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OROSIO: UNA FILOSOFIA DE LA HISTORIA

Serafin Bodelón
Universidad de Oviedo

Introducción
Varios son los problemas discutidos sobre Orosio y especialmente
sobre la principal de sus obras, los siete libros de las Historias contra los pa-
ganos. Su título ya sugiere mucho; no sólo son libros de historia, también
lo son contra los paganos. Se ha discutido si esta obra es historiográfica o
si es un tratado apologético; pues bien, es ambas cosas a la vez y su ca-
rácter apologético queda claro desde el momento en que su autor la defi-
ne «contra los paganos». Se ha abordado el problema de si se trata de una
obra puramente histórica o si es, a la vez, una obra de cierto cariz teoló-
gico; desde el instante en que se buscan las causas del acontecer histórico
en la voluntad divirta, es clara la tendencia al teologismo; es en suma la
cuestión del providencialismo histórico propio de la historiografía cristia-
na. Y ello ha conducido además a cierta dosis de optimismo relativo, ya
que la volurttad divina no puede conducir el acontecer histórico hacia ma-
los destinos, sino hacia un simple cumplin ŭento de los planes divinos pre-
establecidos. Estas son las cuestiones que aquí se abordarán y, a la vez,
trataremos de contestar a la pregunta de por qué Orosio escribió esta obra
y por qué viajó a África y Oriente. En los momentos terribles de las inva-
siones con grandes destrucciones y matanzas llama la atención precisa-
mente tal grado de optirnismo, que irttenta hacer ver que aquellos rto son
unos momentos difíciles y que siempre hubo tiempos peores en el pasa-
do. Y ello a pesar de que el solar de su Hispar ŭa natal se encuentra asola-
do no sólo por las guerras entre vándalos, suevos, alanos y godos, sino

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Memorias de Historia Antigua XVEZE

también por la pugna ideológica entre arrianos, prisciliarŭstas, pelagianos


y origenistas entre sí y corttra los católicos. Orosio se cree en el deber de
ofrecer una respuesta a este partorama histórico y cultural, en vistas a pro-
piciar alguna luz para un futuro mejor.

1. Pugna cristiano-pagana
Se ha achacado a Orosio una cierta dosis malévola de intemperancia
y agresividad i, lejos de aquella mesura y equilibrio que presupone toda
imparcialidad, precisa y necesaria en el cultivo del género histórico, no di-
ciendo ninguna falsedad, no ocultando ninguna parte de la verdad, como
postulaba Cicerón, al tratar sobre el género histórico 2. Es lógica la postu-
ra de Orosio, puesto que antes de empezar a escribir sus Historiae aduer-
sus paganos libri septem, ya ha tomado partido por la causa cristiana y en
contra de la visión pagana de la historia, como el rrŭsmo título de su obra
sugiere. A los cristianos se les echó la culpa de las desgracias recientes del
Imperio Romano, de la invasión incontenible de las fronteras por los bár-
baros en los albores del siglo V, del mismo saqueo de la ciudad de Roma
por Alarico en el ario 410; los cristianos, en efecto, no sólo iban predican-
do y propalando paz y fraternidad universal, sino que desde fines del si-
glo II se negaban a cumplir los deberes del servicio rrŭlitar y a defertder
las fronteras del Imperio3.
Orosio va a necesitar dar un vuelco a la misma concepción de la His-
toria como género literario, para mejor propiciar la defensa cristiana ante
los ataques paganos4 a las posturas cristianas: Cicerón puso como idea
central del gértero histórico la «imparcialidad», pero Orosio pondrá como
idea central y motriz el «providencialismo»; Dios es el motor de la Histo-
ria y todo cuanto ha acontecido ha sido por Él planificado. Los prodigios
que ornan la obra de Orosio son muestra evidente de tal providencialismo,
cual acontece en otros autores también seguidores de las pautas providen-
cialistas para la concepción de la Historia, como Idacio de Chaves 5 o como
Julián de Toledo6. En gran medida esta nueva concepción de la Historia en
Orosio es una herencia de la huella agustiniana; Orosio había leído los diez
primeros libros del De Ciuitate Dei, que influyeron notablemente en las
Historiae aduersus paganos orosianas; los restantes libros del De Ciuitate Dei
son posteriores a la obra de Orosio. Es más, Orosio declara al principio de

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Serafin Bodelón

su obra (Prologus 1) que escribe por encargo de Agustín; sobre estas ideas
así como sobre el providencialismo orosiano insiste también, entre otros,
Alonso-Nŭñez7 . Pero no faltan quienes ven en la obra orosiana una reac-
ción contra Agustín, como si el discípulo Orosio, un tanto cliscolo, no qui-
siera seguir las irtstrucciones de su maestro; tal es el caso de Martelli, quien
piensa que Orosio toma directrices diametralmente opuestas a las marca-
das por Agustín; incluso piensa que Orosio ha querido censurar a Agustín,
pese a su enorme prestigio 8. Parece un tanto excesiva la posición de Mar-
telli; si Orosio quisiera alejarse de las posturas agustinianas y censurar a
su maestro, :, por qué iba a insistir tanto en que está siguiendo sus órde-
nes? Otra cuestión es que fuera capaz o no de seguir mejor o peor tales
mandatos o, al menos, sugerencias, que están fuera de toda duda debida-
mente puntualizadas al irŭcio y al final de las Historiae orosianas.

