad podemos tomar
‘buenas’ decisiones. Es acá donde la filosofía se hace eminentemente “práctica” e inseparable de
toda ‘buena voluntad’. Si bien la filosofía no es útil .para el trabajo mecánico y técnico, es
esencialmente práctica para un ámbito mucho más importante para lo humano: el ámbito de la
decisión moral. Por esto la filosofía es esencialmente ética. En definitiva el núcleo del pensamiento
filosófico es la “actitud crítica” frente a una realidad que esconde sus verdades y nos amenaza con la
ilusión y la apariencia.

Texto:

El maestro que enseñaba a pensar.

El señor Whitson no enseñaba ciencias naturales en sexto año de primaria. El primer día de clases,
su exposición trató de una criatura llamada Gatiguampo , animal nocturno y mal adaptado al medio
biológico, que se extinguió en la Era de las Glaciaciones. El maestro hizo pasar un cráneo de mano
en mano, mientras explicaba el tema. Todos tomamos notas y más tarde, contestamos un
cuestionario sobre esa lección.

Cuando me devolvió mi prueba quedé boquiabierto: una enorme equis roja tachaba cada una de mis
respuestas. ¡Estaba reprobado! ¡Debía de haber algún error! Había repetido al pie de la letra las
palabras del maestro. Luego supe que toda la clase había sido reprobada. ¿Qué había ocurrido?

Muy sencillo, nos explicó el señor Whitson. Él había inventado ese cuento del Gatiguampo. Jamás
había existido tal especie. Por tanto, cada uno de los datos de nuestras notas era incorrecto. ¿Acaso
queríamos que nos aprobara por contestar falsedades?

Huelga decir que nos pusimos furiosos. ¿Qué clase de prueba era esa? ¿Y qué clase de maestro era
ese?

Teníamos que habérnoslo imaginado, prosiguió el señor Whitson. En efecto: mientras circulaba
entre nosotros el cráneo (que era de gato), ¿acaso no nos había dicho que no había quedado ningún
vestigio del animal? Había hablado también de su asombrosa visión nocturna, del color de su piel y
de otras muchas características de las que él no podría haberse enterado. Para colmo, le había puesto
un nombre ridículo, y ni así habíamos maliciado la artimaña. Nos informó que anotaría los ceros de
nuestras pruebas en las actas de exámenes oficiales.

El señor Whitson agregó que esperaba que hubiéramos aprendido algo de esa experiencia: los
maestros y los libros de texto no son infalibles. T nadie lo es. Nos recomendó no permitir que
nuestras mentes se adormecieran y tener siempre el valor de expresar nuestra inconformidad cuando
el maestro o el libro de texto nos parecieran errados.

Cada lección del señor Whitson constituía una aventura. Todavía hoy recuerdo, casi de principio a
fin, algunas de sus disertaciones. Un día nos dijo que su Volwagen era un organismo viviente.
Tardamos dos días en armar una refutación que le pareciera aceptable. No se dio por satisfecho
hasta que le demostramos no sólo que sabíamos lo que era un organismo viviente, sino también que
teníamos la entereza de defender la verdad.

Aplicamos nuestro nuevo escepticismo a todas las materias de enseñanza. Esto ocasionó problemas
al los demás maestros quienes no estaban acostumbrados a que los contradijeran. Nuestro maestro
de historia, por ejemplo, disertaba sobre cualquier tema y, de pronto, se oían carraspeos y alguien
susurraba: "Gatiguampo".

No he realizado ningún gran descubrimiento científico, pero las lecciones del señor Whitson nos
infundieron a mi y a mis compañeros algo igualmente importante: el valor civil de mirar a las
personas a la cara y decirles que están en el error. También nos enseñó que esta actitud puede ser
divertida.

No todo el mundo leconcede valor. En una ocasión le conté a un profesor de enseñanza primaria lo
que hacía el señor Whitson. Aquel hombre se escandalizó. "No debió burlarse de ustedes así",
comentó. Lo miré a la cara y le dije que estaba equivocado.
________________________
David Owen. Extracto de "LIFE" (Oct. 1990), Nueva York.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

¿Te parece correcto el actuar del Sr. Whitson para con sus alumnos? Fundamenta tu respuesta.
¿Qué problema podría acarrear para el avance del conocimiento la actitud ingenua de los alumnos
del Sr. Whitson?
¿Cuál es la finalidad ‘práctica’ del conocimiento de una verdad por sobre la ilusión, la apariencia
o el engaño?

Conclusiones:

La filosofía no es un conocimiento técnico.


El núcleo del pensamiento filosófico es la “actitud crítica”.
El conocimiento de la verdad es inseparable de la decisión moral.
La filosofía es esencialmente ética.

Para saber más: [actividad opcional]


En el texto de Humberto Giannini “Breve historia de la filosofía”Lee el apartado ‘El sabio y el
filósofo’ (Pág. 13, 6° Ed. 1987) y reflexiona sobre la importancia del “logos” o la razón para el
conocimiento humano.

olegio Washington Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 2

Somos inevitablemente seres morales.

Introducción: “los animales inferiores –sostiene Max Scheler– tienen ámbito, los seres humanos
tienen mundo”. De esta manera los animales no-humanos están determinados mecánicamente en una
relación de “estímulo-respuesta”.El ser humano, en cambio, puede “elegir”. Más aún está condenado
a elegir. Es esta su condición más propia: la autoconciencia y la autodeterminación de su voluntad.
Por cierto no hablamos acá de la ‘libertad mecánica’ pues las leyes de la física limitan nuestras
posibilidades en el mundo sensible. La libertad es acá “autonomía” y “autolegislación” de nuestra
voluntad ante cualquier estímulo externo. En la experiencia humana, trascendental a la sensibilidad,
somos absolutamente libres. La autonomía de la voluntad implica nuestra insoslayable
responsabilidad ante nuestras decisiones. Por otro lado, esta libertad nos hace conocer nuestra
capacidad para razonar y así conocer científicamente el mundo. Es necesario, por tanto, justificar
racionalmente nuestra conducta frente a aquellos que nos juzgan. En definitiva, la libertad nos hace
seres morales, nos hace humanos.

Texto:

[Discuten Sancho –cuado éste era gobernador de una ínsula– con un mancebo, acompañados de un
secretario:]

- ¡Bueno: respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo; pero haced cuenta que yo soy el aire,
y que os soplo en popa, y os encamino a la cárcel. ¡Asidle, ahora, y llevadle; que yo haré que
duerma allí sin aire esta noche!

- ¡Par Dios -dijo el mozo-, así me haga vuesa merced dormir en la cárcel como hacerme rey! - Pues
¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? -respondió Sancho-. ¿No tengo yo poder para prenderte
y soltarte cada y cuando que quisiere? - Por más poder que vuesa merced tenga –dijo el mozo-, no
será bastante para hacerme dormir en la cárcel. - ¿Cómo que no? -replicó Sancho-. Llevadle luego
donde verá por sus ojos el desengaño, aunque más el alcaide quiera usar con él de su interesada
liberalidad; que yo le pondré pena de dos mil ducados si te deja salir un paso de la cárcel.

- Todo eso es cosa de risa -respondió el mozo-. El caso es que no me harán dormir en la cárcel
cuantos hoy viven.

- Dime, demonio -dijo Sancho-, ¿tienes algún ángel que te saque y que te quite los grillos que te
pienso
mandar echar?

