Está en la página 1de 217

TITULO : EL ACUERDO

TÍTULO ORIGINAL: The bargain


AUTORA : VERONICA SATTLER
TRADUCIDO POR : grupo de traducciones Constanzaenglish
GENERO: Romance Histórico

CONTEXTO: Inglaterra, 1795

PROTAGONISTAS: Ashleigh Sinclair y Brett Westmore, Duque de Ravenford

UNA MUJER EN EL LUGAR Y EN EL MOMENTO EQUIVOCADO ...

UN TERRÍBLE EQUIVOCO ROBA LA INOCENCIA DE UNA JOVEN Y COMPROMETE EL


CORAZON DE un FAMOSO CONQUISTADOR!!

Amedrentada, Ashleigh recorrió con sus ojos el imponente


aposento que le habían destinado. La amplia cama matrimonial ,
las ricas cortinas de terciopelo, los espejos en los cuales se veía reflejada en todos los
ángulos. Ese lujo la impresionaba, era excesivo... y le creaba recelos . Algo estaba mal.
Un golpe en la puerta la sacó de sus especulaciones . El Duque de Ravenford entró
en el cuarto y quedó sorprendido. Esperaba por una puta divertida, y no una mujer tan
joven y bella. Hasta podía jurar que ese rostro reflejaba inocencia. Pero era una
prostituta. Y como él ya había pagado por sus "servicios", ahora solamente le quedaba
disfrutar del placer!

Y SIGUEN LOS EQUIVOCOS ...

Si tuviésemos que crear un podio de protagonistas masculinos categoría “Chicos Malos”


, Brett el duque de Ravenford sería medalla de oro .

Cuando el abuelo de Brett creyendo que el muchacho nunca estuvo con una mujer,
resuelve contratar a una ”profesional del sexo” para iniciarlo en las “artes sensuales” .
Ocurre que él no es virgen hace mucho tiempo y solamente sale con mujeres casadas de
la sociedad londinense explicando asía porque nunca se lo ve paseando del brazo con
ninguna mujer.

Ashleigh es una huérfana que trabaja como criada en un prostíbulo y nunca ejerció la
profesión , ella fue educada para ser ama de llaves o tutora . Una de las niñas de la
casa quien no quiere a Ashleigh resuelve vengarse y cambia una carta donde existe un
pedido de muchacha para un empleo de ama de llaves por otro donde el viejo Duque
hace un pedido de una prostituta para su nieto.
Ashleigh es llevada al interior de la mansión del Duque y queda sorprendida cuando el
muchacho a quien debería enseñarle matemática y geografía es un hombre hecho y
derecho que le roba su virginidad.

Y aunque Ashleigh les parezca muy ingenua en el planteo de esta historia , ella deberá
crecer y madurar para conseguir imponerse a un noble tan cínico y pretensioso como
Ravesford . A su vez Ashleigh va a descubriendo su propia historia haciendo
descubrimientos de hechos de su pasado que inclusive la ligan a Ravesford.
Hay historias paralelas y ciertos secretos interesantes en la familia de Brett que
constituyen un plus para esta maravillosa novela.

EL ACUERDO
VERONICA SATTLER

PRÓLOGO
Kent, Inglaterra, 1795

John Westmont, el octavo duque de Ravensford, se inclinó sobre la gran mesa tallada
. Las sombras de la biblioteca recaían sobre su rostro anguloso, acentuando sus ojeras y
ocultando el vivo sufrimiento que había en sus ojos.
— Tus padres están muertos, hijo. Y también tu hermano — dijo él, dirigiendose al
pequeño caballero delante suyo . — Hay algo que quieras decir a ese respecto?
Brett Westmont levantó sus ojos azules turquesa y sustentó la mirada penetrante de su
abuelo, sin dar muestras del dolor que le oprimía el corazón desde que había tenido
conocimiento de la horrible tragedia.
— Mi padre murió , abuelo. Y también mi MEDIO hermano .
El viejo duque se puso de pie y lo miró azorado.
— Estás siendo impertinente, hijo. Esperaba algunas palabras que expresasen un
sentimiento de dolor y compasión, no una disgresión sobre la genealogía de nuestra
familia!
El niño respiró profundamente dos o tres veces, como si le fuese difícil responder.
— No quise ser impertinente. Pero es que mi verdadera madre...
El duque lo miró fijamente, como si él fuese una cortina de vidrio que dejase
transparentar el pasado,
— Cómo te atreves a hablar de alguien que dejó de existir hace más de siete años, en el
mismo instante en que abandonó esta casa? Te olvidas que ella le fue infiel a tu
padre, antes de abandonarlo?
Brett levantó heroicamente la cabeza, y su súbita coraje se hacía más elocuente por el
rubor que el sufrimiento le causaba.
— No. No me olvidé.
El no se había olvidado , a pesar que nunca más había vuelto a ver a su madre, cuyo
nombre, Mary, vizcondesa de Westmont, había sido borrado y prohibido en Ravensford
Hall. Se hablaba de ella en voz baja y a escondidas, en los primeros tiempos. Pero jamás
había logrado conciliar aquellas palabras susurradas con los recuerdos borrosos pero
persistentes de una muchacha alta, de piel clara e iluminada y ojos brillantes.
— Un acontecimiento trágico, absurdo — volvió a decir el duque, llamándolo a la
realidad . — Y , de nuevo , por causa de una mujer! Fue tu madrastra, lady Caroline,
quien llevó tu padre para a este trágico final.
— Deja que los muertos descansen en paz, John!
Brett levantó os ojos, sorprendido, al ver la majestuosa figura de lady Margaret,
hermana melliza del duque, aparecer desde el otro extremo del salón y aproximarse a
ellos con pasos lentos. No estaba a solas con su abuelo, como había imaginado .
John Westmont se volvió hacia ella y la miró con frialdad.

— Si quieres que participar de esta entrevista, aunque no entiendo cuál es tu interés


en esto, procura no interrumpirme . En cuanto a los muertos, déjame decirte, por tu
bien y por el del niño, que mi hijo y su segunda mujer eran una pareja de borrachos.
Lady Margaret se escandalizó.
— Pero eso es monstruoso!
— Es la verdad — dijo el duque serenamente. — El niño la sabrá, más tarde o más
temprano ... y creo que debería saberlo ya. Los dos estaban embriagados cuando
dejaron la partida de caza y se subieron al carruaje que los llevó a la muerte. El viejo
Henry me contó que vio a Edward arrancar las riendas de las manos del cochero y lanzar
el carro por el camino a una velocidad espantosa.

— Pero el eje defectuoso... --- quiso objetar Margaret.


— Si Edward hubiese estado sobrio y el carruaje confiado en manos más competentes,
ellos tal vez se habrían salvados de este final . Y quizás ese inocente no se habría
servido como chivo expiatorio!
El duque hizo una pausa momentánea y después continuó , hablando más para si mismo
que para su hermanos:
— Ambos eran irresponsables y estaban perdidos en la vida. Vivían viajando de un
lado a otro, como en una orgía perpetua. Destruían cosas y personas y después se
refugiaban en la lujuria del dinero o en la indiferencia y dejaban que los otros
resolviesen los líos en los que se metían...
Los ojos vivaces se fijaron en el rostro severo de lady Margaret.
— Y nadie puede negar que Edward se lanzó a esa vida licenciosa después que se casó
con Caroline Hastings. Un casamiento, mi querida hermana, que vos urdiste!
— John! No puedo permitir...
— Soy yo quien decide lo que está permitido en esta casa! — dijo John Westmont con
un súbito acaloramiento, su sangre subiéndole a las mejillas.
Ya más calmado, él miró a su nieto.
- Siempre son las mujeres, Brett. Primero fue mi madre, insistiendo en educar a mi
hermana melliza de manera inconveniente. — él sonrió fríamente. — No fue así,
Margaret? No es verdad que, valiéndote del hecho de haber venido al mundo en primer
lugar, vos quisiste cuestionar mi derecho al ducado?
Esa vez, lady Margaret no se contuvo.
- No quiero oír nada más , John! — gritó ella alterada por el odio. — Haz lo que
quieras con el niño. Yo me lavo las manos!
Cuando ella se dirigió altivamente hacia la puerta , el duque la siguió con os ojos y
suspiró, desconsolado.
— No te lo dije, Brett? Las mujeres sólo nos causan problemas. No lo olvides nunca: si
quieres vivir en paz, huye de ellas!
- Recordaré eso, abuelo.
- Tu abuela, la duquesa, no escapó a la regla. Ella interfirió de tal manera en la
educación de tu padre que lo convirtió en un débil. Lo Mimó demasiado, a pesar de mis
protestas, y cuáles fueron los resultados? Edward se casó con esa... esa extranjera, una
mujer cuyo comportamiento...
John Westmont asumió un aire distante al recordar la escena que tanto lo amagaba.
— "Fue un matrimonio de amor, papá", él me dijo, cuando, después de semanas de
búsqueda, los dos fueron encontrados en Gretna Green. — El duque señaló la puerta por
donde su hermana había salido.
— Pero ella no dejó que las cosas quedasen ahí. Oh, no! "Lady Caroline Hastings será
una esposa perfecta para nuestro Edward."
Pronunció esas palabras con cólera, pero pronto su tono se suavizó , impregnándose de
una mezcla de ternura, remordimiento y desesperación. Una desesperación tan profunda
que pareció robarle toda su energía.
— Una esposa tan perfecta que lo llevó a la tumba prematuramente! — murmuró él,
dejándose caer en la silla.
Recomponiéndose, observó el retrato con marco de plata sobre el escritorio, antes de
dirigirse de nuevo a Brett.
-- Lo que no puedo perdonarle a Edward es se haya llevado consigo a un inocente de
dos años!
"En un carruaje inseguro, que estaba destinada a mí!", pensó el niño, un escalofrío
premonitorio recorriéndole la espina dorsal, y no por primera vez, al recordar de que el
"vehículo de la muerte" debía llevarlo a Eton, donde él iniciaría su vida escolar.
EL duque pareció adivinar sus pensamientos.
— No te culpes imaginando que tu familia murió en lugar tuyo , hijo. Ya viví
demasiado tiempo para saber que nadie escapa de su destino. Comprendiste?
Brett reflexionó un momento. Después respondió, con su sonrisa suave y encantadora :
— Si, abuelo.
— Entonces , óyeme. Este desgraciado acontecimiento va a cambiar radicalmente todos
los proyectos que hice para vos.
John Westmont miró a su nieto. Era una niño increíblemente bello, y, en su presencia,
todos los otros sentimientos se disipaban, para dar lugar a una ternura profunda.
— Decidí no mandarte a Eton.
— Por qué, abuelo ?
- No puedo negar que escuelas públicas, como Eton o Harrow, proveen una excelente
educación a sus alumnos. Pero, después del desastre que Edward hizo de tu vida , resolví
darle otro rumbo a tu vida.
Brett asintió de manera tan clara que obligó a su abuelo a agregar:
- Tendrás una ventaja: te vas a librar de la intromisión de tu
tía abuela . Es mejor que sea así, pues ella no te aprecia.
Brett no se dejó, de ningún modo , perturbar. Continuó prestando atención a su abuelo,
como su la conversación fuese algo irrelevante o, al menos, impersonal.
-- Como te iba diciendo, cambié mis planes — retomó la charla Él — un día, vos
heredarás el ducado, y mi principal objetivo es hacerte un hombre formidable, que
nadie, sobretodo ninguna mujer, se atreverá a cambiar.
El duque empujó la silla de respaldo alto hacia atrás y se puso a caminar de un lado al
otro, visiblemente impaciente.
- La educación que vas a recibir te dará todas las ventajas para triunfar en este
mundo en que vivimos. Por ventajas no entiendo solamente fortuna y un apellido, sino la
capacidad de prever las celadas, trampas y debilidades que puedan surgir en tu camino.
Creo firmemente que, para alcanzar ese objetivo, un hombre debe ser criado en una vida
austera , con régimen de arduos ejercicios físicos, sin, con eso, descuidar los estudios
académicos, para estimular tu vida intelectual. Y si además logra asimilar las casi
olvidadas reglas de caballerismo y de las buenas costumbres, entonces podemos decir
que ese hombre estará capacitado para realizar hechos notables. Eso es lo que espero
de vos, tomando en cuenta tu inteligencia y tu sangre noble!
El duque abrió las cortinas y se volvió .
- Está decidido, Brett. Daré inicio a tu educación enviándote al mar por los próximos
dos años. Sin haber pasado por las pruebas a las que el mar somete un hombre, no
podrás templar tu carácter!
Después de una pausa, el abuelo continuó :
- Cumplirás servicios en un barco de unos amigos míos y responderás a las órdenes
del capitán Joshua Stockton, un amo justo y competente. En esa posición, no tendrás
privilegios ni un tratamiento especial. En verdad , además del capitán Stockton, nadie
conocerá tu verdadera identidad . A bordo, vos simplemente serás conocido como Brett
Westmont, y tendrás que trabajar mucho para ganar su sustento. Está claro?
— Si, abuelo — dijo Brett, sin vacilar.
— La única excepción a la rutina normal de un marinero será el hecho de que un
preceptor te acompañará en todos los momentos libres y le enseñará un programa
intensificado de estudios, como el que habría recibido en Eton. Para evitar la curiosidad
y la especulación de los oficiales, el capitán Stockton va a contratar a otro marinero, que
pasará por el hijo de algún noble o de un rico comerciante, deseoso de proporcionarle a
su heredero una experiencia en el mar junto con estudios académicos. Vos estarás
incluido en ese programa
solamente porque serás su compañero de viaje.
Brett asintió en concordancia, y el duque prosiguió:
— Después de ese período en el mar, tu educación proseguirá en Ravensford Hall.
Aquí, continuarás recibiendo instrucción académica, y también adquirirás nociones
básicas sobre administración de tierras, comercio y leyes. Al mismo tiempo, volverás a
practicar equitación, tiro al blanco y esgrima. Habiendo aprendido todo eso, puedo
asegurarte que sabrás comportarte como un perfecto caballero. Podrás afrontar los más
serios peligros y serás el mejor !
El duque se calló y, por primera vez, desde que había empezado su largo discurso, Brett
lo vio aflojarse. su rostro se suavizó , iluminado por el esbozo de una sonrisa.
— Temo que abordé este tema con cierta rudeza. No era esa mi intención. — hizo una
pausa y se dejó embargar por una inmensa oleada de piedad y emoción. — Yo te amo,
Brett,
Y quiero que sepas que, suceda lo que suceda, siempre cuidaré de vos. Te pido que
comprendas esto y acepte mis decisiones con coraje y buena voluntad .
Brett se quedó cabizbajo por un instante. Su amado padre había muerto , llorar no lo
traería de vuelta. Su madre, a la que le gustaría tener a su lado, estaba igualmente
perdida y no ganaría nada con preguntar dónde se encontraba ella. Si lo hiciese, se
arriesgaba a perder también a la última persona en la Tierra que estaba interesado en
él. Levantó la cabeza y respondió con firmeza:
- Si , abuelo. Lo comprendo y lo acepto.

CAPITULO 1

Londres, 26 de abril de 1814

Ashleigh se colocó delante de la chimenea de la sala de estar y se puso a barrer las


cenizas. Era una tarea que tenía que hacer al amanecer, antes de tomar la comida
matinal. Madame detestaba el olor del fuego muerto!
Enderezándose un momento sobre la basura, ella frotó la espalda con su mano delicada.
Entonces , con un leve suspiro de desánimo, alcanzó la pala y se preparó para recoger
las últimos vestigios de cenizas y después volcarlos en la pala.
Un leve ruido a sus espaldas la hizo girar sobre sus talones, estaba intrigada. Quién
podría ser, tan temprano en la mañana?
Al ver una hirsuta cabeza gris insinuarse en el vano de la puerta, soltó un suspiro de
alivio: era Finn, el gran perro irlandés que había rescatado de las manos crueles de unos
chicos de la calle.
— Finn! Qué estás haciendo aquí? — dijo Ashleigh con indulgente buen humor cuando el
animal se aproximó a ella, sacudiendo la cola, ansioso para que le hiciesen fiestas. —
No sabes que seremos castigados, si nos atrapan?
Pero había diversión en sus profundos ojos color de zafiro, mientras se ponía de rodillas
para abrazar el cuello del perro, buscando consuelo en el pelaje sedoso contra sus
mejillas . él era el remedio adecuado para su desánimo y sus vagas inquietudes.
El inconfundible tlap-tlap de chinelas por el corredor interrumpió sus tiernas caricias. Ella
levantó los ojos, asustada. Monique, una de las muchachas de Madame, estaba parada
en el umbral con una expresión de enfado en su bello rostro ovalado.
- Trajiste de nuevo a esta criatura asquerosa dentro de la casa? Cómo te atreves a
desobedecer las órdenes de Madame?
Ashleigh sujetó a Finn por el cuello y se puso de pie , oyendo al perro gruñir bajito.
Conocía muy bien sus obligaciones como para saber que había infringido una de las
reglas de la casa.
- Yo no tuve culpa, Monique. Finn me siguió hasta aquí.
- Cállate la boca, pequeña mendiga! — gritó la rubia, haciéndose de repente vulgar, y
casi fea.
Súbitamente ella se detuvo y llevó sus dos manos sus sienes.
- Oh, mi cabeza!
Ashleigh hizo una seña silenciosa a Finn para que desapareciese de allí y se volvió hacia
ella solícitamente.
- No quieres que te prepare una tisana? — Ashleigh ofreció, posándole una mano en el
brazo de la chica. — Dorcas tiene un nuevo polvo que su amigo marinero trajo de
Oriente. Parece que hace milagros.
- Me gustaría de probarlo — dijo a joven, todavía irritada, pero ya ablandándose ante
una perspectiva de mejorarse.
Sin embargo, al notar la marca que la mano sucia de cenizas de Ashleigh había dejado en
su inmaculada camisón, se volvió a enfurecer.
- Mira lo que has hecho , tarada! — Acto continuo, con un movimiento rápido e
impulsivo la abofeteó en la mejilla izquierda.
Ashleigh se tambaleó e llevó instintivamente su mano a su rostro, mirando a Monique
con estupefacción. No comprendía por qué ella venía mostrándose francamente hostil en
los últimos tiempos. Y, en ese instante, mientras sentía el ardor de las lágrimas en los
ojos, se preguntó qué había hecho para provocar la enemistad de la bella cortesana.
Lo que ella no adivinaba, a pesar de las manifestaciones evidentes, era que, como todas
las personas que miden su valor solamente por la apariencia, Monique se sentía
amenazada por ella.
En verdad, la más requerida prostituta de Madame, la abeja reina del elegante
establecimiento de St. James, había subestimado a Ashleigh cuatro años antes, cuando
la había conocido. La muchachita era excesivamente delgada entonces y poco
desarrollada para sus quince años. Además , trabajaba en el subsuelo, con la
servidumbre. Para qué preocuparse por alguien que ocupaba un lugar tan insignificante?
Había cometido un error de evaluación. Debía haber reconocido desde el principio la
frágil y casi etérea belleza da joven de rostro en forma de corazón. Las rasgos bien
marcados, la tez suave y con un delicado tono nacarado. Los enormes ojos color zafiro
eran límpidos y bordeados por pestañas largas y espesas, tan negras como sus cabellos.
Un pimpollo de rosa con una cara que nadie se contentaría con mirar una sólo vez,
semejante perfección .
Pero ahora la amenaza era real, tangible. El pimpollo se desarrollaba , y la rosa todavía
inmaculada en breve pediría que la deshojasen toda, pétalo por pétalo . Hasta Madame
ya había notado ese lento despertar y había hablado de eso con Drake, su mano
derecha.
Cuando había sido informada del interés de su patrona, Dorcas había defendido
calurosamente a su protegida, invocando la necesidad de respetar su inocencia en flor.
Pero Monique conocía a Madame: nada la detenía cuando se trataba de aumentar las
ganancias! Era solamente cuestión de tiempo para que Ashleigh fuese instalada en el
piso superior del burdel, con todas las honras que su belleza exigía.

CAPITULO 2

Sin sospechar los pensamientos de Monique , Ashleigh la alcanzó en la escalera y bajó


con ella hasta la cocina. Dorcas se encontraba delante del horno abierto, de donde
exhalaba un fuerte aroma a pan fresco. Miró con afecto a esa mujer corpulenta, simple y
franca y resolvió no hacer ninguna alusión del incidente ocurrido hacia minutos. Prefería
morirse a causarle un sufrimiento.
Su temor consistía en verse obligada a discutir esas cuestiones con Madame. Y , si
Monique fuese censurada a consecuencia de eso, haría todo lo que estuviese a su
alcance para hacerle a vida insoportable. No, era mejor dejar las cosas como estaban.
La cuestión, prácticamente, terminaría allí, si Dorcas no se volviese del horno ,
haciendo equilibrio con una gran asadera llena de bollitos.
- Oh, Monique! Qué haces aquí tan temprano? Uno mas de tus dolores de cabeza?
— preguntó ella cariñosamente. - Ashleigh, mi niña, estaba justamente pensando...
Al mirar la carita encantadora de su protegida, ella se interrumpió súbitamente, sus ojos
redondos expresando indignación.
- Golpeaste otra vez a esta niña?
La primera reacción de Monique fue de sorpresa.
- Cómo ..
— La marca de tu mano todavía está ahí, en el rostro de esta criatura! Después de una
serie de insultos , Dorcas corrió hacia Ashleigh y le pasó el brazo alrededor de los
hombros.
- Mi querida... Ven tomar una taza de té. Y come un pedazo de bollo, mientras yo te
preparo una compresa para tu pobre carita!
Ashleigh estaba tironeada entre dos sentimientos opuestos: dejarse consolar por la
buena mujer y evitar una nueva explosión de cólera por parte de Monique, quien la
miraba con indisimulable odio.
- Te equivocas, Dorcas. Monique no tiene nada que ver con esto — Ashleigh dijo
todavía vacilante. — Sabes como soy de torpe. Me Resbalé en el escalón de la chimenea
y me golpeé la cara.
El gran rostro de Dorcas reveló un brillo de su perspicacia. No había creído ni una sólo
palabra de la historia que Ashleigh le había contado, pero se daba cuenta su intención.
Qué hacer?
Amaba a la niña que, por la más extraña de las casualidades, había entrado en su vida
hacia doce años. Era una noche de invierno cuando su hermana Maud la había traído , la
niña más desamparada y más adorable del mundo, convencida de que allí era el lugar
más seguro que podría encontrar. Pronto le había inspirado una inmensa piedad y había
jurado hacer por ella todo lo que estuviese a su alcance.
Hija de gente de fortuna, Ashleigh había sido criada con todos lujos y comodidades
acordes a su origen. Pero la suerte se había acabado, súbitamente, la noche en que un
incendio había consumido su casa, los cuerpos de sus padres y todo lo que ellos
poseían. Era como si el destino hubiese determinado que cualquier rastro de los Sinclair
fuese borrado de la faz de la Tierra!
Las palabras incoherentes de Maud, posteriormente víctima mortal por la inhalación del
humo mortífero de ese incendio, habían agregado más un poco mas de misterio a los
hechos de por si muy oscuros. Ella le había rogado a Dorcas para que no hiciese
ninguna
investigación y que el tema no fuese discutido o comentado. "Es mejor que guardes el
secreto de la niña." Ante eso, qué podía hacer Dorcas, una simple cocinera de uno de los
más notorios burdeles de la ciudad?
Pero después de la muerte de Maud, ella había pedido a Roger, su amigo marinero, que
investigase el hecho. Roger había localizado al abogado de la familia y había sido
informada de que los padres de Ashleigh vivían del comercio libre. Además , eran
personas desorganizados en cuestiones de dinero y habían contraído muchas deudas,
algunas de las cuales eran para alimentar hábitos dispendiosos,. Ashleigh y su hermano
mayor habían vivido como dos pequeños príncipes de sangre real.
Ese hermano mayor, Maud le había explicado antes de morir, había sido enviado al mar
en un barco de propiedad da familia, con la misión de recuperar la fortuna dilapidada
comerciando en las islas Occidentales. Pero el muchacho se había perdido en el mar,
cuando el barco había naufragado, y nadie había vuelto a oír de él.
Después del incendio, las propiedades de los Sinclair fueron vendidas en una subasta
pública para pagar a los acreedores. Y nadie, ni el propio abogado, cuyo tiempo estaba
ocupado por asuntos particulares, se había preocupado por el destino de la niña que
había sobrevivido a la catástrofe.
Roger se había ofrecido a profundizar las investigaciones, mas, entonces, problemas
más urgentes habían ocupado la atención de Dorcas. Y había sido así que la pequeña
Ashleigh, sin tener a donde ir, había comenzado a trabajar en la cocina de esa casa de
reputación escabrosa, cuando era claro para todos que la niña era una dama, desde la
cabeza hasta la punta de sus pies .
Dorcas la había tomado bajo su protección . Vigilar, enseñar, criar a esa pequeña había
sido la motivación de su vida. Le cabía absolutamente a ella cuidar a esa niña, y eso no
había sido difícil, pues Ashleigh, a pesar de su timidez, era naturalmente afectuosa y
poseía la dulce serenidad de un ángel.
Ahora, mientras observaba su lindo perfil, una arruga de preocupación se marcó en su
frente. Era esa belleza lo que provocaba la envidia y el odio de Monique. Se acordó
inmediatamente la charla que había tenido con Drake, cuando el hombre le había
revelado el interés de Madame por su protegida. Algo debía ser hecho, y pronto, o la
niña se encontraría instalada "allá arriba, en cualquier momento!
La respuesta a su pedido fue instantánea y vino bajo la forma de una linda mujer de
cabellos rojizos, quien entró en la cocina con un ruido de roce de sedas.
- Todavía es muy temprano para el té, no les parece ? — preguntó ella, con un
inconfundible acento irlandés.
- Megan! — exclamó Ashleigh alegremente. — Qué haces levantada a esta hora ?
Un brillo divertido animó los ojos de la pelirroja.
- Harías mejor en preguntarme si ya dormí !
Ashleigh se ruborizó . Después tantos años en esa casa, todavía no tenía pleno
conocimiento del tipo de "entretenimiento" que se ofrecían allí. Eso se debía no sólo al
muro de protección que Dorcas y su leal grupo de ayudantes habían creado a su
alrededor, sino a la propia discreción de Ashleigh . Pero no ignoraba a qué se destinaba
la casa, ya que las frases susurradas de la cocinera o de Tillie, la camarera, no dejaban
lugar a duda respecto a eso.
Para Ashleigh, esas vagas nociones bastaban. No era que le faltase curiosidad sobre la
vida y el mundo. Curiosidad , ella poseía en abundancia. Pero la prudente Dorcas había
canalizado ese insaciable apetito hacia conocimientos más saludables : tres veces por
semana, un profesor, contratado por su protectora, venía desde el otro lado de la ciudad
y alimentaba la curiosidad intelectual de Ashleigh.
Desde los siete años, ella había mostrado una gran aplicación y aprovechaba las
lecciones de monsieur Laforte, un francés emigrado del Régimen de Terror. Nada le
causaba mayor satisfacción que acompañar, durante horas y horas, las clases dadas
tanto en inglés como en francés y cumplir con los deberes, entregándose a las tareas y
ejercicios por el simple placer de ejercitar sus dotes naturales.
Laforte, que había sido preceptor en la Casa de los Bourbon, era un maestro altamente
calificado. Peor eso poco le importaba a Ashleigh. Lo que le encantaba era el
entusiasmo de ese hombre por su trabajo. Pero en los últimos tiempos, ella había
comenzado a sospechar si esa dedicación no resultaba también del sentido del humor
del francés, quien había sido contratado para hablar de Platón y Shakespeare en una
casa como esa!
— Soñando de nuevo de ojos abiertos, pequeña? — preguntó Megan, sacándola de su
divagaciones.
— Qué?... Oh, si supongo que si — dijo Ashleigh, ruborizándose . — Disculpa, Megan.
— No pienses demasiado, mi niña. Y mucho menos sobre ciertas persona de esta casa
que avergüenzan al género femenino !
Megan miró a Monique , quien todavía estaba en la cocina.
— No crees, querida?
Monique sintió prontamente hirvió de odio interiormente . Se volvió hacia su principal
competencia dentro del burdel y evaluó la belleza céltica con ojos conocedores: el oval
perfecto de su rostro, los pómulos altos, las facciones finamente esculpidas, los ojos
verdes que parecían dos esmeraldas, la nariz fina y recta, la ancha boca sensual que, al
sonreír, revelaba dientes perfectos , los cabellos...
Monique apretó fuertemente los maxilares, mientras observaba codiciosamente esa masa
lujuriosa de cabellos rojizos, apenas controlando el impulso de agarrarla de las mechas y
arrancárselas de raíz!
— Por el contrario, Megan! Yo diría que ya es tiempo que nuestra pequeña amiga
aprenda algo sobre nuestra... profesión — Monique dijo , mirando a Ashleigh. — No
sería mejor prepararla para el futuro que Madame ha planeado para ella ?
Sus ojos evaluaron las formas perfectas de la jovencita. Y había crueldad en su voz
cuando agregó :
— Nuestra Ashleigh ya es una mujer hecha y derecha. Ya está preparada para
comenzar a ganarse su sustento!
Diciendo eso, Monique se volvió lentamente y salió de la cocina.

- Qué conversación extraña! — exclamó Ashleigh, mirando perpleja a Dorcas y a Megan.


- Ah... No le hagas caso, querida. Una tontería más de Monique — declaró Megan con
decisión, lanzando una mirada significativo a Dorcas.
- Casi me olvidaba, niña — intervino la cocinera apresuradamente . — Quiero que
vayas hasta la carnicería. El señor Tidley guardó algunos huesos y algunas sobras de
carne para tu Finn.
Es un buen momento para que vayas a buscarlos. Ve de prisa, querida!
Una vez a solas , ella se inclinó hacia su amiga y habló bajito:
- Dime qué te trajo aquí tan temprano, Megan. Debo saber todo ahora!
Megan miró a su alrededor cautelosamente. Después respondió:
- Oh, Dorcas, va a suceder exactamente lo que temíamos!
El caballero que recibí esta noche, un joven dandy que es cliente frecuente de esta casa,
me confesó , antes de partir, que Madame le prometió una virgen para la próxima vez
que viniese a la ciudad . Una linda jovencita de ojos azules, con un lunar en la mejilla
izquierda.
- Oh, no! — exclamó Dorcas, empalideciendo ante esa posibilidad .
Megan pronto la reanimó. Sabía que, si titubeasen, Ashleigh estaría perdida.

- Querida, querida, no debemos perder la cabeza! Tenemos que sacar a esa niña de
aquí !
- Pero, cómo? Y a dónde podrá ir? — preguntó Dorcas, desesperada. Por un
momento ,solamente se miraron . Finalmente, Megan dijo:
- Tengo una idea...

- Vamos a ver si comprendí bien — dijo la soberbia mujer, a quien todos llamaban
Madame, revelando mayor interés en su rostro histriónico y astuto.
Madame, una verdadera lady de la cabeza a los pies, se vestía como una dama y exhibía
sus diamantes. Tenía buen gusto y todavía era una bella mujer, a pesar de sus
cincuenta y ocho años. El dorado de sus cabellos estaba un poco desvanecido, había
arrugas en su cuello y otras arrugas reveladoras de su edad alrededor de su boca y de
sus ojos. Pero, cuando ella sonreía, la belleza de otrora se insinuaba discretamente.
En su tiempo, decían los rumores , ella había logrado los favores de reyes y duques de
ambos lados del Canal de la Mancha. Pero después de la Revolución Francesa, había
decidido instalarse definitivamente en Inglaterra. Había comprado esa bella casa,
situada en la mejor zona de Londres, donde entretenía sus invitados, la flor y nata de la
sociedad londinense, con su conversación interesante y las mejores prostitutas de la
ciudad.
En ese momento, ella levantó sus delicadas cejas doradas y volvió a decir, con la voz
acariciante de una vieja dama indulgente:
— Ustedes quieren que yo le busque un empleo "honesto" a la joven Ashleigh, o de
otro modo dejarán esta casa inmediatamente, llevándose a la pequeña con ustedes. —
Los penetrantes ojos
grises se fijaron Dorcas. — Entendí bien ?
La cocinera apretó sus manos nerviosamente.
— Si... si ! Es así , Madame.
Madame se volvió a Megan y le preguntó fríamente:
— Tienes idea de lo que le sucede a las jóvenes que intentan dejar esta casa sin mi
consentimiento?
Y sin darle tiempo para la respuesta, agregó :
— Ciertamente no ignoras lo que le sucedió a Liza Fairchild, quien huyó con ese
joven conde? Sabes que la vieron , meses después , tirada en la calle , completamente
borracha?
— Si, Madame — dijo Megan con voz débil.
Madame descruzó sus bellas piernas y se inclinó hacia adelante .
- Y recuerdas a esa morena de Dorsel, Marion. Sabes lo que pasó con sus grandiosos
planes de abrir su propio burdel, con prostitutas que su amante iba a traer de Shangai y
Hong Kong?
Megan se levantó impulsivamente. No quería que le recordasen que la pobre muchacha
había sido encontrada muerta, después de ser brutalmente violada, en los muelles del
puerto de Liverpool.
— No planeamos dejar su casa, Madame. Dorcas y yo siempre fuimos muy bien
tratadas aquí. Consideramos Hampton House es nuestro hogar.
Ella se dio vuelta para buscar a aprobación de Dorcas, quien, benévolamente asintió.
— Pero, como Madame sabe, queremos mucho a la pequeña y no queremos que ella
se convierta en ... una mujer de la noche. Por ese motivo, estamos dispuestas a hacer
cualquier cosa para protegerla.
Madame captó una expresión fugaz en su bello rostro y resolvió no subestimarla.
— Amenazas con dejar Hampton House y privarme de la mejor cocinera que tuve en
estos últimos veinte años y de una joven promisoria. Pero parece que eso no es todo.
Verdad?
- Exactamente, Madame — confirmó la bella pelirroja con un tono amable. — Dorcas y
yo nos enteramos de algunas cosas...
- Qué cosas?
— Cosas que suceden en los establos en ciertas noches oscuras, sin luna. Y otras cosas
que ocurren aquí, en estos mimos aposentos, cuando un cierto ministro del rey...
— Basta ¡ — dijo Madame con una leve ironía. — Hay una palabra que describe muy bien
lo que estás intentado hacer. Pero es una palabra fea, muy fea, que tal vez no te guste
oír.
- Qué palabra es esa, Madame?
- Chantaje!
- Hay otras palabras más feas: contrabando , espionaje, por ejemplo.
Madame le lanzó una mirada larga y penetrante. Después sonrió graciosamente.
— Ganaste.
Lamentaba el hecho de haber confiado demasiado en esa joven, pero le admiraba la
osadía y la agudeza mental . En el fondo, ya sabía que, día más, día menos, Megan
O'Brien hallaría un medio para escapar de las cuatro paredes de Hampton House.
— Ashleigh puede dejar esta casa. Pero tenemos que decidir a donde mandarla.

Madame se inclinó hacia atrás y tamborileó sus dedos en la poltrona.


— Ya sé! El otro día, el barón Mumford se quejó conmigo que había tenido la
desgracia de perder a la preceptora de sus hijas.
Teniendo en cuenta la instrucción que Ashleigh ha recibido ... Si, Dorcas, sé todo sobre
monsieur Laforte y estoy segura que no le será difícil iniciar su carrera de tutora en esa
casa. Le escribiré a a ese querido amigo y, si él está de acuerdo , le pediré que envíe
una propuesta formal para nuestra joven.
Dorcas todavía no estaba plenamente convencida.
— Madame, ese barón Mumford es un caballero ? Quiero decir... él no va a
aprovecharse de mi niña?
— Te aseguro que el barón es un hombre respetuoso. Nuestra Ashleigh estará segura
en su casa.
Después de un momento de reflexión, Dorcas aceptó su palabra.
— En ese caso, Madame, creo que todo está arreglado. Le pido que perdone nuestras...
— Tácticas? — completó Madame, levantándose para acompañar a las dos mujeres
hasta la puerta.
— Bien ... si.
— No te preocupes, mi buena Dorcas. Y trata de preparar un pato con trufas para la
cena de mañana a la noche. Tendremos el honor de recibir la visita de su Alteza Real, el
príncipe regente.
— Prinny vendrá aquí? — preguntó Megan sorprendida . — Pensé que él estaba en
Brighton.
— Debería estar. Pero las últimas excentricidades de su esposa alemana le provocaron
una depresión tan aguda que yo, en calidad de vieja amiga, me vi en la obligación de
reanimarlo.
Madame se volvió nuevamente hacia Dorcas.
— La cena será servida a las nueve en punto. No te olvides .
— No me olvidaré, Madame.

Sola en su acogedora sala, Madame tiró del cordón de seda que pendía da chimenea y
ordenó un té . Después volvió a instalarse en su poltrona preferida, con los pies
cómodamente extendidos hacia el fuego. Imágenes del rostro perfecto de Ashleigh
flotaron en su mente y la hicieron suspirar.
- Es una pena. Una gran pena. Me gustaría poder moldear a esa jovencita. Con toda
certeza, ella se habría convertido en una de nuestras mujeres más requeridas.

CAPITULO 3

Ravensford Hall, Kent, 27 de mayo de 1814

John Westmont estaba sentado al sol, en un banco de la galería vidriada de su casa de


campo, intentado absorber un poco del calor de ese sol de primavera, la última
primavera que tendría. Estaba muriendo lentamente y procuraba conformarse con lo
inevitable. Después de todo dejaría su vida sin temer por las obligaciones no cumplidas.
"No importa", volvió a decirse. "Hice lo que era necesario para garantizar la continuidad
del ducado. Brett es todo lo que yo esperaba que fuese. Puedo morir en paz."
Oyó el sonido de pasos en el vestíbulo de mármol y giró la cabeza. Un momento
después , la puerta de la galería se abrió y la alta figura de lady Margaret apareció en
el umbral . Mientras a observaba caminar en su dirección, no pudo dejar de admirarla.
Ella caminaba con altivez, la espalda erecta, todavía vigorosa a sus setenta y ocho años.
El tiempo, que lo había transformado en un viejo frágil, había sido clemente con su
hermana . Ella parecía tener veinte años menos.
— No quiero incomodarte, John, pero...
El duque tragó el gusto ácido de la envidia y levantó los ojos.
— No me incomodas en lo absoluto. Alguna novedad?
— él llegó . El carruaje acaba de entrar en la alameda. Ya di instrucciones a James de
llevarlo a la biblioteca dentro de media hora. — Margaret escrutó ansiosamente el
rostro de su hermano. —
Eran esas tus instrucciones, verdad?
— Si, si! - respondió el duque , con impaciencia. — Ahora acompáñame a la
biblioteca. Quiero estar sentado detrás del escritorio cuando él llegue.
Mientras Margaret lo ayudaba , John se preguntó si no era locura ocultarle a Brett su
estado de salud. No iba a demorar mucho para que el muchacho descubriese la verdad.
Al pensar en su nieto, una sonrisa se curvó en sus labios finos.
"Oh, Brett! Hace diez meses que partiste, pero puedo verte tan bien como si estuvieses
a mi lado. Alto, fuerte, masculino, lleno de entusiasmo... Si supieses cuanto te extrañé !"
Margaret el tomó brazo y lo condujo lentamente por la galería, haciendo paradas
constantes para que él pudiese recuperar el aliento y las fuerzas. Pero estaba exhausto y
bañado en sudor cuando se sentó detrás de su amplio escritorio. Apenas tuvo tiempo de
acomodarse la bata, cuando un firme golpe en la puerta le indicó que Brett ya estaba
allí.
- Entre! — dijo en voz alta, intentado imprimir a su voz la firmeza de meses antes.
Fijó sus ojos en la puerta y, mientras veía a su nieto avanzar con la displicencia y la
vivacidad que sólo los jóvenes poseen, pensó: " Es casi inmoral que un hombre sea tan
guapo!"
— Mi querido nieto! Tuviste buen viaje?
- Regular, abuelo . Las caminos están muy mal. Pero aquí estoy, sano y salvo . — Brett
escrutó ávidamente ese rostro amado y tan familiar. — Qué bueno es verte de nuevo !
Espero que hayas estado bien, abuelo.
- Bastante bien para mis setenta y ocho años — el duque se apresuró a decir. — Te ves
muy bien, muchacho !
- Gracias .
- No es necesario que seas tan formal conmigo. Ven a sentarte a mi lado.
- Permíteme antes que... — Brett se volvió en dirección a su tía abuela e inclinó
levemente la cabeza. — Cómo estás , lady Margaret?
- Bien, gracias.
Lady Margaret se quedó mirándolo por un largo momento y entonces preguntó :
- Quieres que mande a servir el té , John?
- Creo que podemos esperar. A menos, claro, que Brett quiera tomar algo . Qué puedo
ofrecerte ? Un coñac, tal vez ? Brett se rió.
— Recuerdas lo que solías decir? Los negocios vienen primero , los placeres
después ... si hay tiempo y disposición.
El duque sonrió nostálgicamente .
— Ah, si! Yo era un poco severo en esa época. — él agitó un dedo delgado en dirección
a Brett. — Pero con un propósito noble !
— Concuerdo plenamente. Y ahora, abuelo, qué deseas saber en primero lugar?
Quieres que te haga un resumen de las últimas decisiones que tomé?
John Westmont asintió , aprobando esa diligencia. Los negocios de la familia se estaban
se expandiendo y su organización era cada vez más compleja. Su heredero tenía que
viajar constantemente de un lugar a otro, para coordinar los varios emprendimientos
rentables.
Le siguió una hora llena de explanaciones y detalles. Brett casi era el único en hablar.
El duque lo escuchaba y muy pocas veces lo interrumpió para pedir aclaraciones sobre
algún punto que había quedado un poco vago. Durante ese tiempo, lady Margaret no
dijo una sola palabra. Pero sus ojos fríos y calculadores registraban todo con
comprensión, como si ella estuviese siguiendo con facilidad ese relato pormenorizado.

— Fue un año muy provechoso — concluyó Brett, inclinándose hacia atrás .


El viejo duque sonrió .
— Muy bien , mi muchacho .
El estaba más que satisfecho con lo que acababa de oír. Sabía ahora con seguridad que
había llegado al final de su misión. El árbol que había plantado había fructificado, y sus
frutos eran buenos: su único heredero era un administrador sagaz y competente. Pero
todavía había una cosa que deseaba saber.
— Entonces, Brett — el duque comenzó a decir , después de lanzar una breve
mirada a Margaret. — No tienes nada que contarme sobre tu vida particular? Hay
alguna persona sobre quien quieras hablarme ? Alguien que yo todavía no conozca?
Brett sonrió entusiasmado.
- Hay, si. Un irlandés que se hizo amigo mío durante los años en que fui marinero
y que después perdí de vista . Volví a encontrarlo hace algunos meses, en Almack's. Y
tuve mi sorpresa cuando lady Jersey lo presentó, como "sir" Patrick! Parece que él
heredó un título.
- Bien, bien... Pero no era eso e exactamente eso lo que quería saber. No hay
ninguna...
- No estarás refiriéndote a mujeres, verdad?
Para la sorpresa del duque, Brett lanzó la cabeza hacia atrás y se puso a reír.
- Discúlpame , abuelo. Pero no fuiste vos quien que me enseñó todo sobre la mala
fe y la doble cara del sexo femenino? " Las mujeres son un flagelo para los hombres",
no fue eso lo que me dijiste? " Un hombre jamás puede depender de una mujer, bajo
ningún aspecto!"
El duque asintió lentamente.
- Estoy contento de ver que tomaste mis palabras al pie de la letra. Pero... hay una
cosa para la cual las mujeres son absolutamente indispensables. Recuerdas también que
te dije eso?
- Tan bien como si fuese hoy mismo — dijo Brett mordazmente. — Ellas son buenas
solamente para darnos hijos... herederos, por así decir.
- Exactamente — concordó el duque, más aliviado.
Brett lo miró desconfiadamente.
- No estarás pensando... Realmente no querrás que me case! Para qué?
- Para que tengas herederos ! — Las palabras se escaparon de los labios secos de lady
Margaret. Era la primera vez que ella hablaba, y los dos hombres la miraron - con
sorpresa.
De repente, el duque se acordó de por qué había pedido la presencia hermana en la
biblioteca.
— Vos casi tienes treinta años, Brett. ya estás en edad de considerar la conveniencia de
casarte y tener hijos.
— Entonces, eso ya formaba parte de tus planes para mí! Por qué no me lo dijiste
antes? — preguntó Brett, con amargura. - Hay algo “mas” que "todavía" no me hayas
dicho ?
John Westmont vaciló, pensando si ese era el momento de revelar su estado de salud.
Había sido por ese motivo, y solamente por eso, que había pedido el auxilio de
Margaret. Pronto, ya no estaría más en este mundo. Partiría más tranquilo si su único
heredero ya estuviese unido en casamiento con una joven de familia respetable.
Lady Margaret se dio cuenta de su vacilación y decidió por él.
— John, sé lo sientes al respecto, pero el muchacho debe saberlo. — Se dio vuelta
hacia Brett y le explicó : — La salud de tu abuelo es precaria. él está más débil con
cada día que pasa, y me llama la atención que vos todavía no hayas percibido eso!
— Margaret! — gritó el duque. — Has traicionado mi confianza! Cómo te atreves a
revelar algo que debía permanecer en secreto?
— No es ningún secreto — replicó su hermana. — Basta con mirarlo para saber que no
está bien.
Brett fue el primero en romper el silencio que siguió.
— Es verdad, abuelo?
El viejo confirmó con la cabeza, las palabras saliendo de su boca contra su voluntad .
— Me temo que si . Entiendes ahora la urgencia de... mi pedido?
Brett lo miró con más atención. Notó sus ojeras, la lívida transparencia de su piel , las
arrugas de sufrimiento trazadas alrededor de su boca, y sintió un asomo de compasión.
— Y quién es la dama con quien debería me casar? Presumo que ya la has elegido, no?
— Ya la conoces — replicó lady Margaret, permitiéndose una leve sonrisa. — Lady
Elizabeth Hastings.
— Lady ... — dijo Brett sofocado por la cólera, mientras empujaba la silla hacia atrás .
— No quedaste satisfecha con arruinar la vida de mi padre y ahora quieres hacer lo
mismo conmigo? Pues anda sabiendo que yo no voy a permitírtelo !
El se inclinó hacia su abuelo y prosiguió, las palabras amargas saliendo
precipitadamente de su boca :
—Y vos, abuelo , cómo puedes permitir eso? Lady Elizabeth Hastings! Me hierve la
sangre con la mera idea de casarme con esa mujer!
— Brett... — dijo el duque, un ligero rubor subiéndole a las mejillas pálidas. — Fui
obligado a permitir que Margaret escogiese la novia. Mi salud...
— Basta! — Tenso, Brett se encaminó hacia la puerta . — Basta para el abuelo y basta
para mí!
Ya con la mano en la perilla, se volvió hacia lady Margaret y dijo con fría precisión :
- Olvida cualquier idea de unirme en matrimonio con esa joven afectada, sobrina de
la mujer que provocó la desgracia de mi padre!
Después que él salió, lady Margaret se volvió hacia su hermano.
- Qué vamos hacer ahora, John?
El duque se encogió de hombros , desanimado.
- Deberíamos haber esperado para eso, Margaret. Pero no importa, prosigue con
las negociaciones. Brett tendrá que ceder!
Sin embargo , después que ella se fue, prometiéndole enviar a un criado para conducirlo
hasta sus aposentos, John Westmont reconsideró sus palabras. Comprendía a su nieto.
Después de todo , había tenido gran influencia en la formación de su carácter. Pero, al
infundirle el desprecio por las mujeres, no había exagerado? Y si por ese odio y ese
desprecio , su nieto nunca hubiese... estado con una mujer?
Ponderó esa cuestión por un momento, y , de repente, un pensamiento horrible, que le
hizo helar la sangre , cruzó por su mente. Y, si por alguna fatalidad del destino , o por
alguna broma cruel de los dioses, el muchacho no fuese... normal? Pero ese
pensamiento se desvaneció tan rápidamente como había surgido. Durante su juventud ,
cuando frecuentaba los círculos sofisticados de la alta sociedad, había conocido algunos
caballeros de esa clase. Invertidos, los llamaban. Nada, absolutamente nada hacía
suponer que Brett fuese uno de ellos!
Dónde entonces residiría la raíz del problema de su nieto con las mujeres? Nuevamente
se le ocurrió la idea de que el muchacho , completamente absorbido por el trabajo,
había pasado esos años lejos de una cama de mujer. Parecía imposible, pero explicaba
todo... por qué no? En ese caso, solamente había una cosa que hacer. Debía remediar el
error que había cometido.
Sin vacilar un sólo segundo, sacó del cajón una hoja de papel con membrete y se puso a
escribir en líneas rápidas y prolijas. Firmó su nombre con un floreo de la pluma y la
estudió por un largo momento, antes de escribir el sobre. Finalmente, lo lacró con el
sello de su ducado, y llamó al lacayo.
— Entrégalo en manos de mi abogado, el señor Robert
Adams. Vas a encontrarlo en Red Dog, en Folkstone. Dile que no hay necesidad de
respuesta.
El duque estaba en actividad muy temprano a la mañana siguiente. Sentado detrás de
su escritorio, desde donde acostumbraba a dirigir sus negocios, él miraba al menudo
hombre moreno, de unos cincuenta años, cuyos rasgos irradiaban inteligencia y buen
humor.
Robert Adams era su abogado hacia más de veinte años, desde que el viejo Adams
había muerto . Su apariencia cuidada y sus cabellos grises, prolijamente peinados, le
agregaban distinción.
A través de los años, él también había demostrado ser un amigo fiel y discreto,
resolviendo con diligencia profesional asuntos de orden estrictamente personal. Era por
ese motivo que había decidido pedir su intervención en un caso tan delicado.
— Robert. Es importante para mí que el muchacho se case.
Cuanto más pronto, mejor. Pero, por los motivos que te expuse, él se muestra reticente.
Adams, que lo había oído con mucha atención, sopesó cuidadosamente las palabras
antes de responder:
— Su Gracia, déjame ver si comprendí bien. Usted cree que el joven Brett puede haber
tomado muy en serio sus recomendaciones respecto a evitar a las mujeres, al punto de
abstenerse... como podría decirlo, ... de disfrutarlas. Y que, tal vez , creyéndose
inexperto, tema unirse a una de ellas por los sagrados lazos del matrimonio. Se trata de
eso?
— Exactamente, mi querido. Me temo que si. Oh, sé que puede parecer absurdo a
primera vista. Pero , si hubieses visto la reacción de él ante nuestra propuesta, también
hubieras quedado impresionado.
— Comprendo — dijo Adams, con aire pensativo. — Pues bien, su Gracia. Dígame en
qué puedo serle útil?
— Quiero encargarle una tarea un tanto... peculiar.
— A sus órdenes , su Gracia.
Un aire conspiratorio animó los ojos del viejo duque, cuando él se inclinó hacia
adelante .
- Se trata de algo muy simple. Quiero que obtengas información sobre una de esas
casas de entretenimiento .. de alta calidad ... esos lugares donde se practica... se
obtienen ... placeres ilícitos, y quiero que contrates a una joven bonita, con experiencia
y en buenas condiciones de salud.
Con recelo de no haber sido bien comprendido, John Westmont resolvió ser más claro:
- Sin medias palabras, Robert. Busca un burdel de clase y contrate los servicios de
una prostituta joven, sana y limpia!
Adams levantó sus cejas oscuras, sorprendido.
— Para qué, su Gracia?
— Vamos, hombre! Para quién va a ser? Para mi nieto! Estoy más que convencido que
mi muchacho es inexperto. Y planeo instruirlo con la ayuda de la mujer que vos vas a
conseguir y con eso va a desaparecer la única barrera que lo separa del matrimonio!
El abogado se alarmó con la vehemencia del duque y procuró calmarlo.
— Su Gracia está muy débil . Por qué se esfuerza tanto?
— Estoy ansioso por cumplir mi misión . Puedo contar con vos?
Todavía impresionado con la persistencia del hombre enfermo , Adams respondió
solemnemente:
- Si , su Gracia. Puede contar conmigo.
Minutos después , él se instalaba en el carruaje que lo había traído a Ravensford Hall,
absolutamente convencido de que su viejo amigo no sólo muy estaba enfermo, sino
también mentalmente senil . Brett Westmont... virgen?
Adams no pudo contener un acceso de risa. Durante años, había sido parte de sus
servicios vigilar al joven Brett, así como elaborar informes escritos para someterlos
después al severo escrutinio del duque. Como resultado de ese espionaje , se había
enterado de algo de menor importancia que no había informado a su cliente y amigo
por razones obvias. Pero esa omisión nunca había perturbado su consciencia... hasta ese
momento.
"Enfrenta los hechos, Robert", se dijo a sí mismo mentalmente . "El cuadro que pintaste
de Brett en tus informes no se atiene a la verdad. En su deseo de no preocupar
inútilmente al viejo duque, no le revelaste que su nieto es un ... verdadero casanova!"
Adams recostó la cabeza en el respaldo acolchado y ponderó los hechos. Brett
Westmont era muy guapo , tenía encanto y humor, cualidades que, sumadas a una
buena dosis de cinismo, le habían granjeado un éxito resonante entre las mujeres.
Pero ellas no pasaban de ser juguetes de sus caprichos o de sus fantasías. Brett las
conquistaba y después rompía las relaciones a su antojo, haciendo de a diosa de la
noche anterior la víctima del día siguiente. Todo Londres hablaba de sus aventuras de
seducción. Brett estaba haciéndose tan famoso como lord Byron, en cuya compañía era
visto con frecuencia!
El duque de Ravensford ignoraba esa faceta del carácter de su joven heredero por la
vida reclusa que llevaba en su casa de campo, así como también a la prudente
discreción de su abogado, siempre ansioso por ahorrarle preocupaciones .
Pero , ahora, Adams pensó si el bien que había imaginado hacer no podía transformarse
en un mal. Se apareciese en Ravensford Hall con la prostituta encomendada, Brett iba a
estallar de rabia y , quizás, iba a revelar la verdad que se había tomado el trabajo de
encubrir. Tomando en cuenta las condiciones de salud de su viejo abuelo, las
consecuencias podían ser desastrosas.
Solamente había una salida: en algún momento, durante la presentación de prostituta ,
tendría que llevar a Brett Westmont aparte y confesarle todo. El muchacho , que
siempre lo había impresionado por su espíritu comprensivo y alegre, iba a entender.
Adams esbozó una sonrisa ante su propio ingenio y se relajó . El paso siguiente era ir a
Londres, según el deseo del duque. Pero no era necesario hacer investigaciones. ya
conocía el burdel que le convenía visitar : Hampton House.
CAPITULO 4
Los ojos almendrados de Monique Chatworth lanzaban chispas de odio, mientras
espiaban a Ashleigh por la puerta entreabierta del cuarto. La jovencita con trenza se
preparaba para agarrar la pesada bandeja de plata conteniendo los restos de la comida
matinal de Madame, tarea que cumplía puntualmente a las once de la mañana, todos los
días.
Sus crecientes encantos le recordaban a cada instante que ya no estaba en
condiciones de competir con alguien más joven, la prostitución era una profesión donde
la juventud y la belleza eran todo. Carnes más firmes iban a reemplazarla cuando su
propio cuerpo comenzase a aflojarse, en una confirmación de lo inevitable.
Mientras tanto, indiferente al destino que le esperaba a Monique , esa adolescente
atrevida continuaba floreciendo. Monique apretó sus labios, furiosa. Ashleigh la
humillaba sin saberlo ! Corrían rumores en Hampton House de que Madame había sido
forzada a encontrarle un empleo "decente". Un día cualquiera, la vería partir del burdel
para instalarse en una casa bonita, para gozar de una situación de estabilidad y de
respetabilidad , mientras ella sería descartada y echada del burdel en cualquier
momento!
Todavía irritada, Monique pensó en el gran fracaso de su vida , en su sueño destruido
para siempre , eso había sucedido el día en que había sido abandonada por el joven lord
que le había prometido casamiento y una posición respetable y que después la había
dejado sin un centavo en un cuarto de hotel!
Todavía no podía pensar en nada que se relacionase con esa época sin estremecerse.
Cerró los ojos y sacudió la cabeza, en un intento de olvidar ese amarga humillación , el
repudio y las semanas en que se había visto obligada a recorrer las calles para
sobrevivir, lo que había hecho la avergonzaba y aumentaba su humillación, y en ese
momento había perdido toda esperanza de poder volver a su casa.
Casa! Qué casa? El vicariato había sido una verdadera prisión! Su padre, severo e
intransigente, solamente se ocupaba de conducir al rebaño de sus fieles, y su madre,
una mujer sumisa y medrosa, que le negaba cualquier placer, con la excusa de que todos
los placeres eran efímeros y pecaminoso. No, no deseaba volver allá, aunque eso fuese
posible!
Pero lo que no daría para tener la oportunidad que Ashleigh iba a tener! Emplearse en
una casa fina y respetable de algún lord rico, donde seguramente habría toda clase de
posibilidades para una mujer inteligente y emprendedora. Era la oportunidad con la que
siempre había soñado. Y verla siendo ofrecida en bandeja de plata a esa niña ordinaria...
Súbitamente, la puerta de los aposentos particulares de Madame se abrió , y ella
apareció en el umbral vistiendo un suntuoso traje de viaje. Al ver a Monique, quien
retrocedió, avergonzada, la miró entre divertida y solemne.
— Ya estás levantada , querida? Todavía es muy temprano. Las dos sabemos que la
mayoría de las mujeres de esta casa todavía está durmiendo. Como vos deberías hacer
si quieres preservar tu belleza y tu juventud!
Monique sonrió , sin dejar que sus nervios la traicionasen, y procuró asumir un aire de
servil cordialidad .
— Ya descansé bastante por hoy, Madame. Puedo serle útil en algo ?
— Si insistes...
— Sería un inmenso placer, Madame.
— Voy a pasar algunos días en casa de unos amigos en Londres.
Ve hasta la cocina y dile a Dorcas que la carta que estábamos esperando llegó esta
mañana. La Dejé sobre mi cómoda. Ella puede retirarla cuando quiera.
— Claro que si , Madame.
Monique la siguió con los ojos, hasta verla sumergirse en las sombras en que las se
perdía la escalera. Ya se disponía a obedecerla cuando un pensamiento tomó forma en
su mente. Miró a ambos lado . No había nadie allí. Entonces , una sonrisa se curvó en
sus labios, y Monique abrió la puerta de los aposentos de Madame.
En la cómoda Luis XV había una pila de cartas, que leyó lentamente, una por una. Varias
todavía estaban cerradas. Madame debía estar con mucha prisa para dejar su
correspondencia en ese estado! Finalmente halló lo que buscaba. Una hoja de papel con
el monograma del barón Mumford.
Monique apenas pudo contener su excitación, mientras leía el breve contenido:
"A quien pueda concernir ,
Esta carta representa un contrato de trabajo firmado y garantizado por el barón
Mumford. A la persona que exhiba este contrato será entregada la educación de mis
dos hijas, las nobles señoritas Dianne y Daphne Mumford. Los términos del contrato..."
La euforia de Monique no tuvo límites. El contrato no estaba designado para una persona
identificada. O sea, que quien lo tuviese en sus manos podría usarlo a su antojo.
De repente, se puso a reír histéricamente . Ahí estaba la solución a todos sus problemas!
La posesión de ese valioso documento le abría las puertas de la rico mansión de una de
las más nobles familias de la aristocracia inglesa. Conocía muy bien al barón, un viejo
gagá a quien había entretenido en varias ocasiones. sabía cuales eran sus preferencias
sexuales y qué hacer para convertirlo en un juguete en sus manos. Iba a volarle la
cabeza a ese hombre, conduciéndolo a placeres cada vez más viciosos y.. En ese exacto
instante, su mirada recayó sobre el sello en el sobre del duque de Ravensford que
estaba en lo alto de la pila de correspondencia. El duque de Ravensford! Todos sabían
de la riqueza y el poder de ese lord ! Habría en esa carta algo que pudiese serle útil?
Súbitamente, un mundo de posibilidades desfiló delante de sus ojos ambiciosos.
Había un problema. La carta todavía estaba lacrada! Madame iba a recordar que todavía
no la había abierto cuando volviese? Pero, para ese entonces, ella ya estaría lejos , muy
lejos de allí. Sin pensarlo dos veces, Monique rompió el sello y leyó:

"Madame,
Escribimos para comunicarle que no volveremos a importunarla con nuevas
indagaciones. Usted merece toda nuestra confianza. Esperamos solamente que elija a
la profesional que merezca su mejor evaluación : ella deberá ser bonita, sana y joven,
preferiblemente de menos de veinte años.
Le cabrá a usted informarle que tendrá que prestar servicios al nieto del duque,
colocándose a su disposición todo su considerable conocimiento en el arrea , así como
también toda la asistencia posible.
Estamos autorizados a asegurarle que, si la misión es llevada a cabo con éxito, tanto la
joven en cuestión como usted serán generosamente recompensadas.
Llegaré a las cinco de la tarde del día 3 y estaré esperando discretamente en el patio de
los fondos de su residencia. Como en estos casos es necesaria la discreción, apreciaría
mucho que me devolviese esta carta. Nuestra joven tendrá que depositarla en mis manos
al momento de entrar al carruaje. Eso servirá también para identificarla.
Agradeciéndole anticipadamente en nombre de su Gracia, tengo el honor de ser su
seguro servidor,
Robert Adams,
Abogado de su Gracia, el duque de Ravensford".

Los ojos de Monique reflejaron decepción. No ignoraba que ciertos miembros de la


nobleza acostumbraban a contratar jóvenes prostitutas para iniciar sexualmente a sus
hijos o sus nietos . Ella misma había desempeñado muchas veces ese servicio . Pero el
duque y su abogado exigían una joven de menos de veinte años! No entendía por qué!
Cuanto más experta fuese la "maestra del placer ", tanto más provechosas serían as
lecciones. ..
Encogió los hombros, resignada, y ya se preparaba para dejar a un lado la carta del
abogado cuando una idea cruzó su mente y le provocó una sonrisa maliciosa. Allí
estaba la oportunidad perfecta para encubrir no sólo el robo de la carta de Mumford sino
también para darle a la pequeña chirusa el tratamiento que se merecía.
Una risa histérica se escapó de su garganta, mientras se leía
una vez más el contenido da carta. Perfecto! No había nada allí que revelase la
naturaleza de los servicios que la joven debería desempeñar. Solamente había dos
problemas una era darle a Dorcas una explicación convincente de por qué la oferta
había venido del duque de Ravensford y no del barón Mumford; y el otro, pensar en un
modo de colocar esa carta en manos de Ashleigh la tarde del día 3, sin hacer que la
cocinera o Megan O'Brien sospechasen nada.
La pequeña era demasiado ingenua, pero Dorcas y Megan no se dejarían engañar... La
escenificación debía ser perfecta hasta en los mas mínimos detalles. Ah, si! Diría que
Madame había dejado instrucciones para que Ashleigh estuviese lista. El abogado del
duque, un verdadero caballero, vendría a buscarla el día 3 para llevarla a la mansión de
su Gracia. Exactamente como había sido estipulado. Pero omitiría que a carta debía ser
devuelta. Y en el último instante, cuando esa joven tonta estuviese saliendo de la casa
para ir al encuentro del hombre, la pondría en manos de ella! Monique repasó dos o
tres veces los planes en su cabeza. Oh, iba a funcionar! Dentro de pocos días, estaría
cómodamente instalada en la mansión del viejo Mumford, mientras Ashleigh Sincler...
Monique tuvo que contenerse para no soltar una carcajada gustosa. Ya podía imaginar la
cara de la pobrecita cuando descubriese que clase de "instrucción" el nieto de su Gracia
deseaba! Oh, era para morirse de risa!
Un repentino reconocimiento de la prudencia de apartarse de los aposentos de Madame
la estimuló a actuar con rapidez. Dobló las dos cartas y las escondió en el bolsillo de su
bata, dirigiendose entonces hacia la puerta . La abrió y escudriñó el corredor en ambos
sentidos. No vio a nadie. Se sentía en el paraíso cuando entró en su propio cuarto.
- Ashleigh Sinclair... — Monique murmuró, mientras cerraba la puerta detrás de sí. —
Tus días de inocencia están contados!

CAPITULO 5

En el fondo de la senda, que iba siguiendo la alameda , Ashleigh cerró los ojos e intentó
tragarse las lágrimas. Después de su entusiasmo inicial, había pasado dos días muy
malos bajo todos los aspectos. La perspectiva de dejar Hampton House, que había sido
su hogar por tanto tiempo, le había parecido ligeramente sombría. Era una perspectiva
cargada de responsabilidades nuevas y muy serios, de poca compañía, y gran soledad.
Pero Megan, con su corazón de oro, y la buena Dorcas, quien había asumido el papel de
madre, la habían tranquilizado diciéndole que iba a gozar de un espacio propio , aire libre
y de respetabilidad. Con certeza, el duque de Ravensford, un perfecto caballero, le
ofrecería una recepción cordial. Roger había confirmado esas palabras, al hablar sobre la
reputación inmaculada de su Gracia, sobre la pompa de su título y la dignidad secular
que lo acompañaba.
Teóricamente, todos estaban de acuerdo en que ella estaba por dar un paso correcto. A
pesar de eso, se sentía de nuevo vacilante,
segura de que había cometido un error. Después de todo, quién era el nieto del duque
el muchacho a quien debería administrarle lecciones?
Ashleigh lanzó una mirada furtiva al hombre canoso, de aire inteligente, que estaba
sentado a su lado. El no había dicho casi nada cuando le había entregado la carta,
aunque la había estudiado de los pies a la cabeza. Había sido un examen tan obvio y
minucioso que ella había sentido su rostro arder de vergüenza.
Ahora, mientras miraba su perfil clásico, pensó si no debía decirle algo , pedirle tal vez
datos sobre la casa a donde iría trabajar o sobre las obligaciones que su cargo
involucraba. Pero, cuando estaba a punto de abrir la boca, él se anticipó , preguntándole
amablemente:
— Señorita Sinclair, verdad ?
Ante su avergonzada confirmación, él sonrió y preguntó :
— Puedo preguntarle cuántos años tiene?
Sorprendida con la pregunta, pero tranquilizada por su tono bondadoso, Ashleigh
devolvió la sonrisa.
— Diecinueve, señor. O los tendré, a fin de mes.
— Muy bien , señorita Sinclair. Me gustaría de hacerle otras preguntas, si me permite.
Tal vez después yo pueda servirla, respondiendo a las suyas.
— Estoy a sus órdenes , señor.
— La señorita puede asegurarme, y eso es de máxima importancia, que goza de buena
salud?
- Oh, si, señor! Puedo asegurarle que jamás perdí un día de trabajo por enfermedad de
ningún tipo.
- Ah... Muy bien . Estoy satisfecho — replicó Adams, perplejo ante esa extraña
respuesta.
El no sabía por qué , pero estaba comenzando a sentirse poco cómodo en el papel que
le habían asignado. Y pensó si eso no tenía alguna relación con la juventud de esa
jovencita. Naturalmente, había esperado alguien muy joven, después de la carta que
había enviado a Madame. Pero Ashleigh Sinclair no encajaba con la imagen que se había
hecho de ella. Ella no solamente parecía muy joven, sino que estaba envuelta en una
frescura deslumbrante, en un indiscutible aura de pureza. Además, era increíblemente
bella.
Instantáneamente se había sentido fascinado por ella. Los cabellos sedosos, negros como
el cielo nocturno, las facciones delicadas y perfectamente proporcionadas, realzadas por
una tez de porcelana. Y los ojos, que parecían dos enormes zafiros, reflejaban inocencia
y encanto.
Contemplar esos ojos azules y declarar que su inocencia era un truco, significaba
convertirlo en culpable de un cinismo que preferiría no poseer. Ella era, en todos los
sentidos, un delicado pimpollo de rosa y parecía decir: "Sean delicados conmigo...
tómenme con cuidado".
Adams volvió a la realidad y procuró contenerse.
- Madame nos aseguró que tienes todas... las calificaciones para el puesto. Puedes
confirmar eso?
El rostro de Ashleigh se iluminó . Madame había sido muy generosa.
- Oh, si, señor! Tuve la suerte de recibir lecciones de uno de los mejores profesores
de Londres!
Adams seguía sus palabras sin esconder su perplejidad .
- Tomaste lecciones?
- Si, señor. Durante doce años.
- Doce años?
- Mi profesor era un francés... — balbuceó Ashleigh, aturdida con la evidente perplejidad
del hombre.
- Ah, un francés! — la interrumpió Adams, como si eso, de algún modo, explicase la
situación.
- Si , señor. Emigrado de la corte del rey Luis, pobre hombre! — respondió ella,
dejándose dominar por una gran oleada de emoción y piedad, al recordar lo que
monsieur Laforte había sufrido bajo el Régimen de Terror.
Adams se sintió de nuevo perturbado. Justamente cuando comenzaba a experimentar
un vago alivio, observó la alteración de la cara de Ashleigh y, sobretodo, vio las lágrimas
de sincera compasión por los menos afortunados. Era difícil no jugarla como una criatura
sensible y tierna, lo que entraba en conflicto con la realidad de su profesión.
"Solamente es una prostituta! Déjate de sensiblerías! Es mejor que recuerdes eso,
viejo reblandecido !"
— Muy bien , señorita Sinclair. Ahora es su turno de hacerme preguntas. Hay algo
que quiera saber sobre sus nuevas funciones?
Ashleigh lo miró pensativamente. Tenía una centena de ellas en la punta de la lengua.
Qué edad tenía el nieto del duque, por ejemplo? Y cómo era su Gracia, su abuelo? Iba a
verlo con frecuencia? Y los padres del niño, dónde estaban ? Si , tenía muchas
preguntas que hacer, pero, de repente, creía que sería falta de cortesía de su parte
bombardear con ellas al distinguido señor. Se decidió por una única y bastante simple :
— Cómo se llama el nieto de su Gracia, señor?
Adams la miró fijamente. Por algún motivo, había pensado que esa clase de mujer no
estaría interesada en la identidad de su cliente. Esperaba preguntas sobre su
remuneración, por ejemplo, o sobre las comodidades tendría mientras permaneciese en
Ravensford Hall. Pero ella lo había sorprendido nuevamente.
- El nombre de su Señoría es Brett Westmont. Lord Westmont para la señorita. En
general, él se sirve de uno de los títulos menores de su Gracia. En sociedad, es conocido
como vizconde Westmont. Naturalmente, va a convertirse en duque de Ravensford,
cuando su abuelo fallezca, ya que es el único heredero de su Gracia.
- Comprendo — dijo Ashleigh.
Súbitamente, su memoria se agitó con breves y dolorosos recuerdos sobre los días de su
infancia, cuando era un hábito diario usar títulos de nobleza . Su padre había sido un
caballero del Reino y hacía uso del título de baronete. Pero su linaje era antiguo, se
remontaba a la época de Guillermo, el Conquistador. Su pequeña familia había disfrutado
muchos de los privilegios que ahora iba a volver a ver bajo el techo de su nuevo patrón.
De repente, un nudo se formó en su garganta, lágrimas amenazando con sofocarla de
nuevo . Lo que no daría por tener al menos a Patrick a su lado en esa nueva aventura!
Pero , mientras los cascos de los caballos golpeaban contra el suelo duro del camino ,
su deseo murió . Tendría que encarar el futuro sola. Cerrando os ojos, Ashleigh rezó :
"Mi Dios, haz que ellos sean buenos conmigo!"