2. Huella agustiniana
Debido a la huella agustiniana y teniendo en cuenta que el De Ciui-
tate Dei abriga el intento de ser fundamentalmente una obra con plantea-
mientos de teología de la historia, catapultando el legado de la tradición
filosófica del pasado hacia un providencialismo, algunos han visto tam-
bién en Orosio y sus Historiae aduersus paganos libri septem un tratado de
teología de la Historia9 . Creemos que no hace falta llegar tan lejos y nos
basta con quedarnos con la idea de que se trata de una obra histórica de
carácter providencialista. La teología la hizo San Agustírt, quien parece es-
cribir para los cristianos. Pero era nŭ sión de Orosio escribir para los pa-
ganos, labor irrealizable desde una teología cristiana; por ello Orosio de-
bía circunscribirse al campo de la historia, si quería que le leyesen los pa-
ganos. Pero debía Orosio dejar bien clara la defensa de la causa cristiana;
los cristianos nada tenían que ver con las desdichas del Imperio Romano,
cuyos eventos obedecían exclusivamente a los planes divirtos. Esta nueva
concepción providencialista tuvo mucho que ver con el éxito posterior de
la obra histórica de Orosio: el providencialismo favorecía la causa cristia-
na frente a otras concepciones de la Historia, tales como la concepción del
paganismo primero o como la visión del mahometismo en la Edad Media.
Para el paganismo la Historia la forjaban los héroes y los pueblos repre-
sentados por tales héroes. Para el mahometismo medieval la Historia obe-

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Memorias de Historia Arttigua XVBI

decía también a un providencialismo emanado del Corán y de la volun-


tad de Alá, concepción muy próxima y en paralelo a la visión de Orosio.
No en vano Orosio fue traducido al árabe en la Córdoba califal.

3. Siintesis Romano-barbárica

Pero el éxito de Orosio no se debió tan sólo a su providencialismo.


Su leve tinte filobárbaro ofrecía pábulo a los nacientes nacionalismos pro-
vincianos; admira al emperador hispano Teodosio por haber sabido dar
un ŭltimo esplendor a la idea imperial, pero también admira a los godos
Ataŭlfo y Valia, en quienes ve la posibilidad de una deseable reconcilia-
ción entre los invasores bárbaros y los hispano-romanos; algunos terrate-
nientes y ciertos elementos del funcionariado abrigaban ya la idea de un
nuevo estado w, lejos de la férula de Roma, tras el evidente derrumbe del
Imperio Romano. Y, por otra parte, Orosio con su teoría de los cuatro im-
perios sucesivos (Babilonia, Macedonia, Cartago, Roma), es el primer cris-
tiano en escribir una Historia Universal ll, enlazando así con la visión glo-
bal de los estoicos: el cristiano, como el filósofo estoico, es un ciudadano
universal; se rompía así con la tradición del género de la Crónica de ma-
tiz más localista. Ello explica la postura diferente que adopta Orosio ante
el saqueo de Alarico contra Roma en el ario 410, si la comparamos con la
reacción de Agustín y de Jerónimo. No sólo cayó Roma; incluso Gala Pla-
cidia, hija del emperador Teodosio, cayó prisionera de los godos. Al ente-
rarse de tales hechos Agustín pronuncia su célebre discurso Sermo de exci-
dio urbis (Sobre la devastación de Roma), en donde llora sus culpas y las de
su pueblo siguiendo a Daniel y evoca con patetismo a Sodoma y Gomo-
rra, para exclamar: «Se nos han anunciado muchas cosas horrendas, terri-
bles estragos, incendios, rapirias, asesinatos, las torturas de las gentes.
Muchas cosas horribles hemos escuchado; he gemido, he llorado por ellas
y no he podido consolarme» (PL, 40, 718, 2-3). Agustín se siente preocu-
pado por la seguridad de África y busca un refugio salvador en una teo-
logía divina. Por su parte Jerónimo desde Oriente escribe con estupor en
su Comentario a Ezequiel: «Se me ha anunciado el saqueo de la ciudad de
Roncia. Me he quedado consternado y estupefacto, como si me sintiera
cautivo en la prisión de los santos; estoy solícito y acongojado entre la es-
peranza y la desesperanza. La luz del orbe de la tierra se ha extinguido y

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Serafŭt Bodelón

ciertamente se ha truncado la cabeza del Imperio Romano» (PL, 25, 16, 2-


3). Pero Orosio, que ya había vivido en directo la invasión bárbara en su
Hispania natal, aprovecha tal experiencia, saca fuerzas de flaqueza y bus-
ca en una nueva filosofia de la Historia una explicación a los hechos y no
sólo un refugio donde esconderse 12. Todo está escrito en la mente divina;
todo sucede como está predeterminado por Dios; las invasiones pueden
ser un bien a largo plazo; es falso que el presente sea peor que el pasado.
El triunfo del cristianismo depara unos tiempos nuevos y por supuesto
mejores. He aquí su nueva filosofía de la Historia. Además en el ario 414
al casarse el godo Ataŭlfo13 en Narbona con Gala Placidia hija del empe-
rador hispano Teodosio, se realizaba una sintesis armoniosa de la tradi-
ción romana y las innovaciones barbáricas. Bajo los auspicios del provi-
dencialismo cristiano la Gothia podía ser Romania y viceversa; surgiría
así el eterno reino urtiversal, que Orosio pensaba, ŭnico y verdadero con-
tinuador de los cuatro imperios 14 fenecidos del pasado: Babilonia, Mace-
donia, Cartago, Rorrta; es decir, el reino universal cristiano de Orosio, sín-
tesis de la Gothia y la Romania, coincide con la ciudad celeste en la tierra,
que Agustín estaba dibujando en los perfiles de su De Ciuitate Dei. Pero lo
que para unos era una posibilidad, para otros tan sólo parecía un vano es-
pejismo, símbolo de la lucha efímera entre los deseos y la realidad, entre
la armonía clásica y la pasión barbárica, entre lo apolíneo y lo dionisfaco,
o si se prefiere entre el bien y el mal. Mas cuantas veces surgía en el hori-
zonte histórico la apacible idea —luego los hechos resultaban siempre
más crueles— de un Imperio cristiano con ansia urŭ versal (Carlomagno,
el Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V), entonces la obra de Oro-
sio cobraba relieve y pujanza; ello explica la existencia de más de tres cen-
tenares de manuscritos conservados de esta obra y la cifra de 28 incuna-
bles, siendo la fecha de la primera edición impresa en 1471.
Precisamente en el ario 414, fecha de las nupcias de Ataŭ lfo y Gala
Placidia, como apuntamos, tiene lugar el viaje de Orosio a África y desde
aquí a Oriente. En el 415 Agustín en una carta a Jerónimo le habla del
presbítero hispano, a quien llama por tres veces «joven» 15. Respecto a la
causa de tal viaje, no parece deberse a una huida precipitada de los bár-
baros, como apunta Sánchez Salor en la introducción a su traducción pa-
ra Gredos; aunque sí es posible que la situación bélica en la Galecia le im-
pulsase a adelantar un viaje, ya desde hacía tiempo proyectado 16, como
sugiere Lippold. La verdadera causa del viaje a África y a Oriente para en-