- Ahora, señor Gobernador -respondió el mozo con muy buen donaire- , estemos a razón y
vengamos al punto. Prosuponga vuesa merced que me manda llevar a la cárcel, y que en ella me
echan grillos y cadenas y que me meten en un calabozo, y se le ponen al alcaide graves penas si me
deja salir, y que él lo cumple como se le manda; con todo esto, si yo no quiero dormir, y estarme
despierto toda la noche, sin pegar pestaña, ¿será vuesa merced bastante con todo su poder para
hacerme dormir, si yo no quiero?

- No, por cierto -dijo el Secretario-; y el hombre ha salido con su intención.

- De modo -dijo Sancho-, que no dejaréis de dormir por otra cosa que por vuestra voluntad, y no por
contravenir a la mía.

- No, señor -dijo el mozo-, ni por pienso.

- Pues andad con Dios -dijo Sancho-: idos a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que yo
no quiero quitárosle; pero aconséjoos que de aquí adelante no os burléis con la justicia, porque
toparéis con alguna que os dé con la burla en los cascos.

_________________

Miguel de Cervantes, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.


(Edición de Rufo MENDIZABAL SJ, Ediciones Fax, Madrid, 1966).

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

1. ¿Cómo pretende castigar Sancho al mancebo?


2. ¿Qué argumento da el mancebo a Sancho para mostrar la imposibilidad del supuesto castigo?
3. Según este relato ¿por qué afirmamos que el ser humano es absolutamente libre?

Conclusiones:

El ser humano se caracteriza por poseer una “voluntad autónoma”.


La autolegislación que caracteriza al ser humano lo hace plenamente responsable de sus
decisiones.
La libertad trascendental nos hace conocer nuestra racionalidad.
La condición moral del hombre es una relación entre justificación y enjuiciamiento.
La autonomía de la voluntad (libertad) hace al hombre un ser moral.

Para saber más: [lectura opcional]


TEXTO 2:

El ser humano responde a la suscitación que le viene del medio a través de un proceso en el que
podríamos distinguir tres pasos:
1. En principio, se hace cargo, a través de su inteligencia, de que los estímulos son reales, es decir,
que proceden de una realidad estimulante por la que se siente afectado. El ser humano no está
afectado, por tanto, por el «medio», sino por la realidad, lo cual supone un compromiso originario
con ella que tendrá, como veremos, sus implicaciones morales.

2. La respuesta no le viene dada de forma automática, sino que, a la hora de responder, crea él
mismo un conjunto de posibilidades, entre las que ha de elegir la que quiere realizar. Si bien tales
posibilidades enraízan en la realidad, ellas mismas son irreales y es la persona quien tiene que elegir
cuál quiere realizar. De ahí que los representantes de la tradición que estamos comentando
convengan en afirmar que ya en ese nivel biológico básico se produce el primer momento de
libertad: no estamos determinados por el estímulo real, sino que nos vemos forzados a elegir. No
somos libres para dejar de ser libres.

3. Para elegir una posibilidad, el ser humano ha de renunciar a las demás y por eso su elección ha de
ser justificada; es decir, ha de hacer su ajustamiento a la realidad, porque no le viene dado
naturalmente, justificándose. Lo que en el animal era justeza automática, en el ser humano es
justificación activa, y esta necesidad de justificarse le hace necesariamente moral. Por eso la
exigencia de apelar a un referente moral se encuentra inscrita en la estructura básica del ser humano,
de donde se sigue que es constitutivamente moral. El «contenido» desde el cual una persona
justificará sus elecciones no importa ahora, porque sin duda variará; lo que importa es recordar que
se siente afectada por la realidad y para sobrevivir ha de responder a ella, eligiendo entre
posibilidades y justificando su elección. [...]
____________________
Adela Cortina "Somos inevitablemente seres morales".

Texto 3:

Pero también la experiencia confirma este orden de los conceptos en nosotros. Supóngase que
alguien pretende que su inclinación voluptuosa es totalmente irresistible para él cuando se le
presentan el objeto deseado y la ocasión; si se levantara una horca en la casa donde se le presenta
esa ocasión para ser colgado en ella inmediatamente después de haber gozado de su voluptuosidad,
¿no dominaría entonces su inclinación? No es necesario pensar mucho para saber qué contestaría.
Pero preguntadle si, amenazándole con la misma pena de muerte en el acto, su príncipe lo obligara a
dar un falso testimonio contra un hombre honrado a quien éste quisiera perder con pretextos
aparentes, consideraría posible vencer su amor a la vida por más grande que fuera. Tal vez no se
decida a asegurar si lo haría o no, pero confesará sin reserva que es posible para él. Por lo tanto,
juzga que puede hacer algo porque tiene conciencia de que debe hacerlo, y conoce que tiene en sí la
libertad que de lo contrario sería desconocida para él si no fuera por la ley moral.
___________________
Emmanuel Kant “Crítica de la Razón Pura”. (Pág. 36Ed. Losada 1961)

Colegio Washington Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 3

El origen del problema ético: Verdad y relativismo.

Introducción:
La tradición nos ha impuesto que tanto la ética como la moral deben entenderse como sinónimos.
Pero los hechos nos muestran algo distinto. La moral se presenta hoy como un conjunto de hábitos
respecto al bien y al mal, jerarquizados en códigos y que difieren de un grupo social a otro. Esta
definición hace necesario un análisis racional de los fundamentos de la conducta moral. Este es el
rol de la ética o de la “filosofía moral”. Pero esta diferencia tiene un origen histórico anterior.

Sabemos de la dificultad o imposibilidad del ser humano para conocer la Verdad (universal y
necesaria) y fundar en ella las decisiones morales. Es esta una condición para lo humano, no una
dificultad. El problema –y el peligro– nace de quienes extreman esta ‘condición’ y postulan la
inexistencia de la Verdad. Tal es el caso de la sofística.
En la Grecia del siglo V a. de C., la naciente democracia hacia necesarios a maestros de oratoria que
enseñaran el arte de hablar en público. Los intereses económico que la obtención del poder político
conlleva tergiversaron el noble origen de esta práctica y estos maestros –los sofistas– se convirtieron
en instructores de ‘retórica’, en el sentido despectivo del concepto: convencer y "vencer", a través
del discurso, sin importar la verdad o falsedad de lo que se habla. Aparece así el relativismo,
especialmente en el ámbito de la moral. En definitiva –sostienen los relativistas– la Verdad no
existe, las decisiones morales son buenas o malas en estricta relación con las circunstancias de cada
caso. Sólo nos queda el ‘convencionalismos’, el acuerdo momentáneo de ciertas reglas que no
necesariamente representan la verdad y que peligrosamente se podrían confundir con lo que
meramente nos ‘conviene’.

Texto 1:

«Dos clases de discurso se hacen en Grecia por los filósofos en torno al bien y al mal. En efecto,
unos afirman que uno es el bien, otro es el mal, y otros afirman que es la misma cosa y que esta sería
para unos bien, para otros mal e incluso para un mismo hombre, ora es bien, ora es mal. Yo, por mi
parte, me sumo a estos últimos. El mismo discurso se hace sobre lo bello y lo feo. Creo que, si se
mandara a todos los hombres reunir en un montón las cosas que cada uno de ellos considera feas y
después viceversa, no sería dejada ni una, sino que entre todos las tomarían todas, porque no todos
creen en las mismas cosas. Nada es absolutamente bello ni absolutamente feo ni bueno ni malo, sino
que tomando ciertas cosas, las hace feas y cambiándose, bellas.»

Escuela de Protágoras. Anónimo: discursos dúplices.

