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Hacia delante no significa ir a mejor (al menos no necesariamente)

Por Javier Vivanco 26-11-2018

¡Qué difícil me resulta empezar esta carta!

En otras circunstancias lo tendría claro: Estimado tal, me dirijo a usted para…

…pero es que, para empezar creo que la palabra usted encierra demasiado respeto en sí
misma como para poder utilizarla en referencia a su persona y por supuesto mi
consideración hacia su labor se aleja, y mucho, del cariño o el afecto.

Es por esto que simplemente le escribo para, una vez más, recordarle que no puedo
cumplir uno de mis mayores deseos: olvidarme de usted.

Todavía no entiendo en que estamento de la incompetencia le otorgaron el título de


administrador pero, una cosa tengo clara, ir hacia delante no significa ir a mejor (al
menos no necesariamente), y más tratándose de usted, si es usted quien gestiona, pues
una y otra vez deja claro que lo suyo es practicar el oficio del egoísmo y, por supuesto,
no puede entender que yo tenga frío y mis tiempos sean distintos de los suyos.

¡Por supuesto que no! Se perfectamente que el tiempo pasa distinto a 24ºC como usted
disfruta en su oficina que a 14ºC en mi estudio y que si le digo que mis sabañones son
del tamaño de la yema de un huevo de avestruz usted tendrá que ir al diccionario para
buscar qué cojones es eso de los sabañones pues sus delicadas manos recién maqueadas
no conocen penurias y mucho menos de lo que significa vivir bajo su cometido.

Ya me gustaría que estuviera usted aquí conmigo…. En menos de media hora me daría
el número de teléfono del operario encargado de arreglar la calefacción. Y digo me
daría, porque sus aburguesados dedos serían incapaces de soportar media hora lo que
tengo que soportar yo todos los días.

Es por esto que le recuerdo que ser administrador significa gestionar y que un buen
gestor hace su trabajo sabiendo que después de que todos hayan cogido su parte, y no
antes, él coge la suya. Estoy seguro que de ser así el montaje y no como usted y sus
amigos lo han dispuesto, correría raudo y veloz a coger la escuadra y el cartabón para
que cada pedazo no excediera un milímetro del otro.

Ya que no puedo olvidarme de usted, venga a vivir conmigo y, aunque no le den un


título, seguro que aprende que hay algo más que su despacho climatizado a 24ºC y que
el tiempo adquiere una dimensión distinta cuando vives más cercano a la realidad.