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Memorias de Historia Antigua XVIII

trevistarse con Agustin y Jerónimo, debió ser buscar solución y remedio a


los males religiosos que laceraban la Hispania de entonces: buscar una
respuesta adecuada y definitiva al pelagianismo, al origenismo, al arria-
nismo y, sobre todo, al priscilianismo. Durante el viaje, tal vez a instancias
de Jerónimo y Agustín, pensó que tal solución debería centrarse ante to-
do en una respuesta también al paganismo y sus acusaciones, ya aludidas,
contra los cristianos. Pero analicemos los problemas ideológicos, que aso-
laban el solar de Hispania; a ellos Orosio intenta dar solución y respuesta
definitiva; y por tal motivo viaja a África para entrevistarse con Agustín y
a Palestina para dialogar con Jerónimo.

4. La pugna ideológica en Hispania

Pelagio, monje originario de las islas Británicas, vivió en Roma,


África y Palestina, donde tenía fama de asceta. Floreció a principios del si-
glo V y fue gran adversario de San Agustín. Negaba el pecado original,
negaba la necesidad de la gracia divina y era partidario del libre albedrío.
Chocaba directamente con la teoría del providencialismo histórico que
defertdía Orosio de la mano de San Agustín. El Concilio de Éfeso del 431
condenó el pelagianismo. Orosio escribió el Liber Apologeticus contra Pela-
gium, así como el De arbitrii libertate 17 para defenderse a sí mismo ante
quienes le acusaban de pelagianismo, poniendo en evidencia las contra-
dicciones entre las teorías pelagianas y sus propios postulados. En año
415 Orosio asistió al Concilio de Jerusalén, donde coincidió con el mismí-
simo Pelagio; Juan, obispo de Jerusalén apoyaba a Pelagio 18. Orosio, si-
guiendo a Jerónimo y Agustín, defendió la necesidad de la gracia y sostu-
vo que no era suficiente el libre arbitrio, pues sería negar el providencia-
lismo. Orosio se expresó en latín y fue su traductor al griego su paisano
Avito, que se encontraba también en Palestina.
El origenismo fue traído de Oriente a la Galecia por uno de los Avi-
tos. Orígenes (185-254?) viajó por Grecia y Fenicia. Fundó una escuela en
Cesarea y murió en la cárcel de Tiro durante la persecución de Decio. Orí-
genes sucedió a Clemente de Alejandría en su intento de conciliar la tra-
dición filosófica griega y las posiciones cristianas. Escribió los Hexapla, vi-
sión sinóptica y de exégesis bíblica de carácter alegórico. Es autor de la
obra apologética Contra Celsum. Y escribió la obra dogmática De principiis,