Texto 2:

«el hombre es la medida de todas las cosas»

Protágoras

Texto 3:

«La verdad no existe. Si existiera no podría ser conocida. Si pudiese ser conocida no podría ser
comunicada»

Gorgias

Texto 4:

«Los oradores sabios y buenos hacen que las cosas buenas parezcan justas a sus ciudades en lugar
de las perniciosas. Cualquier cosa que se considere justa y admirable en una ciudad es justa y
admirable en esa ciudad durante todo el tiempo que sea estimada así.»
Platón: Teeteto, 167c.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

Según el texto 1 y 2 ¿en que consiste el relativismo ético?


Si el texto 3 es correcto ¿cómo podríamos organizar nuestra convivencia en relación a las
decisiones morales?
Según lo planteado por el texto 4 ¿son suficientes los postulados del ‘relativismo moral’ para
solucionar el ‘problema ético’? fundamenta tu respuesta.

Conclusiones:

La ética es el estudio racional de los fundamentos de la conducta moral.


El relativismo ético plantea la inexistencia de una verdad intersubjetiva y limita las conductas
morales al convencionalismo.
Según una visión preliminar del sentido común, el relativismo moral no solucionaría el ‘problema
ético’.

Para saber más: [actividad opcional]

Ética y moral desde la etimología: La palabra ética proviene del griego [êthos] y significaba,
primitivamente, estancia, lugar donde se habita. Posteriormente, Aristóteles afinó este sentido y, a
partir de él, significó: manera de ser, carácter. Así, la ética era como una especie de segunda casa o
naturaleza; una segunda naturaleza adquirida, no heredada como lo es la naturaleza biológica. De
esta concepción se desprende que una persona puede moldear, forjar o construir su modo de ser o
[êthos].

¿Como se adquiere o moldea éste êthos, ésta manera de ser? El hombre la construye mediante la
creación de hábitos, unos hábitos que se alcanzan por repetición de actos. El êthos o carácter de una
persona estaría configurado por un conjunto de hábitos; y, como si fuera un círculo o una rueda, éste
êthos o carácter, integrado por hábitos, nos lleva en realizar unos determinados actos, unos actos que
provienen de nuestra manera de ser adquirida.

La palabra moral traduce la expresión latina moralis, que derivaba de mos (en plural mores) y
significaba costumbre. Con la palabra moralis, los romanos recogían el sentido griego de êthos: las
costumbres también se alcanzan a partir de una repetición de actos. A pesar de este profundo
parentesco, la palabra moralis tendió a aplicarse a las normas concretas que han de regir las
acciones.

Así, pues, desde la etimología, hay poca diferencia entre ética y moral: una y otra hacen referencia a
una realidad parecida. Pero hoy, pese a que a menudo se usan de manera indistinta como si fuesen
sinónimos, se reconoce que tienen significados divergentes.

Ética y moral, hoy: dos niveles diferentes. Tan antiguo como la misma humanidad es el interés por
regular, mediante normas o códigos, las acciones concretas de los humanos; en todas las
comunidades, en todos los pueblos, sociedades o culturas encuentran prescripciones y prohibiciones
que definen su moral.
Ahora bien, junto al nacimiento de la filosofía apareció otro tipo de interés, el de reflexionar sobre
las normas o códigos ya existentes, comparándolos o buscando su fundamento. Estos dos
diferenciados niveles de interés o de actividad humana constituyen lo que conocemos hoy,
respectivamente, por moral y ética. Veamos.

La moral es un conjunto de juicios relativos al bien y al mal, destinados a dirigir la conducta de los
humanos. Estos juicios se concretan en normas de comportamiento que, adquiridas por cada
individuo, regulan sus actos, su práctica diaria. Ahora bien, ni las normas o códigos morales se
proclaman como el código de circulación, ni cada persona asume o incorpora automáticamente el
conjunto de prescripciones y prohibiciones de su sociedad, ni cada sociedad o cultura formulan los
mismos juicios sobre el bien y el mal. Es por todo eso que la moral a menudo es un conjunto de
preguntas y respuestas sobre qué debemos hacer si queremos vivir una vida humana, es decir, una
vida no con imposiciones sino con libertad y responsabilidad.

La ética, por otro lado, es una reflexión sobre la moral. La ética, como filosofía de la moral, se
encuentra en un nivel diferente: se pregunta por qué consideramos válidos unos y no otros
comportamientos; compara las pautas morales que tienen diferentes personas o sociedades buscando
su fundamento y legitimación; investiga lo qué es específico del comportamiento moral; enuncia
principios generales o universales inspiradores de toda conducta; crea teorías que establezcan y
justifique aquello por el que merece la pena vivir.

La moral da pautas para la vida cotidiana, la ética es un estudio o reflexión sobre qué origina y
justifica estas pautas. Pero las dos, si bien son distinguibles, son complementarias. Del mismo modo
que teoría y práctica interaccionan, los principios éticos regulan el comportamiento moral pero este
comportamiento incide alterando los mismos principios. A menudo los conflictos de normas
morales que aparecen cuando tenemos que tomar decisiones son el motor que nos impulsa a una
reflexión de nivel ético. Es por ello que Aranguren, reconociendo la vinculación entre teoría y
práctica, llama a la ética moral pensada y a la moral, moral vivida.

Estamos a nivel moral cuando:

Estamos a nivel ético cuando:

Cumplo una promesa hecha ayer pese a que hoy me doy cuenta de que su cumplimiento me crea
problemas.

Razonamos que los pactos han de cumplir siempre, del contrario, en lugar de acuerdos entre amigos,
tendríamos que hacer contratos legales.

Ayudo voluntariamente a un compañero de clase si bien me arriesgo a herir su orgullo.

Me pregunto sobre qué tiene más valor moral, la intención que inspira un acto o los resultados que
con él se obtienen.

Decido si tengo que ser o no sincero con un compañero de clase que parece quiere ser amigo mío.

Reflexiono sobre valores, preguntándome si el valor de la autenticidad es preferible el valor de la


amistad.

Rechazo robar la calculadora de un compañero de clase sabiendo que nadie me ve.


Tengo presente la máxima o regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a
ti".

Colegio Washington Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 4

Crítica al relativismo ético: el bien no es el poder.

Introducción:
Si la experiencia moral tuviera como fundamento una Verdad universal y necesaria no existiría, en
definitiva, un ‘problema ético’. Las dificultades se reducirían al conocimiento más o menos exacto
que pudiéramos tener de ella y para esto el proselitismo sería suficiente. No obstante, el sentido
común y toda la historia de la humanidad nos muestran que esta Verdad está lejos de ser evidente.
Pero, la verdadera dificultad no está acá sino en aquellos que, incapaces de asumir las complejidades
de este principio, optan por la facilidad y la conveniencia de un postulado extremo. Nos referimos
por un lado al dogmatismo (existen ciertas verdades incuestionables que no necesitan ser
demostradas), en su vertiente más brutal: el fundamentalismo. En el otro extremo, enmascarado,
aparece el ‘relativismo ético’: la Verdad no existe, sólo nos queda el convencionalismo, lo
conveniente. Cuando un grupo humano debe organizarse para vivir en conjunto sin un trasfondo
moral, sin un conjunto de principios que se consideran universalmente válidos para fundamentar el
actuar, la compleja mecánica de las conveniencias individuales puede generar un caos. Si todo es
relativo y la subjetividad define lo que es bueno ‘para cada sujeto’, seremos islas que sólo se
relacionaran con otras islas en función del poder y la propia conveniencia. Es el principio del amor a
si mismo, el más puro solipsismo.

Texto:
DE LA CRUELDAD Y LA CLEMENCIA;
Y SI ES MEJOR SERAMADO QUE TEMIDO, O SER TEMIDO QUE AMADO.

