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Urania y Sofía Alejandro Christian Luna

Un acercamiento
a la historia
de la Astrología
en relación al
pensamiento
occidental
Urania y Sofía
Un acercamiento a la historia de la Astrología
en relación al pensamiento occidental

Alejandro Christian Luna

Urania y Sofía 2
3 Urania y Sofía
A Liliana Diez,
quien me “contagió” su pasión por la Astrología.

Urania y Sofía 4
5 Urania y Sofía
Nuestra investigación será pues más profunda que las que dedican en la
actualidad a nuestro tema diarios y revistas. Descubriremos la “verdad”,
la convicción alimentada por las diversas civilizaciones, los temores y espe-
ranzas de distintas épocas. Tal vez comprendamos entonces por qué la
astrología ha podido ser calificada de “grandiosa tentativa de dar una
representación de la unidad del mundo”, o como ha dicho Nilsson, ser un
“vasto sistema de conocimiento filosófico”.
Will Erich Peuckert

La astrología presenta un aspecto histórico y un aspecto cósmico, los cua-


les son sus dos más antiguas ramas. Cuando Dios ordenó al espíritu desa-
rrollarse, dicho desarrollo se acompaño de la creencia de la astrología. Esto
está atestiguado por la alta antigüedad de dicha creencia, cuyo verdadero
lugar está en el seno de la filosofía. ¿Se convertirá la astrología en una
ciencia o se fundirá dentro de la metafísica?.
J. W. Pfaff

Creo en la astrología, primero porque me parece natural que fenómenos tan


importantes como el movimiento de los astros desarrollen su acción hasta
mi. En el mundo en que vivo, sobrenatural me parece lo contrario. Creo
también en ella porque siendo historiador, no podría desconocer el conside-
rable rol de la astrología en la Humanidad.
Emmanuel Berl

Urania y Sofía 6
7 Urania y Sofía
Prólogo

Como asidua lectora de bibliografía astrológica a lo largo del


tiempo encontré textos interesantes, atractivos, informativos la
mayoría, pero el que aquí nos ofrece Alejandro Luna es además
necesario.

Con mayor o menor éxito algunos autores relacionaron


Astrología con procesos históricos, pero pocas veces se realizó
un entramado tan específico entre Astrología y pensamiento filo-
sófico.

Y por ello lo considero necesario en tanto permite acceder a un


panorama amplio de la Astrología como una producción teórica
que acompaña la reflexión nuclear de cada época.

Con prosa clara, sintética y erudita a la vez que amena, el autor


propone un recorrido a través de los siglos que se inicia con los
orígenes míticos y concluye con los nuevos paradigmas de la
ciencia contemporánea.

Cada capítulo -titulado en el orden de los signos zodiacales-


comienza con un párrafo de La Astrología como ciencia oculta
de Oskar Adler referido al signo en cuestión que funciona como
el “copete” de una noticia periodística sintetizando el contenido
que se desarrolla posteriormente.

Así en el Capítulo 1 –Aries- describe las primeras huellas de una


Idea – motor que señala el sendero por el cual transitará el pen-

Urania y Sofía 8
samiento filosófico y astrológico. En el Capítulo 2 –Tauro- pre-
senta la relación entre los filósofos de la naturaleza y la teoría de
los elementos. En el siguiente -Géminis- encontramos a los filó-
sofos atenienses y a Claudio Ptolomeo.

El recorrido concluye con el capítulo 12 –Piscis- donde el autor


expone una hipótesis que posiblemente generará más de un
debate: la carta natal funciona como holograma.

Para finalizar, no dudamos en afirmar que el texto opera como


una excelente introducción a la historia de la Astrología para un
público no erudito en la materia así como una indispensable
fuente de consulta para quienes hayan incursionado en el tema.

SILVIA CERES

9 Urania y Sofía
Prefacio

Urania es reconocida como una de las 9 musas de la mitología


griega, la protectora de los astrólogos y de los astrónomos. Hija
de Zeus y de Mnemósine. Los antiguos la representaban portan-
do un compás y un globo terráqueo.
Etimológicamente Sofía (σοφια) quiere decir sabiduría; y
Filosofía, amor por la sabiduría. Este bello nombre encarna al
Espíritu del Conocimiento.
Urania y Sofía tendrán en este libro un diálogo que presiento
muy fructífero. Si afinan sus oídos casi podrán oír sus voces
detrás de las palabras. Y se sorprenderán de todas las cosas que
ellas tienen en común.
Una de ellas es la búsqueda de la “Verdad”.
Urania irá hacia ella munida de sus instrumentos de medición,
de su cristalina mirada y de su curiosidad ilimitada hacia el cielo
exterior.
Sofía lleva consigo la sorpresa ante sus propias preguntas, su
lógica (que puede ser fría como el acero o cálida como un atar-
decer veraniego); y que de igual manera abre ventanas hacia el
cielo interior.
Pero ellas comparten, fundamentalmente, la maravilla y el
asombro ante la profundidad de la existencia.
Urania y Sofía poseen valiosísimas intuiciones, como así tam-
bién una gran experiencia. Ambas responden a una complemen-
tariedad cuyo fin es la de llegar a una mayor comprensión de la
realidad.
No importa hacia que lado de la ventana miremos… pues siem-
pre estaremos conociendo el cielo.

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Capítulo 1 Aries
El signo de Aries tiene que ver con la preparación del camino. El Hombre
de Aries irrumpe en medio de los obstáculos en cuanto una inspiración
interior en la que confía ciegamente le señala la ruta a seguir…
Oskar Adler

Las huellas de una Idea


Los inicios de la astrología se remontan a los albores de la huma-
nidad. Si podemos imaginarnos la forma de vida de los prime-
ros hombres y el entorno en que se movían, contactaremos con
la abismal sensación de lo que representaba para ellos el cálido
Sol, la impredecible Luna, el sorpresivo fragor del trueno o la
profundidad infinita de un cielo estrellado.
Fue absolutamente lógico para ellos el deificar toda la naturale-
za y en especial lo que era más inalcanzable, y por ende más ele-
vado, más divino...

Los primeros indicios que nos hablan de una observación metó-


dica del cielo datan de una fecha tan lejana como la del año
15.000 antes de Cristo aproximadamente. Tengamos en cuenta
que el hombre, tal como hoy se presenta a nuestros ojos, aparece
alrededor del 35.000 A.C.; es decir que el interés por los astros
nace casi juntamente con nosotros, acompañando la evolución
de nuestro cerebro y de nuestra conciencia.
Hace algunos años se encontró en una caverna francesa una

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pequeña estatuilla, bautizada como la
Venus de Laussel. Esta figura femenina
sostiene en la mano derecha un cuerno de
bisonte con trece muescas verticales, el
número de noches entre la primera luna
creciente y la luna llena. La mano izquierda
se apoya en su abultado vientre, sugiriendo
una equivalencia entre los ciclos lunares y
los menstruales. Vemos que en las primeras
obras artísticas el ser humano relaciona los
ritmos celestes con los ritmos terrestres.

Joseph Campbell sostiene que las mujeres reconocieron en sus


propios cuerpos esta correlación, y que gracias a ello se llegó a
las matemáticas y a la astronomía.
Alexander Marshack analizó numerosas muestras (astas y hue-
sos) que poseen incisiones que consideró marcas de caza, basa-
das también en un calendario lunar. Al mirarlas a través del
microscopio advirtió que las diferentes incisiones no estaban
hechas con la misma herramienta. Lo que marcaban era el paso
del tiempo.
Cerca del año 10.000 a.C. se encontraron en el noreste de Africa,
en la localidad de Susfana, lo que se ha interpretado como la pri-
mera muestra de un zodíaco, donde podían verse una svástica y
doce signos, unificando el ciclo lunar (svástica) con el ciclo anual
o solar (zodíaco).
Tanto en estos casos como en el de las pinturas rupestres de
Altamira y Lascaux (donde algunos interpretan la repre-
sentación de la bóveda celeste) estaríamos hablando de la
prehistoria de la astrología y de un pensamiento mágico propio
de la infancia de la humanidad.
Hasta la época de los primeros filósofos de Grecia, fue el pensa-
miento mítico el que generó la explicación de toda experiencia

Urania y Sofía 12
humana. Y son los mitos cosmogónicos los que relatan en las
diferentes culturas el origen del mundo.
Es probable que ciertos hechos verdaderos hayan dado origen a
los diversos mitologemas, con los añadidos y los matices propios
de cada cultura y de cada religión que los va diferenciando entre
sí. En este sentido es notable como en civilizaciones muy dife-
rentes hay coincidencias sumamente significativas en ciertos
temas puntuales. Uno de ellos es el diluvio universal: registrado
tanto en las culturas semitas e indoeuropeas como en las preco-
lombinas.
Los astros del cielo así como los animales fueron divinizados por
los primeros grupos humanos, otorgándoles así “poder”. Mucho
más tarde se los llegó a adorar individualmente. Cada planeta
era una divinidad y poseía ciertas cualidades.
En esta etapa la astrología forma parte de esta visión del cosmos,
en una relación directa con el mundo simbólico de los mitos.
En otros casos era un elemento el que absorbía toda la diviniza-
ción. Uno de los casos más notables fue con el Sol, adorado hace
3.500 años en Egipto por el faraón hereje Akenatón, considerado
por muchos el primer monoteísta. Fue hereje por acabar con
miles de años de religión oficial, y monoteísta porque considera-
ba a Atón (el Sol) el único dador de vida, en lugar de los innu-
merable dioses a los que las ciudades del Alto y Bajo Egipto ren-
dían culto. Tanto desde el punto de vista religioso como simbó-
lico, vemos que el Sol representa un factor unificador, organiza-
dor, vital e irradiante.
Es cierto que la religión de Atón sólo se implementó por el tiem-
po en que Akenatón reinó, luego se volvió al politeísmo, pero es
interesante especular: ¿pudo haber influído a religiones monote-
ístas posteriores?.
Los antiguos egipcios asociaban el comienzo de la crecida del
Nilo con la elevación helíaca (la de los astros que salen hasta una
hora antes o una hora después que el sol) de la estrella Sirio -la

13 Urania y Sofía
más brillante del firmamento- y el comienzo del solsticio de
verano.
Heródoto (nacido hace 2.500 años aproximadamente) nos cuen-
ta en Euterpe, el segundo Libro de la Historia, que “los egipcios habí-
an sido los primeros entre todos los hombres en inventar el año, divi-
diéndolo en las doce partes correspondientes a las estaciones, y decían
que habían inventado esto gobernándose por las estrellas (…) decían
también que los egipcios habían sido los primeros en introducir los
nombres de los doce dioses, y que de ellos los tomaron los griegos”.
En la época de Ramsés El Grande (1279-1213 a.C) surgieron dos
astrólogos legendarios: Petosiris y Nekepsos. Del primero se
conserva un diagrama, el Círculo de Petosiris, trazado para
conocer el pronóstico de los enfermos.
Ambos astrólogos son citados por autores mucho más tardíos,
por lo que se presume que en realidad pertenecieron a la época
del Egipto ptolemaico (allá por el siglo dos o tres A.C.).
Nekepsos y Petosiris también son autores de un tratado que se
ha perdido, un obra que ha sido la fuente principal de la astrolo-
gía hermética. (1)

La astrología egipcia tiene su base en los llamados decanatos,


periodos de diez días, cada uno de los cuales se hallaba bajo la
protección de un dios representado por una estrella o grupo de
estrellas. En total había 36 decanatos y parece que los usaban
para seguir el ciclo de Sothis (Sirio).
De la época de los ptolomeos (inicios de la era cristiana) procede
un Zodíaco tallado en el techo de un templo dedicado a Osiris,
conocido como el Zodíaco de Denderah. Puede vérselo hoy en el
museo del Louvre, en París.

(1) Comunicación personal con Rafael Gil.

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Ahora bien, de entre toda la evidencia arqueológica, tal vez la
más significativa desde el punto de vista astrológico-predictivo
sea una tablilla de barro cocido encontrada en Mesopotamia y de
unos 4.300 años de antigüedad, que contiene un presagio basa-
do en un eclipse lunar:
“El rey de Akkad muere y sus súbditos se salvan.
El poder del rey de Akkad se debilitará. Los súbditos son prósperos.”
El eclipse fue el 11 de mayo del 2.259 antes de Cristo y coincidió
con la muerte de Naram-Sin, nieto de Sargón.

Fueron las riberas del Eufrates y del Tigris las que seguramente
vieron nacer a los primeros astrólogos y astrónomos del mundo.
El límpido cielo oriental era perfecto para observar estrellas y
planetas. Quienes inicialmente escrutaron la bóveda celeste fue-
ron los sumerios, seguidos por los asirios, los babilonios y los
caldeos, todas “tribus” que fueron superponiéndose espacial y
temporalmente en el territorio que hoy ocupa Irak (o lo que
queda de Irak, desgraciadamente). El cálculo en Sumeria estaba
fundado en el sitema duodecimal, en año estaba constituido por
doce meses de treinta días, el día por doce horas de sesenta
minutos y el círculo por 360 º. Es sorprendente advertir que la
esfera de nuestros relojes procede directamente de la capacidad
matemática del pueblo sumerio (y reproduce ni más ni menos
que el cinturón zodiacal).
Un poco más tarde (1.200 / 400 a.C.) los caldeos fijaron los sols-
ticios, los equinoccios, calcularon los eclipses y vislumbraron al
Zodíaco casi como lo conocemos hoy. Se han encontrado tam-
bién cálculos de posiciones lunares y planetarias. Predijeron los
momentos en que los planetas estarían en oposición y en conju-
ción al Sol.
Los templos caldeo-asirios se construían sobre un alto terraplén,
presentaban un aspecto piramidal de siete torres superpuestas
con un camino en espiral para ascender hasta la plataforma ter-

15 Urania y Sofía
minal, cuya función era la de observatorio y templo a la vez. En
estos ziggurat, cada nivel estaba consagrado a una divinidad
astral; siete planetas, siete dioses. En el orden caldeo, el primer
nivel era para Sin (la Luna), luego Nabu (Mercurio), Ishtar
(Venus), Shamash (Sol), Nergal (Marte), Marduk (Júpiter) y por
último Ninurta (Saturno).
La astrología caldea se gesta a partir de visiones animistas/vita-
listas del cosmos. Es de señalar que en la escritura sumeria -una
de las más antiguas de la humanidad- cada vez que graficaban
el nombre de un dios hacían un trazo cuneiforme acompañado
de una estrella, indicando con este detalle el aspecto divino de lo
nombrado.
Ha llegado también hasta nosotros desde Sumeria y Babilonia el
poema épico más antiguo del que se tenga noticia: El Cantar de
Gilgamesh. Según algunos autores esta epopeya relata la inicia-
ción de un héroe solar cuya evolución recorre el orden de los
doce signos, como miles de años más tarde lo hará Hércules con
sus doce trabajos.
Así, haciendo epicentro en el cercano oriente, la astrología meso-
potámica comienza a propagarse hacia todas las direcciones:
Egipto, Persia, India, Arabia, Grecia.

Hemos visto que desde que el mundo es mundo los objetos de la


naturaleza, sobre todo los ciclos basados en los movimientos
celestes, han ejercido un particular foco de atención sobre los
hombres: las ya nombradas marcas de caza de Marshack, el
zodíaco de Susfana, svásticas tanto en Noruega como en
Tiawanaco, Bolivia (5.000 A.C), el calendario solar de Heliópolis
(4.241 A.C), círculos concéntricos en Bretaña (3.800 a.C.), ziggu-
rats en Mesopotamia (3.000 a.C.), el observatorio astronómico de
Stonehenge, Inglaterra (2.400 a.C.); son sólo algunos de los res-
tos arqueológicos que así lo atestiguan.
Bajo tal cantidad de evidencia material podemos apreciar la filo-

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sofía del pensamiento astrológico, que se encuentra inmersa
subliminalmente en tiempos que el hombre buscaba, necesitaba
y corroboraba la influencia del cosmos en la vida de los seres, su
incidencia, consecuencias y reacciones.

Alrededor del año 700 a.C. ocurre un cambio fundamental en el


pensamiento. Aparecen en Grecia los primeros filósofos, llama-
dos los “filósofos de la naturaleza”.
Es un hecho de enorme importancia histórica, pues con la civili-
zación griega aparece por primera vez en la humanidad la nece-
sidad de explicar los fenómenos del mundo a través de la razón.
Este cambio que va del pensamiento mítico al racional, se habilita
cuando, tanto Homero con su Ilíada como Hesíodo con su Teogonía,
transcriben las historias referidas a los dioses dando lugar a una
posterior profundización con crítica y debate acerca de estas histo-
rias, trasmitidas sólo oralmente a lo largo del tiempo.
Podemos pensar que en este momento la astrología podría haber
sido alcanzada por la ola desmitificadora, pero lo que ocurrió
fue que el mismo pensamiento racional se utilizó para intentar
legitimarla.
Cíclicamente, arribamos en la historia a la certeza que, cuanto
más profundizamos en la ciencia, más cerca de lo místico nos
encontramos. Esto es algo que podemos verificar hoy mismo en
la relación que se ha planteado entre las nuevas teorías de la físi-
ca de micropartículas y el misticismo oriental.
Según el antropólogo G. S. Kirk, autor de La Naturaleza de los
Mitos Griegos, no existió tan puntual transición entre ambas for-
mas de pensamiento. De hecho opina que es un absurdo hablar
de “pensamiento mítico”, sosteniendo que lo que se dió fue una
transformación lenta pero efectiva en la manera de pensar.
Los mitos también fueron evolucionando, sistematizándose y,
por fuerza, racionalizándose. Por otro lado, los filósofos de la
naturaleza (también llamados presocráticos) como Tales,

17 Urania y Sofía
Anaximandro y Anaxímenes construyeron algunas teorías indu-
dablemente inscriptas dentro de lo filosófico pero con un tras-
fondo tal que se logran percibir ideas ligadas al pensamiento
mítico.
De hecho en la astrología, desde lo ancestral a lo contemporáneo,
la permanencia de la interpretación mitológica es la base inter-
pretativa más estable, ya que trasciende la racionalidad fragmen-
tadora de hoy en día. Casi todas las corrientes astrológicas (mun-
dana, racional, esotérica, cientifica, kármica, psicológica, etc.) res-
petan el sentido mítico de sus bases, como arquetipos que simbo-
lizan una “energía” con multiples representaciones, sobre todo
en el caso de las interpretaciones astrológicas esenciales.
Ahora veamos de que trataban estas teorías.
Los primeros filósofos tenían en común la creencia de que el
mundo se había formado de una materia primordial de la cual
surgían todos los cambios. Intentaron encontrar leyes constantes
en la naturaleza sin caer en las explicaciones míticas tradiciona-
les. Estos filósofos dieron los primeros pasos hacia una manera
científica de pensar, siendo la semilla de las ciencias naturales
posteriores.

Urania y Sofía 18
Capítulo 2 Tauro
Al signo de Tauro le corresponde la imagen de “la semilla”, con lo cual
nos resulta de pronto evidente que esta semilla es a la vez la cámara del
tesoro de todo el pasado orgánico de la planta y el guardián que a ésta
puso la naturaleza…
Oskar Adler

Los filósofos de la naturaleza


Situada en Asia Menor, la colonia griega de Mileto fue cuna de
Tales (624–547 a.C.) quien viajó por todo el mundo conocido,
absorbiendo ideas de los lugares más recónditos. Se cuenta que
en Egipto midió la altura de la Gran Pirámide, teniendo en cuen-
ta la sombra de la misma, en el momento en que su propia som-
bra medía exactamente lo mismo que él. También supo predecir
un eclipse solar en el año 585 a.C. Es probable que haya abreva-
do también en la filosofía babilónica (astrológica casi en su tota-
lidad) ya que es famoso por la predicción del eclipse al haberlo
escrito en lengua griega, conocida desde siempre por nuestra
cultura occidental. Pero los babilonios tenían predicciones astro-
nómicas muy anteriores, aunque hace relativamente poco tiem-
po que han sido descifradas de las tablas de arcilla.
Estas predicciones astronómicas, calculadas con “metodología
científica”, estaban aplicadas en función de lo astrológico, ya
que era inexorable su relación con los acontecimientos del
Imperio y la utilizacion de esta información para la prevención
de lo revelado.

19 Urania y Sofía
Tales opinaba que el agua era el origen de todas las cosas, tam-
bién dijo que “todo está lleno de dioses” pero difícilmente en el
sentido en que los describía Hesíodo. Veía una unidad subyacen-
te en la diversidad fenoménica, pensamiento revolucionario
para la época. La palabra universo remite a esta idea pues sinte-
tiza “uno” y “varios”.
José Fernández Quintano escribió en la segunda edición de la
publicación Beroso lo siguiente: “Tales de Mileto ha pasado a la pos-
teridad como el creador de la Filosofía. En ello ha intervenido el para-
digma greco-latino-cristiano que tomando como autoridad a Aristóteles
(mayormente) ha imperado en Occidente desde mediados del primer
milenio hasta pasado mediados del segundo milenio. También ha inter-
venido en esta preponderancia (justa) de la cultura griega, el olvido en
que cayó la cultura cuneiforme. Sin embargo, no creo que en la Grecia
de la antigüedad, nadie se rasgase las vestiduras por ser considerado
sabio, astrólogo, filósofo o científico. A pesar de su mensaje liberador,
todos esos primeros pensadores vivieron un paradigma cultural en el
que ciencia, astrología, religión, filosofía, oratoria, música y gramática,
eran aprendidas juntas. El astrólogo babilonio miraba al cielo de noche,
y elaboraba después su informe al rey. Era más un científico que no un
demagogo. A partir del V a.C., una vez aparece el horóscopo personal,
los astrólogos se decantan progresivamente por la faceta de consulta de
su arte. La ‘fortuna’ estuvo del lado de Tales de Mileto. No sólo predijo
un eclipse, sino que además ocurrió en uno de los pocos meses afortu-
nados del año. Esta actividad, en Babilonia, era la actividad de un
astrólogo. Es por ello, que con breves datos, doy por sentado la activi-
dad de ‘astrólogo’ dentro del curriculum laboral de Tales de Mileto (y
es que además de filósofo y astrólogo, también fue ingeniero y conseje-
ro real). Predecir un eclipse era sinónimo de conocer la voluntad de los
dioses. Sin duda alguna, la actividad exitosa como astrólogo de Tales de
Mileto, dio credibilidad a su otra ocupación, la de filósofo. Aunque fue
la astrología la que acreditó a Tales de Mileto, es, de momento, por la
Filosofía, por lo que su figura y su obra, forman parte de la Historia de

Urania y Sofía 20
la cultura universal. Y surge una gran pregunta: ¿surgió la Filosofía
como una consecuencia lógica de la actividad científica y racional de la
astrología?”.
A lo largo de este libro intentaremos responderlo.

Mientras tanto, volvamos con la imaginación a los “arrabales”


de la Grecia antigua. Anaximandro también vivió en Mileto.
Pensaba que nuestro mundo era uno más de muchos que nacen
y mueren en algo que él llamó ápeiron o “lo incognoscible” qui-
zás porque no se conformaba, como Tales, con basarse en una
calificación o representación conocida y perceptible por nuestros
sentidos.
Anaxímenes (570–526 a.C.) opinaba que el origen de todo era el
aire o la niebla. Evidentemente conocía la teoría de Tales y se
preguntaba ¿entonces de dónde viene el agua? Según él, tanto la
tierra como el agua y el fuego tenían como origen el aire.

Pitágoras y la armonía de las esferas.


Los filósofos griegos se dedicaron a reflexionar sobre la esencia
de la naturaleza. Al llegar a Pitágoras encontramos una relación
con la kabalah hebrea y la teoría de las cualidades de los núme-
ros, lo que supone una relación con los armónicos, la música de
las esferas o las relaciones entre períodos planetarios, lo mismo
que sus correspondientes períodos musicales, estos últimos de
origen mesopotámico. De hecho, su famoso teorema ya era cono-
cido en oriente unos 1.500 años antes. Sus formulaciones mate-
máticas y musicales debieron estar basadas en las de Babilonia,
reflejando el alto nivel alcanzado por el pensamiento abstracto
de los sacerdotes–astrólogos mesopotámicos.
Pitágoras nació en la isla de Samos, aproximadamente por el 600
a.C. viajó a Egipto, Fenicia y Babilonia. Volvió a Samos durante
la dictadura de Polícrates (538–522 a.C.). Hacia el 529 viajó al sur
de Italia y fundó en Crotona la Comunidad Pitagórica. Murió muy

21 Urania y Sofía
anciano en Metaponto. Profundizó en el estudio de la música,
descubriendo que los acordes descansan sobre relaciones numé-
ricas y la altura del sonido depende de la longitud de la cuerda
que se hace vibrar. Llevando esta idea a una escala cósmica,
resulta que cada cuerpo celeste produce al moverse cierto soni-
do que varía de acuerdo a su velocidad. Los planetas producen
una música sobrenatural, y el universo se transforma así en un
instrumento divino.
Para Pitágoras la visión fundamental es que el universo es un
cosmos, un todo ordenado y armónico. El destino de hombre con-
siste en considerarse a si mismo una pieza de ese cosmos, descu-
brir el lugar que le está asignado y mantener en sí, en su entor-
no y en cuanto pueda, la armonía debida, que es parte de la
naturaleza misma.
La armonía cósmica entendida en este sentido fue la conclusión
a la que llegó a través de sus consideraciones científicas sobre
números, figuras, notas musicales, unido a las ideas orientales
sobre el alma, los astros y la divinidad. Pitágoras reúne en un
todo indivisible lo que se vivencia como opuestos: ciencia y reli-
gión, fé y razón, cuestiones que recién ahora, 2.500 años después,
podemos abordar en forma más madura.

Nada cambia, todo fluye.


Desde aproximadamente el año 500 a.C vivieron en la colonia
griega de Elea (Calabria) unos filósofos conocidos como eleatos,
dedicados al problema de la materia primigenia y sus visibles
cambios.
Jenófanes es considerado el padre de esta escuela filosófica.
Criticó el culto a los dioses con suma vehemencia, observando
que los hombres adjudicaban a las divinidades sus propias mise-
rias: furia, libertinaje, capacidad de mentir y de robar, etc. El dios
de Jenófanes no era semejante a los mortales, sino que era el
alma del mundo, sosteniendo al universo con su espíritu. Pero

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también era una fuerza personal, presente en toda la naturaleza
y constituyendo su unidad (una visión panteísta, acaso como la
de Tales).
De los eleatos, uno de los más destacados fue Parménides
(aprox. 510–470 a.C.) quien pensaba que todo lo que hay ha exis-
tido siempre, una idea que no era nueva entre los griegos, pero
iba más allá, sosteniendo que ningún verdadero cambio era
posible. No hay nada que se pueda convertir en algo diferente a
lo que es exactamente.
Podemos considerarlo el primer racionalista, ya que para él los
sentidos no eran fiables pero sí lo era la razón. Creía que los sen-
tidos nos daban una imagen errónea del mundo y que no con-
cordaba con lo que le decía la razón.
Heráclito (aprox. 480–420 a.C.) había nacido en Éfeso -hoy
Turquía- y era llamado “el oscuro” por sus contemporáneos.
También despreciaba, al igual que Jenófanes, la visión que el
pueblo tenía de los dioses. Decía que Homero, por ser el trans-
misor de aquella mitología, “merecía ser expulsado de las competi-
ciones y ser azotado, lo mismo que Arquíloco”… era un filósofo de
armas llevar evidentemente.
Pensaba que los cambios constantes son el rasgo más básico de
la naturaleza (digamos que la esencia de estos conceptos son
aplicados hoy en la astrologia humanística, desde el punto de
vista filosófico de la evolución constante del hombre en busca de
su origen y su proyección).
“Todo fluye. No se puede descender dos veces al mismo río, pues cuan-
do desciendo al río por segunda vez, ni yo ni el río somos los mismos”
decía.
Heráclito también señaló que el mundo es un juego de contra-
dicciones: no se puede valorar la paz si no se conoce la guerra, o
la luz, si no se conoce la oscuridad. En medio de todos los cam-
bios y contradicciones, veía (como Tales) una unidad o un todo,
lo llamaba “Dios” o “Logos” (logoV).

23 Urania y Sofía
Según Spengler, Heráclito era sin duda un pitagórico, relaciona-
do directamente con el orfismo, doctrina espiritual basada en los
movimientos cíclicos de los astros, proveniente, ¡oh casualidad!
del corazón de la Mesopotamia.

Astrología, filosofía y los cuatro elementos.


Desde un punto de vista Parménides y Heráclito se encuentran
en veredas absolutamente opuestas, por otro lado ambos coinci-
dían en la existencia de un “todo” preexistente. Quien pudo
sacar a la filosofía de este laberinto fue Empédocles de Agrigento
(494–434 a.C.).
Empédocles pensaba que el error se basaba en que ambos consi-
deraban que la base de todo era la existencia de un solo elemen-
to. Ni el agua ni el aire pueden convertirse por sí solos en una
persona o en un árbol. Por eso llegó a la conclusión que la natu-
raleza tiene en total cuatro “raíces” o elementos: fuego, tierra,
aire y agua.
Los cambios se dan porque los cuatro elementos (en diferentes
proporciones) constantemente se separan y se juntan, gracias a
dos fuerzas que llamó “odio” y “amor” respectivamente.
No se sabe si Empédocles tuvo algún contacto con las ideas egip-
cias o babilónicas, pero es evidente la relación entre su filosofía
y la astrología, pues el modelo de los cuatro elementos es parte
de la columna vertebral del saber astrológico. En la actualidad,
uno de los primeros pasos que se dan en la interpretación de un
tema natal consiste en la valoración cuantitativa y cualitativa de
los elementos. (2)

(2) El Dr. Carl Jung distinge cuatro tipos psicológicos esencialmente diferentes en el ser
humano. Cada uno de ellos corresponde a un elemento. Pensamiento: Aire, Sensación:
Tierra, Sentimiento: Agua, Intuición: Fuego.