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Serafín Bodelón

con ciertos puntos rechazados por la teología posterior, como la preexis-


tencia de las almas, la apocatástasis o restablecirrŭento final de todas las al-
mas, así como la forrna de exponer la generación del Logos / Verbum. El
Avito que viajó a Palestina trajo de allí el De Principiis traducido al latín
por Rufino y también trajo el Philocalion, una especie de antología de los
pensamientos de Orígenes 19. A partir de ahí se formaron varios nŭcleos
origenistas especialmente en Bracara Augusta y otras ciudades. Por otra
parte Orígenes fue muy leído por los Padres de la Iglesia, y por su vasta
cultura helénica influyó notablemente no sólo en cuestiones filosóficas, si-
no también bíblicas; sus Comentarios a los Salmos, por ejemplo, influyeron
notablemente en Ambrosio de Milán 20 y en la formulación de sus Himnos.
El arrianismo había sido fundado por Arrio de Alejandría (270-336).
Sosterŭa que el Logos/ Verbum encarnado en Cristo fue creado de la nada
por voluntad de Dios, del cual es hijo pero sin compartir su naturaleza. Es
decir, Cristo no es consustancial al Padre. Atanasio fue su principal acusa-
dor y en el ario 325 el Concilio de Nicea condenó el arrianisrno y a Arrio se
le impuso el destierro. La figura de Arrio consiguió un cierto halo miste-
rioso; poseyó un gran domir ŭo de la mŭsica y los metros clásicos. Sus can-
ciones e himnos recogían la tradición de la poesía gnóstica, que alcanzó ful-
gor en escritores griegos tales como Efrén, Harmonio, Sozómeno y otros. La
obra Thalía de Arrio, en estado fragrnentario, debido a la censura oficial, fue
publicada por Bardy21 . En el siglo IV los godos se convirtieron al arrianis-
mo22 , por lo que el reino visigodo de Toledo fue arriano hasta después de
la muerte de Leovigildo creando un grave problema político-religioso en la
Esparia de aquellos tiempos, hasta la conversión de Recaredo ert el ario 587.
El priscilianismo arraigó especialmente durante el siglo IV y V en la
Galecia y la Lusitania. Predicaba y cultivaba un cristianismo ascético y
simbólico, impregnado de prácticas mágicas y supersticiosas. El sírtodo
de Zaragoza del ario 380 condenó el priscilianisrno, así como el primer
Concilio de Toledo reunido en el año 400. Se censuraba del priscilianismo,
entre otras cuestiones, su carencia de una teología trinitaria, su cultivo de
la astrología, su tendencia al panteísmo y su ataque a las jerarquías ecle-
siásticas, ya que legos y mujeres podían oficiar en los altares. Como Por-
firio y Plotino, Prisciliano predicaba el celibato y ter ŭa especial éxito entre
las mujeres. Se conservan los Tratados y los Cánones de Prisciliano, pese a
la censura que se impuso a sus obras. El ario 385 en Tréveris fue muerto
violentamente Prisciliano 23 por orden del emperador Máximo. La muerte

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Memorias de Flistoria Antigua XVIII

violenta concedió más relieve a la figura de este célebre obispo de Ávila y


su doctrina se expandió con más fuerza; curiosamente es a partir del 387
cuartdo el priscilianismo comiertza a invadir la Galecia, seg ŭn la Cránica
de Idacio de Chaves 24. Pero en el fondo de la cuestión priscilianista mu-
chos han visto una revuelta social encubierta, un movirrŭento revolucio-
nario contra el orden burgués de los nuevos ricos propietarios, las altas je-
rarquias de la Iglesia oficial. Orosio, que habia sido priscilianista, escribió
luego el Commonitorium 25 contra el priscilianismo; cabe suponer que los
priscilianistas le persiguiesen y ello seria un motivo más para iniciar su
viaje a África y Oriente. Cuando en la primavera del ario 414 Orosio visi-
ta a Agustin en Hipona le hace entrega de su Commonitorium y le pide una
pronta respuesta para apuntalar sus ideas contra los priscilianistas y ori-
genistas. Agustin le responde con el Ad Orosium contra Priscillianistas et
Origenistas, pero para ciertos asuntos relativos al origen del alma prefiere
remitirle a Jerónimo, a quien Agustin escribe una carta, a modo de pre-
sentación, hablándole del asunto26. Martin de Braga desarraigó el
lianismo de las tierras del Noroeste hispano y en su De correctione rustico-
rum27 fustigó muchas prácticas priscilianistas relativas a las creencias po-
pulares sobre la magia y la astrologia; pero muchos de sus postulados si-
guieron latentes durante siglos; buena muestra de ello son los anatemas y
excomuniones lanzadas por los Concilios de Santiago del ario 1056 y pos-
teriores Concilios bracarenses 28 contra quienes rendian culto a la Lurta, a
los árboles, a las fuentes y a otros elementos de la naturaleza en una evi-
dente iniciación de panteismo mágico.

Conclusiones
Orosio viajó a África y a Oriente no para huir de la invasión de los
bárbaros, sino para tratar de encontrar una solución al conflicto ideológico
a la lucha entre las diversas facciones cristianas: católicos, priscilianistas,
pelagianos, origenistas y arrianos. Tales disputas, como en carta a Jeróni-
mo expresaba S. Agustin, laceraban las almas de los hispanos más lastimo-
samente que la espada de los bárbaros a sus cuerpos 29. Pero Orosio halló
preocupados y hundidos en el desasosiego a Agustin y Jerónimo; no sólo
les preocupaba la caida de Roma y sus consecuencias, sino el hecho de que
los paganos pensasen que la culpa debia recaer sobre los cristianos; cuan-

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Serafin Bodelón

do las gentes cTeían en los dioses paganos Roma y el Imperio estuvieron a


salvo; pero desde que el Estado «se cristianizó», los asuntos p ŭblicos han
ido de mal en peor y se quebraron las fronteras del Imperio ante el empu-
je bárbaro, sin que ningŭn dios protector las salvase. El desmoronamiento
del Imperio era culpa de los cristianos; tal era el clamor que se oía por do-
quier; «mientras hacíamos sacrificios a nuestros dioses, Roma se mantenía
y era poderosa; pero nos han prohibido los sacrificios a nuestros dioses y
mira a dónde ha ido a parar Roma ». Estas acusaciones impulsaron a Agus-
tín a emprender el De Ciuitate Dei. También estas acusaciones y el ruego de
Agustín al respecto, convencieron a Orosio, como él reitera al ir ŭcio y al fi-
nal de su obra, a escribir las Historiae aduersus paganos libri septem. He aquí
la idea maestra de Orosio: las invasiones y el saqueo de Roma no han sido
por culpa de los cristianos, sino por voluntad divina. Además, argumenta
Orosio, como Dios ama a sus criaturas, estos males traerán otros bienes; es-
tos no son malos tiempos, pues siempre ha habido peores momentos en el
pasado que en el presente. Había pues que describir el pasado para de-
mostrar que había sido peor que el presente. Ello nos conduce al optimis-
mo de Orosio, del cual ciertamente se ha hablado mucho. Pero es un opti-
mismo enraizado en su providencialismo; Dios es bueno y no puede deci-
dir cosas malas; los males son consecuencia del pecado de los hombres,
sostiene Orosio. Recordamos los acontecimientos recientes, pero olvida-
mos los lejanos, que nos parecen difuminados en las sombras del pasado.
Pero Orosio quiere encargarse de traerlos de nuevo al recuerdo de los hom-
bres. Pretende así que se olviden los horrores de aquellos inicios del siglo
V, superando los hechos consumados de las invasiones, venciendo las di-
sensiones heréticas entre cristianos y tratando de alumbrar una nueva épo-
ca: la sintesis de un reino romano-barbárico bajo la égida del cristianismo.