Paso a las otras cualidades ya cimentadas y declaro que todos los príncipes deben desear ser tenidos
por clementes y no por crueles. Y, sin embargo, deben cuidarse de emplear mal esta clemencia,
César Borgia era considerado cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la
Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe. Que, si se examina bien, se verá
que Borgia fue mucho más clemente que el pueblo florentino, que para evitar ser tachado de cruel,
dejó destruir a Pistoya. Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel,
siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque
con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan
multiplicar los desórdenes, causas de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población,
mientras que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de uno. […]

Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que
ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro
que es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir
esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras
les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues –
como antes expliqué– ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta se
rebelan. Y el príncipe que ha descansado por entero en su palabra va a la ruina al no haber tomado
otras providencias; porque las amistades que se adquieren con el dinero y no con la altura y nobleza
de alma son amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone, y llegada la oportunidad no se
las puede utilizar. Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a
uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por
naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se
pierde nunca. No obstante lo cual, el príncipe debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el
amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se
abstenga de apoderarse de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y súbditos, y que no
proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto;
pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del
padre que la pérdida del patrimonio. Luego, nunca faltan excusas para despojar a los demás de sus
bienes, y el que empieza a vivir de la rapiña siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo
ajeno, y, por el contrario, para quitar la vida, son más raros y desaparezcan con más rapidez.

_____________________________

“El Príncipe”. Nicolás Maquiavelo. Capitulo XVII.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

Explica la concepción de hombre que está a la base de las tesis de Maquiavelo presentes en el
capitulo XVII de El Príncipe.
¿Qué problema se generaría para los derechos de las personas con las tesis planteadas por
Maquiavelo en el capítulo anterior?
¿Es legítimo el uso de un medio éticamente cuestionable para la consecución del “bien común”?
Fundamenta tu respuesta

Conclusiones:

La dificultad que conlleva el conocimiento de verdades universales puede generar un dogmatismo


(fundamentalismo) o un relativismo ético.
Una sociedad que tiene como base de su actuar un relativismo ético sólo puede postular un
convencionalismo.
El convencionalismo puede degenerar en la mera conveniencia: el amor a si mismo.
La relaciones de poder y conveniencia son, en principio, la anulación del otro: el origen del mal
moral.

Para saber más: [actividad opcional]

[…] Veamos ahora cuál es el gran principio del llamado “realismo maquiavélico”.

Es propio de la 'prudencia política' que las acciones estén en consonancia con lo que se quiere
obtener de ellas. Así, por ejemplo, si se quiere unir las voluntades humanas tan proclives a la
dispersión, aunque para un Príncipe sea mejor, desde un punto de vista personal, ser amado por sus
súbditos, si quiere verdaderamente lograr aquellos objetivos de unidad, será más realista hacer que
lo teman y no lo amen, si hay que elegir entre ambas cosas.

Y a esta sentencia, “más vale ser temido que amado”, sigue inmediatamente el apoyo histórico:

“César Borgia era tenido por cruel; y, sin embargo, aquella crueldad suya había beneficiado a la
Romania, la había unido, y le había traído la paz y la confianza". [El Príncipe. Cap. XVII, 5.]

De la misma manera, si un Príncipe conquista un Estado y lo quiere conservar:

“…debe obtener dos cosas: una, que se extinga la sangre del Príncipe antiguo; la otra, que, no se
alteren ni las leyes ni los tributos que paga el pueblo conquistado.[Op. Cit. Cap. III. 51.]

Y siguen las ilustraciones históricas...

Lo que postula Maquiavelo es la existencia de una lógica interna en los hechos sociales, lógica
autónoma, cuyo adecuado manejo práctico conduce al logro político. ¿Y cuál es el fin político por
excelencia que propone Maquiavelo? Ya lo hemos dicho: devolver a Italia su unidad y su grandeza
pasadas.

Ahora bien, tratándose de la unidad nacional, es decir, del supremo bien político, todos los medios
conducentes a tal fin serán buenos. La teoría maquiavélica es que los medios toman la cualidad
moral del fin:

“Es moral un acto cualquiera si, acusándolo el hecho, lo excuso el efecto. Y siendo bueno (el
efecto), siempre loexcusará.” [Op. Cit. Cap.XXI, 20.]

Seguramente fue esta sentencia la que sirvió de base para acuñar esta otra más popular de 'el fin
justifica los medios' que, aunque nunca salió de la pluma del Secretario, es una buena fórmula para
resumir lo que es el 'maquiavelismo'.

Pero, antes de proseguir, habría que desechar la burda interpretación que identifica sin más el
maquiavelismo con el engaño y la astucia que se emplean en las relaciones privadas. Porque, es en
función del fin, reconocido como universal, como socialmente bueno, que los medios, en sí
reprobables, pueden ser justificados moralmente. Esta es la teoría.

Por eso mismo, no es exacto que Maquiavelo rompa con todas las ataduras éticas; que su obra sea
amoral. Es otro el sentido: el maquiavelismo postula una suerte de doble verdad ética: una, válida
para el individuo; otra, para el Estado, que debe resguardar el bien social. Ambas verdades son
independientes y, a veces, opuestas. Es lo que estaba ocurriendo, paralelamente, en el campo del
conocimiento teorético: el renovado conflicto entre razón y fe –recordemos a Occam–, entre ciencia
y teología.

Se trata, pues, de una separación entre la ética individual y la del Estado. Separación discutible todo
lo que se quiera, pero esto no significa que Maquiavelo piense que el Estado deba ser
completamente amoral, como sostienen algunos comentaristas. Todo lo contrario: la fórmula
maquiavélica expresa una suerte de heroísmo ético: ¡cualquier cosa por el bien general! Yen las
circunstancias históricas en que vive Maquiavelo este bien consiste en la unidad nacional en torno a
la figura de un Príncipe virtuoso.

No obstante, el maquiavelismo no queda exento de un enjuiciamiento ético. Y éste es el problema


que se suscita: si el Estado no reconoce ningún valor (ningún Bien) autónomo, él mismo se vuelve el
supremo Bien, en cuanto genera absolutamente todos los valores y todas las normas de convivencia.
Faltando un contenido ético-político, el Bien maquiavélico no consiste sino en la obtención del
Poder y en su conservación. La unidad, como supremo Bien, no es sino un caso particular de esta
consecuencia: la unidad verdadera, real, es la que resulta de un bien que al comunicarse, vuelve
concordes las voluntades. La Unidad no es un bien en sí, sino la expresión de un bien común que
perdura. Pero, si no existe ese bien común, si no hay un contenido ético-político que nos mantenga
unidos, la unidad es sólo una fuerza externa a las voluntades y proporcional al poder represivo que
se ejerce sobre ellas.

Así, después de haber forcejeado por desprendernos de las ataduras teológicas, llegamos casi a lo
mismo: se crea al interior del mundo humano, un dualismo entre la voluntad omnipotente, divina,
del Príncipe, que hace que las cosas sean buenas simplemente porque las hace, y las otras
voluntades, cuya posibilidad se la juega por su cuenta el Príncipe, en vistas de un 'cálculo' político
que sólo tiende a la conservación del Poder.

En resumen: la esencia final de todo maquiavelismo político –y no hay otro– consiste en hacer del
que debería ser un instrumento y un medio del Bien: –del Poder–un fin absoluto. (El poder es el
Bien).

___________________________

Humberto Giannini. “Breve historia de la filosofía”. Ed. Universitaria, 1987.-


Colegio Washinton Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 5

La Verdad en Platón: El mundo inteligible de las Ideas.