Urania y Sofía 24
Asimismo la diferenciación de las fuerzas activas de la naturale-
za en la polaridad amor / odio se relacionan con las fuerzas ac-
tivas que, según la astrología tradicional, son vehiculizadas por
dos pares de planetas polarizados como benéficos: Venus y
Júpiter (amor) y maléficos: Marte y Saturno (odio).
Entre los pocos fragmentos que quedan de su obra De la
Naturaleza podemos leer:

“… pues unas veces el Uno creció hasta ser único a partir de muchos,
otras veces se disgregó para ser muchos a partir del Uno,
fuego, agua, tierra y éter inmensamente alto,
y aparte de ellos el Odio funesto, igual de peso en todo,
y el Amor entre ellos, igual en longitud y anchura…”

“…Todos esos elementos son iguales en fuerza e igualmente antiguos,


sin embargo, cada uno se preocupa de una función y son de distinto
carácter,
por turno dominan en la evolución del tiempo…”

“…Todos esos elementos están unidos por sus propias partes,


el sol, la tierra, el cielo y el mar,
cosas todas que aparecen alejadas entre los mortales.
Así del mismo modo cuantas cosas son más inclinadas a la fusión,
al ser igualadas por Afrodita se atraen unas a otras.
En cambio, las cosas que son enemigas se mantienen muy apartadas
unas a otras,
Por su origen, o por su composición o por las formas de que se revisten,
Son extrañas a toda unión y muy desgraciadas
por los impulsos del Odio que les dio nacimiento.”

Anaxágoras (500–428 a.C.) criticaba tanto la postura del elemen-


to único como la de las cuatro raíces. Opinaba que la naturaleza
está compuesta de muchas piezas minúsculas, invisibles para el

25 Urania y Sofía
ojo, adelantándose a la teoría atomista de Demócrito. Se intere-
saba por la astronomía, opinando que todos los astros estaban
hechos de la misma sustancia que la Tierra, y que el Sol no era
un Dios sino una masa ardiente mayor que la península del
Peloponeso.
Demócrito (460–370 a.C.), el último gran filósofo de la naturale-
za, es el creador de una teoría demostrada muchos siglos des-
pués, la de la existencia de partículas que son la esencia misma
de la materia, relacionándose entre si para formar todo lo cono-
cido. Las llamó “indivisibles”, en griego átomos. Era un materia-
lista, no creía que hubiera ningún espíritu o fuerza detrás de los
procesos de la naturaleza. Pensaba que la teoría atómica también
explicaba las sensaciones, así como el alma, imaginando unos
“átomos del alma” especialmente esféricos y lisos.

Urania y Sofía 26
Capítulo 3 Géminis
Vemos al Hombre de Géminis rodearse de mucha gente a la que quie-
re convertir en “buscadores” y “dudadores” como él mismo, tratan-
do para ello, incansablemente, de demostrar a tal gente que la pre-
sunta seguridad que ella tiene obedece únicamente a una defectuosa
autocrítica…
Oskar Adler

Los filósofos de Atenas.


Desde el año 450 antes de Cristo Atenas se convirtió en el centro
cultural del mundo griego, siendo el lugar donde los tres más
grandes filósofos de la antigüedad fundaron las bases de lo que
luego sería la mentalidad occidental. Me refiero a Sócrates,
Platón y Aristóteles.
Desde las diferente colonias griegas comenzaron a llegar a la
pujante ciudad un gran grupo de filósofos errantes, que se lla-
maban a sí mismos “sofistas”, es decir, sabios o hábiles. Es un
momento en la historia en que la democracia era realmente par-
ticipativa; los ciudadanos atenienses se interesaban por saber
hablar, discutir, convencer a sus pares. Podríamos decir que la
mayoría de los sofistas más que filósofos eran lo que hoy deno-
minaríamos “profesores”, daban cursos, conferencias, semina-
rios, etc., y cobraban por sus servicios. Los sofistas rechazaban
las especulaciones filosóficas inútiles, concentrándose en en-
señanzas más pragmáticas, optando por interesarse en el ser
humano y su condición de “ser social”.
Protágoras decía “el hombre es la medida de todas las cosas”
fijando la posición trascendental del ser humano en la visión
sofista.

27 Urania y Sofía
Estos filósofos errantes generaron un gran debate en Atenas ya
que su crítica social, la dicotomía entre naturaleza y sociedad, la
negación de “normas absolutas” chocaba con las ideas de filóso-
fos anteriores y luego, en parte, con la enseñanza de Sócrates.
La vida de Sócrates (470–399 a. C.) se conoce sobre todo por su
alumno Platón, quien escribió Diálogos, con Sócrates como por-
tavoz.
Sócrates insiste en que su labor es guiar y no transmitir informa-
ción. La verdad sólo puede hallarse mediante el diálogo. Es una
postura activa la que lleva a la comprensión. La esencia de su
enseñanza reside en que él no quería educar a la gente sino más
bien aprender de ella; Sócrates conversaba, consiguiendo que el
interlocutor de turno se diera cuenta de las fallas de su propio
razonamiento, a partir de los bretes en que se metía respondien-
do las “ingenuas” preguntas del filósofo. En el fondo buscaba la
eliminación de todo saber que no estuviere bien fundamentado.
Nada puede tener valor si no supera el examen a que lo someta
el tribunal de la razón. Su método se orienta entonces hacia la
eliminación de los supuestos.
Sócrates buscaba definiciones claras y universales acerca de lo
bueno y lo malo; al contrario de los sofistas, pensaba que la capa-
cidad de distinguirlo residia en la razón y no en la sociedad. Los
sofistas “sabían de todo”, Sócrates sólo sabía que no sabía nada.

Platón (427–347) fue discípulo de Sócrates, y la impresión que le


causó el final de su maestro (los mismos ciudadanos de Atenas
lo condenaron a muerte) hizo que su filosofía diferenciara tanto
la situación real de la ideal.
Fundó en Atenas una Academia donde se enseñaba filosofía,
matemáticas y gimnasia. En su obra La República prescribe diez
años de estudios matemáticos previos a quien quiera dedicarse
a la filosofía; de hecho, en la entrada de su Academia había una
inscripción que decía “nadie entre aquí si no sabe matemáticas”.

Urania y Sofía 28
Para Platón la realidad está dividida en dos partes: el mundo de
los sentidos, donde todo fluye y no puede haber coincidencia total
de opiniones, ya que están basadas en conocimientos imperfec-
tos; y el mundo de las ideas, sobre las que podemos llegar a conse-
guir conocimientos verdaderos e inmutables mediante la razón.
Los signos del Zodíaco, entendidos como cualidades arquetípi-
cas (inclusive la noción junguiana de arquetipo) tienen una
incuestionable procedencia platónica.
En el Timeo, Platón nos muestra la cosmología astrológica subya-
cente en su filosofía. Relata que el Demiurgo (el dios-creador)
creó el mundo a partir de los cuatro elementos. Todo en la crea-
ción tiene existencia, es idéntico o diferente a algo.
El Demiurgo creó al mundo y le dió un alma, el “ánima mundi”,
luego lo partió en dos mitades, creando dos franjas circulares
oblicuas entre sí, el Ecuador y la Eclíptica.
La franja del Ecuador responde a lo idéntico ya que es única y rota
siguiendo el movimiento de la esfera celeste. La franja oblicua, la
Ecliptica, rota en dirección contraria, se subdivide en siete círcu-
los desiguales que forman los círculos o esferas del sol, la luna y
los planetas y que conforman el movimiento de lo diferente.
Aquí está implicita la idea pitagórica (y por ende también cal-
dea) de la armonía de las esferas. Platón halló razón y lógica en
los movimientos de la esfera celeste.
La materia del alma del mundo es una sola; cuando un indivi-
duo emplea su intelecto, el movimiento de su alma se une a los
movimientos celestiales del alma del mundo. Si conocemos la
identidad de las cosas estamos en contacto con el Ecuador, si
conocemos la diferencia es porque estamos en contacto con la
Eclíptica. El Demiurgo nos hizo a nosotros con la misma materia
del alma del mundo, cada uno de nosotros tiene su propia estre-
lla y antes de encarnar se nos mostró como funciona el cosmos.
Así es que la contemplación del cielo nos ayuda a recordar vaga-
mente nuestro origen.

29 Urania y Sofía
Cada uno de los doce signos son para la astrología mística pos-
terior una expresión de estas formas “ideales”.
Cuando Platón contaba con 61 años se presentó en la Academia
un tal Aristóteles (384-322 a.C.), oriundo del estado norteño de
Macedonia. Resultó ser su principal discipulo, una figura de
enorme importancia en la historia de la cultura occidental, gene-
rando un nuevo sistema de pensamiento. Su interés mayor era
hacia la naturaleza viva y sus constantes procesos. Aristóteles
fue quien ordenó y sistematizó las diferentes ciencias, creando
su lenguaje especializado. Formuló una teoría que abarca todo lo
existente y proveyó a la astrología posterior de los elementos
necesarios para brindar una explicación racional y causal.
La parte astrológica de sus estudios se compendia en algunos de
sus tratados, como De Caelo, Metheorologicas De Universo y De fato,
relacionadas con la cosmología. Afirma que la esfera celeste es el
ser más perfecto. Su rotación, iniciada por el Creador, es el Primun
Mobile: el primer movimiento. Las cosas de abajo son imperfectas,
sin embargo, a la larga todo responde a los ciclos celestes.
Para Aristóteles, el primer peldaño de la realidad esta compues-
to por los cuatro elementos sublunares: tierra, agua, aire y fuego.
Les otorga cuatro cualidades primarias: caliente, frío, húmedo y
seco, de las que se dan las cuatro combinaciones: caliente y seco,
el fuego; caliente y húmedo, el aire; frío y seco, la tierra; frío y
húmedo, el agua.
La escala de la naturaleza que plantea Aristóteles está signada
sin lugar a dudas por la estructura del saber astrológico, ambos
están basados en el ritmo del Sol y la Luna, ritmo que marca la
división entre los signos: (masculinos-activos y femeninos-pasi-
vos) y las dos grandes cualidades que permitirán la multiplici-
dad de la existencia: calor, humedad, frío y sequedad.

Estos tres grandes pensadores de la historia, Sócrates, Platón y


Aristóteles, junto con los sofistas, acercan al ser humano a su

Urania y Sofía 30
filosofía y, paralelamente, la astrología comienza a democrati-
zarse. Aparecen horóscopos individuales calculados no sólo
para los gobernantes o los poderosos sino también para la gente
común. Las antiguas civilizaciones de medio oriente (Asiria,
Sumeria, Babilonia) se interesaban mayormente por la suerte del
pueblo, representado por el rey y sus herederos. El interés por el
destino de los simples particulares se despierta con los griegos,
cuando empiezan a reconocerse los derechos de los individuos.
El movimiento de los astros deja de ser un principio de organi-
zación social para ser un principio de organización individual.
En esta época casi nadie duda de la conexión entre macrocosmos
y microcosmos. Las cosmologías de Platón y Aristóteles son co-
herentes con este punto de vista, reforzando las corre-
spondencias zodiacales y planetarias aplicadas a la naturaleza y
a lo humano.

Junto con los sofistas y quizás confundiéndose con ellos, lle-


garon a Atenas un buen número de sabios caldeos, expertos en
el arte de la astrología.
Uno de los primeros fue Beroso, quien se estableció en el 330 a.C.
en la isla y ciudad de Cos, fundando una escuela de astrología.
Había sido sacerdote en Babilonia, pudiendo acceder a los archi-
vos de sus templos y así escribir una Historia de Caldea. También
tradujo la obra astrológica de Sargón el Antiguo, hoy sólo quedan
pocos fragmentos de estos escritos. Enseñó cosmología, astrolo-
gía judiciaria y genetlíaca, alcanzando tanta fama entre los ate-
nienses que le erigieron una estatua en la ciudad.

Alrededor del 300 a.C. nació en Atenas la filosofía estoica; tanto


su fundador Zenón de Citio (Chipre), como sus discípulos se
dedicaron al estudio de los escritos caldeos. Tenemos entre sus
obras una sobre el Universo y otra sobre los Signos.
Muchos puntos de su filosofía coincidían con los de la astrología.

31 Urania y Sofía
Pensaban que cada ser humano es un mundo en miniatura, un
microcosmos dentro de un macrocosmos. Rechazaban el antago-
nismo entre espíritu y materia, en oposición al dualismo de
Platón. Subrayaron que todos los procesos naturales siguen las
leyes inmutables de la naturaleza, por eso nada ocurre for-
tuitamente. Abrazaron el concepto de Heimarmene, entendido
como el orden natural de los acontecimientos que se suceden en
un encadenamiento que nada puede quebrantar, ni siquiera la
voluntad de los dioses. Esta idea se convirtió en una creencia que
aún hoy tiene mucha fuerza y que actúa en forma inconsciente.
Se supone que todo ya está escrito en algún lado, y solo debemos
leer (en este caso en los astros) lo que está escrito. Toda preten-
sión de predecir sucesos se basa en esta creencia estoica.

Patrice Guinard opina que “para Zenón y para su lejano discípulo,


el filósofo y astrólogo Posidonio de Apamea, el tiempo del devenir, par-
cial, es una apariencia ilusoria: el tiempo real, total, es de naturaleza
cíclica. Los filósofos estoicos harán del tiempo cíclico y de sus problemá-
ticas una pieza esencial de su doctrina (cuestiones de encaje y de sin-
cronización cíclicas, modalidades del Retorno, relaciones del alma con
los ciclos...), tal y como lo relata el obispo neoplatonicista Nemesio
(siglo IV d.de C.), enemigo de la astrología así como del estoicismo, y
que presenta el Eterno Retorno según los ciclos planetarios como una
doctrina específicamente estoica: ‘Los estoicos dicen (...) que Sócrates
existirá de nuevo, incluso Platón también, y cada individuo, con los
mismos amigos y los mismos conciudadanos; las mismas cosas les pasa-
rán, tendrán el mismo destino y se ocuparán de las mismas cosas’.
Platón, sin embargo, había ya expuesto lo esencial en su Timeo”.
Zenón fue discípulo de Parménides, y defendió la postura del
no-cambio con sus célebres “aporías”, donde demostraba usan-
do la racionalidad, que el movimiento no era posible. Pero
Zenón no negaba que el movimiento se viese, sino que no se lo
puede comprender racionalmente, por lo tanto, es una ilusión de

Urania y Sofía 32
los sentidos. Acaso con Zenón tengamos también esa incómoda
sensación de incertidumbre que produce la astrología, pues la
razón nos dice una cosa distinta que lo que vemos y sentimos.
La escuela estoica prendió exitosamente entre los primeros
romanos. Epicteto (50-138 d.C.) sostenía que el origen de filoso-
far reside en tener conciencia de la propia debilidad e impoten-
cia; y que hay dos órdenes de situaciones: las que dependen de
nosotros y las que no dependen de nosotros. Y que es inútil pre-
ocuparse por las cosas que no dependen de nosotros. Acaso
muchos astrólogos deberíamos aprender un poco de Epicteto,
sobre todo cuando tenemos que interpretar un tránsito de
Saturno o de Plutón…

Alejandría, la ciudad del saber.


Aristóteles murió en el 322 a.C y en ese momento Atenas había
perdido ya su papel hegemónico en lo cultural y político.
Aparece sobre el horizonte una figura casi mítica, el macedonio
Mega Alexandros, el gran Alejandro Magno, quien, con su indo-
mable ímpetu venció a los Persas uniendo la cultura griega con
las orientales, llegando su dominio hasta Egipto e India.
Este helenismo dominó durante unos 300 años, permitiendo un
crisol de ideas religiosas, filosóficas y científicas, proveniente de
un mundo “globalizado”.
Aproximadamente a partir del año 50 a.C. Roma comienza a
controlar todas las provincias helenas y a expandirse también
hacia el oeste. Convertida en un poderoso imperio, era transmi-
sora de el arte y la cultura griega, aunque la importancia políti-
ca helénica ya fuera cosa del pasado.
Atenas continuó siendo, con las escuelas fundadas por Platón y
Aristóteles, la capital de la filosofía; pero Alejandría, fundada por
Alejandro Magno en el delta del Nilo, convirtióse en el nexo entre
Oriente y Occidente, y en capital de las matemáticas, la astrono-
mía, la biología y la medicina. Y por ende de la astrología.

33 Urania y Sofía
La filosofía helenística siguió trabajando con las ideas de
Sócrates, Platón y Aristóteles pero ahora haciendo hincapié
sobre la ética, la moral, la felicidad y el sentido de la vida. La filo-
sofía comenzó a interesarse en la angustia existencial de los seres
humanos, acortándose la distancia que la separaba de la religión.
Para hacernos una idea de la importancia que llegó a tener
Alejandría en lo referente a las ciencias, repasemos los nombres
de algunos alumnos de su biblioteca: Arquímedes, Euclides,
Eratóstenes, Galeno, Plotino y Ptolomeo, quien nos interesará
particularmente.
En Alejandría surgieron muchas religiones e ideas filosóficas
nuevas, a partir del “sincretismo”, una mezcla de religiones anti-
guas que se daba en forma natural.
Una de las más importantes fue el hermetismo, de origen egip-
cio. Proviene su nombre de Thot-Hermes, más conocido como
Hermes Trismegisto (el tres veces grande), una figura mezcla de
mito y realidad.
Las obras atribuidas a Thot-Hermes son numerosas, hay obras
prácticas de astrología y alquimia, como el Liber Hermetis, el
Picatrix y la Tabla Esmeralda, estas dos últimas más tardías y con
seguridad la autoría no pudo ser de Hermes Trismegistos, pero
sí de sus seguidores, los filósofos herméticos.
El hermetismo refleja una tradición diametralmente opuesta al
racionalismo aristotélico, es más un cuerpo místico de doctrinas,
una forma mística de pensamiento. Ensalza la experiencia numí-
tica, el conocimiento directo con lo sagrado. La frase “Como es
arriba es abajo”, sintetiza el pensamiento hermético y demuestra
la relación íntima entre hermetismo y astrología.

Mientras tanto, en Roma los astrólogos se codeaban con los


poderosos de turno. Del año 14 al 37 gobernó el emperador
Tiberio, aconsejado por Trasilo, un astrólogo nacido en
Alejandría.

Urania y Sofía 34
Parece que ambos se conocieron en Rodas, un lugar tranquilo
pero de intensa vida intelectual y que atrajo a distintas persona-
lidades, como César y Cicerón. Allí Tiberio se había exiliado
voluntariamente entre los años 6 al 2 a.C. después de algunos
problemas políticos y conyugales, sin pensar que en el 14 d.C. lo
nombrarían emperador romano.
Debido a las conjuras palaciegas, en el año 26 se retiró a la Isla
de Capri, donde instaló en su rocosa cumbre un observatorio
para Trasilo. Según algunas versiones, Tiberio estuvo dispuesto
a arrojar a su astrólogo al mar ya que conocía más secretos de
Estado que los estrictamente necesarios.
Trasilo murió unos pocos años antes que Tiberio, el cual mandó
entonces llamar a Balbilo (hijo de Trasilo), como astrólogo del
imperio, cargo que continuaría ocupando bajo Calígula y
Claudio.

No deja de ser un tanto enojoso aceptar que los más crueles y


enfermizos de los emperadores romanos (por ejemplo Calígula o
Nerón) hayan sido asesorados directa o indirectamente por la
astrología. Sin embargo uno de los más grandes y sabios empe-
radores de la antigüedad también fue un fiel devoto de ella. Me
refiero a Adriano, quien estuvo en el poder entre el 117 y el 138.
La escritora Marguerite Yourcenar hizo largas investigaciones
sobre este emperador, y terminó regalándonos la excelente nove-
la Memorias de Adriano.
En una de sus páginas, Adriano cuenta: “He sido siempre amigo de
los astrónomos y cliente de los astrólogos. La ciencia de estos últimos es
incierta, falsa en los detalles, quizás verdadera en su totalidad; pues si
el hombre, parcela del universo, está regido por las mismas leyes que
presiden el cielo, nada tiene de absurdo buscar allá arriba los temas de
nuestras vidas, las frías simpatías que participan de nuestros triunfos
y nuestros errores. Jamás dejaba yo, a cada anochecer de otoño, de salu-
dar en el sur a Acuario, al Copero celeste, al Dispensador bajo el cual

35 Urania y Sofía
he nacido. Nunca olvidaba verificar los pasajes de Júpiter y Venus, que
regulan mi vida, ni de medir la influencia del peligroso Saturno”.
Podemos confiar en que las cavilaciones del verdadero Adriano
no pueden estar muy lejos de lo anterior. Yourcenar dijo “me di
cuenta muy pronto que estaba escribiendo la vida de un gran hombre.
Por tanto, más respaldo por la verdad, más cuidado, y, en cuanto a mí,
más silencio”.

Claudio Ptolomeo, astrólogo y astrónomo.


El egipcio Claudio Ptolomeo (100-178 d.C.) vivió en Alejandría
en la época del dominio romano. Siguiendo las ideas de
Aristóteles se convirtió en el creador del universo medieval. Su
teoría de los movimientos planetarios estuvo vigente durante
1.400 años.
Con la perspectiva que nos dan los casi dos mil años transcurri-
dos, ya no podemos considerar a la obra de Ptolomeo como una
verdad revelada, pero hasta hace algunos pocos siglos así lo era.
André Barbault comenta en su libro El conocimiento de la astrolo-
gía: “Lo que subsiste de la obra ptolemaica es el haber dado cabida a un
código de interpretación (...) Fuera de allí, en el nivel de la práctica, nos
movemos en la bruma de una astrología superficial, (...) no se asigna
ningún límite y no sabe detenerse ante la pendiente de la práctica
adivinatoria. (...) La astrología ptolemaica no es ni más ni menos de lo
que eran los conocimientos humanos hace dos milenios: un saber salva-
je, en estado embrionario y nebuloso”.
Las obras fundamentales que nos ha legado son el Almagesto, de
orden astronómico y el Tetrabiblos, astrológico. En este último,
Ptolomeo realiza un trabajo de compilación de todo el saber as-
trológico antiguo, organizándolo y sistematizándolo; algo que
no se había realizado con anterioridad.

Urania y Sofía 36
El regreso de Platón.
Plotino (205-270 d.C.) estudió filosofía en Alejandría y vivió
luego en Roma. Es considerado el neoplatónico más importante,
desarrollando la visión dualista de Platón hacia una mirada uni-
cista o monista. Según Plotino lo único que existe es Dios o el
Uno, el alma está iluminada por la luz del Uno y la materia es la
oscuridad. En cada ser vivo existe una chispa divina, y el objeti-
vo es regresar a Dios, la hoguera de donde surgen todas las chis-
pas. Donde más cerca de Dios podemos estar es en nuestra pro-
pia alma, sólo allí podemos unirnos con el misterio de la crea-
ción. La reunión verdadera se consuma a través de una ex-
periencia mística en la que el alma conoce un éxtasis total.
Plotino, según el mismo dice, dio cuenta de ello.
La filosofía se encontraba unida a lo místico y a lo religioso como
nunca antes. En un momento, la filosofía neoplatónica fue una
seria competidora del cristianismo naciente.
En todas las religiones encontramos corrientes místicas, tanto en
el misticismo occidental como en el oriental. El sincretismo ale-
jandrino vivificó estas corrientes, y dotó de un matiz de misterio
a los grupos religioso-filosóficos que iban apareciendo. Veremos
ahora cómo el surgimiento del cristianismo responde a significa-
dores astrológicos sorprendentemente coherentes.

37 Urania y Sofía
Capítulo 4 Cáncer
Los hombres altamente evolucionados que se hallan bajo el signo de
Cáncer son aquellos en que debemos ver a los patronos de los débiles y
menesterosos; aquellos que emplean sus fuerzas en elevar a los demás,
aquellos que consideran como su oficio principal el de aliviar el sufri-
miento psíquico, el de infundir consuelo y valor al acobardado, esperan-
za al desesperado y alimento al psíquicamente hambriento.
Oskar Adler

Jesús de Nazareth, la estrella de Belén


En el año 6 o 7 antes de Cristo, una conjunción triple de Marte,
Júpiter y Saturno pudo observarse en el límpido cielo de Medio
Oriente. La famosa estrella de Belén ya forma parte de la tradi-
ción cristiana pero ¿qué fue realmente?
Algunos afirman que pudo haber sido un cometa, otros un mete-
orito o estrella fugaz. Pero ambas posturas son insostenibles ya
que en esa época ningún cometa pasó cerca de la Tierra. Por otro
lado un meteorito tarda muy poco tiempo en ser consumido por
la atmósfera terrestre, imposibilitando un seguimiento de varios
días, como sostiene la tradición.
Convengamos que sólo podemos basarnos en especulaciones,
dado el tipo de material con que contamos: el Nuevo
Testamento, los Evangelios Apócrifos, etc.
En toda la tradición cristiana no hay ningún contacto más signi-
ficativo con el tema astrológico como el que se da en el momento
del nacimiento de Jesús.
Nos dicen que tres sabios, o tres magos, vinieron de Oriente
siguiendo una estrella, para prosternarse ante el Rey del Mundo.

Urania y Sofía 38
Esa estrella se posó sobre un humilde pesebre en Belén, donde
un niño era dado a luz.
Los magos ofrendaron oro, incienso y mirra. Venían de oriente,
probablemente de Caldea o Babilonia, donde a los sacerdotes se
los denominaban magos, igual de correcto sería llamarlos astrólo-
gos, una palabra que sintetizaba algunas de las anteriores: sabio,
estrella, oriente, Caldea, mago.
Efectivamente, los reyes magos eran observadores del cielo; ellos
eran capaces de interpretar astronómica y astrológicamente esa
triple conjunción, Donde Júpiter es significador de reino,
Saturno del pueblo de Israel y Marte es el iniciador, el guerrero.
Algunos vieron en este gesto el reconocimiento de un orden
superior por parte del saber astrológico (que a partir de ese
momento debería enterrarse), otros vieron cómo dos posturas
filosóficas diferentes (el cristianismo y la astrología) llevan a la
“Verdad”. Frankhauser opinaba que para la Edad Media, el
judaísmo y el helenismo (Saturno y Júpiter) se hallaban unidos
en el plano de su respectiva misión. La estrella de Belén fue con-
siderada como una constelación de una especie muy rara, sim-
bolizando la unión de estos dos planetas la cooperación futura
de dos civilizaciones.
Los tres Reyes Magos del Evangelio (Mateo 2, Versiculos 1 a 12)
aparecen como reuniendo en si los dos poderes (real y sacerdo-
tal). Uno de ellos ofrece a Cristo oro y le saluda como “Rey”
(pues el oro simboliza la Realeza); otro le ofrece incienso y le
saluda como “Sacerdote” (en razón de que el incienso simboliza
a la Divinidad), el tercero le saluda como “Profeta” o “Maestro
espiritual” por excelencia, y le ofrece mirra (símbolo de la
“Incorruptibilidad”).

El psicólogo suizo Carl Gustav Jung explica en su obra Aión, la


relación entre la llamada era astrológica de Piscis y el cristianis-
mo de una forma esclarecedora.

39 Urania y Sofía
Y así lo indican incontestablemente, las siguientes “alegorías”
convertidas en hechos:
- Jesús eligió a sus apóstoles entre humildes pescadores.
- El símbolo de los primitivos cristianos era el pez.
- Se autodenominaban pescadores de hombres.
- La mitra de los obispos tiene forma de pez.
- El rito del bautismo.
- El caminar sobre las aguas.
Por otro lado podemos hacer asociaciones análogas con algunas
cualidades piscianas, como por ejemplo:
- El autosacrificio.
- El amor y el dolor universal.
- Lo místico, lo divino.
- El valor de lo espiritual por sobre lo material.
- El lavado de los pies como signo de humildad.
Según Manrique Miguel Mom, en su artículo Ciclos cósmicos de la
Humanidad, cuando el simbolismo cristiano del pez se toma
como simbolo de Cristo, su nombre griego “IKHTHYS” se con-
sidera como formado por las iniciales de las palabras “Ieosous
Khristos Theous Hyios Soter” (“Jesus Cristo, de Dios Hijo,
Salvador”).
Las primeras noticias de Cristo que llegan al ámbito grecorroma-
no, son llevadas por el apóstol Pablo, quien en el mismo
Areópago hace un discurso ante los ciudadanos atenienses. Allí se
enfrenta la doctrina cristiana con las distintas filosofías de
Atenas, “prendiendo” la idea del Dios hecho hombre, trascen-
diendo al “Dios filosófico” de factura puramente mental.
Pablo realizó una gran labor misionera, creando muchas comu-
nidades cristianas. Murió en Roma en el año 62.

Urania y Sofía 40
San Agustín, un ex-astrólogo contra la astrología.
En la Edad Media, el poder de la Iglesia cristiana se encargó de
disolver el desarrollo de las ideas filosóficas originarias del
mundo griego. En el año 529 la Iglesia cierra la Academia de
Platón en Atenas. Los conventos tuvieron el monopolio de la
enseñanza, la reflexión y la experimentación “científica”.
Uno de los llamados padres de la Iglesia fue San Agustín (354-
430), quien estudió astrología en su juventud, transformándose
luego en su principal enemigo. Su crítica tiene tanto argumentos
lógicos como espirituales. El golpe más fuerte lo da cuando toca
el tema de los gemelos o los mellizos, y la abismal diferencia
dada en el destino que viven. El determinismo de la astrología
de la época chocaba con la idea del libre albedrío, núcleo del cris-
tianismo. San Agustín sostenía que cuando los astrólogos hacían
predicciones acertadas era porque estaban asistidos por demo-
nios, deseosos de que las almas renuncien a su libre albedrío.
Este pensamiento continúa aún hoy en muchas personas que
ven pecaminoso el querer inmiscuirse en asuntos que van más
allá de lo terrenal, metiéndose en los asuntos de Dios. Tanto en
ese momento (como ahora), era habitual considerar a la astrolo-
gía tan sólo como un prosaico método de adivinación en lugar
de ser entendida como una filosofía astral (como lo era en sus
inicios).
A medida que el cristianismo se iba imponiendo en el mundo
romano, la astrología era relegada a un lugar cada vez menos
importante, hasta desaparecer casi totalmente a partir de la inva-
sión visigoda a Roma en el 410.
Aproximadamente a partir del año 1000 son los conventos los
que se ocupan de la enseñanza, se fundan las primeras escuelas
en las catedrales y luego, las primeras universidades.
Las impresionantes catedrales góticas se levantaron en honor a
Dios, pero, según nos muestra Fulcanelli en su obra El misterio de
las Catedrales el hermetismo, con la alquimia y la astrología,

41 Urania y Sofía
pudo entretejer en forma “oculta” sus claves y símbolos entre la
arquitectura y la iconografía cristiana de la Iglesia. Así, las cate-
drales de Arlés, de Amiens y la de Notre-Dame entre otras, están
llenas de símbolos alquímicos y astrológicos, testimoniando
cómo este saber seguía más fuerte que nunca, oculto en su pro-
pia evidencia.