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Memorias de Historia Antigua XVIII

Notas
(1) SÁNCHEZ SALOR, E., P. Orosio. Historias, Madrid, 1982, I, señala entre los defectos
de Orosio «cierta intemperancia y una buena dosis de agresividad», p. 21. Ello es el
resultado lógico de quien escribe haciendo a la vez historia y apologética.
(2) CICERON, De Oratore 2.62: «el no decir ninguna falsedad, ésa es la primera ley de
la Historia; además hay que atreverse a no callar la verdad, para que no exista sos-
pecha alguna de favoritismo al escribir; rtinguna sospecha de rivalidad». Esos son
los postulados admitidos por todos.
(3) BODELON, S., Celso. El discurso verdadero contra los cristianos, Madrid, 1988, «apo-
yad al Emperador con todas vuestras fuerzas, compartid con él la defensa del De-
recho; combatid por él, si lo exigen las circunstancias; ayudadlo en el control de sus
ejércitos...», p.123. Es más, el radicalismo cristiano llegaba a tal punto que se nega-
ban a participar en las ceremonias y fiestas p ŭblicas: véase BODELON, S., «El dis-
curso anticristiano de Cecilio en el Octavio de Minucio Félix», Memorias de Historia
Antigua, XIII-XIV, 1992-1993, 247-294, donde se dice: «No frecuentáis los espectácu-
los, no estáis presentes en las procesiones, no asistís a los banquetes p ŭblicos, abo-
rrecéis los juegos sagrados, los manjares festivos y las bebidas ofrecidas en libación
en los altares» p. 260.
(4) SÁNCHEZ SALOR, E., «Historiografía Latino-cristiana. Principios», Excerpta philo-
logica A. Holgado Redondo sacra, Cádiz, 1991, 779-795; ve el autor en la historiografía
cristiana las cuatro finalidades siguientes: testimonial, edificadora, terapéutica y
apologética en pp. 782-783. Y el mismo experto en su trabajo «La Geografía como
recurso historiográfico en la Historiografia Latino-cristiana», Trivium. Anuario de
Estudios Humanisticos, Jerez de la Frontera, n° 7, nov. 1995, 145-168 puntualiza de
nuevo: «el debate filosófico con los paganos, especialmente en ambientes filosófi-
cos del siglo IV, se centraba en...la extraña conducta de los cristianos,...lo poco fia-
ble de sus historias y sus hechos. Los cristianos tienen que defenderse contra todo
esto...Así, la historia, en principio, no es directamente apologética; pero con fre-
cuencia adquiere matices apologéticos», p.156.
(5) BODELON, S., «Idacio : Prodigios y providencialismo en su Crónica», Entemu, VII,
1995, 163-176; «los elementos maravillosos se intensifican en su Crónica como in-
tentando escapar a la cruda realidad, dando pábulo a toda suerte de rumores y no-
ticias, a veces bien documentadas por testigos oculares, pero a veces difuminadas...,
p.164.

74
Serafín Bodelón

(6) SÁNCHEZ SALOR, E., «El providencialismo en la historiogTafia cristiano-visigóti-


ca de España», Anuario de Estudios Filológicos (Cáceres), 5, 1982, 180-192; «la obra
historiográfica de Julián de Toledo, Historia Wambae, es claramente la voz de los cír-
culos cortesanos de Toledo..., por el hecho de tratarse de un autor que es teólogo y
gran conocedor de la Biblia, pone al servicio del pueblo visigodo la exégesis bíbli-
ca y el providencialismo histórico», p.185.

(7) ALONSO-NUÑEZ, J.M., «La metodología histórica de Paulo Orosio», Helmantica,


XLV, n° 136-138, 1994, 373-379; «la obra de Orosio fue concebida como un comple-
mento del De Ciuitate Dei y vio la luz después de que fueran publicados los diez pri-
meros libros de esta teología de la historia de S. Agustín...Orosio insiste en que ha
compuesto su obra por encargo de S. Agustín», p. 375. Y más adelante: «Los ŭlti-
mos parágrafos están dedicados a caracterizar su obra: encargo de S. Agustín, épo-
ca que él historia, providencialismo como guía principal de su pensamiento», p.
379. Ver también G. FINK, Paul Orose et sa conception de l'histoire, Aix, 1950, así co-
mo F. PASCHOUD, «La problematica providencialistica di Orosio», en La storiogra-
fía ecclesiastica nella tarda antichitiz. Atti del Convegno tenuto in Erice 3-8-XII, 1978, Me-
sina, 1980, 113-133.

(8) MARTELLI, F., «Reazione antiagostiniana nelle Historiae di Orosio?», RSA, XII,
1982, 217-239; cree que Orosio se identifica totalmente con la ideología imperial y
que ve en la idea de la sucesión de los imperios el verdadero instrumento de la pro-
videncia divina, es decir, la ŭnica vía del reino de Dios; he aquí una verdadera jus-
tificación de las monarquías autocráticas.