CAPITULO 6

Robert Adams miró la figura de su Gracia, envuelto hasta la cintura con una manta , y se
conmovió casi hasta las lágrimas.
Ahí estaba el hombre que reunía las mejores calidades: inteligencia, coraje y honestidad .
Y que, siendo tan rico, había buscado usar todos sus privilegios de la mejor manera
posible, dando el máximo de sí mismo. Su fallecimiento constituiría una gran pérdida
para a Inglaterra.
Sentiría por la muerte de John Westmont un pesar que sólo la muerte de su padre le
había causado.
- Robert! — dijo de repente una voz ronca, sacándolo de sus divagaciones. — Deja
de mirarme de ese modo! Todavía no me morí... aunque mis días estén contados.
— Por favor, su Gracia!
- No tengo ilusiones, mi amigo. Por lo tanto, ahórrame tu piedad. — La boca de
John Westmont se contrajo en una sonrisa fatigada. — Dime, la trajiste?
Adams confirmó con la cabeza.
— La dejé a los cuidados de lady Margaret, su Gracia.
- Muy bien . — El duque hizo una señal para que él se aproximase. — Debo
confesarte una cosa, Robert. Debido a mi estado de salud, me vi obligado a exponer el
objeto y los motivos
de nuestra iniciativa a mi hermana. Ella concordó en ayudarme, mientras que eso no
interfiriese en sus planes de establecer una nueva alianza con sus queridos Hastings.
Pero deberías haberla visto, casi perdió a cabeza. Es un recuerdo que llevaré a la
tumba! El duque volvió a sonreír, y su expresión franca, bonachona y casi juvenil de sus
ojos contrastaba con la extrema lividez de su rostro.
— Brett ya vio a la muchacha?
- Su Señoría todavía no volvió del viaje a Londres.
— Entonces hazme un favor, Robert.
- Lo que quiera, su Gracia.
- Cuando bajes, da órdenes para que él Ven a mis aposentos en cuanto llegue . Debo
convencerlo de trabar un conocimiento... más íntimo con las mujeres!
Media hora después , Brett salía de los establos y se dirigía a la casa. Todavía estaba
eufórico por la cabalgada que acababa de dar a través de los verdes campos de su
abuelo. No había nada que se comparase a un día de primavera en Kent!
Contempló las vastas extensiones de tierra, que se extendían hasta donde la vista se
perdía, y se sintió tocado por un deseo intenso de quedarse allí para siempre. Ah, si
pudiese echar raíces, como un árbol...
Se detuvo un momento a la sombra de un roble y se puso a mirar el paisaje. Por qué se
había impuesto la imposibilidad de disfrutar una pausa para absorber esa belleza y
tranquilidad ?
Pensó en las alegres juergas en Londres y en el incesante desfile de fiestas, bailes y
recepciones repletos de gente que hablaba mucho
y decía poco. El tedio de las conversaciones frívolas , los juegos de naipes y,
sobretodo , en los placeres picantes... Qué tenía él en común con esas mujeres
alocadas y casquivanas, que se abandonaban al sexo sin reserva?
Miró las ventanas oscurecidas del cuarto del viejo que coqueteaba con la muerte, y
pensó:
"Ah, abuelo ! Fue para esto que luchaste tanto? Fue para esto que me estimulaste a
trabajar tan arduamente y a seguir tus pasos? Yo lo hice de buen voluntad , porque era
importante para mí conquistar tu respeto y tu amor. Pero, qué hago ahora? Cómo
encontrar aquello de que preciso?"
El duque estaba dormitando, pero despertó al oír el suave ruido de la perilla de la puerta
y se sentó en la cama.
- Ah, sos vos, Brett? Aproxímate, muchacho .
El extendió la mano temblorosa.
— Ven a sentarte a mi lado.
Brett se aproximó solícito y se sentó en el borde del lecho.
— Cómo te sientes, abuelo ?
— Un poco peor de lo habitual. Pero no te llamé aquí para hablar sobre la fragilidad de
mi cuerpo. Vamos hablar de vos.
— De mí? — Los ojos de Brett se estrecharon . — Y de qué?
La pregunta flotó por un instante en el silencio que se hizo entre ambos. Finalmente el
duque se decidió :
— Estoy preocupado por tus ideas respecto al matrimonio.
— Por qué, abuelo ? No es normal que un hombre joven quiera permanecer soltero por
algún tiempo?
— El problema — dijo el duque con inesperado vigor — es que vos pareces haberte
olvidado de la necesidad de dar continuación a nuestra familia!
Brett frunció el ceño con desagrado.
— Comprendo. Quieres que me case con esa... esa Hastings y la preñe rápidamente .
El duque levantó las cejas y dijo severamente:
— Guarda ese lenguaje de prostíbulo para tus amigos de Almack's!
El hizo una pausa demorada, reuniendo las fuerzas y las palabras. Después dijo:
— Vos sos la continuidad de nuestra ilustre casa y no puedes correr el riesgo de morir sin
descendientes . Esa... esa joven que pareces despreciar reúne todas las condiciones
necesarias para darte un heredero.
Su nieto sonrió fríamente.
— Permitiste que lady Margaret te convenciese, abuelo?
El duque pareció no escucharlo, pues continuó :
— Estuve pensando que debería haber un motivo serio para tu incomprensible
resistencia al matrimonio y tomé algunas medidas.
Brett lo miraba atónito.
— Por amor de Dios, abuelo ! De qué diablos está hablando?
— De lo que considero como un fracaso en mi misión: tu falta de experiencia con las
mujeres.
- Qué?
— Me es bastante fácil comprenderlo. Nunca te incentivé a relacionarte con ellas. Eso
debe significar que eres virgen... o casi virgen, inexperto, digamos. Qué otra cosa podría
explicar esa aversión ... — Un súbito y violento acceso de tos, que lo dobló al medio,
impidió que el duque continuarse.
La perplejidad de Brett pronto fue reemplazada por una profunda preocupación, que le
sofocó en la garganta las últimas palabras de protesta. Aguardó que el espasmo pasase
y entonces preguntó gentilmente:
— Está en condiciones de continuar la conversación, abuelo ?
— Es necesario... Me queda muy poco tiempo... — El duque hizo una pausa jadeante. —
Ahora óyeme y no me interrumpas: en este momento hay una... una profesional del
sexo... instalada en tu cuarto. Adams la trajo acá a pedido mío, con el único propósito...
de instruirte... sobre el tema que estuvimos hablando.
Su Gracia extendió su mano temblorosa, y Brett la sujetó entre las suyas.
- Ya tengo demasiados débitos en mi cuenta personal . Esto último podría ser demasiado.
Prométeme, que vas a estar con ella. ..cuanto antes . Te juro que es la última cosa que
te pido. Pasa el tiempo que quieras en su compañía y descubre la alegría y el placer que
se puede hallar en una cama con una mujer. Después , cásate. Prométemelo , Brett! —
concluyó él, cerrando los ojos y recostándose, pálido y exhausto, sobre la almohada.
Brett se quedó un largo momento mirándolo.
Después de todo , por qué no cumplirle una última ilusión a un viejo agonizante?
Le apretó la mano tiernamente y murmuró :

- Te lo prometo, abuelo.

CAPITULO 7

Ashleigh recorrió con sus ojos el gran e imponente aposento que le habían destinado. La
amplia cama matrimonial , las ricas cortinas de terciopelo , los altos espejos, en los
cuales, por primera vez, se podía ver de la cabeza a los pies, todo la impresionó,
pareciéndole excesivo, e hizo renacer sus resquemores.
Pero pronto logró dejarlos de lado , pensando que no podría haber ninguna inquietud
respecto al pequeño que le sería confiado a sus cuidados. Más tranquila, se sacó los
zapatos y hundió sus pies en la sedosa suavidad del tapete Aubusson, de ricos diseños
en forma de flores. Había un tapete semejante a ese en Sinclair House, en el cuarto que,
ahora recordaba, pertenecía a Patrick,..
Suspirando, caminó hasta la ventana y abrió las pesadas cortinas. Al contemplar el
paisaje verde bañado por la luz fría de la luna, fue dominada por la misma sensación de
familiaridad que había experimentado durante el viaje, mientras el carruaje recorría el
camino principal y veía los campos verdes ladeados por hileras de olmos .
Aspiró una bocanada de aire puro que llegaba de los bosques, y hasta ese aire le pareció
dulcemente familiar. Estaba segura . Lo sentía.
Allí afuera, en esa región , había pasado su primera infancia. Aunque solamente
tuviese siete años cuando había dejado Kent, ciertos hechos habían quedado grabados
para siempre en su memoria.
Miró hacia el sur y le pareció vislumbrar los márgenes suaves del río Medway, que,
Adams había confirmado, habían cruzado al tomar el camino hacia el sur de Inglaterra.
No muy lejos de allí, se encontraba la pequeña ciudad de Tunbridge Wells, que había
visitado en compañía de Patrick y de su padre. En sus alrededores , se encontraba
Knole, la casa de campo de unos amigos de su familia, mientras que Penshurst Place,
otra vasta propiedad de personas amigas, quedaba en dirección opuesta.
"Qué extraño volver acá después de tantos años!", Ashleigh reflexionó . " Es como si la
vida fuese un círculo y yo estuviese volviendo al punto de partida." Qué otras sorpresas
ese nuevo giro de la vida le reservaría?
Se apartó de la ventana y se paró un instante delante del espejo pensativamente mente.
Se quedó inmóvil , contemplando primero las imágenes del cuarto y después su propio
reflejo.
Un golpe en la puerta la sacó de su contemplación. Se puso rápidamente los zapatos y
respondió en francés, como le habían enseñado en Hampton House:
— Entre
La puerta se abrió de par en par y en el umbral apareció el hombre más guapo que
jamas había visto en su vida. él era alto y tenía cabellos castaños cortados a lo Titus, el
estilo de moda en esa temporada. Su traje consistía en una calza ajustada de montar y
una impecable casaca verde, que usaba con gracia natural, dos palabras lo definían :
discreta elegancia.
Pero fue su rostro lo que más atrajo su atención; la frente amplia bordeada por cabellos
semi enrulados, la nariz clásica, labios nítidamente esculpido y , sobretodo, la
luminosidad de sus ojos azul turquesa, profundamente enclavados debajo de cejas
oscuras de líneas osadas. Ojos que daban a ese rostro un carácter de nobleza y de
belleza absoluta.

Iba a seguir analizándolo, cuando él habló, y su voz rica y


profunda llenó el cuarto:
- Pero eres Afrodita en persona, la diosa de la gracia y del amor!
El cerró la puerta mientras hablaba, y esas dos acciones combinadas asustaron Ashleigh.
Afrodita? Y la puerta no debería quedar abierta durante la entrevista? Humedeciendo sus
labios súbitamente secos, ella balbuceó :
- Soy... soy Ashleigh Sinclair. Tengo mucho placer en conocer su Gracia.
El se rió divertido.
- El ducado todavía no me pertenece, mi bella. Mi abuelo todavía vive.
— Tu... tu abuelo ? Pero... no eres... quiero decir...
Sus palabras se perdieron en el silencio que siguió, porque evidentemente el extraño ya
no la escuchaba. él había empezado a examinarla lentamente mientras caminaba a su
alrededor estudiándola desde todos los ángulos posibles, como si ella fuese un objeto
expuesto en una vitrina!
Brett estaba encantado con su buena suerte. Cuando le había prometido a su abuelo que
iba a estar con la mujer que Adams le había conseguido , jamás había esperado
encontrar algo semejante: un pimpollo de rosa sin ninguna afectación!
La envolvió en una mirada que abarcaba su busto bien delineado por el vestido estilo
imperial , las caderas redondeadas, la línea delicada de su cintura, y su bello cuerpo le
agradó absolutamente. Después levantó los ojos hacia su rostro y contuvo la respiración
por un momento, estaba deslumbrado. Las facciones eran perfectas, y la cálida
transparencia de su piel contrastaba con sus inmensos ojos azules, de un tono violáceo,
como el mar de los griegos. Ella era de una belleza exótica, pero había algo ... eran los
ojos. Brett juraría que reflejaban inocencia y sinceridad . Pero no podía ser! Esa joven,
a pesar de su escasa edad , era una prostituta! Cómo se explicaba entonces esa
candidez, esa expresión de pureza, de flor que nada esconde? Debía descubrirlo, pero
iba a adoptar una táctica diferente. Le esbozó una sonrisa seductora, que siempre
encantaba a las damas de la corte, y le hizo una reverencia leve pero ceremoniosa. —
Perdona mi rudeza, señorita Sinclair. Todavía no te pregunté si tuviste un buen viaje.
Ashleigh estaba perpleja. Quién era ese hombre elegante, osado ,y seductor? Si no era el
duque, como había afirmado, sino su nieto, dónde estaba entonces el niño a quien
debería educar?
— Muy bueno , gracias. .. mi lord.
Brett volvió a curvarse.
— En los últimos tiempos , los dioses se habían olvidado de mí. Ahora se han mostrado
pródigos.
El parecía divertirse, y de nuevo Ashleigh se sintió perturbada.
— No comprendo.
— Dime, eres nueva en la profesión ?

"Ah, es eso!", reflexionó ella, aliviada. "El cree que soy demasiado joven e inexperta
para ser la preceptora de su hermano. .. o de quien fuere." A pesar de su timidez,
Ashleigh respondió sin ningún pudor :
—- Si, mi lord. Pero puedo le asegurar que estoy perfectamente calificada para ocupar el
puesto ofrecido!
Una amplia sonrisa distendió las facciones de Brett. Ella debía ser una de esas jóvenes
prostitutas de belleza delicada que eran destinadas a atraer a los clientes por su
fragilidad y su aire de desamparo.
Con una rapidez a la que Âshleigh no pudo escapar, el hombre la tomó de la mano y la
empujó rudamente contra su cuerpo.
— Ven, bella flor .
Después , sin darle tiempo para reponerse de la sorpresa, la apretó en sus brazos y,
cara contra cara, murmuró :
— Quiero que me entregues todo.
De repente, Ashleigh se vio arrebatada por una oleada de sensaciones nuevas . La de los
labios cálidos que se movían sensualmente sobre los suyos, y la de la punta de una
lengua que inesperadamente, penetraba la húmedo cavidad de su boca.
Una locura inexplicable se apoderó de ella, privándola de la capacidad de resistirse y de
reaccionar apropiadamente . Todo lo que deseaba era someterse totalmente a la
ardiente pasión de esos labios, a la brutalidad de ese abrazo y al salvajismo de ese
cuerpo vigoroso. Pero, cuando las manos, que recorrían el contorno de su cuerpo,
alcanzaron los pechos, entró en pánico y ella desprendió con violencia.
- Su... su señoría no pude... debe detenerse! — Ashleigh gritó, ya con señales de miedo
en su voz.
- Soy Brett para vos. Brett Westmont. Pero no veo cuál es el problema. Estamos
solamente comenzando las... lecciones!
Brett Westmont... Era su pupilo! Su mente atontada no aceptó esa nueva información y,
frenéticamente, buscó una explicación plausible. Súbitamente, Ashleigh no tuvo tiempo
para pensar en nada más , porque unas manos ávidas la enlazaron nuevamente por la
cintura y unos labios ardientes se deslizaron por su cuello, descubriendo la suave curva
de sus senos.
Ashleigh continuó resistiéndose, y en un esfuerzo supremo, consiguió girar el rostro
para escapar de sus besos. Pero él la agarró por los cabellos, obligándola a rendirse.
— No me gusta el jueguito de la resistencia, mi bella! — dijo Brett , triunfante, y, en
un movimiento inesperado y ágil, la levantó en sus brazos y la cargó hacia la cama.
— No sabes lo que estás haciendo! Te vas a arrepentir! — gritó Ashleigh, sofocando
sus sollozos cuando él la arrojó bruscamente sobre la cama.
Antes que ella intentase huir, él la inmovilizó con el peso de su cuerpo y le besó la
boca. Sus labios eran crueles, y su lengua entraba en su boca irrefrenablemente.
Sabiendo lo que sucedería si flaquease, Ashleigh se dispuso a luchar con uñas y dientes.
Lo mordió , lo arañó ,y lo empujó con brazos y piernas. Cuando, finalmente, consiguió
soltarse, saltó de la cama y retrocedió hasta la pared. Los cabellos se escapaban de las
hebillas, cayendo sobre sus hombros , los pechos jadeaban y sus ojos color zafiro
brillaban de terror.
— Lord Westmont... se lo ruego...
Brett la alcanzó con dos pasos largos y la agarró brutalmente por los hombros.
— Óyeme, señorita Sinclair. No sé qué mierda hacías en ese burdel, pero mi abuelo
pagó un buena cantidad dinero por tus servicios y quiero recibir el servicio abonado !
Ashleigh sentía su cabeza girar. A pesar de eso, mientras él le arrancaba las ropas,
sordo a sus protestas, desnudándola completamente, ella todavía encontró las fuerzas
para decir:
— Soy Ashleigh Sinclair. Fui contratada para ser la preceptora del nieto del duque de
Ravensford. Es verdad que vivía en una casa de dudosa reputación , pero me ganaba la
vida honestamente, trabajando como criada. Te imploro que me creas , mi lord. No soy
quien piensas!
Brett la miró , insensible al rubor intenso de su cara. Ella estaba desnuda sobre sus
zapatos forrados en raso, las pupilas dilatadas , los pequeños senos temblando de
miedo, e intentaba cubrirse con las manos.

— Es una historia conmovedora ! Ahora me vas a decir que tu madre es ciega, tu padre
inválido y tu hermano , retrasado mental — Brett le dijo con sarcasmo, mientras se
sacaba la casaca y se aflojaba la corbata. — Y debo reconocer que representaste el
cuento con bastante talento. Pero ahora vamos a actuar mis fantasías, no las tuyas!
Ashleigh bajó la cabeza, vencida y avergonzada. Cuando volvió a levantarla, tuvo un
shock . El estaba desnudo, y sus ojos ardían, devorando su cuerpo con una voracidad
que la dejó muda. Aterrorizada, Ashleigh se dio vuelta para huir.
Brett se irritó aun mas . La tomó por el brazo y la empujó contra su cuerpo.
— Yo pago y yo te ordeno que no continúes con la farsa! — Brett dijo rudamente,
empezando a besarla y a morderle los labios, y luego la piel suave de su cuello y de sus
hombros.
— Por favor! Hay un terrible error ! — volvió Ashleigh a decir, procurando escapar de
los brazos que a envolvían.
Brett observaba, intrigado, la alteración de la cara de la joven, sentía su corazón palpitar
violentamente. Y sobretodo, veía sus lágrimas inundar sus ojos. Podría jurar que había
en esa reacción una señal de virtud... Imposible! Era una actuación fantástica, armada
para excitar el apetito sexual de los hombres que se calentaban con las vírgenes
reticentes . Sin más cuidados, Brett la levantó en sus brazos y
rápidamente la llevó a la cama. Allí, la inmovilizó con su cuerpo y se puso a explorar
los misterios de ese cuerpo joven, de donde se desprendía un perfume embriagador.
Deslizó las manos por sus piernas, primero levemente, electrizándola, después con mas
intensidad por sus muslos y finalmente por sus pechos, apretándolos y mordisqueando
sus pezones. Ashleigh luchó contra las sensaciones que la dominaban, sintiendo que se
perdía en esas caricias seductoras.
- No! No! — ella protestó, al borde del llanto . Pero él continuaba acariciándola,
besándole los labios, que se entreabrían lentamente a pesar de su esfuerzo. "Debo
resistirme ", pensó ella desesperadamente, pero su cuerpo ya no se debatía tanto, ya no
luchaba.
Lentamente se sumergió en una languidez que le era desconocida. Nunca se había
sentido tan bien, hacia años que nadie la besaba o la acariciaba y nunca había sentido
un placer tan extraordinario en su propio cuerpo. Súbitamente, sintió el miembro rígido
contra la cara interna de su muslo. Se quedó paralizada por un momento, y luego sintió
la investida inesperada. Iba a hacer un nuevo esfuerzo para librarse cuando sintió una
dolor agudo y lacerante.
Su grito de dolor no sorprendió a Brett. El ya había sentido la obstrucción, pero la
lujuria, rabiosamente contenida, lo impulsó a continuar . La Penetró con ímpetu y no
salió de ella hasta que no se sintió estallar en un orgasmo frenético y prolongado.
. Exhausto, rodó para alejarse de la joven frágil, quien inmediatamente se corrió hacia el
borde de la cama, encogiéndose en posición fetal . Sus ojos fueron inmediatamente
atraídos hacia la pequeña mancha de sangre sobre la sábana.
— Qué carajo esto?!!!
Se calló cuando ella de repente empezó a llorar, sollozando como una criatura.
Instintivamente Brett la Cubrió con la sábana de seda y
después , maldiciendo entre dientes, fue a servirse de una copa de brandy. El alcohol
le devolvió un poco de la calma que no deseaba perder.
La muchachita era virgen y... Una prostituta Una puta virgen?. No tenía sentido! Sin
embargo, no ignoraba que había ciertos burdeles especializados en proveer gran
variedad de placeres a todo tipo de cliente. Vírgenes casi niñas, varones afeminados,
hombres que se vestían de mujeres. Ya había oído de eso en Londres. Ashleigh formaba
parte de ese catalogo de “placeres peculiares”?

Rara vez usaba los servicios de prostitutas. Siempre encontraba lo que quería en el vasto
círculo de las damas de la corte. Y, hasta ese momento, nunca había desflorado a una
virgen ! Recordó los instantes que habían precedido al desfloramiento. Nada en el
comportamiento de esa joven había denotado que "ella había sido entrenada para
agradar un hombre.”
Sería verdadera la historia que había intentado contarle? Y por qué Adams, o el abuelo,
habrían elegido una virgen, si el objetivo de ellos era “instruirlo sexualmente”?
Se dio vuelta hacia la cama. Todo estaba quieta allí. La muchachita había dormido . Ella
era la criatura más tentadora que había tenido en los últimos tiempos. Una verdadera
belleza! La cuestión era que la había desflorado. Qué hacer ahora? Y si realmente
hubiera habido un error en todo eso , como ella no se había cansado de esgrimir?
Cuáles serían las consecuencias?
Un padre o un hermano exigiendo que el honor de la familia fuese reparado ? Su mente
se detuvo en esa posibilidad, porque, de repente, se acordó de que esa muchacha se
había expresado con un lenguaje correcto y educado, propio de las personas cultas. Un
golpe en la puerta lo sacó de las dudas en que se debatía.
— Si?
— Lady Margaret desea saber si bajará a cenar, señor.
Era la voz de Higgins, su criado .
— No, Higgins. Mi invitada y yo cenaremos en el cuarto. Ocúpate de eso para dentro de
media hora.
— Perfectamente, señor.
Brett caminó hasta el borde de la cama y contempló el pequeña cuerpo dormida. Casi no
podía verla, pero solamente al imaginarla desnuda bajo las sábanas sintió su lujuria
renovarse. Era necesario volver a excitarla físicamente con caricias, llevarla a practicar
ciertos actos osados que venciesen su timidez natural y le permitiesen entregarse como
una amante feliz!
“Mi pequeña ninfa... Tal vez hubo , un terrible error. Pero una cosa es cierta: vas a
beneficiarte con mis lecciones!"
Se deslizó al lado de Ashleigh y le besó primero los hombros. Después se puso a
acariciarle con voluptuosa lentitud, su cuerpo suave.
Ashleigh despertó lentamente, envuelta en un calor delicioso, una sensación de
inmenso bienestar . No quería salir de ese sopor dulce y prolongado, pero algo la
solicitaba en el mundo consciente. Abrió los ojos y vio al hombre inclinado sobre ella.
Las recuerdos comenzaron a aflorar de repente, confusos y dolorosos.
- Vos! — ella balbuceó temblorosamente.
- Estás bien?
"Como podría estar bien ?", pensó ella, pero se abstuvo de responder.

Pero al sentir el contacto ardiente de las manos de él en sus hombros y después en la


espalda , gritó sin volverse: - No me toques!
Brett respiró profundamente y murmuró :
- Por favor, vamos a arreglar las cosas.
- Déjame ir!
- Antes, mírame.
Ella no respondió y se encogió debajo de las sábanas .
— Vamos, mírame !
Brett la giró , apartándole los brazos con gentileza.
— No luches conmigo — le murmuró seductoramente al oído. — esta vez, quiero
darte placer.
— Placer? Estás ... estás jugando conmigo!
Brett le levantó el mentón con dos dedos.
— Solamente se siente dolor la primera vez, niña. No te hablaron sobre eso ?
— Nadie me dijo nada— insistió Ashleigh, con una súbita ganas de llorar. — Déjame
ir ! Te lo imploro l
El observó los ojos nublados con lágrimas y casi sucumbió a su pedido. Pero el
irreprimible deseo de una satisfacción completa fue suficiente para sofocar cualquier
sentimiento de piedad.
— Basta! — Brett ordenó rudamente. — No voy tratarte mal esta vez. AL contrario. Te
va a gustar!
La apretó por la cintura y la giró , cubriéndole los labios con un beso que sofocó los
murmullos de protesta. Al mismo tiempo, sus manos expertas le recorrían las curvas
suaves de su cuerpo, hasta detenerse en el vello del pubis y luego para tocar sus labios
vaginales. Delicadamente, se puso a masajearla, hasta sentirla estremecerse de placer.
Se apartó y la miró . Notó los párpados pesados , y los ojos semi cerrados, y sonrió
satisfecho.
- Ahora, encantadora criatura, voy a probarte que no habrá más dolor para vos.
Ashleigh jadeaba, ansiando que esas caricias continuasen, proporcionándole el mismo
placer que había sentido pocos minutos antes.
No se resistió cuando él se puso a explorar los rincones secretos de su sexo con su
lengua y sus labios y , finalmente, colocándose sobre ella la penetró. Ashleigh se
arqueó para recibirlo y lo acompañó en sus movimiento de embestidas, consumiéndose,
como Brett, en el fuego da pasión. Minutos después Ashleigh cayó hacia atrás ,
exhausta y envuelta en una dulce languidez.
— Estás aprendiendo rápidamente , pequeña — murmuró Brett, su respiración todavía
entrecortada. — O te acordaste de lo que te enseñaron.
Las palabras que él expresaba como un elogio fueron recibidas como un inaceptable
insulto.
— Canalla... degenerado! Cómo te atreve a pensar que me enseñaron ... esto ? Soy
una profesora! Y fue para ejercer esa función que eu vine a esta casa. Por qué no me
creíste ?
Brett encontró sus ojos brillantes de indignación y se quedó momentáneamente
cautivado. Ella era, sin lugar a duda, la más bella mujer que jamas había tenido en sus
brazos. Y, en ese instante, parecía dividida entre la languidez sexual y la ira.
Mientras observaba, fascinado, su cuerpo perfecto , los cabellos brillantes despeinados ,
los inmensos ojos azules y los labios hinchados por el ardor de sus besos, supo
súbitamente que era lo que debía hacer. Esa muchacha era una soberbia compañera de
cama. Por qué no dejarla tomar el lugar de lady Pamela Marlowe, la amante que había
dejado en Londres y que ya estaba comenzando a cansarlo? Claro que debería
entrenarla un poco más...
Una sonrisa diabólica se curvó en sus labios, mientras saltaba súbitamente de la cama y
recogía las ropas de ella, esparcidas
en el piso .
- Vístete! — le ordenó , lanzándolas sobre la cama.
Ashleigh lo miró , entre sorprendida y esperanzada. Podía irse de ese lugar . Lejos de ese
monstruo ! Se vistió rápidamente y después se puso las medias y los zapatos.
- Puedo irme ahora? — preguntó valientemente.
- Desvístete!
- Cómo?
- Desvístete! — volvió a decir Brett , ligeramente impaciente.
Ella dio un profundo gemido.
- Pero acabas de...
- Sé eso, querida. Pero ahora te estoy le ordenando que hagas lo contrario. Quiero
perfeccionar tu educación. Vamos, desvístete!
Ashleigh se estremeció ante semejante humillación, pero obedeció. Cuando se disponía
a sacarse las medias, él se lo impidió .
— No. Vamos dejar las medias esta vez.
Ella se enderezó , pero conservó los ojos bajos y los brazos cruzados sobre su pecho.
— Baja los brazos! Tienes un cuerpo lindo y quiero conocerlo completamente, hasta
el más íntimo detalle — Brett dijo, contemplándola de la cabeza a los pies , los
ojos llenos de lujuria.
— Acuéstate.
"Ese hombre está completamente loco", Ashleigh pensó aterrorizada, mientras se subía al
amplio lecho con dosel.
Brett se demoró más un poco en la contemplación.
— Bella! — Brett murmuró, acostándose al lado de ella y acariciando sus pechos.
Después , tocó con suavidad el vientre liso y suave, hasta la protuberancia de su pubis.
Entonces se apartó y la miró a los ojos.
— Tal vez guste más de este modo.
Rápidamente, Brett separó las piernas femeninas fuertemente apretadas, elevó sus
rodillas hasta los pechos y la penetró. Por un largo momento se quedó inmóvil dentro de
ella . Ashleigh cerró los ojos, avergonzada por la posición que la exponía completamente.
Pero, cuando él comenzó a moverse lentamente, se olvidó de todo, inmersa en el
placer que volvía a invadirla. El deseo creciente creado por los movimientos de Brett la
llevó al auge de la satisfacción .
Cuando todo acabó y él se deslizó lentamente hacia un costado, ella volvió a cerrar los
ojos, exhausta. Pero, antes de sumergirse en el sueño, lo oyó decir:
— Eres una alumna admirable, mi dulce Ashleigh.

CAPITULO 8

Robert Adams estaba profundamente irritado. Pero, como su irritación se dirigía


enteramente al destino, echó mano a toda su reserva de paciencia, mientras sacaba la
cabeza fuera de la ventanilla, y preguntó, irreprensible como siempre:
— Entonces, compañero, lo logró?
El cochero, un hombre bajo y corpulento, se volvió hacia el carruaje.
— Todavía no, señor. Pero en poco... Ah, ahí está! Muy bien, Davey, Muy bien !
Davey, un muchacho de sus catorce años, era el hijo del cochero. Y había pasado casi
dos horas, según los cálculos de Adams, ayudando a su padre a quitar uno de los
enormes arboles del parque que se había caído en el camino que conectaba Cloverhill
Manor la Ravensford Hall
Evidentemente, la tormenta que se había abatido sobre la región la noche anterior lo
había arrancado de raíz. Y eso lo hizo deducir que él era el primer viajante en
transitar ese camino , de uso exclusivo de los miembros de las familias Hastings y
Westmont, en ese día.
A pedido de lady Margaret Westmont, había pasado la tarde en Cloverhill Manor
discutiendo con los Hastings el contrato de matrimonio. Sonrió levemente al recordar
como había sido de fácil. Cerca de veinte años antes, su padre, Raymond Adams, había
recibido una misión semejante. Los documentos todavía existían, la firma Adams &
Adams conservaba meticulosamente los registros, y le habían servido para orientarlo en
el esbozo de un acuerdo que, una vez escrito, no sería pasible de retractación.
Mientras el carruaje retornaba el trayecto interrumpido y él iba sufriendo los traqueteos
de un camino mal conservado, su inquietud se redobló . Jamás se había permitido
sucumbir a los obstáculos en la rutina diaria de sus quehaceres. La puntualidad ocupaba
el primer lugar en su lista de virtudes, tanto en los negocios como en su vida particular.
Esa mañana, cuando había llegado a Ravensford Hall, atendiendo a un llamado de lady
Margaret, y había recibido la orden de iniciar las negociaciones matrimoniales con los
Hastings. Después que un lacayo había sido enviado a Cloverhill Manor para anunciar su
visita,
había vuelto al hotel, donde había almorzado cómodamente , contando con que tendría
tiempo suficiente para cumplir su misión, volver a Ravensford Hall y hablar con Brett
antes que él entrase en contacto con el duque.

Pero, durante su visita a los Hastings, se había enterado por boca de lady Elizabeth que
Brett había retornado de Londres la tarde anterior. Esa noticia lo había perturbado. Por
qué lady Margaret no le había informado eso durante la entrevista matinal?
Ese silencio , una prueba cabal de que no hubiera habido ninguna discusión entre Brett y
el duque, lo hacía suponer que, si Brett se había enfurecido, o peor, había desbaratado
el plan de su abuelo, Adams, como promotor de la situación, sería quien iba a sufrir las
consecuencias de su ira. No cabía duda: tendría que discutir con ambos la cuestión de su
intolerable omisión.
"Es extraño", volvió a pensar. "Por qué lady Margaret no hizo ninguna referencia a la
vuelta de su sobrino"
Adams sacudió tristemente su cabeza, mientras pensaba en lady Margaret. No
alimentaba ninguna ilusión respecto a la mujer. Ella debería usar pantalones , en vez de
faldas! En esos años en que había servido a la familia Westmont, siempre había
evitado cualquier confrontación con la mujer que los criados llamaban, a escondidas, La
Dama de Hierro. Había aprendido de su padre que era preferible tratar directamente con
su Gracia a recurrir a su hermana, fuesen cuales fuesen las circunstancias, de otro modo,
se arriesgaría a quedar enredado en las solapadas maquinaciones de ella. Volvió a
analizar el descuido o la omisión de lady Margaret y llegó a la conclusión que ella debía
estar tan interesada en ver ese matrimonio realizado pronto, que se había olvidado de
hacer alusión a la llegada de su sobrino, a quien siempre había detestado.
Adams se enderezó súbitamente en el asiento. Era realmente odio lo que ella sentía por
su sobrino? Después de una breve reflexión, él volvió a recostarse. Si, el sentimiento era
demasiado obvio para que pudiese ser ignorado. Pero no comprendía el motivo de
semejante animosidad, una animosidad que se remontaba a la infancia de Brett y que
era uno de los aspectos más intrigantes de la cuestión. Tal vez hubiese allí algo. ..
Todo el sentimiento de justicia que había dentro de él lo llevó a buscar en ese instante
el motivo de ese odio. Y, mientras observaba, por la ventanilla del carruaje, Ravensford
Hall aproximarse a su campo de visión, reflexionó profundamente. Lady Margaret nunca
se había casado, aunque, según su padre, había sido bastante atractiva en su juventud
y no le habían faltado pretendientes.
Por qué? Tal vez como un modo de vengarse del duque? Nunca había habido amor de
hermanos entre ellos. El resentimiento que la vieja dama alimentaba contra su hermano
se había extendido también a los descendientes de él ?
"Bien", Adams pensó, mientras el carruaje estacionaba delante de la imponente escalera
de entrada de la casa. Ya pasé demasiado tiempo pensando en esa vieja intrigante! Es
mejor que empiece a pensar en la manera en que voy a abordar el asunto con su
sobrino."
Pero, al saltar del carruaje exhibiendo grande serenidad, notó, por la las expresiones
alteradas de los criados, que esa conversación tendría que esperar.

Ashleigh se encontraba delante del tocador del cuarto donde había pasado las últimas
veinticuatro horas, entregada a los cuidados de la criada que había venido a ayudarla a
bañarse y a vestirse . Detrás de ellas, estaba una mujer de mediana edad, de
apariencia saludable , que se había presentado como la señora Busby, la ama de llaves
de la casa.
Por el espejo, Ashleigh la vio recoger las sábanas usadas y se acordó del asombro
que había observado en su rostro minutos antes, cuando ella había notado en la sábana
blanca manchas de sangre de su virginidad perdida. Había podido ver en ella una
inmensa piedad. Y eso había renovado su sufrimiento.
"No voy a llorar delante de ella", se dijo a sí misma, mientras se miraba en el espejo,
esperando que las feas señales del llanto hubiesen desaparecido de su cara. Pero todavía
estaban allí, en los ojos hinchados y en las mejillas congestionadas, silenciosos
testigos de su desesperación.
Agachó tristemente la cabeza. Qué absurda maniobra del destino la había arrojado a los
brazos de lord Brett Westmont? Quién o qué lo había convencido que ella era una
prostituta ? Y por qué, a pesar de sus protestas, su resistencia y innegable inocencia, ese
hombre perverso había abusado de ella? Reticentemente, sus pensamientos volvieron a
ese hombre que le había causado tanto sufrimiento. él había pasado la noche allí, con
ella, sometiéndola a sus caprichos y la poseído de todas las maneras posibles! Y, si
tuviese que creer en sus palabras, le había enseñado todos los modos de complacer!
La había tomado tantas veces que había perdido la cuenta. El parecía insaciable! En
algunos momentos, le había permitido que, viéndola exhausta, ella durmiese en sus
odiosos brazos. Pero solamente para despertarla poco después , ansioso por poseerla
nuevamente.
Finalmente, ya de mañana, le había dicho que podía descansar y
había salido del cuarto sin agregar una palabra. Ella había aguardado un momento, para
asegurarse de que él no volvería, y entonces se había vestido rápidamente . Pero,
cuando, después de agarrar sus cosas, había querido salir del cuarto, había encontrado
la puerta trancada por fuera .
Durante mucho tiempo, había llorado y había gritado, implorando para que viniesen a
libertarla. Nada había sucedido . Finalmente, vencida por el cansancio, se había quedado
dormida en una poltrona junto al fuego. Se había despertado con el ruido de una llave
girando en la cerradura y había encontrado delante de sí a la señora Busby. Ella se había
mostrado gentil, pareciendo no hallar extraño el hecho de encontrar a una joven de
apariencia desaliñada en los aposentos de su patrón , "Brett Westmont, me pagarás por
lo que me hiciste! No importa lo que me cueste, me las pagarás!"
En ese exacto instante la puerta se abrió y el odioso autor de su infortunio apareció en
el umbral , revelando en su elegancia masculina su derecho y sus títulos de nobleza.
Ashleigh lo observó y lo estudió por el reflejo de; espejo. Brett Westmont era una
presencia detestable y peligrosa!
Brett encontró sus ojos en el espejo y le sonrió imperceptiblemente. Descolocado por
un segundo, él se volvió hacia el ama de llaves y le lanzó una mirada significativo.
— Le agradezco su asistencia, señora Busby. Eso es todo por ahora.
La mujer hizo una breve reverencia.
— Por supuesto, su Señoría. Vamos, Annie. Los cabellos de la señorita ya están en
orden.
Cuando la puerta se cerró sin ningún ruido detrás de las dos, Ashleigh se volvió hacia su
captor.
— Por qué me retienes aquí como si fuese una prisionera?
Brett caminó lentamente en dirección a ella y se colocó atrás de la silla. No dando
ninguna evidencia de haber oído su demanda, pasó sus dedos por el cuello de su vestido.
- Tus ropas son impresentables! Es necesario ordenar algunas nuevos vestidos
inmediatamente.
Ashleigh lo miró estupefacta.
- De qué estás hablando? Yo no tengo la menor intención de...
- Estoy hablando, mi querida, de trajes que estén a la altura de tu belleza!
Ashleigh se mantuvo en silencio por algunos instantes. Entonces , empujando a silla
hacia atrás , se levantó . El miedo la abandonó, permitiendo que enfrentase a su
enemigo.
- Solamente quiero una cosa: irme de aquí ! Te ordeno que me liberes
inmediatamente!
Esa indignada reacción disminuyó la confianza de Brett. El había sentido su resistencia
desde el principio, pero la había atribuido a una especie de juego que ella empleaba, tal
vez , para sacar más ventajas. Ahora, ya no estaba tan seguro de eso.
Cualquier mujer de su conocimiento habría saltado de alegría ante la propuesta de
convertirse en su amante. Pero delante suya había una muchachita que le decía, sin
medias palabras, que rechazaba su ofrecimiento. Eso lo hizo acordar de las dudas que
había sentido, cuando ella, temblorosa y bañada en lágrimas, le había implorado
misericordia.
Perplejo, Brett decidió someterla a una prueba final.
- Tal vez no hayas comprendido bien lo que mi propuesta involucra. La posición de
amante significaría un aumento considerable de tus ... ingresos. Soy un hombre
generoso, dependiendo del tiempo que permanezcamos juntos, vos podrás triplicar o
cuadruplicar la cantidad que Adams te ofreció y...
— Generoso! — La indignación de Ashleigh no tenía límites. — Fuiste generoso al
ignorar mis explicaciones y mis ruegos y... al deshonrarme? Y no una vez, sino muchas
veces ?
La voz de ella se elevó al concluir:
— Qué clase de generosidad es esa que te llevó a encerrarme en este cuarto durante
todo un día ?
Brett miraba, perplejo, a esa chica llena de furia. Eso era mucho más de lo que esperaba
escuchar! Descolocado por un segundo, tuvo la asombrosa certeza de que esa pequeña
era inocente. De lo contrario, no se negaría al heredero de uno de los hombres más ricos
de Inglaterra.
En el momento, aquello le pareció una situación absurda, pues, si ella se declaraba
inocente quien "era" esa chica, entonces? Paralizado por el propio impacto de la
pregunta, Brett pensó que ninguna prostituta o criada se expresaría con un lenguaje y
modales tan refinados. Sería tal vez la profesora que afirmaba ser? Otras preguntas se
hacían necesarias para dilucidar el caso, y él sabía quien podría responderlas. Adams!
Había visto su carruaje aproximarse, minutos antes, mientras terminaba de vestirse.
- Ashleigh... Señorita Sinclair, parece que realmente hubo un error. Y, si eso fuera
verdad, pronto tendrás mis más sinceras disculpas. Pero tendrás que esperar aquí un
poco más, mientras yo llego hasta el fondo de esta cuestión.
— Disculpas! No quiero tus disculpas, quiero irme de aquí ! — protestó ella,
precipitándose detrás de él.
Cuando el repentino ruido de llaves le reveló que estaba nuevamente presa, el pánico la
dominó . Y, aún consciente de la inutilidad de sus esfuerzos, se puso a golpear la puerta
con los puños cerrados y a gritar.
Brett bajó los escalones de la imponente escalera de mármol de dos en dos. Al llegar al
hall de entrada, vio a Adams consolar a señora Busby, que estaba llorando.
— Adams, preciso hablar con vos. Vamos a la biblioteca.
— Lord Westmont, le pido que me oiga...
Brett se volvió con impaciencia y quedó asombrado al ver lágrimas también en los ojos
de él. — Qué pasa , hombre?
- Lord Westmont... o tal vez debiese decir su Gracia. El duque, su abuelo, acaba de
fallecer.
CAPITULO 9

— Nunca creí que una cosa tan horrible pudiese suceder, Henry. Todavía no hace
cinco días que su Gracia fue enterrado, y el joven Brett ya se fue a Londres!
Hettie Busby estaba sentada en la sala de Ravensford Hall y hablaba con su marido. La
pareja había servido el viejo duque durante más de treinta años. Hettie había comenzado
como ayudante de cocina y ahora ocupaba el puesto de ama de llaves , y Henry había
pasado de ayudante de caballeriza a jefe de establos.
Durante eses años, ambos habían desempeñado admirablemente bien sus funciones: su
lealtad hacia el duque y a su familia era incuestionable. Pero , en ese instante, había un
indiscutible brillo de rebeldía en los ojos de Hettie.
Su marido lo notó y procuró calmarla.
— No veo nada de extraordinario en la partida del joven duque. él había sufrido
mucho con la muerte de su abuelo y, naturalmente, precisaba compartir su dolor con
sus amigos. Hasta ahora, vos nunca lo viste conducirse mal.
La mujer lanzó su cabeza hacia atrás . No había dudas de que, a esa altura, ya había
tomado una resolución.
— Oh, no? Y esa muchachita de allá arriba? él no tenía derecho a mantenerla presa!
Del mismo modo que no tenía derecho de hacer... lo que hizo!
Henry la miró , comprendiendo, finalmente, lo que ella quería decir.
— Tienes razón , pero...
—Debe haberla lastimado. La pobre chica era virgen! Me Parte el corazón oír sus
sollozos desesperados.
— Mi querida... — Henry colocó la mano en su brazo.— Tal vez sea mejor hablar con
lady Margaret.
— Qué ganaría? Ella sólo piensa en arreglar una novia para su Gracia! Esta mañana,
ella le dijo a Jameson que invitó a lady Elizabeth a pasar algunas semanas en Ravensford
Hall. Claro, eso fue antes de la partida precipitada de su Gracia. Supongo que ahora ella
tendrá que esperar la vuelta de él.
— Las cosas van empeorar aquí, con la llegada de lady Elizabeth. Ella tiene un
carácter espantoso!
Hettie asintió .
— Francamente, Henry! Nunca pude comprender esa obsesión de lady Margaret con los
Hastings. Lady Elizabeth es muy bonita, no queda duda, que también es muy
inteligente. Pero es una ... ! Lord Hastings está siempre borracho y su pobre madre...
— Lady Jane Hastings me da pena. Parece que ella no siempre fue así. Hubo una época,
según dicen, en que tenía su cabeza bien equilibrada.
— Hay algo ahí. — Hettie sacudió la cabeza — Mavis Towler, la partera de la aldea, me
contó que la familia prefirió llamar a una persona de afuera para los partos de lady
Caroline y de lord David . Mavis creyó que había algo muy extraño en eso.
— No sé... Mavis podría sentirse celosa. — Henry manifestó un cierto escrúpulo y
continuó :— Recuerdas cómo se enojó ella , cuando lady Mary quiso llamar al médico la
noche en que su Gracia nació ?
- Si, recuerdo .
Henry lanzó una mirada preocupado a su alrededor y después se enderezó .
- Bien. Es hora de volver al establo. El joven duque espera que cuidemos bien de
sus caballos.
Hettie se levantó , suspirando.
- Voy a subir e ver si esa chica quiere algo . Ella apenas tocó el desayuno .
Menos de cinco minutos después , ella bajaba corriendo la senda al establo, en busca de
su marido.
- Dios nos ayude, Henry. Ella se fue! Se escapó por la ventana!
Henry se volvió y miró el rostro horrorizado de su esposa.
- Quién, Hettie?
— Quién va a ser, hombre? La señorita!

Brett acarició el cuello sudado de su garañón , antes de pasar las riendas al muchacho de
la caballeriza .
— Dale una ración doble de avena, Tim. Lo Forcé demasiado, esta vez.
Tim atrapó las riendas del soberbio caballo negro con el mismo aire de reverencia que
exhibía siempre que tenía la oportunidad de cuidar de los pura sangres de los
Westmont.
- Voy a tratarlo como un príncipe, su Señoría. Raven es mi caballo preferido.
Brett lo miró , vacilante, pero resistió el deseo de informarle de la muerte de su abuelo.
Higgins ya había entrado en la cocina y, a esa altura, toda la servidumbre ya debía saber
que el viejo duque de Ravensford había muerto . Pronto Tim tendría conocimiento del
hecho.
Respiró profundamente , mientras se dirigía hacia la elegante casa de King Street.
No tenía el menor deseo de aceptar expresiones de condolencias. Había pasado los
últimos cinco días participando de todos los servicios fúnebres que las convenciones
exigían. Ahora quería estar solo y dar rienda libre al dolor que había estado ocultando.
No obstante, al entrar en la casa, se detuvo un instante a los pies de la escalera y
recibió con simpatía las palabras de consuelo de sus criados, deseosos de compartir su
pesar. Después siguió directamente a su cuarto y se sentó junto a la chimenea.
El único ser que había amado había partido... Cerró los ojos y procuró formarse una
idea exacta de la que significancia de la pérdida de su abuelo, cosa con la cual había
estado luchando desde que se había enterado de su muerte. Pero corazón todavía no
se había acostumbrado a ese vacío.
Sin embargo, la muerte era algo que ya había conocido antes. Lentamente, volvió los
ojos hacia el pasado, cuando todavía era un niño de diez años y le habían hablado sobre
el accidente que había matado a su padre. Se acordó del dolor lacerante que había
sentido entonces y, casi simultáneamente, de la imperiosa necesidad de reprimirlo.
Era necesario, de algún modo, que también esta vez dejase de lado el sufrimiento y
continuase siendo un pilar de fortaleza para quienes dependían de él. Se había
Habituado desde la niñez a no sucumbir a ninguna flaqueza emocional. Y lo había
hecho , movido por la necesidad, o por la desesperación, de luchar contra evidencias
sombrías, prefiriendo ignorarlas.
Habían habido amenazas solapadas en las sombras, amenazas que no desistieron de
perseguir a su presa, en la época de la muerte de su padre. Había sido algo que había
presentido con todos los instintos de un niño acostumbrada a observar mucho y a hablar
poco .Y con esos instintos , durante algún tiempo, había percibido un miedo que se había
negado a sentir.
Pero, por qué esa súbita necesidad de examinar esas terribles sospechas? Qué bien
podría hacerle eso ? Lo ayudaría a despertar lo que dormía dentro de él ! No era mejor
ignorar su atormentada imaginación y borrar para siempre esos recuerdos?
Sin querer, una antigua escena volvió a su mente. Escondido en las sombras del
corredor que conducía al cuarto de su padre, él había observado dos criados retirar de la
pared un retrato de mujer de cabellos castaños y aire dulce... El retrato de ella! Todavía
guardaba en sus ojos la gracia de su pose.
Sacudió la cabeza impacientemente. Esos recuerdos eran una lamentable concesión a su
nerviosismo. Pero comprender ese hecho no lo ayudó a recobrar la calma. Se levantó
para alcanzar la botella de coñac, cuando golpearon la puerta.
— Si?
— Siento mucho interrumpir su reposo, su Gracia, pero es necesario que me reciba!
Era la voz del viejo Henry! Qué diablos estaba él haciendo allí ?
— Entre, hombre!
La puerta se abrió , revelando la alta figura de su jefe de establos, que parecía a punto
de desfallecer.
— Qué sucedió ?
Henry pronto se reanimó, como si tomase coraje.
— Perdóneme, su Gracia... Pero... pero la jovencita... se escapó!
— Qué jovencita?
— L señorita Ashleigh, su Gracia.
— Cuándo fue eso ?
— Cerca de una hora después de su partida. La señora Busby y yo creímos que usted
querría saberlo.
— Si, claro — dijo Brett, sin estar realmente seguro.
El se había olvidado de la joven en la sucesión de acontecimientos que habían
involucrado la muerte de su abuelo. Y, ahora, pensaba por qué no la había dejado partir ,
como ella quería. Habría sido tan simple... Después de todo , no había más motivo para
continuar usándola!
Por qué, entonces, había dado órdenes para que la mantuviesen en Ravensford Hall? Y
por qué su fuga lo perturbaba? Ella nada significaba en su vida. Pero, mientras pensaba
en eso, fue invadido por un súbito y inexplicable deseo de encontrarla y llevarla de
vuelta para Ravensford Hall. Necesitaba un poco de distracción. Y esos profundos ojos
azules y ese cuerpo. ..
— Puedes darme más detalles sobre la fuga de la señorita Sinclair?
— Perfectamente, su Gracia. Ella se escapó en la yegua negra que usted trajo de
Irlanda el año pasado.
- Irish Night?
— Si, su Gracia. Parece que ella conoce bien los caballos.
— Pero esa potra no estaba lista para ser ensillada! — dijo Brett, con perplejidad
creciente.
Henry asintió de manera tan clara que ;o obligó a preguntar:
— Estás queriendo decirme que, además de escoger un caballo todavía no domado, ella
lo montó a pelo?
— Exactamente, su Gracia. Fue lo que ella hizo.
Súbitamente , los pensamientos de Brett tomaron otro rumbo. Hasta ese momento, él se
había preocupado solamente de recobrar “ese juguetito” encantador, para que lo
entretuviese un poco. Ahora, se inquietaba por la seguridad de esa chica. La Imaginó
caída en medio de un charco de sangre, o en una zanja, con el cuello roto a
consecuencia de la caída de un animal casi salvaje.
— Henry, quiero que me hagas un favor más.
— Por supuesto, su Gracia.
— Manda a Higgins inmediatamente.
Mientras esperaba la llegada del muchacho de la caballeriza , Brett se puso a pensar .
Sin duda, Ashleigh intentaría volver al lugar de donde había venido, un burdel londinense
de primera clase. Eso restringiría su búsqueda. Pero igualmente necesitaba más
elementos.
Menos de media hora después , ya sabía lo que quería. Adams le enviaría a través de
Higgins una nota con la dirección de la casa en cuestión: Hampton House.

Ashleigh sujetó las riendas con solamente una de sus manos y deslizó hacia el suelo ,
conduciendo a la pequeña yegua a uno de los lados de la calle. Después , se preparó
para vencer a pie los cien metros que la separaban de Hampton House. La caminata
enfriaría a la potra y le daría tiempo para ordenar sus pensamientos. Había sido un día
muy complicado, pero gratificante. Había logrado escapar de Ravensford sin ser notada,
una verdadera proeza, considerando las condiciones adversas que había encontrado en
el camino.
Desde que había escapado del cuarto, gracias a las sábanas que le habían servido de
cuerda, sólo había encontrado obstáculos: los jardineros que trabajaban cerca de la
casa , los criados y los palafreneros que trabajaban delante del establo donde se
encontraba la linda yegua que había tomado prestada.
La potra, sin embargo , había sido un golpe de suerte. Jamás habría esperado encontrar
un animal que, obviamente, estaba siendo entrenado para participar en carreras.
— Nos hicimos buenas amigas, verdad, querida? – Ashleigh murmuró, acariciando el
hocico aterciopelado.
Sonrió al acordarse de las dos caídas que había sufrido al principio de la fuga, y que,
afortunadamente , habían sucedido en suelo blando . Pero habían sido por su propia
culpa. "Tienes que conocer a tu caballo , antes de exigir cualquier cosa de él", decía
Patrick con frecuencia.
Nada de lo que le había pasado le había impedido continuar con la cabalgata, y ahora
estaba allí, de vuelta en el único lugar que podía considerar su hogar. Pero, en qué
condiciones? Sin empleo, deshonrada, vejada! Qué le diría a Dorcas y a Megan? Alguien
había cometido un terrible error que le había costara la virginidad. Había caído en manos
de un desalmado que había abusado de ella.
Le faltaba coraje para enfrentar la realidad y el dolor de ese hecho. Vacilante,
preocupada, tuvo ganas de escaparse de allí. De repente, una imagen se formó
claramente en su mente. Megan! Ella sabría como poner fin a esa horrible situación.
Mas aliviada, Ashleigh persuadió a la pequeña yegua a avivar el paso. Estaba cerca de
diez metros de su destino cuando vio un bello carruaje estacionarse delante de la casa
de Madame. Colocó la mano sobre el hocico del animal, impidiéndole de relinchar, y
esperó hasta que los dos caballeros elegantemente vestidos que habían saltado del
vehículo entrasen al interior de la mansión.
Sin vacilar, tomó por la estrecha senda lateral que llevaba a los establos de Hampton
House, con la esperanza de llegar sin ser vista. Era miércoles y, a juzgar por el número
de cuartos iluminados, la noche prometía ser muy animada.
Los establos estaban inmersos en sombras, y parecía no haber nadie allí. Ashleigh sintió
un escalofrío recorrerle la espalda, mientras conducía a la yegua por el patio de piso de
piedra. Y casi gritó de terror, cuando, inesperadamente, algo peludo le saltó al cuello.
— Finn! Sos vos, Finn! — ella murmuró, con un gemido de alivio. — Te extrañé
tanto ...
De repente, la copa llena hasta el borde que sostenía hacia casi una semana se desbordó
como una catarata. Dejándose caer en el primer escalón, ella enterró su rostro en el
lomo peludo del gran perro irlandés, dando rienda suelta a una desesperación que la
sofocaba.
No supo cuanto tiempo permaneció allí, llorando, pero tenía la impresión de que todas
sus emociones habían dejado su cuerpo cuando dos brazos la envolvieron por los
hombros. Levantó los ojos y vio un rostro familiar a unos centímetros de distancia.
— Megan...
— Dios del cielo, Ashleigh! Oh, mi querida, no digas nada! Estás en casa y todo va a
estar bien !
CAPITULO 10

Brett miró a Madame y sonrió . Pero era una sonrisa formal, que no expresaba
satisfacción .
— Parece entonces que la señora pretende quedarse con la generosa cantidad de
dinero que el abogado de mi abuelo le adelantó, por los servicios de una joven
absolutamente inexperta. Una
chica, como usted misma admitió, que fue enviada a mi casa por error. Brett hizo una
pausa y concluyó , irritado:
— Y encima me está pidiendo otra suma de dinero , mucho mayor, para que pueda
tenerla de vuelta.
Los ojos grises de Madame sustentaron la mirada de él por un instante, antes de
entrecerrar los párpados.
— Perdone mi impertinencia. Pero el error al que su Gracia se refiere se revertió
completamente a su favor. Ashleigh Sinclair era virgen, cuando dejó esta casa, días atrás,
ahora ella afirma, entre lágrimas, que ya no lo es.
Madame inclinó su cuerpo hacia adelante y, graciosa e insidiosamente, continuó :
— Tiene alguna idea de lo que vale una virgen en el mercado actualmente? Y una
tan encantadora cuanto nuestra Ashleigh? — ella volvió a reclinarse en la silla, más
cómodamente. — Su Gracia hizo un gran negocio !
Brett le notó las manos, bellas con uñas largas y curvas. manos en forma de garras.
— Fue una ventaja que yo no pedí — Brett comentó, un tanto irritado.
— Ah! — Los ojos de Madame brillaron . — Entonces por qué vino aquí, buscando esa
"joven totalmente inexperta"?
- Usted se olvida que el error del el cual es responsable podría tener consecuencias...
La risa de Madame vino en el momento oportuno.
— Lo que su Gracia realmente está queriendo decir es que su reputación sufrirá un
gran golpe, en caso que se corran rumores sobre el modo en que usó y abusó de esa
pobre criatura!
Madame hizo una pausa significativa.
— Me dijeron que ella tiene marcas por todo el cuerpo, una de las cuales está en su
adorable trasero.
— Basta! — la cortó Brett, enervado. — Veo que es inútil asegurarle que no soy
responsable de esas... marcas! Por lo tanto, sugiero que volvamos a la cuestión principal.
Lo que sucedería con esa muchachita, se yo me fuese de aquí sin aceptar sus términos?
Los ojos fríos y calculadores de Madame mostraron una estudiada sorpresa.
- Pensé que era obvio, su Gracia! Ella va a trabajar aquí. Yo soy una persona muy
sensible, pero esta no es una casa de caridad !
- Supogo que quiere decir con eso que ella retomará sus antiguas tareas de criada.
Madame respondió con grande vivacidad :
- Ashleigh es joven, bonita y huérfana. Cuando ella era inocente, fui persuadida a
conseguirle un empleo honesto. Pero ahora... – ella se encogió de hombros . — nuestra
huérfana se convirtió en una buena inversión.
- Para usted, tal vez .
- Para mí, para usted, y para quien pueda pagarse el lujo de tenerla!
Brett suspiró, consciente de su derrota. quería a la joven, y Madame sabía eso,
aunque no supiese que no era el alto precio exigido lo que lo hacía vacilar. Ni la
amenaza de un escándalo, como ella hábilmente había insinuado.
Estaba absolutamente perplejo. Había ido allí con el único propósito de recobrar un
juguete encantador y tal vez para poner a prueba su carisma masculino. Pero , después
de la asombrosa historia que había oído de Madame acerca del pasado de Ashleigh
Sinclair, se encontraba en un dilema. La joven verdaderamente era pura e inocente, y él
la había violado, a pesar de sus protestas.
Eso no condecía con su carácter. Siempre se había involucrado con mujeres que sabían
en que se metían , con mujeres cuya elección era libre y voluntaria, sin coerción
alguna . Nunca había seducido a quien no deseaba ser seducida .Y ahora, si quería
dormir tranquilo, sin remordimientos ni peso en su consciencia, tendría que pensar en
un modo de remediar su error, aunque eso significase obtener a Ashleigh de vuelta en
los términos de Madame.
Madame lo miró interrogativamente.
— Veo que su Gracia me comprende.
Brett suspiró por segunda vez y se levantó .
— Pues bien ! Acepto sus exigencias. Quieres que firme una carta compromiso o...
- Por favor, su Gracia! — lo interrumpió Madame, levantándose también . — Será
suficiente con que mande a su abogado a buscarme mañana.
— Dónde está ella ? Y cuando podré llevarla de vuelta a Ravensford Hall?
Madame sopesó cuidadosamente sus palabras.
— Me temo que no será nada fácil. Fui informada que ella llegó aquí
profundamente conmocionada. En este momento, se encuentra en el piso superior ,
entregada a los cuidados de una
de mis jóvenes .
Ella lo miró con aire de duda.
- Podrá tener problemas, si intenta separarla de ese verdadero perro guardián.
Brett suspiró brevemente. No había hecho un plan para resolver esa situación y la miró
durante unos segundos sin decir nada. Finalmente, se decidió :
- Puede mostrarme el camino, Madame.
Ashleigh se encontraba sentada delante de la chimenea. Detrás de ella, Megan peinaba
cuidadosamente sus cabellos.
- En verdad, querida. No debes preocuparte tanto por mí. Vos ya hiciste demasiado!
- Y haría más si pudiese aliviarte de este dolor. — La pasional irlandesa apretó con
fuerza el peine. — No sé a quien me gustaría ahorcar primero: si a Monique, esa puta
desgraciada , o si a tu duque perverso !
Ashleigh se dio vuelta impetuosamente y respondió con un malestar que no conseguía
esconder:
- Oh, Megan! Yo nunca lo consideré "mi duque". Nada me sería más embarazoso
que volver a estar delante de él!
- Fue un modo de decir, querida. No debes preocuparte. Tengo la impresión que su
Gracia no se atreverá a poner los pies en Hampton House!
Ashleigh iba a retrucar cuando a puerta se abrió con un estruendo, dando paso a
Dorcas.
— No debería estar aquí arriba con ese perro! — dijo ella jadeante, señalando a Finn,
quien estaba a los pies de su ama. — Qué diría Madame si se entera ?
— Yo le diría que tiene hasta mañana para librarse de ese animal!
Las tres mujeres se volvieron al mismo tiempo y vieron a Madame en el corredor,
espléndida con un vestido de terciopelo marfil .
Sin hacer caso de la exclamación de Ashleigh, ella ordenó secamente:
- Llévalo abajo, Dorcas.
— Si , madame.
Madame se dirigió a Megan con una expresión severa.
- Ya has pasado demasiado tiempo con esta niña. Es momento para que bajes a
recibir a nuestros clientes. Yo tengo un asunto que tratar con Ashleigh.
La bella irlandesa dejó pasar el punto principal de ese comentario. su atención había sido
atraída por un hombre alto que, hasta entonces, había permanecido en las sombras.
Dándose cuenta de quien se trataba, ella se inclinó hacia Ashleigh y le dio una
palmadita de aliento en el hombro.
— Estás lista para recibir esta... visita, querida?

Si hubiera podido, Ashleigh habría huido del cuarto. Daría cualquier cosa por nunca más
tener que enfrentarse a su agresor. Pero, ante la expresión severa de su patrona, se dio
cuenta que no tendría otra alternativa mas que someterse a los deseos de ella!
— Yo ... yo estaré bien, Megan. Puedes bajar.
— Perfecto , querida. Si cambias de idea, no vaciles en llamarme.
Diciendo eso, la bella pelirroja caminó hacia la puerta con altivez, la cabeza en alto,
como se estuviese cumpliendo con dignidad un deber desagradable.
Madame se dio vuelta entonces hacia Brett e hizo un gesto cortés con su mano cargada
de brillantes.
- Por favor entre, su Gracia.
Ashleigh levantó sus ojos hacia ese hombre vestido según la moda y no obstante tan
soberbiamente viril, pero no consiguió mantener la intensidad de su mirada . Agachó la
cabeza y mantuvo los labios apretados y las manos entrelazadas en su regazo, en un
mutismo cargado de tormento.
- Ashleigh, mi querida! Dónde están tus buenos modales? — le preguntó Madame,
escandalizada. — Cómo te atreves a quedarte sentada ante un noble del Reino?
- Realmente no es necesario... — murmuró Brett, poco cómodo.
Ashleigh se ruborizó. Se puso de pie de un salto hizo una leve reverencia.
— Su Gracia... — ella murmuró, cuando su única voluntad era arrancarle con las
uñas su sonrisa arrogante!
En verdad, la sonrisa que iluminaba las bellas facciones de Brett no era propiamente
arrogante, sino irónica, y constituía una respuesta a la chispa de desdén que él había
registrado en los ojos de ella.
Hasta entonces, había estado bajo el efecto de una especie de encantamiento. Había
estudiado durante algún tiempo la cara angelical de Ashleigh. Después , recorriéndole el
cuerpo, se había complacido en adivinar los contornos y las formas a través de la bata
liviana. La encontraba aun más bonita, como si, de algún modo, su belleza fuese algo
nuevo para él.
Ahora, sin embargo , estaba positivamente irritado y se esforzó para responder a la
reverencia con un leve cumplimiento:
— Buenas noches, señorita Sinclair.
Ella nada pudo decir durante un minuto. Después , intentó recuperar la sangre fría.
- Madame... dijo que tenía un asunto que tratar conmigo?
- Ah, si ! — Madame se dio vuelta hacia Brett. — Voy a exponer los términos de nuestro
acuerdo hasta el punto en que eso me involucre. Después , será el turno de su Gracia
de continuar.
Ante el gesto de confirmación de Brett, Ashleigh sintió un escalofrío de aprensión .

- En virtud de tu vuelta a Hampton House, te encuentras nuevamente bajo mi


protección — comenzó Madame. —Sin embargo , en vista de las circunstancias que
rodearon tu vuelta, no puedo volver a ofrecerte el puesto que ocupabas anteriormente.
Ahora eres una mujer, Ashleigh. Eres bonita y digna de una ocupación...
desgraciadamente superior. Madame hizo una pausa dramática.
— Tenemos que considerar que abandonaste la casa de su Gracia, con grave
contratiempo que...
— Qué más podía hacer? La conducta de su Gracia fue francamente repulsiva ! — la
interrumpió Ashleigh impetuosamente. — Era una situación que una mujer decente no...
— La honestidad causa muchos dolores y sufrimientos superfluos — observó Madame
con un leve encogimiento de hombros . - Pero no es a mí que tienes que explicarle lo que
sucedió en Ravensford Hall. Resta resolver el hecho de que estás nuevamente en mi
casa. Y, como no tienes ganas o capacidad para desempeñar la única función que te
haría indispensable aquí, me vi obligada a cederte a su Gracia, quien me pagó
anticipadamente por tus servicios.
Un silencio sepulcral siguió a esas palabras. Transcurrido un minuto, Ashleigh levantó
los ojos llenos de lágrimas y preguntó, con una voz que era casi un susurro:
- Cuánto, Madame?
- Esa ... — respondió Madame, volviéndose hacia la puerta - es una información que no
estoy autorizada a revelarte. Sugiero que te entiendas con su Gracia.
Diciendo eso , ella desapareció en las sombras del corredor. Ashleigh miró a Brett.
— Planeaste todo cuidadosamente! — dijo ella entre lágrimas. — Sabiendo que
difícilmente conseguiría que me acepten de vuelta, urdiste una trama con Madame! Es
así que procede un hombre de bien de esta sociedad ?
Brett notó su fragilidad y su desamparo. Conmovido, tuvo que controlarse para no
tomarla en sus brazos.
— Señorita Sinclair... — dijo para entrar en tema.
— Señorita Sinclair! — ironizó ella, con ganas de decirle todas las cosas que se le
pasaban por la cabeza. — Estás queriendo dorarme la píldora? Soy joven, era virgen pero
no soy idiota.
El dio un paso más.
— Oye, Ashleigh, yo...
— No! Escúchame! No hay nadie en este mundo que me pueda obligar a ser tu
amante! Nadie! Dejaré esta casa y buscaré un modo de encontrar un empleo honesto.
Cualquiera... mientras sea honesto!
Brett oía todo con creciente irritación. Sería un infierno, pero por culpa suya. Había hecho
de ella un instrumento de placer, de placer egoísta, y ahora tenía que pagar por el
desprecio que había generado!
— Ashleigh — dijo Brett con paciencia, procurando no ver la angustia y la tristeza que
había en esos ojos zafiro. — Supónte que te dijese que no tengo ninguna intención de
convertirte en mi amante. Y supónte también que te ofreciese ese empleo que tanto
deseas. Qué pensarías?
El estaba muy cerca de ella, y Ashleigh creyó ver sinceridad en lo profundo de sus ojos
azules.
— Qué clase... qué clase de empleo?
— Si, su Gracia! — dijo una firme voz de mujer venida desde la puerta. — Qué clase
de empleo?
Ashleigh y Brett se volvieron al mismo tiempo y vieron la alta figura de Megan desde las
sombras.
—Discúlpeme , su Gracia. Todavía no fuimos presentados. Soy Megan O'Brien, la nueva
responsable de la señorita Sinclair. Y estoy interesada en saber cuál es su respuesta.
— Mi nueva responsable ? — balbuceó Ashleigh. — De qué estás hablando?
— Acabo de renunciar a mi puesto , querida. — Los dientes perfectos de Megan brillaron
en un sonrisa de satisfacción .
Ella se volvió hacia Brett.
— Y como su adulto responsable quiero saber de la boca de su Gracia qué propuesta
él tiene para hacernos. Que quede claro esto, a donde Ashleigh vaya, yo también iré !
Brett ponderó esa nueva situación con desagrado. Y por primera vez en su vida maldijo
el sentido de honor que corría en su sangre. Ahora, estaba obligado a tratar con dos
mujeres, en vez de una!
— Debo suponer que la señorita no cree en la sinceridad de mis intenciones?
— No se trata de eso, su Gracia. Quiero que esta pequeña tenga una amiga y una
protectora a su lado, cuando tome posesión de ese nuevo cargo que usted mencionó,
pero que todavía no explicó!
Brett inspiró profundamente, antes de anunciar:
— Señorita Sinclair, me gustaría que te instalases en mi casa como asistente de mi
tía. Ella viene desempeñando las funciones de anfitriona hace muchos años, desde que
mi abuelo enviudó.
Pero es una mujer mayor y , tengo certeza, que agradecería cualquier ayuda que yo
pudiese proveerle.
Brett hizo una pausa pensando que si había algo en el mundo que lady Margaret no
apreciaría era justamente la ayuda de nadie . Pero, como no podía llevar adelante sus
planes sin vencer la hostilidad y la desconfianza de esas dos mujeres, estaba dispuesto a
enfrentar todas las consecuencias que fuesen a surgir!
— Tus tareas serán simples y definidas. Planeo recibir amigos, tanto en mi casa de
campo como en la casa de Londres.
Para esas ocasiones, voy a precisar una anfitriona. Supe que has recibido una buena
educación , y que tienes credenciales suficientes para desempeñar esas funciones con
responsabilidad .
El interés de Ashleigh creció considerablemente. Pero podría confiar en Brett Westmont?
él no había procedido como un caballero, antes. Y, una vez que la tuviese al alcance de
las manos, quién le impediría ... Sintió su rostro arder de vergüenza ante esa
posibilidad .
Pero ahora Megan estaba a su lado, y eso era una garantía de tranquilidad . Si pudiesen
continuar unidas, nada malo le iba a suceder. Aún así , vaciló.
Megan la sacó de la nebulosa en la que se encontraba.
— Qué crees, Ashleigh querida?
— Era exactamente eso lo que te iba a preguntar !
La pelirroja giró hacia Brett.
— Su Gracia tendrá alguna objeción si llevamos un amigo con nosotras ?
— Amigo...?
— Finn.
— Y quién es ese Finn?
— El perro irlandés de Ashleigh.
Brett murmuró algo entre dientes, pero, cuando sus ojos recayeron en el pequeño reloj
de porcelana que estaba sobre la cómoda y vio la hora, cedió.
— Está bien. Me ocuparé de acomodarlo. — él miró a Ashleigh. — Y entonces, señorita
Sinclair?
— Yo no debería recibir algún tipo de remuneración? Planeo restituirle a Madame la
suma que has desembolsado por mis servicios. Y no podré hacerlo, a menos que...
— Haré que mi abogado deposite quinientas libras a tu nombre en el Banco de
Inglaterra. Podrás considerar esa cantidad como su salario anual. Además ...
— Yo estaba pensando en mil libras — intervino Megan.
— Mil libras? Es una cantidad exorbitante, señorita O'Brien!
— Concuerdo con su Gracia. Pero eso incluye la indemnización...
Brett capituló una vez más .
— Está bien. Mil libras anuales.
— Pero usted iba a decir algo...
El la miró con severidad .
— Antes que me interrumpieses, iba a decir que la señorita Ashleigh recibirá cincuenta
libras cada vez que sus servicios fuesen requeridos. Naturalmente, todas los demás
gastos que el cargo involucren correrán por mi cuenta.
— Qué gastos?
— Ropas, alimentación... y otros ítems.
Ashleigh asintió, aturdida. No había imaginado que la oferta pudiese ser tan generosa.
— Habrá algún tipo de recompensa para mi amiga?
Brett estaba a punto de estallar.
— Trescientas libras anuales, pero ella tendrá que cumplir con el puesto de ser tu
criada de cuarto.
Ashleigh miró a Megan, consternada.
— Oh, querida...
— No te aflijas, mi querida. — La irlandesa sonrió . — Criada de cuarto! Me gusta eso.
Brett miró nuevamente el reloj. Pasaban de las diez, y tenía que pasar por el Almack's,
antes que el salón de baile cerrase sus puertas.
— Entonces, señorita Ashleigh? Aceptas mis condiciones?
Ella lanzó una breve mirada a Megan y después asintió .
— Si, su Gracia. Es un acuerdo .