Los árabes entran en escena


Simultáneamente a la “introversión mística” dada en Europa, el
impulso de los árabes comenzaba a ser notable. La cultura islá-
mica tomó de los griegos la filosofía, la medicina, la astrología y
las ciencias, dándole a Aristóteles un lugar protagónico.
Muchos textos astrológicos griegos que el occidente latino había
perdido, fueron traducidos al árabe gracias a astrólogos y filóso-
fos como Al-Kindi, Abu-Maschar y Mesha-allah, donde sus
nombres y sus aforismos aparecen en la bibliografía europea
posterior.
Los Tetrabiblos de Ptolomeo fueron traducidos en el 1138.
Desgraciadamente la traducción del griego al árabe y del árabe
al latín introdujo varios errores debido a la estructura misma del
lenguaje; errores que se fueron perpetuando hasta hace pocos
años. En este momento equipos interdisciplinarios compuestos
por astrólogos y filólogos están traduciendo directamente origi-
nales griegos, mostrando de otra manera el saber astrológico de
antaño.

En definitiva, la astrología se vio beneficiada por los enormes


adelantos de las matemáticas y del álgebra, propios del mundo
islámico. Los llamados partes arábigos son desarrollados por
ellos a partir de su uso por los astrólogos helénicos.
Desde finales del siglo XII, árabes eruditos eran invitados por los
príncipes del norte de Italia para enseñar lo más avanzado en
cuanto a matemáticas y filosofía ; así, muchos escritos de

Urania y Sofía 42
Aristóteles fueron conocidos y traducidos del árabe al latín, des-
pertando un nuevo interés por cuestiones científicas.
Santo Tomás de Aquino (1225-1274) intentó unir la filosofía de
Aristóteles con el cristianismo, creando una gran síntesis entre fe
y saber. Opinaba que hay dos caminos igualmente válidos para
llegar a Dios. Uno es a través de la fe y la revelación y otro a tra-
vés de la razón y de las observaciones hechas con los sentidos.
Pensaba que basándose en la filosofía de Aristóteles podía
demostrarse la existencia de Dios.
Las universidades medievales dieron lugar a la astrología, ya
que la cosmología de Ptolomeo y los fundamentos aristotélicos,
caros al cristianismo de la época facilitaban un acuerdo con ella.
Santo Tomás aceptaba la parte de la astrología judiciaria que se
refería a la influencia de los astros sobre el cuerpo, no así del
alma, que se elevaba más allá de la carne y de los planetas; zan-
jando inteligentemente el problema del libre albedrío.

Quiero rescatar ahora una frase de Franz Boll como para sinteti-
zar lo que hasta aquí hemos visto (y espero no pasar por dema-
siado bienintencionado): “Lo más importante en la historia de la
astrología es que ésta parece realizar una unión de los pueblos con una
claridad y autoridad que no se halla en ninguna otra parte. Por más
extraña que resulte a menudo al hombre moderno, es, después de mile-
nios, nada menos que uno de los bienes espirituales comunes a toda la
humanidad; su literatura puede calificarse de mundial; representa qui-
zás el único dominio en que Oriente y Occidente, cristianos, musulma-
nes y budistas, se comprenden sin dificultad”.

43 Urania y Sofía
Capítulo 5 Leo
La misión peculiar del Hombre de Leo superior es la de cuidar de la
dignidad humana, la de captar con conciencia responsable que depen-
de de la dignidad la posibilidad de evolución superior de la propia
humanidad.
Oskar Adler

Hacia el Renacimiento, ¿pero el renacimiento de qué?.


El simbolismo del macrocosmos-microcosmos domina en las
artes, la medicina y las ciencias de la Edad Media. En La Divina
Comedia, Dante cita la frase de Santo Tomás de Aquino que da
cabida a la astrología y escribe: “...Mientras giraba yo con los
Gemelos... ¡Oh, gloriosas estrellas, de cuya luz en lo alto emana gran
virtud, a vosotras os debo el talento que hay en mí!”
El Renacimiento comenzó en Italia como un resurgimiento de los
valores humanos inspirados en la antigüedad griega. Pero se
pasa por alto que también es un renacimiento de las “ciencias
ocultas”. Citando otra vez a Peuckert: “Comprender las palabras
‘reforma’ y ‘renacimiento’ a partir de la filología o la técnica artística y
negar todas las fuerzas invisibles que estallaron por debajo de las apa-
riencias, sería privar a estas palabras de su sentido interno”.
El cristianismo también fue reinterpretado como la culminación
de una tradición mistérica que se remontaba al mismísimo
Hermes Trismegistos. La astrología mostraba su cola una vez
más...
Una de las figuras filosóficas del Renacimiento fue Marsilio
Ficino (1433-1499), quien exclamó: “Conócete a ti misma, oh
estirpe divina vestida de humano”.

Urania y Sofía 44
Estimulado por el banquero y estadista florentino Cosme de
Medici, Ficino volvió a dar vida a la Academia Platónica, enti-
dad que influenció a los más grandes artistas de todos los tiem-
pos: Botticelli, Leonardo, Michelángelo, Rafael, Tiziano y Durero
entre otros. Realizó, entre 1463 y 1469, la primera traducción
completa al latín de las obras de Platón. Más adelante tradujo las
obras del filósofo romano Plotino y las de otros pensadores neo-
platónicos.
Ficino enseñaba astrología médica, desarrolló la musicoterapia
astrológica (nada menos que la aplicación práctica de la pitagó-
rica armonía de las esferas) y combinó la astrología con la magia
natural. Para él, la astrología no funciona como la ciencia sino
como la poesía, siendo una metáfora poética. La llegada de la
imprenta permitió que la Academia de Ficino floreciera con una
fuerza extraordinaria.
Un discípulo suyo, Pico della Mirandola, fue un duro crítico de
la astrología. Condenaba su versión adivinatoria, ya que este
tipo de astrología hacia caso omiso al libre albedrío de las almas.
Pico representó una nueva clase de hombre, capaz de usar la
magia como una ciencia. Y como él mismo declara: “el mago une
la tierra con el cielo, es decir, lleva a cabo la unión de las cosas
inferiores con las cualidades y poderes de las cosas superiores”.
(El primer arcano del Tarot Rider-Waite, “El Mago”, ejemplifica
literalmente este concepto).
Los humanistas renacentistas redescubrieron el valor del ser
humano, ahora considerado como valiosísimo, en contraposi-
ción al segundo plano que ocupaba durante la Edad Media,
cuando se hacía hincapié en su naturaleza pecaminosa y fallida.
El mismo Pico della Mirandola escribió un Diálogo de la dignidad
del hombre, impensable en la época medieval.

El espíritu del Renacimiento dio a Paracelso (Theophrast von


Hohenheim,1493-1541) el impulso hacia la inducción científica y

45 Urania y Sofía
el método experimental, cosa que le llevó a un profundo estudio
de la alquimia y de la astrología.
A Paracelso se lo ve actualmente como uno de los médicos más
controvertidos e inconformistas, pues se apartó completamente
de las autoridades médicas de su tiempo (incluso de los “clási-
cos”, como Hipócrates, Galeno y Avicena) para desarrollar un
sistema completamente nuevo que recién hoy en día puede ser
medianamente aceptado. En el 1520 escribe “Paramirum”, donde
rescata el viejo paralelismo del microcosmos del hombre y el
macrocosmos del universo que le rodea, gobernados ambos por
la misma leyes de simpatía y antipatía y animados por un prin-
cipio vital que llama archeus (arqueo). Paracelso denomina el
archeus como el “médico interior”. Apelaba a los poderes natura-
les de curación. Creía que eran principios activos contenidos en
los tejidos y trataba de darles su oportunidad mediante un trata-
miento conservador y expectante.
En “Paragranum” afirmaba que la base de la medicina está en el
estudio de sus leyes físicas y cósmicas y en la preparación de
remedios químicos específicos para cada enfermedad que con-
tienen un arcano que va actuar contra la causa de la enfermedad
y no contra los síntomas. Para eso elegía los momentos más ade-
cuados astrológicamente hablando. Procuraba extraer la quinta-
esencia (quinta essentia) o fuerza vital de cada materia médica.
Ideas ya presentes en los alquimistas y mucho más tarde aplica-
das en la homeopatía.
Concibió al cosmos como un organismo, donde los planetas más
lejanos y el hombre están formados por las mismas sustancias
químicas. Paracelso fue un ecologista, un médico holístico, un
adelantado de su tiempo.
Sostuvo como modo de aprendizaje la observación subjetiva del
entorno, sin detenerse en la apariencias y con la intención de
penetrar en las fuerzas invisibles que actúan sobre la materia
visible. Para ello sugiere que el espíritu del observador debe

Urania y Sofía 46
abandonarse y unirse al de lo observado, así se logra el conoci-
miento profundo de la manera de actuar de una planta o de un
mineral; la unión es posible porque el hombre tiene en sí algo de
todos los objetos y puede llegar a conocer su núcleo espiritual.
Este método de aprendizaje se debe a su creencia del estrecho
paralelismo entre el macro y el microcosmos y a la ley de la sim-
patía y antipatía de la naturaleza, según la cual lo semejante tien-
de a su semejante y repele a lo diferente. En este sentido,
Paracelso también era un verdadero chamán.
En realidad, su trabajo fue empírico, no racional, con una vía
directa al mundo de lo espiritual. Pero la “psicología” de
Paracelso fue más que nada psicosomática. Creía que el alma,
sobre todo mediante la imaginación, es capaz de determinar
alteraciones corpóreas patológicas en uno mismo, e incluso en
otras personas. Decia: “la imaginación decidida es el comienzo de
todas las operaciones mágicas”. La actual psicoterapia simbólica,
que tiene puntos en común con otras técnicas que utilizan imá-
genes, por ejemplo el Ensueño Despierto Dirigido de Desoille y
con la Imaginería Afectiva Guiada de Leuner, son deudoras
directas del pensamiento y la obra del “Divino Paracelso”, como
le llamaban muchos.

El Renacimiento trajo consigo una nueva manera de acercarse a


la realidad: la investigación de la naturaleza basada en la obser-
vación, la experimentación sistemática y la experiencia. Surge el
llamado método empírico, propio del conocimiento científico.
Galileo Galilei (1564-1642) dijo: “el libro de la naturaleza está escri-
to en un lenguaje matemático”
La astrología, en parte, se vio directamente beneficiada; los ade-
lantos técnicos perfeccionaron la confección e interpretación de
los horóscopos, que fueron aprovechados a su vez, por reyes y
papas. Vale como ejemplo la fecha elegida para la Coronación de
Isabel I, calculada por el astrólogo británico John Dee, cuando

47 Urania y Sofía
los tránsitos del Sol, Venus y Júpiter aspectaban favorablemente
a esos mismos planetas en la carta natal de Isabel (quien se las
arregló para mantener unida a Inglaterra durante 44 años bas-
tante complicados).
En el año 1543 se publica el libro Sobre las revoluciones de los orbes
celestes del astrónomo polaco Nicolás Copérnico. Esta obra
comienza a cambiar la visión que el mundo tenía de sí mismo;
demostrando mediante la observación y las matemáticas, que la
Tierra (junto con los demás planetas) gira alrededor del Sol. Este
cambio de paradigma habilitó una nueva cosmovisión, donde la
Tierra (y por ende el ser humano) dejaba de ser el centro del
Universo como hasta entonces se creía. La oposición de la Iglesia
no se hizo esperar demasiado.
Si bien esto pudo ser considerado otro golpe mortal para la
astrología, la realidad estuvo bien lejos de ello. A partir del
Renacimiento el individuo tiene un lugar más central que antes,
ya que al no haber un centro absoluto en el Universo, surgen tan-
tos centros como individuos. Esto también hizo que se replante-
ara la relación entre Dios y el hombre, dándole mucha más
importancia que a la relación que éste tenía con la Iglesia, que
era, después de todo, sólo una gran organización.
Copérnico se hizo célebre como astrónomo, pero a veces sus bió-
grafos omiten que paralelamente estudiaba medicina y astrolo-
gía. Demetrio Santos opina que su descubrimiento revoluciona-
rio se produjo como un subproducto por su interés en la astrolo-
gía, al igual que habría de ocurrir en el caso de Kepler.
Pese al nuevo sistema heliocéntrico, la realidad astrológica
siguió incólume, interpretándose desde una nueva óptica, que,
más que invalidarla, le generó una mayor potencia. Así lo
demuestran las numerosas obras publicadas en la época, en
especial relacionando astrología y medicina.
Por la misma época, el médico-astrólogo francés Michel de
Notre Dame (1503-1566), más conocido como Nostradamus,

Urania y Sofía 48
compuso las famosas Centurias. Su publicación en 1555 hizo cre-
cer aún más su fama ganada como médico exitoso. Numerosas
personas acudieron a visitarle hasta el fin de sus días. Catalina
de Medici, reina de Francia, le pidió que elaborara los horósco-
pos de su marido Enrique II y sus hijos. En 1560, Carlos IX de
Francia nombró a Nostradamus médico de la corte. Sus predic-
ciones se basan en un esquema astrológico general y en unos
raptos poéticos de inspiración más cercanos a un profeta bíblico.

Kepler, astrólogo y figura de la ciencia.


La teoría heliocéntrica de Copérnico no era del todo correcta, ya
que situó al Sol en el centro del Universo y consideró a la órbita
de los planetas como perfectamente circulares. Vemos que las
teorías de Platón o Pitágoras acerca de las formas ideales toda-
vía presionaban en la mente de los científicos, al punto de no
poder independizarse sus nuevas teorías de la antigua visión del
cosmos; como si aun estuviera anclada en el inconsciente de la
humanidad.
El alemán Johannes Kepler (1571-1630) demostró que los plane-
tas recorren órbitas elípticas y opinó además, que las mismas
leyes que regían en este sector del cosmos regían en todo el
Universo. Señaló también la existencia de una fuerza que man-
tiene a los planetas orbitando alrededor del Sol, fuerza que expli-
caría la relación entre las fases de la Luna y las mareas. Galileo
Galilei se burlaba de Kepler porque “había dado su consenti-
miento de que la Luna domina el agua”.
Kepler, como astrólogo que era, bien conocía la influencia de la
Luna sobre el agua, ya que rige a Cáncer, signo de ese elemento.
Y de hecho estaba doblemente en lo cierto. La burla de Galileo
ejemplificaba en realidad como eran vistos los cultores de la
astrología por los científicos de la época. Burla que hoy en día
ejerce toda persona que se considera “racional”.
La importancia de Kepler en la historia de la ciencia es capital; la

49 Urania y Sofía
teoría de la gravedad de Isaac Newton está basada en los descu-
brimientos del gran astrónomo alemán. Por eso se ha ocultado
tanto su cabal conocimiento de la astrología (¡Dios mío, Kepler
astrólogo! ¡que mal le hace esto a la ciencia!... exclamarían los
doctos).
Kepler practicaba la astrología y hacía horóscopos; entre ellos los
del Emperador Rodolfo II y el del general Wallenstein. Censuró
a la astrología convencional, intentando reformar la disciplina.
Advirtió a los críticos de la astrología que “no tiraran las frutas
frescas junto a las podridas”. Acaso fue uno de los sabios que
intentó con más ahínco acercar distancias entre Urania y Sofía,
pues ambas habían adoptado direcciones cada vez más diver-
gentes.
Los aspectos planetarios son la base de la astrología kepleriana,
ya que aporta nuevas relaciones de longitud eclíptica entre pla-
netas (como la semicuadratura, la sesquicuadratura, el quintil, el
biquintil, el septil y el nonil), que se suman a los tradicionales
aspectos ptolemaicos (conjunción, oposición, cuadratura, trígo-
no, sextil, semisextil y quincuncio).
Demetrio Santos sostiene que “con Kepler podemos decir que termi-
na la pléyade de sabios que dedicaron su vida a la astrología seria, con-
vencidos de su base científica”.
Para Peuckert, en el lapso que va desde la Edad Media a Kepler
se da una transición fundamental entre la astrología antigua y la
moderna: “Al igual que los planetas, los signos del Zodíaco obran
sobre nosotros. O mejor dicho, obraban, pues los lugares donde en otro
tiempo se hallaban son fijos, mientras que las estrellas se desplazaron a
través de muchos milenios. Seguimos llamando Aries al lugar en que
Aries se hallaba hace 2.000 años, pero la constelación ya no está más
allí. Para evitar confusiones, en este caso se habla de signo”.
El “signo” de Aries es el lugar en que se hallaba hace 2.000 años
esa constelación de primavera (en el hemisferio norte).
Lo que nota el historiador alemán no es otra cosa que el efecto de

Urania y Sofía 50
la precesión de los equinoccios. Los hechos se intentan ordenar
de otra manera. La constelación visible fue reemplazada por un
espacio geométrico matemáticamente calculado; en otras pala-
bras, un zodíaco tropical suplanta al sideral. Las grandes leyes y
los ordenamientos especulativos han reemplazado la observa-
ción directa.
La humanidad siempre proyecta sobre el cosmos su cambiante
sistema de valores.

51 Urania y Sofía
Capítulo 6 Virgo
La racionalización de cualquier trabajo, sea que se refiera a lo físico, sea
a lo psíquico, a lo mental y hasta lo moral, es elevada a “leitmotiv” del
tipo Virgo (…) La fundamentación de todas las ciencias útiles tiene que
realizarse según un plan de racionalización; el contenido de estas cien-
cias tiene que responder a un orden planeado que asegure su fácil apre-
ciación de conjunto.
Oskar Adler

El siglo XVII, método y discurso.


Esta etapa de la historia occidental se denomina época barroca,
caracterizándose en una constante tensión entre dos polos irre-
conciliables. En uno de los polos estaba el vital espíritu renacen-
tista y en el extremo opuesto el espíritu religioso, buscado a tra-
vés de la soledad y el retiro del mundo. Tanto en el arte como en
otras expresiones de la vida real, la ostentación y el “firulete”
convivian con el ascetismo y el sacrificio. Había dos frases en
latín que estaban muy de moda en aquella época: Carpe Diem
una, Memento Mori, la otra. Disfruta el día, recuerda que vas a
morir… es el mensaje transmitido.
A partir de la “Guerra de los treinta años”, una guerra tanto polí-
tica como religiosa, Francia toma una posición hegemónica en
Europa. El contraste máximo se da entre una clase social pudien-
te y esplendorosa y otra miserable, hambrienta, gris.
En las ideas filosóficas también conviven dos posturas simultá-
neamente, el idealismo (la naturaleza tiene base espiritual) y el
materialismo (la naturaleza entendida como fenómenos físicos

Urania y Sofía 52
cuantificables). El inglés Thomas Hobbes fue uno de los filósofos
materialistas más influyentes. Newton colaboró con esta mirada
de la realidad gracias a su teoría de la gravedad, imponiendo
una visión mecanicista del universo.
El matemático francés Laplace, lleva al extremo este paradigma
mecanicista al sostener que todo está decidido de antemano.
Este determinismo elimina el concepto de libre albedrío, ya que
toda la realidad sería producto de procesos mecánicos, inclusive
los pensamientos y los sueños.
La época barroca fue una época de dicotomías, ¿que mejor
momento para actualizar aquella tan antigua entre el cuerpo y el
alma?
René Descartes (1596-1650) lleva a la cumbre al racionalismo,
una forma de pensamiento que ha triunfado desde entonces. Él
funda la filosofía de los tiempos modernos, y con su sistematiza-
ción, procura esclarecer todas las cuestiones filosóficas impor-
tantes desde su misma base. En síntesis, Descartes quiso probar
verdades filosóficas de la misma manera en la que se prueba un
teorema matemático, usando una única herramienta: la razón.
Para el racionalismo, el verdadero conocimiento se logra con la
ayuda de la razón, sin recurso alguno de la experiencia o de los
sentidos.
Según Descartes era impresindible liberarse de las viejas ideas
antes de comenzar la propia indagación filosófica. Tenia que
dudar de todo y eso era lo único que tenía por seguro. Y si duda-
ba, era seguro que era un sujeto pensante. De allí su más conoci-
da frase: Cogito ergo sum; “Pienso, luego existo”. Para Descartes
el pensamiento tiene la posibilidad de elevarse con respecto a las
necesidades del cuerpo. El alma es infinitamente superior al
cuerpo. Y la razón es el alma.
En contraposición al pensamiento hermético, que tomaba a la
naturaleza como un todo interconectado, el racionalismo carte-
siano desmembró cada uno de sus componentes. El saber enci-

53 Urania y Sofía
clopédico del Renacimiento dio paso a un saber fragmentado, de
especializaciones que se disocian unas de otras. El organismo
entendido como un “ser” holístico pasó a ser un mecanismo, lleno
de diminutas piezas de relojería estudiadas en forma individual
y desconectadas del resto, del que formaban parte. De la síntesis
se pasó al análisis, del todo a la parte.
Aprovechando el simbolismo astrológico, esta oposición de
pareceres tiene que ver con la cruz mutable. Es la doble polari-
dad Sagitario/Géminis y Piscis/Virgo, pero haciendo hincapié
en el punto de vista mercurial. Toma preponderancia la cualidad
Géminis-Virgo en contraposición a lo holístico-integral
Sagitario-Piscis. No hay una complementariedad entre ambas
formas de conocimiento sino una violenta repolarización.

La influencia cartesiana es notable en otro gran filósofo: el holan-


dés Baruch Spinoza (1632-1677). Pertenecía a la comunidad judía
de Amsterdam, pero fue excomulgado y expulsado de la sinago-
ga por sus ideas antidogmáticas con respecto a la religión.
Spinoza veia a Dios en la naturaleza y en todo lo que existe. Dios
creó al mundo, pero está dentro de su creación y no afuera. Su
libro más importante fue Ética demostrada según el orden geométri-
co. Simplemente con leer su título podemos ver que es el racio-
nalismo la forma básica en que presenta sus ideas, mostrando
como la vida del hombre está condicionada por las leyes de la
naturaleza. O también: “Analizaré las acciones y deseos del hombre
como si se tratase de líneas, planos y volúmenes”. Observaba las
pasiones humanas con los mismos ojos que el resto de las cosas
naturales, porque “las consecuencias de nuestros afectos brotan de su
naturaleza con la misma necesidad con la que se deriva de un triángu-
lo que sus tres ángulos deben ser iguales a dos ángulos rectos”.
Spinoza tenía una visión determinista de la vida, todo ocurría
por necesidad, y al reconocerlo, podemos tener una visión intui-
tiva de la naturaleza como tal, un insight de que todo es Uno.

Urania y Sofía 54
Entiende por Dios un ente no antropomorfo, absolutamente infi-
nito, una substancia constituida por infinitos atributos, cada uno
de los cuales expresa una esencia eterna e infinita. Opinaba que
para encontrar la paz y la felicidad debemos liberarnos de nues-
tros sentimientos y afectos.

Una astrología racional.


Jean Baptiste Morin de Villefranche (1583-1656) está considerado
como el más grande astrólogo francés. Y aplica la lógica cartesia-
na al ámbito del saber astrológico, sobre todo al pasarlo por el
tamiz de la razón, con método, orden, análisis y con la clarifica-
ción de cada argumento. Para hacer esto, Morin hizo lo mismo
que Descartes con la filosofía, no dar nada por sentado, dudar de
todo, construir una astrología desde los mismos cimientos.
Vaciarla de los contenidos ptolemaicos que dotaban a cada pla-
neta de “significación universal”.

Morin metodologiza la interpretación, poniendo el acento en las


casas astrológicas y diferenciando las dignidades y debilidades
planetarias según sean celestes o terrestres. Así lo explica en el
tomo N° 21 de su astrología Gallica con la “Teoria de las determi-
naciones astrológicas”.
Según Francisco Aguilar, “es necesario saber Historia de la astrolo-
gía para comprender el alcance del servicio prestado por Morin, cuya
metodología pone luz en las tinieblas de la interpretación antigua y
medieval que se basaba exclusivamente en aforismos estáticos y no
sobre las bases dinámicas-racionales y flexibles con que Morin dotó a la
interpretación en astrología”.
En la esfera británica, el astrólogo William Lilly (1602-1681) tuvo
–y tiene– una gran importancia. Es considerado un maestro en la
astrología mundana y horaria. Su enfoque tiende más a lo profé-
tico y a lo mágico, con un estilo que recuerda al de Nostradamus.
En su Astrología Cristiana sostiene que una astrología predictiva

55 Urania y Sofía
bien hecha es compatible con el cristianismo. Su predicción más
espectacular tuvo que ver con el incendio de Londres en 1666,
acontecimiento que él había predicho 15 años antes. Luego del
mismo, fue detenido como sospechoso de causarlo, pero las
investigaciones posteriores lo libraron de culpa y cargo.
Podría decirse que la ciencia y la religión representaban las úni-
cas maneras de entender el mundo (visiones completamente
opuestas de por sí), sin embargo ambas tenían algo en común:
desprestigiar sistemáticamente a la astrología, cosa que no ha
cambiado en los últimos 400 años.

Los empiristas del siglo XVIII.


Una vez impuesto el racionalismo, su perfeccionamiento y su
crítica profunda era el paso lógico subsiguiente. Varios filósofos
opinaban que el ser humano no tiene nada en la conciencia antes
de experimentar las cosas mediante los sentidos. Este punto de
vista se llama empirismo.
Los empiristas analizaban cada idea para probar si podían ser
demostradas por experiencias auténticas.
El inglés John Locke (1632-1704) sostiene que la conciencia es
una tabula rasa donde nuestros sentidos van imprimiendo sus
experiencias. Distinguió entre las cualidades primarias de los senti-
dos y las secundarias. Las primeras se refieren a la extensión de
las cosas: peso, forma, número; éstas son cuestiones objetivas.
Las cualidades secundarias de los sentidos son subjetivas: color, olor,
sabor. Reflejan la influencia de la realidad exterior sobre nues-
tros sentidos. Locke fue también uno de los primeros filósofos
políticos; sus ideas liberales fueron tomadas luego durante la
Ilustración francesa, anticipando la revolución.
David Hume (1711-1776) fue quizás el empirista más importan-
te. Quiere rescatar la visión infantil del mundo, antes de que los
pensamientos se cristalicen en la conciencia. Constata que el
hombre tiene dos tipos de percepciones: impresiones e ideas.

Urania y Sofía 56
Luego analiza las ideas simples del que consta un concepto com-
puesto (alas + hombre = ángel), con el fin de ordenar nuestros
pensamientos y conceptos. De esta manera Hume ataca todas
aquellas ideas falsas que no tienen su origen en su correspon-
diente sensación.
Así la idea de un “yo” (base de la filosofía de Descartes) es una
idea compuesta, ya que la idea de tener un núcleo inalterable de
la personalidad es falsa. Hume rechaza ciertas cosas no porque
no existan sino porque no las ha experimentado.
Para Hume todos nuestros conocimientos derivan directa o indi-
rectamente de las impresiones. Critica la idea de causalidad, la
de substancia y la de alma. La conexión necesaria entre dos suce-
sos (que constituye el núcleo de la idea de causalidad), no lo pro-
porciona la razón pero tampoco la impresión. El efecto causa-
efecto no es más que el resultado del “hábito”. En realidad tene-
mos la percepción de causa-efecto porque ocurre en un tiempo y
porque estamos acostumbrados a ver una y otra vez ese encade-
namiento de sucesos. Además no es nuestra razón lo que decide
lo que hacemos sino nuestros sentimientos.
En esta filosofía de la percepción, un niño es mejor filósofo ya que
no tiene ideas preestablecidas, percibe al mundo tal como es.

La fragmentación del conocimiento propia del racionalismo y el


empirismo, cobró impulso a lo largo del siglo XVIII; en las ins-
tancias intelectuales se adoptó y generalizó una postura de
escepticismo y rechazo ante lo irracional.
En ese momento el desprestigio de la astrología es evidente.
Aquellos interesados en ella no se animan a publicar sus obras
con su verdadero nombre, debido al descrédito y la burla social,
y lo hacen bajo seudónimos. La astrología sólo recibe tibios apo-
yos desde la disciplina médica.
Uno de los astrólogos más importantes de esta época es el espa-
ñol Diego de Torres Villarroel (1694-1770), conocido también

57 Urania y Sofía
como El Gran Piscator de Salamanca, cuya obra astrológica-médi-
ca llena casi todo el siglo XVIII con sus almanaques, pronósticos
anuales, recetas culinarias y crítica sociopolítica.
Es reconocido literariamente como un escritor barroco, con
influencias de Francisco de Quevedo. Sus biógrafos han ignora-
do, quizás intencionadamente, su faceta de astrólogo, poseedor
de una cosmovisión particular que teje toda la trama de sus
escritos.
Torres de Villarroel muere en 1770 y, quizás como un símbolo, se
cierra el curso lectivo de astrología en la Universidad de
Salamanca. Europa define una línea de pensamiento que ya
venía siendo trazada algunas decenas de años antes, desde la
expulsión de la astrología de las cátedras de La Sorbonne en
Francia.

Urania y Sofía 58
Capítulo 7 Libra
Si nos detenemos ahora en el papel que desempeña el Hombre de Libra
en la vida práctica, lo veremos constantemente activo, sirviendo a la
belleza, suavizando asperezas, instando siempre a la reconciliación
(…) mostrará que el camino verdadero no puede ser más que uno: el
de la armonía máxima posible entre la verdad correctamente captada y
la realidad.
Oskar Adler

La ilustración, un racionalismo optimista.


En 1727 muere Sir Isaac Newton, considerado uno de los padres
fundadores de la ciencia moderna. Con respecto a su interés por
la astrología, se dice que cuando le preguntaron por qué quería
ingresar a la Universidad de Cambridge, contestó que lo hacía
para poder comprobar la astrología judiciaria. Inclusive, cuando
Halley le hizo comentarios sarcásticos sobre astrología, Newton
respondió: “evidentemente usted no la ha estudiado; yo sí”.
Estas anécdotas siempre fueron sospechosas para los investiga-
dores, sin embargo, ninguno de sus biógrafos osaría negar que
su interés por la matemática, la óptica o la astronomía ocupaba
menos espacio en su vida que el que le daba a la alquimia, a las
profecías, a la teología y a las ciencias herméticas en general.
Fueron sus seguidores, científicos cartesianos, quienes suprimie-
ron la mayor parte de su obra, aquella que no respondía al para-
digma científico de la época.
Recién en 1936 los descendientes de Newton sacaron a la luz 121
paquetes jamás publicados, conteniendo escritos de puño y letra
del sabio inglés que versaban sobre alquimia y pensamiento her-

59 Urania y Sofía
mético. Lord Keynes, comentando estas obras concluyó:
“Newton no fue el primer filósofo de la edad de la razón, sino el último
Mago”. Su defensa a la astrología ya no parece ser tan dudosa.