(9) LACROIX, B., Orose et ses idées, Montreal, 1965, donde asegura que la obra de Oro-
sio es verdadera teología popular de la Historia, p.23. Ve también en Orosio una
postura teológica K.A. SCHONDORF, Die Geschichtstheologie des Orosius..., Munich,
1952 y más recientemente H.W. GOETZ, Die Geschichstheologie des Orosius, Darms-
tadt, 1980. En la misma línea puede inscribirse el trabajo de R. AMPIO, «La conce-
zione orosiana della storia, attraverso le metafore del f-uoco e del sangue», CCC, IX,
1988, 217-236, donde puede entreverse un soporte figurado y teológico mediante
metáforas apologéticas: el fuego, la luz, la sangre, son símbolos de Cristo, y así es
Cristo el centro de la Historia. Cristo es fuego, cuyas llamas emartan de él y se
transforman en luz y salud.
(10) TEILLET, S., Des Goths à la nation gothique. Les origines de la idée de nation en Occident
du V au VII siécle, París, 1984, quien cree entrever ert la prosa orosiana una concien-

75
Memorias de Historia Antigua XVIII

cia del nacionalismo hispano y piensa que Orosio está dibujando una transferencia
del poder romano al reino de los godos, pp. 113-160. PASCHOUD, F., Roma aeterna.
Études sur le patriotisme romain dans l'Occident Latin á l'époque des grandes invasions,
Roma, 1967, se permite por el contrario dudar sobre el patriotismo hispano de Oro-
sio especialmente en pp. 285-290; parece errada la postura de Paschoud, pues Oro-
sio se detiene con fruición y detallismo en todo cuanto concierne a Hispania, a ve-
ces incluso con minuciosidad, como puede deducirse de la lectura del artículo de
ALONSO-NUÑEZ, J.M., «Orosius on contemporary Spain», en Studies in Latin Lite-
rature and Roman History, vol. V, (ed..) C. DEROUX, Bruselas, 1989, 491-507.
(11) ALONSO NUÑEZ, J.M., «De la Antigŭedad al Medievo (siglos IV al VIII)», Actas
del 111 Congreso de Estudios Medievales, León, 23-27-IX, 1991, León, 1993, 145-158;
«Paulo Orosio en las Historiae adversus paganos constituye la primera Historia
universal de signo cristiano», p.146. Llama la atención, en la misma página, al he-
cho de que «tras la época de Augusto se pierde el interés por la historiografia uni-
versal...y no vuelve tal interés hasta el saco de Roma por los godos el 410».
(12) También insiste en esta idea FREND, W.H.C., «Augustine and Orosius on the end
of the ancient world», AugStud, 20, 1989, 1-38. Es cierta la huella agustiniana en el
providencialismo de Orosio; sin embargo la experiencia vivida en el Noroeste his-
pano durante la invasión de la que logró huir y el estado de disensión no sólo béli-
ca, sino también religiosa en Hispania (priscilianismo, arrianismo, pelagianismo y
origenismo) dejó honda huella en el futuro escritor.
(13) MARCHETTA, A., Orosio e Ataulfo nell'ideologia dei rapporti romano-barbarici, Roma,
1987. En la boda de Ata ŭlfo con Gala Placidia muchos en el siglo V creyeron ver el
cumplimiento de la profecía de Daniel, segŭn la cual la hija del rey del Sur se uni-
ría en matrimonio con el rey del Norte (sabido es que los godos procedían origina-
riamente de Escandinavia); tal refiere Idacio, véase al respecto, CARDOSO, J., Cró-
nica de Idácio.Descriçáo da invasáo e conquista da Peninsula Ibérica pelos Suevos (séc. V),
Braga, 1995, pp. 14-15.
(14) Sobre el origen de la teoría de los imperios universales en Orosio hay dos posturas:
la geográfica y la bíblica. El criterio geográfico vendría determinado por ser cuatro
los puntos cardinales; la amplia introducción geográfica de la obra de Orosio habría
influido y determinado el resto de la obra orgarŭzando los imperios por motivacio-
nes geográficas. Así piensa JANVIER, Y., La Géographie d'Orose, París, 1982, pp.153-
154. Sigue también la motivación geográfica KOCH-PETERS, D., Ansichten des Oro-
sius zu Geschichte seiner Zeit, Franfurt- Berna-Nueva York, 1984, 46-47. Pero sigue el

76
Serafin Bodelón

criterio bíblico VAN DER POT, J.H.J., De periodisering der geschiedenis. Een overzicht
der theorieen, Gravenhave, 1951; en p. 79 relaciona los cuatro imperios orosianos con
los cuatro ángulos terráqueos del Apocalipsis en VII.1. Otros, dentro de la posición
bíblica, ven el origen de los cuatro imperios orosianos en el Comentario a Daniel de
jerónimo, como FABRINI, F., Paolo Orosio. Uno Storico, Roma, 1979, especialmente
en pp. 130-180.
(15) TORRES, C., Paulo Orosio. Su vida y sus obras, La Coruria, 1985; «los suevos... no ejer-
cieron su dorrŭnio antes del 414, en cuya fecha Orosio partió hacia África, p. 26. Y
la carta de Jerónimo a Agustín, fechada el 415, hablándole de Orosio, dice así: Ecce
advenit ad me religiosus iuvenis...aetate filius. Ubi ergo istum iuvenem expertus sum...,
MPL, XXXIII, colecc. 720 y en CSEL, p. 547, (carta citada por C. Torres, ibidem, p. 27).
Esta diferencia de edad entre Orosio y Agustín, como es natural, pese a la gran ad-
miración del discípulo hacia el maestro, contribuiría a marcar inexorablemente cier-
tas diferencias en su explicación del mundo y de la vida.