CAPITULO 11

En las primeras horas de la tarde del día siguiente, Ashleigh se encontraba sentada
entre Brett Westmont y Megan en el carruaje que los conducía a lo largo de Hyde Park,
un vehículo amplio y confortable, que traía en la puerta el bello emblema dorado y
carmesí de los Ravensford.
Instalada en su lujoso interior, sentía su temor crecer. Qué demonios estaba haciendo
allí, en el carruaje de un duque? Ella que, una semana atrás, servía de criada en una
casa de mala fama? En ese momento, con el sol de primavera filtrándose por las
ventanillas, esa diferencia se hacía todavía más evidente, obligándola a reconocer que
su vida modesta y chata iba a tomar un rumbo que decidiría para siempre su suerte.
Medrosamente, se atrevió a lanzar una mirada al hombre responsable de esa
transformación. El parecía completamente indiferente a las dos mujeres que lo
acompañaban. Impecable como siempre en su traje de paseo, presentaba un perfil que
parecía esculpido en piedra. La amplia testa, la nariz recta, la boca arrogante, el
mentón fuerte, todo parecía hecho del más duro granito!
Ashleigh suspiró levemente. Realmente no había necesidad de mirarlo. Cómo podría
olvidar, un sólo detalle, las facciones del hombre que durante veinticuatro horas la
había hecho experimentar todo lo que podía reunirse en catalogo vejaciones y
humillaciones?
Casi a disgusto se vio lanzando una nueva mirada en dirección de él. Brett continuaba
inmóvil , más frío y distante que nunca. No había ni una sombra de una sonrisa en esa
boca sensual, lo que podría transformar completamente su fisionomía, concediéndole un
encanto especial. Ahora era un hombre muy diferente al rudo captor que la había
deshonrado.
Incluso diferente hasta al taimado y eficiente hombre de negocios que había sido la
noche anterior.
Eso le recordó de la serie de preguntas que él había hecho , mientras las conducía a su
casa londinense. Quién había sido su padre? Tenía algún pariente vivo? En qué condado
estaba localizada la casa de su familia?
Pero había sido Megan quien había contestado cada una de ellas. O mejor dicho , la
que había eludido cada una de ellas . Haciendo una imperceptible seña a Ashleigh para
que se quedase callada, la irlandesa había dicho evasivamente: " Hace tanto tiempo, su
Gracia... La pobrecita era tan pequeña en la época de la tragedia... No querría hacerla
sufrir nuevamente, recordando hechos del pasado !" Y finalmente: "Esta pobre huérfana
es la viva imagen de todas las virtudes. Cualquiera puede ver eso!", las palabras
obviamente dichas con segundas intenciones y que habían puesto al duque de mal
humor.
Eso la había forzado a lanzarle una mirada de reprobación. Una cosa era obligar al
duque a pagar por el mal que había hecho . Otra, muy diferente, era provocar su ira,
que, ella presentía, estaba siendo reprimida bajo ese exterior frío y distante.
Mas tarde, a solas en el aposento que el duque les había destinado, no había resistido el
impulso de pedirle explicaciones.
— No temes haber llegado demasiado lejos, Megan? Y por
qué me impediste responder a las preguntas de su Gracia?
Megan había sonreído y le había tomado las manos.
- Confía en mi juicio, querida. Conozco bien a los hombres y sé lo que estoy haciendo. No
fui demasiado lejos, aunque, admito, él parece ser un poco más complicado que los
otros. A veces, pienso qué es lo que lo irrita tanto...
Ella la había mirado por largo tiempo pensativamente .
— No es bueno revelarse completamente. Créeme , querida. Una mujer se hace más
interesante ante los ojos de su hombre si alimentar un poco de misterio y de altivez.
- Pero , Megan... su Gracia no es mi hombre! El apenas es mi patrón .
- Calma, mi querida. Fue un modo de decir .
La conversación había terminado allí, pero Ashleigh todavía recordaba el brillo de astucia
en los ojos verdes de la irlandesa.
Ashleigh se debatía con esa cuestión, cuando una voz masculina anunció :
— Aquí estamos.
Ella volvió a la realidad e indagó :
— Dónde, su Gracia?
— En el establecimiento de madame Gautier, la mejor modista de Londres.
Brett miró el vestido de algodón gris de Ashleigh y después la extravagante capa de
seda verde esmeralda que envolvía las formas exuberantes de Megan, y hizo una mueca.
Proveer ropas adecuadas a las nuevas funciones de ambas había sido el principal motivo
que lo había llevado a Almack's la noche anterior, cosa que todavía no había hecho
después de la muerte de su abuelo.
Cuando lady Jersey, la patrona solícita y la guardiana celosa de los intereses de Almack's,
el club social más famoso de Londres, se había aproximado a él con expresión de
asombro y lo había interrogado sobre la conveniencia de aparecer allí a una hora tan
tardía, Brett había presentado unas excusas vagas. Pero pronto había tomado el
comando de la conversación y había logrado saber cual era la modista que vestía a la
flor y nata de la nobleza londinense.
Brett sonrió levemente mientras ayudaba a Ashleigh y a Megan a bajar del carruaje.
Pero, en el momento en que se volvió, su sonrisa en sus congeló en sus labios. Paradas
delante de la puerta de madame Gautier, se hallaban lady Jersey y lady Castlereagh.
Vio el movimiento de sorpresa que las dos damas no pudieron contener y se adelantó
para saludarlas con una nueva sonrisa en los labios.
— Mis señoras... — Brett murmuró, mientras se inclinaba sobre sus manos bien
cuidadas.
— Ravensford! Qué extraordinario encontrarte aquí! — Lady Jersey dejó la frase flotando
en el aire, con una ironía en suspenso, y después deslizó su mirada penetrante hacia las
dos mujeres que acompañaban al duque.
Brett salió del brete rápidamente. – Permítanme que les presente... mi nueva pupila, la
señorita Sinclair, y su compañera, la señorita O'Brien.
Después de eso, él pensó frenéticamente en la siguiente movida, Lady Jersey era viva
e inteligente. Un error de su parte podría ser irreparable. Después leve vacilación, dijo en
tono casual:
— La señorita Sinclair es hija de un militar, viejo amigo de nuestra familia. Antes de
fallecer, mi abuelo supo que, en virtud de la muerte de sus padres, esta niña había sido
enviada a un orfanato. E inició los primeros trámites para traerla a nuestra casa,
convencido de que el lugar más apropiado para ella era, naturalmente, el campo.
— Sinclair... — murmuró lady Castlereagh pensativamente . — como se deletrea tu
apellido, querida?
— S-i-n-c-l-a-i-r, my lady — murmuró Ashleigh, vagamente incómoda.
— Sabes que en América lo pronunciarían Saint Clare? Hay un joven lord que fue
recientemente admitido en Almack's y que adopta esa abominable costumbre! Si fuese
por mí, no habría permitido el acceso a nuestro club de ese nuevo rico!
Ella miró a Ashleigh.
— En tu caso, afortunadamente , no hubo alteración del apellido. Sinclair... En otros
tiempos conocí a una familia Sinclair. Dime, querida, tus padres...
Brett la interrumpió bruscamente: - Todavía no expresé mis agradecimientos por la
bondadosa carta que me enviaste en ocasión del fallecimiento de mi abuelo. Permítame
que lo haga ahora, lady Castlereagh.
Lady Jersey aprobó benévolamente, mientras se aproximaba a Ashleigh.
— Eres muy bonita, querida. Y madame Gautier es la persona más indicada para
realzar tu belleza.
Un gracioso rubor coloreó el rostro de Ashleigh.
— Gracias, my lady,
La gran dama se volvió hacia Brett.
— No se puede negar que la vida es una sucesión de buenos y malos momentos. Mira
a tu nueva pupila. Quedó huérfana a una tierna edad, y ahora vos la rescatas de un
futuro opaco. Eso es lo que yo llamo un golpe de suerte!
En ese instante, un grande carro, empujado por un par de soberbios caballos, se
estacionó detrás del carruaje de Brett.
— Mi carruaje! — exclamó lady Jersey. — Tuve mucho placer en conocerte, señorita
Ashleigh. Espero recibirte un día de estos para un té.
El silencio que siguió a la partida de las dos mujeres fue roto por un suspiro de alivio
lanzado por Megan.
— Estoy segura que yo era la próxima en tener que pasar por el examen severo de
esas dos damas!
— Ambas son socias de Almack's y , como tal, su influencia en la alta sociedad es
ilimitada. Sin su aprobación, y de la de más de una media docena de damas de su
rango , nadie puede tener acceso a los círculos londinenses más refinados — dijo Brett,
guiándolas hacia la entrada del establecimiento de madame Gautier.
Cuando Brett abrió la puerta, una mujer menuda, de cerca de cuarenta años, vestida
con sencillez, se adelantó en dirección a ellos.
— Bonjour, duque — dijo ella.
— En Londres las noticias vuelan — replicó Brett, de buen humor.
— Y en ningún lugar como aquí, donde las damas de alta alcurnia vienen a
embellecerse — dijo la francesa. — Permítame que le exprese mi más sincero pésame
por la muerte de su abuelo .
Todo Londres quedó conmovido con la noticia.
Brett bajó educadamente la cabeza.
- Madame Gautier, quiero presentarle a la señorita Sinclair, mi nueva pupila, y a la
señorita O’Brien.
Los ojos da francesa expresaron admiración.
—Lo felicito, duque. Su pupila es muy bonita. Naturalmente, precisamos transformar a
una casi niña en una mujer refinada. Es una suerte que la haya traído aquí.
— Perfectamente, madame. Veo que comprendió mi intención.
— Muy bien. - Los ojos de la francesa se detuvieron en Megan. Después , satisfecha,
se dio vuelta y llamó :
— Suzanne!
Una linda joven de ojos verdes, muy parecida con Megan, emergió de una salita anexa.
— Mi hija, Suzanne Gautier O'Sullivan — presentó madame con orgullo. — Mi pobre
marido también era irlandés, señorita O'Brien.
— Es un gran placer, madame.
Brett las miró , ligeramente impaciente.
— Madame Gautieur...
— Estoy a sus órdenes , duque . Suzanne es mi asistente y podrá ocuparse de la
señorita O'Brien. Mientras tanto , yo daré toda mi atención à su pupila.
Ella hizo una pausa diplomática y después se volvió hacia Ashleigh.
— Entonces, mademoiselle, qué precisas? Vestidos de gala, de paseo... Trajes de
entrecasa...
Ashleigh no sabía qué decir. En Hampton House, solamente le hacían dos vestidos por
año. Ella miró a Brett, en busca de auxilio, pero él parecía absorto en el examen de
algunas prendas en exhibición.
— No sé... Un vestido de baile, otro de paseo, dos o tres de entrecasa...
— La señorita Sinclair necesita un guardarropa completo, quiero que la vista de los
pies a la cabeza — la interrumpió Brett bruscamente. — Ella va a hacer anfitriona de mi
casa y precisar por lo menos una docena de vestidos para cada ocasión .
— El duque tiene toda a razón — El rostro delgado de madame Gautieur se abrió en
un sonrisa radiante. — Voy a buscar inmediatamente los catálogos. Discúlpenme...
Cuando la puerta del otro extremo del salón se cerró suavemente detrás de ella,
Ashleigh miró a Brett. Era la primera vez que quedaban a solas , desde la terrible noche
en que se habían conocido, y ella no se sentía muy cómoda. No comprendía la razón
del súbito cambio en los modales de ese hombre arrogante. De repente, él comenzaba a
tratarla como una dama y a presentaba a todos como su pupila!
Ante su aire de desconfianza, Brett levantó sus cejas.
— Algo te molesta, Ashleigh?
- La historia que inventaste. No está de acuerdo con mi modo de ser!
— En verdad, querida? — dijo él con indisimulable ironía. — Puedes decirme por qué?
— No estoy acostumbrada a fingir, su Gracia.
— No veo nada de inmoral en eso!
Durante algunos segundos, que parecieron horas, él la encaró silenciosamente. Después
su rostro se aflojó.
— Anoche, te aseguré que mis intenciones eran honestas, no es así?
— Entonces estás arrepentido! — dijo Ashleigh en un impulso.
La constatación lo enfureció de nuevo .
— No sólo arrepentido, sino sometido a una penitencia en cuerpo y alma! Por qué otra
razón yo “ invitaría a dos mujeres desconocidas” a formar parte de mi vida? Por
placer ? Dilo!
Ashleigh sintió la sangre huir de su rostro. No había duda en cuanto al odio que
destilaba esas palabras.
— Oh, no! Es que...
— Olvídate de tus resquemores de una vez por todas! Ahora eres mi pupila y punto ! Ya
instruí a mi abogado para comenzar a arreglar los papeles.
Ella quiso hablar, pero Brett la agarró por el brazo con un aire tan amenazador que la
intimidó.
— Ahora escúchame : asimila rápidamente la historia que inventé acerca de tu
pasado y comienza a creer en ella! Estamos entendidos?
Demudada, Ashleigh asintió con un gesto.
— En cuanto al resto... quiero que sepas que lamento profundamente haber
interpretado mal tus protestas. Y quédate tranquila porque estoy pagando muy caro por
ese tremendo error! — él la miró intensamente de los pies a la cabeza y la soltó.
— Demasiado caro!
Ashleigh sintió su rostro arder, pero encontró las fuerzas para decir:
— Su Gracia no comprendes que hay cosas que no tienen precio?
Brett sonrió burlonamente.
— Mi querida Ashleigh... — dijo él con la paciencia que dedicaría a una criatura. — No
me refiero precisamente al dinero.
— No comprendiste lo que quise decir — retrucó ella con voz clara y firme. — No todo
en la vida tiene un precio. Hay cosas que no están en venta!

CAPITULO 12

Brett contempló su compañero de mesa y sus ojos brillaron levemente .


— Acaso dije algo gracioso su Gracia? — le preguntó con buen humor el hombre
que era objeto de su examen.
- O es mi corbata? Confieso que no pasé toda la mañana frente al espejo, como habría
hecho el coqueto Brummell! La sonrisa de Brett se amplió.
— Gracias a Dios, Patrick! Ya tenemos demasiados dandies en Londres. Además,
amigo, tu corbata es perfecta!
Patrick St. Clare sonrió , los dientes muy blancos brillando en su rostro bronceado,
fuerte y guapo, y sus profundos ojos azules brillaron bajo sus gruesas cejas oscuras,
irradiando inteligencia y buen humor.
— Pero todavía no me dijiste de qué te reías — insistió él. — Vamos, habla. Estoy
ansioso por oírte .
— Es algo que se relaciona con una observación que lady Castlereagh hizo esta tarde.
— Castlereagh, una de las guardianas del Olimpo de Almanack’s!
- Exactamente. Parece que ella no aprobó la decisión de lady Jersey en abrirte las
puertas del templo sagrado!
Patrick se tensó .
— Por qué? Déjame ver... Ah! Ya sé. mis cabellos son demasiado oscuros... o tal vez
sea mi excesiva altura!
Brett se rió bajito.
— Nada de eso. Es por tu apellido americanizado. Para lady Castlereagh debería ser
Sinclair. Todas las otras formas son meras adulteraciones del mas puro inglés.
— Una estupidez!
— Una estupidez, concuerdo. Pero algunas de esas damas son terriblemente
conservadoras.
Brett se quedó un momento en silencio . Después preguntó , con ojos llenos de bondad
:
— Ahora dime tus investigaciones tuvieron algún resultado ¿.
La expresión de Patrick cambió , haciéndose sombría.
— Ninguno. Parece que hubo un incendio en el estudio de los abogados de la familia,
años atrás, que consumió todos los documentos relativos al caso. Además , el socio más
viejo
de la firma, con quien yo estaba en trato, murió . Eso me dejó bastante confundido.
— Lo siento mucho , amigo. — Brett se inclinó sobre la mesa y le dio una palmadita de
aliento en la mano. — Qué vas a hacer ahora?
— Voy a volver a Kent y volver a hablar con algunas personas que presenciaron la
tragedia. Quizás tenga más suerte esta vez...
Brett miró pensativamente el rostro del joven que lo miraba ansiosamente y dijo
lentamente :
— No crees que pueda haber habido un extravío de correspondencia o que, por algún
otro motivo , alguna carta no llegó a tus manos?
— Te olvidas que pasé la mayor parte de estos años en el exterior padeciendo
amnesia? Por casi doce años, yo había sido Patrick Saint, sin ninguna recuerdo de lo
que me había ocurrido antes que el barco en que estaba se hundiese. Sólo conservé mi
nombre gracias a la camisa que usaba en el momento del accidente con la inscripción
"Patrick S." bordada en el bolsillo.
— No me olvidé de eso , amigo. Pero me estaba refiriendo a una época más reciente,
cerca de un año atrás, cuando recuperaste la memoria.
— Oh, si — concordó Patrick, con un profundo suspiro. — Pero fue un año muy
confuso.
— Debe haber sido desconcertante descubrir que era no apenas un granjero americano,
sino también un baronete inglés.
- Mas que desconcertante. Fue una cosa horrible saber de repente lo que le había
sucedido a mi familia. — Patrick tensó su rostro con ese recuerdo doloroso. — El
incendio... la muerte prematura de mis padres ... lloré por ellos durante mucho tiempo.

— Pero no lloraste por su hermana.


— No, por ella no.
Los ojos azules de Patrick asumieron una expresión sombría, y, por un momento, Brett
juzgó ver en ellos algo familiar. Pero la impresión fue tan fugaz que él pensó haberse
equivocado.
- Por que debería llorar por ella ? La única información que pude obtener de los
testigos del accidente fue que encontraron los cuerpos de mis padres y de algunos
criados debajo de los escombros. De la pequeña, ningún vestigio. Y ese es el motivo
por el que continuo buscándola. Necesito esclarecer todo!
— Ah, Patrick, no quiero desanimarte, pero ... ya pasaron doce años! — dijo Brett,
circunspecto. — Las personas olvidan fácilmente de las cosas. Sus recuerdos no serán
muy dignas de confianza.
- Sé eso perfectamente. Pero cualquier dato servirá para reconstruir lo que sucedió
en ese día. — Patrick estaba visiblemente emocionado. — hasta que no tenga pruebas
que demuestren lo contrario, continuaré creyendo que mi hermana está viva!
Brett desvió la vista para que su amigo no leyese sus pensamientos. él también llorara
sus muertos, el último de los cuales había desaparecido hacia solamente una semana.
Pero había enfrentado esas pérdidas archivándolos como hechos del pasado, de modo
de ya no poder ser alcanzado por esas emociones.
No comprendía la obsesión de Patrick. la niña había muerto , no cabía duda. Después de
todo , si ella todavía estuviese viva, por qué no se había presentado para reclamar el
lugar que le correspondía en la sociedad ? Los St. Clare, según Patrick, se habían
empobrecido, pero el su honorable apellido databa de la época de Guillermo, el
Conquistador. Seguramente, alguien con derecho a esa herencia no desaparecería sin
dejar rastros!
Pero Patrick era su amigo, desde cuando habían trabajardo juntos como marineros, y no
le gustaría que él quedase con la falsa impresión de que no lo apoyaba.
— Hay algo que yo pueda hacer por vos? Si lo hay, dilo.
Patrick volvió a sonreír.
— Lo hay, si, amigo. Hay algo que puedes hacer por mí.
— Qué es?
— Hospedarme en tu casa mientras esté en Kent.
— No permitiría que te quedase en ningún otro lugar que no fuese mi casa!
— Gracias.
Brett esperó que él terminase su café y después se inclinó hacia adelante .
— Me gustaría intercambiar algunas ideas con vos sobre la situación europea...
El recorrió con los ojos el salón , que se iba llenando poco a poco .
— Pero no aquí en el club . Podemos ser oídos. Vamos a dar una vuelta. Ejercitaremos
nuestras piernas y podremos gozar de un poco más de privacidad .
Patrick asintió y se levantó , mientras Brett le hacía una seña al camarero . Minutos
después , los dos caminaban lentamente por la amplia avenida ladeada por árboles.
— Crees que alguien nos oyó esa noche, semanas atrás, verdad? — comenzó
Patrick. — Generalmente, soporto bastante bien el alcohol , pero esa noche...
— Hablaste de Napoleón sin la menor reserva. Pero qué mal hay en dudar de la
conveniencia de exiliarlo en una isla del Mediterráneo? Elba queda demasiado cerca de
Francia!
— Lo que me asombra es la ironía de la situación! — dijo Patrick en tono acalorado. —
Los aliados afirman que le impusieron una rendición incondicional, pero le conceden una
renta de dos millones de francos anuales y permiten que él conserve sus títulos
imperiales! A un hombre que ama el poder y que casi se apoderó de toda Europa! Casi
se diría
que una parte del tribunal que lo juzgó se convenció de que él es un héroe y quieres
probarlo a cualquier costo.
— También pienso así. El Corso todavía no fue derrotado. Recuerda mis palabras!
Patrick se rió.
- Y fue lo que alguien hizo esa noche, en el Red Lion. Recordó todo lo que "nosotros"
dijimos!
- Tienes razón . Supongo que el príncipe regente y sus ministros no quieren correr
ningún riesgo, ahora que toda la ciudad se prepara para darle la bienvenida a los
responsables de la victoria de la coalición.
— No crees que sería terriblemente embarazoso si, en medio de la celebración ,
Napoleón lograse escapar de la isla de Elba y reunir sus tropas?
Brett miró a su amigo con fingido horror.
— No me digas que tienes a intención de decirle eso al príncipe!
— Oh, bien que me gustaría... — Patrick mostró sus dientes, en un sonrisa irónica. —
Pero temo ser considerado un derrotista.
— Podría ser. Los hombres de ideas modernas y los reformadores son siempre
observados con desconfianza, principalmente aquí.
— Por lo menos , te tengo a vos para jurar sobre mi lealtad ! — retrucó Patrick,
elevando a voz.
— Habla más bajo, hombre! — le advirtió Brett. — Claro que respondo por vos. Y no
sólo en nombre de nuestra larga amistad. Vos me salvaste la vida al rescatarme de las
manos asesinas de esos espías franceses, y eso es algo que no olvidaré jamás . Pero
gustaría que tuvieses un poco más de cuidado con tu lengua.
— Prometo que lo haré. — Patrick sonrió como si quisiese se disculparse por la
exacerbada exaltación. — Pero todo está acabado ahora, verdad?
Brett sacudió la cabeza .
— Cuando una persona como Napoleón ronda nuestra vecindad?! Yo no apostaría a
eso, amigo!
CAPITULO 13

Ashleigh y Megan estaban sentadas delante de una pequeña mesa Queen Anne, en una
salita adornada con tapices donde tomaban su té. A los ojos de un observador
cualquiera, pasarían por dos jóvenes damas inglesas, en visita a los dueños de la casa.
Ashleigh usaba un vestido rosa, que reflejaba el buen gusto de madame Gautier. La
cintura alta estaba marcada por una faja de satín rosa, y las faldas, adornadas con
encajes, caían graciosamente sobre sus zapatos forrados en raso del misma color.
El traje de Megan era más simple. Suzanne había comprendido la necesidad de evitar
lazos y cintas en una mujer con sus formas esculturales y le había hecho un vestido gris
perla, de seda , que le concedía una elegancia discreta.
Estaban ambas inmersas en pensamientos. Ashleigh miraba las figuras de los tapices,
vagas como sombras, y veía flotar delante de sí las imágenes de su nueva existencia. Esa
visión la deleitó. Se olvidó de los preparativos de la víspera y cerró un instante los ojos,
como para retenerlas. Después , súbitamente, se estremeció.
— Hace casi media hora que estamos aquí, Megan! Por qué él está demorando tanto?
— No sé, pero lo imagino. Había una vieja señora espiando nuestra llegada desde una de
las ventanas del piso superior .
— Una señora de rostro severo y cabellos sujetos en un rodete?
— Esa misma! No es la tía abuela del duque?
— Si, es lady Margaret Westmont. La vi de reojo la primera vez que... Megan! A dónde
vas?
La pelirroja irlandesa había colocado su taza en la mesita de té y ahora caminaba
silenciosamente hacia la puerta . La entreabrió y después hizo una seña a Ashleigh para
que se aproximase. Había dos personas discutiendo en la sala en frente, y sus voces
alteradas se filtraban por la puerta y hacían eco por el corredor alfombrado.
— Crees que está bien que espiemos...? — preguntó Ashleigh, aunque no sin disimular
su interés.
— Shhh! — Megan llevó un dedo a los labios, pidiendo silencio. — Vamos oír lo que
dicen.
La voz de Brett llegó hasta ellas, alta y clara:
— Crees que yo debía continuar con esa farsa porque era deseo de mi abuelo que me
casase?
— él dejó eso muy claro en la última entrevista! — fue la confiada respuesta que recibió
de una voz femenina. — Después que vos saliste da biblioteca, él me autorizó a
continuar con las negociaciones con...
— Con los malditos Hastings! Mierda! Con quién más? — estalló Brett. — No entiendo
esa especie de obsesión de tu parte con esa familia. Hay algo en eso que yo ignoro, pero
un día de estos lo voy a descubrir! Juro que lo haré!
— Qué... qué estás queriendo decir?
— No se hagas la inocente conmigo , querida tía! Estoy hablando de tu fijación con los
Hastings! Crees que ignoro tus idas frecuentes a Cloverhill Manor y tu adoración casi
enfermiza por lady Elizabeth, esa chica insoportable?
— Te olvidas de que soy la madrina de ella, como lo fui de Caroline! No tuve hijos, y no
es anormal que dedique mi afecto a ella.
—A veces pienso si...
Brett hizo una pausa demorada.
— Si. Por qué no? Tengo que casarme algún día, y tanto me da que sea con Elizabeth
como con cualquier otra mujer!
— Brett!
— Por el amor de Dios, lady Margaret, no te hagas la sorprendida ! Todos sabemos que
un hombre de nuestra clase toma una esposa solamente para asegurarse la continuación
de su linaje. No soy ciego y me doy cuenta de las solapadas maquinaciones de los padres
por detrás de bastidores, cuando quieren arreglar un buen partido para sus hijas.
— Yo te prohibo hablar de ese modo delante mío!
Hubo un minuto o dos de silencio , al cabo de los cuales Brett habló en voz clara, con
una énfasis exagerado:
— Tienes razón . No puedo ignorar la última voluntad de mi abuelo. Continua con las
tratativas con los Hastings, pero ...
— Yo sabía que acabarías oyendo la voz de la razón ! Entonces, para cuándo...
— Lentamente , querida tía, muy lentamente ! Hay una condición, y ya sabes cual es.
— No quiero discutir ese asunto!
— Pero vamos discutirlo, tía. Estoy absolutamente decidido a hacer que Ashleigh sea mi
anfitriona oficial. Pero no te pido que renuncies a tus deberes de dueña de casa. Podrás
compartir esa tarea con mi pupila.
—- No puedes hacerme esto!
— Puedo y nada me impedirá hacerlo. Tengo obligaciones con esa pobre criatura...
— Y qué le vas a decir a tu prometida sobre este proyecto?
— Si Elizabeth está tan ansiosa por convertirse en la próxima duquesa de Ravensford,
como yo creo, no va a interferir. Además, debido al luto, el casamiento tendrá que ser
postergado por un año tal vez . Durante ese tiempo, será Ashleigh quien hará de
anfitriona en mi casa.

La voz de lady Margaret resonó clara y vigorosa.


— Tienes un gran defecto, Brett: es el de no darle importancia a la opinión da sociedad.
Francamente! Instalar a esa... a esa muchacha en Ravensford Hall!
— No veo en eso nada que pueda comprometernos. Ashleigh es...
— Una mujer de costumbres fáciles! Una prostituta para hablar claramente!
— Estás equivocada, y yo ya te expliqué el motivo — dijo Brett, impacientemente.
— Solamente tenemos tu palabra...
— No estoy acostumbrado, lady Margaret, a que duden de mi palabra! Y te aconsejo no
hacerlo, si quieres continuar viviendo en esta casa.
Hubo una exclamación ahogada, y luego :
— Vos. .. vos no te atreverías!
— Si , si me obligases a eso. Ahora vamos acabar con esta discusión inútil. Tengo
negocios que me retendrán en Londres por algún tiempo. Cuando vuelva, espero que
tanto vos como mi pupila estén preparadas para recibir los invitados que trearé
conmigo. Buen día, my lady.
Ashleigh y Megan tuvieron solamente tiempo de volver corriendo a sus lugares. Un
segundo después , su Gracia, el duque de Ravensford, entraba en la sala.
Brett las contempló largamente. Sentadas delante de la mesa de té , con las frágiles
tazas de porcelana entre sus dedos, ellas formaban un cuadro delicioso, digno de un
maestro de la pintura! Volvió sus ojos hacia Ashleigh y los cerró un instante, como para
ganar tiempo para asimilar tanta belleza. Ella parecía una delicada muñeca de Dresden,
con su tez levemente rosada, sus profundos ojos azules y sus sedosos cabellos con
bucles. No podía haber un rostro más bello, un semblante más sereno y lleno de gracia!
Bruscamente salió de su contemplación. No comprendía su abandono ni el placer que
aquella imagen le daba. Y tampoco quería saberlo! Sería necesario revisar los lugares
mas recónditos de su alma, lugar que él no quería abrir. Temía encontrar allí toda clase
de sentimientos tiernos, como los que experimentaba ahora.
Respirando profundamente y diciéndose que todo no era mas que un devaneo, fue al
encuentro de ellas con una sonrisa en los labios.
— Está todo arreglado, señoritas. Voy a dar órdenes al mayordomo y al ama de llaves
para que nada les falte. Viajo mañana. Voy a a Londres y allá deberé permanecer
durante algún tiempo.
El se volvió hacia Ashleigh.
— Aprovecha mi ausencia para conocer Ravensford Hall a fondo , aposento por
aposento. Cuando yo vuelva, espero que estés lista para tomar las riendas de la casa.
Tiene alguna pregunta que hacer al respecto?
Ashleigh se mordió el labio nerviosamente. No solamente tenía una, sino centenas de
preguntas que hacer. Cómo sería posible enfrentar lady Margaret sin a ayuda de él? Y
como reaccionaría lady Elizabeth Hastings cuando supiese que una extraña iba a ser la
anfitriona de la casa?
Pero por el temor de disgustarlo, no formuló ninguna. No sólo sería admitir que había
oído la conversación entre él y su tía sino también que la perspectiva de asumir ese
papel le parecía terrorífica. Entonces, dijo simplemente:
— Tenemos permiso para cabalgar, su Gracia?
Los ojos de Brett brillaron.
— Oh! Esta vez me estás pidiendo permiso?
Ashleigh se acordó inmediatamente de la pequeña yegua negra que había “tomado
prestada” y sintió su rostro colorearse de vergüenza.
- Qué linda te pones cuando te sonrojas ! — dijo él con una leve ironía. Pero, al darse
cuenta de su pudor, su voz se volvió más suave. — No cuentes con Irish Night. Ella está
absolutamente intratable. Ya hablé con mi jefe de establo y le di órdenes para proveer
animales adecuados para ustedes . — Brett se volvió hacia Megan. — A propósito,
señorita O'Brian... presumo que sabes montar...
La irlandesa esbozó una sonrisa radiante.
— Mi padre era el mejor entrenador de pura sangres de Irlanda. Se puede decir que
crecí sobre una montura, su Gracia.
Brett sofocó un comentario mordaz que le subió a los labios, había algo en esa mujer, a
pesar de su pasado, que lo obligaba a comportarse como un caballero.
— En ese caso, no hay nada mas que decir. Solamente traten no meterse en
problemas.
- Qué problemas? — preguntó Ashleigh, un tanto preocupada y ansiosa.
Brett la miró demoradamente y después sacudió la cabeza .
— Ay, las mujeres! — Brett dijo entonces, como si estuviese se refiriendo a
enemigos!
Las dos lo miraron boquiabiertas. Pero, antes que tuviesen tiempo de recobrarse de la
sorpresa, él les hizo una elaborada reverencia y salió.
Hubo un momento de silencio , antes que Megan estallase:
— Me gustaría saber qué bicho le picó a ese hombre!

CAPITULO 14

Lady Elizabeth Hastings saltó del carruaje y comenzó a avanzar a lo largo de los arbustos
recortados de la alameda con la sombrilla abierta. Levantando su cabeza aristocrática,
ella examinó con agrado la alta fachada, ladeada por pilares jónicos, de la mansión que
había sido el hogar de los Westmont por más de doce generaciones.
Una sonrisa de satisfacción se curvó en sus labios. En Breve, dentro de muy poco, iba
a recoger los fabulosos frutos de la victoria! Dentro de un año, como máximo, sería la
esposa de Brett Westmont, el hombre de mas difícil conquista. Con eso su éxito sería
más resonante!
Cerrando la sombrilla con un golpe seco, la entregó al lacayo de librea que la aguardaba
a los pies de la escalera, recogió las faldas de su vestido y subió rápidamente los
escalones. Se paró en lo alto y lanzó una mirada a su alrededor . Su Gracia, la duquesa
de Ravensford! Iba a lograrlo con un precio muy alto!

Desde la ventana de su cuarto, Ashleigh siguió con la mirada esa criatura soberbia,
erguida y arrogante, y suspiró, desalentada. Hacía dos días, desde que Brett había
partido , que aguardaba con temor ese encuentro. El día anterior , lady Margaret había
ido a Cloverhill Manor, la propiedad de los Hastings, y allí había pasado buena parte de la
tarde. Había vuelto poco después del té, anunciando que lady Elizabeth llegaría la
mañana siguiente.
Pero Ashleigh no había tenido un contacto directo con la tía abuela de Brett. Ella le
había informado el hecho por medio de una corto esquela:
"La prometida de su Gracia, lady Elizabeth Hastings, llegará mañana, poco antes del
mediodía. No se considere obligada a actuar como la anfitriona de la casa. Yo haré eso
personalmente, como siempre lo he hecho en el pasado.
Pero le pido que se presente en el salón azul. Lady Elizabeth ya tuvo conocimiento de su
presencia en Ravensford Hall y manifestó el deseo de conocerla. Mandaré un criado a
buscarla en el momento oportuno. Esté preparada.
Lady Margaret Westmont".

Al recordar el frío contenido del mensaje, Ashleigh se estremeció, a pesar del cálido y
perfumado aire primaveral que entraba por las ventanas abiertas. Esa joven pronto
sabría lo que había ocurrido entre ella y Brett Westmont... si no era que ya lo sabía. De
otro modo, por qué la vieja dama se habría tomado el trabajo de ir personalmente a
Cloverhill?
Perturbada, se apartó de la ventana y se puso a analizar a lady Elizabeth. Como
describirla, sin decir que ella era una dama de la cabeza a los pies? Alta y esbelta,
ostentaba su belleza rubia con una seguridad que proclamaba su lugar la elite de la
sociedad . La elegancia de su postura, su andar gracioso, el modo en que sujetaba la
sombrilla... Cada gesto revelaba distinción, además del orgullo de pertenecer a una
familia de noble estirpe.
Cómo podría ella, Ashleigh, una huérfana que había servido de criada en un burdel,
enfrentar a esa dama ? Se sentía dominada por el temor de verse obligada, bajo
presión, a hablar... sobre lo que no quería hablar
Miró el vestido amarillo de muselina que estaba usando y pensó en el placer y la
confianza que había sentido esa mañana, al mirarse en el espejo. Ahora, sin embargo,
estaba asustada y temerosa de que eso acabaría por hacerse evidente.
Si al menos Megan estuviese allí para alentarla y acabar con sus vacilaciones ! Pero lady
Margaret, con el pretexto de que ella debería verificar los animales que habían sido
elegidos para sus cabalgatas diarias, la había mandado al establo, para entenderse con el
señor Busby.
Antes de salir, su amiga había comentado :
— Esa vieja quiere verme lejos de aquí a la hora de la entrevista! A propósito, sabes
que ella envió a un criado a Hampton House para recoger informaciones sobre “ mis
antecedentes”.
Antecedentes ? Me gustaría haberle visto la cara cuando las recibió !
Pero qué podría lady Margaret haber sabido sobre la verdadera Megan, su naturaleza
íntima, su valentía, la simplicidad de su alma? La irlandesa hablaba poco de su pasado.
En Hampton House, nadie sabía como había sido su vida a los dieciséis años, cuando su
padre había muerto y ella , como la mayor de diez hijos, se había visto en la
obligación de mantener ala familia.
Lo poco que Ashleigh conocía, lo había aprendido en breves retazos, en los momentos
de intimidad en los que Megan había revelado un poco de su misterio: su relación con
su familia, por la cual sentía un amor inmenso y por la cual se había sacrificado.
Ashieigh sacudió la cabeza y volvió a pensar en las dos mujeres allá abajo. Le Faltaba
coraje para enfrentarlas. Lady Margaret no escondía su deseo de verla a kilómetros de
distancia. Lady Elizabeth se mostraría todavía más hostil que su madrina ? "Ella
manifestó el deseo de conocerla", decía la esquela. Para qué? Para acusarla , para
juzgarla?
Al darse cuenta que se estaba dejando arrastrar por pensamientos depresivos, Ashleigh
procuró apartarlos, convenciéndose que esas preocupaciones eran absurdas y estaban
fuera de lugar . No podría suceder de Elizabeth Hastings se mostrase amable y
compasiva, dispuesta a aceptarla y a ofrecerle su amistad? El interés de conocerla podría
ser una señal positiva!
Ese pensamiento produjo sobre sus nervios un excelente efecto, a punto de hacerla
esbozar una sonrisa. Cuando oyó un golpe en la puerta, fue abrirla con el corazón
tranquilo.
— My lady la espera en el salón azul, señorita Sinclair — dijo -
ceremoniosamente el lacayo de calzón y medias de seda.
Ashleigh lo siguió por la escalera y después a lo largo del vestíbulo. Una puerta se abrió
, y el mayordomo pronunció su nombre con todas las sílabas pronunciadas
correctamente. La puerta entonces se cerró detrás de él, y Ashleigh se encontró en el
salón azul de Ravensford Hall.
Una luz difusa clareaba el ambiente. Las paredes estaban delicadamente pintadas en
gamas de azules, donde espléndidos tesoros del Renacimiento se alineaban a lo lado de
las pinturas de grandes maestros ingleses. En el suelo había una magnífica alfombra
Savonnerie, y en una de las paredes, una chimenea en mármol blanco ornamentada con
incrustaciones de oro. Sobre ella, dos bellos bronces de Carpeaux.
Riqueza, riqueza por todas partes. Ashleigh se sintió intimidada y fue incapaz de dar un
paso.
— Agradezco que haya venido, señorita Sinclair — dijo lady Margaret desde el fondo
del salón . — Aproxímese , por favor.
Las dos mujeres estaban sentadas delante de una mesita baja, cubierta de vasijas y
estatuillas. Mientras caminaba hacia ellas, Ashleigh tuvo tiempo de examinar a la
prometida de Brett. Lady Elizabeth era una perfecta y armónica obra de arte. Rostro
ovalado, rasgos delicados, ojos grises y cabellos tan rubios que parecían plateados,
contrastando con su piel color miel. Las cejas finas estaban levemente arqueadas, y su
boca parecía un minúsculo corazón.
Como lady Margaret, ella se mantenía en la silla, sin permitir que su espalda tocase el
respaldo. Su vestido flotaba en delicados pliegues a lo largo de su cuerpo de cintura
marcada y busto lleno y firme. En las orejas , los aros de zafiro y diamantes hacían
juego con el anillo que brillaba en su regazo.
Riqueza, elegancia, buena cuna... todo estaba allí. Nuevamente asaltada por temores,
Ashleigh fue dominada por el impulso de darse vuelta y salir corriendo, no solamente de
la sala y de la presencia de esas dos mujeres, sino de Ravensford Hall! Sólo así podría
poner fin a esa situación horrible.
Como eso era absolutamente imposible, reprimió todo impulso que pudiese traicionarla e
hizo una leve reverencia, murmurando:
- La señora deseaba verme, lady Margaret?
— Pos supuesto que no!
Ashleigh levantó sus ojos, perpleja.
— No?
Los labios de la vieja lady se encresparon en una sonrisa irónica.
- Mi intención, desde el primero minuto de tu llegada a esta casa, fue ignorarte. Pero
mi ahijada, lady Elizabeth Hastings, manifestó el deseo de conocerla, y resolví satisfacer
su voluntad .
Sin hacer caso de la perplejidad de Ashleigh, ella giró hacia la otra joven.
- Entonces, querida, qué crees ?
Elizabeth Hastings había mantenido los ojos fijos en Ashleigh desde el instante en que
ella había entrado al salón . Y no había quedado nada satisfecha. En vez de una
pequeña muchacha desarreglada y mal vestida, tenía delante de sí a una mujer joven,
radiantemente bella y elegante. Había reconocido inmediatamente el estilo de madame
Gautier en el vestido de muselina amarilla que ella usaba, y eso la irritó. Brett, ese
miserable, debería haberle provisto un guardarropa nuevo!
Además de eso, cualquiera podía ver que esa muchacha irradiaba frescura e inocencia!
El delicado tono de rosa que le subía a sus pómulos bien marcados, las flores amarillas
que coronaban su cabeza y sobretodo la dulzura que sus ojos reflejaban ...
Elizabeth sintió un asomo irracional de celos. La odió instantáneamente y no descansaría
mientras esa intrusa no saliese para siempre de su vida!
Pero refrenó esa emoción y preguntó con voz neutra:
— Ella trajo mucho equipaje, madrina?
Lady Margaret se encogió de hombros .
- Había varios baúles en el carruaje, cosa que no sucedió la primera vez que ella
vino acá.
— Exactamente lo que pensé . Madame Gautier le hizo un guardarropa completo!
- No te preocupes, mi querida. Ella no representa nada para su Gracia. El gran
problema es la presencia de ella en Ravensford Hall. Qué debemos hacer?
— Debemos comportarnos como de costumbre... mientras tanto.
Es el mejor modo.
Ashleigh oía ese intercambio de palabras en un penoso silencio. Sentía que su situación
se hacía peor a cada instante y percibía, más que nada, el peligro que tendría que
enfrentar ante la actitud esas dos mujeres. Y nada podría confirmar mejor sus temores
que la manera abiertamente ofensiva con la cual lady Elizabeth continuaba mirándola
— Nunca pensé que a Brett le gustasen la mujeres morenas y de baja estatura — dijo
ella, mostrando un semblante en que se leía reprobación cada vez más profunda. Lady
Margaret esbozó una sonrisa de desdén.
— Naturalmente no ignoras la reputación de él! Altas , bajas, rubias , morenas,
solteras y casadas... su Gracia seduce a todas, indistintamente, y a todas las enloquece,
según me han contado. Sólo el abuelo no sabía que el nieto era capaz de inspirar locas
pasiones. Ahora, pienso si no fue un error dejarlo en esa ignorancia.
Ella hizo una pausa pensativamente .
— Pero, en los últimos años, John estaba muy enfermo y los médicos insistieron en
ahorrarle cualquier contrariedad. — Después suspiró. — Bien, lo que pasó , pasó .
Entonces ,
mi ángel, estás satisfecha? Puedo dispensar a la muchacha?
Ashleigh sintió una oleada de rabia invadirla. Tenía ganas de gritar, de estallar con
palabras amargas. Jamás había sido tratada con semejante rudeza! Ni en Hampton
House, donde celos y competencia entre mujeres eran moneda corriente! Pero en estas
dos mujeres había odio y crueldad ! Ambas estaban determinadas , fría y
calculadamente, a ponerla en su lugar, costase lo que costase! Cual era ese lugar, no lo
sabía. Ciertamente ,fuera de esa casa.
— Hay una cosa mas...
Elizabeth se inclinó hacia adelante y levantó el borde del vestido de Ashleigh.
— Es una muselina de calidad superior — murmuró ella, y con un rápido tirón rasgó
la falda de arriba a bajo.
Ante ese acto de violencia, Ashleigh la miró paralizada de horror. El rostro de Elizabeth
ahora manifestaba más que reprobación. Comunicaba odio! Su belleza se había
marchitado, y, en ese momento, ella se volvió vulgar, casi fea.
— Qué pena! — dijo Margaret con una sonrisa pérfida. — Un vestido tan bonito... Tal
vez su criada de cuarto pueda remendarlo. Buen día, señorita Ashleigh.
Todavía en un estado de perplejidad , Ashleigh continuó mirando a las dos mujeres por
un instante mas. Entonces , con un sollozo seco, recogió las faldas rasgadas y salió
corriendo de la sala.
CAPITULO 15

Brett aflojó las riendas, permitiendo que Raven tomase la senda tortuosa que circundaba
el lago, al oeste dos vastos campos de Ravensford Hall. No era el camino más corto hacia
su casa. Pero allí había una sombra de árboles agradable para quien , como él, había
soportado por tanto tiempo la atmósfera sofocante de los salones y de las estrechas
calles de Londres.
Mientras contemplaba el paisaje familiar, se preguntó qué había habido de importante
para retenerlo en Londres en pleno verano, cuando la mayoría de sus habitantes salía de
la ciudad para ir al campo y a las playas de Bath y Brighton.
Alguna amenaza externa? No. Planes para una nueva campaña? Imposible, la guerra en
Europa había terminado! El motivo había sido absurdo y frívolo: ofrecer una grande
recepción a los héroes de la batalla contra Bonaparte!
Naturalmente el pueblo ansiaba recibir y ovacionar a sus héroes. Los ingleses que
habían permanecido en su país durante el conflicto querían no sólo conmemorar la
victoria, sino, principalmente, asegurarse que la guerra había terminado y que la paz
había vuelto a imperar en Europa.
Hubiera habido bailes, discursos, fuegos artificiales, desfiles y banquetes. Había sido
necesario participar de todas esas festividades. El príncipe regente y sus ministros lo
habían convencido, haciéndole ver que su fortuna y principalmente los vínculos que lo
ligaban a ciertas personalidades del mundo financiero, cuyo concurso podía ser útil al
gobierno, lo obligaban a eso.
Pero la situación era delicada y exigía gran prudencia. Brett frunció el ceño, mientras
contemplaba un posible retorno de Napoleón al escenario político. El equilibrio europeo
dependía esencialmente de la estabilidad del futuro ministerio francés y de la habilidad
de Talleyrand en aglutinar fuerzas de apoyo a los Bourbon...
UN inesperado relincho de Raven lo sacó de sus pensamientos pesimistas. Levantó los
ojos y miró la plácida superficie del lago. No vio nada allí. A no ser por el lento transitar
de los cisnes sobre las aguas, todo permanecía calmo bajo la radiante luz de la tarde de
verano.
Súbitamente, un otro relincho, que parecía venir de mas allá del pequeño grupo de
árboles que bordeaba el camino, cortó el aire. Sabía que allá había una espacioso claro.
Sintiéndose curioso, giró bruscamente las riendas de Raven y poco después se hallaban
en campo más abierto.
Después de casi una hora de ejercicios en el claro, Ashleigh comenzaba a perder la
esperanza de hacer Irish Night saltase nuevamente el obstáculo. Su enojo tenía un
motivo. El viejo Henry, jefe de establos, se había negado a permitir que ella la montase,
alegando que la yegua todavía no estaba amansada, y le había destinado un plácido
animal castrado que respondía al nombre de Major.
Inconforme, Ashleigh le había pedido permiso para dedicar algunas horas de su tiempo
libre a la yegua, con el fin de ejercitarla y corregir sus malos hábitos. El viejo había
consentido, pero había sido inflexible en un punto: el adiestramiento debía ser hecho sin
que ella montase el animal.
Ashleigh había comenzado a entrenarla, siempre siguiendo el mismo esquema: un poco
de juegos, una carrera o una simple vuelta por el claro, y luego casi una hora de
ejercicios. Cada tres días, entrenamiento con obstáculos, poniendo en práctica las
técnicas que Patrick le había enseñado .
La pequeña yegua tenía una enorme facilidad para aprender y pronto había comenzado a
progresar. Pero, esa tarde, inexplicablemente , se había mostrado caprichosa,
rehusándose a saltar la barrera colocada en medio del claro.
— Basta, Finn! — gritó Ashleigh, sin esconder su impaciencia. — Vuelve para su lugar.
Vamos a hacer una pausa.
El gran perro irlandés entró en una plantación de margaritas y
Se echó tranquilamente. Para él, aquello era una aventura excitante, que repetía
alegremente tantas veces como fuesen necesarias.
Transcurridos algunos minutos, Ashleigh le dio una pequeña palmada al anca da yegua,
estimulándola:
— Vamos , Irish!
Comprendiendo lo que esperaban de él , el animal levantó las orejas y se puso a
acompañarla en la carrera. Cuando sus músculos se distendieron , preparándolo para el
salto, Finn emergió de en medio de las flores, ladrando. La yegua se detuvo , asustada.
Ashleigh gimió y la llevó de nuevo al punto de partida, preparándose para repetir el
proceso. Le dio a Irish Night la señal de avanzar y se puso a correr de nuevo con ella.
Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido que ella no tuvo certeza de estar viendo
bien. Siguiendo al lado de la yegua, con una coordinación perfecta, Finn y el animal se
lanzaron hacia adelante simultáneamente. Hubo una confusión de relinchos y ladridos, y
a luego la pequeña yegua transpuso la barrera con un salto perfecto.
Todo había sucedido en cuestión de segundos. Ashleigh sólo tuvo consciencia de la gran
hazaña al ver la yegua del otro lado de la barrera. Entonces , se dejó caer en el suelo y
estalló en risas. Excitado, Finn saltó sobre ella y comenzó a lamerle la cara.
- Oh! quién habría imaginado eso ? Un perro de caza irlandés transformado en un
entrenador de caballos!
Brett había observado toda la cena de lejos, oculto bajo las ramas de los árboles. Y no
pudo dejar de sonreír al oír la risa deleitada de Ashleigh. Ella estaba linda, bañada por la
luz dorada que salpicaba el pasto. Los ojos risueños, las mejillas coloradas y los cabellos
que le caían desordenadamente sobre la espalda la hacían parecer, más que nunca, una
pequeña hada de los bosques.
Súbitamente, quedó doblemente agradecido al príncipe por haberle concedido permiso
para volver a su casa. Libre de las irritantes restricciones impuestas por la sociedad, de
las preocupaciones respecto a Napoleón y del tedio, se sintió renacer. Kent siempre
ejercía esa fascinación sobre él. Tal vez porque lo hacía entrever la promesa de una
vida calma, llena de felicidad, una vida que ya estaba en su sangre.
En ese instante, Finn levantó la cabeza y se puso a gruñir , los ojos fijos en el grupo de
árboles, bajo cuya sombra él se encontraba. Cuando con un ladrido brusco el animal
arremetió hacia adelante , Brett se dio cuenta que iba a ser descubierto en cualquier
momento y consideró mejor abandonar su posición de espectador.
— Hola, Finn — dijo , emergiendo de su escondrijo. — Así que prefieres entrenar pura
sangres a cazar?
Ashleigh se sentó en el pasto y se quedó mirándolo, boquiabierta. Esa aparición era
tanto más sorprendente porque nadie en Ravensford Hall esperaba la vuelta del duque!
El había partido hacia algunas semanas y, desde entonces, ella se había entregado al
trabajo en cuerpo y alma. En poco tiempo, había ganado experiencia y pronto había
podido desempeñar sus funciones sin mayores trastornos. Las horas libres, las pasaba
en el campo, entrenando a Irish Night, o en la cocina, con Hettie Busby, quien parecía
gustar mucho de ella. No había tenido tiempo para pensar en su Gracia!
Ahora, mientras lo veía avanzar montado su garañón negro, fue asaltada por un
torbellino de pensamientos contradictorios. Allí estaba el hombre que era responsable de
la experiencia más angustiante que había tenido en su vida. Pero, no podía dejar de
reconocer, responsable también de su actual bienestar . Ese hombre rudo y arrogante,
tenía el futuro de ella en sus manos y, al aparecer tan intempestivamente en escena,
también tenía el poder de hacer que su corazón latiese más rápido. Tenía miedo de
Brett Westmont, no había duda respecto a eso!
Era una pena que Megan no estuviese allí para ayudarla. Una cosa era enfrentarlo bajo
las alas protectoras de su amiga, y otra, enfrentarlo en medio de un campo abierto, a
una buena distancia de la mansión! Para ocultar su perturbación, dijo la primera cosa
que le vino a la cabeza:
- No sabía que su Gracia conocía la historia de Irlanda!
Brett miró con interés a la joven que lo enfrentaba con educación, pero un tanto
avergonzada, y se rió.
— No tan bien como la historia de Inglaterra. Pero tengo un amigo, descendiente de
irlandeses, que nunca deja de regalarme una o dos leyendas de la tierra de sus padres,
cuando nos encontramos. Finn de Cornac es una de sus preferidas.
— Me gustaría conocer a tu amigo. La historia de Finn es también mi preferida.
- Tal vez tengas esa oportunidad en breve. El prometió visitarme cuando viniese a Kent.
Brett desmontó y caminó hacia Ashleigh, quien lo miraba con indisimulable admiración.
— Cómo estás , pequeña? — dijo , extendiendo la mano para ayudarla a levantarse.
Ella vaciló solamente una fracción de segundo, antes de aceptar ese gesto.
— Bastante bien, Gracias, su Gracia — murmuró Ashleigh, poniéndose de pie.
— Algún día malo, algún desentendimiento con lady Margaret?
Con la mención de la vieja dama , los ojos de Ashleigh súbitamente se pusieron serios.
— No, su Gracia.
— Veo que estuviste ejercitando a mi yegua premiada. Pensé haberle recomendado al
viejo Henry que velase por su seguridad. Irish Night es un animal muy arisco.
— Oh! Pero él se ocupó de cuidarla celosamente. Solamente me dio permiso para
entrenarla, no para montarla. Para eso me destinó a Major. Por favor, su Gracia! No lo
castigue.
— Major! Ese animal debe tener veinte años por lo menos ! El viejo Henry tomó mis
recomendaciones muy en serio!
Brett notó súbitamente a preocupación de Ashleigh y la tranquilizó :
— No, pequeña. No voy a castigar a nadie.
— Gracias, su Gracia.
El le levantó el mentón , obligándola a mirarlo.
— Brett. solamente Brett.
— Yo... — Los párpados de Ashleigh temblaron ante la intensidad de esa mirada. —
Brett.
El sonrió , mirando esa carita encantadora.
— No necesitas usar de artificios de belleza, como la mayoría de las damas de nuestra
sociedad. Eres naturalmente bella.
Ashleigh se vio de repente a pidiéndole explicaciones :
— Pero quisiste verme realzada por ropas finas.
Sin duda, ella no era del tipo de mujer que se dejaba engañar o comprar con
adulaciones, pensó Brett.
— Qué mal hay en eso ? Un hombre que posee una gema rara e infinitamente valiosa,
la lleva al joyero para montarla en un anillo o en un colgante, eso es muy normal y con
eso no espera aumentar el valor de la gema. La piedra siempre tendrá su valor natural.
El montaje solamente hace posible que los otros puedan admirar su tesoro!
— Oh! Eres un poeta! — dijo Ashleigh, ruborizándose .
Brett se rió.
— No, no! Pero soy amigo de algunos de ellos. Vas a conocerlos en breve. — Brett hizo
una pausa, como si estuviese considerando lo que acababa de decir. — Pero dudo que
Byron venga al Hall, sabiendo que Shelley estará aquí. Los dos apenas se soportan.
— Dijiste Byron? — indagó Ashleigh con súbito interés. — Lord Byron?
- El mismo. Parece que ya oíste hablar de él.
Ella se ruborizó nuevamente.
— Lord Byron es un hombre muy famoso. Quién , en Inglaterra, no ha oído hablar de
ese poeta romántico?
- Es cierto. Pero, por tu rubor, yo diría que vos no estás pensando en la fama que
él se ganó escribiendo!
Ella se mordió el labio y se quedó callada.
- Lord Byron conquistó a celebridad con su genio literario. Después conoció a Caroline
Lamb y... — Brett encogió expresivamente los hombros. — Pobre Byron!
- "Pobre Byron"?
El asintió .
- Esto puede sorprenderte, pero la relación con Caroline Lamb lo hace muy infeliz.
Desde el primer instante en que se conocieron, él fue la presa, y no el cazador. Creo que
de buen grado Byron se libraría de... del afecto de esa dama!
— Oh!... comprendo.
Para no aumentar la incomodidad de Ashleigh, él cambió de tema :
- No quieres proseguir con los ejercicios que estaba haciendo con Irish Night?
— Pero no sé si lo estoy haciendo bien .
— Por qué no? Creo que hiciste un uso brillante de las habilidades de tu ayudante!
Brett se inclinó para acariciar a Finn, y sus ojos se detuvieron en los extraños objetos
que pendían del cinto de Ashleigh.
— Hay alguna razón para eso ?
— Oh... — ella levantó las dos latas y golpeó una contra la otra. — Es un invento casero
para acostumbrar a un animal caprichoso a un ruido inesperado.
— Muchachita experta, sin duda! Y entonces, vamos a proseguir con el entrenamiento?
Las horas volaron, mientras Brett observaba todo, impresionado. siendo él mismo un
caballero experto, tuvo de reconocer la eficacia de los métodos de Ashleigh.
Especialmente en el caso de Irish Night, una potra joven y arisca.
— Felicitaciones! — dijo Brett finalmente, satisfecho. — Muy bien .
— Todo el mérito es de Irish Night. Ella es ágil e inteligente — afirmó Ashleigh,
recompensando al animal con algunos terrones de azúcar.

- Vas a malcriarla con tantos mimos! — observó él, mas su sonrisa contradecía sus
palabras.
- El premio funciona más que el castigo. Fue por eso que rechacé el látigo que Henry
me ofreció.
— Entonces, prefieres trabajar solamente con dos o tres utensilios domésticos y
algunos terrones de azúcar?
Ashleigh dio una palmadita afectuosa al anca de la yegua.
— Irish Night es demasiado noble. Sería un crimen maltratarla.
Ella hizo una pausa demorada.
— He visto un animal ser maltratado hasta transformarse en una masa sanguinolenta
y... — Súbitamente, sus ojos se llenaron de lágrimas. — Fue horrible!
Brett observaba, mudo de asombro , los grandes ojos azules, la emoción refrenada. El
siempre había desdeñado el llanto y otras demostraciones de debilidad, considerándolos
más una evidencia de astucia femenina, un arma que las mujeres usaban para
manipular a los hombres. Pero el sufrimiento que leía en la cara de esa criatura dulce y
tímida era sincero y estaba lejos de compararse con las exhibiciones de histeria
femenina.
Gentilmente, le secó las lágrimas.
— Comprendo perfectamente sus sentimientos. Pero hay cosas que suceden sin un
motivo.
Ante la mirada interrogativa de Ashleigh, él continuó :
— Por lo que observé, tienes un modo delicado de tratar a los animales. Demuestras
tener sensibilidad y mucha paciencia. Tal vez ese amargo recuerdo haya contribuido a
eso.
Ella mantuvo la mirada , pensando si ese hombre gentil era el mismo que, dos meses
antes, la había tomado con tanta rudeza. Un hombre cínico y arrogante, para quien las
convenciones sociales de decencia no tenían ninguna importancia. Ese que estaba
delante de ella, y que se había mostrado ser capaz de expresar palabras tan delicadas,
no podía ser un libertino irremediable!
Confundida, Ashleigh cerró los ojos, diciéndose que no era el momento de descubrir la
verdad. Pensaría en eso más tarde. Tal vez , entonces , pudiese considerar el contraste
entre las palabras y las acciones de él con una cierta objetividad . .. Lo cierto era que
ahora estaba aliviada, como si le hubiesen sacado una carga de los hombros.
Volvió a abrir los ojos y dijo con una sonrisa:
— Tal vez tengas razón .
Al verla sonreír tan abiertamente, Brett experimentó una emoción perturbadora. Sentiría
gran placer en acostarse con ella, se no tuviese el temor de verse dominado, como un
adolescente principiante, por un sentimiento desconocido.
— Se está haciendo tarde — dijo Brett bruscamente, volviéndose para alcanzar a
Raven. — Es mejor volvamos antes que el viejo Henry mande alguien a buscarte.
Ashleigh tomó a Irish Night por las riendas y se preparó para seguirlo.
— Si él estuviese preocupado por mí, te pido que le avises que ya estoy en camino.
Brett examinó su rostro enrojecido por el ejercicio y frunció el ceño .
— A dónde vas?
— Al establo, su Gracia.
— A pie? — preguntó él, incrédulo.
— Le prometí al viejo Henry no montar a Irish Night mientras ella no estuviese
completamente amansada.
— Sé eso, pero no voy a permitir que recorras toda esa distancia a pie. Ven!
Con un movimiento rápido, la envolvió por la cintura y la levantó del suelo, colocándola
en la montura ,delante de él. Después , recogió las riendas de la potra y las amarró
atrás de sí.
— Así está mejor — murmuró Brett, mientras sujetaba a Ashleigh entre sus brazos.
Cuando el caballo pasó del trote a un pequeño galope, ella suspiró reconfortada como si
su vida estuviese bajo la protección de ese hombre imprevisible.
- Dónde aprendiste a cabalgar a pelo? — lo oyó preguntar súbitamente.
Ella se rió.
— Te aseguro que cuando escapé de su casa fue la primera vez que monté a pelo . —
Arrepentida por la mentira, Ashleigh agregó, vacilantemente: — Fue... fue mi hermano
quien me enseñó a cabalgar.
Brett aspiraba el aroma fresco de los cabellos negros y del cuerpo joven y se sintió muy
bien . Súbitamente sintió alegría, y comenzó a reír.
— Su Gracia , te sientes feliz por estar de vuelta? — preguntó Ashleigh, admirada.
— Si, pequeña. Muy feliz.

CAPITULO 16

Chauncey Jameson era el mayordomo de Ravensford Hall hacia catorce años y durante
ese tiempo había desempeñado sus funciones con notable competencia. No obstante, en
esa mañana de julio de 1814, Jameson estaba a punto de perder la cabeza.
— Merton — dijo él al alto criado de librea que aguardaba sus órdenes . — Estás
seguro que son... tres?
— Si , señor. Tres carruajes. Y vienen para acá.
Jameson secó a frente con un pañuelo de lino.
— Tres carruajes llenos de invitados... — él se dio vuelta para Hettie. — Señora
Busby, está segura que lady Margaret no tenía previo conocimiento de este hecho?
Hettie sacudió enérgicamente la cabeza.
— Ella sabe tanto como nosotros. Me dijo que iba a hablar con su Gracia, pero él. ..
— Ya sé, señora Busby. Su Gracia está cabalgando con las señoritas Sinclair y O'Brien.
Jameson se volvió y miró a una joven criada de cuarto, quien parecía punto de estallar
en lágrimas.
— Lady Elizabeth todavía?...
— Si, señor — lloriqueó a muchacha. — Ella continua irritada. ya rompió dos copas y...
— Está bien, gracias— la cortó Jameson.
No tenía ganas de conocer otros detalles del incidente que nadie, en Ravensford Hall,
ignoraba. Lady Elizabeth Hastings se había enterado , al despertarse, que su prometido
había salido a cabalgar sin ella y había tenido un ataque de nervios. Había echado a su
criada particular del cuarto y después había dado rienda libre a su histeria, como si ya
fuese la dueña de esa casa!
Para agravar todavía más la situación, estaba esa llegada inesperada de una caravana
de huéspedes.
"Ah, si su Gracia, el viejo duque, todavía estuviese vivo, jamás habría permitido
semejante irregularidad !", pensó Jameson, preocupado por el rumbo desastroso que
iban tomando los acontecimientos en la casa de sus patrones.
Fijando los ojos en el viejo Henry, quien permanecía dos pasos atrás de su mujer,
preguntó, desanimado:
— Los establos están listos para recibir los caballos de nuestros huéspedes, señor
Busby?
Henry sonrió .
— Por ese lado, no hay nada que temer, señor. Los muchachos ya están ocupandose de
todo.
— Menos mal! Y, ya que no hay otro remedio, vamos a tratar de distribuir nuestras
tareas de la mejor manera posible.
Diciendo eso , Jameson comenzó a instruir a sus subordinados:
— Señora Busby, vuelva a la cocina y prepare el menú de emergencia. Señor Busby...

Al salir del bosque de pinos, Ashleigh estimuló a Irish Night, quien pasó del trote al
galope. Mientras sentía el cuerpo del animal alargarse debajo de sí y el viento fresco y
perfumado revolotear sus cabellos, tuvo la impresión de ser absolutamente libre. En
Hall, se sentía presa, incapaz y sin la posibilidad de ser ella misma.
Sus ojos brillaban de placer y casi se olvidó de la presencia de Megan y Brett, quienes,
delante suyo , le hacían señas.
— Disminuye la marcha! — gritó él.
Ashleigh asintió y tiró suavemente las riendas para que el animal desacelerase.
Momentos después , se colocaba al lado de sus compañeros de cabalgata.

— Qué piensas? — le preguntó Brett.


— Irish Night es un animal magnífico! Nunca me divertí tanto!
— Perfecto ! Pero tenemos que volver a casa. Minutos atrás, Megan y yo vimos algunos
carruajes avanzando por el camino principal. Creo que son los invitados que esperaba.
Le avisaste a lady Margaret, como te pedí ?
— Lady Margaret ya estaba en sus aposentos, cuando fui informarle — dijo Ashleigh,
mientras hacía que su caballo diese media vuelta. —Pero lady Elizabeth me oyó hablar
con su criada de cuarto y me aseguró que le daría e; recado.
Los ojos de ella se nublaron al recordar como la prometida de él había sido
particularmente insolente en esa ocasión . Brett notó algo y se preguntó cuál era la
fuente da perturbación de Ashleigh. Conocía a Elizabeth Hastings hacia muchos años y
no ignoraba que era una joven neurótica, sujeta a incontrolables estallidos nerviosos. No
desprovista de atractivos, pero sin duda una persona de trato difícil.
La tarde anterior, al llegar a la casa y encontrarla fresca como una flor, en el hall de
entrada, había quedado asombrado. su tía le había escrito, cuando estaba en Londres,
informándole de que los ajustes del contrato nupcial proseguían, "discretamente, debido
al luto". Pero no le había dicho nada sobre el hecho que Elizabeth se había instalado en
Hall como huésped permanente!
Todavía apenas recobrado de la sorpresa, Brett había tenido que soportar la atmósfera
desagradable que se había instalado durante la cena . Elizabeth había dominado la
situación, esforzándose de manera hábil para que varios comentarios aparentemente
inocentes se transformasen en verdaderas aguijoneadas contra su pupila.
La conducta de Ashleigh había sido impecable. Ella había conversado con gracia y
espíritu, cuando era necesario, pareciendo no notar que tanto su prometida cuanto su
tía la trataban rudamente, aunque sin pronunciar ningún insulto.
Pero eso la había afectado. Y el resultado había sido que después de la cena, cuando
acababan el licor en la sala de visitas, ella había pedido permiso para retirarse, bajo el
pretexto de una ligera indisposición. Todavía pensativo, Brett se volvió haciaa Megan,
quien estaba diciendo:
— Su Gracia. Por la elegancia de los carruajes, parece que será un grupo selecto de
invitados.
—No es nada tan formal! — él la tranquilizó. — Son solamente algunos amigos de
Londres. Sólo que no esperaba que viniesen todos juntos.
Brett escrutó el camino, donde ya se avistaban los vehículos, y observó :
— El primer carruaje debe ser el de lord Christopher Edwards. Estoy reconociendo su
pareja de bayos.
Ashleigh sofocó un gemido.
— Oh! Y yo tendré que recibirlos dentro de algunos minutos!
— Naturalmente, mi querida.
— Pero mira mi ropas, su Gracia!
"Te estoy mirando, pequeña hechicera", él pensó mientras la observaba. La noche
anterior, había permanecido horas completamente absorbido en el placer de recordar los
momentos que había pasado al lado de ella. "Por qué?", reflexionó , procurando
encontrar una razón para que esa joven dominarse a tal punto sus pensamientos.
Consideró por algún tiempo la apariencia angelical y no pudo encontrar otra explicación:
tenía que ser una hechicera! Bastaba conque alguien la viese para que desease
agradarla. Brett sonrió condescendientemente, mientras ella alisaba sus cabellos
despeinados, lamentando su apariencia:
— No puedo recibir a tus invitados con esta facha, su Gracia! Simplemente no puedo!
— Estás bien. Adelántate con Megan. Yo recibiré a los invitados mientras vos te cambias
de ropa.
— Oh! Eres maravilloso, su Gracia ! No sé cómo agradecerte!
— Vete ahora. Te veré en Hall, de acuerdo ?
— Está bien, su Gracia.
Brett la siguió con los ojos, mientras ella galopaba bajo el esplendor del sol, y, en ese
momento, sintió que su corazón latía más rápidamente . Después , se controló,
diciéndose que estaban en el siglo XIX. Los hombres racionales ya no creían en
hechiceras.

Margaret Westmont miró el cuarto semi destruido, resultado del acceso de cólera de
Elizabeth, y se puso blanca de odio. Pero no dijo nada. solamente continuó donde
estaba , los ojos fríos como hielo, y su rostro, de piedra.
Era imperativo que conservase el más absoluto dominio sobre sí misma. Si se entregase
a una escena emocional, como había hecho la desgraciada criatura que estaba delante
de ella, todo estaría perdido. Todo!
— No precisas mirarme de ese modo! — se quejó Elizabeth. — Yo necesitaba. .. debía
desahogarme !
— Haciendo una escena de histeria?

— No comprendes... tuve razones para hacer lo que hice.


— Deja de actuar como una niña malcriada!
Creyendo que ya podía controlar la situación, lady Margaret miró con desagrado el
vestido de seda rosado de su ahijada.
Estás horrible ! Dónde está tu criada de cuarto?
— La mandé a la mierda.
— Llámala de vuelta! Tenemos mucho que hacer, y no hay tiempo. En cualquier
momento, un montón de invitados van a entrar por esa puerta allá abajo...
— Invitados? — dijo Elizabeth, horrorizada. — Cómo puedes hablar de invitados, cuando
fui ignorada, abandonada y descartada ? Tu sobrino... Oh! Podría matarlo. No sabes...
— Claro que sé ! — estalló Margaret, perdiendo la paciencia. — Todos los criados
también lo saben, imbécil ! Y, si no haces algo para remediar la situación, dentro de
poco tiempo toda Londres se enterará que casi destruiste una casa en un ataque de
histeria ! Piensa en eso, mientras te cambias de ropa y te preparas para ir al encuentro
de los invitados. Piensa en lo que te conviene como la futura duquesa de Ravensford!
Elizabeth no pareció entusiasmada ante esa perspectiva.
— No esperarás que baje y ...
Margaret la zamarreó por los hombros bruscamente.
— Déjate de idioteces y escúchame : si no te apresuras, dentro de pocos instantes esa
intrusa estará recibiendo a algunos de los miembros más ilustres de nuestra sociedad y
con eso concentrará la atención de todos en ella!
—Pero madrina... no estoy en condiciones !
Lady Margaret estaba a punto de estallar.
— No habíamos llegado a un acuerdo de que el único modo de diluir la posición que esa
trepadora era suplantarla y opacarla con tu presencia? No fue para eso que viniste a
instalarte en Ravensford Hall?
— Mis nervios...
— Controla los nervios ! Espero verte en el salón azul dentro de quince minutos y en
condiciones propias de una dama!
— Quince minutos? Oh, madrina... cómo puedes ser tan cruel? — Elizabeth comenzó a
lloriquear. — No quiero bajar. Seré humillada delante de todos! Brett parece hechizado
por esa puta barata!
— Vos sos muy joven, has vivido demasiado tiempo en el campo y no conoces la vida
mundana. En la sociedad, nadie alimenta ese tipo de prejuicio. — La vieja dama hizo
una pausa demorada. — No alimentes grandes expectativas respecto a tu matrimonio.
Un noble no se casa por amor, sino por interés. Por lo tanto, a nadie le importa que él
tenga de vez en cuando sus pequeños desahogos – con putas o con otras mujeres, para
el caso es lo mismo -. Ashleigh Sinclair solamente representará un affair para su Gracia,
quien, como todos saben, es un hombre incapaz detener sentimientos profundos.
— No puedo soportar la idea de quedar en un segundo plano!
— No se trata de eso, querida. Además, con el tiempo, descubrirás que es ventajoso
tener un marido que satisfaga sus apetitos carnales fuera de la casa. Tendrás que
compartir su cama solamente para darle herederos. Una vez alcanzado ese objetivo, te
verás libre para disfrutar de diversiones, galanteos, y otras distracciones.
Margaret se calló y la miró intensamente.
— A partir del momento en que te hiciste mujer, pasé a observarte con mas
detenimiento . Y tuve la impresión de que no eres una mujer muy pasional. Dime,
Elizabeth... Me equivoco?
La mente de Elizabeth se volvió a las pocas veces en que había estado a solas con un
hombre. Pensó en sus manos pegajosas, en el olor a caballos y a tabaco que
desprendían, y un escalofrío de repulsión le recorrió el cuerpo.
— No, no estás equivocada.
Lady Margaret le dio una palmadita en el hombro.
— Bien, pero eso no importa. — La voz de ella se suavizó . — Tu deber es brillar,
Elizabeth. Baja y procura opacar a esa campesina detestable. Eso va a prevenir los
comentarios.
Ella se inclinó hacia adelante y bajó la voz.
— Debo recordarte que todo lo que planeamos depende de eso?
Elizabeth sintió la dureza de su voz y se estremeció.
— No.
- Perfecto ! No podemos dejar nada al azar.
La vieja dama se encaminó majestuosamente hacia la puerta. Antes de cerrarla detrás
de sí, se volvió y dijo:
— Elizabeth?
— Señora...?
— No me decepciones!