Durante el siglo XVIII Francia produjo muchos pensadores


importantes, como Montesquieu, Voltaire y Rousseau.
Las nuevas ciencias demostraron que la naturaleza estaba orga-
nizada racionalmente; estos pensadores querían construir una
base racional para la moral, la religión y la ética. Luego, “ilus-
trar” al pueblo, sumido en la ignorancia y la superstición. En
cuanto se difundieran los conocimientos, la humanidad no haría
sino progresar.
Algunos filósofos se convirtieron en defensores de una vuelta a
la naturaleza, ya que “naturaleza” significaba casi lo mismo que
“razón”. Lucharon activamente en favor de lo que llamaron
“derechos naturales” de los ciudadanos, para garantizar el dere-
cho del individuo a pensar y expresarse libremente.
Sin embargo, el filósofo más influyente de la era moderna no era
francés sino alemán, su nombre: Immanuel Kant (1724-1804).
Kant descubrió que por detrás del antagonismo dado entre el
racionalismo y el empirismo residía el objeto. Por ende, ambas
son formas de realismo. Entiende el conocimiento como una
especial forma de actividad: conocer significa elaborar el objeto.
Así, logró trazar un puente entre los empiristas y los racionalis-
tas, sosteniendo que existen determinadas disposiciones en
nuestra razón que marcan todas las percepciones. Esta sensibili-
dad ante el mundo es mediada a través del tiempo y el espacio,
dos formas de nuestra conciencia anteriores a cualquier expe-
riencia. En su “Estética Trascendental” enseña que tiempo y
espacio son cualidades de la razón y no cualidades del mundo.
Así, la razón del hombre capta todo como una relación causa-
efecto.
Paralelamente la ley moral (“obra sólo según una máxima tal que

Urania y Sofía 60
puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”) es
tan absoluta y general como la ley de la causalidad. Significa que
sólo obramos moralmente cuando podemos querer que el prin-
cipio de nuestro accionar se convierta en una ley válida para
todos; siendo una forma de ponerse en el lugar de los otros y evi-
tando hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan.
Las palabras siguientes (sacadas de su Crítica de la razón práctica)
se inscribieron en la tumba del filósofo alemán: “Dos cosas llenan
el ánimo de admiración y respeto siempre nuevo y crecientes, cuanto
con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo
estrellado sobre mí y la ley moral en mí”. (Un buen epitafio también
para todo astrólogo íntegro). Kant hizo un gran esfuerzo intelec-
tual para encarar la problemática de la belleza. En su Crítica del
Juicio estético (obra que se subdivide en Analítica del Juicio estético,
Analítica de lo bello, Analítica de lo sublime y Dialéctica del Juicio esté-
tico) señala las condiciones de la belleza pura, de la cual surgen
todas las cosas empíricas bellas.

El Romanticismo.
El Romanticismo fue la última “postura común” ante la vida que
se dio en Europa; una postura que surgió como respuesta al
culto de la razón de la Ilustración. Los nuevos lemas fueron sen-
timiento, imaginación, vivencia, añoranza. Ahora cada indivi-
duo tenía libertad para expresar su propia interpretación de la
realidad.
Existen rasgos similares entre el Romanticismo y el
Renacimiento ya que ambos otorgaban una gran importancia a
lo artístico como dador de significado para el conocimiento del
hombre. Se ha dicho que el Romanticismo implicaba un renaci-
miento de la antigua conciencia cósmica. Contra las ideas analí-
ticas de Descartes y Kant, y más cerca del monismo de Spinoza o
Plotino, este movimiento abrevaba en las antiguas y profundas
fuentes del hermetismo.

61 Urania y Sofía
El filósofo romántico más importante fue el alemán Schelling
(1775-1854) quien dijo “La naturaleza es el espíritu visible, el espíri-
tu es la naturaleza invisible”. Novalis (1772-1801) pensaba que el
hombre lleva todo el universo dentro y que la mejor manera de
percibir al mundo es entrando en uno mismo.

El artista inglés William Blake (1757-1827) fue un gran místico en


tanto poeta y pintor. Su obra expresa un sincretismo que incluye
la alquimia, el hermetismo, el pensamiento neoplatónico y la
heracliteana doctrina de los contrarios. En El Matrimonio del Cielo
y del Infierno (1790) escribe:
“Without Contraries is no progression. Attraction and Repulsion,
Reason and Energy, Love and Hate, are necessary to Human existence.
From these contraries spring what the religious call Good & Evil. Good
is the passive that obeys Reason. Evil is the active springing from
Energy. Good is Heaven. Evil is Hell.”
(No hay progreso sin contrarios. Atracción y Repulsión; Razón y
Energía; Odio y Amor son necesarios para la existencia humana.
De estos contrarios surgen lo que el religioso llama el Bien y el
Mal. El Bien es lo pasivo que obedece a la Razón. El Mal es el
retoño activo de la Energía. El Bien es el Cielo. El Mal es el
Infierno).

Blake se esforzó por dar una expresión simbólica a su filosofía


mística. Pensaba que la ciencia es un poder maléfico que targi-
versa la unidad primitiva, unidad que solamente la imaginación
puede restituir.
Este alejamiento del pensamiento racional generó una contraco-
rriente cultural que hizo que la astrología tuviera una pequeña
hendija por donde colarse.

Urania y Sofía 62
Capítulo 8 Escorpio
Encontraremos al Hombre Escorpio rodeado las más de las veces por
grupos de personas que, como conjuradas por un encanto secreto,
tuvieron que llegarse hasta él para dispensarle el alimento psíquico (…)
Ahora nos resulta evidente que de aquella peligrosa fuerza se puede
hacer un uso muy diverso, y que ese uso será el factor que permitirá
diferenciar agudamente el tipo altamente evolucionado del tipo poco
evolucionado de Escorpio.
Oskar Adler

Astrología y ocultismo en Europa.


Durante la época de la Ilustración, el arte de hacer horóscopos se
extinguió casi completamente; excepto en Inglaterra, donde
algunas personas, consideradas bastante excéntricas, seguían
interesadas en la ciencia de los astros.
A principios del siglo XIX, la astrología en Inglaterra retoma un
impulso que luego arrastraría a toda Europa y más tarde a
América.
Los astrólogos británicos adaptaron el vocabulario científico
para sus analogías simbólicas, como la electricidad y el magne-
tismo. Por otra parte, la moda del ocultismo (la “sombra” de la
época victoriana) también tocaba algunos puntos coincidentes
con el hermetismo y la astrología.
Por ejemplo el concepto de correspondencias entre las distintas
entidades del Universo, la existencia de seres intermediarios
entre la humanidad y Dios -ángeles, espíritus, maestros ascendi-
dos- con los cuales sólo los “iniciados” pueden contactar.

63 Urania y Sofía
Muchos astrólogos de la época tomaron sus nombres a partir del
nombre de ángeles, como Sepharial, Raphael o Zidkiel.
Esta “movida” antirracional produjo numerosos grupos de per-
sonas (artistas, poetas, intelectuales) que se unían en sectas y
sociedades secretas. Muchos conseguían formar su propio culto
en base a mistificaciones más que a verdaderos misterios hermé-
ticos. Entre los más conocidos podemos nombrar a Eliphas Lévi
y a Gérard Encausse (Papus) en el esoterismo francés. En
Inglaterra, Aleister Crowley y Dion Fortune. Entre las socieda-
des secretas tenemos la Order of the Golden Down, la Ordo Templi
Orientis, la Orden de los Nuevos Templarios y la Thule Gessellshaft.

Aleister Crowley (1875-1947) fue conocido por la prensa popular


de su época, como la “Gran Bestia” y “El hombre más malvado
del mundo”. Crowley fue un brujo poderoso, poeta, bizarro pro-
feta y ocultista.
Fue mientras estaba en el Colegio Trinidad que se interesó en lo
oculto y junto con su compañero de cuarto, Allan Bennentt,
empezó a estudiar todo texto esotérico que cayera entre sus
manos. Aleister pronto descubrió que se emocionaba con las des-
cripciones de tortura y sangre. Le gustaba fantasear que era
degradado y abusado por una “Mujer Escarlata”, un ser domi-
nante y malvado. Uno de los libros que el leyó en esa época esta-
ba escrito por Arthur Edgard Waite y se titulaba “El libro de
magia negra y de pactos”. Hablaba de una hermandad secreta
de ocultistas. El 18 de noviembre de 1898 se une a la “Orden
Hermética del Amanecer Dorado” (Golden Dawn).
Mientras estaba de vacaciones en Egipto en abril de1904, él y su
primera esposa participaron en un ritual mágico durante el cuál
decía haber recibido un mensaje de los Dioses. Como resultado
de su comunicación escribió los primeros tres capítulos de su
libro más famoso “Liber Legis, el libro de la Ley”.
Crowley se volvió famoso como un mago negro y satanista. Se

Urania y Sofía 64
identificó abiertamente con el numero 666, el número bíblico
para el Anticristo. También mantenía cerca suyo una serie de
“Mujeres Escarlatas”; la más conocida era “Ape of Thot” (mona
de Thot). Juntos hacían sesiones de magia sexual bebiendo alco-
hol y consumiendo drogas (y eso que todavía no se había inven-
tado el rock and roll).
En 1912 ingresó a la secta O.T.O. (La orden del Templo del Este)
una orden ocultista alemana, luego se mudó y vivió en Estados
Unidos de 1915 a 1919, mudándose nuevamente en 1920 a
Sicilia, donde estableció “La abadía de Thelama”. En 1923
Mussolini lo expulsó de Italia. Murió en Hastings el 1 de diciem-
bre de 1947.
Su conocimiento del arte de la brujería y la magia era profundo,
y sin lugar a dudas ha transmitido su saber no sólo a través de
su obra escrita, sino también a partir de uno de los mazos de
tarot más exitosos de todos los tiempos. El tarot de Crowley es
un clásico en su género. Los arcanos fueron pintados por la artis-
ta Lady Frieda Harris, apareciendo en 1944 bajo el nombre de “El
Libro de Toth”.

Esta época también generó el movimiento espiritista. En el año


1848 la casa de la familia Fox en Hydesville, Nueva York, fue
invadida por un ruidoso poltergeist. Como resultado de ello, las
hermanas Fox tuvieron la primera reunión espiritista el 14 de
Noviembre de 1849 (si, con el Sol en Escorpio), fundando “ofi-
cialmente” el espiritismo.
La obra más significativa que proclamó esta doctrina fue El Libro
de los Espíritus, publicado en 1856 por el educador francés
Dénizard Hyppolite León Rivall, conocido por el seudónimo de
Allan Kardec.
La Sociedad Teosófica fue fundada en 1875 por Helena Petrova
“Madame” Blavatsky. La Doctrina Secreta de la teosofía, con su
particular comparación de las religiones del mundo y los con-

65 Urania y Sofía
ceptos de karma y reencarnación, dotó a muchos astrólogos de
una conexión espiritual que necesitaban como complemento a
su quehacer intelectual.
De hecho la teosofía se distingue por ser una aproximación espe-
culativa y pseudo-racional a los principios que unen la divini-
dad, la naturaleza y el hombre. Se funda en una teoría de corres-
pondencias y homologías.
El ocultismo que floreció en el último tercio del siglo XIX estuvo
influído por la moda del satanismo, las mancias y las doctrinas
orientales, resultando un esoterismo muy confuso, pleno de
palabras que no revestían el sentido que los ocultistas de los
siglos anteriores usaban.

Urania y Sofía 66
Capítulo 9 Sagitario
Lo que caracteriza a Sagitario es la exigencia de una ley que mantenga
enhiesta la jerarquización que garantice la idea de la subordinación y de
la superioridad moral. Del mismo modo que la planta está por encima
de la piedra, el animal por encima de la planta, y el ser humano por
encima del animal y todos los demás reinos inferiores, que él reúne en
sí; lo moral deberá regir en el hombre al cuerpo, a las inquietudes psí-
quicas y a los pensamientos.
Oskar Adler

Hegel, una idealista filosofía dinámica


Se considera a Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) como
un hijo del Romanticismo. Por un lado unificó las diferentes
ideas que se habían desarrollado entre los románticos, y por el
otro criticó la filosofía de Schelling.
Para Hegel todo es relacional, nada tiene verdadero sentido sino
por su relación con otras realidades o con otros pensamientos.
Algo puede ser sólo en relación con lo que no es. De esta mane-
ra, a cada tesis se le opone una antí-tesis. Pero la “cosa” no se
suprime al negarse como algo independiente, pues existe una
unidad superior que las integra en un nuevo nivel: la síntesis.
Por eso Hegel entiende la realidad como un conjunto de relacio-
nes dialécticas.
El proceso dialéctico consistirá entonces en mostrar cómo cada
categoría es de por sí insuficiente y logra su suficiencia gracias a
otra categoría complementaria, la cual empuja al pensamiento
hacia el momento siguiente, encargado de colmar la anterior
deficiencia, y revelando otra que tendrá que ser complementada

67 Urania y Sofía
posteriormente. La síntesis a la que se ha llegado se convierte en
tesis para una nueva antítesis, con lo cual el movimiento dialéc-
tico encuentra síntesis cada vez más ricas.
El ser (tesis) y la nada (antítesis) son incluidas por el devenir
(síntesis) hasta que llega un momento en que nos encontramos
con una noción totalmente completa: la “Idea”, la suprema sín-
tesis. Pero esa Idea tan sólo representa todas las determinaciones
potenciales, el plan divino aún no realizado. La Idea en acto es
Espíritu, de manera que espíritu es Dios, pero un Dios que tiene
que hacerse a sí mismo lo que es… y lo hará a través de la natu-
raleza, de los hombres, de la historia de los pueblos, de las reli-
giones, del arte; y según el ritmo dialéctico fijado por la Idea.
Hegel entiende por razón universal o espíritu universal a esta suma
de las manifestaciones humanas; y así habla del curso del espíri-
tu universal a través de la Historia. Opina que la verdad es sub-
jetiva y que la base del conocimiento humano varía de genera-
ción en generación, no existiendo ninguna “verdad eterna”. La
razón es algo dinámico, un proceso. La “verdad” es ese proceso
en si. No se puede arrancar una idea del contexto histórico en
que fue creada, por eso, Platón no estaba más equivocado (o más
en lo cierto) que San Agustín, Descartes o Kant. Pero el espíritu
universal evoluciona hacia una conciencia de sí mismo cada vez
mayor. Lo que es “sensato” es lo que sobrevive (¿que pensaría
Hegel de la astrología? me pregunto).
Hegel dijo que el espíritu universal vuelve a sí mismo en tres
escalones: primero toma conciencia de si mismo en el individuo
–razón subjetiva–; luego alcanza una mayor conciencia en la
familia, la sociedad y el Estado –razón objetiva–. En el arte, la
religión y la filosofía, el espíritu universal alcanza la forma más
elevada de autoconocimiento: la razón absoluta. Seguramente se
pueda investigar con mayor profundidad acerca de las implica-
ciones esotéricas que tiene la filosofía hegeliana.
Por lo pronto, este peregrinaje que hace el espíritu universal a

Urania y Sofía 68
través de los tres niveles de la existencia es análogo al viaje que
hace la conciencia a través del Zodíaco (dividiéndolo en tres
campos).
Aries, Tauro, Géminis y Cáncer pertenecen al campo que corres-
ponde a lo personal (la razón subjetiva de Hegel). La conciencia
tiene cualidades “primitivas”, no en un sentido peyorativo sino
en sentido de algo básico, raigal. Las preocupaciones son más
inmediatas e individualistas.
Leo, Virgo, Libra y Escorpio pertenecen al campo que correspon-
de a lo social (la razón objetiva). La procupación no solamente es
el yo sino también el tú. La conciencia se ensancha y las relacio-
nes van “civilizando” al ego. Tienen en cuenta la psicología del
otro.
Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis pertenecen al campo que
corresponde a lo universal (la razón absoluta). Es donde la con-
ciencia se aleja de lo individual para abrazar lo colectivo y lo
impersonal. El ego tiende a desaparecer (sobre todo en Acuario
y Piscis), se olvida de sí mismo para fundirse en el cosmos, vol-
viendo a la fuente primigenia.

Para el filósofo danés Soren Kierkegaard, Hegel y los románticos


eran más o menos la misma cosa. Señaló que las “verdades obje-
tivas” no tenían ninguna importancia para la existencia del indi-
viduo. Más importante que la “Verdad” es encontrar la “verdad
para mi”. Para Kierkegaard es la existencia de cada uno la que es
esencial. Las verdades realmente importantes son personales.
Las cosas que podemos saber mediante la razón son completa-
mente inesenciales.

69 Urania y Sofía
Capítulo 10 Capricornio
Podemos ver sin más que es totalmente imposible al Hombre de
Capricornio tomar la vida con “liviandad” (…) ¡Creced y multiplica-
os! ¿No suena este antiquísimo mandamiento como la voz de la con-
ciencia del primitivo, la voz que le advierte que debe dejar signos per-
ceptibles de su existencia en la Tierra, y que debe dejarlos en el mundo
material, en el que no podría obrar sino comunicado con la posteridad,
a la cual se siente unido por un nítido sentimiento de responsabilidad
por su existencia y por la preocupación de su evolución ulterior?.
Oskar Adler

Marx, Darwin y Freud, un golpe al amor propio


del ser humano.
La aún influyente idea mecanicista del mundo fue modificada
por la teoría de la evolución, formulada en 1858 por el biólogo
inglés Charles Darwin (1809-1882). Su trabajo inspiró concepcio-
nes acerca de la naturaleza y la sociedad que ponen el acento en
el conflicto y el cambio como factores que estimulan la evolución
y el progreso.
Tanto Karl Marx como Darwin (y luego Freud) son naturalistas
en el sentido en que basaron sus investigaciones en hechos
dados exclusivamente por la naturaleza, sin especulaciones
racionalistas ni revelaciones divinas.
Karl Marx (1818-1883) utiliza a Hegel como punto de partida.
Tanto él como Kierkegaard se oponen al idealismo hegeliano. La
filosofía de Marx tiene una finalidad práctica y política, ya que
su formación no sólo incluía la filosofía sino la historia, la socio-
logía y la economía. Marx estaba convencido de que la filosofía

Urania y Sofía 70
de Hegel era la expresión más acabada de su tiempo, y ya no se
podía lograr algo más perfecto; lo que él quería decir era algo así
como “ya basta de filosofar, llevemos la filosofía a la práctica”. O
utilizando sus propias palabras: “Los filósofos se han limitado a
interpretar el mundo de diversas maneras; de lo que se trata es de trans-
formarlo”.
Para Marx, la relación real del hombre con las cosas mismas, con
la naturaleza y con los otros hombres se da mediante el trabajo.
En el tipo de trabajo que se realiza el hombre muestra su ser, por
eso el proletario se encuentra alienado de su propia esencia
humana; es decir, fragmentado, dividido, extraño a sí mismo.
En contraposición a Hegel, que pensaba que el “espíritu univer-
sal” impulsa la Historia hacia adelante y que son las “condicio-
nes espirituales” las que crean los cambios materiales; Marx opi-
naba que es justamente al revés: son los cambios materiales los
que crean las nuevas condiciones espirituales.

Darwin fue el científico que desafió más directamente al cuerpo


dogmático de la Iglesia. A partir de sus viajes alrededor del
mundo y en particular por Sudamérica, publicó en 1859 El origen
de las especies donde explica que los que consiguen sobrevivir son
aquellos mejor adaptados al ambiente, gracias a un proceso de
selección natural. Este proceso se basa en las constantes variacio-
nes entre los individuos de una misma especie y en las enormes
camadas que hacen que sólo un pequeño porcentaje sobreviva.
En su momento, Darwin fue caracterizado como el hombre más
peligroso de Inglaterra. Una respetable señora de la sociedad
inglesa dijo: “Esperemos que no sea verdad, pero si resulta ser verdad,
esperemos que no se llegue a saber públicamente”.
Sigmund Freud (1856-1939) estudió medicina en la Universidad
de Viena especializándose en neurología. Uno de los aportes de
Freud radica en la revolucionaria visión que tiene sobre el ser
humano. El hombre no es tan racional como lo habían imagina-

71 Urania y Sofía
do los filósofos del siglo XVIII. Son impulsos irracionales los que
deciden lo que pensamos, hacemos, soñamos. Demostró que las
necesidades básicas de los humanos pueden “disfrazarse” diri-
giendo nuestros actos sin que nos enteremos de ello. Los que
también se disfrazan son los deseos reprimidos, mayormente de
índole sexual. Freud llegó a la conclusión que la conciencia del
hombre sólo constituye una parte de la mente humana, debajo
del umbral de la conciencia se encuentra el subconciente.
Estos tres hombres le propinaron un muy duro golpe a la socie-
dad victoriana en que les tocó vivir, tan creída de virtuosa, reca-
tada y civilizada. ¡Resulta que ahora el ser humano no es más
que un mono sin pelos, alienado de su esencia y cuyo móvil
principal es, desde la cuna, el sexo!.

La astrología, una disciplina para la nueva era


La desviación del pensamiento racional iniciada muchas déca-
das atrás con el romanticismo y mantenida gracias al estudio de
la psicología humana profunda, hizo que poco a poco el positi-
vismo fuera menos dogmático y se abriera la posibilidad de que
surgiera una nueva astrología. Una astrología que durante el
siglo XX se transformó en un verdadero “boom”.
Ya desde el siglo XIX, arqueólogos, antropólogos y diversos
investigadores de la cultura antigua vuelven sus ojos hacia la
astrología, entendida como fenómeno digno de estudio dentro
de un marco puramente histórico. Podemos citar las obras de
numerosos autores, como Histoire de l’astronomie ancienne (1817)
de M. Delambre, La astrología española en la Edad Media (1841) de
A. Rodríguez Navarrete y Astrología y Religión en el mundo greco-
rromano (1903) de Franz Cumont.
Los astrólogos, aún con un complejo de inferioridad con respec-
to a los científicos (socialmente tan reconocidos), comienzan a
publicar bajo seudónimos, sobre todo en Inglaterra. R.C. Smith,
más conocido como Raphael, publica hacia 1824 su primer

Urania y Sofía 72
Almanaque, repetido luego anualmente. Richard James Morrison
(Zadkiel) funda en 1831 la revista Heraldo de la astrología. Los
libros de Frederick William Alen (Alan Leo) se siguen publican-
do en la actualidad; por ejemplo, astrología Moderna, cuya prime-
ra edición data de 1895.
A principios del siglo XX comienzan a proliferar columnas de
horóscopos en los diarios. Cuando nació la hermana de la reina
Isabel de Inglaterra (el 21 de agosto de 1930) el Sunday Express
publicó su horóscopo, elaborado por R. H. Naylor. El éxito fue
tal que comenzó a publicarse una columna de astrología; la pri-
mera, el 5 de octubre de 1930. Esta astrología solar es la que
vemos plasmada con tanta superficialidad en todos los diarios y
revistas de la actualidad.
El francés Paul Choisnard trata de apoyar la astrología sobre las
bases de la matemática y la física moderna.
La astrología ligada al ocultismo tiene al clérigo Eliphas Levi y a
Papus como figuras más representativas. El danés Max Heindel
fusiona la ciencia de los astros con la filosofía Rosacruz y la
Teosofía. El suizo Karl Kraft (1900-1945) opera sobre estadísticas,
consideradas más tarde como poco fiables.
El alemán Reinhold Ebertin es autor de obras de gran resonan-
cia, siendo autor de la Cosmobiología, y principal referente de la
escuela astrológica alemana.
En los Estados Unidos de América, de la escuela de la asociación
Rosacruz surgen importantes astrólogos, como Elbert
Benjamine, Evangeline Adams y Maurice Wemyss. No podemos
dejar de nombrar a otros con diferentes enfoques y nacionalida-
des: André Barbault, Nicolás DeVore, Charles Carter, Walter
Koch, Jacques Sadoul, Demetrio Santos.
Despues de numerosos y estériles debates, la ciencia institucio-
nal se erige como la principal adversaria de la astrología. En
1975, ciento ochenta y seis destacados científicos (entre los que
se incluían dieciocho Premios Nobel) publican en la revista

73 Urania y Sofía
Humanist unas “Objeciones a la astrología”. Si embargo, Michel
Gauquelin (1928-1991) y su esposa Françoise produjeron un
notable trabajo científico que avala, estadísticamente al menos,
algunas interpretaciones tradicionales de la astrología.
Gauquelin obtuvo resultados significativos en categorías en que
las posibilidades en contra del azar era de 1000 a 1, un valor
asombroso incluso para la ciencia experimental. Tanto sus méto-
dos como los resultados nunca fueron refutados. Por otro lado,
gran parte de las interpretaciones tradicionales no podían ratifi-
carse, por lo cual el horóscopo se “desplomaba”. Los astrólogos
seguían sin poder legitimar socialmente su materia de estudio, y
por eso, no le dieron la mejor acogida a este valiosísimo trabajo.
La ciencia institucionalizada sencillamente considera que la
astrología no merece ser estudiada, y cuando así lo hace, los
resultados son publicados siempre y cuando no prueben su vali-
dez. Cuando muestran algún indicio que la convalide, se los
desacredita o ignora.
A fin de cuentas, según Maggie Hyde “No se trata de un proble-
ma de pruebas, sino de una lucha entre sistemas de creencias”.

Urania y Sofía 74
Capítulo 11 Acuario
El mundo mental de Acuario está tan al margen del espacio físico como
el lenguaje y la música. (…) El Hombre de Acuario superiormente evo-
lucionado brinda a la Tierra una visión que percibe cuando “salta”,
utopía que trae de regreso a la Tierra luego de haberse desligado
momentáneamente de ella.
Oskar Adler

Un nuevo paradigma psicológico


Muchos astrólogos se alejaron de la ciencia para seguir el cami-
no de la psicología, en especial el trazado por el suizo Carl
Gustav Jung (1875-1961).
En su libro “La interpretación de la naturaleza y la psique”, Jung
analiza el fenómeno de la sincronicidad, con la que pretende dilu-
cidar ciertos casos extraordinarios, “coincidencias significati-
vas”, imposibles de explicar causalmente.
La sincronicidad puede definirse entonces como una coinciden-
cia significativa de dos o más sucesos en la que está implicado
algo más que el puro azar. Dicho de otra manera, sería una coin-
cidencia en el tiempo de dos o más acontecimientos no relacio-
nados causalmente que tienen el mismo o similar significado.
En “El Secreto de la Flor de Oro”, Jung dice: “Si dispusiera de
resultados generalmente confirmados, la astrología sería un ejemplo de
sincronicidad de máxima importancia. Pero hay al menos algunos
hechos suficientemente verificados y confirmados mediante extensas
estadísticas, que hacen aparecer el planteo astrológico como digno de la

75 Urania y Sofía
consideración filosófica. (La valoración psicológica está sin más asegu-
rada, pues la astrología representa la suma de todas las nociones psico-
lógicas de la antigüedad.) La posibilidad, de hecho existente, de recons-
truir un carácter de modo suficiente a partir de una natividad, prueba
la relativa validez de la astrología. Pues la natividad no reposa, empe-
ro, de ninguna manera sobre las posiciones estelares astronómicas rea-
les, sino sobre un sistema temporal arbitrario, puramente conceptual,
ya que, debido a la precesión de los equinoccios, hace mucho que el
punto vernal se ha desplazado del 0° de Aries. En consecuencia, en
tanto haya diagnósticos astrológicos efectivamente correctos, no des-
cansan sobre las acciones de los astros, sino sobre nuestras hipotéticas
cualidades del tiempo; es decir, en otras palabras, que lo que ha nacido
o sido creado en este momento del tiempo, tiene la cualidad de este
momento.”

Para el filósofo Michel Cazenave, en un evento sincronístico


desaparece la dualidad que habitualmente sentimos como suce-
sos “interiores” y “exteriores”, pasando a experimentar que toda
cosa está contenida en la misma totalidad.
¿Realmente la astrología tiene algo que ver con la sincronici-
dad?. Muchos astrólogos están de acuerdo con ello, dejando
atrás las habituales interpretaciones “newtonianas” que intentan
explicarla de una manera totalmente causal. Los planetas ya no
causarían ni indicarían, sino que “significarían”.

Jung también es reconocido por su teoría de los Arquetipos. Éstos


demuestran el poder de los símbolos astrológicos y la manera en
que trabajan en la imaginación. Los signos del Zodíaco serían
doce imágenes arquetípicas, manifestaciones del inconciente
colectivo, que dan cuenta de la Totalidad.
De la misma manera en que una célula tiene la información del
organismo entero, cada psiquis individual posee la información
del colectivo de la humanidad. En este sentido, los arquetipos

Urania y Sofía 76
serían una especie de ADN psíquico, que van evolucionando y
mutando como todo en la naturaleza.
Jung ubica a la astrología dentro de una realidad psíquica. Para
entender cómo trabajan los símbolos arquetípicos es necesaria
una clase especial de pensamiento: la actitud simbólica. Por esta
razón los métodos de las ciencias físico-naturales son inapropia-
dos para comprender la astrología. “Que una cosa sea o no un sím-
bolo depende de la actitud de la conciencia que la examine”.
Si Freud considera al ser humano casi como un animal (en lo que
respecta a lo instintivo de su naturaleza), podríamos decir que
Jung también lo considera un animal… un animal simbólico
(…parafraseando a Cassirer).

El Dr. Roberto Assagioli fue contemporáneo de Jung. Nació en


Venecia, Italia, en 1888. Se doctoró en neurología y en psiquiatría
en la Universidad de Florencia. Como resultado de su vasta
experiencia clínica y educativa desarrolló la “Psicosíntesis”.
Rudhyar la define como una técnica de reconstrucción de la per-
sonalidad, pero en realidad es mucho más que eso.
Assagioli creó un modelo de la psique que también comprende
la esfera de lo espiritual. Es uno de los pioneros de la corriente
transpersonal en psicología, camino transitado luego por
Maslow, Grof, Wilber y otros.
El modelo que plantea comprende cuatro niveles principales:
1- Nivel Inconsciente Inferior
2- Nivel Pre-consciente
3- Nivel Consciente
4- Nivel Supraconsciente o Inconsciente Superior
Otro de los conceptos que maneja tiene que ver con las llamadas
subpersonalidades o “Yoes internos”. Cada uno de nosotros está
compuesto por diferentes Yoes que habitan en el interior de
nuestra psique. Y cada Yo tiene sus necesidades, deseos, proyec-
tos, su propia historia personal, su sombra.