(16) LIPPOLD, A., Orosio. Le storie contro i pagani, vol. I, Verona, 1974, donde el autor
puntualiza:... i barbari non fosse che lo stimolo decisivo per un viaggio giá de tem-
po progettato, p. XX. En efecto muchos otros personajes del Noroeste hispano via-
jaron por entonces a Oriente en busca de manuscritos, o para visitar los Santos lu-
gares, o bien para completar su formación; entre otros Egeria, los dos Avitos, Ba-
quiario, Idacio de Chaves, Toribio; y de Oriente llegó Martín Dumiense para con-
vertir a los suevos.
(17) Fue editado por ZANGMEISTER, C., Liber Apologeticus, Corpus Script. Eccl. Lat., vol.
V, Viena, 1882, 601-664. Parece que el Liber Apologeticus fue escrito durante o inme-
diatamente después del Concilio de Jerusalén, celebrado en el verano del ario 415;
sobre el particular véase MIR, J.M., «Orosio y los ŭltimos tiempos del Imperio»,
Helmantica, XXIX, 1978, n° 90, 383-397, donde escribe: «Se discute ahora en oriente
la persona y doctrina de Pelagio, que ha sido ya condenado por los Padres de occi-
dente...Se reclama la presencia de Orosio para esta reunión...Escribe entonces el Li-
ber Apologeticus. Poco después...apresura su regreso a Hipona», p. 386.
(18) Sobre la cuestión pelagiana en Orosio véase HAMMAN, A.G., «Orosius de Braga et
le pelagianisme», en Études patristiques: méthodologie, liturgie, histoire, théologie, París,
1991, 301-310. Pueden verse otros trabajos más lejanos como ZIMMER, H., Pelagius
in Irland, Berlín, 1901; BRUCKNER, A., Quellen zur Geschichte des Pelagianischen
Streites, Tubinga, 1906; MERCATI,G.-SOUTER, A., «Some new fragment of Pela-
gius», IThS, 1907, 526-536.

77
Memorias de Historia Antigua

(19) TORRES, C., Paulo Orosio. Su vida y sus obras, La Coruña, 1985, p. 21. Y además Oro-
sio cita de nuevo a los Avitos en el Commonitorium: ...tunc duo cives mei, Avitus et
alius Avitus (edic. de SCHEPPS, G., Commonitorium, CSEL, vol. 111.1, Viena, 1889,
p.133, citado por C. Torres). Además Torres puntualiza lo siguiente: «Una vez que
(Orosio) había desechado el priscilianismo, se encontró con otro error: el origenis-
mo, traído como novedad por uno de los Avitos, que había ido a Palestina a com-
pletar su formación religiosa», p. 18. Sobre Orígenes puede verse también STU-
FLER, J., «Two notes on the Philocalia», ZNTW, 1911, 231-236; WILMART, A., Ori-
genes, Eusthathius von Antiochien und Gregor von Nyssa riber die Hexe von Endor, Bonn,
1912; KOETSCHAU, P., Origenes. De Principiis, Leipzig, 1913.

(20) HADOT, P.-CORDIER, M., Ambroise de Milan. Apologie de David, París, 1977. Antes
del texto latino, al que acomparia la versión francesa, precede un apéndice con el
texto griego de los fragmentos a los Comentarios sobre los Salmos de Dídimo y de Orí-
genes, utilizados por San Ambrosio; hay también un índice greco-latino y latino-
griego de los evidentes paralelos de Ambrosio con Dídimo y Orígenes. Sobre la tra-
dición de la poesía coral, la importancia de la m ŭsica y la himnodia a fines del IV,
véase la introducción del libro de SOLLAllO, L., Inni di Sant" Ambrogio, Parma,
1964.
(21) BARDY, G., «La Thalia d'Arius», Revue de Philologie, I, 1927, 211-233. Véase también
sobre el particular BODELON, S., «Quírico y Prudencio: Himnos a las dos Eula-
lias», Revista de Estudios Extremerios, LI, 1995, 25-47, donde se lee en la pág. 45: A me-
diados del siglo II habían surgido los himnos gnósticos de los discípulos de Simón
el Mago, escritos para loar y cantar a su maestro. Los f-ragmentos de estos autores
han sido recopilados por KROLL, J., Die christliche Hymnodik, Darmstadt, 1962, (2a
edic.). Pero el mayor esplendor de la Himnodia herética gira alrededor del halo
misterioso de la gran figura de Arrio.

(22) RUBIN, Z., «The conversion of the Visigoths to christianity», Museum Helveticum,
38, 1981, 34-54. Tras el análisis de los diversos datos históricos, y en particular a
Orosio, sitŭa cronológicamente la conversión de los godos al arrianismo entre los
arios 372 y 376 y probablemente a instancias del propio Valente.

(23) VARIOS AUTORES, Prisciliano y el priscilianismo, Monografías «Los Cuadernos del


Norte», Oviedo, 1981; nŭmero especial de Cuadernos del Norte, dedicado al tema,
donde pueden leerse, entre otros, algunas firmas y títulos tan sugestivos como los
siguientes: BLÁZQUEZ, J.M., «Prisciliano. Estado de la cuestión», 47-52; DÍAZ Y

78
Serafin Bodelón

DÍAZ, M.C., «Consencio y los priscilianistas», 71-76; LLNAJE, A., «Prisciliano y los
orígenes monásticos hispanos», 88-99. Entre la ingente bibliografía sobre el tema
destacaré sólo algunos títulos en lengua castellana: LÓPEZ CANEDA, R., Priscilia-
no. Su pensamiento y su problema histórico, Santiago de Compostela, 1966; CHAD-
WICK, H., Prisciliano de Ávila, Madrid, 1976; SEGURA RAMOS, B., Prisciliano. Tra-
tados y Cánones, Madrid, 1975. Cito algunos otros trabajos que hicieron fortuna en
su momento, como DIERICH, J., Die Quellen zur Geschichte Priscillians, Breslau,
1897, o como BABUT, Ch., Priscillien et le Priscillianisme, París, 1909.