Introducción: Todo el pensamiento de Platón apunta a criticar al relativismo y a fundamentar


metafísicamente la existencia de Verdades necesarias y universales. El mundo físico que captamos
mediante los sentidos cambia constantemente y, por esto, prácticamente no existe. No puede haber
ciencia (conocimiento verdadero) de lo particular, de aquello que captamos en su cambiante
individualidad. El que opina que el mundo sensible es la única realidad está engañado por una
ilusión. El hábito no le permite inteligir otro mundo donde existirían, desde siempre, entidades
inmutables y, por tanto, verdaderas, reales: el mundo de las Ideas o de los conceptos intelectuales.
Esta mesa particular y concreta, sensible, cambia y por esto tiene mínimo ser. Pero la Idea de mesa,
el concepto racional de mesa es universal e inmutable. En este mundo inteligible, que es sólo
captado por la inteligencia, han existido siempre las Ideas de Justicia, Bien, Dignidad de la persona
humana, entre otras. Con este planteamiento Platón inaugura, por primera vez de forma
estructurada, una realidad que está más allá de la naturaleza física donde existirían conceptos
heterónomos, independientes y trascendentes a la razón humana. Es esta concepción de un
trasmundo metafísico la fuente de la moral tradicional en occidente.

Texto 1:
La Alegoría de la Caverna

Sócrates: ...En una caverna subterránea, con una entrada tan grande como la caverna toda, abierta
hacia la luz imagina hombres que se hayan ahí desde que eran niños, con cepos en el cuello y en las
piernas, sin poder moverse ni mirar en otra dirección sino hacia delante impedidos de volver la
cabeza a causa de las cadenas. Y lejos y en alto, detrás de sus espaldas arde una luz de fuego, y en el
espacio intermedio entre el fuego y los prisioneros, asciende un camino, a lo largo del cual se
levanta un muro, a modo de los reparos colocados entre los titiriteros y los espectadores, sobre los
que ellos exhiben sus habilidades.

Glaucón: Me lo imagino perfectamente.

Sócrates: Contempla a lo largo del muro hombres que llevan diversos vasos que sobresalen sobre el
nivel del muro, estatuas y otras figuras animales en piedra o madera y artículos fabricados de todas
las especies... ¿crees que los prisioneros puedan ver alguna otra cosa, de sí mismos y de los otros,
sino la sombraproyectada por el fuegosobre la pared de la cavernaque está delante de ellos?...¿y
también de la misma manera respecto a los objetos llevados a lo largo del mundo? Y si pudieran
hablar entre ellos, ¿no crees que opinarían de poder hablar de estas [sombras] que ven como si
fueran objetos reales presentes? ...Y cuando uno de ellos fuese liberado, y obligado a alzarse
repentinamente, y girar el cuello y caminar, y mirar hacia la luz... ¿no sentiría dolor en los ojos, y
huiría, volviéndose a las sobras que puede mirar, y no creería que estas son más claras que los
objetos que le hubieran mostrado?... Y si alguien lo arrastrase a la fuerza por la espesa y ardua salida
y no lo dejase antes de haberlo llevado a la luz del sol, ¿no se quejaría y se irritaría de ser arrastrado,
y después, llevado a la luzy con los ojos deslumbrados, podría ver siquiera una de las cosas
verdaderas?

Glaucón: No, ciertamente, en el primer instante.

Sócrates: Sería necesario que se habituase a mirar los objetos de allá arriba. Y al principio vería más
fácilmente las sombras, y después, las imágenes de los hombres reflejadas en el agua y, después, los
cuerpos mismos; en seguida, los cuerpos del cielo, y al mismo cielo le sería más fácil mirarlos de
noche ...y, por último, creo, el mismo Sol... por si mismo, ...Después de eso, recién comprendería
que el Sol... regula todas las cosas en la región visible y es causa también, en cierta manera, de todas
aquellas [sombras] que ellos veían... Pues bien, recordando la morada anterior, ¿no crees que él se
felicite del cambio y experimente conmiseración por la suerte de los otros?... Y considera aun lo
siguiente: si volviendo a descender ocupase de nuevo el mismo puesto ¿no tendría los ojos llenos de
tinieblas, al venir inmediatamente del Sol?... Y si tuviese que competir nuevamente con los que
habían permanecido en los cepos, para distinguir esas sombras, ¿no causaría risa y haría decir a los
demás que la ascensión, deslumbrándolo, le había gastado los ojos?... Pero si alguno tuviese
inteligencia... recordaría que las perturbaciones en los ojos son de dos especies y provienen de dos
causas: el pasaje de la luz a las tinieblas y de las tinieblas a la luz. Y pensando que lo mismo sucede
también para el alma... indagaría si, viniendo de vidas más luminosas, se encuentra oscurecida por la
falta de hábito a la oscuridad, o bien si, llegando de mayor ignorancia a una mayor luz, está
deslumbrada por el excesivo fulgor.

_________________________
La República. Platón. Libro VII, 1-3, 513-18. Trad. De R. Mondolfo

TEXTO 2:

Sócrates. –¡Ay, qué bien hablas! Pero, puesto que tú me animas, me voy a convertir lo más posible
en este hombre y voy a intentar preguntarte. Porque si tú le expusieras a él este discurso que dices
sobre las ocupaciones bellas, te escucharía y, en cuanto terminaras de hablar, no te preguntaría más
que sobre lo bello, pues tiene esta costumbre, y te diría: Extranjero de Elis, dime, por favor, ¿los que
son justos no lo son por la justicia? Ten la bondad de responderme, Hipias.

Hipias. –Responderé que es por la justicia.

–¿Y la justicia no es algo en sí misma?

–Sin duda.

–Igualmente, ¿no son sabios los sabios por la sabiduría, y todo lo que es bueno, no lo es por el bien?
–¿Cómo podría ser de otro modo?

–¿Y son éstas cosas reales? ¿No lo negarás, sin duda?

–Sí, son reales.

–Y todas las cosas bellas, ¿no son bellas también por la belleza?

–Sí, por la belleza.

–Que es una cosa real.

–Real sin duda.


____________________
Hipias Mayor, 287c-d.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

Según la “Alegoría de la caverna” ¿en qué condición se encontraría el ser humano frente al
conocimiento de la realidad?
Ejemplifica, con una situación actual y cotidiana, la condición en que se encontraría el ser
humano frente al conocimiento de la realidad según la “Alegoría de la caverna”.
Según el texto 2 ¿Qué condiciones tendrían las Ideas del Mundo Inteligible (o los conceptos
intelectuales) que las harían reales y por tanto más confiables al momento de tomar decisiones
morales? Fundamenta tu respuesta.

Conclusiones:

El pensamiento de Platón es una crítica al relativismo.


El mundo sensible no existe porque cambia constantemente.
El mundo Inteligible de las ideas es inmutable y por tanto real.
Para Platón, sólo podríamos hacer el bien si somos capaces de inteligir la Verdad (las Ideas).
Por ser las Ideas platónicas externas y anteriores a la razón humana, el sistema moral planteado
por este filósofo griego está dentro de las denominadas éticas heterónomas; siendo, a su vez, el
fundamento de otras éticas como por ejemplo la cristiana.

Para saber más: [Actividades opcionales]

Revisa el capítulo dedicado a Platón en la “Breve historia de la filosofía” de H. Giannini. Ed.


Universitaria. 6ta edición de 1987. Pag. 43 y ss.