77 Urania y Sofía
Ante tal fragmentación de la personalidad se hace ineludible lle-
gar a una Psicosíntesis, es decir, alcanzar la integración de todas
estas subpersonalidades con tal de que lleguen a un objetivo en
común; positivo y favorable para todas ellas pero fundamental-
mente para la personalidad integrada.
Para tal fin es necesario acceder a un “Yo integrador”, un testigo
objetivo que pueda advertir las disputas de las subpersonalida-
des y que pueda desidentificarse de cada Yo fragmentario.
Después de mucho trabajo y de constante voluntad, uno podría
acceder al Yo Superior, contactando directamente con lo divino.
Es muy probable que Assagioli haya sido influenciado (desde
Occidente) por la filosofía de su contemporáneo Edmund
Husserl (1858-1938), creador de la Fenomenología. Las ideas de
este pensador alemán también tienen que ver (entre otras cosas)
con acceder a este “Yo observador”.
En sus Meditaciones Cartesianas, Husserl dice: “Si decimos que el yo
que experimenta y vive de cualquier otro modo natural el mundo, que
está interesado por el mundo, la actitud fenomenológicamente modifi-
cada consiste en que se lleva a cabo una escición del yo; en el que en el
yo ingenuamente interesado se instala el yo fenomenológico como
espectador desinteresado”.
Es decir, Husserl se refiere al mismo Yo testigo que Assagioli, ese
Yo que está simbolizado por el centro vacío de cada carta natal,
por el centro del mandala donde nada está dado y todo es aún
posible.
Husserl fundamenta en este Yo toda filosofía radical, la base cier-
ta y última de todo juicio. A la subjetividad de este Yo la llama
subjetividad trascendental. No olvidemos que siendo desinteresa-
do y puramente observador, aún se trata de un yo subjetivo. La
máxima objetividad que en todo caso podemos llegar a lograr,
será la de ser concientes de nuestra propia subjetividad.

Urania y Sofía 78
A partir de Jung fundamentalmente, aparece una nueva astrolo-
gía, la llamada humanística o psicológica, cuyas figuras más
importantes son Dane Rudyhar (1895-1985), Liz Greene,
Howard Sasportas, Richard Idemon, Stephen Arroyo, Alexander
Ruperti y otros, casi todos provenientes de Europa y Estados
Unidos.
Liz Greene, por ejemplo, es reconocida por aunar de una forma
muy personal y erudita a los mitos griegos, la psicología jun-
guiana y la astrología. Profundiza en la dimensión psicológica
de la astrología, y a veces el lector no sabe donde empieza o ter-
mina cada disciplina.

Ciertos enfoques modernos de la astrología Humanística consi-


deran la carta natal como certera indicadora de varias subperso-
nalidades.
Bruno y Luise Huber del Instituto de astrología Psicológica
(API), abogaron por una “psicosíntesis astrológica”. Crearon
todo un método para integrar cada uno de los elementos de la
carta astral. Por ejemplo, utilizando visualizaciones guiadas,
grafismos particulares y otras técnicas.
El alemán Peter Orban trabaja con las “cartas de las subpersona-
lidades”. Plantea la hipótesis de que cada planeta (de la carta
radical) tiene su propia personalidad, su propio horóscopo; y los
calcula a partir del tránsito del Sol con respecto a los planetas del
propio rádix. En el momento exacto en que el Sol hace conjun-
ción con alguno de ellos (por ejemplo con Marte), se levanta una
nueva carta astral que versará sobre las necesidades, anhelos y
limitaciones de esa subpersonalidad llamada “Marte”, y de qué
manera esta información se relaciona con el rádix. Se hace lo
mismo con todos los planetas.

Otra corriente de la psicología que se utiliza exitosamente en la


interpretación de cartas natales es la de la Gestalt o teoría de la

79 Urania y Sofía
Forma. Esta escuela surgió en Alemania y uno de sus más cono-
cidos adherentes fue Fritz Perls. Para la concepción gestáltica, el
todo es más que la simple suma de sus partes constitutivas. La
carta natal, más que un cúmulo más o menos ordenado de doce
signos, diez planetas, aspectos, casas, etc., sería una estructura,
un sistema para ser percibido de una manera holística.
Los primeros astrólogos que conceptualizaron éstas ideas al
encarar su trabajo fueron Marc Edmund Jones y Robert Jansky
con sus “modelos planetarios”. Las figuras de aspectos, los pun-
tos medios y los encuadramientos también siguen esta idea.

Desde Wilhelm Reich hasta Alexander Lowen, la Bioenergética


apunta a recuperar la mente junto con el cuerpo. Es una técnica
terapéutica que procura entender la personalidad humana en
función del cuerpo, buscando que la energía fluya libre a través
del mismo.
Tanto las características de la personalidad como las del medio
ambiente que la rodean (características que están indicadas en la
carta natal) pueden influir negativamente, bloqueando los
impulsos naturales y las respuestas emocionales. Con el tiempo
estas tensiones se hacen crónicas, generando una coraza muscu-
lar que impide una vida plena.
Hoy en día muchos astrólogos creen que la Bioenergética puede
ayudar a que la energía del individuo (también simbolizada en
el horóscopo de nacimiento) no quede cristalizada en las corazas
corporales. De esta manera habrá trabajos para que fluya la ener-
gía marciana, la saturnina, la venusina, etc., dependiendo de lo
que se encuentre en “sombra”.
La efectividad concreta que puedan tener todas estas técnicas es
una cuestión que tiene que ser continuamente probada por el
colectivo astrológico; lo esencial es que esta mirada considera a
la persona como un ser “integral”, aunque en constante proceso
de fragmentación y alienación.

Urania y Sofía 80
La tarea consiste entonces en ir juntando los pedazos para
“reconstruirnos”, y así convertirnos en lo que somos y siempre
hemos sido. La frase conócete a ti mismo posee tanta validez ahora
como cuando fue grabada en la entrada del oráculo de Delfos,
hace más de dos milenios atrás.

La renovación de la astrología también se da desde el punto de


vista de la representación gráfica. Durante cientos de años las
cartas natales fueron cuadradas, luego se representaron en
forma circular; hoy los aspectos entre los planetas se marcan con
líneas. Ahora, dentro del círculo surge una flor llena de diferen-
tes y coloridos pétalos. Según el astrologo español Tito Maciá, la
astrología del futuro se basará en el concepto de los
“Armónicos”. Si bien los hindúes hace siglos que manejan esta
técnica (que John Addey popularizó en Occidente), Tito Maciá y
Miguel García Ferrández (matemático y astrólogo) desarrollaron
la carta de la “Flor armónica”.

Si bien la teoría de los

armónicos se encuentra estrechamente vinculada con el poder


del número (casi como si fuera una hipótesis pitagórica), percibo
una metáfora latente tras el nuevo diseño. El centro de la flor

81 Urania y Sofía
simboliza al “Sí mismo”, pero éste no se manifestará en forma
lineal, sino que lo hará en sucesivas capas, como una “Flor”. Por
supuesto, la evolución dependerá tanto del cuidado del
“Jardinero” como del terreno donde caiga la “Semilla”. En lugar
de tomar al individuo como algo movido por los astros, dioses
arquetípicos que pueden llevarle a uno de aquí para allá, la
nueva carta nos muestra como seres en proceso de floración, en
constante apertura y evolución.
Pero las investigaciones de estos astrólogos españoles no sola-
mente van hacia delante. Ellos también han creado la Escuela de
Traductores de Sirventa, cuyo objetivo es la de traducir antiguos
manuscritos medievales olvidados en las bibliotecas hispanas.
Gracias a Internet el trabajo es desarrollado simultáneamente
por especialistas de muchas nacionalidades en diversos lugares
del mundo.

Ok, funciona, pero ¿cómo?


Con respecto al funcionamiento de la astrología han surgido últi-
mamente una gran cantidad de teorías que parecen estar rozan-
do una respuesta definitoria. Pero antes de pasar a ellas, acaso
convendría detenernos en algunas hipótesis con respecto al
hecho astrológico en sí.
De acuerdo a Patrice Guinard existen tres hipótesis predominantes:
• Nada funciona. Los supuestos efectos de los planetas se deben
únicamente a que el ser humano se los atribuye. La astrología no
es más que autosugestión.
• Todo funciona, independientemente de la técnica elegida,
incluso la carta errónea.
• Hay algunas correlaciones físicas reales entre las estrellas y la
materia viva, correlaciones que producen cambios en los estados
psíquicos de los seres humanos; de aquí que puedan llevarse a
cabo verdaderos estudios que nos permitan investigar y definir
dichas correlaciones.

Urania y Sofía 82
En Astrología ¿mito o realidad?, los astrónomos Roger Cullver y
Phillip Ianna muestran claramente que la astrología no puede
demostrarse según el método científico (al menos en estos
momentos), y se preguntan “si la astrología no sirve, no tiene
validez, ¿por qué la gente continúa creyendo en ella?”. Geoffrey
Dean responde: “en realidad sí sirve, pero sólo en la mente del que
en ella cree “.
Es decir, o se trata de un acto de fe, o sirve por motivos puramen-
te psicológicos, como una especie de efecto placebo que aporta
un sentimiento de bienestar y de conexión con el cosmos.
En general las críticas más irrefutables giran en torno a la gran
cantidad de predicciones fallidas. En cada caso se dan todo tipo
de excusas.
En la astrología predictiva se investiga y se usa gran cantidad de
técnicas, tanto novedosas como tradicionales. Por ejemplo: trán-
sitos planetarios, progresiones primarias, secundarias, revolu-
ciones lunares y solares directas, conversas, ciclo sol/luna, pro-
luna, fechas gemelas, astrocartografía, etc. En general, también
podemos basarnos en “astrologías” básicamente diferentes,
como la heliocéntrica, la dracónica, la hindú, la sideral, etc. Cada
practicante avezado dirá que su método funciona perfectamen-
te, aventurando predicciones más o menos puntuales. Cada uno
defenderá su técnica… en algunos casos hasta con uñas y dien-
tes; y todos estarán convencidos que el método que aplican “fun-
ciona”.
La cuestión es que con esta forma de hacer astrología siempre se
tendrá a mano alguna cosa para justificar algo. Un contraparale-
lo, un biquintil partil, un asteroide en conjunción a un ángulo,
etc. Y esto mayormente se da en lo que yo llamaría “prediccio-
nes duras”, es decir, en aquellas predicciones tan puntuales que
la mayoría de las veces (según mi experiencia en uno y otro lado
del “mostrador”) pocas veces dan en el clavo.
Y si no se logra vaticinar un suceso importante, alguna de las téc-

83 Urania y Sofía
nicas anteriormente citadas seguramente legitimará el hecho.
Pero eso sí, una vez producido el mismo.
Algo similar ocurre cuando se estudia el tema de algún persona-
je famoso. Si bien esto tiene un enorme valor pedagógico, es difí-
cil suspender la opinión que el astrólogo tiene del personaje
estudiado, y si no se está alerta a ello, la tendencia es la de justi-
ficar con la astrología lo que se piensa de él.
En el caso del trabajo con consultantes, creo que las “prediccio-
nes blandas” (por llamarlas de alguna manera) son las que pue-
den brindar una descripción acertada de una situación futura sin
necesidad de caer en los errores garrafales, en esos errores en
que se basan los críticos para desprestigiar la astrología.
Entiendo por predicciones blandas aquellas que, más que prede-
cir un hecho puntual, describen un clima energético donde pue-
den darse diferentes situaciones que tendrán que ver con el tipo
de energía que se juega en el momento en cuestión. Una misma
energía es capaz de vibrar en diferentes niveles. Por eso habrá
diversas respuestas que no pueden ser previstas con total efecti-
vidad. Lo que puede describirse es el tipo de energía que está en
juego; lo demás estará librado a la imaginación del astrólogo y a
la libertad de elección del consultante.
Pero para apreciar el clima energético se necesita un tipo de
mirada completamente holística. Ningún factor singular puede
indicar por sí solo un hecho importante. Y ese factor “que lo
explica todo” es el Unicornio que muchas veces persiguen incan-
sablemente los astrólogos, sin poder dar nunca con él.
D. Hamblin (ex-presidente de la Asociación Astrológica
Británica) escribió en el Astrological Journal: “Si encuentro a una
persona muy tranquila y apacible con cinco planetas en Aries, ello no
me hará dudar que Aries significa agresión. Puedo comentar que su
ascendente es Piscis, o que su Sol está en conjunción con Saturno, o que
tiene su regente en la duodécima casa. Si ninguna de estas excusas es
posible, puedo comentar que aún no ha desarrollado su potencial

Urania y Sofía 84
Aries... Pero si al día siguiente me encuentro con un hombre muy agre-
sivo que también tiene cinco planeas en Aries, cambiaré mi juicio: diré
que debía ser así debido a esta configuración.”
Los escépticos utilizan ese tipo aseveraciones para desacreditar
a la astrología, pero ¿por qué no debiera ser así?. Como diré más
adelante, es el nivel de conciencia el que concretiza la energía
simbolizada por los planetas, y eso es un trabajo individual y
totalmente subjetivo, pero algo que a su vez se juega todo el
tiempo, por ejemplo, en los vínculos. En el primer caso relatado
por Hamblin lo más probable es que esos cinco planetas en Aries
se vean proyectados en el afuera; y eso es inexorable: la energía
ariana se manifestará por algún lado.

Reuniendo psique y materia


Vayamos ahora a las diferentes teorías científicas que han surgi-
do en estos últimos años, y que podrían explicar en forma racio-
nal y empírica el funcionamiento de la astrología.
Más allá del lenguaje simbólico propio de nuestra disciplina,
Jung no descarta la posibilidad causal de su influencia en los
seres vivos, aunque no pudo establecer ninguna certeza al res-
pecto.
Sin embargo, muchos investigadores persiguen algún dato que
incluya a la vez psique y materia. Las investigaciones más
recientes han puesto en evidencia la increíble analogía entre el
mundo de la microfísica y el Universo, entre el microcosmos y el
macrocosmos.
Albert Einstein demuestra que el espacio y el tiempo no son enti-
dades separadas e independientes sino un continuum espacio-
tiempo, del que participan todos los procesos del Universo. En
su teoría del campo unificado propuso que la esencia del
Universo no son las partículas sino los campos.
H. Fidelsberger afirma que el sistema solar es un enorme campo
de fuerza electromagnético único, que al desplazarse modifica la

85 Urania y Sofía
esfera magnética terrestre. El Dr. Burr sugiere la existencia de
campos electromagnéticos que organiza la estructura de los
seres vivientes, a los que denominó campos L. Estas ideas fueron
ampliamente desarrolladas por el científico inglés Rupert
Sheldrake, quien ha sugerido la existencia de patrones de infor-
mación activa en la naturaleza, a los que denominó campos mór-
ficos, que dirigen el comportamiento y la estructura de los seres
vivos. Sheldrake postula que la naturaleza se rige más por hábi-
tos que por leyes universales. La resonancia mórfica radica en la
influencia de lo semejante a través del tiempo y del espacio.
La idea que la información ejerce un efecto formativo sobre las
estructuras materiales ha sido investigada por el físico inglés
David Bohm, quien postula la existencia de un sutil pero impor-
tante potencial cuántico además del campo electromagnético nor-
mal. Por eso, un cuerpo puede ejercer influencia sobre una par-
tícula aunque se encuentre a distancias remotísimas. En cierto
modo el potencial cuántico es análogo al campo mórfico, en el
sentido que actúa como guía en los procesos de desarrollo de un
organismo con independencia de la distancia.

Apoyado seguramente en las ideas del Dr. Burr, el sudafricano


Percy Seymour -miembro de la Real Sociedad Astronómica-
plantea en el libro La prueba científica de la astrología que el desa-
rrollo del cerebro humano puede ser afectado por el campo mag-
nético de la Tierra, especialmente durante el crecimiento del feto
en la matriz. Seymour sugiere que la magnetósfera terrestre es
afectada por los campos del Sol y la Luna. Otros planetas como
Júpiter, Marte y Venus, en su opinión, también toman parte
influyendo en los relojes internos de los seres vivos.
En la misma línea de pensamiento, Bruce Scofield sugiere un
modelo astro-biológico de desarrollo humano, basado funda-
mentalmente en el concepto de impronta del etólogo Konrad
Lorenz. Scofield cree que los factores ambientales (sobre todo los

Urania y Sofía 86
ciclos circadianos y circanuales) generan una impronta (un
patrón de conducta innato) que se fija a lo largo de diferentes
períodos de tiempo. Las cambiantes propiedades del campo
electromagnético serán coincidentes con cierta periodicidad bio-
lógica de cada ser.
Evidentemente estas teorías sólo podrían explicar a la astrología
genetlíaca, siendo incapaces de responder a la astrología munda-
na u horaria, por ejemplo.

Para la psicóloga Susan Blackmore, la astrología no es más que


un exitoso “memeplex” o complejo de “memes”. El término
meme fue introducido hace algunos años por el zoólogo Richard
Dawkins, quien lo utilizó para describir una unidad cultural o
unidad de información que puede ser una moda, una melodía,
un gesto, un uso del lenguaje, etc.
Estos memes tendrían la particularidad de autorreplicarse como
si fueran genes (serían los genes de un organismo psicocultural).
Se reproducen, evolucionan, compiten o cooperan entre sí, se
adaptan y mueren… o no. Por ejemplo, la melodía del feliz cum-
pleaños que se canta todos los días en algún lugar del mundo es
un meme que ha logrado un éxito total. Para la doctora
Blackmore, la astrología es tan sólo un sistema de memes (un
memeplex) que se replica (y evoluciona) constantemente en la
mente de los humanos. Que ésta sea cierta o falsa no es un tema
que a los memes le interese… ni tampoco a Blackmore.
Hoy por hoy el vocablo meme remite a varios significados, acaso
el más reconocido es el que le dieron Graves, Cowan y Beck.
Según su teoría de la “dinámica espiral” cada meme representa
un nivel de conciencia, de moralidad o de sistema de valores.

87 Urania y Sofía
La astrología como holograma
Otra hipótesis interesante es la del neurofisiólogo Karl Pribram,
quien ha establecido que el cerebro sigue un modelo holográfi-
co. Lo más relevante de las imágenes holográficas consiste en
que si partimos un holograma en dos, cada fragmento poseerá la
información original completa; y aunque siguiéramos subdivi-
diendo cada fragmento, por más pequeño que sea, siempre con-
tendrá la información del todo, la imagen completa. Esta imagen
tridimensional de un objeto real se forma en una placa por efec-
tos de una interferencia electromagnética; proceso que, según el
psicólogo Stanislav Grof, es semejante al que acontece en la psi-
que inconciente.
La parte en el todo, y el todo en la parte. Esa sería para algunos
científicos la cualidad intrínseca de la mismísima realidad.
Pribram explica lo que es un holograma con la siguiente imagen:
“Arrójese un puñado de arena en un estanque y las ondas producidas
por cada grano de arena se entrecruzará con las ondas de los otros gra-
nos de arena, estableciendo patrones de frentes de ondas que se interfie-
ren. La suave superficie, a modo de espejo, se ha hecho imprecisa, pero
el desdibujamiento ha ocultado en su interior un patrón increíblemen-
te ordenado. Si pudiera congelarse repentinamente el estanque en ese
instante, su superficie sería un holograma. El holograma fotográfico es
como un registro congelado de patrones de interferencia”.
Ahora imaginemos nuestro sistema solar como un estanque
sideral; cada planeta es como un grano de arena productor de
ondas. Éstas se entrecruzan con las demás, generando un patrón
de interferencia constantemente varible.
Es en el momento del nacimiento cuando queda fijado en cada
uno de nosotros un holograma personal que es individual y cós-
mico a la vez. Nuestro ser (¿acaso nuestra alma?) podría ser la
placa sensible que da cuenta del patrón energético, y que a su
vez es interpretado por nuestro cerebro.
Este holograma es ni más ni menos que la carta natal.

Urania y Sofía 88
Ahora bien, habría que hacer una distinción importante. El
patrón energético que nos define es una cosa, pero las reacciones
psicológicas ante este patrón es otra muy distinta. Si no fuera así,
todo estaría ya escrito (como dirían los estoicos) y seríamos com-
pleta y tristemente previsibles.
En la holografía es necesario contar con un haz de luz coherente
para dar cuenta de la imagen tridimensional que se proyecta en
el espacio. Es el láser quien cumple esta función.
Utilicemos la analogía y pensemos en la carta natal como un
holograma, ¿qué tipo de luz necesitaríamos para hacerla mani-
fiesta?.
Esa luz coherente que podría concretizar la información conteni-
da en su interior no es otra que la “luz” de la conciencia. Cuanto
más pura o elevada sea, mejor evidenciará el potencial natal;
tanto más coherente será con la energía simbolizada por la carta.
Aclaro que cuando hablo de conciencia me estoy refiriendo a la
conciencia del “dueño” de la carta, no a la conciencia del astró-
logo que la interpreta.
Una conciencia libre de apegos, de prejuicios y de identificacio-
nes generará una realidad más integrada y perfecta, y en el
fondo, verdaderamente real.
Es el nivel de conciencia de cada ser lo que hará la diferencia
entre experimentar la carta natal (es decir, la propia energía) de
una u otra manera. La holografía que Urania nos proveé simbo-
liza lo que potencialmente somos, además de indicar tanto nues-
tros ciclos personales como los colectivos y generacionales.
En este sentido, no sólo dependerá del nivel sino del tipo de con-
ciencia que iluminará al holograma. El potencial de nacimento
será actualizado y optimizado en función de la interpretación
que haga Sofía con los datos brindados por Urania.
O usando la fórmula de Pierre Weil: Vr(f)Ec
Donde la vivencia de la realidad (Vr) es función (f) del estado de
conciencia (Ec) en que estamos.

89 Urania y Sofía
Más allá de esta “poética” conjetura de cómo podemos acceder
al holograma natal, lo importante es darse cuenta que la astrolo-
gía “es” holográfica. De lo contrario, los signos, las casas, los pla-
netas, los aspectos, no se relacionarían entre sí de una manera
tan sistemática y esencial. Cada signo, cada planeta, tienen sen-
tido en tanto parte de una totalidad; sería un error entenderlos
individualmente.
Por otro lado, la tradición hindú divide generalmente a los sig-
nos en 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9 partes iguales o shodasavargas.
Actualmente los armónicos casi no se comentan cuando van más
allá del 12; es decir, cada signo estará dividido en 12 secciones,
por lo tanto dentro de cada signo existen los doce signos. En la
parte está el todo.

F. D. Peat, a partir de la teoría del orden implicado de Bohm, afir-


ma que el Universo entero se encuentra plegado sobre si mismo
en cada región del espacio. “Los eventos sincronísticos, entendidos
como una coincidencia significativa entre microcosmos y macrocosmos,
son aplicables si consideramos que, bajo los estratos de un orden impli-
cado individual, existe un nivel más profundo que contiene, plegada,
toda la información del Universo”.

Como analogía literaria, propongo la del cuento de Jorge Luis


Borges El Aleph, sólo que para Peat cada punto del espacio sería
un Aleph.
Así lo describe el genial escritor argentino:
“… En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña
esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí girato-
ria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por
los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería
de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin dismi-
nución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas
cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del univer-

Urania y Sofía 90
so. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de
América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide,
vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos
escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta
y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas bal-
dosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos,
vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos
desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en
Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el alti-
vo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una
vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejem-
plar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland,
vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillar-
me de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdie-
ran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi
un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en
Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un
globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caba-
llos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la
delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla,
enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una bara-
ja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un
invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas
las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón
del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles,
precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado
monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamen-
te había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi
el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde
todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi
tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto
secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que nin-
gún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”

91 Urania y Sofía
En su artículo Simbología Inconciente y Astrología Científica José
Delgado Gonzalez investiga el material que aportan las teorías
del “nuevo paradigma” para concluir que “la información prove-
niente de los movimientos de los cuerpos astrales es accesible a la con-
ciencia gracias a la constelación de los arquetipos que coinciden con el
orden del Universo. La interpretación de las energías simbolizadas en
el horóscopo auxiliará en la asunción de una actitud coherente con el
acontecer psico-energético que transcurre en el trasfondo de lo incon-
ciente”.

Con respecto a la teoría del orden implicado y explicado de


David Bohm, podría decirse que una carta astral surge del océa-
no de lo implicado. Bohm pensó este escenario en términos de
holomovimiento u holokinesis. La carta natal es un momento
particular dentro de ese contínuo holomovimiento y por eso,
una holografía que posee la información del Todo.

Igualmente habría que tener sumo cuidado en conectar (a veces


muy forzadamente) la astrología con las nuevas teorías científi-
cas. Pero somos hijos de nuestro tiempo y no hay forma de evi-
tarlo. Si por ejemplo se llegara a demostrar dentro de unos años
que las teorías resultan ser incorrectas, sería fácil concluir -como
ya lo han decidido muchos- que la astrología también es inco-
rrecta. Miles de años de historia no pueden legitimarse de repen-
te por alguna nueva teoría, por más genial que ésta fuere.
Ya Ken Wilber había hecho este comentario al relacionar las nue-
vas tendencias en la física con la llamada “filosofía perenne”.

Astrología multininivel
Con respecto a la astrología Wilber hace una critica en el fondo
constructiva, aunque con pinceladas “letales”; fundamental-
mente cuando ésta basa su interés en el cosmos en lugar del
Kosmos. Con el término cosmos se refiere a todo el mundo físico y

Urania y Sofía 92
material, al reino biológico y ecológico. Si bien esto no es poco,
la existencia tiene otros niveles de realidad. Este Kosmos abarca
todos los niveles de la naturaleza, incluyendo los niveles menta-
les y espirituales.
Según su opinión, si la astrología formula una afirmación empí-
rica racional deberá contrastar sus pretensiones con criterios
racional-empíricos, algo en lo que (según Wilber), fracasa
estrepitosamente. Pero aún así, piensa que no por ello la astrolo-
gía deja de ser una de las numerosas visiones del mundo válidas
a las que puede accederse desde el nivel de conciencia mítico y
que, a ese nivel, logra exactamente lo que se propone: proporcio-
nar sentido, sensación de conexión con el cosmos y una justifica-
ción para el yo en la inmensidad del universo.
En general, los reparos de Wilber se dirigen hacia las pretensio-
nes predictivas de la astrología y al uso egoico y utilitario que se
hace de ella.
En su obra Una teoría de todo puede leerse: “La astrología, por
ejemplo, se asienta en el nivel mítico y, en este sentido, hay astrólogos
buenos y astrólogos malos, aunque ninguno de ellos logre superar las
pruebas racional-empíricas, que no representa, por cierto, el criterio
real del nivel mítico. Éste, como cualquier otro, trata de proporcionar
coherencia, significado, conexión con el cosmos, respeto hacia los demás
y directrices pragmáticas. La versión mitológica (de la que la astrología
no es más que un subconjunto) constituye un esquema interpretativo
que proporciona significado, ethos, mithos y aprobación al yo separado
propio de ese nivel. La mitología y la astrología nos hablan de este nivel
a todos nosotros y, cuando se mantiene en contacto con ese nivel, pro-
porcionan una extraordinaria sensación de conexión con nuestras raí-
ces vitales, algo que, juzgado según los criterios propios de ese nivel,
sólo hacen los buenos astrólogos. Es evidente que una cosa es adentrar-
se en ese nivel inferior y otra muy distinta permanecer allí (y mucho
menos abanderar el nivel inferior como si se tratara de la realidad últi-
ma). No hay que hacer caso, pues, de quienes hacen este tipo de afirma-

93 Urania y Sofía
ciones sin poder demostrarlas. Por su parte. un científico racional que
desdeña la mitología como algo propio de un nivel inferior (y que no
supera, en consecuencia. las pruebas racional-empíricas) es alguien que
muy probablemente se halle desconectado de sus raíces. El individuo
integrado se encuentra a gusto en cualquiera de los niveles de la reali-
dad tal y como se manifiestan en y a través de él y puede expresarse en
el lenguaje de todos los chakras en las diversas situaciones. Como suce-
de en tantas otras ocasiones, la causa del problema reside sólo en la
identificación exclusiva con un determinado chakra”.
Habría que examinar con más detenimiento si, como afirma
Wilber, nuestra disciplina solamente puede dar respuestas certe-
ras desde el nivel mítico.
En su fecunda obra, Ken Wilber traza numerosos mapas de los
diferentes niveles de realidad o de espectros de la conciencia,
utilizando una versión simplificada cuando analiza los movi-
mientos religiosos, versión de siete niveles que puede servirnos
en este caso:

7- Causal - Vacuidad, Yo espiritual


6- Sutil - Arquetipos, iluminación, intuición
5- Psíquico - Visión lógica, integración, autonomía
4- Racional - Pensamiento operacional/formal, lógica
3- Mítico - Pensamiento operaciones concretas, lenguaje
2- Mágico - Imágenes, símbolos, primeros conceptos
1- Arcaico - Cuerpo, percepción sensorial, emociones

Si efectivamente, la astrología no puede superar las pruebas


racional-empíricas que el escalón superior exige, eso no significa
que desde el nivel mítico no pueda responder a todos los demás
niveles.
Como en un juego de muñecas rusas (es decir, holográficamen-
te), dentro de cada nivel acaso pueda tenerse una visión de la
totalidad. Es decir:

Urania y Sofía 94
Nivel Mítico - Pensamiento operaciones concretas, lenguaje,
astrología

7- Causal - Religión astral


6- Sutil - Astrología esotérica
5- Psíquico - Astrología psicológica, humanista
4- Racional - Astrología racional, mundana
3- Mítico - Astrología kármica
2- Mágico - Astrología horaria, adivinatoria
1- Arcaico - Cosmobiología

Es decir, a cada astrología le corresponde cierta “banda” o espec-


tro, en donde puede funcionar exitosamente; sin ovidar que ini-
cialmente (y según los datos con que contamos en estos momen-
tos) ella misma proviene de un nivel mítico.
Como con las palabras cosmos y Kosmos, Wilber insiste en esta-
blecer una distinción entre naturaleza (con “n” minúscula) y
Naturaleza. Esta última no solo integra los reinos minerales,
vegetales y animales sino también los niveles culturales, menta-
les y espirituales.
Acaso también deberíamos distinguir entre astrología y
Astrología. La primera se referirá al ego personal, la segunda al
Yo transpersonal. La astrología es una herramienta más del
pequeño yo, la Astrología atravesará al Yo como si fuera un háli-
to intangible, trascendiendo al ego y conectándolo con el
Kosmos.

Desde una perspectiva puramente sociológica, el francés Edgar


Morin opina que la astrología sigue desempeñando su papel
integrador, pero desempeña, con todo, un papel desintegrante
en la crisis de la cultura y la civilización. Si la ciencia actual (obje-
tiva por definición) no da cuenta del sujeto, y la astrología es una
ciencia falsa, entonces es necesario buscar una ciencia nueva.

95 Urania y Sofía
Es entendible su postura. Si aceptáramos (hasta sus últimas con-
secuencias) que la astrología es una expresión verdadera de la
realidad, también tendríamos que aceptar que nuestra manera
de entender el mundo está completamente equivocada. El
mundo puede ser muy injusto, pero la sociedad tecnologizada y
cientificista lo acepta sin más ni más; en este escenario la astro-
logía se ve como algo falso, producto de mentes perturbadas. Lo
que está al revés no es el mundo, sino la astrología.