CAPITULO 17

Brett Westmont y Bruce Darnley se habían levantado del sofá y caminaban, lado a lado,
de un extremo al otro del salón , donde los invitados ya reunidos tomaban jerez.
— Quiero que me ahorquen el año que viene, si llego a abrir la boca para decir que
estoy por cumplir años! — dijo el duque, parándose junto a la chimenea.
Bruce le palmeó el hombro.
— Es lamentable, pero parece que te sorprendimos, mi amigo.
Brett lo miró con simpatía.
— Absolutamente, Bruce! No esperaba que viniesen todos juntos.
— Deberías saber que era inevitable — dijo una morena de ojos almendrados. — Pamela
no iba a permitir que tu cumpleaños pasase sin un festejo adecuado! Y nosotros, que
somos tus amigos, tampoco. Después de todo , estar de luto no significa privarse de
todas las satisfacciones de la vida!
Brett asintió vagamente con la cabeza, mientras se volvía hacia la elegante y graciosa
mujer vestida de verde, que conversaba y reía, pareciendo muy contenta. Entonces ,
había sido idea de Pamela! Qué presunción la de ella imaginar que esa relación iba a
durar toda la ! Necesitaba hacer con que ella comprendiese de una vez por todas que la
relación entre ellos estaba acabada. Después de todo , nunca había sido un hombre
que se dejase entrampar por escrúpulos!
En ese instante, varias cabezas se volvieron hacia la puerta . Brett acompañó sus
miradas y vio a Ashleigh, quien entraba en la sala. Contuvo la respiración por un
momento. Ella era un modelo de perfección en su traje color agua marina con cintas del
misma color sujetando sus cabellos lustrosos. Al verlo, se detuvo Después , lentamente,
su rostro se abrió en un sonrisa amable.
— Cielos! — exclamó Bruce , los ojos fijos en esa seductora figura de mujer que él
veía por primera vez. — Quién es ella ?
Brett no respondió. ya había dejado el grupo y caminaba hacia la bella desconocida con
una sonrisa en los labios. Fue la morena quien respondió :
— No lo sabes? Es la pupila de su Gracia. Toda Londres habla de eso .
— Pupila? — Bruce sonrió cínicamente. — Vanessa, no querrás decir...
— Oh, no! No es lo que estás pensando! — dijo ella rápidamente, con temor a
despertar la cólera del duque.
— Cómo envidio la suerte de Brett!
— Su Gracia solamente se rodea de mujeres bellas — concordó Vanessa. — Y debes
convenir que esa joven es una joya, una perla de su colección!
Ella buscó a Pamela con los ojos. Al verla completamente absorbida en el examen de la
pupila del duque, sonrió pérfidamente.
— Esto promete ser muy divertido !
— Seguramente — dijo Bruce, distraído, observando la figura alta y elegante de Brett
Westmont a caminar con indolencia por entre sus invitados.
Ashleigh lo esperaba ansiosamente. El se estaba mostrando tan bondadoso desde que
había vuelto de Londres que no sabía qué pensar. En verdad , el hombre que ahora la
saludaba con cortesía parecía totalmente diferente a ese que había conocido algunos
meses antes.
— Te veía entrar — decía él, sonriendo — y te encontré todavía más bonita que esta
mañana.
— Debe ser el vestido, señor.
Brett la contempló demoradamente.
— No solamente eso. Pareces florecer con cada minuto que pasa.
Ashleigh se sintió ruborizar y cambió de tema :
— Me atrasé demasiado? Quise apresurar a Megan, pero ella insistió en hacerme un
peinado apropiado para la ocasión .
— No te preocupes, querida. A juzgar por las miradas que está recibiendo, tu entrada ha
sido un triunfo!
— Ah! Ahí estás , querido — dijo desde atrás de ellos una voz femenina en un tono muy
dulce. — No imaginaba que vinieses directamente del campo a acá!
Brett y Ashleigh se volvieron . Elizabeth Hastings, relajada, fresca, en un vestido de seda
rosa con encaje, caminaba hacia ellos con una sonrisa confiada.
— Tu prometida esperaba que fuésemos juntos a recibir a los invitados, querido sobrino
— agregó lady Margaret.
— En Verdad? — replicó Brett con una sonrisa burlona . — Pensé que lady Elizabeth
estaba demasiado ocupada para notar la llegada de cualquier persona!
— No tan ocupada como para olvidar que su Gracia está ansioso por presentarla a sus
amigos y hacer público su compromiso con ella — replicó la vieja dama, imperturbable.
— Como quieras, me da lo mismo.
Después , mientras le daba el brazo a su prometida , Brett se dio vuelta hacia Ashleigh y
murmuró :
— No temas quedar abandonada, mi querida. La mayoría de los hombres aquí
presentes tendrá gran placer en hacerte compañía.
Ella miró rápidamente a lady Elizabeth, quien fingía no oír. Pero no tuvo tiempo para
hacer ninguna consideración, porque, súbitamente, se vio rodeada por un grupo de
solícitos caballeros.
— Permíteme que me presente — dijo uno de ellos. — Soy William Rhodes. Y la señorita?
— Dónde has estado viviendo mi querido marqués? Adentro de un calcetín? — dijo otro,
de maliciosos ojos azules. — Esta joven es la sensación del momento! La señorita
Sinclair, verdad ?
— Ashleigh Sinclair! Fue lo que lady Jersey me dijo — intervino un tercero. — Un
nombre encantador, pero no tanto como su dueña. Soy lord Selkirk, mademoiselle.
En una especie de sopor, Ashleigh se vio sonriendo y murmurando palabras amables a
cada uno de esos caballeros elegantes. El más guapo de ellos se inclinó súbitamente y le
dijo en secreto al oído:
— Si estás cansada de esta charada, dímelo, que encontraré un modo de sacarte de
aquí .
Ashleigh levantó los ojos y encontró los de él , negros y profundos, que la miraban con
envolvente dulzura. Vacilantemente, ella asintió con la cabeza.
— Lady Margaret mandó avisar que el almuerzo será servido en la terraza, señores! —
anunció él en voz alta, mientras le ofrecía el brazo.
Después , inclinándose nuevamente hacia ella, murmuró con voz tan gentil que la
mantuvo hipnotizada:
— Será un orgullo tenerte a mi lado.
— Gracias, caballero...
— Christopher Edwards.
— El conde de Ranleagh?
El se rió.
— Parece que mi fama me precedió. Nada grave, espero!
Ashleigh se sintió más cómoda .
— Oh, no! Es que su Gracia reconoció los bayos que tiraban de su carruaje.
La sonrisa de Christopher se amplió.
— Brett tenía que reconocerlos! Se los gané a él el año pasado, en un juego de azar.
— Ah, comprendo...
Estaban caminando por la galería, siguiendo al dueño da casa en dirección a la amplia
terraza que se extendía a lo largo de un jardín impecablemente cuidado. Varias mesas
habían sido puestas allí, cada cual con una mantel de lino , platos de porcelana,
utensilios de plata y centros de flores. Entre ellas, se movían los criados de librea,
equilibrando bandejas con bocadillos y bebidas finas.
Súbitamente, Ashleigh pensó en quien estaría cubriendo su funciones ,miró hacia la
puerta entreabierta que conducía al ala de servicio y vio a Jameson hablando con una
pelirroja alta.
Era Megan! Que sería de mí sin ella ? ", pensó Ashleigh por centésima vez ese día.
— Señorita Sinclair... su Señoría — murmuró respetuosamente el criado que se
aproximaba a ellos. — Su Gracia, me gustaría verlos acomodados en la mesa de las
hortensias. Tengan la
bondad de seguirme.
Ashleigh vio a Christopher mirar a la mesa donde otro criado se aprestaba a acomodar al
marques de Wright y a una linda mujer de cabellos color miel y luego lo oyó suspirar.
— A juzgar por la expresión de Pamela, no tendremos un almuerzo agradable —
comentó él, mientras seguían al criado.
— Ella debe estar furiosa. El compromiso de Brett la tomó de sorpresa.
Ashleigh miró a la joven mujer y después a él.
— Pamela? — dijo , con una expresión interrogativa.
— Lady Pamela Marlowe, la amante de Brett.

Ashleigh necesitó recurrir a todo su control para no expresar su repudio. Ese hombre,
que minutos antes había juzgado tan favorablemente, había tenido el coraje de traer a su
amante a su hogar en el mismo día en que anunciaba su compromiso con otra mujer.
Canalla degenerado!, lo clasificó ella, aunque los términos no le parecieron lo
suficientemente fuertes para describir el carácter amoral de Brett Westmont!
Mientras el criado le corría la silla, ella lanzó una rápida mirada a la mesa de él y lo vio
ocupado en cortejar a su prometida. Cuánta caradurez, cuánta doble moral!
Sus indignadas reflexiones fueron bruscamente interrumpidas: Christopher acababa de
presentarla a lady Pamela.
— Ah, si ! Eres la misteriosa pupila de quien oímos hablar en Londres. — La joven sonrió
, pero su sonrisa no llegó hasta sus ojos, que continuaron fríos y escrutadores. — En
verdad me sorprendiste. Por la descripción de lady Jersey, pensé que acababas de salir
de un internado de huérfanos.
— Lady Jersey no se equivocó — comentó el marqués . — ella todavía es una niña. Sólo
que demasiado bella como para ser ignorada.
El se volvió hacia Ashleigh y le sonrió .
— Estoy encantado por tenerte a mi lado, querida.
— Es muy generoso ,su Señoría — dijo ella, con los ojos bajos.
Christopher Edwards notó su modestia y quedó subyugado. Nunca había visto a una
joven tan bella que fuese al mismo tiempo pura y fresca como una flor. Sentía que había
un misterio en su vida. No sólo por las circunstancias en que se había convertido en
pupila de Ravensford sino también por la leve tristeza que de sus ojos azules o que su
sonrisa dejaban a veces entrever.
Su interés en ella aumentó. Siempre ávido de ganar, Christopher Edwards tomaba de la
vida todo cuanto ella podía ofrecerle. Poderoso, quería todos los bienes que su fortuna le
permitía obtener. Había acumulado cuadros de maestros, objetos valiosos y, a semejanza
de Brett y Byron, había tenido como amantes a algunas de las más bellas mujeres de la
alta sociedad. Su encanto y su apetito de conquistas era insaciable.
A primera mirada, reconoció en Ashleigh una rara y preciosa obra de arte.
Ella se dio cuenta que el conde le manifestaba una atención especial y se sintió
halagada. Pero, sabiendo que la nobleza tenía un modo “muy especial” de comportarse,
se mantuvo reservada.
Sin embargo , poco después , al ver la tierna solicitud que Brett continuaba dedicándole
a su prometida , cambió de idea. Por qué no? El conde era encantador y tenía una
conversación cautivante. Dejó de lado su reserva y recibió con agrado los elogios que él
le hacía, sin pensar en considerarlos demasiado íntimos. Nunca había oído galanteos, y
esos le causaban m mucho placer.
Brett oía distraído las palabras de Elizabeth, dejando que sus ojos inquietos vagasen por
las mesas de sus invitados. Súbitamente, concentró su interés en la escena que se
desarrollaba en la mesa de las hortensias. Christopher Edwards se inclinaba sobre
Ashleigh, quien lo miraba, sonriendo, como si estuviese compartiendo un secreto!
Sintió semejante oleada de cólera que no se reconoció. Qué mierda le estaba
sucediendo? Ya había visto a Ranleagh coquetear con mujeres de su medio, y eso nunca
lo había enervado. Quince días antes, cuando él cortejara Pamela, hasta le había
gustado eso! Entonces, por qué ...?
Cuáles eran exactamente los sentimientos que sentía por Ashleigh? Los analizó
cuidadosamente y llegó a la conclusión de que era una vaga y superficial ternura. Le
causaba una cierta alegría rendirle a su virtud , así como a sus encantos, una homenaje
puro.
No negaba que ella lo atraía físicamente. Pero, al convertirla en su pupila, la había
puesto fuera de su alcance para siempre. Entonces , por qué ese malestar inexplicable,
esa mezcla de ira infantil y vulnerabilidad ? Celos? La mera idea de ese sentimiento le
pareció horrible, absurda. Jamás había sentido esa emoción!
La analizó y juzgó encontrar en ella algo que ya conocía: desprecio! Ashleigh, ese modelo
de candidez, era una mujer y, como tal, voluble en sus afectos y capaz de todo tipo de
fingimiento. Pues bien: ella no iba a engañarlo.
Una vez seguro de su conclusión, Brett sonrió , satisfecho consigo mismo. Ahora podía
relajarse y encontrar placer en la compañía de sus invitados , después de todo era la
fiesta de su cumpleaños!
Pero, mientras observaba a Ashleigh lanzarle dulces sonrisas a Ranleagh, pensó si no
estaba festejando anticipadamente.

CAPITULO 18

Después del almuerzo, Brett, siempre acompañado de su prometida, se puso a circular


entre los invitados, sugiriéndoles maneras agradables de pasar el tiempo hasta la hora de
cenar, que sería a las ocho de la noche y sería seguida por un baile. Algunos prefirieron
retirarse a sus aposentos, otros a jugar a las cartas y otros, dar un paseo por los bellos
jardines de Ravensford Hall.
Fue esa última alternativa la que Christopher le propuso a Ashleigh. Era un día perfecto
para una caminata al aire libre, y ella aceptó prontamente. Bajaron hasta las sendas
serpenteantes y siguieron después por una alameda de acacias.
El conde era una compañía agradable, y ella estaba agradecida a él por el interés que
demostraba. Lo hallaba encantador, con su voz cálida y su mirada dulce, pero su
obstinación en querer cubrirla de halagos y piropos la intimidaba.
Afortunadamente , pronto se vio libre de ese asedio: en ese punto la alameda se
interrumpía con una enorme fuente. A su alrededor, había algunos bancos de mármol
ocupados por algunos de los invitados. En uno de ellos, Ashleigh reconoció a lady
Pamela Marlowe y al marqués de Wright, entretenidos en una animada charla con una
joven pareja, Mary Godwin y Percy Shelley.
- Mira, Mary — decía el hombre —, podemos considerar a la Historia como una lucha
entre la libertad y la tiranía, en un proceso que oscila entre esos dos extremos, con la
alternancia de uno o de otro en el poder.
- La Historia es cíclica, entonces? Si fuese así, podemos decir que los grandes avances
proporcionados por la libertad están sujetos a declinar y desaparecer...
— No, no, querida! Los hechos históricos van formando una bella espiral — explicó su
compañero. — La libertad y el progreso ocupan ahora una posición tan firme que
ningún opresor podrá detener su avance hacia un orden social más elevado.
Mary sonrió .
— Un orden social igualitario, como ese que mi padre propuso en su Justicia Política?
Christopher se inclinó y le dijo en secreto al oído de Ashleigh:
— Mary es hija de William Godwin, un filósofo de gran tendencia social.
— Comprendo.
— No completamente. — Christopher sonrió . — La señorita Godwin es más conocida
como la amante de joven Percy Shelley, protagonista de una intriga escandalosa.
Ashleigh se acordó que Brett le había hablado de él como de un poeta. Pero el conde
hablaba de un escándalo... Estaba por interrogarlo, cuando oyó a Shelley exclamar:
- Brett! Estaba pensando dónde te habías metido!
Todas las cabezas se volvieron . El dueño de la casa caminaba hacia ellos con una
sonrisa de bienvenida.
— Shelley, amigo! Vos siempre nos sorprendes: llegaste sin hacerte anunciar!
— Llegamos a la hora del almuerzo, pero, como Mary y yo ya habíamos almorzado, le
pedimos a tu mayordomo que nos trajese hasta aquí — se disculpó el muchacho .
Ashleigh lo miró con curiosidad . El hombre obviamente era un radical, y ella pensó
cuan extraña era su amistad con uno de los miembros más importantes de la nobleza
inglesa.

- Sabiendo cuanto tu espíritu se deleita con la contemplación de la naturaleza,


debería haberme imaginado que te encontraría en el jardín — volvió Brett. — Pero
permíteme que te presente algunos
amigos. Mi prometida...
Hechas las presentaciones, lady Pamela Marlowe se volvió hacia Elizabeth y la examinó
de los pies a la cabeza, con flagrante desdén. Era obvio que ella estaba enfurecida.
Los ojos siempre fríos de Elizabeth lanzaron chispas de odio. Pero, con una fuerza de
voluntad admirable en una mujer de su temperamento, ella se controló y volvió a
apoyarse en el brazo de Brett, dejando en claro que esa era su propiedad y que no la iba
a perder.
- No es un día maravilloso? — dijo Elizabeth , sonriendo radiantemente.
"Realmente es un día maravilloso para vos!", pensó Ashleigh , considerando que esa
actitud de propietaria sería intolerable para lady Pamela. Ella no iba a dejar pasar un
desafío sin respuesta!
Afligida, Ashleigh pensó que debería hacer algo para evitar que la hostilidad entre las
dos mujeres terminase en un zafarrancho . Pero fue Shelley quien salvó a situación.
- Entonces, vas a dejarte atrapar en un matrimonio! — le dijo a Brett, en un tono de
broma. — Naturalmente, para alguien de tu casta eso es algo inevitable.
- Qué estás queriendo decir ? — preguntó Elizabeth, desconfiada.
- Si, Percy. Explícate — reforzó Brett.
- Es muy simple, su Gracia. Desde tiempos inmemorables , el matrimonio ha sido una
institución hecha para garantizar a los hombres su derecho de propiedad sobre las
mujeres.
- "Propiedad "? — dijo Elizabeth, a punto de estallar.
El poeta sonrió .
- En épocas primitivas, las mujeres eran consideradas objetos de satisfacción y
placer yeran tan valiosas como el ganado. Se hacía importante que los hombres las
mantuviesen en su poder pacíficamente. La inseguridad y la necesidad de proteger esa
propiedad hicieron surgir la institución del matrimonio. En resumen, un ardid para que los
felices propietarios de esa mercancía valiosa pudiesen conservar su posesión , evitando
que otros se la quitasen!
El hizo una pausa.
- Claro, todos nosotros sabemos que muchas cosas ocurrieron para modificar la
estructura de esa institución. Pero yo me pregunto: el concepto de propiedad del macho
realmente fue modificado?
Shelley terminó su discurso con una sonrisa dirigida a los novios.
- Pero no somos un pueblo civilizado? — preguntó Brett, con buen humor.
- Civilizados? La naturaleza tiene garras y dientes ,recuérdalo!
Elizabeth estaba positivamente furiosa. Shelley la había colocado en una situación
desventajosa, y a ella no le gustaba eso. Era una ofensa a su vanidad !
— Tienes derecho a tener tus opiniones. Pero yo te digo:
si estuvieses casado, no habrías hecho ese bello discurso!
— Ah! Estás equivocada, my lady — Era Mary Godwin quien hablaba. — Percy está
casado hace tres años!
— Qué?! Oh! Yo pensé ... No eres Mary Godwin?
Mary se rió.
— Percy está casado, pero no conmigo. Yo soy su amante.
Elizabeth quedó visiblemente chocada, pero se recompuso.
— Ah...eh ... comprendo.

Ella no había sido la única en quedar atónita con la declaración de Mary. Ashleigh
también se hallaba en un dilema. Simpatizaba con la joven pareja, no sólo porque ambos
exponían sus opiniones con entusiasmo sino también porque procuraban ser honestos
respecto a si mismos y respecto a aquello en que creían . Qué diferencia entre ellos y
las dos nobles damas Pamela y Elizabeth! Pero al mismo tiempo, estaba dolorosamente
consciente de que el abierto desdén de Shelley y Mary por las convenciones sociales
entraba en conflicto con el código moral y los principios bajo los cuales había sido
criada, a pesar de haber vivido doce años en Hampton House.
De cierta forma, las ideas de esos dos jóvenes escandalizaban más por ser declaradas
abiertamente, en una sociedad educada y en la casa de una de las más tradicionales
familias inglesas.
— La Reina Mab — dijo Christopher, rompiendo el silencio. — Y debo confesar que sus
versos punzantes me llegaron profundamente. Con su pena amarga, fustigaste no sólo
la sagrada institución del matrimonio, sino también a la monarquía, la aristocracia, la
religión y la guerra!
— Sin olvidarnos de la explotación económica — agregó Brett con una sonrisa. — eso
hizo que nuestros intelectuales la juzgasen con severidad .
— También hay un relato de esa visita que Shelley hizo a Irlanda el año pasado —
volvió a hablar Christopher. — Dinos francamente, Percy, crees que puede hacer algo
por la emancipación política y religiosa de esa gente? Percy sonrió modestamente.
— Las circunstancias me han puesto en un lugar destacado. Mi mérito personal nada
tiene que ver con el caso. De cualquier manera, escribí dos panfletos respecto al
encuentro de líderes nacionalistas en Dublín, del cual tuve el honor de participar.
— Mi amigo, no nos estamos refiriendo a tus actividades en Irlanda, sino al hecho que
hayas sobrevivido para contar eso en Inglaterra!
Hubo un coro de risas. En cuanto a Ashleigh, estaba más confundida que nunca. Su
madre era irlandesa y católica y, aunque hubiese sido educada en la fé anglicana, veía
con simpatía esa lucha que hablaba del espíritu combatiente del pueblo irlandés. Y allí
estaba Percy Shelley, un hombre que minutos antes había juzgado demasiado peligroso,
defendiendo una causa que ella misma defendería, si pudiese!
— Dígame, señor. Realmente cree que la causa irlandesa tiene alguna oportunidad de
triunfar? — se atrevió Ashleigh.
— Una oportunidad mejor que la francesa, pero no tan buena como la americana —
respondió Shelley.
— Por qué, señor? Tal vez eso tenga alguna relación con la mayor o menor distancia
que separa al pueblo opresor del pueblo oprimido?
— Oh, tenemos una mujer que piensa! — exclamó Shelley, deleitado. Mary, no dejes
que se vaya sin invitarla a visitarnos!
Elizabeth sintió que ya era demasiado. Había sido obligada a soportar las miradas
desdeñosas de Pamela Marlowe y después los comentarios irónicos de Percy Shelley.
Ahora, no iba a permitir que esa huérfana entrometida quedase como la estrella de la
fiesta!
— Señorita Sinclair, no cree que se está pasando de los estrictos límites de su
función? — dijo ella, volviéndose hacia Ashleigh con ojos fríos. — Además, no cree que
es el momento de comenzar
a desempeñar las funciones para las cuales fue contratada y por las cuales se le paga ?
En el silencio cargado de asombro que siguió, Ashleigh se ruborizó hasta la raíz del
cabello. Pero reaccionó simple y automáticamente:
— Si, my lady.
Después , con una leve reverencia en dirección a los novios, se dirigió rápidamente hacia
la alameda d. Christopher fue tras ella.
— Espera, Ashleigh! Yo te llevaré de vuelta a Hall.
Cuando él se apartó, varios pares de ojos acusadores se volvieron hacia Elizabeth. Pero
fue Pamela Marlowe quien rompió el silencio incómodo :
— Muy bien , querida! Nos diste una perfecta demostración de como será la futura
duquesa de Ravensford!
Diciendo eso , ella se levantó, recogió sus faldas y se apartó con la cabeza erguida.
Brett había quedado inmóvil , pensativo, mirando sin ver. Nada en su exterior revelaba
el torbellino de emociones violentas que se desataba en su interior. Estaba furioso,
repugnado con la insensibilidad y la crueldad de su prometida para con Ashleigh . Pero
era a sí mismo a quien se censuraba por haber soportado semejante cosa. Por qué la
había dejado partir sin una palabra, sin una mirada ? Por qué no había ido tras ella, no
la había consolado, no la había tranquilizado, no le había dicho que se sentía
avergonzado por la conducta de Elizabeth? El hecho de que su posición no le habría
permitido hacer eso no lo justificaba ante sus propios ojos.
Se sentía culpable de haber permanecido neutral, desempeñando el papel de tutor
virtuoso. Durante el almuerzo, debería haberla alentado con una sonrisa y no quedarse
alimentando un rencor absurdo contra Christopher y las mujeres en general! Sihubiese
hecho eso, tal vez el desenlace habría sido otro.
Lentamente, giró sobre sus talones. Sus ojos, firmes y severos, recorrieron todos los
rostros levantados hacia él. Después , se concentraron en Elizabeth.
- Mi querida — dijo Brett serenamente, con su frialdad habitual —, como pareces
decidida a hacer el papel de duquesa, voy a dejarte para que lo representes un poco
más, sin quitarte protagonismo.
Después , con una expresión de afectuosa gravedad, dijo :
— Shelley... Wright, les pido que acompañen a Mary y ami prometida de vuelta al
Hall.

*Nota de traducción: Percy Shelley fue un poeta y pensador inglés conocido por sus
revolucionarias ideas y su estilo de vida liberal. Mary Godwin fue su pareja, y fue una
escritora famosa, entre sus obras se encuentra Frankenstein.

CAPITULO 19

- Estoy bien, Christopher — dijo Ashleigh, pero todavía había lágrimas en sus ojos.
— No es la primera vez que tengo que soportar el comportamiento arbitrario de ciertas
personas y...
— Arbitrario? — la interrumpió el conde. — Innegablemente rudo y grosero! Todos
los que estaban en el jardín presenciaron eso!
Ella suspiró.
— No estoy en posición para hacer nada al respecto, Christopher. Te agradezco tu
solicitud , pero debo volver a mi trabajo.
Estaban en una pequeña pasaje , entre la cocina y el salón, y ella esperaba,
pacientemente, que el conde fuese a reunirse con los otros invitados.
- Muy bien , princesa. Voy a dejarte en paz.
- Espero que me comprendas: tengo que ocuparme de los preparativos para la cena.
Forma parte de mis obligaciones, como sabes.
Christopher sonrió , más encantado que nunca con la sinceridad de Ashleigh, y aceptó
sus palabras.
— Hasta más tarde, mi querida — murmuró, besándole la mano.
Cuando él se apartó, Ashleigh fue directamente al cuarto reservado del mayordomo,
donde sabía que no encontraría a nadie a esa hora. Necesitaba calmarse. De lo
contrario, le sería imposible actuar con un mínimo de naturalidad delante de los criados.
Pero, al abrir la puerta, notó un movimiento furtivo entre las sombras. Parada en el
umbral , preguntó :
— Quién está ahí?
Hubo un susurro de sedas y después una voz dulce y temblorosa murmuró :
— Oh... parece que esta vez fui atrapada in fraganti.
Ashleigh avanzó y vio a una mujer menuda de formas redondeadas, con un vestido gris
de otra época, sentada con una melancólica placidez delante de la chimenea apagada.
— Disculpe si la asusté. No fue esa mi intención.
La desconocida mostró un platito lleno de crema.
— Adoro esto. Pero ellos no me dejan comerlo en paz.
Ella miró furtivamente hacia la puerta y después se volvió hacia Ashleigh.
— Vos no le dirás nada a nadie, verdad, querida?
Ashleigh casi sonrió .
— Naturalmente que no — dijo , extendiéndole la mano, como para sellar un acuerdo. —
Soy Ashleigh Sinclair, la pupila de su Gracia.
— Sinclair... Ah, si, David me habló respecto a vos! — Súbitamente , los ojos redondos
que la miraban con serenidad comenzaron a parpadear nerviosamente. — Oh, mi
querida! Debes irte de esta casa... inmediatamente!
La vieja señora volvió a lanzar una mirada asustada a su alrededor y agregó :
— Voy a decirte una cosa... sólo yo sé lo que "ella" es capaz de hacer!
- Discúlpeme, no comprendí. Ella. .. Quién?
— Elizabeth no te soporta. Pero es "ella" que...
- Elizabeth? Ahora comprendo. — Ashleigh sonrió .— Todavía no sé quién es usted.
- Mi nombre... Oh, si ! Soy lady Hastings. Pero puedes llamarme Jane. Como todo el
mundo.
— Lady Hastings? Entonces usted debe ser la abuela de lady Elizabeth!
La sombra de una sonrisa se esbozó en los labios pálidos de la vieja dama.
— Eso es lo que ellos me dicen.

Ashleigh se quedó todavía más intrigada. Iba a pedirle que se explicase cuando la
puerta se abrió , dando paso a una figura alta y majestuosa, toda vestida de negro.
— Tal como pensaba: nuevamente robando crema. Qué vergüenza, Jane!
Lady Margaret volvió sus ojos vigilantes y atentos hacia Ashleigh.
- Que está haciendo aquí, señorita?
— Bien, yo...
- Su criada de cuarto la está buscando. Sugiero que vaya a verla.
A continuación , sin la menor emoción, ella tomó por el brazo a mujer jadeante ,
temblorosa y encogida en la silla y dijo:
— Es hora de descansar, Vamos!
Lady Jane la miró, balbuceando un poco al decir:
— Ah! Me había olvidado. Si, claro... seguro... vamos.
"Qué extraño poder tiene esta mujer sobre la familia Hastings!", pensó Ashleigh, cuando
las dos salieron. Se sentía un tanto amedrentada.

Patrick terminó de leer a carta y se dejó embargar por una gran oleada de emoción: allí
estaba la respuesta que hacia tanto tiempo lo perseguía. Habían pasado doce años. El
papel estaba amarillento, la tinta desvanecida. Pero las palabras todavía existían !
Levantó los ojos y miró el antiguo empleado de su padre.
- Jemmy, por qué Martha no me entregó esto la última vez que estuve aquí?
El viejo lanzó una mirada de soslayo a la pequeña y anciana mujer, en su vestido
remendado pero inmaculadamente limpio.
- La dama que me confió esta carta me recomendó que solamente se la entregase al
señor.
Patrick suspiró imperceptiblemente. Eso explicaba todo. Había una reserva inviolable en
ese hombre que no sabía leer. En mayo, cuando había venido a Kent, él estaba afuera,
visitando una hermana enferma. Y había sido Martha quien le había hablado respecto a
la tragedia que se había abatido sobre su familia. Si no hubiese vuelto allí por segunda
vez, tal vez jamás hubiese tomado conocimiento de la carta de la condesa!
Empujó la silla hacia atrás , sacó un fajo de billetes de su bolsillo y lo colocó sobre la
mesa.
— Quedo profundamente agradecido, Jemmy.
— No es necesario! Mi lord fue muy generoso con mi Martha la última vez que estuvo
aquí.
— Acepte esto , por favor — insistió Patrick. — Es poco, considerando la ayuda que le
prestó a mi familia, años atrás. Y la información que esta carta contiene vale más que
oro ,mi amigo.
Jemmy Stockes se dejó convencer.
— En ese caso, aprovecharé para comprar botas de cuero para mis muchachos y un
vestido para Martha.
Por primera vez, desde su llegada al chalet , Martha se volvió hacia Patrick, una sonrisa
iluminando su rostro delgado y arrugado.
— Voy a quedarme algunos días en Ravensford Hall — dijo él.
— Después , partiré a Londres. Ustedes tienen mi dirección . Si hubiese necesidad de
escribirme...
— El vicario hará eso por nosotros — dijo Jemmy.
— Perfecto ! Adiós, mis amigos. Y muchas gracias.
Diciendo eso , Patrick dejó a la vieja pareja. Montó su caballo, tomó el camino de
Ravensford Hall y sólo entonces permitió que las lágrimas corriesen libremente por su
rostro. Ashleigh estaba viva, como siempre había creído, y esa carta era un tributo a su
dedicación.
La sacó del bolsillo y la leyó nuevamente:

"Querido Patrick,
No tengo idea de cuando esta carta va a llegar a tus manos. Supe, con gran pesar, que,
durante un viaje a Oriente, tu barco se hundió con casi toda la tripulación a bordo. Pero
el simple hecho de que esté volviendo a Inglaterra para entregar personalmente este
mensaje a los cuidados de Jemmy Stockes, que sé es absolutamente fiel a tu familia, mi
esperanza es que no estés entre los desaparecidos en el mar.
Esta es la última vez que vuelvo al país donde fui criada. Eso se volvió extremamente
peligroso, y no me estoy refiriendo a la guerra en Europa. El peligro de que hablo es
de otra naturaleza. Se relaciona con un ser diabólico que me amenaza, me persigue
desde las sombras donde se oculta.
Creo, de la manera más firme posible, que el incendio que destruyó la casa de tus
padres fue una atentado deliberado. Y el hecho que haya comenzado en mi cuarto, me
lleva a creer que planeaban matarme y no a esos seres inocentes cuya muerte aun lloro
Escapé con vida, junto con tu hermana , simplemente porque, en esa noche fatídica, yo
me encontraba con la pequeña Ashleigh, que había tenido una de sus pesadillas. El
cuarto de ella quedaba a una relativa distancia de los demás, y eso nos dio tiempo para
huir por la escalera de los fondos antes que las llamas nos alcanzasen.
Los muchachos de la caballeriza y el jefe de establo, que dormían en un pabellón aparte,
fueron unánimes en afirmarme que las primeras llamas empezaron en el cuarto de
huéspedes. Después de oír su minucioso relato, comprendí que estaba a la merced de
cosas que escapan a mi control y que no podía seguir arriesgándome.
En la confusión que siguió al atentado , le conté mis temores a Maud y le rogué que se
llevase a la pequeña a la casa donde la hermana de ella trabajaba. Le di algunos de mis
anillos, para que ella tuviese para los primeros gastos, y, después de acomodarlas en
una pequeña posada, monté un caballo y tomé el camino al puerto de Dover. Desde
Italia, me comuniqué con el abogado de tu familia, pero él todavía no había tenido
noticia de ellas dos.
Te recomiendo fervorosamente, que, al volver a Inglaterra, las busques. En cuanto a mí,
ya sabes donde encontrarme. En mi casa, vos y tu hermana encontrarán un segundo
hogar. Es lo mínimo que Gregorio y yo podemos hacer para retribuir las gentilezas que
recibimos de tu familia durante estos años.
Créeme, mi querido, Patrick, afectuosamente, tu amiga.

María Condesa de Montefiori''.

Al terminar de leer la carta , los ojos de Patrick se pusieron nuevamente húmedos.


María... Mary, ex vizcondesa Westmont!
Conocía su historia. Había nacido rica, en el esplendor de una familia noble. Después de
la muerte de su padre, un príncipe italiano, había venido con la madre a Inglaterra y allí
había fijado residencia. Años después , había conocido a lord Edward Westmont, un
hombre elegante y seductor, y se había casado con él, a pesar de la oposición del viejo
duque. En los primeros tiempos, habían sido inmensamente felices. Pero, después del
nacimiento de Brett, la sombra de la sospecha se había interpuesto entre ellos,
envenenándoles la existencia.
Deliberadamente, alguien había sembrado falsas evidencias, haciendo creer que Mary
tenía un amante. El duque, el primero en tener conocimiento del hecho, había trabajado
a la sombra de los acontecimientos, concentrando todos sus esfuerzos en alejar a la
vizcondesa de Ravensford Hall. Sin perder tiempo, la había puesto a bordo de un barco y
la había enviado de vuelta a la familia del padre, en Italia. El niño había quedado en
Inglaterra, ya que, sordo a todos sus ruegos, el viejo duque no había permitido que él
acompañase a su madre.
El resto, Patrick lo había sabido por boca del propio Brett, en la época en que eran
marineros. Con el caso totalmente olvidado, Edward Westmont se había dejado casar,
sin tener idea de lo que lo aguardaba en ese nuevo matrimonio. Dos años más tarde, a
consecuencia de una serie de desatinos, había encontrado la muerte, junto a su
segunda esposa y un bebé de brazos en un accidente en un carruaje.
Mientras evocaba esos años, Patrick volvió a ver la figura de la condesa tal como ella se
había presentado cierta noche a sus padres . Había llegado disfrazada de marinero
italiano, diciéndose dispuesta a ayudarlos en el libre comercio al que se dedicaban. Para
eso , había convencido a su apasionado marido de poner a su disposición uno de los
barcos de la flota de él.
Pero lo que más había asombrado a sus padres , sabiéndola inmensamente rica, había
sido el motivo por el cual la condesa hacía todo eso. Según ella, era el único modo de
entrar clandestinamente a Inglaterra y volver a ver , aunque fuese a la distancia, a su
amado hijo.
Después de oír su historia , los Sinclair se habían ofrecido a hospedarla siempre que
viniese a Inglaterra. Patrick naturalmente había jurado mantener el secreto,
especialmente en lo que se relacionaba con Brett Westmont. Mary temía represalias, si la
noticia de su presencia llegase a los oídos del viejo duque. Además, no ignorando el
concepto que su hijo tenía de ella y de las mujeres en general, se contentaba con saber
y ver que él estuviese bien.
Patrick sacudió la cabeza mientras pensaba en Mary. Brett jamás había comprendido su
deserción. Ese golpe lo había herido profundamente. Pero, quién había sido
responsable de ese complot ? Quién sería la persona que había alimentado semejantes
sentimientos de odio hacia la vizcondesa?
Patrick sólo podía agradecido con Mary . Gracias a ella, sabiendo que Ashleigh estaba
viva, podría llevar adelante su búsqueda. Y, ahora, la emprendería con renovado fervor!
Esa noche, pernoctaría en el Ravensford Hall. Al día siguiente, partiría hacia Londres y ,
con la ayuda de Dios, iba a encontrar a su hermanita !
CAPITULO 20

Ashleigh se deslizaba sonriente entre los invitados, ahora reunidos en el salón . Se


paraba aquí y allá, delante de grupos que discutían de política y hablaban de
escándalos sociales, decía algunas palabras amables y continuaba circulando. Bien
educada en una tradición de afabilidad, hallaba natural mostrarse solícita y sociable.
Sin embargo, esa gentileza y su serena compostura escondían preocupaciones. Mientras
caminaba, ella iba recordando el momento en que Christopher Edwards le había
informado, tan naturalmente como si estuviese hablando del clima, que lady Pamela era
la amante del duque. Temía que el conde hubiese notado su expresión de sorpresa y
estupor que no había podido contener.
Pensó en lo que habría hecho lady Jersey, la más perfecta y austera anfitriona de
Londres, en esa circunstancia. Y de una cosa tuvo certeza: la gran dama de Almack's no
habría procedido como una adolescente torpe e inadecuada!
En ese instante, como si hubiese recibido su llamado silencioso, vio al conde de
Ranleagh caminar en su dirección.
— Aquí estás , princesa! Afortunadamente te encontré.
— Oh, pero yo siempre estuve aquí, a disposición de todos!
El le sonrió .
— Eres una anfitriona perfecta, bella Ashleigh. Brett no podría haber encontrado otra
mejor, y yo me pregunto si él te merece. Pero no era a eso a lo que me estaba
refiriendo, sino a mi deseo y también el de Pamela de salir discretamente de
Ravensford Hall.
— Se van ? — preguntó Ashleigh, pensando si él no estaría molesto por algún motivo que
no quería confesar. — Así tan de repente?
- Si , princesa, aunque tu decepción casi me convence de quedarme.
- Por qué no te quedas, entonces? La cena...
- Estoy seguro que será una delicia gastronómica! Pero la verdad es que lady Pamela
tiene un compromiso urgente en Londres y yo prometí acompañarla.
Ashleigh miró a lady Pamela, quien estaba en la puerta del salón , vio su aire de tristeza
y se sintió invadida por una súbita oleada de piedad.
- Comprendo. Pero no sé dónde se encuentra el duque en este momento.
- Perfecto ! — dijo concisamente Christopher Edwards.
- En este caso, permíteme que los acompañe hasta el carruaje — dijo Ashleigh, con un
malestar que apenas conseguía disimular.
- Será un placer.
Poco después , de vuelta en el hall de entrada, uno de los criados la abordó.
- Discúlpeme , señorita...
- Qué pasa, Robert?
- Alguien la espera en sus aposentos.
Ashleigh no escondió su sorpresa.
- En mis aposentos? Quién es?
- No le sé decir, señorita. Fue el señor Jameson que me encargó transmitirle el recado.
- Perfectamente, Robert. Gracias.
Un poco inquieta, ella se dirigió al piso superior , pensando en quien la obligaba a subir,
cuando su presencia era tan necesaria allá abajo. Al entrar en su cuarto, se detuvo
sorprendida. Brett Westmont! él estaba de pie junto a la ventana, su rostro moreno
iluminado por el sol poniente, su camisa blanca abierta en el pecho. sus ojos, capaces de
demostrar tanta ternura, mostraban ahora un azul sombrío, como el mar en días de
tormenta, y la miraban con una expresión glacial.
- Muy bien ! Estamos a solas , finalmente!
- Me mandaste a llamar, su Gracia?
- Ah! La siempre perfecta y formal señorita Sinclair! No deberías llamarme por mi
nombre? Dilo, bella Ashleigh! O ya me reemplazaste por otro?
Esas últimas palabras fueron dichas con tal vehemencia que Ashleigh se quedó muda de
asombro. Entonces , notó la botella casi vacía de brandy en la mesita de té y
comprendió todo. Pero, por qué?
— Brett... — Ashleigh murmuró, desolada.
— Ah! Entonces te acuerdas de mi nombre? — él dio un paso hacia adelante , todavía
dominado por la cólera. — Pero eso no quiere decir que no prefieras a otro!
— No comprendo... Brett. No comprendo nada!
— No? Entonces permíteme que te refresque la memoria, perfecta señorita Ashleigh. No
será... Christopher, por casualidad?
Aquella insinuación estaba tan lejos de la verdad que Ashleigh tuvo que hacer un
esfuerzo para mantener la calma.
— Explícate mejor.
— Vi cuando lo acompañaste hasta el carruaje.
Ante esas palabras, Ashleigh perdió la paciencia.
— Si hubieses mirado mejor, habrías visto que acompañé a su Señoría y a lady
Pamela. Ella se cansó de tu fría recepción y prefirió volverse a Londres!
Brett se volvió , irritado.
— Por qué me hablas así?
— Porque estoy siendo franca.
— A qué le llamas ser franca?

— Recibiste a tu amante en tu casa el mismo día en que anunciabas tu compromiso con


otra mujer — dijo ella, sin preocuparse por el efecto explosivo que sus palabras
causaban. —
- Fuiste egoísta, fuiste cruel!
Brett sacudió la cabeza y se rió con desdén.
— No te preocupes por mi "pobre y ultrajada amante"! Fue idea de ella aparecerse aquí
inesperadamente. Además, una relación se corta muy fácilmente! Estamos juntos hoy, y
mañana tal vez....
— Parece que lady Pamela no es de la misma opinión .
— Tal vez yo no haya sido para ella otra cosa más que una simple distracción — dijo
él, encogiendo los hombros. —
Pero eso no le daba derecho a venir a Ravensford Hall arrastrando a media Londres con
ella. Y peor todavía: trayendo a Christopher Edwards, ese canalla! Después , mirándola
con dureza, volvió a la carga:
— Vos quedaste encantada con la conversación melosa del conde e
hiciste todo lo que pudiste para atraerlo! Coqueteaste descaradamente ...
Ashleigh lo miró , indignada.
— No hice nada de eso!
Brett le agarró el brazo.
— Es verdad ? Júralo!
Ella levantó la cabeza orgullosamente.
— Y si hubiese coqueteado? Qué? No tienes derecho...
— No tengo, pequeña tonta? Pues yo te aseguro que tengo mucho mas derecho que
todos ellos: es el derecho de quien tomó tu virginidad, manchó tu honor y ahora quiere
restaurarlo.
El se calló bruscamente al notar que ante esa infeliz referencia ella había empalidecido
y había comenzado a temblar. La miró en silencio por algunos segundos y sintió su rabia
desvanecerse. Entonces , con un gemido, la atrajo contra si. Simplemente la deseaba!
Ashleigh se defendió , pero, cuando él comenzó a besarla con apasionado ardor, sintió
su resistencia debilitarse. Poco después , se vio pegando su cuerpo suave al de él y
correspondiendo al beso con deseo incontrolable.
— Brett... — Ashleigh murmuró, y su voz era una dulce queja.
— Ashleigh... dulce Ashleigh. Eres demasiado bella para que pueda resistirme. Eres una
hechicera...
Ella flotaba en un mar de sensaciones que la conducían lentamente al mundo dos
placeres. Ella se dejó levar, pero, cuando él le acarició los pechos, Ashleigh se tensó
súbitamente e intentó desprenderse de los brazos que la enlazaban.
— No, Brett... No hagas eso.
El la abrazó con fuerza y volvió a besarla demoradamente. Cuando la sintió más dócil,
deslizó una mano dentro del escote y masajeó sus pechos con caricias suaves.
Vencida, Ashleigh volvió a abandonarse a las caricias.

Pero un ruido en el corredor la arrancó de ese abrazo placentero. Poco después , la


puerta del cuarto se abría con un estruendo, dando paso a Finn, quien se paró delante
de ella sacudiendo su rabo. Fue como un baldazo de agua fría. Recuperando
inmediatamente el dominio, se soltó de los brazos de Brett y, llena de pudor, Ashleigh
acomodó su vestido y sus cabellos.
El intentó retenerla, atrayéndola nuevamente junto a sí. Pero, ante de su resistencia, le
tomó la mano y le habló al oído, casi con desesperación:
— Deberías ordenar a tu guardián que no se aparte nunca de vos!
Diciendo eso , Brett salió del cuarto golpeando la puerta, como si fuese perseguido por
todos los demonios del infierno.
Mientras recorría el interminable corredor de la biblioteca, Brett fue poco a poco
recuperando el control. Ya dueño de sí mismo, se puso a pensar en la locura que se
había apoderado de él. Estaría a la merced del más vulgar de los sentimientos? Mierda!
Recordó los eventos del día, en busca de algo que justificase la inseguridad que lo
corroía. Hubiera tenido esa agradable cabalgata por los campos, en compañía de
Ashleigh y de Megan. Después la llegada inesperada de los invitados y la consecuente y
desagradable obligación de circular con Elizabeth colgada de su brazo.
"Elizabeth, tan linda pero tan fría...", Brett pensó al acordarse de que, al intentar
abrazarla en el jardín, ella se había retraído, sus ojos reflejando una repulsión que había
confirmara las sospechas que algunos indicios aislados le habían despertado. E imaginar
que debería pasar el resto de su vida atado a esa mujer frígida, que únicamente se
ocupaba de su apariencia personal y de sus vestidos!
Nuevamente irritado, Brett revolvió su memoria en busca de detalles del almuerzo,
cuando había sido obligado a permanecer quieto, observando a su pupila rendirse bajo
los encantos de ese canalla mujeriego ! Verla de esa manera, mirando al conde con una
expresión embobada, había sido un golpe que, de cierto modo, lo había hecho deprimir.
A un paso de la biblioteca, se calmó un poco, pensando que las mujeres no tenían ni un
gramo de racionalidad, solamente un mar de emociones volátiles. Y siempre estaban
complicando las cosas!
Al abrir la puerta, la primera cosa que vio fue una vela ardiendo en el candelabro de
plata de su abuelo. Después , sintió un aroma de humo de cigarro. Volvió sus ojos hacia
la poltrona junto a la chimenea y se encontró con una persona bastante familiar.
— Patrick!
— Estaba justamente preguntándome cuando ibas a aparecer, compañero! Si demorabas
un poco más, iba a verme obligado a hacerme anunciar formalmente. — Patrick se
levantó
de la poltrona y le extendió la mano. — Te pido disculpas, pero sería imperdonable
aparecer en tu fiesta tan formal.
- A la mierda con las formalidades! Es bueno verte aquí. Puedo ofrecerte algo ?
— Más tarde, tal vez . Antes, quiero contarte las novedades.
— Qué novedades?
- Mi hermana está viva, Brett!
El duque se dejó caer en una poltrona, asombrado.
- Cómo lo supiste?
Patrick puso su cigarro en un cenicero.
- Es una larga historia. Estás preparado para oírla?
- Claro!
El le contó fielmente lo que se había pasado en la casa del antiguo empleado de su
padre. En seguida, le hizo un resumen de la carta, omitiendo solamente la verdadera
identidad de la condesa Mary.
Brett lo oyó con atención. Cuando él terminó, llenó dos copas de coñac y le pasó una
de ellas .
- Entonces vas a partir a Londres para buscar a la hermana de la niñera?
- Exactamente. Antes, sin embargo, quiero hacer algunas averiguaciones más en
esta región .
Brett se quedó en silencio por un momento. Después , dijo lentamente:
- Siempre es peligroso aceptar como probados hechos que realmente no lo están. Hace
doce años que...
- Brett, mi buen amigo, eres bien intencionado, pero no voy a alargar mi agonía.
Ya no soy una criatura. Todo saldrá bien ! Ya verás! Patrick se inclinó y le palmeó
paternalmente el hombro.
— Ahora háblame de vos.
— Hablar de qué?
— Algo te preocupa, amigo. Lo vi en tu expresión, cuando abriste esa puerta.
Brett lo miró y se dio cuenta que sus vívidos ojos azules lo estudiaban atentamente, con
grande interés .
— Tienes razón . Y, como vos acabas de contarme una historia fantástica, tal vez no
halles tan increíble la mía!
— Soy todo oídos, su Gracia — dijo Patrick, solemne.
Hubo un momento de silencio , después Brett comenzó con voz calma y ponderada:
— Estoy comprometido...
— Eso es maravilloso, Brett!

— Ahórrate las felicitaciones, conmigo el caso es otro. Mi prometida es una joven fría y
arrogante. Acepté el compromiso, porque fue mi abuelo quien la escogió antes de morir,
avizorando la continuación del ducado.
— Comprendo...
— Fui obligado a anunciar el compromiso hoy, y Pamela Marlowe estaba entre los
invitados.
— Pero, mi querido Brett...
— Espera, Patrick. Todavía no sabes todo. Hay algo muy importante.
— Qué es?
— Una tercera complicación. O una tercera mujer. Acogí en mi casa a una joven muy
bonita...
Patrick abrió los ojos sorprendido.
— Quieres decir que...
— No saques conclusiones apresuradas. Bebe y escucha en que lío me fui a meter...
En pocas palabras, pero sin omitir ninguno de los hechos el duque explicó el por qué
de la existencia de una pupila en su vida; Comenzó por la bien intencionada tentativa de
su abuelo y terminó confesando su atracción por la joven , sobre la cual habló con
incontenida exaltación.
— De ese modo — Brett concluyó —, tienes delante de ti un hombre comprometido
con una mujer que no tolera, perseguido por otra que no desea más y atraído por una
tercera que está fuera de su alcance. Te confieso, Patrick, que estoy comenzando a
pensar que mi abuelo tenía razón . Si un hombre quiere vivir en paz, debe apartarse de
las mujeres!
Patrick sonrió . Conocía el prejuicio de Brett respecto a las mujeres. Como su amigo, se
sentía particularmente cómodo de hallar que, en ese caso, sus propias palabras se
volvían contra él. Después de todo , por qué había consentido en tomar por esposa a
una joven que despreciaba, bajo la alegación de que había sido escogida por su abuelo?
Y Pamela Marlowe? No había sido Brett quien la había seducido para después
introducirla al mundo sofisticado que él frecuentaba? En cuanto a esa pobre muchacha
que había tomado por la fuerza, el hecho de estar celando por su bienestar no lo
absolvía completamente de la culpa que le cabía.
De cualquier modo, sería interesante ver como Brett iba a salir de ese lío . No quería
perderse ese espectáculo por nada del mundo! Y , para eso, contaba con pasar más
días en Ravensford Hall.

CAPITULO 21

— No comprendo, Megan! Por qué se esconde? Por qué no vienes con nosotros ? —
Ashleigh volvió su cara ruborizada hacia su amiga, quien la ayudaba a vestirse para la
cena. — Oh, querida... Es
porque tiene temor de que alguien de Londres pueda reconocerte? Ya sabes... de
Hampton House.
. — Oh, no! — Megan se rió. — Vos no me viste, pero ya estuve espiando a los invitados
del duque, durante el almuerzo. La única persona que conoce mi pasado es el señor
Shelley. Pero él es digno de toda confianza, no va a denunciarme. Al contrario! Se
Mostró contento porque una pobre muchacha irlandesa hubiese conseguido superar las
barreras sociales. No, Ashleigh, no temo nada por ese lado.
— Entonces, por qué no bajas para cenar con nosotros ?
— La respuesta es muy simple — dijo Megan, continuando con su tarea. — Los
invitados de su Gracia todavía no saben que soy tu criada personal. Pero, si bajo, una de
las dos ladies “cara de trasero” es muy capaz de informarles eso.
— Y con eso arriesgare a que las haga pasar un papelón? No, ninguna de las dos se
atrevería a tanto!
— No sé... — murmuró Megan, poco convencida. — Lady Elizabeth es una mujer
vengativa.
Ella dio un paso hacia atrás , admirando su obra con una sonrisa de satisfacción . Esa
noche, Ashleigh usaba un lindo vestido rosado. " Rosa de noche será el último grito de la
moda este año", le había asegurado madame Gautier.
— Mi Dios, estás muy linda!
Ashleigh se aproximó al espejo, curiosa de verse, y examinó con agrado su propio
cuerpo, envuelto en una leve tela de seda rosada. Mas, cuando sus ojos se fijaron en el
escote generoso, que le exponía el nacimiento de los pechos, sintió su rostro arder de
vergüenza.
— No sé como tuve el coraje de permitir que madame Gautier me hiciese... esto! —
dijo ella , empujando nerviosamente la pechera
hacia arriba. — Cómo fue que no notamos esto , Megan?
La irlandesa se rió.
— Y yo que pensé que te estabas convirtiendo en una mujer sofisticada!
Ashleigh sacudió su cabeza . Sofisticación era justamente lo que le faltaba para igualarse
a las damas y a los caballeros nobles del círculo social del duque.
El duque... Brett! Sintió sus sienes latir y su mente confundirse con una mezcla de
sentimientos y emociones al recordar la escena que había sucedido en ese mismo
cuarto. Había hecho muy mal en permitir que él le despertase sensaciones voluptuosas
que tenía dormidas dentro de si. Pero, en ese momento, no quería examinar su
incondicional rendición a las caricias de él ni las implicaciones de sus acciones. Pensaría
en eso después .
Fue en ese estado de impaciencia y nerviosismo que volvió a considerar las palabras de
Megan. Y llegó a una conclusión: para estar a la altura de lo que se esperaba de una
anfitriona del duque, debía desarrollar un gusto por las cosas de la alta sociedad, un
culto por las apariencias. Y tendría que comenzar esa misma noche, usando ese vestido!
Decididamente, se volvió hacia Megan.
— Es de noche que las mujeres tienen ocasión de mostrarse y de agradar. Voy a usar
este vestido y causar una sensación!
- Ah, mi querida... Por fin! — exclamó Megan. — Pero las noches suelen ser frías y
peligrosas. Espera un instante. Voy a buscar el chal que Suzanne me hizo.
Ashleigh la miró con admiración. Era una solución perfecta. Los chales estaban de moda.
- Siempre pienso lo que podrías hacer por la grandeza de este país si no fueses mujer
e... irlandesa, Oh Megan!

Patrick había terminado de bañarse y vestirse con la ayuda de Higgins y estaba listo
para ir al encuentro del duque. Antes de salir, lanzó una rápida mirada al espejo y
sonrió de satisfacción.
— Matador— le dijo a su propia imagen —, esta noche tendrás algunas de las
mujeres más bellas del mundo a tus pies! No me falles!
Después , con un último toque a su corbata inmaculada, se dirigió hacia la puerta . La
abrió y salió al corredor. Al darse vuelta , se chocó con un cuerpo delicado que venía en
sentido contrario.
— Discúlpeme ...
Patrick miró a la mujer que estaba sentada en el piso , en medio de un montón de
sedas color verde jade, y se quedó mudo. Allí, mirándolo con aire indignado, estaba la
mujer más bella que jamas había conocido . Y, súbitamente, se preguntó por qué Brett
no le había hablado respecto a ella.
Los ojos de Megan subieron por esas largas piernas musculosas, enfundadas en un
pantalón gris, que se erguían delante de ella como dos torres, examinaron su chaleco
blanco de seda, la inmaculada camisa blanca, y finalmente se detuvieron en el rostro
bronceado del desconocido. El la miraba con la boca entreabierta, con unos ojos azules
arrebatadores.
— Bien — Megan le dijo —, me vas a ayudar a levantarme o me vas a dejar tirada
aquí toda la noche ?
Patrick miró la a mano de dedos largos y uñas rosadas y la tomó inmediatamente
dentro de la suya. Cuando la bella mujer se puso de pie , él se vio delante de un par de
increíbles ojos verdes, que brillaban con ironía.
Sonrió con esfuerzo y volvió a decir torpemente:
— Discúlpame... No tuve a intención...
La bella sacudió sus estupendos cabellos rojos, que caían sobre sus hombros como una
cascada de fuego, y lo miró con un aire de secreta diversión .
— Irlandesa! — exclamó Patrick súbitamente.
Ella se rió, su risa era cálida y contagiosa.
— Si, soy irlandesa. Con mucho orgullo, señor ...
— St. Clare. Patrick St. Clare, irlandés hasta la médula.
— Ah, un verdadero irlandés! Soy Megan O'Brien.
— Megan O'Brien... Un lindo nombre.
— Patrick! — llamó una profunda voz masculina desde el otro lado del corredor. —
Estaba justamente pensando en vos!
Patrick fue arrancado de su estado de fascinación y soltó la mano delicada, que todavía
conservaba en la suya.
— Veo que ustedes dos ya se conocen — dijo Brett, aproximándose.
— Ya somos viejos amigos — dijo Patrick, sonriendo.
— Pero tal vez no sepas que la señorita O'Brien es la compañera de mi pupila.
Volviéndose hacia Megan, el duque agregó :
— Todavía no te vestiste para la cena. Espero que no estés pensando en no
comparecer!
— Oh, no, su Gracia! — Megan hizo una leve inclinación de cabeza a los dos hombres. —
Discúlpenme ...

Antes de entrar en la sala de visitas, Ashleigh lanzó una mirada de admiración a su
compañera. Nunca la había visto tan linda! Y pensó por qué Megan había cambiado de
idea en el último instante.
Megan le había dado pocas explicaciones cuando había vuelto al cuarto luciendo una
espectacular creación de Suzanne: un vestido imperial dorado, que ella usaba con el
porte de una reina. Cuando la había interrogado, Megan había sonreído enigmáticamente
y solamente había dicho :
— Tendrás la respuesta pronto, si sos capaz de sumar dos mas dos.
Ahora, mientras se abrían camino por entre los invitados elegantemente trajeados,
Ashleigh la vio lanzar una mirada a su alrededor , como si estuviese buscando a
alguien. Iba a interrogarla, cuando una voz profunda y cordial se elevó sobre el inmenso
murmullo que dominaba la sala:
— Dos ángeles han bajado a la Tierra!
Ambas volvieron sus cabezas. Era Brett, que venía al encuentro de ellas con una sonrisa
en los labios.
- Si no me equivoco ...— continuó él gentilmente, volviéndose hacia Megan —, pronto
te verás rodeada por una multitud de caballeros queriendo conocerte.
Mientras la miraba , la vio lanzar una mirada ansiosa alrededor del salón y comprendió
que la encantadora pelirroja había simpatizado con su amigo.
Se inclinó hacia adelante y le susurró al oído:
— Creo que encontrarás a quien buscas en la sala de fumar. Algunos de los invitados
están allá, discutiendo con Percy Shelley la cuestión irlandesa.
— Ah! Ese es un tema que me agrada! — exclamó Megan con una sonrisa. — Ashleigh...
su Gracia... espero que me disculpen un instante.
Ashleigh se volvió hacia Brett, intrigada.
— Megan está tan extraña...
El se rió bajito.
— Creo que ella quiere darte una sorpresa. Espera un poco y verás.
— Brett! Hace cuanto tiempo... — dijo en ese instante un hombre canoso, de ojos
lagrimeantes, que llegaba acompañado de Elizabeth Hastings.
Brett hizo una leve inclinación de cabeza, pero su tono era frío cuando dijo:
— Mi lord... Finalmente resolvió aparecer.
— Habría venido antes, pero esta muchacha no permitió — dijo el hombre, lanzando una
mirada acusadora a Elizabeth.
— Papá ! Sabes que no estás en condiciones de participar de fiestas — dijo ella con
enfado. — Digo eso por tu bien, no lo tomes a mal...
Brett la interrumpió bruscamente:
— Señorita Ashleigh Sinclair, permite que te presente a lord David Hastings, padre
de lady Elizabeth.
Mientras Ashleigh hacía una leve reverencia, lord Hastings se aproximó de ella con un
paso pesado y la miró demostrando satisfacción .
— Estaba ansioso por conocerla, mi querida. — Volviéndose hacia Brett, agregó : —
Ella es una belleza, su Gracia! — Después le dijo a Elizabeth: — Ahora comprendo por
qué estás tan preocupada!
La ira brilló en el rostro de la rubia. Pero, antes que Elizabeth pudiese decir algo , su
padre se dio vuelta hacia un criado que pasaba con una bandeja de bebidas.
—Oh, papá — ella murmuró, consternada, imperturbable, David Hastings levantó la
copa de champagne.
— Por mi buen vecino y mi futuro yerno.
Brett sonrió poco cómodo y murmuró un comentario banal, pero el hombre era
locuaz y no estaba dispuesto a quedarse callado. Hubiese continuado hablando durante
una hora, si su hija no lo hubiese llevado delicadamente afuera del salón .
Ashleigh los siguió con los ojos por un momento y después observó :
— Parece que no lo estimas.
— Quién puede estimar a un hombre que pasa todo el día bebiendo y que, cuando
logra estar sobrio, es un hombre aburrido sin opiniones, sin pasiones o convicciones de
ninguna índole?
Súbitamente, Brett miró por encima de los hombros de ella y su cara se distendió .
— Ah! Ahí están !
Ashleigh volvió su cabeza y su mirada recayó en el acompañante de Megan, un hombre
alto, de cabellos negros y ojos azules como el cielo nocturno. Ashleigh se puso a
estudiarlo y frunció el ceño , en el esfuerzo de activar la memoria. De repente, su
corazón comenzó a latir más rápidamente .

Brett notó su reacción y le preguntó solícitamente:


- Ashleigh... No te sientes bien ?
Ella no respondió. miraba ese rostro querido, pensando si no estaría soñando.
- Patrick?... — Ashleigh finalmente consiguió decir con un hilo de voz. Después ,
habló más alto: — Patrick! Oh, mi Dios... es Patrick!
Patrick St. Clare no se movió , los ojos fijos en la bella joven con el rostro en forma de
corazón, ojos azul oscuro y cabellos negros y brillantes. Había en ella algo familiar...
Súbitamente, comprendió todo.
- Mi hermana! — gritó Patrick , tomándola en sus brazos. — Realmente sos vos, mi
niña?
Ashleigh lo miró sin poder hablar. Entonces , toda su emoción estalló
descontroladamente, y ella se aferró a él sollozando.
- Gracias a Dios! — dijo Patrick, sintiendo el gusto salado de sus propias lágrimas en
sus labios. — Nunca, ni por un momento , dudé que iba a encontrarte !
El la bajó al piso y se apartó un poco para contemplarla.
— Te has convertido en una bella mujer, mi querida. Como todo hacía suponer,
cuando eras solamente una niña.
De repente, sus ojos se pusieron pensativos.
— Pero ... qué estás haciendo en Ravensford Hall?
Ashleigh lo miró confundida. Cómo podría explicar, delante de todos, el motivo de su
presencia allí ? Era una situación embarazosa, y además necesitaba tiempo para pensar.
Pero, al ver la expresión ansiosa de su hermano, supo que no podría eludir la situación.
Y decidió , para tranquilizarlo, decirle parte de la verdad, la parte más amena.
Después lanzar una rápida mirada en dirección a Brett, Ashleigh respondió sonriente:
— Estarás feliz de saber que me encuentro aquí en calidad de pupila de su Gracia, el
duque de Ravensford.
Patrick permaneció en silencio por un momento. Súbitamente, sus facciones se
endurecieron y él miró al hombre al que siempre había considerado su mejor amigo con
fría ausencia en la expresión de su rostro.
— Brett Westmont — dijo Patrick serenamente. — Voy a matarte.

CAPITULO 22

Sentada en su rincón habitual del canapé, Ashleigh recordaba los hechos de la víspera.
Las penosas imágenes que la asediaban eran concebidas por la perplejidad y por la
desesperación. Parecía un pesadilla!
Primero, hubiera ocurrido su encuentro con Patrick y el júbilo indescriptible que había
experimentado. Después , esa escena espantosa, cuando su hermano había amenazado
al duque. Afortunadamente , antes que la sangre llegase al río , Megan, sintiendo la
necesidad de no despertar en los invitados ninguna sospecha de problemas, había
conducido a los dos hombres para tener una charla privada afuera del salón .
Lo que había sucedido , naturalmente, había asombrado a todos. Los invitados y los
criados parecían estupefactos, lo que había contribuido a enervar todavía más los
nervios de Ashleigh. La cena, servida en la pomposa sala de banquetes, había sido uno
de los peores momentos de su vida. Ninguna otra incumbencia había exigido más tacto
que esa, en la que se había visto obligada a actuar con naturalidad, a conversar y a
sonreír, sin hacer ninguna referencia a lo que había sucedido.
La formal comida había sido seguida por un torbellino das danzas, que ella había
acompañado con la más perfecta corrección. Pero, cuando la ausencia del duque se
había hecho todavía más evidente, esos educados miembros de la aristocracia inglesa se
habían sentido abandonados y habían decido volver a Londres alegando los más
variados y ficticios compromisos sociales.
Había sido un momento calamitoso, después del cual había ocurrido algo
extremamente rudo. Estremeciéndose, Ashleigh recordó la locura de Elizabeth, quien
había subido precipitadamente la escalera en busca de su prometido, y la cara pálida y
preocupada de lady Margaret, cuando había partido tras ella. Ashleigh las había seguido
y las había encontrado en la biblioteca, donde el duque, presionado por Patrick, acababa
de firmar un contrato de matrimonio, en que se comprometía a desposar "Ashleigh St.
Clare, la joven que había ultrajado"!. Esas palabras estaban escritas en el contrato.
Sintió una fuerte puntada en el pecho al recordar ese terrible momento. La exclamación
ahogada de Margaret Westmont: "Es demasiada crueldad !", y después su sonrisa de
satisfacción cuando su ahijada, en un acceso de cólera, había avanzado decididamente
hacia su prometido y le había dado una bofetada en la cara, dejándole marcados sus
dedos en la mejilla!
Después de eso, todo se había hecho confuso. Recordaba vagamente haber oído a Brett
ordenarle a lady Margaret: " Saca a esta neurótica de mi vista!" A continuación , había
sentido la sangre huir de su rostro y el piso moverse debajo de sus pies, sus rodillas se
había doblado y ella se había desplomado, deslizándose hacia la oscuridad.
Se había desmayado y había sido llevada a su cuarto, donde la señora Busby la había
hecho volver en sí con sales y compresas frías. Perpleja y débil, ella le había pedido a
todos que saliesen del cuarto , invocando la necesidad de descansar.

La mañana había sobrevenido a una noche mal dormida, y con ella había llegado Patrick,
preocupado por su salud. Habían conversado m mucho . Su hermano le había hecho un
relato de su vida: la amnesia que había seguido al naufragio , los años prósperos en
América, donde había hecho fortuna, el cambio del apellido familiar, hecho
principalmente para no valerse de los privilegios que le correspondían al hijo de un
baronete.
A continuación había sido el turno de Ashleigh. Ella había revelado los hechos más
significativos de una vida que, durante doce años, había sido modesta y apagada, sin
omitir la serie de eventos que la había llevado a asumir el puesto que ocupaba en
Ravensford Hall. Había terminado implorándole a su hermano para no llevase adelante
esa locura de querer casarla a la fuerza con Brett Westmont.
Patrick se había mostrado extremamente gentil pero firme: nada de lo que le dijera, lo
haría cambiar de idea. Brett era su mejor amigo, pero debía reparar el mal que le había
hecho a su hermana. En caso contrario, lo mataría!
La cuestión prácticamente había terminado en ese momento. Era una concesión
lamentable, pero no había visto otra salida. A menos, claro, que a ella no le importase
tener la muerte de un hombre en su consciencia!
Una vez a solas, ella había hecho un examen completo y preciso de las nuevas
circunstancias, que había evaluado en conjunto, analizándolas, después , una por una.
Eran de una extensión y de una gravedad para las cuales no estaba preparada! Cómo
enfrentarlas con absoluta coherencia?
En ese instante, la puerta se abrió y una voz ricamente modulada sonó en sus oídos:
- No estás durmiendo, Ashleigh?
- No, Megan. Puedes entrar.
Su amiga caminó rápidamente hacia ella y la envolvió en un fuerte abrazo.
- Ah, niña, me parte el corazón verte tan triste!
Ante esas palabras, las lágrimas le subieron a los ojos, desbordando.
- Ayúdame, querida! Estoy en una situación muy complicada. Temo ... temo no
tener fuerzas para enfrentarla.
Megan tranquilizó :
- Vos siempre hiciste las cosa mejor de lo que supones, amiga. Muéstrale ahora a todos
que su Gracia no va a casarse con una mujer cualquiera, ni con una niña desamparada,
sino con una verdadera dama!
- Este casamiento es una locura!
Megan suspiró, mientras la ayudaba a desvestirse.
- Es lo que tu hermano quieres para vos, querida. Y creo que sería un error no
tomarlo en consideración. El tiene más experiencia que vos.
Megan fue hasta la cómoda, abrió todas los cajones, escogiendo finalmente una camisola
blanca y rosa.
- Escucha lo que le digo, Ashleigh: Patrick St. Clare le dará a tu vida una dirección
que nunca tuvo !
Ashleigh sonrió levemente.
- Parece que mi hermano te impresionó, cierto?
Los ojos verdes de Megan brillaron .
— El es bueno y leal. Y te ama mucho , tanto como para desafiar al poderoso duque
de Ravensford en su propia casa!
Ashleigh se estremeció ante la idea de que tal vez tendría que enfrentar la furia de Brett.
Mientras se deslizaba entre las sábanas de seda, preguntó, con la sangre subiéndole a
las mejillas:
— Megan... vos sabes... o alguien sabe ... qué piensa Brett de esta situación?
— El no te buscó todavía?
— No.