(24) Los ŭnicos hechos que Idacio relata sobre el año 387 son los siguientes: «Se festeja
la celebración del quinto aniversario del reinado del emperador Arcadio. Siricio es
el obispo de Roma n ŭmero treinta y seis. A consecuencia de su herejía, Prisciliano
fue apartado del episcopado. Con él fue ejecutado Latronianco, un laico, lo mismo
que otros de la misma secta. Tal ejecución ocurrió en Tréveris bajo las órdenes del
tirano Máximo. A partir de ahí la herejía de los priscilianistas invadió la Galecia»:
exim , in Gallaeciam Priscillianistarum heresis invasit. Sobre Idacio y su Crónica véase
TRANOY, A., Hydace. Chronique, París, 1974; MUHLBERGER, S.A., Prosper, Hydatius
and the Chronicler of 452. Three chroniclers and their significance for fifth-century histo-
riography, Toronto, 1981; CAMPOS, J., Idacio. Cronicón, Salamanca, 1984; BURGES,
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Italy», Phoenix, 42, 1988, 357-363; BURGES, R.W., The Chronicle of Hydatius and the
Consolatio Constantinopolitana, Oxford, 1993; CARDOSO, J., Crónica de Idácio, Braga,
1995; BODELÓN, S., «Idacio. Prodigios y providencialismo en su Crónica», Entemu,
VII, 1995, 163-176.

(25) MINGE, J.P., Liber Apologeticum. Commonitorium. Liber de arbitrii libertate, PL, vol.
XXXI, colecc. 1170. También lo editó SCHEPPS, G., Commonitorium, Corpus Script.
Eccl. Lat., vol. XVIII, Viena, 1889, 133- 157. Más recientemente ha sido editado por
DAUER, K., Consultatio siue Commonitorium Orosii de errore Priscillianistarum et Ori-
genistarum, Turnhout, 1985. Véase también el artículo de ROBLES, L., «San Agustín
y la cuestión priscilianista sobre el origen del alma. Correspondencia con autores
españoles», Augustinus, 25, 1980, 61- 69.

(26) El Ad Orosium contra Priscillianistas et Origenistas agustiniano puede verse en PL, 42,
669-678. Respecto a esta carta de Agustín a Jerónimo, a la que ya aludí antes para
resaltar la juventud de Orosio con respecto a Agustín, puede encontrarse en RUIZ
BUENO, D., Cartas de San Jerónimo, BAC, Madrid, 1962, vol. II, carta 131, pp. 691-
717, donde traza un elocuente elogio de Orosio en los siguientes términos: Ecce ue-

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Memorias de Flistoria Antigua XVIII

nit ad me...noster Orosius, uigil ingenio, paratus eloquio, flagrans studio, utile uas
in domo Domini esse desiderans ad refellendas falsas perniciosasque doctrinas,
quae arŭmas Hispanorum multo infelicius, quam corpora barbaricus gladius, truci-
darunt, p. 692.
(27) PINHEIRO, M.J., «O De correctione rusticorum de Sào Martinho de Dume», Braca-
ra Augusta, 34.2, 1980, 483-561. JOVÉ, R., Martin de Braga. Sermón contra las supersti-
ciones rurales, Barcelona, 1981. FONTÁN, A., «San Martín de Braga, una luz en la
penumbra», CFC, Homenaje a Lisardo Rubio, XX, 1986-1987, 185-199. Y para más da-
tos y bibliografia BODELÓN, S., «Problemática sobre Martín Dumiense», Memorias
de Historia Antigua, XIII-XIV, 1992-1993, 205-216; BODELÓN, S., «Martin of Braga
and John of Biclaro in Recent Schorlarship», Mittellateinisches Jahrbuch, Band 31,1,
1996, 1-6.
(28) RODRÍGUEZ LÓPEZ, J., Supersticiones de Galicia, Lugo, 1979, pp. 59-60. Amén de ci-
tar los Concilios de Santiago y Braga anatematizando a los supersticiosos, pasa re-
vista a diversos tipos de ritos con evidente raigambre pagana, como el culto al ro-
ble simbolo de J ŭpiter o al laurel símbolo de Apolo, a las fuentes que evocaban a
Diana o a las lechuzas evocadoras de Minerva u otros duendes míticos. Nada de ex-
trario tiene oír aŭn por Galicia la siguiente expresión: «eu in meigas nun creo, pero
habelas haylas».
(29) RUIZ BUENO, D., Cartas de S. Jerónimo, BAC, vol. II, Madrid, 1962, carta n° 131:
Agustín manifiesta a Jerónimo que Orosio ha viajado, para rechazar las falsas y per-
niciosas doctrinas, más nefastas para los Hispanos que las armas de los bárbaros:
Ecce venit...Orosius, vigil ingenio, paratus eloquio, flagrans studio, utile uas in do-
mo Domini esse desiderans ad refellendas falsas perniciosasque doctrinas, quae
animas Hispanorum multo infelicius quam corpora barbaricus gladius, trucida-
runt, p. 692.

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