Forma un grupo con tus compañeros de curso y realicen un ‘video-foro’ con la película MATRIX.
Luego de ver el film y considerando la diferencia de realidad que formula Platón al enfrentar el
mundo sensible con el mundo inteligible, plantea al grupo de discusión interrogantes como: ¿cuál es
el mundo real que plantea la película? ¿Cuándo y por qué los personajes se encontrarían en un
mundo “ilusorio”? ¿Somos capaces de conocer la realidad y, si lo somos, a través de que medios
podemos reconocer lo real a diferencia de lo aparente?
Colegio Washinton Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 6

CONOCIMIENTO, VIRTUD Y DEBER EN SÓCRATES

Introducción:
El que crea –nos dice Sócrates a través de ‘La Alegoría de la Caverna’– que el mundo sensible es
real y determinante para nuestras decisiones morales, está engañado por el hábito y la apariencia;
ignora la existencia del mundo de las Idas. Los conceptos que la razón puede conocer son la única
realidad en cuanto son los mismos para todo individuo. Así por ejemplo, los conceptos geométricos
como el triangulo o el punto y los conceptos éticos como el de dignidad y justicia, son siempre los
mismos para todos los seres humanos. La razón –continúa Sócrates– puede, mediante la educación,
conocer estos conceptos y situarlos como fundamento de su actuar moral. De esta manera, podemos
sentencias que ‘el mal se hace por ignorancia’, por no ser capaces de identificar (definir) lo que es
realmente bueno y por desconocer los medios para alcanzarlo. El hombre bueno es, por tanto, el
‘sabio’; aquel que, a través de la razón, logra conocer el orden de la existencia en su totalidad y
actúa coherentemente con ello. El “deber”, la Justicia –no lo que físicamente nos conviene– debe ser
la única motivación de nuestra conducta, incluso a riesgo de perder la propia vida.

TEXTO 1:

Creía Sócrates que las virtudes se identificaban con la razón, considerando que todas eran
ciencias… Y hasta llegaba a afirmar, recurriendo a la razón, que donde hay ciencia no puede faltar
el dominio de sí mismo pues nadie que tenga inteligencia obra en contra de lo mejor o, si acaso lo
hace, es por la ignorancia

___________________
Aristóteles. Ética a Nicómaco 1145 – 1146

TEXTO 2:

Yo, pues, estoy casi seguro de esto, que ninguno de los sabios piensa que algún hombre por su
voluntad cometa acciones vergonzosas o haga voluntariamente malas obras; sino que saben bien que
todos los que hacen cosas vergonzosas y malas obran involuntariamente. […] Así el hombre bueno
acaso también pueda convertirse en malo ya sea a causa de la edad o del cansancio o de la
enfermedad o de otro accidente, pues sólo puede ser condición mala esta: quedar privado de la
sabiduría […] Nadie que crea o sepa que hay cosas mejores que las que hace y que están a su
alcance, cuando conoce la posibilidad de otras mejores sigue haciendo las que hace; y dejarse vencer
por si mismos no puede ser sino ignorancia, y llegar a vencerse a si mismono es sino sabiduría.
Ahora bien, ¿no decís que la ignorancia es esto tener falsa opinión y equivocarse en asuntos de gran
trascendencia? ¿Y decía yo algo distinto al afirmar que nadie por propia voluntad va al encuentro de
los males o de lo que cree que es un mal?

___________________
Platón. Protágoras 345; 348.

TEXTO 3:

–¿Prefieres, dije yo, guiar tú la investigación, o soy yo el guía?

–Es justo, que tú la conduzcas, dijo. Pues tú diste inicio al argumento.

–A ver si por este lado logramos que el asunto se aclare, dije yo. Del mismo modo que una persona,
al realizar un examen con vistas a la salud o a cualquier otra operación corporal a partir del aspecto
exte-rior, viendo el rostro y la parte de las manos, diría: «Venga, ahora descúbrete, por favor, y
muéstrame el pecho y la espalda, para que te observe con más pre-cisión»; algo así deseo yo
también para mi examen. Al ver que te mantienes en esa actitud, que expones, res-pecto de lo bueno
y de lo placentero, tengo que decirte también algo parecido: «Venga, por favor, ahora Pro-tágoras,
descúbreme este costado de tu pensamiento: ¿Qué opinas de la ciencia? ¿Es que tienes la misma
opinión que la mayoría, o piensas de modo distinto?» La mayoría piensa de ella algo así, como que
no es firme ni conductora ni soberana. No sólo piensan eso en cuanto a su existencia de por sí, sino
que aun muchas veces, cuando algún hombre la posee, creen que no domina en él su conocimiento,
sino algo distinto, unas veces la pasión, otras el placer, a veces el dolor, algunas el amor, muchas el
miedo, y, en una palabra, tienen la imagen de la ciencia como de una esclava, arrollada por todo lo
demás. ¿Acaso también tú tienes una opi-nión semejante, o te parece que el conocimiento es algo
hermoso y capaz de gobernar al hombre, y que si uno conoce las cosas buenas y las malas no se deja
dominar por nada para hacer otras cosas que las que su conocimiento le ordena, sino que la sensatez
es suficiente para socorrer a una persona?

–Opino tal como tú dices, Sócrates, contestó; y, desde luego, más que para ningún otro, resultaría
ver-gonzoso precisamente para mí no afirmar que la sabi-duría y el conocimiento son lo más
soberano en las costumbres humanas.

TEXTO 4:

Quizá alguno de vosotros, en su interior, me esté recriminando:


«-¿No te avergüenza, Sócrates, el que te veas metido en estos líos a causa de tu ocupación y que te
está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida?»
A éstos les respondería, y muy convencido por cierto:
-Te equivocas completamente, amigo mío, si crees que un hombre con un mínimo de valentía debe
estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte antes que por la honradez de sus acciones,
preocupándose sólo por si son fruto de un hombre justo o injusto.

___________________
Platón. Apología 28b.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

Según el texto 1 y 2 ¿En qué condiciones el hombre causaría el mal? Fundamenta tu respuesta.
En relación al texto 3 ¿Qué rol jugaría el conocimiento racional de lo real en las decisiones
morales?
Luego de leído el texto 4 reflexiona: ¿es legítimo soportar sufrimientos e incluso dar la vida por
lo que consideramos justo? Fundamenta tu respuesta.
Conclusiones:

Para Sócrates, el mal se hace por ignorancia.


Lo bueno, en cuanto es un concepto, sólo puede ser conocido por la razón.
Un hombre bueno es aquel que actúa sólo por deber.
El desarrollo de la razón y por tanto el conocimiento y la sabiduría sólo pueden ser obtenidos a
través de la educación.

Para saber más: [actividad opcional]


Lee “La apología de Sócrates” y reflexiona sobre los peligros y las ventajas de buscar las verdades y
actuar únicamente por deber.

Colegio Washinton Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 1era Unidad, Clase N° 7

Aristóteles: La felicidad como fin último de la vida humana.

Introducción:
Una de las columnas vertebradoras de la ética occidental la encontramos, sin duda, en la obra de
Aristóteles; uno de los principales filósofos de la Grecia clásica, nacido en el siglo IV a.C., discípulo
de Platón, influyó en forma determinante en la historia del pensamiento especialmente en la edad
media. Aristóteles sintetiza su ética en la obra "Ética a Nicómaco", denominada así en honor a su
hijo Nicómaco. Son dos las interrogantes iniciales que trata de responder esta trabajo: qué es la
"felicidad" y qué es la "virtud". Veamos un resumen del argumento que Aristóteles nos ofrece para
responder estas preguntas.

Todo el pensamiento de Aristóteles está cruzado por el fenómeno del "movimiento". De esta manera
comienza el argumento de El Filósofo: todo lo que se mueve lo hace hacia un fin que le pertenece y
que persigue por naturaleza. Así por ejemplo, los animales se mueven para alimentarse ya que
aspiran naturalmente a la nutrición y a la sobrevivencia. Ahora, este fin particular que las
actividades persiguen es también su "bien". Dicho negativamente, nada busca el "mal". De esta
manera, podemos definir primariamente el "bien" como "aquello hacia lo cual todas las cosas
tienden". Todo lo que el ser humano hace lo hace precisamente porque, al menos, lo "estima" como
bueno.