— Solamente Sé que él y Patrick intercambiaron palabras duras ayer a la noche. Tu


hermano le recordó la manera cruel en que fuiste abusada y lo acusó de tener un
alma despiadada de libertino. Terminó diciéndole que la mayor desgracia que podía
sucederle a una mujer era conocerlo.
Megan hizo una pausa pensativamente.
— Casi creo que la conducta de su Gracia respeto a las mujeres es el resultado no
sólo de la educación que él recibió sino también del abandono de su madre.
Ashleigh levantó los ojos sorprendida .
— Qué sucedió con la madre de Brett? Ella no murió ?
La irlandesa sacudió a cabeza.
— No... Ella no murió . Hubo un problema familiar , y, por alguna razón que no
comprendí bien, ella se marchó cuando Brett todavía era un niño.
— Ella abandonó a su propio hijo? — Ashleigh se sentó en la cama, una expresión de
desaliento estampada en su rostro.
— Parece que si. Al menos fue eso lo que las palabras del duque dieron a entender.
Pero Patrick...
Megan la miró intensamente.
— Sabes hace cuanto tiempo Patrick y Brett son amigos?
— No tengo certeza, pero debe ser una amistad reciente. No me acuerdo de haber visto
a ningún Westmont en mi casa. Mi padre era un noble de pequeña envergadura, no
podría interesarles.
— Patrick me dijo que ambos eran marineros en el mismo barco, cuando habló de su
aventura marítima. Creo que es mejor que vos le preguntes. Podrás saber más cosas
respecto a ese hombre enigmático con quien vas a casarte!
Ashleigh empalideció.
— Vi el modo en que él me miró ayer a la noche, en la biblioteca. Tus ojos expresaban
odio y desprecio!
— No creo que él te odie, querida. El realmente estaba fuera de sí, pero tal vez el
motivo fuese otro. Orgullo herido, miedo al ridículo...
- Oh, Megan! No comprendes? El está furioso con Patrick, quien lo obligó a someterse a
una situación desagradable, y también conmigo, porque cree que yo formo parte de la
estrategia!
— Comprendo, si. Pero honestamente crees que él habría preferido casarse con
Elizabeth?
Visiones de los dos paseando tomados del brazos por los jardines del solar ocuparon
súbitamente la mente de Ashleigh. Con la garganta apretada, ella sólo consiguió
murmurar:
— No.
Megan notó su perturbación y sonrió .
- No te preocupes más con esa presumida. En el fondo, el duque debe haber quedado
contento de librarse de ella!
- Pero eso no significa que él esté dispuesto a casarse conmigo! Es mas, creo que Brett
nunca debería casarse. El matrimonio podría ser una tortura para él.
- El compromiso ya fue firmado, querida.
- Tengo que pensar en eso ... con mucho cuidado.
Megan se curvó sobre ella y le besó la frente levemente .
- Piensa en eso mañana, querida. Ahora, descansa. Ashleigh asintió y recostó la cabeza
en la almohada. Poco después estaba durmiendo.

Transcurrida media hora, la puerta del cuarto volvió a abrirse y una alta figura masculina
avanzó en medio da oscuridad. Silenciosamente, caminó hasta el borde de la de la cama
y se quedó mirando al pequeño cuerpo dormida.
Brett no sabía a qué atribuir el impulso que lo había hecho ir allí, a esa hora, cuando
estaba seguro de que ella estaba dormida. Solamente sabía que era difícil mantenerse
lejos de esa pequeña hada , que había entrado casualmente en su vida, que había
marcado su piel, que ahora dominaba sus pensamientos.
Ashleigh Sinclair... o St. Clare... por qué todavía estaba tan enojado con ella ? Y por qué
esa cólera parecía indeleblemente ligada a los recuerdos de la noche en que había
tomado su cuerpo?
Su lado práctico, racional, le decía que podía ser culpa por haberla desflorado. Pero no
estaba convencido de eso. Si el motivo era realmente ese, por qué no agradecía la
oportunidad de reparar el mal que le había hecho? Después de todo , ella era mucho
más dulce y sensible que Elizabeth e infinitamente más deseable !
Súbitamente, la luz de la luna que se levantaba, redonda, por encima de los árboles,
inundó el cuarto y brilló en sus cabellos negros, esparcidos en la almohada, y en su
rostro pálido.
Qué bella era! No como una estatua o un bello cuadro, sino como una campiña barrida
por el soplo del viento. No necesitaba recursos de cosmética . Para ser adorable le
bastaba con ser ella misma.
La Contempló largamente. Y él, quien ya tenía guardadas imágenes precisas de todas
sus formas y de todos sus gestos, necesitó contenerse para no acostarse a su lado,
desnudarle los pechos y besarlos, besarlos...
"Qué pasa conmigo?", se preguntó de repente. "Por que me estoy parado aquí, inmóvil
en la oscuridad, sintiéndome de nuevo, como un adolescente? Creía que mi corazón
estaba seco...
Cuándo había comenzado a rendirse a la belleza, a la dulzura de esa mujer deliciosa?
Cuándo ese calor había entrado en su pecho, poniendo en peligro todo lo que había
construido en su interior, su propio yo, la vida que había creado para sí mismo?
Estaba perturbado. Todo eso podía ser una trampa... esa mujer que le devolvía las
ilusiones de la juventud dentro de poco también iba a devolverle sus ridículos prejuicios!
Ya se sentía entrampado y esclavizado por una mujer ...
Esa idea le causó tanto malestar que, alarmado, Brett giró sobre sus talones y salió
precipitadamente del cuarto.

CAPITULO 23

Quince días después , Ashleigh se encontraba en el cuarto cuyo balcón daba aun florido
jardín, ya un paisaje domino por un lago .
Por la ventana abierta se veían las aguas brillantes y los márgenes verdes, escalonados
con los mas variados arbustos. El infinito del cielo la atrajo . Se puso a seguir las nubes
y sus formas ,pensando si todo aquello no sería un cuento que la había hecho adormecer
y soñar.
No. Esa mujer vestida de seda color marfil con encajes antiguos, a la espera del
momento de convertirse duquesa, era ella misma y no un personaje de un cuento de
hadas!
Una leve sonrisa vino a sus labios al recordar cómo todo eso había sucedido . Cierta
mañana, Brett, a quien no veía desde a noche del compromiso, había mandado a Hettie
Busby a su cuarto con un esquela. Decía que, siguiendo una antigua tradición, las
novias de la familia Westmont acostumbraban a ir a residir a la villa del lago, en las
semanas que precedían a la boda. Le Pedía que, cuando esa pequeña casa, ahora
deshabitada, estuviese en condiciones de recibirla, fuese para allá con la gobernanta y
algunas criadas.
En pocos días, decenas de empleados, entre pintores y carpinteros , habían reformado y
redecorado los diez cuartos que componían los dos pisos del la elegante mansión,
haciéndola habitable.
Durante una semana, Ashleigh había vivido allí una vida reposada. De noche, encerrada
en su cuarto, pasaba el tiempo evocando y recomponiendo la imagen de Brett. Durante
el día, paseaba por las sendas floridas que bordeaban el lago. Uno de los pensamientos
que la acompañaban en esas caminatas era lo que haría si alguien apareciese de
repente, en una curva del camino...
Saliendo bruscamente de esos devaneos, Ashleigh abrió las puertas francesas del
balcón. Había llovido el día anterior , pero ahora solamente harapos de nubes
permanecían en el cielo. Apoyada en la balaustrada, posó sus ojos en el aterciopelado
rectángulo del jardín. Las hojas lavadas y las flores nuevas brillaban al sol. Las abejas
zumbaban sobre las flores de tamarindo, y los lirios amarillos.
Mas allá de los cortinajes de las ramas, se extendía hacia el lago, las aguas tranquilas
cortadas por el nado de los cisnes lentos. Mientras protegía sus ojos de la luz del sol, vio
como una pequeña mancha gris se detenía en una de las orillas y rápidamente asumía la
forma de una barcaza con dos personas a bordo.
A medida que la embarcación se aproximaba al viejo muelle de piedra, notó que, a juzgar
por el color roja de la casaca, el remador era un lacayo. Y la otra persona, con su rostro
escondido por un amplio sombrero de paja, una mujer.
Recogiendo cuidadosamente las faldas , Ashleigh fue rumbo a los escalones de entrada.
Un quietud dominguera reinaba en la casa. Los criados estaban descansando. Hettie y
Megan habían retornado al solar para avisarle a Patrick de que ella estaba lista para ser
acompañada a la iglesia de la aldea, donde Brett la esperaba.
Abrió la puerta del frente en el exacto momento en que el bote se arrimaba al muelle.
Mientras el lacayo lo amarraba a uno de los pilares, tuvo una visión más clara del otro
pasajero. Era lady Jane Hastings!
- Señorita Sinclair... señorita Sinclair! — llamó ella de lejos, al avistarla. — Qué bueno
que todavía esté en casa!
Ashleigh siguió por el camino que bordeaba el pasto y abrió el portón cubierto de
enredaderas.
— Lady Jane... qué agradable sorpresa !
Era sincera. Había simpatizado con esa mujer, un poco bizarra, pero de una gentileza
infinita.
— Afortunadamente llegué a tiempo!
Lady Jane señaló para un montículo cubierto de arbustos, donde se distinguía en lo alto,
entre los árboles, una casa blanca.
— Es Cloverhill Manor. En barco, no queda lejos de aquí . Pero tuve que esperar que
Blye tuviese un momento libre para acompañarme. No es verdad, Blye?
El viejo criado sonrió .
— Si, my lady.
— No quieres entrar? — la invitó Ashleigh. — Mi hermano pronto estará aquí. Pero creo
que tenemos tiempo para una taza de té .
— Oh, no, querida! Vine solamente para desearte felicidades.
Lady Hastings se volvió hacia Blye.
— Oh... las olvidé en el bote! Sería tan gentil de ir buscarlas por mí. ..
— Seguro, my lady.
Mientras él se apartaba, ella tomó ambas manos de Ashleigh.
— Estás encantadora, mi querida. — Súbitamente , los ojos de la vieja lady se
pusieron soñadores. — Yo también fui una novia bonita. por lo menos , fue eso lo que
me dijeron. Había mucha gente... todo era tan bello! La iglesia estaba adornada con
rosas y los niños del coro cantaban. ..
Hubo un largo momento de silencio . Después , ella volvió , en voz tan baja que Ashleigh
tuvo que inclinarse para oírla:
— Fui madre también . Pero algo sucedió... algo que no recuerdo... La cuna quedó
vacía y ellos volvieron a llenarla...
Me hicieron doblemente madre. Pero... — ella levantó los ojos.
— Yo no era "realmente" la madre. Intenté decirles eso, pero no quisieron
escucharme. "Ella" se los prohibió !
Ashleigh oía sin comprender.
— Debe estar cansada, mi lady — Ashleigh dijo preocupada, no tanto por las palabras
extrañas de esa dama gentil, mismo por el tono lleno de angustia de su voz. — No quiere
entrar y sentarse
un poco?
— Oh, ahí están, frescas como en el instante en que las corté ! — dijo lady Jane,
tomando un espléndido ramillete de rosas de las manos de su criado, quien acababa de
volver. — Gracias, Blye.
Después , extendiéndolo a Ashleigh, ella continuó , con una sonrisa lleno de bondad :
— Hoy es un día de fiesta y es preciso celebrarlo según la costumbres de los abuelos.
Con flores. Para vos, mi querida. Espero que te traigan suerte!
Ashleigh aspiró su aroma, deleitada.
— Son muy lindas! Gracias, lady Jane. Me ha dado el más bello regalo de
casamiento . Muchas gracias !
— No hay de que, mi querida. Sé feliz y no te atormentes con lo que no vale la pena.
La amable señora colocó su mano en el brazo de Blye.
— Debo irme ahora, querida. Espero que no te importe.
Ashleigh se inclinó y le besó las dos mejillas.
— Claro que no.
— Qué Dios te bendiga, mi querida.
Ashleigh se quedó parada, siguiéndolos con los ojos, hasta que la barcaza desapareció
en medio de la bruma que comenzaba a bajar sobre el lago. Todavía estaba allí con el
ramillete en las manos, pensando en las palabras de lady Jane Hastings, cuando oyó el
ruido de las ruedas de un carruaje sobre el camino de tierra.
— Ah, ahí estás, querida! — gritó Patrick, por encima de los alegres ladridos de Finn
quien saltó al suelo y corrió hacia ella.
Mientras reía y le ordenaba al perro para que se comportase, Ashleigh levantó los ojos
hacia el carruaje y quedó bajo el influjo de una especie de encantamiento. Allí estaba la
pareja más elegante y más bella que jamas hubiese visto! Parecían sacados de un cuento
de principies y princesas!
Patrick parecía un perfecto dandy. Megan, con un vestido de seda violeta y cintas del
misma color en sus cabellos peinados a la griega, era una diosa encarnada.
Ambos irradiaban tanta alegría que no pudo dejar de exclamar, mientras iba al encuentro
de ellos: - Forman una pareja soberbia!
— Y vos estás extraordinariamente bonita — dijo Megan, abrazándola. — No es verdad,
Patrick?
— Si, es verdad — aprobó Patrick con lágrimas en los ojos .— Cómo te sientes,
pequeña?
Ashleigh contuvo un sollozo en el pecho y murmuró con voz estrangulada:
— Bastante bien.
Ella había pasado muchas horas con su hermano. Durante esos momentos, le había
confesado que había aceptado el casamiento solamente para agradarlo. Su sentimiento,
en relación a eso, era de una absoluta y definida resignación.
— No pareces nada animada con la perspectiva de convertirte en duquesa — observó
él, sonriendo.
— Conoces bien mi opinión , Patrick. Sabes que los títulos de nobleza no me
impresionan.
— Si, lo sé. Y creo, mi querida, que vos vivirías mejor en América!
— El señor Shelley y la señorita Mary te mandan saludos y sugirieron que vayas a
visitarlos cuando estés en Londres. Parece que los cautivaste, Ashleigh — dijo Megan.
Patrick levantó las cejas, simulando horror.
— No sabía que mantenías amistad con esos dos radicales!
— Estás completamente equivocado! — protestó Ashleigh con fervor. — Shelley y Mary
son bellas personas , que se muestran tal como son.
Patrick se rió y la tomó tiernamente por el brazo.
— Ella se exalta fácilmente, no te parece, Megan?
La irlandesa lo acompañó en la risa.
— No es lo que se espera de una duquesa?
Ashleigh comprendió de repente que los dos estaban procurando distraerla y calmarle un
poco los nervios, tensos con la aproximación de la hora del casamiento. Y los amó
todavía más por eso.
— A partir de hoy, cuando se dirijan a mí en público, espero que me llamen su Gracia!
— Ashleigh afirmó, uniéndose a la broma.
— Cómo no! — dijo Megan, entregando a Finn a los cuidados de la señora Busby, quien
había venido con ellos de Ravensford Hall. — Seremos súbditos de su Gracia hasta la
muerte, no es así , Patrick?
El asintió, mientras instalaba a su hermana en el carruaje.
— Y nos inclinaremos delante de ella con todo o respeto!
— Espero que no te olvides de eso! — agregó Ashleigh, con toda seriedad,
recostándose en el respaldo acolchado.
Patrick solamente sonrió y le hizo una seña al cochero, quien sacudió el látigo. Un
segundo después , el carruaje avanzaba por los perfumados caminos de la campiña.

CAPITULO 24

Al llegar a la pequeña iglesia normanda de la aldea, había pocas personas en la


entrada . Los Westmont estaban de luto, y la ceremonia nupcial sería despojada de
cualquier pompa.
Desde el carruaje, Ashleigh buscó a su prometido con los ojos. Brett los esperaba al lado
de una pequeño carruaje descubierto que él mismo había conducido. La luz dorada do
sol ya bajo iluminaba su rostro. Pero había tal falta de emoción en su cara que Ashleigh
creyó estar mirando a un ser peligroso, que le inspiraba miedo.
Sintió su corazón latir descompasadamente en el pecho y tuvo ganas de huir. Qué estaba
haciendo allí ? Cómo había podido olvidarse del lado sombrío y cruel, de ese hombre
que todavía era un extraño para ella ? Más que eso, un verdadero enigma ...
Mientras pensaba en eso, vio cerrarse delante de sí todas las vías de escape. Patrick ya
la ayudaba a descender, y el señor Smythe, el pastor, se adelantaba para saludarla.
Ashleigh avanzó tímidamente. A dos pasos de Brett, antes que él se dise vuelta para
entrar en la iglesia, encontró su mirada insondable y tuvo la impresión de estar viendo
un torbellino dentro de esos ojos azules. Sintió sus piernas temblar y se vio obligada a
apoyarse en el brazo do hermano para refrenar el vértigo.
— Te pasa algo ? — preguntó él, preocupado.
— No — dijo ella, consiguiendo finalmente desviar la vista.

Delante del altar despojado, mientras el pastor pronunciaba las palabras del ritual, se
atrevió a lanzar una mirada de soslayo a ese hombre alto a su lado. Pero él parecía
absorbido en el examen de las figuras de piedra colocadas a los costados de las paredes.
Brett no la miraba, pero pensaba en ella. La había visto descender del carruaje y había
seguido cada uno de sus movimientos. Bajo los rayos oblicuos del sol , ella parecía una
visión salida de un cuento de hadas flotando en el aire...
De repente, sintió su mirada posarse en él y se dio vuelta . La vio empalidecer y sus
ojos se dilataron cuando encontraron los de él. Ella estaba asustada. Tuvo el impulso de
tomarla en sus brazos y calmarla, murmurarle palabras de cariño. Pero se contuvo,
dándose cuenta que no era el momento de confortarla.
Y después , sin tomar en cuenta el comienzo de su relación con ella, él siempre la había
tratado con la más absoluta cortesía. Hasta había llegado a apartarse de ella, jurándose
a sí mismo que no la tocaría. No había sido fácil, porque la deseaba... Oh, si que la
deseaba!
Mientras la oía repetir los votos matrimoniales: "Ante de Dios y los hombres...” Brett
pensó, súbitamente, haber descubierto el motivo de su tensión. La noche de bodas!
Recordó con exactitud todo lo que s había pasado entre ambos durante esa infeliz noche
de intimidad . Y se dio cuenta que no había sido gentil con ella.
Pero ahora no le sería difícil, en vez de desconfianza, Ashleigh le despertaba ternura.
Sabía como complacer a una mujer en la cama. Y, cuando, en lugar de actos que la
aterrorizaban, ella encontrase placeres deliciosos y un amante afectuoso y considerado,
su miedo se desvanecería. Entonces , podría pensar en un heredero para el ducado. No
era esa la finalidad del matrimonio?
Fortalecido con esa certeza, Brett se permitió esbozar una leve sonrisa. Y, confiado, se
arrodilló al lado de ella para recibir la bendición del pastor.

Una hora después , Ashleigh entraba en la salita del piso superior, sumergida en las
sombras rosadas del crepúsculo. Las puertas francesas abiertas dejaban entrar la brisa
fresca que traía el aroma del bosque y los jazmines del jardín.
Automáticamente, ella salió al balcón. Ya comenzaba a oscurecer y en el cielo ya
brillaban las primeras estrellas. Sonidos nocturnos puntuaban el silencio . Eran sonidos
tranquilos y familiares, que deberían transmitirle calma, pero que, extrañamente, sólo
aumentaban su inquietud . Tenía la clara impresión de que, su estirase el brazo, una
garra helada la atraparía en un instante...
— Ashleigh, dónde estás?
Sobresaltada, Ashleigh dejó caer el ramillete de rosas que todavía tenía en las manos.
Se dio vuelta lentamente y en las sombras vio a Brett, quien la miraba con aire
preocupado.
— Sucedió algo ?
Lo miró con la boca entreabierta, en el esfuerzo por responder:
— No, nada. Solamente estaba admirando el paisaje a la luz de las estrellas.
— Bello, verdad ? — él sonrió y le extendió la mano. — Ven conmigo a la sala de
visitas. Recibí algunas órdenes .
— Órdenes ? De quién?
- De tu hermano. él estaba muy misterioso. Solamente me dijo que fuésemos
directamente a allá.
El la condujo por el corredor .
- Aquí estamos!
En el centro de la sala, sobre la pequeña mesa octogonal, elegantemente puesta, ardían
velas dentro un globo de vidrio. Al lado de la copa, donde había una rosa muy abierta
había una esquela:
Brett la agarró y la leyó en voz alta:
"Nos gustaríamos trasmitir mejor lo que sentimos. Pero no somos poetas.
Con amor Megan e Patrick".
— Qué tontos románticos! — exclamó Ashleigh sin saber lo que decía.
Brett la miró fijamente.
— Los consideras tontos? Es esa su visión romántica de las personas y del mundo
— Oh, no! — exclamó ella, ruborizándose .
Su protesta era sincera. Siempre había sido romántica. Desde niña acostumbraba a
soñar con un príncipe encantado, un joven con la apariencia y las cualidades de Patrick.
Durante los largos años en Hampton nunca había dejado de creer, con una convicción
que le surgía del fondo del alma, que un día alguien vendría rescatarla y a llevarla para
lejos de ese lugar sórdido.
Ahora, sin embargo, al mirar al hombre con quien realmente compartiría su vida, tenía la
impresión de que todo aquello estaba muerto. Sus sueños ahora eran cenizas, y el
romance era algo tan inalcanzable como una estrella...
Súbitamente, sus ojos se llenaron de lágrimas, y el llanto se desbordó.
— Es que... — Ashleigh balbuceó y no consiguió continuar.
Brett le sujetó las manos y la atrajo hacia si.
- Ashleigh... mi pequeña, qué sucedió ?
— Oh, Brett! Nada es como yo pensaba que sería!
El sonrió .
— Y cómo tendría que ser?
Incapaz de hablar, Ashleigh se dejó envolver en los brazos de su marido, aspirando,
entre sollozos, el perfume de esa piel , sintiendo el vigor de ese hombre que la envolvía
con gentileza.
- Romántico — ella consiguió decir finalmente, con un suspiro.
- Entonces mi esposa es romántica...
Brett tomó su rostro entre sus manos y la miró . La visión de esos ojos llenos de súplica y
abandono, lo conmovió. Ella era linda, dulce... toda suya.
— Su Gracia... — él la guió gentilmente hasta la mesa. —
Quieres algo más romántico que una cena de dos, a la luz de velas? Voy a contarte un
secreto — Brett agregó, mientras le arrimaba la silla —, El romance es algo my bueno ,
pero dudo que alguien pueda ser realmente romántico con el estomago vacío!
Ella esbozó una sonrisa tan radiante que lo recompensó por no haber seguido su impulso
anterior de llevarla inmediatamente a la cama.
— Creo que será más simple servirte — dijo Brett , girando bruscamente hacia la
mesita de ruedas con hors-d'oeuvres.
Sirvió un plato generoso y lo colocó delante de ella.
— Esto solamente es el principio.
Brett se sirvió y también se sentó .
— Ahora un poco de este vino para acompañar. Liviano , seco y fresco.
Ashleigh lo miró , agradecida.
— Es bueno estar aquí, así. ..
Durante la cena, ella consiguió relajarse lo suficiente para hablar de su infancia.
Brett no desviaba su atención de ella. La escuchó hablar estudiando su rostro con
ternura, procurando en sus facciones los rasgos de la niña linda que ella había sido
otrora. Esa bella y vaga imagen contenía un atractivo delicioso, independientemente del
mensaje de sus palabras.

Después , fue el turno de él. Comenzó vacilantemente, tensamente, y después , a


medida que hablaba, más confiando. Reveló hechos de su primera infancia en el solar ,
los momentos de soledad y su empeño en agradar a su abuelo, la persona que más lo
había amado en el mundo. Habló de sus aventuras marítimas, de sus años de
universidad y, finalmente, de su vuelta a Ravensford Hall con el objetivo de continuar la
obra do viejo duque.
Ashleigh lo escuchaba con apasionado interés . Había comenzado a comprender lo que
había sido la vida de ese niño, creciendo de acuerdo con planes cuidadosamente
preestablecidos, y pensó si algún día él habría tenido la oportunidad de entregarse a las
travesuras comunes a todos los niños.
Entonces, dándose cuenta que faltaba algo en esa historia, Ashleigh preguntó :
— Háblame de tus padres . Te acuerdas de ellos?
El rostro sereno de Brett se alteró completamente.
— No crees que ya hablamos demasiado de nuestras vidas? — preguntó Brett
bruscamente.
— Oh, pero ... — balbuceó ella, confundida, ante esa explosión.
El se levantó y atravesó la sala en dirección a la puerta.
— Vamos a tomar nuestro champagne en el balcón? Podremos contemplar las
estrellas , el lago y la luna.
Ashleigh quise retrucar, pero se contuvo . Dócilmente, Ashleigh lo acompañó
hasta el balcón. Pero, tal vez porque hubiese bebido demasiado, volvió a insistir:
— Debes recordarlos. No tenías diez años cuando tu padre. ..
— No vamos a hablar de eso ahora. Por favor!
Ella lo encaró.
— Por qué?
— Quieres saberlo ? — estalló Brett, descontrolado.
— Porque no se me antoja!
Pero, cuando la vio retroceder con una expresión de desaliento, se dio cuenta que ella
solamente quería una explicación. Volvió a acordarse que debía ser gentil, si quería
disipar sus temores, su desconfianza, y tenerla vibrando en sus brazos. Entonces
murmuró :
— Ashleigh, yo...
— No, por favor! — dijo ella tensamente, dando un paso atrás y apoyándose en el
parapeto circundado por follaje.
En ese instante, sus ojos recayeron en el ramillete de rosas, las rosas de la buena suerte
de lady Jane, que había dejado caer poco antes. Se inclinó para agarrarlo , y la baranda,
donde acababa de apoyarse, desmoronó con un ruido sordo. Ella quedó tambaleando
al borde del vacío sacudiendo los brazos frenéticamente.
Sus gritos agudos de terror hicieron eco en el silencio de la noche. Simultáneamente,
Brett se abalanzó hacia adelante y la agarró , empujándola contra su pecho.
— Ashleigh! Por Dios, casi...
Ella se quedó muda por un instante , los labios temblorosos . Después cayó en un llanto
frenético.
— Está todo bien, querida... estás segura ahora — murmuró Brett, profundamente
emocionado.
Cuando la sintió más calmada, le levantó el mentón con suavidad y le preguntó :
— Estás mejor ahora?
Ella asintió con la cabeza. Todavía perplejo, él volvió a evocar el horror de esa escena y
fue pasando del estupor a la incredulidad . Por qué motivo una balaustrada nueva no
había soportado un peso tan liviano? Pero el principal problema no era ese, sino
restaurar la tranquilidad y la confianza de esa frágil criatura que acababa de pasar por
una fuerte conmoción.
Sin vacilar, Brett la levantó en sus brazos y la cargó hacia el cuarto. Después de
depositarla gentilmente en la amplia cama , empezó a desvestirla, murmurándole
palabras de consuelo y de cariño. Ella permanecía en completo abandono, todavía en
estado de shock.
Brett la contempló a la luz de la luna, que se filtraba por las ventanas abiertas.
Cubierta solamente por la delicada camisa de encaje color rosa, casi desnuda, Ashleigh le
despertó un deseo enloquecido de poseerla. Un movimiento de él, hacia adelante ,
bastaría para consumar esa posesión largamente ansiada. Pero, en esas condiciones,
sería lo mismo que violarla, y sería cometer una nueva indignidad !
Con un suspiro, la cubrió con la colcha de seda y después se sentó en el borde de la
cama, a su lado. Entonces , tomándola nuevamente en sus brazos, murmuró :
- Duerma, querida. No hay mejor remedio para un susto que te llevaste. Cuando
despiertes, verás que fue un mal momento que ya pasó . Duerme...
Ella cerró los ojos y se anidó en los brazos de él, pasivamente, reconfortada. Y, al
sentirla pegada a él, una lenta e inexorable oleada de sensualidad amenazó con
dominarlo, por más que luchase por contenerse. De ella toda emanaba un perfume
dulce, embriagador, capaz de enloquecerlo. Pero honestamente no quería... Tenía que
respetarla!
"Estaré loco?", pensó de repente. En sus brazos tenía una mujer encantadora, la
imagen de todo cuanto deseaba, y él estaba allí, impotente, resistiendo la tentación,
luchando para no ceder... a la tentación de sus propios demonios!
Ashleigh intentaba dormir. Pero el sueño no venía, a pesar de la calma que la invadía. Un
único pensamiento agitaba su espíritu. Brett había sido maravilloso con ella, pero,
después de todo , esa era su noche de bodas! Por qué, entonces, él continuaba
insistiendo para que se durmiese?
Sería un modo de darle a entender que no la deseaba, que una vez que ya no era
virgen , ya no lo atraía más? O la imposición de Patrick había herido tanto su orgullo que
lo impulsaba a no ejercer sus derechos conyugales?
.Ya completamente despierta, se dio cuenta que no podía soportar semejante tensión.
Necesitaba saber, aún arriesgándose a despertar la ira de Brett. Apartándose un poco ,
ella lo miró con ansiedad.
— Brett?
Sorprendido al darse cuenta que ella todavía no dormía, él respondió automáticamente:
— Si, Ashleigh?
Después , bajando los ojos, la contempló. Sus cabellos negros se derramaban sobre sus
hombros, y su rostro parecía más bello que nunca .
— Qué pasa , querida? — Brett preguntó, acariciándole la mejilla.
— Estaba pensando...
— Pensando?...
— No me quieres?
Hubo un instante de silencio , antes que Brett la atrajese contra sí con un gemido.
— Si no te quiero? Oh, mi Dios, si te quiero!... — él se rió feliz y buscó sus labios. Las
bocas y los alientos se fundieron en un beso largo y profundo.
Uma oleada de felicidad la invadió . Brett la quería! En un arrebato de pasión, Ashleigh
retribuyó el beso ardiente. No tenía más que un deseo: unirse a él completamente!
El le quitó camisa de encaje y, lentamente, corrió con sus manos las curvas delicadas
de su cuerpo.
— Mi dulce Ashleigh... No puedes imaginar como te deseo en este momento — Brett
murmuró, y su boca volvió a descender con fuerza sobre la de ella.
Ashleigh se pegó al cuerpo masculino y se puso a mordisquear los labios y el
mentón de Brett. Con una excitación creciente, deslizó su mano por debajo de su
camisa y pasó sus dedos por el pecho fuerte, disfrutando el calor y el olor de la piel que
ahora comenzaba a besar.
Luego lo vio levantarse de la cama y comenzar a desvestirse. Ella se recostó en las
almohadas, mientras las prendas impacientemente eran lanzadas al piso. Un
estremecimiento de excitación recorrió su cuerpo al contemplar la desnudez de su
marido, quien no dejó de mirarla ni por un instante.
— Brett... — ella lo llamó , sintiendo la urgencia de tenerlo nuevamente a su lado.
Ashleigh se había convertido en mujer, Brett constató al acostarse junto de ella y al ser
acogido con apasionado ardor. Las bocas se unieron, mientras las manos buscaban
proporcionar placer. Brett recorrió con sus labios, su lengua y sus dedos los lugares mas
recónditos del cuerpo femenino. Cuando Ashleigh jadeaba pesadamente . Brett se colocó
sobre ella, y pronto ambos jadeaban y gemían siguiendo el ritmo febril de las
embestidas de sus cuerpos. La satisfacción tan aguardada los tomó repentinamente,
transportándolos a un mudo de pura sensaciones.
Fue una noche larga y apasionada , una noche de descubrimientos e innovaciones, una
noche en la que los momentos de entrega se alternaron con momentos de reposo y
charla íntima . La madrugada los encontró abrazados, con los ojos perdidos
observando la ventana abierta, contemplando el cielo del sol naciente ya mostraba sus
primeros rubores.
Brett, se recostó de costado para hablar con Ashleigh.
— Te quiero mucho , mi pequeña, nunca dudes de eso. — Atrayéndola hacia sus
brazos, recibió un beso lleno de ternura y felicidad .Y un nuevo hechizo comenzó a
conjurarse entre ellos dos.

CAPITULO 25

Cuando Ashleigh despertó, la luz do sol atravesaba las cortinas livianas e inundaba el
cuarto. Volvió a cerrar los ojos y, por un momento, se quedó saboreando ese delicioso
calor que le calentaba la piel.
Los recuerdos comenzaron a aflorar, y un temblor le recorrió el cuerpo al recordar todos
los detalles de su noche de bodas. Esos besos, esas caricias... Cómo había podido ?
Cómo se había animado? Cómo había permitido... Oh!! Había sido maravilloso ...
Brett la sacó de sus perturbadoras reflexiones.
— Buen día, perezosa!
Ella abrió los ojos y vio Brett displicentemente apoyado contra la chimenea. El ya se
había vestido y le sonreía maliciosamente. Ella intentó sonreír, pero no lo logró.
— Buen día — Ashleigh balbuceó avergonzada.
El se rió y tomó una bandeja de plata que estaba sobre una mesita.
— El té, su Gracia — le dijo ceremoniosamente. — Madame lo toma solo, verdad ?
— Vos lo preparaste? — ella preguntó, admirada, sentándose en la cama.
— Crees que no sé hacer algo tan simple como un té?
En mis años de marinero aprendí a hacer de todo. — él llenó una taza y la pasó a las
manos de ella.
Al inclinarse para tomarla, la sábana se deslizó, revelando sus pechos desnudos.
— Oh! — ella murmuró avergonzada, cubriéndose nuevamente.
Brett le sujetó la mano.
— No hagas eso, querida. Tus pechos son bonitos, y me gusta admirarlos.
Con los ojos bajos, ella comenzó a beber la bebida humeante.
El la contemplaba lleno de felicidad . Ella le había dado la más gratificante noche de
sexo que jamas hubiese tenido. La satisfacción había sido completa y recíproca y, por
primera vez, había podido combinar placer y emoción.
Riéndose, Brett decidió provocarla un poco.
— Mírame , querida — le dijo , dulcemente.
Ella obedeció, pero , cuando él se sentó a su lado, volvió a cerrar los ojos y a subir la
sábana hasta el mentón .
— No... no! — Antes que ella se diese cuenta de lo que estaba sucediendo, Brett la tomó
en sus brazos y la sentó en su regazo. — Así está mejor!
— Pero , Brett...
El pudor de ella persistía, divirtiéndolo.
— Brett... qué? — él preguntó, levantando su mentón y forzándola a mirarlo.
— Yo... yo todavía no tomé un baño!
Ele se rió con ganas.
— Ashleigh eres un encanto, querida!
— No veo nada de gracioso en esto !
El se curvó y le cuchicheó al oído:

— Cuál es el motivo de tanto pudor? No recuerdas que besé y chupé tus lindos pechos?
— Brett!
— No recuerdas que gritabas de placer?
— Por favor, Brett... — fue la débil protesta de Ashleigh antes de olvidar su timidez y
volver a rendirse a la sensualidad .

Ashleigh estaba pensativa. Sentía que había pasado por un importante cambio interior y
no ignoraba que eso estaba directamente relacionado con el hombre acostado a su lado
y con quien acababa de hacer el amor.
En las últimas veinticuatro horas, Brett había despertado en ella un mundo de
sensualidad . Había sentido un sublime éxtasis , intercalados con momentos de una
ternura desconocida en su vida... Era un reconocimiento perturbador, que la hacía desear
salir corriendo de allí, para buscar a alguien que le explicase el significado de esa
inquietud .
En el fondo comprendía lo que había sucedido. Había sucumbido completamente a los
encantos de ese hombre seductor, permitiéndole el control total sobre sus emociones.
Se había rendido a él de cuerpo, alma y corazón. Lo amaba!
Pero por qué eso la atormentaba? También conocía esa respuesta. Porque tenía todos los
motivos del mundo para dudar que su amor fuese retribuido. Juntos habían disfrutado
placeres increíbles. Pero, en ningún momento, durante esa noche inolvidable, Brett
había demostrado otra emoción mas que la pasión y la lujuria. Había logrado despertar
su ardor sexual muchas veces, había logrado que é le murmurase palabras cariñosas,
pero nunca había hablado de amor. Brett le había entregado su cuerpo, mantenía su
corazón guardado bajo siete llaves .
Las decepciones emocionales de su infancia lo habían hecho incapaz de desarrollar una
relación de afecto verdadero y profundo . Entonces , qué hacer? Cómo convivir con eses
nuevos sentimientos, sabiendo que no eran retribuidos? Preveía dificultades, pero de
una cosa estaba segura : prefería morir a confesar sus sentimientos . Brett la
despreciaría por eso, como había despreciado la actitud desesperada de Pamela
Marlowe. Su amor debía continuar siendo un secreto, para siempre!
— Un centavo por tus pensamientos, querida! — lo oyó decir de repente.
Ashleigh se volvió y encontró sus penetrantes ojos azules fijos en ella. Ella pensó:
"Nunca... ni por un millón de centavos" Iba a hacer un esfuerzo para darle una
respuesta banal, que lo tranquilizase. Observó el pequeño medallón ovalado que pendía
de la cadena de oro que él llevaba en el cuello y dijo, vacilantemente:
— Estaba pensando en ese medallón. No lo usabas ayer a la noche.
Brett se levantó y se quedó en silencio por un instante. Después , abrió el pequeño
relicario y le mostró su interior, donde había una miniatura de un hombre de facciones
bellas y nobles.
— Mi padre, Edward Westmont. Pero, si prestas atención, verás que esta es solamente
una mitad de un medallón.
— Y la otra mitad?
— No lo sé — respondió él. — Fue una cosa muy rara. Todavía era una niño y
cierta noche, cuando fui a mi cuarto, en el Hall, encontré este medallón sobre mi
almohada . Pensé que mi abuelo había querido darme una sorpresa. Pero luego me di
cuenta que no podía ser: él no era dado a ese tipo conducta.
— Entonces, mantuviste el secreto respecto a esto ?
— Si. Compré una cadena y desde entonces, nunca más dejé de usarlo.
Ashleigh sonrió .
— A no ser ayer a la noche.
— A no ser cuando no paso la noche solo. — él se quedó de nuevo en silencio y luego
prosiguió: — Ashleigh... Anoche, durante la cena, fui rudo con vos. Me gustaría queme
perdonases. Cuando me preguntaste respecto a mis padres , podría haberte contado
algunos hechos sobre mi pasado...
— Oh, Brett, no vamos hablar de eso! No es el pasado lo que importa... es el futuro.
— El pasado tiene importancia. Tiene importancia para mí y para vos, que eres mi
esposa. Tienes derecho a saber todo lo relacionado a mi familia. — La expresión de él
cambió , haciéndose sombría. — Pero hay ciertas cosas que exigen un grande esfuerzo
de mi parte . Entre ellas, revelar que mi madre me abandonó cuando todavía era un
niño.
Con palabras cargadas de emoción, él reveló la misteriosa desaparición de su madre y
la historia confusa que le habían contado para explicar ese hecho.
— Tenía cinco años cuando ella se marchó. Yo era muy chico para comprender lo
que se pasaba. Pero recuerdo , muy claramente, del modo extraño en que solían
mirarme... todos, con una especie de mirada furtiva. Yo sabía que había algo raro... pero
no conseguía entender qué era. Años después , mi abuelo me contó la verdad.
Ashleigh lo miró con compasión.
— Oh, Brett! No tenía idea... debe haber sido terrible para vos.
El sacudió a cabeza.
— Terrible, no. Instructivo.
Ante el asombro de ella, Brett explicó :
— Eso me enseñó, entre otras cosas, a ocultar mis sentimientos, especialmente cuando
ellos traducen sufrimiento.
— Comprendo...
—Pero vos sos diferente. No sólo porque sos mi esposa, sino porque ya puedes estar
llevando un hijo mío...
El sonrió y acarició el vientre firme de ella.
— Sé paciente conmigo, Ashleigh. Dios sabe que yo no lo soy, pero, si tienes
paciencia y perseverancia, tal vez yo pueda vencer esa exagerada tendencia a
encerrarme, a esconder mis sentimientos.
Ashleigh se alegró con ese gesto de franqueza y una pequeña llama de esperanza surgió
en ella. Brett todavía no la amaba, pero estaba dando un paso importante para
aproximarse a ella. No podía desmerecer esa confianza.
— Oh, Brett... voy a intentarlo por todos los medios!
— Muy bien dicho, su Gracia! Eso es todo lo que te pido — Brett dijo y la abrazó
cariñosamente. Tal vez en Ashleigh, su mujer, estuviese la llave que lo liberaría de sí
mismo.
Pero una voz en su interior le advirtió : "Cuidado! No te equivoques... La vida es un
juego, y una mujer, es la más imprevisible de todas las cartas!"
Una hora después , Ashleigh, vistiendo un traje de montar azul, bajaba la escalera de la
villa. Encontró a Brett en el hall de entrada, listo para salir.
— Hay un pequeño problema, querida. Irish Night perdió una herradura. El viejo Henry
vino avisarme.
— Puedo esperar aquí hasta que le pongan otra.
— No te importa? — Brett la examinó con agrado y después le besó la frente . —
Estás encantadora, sabes?
Ashleigh sintió un calor invadir su rostro.
— Vas a volver al Hall?
El mostró un sobre con un membrete oficial.
— Acabo de recibir una carta de Whitehall intimándome a ir a Londres. Asuntos
oficiales. Ahora debo hablar con Higgins respecto al equipaje.
En verdad, él tenía otra cosa en mente. Esa mañana, mientras Ashleigh dormía, había
salido al balcón y había examinado lo que quedaba de la baranda. No era un perito, pero
casi podía jurar que había algo muy extraño allí.
Quería hablar con los carpinteros que habían hecho el trabajo de reforma de la casa y
traerlos allí mientras Ashleigh estuviese cabalgando. El incidente la había aterrorizado , y
aunque ella estuviese recuperados bien, no quería asustarla innecesariamente .
Planeaba llevarla a Londres y dedicarle algunas horas para compensarla por el susto por
el que había pasara.
— Te veré en el Hall — le dijo . Antes de volverse hacia la puerta , agregó : —
Recuerda, mano firme con esa potra. Ella tiene mañas que puede manejar todavía.
Ashleigh lo acompañó con los ojos silenciosamente, pensando en esa inesperada
convocatoria del gobierno. Brett no había dicho nada respecto a si iba a llevarla o no...
De repente, la idea de una cabalgata por los campos floridos ya no le pareció tan
excitante.
Sintiéndose muy sola, fue a sentarse en la sala de visitas vacía y silenciosa. Eomó un
libro de poesías que estaba al alcance de la mano, sobre a mesa, y lo hojeó .
Iba leyendo distraídamente, mientras esperaba que le trajesen a Irish Night, pensando
menos en la poesía que en Brett. Al oír un ruido en la puerta que se abría y creyendo
que debía ser uno de los palafreneros, se dirigió al hall de entrada.
Antes de alcanzarlo, una voz familiar llegó a sus oídos:
— No hay ningún criado para recibir mi capa? Ah... señorita Sinclair! — Era
Elizabeth, elegante, compuesta e impecable como siempre.
Ashleigh la miró con frialdad.
— Soy Ashleigh Westmont, lady Elizabeth. O su Gracia, si prefiere.
La otra la miró con una mirada rápida y dura.
— Muy bien , "Su Gracia"! Podemos conversar?
— Estoy por salir.
— No voy robarte mucho tiempo. Seré breve.
Ashleigh continuó mostrándose irritada.
— Cómo llegó hasta aquí? No oí ruido dos cascos de su caballo en la alameda.
— Vine en barco — dijo Elizabeth serenamente. — soy buena remadora.
— Por qué viniste, Elizabeth?
— Y encima tienes el de preguntar por qué, ladrona usurpadora? — ella levantó las
manos e hizo un gesto amplio. — Todo esto debía ser mío!
Ashleigh no perdió la compostura. , — Si viniste aquí a insultarme, pierdes el tiempo.
— No, no vine aquí para eso, aunque te lo mereces! Vine a prestarte un servicio. O
mejor dicho , a darte un aviso.
— Dime lo que tienes que decir y después vete!
Elizabeth la estudió de los pies a la cabeza, desdeñosamente.
— Tanta arrogancia... Piensas que has conseguido lo que ambicionabas, no? Pues yo te
digo que no sabes lo que significa ser la esposa de Brett Westmont! — Los ojos fríos e
irónicos se concentraron en el rostro de Ashleigh. — Prepárate para la odisea que te
espera. Y vas a tener que aprender a cerrar los ojos cada vez que a él se le ocurra
entregarse a un capricho amoroso.
— Estás loca, Elizabeth!
— Oh! No, estoy en mi sano juicio, querida. Y vos sabes muy bien eso! No es ningún
secreto que tu marido es un hombre mujeriego , amante de los mas diversos placeres. —
Elizabeth la miró , con los labios apretados. — Serías una imbécil si piensas que porque
te casaste con él, las cosas van a cambiar! Te equivocas, mi querida. En este exacto
momento, Brett Westmont está preparándose para ir a Londres en busca de alguna
emocionante aventura sexual. Un hombre ardiente como él, que ama los placeres de la
carne, no espera mucho para variar sus... intereses!
Hasta ese exacto momento Ashleigh solamente sentía rabia e incredulidad . Pero
Elizabeth había tocado un punto sensible: el viaje de Brett a Londres! Ashleigh se puso
lívida.
— Ah, lo siento tanto, querida! Creo que metí el dedo en la herida! — exclamó Elizabeth,
triunfante.
— No creo una sola palabra de lo que dices — murmuró Ashleigh, recuperando la
sangre frío. Pero su voz no era convincente. La otra la había agarrado desprevenida.
— Probrecita, no sabes como lidiar con las infidelidades de tu marido! Te aseguro que
yo sabría! No me sentiría humillada. Cumpliría con mis deberes de esposa el tiempo
suficiente para darle un heredero. Después , de bueno grado me haría ciega , sorda y
muda, dejando que él satisfaga su lujuria en la cama de quien sele antoje!
Elizabeth hizo una pausa y después continuó , su voz fría como el acero:
— Brett se casó por un único motivo, el mismo por el cual cualquier hombre de su
posición se casa: tener un heredero, tener un hijo que represente la continuidad de su
apellido y de su título.
— Pareces estar satisfecha con eso. Pero no entiendo por qué — retrucó Ashleigh.
— Tal vez porque, ahora que sabes la verdad, los pensarás mejor y desistirás!
- Desistir?... Elizabeth sonrió astutamente.
— Hay varios medios de resolver una situación intolerable. Divorcio, por ejemplo. Y,
cuando eso suceda, será mi turno.
Elizabeth caminó hacia la puerta y completó, sin volver a cabeza:
— Lo único que tengo que hacer esperar. Piénsalo!
Ashleigh se quedó parada, inmóvil hasta que la puerta se cerró. Después , se dejó caer
en el primero escalón de la escalera.
"Que debo hacer?", ella pensó, con el corazón oprimido. Ya era terrible tener que ocultar
sus sentimientos, sabiendo que no eran retribuidos... No soportaría verlo correr detrás de
otras mujeres! Moriría lentamente de pena...
Se quedó allí mucho tiempo, temblando como una criatura, sofocada por sollozos.
Agotada emocionalmente, lamentó esa debilidad. Solamente sería cuestión de escoger el
momento adecuado.
El sonido de cascos en el patio interrumpió sus dolorosos pensamientos.

— Ashleigh... llegamos! — Era la voz de Patrick. — Vinimos a traerte a Irish Night!


Sin un momento de vacilación, corrió hacia la puerta .
—Patrick... Megan! Qué bueno verlos!
Megan desmontó y caminó hacia ella sonriendo.
— Cómo estás, querida?
Las lágrimas que había reprimido momentos antes cayeron impetuosas.
— Oh, ustedes no saben!... — ella se desahogó , lanzándose en los brazos de su amiga.
CAPITULO 26

Una hora después , en esa misma mañana, Brett se encontraba en la terraza de la villa,
interrogando a Blecker, el maestro carpintero de Ravensford Hall, quien acababa de
examinar los destrozos de la baranda.
- Entonces, esa es su impresión, Tom? Alguien forzó la baranda!
- Desafortunadamente , su Gracia, no hay dudas respecto a eso. - El viejo empleado
mostró la parte inferior del parapeto. - Vea aquí. Hay marcas de una palanca aquí.
Brett se arrodilló al lado de él y examinó la parte en cuestión. Pero fue un mero acto de
cortesía. Conocía bien a Tom Blecker, un profesional de primer orden. Y no comprendía
por qué alguien había intentado matar a Ashleigh... o a él mismo! Imágenes de otro
accidente súbitamente aparecieron en su mente. Pero las descartó impacientemente.
No podía fiarse de un recuerdo vago .
- Estoy convencido, Tom — Brett dijo , levantándose . — Ahora, quiero pedirle más un
favor.
- Como no, su Gracia.
— No menciones este hecho a nadie. Quiero descubrir quien hizo este trabajo antes
de decidir que actitud tomar. Puede prometerme eso ?
Tom Blecker asintió su decisión. Su Gracia era un hombre justo e inteligente. Debía tener
buenas razones para no hacer público ese hecho.
— Tiene a mi palabra, su Gracia.
— Eres un buen hombre, Tom. Y muy sensato. — Brett le dio una palmadita en la
espalda . — Voy para Hall, ahora.
Quiere que mande a alguien para ayudarlo?
— No es necesario. Este es un trabajo para una persona.
Tom se puso a retorcer su sombrero nerviosamente.
— No cree que es mejor que verifique también el parapeto del otro balcón?
— Me sacó las palabras de la boca, Tom! Iba a pedirle justamente eso!
Brett se dirigió al Hall inmerso en sus pensamientos. Cómo actuar , ahora que sus
sospechas habían sido confirmadas? Convocar inmediatamente al jefe de policía del
condado? Pero el caso se haría público , algo que, en virtud del cargo que ocupaba,
prefería evitar.
Además, estaba el hecho incontestable de que había sufrido varios atentados, desde que
había entrado al Servicio Secreto de su Majestad. Pero habían ocurrido cuando todavía
estaban en guerra. Ahora, a no ser por una pequeña cuestión con algunas antiguas
colonias inglesas en América, había paz en Inglaterra.
Por consiguiente, no podía descartar la hipótesis de que alguien había intentado contra
la vida de Ashleigh. Pero quién podría desear la muerte de ella? Pensó en su antigua
prometida, pero pronto descartó esa idea. Lady Elizabeth Hastings era una mujer fría y
calculadora, histérica y presuntuosa, pero incapaz de cometer un crimen.
Sin embargo, ella casi había enloquecido de rabia con el rompimiento del compromiso...
una razón mas para apartar Ashleigh de allí hasta que la situación se aclarase! La
convocatoria del gobierno no podía haber llegado en momento más oportuno. Entre otras
cosas, le daba tiempo para elaborar un plan para evitar que “el accidente” se repitiese.
Sus pensamientos se volvieron hacia su joven esposa, y una sonrisa de ternura se
curvó en sus labios. Sería delicioso mostrarle Londres. Iba a mostrarle los lugares que
ella no conocía y a revelarle sus gustos, sus ideas, hasta sus propias fantasías.

Media docena de rostros ansiosos se volvieron hacia el duque, quien permanecía de


pie, en el hall de entrada, cuando él preguntó tensamente:
— Me están diciendo que nadie los vio salir? Es muy curioso!
Chauncey Jameson intercambió miradas preocupadas con Hettie Busby y respondió:
— La duquesa no vino al Hall. En cuanto a sir Patrick y la señorita O'Brien, pensé que
habían ido a la villa para levar el caballo a su Gracia.
— Eso es verdad — confirmó o viejo Henry. -— Yo mismo entregué a Irish Night a sir
Patrick.
Brett estaba francamente afligido. Los criados ya habían hecho una búsqueda completa
en el solar y los alrededores . Dónde podía estar Ashleigh? Y de qué modo los tres habían
desaparecido? A pesar de su férreo autocontrol , sintió aprensión apretando su corazón.
Alguien había completado el trabajo sucio que había iniciado la noche anterior?
Mientras pensaba en que actitud tomar, dos jóvenes criados bajaban velozmente por la
escalera externa. Eran Jonathan Busby y Robert. Brett Se dio vuelta hacia ellos,
esperanzadamente.
— Descubrieron algo ?
— Su Gracia dijo que continuásemos la búsqueda. Robby y yo decidimos volver a la villa.
La puerta estaba abierta. Entramos. En la sala de visitas, encontramos este papel caído
debajo de la mesa.
El viento lo hizo voló. Fue por eso que nadie lo vio antes.
— Buen trabajo, muchachos — dijo Brett, desdoblando la hoja. — Muchas gracias .
Mientras los dos criados se retiraban, él leyó rápidamente:
"Querido Brett,
Estoy demasiado confundida y no sé qué decir, excepto que me voy . Me di cuenta a
tiempo que nuestro casamiento fue un error. Y quiero corregirlo de la única manera
posible: devolviéndote la libertad . De ese modo, podrás obtener el divorcio y casarte con
Elizabeth Hastings, quien sabrá desempeñar mejor que yo el papel de duquesa.
Convencí a Megan y a Patrick para que me acompañen! Estaré segura en compañía de
ellos. No me busques,
Ashleigh".
Al terminar la lectura, el rostro de Brett era una máscara impenetrable.
— Ensillen a Raven inmediatamente! — él ordenó, sin ninguna explicación, al jefe de
establo.
Henry Busby solamente asintió y se retiró .
— Higgins — Brett se volvió hacia el criado . — Termina de preparar el equipaje y
después ve a Londres. Yo me adelantaré.
Mientras caminaba hacia el establo, se sentía burlado y traicionado! No comprendía
nada de esa partida. Ella se había entregado completamente y sin reservas, había
vibrado de placer en sus brazos y, horas después ,se escapaba!
En qué estaría pensando ahora? Se estaría vanagloriando por haberlo engañado? Pues
bien, el placer mas grande lo tendría él al vengarse. Iba a encontrar a esa pérfida y
recobraría el dominio sobre ella, aunque fuese preciso usar la violencia! Tenía que volver
a tenerla a sus pies, bañada en lágrimas, implorando misericordia. Y él. .. él no tendría
piedad !

Ashleigh lanzaba miradas inquietas en torno al establo de White Horse, en los


alrededores de Londres, donde habían alquilado cuartos para pasar la noche. Todavía
tenía en sus manos la esquela que la dueña de la posada le había entregado minutos
antes, cuando se preparaba para dormir, y que decía:
"Ashleigh,
Patrick salió para conseguir un poco de ungüento para la pata del garañón . Necesito tu
ayuda. Encuéntrame en el establo.
Megan".
Estaban camino de Londres. Patrick iba a encontrarse con un colaborador en el muelle
del puerto. Después , proseguirían viaje hacia uno de los refugios secretos, en la de
costa de Devon, donde su hermano había escondido el barco Ashleigh Anne, ya que
navegaba bajo bandera americana. Su destino final era América. América para siempre!
Poco antes del anochecer, Saint, el garañón de Patrick, se había lastimado una pata, y
la parada había sido inevitable.
Poco después de la cena , servida en la sala común, abierta al público, Ashleigh había
subido a su cuarto .El día había sido largo, y ella estaba física y emocionalmente
exhausta. Pero entonces había recibido la esquela de Megan y ahora estaba allí,
asustada, porque no veía a nadie.
Pensando que era extraño que ni el jefe de establos, a quien se le había ordenado que
cuidase de Irish Night, estuviese presente, se dirigió a otro compartimento, que debía
albergar Saint. Estaba vacía!
Se quedó parada, preguntándose con que fin le había sido entregada esa esquela,
cuando oyó un leve ruido detrás de sí. Se volvió y, en el mismo instante, sintió dos
manos fuertes sujetar sus brazos por detrás.
Cuando iba a gritar, una de ellas le cubrió la boca. Se vio siendo levantada en el aire e
inmovilizada contra el pecho de su captor. Intentó desprenderse, debatiéndose,
pataleando y forcejeando. Inútil. Estaba oscuro, pero no necesitaba luz para darse
cuenta que el hombre era mucho mas grande que ella e infinitamente más fuerte.
Estaba completamente a la merced de él !
Súbitamente, un aroma familiar invadió sus fosas nasales , y una voz susurrada, que
reconoció inmediatamente, quebró el silencio :
— Voy a soltarte la boca, si me prometes que no vas a gritar.
Pero, si proferís un solo sonido, estarás perdida!
Era Brett! Derrotada, Ashleigh asintió con a cabeza.
El la bajó lentamente hasta el suelo cubierto de paja y luego , sujetándola brutalmente
por los hombros ,la dio vuelta . Ashleigh levantó sus ojos y encontró los de él. Lo que
vio, con la luz de la llama de una linterna de aceite que pendía de una viga, hizo que su
miedo creciera.
— Ensilla ;a yegua, "querida esposa"! — lo oyó murmurar entre dientes. — Y no
haga ningún movimiento en falso, porque no tendré ningún escrúpulo en dejarte
inconsciente!
Ashleigh ensilló a Irish Night con manos temblorosas y la montó . Pero, antes de
entregarle las riendas, él amarró firmemente os puños con un pedazo de cuerda.
Después se apartó , volviendo minutos después con Raven y una gran manta de lana
que ella había dejado en el establo de Ravensford Hall y con la cual acostumbraba a
abrigarse en las mañanas frías, al ejercitar a la yegua. La arrojó sobre sus hombros y
sacó un pañuelo de seda de su bolsillo.
— Oh! Brett, no... — Ashleigh suplicó al darse cuenta que él iba a amordazarla.
La voz de él continuaba fría e implacable.
— No pierdas tu tiempo implorando mi perdón!
Al salir al patio, ella miró alrededor ansiosamente. Pero él le quitó toda esperanza, al
afirmar:
— No hay nadie aquí. Mandé al hombre del establo ejercitar a Saint, después que el
ungüento fue aplicado. En cuanto a Megan y tu hermano, deben estar durmiendo. Fui yo
quien escribió la esquela que te entregaron!
Cabalgaron por lo que le pareció horas, aunque, en su aturdimiento, ella no podía tener
certeza de eso. Hacia la medianoche, a juzgar por la luna, que ya estaba alta en el
cielo , avistó las viejas calles de piedra y los estrechos edificios de St. James. Poco
después , alcanzaban King Street. Brett la estaba conduciendo a su residencia de
Londres!
Después de desmontar y arrojar las riendas de Raven al muchacho del establo, él la
ayudó a desmontar, le bajó la mordaza y después la empujó hacia la puerta de los
fondos da casa.
Higgins los recibió en la puerta, pero, mas allá de la breve respuesta a una pregunta del
duque, se quedó en silencio , mirándolos con aire perturbado. A esa altura, Ashleigh ya
estaba más aterrorizada por los modales de Brett que por cualquier otra cosa.
Una vez en el piso superior , él la condujo a un aposento amplio, de gusto evidentemente
masculino, que ella no le conocía. Cerró la puerta detrás de sí, giró la llave en la
cerradura y entonces se volvió para encararla.
Ella tragó el nudo que se formaba en su garganta y empezó a decir apresuradamente :
— Brett, sé que debes ...
— Cállate la boca! — Brett la interrumpió antes de arrancarle el manto. — Tu amable
esquela me dijo todo lo que necesitaba saber!
Después , con los labios apretados en una línea inflexible, se puso a desabotonar su
chaqueta de montar.
Ella dio un paso hacia atrás , los ojos muy abiertos con pavor. Brett planeaba forzarla a
una intimidad que no deseaba? Brett ignoró su repulsión y le quitó la chaqueta de
montar. Después comenzó a desabotonar los botones de su vestido.
— Brett, yo...
— Una palabra mas y haré que desees nunca haber abierto la boca!
En silencio, Ashleigh recordó las escenas de la noche en que había sido abusada. La
inquietud y el miedo la dejaron atontada.
Cuando, finalmente, él la vio desnuda la arrojó sobre la cama y se puso a contemplarla
con los ojos reluciendo de odio.
— No podrás ir a lugar ningún sin ropa! Pero para
estar seguro...
El agarró el pañuelo de seda y le amarró las muñecas. En seguida, después de un
instante de vacilación, subió la manta de seda sobre el cuerpo tembloroso. Hecho eso,
apagó la vela que ardía en el candelabro y se dirigió hacia la puerta . Antes de cerrarla
detrás de sí, se volvió y dijo, sarcásticamente:
— Que duermas bien, su Gracia.

Estremecida de frío y de miedo, Ashleigh se encogió en la cama. Qué pretendía Brett


hacer con ella ? Seguramente no podía mantenerla presa allí para siempre! Debía
imaginarse que Patrick y Megan moverían cielo y tierra para encontrarla!
Por qué, entonces, le había impedido hablar ... explicarse? Sentía que, si pudiese
hacerlo, ganaría su comprensión, tal vez su empatía. Quizás hasta el derecho de poder
irse!
Reconocía ahora que había cometido un error imperdonable al partir como una fugitiva!
Debería haber tenido el coraje de enfrentarlo y darle un explicación convincente. Pero e
descubrimiento del amor que sentía por él le había ofuscado la razón .
Se sentía avergonzada de haber provocado la desesperación en Brett. No sería mejor
confesarle sus sentimientos? No, nunca le contaría la verdad, ni siquiera para rehabilitar
su imagen ante los ojos de él. Nunca! Nunca...
El cansancio acabó por invadirla. El último pensamiento que tuvo, y al cual se aferró, fue
que hallaría un medio de convencerlo... o de escapar de allí!
A la mañana siguiente, despertó con el ruido de la llave girando en la cerradura. Era
Higgins con la bandeja de la comida matinal.
— Es muy amable de tu parte, Higgins! — ella le dijo educadamente. — El aroma es
delicioso.
El criado se ruborizó y mantuvo los ojos bajos, mientras decía, incómodo:
— Estoy obedeciendo órdenes de su Gracia, el duque.
El señaló una alcoba parcialmente escondida por una cortina.
- Su baño pronto estará listo.
- Y quién va a prepararlo? — ella le preguntó , sorprendida, mientras él corría las
cortinas de la ventana.
Higgins se volvió hacia ella con el rostro avergonzado.
— Soy el único criado de la casa, su Gracia.
— Comprendo — ella dijo con una sonrisa.
Mantuvo la sonrisa hasta que él salió y cerró la puerta. Sólo entonces ponderó si él
estaba al tanto de la situación vergonzosa en que se encontraba. Probablemente, no
debía saber que sus muñecas estaban amarradas. Qué excusa le daría, cuando volviese
y viese que no había tomado el chocolate?
Determinada a no soportar ninguna humillación, se puso a aflojar con los dientes el
pañuelo de seda que le apretaba las muñecas. Cuando, segundos después , Higgins
entró en el cuarto
con dos baldes de agua caliente, la encontró cómodamente sentada en la cama, con un
chal de seda azul sobre los hombros.
Terminó el desayuno mientras él entraba y salía, atareado, de la alcoba. Después de
anunciar que el baño estaba listo, él se encaminó al armario que ocupaba toda una pared
y se puso a vaciarlo.
- Qué está haciendo?
— Discúlpeme , señora. Tengo órdenes de retirar todas las ropas de su Gracia del
cuarto.
Confundida y avergonzada, Ashleigh movió afirmativamente la cabeza, sin una palabra.
Higgins sabía que ella estaba allí contra su voluntad . Lo acompañó con los ojos,
cuando él salió cargando una enorme pila de ropas, y después se recostó en la
almohada, vencida. No satisfecho con raptarla, su marido se valía de la situación para
humillarla delante de un criado!
"Su marido"!... Miró su mano izquierda, donde brillaba la alianza de oro que él le había
dado dos días antes, y una oleada de rabia nació en su interior. En un impulso, se la
arrancó del dedo y la arrojó al piso.
Todavía enojada, salió de la cama y se encaminó a la alcoba. Se paró delante del gran
espejo para atar sus cabellos con el pañuelo de seda y después se metió en la bañera de
mármol . Al sentir el agua caliente y perfumada envolverla, se calmó . No había placer
que se comparase con ese!
Estaba comenzando a enjabonarse cuando oyó el ruido de la cerradura de la puerta.
Sobresaltada, ella gritó :
— Todavía no terminé el baño, Higgins!
— No soy Higgins!
Estremeciéndose, Ashleigh se hundió en la bañera. Pero por el espejo, en el otra extremo
de la alcoba, vio a Brett.
— Qué... qué estás haciendo aquí?
Con una expresión irónica, él se aproximó.
— Crees que tengo que pedir permiso para visitarte cuando tomas baño?
Ashleigh cruzó sus brazos sobre sus pechos.
— Si tu intención era avergonzarme, sabe que lo conseguiste ! Ahora sal, por favor.
Contemplando la exuberante belleza de su mujer, Brett sintió una puntada de pesar. Ella
estaba encantadora! Las mejillas rosadas por el vapor del baño , los cabellos ébano
escapándose del pañuelo de seda y los ojos de un azules, como el cielo nocturno. El
mismo color que asumían en los momentos de pasión...
Pero el veneno acumulado durante años ardía en él. Ella era una mentirosa, que había
abandonado sin motivo el lecho conyugal, que lo había humillara y lo había engañado!
Lo que le redoblaba su ira era la sangre fría con que decía que sentía vergüenza en su
presencia. Vergüenza!...
Brett gritó :
- Todavía no comencé a enseñarte el significado de la palabra vergüenza!
- Brett, escúchame... puedo explicar todo!
Ella lo miraba con una mirada tan sincera y franca que lo impresionó. pero pronto el
resentimiento volvió a predominar sobre cualquier otra emoción.
— Explicar... para qué? Tu actitud dispénsalas palabras. Querías librarte de un marido
que no deseabas!
- No, Brett! no fue así !
El la miró casi como si no la estuviese viendo.
—No ?
- No! — Ashleigh protestó entre lágrimas. Después lo miró sin fuerzas, sin coraje. —
No quieres creer en mí?
- No quiero... No puedo!
El estaba inclinado hacia adelante , sujetando con fuerza el borde de la bañera.
Súbitamente, ella comprendió por qué él estaba tan trastornado: veía en ella la imagen
de la madre que lo había abandonado! Ese pensamiento la hizo estremecer.
- Yo no soy tu enemiga! — le dijo entonces, con gran desesperación.
- Qué eres entonces?
- No lo sé... No sé...
- Pues yo te lo contesto : vos sos como todas las otras!
Lívido, él la agarró por los hombros , su dedos fuertes lastimándola con la presión.
Después , lentamente, deslizó las manos hasta la cintura y la levantó de la bañera.
- Brett, yo no quería...
Brett ya no la escuchaba. Al tomarla en sus brazos, frágil, temblorosa, la abrazó y
comenzó a besarla con deseo, con desesperación, Estaba emocionalmente perturbado y
por eso, cuando Ashleigh dijo que lo había abandonado por miedo, él registró solamente
las palabras: " Yo te dejé, Brett".
Trastornado, la colocó bruscamente en el piso . Con la violencia del movimiento ,
Ashleigh se tambaleó y se cayó.
— Quédate ahí! — él dijo cuando ella intentó levantarse del suelo.
CAPITULO 27

Un débil rayo de sol se insinuó por la abertura de las cortinas , alcanzó la cama
estrecha y vacía y llegó hasta el piso de madera, donde había un montón de mantas,
sábanas y almohadas. Patrick despertó, buscó a la mujer que dormía al lado de él y
volvió a dormitarse. Megan se estiró sensualmente y después se anidó en sus brazos,
con un suspiro de felicidad .
— Necesitas afeitarte —ella murmuró, pasando la mano por su mentón fuerte.
—Estás quejándote , mi amor? Después de la noche que tuvimos?
—Oh! no, querido — susurró ella. — No tengo ninguna queja.
El abrió los ojos y le besó la punta de la nariz.
—Espero que no, porque te amo!
Megan cerró los ojos. él la amaba! Permaneció quieta, sintiendo el calor de su cuerpo, y,
de repente, le pareció que siempre habían pertenecido uno al otro.
La noche anterior, cuando él había golpeado la puerta de su cuarto, la había
tomado en sus brazos y la había besado, no estaba para nada preparada para el
torbellino de emociones que la había asaltado. Oh! Ella esperaba que él la besase ,
considerando la atracción que sentían el uno por el otro. Pero había imaginado que sería
una capricho pasajero y nada más.
Y quería que así fuese, porque temía no ser capaz de corresponder físicamente su ardor.
En el pasado, había sido insensible como una piedra con cada hombre con quien se
había acostado. Y, plenamente consciente de que había tenido siempre que simular una
pasión y un ardor sexual que no sentía, temía no poder entregarse con espontaneidad.
El beso ardiente de Patrick la había tomado de sorpresa. Le había despertado los
sentidos, había provocado una sensualidad que no conocía. Y se había sentido viva
después de mucho tiempo.
Pero durante la noche al darse cuenta que se estaba se enamorando de él, se había
sentido nuevamente temerosa. Tendría el coraje de confesar quien era... o mejor dicho,
quien había sido?
Era verdad que, cuando él había comenzado a desvestirla, le había dicho "Patrick, no soy
virgen!" Y era también verdad que, después de mirarla por algunos segundos, él había
respondido: " Yo tampoco!" y había empezado a besarla con tanta ternura que ella había
olvidado todos sus resquemores.
Pero confesar la pérdida de la virginidad no significaba admitir años de prostituición. Oh!
Podría callarse o mentir, pero no quería hacer eso! Patrick era bueno, gentil y la amaba.
No era justo que fuese deshonesta con él.
Lentamente, sabiendo el riesgo que estaba corriendo, apartó su cuerpo y lo miró .
— Patrick... — Megan dijo con un hilo de voz. — Debo confesar...
— Qué, mi querida? — preguntó él, sorprendido con su gravedad .

— Ayer a la noche... te dije que no era virgen, verdad?


Patrick sonrió y tomó su rostro entre las manos.
— Cieto . Pero estabas equivocada!
Ante su asombro, él continuó :

— Sabes, desde el momento en que te poseí, sentí que era la primera vez que vos te
entregabas completamente a un hombre!
— Si, porque .... — Megan bajó los ojos —, antes de conocerte, yo...
— Tenías que simular placer — completó él, con ternura en su voz. — Y quedé
sorprendido, querida! Qué hacías vos, una mujer tan sensual, en Hampton House?
Megan lo miró , boquiabierta.
—Lo sabías?
Patrick acarició su rostro.
— Si , lo sabía.
— Y aún así dices que me amas?
El le besó la mano.
— Te digo más: quiero que seas mi esposa!
Ella tuvo a impresión de que su corazón iba a estallar de tanta felicidad . Había esperado
todo: sospechas, preguntas, falta de comprensión, no esa actitud tan tierna!
— Oh! Patrick...
— Comprendes lo que eso quiere decir?
— Si, comprendo. Cuando me abrazas así, consigo creer que me amas.
El se inclinó y le besó los cabellos.
- Haré de vos la mujer más feliz del mundo, mi querida!
Un largo momento después de haber hecho el amor , Megan abrió los ojos y murmuró :
- Patrick?
- Hum...
- Cuándo supiste... de... mi pasado?
- Oh! Eso. .. — él se levantó , apoyándose en un codo.
- Unos días antes del casamiento de Ashleigh. Recuerdas de que fui a Londres?
- Dijiste que tenías algunos negocios que tratar. Pensé que te refería al regalo de
casamiento.
- No sólo eso. Quería tener una idea clara del lugar donde mi hermana vivió durante
tantos años.
- Vos no lo sabías? — preguntó Megan, admirada.