¿Ciencia? ¿Arte? ¿Religión? ¿Filosofía?. La Astrología no es nada


de eso, y sin embargo es todo ello. Patrice Guinard en su
Manifiesto dice que “la astrología es una forma específica de raciona-
lidad que no depende ni de la razón experimental, ni de la fe, ni de la
razón discursiva, sino de la razón matricial (...) La matriz astral no
provendría del razonamiento o la experimentación, sino que surge del
fondo como una filigrana, se desvela y se dibuja en función del estado
de comprensión de la conciencia que la aprehende”.
Guinard interpreta la historia de la filosofía (como haría con
cualquier otro tema) desde una perspectiva astrológico-matri-
cial: “Los Presocráticos, que eran también en su mayoría físicos y
astrónomos, fueron los primeros intérpretes de los astros. Ellos fueron
estos astros encarnados. En menos de dos siglos de historia filosófica,
las diversas funciones del Planetario se convirtieron sucesivamente
en perspectivas de la conciencia, en puntos de vista sobre la naturale-
za de lo real. Cada uno de estos fundadores del pensamiento griego
ocupa por turnos un sitio vacante, primero en función de su tempera-
mento, después según el espacio que se quedó desocupado por sus pre-
decesores, el todo en conformidad con el desarrollo de la ratio griega.
No hay progreso de Tales a Protágoras, sino la sucesión de las fases de
un ciclo matricial.”

El astrólogo argentino Eugenio Carutti trabaja a partir de tres


ejes principales. El primero de ellos es la investigación acerca de

Urania y Sofía 96
las matrices ordenadoras de lo real. En este sentido no se
encuentra muy lejos de la postura de Guinard. La astrología
sería una matriz ordenadora esencial para comprender cualquier
otra matriz gracias a la precisión matemática de sus bases. Los
otros dos ejes tienen que ver con lo grupal y con lo vivencial.
Carutti se esfuerza por hacer ver que los seres humanos consti-
tuimos redes interactivas de organismos complejos que tienen la
posibilidad de tomar conciencia de las matrices que condicionan
la existencia.
Análogamente a la primera película Matrix, existiría una matriz
por detrás de lo evidente de la que es muy difícil percatarse; sin
embargo no es imposible hacerlo. ¿No le corresponderá al astró-
logo encarnar a Morpheus (sin creérselo, por supuesto) para
intentar desvelar el universo subjetivo de cada ser humano y
descubrir al Neo que habita en su interior?… pero claro, para ello
habría que elegir la píldora roja y no la azul. (3)

(3) En la película Matrix, Morpheus, tomando dos pastillas, le dice a


Neo: Si tomas la píldora azul, la historia acaba, te despiertas en la cama
y crees en todo lo que quieres creer. Si tomas la píldora roja te quedas
en el mundo de las maravillas, y te enseñaré que tan profundo el hoyo
del conejo es… Recuerda, lo único que te estoy ofreciendo es la verdad,
nada más…

La llamada New Age, no deja de ser la última filosofía globaliza-


dora, donde pueden encontrarse las más diversas disciplinas tra-
bajando mancomunadamente. Aquí, la Astrología ocupa un
lugar preponderante, siendo la principal vocera de la llamada
Era de Acuario, que ya estaría dando sus primeros frutos. Pero
como en todos los ámbitos, en la New Age hay de todo, cosas
encaradas seriamente y verdaderas “paparruchadas”.
Aquí creo necesario remitirme a uno de los conceptos más
importantes que se pueden encontrar en la obra de Ken Wilber:

97 Urania y Sofía
la falacia pre/trans. SI uno ve el desarrollo humano como creci-
miento (magia, mito, racional, transracional), resulta que pue-
den apreciarse dos clases de no-racionalidad. Están las formas
pre-racionales de pensamiento, las mágicas y las míticas (donde
la razón aún no existe o está abandonada) y están las formas
transracionales (donde la razón permanece intacta, pero es
transcendida en estados transmentales). Por ejemplo, en la medi-
tación uno es consciente del funcionamiento de la mente, pero se
trasciende, no se regresa a un estadío más infantil.
De acuerdo con el análisis de Wilber, gran parte de la espiritua-
lidad contemporánea y sobre todo la New Age, es precisamente
eso: regresión a los estados pre-racionales, donde el pensamien-
to crítico es abandonado.
Él dice: “El movimiento New Age es una extraña mezcla de un puña-
do de almas transpersonales y el resto son adictos prepersonales. Sin
embargo, hay una minoría creciente que intenta alcanzar una nueva
conciencia: en el actual momento de la historia, una transformación
radical que haría temblar el mundo radicaría en el hecho de que cada
cual evolucionara hacia un ego realmente maduro, racional y cons-
ciente, un ego que fuera capaz de participar libremente en el intercam-
bio abierto de respeto mutuo... Con ello viviríamos realmente una
nueva era...”.
Sólo el Tiempo y la Historia dirán qué cosas de la New Age serán
importantes para la Humanidad. Mientras tanto, la rueda sigue
girando...

Urania y Sofía 98
Capítulo 12 Piscis
¿Quién más capacitado que aquel en cuya alma resuena toda la miseria
de la humanidad, quién más capacitado para desbaratar las disonancias
y transformarlas en consonancias puede brindar a los demás el extrac-
to curativo de su propio calvario?. El mimetismo moral se convierte así
en un “poder comprenderlo todo” y por ende “poder perdonarlo todo”.
Oskar Adler

Comentarios finales, agradecimientos


Aún a riesgo de parecer pretencioso (no sólo por referirme a la
rica e inagotable disciplina de la filosofía occidental, sino porque
la relación íntima que planteo con la Astrología ya ha sido, en
numerosas ocasiones, citada y explicada por otros autores),
quise hacer mi propio acercamiento a la historia de ambas disci-
plinas; primero confirmando su entrecruzamiento, a veces no
pudiendo identificar donde empezaba una y donde terminaba la
otra, otras veces pudiendo ver como una particular idea filosófi-
ca o teoría científica dotaba a la Astrología de una profundidad
La novela El mundo de Sofía del escritor noruego Jostein
Gaarder, pues para mi fue un verdadero disparador que me
animó a encarar esta síntesis introductoria entre filosofía y
astrología. En un punto, la estructura de este trabajo es deudo-
ra de la obra de Gaarder en el sentido de la aparición cronoló-
gica de los diferentes filósofos y también de algunas citas que
le he tomado prestadas.
Por supuesto que un trabajo en profundidad referido a la histo-
ria de la Astrología y la Filosofía sería una obra de unos cuantos

99 Urania y Sofía
tomos (considerando además, que faltaría toda la vertiente
oriental), una labor que supera mis posibilidades. Lo que he que-
rido hacer es una primera aproximación a la riquísima historia
de dos formas de pensamiento humano… aunque a esta altura
es difícil llegar a diferenciarlos de forma tan concluyente.

Mi opinión personal es que la Astrología está muy lejos de ser


una ciencia (pues no puede demostrarse según el método cientí-
fico), aunque ella se estructure a partir de funciones matemáticas
y trigonométricas.
De todas las hipótesis planteadas anteriormente (ver Capítulo
11) la teoría matricial es la que me parece más válida, pero para
estar de acuerdo con ello habría que estar “alertas” ante la irrup-
ción de la matriz en nuestra realidad diaria. Aún quedan impor-
tantes preguntas para hacerse, cuestiones ontológicas y teleoló-
gicas: ¿De donde y por qué surge esa matriz?. ¿Por qué está
organizada de esa manera y no de otras? ¿Tiene una finalidad?.
A mi juicio, Guinard no logra responderlas con claridad.
Pues bien, luego de tener casi listo todo este material que han
estado leyendo, me puse a revisarlo “matricialmente”, y me di
cuenta con sorpresa que los temas desarrollados se ajustaban
ordenadamente a la cualidad de cada uno de los doce signos:
Aries, el inicio intuitivo; Tauro, los presocráticos y el interés por
la naturaleza de la materia; Géminis, el método socrático y sus
posteriores discípulos; etc. Al ser un trabajo basado en la
Astrología, no es raro que el capítulo de Acuario sea notoriamen-
te más voluminoso que los demás.
Intenté que los textos de Oskar Adler al comienzo de cada capí-
tulo hablaran por sí mismos. Parecería que, efectivamente, una
matriz ordenadora se adivinara por detrás de la realidad (al
menos por detrás de la realidad de este trabajo). Sin embargo,
cuando en la naturaleza se cristaliza una gota de agua se obtie-
nen seis puntas. Si se examina un copo de nieve se verá que está

Urania y Sofía 100


basado en el 6 y el 12. Los biólogos saben que el ADN se agrupa
en cuatros y tres. Los físicos cuánticos han descubierto que los
átomos están formados por partículas aún más diminutas, y por
ahora han dado con doce partículas subatómicas estables (des-
contando el fotón, que no tiene masa ni antipartícula). (4)

En otros niveles de realidad, la música oriental es dodecafónica


y la occidental tiene doce semitonos. Desde lo mítico y esotérico,
los Trabajos de Hércules se entenderán verdaderamente desde el
punto de vista astrológico, como así también El Cantar de
Gilgamesh, El Principito y otras obras escritas o filmadas, como así
también la mismísima evolución de la conciencia y de la huma-
nidad. La razón astrológica matricial es la que puede evidenciar
el molde común donde se generan los mitos, acaso porque la
misma psique humana se modela a partir de esa estructura. El
tema es ¿por qué?. El astrólogo y psicólogo español Sinesio
Madrona Ródenas sugiere que la estructura dodecanaria puede
deberse simplemente a un factor económico, pues es la forma
geométrica que mejor equilibra las tensiones y, por lo tanto, la
que menor gasto energético produciría.
Mi intención, sin embargo, no es la de negar otras posibilidades
que también pueden ser válidas; quise tan sólo presentar un
panorama más integrado de todos los caminos mediante los cua-
les puede llegar a explicarse conceptualmente el hecho astrológi-
co, además de plantear algunas preguntas que creo que aquel
que se dedica seriamente a la astrología y es honesto consigo
mismo debería hacerse.
Me sentiré satisfecho con haber podido transmitir aunque sea

(4) Fritjof Capra las menciona en “El Tao de la Física”: neutrino, electrón, muón, pión,
kaón, eta, protón, neutrón, lambda, sigma, cascada y omega.

101 Urania y Sofía


mínimamente el deslumbramiento que experimenté al mirar
atrás y ver toda la tradición y sabiduría que nos respaldan como
astrólogos, sin olvidar que muchos de ellos pagaron con su vida
el permanecer fieles tanto a Urania como a Sofía. De algo pode-
mos estar seguros: nuestro arte milenario seguirá desarrollándo-
se paralelamente junto con la ciencia y la filosofía, aunque como
lenguaje sagrado, siempre estará más allá de toda aprehensión
definitiva.
La evolución de la Astrología no puede entenderse sin conside-
rar la evolución del pensamiento occidental, pero… ¿puede lle-
gar a ser cierto lo opuesto?.
En este libro compartimos un largo viaje desde la religión astral
de los antiguos caldeos hasta las más modernas teorías de los
físicos y psicólogos de nuestra época, pasando por Ptolomeo,
Paracelso, Morín de Villefranche, Kepler, Liz Greene y otros afa-
mados astrólogos.
Muchos dirán que es arriesgado pensar que el desarrollo de la
filosofía y el conocimiento tengan algo que ver con la astrología
(o viceversa). Pero esto resulta evidente al menos en el caso de
los presocráticos -los creadores de la filosofía- y puede que sea lo
que está sucediendo ahora mismo, en este principio de siglo.

Como hemos visto, la Astrología es un saber antiquísimo, pero


aún tremendamente vital. Sus raíces se hunden en el humus de
Gaia, generando infinidad de ramas, de hojas y de flores que se
abren ante el cielo nocturno. Más allá de todas las teorías, obser-
vaciones y vivencias que pretendan dar cuenta de ella, nunca
deberíamos olvidar que en su esencia habita el “misterio”. Según
la religión católica, un misterio es una verdad revelada que, aún
después de su revelación, no puede ser comprendida por el
hombre. En este sentido también considero a nuestra extraordi-
naria disciplina: un verdadero misterio.

Urania y Sofía 102


La génesis de este trabajo proviene de una monografía presenta-
da para el módulo de Historia de la Astrología, de la Fundación
del Centro Astrológico de Buenos Aires (C.A.B.A.). Un año más
tarde fue expuesto en el “6º Congreso entre Astrólogos - GEA
2002”, evento que anualmente vienen organizando en Buenos
Aires la Gente-de-Astrología. Mi más sincero agradecimiento
entonces a Silvia Ceres por darme la oportunidad de presentar
aquel trabajo ante el colectivo astrológico, por sus palabras de
aliento y por prologar este libro.
Para la edición que tiene entre sus manos incorporé más mate-
rial, sobre todo acerca de las nuevas teorías científicas y psicoló-
gicas. Gracias también a Rosana Negro quien me dio el primer
impulso para hacer de este trabajo un verdadero libro.
Quisiera expresar mi gratitud a Alberto De Piero, pues su talen-
to y su copiosa documentación de arte griego dieron vida a la
Urania y Sofía de la tapa del libro.
Gracias también a todos los compañeros de ruta, colegas y maes-
tros que me han aportado directa e indirectamente con sus
comentarios y enseñanzas.

103 Urania y Sofía


Anexo 1

El hecho astrológico
de la física cuántica a la espiritualidad
Diferentes hipótesis acerca de cómo funciona la Astrología
Este trabajo plantea algunas hipótesis que podrían dar cuenta del funcio-
namiento de la Astrología. Me referiré particularmente a las teorías de la
física cuántica y al paradigma holográfico, a los conceptos junguianos de
sincronicidad y arquetipo, y luego al modelo matricial. Como corolario, se
verá el preponderante papel que juega la conciencia en el significado y
materialización del hecho astrológico. El lector tendrá así una visión pano-
rámica que irá desde el reino de la física al del espíritu, pasando por el
reino biológico y el mental.

INTRODUCCIÓN
¿Funciona la astrología?

Para estudiar las diferentes hipótesis que pueden explicar el funcionamien-


to de la astrología, tenemos que partir de la base de que la astrología efec-
tivamente funciona. Pero… ¿es realmente así?.
Para quien se dedica a la astrología de forma más o menos profunda, ésta
pregunta puede ser irrelevante pues es algo que uno admite desde el
vamos, casi como un axioma o un acto de fe. Tal certeza proviene usual-
mente de ámbitos puramente subjetivos y difícilmente transferibles a los
demás. A lo sumo uno podría decir “la astrología funciona para mi”. El
caso es que muchos estarán de acuerdo en la realidad fenomenológica de
la astrología y tantos otros no. De acuerdo al astrólogo Patrice Guinard
existen tres hipótesis predominantes:

Urania y Sofía 104


• Nada funciona. Los supuestos efectos de los planetas se deben únicamen-
te a que el ser humano se los atribuye. La astrología no es más que auto-
sugestión.
• Todo funciona, independientemente de la técnica elegida, incluso la carta
errónea.
• Hay algunas correlaciones físicas reales entre las estrellas y la materia
viva, correlaciones que producen cambios en los estados psíquicos de los
seres humanos; de aquí que puedan llevarse a cabo verdaderos estudios
que nos permitan investigar y definir dichas correlaciones. (la bastardilla
es mía).
En “Astrología ¿mito o realidad?”, los astrónomos Roger Cullver y Phillip
Ianna muestran claramente que la astrología no puede demostrarse según
el método científico (al menos en estos momentos), y se preguntan “si la
astrología no sirve, no tiene validez, ¿por qué la gente continúa creyendo
en ella?”. Geoffrey Dean responde: “en realidad sí sirve, pero sólo en la
mente del que en ella cree “.
Es decir, o se trata de un acto de fe, o sirve por motivos puramente psico-
lógicos, como una especie de efecto placebo que aporta un sentimiento de
bienestar y de conexión con el cosmos.
En general las críticas más irrefutables acerca de su funcionamiento giran
en torno a la gran cantidad de predicciones fallidas (por ahora no entrare-
mos en la discusión de las predicciones fallidas dadas por la ciencia), así
como por diversos experimentos basados en cartas natales que no ratifican
las interpretaciones tradicionales.
Para proseguir con este trabajo deberemos dar por sentado que la astrolo-
gía sí que funciona, quizás no como el método científico lo exige, pero
seremos parciales (e inexactos) si creemos que la realidad sólo puede ser
validada a partir de lo que dice la ciencia, sobre todo las llamadas ciencias
duras. Según el planteo del filósofo estadounidense Ken Wilber, uno puede
aprehender la realidad de cuatro formas diferentes. Él lo llama las cuatro
esquinas del Kósmos.
Como vemos en la Figura 1, el cuarto superior izquierdo remite al contac-
to directo, interior y subjetivo que tenemos de las cosas. El superior dere-
cho remite al contacto objetivo, externo de las cosas; a todo aquello que
pueda ser descrito en el lenguaje del ello, es decir, todo lo que se puede
señalar con el dedo.

105 Urania y Sofía


Figura 1

El cuarto inferior izquierdo no es un ámbito individual sino colectivo e


inter-subjetivo, tiene que ver con la realidad cultural, con la visión del
mundo que compartimos colectivamente.
El inferior derecho también es colectivo pero remite al fundamento tecno-
económico y material que permite una visión del mundo dada. Por ende es
sistémico y ecológico.

Si queremos sacar alguna conclusión medianamente fundamentada acerca


de la Astrología, deberemos encararla desde estos cuatro ángulos distintos.
Las críticas de la ciencia proceden mayormente desde el cuadrante supe-
rior derecho, pues nada definitivamente objetivo puede decirse acerca del
hecho astrológico. Sin embargo, comenzaremos enfocándonos en las teo-
rías propias de este cuadrante, pues considero que muchas de ellas poseen
un potencial heurístico muy prometedor en el caso que nos ocupa. (1)

Urania y Sofía 106


EXPLICACIONES CAUSALES
La mecánica newtoniana

Con Galileo y Newton surge el planteamiento científico, una manera de


interpretar la realidad completamente diferente a la de la época medieval,
con sus afinidades y correspondencias holísticas. Aparece el concepto
científico de fuerza que se puede cuantificar con precisión y relacionar
matemáticamente con cambios de movimiento. La anatomía y la compren-
sión de la circulación de la sangre sustituyeron a los humores y sus corres-
pondencias astrológicas, que finalmente condujeron a los adelantos médi-
cos a partir de la teoría bacteriológica de la enfermedad, la vacunación y
los medicamentos modernos. La ciencia, ayudada por la matemática, fue
capaz de describir el universo en términos cuantitativos que tuvieron un
inigualable poder predictivo. Utilizando el método científico, se podía ais-
lar y analizar cualquier fenómeno bajo condiciones repetibles hasta que,
incluso los procesos más complejos fueron reducidos a unidades elemen-
tales conocidas que se comportaban de un modo previsible como conse-
cuencia de las fuerzas que interactuaban entre ellas. Al terminar el siglo
XIX la mecánica newtoniana se había convertido en modelo para todas las
demás ciencias, creyéndose que todo fenómeno se podría explicar en tér-
minos de un puñado de leyes físicas, reduciendo, en principio, los campos
más complejos de la biología y la química, a la certidumbre de la física.
El Universo en la Edad Media era un organismo vivo, pero ahora se había
transformado en algo mucho más parecido a una máquina de enorme inge-
nio en cuanto a su construcción y funcionamiento. Incluso la naturaleza
humana aparentemente se podía reducir a corrientes de energía interna que
eran consecuencia de reacciones electroquímicas del sistema nervioso.
Los adelantos tecnológicos iban a la par de los científicos, permitiendo el
descubrimiento y el uso controlado de la energía calórica, la eléctrica, la
actividad química, etc. J. C. Maxwell introdujo los campos de energía que
unían los fenómenos de la luz, el magnetismo y la electricidad en un solo
campo, el electromagnético.

Campos magnéticos y morfogenéticos


H. Fidelsberger afirma que el sistema solar es un enorme campo de fuerza
electromagnético único, que al desplazarse modifica la esfera magnética

107 Urania y Sofía


terrestre. El Dr. Burr sugiere la existencia de campos electromagnéticos
que organizan la estructura de los seres vivientes, a los que denomonó
campos L. Estas ideas fueron ampliamente desarrolladas por el científico
inglés Rupert Sheldrake, quien ha sugerido la existencia de patrones de
información activa en la naturaleza, a los que denominó campos mórficos,
que dirigen el comportamiento y la estructura de los seres vivos. Sheldrake
postula que la naturaleza se rige más por hábitos que por leyes universa-
les. La resonancia mórfica radica en la influencia de lo semejante a través
del tiempo y del espacio.
Si bien las teorías de Sheldrake pueden parecer inverosímiles y en las antí-
podas de los milagros concretos que ha conseguido la ciencia desde su
nacimiento, ambas posturas se basan en una explicación causal; una expli-
cación cuyo mejor ejemplo es el caso del juego de billar: la bola A choca
con la B, produciendo en B una translación de “x” milímetros en una direc-
ción de “y” grados, con lo cual choca a la bola C que a su vez… ad infini-
tum. Es decir, hay algo que causa otra cosa que a su vez causa otra en una
cadena interminable de causas y efectos.

Esta manera causalista de entender el mundo fue muy criticada por el filó-
sofo escocés David Hume (1711-1776). Según él, todos nuestros conoci-
mientos derivan directa o indirectamente de las impresiones. Critica la idea
de causalidad, la de substancia y la de alma. La conexión necesaria entre
dos sucesos (que constituye el núcleo de la idea de causalidad), no lo pro-
porciona la razón pero tampoco la impresión. El efecto causa-efecto no es
más que el resultado del “hábito”. En realidad tenemos la percepción de
causa-efecto porque ocurre en un tiempo y porque estamos acostumbrados
a ver una y otra vez ese encadenamiento de sucesos. Además no es nues-
tra razón lo que decide lo que hacemos sino nuestros sentimientos. Luego
llegó a la conclusión de que la causalidad no resistía un punto de vista
estrictamente lógico. Sólo por el hecho de que en el pasado se ha observa-
do, en muchas ocasiones, que B sigue a A, no se deriva lógicamente que
esta sucesión ocurrirá en el futuro. Por lo tanto, la creencia en la causali-
dad se basa en un hábito de la mente provocado por un precedente históri-
co repetido y está lejos de ser una prueba lógica de la inevitabilidad. Tal
como escribió, “no tenemos ningún otro concepto de causa y efecto excep-
to el de determinados objetos, que siempre han estado unidos... No pode-

Urania y Sofía 108


mos penetrar en la razón de la conjunción” (…) A fuerza de las pruebas
sólidas y el razonamiento, nunca podré superar los prejuicios arraigados
de la humanidad. Antes de resignarnos a esta doctrina, ¿cuántas veces
debemos repetirnos que la simple visión de dos objetos o acciones, por
muy relacionados que estén, nunca nos proporcionará una idea de poder
o de una conexión entre ellos?”.
La causalidad se deduce del comportamiento pasado del universo, pero
nunca es posible penetrar en los fenómenos de la naturaleza, en un senti-
do lógico o filosófico, y percibir directamente lo que está sucediendo.
Para comprender más sencillamente lo que Hume quiere decirnos, pode-
mos apelar a símbolos tan leoninos como los del gallo y el Sol. Desde el
punto de vista causalista sería lícito decir que el canto del gallo “causa” la
salida del Sol, pues es algo que se repite constantemente en la naturaleza
y una cosa aparece seguida inmediatamente de la otra.

¿Y que pasa con la Astrología? Los escépticos se han hecho a través del
tiempo siempre la misma pregunta: ¿qué tipo de influencia, de fuerza, es
la que ejercen los planetas sobre nosotros?. Para ellos la única fuerza cono-
cida que podría influir de alguna manera es la gravitatoria. Así, deducen
que la atracción que ejerce la enfermera o el médico sobre el recién naci-
do es mucho mayor que la que puedan ejercer los planetas. Por ejemplo, la
fuerza gravitatoria del médico es 400.000 veces mayor que la de la Luna.
Incluso las fuerzas de marea a las que siempre “aludimos” son también
despreciables. La fuerza de marea ejercida por la madre es 12 millones de
veces mayor que la ejercida por la Luna.
Esta crítica lo único que deja bien en claro es que la astrología no funcio-
na en base a fuerzas gravitatorias.
Luego infieren que debe tratarse de una fuerza desconocida y se pregun-
tan ¿qué tipo de fuerza es? ¿Por qué sólo la percibe el cerebro humano y
es inaccesible para cualquier aparato de medida? ¿Por qué se manifiesta
sólo en la Astrología? ¿Por qué esa misteriosa influencia no se presenta en
ninguna otra disciplina científica?. ¿Depende esta fuerza de la distancia?
¿Depende de la luz que los astros emiten?. Para el astrólogo español
Demetrio Santos, el gradiente de luz emitido por los planetas no solamen-
te explicaría al hecho astrológico sino también el comienzo de la vida en
la Tierra.

109 Urania y Sofía


Apoyado seguramente en las ideas del Dr. Burr sobre los campos L, el
sudafricano Percy Seymour -miembro de la Real Sociedad Astronómica-
plantea en el libro La prueba científica de la astrología que el desarrollo
del cerebro humano puede ser afectado por el campo magnético de la
Tierra, especialmente durante el crecimiento del feto en la matriz.
Seymour sugiere que la magnetósfera terrestre es afectada por los campos
del Sol y la Luna. Otros planetas como Júpiter, Marte y Venus, en su opi-
nión, también toman parte influyendo en los relojes internos de los seres
vivos.
En la misma línea de pensamiento, Bruce Scofield sugiere un modelo
astro-biológico de desarrollo humano, basado fundamentalmente en el
concepto de impronta del etólogo Konrad Lorenz. Scofield cree que los
factores ambientales (sobre todo los ciclos circadianos y circanuales)
generan una impronta (un patrón de conducta innato) que se fija a lo largo
de diferentes períodos de tiempo. Las cambiantes propiedades del campo
electromagnético serán coincidentes con cierta periodicidad biológica de
cada ser.

Este tipo de respuestas causalistas sólo podrían -en el mejor de los casos-
dar cuenta de algunos aspectos de la astrología genetlíaca (la aplicación de
progresiones simbólicas, por ejemplo, quedaría afuera), siendo incapaces
de explicar los hechos descriptos por la astrología mundana, la horaria, la
financiera, etc.
Por otro lado, creo que es innecesario insistir en la justificación del funcio-
namiento de la Astrología desde un punto de vista causalista; no porque no
valga la pena investigar al respecto, sino porque me parece que a fin de
cuentas no es el camino adecuado para explicar algo que trasciende los
límites puramente físicos de los hechos causales del macrocosmos.
Si analizamos a la Astrología desde el punto de vista causalista tenemos
más que perder que de ganar, pues si la llevamos al plano de lo físico-
materialista deberemos analizarla con las herramientas adecuadas del
ámbito físico-materialista, es decir, las del método científico. Y los casos
exitosos en que se ha demostrado una relación directa entre las influencias
del cosmos y los organismos terrestres son insuficientes para dar cuenta de
la enorme complejidad de la Astrología.

Urania y Sofía 110


La mirada causalista de los hechos es propia del paradigma científico new-
toniano. Y probablemente no haya astrólogo (por más espiritualista que
sea) que en algún lugar de su alma no fantasee con algún “descubrimien-
to” que demuestre definitivamente de forma racional y científica a su
amada ciencia astrológica, la “madre de todas las ciencias”.
Automáticamente nos sentiremos más contenidos, tranquilos, respetados y
avalados por la sociedad. Sentiremos que por fin ha llegado “nuestra hora”
y diremos algo así como “¡se los dijimos! ¡lo venimos deciendo hace mile-
nios, la Astrología es cierta, es real, es científica!”
Para mi, esa hora nunca llegará. ¿Por qué? Porque la Astrología va más allá
de la ciencia, va más allá del paradigma newtoniano… va más allá…

Quiero dejar bien en claro que no digo que no valga la pena investigar con
metodología científica. Pero estoy seguro que es una forma de recortar
nuestro objeto de estudio, y por ende, de mutilarlo y pervertirlo.
Gracias al estudio estadístico de Gauquelin hemos dado con sectores sen-
sibles de la carta astral (los finales de las Casas sucedentes) que antes no
se tenían demasiado en cuenta.
Pero como dice el astrólogo brasileño Alexey Dodsworth, las posteriores
repeticiones de las pruebas llegaron a resultados diferentes de los alcanza-
dos por Gauquelin; todas las estadísticas en Astrología remiten a resulta-
dos que están muy por encima del promedio de “pura coincidencia”. El
problema es que las pruebas no se “confirman”, demostrando apenas resul-
tados elevados que varían mucho de investigador en investigador. Él
mismo dio cuenta de ello al repetir una investigación sobre homosexuali-
dad masculina, realizada inicialmente por el norteamericano Karl Roberts
y posteriormente repetida por Dodsworth en Brasil.
Roberts levantó una estadística cubriendo dos mil mapas de hombres que
se definían como “homosexuales”, y a partir de esa estadística percibió una
incidencia de más de 75% de mapas con aspectos mayores entre los plane-
tas Venus y Urano.
Sin embargo, al repetir Dodsworth la experiencia en Brasil, los aspectos
mayores entre Venus y Urano se limitaron al 25%, cuestión de “mero
azar”. Lo sorprendente es que se encontró con un porcentaje notablemen-
te grande (iguales 75%) de aspectos mayores entre Venus y Saturno del
mismo orden: cuadraturas, oposiciones o conjunciones.

111 Urania y Sofía


Su conclusión es muy significativa, porque contextualiza los resultados
dentro de un todo mayor: “cada sujeto es único, y cada caso demanda una
investigación aparte. Cualquier especie de generalización, en lo tocante al
género humano, es un error. Y la Astrología se pauta en mapas astrológi-
cos, y no en signos solares o Ascendentes. Cada mapa astrológico es una
constelación única, y esta constelación es un conjunto de significantes que
puede asumir los más diversos significados. Los significados no vienen
‘hechos’, ‘filtrados’ o ‘automáticos’, sino que son construidos por el suje-
to. Y en este proceso de construcción de significados los resultados obser-
vables, comportamentales y que se configuran en forma de ‘destino’ son
múltiples y dependen de una serie de factores: ambiente, educación, cul-
tura”.