Las acciones humanas son múltiples y cada una de ellas tiene su fin (o bien) particular. El sentido
común nos dice que la vida del hombre no es sólo la suma de infinitos fines particulares si no que
todas las acciones humanas tienden a un único fin que se quiere por sí mismo sin esperar una
utilidad que devenga de este fin último. Este fin al que aspiran todas las acciones del hombre es la
felicidad. En efecto, todo lo que hacemos lo hacemos porque queremos ser felices.

Sabemos ya que la felicidad es el fin hacia el cual tienden todas las acciones del hombre y que
constituyen también su bien propio. Pero, ¿en qué consiste esta felicidad?

Cuando hablamos del fin o el bien propio de algo nos referimos a su naturaleza, a su finalidad
natural, a aquello para lo cual está naturalmente dispuesto. Esta finalidad última es también su
perfección, el mayor bien al cual se aspira y que es la unificación de todos los bienes particulares.
Así, decimos que un cuchillo es un "buen cuchillo" cuanto ejecuta correctamente su finalidad
propia: cortar. La pregunta es, por tanto, ¿cuál es la finalidad propia del ser humano, su perfección,
el mayor de los bienes al que aspira? La respuesta nos surge con claridad cuando comparamos la
vida humana con los otros niveles de la vida en general. La finalidad propia de los vegetales es el
crecimiento y la reproducción. Por otro lado la finalidad de los "animales inferiores" es la
sensibilidad. A diferencia de estos últimos, el ser humano tiene la capacidad de "razonar"
constituyendo esta su naturaleza propia. En efecto, el hombre es un ser racional o inteligente en el
sentido que tiene la capacidad de "inteligir", de "leer" dentro de los hechos del mundo y
comprenderlos mediante sus causas.

De lo anterior podemos inferir que si la felicidad es la realización de la finalidad propia de lo


humano, es esta actividad el ejercicio constante de la razón.

Nos encontramos en este punto del argumento aristotélico con un concepto netamente ético: la
virtud, segunda preocupación de la Ética a Nicómaco que acá adelantamos. Una virtud es, en
general, la perfecta realización de la naturaleza propia de algo. Así decimos que un pianista es
"virtuoso" cuando toca "bien" este instrumento. De la misma manera un hombre es virtuoso (en
cuanto hace las cosas "bien") cuando ejerce su finalidad propia: razonar.
La felicidad es –concluye Aristóteles– una actividad del alma (del ser pensante) conforme a la virtud
(a la capacidad de razonar)

Texto:

Selección de la “Ética a Nicómaco” de Aristóteles.

Decir que la felicidad es lo mejor parece ser algo unánimemente reconocido, pero, con todo, es
deseable exponer aún con más claridad lo que es. Acaso se conseguiría esto, si se lograra captar la
función del hombre. En efecto, como en el caso de un flautista, de un escultor y, de todo artesano, y
en general de los que rea-lizan alguna función o actividad parece que lo bueno y el bien están en la
función, así también ocurre, sin duda, en el caso del hombre, si hay alguna función que le es propia.
¿Acaso existen funciones y actividades propias del carpintero, del zapatero, pero ninguna del
hom-bre, sino que éste es por naturaleza inactivo? ¿O no es mejor admitir que así como parece que
hay alguna fun-ción propia del ojo y de la mano y del pie, y en general de cada uno de los
miembros, así también pertenecería al hombre alguna función aparte de éstas? ¿Y cuál,
pre-cisamente, será esta función? El vivir, en efecto, parece también común a las plantas, y aquí
buscamos lo propio. Debemos, pues, dejar de lado la vida de nutrición y crecimiento. Seguiría
después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los
animales; Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón. Pero aquél, por una parte,
obedece a la razón, y por otra, la posee y piensa. Y como esta vida racional tiene dos significados,
hay que tomarla en sentido activo, pues parece que primordialmente se dice en esta acepción. Si,
entonces, la función propia del hombre es una actividad del alma según la razón, (1098a) o que
implica la razón, y si, por otra parte, deci-mos que esta función es específicamente propia del
hom-bre y del hombre bueno, como el tocar la cítara es propio de un citarista y de un buen citarista,
y así en todo añadiéndose a la obra la excelencia queda la virtud (pues es propio de un citarista tocar
la cítara y del buen cita-rista tocarla bien), siendo esto así, decimos que la función del hombre es una
cierta vida, y ésta es una activi-dad del alma y unas acciones razonables, y la del hom-bre bueno
estas mismas cosas bien y hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud; y si esto
es así, resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud, y si las
virtudes son varias, de acuerdo con la mejor y más per-fecta, y además en una vida entera. Porque
una go-londrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco ni un solo día ni un instante [bastan]
para hacer venturoso y feliz.

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

¿Qué relación existiría, según Aristóteles, entre fin y felicidad?


¿Por qué se sostiene que existiría un fin último de la vida humana?
¿En que consistiría, según el texto, la naturaleza propia del ser humano?

Conclusiones:

Todo fin natural es sinónimo de bien.


La felicidad es alcanzar el fin natural de la vida humana.
La finalidad propia de la vida humana es una actividad conforme a la razón.
Sólo el hombre virtuoso (el que razona correctamente) es feliz.

Para saber más: [actividad opcional]

Lee el libro de Dominique Lapierre “La ciudad de la alegría” (o ve la película del mismo nombre del
director Roland Joffe, 1992) y reflexiona sobre lo que cotidianamente entendemos por felicidad en
comparación con la definición que nos ofrece Aristóteles.

Colegio Washinton Center, La Florida.

Guía de autoaprendizaje de Filosofía.

Segundo Semestre. 2da Unidad, Clase N° 8

La prudencia o la inteligencia práctica: una virtud intelectual.


Introducción:

Ya sabemos que la felicidad es la acción en la cual alcanzamos un fin que es, a la vez, un "bien".
Este bien se identifica con la "perfección" en cuanto es el "mayor bien" que se puede alcanzar. Este
bien final es, por tanto, la realización de la naturaleza propia de algo; aquello para lo cual está
naturalmente dispuesto: su "virtud". Llegamos así al segundo concepto que la Ética de Aristóteles
pretende esclarecer.

Si la felicidad es la realización de la naturaleza propia del ser humano –su virtud– esta será el
ejercicio de su razonamiento. Así, el hombre actuará bien y será un hombre virtuoso. Pero ¿en qué
consistirá concretamente ser un "hombre virtuoso"?

Una virtud puede perderse por un vicio. Un vicio es siempre un extremo. Así por ejemplo, una
virtud ética como la valentía puede perderse por un defecto: la cobardía; o por un exceso: la
temeridad. En definitiva, lavirtud es un término medio entre un exceso y un defecto.

Este "término medio" –continúa Aristóteles– no es un medio "matemático", como si


determinásemos que el medio entre 2 y 10 que es 6. La aplicación de una virtud debe considerar las
características propias, únicas de cada sujeto y la situación concreta en la que está situado. Así por
ejemplo, una virtud como la jovialidad o la alegría se manifestará en modo y grado diferente
dependiendo de las circunstancias que nos rodean: en un templo debemos tender hacia la rusticidad
(sin llegar a extremos, por cierto) y en una fiesta nuestra conducta se inclinará, más bien, a la
bufonería.