- Oh! Si, Ashleigh me contó toda a historia. Brett también ya me había dicho algo al
respecto. Pero yo quería saber más. Quería saber, por encima de todo, como mi
hermana consiguió mantener su inocencia, a pesar del ambiente en que vivía.
- Hablaste con Madame?
- Si, y también con Dorcas. Fue por intermedio de ella que supe cuanta bondad fue
dispensada a mi hermana. No sólo por ella, sino también por una cierta pelirroja alta y
bonita como un ángel!
Megan dijo vivamente:
- No hice especial . Amo a Ashleigh!
— Lo sé , querida. Pero eso no disminuye tu mérito.
Qué Dios te bendiga, Megan!
Los ojos verdes de Megan se llenaron súbitamente de tristeza.
— Me gustaría tanto poder hacer algo por ella ahora! Estoy muy preocupada, Patrick.
El sacudió la cabeza.
— Estoy comenzando a pensar que cometí un error, permitiendo que Ashleigh
abandonase a su marido. Pero me sentía tan culpable por haberla forzado a casarse! Y,
cuando ella apareció hecha un mar de lágrimas, casi me vi obligado a sacarla de allá.
— Por qué será que Brett intentó convencerla de que sería un marido infiel? No lo sé,
Patrick, pero tengo la impresión de que hay otras cosas que ella, tal vez por timidez o
delicadeza, no quiere contar.
— Yo también ignoro todo lo que se refiere a este asunto. Hasta esta mañana, ella no
hizo ninguna referencia a la vida anterior de Brett. Es mas, yo pensaba, que él
alimentaba algún tipo de sentimiento por mi hermana!
— Era también mi impresión.
— Todavía no dejamos Inglaterra. En estos días que nos vamos a quedar aquí, tal vez
podamos hacer algo. Quizás , si Ashleigh se abre con nosotros , ella reconsidere su
actitud!
Media hora después , Megan miraba a Patrick con expresión preocupada.
— Por qué salió sin decirnos nada?
Patrick sacudió la cabeza, perturbado.
— A dónde fue ?
— Algo no está bien , Patrick! El señor Quimby dijo que no la vio salir. Voy a volver a la
posada y ver si la señora Quimby ya volvió de su recorrida matinal. Tal vez ella sepa
algo .
— Mientras tanto , voy a ensillar a Saint y hacer una búsqueda por los alrededores . Tal
vez encuentre alguna pista.
Patrick entró en el establo vacío seguido por Finn. Segundos después oyó al perro
gruñir. Había poca luz, pero notó una pequeña mancha blanca en la paja que .
- Qué pasa , muchacho? Encontraste algo ?
El gran perro de caza levantó la cabeza y ladró.
Minutos después , Megan entraba corriendo al establo, acompañada por la corpulenta
señora Quimby.
- Patrick! Alguien le mandó una esquela a Ashleigh anoche . La señora Quimby...
- Ya sé — dijo él, extendiéndole un pedazo de papel arrugado. —: Finn lo halló en
medio de la paja.
Megan recorrió rápidamente con sus ojos el papel y se espantó .
- Yo no escribí esto, Patrick!
- Oh! no — dijo la posadera. — fue un caballero que me entregó o esquela. A señora ya
estaba en la cama.
Patrick pasó a mano por el mentón , pensativo.
- Fue un plan muy bien urdido. Alguien indujo a Ashleigh a creer que fue vos lo
escribiste. Pero, quién ?
- Quién ?
Megan se volvió hacia la espantada matrona.
- La señora dijo que fue un caballero. Puede describirlo?
- Oh, él era alto y muy guapo. Con unos ojos azules que...
- Oh! no... — gimió Megan.
- Brett... — murmuró Patrick.
- Sucedió algo ? — les preguntó l a señora Quimby, asustada.
- Nada que deba preocuparla. Gracias por su ayuda.
Patrick miró a el compartimento donde estaba Saint.
- Quiero pedirle un favor más, señora Quimby. Mi caballo precisa descansar por algunos
días más. Voy a dejarlo aquí pagaré bien a quien cuide de él.
- Haré todo lo que esté a mi alcance, señor.

Envuelta en una sábana, Ashleigh pasaba sus ojos por el cuarto, que comenzaba a
considerar como su prisión. A no ser por la falta de ropas y de alguien con quien hablar,
nada le faltaba. Comidas bien preparadas le eran servidas tres veces al día por el
taciturno Higgins, quien también encendía la chimenea cuando las noches eran frías y le
preparaba el baño diario. Tenía lujo, comodidad , todo... excepto libertad !
No ignoraba el motivo por el cual la mantenían allí. Brett quería castigarla, hacerla pagar
con altos costos el mal que le había causado . Pero cuáles eran sus planes para el
futuro... si es que él tenía alguno?
En la monotonía de sus pensamientos, oía el paso de los carruajes que, a intervalos,
pasaban por la calle. Sabía que era inútil gritar pidiendo socorro. Cómo podría hacerlo
envuelta en esa sábana? Además, considerando la casa donde se encontraba, nadie
creería en su historia. Correría el riesgo de pasar por loca!
Sus pensamientos volvieron hacia su marido y su odio implacable. él parecía firmemente
determinado a no revelar lo que planeaba hacer con ella. Venía al cuarto todas las
noches, llegando siempre después de la medianoche, pero rara vez hacía preguntas o
alusiones a como ella pasaba los días.
A veces, se sentaba en el borde de la cama. En esas ocasiones, podía sentir el olor de
coñac , mezclado con algún perfume de mujer, antes de rodar lejos de él, llena de
terror y asco. Pero él jamás había mostrado intención de tocarla.
Por la mañana, al despertar, él ya se había marchado , dejando en el aire un aroma leve
pero persistente. Brett pasaba las noches con otras mujeres y parecía querer que ella
supiese eso!
Mientras Ashleigh reflexionaba sobre su destino, Brett, en el piso inferior, enfrentaba
problemas.
— No sé qué te trajo aquí, lady Margaret! — decía él, con frialdad e irritación. —
Casi nunca vienes a Londres. Especialmente en verano!
Lady Margaret entró en el vestíbulo y miró a su alrededor.
— Dónde están los criados?
— Les di una semana libre a todos. Excepto a Higgins.

— Pero, por qué? No te das cuenta...


Brett la interrumpió impacientemente:
— Dime por qué viniste y después , por favor, vuelve a Ravensford Hall! Como puedes
ver, no estoy en condiciones de recibir visitas.
Lady Margaret hizo como que no lo oyó y atravesó el vestíbulo de mármol.
- En la sala de visitas, su Gracia. No puedes esperar que te hable estando de pie! Y
pídele a Higgins que me prepare un té — dijo ella, abriendo la puerta. — El viaje fue
largo y cansador .
Tenso, Brett la siguió . Momentos después , se encontraba sentado en una poltrona,
delante de ella.
—Ahora dime: qué sucedió de tan importante para traerte a Londres en pleno verano?
— Esto! — dijo la indomable mujer, sacando un papel de su bolso.
El lo atrapó y apretó los labios. Era la esquela de Ashleigh!
— Imbécil, la dejaste caer en el suelo — volvió a hablar lady Margaret. — Uno de los
criados lo encontró y me lo entregó . Gracias a Dios! Imagínate el escándalo, si fuese a
parar a manos ajenas! Brett le dirigió una larga y extraña mirada
- Entonces, viniste por ... esto. Puedo saber por qué?
Un suave golpe en la puerta indicó que Higgins había llegado con el té. Mientras
esperaba que fuese servido, Brett llenó una copa de coñac y después volvió a sentarse
delante de su tía abuela .
- Ahora dime lo que deseas, lady Margaret.
- Quiero ayudarte con el divorcio.
- Y qué te hace pensar que quiero divorciarme? — preguntó él, pálido de cólera.
Margaret lo miró por encima del borde de la taza.
- Es natural, no ? Esa pequeña trepadora te abandonó!
La vieja lady hizo una pausa, saboreando su pequeño triunfo.
- Un divorcio no sería visto con buenos ojos en nuestro medio. Pero puedo ayudarte.
Conozco a todas las viejas damas de sociedad y sé lo que debo hacer para que las
palabras adecuadas lleguen a los oídos correctos!

— No harás nada de eso! — dijo Brett, entre dientes.


Margaret ignoró su arremetida y volvió a hablar con calma:
— Es la única manera de que salgas dignamente de ese episodio lamentable y
bochornoso. Enfrenta los hechos, Brett, ella se fue. Qué planeas hacer? Correr detrás
de ella y traerla de vuelta a la rastra ? Pídele el divorcio! No veo otra solución.
Brett respondió con reticencia:
— Pero hay otra solución.
Margaret arqueó las cejas.
— Cuál es?
— Permanecer casado.
— Con una mujer que te abandonó? Es una locura!
— Ella está aquí.
Margaret apretó los labios, visiblemente contrariada.
— En esta casa?
— Si, en esta casa. donde se encuentra desde que dejó Ravensford Hall.
— Voluntariamente?
Brett vaciló un momento antes de responder:
— No.
— Esto me sorprende mucho , Brett. No es propio de vos aferrarte a una mujer que
demostró claramente que no te quiere.
Un espasmo de dolor lo hizo contraer el rostro.
— Quiero tenerla bajo mi control hasta decidir lo que voy a hacer con ella.
— Entonces decídelo pronto! No te das cuentas que las cosas se harán cada día más
difíciles? Qué sucederá, por ejemplo, cuando el hermano de ella aparecer aquí, haciendo
preguntas?
— No lo sé.
— Es lamentable. No sé bien cual será el resultado, si él resuelve armar un escándalo.
— Estoy dispuesto a enfrentar todas las consecuencias!
— Tal vez más tarde te arrepientas amargamente de esto .
— Puede ser. Pero, mientras no llego a una conclusión, no quiero hablar más sobre esto.

Margaret lo miró fijamente.


— Está bien. Ahora, si no te importa, quiero descansar un poco. El día fue muy
movido. Llama a Higgins y pídele que me prepare el cuarto de huéspedes.
Brett estaba a punto de perder el controle y se forzó para contenerse.
— Pretendes quedarte?
— Si. Afortunadamente traje a mi criada conmigo. Ella está esperando en el carruaje. —
Lady Margaret levantó, encaminándose hacia la puerta . — Mándala a que suba, por
favor.
— Un instante! — dijo Brett, aproximándose. — Tengo algunos asuntos que me
retendrán en Carlton House hasta la noche.
Como pareces tan determinada a quedarte , quiero que vigiles... la casa mientras
Higgins descansa por algunas horas.
El precisa un poco de descanso.
Margaret hizo una mueca de enfado.
— Me estás pidiendo que sea la carcelera de su mujer?
Brett se encogió de hombros .
— Llámalo como quieras. Vos y tu criada podrán ocuparse de esa tarea.
Brett pasó por al lado de ella con una inclinación de cabeza. Antes de dirigirse al
vestíbulo, se volvió .
— Lady Margaret... No intentes ningún truco. Si mi esposa se escapa en mi ausencia,
tendrás que arreglártelas conmigo!

Oliver Higgins estaba satisfecho consigo mismo al salir de la taberna Three Coachmen.
Había bebido mucho , pero el efecto del alcohol estaba comenzando a disiparse.
Lentamente , tomó el camino a la casa. Apenas había dado dos pasos, sintió un objeto
duro presionar sus costillas.
— No hagas ningún movimiento, o sos hombre muerto! — dijo una voz profunda y
amenazadora detrás de él.
Higgins se detuvo , el miedo le oprimía el corazón.
— Responde a mis preguntas satisfactoriamente y no tendrás nada que temer — volvió
a hablar la misma voz. — Comprendiste?
— Si... si.
— Tu nombre es Higgins?
— Si, señor.
— El mismo Higgins que es criado de cuarto del duque de
Ravensford?
Higgins sacudió lentamente la cabeza. Esa voz... dónde la había oído antes?
— Muy bien . Dame la información que quiero y podrás volver a tu casa sano y salvo.
Dónde el duque escondió a la duquesa?
"Es el hermano! El que vive en América!", pensó Higgins.
— Responde o te arrepentirás!
— Aquí mismo en Londres, señor.
— En la casa da King Street?
— Si, señor. El conde la mantiene bajo custodia en el cuarto de él.

- Gracias . Puedes darte vuelta , ahora. Quiero tener una conversación con vos.
- Si... señor.
Higgins giró lentamente. Sir Patrick no tenía otra cosa en la mano mas que un pequeño
bastón. Pero el hombre era un gigante y convenía no arriesgarse.
Veinte minutos después , se encontraba sentado delante de él y de la joven irlandesa,
en un gran carruaje alquilado.
- Entendiste bien lo que debes hacer? -- le preguntó Patrick.
Higgins miró nerviosamente al gran perro de apariencia feroz, que estaba echado al lado
de él, y asintió.
— No es difícil, señor. Debo distraer a lady Margaret mientras usted lleva a la duquesa al
carruaje.
— Perfecto , hombre! Pero no olvides: antes de eso, tendrás que dejarme entrar en la
casa.
Higgins sonrió por primera vez. No le gustaba la Dama de Hierro y le agradaba saber
que alguien iba a engañarla con astucia. Eso lo compensaba de la culpa que sentía por
estar traicionando a su patrón .
— Ella quiere que estés en casa mañana a la tarde, porque estará recibiendo a una
amiga para el té, verdad ? — preguntó Megan.
— Si, señorita. Lady Bunbury.
— Perfecto! — dijo Patrick. — Hallaremos un modo de llegar cuando esa dama esté
saliendo. De ese modo, lady Margaret estará todavía en la sala. Yo la retendré allá con
algún pretexto, dándole tiempo a Megan para que saque a la pequeña del cuarto.
- Debes estar en sobreaviso, Higgins — instruyó Megan. — Cuando lady Bunbury se
levante para partir, ve a la biblioteca y corre la cortina dos veces. Yo estaré en el
carruaje aguardando tu señal. Otra cosa...
- Si, señorita?
— El perro estará conmigo.
Los ojos de Higgins se fijaron, recelosos, en el gran animal.
— Perfectamente, señorita.
— Arreglado, entonces! — dijo Patrick. — voy a dejarlo a una buena distancia da King
Street para no correr el riesgo de que alguien lo vea conmigo.
El se volvió a Megan.
— Ahora, amor, tenemos que pasar por la casa de madame Gautier.

CAPITULO 28

Brett salió de su cuarto llevando un candelabro, atravesó el corredor y se detuvo junto a


la puerta de Ashleigh. Los últimos tres días habían sido un infierno, y esa noche no
prometía ser mejor.
Cuando, llevado por el despecho, había resuelto traerla de vuelta a su casa, no tenía otra
cosa en mente mas que castigar a esa mujer, que se había atrevido a creer que podía
escaparse de él . Había sido un acto de venganza, pero, ahora que la tenía en sus
manos, completamente a su merced, se daba cuenta que la venganza era un arma de
doble filo, capaz de herir también a quien la empuñaba. Al principio, solamente había
pensado en hacerla sufrir durante algún tiempo y luego dejarla ir, como ella quería,
borrarla para siempre de su memoria y de su vida! Pero su mente no le permitía hacer
eso, ni su cuerpo ansioso.
Sin embargo, allí estaba lady Margaret, amenazando con consecuencias escandalosas e
instigándolo a pedir el divorcio. Pero romper los lazos que eventualmente lo ligasen a una
mujer que ya no le interesaba sería fácil. Casi imposible sería separarse de otra que
había despertado en su corazón una emoción tan profunda!
Esa noche, había desistido de las rondas nocturnas a los clubes y a las mesas de juego,
distracciones a las que se entregaba, invariablemente, después de la última sesión en
Carlton House. Había comido un cena liviana en su cuarto. A continuación , se había
bañado y se había cambiado de ropa. Después , había esperado que Higgins terminase
de preparar el baño de Ashleigh, antes de ir hasta su puerta y quedarse allí, esperando
el momento de entrar.

Ashleigh estaba sentada delante de la ventana abierta de su cuarto, sintiendo la dulce


caricia de la brisa del anochecer. Afuera, el cielo presentaba las primeras estrellas, y la
luna, medio velada por los ramas de las mimosas, lanzaba brillos de plata sobre el jardín
dormido. Era la promesa de una noche adorable!
El ruido de la puerta que se abría la arrancó de sus devaneos y la hizo darse vuelta
bruscamente. Era Brett. Informalmente vestido, con pantalones grises y la camisa blanca
abierta en el pecho , él estaba tan atractivo que ella apenas disimuló su admiración.
Consciente de que ella lo examinaba, Brett se quedó un instante contemplándola. Su
juventud, su belleza, sus ojos azules, su vulnerabilidad le conmovieron el corazón.
Dominado por el repentino deseo de tomarla en sus brazos, Brett dio dos pasos hacia
adelante . Pero inmediatamente se dio cuenta que sería ir lejos demasiado. Antes, debían
conversar. De lo contrario, nunca llegarían a entenderse...
— Parece que te adaptaste muy bien a las nuevas circunstancias — le dijo , con leve
ironía.
—A mi prisión, eso quieres decir?
Brett se encogió de hombros .
— Lo que sea ... tu prisión!
— Sabes bien que estoy aquí contra mi voluntad ! Por qué no me dejas ir ?
El la miró fijamente, debatiéndose en un conflicto interior. No podría darse al lujo de
conceder una sola ventaja a esa mujer tan voluble.
— No voy a permitir que salgas de aquí mientras no me digas por qué me
abandonaste ! — Brett dijo con rabia, aún sabiendo que ese era un objetivo demasiado
limitado para justificar su ansiedad.
Ashleigh sintió sus esperanzas renacer. Por primera vez él se mostraba dispuesto a
discutir el tema con ella. Sabía que la amargura todavía estaba allí, alimentando su
odio, pero no perdió el coraje. Le diría todo, le explicaría todo.
Ashleigh se levantó y lo enfrentó .
— Concuerdo, Brett. Ambos tenemos derecho a una explicación.
— Muy bien . Voy a comenzar preguntando una sola cosa que realmente me importa
saber. — Los ojos de él brillaron, traduciendo odio y sufrimiento.— Por qué te escapaste
de mí, Ashleigh? El matrimonio te decepcionó a tal punto que preferiste cortar
brutalmente el vínculo?

Ashleigh sacudió la cabeza con fuerza, mientras lágrimas comenzaban a rodar por sus
mejillas . Oh, no! Ella lo amaba!
— No, Brett. No es eso, lo juro! Sé que me equivoqué al irme sin hablar antes con vos,
pero...
— Entonces la única cosa de la cual te arrepientes es de” haberte ido sin hablar antes
conmigo"? Sólo eso ? Ninguna otra explicación? Los momentos que pasamos juntos no
significaron nada para vos?
Ashleigh recordó las cosas que habían hecho juntos. Volvió a ver el lecho nupcial y la
mujer anidada en los brazos de él, en una intimidad sensual . Sacudió la cabeza
vacilantemente, y dijo muy bajo:
— Esos momentos significan todo para mí.
Brett la miró asombrado. Y la noche, que debía ser nuevamente de venganza, fue
dominada por el resurgimiento de la emoción. Sin decir una palabra, la tomó en sus
brazos y hundió su rostro en sus cabellos perfumados.
En el calor de ese abrazo, todas las dudas desaparecieron, junto con todos los temores.
"Este hombre que amo, que deseo, es mi marido! No puedo dejarlo!"
Brett le besó la frente, las párpados todavía húmedas, las mejillas.
— Ashleigh... No puedo permitir que te vayas! Yo no soportaría...
El desató el nudo de la sábana en la que ella estaba envuelta y se quedó un instante
admirando a la mujer que tanto lo atraía.
— Ashleigh, yo...
Las miradas se encontraron , y Ashleigh por primera vez tuvo certeza de ver en los ojos
de Brett algo que no era sólo deseo, sino aflicción. por primera vez él había
abandonado su postura cínica y abría su alma, dejaba fluir las emociones tiernas que
siempre había reprimido.
— Perdóname, querido, Perdóname — Ashleigh dijo en un murmullo y entonces abrió los
brazos para recibirlo.
— No es preciso decir nada más — Brett dijo antes de besarle los labios entreabiertos.

Ashleigh abrió los ojos y se acurrucó contra el pecho de su marido. Se sentía muy
feliz. Las horas de pasión que habían compartido fueron ardientes y repletas de
momentos de ternura. El amor, si ella fuese paciente, vendría con el tiempo. La espera
no sería fácil, pero lucharía con todas las armas que disponía. Pero Brett tendría que
serle fiel!
— Brett... — ella habló bajito.
— Si, querida?
— Vos. .. te vas a quedar conmigo?
— Toda la noche, querida. Nada en este mundo me hará salir de aquí antes del
amanecer!
Ashleigh se quedó callada. No ganaba nada con decirle que no era eso lo que quería
saber. Hablaría con él más tarde, ella pensó, somnolientamente. Después , con un
suspiro de felicidad, volvió a dormirse.
Se despertó antes de llegar la aurora, con el sonido de un gemido. A su lado, Brett se
debatía, víctima de una pesadilla.
- Por qué no quieres decirme? Por qué se fue? Por qué?
Afligida, Ashleigh lo sacudió por los hombros.
- Brett... Brett! Despierta!
— Madre. .. se fue! Yo... — Brett se sentó de repente en la cama, bañado en sudor.
Ashleigh le acarició el rostro con ternura.
— Todo está bien, querido. Tuviste un pesadilla.
Brett abrió los ojos. El sueño mil veces repetido... La cara del pasado emergiendo
cuando los frenos de la represión se aflojaban ...
— Qué dije?
— Nada... nada. Estabas soñando.
— Pero qué dije ?— volvió a decir él, rudamente.
Sin comprender lo que él quería seguir escondiendo sus secretos más íntimos., ella
respondió confusamente:
— Hablaste de alguien que te dejó... sin decir adiós.
El la miró largamente. Después dijo, sin el menor vestigio de simpatía en su voz:
— Qué más?
Ashleigh se retrajo , los ojos llenos de amargura y censura.
— Por qué me interrogas de ese modo? Yo no tengo la culpa que hayas gritado y ...
Brett se levantó .
— Basta! No diga nada más .
— Qué te hice ? — dijo ella, que, en su desesperación, intentó sujetarlo. — Sólo te
desperté para que dejases de atormentarte con el recuerdo de tu madre!
— Vetea la mierda! — Brett estalló, desprendiéndose de ella. Se vistió rápidamente y
salió sin mirar atrás .
Ashleigh se arrojó sobre la cama y enterró su rostro en la almohada, el sentimiento de
humillación minando sus fuerzas. había sido brutalmente rechazada! Era un dolor y una
agonía que no olvidaría fácilmente.

Lady Margaret levantó el borde de la cortina y vio, por la ventana, el carruaje de Brett
salir por el patio. Lo vio ir rumbo a la avenida y después , dejó caer la cortina. El
momento era perfecto para poner en práctica el plan que había urdido cuidadosamente,
después de la discusión que había tenido con él.
Dominada por una sensación de euforia, se dirigió a la escalera, apretando en su mano
la llave que había robado del aposento del mayordomo , y empezó a subir lentamente
los escalones. Una pérfida sonrisa de satisfacción crispó sus labios al alcanzar el piso
superior. La campesina todavía estaba sollozando. Era lo que quería: tenerla delante de
sí derrotada, vulnerable, y fácil de manipular!
Aún sonriendo, insertó la llave en la cerradura.
Ashleigh levantó de la almohada su rostro bañado en lágrimas. Pensando que era Higgins
con la bandeja del desayuno, se envolvió rápidamente en la sábana y se secó los ojos
hinchados de tanto llorar. Pero al ver a figura vestida de negro transponer el umbral, no
pudo contener el escalofrío que le corrió el cuerpo.
— Lady Margaret... No sabía que estaba aquí.
— Acabo de llegar — dijo la mujer, acercándose . — Vine a Londres a visitar una amiga
enferma.
— Oh, comprendo.
"Todavía no, tonta ingenua, pero pronto comprenderás!", pensó lady Margaret,
maliciosamente.
- Brett supo que yo estaba en la ciudad y me pidió que viniese aquí.
- Por algún motivo en especial? — preguntó Ashleigh, sabiendo que los dos no se
llevaban bien.
- Mi sobrino quiere que lo ayude a resolver una cuestión muy delicada. No entramos en
detalles, porque él estaba muy apurado. Tenía un compromiso con lady Pamela
Marlowe.
Ashleigh sofocó una exclamación de repugnancia ante la mención de la ex amante de su
marido. Cómo él había podido ... después de una noche juntos? Pero encontró las
fuerzas para preguntar, con una leve hostilidad:
- Puedo saber qué cuestión es a la que se refiere?
Lady Margaret la miró fijamente. La joven parecía estar soportando la situación con con
coraje.
- Estás un poco pálida, querida — Margaret dijo , pareciendo no tener prisa en
proseguir con el asunto. — Quieres que le pida a mi criada que te prepare un té?
- No, gracias.
Ashleigh apenas podía contener su ansiedad. Por qué su marido había buscado a su tía
con tanta urgencia? Tenía la incómoda sensación de que eso tenía alguna relación con
ella y con su actual situación. Qué otro motivo traería a esa mujer, que siempre había
sido su enemiga declarada, a su cuarto, sino para gozar de su humillación?
- Usted dijo que Brett le pidió ayuda — Ashleigh le recordó con prisa por esclarecer
la cuestión de una vez por todas.
- Ah! Si — respondió Margaret, volviéndose para que ella no pudiese ver su
satisfacción . — Brett quiere que lo ayude con el proceso de divorcio.
En el silencio que siguió, Ashleigh cerró los ojos con fuerza. Brett quería divorciarse...
Naturalmente, debido a la absurda discusión que habían tenido esa mañana, cuando él
había demostrado claramente que era un hombre atormentado por una inquietud que le
frustraba la posibilidad de disfrutar placeres y no le permitía ser feliz con ninguna mujer !
Sintiéndose abatida e incapaz de continuar la lucha, Ashleigh murmuró :
— Puedo irme de aquí ? No le pido más que eso.
— Su Gracia no dijo nada al respecto — respondió astutamente lady Margaret, mientras
se encaminaba hacia la puerta. — Pero estoy segura que pronto tendrás permiso para
partir.
— Cree que va a demorar mucho ?
— Sabes como son esas cosas, querida. Los abogados tendrán que proceder con cautela
para evitar que se investigue el caso.
Um caso común de infelicidad conyugal no debe ser transformado en un escándalo
público. Están en juego los intereses del ducado y el buen nombre y honor de mi familia!
Ya con la mano en la perilla, ella se dio vuelta .
— Voy a darte un consejo que podrá ayudarla en ese sentido. La próxima vez que el
duque te busque, insiste para que él te deje ir con tu hermano. Convéncelo de que la
mejor manera de evitar los rumores y para que él no se vea afectado en su puesto
político es que te deje partir a América.
Lady Margaret abrió la puerta.
— Sé que no será fácil para vos. Pero estoy segura que , finalmente, vas a darte
cuenta que el divorcio es la mejor solución.

CAPITULO 29

El gran carruaje contorneó el patio de piedra de la casa King Street y se estacionó


detrás , con la capota bajada, para que sus ocupantes pudiesen aprovechar la
temperatura amena de esa tarde de verano.
— Debe ser el carruaje de lady Bunbury — dijo Patrick en voz baja.
— El cochero es un tipo de aspecto truculento? — preguntó Megan desde el piso del
carruaje, donde se encontraba, para que nadie la viese vestida con ropas de marinero.
— No te preocupes por eso, amor. Thorton se ocupará de él, si es necesario.
Patrick señaló al hombre. Era Abner Thorton que hacía las veces de cochero.
— Ahora recuerda: comienza a actuar solamente cinco minutos después de que yo
haya entrado en la casa.

— Por quién me tomas, Patrick St. Clare? Una débil mental ? — fue el susurro indignado
de la impetuosa irlandesa. — Repasamos los planes durante horas! Sé muy bien lo que
debo hacer: darte tiempo para que distraigas a esa vieja de mierda, antes de treparme
por la mimosa del patio, debajo de la ventana de nuestra pequeña Ashleigh.
Patrick sonrió .
— No te enojes, amor. Sé que no eres una niña ni una débil mental. No ese pantalón
puede esconder que eres una mujer hecha y derecha. Y adorable, sin duda!
Megan lanzó una mirada rápida al otro banco, donde Suzanne Gautier, fina y majestuosa
en uno de sus vestidos de paseo, estaba sentaba compuestamente, y se ruborizó .
— Necesitaba vestir algo que me diese libertad de movimientos y me permitiese
trepar un árbol y arrojar la cuerda para... Patrick! Dónde está la cuerda?
— SHhh, Megan O'Brien! — susurró él, preocupado. — quieres que te escuchen ?
— Voilàl — dijo Suzanne serenamente, sacando el rollo de cuerda debajo de la baúl
conteniendo ropas para Ashleigh, ya que Higgins se había visto obligado a explicar,
avergonzado, qué tipo de medidas el duque había tomado para evitar que su esposa
escapase.
Patrick aprobó con la cabeza y, después de susurrar algunas instrucciones a las dos
mujeres más, abrió la puerta del carruaje y anunció :
— El juego ha comenzado. Que Dios nos ayude!

En la sala de visitas, lady Margaret le pasaba una taza más de té a lady Bunbury.
— Gracias, querida. No quieres servir más un de esas masas deliciosas?
Margaret sofocó un suspiro de exasperación. Pero, recordando que dependía de la
lengua afilada de esa mujer para poner en circulación ciertos chismes, forzó una sonrisa.
— Claro, mi querida!
— Humm... — murmuró la corpulenta dama con la boca llena. — Deliciosas...
absolutamente deliciosas. Mis felicitaciones al chef dela cuisine.
Lady Margaret pensó, satisfecha: "Este es el momento!"
— Oh! mi querida — dijo entonces, con aire compungido. — Fue una suerte que el
duque haya conseguido de nuevo los servicios de él. El hombre estaba muy amargado!
— Cómo es eso? — preguntó lady Bunbury, ya interesada.
— La esposa del duque lo había despedido. Sin motivo alguno, solamente para demostrar
el poder que su nueva posición le concedía. Imagínate, un empleado que estaba en la
familia hacia tantos años...
Margaret sacudió a cabeza con pesar.
— Pobre Brett! Actuó noblemente, honrando el compromiso que mi hermano asumió
en nombre de él. Pero el matrimonio del duque ha sido un ...
— Oí algo respecto a ella — murmuró lady Bunbury . — Huérfana, según me dijeron,
criada en una institución. Convengamos que no es el lugar más adecuado para educar a
una futura duquesa! Es extraño que el duque la haya tomado por esposa, sabiendo eso!
— Mi opinión respecto a ella era la peor posible, créeme ! Pero mi sobrino no quise
faltar a la promesa que hizo a su abuelo en su lecho de muerte.

— Lo lamento tanto , lady Margaret. Y ahora?


— Ahora tenemos de recomponer las cosas. A mí sólo me interesa que Brett vuelva a
tener el sosiego de antes y que el apellido de la familia no quede salpicado. Por eso,
después que ciertos hechos llegaron a mis oídos, intenté convencerlo de darle una
solución definitiva al caso!
Qué hechos son esos? — preguntó lady Bunbury con ávida curiosidad .
Bien... Me juré a mí a misma mantener el secreto en torno al asunto. Pero si vos,
querida amiga, me prometes no...
— Oh, si! El secreto quedará entre nosotras dos!
— La muchacha que se ocupa del cuarto nupcial, una criada que está hace muchos años
con nosotros , me confidenció ... — Lady Margaret se inclinó hacia la vieja lady y le
susurró al oído algo que la hizo ruborizar.
- No! — exclamó ella con voz perpleja..— Y tu pobre sobrino no tiene idea que...?
— Ni la menor idea.
- Oh, mi querida!...
Lady Margaret escogió cuidadosamente las palabras.
- La situación es muy incómoda. Pero no podemos deshacer lo que está hecho. Sólo
podemos remediarlo. Y pronto su Gracia verá que el único remedio es el divorcio. Es una
cosa detestable, sé que concuerdas conmigo, pero yo ya lo aconsejé en ese sentido.
- Oh, naturalmente! Tienes todo mi apoyo, lady Margaret!
- Ah! Y hay otra cosa — acentuó lady Margaret, con los ojos fijos en su amiga.
— Algo mas ? — exclamó lady Bunbury, sin poder contenerse.
— Debemos tener certeza que la muchachita no esté... embarazada. Porque, en ese
caso, el hijo no puede ser de Brett.
- Sería sencillamente horroroso!
— Abominable — concordó lady Margaret.
Los ojitos de lady Bunbury brillaron de placer. Era el escándalo del año! Suspirando,
lanzó una mirada hacia el reloj de pie. Pasaban algunos minutos de las cinco...
Demasiado tarde para otra visita. Pero, si actuase rápidamente , podría descansar un
poco y después vestirse para ir a cenar con lady Mowly. Afortunadamente , ellos
habían vuelto de Brighton y estaban recibiendo visitas!
—Siento mucho por la situación que tu familia está atravesando. Pero el tiempo pasa y
todo se olvida. — ella agarró su cartera de red — Ahora debo irme. No tenía idea que
fuese tan tarde.
Un suave golpe en la puerta interrumpió las efusivas despedidas.
- Entre — dijo lady Margaret en voz alta.
Las puertas de la sala se abrieron y Higgins apareció en el umbral , anunciando:
- Sir Patrick St. Clare, my lady.
Un aire de perplejidad cruzó la cara de la vieja dama, antes que ella dijese:
— Gracias, Higgins. Lady Bunbury ya está saliendo.
- Acompáñala y haz entrar a sir Patrick.
— Perfectamente, my lady.
Imperturbable, Higgins condujo a la visita hasta el vestíbulo de mármol, donde un
grande vaso de lilas exhalaba un delicioso perfume. al pasar por al lado del hombre alto,
correctamente trajeado, que acababa de ser anunciado, le hizo una imperceptible señal
de asentimiento con la cabeza.
Minutos después , lady Margaret examinaba Patrick de arriba a abajo, con leves
sospechas. Había algo en él que la intrigaba. El parecía demasiado relajado para alguien
que tenía a su hermana secuestrada hacia tres días .Qué estaría tramando? Rescatar a
la perra de su hermanita ahí mismo, debajo de sus narices? Pues estaba muy
equivocado!
Discretamente, aparentando naturalidad, Margaret se aproximó a la ventana y miró a
el patio. Allí únicamente había un carruaje abierto, donde la pelirroja irlandesa, amiga de
Ashleigh, mostraba su bello perfil debajo de un gran sombrero de paja adornado con
margaritas.
- No, sir Patrick. No tengo la menor idea de donde se pueda encontrar su hermana —
dijo , volviéndose hacia él. — Pensé que habría partido a América con usted. Pero
parece que no me dieron la información correcta al respecto.
Patrick sonrió , agradeciendo la oportunidad de prolongar la visita.
— Si tuviese la bondad de ofrecerme una taza de té , le puedo explicar todo, my
lady.
Veinte minutos después , Patrick se inclinaba con galantería sobre la mano de la vieja
dama.
— Adiós, my lady. Usted tiene mi dirección . Si sabe de algo , avíseme, por favor.
Lady Margaret asintió levemente y lo acompañó con la mirada hasta verlo desaparecer
en las sombras del corredor. No sabía por qué , pero tenía la desagradable impresión de
que había salido de una trampa...
Y fue así, inmersa en sus pensamientos, que Higgins la encontró un minuto después , al
volver d vestíbulo para retirar el servicio de té . Comenzó a moverse en derredor de la
mesa, recogiendo las tazas y platos usados, mientras la observaba de soslayo. Cuando la
vio volverse hacia la puerta , supo que tenía que actuar rápidamente.
Equilibrando la pesada bandeja de plata en una de sus manos, Higgins se adelantó ,
fingiendo solicitud.
- Permítame que le abra, my lady.
Un segundo después , en el preciso instante en que ella franqueaba el umbral, la bandeja
de plata, con su valioso servicio de té de Sevres, se estrellaba contra el piso , delante de
ella.
— Tarado! Torpe! — la mujer gritó, furiosa, ignorando los humildes pedidos de
disculpas del mayordomo . — Mire lo que ha hecho!
Mientras Higgins enfrentaba la ira de la vieja dama, deshaciéndose en disculpas, el
carruaje de Patrick ya avanzaba por la avenida a toda velocidad . En su interior, Ashleigh
reía feliz, acompañada por la risa de las otras dos mujeres y por los alegres ladridos de
Finn.

Fue mucho mas tarde cuando Brett abrió la puerta de su casa. El propio había colocado
el carruaje en el establo, sin extrañarle el hecho que Higgins no estuviese allá para
ayudarlo. Lo había dispensado de esa obligación desde que había comenzado a pasar las
Noches fuera de la casa.
En la antesala, al colgar el sombrero , vio la bandeja de plata destinada ala
correspondencia una hoja de papel doblada al medio. La desdobló y leyó :
"Su Gracia,
Estoy volviendo a Ravensford Hall. Cuando vayas al cuarto de su esposa, comprenderá
el motivo.
Margaret".
Brett frunció el ceño . "En qué nuevo lío esa vieja bruja me metió ?", se preguntó ,
mientras subía la escalera, rumbo al cuarto de Ashleigh. Delante de la puerta, se detuvo
vacilante, incierto sobre lo que lo aguardaba allá dentro.
Deliberadamente, había mantenido sus pensamientos apartados de su esposa, temiendo
que eso lo deprimiese, como las otras veces. Y había bendecido esa reunión de último
momento en White Hall, que se había prolongado hasta la medianoche.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos y del cansancio, el breve trayecto de vuelta a la
casa había sido atormentado por las imágenes de la mujer que el día anterior después
algunas palabras dichas impulsivamente, lo había mirado como si fuese una extraña,
una enemiga!
Dándose cuenta que estaba se afligiéndose inútilmente, sacó la llave . Cuando la
introdujo en la cerradura, notó que la puerta estaba solamente apoyada. Sofocando el
flujo de emociones que lo asaltó, Brett la abrió lentamente, ya sabiendo lo que iba a
encontrar del otro lado.
A no ser por el leve ruido de las cortinas agitadas por la brisa que entraba por la ventana
abierta, el cuarto estaba silencioso. Sus ojos se volvieron automáticamente hacia la
inmensa cama de dosel, iluminada ahora por la luz de la luna. Vacía!
Lentamente, como en un transe, atravesó el cuarto. Con cada paso que daba hacia
adelante , veía que era inútil buscarla y traerla de vuelta. Debía dejarla hacer lo que se le
antojase , ya que le había dado a entender que no quería, de ningún modo , saber nada
con él.
Brett se paró en medio del cuarto, su irritación súbitamente convertida en sufrimiento, y
llevó las manos a su cabeza. Tenía la impresión que estaba por enloquecer! Durante tres
días, se había debatido en la inseguridad, en busca de una solución. Ahora, se veía
salvado de ese problema. Ella había hecho su elección . De una cierta forma era mejor,
todo se había hecho más fácil.
Pero esa fuga le dolía físicamente. Cansado, apoyó el brazo en la chimenea. sus ojos
fueron atraídos por un leve brillo de metal reflejando un rayo de luna. Se inclinó para
ver mejor: era la alianza matrimonial de Ashleigh !
La tomó y la apretó con fuerza en su palma helada.

CAPITULO 30

El mar de Liguria era una franja plateada sobre los arrecifes rosados que abrazaban
Livorno. Gritos de gaviotas llenaban el aire. A lo lejos, una nube blanca se desplazaba
lentamente en el cielo azul, formando un plano de fondo encantador para la pequeña
aldea localizada en una colina revestida de cipreses y olivos.
Desde el carruaje abierto, parado en el camino que dominaba la bahía, Ashleigh tenía
una vista magnífica de la playa. Pero no era la belleza del día o del escenario lo que
atraía su atención. Durante la última media hora, mientras esperaba que Patrick y Megan
volviesen de la aldea, se había quedado observando un grupo de niños que jugaban en la
arena bajo las miradas vigilantes de una mujer alta, de porte aristocrático.
Los pequeños, cuyas edades parecían variar de los tres a los diez años, eran lisiados.
Dos o tres usaban muletas. No obstante, se mostraban alegres y relajados, saliendo y
entrando a voluntad del mar, o entregándose a otros juegos con la soltura de cualquier
criatura.
La mujer que los acompañaba usaba un vestido liviano de verano y sujetaba de las
manos a dos gemelas ciegas. Ella no era joven, a pesar de la agilidad con que se movía.
Mechas grises escapaban de su sombrero de paja, y su voz, cuando hablaba o reía,
tenía un timbre agradable.
Era curioso! Ashleigh sería capaz de jurar que la conocía, aunque nada justificase esa
extraña sensación. Ni sus facciones, solamente visibles debajo las alas del inmenso
sombrero , ni su voz cálida. Sin embargo, había algo en ella que...
Súbitamente, dejó de evaluar esas impresiones y volvió a pensar en su propia situación.
Habían transcurrido dos meses desde el día en que había sido rescatada. Dos largos
meses, durante los cuales los esfuerzos de Patrick para llevarla a América habían sido
frustrados por la vigilancia de la patrulla marítima inglesa, que actuaba a lo largo de la
costa.
Embora sabiendo que esa acción contra los barcos americanos era ilegal, su hermano
temía una confrontación directo con los ingleses en el mar. El Ashleigh Anne navegaba
entonces bajo bandera americana y, se fuese alcanzado, sería seguramente confiscado
por la Marina Real Inglesa, bajo la imputación de estar haciendo contrabando o
espionaje.
Entonces, por el espacio de seis semanas, se habían limitado a navegar solamente de
noche. Durante el día, quedaban abrigados en una de las muchas ensenadas
diseminadas a lo largo de la costa inglesa.
Pero, cerca de quince días atrás, cuando a su sufrimiento emocional había venido a
sumarse un malestar matutino, dejando claro para todos que estaba embarazada, Patrick
se convenció de que no podían esperar más.
— Navegaremos bajo falsa bandera. Alemana o belga — había dicho él. — Y tomaremos
rumbo sur, siguiendo la línea de la costa. Es arriesgado, pero menos peligroso que el
mar abierto.
Cuando Ashleigh y Megan lo interrogaron sobre el destino , él les había mostrado una
carta que había recibido de Livorno, ciudad portuaria de Toscana, y había dejado
deliberadamente escapar la increíble historia de la mensajera, María, condesa de
Montefiori, o Mary, ex vizcondesa Westmont.
La madre de Brett! El dolor la golpeó instantáneamente, trayendo de vuelta a su
memoria las circunstancias en que había dejado la mansión.
"Qué otra cosa podía hacer mas que marcharme ? El quería el divorcio..."
Contuvo las lágrimas que amenazaban con desbordar sus ojos y se volvió nuevamente
hacia la playa. La desconocida estaba reuniendo a sus pequeños. Momentos después ,
alcanzaban el camino e iniciaban la marcha entonando una canción .
Al pasar por al lado de ella, la mujer sacudió la cabeza y le lanzó una sonrisa cálida.
Algunas de los niños la imitaron, y Ashleigh sonrió también , retribuyendo el saludo.
Cuando el grupo se perdió a la distancia, la opresión que la había dominado todo el día
había desaparecido.
Cuando Patrick y Megan llegaron, anunciaron que habían hablado con el mayordomo de
la Condesa. La señora había salido, pero había dejado dicho que estaba ansiosa para
recibirlos en su villa.
Ashleigh los oyó hablar, absorta en la contemplación de ese escenario incomparable. El
sol caía en el horizonte Debajo, el mar se escondía bajo una bruma tenue y se confundía
con la tierra, ya sumergida en sombras.
Dio un suspiro de alivio. Qué bueno que estaba en Italia!
El carruaje subió por una cuesta y avanzó, durante algún tiempo, a lo largo del muro de
un parque. Atravesó el gran portón de hierro, de donde se veía la casa coronada por un
diadema de barandas, y seguida por el inmenso jardín en escalones de terraza,
adornado con estatuas y fuentes.
A los pies de la escalera, un criado aguardaba a los visitantes, para conducirlos a la
presencia de la Condesa. Después de atravesar el vestíbulo renacentista fueron
anunciados:
— Signore e signorina St. Clare. Signorina O'Brien.
Una risa cristalina hizo eco en la espaciosa sala de visitas,
mientras una mujer alta, esbelta, magníficamente vestida, se adelantaba para recibirlos.
— Enrico, tengo que entrenar un poco más tu inglés — dijo ella, hablándole al
mayordomo. — Patrick, mi querido. Qué placer!
Patrick la envolvió en un grande abrazo.
— María!
La Condesa se apartó un poco.
— Déjame mirarte. Mi Dios, cómo has cambiado !
— Vos, por el contrario, no cambiaste ni un poco. O tal vez si. Todavía está más bonita
de lo que yo recordaba.
— Adulador ! — exclamó ella, deleitada, alisando con sus dedos delgados las mechas
que le plateaban las sienes. — Esto es para recordarme que el tiempo pasa rápidamente
para una mujer.
Patrick le tomó la mano y la besó .
— María, permite que te presente a mis dos damas.
La Condesa miró primero a Ashleigh y se quedó en silencio. Después dijo con mucha
suavidad:
— Habría reconocido inmediatamente esos ojos maravillosos, si me hubiese
aproximado más al carruaje.
Ashleigh entreabrió los labios sorprendida . La mujer de la playa! Jamás habría creído
que esa mujer , vestida sencillamente, y esa dama sofisticada pudiesen ser la misma
persona!
Le hizo una breve reverencia, murmurando:
— Fue muy bondadosa de recibirnos en su casa, condesa. Gracias.
— No tienes que agradecerme, mi querida. Espero que aceptes esta casa como tu
hogar y a mí como su amiga — dijo María. — Y no te avergüences, porque no me
reconociste en la playa. Han pasado tantos años...Además, me gusta vestirme
sencillamente, cuando salgo con mis niños.
— Tus niños?
— De cierto modo, si . — ella miró a Megan. — Pero, ahora, quiero conocer a esta linda
pelirroja. La señorita O'Brien.
Patrick concluyó las presentaciones. De común acuerdo con Ashleigh, no tocó el tema
del casamiento de su hermana, concordando con ella que debían aguardar el momento
adecuado para hacer esa revelación. Pero enfatizó en el hecho que Megan era su
prometida .
Ante eso, la Condesa envolvió a la joven irlandesa en un abrazo caluroso.
— Qué noticia tan maravillosa! Apenas puedo esperar para oír todos los detalles. Pero
no ahora. Deben estar exhaustos. Haré que Enrico los acompañe a sus cuartos. Podrán
refrescarse y descansar un poco.
Se Habían vestido para la cena. En la espaciosa terraza con vista al mar, la
Condesa y sus tres invitados bebían un liviano vino blanco, que había sido servido en
copas de plata, finamente talladas. Ante de la franca admiración de sus invitados, ella
explicó :
— Forman parte de los tesoros de los Montefiori que heredé de Gregorio, junto con otras
tres villas y los viñedos.
— Eso explica por qué los aldeanos a quienes pedimos información se referían
exclusivamente a la villa de la Condesa — observó Patrick. — Lo seinto mucho , María.
Cómo fue que sucedió ?
María suspiró tristemente.
— La guerra. Sabes el verdadera desastre que Napoleón perpetró en Europa,
especialmente aquí, en la península italiana. La familia de mi marido era muy rica
porque poseía vastas propiedades. Y cuando Gregorio quiso ayudar a uno de sus
parientes que estaba por perder sus tierras a manos de los franceses...
La Condesa se puso a hablar con ternura del marido que había perdido. Y concluyó :
— Tuvimos buenos momentos. Nuestro único pesar fue el no tener hijos. — ella
esbozó una leve sonrisa. — Ahora, cuéntenme de ustedes. sin olvidar de ningún detalle.
Patrick inició un relato pormenorizado de su vida, comenzando por los eventos que
habían seguido al incendio y continuando con sus años en América y su reciente llegada
a Inglaterra. María hacía preguntas oportunas, pero la mayor parte del tiempo oía
atentamente.
Al saber cómo él había encontrado a su hermana y por qué motivo ella se encontraba en
Ravensford Hall, la Condesa se puso extremamente pálida.
— Brett fue capaz... de eso?
Ashleigh vio su expresión de dolor y sintió pena. Brett todavía era su hijo!
— No debes juzgarlo con mucha severidad . Brett siempre vivió bajo una gran
presión. Creo que tienes derecho a saber todo.
Entonces, sin omitir ningún hecho y esperando fervorosamente que su exposición
pudiese explicar el comportamiento de su marido, Ashleigh reveló toda su vida: la tristeza
del pasado, el modo en que Brett y ella se habían conocido, el extraño acuerdo con
Madame, su posterior permanencia en Ravensford Hall, y, finalmente, el casamiento y
sus amargas consecuencias.
Cuando concluyó , revelando su embarazo, las lágrimas corrían por las mejillas de
María.
— Oh, mi hija... también vos fuiste alcanzada por ese antiguo veneno. Pero todavía
amas a mi querido Brett, verdad?
Ashleigh asintió con un gesto. Patrick se volvió hacia ella, incrédulo.
— Pero si lo amas, por qué lo abandonaste?
— Realmente necesitas preguntar eso , querido? — dijo María gentilmente. — Por el
mismo motivo que me hizo partir sin intentar convencer al padre de Brett de mi
inocencia.
— Pero es diferente!
— No, querido, no lo es. Tu hermana y yo no tuvimos fuerza y coraje para enfrentar el
odio que crecía en el hombre que amábamos. Un odio irracional, alimentado por el
veneno...
María cerró levemente los ojos.
— Por el veneno que un ser diabólico instiló en sus mentes!
Megan se inclinó hacia adelante .
— Qué ser diabólico es ese, my lady? Se está refiriendo al viejo duque?
— Oh, no! De él, sólo puedo censurar su intransigencia y su falta de compasión — dijo
María tristemente. — Yo siempre lo consideré un hombre correcto.
— Entonces, quién?...
— Esa es una pregunta que me hice millares de veces. Quién saldría beneficiado si...
En ese momento, se oyó el sonido de varios pececitos golpeando sobre el piso de
mármol . Los cuatro se dieron vuelta al mismo tiempo. Había un grupo de niños parado
en el otro extremo de la terraza.
— Perdón , señora Condesa — dijo uno de los pequeños, confundido y avergonzado,
adelantándose.
María le hizo una señal a los otros, que habían quedado mas atrás .
— Anna, Vittorio... todos ustedes! Pueden aproximarse.
Los invitados no van a morderlos. Pero deberán hablar en inglés.
Uno de los niños avanzó lentamente, seguido por otros cinco, formando una fila delante
de la Condesa y sus huéspedes. Ashleigh los reconoció pronto. Eran los mismos que ya
había visto en la playa.
— Amigos — dijo María —, permitan que les presente algunos de mis niños: Antonio,
Anna, Salvatore, Gina, Vittorio y Teresita.
Ella concedió algunos minutos para el habitual intercambio de gentilezas y entonces
continuó , con una calma sonrisa:
— Mis niños no podían esperar ni un minuto más para conocer a nuestros huéspedes,
verdad ? Ahora que ya los conocen, pueden subir. Y díganle a los otros que todos tienen
permiso para venir a desear buenas noches después de la cena. Comprendieron?
Las seis cabecitas asintieron vigorosamente. Cuando ellos se fueron, ella se volvió
nuevamente hacia sus huéspedes.
— Veo que están ansiosos por conocer la historia de mis niños. No tendrán que
esperar mucho . Hablaremos sobre eso durante la cena.
Graciosamente, ella tomó el brazo de Ashleigh, permitiendo que Patrick escoltase a
Megan, y siguió al criado, que acababa de aparecer en la entrada en arco de la terraza.
En la mesa, María se puso a hablar de sus niños. Eran huérfanos, criados en el Convento
Piccolli Fiori. Después de la muerte de Gregorio, ella había ido a visitar a las monjas,
pensando en ofrecer un poco de su tiempo, además de ayuda financiera, en favor de los
pequeños. Y había quedado entristecida por las condiciones de ellos, especialmente dos
que habían sido directamente alcanzados por las atrocidades de la guerra.
Poco después de la visita, se había entrevistado con la madre superiora, proponiéndole
convertirse en la madre de crianza de esos once niños que nadie quería. Los había traído
a su casa, transformando parte del piso superior en cuartos y salas de estudio para
ellos. Después , había contratado dos enfermeras, un profesor, dos ama de llaves y les
había puesto a disposición su viejo criado, Giovanni, quien los mimaba como si fuesen
sus nietos.
Ella misma participaba en la educación de los niños, que eran de una dulzura
extraordinaria. Les enseñaba francés e inglés, les revelaba el encanto de las bellas artes
en todas sus formas, los estimulaba a cabalgar los ponies que había adquirido
especialmente para ellos, les contaba historias los sacaba a pasear.
Ashleigh veía su rostro iluminarse con placer, mientras hablaba de su trabajo. Y admiró
a esa mujer, que había perdido tanto, que había sido cruelmente separada del hijo que
amaba, que se había negado a vivir en soledad y había llenado el vacío de su alma
enriqueciendo las vidas de esos pequeños. Había detenido el golpe brutal que el destino
le había asestado, transformándolo en una increíble donación de amor!
Por qué, entonces, no buscar alcanzar ese mismo estado de paz interior, dedicandose
también a un trabajo que se presentaba como una obra de sublime entrega?
La oportunidad apareció a la mañana siguiente, en la mesa del desayuno .
— Querida — dijo María —, en tu condición, no deberías levantarte tan temprano.
— Estoy habituada, my lady.
—Por que no me llamas María? — sugirió a Condesa con una sonrisa.
- Será un placer — dijo Ashleigh, retribuyendo su sonrisa.
Un pensamiento tomaba forma en su mente. Hizo una ligera pausa, procurando las
palabras con que formularlo.
— Me gustaría hablar sobre los niños, María. Casi no pude dormir pensando en ellos.
Me quedé pensando si...
— Si no podrías dedicar parte de tu tiempo a ellos, no es eso ?
- Cómo lo sabes? — se admiró Ashleigh.
- Ay! Mi querida. tenemos mucho en común. Tal vez porque las dos amamos a Brett, o
tal vez por una afinidad natural.
- Eso me alienta.
Los ojos de la Condesa se posaron pensativamente en ella.
— Creo que podrás prestarnos una ayuda inmensa, Ashleigh.
— Gracias, María. Estoy más agradecida de lo que puedo expresar.
— No hay motivo para gratitud — sonrió la Condesa. — Tu compañía me dará placer.
Pero tienes que prometer una cosa, querida. No te esfuerces demasiado. No quiero que
comprometas tu salud, cuando más precisa de ella.
Maria le extendió la mano a través de la mesa.
— Descansa bien, aliméntate bien y ejercítate moderadamente.
— Haré todo lo que quiera! — le prometió Ashleigh, con entusiasmo. — Cuándo
podemos comenzar?
— Después que yo haya vuelto de la iglesia. Debo hablar con el padre Umberto sobre
el casamiento de tu hermano.
Los ojos de Ashleigh brillaron con placer al acordarse que, la noche anterior, Patrick y
Megan habían decidido casarse allí, en esa pequeña y romántica aldea italiana.
— Qué puedo decir, mas que gracias?
— Tome tu té — dijo María, sonriendo. — Le pediré a Giovanni que Venga a buscarte
dentro de una hora.

En los días que siguieron , Ashleigh comenzó a pasar buena parte de su tiempo con los
niños, pero respetando el período de reposo diario que el médico de su suegra, después
de examinarla, le había impuesto.
Esos momentos en compañía de los pequeños pronto se convirtieron en la principal
motivación de su estadía en Livorno. Había picnics en la playa, paseos, juegos en el
jardín, de los cuales Finn tomaba parte activa. Era un placer participar de esas
diversiones infantiles, que la hacían sentirse al mismo tiempo serena y realizada.
La noche, después de la cena de los adultos, formalmente servido en la suntuosa sala de
cenar de la Condesa, ella volvía a reunirse con los niños en el piso superior . Allá, ellos
preparaban espectáculos divertidos, cabiéndole los papeles de espectadora entusiasta, o
personaje de una obra teatral según el momento exigía.
En esas ocasiones ellos le demostraban calurosamente o cuanto la querían , y ese
hecho la llenaba de felicidad . Ante eso, qué importancia podía tener lo que sucedía en
el mundo?, pensaba en sus breves momentos de recogimiento.
Los días y las semanas pasaban en un dulce encantamiento. Octubre dio lugar a
noviembre y después a diciembre. Patrick y Megan se casaron tres semanas antes de
Navidad. Fue una ceremonia íntima, con dos niños llevando las alianza. El coro,
formado por los demás, cantó el Ave María, y Ashleigh se emocionó hasta las
lágrimas.
Para ella, esos meses habían sido los más felices de su vida. María de Montefiori era una
mujer que poseía el don de la comprensión y un infrecuente talento para la amistad. No
había día en que no pasasen algunas horas a solas .A veces, era un tranquilo desayuno ,
compartido delante del fuego de la chimenea, otras un paseo a la tarde por los jardines,
cuando el sol era suficientemente fuerte para sosegar las brisas heladas que venían do
mar.
Ocasionalmente, tomaban una copa de vino caliente en los aposentos particulares de la
Condesa. Fue durante una de esas conversaciones nocturnas que, finalmente, tocaron el
tema que venían evitado hasta entonces.
— Estás pensando en él , querida, verdad? — María preguntó, viéndola absorta en la
contemplación das llamas.
Ashleigh asintió.
— Pareces adivinar cuando pienso en él .
María sonrió con simpatía.
- En tu caso no es necesaria mucha intuición. Tu expresión cambia radicalmente,
pasando de la alegría a una profunda tristeza.
— No hay día que no piense en él . — La voz de Ashleigh vaciló. — Oh, la vida aquí ha
sido maravillosa, pero ...
— Pero tu corazón suspira por él — completó María con calma. — Sé como es. Me
sucede lo mismo.
— Todavía piensas en él ? — se admiró Ashleigh.
— Niño, adolescente, hombre adulto, Brett siempre estuvo y está en mi pensamiento.
Maria hizo una pausa y tocó el medallón que traía colgado en su pecho . Lo giró y
reveló la miniatura de una pintura de un niño de cabellos enrulados y de profundos ojos
azules.
— Mi amuleto contra la tristeza.
— La otra mitad del medallón de Brett! Fuiste vos quien lo colocó sobre la almohada de
él?
La Condesa confirmó con la cabeza.
— Fue necesario mucho coraje, créeme. Giovanni, uno de los hombres que componían
mi grupo en esos viajes clandestinos a Inglaterra, me ayudó a entrar por los jardines de
Ravensford Hall esa noche. Vestida de marinero, escalé el muro cubierto de hiedra del
cuarto de mi hijo y coloqué el medallón en un lugar donde él pudiese verlo. Yo quería
que él tuviese un recuerdo de un pasado feliz.
María permaneció largo tiempo en meditativo silencio .
— Fue casi insoportable perder a Brett. Más insoportable que tener que abandonar al
marido que amaba...
— Perdiste la esperanza de verlo nuevamente?
— Oh, no! Los milagros suceden ! Mira a mis niños. Eran criaturas desesperanzadas. Y
sin embargo aquí están: amadas, cuidadas, felices!
Ashleigh miró su vientre redondeado, visible aun bajo ese vestido estilo imperio.
—Yo sólo deseo que esta que cargo en mi vientre pueda ser tan feliz como los tuyos!
María sonrió .
— Piensas en ella como una niña?
— Si, espero que sea una niña. — ella miró a María con aire perturbado. — Un niño
precisa a un padre a su lado. Y este no tendría ninguno.
Los ojos de la Condesa se llenaron de compasión.
— Brett puede intentar descubrir donde estás, como hizo las otras veces. No sabes
que él ocupa un cargo muy importante en el Ministerio de Relaciones Exteriores? De ese
modo, no le faltarán medios para localizarte. Especialmente ahora, cuando hay paz en
Europa.
Ante el silencio de Ashleigh, ella continuó :
— Que harías si él apareciese aquí de repente?
— No lo sé. Realmente no lo sé! Desde que dejé Londres, acepté la idea de no verlo
nunca más.
— Pues te voy a revelar algo. Mi hijo siempre fue una persona muy determinada.
Cuando era pequeño, sabía exactamente lo que quería y de que modo alcanzar sus
objetivos. Nunca desistía! Las noticias que tuve de él posteriormente confirmaron ese
rasgo de carácter .
La Condesa esbozó una sonrisa.
— Por lo tanto, mi querida, te aconsejo a pensar en la posibilidad de la llegada repentina
de tu marido y en qué hacer cuando lo tengas delante de vos.

CAPITULO 31

Fue el invierno más riguroso de que se tuvo noticia en Inglaterra. Comenzó en diciembre
y se prolongó hasta el final de enero, con las nieves cayendo en ráfagas y
acumulándose en pilas a lo largo de las calles. Por primera vez, el río Támesis se
convirtió en una superficie de duro hielo.
Pero ni eso fue suficiente para mantener a los londinenses presos dentro de sus casas.
Sobre el río congelado pronto aparecieron tiendas iluminadas por candeleros donde se
vendía de todo: castañas asadas, cidra caliente, pastelitos rellenos, libros y chucherías.
Brett, quien había ido allí buscando libros, cerró con un golpe seco el que estaba
examinando y se abrió camino por entre la multitud de vendedores ambulantes.
Después , con las manos enterradas en los bolsillos del grueso saco forrado de pieles,
que le llegaba hasta los talones, siguió por las calles desiertas. Dobló una esquina y se
aventuró hasta una tienda. Detrás de los vidrios sucios, una vela iluminaba jarras de
porcelana, tazas con florcitas, copas pintadas a mano. Se detuvo allí y se sentó en la
punta de un banco de madera, bajo la nevisca.
Había caminado toda la tarde , pensando en escapar de las imágenes perturbadoras que
su mente removía. Esa cara... siempre la misma cara. Preciosa, única! Todavía estaba
delante de sus ojos, al alcance de su mano, pero en realidad tan perdida y lejana...
Dónde estaría ella ahora? Refugiada en la casa de Patrick, viviendo una existencia
calma, sin sorpresas, con la que había soñado desde el tiempo en que había sido una
criada de burdel? O todavía en el Continente europeo, esperando el final del conflicto
entre Inglaterra y América, antes de arriesgarse a atravesar el Atlántico?
Inconscientemente, sus dedos acariciaban la carta que guardaba en el bolsillo. La había
recibido hacia dos días de Simon Allerton, un agente secreto que trabajaba para el
Ministerio de Relaciones Exteriores. La carta anunciaba que había un barco en las costas
de Livorno. la embarcación portaba bandera alemana, pero, extrañamente, traía el
nombre Ashleigh Anne pintado en el casco.
Sería el barco de Patrick? En ese caso, qué estaría él haciendo en Italia, donde los
simpatizantes de Napoleón eran todavía numerosos? No se daba cuenta que esa región
se transformaría en un barril de pólvora, en caso que los rumores que corrían respecto
a Napoleón exilado en la isla de Elba fuesen verdaderos?
Pero, cómo Patrick podía saber eso? Pocos en el ministerio estaban al tanto de esos
rumores, que todavía eran mantenidos en secreto , ya que podrían resultar ser falsos.
Después de todo , de qué modo Napoleón conseguiría formar y armar un ejército
desde esa isla remota?
No obstante, el Almirantazgo estaba interesado en descubrir si había alguna veracidad en
esos rumores. Cuando terminase el duro invierno, algunos barcos de reconocimiento
dejarían el puerto de Londres para hacer una investigación de carácter no oficial.
Entonces , habría dos opciones : formar parte de la comitiva oficial que iría rumbo sur,
o viajar como un ciudadano común y corriente . Esa segunda alternativa le daría más
libertad para tratar sus asuntos particulares y asegurarse si ese Ashleigh Anne era
realmente el barco de Patrick,
Deseaba ver a Ashleigh? Esa era la cuestión que lo perturbaba desde que había recibido
la carta de Allerton. Mierda. Por qué no desistía? No era un tonto al perseguir una
ilusión, el reflejo de un recuerdo ?
Si la encontrase de nuevo , qué haría? Al principio, se había quedado despierto de
noche, alimentando una vaga esperanza. En los últimos tiempos, sin embargo, otras
imágenes se modelaban en su mente, tomando la forma de una mujer que se entregaba
apasionadamente a sus brazos.

En algún lugar debía haber una respuesta para el enigma que Ashleigh representaba.
Tenía que descubrir por qué la odiaba y la deseaba al mismo tiempo. Por qué, ángel o
demonio, era la mujer que quería a su lado. Para eso, solamente le quedaba un camino:
enfrentar la situación honestamente, sin flaquezas y sin subterfugios.
Súbitamente, el viento se puso a soplar en ráfagas coléricas. Se levantó y continuó
caminando. Se encontró nuevamente en el muelle. Del otro lado del puente, su cochero
lo esperaba sacudiendo los pies para ahuyentar el frío.
Apretó el paso y subió al carruaje tirado por cuatro caballos negros, que se pronto se
puso en marcha por la alameda, entre las árboles desnudos.

Envuelta en una capa de terciopelo azul forrada de armiño, Ashleigh bajó los escalones
de la baranda del ala sur y se acomodó en la poltrona que Giovanni había colocado allí
especialmente para ella.
Sintió un escalofrío, ante el frío que llegaba del mar, y enterró las manos en el regalo
que hacía conjunto con la capa, ambos regalos de Patrick y Megan. Los había recibido
en Navidad, acompañados de una esquela: "Terciopelo azul para combinar con tus ojos,
armiño para combinar con su alma. Te amamos!"
Hacia más de un mes que no los veía: todavía estaban en Capri, pasando la luna de
miel en una de las villas de la Condesa. La nostalgia que sentí por ellos afortunadamente
era suavizada por el descubrimiento de una nueva especie de felicidad al lado de María
y los niños.
La actividad que había asumido la impelía hacia adelante , ahorrándole muchas horas de
aflicción.
El recuerdo de Brett todavía le dolía, pero la angustia había disminuido . Ella había
cambiado; se había hecho mucho más fuerte, más segura de sí misma.
El sonido alegre de una trompeta la sacó bruscamente de sus divagaciones. debía ser
Antonio. El niño poseía un talento musical: tocaba varios instrumentos de oído, lo que
contrariaba a su profesor de música, el maestro Vivian, que venía de Pisa una vez por
semana para darle lecciones Ashleigh se dio vuelta y vio un grupo de niños apareciendo
en el otro extremo de la terraza. Todas vestían brillantes capas rojas y boinas del
misma color, confeccionados, sin duda, por Francesca y Alessandra, las dos niñas
mayores, y todos traían en sus manos un instrumento improvisado.
Ashleigh se puso a batir palmas, alentándolos. Estaba muy orgullosa de esos
pequeños espectáculos que los niños acostumbraban a presentar y que comenzaron
después que habían asistido a una representación teatral al estilo de la Commedia
deli'Arte, en Pisa.
Aquella noche, después de la cena, había notado que Antonio y Aldo se mostraban
particularmente entusiasmados. Entonces les había propuesto que armasen un
espectáculo en el que cada uno de los niños exhibiese sus talentos , para ser
representado ante los moradores de la villa.
Excitado con la idea, Aldo, un organizador nato, había montado, con su ayuda, una
deliciosa exhibición de canciones y danzas típicas para celebrar el día de Todos los
Santos. El espectáculo había sido presentado en la amplia sala de visitas, ante un
público deleitado . En diciembre habían hecho tres más: una para celebrar el casamiento
de Patrick y Megan, otro para Navidad y la tercera en homenaje a la Condesa.
Ashleigh se recostó en la poltrona, pensando en qué habrían preparado para esa tarde.
Casi no pudo creer en sus ojos cuando vio aparecer una pequeña carreta tirada por
Finn. En ella había un pequeño cerdito portando en su cabeza un amplio sombrero rojo
cubierto de flores de papel y en el lomo una capa roja de papel, ssimilar a las de los
niños . En su boca había una rosa, obviamente cortada de las plantas que María
cultivaba en los jardines del fondo.
Mientras las niños comenzaban a entonar una canción que hablaba sobre "una linda
dama de las rosas", el lechón entreabrió la boca, y Ashleigh casi pudo jurar que el
animal "sonreía"! No se contuvo y rompió en una alegre risa, lágrimas le caían por las
cara. Era una escena impagable : la sonrisa maliciosa de los niños mientras cantaban
versos alabando la belleza de la ”dama de la rosa” , y el lechón con la flor entre los
dientes...
Su risa se unió a la de María, quien apareció en la terraza acompañada de Giovanni. La
canción terminó, pero las risas continuaron . Tres o cuatro criados llegaron corriendo
desde el interior de la casa para descubrir la causa de tanta alegría. Al ver el cuadro,
teniendo a los animales como figurantes principales, aplaudieron entusiasmados.
Finalmente, agotada de reírse, Ashleigh se levantó y abrazó a los niños, uno por uno.
— Grazie, grazie. Estuvieron maravillosos! Hacia tiempo que no me reía tanto!
Después , se volvió hacia María.
— Debes contarme cómo los niños lograron que el cerdo sujetase la rosa entre los
dientes y la dejase caer en el momento correcto!
— Oh, fue fácil! El cerdo es un actor nato, segundo Giovanni — explicó María, riéndose.
— Difícil, fue conseguir que tu perro tirase de la carreta.
— Pobre Finn! Soportando todo pacientemente sólo para agradarme.
— Creo que a él no le importa, querida. Vos le salvaste la vida y él nunca se olvidará de
eso.
La condesa le acarició las mejillas rosadas.
— Tienes un don para atraer a las criaturas más frágiles. Animales indefensos, niños...
Ashleigh sonrió y le tomó el brazo, preparándose para seguirla.
— No hago nada extraordinario .
— Por el contrario, estás haciendo mucho por estos niños. Los Cautivaste
completamente. — María la envolvió en un gran abrazo. — Vas a ser una madre
maravillosa!
— Todo lo que sé y aprendí, te lo debo a vos .
La Condesa se rió encantada.
— Vamos, hace mucho frío aquí. Debemos pensar en tu bienestar y en el de tu
niña!
CAPITULO 32

La Condesa María se hallaba en su gabinete de trabajo, escribiendo cartas, cuando


golpearon la puerta. — Entre.
- El está aquí, señora Condesa — el mayordomo anunció.
— El lord que envió la esquela.
María colocó la pluma y se quedó un largo tiempo mirando el papel que tenía delante
de sí. Después dijo, con un ligero temblor en la voz:
- Dame cinco minutos, Enrico. Luego condúcelo a la sala de estar
.
Cuando el criado se retiró, la condesa se levantó y caminó lentamente hasta la
ventana. La cosa que más deseaba y temía estaba para suceder. Pronto, vería a su hijo.
Pero el encuentro no sería como siempre había idealizado. El todavía ignoraba quien era
realmente ella . Su esquela solamente decía:

"Querida Condesa de Montefiori,


Tengo razones para creer que hospeda en su villa a una dama que estoy buscando hace
algún tiempo. Apreciaría, pues, si consintiese en me recibirme para discutir tan delicado
asunto. Estaré aguardando su respuesta..."
Le había avisado a Ashleigh para que estuviese preparada en caso que Brett apareciera.
Pero eso había sido algunos meses atrás, cuando esa posibilidad parecía tan remota
como una estrella. Ahora, él estaba en la casa, sin adivinar o sufrimiento que eso podía
causar.
La esquela que anunciaba esa visita estaba firmada: "Su seguro servidor , Brett
Westmont, duque de Ravensford", y había sido entregada esa mañana por un marinero
de su propio barco, anclado en el puerto de Livorno.
Inmediatamente, había tomado medidas para resguardar la privacidad de Ashleigh,
mandándola a dar un paseo con los niños. A continuación, le había pedido a Megan ya
Patrick que la acompañasen en el paseo.
Le Parecía que grandes intereses merecían, ante que todo, ser discutidos e esclarecidos,
y como conseguirlo, sino con una entrevista privada? Además, su amor maternal
reclamaba sus derechos. Quería tener algunos valiosos minutos para observar a su hijo
en función de sus propios sentimientos. Más tarde o más temprano , tendría que
enfrentar la revelación: pero no ahora, no todavía.
El entró por la puerta que Enrico le abría y se quedó parado en el umbral .
"Qué parecido a Edward es!", pensó María con un shock, mientras los recuerdos
inundaban su mente, vívidos y opresivos. Pero contuvo sus angustiosos pensamientos y
recompuso su rostro, dándole una sonrisa cortés.
— Su Gracia... Entre, por favor.
Antes que esa bella mujer lo invitase a entrar, Brett tuvo tiempo para examinarla. Se
quedó impresionado con la serenidad clásica de su rostro ovalado, un rostro emotivo,
con una belleza velada y retraída.
Cuando ella se adelantó para saludarlo, Brett notó sus fatigados ojos grises, que lo
hacían acordar de los cielos encantadores en los días en que el sol se mezcla con la
lluvia. Ojos que conocían el sufrimiento, pero también la alegría. Extrañamente, eso lo
alentaba.
Le tomó la mano extendida y la llevó a sus labios.
— Es un placer conocerla, condesa. Gracias por recibirme en su casa.
— No quieres sentarte? Acabo de pedir el té y espero que me acompañes en ese ritual
que le da tanto placer a tus compatriotas. Aprendí a disfrutarlo en los años que pasé en
Inglaterra.
— Noto que su inglés es perfecto, mi lady. Cuánto tiempo pasó en Inglaterra?
— Algunos años — dijo María evasivamente. — Pero, dime, en qué puedo servirte?
Brett se sentó y fijó en ella sus ojos pensativos. Podía esperar que ella no le negase el
favor personal que venía a solicitarle? Y, si era verdad que estaba albergando a Ashleigh
en su casa, con qué fin lo hacía? Qué lazos la unían a su esposa y a Patrick, cuyo barco
estaba anclado en el puerto?
A pesar de la forma encantadora en que ella lo había recibido, consideró mejor guardar
una actitud formal.
— Presumo que ha recibido mi carta.
— Si, la recibí. Pero no sé quien es la persona a la que te refieres.
La Condesa hizo una pausa, cuando el mayordomo apareció en la sala cargando una
pesada bandeja de plata.
—Ah, nuestro té! — dijo ella. Después , en italiano, agregó : — Gracias, Enrico. Puedes
dejarlo en la mesita.
- No la conoce? — le preguntó Brett, retomando el hilo de la conversación.
- No, su Gracia. Tengo la felicidad de estar hospedando a un grupo de amigos, del cual
forman parte dos mujeres. No sabría...
- Condesa — la interrumpió Brett, ligeramente impaciente. — Esa mujer de quien hablo
dejó Inglaterra el último verano.