Aquí se hace visible la interconexión de los cuatro cuadrantes postulados


por Wilber. Desde el cuadrante superior derecho (el cuadrante Ello en la
Figura 1), cada estudio era perfectamente objetivo y estaba “correcto”.
Desde el cuadrante inferior izquierdo (el cuadrante del Nosotros) los resul-
tados eran diferentes y hasta contradictorios. Damos cuenta de estas dife-
rencias desde el cuadrante inferior derecho (Ellos) y las internalizamos
desde el cuadrante superior izquierdo (Yo). ¿Por qué los resultados varían
de investigador en investigador?. De cada uno de los cuadrantes proviene
una respuesta igualmente válida. Cada cuadrante posee un tipo de verdad,
ninguno tiene la verdad completa del asunto. El caso es que la mirada cien-
tífica (propia del hemisferio derecho del círculo integral de Wilber) preten-
de alzarse con la única verdad de la realidad.

EXPLICACIONES ACAUSALES
La física cuántica

Albert Einstein demostró algunos años antes de que apareciera la teoría


cuántica que el espacio y el tiempo no son entidades separadas e indepen-
dientes sino un continuum espacio-tiempo, del que participan todos los
procesos del Universo. En su teoría del campo unificado propuso que la
esencia del Universo no son las partículas sino los campos.
La mecánica cuántica, también llamada la física de las micropartículas, es

Urania y Sofía 112


una de las disciplinas más enigmáticas de la ciencia actual. Es tan enigmá-
tica que uno no podría decir terminantemente si responde a una explica-
ción causal o acausal, pues en el fondo, su acausalidad proviene de una
causalidad mucho más sutil.
Si bien la parte matemática tiene una gran complejidad, las interpretacio-
nes que sugiere son (peligrosamente) simples y significativas.
El comportamiento de las partes constitutivas del átomo no está determi-
nada por las leyes de causa y efecto. Dos micropartículas pueden continuar
interrelacionadas en forma inmediata más allá del tiempo y el espacio que
las separa. Las respuestas de una a otra son instantáneas, superando la
velocidad de la luz, cosa que se consideraba totalmente imposible.
Esta relación instantánea se demuestra a partir de la medición que un
observador haga a alguna de las dos partículas asociadas. Los científicos
llegaron a la conclusión de que con el sólo hecho de observar las micro-
partículas se modifica la observacion misma. Es decir que el sujeto no
puede ser objetivo, pues lo observado reacciona ante la observación
(dando cuenta de las relaciones entre el cuadrante superior izquierdo y el
cuadrante superior derecho de la Figura 1).
Esto desafía la pretendida objetividad del método científico. Para observar
una micropartícula se necesita al menos un fotón (la menor partícula de
luz) como para “ver” lo que haya que ver. La cuestión es que este fotón
colisionará con lo que se quiera ver (por ejemplo, un protón) modificando
su trayectoria y por eso, modificando la experiencia real de la trayectoria
del protón.
El hecho de hacer una medición sobre una micropartícula (es decir,
averiguar su posición o su velocidad) hace que otra partícula asociada
aparezca en un lugar y a una velocidad determinada. El físico cuánti-
co Eugene Wigner sostuvo que es la conciencia del observador la que
provoca las condiciones de cada partícula, pues antes de ser medidas
las partículas no existen de por sí sino que tienen tan solo “x” proba-
bilidades de existir. Técnicamente a esto se le llama “colapso de la
función de onda”. Fue el premio Nobel Erwin Schrödinger quien des-
cubrió la ecuación de onda capaz de “materializar” la micropartícula.
La función de onda de Schrödinger refleja todos los estados potencia-
les en que se encuentra un electrón hasta que se manifiesta de una
manera determinada. Cuando esto ocurre, la infinidad de probabilida-
des se colapsan en una sola probabilidad.

113 Urania y Sofía


Wigner decía que las leyes actuales de la física son incompletas si no se
traducen en términos de “fenómenos mentales”. Que lo más seguro es que
sean leyes inexactas, su falta de exactitud se incrementa en tanto aumenta
el rol que la vida juega en los fenómenos considerados.
A decir verdad, en la actualidad el consenso entre la mayoría de los físicos
es que Wigner estaba equivocado: la mecánica cuántica no necesita tomar
en cuenta la mente del observador. Hoy la mayoría de los cuánticos con-
cuerdan en que el observador es simplemente el resto del universo y la
“observación” ocurre en tanto cualquier parte del resto del universo inte-
ractúa con el elemento cuántico. La mecánica cuántica no necesita la con-
ciencia. Si el observador utiliza para su medición un aparato que mida
ondas, obtendrá ondas. Si utiliza uno para medir partículas, obtendrá par-
tículas.
Werner Heisenberg, uno de los teóricos fundadores de la mecánica cuánti-
ca, escribió en su libro Física y filosofía: “la transición de lo posible a lo
real se efectúa en cuanto el objeto interactúa con el aparato de medición…
no tiene nada que ver con el acto de registrarse el resultado en la mente
del observador. En definitiva, la teoría cuántica no contiene elementos
subjetivos genuinos, no introduce la mente del físico como parte del acon-
tecimiento atómico.”(3)

Sin embargo, todos coinciden que en la esfera cuántica todo está inter-
conectado, cada partícula parece estar hecha con las demás partículas.
En el interior del átomo casi todo es vacío y todo esta vibrando. Si
pudiéramos percibir la realidad con ojos cuánticos veríamos que forma-
mos parte de un gran caldo de energía y que todos los objetos del mundo
físico son un conglomerado de energía que flota en un universo de ener-
gía. En cierta manera no hay separación alguna entre nosotros y el resto
del universo. Puede discutirse si la mente del observador influye en lo
observado, pero lo que es seguro es que ambos forman parte de un sis-
tema unitario. Tanto desde las abstracciones teorícas como desde la
práctica (ver el experimento de Alain Aspect del teorema de Bell) está
demostrado que nuestro mundo físico está sostenido por una realidad
invisible que se comunica a una velocidad mayor a la de la luz, dando
por los aires con Einstein y con la relatividad.

Urania y Sofía 114


El hecho de que las partículas subatómicas parezcan estar hechas de las
demás partículas tiene que ver con su doble condición de onda/partícula.
Algo así como las olas en el océano, que están hechas de moléculas de
agua pero a su vez son ondas sobre la superficie del mar. ¿Qué son las olas
entonces? Ambas cosas a la vez. Las olas están hechas del océano mismo.

…Nadie sabe cómo puede ser así…

Que un cuerpo influya sobre una partícula aunque se encuentre a distan-


cias remotísimas puede ser una excelente noticia para los astrólogos ávi-
dos de explicaciones causales, el hecho es que la mecánica cuántica des-
cribe tan sólo el movimiento de los sistemas en los cuales los efectos cuán-
ticos son relevantes. Se ha documentado que tales efectos son importantes
en materiales que cuentan con no más de unos 1.000 átomos.(2)
Y aquí radica el error de hacer comparaciones demasiado forzadas, extra-
polando la información de una cosa que no tiene nada que ver con la otra.
En el mismo nivel de la materia no se puede igualar lo que ocurre entre las
micropartículas y las macropartículas (y mucho menos con otros niveles
de realidad que van más allá de lo físico). Por ejemplo, el átomo está com-
puesto aproximadamente por un 99% de vacío y un 1% de materia. Ellos
vibran a tanta velocidad que parecen ser 100% materia sólida. Tanto una
pared de cemento como mi propio cuerpo están hechos fundamentalmen-
te de “vacío”, pero si me lanzo de cabeza contra la pared no la atravesaré
sino que quedaré bastante machucado. Si confundimos la física cuántica
con la física tradicional o explicamos la Astrología desde el punto de vista
cuántico podemos darnos un golpe similar.

Como dijo el premio Nobel Richard P. Feynman: “Pienso que se puede


afirmar tranquilamente que nadie entiende la mecánica cuántica... No
digas ¿pero cómo puede ser así? porque llegarás a un callejón sin salida
del que nadie ha escapado. Nadie sabe cómo puede ser así.”
De la misma manera, si llevamos la causalidad al límite veremos que todo
causa todo lo demás, pues el movimiento de una bola de billar estará
influido por la fuerza y dirección del golpe, por la superficie por donde
rueda, la altura, la presión, la temperatura, mínimamente lo hará por el

115 Urania y Sofía


efecto Coriolis propio del la rotación de la Tierra sobre su eje, de la fuer-
za de gravedad que ejerce la Luna, los planetas interiores, los exteriores, el
centro de la galaxia… y aquí me detengo. Tanto desde la física clásica
como desde la cuántica, todo causa todo lo demás y todo está interconec-
tado. Esta idea nos recuerda a la máxima hermética tan cara a la
Astrología: “como es arriba, es abajo”. Sin embargo, la frase del
Trismegistos engloba diferentes dimensiones de la realidad o planos de
existencia, cosa que no se da en la teoría cuántica ya que se refiere sola-
mente a la interconexión del plano material, el de la fisiosfera.
La hipótesis que sostengo es que la Astrología no se puede explicar por
estos medios pues ellos tan solo remiten al nivel material de la realidad.
Pero la Astrología fundamentalmente comprende niveles superiores de rea-
lidad que tienen que ver con lo simbólico, con el lenguaje, con las emocio-
nes, lo psicológico, el alma y acaso con el espíritu.
Haciendo esta aclaración, permítanme compartir con ustedes un poema
que escribí hace un tiempo inspirado por las proporciones del tema que nos
ocupa.

Lluvia de protones

La luz juega entre relámpagos oscuros de materia;


más pequeño de lo que te imaginas,
más pequeño aún,
todo el universo en una mota de polvo
que brilla cegadoramente a través del resplandor.
Dios
Espíritu
Materia,
no haces otra cosa que mojarme.

Urania y Sofía 116


El paradigma holográfico

La holografía es una técnica avanzada de fotografía, que consiste en crear


imágenes tridimensionales. Para esto se utiliza un rayo láser, que graba
microscópicamente una película fotosensible. Ésta, al recibir la luz desde
la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.
El neurofisiólogo Karl Pribram ha establecido la hipótesis de que el cere-
bro sigue un modelo holográfico. Lo más relevante de las imágenes holo-
gráficas consiste en que si partimos un holograma en dos, cada fragmento
poseerá la información original completa; y aunque siguiéramos subdivi-
diendo cada fragmento, por más pequeño que sea, siempre contendrá la
información del todo, la imagen completa. Esta imagen tridimensional de
un objeto real se forma en una placa por efectos de una interferencia elec-
tromagnética; proceso que, según el psicólogo Stanislav Grof, es semejan-
te al que acontece en la psique inconciente.
La parte en el todo, y el todo en la parte, ¿les suena?. Esa sería para
muchos científicos la cualidad intrínseca de la mismísima realidad.

Pribram explica lo que es un holograma con la siguiente imagen:


“Arrójese un puñado de arena en un estanque y las ondas producidas por
cada grano de arena se entrecruzará con las ondas de los otros granos de
arena, estableciendo patrones de frentes de ondas que se interfieren. La
suave superficie, a modo de espejo, se ha hecho imprecisa, pero el desdi-
bujamiento ha ocultado en su interior un patrón increíblemente ordenado.
Si pudiera congelarse repentinamente el estanque en ese instante, su super-
ficie sería un holograma. El holograma fotográfico es como un registro
congelado de patrones de interferencia”.
Ahora imaginemos nuestro sistema solar como un estanque sideral; cada
planeta es como un grano de arena productor de ondas. Éstas se entrecru-
zan con las demás, generando un patrón de interferencia constantemente
varible.
Es en el momento del nacimiento cuando queda fijado en cada uno de
nosotros un holograma personal que es individual y cósmico a la vez.
Nuestro ser (¿acaso nuestra alma?) podría ser la placa sensible que da
cuenta del patrón energético, y que a su vez es interpretado por nuestro
cerebro.

117 Urania y Sofía


Me atrevo a decir que este holograma es ni más ni menos que la carta natal.
Ahora bien, habría que hacer una distinción importante. El patrón energé-
tico que nos define es una cosa, pero las reacciones psicológicas ante este
patrón es otra muy distinta. Si no fuera así, todo estaría ya escrito y sería-
mos completa y tristemente previsibles.
En la holografía es necesario contar con un haz de luz coherente para dar
cuenta de la imagen tridimensional que se proyecta en el espacio. Es el
láser quien cumple esta función.
Utilicemos la analogía y pensemos en la carta natal como un holograma,
¿qué tipo de luz necesitaríamos para hacerla manifiesta?.
Esa luz coherente que podría concretizar la información contenida en su
interior no es otra que la “luz” de la conciencia. Cuanto más pura o eleva-
da sea, mejor evidenciará el potencial natal; tanto más coherente será con
la energía simbolizada por la carta. Aclaro que cuando hablo de concien-
cia me estoy refiriendo a la conciencia del “dueño” de la carta, no a la con-
ciencia del astrólogo que la interpreta.
Una conciencia libre de apegos, de prejuicios y de identificaciones gene-
rará una realidad más integrada y perfecta, y en el fondo, verdaderamente
real.
Es el nivel de conciencia de cada ser lo que hará la diferencia entre expe-
rimentar la carta natal (es decir, la propia energía) de una u otra manera.
Esta holografía simboliza lo que potencialmente somos, además de indicar
tanto nuestros ciclos personales como los colectivos y generacionales.
En este sentido, no sólo dependerá del nivel sino del tipo de conciencia que
iluminará al holograma. El potencial de nacimento será actualizado y opti-
mizado en función del nivel de conciencia que atraviesa el holograma.
O usando la fórmula de Pierre Weil:

Vr=(f)Ec

Donde la vivencia de la realidad (Vr) es función (f) del estado de concien-


cia (Ec) en que estamos.

El concepto de holograma puede aplicarse a todo aquello que represente la


imagen completa de algo, por eso es que la astrología “es” holográfica.
Tal como la utilizamos corrientemente, la holografía es una técnica que sin

Urania y Sofía 118


usar ningún tipo de lentes crea imágenes tridimensionales. Un rayo láser
graba microscópicamente una película fotosensible y ésta, al recibir la luz
desde la perspectiva adecuada, proyecta una imagen en tres dimensiones.
Pero si lo vemos con cuidado, no es verdad que el holograma contenga la
información de toda la escena. En realidad, cada fragmento del holograma
contiene la información de toda la escena vista desde el lugar donde el
observador estaba.
De esta manera apreciamos la importancia que tiene la posición en el espa-
cio del ser al que se le levanta una carta natal, pues la domificación esta-
blece el ángulo de incidencia de las diversas “frecuencias energéticas”.
La mayoría de los astrólogos en algún momento de su quehacer se da cuen-
ta que diferentes rasgos de la carta natal se repiten en varios niveles, como
distintas cosas que hablan de lo mismo, remitiendo a una imagen holográ-
fica. Diferentes técnicas traen diferente información, pero esa información
tiene similaridades que apuntan a la carta natal como un todo. Las progre-
siones simbólicas, por ejemplo, relacionan el movimiento diario de un pla-
neta con una dimensión mayor, el año. Un día transcurrido es un año trans-
currido. La Luna progresada es sincrónica al tránsito de Saturno. Cada
signo, cada planeta, tienen sentido en tanto parte de una totalidad; sería un
error entenderlos individualmente.
La tradición hindú divide generalmente a los signos en 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y
9 partes iguales o shodasavargas. En Occidente los armónicos se trabajan
hasta el 12; es decir, cada signo estará dividido en 12 secciones, por lo
tanto dentro de cada signo existen los doce signos. En la parte está el todo.

F. David Peat, a partir de la teoría del orden implicado de Bohm, afirma


que el Universo entero se encuentra plegado sobre si mismo en cada región
del espacio. “Los eventos sincronísticos, entendidos como una coinciden-
cia significativa entre microcosmos y macrocosmos, son aplicables si con-
sideramos que, bajo los estratos de un orden implicado individual, existe
un nivel más profundo que contiene, plegada, toda la información del
Universo”.
Como analogía literaria, propongo la del cuento de Jorge Luis Borges El
Aleph, sólo que para Peat cada punto del espacio sería un Aleph.
Así lo describe el genial escritor argentino:
“… En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña

119 Urania y Sofía


esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí girato-
ria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por
los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería
de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminu-
ción de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas
cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo..”

Con respecto a la teoría del orden implicado y explicado de David Bohm,


podría decirse que una carta astral surge del océano de lo implicado. Bohm
pensó este escenario en términos de holomovimiento u holokinesis.
Cualquier forma de movimiento podría constituir un holograma, la totali-
dad indefinida de movimientos sería un holomovimiento, o sea, la base de
lo que es manifiesto. La carta natal es un momento particular dentro de ese
contínuo holomovimiento y por eso, una holografía que posee la informa-
ción del Todo.
Según Bohm, el Universo está estructurado según los principios generales
del holograma, y para Pibram el cerebro es un holograma que decodifica
un universo holográfico.

En la teoría holográfica lo que puede verse es que en última instancia se


trata de decodificación de frecuencias. Los diversos aspectos del Universo
se expresan en forma de modelos de interferencia energética, entremezcla-
dos pero diferentes que portan información que definen su naturaleza e
identidad.
Es sugerente el hecho de que en la holografía no se usan lentes, es decir,
no se focaliza. Una lente provoca la divergencia o convergencia de la luz,
pero el laser siempre permanece coherente. Al no haber convergencia no
hay focalización. Esto produce una suerte de un emborronamiento de fre-
cuencias que luego se decodifica.
La teoría holográfica sostiene que un ámbito borroso de frecuencias y
potencialidades sustenta la realidad concreta. Los fundamentos de la
Astrología provendrían de ese nivel de frecuencias que sólo podemos
registrar desenfocando nuestra mirada, como en las imágenes (estereogra-
mas) del libro “El Ojo Mágico”.
Los estereogramas son imagenes 3d ocultas en otra imagen, en un patrón
en dos dimensiones. Estos se pueden ver ya que nosotros tenemos dos

Urania y Sofía 120


ojos, por ende dos visiones diferentes, lo que pasa es que nuestro cerebro
une las dos visiones. El estereograma es una ilusión óptica basada en la
capacidad que tienen los ojos de captar imágenes desde distintas perspec-
tivas. Esas perspectivas diferentes son captadas de tal forma por el cere-
bro, que pareciera ser una imagen tridimensional.

Figura 2

Solamente podemos visualizar lo que se encuentra “oculto” tras la esfera


de frecuencias si desenfocamos nuestra manera de observar.
Un mítico guerrero samurai del siglo XV llamado Miyamoto Musashi dis-
tinguía entre dos tipos de empleo de los ojos: el ken o visión superficial de
la apariencia, y el kan o acceso a la esencia de las cosas. La mirada debe
ser profunda y amplia. Esta es la doble mirada “vista y percepción”. La
percepción es fuerte, y la simple vista es débil.
Decía que “en estrategia es importante ver las cosas lejanas como si estu-
viesen cerca, y tomar un punto de vista distante de las cosas cercanas. Es
necesario ser capaz de ver a ambos lados sin mover los ojos. Esta habili-
dad no se domina con facilidad. Asimila lo que está escrito aquí: usa esta
mirada en la vida cotidiana y no la modifiques ocurra lo que ocurra”.

121 Urania y Sofía


Para verificar si la Astrología funciona como la holografía tendríamos que
desenfocar nuestra conciencia/mirada habitual para así descubrir la dimen-
sión más profunda de la que surge nuestra realidad. Una conciencia foca-
lizada (como la que usamos constantemente) tiende a “definir”; sin embar-
go una conciencia no focalizada lo que define es la dimensión oculta tras
el patrón energético de frecuencias. Sólo así podremos ver, luego de prac-
ticar un poco, ese objeto escondido que flota dentro de un conjunto caóti-
co de formas e imágenes sin sentido (Figura 2).
También diríamos que la frecuencia particular de cada tránsito planetario
genera una información plausible de ser codificada por un cerebro en un
lugar y momento determinado. De aquí provendrían la concienciación de
las cualidades esenciales de los planetas, del efecto de los tránsitos y las
progresiones, entre otras cosas.

Ahora bien, debemos darnos cuenta que no se puede ir mucho más allá de
estas interpretaciones. Sin embargo si vamos más allá del nivel físico de
frecuencias, vemos que tanto el holograma como el estereograma funcio-
nan excelentemente como metáforas para describir niveles diferentes y
superiores de realidad.
Los antiguos alquimistas, astrólogos y filósofos herméticos usaban como
metáfora el Unus Mundi (4) y las correspondencias entre Macrocosmos y
Microcosmos.
Así era como la mentalidad medieval buscaba una inserción en el cosmos
que diera sentido a su existencia. Hoy nuestra metáfora es la del orden
implicado y el holograma.

Si bien el holograma remite a una realidad “inmaterial” el caso es que al


hablar de frecuencias o pautas de interferencia electromagnética seguimos
en el nivel de la fisiosfera, o sea, el nivel de la física, la óptica y el electro-
magnetismo.
Y como decía antes, la Astrología no se puede explicar solamente por estos
medios pues ellos únicamente remiten al nivel material (el más básico) de
la realidad; pero como metáfora… es una metáfora excelente.

Urania y Sofía 122


Astrología y sincronicidad

En su libro “La interpretación de la naturaleza y la psique”, Carl Jung ana-


liza el fenómeno de la sincronicidad, con la que pretende dilucidar ciertos
casos extraordinarios, “coincidencias significativas”, imposibles de expli-
car causalmente.
La sincronicidad puede definirse entonces como una coincidencia signifi-
cativa de dos o más sucesos en la que está implicado algo más que el puro
azar. Dicho de otra manera, sería una coincidencia en el tiempo de dos o
más acontecimientos no relacionados causalmente que tienen el mismo o
similar significado.
Para el filósofo Michel Cazenave, en un evento sincronístico desaparece la
dualidad que habitualmente sentimos como sucesos “interiores” y “exte-
riores”, pasando a experimentar que toda cosa está contenida en la misma
totalidad.
¿Realmente la Astrología tiene algo que ver con la sincronicidad?. Muchos
astrólogos están de acuerdo con ello, dejando atrás las habituales interpre-
taciones “newtonianas” que intentan explicarla de una manera totalmente
causal. Los planetas ya no causarían ni indicarían, sino que “significarían”.
En “El Secreto de la Flor de Oro”, Jung dice: “Si dispusiera de resultados
generalmente confirmados, la astrología sería un ejemplo de sincronicidad
de máxima importancia. Pero hay al menos algunos hechos suficientemente
verificados y confirmados mediante extensas estadísticas, que hacen apare-
cer el planteo astrológico como digno de la consideración filosófica.”

La gran diferencia entre el experimento científico y la sincronicidad es que


la verificación del primero radica en su reproducibilidad, mientras que la
de la sincronicidad tiene que ver con su unicidad espaciotemporal. Un
experimento será cierto y verificable cuanto más se repita. Si controlamos
la velocidad de caída de una manzana ésta debería ser igual tanto en
Buenos Aires como en Tokio. La sincronicidad y la repetitividad se auto-
excluyen.

La sincronicidad sólo tiene significado para la persona que lo experimen-


ta. El método científico no tiene por qué tener en cuenta la necesidad de
un significado, pero sin significado no hay sincronicidad. Estas actúan

123 Urania y Sofía


como espejo de los procesos internos de la psique y toman la forma de
manifestaciones exteriores de transformaciones interiores. Es como si la
formación de patrones dentro del inconsciente fuese acompañada por
patrones físicos en el mundo exterior, esta reestructuración interna produ-
ce resonancias externas. Otra vez se verificaría la máxima hermética:
como es arriba es abajo; como es adentro, es afuera.

Hace poco tiempo tuve una experiencia de sincronicidad con otras dos per-
sonas. Estaba caminando por la calle con unos amigos, hablando de la vida
y la muerte. Ellos tienen una mirada materialista de la existencia y niegan
completamente una vida ultramundana. Yo intentaba introducir otro punto
de vista. Cuando la conversación ya se estaba poniendo candente observo
en el suelo, a pocos pasos de distancia delante mio, un pequeño crucifijo.
Lo tomo y casi sin pensarlo digo algo así como “esta señal dice que hay
vida después de la muerte”. Ellos comienzan a reír diciendo que ese sím-
bolo es para manejar a los hombres, y otras cosas de ese tipo, todo en un
tono amigable por supuesto. Me sorprendo al notar que ellos no le habían
otorgado ningún significado a la “sincronicidad”, es más, una cuadra más
adelante ya habían olvidado el hecho.
Más tarde me puse a pensar en esto y concluí que sin dudas se había trata-
do de una sincronicidad. Hablabamos de la vida después de la muerte y
aparece un crucifijo, un símbolo de muchas cosas, pero en ese momento
para mi su significado fue instantáneo y clarísimo: el símbolo de la resu-
rrección de la vida. Luego reparo en que mis dos amigos no eran cristia-
nos, y que en su religión (que no practican) no está tan fuertemente insta-
lado el tema de la resurrección, o al menos no es un dogma de fe como en
el cristianismo.
Esta anécdota me hizo notar que después de todo el significado lo pone
uno y que el contexto familiar, las creencias y las identificaciones concien-
tes e inconcientes recortan la vivencia de lo que es o no es una sincronici-
dad. A fin de cuentas todo depende de dónde está fijada la conciencia del
individuo.

Entonces, una sincronicidad es un puente entre un hecho físico externo y


un hecho psicológico interno.
Esta idea ha tenido una excelente recepción por parte de muchos astrólo-

Urania y Sofía 124


gos como explicación del funcionamiento de la Astrología.
De esta manera se explica por qué un hecho externo físico como el movi-
miento de los planetas corresponde con el contenido psicológico de las
personas y con los hechos de su destino.
Sin embargo, el astrólogo costarricense Juan Antonio Revilla hace unas
objeciones muy válidas con respecto a esto, haciendo notar que las técni-
cas de interpretación que usan los astrólogos no se basan en la sincronici-
dad, pues no existe sincronía temporal entre un diagrama del cielo actual
(tránsitos) y el diagrama del cielo radical (la carta natal) ocurrida tiempo
atrás. Él no dice que no haya correspondencia entre ambas cosas, sino que
esta correspondencia no tiene que ver con la sincronicidad.
Revilla pone el acento en que en un hecho sincronístico debe darse una
simultaneidad temporal entre una situación interna y otra externa, pero no
considera el significado de esta simultaneidad. Pone el acento en la sincro-
nía en vez de en el sentido. Opina que una cosa es un tránsito “a una per-
sona” y otra muy distinta es un tránsito “a un diagrama”.
Acaso estemos confundiendo el mapa con el territorio y debamos definir
más exhaustivamente el término sincronicidad. A veces tenemos sueños
que son sincronicidades en tanto aportan significado, aunque no se den en
forma simultánea con el hecho externo en cuestión (sino antes o después).
¿Dónde debemos poner la atención, en la simultaneidad o en el significa-
do?. Se dice que los eventos sincronísticos ocurren a cada momento, sin
embargo se transforman en sincronicidades recién cuando se hacen con-
cientes.

Volviendo a la Figura 1 que graficaba los cuatro cuadrantes de Wilber, en


una sincronicidad se hace muy sutil hasta casi desaparecer la línea que
separa los hemisferios Interior y Exterior, pues a fin de cuentas el hemis-
ferio izquierdo del Yo/Nosotros aporta significados al hemisferio del
Ello/Ellos, que da cuenta a su vez del hecho objetivo externo.
Definitivamente, tanto la causalidad como la sincronicidad son dos formas
opuestas y complementarias de aprehender la realidad. Quizás lo más
importante que tenemos por el momento es que la sincronicidad nos lleva
a un plano que trasciende lo físico: el plano del significado.
Aquí ya nos movemos en otro nivel, el mental y psicológico, ya que a un

125 Urania y Sofía


significado no se lo puede medir ni pesar, a lo sumo se lo podrá sentir, pen-
sar, vivenciar y compartir.
Pero el significado no proviene de la coincidencia en sí sino de la concien-
cia de la persona que la experimenta. Y esto es particularmente importan-
te, ya que un mismo hecho externo (objetivo) puede tener diversos signi-
ficados según la conciencia del sujeto.

El psiquiatra Victor Frankl, creador de la Logoterapia, sostuvo que la prin-


cipal fuerza motivacional del hombre no era la voluntad de placer (Freud)
ni la de poder (Adler) sino la voluntad de sentido. La Logoterapia apunta
hacia a un mundo más allá del hombre, un mundo en que la pregunta sobre
el significado último de la existencia humana obtiene respuesta.
Logos es una palabra griega que quiere decir razonamiento, sentido, signi-
ficado, propósito. También quiere decir espíritu. Quizás la palabra Astro-
logía pueda entenderse con mayor profundidad teniendo en cuenta sus
implicancias espirituales, pues indicaría la búsqueda de un sentido trascen-
dente en los astros, un propósito vital en sus movimientos… tal como
cuando surgió hace miles de años.
Pero como Frankl sostiene, no hay un sentido único o abstracto de la vida
sino que cada ser debe descubrir el suyo. Este sentido es único y específi-
co en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; y por
supuesto, el sentido dependerá del nivel y tipo de conciencia que cada uno
tenga.

Los arquetipos astrológicos

La palabra arquetipo proviene del griego arqué (ser el primero) y tipo


(modelo). Es decir, modelo original y primario.

Para Platón la realidad estaba dividida en dos partes: el mundo de los sen-
tidos, donde todo fluye y no puede haber coincidencia total de opiniones,
ya que están basadas en conocimientos imperfectos; y el mundo de las
ideas, sobre las que podemos llegar a conseguir conocimientos verdaderos
e inmutables mediante la razón. Los arquetipos provienen de este mundo
de las ideas, es indudable su procedencia platónica.

Urania y Sofía 126


Los arquetipos son ideas primordiales comunes a toda la humanidad, que
se expresan a través de imágenes arquetípicas. Son las formas sustanciales
(ejemplares eternos y perfectos) de las cosas que existen de toda eternidad
en el pensamiento colectivo.

El concepto de arquetipo fue introducido por el psicólogo suizo Carl Gustav


Jung como término dentro del campo de lo psíquico. La existencia del
arquetipo solo puede ser inferida, ya que es por definición inconsciente;
pero las imágenes arquetípicas acceden a la consciencia y constituyen nues-
tro modo de percibir el arquetipo. Ellos entonces aparecen en forma de imá-
genes, no percibimos a los arquetipos en sí mismos, sino a sus manifesta-
ciones simbólicas. Los arquetipos se manifiestan a través de nuestras pro-
yecciones, lo que nos permite inferir su presencia. Las estructuras arquetí-
picas aparecen en el hombre a través de formas determinadas: en las mito-
logías, en las leyendas, en los sueños, en ciertos deseos colectivos. Los
hombres compartimos una serie de experiencias que han quedado, por su
naturaleza colectiva, incorporadas en la memoria de la humanidad como
patrones de comprensión de la realidad. Estos patrones son energía incons-
ciente que aparece por ejemplo a través de los símbolos astrológicos. Los
signos del Zodíaco serían doce imágenes arquetípicas, manifestaciones del
inconsciente colectivo, que dan cuenta de la totalidad de la experiencia
humana. Para entender como trabajan los símbolos arquetípicos es necesa-
ria una clase especial de pensamiento: la actitud simbólica. Que una cosa
sea o no un símbolo depende de la actitud de la conciencia que la examine.