Es en este punto donde entra en juego la razón. La racionalidad determina que una acción es un acto
virtuoso en cuanto se encuentra entre un exceso y un defecto. La razón nos dice, por ejemplo, que
frente a las diversiones y los entretenimientos debemos ejercer la virtud de la templanza. Es esta
misma racionalidad que nos indica que un actuar desenfrenado es siempre un exceso y por tanto un
vicio. Pero también es racional pensar que una actitud rústica o insensible frente a las actividades
recreativas es un defecto. La templanza es una virtud pues está entre estos dos extremos y sólo una
decisión "racional" nos hará actuar de buena forma bajo este respecto.

A modo de conclusión podemos afirmar que –según Aristóteles– una virtud es "una disposición a
actuar de manera deliberada, consistente en una mediedad, relativa a nosotros, determinada por la
razón y del modo que la determinaría el hombre prudente".

Profundicemos ahora en el método (el camino) que el ser humano utiliza para aplicar esta facultad
de juzgar y la importancia que acá tienen la "inteligencia práctica".

Aristóteles comienza dividiendo pedagógicamente las «partes del alma humana», o las facetas con
las que el ser humano enfrenta el medio. Nuestra "alma", a diferencia de los animales inferiores,
pose una parte racional y una parte irracional. La irracional, se divide a su vez, en apetitiva y en
vegetativa. Esta última división, que compartimos con los animales inferiores, corresponde a los
actos reflejos que no podemos controlar voluntariamente como la sed o los efectos del frío. La parte
apetitiva se refiere a nuestros "apetitos", aquellos instintos básicos que se transforman en deseos.
Esta parte apetitiva escucha y obedece a la parte racional que regula y determina la satisfacción de
estos deseos. Así, en nuestra parte racional residen dos tipos de virtudes: las intelectuales y las
éticas. Las virtudes intelectuales son aquellas que nos hacen comprender, conocer el mundo que nos
rodea. Entre estas se encuentra la sabiduría y la prudencia. Las virtudes éticas tienen la tarea de
regular nuestras acciones en función a que estas se acerquen lo más posible a lo correcto, a lo que
debe ser, en definitiva: a la Verdad.

Tenemos hasta acá la estructura, veamos ahora su relación. Nuestros apetitos o lo que deseamos, el
mero querer, está directamente influenciado por nuestra parte vegetativa, aquellos reflejos básicos e
involuntarios que conservan nuestras funciones biológicas. Evidentemente, estos reflejos necesitan
una regulación en cuanto el ser humano vive en sociedad y debe considerar el bienestar de los otros
seres humanos con los que se relaciones. De lo contrario el ser humano actuaría mecánicamente en
la satisfacción de sus deseos convirtiendo a los otros en medios para su conservación y satisfacción,
sólo en función al "principio del amor a si mismo", lo que es contrario a toda conciencia moral. Las
virtudes éticas regulan nuestros apetitos y deseos. Así por ejemplo, nos muestran que debemos ser
solidarios, honestos, templados, etc. Pero, la aplicación de las virtudes dependerá de las
circunstancias concretas en las que se encuentra cada individuo. La ética no es una ciencia exacta.
Es acá donde nos encontramos con las virtudes intelectuales y entre ellas, principalmente, con la
prudencia. La prudencia, también llamada "Inteligencia práctica" -pues es un conocimiento aplicado
a las acciones- determina cómo y cuándo deben ser aplicadas cada una de las virtudes éticas. De esta
forma la inteligencia práctica regula las pasiones (lo que nos pasa a nivel instintivo) que, de otro
modo, se desatarían en la conducta humana sin ningún control.

Concluyamos, muchas veces nos preguntamos por qué cometemos errores éticos si, de alguna
manera, sabemos lo que debemos hacer y, por otro lado, ese error concuerda con lo que deseamos
hacer. Aristóteles nos responde: además de ser seres inteligentes, en cuanto conocemos ciertas
virtudes éticas, también somos seres sensibles, pasionales; tenemos deseos que, algunas veces, se
oponen y perjudican a los demás. Sólo la recta razón, a través de la prudencia y en conformidad con
las virtudes, nos mostrará, con relativa perfección, cuándo y cómo debemos moderar nuestros
deseos para ser personas virtuosas. Una verdadera elección , una decisión conforme al deber, no es
sólo la realización de un deseo, simplemente por que se quiere (según la espontaneidad de nuestras
pasiones), sino que es un entrelazamiento entre el deseo (lo que se quiere) y la inteligencia. En
palabras de Aristóteles una verdadera elección ética es «inteligencia deseosa o deseo inteligente».
Como vemos, la ética -desde sus orígenes- tiene como fundamento el ejercicio de la racionalidad, de
nuestra capacidad de conocer profundamente la realidad y decidir nuestras acciones en función de
una Verdad que se sabe. De acá la importancia de una educación centrada en el análisis lógico de
nuestra realidad.

Texto:

¿Qué es la virtud?

Después de esto tenemos que considerar qué es la virtud [...] Pero es menester decir no sólo que es
un hábito, sino además de qué clase. Hay que decir, pues, que toda virtud perfecciona la condición
de aquello de lo cual es virtud y hace que ejecute bien su operación; Por ejemplo, la excelencia del
ojo hace bueno al ojo y su función [...]; asimismo la excelencia del caballo hace bueno al caballo y
lo capacita para correr, para llevar al jinete y afrontar a los enemigos. Si esto es así en todos los
casos, la virtud del hombre será también el hábito por el cual el hombre se hace bueno y por el cual
ejecuta bien su función propia. Cómo esto es así en parte los hemos dicho ya; pero se aclarará aún
más si consideramos cuál es la naturaleza de la virtud. En todo lo continuo y divisible es posible
tomar más o menos o una cantidad igual, y esto desde el punto de vista de la cosa misma o
relativamente a nosotros; y lo igual es un término medio entre el exceso y el defecto. Llamo término
medio de la cosa al que dista lo mismo de ambos extremos, y éste es uno y el mismo para todos; y
relativamente a nosotros, al que ni es demasiado ni demasiado poco, y éste no es ni uno ni el mismo
para todos.[...]Así pues, todo conocedor rehúye el exceso y el defecto, y busca el término medio y lo
prefiere; pero el término medio no de la cosa, sino el relativo a nosotros. [...] Por tanto, la virtud es
un término medio, puesto que apunta al medio. Además, se puede errar de muchas maneras [...],
pero acertar, sólo de una. [...]

Es, por tanto, la virtud un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros,
determinado por la razón y por aquella por la cual decidiría el hombre prudente.
___________________________________
Aristóteles. Ética a Nicómaco, Libro II, 6 (Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 1985, p. 25-
26).

Actividad:
Responde, con tus propias palabras y basándote en el texto, las siguientes preguntas:

Da un ejemplo nuevo de una virtud como justo medio, señala el exceso y el defecto que
corresponda.
¿Por qué se afirma en el texto que la ética "no es una ciencia exacta"?
Relata una breve situación cotidiana donde se vea la relación entre la prudencia y una virtud ética
en la determinación de una acción éticamente correcta.

Conclusiones:

La virtud se pierde por el vicio que siempre es un extremo (exceso o defecto)


La acción virtuosa es un justo medio entre un exceso y un defecto en consideración de las
circunstancias del medio.
La racionalidad determina, en función de las circunstancias, la cercanía de la acción virtuosa al
exceso o al defecto.
La prudencia determina la aplicación e las virtudes éticas.
La prudencia es una virtud intelectual como la sabiduría o la facultad de calcular
matemáticamente.

Para saber más: [actividad opcional]

Revisa “El libro de las virtudes” de William Bennet o selecciones algunas virtudes destacadas en la
literatura universal como la amistad, la solidaridad, o la perseverancia. Reflexiona sobre cuáles son
los vicios que las corrompen y cómo debe ser la correcta (prudente) aplicación de estas en
situaciones distintas.