- Puedo saber por qué ella parece significar tanto para vos?
- Ashleigh Sinclair Westmont es mi esposa.
Los ojos grises no revelaron la menor emoción, y él se apresuró a explicar:
- Naturalmente, ella puede estar viajando bajo un nombre falso.
— Lo que me hace creer que esa señora no desea ser encontrada! No le parece, su
Gracia?
Un suspiro de exasperación se escapó de los labios de Brett.
- Es muy posible, mi lady.
María se quedó en silencio por un momento. Sabía que había llegado el momento
crítico. Y le pidió a Dios que guiase sus pasos.
— Vamos a suponer, solamente "suponer", que esa mujer esté aquí. Qué pretende hacer
con ella ?
— Esa es una pregunta que me hice una centena de veces, desde que ella
desapareció ! — confesó Brett resignadamente. — Parece que no tengo otro remedio
mas que contarle en que punto están las cosas...
En ese instante, un ladrido hizo eco en el corredor silencioso, y, poco después , la
forma peluda de Finn se lanzó por la puerta parcialmente abierta, seguido por un par de
muchachos.
— Fuera, fuera, Finn! — gritó uno de ellos. Después , ante la mirada levemente
reprobadora de María, él agregó : — Perdón ,señora Condesa.
El segundo niño quiso agarrar a Finn por la correa, pero el perro se plantó delante del
invitado de la Condesa ladrando y sacudiendo alegremente su rabo.
Brett miró a María, mientras acariciaba la cabeza peluda.
— Entonces, ella está aquí, Condesa!
María levantó los brazos, dominada por una leve desesperación.
— Si, está— ella admitió, haciendo una seña a los niños para que se retirasen.
Brett la miró intrigado.
— Cuál es exactamente su relación con mi esposa, condesa?
— Soy una vieja amiga de su familia. Conocí a tu esposa y a sir Patrick años atrás.
— Los conoció cuando vivía en Inglaterra?
— Exactamente, su Gracia.
— Usted, con certeza, está informada de los motivos que la han traído hasta aquí,
verdad?
— No completamente. Todavía hay uno o dos puntos obscuros.
— Pero presumo que me considera el villano de la historia!
— Diría que eso depende — observó María cautelosamente.
— Depende de qué?
— De tus intenciones. sería de enorme interés para todos, que me dijeses cuales son.
Brett se levantó de un salto.
—Y si me negase categóricamente a darle explicaciones ?
— Sería una insensatez, una gran tontería! — dijo una voz femenina, clara y vigorosa,
viniendo del corredor.
— Megan! — exclamó María sorprendida . — Cuándo volviste?
La irlandesa entró en la sala con las mejillas arrebatadas.
— Hace algunos minutos, mi lady. Pero no se preocupe. Ashleigh se quedó en la
aldea con los niños.
Ella miró a Brett y dijo, con voz más suave, pero llena de ironía:
— Cómo le va, su Gracia? Sabía que un día u otro volveríamos a encontrarnos!
- Parece que el tiempo nada hizo para dulcificar tu lengua afilada, señorita O'Brien!
— Lady St. Clare — enmendó otra voz . — Megan y yo nos casamos en diciembre.
Brett vio a Patrick aproximarse a su esposa y pasarle el brazo por los hombros, en un
gesto protector.
- Mis felicitaciones — Brett le dijo fríamente.
- Gracias — respondió Patrick en tono comedido. — Qué viniste a hacer aquí?
- Pensé que era obvio. Vine a ver a Ashleigh.
- No creo que sea obvio que un hombre quiera ver la esposa que despreció !
Brett frunció el ceño , enojado.
- Vas a permitir que la vea o no?
Megan lo miró con aire belicoso.
- Ashleigh es quien debe decidir eso. Ella es libre de hacer lo que quiera!

María vio la cara de su hijo alterarse e imaginó lo que él debía estar sintiendo en ese
momento. No censuraba a Megan o a Patrick : Brett era un hombre orgulloso, que no
admitía fácilmente sus errores. Pero su corazón de madre se oprimió. No era justo
hacerlo desesperar! Tenía que pensar rápidamente en un medio de evitar que ese
brusco intercambio de palabras continuase. E intervino pronto, en el silencio que
siguió:
— Perdóneme, su Gracia — dijo en un tono cordial —, pero tengo una idea que
podría satisfacer a todos. Puedes volver mañana. Para el almuerzo. Tendrás para
entonces una respuesta definitiva.
— Concuerdo, pero con una condición — dijo Patrick, volviéndose hacia ella, para
explicarle: — Su Gracia tendrá que responderme una pregunta.
Brett asintió con la cabeza.
— Ya pediste el divorcio?
— No. Y, si dependiese de mí, no habrá divorcio!

Sentado delante del centro de cristal cubierto de flores, Brett sonrió a la mujer que
presidía la mesa con la gracia natural de una anfitriona nata. Jamás había conocido otra
mujer que se igualase en encanto y delicadeza a esa noble y serena italiana!
En esa breve media hora, habían mantenido una conversación agradable, como
convenía entre dos personas de bueno gusto y refinada educación. La condesa había
hablado con bastante conocimiento de libros y de música. Y, cuando el tema giró en
torno a los niños que ella criaba, había descubierto en ella otras cualidades, admirables
e infrecuentes en mujeres de la nobleza.
— Al final del espectáculo — decía ella en ese momento con voz musical —, el cerdito
dejó caer la rosa a los pies de tu esposa!
Brett se rió cuando ella terminó de hablar. — Es una historia deliciosa, condesa. María
sonrió , animada con el buen humor de su hijo. Había sido su intención ponerlo cómodo
, mientras almorzaban. El día anterior , había quedado preocupada con el rumbo que
los acontecimientos habían tomado, poniéndolo tan evidentemente a la defensiva. Sería
imposible conocerlo mejor en esas circunstancias, evaluarlo, ayudarlo a él y también
a Ashleigh. Porque lo que deseaba por encima de todo era unirlos nuevamente.
Pero esa tarde él se mostraba diferente. Y en ese hombre relajado, que sabía reir, ella
vislumbró nuevamente al niño feliz que él había sido un día y, sobretodo, la prueba viva
de que sus esperanzas no habían sido en vano!
Brett Westmont era un hombre encantador, cálido, sensible, que irradiaba inteligencia y
buen humor. No un mimado de la aristocracia, como al principio había temido. Tenía
carácter y grandes cualidades. Sentía orgullo de él y ansiaba poder decirle eso.
Pero, por el momento, tenía que dejar de lado sus deseos. Comprendía, tal vez
intuitivamente, que ese hombre impelido por una inquietud que no le daba tregua sólo
encontraría la paz y la felicidad al lado de su esposa. Y, se pudiese ayudarlo en ese
sentido, estaría libre para hablar del pasado, para revelar los secretos de su corazón.
— Le deben gustar mucho esos niños — le dijo él con una sonrisa.
— No es difícil amarlos — ella le respondió. — Ellos son adorables y dan tan
poco trabajo...
Por la tercera o cuarta vez en ese día, Brett fue dominado por la sensación de que ya
había conocido a esa mujer antes... que la había conocido en una época distante de su
pasado. Esa sensación se hacía más acentuada cuando ella sonreía o hacía algún gesto
gracioso con las manos.
Súbitamente, se acordó del motivo de su visita.
— Me gustaría saber que Ashleigh está teniendo días agradables aquí. Ella. .. se
siente feliz de estar acá?
Ante eso, María se convenció de una vez por todas de que había una oportunidad para
su hijo. Si él mostraba preocupación por la felicidad de su esposa, aun a costa de su
propia felicidad, entonces podría llegar a amarla. Era una perspectiva alentadora.
— No quieres ver eso por vos mismo? Creo que llegó el
momento.

Se levantaron y, cuando estaban dejando la sala, María se volvió hacia él.


- Hay una cosa que debo decirte antes que la veas.
- Sólo si me prometes que vas a llamarme Brett.
La respuesta de María fue una sonrisa calurosa.
- Brett — dijo ella dulcemente —, como te estaba diciendo, hay algo para lo cual debes
prepararte. Ashleigh... cambió mucho . Vos verás eso en el momento en que la
encuentres.
- Ella está enferma? — preguntó él, ansioso.
- Oh, no! Pero...
— Si o no ?
— Me gustaría que me des tu palabra de caballero de que serás gentil con ella.
Ashleigh pasó por malos momentos y...
— Parece que te estás dejando llevar por la impresión desfavorable que te dieron
respecto a mí — dijo Brett irritado. — Ashleigh es mi esposa. y yo no estaría aquí si no
pudiese comportarme como un caballero!
— No dudo de eso absolutamente! Pero me gustaría que fueses un poco más allá...
— Cómo es eso?
— Sé que tu intención es reconciliarte con tu esposa, creo que tendrás una buena
oportunidad de éxito si procedes cuidadosamente... casi como si la estuvieses
cortejando. Aprendí a conocer bien a Ashleigh en estos meses y puedo decirte que ella
es una criatura dulce pero muy tímida, más inclinada a huir y a esconderse que a
enfrentar una situación desfavorable.
— Comprendo.
— Pero ella posee una fuerza interior que pocos sospechan existe debajo de su
apariencia delicada. Descubre esa fuerza y procura seguir un camino suave, y obtendrás
lo que deseas.
Brett miró esos ojos incomparables, que reflejaban tanta sabiduría, y se quedó
agradablemente sorprendido. Por primera vez en su vida encontraba una mujer llena de
prudencia y sentido común.
— Muy bien , condesa... — él sonrió . — Puedo llamarla María?
— Naturalmente, Brett!
— Aprecio tu consejo, María, y me comprometo a seguirlo. Sólo espero que Ashleigh
quiera escucharme.
— Tal vez ella te dé una sorpresa!
María colocó su mano en el brazo de él.
— Vamos al encuentro de tu esposa?

CAPITULO 33

El aire húmedo, causado por un sol todavía débil, esparcía olores y sonidos. Ashleigh se
apoyó en la baranda de la terraza y buscó en la distancia los tejados rojos de la aldea ,
los jardines en escalones que iban descendiendo entre casas blancas. Más abajo, entre
los pinos, adivinó la presencia del mar azul.
Parecía que su vida estaba definitivamente ligada a ese lugar, que, con cada día, se
revestía para ella de una magnificencia nueva, llena de frescura.
— Ashleigh.
El llamado de María la sacó de esa contemplación. Al darse vuelta, cegada
momentáneamente por el brillo ofuscante del sol, tuvo la impresión de ver una figura
masculina parada en la entrada en arco, al lado de la Condesa. Cerró los ojos y volvió a
abrirlos. No, no estaba alucinando ! Brett estaba allí, delante de ella, la misma
expresión intensa y ardiente en sus ojos azules!
Los recuerdos la invadieron, avasallándola. Se volvió a ver en el cuarto de la villa del
lago, donde había conocido momentos infinitamente felices e íntimos, y donde
ciertamente nunca más volvería a estar. Sintió su corazón apretarse y sus rodillas
doblarse.
Tampoco Brett parecía incapaz de dar un paso. Ella estaba esperando un hijo! Una
sonrisa de perplejidad apareció en el rostro de él, mientras María le decía, con una voz
que parecía venir de muy lejos:
- Tu heredero va a nacer en la primavera, Brett. Fines de abril o principios de mayo.
El asintió vagamente con la cabeza, sin dejar de mirar a su esposa. Un hijo! Ella iba a
tener al hijo de ambos! Observó su cuerpo todavía menudo, a pesar del embarazo, y su
rostro encantador.
— Cómo estás, Ashleigh? — le preguntó con suavidad .
— Yo ... yo estoy bien.
Brett dio algunos pasos hacia adelante y le extendió la mano.
— No tenía idea que estabas embarazada.
— Cómo podías saber lo que yo misma ignoraba? — dijo Ashleigh, un poco más
bruscamente de lo que pretendía. — Me enteré después que dejé Londres!
Amargado con la mención de la fuga, Brett dijo ásperamente:
— No podías haberme mandado a avisar?
Ella continuó mirándolo en silencio , sus párpados , temblando. Después respondió,
perturbada y débilmente :
— Para qué, su Gracia? Para forzarte a no pedir el divorcio que tanto deseabas?
— Qué estás diciendo? Yo nunca quise divorciarme!
Ashleigh lo miró boquiabierta.
— Por qué , entonces, llamaste a lady Margaret a Londres? No fue para planear todo
con ella ?
El bajó su brazo, en un gesto de desaliento.
— Por el amor de Dios! Lady Margaret! No la conoces? No sabes cómo es ella? Pero
le creíste y me condenaste, sin siquiera oír una palabra en mi defensa!
Brett se arrepintió de haber hablado tan impulsivamente al ver la confusión y la tristeza
que sus palabras le causaron. María tenía razón. Tenía que tratarla como si fuese una
muñeca de cristal, conquistarla con atenciones, con gentilezas.
— Te pido que me perdones. No quería perturbarte.
Suspirando, se puso a contemplar los jardines, ahora salpicados de verde , las primeros
señales da primavera.
— No quieres bajar conmigo hasta el jardín El clima está fantástico.
Ashleigh reconoció el esfuerzo que Brett hacía por contemporizar la situación. Y aceptó.
— Si, Brett. Me gustaría pasear con vos. — ella le mostró los canteros, donde
brotaban, tímidos , los primeros narcisos. — Creo que la primavera llegará más
temprano este año. Brett sonrió y le tomó la mano.
— Está en condiciones de caminar? No prefieres sentarte en un banco y respirar aire
puro?
Ella se rió, ya mas relajada.
— Caminar me hace bien. Estoy embarazada, no enferma!
Brett lanzó una mirada a sus formas redondeadas y frunció el ceño , con aire de duda.
— Si estás segura...
— Claro que estoy segura, su Gracia!
El la miró intensamente, de un modo que la hizo ruborizar.
— Por qué insistes en llamarme de su Gracia?
— Estoy segura... Brett.
— Así está mejor!
Mientras caminaban por el jardín bañado de sol, Brett le preguntó cuándo había llegado
a Italia y qué pensaba de su anfitriona. Ella respondió con palabras llenas de admiración,
convenciéndolo de que su primera impresión sobre María concordaba con a de ella.
Después , quise saber cómo pasaba sus días en la villa, y Ashleigh se puso a hablar de
los niños con un entusiasmo que lo sorprendió.
— Los niños de María significan tanto para vos?
Ashleigh se detuvo y lo miró con calma.
— Ellos le dieron un propósito a mi vida. Antes de llegar acá, yo era una persona
pasiva, que sólo sabía actuar reaccionando a los acontecimientos.
Ella comenzó a recordar, sin angustia, como si solamente mencionase anécdotas
familiares:
- Primero ocurrió esa tragedia que terminó con la vida de mis padres y me llevaron a
Hampton House, donde permanecí doce años bajo la protección de Dorcas y después
de Megan. Después ocurrió ese extraña giro del destino que me condujo a Ravensford
Hall.
- Y, entonces?... — desafió a Brett.
- Y, entonces... — Ashleigh suspiró profundamente. — Oh, sé que la mayoría de las
mujeres consideraría un privilegio tener un título de nobleza...
El la interrumpió ásperamente:
— Estás queriendo decir que el casamiento y la vida en mi círculo social no te
agradaban?
— Oh, no! Después de todo , yo nací en ese medio y, cuando era niña, me sentía
feliz estando en él. Estoy queriendo decir que yo no fui quien verdaderamente hizo esas
elecciones. Me dejé llevar, me dejé tener un nuevo empleo, me dejé casar...
Brett asintió con la cabeza pensativamente.
— Creo que te comprendo. La mayoría das veces, seguimos caminos que no
escogemos. Mira mi caso: yo amaba mucho a mi abuelo, pero estoy perfectamente
consciente de que mi vida fue casi completamente moldeada por él. No es una
comprobación muy agradable, créeme.
Ashleigh sonrió aliviada.
— Entonces , me comprendes?
— Creo que si. Vos podrías quedarte en esta linda casa, viviendo con esta gente amiga
sin hacer otra cosa mas que esperar los acontecimientos. en vez de eso, preferiste
dedicarte a una obra humanitaria.
Ella se ruborizó .
— Yo no diría eso. Estas criaturas que vienen a mí, buscando ayuda, me retribuyen
con amor y cariño. Además, hay otras personas que hacen por ellos mucho más que yo
. La Condesa, por ejemplo. Y el padre Umberto.
— No es tan así. Por lo que vi y oí decir, debes sentirte muy orgullosa de tu trabajo.
Ashleigh lo miró a los ojos y leyó sinceridad en ellos. Sintió alegría en su corazón y
esbozó una gran sonrisa.
Brett tuvo ganas de abrazarla. Pero se acordó del consejo de María y se obligó a tener
paciencia. Tomándole el brazo, la llevó a un ala cubierta.
Apenas habían dado dos pasos, Ashleigh señaló un árbol.
— Ves, Brett! Es el barrilete de Antonio! Crees que podemos recuperarlo?
El arqueó las cejas.
— Podemos ?!
— Si, vos y yo! El árbol no es muy alta y...
— Vos no estás en condiciones de treparte a los árboles! — Brett acarició levemente su
rostro. — Vas a quedarte aquí, mientras yo intento rescatar el barrilete , está bien?
El se quitó el saco y se subió las mangas de la camisa.
- Espero que Antonio sepa apreciar mi esfuerzo.
- Oh, si!

El árbol era un gran almendro de cerca de siete metros de altura. El barrilete multicolor
estaba entre las ramos más altas. Mientras Brett trepaba con agilidad, Ashleigh pensó en
el niño que él había sido, un niño que se había convertido en adulto demasiado pronto.
Y se dio cuenta , entonces, que ambos poseían una herencia semejante: ambos
habían sobrevivido, siguiendo caminos que otros habían marcado y determinado.
- Aquí tienes, mi lady. — él hizo una ceremoniosa reverencia, mientras le entregaba el
frágil objeto.
- Gracias, caballero . Gracias por tu presteza. Y te aviso que yo soy experta en trepar a
los árboles!
El le levantó el mentón y sonrió .
- No seas presumida! Yo fui marinero, no te olvides .
Ashleigh acarició su vientre.
- Espera algunos meses más y verás. Voy a demostrarte que sé todo tipo de juegos
llamados masculinos!
- No dudo de las habilidades de una dama que consiguió montar a Irish Night a pelo!
Se rieron. Mientras tanto , Brett pensaba, no sin esperanza, en las palabras que ella
había dicho. Era la primera alusión que hacía a un futuro al lado de él. Además , había
vivacidad en sus gestos y, sobretodo, en el tono de su voz, mucha emoción.

Volviendo a tomarle la mano, Brett continuó guiándola por el camino de piedras. Al


llegar cerca del muro bajo, que delimitaba el jardín, la levantó en sus brazos con un solo
movimiento.
— No, Brett! — protestó ella. — Estoy demasiado pesada!
— Para mí, vos todavía sos liviana como una pluma!
El recordó las veces que ella se había rendido a la pasión y sintió su deseo renacer.
Pero una mirada al vientre hinchado le recordó que no era momento de pensar en eso .
Había otras cosas en juego... cosas mucho más importantes y duraderas.
Sonriendo , Brett la bajó lentamente al suelo. Mientras lo hacía, sintió una presión en el
abdomen de Ashleigh.
— Qué fue eso ?
Ashleigh se rió, un risa clara y musical, que hizo eco en el el jardín silencioso.
— No estés tan sorprendido. Es ella! Está pateando mucho últimamente.
Brett la miró , intrigado.
— Ella?
Ashleigh asintió, risueña, explicando:
— Espero que sea una niña.
Inmediatamente se arrepintió. No debía haber hecho esa declaración. No era justo.
escogiendo cuidadosamente las palabras, ella corrigió :
— Brett... Te sentirías frustrado si fuese una niña?
Los ojos de él brillaron. Nuevamente, ella lo incluía en su futuro!
— No, se si es el vivo retrato de su madre! — Seducido por el pudor de modestia
que sus palabras provocaron, él continuó :
Nunca estuviste tan linda! Es un placer mirarte!
Después , más seguro de sí mismo , paseó sus ojos por el rostro encantador, fijándolos
en los labios rosados.
Como en un sueño, Ashleigh lo vio colocar las manos en sus hombros y después
inclinarse sobre ella. El beso no fue más que una leve presión de labios, pero la dejó
temblando de emoción.
"Brett, mi amor!", ella pensó, mientras, con un suspiro de felicidad, se abandonaba
contra su pecho ancho.
Brett cerró los ojos, saboreando la dulzura de ese instante. Cómo la había extrañado !
Cuando los abrió, encontró los de ella, repletos de ternura. En un impulso, la envolvió
en sus brazos y le dio un largo beso en la boca.
Un ladrido inesperado cortó el aire, obligándolos a separarse bruscamente.
— Oh, no! — gimió Brett, volviéndose. — Qué quiere él esta vez?
Ashleigh se inclinó para acariciar la cabeza de Finn.
— Creo que vino anunciar que la mesa para el té está puesta.
Brett se rió y le ofreció el brazo.
— Muy bien , su Gracia. Vamos a tomar ese té!

CAPÍTULO 34

Ashleigh arrojó sobre el brazo la capa de terciopelo azul. Después , con una expresión
soñadora, se aproximó al gran espejo . Se quedó allí, pensando en Brett.
Acababa de dejarlo en la sala de juego, conversando con los niños mayores, que tenían
muchas preguntas para hacerle a ese duque inglés que había aparecido en escena dos
días antes. Un duque que era, para asombro de ellos, el capitán de su propio barco!
En ese momento, le alegraba la idea de ir encontrarlo en el vestíbulo y juntos ir a pasear
a la luz de la luna, como él había sugerido. Más que eso. Sentía una especie de
deslumbramiento antela idea de estar bajo sus cuidados atentos y estar en una
situación de intimidad . Durante el paseo del día anterior , él se había mostrado amable
como nunca. No parecía el mismo hombre que había confrontado con ella, con tanta
dureza , violencia y agresividad .
A no ser por esas bruscas palabras iniciales sobre un divorcio que no se había
consumado, todo había estado bien. Un casi compromiso, con besos a la sombra de los
árboles del parque. Era como si la pesadilla que había seguido al casamiento nunca
hubiese sucedido.
Pero, desgraciadamente, había sucedido. Y era eso que la preocupaba. Todavía estaban
separados por incidentes dramáticos que, más tarde o más temprano , tendrían que
analizar. Era eso lo que él tenía en mente, cuando la había invitado a dar un paseo a la
luz de la luna ?
Quizás él esperaba que ella abordase el tema primero. Pero, cómo hacerlo, sin
arriesgarse a perturbar la recién conquistada tranquilidad? — Ah, ahí estás!
Ashleigh se volvió y se encontró con él en la puerta del corredor.
— Disculpa — ella murmuró. — No me di cuenta que había demorado tanto...
Brett entró y se detuvo delante del espejo.
— Me permites?
Retirándole del brazo la capa forrada de armiño, él la puso sobre los hombros,
tocándolos levemente . Después , dijo en voz baja :
— Estás tan linda!
Feliz por el elogio, ella respondió:
— Vos también !
— No es lo mismo.
— Por qué no?
El sonrió y la tomó por la mano.
— Ven, querida. Hay una bella noche esperándonos.
Afuera, el aire cálido les acarició el rostro. Se pusieron a caminar lentamente por las
sendas del jardín, respirando el aire perfumado por las flores y por la tierra húmeda. Los
ramas de los árboles oscilaban con la leve brisa que venía de; mar, dejando entrever el
cielo profundamente estrellado.
Brett la miró y sintió que ella estaba a la expectativa, aguardando que le dijese algo .
— Los niños te adoran. Está escrito en su rostro de ellos cuando te miran.
— Y a vos también — dijo Ashleigh con entusiasmo. — hace solamente dos días que
te conocen y ya se muestran encantados.
— Tengo la impresión que ellos me ven como a un tío rico y exótico que aparece de
vez en cuando con regalos de sus viajes en el exterior. — Brett sonrió . — Pero la
adoración por vos y María es muy obvia. Nunca vi tanta manifestación de amor!
— María es la única responsable de eso. Ella es una mujer extraordinaria!
— Notable — concordó Brett. — Y me quedo pensando por qué una persona como
ella, que podía llevar una vida despreocupada, prefirió dedicarse a una misión tan
ardua. Qué le habrá sucedido en la vida que la llevó a escoger ese camino? La respuesta
de Ashleigh fue cautelosa:
— Crees que debe haber un motivo para que alguien se dedique a una obra de caridad?
— No , pero en el caso de María, estoy segura que lo hay. Ella carga una cruz.
El se detuvo pensativamente.
— Cuando intento interrogarla respecto a eso, ella cambia de tema. De la más
encantadora de las maneras, pero lo hace!
Ashleigh deseó de repente tener la misma habilidad de la condesa de eludir los temas
delicados . La conversación estaba tomando un rumbo peligroso.
— Tal vez no haya ningún misterio.
— Pues yo tengo la clara impresión que ella no es lo que aparenta ser.
— No?
Brett la miró .
— Vos deberías saber algo . María me dijo que es una vieja amiga de tu familia.
Ashleigh giró el rostro para que él no viese su rubor.
— Mis recuerdos son escasos. Yo era muy pequeña en esa época.
— Tal vez tu hermano pueda satisfacer mi curiosidad sobre la Condesa.
Caminaron por un momento en silencio . Entonces , Brett volvió a hablar:
— Es extraño, pero tengo a sensación...
— Qué sensación?
— De haberla visto antes. De conocerla de algún otro lugar. — él sacudió la cabeza . —
Pero eso es imposible.
Determinada a acabar con esa conversación a cualquier costo, Ashleigh simuló perder el
equilibrio.
— Oh, Brett...
El la amparó con un brazo firme y se detuvo , permitiendo que ella recobrase el
aliento.
— Lentamente , pequeña. Estás cargando un peso muy valioso.
Aunque de forma casual, ese aviso le recordó que traía en su vientre el heredero de él.
Las palabras de Elizabeth volvieron claras y ácidas a su mente, causándole un dolor tan
grande que le cortó la respiración.
— Brett... — susurró. — por qué te casaste conmigo?
El la miró y vio angustia en sus ojos. Qué decirle?
Su pregunta lo tomaba de sorpresa.
— Sabes el motivo mejor que yo, Ashleigh — Brett comenzó a decir
cuidadosamente.
— Esa fue la única razón ? — preguntó ella desconsoladamente.
Brett vaciló.
— No. Hay otra cosa. Algo más profundo que...
— Qué?
El la sujetó gentilmente por los hombros.
— Para mí, no hay otra mujer como vos. Sólo llegué a darme cuenta cuánto te
quería en los meses en que estuvimos separados. Ashleigh, me sentí tremendamente
solo.
Acariciándole la cara con ternura, él continuó :
— Hay tantas cosas que están mal... Y no sabría por donde comenzar a corregirlas.
Ashleigh encontró fuerzas para decir:
— Sería mucho más simples si fuésemos sinceros el uno con el otro.
— Entonces dime: por qué te escapaste de mí esa mañana?
Inesperadamente los ojos de ella se llenaron de lágrimas.
— Ella... Ella me dijo que no me ilusionase. Que una vez que te diese el tan deseado
heredero sería dejada de lado como las otras.
Brett frunció el ceño.
— Quién te dijo eso, Ashleigh?
— Elizabeth. Ella llegó en bote después que vos te fuiste.
— Qué mujer diabólica! Fui un idiota al juzgar que ella iba a aceptar lo inevitable!
— Yo tenía una buena razón para creerle a ella — se defendió Ashleigh. — Yo vi como
te comportaste con Pamela Marlowe!
— Una idiotez !
Ella dejó que todo su resentimiento saliese a la luz.
— No puedes negarme que, durante los tres días que permanecí en Londres, vos
salías de noche para estar con otras mujeres!
Los labios de Brett se apretaron por un momento. Después , él suspiró.
— Ellas no significaron nada para mí. Eran un mero pasatiempo...
En ese momento, una confusión de gritos y llantos rompió el silencio de la noche.
Ambos se volvieron y vieron a Giovanni llegar corriendo.
— Signor duque.... duquesa... vengan rápido ! I Un incendio en la casa! Los niños...
Ashleigh pudo ver gruesas columnas de humo desprenderse de algunas de las ventanas
del piso superior y gritó :
— Oh, mi Dios!

Corrieron tan rápidamente como pudieron.
— Brett! — gritó Patrick, al verlos. —El ala de los niños está en llamas!
Diciendo eso , él corrió hacia el interior de la casa, de donde emergió momentos
después , trayendo a Megan, quien cargaba en sus brazos a dos pequeños.
Brett corrió hacia ellos.
— Hay alguien más allá arriba?
Megan sacudió la cabeza , como una sonámbula.
— No sé...
Mientras Ashleigh atravesaba el jardín e iba al encuentro de los niños reunidos en el
patio, la criada se precipitó hacia Brett sollozando:
— La Condesa... la Condesa!
— María está allá dentro?
— Si, si!
Brett se arrancó el saco y se dio vuelta hacia Patrick.
— Voy a buscarla!
— Enrico acaba de contar los niños — le dijo su amigo, mientras lo veía sumergir el saco
en el agua de la fuente . — Además de María, faltan las gemelas. Parece que la Condesa
volvió para buscarlas, después de sacar al primer grupo de niños afuera.
De lejos, Ashleigh lo vio entrar en la casa mientras lenguas de fuego empezaban a
irrumpir en las ventanas más bajas.
"Mi Dios!", pensó. "El piso inferior ..."
Los criados ya habían notado que el incendio se extendía y comenzaron a correr hacia
ese nuevo foco de llamas con los baldes llenos, al mismo tiempo que los muchachos de
la caballeriza llegaban de los establos trayendo una carro conteniendo enormes barriles
con agua.
Mientras veía, horrorizada, el fuego devorar la nueva ala y amenazar las otras
dependencias de la casa, a visión de otro incendio se formó delante de sus ojos. Por un
instante, Ashleigh se vio siendo niña nuevamente. Mary Westmont la envolvía en una
manta y la llevaba a un lugar seguro...
María estaba allá dentro! María, que le había salvado la vida. Y las gemelas, dónde
estaban ellas? Dónde estaba Finn? De repente, Ashleigh no pudo contenerse más . Tenía
que actuar! Avanzando rápidamente por entre los barriles y los baldes, se dirigió hacia la
puerta de entrada. al aproximarse, oyó un ladrido. Poco después , Finn emergía entre
la cortina de humo trayendo a Allegra, una de las gemelas sobre su lomo.
— Oh, Finn! Gracias a Dios! — Ashleigh gritó, tomando la criatura en sus brazos.
— Mi querida — dijo Megan detrás de ella. — Deja que yo haga eso. Allegra es
demasiado pesada para vos. Procura descansar un poco.
"Descansar? Cómo puedo descansar, cuando María y Brett todavía están en ese
infierno?", pensó Ashleigh. Entonces , sin vacilar, sacó un pañuelo de su bolsillo, lo
sumergió en el balde de agua y lo amarró sobre su rostro a modo de máscara .
Después se metió subrepticiamente en el vestíbulo, donde el fuego ya subía por las
paredes.

En el piso superior , Brett iba abriendo una puerta tras otra sin encontrar el menor
vestigio de María o de las gemelas. Desesperado, Sintiéndose sofocar por el humo que
se hacía mas denso a su alrededor, se puso a gritar: — María, María! Dónde estás?
Faltaba solamente un cuarto. Derribó la puerta con un puntapié y volvió a gritar:
— María!
Un débil llanto de una criatura llegó a sus oídos. Respiró nuevamente el aire viciado y
avanzó . A través del humo, una escena se definió delante de sus ojos: había una
criatura agachada debajo de la ventana. Al lado de ella, en el piso , yacía el cuerpo
inmóvil de María.
Cubriéndose la boca y la nariz con el saco, Brett corrió en dirección a ellas. Se agachó
y colocó a la niña sobre la espalda , pasándole los bracitos alrededor de su cuello.
—Agárrate bien!
Sorprendentemente, la niña comprendió y dejó de llorar. Entonces , reuniendo todas sus
fuerzas, levantó el cuerpo inerte de María en sus brazos, Pasó por la puerta y después
se dirigió a las escaleras del fondo, tan rápidamente como le permitía la doble carga.

En el jardín, Patrick se preparaba para ir al encuentro de él, cuando Megan gritó


despavorida.
— Patrick... parece que alguien vio a Ashleigh entrar en la casa!
— Oh! no...
Súbitamente, uno de los muchachos de la caballeriza gritó y señaló la puerta de
entrada. Un hombre, iluminado por el luz de las llamas, acababa de emerger del interior
de la casa.
— Brett! — dijo Patrick. — con María y Alissa!
— Qué Dios te bendiga ! — sollozó Megan.
Los dos se precipitaron hacia él al mismo tiempo. Patrick descargó ao de María, que
estaba comenzando a volver en sí, mientras Megan agarraba a Alissa y la apretaba
contra su pecho.
Brett suspiró profundamente, antes de preguntar:
— Cómo está María?
— Debe haber respirado mucho humo, pero creo que va a estar bien — dijo Patrick, . —
Debemos buscar a Ashleigh . Ella fue detrás de vos!
Todo la sangre huyó del rostro de Brett. En un instante se dio vuelta y se puso a
correr.
— Brett, espera! — gritó Patrick detrás de él. — Déjame ir tu lugar!
— Quédate ahí atendiendo a María!
— Brett...
— Yo voy a encontrarla, no te preocupes!
Apenas Brett había acabado de decir esas palabras, un débil ladrido llegó desde el
interior de la casa.
— Finn! — gritó él, mientras entraba en el vestíbulo lleno de humo. — Dónde estás?
Otro ladrido llegó a sus oídos. Venía de la escalera! Protegiéndose con el saco , Brett
comenzó a subir los escalones. Al alcanzar la curva de la escalera, vio la forma peluda del
perro parada en el descanso.
— Finn! Dónde?...
Entonces él la vio . Ella estaba desmayada, pero completamente protegida por el cuerpo
de su fiel compañero.
— Ashleigh! Oh, Ashleigh!
Levantándola cuidadosamente, la acurrucó contra su pecho y voló escaleras abajo con
Finn en sus talones.
— Megan! — gritó Patrick, al verlo. — La encontró !
Brett pasó por al lado ellos y fue a colocar a su esposa sobre el pasto. Se inclinó sobre
ella y escrutó su rostro.
— Ashleigh... — murmuró con suavidad . — Ashleigh...
Patrick se arrodilló al lado de él y tomó el pulso de su hermana.
— Su pulso es irregular. Está en estado de shock. Voy a buscar algo para cubrirla.
Mientras él se apartaba, Ashleigh abrió los ojos y preguntó débilmente:
— Brett... dónde está... María?
— Ella está bien, amor. Pero todavía es muy pronto para hablar.
— Yo... yo quería ayudarla.
— Pequeña atrevida... podrías haber muerto!
Ella murmuró, con voz casi inaudible :
— Tenía que hacer eso. .. ella. .. Ella es tu madre — Ashleigh reveló antes que sus ojos
se cerrasen pesadamente.

CAPITULO 35

Al día siguiente del incendio, esforzándose para decir honestamente todo lo que sabía,
Patrick declaraba, hablando de la Condesa:
— Ya te conté toda la historia, Brett. O , por lo menos , todo lo que ella me reveló.
Se encontraban en la cabina del Abner Thorton, a bordo del Ashleigh Anne. En el
camarote del capitán, un médico de Livorno atendía a los que presentaban problemas
debido a la inhalación de humo o quemaduras leves.
Después de la tragedia, ambos, de común acuerdo, habían tomado la precaución de
llevar a todos los moradores de la villa a sus barcos, anclados en el puerto. La casa
había sufrido muchos daños y estaría inhabitable por algún tiempo.
— En cuanto al resto, tendrás que preguntárselo a la propia María... tu madre —
concluyó Patrick.
Esas palabras, terriblemente precisas, se manifestaban en el pecho de Brett en una
dolorosa angustia, que lo hizo estallar:
— Durante todos estos años , vos sabías quien era ella, donde se encontraba y nunca
me dijiste nada. No fue muy correcto de tu parte, siendo mi amigo!
— No me pongas entre la espada y la pared, hombre! Yo le había dado mi palabra a
María de jamás revelar ese hecho a nadie!
No puedes comprender eso ?
— Comprendo que hubo un esfuerzo conjugado de ambos para esconderme una
información muy importante. Más que eso: una información vital!
Patrick se inclinó hacia adelante y mantuvo su mirada con firmeza.
— Reflexiona, Brett! Qué podíamos hacer? Forzar los portones de Ravensford Hall?
Crees que su abuelo habría recibido con los brazos abiertos a la mujer que él mismo
había echado?
Un golpe en la puerta puso fin a la discusión.
— Si? — dijo Patrick.
— El doctor Arrighi quiere verlo, señor — dijo la voz del primer subordinado.
— Hazlo entrar, Thorton.
La puerta se abrió y el joven médico apareció en el umbral .
— Entre, por favor — invitó Patrick, levantándose . — Conoce a su Gracia, el duque de
Ravensford?
— Ya tuve ese placer. Buen día, su Gracia.
Brett inclinó levemente la cabeza.
— Buen día. Cómo está ella ?
— Su Señoría está fuera de peligro.
El rostro de Patrick se iluminó .
— Gran noticia! Y los niños?
— Ya me ocupé de ellos. Su estado es satisfactorio.
— Perfecto ! — dijo Brett. — Quiere tener la bondad de venir conmigo a bordo del
Ravenscrest? Me gustaría que examinase a mi esposa.
El abrió la puerta da cabina. Antes de salir, se volvió a su amigo.
- Patrick ,me gustaría que te quedases con... María. Mándame a avisar cuando ella
esté en condiciones de recibirme.
— Naturalmente, Brett.
En el Ravenscrest, fueron recibidos por Geordie Scott.
- Mi esposa todavía está en el camarote? — le preguntó el duque.
— Si, capitán.
— Y los niños?
El señor Scott esbozó una gran sonrisa.
- En la borda inferior, capitán. Ellos parecen estar bien, tomando en cuenta el susto
que se llevaron. El cocinero les está sirviendo el desayuno.
- Muy bien , señor Scott. Parece que ha controlado la situación.
— Perfectamente, su Gracia.
Mientras guiaba al médico hacia su camarote, la mente de Brett giraba como un
torbellino. María...su madre ? No parecía posible! No se parecía en nada a la imagen que
se había hecho de ella. Pero todavía había lagunas que precisaban ser llenadas, hechos
que debían ser puestos en perspectiva! De lo contrario...
Al verse de repente delante de la puerta, volvió a la realidad y se dio vuelta hacia su
acompañante.
— Aquí estamos, doctor. Le pido que me dé un minuto para avisarle a mi esposa.
— Por supuesto, su Gracia.
Ashleigh se encontraba de pie, junto a su mesa de trabajo. Cuando lo vio entrar, le lanzó
una mirada confundida y le rogó con un lamento:
— Oh, Brett... ayúdame, por el amor de Dios!
El siguió su mirada y vio que ella se hallaba en medio de un charco de agua.
— La bolsa se rompió ! — Brett gritó, corriendo hacia ella y levantándola en sus brazos.
Después , en voz más alta gritó : — Doctor, entre rápidamente ! Mi esposa entró en
trabajo de parto!
— Por favor! Deja de caminar de un lado al otro! Me estás mareando! — dijo Megan. —
No es el primer bebé que viene al mundo!
Brett se volvió hacia ella bruscamente.
— No comprendes nada, no? Ese... ese médico es muy joven!
— Y qué tiene que ver eso ?
— Me Parece inexperto. Pero fue e único que pudimos encontrar en Livorno que supiese
hablar en inglés.
— Además , los bebés suelen venir al mundo después de nueve meses de gestación. No
después de siete!
Megan sonrió e hizo un gesto con su manos.
— Pues señor duque estás adelante de alguien que vino al mundo a los siete meses!
— Vos?
— Si, yo . Y fue perfecto para mi pobre madre, dos meses menos de sufrimiento. Creo
también que será lo mejor para Ashleigh. Ella sufrirá menos así.
El duque se dejó caer pesadamente en una silla, y Megan tuvo pena de él. La
desesperación del hombre era lamentable.
— Cálmate. El parto es algo simple. Vengo de una familia numerosa y sé lo que estoy
diciendo.
— Y si el médico falla ... — murmuró Brett, levantando su cara perturbada. — Si falla...
En ese momento, hubo un golpe en la puerta. él se dio vuelta , tenso, y ordenó :
— Entre!
La puerta se abrió . María estaba allí, del brazo de Patrick. Estaba calma, encantadora,
pero su rostro estaba extremamente pálido.
— Creí que necesitábamos hablar — dijo ella, sin medias palabras, al entrar.
Brett permaneció un momento como petrificado, mirándola. Después asintió con la
cabeza.
— Quieran disculparme — dijo Megan con suavidad .
— Voy a cuidar de Ashleigh.
Ella salió, acompañada de Patrick.
— No debías haber dejado el lecho tan pronto, condesa. Cómo te sientes?
María se sentó e hizo un esfuerzo por sonreír.
— Me siento mejor. Además... — ella levantó los ojos hacia él. — nuestra conversación
no podía esperar.
— No, no podía. — Brett le sustentó la mirada . — Diría que hubo una demora de
muchos años, María.
— María... Supongo que debo contentarme con eso.
Durante un momento, él se sintió tentado de abrir sus sentimientos en una explosión
irónica. Pero se limitó a decir:
— Esperabas que te llamase madre, después de una ausencia de veintiséis años?
La Condesa extendió las manos, en un gesto que lo desarmó.
— Nunca, ni un solo día en estos veintiséis años, dejé de pensar en vos!
— Me gustaría creer eso .
- Es la verdad! Oh, Brett... no sabes lo que es verse forzada a...
Ella se detuvo, forzándose a hablar con más calma:
— Yo amaba a tu padre. Vivimos enamorados y nos separamos enamorados... y nunca,
después de eso, dejé de amarlo.
Claro que quedé profundamente amargada porque él había creído tan fácilmente todas
esas mentiras horrorosas y porque había cedido tan mansamente a las presiones de los
que querían verme lejos de
Ravensford Hall... Patrick te contó todo, verdad?
— Me contó, si. Pero no esperarás que crea que te dejaste alejar de mi padre sin tener
una mínima reacción ! Vos sos una mujer fuerte!
— Puede ser. Pero Mary Westmont era una joven perpleja, asustada, que se encontró de
repente en una posición insostenible, una joven en un país que no era el suyo.
La voz de María se volvió débil :
— Yo estaba sola, sin familia ni amigos, a no ser los Sinclair. Pero qué podían hacer
ellos contra el poderoso duque de Ravensford? María de Montefiori es el producto de
años de sufrimiento! Sabes que sólo me volví a casar después de la muerte de tu
padre?
Ella vio el gesto de sorpresa que Brett no pudo contener e insistió :
— Aunque Edward se hubiese divorciado de mí, yo continué considerándolo mi marido
hasta el día de su muerte. Solamente entonces acepté la propuesta de casamiento de
Gregorio.
— Yo pensaba ...

— Pensabas que salí de los brazos de un marido rico y me fui directamente a los
brazos de otro, igualmente rico? — ella sacudió la cabeza. — Yo ya conocía a Gregorio,
pero no acepté el generoso ofrecimiento de sus padres , que querían instalarme en su
palacio.
— Qué hiciste entonces? — preguntó Brett, casi con disgusto.
— Mi madre era una famosa cantante lírica. En mi juventud, yo había recibido clases de
canto y música. Resolví hacer uso de mis conocimientos. El Padre Umberto me ayudó , y
pronto comencé a dar clases.
Brett la miró , atónito.
— Cómo conseguiste sobrevivir? Los profesores de música ganan muy poco en
Inglaterra. Aquí en Italia no debe ser diferente.
María volvió a sonreír, y esa vez la sonrisa iluminaba también sus ojos.
— Hubo veces en que casi llegué a pasar hambre. Pero , sinceramente, no fue tan
malo . Por primera vez en mi vida, me vi obligada a contar solamente conmigo misma.
Aprendí a conocerme mejor y hacer uso de mis fuerzas, usar todos mis recursos , a
controlar mis debilidades...
Ella suspiró profundamente.
— Esos siete años.... no fueron completamente satisfactorios, porque había un gran
vacío dentro mío. Pero fue mi ilimitada esperanza de que un día volvería a verte lo que
me dio fuerzas para continuar viviendo.
María sacó el medallón que traía sujeto en una delicada cadena de oro y lo pasó a las
manos de él.
— Aquí está, hijo. Me gustaría que lo guardases como un regalo ... de amor.
Brett miró, fascinado, la pequeña pieza de oro antiguo.
— Entonces, fuiste vos...
— Si, fui yo.
Brett se quedó en silencio , procurando asimilar los hechos. No era fácil. En pocos
minutos y con pocas palabras, ella había quebrado todos los preconceptos que él había
alimentado durante toda su vida. Y, si quisiese realmente ser honesto consigo mismo,
debía admitir que esa destrucción había comenzado mucho antes, en el momento en
que había llegado a Livorno y la había conocido.
Esa mujer generosa, fiel, honesta, no podía haber abandonado a su propio hijo!
— Los niños... — comenzó a decir Brett con voz ronca de emoción y entonces se
interrumpió , encontrando difícil traducir lo que sentía.
Ella sonrió tristemente.
— Ellos realmente no te reemplazaron. Pero eran criaturas que precisaban mucho
amor. Y yo recibí tanto de ellos, felicidad, consuelo...
- Oh, basta! — Brett pidió casi histéricamente. — No hables más!
Un gran dolor lo embargaba . Se había equivocado respecto al juicio que había hecho de
esa mujer que era su madre. Y había juzgado mal todas las otras mujeres que habían
pasado por su vida. Como había hecho con Ashleigh! Oh, Dios... Ashleigh!
María adivinó su lucha íntima, y su corazón se oprimió . Pero sentía que él necesitaba
estar solo para tener tiempo de examinar todas las revelaciones, de asimilar los hechos
desconocidos.
Se levantó y estaba por despedirse cuando golpearon la puerta.
— Su Gracia!
Era la voz de Geordie Scott.
— Entre, señor Scott — dijo Brett, preocupado con la urgencia de su voz.
El marinero entró, su rostro acalorado por la excitación.
— Su Gracia, traigo más noticias. Acabamos de recibir un mensaje. Bonaparte escapó
de Elba hace dos días y desembarcó en Cannes con mil quinientos hombres!
CAPITULO 36

Brett se dispuso a escribir el diario de abordo. Llegó a escribir algunas líneas . Después
, se quedó con la pluma en el aire, sus pensamientos muy lejos de allí.
Horas después de recibir la noticia de la fuga de Napoleón , había convencido Patrick de
tomar, como él, rumbo a Inglaterra. Su cuñado se había mostrado reticente al
principio. Pero el argumento de que Italia albergaba amigos poderosos del Corso,
haciendo peligrosa la permanencia de ellos en Livorno, acabó por convencerlo.
Automáticamente, pensó si no había sido una decisión precipitada, si no había cometido
un error, dando órdenes para zarpar. El cielo estaba sin nubes, el mar ,calmo. Pero si el
clima cambiase? Cómo enfrentarían las amenazas del mar y del viento, teniendo a bordo
una mujer que luchaba para traer una criatura al mundo? Había riesgo de que surgiesen
complicaciones. ..
Súbitamente, un grito ahogado llegó a sus oídos. Dejó la pluma sobre la mesa el cerró
el diario, dominado por el temor. Por qué el doctor Arrighi no hacía algo para aliviar el
sufrimiento de ella?
Había logrado convencerlo de permanecer a bordo con la promesa de una generosa
recompensa por sus servicios. Pero, ahora, se daba cuenta que no debía haber confiado
tanto en un profesional con tan poca experiencia!
Otro grito lo hizo levantarse de un salto y correr hacia la puerta . Antes que pudiese
alcanzarla, Megan irrumpió en la cabina, jadeante.
- Disculpa, Brett. Pero...
Sus palabras precipitadas y nerviosas lo hicieron empalidecer.
— Qué pasa, Megan?
— Tenemos complicaciones.
— Qué tipo de complicaciones ?
La irlandesa retorció sus manos afligida.
— Ella está muy cansada, Brett. No podrá aguantar por mucho tiempo. El médico tal
vez tendrá que escoger entre la vida de la madre o del hijo.
— No habrá ninguna elección ! — él se alteró. — Voy a decirle a Arrighi que salve
primero en Ashleigh. Otros bebés podrán venir después .
— Espera un instante! El es católico. No estoy segura, pero parece que en casos como
ese la Iglesia ordena salvar la vida del hijo.
En ese instante, otro grito cortó el aire. Desesperado, Brett agarró a Megan por el
brazo y la arrastró hacia la puerta .
Segundos después , entraban precipitadamente en el camarote, donde Ashleigh gritaba
en la cama.
— Fuera! — Brett avanzó hacia el médico, completamente trastornado.
El doctor lo miró , perplejo. No estaba preparado para esa explosión.
— Cómo?!
— Le dije que se fuera! — volvió a decir Brett, interceptando sus pasos para impedirle
que se aproximase a la cama.
— Pero, su Gracia...
— Ya me oyó . No quiero que vuelva a poner sus manos en mi esposa!
El doctor Arrighi encogió los hombros en un gesto de resignación, agarró su maleta y
caminó hacia la puerta .
Mientras Brett se inclinaba sobre el lecho, su esposa gemía retorciéndose con
espasmos.
— Oh, mi Dios...
Cuando el dolor cedió, transformando la agonía en un débil murmullo, ella abrió los ojos.
— Brett... Sos vos?
— Si, amor. Guarda las fuerzas. Megan y yo estamos aquí para ayudarte.
— Oye bien, querida — dijo la irlandesa. — Haz todo lo que le pedimos y no habrá
problemas.
— Estoy tan cansada...
Brett le sujetó las manos con fuerza.
— Yo voy a ayudarte, amor. Apóyate en mí y no desistas!
Megan se inclinó todavía más para observar mejor. Pasado un minuto, ella anunció :
— Estoy viendo la cabeza!
Satisfecha, ella se puso a lavar meticulosamente sus manos, diciendo:
- Continua pujando, como te enseñé.
Después de secarlas, volvió a ocupar su puesto al pie de la cama.
— Muy bien , querida! Sólo un poco más... Cuando yo te avise, puja ... Ahora!
Los minutos pasaban, llenos de gritos de la parturienta y de palabras de estímulo de
sus asistentes. Finalmente, un último grito agónico fue seguido por la aparición de una
pequeña cabeza oscura y húmeda, que se deslizó hacia las manos de Megan. Segundos
después , todo estaba acabado.
— Gracias a Dios! — gritó la irlandesa, llena de alegría. — Es una niña! Pequeña, pero
saludable. Oigan!
Ashleigh oyó el débil llanto infantil y se puso a reír y a llorar al mismo tiempo. Había
dado a luz a una niña!
Brett miraba la criaturita que se agitaba en las manos de Megan, con aire enfurecido.
— Lo lograste, querida!
Ashleigh levantó los ojos hacia él.
— No estás frustrado? Una niña...
— Oh, querida. Estoy tan orgulloso de vos! Nuestra hija !
Ashleigh sonrió y cerró los ojos.
— Gracias, amor — le murmuró .
Brett miró al frágil bebé acostado al lado de su esposa. Lentamente, casi con
reverencia, sus ojos examinaban cada detalle de esas minúsculas facciones : las pestañas
oscuras, la nariz perfecta, la boquita rosada, entreabierta...
Después , su mirada fue hacia el rostro pálido de Ashleigh. Ella parecía todavía más bella
en su dulce cansancio. Se acordó de otra época, en que la había estudiado mientras ella
dormía, y sintió una puntada de vergüenza. Cómo había podido creer que esa niña
dulce y gentil podía ser capaz de cosas terribles? Estaba tan ciego...
Veló el sueño de su esposa y su hija por un momento más. Entonces , salió mansamente
del camarote y se dirigió por el pasillo, corriendo escalera arribas con vivacidad . El
timonel le hizo un gesto de saludo, que retribuyó con una amplia sonrisa, antes de
inclinarse sobre la baranda.
Era una bella noche, oscura y sin nubes. En el cielo , brillaban incontables estrellas, que
parecían lanzar, con la suavidad de su luz, una promesa de eterna seguridad sobre la
Tierra.
Lleno de paz, bajó los ojos y vio a Finn emerger de la oscuridad y apostarse a su lado. Le
acarició tiernamente la cabeza y volvió a mirar el cielo . Qué había de diferente allá?
Había mirado ese cielo centenas de veces. por qué sólo ahora él le transmitía esa
seguridad sin limites.
Conocía la respuesta. Hasta entonces, lo había mirado con el distanciamiento de alguien
separado del milagro de la creación. Ahora, formaba parte de ese milagro. Había visto
un nuevo ser llegar al mundo y eso tenía algo de divino. De algún modo, le parecía que
todo, la vastedad del cielo, el misterio de las estrellas, el nacimiento de una criatura, era
el producto de otro milagro, el amor.
Eso había sucedido cuando había dejado de considerar Ashleigh solamente como una
mujer atractiva para considerarla una persona valiosa que le había mostrado el
significado de la vida.
Ella le había dado un hijo. Le estaba agradecido, pero no solamente por eso. Ella había
logrado librarlo de la prisión de recuerdos que lo sofocaban.
Súbitamente, arrojó la cabeza hacia atrás y se puso a reír, una risa profunda y alegre,
que hizo eco extrañamente en la borda silenciosa.
— Abuelo ! — gritó, dominado por la deliciosa sensación de libertad.
— Estoy comenzando a vivir.

A la mañana siguiente, el Ashleigh Anne abordó Ravenscrest. Una plancha fue


extendida entre las dos embarcaciones, permitiendo que Patrick y María pasasen de una
para a la otra embarcación.
— Recibimos las señales — le dijo Patrick a Geordie Scott,
que los aguardaba en el puente. — Qué sucedió ?
— Nada para preocuparse, sir Patrick. Y no puedo adelantarle nada mas. Tengo
órdenes de llevarlos al piso inferior. Acompáñenme, por favor.
La sonrisa ancha del primero oficial apartó los últimos recelos e hizo que ellos lo
acompañasen sin cuestionar.
— Aquí estamos, señor.
Geordie Scott golpeó la puerta de un camarote.
— Los visitantes han llegado, su Gracia.
La puerta se abrió , y Brett los recibió sonriente.
— Entren, por favor.
Encontraron a Ashleigh sentada en la cama del capitán, su cuerpo delicado apoyado en
varias almohadas. Los brillantes cabellos negros estaban sujetos por una conta azul, del
mismo color del camisón, y su rostro irradiaba felicidad . Había un bebé en sus brazos.
— Aproxímense — dijo ella con una sonrisa. — quiero que conozcan a alguien muy
especial.
María se inclinó sobre la niña y acarició suavemente su carita rosada.
— Mi pequeña princesa...
— Sir Patrick, o mejor dicho , el tío Patrick — dijo Brett. — Quiero que conozcas a
Marileigh Megan Westmont, vizcondesa Westmont.
— Marileigh Megan? — preguntó él, todo orgulloso, mientras tocaba los cabellos
oscuros de su sobrina.
— Resolvimos darle el nombre de tres mujeres que tendrán mucha importancia en la vida
de ella — dijo Ashleigh, levantando a la niña en el aire.
Brett tomó a su hija y se dio vuelta hacia la Condesa.
— Si, tres mujeres muy importantes: la madre, la tía, y la abuela y futura madrina.
Los ojos de él encontraron los de María.
— Me gustaría que tuvieses a tu nieta en los brazos... madre?
Lágrimas de felicidad inundaron los ojos de ella.
— Me gustaría mucho , hijo.

CAPITULO 37

Los dos barcos proseguían la misma ruta, atravesando incansablemente las aguas
calmas. Se sentían seguros y navegaban bajo bandera del Reino Unido. Y era a
Inglaterra que, después de Trafalgar, cuando Nelson había alcanzado una victoria total
bajo las flotas reunidas de España y Francia, detentaba ahora la supremacía de los
mares.
Ashleigh pasaba los días en cama, recobrándose del desgaste del parto. Brett se turnaba
con María para estar en su cabecera. El continuaba durmiendo en la cabina de Geordie
Scott, pero comía en compañía de su esposa, que se impacientaba con esa inmovilidad
forzada, dedicándole toda su atención y su tiempo libre.
A veces, la distraía leyéndole poemas de Shelley o Byron, guiando su espíritu e
interrogándola sobre sus gustos en temas de arte. Otras veces, le hablaba de los
principios políticos de Shelley, de las consecuencias de la fuga de Napoleón o del modo
en que iba a acomodar a los niños en la casa de King Street.
Ashleigh se extrañaba porque su marido no hacía referencia alguna al pasado,
pareciendo aceptar sin restricciones la situación actual. De su parte, ella sentía necesidad
de una conversación más íntima, que esclareciese las dudas y aliviase las amarguras.
Pero no quería desagradarlo, tocando un tema que él parecía evitar.
Brett jamás se había mostrado tan gentil, jamás se había mostrado tan franco ,
positivo y alegre. Era como si estuviese mirando el mundo bajo una nueva luz, o
viéndolo realmente por primera vez. El nacimiento de su hija había producido ese
milagro? O la reconciliación con su madre?
Pero había momentos en que lo sorprendía mirándola con aire pensativo. Sentía entonces
que había una preocupación no expresada bajo esa admirable serenidad . Estaría
pensando en hacer alguna referencia a sus relaciones anteriores, pero temiendo destruir
la paz que habían conquistado? O estaría esperando, tal vez , que ella diese el primer
paso?
Esas y otras cuestiones semejantes llenaban su mente en una tarde en que se
encontraba sola en el camarote. Súbitamente, un pormenor le vino a la mente. Ella le
había dicho, en los jardines de la condesa, que había dejado de ser la persona pasiva
que siempre había sido y que había comenzado a tomar un control más activo sobre su
propia vida.
"Entonces", ella se preguntó , "qué diablos estoy haciendo aquí? Esperando que mi
marido venga a hablar conmigo y que en algún momento toque el tema de nuestra
relación? Estoy volviendo a mi antiguo hábito de dejar que las cosas me sucedan?"
Arrojó la manta a un lado y se levantó . Sintió un ligero vértigo. Pero, recurriendo a
todas su voluntad , caminó hasta el tocador y comenzó a prepararse con extrema
atención. Antes de salir, se miró por última vez al espejo. Satisfecha, dejó el camarote
y subió sin hacer ruido a la cubierta.
Brett estaba de espaldas a ella. Admiró sus hombros amplios, destacados por la casaca
azul marina, el vigor de sus piernas musculosas, ligeramente separadas para que él
mantuviese el equilibrio, y se sintió invadida por una oleada de sensualidad .
Mientras se dirigía al puente, un joven marinero se cruzó en su camino. Luchando contra
una intensa timidez, él se sacó el gorro y le sonrió . Ella llevó un dedo a sus labios,
indicando que quería sorprender a su marido, y el muchacho asintió lentamente.
Brett notó un movimiento en las sombras y dijo, sin volverse:
— Señor Cárter, pensé haberle dicho que... Ashleigh! Qué estás haciendo aquí?
— Por favor, Brett. No te enojes. Necesitaba respirar un poco de aire puro. Estaba
comenzando a sentirme una prisionera.
— Piensa en tu salud, querida.
Ella sonrió .
— Estoy sintiéndome maravillosamente bien. aquí arriba está muy agradable.
Brett no pudo dejar de sonreír. Ella estaba tan linda! El viento agitaba sus cabellos, y el
sol poniente parecía envolverla en una aura resplandeciente.
— Está bien. Pero creo que sería una locura abusar. Vas a quedarte aquí solamente
algunos minutos. Después te acompañaré de vuelta al camarote.
— Oh, Brett...
— No quiero correr ningún riesgo. — La expresión de él se volvió sombría. — Cuando
pienso que casi te perdí ...
Ashleigh posó la mano en el brazo.
— Haré lo que quieras.
El volvió a sonreír.
— Así se dice! Sabes manejar el timón?
— Oh, Brett... puedo?
— Ven — dijo él, permitiendo que ella pasase adelante.
Mientras colocaba las manos en el timón, Ashleigh sintió los brazos de él rodearla por
detrás, el contacto más íntimo que habían tenido desde el nacimiento del bebé.
— Sujeta el timón con firmeza — le murmuró Brett al oído. — con mucha firmeza.
Aquella proximidad lo perturbaba. El perfume a violetas invadía sus fosas nasales. Casi
reverentemente, se inclinó para aspirarlo, presionando sus labios contra los cabellos
negros.
Su madre le había aconsejado cortejarla y mostrarse gentil. Pero no era tan fácil como
imaginaba. Proceder lentamente, ganando tiempo... Cómo podía hacer eso si el menor
contacto lo prendía fuego?
Expiró lentamente el aire que había retenido y apartó su cuerpo, pensando en por qué
diablos Cárter demoraba tanto para volver.
Ashleigh se dio cuenta que él retrocedía y levantó los ojos. Las primeras estrellas, claras,
comenzaban a brillar en el cielo oscuro.
— Brett... No es un milagro?
Sujetando el timón con una de sus manos, él volvió a la realidad.
— Si, amor. Es un milagro.
Ashleigh entreabrió los labios expectante. Quería tanto sentir el contacto de esa boca
sensual sobre la suya! Pero se acordó del motivo que la había traído allí y murmuró, sin
saber lo que decía:
— Quiero hablar con vos sobre los motivos que me llevaron a abandonarte, Brett.
El le levantó el mentón y sonrió .
— Ya me hablaste de eso, querida.
— Te hablé ?
— En la villa, en Livorno, te acuerdas? Cuando dijiste que lady Margaret...
— Oh, no! Me estoy refiriendo a la mañana siguiente al nuestro casamiento, cuando...
— Cuando Elizabeth fue a verte, y te convenció de que te habías casado con un canalla.
Ella debe haber sido muy persuasiva!
Ashleigh se quedó en silencio , y él continuó :
— Y, en un cierto sentido, tenía razón .
— Tenía razón ? — preguntó ella asombrada.
Brett asintió con la cabeza.
— Tengo mi parte de culpa en lo que aconteció. sin justificarla, creo que Elizabeth por lo
menos no mintió.
— No? No comprendo...
— Cuando ella te dijo , que yo iba a casarme solamente para asegurarme herederos.
Que el placer, iría a buscarlo en los brazos de mis amantes. Y debo confesar que, me
hubiese casado con ella, la situación sería exactamente esa.
— Pero... — murmuró ella esperanzada.
— Pero no me casé con Elizabeth. Me casé con vos y, de repente, me encontré al lado
de una mujer adorable, sensual. sería un idiota si fuese buscar el placer en otros brazos.
— Está queriendo decir...
— Que vos sos todo lo que un hombre puede desear en todos los sentidos!
El la vio ruborizarse profundamente y bajar la cabeza. Gentilmente, la obligó a
enfrentarlo.
— Pero eso no es lo más importante. Admito que tuve amantes en el pasado y nunca le
fui fiel a ninguna de ellas.
— Comprendo...
— No, pequeña, no comprendes.
Brett hizo una pausa, en busca de las palabras adecuadas. Finalmente, se decidió por
una expresión directa.
— Quiero que sepas que nunca tuve la intención de serte infiel a vos. Pero vos no me
crees, cierto?
— Oh, Brett! No sé qué pensar. Esas noches en Londres... después de nuestras
discusiones. Puedes jurarme que no hubo otras mujeres, entonces?
El suspiró profundamente.
— No. Vos me dejaste en el exacto momento en que yo comenzaba a pensar...
El viento comenzó a soplar en ráfagas violentas, arrancándole el timón de la mano y
haciendo que el barco se desviase bruscamente a estribor. Sujetando a Ashleigh con
uno de sus brazos, él agarró el timón con la mano libre, luchando para estabilizar la
embarcación.
Una voz subió de la cubierta inferior:
— Estaré ahí en un momento, su Gracia!
Ashleigh miró al joven marinero que llegaba corriendo y le esbozó una sonrisa de
simpatía: era el mismo con quien se había cruzado minutos antes.
— Parece que el viento cambió , su Gracia — dijo él. - Es mejor que vaya a avisarle al
señor Scott.
— Yo haré eso, señor Cárter — respondió Brett, pasándole el timón. — No parece una
cosa seria. Pero, si continua así, corremos el riesgo de hacer una pésima travesía del
Canal de la Mancha !
Diciendo eso , Brett se volvió hacia Ashleigh.
— Voy a llevarte abajo, antes que el clima cambie.
— Dijiste el Canal de la Mancha ? — preguntó ella.
El esbozó una gran sonrisa.
— Si, amor. Mañana, a esta hora, estaremos en casa!
CAPITULO 38

Ashleigh caminaba de un lado al otro en la sala de visitas de King Street, presa de una
gran agitación.
— No puedo creerlo ! Presos! Cómo se atrevieron a tanto?
— Cálmate, querida — le aconsejó María. — Piensa en la niña. Perderás la leche, si
continuas así.
— Cómo puedo calmarme cuando mi marido y mi hermano están presos? Y bajo la más
ridícula de las acusaciones : espionaje !
— No es tan así, querida. En la carta, Brett dice simplemente "detenidos bajo sospecha
de espionaje".
— Por qué, entonces, no los soltaron después del interrogatorio? Por qué continúan
presos?
— Mera formalidad, querida. Qué pruebas válidas tienen las autoridades de que ellos
sean espías? Ninguna!
— Se fundamentan en el argumento que, si no eran espías, qué estaban entonces
haciendo cerca del lugar donde los enemigos en fuga habían desembarcado? Ellos
suponen que están involucrados en la instigación del desembarco. Y no fue instigación
suponen que prestaron ayuda material para el desembarco.
— Todo esto no es mas que un lamentable error, que Patrick y Brett pronto esclarecerán.
Piénsalo bien: la posición de tu marido en la sociedad, su puesto político , los amigos
influyentes... El caso con
certeza será archivado, y pronto los dos estarán aquí, riéndose con nosotras de este
equívoco.
María se equivocaba. Como Brett explicó en cartas posteriores, la situación era muy
delicada. La fuga de Bonaparte de la isla de Elba había tenido consecuencias que los
aliados consideraban desastrosas. Bonaparte había atraído a millares de adeptos a su
causa dictatorial, permitiéndole marchar sobre París y forzar a Luis XVIII a huir.
Consecuentemente, Inglaterra estaba en estado pánico. Los hombres que ocupaban los
altos cargos y que en condiciones normales habrían oído a Brett con simpatía se
comportaban como si tuviesen miedo de sus propias sombras. No confiaban en nadie.
Y después estaba el caso de Patrick. A pesar del Tratado de Gante, que había puesto
oficialmente fin a la guerra entre América del Norte y Gran Bretaña, su posición no era
de ninguna forma fácil. Y el hecho que él fuese ciudadano inglés, justificando así la
bandera inglesa con que su barco viajaba, contaba muy poco. Mientras no llegase
información satisfactoria de Washington, Brett y sir Patrick iban a permanecer como
"invitados" del gobierno de su Majestad Británica!
Después una semana, el caso continuaba sin solución.
Ante eso, Ashleigh resolvió tomar en consideración el consejo de su suegra, dejando de
contar los días amargamente.
Auxiliada por María y Megan, resistió la tensión y le dio un rumbo ordenado a su vida
familiar, reconfortándose con la amistad de esas dos mujeres y con el cuidado de su hija
y los niños.
El paso de las tres mujeres por el atelier de madame Gautier tuvo el efecto de difundir
con más rapidez la noticia del incidente por toda la alta sociedad de Londres.
Comenzaron a recibir visitas. Al principio, las señoras que frecuentaban el salón de té
de King Street se mostraban solamente curiosas. Después de cierto tiempo, algunas de
las más viejas, que se acordaban de María y que siempre la habían considerado
injustamente tratada por los Westmont, comenzaron a manifestar satisfacción de tenerla
de vuelta en su círculo social.
Pronto llovieron invitaciones para tés, cenas y bailes. En un primer momento, Ashleigh
se sintió tentada de no asistir. Pero, ante la advertencia de María de que esas
invitaciones eran una manifestación de confianza de una sociedad que podía influir
positivamente en el futuro de Brett, ella comenzó a cultivar relaciones más estrechas con
algunas damas por quienes sentía simpatía.
Se hizo una asistente habitual de sus almuerzos íntimos y de sus tés. Pero era reticente a
asistir, sin compañía, a los bailes y eventos nocturnos , cuyos invitados eran, en su
mayoría, parejas.
Esos días agitados la distraían bastante. Y, cuando las lluvias de marzo fueron sucedidas
por un mes de abril sorprendentemente soleado, se aventuró también a paseos en
carruaje por Hyde Park.
Cierta tarde particularmente calurosa, las tres salieron llevando consigo Marileigh y la
niñera.
— Te felicito, María — dijo Ashleigh en cierto momento, al ver a su suegra sonreír y
saludar a los ocupantes de un carruaje que pasaba. — Parece que eres muy bien vista y
estimada por las damas de nuestra sociedad. No era la orgullosa lady Castlereagh a
quien saludaste?
La sonrisa de María se amplió .
— Reanudamos la amistad en el almuerzo de lady Bessborough, ese al que vos no
pudiste comparecer porque nuestra pequeña vizcondesa estaba enferma.
Ella levantó la punta del manto que envolvía a su nieta contempló su carita delicada.
— Marileigh está bien ahora, verdad, Megan?
— La pequeña está perfecta! Miren como me sonríe!
— María, qué ibas a decir a propósito de lady Castlereagh? — volvió a hablar Ashleigh,
curiosa.

— Parece que la madre de ella conocía a mi madre. Ahora ella me saluda como si
fuésemos viejas amigas. Hasta llegó a sugerirme que hay una posibilidad de que me
admitan en Almack's!
— No me digas! Pensé que los problemas de Brett no la animarían a tanto.
— Tienes razón , querida. Lady Castlereagh tuvo la bondad de decirme que las puertas
de su salón estarán abiertas para mí.
Pero que vos, mi querida, tendrás que esperar hasta que "los vientos soplen a tu favor".
Fue esa la expresión que ella usó.
— Una actitud nada simpática...
— Fue lo que pensé — admitió María. — Y le informé inmediatamente que eso estaba
fuera de cuestión . A donde yo vaya , la esposa de mi hijo viene conmigo!
— Oh, María! Estoy agradecida, pero no quiero causarte futuros arrepentimientos. Esa
dama tiene fama de rígida .
María sonrió .
- Pues no sabes lo que ella me respondió, a pesar de todos tus escrúpulos!
- Qué?
- Que, si vos quisieses aparecer en el salón el viernes a la noche , esa danza
escandalosa, el vals, estará siendo ejecutada, y ella tendrá mucho placer en recibirte!
Ashleigh no se contuvo.
— Tu elocuencia convence a todos, María!
— Haré todo lo que sea necesario para ayudar a Brett y a Patrick! — María dijo con
fervor.
— Hablando de diablos... — las interrumpió Megan. — Ahí vienen lady Bunbury, esa
vieja lengua larga.
Cuando el carruaje de la terrible dama se emparejó con el de ellas, Ashleigh le hizo
una seña al cochero para que se detuviese.
— Buen día, su Gracia — saludó la corpulenta matrona. — Condesa... lady St.
Clare... Qué día maravilloso! Fue por eso que han traído a la niña al parque?
- Tiene razón , mi lady — dijo María. — Nuestra pequeña vizcondesa necesitaba
tomar aire.
La Condesa la detestaba cordialmente. Ya se había enterado de todos los rumores
indignos que ella había esparcido sobre su nuera y estaba firmemente determinada a
acabar con eso de una vez.
— No quieres conocerla? — le preguntó con voz forzadamente suave. Entonces , sin
esperar respuesta, María continuó : — Megan, querida, levanta a nuestra dulce Marileigh
para que lady Bunbury pueda verla.
Megan la miró con extrañeza, pero obedeció.
Ashleigh también se quedó intrigada. Qué había sucedido? Por qué María parecía tan
ansiosa de exhibir a su nieta a esa mujer aborrecible ?
— No concuerdas conmigo — volvió a hablar María, dirigiendose a la matrona — Que
nuestra vizcondesa será una futura beldad ? Ella tiene las facciones delicadas de su bella
madre, pro mira los ojos! Son la réplica exacta de los ojos de su padre! Su Gracia está
muy orgulloso de ella.
Lady Bunbury demoró un poco en comprender. Después se ruborizó y dijo, forzando
una sonrisa: — Fue un placer verlas. Tengan una buena tarde.