Ken Wilber entiende a los arquetipos como emanaciones de un reino espi-


ritual superior, existentes en el nivel de la intuición y la inspiración religio-
sa. Este reino espiritual se caracteriza por las visiones de seres arquetípi-
cos celestiales que encarnan cualidades que forman parte de nuestro ser
más profundo. Meditando en estos seres evocamos esas mismas cualida-
des en nuestra propia conciencia.
Hay diferencias importantes en la manera en que Wilber y Jung conceptua-
lizan el arquetipo. Jung los consideraba habitualmente como imágenes
mitológicas arcaicas, formas colectivas transmitidas de generación en gene-
ración a través de los milenios que perviven en el inconciente colectivo de
la humanidad. Los símbolos, los mitos, son expresiones del arquetipo.

127 Urania y Sofía


Para Wilber (así como para Platón, los budistas y los hinduistas) los arque-
tipos son las primeras formas manifiestas que emergen del Espíritu Vacío
en el curso de la creación del Universo. Su punto de vista es que la con-
ciencia es arrastrada hacia los arquetipos por los arquetipos mismos.
La realidad psicosomática del universo, en sus formas materiales e incon-
cientes son reflejos o imágenes de los arquetipos espirituales a través de su
reflejo anterior en el alma universal. De este modo los principios formado-
res del Alma o reflejos de ella del Espíritu, son entidades sabias, seres en
potencia, inespaciales y fecundos, que en el momento preciso se encarnan
o materializan como imágenes cósmicas.
Marie Louis Von Franz afirma que los verdaderos símbolos no son una cre-
ación de la conciencia, son revelados por el inconciente y poseen, junto
con las imágenes arquetípicas de los sueños y las imágenes de los grandes
mitos y de las religiones “un poco de esa naturaleza nebulosa del saber
absoluto, por cuanto siempre parecen contener más de lo que podemos
asimilar a nuestra comprensión conciente...”
Los planetas y signos astrológicos serían patrones arquetípicos provenien-
tes de una esfera superior, intuidos por el alma primero y reflexionados por
la razón después.

La Astrología como lenguaje poético y sagrado

Otra forma válida de entender la Astrología consiste en definirla como un


lenguaje, acaso como un lenguaje sagrado. Una forma de acercamiento
propio del cuadrante inferior izquierdo, el del “Nosotros” inter-subjetivo
(Ver Figura 1).
En la evolución de la conciencia llega un momento en que la influencia de
la cultura y el lenguaje adquiere un papel fundamental. Los semiólogos
nos han hecho notar que la percepción de la realidad está condicionada por
la estructura del lenguaje. Éste determina, sin que nos demos cuenta de
ello, nuestra visión del mundo. Su propia estructura (en términos de suje-
to/predicado) moldea el pensamiento forzándonos a pensar en términos de
causa y efecto.
Joseph Jaworski dice que a través del lenguaje creamos el mundo, porque
éste no es nada hasta que lo describimos. No describimos el mundo que

Urania y Sofía 128


vemos sino que vemos el mundo que describimos. Sólo existimos en una
trama de relaciones.
Conforme se desarrolla el lenguaje nos trasladamos al mundo de los sím-
bolos, las ideas, los conceptos, elevándonos de los instintos primarios. El
lenguaje es el medio que nos saca del presente inmediato y nos lleva al
pasado y al futuro (memoria, proyectos). Es la única manera de referirnos
a aquello que no está presente.
Los seres humanos vemos todo a través de una grilla simbólica o semánti-
ca que impone su propia estructura a aquello que describe.
Los biólogos chilenos Maturana y Varela dicen que el mundo que todos
vemos no es “el” mundo sino “un” mundo alumbrado por todos nosotros.
Nosotros lo creamos a través de nuestra cognición.

Sin embargo, la Astrología es un tipo particular de lenguaje, su estructura


no es lineal sino mandálica. Es un lenguaje cuyo estudio nos permite acce-
der a un conocimiento al que difícilmente podríamos acceder por otros
medios. Al ser mandálico, puede proyectarnos a niveles transverbales,
siempre y cuando podamos trascender las paradojas que necesariamente se
presentan al encarar lo mandálico desde lo lineal, o lo transverbal desde lo
verbal.
Como lenguaje sagrado nos conecta con realidades superiores, ya que su
simbolismo tiene la capacidad (como Hermes) de relacionar diferentes
niveles de existencia, trayendo y llevando información en ambos sentidos.

La escritora Yaiza Martínez Montesdeoca dice que “el lenguaje poético es la


creación de un mapa del mundo que no tiene nada que ver con el lenguaje
argumentativo, atrapado en el concepto de linealidad y progreso”.
Y como ocurre en el poema ocurre en la realidad y en la Astrología: el
Todo está en todo. El lenguaje astrológico es poético en el sentido que nos
brinda un conocimiento trans-mental de las paradojas, apareciendo en
nuestra conciencia un universo no lineal. La polisemia de cada símbolo
astral hace emerger universos de sentido que nos llevan a una realidad dis-
tinta de la habitual pero no por eso menos real. Propio de la polaridad
Virgo/Piscis y Mercurio/Neptuno, el lenguaje poético es un intento de la
conciencia de ordenar el caos.
La poesía es mayor que el poeta así como la Astrología es mayor que el

129 Urania y Sofía


astrólogo. Si el intérprete no se deja atravesar por el lenguaje, su interpre-
tación quedará vacía y desalmada. Si el ego se apodera de la forma se pier-
de el vínculo con el lenguaje original. El astrólogo, como el poeta, debe ser
conciente de la naturaleza de la herramienta que utiliza y permitir que que
el lenguaje astrológico haga uso de él al mismo tiempo que trabaja con él.

Astrología matricial

El astrólogo y filósofo francés Patrice Guinard presentó su tesis doctoral


con la obra “Astrología, el Manifiesto”. En ella sostiene que la Astrología
posee un modo de razonamiento propio, la razón matricial, que no es asi-
milable por la razón experimental de la ciencia ni por la razón discursiva
de los filósofos. Ella no busca explicar un fenómeno ni interptretar datos
sino comprender una realidad subyacente.
Hay una estructura (la matriz astrológica) que preexiste a los sistemas de
interpretación y a sus contenidos específicos. La matriz astral no proviene
del razonamiento ni de la experimentación sino que surge de un trasfondo
psíquico, como algo que se va desvelando en función del estado de com-
prensión de la conciencia que la aprehende. Su estructura no proviene de
la reflexión ni de la experiencia sino del espíritu. Esta matriz aparece en la
conciencia porque la propia psiquis está impresionada astralmente con esa
estructura, en un proceso en que se puede llegar a conocer lo inaccesible
por lo accesible, pues en su raíz se encuentran los mismos arquetipos.
Opina que la realidad aparece en la conciencia según tres modalidaes dife-
rentes: como entidad física (aprende la realidad a través de los objetos),
mental (aprende la realidad a través de los signos o señales) y psíquica
(aprende la realidad a través de la totalidad del ser psíquico).
A cada una de estas modalidades corresponde una estructura arquetípica:
• el Cristal o estructura empírico analítica (ciencias físicas)
• el Código o estructura histórico hermenéutica (lingüística, semiología,
sociología, etc.)
• la Matriz o estructura psico-sintética (Astrología)
La comprensión astrológica difiere tanto de la explicación de las ciencias
duras como de la interpretación de las ciencias humanas.

Urania y Sofía 130


Volviendo a Ken Wilber, en su libro Los tres ojos del conocimiento (1983)
apela a una metáfora de un místico cristiano del siglo XIII, san
Buenaventura, según la cual cada uno de nosotros disponemos de tres
“ojos”; el ojo de la carne, el ojo de la razón y el ojo del espíritu o de la con-
templación. Cada uno de los cuales nos permite acceder a un dominio dife-
rente de la realidad.

3- Ojo del espíritu – Ciencias espirituales


(Yoga/Meditación/Contemplación)
2- Ojo de la razón – Humanidades, ciencias sociales
1- Ojo de la carne – Ciencias naturales

El significado y el valor no pueden percibirse con el ojo de la carne, pero


para el ojo de la razón son tan verdaderos como los objetos sólidos. Las
verdades espirituales no pueden ser comprendidas para el intelecto, sino
tan solo para el ojo de la contemplación, facultad que va más allá del inte-
lecto (pero que no lo niega).

Es evidente la relación entre las estructuras de Guinard y las de Wilber,


la diferencia es que el francés ubicaría a la Astrología como una cien-
cia espiritual: “Es un saber que funciona fuera de los límites de la razón
discursiva y del pensamiento dualista, más allá de la simple interpreta-
ción de lo visible a partir de señales mentales, y que nace de una lla-
mada a una razón más amplia, de una apertura del espíritu a todo el
potencial psíquico”.

CONCLUSIONES
Una hipótesis para cada nivel

Según la sabiduría perenne (el núcleo de las grandes tradiciones de sabi-


duría de todos los lugares y todas las épocas), la realidad está compuesta
de varias dimensiones o reinos (como la materia, la vida, la mente, el alma
y el espíritu).
Son realmente abismos cualitativos los que los separan, abismos que sólo

131 Urania y Sofía


pueden ser salvados gracias a la conciencia. Estos abismos son los que se
despliegan entre los diferentes niveles de la realidad.
El primero de ellos es el que aparece entre la “nada” y la materia inanima-
da. Tal como se preguntaban los filósofos eleatos: ¿por qué existe algo,
más bien que nada?. Desde el punto de vista estadístico, las posibilidades
de que “algo” exista es exorbitantemente mínima. Pero aquí estamos, des-
pués de todo.
El segundo abismo corresponde al que se despliega entre la materia anima-
da y la inanimada. ¿Como puede explicarse el misterio de la vida?
Difícilmente lo haremos si apelamos a un azar imposible de relaciones ató-
micas y moleculares que químicamente crean vida a partir de lo inerte.
El tercer abismo corresponde al despertar de la autoconciencia, el movi-
miento reflexivo propio del ser humano que da cuenta del fluir de la pro-
pia conciencia. ¿Cuándo y cómo surge esta capacidad? ¿Como puede
adquirir conciencia de sí mismo un guiñapo palpitante hecho de sangre y
de carne?.
El cuarto abismo es el que separa la autoconciencia de la iluminación.
Dicho en otros términos, el pasar de la conciencia individual a la concien-
cia universal y vivir en ese estado.
La idea es que, en realidad, no sólo existen dos reinos estrictamente sepa-
rados (la materia y el espíritu), sino cuatro o cinco reinos sumamente
imbricados. Desde el punto de vista de la filosofía perenne, el dominio más
elevado es el fundamento “no-dual” de todos los demás, de modo que el
espíritu último está más allá de todos los dualismos. A medida que el Uno
(mejor dicho, el no-uno, no-dos) se transforma en muchos, se van generan-
do los diversos dualismos.

Como hemos visto, el hecho astrológico puede comprenderse desde el


punto de vista de los diferentes niveles de realidad. ¿Y hasta donde llega?.
Podemos decir que araña lo divino, en el sentido que es una vía regia para
conectarnos con niveles más y más profundos de realidad.
Ahora bien, cada nivel superior no puede explicarse en términos del nivel
inferior. No podemos explicar las interacciones culturales que genera el
lenguaje apelando a la biología, ni los instintos biológicos de las criaturas
apelando a la ley de gravedad de Newton.
Y viceversa, los símbolos (el lenguaje) no crean las esferas materiales pero

Urania y Sofía 132


sí las esferas mentales. De hecho, los niveles mentales superiores “son”
símbolos.
Asimismo, difícil es explicar las sincronicidades astrológicas en términos
de interacción cuántica de partículas o sopesar las identificaciones arque-
típicas (vía carta natal) de una persona en base al gradiente lumínico de los
planetas.
A partir de La Gran Cadena del Ser (la estructura de niveles de realidad
definida por la filosofía perenne), podemos desarrollar una estructura con
diferentes niveles de fundamentos astrológicos, teniendo en cuenta los
niveles de realidad a los que nos referimos. (ver Figura 3)

Figura 3

Como hemos venido analizando a través de las diferentes hipótesis, el


hecho astrológico puede fundamentarse de maneras muy diferentes. La
Gran Cadena puede ayudarnos a ordenar de forma sintética estas diferen-
tes hipótesis.

133 Urania y Sofía


El nivel físico
El nivel más básico de la realidad es el que comprende a la materia, los
objetos que pueden tocarse y medirse cuantitativamente.
La física causal de Newton y la física cuántica acausal son las más adecua-
das para brindar explicaciones a este nivel. La holografía también trata con
frecuencias del reino de la física, así que estaríamos percibiendo la
Astrología con el “ojo de la carne”.
Interpretar a la Astrología desde sus fundamentos más básicos es la mane-
ra más segura de recortar su potencial y de simplificarla salvajemente,
cayendo en el reduccionismo típico de las ciencias duras al desentenderse
de otras formas más englobantes de comprensión. Si bien toda investiga-
ción al respecto es bienvenida, me parece que la virtud principal de la
holografía y la mecánica cuántica radica en su capacidad heurística y en su
potencial metafórico.
Advirtamos también que estaríamos percibiendo la realidad astrológica
casi exclusivamente desde el cuadrante del Ello, renegando de un 75% de
“verdad”.
En este ámbito lo más prometedor que intuyo son las investigaciones con
respecto a la influencia de la conciencia en los resultados de los experi-
mentos físicos, pero ese tema lo tocaremos dentro de unos momentos.

El nivel biológico
A nivel vida y cuerpo (el segundo eslabón de la Gran Cadena) la Astrología
puede llegar a fundamentarse gracias Rupert Sheldrake y su teoría de los
campos morfogenéticos y la resonancia mórfica, por la cual habría ciertos
patrones invisibles que dirigen todas las formas vivas. El astrónomo Percy
Seymour teoriza sobre un proceso de sensibilización del sistema nervioso
fetal por la resonancia de un campo geomagnético, mientras que el astró-
logo Demetrio Santos apela al efecto del gradiente de luz planetario sobre
los seres vivos.
Bruce Scofield sugiere un modelo astro-biológico de desarrollo humano,
basado fundamentalmente en el concepto de impronta del etólogo Konrad
Lorenz. Scofield cree que los factores ambientales (sobre todo los ciclos
circadianos y circanuales) generan una impronta (un patrón de conducta
innato) que se fija a lo largo de diferentes períodos de tiempo. Las cam-
biantes propiedades del campo electromagnético serían coincidentes con

Urania y Sofía 134


cierta periodicidad biológica de cada ser.
Si bien ahora “subimos un nivel”, evidentemente estas teorías dejan
muchos agujeros pues sólo podrían explicar a la astrología genetlíaca,
siendo incapaces de responder a la astrología mundana y horaria, por ejem-
plo; ellas no pueden aplicarse a entes no biológicos como una empresa, un
país o una pregunta.
En todo caso, si existen influencias planetarias a nivel biofísico estas no
dependen tanto de la Astrología como de la cosmobiología.

El nivel psíquico
El tercer nivel es el de la mente, comprende una realidad a la que podemos
acceder con el “ojo de la razón”, aquella compuesta de conceptos, imáge-
nes, símbolos y fundamentalmente de lenguaje. Como dice Jung, “al igual
que una planta produce sus flores, la psique crea sus símbolos”.
Advirtamos que no nos referimos a diferentes percepciones de una misma
realidad sino a realidades ontológicamente diferentes. Para el ojo de la
carne lo real son los objetos físicos cuantificables, mientras que para el ojo
de la razón lo real son los conceptos y símbolos cualificables.
Aquí la fundamentación del hecho astrólogico tiene que ver con su capa-
cidad de simbolización y con su intrínseca estructura lingüística. Sólo en
este nivel es donde la interpretación astrológica tiene lugar, ámbito de la
hermenéutica, la introspección y la posibilidad de vincularidad real entre
sujeto y sujeto (antes era entre sujeto y objeto). Creo que es en este nivel
mental donde los astrólogos hacemos el mayor uso (y abuso) operativo de
la Astrología. Cada libro que se ha escrito al respecto se ha hecho con el
ojo de la razón, y su enseñanza y aprendizaje (salvo excepciones) se apoya
casi completamente en este nivel mental.
En cuanto a los fundamentos astrológicos, la semiótica, el simbolismo,
algunas escuelas de psicología y otras ciencias hermenéuticas serían las
más adecuadas para interpretarlos. Tanto la sincronicidad junguiana como
la razón matricial de Guinard se situarían en el límite superior de este nivel
mental, pues es el momento en que el sentido y el significado comienzan
a atraer la conciencia transformándose en un nuevo centro de gravedad.
Cuando gracias a su capacidad de razonar el individuo comienza a a inqui-
rirse acerca del significado de la existencia, se abre a los niveles transper-
sonales del alma y del espíritu.

135 Urania y Sofía


El nivel sutil
En los dominios del Alma nos manejamos con una Astrología mucho más
sutil. En este plano de realidad, el lenguaje, el pensamiento y el ego se ven
superados y trascendidos (pero sin ser negados). Es en este nivel donde se
abre el ojo de la contemplación y donde se manifiestan fenómenos para-
normales, experiencias extracorporales y de iluminación, visiones de seres
angelicales y guías arquetípicos que encarnan cualidades que forman parte
de nuestro ser más profundo.
Aquí la razón le cede el paso a la intuición, entendida como un insight
súbito, independiente de cualquier proceso intelectual racional y a menu-
do peleado a primera vista con la lógica. La psique humana absorbe men-
sajes “de arriba” a través de las intuiciones, así como a través de las sen-
saciones absorbe mensajes del nivel físico; para luego integrarlos en un
todo cuerpo-mente-alma. . Los símbolos astrológicos transfieren la energía
psíquica de una forma inferior a otra superior.
Este contacto con lo sutil se vehiculizaría gracias a los arquetipos trans-
mentales que la Astrología nos acerca, en una forma de cognición superior
que puede evocarse meditando en el Vacío central del mandala de una carta
natal, percibiendo nuestra Esencia Arquetípica y siendo nuestro ego absor-
bido en ella. Es el momento en que podemos desenfocar nuestra
mirada/conciencia al estilo de los guerreros samurai cuando emplean la
visión kan, y así acceder a la verdadera esencia de las cosas.
El Logos matricial, de la cual la Astrología es una de sus posibilidades,
preexiste a toda toma de conciencia, y no sería sino una organización
arquetípica superior que se imprime sobre cada uno de los niveles inferio-
res, del mental al físico.
El hecho astrológico se fundamentaría aquí en la realidad psíquica y
“sobrenatural” de la existencia y en su relación con los surcos arquetípicos
colectivos, heredados, inconcientes -tanto prepersonales como transperso-
nales (5)- simbolizados por los mismos operadores astrológicos.
A partir de este momento, el Sí mismo, el arquetipo de la carta natal y la
Astrología misma se ven trascendidos, pues llegamos al reino del espíritu.

El nivel último no-dual


En verdad, no podría haber ningún yo que “llegue” al reino del espíritu,
pues aquí no existe diferenciación entre uno y el todo. Nadie está llegan-

Urania y Sofía 136


do a ningún lado, porque de repente Uno estuvo siempre en todos lados.
Todas las formas y matrices arquetípicas vuelven a la Fuente, ésta es la
trascendencia total donde no hay micropartículas, ni hologramas, ni cria-
turas, ni ego, ni Dios, ni Astrología. No hay nada a excepción de la
Conciencia Pura.

El misterio de la conciencia

Como hemos visto en cada una de las etapas de nuestro viaje, siempre la
conciencia ocupa un papel esencial.
Los últimos diez años del siglo XX fueron definidos como la década del
cerebro por la comunidad científica. Muchos creyeron que estaban muy
cerca de la solución de uno de los más grandes misterios con los que se
enfrenta la ciencia: ¿qué es la conciencia?. Sin embargo, aunque desplega-
ron ante nuestros ojos espectaculares imágenes en 3d del interior de un
cerebro en funcionamiento, no lograron explicar los mecanismos neurona-
les del pensamiento y de la conciencia.
Como ocurre generalmente en el ámbito de las ciencias duras, han reduci-
do toda la complejidad de la conciencia a los datos registrados por el cua-
drante del Ello, ignorando la verdad propia de los otros tres y proyectando
la totalidad de la psique en el soporte material del cerebro. No es que lo
que están descubriendo no sea verdad, pero es una verdad a medias…
mejor dicho “a cuartos”.
Algunos físicos son tan reduccionistas que definen la conciencia como
materia… pero sutil. El Dr. Geoffrey Chew dice que la conciencia se rela-
ciona íntimamente con los fotones débiles, y resulta sugerente cómo la
metáfora de la holografía y la “luz de la conciencia” se hacen casi literales
para uno de los popes de la física cuántica.
También vimos que en el nivel más básico de la realidad, el de la materia
inerte, los físicos discuten si la conciencia del observador puede modificar
la observación o no.
El matemático y filósofo David Chalmers dice que debemos tratar a la
conciencia como un aspecto irreductible del universo, como lo es para los
físicos el tiempo, el espacio y la masa. Según él, no es que la conciencia
sea consecuencia de la materia ni la materia fruto de la conciencia, sino

137 Urania y Sofía


que ambas son en esencia “información”. La realidad puede estar genera-
da a partir de la interpretación de información. Formaríamos parte de un
infinito complejo informacional sujeto a la libre interpretación, esto es, a
la búsqueda de patrones reconocibles dentro del flujo de “datos” que gene-
ra a la vez mucha más información. Cuanto más compleja es la informa-
ción que se procesa, más lo es la vida conciente. Pero eso no impide que
existan formas de procesar la información mucho más primitivas, como las
piedras. La conciencia siempre es gradual. Guinard diría que tal procesa-
miento de información se hace en base a la matriz astral.
Para Chalmers, si bien sos dos cosas diferentes, no hay conciencia sin
cerebro; mientras que para el psiquiatra Stan Grof hay estados de concien-
cia que parecen existir independientemente del cuerpo y los sentidos físi-
cos (parapsicología, LSD, tanatología, estados holotrópicos, etc.)
Tenemos que evitar caer en la dicotomía mente/cerebro y por qué no,
encarar el tema desde la perspectiva de la filosofía perenne. Después de
todo, lo que da cuenta de la evolución de la materia al espíritu no es otra
cosa que la conciencia, el hilo de oro que une las perlas de cada nivel de
realidad.
A nivel físico estamos hechos de estrellas, a nivel psíquico nos reflejamos
simbólicamente en ellas. La ciencia refleja objetivamente lo que ve, mien-
tras que la Astrología lo hace simbólicamente. Ciencia y Astrología son
dos formas complementarias de reflejar la realidad.

Llegados a la esfera psíquica y sutil, la conciencia por fin se pregunta por


ella misma. Pero no es posible llegar a este nivel si de alguna manera el
cielo exterior no se ha erigido en nuestro interior. De acuerdo a la respues-
ta que ella misma se da, este cielo exterior se materializará simbólica y
literalmente por medio de los arquetipos. Los veremos a nuestro alrededor
en los vínculos que forjamos; con suerte en la propia sombra que negamos
y que aparece como un daimon personal, como destino propio y colectivo.
La carta natal ofrece un significado del yo personal y único en relación a
un contexto cósmico, y la Astrología está capacitada para permitir una gra-
dual apertura de conciencia: Dios duerme en la piedra, sueña en la planta,
despierta en el animal y sabe que está despierto en el hombre.

Como la definía la astróloga Marcia Moore: Conciencia es aquel factor

Urania y Sofía 138


mediato a través del cual el Uno llega a ser muchos con el objeto de que
los muchos al mismo tiempo puedan magnificar al Uno. Este es el punto
de equilibrio entre las polaridades dinámicas de cuya interacción todas
las cosas llegan a nacer. Espíritu y materia, alma y cuerpo, yo y los otros;
los opuestos quedan a un lado, absolutos metafísicos que retroceden como
el horizonte. Solamente pueden encontrarse y ser reconciliados en la con-
ciencia del individuo.

Todo aquello de lo que somos concientes es asociado al “yo” por interme-


dio de la conciencia. Jung decía: “Cuando nos preguntamos por la natu-
raleza de la conciencia, el hecho -maravilla entre maravillas- que más
profundamente nos impresiona es que apenas se produce un acontecimien-
to en el cosmos, se crea simultáneamente y se desarrolla paralelamente
una imagen de él en nosotros, convirtiéndose así en conciente. Ser con-
ciente es percibir y reconocer el mundo exterior, así como al propio ser en
sus relaciones con éste mundo exterior. Ésto último significa reconocerse
a sí mismo en su ambiente”.
Este sí mismo, centro de la conciencia, es un yo que puede ir abriéndose
al espíritu a partir de identificaciones y desidentificaciones sucesivas.
La conciencia es la que otorga significado al universo, pero se encuentra
limitada a decodificar tan solo una parte del espectro total de la realidad
pues no solamente depende de la información que aportan los sentidos sino
del grado de ampliación e integración que haya alcanzado.

En el último eslabón de la Gran Cadena del Ser, se advierte que sujeto y


objeto son lo mismo.
Tat vam asi, somos estrellas que han tomado conciencia de sí mismas.

139 Urania y Sofía


Notas
1. Con potencial heurístico me refiero a todas aquellas hipótesis creativas
o inventivas que como ensayo de explicación conducen al descubrimiento
de nuevos hechos.
2. Fuente: www.wikipedia.org
3. Nota de Sergio de Régules. Es un físico y coordinador científico de
¿Cómo ves? Su libro más reciente es ¡Qué científica es la ciencia! (Paidós,
2005). Sergio dice que la culpa no es de la cuántica, sino del que la hace
religión.
4. Unus Mundi: Forma latina que empleaban los alquimistas europeos del
Medioevo para referirse al Mundo Puro, Uno y Virginal del que procede el
Universo. La Realidad que subyace fuera del espacio y el tiempo.
5. En el desarrollo de la conciencia se dan principalmente tres estadíos, el
prepersonal, el personal y el transpersonal. El estadío prepersonal consis-
te en una integración con el cosmos que es previa a la estabilización del
ego (pre-egoica). Tal integración es básicamente corporal, y remite al sen-
timiento de infinitud paradisíaca propia de la vida intrauterina o la del bebé
recién nacido.
En el estadío personal se da una diferenciación con respecto a la unidad.
Esto es una evolución sana de la conciencia, ahora identificada con el reino
mental (racional). El ego se estabiliza, y si todo va bien llega a madurar
exitosamente.
En el estadío transpersonal la conciencia trasciende el reino mental para
identificarse con el alma y el espíritu. Trasciende la mente, va más allá, no
la niega ni la reprime.
Si uno ve el desarrollo humano como crecimiento (magia, mito, racional,
transracional), resulta que pueden apreciarse dos clases de no-racionali-
dad. Están las formas pre-racionales de pensamiento, las mágicas y las
míticas (donde la razón aún no existe o está abandonada) y están las for-
mas transracionales (donde la razón permanece intacta, pero es transcen-
dida en estados transmentales). Por ejemplo, en la meditación uno es cons-
ciente del funcionamiento de la mente, pero se trasciende, no se regresa a
un estadío más infantil. Ver www.astrotranspersonal.com.ar

Urania y Sofía 140


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Historia de Roma. Plaza y Janés Editores S.A.

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El retorno de los astrólogos. Editorial Extemporáneos.

Peuckert, W. E.
La Astrología. Su historia. Sus Doctrinas. Ediciones Castañeda
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Rodenas Madrona, Sinesio,


La espiral del desarrollo humano. Revista Eudemón Nº 6 a 9.
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Sabadell, Miguel Angel


¿Está escrito en las estrellas? Una revisión crítica de la
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Zancolli, Eduardo R.
El misterio de las coincidencias.
Editorial Del nuevo extremo - Serendipidad

Urania y Sofía 146


INDICE

Unas palabras a modo de Prefacio ........................................10

Capítulo 1- Aries ......................................................................11


Las huellas de una Idea

Capítulo 2- Tauro ......................................................................19


Los filósofos de la naturaleza.
Mileto, cuna de filósofos
Pitágoras y la armonía de las esferas
Nada cambia, todo fluye
Astrología, filosofía y los cuatro elementos

Capítulo 3- Géminis ................................................................27


Los filósofos de Atenas
Alejandría, la ciudad del saber
Claudio Ptolomeo, astrólogo y astrónomo
El regreso de Platón

Capítulo 4- Cáncer ..................................................................38


Jesús de Nazareth, la estrella de Belén
San Agustín, un ex-astrólogo contra la astrología
Los árabes entran en escena

Capítulo 5- Leo ..........................................................................44


Hacia el Renacimiento, ¿pero el renacimiento de qué?.
Kepler, astrólogo y figura de la ciencia

Capítulo 6- Virgo ......................................................................52


El siglo XVII, método y discurso
Una astrología racional
Los empiristas del siglo XVIII

147 Urania y Sofía


Capítulo 7- Libra ......................................................................59
La ilustración, un racionalismo optimista
El Romanticismo

Capítulo 8- Escorpio ................................................................63


Astrología y ocultismo en Europa

Capítulo 9- Sagitario ................................................................67


Hegel, una idealista filosofía dinámica.

Capítulo 10- Capricornio ........................................................70


Marx, Darwin y Freud, un golpe al amor propio
del ser humano
La Astrología, una disciplina para la nueva era

Capítulo 11- Acuario ................................................................75


Un nuevo paradigma psicológico
Ok, funciona, pero ¿cómo?
Reuniendo psique y materia
La astrología como holograma
Astrología multininivel

Capítulo 12- Piscis ....................................................................99


Conclusiones, agradecimientos

Anexo 1........................................................................................104
El hecho astrológico, de la física cuántica
a la espiritualidad

Bibliografía ................................................................................143

Urania y Sofía 148


149 Urania y Sofía
Visual Zodiac, reflejos del Ser
www.facebook.com/visualzodiac

Un mazo especialmente pensado para astrólogos profesionales y estudiantes de Astrología,


aunque también puede ser utilizado por toda persona interesada
en los lenguajes simbólicos. Se trata de un mazo de 78 cartas que refleja las posibles
combinaciones que pueden darse entre los signos del Zodiaco o los planetas,
proponiendo una mirada integradora de las cualidades energéticas que muchas veces
pueden parecer irreconciliables o de muy difícil síntesis.
Por Nil Orange y Alejandro Christian Luna

www.astrotranspersonal.com.ar