Ashleigh se sentaba delante de María en el carruaje que seguía a lo largo de Pall Mall.
Estaban camino del Almack's, pero eso no la entusiasmaba.
No le parecía correcto ir a un baile, mientras su marido y su hermano estaban hacinados
en prisión. Tal vez hacinados no fuese el término apropiado. Brett le aseguraba en sus
cartas que estaban siendo bien tratados. Sin embargo, eso no disminuía el rigor de esa
pena injusta a su parecer.
Pero, ahora allí estaba ella, con un traje "perfecto", según Suzanne, y a un paso de ser
admitida en el más fino salón de Londres. Si Brett no le hubiese escrito, diciéndole que
aprobaba esa salida, jamás habría cedido a los pedidos de su suegra!
— Nerviosa, querida? — le preguntó María con simpatía.
— En lo absoluto! Estoy demasiado preocupada por Brett y Patrick para impresionarme
con estos eventos.
— Concuerdo con vos. Pero estamos haciendo esto por ellos. Los estaremos ayudando,
si conseguimos impresionar favorablemente a esta gente.
María se inclinó para acariciarle la mano.
— Además, tienes que pensar en el futuro.
— Futuro?
— Cuando Marileigh esté en edad de ser presentada socialmente, la aceptación de esta
gente snob significará mucho para vos.
— No pensé en eso — confesó Ashleigh. — Ah, tiene mucho sentido!
En ese instante los caballos se pararon delante del palacio que albergaba el club
Almack's, y uno de los lacayos bajó corriendo las escaleras para abrir la puerta da
carruaje. Mientras bajaban, otro carruaje se detuvo detrás de ellos.
— Mi Dios, es Agatha! — exclamó María alegremente.
Mientras ella iba a saludar a su vieja amiga, la atención de Ashleigh fue atraída por una
escena incómoda que se desarrollaba delante del palacio.
— Saca tus patas de mí ! — gritaba una rubia extravagantemente vestida .
Ella protestaba por estar siendo arrastrada a la fuerza.
— Señorita Doxy — dijo uno de los lacayos que la había agarrado por el brazo. — No
podemos permitir que haga un escándalo en este fino establecimiento.
— Ya le dije que preciso hablar con el barón de Mumford! — gritó la muchacha. — El no
sabe que su mujer y sus hijas me echaron a la calle como una perra. Debo verlo!
Ashleigh se estremeció. Esa voz... ya la había oído en algún lugar... Oh! Era Monique, la
mujer que la había enviado a Hampton House!
— Un momento, caballeros! — Ashleigh dijo , aproximándose y mirando el rostro
excesivamente pintado, que alguna vez había sido bello y que ahora presentaba señales
de una vida desenfrenada.
Sintió sincera compasión.
— Monique... Soy Ashleigh. No me reconoces?
Los ojos redondos de la rubia comenzaron a parpadear y, sin aliento, ella soltó un
gemido.
— No... No puede ser. No puede ser!
Después se dio vuelta y se puso a correr, abriéndose camino a través de los
transeúntes asombrados.
— Qué sucedió, querida? No te sientes bien?
La voz preocupada da Condesa sacó a Ashleigh de su estupor.
— Qué?
— Parece como si hubieses visto un fantasma.
— Tal vez lo haya visto.
María le lanzó una mirada perpleja.
— Qué sucedió ?
— Oh! Nada. Creo que estoy un poco nerviosa.
— No te preocupes, querida. Estoy segura que pronto estarás bien.
En el hall, el mayordomo examinó sus invitaciones y se las extendió a otro, quien las
escoltó hasta el Grande Salón . Allí, fueron ceremoniosamente anunciadas:
— Su Gracia, la duquesa de Ravensford. Y la Condesa de Montefiori.
Muchas cabezas se volvieron hacia la entrada de las dos mujeres.
Ashleigh, sin notar el examen demorado de que era objeto, mantenía la cabeza
orgullosamente erguida, mientras, al lado de su suegra, bajaba el corto tramo de
escalones hacia el salón de baile. En un momento, fueron rodeadas por algunas
personas amigas, que les murmuraron sus saludos. Lady Drummond Burnell, la anfitriona
de esa noche, se abrió camino a través de la pequeña multitud y llegó junto a las dos
mujeres acompañada de alguien que Ashleigh conocía muy bien .
— Oh! — Elizabeth Hastings la estudió de arriba a abajo. — Parece que la pequeña
duquesa volvió. Oh! Pero sin su marido! Hay alguna razón para eso ?
En el silencio que siguió, Ashleigh replicó :
— Es mejor que vos misma descubras las razones. Como puedes ver, ahora estoy muy
ocupada ... — Ashleigh agregó, apartándose de ella.
— Muy bien dicho! — exclamó el conde St. Aldegonde, quien estaba obviamente
fascinado por la bella duquesa de Ravensford.
La orquesta comenzó a tocar y él hizo una reverencia ceremoniosa.
— Quiere darme el placer de esta danza, su Gracia?
Ashleigh vaciló, pero un rápida mirada a María le hizo ver
que debía aceptar el convite. Mientras bailaban, reconoció en medio de la asistencia a
lord y lady Hollarid, al duque de Devonshire y a Christopher Edwards, acompañado por
lady Pamela Marlowe.
"Ella está positivamente radiante!", pensó Ashleigh. "Qué diferencia con la mujer
angustiada que conocí en Ravensford Hall. Cuál será la causa de esa transformación?"
La música terminó. Las conversaciones cesaron, y un silencio profundo cayó sobre el
salón . Todas las cabezas se volvieron hacia la entrada. Ashleigh se volvió y también
pensó estar soñando. Allí, en un elegante traje de rigor, y más guapo que nunca,
estaba Brett!
Los ojos de él recorrieron el salón , mientras el mayordomo lo anunciaba, y finalmente
se posaron en ella. Una sonrisa le iluminó la cara, y él bajó los escalones sin dejar de
mirarla.
Sorprendida, Ashleigh aguardó la llegada de su marido. Le parecía un sueño. Brett estaba
libre! Brett estaba allí ! Lo oyó susurrar, mientras le tomaba las manos:
— Ven, amor.
Ella asintió en silencio , súbitamente sus ojos se llenaron de lágrimas.
En el pequeña cuarto, al lado del salón , él la miró en silencio por un momento, luego la
abrazó . Intercambiaron un largo y apasionado beso, sin preocuparse por la curiosidad
que despertaban.
— Mi querido! Qué bueno que estés aquí!
— Ashleigh... Ashleigh... fue una tortura vivir un mes lejos de vos. Sabes que estás
todavía más bonita?
— Hum... te parece?
— Cuando lleguemos a casa voy a demostrarte cuanto! — él la miró con infinita
ternura. — Pero tendremos de esperar un poco. Debo hablar con Ranleagh y lord
Castlereagh. Ambos se empeñaron mucho para que Patrick y yo fuésemos liberados.
— Patrick! — exclamó ella. — Dónde está mi hermano?
— Oh ... él fue corriendo al encuentro de Megan.
Brett alisó los cabellos de su frente.
— Es mejor que vaya al toilette a retocar tu peinado. Cuando hayas terminado,
encuéntrate conmigo en el vestidor. Le pediré a mamá que se disculpe con lady
Drummond Burnell.
— Claro, querido.
El toilette estaba vacío. Ashleigh se sentó delante del enorme espejo que ocupaba gran
parte de una pared. Mientras acomodaba las hebillas , notó que la puerta se abría para
dar paso a una rubia alta y esbelta. Elizabeth Hastings!
— Miren a quien tenemos aquí ! — dijo ella con una sonrisa fría. — No es su Gracia la
que está escondida aquí, después de hacer el ridículo?
Ashleigh se dio vuelta para enfrentarla.
— Lady Elizabeth, no creo...
- No deberías ser tan ingenua respecto a tu maridito, querida — continuó la otra. — No
te sientas tan segura, mi querida!
— Qué...Qué quieres decir?
— Lo que ya te dije cierta vez, tontita. Las mujeres románticas y enamoradas, como
vos, sólo fastidian a Brett y lo empujan a buscar a otras.
— No quiero oír más de tus mentiras!
— Mentiras? — Elizabeth se paró detrás de ella. — Por qué no vas y ves con tus propios
ojos? En este exacto momento, él está en el salón estableciendo una cita con su ex
amante.
Debía ver a Pamela! Ella irradiaba felicidad cuando fue al encuentro de él!
Ashleigh se levantó , lívida, y se detuvo un instante delante del espejo, junto a la
puerta entreabierta.
Las palabras llenas de ironía de Elizabeth la siguieron hasta el salón.
— Yo te avisé que él nunca sería un marido fiel!
Los viejos temores y dudas volvieron a asaltarla, envenenándole el alma.
Ashleigh resolvió volver al salón sólo para probarse a sí misma que Elizabeth mentía.
No entró. Se quedó parada en la puerta, observando los bailarines girar en un
torbellino al ritmo del vals. Brett no estaba entre ellos. De repente lo vio. El estaba con
lady Pamela. Se inclinaba hacia ella y se reía de algo que ella decía por debajo de su
abanico de plumas.
Sintió un dolor agudo en el pecho y, tambaleando Ashleigh caminó hacia el hall.

CAPITULO 39
En el vestuario, el lacayo le devolvió la capa, que ella arrojó sobre sus hombros con
manos temblorosas. Cuando ya se disponía a pedir a carruaje, se detuvo súbitamente.
"Por qué estoy siendo tan precipitada?", se preguntó . No era así que debía proceder una
mujer enamorada ante acusaciones hechas a la persona a quien amaba.
En su mente volvió a ver la mirada de Elizabeth, esa mirada cruel y triunfante, y se
convenció que ella quería perturbar su felicidad . No había actuado así antes,
atribuyendo a Brett injurias graves?
La joven ingenua que había sido en el pasado tal vez no pudiese soportar palabras tan
crueles como las que acababa de oír, pero no ella. Ahora era una mujer adulta, segura
de sí misma, de su amor, de su hombre. Y no era posible que no representase nada
para Brett.
— Ah, mi querida! — Brett llegó en ese instante y,
abrazándola por detrás, le besó el cuello. — Discúlpame si te hice esperar. Me encontré
con Pamela Marlowe. Ella estaba radiante, y ni te imaginas el por qué!
Ashleigh se dio vuelta y lo miró , conteniendo a respiración.
— Por qué?
— Está de novia con Ranleagh! Van se casar en breve...
El se interrumpió preocupado.
— Ashleigh... estás llorando! Sucedió algo ?
— No, querido. Lloro de felicidad .
En el carruaje que su marido conducía, Ashleigh se mantuvo en silencio . El parecía
extrañamente apresurado. Atravesó rápidamente la ciudad y, al llegar, arrojó con
impaciencia las riendas al muchacho del establo.
— Descansa un poco, mientras le doy de mamar a la niña. No voy a demorarme —
dijo Ashleigh.
— Voy con vos.
El la siguió, subiendo la escalera hacia el cuarto de Marileigh. Una luz débil brillaba en
un rincón , lanzando una leve claridad azulada detrás de la cuna. Caminaron en silencio
y miraron a la niña . Estaba durmiendo, pero, cuando la tomó, comenzó a llorar
inmediatamente.
— Tiene hambre — dijo Ashleigh en un susurro, yendo a sentarse.
Brett oyó el susurro suave del vestido de seda siendo bajado . De repente, el llanto cesó
y la niña comenzó a mamar.
— Quiero verla — dijo él. — Fue algo con lo cual soñaba durante el encierro: verte
amamantar a nuestra hija.
Ashleigh se dio vuelta lentamente en la silla cerca de la ventana, hasta que ella y la
bebé fueron bañados por la suave claridad de la luz de la luna.
— Mi Dios! — exclamó él en voz baja. — Qué linda es!
— Y glotona!
Brett se rió.
— Es una Westmont. Sabe lo que es bueno.
Ella lo miró en silencio . Ah! Si pudiese tener a esperanza de que un día llegaría a amarla
tanto como ella lo amaba!
— Está durmiendo de nuevo — dijo él, bajito.
Ashleigh se levantó y colocó el bebé en la cuna . Acomodó
cuidadosamente las mantas y se volvió con el vestido todavía bajado. Brett le extendió
su mano.
— Ven conmigo.
— Si, querido.
Se besaron en silencio , varias veces, mientras avanzaban por el corredor en penumbra.
En el cuarto iluminado por la luz de las velas, Brett se apoyó en la puerta cerrada y
tomó el rostro de ella entre las manos.
— Ahora, dime por qué estabas llorando en Almack's.
Perturbada, Ashleigh intentó desviar los ojos, pero no lo consiguió.
— Me... me encontré Elizabeth en el toilette.
El rostro de Brett se puso serio.
— Y entonces...
— Ella me dijo que vos. .. que estabas arreglando un encuentro con Pamela. — Cobra
venenosa!
— No te exaltes, querida. Esta vez ella no consiguió su intento.
Ashleigh prosiguió, su voz vacilante haciendose más débil a medida que hablaba:
— Te vi en el Grande Salón con Pamela. Y mi primer impulso fue huir de allá y nunca
más volver. Cuando llegué al hall, mi sentido común prevaleció. Decidí quedarme y oír
lo que tenías para me decir al respecto.
— Oh, Ashleigh! — exclamó Brett, aliviado. — Estoy tan orgulloso de vos!
— Orgulloso?
— Si, orgulloso! Encontraste las fuerzas para enfrentar el demonio de la duda. Confiaste
en mí, a pesar de estar sufriendo!
Ella sintió las lágrimas inundando sus ojos. Pero eran lágrimas de felicidad . Brett podía
comprenderla, leer su alma! Brett tomó le las manos y las besó -.
— Sabes... — dijo con voz casi grave — Qué te amo?
Ella lo miró atontada por un largo momento.
— Amar?
— Si, Ashleigh. Yo te amo.
El no pretendía confesar su amor de ese modo. Pero las palabras se le habían escapado
de los labios. Y, ahora que las había dicho , sentía alivio y placer.
— Sé que sería pretender demasiado que vos correspondieses mis sentimientos...
Ashleigh lo interrumpió con una exclamación de alegría y se arrojó en brazos de él.
— Yo te amo tanto que podría morir por ese amor!
Brett la apartó con gentileza y examinó atentamente su rostro. No tenía ni la menor
duda!
Los labios de ella estaban entreabiertos, sus pupilas dilatadas por el deseo. Le acarició el
rostro con inmensa ternura. , — Ah, mi querida... quiero amarte por darme tanta
felicidad!

CAPITULO 40

Ashleigh se recostó en el banco acolchado del carruaje que avanzaba a lo largo del
camino real, rumbo a Kent, y se puso a observar el bello perfil do marido. Se acordó de
otra época y sonrió . El pasado ya no existía más y el presente se mostraba como un
período de infinita felicidad .
Realmente hacía un año que se conocían ? Había vivido tantas experiencias durante ese
tiempo... A veces, todavía le parecía imposible que ese hombre, antes tan arrogante,
estuviese ahora siempre dispuesto a reírse y a bromear, manifestando su genuina alegría
de vivir. Nunca Brett se había mostrado más sencillo , más feliz, más encantador. "Sólo el
amor puede hacer este milagro", Ashleigh pensó. Cerró los ojos, dejándose envolver por
los recuerdos de las horas maravillosas que habían pasado juntos. En los labios todavía
guardaba el sabor de los besos ardientes. Brett la había despertado al amanecer con
caricias que la despertaron a la pasión. Más tarde, se ruborizaría de su propia
voluptuosidad. Pero Brett había afirmando muchas veces que ella debería enorgullecerse
de su naturaleza pasional. "Ashleigh, naciste para hacer el amor!"
El tenía razón . Después de hacer el amor se sentía apaciguada, amada y siendo.
Habían pasado la primera semana de ese mes maravilloso, que había comenzado la
noche del baile en Almack's, prácticamente encerrados en sus aposentos particulares
saciando la lujuria intensificada por la separación. Después , habían comenzado a asistir
a bailes y fiestas, donde siempre eran homenajeados.
Había sido para él una sorpresa notar que el duque y la duquesa de Ravensford se
habían convertido en favoritos de la alta sociedad . Su romántica y fantástica historia
había intrigado y fascinado a esa sociedad frívola, siempre dispuesta a divertirse y a
olvidar la borrasca que amenazaba a Europa.
Napoleón era de nuevo una amenaza para la paz. Para combatirlo, las fuerzas de Gran
Bretaña, bajo el comando del duque de Wellington, se habían unido a los ejercitos de
Austria, Prusia y Rusia, formando una fuerza de un millón de hombres. Pronto, en algún
lugar de la frontera con Bélgica, habría una confrontación entre ese formidable ejército
aliado y los hombres del Corso.
"Afortunadamente hay paz en América!", reflexionó Ashleigh, sus pensamientos
volviéndose a Patrick y a Megan. Su hermano había acompañado a su esposa en un
viaje a Irlanda, pero había prometido volver para el cumpleaños de ella, que sucedería
el próximo mes. Pero su destino final era América, donde él y Megan planeaban vivir
para siempre.
"Probablemente, María será la próxima en dejarnos", pensó con tristeza, mientras daba
vuelta para mirar los tres carruajes que componían el cortejo que se dirigía a Ravensford
Hall.
Pero eso iba a demorarse un poco. Su suegra sentía, y Brett compartía esa opinión ,
que no era el momento adecuado para volver a Italia. Aunque hubiese recibido
noticias del padre Umberto, anunciando que la villa ya estaba completamente restaurada,
María consideraba más prudente permanecer en Inglaterra con los niños hasta que la paz
volviese a imperar en Europa.
— Un penique por tus pensamientos, amor.
Ashleigh se volvió . Su marido sonreía y la miraba con tanta intensidad que ella sintió su
respiración alterarse.
— Brett! — ella protestó, al ver los ojos de él fijarse en sus pechos. — Sabes que basta
con mirarme para ponerme ... confusa.
— Ven acá — dijo él con suavidad . Al ver que ella se rehusaba, él insistió : — Siéntate
a mi lado, o prefiere que yo vaya hasta allí?
Cuando ella se levantó, él la tomó por la cintura y la sentó en sus rodillas. La besó y
metió su mano dentro del escote del vestido.
— Brett... no!
— Estamos a solas , amor. Por qué no?
— Aquí en el carruaje? — se escandalizó Ashleigh. — Ni pienses en eso !
— Tengo ganas de amarte en todos los lugares donde vos me tientas. Y logras eso con
mucha facilidad . Cuando me miras como una niña tímida, cuando estás enojada o
cuando finges no quererme, cosa que tus ojos desmienten . Como ahora.
Ashleigh fingió estar indignada.
— Sos un mentiroso!
— No, no. Vos sos una hechicera!
Una dulce languidez la envolvió . El era su primer y único amor. No podría vivir sin Brett.
— Mi querido, si te deseo tanto es porque te amo! Es así también para vos?
Brett asintió.
— Pero hay hombres que no piensan así. Para ellos, amor y sexo no necesitan estar
unidos. Mi amigo Byron piensa así. El suele decir que, para el hombre, e amor es
solamente parte de su vida. Mientras que para la mujer representa toda su existencia.
Ashleigh reflexionó por un momento: comprendía la cuestión, respetaba al hombre que
había formulado esa idea, pero no concordaba con él.
— El señor Byron tiene espíritu, fantasía y originalidad. Me gusta él. Pero esa
afirmación no me parece lógica.
Brett se rió y le besó la punta de la nariz.
— Antes de conocerte yo le daba razón .
— Pero no ahora!
— Desde que te conocí, nunca saliste de mi cabeza, Ashleigh. Eso me intrigó durante
mucho tiempo. Después me di cuenta que mi deseo es tenerte para siempre. — él hizo
una pausa significativa. — Comencé a amarte mucho antes de tener consciencia de eso.
— Vos creías que me odiabas...
— Y por eso te hice sufrir! Puedes perdonarme, querida?
— Yo ya te perdoné hace mucho tiempo.
— Qué hice yo para conseguir el máximo bien de este mundo? — él le besó las manos,
la cara y finalmente la boca.
Ashleigh se dejó abrazar sin reservas, olvidándose de todos sus escrúpulos. Los minutos
transcurrían lentamente, hasta que el paso del tiempo no contó más. Sumergida en el
éxtasis, ella deseaba que ese mar sensualidad no terminase jamás .
— Ashleigh, eres tan linda, tan linda... — él susurró en su oído.
En ese instante, el carruaje se paró bruscamente y alguien los llamó :
— Brett! Ashleigh!
— Es tu madre ! — dijo ella, enderezándose y acomodándose las ropas.

— La señorita Simms manda a avisar que Marileigh se despertó — dijo Condesa,


aproximándose al carruaje.
— Ya voy, María — Ashleigh respondió. Después , volviéndose hacia su marido,
agregó : — Marileigh debe tener hambre.
El suspiró.
— Está bien. Ve. Pero no demores más de diez minutos!
Ashleigh se rió.
— Perfectamente! Su Gracia será obedecido.
En Ravensford Hall , los viajantes fueron cálidamente recibidos por los criados, que ya
amaban a la pequeña duquesa y que, durante la separación de la pareja, habían
apoyado la reconciliación.
Los más viejos, como los Busby y algunos otros, habían quedado atónitos al enterarse
que María, la antigua vizcondesa, estaba de vuelta en el solar con la evidente anuencia
de su hijo. Y se regocijaban , porque ellos siempre habían creído en su inocencia.
La pequeña Marileigh, con su angelical belleza, les despertó inmediatamente una gran
ternura.
Pero había algo que los intrigaba: era mas que evidente la transformación por la cual su
amo había pasado. El parecía otro hombre! Sin embargo, al ver las miradas llenas de
amor que él lanzaba a su esposa, descubrieron la causa de ese cambio.
— Yo sabía que esa dulce criatura era un ser especial — dijo Hettie Busby a su marido.
— Pero nunca pensé que ella sería capaz de conquistar el amor de un hombre tan difícil
como su Gracia.
— Su Gracia está completamente cautivado — concordó Henry. — Nunca, en treinta
años, lo vi tan feliz como ahora!
Pero había una persona en Ravensford Hall que estaba lejos de regocijarse con esa
felicidad general. En el mismo día de la llegada de los viajantes, lady Margaret embaló
sus pertenencias y, acompañada de media docena de criados, dejó e; Hall y fue a
instalarse a la villa del lago. A su sobrino, solamente le dejó una nota, informándole
secamente que su criada de cuarto estaba encargada de resolver con el señor Jameson
los problemas que se presentasen en la casa.
Ashleigh expresó perplejidad ante esa actitud de franca hostilidad . Pero Brett se
encogió de hombros , afirmando que esperaba algo así.
Pero María observó la retirada de una vieja enemiga en pensativo silencio . La asustaba
darse cuenta del odio que animaba a esa mujer extraña.

CAPITULO 41
Los canteros del grande jardín oval desbordaban de rosas. Ravensford Hall estaba
absolutamente colorido.
Allí, las horas transcurrían en una inmensa quietud. Las tardes de música y de
representaciones teatrales de los niños, de vez en cuando, solamente acentuaban esa
paz deliciosa, en medio de la cual era fácil creer que un sueño puede convertirse realidad
.
Ashleigh dedicaba sus días completamente a su hija. Las noches, estaban reservadas
para Brett. El duque pasaba a mayor parte de su tiempo afuera, administrando sus
propiedades, lo que los había llevado a establecer una rutina: una vez terminado la cena,
se retiraban a sus aposentos y se consagraban exclusivamente uno al otro hasta la hora
del desayuno del día siguiente.

Cierta mañana, a principios de junio, el encanto y la tranquilidad de ese primero período


fueron interrumpidos. Y lo que provocó ese cambio fue algo inesperado y terrible.
Ashleigh acababa de desayunar cuando su marido emergió del cuarto de vestir con una
sonrisa en los labios.
— Querida, después de amamantar a Marileigh, ponte el traje de montar, si?
Ella se dio vuelta sorprendida.
— Vamos a dar un paseo a caballo?
— No te gustaría?
— Lo preguntas en serio ? Claro que si!
— Entonces encuéntrate conmigo en el patio dentro de una hora. Haremos una cabalgata
por los campos, seguida por un picnic.

— Estás hablando en serio, Brett?


El se rió y le abrió los brazos.
— Claro que si!
— Apenas lo puedo creer! — dijo ella, dejándose abrazar.
— Vamos a tener algunas horas sólo para nosotros ?
El la levantó y rodó con ella en sus brazos.
— Todo el día , si quieres.
— Me va a encantar!
El la puso nuevamente en el piso y la miró con claro placer. Ashleigh estaba tan linda
en su seductor camisón de seda.
— Si no vistes pronto con algo más decente, adiós, picnic. Vamos a pasar todo el día
en esta cama.
Ashleigh no dudaba de eso. Desprendiéndose de los brazos de su marido y corrió a
cambiarse.
Una hora después , un muchacho trajo a Raven y a Irish Night al patio. Montaron y, en
pocos minutos, dejaron Ravensford Hall atrás .
Los bellos campos estaban envueltos en un aura dorada. Hacía calor, pero había una leve
brisa que traía consigo el olor de los bosques. Cabalgaron algunos kilómetros sin hablar,
el silencio solamente interrumpido por el ruido ahogado de los cascos contra el suelo
duro.
Ashleigh iba un poco mas adelante, pero, en cierto momento, Brett aumentó el trote de
su caballo y se colocó al lado de ella.
— El viejo Henry me aseguró que Irish Night ya es capaz de saltar obstáculos.
Completaron su entrenamiento mientras estábamos afuera.
El sonrió y agregó :
— Y sabes qué más tuvo la osadía de decirme?
— Qué?
— Dijo que sabía que era solamente una cuestión de tiempo para que "Su Gracia, la
duquesa, volviese a la casa"!
Ashleigh se rió, mientras acariciaba los flancos suaves del animal.
— No tenía idea que Henry fuese tan romántico.
Brett se rió también . Le agradaba saber que sus criados la querían .
Repentinamente, se acordó de la noche de un año atrás, cuando había llegado a un
acuerdo con Madame sobre una pequeña muchacha desamparada, quien más tarde se
había convertido en la duquesa. La mujer que cabalgaba a su lado había probado ser
más que un buen acuerdo. Ella era una verdadera dama, que inspiraba amor y respeto
no sólo entre los criados sino también entre las personas más selectivas de su círculo
social. Prueba de eso era que hasta lady Margaret estaba comenzando a frecuentar el
Hall. El increíble hecho había tenido inicio una cierta tarde, cuando ella, sorprendiendo a
todos, había invitado a Ashleigh a tomar el té. Entonces le había regalado linda taza
de plata con el nombre de Marileigh grabado en oro, afirmando que el nacimiento de una
Westmont merecía establecer relaciones de amistad entre los miembros de la familia.

— Vamos a galopar hasta la entrada do bosque?


La invitación entusiasmada de Ashleigh lo sacó de sus devaneos.
— Me estás desafiando?
Ella lanzó una mirada a la cesta de picnic que colgaba de la montura de Raven y le
guiñó un ojo maliciosamente.
— Raven es un caballo muy vigoroso, pero está llevando mucho peso. Creo que
puedo vencerlo, su Gracia!
Brett colocó su caballo al lado de Irish Night.
— Y qué quieres como premio por vencerme?
Una suave sonrisa se formó en su rostro de Ashleigh.
— Me gustaría que aceptases someterte a una experiencia que vengo imaginando hace
mucho tiempo.
— Sin saber de que se trata?
— Lo sabrás si yo gano , su Gracia.
— Y si yo gano ?
— En ese caso, acataré tus exigencias.
— Está bien. Vamos?
Largaron al mismo tiempo, lanzando sus caballos a todo galope. La potra era ligera y
Ashleigh se sentía cómoda en la montura inglesa. De reojo vio a Raven adelantar el
hocico y se inclinó sobre el cuello de Irish Night espoleándola.
— Vamos, muchacha!
Se inclinó todavía más , ofreciendo poca resistencia al viento, y continuó
murmurandole palabras de aliento . Era exactamente eso lo que la yegua necesitaba
para pasar a Raven. Sólo entonces Ashleigh se atrevió a lanzar una rápida mirada por
encima de su hombro. La expresión de Brett era de asombro. Cuando él lanzó el garañón
a un galope desenfrenado, se volvió a enderezar . Irish Night pareció entender lo que
esperaba de ella y aumentó a velocidad, sus patas apenas tocaban el suelo.
En ese instante, ella tuvo la perturbadora sensación de que la montura se deslizaba
peligrosamente del lomo de la yegua. Supo, entonces , que se iba a caer. Creyendo que
la caída podía ser fatal, se sujetó desesperadamente al cuello del animal y consiguió
afirmarse.
Detrás de ella, Brett gritó algo que ella no pudo entender. Con un esfuerzo
sobrehumano, se concentró solamente en mantener el equilibrio y no pensar que el
suelo volaba debajo de las patas de Irish Night y que la montura floja se deslizaba
peligrosamente de un lado al otro.
En un cierto momento, tuvo la impresión de que el caballo de su marido se colocaba a
su lado. Creyó oírlo gritar algunas instrucciones. Pero, antes que pudiese asimilarlas, la
montura acabó de desprenderse y cayó al suelo. Sintió el poderoso cuello de Irish Night
torcerse a la derecha y la oyó relinchar, mientras cambiaba de dirección, evitando así
que la montura se enredase entre sus patas traseras.
Ashleigh gritó, pero no había nada que pudiese hacer. Se sintió suspendida en el aire y
no vio nada más que el suelo que se acercaba.
A medida que recobraba la consciencia, se puso a gritar por el pavor que esa oscuridad
le inspiraba.
— Ashleigh! Ashleigh!
La voz llegaba hasta ella venida desde una neblina, una voz familiar pero distante.
Quiso abrir los ojos, pero las párpados le pesaban demasiado.
— Querida... todo está bien! Estás viva! Viva, entendiste?
La neblina se disipó lentamente, y la voz se volvió más cercana. Abrió los ojos y vio,
entonces, inclinado sobre ella, el rostro de Brett. Extendió la mano y Brett la sujetó
entre las de él.
— Brett?...
El sonrió aliviado.
— Gracias a Dios que volviste.
— Volví ?
— Estuviste inconsciente durante diez minutos, o más. Cómo te sientes ahora?
Ashleigh intentó esbozar una sonrisa.
— Yo... yo estoy bien. De verdad.
los ojos de ella se llenaron de pesar.
— Te grité , verdad ? Disculpa, querido.
El la envolvió en un demorado abrazo.
— No precisas disculparte, mi amor. Estabas muy asustada, y era natural que
gritases.
Ashleigh cerró los ojos y se anidó contra el pecho de Brett, procurando calmarse. Al
abrirlos, se sorprendió con la expresión de su marido. Brett estaba serio y muy
preocupado.
— Qué pasa , Brett?
El luchó consigo mismo, no sabiendo si debía o no contarle los temores que lo
asaltaban. Después de arrancarla de Irish Night y de conseguir interrumpir el galope
desenfrenado de los dos animales, la había depositado en el suelo y había ido a
examinar la montura. Había descubierto entonces las evidencias que temía: la montura
había sido adulterada! Alguien había cortado una correas con un instrumento afilado,
no completamente, solamente lo suficiente para aflojarla, de modo que se cortase en el
momento crítico: o sea, cuando la potra estuviese en pleno galope!
las sospechas que había alimentado esa noche fatídica, cuando Ashleigh había estado a
punto de caerse de la terraza de la villa del lago, se confirmaban ahora. Alguien estaba
intentado matar a su
esposa!
Pero, debía decírselo a Ashleigh? Debía prevenirla de que corría peligro, y así alertarla a
tener más cuidado? Pero si lo hiciese iba a instigar en su corazón y en su mente un
miedo con el cual tendría que convivir hasta que el asesino fuese descubierto!

— Nada, amor — le dijo con la mayor delicadeza.— Solamente estaba pensando en lo


que podría haber sucedido si no te hubiese alcanzado a tiempo y...
Ashleigh selló sus labios con los dedos.
— Pero llegaste a tiempo! Y eso es lo que importa.
Brett la apretó contra su pecho, pidiéndole a Dios que siempre pudiese estar cerca, para
protegerla, hasta que el asesino fuese atrapado.
— Tienes razón , querida.
Sin revelar la más leve señal del susto que había pasado, ella miró a su alrededor y
suspiró encantada. Se sentía envuelta en un círculo mágico. Un grueso tapete de musgo
bajo sus pies, y el sol, brillando a través del follaje, revestía de oro las ramas salpicadas
de líquenes anaranjados que colgaban hasta el suelo. A poca distancia, Irish Night y
Raven pastaban tranquilamente, indiferentes al incidente.
— Qué lugar tan encantador, Brett!
El sonrió al verla más calmada.
— Yo solía venir aquí con frecuencia, cuando era niño.
— Es un lugar muy especial, no? Me siento honrada de que lo estés compartiendo
conmigo.
— Oh, no, mi amor! El honor es mío. En cuanto al placer...
Ah! El placer será sólo tuyo!
"Apuesto a que no!", pensó Ashleigh, mientras comenzaba a rendirse a la magia de la
sensualidad .

CAPITULO 42

Brett se curvó sobre su esposa, quien dormía con los cabellos esparcidos sobre la
almohada, y le besó la frente.
— Feliz cumpleaños, amor.
Ella se agitó en el sueño, y sus labios se movieron. Después , con un suspiro, se
despertó.
— Querido...
El se sentó en la cama y se quedó contemplando su rostro todavía somnoliento . Era
una de esas raras mujeres que parecían todavía más lindas al despertar!
— Cómo se siente cumplir veinte años, adorable perezosa? — le preguntó con una
sonrisa. — Las horas de amor de anoche fueron demasiado ardientes para una mujer tan
vieja ?
— Vieja? — se indignó Ashleigh, sentándose también .
Brett la sujetó por los hombros y le besó la boca rápidamente.
— Me gustan tus ojos cuando estás enojada. Se ponen increíblemente azules.
— Y los tuyos se ponen mucho más brillantes cuando...
— Cuando acabamos de hacer amor y estás deliciosamente saciada!
El la besó largamente. Cuando la soltó, ella se reía.
— Atrevido!
- No puedo resistirme...
Ashleigh puso sus manos en los hombros de el para impedirle de besarla nuevamente y
lanzó una mirada al reloj de la chimenea.
- Mi Dios! La diez ! Acordé con lady Margaret que llegaría a la villa del lago antes del
mediodía!
Dos días antes, para su sorpresa, había recibido una nota de Elizabeth. Los Hastings,
decía ella, deseaban presentar su homenaje a la duquesa en el día de su cumpleaños,
ofreciéndole una fiesta.
Ashleigh nunca hubiese esperado cosa una cosa así de parte de Elizabeth, en quien veía
una enemiga. Pero esa nota era cordial, dejando notar en las entrelíneas que la
muchacha deseaba disculparse por su insolencia.
Se había animado , entonces, a aceptar la invitación. Era una oportunidad magnífica
para resolver sus antiguas divergencias. Naturalmente, había discutido el asunto con
Brett y María. Ambos se habían mostrado reticentes, pero se dejaron convencer, en
grande parte, por efecto de su insistencia.
— Ella procedió muy mal, estoy de acuerdo — Ashleigh le dijo a los dos. — Pero
creo que sería mejor olvidar el pasado.
— Una optimista incurable — murmuró su marido.
Lady Margaret, al contrario, se había mostrado encantada cuando había venido al té da
tarde. Ella la había alentado diciéndole :
— "Haces bien en aceptar la oferta de paz de Elizabeth. Mi ahijada tiene una lengua
muy afilada. Pero sé que ella está sinceramente arrepentida. Tengo esperanza de que
ustedes todavía sean buenas amigas.
Después de eso, la había invitado a pasar por la villa del lago, con la promesa de que, si
el tiempo o permitiese, irían a la propiedad dos Hastings en barco.
— Me gusta de remar y quiero mostrarte que todavía soy buena en ese deporte que
practico desde mi juventud.
Ashleigh había creído que, en un excesivo sentimiento de responsabilidad por los errores
de su ahijada, lady Margaret quería ver la situación rápidamente esclarecida y pacificada.
Un leve escalofrío la trajo de vuelta al presente. Brett había apartado las sábanas a un
lado y le acariciaba los pechos.
— Brett... el almuerzo — le recordó ella, jadeando.
— El almuerzo puede esperar!
El alto reloj de pie daba las once horas cuando finalmente se acordaron de que tenían
compromisos ineludibles.
— No creo en esa exagerada cortesía de Elizabeth. No es de ningún modo natural —
dijo Brett, con la vaga sensación de que había algo de falsedad en esa invitación.
— Los seres humanos están llenos de extrañas sorpresas — rebatió ella.
— Concuerdo. Pero en el caso de Elizabeth hay razones especiales, razones que yo estoy
en mejores condiciones de percibir que cualquier otra persona.
No confiaba en Elizabeth. Era una mujer arrogante, esclava de sus impulsos. La única
excusa que podía encontrar para su conducta era la pésima educación que había
recibido. Pero todavía no descartara la hipótesis de que ella fuese responsable del
atentado contra la vida de Ashleigh.
Poco después del terrible accidente, había tomado algunas medidas para proteger a su
esposa y para defender por todos los medios su tranquilidad . Discretamente, sin
despertar sospechas o causar complicaciones, dos hombres de confianza del viejo Henry
seguían cada uno de los pasos de ella, mientras otros vigilaban la preparación de los
alimentos , de los aposentos y de las establos.
Debía descubrir al asesino . Para eso, había pedido el auxilio del teniente George Hodges
y de su cuñada Mildred, ambos ahora estaban en camino a Ravensford Hall. El teniente
era un espía de la Marina y su cuñada, una de las hábiles agentes secretas de su
Majestad. Estaba seguro que, con esa valiosa colaboración, atraparía al maldito o
maldita que deseaba matar a Ashleigh!
Todavía en sus brazos, ella suspiró lánguidamente.
— Amor, recuerda que preciso pasar antes por la casa de lady Margaret.
Ante la mención de su tía abuela , Brett sintió un extraño presentimiento. Había
quedado agradecido por su aproximación, pues la cosa que más deseaba en el mundo
era que todos aceptasen y amasen a su esposa. Pero había algo peculiar en las
calurosas manifestaciones de simpatía que esa mujer indomable le hacía a Ashleigh.
"Tampoco ella está completamente fuera de toda sospecha", Brett reflexionó .
Nada ni nadie iba a inducirlo a relajar la vigilancia, cuando la preciosa vida de su esposa
estaba en juego! Para eso, el joven Jonathan Busby y Blecker, el maestro carpintero
que había reparado el balcón de la villa, se encontraban ahora en los jardines de la villa
del lago. El pretexto era reparar la cerca; el motivo real, vigilar atentamente a Ashleigh.
— Qué pasa, querido? — preguntó ella al verlo inmerso en pensamientos.
Brett forzó una sonrisa.
- Estaba pensando que todavía no te di mi regalo de cumpleaños.
El tomó la capa, arrojada sobre a silla, y sacó del bolsillo una cajita de cuero labrado.
— Feliz cumpleaños, amor — dijo , colocándola en las manos de ella.
Ashleigh apretó el cierre. En el interior del terciopelo azul había un gran zafiro oval
rodeada de brillantes, sujeto a una delicada cadena de oro. Era una joya digna de una
reina!
- Brett! — ella exclamó, levantándola. — Es tan linda!
— No tanto como la mujer que va a usarla. Déjame ver como te queda.
El la ayudó a levantarse y la guió hasta el gran espejo del cuarto de vestir. Se colocó
detrás de ella y cerró la cadena, apartándose entonces para admirar su imagen.
Ashleigh estaba desnuda, y el zafiro estaba entre los pechos, lanzando reflejos azulados
con la clara luz de la mañana.
— Más bella imposible!
— Gracias — murmuró Ashleigh, cuando sus ojos se encontraron.
En ese instante, el reloj marcó el cuarto de hora y rompió el encantamiento.
— Es mejor deje que te vistas, amor. O te perderás la fiesta de la bruja.
Ella le lanzó una mirada de censura.
— Lady Margaret se ha mostrado tan gentil últimamente!
En el fondo, ella solamente es una pobre mujer solitaria que necesita un poco de cariño.
Brett suspiró.
— Disculpa, querida. Voy a intentar refrenar mi lengua. — Brett Se inclinó y le besó
los labios. — Te veré después.
Media hora después , Brett se encontraba con su madre en la biblioteca.
— Brett, querido — dijo ella, con su suave sonrisa. — Voy a demorar un poco. Los
niños me pidieron que supervise el ensayo final del espectáculo que van ofrecer en el
cumpleaños de tu esposa. Más tarde, un muchacho del establo podrá llevarme hasta
Cloverhill Manor. Te Importa?
— En lo absoluto! — Brett sonrió , satisfecho. — Esos pequeños adoran a Ashleigh,
verdad ?
— Todos la adoramos, querido.
"Todos, no. Alguien la odia y la quiere ver muerta", pensó él. pero pronto apartó ese
peso terrible de su mente y se puso a contemplara María.
— Estás maravillosa!
— Gracias, querido. Ahora ve y no te preocupes por mí. Elizabeth te necesita .
Brett se acordó de la esquela que había llegado el día anterior y frunció la frente.
Elizabeth le pedía que llegase más temprano para ayudarla a mantener a lord Hastings
sobrio. "Temo que él estropee nuestra fiesta", había escrito ella. Esa idea no lo
divertía. Pero era tarde para excusarse.

Así que Brett se fue, María subió al piso superior y asistió al ensayo general. Elogió el
trabajo de los niños y se despidió de ellos diciendo que los vería a las siete da noche,
cuando el viejo Henry los condujese a Cloverhill Manor. Después , bajó apresuradamente
la escalera con la idea de pedirle al criado que trajese el carruaje.
Al llegar al pie de la escalera, vio una figura solitaria, vestida de gris, parada en el hall. A
primera vista, no la reconoció. Pero el lacayo refrescó su memoria al anunciar:
- Lady Jane Hastings desea ver a la duquesa, mi lady. María se adelantó con los brazos
extendidos.
— Lady Jane! Qué placer!
La vieja señora permaneció inmóvil , apretando compulsivamente contra su pecho la caja
de marfil que traía consigo.
— Soy María... Westmont. No me reconoces?
El rostro delgado, vacilante, de Jane Hastings se iluminó .
— María... Ah! Me acuerdo . Fuiste muy bondadosa conmigo.
La Condesa sonrió , más aliviada.
— Querías ver a mi nuera? Lo lamento, pero ella ya salió. Vas a encontrarla en
Cloverhill Manor.
Los ojos castaños de lady Jane se llenaron de angustia.
— Oh, no... Puede ser demasiado tarde!
Ella le mostró la caja de marfil.
— Quería entregarle esto. — Después , respirando con dificultad , agregó : — Hay
cosas aquí que podrán salvarle la vida!
Ante esas palabras, María apenas contuvo su desesperación. Brettle había hablado sobre
el atentado del cual Ashleigh no debía saber nada. "No quiero afligirla
innecesariamente', había afirmado Brett con convicción.
Ella le había aconsejado no subestimar el valor de su esposa, pero no consiguió
convencerlo. Ahora, al oír el relato temeroso de lady Jane, pensó si había hecho bien en
dejarse influenciar por los escrúpulos de él.
— Lady Jane, hay algo en esa caja que pueda interesarle a la duquesa?
La mujer la miró durante un largo instante, como si la estuviese evaluando. Entonces ,
en un impulso, le confió a caja.
— Toma ! Tal vez a señora pueda ayudarla.
Antes que la Condesa pudiese recobrarse de la sorpresa, corrió hacia la puerta , gritando
por encima de su hombro:
— Léelas todas. Rápidamente !
María la acompañó con los ojos hasta verla subir al carruaje. Sólo entonces, vacilante y
recelosa, abrió la caja. En su interior había un fajo de viejas cartas atadas con una cinta
deshilachada. Lo Abrió y se puso a leer la primera.

En la terraza soleada de Cloverhill Manor, Brett observaba a Elizabeth, elegantemente


vestida y peinada, arreglar, con gestos nerviosos, las flores que formaban el centro de
una de las mesas. Tenía que admitir que ella estaba increíblemente bella en esa mañana.
Bella, pero fría y insoportablemente altanera, pensó, sabiendo que clase de mujer había
por detrás de ese barniz.
— Por qué estás tan nerviosa? —le preguntó . — Es una simple fiesta campestre!
Elizabeth forzó una sonrisa, censurándose por haber olvidado que su ex novio era un
hombre muy observador. Precisaba tener más cuidado! La tía Meg había sido
particularmente insistente sobre la necesidad de disipar sus sospechas y distraerlo.
No sabía cuales eran las intenciones de su madrina. Ella le había dicho que era de suma
importancia conservar a Brett allí, lejos del lago y de su esposa. Y todo eso para
asegurarse que pronto el duque estaría libre para casarse de nuevo .
Había bastado esa promesa para animarla. A pesar de la traición de Brett , todavía
sentía que él era suyo, y que volvería a pertenecerle. No pasaba una noche sin que
soñase en convertirse la duquesa de Ravensford, aunque sus sueños más parecían
pesadillas, desde que Brett había vuelto a Inglaterra con esa pequeña usurpadora!
Ah, cómo la odiaba! Pero la tía Meg la obligaba a fingir que estaba ansiosa por
conquistar su amistad. Se había sometido a esa farsa, pensando que debía haber una
buena razón para eso. La tía Meg era muy astuta e inteligente. Y, si ella había asumido
la misión de devolverle a Brett, no tenía duda de que lo conseguiría. Por lo tanto, lo
mejor que podía hacer era obedecerla aun con el sacrificio de su dignidad!
Elizabeth esbozó su sonrisa más afectuoso, diciendo con voz dulce:
— Tengo todas las razones del mundo para estar nerviosa. Nunca ofrecí una fiesta a
una duquesa. Y después está el tema de papé. Simplemente me moriría de vergüenza
si él bebiese mas de la
cuenta!
Brett hizo una mueca.
— A propósito, Dónde está su Señoría?
— En la biblioteca — dijo Elizabeth,— Puedo contar con vos?

Ashleigh agradeció al cochero que la había conducido a villa del lago y saltó del carruaje.
Mientras seguía por el jardín florido, vio a Jonathan Busby y a Tom Blecker trabajando
en la cerca.
— Señor Blecker... Jonathan, buen día! — ella los saludó de lejos.
Los dos hombres hicieron una pausa y se sacaron sus sombreros.
En el mismo instante, la puerta de la villa se abrió y lady Margaret salió para darle la
bienvenida, acompañada de una criada que cargaba una bandeja con vajilla de
porcelana.
— Buen día, querida. Me gustan la personas puntuales. La puntualidad es una
virtud . Pero parece que la mayoría de los jóvenes se olvidó de las viejas reglas.
Ashleigh sonrió .
— Es una cuestión de cortesía, de educación. Jamás dejaría a alguien esperando por mí.
— Muy bien dicho, querida.
Lady Margaret se dio vuelta hacia la empleada y ordenó :
— Lleva el té a los dos hombres, Dora.
Después , en voz alta dijo :
— Un té frío, hecho con hierbas especiales, señores! Hagan una pausa y refrésquense!
Todo su rostro era un gran sonrisa, mientras ella permanecía observando a los dos
hombres, que dejaban de lado sus herramientas.
— Bien , bien!
Pasado un instante, ella se volvió hacia Ashleigh y le dio el brazo. Nunca se había sentido
tan viva, tan exultante, tan llena de fuerza.
— Vamos, querida?
En el viejo muelle de piedra, un pequeño bote se balanceaba con la brisa.

CAPITULO 43

María estaba en un estado de total incredulidad . Todo era demasiado monstruoso! No


podía ser! Pero aunque su mente quisiese negar hechos que agredían su naturaleza, ella
sabía que eran verdaderos. La carta que sujetaba ahora en sus manos llevaba la firma de
Margaret Westmont y estaba dirigida a "mi querido Andrew". Año, 1766.
La sujetó con manos temblorosas y volvió a leer esa caligrafía vigorosa:
"Mi querido Andrew
Te escribo para informarte de que mi hermano decidió permanecer por algún tiempo
más en su propiedad, en Surrey. Fue un puro golpe de suerte, que me permitirá
mantener el secreto sobre mi embarazo hasta el final . Encubrir ciertas cosas es el precio
que tenemos que pagar por nuestro amor, mi adorado. Lamento que la criatura de Jane
haya nacido muerta. Comparto, naturalmente, tu dolor. Pero no quiero que sufras más
de lo necesario, ya que ese hecho podrá revertirse a nuestro favor.
Entré en trabajo de parto y , dentro de pocas horas, estaré dando a luz una criatura que
será criada como tu legítimo hijo! Si , porque no tendremos problemas en colocarlo en la
cuna vacía de tu esposa y convencerla de que la criatura es de ella".
En ese punto María había interrumpido para proseguir más adelante:
"Anímate, mi amor! Tengo noticias maravillosas! Entre las siete y las ocho horas de ayer,
di a luz dos niños bellos y saludables! Son mellizos, un niño, y al que le dí el nombre de
David, como acordamos. Y la otra, se llama d Caroline, según tu deseo.
Estoy muy orgullosa, ellos son el fruto de nuestro amor, pero todas las precauciones
son pocas. La partera que trajimos de Glasgow será llevada de vuelta a su casa así como
la criada que contraté de la aldea para cuidarme. Nadie puede descubrir lo que
hicimos...”
María puso sobre la mesa la hoja amarillenta y se puso a reflexionar. David... Caroline...
había sido después que ella se había casado con Edward! Por medio de una trama
diabólicamente urdida, Margaret y su amante, lord Andrew Hastings, habían reemplazado
la bebé muerta de lady Jane por sus hijos ilegítimos.
La pobre mujer traicionada no se había dado cuenta de nada porque había sido
mantenida bajo la influencia de poderosos sedantes. En la carta, Margaret exhortaba a
que Andrew no se olvidase de administrar "la infusión de hierbas" a su esposa. Ambos
creían que la infeliz estaría suficientemente dopada como para no notar el acto cruel que
habían cometido. Pero, en algún momento de su vida, ella había recobrado la lucidez y
había descubierto la infamia. Prueba de eso eran esas cartas!
Colocó esa carta de lado y se puso a leer la carta siguiente...

Brett sofocó una exclamación de desagrado ante la imagen de la figura inconsciente de


lord Hastings, desparramado sobre el sofá de la biblioteca. En el piso , al lado de él, una
botella vacía de coñac explicaba la razón de su estado de estupor.
— Parece que, después de todo , tu padre no va a precisar de mí. Seguramente
estará inconsciente por el resto del día.
Un espasmo de cólera alteró el bonito rostro de Elizabeth.
— Los hombres de mi familia son todos débiles! Mi abuelo... y ahora mi padre! La tía
Meg siempre dice que si no fuese por las mujeres...
Ella se interrumpió , consciente de que había hablado demasiado.
— Me parece que oí el ruido de un carruaje. Creo que los invitados están llegando.
— Ve a recibirlos, Elizabeth. Yo cuidaré de tu padre.
Brett lanzó una última mirada de repulsión al dueño de la casa y se volvió hacia la
puerta , ansioso por verse libre de todo aquello.
— Voy a pedirle a los criados que lleven a su Señoría a sus aposentos y después
descenderé hasta el lago para esperar Ashleigh y a tu madrina.
— Oh, no! No puedes! — exclamó Elizabeth, agarrándolo por el brazo. Después ,
dándose cuenta de su error , procuró enmendarse: — Quiero que te quedes a mi
lado. Necesito apoyo moral.
Brett estudió atentamente su rostro. Elizabeth Hastings era una mujer habituada al
roce social. Una simple reunión en el campo no explicaría su nerviosismo ni la alarma
que detectaba en su voz.
— Mi madre debe estar llegando. Ella estará feliz de ofrecerte todo el apoyo que
necesitas — dijo para ponerla a prueba.
Elizabeth vio la sospecha ensombrecer los ojos de Brett y luchó contra el pánico que
amenazaba con dominarla. Lo siguió por el corredor, casi corriendo para acompañarle
los pasos, intentando justificarse:
— Mi única preocupación es que Ashleigh llegue demasiado pronto, antes que
terminemos con los preparativos. No... es mejor ... que se quede a los cuidados de mi
madrina...
Brett le lanzó una mirada rápida y entonces se detuvo . "A los cuidados de mi
madrina..." por qué esas palabras, aparentemente inocentes, le provocaban un
escalofrío? Mientras se volvía para mirarla, nuevas sospechas surgieron . Qué estarían
tramando esas dos? Someter a su esposa a la prueba de una farsa diabólica?
— Elizabeth — Brett dijo tensamente , en un tono que no admitía réplicas. — Vamos
hasta la sala. Vos y yo tenemos mucho de que hablar.

Al terminar de leer la carta, María secó una lágrima. Allí estaba la respuesta a la pregunta
que hacia tanto tiempo la perseguía. Por qué había sido tan ciega al punto de no
comprender todo inmediatamente?
Volvió a buscar el tramo que le causaba tanto sufrimiento:
"Confieso, mi amor, que llego a aplaudirme por la buena idea de emplear una caligrafía
diferente en nuestras cartas secretas. Como son anónimas, no corro el riesgo de que
alguien me las atribuya, en caso que sean interceptadas. Insisto en que vos hagas lo
mismo, cuando me escribas. Es imperativo que mantengamos nuestro amor en secreto!”
La caligrafía de esa carta anónima era idéntica a esa de las notas faldas que
injustamente la habían implicado en un caso de adulterio, diecisiete años antes! Había
sido Margaret Westmont quien había urdido su desgracia y su exilio!
Desgraciadamente, eso no era todo. Había más, mucho más! Esa carta y las posteriores
eran, evidentemente, una respuesta al pedido de su amante arrepentido , para que ella
dejase de lado la idea de "colocar a alguien de mi propia familia en el trono ducal."
"No concuerdo", insistía Margaret. "El ducado tiene que pertenecer al primogénito, sea
él hombre o mujer. y yo pretendo hacer justicia en mi nombre y en el de mi género ,
instalando mis herederos en el ducado!"
Una sonrisa amargo afloró en los labios de María. Margaret había tenido mucho cuidado
en esconder su identidad, disimulando su letra. Sin embargo, cualquier persona
medianamente perspicaz se daba cuenta que sólo ella podía haber escrito cosas tan
terribles!
Pero la amargura dio lugar al horror cuando comenzó a leer las líneas de la última carta
de Margaret. Lord Andrew estaba agonizando. Desde su lecho de muerte, él había hecho
un último pedido a su apasionada amante, implorándole que no llevase adelante sus
planes. Y ella le había respondido:
"Rechazo tu acusación de que Dios nos castigó por lo que vos consideras como un
fracaso en nuestra misión, sacarle la vida a Edward, Caroline y del pequeño Linley. Yo
también lloro por ellos, pero no puedo olvidar el futuro. O entonces la muerte de ellos
habrá sido en vano!
No pienso entregar el ducado a D. él es demasiado débil . pero tu hija, nuestra joven E.,
parece prometer mucho . Pretendo colocar mis esperanzas en ella, haciendo con que se
case con el 'actual heredero'. Por lo tanto, mi querido, controla tu consciencia : B. vivirá
porque tendrá que reunir su linaje con el nuestro. El peligro recaerá únicamente sobre
aquellos que impidan esa unión ..."
Durante un instante, el corazón de María dejó de latir. El D. De la carta era, sin duda,
David. E., Elizabeth, y B., Brett, para quien estaba destinado el carruaje que había
matado incidentalmente a la hija y al nieto de Margaret. Ella había intentado matar Brett
cuando él todavía era una criatura inocente.
- Oh, miserable mujer!
Mientras el sonido de su voz hacía eco por el hall desierto, procuró reflexionar. Las
palabras "aquellos que impidan esa unión " la dejaron helada. Ashleigh! Ella era la única
que se interponía entre Brett y Elizabeth. Y en ese exacto momento estaba en compañía
de...
"Oh, mi Dios! Tengo que llegar al lago antes que sea demasiado tarde!", María rezó con
desesperación.

Ashleigh se colocó el sombrero de alas anchas y lo ató debajo de su mentón . El sol


estaba fuerte, reflejando sobre las aguas tranquilas que el boto atravesaba a un ritmo
regular.
Estaban ahora en medio del lago. El muelle de los Hastings, ya visible, estaba desierto.
Examinó en toda su extensión la orilla soleada. No había ninguna señal de Brett.
Entonces se volvió hacia lady Margaret, quien había dejado de remar. Los músculos de
su rostro estaban contraídos en una expresión perversa. Sintiéndose observada, la mujer
sonrió y Ashleigh pensó haberse equivocado en su observación.
— Disculpa, querida, pero mis manos no son las mismas — la oyó decir con un
suspiro. — Me están doliendo terriblemente.
- Oh!... Hay algo que pueda hacer?
- Creo que si. Remar no es difícil. Bajo mi orientación , podrás alcanzar sin problemas
el muelle de los Hastings.
— Bien... no sé...
- Claro que puedes, querida. Eres mucho más joven y mas fuerte que yo . Además ,
estás usando guantes.
Ashleigh miró sus delicadas guantes de encaje y dudó de su utilidad . Pero dijo:
- Está bien, lady Margaret. Voy a hacer lo posible.
— Perfecto , niña! Ahora tenemos que cambiar de lugar. Muévete con cuidado...

Brett alcanzó la puerta de entrada de Cloverhill Manor en el preciso instante que el


carruaje del conde de Ranleagh paraba en la alameda.
— Christopher! — le gritó a su amigo perplejo. — Tenemos que ir hasta el lago!
Rápidamente !
El conde se dio cuenta que algo anormal sucedía y preguntó, alarmado:
— Qué sucedió, hombre?
— Te explicaré todo durante el viaje. Ahora llévame en carruaje hasta el final de la
alameda y dobla a la izquierda. A toda velocidad!
Brett se dejó caer en el asiento , delante de Pamela Marlowe, y agregó, jadeando :
— Tengo todas las razones para creer que Ashleigh corre peligro de vida!

Cuando el carruaje tomó la curva final de la alameda, María sujetó el cuello peludo de
Finn. Había decidido llevar al perro con ella porque sospechaba que Margaret intentaría
hacerle algún mal a Ashleigh cuando el bote estuviese en medio del lago, lejos de ojos
escrutadores. En ese caso, sólo Finn podría salvarla!
"Oh, Dios, permite que todavía haya tiempo!"
Mientras cambiaba de lugar con lady Margaret, Ashleigh sintió la pequeña embarcación
balancearse. Vaciló un poco sobre sus pies y, temiendo perder el equilibrio, se curvó
para afirmarse en los bordes. al hacerlo, notó un movimiento detrás de ella y casi en
seguida se vio lanzada al lago.
Al caer en las aguas frías, un grito de triunfo, seguido de una explosión de risa, llegó a
sus oídos. Sólo entonces Ashleigh se dio cuenta que había sido deliberadamente
empujada por Margaret.
Se sintió hundirse. Pero en una reacción instintiva, en busca de aire, consiguió volver a
la superficie y mantenerse a flote.
— Idiota! Piensas que puedes salvarte? — La voz de Margaret se elevó bruscamente,
endurecida por el desprecio y la cólera. — Esta vez, voy a acabar con vos! Entonces, el
ducado estará en mis manos. mis, oíste, prostituta barata ?
Después , soltando una carcajada histérica, ella sacó uno de los remos de su soporte y lo
levantó con las dos manos.
Rápidamente, Ashleigh se sumergió, evitando por poco el golpe del remo . "Mi Dios, me
va a matar", pensó, aterrorizada, mientras Margaret, desde el bote, continuaba
gritando insultos.
De repente, en el fondo de su desesperación, oyó un ladrido familiar. Poco después ,
una cabeza peluda cortaba las aguas, a pocos metros de distancia de ella. Un chillido de
Margaret la alertó del hecho que ella había visto al perro, quien se aproximaba
rápidamente . El remo bajó por la segunda vez, y su acción fue seguida por un gruñido
de dolor.
"Finn fue alcanzado!" Con dificultad, Ashleigh dio algunas brazadas en dirección al
animal y vio sangre manando de su cabeza.
— Oh, no! — ella gritó, con un gemido de desesperación.
Pero Finn todavía resistía. Gruñendo como un animal salvaje, él alcanzó el bote y cerró
sus enormes mandíbulas en torno al remo, dándole un fuerte tirón. Con el impacto,
Margaret dio pasos hacia adelante y hacia atrás . Tropezó y cayó súbitamente al agua
con la cabeza hacia adelante .
Sus gritos agudos resonaron prolongadamente en el lago. Ashleigh oyó su último
pedido desesperado y quiso ayudarla, pero las sus faldas mojadas la empujaban hacia
abajo. Se sentía arrebatada por un torbellino... Era como si estuviese siendo absorbida
por un torbellino , cayendo en un agujero sin fondo... Oyó el espasmo convulsivo de su
propio pecho y después sintió que perdía la respiración.
La última imagen que tuvo y a la cual se aferró era la de una figura gris que la
impulsaba hacia arriba. Después , se sumergió en la oscuridad.

EPÍLOGO

Brett observaba a su hijo de 18 meses aproximarse a su hermana con pasos inciertos,


entregándole una violetas que él mismo había arrancado y sonriéndole.
— Gracias, John — dijo Marileigh, con su dulce voz. — Voy a ayudarte a hacer un
ramillete para mamá. Ella adora las violetas!
Brett sonrió y se volvió para mirar a su esposa. Ashleigh estaba sentada, serena y bella,
a la sombra de un viejo nogal, cuyos ramas formaban una cortina que la protegían del
sol. Había un grupo de niños alrededor de ella, oyendo atentamente la historia que ella
les contaba.
Cuando sus ojos se encontraron, él sintió su corazón latir más rápidamente . La amaba
con locura, pero no le importaba de compartirla con sus hijos y los ocho huérfaos que
habían adoptado, en un proceso que había comenzado cuatro años antes, desde que
habían tomado la decisión de seguir el ejemplo de María.
Habían sido cuatro años extraordinariamente felices, de una paz que nunca había soñado
pudiera existir. Su esposa era un ser encantador, llena de entusiasmo, alegría y bondad.
No sabría concebir una vida sin ella.
Sin querer, sus ojos buscaron el lago, que brillaba a la distancia. La antigua opresión
volvió a dominarlo. Por qué había sido tan ciego? Oh, Dios, por qué no lo había
anticipado ? Siempre había sabido que Margaret era peligrosa!
Todavía Lo horrorizaba pensar que casi no había llegado a tiempo. Cuando había
alcanzado a Ashleigh, ella estaba inconsciente. La había llevado a nado hasta la orilla,
hacia donde Christopher había arrastrado a un Finn lastimado. Había intentado
reanimarla de todas las maneras posibles. Mientras tanto , el cochero del conde había
logrado rescatar a Margaret de las aguas. Pero esa mujer perversa ya estaba muerta,
llevando consigo toda su arrogancia y una deshonra aun mayor.
Uno por uno, Brett vio desarrollarse delante de sí los eventos de aquel día fatídico,
cuando todo se había transformado en una verdadera pesadilla! El asombro, el horror, el
llanto frenético de Elizabeth que gritaba sin parar: "Yo no sabía... yo no sabía..."
Volvió a ver a su madre, su rostro pálido, mientras volaba escaleras arriba, hacia el
cuarto a donde habían llevado Ashleigh, todavía inconsciente pero viva. Ella había llegado
a la villa demasiado tarde para impedir que Margaret ejecutase sus planes macabros.
Había encontrado a Tom Blecker y al joven Jonathan drogados bajo el efecto del té.
Desesperada, María no había visto otra alternativa mas que enviar a Finn al agua y
ordenarle: "Ve a buscar a Ashleigh!"
Al llegar a Cloverhill Manor, estaba a punto de desmayarse. Sólo había encontrado
fuerzas para hablarle de las cartas cuando había sabido que su nuera iba a salvarse.
Entonces , con la ayuda de lady Jane, habían dilucidado la trama perversa urdida por
Margaret.
Su tía abuela nunca había aceptado la idea que, siendo primogénita, tuviese que ceder
sus derechos a su hermano sólo por el hecho de ser mujer. Sentía que era víctima de
una injusticia y quería hacer valer su importancia instalando alguien de su propia
descendencia en el ducado Ravensford Hall. Para eso, había cometido toda clase de
crímenes. Afortunadamente para ella, había muerto . De lo contrario, seguramente
habría terminado ajusticiada y ahorcada.
Jane Hastings era ahora una dama tranquila, satisfecha por desempeñar el papel de tía
de Elizabeth, a quien María había tomado bajo su protección y había hecho casar con un
riquísimo duque italiano. Pero, durante la investigación oficial , lady Jane había
sorprendido a todos al revelar, bajo juramento, quien Andrew, atormentado por el
remordimiento, le había confesado todo antes de morir.
Después de la muerte de su marido, lady Jane había escondido las cartas. Y solamente
había roto su silencio de muchos años, en su ansia de proteger a Ashleigh, a quien
quería mucho.
Posteriormente, el jefe de justicia del condado había ido a Ravensford Hall para
investigar todos los acontecimientos que condujeron a la tragedia. Al revisar la casa,
había descubierto el diario de Margaret, escondido en un compartimento secreto de su
escritorio. El diario no solamente confirmaba las palabras de lord Andrew, sin que
revelaba también otros crímenes cometidos por su tía en el pasado. Entre ellos, el
incendio de la casa de los padres de Ashleigh.
Desequilibrada mentalmente, la mujer estaba dispuesta a enfrentar cualquier peligros
con tal de alcanzar su objetivo. Y, cuando se había enterado – a través de un informante
– de los viajes clandestinos de María, había resuelto eliminarla, temiendo que la ex
vizcondesa raptase a Brett, quien era una pieza esencial para llevar adelante sus planes
!
— Papé ! Papá !
La vocecita de Marileigh lo sacó de esos dolorosos recuerdos, trayéndolo de vuelta al
presente. Su hija llegaba corriendo, acompañada de Brett, uno de los huérfanos que
habían adoptado.
— Papá! — volvió a gritar ella. — Brett hizo un acuerdo conmigo .Me dijo que yo
podría montar el pony de él si no me ensució el vestido mientras jugamos con Finn. Y
lo conseguí ! Pero Brett ahora no quiere cumplir su promesa!
Brett miró al niño.
— Asumiste ese compromiso, hijo?
El pequeño Brett bajó la cabeza y murmuró :
— Si, señor.
— En ese caso tendrás que honrarlo. Pero anímate, porque esto podrá ser algo
provechoso.
El duque se volvió y miró a Ashleigh con aire soñador.
— Cuando hacemos un acuerdo, puede suceder que terminemos recibiendo mucho
más de lo que sería justo... un acuerdo bien hecho y honrado puede cambiarte la vida!

FIN

OTROS LIBROS TRADUCIDOS POR NUESTO GRUPO

Siempre (Always) Lynsay Sands

La Caprichosa (The Brat) - Lynsay Sands

La doncella astuta (KNIGHT’S PRIZE) -Sarah Mckerrigan

El Conde Virgen (THREE DOG KNIGHT) - Tori Phillips

El conquistador (The Conqueror) - Brenda Joyce

La Trepadora (Trading up) Candace Bushnel


Lecciones de una cortesana (Lessons from a courtesan) Jenna Petersen

Cómo ser popular (How to be popular) Meg Cabot

La apuesta (A Rogue in a Kilt) Sandy Blair

Juego de gemelas (The Switch( Lynsay Sands)

Un lobo domado ( Taming the wolf) - Deborah Simmons

Salvaje (Wild) - Jill Barnett

La Tramposa (Danger’s kiss )- Sarah Mckerrigan

El Highlander silencioso (The highland wife) - Lyn Stone

Lord de la Niebla (Laird of the Mist) Paula Quinn

Maliciosa (Wicked ) Jill Barnett

La casa de las mujeres ( Warlord’s Mistress) Juliet Landon

Hecho Consumado (The Deed) Lynsay Sands

El diablo irlandés (Irish Devil) Donna Fletcher

Un caballero en mi cama ( A knight in my bed) Sue Ellen Welfonder

Convicta (Sara Dane) Catherine Cookson

Lord de las Mil Noches (Lord of thousand nights) Madeline Hunter

Pureza Robada (Hawk’s lady) Elizabeth Mayne

Maravillosa , (Wonderful) Jill Barnett

Brand , el apasionado (Lord of desire) Paula Quinn

Novia Rebelde (Rebellious Bride) Brenda Hiatt

El Campeón (The Champion) Suzanne Barclay


El Honor de un Hghlander (Highlander Honor) Hannah Howell

Rosa Temeraria ( The Rose and the shield) Sara Bennett

El honesto Simon (Simon’s Lady) Julie Tetel

La llave (The Key) Linsay Sands

Estrella Mágica (By Starlight) Marliss Moon

La Marca ( The Lilly Brand) Sandra Schwab

Pasión Vikinga (Come the morning) Shannon Drake

Rory, Corazón Negro (A rogue in a Kilt) Ruth Langan

Valiente Corazón de León (Lionheart) Connie Mason

Malvado (His wicked promise) Samantha James

Las Vírgenes del Dragón (George and the virgins) Lisa Cach

Bellísima (Lady of Fire) Anita Mills

Rendirse Nunca!! ( No surrender) Nikki Donovan

Lecciones de Pasión ( Love Lessons) Cheryl Holt

Casada con el diablo (Devil's Lady) Deborah Simmons

Enemigos (Highland Heaven) Ruth Langan

Ambición (Undone) Virginia Henley

La Elegida (A man in a Kilt) Sandy Blair

Rebelde (Reckless) Hannah Howell

Atrapado por un Beso (Velvet Bond) Catherine Archer

El Marido Perfecto (The Bride Hunt) Margo Maguire


Seducción Perfecta (The perfect seduction) Margo Maguire

El canto de la sirena (Siren's call) Merline Lovelace

La doncella Guerrera (Lady's Danger) Sarah McKerrigan

La doncella Feroz (Captive Heart) Sarah Mckerrigan

El mercenario escocés ( Lion's legacy) de Suzanne Barclay

Novia inesperada (Overlord's bride) Margaret Moore

La reina de los Mares ( Mistress of the Sea) Ruth Langan

Miel de pecado (Touch the sun) de Barbara Leigh y Nora Roberts

Corazón Herido (The virgin spring) Debra Lee Brown

Hechizando al Vikingo - Jude Deveraux / Elizabeth Mayne ( Lady of the


Lake)

Prometida a un Highlander- Samantha James (The promise given)

La Flor y la Espada de Jacqueline Navin (the flower and the sword)

Cautiva de un Highlander de Nicole Jordan (tender Feud titulo


original)

La esposa del campeón de Claire Delacroix (titulo original Champion's


wife)

La esposa virgen de Deborah Simmons (titulo original Maiden bride,


Serie de Laci 2)

La novia de Lochbarr de Margaret Moore (titulo original Lochbarr's


bride)

Mi guardián escocés de Terri Lynn Wilhelm (titulo original Fool of


-hearts)

Corazón de León de Suzanne Barclay (titulo original Lion's Heart)


PUEDES ENCONTRAR ESTOS TITULOS
EN ESTAS DIRECCIONES http://groups.yahoo.com/group/constanzaenglish
http://romanceteca.blogspot.com/
PARA CONSEGUIR MAS Y MAS LIBROS VISITA
http://librosweb.blogspot.com/